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COLECCIÓN HISTORIA Y CULTURA

Dirigida por Luís Alberto Romero

Pü m

JAMES R BRENNAN

El Cordobazo
Las guerras obreras en Córdoba, 1955-1976

Traducción de
HORACIO PONS

EDITORIAL SUD A M E R ICA NA
BUENOS AIRES

Diseño de tapa: M aría L. de Chimondeguy

f Isabel Rodrigué

IM PR E SO E N LA A R G E N T IN A

Queda hecho el depósito que
previene ta ley 11,723.

© 1996, Editorial Sudamericana S.A.,
Humberto I o.531, Buenos Aires.
IS B N 950-07-1X84-2
Título del original en inglés
The Labor Wars in
Cordoba, 1955-1976
© 1994 by the President and
Fellows of Harvard Coliege
A li rights reserved
Published by arrangement
with Harvard University Press

Para mi madre y mi padre

Prefacio para la edición argentina
El oficio de investigar y escribir sobre la historia de un país ajeno
tiene algo de extraño. Es una vocación, permitida a personas como
yo por la universidad norteamericana de la época de la posguerra,
por entonces opulenta y ahora en un estado de lento ocaso. Pero a
pesar de las satisfacciones personales que le brinda al investigador
la posibilidad de conocer a fondo otro país, deja a veces un cierto
malestar: uno se pregunta por qué y para quién se está escribiendo.
Escribí este libro pensando en un público académico angloparlante. Nunca creí que sería de real interés para un público
argentino, cuyos historiadores están explicando y explicarán esta
historia mucho mejor que yo. Seguramente hay errores de interpre­
tación que se deben a mi condición de extranjero. Pero si algo tiene
de valor e interés para los lectores argentinos, quizá sea justamente
por la perspectiva de un espectador de afuera. A veces, es intere­
sante ver cómo nos ven.
Si mi propósito original no fue escribir un libro para un público
argentino, menos aún pensé que tendría hoy una relevancia políti­
ca. Pero las circunstancias de la historia reciente le han dado una
cierta actualidad: el largo dilema argentino una vez más se mani­
fiesta de una forma especialmente dramática en Córdoba. La actual
crisis política de la provincia, los serios problemas económicos que
la afligen, los brotes de protesta social y sindical han demostrado de
nuevo que Córdoba tiene un protagonismo central en la historia
argentina.
¿Los sindicatos honestos, democráticos, combativos y fuertemen­
te politizados de la Córdoba de antaño podrían servir como un mo­
delo para el sindicalismo argentino de fines del siglo XX? Debo decir
que, básicamente, me parece que no. El contexto nacional e inter­
nacional ha cambiado radicalmente en los últimos veinte años. En
lo nacional, el actual contexto democrático, con todas sus fallas, está
muy lejos de los gobiernos militares en los cuales floreció el sindica­
lismo cordobés. Los cambios ideológicos dentro del peronismo y en
el mundo en general también parecen poco apropiados para una
simple reencarnación del sindicalismo cordobés de los años sesen­
ta y setenta. En rigor de verdad, la transnacionalización de la pro­

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El Cordobazo

ducción, el poder ascendente de las grandes concentraciones de
poder económico y la desarticulación de un Estado que cuenta cada
vez menos como árbitro de las relaciones sociales van a hacer que
cualquier sindicalismo sea, en el mejor de los casos, simplemente
defensivo (aunque, en este sentido, hay elementos de la experiencia
de Córdoba — dejo al lector hacer su propio análisis— que quizá
tengan afinidad con el nuevo orden mundial).
La “actualidad” de esta historia tiene más que ver con la morale­
ja que con el modelo. En primer lugar, muestra cómo un complejo
abanico de factores contribuyó — en palabras de Tulio Halperin
Donghi— a “la larga agonía de la Argentina peronista*1. Muestra tam­
bién cómo cada pueblo tiene la capacidad de desarrollar respuestas
acordes con el tiempo que le toca vivir; explica que, por difícil que
pueda parecer una cierta coyuntura, los seres humanos tienen una
admirable capacidad de respuesta. Los sindicatos cordobeses re­
presentaron valores más perdurables que los de la simple coyuntura,
valores de la verdadera democracia y de la dignidad humana.
Es por eso que la historia de esos argentinos, de estos cordobe­
ses, merece ser recordada.
JAMES P. BRENNAN
Córdoba, julio de 1996

Prefacio

Éste es un estudio histórico de la política obrera en la ciudad
industrial argentina de Córdoba entre 1955 y 1976. En esos años,
Córdoba fue el centro de la industria automotriz argentina y el esce­
nario de una clase obrera inusualmente activa y militante. La ciu­
dad experimentó un rápido crecimiento industrial en la década pos­
terior al derrocamiento del gobierno de Juan Domingo Perón en
1955. La llegada y expansión de empresas automotrices extranje­
ras, principalmente IKA-Renault y Fiat, promovieron un tipo parti­
cular de desarrollo industrial y crearon un “nuevo trabajador in­
dustrial” de orígenes predominantemente rurales, jóvenes ex
chacareros y habitantes de pequeñas ciudades que fueron súbita­
mente empujados al mundo de la fábrica moderna y los sistemas de
relaciones industriales de la corporación multinacional.
El dominio de la economía local por una sola industria, la fabri­
cación de automóviles, y el papel prominente desempeñado por los
sindicatos de los trabajadores de esa industria en el poderoso movi­
miento obrero local, que culminó en la más grande protesta obrera
en la historia latinoamericana de la posguerra, el Cordobazo de
1969, son analizados en este volumen en el contexto de los recien­
tes debates sobre la política obrera en América Latina, especialmente
la de los trabajadores de los sectores industriales modernos. Espe­
ro demostrar que la pronunciada militancia e incluso la radicalización política de la clase obrera cordobesa se debieron no sólo a
los cambios ocurridos en la cultura política de la Argentina, sino
también a la dinámica relación entre la fábrica y la sociedad duran­
te esos años y a las condiciones específicas de la base fabril y la
cultura del lugar de trabajo que crea la producción automotriz en
un país semiindustrializado como la Argentina.
El libro tiene una estructura alternativamente analítica y narra­
tiva, dado que no me parece que ambos sean modos incompatibles
del análisis histórico. La Parte I se refiere principalmente a la for­
mación de la clase obrera y analiza los factores que contribuyeron
al desarrollo de un movimiento sindical militante en la ciudad. Las

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El Cordobazo

Partes II y III estudian la política de poder del movimiento sindical
argentino y específicamente del cordobés entre 1966 y 1976. La Parte
IV brinda un estudio detallado en el nivel de la base fabril de las
plantas automotrices locales y expone mi argumentación principal
con respecto a la primacía de la fábrica como el crisol y el ámbito de
la política obrera cordobesa.
Es posible que los historiadores adviertan que se presta relativa­
mente poca atención a la relación entre el Estado y los sindicatos
locales. Los estudios de la política obrera en América Latina han
tendido a concentrarse en la historia pública de los gremios, en la
interacción entre gobiernos, ministerios de Trabajo y conducción
sindical. Por motivos que tienen que ver con la historia de Córdoba,
tal preocupación casi exclusiva —cuestionable, creo, para las histo­
rias de la política obrera en general— es claramente inapropiada
para este movimiento sindical. Los sindicatos cordobeses fueron en
gran medida independientes del Estado, estuvieron, en realidad, en
abierta oposición a él durante la mayor parte de este periodo, y se
encontraban aislados del centro del poder político, económico y sin­
dical del país, Buenos Aires. Las historias internas de los sindica­
tos, su interacción recíproca y con otros grupos y clases, y en espe­
cial la política obrera tal como se forjó y desarrolló en el lugar de
trabajo son, en consecuencia, mis preocupaciones principales.
Estoy en deuda, como invariablemente lo está cualquier historia­
dor académico, con todas las personas que me ayudaron a recons­
truir una historia en la que personalmente no desempeñé ningún
papel. Los muchos trabajadores que compartieron sus recuerdos
conmigo y, en algunos casos, me prestaron materiales que habían
ocultado durante los años de dictadura militar entre 1976 y 1983,
son por cierto los primeros a quienes me gustaría expresar mi grati­
tud. La asistencia del personal de los archivos de la empresa Renault
en Boulogne-Billancourt, Francia, y en especial el inteligente asesoramiento y la guía brindados por el doctor Patrick Fridenson y Gilíes
Gleyze, dos historiadores de Renault, durante mi investigación en
Francia, contribuyeron grandemente a dar a este libro el valor que
pueda pretender. De manera similar, el doctor Cristiano Bufia, del
archivo de Fiat en Turín, me prestó generosamente su tiempo y sus
consejos y me ayudó en sumo grado en mi investigación en Italia. En
la Argentina, la colaboración de Héctor Luti y Hernán Avendaño del
Departamento de Relaciones Industriales de Renault en Santa Isa­
bel, y su asistencia en la acumulación del material estadístico de las
fábricas IKA-Renault entre 1966y 1976, fueron una ayuda invalorable
para iluminar la política de base fabril en esos años. Naturalmente,
los argumentos presentados en este libro son míos y no reflejan nece­
sariamente las opiniones de ninguna de estas personas. De igual

mi consejero graduado en Harvard. y Orlando Letelier. Espero que este libro sea digno de la confianza que mostraron en mí. me perdonen por haber sido a véces tan hos­ co mientras escribía este libro. Ofelia Pianetto y Susana Fiorito. la Fundación Tinker. Tengo una deuda enorme con el personal de la Bi­ blioteca Mayor y de la Biblioteca de la Legislatura de Córdoba (en especial con Javier Troilo en esta última). cuya ayuda también me gustaría agradecer.. francés e italiano al inglés. De igual modo. Mónica Gordillo se convirtió tanto en una buena amiga como en un crítico inteligente. John Finan fue el primero que me enseñó sobre América Latina. incluyendo este libro. lo mismo que mi hermano y mis hermanas.^rabien son mías las traducciones del castellano. en septiembre de 1976. Durante mis años de investigación sobre este tema. Daniel James y Juan Carlos Torre me brindaron aliento a lo largo de los años e hicieron inteligentes y útiles críticas del manuscrito. y que sepan que los amo mucho y siempre agradecí su apoyo. que siempre me alentaron a hacer lo que yo quería y soportaron mis largas ausencias durante los años en que trabajé en el manuscrito.. El apoyo financiero brinda­ do por el Departamento de Historia de Harvard. me abrió los ojos acerca de muchas cosas mientras yo era estudiante. Jr. me brindaron su amistad. lo mismo que con el de las seccionales cordobesas de los Sindicatos de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor y de Luz y Fuerza. y compar­ tió conmigo sus ideas sobre esta historia así como su tiempo. el Comité de Estu­ dios Latinoamericanos e Ibéricos de la Universidad de Harvard. Los primeros capítulos de este libro aprovecharon en gran medida nuestras abundantes discusiones y su importante trabajo sobre los sindicatos cordobeses en la década de 1960. Hay tres maestros a los que necesito agradecer especialmente. tuve la suer­ te de conocer y trabar amistad con algunas personas excepcional­ mente generosas e inteligentes. y es la persona que más me enseñó acerca de la historia y lo que significa ser un historiador. me explicaron cosas que de otra manera no habría entendido y. . ayu­ dándome en la investigación para el capítulo sobre el Cordobazo. Espero que ellos y mi esposa. lo que es más importante. el programa Fullbright-Hays y el Consejo de In­ vestigación en Ciencias Sociales (SSRC) me permitió darme el lujo de dedicar gran cantidad de tiempo a investigar y escribir.C. que vivieron en Córdo­ ba durante los años que abarca el estudio y que son eruditas en la historia de la clase obrera argentina. asesinado por la policía secreta chilena en Was­ hington. Mis mayores agradecimientos son para mi madre y mi padre. que aprecio muchísi­ mo.Prefacio 13 mocb. Olga Ventura. se desempeñó durante muchos años como un crítico atento y paciente de mi obra. John Womack. D.

si la acción no puede comenzar allí donde terminan las relaciones de producción..¿Quién puede negar el papel esencial que el peronismo ha des­ empeñado en la “homogeneización* de una identidad de clase entre los trabajadores argentinos. salvo que se corra el riesgo de aislarse completamente de la clase obrera. al hecho de que la dinámica de la política argentina pre­ sente una identificación casi absoluta de la clase obrera con el peronismo... Ésta. Pasado y Presente . no es posible extraer sino una conclusión: la necesidad de reconsiderar el lugar de trabajo. José Aricó..? ¿Quién puede cerrar los ojos a esta realidad.. la fábrica. entonces. que exhibe una solidez inconmovible y considerable resistencia a los intentos de integración política emprendidos por las clases dominantes de la Argentina?. es la tra­ gedia de la izquierda argentina..

Abreviaturas AAA ATE CGE CGT CGTA EPEC ERP FAL FAP FAR FATLYF FREJUL1 FUC GAN GOCOM Alianza Anticomunista Argentina Asociación de Trabajadores del Estado Confederación General Económica Confederación General del Trabajo Confederación General del Trabajo de los Argentinos Empresa Provincial de Energía de Córdoba Ejército Revolucionario del Pueblo Fuerzas Armadas de Liberación Fuerzas Armadas Peronistas Fuerzas Armadas Revolucionarias Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza Frente Justicialista de Liberación Federación Universitaria de Córdoba Gran Acuerdo Nacional Grupo Organizador de Comisiones Obreras Metalúrgi­ cas LAME Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado IKA Industrias Kaiser Argentina IME Industrias Mecánicas del Estado JTP Juventud Trabajadora Peronista MÁS Movimiento de Acción Sindical MRS Movimiento de Recuperación Sindical MSC Movimiento Sindical Combativo MUCS Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical PC Partido Comunista PCR Partido Comunista Revolucionario PRT Partido Revolucionario de los Trabajadores PST Partido Socialista de los Trabajadores SITRAC Sindicato de Trabajadores de Concord SITRAGMD Sindicato de Trabajadores de Grandes Motores Diesel SITRAM Sindicato de Trabajadores de Materfer SMATA Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Auto­ motor .

16 UIA UOM UTA VC El Cordobazo Unión industrial Argentina Unión Obrera Metalúrgica Unión Tranviarios Automotor Vanguardia Comunista .

los países industriales de Europa y América del Norte vislumbraban los * En castellano en el original. una pequeña ciudad en la mediterrá­ nea provincia argentina de Córdoba. incluidos los títulos de los capítulos (n. des­ de las montañas del norte de Italia. así como en la dentadura manchada. Lo mismo que a Tosco.). que habían iniciado la transición de Córdoba de una economía agraria a una industrial moderna. Ésos eran también los años de las grandes migraciones rurales desde el campo argentino a los centros urba­ nos. un castellano entrelazado con el dialecto italiano hablado en su hogar. en esos comienzos de 1944 esta­ ban produciéndose acontecimientos que más tarde afectarían la vida de Córdoba y aun la del propio Tosco. y viajó hacia el norte. en lo que los argentinos aún consideran los centros de la civili­ zación y la cultura occidentales. . agua intensamente caliza que dejaba manchas par­ das y huellas en las sonrisas de los agricultores cordobeses y sus familias. Por su cuen­ ta. Muy lejos de las profundidades australes de la Argentina de Tos­ co. La migración de Tosco fue una odisea personal. a la ciu­ dad capital de la provincia. producto de años de beber agua de pozo*. Los orígenes rústicos del larguirucho y apocado chacarero saltaban a la vista en su castellano rural. En un invierno de guerra. del t. a muchos emigran­ tes los sedujo un sentimiento juvenil de aventura. en el Piamonte y a través del mar hasta la Argentina.Introducción A principios de 1944» Agustín Tosco dejó la chacra propiedad de su familia en Coronel Moldes. así como la espe­ ranza de encontrar trabajo en una de las industrias de la ciudad. su padre y su madre habían hecho antaño un viaje similar. en especial a Buenos Aires pero también a ciudades más pe­ queñas como Córdoba. Lo mismo vale para todas las palabras en itálica en el resto del iibro. tal vez incluso en una de las fábricas militares más grandes de muni­ ciones o aviones. pero no notable en lo que respecta a su familia o su generación.

mediante la combinación de ambición y optimismo sincero que diferencia al empresario del hombre de negocios corriente. cerca de Detroit.da. tenía la esperan­ za. resultaba evidente que. El distinguido parisino Louis Renault. con la conclusión de la guerra. la culpa colectiva de Francia por su papel en la guerra fue parcial­ mente mitigada por la detención de los colaboracionistas más nota­ bles.2 Entretanto. un incansable empre­ sario decidido a expandir su ya formidable imperio industrial. hacia la década de 1930. se ganaría un lugar junto a Ford. la competencia volvería a favorecer a los gigantes automotores.1 En la Francia ocupada. Renault murió. Henry J. en el mismo momento en que su compañía. Kaiser esperaba que sus fábricas de Willow Run. Renault había decidido proseguir con la producción bajo la ocupación alemana y. En los Estados Unidos. y sus plantas sólo habían utilizado métodos modi­ ficados de producción de Ford. En 1944. General Motors y Chrysler como fabricante en lo que se había convertido en la industria más prestigiosa.18 El Cordobazo cambios que seguirían a la probable derrota de las potencias fascis­ tas. las fábricas Renault eran comparables a las de las empresas esta­ dounidenses y habían hecho de Louis Renault uno de los fabrican­ tes de automóviles más exitosos de Europa. éste pare­ ció ser un primer y fatal desacierto. el imperio de otro industrial estaba al borde de la ruina. permitir el uso de algunas de sus plantas para el mantenimiento y fabricación de vehículos militares. recientemente nacionaliza. A diferencia de los fabricantes ame­ ricanos. Como otros em­ presarios automotores de la época de la guerra. entre ellos Louis Renault. en las plantas de Fiat enTurín. fueran capaces de explotar la escasez interna de vehículos y obtuvieran una pequeña porción del mercado. evitando con ello las amenazas de expropiación formuladas por los ocupantes. Renault había destinado sus autos primordialmente a un mercado de lujo. lucrativa y representativa del siglo. Kaiser. Las máquinas herramienta automáticas y las de transferencia que sus departamentos de ingeniería estaban dise­ ñando y con las que ya experimentaban. amenazaban transformar el proceso manufacturero y generar demandas de capital que em­ presas más pequeñas como la de Kaiser tendrían dificultades para afrontar. había desarrollado años antes su otrora pequeño taller casero hasta convertirlo en un gran complejo industrial automotor en Boulogne-Billancourt. atravesaba la transición de empresa privada a estatal. En 1944. mientras aguardaba ser juzgado como prisionero del gobierno francés. Después de la liberación de París. en los suburbios del sudoeste de París. la derrota inminente de los fascistas provocaba confusión y temor en muchos y esperan­ . además. se proponía construir una empresa automotriz que. No obstante. No obstante.

hábilmente. En la década de 1930. emocionales y prácticos. y la década siguiente sería testigo de crisis y conflictos incesantes. Turín tenía muchos vínculos. En las fábricas de armas dé Córdoba. había estudiado en Turín en la década de 1930 y cumplido funcio­ . Juan Domingo Perón. el gobierno de Ramón Castillo (1940-1943) cedió a las presio­ nes de los sectores castrenses nacionalistas creando en 1941 una junta de planeamiento industrial militar. la Dirección General de Fabricaciones Militares. la ecuación de las fuerzas armadas que asimilaba grandeza nacional con una po­ derosa industria armamentística les había permitido obtener la aprobación gubernamental para expandir la producción de armas y suscribir convenios de licencias con las potencias fascistas para la fabricación de tecnología militar de avanzada. sin embargo. La clase obrera turinesa había abandonado parcialmente su identidad socialista y comunista en favor de una fascista.5 Varios años más tarde. la disciplina militar y los sentimientos militaristas impreg­ naban todas sus operaciones. Fiat apenas sobrevivió al colapso del fascismo.Introducción zas en unos pocos.3Con sus fábricas gravemente dañadas por los bombardeos aliados. con el agonizante régimen de Mussolini.4 A pesar del cambio evidente de los hados de la guerra. se mantendría inconmovible» y la dirección aprovecharía plenamente la derrota de comunistas y socialistas en las elecciones sindicales de 1955 para barrer con todos los vestigios de poder gremial que habían vuelto a Insinuarse en la empresa después de la guerra. Uno de los miembros de ese grupo. con la compañía continua­ mente amenazada por la bancarrota y los trabajadores ajustando cuentas por los engaños del fascismo a través del renacimiento de sindicatos socialistas y comunistas militantes. La hostilidad de Fiat a la representación sindical de sus trabajadores. ofrecía el fas­ cismo. fundadora y propietaria de la Fiat. La familia Agnelli. De ese grupo de militares nacio­ nalistas surgió una logia secreta con indisimuladas simpatías pro fascistas. Como corazón industrial del Estado fascista ita­ liano. que tomó el poder en 1943. hipnotizada por la imaginería revolucionaria y cultural que. año en que Tosco llegó a Córdoba. así como por los beneficios económicos de un régimen com­ prometido con el pleno empleo y la prosperidad económica a través de programas de rearmamento industrial y expansión imperial. seguían cre­ yendo en su victoria inminente y procuraban imitar sus métodos y programas allí donde fuera posible. había sido uno de los primeros respaldos de Mussolini y beneficiaría principal de su programa económico. el fascis­ mo no estaba en modo alguno desacreditado en la Argentina en 1944. Los militares argentinos conservaban gran simpatía por las potencias fascistas. con lo que reconocía un papel industrial permanente a las fuerzas armadas. el Grupo de Oficiales Unidos (GOU).

las políticas económicas peronistas no afectaron los inte­ reses de los grupos económicos dominantes del país. . al ser elegido presidente en 1946. las obras portuarias. los grandiosos planes para utilizar al Estado como una herramienta del desarrollo económico rara vez se tradu­ jeron en una política efectiva. dando fin a más de una década y media de una pendenciera política de parti­ dos. es necesario entender y ubicar decidi­ damente a Perón y al peronismo dentro de la historia de otros mo­ vimientos políticos populistas de América Latina durante esos años. el aumento de la inversión en la industria. la revolución de Perón sería esencialmente política y cultural. La admiración de Perón por las reformas fascistas en­ contraría expresión en su cargo de secretario de Trabajo de la Ar­ gentina y especialmente luego. una modesta inversión en infraestructu­ ra y escasa. Más que como fascistas. no económica y ni siquiera social. así como un tra­ tamiento diferencial de la elite terrateniente —esta última política sólo ligeramente modificada por Perón con el establecimiento de un monopolio estatal para la comercialización de las exportaciones agrícolas— . cuando una tambaleante alianza de la elite terrateniente y los militares di­ rigió el país y restableció el gobierno de los poderosos.innovación tecnológica en la industria. Al margen de la nacionalización de los ferrocarriles y las empresas de servicios públicos.20 El Cordobazo nes de observador militar en la División Alpina. A pesar de la profunda impre­ sión personal que le provocó su experiencia italiana. En los años en que el joven Tosco luchaba por abrirse paso en su ciudad de adopción. Si bien Perón emprendió un amplio programa de nacionalizaciones en sectores tan importantes de la economía como los ferrocarriles. eran tanto las políticas del ex presidente Agustín P. y tampoco se apartaron significativamente de las seguidas por los gobiernos con­ servadores de la década de 1930 y principios de la de 1940. como secreta­ rio de Trabajo y como presidente Perón fue incapaz de recrear un Estado fascista en la Argentina. Los proyectos de obras públicas. cierta expansión arancelaria y la manipulación de los tipos de cambio para desalentarlas importaciones. grupo de eitre de Mussolini. Lo mismo que éstos. los teléfonos y la mayor parte de la industria de la energía eléctrica. Perón llegaba por primera vez a la prominencia nacional a través de su sorprendentemente eficaz e innovador des­ empeño en la Secretaría de Trabajo. el período peronista (1946-1955) se caracterizó por un volumen de producción relativamente consistente. y lo mismo sucedió con Justo. En realidad. en parte debido a las muy diferen­ tes circunstancias históricas que existían en el país y en parte al descrédito internacional del fascismo como resultado de su derrota en la guerra. Jus­ to (1932-1938) como las de Perón. De manera similar.

exigiendo me­ joras en los métodos de producción y una tecnología más avanzada para sus fábricas de armas y municiones ya instaladas. y aun en este caso se trató de una cuestión de grado más que de un cambio cualitativo. Perón expandió las activi­ dades de la Dirección General de Fabricaciones Militares. de alta prioridad. pero tam­ bién presionaron al Estado para que creara una industria metalúr­ gica pesada.Introducción 21 Perón demostró ser mucho más eficaz como distribuidor de la ri­ queza del país que como promotor del desarrollo económico^ Sólo en un aspecto las políticas industriales peronistas se apar­ taron de manera significativa de las de la elite tradicional. A medida que crecía la presión militar en favor de pro­ gramas industriales.9 El crecimiento industrial producido durante los años peronistas fue más el resultado de cambios en la sociedad argentina y de la incorporación política de la clase obrera por parte de Perón que de una efectiva planificación estatal. y la naturaleza misma del Estado pe­ ronista hacía que fuera más probable que prosperaran las indus­ trias livianas y no las pesadas y de capital intensivo. Más típicos fueron algunos proyectos ostentosos.8 La pérdida de apoyo de Perón entre las fuerzas armadas en su segunda admi­ nistración tuvo mucho que ver con la desilusión militar con las políticas industriales peronistas y con su fracaso en la promoción de esas industrias. para la producción de aviones y vehículos. Mientras la industria liviana se promovió primordialmente a través de la expansión del mercado interno. como la crea­ ción de la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (SOMISA) en 1947. El crecimiento sostenido de la clase obrera urbana en las décadas de 1930 y 1940 alentó un tipo . la industria pesada pareció requerir una significativa participación estatal. que los militares asimilaban a la economía mo­ derna y veían como esenciales para sus propios intereses institu­ cionales.7 En respuesta a esas presiones. La primera y principal planta siderúrgica del país. no estuvo en funcionamiento hasta 1960. para promover la muy rezagada industria del acero. Los militares fueron los defensores principales de ese papel del gobierno. y bajo los auspicios de ésta se hicieron algunos progresos en la industria quí­ mica. y la expansión y consolidación de las fábricas militares cordobesas en las Indus­ trias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (LAME) en 1951. Los temerarios planes de los militares para industrializar la Argentina nunca fueron realizados por Perón. Perón involucró más directamente a las fuer­ zas armadas en los modestos proyectos de desarrollo emprendidos en industrias “estratégicas” seleccionadas durante su presidencia. en especial una fundición de cobre y una planta side­ rúrgica. la planificación peronista produjo escasos resultados. Incluso en la industria siderúrgica. en San Nicolás.

poco después de su re­ elección estableció contactos con una serie de fabricantes automo­ tores europeos. pero continuó a lo largo de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta. Perón cortejó a los inversores del exterior y finalmente impulsó una legis­ lación que aligeró en gran medida las restricciones al capital extran­ jero. en la medida en que las condiciones excep­ cionalmente favorables para las exportaciones tradicionales argen­ tinas y los gruesos excedentes comerciales permitieron a Perón fi­ nanciar su Estado de bienestar y comprar lealtades políticas. La urbanización y la concentra­ ción de un mercado considerable para un conjunto amplio de bie­ nes industriales estimularon la expansión de industrias privadas. las medidas nacionalistas tomadas durante su primera administración habían fracasado completamen­ te en su intento de crear una industria automotriz nacional. una organización de exportadores e industriales con lazos con el comercio y las finanzas internacionales que incrementaron su peso económico y político a fines de la década de 1950 y a lo largo de la de 1960. Eí crecimiento alcanzó su mayor ve­ locidad durante la Segunda Guerra Mundial. Durante su segunda presidencia (1952-1955). en lo sucesivo conocida como burgue­ sía nacional.22 particular de desarrollo industrial. La vulnerabilidad de una econo­ mía agraria y un empequeñecido desarrollo industrial eran motivo de poca preocupación. Por ejemplo. y las dificultades para obtener los permisos de cambio obligatorios para las importaciones habían for­ zado a Ford y otras compañías estadounidenses a cerrar sus plan­ . buscando posibles inversiones en la Argentina. que equivalían prácticamente a una prohibición de efectuar remesas de beneficios. livianas y de mediano tamaño. Agrupados desde 1952 en la Confederación General Económica (CGE). sus rivales se reunían en la Unión Industrial Argentina (U1A). El de­ terioro de los términos del intercambio para esas exportaciones y el agravamiento de los problemas fiscales que se hicieron evidentes hacia principios de la década de 1950 obligaron a un cambio a rega­ ñadientes. reconociendo tardíamente que sus anteriores políticas econó­ micas habían sido ineficaces. Por entonces.10 Esta nueva clase de industriales.11 Las orientaciones económicas de Perón eran predominantemen­ te una extensión de su política. herramientas usadas para acumu­ lar y cimentar lealtades y alianzas. actuando en gran medida como fabricantes y proveedores en las industrias de bienes de consumo. se caracterizaba por tener pocos vínculos con el capi­ tal internacional y una dependencia casi completa de los mercados internos. dando a la burguesía argentina un carácter aún más dual que el que puede encontrarse en otros países latinoamericanos. entre ellos la Fiat. Las restricciones. los años cruciales para la formación de la burguesía industrial peronista.

A. en 1949 y la conversión de algunas de las fábricas militares cordobe­ sas a la producción de vehículos motorizados habían halagado las sensibilidades nacionalistas. El poco entusiasta intento de Perón de crear una industria automotriz na­ cional con el establecimiento de Automotores Argentinos S. Las negociaciones con las compañías fueron arduas. presentada en general como un bastión del antiperonismo. el aspirante a industrial o el funcionario gubernamental que de algún modo se beneficiaban con el peronismo. Perón y las empresas auto­ motrices extranjeras discutían términos que fueran aceptables para ambas partes para la inversión en la Argentina. Pero. Incluso en la clase media. Dadas las ambiciones políticas de Perón y la estructura de clases del país. Apenas transcu­ rridos unos pocos años en el poder. un leitmotiv en la historia de América Latina en este siglo. el cortejo de la clase obrera por parte del peronismo era tal vez inevitable. en una menor medida. con la ausencia de un gran campesinado o de una subclase sin propiedades y a la deriva. los de los nuevos industriales a expensas de otros. Perón había dado origen a un complejo conjunto de lealtades y alianzas a lo largo y lo ancho de la sociedad argentina. En general. El crecimiento del proletariado urbano en los años .introducción 23 tas argentinas de ensamblado a fines de la década de 1940. si bien la polí­ tica económica peronista no había logrado crear una economía in­ dustrial moderna en la época en que aquéllas comenzaron. El apoyo y la oposición al régimen no siempre se ordenaban a lo largo de simples líneas de clase. La relación entre éste y la clase obrera. aunque compleja y no sin tensiones. se favorecían los intereses de la cla­ se obrera y. fue su aptitud para unir a la cla­ se obrera a un régimen político decidido a transformar gran parte de la cultura política y las formas de asociación establecidas de los trabajadores en favor de sus propios fines. La base social del peronismo eran incuestionablemente las clases trabajadoras del país. su genio peculiar. por su naturaleza masiva y completa. y su resul­ tado se mantuvo incierto durante varios años. podían encontrarse el pequeño rentista. los otros efectos del régimen sobre el país eran más claros. pero produjeron escasos resultados. pero el peronismo difirió tanto en escala como en carácter de otros ejem­ plos de incorporación de las clases obreras urbanas latinoamerica­ nas. desde lue­ go. en los mismos días en que Agustín Tosco terminaba su primer año como delegado gremial en la compañía de energía eléc­ trica donde había encontrado trabajo. El carácter único del peronismo en la historia moderna de América Latina. socavando con ello su aptitud para tomar medidas colectivas e independientes.!2 En 1952. La cooptación estatal del movimiento obrero organizado es. era sencillamente menos ambigua que la existente entre otras clases y el régimen.

Las necesidades de ambos grupos eran satisfechas mediante la expansión del mercado interno. Por encima de todo. una cifra que se tradujo en un ascenso de su participación en el ingreso na­ cional del 40. de los trabajadores al régimen en los años de vacas flacas de la década de 1950 reflejó su reconocimiento de que el Estado pero­ nista había tendido a satisfacer sus necesidades materiales como ningún otro gobierno lo había hecho antes. La clase obrera tal vez se vio menos afectada que la mayoría por los problemas económicos del país. las lealtades y el apoyo de la clase obrera al régimen se vincula­ ron con su propio interés.1% en 1946 al 49% en 1949 y un aumento promedio anual de los consumos personales de 7. Para lograrlo. Sin embargo. cuando los trabajadores experimentaron una caída significativa de los salarios reales. Su ambición y sus considerables dotes le per­ mitieron traducir ese potencial en poder. tuvo que hacer concesiones reales a los trabajadores. su visión de la clase obrera. Perón intentó incluirla en una alianza con las otras clases del país. el resultado de los números más que de la conciencia de clase o la robustez de las organizaciones.'4 El apoyo profundo. y a decir verdad no hubo una redistribución significativa del ingreso nacio­ nal que la perjudicara. La clase obrera experimentó un creci­ miento del 20% en sus salarios reales entre 1945 y 1948. era esencialmente corporativista. y Perón usó la riqueza. esperaba reemplazar la incipiente lealtad de clase del proletariado urbano por una clara identificación con el Estado —un Estado que era cada vez más un sinónimo del movimiento peronista— . tampoco indicó una inversión de las políticas redistributivas peronistas en favor de las clases propietarias. al margen de la estricta utilidad política de ésta para su movimien­ to. aunque menos bulli­ cioso. Perón fue fundamentalmente un conservador durante toda su vida. la redistri­ bución más equitativa de la riqueza del país y el crecimiento del poder adquisitivo de la floreciente clase obrera. Los mercados para las exportaciones agrícolas argentinas cre­ cieron explosivamente en los años de la inmediata posguerra. Oficial de carrera. en parte. Tal como sucedió en el caso de los nuevos industria­ les.24 E l Cordobazo treinta y cuarenta implicaba que cualquier régimen que no deseara meramente apuntalar los intereses conservadores tendría que to­ marlo en cuenta. el poder de las clases trabajadoras aún era sólo latente.5%. hacer que tuviera interés en una Argentina capitalista y explotar su poder político latente. . para crear los rudimentos de un Estado de los trabajadores.. La perspica­ cia política de Perón le permitió reconocer su potencial antes que lo hicieran sus rivales.3El deterioro de la eco­ nomía después de 1949. Lo mismo que en los líderes fascistas euro­ peos y los populistas latinoamericanos.

e incluso del discreto y a veces pedante lenguaje político de los partidos radical y Socialista. sin embargo. a través de la creación de una cultura políti­ ca peronista. La atracción del peronismo se debió en parte. El tipo mis­ mo de identificación personal que los trabajadores argentinos sen­ tían por el régimen se debía a ía capacidad del peronismo para ar­ ticular sus frustraciones. A decir verdad. La difusión de la doctri­ . sus a veces empalagosos y grandilocuentes himnos a los descamisados y los muchachos pero­ nistas. despojándolo de sus connotaciones marxistas y particularmente comunistas. como el ejercido por los regímenes totalitarios europeos en la década de 1930. ostentada en bien publicitadas amistades con boxeadores y jugado­ res de fútbol. en contraste con las pretensiones aristocráticas de la elite política elegante y asidua del Teatro Colón. se apropiaron deí término compañero. una versión modificada del mismo. era sorprendentemente diferente de las despreciativas refe­ rencias de la oligarquía a la chusma. aunque no menos eficaces. sin duda. Aunque a menudo fuera pomposo y sensiblero. Su ingenio. no obstante. su reputación entre los vivillos de la calle y su preferencia por las diversiones del hombre común. Las lealtades de los trabajadores también eran cortejadas por medios menos sutiles. menos formal y rígidamente retórico que el de los partidos tradicionales del país. De manera si­ milar. al hecho de que el peronismo representara simplemente un nuevo estilo político. y en gene­ ral adaptaron expresiones y fragmentos del lunfardo de la clase obrera a su propio argot político. Como lo señala Daniel James.15 En parte.Introducción Los mejores salarios y una mayor participación en el ingrese nacional. Los peronistas procuraban cultivar un estilo político familiar. Utiliza­ ban un nuevo vocabulario político. Si bien el Estado peronista no intentó establecer un control absoluto sobre la vida argentina. sólo explican parcialmente la lealtad de ia clase obrera a Perón y su creciente identidad peronista. Otros aspectos de su ima­ gen política eran más premeditados. su lenguaje vulgar y su vestimenta informal. instauró. El mejor repre­ sentante del cambio fue el propio Perón. todos imitaban el estilo político establecido por la elite y dejaban en manos de Perón el uso de un vocabulario más popular que lo ayudaba a hacer acopio del apoyo de la clase obrera. contribuyeron a crear su imagen de político de los trabajadores. elevó la autoestima de ésta y fortaleció los lazos emocionales de los trabajadores con el régimen. rencores y esperanzas como ciase en un idioma que les llegara emocionalmente. a la per­ sonalidad única y muy fuerte de Perón. el vocabulario político personal de Perón. su capacidad para hacerlo se debía a su novedad. ninguno de los partidos políticos del país había advertido el poder del lenguaje.

