You are on page 1of 64

Bernard Shaw

Pigmalion

ESTUDIO PRELIMINAR

"Una tarde, un oculista amigo mío me examinó la vista y me informó que ella carecía por
completo de interés para él, ya que era absolutamente normal. Como es natural, entendí que
quería decir que mi vista era como la de todo el mundo, pero él rechazó esta interpretación,
apresurándose a explicarme que, en lo que a vista se refería, yo era una persona excepcional y
en un todo afortunada. En efecto, yo estaba dotado de una vista normal, lo cual me confería el
poder de ver las cosas con exactitud. Esta vista normal no la posee más que un diez por ciento
de la Humanidad, mientras que el resto, un noventa por ciento, posee una vista anormal.
Inmediatamente vislumbré la explicación de mi falta de éxito en la novela. El ojo de mi mente
era como el de mi cuerpo: normal. Yo veía las cosas de manera diferente de como las veían las
demás personas, y las veía mejor".
La pedante arrogancia de esta afirmación —hecha al iniciar su carrera, cuando aún no había
comenzado a escribir teatro— no debe ocultar su verdad básica— efectivamente, George
Bernard Shaw veía las cosas mejor que el resto de los mortales, y como consecuencia pensó de
manera más vigorosa y alerta, con más penetrante discernimiento, sobre los grandes problemas
del mundo que ningún dramaturgo de los últimos cien años, con la posible excepción de su
admirado Henrik Ibsen y de su admirador Bertolt Brecht. Como testimonio de ello dejó una
obra prácticamente inigualada, por su extensión y trascendencia, en el teatro moderno, una obra
ciclópea que es ante todo y sobre todo un monumento a la inteligencia, una victoria de la razón,
un canto a la lucidez y al sentido común.
George Bernard Shaw nació el 26 de julio de 1856 en la casa señalada hoy con el número 33
de la calle Synge, en la ciudad de Dublin, capital de Irlanda. Era el tercero y último hijo
—además del único varón— de Lucinda Elizabeth Gurley y George Carr Shaw, primo segundo
de un miembro de la nobleza baja, empleado judicial y más tarde comerciante en trigo. Creció
G. B. S. (estas iniciales llegarían a hacerse mundialmente célebres) en una atmósfera pobre;
pero de pretendida distinción, en la que "se hablaba de los Shaw como si fueran los
Romanov o los Hohenzollern" y que el dramaturgo describió años más tarde como "más
humillante que la de los que han nacido pobres y no tienen que atender obligaciones sociales o
inquietudes culturales".
Luego de las rudimentarias enseñanzas de su institutriz y de algunas nociones de latín
impartidas por un tío, Shaw pasó por dos colegios en los cuales, según él, "no aprendió nada" y
recaló finalmente, a los 13 años, en la Central Model Boys' School de Dublin, un colegio
frecuentado por hijos de comerciantes católicos, donde vivió experiencias "tan repugnantes que
durante ochenta años no se las mencioné a ninguna criatura mortal, ni siquiera a mi mujer",
como confesó al final de su vida.
En 1871 entró a trabajar en una compañía inmobiliaria, donde sus obligaciones consistían en
archivar las cartas que se recibían, copiar las que se enviaban, llevar las cuentas de los gastos de
correo y comprarles un bocadillo a media mañana a los demás empleados; permaneció allí por
espacio de cuatro años, llegando a ser cajero. Mientras tanto, en sus ratos libres leía libros sobre
pintura y concurría a la Galería Nacional de Irlanda, con lo cual adquirió una formación plástica
bastante sólida. Tanto como la educación musical que recibió de su madre, una mujer de gran
energía y perseverancia que buscó refugio de las frustraciones de su matrimonio en el desarrollo
de su notable voz, así como de los instrumentistas y cantantes que ensayaban constantemente en
su casa óperas y oratorios del repertorio italiano y alemán.

En 1873, la señora Shaw, desprejuiciada e indiferente de la opinión pública, decidió
abandonar a su marido (un hombre sin voluntad que, según su hijo, "en teoría era un abstemio
ferviente, pero en la práctica bebía a escondidas") y se marchó con sus hijas Agnes y Lucy a
Londres, donde se dedicó a dar clases de canto, conservando su voz intacta hasta su muerte, en
1913, a los 83 años de edad.
Al año siguiente el joven Shaw la siguió, dispuesto a conquistar la capital, cosa que lograría
pero por cierto no de inmediato. A su llegada entró a trabajar en la compañía de teléfonos
Eddison, pero pronto abandonó el empleo, y durante los años siguientes fue mantenido por su
madre. Al respecto ha dicho el escritor: "Se me ha echado en cara que no haya ayudado a mi
madre y que, en cambio, haya vivido a costa suya. Es cierto: en lugar de enseñarme a trabajar
para ella mi madre trabajaba para mí. Y hacía bien, porque de ese modo me permitió
convertirme en un hombre en lugar de un esclavo".
Libre de todo apremio material, Shaw se dedicó a su auténtica vocación: escribir. Produjo así
en poco tiempo cinco novelas (Inmadurez, El lazo irracional, Amor entre artistas, La profesión
de Cashel Byron y Un socialista asocial), que aunque pasaron inadvertidas para el gran público
—ya que se publicaron por entregas en revistas socialistas de escasa difusión— lograron
interesar, por su originalidad y atrevimiento, y por las ideas profundas y nada convencionales
que Shaw exponía en ellas sobre diversos temas, a algunos conspicuos miembros de la
intelligentsia londinense de la época como el dibujante William Morris, el escritor Robert Louis
Stevenson y el crítico William Archer.
Entre 1881 y 1884, al tiempo que comenzaba a hacerse notar como polemista y orador
público en diferentes debating clubs de Londres, se produjeron en Shaw varios cambios que
marcarían en diferentes grados su existencia. En primer lugar, tuvo la viruela, y para ocultar las
marcas que le dejó la enfermedad se dejó crecer una barba tupida y rojiza y un mefistofélico
bigote. En segundo término, se hizo abstemio y vegetariano: "Mi entierro —decía— será
seguido por rebaños de ovejas, cabras y vacas, bandadas de aves de corral y cardúmenes de
peces, todos vestidos de blanco y muy agradecidos". Por último, luego de escuchar hablar al
norteamericano Henry George, "el apóstol de la nacionalización de la tierra y el impuesto
único", se convirtió de inmediato al socialismo, llegando a ser uno de los principales
propulsores de la célebre Sociedad Fabiana. Pero si bien tanto sus apéndices pilosos cuanto su
horror por la carne y el alcohol se mantuvieron firmes e incólumes hasta su muerte, el
socialismo estuvo siempre teñido en Shaw por su acérrimo individualismo y por su absoluta imposibilidad de someterse a la disciplina de ningún partido, lo cual le valió ser acusado de
comunista por los fascistas y de fascista por los comunistas. Como él mismo lo expresó: "El
socialismo nunca significó para mí un dogma sino ciertas medidas económicas que me gustaría
que se tomaran".
En 1885, su amigo William Archer, que fue además de un distinguido crítico el primer
traductor de Ibsen al inglés, introdujo a Shaw como comentarista literario de The Pall Mall
Gazette, tarea a la que siguió la crítica de arte en The World y entre 1888 y 1890 la de música,
que ejerció en The Star con el seudónimo de Corno di Basetto. En especial estas últimas, en las
que exaltaba a Wagner y afirmaba categóricamente la infalibilidad de la critica, en especial de
la propia, llamaron la atención del público lector y del mundo periodistico por su prosa
brillante, su fino ingenio, sus agudezas a la vez ligeras y profundas, envolviendo una sólida
erudición.
Esas cualidades valieron a Shaw ser nombrado crítico teatral de The Saturday Review, donde
entre 1895 y 1898 escribió la mejor serie de artículos teatrales jamás publicados en lengua
inglesa. Desde esa tribuna, Shaw, esa topadora, ese experto en demoliciones, fustigó duramente
el estado del teatro inglés de su tiempo, dominado exclusivamente por pésimas adaptaciones de
las novelas de Charles Dickens y Sir Walter Scott y en el que las obras de T. W. Robertson,

El discípulo del diablo (1897). Armas y el hombre o El soldado de chocolate). En los años anteriores al estallido de la Primera Guerra Mundial Shaw escribió varias obras más livianas pero no menos valiosas como Misalliance (1910). y con Vuelta a Matusalén (1918). precisamente. Hombre y superhombre. y amén de la excelente comedia política El carro de las manzanas (1929). cuando él Lord Chambelán levantó la censura que pesaba sobre ella. y si al final lo hizo fue para invertir la abultada suma correspondiente en crear la Fundación Literaria Anglo-Sueca. que presidía entonces el doctor Per Hallstróm. Y en medio de ellas. en el terreno del "teatro por el teatro". una de las dos obras más grandes de su carrera y el compendio de sus ideas sobre la lucha de los sexos y la relación de la pareja humana. escondida bajo la capa de una elegante comedia de salón. También en esos años. El dilema del doctor (1906). En 1892 dio a conocer Widowers' Houses (Casas de viudos). la obra siguiente de Shaw fue vista tan sólo en 1902 y estrenada profesionalmente en 1925. Shaw recibió la consagración definitiva al serle conferido el Premio Nobel de Literatura por parte de la Academia sueca. el escritor dudó mucho antes de aceptar el galardón. personalísima y particularmente lúcida versión de la gesta y la figura de Juana de Arco. que Shaw despreciaba igualmente. que lejos de evidenciar su condición de obra primeriza exhibió ya todas las virtudes dramáticas y conceptuales de las piezas posteriores. sobre quien habla escrito en 1'891 uno de los mejores estudios. César y Cleopatra (1898). La otra isla de John Bull (1904). donde Shaw desarrolló por primera vez en detalle su concepción de la Fuerza Vital como sinónimo de Naturaleza o de cualquier nombre que se quiera dar a los poderes que rigen el Universo. Shaw se excusó de . El picaflor y La comandante Bárbara (1905). Comedias desagradables y Comedias para puritanos. continuando luego con una pieza realmente influida por el ruso Antón Chéjov. que mostraba la otra cara del heroísmo militar. La pieza tuvo una buena acogida. destinada a difundir en Gran Bretaña las obras de los autores suecos. Fue ésta la primera de una serie de obras (y sus respectivos prólogos) que. el reverso de las ideas románticas sobre el amor y la guerra. La quintaesencia del ibsenismo. Aunque había sido escrita en 1893. No obstante. La casa de la congoja (1916).Arthur Wing Pinero y Henry Arthur Jones no pasaban de ser honestas tentativas de Ilevar un poco más de realismo a una escena donde sólo se destacaban las deliciosas comedias de Oscar Wilde. a pesar de su desafiante vanidad. y en quien lo seducían ante todo el riguroso análisis de los grandes problemas de la época y la sistemática oposición a las actitudes románticas sobre todas las cosas. Se trataba de La profesión de la señora Warren y en ella Shaw trataba directamente y sin tapujos puritanos el tema de la prostitución. ferviente admirador y autorizado comentarista de la obra de Shaw. Androcles y el león (1912) y Pigmalión (1913). Nunca puede saberse (1899). La conversión del capitán Brassbound (1900). la memorable Santa Juana (1923). Al mismo tiempo. Shaw inició por esos mismos años una carrera de dramaturgo que se extendería por la friolera de 58 años y que concretaría un mundo dramático de una riqueza y variedad como no se veía en las letras inglesas desde el mismísimo Shakespeare. Cuando estamos casados (1908). Reacio a todo tipo de honores. encararon en forma realista problemas previamente tabúes para la escena o tratados sólo en términos de melodrama sentimental: Cándida (1895). agrupadas bajo los títulos de Comedias agradables. homenajes y distinciones. utilizó su columna para ensalzar y difundir en Inglaterra la obra de un colega noruego Henrik Ibseri. aunque no tanto como la siguiente (1894). el dramaturgo compuso su otra obra mayor. Al influjo de Ibsen. iniciada con el título de Non Olet. En la década de 1920. puestas al servicio de una denuncia de las condiciones de vida en los misérrimos suburbios londinenses. una obra ambiciosa y sólo parcialmente lograda que rastrea la historia del Hombre desde Adán y Eva hasta el futuro más remoto. que lo consagró y que continúa siendo una de las más populares de Shaw: Arms and the Man (diversamente traducida como Héroes. concretamente en 1926.

Las posibles excepciones a este evidente declinar fueren La millonaria (1935) y En los dorados días del buen rey Carlos (1939). Por otro lado. El modo de acceso de Shaw para con sus personajes es claramente diferente del tradicional y su teatro es un teatro de ideas no en el sentido de que un solo pensamiento se impone sino en el sentido de que Shaw posee la facultad suprema y casi única de hacer que las ideas más diversas adopten rostros humanos. que llevó el nombre de Galatea y con la que Pigmalión se casó y tuvo dos hijos. la diosa del amor dio vida a la estatua. Lawrence. es cierto que sus personajes no valen sólo como criaturas individuales sino que adquieren su validez plena a través de las ideas que encarnan. Por el contrario. se permitió la intrusión de la risa. Tal el caso de Pigmalión. demostró que la dialéctica podía ser un material teatral apasionante. y a su muerte la comisión que se formó con el propósito de erigirle un monumento y que se fijó como meta 250. un personaje querido o popular. Debido a esto. que eran como siempre los de fustigar a la . Ginebra (1938). fue que en medio de la oscuridad predominante en el drama naturalista y de los esfuerzos a menudo absurdamente serios de los neorrománticos que imperaban en su época. Y por eso las criaturas de Shaw son la corporización de conceptos intelectuales y sus obras incesantes danzas del pensamiento. En las alternativas de esa educación —que es también una éducation sentimentale— el comediógrafo encontró un camino admirable para cumplir con sus fines. A su ruego. Y es bien sabido que del mismo modo que cuando los grandes genios reconvienen a la raza humana son inevitablemente castigados. Prestigioso y reverenciado. Pocos meses después de estrenar Fábulas rebuscadas. que tuvo la característica de trasladar el conflicto dramático del plano físico al mental. On the Rocks (1933). Lo cual —y ése es su principal mérito— no las torna menos interesantes o entretenidas. Buoyant Biltions (1948) y Fábulas rebuscadas (1950). cuando por el contrario se ríen de las debilidades de los hombres. pero sus obras resultaron en general mucho menos interesantes: Demasiado verdadero para ser bueno (1932). Shaw moría en su propiedad de Ayot-St. su culpa mayor. Pero si Shaw perdura a pesar de que varios de los problemas que trató han sido superados. La idea argumental la tomó prestada el dramaturgo de la leyenda del escultor chipriota que se enamoró de su propia estatua de Afrodita. y quiere el vasto anecdotario shawiano (en el que el ingenio escondió tantas veces al genio) que lo hizo en respuesta al desafío de un amigo suyo que. Shaw la escribió en 1912. Inglaterra. su pecado imperdonable. Aparte del hecho de que francamente Shaw no buscó nunca hacerse querer y se dedicó en cambio a zaherir a la legión de sus contemporáneos a diestra y siniestra. mediante el expediente de enseñarle a hablar correctamente. Y es indudable que Shaw se rio —a menudo dolorosamente. ante su afirmación de que podía escribir una obra sobre absolutamente cualquier tema. a los 94 años de edad. suele pensarse que tuvo mucho más de profeta que de dramaturgo.asistir a la ceremonia de entrega del premio. incluso con la muerte. y con santa indignación— de las locuras de la Humanidad. Pero al mismo tiempo. lo retó a componer una con el tema de la fonética. El Pigmalión de Shaw es un célebre fonetista londinense que se aplica a convertir a una vulgar y malhablada florista callejera en una dama capaz de pasar por duquesa en una recepción diplomática. En las décadas de 1930 y 1940 Shaw continuó tan prolífico como en sus años juveniles. se los hace a un lado como a irresponsables bufones. de la cual era ciertamente un maestro. es precisamente porque su calidad de dramaturgo es aún más grande que la de profeta. sin embargo. en 1950. así como a las enfáticas afirmaciones de Shaw en el sentido de que se aplicó a la escena sólo porque encontró en ella la mejor plataforma para predicar ciertas verdades sociales y morales. Shaw no fue nunca. en Estocolmo. toda su abultada producción. consideradas de todos modos muy por debajo de su mejor nivel.000 libras esterlinas sólo logró recolectar 407.

sociedad en que le tocó vivir y crear. el director Gabriel Pascal logró que Shaw. Interpretada por Leslie Howard y Wendy Hiller. enemigo acérrimo del séptimo arte. el musical. al término de la triunfal función inaugural. Así. con su afirmación —que Shaw hace suya— de que la moral es cosa de ricos. y corrió por cuenta de dos ilustres intérpretes de la época. el sempiterno iconoclasta. accediera a una adaptación cinematográfica de la obra. y luego la moral". hubiera estado conforme. la película fue un gran éxito artístico y contribuyó decisivamente a la difusión popular del nombre de Shaw. Molesto por la recepción que algunas de sus obras inmediatamente anteriores habían tenido en Inglaterra. en especial las de ese filósofo popular que es Doolittle. Raymond Massey y Alfred Lunt. sin embargo. tanto Elisa como el profesor Higgins y tanto el coronel Pickering como Doolittle son criaturas de enorme carnadura dramática y sus réplicas son fuente de deleite permanente para el espectador o el lector. El estreno londinense tuvo lugar el 11 de abril del año siguiente. Patrick Campbell (en cuya larga correspondencia con Shaw se basó Jerome Kilty para armar su exitosa pieza Querido mentiroso) y Sir Herbert Beerbohm Tree. este último anunció que "el autor se sintió tan molesto ante los encendidos y reiterados aplausos que no pudo soportarlos más y huyó del teatro. mostrando que lo que separa a una florista de una duquesa es el vestido y la pronunciación. y la española Catalina Barcena. Más aún. ofreciéndose quince días después en Berlín. Shaw hizo arreglos para que Pigmalión se estrenase en Viena. pareció un modelo de fidelidad al original y por lo tanto un dechado de gracia intencionada. Shaw. Shaw no vacilaba siquiera en insultar al público con tal de hacerse notar. Shaw expande su sátira a lo superficial y espurio de las distinciones de clase y se solaza en subvertir las diferencias sociales. Pigmalión tuvo más tarde intérpretes prestigiosos y/o populares como las anglonorteamericanas Gertrude Lawrence. luego de interminables cabildeos. Aunque como en anteriores ocasiones todos los personajes representan algo. el crítico demoledor. Lynn Fontanne. En su discurso. y que una se diferencia de la otra "no por cómo se comporta sino por cómo es tratada". Una opinión que (no tan extrañamente si se toma en cuenta que el dramaturgo alemán fue un ferviente shawiano) reaparece en Brecht con su famoso "Dennos el pan. lo hizo la comedia musical que en 1956 escribieron el libretista Alan Jay Lerner y el compositor Frederick Loewe con el título de My Vair Lady (Mi bella dama). visiblemente indignado". Estrenada en Nueva York por Julie Andrews y Rex Harrison. Mrs. En 1939. Evidentemente. Gerardo Fernández . que llegaría a dar la vuelta al mundo. donde fue presentada por primera vez el 16 de ocubre de 1913. en las entrelíneas de un diálogo siempre chispeante.

es preciso que haya uno! No lo habrás buscado en serio. hasta las once y media. LA HIJA. ¿Por qué no consiguió uno él? Freddy sale corriendo de la lluvia. seguido instantáneamente de un . — Te digo que están todos ocupados. sino la iglesia de Iñigo Jones. Nadie estaba preparado. LA HIJA. LA MADRE. ¿Qué podrá estar haciendo Freddy. en el mercado de hortalizas de Covent Garden). haciéndole caer de las manos la cesta de flores. con esta corriente de aire y casi nada encima? ¡Puerco egoísta. — No había ni uno en Trafalgar Square. ¿probaste? FREDDY. ¿Esperabas que me fuese caminando hasta Hammersmith? LA HIJA. — ¿Probaste en Trafalgar Square? FREDDY. Torrentes de fuerte lluvia estival. — Lo único que conseguiré es empaparme. — Bueno. — Llegué hasta la estación de Charing Cross. no es culpa mía.ACTO I Londres a las 11. Y no vuelvas hasta que no hayas encontrado un taxi. LA MADRE. Freddy. LA HIJA. UN CIRCUNSTANTE (a la derecha de la señora). LA HIJA (en el espacio entre las columnas centrales. FREDDY. LA HIJA. ¿conseguiste uno? FREDDY. — ¿Qué podía hacer. LA MADRE. — Bueno. Todos contemplan lúgubremente la lluvia. Transeúntes corriendo en busca de refugio hacia el atrio de la iglesia de San Pablo (no la catedral de Wren. LA HIJA. — ¿Y nosotras? ¿Tendremos que quedarnos aquí toda la noche. — Otros consiguen taxímetros. pero choca contra una florista que llega corriendo en busca de refugio.— ¡Oh. m. — Eres realmente inútil. Un relámpago cegador. — Me estoy helando hasta los tuétanos. — Pero es que necesitamos un taxi. La lluvia fue tan repentina. Llegué hasta Charing Cross por un lado y casi hasta Ludgate Circus por el otro. salvo un hombre que está vuelto de espaldas hacia los demás. y se pone entre ambas mujeres. —Pero. — No hiciste ningún intento serio. muy bien! ¡Iré. Y todos tuvieron que tomar un coche. No podemos quedarnos aquí hasta las once y media. — Si Freddy tuviese un poco de hígados.— ¡Oh. —No tanto. iré! (Abre el paraguas y se precipita en dirección del Strand. Es un joven de veinte años. El reloj de la iglesia da el primer cuarto. que tarda tanto? Hace ya veinte minutos que se fue. — No es posible encontrar uno ni para remedio. habría conseguido uno a la puerta del teatro. pobrecito? LA HIJA. Y estaban todos ocupados. cuando ya vuelvan de dejar a sus quilientes de los teatros.15 p. ! FREDDY.. LA MADRE (a la derecha de su hija). —No conseguirá ningún coche. del lado de la calle Southampton. completamente preocupado con una libreta de anotaciones en la cual escribe algo. Silbatos para llamar taxímetros resonando frenéticamente.. cerrando un paraguas que chorrea. ¡Es un engorro! EL CIRCUNSTANTE. junto a la que tiene a su izquierda).. LA MADRE. — Es fastidioso. ¿Acaso esperas que vayamos nosotras a buscarlo? FREDDY. sin ningún resultado. LA MADRE. Vé otra vez. en trajes de noche. señora. con los bajos de los pantalones completamente empapados. en traje de noche. Freddy. señora. entre ellos una señora y su hija.. Pero ya tendría que habernos conseguido un coche de alquiler.

estrepitoso trueno, orquesta el incidente.)
LA FLORISTA. — Vamo' Freddy. A ver si mira' dónde pone' lohpie'.
FREDDY. — Perdón. (Sale precipitadamente.)
LA FLORISTA (recogiendo sus flores caídas y volviendo a ponerlas en la cesta). — ¡Vaya
modaleh! ¡Do' ramiyeteh de violetah pisotead'en el barro! (Se sienta en el plinto de la columna,
revisando las flores, a la derecha de la dama. No es en modo alguno una figura romántica.
Tendrá unos dieciocho años, quizá veinte, difícilmente más. Lleva un sombrerito marinero, de
paja negra, que ha estado expuesto durante mucho tiempo al polvo y el hollín de Londres y muy
pocas veces, o nunca, fue cepillado. Su cabello está grandemente necesitado de un lavado; no
es posible que su color ratonesco sea natural. Lleva una chaqueta de imitación de lana, negra,
que le llega casi a las rodillas y le va entallada en la cintura. Tiene faldas castañas y un tosco
delantal. Sus zapatos están terriblemente maltrechos por el uso. Indudablemente va tan limpia
como puede permitírselo. Pero, en comparación con las damas, está sumamente sucia. Sus
facciones no son peores que las de ellas, pero el estado en que se encuentran deja mucho que
desear. Y, además, necesita los servicios de un dentista)
LA MADRE. — Por favor, ¿cómo sabes que mi hijo se llama Freddy?
LA FLORISTA. — ¡Ah, eh su hijo!, ¿eh? Bueno, pueh si usté' hubiese cumplido con su deber
de madre, él no le habería 'ruinado la' floresuna pobre chica para despuéh 'caparse sin pagar.
¿Me lah pagará usté'?
LA HIJA. —No hagas nada de eso, mamá. ¡Qué ocurrencia!
LA MADRE. — Por favor, permíteme, Clara. ¿Tienes alguna moneda de un penique?
LA HIJA. — No. No tengo nada más pequeño que una de seis peniques.
LA FLORISTA (esperanzada). — Puedo darle cambio d'un bíyete de dieh chelineh,
bondadosa dama.
LA MADRE (a Clara). — Dámela. (Clara se la entrega a desgana.) (A la florista.) Vaya,
aquí tienes esto por tus flores.
LA FLORISTA. — Muchísimah gracia', señora.
LA HIJA. — Haz que te dé la vuelta. Estas cosas no valen más que un penique el ramillete.
LA MADRE. — Cierra la boca, Clara. (A la muchacha.) Puedes guardarte la vuelta.
LA FLORISTA. — ¡Oh, graciah, señora!
LA MADRE. — Y ahora díme cómo sabías el nombre de ese caballero.
LA FLORISTA. — No lo sabía.
LA MADRE. — Te oí llamarle por él. No trates de engañarme.
LA FLORISTA (protestando). — ¿Quién ehtá tartando d'engañarla? Lo yamé Freddy, o
Charlie, com'usté' mihma podría 'berl'hecho si hubier'ehtado hablando con un deheonocido y
tártara de mohtrarse agueradable.
LA HIJA.— ¡Seis peniques malgastados! ¡De veras, mamá, habrías podido evitarle eso a
Freddy! (Disgustada, se pone detrás de la columna.)
Un caballero de edad, de tipo bondadoso y marcial, entra, corriendo al atrio y cierra un
paraguas que chorrea agua. Está en el mismo lamentable estado que Freddy, con los bajos de
los pantalones empapados. Viste traje de noche y lleva un abrigo liviano. Ocupa el lugar de la
izquierda que la hija ha dejado vacante.
EL CABALLERO. — ¡Uf!
LA MADRE (al caballero). — Oh, señor, ¿le parece que parará?
EL CABALLERO. — Me temo que no. Hace unos minutos comenzó a llover con más fuerza
que antes. (Se dirige al plinto, junto a la florista, apoya un pie en él y se inclina para arrollarse
las perneras del pantalón.)
LA MADRE.— ¡Oh, qué cosa! (Se aparta con tristeza y se une a su hija.)
LA FLORISTA (aprovechando la proximidad del marcial caballero para establecer

relaciones amistosas con él). — Si yueve máh fuerte, e'señal de que pronto terminará. De modo
que alégrese, jefe. Y cómprele unah floreh 'una pobre chica.
EL CABALLERO. — Lo siento. No tengo cambio.
LA FLORISTA. — Yo puedo darle cambio, jefe.
EL CABALLERO. — ¿De un soberano? No tengo más chico.
LA FLORISTA. — ¡Caray! ¡Oh, cómpreme unah flore', jefe! Puedo cambiarle media
corona. Tom'ehta' por doh penique'.
EL CABALLERO. — Vaya, no seas molesta, pórtate como una buena chica. (Buscando en
los bolsillos.) En realidad no tengo cambio... Espera. Aquí hay tres medios peniques, si te sirven
de algo. (Se retira a la otra columna.)
LA FLORISTA (desilusionada, pero pensando que tres medios peniques son mejor que
nada). — Graciah, señor.
EL CIRCUNSTANTE (a la muchacha).Ten cuidado; dal'una flor por las monedas. Aquí
atrás hay un sujeto que anota cad'una de las palabras que dices. (Todos se vuelven hacia el
hombre que toma nota.)
LA FLORISTA (poniéndose de pie de un salto, aterrorizada) — ¡N'hice nada malo con
hablarle'l cabayero. Tengo derecho a vender floreh, si no m'acerco a Facera. (Histérica.) Soy'na
muchacha respetable. Que Dioh m'ampare, no l'hablé máh que para pedirle que me compr'unah
flore'.
Murmullo general, en su mayor parte muestras de simpatía hacia la florista, pero
manifestando desdén hacia su excesiva sensibilidad. Gritos de ¡No'mpies'a gritar! ¿Quién
t'hecho nada? Nadie piensa tocarte. ¿Para qué haceh tanto baruyo? ¡Cálmate! ¡Basta, basta!,
etc., surgen de los espectadores de más edad, más formales, que la palmean consoladoramente.
Los menos pacientes le piden que cierre el pico, o le preguntan rudamente qué le duele. Un
grupo más alejado, sin saber qué ocurre, se aproxima y aumenta la batahola con preguntas y
respuestas: ¿Qué pasa? ¿Qu'hizo eya? ¿Dón'stá él? Un pesquisante que anotaba todo lo que
decía. ¿Quién? ¿El? Sí, ese que'stá'í. Le quitó dinero'l cabayero, etc.
LA FLORISTA (abriéndose paso entre ellos, acercándose al caballero y gritando
frenéticamente).— ¡Oh, señor, no deje que me yeve! ¡Usté' no sabe lo qu'eso sinifica para mí!
Arrastrarán mí nombre por el barro y me lanzarán a la caye por hablar a cabayeros. Me....
EL QUE TOMA NOTA (acercándose a la derecha de la joven, los demás apiñándose
detrás de él). — ¡Vaya, vaya, vaya, vaya! ¿Quién te hace nada?, ¡tonta! ¿Por quién me has tomado?
EL CIRCUNSTANTE. — N'eh nada. Pares'un cabayero. Mirenlé loh zapato'. (Explicando,
al que toma nota.) Eya creyó custé'ra'n soplón, señor.
EL QUE TOMA NOTA (súbitamente interesado). — ¿Qué es un soplón?
EL CIRCUNSTANTE (poco ducho en definiciones).Es un... bueno, es un soplón, como
quien dice. ¿De qué otro modo podría yamárselo? Un'ehpecie de delator.
LA FLORISTA (todavía histérica). — Juro por la Biblia que no dije ni una sola palabra...
EL QUE TOMA NOTA (dominador pero afable). — ¡Oh, cállate, cállate! ¿Acaso parezco
un policía?
LA FLORISTA (lejos de sentirse tranquilizada).—Y entonces, ¿por qué'hcribió mis
palabras? ¿Cómo sé si la'hcribió bien? Muéstreme lo qu'ehcribió de mí. (El que toma nota abre
su libretita y la sostiene tranquilamente ante las narices de la florista, aunque los empujones
del genio que trata de leer por sobre su hombro habrían derribado a un hombre más débil.)
¿Qué'seso? No'sunahcritura correta. No puedo lerla.
EL QUE TOMA NOTA. — Yo sí. (Lee, reproduciendo exactamente la pronunciación de la
joven.) "Alégrese, jefe. Y cómprele unah floreh 'una pobre chica."
LA FLORISTA (profundamente afligida). — Eh porque lo yamé jefe. (Al caballero.) ¡Oh,

