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HEBREOS CAPITULO 8

Después de presentar a Jesús como superior a los sumos sacerdotes del AT (4:14–7:28), el autor
amplía su argumento para mostrar que Jesús es superior a todo el sistema religioso en que ellos
servían. Enfoca sucesivamente el santuario, el pacto y los sacrificios de los dos órdenes.
Jesús, un sumo sacerdote celestial, 8:1–5
Acá en este pasaje se aclara lo que estaba explicando en el capitulo 7 Aclara que el gran sumo
sacerdote que ha descrito en base a las implicaciones del Salmo 110:4 no es teoría, sino
realidad. El mejor sumo sacerdote posible es precisamente el que nos representa ante Dios en
los cielos.
Cuando Jesús subió al cielo recibió honra y gloria, y nosotros adquirimos un sacerdote y
mediador en la posición más cercana a Dios.
El ministerio del sumo sacerdote del AT se centraba en el santuario y después de la construcción
por Salomón, un templo. Solamente el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo. El v. 2 dice
que Jesús también oficia en un santuario, pero no está en este mundo, sino en el cielo.
El autor de Hebreos se vale del concepto Platónico para darse a entender utilizando conceptos
que eran muy comunes en su época. Platón presenta el concepto del mundo real o de las ideas
de las cuales lo que vemos es una burda copia. Para nuestro autor, el santuario celestial es
verdadero primordialmente porque lo levantó el Señor, quien es la fuente de toda verdad. Cristo
ejerce su ministerio sacerdotal en el santuario celestial, no en una copia del mismo erigida en
este mundo por el hombre falible.
En los vv. 3–5 se dice que si Jesús es un sumo sacerdote, una de sus funciones principales es
ofrecer ofrendas y sacrificios, como el autor dijo en 5:1. El autor especifica qué ofrece Jesús en
9:12–14, pero antes describe el santuario en el que Jesús ministra y el pacto que media con su
ministerio sacerdotal.
También los contrasta con el santuario y el pacto antiguos. El ministerio sacerdotal de Jesús no
es una parte del sistema antiguo, porque la ley no le permite acercarse al santuario terrenal. El
no era de la tribu de Levi, sino de la de Judá. (7:14)
La falta de estirpe sacerdotal no debilita su ministerio de sacerdote, sino que muestra que su
ministerio no es terrenal. Dios no vive en un templo terrenal, y el santuario donde se ofrecen los
sacrificios es más bien una copia de la realidad celestial donde mora Dios. Es en esta realidad
que Jesús entró para ejercer su ministerio sacerdotal. Exodo 25:40 nos dice que el modelo de
Moises fue celestial.
El pacto superior, 8:6–13
El autor utiliza Jeremías 31:31–34 para describir la superioridad del nuevo pacto, ya
mencionado en 7:22, del cual Jesús es mediador (v. 6).
Un pacto es una relación entre dos o más personas, que se basa en ciertos compromisos o
promesas.
El primer pacto tenía sus promesas, como: Os tomaré como pueblo mío, y yo seré vuestro Dios
(Exo. 6:7); y : ¡Haremos todo lo que Jehovah ha dicho! (Éxo. 19:8). El nuevo pacto se basa en
mejores promesas, enumeradas por Jeremías en el pasaje citado.
Al decir que el nuevo pacto es superior, el autor señala la inferioridad del primero (v. 7). En 7:11
el autor utilizó el Salmo 110:4, la predicción de un nuevo orden de sacerdotes, para comprobar la
insuficiencia del sacerdocio levítico. Ahora aplica la misma lógica al pacto, en base a Jeremías
31:31–34. Si el primer pacto fuera perfecto, no habría lugar para un segundo. Cuando Dios
mismo, a través del profeta inspirado, busca un segundo pacto, es obvio que el primero tiene
defecto.