A decir verdad. tocaban todos una cuerda emocional que. leyes sobre el irabajo infantil. el sub­ sidio y exhibición del “arte” peronista. La caridad se convirtió en un pilar del Estado peronista y tal vez en su institución obrera más representativa. en especial de .26 El Cordobazo na justicialista en libros de texto primarios y secundarios. Evita inspeccionaba personalmente gran parte de las obras de caridad del régimen y. otorgaba favores y resolvía los problemas indi­ viduales de miles de trabajadores. leyes de derecho al trabajo. El otro lado del paternalismo peronista fue menos ambiguamen­ te filantrópico y calculador. viviendas subsidiadas para las personas de bajos ingresos. sino que también le permitieron explotar su popularidad y el profundo y sin duda merecido afecto popular que la rodeaba. los generosos recursos a su disposición. Seguros médicos. apresurando la peronización de la clase obrera. el uso de símbolos e imaginería política —el ubicuo escudo peronista y los obligatorios retratos de Perón y Evita en todos los edificios públicos— repre­ sentaron colectivamente un intento por parte del Estado peronista de imbuir a la nación argentina del espíritu y las enseñanzas de la revolución justicialista.'6 Los elaborados programas de bienestar social creados por Perón también tenían su valor propagandístico. Este impulso paternalista del peronismo se expresó también a través del vasto cuerpo de una legislación social extensa e in­ dudablemente elogiable y bienvenida. un sistema de aguinaldo anual y otras medidas datan de esos años. la incansable supervi­ sión de los trabajos para aliviar la situación de las víctimas de terre­ motos e inundaciones. junto con sus favoritos de la burocracia de acción social. escuchaba comprensivamente las pequeñas tragedias. vacaciones pagas. obtenidos gracias al sometimiento de los trabajadores a “contribuciones” obli­ gatorias a sus obras de caridad a través de deducciones mensuales en sus salarios. que no podía igualar ni siquiera la legislación de acción social del gobierno. cualesquiera fueran sus ideales personales. Sus campañas de recolección de alimentos y ropa para las familias obreras. con ello estableció también un monopolio emocio­ nal. incluso sus planes más excéntricos y recar­ gados. tenía una clara intención política. La beneficencia estatal se utilizó para reducir las tensiones de clase y cimentar las lealtades de los trabajadores de una manera en que no podían hacerlo los incrementos de salarios o de la participación en el ingreso nacio­ nal. como la erección de una “ciudad peronista” en miniatura como parque de recreo para los niños de clase obrera en las afueras de La Plata. no sólo le dieron a Evita el monopolio de la distribu­ ción de la caridad estatal. El Ministerio de Bienestar Social y la Fundación Eva Perón tenían acceso a la vida de los trabajadores de un modo directo. planes de jubilación.

la eli­ minación de los aguerridos líderes sindicales anarquistas. que había surgido en 1930. en gran medi­ da apolítica y desorganizada. socialis­ . Perón tomó una ciase obrera naciente. pero también fortalecer la maquinaria gremial y dar al movimiento obrero un poder nuiicá antes alcanzado. colmarlas de concesiones salariales y beneficios y ganar el apoyo de las bases. De este modo.17Además de ser ayudado por la división dentro del movimiento obrero y el bajo nivel de sindicalización.los de los trabajadores de la cons­ trucción y los frigoríficos. como. a diferencia de esos gobiernos. los elaborados programas de bienestar social y todas las campañas de propaganda del movi­ miento. La creación de un movimiento obrero tan poderoso no careció de un elemento de coerción. eliminar a los elementos enva­ necidos del movimiento obrero y reemplazarlos por una conducción dócil y agradecida. fue la creación de un movimiento obrero unificado y pode­ roso. También en este aspecto el peronismo representó una continuación de las polí­ ticas laborales de los gobiernos militares y civiles de la década del treinta y comienzos de la del cuarenta. la creciente sindicalización bajo los auspicios de la Secretaría de Trabajo. Pero. También habían hostigado a los sindicatos más militantes. hacien­ do así de él un formidable aliado político. la tarea de Perón resultó más sencilla por el hecho de que muchos de los sindicatos que tenían una historia de militancia e independencia pertenecían a industrias en crisis y habían sufrido una grave pérdida de afiliados en años recientes. el único que sobrevi­ vió a la política económica justícialista. Esos gobiernos habían se­ guido una política de diálogo y compromiso con los gremios más poderosos del movimiento obrero. el Estado peronista eli­ gió reprimir para volver a construir.27 la gran cantidad de trabajadores que permanecían sin organizar y al margen del movimiento sindical oficial. Ya en su actuación como secretario de Trabajo había recurrido a estas tácticas para eliminar a rivales comunistas en los gremios textil y del calzado.18 Los efectos combinados del patronazgo estatal. la CGT (Confederación General del Trabajo). La organización de los trabajadores en sindicatos industriales nacionales unidos en una sola confederación del trabajo aseguró la supervivencia del movimiento obrero en la vida política del país mucho después de que la coalición peronista originaria se hubiera desintegrado. cuando era necesario. Perón descubrió que era relativamente fácil establecer orga­ nizaciones laborales rivales. El mayor legado de Perón a la clase obrera. controlados por los comunistas. al mismo tiempo que alentaban la división en la confederación nacional. y en pocos años hizo de ella un formi­ dable factor de poder dentro de la nación. se recurría a la domesticación gremial y a las tácticas intimidatorias.

y una serie de gremios no vacilaban en pro­ clamar su oposición a la interferencia de la secretaría en algunas esferas de las cuestiones sindicales. negar el apoyo de la Secretaría de Trabajo en la discusión de un convenio colectivo. pero casi todos los sindicatos del país se verían afecta­ dos de una u otra manera. al socavar la antigua conducción gremial e instalar a una nue­ va generación de peronistas leales en el movimiento obrero. para mantener a remolque al movimiento obrero organizado. las opciones a su disposición eran muchas: podía cancelar el status legal del sindica­ to. Los así llamados laboristas. y desde su origen el sindicalismo peronista contuvo un elemento de patoterismo por el cual se em­ pleaba la intimidación. El equilibrio de poder. al mismo tiempo que aislaba a los gremialistas remisos que se negaban a reconocer la tutela peronista. su personería gremial. No obstante. sin em­ bargo. La tradición sindical independiente de la Ar­ gentina y sus recelos históricos y a menudo abierta hostilidad al Estado estaban llegando a su fin. como último recurso. y en raras ocasiones incluso la violencia. suspender la afiliación del sindicato a la CGT. Perón prefería evitar las confrontaciones y sólo recurría al com­ bate contra los líderes sindicales que no cooperaban una vez que todo lo demás había fracasado. Pero no fue ésta la tendencia dominante durante las presidencias peronistas de las décadas de 1940 y 1950. En esos casos. asegurando con ello un resultado desfavorable para la conducción establecida.tas y especialmente comunistas. Transcurridos dos años de su primera presidencia. como los de . había pasado definitivamente del movimiento obrero organi­ zado hacia el Estado. que deseaban brindarle un apoyo con­ dicional y a la vez conservar la autonomía necesaria para crear un partido laborista independiente. Perón se las había arreglado para obtener el control de prácticamente todos los gremios que habían mantenido su independencia durante su desempeño como secreta­ rio de Trabajo. Sindicatos antiguamente comunistas. y ia atractiva personalidad del mismo Perón ya le habían valido a éste un número considerable de partidarios hacia 1946. formar lis­ tas rivales para las elecciones sindicales. Perón demostró que seguía estando dispuesto a emplear tácticas de fuerza cuando fuera necesario. Como presidente. La estrategia de Perón para elimi­ nar los restos de esa tradición fue desde entonces doble: siguió uti­ lizando los poderes del Estado para promover la sindicalización y convenios colectivos favorables. y. iban a cargar con lo más arduo de los ataques. También lo hicieron con rapidez. Perón alcanzó su mayor eficacia en el papel de benefactor y protector y no en el de destructor de sindica­ tos. En su mayor parte. los sindicatos se arrebañaron voluntariamen­ te a su lado. su influencia en el movimiento obrero aún era tenue.

en tanto otros que habían sido histó­ ricamente socialistas o anarcosindicalistas tenían. La participación directa de los líderes sindicales en la política también se incrementó. las comisiones internas fabriles. La intransigencia de ese sindicato. y se confió más que nunca a los sindicatos el trabajo de propaganda y las campañas de afiliación a la miríada de organizaciones peronistas existentes. dio a los trabajadores de base un poder más grande que el que nun­ ca habían tenido hasta entonces. La Fraternidad. fue excepcio­ nal durante la primera presidencia y habría sido impensable en la segunda. la Iglesia Católica y los industria­ les. Des­ pués de 1946. También estaba dispuesto a utilizar las ins­ tituciones del Estado para respaldar a los sindicatos. un hecho que explica la casi uniforme hostilidad de ésta a la misma. y a pesar de huelgas esporádicas en esos años.19 La oposición esporádica con que Perón se topó en lo sucesivo. Perón pudo ofrecer a los gremios una serie de beneficios que habían estado más allá de los medios de ía más circunscripta Secretaría de Trabajo. Perón estuvo en una posición inexpug­ nable con respecto al movimiento obrero organizado. los beneficios de cooperar con el régimen eran muchos. la peronización del movimiento obrero se consumó plenamente. los delegados dieron a los trabajadores vínculos orgá­ nicos con sus sindicatos nacionales y la confederación del trabajo. De ma­ nera similar. A medida que aumentaba la depen­ dencia de éste con respecto a Perón. lo mismo sucedía con la recí­ proca. hacia 1948. De este modo. Como presidente. una conducción peronista o una relación fluida con el gobierno. casi todos los sindicatos del país informaban que sus miembros presionaban para que se afiliaran a la CGT reunificada y aceptaran un lugar en las filas del movimiento obrero peronista. El movimiento obrero se convirtió cada vez más en la institución sustentadora de Perón. Después de 1952. cada uno por motivos diferentes. se limitó casi completamente a su primera presidencia. Perón había desalentado la búsqueda de . la más célebre de todas la de la áspera y vieja conducción socialista del gremio de trabajadores ferroviarios. La influencia obrera creció cuando la coalición peronista ori­ ginal se desintegró y los militares.Introducción 29 los trabajadores de la construcción y los frigoríficos. y fueron un medio de inculcar en ellos una identificación con los gremios y un creciente interés en los asuntos sindicales. se apartaron del régimen. estaban sólida­ mente integrados a su campo. proporcionó a los trabajadores defensores eficaces en todas las cues­ tiones relativas al trabajo y la producción y garantizó que la legisla­ ción laboral peronista fuera observada por la patronal. Por ejemplo. que fue quebrada en mayo de 1951 cuando su conduc­ ción socialista fue reemplazada por peronistas leales. La creación de un poderoso movi­ miento de delegados sindicales. Durante su primera presidencia.

in­ corporarla institucionalmente. lo que permitió a Perón esta­ blecer una rígida cadena de mandos y desalentar el desarrollo de movimientos disidentes dentro de la clase obrera.992 a 120. tanto en el plano provincial como en el nacional. No obstante. era necesario aliar más estrechamente ios intereses de ésta a los del Estado. o u miembros en 1946 a 123. Los peronistas proclamaban la existencia de cinco millones de trabaja­ dores sindicalizados hacia 1951. Al predicar la armonía de clases. esto representó la consolidación de un movimiento político que desde el principio había sido en gran medida improvi­ sado. tampoco podían proporcio­ nar una masa de partidarios similar a la del movimiento obrero.000 en 1951). La posición extraordinaria­ mente favorable y excepcional de la Argentina en el mercado mun­ .814 en 1946 a 2.20 Obviamente. el auspicio del régimen al sindicalismo industrial. Como la clase obrera era la base social del peronismo. lo que aun era destacable. sin embargo. Ello fue posible gracias a las gran­ des campañas de agremiación de la primera presidencia. con su bendición. En 1951. procuró consolidar el respaldo a un régimen político no dispuesto a quebrar las relaciones de propiedad existentes y ni siquiera a llevar a cabo una genuina reforma económica y por lo tanto a dirigir un cambio social y político significativo en el país. aunque cálculos más creíbles mostraban un incremento de la afiliación sindical de 434.000).471 a 472. Los incre­ mentos eran más notables en los sindicatos que iban a convertirse en los baluartes de la otase frp»haiaHr>ra íes lúe z .21 La estructura jerárquica y altamente centralizada del movimiento peronista. El Estado peronista asumió cada vez más un carácter sindicalista. en últi­ ma instancia el peronismo tenía prioridades profundamente con­ servadoras y en muchos aspectos finalmente abandonó al movimien­ to de los trabajadores. se vio facilitada por el fortalecimiento del principio de un sindicato por industria ( “sindicatos de rama”). a medida que los otros miembros de la alianza que había llevado a Perón al poder se pasaban a la oposición.000} y los metalúrgicos (de 5.334.000 en 1951. Perón siempre había sabido que la base política de su régimen era débil. el verticalismo. A pesar de todas sus contribuciones a la clase obrera organizada y la sensación de autoridad y dignidad que inculcó en ella. cualesquiera fue­ ran los abusos futuros del verticalismo. Las lealtades de la Iglesia y los militares eran impredecibles y provisionales y. también hizo posible la unidad del movimiento obrero y le aseguró una influencia en la vida política nacional que en el pasado le había sido esquiva. los trabajado­ res estatales (de 41. tal como llegó a llamársela. numerosos sindicalistas fueron candi­ datos.30 El Cordobazo cargos políticos por parte de los dirigentes obreros. de todos modos.

el general Marcos Pérez Jiménez en Venezuela y el general Carlos Ibáñez en Chile. sacaría al país de sus cenagales social y político. El mismo Perón se negó obsti­ nadamente a reconocer las realidades económicas internacional e interna existentes y trató de obligar al mundo capitalista a vivir de acuerdo con sus propios términos.ua engreimientos del peronismo fueron su ruina. y el tardío reconoci­ miento de sus fracasos. La popularidad inicial de las ideas desarrollistas fue amplia en la Argentina. tal como se expresó en el cambio de políti­ cas de la segunda presidencia.Introducción 31 dial durante el período de la inmediata posguerra permitió que. empleando el lenguaje del nacionalista belico­ so para convencer a los sectores de la sociedad argentina de cuyo respaldo dependía. Perón tuvo éxito al aparentar ser más de lo que realmente era. la Iglesia y la oposición política. lo mismo que por las conspiraciones de la oligarquía. y reflejó una preocupa­ ción profunda por el malestar económico de la nación. principalmente la clase obrera. fue incapaz de enmendar pasados errores. Las ideas de . En no pequeña medida. de que el país estaba en camino a la independencia económica y la justicia social. el peronismo fue siempre mucho más grande que el propio Perón. Perón realizara el hábil juego de manos con el que parecía subvertir el orden establecido del país cuando. fueran ambos presidentes militares que obtuvieron su respaldo de la de­ recha. Su régimen no cayó a causa del desencanto de la clase obrera con él. En este sentido. el desarrollismo. de dejar que las bravatas y las cantinelas resolvieran 1a aeomuau esLiuciuiau uci ptus. y el movimiento sobrevivió a proscripciones y persecuciones precisamente porque se había enraizado en la histo­ ria vivida de la clase obrera argentinay porque expresó sus necesi­ dades como clase en un momento histórico determinado mejor que cualquiera de los partidos de izquierda del país. j-. el peronismo tuvo un éxito único en la puesta en práctica de ideas que habían Estado en boga en los círculos conservadores e incluso fascistas de América Lati­ na desde la década de 1930. pero también puso al descubierto la naturaleza conservadora de la sociedad ar­ gentina y su limitado espectro de opciones políticas. sino por no lograr dar forma a un programa económico que se ajustara a sus necesidades políticas. en realidad. y luego se inclinaron hacia una esperanza casi desesperada de que el nuevo positivismo latinoamericano. apoyaba gran parte de él. los militares. No obstante. Los gobiernos militares y civiles que siguie­ ron a su derrocamiento en 1955 se movilizaron al principio para fortalecer el papel tradicional del país como exportador agrícola. Perón cayó bajo el peso de sus propias contradicciones. Fue significativo que los más grandes imitadores de Perón en América Latina. por corto tiempo.

hicieron hincapié en la necesidad de economías capitalistas eficien­ tes y la industrialización para evitar el deterioro de los términos del intercambio que afligía a las economías latinoamericanas. las ideas desarrollistas fueron inicialmente recibidas con enorme simpatía en el país. y el uso del Estado como herramienta para el desarrollo según lincamientos capitalistas había sido durante mucho tiempo parte del dogma peronista. proveer un mecanismo para llevar a cabo una redistribución del ingreso míni­ mo y con ello estimular la demanda. Como era ob­ vio que las elites no tenían la intención. si bien se había aplicado ineficazmente. El Esta­ do debía trabajar para eliminar los cuellos de botella que obstacu­ lizaban la acumulación y la inversión.22 El programa desarrollista estableció en la Argentina ciertas prio­ ridades que representaban una ruptura con el Estado peronista. reducir los subsidios estatales de todo tipo. A pesar de su resentimien­ . comenzando asi un asalto a los intereses de las clases y grupos ali­ mentados por el régimen de Perón. levantó las intervenciones sindicales y derogó las medidas que agobiaban pesadamente al movimiento obrero. demostrarian ser inconciliables. tal como se habían desarrollado bajo el peronismo. Arturo Frondizi llegó al poder en 1958 con la promesa de poner fin a la prohibición de la participación peronista en la vida política del país. las implicaciones de la teoría eran más inquie­ tantes. cualquier buen peronista podía estar de acuerdo con gran parte de la teoría desa­ rrollista. Los intereses que habían surgido durante los años peronis­ tas. comisión que influyó en el desarrollismo. La influencia de las ideas de la CEPAL y la estrategia desarrollis­ ta para eliminar los legados del peronismo y modernizar la econo­ mía argentina impregnaron no sólo el gobierno de Frondizi (19581962) sino también a casi todos los que lo siguieron.32 El Cordobazo Raúl Prebisch y los economistas de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). actuar como intermediario financiero entre las nacio­ nes desarrolladas acreedoras y los prestatarios locales. desempeñando tres funcio­ nes básicas. anular los aranceles proteccionistas e incrementar la productividad obrera. Desde luego. específicamente los de la clase obrera pero también los de los industriales más protegidos y no competitivos y en genera! los deí sector público. y servir como una fuente de inversión pública. pero en última ins­ tancia el programa general del gobierno y los intereses de la clase obrera. En la práctica real. eran amenazados por planes para atraer al capital extranjero. y apenas la tenían las otras clases. de socializar la propiedad privada o propugnar una política económica anticapitalista— siendo la ausencia de partidos socialis­ tas y comunistas de poderío nacional uno de los signos distintivos de la política argentina—.

en especial estadouni­ dense.000 millones en la actividad manufacturera. el crecimiento de la industria autopartista y una mayor producción de petróleo.901 vehículos fabricados entre 1951 y 1955 a una producción anual de 136. Hacia 1969. asi como su presunta capacidad para de­ sarrollar la experiencia gerencial asociada con una economía in~ . a par­ tir de los 230 millones de dólares invertidos en 1955.24 La abrupta incorporación de ía Argentina a la era del capitalis­ mo multinacional puso en tensión al país que había creado Perón. Esto significaba que el aporte estadounidense a la industria argentina se había triplicado en menos de 15 años. El área en que se produjo el mayor cambio político fue la de la inversión extranjera. El proyecto desarrollista de Frondizi se centró en una obsesión casi personal por eliminar los obstáculos al desarrollo capitalista deja­ dos por Perón. En este aspecto.188 ya en 1961. El crecimiento industrial superó los modestos logros de la década peronista y puso a la Ar ­ gentina en un pie de igualdad con las otras principales economías industriales de América Latina. los grandes cortes en el gasto público. bancaria y de seguros.Introducción 33 to por la permanente proscripción política del movimiento peronis­ ta. que el propio Perón había abandonado en los años finales de su régimen. las inversiones estadounidenses en la industria argentina ascendían a 789 millones de dólares. se­ rían abiertamente estimuladas. la producción trepó de un total de 13. entró arrasando en el sector manufacturero con el mismo entusiasmo con que los británicos habían intervenido anteriormen­ te en las actividades de transporte. mientras las industrias livianas tradiciona­ les permanecían en manos argentinas.23 Las mayores inversiones extranjeras se produjeron en las industrias de capital intensivo. el abandono de lincamientos salariales rígidos y otras medidas apuntaron a ata­ car los restos del Estado peronista y a restaurar la reputación del país entre los acreedores extranjeros. La devaluación del peso establecida por su gobier­ no. la industria au­ tomotriz füe particularmente estimada por su presunta aptitud para establecer “afinidades” industriales. Sólo en la industria automotriz. con el apoyo del capital extranjero. incluso los sindicatos fueron al principio renuentes a criticar tal política o a recurrir a argumentos de autarquía económica. más particularmente en la fabricación de automóviles y material de transporte. El capital extranjero. incluyendo la elimina­ ción de todos los controles de precios y subsidios. Entre sus beneficios es­ perados se contaban la creación de una vigorosa industria side­ rúrgica. Frondizi y su asesor Rogelio Frigerio procuraron escapar a las bases agrarias de la economía argentina mediante el diseño de un programa económico en el cual algunas industrias claves. de un total de inversiones extranjeras de aproximadamente 2.

todos los gobiernos del período consideraron a la automotriz como la industria clave en la transi­ ción de la Argentina hacia una economía industrial moderna.34 E l Cordobazo dustrial moderna. todos los gobiernos civiles y militares. el programa desarrollista perdía vigor. lo mismo que la insinuación de incertidumbre política que siguió a las inespera­ das victorias peronistas en las elecciones de 1962. polarización que también fue el producto de complejos cambios en la vida intelectual y la cultura política que habían germinado en la Argentina desde la caída de Perón. y se estancó gravemente a principios de la década de 1960. En lo sucesivo. el programa de éste había comprometido al país con cierto tipo de desarrollo.26 Sin embargo. lo que provocó que Frondizi acu­ diera al financiamiento exterior. creando con ello graves problemas en la balanza de pagos. A medida que se aproximaba la fecha de reembolso de los préstamos originales. aceptarían ciertos supuestos desarroílistas acerca de la política económica. Los gobiernos peronistas que llegaron al poder entre 1973 y 1976 se enfrentaron al legado de estos cambios cuando el país exhibía todos los signos de un pasaje ineluctable hacia un prolongado período de violencia civil. Los gobiernos militares que rigieron en el país desde 1966 hasta comienzos de 1973 procuraron profundizar la estrategia desarrollista. si no a la . con una visión concreta del papel de la Argentina en el orden capitalista de posguerra. incluso los efímeros y desafortunados intentos del gobierno radical de Arturo Illia (1963-1966) por revivir algunas de las consignas nacionalistas de Perón. el programa desarrollista no produjo los resultados esperados. Con posterioridad a la caída del gobierno de Illia a causa de un golpe militar en 1966. el papel del Estado y una visión global del lugar de la Argentina en la economía mundial. habitual­ mente en la forma de acuerdos de licénciamiento. Entre 1958 y 1969. Los problemas económicos del go­ bierno pronto ahuyentaron a los bancos extranjeros. y en 1970 la industria efectuaba el 37% de los pagos de regalías de la indus­ tria argentina correspondientes a la tecnología extranjera. la mayoría de los cuales habían sido de corto plazo — cinco años— . el 20% de la inversión extranjera aprobada por el go­ bierno argentino se destinó a la producción automotriz. Estas nuevas fuerzas dieron ori­ gen a una oposición ideológica y política que amenazó ir más allá del reformismo y el extremismo retórico. la Argentina ingresó en un período excepcio­ nalmente tempestuoso de su historia.25A decir verdad. pero sólo se las arreglaron para precipitar una polarización aún más honda de la sociedad. Las ganancias de las exportaciones agrícolas y las inversio­ nes extranjeras no habían podido mantenerse a la par con las cre­ cientes importaciones de bienes de capital. No obstante. a esto le siguieron una recesión y la caída del gobierno de Frondizi.

como no fuera el respaldo a las fuerzas del orden y la estabilidad. blancos de los programas de modernización . Con el comienzo del gobierno militar en 1966. frustra­ ron todo alineamiento político. el movimiento obrero organi­ zado siguió desempeñando el papel dual de interlocutor institucional de clase con el Estado y también con el empresariado. el movimiento obrero organizado y los militares fueron las instituciones que determina­ ron el curso de la vida política nacional. Así. La oposición de otras clases y grupos siguió siendo dispersa y contra­ dictoria.¿producción 35 guerra civil misma. la Iglesia y los militares. una parte importante de la historia política del pais entre 1966 y 1976 se jugó dentro del movimiento obrero y en la relación de esta clase con el resto de la sociedad civil. En medio de los levantamientos de fines de la década de 1960 y comienzos de la de 1970. como voz del proscripto partido peronista. pero luego de ese año también reflejó más profundamente las divisiones de la sociedad. se convirtieron tal vez en los elementos más deci­ sivos de la vida política nacional. Dentro de la Iglesia surgirían corrientes disidentes. sectores del mo­ vimiento obrero organizado se convirtieron alternativamente en de­ fensores del régimen. Tanto el apoyo como la oposición a los programas y políticas de los gobiernos del período tuvieron su base institucional más fuerte en la clase obrera. la política interna del movimiento obrero. La política del movimiento obrero des­ de 1955 había sido algo más que la de la clase obrera exclusivamen­ te: la de la sociedad en su conjunto. y en la práctica en rivalidades por el poder y la in­ fluencia. Aunque los militares estaban divididos ideológicamente entre liberales y nacionalistas. Con la proscripción de los partidos políticos entre 1966 y 1972. no logró transformarse en algo más que ruidos sordos de menor importancia dentro de las filas. y en los otros poderes corporativos de la sociedad argenti­ na. pero como institución ésta se mantuvo como leal defen­ sora del orden establecido y el statu quo. así como sus relaciones con la sociedad civil. Después de la toma del poder por el general Juan Carlos Onganía en 1966. pero su ruptura histórica con el peronismo durante la primera presidencia de Perón. así como un conservadorismo innato producto de su propia historia. La Iglesia podría haber ofrecido algún apoyo institucional a los descontentos con los gobiernos militares del período. El papel de la conducción obrera en la política nacional conti­ nuó después de 1966. en la medida en que la oposi­ ción a los regímenes y a las políticas gubernamentales se expresó con más eficacia en el movimiento obrero que en cualquier otra ins­ titución del país. como institución gobernante y principal arquitecto de los programas económicos del país después de 1966 fueron en general hostiles a las soluciones reformistas o revolucionarias.

lo que más le interesa­ ba era la discusión de otras políticas y otras revoluciones. y la subsiguiente confrontación entre el movimiento obrero peronista y los movimientos clasistas. Obviamente. que nunca llegaron a dominar pero siempre influyeron en el clima político— tuvieron tal vez su representación más reveladora en el movimiento obrero. y su resulta­ do. más claro. La división del movimiento obrero organizado que se hizo evidente inmediatamente después del golpe de Onganía. ingenieros y gerentes de las plantas de Kaiser y Fiat que estaban en construcción en las afueras de la ciudad. En 1955. después de 1973 los sindicatos fueron tanto partidarios como los principales adversarios de los gobiernos peronistas. entre los caciques gremiales de la vieja guardia peronista y los más militan­ tes sindicatos cordobeses. La vida en la antiguamente soporífera Córdoba se vio pronto per­ turbada por la súbita aparición de extranjeros que hablaban en in­ glés e italiano: los consultores.27 Los sucesos de esos diez años serían particularmente trascen­ dentales para Agustín Tosco. La caída de Perón en septiembre lo llenó de aprensión. ciertamente. en la medida en que surgieron corrientes disidentes que desafiaron la hegemonía peronista sobre las lealtades de la clase obrera y en es­ pecial su manejo cotidiano de los asuntos gremiales. en la medida en que esperaban una reacción contra el movimiento obrero que había apoyado al régimen peronista. y dada la configuración de su estructura de clases y el poder del movimiento obrero organizado en la ciudad. Los años de violencia y disenso desde 1966 a 1976 — cuando hubo fuertes corrientes revolucionarlas en acción bajo la superficie. el movi­ miento obrero organizado no fue el único actor institucional del período. era natural que Córdoba desempeñara un papel decisivo. las luchas más elocuentes y probablemente más significativas para el historiador.36 Z^rdobazo gubernamental y fuentes de su oposición más eficaz. pronta a convertirse en la segunda ciudad industrial de la Argentina. sin embargo. Los acontecimientos tuvieron su epicentro en Córdoba. la Argentina ingresó en una era de política revolucionaria. cuando termi­ nó su primer período como delegado gremial. algunos de cuyos partidarios se identificaban abiertamente con programas revolucionarios y anticapitalistas. A fines de la década de 1960. lo mismo que a los trabajadores de toda la ciudad. De manera similar. Los años de regateos entre Perón y los fabricantes extranje­ . la polarización de la vida política en Córdoba fue más aguda. tipificaron las luchas que se es­ taban produciendo en otros niveles de la sociedad argentina. y la historia de la clase trabajadora según se expresa en el movimiento obrero es inseparable de su interacción con las otras clases e instituciones del país* No obstante.

Luisa Passerini. Business History. 1918-41. 329-345. Informes Militares de los Estados Unidos desde la Ar­ gentina. agregado militar. entre ellos Renault. May”. en Nelson Lichtenstein y Stephen Meyer. 31 de mayo de 1938. y al parecer la presencia de consejeros industriales alema­ nes no era insólita en las fábricas de armamento cordobesas durante la década del treinta. 5Por ejemplo. comps. pp. 4Emilio Pugno y Sergio Garavini. Buenos . 30. pp. 194580”. The Automobile Industry and íts Workers (Cambridge: Polity Press. 1976). comenzó a llegar la maqui­ naria. pp. Embajada de los Estados Unidos.Introducción 37 ros de automotores finalmente habían producido resultados en 1954 y 1955. a fin de que le pro­ porcionaran modelos adicionales para la limitada línea de autos de la empresa. On the Ltne: Essays in the History of Auto Work (Urbana y Chicago: Universiiy of Illinois Press. Córdoba se convirtió en el asiento de la nueva industria automotriz del país. Lectures on Fascism (Nueva York: International Publishers. de Lester Baker. Kaiser and the Establishment of an Automobile índustry in Argentina”. 1988). suscribió muchos acuerdos de licencias para fabricar aviones de modelo alemán. Más reales le resultaban su em­ pleo en la empresa local de energía eléctrica. “The Persistence of Fordism: Workers and Technology ín the American Automobile Industry. en Stephen Tolliday y Jonathan Zeitlin. Giovanni Contini. administrada por los militares. De la noche a la mañana. Pero el pleno significado de todos estos cambios. Harvard University: Informe n° 5812. pp. 1974). “Henry J. 5-14. pp. 59-86. "The Rise and Fall of Shop Floor Bargainíng at Fiat. 174-202. 1900-1960”.. 1989). sus responsabilidades en el sindicato y las penurias y los placeres cotidianos de la vida en la ciudad a la cual había apostado su futuro más de diez años an­ tes. “Current Events. comps. Fascismpnd Popular Memory: The Cultural Experience of the Turín Working Class (Cambridge: Cambridge Universiiy Press. pp. p. 3Palmiro Togliatti. NOTAS 1Norbert MacDonald. 91. 129-149. vol. sin embargo. Lamont Libraiy.. “Miliiary AvíationGeneral: Germán Company Offers to Operate Córdoba Army Factory". y Fiat y la empresa americana Kaiser-Frazier Automobile Company habían convenido invertir en la Argentina. no era visible para Tosco. Gli anni duri alia Fiat: La resistema sindícale e la ripresa (Turín: Giulio Einaudi Editore. la fábrica de aviones de Córdoba. n° 3 (Julio de 1988). empezaban a contratarse trabajadores y Kaiser consideraba potenciales licenciatarios. Hacia fines del año. Stephen Meyer. 1969). 2Anthony Rhodes. n° 5867. Louis Renault: A Biography (Nueva York: Harcourt Brace. 1986). 144-146.

Los empresarios y elEstado argentino (1955-1969) (Buenos Aires: Siglo XXI. Buenos Aires: Sudamericana. 1946-1976. pp. 1946-1976 (Cambridge: Cambridge University Press. The Crisis of Argentine Capitalism (Chapel Hill: The Uni­ versity of North Carolina Press. Essays on the Economic History o f the Argentine Republic. 11Eduardo F. 1978). pp. Correspondencia Re­ lacionada con los Asuntos Internos dé la Argentina. pp. 1989). Embajada de los Esta­ dos Unidos en Buenos Aires. 21 de agosto de 1946. n° 2048-195. 835. pp. El mouimiento obrero argentino. p. 7Departamento de Estado de los Estados Unidos. Poder militar y sociedad política en la Argentina. subsecretario de Estado de Asuntos Económicos. Empresarios del pasado.El Cordobazo Aires. pp. Lewis. 1975).2630. Essays on the Economic History of the Argentine Republic {New Haven. 1943* 1973. Paul H. 14-16. Política y cultura popular: la Argentina peronista.: Yale University Press. 14Rock. '‘Comments on Current Events". Devine. la Unión Industrial Argentina (Buenos Aires: CÍSEA/Imago Mundi. 273-318. Jorge. 166. 9Alain Rouquié. 194655 (Buenos Aires: Ediciones de la Flor. pp. “The Survival and Restoration of Peronism". 1990). carta del embajador George S. 1974). Buenos Ai­ res: Amorrortu Editores. Buenos Aires. Resistcmce and Integratton: Peronism and the Argentine Working Class. 8Wiliiam C. 1970). 81. "Wíth Reference to the Plans of the Argentine Government for Industrial Projects and for Increased Industrialization of the Country”. y particularmente su discusión sobre la generalización del con­ cepto de ciudadanía por parte del peronismo. . 1983). Éste es sólo uno de una serie de estudios que plantean el hoy ampliamente aceptado argumento de la existencia de ciertas afinidades entre las políti­ cas laborales de Perón y las de los gobiernos de las décadas de 1930 y 1940. i7Hiroshi Matushita. Jorge Schvarzer. 256-262 [Ensayos sobre la historia económica argentina. 187. Calif. Messersmith a Wiliiam L. vol.. 10Díaz Alejandro. El peronismo y la clase trabajadora argentina. El capítulo introductorio de James. Embajada de los Estados Unidos. 29 de agosto de 1938. 184-188. [Resistencia e integración. 1989). Absentee Entrepreneurship and the Dynamics of the Motor Vehicle Industry in Argentina (Nueva York: Praeger Publíshers. Clayton. p. Smith. 1981). Díaz Alejandro. Authoritarianism and the Crisis of the Argentine PoliticalÉconomy (Stanford. s Carlos F. pp. 256-262. 1975|.. El peronismo.60/8-2146. Conn. 1989). en David Rock. 1943-1955 (Buenos Aires: Editorial Sudamericana. PeterWaldmann. 193-200. 1990). 166.: S tan ford University Press. 1983). p. 1991). 1970). 13David Rock. agregado militar. Jr. 2 (Buenos Aires: Emecé Editores. 191. es la descripción más percep­ tiva de los apuntalamientos culturales de este complejo movimiento. A. Jorge Niosi. 16Alberto Ciria. 12María Beatriz Nofal. comp. 1930-1945: sus proyecciones en los orígenes del peronismo (Buenos Aires: Siglo XXÍ. 16 de octubre de 1939. Industria y concentración económica (Buenos Aires: Siglo XXI. Argentina in the Twentieth Century (Pittsburgh: University of Pittsburgh Press. "The Survival and Restoration of Peronism". de M. 15Daniel James.

16-30. 19. “La organización del movimiento sindical peronista”. 27Un distinguido historiador estadounidense del trabajo. 1943-1955. El peronismo. 45-75. 23 Gary Wynia. también era más débil. 22. entre otras.Introducción 39 No obstante. Yo sostengo que si los sindicatos y el lugar de trabajo no fueron el universo exclusivo de la experiencia de la clase obrera argentina y específicamente de la cordobesa. Inter-American Economic Affairs. n° 1 (1968). "La organización obrera y el Estado peronista”. 370. no obstante. Nofal. “La organización obrera y el Estado peronista”. Chile and México (Nueva York: Praeger Publishers. la estrategia de cooptación de los gobiernos anteriores. 25Zuvekas. 149-178. 21 Little. fue la degradación de la organización de delega­ dos peronistas en los años sesenta lo que fomentó los movimientos clasis­ tas y las rebeliones de base de los setenta. las políticas de Perón representan un cambio significativo en la historia del movimiento obrero organizado de la Argentina. la familia y ia comuni­ dad. pp. sí constituyeron. la vo­ luntad de negociar y comprometerse con el movimiento obrero. sus influencias más importantes. y esto fue especialmente cierto en la era de la industria pesada posterior a 1955. 22Clarence Zuvekas. “Argéntiñe Economic Policy. pp. 20WaIdmann. vol. 1958-62: The Frondizi Govemment’s Development Plan*’. especial­ mente con los sindicatos claves y estratégicos. señaló que los sindicatos y el sindicalismo sólo abarcaron una parte relati­ vamente pequeña dé la experiencia de la clase obrera estadounidense. 210212. p. 1958-62”. . vol. pp. 1978). la religión. 24Nofal. 209-210. n° 94 (julio-septiembre de 1984). “Argentme Economic Policy. 45-75. Argentina in the Postwar Era (Albuquerque: University of New México Press. pp. 18-34. Absentee Entrepeneurship and the Dynamics of the Motor Vehicle Industry in Argentina. El peronismo creó una cultura obrera que echó por tierra toda diferencia étnica y religiosa — en la Argentina nunca tan fuertes como en muchos otros países— que anteriormente hubiera divi­ dido a los trabajadores. David Brody. Dependent Industrialization in Latín America: The Automobile Industry in Argentina. Si bien es probable que esto pueda decirse de la his­ toria de cualquier clase obrera. Por la misma razón. el género. en éste país las mujeres nunca representaron un porcentaje de la clase obrera tan grande como en los Estados Unidos. Colectivamente. que indudablemente tuvieron el efecto de fortalecer las instituciones del movimiento obrero y establecer vínculos or­ gánicos entre el Estado y los sindicatos. Desarrollo Económico. 26Rhys Owen Jenkíns. que las influencias de la etnicldad. incluso en las nuevas ciu­ dades industriales del interior. Desarro­ llo Económico. 338-339. vol. 19Louise Doyon. pp. pp. tal vez haya sido menos cierto en la clase obrera argentina de esos años. han sido al menos tan importantes para los trabajadores como sus sindicatos. Absentee Entrepreneurship and the Dynamics ofthe Motor Vehicle Industry in Argentina. De manera similar. n° 75 (octubre-diciembre de 1979). pp. 24. 1977). p. 16 Walter Little. carecieron de la profundi­ dad de las reformas de Perón. La comunidad obrera. pp. 10.

.

Programa de L ’Ordine Nuovo .—. electricis­ tas. que a través de su exis­ tencia ordena y gobierna todo el complejo urbano. del mismo modo en la ciudad se form a la clase proletaria de acuerdo con la industria predominante. etc. albañiles. Antonio Gramsci.Primera parte CÓRDOBA A sí como los trabajadores se form an en una fábrica — ordenándo­ se de acuerdo con la producción de un objeto determinado que une y organiza a trabajadores del metal y la madera.

i 1 I .

su universidad y su severa mora­ lidad hispánica. Industria. una ciudad de abogados eruditos y amantes de la retórica. sociedad y clase La a menudo citada caracterización de Domingo Faustino Sar­ miento acerca de la paradoja de la historia argentina. todos salidos de las antiguas familias aristocráticas y es­ trechamente entrelazados por vínculos de sangre y parentesco en lo que la más mundana elite porteño. La naturaleza despareja del desarrollo capitalista de la Argentina había implicado el monopolio del comercio. cambió a regañadientes su ambiente medieval por las maneras cosmopolitas aportadas por la prosperidad. algunos de los cuales abando­ naron la más dura vida de campo y encontraron trabajo en el co­ mercio y la industria de la ciudad. o el interior. Córdoba.000 habi­ tantes. se las arregló para obtener una parte de los mercados de exportación e imitar algunos de los cambios que. del conflicto entre civilización y barbarie. del mismo modo la riqueza agrícola de Córdoba atrajo a campesinos y trabaja­ dores de la Europa del Mediterráneo. eclesiásticos censores y orgullosos catedráticos universi­ tarios. los nego­ cios y la cultura por parte de Buenos Aires y establecido una grieta histórica entre la ciudad y el hinterland. Así como Buenos Aires había atraído a inmigrantes. Algunas provincias fueron más afortuna­ das que otras en esta división de la riqueza y el poder. La capital provincial de Cór­ doba. habían crea­ do una clase obrera que se estimaba en 11. en especial la cervecería AngloArgentina y la fábrica de zapatos de Farga Hermanos. transformaban a la pro­ vincia de Buenos Aires y en especial a la ciudad portuaria en el centro económico del Atlántico Sur. con aproximadamente 135. calificaba un poco despecti­ vamente como "aristocracia doctoral”. Si bien en 1914 aún era un cen­ tro urbano de tamaño medio. con sus ricas tierras agrícolas del sur. el puerto y las provincias. como solían llamarlo los argentinos. afarnada por su catedral. a fines del siglo XIX. no fue un retrato meramente literario del antagonismo entre Buenos Aires y el resto del país.1.708 personas hacia el . Entre ellas. sus talleres e industrias.

emplean­ do unos 600 trabajadores. centros sediciosos que expresa­ ban los resentimientos de los excluidos y humillados de la sociedad cordobesa. pero su determinación casual tendría inmensas im­ plicaciones para el futuro de la ciudad. el gobierno radical de Alvear. siempre y cuando la educación universitaria del aspirante se completara con la evidencia de piadosos sentimientos católicos y no estuviera manchada por ninguna asociación anarquista o socialista de sus días de estudiante. culminó en el movimiento de !a Reforma Universitaria de 1918. Los comités de la Unión Cívica Radical en los cuales se congregaban también fueron. los rojos. Como las elites porteños. En 1927.1También igual que en Buenos Aires.44 El Cordobazo comienzo de la Primera Guerra Mundial. La aristocracia cordobesa abandonó algunas de sus tradi­ cionales lealtades familiares y reconoció la idoneidad para el matri­ monio de hombres de clase media capaces y con grados universita­ rios. si bien tenía una precaria existencia y sufría suspensiones periódicas de la producción debido a la mez­ quindad del gobierno con los fondos nacionales necesarios para mantenerla en funcionamiento.3 La fábrica de aviones. Sólo hacia fines de ese período se introdujo un ele­ mento que se apartaba del ejemplo de Buenos Aires.2 La historia de Córdoba. en ese momento el mayor desafío al gobierno de la elite provenía no de los trabajadores sino de los agricultores flore­ cientes y en especial de la clase media urbana. la universidad. respondiendo a presiones militares. reflejó así muchos de los cambios producidos en Buenos Aires durante el medio siglo de gobierno libe­ ral (1880-1929). con una superficie de 65 hectáreas en las que se levantaban 23 edificios y procesos de pro­ . la fábrica era uno de los mayores emprendimientos industriales del país. era la primera experiencia en el país de producción ma­ siva de flujo continuo en las industrias mecánicas. en su momento. líder del ala patricia y alvearísta de la Unión Cívica Radical. Las elites se aliaron con los partidarios de Marcelo T. con­ cedió fondos nacionales para el establecimiento de una fábrica de aviones en Córdoba. La decisión de ubicarla allí había sido sencilla­ mente una devolución de favores para los aliados políticos de Alvear en la provincia. Su asalto al símbolo del privilegio y la exclusividad de la elite en Córdoba. contra el sector yrigoyenísíu local. que pronto construiría aeroplanos Focke-Wulff y planeadores Rhoen-Bussard alemanes. con las mutaciones determinadas por el carácter especial de su sociedad. Se reclutó gente de talento político y los resentimientos de clase fueron aplacados permitiendo que se incorporara sangre nueva a las viejas familias. la aristocracia cordobesa res­ pondió al reto de la clase media mediante la adaptación más que por la represión. los azules. de Alvear. Hacia 1929. Hacia 1932 era un complejo industrial de gran tamaño.

en especial. La fábrica de municiones de Río Tercero debió su establecimiento a la existencia de electrici­ dad barata provista por la cercana represa de Río Tercero. y las industrias textil. cementera y armamentística. Estas fábricas de armamentos y municio­ nes sentaron las bases de la experiencia técnica de la región y crea­ ron en los militares un interés consumado por asegurar la viabili­ dad permanente de Córdoba como centro industrial de las indus­ trias mecánicas. la Fábrica de Armas Portátiles en San Francisco y una de municiones para artillería en Río Tercero. por ejemplo.6 Entre las medidas adoptadas durante los años de la gobernación de Sabattini se encontraban una serie de proyectos de obras públi­ cas que permitieron que Córdoba llevara a cabo el sistema más amplio de construcción de caminos. Éste.4 La fábrica de aviones sentó un precedente para el establecimien­ to de otras fábricas de armamentos y municiones en la provincia. desarrollo hidroeléctrico e in­ dustrialización liviana de todo el interior del país. al mismo tiempo que los planificadores industria­ les castrenses esperaban que sus fábricas se beneficiaran como proveedoras y compradoras de otras plantas de la ciudad. sociedad y clase 45 ducción que utilizaban maquinarias especializadas y laboratorios de pruebas modernos. hijo de inmigrantes italianos. pero los resultados fueron un paso significativo hacia el pos­ terior desarrollo industrial de Córdoba. La depresión en el campo cor­ dobés fue más grave que la enfrentada por los estancieros de Bue­ nos Aires que apoyaban la restauración conservadora. reñido con la filosofía y las políticas de los gobiernos con­ servadores de la década del treinta. Los programas de indústrialización tuvie­ ron resultados menos espectaculares pero todavía dignos de respe­ to.Industria. La inter­ vención estatal y el apoyo gubernamental acompañaron a la indus­ trialización de Córdoba desde el principio. reanimó la aparentemente moribun­ da tradición yrigoyenista de la Unión Cívica Radical y forjó una efi­ caz organización partidaria local con un programa vagamente na­ cionalista. .5La represa fue sólo uno de los muchos proyectos de obras públicas iniciados por el gobernador Amadeo Sabattini (1934-1940). Los programas de construc­ ción de caminos. En la década de 1930 se construyeron otras plantas militares como la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos en Villa María. El éxito de los programas de Sabattini no siempre estuvo a la altura de lo ambicio­ nado. por en­ tonces el mayor emprendimiento hidroeléctrico de Sudamérica. y las cuadrillas camineras puestas a trabajar a lo largo y lo ancho de la provincia dieron a Córdoba una de las más extensas redes camine­ ras provinciales del país. fueron inmensamente exitosos. y el sabattinismo impulsó un papel más activo del Estado en la promo­ ción de la recuperación económica.

649 miembros. el general de brigada Ignacio San Martín. donde Agustín Tosco encontraría trabajo en 1948. En 1951.189 a 37. Los di­ ques y represas construidos en la sierra cordobesa en la década de 1930 aseguraron que la generación de energía eléctrica. IAME.839 en 1935 a 5. La cantidad de establecimien­ tos industriales de la provincia en su conjunto aumentó de 2. dado el estado deprimido de su campo los resultados de los programas industriales fueron significativos. y la clase obrera industrial creció de 20. las Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Esta­ do. Más tarde. que construiría los motores que antes se importaban y ensamblaban en las fábricas de aviones. el gobierno creó la Fábrica de Motores y Automotores. la Córdoba que Tosco descubrió a su llegada en 1944 era algo intermedio entre la pequeña ciudad comercial y burocrática que había sido durante la década del treinta y el gran centro industrial en que se convertiría en la del cincuenta. Así. y la industria energética cordobesa sería una de las más afectadas. que éste no podía ig­ norar.319 en 1940.46 El Corciobazo exhibieron un crecimiento destacable. el gobierno justicialista acordó fusionar las fábricas de Córdoba y crear un gran complejo industrial militar. se desempeñó como vocero de los intereses castrenses en la provincia y se las arregló para convencer a Perón de que aumentara la inversión estatal en las fábricas militares de las afueras de la ciu­ dad. la provincia asumiría el control de toda la generación de energía eléctrica y creada la EPEC (Empresa Pública de Energía de Córdoba).613 establecimientos existentes en la nación en 1940. El establecimiento de tarifas reducidas para la industria fue uno de los motivos principales del crecimiento industrial de Córdoba durante los años de Sabattini y ulteriormente. Su ministro de Aeronáutica. Córdoba fue una excepción en la ineficacia general de los progra­ mas. rebautizadas como Dirección Nacional de Fabricaciones e . las ásperas y continuas discusiones de Perón con las empresas de energía eléctrica impulsarían su nacionalización gradual en las dé­ cadas de 1940 y 1950. debida no tanto a la planificación de Perón como a las intensas presiones militares. industriales peronistas. En 1946. al menos en el futuro inmediato. Los más importantes fueron sin duda los proyectos hidroeléctricos de Sabattini.7 Si bien Córdoba conservó su carácter agrario y la participación provincial en la producción industrial representaba una modesta fracción de los 43. iría al mismo paso que las necesidades in­ dustriales. Un año más tarde. El crecimiento industrial de esta última década sería una herencia de los proyectos de obras públicas de Sabattini y también de las políticas peronistas.