señor, no deje que me yeve por una palabra! Usté'...
EL CABALLERO. — ¡Llevarte! Yo no te he acusado. (Al que toma nota.) De veras, señor, si
es usted un pesquisante, no necesita tomar medidas para protegerme de las jóvenes, si yo no se
lo pido. Cualquiera puede darse cuenta de que la muchacha no tenía malas intenciones.
LOS CIRCUNSTANTES EN GENERAL (en una demostración contra el espionaje
policial). — ¡Eh claro que no! ¿Qué demonio' l'import'él? Quier'un asenso, es'eh lo que quiere.
¡Anotando lah palabra' de la gente! ¿Qué dañ'hizo eya? ¡Muy lindo qu'una muchacha no pueda
guarecerse de la yuvia sin ser insultada (La joven es llevada de nuevo al plinto por los
demostradores más simpáticos, y vuelve a sentarse y lucha para dominar sus emociones.)
EL CIRCUNSTANTE. — No's un pehquisa. Es un maldito fisgón. Es'eh lo qu'es. ¿No le ven
los zapatos?
— EL QUE TOMA NOTA (volviéndose afablemente hacia él). —¿Y qué tal le va a su
familia en Selsey?
EL CIRCUNSTANTE (suspicaz).¿Quién le dijo que mi famili'eh de Selsey?
EL QUE TOMA NOTA. — No interesa. De ahí es. (A la joven.) ¿Cómo es que has venido tan
al este? Naciste en Lisson Grove.
LA FLORISTA (despavorida). — ¡Oh!, ¿qué tien' de malo que m'haya ido de Lisson Grove?
Ni'n cerdo nabería vivid'ayí. Y tenía de pagar cuatro chelin'y sei' peniqueh por semana.
(Llorosa.) ¡Oh, ay, ay, ay!
EL QUE TOMA NOTA. — Vive donde quieras, pero cesa ya con ese ruido.
EL CABALLERO (a la joven). — ¡Vaya, vaya! No puede hacerte nada. Tienes derecho a
vivir donde te plazca.
UN ESPECTADOR SARCASTICO (interponiéndose entre el que toma nota y el caballero).
— En Park Lane, por ejemplo. Me agradaría discutir el problema de la vivienda, le aseguro.
LA FLORISTA (poniéndose melancólica, con la cabeza gacha sobre su cesta).— Soy 'na
buena chica, soy.
UN ESPECTADOR SARCASTICO (sin hacerle caso)¿Sabe de dónde provengo yo?
EL QUE TOMA NOTA (rápidamente).De Hoxton.
Risitas contenidas. Aumenta el interés por la exhibición ofrecida por el que toma nota.
EL SARCASTICO (asombrado). — Bueno, y, ¿quién dijo que no es así? ¡Caray! ¡Lo sabe
todo, lo sabe... !
LA FLORISTA (todavía dando alas a su sensación de ofensa).—No tiene drecho a meterse
conmigo.
EL CIRCUNSTANTE (a ella).Eh claro que sí. No se lo tolere'. (Al que toma nota.) Oiga,
¿qué drecho tiene a meterse con gente que no l'hecho nada?
LA FLORISTA. — Que diga lo que quiera. No quiero tener trato' con él.
EL CIRCUNSTANTE. — Noh trata como si fuéramoh basura, ¿eh? ¡Me guhtaría verlo
dirigiendo insolencia'n cabayero!
EL ESPECTADOR SARCASTICO. — Sí, ya que quiere andar prediciendo la suerte, que le
diga a él de dónde proviene.
EL QUE TOMA NOTA. — Se crió en Cheltenham, estudió en Harrow y Cambridge y
residió en la India.
EL CABALLERO. — Correcto.
Grandes carcajadas. Reacción en favor del tomador de notas.
Exclamaciones de ¡Lo sabe todo! ¡Se lo dijo bien! ¿Lo oyeron decirle al petimetre de dónde
venía?, etcétera.
EL CABALLERO. — ¿Puedo preguntarle, señor, si se gana la vida con eso en algún teatro de
variedades?
EL QUE TOMA NOTA. — Había pensado en eso. Quizá lo haga algún día.

— ¡Qué curioso! Me crié en Parque Grandama.) ¡Oh. — Pero. Clara! (La hija la repudia con un airado encogimiento de hombros y se retira altaneramente. ¿y el coche? (Su madre está fuera del alcance de su voz. —¡Ja.) LA FLORISTA. Vuélvase aya. — No sé si se han dado cuenta. anotando apresuradamente su pronunciación de "monía"). si me permite la pregunta? EL QUE TOMA NOTA. — Le ruego que me perdone. Clara. arreglando su cesta y compadeciéndose aún a sí misma en murmullos. si nos encontrara un coche.1 EL ESPECTADOR SARCASTICO (fingiendo una gran distinción de pronunciación). gracias. iracunda.) Todos los demás se han ido. — Hanwell. ¿Lo dije en voz alta? No fue mi intención.) EL ESPECTADOR SARCASTICO. LA MADRE (adelantándose y poniéndose entre la hija y el que toma nota). LA HIJA (impacientada. un sonido aspirado. por favor. cerca de Epsom. jo! Adiós. — No se atreva a hablarme. como se sabe. a la izquierda del que toma nota). — No es un silbato de policía.) LA HIJA. es de Epsom. EL QUE TOMA NOTA (estrepitosamente divertido). (A la hija. a principio de palabra. LA MADRE.La lluvia ha cesado y comienzan a alejarse los de la parte exterior del corro. tiene casi siempre en inglés. que cortésmente se retira hacia el otro lado de la columna). (N. — Puedo decirle de dónde proviene usté'.) EL CABALLERO (volviendo a su antiguo puesto. 1 La h. el caballero y la florista. LA HIJA (con violencia). (Se une a su hija. Su madre. — ¡Vaya. profesor! ¡Jo. — ¿Cómo lo hace. sino de deportista. LA FLORISTA (todavía preocupada por dar expresión a sus sentimientos heridos). — ¿Qué demonios estará haciendo Freddy? Me pescaré una pulmonía si me quedo un rato más en esta corriente. (El que toma nota extrae un silbato. — ¡Gracias. — Ya ha parado. si se mete con'a pobre chica. — Así eh. — Earlscourt. EL CIRCUNSTANTE. ya sabía que era un policía con ropa de civil! EL CIRCUNSTANTE. Podemos ir a tomar el ómnibus. — ¿Quiere hacerme el favor de guardar para sí sus impertinentes observaciones? EL QUE TOMA NOTA. LA FLORISTA (ofendida por la reacción de la gente).) El que toma nota lanza un silbido penetrante. que está sentada. abriéndose paso con brusquedad hacia el frente y apartando al caballero. — Una simple cuestión de fonética. por favor.) Oh. señor. — ¡Pobre chica! Ya balitante dura eh su vida sin necidá' de que la mortifiquen y l'insulten.) Usted quiere un coche. EL QUE TOMA NOTA (para sí. ja! ¡Qué nombre tan singular! Perdón. (Se toca el sombrero con fingido respeto y se aleja.) Le quedaríamos agradecidas. Mi buen nombre tiene para mí el mihmo valor que'l d'una dama. De Anwell. Ven. qué fastidio! (La sigue. ¿Por qué no lo dijo ante? ¡Y nosotro' perdiendo el tiempo con suh tontería'! (Sale en dirección del Strand. inconfundiblemente. EL ESPECTADOR SARCASTICO. LA FLORISTA. La ciencia del lenguaje .— ¡Oh. —No tiene derecho a difamarme. Uno de los defectos corrientes de la pronunciación cockney consiste en la omisión de ese sonido. ¿no es eso? LA HIJA. — No's un cabayero. EL QUE TOMA NOTA (colaborando). — ¡Asustar a la gente d'ese modo! ¿Qué le parecería si si l'hicieran a él? LA MADRE. EL QUE TOMA NOTA. pero la lluvia ha cesado hace unos dos minutos. (Se recoge las faldas por sobre los tobillos y se dirige apresuradamente hacia el Strand. salvo el que toma nota. del T.

HIGGINS.) ¿No lo cree usted? EL CABALLERO. — ¿De veras? ¿Conoce al coronel Pickering. — ¡Tengo drecho a ehtar aquí.— ¡Cielos. Venga a verme mañana. Acompáñeme ahora y conversemos mientras cenamos. y también mi manía. Y bien: yo puedo enseñarles. — Calle Wimpole.) ¡Ah-ah-ooooiii! LA FLORISTA (divertida por la exhibición y riendo a pesar suyo). Esta es una época de advenedizos. — ¡Ah-ah-ooooiii! EL QUE TOMA NOTA (extrayendo rápidamente la libretita). tú.. o. Y no te quedes ahí canturreando como una paloma biliosa. busca el refugio de otro lugar de adoración! LA FLORISTA (débilmente desafiante). Quieren olvidarse de su acento natal. el autor de El Sánscrito Hablado? EL CABALLERO. el de Milton y de la Biblia. Yo mismo soy un estudioso de los dialectos hindúes. qué sonido! (Escribe. — Que s'ocupe de suh propio' asunto' y deje tranqui'una pobre chica. deshonra de la noble arquitectura de estas columnas.. — Por supuesto que sí. insulto viviente a la lengua inglesa.. LA FLORISTA. — ¡He venido de la India para conocerlo! HIGGINS. termina. La gente empieza en Kentish Town con 80 libras esterlinas anuales y termina en Park Lane con cien mil. sin atreverse a levantar la cabeza). reproduciendo con exactitud la vocalización. —¡Mujer. ¿puede uno ganarse la vida con eso? EL QUE TOMA NOTA. — ¿Ve usted a esta criatura con su inglés del albañal.. Recuerda que eres un ser humano que tiene un alma y el don divino del idioma articularlo. hoja de repollo aplastado. sí. LA FLORISTA. Puedo ubicarlo en Londres con uno de tres kilómetros. Podría hacerte pasar por la Reina de Saba. si quiero.. PICKERING. tu idioma nativo es el de Shakespeare. igual qu'usté'! EL QUE TOMA NOTA. — Encantado. tú. Yo puedo localizar el lugar de nacimiento de un hombre con un margen de error de diez kilómetros. ¡Dichoso del hombre que puede ganarse la vida con su chifladura! Un irlandés o un hombre del condado de York pueden ser distinguidos por su pronunciación. con su inglés que la mantendrá en el arroyo hasta el fin de sus días? Pues bien. cobarde. — ¡Caray! EL QUE TOMA NOTA. Y muy bien. — Yo paro en el Carlton.. — Yo soy el coronel Pickering. de lo contrario. — ¿Dónde vive? HIGGINS. LA FLORISTA. — Pero. — ¿Cóm'dice? EL QUE TOMA NOTA. PICKERING (con entusiasmo). — ¡ Tendería qu'avergonzarse. 27A. .. ¿Quién es usted? EL QUE TOMA NOTA. — Una mujer que emite sonidos tan deprimentes y repugnantes no tiene derecho a estar en parte alguna.. (Al caballero. ahora mismo con ese insoportable lloriqueo.. — Sí. — Oh. pero se traicionan cada vez que abren la boca. LA FLORISTA (absolutamente desconcertada.hablado. Y a veces con un margen de equivocación de dos calles. tú. Y. empleos para los cuales se necesita hablar un inglés mejor. Incluso podría conseguirle un puesto de dama de compañía o de vendedora en una tienda. no tiene derecho a vivir. autor de El Alfabeto Universal de Higgins. EL QUE TOMA NOTA (vehementemente). luego contempla lo escrito y lee. poc' hombre! EL CABALLERO. Es mi profesión.. — ¡Y yo iba a viajar a la India para conocerlo a usted! PICKERING. EL QUE TOMA NOTA (ansioso). mirándole con una expresión entre admiración y súplica. señor: en tres meses podría hacer pasar a esta muchacha por una duquesa en la recepción de cualquier embajador. — Henry Higgins.

— ¿No saben ler? Un chelín. — ¿Qué quieres decir con eso de Bucknam Pelis? LIZA. — En Ángel Court. Yo iré a casa'n taxi. por supuehto. — ¡Y me dejan colgado con el taxi! ¡Maldición! LA FLORISTA (con majestuosidad)..) HIGGINS (escandalizado ante la mendacidad de la muchacha). LIZA. desesperada). El conductor tiende la mano hacia atrás y mantiene la puerta firmemente cerrada. LIZA. Freddy.) ¡Aaaaaaah-ooii! (Recogiendo medio soberano. Adióh. FREDDY.) ¡Aaaaaaaaaaaah-oooiii! FREDDY (bajando de un taxímetro de un salto). — ¿Y dónstá tu casa? LIZA. No quiero entertenerte máh. CONDUCTOR. — N'importa. . FREDDY (atónito.) ¿Dónde están las dos damas que se encontraban aquí? LA FLORISTA. — Cientoh y mileh de vece'. una de ellas la de venta de aceite de Meiklejohn. — Bueno. (Se quita solemnemente el sombrero.) ¡Ah! ¿Y la cehta? EL CONDUCTOR. — Adiós. bondadoso cabayero.. LIZA. LA FLORISTA (levantándose. de veras. CONDUCTOR. — Fueron a tomar el ónibuh cuan' paró la yuvia.) CONDUCTOR. Pero no quería qu'él lo supiera. PICKERING. —Adiós. ¡Hola.—A Bucknam Pelis (Suckingham Palace). HIGGINS (oyendo en la campanada la voz de Dios. El reloj de la iglesia da el segundo cuarto. — Tiaela'quí. continuando la conversación a través de la ventanilla. — No tengo cambio. CONDUCTOR. Eliza desciende. joven. — Por fin conseguí uno.— ¡Mentirosa! Dijiste que tenías cambio de media corona.) Sigamos al taxi hasta la entrada de Ángel Court.) Adióh. — Un recordatorio. FREDDY. arroja un puñado de monedas en la cesta y sigue a Pickering. — ¿A dónde? LIZA. CONDUCTOR. (Sale. no quiero que nadie la vea. — Nada. — ¿Viajahte'lguna vez'n taxi? LIZA (con dignidad). — ¡Oye! ¿Qué's eso de Bucknam Pelis? ¿Qué tieneh tú que hacer en Buknam Pelis? LIZA. — ¿No sabes dón'stá? En el Green Park. Freddy.LA FLORISTA (a Pickering. junto a la tienda de aceites de Meiklejohn.) LA FLORISTA (recogiendo media corona). tendrían! (Arrojándole la cesta a los pies. arrastrando la cesta. una pequeña y estrecha arcada entre dos tiendas. Drury Lane. (La mete en la parte trasera y se introduce ella detrás. quitándose el sombrero). (Se va.! (A la joven. donde vive'. (Pone en marcha el coche y se aleja. Tengo de pagar el alojamiento. joven. — Doh minutoh o die': eh lo mihmo. Judy. pueh no me parece bien. Adiós. (El conductor sonríe y abre la portezuela. que le reprocha por su farisaica falta de caridad hacia la pobre muchacha). — ¡Un chelín por doh minuto'! CONDUCTOR. LIZA. — Eso ya's máh comperensible. Comprendiendo perfectamente la desconfianza del hombre.) El cohto de'n viaje'n taxi no tiene ninguna 'nportancia para mí. — No. Dos peniqueh máh. Lo siento. — Compr'una flor. cuando éste pasa junto a ella). Cuando se detiene. — ¿Cuánto? CONDUCTOR (indicando el taxímetro). CONDUCTOR. — ¡Ah-ooi! (Recogiendo un par de florines. Charlie. Yévame a casa. — ¡Tendrían que reyenarlo de clavos.) Yévese toda la maldita cehta por seih penique'. (Se dirige hacia el vehículo. Rey. la florista le muestra un puñado de monedas.

hasta que el gas se apaga. arrancados de periódicos. pero su inquilino murió tiempo ha. Judy. contando sus nuevas riquezas y soñando y esbozando los planes de lo que hará con ellas. con loh mejore'saludo' de la familia. Esos son los únicos refinamientos visibles. Lo demás es el mínimo irreductible de lo que le es necesario a una persona pobre: una miserable cama sobre la que se apilan todos los trapos que pueden proporcionar algún calor. ¡Buena suerte! (Se va. sin necesidad de fuego. un espejito. Luego se quita los zapatos a puntapiés y se mete en la cama sin mayores ceremonias. De modo que se quita el chal y las faldas y los agrega a la miscelánea de ropas de cama. ahora sólo hace el papel de monumento recordatorio. cubierto con una tela. Un retrato de un actor popular y un grabado con modelos de vestidos. Una jaula de pájaros cuelga de la ventana. Allí.) LIZA (humillada). un cajón de embalar. todos ridículamente fuera del alcance de los medios de Eliza. pero demasiado excitada como para acostarse. está sentada. cuatro chelines semanales.CONDUCTOR (riéndose de ella). un cuartito con un viejísimo empapelado que se ha desprendido en los puntos húmedos. —Te felicito. están pegados a la pared. sobre él una jofaina con una jarra y. El conjunto está iluminado por un pico de gas que funciona con una moneda de un penique en la ranura del medidor. una silla y una mesa. Alquiler. los restos de alguna cocina suburbana y un reloj despertador norteamericano sobre la repisa. encima del hogar que no se usa. — ¡Dehcaro! Toma la cesta y sube con ella trabajosamente por la calleja en dirección a su alojamiento. querida. Este estado de ánimo de prodigalidad no apaga su corrosiva conciencia de su penuria lo bastante como para impedirle calcular que puede soñar y planear en la cama más económica y tibiamente. Un vidrio roto de la ventana ha sido remendado con papeles. crónicamente fatigada. en la pared. momento en que disfruta por primera vez de la sensación de poder poner otro penique en el medidor y no verse obligada a escatimarlo. Guárdate'l chelín. . Eliza.

— ¿Le agradaría volver a revisar algunos? PICKERING (levantándose y acercándose a la chimenea. más allá. HIGGINS. gracias. que estaban abiertos. casi violentamente. cuello de lino blanco y corbata de seda negra. No logro oír la menor diferencia entre muchos de ellos. Las puertas dobles están en el centro de la pared del fondo y las personas que entran por ellas encuentran. casi todos de Piranesi o retratos a la media tinta. Su humor varía entre la agresividad. Sobre él hay un teléfono y la guía telefónica. a la calle. dos altos archivos. un juego de tubos de lámpara para llamas musicales. El laboratorio de Higgins en la calle Wimpole. se asigna muy poca importancia a sí mismo y a las demás personas y no le interesan los sentimientos ajenos. creo que esto es todo. Al otro costado de la puerta central. a su izquierda) . Pertenece al tipo enérgico. —Bueno. un laringoscopio. a su derecha. . Por esta mañana ya es bastante. sobre la pared del costado. Sobre el piano se ve una frutera colmada de frutas y dulces. se encuentra un armario de cajones poco profundos. cuando se encuentra de buen talante. por el contrario. a la izquierda del visitante. la mayor parte de chocolate. científico. donde se ubica de espaldas al fuego). más bien un chiquillo sumamente impetuoso que "aprende" vocinglera y ávidamente y necesita tanta vigilancia como un niño para impedirle que produzca daños inintencionados. El rincón. una hilera de tubitos de órgano con un fuelle. con una cómoda poltrona forrada de cuero en el costado del hogar que está más cerca de la puerta. dejando unas tarjetas y un diapasón que acaba de usar. está ocupado por un piano de cola. Produce una tensión espantosa. con mecheros unidos a un enchufe de la pared por medio de un tubo de goma. con los órganos vocales. cerrando dos o tres cajones del archivo. varios diapasones de distintos tamaños. Pero es tan enteramente franco y carente de malicia que continúa siendo agradable aun en sus momentos menos razonables. el banco del piano y dos sillas ubicadas junto a la mesa del fonógrafo. lleno de vida. En ese rincón hay una mesa de escribir y sobre ella un fonógrafo. A la luz matinal aparece como un hombre robusto. de buena salud. y se interesa sincera. — Sí. que se encuentra cerca de la chimenea. de unos cuarenta años. con el teclado puesto hacia el lado más alejado de la puerta y un banco que se extiende a todo lo largo del teclado. HIGGINS (mientras cierra el último cajón). Entre la chimenea y la mesa del fonógrafo hay un mueble para periódicos. hay una silla suelta. hay una chimenea. — ¡Es realmente sorprendente! No he podido estudiar ni la mitad de los casos. En las paredes. a las 11 de la mañana. Pickering está sentado a la mesa. en rigor. aproximadamente. por todo lo que puede ser estudiado como tema científico. HIGGINS (siguiéndole y deteniéndose junto a él. No hay cuadros.ACTO II El día siguiente. Sobre la repisa hay un reloj. — No. Pero sus ciento treinta me revuelcan por el polvo. Más adentro. Es un cuarto del primer piso. ahora no. Yo me enorgullecía porque puedo pronunciar veinticuatro sonidos vocales diferentes. vestido con una levita negra de aspecto profesional. y una caja con una provisión de cilindros de cera para el fonógrafo. y la impaciencia borrascosa cuando algo le sale mal. grabados. una imagen en tamaño natural representando un corte longitudinal de la cabeza humana. formando ángulo recto entre sí. Higgins está de pie cerca de él. si no se tienen en cuenta su edad y su estatura. PICKERING. y un cubo con carbón. adosados contra las paredes. Es.— ¿Se cansó de escuchar sonidos? PICKERING. destinado originariamente a ser la sala. Aparte de la poltrona. del mismo lado. El centro de la habitación está desocupado.

Pearce.) ¿Qué ocurre? Mrs. adula a las mujeres como los chiquillos adulan a sus nodrizas cuando quieren conseguir algo de ellas. HIGGINS (bruscamente. PEARCE (regresando). — ¡Tonterías. HIGGINS. evidentemente perpleja). por cierto. (A Mrs.) Mrs. Le mostraré cómo grabo los cilindros. Bueno. (Aparece Mrs. pero me pareció que quizás usted quisiese hacerla hablar en sus máquinas. Pearce. Pearce. Mrs. PEARCE. señor. — Ah. Es una muchacha sumamente vulgar. T. — Muy bien. eso viene con la práctica.) LA FLORISTA. a veces recibe usted visitantes tan extraños. Lleva un sombrero con tres plumas de avestruz: anaranjada. HIGGINS (a Pickering). Pero. Confío en que me perdonará. somos orguyosos! Pues él no tiene'n conveniente'n dar lesiones. reconociéndola con no disimulada desilusión y. chica! ¿Te parece que a un caballero como Mr.. HIGGINS (estupefacto). — Una joven quiere verlo. Tiene un delantal casi limpio y la mugrienta chaqueta ha sido cepillada. PEARCE (sólo resignada a medias). La habría echado. (A la joven. (Corre a su mesa de trabajo y toma un cilindro para usarlo en el fonógrafo. nuevas órdenes. — ¿Si no es suficientemente bueno para qué? 1 Sistema de notación fonética inventado por Henry Sweet (N. ¿eh? He venid'a tomar lesiones. pued'ir a otra parte. — Esta es la joven. (Baja.) HIGGINS. que ya se ha enderezado en presencia de Mrs.) ¿Le dijo que vine'n tasi? Mrs. PEARCE (vacilando. luego con el rómico 1 y finalmente hablará ante el fonógrafo. — ¡¡Bueno!! (Recobrando el aliento con un jadeo. conmueve a Pickering. en cuanto a Higgins. HIGGINS. de veras. La haremos hablar y yo anotaré los sonidos con el sistema del Idioma Visible de Bell. El patetismo de esta deplorable figura. convirtiendo de inmediato la cuestión en una molestia que le resulta intolerable). Usted decide. con la transcripción escrita a la vista. Muy vulgar.HIGGINS (riendo y acercándose al piano para comer golosinas). cuando no trata de amedrentar y no está clamando a los cielos por tener que llevar su cruz de peso pluma. tengo todos los cilindros que quiera de la jerga de Lisson Grove y no pienso gastar otro en ella. yo n'he venid'hacer visita' de cumplido. — Hagámosla pasar. señor. — Par'usté'. — Oh. con su inocente vanidad y su aire de importancia. Hágala pasar. no te necesito.— Oh. — No sea dehcarado. Pero. Al principio no se aprecia la diferencia. Higgins le interesa en qué viniste? LA FLORISTA. la única distinción que establece entre hombres y mujeres es que. Y a pagarlas. — ¡Ah. azul cielo y roja. algo espantoso. — Pues. que aguarda. Y si mi dinero no es bahtante bueno. LA FLORISTA. Mrs. PEARCE. señor. — ¡ Pero si es la muchacha que anotó ayer por la noche! No nos sirve.. que n'haya malentendido'. señor. Mrs. señor.. Espero no haber hecho mal. para que usted pueda pasar el cilindro tantas veces como quiera. en verdad. pueril. Se lo'í decir. La florista entra de gran gala. — ¿Una joven? ¿Qué quiere? Mrs. en la puerta. la ama de casa de Higgins.) Vete. Pearce. señor. está bien. HIGGINS. PEARCE. — Estamos de suerte. ¿Tiene un acento interesante? Mrs. Ahora ya lo sabe. No sé cómo pueden interesarle esas cosas. Pearce. Pero se continúa escuchando y de pronto se descubre que son tan distintos como A de B.) ¿Y qué esperas que yo te diga? . dice que usted se alegrará de verla cuando sepa a qué ha venido.. Tovía no sabe a qué'venido.

— Pickering. PICKERING. — ¿Cómo puedes ser una muchacha tan tonta e ignorante que creas que puedes pagarle a Mr.— ¡Oh.) LA FLORISTA (tímidamente). no sean tonto! Mrs. — Quiero ser vendedor'en una florería. me parece. HIGGINS (paseándose por el cuarto. Y ehtoy dihpuest'a pagar. ¿eh? HIGGINS (perentorio).. LIZA.– ¡Siéntate! Mrs. si se considera un chelín. o la arrojamos por la ventana? LA FLORISTA (aterrorizada. no como un simple chelín. lugar de vender en l'ehquina de Tottenham Court Road. — Liza Doolittle. El dijo que m'enseñaría. entre rebelde y pasmada. De modo que no le daré máh d'un penique.) Había bebid'un poco. si'sté' fuese'n cabayero. — ¿Cómo te llamas? LA FLORISTA. Ríen estruendosamente de su propia gracia. LA FLORISTA. (Confidencial. acorralada). (Se sienta. — Siéntate. Pero no m'aceptarán si n'hablo máh delicadamente. — Oh. aquí'htoy. PEARCE.. HIGGINS. donde se vuelve. haciendo sonar las llaves y las monedas que lleva en el bolsillo).— No debe hablar de ese modo al caballero. entre Higgins y él mismo. ¿y por quél no me dice algo sensato? HIGGINS. Y me trata como si fuera basura. — Pero.) ¡No permitiré que me yamen zorra cuando me'ofrecid'a pagar como cualquier dama! Inmóvil los dos hombres la contemplan desde el otro extremo del cuarto. atónitos. Un'amiga mía recibe lesiones de francé' por dieciocho penique' l'hora d'un verdadero cabayero francé'. — Bueno. corriendo hacia el piano. Haz lo que te dicen. no le pido ningún favor. — ¡Ah-ah-ooooiiii! (Ofendida y gimoteando. Pickering vuelve a su sitio de antes... — ¿Sabe?. podría'nvitarme a que me siente. Mrs. PEARCE (colocándose detrás de la silla de Eliza). HIGGINS (grave. yo sé lo qu'eh juhto. sino como un porcentaje de los ingresos de esta muchacha. PICKERING (bondadoso). si quier'hacer una cuehtión de cumplido. ¿No le dije que vengo por cuehtione' de negocio'? HIGGINS. dihpuest'a pagarle. Higgins? LA FLORISTA. — Volvamos a nuestro negocio. Pickering..) PICKERING (con suma cortesía). Y usté' no tendría'l dehcaro de pedirme lo mismo por enseñarme mi propio idioma como por enseñarme francé'. — ¿Cuánto? LA FLORISTA (acercándose a él triunfalmente). LA FLORISTA. ¿qué es lo que quieres? LA FLORISTA. HIGGINS (atronador). ¿invitamos a esta zorra a que se siente. — ¿Y por qué no? Sé tan bien com'usté' lo que cuehtan las lesione'. — Bueno. — Encontraron uno con cuatro huevos. muchacha. HIGGINS. Elizabeth. declamando).LA FLORISTA. PEARCE (severa). — ¡Así s'habla! Ya me parecía que se le bajarían los humos cuando viese'na portunidad de recuperar lo que me dio ayer. 'Tómelo o déjelo. — Bien.) HIGGINS. resulta ser el equivalente total de lo que serían . ¿Cuánto piensas pagarme por las lecciones? LIZA. — ¡Ah-ah-ah-oooii! (Se queda de pie. LIZA. Bueno.—Tomaron uno cada una y dejaron tres. Betsy y Bess fueron al bosque a coger nidos.. — ¿No quieres hacer el favor de sentarte? (Coloca la silla suelta cerca de la alfombra que está ante la chimenea. — No tengu'inconveniente. Eliza. —Siéntate.