El pacto de Dios con Israel incluyó la ley de Moisés y requirió que el pueblo
la obedeciera. La desobediencia de Israel rompió el pacto y resultó en la pérdida del cuidado y de
las bendiciones de Dios.
El autor de Hebreos empieza por puntualizar que la idea de un Nuevo Pacto no es peregrina ni
revolucionaria. Jeremías 31:31-34
Este Pacto será no sólo Nuevo, sino también diferente en calidad y en especie. El autor de
Hebreos usa dos palabras para describir al Antiguo Pacto: dice que se hace viejo, y también que
se queda inservible. También dice que es la palabra que se usa para borrar una inscripción, abolir
una ley o arrasar una ciudad. Así es que el Pacto que establece Jesús es nuevo en su especie y
cancela definitivamente el anterior
¿En qué es Nuevo este Pacto? Es nuevo en su extensión: va a incluir la casa de Israel y la casa de
Judá. El Nuevo Pacto iba a unir lo que había estado dividido milenariamente; los que antes eran
enemigos estarían unidos.
Es nuevo en su universalidad. Todos los seres humanos conocerían a Dios, desde el más pequeño
hasta el más grande. Eso era algo completamente nuevo.
Y habría una diferencia todavía más fundamental: el Antiguo Pacto dependía de la obediencia a
una Ley impuesta desde fuera; pero el Nuevo Pacto estaría escrito en los corazones y en las
mentes de las personas, que obedecerían a Dios, no por miedo al castigo, sino por amor.
Sería un Pacto que realmente produciría el perdón. Mirad cómo se haría realidad el perdón: Dios
había dicho que mostraría Su Gracia en las iniquidades de ellos y que perdonaría sus pecados.
Ahora bien, todo era cosa de Dios. La nueva relación está basada exclusivamente en Su amor.
Bajo el Antiguo Pacto, uno podía mantener la relación con Dios solamente mediante el
cumplimiento de la Ley.
Lo más tremendo del Nuevo Pacto es que hace que la relación del hombre con Dios ya no
dependa de la dudosa y vacilante fidelidad humana, sino de la segura e inmutable fidelidad de
Dios.
Vv. 10–12. Cada uno de estos versículos menciona un aspecto principal del nuevo pacto que Dios
hizo por medio de Jesucristo.
Es interior. Dios ya no escribe su ley en tablas o en libros, sino en la fuente misma de los actos
de la persona. En Cristo la ley ya no es una obligación que se nos imponga desde afuera, sino
una fuerza interior que nos ayuda a cumplir con la voluntad de Dios. En la inauguración del
primer pacto el pueblo prometió obedecer la ley (Éxo. 24:7), pero en el nuevo Dios se encarga de
la obediencia de su pueblo. Cumple su compromiso por medio del Espíritu Santo que mora en
nuestros corazones y en nuestras mentes, guiándonos y estimulándonos a la obediencia.
Es personal. El nuevo pacto no es solamente una relación entre Dios y un pueblo, sino también
una relación personal de Dios con cada miembro del pueblo. Las buenas nuevas del evangelio es
el mensaje de que Cristo vino para ofrecernos una relación personal con Dios.
Incluye el perdón de pecados. El requisito del primer pacto que el pueblo de Dios falló en
cumplir fue el de la obediencia. Este requisito no es arbitrario; el que no obedece a Dios rehúsa
la relación personal de conocerlo como Dios y ser parte de su pueblo. El primer pacto nunca
superó el defecto del pecado. El pueblo no cumplió con su promesa de obedecer, y la
desobediencia rompió la relación íntima con Dios. Los sacrificios materiales que Dios pidió bajo el
primer pacto no removieron la barrera espiritual de la desobediencia, pero Dios prometió por

medio de Jeremías que él la quitaría bajo el nuevo pacto. Cumplió esta promesa por el ministerio
y el sacrificio espiritual de Cristo.
La conclusión que Hebreos saca de esta cita larga es que el primer pacto tiene que
desaparecer (v. 13). Cuando Dios promete un nuevo pacto, declara que el anterior es viejo, e
implica que ya no es adecuado para las circunstancias.