8 De manera reveladora. Córdoba era el segundo mayor productor de motocicletas del mundo. Hacia mediados de los años cincuenta. por ejemplo. en competencia con los profesionales liberales del derecho y la medicina como paradigma de la respetabilidad y los logros de las clases media y alta. introduciendo nuevas tec­ nologías y procesos laborales y las prácticas gerenciales modernas de la producción fabril.9El mayor ámbito de producción de IAME y la principal fuen­ te de empleo fabril de la ciudad seguía siendo el parque industrial del rincón sudoeste. sociedad y clase 47 Investigaciones Aeronáuticas (DINFÍA) en 1957. Las nuevas industrias afirmaron la demanda de ingenieros capacitados. Las operaciones de LAME se concentraron en el complejo indus­ trial de las afueras. pero era impor­ tante por su valor simbólico— . que en conjunto empleaban a 10. en la década de 1950 el ingeniero se convertiría en una figura de prestigio en la ciudad. el auto Graciela —apodado el Justicialista. apenas se lo producía y sus ventas eran escasas. La fábri­ ca de Ferreyra se erigiría más adelante en uno de los centros de la industria automotriz cordobesa. y las calles de la ciudad hervían con las zumbantes Pumas construidas en las fábricas de IAME. hasta que el boom auto­ movilístico de fines de la década hizo accesibles a la clase media. donde se concentraban casi 9. en el que aún pastaban las vacas (véase Figura 1). des­ pués de Milán.000 traba­ jadores. Uno de sus emprendimientos. Sus efectos en el mercado laboral e incluso en el tradicionalismo y el conservadorismo social notoriamente obstinados de Córdoba fueron también considerables. dando fin a su reputación como provincia preponderantemente agraria y a su de­ pendencia de las exportaciones agrícolas para su sostenimiento eco­ nómico. lo que convirtió a Córdoba en el primer centro industrial del interior. y por corto tiempo a la clase obrera. En la época del derrocamiento de Perón en 1955. pero los militares tenían fábricas y talleres dise­ minados por toda la ciudad y sus alrededores. jeeps y camiones para el ejército y la motocicleta Puma. y por último simple­ mente como Industrias Mecánicas del Estado (íME). pero a principios de la década de 1950 era sólo uno de los aproximadamente 55 establecimientos industriales de IAME. era una fábrica de tractores en Ferreyra. las fábricas de LAME producían una amplia gama de vehículos de transporte: aviones comerciales y militares.000 trabajado­ res y un personal administrativo de varios cientos de personas. lo que a su vez impulsó una reforma de la venerable y ligeramente desactualizada educación clásica de sus universidades y la mejora de sus departa­ mentos de Ingeniería. Las fábricas mecánicas del complejo LAME transformaron profundamente la cultura industrial local. un barrio escasamente poblado en el rincón sudeste de la ciudad. los autos producidos interna- .Industria.

La ciudad de Córdoba. las fábricas eran una extensión de los cuarteles. la autoridad de la dirección sobre la base era absoluta y las fábricas de IAM E cobraron reputación como u n a de las pocas ind ustrias m odernas y eficientes del país. . Para los gerentes militares de las plantas de ÍAME.10 Transporte Automotor) 5 6 Gráficos UTA {Unión Tranviarios Automotor} 7 Petroleros Privados 8 UOM (Unión Obrera Metalúrgica) 9 ATE {Asociación ele Trabajadores de! Estado) Figura 2. La sindicalización esta­ b a prohibida.48 El Cordobazo mente. aunque en la clase obrera local se las conocía por la dureza con que trataban a su m ano de o b r a . y la estricta disciplina militar que siem ­ pre h a b ía caracterizado los emprendimientos del complejo continuó a lo largo de los años de gobierno peronista. Dentro del complejo ÍAM B existía u na escuela técnica con personal y administración militar p ara capacitar a los trabajadores requeridos en las tareas m ás especializadas de las plantas.

sometida a los rigores de la disciplina castrense y renombrada por su docilidad.11 La energía eléctrica demostró ser la partera de la industrializa­ ción cordobesa en la posguerra. Los proyectos hidroeléctricos de Sabattini en la década de 1930 fueron complementados en 1959 por el Plan Ansaldo del gobierno provincial. Deán Funes y Pilar. dado que Córdoba pudo atraer la inversión industrial mediante la reducción de tarifas posible por el amplio desarrollo de la energía hidroeléctri­ ca. Los funcionarios gubernamentales apren­ dieron el valor del fomento y la promoción industrial. Si bien por entonces sus . construyendo nuevas plantas y transforman­ do subestaciones y líneas de transmisión. al margen de Buenos Aires. Contribuyó además al desarrollo industrial la experiencia que los líderes políti­ cos cordobeses habían obtenido en lo que podría llamarse la políti­ ca de industrialización. En primer lugar. subsidios y la aplicación flexible de los códigos laborales. Aportaron beneficios. se aprovecharon fuentes de energía termal y la EPEC llevó a cabo un programa de expansión acelerada. fortaleció la consideración de ésta como un ámbito atractivo para las inversiones industriales. sociedad y clase 49 IAME tuvo muchos efectos sobre el ulterior desarrollo económico de Córdoba. La electricidad barata había sido uno de los principales argu­ mentos del general Ignacio San Martín para convencer a Perón de que estableciera la Fábrica de Motores y Automotores. fue un gran aliciente para las empresas que de­ seaban evitar las disputas laborales y los problemas personales que habían llegado a asociar con la Argentina de Perón. La formación de una mano de obra experimenta­ da. y dio a Córdoba lo que indiscutiblemente era la más extensa industria de generación de electricidad del país. En una investigación hecha en 1964 sobre los 32 principales establecimientos industriales de la provincia. la gran mayoría de los cuales estaban ubicados en la capital. lo mismo el papel preponderante desempeñado por los militares en la industrializa­ ción de la ciudad. que permitió que capi­ tales italianos financiaran dos grandes plantas energéticas.Industria. A comienzos de los años sesenta. que en algunas áreas podía competir exitosamente con Buenos Aires. y a seducir a los inversores a través de reducciones impositivas. y la impor­ tancia de la energía eléctrica perduró durante la expansión de IAME y la era de las inversiones multinacionales en las industrias mecá­ nicas. casi todos señalaron la dis­ ponibilidad de energía eléctrica barata como el motivo central de la instalación de sus plantas en Córdoba antes que en otras provin­ cias o incluso en Buenos Aires. en especial los proyectos de energía eléctrica de Sabattini. El desarrollo de una experiencia local en ingeniería y del núcleo de trabajadores calificados necesarios para las fábricas mecánicas de ñujo continuo explicaba parte de esta atracción.

un con­ junto de establecimientos dedicados a la reparación.50 ¿2 Cardob&zo recursos ya estaban recargados de impuestos y las demandas de las nuevas industrias mecánicas y de los consumidores pronto ame­ nazaron el fundamento económico de la provincia. de los trabajadores industriales. el 63% de la mano de obra industrial correspondía al sec­ tor no tradicional.13 :. Santa Fe y Mendoza.9% de los empleos industria­ les de la ciudad se concentraban en las industrias livianas tradicio­ nales: mataderos. Basándose en la tradición provincial en las industrias aeronáuticas y mecánicas. el 47. sinónimo en Córdoba de las in­ dustrias mecánicas. el impacto de las fábricas de LAME era evidente en los cambios del empleo industrial. Hacia 1961. casi todos esos empleos se concentraban en dos empresas: la Fábrica Militar de Aviones y los talleres del Ferrocarril del Estado. sociales y políticos generalmente asociados a un proceso genuino de industrialización. molinos harineros y unas pocas plan­ tas textiles.918 kw respecti­ vamente.12 El éxito de las fábricas de LAME afirmó a Córdoba como el ámbito preferido del país para las inversiones en las industrias mecánicas. caracteriza­ do por tasas extremadamente rápidas de crecimiento pero concen­ trado en un solo sector industrial tecnológicamente complejo y sin la gama de cambios económicos. En la década de 1950. De manera similar. con 443. Si bien el restante 43% correspondía a sectores "no tradicionales4*. hacia 1961 las industrias mecáni­ cas eran responsables dél 83% del valor total de la producción in­ dustrial de la ciudad. primordialmente la producción de cemento. Otro 9% correspondía a lo que podría llamearse indus­ trias intermedias. estaban considerablemente rezagados. el 75% de la mano de obra industrial se en­ contraba en el sector “dinámico”. La ulterior transformación de la economía local se produjo con ex­ traordinaria velocidad. mien­ tras sus competidores más cercanos. en la generación anual de electricidad. representado de manera abrumadora por las fá­ bricas militares de la ciudad. Sólo siete años después. Ese año produjo 865.086 kw de energía. mientras las industrias livianas e intermedias absorbían sólo el 20% y el 5%. respectivamente. El complejo de IAME había iniciado un proceso luego proseguido e intensificado por las empresas auto­ motrices. En 1953. Córdoba se convirtió en el centro de un nuevo tipo de desarrollo industrial en América Latina.865 y 667. que no fabri­ caban nada en absoluto. En 1946. En 1965 fue la segunda provincia. Córdoba aún tenía una ventaja relativa en la atracción de las inversiones indus­ triales a través de la reducción de las tarifas eléctricas. cervecerías. después de Buenos Aires. .

con su régimen por entonces en crisis. En primer lugar.14 Fiat firmó un convenio con el gobierno justicialista el 24 de sep­ tiembre de 1954 para la compra de la fábrica de tractores de ÍAME en Ferreyra. el Presidente se vio forzado a negociar con los fabricantes automotores extranjeros o.000 unidades del Fiat 1400 a un tipo de cambio subvaluado y a venderlas a un precio más alto que el que tenían en Italia. 10 y 5. tuvo que aceptar los términos establecidos por la compañía italiana. Kaiser y más tarde con su hijo. considerando la pro­ ducción de automóviles com o el sirte qua non del ingreso a Jas filas de las naciones desarrolladas. a ver cómo se perdían en la importación de automóviles valiosas divisas extranjeras. Así. la empresa pudo sufragar un monto significativo de los costos de la importación de maquinaria y del reequipamiento de la fábrica de tractores.15 Las negociaciones de Perón con el industrial estadounidense Heruy J. Fiat ac­ tuó con habilidad sobre la vulnerabilidad del gobierno. Perón. El acuerdo firma­ do el 19 de enero de 1955 para la construcción de un complejo au­ tomotor de Kaiser en Santa Isabel. Perón se enfrentaba al fra­ caso de sus recientes políticas industriales. en la que se invertirían. en caso contrario. y Perón. a fin de conseguir que establecieran sus plantas en Córdoba. creó una empresa conjunta estatal-privada entre KaiserFrazier Industries y LAME. Los estrictos controles sobre las importaciones y la partida de Ford. habían conducido a una grave escasez de vehículos nuevos y a! deterioro del stock exis­ tente. que redujo en gran medida el costo final de la operación. Edgar. lo mis­ mo que más tarde Frondizi. Además. en los suburbios del sudoeste de Córdoba. y realizó una importante operación de inversión extranje­ ra con mínimo riesgo y para una inversión de capital de sólo un millón y medio de dólares. para elevar su capital de trabajo. sociedad y ciase 51 los militares y los políticos peronistas cordobeses alentaron a Perón para que atrajera a las empresas automotrices extranjeras. como primer paso hacia la edificación allí de un gran complejo de vehículos automotores. Fiat fue autorizada a importar unas 2. Además. el gobierno argentino facilitó la compra por parte de Fiat de la fábrica de tracto­ res otorgando a la empresa un crédito a través del Banco Industrial.Industria. General Motors y otras ensambladoras de automóviles de la Argentina. apreciaba la industria automotriz tanto por su valor simbólico como por el económico.7 millones de dólares. respectivamen­ te. al mismo tiempo que se garantizaba expresamente la inversión mayoritaria a los accionistas argentinos individuales a través de suscripciones privadas vendidas en la bol­ sa de valores argentina. 20% para LAME y 48% para . El reparto final de las acciones"’debía ser de 32% para las Kaiser-Frazier Industries. Con ello. resultaron en un convenio similarmente ventajoso para el inversor. En las negociaciones.

Kaiser puso como condición para la inver­ sión la promesa de que IAME apoyaría a sus candidatos. y la filosofía gerencial y las prác­ ticas comerciales de Kaiser impregnaron toda la operación. Sin embargo. Fiat había expresado interés en instalarse en Mendoza. unidad que comenzó a devaluarse en una propor­ ción alarmante después de la firma del convenio.17 Los únicos compromisos significativos de las empresas en sus negociaciones se referían a la localización final de la inversión. y no en Córdoba.000 autos de su marca en el mercado argentino. Tan­ to Fiat como Kaiser manifestaron algunas reservas acerca de la con­ veniencia de Córdoba como ubicación para sus plantas. La inver­ sión de Kaiser consistió. y que incluso muchos de los trabajadores calificados y semicalificados que necesitaban ten­ drían que volver a ser capacitados para sus nuevas tareas. Los estadounidenses nunca perdieron el control de las Industrias Kaiser Argentina (IKA). LAME obtuvo el de­ recho a producir algunas de las herramientas. una artimaña concebida para pro­ teger al gobierno de las críticas de los partidarios del nacionalismo económico al convenio. prefería que sus plantas se loca­ lizaran en Rosario. en gran medida. el princi­ pal mercado del país.!6 El arreglo funcionó mientras duró ía participación de Kaiser en la empresa. En las ne­ gociaciones con Perón. dado que las empresas sabían bien que sus procesos de producción requerirían un personal obrero predominantemente no calificado. aunque menor. para conseguir también el acceso al prometedor merca­ do chileno. también aquél recibió un préstamo del Banco In­ dustrial en términos favorables y forzó concesiones de Perón para minimizar el costo de su inversión original. Las suscripciones de acciones de IKA y las inversiones de IAME eran en pesos.18La existencia de una consi­ derable mano de obra con experiencia en las industrias mecánicas era un aliciente para ellos. aparejos e instalaciones necesarios para IKA a cambio de su inversión de capi­ tal. en la transferencia desde sus emprendimientos estadounidenses a Córdoba de equipos y maquinarias usados e incluso desactualizados. James McCIoud. el status de Kaiser como socio menor era una mera formalidad. entre ellas el derecho a vender 1.19 Final­ mente se convino en que Córdoba sería el lugar de la inversión. para que ésa fuera la localización de las nuevas plantas. que estaba más cerca de Buenos Aires. matrices.52 El Cordobazo accionistas privados. Por otra parte. Uno de los principales negociadores de Kaiser y futuro presidente de IKA. en gran medida a causa de dos factores: el bajo costo de la energía eléc­ trica y la insistencia de Perón. a instancias del general Ignacio San Martín y de otros intereses militares y civiles de la ciudad. Esto obligó a IKA . como Fiat. con lo que la empresa estadounidense se aseguraría el control del directorio.

pagando 375. la empresa firmó un convenio con la compañía italiana Alfa Romeo para fabricar el Alfa Romeo 1900.22Pero. en general. En esencia.000 solicitudes de empleo re­ cibidas. estaba negociando licencias de fabricación con compañías automotrices de Europa y los Estados Unidos para agre­ gar nuevos modelos y había adelantado bastante en las primeras etapas de selección de las más de 12. Las plantas Kaiser introdujeron concentraciones de capital. la planta de motores y la forja. una mezcla extrema de productos— . empleaban procesos manufac­ tureros y laborales que revolucionaron la cultura industrial local. dado que intentaba diversificar sus modelos y adaptar la producción a los gustos del mercado local. planta de motores. si bien quedaban cada vez más desactualízados frente a las normas de las industrias automotrices estadounidenses y europeas. A fines de 1958.20 Su propia linea de jeeps y autos ya salía de las líneas de montaje a comienzos de 1957. con Renault en 1959. montaje de vehículos. departamento de pintura y planta de galvanoplastia.2! Posteriormente firmaría convenios semejantes con Volvo. yendo más allá del diseño de tamaño excesivo y ligeramente extravagante de los autos de Kaiser. por último. Como operaba en una escala mayor que Fiat y se había levantado y puesto en marcha en . la primera negociada por ÍKA. Hacia fines de 1956. la empresa ya había completado la construcción de una serie de plantas. el trabajo y la política obrera de la ciudad. una alta incidencia de los retoques en los modelos y. American Motors y. El tra­ bajo en las plantas Kaiser tenía muchas características específicas — en particular la ubicuidad del trabajo en tandas en oposición a la producción en línea móvil. to­ das las cuales requerían una considerable flexibilidad de la mano de obra. las más grandes del país. servicio de máquinas herramienta y matrices. IKA estableció en Córdoba una moderna industria de producción masiva. el más importante. habían transferido sus operacio­ nes de Detroit a la Argentina. que estimuló el tipo de desarrollo industrial iniciado por las fábricas de IAME y contribuyó a dar for­ ma al peculiar carácter de la vida. departamento de prensas. y dividieron el complejo de Santa Isa­ bel en unidades independientes de producción: forja.000 dólares por las matrices y acor­ dando abonar regalías futuras por la licencia de fabricación. sociedad y clase a apresurarse y comenzar la producción lo más pronto posible. Las plantas de Kaiser también influyeron de muchísimas otras maneras sobre la cultura industrial local.Industria . La gran planta de máquinas herramienta y ma­ trices producía todas las matrices de prensas utilizadas en la cons­ trucción de la línea de autos propia de Kaiser. tra­ bajo y tecnología en una escala desconocida hasta entonces en la industria argentina.

es decir. satisfacían la mayoría de las necesidades de producción de IKA. espejos.23 El resultado de esta política fue un mejoramiento en la calidad de los autos Kaiser. bujías de encendido) para IKA. y nunca surgió en la indus­ tria metalúrgica de la ciudad una burguesía industrial digna de ese nombre. tam­ bores de freno. Decidió no depender de los pe­ queños fabricantes de partes de la ciudad. así como fabricantes extranjeros independientes. vendida a Ford en 1967. comenzó a levan­ tar sus propios establecimientos autopartistas.24 Por ejemplo. siendo la interdependencia e intercambiabilidad de las partes y componen­ tes de las compañías automotrices una de las características sobre­ salientes de la industria argentina. las varias plantas de Santa Isabel— . Más adelante también abastecieron a Fiat y otras empresas. fábricas que empleaban máquinas herramienta con los ritmos de trabajo formal y los con­ troles de calidad exigentes de las industrias de producción masi­ va. operando como proveedores de partes y acce­ sorios básicos (velocímetros. Cientos de peque­ ños talleres metalúrgicos surgieron a la sombra de la industria au­ tomotriz cordobesa. fábricas que utiliza­ ban procesos de producción “mecanizados" en oposición a los de “talleres de trabajos por encargo". No obstante.54 El Cordobazo una fecha anterior. En cambio. que hacían elementos de alto deterioro para automotores (semiejes. y Fiat y como autopartistas directos en el mercado de repuestos. que finalmente fueron atraídos al lucrativo mercado local e instalaron fábricas en la ciu­ dad. Las diversas plantas de componentes de IKA —Transax (ejes). durante muchos años la planta de Transax sería la única proveedora de ejes traseros para todas las empresas automotrices de la Argentina. Pajas Blancas. los propietarios de los establecimientos metalúrgicos eran en general empresarios de poca monta. pero también reforzó la naturaleza inusualmente concentrada del desarrollo industrial de Córdoba. piezas forjadas y de fundición sencillas). algunos engranajes. las fábricas de ILASA (cables. IKA tuvo un efecto más directo sobre ei desarro­ llo industrial ulterior de la ciudad. como Thompson Rameo y Associated Spring. componen­ tes eléctricos y carburadores). y el taller de transmisiones de IKA en el complejo de Santa Isabel fue el abastecedor de las transmisiones usadas por todas las compañías . dado que sospechaba del origen metalúrgico de estos productos y especial­ mente de sus tolerancias mecánicas. La combinación de la legislación gubernamental que establecía requisitos de contenido nacional mínimo en la producción automotriz y la falta de una empresa ma­ triz de IKA que actuara como proveedora de componentes e insumos industriales condujo a la compañía a llevar a cabo un progra­ ma radical de integración vertical.

sociedad. con la adquisición en 1966 de la planta de Perdriel para construir máquinas herramienta de alta precisión. la posibilidad de actuar como un interlocutor serio con las empresas automotrices o con el gobierno provincial. La estrategia vertical de ÍKA llegó tan lejos que en 1961 podía afirmar que el primer Renault construido bajo licencia. y su status como representantes de la empresa más gran­ . Luego. la Cámara de Industrias Metalúrgicas. a comienzos de la década de 1960 IKA comenzó a comprar algunas en la laminadora de la estatal Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (SOMISA). completó finalmente su estrategia vertical. Entre otros efectos. tenía un contenido interno del 72%. Como lo harían otras firmas automotrices presentes en la Argentina.26 Un efecto imprevisto de todas estas adquisiciones fue. el carácter altamente fragmentado de la industria metalúrgica local. y en el país en general. durante muchos años las políticas de IKA negarori a la asociación de empleadores de la actividad metalúrgica. IKA había aspirado a algo más que una integración vertical de sus operaciones industriales. Inicialmente. El establecimiento metalúrgico típico de Córdoba era un emprendimiento precario. en una ciudad que ya estaba perdiendo su diversidad industrial.industria. en la provincia de Buenos Aires. Tales políticas ahonda­ ron la brecha entre las compañías automotrices y la industria me­ talúrgica dependiente.:25 A pesar de la enorme demanda de planchas de metal de la pro­ ducción automotriz. Por último. que alcanzarían su clímax duran­ te los gobiernos peronistas de 1973 a 1976. de San Nicolás. una situación que tendría más adelante importantes repercusiones para la política de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) local. limitó las perspectivas de desarrollo de una burguesía industria! local e influyó profundamente en la política industrial de Córdoba. y dase 55 salvo Chiysler. Sin embargo. en los primeros años de producción IKA y Renault im­ portaron todas las planchas de metal para sus carrocerías. su estrategia ver­ tical llegó a incluir metales forjados. Las cifras de venta de los primeros años fueron prome­ tedoras. como ya lo mencioné. y en 1965 compró la Metalúr­ gica Tandil. el Dauphine. la fundición más grande del país. en Córdoba nunca se instaló una planta side­ rúrgica. que utilizaba tecnologías primiti­ vas y en general no empleaba más de una docena de trabajadores.27 La estrategia vertical de IKA. Los ejecutivos y gerentes de Kaiser habían traído con ellos un conjunto de actitudes típica­ mente estadounidenses hacia el trabajo en una cultura foránea —viéndose a sí mismos como una mezcla de misioneros y propieta­ rios de plantaciones— . desencadenando ásperas confrontaciones en la ciudad. actitudes prontamente infladas por las pe­ queñas vanidades que les aportó su posición elevada en la sociedad cordobesa.

el ins­ tituto sirvió al objetivo de formar un nuevo núcleo de trabajadores calificados para las industrias mecánicas locales. La empresa francesa.29 Las ambiciones detrás del programa de servicios comunitarios no sobrevivieron al hundimiento de las ventas y a la compra de IKA por parte de Renault en 1967. aunque este plan fue una de las primeras bajas cuando los prósperos días de fines de la década de 1950 y comienzos de la de 1960 llegaron a su fin. adoctrinó a sus estudiantes con una “filosofía IKA”. abandonó lo que quedaba de sus programas comunitarios. Ofreciendo un programa de tres años de estudios y trabajo. y probablemente identificó a los indesea­ bles que no podrían emplearse en las plantas IKA. La empresa había aumentado su volumen de producción anual de un modesto nivel de 16. El . de sobriedad.28 El Instituto IKA fue la piedra angular del programa de servicio comunitario de la empresa y sus activida­ des destilaron gran parte de las intenciones paternalistas de ésta. en particular clubes deportivos.56 El Cordoóazo de y lucrativa de la ciudad alimentó una especie de paternalismo riguroso pero benévolo entre los funcionarios de la compañía. desdeño­ sa de lo que consideraba como moralismo y paternalismo de IKA. la empresa se entregó a una amplia variedad de asuntos comunitarios. los ejecutivos de IKA tuvieron por corto tiempo la ilusión de transformar a Córdoba en su propia versión de ciudad de la compañía. Elaboró un extenso programa para construir viviendas obreras de bajo costo. ligeramente pueril pero a ojos de la empresa indudablemente edificante. así como diversas instituciones educativas abier­ tas a la comunidad en general. Independizados del control moderador que sobre los otros fabrican­ tes de automotores de la Argentina ejercían sus oficinas centrales en el país de origen. la primera una escuela primaria privada y el último una institución técnica. Su auspicio a numerosas actividades culturales y recreativas. Con este objetivo. Fue también un hábil gesto de relaciones públicas y se ganó los encomios incesan­ tes de la prensa cordobesa. en cambio. frugalidad y lealtad a la compañía.047 unidades tres años más tarde. Sí consiguió. IKA no sólo había domina­ do sino casi controlado la industria automotriz durante el primer lustro de su existencia. que tendría como centro el parque industrial de Santa Isabel.082 vehículos en el año fiscal 1957-1958 a 36. Los fantasiosos planes de IKA se ha­ bían originado en el éxito incuestionable de que disfrutó como emprendimiento puramente comercial en los primeros años de la producción automotriz en la Argentina. establecer sus propias clínicas médicas para los trabajadores. completó sus programas de servicios comunitarios. con­ servando únicamente la escuela técnica y dándole una personali­ dad más gala y profesional. En 1960 fundó la Academia Argüelío y el Instituto IKA.

dado que la empresa italiana se abstuvo de producir autos y camiones hasta 1960. El mayor competidor de IKA y el segundo centro de poder econó­ mico en Córdoba era el complejo Fiat en Ferreyra. y lo fue en ventas totales has­ ta 1967. respecti­ vamente. Lo mismo que en los otros establecimientos mecánicos. Concord y Materfer. expandiéndose de la producción de vehículos a la de prensas hidráulicas. autos y compresores de aire.Industria . 80 empleados administrativos y 20 supervisores. ómnibus y loco­ motoras. Éste. Sus dos fábricas principales. lo que permitió su participación en la militancia obrera en la década de 1970. Si bien al principio la fábrica Concord fue una uni­ dad de producción integrada. maquinaria para soldar y otros pro­ ductos no relacionados con el automóvil a través de la obtención de licencias de varias empresas extranjeras. Grandes Motores Diesel.31 Además de los complejos de ÍAME e IKA. comenzó su producción en 1963 con un personal de 280 operarios.32 De este modo. otros establecimientos industriales mecánicos de Córdoba eran las plantas de Fiat en Ferreyra y una pequeña fábrica de Perkins.500 en julio de 1962. se dedicaron inicial­ mente a la producción de tractores y equipos ferroviarios. Hasta 1962 IKA había sido el líder industrial anual en ganancias. Fiat reequipó su planta de Concord —la anti­ gua fábrica de tractores Pampa de IAME y precursora de las inver­ siones de Fiat en Córdoba— para convertirla a la producción de au­ tos y camiones.33 En 1958. fabricaba los motores Diesel pesados usados en camiones. su mano de obra comprendía de ma­ nera predominante trabajadores no calificados dedicados a la pro­ ducción masiva. sociedad y clase 57 empleo industrial había crecido de 2. cerca del complejo Fiat. Fiat fue un rival más potencial que real. y una tercera planta.30 Sus atrevidas inversiones en plantas de partes y componentes en esos años y su intento de diver­ sificación industrial. Ubicada en Ferreyra. lo que le permitió adaptarse mejor a las nuevas condiciones en virtud de su especialización y su reputación de alta calidad. En los primeros años. entre otros. instaló su fábrica a comienzos de la década de 1960 como proveedor de motores para diversos usos: tractores. fueron un testimonio de una vigorosa actitud empresarial. la planta de Perkins ingresó al mercado justo en el momento en que el boom automotor cordobés empezaba a vacilar. con todas las operaciones mecánicas . fabricante británi­ co de motores. que compartían una cultura de lugar de trabajo común.709 en junio de Í958 a más de 9. un hecho que posiblemente desalentó la intención de la empresa de llevar a cabo costosos planes de expansión.

y el grado de integración vertical. siempre trabajó en una escala mu­ cho menor y era mucho más dependiente de proveedores exteriores (entre ellos las propias fábricas de IKA) que Kaiser. En realidad. y mayor flexibilidad debido a que producía sus propios . menores cargas financieras gracias a que el financiamiento se hacía directamente a través de las oficinas centrales de la empresa en Turín. saltaron a 430.36Su mayor elasticidad en el merca­ do se debió a múltiples factores: costos laborales más bajos a cau­ sa de la ausencia de una representación sindical eficaz en las plan­ tas. las máquinas herramienta que fabricaban partes de motores en la planta de Concord. GMD comenzó su producción en 1956 y en enero de 1958 tenía un plantel de 133 operarios y 74 empleados administrativos.fabricación y montaje de motores y máquinas— creció considerablemente. el número de horas de pro­ ducción — horas directamente relacionadas con la . incluyendo una mano de obra que siempre se mantuvo en aproximadamente la mitad de la de IKA. respectivamente. Las horas de producción. las operaciones de Fiat fueron un gran emprendimiento industrial y las plantas de Ferreyra representaron la segunda mayor concentración de capaci­ dad manufacturera y mano de obra industrial de todo el interior argentino.58 El Cordobazo y de montaje del complejo IKA. sus ganancias anuales superaron siempre a las de IKA salvo un año. Fiat también causó un efecto mucho más silencioso sobre la ciudad.000 en 1958. GMD tenía un personal de 432 operarios y 120 em­ pleados administrativos. a fines de ese año. sólo superadas por IKA. que eran 60. siendo un poco más discreta en el papel cívico que de todos modos asumía y más reacia que IKA a encarar el mismo tipo de planeamiento audaz y de largo alcance. 1965. Entre 1962 y 1976.35 Las prensas hidráulicas en la forja. las gran­ des y totalmente mecanizadas secciones de montaje y los elabora­ dos procedimientos de control de calidad indicaban un proceso de producción que. A pesar de la timidez inicial de sus inversiones. Las cifras de producción anual fueron inicialmente más modestas. la di­ mensión más pequeña de Fíat demostró ser una ventaja cuando la competencia en la industria se hizo más seria en los años sesenta.000 en 1957 y 247. en términos de tecnología y organización.34A pesar de cifras de ven­ ta notablemente inferiores a las de IKA. aunque igua­ larían las de IKA a fines de la década de 1960.000 en 1959. cantidades que ascenderían a 331 y 110. Lo que hacía que las operaciones de Fiat fueran más humildes fueron la escala de producción. Hacia fines de 1959. era com­ parable al de IKA. Las cifras de producción y em­ pleo industrial de la planta de Grandes Motores Diesel (GMD) son las más completas con anterioridad a 1960 y muestran un creci­ miento modesto pero sostenido.

empresas que por entonces se preocupaban menos por los potenciales problemas laborales y por lo tanto decidieron situar . En 1958. algo que Perón no había estado dispuesto a aceptar. la industria siguió entorpecida durante varios años por los vestigios de la legislación económica nacionalis­ ta del peronismo. el decreto 3. en la cual se coordinarían las políticas nacional y provincial para estimular la producción en cier­ tos sectores industriales favorecidos. A pesar de los contratos de IKA y Fiat. sociedad y clase 59 modelos y no estaba sujeta a engorrosos y costosos convenios de licencias. los liberales convenios de licencias y los incentivos ofre­ cidos a los fabricantes de automóviles no se extendieron a otras industrias.693. dado que las medidas de Frondizi atrajeron prontamente a otras empresas auto­ motrices. la legislación ni siquiera permitió que esa especialización prosperara. y Córdoba quedó en lo sucesivo atada a una forma re­ gional de especialización industrial caracterizada por una base in­ dustrial moderna.780. Lo más importante era que autorizaba a las empresas extranjeras a remesar sus ganancias sin restricciones. equipos o patentes.industria. pero había sido renuente a admitirlo públicamente. Más importante aún. tecnológicamente sofisticada y de capital intensi­ vo. Frondizi impulsó en el Congreso la san­ ción de la ley 14. El gobierno estaba promoviendo activamen­ te el desarrollo de una industria automotriz nacional. la legislación de Frondizi también sembró las semillas de la futura decadencia industrial de la ciudad. La prioridad que dio al esta­ blecimiento de una industria automotriz nacional y las ventajas comparativas que ofrecía Córdoba implicaron que la política federal contribuyera inicialmente al crecimiento de la industria allí.37 La decisión de Fiat de comenzar a fabricar su línea de autos di­ minutos no fue estrictamente una respuesta a las prometedoras cifras de ventas de IKA. un alto grado de especialización regional. otorgaba reduc­ ciones impositivas a las empresas que propusieran planes de pro­ ducción para la fabricación local de autos y camiones que cumplie­ ran los porcentajes de contenido nacional. Sin embargo. Las reducciones impositivas. Otra de las medidas de Frondizi. La nueva ley garantizaba un tratamiento jurí­ dico igual para el capital local y extranjero y derogaba el fundamen­ to proteccionista de la política industrial peronista al permitir que las compañías extranjeras hicieran sus inversiones en la forma de bienes. como lo estuvo IKA hasta su compra por parte de Re­ nault en 1967. en general. una política que el propio Perón ya ha­ bía aceptado en principio con el convenio con Kaiser. La estrategia industrial de Frondizi contemplaba. pero poco diversificada.

General Motors.41 Por otra parte.'*0 Las industrias mecánicas eran literalmente las locomotoras del crecimiento industrial de esos años. tasa que luego disminuyó apenas levemente hasta 1963. las empresas pudieron reinvertir. no sólo su economía y su estructu­ ra de clases sino también su política. Córdoba aún era una neófita industrial. así como de aviones y vehículos de transporte militar que seguían produciendo las fábricas de IAME. que muestran que el crecimiento indus­ trial se concentró entre 1947 y 1965. En particular du­ rante cinco años. Fue una isla de prosperidad y oportunidades durante los años en que gozó de su posición inex­ pugnable en la producción de automotores. pero ya había signos de dificultades in­ minentes. un floreciente centro industrial en una época de extendi­ do estancamiento en el resto del país. y transformaron una somnolienta ciudad provincial en una metrópolis industriad en menos de dos décadas. El fin del boom de las industrias mecánicas locales se hizo evi­ dente a mediados de la década del sesenta y fue un hecho estable­ cido hacia su final. no obstante. sólo el empleo industrial creció a una tasa anual del 3%. Chrysler. A decir verdad. Ford. Ya en 1959 había más fabricantes estadounidenses y europeos que planeaban el establecimiento de instalaciones fabriles como resultado de la legislación de Frondizi. en especial de autos pero también de jeeps y camiones. Córdoba fue una anomalía en la Argentina. el año que marca el pri­ mer parate serio de la economía local. y en mu­ chos aspectos su economía había cambiado sólo superficialmente. Estando el mercado temporariamente en aprietos. Los efectos de largo alcance de las políticas económicas del go­ bierno de Frondizi. Buenos Aires. Las empresas con base en Córdoba habían pa­ sado de un control casi total del mercado en 1958 a menos del 40% en 1969. La industria de vehículos automotores de Córdoba crecía en una proporción acelerada. más de una década de intensa actividad no había . En lo sucesivo. cuando se produjo la crisis de las indus­ trias mecánicas.'’8 En los tres años si­ guientes. quedaron disimulados por la gran explosión industrial que tuvo lugar en Córdoba a fines de la década de 1950 y comienzos de la de 1960. 3a suerte de las industrias mecánicas locales afectó directamente todos los aspectos de la ciudad. niveles de producción indus­ trial y empleo industrial— . La velocidad de su transforma­ ción económica se evidenció en todos los principales indicadores económicos — consumo de electricidad. 1957 a 1962.60 El Cordobazo sus operaciones más cerca del principal mercado interno. Citroen y Mercedes Benz instalarían sus plantas manufactureras en y alrededor de Buenos Aires.39 Entre 1947 y 1960. expandir la producción y transformar sus com­ plejos industriales en el centro de la economía local.

en especial la textil y la alimentaria. Hacia 1969. sobre todo IKA y una llamada IAFA. fueron adquiridas por las multinacionales cu­ yas licencias habían estado usando (Renault y Peugeot. dado su acceso a los fondos guber­ . mientras otras fueron compradas por fabricantes locales. más letárgico. Entre los fabricantes exclu­ sivamente argentinos de automotores. las industrias tradi­ cionales habían representado entre el 17% y el 33% del valor total de la producción industrial. Dada la naturaleza no diversificada del desarrollo industrial de la ciudad. sólo el complejo estatal de LAME seguía en funcionamiento después de 1966. vendida a IKA en 1965. Renault rompió con su aversión tradicional a la participación directa en la producción en el extran­ jero. de propiedad local y subcapitalizadas. A lo largo de la Argentina. Con su decisión de comprar el imperio de IKA. que habían cre­ cido como hongos durante los primeros años de la presidencia de Frondizi.44 La legislación nacionalista aprobada en 1971 y 1973. que históricamente se había manifestado en su preferencia por la concesión de licencias. Entre 1967 y 1970. aunque la economía local pareció adaptarse. adquisi­ ciones multinacionales y fusión industrial fueron las respuestas inevitables en una industria que se había desarrollado artificial­ mente. su contribución volvía a ascender a la mitad. que estableció unos requisitos más estrictos de contenido interno y cupos para los miembros argentinos en los directorios y el personal profesional y técnico de las empresas automotrices. no pudo revertir lo que había decidido el mercado. Córdoba se vio tal vez más afectada por estos cambios que ninguna otra región del país.42 El resultado último de la legislación de Frondizi para la indus­ tria automotriz en general fue la consolidación y la internacionaiización. Las fábricas militares de LAME quedaron en gran medi­ da al margen de la declinación. más seguras y lucrativas.43 Otras empre­ sas de propiedad total o parcialmente argentina. y después de mediados de los años sesenta la economía local retomó a su andar original. estaba extendida en exceso y producía mucho más de lo que podía consumir el mercado interno. Quiebras. respecti­ vamente). Renault compró las acciones públicas y priva­ das argentinas de IKA para lograr una porción mayoritaria de la compañía. se afirmó en la determina­ ción de obtener el control completo de la subsidiaria cordobesa. En la compra de IKA. sostuvo un modesto crecimiento industrial. En 1961. como sucedió con Siam Di Telia. las empresas automotrices pequeñas. e integró sus operaciones a la organización de la multi­ nacional francesa.industria. simplemente clausuraron sus operaciones. Sólo el aumento de la producción en las in­ dustrias tradicionales. sociedad y ciase 61 logrado producir una revolución industrial en la ciudad.

1 y 1. por ejemplo. no parte de una política sistemática de la empresa de emplear y echar para adaptarse a los cambios del ciclo comercial.8 56. . Amaudo. n° 2 (diciembre de 1970). Las empresas automotrices tampoco recurrieron a los despidos masivos para compensar su declinante participación en el merca­ do. de un 9.2 34.8 65. el 35% de ia mano de obra estaba empleada en servi­ cios.5% en 1964 a 4. no un hundimiento absoluto. 8-9. la declinación de las industrias mecánicas fue rela­ tiva: una adaptación a una menor participación en el mercado. 8.2 43.2). Lo más notable es que el 40% de esta mano de obra industrial aún se concentraba en las industrias mecánicas y que la desocupación disminuyó realmente en la ciudad. y el crecimien­ to de las industrias tradicionales compensó en parte la desacelera­ ción de las contrataciones de IKA-Renault y Fiat (Cuadros 1.4% en 197L45Los planteles en las plantas de IKA-Renault se mantuvieron relativamente estables a lo largo de los años seten­ ta.8 46. los bancos y las compañías de seguros. y un saludable 35% en la indus­ tria. Las cifras de la desocupación en Córdo­ ba.4 Fuente: Aldo A.8 56.62 El Cordobazo namentales y su dependencia casi total de los contratos de defensa. “El crecimiento de la ciudad de Córdoba en el último cuarto de siglo”.2 43. el 10% en ocupaciones diversas. Cuadro L l . pp. Economía de Córdoba. En 1970.6 25.2 53. vol. (%) Trabajadores empleados en industrias mecánicas (%) 74. el 19% en el comercio. y los problemas con los despidos fueron episódicos. una cifra indicativa de una ciudad industrial floreciente y no en decadencia. se mantuvieron relativamente bajas. Por otra parte. Participación del sector industrial como empleador Año 1946 1953 1959 1964 1969 Trabajadores empleados en industrias tradic.

8. n° 2 (diciembre de 1970). Esas industrias parecen haber tenido mayor propensión a absorber a trabajadores más jóvenes que re­ cién ingresaban al mercado laboral que a operarios del automóvil desocupados. prohibió el derecho de huelga y suprimió los sindicatos. aunque no crearon empleos con la velocidad suficiente para evitar una notable tasa de desempleo juvenil.2.industria. mostrado como cambio porcentual Años 1947-1960 1960-1965 1965-1970 Industrias tradicionales (%) Industrias dinámicas {%} 7. cuando el gobierno militar suspendió las negociaciones colectivas. cerveceras y otras tradicionales de la ciudad. en la industria metalúrgica que dependía de ellos. “El crecimiento de la ciudad de Córdoba en el último cuarto de siglo". se reveló en el deterioro de las condi­ ciones de trabajo en los dos principales complejos automotores y.4 50. Amaudo. 8-9. Antes bien. en menor medida. sociedad y clase 63 Cuadro 1. En el caso de docenas de pequeños talleres metalúrgicos que proveían a las plantas automotrices de las partes y accesorios más sencillos. vol. que en términos de costos las compañías consideraban . Economía de Córdoba. en especial en IKA-Renault en 1970 y 1974 y en Fiat en 1971. Crecimiento del empleo en la industria.6 Fuente: Aldo A. pados buscaran trabajo en las plantas textiles. pp. Así. y en gene­ ral se trató de respuestas a enfrentamientos y huelgas prolongadas más que de intentos por parte de las empresas de corregir la caída de las ventas o el aumento de los costos. La reducción cíclica de sus planteles se convirtió en la política de las compañías automotrices sólo después de 1976.1 -32.46 Si bien des­ pués de 1966 habría despidos periódicos en la industria automotriz cordobesa e incluso unos pocos intentos de despidos masivos.8 84.4 129. y ni siquiera en las de produc­ ción industrial. éstos fueron áspera y eficazmente resistidos por los sindicatos. El malestar de la economía local que subyace a la militancia obrera después de 1966 no es plenamente reconocible en las ci­ fras agregadas de desocupación. el crecimiento del empleo industrial en las industrias tradi­ cionales no fue el resultado de que trabajadores mecánicos desocu-.3 76.