LIZA (altanera). Mrs. — ¿Quién le dijo que yo no gano máh de. HIGGINS. Es tan deliciosamente baja.) LIZA (arrebatándoselo). — ¿Cómo? HIGGINS. Higgins. sino una serie de locuras inspiradas? La dificultad reside en encontrarlas. ahora. seré peor que dos padres para ti. completamente desconcertada. — ¡Ah-ah-ah-oooii! HIGGINS (arrebatado). LIZA (obedeciendo. ¿De dónde sacaría yo. Mrs. Mr. Y nadie puede hacerlo mejor que Mr.? HIGGINS (continuando). — Si resuelvo enseñarte.? HIGGINS. lentamente). — Me ofrece por las lecciones dos quintos de sus ingresos diarios. LIZA.— ¡Ah-ah-ah-oooii! Cualquier' crería qu'usté's mi padre. Ella gana media corona diaria. HIGGINS (tentado. sí.) LIZA. — ¡Ah-ah-ah-ah-ooooiii! No soy sucia. —Alguien te tocará. — Calcúlelo usted mismo. en seis meses —en tres. no lo hace de ese modo. capitán. — Es inútil hablarle de ese modo. Además. no le entiende. Y pagaré por las lecciones. Y espero. en este momento! ¡Llévesela e higienícela. tan horriblemente sucia. muchacha tonta! Siéntate.. Dos quintos del ingreso diario de un millonario serían alrededor de sesenta libras esterlinas. Pearce. Pearce! Jabón corriente. — Cierra el pico. PICKERING. HIGGINS. si no sale de otro modo. con una escoba. LIZA (sollozando). Es magnífico. — Se lo tiene merecido. aterrorizada). me lavé lah mano' y la cara endennanteh de venir. es usté' realmente bueno. — ¿Senta libra'? ¿De qué' stá'blando? Yo no l'ofrecí senta libra'. (Toma el pañuelo. ¡Toma! (Le ofrece su pañuelo de seda. que usted no le aliente a hacer ninguna tontería. no a usté'. ¿Hay un buen fuego en la cocina? . PEARCE.. PEARCE (resignándose). ¡Comenzaremos hoy mismo... PEARCE (inquieta). — ¡Oh. me lavé. Liza. señor. Para limpiarte cualquier parte de la cara que sientas húmeda. — Resulta casi irresistible. HIGGINS (excitándose a medida que la idea comienza a tomar cuerpo en él).. le mira con expresión de impotencia. Mrs. no diga eso. PICKERING. Le apuesto todos los gastos que demande el experimento a que no puede hacerlo. — Para secarte los ojos. Gracia'. déme'se pañuelo! Me lo dio a mí. — Le aseguro que no conseguirá marearla con halagos. Haré una duquesa de esta pilluela zaparrastrosa. mirándola).para un millonario sesenta o setenta guineas. ¡Caramba. aunque no siempre lo haga con intención. señor! Hay más de una forma de marear a una muchacha. Mrs. Creo que debe ser considerado propiedad de ella. si tiene un buen oído y una lengua rápida— podré llevarla a cualquier parte y hacerla pasar por cualquier cosa. No hay que desechar jamás una oportunidad.. — ¿Para qué's ehto? HIGGINS. ¿Qué? ¿Y de la recepción del embajador? Si cumple con su promesa proclamaré que es usted el más grande maestro viviente. LIZA (protestando vivamente).— ¡No llores.. Higgins. — ¡Vamo'. No confundas el uno con la otra si quieres llegar a ser vendedora en una tienda. Nadie piensa tocar tu dinero. Siéntate. LIZA (rechazando enérgicamente esa opinión que se tiene de ella). si no dejas de moquear. Higgins. — Oh. Mrs. es enorme! ¡Es la más grande oferta que se me haya hecho jamás! LIZA (levantándose.— ¿Qué es la vida.. —Así es. — Estoy interesado.. No aparecen todos los días. Mr. Oh. PEARCE. Un millonario tiene unas 150 libras esterlinas por día.—Sí.. PICKERING (riendo). — Pero'h que no tengo senta libra'. PICKERING. Acuérdate: eso es tu pañuelo y eso es tu manga. Higgins. Mrs.

— Sí. — Ya ves lo que ocurre cuando se es deslenguada. Llame a Whiteley. un año después de haberse casado? LIZA. tranquilizada. — ¡Ahí tiene! Como lo dijo muy correctamente la muchacha.—Me voy. Mrs. PEARCE. Tienes que aprender a comportarte como una duquesa. — ¡Por qué no! ¡Pero si no sabe nada de ella! ¿Qué hay de sus padres? Y podría estar casada. ehtá. jovencita. Mr. yamaré! Mrs. — ¡Oh. LIZA (gimoteando). Eliza. — ¡Caray! HIGGINS. — ¿Por qué no? Mrs. Mrs. se calma. HIGGINS (impetuoso). como si recogiese un guijarro en la playa. No puede pisotear a todo el mundo de este modo. Ehtá chiflado. vaya! ¿No sabe que una mujer de esa clase tiene el aspecto de una fregona gastada. Pearce. jamás tuve la más mínima intención de pisotear a nadie. pero. — Bueno. HIGGINS (con profesional exquisitez de modulación). ¡caray! ¡Casada. vamos. Y si le da algún trabajo. —¿Qué ocurre? Mrs. No debe hablarle de ese modo. Lo único que quiero es que seamos bondadosos con esta pobre chica. PEARCE.Mrs. — Póngala en el basurero. ¿oyó usted alguna vez algo parecido. HIGGINS. — ¿Quién se casaría conmigo? HIGGINS (recurriendo repentinamente a los tonos bajos más emocionantemente encantadores de su mejor estilo de elocución). El huracán es reemplazado por un céfiro de amable sorpresa. Y sé cómo son la gente com'usté'. Mrs. LIZA. señor. las calles estarán alfombradas con los cadáveres de los hombres que se pelearán por ti. No lah'bría'ceptado. para que le traiga otras. — ¡Nooo. cincuentona. soy. PEARCE. (Arroja el . no necesita pedir esa ropa nueva para ella. por favor. — Sí. — ¡Ah-ah-ah-oooií! PICKERING. Envuélvala en papel de estraza hasta que lleguen. Échela a la calle. Mrs. reprendido.. Pearce. — Bueno. nunca! HIGGINS (paciente). tiene que ser razonable. Higgins! ¡Sea razonable! Mrs.) Por aquí. lo que ocurre es que no puede recoger a una muchacha de este modo. HIGGINS. Llévesela. LIZA (poniéndose de pie en un salto y corriendo entre Pickering y Mrs. LIZA (casi soltando las lágrimas). HIGGINS.— ¡Caramba. —Yo no quería ropa. ¿eh? Estoy loco. señor. PEARCE (a Pickering). No quiero que ningún lunático m'enseñe. HIGGINS (herido en el punto más sensible por la insensibilidad de ella a sus habilidades oratorias).— ¡Que yo pisoteo a todo el mundo! Mi querida Mrs. Soy'na buena chica. — Pero no tengo lugar para acomodarla.! No tien' drech'a tocarme. Pearce en busca de protección). PEARCE. LIZA. —Tiene que ser razonable. o a cualquiera. Higgins.. Liza. Pearce. LIZA. (Indicando la puerta. Pearce. Higgins. ¿eh? Muy bien. si habla d'ehta' cosa'. PEARCE (protestando). mi querido Pickering. — Quítele todas las ropas y quémelas. Mrs. PEARCE.. — Bobadas.— Aquí no queremos tus mojigaterías de Lisson Grove. antes de que yo haya terminado contigo! Mrs. Si no me expresé claramente fue porque no quería herir la delicadeza de ella ni la de ustedes. — Uhté' n'es un cabayero. señor? PICKERING (riendo con ganas). n'es. Debemos ayudarla a prepararse para ocupar su nuevo puesto en la vida. zúrrela.. LIZA (levantándose y cuadrándose con decisión).— ¡No! ¡Yamaré la policía. — ¡Nunca. vuelve sigilosamente a su silla. PEARCE (resuelta).

señor. — ¿Dónde está tu madre? LIZA. — Enseñarle a hablar gramaticalmente. — ¿Eh? ¿Qué dificultad? HIGGINS. (Impaciente. (Se levanta y toma resueltamente la palabra. igual que como todo'l mundo. no de usted..) Oh. no. Eliza? LIZA. Esta es mi recompensa por ofrecerme a sacarte del arroyo y para vestirte hermosamente y convertirte en una dama. (Se acerca a Mrs. — ¿Entiende la dificultad? PICKERING. — No tengo padres. Higgins. — Por favor. no es de ninguna utilidad para nadie. HIGGINS (tornando un bombón de chocolate del piano. usté's un animal! Eh'na mentira. muchacha. Mrs.) Puedo comprarme mih propiah ropa'. — Toma un bombón. ¿A qué diablos viene todo este alboroto? La chica no pertenece a nadie. — Eso es cosa de ella. LIZA. corta un bombón en dos.) ¿Para qué demonios necesitaría dinero? Tendrá comida y ropas. HIGGINS. no tiene'n poco de corazón adentro. Nadie me vio jama' ni rastroh de bebida ncima. Si se le diese dinero se lo bebería. (Alegremente. pues. Quier'hablar com'una dama'n una florería. señor. Mr. Higgins. No lo permitiré. Eliza. Higgins. HIGGINS (recogiendo diestramente el pañuelo y cerrándole el paso cuando se dirige a desgana a la puerta. Es usted el perverso. HIGGINS.) — Eres una muchacha perversa y desagradecida. Mrs. (A Pickering. Higgins. — No quier' hablar gramaticalmente. — Muy bien. LIZA (volviéndose hacia él). Higgins extrae el cortaplumas. no hagamos más alharaca. se pone una mitad en la boca. No l'importa nadie máh qu'usté' mihmo. Llévela abajo y. Me dijeron qu'era bahtante grande par' ganarme la vida y m'echaron.pañuelo.) Usted podría adoptarla. — No tengo madre. que la muchacha puede tener algún sentimiento? HIGGINS (mirándola con aire crítico). LIZA (deteniéndose. La que m'echó eh mi sesta madrasta. — ¡Ah. Pearce. — Tengo sentimiento'. — Oh. PEARCE. y díles que te cuiden mejor. De modo que por ese lado todo va bien.) ¿Los tienes. tendría. PICKERING (con afable tono de reproche). Mrs. cuando haya terminado con ella. — ¿Cómo sé qué tienen adentro? He oído 'blar de muchachah marcotizada' por gente com'usté'. Per'he terminado con eyos. PEARCE.. ¿qué será de ella? ¿Se le pagará algo? Sea sensato. — Pero. ¿quiere no apartarse del tema? Necesito saber en qué condiciones se quedará la joven aquí. Mr.. HIGGINS (a Pickering. Mrs. podemos volver a arrojarla al arroyo. La pronunciación en sí es cosa fácil. Estoy seguro de que una hija sería una gran diversión para usted. Tendría que'vergonzarse. anótelo en el libro de los gastos de la casa.) Me voy. Mrs. PEARCE. con los ojos relampagueándole de malicia). Y entonces volverá a ser cosa de ella. LIZA. usté's un cabayero: no lo deje que m'hable d'ese modo. LIZA. con tus padres. PEARCE. Mrs. — ¿Qué sería de ella si la dejase en el arroyo? Respóndame a eso. no lo creo. No me parece que tenga ningún sentimiento por el que debamos preocuparnos. salvo para mí. reflexivo). Vuélvete a tu casa. la traga y ofrece a Liza la otra mitad. HIGGINS (impaciente). Y soy'na buena chica. ¿Se le pagará algún sueldo? ¿Y qué será de ella cuando haya terminado su aprendizaje? Es preciso mirar un poco hacia adelante. Pearce. Mr. — Bien. — Oh. Pearce y comienza a engatusarla. — Oh. . Vaya. Mrs. PEARCE..) ¡Bahta! ¡Y'ehtoy cansada d'ehto! (Dirigiéndose a la puerta. páguele lo que sea necesario. —¿No se le ocurre. tentada). — Basta. HIGGINS.

con una tentativa de mostrarse digna. y serás castigada por Mrs. Y en el futuro tomarás tantos taxis como te plazca. Pearce. — Perdóneme. dormirás en un verdadero dormitorio tendrás comida en abundancia y dinero para comprar bombones y viajar en taxi. — Mr. bajo el cuidado de Mrs. No. LIZA (levantándose a desgana y con suspicacia). barriles de ellos. Mrs. Pearce con una escoba. Y te casarás con un oficial de la Guardia. Soy'na buena chica. (A Eliza. Pero cuando siente lo que usted llama interesarse por el acento de la gente. . — Y seguirás siéndolo. LIZA. Ven conmigo. Eliza. te haré un regalo de siete chelines y seis peniques para que comiences tu vida de vendedora en una florería. Pearce. mas nunca en el tuyo. Higgins. pero debo intervenir. Nunca tuve dif'cultades con la policía.HIGGINS.. Como militar. Transpórtemela al cuarto de baño. Pearce tiene mucha razón. aprendiendo a hablar tan bellamente como una vendedora de florería. (A Pickering. dormirás en la cocina.) HIGGINS. —No l'habría comido. ¿está satisfecho. ¿Eh? LIZA (que ha tragado el bombón después de haberse casi asfixiado con él). Toni'ré un taxi. LIZA (anonadada). Eliza. No es justo. Si no te descubren. — Hay otros medios de transporte. — No. HIGGINS. Al cabo de los seis meses irás a Buckingham Palace en un carruaje. — Símbolo de buena fe. Mrs.) Y ahora. ¿lo haríamos? PICKERING. per' soy demasiado bien'ducada pa sacármelo de la boca. no me quedaré. — ¿Cómo podría ser eso? Es incapaz de entender nada. ¿y qué? Tengo tanto drecho com'cualquiera' tomar un taxi. Nunca tuv'interéh'n ir a Bucknam Pelis. Ella debería pensar en su futuro. — ¡Vaya! Eso es todo lo que sacará de Eliza. serás una muchacha sumamente perversa y desagradecida y los ángeles llorarán por ti. taxis. — ¿A su edad? ¡Tonterías! Tendrá tiempo de sobra para pensar en el futuro cuando no tenga futuro alguno en qué pensar. PICKERING. —Muy bien. Si eres buena y haces todo lo que se te diga. el hijo de un marqués. Pickering? (A Mrs. no quier'oro ni diamante'. Si el Rey descubre que no eres una dama. en taxi. Eliza. oro y diamantes. Déle órdenes: eso es suficiente para ella. todos los días. HIGGINS. lo que pueda pasarle a la gente o a usted. Eliza. ni le interesa. Además. donde te cortarán la cabeza como advertencia a otras floristas engreídas. Mrs. Y no dejaré que nadies me cahtigue. PEARCE. Mrs. para un experimento didáctico. Pearce? Mrs. de hermosos bigotes. — ¡Ah-ah-ooii! HIGGINS. Piensa en bombones.. Eliza. Si esta chica se pone en sus manos durante seis meses. (Liza abre la boca para replicar y él le arroja el medio bombón en ella. Recorrerás la ciudad de arriba abajo y en círculo. Piensa en eso. ¡Ah-ah-ooii! Es inútil explicarle. no piensa nunca.) ¿Puedo detallarlo más clara y honestamente. pero se ablandará cuando vea tu belleza y bondad. Higgins. todos los días. LIZA. (Vuelve a sentarse. hermosamente ataviada. que le desheredará por haberse casado contigo. debe saber perfectamente qué hace. MRS. PEARCE. pero no tiene relación alguna con el caso presente. Eliza: vivirás aquí durante los próximos seis meses. — Lo tienes. tú te comes la otra. muchacha. No sé si puedo hacerme cargo de ella o dar mi aprobación al convenio. Yo me como una mitad. es'eh. Pearce. — Creo que sería mejor que me dejara hablar convenientemente con la joven en privado. Eliza: haz como hace esta señora. — Bueno. — Usté's un gran valentón. HIGGINS. está usted tentando a la joven. PEARCE (paciente). Me voy. Si eres mala y perezosa. Higgins.. Ya sé que no quiere usted hacerle ningún daño. Gracias.) Miss Doolittle. usted tendría que saberlo.) Tendrás cajas de ellos. Soy'na buena muchacha. serás llevada por la policía a la Torre de Londres. Piensa en el futuro de otras personas. ¿entiende alguno de nosotros lo que hace? Si lo entendiéramos. Te alimentarás con ellos. Si rechazas este ofrecimiento. soy. — Muy ingenioso. Si no quiero. con las cucarachas. HIGGINS..

PEARCE. Conocí 'una mujer que l'hacía todo' loh sábado' por la noche. n'hubiera venido'quí. entonces no le tendrás miedo. Ven conmigo. Pearce abre una puerta y la hace pasar a un dormitorio para huéspedes. Eliza. Eliza es llevada arriba. PEARCE. — Deja de llorar y ve a tu cuarto y quítate toda la ropa. PEARCE. PEARCE. No has entendido al caballero. Aquí es donde nos lavamos nosotros. y tengo mihsentimiento'. — No volverás a hacer tal cosa mientras vivas aquí. y nunca quis'hablar una palabra con él. cuando te acuestas? LIZA (atónita). — ¿Ehpera que me meta'n eso y me moje toda? Nada d'eso.) LIZA (mientras sale). (Toma una bata de una percha y se la tiende. me mataría! Jamáh 'tomad'un baño'n toda mi vida. ¿No te quitas la ropa todas las noches. No l'haré. — Y tú tendrás que hacer lo mismo. Luego envuélvete en esto. Mrs. para así poder volver a tu cesta de . y no m'importa. pues esperaba ser conducida al fregadero. PEARCE. Me moriría. me atrevo! ¡No's natural. LIZA.! Mrs. si me van a cortar la cabeza. — Oh. LIZA. N'ehtoy'costumbrada 'eso. de una golfa descuidada que eres.. Hay dos grifos: caliente y fría. Todavía no soy 'na duquesa. Te daré una bata de dormir adecuada. Mrs. — Mr. al tercer piso. que ha sido modernizado y convertido en cuarto de baño.. para su gran sorpresa. como una dama? No puedes ser una buena chica por dentro si eres una pazpuerca por fuera. No'h correto. — ¡Buaaa. LIZA. — No repliques. ¿Por qué habría de quitármela'? Me moriría. o prefieres que te eche. LIZA (sollozando). PEARCE. Este será tu dormitorio. Pero puedes bañarte con agua tan caliente como quieras. Higgins tiene abajo el baño para caballeros. y no le debo nada. PEARCE. Pearce cierra la puerta y las quejas de Eliza no son ya audibles.) Y vuelve aquí. eh decir. ¡No. pero ¿no quieres estar limpia y pulcra y decente. — ¿Y eso quiere decir que tengo que ponerme cosa' fríah y permanecer dehpierta la mita' de la noche. lo que dije's cierto. Yo prepararé el baño. En caso contrario no les agradaría tu olor. — Bobadas.) LIZA.—Bien. Y te ruego que me llames Mrs. Mrs. — ¿Quieres decir que duermes con la ropa interior que usas durante el día? LIZA. y la mantiene abierta para que pase Eliza. Mrs. Tendría miedo de tocar cualquier cosa.Mrs. PEARCE. —No puedo. Y todas las mañanas se baña con agua fría. (Abre la marcha hacia la puerta. Mrs. chica. — Quiero convertirte. — Tendrás que quedarte aquí.— ¡Dio'! ¿Qué's ehto? ¿Aquí lavan la ropa? ¡Qué batea más rara! Mrs. Pearce. y se murió d'eso. no'h decente. Por supuehto que me quito lah falda'. — Tienes que ponerte tan limpia como el cuarto. tiritando de frío? Mrs. (Abre la puerta del tocador. Esto'h demasiado bueno para gente como yo. Siempr'he sido'na buena chica. y donde te voy a lavar a ti. Si'biera sabido'n qué me metía. ¿Quieres tenerme confianza y hacer lo que te digo.. LIZA. ¿sabe? Mrs. — Bueno. PEARCE. LIZA. — No. Mrs. Allí Mrs. muchacha. PEARCE.—No podría. — No es una batea. — ¿Qu'otra cosa tengo'n qué dormir? Mrs. lo que se yamaría'n verdadero baño. en una muchacha respetable y limpia que puede estar sentada con los caballeros en el estudio. si quieres estar con él y el coronel y que te enseñen.. LIZA (llorosa). PEARCE. y no permitiré que me manden. PEARCE. igual que cualquiera. No me'cercaré'l Rey. Nunca me saqué toda la ropa. yo no podría dormir aquí. — ¡Puf! ¡Ehtá hecho de fierro es'hombre! Mrs.

Las mujeres lo trastornan todo. Uno quiere ir al norte y el otro al sur. descubre que la mujer quiere una cosa y uno quiere otra muy distinta. He descubierto que en cuanto dejo que una mujer trabe amistad conmigo. — ¡Pero'h qu'uhté no sabe cómo sufro'l frío! ¡No sabe qué miedo le tengo! Mrs. un viejo solterón declarado. He descubierto que en cuanto trabo amistad con una mujer me hago egoísta y tiránico. — Bueno. inquieto). PEARCE (quitándole diestramente la salida de baño y haciendo caer a Eliza de espaldas). Mrs. Higgins. ella será una alumna. PICKERING (levantándose y quedándose gravemente junto a él). ante el piano. Mrs. — ¡Ah.. PICKERING.flores? LIZA. — Aquí tu cama no estará fría. Perfuma el agua con un puñado de sales y le añade una pizca de mostaza.. — Simplezas. ¡De vera' que no podría! Nunca'hecho tal cosa. no podría.. Yo. suspicaz. Y ambos tratan de arrastrar al otro por la senda equivocada.— ¡Vamos.! Mrs. pero la deja parcialmente abierta. y lo jabona profusamente con una pastilla de jabón perfumado. Quítate eso. PEARCE. (Se sienta en el taburete. LIZA. si'biese sabido qué cosa tan ehpantosa sinifica'htar limpia. dispuesto a someter a su interlocutor a un interrogatorio. Pearce.) Empieza a desvestirte.) De modo que aquí me tiene. a horcajadas. — ¡Ah-uu! ¡Ah-uu! ¡Ehtj demasiado caliente. ella se torna celosa. Vaya. Entretanto el coronel ha estado discutiendo con Higgins acerca de Eliza. Estoy acostumbrado. Yo podría haber sido un bloque de madera. ¿Es usted una persona de buen carácter por lo que atañe a las mujeres? HIGGINS (lúgubre). el cielo lo sabe! Supongo que la mujer quiere vivir su vida. pues. mezclando agua caliente y fría y probando el resultado con el termómetro de baños. sí te gusta así de caliente. Espero que quede aclarado que nadie se aprovechará de la situación de la muchacha.) Los gritos de Eliza son desgarradores. Pearce la empuja por la puerta. — ¿Qué. — ¿Ha encontrado alguna vez a un hombre de buen carácter por lo que atañe a las mujeres? PICKERING. — No te hará daño. Cuando uno permite que se metan en la vida de uno. Es. métete adentro y dime. — Ven. PEARCE.. con frecuencia. un condenado engorro. de aspecto formidable. que se aprieta fuertemente en torno al cuerpo. Y la enseñanza sería imposible si los alumnos no fuesen sagrados. — ¡Oh. PICKERING. pues yo no. izándose con las manos hasta el nivel del piano y sentándose en él de un salto). No lleva encima más que la salida de baño.) Mrs. (Mrs. está convertida en un lastimoso espectáculo de terror abyecto. LIZA. Higgins! Ya sabe a qué me refiero. — Perdóneme que le haga una pregunta directa. Si intervengo en esta cuestión me sentiré responsable por esa joven.. las mujeres más bien parecidas del mundo. Vuelve Eliza. (Empujándola hacia el baño. PEARCE. con los brazos apoyados en el respaldo. aunque odian el viento del este. Mrs. de goma. por si la prisionera quisiera recurrir a la fuga. Y el resultado es que ambos tienen que ir al este. (Pone manos a la obra con el cepillo. HIGGINS (dogmático. Luego toma un cepillo de mango largo. — ¿Qué? ¿De esa cosa? ¡Es sagrada. y con todas las posibilidades de quedarme así. He enseñado a hablar inglés a veintenas de millonadas norteamericanas.) ¿Sabe?. Y el hombre quiere vivir la suya. Pickering se ha apartado de la chimenea para sentarse en la silla. . Tanto me daría que hubiesen sido bloques de madera. — Sí..— Oh. Pearce se pone un par de mangas blancas. n'habría venido. LIZA. exigente. por ejemplo? HIGGINS (bajando del piano. se lo aseguro! (Poniéndose de pie para explicar. HIGGINS. N'ehtaba conforme cuando vivía tranquila. pondré en ella una botella de agua caliente. y llena la bañera.

¿quiere tener la amabilidad de cuidarse con lo que dice delante de la joven? HIGGINS (severo).pero hay cierta palabra que debo pedirle que no emplee. —Eso es lo que quiero decir con eso. — No. (Se le aproximo a Pickering. — Por supuesto. (Ella lo mira firmemente.. Pearce abre la puerta. PEARCE (inconmovida). ¿todo marcha bien? Mrs..) Mrs.. señor. Pearce.. con el aire de un hombre que se encuentra en una posición inexpugnable. Pero no debe maldecir delante de la muchacha. PEARCE. Pearce. Tendremos que tener mucho cuidado con esa chica en cuanto al aseo personal.) Estas cositas son las que tienen mayor importancia. quizás. PEARCE (en la puerta). HIGGINS (altivo). como quiera.. HIGGINS. HIGGINS. no lo es cuando se le ha perdido alguna cosa o cuando se pone un poco impaciente. PEARCE. quien se divierte enormemente con la conversación. Pase.— ¡Oh. Mrs.— ¡Oh. El agrega.) . Tuve que prometerle que no lo quemaría. Pero será mejor que lo ponga en el horno durante un rato. — Justamente esta mañana. — No puedo admitir que yo la haya usado alguna vez.! ¡De veras. Pickering. — ¿Molesto? Mrs. — Manipúlelo con cuidado. Mr. gracias! Bien. Higgins. ocultando una conciencia intranquila con un aire juicioso) Salvo. Mrs. PEARCE (calmosa). ¡ese lenguaje en sus labios. señor. HIGGINS. PEARCE. la aprendió junto a su madre. — En lo más mínimo. en cuanto a permitirle que sea descuidada con su vestido o que deje sus cosas en cualquier parte. Comienza con la misma letra de caramba.Mrs. —Precisamente. Mrs. por favor. en un momento de excitación extrema y justificable. — Bien. HIGGINS (indignado). Mrs.) No queme eso. PEARCE (sin dejarse apartar del tema). Pero le ruego que no permita que la joven lo oiga repetirlo. eso! No tiene importancia.— Lo molesto porque querría hablar unas palabras con usted. HIGGINS (dejándolo presurosamente sobre el piano). señor. a la manteca y al pan negro. Pearce. ¿qué quería decirme? PICKERING.. La muchacha la usó cuando empezó a sentirse bien en el baño. muy bien! ¿Es eso todo? Mrs. señor. HIGGINS. HIGGINS. No me importa que diga "condenado" y "cuernos". señor. Tiene mucha importancia. HIGGINS (ansiosamente). ¿Por qué me advierte tal cosa? Mrs. Mrs. la aplicó a los zapatos. Maldice usted demasiado. — Quiero decir. Lleva en la mano el sombrero de Eliza. Mrs. — No. ancla en la alfombra de la chimenea. (Ella entra. Mrs. y "qué demonios" y "dónde demonios" y "quién diablos".—Y bien. — Sí. — Mrs. ¿Qué demonios quiere decir con eso? Mrs. Ella no tiene la culpa. por supuesto.) Nunca maldigo. Siempre soy cuidadoso con lo que digo. Pearce. estoy acostumbrada.. Estaba a punto de llamarle a usted la atención al respecto. PEARCE. Bien dicho. —. — Muy cierto. señor.! Mrs. Higgins. Pero no debe oírla de labios de usted. — ¿Yo maldecir? (Enfático. Cuide los peniques y las libras se cuidarán por sí mismas. Mr. Pearce. PEARCE. Pickering se sienta en la butaca junto a la chimenea. — ¡Ah. PEARCE. muy bien. Lo conservaré como una curiosidad. Y eso vale tanto en lo que atañe al dinero como en lo referente a las costumbres personales. Ahora bien: delante de mí no tiene importancia. Odio esa costumbre. (Toma el sombrero. (Por fin. HIGGINS (acercándose a ella con solemnidad)..

(Se sienta pomposamente. esa mujer tiene las opiniones más extraordinarias de mí. creo que no. en absoluto! Tiene mucha razón. Si hay alguna dificultad. . Heme aquí. PEARCE. Y sin embargo ella está firmemente convencida de que soy una persona arbitraria. (Sale. Higgins. PICKERING (confidencial). pero por cierto que no las hago habitualmente. jefe. Alfred Doolittle.) PICKERING. —Buenos días. pero vigoroso. HIGGINS (arrancado de la alfombra y volviendo a vagar en dirección al piano).) HIGGINS. Buenos días. señor.) Alfred Doolittle es un basurero de edad. PEARCE (a la puerta). — Tonterías. — No. (Sale. Mrs. Mrs. — Sin duda. vergonzoso. Y si quiere tener la bondad de no comer todas las cosas en el mismo plato y de no poner la cazuela de las gachas sobre el mantel limpio. No acierto a explicármelo.— ¡En absoluto. señor. DOOLITTLE. PEARCE. PEARCE. En ese caso puedo pedirle que no baje a desayunarse con la bata de dormir. o por lo menos que no la use como servilleta hasta el punto en que lo hace. han comenzado las dificultades. — Aquí. señor. incluso un sombrero con un ala de tela negra que le cae sobre la nuca. Su actitud del momento es la del honor herido y la severa resolución. — ¿Sabe. — Puede que alguna vez haga estas cosas por pura distracción. no yo con él. Pero si quisiera limpiarse los dedos. dominadora y tiránica. ¿Hay algo más? Mrs. — Es posible que no sea un pillastre. está bien! ¡En el futuro me los limpiaré en el cabello! Mrs. — Oh. Ahí abajo hay un basurero. PEARCE. Como le parezca. Me cuidaré muy especialmente ante la joven.. — Gracias. Higgins. — Sí. Eso es todo. Por supuesto que es un pillastre. Dice que usted tiene a su hija aquí. — ¡Oh! Mrs. señor. — Lo sea o no. Mrs.) ¡Y de paso: mi bata huele remalditamente a bencina! Mrs. ataviado con el traje de su profesión. — Si me permite.. señor. PICKERING. jefe. no. Mrs. indeciso en punto a cuál de los caballeros es su hombre). que quiere verle.) He venido por un asunto muy grave. resultado de su costumbre de dar rienda suelta a sus sentimientos sin reservas. PICKERING.. señor. Mr. Y seguramente le sacaremos algo interesante. me temo que tendremos dificultades con él. como otros. PEARCE. HIGGINS. un hombre tímido. DOOLITTLE (a la puerta. le dará un mejor ejemplo a la joven. ¿Algo más? Mrs. Pearce regresa. — Oh. está bien. señor. PEARCE. HIGGINS (gritando). (Iracundo. — No. — ¿Profesor Higgins? HIGGINS. Pearce. — ¡Uf! ¡Caramba! HIGGINS (rápidamente). la tendrá él conmigo. Me refiero al dialecto del hombre. — Es claro. Pickering?. — Espero que no se haya ofendido. Nunca me ha sido posible sentirme realmente maduro y tremendo. Tiene facciones características y bien marcadas y parece igualmente libre de temores y de remordimientos de conciencia. HIGGINS (escandalizado al descubrir que se le considera capaz de un sentimiento poco amable). Higgins. PEARCE. Ya sabe que la semana pasada casi se asfixia con una espina de pescado que encontró en la mermelada. Mr. (Hace pasar a Doolittle y se retira. — Haga subir al pillastre. HIGGINS. — Doolittle. ¿Puede ella usar algunos de los vestidos japoneses que usted trajo del extranjero? No puedo hacer que se vuelva a poner las cosas viejas. Siéntese.. — ¡Oh. muy bien.Mrs. PICKERING. Posee una voz notablemente expresiva. — ¿Acerca de la joven? HIGGINS. HIGGINS (confidencial).

) ¿Cómo supo que la joven estaba aquí. Estoy dispuesto a decírselo. jefe. ¿verdad? No supondrá que nadie más la quiere. Me encontré con el chico en la esquina de Long Acre y la calle Endell. quiero decírselo. jefe. "Estoy dispuesto a decírselo. — Su hija tuvo la audacia de venir a mi casa y pedirme que le enseñara a hablar correctamente. yo también soy del oeste. en la esperanza de obtener otro paseo gratuito. (Se dirige resueltamente hacia el teléfono y abre la guía. Higgins continúa. HIGGINS. para poder conseguir un empleo en una florería. Juro por la Biblia que hace dos meses que no veo a la muchacha. HIGGINS. — Por supuesto. — ¿Le he pedido acaso siquiera una moneda de un cuarto de penique? Que lo diga ese caballero. Creo que la madre debe de ser galesa. (Amedrentándole. ¿Por qué no? PICKERING. — El me dijo lo que ocurría. — Oh. — Criado en Houslow. — Vamos. si no la envió? DOOLITTLE. — ¿Para qué podría venir un hombre? Sea humano.. jefe. Estoy esperando la oportunidad de decírselo. PICKERING.) DOOLITTLE. Doolittle? DOOLITTLE (amenazador). temeroso. ¿Es esto razonable? ¿Es lógico aprovecharse de un hombre de este modo? La muchacha me pertenece. jefe. Usted es el padre. jefe! HIGGINS. — Y yo digo que sí.. ¿De qué otro modo podría saber que se encuentra aquí? DOOLITTLE. — ¡La policía lo acosará! ¡Esto es una intriga. este individuo tiene un cierto don natural para la retórica. (Doolittle abre la boca. ¿para qué vino? DOOLITTLE (dulce). HIGGINS (desarmado). ¿No es verdad? DOOLITTLE. Observe el ritmo de notas naturales nativas. una conjura para sacarme dinero mediante amenazas! Telefonearé a la policía. Higgins. — Pickering. Llévesela inmediatamente. — Quiero a mi hija. DOOLITTLE. le . jefe. Explica también su mendacidad y deshonestidad. estoy esperando la oportunidad de decírselo. ¿He dicho una palabra acerca de algún dinero? HIGGINS (arrojando la guía y yendo hacia Doolittle en actitud amenazadora). Higgins. — No acose a un hombre de ese modo. aparte de usted.) HIGGINS. DOOLITTLE (levantándose. — Y entonces. oiga. — Y entonces. si me deja decir una palabra de tanto en tanto. ¿eh? Me alegro de ver que le quede alguna chispa de sentimiento paternal. ¿entiende? HIGGINS.) ¿Qué quiere. es. — ¡No. ¿la obligó usted a hacerlo? DOOLITTLE.) ¿Cómo se atreve a venir para tratar de extorsionarme? Usted la envió adrede. — Déjelo que termine con su relato. DOOLITTLE (protestando). — Taberna. — Alfred. jefe. HIGGINS. El se quedó por aquí. La chica llevó a un joven en el taxi para darle un paseo. HIGGINS. — El asunto fue así. (A Doolittle. desconcertado). cuando se enteró de que usted estaba dispuesto a dejarla quedarse aquí. Ella está arriba. estupefacto. — Llévesela. vamos. — El club del pobre. — Se lo diré. Quiero decírselo. sumamente melancólico). por favor. eso es lo que quiero.HIGGINS (a Pickering). El hijo de la casera. jefe. Este caballero y mi ama de llaves han estado aquí durante todo el tiempo. — ¿Qué? HIGGINS. Y yo le pregunto a usted: ¿cuáles fueron mis sentimientos y mis deberes de padre? Le dije al muchacho: "Tráeme el equipaje"." ¡Retórica sentimental! Esa es su veta galesa. Bueno. ¿Qué salgo ganando yo? (Vuelve a sentarse. Usted la tiene. ¿cómo supo que estaba aquí? DOOLITTLE (sumamente musical. — Le juro que no. ¿Acaso cree que le voy a cuidar a su hija? DOOLITTLE (con tono de reproche). ella le hizo volver a buscar el equipaje.

Pearce. DOOLITTLE (a Pickering). salga a comprarle algunas. sí no tiene inconveniente. Por aquí. ¿qué podía yo suponer? HIGGINS. es una muchacha sumamente bonita. Eso mismo. — La casera no me habría permitido sacarlo. —No. Y. por favor. jefe? Le pregunto: como padre. Lo único que exijo son mis derechos de padre. DOOLITTLE. ¿sabe? Tuve que darle al chico un penique antes de que pudiera convencerle. Y usted sería el último hombre viviente en pretender que la deje irse sin ninguna compensación. Si no tiene ropas.. Doolittle. Una carrera se abre ante ella. — ¿Por qué no fue a buscarlo usted mismo? DOOLITTLE. PICKERING. Y por eso se lo digo a usted francamente. — Mrs. y. Higgins. Ha venido a llevársela. Desde el punto de vista de una joven. la acompaña hasta la puerta. jefe.dije.. Usted y yo somos hombres de mundo. — Le agradezco. Ella dijo que no quería ropas.) Bueno. jefe. Mr. Bien. Usted me dijo que le quemara las ropas.. con aire de lavarse las manos de toda la cuestión. — Un instrumento musical. Escúcheme. Pearce abre la puerta y aguarda órdenes. Imposible. Y yo me traje el equipaje. No puedo llevarme a la muchacha por las calles como si fuese una maldita mona. Mr. PEARCE. PICKERING. Doolittle. la verdad es que me ha caído usted en gracia. — No puede llevársela. Porque ya veo que es usted uno de esos individuos derechos. que se refugia en el taburete del piano. ¿no es así? HIGGINS. ¿qué es para usted un billete de cinco libras? ¿Y qué es Eliza para mí? . — ¿Qué cantidad de equipaje? DOOLITTLE. ¿por qué le trajo el equipaje. Mrs.) DOOLITTLE (levantándose). aliviado de ver que se le entiende tan bien). Pearce. (Cruza hacia el hogar y hace sonar el timbre. jefe. jefe. No diga eso.) DOOLITTLE. HIGGINS. no estoy tan empecinado en llevármela a casa que no esté dispuesto a aceptar un arreglo. aquí presente? Mrs. — Soy el ama de llaves. (A Higgins. jefe. podrá llevársela usted. porque Doolittle está rodeado de un tufo profesional de basura. y a paso redoblado. jefe. Cuando lleguen. — Yo también creo lo mismo. — Usted me ha dicho que quiere a su hija. DOOLITTLE. si quería llevársela? DOOLITTLE. vacila y finalmente se vuelve hacia Higgins con actitud y tono confidencial.. tanto como para hacerle un favor a usted y hacerme el simpático. — No. como quien dice. por cierto. Eso es todo.. DOOLITTLE (desesperado). algunas baratijas y una jaula de pájaro. si la quiere a la chica. — Oiga. ¿Que podía yo suponer. (Sale con dignidad. HIGGINS. — Pues se la llevará. Puede esperar en la cocina. Como hija no vale lo que costaría mantenerla. el muy cerdo. Llévesela.— ¡Oh! Somos hombres de mundo..) PICKERING. jefe. ¿eh? DOOLITTLE (apreciativo. No soy hombre como para interponerme entre la felicidad y mi hija. — Es cierto. Mrs. profundamente turbado. (Vuelve al piano. — Tiene usted la palabra. este es el padre de Eliza.— Precisamente. He hecho pedir algunas ropas para su hija. Esto es un malentendido. señor. jefe. MRS. — Pero. Désela. Es de esa clase de mujeres. ¿no es verdad? Dígalo usted mismo. Unos cuadros. Mrs. un poco abrumado por la proximidad de su visitante. — De modo que vino a salvarla de algo peor que la muerte. — ¿Dónde están las ropas en que vino? ¿Las quemé yo o las quemó su esposa. PEARCE. HIGGINS. — ¿He dicho yo algo acerca de llevármela? ¿Lo he dicho? HIGGINS (decidido). PEARCE. ¿eh? Será mejor que salga.

siempre sucede lo mismo: "Eres indigno. jefe. Si creyese que no eran. Soy indigno y tengo la intención de seguir siéndolo. Necesito alegría y una canción y una orquesta." Pero mis necesidades son tan grandes como las de la viuda más digna que haya recibido dinero de seis distintas instituciones de caridad.. — Creo que tendría que saber. Piense en lo que eso significa para un hombre. ¿Querrían ustedes aprovecharse de la naturaleza de un hombre para despojarle del precio de su propia hija. Y bebo mucho más. jefes? Les pregunto: ¿qué soy yo? Soy uno de los pobres indignos. jefe. y les digo que es una vida de perros por donde se la mire. es la única que tiene un poco de pimienta. — No quiero nada de eso. Y tampoco podría dárselo usted. jefe. le aseguro que no sucederá nada de eso. — No.. DOOLITTLE.) PICKERING. pues me cobran por todo lo mismo que le cobran al digno.. Doolittle. necesito más. no. Comparando una posición social con otra es. ¿Qué soy yo. ¿Qué es la moral de la clase media? Nada más que una excusa para no darme nunca nada. HIGGINS (asqueado). no te corresponde. si Liza obtendrá algo de esto. Eso es lo que yo también digo. He oído a todos los predicadores y a todos los primeros ministros —porque soy un hombre que piensa y me agrada la política o la religión o las reformas sociales igual que cualquier otra diversión—. PICKERING. pero. si fuese tan pobre como yo. por la muerte del mismo esposo. ¿es que no tiene moral. para mi gusto. Es indudable que. Un corazón de padre. que las intenciones de Mr.. No pretendo ser digno. Si hay algo en vista. No lo mire de ese modo. jefe. — Me temo que le dará mal uso. que él ha criado y aumentado y vestido con el sudor de su frente hasta que ella tuvo suficiente edad como para interesarles a ustedes dos? ¿Cinco libras es un precio irrazonable? Les planteo la cuestión y dejo la cuestión en manos de ustedes. DOOLITTLE. DOOLITTLE. ¿por qué no yo también? HIGGINS (turbado). de veras. bien. porque soy un hombre que piensa. como a dos caballeros que son. Para el próximo lunes no quedará ni un penique de . no me parece muy justo. DOOLITTLE. No como menos vorazmente. — Bueno. — En general. Pero para complacer a un caballero como usted haría muchas cosas. Me agrada. Doolittle? DOOLITTLE. Pickering. Bien. es. No tema que me lo guarde y lo ahorre y viva en el ocio con él.. — ¿Quiere decir que vendería a su hija por cincuenta libras esterlinas? DOOLITTLE. Significa que continuamente tendrá que luchar contra la moral de la clase media. — Pero. No es que quiera hacer algún daño. sería un crimen darle una moneda a este individuo. yo conozco ese sentimiento. cuando me siento deprimido. muchas gracias. Y sin embargo presiento que hay una especie de justicia tosca en su pedido. — Eso es. — Pickering. podría elegir entre un puesto en el gabinete y un púlpito popular en Gales. eso es lo que soy.. ¿sabe? Pero. jefe. pediría cincuenta. en una semana. se lo aseguro. HIGGINS (levantándose y acercándose a Pickering). — No diga eso. y yo trato de sacar mi parte. La pobreza indigna es mi especialidad. — ¿Qué dice a eso. si nos ocupáramos de este hombre durante tres meses. No necesito menos que un hombre digno. — Por supuesto que lo son. — No sé qué hacer. PICKERING. — No puedo darme ese lujo. PICKERING. en punto a moral.(Vuelve a su silla y se sienta juiciosamente. Higgins son enteramente honestas. hombre? DOOLITTLE (impávido). por así decirlo. que no jueguen ese juego conmigo. — Supongo que tendremos que darle un billete de cinco. Necesito diversión. PICKERING. Por lo tanto les pido. jefe. HIGGINS. Yo estoy jugando limpiamente con ustedes. y esa es la verdad.

jefe.) Perdone.) Sí. HIGGINS (concienzudamente).él. si se casa. DOOLITTLE. Pero mejor que lo lamente ella y no usted. Mrs. con ademanes de elegante. Y. Démosle diez. (Ofrece dos billetes al basurero. — ¿Tonto? Mrs. — Ahora no. —Por favor. LA JAPONESITA.. Soy un esclavo de esa mujer. — ¡Una nueva moda. No tengo ningún dominio sobre la mujer. Y ella lo sabe. HIGGINS. (Toma el sombrero. y quizá no lo tendría yo tampoco. Tengo que hacerle regalos. extremadamente tonta. hace que un hombre se sienta un poco prudente. HIGGINS (entregándole un billete de cinco libras). LIZA. Otra vez. caramba! ¡Y debería ser horrible! . se lo pone y cruza el cuarto en dirección a la chimenea.) HIGGINS. — ¡Oh. jefe: cásese con Eliza mientras ella es joven y no sabe lo que hace. Buenos días. dándonos placer a nosotros mismos y empleo a otros. jefe. HIGGINS. ataviada con un sencillo quimono de algodón azul. de todos modos. decorado hábilmente con pequeños capullos blancos de jazmín. —Esto es irresistible. ansioso de escapar con su botín. De lo contrario. remalditamente tonta. (A Doolittle. no sabe cómo se hace para ser feliz. Mrs. señor. — ¿No tengo ahpeto tonto? HIGGINS. y satisfacción a ustedes. Mrs. PEARCE (a la puerta). señorita. no diga nada que pueda hacer que la joven se envanezca. En cambio. (Se dirige apresuradamente hacia la puerta. — ¿Está seguro de que no aceptará diez? DOOLITTLE. Soy yo quien sufre con ello. será ella quien lo lamente. — ¡Caray! ¿No conoceh' tu propia hija? DOOLITTLE HIGGINS PICKERING exclamando simultáneamente ¡Diablos! ¡Es Eliza! ¿Que es esto? ¡Cielos! LIZA. cuando piensen en que no ha sido derrochado. DOOLITTLE. Pearce la acompaña. así se lo he dicho a ella. entonces.. porque usted es un hombre y ella no es más que una mujer y. Tengo que mostrarme agradable con ella. si seguimos escuchando a este hombre un minuto más. PICKERING. Cuando la abre se encuentra frente a una graciosa y exquisitamente limpia japonesita. Tendré que volver a trabajar como si nunca lo hubiese tenido. — Muchas gracias. — No. Tengo que comprarle ropas que es un espanto.—Pickering. jefe. Apenas una buena parranda para mí y la señora. lo lamentará más adelante. ni un centavo más. ¡Que la sorprendan casándose conmigo! Siga mi consejo. jefe. jefe. ¡adiós a la felicidad! Déme lo que le pido. — Ehtaría perfetamente con el sombrero puehto.) DOOLITTLE. Ella no tendría el valor necesario para gastar diez libras. muy cierto. HIGGINS (extrayendo la cartera y colocándose entre Doolittle y el piano). HIGGINS— (corrigiéndose). y sólo porque no soy su esposo legal. impresos. — Así se lo he dicho a ella.) Creo que dijo cinco libras. PEARCE. —Por favor. — Quiero decir. — Aquí tiene. El se aparta del paso con deferencia y se disculpa. jefe. ni un centavo menos. jefe. Yo estoy dispuesto. Higgins. Pearce! (A Eliza. no nos quedará ninguna convicción en pie. — Muchas gracias. Mr. — ¿Por qué no se casa con esa señora suya? Para mí hay límites en lo que se refiere a alentar ese tipo de inmoralidades. Diez libras es mucho dinero. DOOLITTLE. Y puede apostar a que no me empobrecerá.

Eh'na deshonra para mí. — Bien. Mrs. Es un crédito para mí. PEARCE. si vuelves a decir que eres una buena chica. caballeros. — Eliza. pensando que probablemente éste es un compañero de sufrimiento del mal talante de Mrs. ¿Y tú? LIZA. ¿No piensa yamarme máh Miss Doolittle? PICKERING. y. Antes preferiría que le lanzasen loh perro' a tener qu'hablar con un sacerdote. — ¡ Espere! Vendrá usted regularmente a visitar a su hija. Usté' no conoce' mi padre. HIGGINS. — Me alegro de que el cuarto de baño haya contado con tu aprobación. Adiós.) LIZA. y gana bien. soy. señor. — Nada d'eso. — Buenah gana' tuve de romperlo. señor. caballeros. LIZA.. Mrs. No sabía para qué lado mirar. Pearce lo sabe. sin eso. HIGGINS. jefe. Pearce. — Sacar dinero 'la gente a fuerza de conversación. — ¿Cuál es su oficio. — Puedo decirte qu'aquí eh fácil limpiarse. — Yo no. jefe. Su verdero'ficio eh'l de peón. LIZA. Pearce.DOOLITTLE (con orgullo paternal). —Ni lo quiero. limpia. Es su deber. porque tengo un trabajo lejos. Pero puede contar conmigo para más tarde. Esta semana no. No quiero volver a verle nunca. HIGGINS. No tiene importancia. Ya es bastante con tenerlos. Eliza. pudiese ser tan bien parecida. nunca creí que.. — Bueno. Pero pronto aprenderá los modales desenvueltos y despreocupados de ustedes. señora. — ¿Yo? Nunca la crié. hágalo con una correa. DOOLITTLE. El se irrita de tal manera que Pickering tiene que interponerse entre ambos. ¿eh? LIZA. ha criado a su hija demasiado severamente. Fue una equivocación. Doolittle? ¿Su bendición. — ¿Encima de qué? Mrs. — ¿Qué sucedió. HIGGINS. No soy tan tonto como para enseñarles a mis hijos todo lo que sé. tan caliente que te quema loh dedo'. que desprecia el saludo y sale. . No contó con mi 'probación. — No le crean al viejo mentiroso. Ya no volverán a verle muy pronto. PICKERING. Pearce? Mrs. Tuayas ehponjosa'. — Del espejo. — Perdone. No me culpe a mí.) ¡No quiero desfachateces! ¡Y que no sepa que te muestras desfachatada con este caballero. (Se vuelve para salir. Vendré. Buenas tardes. Hace un guiño a Higgins.— ¿Tiene algún otro consejo que darle. — Oh.. por ejemplo? DOOLITTLE. tu padre te llevará a tu casa. como'jercicio. como no se llame criarla a darle un correazo de tanto en tanto. Agua calient'y fría de caniya toda la qu'una quiera. jefe. y sale. Y no m'iporta quién m'oiga decirlo. Buenas tardes. ¡Me guhtaría que vieran cóm'éh la vida para gente como yo! HIGGINS.. DOOLITTLE (evasivo). (Se toca el sombrero para saludar a Mrs. — Nada d'eso. Ahora sé por qué lah dama' son tan limpias. Cepilloh suave' para frotarte y una jabonera qu'huele a rosa'. DOOLITTLE. Y'n soporte para las tuayas. — Soy'na buena chica. recogiendo basura'n lugar de trabajar en su'ficio. jefe. ¿entiende? Mi hermano es sacerdote y podría ayudarle en sus conversaciones con ella. o tendrás noticias mías! ¿Me entiendes? HIGGINS. LIZA. eh. no quiero. ¿eh? (Ella le saca la lengua. le colgué. nada. Si quiere mejorar la mente de Eliza. HIGGINS. — No. ¿para qué otra cosa podría querer dinero? Para ponerlo en el cepillo de la iglesia.) HIGGINS (impresionante). antes de irse. Pero le colgué'na tuaya'ncima. Eliza? LIZA. No vino'quí máh que para pedirle algún dinero par'emborracharse. Y a veceh traba'n él. — Doolittle. —Por supuesto. Miss Doolittle. PEARCE (apaciblemente). Y n'aprenderé modaleh denvueltoh y dehpreocupado'. LIZA.

. sintiéndose como un paciente en un hospital. deii". Espléndido. Y el resultado es "Aheii. por naturaleza incapaz de quedarse sentado.. ceii.. — Recítame tu alfabeto. Esto es lo que nosotros pagamos con el nombre de educación elemental. LIZA. — ¡P'ero si lo dije! Aheii. — Conohco mi alfabeto. Si no fuese por la confortante presencia de su amigo el coronel. Pickering. — Muy bien. la perturba aún más paseándose incansablemente por la habitación. HIGGINS. beii. aquí va un ejemplo: la primera. . Pero'hperaré. por cierto. a nuestras expensas. no corras de ese modo. producida por un almuerzo. puedes probártelas.) Di ei. beii.LIZA. — Gente com'ésa ya n'éh amiga mía. Higgins. Me guhtaría tener alguno'. ¿entiende? PICKERING. — Así es. cuando se podría comprar algo que se pueda lucir. Bien. Ya han llegado las cosas nuevas. HIGGINS (rugiendo). Higgins. Eliza.. (Cierra la puerta tras de sí. la joven huiría para salvar la vida....) HIGGINS.. para aprender a hablar y leer en la lengua de Shakespeare y Milton. Este desdichado animal ha estado encerrado durante nueve años en una escuela. bueno.— Además. — Ehto'h para teii. Aheii. Miss Dolittle. sentada con Higgins y el coronel en el estudio. ¡No puedo! Esto. Pero no leh dirigiría la palabra. — Pickering. — Recítelo. PICKERING (con convicción). incluso aunque la huida la llevase otra vez a Drury Lane. LIZA. — ¡Recítame tu alfabeto! PICKERING. ci. quieto. ¿Acaso se piensa que no sé nada? No necito que m'enseñen com'una chiquiya. una cena y un desayuno de una clase a la que no está acostumbrada. 'si me van a dar vehtidoh'legante'.. — Vaya. Pearce me dijo que me darán varioh par'usar en la cama por la noche. — ¡Ah-ooooiii! (Sale corriendo. Mrs. LIZA (casi llorando). dihtinto' de loh qu'use durante'l día.. nada máh que para poner 'lah chicah'n su lugar. Pero me parece tirar el dinero.. Miss Doolittle. deii.. Parece existir cierta curiosidad en cuanto a cómo fueron las lecciones de Higgins a Eliza. nunca m'agradaría ponerme ropa fría'n una noche d'invierno.. (A Eliza. HIGGINS. no deberías alejarte de tus viejas amigas ahora que te has elevado en el mundo. Bahtante se burlaron de mí cuando pudieron. — Ehto. PICKERING. — ¡No! Apoya la lengua en la parte interior de los dientes inferiores y di "Esto es. Mrs. di. — ¡Basta! Di: "Esto es para ti. HIGGINS. Pero'h que fue tan delicado.. en su primer encuentro con los médicos. Eso es lo que se llama vanidad. — Oh. ceii. En seguida comprenderá por qué. Es preciso imaginar a Eliza con sus nuevas ropas y una sensación extraña en el cuerpo. no tiene'mportancia. — ¡Espera! Escuche eso. — Oh. HIGGINS. Ademáh. si trate d'eso. LIZA.. PEARCE (regresando). M'agradaría tomarme'n tasi hahta l'ehquina de Tottenham Court Road y bajarme y decirle que m'ehperara. ceii. — Mejor será que esperes hasta que te consigamos algo realmente elegante. —Oh." LIZA. menuda tarea nos espera. bi. muchacha. beii. Y ahora quiero pagarleh con la mihma moneda." LIZA. PEARCE (siguiéndola).) Mrs. Haga lo que él le dice y deje que él le enseñe a su modo. LIZA.. 1 HIGGINS (con el rugido de un león herido).

sale corriendo del cuarto. en lugar de tratar de enrollarla y tragártela. — No puedo dihtinguir ninguna diferencia. PICKERING. aprende usted rápidamente. proporcionan todo el adorno y son demasiado hermosos como para ser ocultados por chirimbolos inútiles. ceii. tan aproximadamente como se puede representar sin la ayuda de un sistema fonético. Eliza. Las ventanas están abiertas. El salón.HIGGINS. Higgins. en el rincón más cercano a las ventanas. Le prometo que no dejaré que él la arrastre de los cabellos por el cuarto. (N. no. cuando hables. Nadie ha llegado aún. Y estas son las torturas por las que tiene que pasar Eliza. — Bueno. todavía sollozando. de la casa de la calle Wimpole. Pearce lo que has hecho. Higgins ha sido educada en la predilección por el estilo Morris y Burne-Jones. Y mantén la lengua hacia adelante. sobre el Embankment. pues si puedes distinguir esa diferencia. ¿te parece que puedes decir ti? No teii. se entiende. Sí uno se encuentra mirando hacia los ventanales. antes de que volvamos a encontrarla nuevamente en su primera aparición en la sociedad londinense de la clase profesional 1 Esta es.) ACTO III El día de recibo de Mrs. ¿entiendes? Si alguna vez vuelves a decir beii. te arrastraré de los cabellos por todo el cuarto. ( Fortísimo. y su cuarto. dejando paso a un balcón en el que hay macetas con flores. La próxima lección a las cuatro y media. penden de las paredes. de las exhibiciones hechas en la Galería Grosvenor treinta años antes (los Burne-Jones. No importa que llore un poco. ti. — ¡Por Júpiter. tiene la chimenea a su izquierda y la puerta en la pared de la derecha. haremos de ella una duquesa. lo hizo del primer intento! Pickering. la pronunciación deformada del alfabeto inglés. de cuando desafiaba la moda de su juventud con uno de los hermosos trajes estilo Rossetti que. — No. el empapelado Morris. Y las lecciones no le harán daño. tres veces. en un piso de Chelsea. Higgins. tiene tres ventanas que miran al río y el cielo raso no es tan alto como lo sería en una casa más vieja de las mismas pretensiones. El único paisaje es un Cecil Lawson hecho en la escala de un Rubens. (A Eliza. Piensa en ello. Miss Doolittle. aparte de que parece máh'legante cuand'usté' lo dice. no está atestado de muebles y mesitas y zarandajas. HIGGINS.) Y ahora. completamente distinto del de su hijo. Mrs. HIGGINS. deii. Trata de hacerlo tú misma. Hay un retrato de Mrs. y no la del castellano. ) ¡Ti.— Vete a contarle a Mrs. ti! LIZA (llorando). que ni siquiera una persona inculta pronunciaría mal. caricaturizado . ti. ¿por qué demonios lloras? Pickering. no los Whistler). esta tarde. conjuntamente con la alfombra. En el centro de la estancia hay una enorme otomana que. Unos pocos y buenos cuadros al óleo. del T. Vete. y el forro de brocado de la otomana y sus cojines. durante varios meses. déle un bombón.