Después de 1955. localización de las plantas de procesamiento de' alimentos. el mercado los impulsó a ajustar sus normas laborales y a asumir una actitud más dura en sus tratos con los trabajadores. donde las dificul­ tades económicas de la ciudad tendrían su representación más reveladora. comparada con las pocas familias que habían vivido allí dos décadas antes. los barrios obreros tradiciona­ les de Córdoba experimentaron poco crecimiento.48 La formación de jóve­ . Deán Funes y Empalme. y los límites de densidad de vivienda y población parecen haberse alcanzado mu­ cho antes del boom industrial de los años cincuenta. Zonas como las del Barrio Clínicas. De manera similar. Las empresas automotrices y sus trabajadores eran parte de un ambiente social distintivo en Córdoba. Esas barria­ das habían pasado de ser solares abiertos y pasturas de vacas en 1950 a una comunidad de 12. el Barrio Comercial y Santa Isabel. antaño una ciudadela patricia y hoy el coto de la enorme comunidad estudiantil de Cór­ doba. textiles y otras industrias livianas. las nuevas condiciones del mercado a menudo significaron la quiebra. acelerándose en los márgenes del sur de la ciudad. En cuanto a los pocos que se las ingeniaron para sostenerse. Tampoco cambiaron los más viejos barrios céntricos. los nuevos barrios obreros que rodeaban las fábricas de IKA-Renault y Fiat (véase Figura 1). En las zonas deí este. tenían una población obrera de 23. Entre esas influencias se contaban la rápida urbanización y las peculiaridades de la estructura de clases resultante del súbito desarrollo industrial de la ciudad. Una condición semejante pero más agrava­ da existía en las plantas de Fiat e IKA-Renault. y Alto Alberdi siguieron siendo las partes más densamente pobladas y demográficamente inactivas de la ciudad. y en especial en las nuevas zonas obreras del sur. Alrededor de Fiat estaban los barrios de Ferreyra. cercanos a la Plaza San Martín. y como tales estaban suje­ tos a ciertas influencias. donde ahora vivía el proletariado mecánico de esa fábrica. adyacentes al complejo IKA-Renault. absorbiendo apenas la cantidad de nuevos trabajadores suficiente para mante­ nerse a la par con las declinantes tasas de natalidad y una tasa de mortalidad estable.565 personas en 1970.64 El Cordobazo más eficaz comprar afuera. San Lorenzo.503 miembros en 1970. el crecimien­ to urbano se produjo con rapidez. la Villa El Libertador. aparentemente exógenas pero en reali­ dad estrechamente vinculadas con los acontecimientos de las plan­ tas.47 Los incrementos en la población de la ciudad se concentraron <en los barrios exclusivos del norte y el nordeste.

Gracias a los créditos baratos dis­ ponibles en los primeros años del boom automotor y. la construc­ ción habitacional se mantuvo a la par de la demanda. La velocidad de la urbanización puso en tensión la disponibili­ dad habitacional de la ciudad. la canti­ dad de ocupantes por unidad habitacional se había reducido de 4. sociedad y clase 65 nes barriadas obreras y la concentración en ellas de trabajadores de las industrias automotrices trasladaron parcialmente el foco del poder de la clase obrera al sur de la ciudad. pero esas cifras estaban aún por debajo de las de Buenos Aires. esto dio al proletariado mecánico un poder de movilización que hizo de él un adversario mucho más formidable de lo que lo habría sido si. y dieron a las barriadas su propia identidad. Los problemas labora­ les en las plantas automotrices eran así una experiencia vivida y compartida.22. Entre otros efectos.5% tenían una densidad que superaba a la recomendada de 1. En general.51 . el 43.Industria. Las cifras de 1965 indican que el 8% de las viviendas ocupadas de la ciudad podían clasificarse como “por debajo de las normas” y el 35. a los bajos valores de las propiedades. En general.62 en 1947 a 4. De las ca­ sas existentes en Córdoba en 1960. ésta no tuvo la gravedad que en general carac­ terizó la urbanización latinoamericana de la posguerra. si bien hubo escasez de viviendas. hubiera sido ocupacionalmente heterogéneo y estado disperso c. y Córdoba experimentaba sólo moderadamente el problema de las usurpaciones urbanas tan común en Buenos Ai­ res.n una amplia área geográfica. y Córdoba se las ingenió para absorber sus aumentos de población.8%. el problema de Córdoba era menos la escasez de vivienda que su calidad. y el boom industrial de Córdoba tuvo su correlato en una explosión de la construcción de viviendas de dos y tres ambientes durante estos años.3 personas por habitación. lo típico era que los trabajado­ res compraran un pequeño lote en una de las nuevas barriadas. tales casas estaban superpobladas. como la clase obrera de Buenos Aires. Hacia 1970. las villas miseria que hoy rodean la ciudad son la herencia de los gobiernos militares de 1976 a 1983 y no de la Córdoba industrializadora de las décadas de 1950 y 1960. en especial. levantaran la estructura y el techo de la casa y luego compraran materiales y terminaran la construcción en un período de varios años.50El de la vivienda disminuyó aún más como gran problema urbano en los años siguientes.49 Gran parte de estas viviendas eran casas improvisadas edifica­ das por los mismos trabajadores. Si bien la participación en los asuntos comunitarios era escasa y parecen haber existido pocas organizaciones barriales en las nuevas zonas residenciales. se había construido entre 1947 y ese año. o sea 55. se crearon no obstante lazos de simpatía y solidari­ dad.389 vivien­ das familiares.

los pro­ blemas de vivienda. Ya en 1960 hubo problemas en la ciudad debido a la falta de un sistema de transportes urbanos apropiado que satisficiera las nece­ sidades de los trabajadores industriales que viajaban diariamente. no pueden extraerse conclusio­ nes. por ejemplo.66 El Cordobazo Desde esté punto de vista. la recolección de residuos. si bien se trataba de problemas que afli­ gían mayormente a quienes residían en el centro. Entre 1947 y 1970.Los problemas de la urbanización rápida parecen haberse sentido con mayor agudeza en la inadecuación de ciertos servicios públicos básicos. educación técnica en las plantas y algunos de los salarios más altos del país. condicio­ nes que eran particularmente graves en los nuevos barrios obreros. la iluminación urbana y los pavimentos. la escasez de agua se transformó en un lugar común. y sistemas cloacales pobremente construidos que provocaban desbor­ des e inundaciones periódicos. con cortes frecuentes. así como a un número consi­ derable de inmigrantes de los países limítrofes. dado que la con­ taminación producida por los caños de escape era un problema más grande que el que provocaban los complejos automotores. una ciudad que ofrecía trabajo abundante. atrajo a trabajadores de la campiña cordobesa y de las provincias vecinas. Éstos no eran exclusivos de Córdoba. Afectaban. La polución del aire y la congestión del tránsito eran notorias. Hacia fines de los años se­ senta. Su reputación como la “Detroit argentina". algunos de los cuales duraban varias semanas. La clase obrera cordobesa sólo hizo referencias ocasionales y al pasar a los problemas urbanos en sus protestas de fines de la década de 1960 y comienzos de la de 1970. parecían ser menos graves en Cór­ doba que en otros centros urbanos. sin embargo. preocupándose mucho más por los directamente relaciona­ dos con el trabajo y la política. Córdoba fue la ciudad de crecimiento más rápido de la Argentina. las migraciones hacia Córdoba habían comenzado en los años treinta y principios de los cuarenta. El impacto de la demografía en los perfiles sociales que dieron forma a las relaciones entre capital y trabajo en la ciudad fue más directo y significativo para la política obrera. y el viaje de Agustín Tosco desde Co­ .52 Otros indicios ofrecen un poco más de terreno para tales supues­ tos. De los problemas urbanos. pero también son escasamente concluyentes. a todas las grandes ciudades de la Argentina. en mayor o menor grado.53 Había muchas quejas por las deficiencias de servicios municipales tales como la limpieza de las calles. En realidad. parecen sin duda cuestionables los argumentos que sostienen que la anomia social y la alienación de la clase obrera resultantes de la rápida industrialización son las expli­ caciones de la militancia obrera y las insurrecciones urbanas en Córdoba a fines de los años sesenta y comienzos de los setenta.

Des­ pués de 1970. en otros ejemplos de urbanización rápida en América Latina durante el si­ glo XX.3). Las cifras de inmigrantes en Córdoba entre 1947 y 1966 revelan que el 48% eran hombres y el 52% mujeres. En esos años. específicamente la preferencia de las empresas por los . Por otra parte. en nin­ guno de los emprendimientos fabriles automotores de la Argenti­ na.000 habitantes. en la industria automotriz la fuerza la­ boral ha sido predominantemente masculina.000 eran inmigrantes que habían dejado sus granjas y pe­ queñas ciudades para tener una posibilidad de trabajo y una nue­ va vida en una de las fábricas cordobesas (Cuadro 1. un saldo significativo en favor de éstas (Cuadro 1. Sólo entre 1947 y 1966. en general.Industria. así como tampoco. y Córdoba fue un ejemplo extremo de la preferencia de las empresas automotrices por los trabajadores hombres. entre 1947 y 1970 esta ciudad fue el escenario de una de las grandes revoluciones demográficas de la Argentina en el siglo XX. No obstante. sociedad y clase 67 ronel Moldes a la ciudad formaba parte de un flujo masivo desde el campo cordobés hacia la capital provincial durante los años de la depresión. Virtualmente no había mujeres en las plantas cordobesas. El carácter del desarrollo industrial de Córdoba determinó su atracción especial para los inmigrantes varones. en el punto culminante del boom industrial. a decir verdad. incluso en los talleres de acabado interior. de los cuales más de 152. entre 1955 y 1959. y en lo sucesivo los aumentos de población comparativamente modestos de Córdoba dependerían en gran medida de la tasa de natalidad de sus propios habitantes. en los que en otros países se empleaban mujeres en cantidades significativas. Córdoba tuvo la mayor cantidad de inmigrantes recibidos por una ciudad del interior. no fue una diferencia tan grande como la existente.4).55 La naturaleza de las oportunidades industriales de la ciudad. su población aumentó en unos 300. Buenos Aires recuperaría su preeminencia como la ciudad de las oportunidades. los hom­ bres operaban las máquinas de coser utilizadas para fabricar los tapizados. Históricamente.54 Cifras adicionales pormenorizan aún más las inmigraciones y brindan un cuadro más claro del carácter del crecimiento demo­ gráfico de Córdoba. Los incrementos de la población en los años de posguerra fueron grandes y sólo pare­ cen haber perdido ímpetu una vez que decayó el dinamismo de las industrias mecánicas locales como empleadores industriales. Estas migraciones cobraron impulso y se diversificaron con la expansión de las industrias mecánicas. tuvo lugar una inmigración masculina consi­ derablemente más intensa. Sin embargo. La primera y más notable tendencia. que repi­ te la experiencia previa de Buenos Aires y otras ciudades latinoa­ mericanas. es la preponderancia de las mujeres en estos flujos migratorios.

Los inmigrantes de las décadas de 1950 y 1960 eran un grupo heterogéneo. El número total mayor de inmigran­ tes mujeres revela. hubo una tendencia a una migración mayor desde la provincia de Buenos Aires. que de Cuyo (Mendoza. sin embargo. en el comer­ cio y en el servicio doméstico. San Juan y San Luis) o del escasamente poblado sur (Chubut. y durante un breve período su fama . donde siempre habían encontrado trabajo.5). Es de presumir que la econo­ mía predominantemente agraria de la provincia alentó a muchos jóvenes como Tosco a probar suerte en la ciudad. Río Negro. las perspectivas aún más som­ brías para ellas en el campo. Tierra del Fuego). Tucumán) y en especial las provincias del Litoral {Chaco. El intenso flujo de inmigran­ tes de Santa Fe y Entre Ríos. ésta fue la primera experiencia de la ciudad con uno de los grandes movimientos de población en­ tre países latinoamericanos. es lo que mejor explica la partici­ pación masculina desacostumbradamente alta en las migraciones a Córdoba durante esos años. Salta. Corrientes. en la medida en que las condiciones en el agro cordobés siguieron siendo difíciles a 1(5 largo de los años sesenta. En general. así como de los países vecinos (Paraguay. Misiones y Santa Fe). Uruguay y Bolivia). ambas provincias habían contribuido de manera fundamental a los flujos de población desde el campo argentino hacia Buenos Aires. el Noroeste (Catamarca. Entre Ríos. fue otra inno­ vación en la historia demográfica de Córdoba. Las estadísticas demográficas muestran que casi todos ios años aproximadamente la mitad de los recién llegados provenían de la provincia de Córdoba (Cuadro 1.68 El Cordobazo hombres y las escasas posibilidades que tenían las mujeres de encontrar trabajo en las plantas. Aunque las mujeres encontraran nuevos empleos en las plantas automotrices. simplemente. representó un cambio fun­ damental de los patrones migratorios del país. Jujuy. Formosa. La inmigración desde los países limítrofes. algunos habían cruzado la pampa hasta Córdoba. y los flujos migratorios de cada año dependían en gran medida de las condiciones económicas locales en las provincias o países de aquéllos. De las olas de inmi­ grantes españoles e italianos que habían llegado a la Argentina a fines del siglo XIX y comienzos del XX. tendrían mejor suer­ te en las burocracias gubernamentales en expansión. si bien relativamente modesta. No obstante. y su atracción por Córdoba en las décadas del cincuenta y el sesenta da testimonio de los poderosos alicientes que ofrecían por entonces las nuevas industrias mecánicas y auxiliares. Santa Cruz. Santiago del Estero. La Rioja. El rasgo sobresaliente de estas migraciones fue su carácter re­ gional. Pero las últimas migraciones también fueron más variadas que las de la época de Tosco. Históricamente. Neuquén. La Pampa. así como en industrias como la tex­ til. en especial.

806 648.422 2.648 12.400 12.634 563.114 18.347 13.651 13.606 421. Schulthess.409 547.310 12.514 683. sociedad y clase 69 como centro floreciente.949 14.131 6. Censos e Investigaciones. 7.143 8.647 6.096 7.015 4. desvió a mu­ chos de los paraguayos.495 5.847 16.534 4.640 5.301 14.372 10.711 12.689 8. Ministerio de Hacienda.439 8.3.607 14.576 4.431 15.554 596.089 11. Cuadro 1. . 1967.553 18. (d) Inmigran­ tes.695 531. 1901-1970”.873 14.425 18.445 5. de otra forma. “Estadísticas Demográficas y Vitales: Población.231 666.940 14.700 8.053 5.305 4.870 11.293 14.237 4. Población e inmigra­ ción en la ciudad de Córdoba.745 468.743 16. Facultad de Ciencias Económicas.313 18.097 4.267 4.258 5.620 12.148 13. 1947*1966 (a) (b) (c) (d) (e) (0 1947 1948 1949 1950 1951 1952 1953 1954 1955 1956 1957 1958 1959 1960 1961 1962 1963 1964 1965 1966 386. Córdoba. Dirección General de Estadís­ tica.389 12.714 16.307 5. con trabajo y buen dinero.225 14.248 16. 1947-1966.142 512.259 408. Datos demográficos.437 5.229 17.852 17. Universidad Nacional de Córdoba.751 13.196 14.779 5.837 Referencias: (a) Año.IncÍLisíria. Sánchez y Walter F. (c) Nacimientos. p. {f) incremento neto.491 8.615 2.501 6.930 4.835 8. Fuente: Carlos E. Economía y Previsión Social.078 7.320 7.253 630.510 4.787 13.854 438. (e) Muertes.606 454.401 613. uruguayos y bolivianos que.553 17. podrían haber ido a los principales centros urbanos de sus países o incluso a Buenos Aires.119 5.628 6.241 577.317 4.842 8.970 9.913 495.779 14.643 14.134 480.828 393.200 6.283 17. (b) Población total.492 10.907 5.817 10.319 13.555 4.687 12.

Migraciones a Córdoba. “Estadísticas Demográficas y Vitales: Población. pero el estancamiento del mercado laboral local y las mayores oportunidades de empleo ofrecidas en ese momento por Buenos Aires indican que este crecimiento se debió primordialmente a un .7 50. 19011970”.492 10.663 en 1970 representó el crecimiento más rápido de su historia y estuvo muy por encima del promedio nacional para esos años.2 30..053 5.0 46.2 55.8 . 1967. Universidad Nacional de Córdoba.4 52. p.439 8.422 152.6 47.817 10.3 54.8 43.835 8.0 Mujeres {%) 34.0 Fuente: Carlos E. Ministerio de Hacienda.4 51.3 43. El aumento de la población de la ciudad de 666..258 5.7 47.491 8. Facultad de Ciencias Económi­ cas.317 4.3 49.372 10.6 56.3 52.5 42.5 42.689 8.700 8.2 48.078 7.. 1947-1966.4 41.143 8. Sánchez y Walter F.6 48.7 46.7 56.647 6.970 9.7 58.096 7.3 41.2 56.6 48. Los patrones migratorios siguieron estrechamente la suerte de la economía iocal y se frenaron considerablemente después de 1966.4 51.El Cordabazo 70 Cuadro 1. 1947-1966 Año 1947 1948 1949 1950 1951 1952 1953 1954 1955 1956 1957 1958 1959 1960 1961 1962 1963 1964 1965 1966 Total N° total de inmigrantes 2.5 52. Economía y Previsión Social.9 52.2 45.4 52.8 44.5 47.69.5 57.842 8.4.8 51. Schulthess.0 53.320 7. Población e inmigra­ ción en la ciudad de Córdoba.514 habitantes en 1965 a 798. Censos e Investigaciones. 3: Dirección General de Estadística.476 Hombres {%} 65.1 47.5 57.495 5.5 48..8 54.

3 5. Neuquén.9 1957 59.0 3.1 ----- —- 48.1 1955 60.1 20.9 10.2 1. Población e inmigra­ ción en la ciudad de Córdoba.2 1.7 41.6 17.3 1.2 20.0 — 4.6 5. Universidad Nacional de Córdoba.4 1950 60.4 6.6 15.5 15.7 7.6 9.9 12.1 2. Facultad de Ciencias Económi­ cas. Tucumán) (%).3 9.3 7.6 7. Río Negro. (f) Cuyo (Mendoza.4 — 11. Santa Fe) (%).0 8.9 4.0 8.9 1964 1965 49. Tierra dei Fuego) (%).6 1951 42.5. Censos e Investigaciones.0 3.7 9.2 2. (e) Noroeste (Catamarca.9 6.2 6.5 17. “Estadísticas Demográficas y Vitales: Población.2 2.6 1956 3.3 — 4.1 12.3 9.2 15. 19011970”.5 3.7 8.0 2. (g) Sur (Chubut. San Luis) (%}.2 10.2 3. LaRioja.1 4.2 3.5 7.5 11. Orígenes de las migraciones a Córdoba.9 10.9 7.7 1966 39. (c) Provincia y ciudad de Buenos Aires (%}.3 1949 25.3 1. Schulthess.4 2.2 — 3.9 2. (h) Países extranjeros (%}.9 12. 1967. sociedad y clase 71 Cuadro 1. p.4 24.7 18. 5. Santa Cruz. 1947-1966 (a) (b) (c) (d) 1947 46.7 1.6 — 47. Fuente: Carlos E.2 1961 1962 34. (d) Provincias del Litoral (Chaco. .3 1952 62.4 12. San Juan.1 15.3 7.3 1963 j w 9.9 10.2 9.3 Referencias: (a) Año.3 11.2 7.1 8.2 19.5 4.1 16. 1947-1966.8 11. Jujuy.2 14.8 16. Entre Ríos.5 AQ A C ) *X 6.2 3. Sánchez y Walter F.0 _ _ 11.0 16.9 2.2 18.8 — • 1960 41. Santiago del Estero.2 — 9. Misiones.1 1. Formosa. (b) Provincia de Córdoba (%). Dirección General de Estadística.2 6.0 — — 14.7 25.6 2.5 1958 1959 49.9 50.6 20.6 12.3 21. Economía y Previsión Social.6 6. La Pampa.7 49. Ministerio de Hacienda.3 1948 43.3 18.4 1.2 (e) (0 (g) (h) 3.4 7.4 48.4 6. Salta.9 20.7 6.Industria.3 0.1 11.6 1.6 22.7 4.5 — 24.1 _ 1953 1954 64.2 16. Corrientes.1 8.3 22.9 9.

el porcentaje inusualmente alto de trabajadores emplea­ dos en el sector industrial y su concentración en las industrias me­ cánicas —en las plantas de IAME. y la gran masa de trabaja­ dores no calificados de las líneas de montaje y producción de los planteles de IKA-Renault y Fiat. de una población de casi 800. los talleres ferroviarios de la ciudad y la indus­ tria local de energía eléctrica. trabajadores gráficos que utilizaban tecnologías que apenas habían cambiado en medio siglo. “Clase obrera” era también una distinción un poco arbitraria en una ciudad con una clase media pobremente remunerada en las burocracias gubernamental y uni­ versitaria y en el comercio. IKA-Renault y Perkins. Fiat. Obreros y oficinistas a menudo vivían lado a lado y compartían un nivel y un estilo de vida similares. jornaleros comunes de la industria de la construcción. Cualquiera que sea la causa de este último impulso del crecimiento rápido. siguieron siendo una constante de la estructura de clases de Córdoba hasta los gobiernos militares pos­ teriores a 1976.57Por otra parte. Desde luego. la concentración de la clase obrera industrial de Córdoba en el sector mecánico y la ausencia casi total en la ciudad de una cultura proletaria identificable e incluso de formas de asociación al margen de las del lugar de trabajo y los gremios. así como en los numerosos talleres de autopartes y componentes de la ciudad— . Córdoba se había convertido en la ciudad “más joven” de la Argentina.000 habitantes.72 El Cordobazo aumento en la tasa de natalidad. a pesar del crecimiento pausado y sólo lentos aumentos del empleo después de 1965. dan testimonio de un tipo particular de desarrollo económico en el cual las industrias mecánicas y su mano de obra establecieron un predominio inequí­ . La característica demográfica destacada fue la rápida creación de un proletariado industrial. la sorprendente canti­ dad de 337. comparado con el 46% tanto en Buenos Aires como en Rosario.5'’ En Córdoba. Extendida en una amplia gama de activida­ des.600 tenían trabajos de tiempo completo o parcial. y en 1970. también centros industriales que absorbían gran cantidad de inmigrantes jóvenes. gran parte de él concentrada en una sola industria. la clase obrera local no se limitaba a las industrias mecánicas. incluía un núcleo de trabajadores muy calificados en los com­ plejos automotores. El boom automotor cordobés había creado la mayor concentra­ ción de trabajadores industriales del país. la mayoría de esta población juvenil se incluía en el grupo de edad de 18 a 30 años. cuando Córdoba ingre­ só en un nuevo período de su historia después de 1966 lo que im­ portó fue la herencia de los anteriores 25 años de migraciones. con el 54% de su población por debajo de los 30 años de edad. Sin embargo. al margen de la de Bue­ nos Aires.

pero la pre­ sencia en política de la aristocracia como clase había disminuido en gran medida.Industria. La clase obrera cordobesa se convirtió en un actor político destacado entre 1966 y 1976 y estuvo inmediatamente en aptitud no sólo de afectar la política local sino también de ejercer una influencia con­ siderable en el plano nacional. en conjunto. pero sus efectos fueron en realidad más superficiales que los de la industrialización en Buenos Aires. A decir verdad. agrupados en la Cáma­ ra de Industrias Metalúrgicas. En Córdoba. debido al menos en parte a la natu­ raleza del reciente desarrollo económico de la ciudad. parecía un proce­ so de industrialización más genuino que el que tuvo lugar en Córdo­ ba. una mano de obra joven. un control casi completo de ese sector por el capital extran­ jero. tenían algún tipo de unidad. Córdoba iba a compartir muchas de las características de uña ciudad minera industrial: la concentración de la actividad económica esencialmente en un solo sector. en Córdoba los trabajadores no tenían serios rivales de clase. Mientras en Buenos Aires la clase obrera y sus organizaciones tenían la influen­ cia rival de una burguesía poderosa. El crecimiento industrial acelerado y concentrado de Córdoba introdujo de manera abrupta e incompleta las operaciones del capi­ talismo industrial en una sociedad tradicional. la experiencia de anteriores economías industrializadas. la formación de un fuerte proletariado fabril. En Buenos Aires. una burguesía que no carecía de contradicciones pero que en su conjunto era hostil a los intere­ ses obreros. El resultado más significativo del boom industrial cordobés fue. sólo los intereses metalúrgicos. sociedad y clase 73 voco. la díversificación. El boom de las in­ dustrias mecánicas transformó el ritmo y el ambiente coloniales de la ciudad. El crecimiento indus­ trial producido en ésta en las décadas anteriores. la formación de una clase obrera heterogénea y una burguesía in­ dustrial nativa repitieron. un crecimiento rápido y una declinación repentina. la burguesía industrial local era débil y esta­ ba dividida. Los indus­ triales de éste y otros sectores tradicionales contaban con magros . no sólo sobre la economía cordobesa. y aparecían ocasionalmente en las juntas locales de IKA-Renault. tal vez más cercano a los de las clásicas explosio­ nes mineras o agrícolas latinoamericanas que a un verdadero pro­ ceso de industrialización. a pesar de sus limitaciones y la pesada dependencia del Estado. Los apellidos aristocráticos aún dominaban las listas de los decanatos universitarios y la magistratura. mayoritaríamente masculina y no calificada. sino también en las are­ nas social y política. la inversión en la industria. Además. pero su influencia empalidecía frente a las firmas automotrices. La vieja aristocracia cordobesa era poco más que una elite social identificable. el proceso fue más abrupto y menos complejo. indiscutiblemente.

La clase media exhibía una debilidad y una división similares. En rigor de verdad. o subsidiarias multinacionales. en tanto dejaban los de personal y relaciones públicas en manos de argentinos. La creación de este proletariado hizo que Córdoba estuviera madura para la militancia obrera cuando la ciudad se enfrentó al . entidades esencialmente extranje­ ras con una mínima participación argentina. por ejemplo. sólo los estudiantes universita­ rios. Los profesionales cordobeses. y tampoco favoreció el desarrollo de una burguesía financiera lo­ cal. una clase obrera que tenía una sensación de poder — una sensa­ ción de confianza en su aptitud para enfrentar a la autoridad e in­ fluir sobre los acontecimientos políticos— que era rara en la Argen­ tina. empleados administrativos y vendedores. Las oficinas administrativas de las empresas auto­ motrices estaban en la Capital Federal.59 Fiat si­ guió una política similar y estuvo incluso más predispuesta a poner a sus ciudadanos en posiciones de autoridad. hacia fines de la década de 1960. y excepto cierta participa­ ción en las fábricas locales de autopartes y componentes. así. en general no podían aspirar a trabajar más que de consejeros legales o ingenieros en los escalones gerenciales más bajos de las empresas automotrices. era argentino.58La índole de las empresas. La herencia del desarrollo económico y social de Córdoba fue. como en el de Renault y Fiat. Los puestos gerenciales en las plantas mismas ofrecían oportunidades ligeramente mejores para la clase media local. incluyendo una minoría de profesionales liberales razonablemente privilegiados y una mayoría de esforzados maestros de escuela. pero apenas había suficientes empleos para satisfacer las necesidades de todo el mundo. entre todas las clases de Córdoba. el desarrollo de la industria automotriz no generó una nueva clase de empleados administrativos de número considerable. dada la propiedad total del complejo de Ferreyra por Turín. funcionarios gubernamentales y universita­ rios.74 El Cordobazo recursos de capital y nunca participaron como inversores o socios en las industrias mecánicas. tenían un sentimiento de identidad y poder comparable al de la clase obrera. educados en la universidad local. Si bien a causa del boom industrial se crearon algunos puestos gerenciales. aunque la mayoría de su perso­ nal administrativo. los ban­ cos provinciales contemplaron cómo la mayoría de los fondos eran manejados por forasteros. era política de la empresa reservar los principales puestos técnicos y de toma de decisiones a nativos franceses. como en el caso de IKA. cuyo número llegó a menudo al 10% de la población. impli­ có que muchos puestos gerenciales fueran ocupados por sus com­ patriotas y que una gran parte de las operaciones financieras se realizara a través de sus casas matrices o de los grandes bancos de Buenos Aires. Én IKA-Renault.

los rencores. no era accesible a los trabajadores empleados en las plantas textiles o los talleres metalúrgicos locales. comenzó a atraer a algunos trabajadores de la industria que estaban desilusionados con lo que veían como un peronismo totémico y un movimiento sindical peronista corrompi­ do. comenzaron a suspender los con­ venios colectivos e intentaron seguir siendo competitivas e incre­ mentar la productividad laboral a través de racionalizaciones en las plantas. respaldadas por los poderes represivos del Estado. aceleración de los ritmos de producción y ataques genera­ les a los costos laborales. representaciones sindicales honestas y eficaces versus sindicatos deshonestos e ineficaces. El conflicto entre dos tipos de gremialismo. Cuando las relaciones de las empresas automotrices con su mano de obra empeoraron. en un nuevo tipo de sindicalismo y en una militancia más difundi­ da entre todos los operarios mecánicos. El inusual desarrollo industrial de Córdoba movió el centro del conflicto laboral de la ciudad hacia las fábricas automotrices. Cuando las compañías. entre los trabajadores creció el resenti­ miento.Industria. la animosidad y las frus­ traciones de que daban muestras los trabajadores encontraron una articulación política. como dos enfoques distintos del manejo de los sindicatos. más bien. sociedad y clase 75 comienzo simultáneo de la dictadura militar y de problemas en la industria automotriz local. por más incipiente e incompleta que fuera. La militancia laboral era un fenómeno que abarca­ ba toda la ciudad y muchos de los activistas sindicales más com­ prometidos. como Agustín Tosco. sencillamen­ te. y sus sindicatos adquirieron una importancia política que. y los problemas en esa industria constituyeron el ámbito esencial de las herejías ideológi­ cas y políticas que medraron en el movimiento obrero cordobés después de 1966. No hubo un vínculo simple entre los problemas en la industria automotriz lo­ cal o las condiciones en las plantas y la historia obrera cordobesa en estos años. No obs­ tante. estaban en gremios relativamente protegidos de los caprichos de la industria del automóvil. tanto la militancia obrera como «I movimiento clasista se centraron en las fábricas automotrices. A esto se agregaron la cada vez mayor politización de la so­ ciedad cordobesa y el éxito de la izquierda al ganar para los partidos revolucionarios a jóvenes activistas obreros. Para el trabajador cordobés del automó­ . lo cual era más im­ portante para la mayoría de los trabajadores. el clasismo. parcialmente expresados en términos políti­ cos como peronismo y clasismo pero también. fue más áspero en las plan­ tas de IKA-RenauJty Fiat. pero para la mayoría de los trabajadores que apoyaban las tác­ ticas militantes de los clasistas la cuestión no era clasismo versus peronismo sino. El gremialismo revolucio­ nario.

así como el Estado. los trabajadores cordobeses del auto­ móvil eran parte de un movimiento obrero regional y nacional. Las explicaciones sociológicas generales de la historia obrera de Córdoba sólo pueden sugerir la naturaleza de las relaciones entre trabajo y capital en la ciudad. se vieron afectados por factores que estaban alejados de los problemas cotidianos de la base febril. Fue en su vida laboral donde los jóvenes trabajadores mecánicos de la ciudad expresaron la he­ rencia del desarrollo industrial de Córdoba y las idiosincrasias de la sociedad cordobesa. Las rivalidades. la identidad colectiva de la mayoría de los trabajadores los arrastra­ ba a una militancia que no requería que renegaran de sus lealta­ des peronistas. los invisibles gerentes de producción e incluso sus colaboradores de base en los sindicatos. Sin embargo. Antes bien. experiencia que arrastró a algunos hacia el clasismo.76 EL Cordobazo vil. después de 1966 los enemigos fueron las impersonales empresas automotri­ ces extranjeras. Los trabajadores mecánicos tenían una abundante experiencia compartida a partir de su vida laboral. Mu­ cho más reveladores y analíticamente útiles son los problemas que se experimentaban en el plano fabril. la CGT y las centrales sindicales abrió a veces oportunidades para los gre­ mios y otras restringió su libertad de maniobra. que respaldaba las políticas antiobreras de las compañías. el adversario no era el industrial de poca monta que podía uti­ lizar una panoplia de tácticas intimidatorias e incentivos para manipular y controlar la mano de obra. la naturaleza específica de las relaciones entre capital y trabajo en la ciudad y los individuos y el equilibrio de poder dentro del movimiento sindical —este último en un estado de fluctuacio­ nes constantes y respondiendo a múltiples influencias—constitu­ yeron en conjunto el mundo de la política de la clase obrera cordo­ besa y durante casi una década hicieron de Córdoba el centro dél movimiento obrero disidente del país. y de la misma manera en que influyeron en los acontecimientos fuera de Córdoba. . que en conjunto parecían estar haciendo cada vez más gravosas las condiciones de trabajo. Además. La relación del movimiento obrero local con el Estado. pero no su dinámica específica. La configuración única del movimiento obrero local. una ideología que habría te­ nido menos peso si Córdoba hubiera experimentado un desarrollo industrial más diversificado y si la clase obrera hubiese estado menos concentrada en las industrias mecánicas. las ambiciones políticas y las vendettas personales también jugaron un papel en la política obrera.

2. "Industria y formación de la cíase obrera en la ciudad de Córdoba. Para un nuevo e importante estudio sobre el sábattinismo. 1943-1955 (Bue­ nos Aires: Editorial Sudamericana. Consejo de Inves­ tigaciones Científicas y Tecnológicas de la Provincia de Córdoba. Facultad de Ciencias Económicas. 37-38. Buenos Aires. 2Juan Carlos Aguila. n° 2 (1964). Universidad Nacional de Córdo­ ba. 72-73. Instituto de Economía y Fi­ nanzas. Informe n° 4029. pp. 9María del Carmen Angueira y Alicia del Carmen Tonini.Industria. Agregado Militar. Ofelia Pianetto. 16 de enero de 1932. 134. 1880-1906". 8Efraín Bischoff. 3Informes de la Inteligencia Militar de los Estados Unidos para la Argen­ tina. 31 de agosto de 1929. vol. 1918-1941. Argentina”. p. 4-13. Rinaldo Antonio Colomé y Horacio Palmieri. 4-13. 8-10. Partidos políticos en Córdoba. pp.0Ménica Gordillo. "Current Events for the Month of August”. 13Colomé y Palmieri. Universidad Nacional de Córdoba. agregado militar. . 1991). 278-279. Agregado militar. pp. Eclipse de una aristocracia: Una investigación so­ bre las elites de ía ciudadefe Córdoba (Buenos Aires: Ediciones Libera. “Current Events. 1979). Lester Baker. Absentee Entrepreneurship and the Dynamics of . Revista de Economía y Estadística. sociedad y clase 77 NOTAS 1Adolfo Dorfman. Ferrero. véase César Tcach. “La industria manufacturera en la ciudad de Cór­ doba”. "Características de los sindicatos líderes de Córdoba en los ’60: El ámbito del trabajo y la dimensión cultural". en Homenaje al doctor Ceferino Garzón Maceda (Córdoba: Universidad Nacional de Córdo­ ba. !1Femando Ferrero. Edmond C. 6Roberto A. 1968). “La indus­ tria manufacturera en la ciudad de Córdoba”. Capitalismo de Estado (1927-1956) (Buenos Aires: Centro Editor de América Latina. p. Sabattini y la decadencia del yrigoyenismo. Historia de la industria argentina (Buenos Aires: Solar/Hachette. 7-42. "Localización industrial en la provincia de Córdo­ ba”. pp. 7Ferrero. Infonne n° 4489. pp. 1973). Historia de Córdoba (Buenos Aires: Editorial Plus Ul­ tra. 48. 2 volú­ menes (Buenos Aires. 1991. 1984). 5Informes de la Inteligencia Militar de los Estados Unidos para la Ar­ gentina. Infor­ me n° 5663. Sabattinismo y peronismo. Sabattini y la decadencia del yrigoyenismo. Embajada de los Estados Unidos. Informe Anual. 30-31. 1971). p. 4. 12“La industria en la provincia de Córdoba”. Fleming. 30 de octubre de 1937. 1918-1941. pp. Centro Editor de América Latina. H María Beatriz Nofal. “Military Supply: Government Production of Military Supplies”. p. 72-73. 4Informes de la Inteligencia Militar de los Estados Unidos para la Argen­ tina. Argentina. pp. mayo de 1974. 1986). pp. 1918-1941. 2. 556-558. Este informe de inteligencia brinda una extensa descripción de las plantas cordobesas.

1989). “Industrias Kaiser Argentina”. p. presidente de Industrias Kaiser Argentina entre 1956 y 1967. 18Carta de James McCloud. Depto. “Installation of Fíat Plant for Motor Car Productíon”. 1(5Depto. “Kaiser to Manufacture Alfa Romeo Automobiles”. 811. de Estado de los Estados Unidos.05135/2-2155. 811.78 El Cordobazo the Motor Vehicle Industry in Argentina (Nueva York: Praeger Publishers. A principios de los años cincuenta. 6 de noviembre de 1958. 835. ‘‘Argentina’s Automotive Industries.05135/1-2055. 17Depto. 336. Part I”. Depto.333/ 11-2858.3331 /12-2358. Automotive Industries. 835. of State”. n° 3 (julio de 1988).3331/11-658.. 835. vol. 1955**. 24 de julio de 1989. “Market Report on Electric Motors-Argentina”. 19Depto.A. considerada como el baluarte de la clase obrera peronista. Kaiser Companíes to U. 21 de febrero de 1955. 34 Joseph Geschelin. 77. "Argentina’s Automotive Industries. by the Provincial Government”. 19 de diciembre de 1955. Documentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. Documentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. 15. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. de Estado de los Estados Unidos. 58. McCloud sostiene que la instala­ ción de Kaiser en Córdoba fue exclusivamente el resultado de las presiones de San Martín y los militares argentinos. vol. “Conversation with Henry J. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. de Estado de los Estados Unidos. “Investigation of Industrias Kaiser Argentina S. 28 de noviembre de 1958. p. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. Automotive Industries. a causa de los problemas laborales que preveían habría allí. 15 de febrero de 1965.3331/10-1955. 20Depto. 19 de octubre de 1955. Part III: The Kaiser Empire”. 23 de diciembre de 1958. 25Industrias Kaiser Argentina S. 132. Memoria y Balance General. de Estado de los Estados Unidos. 335. . 2) Depto. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. de Estado de los Estados Unidos. Sus afirmaciones fueron confir­ madas en un estudio reciente sobre las negociaciones de Kaiser: Norbert MacDonald.S. ni Fiat ni Kaiser estaban interesa­ das en instalar plantas en Buenos Aires. 22Joseph Geschelin. Kaiser. vol. Docu­ mentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. de Estado de los Estados Unidos. Kaiser and the Establishment of an Automobile Industry in Argentina". 1961. 835. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. Documentos Relacionados con los Asuntos internos de la Argentina. Em­ bajada de los Estados Unidos en Buenos Aires.A. Documentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. pero Córdoba era la segunda alternativa para cada una de ellas. ir>María del Carmen Angueira y Alicia del Carmen Tonini. de Estado de los Estados Unidos.3331/12-1955. p. “Letter from Henry J. p. 30. “Henry J. Dept. I o de abril de 1965. 50. Business History. Documentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. Documentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. February 21. Ambas empresas deseaban establecerse en el interior. 20 de enero de 1955. 132. p. Capitalismo de Estado (1927-1956). 23Carta de McCloud.

En 1954. 1980). Memoria y Balance General. 48-49. 37Incluso después de la compra Renault se vio trabada por los acuerdos de licencias y embarcada en un prolongado y costoso pleito judicial para . p. 60-61. 29 de septiembre de 1959. 835. Delbert Miller. n° 45 (octubre de 1961). “Fiat Proposes to Manufacture Automobiles in Argenti­ na”. muchos de ellos estadounidenses (50 de los 62 “con­ sejeros técnicos*’ del plantel lo eran). Nofal.24 de noviembre de 1958. 34Grandes Motores Diesel. 33Depto. sociedad y clase 79 26 Gilíes Gleyze. 32-34. provincia de Córdoba. 364-380. 1988). la fabricación de autos pequeños y económicos. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. Memoria y Balance General. El complejo automotor en Argentina. 28 de septiembre de 1963. Fiat tam­ bién se vio favorecida por su decisión inicial de especializarse en un sector del mercado automotor.189) eran más grandes. 1958. Cahiers de l’Institut de Recherche Économique et de Planíjication du Développernent. “Community Power Perspectives and Role Defmitions of North American Executives in an Argentine Community”. pp. Documentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. El personal ejecutivo consis­ tía de 313 personas. Economía y Previsión Social. Grandes Motores Diesel.Industria. Michel Freyssenet. 1974). 35Grandes Motores Diesel. 1958. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. 30Industrias Kaiser Argentina S. fue extraordinariamente rápido. pp. Universidad de París X-Nanterre.390 empleados en el complejo de Santa Isabel y otros 590 en la sede central de Buenos Aires. si bien IKA había incorporado por entonces un número considerable de argentinos a los puestos de nivel su­ perior. pp. “Argentina’» Automotive Industries. pp. Colombie” (tesis de Maestría en Hu­ manidades. Argentine. Absentee Entrepreneurship and the Dynamics of the Motor Vehicle Industry in Argentina.A. 1. Memoria y Balance General 1962. "La Régie Nationale des Usines Renault et l’Améríque Latine depuis 1945. de Estado de los Estados Unidos. pp.. n° 6. Diez años después. Depto. Censo industrial (1954. 2. 1984. muchas otras industrias de la ciu­ dad tenían mayor cantidad de mano de obra: ios talleres ferroviarios (3. Ministerio de Hacienda. Documentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. 15-49. El complejo automotor en Argentina (México: Edi­ torial Nueva Imagen. Sourrouille. El informe de la empresa enumera 6. 1961. Brésil. pp. 28 Industrias Kaiser Argentina S. p. 36Sourrouille. “Les processus d’intemationalisation de la production de Re­ nault: 1898-1979". 1964.952) e incluso la del cuero (1. de Estado de los Estados Unidos. las industrias alimentarias (21.3331/11-2458. sólo la superarían las empresas automotrices. 47.373). “Insti­ tuto IKA: en abril inicia las clases". "Fiat Car and Truck Manufacturing ínvestment Approved”. 60-61. 13. 27E1 crecimiento de la industria metalúrgica cordobesa. Administrative Science Quarterly (diciembre de 1965). no obstante. 32La Voz del Interior.. 838. 29Geschelin. Gacetika. Part 111”. y renunciar a la producción de camiones y autos de lujo. 31Juan V. 1959.A.300 trabajadores directamente dedi­ cados a la producción.3331/9-2959. Memoria y Balance General. p. Memoria y Balance General.

n° 2 (diciembre de 1970). Riuista Geograjica Italiana. Sánchez. p. "La industria manufacturera en la ciudad de Cór­ doba". 43Nofal. 44Gleyze. Aldo A. 32. Véase José Nun. instituto de Economía y Finanzas. “El desempleo juvenil en la ciudad de Córdoba”. 40 Colomé y Palmierí. 35.80 El Cordobazo revocar los firmados por IKA con American Motors. 13. Universidad Nacional de Córdoba (diciembre de 1971). carpeta 3400. 80. 45Carlos E. 18-19. El estudio de Mónica Gordillo sobre el Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA) de Córdoba ha demostrado que un gran porcentaje de los trabajadores que se instalaron en los nuevos barrios in­ dustriales adyacentes a los complejos automotores eran inmigrantes a la ciudad. p. “Argentine". vol. Boulogne-Billancourt. 2 de febrero de 1959Colomé y Palmierí. KJC/AMC/WILLIS". Absentee Entrepreneurship and the Dynamics of the Motor Vehicle Industry in Argentina> p. 8. 4<i Sánchez. I. pp. pp. vol. 1. "Investment Projects in Argentina”. “La localizzazione deirindustria automobolística in America Latina: I casi di Belo Horizonte (Brasile) e Córdoba (Argentina)". “Despidos en la industria automotriz argentina: estudio de un caso de superpoblación flo­ tante”. “El crecimiento de la ciudad de Córdoba en el último cuarto de siglo”. 47Anna Segre.05135/2-259. vol. pp.1% para el período 1956-1960. 40. Departamento Capital. Economía de Córdoba. Facultad de Cien­ cias Económicas. Economía de Córdoba. con . Documentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. y 4436. Directíon Juridique. Arnaudo. 3-20. Dirección de Estadísticas. 36 Depto. “La Régie Nationale des Usines Renault et I’Amérique Latine depuis 1945". 4' Nofal. n° 1 (1978). expediente "Rachat actions AMC/KJC". 25-38. n° 2 (junio de 1983). pp. pp. 44. 7-11. 55-106. pp. 45 Municipalidad de Córdoba. debería subrayarse que sólo una minoría de los trabajadores del SMATA vivía en los nuevos barrios (38. 262-264. “Censo Nacio­ nal de Población: familias y viviendas". en la industria y como mecánicos independientes pero no en las plantas automotrices en que ha­ bían trabajado anteriormente y ni siquiera en la industria automotriz en general— también valían para Córdoba. 811. 1970. Absentee Entrepreneurship and the Dynamics of the Motor Vehicle Industry in Argentina. pp. Revista Mexicana de Sociología. “La industria manufacturera en la ciudad de Cór­ doba”. “El crecimiento de la ciudad de Córdoba en el último cuarto de siglo". 42Arnaudo./OS hallazgos de la investigación de José Nun sobre la desocupación en la industria en los dos casos estudiados en Buenos Aires en 1967 — específi­ camente su descubrimiento de la tendencia de los trabajadores del auto­ móvil despedidos a encontrar trabajo en servicios. 58-60. p. Sí bien ésas fueron las zonas de crecimiento más rápido de la ciu­ dad. vol. "El desempleo juvenil en la ciudad de Córdoba”. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. Archives des Usínes Renault:. de Estado de los Estados Unidos. “IKA Status Contrate Renault.