no tengo tiempo para ocuparme de mujeres hermosas.—Porque nunca te enamoras de nadie que tenga menos de cuarenta y cinco años. — Lo sé. con él sombrero puesto. caramba! (Deja caer el sombrero en la mesa. HIGGINS. — ¡Henry! (Riñéndole. madre. He encontrado a una muchacha. En el mismo lado se encuentra un piano. HIGGINS. HIGGINS. HIGGINS. con el botón de un timbre al alcance de la mano. El rincón entre la chimenea y la ventana está ocupado por un diván con cojines forrados de cretona Morris. Mrs.) Además. escribiendo. Y aunque me agrada recibir tus hermosas postales con tu escritura taquigráfica patentada. HIGGINS. HIGGINS. haciendo sonar las monedas y las llaves que guarda en los bolsillos del pantalón. HIGGINS. Mrs. . Mrs. HIGGINS. Cada vez que se encuentran contigo dejan de venir. ¿Cuándo piensas descubrir que hay varias mujeres hermosas a tu alrededor? HIGGINS. hoy? Es mi día de recibo. Mrs. supongo. Son entre las cuatro y las cinco de la tarde. querido. por favor! ¿Qué? Casarme. HIGGINS.— Vete a tu casa inmediatamente. y vuelve a sentarse. todas son idiotas. — Vendrá a visitarte. — ¡Tonterías! Ya sé que no me es posible mantener una conversación ligera. Tengo un trabajo para ti. no digas nada. Higgins. con un gesto de desesperación. Ofendes a todas mis amistades. — ¡Oh. HIGGINS (besándola). HIGGINS.) Eso es. HIGGINS (consternada). Un trabajo fonético. La puerta se abre violentamente y entra Higgins. pero no puedo acostumbrarme a tus vocales. está sentada. Prometiste no venir. (Mientras él se inclina para besarla. — Debo decir algo. vaya! ¿Y qué me dices de tu conversación seria? De veras. Algunas costumbres están arraigadas demasiado hondamente como para ser cambiadas. toscamente tallada según el gusto de Iñigo Jones. Mrs.) ¿Qué haces aquí. HIGGINS. Mrs. Dejar de removerte y sacar las manos de los bolsillos. — Es inútil.por personas que no lo entendían. querido. Henry. condujo a los absurdos del esteticismo popular de la década que comenzó en mil ochocientos setenta. Lo siento. En el rincón diagonalmente opuesto a la puerta. — No.) Mrs. Mi idea de una mujer a quien se puede amar es una que se parezca a ti tanto como sea posible. Vine a propósito.—Oh. Entre ella y la ventana que tiene más cerca hay una silla Chippendale. ante una mesita de escribir sencilla y elegante. HIGGINS.— No.) Mrs. pasados ya los sesenta años y habiendo dejado ya atrás el deseo de tomarse el trabajo de vestirse a la moda. (El obedece. ella le quita el sombrero y se lo entrega. (Se sienta en el sofá. siempre me veo obligada a leer las copias en escritura común que tan previsoramente me envías. Nunca podré llegar a sentirme seriamente atraído por mujeres jóvenes. — Pero acabas de decir que sí.—Pero no debías haberlo hecho. Mrs. HIGGINS. No me refiero a un asunto amoroso. (Levantándose bruscamente y paseándose. Pero a la gente no le importa. — ¿Quiere eso decir que una muchacha te ha encontrado a ti? HIGGINS. — ¡Oh. Lo digo en serio. pues ahora no se trata de un trabajo fonético. — ¿Sabes qué harías si me amaras de veras. Y ahora háblame de esa muchacha. — No lo es la parte que tú tienes que hacer. — ¡Qué lástima! HIGGINS. hay una silla isabelina. más adelante. — Nada de eso. HIGGINS. Mrs. Al otro lado del cuarto. Henry? HIGGINS. — Bueno. — ¿Por qué? Mrs. ¿eh? ¡Conversación ligera. Mrs.) HIGGINS. HIGGINS.

Miss EYNSFORD HILL (alegremente). — ¡Su célebre hijo! Hace mucho tiempo que tenía deseos de conocerle. — Mi hijo Henry. y tiene la habitual ansiedad que acompaña a las estrecheces económicas. Mrs. sin acercarse a ella). su madre le presenta a los visitantes. — Lamento decir que mi célebre hijo no tiene modales. No me imagino siquiera dónde. Pero. — ¡Ay.) Miss EYNSFORD HILL. (Se sienta en la otomana. sino qué pronuncia. —En absoluto. HIGGINS. — La pronunciación se la he enseñado perfectamente bien. La encontré en la calle... Henry? HIGGINS (impaciente). — No la invitaste. —Sí y no. (Melancólico. Empecé a trabajar con ella hace unos meses y progresa admirablemente. Higgins. Es una vulgar florista. Eso la mantendrá a salvo. Mrs. — La he visto a usted en otra parte. de nuestros órganos. (Se sienta en la silla isabelina. HIGGINS (lúgubre. — Bueno.) No tiene importancia. eso ya es satisfactorio. — ¿Cómo le va? HIGGINS (mirándola fijamente). — En todo caso. y Miss Eynsford Hill son la madre y la hija que se cobijaron de la lluvia en Covent Garden. EYNSFORD HILL (a Mrs. que anuncia la llegada de invitados. Tenemos una especie de apuesta pendiente acerca de si podré hacerla pasar por duquesa en seis meses.. tranquila. Tiene un oído muy fino y me ha sido más fácil enseñarle a ella que a mis alumnos de la clase media.) Oh. —¡A salvo! ¡Hablar de nuestra salud. — ¿Cómo le va? (Le da la mano.. HIGGINS (presentando). toma precipitadamente el sombrero de la mesa y va hacia la puerta. HIGGINS. —Encantado. HIGGINS. pues tiene que hablar de algo. quizá de nuestro cuerpo! ¿Cómo pudiste ser tan tonto. Ganaré la apuesta. Mrs.. — ¡Oh. Higgins). no te alarmes. no pasará nada. Será mejor que se siente. Si la hubieras conocido no la habrías invitado. Mrs. Mrs.Mrs. porque se ve obligada a aprender un idioma completamente nuevo. Habla inglés casi tan bien como tú francés. y Miss Eynsford Hill. —No se lo hago. — Bien. HIGGINS. — ¡De veras! ¿Por qué? HIGGINS. Son interrumpidos por la criada. profesor Higgins.) Mrs. pero he escuchado su voz. HIGGINS. no pasará nada! Le he enseñado a hablar correctamente y tiene órdenes estrictas en lo que atañe a su comportamiento. EYNSFORD HILL (un tanto desconcertada). EYNSFORD HILL. entre su hija y Mrs. La madre es bien educada. ¿sabes? Pero no se puede tener en cuenta solamente cómo pronuncia una joven. HIGGINS. No le hagan caso. Y ahí es donde.) . Magnífico día y qué tal le va.. Pickering está conmigo en la conspiración. HIGGINS. Tiene que atenerse a dos temas: el tiempo y la salud de todos los presentes. Mrs. Mrs. HIGGINS. (Retrocede hacia el piano y hace una brusca inclinación. antes de que pueda llegar a ella. — ¿Como le va? (Se dan la mano. La invité yo. qué ha apartado su silla de la mesa de escribir. (Se retira. LA CRIADA..) Miss EYNSFORD HILL (aproximándose a él con confiada familiaridad). ocurre que. —Mrs..) HIGGINS. Mrs.) Mrs. ¿entiendes? Y no debe hablar de tópicos generales. Dios! (Se levanta. HIGGINS. La hija ha adquirido el aire de encontrarse sumamente a gusto en sociedad: la bravuconería de la pobreza elegante. — No recuerdo haberla invitado.) Mrs.— ¡Y la invitaste a venir a mi casa el día de recibo! HIGGINS (poniéndose de pie y acercándose a ella para engatusarla). — ¿Qué quieres decir? HIGGINS. (Se domina y vuelve a sentarse.

— ¿Cómo le va. Henry. No podría haber venido más oportunamente. HIGGINS (levantándose y haciéndola sentarse nuevamente ). El coronel pone la silla Chippendale entre Mrs. Pero. Mrs. seguida de Freddy. — ¿Cónlevá? Mrs. — ¡Bien. — ¿Sí? Lo siento. ¿de qué demonios hablaremos hasta que llegue Eliza? Mrs. de cara a la ventana. como Dios bien lo sabe. ja! Miss EYNSFORD HILL (que considera a Higgins bastante elegible como partido). . Le da un apretón de manos y luego lo lanza prácticamente sobre la otomana. La doncella regresa. — No. ¿Le parece que sería agradable que dijese lo que yo realmente pienso? Miss EYNSFORD HILL (alegremente).— Juraría que lo he visto anteriormente. — Simpatizo con usted. resultas un poco molesto en las ocasiones más corrientes. Después da la vuelta y se queda detrás del respaldo. precediendo a Pickering. Yo no se mantener una conversación ligera. — ¿Molestamos? Mrs. maldito sea! Mrs. HIGGINS (volviéndose. o cualquier otro. Se dirige al ventanal del centro.. EYNSFORD HILL (retomando el hilo del tema de su hija). el profesor Higgins. como si fuesen un desierto helado. FREDDY (con una inclinación). — ¿Le ha dicho Henry para qué hemos venido? HIGGINS (por sobre el hombro). — Sea como fuere. HIGGINS. FREDDY (acercándose a Higgins). — ¡Dios del cielo! ¡Otro Eynsford Hill! FREDDY (dándole la mano a Mrs. — No creo que conozca a mi hijo. esperanzado). ¿Dónde fue? FREDDY. — Me alegro de que haya venido. ¡Si la gente fuese sincera y dijese verdaderamente lo que piensa!. —No lo creo. (De pronto. LA DONCELLA.) ¡Ja. Miss Eynsford Hill? (Intercambio de inclinaciones. Eynsford Hill. a la izquierda de Mrs. Hill y Mrs. HIGGINS. Higgins y se sienta.) El coronel Pickering. de espaldas a los visitantes. bien. Eynsford Hill.) Y ahora. LA DONCELLA.. Pero lo que realmente piensa es espantoso. HIGGINS. fuera de sus casillas).) PICKERING. — ¿Por qué? HIGGINS. —Mr. henos aquí! (Se sienta en la otomana. a través del cual. ¿Conoce a Mrs. HIGGINS (cayendo en una profunda melancolía). HIGGINS (resignado).HIGGINS. (Presentando. — Eres el alma y el nervio de las veladas de la "Royal Society". — Lo que la gente piensa que debería pensar ya es bastante malo. sonriente.) PICKERING. HIGGINS. Queremos que conozca a una amiga nuestra. Eynsford Hill. Siéntese. HIGGINS. — ¡ Sí. (Se retira. no. ¿he sido grosero? No fue mi intención. — ¡ Nos interrumpieron. ¿sabes? (Estrepitosamente. tanto da. — ¡Oh.. Regresa la doncella. — Oh. —El coronel Pickering. HIGGINS. Higgins).— Le agradezco que haya venido. Higgins? Mrs. HIGGINS (casi audiblemente. HIGGINS. EYNSFORD HILL (levantándose a medias). — ¿Cónlevá? HIGGINS (mirándole como si se tratase de un ladrón). de veras. caray! Necesitamos a dos o tres personas. — ¿Cónlevá? Mrs. — ¿Cínicos? ¿Quién diablos dijo que fuesen cínicos? Quiero decir que no sería decente. — ¡Dios no lo permita! Mrs.. contempla el río y las flores del parque Battersea. en la orilla opuesta. no tiene importancia. — ¿Son tan cínicos sus pensamientos? HIGGINS. Ustedes.) Supongo que tienes razón. Henry! Mrs.

pero se domina y no dice nada.Mrs. para indicarle quién es la dueña de casa. Guiada por las señas de Higgins. mamá. Me acuerdo de sus ojos. HIGGINS (cordialmente). Mr. junto a Eliza. Mrs. — En efecto. Higgins. — ¿Le parece que lloverá? LIZA. Miss Doolittle. — ¡Caramba.) ¿Qué sabe él del arte. Higgins le lanza una mirada. Higgins? (Se atraganta levemente cuando hace un esfuerzo para pronunciar la H de Higgins. produce una impresión de tan notable distinción y belleza.) Eliza. desenredándose en medio de imprecaciones masculladas y terminando su desastroso viaje no sin antes haberse dejado caer tan impacientemente sobre el diván que casi lo rompe. Henry? LA DONCELLA (abriendo la puerta). EYNSFORD HILL (seria). Higgins).) ¿Qué sabe usted de poesía? (A Mrs. Y por cierto que me alegro de verla. —HIGGINS (enfurruñado). No existen indicios de un gran cambio en la situación barométrica. ja.) ¡Covent Garden! (Con acento lastimero. HIGGINS (al cabo. devorándola con los ojos. — Miss Doolittle. exquisitamente vestida. Higgins me dijo que podía venir. — ¿Cómo está usted? Freddy hace una inclinación y se sienta en la silla isabelina. que todos se ponen de pie. —Mi hijo Freddy. la ciencia o cualquier otra cosa? ¿Qué demonios creen ustedes que sé yo de la filosofía? Mrs. — ¡Henry. —¿Cómo le va? (Se sienta en la otomana. Mrs.) No te sientes en la mesa de escribir.) FREDDY (acercándose a Eliza).) ¿Qué sabe usted de la ciencia? (Indicando a Freddy. que sabemos todo lo que se refiere a la poesía y la filosofía y el arte y demás. — ¡Perdón! Se dirige al diván. ¿entiende? Se cree que somos civilizados y cultos. — ¿Cómo está usted. (Se retira. — La zona de baja presión que persiste en estas islas en la parte oeste tiene que moverse lentamente hacia el este. EYNSFORD HILL (presentando). Sigue una pausa larga y penosa. Hill. — ¿Cómo está usted? CLARA (impulsivamente). — ¿O de la buena educación. Miss Doolittle? LIZA (dándole la mano). — ¿Cómo está usted? (Se sienta graciosamente en la otomana. — El coronel Pickering. por favor! (El está a punto de sentarse en el borde de la mesa. —"Es ella. — ¿Cómo le va. LIZA (hablando con pedantesca corrección de pronunciación y gran belleza de tono). HIGGINS. —Oh. al entrar. FREDDY.) ¡Qué maldición! Mrs. se acerca a la madre de éste con estudiada gracia. qué tremendamente gracioso! . — Estoy seguro de haber tenido el gusto. pero sale exitosamente del paso. LIZA. Mrs. (Se para en puntas de pies y hace señas a Eliza por sobre la cabeza de la madre. — Todos somos salvajes. tropezando de paso con el guardafuegos de la chimenea y los morillos. PICKERING. Mrs.. sí! ¡Ahora me acuerdo! (Todos le miran boquiabiertos. HICGINS (de pronto). LIZA.) HIGGINS (levantándose apresuradamente y corriendo hacia Mrs. ¿cuántos de nosotros conocen siquiera el significado de esas palabras? (A Miss Hill.) Mr. haciendo conversación). — Estoy segura de que nos hemos encontrado anteriormente. en el lugar que Higgins acaba de dejar libre. agitados. EYNSFORD HILL (presentando). EYNSFORD HILL. HIGGINS (con tono de advertencia). ¿verdad? Mrs. ciegamente enamorado. más o menos..) Mrs. LIZA. me la romperás. estoy segura de que no lo dice en serio. HIGGINS. — ¡Ja. Pero. — Mi hija Clara. Mrs.

La influenza anda mucho por ahí. Todos creían que se había muerto. EYNSFORD HILL. — Pero seguramente no estuvo bien que su padre le echara bebida alcohólica en la garganta. . Estaba azul.. — ¡Ejem! LIZA (mirándole. Todas las primaveras derriba a nuestra familia entera. — ¿Clavar el pico? LIZA. que yo pudiese verlo. — ¿Quiere decir que él bebía? LIZA. — ¿Qué tiene eso de malo. Yo la vi con mis propios ojos. él se había echado tan gran cantidad en su propia garganta que sabía que era buena. Hacer espichar a una persona significa matarla. mi madre solía darle cuatro peniques y le decía que saliera y no volviese hasta que no se hubiera emborrachado y puesto alegre y amoroso. — Adiós. EYNSFORD HILL (a Eliza. — ¡Matador! Mrs. le hicieron clavar el pico. coronel Pickering. EYNSFORD HILL. Y siempre era más bondadoso cuando tenía unos tragos adentro. — Bueno. (Alegre. — Pero. LIZA.—¿Si bebía? ¡Por favor! ¡Una cosa crónica! Mrs. —Bueno.) Mrs. Mrs. —Espero que no empiece a hacer frío. — ¿A ella? La ginebra es para ella como la leche materna. Mrs. Hay muchas mujeres que tienen que hacer que sus esposos se emborrachen para poder vivir con ellos. Así dijeron. LIZA (sombría). Mrs. no bebía regularmente. (A Freddy. Mrs. Si un hombre tiene un poco de conciencia lo asalta cuando está sobrio. — ¿Y cree usted que mataron a su tía? LIZA. EYNSFORD HILL. LIZA. — ¿Qué quiere decir eso de hacerla espichar? HIGGINS (apresurado).. EYNSFORD HILL. no ya por un sombrero. que el cielo la bendiga! ¿Por qué habría de morir de influenza? El año anterior se curó perfectamente de la difteria. es una suerte. — Si lo hacía correctamente. Y entonces se abate. (Todos se levantan. Nunca le hizo daño alguno.LIZA. — De la nueva forma de conversación. horrorizada).. — Nada de eso. HIGGINS (interviniendo). LIZA (en el mismo tono trágico). Pero mi padre le echaba continuamente ginebra en la garganta. Y yo digo que el que lo birló es el que la hizo espichar. — ¡ Qué le parece! Los tipos con los cuales vivía la habrían matado por un alfiler de sombrero. Freddy va a la puerta..) ¿He dicho algo que no debiera? Mrs. HIGGINS (perpleja). Además. y volvió en sí tan de pronto que arrancó de un mordisco el cuenco de la cuchara. Miss Doolittle. Mrs.) A rachas. — Es la nueva forma de conversación. LIZA. Cuando estaba sin trabajo. EYNSFORD HILL (espantada). de tanto en tanto. —Adiós. Pero. (Expansiva. FREDDY. como quien dice.— ¡Síiii. — ¿Por qué una mujer de las energías de ella habría de morirse de influenza? ¿Qué fue de su sombrero nuevo de paja. HIGGINS (levantándose y mirando el reloj). Mrs. en mi opinión. — ¡Cuan espantoso para usted! LIZA. Higgins. convulsionado por carcajadas irreprimibles. — Mi tía murió de influenza. HIGGINS. joven? Me parece que lo he dicho bien. debo irme. — ¡Por Dios! LIZA (acumulando las pruebas del proceso). Podría haberla matado. Adiós. EYNSFORD HILL. ¿de qué se reía? (A Higgins. — Nada en absoluto.) ¡Vaya!. por otra parte. EYNSFORD HILL (chasquea la lengua en señal de simpatía). LIZA. Mrs.) Encantada de haberla conocido. ¿de qué se ríe? FREDDY.) Porque yo siempre digo que.) ¿Sabe? lo que pasa es lo siguiente. comprendiendo la insinuación y poniéndose de pie). (Completamente a sus anchas. (Le da la mano a Mrs. que tendría que haberme correspondido a mí? Alguien lo birló. Lo hace usted tan bien.

— Adiós. EYNSFORD HILL (convulsivamente). Adiós. Miss Doolittle? En ese caso. He estado en la India durante muchos años.—Bien. Miss Doolittle. (N. (Sale. la verdad es que no puedo acostumbrarme a las nuevas modas. FREDDY. considerado como altamente incorrecto en la conversación en sociedad. Bloody es un intensivo vulgar. Encuentro que el nuevo estilo de conversación es sumamente delicioso e inocente en absoluto. — Vamos. aunque lo considero espantoso y poco femenino. (Sale). de ahí la sensación. Adiós.. ja! (Sale radiante. Mrs. — No me lo pregunte a mí. Mrs.) Pickering abre la boca y se sienta. le pregunto. CLARA (toda sonrisas). FREDDY (abriéndole la puerta). — ¡ Pueden irse al cuerno esas remalditas tonterías! Mrs. Mrs. — Es cuestión de acostumbrarse. Clara. — Adiós. descontenta. — Ya lo creo que soy anticuada. Adiós.) Pickering y Higgins se ponen de pie.PICKERING. Freddy sale al balcón para poder ver nuevamente a Eliza. muchas gracias.. CLARA (Levantándose). (Se rinde y se acerca a Mrs. EYNSFORD HILL (poniéndose de pie).—Que no. EYNSFORD HILL. ya conoce mis días de recibo. en la silla isabelina).. Higgins. — Sí.) FREDDY (hablando al cielo. EYNSFORD HILL (sufriendo aún de la impresión recibida). ¿Le agradaría volver a encontrarse con Miss Doolittle? FREDDY (ávido). — ¡Ja. Nadie quiere decir nada con eso. la gente pensará que no vamos a ninguna parte ni visitamos a nadie. CLARA. sí.. coronel Pickering. — ¿A pie? ¡Cuernos!1 ¡Ni pensarlo! (Sensación. no seas así. creo que ya es hora de que nos vayamos. Adiós. y se la oye bajar las escaleras envuelta en un torrente de argentinas carcajadas. Adiós.. Pero esto último es realmente subido. No hay en ello nada de malo ni de bueno.) Voy en taxi. CLARA (dejándose caer. todos. Y es tan gracioso y le da un énfasis tan elegante a las cosas que en sí no son muy ingeniosas. que en castellano sólo podría ser producida por un expletivo de más grueso calibre. coronel Pickering? PICKERING. — Bueno. — ¡Clara! CLARA.. EYNSFORD HILL. —Lo haré. HIGGINS (acercándose melancólicamente a ella y acompañándola hasta la puerta). Me he acostumbrado a oírte hablar de hombres llamándoles latosos y a decir que todo es asqueroso y podrido. todavía tenemos que visitar otras tres casas. profesor Higgins. No se ponga nerviosa. Si sigues siendo tan anticuada. Higgins. — ¡ Esas remalditas tonterías! CLARA.) Adiós. . Mrs.) LIZA (haciendo una inclinación de cabeza a los demás). HIGGINS (dándole la mano). Pero espero que no empieces a usar esa expresión. — Bueno. Y los modales han cambiado tanto que a veces no sé si me encuentro en un ambiente respetable o en el castillo de proa de algún barco carguero. ¿No le parece. Hable con vigor. segura de estar a la última moda. LIZA (con dicción perfectamente elegante). Mrs. Higgins. en fin de cuentas. — Adiós. — Oh. Mr. arrobado). — ¡Por cierto que sí! Mrs. Mrs. ¡Todas estas tonterías de la primitiva mojigatería victoriana! HIGGINS (tentándola). — ¿Cruza usted el parque. 1 En el original. (Se dan la mano. del T. — No se olvide de ensayar el nuevo estilo de conversación en las tres casas. Not bloody likely. mamá. HIGGINS.— Adiós.

— Oh. yo estoy viviendo allí con Henry. Mrs. ¿no cree que podría hacerse algo? Quiero decir. (Mrs. por el tono más bajo con que dice estas palabras. — No lo haga. ¿en qué condiciones? ¿Es una sirvienta? Y. se une discretamente a Higgins ante la ventana. EYNSFORD HILL. — Oh. EYNSFORD HILL (o Mrs. (Sale. a la derecha de Mrs. Higgins.. Adiós. en una barcaza del río. pobrecita. Y nos parece sumamente conveniente. HIGGINS. Es un arreglo muy sensato. — Con nosotros. Jamás podré decidirme a usar esa palabra.. — Coronel Pickering. es preciso que aprenda a conocerse a sí mismo. — Bueno. viendo que tiene los ojos húmedos.) ¡ Somos tan pobres y ella va a tan pocas fiestas. PICKERING. para conseguir los resultados que se han visto. Mrs. HIGGINS (profundamente herido).. (Pickering. PICKERING. Estaré encantada de que continúe visitándome. comprendiendo. admitiré que no siempre hablo como un obispo. maldito sea si yo la entiendo! He tenido que trabajar con la muchacha todos los días. — ¡Adiós. No es obligatorio. —¿Y bien? ¿Es presentable Eliza? (Se precipita sobre su madre y la arrastra a la otomana. ¿Dónde habría de vivir? Mrs. — Creo que sé a qué se refiere.. algo para eliminar el elemento sanguinario de su conversación. PICKERING (interrumpiéndole). querida. por supuesto que es presentable. Además.. — Mientras esté en manos de Henry. en caso contrario. Es un triunfo de tu arte y del de la modista. debes estar completamente loco por ella. ¿sabe? Puede arreglárselas perfectamente sin ella. HIGGINS. HIGGINS. —No debe enojarse con Clara. con su hijo a su izquierda. EYNSFORD HILL. como si esto cambiara el tema de conversación). Higgins. Sería correctísimo. HIGGINS. — Pero. en Hyde Park. bueno. HIGGINS (ofendido). ¿dónde vive esa joven? HIGGINS. — Adiós. — ¡Bueno.. Trabajamos juntos en la cuestión de mis dialectos indios. pero si piensas por un solo instante que no se traiciona con cada frase que pronuncia.. adiós! Mrs. le toma la mano con simpatía y la acompaña hasta la puerta. Mrs. Mrs.HIGGINS. PICKERING. . durante varios meses.) Pickering vuelve a sentarse en su silla. donde ella se sienta en el lugar antes ocupado por Eliza. Mrs. Adiós.) Mrs. ¿qué es? PICKERING (lentamente). por ejemplo. Pero.. Yo no había escuchado un lenguaje como el suyo desde que solía pasar revista a los voluntarios.) HIGGINS (ansioso). HIGGINS. hace veinte años. — Perfectamente. — ¡Tonto!.! No sabe cómo comportarse. — No. sumamente agradable. HIGGINS (mohíno). HIGGINS. si ustedes lo dicen. Higgins. — Muchas gracias. Higgins).. ¿quiere informarme de cuál es el verdadero estado de cosas en la calle Wimpole? PICKERING (alegremente. — Pero. HIGGINS (tranquilizando a Henry con una palmadita). Higgins.. Todo eso ya lo sé. EYNSFORD HILL (a Pickering). que no se quiere que él escuche. —Pero Clara me persigue de tal modo cuando yo no estoy prácticamente desbordante con las últimas novedades de la jerga. HIGGINS. Pero no sería correcto en una fiesta. — ¿Quieres decir que mi lenguaje es incorrecto? Mrs. querido. — Es inútil. ¿No le parece? Mrs. no.) Pero mi hijo es agradable. —Vamos. (Se dan la mano. Mrs. — Pues permíteme que te diga. Mrs.

tiene el oído más extraordinariamente rápido. Es un genio. tenemos docenas de discos de gramófono y de fotografías. y.me es útil.. para no hablar del alma.. Sabe dónde están mis cosas y se acuerda de mis citas y demás.. señor. — Enseñando a Eliza.. Todas las semanas —todos los días. Le aseguro. HIGGINS (hablando PICKERING juntos) ¿Sabes?.. Con todos los sonidos que un ser humano puede producir. Pick? PICKERING. Porque. de primer intento. solía tener que encontrarme las cosas y hacerme acordar de mis compromisos. visto que ahora los dos hombres están . — Vistiendo a Eliza. esa es la fórmula... — Sí. está encantada de que le saque tanto trabajo de las manos. Mrs. Chasquidos. PICKERING. Estoy extenuado de tanto pensar en ella y de vigilarle los labios y los dientes y la lengua. que es lo más extraño del conjunto.. "Usted no piensa... — Como si alguna vez dejara de pensar en ella y en sus malditas vocales y consonantes. Pero tiene cierta extraña idea acerca de Eliza.. ¿cómo se lleva tu ama de llaves con ella? HIGGINS. — ¡Jugando! El trabajo más difícil que jamás he encarado. PICKERING (acercando su silla a Mrs. mi querida Mrs. Le aseguro.— ¡Sí. Mrs. caramba.. Higgins.. o Lehar y Lionel Monckton. — Y.. Pick? PICKERING. HIGGINS (atacándola por el otro oído). HIGGINS. Beethoven y Brahms. Conocido de toda la vida. Dialectos continentales. Mrs. HIGGINS.) Vamos registrando los progresos en cada una de las etapas... Pearce? Oh. no te equivoques en ello. mamá. HIGGINS.. HIGGINS. que esa chica. antes de que llegara Eliza. Cantantes. Ejecuta todo. — Estamos siempre hablando a Eliza. La he puesto a prueba. Pero no tienes idea de cuan espantosamente interesante es tomar a un ser humano y convertirlo en otro ser humano completamente distinto con sólo crearle un nuevo idioma. hotentotes. (Más cerca. Sabe tocar el piano maravillosamente. — ¿Mrs... Lo que ha oído en cuanto llega a casa. Es llenar el más amplio abismo que separa a una clase de otra clase y a un alma de otra alma.. ya se trate de .. Que el de un loro. HIGGINS. — En verdad que son ustedes una hermosa pareja de chiquillos. señor". Y todo le es lo mismo.. como si los hubiera. La hemos llevado a conciertos clásicos y a cafés. —Sí. — Inventando nuevas Elizas.. jugando con esa muñeca viva. No hace más que decir: "Usted no piensa. cosas que a mí me costó años aprender. casi— hay un nuevo cambio." Ese es el final de todas las conversaciones acerca de Eliza. HIGGINS.. ¿No es cierto. es enormemente interesante. Higgins e inclinándose ansiosamente hacia ella). Higgins. dialectos africanos. Los aprende en un santiamén. Mrs. Aunque hace seis meses no había tocado un piano. es el experimento más absorbente que jamás haya emprendido! Ella llena nuestras vidas. — ¿Qué? HIGGINS. que tomamos a Eliza muy en serio. HIGGINS (tapándose los oídos con las manos. ¿no es verdad. Mrs.