132 (febrero-junio de 1965). 53. 1947-1965". Facultad de Ciencias Económicas. p. 24-25. “Aspectos sociales del proceso de in­ dustrialización en una comunidad urbana”. Ediciones Signos. “El mercado de trabajo en la ciudad de Córdoba”. sociedad y clase 81 porcentajes similares para la década del sesenta). 11. pp. Crisis y protesta social Córdoba. Sánchez y Walter E. “Construcción y vivienda en la ciudad de Córdoba. 1970). n° 87 (28 de mayo de 1971). "Carac­ terísticas de los sindicatos líderes de Córdoba en los *60". 56Francisco J. 11. 56Sánchez. pp. “El crecimiento de la ciudad de Córdoba en el último cuarto de siglo”. Part VI”. Población e inmigración en la ciudad de Córdoba. 53La Voz del Interior. 762-763. n° 2 (1970). p. 11-12. Sánchez. n° 3 y 4 (1967). “El desempleo juvenil en la ciudad de Córdoba”. pp. Automotive Industries.: Stanford Universíty Press. Economía de Córdoba. Comer­ cio y Justicia. vol. Colomé. 8. 55Joseph Geschelin. ni Arnaudo. Juan Carlos Aguila. Gordillo. Revista Mexicana de Sociolo­ gía. 54Carlos E. “ Charles Bergquist.industria. habitando la mayoría en los barrios tradicionales del centro de la ciudad y un número considerable en poblaciones pequeñas fuera de los límites de la misma. pp. 160-163. . p. s0Carlos E. 2-11. 10-12. Delích. 57Edíth Aostri. “La Régie Nationale des Usines Renault et rAmérique Latine depuis 1945”. 1947-1966. 68-69. vol. 20 de noviembre de 1960. p. “Argentina’s Automotive Industries. “La situación de la vivienda en la ciudad de Córdo­ ba”. 188. 3-20. Calif. 1967. p. Labor in Latín America (Stanford. 15 (mayo de 1963). mayo de 1969 (Buenos Aires. pp. pp. pp. vol. ^Rinaldo A. 15. Revista de Economía y Estadística. 1986). Uni­ versidad Nacional de Córdoba. vol. 59Gleyze. pp. 3. Schulthess.

la política obre­ ra en Córdoba siempre operó en dos niveles. tecnología y prácticas gerenciales. Una arena se centraba en la base fabril y la relación de los trabajadores con la producción. las motivaciones gremiales fueron con frecuencia apenas escasamente visibles en la evidencia escrita del investigador. Sólo estaba repre­ sentada de manera incompleta en los manifiestos o en las siglas ins­ titucionales que tan a menudo preocupan a los historiadores del tra­ bajo y. La segunda clase de política laboral. esto quería decir la industria automotriz. representados individualmen­ te por sus delegados y colectivamente por el sindicato. por sus mercados. de hecho. Las relaciones en el lugar de trabajo. era más pública e implicó a un mayor número de sindicatos en un momento anterior en el tiempo. fueron una parte fundamental de la historia de todos los sindicatos cordobeses en este periodo. Por otra parte. en las indus­ trias en que tanto el trabajo como el capital estaban presentes en una escala tal que hacía que sus enfrentamientos tuvieran conse­ cuencias para toda la clase obrera. En Córdoba. La política de la base fabril era una espe­ cie de política laboral más casera y casi hermética en la cual los diversos intereses de los trabajadores. así como la relación de los sindicatos con el Estado. determinadas por la naturaleza de la empresa. si bien igualmente compleja. sin embargo. y la otra implicaba luchas internas de poder y las interacciones ins­ titucionales de los sindicatos obreros. La política gremial era una presen­ cia vaga en la historia de la clase obrera local. cuyas ondas se difundieron más allá de ios confines de los complejos automotores para afectar a otros sindicatos y al mo­ vimiento obrero cordobés en general. se enfrenta­ ban a los intereses más uniformes del capital. Tuvieron más importancia. Política sindical Como en la mayoría de los movimientos obreros.2. sólo fue después de mediados de los años sesenta cuando las conocidas escaramuzas entre traba­ jo y administración en esa industria evolucionaron hacia una gue­ rra abierta. Sólo en ésta las apuestas eran tan elevadas y las relaciones tan contenciosas como para poder influir en los otros gremios de la ciudad. .

Su desafío era en parte ideológico. habían comenzado a observar críticamente la rela­ ción del peronismo con el movimiento obrero a través del estudio y la reflexión. eligieran a su líder. por ejemplo. La historia arranca en los últimos años de la presidencia de Pe­ rón. Sin duda.Política sindical 83 La política interna de los sindicatos y las rivalidades políticas entre ellos respondían a muchas influencias: personales. en términos generales su naciente rebelión implicaba cuestiones más mundanas que la ideología. como los de trabajadores gráficos y fe­ . como miembro del consejo directivo en el apogeo de la ortodoxia peronista. que un núcleo de activistas sindicales no peronistas y de izquierda del sindicato de Luz y Fuerza. grupos de jóvenes trabajadores empezaron a reunirse en una serie de gremios cordo­ beses y a cuestionar a la conducción de la vieja guardia peronista. cuando el Estado peronista mostraba sus primeros signos de agotamiento. la mayoría de los cuales eran entonces poco más que añosos especta­ dores del movimiento obrero local. Tosco y otros como él finalmente acudieron a los in­ transigentes anarquistas. Un puñado de ellos. A principios de la década de 1950. Agustín Tosco. Buenos Aires y Rosario. a la temprana edad de 27 años. estratégicas e ideológicas. a fin de conocer algunas de las tradiciones obreras que habían precedido a Perón. y en 1957 como secretario gene­ ral. pero que estaba representado más tangiblemente por su conducción. El movimiento obrero cordobés se convirtió en algo tan­ to singular como significativo en la historia reciente de la clase obrera argentina sólo una vez que las dos clases de política laboral se mez­ claron para producir un nuevo tipo de sindicalismo. por ejemplo Agustín Tosco.1Sin embargo. ese pluralismo fue posible gracias al comparativo aislamiento de Córdoba con respecto a los centros de la política obrera y el poder sindical en el movimiento obrero pero­ nista. Era un reino político que involucraba a todos los traba­ jadores.2 Como resultado del descontento creciente.3 Situaciones similares existían en otros sindicatos locales. conocidos colectivamente en la historia del gremio como la “generación de 1953". Pero una larga e intrincada historia precedió al nacimiento del movimiento sindi­ cal cordobés disidente. socialistas y comunistas de Córdoba. y conocerla es crucial para su posterior com­ prensión y explicación* La mejor manera de describirla es decir que se trata de la política subterránea del poder en el movimiento obre­ ro cordobés. hacia 1955 una serie de sindicatos claves de la ciudad eran ideológica y políticamente pluralistas en una medida mucho mayor de lo que era común en la Argentina peronista. y se centraba en desacuerdos con el enfoque peronista de las negociaciones colectivas o simplemente en un desagrado generacional por la conducción sindical establecida. Ese aislamiento había permitido.

gráficos y ferroviarios. Resistió con eficacia intromisio­ nes de Buenos Aires en la autonomía sindical local y con ello pre­ servó una identidad distintivamente cordobesa del movimiento obre­ ro del lugar. Para esos trabajadores el peronismo era más una tradición obrera heredada que una experiencia vivida. a sus sindicatos. los de la industria automotriz. que abogaba por una oposición militante al Estado y los empleadores en la exigencia de que Perón retomara del exilio y se levantara la proscripción a su movimiento.4La tendencia de línea dura dentro del sindicalismo peronista. Aramburu (1955-1958). uno para coordinar la Resistencia y el otro para mante­ ner viva su tradición —en La Falda en 1957 y Huerta Grande en 1962. en el apogeo de las campañas de sindicalización peronistas. que en lo sucesivo tanto peronistas como no peronistas procuraron sostener. En sus primeros pasos para organizar al proletariado mecánico. que se erigieron como los programas más radicales propuestos por cualquier sector del movimiento obrero hasta la aparición de las corrientes revolucionarias en los sindica­ tos a comienzos de la década del setenta. molineros y carpin­ teros. junto con otros gremios sólidamente peronistas como los de conductores de ómni­ bus. Córdoba era singular por el hecho de que los trabajado­ res que se constituirían en la columna vertebral del movimiento obrero. trabajadores textiles. Fundada en 1949. a menudo tenía que competir con apegos igualmente poderosos a su provincia y. los más importantes de los cuales eran los de los trabajadores de Luz y Fuerza. siguió siendo fuerte en la ciudad. la clase obrera cordobesa era sin duda abrumadoramente peronista en 1955. La tardía llegada de las industrias . si bien fuerte.84 El Cordobazo rroviarios. todavía eran una clase en formación y por lo tanto estaban desorganizados cuando en 1955 cayó el gobierno peronista. La Resistencia peronista cordobesa fue una de las más feroces del interior de la Argentina. y su lealtad a él. los sindicatos de Córdoba des­ empeñaron un papel particularmente prominente. respectivamente— . En la campaña de resistencia del movimiento obrero contra el gobierno antiobrero y más específicamente antiperonista del gene­ ral Pedro E. por último. La política sindical en Córdoba también fue influida por el carác­ ter de su reciente desarrollo industrial. la Confederación General del Trabajo cordobesa (CGT) agrupaba una surtida colección de los sindicatos pluralistas y en su mayor parte no industriales. A pesar de estas idiosincrasias locales. La delegación cordobesa redactó dos documentos que surgieron de dos distintos congresos obreros que se realizaron en la provincia. el gobierno de Aramburu pro­ curó debilitar la presencia peronista en el movimiento obrero cordo­ bés. empleados públicos. y en parte lo consiguió.

para iniciar su carrera en IKA e imponer allí su control sobre los muy desorganizados peronistas. Para soslayar los impedimentos legales a la actividad sindical. To­ rres y el círculo de militantes peronistas que lo rodeaban habían adoptado una actitud conciliatoria hacia la empresa y las autorida­ des provinciales. En medio de la Resistencia peronista. Su campa­ ña para conseguir una presencia peronista más fuerte en las plan­ tas de IKA se había visto obstaculizada tanto por la permanente prohibición a la participación peronista en los asuntos sindicales como por la débil tradición gremial de la joven mano de obra de IKA. Como iba a hacerlo a lo largo de toda su carrera sindical. Éste esta­ blecía una serie de logros para el sindicato. El fornido y moreno Torres había usufructuado su notoriedad como tipo duro en Alta Gracia. los peronistas de SMATA se disputaron internamente el puesto de conducción de su movimiento de recuperación del sindicato. una lista comunista que hacía hincapié en asuntos relacionados con el trabajo ganó la primera elección sindical y el derecho a represen­ tar a los trabajadores de IKA. como su vocero recono­ cido. por entonces un gremio pequeño y de poca importancia que representaba esencialmente a los mecánicos de las estaciones de servicio. una pequeña ciudad cercana al complejo de Santa Isabel. al mismo tiempo que incluía también numerosas cláusulas referidas a la se­ guridad y beneficios del trabajo. los comunistas negociaron con la empresa el primer convenio colectivo.5 El efecto de la victoria de la lista comunista en 1957 fue galvanizar a un pequeño grupo de militantes peronistas de las plantas de IKA alrededor del apoyo a un programa que destacaba las cuestiones del pan de cada día a expensas de los intereses políticos más gene­ rales del proscripto movimiento peronista. Durante varios meses. La decisión fue un golpe para la clase traba­ jadora peronista y en especial para la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). pi-oscriptos los candidatos peronistas.Política sindical 85 mecánicas permitió a Aramburu otorgar la jurisdicción de los tra­ bajadores de IKA al Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA). Torres man­ tenía una relación cordial pero distante con los sindicatos más ac­ tivamente implicados. hasta que surgió un hombre. una medida provincial que otorgaba a los trabajadores de determinadas indus­ trias una paga de 48 horas por una semana laboral de 44. Torres intentaba promover sus propios intereses y los del SMATA cordobés al mismo tiempo que se mantenía independiente de los caciques . En enero de 1957. Elpidio Ángel Torres. entre ellos la extensión a los trabajadores de IKA de la ley del “sábado inglés”. Al año siguiente. que era la conductora de la Resistencia y estaba surgiendo como el sindicato dominante y árbitro final en el movimiento obrero peronista.

La administración de la empresa y las autoridades provin­ ciales les ahorraron al menos parte de los aspectos más menudos del hostigamiento al que sometían a los peronistas en otros sindica­ tos. changarines. al distanciarse de los elementos más mili­ tantes de la Resistencia. la rama política del movimien­ to obrero peronista. entre trabajadores industriales primerizos e in­ migrantes rurales recién llegados a la ciudad.9 El año 1958 fue un punto de inflexión para los peronistas del SMATA y para el sindicalismo en general en el complejo IKA. que controlaban la CGT. El reciente pacto Perón-Frondizi y la inminente recuperación de la . Si bien los trabajadores de IAME estaban familiarizados con la vida fabril. Los trabajadores de IKA eran una abigarrada colección de ex jornaleros agrícolas.7A pesar de los logros del sindicato en 1957. mecánicos independientes.8Las habili­ dades mínimas requeridas por gran parte de la producción automo­ triz permitieron a la compañía emplear una mano de obra amplia­ mente inexperta y luego entrenar a los trabajadores en las simples y repetitivas tareas necesarias para la producción en las líneas de montaje.86 El Cordobazo obreros de Buenos Aires.6 Lo que es más importante. e incluso la mención de los sindicatos. y muchos parecían temer que la participa­ ción en el gremio amenazara de alguna forma sus empleos. plomeros y has­ ta mozos de los recreos de la cercana sierra cordobesa. Los peronistas del SMATA abrazaron una posi­ ción moderada durante la Resistencia. El gran problema de Torres era la apatía obrera. Torres comenzó con una mordaz campaña de propaganda contra el con­ trato de 1957 y la falta de vigilancia de los comunistas en cuanto a la obligación de la empresa de cumplir varias de sus disposiciones. y de lo que se conocía como las 62 Organizaciones. y Torres y sus colaboradores pronto estuvieron en condiciones de actuar con relativa libertad en las plantas de IKA. Torres y su círculo tenían las manos más libres para impugnar el control del sindicato por parte de los comu­ nistas. Estos trabajadores no calificados eran especialmente indi­ ferentes a las propuestas peronistas y presumiblemente también a las de los comunistas. a pesar de la proscripción de su movimiento y de las restricciones a la actividad sindical peronista en otros lugares. la empresa había decidido reclutar su mano de obra en las fábri­ cas no sindicalizadas de las Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (IAME). la afiliación obrera no aumentó de manera significativa. Pocos de los tra­ bajadores de IKA tenían una experiencia gremial anterior* Hábilmente. Las campañas gremiales. abogando por restringir y abandonar el sabotaje y otras tácticas militantes para no demorar la restauración del peronismo en la vida política de la nación. eran recibidas con malhumor por el personal obrero. no ocurría lo mismo con la mayoría de la mano de obra.

había perdido gran parte de su antigua popula­ ridad entre el pequeño número de operarios activos del gremio e irri­ tado a la gran mayoría que simplemente lo había tolerado. Acicateándolos para que declararan en marzo unos paros apresurados y pobremente organizados a causa del estancamiento de las negociaciones de los convenios colectivos. la mayoría de los trabajadores ignoraba las convocato­ rias comunistas a la huelga. junto con sus compañeros peronistas. Confiaba. En la base fabril se generalizó el descontento. Recientemente se le había otorgado la correspondiente a los trabajadores de Fiat. Las vaci­ laciones para afirmar su lealtad peronista en 1957 dejaron paso a la comprensión de que esos vínculos podían ser una ventaja distintiva en las diferentes circunstancias políticas de 1958. A lo largo de la historia del movimiento obrero cordobés. En general. en que su status de representante de un movimiento cada vez más mitologizado por la clase obrera argentina lo pondría. En el caso específico de 1958. sus propias facultades de persua­ sión y carisma personal y la simpatía de los trabajadores por el más débil ío ayudaría a derrotar a los comunistas.Política sindical 87 legalidad del movimiento obrero peronista a cambio de su apoyo a la candidatura del segundo alentaron a Torres a adelantar su pro­ puesta de control del sindicato y a adoptar tácticas más agresivas. y el control del segundo complejo automotor de la ciudad asegurarla . En parte contaba con que una combina­ ción de la índole metódica y falta de brillo de la conducción sindical comunista. las de­ cisiones sindicales se tomaron a menudo en respuesta a presio­ nes provenientes de las centrales gremiales y la CGT. De Buenos Aires llegaban otras presiones para que Torres actua­ ra. primero desacreditando a sus rivales y luego capitalizando sus propios lazos peronistas. contribuyó a aumentar el desafecto de los tra­ bajadores. Alejandro Brízuela. y en especial a las maquinaciones políticas de las principales autoridades del movimiento obrero peronista que controlaban las centrales y domi­ naban la CGT y las 62 Organizaciones. Hizo un audaz esfuerzo para desplazar a los comunistas y ganar las elecciones sindicales programadas para diciembre de ese mismo año. las divisiones dentro de las filas de éstos que los obliga­ ron a presentar listas separadas. Hacia fi­ nes de abril. y el secretario general del sindicato.10 Torres lanzó su ataque contra los comunistas alrededor de la cuestión de la representación sindical efectiva. Torres procuró atajar una campaña de la UOM que presiona­ ba a Frondizi para que permitiera que el sindicato metalúrgico afir­ mara su jurisdicción sobre los trabajadores de IKA. esas decisiones procuraban mantener la independencia de los sindicatos cordobe­ ses y resistir las intromisiones de los caciques obreros peronistas porteños en la autonomía sindical local. a la cabeza del SMATA cordobés. sobre todo.

Los rumores sobre las intenciones de la UOM se convirtieron en un desafío abierto en la segunda mitad de 1958. De un plantel de más de 3.u Poco después de la primera aparición de los proselitistas de la UOM en Santa Isabel. pero entre los peronistas del SMATA había la sensación generalizada de que se los hacía a un costado y de que la creciente pérdida de prestigio de la conducción comunista amenazaba redundar en beneficio de la UOM. varios de los departamentos de las plantas de IKA permanecieron en manos de los comunistas y Torres se encon­ tró a la defensiva. cuando sus representantes comenzaron una campaña en las puertas de las fá­ bricas para afiliar trabajadores. obteniendo la lista de Torres 588 votos y las dos comunistas 411 y 274 respectivamente. La superficial tradición sindical y la desconfianza palpable hacia los activistas gre­ miales amenazaban convertir la indiferencia y hasta el apoyo a re­ gañadientes en hostilidad abierta ante una noticia de peso. y también ilustrativos de hasta qué punto aún existia apatía entre los trabajadores de las plantas. con un núcleo resentido y capaz de activistas comunistas dispuestos a criticar en toda ocasión su manejo del sin­ dicato.000 personas. Para consolidar su control en Santa Isabel. Sus demostraciones públicas de fide­ lidad a los caciques obreros porteños fueron. como primer paso para presentar en el Ministerio de Trabajo una solicitud formal de reconocimiento de su jurisdicción. Junto con otros peronistas del SMATA. comprendió que el sindicato aún ocupaba una posición precaria. Torres y sus partidarios armaron la primera lista peronista para enfrentarse a las dos agrupaciones comunistas que competían en las elecciones de diciembre del SMATA. que temía con fundamento que la afiliación a la muy centralizada UOM implicara un control absoluto de Buenos Aires. Por otra parte. pero el estrecho margen de la victoria y la di­ fundida indiferencia obrera hacia las elecciones y el sindicato en general significaban que el mandato peronista era más aparente que real. Los re­ sultados de éstas fueron estrechos. en consecuencia. decidieron votar poco menos de la mitad. Los trabajadores de IKA demostraron ser tan in­ diferentes a los avances de la UOM como lo habían sido a las ante­ riores campañas sindicales.88 El Cordobazo al gremio una posición dominante en el movimiento obrero cordo­ bés y también frustraría las aspiraciones sindicales de jóvenes cor­ dobeses como Torres. Torres continuó con su enfoque independiente y se concentró en ganarse el apoyo de las bases de IKA. Los di­ rigentes del SMATA necesitaban ganarse el apoyo de las bases a tra­ vés de logros concretos y no subordinar las decisiones sindicales a los dictados de Buenos Aires.12La elección de Torres como secretario general puso a los peronistas por primera vez en control del SMATA cordobés. poco .

resolviendo problemas de la base fabril. perjudiciales para los ojos y los pulmo­ nes. problemas que la compañía atribuía a la presencia de agitadores gremiales en la base fabril. distribuir mejores máscaras y ropa de protección y reducir tanto la jomada de trabajo como los ritmos.15 Problemas similares enconaban a otros departamentos. que provocaba persisten­ tes emanaciones de pintura. a causa de su diseño reputadamente descuidado. había señales de que la joven mano de obra estaba empezando a reaccionar ante la regimentación y los rigores de la vida fabril. Si bien las cifras de ventas de la empresa eran eleva­ das y había plena ocupación en las plantas.14Sin embargo. considerando esa actitud como una intrusión en el control de la dirección sobre el proceso productivo y como un precedente indeseable para otros departa­ mentos. que habían caracterizado los primeros años de la historia de IKA. Torres se vio estimulado a proseguir con el sindicalismo de las cuestiones cotidianas a causa de los cambios que se estaban pro­ duciendo en las plantas. erigiendo una sólida organización sindical y exhibiendo una amplia indiferencia ante las maniobras polí­ ticas del movimiento obrero peronista. El mismo Torres se hizo adicto a los floridos discursos en elogio de Perón. porque eran un nido de sediciosos. Los dos años posterioi~es a la victoria sindical transcurrieron tejiendo alianzas. por lo que obligó a la empresa a mejorar la ventilación. Cuando los trabajadores comenzaron allí una campaña para hacer que sus tareas fueran calificadas como insalubres y obtener con ello una jomada de seis horas. El primer reconocimiento empresarial de problemas laborales informaba de un creciente mal humor de los trabajadores hacia la administración y los capataces. para el directorio. habían comenzado a deterio­ rarse justo en el momento en que los peronistas asumían el control del sindicato. la empresa se mantuvo firme.13En algunos de los departa­ mentos más opresivos crecía la inquietud de los trabajadores. y Torres y la conducción sindical peronista los capitalizaron para establecer el tipo de organización gremial sólida y con participación de las bases . una comisión especial del Ministerio de Tra­ bajo encontró no sólo escasa ventilación en los túneles de pintura sino también un aumento inaceptable de los ritmos de producción. amenazando en un tono intimidatorio con la participación del sindicato en movilizaciones obreras y huelgas ge­ nerales auspiciadas por los peronistas e ignorando efectivamente las órdenes provenientes de Buenos Aires. Los túneles de pintura ya eran notorios: para los trabajadores. Las relaciones relativamente tranquilas entre el directorio y la mano de obra. e incluso de incidentes ocasionales de franca insubordinación en las líneas.Política sindical 89 frecuentes. tal como lo disponían las leyes laborales ar­ gentinas.

En primer lugar. el 26 de febrero de 1959. En contraste. ambos—. los principales sindicatos peronis­ tas. un provoca­ tivo arrojar el guante. realizado de manera deliberada para incremen­ tar la participación en la interrupción del trabajo. en la esperanza de obtenerla. como en 1969 y 1971. con más frecuencia. Las huelgas tenderían cada vez más a ser asuntos cuidadosamente orquestados y controlados. Pero las afiliaciones aún avanzaban con lentitud. rescindir unilateralmente el contrato sus­ cripto con la empresa en 1958 y declarar una huelga. Torres y el sindicato votaron. Tales huelgas lle­ vaban a los trabajadores a las calles y siempre amenazaban con des­ embocar en enfrentamientos violentos con la policía.Tras la decadencia de la Resistencia y la institucionalización del movimiento obrero. Los peronistas del SMATA no estaban tan interesados en estable­ . se desarrollaron hasta convertirse en toda una insu­ rrección urbana— nació con el paro activo y la huelga de 1959. La tendencia de los paros de los sindicatos cordobeses en los años siguientes a ase­ mejarse a movilizaciones populares —y frecuentamente a desatar pro­ testas a lo largo y lo ancho de toda la ciudad que a veces. Lo que se necesitaba era una victoria que confiriera pres­ tigio y. especialmente en Buenos Aires. el paro activo era una manifestación militante de la intransigencia obrera. También emprendieron una gran campaña organizativa en todos los departamentos. en el cual los trabajadores simplemente se quedaban en sus casas mientras los caciques gremiales negocia­ ban con sus interlocutores del momento —los empleadores. El sindicato obtuvo cierto apoyo entre los trabaja­ dores con medidas tales como la creación de un generoso programa médico gremial para competir con los más modestos servicios de salud de la empresa y la resolución de pequeños problemas en cada uno de los departamentos. esa huelga instauró lo que sería una marca distintiva del movimiento obrero cordobés en los años venide­ ros: el paro activo.90 EX Cordobazo que se les había escapado a los comunistas. La huelga de 1959 fue un acontecimiento importante en la histo­ ria del SMATA. Comenzó a surgir una clara cadena de mandos. comprometiendo la intervención sindical para resolver los problemas de cada uno de ellos. en la que Torres desempeñaba el papel de caudillo obrero al mismo tiempo que contaba con un grupo de jóvenes y duros activistas sindicales peronistas para granjearse el apoyo de los trabajadores. El progreso fue concienzudo. como el desganado paro matero o paro dominguero. Los peronistas utiliza­ ron los fondos sindicales para construir la sede del gremio en el centro de Córdoba y establecieron cursos de capacitación para los delegados recientemente electos. solían desalentar toda participa­ ción de las bases que amenazara ir más allá de límites claramente circunscriptos. y estableció precedentes que influirían en la política obrera futura. el Esta­ do o.

una herramienta invalorable para mejorar su perfil entre los trabajadores. pero en última ins­ tancia proporcionó a Torres y a la neófita conducción peronista una crucial victoria sindical.Política sindical 91 cer un precedente sindica] o incluso un estilo gremial más combativo como en superar la obstinada indiferencia y hasta antipatía de los trabajadores de IKA hacia el sindicato. y en el siguiente contrato satisfizo casi todas las demandas de éste. los peronistas tenían un firme control del aparato sindi­ . en la industria automotriz. De igual modo. como en el caso de las industrias metalúrgicas. Como resultado de la huelga.17 La huelga de 1959 fracasó en el corto plazo. En el acuerdo del 11 de marzo de 1960. Torres construiría su apoyo en­ tre las bases y una formidable maquinaria sindical que dominaría los asuntos del sindicato durante más de una década. consiguió una serie de beneficios y un aumento salarial significativo por encima del acuerdo de 1958. La importancia de la huelga y de los primeros años de control del SMATA por parte de Torres y ios peronistas radicó en que estable­ cieron el tenor de las relaciones administración-mano de obra en las plantas de IKA y fijaron las responsabilidades y los límites'de la relación del sindicato con los trabajadores. conversaciones sóbre las nego­ ciaciones colectivas que. el directorio de IKA comprendió que tenía que negociar seriamente con el sindi­ cato. En el conflicto de 1959.18 Sobre la base del convenio de 1960. Torres también hizo uso de lo que en lo suce­ sivo sería otra práctica del SMATA cordobés: realizó asambleas abier­ tas en un estadio de boxeo local. También se establecieron procedimientos para las paritarias.*6Torres reconocía que la huel­ ga era un formidable mecanismo de asimilación cultural y construc­ ción sindical. Torres obtuvo también úna gran concesión con res­ pecto a los contratos de tres años de los trabajadores: una cláusula de ajuste de los salarios [cláusula gatillo) que establecía aumentos cuatrimestrales automáticos de acuerdo con el incremento del cos­ to de vida. a fin de re­ unir a los trabajadores para que votaran en todos los llamados a la huelga. Estas asambleas se convirtieron en importantes aconteci­ mientos socializadores y fueron un intento deliberado de inculcar una identificación con el sindicato y una identidad de clase en trabajado­ res que anteriormente tenían poco de una y otra. El convenio de 1960 reconoció al sindicato como único repre­ sentante legitimo de los trabajadores de IKA en todas las negocia­ ciones con el directorio y permitió que el SMATA aumentara el nú­ mero de delegados en las plantas. Hacia fines del período formativo. eran manteni­ das directamente entre las empresas y el SMATA local y no entre una única asociación de empleadores y un sindicato nacional. el Córdoba Sport Club. en gran parte como el utilizado por los organizadores del sindicato United Auto Workers en Detroit en la década del treinta.

Los trabaja­ dores de Fiat. y aunque el comité ejecutivo del sindicato asumió de manera gradual un carácter administrativo en oposición a uno de clase.92 El Cordobazo cal. Todos estos factores se combinaron para impedir la conso­ lidación de una pétrea burocracia gremial en el sindicato. recelos hacia Buenos Aires y valores compartidos originados en una experiencia de trabajo en común y. los trabajadores de Fiat tenían una historia previa que los erigió en actores independientes de la política del movimiento obrero cordobés. en menor medida. el uandorismo. que inspiró muchas de sus prácticas. el SMATA cordobés fue. una familiaridad barrial— que dio a la clase obrera de IKA un carácter especial. Por último. que representaba a sus trabajadores de Turín. La derrota de la CGIL en las elecciones sindicales de 1955 provocó una interrupción de la actividad gremial en esa ciudad. volvieron a la situación que había caracterizado allí a la representación sindical desde el ascen­ so del fascismo en la década de 1920 y a lo largo de la guerra. Si bien Torres comenzó a adoptar todas las características de un arquetípico cacique obrero peronista. una organización de­ mocrática y un defensor eficaz de los intereses de los trabajadores. De manera similar. Los trabajadores italianos de la empresa no volvieron a participar en ningún paro obrero de importancia hasta las grandes huelgas de 1970. Fiat había comenzado sus operaciones en la Argentina justo cuando estaba llegando a su fin una lucha de casi diez años con la alianza comunista y socialista de la Confederazione Generale Italia­ na del Lavoro {CGIL). dentro de los lími­ tes del sindicalismo peronista del momento. con líneas abiertas hacia los ejecutivos y gerentes de IKA. El sindicato también había establecido ciertas prácticas democráticas en una época en que el movimiento obrero peronista se movía hacia un estilo sindical más burocrático y deliberativo. estaba la presencia de un crítico y vigilante grupo de activistas sindicales de izquierda en las plantas. alternativamente componedor de pro­ blemas y dispensador de favores.19La huelga de 1959 también contribuyó al nacimiento de una identidad SMATA — una mezcla de orgullo provinciano. y los funcionarios de la empresa en Ferreyra estudiaron una campaña meticulosamente orquestada para anular cualquier signo de actividad gremial seria en sus plan­ tas. Desde el comienzo.20 . sometidos alternativamente a las tácticas paternalis­ tas e intimidatorias de la compañía. las políticas laborales de Fiat fueron severas e intransigentes. según llegó a conocérselo en honor al líder metalúrgico Augusto Vandor. si bien en Ferreyra esa independencia fue un resultado de las maquinaciones empresarias más que de las luchas sindicales.

A diferencia del caso de IKA.21 El escaso impacto en Ferreyra de la áspera huelga de los trabajadores metalúrgicos el año siguiente fue la prueba de una representación sindical al menos inicialmente timorata y reivindicó la decisión de Fiat de mantener a su personal al margen de lo que consideraba la perspectiva corruptora y más amenazante de una afiliación al SMATA. el gobierno aprobó parcialmente la solicitud de ía empresa. Un informe de la empresa de 1959 señaló jubilosamente la ausencia de problemas laborales en el complejo. en respuesta a los malos vientos que soplaban desde Santa Isabel. el conservador Alvaro Alsogaray. y siendo el SMATA un anatema para la empresa italiana. el renacimiento del peronismo era aún una perspectiva inquietante para la mayoría de los empleadores. Ese año. Como la afiliación a la UOM ya no era vista como la garantía de una futura paz laboral. Si bien la UOM central y el movimiento obrero peronista en general dieron todas las señales posibles de su disposición a cooperar con el empresariado. donde el SMATA ya había surgido como un formidable adversario sindical. los primeros esfuerzos de organización sindical por par­ te de los comunistas no fueron bienvenidos por la compañía italiana. y la actividad gremial fue virtualrnente prohibida hasta 1958. que en el complejo de la compañía se constituyeran sindicatos de planta. la empresa dio un paso más en su política laboral y apartó a sus trabajadores de la tendencia histórica del movimiento obrero argentino al formar sindicatos por planta. Su decisión de man­ tener divididos a los trabaj adores mecánicos locales demostró ser juiciosa. debido a la declinación de la Resistencia peronista y el apoyo del movimiento obrero peronis­ ta a Frondizi. Bajo ios .Política sindical 93 Era predecible que Fiat no estuviera dispuesta a tolerar en Córdo­ ba lo que había considerado inaceptable en Turín. Ambas conside­ raciones convencieron a los funcionarios de la empresa de que ten­ drían que tomar medidas más drásticas si querían que en Ferreyra la representación sindical siguiera siendo débil. Fiat cedió brevemente a las presiones del gobierno y los tra­ bajadores y permitió la afiliación a la UOM local. una tranquilidad que comparaba con las condiciones que existían “fuera” de Ferreyra. un sindicato cuyo poderío se concentraba en Buenos Aires. y el directorio de Fiat era cons­ ciente de la probabilidad de que la UOM cordobesa adoptara tácti­ cas más combativas para prevenir cualquier movimiento de las ba­ ses en favor de afiliarse al sindicato mecánico local. era en 1958 una opción más atractiva de lo que lo había sido en la época de Aramburu. Aunque la formación de tales sindicatos era una flagrante violación a la ley laboral argentina. En 1960. y la UOM. cuando IKA tuvo que decidir por pri­ mera vez la cuestión de la afiliación sindical. en una referencia indirecta a Santa Isabel. a princi­ pios de 1960 Fiat propuso a Frondizi y a su ministro de Economía.

Materfer (SITRAM) y Grandes Motores Diesel (SITRAGMD). pero en realidad la naturaleza de su trabajo. otros sindicatos locales atravesaban su período de formación. específicamente la creación de un nuevo proletariado mecáni­ co y el correspondiente aumento del poderío estratégico del sindica­ to de trabajadores de Luz y Fuerza. una representación sindical aún más radicalmente separatista germi­ naba en el otro complejo automotor de la ciudad. sino dispersos en la burocracia gubernamental. Los sindicatos de la vieja guardia peronista se habían deslizado del status mayoritario de que habían disfrutado antes de 1955 y a través de la Resistencia a una posición minoritaria hacia 1960. Teóricamente compartían una identidad de clase con los trabajadores de las industrias mecánicas. mientras los peronistas de mentalidad independiente conso­ lidaban su control en Santa Isabel con la conducción de Torres. que servía a la industria que era entonces el elemento vital de la economía industrial de Córdoba. En . Más importantes fueron los cambios que hablan tenido lugar en la economía cordo­ besa. controla­ da por la compañía. no sería otorgado hasta 1964. A diferencia de los trabajadores de las industrias mecánicas. la personería gremial. estableciendo en las plantas de IKA y Fiat los parámetros de la relación entre movimiento obrero y administración que perdurarían por muchos años. Dentro de este grupo heterogéneo estaban comenzando a surgir tres tendencias políticas generales. el mercado de sus productos y la relación con sus empleadores los hacía tan diferentes de los trabajadores de IKA y Fiat como lo eran entre sí.23Así. las industrias de servicios y las livianas y de tecno­ logía simple.94 El Cordobazo auspicios de la Federación Sindical de Trabajadores Fiat. una tendencia formalmente dentro del movimiento peronista pero en la práctica independiente y una corriente explíci­ tamente no peronista constituían los bloques de poder del movimien­ to obrero cordobés al margen de los complejos de IKA y Fiat. durante el gobierno radical de Arturo lllia. La represión sufrida a manos del gobierno durante la Resistencia fue sólo parcialmente responsable de su declinación. Mientras los grandes complejos automotores y mecánicos lucha­ ban con los problemas de la representación sindical. se constituyeron sindicatos de planta en las fábricas Concord (Sindicato de Trabajadores de Concord. en 1960. los de los otros sindicatos de la ciudad no se encontraban en industrias concentradas y de capital intensivo. o SíTRAC). Cada una de ellas no sólo representaba distintas posiciones ideoló­ gicas sino que también formaba parte de alianzas locales y naciona­ les en la política de poder dél movimiento obrero. Un grupo peronis­ ta renegado. si bien el reconocimiento legal.

denominada inicialmente auténticay luego ortodoxa. las poten­ cias del movimiento obrero peronista en Córdoba habían estado en las industrias textil y de procesado de alimentos (mataderos. si bien podían ser apropiadas para Buenos Aires. en parte a causa de su orgullo regionalista y la poca disposición a subordinar los intereses locales a los dictados de la muy centralizada UOM. sólo eran apro­ piadas para un sindicato que ya hubiera sido aceptado como inter­ locutor por el empresariado. no era útil para las necesidades tácticas propias de la UOM cordobesa. el sindicato metalúrgico de Córdoba había sido en realidad un gremio pequeño con poca influencia en un movimiento obrero local cuya expansión sólo se produjo después de 1955. muchos de los otros sindicatos alineados en las filas ortodoxas cordobesas eran meramente caducas organiza­ ciones locales que deseaban vehementemente recuperar el control de lo que se había convertido en un movimiento sindical repentina y desconcertantemente transformado.era un poder rival y contrapuesto a Vandor. el sindicato que heredó el derecho a representar la posición vandorista emergente de la tendencia principal del movi­ miento obrero peronista fue la seccional de la UOM. los así llamados legalistas. de línea blanda. Si bien en un nivel nacional el sindicato metalúr­ gico de Vandor estaba dejando su papel de principal protagonista sindical de la Resistencia para convertirse en el sostén del nuevo gremialismo empresario indirectamente adoptado por el v&ndorismo. principal rival de Vandor en el mo­ vimiento obrero. Su pérdida reciente de los trabajado­ res de Fiat había sido la última demostración de que las tácticas que privilegiaban la negociación con respecto a la militancia.Política sindical 95 esta ciudad. la UOM cordobesa se negaba a aliarse con esta corriente. pero sobre todo porque el enfoque de línea blanda que representaban los seguidores de Vandor. tanto en Córdoba como en el . aún no podían ser acep­ tadas por los bisoños sindicatos industriales de Córdoba. facción que profesaba una fidelidad incondicional a Perón pero que en realidad ~y esto es lo más importante. no de consoli­ dación. y las tácticas conciliatorias. Durante los gobiernos peronistas de las décadas de 1940 y 1950. así como en el sindicato del transporte urbano. y los de em­ pleados públicos.23En la época de Perón. Los ortodoxos se aliaron con los sindi­ catos peronistas de José Alonso. Ésta se encontraba en una etapa de crecimiento. la UOM representó una facción dentro del movi­ miento obrero cordobés. y pusieron de relieve sus credenciales de línea dura a través de su insistencia en el retomo de Perón como prerrequisito de la paz laboral y por su adopción de posiciones más intransigentes y combativas con respecto al Estado y los empleadores. moli­ nos de harina y semejantes}. A partir de ese momento. Además de la UOM. especialmente de los conductores de ómnibus.

La UOM local procuraba aumentar su poder. Un sindicato legalista típico era el de trabajadores del transporte. los legalistas.24La UOM cordobesa se alió con esta corrien­ te y asumió sin duda la conducción de los rivales locales de Vandor. era un sindicalista leal al peronismo y a Perón pero receloso de Vandor y escéptico de un movimiento obrero peronista que promoviera la negociación por parte de unos pocos elegidos y desalentara la mili- . Los líderes gremiales ortodoxos cordobeses también salían en gran medida de los sectores naciona­ listas y pro clericales del peronismo de Córdoba y entre ellos se con­ taban. pero que en la práctica también procuraban man­ tener cierta distancia cón respecto a éste.96 El Cordobazo plano nacional. que estaban resentidos con los advenedizos. La ideología no era el problema y. entonces y en el futuro. los combativos sindicatos cordobeses de la Resis­ tencia no habían salido de las filas ortodoxas sino que pertenecían principalmente a su rival en el movimiento obrero peronista de Cór­ doba. como resultado de su abandono parcial de un programa econó­ mico nacionalista y en especial a causa de su disputa y su ruptura histórica con la Iglesia. bajo la conducción de Atilio López. a fin de evitar cualquier interferencia de Buenos Aires que entorpeciera su aptitud para manejar con eficacia los asuntos sindicales. Esta facción estaba compuesta por los sindica­ tos que nominalmente eran partidarios de las prioridades negocia­ doras de Vandor. Su conducta no era atribuible. no debido a una afinidad ideológica sino porque esto servía a las necesidades estratégicas del sindicato y preservaba su independen­ cia con respecto a Buenos Aires. por lo que. la generación más joven de peronistas — cuyo mejor representante era el mismo Vandor— surgida durante la Resistencia y que a la finalización de ésta propugnaba calladamente un pragmático “pero­ nismo sin Perón” que asegurara la continuidad de sus carreras sin­ dicales recientemente conquistadas. Éste. como lo afirmó repetidamente la conducción sindical. a decir verdad. la Unión Tranviarios Automotor (UTA). los mismos que habían ejercido el poder bajo los gobiernos de Perón de los años cuarenta y cincuenta. En realidad. muchos de los dirigentes laborales que en rea­ lidad se habían vuelto contra Perón en los años finales de su gobier­ no. nunca le importaría mucho al sindicato metalúrgico cordobés. sino que se debía más bien a una aguda percepción dei interés pro­ pio del sindicato y a consideraciones tácticas. irónicamente. a una adhesión más fiel a la tradición obrera combativa de la Resistencia. Un buen número estaba controlado por una gene­ ración más vieja de dirigentes sindicales peronistas. siguió alternativamente políticas que ga­ rantizaran su fortaleza como sindicato y promovieran la influencia de su liderazgo en el movimiento peronista. que ha­ bía sido un dirigente agitador en la Resistencia cordobesa.

estaban empeñados en esfuerzos para construir su apara­ to sindical. y López. Ni Vandor ñi la CGT estarían dispuestos a enredarse en dispu­ tas que. y a principios de la década del setenta serviría como refugio a los militantes izquierdistas y peronistas. López y los sindicatos legalistas habían sido empujados a posiciones independientes con respecto a Vandor por consideraciones tácticas más realistas que vagamente ideológicas. Como el SMATA. los legalistas compren­ dieron que tenían escasas posibilidades de obtener apoyo de Bue­ nos Aires en sus luchas con los empleadores y el gobierno provin­ cial. para ellos. un gobernador militar finalmente llevó a cabo la largamente ame­ nazada privatización de la empresa.Política sindical 97 tancia de las bases. la Compañía Argentina de Transporte Automotor (CATA). una vez más con la conducción de López. Por otro lado. las líneas de ómnibus se vendieron a inversores privados. debido a que hasta los choferes de ómnibus consideraban que estaba deplorablemente mal administrado. Otros estaban atravesando crisis que requerían el tipo de tácticas que Vandor parecía a punto de abandonar. Algunos. era un producto de las nacionalizaciones de la primera pre­ sidencia peronista y se convirtió en un blanco natural de las privatizaciones bajo el gobierno de Frondizi. una empresa que hacía esencial la independencia de acción. uno de los más grandes de la ciudad. Al tratarse de sindicatos ubicados de mane­ ra predominante en industrias no estratégicas que tenían poco peso nacional en el movimiento obrero peronista. en los acontecimientos que rodearon al Cordobazo. A fines de 1962. con más de 1.000 afiliados. eran cuestiones menores en lo profundo del in­ terior argentino. El sindicato resistió los planes de privatización y con­ traatacó con una propuesta propia para establecer una cooperativa obrera que administrara la compañía.26 Como había ocurrido con la UOM. la UTA y otros gremios de esa corriente eran más sensibles a las condicio­ nes de sus industrias y durante esos años se preocuparon menos por los planes institucionales y políticos más vastos o las luchas de poder dentro del movimiento obrero peronista. se concen­ traba en la compañía de ómnibus municipales y desde 1957 había enfrentado un plan de privatización que amenazaba los empleos de cientos de sus miembros. la UTA y la posición de línea dura dentro de los legalistas se eclipsaron momen­ táneamente. una integración plena en el redil vandorista podía significar una subordinación de las necesidades . aunque el gremio reaparecería varios años después. como el SMATA. El sindicato de trabajadores del transporte de López.25 El sistema de transporte urbano de pro­ piedad pública. sin embar­ go. un sindicato que no había te­ nido una participación destacada en la Resistencia pero que final­ mente asumiría la conducción de los legalistas cordobeses. La CATA fue disuelta.

Por consiguiente. Alentaba su insubordinación el hecho de que casi todos fueran sindicatos federales. los domesticaría y haría de ellos una corriente vandorista genuina dentro de la CGT cordobesa durante varios años. Penetrando en el SMATA. A diferencia de gremios como la UOM. A lo largo de su historia. los de la sanidad y otros gremios pequeños. podían cooperar con éstos en pro de la autonomía sindical cordobesa. Los "inde­ pendientes” conducidos por Tosco eran en la ciudad los defensores más coherentes y vocingleros de la autonomía sindical cordobesa. Que semejante movimiento obrero peronista disidente fuera po­ sible en Córdoba se debía en no poca medida a la presencia de otros sindicatos que estaban más allá del alcance del verticalismo sindi­ cal que tanto Alonso como Vandor querían restablecer. Así. manejaban sus propias elecciones y eran menos . Así. los minoritarios federales disfrutaban del con­ trol de sus fondos. Las alianzas tácticas se anudaban para garantizar cierta protección contra la intervención a los sindicatos. Su peronismo era un poderoso vínculo emocional. pero estaba subordinado a sus necesidades estratégicas. los intentos de Vandor de integrar el movimiento obrero peronista y transformarlo en un partido laborista independiente del control de Perón pero subordi­ nado a él mismo fueron rechazados tanto por los legalistas como por los ortodoxos. y la victoria de Vandor resultaría efímera. entre ellos los tra­ bajadores gráficos. La UOM se unió a los ortodoxos y el SMATA a los legalistas precisamente porque sus centrales sin­ dicales pertenecían a la facción opuesta. Aunque no deseaban aliarse con la vieja guardia. lo que más distinguió a todos los pero­ nistas cordobeses fue la preocupación por mantener su indepen­ dencia y maximizar su poder de negociación sin verse obligados a abandonar completamente el peronismo.98 El Cordobazo gremiales locales a las de Vandor y los otros caciques sindicales porteños. que incluía a la mayoría de los sindica­ tos ortodoxos (tampoco habrían sido bienvenidos). los legalistas insistieron en su independencia y resis­ tieron los solapados avances del varidorísmo. los de correos y telecomunicaciones. Pero la posterior aparición de los legalistas como la voz principal en Córdoba en fa­ vor de un movimiento obrero peronista militante no sería fortuita. ambas alas del movimiento obrero peronista en Córdoba procuraron mini­ mizar las interferencias exteriores. prevenir el congelamiento de los fondos sindicales y oponerse a la panoplia de tácticas intimidatorias que Vandor tenía a su disposi­ ción. Vandor obtendría lentamente el control de los sindicatos legalistas. En su bloque se contaban unos veinte sindicatos. el SMATA y casi todos los grandes sindicatos industriales del país. una de las dos formas de organización del sindicalismo argentino.

Luz y Fuerza era importante en parte debido a su tamaño —era el más grande y rico de la ciudad después del SMATA. así como de genuinas diferencias ideológicas y políticas.200. llevó a una lista radical al poder en las elecciones sindicales de 1958 y siguió siendo uno de los líderes laborales no peronistas más activos de la ciudad hasta el golpe de 1976. la UOM y los sindicatos de Fiat— . El sindicato de traba jadores gráficos y su secretario general. pero sobre todo a causa de su energía. De varios. Malvar. eran tan representativos de los independientes como Atiíio López y la UTA lo eran de los legalistas. Luz y Fuerza. Malvar y otros indepen­ dientes observaban con absorta satisfacción los altercados dé los peronistas locales. Casi todos tenían un núcleo de sentimientos visceralmente antiperonistas que alimentaba una compleja red de inquinas y vendettas personales. La presencia de un sindicato federal determinado en sus filas. tuvieron entre 1955 y 1976 una cantidad de afiliados que nun­ ca bajó de 800 ni rebasó los 1. hacía de los independientes una potencia en la política obrera local. diseminados en docenas de pequeñas imprentas a lo largo y lo ancho de la ciu­ dad. Sin embargo. Juan Malvar.vulnerables a la intimidación que los que pertenecían a estructuras centralistas. se había apoderado el gobierno peronista a causa de su intratabilidad. en parte porque la . tanto literal como figurada. en especial de los sindicatos de trabajadores gráficos y de la sani­ dad. Era un sindicato estratégico en una industria estratégica de la Córdoba industrial. el sindicato de los electricistas era el único de Córdoba capaz de paralizar de inmedia­ to la ciudad y desencadenar una crisis provincial e incluso nacio­ nal. pero sólo se aliaron con ellos cuando esto pareció mejorar las posibilidades de mante­ ner un movimiento obrero cordobés políticamente pluralista. el Cordobazo de 1969 y el Viborazo de 1971. A través de su aptitud para controlar los cortes y apagones de energía. Sindicatos como el de los gráficos nunca cuestionaron el lideraz­ go de Luz y Fuerza entre los independientes. un hecho que quedaría demostrado de manera reveladora en las dos grandes protestas obreras. Unos cuantos de ellos se habían convertido a regañadientes al peronismo. fumador empedernido cuyos bigote cuidadosamente recortado y aire melancólico le daban la apariencia de un cantor de tangos más que de un dirigente gre­ mial. socialista o comunista con anterioridad á los años peronistas. la mayoría de los independientes se concentraban en industrias sin importancia estratégica que debían obediencia al bloque a causa de su larga tradición de lealtad radical. Los gráficos. En sus alianzas tácticas preferían a ios legalistas por lo que se consideraba la mayor lealtad de éstos a la clase obrera por encima de intereses meramente personales.

y él y sus colaboradores más cercanos supervisaron cuidadosamente su evolución política. después de su llegada a Córdo­ ba Tosco había dedicado el tiempo libre que le dejaba su empleo en el taller electromecánico de la Empresa Pública de Energía de Cór­ doba (EPEC) a sumergirse en la literatura socialista. las indudables dotes de Tosco podrían haber que­ dado en la nada de no haber pertenecido al sindicato de Luz y Fuer­ za. No obstante. Tosco nunca vaciló en los supuestos morales y la ideología política de su tempranamente adquirida cultura marxista. De naturaleza solitaria y austera. se había convertido en uno de los portavoces principales de un movimiento obrero pluralista en la ciudad. exhibiendo un ascetismo y una autodisciplina que sin duda formaban parte de la tradición obrera argentina. Sería la figura dominante del movimiento obrero cordobés en los siguientes quince años y dirigiría la evolución ideológica de los independientes cuando éstos pasaron de una perspectiva va­ gamente antiimperialista a una posición más genuinamente socia­ lista en cuestiones de planificación económica nacional y reforma política. que las desalentara su indi­ ferencia ante las aprobaciones y su evidente inteligencia. Los trabajadores de éste eran por entonces los únicos realmente capaces de encabezar una corriente antíuertícalista en el movimien­ to obrero cordobés. cuya fortaleza revelaba los primeros años pasados en el campo.100 El Cordobazo importancia estratégica de sus trabajadores dejaba pocas dudas acerca de la justicia de su pretensión de autoridad en la alianza. lo mismo peronistas que no peronistas. al haberse convertido el adolescente larguirucho en un hombre de hombros anchos y poderosos ante­ brazos. El movimiento independiente fue en gran medida su crea­ ción personal. Es más probable. Tras ser sólo uno entre varios activistas sindica­ les no peronistas de Luz y Fuerza a principios de los años cincuen­ ta. Sus energías . Tosco. hacia fines de esa década. El gringo Tosco se ganó con rapidez una reputación como uno de los voceros más capaces e inteligibles del movimiento obrero. Con la certeza y algo de la obstina­ ción del autodidacta. Esto fue posible porque el sindicato estaba en una posición favorable en comparación con la mayoría de las organizaciones obreras de la ciudad. pero que en su tiempo chocaban con el desprecio general en que los peronistas tenían a los trabajadores intelectuales y lectores. pero sobre todo a causa del prestigio de Agustín Tosco en los círcu­ los obreros locales. Luz y Fuerza había comenzado a distanciarse de la jerarquía gremial peronista poco después de la elección de Tosco como secretario general en 1957. Lo que impedía sus burlas tal vez fuera su imponente presencia física. sin embargo. y mereció gran respeto y afecto en los círculos sindicales cordobeses.

movili­ dad dentro de la empresa y algunos de los salarios más altos del país. el espíritu democrá­ tico que lo impregnaba y la debilidad relativa de sus activistas pero­ nistas. ya fuera desde su sede o clandestinamente. El monopolio peronista de los cargos sindicales había termi­ nado en 1957 con la victoria de la heterogénea lista de Tosco. y finalmente llegaron a estar sólo por debajo de los de las industrias automotriz y química. Como empresa estatal dedi­ cada a un servicio público que dependía de los presupuestos nacio­ nal y provincial y no de las ganancias anuales. hasta el golpe de 1976. En la historia del movimiento obrero cordobés siempre es necesario tomar en cuenta la política intrasindical. desde oponerse a un plan gubernamental que pondría fin al monopolio estatal de la energía eléctrica. dentro de Luz y Fuer­ za había una intensa vida política. Tales proyectos políticos podían incluir de todo. de con­ ciliar su identidad peronista con el apoyo a aquél. los propietarios de los talleres metalúrgicos y todas las otras industrias privadas de la ciudad. Como en todos los sindicatos de la ciudad. una campaña exitosamente montada en 1958 a la que se dio forma de cuestión antiimperialista. el núcleo de activistas peronistas que ambicionaban hacer una carre­ ra sindical propia tuvo que adaptarse a la realidad de que no podía . los lucifuercistas constituían la cuarta categoría mejor pa­ gada de los trabajadores argentinos.Política sindical 101 no se malgastaban en agotadores programas de construcción gre­ mial ni se preocupaba por problemas laborales destacados. la EPEC tenía por esa razón menos que temer de su mano de obra que IKA. con la CGT y con el Estado. su pluralismo político. que llevó al poder al círculo que guiaría al sindicato. Fiat. la mayoría de los lucifuercistas del sindicato se identificaban como peronistas. No obstante. las listas apartidarlas de Tosco se impu­ sieron por amplio margen en todas las elecciones posteriores. Tosco y sus más estrechos colaboradores en el sindicato te­ nían las manos más libres para ocuparse de problemas que eran esencialmente políticos. Los despidos eran raros. Las características más salientes de Luz y Fuerza eran su alto grado de afiliación sindical — que hacia principios de la década de 1970 llegó al 98%— . y la rápida expansión producida desde la déca­ da de 1930 se tradujo en mayores oportunidades de trabajo. indudablemente. Por otra parte. hasta construir una alianza obrera pluralista en Córdoba. El sin­ dicato y su relación con la EPEC eran cuestiones que habían sido decididas durante los años peronistas. En 1960. Los trabajadores de Luz y Fuerza disfrutaron de un status relati­ vamente privilegiado en la clase obrera local durante esos años.27 De este modo. y los trabajadores de Luz y Fuerza fueron capaces. dado que ésta influía en la conducta gremial lo mismo que en la relación de un sindicato con los demás. evidentemente.

A lo largo de los años sesenta y principios de los setenta. No hay duda de que el balance del poder se había inclinado tan marcadamente en favor de Tosco. que los peronistas del sindicato decidieron aliarse con él y ganar con ello influencia al obtener puestos en el consejo directi­ vo.000 afiliados y que tenía un delegado cada veinte trabaja­ dores. los niveles jerárquicos entre la conducción y las bases eran pocos. En consecuencia. su identifi­ cación con el gremio y sus recelos y hostilidad hacia Buenos Aires daban forma a gran parte de su conducta. en donde exis­ tía una relación excepcionalmente cooperativa y en general amisto­ sa entre los activistas peronistas y no peronistas. comunistas y peronistas antiverticalistas hasta 1961. Sixto Cebailos. El líder de los peronistas de Luz y Fuerza.102 El Cordobazo esperar ayuda desde afuera. la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza (FATLYF). una situación fortalecida por la ausencia de puestos pagos y la necesidad de que todos los dirigentes. durante muchos años Luz y Fuerza no tendría una vida política polarizada. com­ prendió que el prestigio personal de Tosco y su reputación de nego­ ciador experto sólo aconsejaban una oposición decorosa y restringi­ da. Lo mis­ mo que en gran parte del movimiento obrero cordobés. En un sindicato que nunca llegó á contar con más de 3. la política sindical no desencadenó una áspe­ ra lucha interna por el poder dentro de Luz y Fuerza. Su postura era también el producto de una estructura democrática interna. y nunca impugnaron seriamente la conducción de Tosco hasta la restauración del gobierno peronista en 1973. De todas las or­ ganizaciones obreras de la ciudad. Como sindicato de estructura federal. Tosco incluido. los llamados a la huelga y los asuntos gre­ miales en general. y había pocas posibilidades de desplazar a Tosco sin un profundo apoyo de las bases. realizando frecuentes asambleas abiertas para debatir cuestiones de importancia y votar los convenios colectivos. en el que la rivalidad entre los peronistas y la izquierda era feroz y sólo se atenuó por el gradual aislamiento al que Torres so­ metió a los sindicalistas marxistas. A diferencia del SMATA.28 Todos los lucifuercistas se identificaban con esta tradición sindical y conser­ vaban celosamente la independencia de su gremio con respecto a . Luz y Fuerza era la que más prac­ ticaba una democracia sindical participativa. conservaran sus empleos y trabajaran la jornada completa. fue controlada por un grupo mixto de independientes. La organización nacional de trabajado­ res de la energía eléctrica. La aceptación por parte de Cebailos y los otros peronistas del pluralismo en el sindicato y de su propio status como oposición meramente formal no nacía únicamente de su pragmatismo. los peronistas a menudo ni siquiera decidieron presentar una lista pro­ pia. Luz y Fuerza tuvo una existencia relativamente autónoma.

Los cambios fueron el resultado de condiciones existentes en cada una de las industrias y de las vicisitudes de la política nacional. beneficiaba a los peronistas locales y hacía posible su inde­ pendencia. Los equilibrios de poder existentes dentro de y entre los sindica­ tos cordobeses hacia 1960 sufrieron cambios importantes en los seis años siguientes. pero que en realidad eran una lucha más innoble por el poder y la influencia ya que la conducción sindical peleaba por el control del proscripto pero aún formidable movimiento de Perón.Política sindical 103 Vandor y otros caciques obreros porteños. al menos de las que se extendían desde Madrid. la presencia de sindicatos izquierdistas agrupados en los independientes de Tosco. el movimiento obrero peronista sería atormentado por disputas destructivas. donde Perón vivía exiliado. pero también permanecieron aislados de ellas en mayor medida que cualquier otro grupo provincial. Vandor y los caciques obreros peronistas de Buenos Aires reforzaron su campaña verticalista e intensificaron el hostigamien­ to contra las opiniones disidentes y sus rivales en los sindicatos. La peculiar con­ figuración del movimiento obrero cordobés. Por un lado. divisiones y ruptura de organizaciones. e incluso dirigentes de la UOM local como Jerónimo Carrasco y Alejo Simó seguían exhibiendo un grado de independencia que era impen­ sable en cualquier otra parte del país. la vigilancia de los independientes y la izquier­ da les impedía practicar un estilo muy burocrático —"sindicalismo de sillones’'. pero el carácter fundamental de la política del movimiento obrero cordobés siguió siendo el mismo. Durante los seis años siguien­ tes. presentadas por algunos como conflictos entre el peronismo colaboracionista y el combativo. En el plano nacional. . como lo llamaba burlonamente Tosco— y aumentaba su le­ gitimidad entre las bases. en la medida en que no los amenazara en sus propios sindicatos. El pluralismo del movimiento obrero cordobés. Los sindicatos cordobeses fueron afectados por estas desavenen­ cias y luchas de poder. El peronismo cordobés tenía tina índole diferen­ te. Vandor también procuraba construir su propia carrera política y favoreció los preparativos para liberar al movimiento obrero de sus amarraduras peronistas. la existencia de los sindicatos de planta de Fiat y la conducta independiente de la conducción peronista en casi todos los otros gremios obstruyeron los designios de Vandor. después de que Vandor y sus discípulos cam­ biaran la retórica y militancia incendiarias de la Resistencia por re­ uniones de directorio con industriales y oficiales del Ejército. Por el otro. muchos de los cuales tenían credenciales peronistas que parecían sospechosas para los peronistas combativos del sindicato. la coexistencia les proporcionaba aliados locales y los protegía de Buenos Aires.

A pesar de los logros obtenidos en el contrato de 1960. El mayor problema para Vandor era el SMATA de Torres.29 Después de firmar el contrato de 1960. mantenían una oposición vigilante y crítica. Luego de su victoria en . Torres aprovechó la situación para con­ servar en sus manos tanto poder como le fuera posible.104 El Cordobazo Para Vandor. el SMATA asomaba como el principal obstáculo a un movimiento obrero cordobés uniñcado y obediente. aún era relativamente débil a princi­ pios de los años sesenta y. dada su juxisdicción sobre los trabajadores de Concord. en especial contra el manejo que los peronistas del sindicato hacían de la sensible cuestión del control del trabajo. perteneciente al pequeño Partido Obrero Trotskista. La UOM nacional tam­ bién codiciaba los sindicatos de Fiat y comenzó una campaña a fin de recuperar para el gremio a los trabajadores de Ferreyra. de todos modos. y en general estaban preparados para explotar en su beneficio cualquier desliz de la conducción sindical. y una prematura afiliación del resto del personal de Fiat no serviría a otro propósito que el de apuntalar la fuerza de un sin­ dicato que ya tenía una mentalidad demasiado independiente. Entre 1960 y 1962. plenamente integrado en la jerarquía sindical peronista. los dirigentes peronis­ tas del SMATA cordobés tendieron a concentrarse en asuntos de su propio sindicato. La UOM cordobesa conservaba una posición firme en el complejo. Vandor no podía confiar en que una poderosa central sindical de los trabajadores mecánicos controlara a su díscola regional cordobesa. que hacia 1962 era claramente el sindicato más poderoso de la ciudad. Como todavía no existía una burocracia poderosa y centralizada del SMATA y como los convenios colectivos de la industria automotriz eran elaborados en el nivel de cada em­ presa y no en el de la industria en general. El SMATA central. un joven sindi­ cato de una joven industria. estaba aliado con el rival de Vandor. no había manera de dis­ ciplinar eficazmente al SMATA cordobés u obligarlo a seguir las di­ rectivas de Buenos Aires. Por otra parte. la principal preocupa­ ción de Torres siguió siendo el fortalecimiento constante del apara­ to sindical y no la política laboral peronista. pero Fiat no era una prioridad. aún se encontraban en una posición precaria. Activistas sin­ dicales de izquierda del Partido Comunista y los pocos y sueltos de lengua miembros de la Facción Trotskista de Obreros Mecánicos. Alonso. La UOM local no retiraría su apoyo a los ortodoxos hasta que cambios en el equilibrio de poder dentro del movimiento obrero cordobés la obligaran a hacerlo. y evitó há­ bilmente enredos comprometedores mientras seguía en la búsque­ da de un sindicalismo independiente que era más peronista en su vocabulario político y sus exhibiciones públicas de respeto por la iconografía del movimiento que en su participación activa en la po­ lítica sindical peronista.

Las asambleas abiertas en el Córdoba Sport Club ya se habían convertido en una institución del SMATA. El personalismo pasó a ser una táctica general de la conducción gremial. tales gestos no carecían de efectos. Con ese objetivo. sometía las propuestas de las comisiones paritarias (comisiones de negociación colectiva) a Ordóñez. Manuel Ordóñez. no en asambleas abier­ tas. en no pequeña medida gracias a las enormes aptitudes de Torres como organizador sindical. dado que las cuestiones de real significa­ ción se decidían a través de los procedimientos formales de la deli­ beración sindical en las comisiones internas o en consultas priva­ das entre Torres y la conducción del gremio. y Torres comenzó a basarse más en sus propios recursos y en los del sindicato para obtener beneficios de la empresa y aumentar con ello la reputación del SMATA entre los trabajadores. pero parece que durante esos años Torres estableció un grado de familiaridad extraordinaria con los trabajadores de IKA. estableció una estrecha relación de trabajo con el director de personal. El motivo sólo podía haber sido incre­ mentar la visibilidad de su presencia y la identificación de los traba­ jadores con el sindicato. el compromiso tenía sus limites. camaraderil pero paternal. de su bienestar.30 No obstante. pero después de 1960 Torres mostró una mayor incli­ nación por su convocatoria. Adoptaron una postura solícita. La conducción del sindicato necesitaba obtener concesiones del directorio para aumentar su reputación entre los trabajadores como supervisor efi­ caz. Torres y los pero­ nistas del SMATA comenzaron a consolidar su dominio de la ma­ quinaria sindical y a ganarse la lealtad de las bases. La amistad de Torres con éste le permitió consultarlo y negociar directamente los contratos del SMATA entre 1960 y 1966. y sin duda indispensable. Ja­ mes McCloud. Sin embargo. que le . Además de relacionarse con el presidente de IKA. Éste y el consejo ejecutivo se habían convertido en presencias permanentes en la base fabril de las plantas de IKA.Política sindical 105 las elecciones gremiales de noviembre de 1960. dándole a conocer los límites de las concesiones por parte del sindicato y a menudo obteniendo aumentos salariales sustan­ ciales para los trabajadores de IKA de manera pacífica y sin tener que recurrir a la acción huelguística. que estaba de acuerdo con la verdadera tradición del movimiento obrero peronista. ayudado por su gran energía personal y su notable memoria. Torres comenzó a cultivar vínculos personales con funcionarios de la empresa. y contribuye­ ron a fomentar entre los trabajadores la sensación de participación directa en el manejo de los asuntos sindicales. En privado. Los otrora apáticos jóvenes trabajadores identificaban cada vez más sus intereses con el SMATA. Culti­ var lazos personales en un plantel obrero que ya se contaba por miles no era fácil.

real o imaginaria. junto con el prestigio que le otorgaban una afiliación peronista aun meramente formal y los sig­ nificativos logros en salarios y beneficios obtenidos bajo su admi­ nistración del sindicato. Torres y la conducción sindical peronista habían demostrado destreza en la negociación y obtención de contratos favorables para los trabajadores del SMATA. pero sin duda sí una conciencia gremial3' Las visitas de Torres a las bases se hicieron cada vez más infre­ cuentes después de comienzos de la década de 1960. y sólo las acciones de la empresa compro­ metieron su éxito. comenzaban a inculcar tal vez no una conciencia de clase. pero eran vacilantes e ineficaces para oponerse a las prerrogativas del directorio en la base fabril. de sus nuevos competidores en Buenos Aires. Su enfoque inicial no consistió en realizar despidos masivos. decidió hacer en primer lugar pequeños recortes en sus costos laborales y comenzar una campaña de productividad concebida tanto para reducir su mano de obra mediante el desgaste como para maximizar la relación costos-eficacia. la probable reacción negativa de los otros sindicatos de la ciudad siempre pesó mucho en los cálculos de To­ rres. estaba consiguiendo efectivamente su aislamien­ to sin un ataque frontal. Lo que es aún más revelador. permitieron a los peronistas del SMATA no sólo conseguir el apoyo de las bases sino también neutralizar gra­ dualmente la oposición izquierdista en las plantas de IKA. a sabiendas de que el sindi­ cato reaccionaría con huelgas y tal vez incluso con ocupaciones fa­ briles. En cambio. Sólo en 1961 los informes de la empresa comenzaron a quejarse de los costos laborales inflados y a lamentarse por la mayor efica­ cia. como el resultado de la vigilancia y el vigor del SMATA. Una pur­ ga abierta no era factible. IKA re­ accionó ante las primeras señales de estrechamiento del mercado interno de autos intentando incrementar la productividad obrera y reduciendo en general los costos laborales. Los jóvenes agricultores. ahora llamados torrístas por los trabajadores con más afecto que enemistad. No obstante. nunca se les permitía olvidarlo— en la medida en que Torres y sus colabora­ dores. pero su tácti­ ca de hacer las cosas a tambor batiente. estaban aprendiendo el valor de la representación sindical —de hecho. Lo más común eran las quejas por las faltas de los operarios de las . ya fuese indoloramente conseguido de los funcio­ narios de la empresa en conversaciones amistosas o ganado áspera­ mente a través de huelgas. la historia familiar y hasta los proble­ mas de salud de cada trabajador con una exactitud prodigiosa. los ex trabajadores de IAME y otros que habían entrado a las plantas sólo unos años antes.106 El Cordobazo permitía recordar los nombres. en su discurso adoptó un tono peronista combativo que hizo aparecer cada lucha gremial como una dura ba­ talla y cada logro.

32Estas luces de adver­ tencia y la campaña de productividad en general fueron responsa­ bles de mayores tensiones en la base fabril y plantearon nuevas exigencias a Torres y la conducción sindical. Simó y otros miembros de la UOM reaccionaron negativamente ante la defensa menos que entusiasta que el secretario general del sindicato. incitando a una respuesta violenta de los trabajadores. una pérdida de la independencia celosamente guardada del SMATA. el gobierno ejerció presiones para lograr una solución. Mientras Torres y los peronistas del SMATA procuraban recupe­ rarse de estos acontecimientos. Torres se vio obligado a res­ petar el voto de los operarios de los tres tumos de la empresa en favor de una huelga. IKA se negó a negociar los despidos. salvando con ello a la conducción del SMATA de una derrota potencialmente humillante. Cuando IKA decidió. y la perspectiva de una huelga prolongada y posible­ mente fatal convenció a Torres de aceptar la ayuda de Vandor. que alcanzaron a 1. y bajo la amenaza de una huelga ge­ neral de la UOM en una disputa que era enteramente cosa de los trabajadores mecánicos cordobeses. Vandor respondió al aprieto en que se encontraba Torres. uno de los establecí- .33 Envalentonada por la desaprobación popular a las tácticas vio­ lentas adoptadas por algunos trabajadores. a fines de 1961 IKA comenzó a instalar una serie de señaíes lumino­ sas de advertencia a lo largo de las líneas de montaje para indicar cualquier interrupción en el flujo de trabajo. de quienes se decía que no lograban mantenerse a la par con los ritmos de producción establecidos. Para aumentar la productividad de los trabajadores. Para Torres. al menos por un tiempo. Jerónimo Carras­ co. el lacónico y metódico Alejo Simó. sería necesario el apoyo de Vandor y de otros sindi­ catos para aguijonear al gobierno a fin de que interviniera y llevara a la empresa a la mesa de negociaciones. logrando que la compañía cediera e ini­ ciara las negociaciones. hizo de la jurisdicción de éste sobre los trabajadores de Fiat y ante el cierre reciente de la fábrica de Conarg. a fines de 1962.500 personas en diciembre. había logrado controlar el sindicato en víspe­ ras de la pérdida de los trabajadores de Fiat. Torres se las ingenió para conseguir en abril de 1963 un acuerdo que cancelaba los despidos a cambio de una jomada laboral redu­ cida.Política sindical 107 líneas de montaje (líneas de proceso continuo}. que sus costos laborales aún eran excesivos y co­ menzó a realizar despidos masivos en las plantas de Santa Isabel. la UOM cordobesa intentó fortale­ cer su posición en el movimiento obrero local. Su líder. AI parecer. Más de cinco años de trabajo en la construcción de un sindicato inde­ pendiente se vieron súbitamente en peligro por la intransigencia de IKA.34Con eí peso de Vandor y la UOM tras de sí. el costo sería un alinea­ miento más estrecho con Vandor y.

Sus modales flemáticos parecían fuera de lugar en el rudo y turbulento mundo del sindicato metalúrgico. e historias . en especial la participación en una putativa conspiración judía internacional llamada sinarquía in­ ternacional. Como cada uno de ellos conducía una de las dos corrientes del movimiento obrero pe­ ronista en la ciudad. a Vandor le parecieron factibles la unificación del peronismo cordo­ bés y su integración a la estructura verticalista. durante mucho tiempo un cuco peronista. en lo que fue el inicio de uno de sus muchos flirteos episódicos con Vandor para obtener el respal­ do del caudillo de la UOM en la campaña de afiliaciones. Ni Torres ni Simó ansiaban una confrontación con Tosco y no estaban dispuestos a participar en una campaña para desarmar a los independientes. en el que las rivali­ dades a menudo terminaban en violencia y donde el patoterismo y el pistolerismo eran parte constante de la vida gremial. alineamientos políticos y prácticas sin­ dicales— . En los diarios cordobeses se publicaron rumores acerca de sombrías conexiones extranjeras y la pertenen­ cia a siniestras camarillas foráneas.108 El Cordobazo mientos metalúrgicos más grandes de la ciudad. los legalistas y los ortodoxos respectivamente. como Tosco y Malvar. El SMATA y la UOM se habían convertido en lo más parecido a aliados locales que Vandor tenía en Córdoba. Vandor y los caciques obreros de Buenos Aires tuvieron que confiar en sus propios recursos y sólo pudieron contar con la neutralidad de los peronistas locales en su intento de llevar a Córdoba al redil verticalista. El plácido exterior de Simó ocultaba una aguda percepción de las rea­ lidades y oportunidades políticas del momento y una crueldad des­ nuda que podía emplearse cuando la situación parecía requerirla. en gran medida por la cuestión de la afiliación de Fiat. En 1963. Pero dos factores conspiraban contra el verticalismo en Córdoba: los continuos esfuer­ zos de peronistas como Torres y Simó por conservar tanta indepen­ dencia como fuera posible con respecto a Buenos Aires y la presen­ cia de Tosco y los independientes. modificó sus alianzas y retuvo el poder mientras otros personajes del movimiento obrero caían víctimas de su idealismo e inocencia política. Tosco y López representarían a lo largo de los quince años siguien­ tes una tendencia distintiva del movimiento obrero local —distinti­ va en términos de tácticas. y poco después comenzó una campaña para que se revocara la decisión gubernamental de reconocer los sindicatos por empresa de aquella compañía. y junto con Torres. por ejemplo. Simó fue pronto la figura dominante entre los ortodoxos. no obstante interpretaciones revisionistas del movimiento obrero peronista.35 Simó ganó las elecciones gremiales de 1963. Agilmente. Vandor financió una campaña de prensa para desacreditar a los dirigentes obreros independien­ tes. Como resultado.

y tampoco lo hicieron en los dos años restantes del gobierno de Illia. cualquier cam­ .39Por otra parte. En lo sucesivo. Durante toda la presidencia de Illia. El 4 de noviembre de 1963. Torres y Simó. cuando Tosco. sino más bien como resultado de una fría evaluación de las escasas posibilidades de éxito de la campaña y de su propio deseo de mantenerse libres de Vandor. Esto último quedó demos­ trado de manera convincente sólo dos semanas antes de la huelga general de mayo de 1964. ni él ni Simó satisficieron plenamente las expectativas de Vandor. postulándose con una pla­ taforma extremadamente crítica con respecto a Vandor. Felipe Alberti y Tomás Di Toffino— que serían sus más estrechos colaboradores en los años siguientes.Política sindical 109 similares fueron corrientes en los círculos sindicales a lo largo del año. los independientes cordobeses se concentraron en una estrategia provincial para proteger la integridad y el plura­ lismo ideológico del movimiento obrero local. Sin embargo. haciendo conocer con ello que los independientes cordobeses tenían intenciones de permanecer fuera de los límites del verticalismo. la CGT central de Buenos Aires intervino la CGT cordobesa. obtuvo la reelección en Luz y Fuerza. que sólo ofreció una oposición formal. ocupaciones fabriles en todo el país y una huelga general contra el gobierno de Illia.37Se esperaba que Torres cooperara desde su nuevo puesto de secretario general de la CGT cordobesa. desde fines de 1963 hasta el golpe de Onganía en junio de 1966. como primer paso hacia el establecimiento de una central obrera local completamente peronista. Su lista Azul logró 1. la Lista de Tosco era la más pluralista hasta esa fecha e in­ cluía a muchos de los hombres —Ramón Contreras. Tosco y los independientes reaccionaron con hostilidad al plan de lucha de éste contra el gobierno de Illia y sólo dieron un tibio apoyo a la huelga general del 27 de mayo de 1964. eran socios a regañadientes de la campaña verticalista. Malvar y otros dirigentes obreros no peronistas siguieron participando activamen­ te y como miembros con voto en la CGT cordobesa. Tosco. aunque estaban dispuestos a cooperar con los peronistas locales que respetaran la diversidad del movimiento obrero cordobés-38Los ortodoxos y los legalistas no dieron ningún paso para disciplinar a los independientes en el momento de la huelga. Simó fue nombrado delegado regio­ nal para supervisar su reestructuración y coordinar el plan de lu­ cha de la CGT nacional.3^ Tosco respondió a ellos retirando efectivamente a Luz y Fuerza y a los independientes de la política obrera nacional.114 votos contra 298 de la peronista. no a causa de alguna inclinación al juego limpio y ni siquiera por respeto al pluralismo ideológico en el movimiento obre­ ro cordobés. Simón Grigatis. a la que apoyaron activamente con ocupaciones de fábricas. pero Torres y Simó se abstuvieron de unirse a los ataques.

pero había riesgos implicados en ello. haciendo del SMATA cordobés el sindicato in­ dustrial más poderoso del interior de la Argentina y un rival digno de la UOM. Por otro lado. y que la fuerza del sentimiento pluralista den­ tro del sindicato tenía raíces profundas. en la cercana sierra cordobesa. Una de las modificaciones fue que los peronistas del SMATA ya no parecían tan vulnerables como sólo un año antes. sus representantes. Y. Las funestas consecuencias de la ineptitud de los sindicatos pero­ nistas locales para controlar su propia suerte se pusieron de relieve en la controversia de la afiliación de Fiat en 1964-1965. Este incidente demostró una vez más que Vandor estaba tan resuelto a limitar el poder de sus rivales potenciales entre los peronistas cordobeses como a inte­ grar a Córdoba al movimiento obrero nacional. el SMATA representaba una amenaza potencial. Tosco en especial.41 La lista de Torres. Hacia el fin del gobierno de Hila. La participa­ ción de las bases estaba aumentando y la posición de la conducción se había fortalecido. como en el pasado.40Cuantó más prominente y más franco en sus opiniones se volvía el sindicato. una falta de disposición para cumplir los deseos de Buenos Aires y. ya había señales de que Luz y Fuerza estaba encaminándose más allá de los límites tradicionales del movimiento obrero argentino y cobraba estatura nacional como la voz de los disi­ dentes y los descontentos del movimiento de ios trabajadores. Si bien Torres y el SMATA ya no eran completamente libres con respecto a Buenos Aires. por primera vez. Vandor había apun­ tado a los sindicatos de Fiat como parte de su campaña verticalista. y acontecimientos recientes habían sugerido un papel aún más importante para ambos. conservaban empero una independencia considerable. más reacios se mostraban los peronistas locales a participar en cualquier plan para aislarlo y eliminarlo como una fuerza del movimiento obre­ ro cordobés. El resultado fue una parálisis. una re­ nuencia a unirse a Tosco y hacer de la CGT cordobesa la fuente de su fortaleza en los conflictos en sus respectivas industrias. Había otros factores que también aconsejaban cautela.110 El Cordobazo paña verticalista debería tomar en cuenta el hecho de que los traba­ jadores de Luz y Fuerza no podrían ser domesticados simplemente eliminando a Tosco. no obstante. hicieron referencias explícitas a su concepción del movimiento obrero como un instrumento de la “liberación naciona!”. los vínculos de los peronistas cordobeses con Vandor y el movimiento obrero peronista hacían que por el mo­ mento una alianza con Tosco y los independientes estuviera fuera de la cuestión. había logrado una . lan­ zaron acerbos ataques contra la burocracia porteña y. por otra parte. En el congreso obrero nacional de 1965. realizado en La Cumbre.

siendo alternativamente com­ bativo y conciliatorio en la medida necesaria para asegurar su base sindical y propulsar sus ambiciones personales. un grupo de activistas radicales y democristianos de la plan­ ta de Concord. insatisfechos con la representación de la UOM e im­ pulsados. por un estado de ánimo antiperonista. Era un consumado negociador gremial y estaba capacitado para los regateos políticos. y la UOM perdió su última jurisdicción en Ferreyra. En 1965. por el cual el gremio metalúrgico tenía la representación exclusiva de los trabajadores de la empresa. la decisión lógica sería la afiliación al SMATA y no a la UOM. Con un comprensivo gobierno radical en el poder. Torres estaba completamente sumergido en la política del movimiento obre­ ro peronista. podía llegar a convertirse en un serio rival de la UOM. a principios de 1964 había signos de que Torres y el SMATA cordobés estaban recuperando parte del terreno perdido desde 1962 y de que el sindicato de los trabajadores mecánicos.43 La controversia de la afiliación de Fiat creció en encarnizamiento entre fines de 1964 y gran parte de 1965. La campaña iniciada en 1964 para eliminar los sindicatos de planta de la empresa Fiat podría fortalecer aún más la posición del SMATA. en medio deí estanca­ miento de las negociaciones por los convenios colectivos y una en­ conada huelga en las plantas de Ferreyra en 1965. comen­ zaron a agitar en favor de la afiliación de los trabajadores de Concord al sindicato de la empresa. De este modo. Al estar ahora la planta de Concord completamente reconvertida a la producción automotriz. No obstante. el sentimiento obrero era abrumadoramente favorable a la afiliación . sin duda. la personería gremial fue otorgada a éste. En 1964. La ineptitud del SÍTRAC para negociar eficazmente con el muchísimo más poderoso directorio de la multinacional italiana desalentó hasta a los más entusiastas defensores originales del sindicato de planta. por el momento el SMATA cordobés permaneció leal a Vandor y apoyó sin éxito la lista vandorista en las elecciones de autoridades del SMATÁ central. realizadas ese mismo mes. por lo que Torres pedía pública­ mente jurisdicción sobre Ferreyra y ya había enviado a sus hom­ bres a las puertas de Fiat con fichas de afiliación. que experimentaba un veloz crecimiento tanto en Buenos Aires como en Córdoba. SITRAC. Este nuevo estado de las cosas representaba un aprieto para Vandor.42Por esa época. La situación se complicó aún más ante el deseo de la UOM cordobesa de seguir re­ presentando a los trabajadores de la planta de Concord y la exigen­ cia de Simó de que cualquier acuerdo con Fiat debía restablecer el statu quo previo a 1960.Política sindical 111 victoria decisiva en las elecciones de abril de 1964. preparándose para desempeñar un papel en la con­ ducción nacional y siendo mencionado en la prensa obrera como el “Vandor cordobés”.