Cuando Pickering se pone a gritar. — No veo ningún problema en ello. Adiós. HIGGINS (a Pickering. Un pequeño gentío está alineado para ver llegar a los invitados. de un manotón. es inútil preocuparse ahora. Pickering. criaturas masculinas infinitamente estúpidas: el problema de qué se hará con ella después. La cosa ya está hecha. — Ah. (la besa y sigue a Pickering. con todas las ventajas que le he proporcionado. — Le encontraremos algún trabajo fácil. Sus observaciones serán deliciosas. — ¡Las ventajas de esa pobre mujer que estuvo aquí hace un momento! ¡Los modales y las costumbres que incapacitan a una dama refinada para ganarse su propia vida. HIGGINS. Adiós. Eliza se hace pasar. — Lo siento. HIGGINS.. se presentó otra cosa. PICKERING. ) HIGGINS. flores y . imagínese una Embajada en Londres. una pila de papeles desordenados. ya veo. Adiós. Llega un Rolls-Royce. Henry. nadie puede deslizar una palabra en él medio. (Retira su silla en actitud de disculpa. ! (Se callan. los hombres! Es evidente que Eliza no puede pasar aún por duquesa. No se preocupe por ella. Higgins! (Se levanta para irse. — Llevémosla a la representación de Shakespeare en Earls Court. — Cállate. Mrs. La puerta del salón tiene una marquesina y una alfombra que va hasta el encintado de la vereda. — ¿Qué cosa? Mrs. por ese lado no ocurrirá nada. — No. — Se siente bastante feliz. Mrs. antes de vencido el plazo. — Yo resolveré el problema. — Imitará a todos los que haya visto. Pero los seis meses no han transcurrido y. PICKERING. con medallas y condecoraciones en la solapa. Lo tengo ya casi resuelto. Mrs. cuando Eliza llegó a la calle Wimpole. Al tercer intento se rinde. Para entrever cómo lo hizo. — Un problema. HIGGINS. Quita de en medio. PICKERING. como no se presentó la madre. abanico.tratando de superarse mutuamente a gritos y produciéndose un alboroto intolerable. — Habría sido mucho más sensato que hubiese ido la madre. PICKERING. — ¡Espléndido! (Se les oye reír mientras hablan) Mrs. — Sí. HIGGINS. — Perdón. si no se le proporcionan los ingresos de una dama refinada! ¿Se refieren a eso? PICKERING (indulgente. Puede irse por su lado y seguir su camino. llevémosla.) HIGGINS (levantándose a su vez). mientras salen). los hombres. ¿no se da cuenta de que. Coronel Pickering. Pero Henry se libró muy pronto de él. con salida de teatro. El problema de cómo hacerla pasar por una dama. HIGGINS. desciende y ayuda a bajar a Eliza. arroja el lapicero.) PICKERING. efectivamente. HIGGINS (se levanta impacientemente y vuelve a su trabajo en la mesa de escribir. porque está en su apogeo una gran recepción. por una princesa.. Mrs. los hombres. toma una hoja de su caja de papeles y se pone resueltamente a escribir. el padre. en traje de noche. un poco aburrido). una noche de verano. (Le da la mano como si estuviese consolando a una niña asustada y se dirige hacia la puerta. Haremos lo más correcto. Mrs.) — ¡Shhh. — De todos modos.—Hay muchas soluciones. — ¡ Oh. PICKERING. mamá. HIGGINS. diamantes. se toma coléricamente de la mesa y exclama:) ¡Oh. y la apuesta de Higgins no ha sido ganada todavía. Pero. cuando estemos de vuelta en casa. ) PICKERING (volviéndose para suministrar un consuelo final). HIGGINS. algo llegó con ella? PICKERING. — Sí. HIGGINS (ubicándose inconscientemente en una época por medio de la palabra).) HIGGINS.

Pero. su primer alumno. la puerta se abre para dejarles pasar. Eliza. NEPOMMUCK.demás accesorios. Reconociendo a Higgins. Estas entran cubiertas con sus capas y salen en todo su esplendor. Ondas de cabello se apiñan sobre su frente. No puede engañarme. — Su alumno. MAYORDOMO. NEPOMMUCK (a Higgins). El mayordomo se retira y desaparece entre el gentío. Hablo treinta y dos idiomas. — Se le necesita arriba. es sumamente elegante. — No tengo su imponente aspecto. Un mayordomo baja corriendo la gran escalinata y se acerca a Nepommuck. ja! (Se precipita escaleras arriba. ¿es realmente un experto? ¿Podría descubrir a Eliza y extorsionarla? HIGGINS. Usted es un gran especialista en el dialecto Cockney. Ella entra. Yo le ayudo a fingir. sí. — Este sujeto.— ¡Maestro. se vuelve y se ve entonces que es un joven de aspecto importante. A la izquierda está el guardarropa de los hombres. Por lo demás. — Ese diplomático griego finge que no habla ni entiende el inglés.) PICKERING. Su excelencia no puede entender al caballero griego. con un rostro extraordinariamente peludo. pero le hago pagar bien cara la ficción. Después de haber tomado su contraseña. Soy el pequeño Nepommuok. ¡Ja. — ¿Está nervioso. Higgins la sigue. — ¿Por qué no se afeita? NEPOMMUCK. Ahora soy famoso. inmediatamente. Tiene un enorme bigote que se funde en unas frondosas patillas. He hecho famoso su nombre en toda Europa. HIGGINS. — No. abre ampliamente los brazos y se le acerca. Higgins y Pickering se quitan los abrigos y reciben la contraseña del encargado del guardarropa. Yo ubico a cualquier hombre en Europa. Habla el inglés tan atrozmente que no se atreve a pronunciar una palabra por miedo de descubrir su origen. En el interior se encuentran en un espacioso vestíbulo del que arranca la gran escalinata. está vuelto de espaldas a ellos. Les hago pagar a todos.— Soy intérprete. No puede haberse olvidado de mí. El coche se aleja y los tres suben los escalones y entran en la casa. Soy indispensable en estas fiestas internacionales. Los invitados masculinos depositan allí sus sombreros y abrigos. Cuando me afeito nadie se da cuenta de que existo. su frente. el joven maravilloso. en cuanto el individuo abre la boca. Eliza sale del vestuario y se une a ellos. — ¿Y qué está haciendo aquí. es afable y locuaz. PICKERING. Pickering susurra algo a Eliza y le señala el vestuario de las damas. Uno de los invitados. Es hijo de un relojero de Clerkenwell. ocupado en la misma operación. ¿Estás dispuesta? LIZA. maestro! (Abraza a Higgins y le besa en ambas mejillas. ¿Quién demonios es usted? BIGOTES. — Gracias. A la derecha hay una puerta que da al vestuario de las damas. en Londres. su mentón.) ¿No se acuerda de mí? HIGGINS. Si la descubre. ubica a un hombre en su lugar natal. — Lo veremos. Lleva el cabello corto en la nuca y resplandeciente de pomada. HIGGINS. Me llaman Cara Peluda. — Bien. ahora empieza la cosa. Tiene varias condecoraciones sin importancia. a despecho de la ferocidad de su bigote. entre todos estos petimetres? NEPOMMUCK. Evidentemente es extranjero y se podría adivinar que es un bigotudo miembro de la Guardia húngara. Usted me enseñó fonética. su mejor y más grande alumno. coronel? . BIGOTES. no me acuerdo. entusiasmado. habré perdido mi apuesta.

— ¿Cónlevá? ¿Cónlevá. si lo hace.) En el salón principal y los contiguos la recepción está en pleno auge.. — Terriblemente. con Nepommuck pegado a ésta.) ESPOSA (a Nepommuck). Higgins. ESPOSA. — ¿Cuál joven maravillosa? ESPOSA. Conoce docenas de idiomas: señal segura de que es un tonto. sí. NEPOMMUCK (con una inclinación). ESPOSA. — Miss Doolittle.) ESPOSA.. cien veces. (A Eliza. Está tan preocupada por su prueba que camina como una sonámbula en un desierto. Perdone mi colaboración.. el profesor Higgins. Es una impostora. — ¿Es su hija adoptiva.PICKERING. el coronel Pickering.) Bueno. Se presentó a sí mismo como su alumno. Pickering susurra al mayordomo. haciendo los honores. sus joyas y su personalidad extrañamente atractiva. — Sí. no puede ser! NEPOMMUCK. — Puede aprender un idioma en dos semanas. Y ahora estoy soñando. lleno de noticias. —¿Cómo está usted? Deben ser terriblemente aburridas para usted. Pickering? LIZA (con una hermosa gravedad que aterra a la dueña de casa). Prométame que no dejará que el profesor Higgins me despierte. — Para mí no es la primera vez. — Lo he averiguado todo. — Ni una palabra. el coronel Pickering. por fin está usted aquí. Al final de la escalinata se encuentran el embajador y su esposa. — ¿Cómo está usted? (Pasa al salón. Los más jóvenes se ponen de pie sobre las sillas para verla. —Lista. ¿Es algún experto? HIGGINS. Higgins? Esta noche tiene usted aquí a un rival. ESPOSA DEL EMBAJADOR (tomando la mano de Eliza) — ¿Cónlevá? EMBAJADOR (lo mismo). profesor? HIGGINS. LIZA. Langtry. ¿lista? LIZA.) EMBAJADOR. — Vamos. en el primer descanso. el profesor Higgins. He hecho esto cincuenta. — ¿Cónlevá. se acerca al grupo en que están conversando. — Muy amable de su parte el haberla invitado. — ¡Ah. ESPOSA. me olvidaré de todo y hablaré como lo hacía en Drury Lane. Porque. Higgins el último. PICKERING. Pasa Eliza. Nepommuck. — Excelencia. El Embajador y su esposa llegan de la escalinata y se mezclan a sus huéspedes. EL MAYORDOMO DEL PRIMER DESCANSO. Higgins. — Miss Doolittle. en mi pequeña pocilga de Ángel Court. EL MAYORDOMO DEL SEGUNDO DESCANSO. Su apellido no es Doolittle. en mis sueños. PICKERING. Todos dejan de hablar para mirarla. estas cosas. PICKERING. lúgubre y despectivo. coronel Pickering? Causará sensación. . (Desaparece entre los invitados. (Sigue adelante. — Ah. La primera vez es la que mete miedo. Me siento como me sentí antes de mi primera batalla. Nepommuck se une al grupo.. ESPOSA. — ¡Una impostora! ¡Oh. — Averigüe todo lo que pueda de ella. No puede engañarme a mí. (Sigue adelante. coronel. en lugar de hacerlo como una debutante que hace su presentación entre una muchedumbre elegante. Me dicen que jamás se ha visto nada semejante en Londres desde que la gente se ponía de pie sobre sus sillas para contemplar a Mrs. admirar su vestido. — ¿Cónlevá. profesor. él nos lo dirá! Háblenos de esa maravillosa joven. Suben. he aquí al profesor Higgins. ¿Ha averiguado ya algo acerca de la señorita Doolittle? NEPOMMUCK. — Usted lo sabe perfectamente. HIGGINS (casi malhumorado). Como fonetista no sirve para nada.

— ¿Dónde está Eliza? No tenemos que dejarla sola. — ¡Ja. Tuve una maestra que hablaba así y le tenía un miedo mortal. esos ojos decididos. ¡Francés! Fingió no conocer la diferencia que hay entre el francés y el húngaro. PICKERING. ¡Imposible: conoce ambos idiomas! HIGGINS. La gente me mira de tal modo. Lamentaría mucho haberle hecho perder la apuesta. No entiendo el francés". Por lo menos debe de ser una princesa. profesor? HIGGINS. maestro. — Porque Doolittle es un nombre inglés. Hice lo mejor que pude. hábleme en inglés. es incorregible! El grupo se disuelve. Mi sangre es real. Y ella no es inglesa. — Salgamos de aquí. querida. pero nada podrá hacer que me parezca a esta gente. Una anciana acaba de decirme que hablo exactamente como la reina Victoria. TODOS LOS DEMÁS. Apuesto a que es de Drury Lane. Quizá morganática. HIGGINS (a la esposa del embajador). NEPOMMUCK. . — ¿Y qué dice Su Excelencia? ESPOSA. HIGGINS. Salgamos y cenemos en alguna otra parte. PICKERING. PICKERING. Y de sangre real. ESPOSA. — No creo que pueda seguir soportando mucho más esto.. Se mostró muy inteligente. si no es inglesa. — ¿Qué dice usted. — Húngara. — ¡Ah. — ¿Húngara? NEPOMMUCK. maestro! Está usted empecinado en su especialidad de los dialectos cockney.. ¿Puede encontrarme a alguna inglesa que hable el inglés como se debería? Sólo los extranjeros que han aprendido a hablarlo lo hablan bien. HIGGINS. —¿Le habló usted en húngaro? NEPOMMUCK. ESPOSA. indudablemente. salida del arroyo y enseñada a hablar por un experto. Y yo tengo hambre. — No la has perdido. ja! ¡Ah. por supuesto. — Digo que es una jovencita londinense corriente. Me dijo: "Por favor.— ¡Oh. EMBAJADOR. HIGGINS. LIZA. El arroyo londinense es el único mundo que existe para usted. Pero esa es. ESPOSA.HIGGINS. — Me aferró a mi opinión. Yo soy húngaro. la clase a la que pertenece. — Demasiado perfectamente. Pickering se le une. — Sí. — La verdad es que me aterrorizó por la forma en que dijo Cónlevá. maestro. dejando solo a Higgins. instinto. — Húngara. es claro que estoy de acuerdo con Nepommuck. — Eliza está cansada. Eliza se une a ellos. Es una princesa. Sólo las razas magiares pueden producir ese aire de derecho divino. — Instinto. Pero. — Oh. ¿qué es? NEPOMMUCK. — No necesariamente legítima. Ya he tenido bastante del parloteo de estos tontos. — ¿Y la sangre real? ¿Cómo descubrió eso? NEPOMMUCK. La has ganado diez veces. ESPOSA. — ¿Por qué? NEPOMMUCK. qué tontería! ¡Pero si habla perfectamente el inglés! NEPOMMUCK.

la recepción. Las pone sobre la alfombra. — Nada más que circulares. ¿Puede acostarse Mrs. El reloj de la repisa da las doce. Higgins. ¿no es cierto? HIGGINS. Pearce se enfadará si dejamos estas cosas tiradas en la sala. Se recobra y vuelve a asumir su actitud pétrea. PICKERING. ¿eh? HIGGINS (fervientemente). También él se quita el sombrero y el abrigo y está a punto de dejarlos caer sobre los de Higgins cuando vacila. Señor! ¡Qué noche! ¡Qué pandilla! ¡Qué estúpido juego! (Levanta una pierna para desatarse el zapato y ve las pantuflas. Pearce? Ya no necesitamos nada más. ¿quieres? No volveré a salir. ante Higgins. su palidez contrasta intensamente con sus ojos y cabello oscuros. entra. — Bien. HIGGINS. el garden party. hace lo mismo con su chaqueta. — Y lo estamos. por fin. junto a la chimenea. pone el abanico y los guantes sobre el piano y se sienta en el taburete. Higgins vuelve a bostezar y continúa canturreando. El fuego está apagado. No hay nadie en el cuarto. Medianoche. Eliza le mira sombríamente. con abrigo y sombrero. Primero. — ¿Estuviste nervioso en el garden party? Yo lo estuve. sin pronunciar una palabra. — ¡Un prestamista! (Arroja la carta al montón de circulares. HIGGINS (bostezando otra vez). Demasiadas cosas buenas.ACTO IV El laboratorio de la calle Wimpole. — Bien. De pronto se interrumpe y exclama:) Quisiera saber dónde demonios están mis pantuflas. y se deja caer. luego. — Oh. con gran facilidad. — Digo yo: Mrs.) HIGGINS (lanzando un vistazo al billet-doux). (Pickering toma los abrigos y los sombreros y va a la planta baja. — ¡Gracias a Dios que eso ya ha terminado! Eliza se sobresalta violentamente. Se quita el sombrero y el abrigo. Pick. los deja caer descuidadamente sobre el soporte para revistas. PICKERING. similarmente ataviado. Y su expresión es casi trágica. fatigado. pero ellos no lo advierten. entre bostezos. Pero has ganado tu apuesta. Se quita la capa. silenciosa. De pronto se oye a Pickering y Higgins subiendo la escalera. la cena. PICKERING. HIGGINS (llamando a Pickering). Higgins comienza a canturrear. Eliza logró convencer a todos. con una corona en el membrete. en traje de noche. Las mira como si hubiesen aparecido por su propia voluntad) Oh. cavilando. una melodía de La Fanciulla del West. luego se levanta y sale. estoy un poco cansado. (Deja caer las circulares en el guardafuego de la chimenea y se queda de pie sobre la alfombra. en la butaca. cierra con llave.— No me fijé. trayendo varias cartas. Eliza no parecía nada . se pone la de fumar.) Eliza regresa con un par de enormes pantuflas maltrechas. Es una noche de verano. de espaldas a la chimenea. Se acerca a la chimenea y enciende las luces eléctricas. PICKERING. — Oye. están ahí. déjalas caer al vestíbulo por sobre la baranda. Higgins. PICKERING. llevando una chaqueta de fumar que ha tomado abajo. Pickering regresa. Pensará que estábamos borrachos.— ¡Ah. Está cansada. ¿eh? PICKERING. ataviada con todas las galas con que acaba de ganar la apuesta para Higgins. Entra Pickering. y este billet-doux para ti. —¡Dios no lo quiera! Eliza abre la puerta y se la ve en el descansillo iluminado. y vuelve a sentarse como antes. Las encontrará allí por la mañana y las guardará. ¿Hay alguna carta? HIGGINS. un poquito.

) LIZA (tomando las pantuflas y arrojándoselas con todas sus fuerzas.) ¿Sucede algo malo? LIZA (sin aliento). Y ahora puedo irme a dormir sin sentir miedo por el día de mañana. — ¿Qué demonios he hecho con mis zapatillas? (Aparece en la puerta. sencillamente. desesperado). En una o dos oportunidades me asusté al ver que Eliza estaba haciéndolo tan bien.— Porque quería aplastarle la cara. Yo sabía que se portaría bien. HIGGINS. un triunfo para ti. ¡Tengo ganas de matarlo. fue un gran triunfo. Me hace sentirme joven nuevamente. ¿Por qué me arrojaste estas pantuflas? LIZA. Tomaré té. en fin de cuentas.) Sea como fuere.) HIGGINS (contemplándola con frío asombro).. en el arroyo? Da gracias a Dios porque ahora todo ha terminado y puede volver a arrojarme allá. . — Oh. una detrás de la otra). — ¿Que tú me has ganado la apuesta? ¡Insecto presuntuoso! Yo la gané.) ¿Qué ocurre? Levántate. — ¡Oh. (Sale. atiborrándonos de comida. — Sí. un triunfo inmenso. Buenas noches. Eliza y dile a Mrs.) A mí me gusta meterme en ella de tanto en tanto.— ¡Aquí están sus pantuflas! ¡Y aquí! ¡Llévese sus pantuflas. —No le sucede nada malo. por lo tanto. habría abandonado toda la cuestión hace dos meses... — Parece que. son tan tontas que creen que la elegancia y la distinción les nacen naturalmente y. Fue bastante interesante al comienzo. animal egoísta! ¿Por qué no me dejó en el lugar de donde me sacó. eso es lo que me enfurece: la gente tonta que no conoce ni siquiera su tonto oficio. (Levantándose. — Creo que yo también me acostaré.. ya hemos terminado con ello. HIGGINS. Todo el asunto ha sido. ¿no es verdad? Eso le basta. Fue una idea tonta.) HIGGINS (siguiéndole)— Buenas noches. PICKERING. Le he ganado la apuesta. me sentí como un oso enjaulado. aparte de esa maldita tonta de mujer elegante. El corazón me palpitaba como no sé qué. De todos modos. Se sienta en la butaca de Higgins y se aferra con fuerza de los brazos de la misma. sin nadie con quien hablar. durante los tres primeros minutos. lo que me ha fatigado es la tensión del trabajo de todos estos meses. Si no me hubiese decidido a hacerlo. Está a punto de gritar. enfermo de no tener nada que hacer. no aprenden jamás.! (Se le acerca. cede a sus impulsos y se arroja con furia al suelo. HIGGINS (afuera. Basta de duquesas artificiales. PICKERING. — ¡Qué diablos. La comida fue peor: eso de estar sentados allí durante una hora. Pearce que no me prepare el café por la mañana.. La belleza de Eliza se torna asesina.. y ojalá que nunca pueda tener un día de suerte con ellas! HIGGINS (atónito). vamos! El garden party fue terriblemente excitante. un purgatorio. la señorita está nerviosa.) Eliza trata de dominarse y de sentirse indiferente mientras se levanta y se dirige a la chimenea para apagar las luces. no lo estaba. cuando estábamos en la parte de la fonética. ha sido un gran día. a usted. — Es que no has sido introducido adecuadamente en la rutina social. No.. Sin embargo.intranquila. — Sí.) Apaga las luces. (Sale. (Acercándose al piano. (La levanta. Pero cuando vi que ganaríamos sin esfuerzo alguno. Pero después me sentí mortalmente aburrido. Aparentemente yo no importo. HIGGINS. Muchas de las personas de verdadera posición social aristocrática no saben hacerlo en absoluto. Te lo aseguro. ya en la puerta. todo ello resultó una lata. Siempre hay algo de profesional en la cuestión de hacer una cosa superlativamente bien. (Por sobre el hombro.¿eh? (Crispa nerviosamente los dedos. Pickering: basta de eso para mí. PICKERING. Finalmente.. HIGGINS.

Toda esta irritación es puramente subjetiva. Pearce? ¿Alguno de los criados? LIZA.) Quizá estés cansada después de la tensión del día. (Recobrando sus modales. Examina la frutera que hay sobre el piano y decide que comerá una manzana. Pero eso ya ha terminado. ¿sabes? (Muerde un gran trozo de manzana y lo masca ruidosamente. — ¿Para qué sirvo? ¿Para qué me ha hecho usted útil? ¿Adonde iré? ¿Qué haré? ¿Qué será de mí? HIGGINS (comprendiendo. desesperada).) LIZA. menos aun qu'esah pantuflas. — ¿Se ha portado alguien mal contigo? ¿El coronel Pickering? ¿Mrs. — No entiendo. LIZA (con amarga sumisión).. Soy demasiado ignorante. gata. un tanto inquieto. HIGGINS. — ¿Qué será de mí? ¿Qué será de mí? HIGGINS. donde se sienta y se cubre el rostro.—Ya he oído sus oraciones. — Me alegro de saberlo. — ¿Supongo que no pretenderás que yo te he tratado mal? LIZA.) Ya no existen motivos de preocupación. haciendo tintinear lo que tiene en los bolsillos. HIGGINS. yendo hacia el taburete. HIGGINS (con su tono más altanero).— ¡No le importa! ¡Ya lo sé! Y si me muriese. HIGGINS.) LIZA (vencida por la fuerza y el peso superiores). — Esto se te ha venido preparando desde hace unos días. Vé a la cama. —Que esas pantuflas. eso era lo que te preocupaba. ¿Quieres beber una copa de champaña? (Se dirige hacia la puerta. Llora un poco y di tus oraciones.) ¡Oh. LIZA. Abatimiento y nada más. HIGGINS — Sí. — No es más que la imaginación. Supongo que era natural que te sintieras ansiosa en cuanto a la fiesta. (La arroja groseramente en la butaca. (La palmea bondadosamente en el hombro.) Escúchame.) Gracias. (Ella le mira rápidamente. Nadie te hace daño. — ¿Cómo demonios quieres que sepa qué será de ti? ¿Qué me importa qué pueda ser de ti? LIZA. Higgins. pero nada impresionado). ¿eh? Guarda las uñas. ¿eh? (Hunde las manos en los bolsillos y se pasea según es su costumbre. LIZA.) Es preciso que . — Que esas pantuflas. duerme. (De pronto se levanta y se aparta de él. HIGGINS (nuevamente afable). Eso te consolará. — Ah. ¿Cómo te atreves a ponerte furiosa conmigo? Siéntate y quédate quieta. Dios! ¡Ojalá estuviese muerta! HIGGINS (boquiabierto.) Si yo fuera tú no me preocuparía. — ¿Y qué? ¿No agradeces tú a Dios por que todo haya terminado? Ahora eres libre y puedes hacer lo que quieras. HIGGINS (tronante). — No. —No.) Podrías casarte. desesperanzada y aplastada. — ¿Por qué has hecho esta escena? ¿Puedo preguntarte si tienes alguna queja acerca del trato que se te ha dispensado aquí? LIZA. como una buena chica. No existen ya para usted. No soy nada para usted. como si por pura bondad condescendiera a discutir un tema trivial. y se te pasará. tampoco le importaría. Eliza. — No. No creí que ahora tuviese mayor importancia. El no la mira. Una pausa. "¡Gracias a Dios que todo ha terminado!" HIGGINS (impaciente).LIZA (lanza un grito ahogado de furor e instintivamente trata de clavarle las uñas en la cara).. ¿por qué? (Razonable. contemplándola con sincera sorpresa) — ¿Por qué? En nombre del cielo. acercándosele. aunque no me había dado cuenta clara de que te ibas. LIZA (conteniéndose. Eliza. — No. HIGGINS. Nada va mal. — No. (Modera su tono. Ella se estremece. LIZA. Supongo que no tendrás gran dificultad en ubicarte en alguna parte.