La empresa los dejó ingresar a las plantas de Ferreyra como trabajadores recién contratados.112 El Cordobazo al SMATA. La huelga terminó con una derrota ignomi­ niosa para el SITRAC. y el primer paso hacia esa meta se dio el Iode abril de ese año. Para evitar la larga­ mente temida perspectiva de la afiliación al SMATA. a fin de que estuviera a las órdenes de la compañía más que de los trabajadores. parece que Fiat celebró un trato con Vandor y Simó. y Fiat prohibió la presencia de la UOM en sus. si bien Fiat siguió reconociendo la dificultad de mantener la paz laboral en las plantas sin ninguna representación sindical peronista. aunque los convenios colectivos de ésta serian utilizados como modelos para los propios contratos internos de la compañía durante el resto de la década. Su paternalismo. tomó por sorpresa a la compañía. La UOM trasladó alrededor de 80 de sus activistas sindi­ cales de laS plantas de Fiat bajo su jurisdicción en Buenos Aires a Córdoba. expresado era sus clubes deportivos y en una bien publicitada campaña para dar empleo a argentinos descendientes de italianos. junto con un status simbólico de “socios”. una riesgosa jugada de Vandor para restable­ cer el prestigio del sindicato metalúrgico entre la mano de obra y obligar a Fiat a reconocer formalmente su jurisdicción. en especial entre quienes dirigi­ rían las rebeliones fabriles en las plantas de Ferreyra varios años más tarde. plantas. al menos. al mismo tiempo que se apoyaba en su combinación tradicional de políticas paterna­ listas y autoritarias más que en una genuina representación gre­ mial para manejar a su mano de obra. SITRAC y SITRAM. La empresa italiana admitió que sería necesaria al menos una representación sindical formal y de com­ promiso en las plantas para evitar la afiliación al SMATA. se profundizó después de la huelga de 1965. quien ahora se desempeñaba como diputado peronista y dividía su tiempo entre Córdoba y Bue­ nos Aires. y a pesar de una sospecha inicial entre los obreros acerca de los recién llegados.45 La inesperada conducción de la huelga de i 965 por parte de los activistas de la UOM.46La compañía exigió que SITRAC-S1TRAM mantuvieran en calma al personal y adhirieran al tradicional aislamiento de Ferreyra . Fiat pre­ servó los dos sindicatos de la empresa. una votación posteriormente refrendada por el Ministerio de Trabajo. cuando los trabajadores de la planta de Grandes Motores Diesel votaron casi por unanimidad en favor de la pertenencia al sindicato de los mecánicos. ésta era la difundida creen­ cia entre los trabajadores de Fiat. éstos pronto controlaron el bisoño SITRAC. como re­ presentantes institucionales de sus trabajadores.44 El SMATA era aún anatema para la empresa. por lo que decidió mantener el SITRAC y transformarlo en un apéndice de su Departamento de Relaciones Industriales.

la UOM y los ortodoxos habían perdido más que Torres. se trataba de una prueba más de que era necesario que sus intereses particulares fueran protegidos de Buenos Aires. vio que en esta cuestión la compañía no estaba dispuesta a rendirse. pero también eran conscientes de que el arreglo los protegía y estorbaba a Vandor. Sin embargo. Para los peronistas cor­ dobeses. Vandor pudo mantener a los trabajadores de Fiat alejados del SMATA. A duras penas podía Vandor demandar verticálismo y pureza ideológica si estaba dispuesto a prestar su conformidad al aislamiento constante de la segunda mayor concentración de tra­ bajadores industriales de la ciudad. Tempora­ riamente. pero nadie estaba feliz con la interferencia de Buenos Aires ni con la exigencia de sacrificar necesidades locales a los cálculos estratégicos de Vandor. el SMATA y los legalistas. y él no quería emprender una lucha prolongada y probablemente fútil que podría poner en peligro la afiliación de los trabajadores de GMD. una tarea que los sindicatos de planta desempeñarían obedientemente durante el si­ guiente lustro. que pusiera obstáculos a la campaña verticalista de Vandor. admitió la pérdida de los obreros de Fiat afiliados a sus sindicatos de planta. Torres no abandonó su campaña para incorporar a los trabajadores de Concord y Materfer. cuando Vandor tuvo que enfren­ tar una serie de desafíos a su conducción por parte de su antiguo adversario José Alonso. y en los años siguientes cada uno procuraría aumentar su independencia. éstos fue­ ron durante años una nulidad en la política del poder del movimiento obrero cordobés. así como a causa del propósito de los sindi­ calistas luego apodados pariicipacionistas de llevar el “peronismo sin Perón" un paso más adelante y buscar vínculos orgánicos con el . Tosco y los independientes cri­ ticaron la interferencia de la UOM en la controversia de la afiliación de Fiat y más tarde denunciaron el sindicalismo “amarillo" de los sindicatos de esa empresa. Todo el asunto Fiat había mostrado precisamente cuán propicias eran las condiciones locales para un movimiento obrero pluralista y qué inapropiadas eran las tácticas de Vandor. su supervi­ vencia implicaba la preservación de un movimiento obrero inusual­ mente heterogéneo. Simó. En este caso en especial. dada su doble preocupación de apuntalar a los peronistas cordobeses y asegurarse de que no pudieran representar una amenaza a su control del movimiento obrero peronista en el plano nacional.Política sindical 113 con respecto a la política laboral local y nacional. Si bien Fiat preservó sus sindicatos de planta. Para los independientes de Tosco. En los primeros meses de 1966. pero no utilizarlos para fortalecer su posición en Córdoba o aislar a los independientes.47 La continuidad de la existencia de estos sindicatos de empresa protegió a los independientes y reveló el ya peculiar carácter del sin­ dicalismo cordobés.

Sindicatos y protesta social en la Argentina. existía una rela­ ción diferente entre la conducción y los trabajadores. NOTAS 1El tutelaje de los dirigentes sindicales cordobeses por una generación anterior de activistas gremiales es una parte poco conocida pero interesan­ te de la historia del movimiento obrero local de estos años. fueron el re­ sultado no sólo del juego de tirar y aflojar de la política gremial local sino también del tipo particular de desarrollo industrial que había experimentado la ciudad y de las prácticas sindicales derivadas del mismo. la política sindical local volvió a una situación de menor agitación. la seccional cordobe­ sa fue la única del país que votó por la lista Celeste apoyada por Vandor. al parecer. una situa­ ción que. 1969-1974 (Amster- . sólo una fuerza providencial e importante sería capaz de destruirlo. Sin embargo.48 Si bien era una alianza que en cier­ ta forma restringía la independencia de Córdoba. ofrecía oportunidades tanto a los sindicalis­ tas peronistas como a los no peronistas. 2Iris Marta Roldán. tendría una gran influencia personal no sólo sobre Tosco y otros trabajado­ res de Luz y Fuerza. Esa tradición sindical alternativa subyace a las grandes moviliza­ ciones cordobesas producidas entre 1966 y 1976. en la ciudad. Los independientes de Tosco y los sindicatos de empresa de Fiat introdujeron elementos que estaban ausentes en otras partes. En la industria automotriz. Uno de esos mentores. desde otro punto de vista también fortalecía la autonomía local. el legendario dirigente gremial anarcosindicalista Pedro Milesi. La CGT cordobesa siguió con su rumbo más independiente. indicando de este modo que la alianza de Torres con el líder de la UOM se mantenía firme. El equilibrio del poder dentro de y entre los sindicatos parecía ahora estar establecido. especialmente. ios alineamientos eran menos firmes de lo que aparen­ taban y más flexibles que en ningún otro movimiento obrero del país. la autonomía del movimiento obrero cordobés y el movimiento sindical disidente que contribuyó a crear. sino también en los clasistas de Fiat de principios de los años setenta. En la elección de abril de 1966 para la conducción del SMATA nacional. un estu­ dio de caso: el sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba.114 El Cordobazo probable próximo gobierno militar. No obstante. una tradición sindical alternativa modelada a partir de las influencias del trabajo y de las filosofías gerenciales respectivas de las empresas locales. dado que protegía al sindicato de la amenaza de interferencia de una entrometida cen­ tral gremial mecánica.

18La Voz del Interior. 16 de enero de 1957. secretario general del SMATA-Córdoba. p. conducta de un dirigente obrero (Buenos Aires: Centro Editor de América Latina. “Características de los sindicatos líderes de Córdoba en los ’eO”. 171. un argumento que es respaldado por el testimonio de Elpidio Torres. Mónica B. Lannot. 12 de marzo de 1960. 5. p. 1959. Mónica B. Documentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. Resistance and Integraüon: Peronism and the Argentine Working Class. ‘'Huerta Grande". Gordillo. Informe Anual. “Los prolegómenos del Cordobazo: los sindi­ catos líderes de Córdoba dentro de la estructura de poder sindical". 118-119. 1946-1973 (Cambridge: Cambridge University Press. 1958-1971. Industrias Kaiser Argentina. Adriana Amanteay Eduardo Sguiglia. pp. “Visitto Córdoba". “The Rise and Fall of Shop Floor Bargaining at Fiat. 9Entrevista con Elpidio Torres. 9. p.. en .Política sindical dam: Center for Latín American Research and Documeniaíion. 1984). p. “Entrevista con Elpidio Torces. p. 9. 1964. Gl¿ anni duri alia Fiat: La resistenza sindícale e la ripresa (Turin: Giulio Einaudi Editore. 1959. 7Los trabajadores de IKA contratados entre 1956 y 1960 eran predomi­ nantemente hombres jóvenes (el 67. Mónica B. 161-166. p.3% tenía entre 21 y 25 años). para quienes el empleo en las plantas automotrices de Kaiser era su primera experiencia en la vida fabril. 4Los programas obreros "La Falda”. Un estudio sostiene que la demora en la afilia­ ción gremial (sólo el 34.. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. 835. p. p. abril de 1991. 8Industrias Kaiser Argentina. pp. 25 de julio de 1985. pp. 12. lALa Voz del Interior. 18 de agosto de 1958.9Daniel James. publicación de la CGTA. Córdoba. 16 de diciembre de 1958. 12La Voz del Interior. “Características de los sindicatos li­ deres de Córdoba en los '60: eí ámbito del trabajo y la dimensión cultural*'. 1988). 1945-80”. 14. De­ partamento de Estado de los Estados Unidos. . 13Industrias Kaiser Argentina. 1974). Giovanni Contini. 17Ibíd. 31. más adelante IKA afir­ mó que los trabajadores habían recibido ocho aumentos salariales gene­ rales entre 1960 y 1964. 3Jorge O. Gordillo. Gordillo. 5La Voz del interior. Agustín Tosco. Como resultado de esta cláusula de ajuste salarial. vol.8% se afiliaba al ingresar a la fábrica) indica cierta indiferencia hacia el sindicato de esta mano de obra joven durante sus pri­ meros años de trabajo. 1978). 9. 18 de abril de 1958. “I o de mayo de i 968”. 16Entrevista con Elpidio Torres. Consejo de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de la Provincia de Córdoba. Memoria y Balance General. mayo de 1971. 6-9. ! 1Ibid. 29.3331/4-1858. Memoria y Balance General. 9. p. Desa­ rrollo Económico. n° 122 (julio-septiembre de 1991). 13 de junio de 1958. 15Ibid. 20 Emilio Pugno y Sergio Garavini. 10Ibíd. Memoria y Balance.

Mass. “Los prolegómenos del Cordobazo”.El Cordobazo StevenTolliday y Jonathan ZeiÜin. Crisis y protesta social: Córdoba. comps. 32Industrias Kaiser Argentina. mayo de 1969 (Bue­ nos Aires: Ediciones Signos. 3. Sabatlinismo y peronismo (Buenos Aires: Editorial Sudamericana. 11-14. 25La Voz del Interior. Sánchez. 41-42. Universidad Nacional de Córdoba. vol. p. Pasado y Pre­ sente. 24El peronismo cordobés tenía una forma decididamente conservadora. p. 172-173. Gordillo. había obtenido el grueso de su fuerza de tres grupos: los caudillos políticos locales antes al servicio del oligárquico Partido Demócrata: la facción sabattinista nacionalista y antiliberal de la Unión Cívica Radical cordobesa. 169. 1973.: M1TPress. En una provincia todavía abrumadoramente agraria con sólo una pequeña clase obrera (en 1947. Colombie” (tesis de Maestría en Humanidades. 26Francisco Delich. p. 1970). 9. pp. pp. 27Carlos E. vol. 28Gordillo. 1988). Kronísh y K. “Los prolegómenos del Cordobazo”. The Automobile Industry andlts Workers (Cambridge: Polity Press. 21Grandes Motores Diese!. Merícle. pp. pp. documento de trabajo n° 18. con más de 6. "Rettecüons on Argén tiñe Auto Workers and Their Unions”. 31Gordillo. 1991). Sánchez.. Aquí y Ahora. Memoria y Balance General 1959. p. 149. n° 9 (abril-septiembre de 1965). 64. “Estrategias y objetivos de los sindicatos argenti­ nos”. 23En el plazo de una década. p. Instituto de Economía y Finanzas. n° 26 (mayo de 1971).000 afiliados — aun­ que éstos estaban dispersos en unos 600 talleres y pequeñas fábricas— . 15 de julio de 1957. Universidad de París X-Nanterre. con­ siderándolo uno de los factores más responsables de la incapacidad de IKA para mantener sus costos laborales de acuerdo con sus ganancias. 1986). Memoria y Balance. Brésil. una institución al menos tan poderosa como el movimiento obre­ ro en Córdoba en los años de la primera presidencia de Perón y que movi­ lizaba a una parte considerable de la ciudadanía cordobesa a través de la Acción Católica. 3. "Algu­ nas consideraciones preliminares sobre el conflicto de Fiat". 30-37. Judith Evans. Véase César Tcach. pp. 82. p. en R. comps. 30En su estudio sobre Renault. Gleyze señala que la empresa francesa conocía bien este arreglo y procuró detenerlo con la compra de 1967. “El sindicalismo cordobés en la escalada”. 1984). 19. 182. Argentine. 84-94. y especialmente la Iglesia Católica. p. “Características de los sindicatos líderes en Córdoba en los *60". 144-146.. Gilíes Gleyze. The Political Economy of the LatinAmerican Motor VehicleIndustru (Cambridge. 22Monica B. en comparación con el 32% en la provincia de Buenos Aires). “La Régie Nationale des Usines Renault et l'Améilque Latine depuis 1945. pp. 31. 35. el 70% de la población era rural. 29Gordillo. p. “Características de los sindicatos líderes de Córdoba en los ’60". “Estrategias y objetivos de los sindicatos argentinos”. Paul Hoeffel y Daniel James. la UOM cordobesa se había convertido en uno de los árbitros del movimiento obrero local y el segundo sindicato in­ dustrial de la ciudad detrás del SMATA. . 1962.

3. n° 20 (noviembre de 1966). 18 de julio de 1990. pp. socavara la solidaridad obrera y re­ dujera la probabilidad de conflictos industriales— era una marca distintiva de las políticas laborales de Fiat. 21 de septiembre de 1964. vol. 34Informe. 42Informe. 16 de diciembre de 1962. 40íbtd 41Ahora. 19. p. 28 de mayo de 1964. 3C'Ibid. 11. pp. 11. los trabajadores de GMD no se afiliarían al SMATA has­ ta el 15 de septiembre de 1966. p. 35La Voz del Interior. 9. Córdoba. 51-52. 3aSindicato de Luz y Fuerza de Córdoba. Servicio de Documentación e Información Laboral. 37Ibid. Sindicatos y protesta social en la Argentina. p. 9 de mayo de 1965. Gordillo. Servicio de Documentación e información Laboral. p. 12 de noviembre de 1985. y otro 27% lo hacía dentro del primer año de empleo. . 34-37. ^ “Informe preliminar sobre el conflicto Fiat”.Política sindical 117 33La Voz del Interior. 2-7. 64-65. 1. 11. p. lo que se revela específicamente en la intención paternalista de sus famosos “cinco dólares por día” y en las acti­ vidades del departamento sociológico de su empresa en los primeros años de la industria automotriz estadounidense. Pasado y Presente. Gregorio Flores. 46El intento de “rehacer” al trabajador de la producción masiva — acuiturarlo e inculcarle una estrecha identificación personal con la em­ presa que aumentara la productividad. p.. 18 de mayo de 1965. La Voz del SMATA. 2 de mayo de 1964. n° 75 (mayo de 1966). 8. 1981). 38Roldán. 45Entrevistas con los trabajadores de Fiat Carlos Masera. vol. 11 de julio de 1989. p. Memoria y Balance. 2 de diciembre de 1962. 21. pp. n° 36 (febrero de 1963). 133-134. también se profundizaba la identificación de las bases con el gremio. p. 48Informe. El pionero de esa actitud fue el propio Heniy Ford. 9. 5 de julio de 1964. nQ35 (ene­ ro de 1963). 47Entrevista con Elpidio Torres. Córdoba. Servicio de Documentación e Información Laboral. 44En realidad. 7. p. "Características de los sindicatos líderes de Córdoba en los '60". n° 4 (1964). 35. cuando el gobierno reconoció finalmente su jurisdicción sobre la planta de Fiat. 1964-65. Véase también La Voz del Interior. Véase Stephen Meyer III. p. Córdoba. n° 51 {mayo de 1964). 95-168. pp. Buenos Aires. pp. el 50% de los trabajadores ingresantes se afiliaba al sindicato en el momento de su contratación. 1908-1921 (Albany: State University of New York Press. Domingo Bízzi. The Five Dollar Day: Labor Management and Social Control in the Ford Motor Company. p. pero no puede atribuirse meramente a ninguna forma latina de paternalismo inmerso en la cultura. 13. 9. 22 de julio de 1987. p. José Páez. pp. Buenos Aíres..

Este nuevo trabajador industrial sentía escasamente los esfuerzos y los tironeos de tradiciones opues­ . desarraigado de la chacra o de la pequeña ciudad rural e introducido súbitamente en las operacio­ nes de la producción masiva y los sistemas de relaciones industria­ les de la corporación moderna.1 Sin embargo. había sur­ gido un nuevo trabajador industrial. ni en la Argentina ni en ninguna otra parte. Herbert Gutman. si bien nunca constituyó todo el universo de la experiencia de los trabajadores. David Montgomery y Michelle Perrot argumentaron convincentemente que las tradicio­ nes culturales de campesinos y artesanos habían intervenido de manera significativa en la formación de la clase obrera: que la in­ dustrialización. La fábrica moderna. La fábrica. lo que facilitó la resistencia a la disciplina de la vida fabril. costumbres y tradiciones. y que éstos influyeron en gran medida en las formas de asociación y el comportamiento político ulteriores de los trabajadores. al menos en Inglaterra. los Estados Unidos y Fran­ cia. para la tran­ sición del mundo campesino y artesanal al del naciente capitalismo industrial que para los trabajadores de la “segunda revolución in­ dustrial”. historiadores del trabajo como E. tales argumentos parecen más apropiados para la forma­ ción de la clase obrera de la primera industrialización. En Córdoba. como estos mismos historiadores lo reconocen a menudo explícitamente en sus escritos. el sindicato y el nuevo trabajador industrial En la primera gran oleada de investigaciones históricas que se ocuparon de la clase obrera industrial.3. en contraste. nacidos en la era de la producción masiva y durante la plena madurez del capitalismo. Parecen ser menos aplicables aún a un país recientemente industrializado como la Argentina. Thompson. no se topó con individuos sin modos establecidos de conducta y de pensamiento. modeló la conciencia de clase más directa y completa­ mente de lo que las fábricas iniciales habían afectado a los primeros trabajadores industriales sometidos a la influencia opuesta de las tradiciones campesinas y artesanales. P.

de manera individual. y su creciente prominencia en la política nacional después del Cordobazo de 1969. en un ambiente laboral particular. La relación dinámica entre fábrica y sociedad en la Córdoba de esos años subyace a la historia del movimiento obrero de la ciudad. La mayoría de los estudios sobre el movimiento obrero latinoamericano escritos antes del Cordobazo parecen sugerir. que simplemente habían reformulado las teorías de Lenin y Gramsci sobre la aristocracia obrera en relación con el conservadorismo de. En las plantas automotrices se modelaron un nuevo conjunto de relaciones y una nueva visión del mundo. potencialmente combativa en cuestiones económicas pero políticamente apática e indiferente a la suerte de otros sectores menos privilegiados de su clase. al menos. si no afirmar abiertamente. entre ellos los mecánicos. Seymour Lipset y Daniel Bell. el po­ der abrumador de la fábrica. esta­ ban destinados a convertirse en una especie de aristocracia obrera de la región. pusieron en tela de juicio lo que había sido la sabiduría convencional entre los investigadores de posguerra de las clases obreras latinoamericanas. un complejo con­ junto de actitudes formado por la experiencia del trabajo y al que daban significado la cultura política del país y la interpretación política e ideológica hecha por el sindicato del status de los trabaja­ dores como productores en un país agudamente dividido según lí­ neas de clase. A través de su vida laboral. que los trabajadores de los sectores indus­ triales modernos de América Latina. con su aburguesamiento creciente y su interés en la ob­ tención de salarios más elevados y movilidad social por encima de la política. En tos años se­ senta.La fábrica. Se creía que estos “nuevos trabaja­ dores industriales”. La emergencia gradual de los trabajadores mecánicos cordobe­ ses como un sector militante y de conducción en el movimiento obrero argentino. el ámbito y las exigencias peculiares del trabajo en una industria de produc­ ción masiva. los sectores más privilegiados de la clase obrera estado­ unidense. La vida en la fábrica se convirtió en el principal vínculo social de los trabajadores. sociólogos y especialistas en ciencias políticas habían comen­ zado a aplicar a América Latina argumentos popularizados en los Estados Unidos por Herbert Marcuse. El examen de esa relación hará más fructífera la bús­ queda por parte del historiador de explicaciones de la historia re­ ciente de la clase obrera cordobesa. los trabajadores mecánicos cordobeses adquirieron una visión de la sociedad y de su propio lugar en ella. el sindicato y el nuevo trabajador industrial 119 tas y sin duda fue incapaz de resistir. que estaban al margen de las estructuras obre­ . El boom industrial de Córdoba introdujo a una mano de obra joven. en gran medida inex­ perta y no calificada. llegando a eclipsar la importancia de otras instituciones obreras como la familia y la barriada.

Al me­ nos en la Argentina. al mismo tiempo que exhibían ciertas actitudes “integradoras” hacia sus empresas —según se ex­ presaba en la percepción de su status relativamente privilegiado y su deseo de permanecer como empleados de las compañías. Así. y parecería ser que también en Brasil y México. Los salarios más altos. estaban plena­ mente integrados en las empresas para las cuales trabajaban. los generosos beneficios y los sistemas de rela­ ciones industriales más autónomos y eficaces hacían que los traba­ jadores dirigieran sus aspiraciones hacia el interior de la empresa antes que hacia una u otra forma de política. Los esfuerzos sin­ dicales se encaminaron al fortalecimiento de la maquinaria gremial . también expresaban escepticismo acerca de la voluntad de los empleadores de satisfacer sus demandas sin la vigilancia del Estado y sus sindi­ catos. Esas inves­ tigaciones revelaron que los trabajadores de los sectores más ade~ lantados de la industria argentina. la percepción de un relativo privilegio no nece­ sariamente suavizaba las tensiones de clase. un equipo de sociólogos que traba­ jaban bajo la dirección del sociólogo francés Alain Touraine llevó a cabo investigaciones sobre las actitudes de los trabajadores en va­ rios países de América Latina. ya como una vanguardia. los trabajadores de los sectores industriales mo­ dernos estaban potencialmente en situación de conducirse ya como una aristocracia obrera. dependiendo de las condiciones históricas existentes en un momento dado. una minoría pequeña pero sin pelos en la lengua sostenía que lo que sucedía era precisamente lo contrario: que estos modernos trabajadores industriales. ya fuera de oposición o de colaboración.3 A fines de la década de 1960. así como en la difundida creencia de que su interés individual dependía de la suerte de éstas y no de la conquista del poder político— . incluso una especie de identidad de clase. Por otra parte. tampoco hacía que los trabajadores abandonaran su identidad como grupo que en cierto modo estaba en conflicto con la empresa o que percibieran que sus intereses eran necesariamente diferentes de los de otros sectores de la clase obrera. estaban en mejor posición para percibir las contradicciones de ese sistema y plantear demandas de naturaleza más avanzada y en última ins­ tancia política. actuando así como una especie de vanguardia den­ tro del movimiento obrero. existía una integración económica junto con una sensación constante de distintividad social. los sindicatos de trabajadores mecánicos satisficieron inicialmente las expectativas de los científicos sociales y se comportaron más como una aristocracia que como una vanguardia.120 El Cordobazo ras populistas y tenían una perspectiva pragmática. inserta­ dos en los sectores más adelantados del capitalismo.4 A decir verdad.2 A la izquierda. entre ellos la Argentina.

parecían indi­ car un naciente sindicalismo de negocios en ese sector industrial particular. afectando con ello adversamente los salarios y Tas condiciones de trabajo de los mecánicos cordobeses. sin embargo. ha considerado plenamente el complejo proceso de clase y la formación de la conciencia de clase en todas sus facetas dentro de la industria — específicamente los contextos cultural y de base fabril precisos en los que se desarrolló y las políticas estatales con que interactuó para dar forma a las actitudes de los trabajadores mecánicos e influir en su conducta política— . el colapso de las estructuras obreras populistas-corporativas y los sistemas de re­ laciones industriales autónomos de las multinacionales automotrices en su intento de explicar la emergencia súbita de los trabajadores mecánicos latinoamericanos como la fuerza principal dentro de sus movimientos sindicales y como importantes actores políticos por derecho propio — sin duda los más importantes en las filas del mo­ vimiento obrero organizado— . por cierto. el sindicato y el nuevo trabajador industrial 121 a través de la elevación de los salarios y los beneficios. algo foijado a través de una compleja mezcla de factores industriales y culturales y que sólo fueron despertados por el ataque gubernamental a sus ingresos y beneficios. antes bien. Ninguno de estos investigadores. La no participación del SMATA central en la reorganización de la CGT en 1963 o en las ocupaciones de fábricas durante el pían de lucha de 1964 y.5 La naturaleza específica del trabajo automotor en América Lati­ na y las interpretaciones ideológicas y políticas de la vida fabril da­ . Sin embargo. el roí de conducción que éstos asumieron en la oposición del movimiento obrero al régimen no fue meramente una reacción ante la pérdida de un status privilegiado.La fábrica. John Humphrey. los prime­ ros años de la construcción del mismo SMATA local. e incluso con una limitada interferencia del Estado. Después de 1966. Las negocia­ ciones colectivas se realizaban directamente con la empresa y con una mínima participación sindical en política. Ian Roxborough y Kevin Middlebrook hicieron hincapié en factores tales como las políticas salariales y laborales de los gobiernos. se fundamentó en gran medida en su propio sentimiento de identi­ dad de clase. los elevados salarios. Los investigadores que han estudiado a los trabajadores mecáni­ cos latinoamericanos dieron prioridad a la política estatal como fac­ tor determinante en el rol de liderazgo asumido por los sindicatos de la industria automotriz en el movimiento obrero de la región durante los años sesenta y setenta. cuando la dictadura de Onganía suspendió los privilegios de la negociación colectiva. los elaborados pro­ gramas empresarios de bienestar social y las políticas laborales paternalistas aplicadas por las empresas no necesariamente hicieron imposible la militancia obrera o impidieron una ulterior participa­ ción en política.

De este modo.122 El Cordobazo das por los sindicatos y la sociedad en general son elementos igno­ rados o considerados únicamente de pasada en estos estudios. En Córdoba. y las plantas eran centros de actividad incesante. las filosofías gerenciales y las prácticas sindicales en la afirmación de los traba­ jadores mecánicos como un sector militante de la clase obrera lati­ noamericana de la posguerra. Én las fábricas de Fiat e IKA-Renault había esencialmente tres clases de trabajadores. Tanto en Fiat como en IKA-Renault había tres tumos de ocho horas. que taladraban. desconcertante y formativa fue la vida fabril para esta nueva clase obrera. el apuro y las tensiones físi­ cas y mentales de ocho horas en la línea eran algo completamente nuevo. amolaban. ajustes. guías. Los investigadores omitieron específicamente reconocer la importancia de influencias industria­ les tan diversas como los procesos de trabajo. elementos fijos y herramien­ tas específicas destinados a las máquinas herramienta especializa­ das en la producción de partes. La segunda era la de los operarios: los trabajadores semicalíficados encargados de las máquinas. perforaban y desempeñaban otras tareas en los bloques de motor. el hecho de prestar atención exclusivamente a los efectos de las políticas estatales en este sector industrial simplificó los oríge­ nes de la mílitancia de los trabajadores mecánicos y subestimó con­ siderar cuán desorganizadora. el ruido. clasificación y demás tareas repetitivas de ese tipo. Para los trabajadores semicalificados se establecieron rendimientos estándar. Para el puñado de trabajadores calificados que habían pasado por las fábricas de LAME. que se encar­ gaban del armado final y realizaban operaciones simples como mon­ tajes. estos trabajadores de primera generación se intro­ dujeron abruptamente en los rigores únicos del trabajo en una plan­ ta automotriz. y todas las influencias del trabajo en la fábrica los afectaron mucho. sino también las de los trabajadores y sus gremios con las empresas y las particulares condiciones que rodeaban al trabajo en las plantas automotrices cordobesas. Pero para la mayoría de los mecánicos. La primera era la de los altamente califica­ dos encargados de mantenimiento (electricistas y reparadores de maquinarias) y los constructores de herramientas e instaladores que hacían y montaban las matrices. los ritmos y exigencias de la producción ma­ siva eran un terreno conocido y razonablemente cómodo. o “índices". En los primeros años de la industria cordobesa las . Por último estaban los trabaja­ dores no calificados —la mayoría de los empleados— . y se utilizaron cronómetros para tomar el tiem­ po de las actividades y determinar las cuotas de producción que se les requerirían. cabezas de cilindros. es necesario entender no sólo la interacción de los sindicatos con el Estado. cigüeñales y otros com­ ponentes mecánicos complicados. Sin duda.

que prensa la lámina metálica para producir paneles de carrocería. incluyendo todo tipo de martillos y fraguas de recalcar y verticales. incidencia de irritaciones respiratorias y cutáneas provocadas por el polvo» el vapor y el gas. un molde de metal pesado diseñado para un modelo específico de auto. En lo que se refiere específicamente a los trabajadores no calificados. de los Estados Unidos y el Japón. Los matriceros de éste y otros de­ partamentos de las fábricas cordobesas aún conservaban un alto grado de calificación. (Una matriz es una herramienta de alta precisión usada en el estampado de la carrocería. Como en las plantas europeas. tanto de los trabajadores semicalificados como de los no calificados. cuando las compañías comenzaron a aumentar la can­ tidad de modelos producidos anualmente y los procesos de produc­ ción se aproximaron más a los existentes intemacionalmente en la industria. como ocurría en las plan­ tas francesas de Renault.6 Los procesos de producción en las plantas de Fiat e IKA-Renault compartían las características generales de la fabricación de autos encontradas en la época en otras partes del mundo. y por el grado comparativo de displacer y los riesgos para la salud de los operarios (nivel de ruido. el sindicato y el nuevo trabajador industrial 123 categorías. se las determinó por factores tales como la monotonía del trabajo. el es­ fuerzo realizado {dépense musculaire) y la destreza exigida. pero con varia­ ciones importantes resultantes de la naturaleza de la tardía indus­ trialización automotriz de la ciudad y de las condiciones del merca­ do local.La fábrica. los trabajadores que producían las matrices. donde los grandes mercados de consumo y los procesos de producción normalizados habían reducido en sumo grado la nece­ sidad de calificación y criterio propio en la tarea de fabricar matri­ ces. De este modo. intensidad de la luz y el calor) antes que por la calificación.) Las matrices mismas eran diseñadas y cortadas con herramientas de alta precisión en las plantas de Fiat e ÍKA-Renault. en las operaciones de forja de las fábricas cordobesas el stock de láminas y lingotes metálicos era utilizado en partes componen­ tes o matrices. sólo después de la com­ pra de IKA por parte de Renault en 1967 la empresa francesa las estableció con mayor precisión. Uno de los procesos típicos en la elaboración de matrices duran­ te los primeros años de la fabricación de autos en Córdoba fue el . a diferencia de los de los países industrializa­ dos. guías e Instalaciones fijas especializadas que se utilizaban en las máqui­ nas herramienta eran más calificados y conservaron un grado con­ siderable de control sobre su trabajo hasta mediados de la década del sesenta. estaban vagamente definidas. En Córdoba. las categorías dependían en últi­ ma instancia más de la naturaleza de la tarea desempeñada que de los atributos o aptitudes del trabajador mismo.

Luego de ello. inicial­ mente hacían trabajadores que empleaban herramientas generales de usos múltiples. Una de estas matrices comenzaba siendo un vaciado de metal pesado al que se modelaba para darle forma. Ésta pasaba luego a través de varios departamentos de submontaje en los que soldadores y montadores unían el casco de la carrocería.7 Después de los talleres de herramientas y matrices. Para los soldadores. por ejemplo. un departamento “lleno de vapores venenosos.124 El Cordobazo utilizado para producir las empleadas en las diferentes partes de la carrocería. las matrices eran terminadas a mano para impedir cualquier imperfección después de que se hubiera dado forma a la lámina de metal. Las matrices de la carroce­ ría. La naturaleza especial del trabajo en las plantas automotrices cordobesas tal vez alcanzara su mejor expresión en los departamen­ tos mecánicos de producción. como lo describió Robert Linhart en su famosa descripción del trabajo dentro de las plantas francesas de Citroen. aparejos especiales mantenían las par­ tes en su lugar mientras los trabajadores soldaban la carrocería utilizando soldadoras eléctricas. que tenían un punzón que se movía automáticamente sobre un modelo de la parte y dirigía la fresadora que cortaba el metal a fin de obtener la forma precisa de la matriz. envenenamiento por benceno y enfermedades de la sangre”. La carrocería pasaba entonces a los túneles de pintura. era el caliente goteo de la soldadura que caía de cada auto. En cuanto a los trabajadores de los túneles de pintura. lijado y pulido. donde los chasis recibían una primera mano. curvar y perforar seccio­ nes de la carrocería del auto. pulmones dañados. se los metía en hornos y se los volvía a pintar antes que pasaran a varias líneas en las que se efectuaban el acabado interior y las terminaciones. Hacia la época del boom automotor . lo que condujo a algunas de las tasas más elevadas de enfermedades industriales dentro de la actividad automotriz. luego de lo cual algunos pasarían al siguiente departamento de producción y otros serían almacenados como stock de reserva en caso de cualquier interrupción de la producción. Los soldadores utilizaban sopletes para unir las jun­ tas y luego las alisaban con herramientas manuales. donde se las acoplaba y empleaba para estampar. sólo más adelante utilizaron máquinas de perfi­ lado. se los cubría dos veces con pulverizadores ma­ nuales. eran llevadas a las prensas mecánicas. Cada departamento tenía sus propios riesgos ocupacionales. aquélla pasaba a la línea de montaje donde se cumplían tareas de soldadura adicional. En los departamentos de soldadura del complejo IKA-Renault. Luego. los anteojos protectores y las máscaras de gas no podían impedir la inhalación de emanacio­ nes nocivas. lo que. Para una sola carrocería de automóvil se utilizaban cientos de matrices. la produc­ ción pasaba por varios departamentos.

el sindicato y el nuevo trabajador industrial 125 cordobés. en las fábricas de Cór­ doba los bloques de motor seguían moviéndose manualmente. una de las principales razones por las que Kaiser había trasla­ dado sus operaciones de los Estados Unidos a la Argentina era que no podía invertir en maquinarias automatizadas. a su experiencia en el uso y la reparación de la anticuada maquinaria agrícola que aún se empleaba en muchas chacras ar­ gentinas. transformándose efectivamente en "no calificado”. La mayor parte de los trabajos con máquinas se realizaba en los bloques y cabezas de cilindros y en los cigüeñales de los automóvi­ les. según testimonios orales. se realizaba una cantidad desacostumbradamente alta de tareas in­ formales y no automatizadas. especialmente en Córdoba. En la planta de Fiat Concord. y a fines de los años cincuenta el trabajo en los bloques de motor era realizado en gran medida por maquinarias automáticas. habían hecho en los departamentos de maquinarias y mos­ traban un nivel notablemente alto de habilidad mecánica innata. taladra­ do. el progreso más lento del trabajo. se utilizaban fresadoras Cincinnati para montar el bloque de cilindros y luego para taladrar en una serie de . Los trabajadores de los talleres de maquinaria de Córdoba rea­ lizaban cientos de operaciones de mandrilado. En las fábricas estadounidenses y europeas. y los operarios trabajaban en ellos utilizando diversas máquinas herramienta de usos múltiples. el trabajo en los talleres de maquinaria de la mayoría de las fábricas automotrices había seguido el mismo camino que las otras tareas. enroscado y fresado. las guías e instalaciones fijas utilizadas para poner en mar­ cha y posición el trabajo en las plantas de autos eran llamadas “he­ rramientas de chacareros”. este proceso había lle­ gado aún más lejos. en pequeños carretones. y especialmente en las de IKA-Renault.La fábrica. el pobre control de calidad y la incidencia de defectos más alta que lo normal9 Estos mecánicos eran trabajadores con am­ plia experiencia que habían aprendido su oficio en las plantas de IAME. un hecho que en el caso de muchos se debía. rectificado. lo que quedaba evidenciado por el gran número de herramientas de usos múltiples en los departa­ mentos de maquinarias de las plantas. En rigor de ver­ dad. más que en cintas transportadoras o máqui­ nas de transferencia. máquinas de transferencia con dispositivos de alimen­ tación de trabajo que eran controladas por los trabajadores y que movían la producción a lo largo de la línea mediante cintas codifica­ das. En las plantas de Fiat. que a ñnes de los años cincuenta había comenzado a experimentar con la producción automotriz.8En contraste. En efecto. dado que los obreros novatos e inexper­ tos trabajaban mejor y más rápido que los mecánicos calificados. si bien una buena cantidad de operarios nuevos e inexper­ tos lo. perforadas o magnéticas.

Existían diferentes lineas de montaje para los diversos modelos pro­ ducidos (en IKA-Renault había tres líneas independientes. los bajos volú­ menes de producción en los primeros años desalentaban la inver­ sión en las máquinas y en la maquinaria en línea también empleada en las plantas de Fiat de Turín para llevar a cabo trabajos de torneado en los cigüeñales y alimentar y hacer cortes en el árbol de transmisión. los taladros automáticos se usaban en Turín para perforar los agujeros de la bujía de encendido y para hacer los enroscados necesarios en la cabeza de cilindros. en las plan­ tas italianas de Fiat eran efectuadas por taladros automáticos que también transferían el bloque. mientras ios siguien­ tes añadían los alternadores. No obstante. volantes de motor. cigüeñales. pasadores de pistón.10 De manera similar. bombas de agua y bujías de encendido. durante los pri­ meros años de la industria el montaje final era un proceso similar. a causa de la excesiva dependencia que de operarios de mayor calificación tenía entonces un trabajo mecánico básico. Luego se lo lavaba a presión y se hacía una perforación preliminar de los agujeros para los cojinetes y los cigüeñales. dos). bielas. en Fiat. En otros lugares de las plantas cordobesas. un hecho que ele­ vaba sus costos de capital y que rápidamente estimuló a IKA a adop­ tar prácticas laborales más flexibles y eficaces para su mano de obra. el operario sólo cargaba y aseguraba en su lugar el trabajo. Este sólo se realizó en el complejo Fiat hasta mediados de los años sesenta.12Tanto en Fiat como en IKA. La ausencia de taladros automáticos en esta fábrica preocupaba a los funcionarios de la empresa.126 El Cordobazo operaciones de cortes y perforaciones. en la provincia de Buenos Aires. operaciones que en la planta de Concord se efec­ tuaban manualmente. que se movían con bastante más lentitud que las de las plan­ . como el taladrado para el indicador del nivel de aceite y el distribuidor del encendido. Como la producción tenía poco volumen. tanto en Santa Isabel como en Ferreyra. la maquinaria importada de las plantas de Kaiser en Michigan para muchos de­ partamentos permanecía ociosa o subutilizada. Otras operaciones mecánicas. en Italia. el trabajo era una variante modificada y más informal de las prácticas de producción fordistas. después de lo cual las líneas de montaje se traslada­ ron a las plantas de El Palomar. poniendo los primeros operarios pistones. después de lo cual el bloque de cilindros solía sufrir perforaciones manuales. mangueras de agua y otras partes que permitían que el motor pasara el puesto de inspección y se reuniera con el chasis terminado para el montaje final. para lo cual había un proceso completamente auto­ mático.11No obstante. que se realizaban manualmente en Córdoba. bombas de combustible. válvulas. el montaje del motor se hacía a mano. bombas de aceite.