HIGGINS (lanzando resueltamente el corazón de la manzana al guardafuego). — Yo vendía flores. — ¿Y qué otra cosa puedo hacer? HIGGINS. — En la esquina de Tottenham Court Road no nos prestamos a esos manejos. Y luego levántate y mírate en el espejo. sí. HIGGINS (dejando caer las pantuflas de la sorpresa de oírse llamar señor por ella). — Podría quererlas para la próxima muchacha que usted recoja para hacer experimentos. HIGGINS (en una feliz integración de la idea). ¿quiere decirme qué es lo que me pertenece y qué lo que no me pertenece? HIGGINS (enfurruñado). Me siento espantosamente soñoliento. LIZA. — ¿Así opinas de nosotros? LIZA. Y tú no eres mal parecida. No soy más que una muchacha vulgar e ignorante. para la gente que tiene intenciones de casarse. No quiero que se me acuse de robo. La mayoría de los hombres son casaderos (¡pobres diablos!). HIGGINS. Salvo las joyas. — La ropa..— ¡Ah. — ¿Robo? No deberías haber dicho eso.) LIZA. — Lo siento. Y en mi situación tengo que ser cuidadosa. ¿qué importa eso? ¿Por qué necesitas comenzar a preocuparte por ello en mitad de la noche? LIZA. LIZA. ya te las arreglarás! Yo tengo que ir a acostarme. — No quiero oír nada más de eso. Eliza. Son alquiladas.) Tendrá que pagar por todos estos trapos que has usado hoy. Come su manzana con una expresión de dicha en la mirada. señor. (Ahogando una risita.. es claro! Tú me las tiraste. — Quiero saber qué puedo llevarme. HIGGINS (despertando). ¡Pero si hace seis meses te habría parecido el paraíso tener una florería propia! ¡Vaya. sumamente encolerizado) LIZA (bebiéndose su emoción como si fuese néctar. — Oh. No necesitas casarte con el individuo. no tengo otra cosa que vender que a mí misma. cuando ella le habla. LIZA. No puede haber sentimientos entre gente como usted y gente como yo.. producirá un hermoso agujero en un par de billetes de cien libras. ¿entiendes? Vé a acostarte y descansa un poco. Eliza vuelve a mirarlo y no se mueve. montones de cosas. No insultes las relaciones humanas metiendo en ellas toda esta cantilena de comprar y vender. Ahora que me ha convertido en una dama. si no te gusta. Lo único que quiero saber es si hay algo que me pertenezca. ¿Qué hay de tu antigua idea de una florería? Pickering podría instalarte en una. Mis ropas fueron quemadas. — Sus pantuflas. y enfureciéndole aun más para provocar . Revela falta de sentimientos. Por favor. El ni se da cuenta de la mirada. LIZA. — Pero. si quieres.. No me vendía a mí misma. ya que se trata de una fruta deliciosa. como si la pregunta fuera el colmo de lo irrazonable). — ¿Eh? LIZA.sepas que no todos los hombres son solterones decididos como yo y el coronel. tiene carradas de dinero. Es decir. —Puedes llevarte toda la maldita casa. HIGGINS (ahora profundamente herido). Ojalá me hubiese dejado donde me encontró. Pero cuando estás en tus cabales eres lo que yo llamaría atractiva. Eliza. ¿es mía o del coronel Pickering? HIGGINS (volviendo a entrar. HIGGINS. De paso: bajé a buscar algo y me olvidé de qué se trataba. — Seguramente mi madre te encontrará algún sujeto que te convenga. es claro. Y eso. Y entonces no te sentirás tan desdichada. con el alquiler de las joyas. — ¿Qué quieres decir? LIZA.' (Las recoge y está a punto de salir. HIGGINS (escandalizado y ofendido). — Antes de que se vaya. En ocasiones produce placer mirarte. ¿Estás satisfecha? (Se vuelve y está a punto de salir. — Pavadas. porque estás llorando y te has puesto tan fea como el mismo demonio. — ¿Para qué cuernos le serviría a Pickering? LIZA. No ahora.

— Me has hecho perder los estribos.una nueva provisión). porque no seré yo quien le diga nada al respecto. Se pone sus zapatos de paseo. ¿cómo te atreves a acusarme de semejante cosa? ¡Eres tú quien me ha pegado! ¡Me has herido hasta lo más hondo del corazón! LIZA (estremeciéndose de gozo).) ¡Y maldita sea mi propia locura. Luego sale del cuarto. Freddy Eynsford Hill. Ahora no lo quiero. LIZA (descarada).) ¡Si me pertenecieran a mí. Cada uno de sus movimientos expresa su furiosa decisión. FREDDY. ¿me oye? Liza es bastante para mí. lo abre. te las metería en esa garganta desagradecida! (Se las mete descuidadamente en los bolsillos. y los tesoros de mi aprecio e intimidad. durante un instante. cuelga en ella cuidadosamente el vestido de noche y guarda todo en el ropero. Miss Doolittle. — Un momento. (Higgins lo arroja violentamente a la chimenea y se vuelve hacia ella tan amenazadoramente que la joven se acurruca contra el piano. que arroja sobre la cama. — ¿Qué está haciendo aquí? FREDDY. en el que una de las ventanas está aún iluminada. HIGGINS (formalmente).) LIZA (quitándose un anillo). Es el único lugar en que me siento feliz. cosa que muy pocas veces me sucedió anteriormente. Es el que usted me compró en Brighton. contempla el segundo piso de la casa. transido de amor. — Será mejor que le deje una nota a Mrs. colérica. cerrando la puerta con violencia tras de sí. (Salvaje. por favor. Toma el reloj-pulsera del tocador y se lo coloca en la muñeca. querida. afuera. Se dirige al ropero. Se quita el traje de noche y los zapatos.) ¿Quiere llevarse éstas a su cuarto y ponerlas bajo llave? No quiero correr el riesgo de que se pierdan. La joven entra y enciende la luz. ¿no es cierto? . Me voy a acostar. La luz se apaga. apagando antes la luz eléctrica en el interruptor de la puerta.) Eliza se arrodilla en la alfombra para buscar el anillo. y no al joyero. HIGGINS (con dignidad. El moblaje del cuarto de Eliza ha sido aumentado con un enorme ropero y un suntuoso tocador. (Se rinde y le toma de los hombros. querida. — Nada. — No me llame Miss Doolittle. Eliza sale. — ¡Tráelas aquí! (Ella se las pone en las manos. De pronto saca la lengua. querida. toma el bolso y se dirige a la puerta. un sombrero y un par de zapatos. Cuando lo encuentra piensa. No se ría de mí. Entretanto. HIGGINS (furioso). en la calle. Finalmente lo deja caer en la frutera y sube al piso de arriba. y saca un traje de calle. Se lanza una última mirada en el espejo. LIZA. Pearce al infierno y que el café se vaya al diablo. Me paso aquí la mayor parte de mis noches. adornándose inconscientemente con los extremos de las cadenas.— ¡Me alegro! Por lo menos me he cobrado una parte de lo que me hizo. qué hacer con él. — Este anillo no es del joyero. se cubre el rostro con las manos y exclama:) ¡No me pegue! HIGGINS. usted no cree que yo sea una desalmada rata de albañal.) Freddy. — Que se vaya Mrs. — ¡Pegarte! ¡Criatura infame!. — Buenas noches. su traje de calle y el sombrero. por haber malgastado mis conocimientos duramente conquistados. (Se quita las joyas. Pearce acerca del café. que sobresalen. en su mejor estilo profesional). Se calza los guantes. LIZA. que cierra con un portazo. Luego toma una percha acolchada del ropero. Prefiero no decir nada más esta noche. en una desalmada rata de albañal! (Sale con impresionante decoro y arruina toda la escena pegando un portazo.

— Espero que no te haya apartado de tu camino. pensando en cuando él estaba enamorado y en la vanidad de las esperanzas humanas.) Wimbledon Common.— Ni una sola persona. inconscientes de la llegada de un taxi que se arrastra lentamente. — ¿Puedo llevarles. Llega un policía de edad. LIZA. abrazados. Sale corriendo. hambrienta de consuelo. LIZA (sin aliento). FREDDY. Te hablaré de ello en el taxi. — A la orden. Y la policía no nos molestará en él. (El vehículo se aleja. Pasearemos toda la noche. El policía menea la cabeza. señor? LIZA. — ¡Vamos! ¡¡Vamos!! ¡¡¡Vamos!!! La pareja se suelta apresuradamente. Permanecen así. No podemos vagar por la calle toda la noche. ¿verdad? FREDDY. no. Vuelven a huir. — Eliza querida. — Tenemos que ir a alguna parte. ¿Qué quieres decir? ¿Qué ha ocurrido? LIZA. Se detienen allí para reflexionar acerca de lo que harán ahora. FREDDY. esta vez mucho más joven. querida! Se abrazan otra vez. — ¡Espléndido! (Al conductor. ustedes dos! ¿Qué es esto? ¿Dónde creen que están? Váyanse de aquí. — No es nada. FREDDY. LIZA. FREDDY. FREDDY. — Para hacer un agujero en él. — Yo tengo mucho. CONDUCTOR. POLICÍA (escandalizado). Freddy. Ya no tiene importancia. Vuelven a abrazarse y son nuevamente sorprendidos por un policía. FREDDY (horrorizado). a alguna parte. Ella. Se aleja en dirección opuesta. — ¿No? Creo que sería maravilloso vagar para siempre. — Es trabajo de ellos echar a las muchachas de las calles. a paso redoblado. — Perdone.. ¿Adonde ibas? | LIZA. — ¡A ver. con lentos pasos profesionales. — ¿Para qué? LIZA. la más hermosa. — Pero. no querida! ¿Cómo puede imaginarse una cosa semejante? Eres la más encantadora. FREDDY. maldito sea. — No tenía idea de que la policía fuese tan infernalmente gazmoña. —Al río. Higgins para preguntarle qué puedo hacer. y se encuentran en Hanover Square antes de detenerse para una nueva conferencia. Pierde todo dominio de sí mismo y la ahoga a besos. — ¡Oh. ese policía! Pero tú le contestaste bien.FREDDY. SEGUNDO POLICÍA. — ¡Oh. Ahora no hay nadie más en el mundo que tú y yo. FREDDY. señor: paso redoblado. Y por la mañana iré a ver a la anciana Mrs. FREDDY. FREDDY. no tengo dinero. responde del mismo modo. LIZA. La huida de los enamorados les lleva a Cavendish Square. Acabamos de comprometernos. a usted y a la dama. — ¡No me asustó poco.) .. un taxi! Lo que necesitábamos. El coronel piensa que jamás habría que salir a la calle sin diez libras en el bolsillo. — ¡Oh.

¿Qué debo hacer? Mrs. señora. Esta está sentada a su mesa de escribir. Supongo que habrá perdido algo. inquieto. Higgins. se encuentra excitado. Pearce se las dio sin decirme una palabra al respecto. antes de las siete. — Es claro que sí.) PICKERING. HIGGINS. vino en un taxi a buscar sus cosas. — Sube y díle a Miss Doolittle que Mr. ¿Qué podíamos . — Me habría sorprendido si me hubieras dicho que Mr. —Buenos días. HIGGINS (vagando. — Mr. — Muy bien. Mrs. — Mr. señora. que suban. Creo que telefonean a la policía.) HIGGINS. Mrs. mamá. Henry. como antes. Y esa idiota de Mrs. señora. Buenos días. HIGGINS. — Bueno. — Sí. — ¡Oye.. LA DONCELLA. HIGGINS. No sé qué compromisos tengo. — No podemos dejarla irse de este modo. profundamente. — ¡Pero es que queremos encontrarla! PICKERING. Y. Higgins.— No querrás decirme que has lanzado a la policía en persecución de Eliza. Higgins deja la pluma y se aparta de la mesa de escribir. Mrs. — Debes de haberla asustado. Me pareció que sería mejor que la previniera. — ¿Qué dice ese asno del inspector? ¿Has ofrecido una recompensa? Mrs.) HIGGINS. Henry está excitado.. está abajo con el coronel Pickering. o algo así? ¡Vaya! (Vuelve a sentarse. Henry no estaba excitado. Henry y el coronel están aquí. por la estancia). Mrs. La joven tiene perfecto derecho a irse. señora. si no? ¿Qué otra cosa podíamos hacer? (Se sienta en la silla isabelina.—Y es natural que lo sospeche. HIGGINS. Mrs. como de costumbre. — Están usando el teléfono. (Saliendo. Esta mañana. HIGGINS (levantándose. como si fuese una ladrona. LA DONCELLA (en la puerta). ¿Le ha contado ya Henry? (Se sienta en la otomana. HIGGINS. si se le antoja. en lugar de acostarse.) ¿Qué sucede? HIGGINS. Creo que sospechaba que tenemos propósitos incorrectos. se cambió de ropas y salió inmediatamente. Higgins irrumpe en el cuarto.) Mrs. Henry. — ¡Eliza ha huido! Mrs. Su cama está sin tocar. Pídele que no baje hasta que yo se lo diga. HIGGINS. — ¿Qué? LA DONCELLA (adelantándose y bajando la voz). HIGGINS. Entra la doncella.ACTO V La salita de Mrs. Como ha dicho la doncella. querido. para que apagara las luces y demás cosas. Estoy. HIGGINS. — Sí. — El inspector presentó muchas objeciones. HIGGINS. Mrs.) PICKERING (dándole la mano). — Me temo que nada. (Entra Pickering. señora. Diles que suban cuando hayan terminado con la policía. Mrs. enfadada. HIGGINS. Higgins. ¿Qué derecho tienen a dirigirse a la policía y dar el nombre de la joven. ¿Para qué está la policía. LA DONCELLA. — Pero no puedo encontrar nada. esto es un fastidio! Mrs. — ¿Asustarla yo? ¡Tonterías! Ayer por la noche la dejamos. (El contiene su impaciencia en tanto que la doncella sale. asombrada e indignada).. HIGGINS (continuando calmosamente con su escritura).. o un paraguas perdido. LA DONCELLA.

DOOLITTLE (indicando su propia persona). Está resplandecientemente vestido como para una boda distinguida. Mire este sombrero. rápido. — De esto. ¿Quién es? LA DONCELLA. HIGGINS. Doolittle. PICKERING. LA DONCELLA (anunciando). ¿Escribió usted.. HIGGINS. ¿Por qué habría de comprarme ropas? Mrs. — Algunos tienen toda la suerte. Después de eso sostuve dos conversaciones con usted. HIGGINS. HIGGINS (levantándose. Le han enviado aquí desde la calle Wimpole. (Se retira. una carta a un viejo de Norteamérica que quería donar cinco millones para fundar Sociedades de Reforma Moral en todo el mundo y que deseaba que usted . No la encontré. HIGGINS. usted. Doolittle. (Sale. le digo. Pero esto es algo que me ha hecho usted: sí. LA DONCELLA. señor. — ¡Parientes nobles! ¡Ahora nos enteraremos de algo! (Se sienta en la silla Chippendale. podría muy bien ser el novio. —¡Doolittle! ¿Se refiere al basurero? LA DONCELLA. señora. Pero. Mire esta chaqueta. — Buenos días. acercándose a su madre). intolerante. LA DONCELLA. — No me importaría si me hubiera sucedido.) Entra Doolittle. Mrs. o no escribió. — ¿Le ha estado comprando ropas Eliza? DOOLITTLE. ¿eh? ¡ Estoy loco!. Doolittle. (Se sienta en la otomana. — ¿Eliza? No. Cualquier cosa puede ocurrirle a cualquiera. — ¡Está delirante! ¡Está borracho! ¡Está loco! Le di cinco libras. Se acerca a Higgins y le habla con tono de vehemente reproche. HIGGINS. (Se acerca a ella y toma la mano que le tiende. —¿Ha encontrado a Eliza? DOOLITTLE — ¿La ha perdido? HIGGINS. DOOLITTLE. en rigor. después de lo que usted me hizo. — Los dos tienen tanta sensatez como dos chiquillos. — ¡Ah! ¡Estoy borracho!. — Pero. Me maniató y entregó en manos de la moral de la clase media. (A la doncella. — Mr. excitado). — Le ruego que me perdone. Y desde entonces no he vuelto a verle. HIGGINS. un reluciente sombrero de copa y zapatos de charol completan el efecto.) Hágalo subir. señor. Pero ella me encontrará muy pronto a mí.. señor: un caballero! HIGGINS (respingando. ¿eh? Dígame una cosa. —Mr. — ¡Oh. Mr. sin que pueda culpar a nadie más que a la Providencia.) Gracias. HIGGINS. a razón de media corona la hora.— ¡Caray. — Sí. — ¡Basurero! ¡Oh. y. —¿El culpable de qué.) Mrs. Higgins. Pick. no. DOOLITTLE. ¿No quiere sentarse? DOOLITTLE (desconcertado al advertir que se ha olvidado de la dueña de casa). — ¡Oiga!. PICKERING.) HIGGINS (ansioso. ¿qué le hizo mi hijo. Mírelo. hombre? DOOLITTLE. — Solamente al padre. un caballero desea verlo urgentemente. — Sí. ¿ve esto? Usted es el culpable. Está tan preocupado con el asunto que le trajo que no advierte a Mrs. —¿Conocen a alguno de sus parientes? PICKERING. —Un tal Mr. HIGGINS. Emry Iggins. Doolittle? DOOLITTLE. el individuo del cual le hablamos. debe tratarse de algún pariente al cual ella se habrá dirigido! Alguien que no conocemos. Una flor en el ojal. como quien dice. Henry. Entra la doncella e interrumpe la conversación. y quedándose de pie junto a Doolittle). caramba! No puedo atender a nadie. — ¿Qué me hizo? ¡Me arruinó! ¡Destruyó mi felicidad.) Estoy tan absorto en lo que me ha ocurrido que no puedo pensar en otra cosa. — ¿Qué demonios le ha sucedido? DOOLITTLE. a la derecha de Pickering.hacer? Mrs. Mr.

tal como lo sableé a usted. que representa unas tres mil libras al año. por la poca felicidad de que gozan? No saben lo que es la felicidad. — ¡Oh. un vulgar basurero? HIGGINS. me deja una participación en su Trust del Queso Predigerido. Lo mismo sucede con los médicos: solían echarme del hospital antes de que pudiera tenerme sólidamente en pie. Pero me opongo a que me conviertan en un caballero.) DOOLITTLE. podría rechazarlo. con la condición de que yo pronuncie conferencias para esa Liga Mundial Wannafeller para la Reforma Moral tantas veces como me las pidan. apuesto a que para esta hora ya está ante mi puerta. Tengo que vivir para los demás. Usted me habla de perder a Eliza. si yo no fuese respetable. Mrs. si realmente habla en serio. Y todos me sablean a mí. Tendré que aprender de usted a hablar el idioma de la clase media. Pero no tengo ánimo para ello. Puedo pronunciarlos en cantidades. ¿No es así. ¿Quién les pidió que hicieran un caballero de mí? Era dichoso. Puede rechazarlo. HIGGINS. y entre todos ellos no podría reunirse un solo salario semanal decente. él hizo que me pusieran en libertad y se libró de mí tan rápidamente como le fue posible. Querrá decir que es una cosa magnífica para usted. ¿por qué habría de hacerlo así. una carta. Hace un año no tenía un solo pariente en el mundo. que reconocen y respetan el mérito en cualquier clase social que se presente. en una ocasión. — Esa es la tragedia.) ¡Qué ganga! PICKERING. (Se sienta otra vez. hasta seis por año. Si lo rechazo. Enry Iggins. ¿Quién de nosotros lo tendría? Estamos todos intimidados. DOOLITTLE (apaciguando el tono en deferencia al sexo de Mrs. Y el próximo en sablearme será usted mismo. Ahora descubren que no soy un hombre sano y que no podré vivir si no me revisan dos veces por día. no para mí mismo: eso es moral de la clase media. todos me ayudan y me cobran por ello. — ¡Demonios! ¡Caramba! (Repentinamente resplandeciente. era Alfred Doolittle. Nadie podría obligarle a aceptar el legado. nadie puede obligarle a sufrir todo eso. Si fuese uno de los pobres dignos y hubiera ahorrado algo. y no se me moverá ni un pelo. Pero. gracias a su broma tonta. le digo. Es muy fácil decir déjelo. Es una cosa magnífica para usted. ella. descuidadamente. Doolittle. — Buen negocio para usted. No se sienta tan ansioso. DOOLITTLE. — No son los discursos los que me molestan. — ¡Hace muy bien en llamarla una broma tonta! Me hundió con ella. coronel Pickering? PICKERING. En la casa no me dejan hacer absolutamente nada. como uno de los pobres indignos. hasta que se pongan azules de escucharme. por lo que usted sabía. — Pero mi querido Mr. Higgins). Sableaba a casi todo el mundo cuando necesitaba dinero. en lugar de hablar en buen inglés. porque encontraron un cochecillo de bebé en mi carro de la basura. que podría mantenerse vendiendo flores. atado de pies y manos. No le pedirán más de un discurso. Estas palabras figuran en su maldito testamento. en el cual. puesto que los pobres dignos podrían muy bien ser millonarios. ¿qué me espera en mi vejez. — Sí. en ese caso. — ¿Qué? ¡Ezra D. dice mi abogado.le inventara un idioma universal? HIGGINS. diciéndole que el moralista más original que había en la actualidad en Inglaterra. — Creo que sí. ¿Le escribió usted. le digo. HIGGINS. y todo gratis. Doolittle. recuerdo que después de su primera visita hice una broma tonta en ese sentido! DOOLITTLE. ¿De veras?. Enry Iggins. Le dio la oportunidad que necesitaba para demostrar que los norteamericanos no son como nosotros. Enry Iggins. no tengo nada que me aparte del uniforme del pobre mantenido por . o no le escribió. está muerto. aparte de dos o tres que no querían dirigirme la palabra. Intimidados. por humilde que ella sea. Cuando era pobre y tuve que recurrir a un abogado. señora. Ahí es donde aparece usted. Y yo estoy perdido. señora: así estamos. Y apuesto a que por eso me hizo la jugarreta. Era libre. Ahora tengo cincuenta. Pero yo. Ahora estoy preocupado. después de escucharle. Wannafeller! Está muerto. sino el asilo? Ya he tenido que teñirme el cabello para conservar mi puesto de basurero.

Henry. Y me habló con un lenguaje perfectamente atroz. Siéntate. — Eliza vino a verme esta mañana. pues. Ahora se espera de mí que mantenga a todos con las tres mil anuales. Y yo tendré que mirarles. — Tiene un corazón muy tierno. Deshecho. PICKERING (estupefacto). DOOLITTLE (con melancólica resignación). Y yo no tengo valor para el asilo. Doolittle: o es usted un hombre honrado o es un pillo. Se parece a mí.el Estado. Doolittle? 1 Una muestra de la erudición clásica de Doolittle. Porque esto resuelve el problema del futuro de Eliza. ¿por qué? ¿Qué le hicimos? Mrs. de cara hacia las ventanas. Y eso es lo que me ha hecho su hijo. (Se muestra abrumado por la emoción. Es preciso elegir entre la Squili del asilo de pobres y la Char Bydis de la clase media 1. — Quédate tranquilo. Ahora podrá mantenerla. HIGGINS. usted misma la habría usado si hubiese tenido mis motivos. (N. (Se dirige resueltamente hacia la puerta. — ¿Arriba? Entonces la haré bajar inmediatamente. HIGGINS (levantándose y siguiéndole). Mrs. Si quieres saber dónde está Eliza. Comprado. un poco de las dos.— ¡Bobadas! ¡El no puede mantenerla! No la mantendrá. (Volviéndose hacia Higgins. Mrs. — Sí. está arriba. Higgins. — Precisamente lo contrario. Trabajó muy intensamente para ti. y envidiarles. está bien! (Se deja caer sin ninguna gracia en la otomana. Se encariñó con los dos. a Escila y Caribdis. HIGGINS (atónito). Mr. — Creo que sé bien lo que le hicieron. No la tratamos brutalmente. Enry. HIGGINS (poniéndose en pie de un salto). un tanto afectuosa. impotente. Mr. Henry... me alegro de que no haya decidido hacer nada precipitado. Bueno. Casi ni le dirigimos le palabra. La joven es. Intimidado: así estoy. del T. Y nos separamos de ella en términos especialmente amistosos.) Higgins.— ¡Oh. — Siéntate. —Yo. Doolittle. — ¿Qué? PICKERING (levantándose a su vez). para una chica de la clase de ella. HIGGINS. HIGGINS. querido. no seas absurdo. está bien. antes de que hubiese podido pronunciar una palabra. HIGGINS. Mrs. parece que. Yo no le proporcioné ni el menor motivo para ese comportamiento..) Mrs. HIGGINS (respingando nuevamente). Mrs. HIGGINS.) Lo tienen atrapado a uno. es claro. Se portó del modo más insultante.) DOOLITTLE.. — Precisamente.) Pero creo que podrías habernos dicho esto hace media hora. DOOLITTLE (tolerante). señora. No le pertenece. Me contó la forma brutal en que la trataste. se refiere. — Bueno. se vuelva hacia donde se volviere. No creo que te des cuenta cabal de lo que significa. — Bien. cuando . ¿No es cierto. pues aceptó mi dinero por la muchacha. como todos nosotros. Las pantuflas me dieron de lleno en la cara en cuanto entré en la habitación. cualquier cosa que tenga relación con el trabajo mental. (Perdone la expresión señora.— Mi querida Mrs. —Y esto. HIGGINS.) Mrs. aparte de esas malditas tres mil anuales que me hacen saltar a la clase media. Hombres más felices que yo vendrán a buscar mi basura y mendigarán mi propina. le ha estado contado cuentos. HIGGINS. naturalmente. ¿te mostraste tiránico hacia ella después de que yo me fui a dormir? HIGGINS. — Henry. Yo le pagué cinco libras por ella. y escúchame. HIGGINS. Y no tiene derecho a llevársela a ella también. señora. Me arrojó las pantuflas a la cara. HIGGINS. — Un poco de las dos cosas.

Porque ya me has hecho perder bastante tiempo. — Si me prometes portarte bien. LA DONCELLA. Mrs. — No estaba tratando de parecer simpático. sin cometer ni un solo error. — Me temo que no quiera regresar a la calle Wimpole. No le hicimos ningún discurso. PICKERING. HIGGINS (furioso). HIGGINS (enderezándose). ¿No es verdad. —¿Por qué? Mrs. No hicieron más que hablar entre sí de cuan satisfechos estaban de que todo hubiese terminado y de cómo se habían aburrido. (Sale. en respuesta al llamado. Henry (Oprime el botón del timbre que está en la mesa de escribir. ni le dijeron cuan espléndidamente se había portado? HIGGINS (impaciente). Higgins lanza un gruñido.— Pero ella sabía todo eso. Solamente quería hacerte hablar. ante la mesa de escribir). (Desaparece en el balcón. HIGGINS (regresando a su lugar. vete a tu casa. — Sí. HIGGINS. — Quizá nos mostramos un poco desconsiderados. ¿quiere tener la bondad de pasar al balcón por un momento? No quiero que Eliza reciba el choque de sus noticias hasta que se haya reconciliado con estos dos caballeros. HIGGINS.—¿No le agradecieron. Doolittle está en condiciones de mantenerla en la posición social en la que ustedes la han colocado. — Lo único que dijimos fue que estábamos cansados y que queríamos acostarnos. HIGGINS. — Eso fue todo. mamá. brinco). está bien. ustedes dos se quedaron sentados y no le dijeron ni una sola palabra. ¿Le molestaría? DOOLITTLE. HIGGINS. señora.) DOOLITTLE (con tono de reproche). — No tiene importancia.llegó el día de la gran prueba y ella se comportó tan maravillosamente. Una pausa. — Henry. si eso es lo que quieres decir. HIGGINS. Pero dice que se siente completamente dispuesta a hablar con ustedes en términos amistosos y a olvidar lo pasado. Higgins echa la cabeza hacia atrás. Enry Iggins! Tenga un poco de consideración hacia mis sentimientos de miembro de la clase media. — Bueno. HIGGINS (irónica). Doolittle. Henry. — Porque no puedes hablar y silbar al mismo tiempo. Si no. Muy bien. — ¡Vamos. — Absolutamente.) Mr.) Aparece la doncella. ni la mimaron. Pick: pórtate bien. le pediré que baje. PICKERING (con remordimientos de conciencia). —Pídele a Miss Doolittle que baje. HIGGINS (levantándose de un. Mrs. — ¿Dónde demonios está esa muchacha? ¿Es qué . — Pórtate bien. — Hace lo mejor que puede. querido. HIGGINS. Mrs. Henry. — Como quiera. Mrs. (Se arroja hoscamente en la silla isabelina. vamos. Cualquier cosa para ayudar a Enry a sacármela de encima. HIGGINS. especialmente ahora que Mr. Mrs. señora. estira las piernas y comienza a silbar. — ¿Está seguro? PICKERING. Mrs. Higgins. eso fue todo. ¿eh? ¡Caramba! ¡Ja! Mrs. querido. — Acuérdate de tu promesa. ¡Y luego te sorprendiste cuando te arrojó las pantuflas a la cara! ¡Yo te habría arrojado los atizadores! HIGGINS. — Me estoy portando perfectamente bien. HIGGINS. Pickering se sienta en el lugar desocupado por Doolittle. Otra pausa sumamente penosa. Saquemos a relucir nuestros mejores modales dominicales para esta criatura que hemos recogido del fango.) Mrs. Mrs. ¿Está muy enojada? Mrs. HIGGINS. por favor. De veras. no pareces nada simpático en esa actitud. —Sí. Pick? PICKERING (encogiéndose de hombros). HIGGINS. HIGGINS.

es la profesión de él. o una sola palabra que no le haya puesto en la boca. HIGGINS.— Es claro.? (No puede terminar la frase.. no soy más que una hoja aplastada de repollo. LIZA. LIZA. — Sin duda alguna. Pero. ¿sabe qué fue lo que empezó mi verdadera educación? PICKERING. Me alegro de volver a verlo. ahora que el experimento ha terminado? PICKERING. Empero.. (Este se levanta apresuradamente y se dan la mano.! PICKERING. ¿no es verdad? (Se sienta a la izquierda de Pickering. Pero fue de usted de quien verdaderamente aprendí los buenos modales. —¡Bueno.tendremos que esperarla aquí todo el día? Entra Eliza. — No intentes este juego conmigo. LIZA. Mrs. Pero siéntate. No sé por qué..) HIGGINS. — ¿Qué? . — Muy bien dicho. mamá. coronel Pickering. PICKERING. con una exhibición abrumadoramente convincente de desenvoltura de modales. LIZA (a Pickering. pero me molesta. — ¡No! LIZA (continuando. HIGGINS. Y nunca habría sabido que las damas y los caballeros no eran así. yo te lo enseñé y no podrás engañarme con él. — Y no es porque haya pagado mis vestidos. Mi crianza me obligaba a ser igual que él. Eliza toma una labor de costura de la cesta y comienza a bordar.) LIZA. Mrs. nada más. él le enseñó a hablar. no seas tonta.. ¿verdad? La verdad es que me resultó sumamente difícil. — ¡Oh. — Es muy amable de su parte el sentir de ese modo. Lleva una cestita de labores y se encuentra perfectamente a sus anchas. — ¿Dejará usted de verme del todo. Henry. y yo no habría podido hacerlo. ése no es más que el carácter de él! No lo hace de intento.. PICKERING (impulsivamente). Y. Y eso es lo que la convierte a una en una dama. Sé que es generoso hacia todos con su dinero. — Era como aprender en el estilo de moda.. — Oh.. Usted nunca se enferma. querido. ducha de sí misma. alegre. profesor Higgins? ¿Está usted bien? HIGGINS (ahogándose). si no hubiese estado usted allí. coronel Pickering. —Sí. No era más que mi carácter. LIZA. aparentemente sin advertir la presencia de Higgins y trabajando entre tanto diestramente). Levántate y ven a casa. incapaz de dominarme. — ¿Cómo le va. HIGGINS (plácida). Y ahora pretende hacerse la dama refinada conmigo. ya ve: lo hacía. No hable de eso como si se tratase de un experimento. HIGGINS. Déjala que hable por sí misma. —¡Maldición! LIZA (continuando). Ninguna mujer podría resistirse a semejante invitación. PICKERING. por favor. Pickering se siente tan desconcertado que no se pone de pie. LIZA (trivial). en fin de cuentas: en eso reside la diferencia.. HIGGINS. él se sienta junto a ella. usando palabras insultantes a la menor provocación. — Pero es claro que está bien. — Tampoco yo lo hacía de intento cuando era florista. pero le debo tanto que me sentiría muy desdichada si se olvidase de mí.) Una mañana bastante fría. por cierto.—. — ¿Si estoy. Miss Doolittle. ¿quieres? Higgins vuelve a sentarse salvajemente. — Déjala sola. Pronto verás si tiene una sola idea que no se la haya puesto yo en la cabeza. Te digo que he creado a esa cosa con las hojas aplastadas de un repollo de Covent Garden. serena). con el ejemplo del profesor Higgins eternamente delante. Pero. sin prestar la más mínima atención al estallido. — Vaya.

He aprendido mi lección.. — Gracias. He olvidado mi propio idioma y no puedo hablar otro que el de usted. — Lo sé. Cosas como ponerse de pie y quitarse el sombrero y abrir puertas. LIZA. aparte de las cosas que se pueden aprender (la forma de vestir. ¿eh? LIZA. — Debes de haber sableado a un millonario esta vez. Eliza. cuando fui a la calle Wimpole por primera vez. de espaldas a la ventana. aprende el nuevo idioma en un par de semanas y olvida el propio..—Antes te veré en el infierno. Que vea cómo puede arreglárselas sin nosotros. si no me tiene a mí cerca. Le haría mucho bien. Para el profesor Higgins siempre seré una florista. (Sigue bordando. — ¡Henry. sino en cómo la traten. ese día. PICKERING. LIZA. Pero sé que puedo ser una dama para usted. PICKERING. ( Doolittle la toca en el hombro izquierdo. HIGGINS. — Bien. PICKERING. HIGGINS. etcétera). Bueno. pero usted volverá a la calle Wimpole!. — ¡Ahá! ¡Precisamente! ¡Aaaaaah-oooi! ¡Aaaaaa-oooi! ¡Victoria! ¡Victoria! (Se deja caer en el diván. es ese un hermoso sentimiento. Ese fue el comienzo del respeto a mí misma. He conseguido cierta cantidad de dinero. aunque lo intentase. si no tiene inconveniente. que. la forma correcta de hablar. PICKERING. LIZA. yo sabía que se habría portado del mismo modo con la fregona. por supuesto. LIZA. — ¡Oh. HIGGINS. Usted me dijo una vez que. La verdad. porque usted siempre me trata como a una dama y siempre me seguirá tratando del mismo modo. ¿no es cierto? ¿Perdonará a Higgins? HIGGINS (levantándose). no hagas rechinar los dientes.. Miss Doolittle. — Y me gustaría que el profesor Higgins me llame Miss Doolittle. PICKERING (intensamente alarmado. la diferencia entre una señora y una florista no reside en cómo se comporte. Aunque. Con una mirada de digno reproche a Higgins. — El que usted me llamara Miss Doolittle.) DOOLITTLE. En otra época habría podido hacerlo. Y no le culpo. pero ahora no me es posible.. Es su modo de ser. En eso consiste la verdadera separación con la esquina de Tottenham Gourt Road. por supuesto. mientras yo estaba presente. que usted no advirtió porque las hacía con toda naturalidad. cuando un niño es llevado a un país que no es el suyo.LIZA (interrumpiendo la labor por un momento). yo soy una niña en el país de usted. si ésta se hubiese presentado en la sala. — No puedo. Eliza.) Y hubo otras cien cositas. eso no era nada. cruzándose de brazos y desparramándose arrogantemente. Y el haber abandonado la calle Wimpole la hace definitiva. Mrs. cosas que demostraban que usted pensaba de mí y sentía a mi respecto como si me considerase algo mejor que una fregona. LIZA. — Me agradaría que me llamara Eliza. Mrs. Henry! PICKERING (riendo). Ella deja caer la labor y pierde por completo el dominio de sí misma ante el espectáculo del esplendor de su padre.. porque siempre me trata como a una florista y siempre me tratará del mismo modo. no lo ve. se acerca lenta y silenciosamente a su hija..) ¡Aaaaaah-oooi! HIGGINS (con un graznido de triunfo). Henry. Volverá al arroyo al cabo de tres semanas. No creo que pudiese volver a pronunciar uno de los viejos sonidos. ¿verdad? Pero tuvo tanta importancia para mí el que usted no fuese así. — Por favor. No volverá al arroyo. papá. PICKERING. — No haga caso de eso. — Sí. .— ¿Perdonarme? ¡Vaya! Que no venga.) — ¡Oh. Nunca. — ¿Por qué no le contesta con una buena andanada de jerga? No le aguante esas cosas. Nunca se quitó los zapatos en el comedor. Higgins se quita los zapatos en todas partes. ya no. Doolittle aparece en la ventana del centro. Eliza. — ¿Puede culpar a la muchacha? No me mires así. — No. — Es incorregible.! LIZA.

bueno. entre la ventana del medio y la otomana. Siempre he tenido escrúpulos en decírselo. Me agradaría que usted estuviese junto a mí hasta que termine.) Iré a la iglesia. (Todos los hombres se ponen de pie. Eliza. DOOLITTLE. DOOLITTLE. ¿te das cuenta?. esa no es la forma natural. Eliza. Mr. — Bueno.. por así decirlo. si usted quiere. coronel. Pickering se une a ella. Eliza..) ¿Por qué cambió ella de idea? DOOLITTLE (triste). PICKERING. entra Eliza.. Pero yo supuse. — Antes de que yo me vaya. Será mejor que vengas en el coche conmigo. LIZA (obligándose a sonreír a pesar de su irritación). intimidada. PICKERING (apretando suavemente el codo de Eliza). Liza. Hasta luego. y no les reprocho el que le hayan ganado la partida a Eliza.. Le daré toda la ayuda que pueda darle un soltero. ¿No es cierto. Voy a la iglesia de Saint George. (Toma el sombrero y va hacia la puerta. (A Doolittle. ¿No se casó con la madre de Eliza? DOOLITTLE. — ¿Quién le dijo tal cosa.. ¿No quieres ponerte el sombrero.. Doolittle? Lamentaría mucho tener que perderme su boda.. Pero.. — ¡Novio! ¡Qué palabra! Hace que uno se dé cuenta de su situación. hombre. los dos deportistas. Mi forma ha sido siempre la indigna. coronel? PICKERING. Mrs. (Sale).) Muy ingenioso de su parte. DOOLITTLE. muy abatida. — Te la jugaron muy astutamente. Yo habría hecho lo mismo. Ha estado. Lo dejaremos así. y ver cómo me ahorco? LIZA. — De mil amores.— Sea bondadosa con ellos. Higgins sale. Durante toda mi vida fui víctima de una mujer tras otra. perdone a Higgins y vuelva a vivir con nosotros.. (Casi sollozando. señora. — No temas.. Mrs. HIGGINS. Eliza. (Cuando se dirige a la puerta. coronel. No es más que la forma de hacer las cosas de la clase media. HIGGINS (levantándose). No me entrometeré. Ya no insulta a nadie. — No creo que papá me lo permita. Tu madrastra se casa conmigo. — Si el coronel dice que es necesario. coronel. — ¿Y vendrá a la iglesia. PICKERING. Pórtese lo mejor que pueda. papá? DOOLITTLE (triste pero magnánimo). salvo Higgins. para demostrar que no hay mala voluntad. — Intimidada. LIZA.. coronel. Si hubiese sido uno solo de ellos. yo. — Perfectamente. Eliza. Eliza. LIZA (enfurecida). Pero hoy estoy vestido especialmente. Te veré en Saint George. últimamente. — Me siento extraordinariamente nervioso por culpa de la ceremonia. coronel.) .. Pero no le diga nada a Eliza.—Así es.! Volveré dentro de un instante. —Pediré el coche y me prepararé. (Sale. naturalmente.) No tardaré más de quince minutos. Eliza llega hasta el centro de la habitación. — Le aseguro que me sentiré sumamente honrado con sus condescendencia. pensando en los días dichosos que ya no son más.DOOLITTLE. DOOLITTLE (sentándose junto a Pickering). — ¿Puedo ir yo también.. —Debe hacerlo. pero no le guardo rencor.— ¡Oh. La moral de la clase media exige su víctima. — ¡No irás a rebajarte con esa mujer vulgarota y ordinaria. DOOLITTLE. te. con el sombrero puesto y abotonándose los guantes. a presenciar el casamiento de tu padre. nadie me lo dijo.) ¡Me rebajaré. Es hora de que salgamos. DOOLITTLE.! Y seguramente seré insultada por el trabajo que me tomo. Henry. jefe.. y me ayudará? PICKERING. El coronel Pickering podrá ir con el novio.! PICKERING (tranquilo). (A Pickering. Mrs. ¡pobre mujer! La respetabilidad le ha quitado todo el fuego. — No.) PICKERING. — Pero si ya la pasó otra vez. Y mi pobre mujer lo considerará como un tremendo cumplido. habrías podido comprometerle. siempre estaban los dos juntos y uno de ellos hacía de dama de compañía del otro. en Hanover Square. Ella no lo sabe.

¿de qué estamos hablando? HIGGINS. Eliza. mi propia chispa del fuego divino. te trataré como siempre te he tratado. ¿Has tenido bastante? ¿Quieres ser razonable? ¿O quieres algo más? LIZA. LIZA (sincera). Tengo mi propia alma.) Eliza sale al balcón. apartándose de él y poniéndose al otro lado de la otomana. — Precisamente. y ninguna consideración para nadie. HIGGINS. vaya! Y entonces. sino en tener el mismo tipo de modales para todos los seres humanos. — Bien. cerca de ella. no consiste en tener buenos modales o malos modales o alguna otra forma especial de modales. — ¡Embustera! LIZA. —No trate de engañarme. — No me importa cómo me trate. como tú lo llamas. HIGGINS (arrogante. HIGGINS. — Y entonces quítate del paso. sino en si alguna vez me has visto tratar mejor a cualquier otra persona. Eliza. — ¡Ah.PICKERING (suplicante). El trata a una florista como si fuese una duquesa. Yo mismo te lo dije. — Como papá. — Amén. — ¡Me acuerdo de ello. Cuando se . Me agradan. (Se sienta en la otomana. HIGGINS. LIZA. (Poniéndose de pie y enfrentándolo. LIZA. donde no existen los coches de tercera y un alma es tan buena como otra. — Entiendo.) —Puedo pasármelas sin nadie. Porque yo no me detendré por ti. Pero puedo arreglármelas sin usted. No me importaría que me pusiera un ojo negro.) Pero te echaré de menos. Y me he acostumbrado a tu voz y a tu aspecto. HIGGINS. LIZA.— ¡Quédate con nosotros. Este se levanta y la sigue. HIGGINS (sonriendo.) El gran secreto. y se sienta en la otomana. de cara a la chimenea). LIZA (herida.) Igual para todos. Si vuelves. — Ya lo sé. — De ti.) Pero no quiero que me pasen por alto. — Supongo que nunca te habrás preguntado si yo podía arreglármelas sin ti. es muy cierto que tu padre no es un fachendón y que se encontrará muy a sus anchas en cualquier situación a que su excéntrico destino pueda llevarle. Mis modales son exactamente los mismos que los del coronel Pickering. No puedo cambiar mi carácter. (Se sienta con dignidad. Eliza! (Sigue a Doolittle. Hablas de mí como si fuese un ómnibus. HIGGINS. — Sin aceptar la comparación en todos sus puntos. Ya los he tenido anteriormente. LIZA. — Usted desea que vuelva únicamente para alcanzarle las pantuflas y aguantar sus arranques de cólera y ordenarle las cosas. — Y yo trato a una duquesa como si fuese una florista. Eliza: ya te has cobrado parte de la cuenta. de cara la ventana.) He aprendido algo de tus estúpidas ideas: lo confieso humilde y agradecidamente. LIZA. Ella vuelve inmediatamente a la habitación y se dirige a la puerta. — Gracias. — No es verdad. Eliza. — Pues los tiene ambos en su gramófono y en su álbum de fotografías. pedazo de animal! ¡Quería librarse de mí! HIGGINS. en una palabra: en comportarse como si se encontrara uno en el cielo. — No he dicho que quisiera que vuelvas. No más que impulso y carrera.) HIGGINS. Tendrá que pasárselas sin mí. para no estar a solas con Higgins. No me molesta que me insulte. LIZA (con repentina sinceridad). (Serio. LIZA. no de mí. HIGGINS. sumamente serena. (Con repentina humildad. Pero él sale del balcón por el otro extremo y se pone de espaldas a la puerta antes de que la joven pueda llegar a ella. — Y lo es. (Se vuelve. HIGGINS (irritado). un tanto desconcertado). Y no pienso cambiar mis modales. Es usted un predicador nato. —No hay que fijarse en si te trato groseramente. LIZA. no crea que no.

Por eso te tomé yo. Eliza. HIGGINS. vuelve por amistad.) Como u'n ramiyete de violeta'". LIZA. — No puedo hacer funcionar tu alma en ningún aparato. te daré con la puerta en las narices. LIZA. LIZA. HIGGINS. No comercio con el afecto ni comerciaré. Hay una sola forma de evitarlas: matando. HIGGINS. ¿Quién aprecia a un esclavo? Si vuelves. es usted un demonio! Puede retorcerle el corazón a una mujer con tanta facilidad como cuando le retuerce los brazos para herirla. LIZA. si no hago todo lo que tú quieres que haga. y tú puedes irte mañana.. Carece de sentimientos que puedan ser heridos. — Nunca se le ocurrió pensar en las dificultades que me ocasionaría. contra mi creación de una duquesa Eliza. Porque no recibirás nada más. — No quiero a nadie que no me quiere a mí. a último momento. — ¿Y usted podrá expulsarme mañana. si su hacedor se hubiese preocupado de no provocar dificultades? Crear vida significa ocasionar dificultades. — ¿Por qué habría de volver? HIGGINS (poniéndose de rodillas sobre la otomana e inclinándose hacia la joven). — ¡Oh. Y si te atreves a comparar tus habilidades de perrito. Me llamas bestia porque no conquistaste ningún derecho sobre mí trayéndome mis zapatillas y encontrándome los anteojos. No hago más que expresar mi justo desprecio por el Comercialismo.. Mrs.. — Sí. Y tu eres una parte de ella que se cruzó por mi camino y que fue moldeada en mi casa. Advertirás que los cobardes siempre piden a gritos que se mate a la gente que provoca dificultades. Y no le tiene usted ni un poco de afecto. — Pues porque era mi trabajo. — No soy predicadora. De modo que puedes volver a mi casa o irte al demonio. No estoy intimidado. ¿Qué más puedes pedir? ¿Qué más puede pedir nadie? LIZA. — No se burle de mí. Y.— Por pura diversión. HIGCINS. — Sí. usted siempre la convencía. LIZA. (Reproduciendo su pronunciación de Covent Garden con exactitud profesional. de traer y llevar pantuflas. o para vender flores. Has recibido de mí cien veces más de lo que yo recibí de ti. Es vil. como tu padre y tu madrastra. — ¿Por qué creó a esa duquesa. — Le tengo afecto a la vida. no tiene más que hacer funcionar el aparato. HIGGINS. Déjame esos sentimientos y puedes llevarte la voz y el rostro. La burla no concuerda con el rostro humano ni con el alma humana. Creo que una mujer que alcanza las pantuflas a un hombre constituye un espectáculo desagradable. a la humanidad. si pudiese volver a mi cesta de flores! ¡Sería independiente de usted. eres una idiota! ¡Derrocho los tesoros de mi mente miltónica poniéndolos ante ti! De una vez por todas: entiende que sigo mi camino y cumplo con mi tarea sin que me importe un rábano de lo que nos suceda a cualquiera de los dos. Pero sí me doy cuenta de que usted no me toma en cuenta. de mi . HIGGINS (levantándose de un salto y paseándose por la estancia). si yo no le importaba? HIGGINS (sincero). Ni me lo tiene a mí.— ¡Oh. como te plazca. Es inútil que te esclavices por mí y luego digas que quieres que te aprecien. Ellos no son tú. no me doy cuenta de esas cosas. LIZA. LIZA.sienta solitario sin mí. ¿Alguna vez te llevé yo a ti las pantuflas? Mucho más te aprecio por habérmelas arrojado a la cara. si no hago todo lo que quiere que haga? HIGGINS. —Principios comerciales. — ¿Para vivir con mi madrastra? HIGGINS. LIZA (con el rostro vuelto hacia el otro lado). Fuiste una tonta. — ¿Habría sido creado el mundo alguna vez. Pearce me lo previno. ¿no es cierto? LIZA. — ¡Eliza. — Nunca me he burlado en mi vida. Una y otra vez ha querido irse.

no olvidando la diferencia que hay entre nosotros. LIZA. Y en el instante siguiente ambos desean que el otro esté muerto. puede que me haga más dichosa que los que son mejores que yo y me tratan tiránicamente y no me quieren.) HIGGINS. — Es la única que recibirás hasta que dejes de ser una idiota común. Las mujeres como yo pueden doblegar a los caballeros y obligarles a que les hagan el amor. HIGGINS. levantándose). No es ese el sentimiento que quiero de usted. ¿O preferirías casarte con Pickering? LIZA (mirándole ferozmente). tendrás que dejar de sentirte despreciada cuando los hombres que conoces no se pasan la mitad de su vida lloriqueando por ti y la otra mitad poniéndote los ojos negros. Pero no soy el polvo que usted pisa. HIGGINS (desagradablemente sorprendido). LIZA. — ¡Maldito sea tu descaro! (Retrocede y se sorprende sentado sobre los talones..) Lo que he hecho no lo hice por los vestidos y los taxis. — Nada de ello. si hubiese querido. HIGGINS. no creo que Pickering quisiera.— Aunque. Y lo que siente Pickering. Podría haber sido una mala muchacha. Sé que soy una muchacha vulgar e ignorante. Y me ama. — En una palabra. Lo hice porque era agradable estar juntos. — Toda mujer tiene derecho a ser amada. Trabaja hasta que seas más un animal que un ser humano. no "de que él". Y no esté tan seguro de sí mismo ni de mí. bañada en lágrimas. hojas y hojas. ¡Eliza. pobrecito. ) LIZA. Si quieres ser una dama. pensándolo bien. No porque quisiese que me hiciera el amor. les es muy fácil. (Corrigiéndose. más bien. —Que él. ¿por qué demonios estamos riñendo? LIZA (turbada)..—Tiene derecho a hacerlo. HIGGINS. ¡Ah. a pesar de toda su cultura. Si no puedes soportar la frialdad de mi forma de vida. HIGGINS (bajando de la otomana). sino. y fui a cuidarle a usted. —No tienes derecho a darle esperanzas. ni lo piense. es violenta! ¡Se la puede sentir a través de la piel más gruesa! ¡Se la puede gustar y oler sin ningún estudio ni trabajo! ¡No es como la Ciencia y la .padre y de todo el mundo! ¿Por qué me arrebató mi independencia? ¿Por qué se la entregué yo? Ahora soy una esclava. Pero nunca pensé en que ninguno de los dos tuviese que hacer nada del otro. si le place. Y usted jamás piensa en otra cosa. HIGGINS. a pesar de mis magníficos vestidos. LIZA. — Bueno. — ¡Hablaré como se me ocurra! ¡Ya no es mi maestro! HIGGINS (reflexivo). HIGGINS. Yo no deseo más que ser natural. — Quiero un poco de bondad. LIZA (irritada.— ¡No es una respuesta correcta! (Se deja caer en la silla que hay ante el escritorio. es claro. Conozco ciertas cosas más que usted. Y entonces haz el amor y riñe y emborráchate hasta que te duermas. HIGGINS. Lo qu'he hacido. Siempre he tenido hombres de sobra que me querían de ese modo. — Freddy no es un tonto. amistosamente. fuiste una tonta! LIZA. y usted un caballero culto. Y entonces. — No es eso lo que quiero. Es un solterón tan empedernido como yo. Y si es débil y pobre y me quiere. Si quieres te adoptaré como hija mía y te señalaré alguna suma mensual. vuélvete al arroyo. — Por supuesto. — ¿Puede hacer algo de ti? Eso es lo importante. la vida del arroyo es magnífica! ¡Es real. quieres que esté tan enamoricado de ti como Freddy. ¿no es eso? LIZA. — No. — ¿Qué? ¿Por tontos como ése? LIZA. — Quizá yo pueda hacer algo de él. y la tensión. — ¡No me casaría con usted aunque me lo pidiera! ¡Y está más cerca de mi edad de que él! HIGGINS (dulcemente). es cálida. Eso es exactamente lo que siento yo. Freddy Hill me escribe dos o tres veces por día.

en lugar de ser dos hombres y una jovencita tonta. HIGGINS. Si no puedes apreciar lo que tienes. ¡Ah. LIZA. — Por supuesto que puedes valerte por ti misma. en cuanto pueda mantenerle. para irritarle. por mil guineas.) ¿Me oyes? LIZA (desafiante.— ¡ Maldita descarada! Pero es mejor que lloriquear. ¿no entiendes que yo he hecho de ti algo digno de ser la consorte de un rey? LIZA. HIGGINS (pasmado). — ¿Qué enseñarás. LIZA (desesperada). y que no tengo otros amigos en el mundo que usted y el coronel Pickering. enfurecido por haber perdido el dominio de sí mismo. — ¡Retuérzalo. Cásate con algún cerdo sentimental que tenga mucho dinero y un grueso par de labios para besarte y un grueso par de zapatos para propinarte puntapiés... pues! ¿Qué me importa? Ya sabía que algún día me golpearía. y no tenía más que levantar un dedo para ser tan importante como usted. — Freddy me ama.—Lo que me enseñó usted: fonética. como lo llama. Y es malvado y cruel que me insulte fingiendo que cree lo contrario. lo juro. enfurecido). mejor que buscar pantuflas y encontrar anteojos.. tontita. en seis meses. — Me ofreceré de ayudante a ese húngaro de cara peluda. ¡Aja! (Pronunciando mal de intento.. ¿eh? Muy bien: vete con la gente que te agrada más. Dijo que tenía un oído más fino que usted. será. HIGGINS. — ¡Freddy! ¡Ese jovenzuelo tonto! ¡Ese pobre diablo que no podría conseguir un puesto de mandadero.) ¡Ahora no me importa ni esto de sus gritos y sus palabras altisonantes! Pondré un anuncio en los diarios. diciendo que su duquesa no es más que una florista. — ¡Es usted un tirano cruel! ¡No puedo hablarle! ¡Todo lo vuelve contra mí! ¡Yo soy siempre la que está en el error! Pero usted sabe perfectamente bien. Higgins. mis descubrimientos? ¡Si das un solo paso en su dirección. Y sé ser cortés y bondadosa con la gente. será mejor que tengas lo que puedas apreciar. en nombre del cielo? LIZA. que le enseñará a cualquiera a ser una duquesa. Eliza. ¿no es cierto? (Poniéndose de pie. que no es más que un bravucón. golpeando el suelo con el pie. Sabe que no puedo volver al arroyo. No fue educado para ello como yo. insensible. todo el tiempo. aunque tuviese el coraje de pedirlo! Mujer.! HIGGINS (admirándola).! ¡Tengo ganas de darme de puntapiés. Me agradas más así. Piensa que debo volver a la calle Wimpole porque ya no tengo a dónde ir. — ¡Ja. que es más de lo que usted puede decir. — ¡Ese impostor. ese ignorante rastrero! ¿Le enseñarás mis métodos. Tú y yo y Pickering seremos tres viejos solterones.) Eso será su fin. después de haberlos conocido a los dos.Literatura y la Música Clásica y la Filosofía y el Arte! Me encuentras frío. . sin resistirse). Pero no esté tan seguro de que me tiene bajo sus pies y que puede pisotearme y hacerme callar a gritos.) ¡Aja! ¡Ahora sé cómo tratar con usted! ¡Tonta de mí que no se me ocurrió antes! No puede arrebatarme los conocimientos que me dio. Me casaré con Freddy. trata de reconciliarse conmigo. ja! LIZA. (Haciendo chasquear los dedos. Eliza se torna instantáneamente fría y elegante. Seré maestra. sino a lo de mi padre. discípula suya. Hace cinco minutos eras como una piedra de molino que pendiera de mi cuello. vestida para la boda. ja. (El le suelta. y retrocede tan apresuradamente que tropieza con la otomana y cae sentado en ella. Vuelve Mrs. — Sí. un acorazado gemelo. cuando me acuerdo que me arrastraba a sus pies y me dejaba pisotear e insultar. Eso hace que sea un rey para mí. ahora que no le tengo miedo y que puedo valerme por mí misma. Sabe perfectamente que no podría vivir con un hombre ordinario. HIGGINS (levantándose. egoísta. No quiero que trabaje. dije que haría una mujer de ti! Y lo conseguí. HIGGINS. te retuerzo el cuello! (Le pone las manos encima.) ¡Caray. Enry Iggins. ese farsante. Ahora eres una torre de poder.

Eliza. HIGGINS. — Me temo que has arruinado a esa joven.! ¡Ja.. (Está a punto de besarla. — Adiós. HIGGINS. y. vigorosa. ja! (Lanza estentóreas carcajadas mientras cae el TELÓN . No sabe comportarse en la iglesia. si no supiese que tiene en muy alta estima al coronel Pickering. HIGGINS. Esta mañana le telefoneé a Mrs. HIGGINS. cuando se acuerda de algo. Adiós. HIGGINS (acercándose a su hijo. ja. número ocho. (Va hacia la puerta. ¿Estás lista? LIZA. . ¡Ja ja! ¡Freddy.) Mrs HIGGINS. — El número ocho es demasiado chico para usted. demuestra que es incorregible) LIZA (despectiva). querido. — Por supuesto que no. No puedo imaginarme qué haría usted sin mí. negligente. si los quiere forrados de piel de cordero.. olvidadas en un cajón de su tocador. Hace observaciones en voz alta acerca de la pronunciación del sacerdote. Pearce para que no se olvidara del jamón. El coronel Pickering prefiere el doble Gloucester al Stilton.! ¡Freddy. ¿No viene el profesor? Mrs.a. — Entonces no volveré a verle. además. de paso. LIZA. Tiene tres corbatas nuevas. — Sí. y una corbata que haga juego con mi traje nuevo. (Su voz alegre. Henry! Me sentiría muy inquieta por ti y por ella.. —¿Pickering? ¡Bobadas! Se casara con Freddy. profesor. usted no aprecia la diferencia entre uno y otro. (Sale majestuosamente del cuarto.) ¡Ah.) —Adiós. ¿quieres? Y cómprame un par de guantes de piel de reno. Eliza! ¡Haz que envíen un jamón y un queso Stilton. mamá.Mrs.) Mrs. Puedes elegir tú el color. ja. —El coche espera.

"Madame Reynouard". una prosa sencilla. pero ninguna de ellas —ni de las muchas otras que escribió— ha alcanzado como Pigmalión la enorme popularidad. agudo crítico musical y teatral.B. una galería de tipos contemporáneos observados con sumo cuidado —exagerando algunos rasgos. entre otras cosas. erigiéndose en modelo y clave del genio inconfundible de George Bernard Shaw (1856-1950). fue naturalista. lúcida y segura. en la línea de Jonson y Sheridan—. Un ingenio brillante y un contundente sentido del humor. donde. expresadas a menudo en paradojas.S. quizá La profesión de la señora Warren y Cándida hayan generado una polémica más intensa. para convertirse luego dé las temporadas en el Court Theatre (1904-7) en el mayor autor teatral británico desde los tiempos del mismísimo Shakespeare. centro editor de américa latina . Aunque nacido en Dublin e irlandés declarado.Ilustración de tapa: Amedeo Modigliani. en sus comienzos novelista. Shaw desarrolló su carrera en Londres. son características principales del teatro de G. Quizá Santa Juana y Hombre y superhombre tengan mayor envergadura dramática. fabiano (socialista evolucionista). ideas claras y firmes.