La fábrica. los ac­ cesorios interiores. el aro de la bocina y otras partes. que requería manos ágiles y gran destreza. enganchaban las man­ gueras de agua y conectaban los cables de los sistemas eléctricos. A medida que el chasis terminado se mo­ vía a lo largo de la línea. Simultáneamente se procedía al montaje del frente de la carroce­ ría. el calefactor y otros elementos. donde se lo hacía descender a su lugar en la ca­ rrocería. era colocada lentamente por los trabajadores sobre el chasis. la radio. Los operarios atornillaban el frente en su lugar. y se utiliza­ ban planchas de vapor para sacar las arrugas y hacer que las cubier­ tas de los asientos quedaran bien ajustadas. El frente era entonces incorporado a la línea de montaje principal. la parrilla y el radiador. Una vez en su lugar. donde los traba­ jadores bajaban el motor hacia el bastidor con grúas elevadas y luego enganchaban el eje motor. como los faros. la carrocería avanzaba por la línea donde se la atornillaba con firmeza y se le agregaban el volante. en el que se instalaban los asientos terminados y se añadían los adornos cromados. suspendida por encima de la linea y sostenida allí por enormes “ma­ nos" mecánicas. Aunque la naturaleza precisa de los procesos de producción de las plantas y las relaciones en la base fabril tendrían en definitiva un gran efecto sobre la política de ios sindicatos locales de mecáni­ cos. la bocina. el trabajo en la industria automotriz cordobesa en los primeros . el trabajo de submontaje en el cercano departamento de tapicería llegaba a su fin y se agrega­ ban los asientos terminados. otros trabajadores atornillaban el motor en su sitio con herramientas eléctricas. En la industria. Se empleaban má­ quinas de coser industriales para coser la gruesa tela y el vinilo. aunque no en Córdoba. un hecho que tal vez explica la considerable cantidad de mujeres que trabajaban en él en otras in­ dustrias automotrices. mien­ tras máquinas compresoras especiales prensaban los asientos y res­ paldos a fin de que se los pudiera cubrir con el tapizado. Mientras tanto. Este proceso de “descenso del motor” era seguido por el “descenso de la carrocería”. lo mismo que el cableado eléctrico necesario para el funcionamiento del tablero de instrumentos. en el cual ésta. los vidrios. Allí se agregaban docenas de partes adicionales.13 El montaje final comenzaba en el taller de chasis. Comenzaba luego el proceso de “acabado”. junto con otros cableados eléctricos. el sindicato y el nuevo trabajador industrial 127 tas automotrices de Europa y los Estados Unidos y en las que los trabajadores tenían que realizar más tareas. tapicería era conside­ rado de manera generalizada como el departamento de “finura”. las señales de giro. El auto terminado pasaba luego por los departamentos de prueba e inspección finales y era llevado a las playas para su despacho.

que culminó en una ocupación sin precedentes de las plantas de IKA por los trabajadores. fue sólo uno de los muchos ejemplos de su participación cada vez más intensa en la política del movimiento sindical peronista. Por cierto. en especial de la cordobesa de ese momento. La profundización de la identidad pero­ nista servía naturalmente para fortalecer la posición de Torres y la conducción peronista del SMATA. sólo tenía el significado político e ideológico que le daban los sindicatos. Uno de esos factores era. Sin embargo. eran parte de un proceso de asimilación cultural que se producía bajo la tutela del sindicato. y los trabajadores se veían empujados a adoptar una identidad peronista y finalmente a un alto grado de militancia por factores que estaban más allá del control de Torres y la jerarquía gremial. La prolongada militancia de la clase obrera cordobe­ sa y el papel de conducción asumido específicamente por los traba­ jadores mecánicos de la ciudad en la política obrera argentina en las décadas de 1960 y 1970 no pueden explicarse simplemente por condiciones particulares de la clase trabajadora. muchos de los mismos activistas sindicales farristas eran el producto de esta peronización. un producto de la tardía industriali­ zación de la ciudad.128 El Cordobazo años. Elpidio Torres habla abandonado su indiferencia inicial y envuelto al SMATA en la polí­ tica sindical peronista de manera creciente a comienzos de los años sesenta. la fortaleza del sentimiento nacionalista y antiimperialista dentro de sus filas y en individuos que antes pensaban escasamente en esos términos. pero el proceso no era simple o cínicamente orquestado desde arriba. específicamente en lo que se refiere a su independencia con respecto a Buenos Aires. sólo se hizo una breve alusión a los efectos de esta autonomía sobre las prácticas internas de los sindicatos. sí bien para la mano de obra no era una experiencia de valor neutral. La participación activa del sindicato en el plan de lucha de 1964. sin duda. La proscripción del peronismo durante esos años fue sirx duda un factor de enorme influencia en la formación de las percepciones que los trabajadores tenían de su condición. el carácter único del movimiento sindical cordobés. fueron el producto de las múltiples influencias de la sociedad argentina. su creciente autoidentificación como una clase privada de derechos. y compren­ derlos es esencial para entender la historia de los trabajadores de la . Ya he mencionado la significación de la mayor autonomía que el reciente desarrollo industrial había permitido al movimiento obrero cordobés. en especial sobre los de mecánicos. y del carácter peculiar del movimiento sindical local. Tras haber completado la campaña de construcción del sindicato. Antes bien. La peronización del joven proletariado mecánico.

por ejemplo.La fábrica. IKA permitió que las características particulares de la estructura sindical de los mecánicos —su control en parte mayor sobre los fondos sindicales y en especial la natura­ leza descentralizada de las elecciones gremiales y las negociaciones colectivas— tuvieran una expresión local. dio a la actividad sindical en una industria como la manufactura de automóviles un foco concreto.14 El grado considerable de inde­ pendencia que fomentaba la descentralización de las negociaciones colectivas. A diferencia de lo que ocurría en las seccionales del SMATA en Buenos Aires. eso es lo que dio expresión a la autonomía cordobesa. La existencia de sindi­ catos de planta.17 Las elecciones mismas eran en general limpias y estaban libres de la intimidación y el fraude que caracterizarían cada vez más al Sindicalismo peronista. que posibilitó o desalentó la actividad sindical y la par­ ticipación obrera en los asuntos gremiales. por ejemplo. contri­ buyó a la adopción de prácticas sindicales internas más democráti­ cas y participativas. el sindicato y el nuevo trabajador industrial 129 industria automotriz de Córdoba. Así. La variable clave no fue la estructura formal del sindicato sino la filosofía y la práctica gerenciales específicas. y de sindica­ tos industriales. en última instancia.15 Al aceptar al sindicato como un interlocutor independiente que representaba a su personal. y en última instancia arrastró a los trabajadores a una identificación más es­ trecha con el sindicato y los asuntos gremiales. los peronistas de Córdoba siempre enfrentaban a listas rivales.16 Las escaramuzas diarias entre los trabajadores y la administración en una industria integrada y de producción masiva incrementaron la presencia sin­ dical en las plantas y fortalecieron su influencia entre los obreros. Éstas. el estatuto del sindicato que disponía que los representantes de las listas de opo­ . contribuyeron a la creación de un personal obrero muy militante. en el de los de IKA. Específicamente. constituidos por los delegados y que se re­ unían quincenalmente para ajustar los niveles salariales de acuer­ do con la cláusula gatillo del convenio colectivo de 1960. que se reunían semanalmente para discutir asuntos sindicales. en menor medida. La existencia de instituciones gremiales como las comisiones de delegados (comisiones internas). según lo evidencian los porcentajes cada vez más altos de trabajadores que votaban en las elecciones gremiales. en las condiciones laborales. no era en sí misma determinan­ te de una mayor democracia sindical interna o de una mayor militancia obrera. en el caso de los trabajadores de Fiat. Su participación en los asun­ tos sindicales aumentó mucho. y los comités de negociación colectiva (comisiones paritarias). hizo que en los trabajadores creciera el sentimiento de su propia aptitud para influir en cuestiones relacionadas con sus ingresos y.

La eficacia e independencia reales de muchas de estas institu­ ciones y prácticas sindicales bajo la conducción peronista no debe­ rían exagerarse. como propiedad común del peronismo y la izquierda marxista. en especial. la representación constante que en las publicaciones sindicales se hacia de IKA como el “pulpo". también está claro que las condiciones creadas por la producción automotriz. en última instancia. en la seccional cordobesa estaba asegurado cierto grado de democracia sindical interna. la disminución de la jomada la­ boral. medidas que tenían un evidente efecto deletéreo en los ingre­ sos mensuales de los trabajadores. Las objeciones al estilo negociador de trastienda de Torres y a sus vínculos con la empresa no deben desecharse como mera crítica de la oposición izquierdista a los peronistas en las plan­ tas de SMATA. tanto la de la iz­ quierda marxista como. tenían el efecto intencional de delimitar parámetros cada vez más amplios de autoridad para el sindicato e incrementar su prestigio entre los trabajadores. No obstante. y tal vez . entre ellas la discrecionalidad unilateral de IKA en la asignación de horas extras. eran tan potentes en la Argenti­ na de los años sesenta.130 El Cordobazo sición tuvieran asientos en la comisión electoral local no éra letra muerta corno en Buenos Aires. El intento de Tofres de cultivar una imagen sindical combativa y crear una tradición gremial en la mano de obra implicaba tanto un estilo como una práctica. combinadas con la presencia de la oposición dentro del sindicato. según lo expondrían con mucha claridad los sucesos posteriores al Cordobazo. Con los primeros signos de estancamiento en el mercado automotor. La vigorosa respuesta sindical contra los despidos y la reducción de la jomada de trabajo. indiferente al interés nacional. Como lo señaló Mónica Gordillo. la de los peronistas disidentes. los desafíos gremiales al control absoluto de la compañía sobre ciertas funciones gerenciales. motivaron que Torres adoptara prácticas ¡sindicales y un estilo de conducción que. era meramente el ejem­ plo más gráfico de la relación al menos públicamente contenciosa del sindicato con la empresa. Las diatribas del SMATA contra la oligar­ quía y la empresa capitalista tenían un claro y reciente precedente —y tal vez un origen directo— en las tradiciones obreras de la Resis­ tencia peronista. IKA empezó a tratar de reducir costos mediante despidos y. De manera similar. tuvieron el efecto de inculcar en los mecánicos de IKA un fuerte aprecio por sus derechos y una sensibilidad más intensa a la injusticia de su status como clase privada de beneficios. el ubicuo y voraz depredador que explotaba al país y a los trabajadores. La conducción sindical aprovechó la imaginería y el vocabulario políticos del antiimperialismo y la difun­ dida hostilidad hacia el capitalismo que. finalmente.

gracias a la independencia de las estructu­ ras burocráticas del sindicalismo peronista.18 En Fiat. por intermedio de sus clubes deportivos y sus programas de servicios comunitarios también había adoptado ele­ mentos de una filosofía gerencial paternalista. la diferencia crucial era que Fiat confiaba exclusivamente en prácticas paternalis­ tas para manejar a su personal y enfrentar los problemas que sur­ gían en los lugares de trabajo. alimentaron las animosi­ dades de clase e intensificaron la identificación de los trabajadores con la seccional cordobesa. en contraste. los rencores y el descontento crea­ dos por él trabajó éñ la línea a través del paternalismo de la compa­ ñía. la maternidad que estableció en Ferreyra en 1967 y las actividades del Centro Cultural Fiat. y hasta la integración. dado que esta última. a causa de una filosofía gerencial y unas prácticas gremiales muy dife­ rentes. el potencial existente para desarrollar una tradición obrera similar. desalentó la participación sindical y minó la militancia obrera. desde luego. sus fiestas navideñas anuales con el ostentoso reparto de regalos por parte de las esposas de los funcio­ narios de la empresa. estimuló la apatía entre el personal. con la empresa. y tendía a abogar por la cooperación. que auspiciaba desde conferencias públicas hasta clubes deportivos y colonias de vacacio­ nes. Más bien. ganándose con ello la lealtad del trabajador y socavando cual­ quier recurso a la solidaridad obrera o al sindicalismo.19 La mayor significación de la década formativa en la historia del movimiento obrero cordobés desde el derrocamiento de Perón fue. se incluían dentro de una bien establecida tradición empresaria en pro de reducir las animosidades. la ausencia de cualquiera de las prácticas participativas al estilo SMATA en las plantas de Fiat. El discurso gremial oficial de los sindicatos de planta de Fiat estaba libre de toda insinuación de la animosidad clasista que tanto prevalecía en el SMATA. . los trabajadores no estaban convenci­ dos de la utilidad de participar en las cuestiones gremiales. una si­ tuación que.La fábrica. La distribución de delantales escolares para los hijos de sus trabajadores. Lo que es más importante. En plantas donde los salarios y las condiciones laborales eran decididos de manera unilateral por la empresa y aprobados automáticamente ■por los sindicatos de planta. La diferencia no consistía meramente en el paternalismo de Fiat versus las prácticas más modernas de relaciones industriales de IKA. no llegó a realizarse. esporádicos y en cierto modo dúplices en favor de la participación obrera en la planificación y la administración de la empresa (cogesíión). donde los delegados no se renovaron después de 1965 y carecían prácticamente de poder tras el fracaso de la gran huelga de ese año. el sindicato y el nuevo trabajador industrial 131 hasta los llamados más débiles.

la política obrera no era un ritual torpe y hueco sino una parte vital de la vida urbana. La tradición sindical que había cristalizado en Córdo­ ba hacia 1966 era así una combinación de un vigoroso sentido de identidad regional y una animosidad casi visceral contra Buenos Aires. El movi­ miento obrero cordobés actuaba en un ámbito muy diferente del de otras partes del país. centro del poder económico y sindical de la Argentina. nacida del pragmatismo en algu­ nos sindicatos y de la independencia y la oposición en otros. que in­ trodujo nuevos y poderosos actores en su sindicalismo y estableció cierto grado de autonomía del movimiento sindical local. En Cór­ doba. de la necesidad de defender el pluralismo ideológico del movimiento obre­ . no sólo la elasticidad de las diversas comentes ideoló­ gicas y políticas en actividad en los sindicatos de la ciudad. También dio al movimiento obrero cordobés una vitalidad sin comparación en el país. la política laboral consistía en una lucha constante por ganar fuerza en las negociaciones colectivas. estaban comen­ zando a tener un interés activo y a participar con mayor frecuencia y resolución. especialmente del de Buenos Aires. hacia mediados de la década de 1960 la política obrera se limitaba en gran medida a rivalidades por el control de ia CGT y las 62 Orga­ nizaciones. Esta auto­ nomía local estimuló prácticas más democráticas y una mayor in­ clinación que en otras partes del país a emplear tácticas militantes en varios de los sindicatos más importantes de la ciudad. e incluso otros grupos y clases. en la cual tanto los dirigentes sindicales como los trabajadores. junto con una aceptación. Allí.132 El Cordobazo por lo tanto. Un motivo para la emergencia y la su­ pervivencia de esas corrientes y prácticas sindicales fue la interac­ ción de la política laboral nacional y local en la ciudad. la independencia con respecto a Buenos Aires y el apoyo de las bases. En Córdoba. los pero­ nistas eran más vulnerables y su control sobre el movimiento obre­ ro nunca fue firme. Esta situación mantuvo a los dirigentes gremiales más cerca de los trabajadores e hizo que les resultara más difícil adoptar el estilo burocrático y las rígidas jerarquías que se estaban convirtiendo en característicos de los más grandes sindicatos industriales peronistas de Buenos Ai­ res. Dado su aislamiento en relación con Buenos Aires. En ésta. así como a un interés dominante por proteger la posi­ ción negociadora del movimiento obrero peronista con el Estado. sino también el desarrollo de prácticas sindicales internas que dieron a los obreros de Córdoba características particulares dentro del mo­ vimiento obrero argentino. que en última instancia arbitraba en todas las disputas industriales. incluyendo el de los mecánicos. Otro fue el carácter especial de ía industrialización súbita de Córdoba. la ca­ pacidad de los sindicatos cordobeses para negociar y regatear con el Ministerio de Trabajo y el gobierno era mínima.

en Seymour Martin Lipset y Aldo Salari. 22. Landsberger. había una creciente confianza en la capacidad de Córdoba para participar en la política obrera nacional como una fuerza por derecho propio. 44-58. “The Political Economy of Mexican Organized Labor. Zolberg. 1967). 1963). 3Para una síntesis de los argumentos en favor de la aristocracia obrera contra los de la vanguardia. N. 1955). vol. 6Daniel Labbe. Altitudes ouvñéres en Argentine: Rapport d’enquéte (París: Centre d’Études des Mouvements Sociaux. en Gutman. sino también en la de todo el país. 1984). Esta tradición obrera local subyace a la siguiente década de luchas. N. École des Hautes Études en Sciences Sociales. 71- . Herbert G. “The Labor Elite: Is It Revolutionary?”. “Los nuevos trabajadores en América Latina: una reflexión sobre la tesis de la aristocracia obrera”. 4Silvia Siga!. Universidad de Harvard. pp.La fábrica. The Fall of the House of Ijibor (Cambridge: Cambridge Uni­ versity Press. Thompson. Working Class Formation: Nineteenth Century Patterns in Western Europe and the United States (Princeton. véase Elizabeth Jelin y Juan Carlos Torre..J. ‘Travail formel et travail réel: Renault. pp. Mi aná­ lisis de los procesos de producción y relaciones de base específicos existen­ tes en las plantas de IKA-Renault y Fiat se basa primordialmente en los . cuando los sindicatos cordobeses in­ fluyeron no sólo en la política del movimiento obrero. pp. "Protestantism and the Ameriean Labor Movement”. Capitalíst Control and Workers’ Struggle in the Brazilian AutoIndustry (Princeton. Gutman. L ’évolution du travail ouvrier aux usines Renault (París: Centre de Recherche Scientifique. 1990). Work. 5John Humphrey. 1989). comps. 1988). “On the Formation of the French Working Class”. Elites in Latín America (Ox­ ford: Oxford University Press. 1977). 1986). 7El mejor estudio general del proceso laboral en esta etapa de la fabrica­ ción automotriz sigue siendo Alain Touraine. Desarrollo Económico.: Princeton University Press.J. P. 1974). NOTAS 1E. 1940-1978” (disertación del Doctorado en Filosofía. 79-117. David Montgomery. 1983): Ian Roxborough. 110 2Una manifestación representativa de este consenso pre-Cordobazo fi­ gura en Henry A. en Ira Katznelson y Aristide R. Culture and Society in Industrializing America (Nueva York: Vintage Books. pp. Michelle Perrot. comps. The Making of the English Working Class (Londres: Vintage Books. el sindicato y el nuevo trabajador industrial 133 ro local. Por último. 256-300. n° 85 (abril-junio de 1982). Unions and Politics in México: The Case of the Automobile Industry (Cambridge: Cambridge University Press.Billancourt. 4-23. pp. 19451980" (tesis de Maestría en Humanidades. Kevin Middlebrook..: Princeton University Press.

Archivio Storico di Fiat. Los sindicatos de empresa japo­ neses no trabajaban sobre la base de un sistema de delegados. 1920-1980 (Nueva York y Oxford: BruccoK. “ítalian Productíon: A Survey of the Fiat Factory Layout. resultantes de la mayor independencia.. Form. 4. 11 a 14 de junio de 1958. 1983). Automobile Engineer. Methods and Equipment”. 10“Italian Productíon: A Survey of the Fiat Factory Layout. 5. “Viaggio nelia Repubblica Argentina”. Desarrollo Eco­ nómico.: Princeton University Press. 323-325. En la industria auto­ motriz japonesa. 1976). La discu­ sión siguiente se debe mucho a la investigación de esta última. pp. 11 “Fiat Someca Concord”. ios sindicatos de empresa en compañías como Nissan y Toyota fueron los instrumentos mismos mediante los cuales se suavizaron las tensiones en la industria. “Reflectíons on Argentine Auto Workers and Their Unions”. aunque mucho menor que en el caso de los obreros de la Fiat. se les da un tratamiento más com­ pleto en el Capítulo 10. Gordillo. vol. fue señalada por primera vez por Juan Carlos Torre en Los sindicatos en el gobierno. 138-146. Donde sí estamos de acuerdo es en el papel distinto desempeñado por el sindicato en las dos empresas. Fink. pp. en las plantas de Fiat en Turín los trabajos de produc­ ción ya eran realizados por maquinarias automatizadas como las existen­ tes en las principales fábricas estadounidenses de ese momento. p. pp. p. Paul Hoeffel y Daniel James. vol. “Los prolegómenos del Cordobazo: los sindicatos líde­ res de Córdoba dentro de la estructura de poder sindical". 1989). “Mass Productíon". 1984). y especialmente por Móníca B. 11 a 14 de junio de 1958. en George S. 42-43. Methods and Equipment”.134 El Cordobazo archivos empresarios de Renault y Fiat. pp. Clark. 337. pp. Encyclopedia of American Business History and Biography: The Automobile Industry. Mericle. 12“Visita alia fabbrica Industrias Kaiser Argentina”. Kronish y K. 9“Fiat Someca Concord” e “Industrias Kaiser Argentina”. “Viaggio nelia Repubblica Argentina”. May. Yo me incli­ no a creer que estas diferencias quizá no fueron tan tajantes como Gordillo señala. Archivio Storico di Fiat. 11 a 14 de junio de 1958. 15 A decir verdad.. pp. Blue-Collar Stratijication: Auto Workers in Four Countries (Princeton. N. The Political Economy of the Latín American Motor Vehicle Industry (Cambridge. 4-7. Mass. que la IKA también practicó su propia forma de paternalismo y que había una cierta “integración” por parte de la mano de obra allí también. 14La importancia de la autonomía de los sindicatos de mecánicos cordo­ beses y de las prácticas gremiales internas más democráticas. 335-341. n° 122 (julio-septiembre de 1991). comps. 13William H. En contraste. en el que tanto los sindicatos . y ha sido explorada más profunda­ mente por Judith Evans. 168-172. 31. 8James J. 40. sino más bien con uno de consejo de administración. en R. pp. n° 531-532 (septiembre-octubre de 1950). 58-60.J. Archivio Storico di Fiat. la existencia de sindicatos de planta o de empresa no define forzosamente ningún tipo de política obrera. 1973-76 (Buenos Aires: Centro Edi­ tor de América Latina. p. por ejemplo. “Viaggio nelia Repubblica Argentina".: MIT Press. Layman. comp.

una visita que provocó fuertes pro­ testas de los demás sindicatos de la ciudad y violentas manifestaciones. Aunque el SMATA. Gordillo. 18Gordillo. Mónica B.: Harvard University Press. Mass. 19Gordillo documentó una serie de incidentes interesantes producidos durante estos años. Gordillo. sus estatutos. 176-180. pp. donde el secretario general del SITRAM. Hugo Cassanova. “Características de los sindicatos líde­ res de Córdoba en los '60: el ámbito deí trabajo y la dimensión cultural”. Informe Anual. 165-171. Véase Evans. Estos sindicatos de empresa eran también un escalón a los puestos gerenciales para los trabajadores que tenían cargos en ellos. En Cór­ doba. 145-146.La fábrica. Cusumano. y más adelante condujo a furiosas re­ acciones y una postura tal vez igualmente intransigente por parte de ios sindicatos clasistas SITRAC-SITRAM en esas plantas a comienzos de la década del setenta. como la UOM. Uno de ellos fue la visita de Onganxa a Córdoba en 1967. Véase Michael A. 175.t p. que disponían que las seccionales comprendidas dentro de un radio de 60 kilómetros de la Capital Federal enviaran directamente sus cuotas gremiales al SMATA central. que ponen de relieve el carácter muy diferente de los sindicatos de planta de Fiat con respecto al SMATA. p. La filosofía extremista y de exclusión de la adminis­ tración con respecto a la mano de obra dio pábulo al principio a la apatía obrera hacia los asuntos gremiales. 17Ibid. 16En este aspecto. el sindicato y el nuevo trabajador industrial 135 como el directorio participaban aproximadamente en un pie de igualdad. “Reflections on Argentine Auto Workers and Their Unions”. 44-45. abril de 1991. tenía una estructura centralista. Onganía hizo una visita perso­ nal a las plantas de Materfer. algo que faci­ litó la filosofía de cooperación y armonía de clases después de la declina­ ción del gremialismo industrial en la industria automotriz japonesa a prin­ cipios de los años cincuenta. . The Japanese Automobile Industry. no se aplicaban a Córdoba. la seccional cordobesa tenía una situación independien­ te que era única dentro de la estructura del sindicato. En consecuencia. y que exi­ gían de manera similar que todas las medidas de huelga y trabajo a desga­ no fueran decretadas por el comité ejecutivo. Hoeffel y James. 1985). el régimen fabril existente en los sindicatos de planta controlados por Fiat era muy diferente. “Los prolegómenos del Cordobazo”. eran significativas las diferencias entre la seccional cordobesa y las de Buenos Aires. pp. “Los prolegómenos del Cordobazo". Consejo de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de la Provincia de Córdoba. pp. pronunció un florido discurso elogiando el programa económi­ co del gobierno. Technology and Management at Nissan and Toyota (Cambridge. en especial por parte del SMATA. 139. pero que sin embargo fue cálidamente reci­ bida por la conducción de SITRAC-SITRAM. pp.

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Facundo . a encaminar sus ideas por nuevas vías.. Domingo Faustino Sarmiento. desde entonces. y no tardó mucho en dejarse sentir los efec­ tos.Segunda parte REBELIÓN Lajuventud cordobesa empezó..

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Como sus pares brasileños. que impedían un desarrollo capi­ talista exitoso. Estas políticas eran aún más fasti­ diosas que en Brasil.1 Pero el legado de las políticas populistas pesaba con particular intensidad sobre la Argentina. que estaba en el poder desde el derrocamiento del gobierno civil de ese país en 1964. Los grupos militares y civiles que hablan abogado por el golpe y encontrado una figura convenientemente dispuesta y cándida para conducir la “Re­ volución Argentina" en el severo general Juan Carlos Onganía. el movimiento obrero argentino se había vuelto más burocrático. Córdoba y la “Revolución Argentina” El golpe militar que derrocó al gobierno de Illia el 28 de junio de 1966 fue concebido como el primer paso hacia la ruptura final e irrevocable con las muchas herencias del peronismo. en la Argentina el movimiento obrero tuvo después de 1955 una relación más conflic­ tiva con el Estado. También como los generales brasileños. En tanto el presidente brasileño Vargas y sus sucesores habían incorporado a la clase obrera al Estado en un grado considerable. los apóstoles argentinos del nuevo orden sentían desprecio por las ineficiencias de las políticas parlamentarias y la aducida venalidad de los políti­ cos civiles. a través de los muchos tentáculos del Ministe­ rio de Trabajo y los tribunales laborales del país.4. en la inconstante vida política del país. Sus ideas estaban intensamente influi­ das por las políticas y hasta el estilo del régimen militar del vecino Brasil. estaban decididos a romper los obstáculos estructurales. pior la fuerza si era necesario. que ponían los intereses individuales y partidarios por encima de los de la nación. sociales o políticos. Procuraban establecer el orden y la disciplina. debido al colapso de los mecanismos de con­ trol que siguió a la caída del gobierno peronista y al poder intacto del movimiento obrero. pro­ ponían un programa general para detener lo que veían como la obs­ tinada declinación del país. y conservó un papel institucional que protegía más fielmente que en el caso de los sindicatos brasileños los intere­ ses de la clase obrera. pero se trataba de una . Tras el colapso de la Resistencia. ya fueran económicos. a través de una combinación de negociación y militancia.

Adalbert Krieger Vasena. empleó el término revolu­ ción no sólo por sus connotaciones de cambio sistémico sino tam­ bién en su sentido de proceso social sin límites temporales. En Brasil. El resultado era un estancamiento mayor que en Brasil entre el empresariado. la dic­ tadura habló de los "tres tiempos”— el económico.2 . La pieza clave de la Revolución Argentina fue un programa económico que procu­ raba profundizar el proyecto desarrollista e insertar a la Argentina en el orden económico internacional de la posguerra mediante un continuo desarrollo industrial y una estrecha asociación con el ca­ pital multinacional. Una meta clave en el programa de Onganía era redefinir el papel de la clase obrera en la vida económica. social y política del país. se proscribieron los partidos políticos. De manera similar. el social y el po­ lítico— con una certeza comteana en el resultado evolutivo de su programa autoritario. las uni­ versidades fueron clausuradas y la vida intelectual y cultural del país obligada al silencio a través de la intimidación. y su aptitud para satisfacer las aspiraciones de los trabajadores mediante el lobby y el tráfico de influencias era considerablemente menor que la de su contraparte brasileña. a fin de garan­ tizar que no se eliminaran en su totalidad los logros salariales y de nivel de vida obtenidos durante los años peronistas. Se su­ primieron todas las formas de participación popular.140 E l Cordobazo burocracia que en lo esencial operaba al margen del Estado. el Estado y la clase obrera y una capa­ cidad y disposición más grandes de parte del movimiento obrero para proteger y fomentar los intereses de los trabajadores. la modernización debía alcanzarse eliminando las trabas a la acumulación de capital. abandonó el intento de lilla de promover la indus­ trialización de acuerdo con lincamientos neoperonistas que promo­ vían el mercado interno y apoyaban a los pequeños y medianos in­ dustriales que vendían en él. El ministro de Economía de Onganía. nada de lo cual parecía posible para los planificadores civiles y militares de Onganía en el sistema político pluralista y democrático de la Argentina. Como lo ha señalado Mónica Gordillo. este objetivo se había alcanzado casi sin esfuerzo a través de la le­ gislación laboral de 1966 que había reducido aún más la indepen­ dencia de los tribunales del trabajo y abolido las leyes que compli­ caban los procedimientos de despido o disponían costosas indem­ . redu­ ciendo el gasto público que alimentaba las presiones inflacionarias e incrementando la productividad laboral. En su lugar. Se cerró el Congreso argentino. La necesidad de crear un mercado laboral flexible y eliminar el consi­ derable poder que el movimiento obrero organizado ejercía en la sociedad civil fue una prioridad para el nuevo régimen. Onganía tomó el poder y no fijó ningún plazo para devolverlo a los partidos políticos. que actuaba dentro de los ministe­ rios del gobierno.

El sine qua non de una economía capitalista exitosa. Tanto la facción de Vandor como la de José Alonso elogiaron el cambio de gobierno. Agustín Tosco y Luz y Fuerza surgían como la única voz disidente en el movimiento obrero dél país. un mercado laboral fluido. La administración de Illia había sido la últi­ ma en comprobar los riesgos implicados en semejante política. maniobró para congraciarse con el nuevo régimen. y cada uno de ellos había encallado en los bajíos de la capa­ cidad movilizadora de los sindicatos y la propia falta de legitimidad y autoridad gubernamental en lo que era un sistema democrático fuertemente limitado. alentado por la propia respuesta inicialmente positiva de Perón a Onganía. entre ellos la pro­ tección brindada al disidente movimiento obrero cordobés y el estancamiento de la campaña verticalista en esa ciudad. con la postulación de Ramón Contreras para presidir el sindicato. y la Confedera­ ción General del Trabajo. publicó al día siguiente del golpe un documento con sugerencias políticas para Onganía. el movimiento obrero peronista. la lista de Tosco. poco antes del golpe. Illia había utilizado al Ministerio de Trabajo para vigilar estrechamente las elecciones sindicales. todo lo cual había contribuido al desequilibrio de éste y parecía ofrecer la promesa de desacreditar a la conducción enquistada y tal vez hasta de alejar a la clase obrera del país del peronismo. había logrado la reelección de manera convincente. Persistentes problemas de salud y tal vez cier- . las políticas laborales de Illia habían tenido algu­ nos resultados inesperados para los sindicatos.3Quebrar la fortaleza del mucho más formidable movimiento obrero argentino sería considerablemente más difícil. una clara insinuación de su disposición para trabajar con el régimen. bajo el control del primero. alen­ tar a listas rivales y alimentar las rencillas internas del movimiento obrero peronista.4 Sin embargo.5 Mientras los peronistas soñaban con la restauración de una alianza militar-sindical.Córdoba y la "Revolución Argentina’' 143 nizaciones para los trabajadores echados. con poca resistencia después de 1968 por parte del domesticado movimiento obrero bra­ sileño. Virtualmente todos los gobiernos posteriores a 1955 habían procurado domesti­ carlo. mantener un estricto control del gasto de los fondos gremiales. En mayo. Pero las disputas en curso entre Illia y Augusto Vandor y los caciques sindi­ cales habían provocado tanta animosidad que el movimiento obrero fue uno de los más entusiastas respaldos del golpe de 1966. Su gobierno radical había intentado debilitar los lazos entre los traba­ jadores y el movimiento obrero peronista y librado escaramuzas con los sindicatos en muchos frentes. se logró en Brasil mediante decretos gubernamentales. Alivia­ do por el hecho de que el obstinado y exasperante Illia hubiera sido derribado.

la FATLYF. en Buenos Aires. cuya influencia en el movimien­ . pasando por los ferrocarriles. si bien relativamente libres de las presiones de Vandor en virtud del poder estratégico de su gremio. actuar con cautela y pidió un período de gracia para ver qué tipo de políticas iba a seguir realmente Onganía. poco dispuestos a sacrificar una potencial asociación con el gobierno por sindicatos como los de tra­ bajadores portuarios y ferroviarios. el sector del movimiento obrero que más apoyaba al nuevo gobierno. se suspendieron las comisiones paritarias y se eliminó efectivamente la negociación colectiva.936. azucareros y portuarios se convirtieron en un símbolo de la índole antiobrera del gobierno. y el de la seccional Buenos Aires del sindica­ to de los trabajadores de Luz y Fuerza. Onganía también había comenzado a poner en práctica una serie de programas de racionalización en varias industrias estatales o subsidiadas por el Estado.142 El Cordobazo la curiosidad por ver el funcionamiento interno de la política del movimiento obrero en el lugar donde más importaba alentaron a Tosco a tomar una licencia de dos años a fin de actuar como repre­ sentante del sindicato cordobés en la central de los trabajadores de Luz y Fuerza. recategcrización de tareas y el cierre de industrias enteras fueron en conjunto el resultado de la Revolución Argentina para los trabajadores del sector público del país. Luego del golpe. Juan José Taccone. Luz y Fuerza publicó en la prensa ar­ gentina una solicitada. Félix Pérez. que afectaban desde los puertos del país hasta los ingenios azucareros de Tucumán. el gobierno había aprobado la ley 16. Dos meses después del golpe. una medida que eliminaba efectivamente el derecho de huelga. y la cuestión en tomo a la cual comenzaba a concentrarse un movimiento obrero disidente. regresó brevemente a Córdoba para dar parte a los dirigentes lucifuercistas de los recientes acontecimientos.8 El 18 de agosto de 1966.7Poco después. mediante el decreto 969. Krieger Vasena anunció en seguida un plan de estabilización que incluía una devaluación del peso del 40% y el congelamiento de todos los salarios por uñ período de veinte meses. Para sorpresa dé todos los pre­ sentes en una reunión imprevista convocada por él. y se convirtió en el pri­ mer sindicato que criticaba públicamente al nuevo régimen. ni Tosco ni el Luz y Fuerza cordobés vacilaron una vez que se hizo evidente la verdadera intención de las políticas de Onganía. Los aprietos de los sindicatos de trabajadores ferroviarios. Sin embargo. Entre tanto. que establecía el arbitraje obligatorio.6 El secretario general de la FATLYF. “Signos Negativos”. Vandor y los caciques sindicales peronistas vacilaban. Tosco urgió a. también creían que el gobierno de Onganía ofrecía nuevas posibilidades y hasta habían llegado a asumir ei li­ derazgo de los participacionistas. Despidos ma­ sivos.

se eligió. Vandor y otros caciques obreros habían llegado al límite de la paciencia pru­ dente.Córdoba y la "Revolución Argentina” 143 to obrero menguaba desde hacía tiempo. Lorenzo Pepe. pero que fue importante simbólicamente como la primera protesta contra Onganía—.3 De este modo. orquestado por el gobierno para reestructurar la CGT. de la Unión Ferroviaria. y finalmente cobraron el vigor suficiente para forzar a la CGT a declarar una huelga el 14 de diciembre —una huelga que fue or­ ganizada de una manera chapucera y que sólo tuvo un éxito mo­ derado. En el “Con­ greso Normalizador” del 20 de octubre. en la medida en que golpeaban el corazón mismo del poder del movimiento obrero.n Vandor y otros líderes obreros se refugiaron en un silencio malhumorado. de su estatuto legal. Alonso y otros se aferraron durante varios meses a una política de respaldo limitado a Onganía. mien­ tras secretamente intentaban reconstruir los puentes con el régi­ men que habían quemado con la huelga del I ode marzo. los dirigentes obreros de línea dura que . en una sesión en minoría que excluyó a todos los sindicatos militantes. su personería gremial.10 El paro del I o de marzo de 1967. La prohibición gubernamental de las negocia­ ciones colectivas y otras medidas eran más perturbadoras. y luego suspendió todas las negociacio­ nes colectivas hasta el 31 de diciembre de 1968. entre ellos la Unión Ferroviaria y la Unión Obrera Metalúrgica. se suspendió el diálogo inclu­ so con los sindicatos más pusilánimes. En el trans­ curso del año siguiente. El gobierno respondió a la provocación con mayor intransigencia. La conducción peronista de los grandes sindicatos industriales que controlaban la CGT vaciló durante el resto de 1966. de Obras Sanitarias. la respuesta al gobierno recayó en los sin­ dicatos que más cargaban con el peso de las medidas antiobreras. Onganía despojó a seis sindicatos. AI día si­ guiente de la huelga. Alonso y los de su ralea como Paraguay o Bolivia. tan extranjera para Vandor. una conducción dócil y obsequiosa que sólo propuso la más moderada de las críticas al régimen. Las presiones sobre la conducción se intensificaron. y completamente indife­ rentes a la suerte de los cañeros mestizos e indios de una provincia distante. con autoridad para enfrentar al trabajo organizado de cualquier manera. El régi­ men de Onganía estaba en el pináculo de su fuerza. a pesar de su carácter masivo. pero Vandor. y otros dirigentes sindicales de las industrias afectadas constituyeron el Comité Central Confederal como comité de resis­ tencia. Amado Olmos. En efecto. terminó en una derrota táctica para el movimiento obrero. Mientras tanto. excep­ ción hecha de la violencia abierta o la intimidación física. La inquietud de los trabajadores -se cocía a fuego lento y la CGT redactó un Plan de Acción que convocaba a dos huelgas gene­ rales que se realizarían el I o y el 21 de marzo.

Olmos y el joven y carismático líder de los trabaja­ dores gráficos de Buenos Aires. el líder exiliado lo alentó en una reunión privada rea­ lizada en Madrid muy poco antes del congreso de marzo a que asu­ miera la conducción de los sindicatos militantes y estableciera el control de éstos sobre la CGT en esa próxima asamblea. que murió en un accidente automovilístico poco antes de la reunión). Como estos sindicatos constituían el núcleo del apoyo a la posición de línea dura y a Ongaro. Éntre. las CGT regionales que participaban se en­ contraba la de Córdoba. Vandor y los caci­ ques obreros percibían el peligro que representaba Ongaro. aquél casi lo ignoró. que se encontraban en un estado de confusión desde la huelga general del año anterior. con la que logró impedir el despido de unos 900 trabajadores. y a raíz de la pérdida de prestigio y verdadero poder del líder de la UOM como consecuencia de la huelga general de 1967. Ongaro y los partidarios de la línea dura ignora­ ron la disposición de San Sebastián y se apiñaron en la sede central de la Unión Tranviarios Automotor en Buenos Aires el 28 de marzo para realizar el congreso. por lo que utilizaron tácticas obstruccionistas en los días previos al congreso. Buscando un herede­ ro de Olmos. El 28 de marzo de 1968 debía realizarse en Buenos Aires una convención laboral. Raimundo Ongaro. y redactar un nuevo programa para tratar con el gobierno. con el propósito de reagrupar a los sindicatos y la CGT.13 . El Ministerio de Trabajo. El juvenil Ongaro había obtenido la conduc­ ción de su sindicato en 1966 y llegado a destacarse nacionalmente después de dirigir en enero de 1968 una áspera huelga contra la editorial Haynes. Rubens San Sebastián. se negó a per­ mitir la participación en él de cualquier sindicato que estuviera todavía bajo la supervisión gubernamental. incrementaron lentamente su influencia en la CGT.144 El Cordobazo quedaban. la prohibi­ ción habría asegurado efectivamente el control de la CGT por parte de Vandor. Pepe. lo mismo que a los otros caciques sindicales que aún buscaban un diálogo con Onganía.12 La relación de Vandor con Perón había sido tirante durante mucho tiempo. El ministro de Trabajo de Onganía. Tosco asistió como representante de Luz y Fuerza y pronto tomó el control de toda la delegación cordobesa cuando Vandor exigió el pago de sus deudas y obligó a los sindicatos de su campo —incluyendo al SMATA de Elpidio Torres y la UOM dé Alejo Simó— a retirarse del con­ greso sobre la base de una Infracción menor a los procedimientos co­ metida por las fuerzas de Ongaro. Sin embargo. la más grande de las centrales provinciales. el Congreso Amado Olmos (asi llamado en ho­ menaje a Olmos. Esa huelga o algo en el mismo Ongaro habían llama­ do la atención de Perón a principios de 1968.

Córdoba y la "Revolución Argentina” 145 Vandor había esperado negar a éste el quorum necesario para realizar el congreso pero se vio frustrado por una defección de últi­ mo momento del sindicato de trabajadores municipales. en efecto. Luz y Fuerza (salvo la seccional cordobesa) y los sindicatos de la construcción y de petroleros boicotearon las sesiones. Benito Romano (trabajadores del azúcar). dedicó sus energías en el con­ greso a obtener respaldo para la nueva CGT. Paraná. Los miembros del comité ejecutivo representaban precisamente a los sindicatos que llevaban la peor parte de las políticas del gobier­ no: Antonio Scipione (Unión Ferroviaria). Eran los hombres de las cuestiones del pan de todos los días. No casual­ mente. Rosario. se convertiría en la marca distintiva de las tácticas de Tosco en los años venideros.14Excepto los azucareros de Romano. Salvador Manganaro (trabajadores de Gas del Esta­ do). Pedro Avellaneda (trabajado­ res estatales). En cambio. todos los sindica­ tos representados en el comité ejecutivo pertenecían al sector públi­ co con sede en Buenos Aires. su posición como árbitros finales del movimiento obrero hubiera sido inexpugnable. Los alineamientos en este incidente fueron reveladores. eran los mismos que habían explotado su posición especial como representantes de los trabajadores de los sectores claves y estratégicos de la economía argentina a fin de obtener un status favorecido. los mayores exponentes del sindicalismo de negocios. Alfredo Lettis (marina mercante). La UOM. Las provincias parecían ser. El 29 de marzo. Chaco. Ongaro fue elegido secretario general de la CGT. pronto llamada CGT de los Argentinos (CGTA). Santa Fe. Julio Guillán (trabajado­ res telefónicos). un área de reclutamiento prome­ . la severidad del ataque gubernamental a algunos sindicatos y la percepción de su avasalladora hostilidad a los intereses de la clase obrera dieron impulso a los revolucionarios y no a los conservadores. la buro­ cracia sindical que en los años venideros iba a ser el blanco de tan­ tos ataques. Mendoza y ías otras principales CGT del interior adhirieron a la nueva CGTA. Sus esfuerzos tu­ vieron éxito: Córdoba. Enrique Coronel (La Fraternidad) y Ricardo de Luca (trabajadores de los astilleros). Los principales sindicatos industriales y los no industriales más privilegiados se aliaron a Vandor y se retiraron del congreso. La Plata. Tosco rechazó un puesto en este comi­ té. Pero las condiciones excepcionales existentes en el país. y en especial a fortalecer su posición en­ tre las delegaciones sindicales de las provincias. Salta. el SMATA. En condiciones normales. una creencia inconmovible en la ma­ yor combatividad de los sindicatos del interior. una decisión que nunca explicó pero que con toda probabilidad puede atribuirse a la renuencia a comprometerse en otra ausencia prolongada de Córdoba.15 Esta estrategia provincial. Corrien­ tes. Tucumán.

Aunque los programas de racionalización de Onganía habían recaído con más dureza sobre los Sindicatos del sector público.16 La más seria de estas protestas tuvo lugar en el complejo IKARenault. el co­ lapso de la conducción de Vandor y la vieja guardia fue más absolu­ to. De manera coincidente. el directorio de IKA enfrentaba el doble problema de vérselas con una cuota declinante del mercado auto­ motor y convencer a Renault de lo atractivo de una propuesta de . la mano muerta del sindicalismo peronista también pesaba más gravosamente en la ciudad capital y trababa en ella el desarrollo de nuevas tácticas para combatir a la dictadura. El crisol de la estrategia provincial era la propia Córdoba de Tos­ co. el incremento en los ritmos de producción y un deterioro general de las condiciones de trabajo en las plantas fueron la chispa de grandes protestas obreras en las fábricas de IKARenault. Si bien las medidas de Onganía habían afec­ tado a un número mayor de trabajadores porteños que provincia­ nos. que pasaron a ser conducidos por peronistas de izquierda y se convirtieron en el espíritu orientador de la CGTA en las provincias. Ford. y permitió que nuevos individuos.artes. Había una indignación compartida —si bien no tan desesperada como la de los trabajadores del azúcar de Tucumán— en una serie de sindicatos provinciales que reivindicaban la fe de Tosco en la necesidad de una estrategia provincial y una unidad del interior para resistir el contraataque de Vandor y los caciques obreros. el respaldo dado al empresariado por encima del tra­ bajo. la legislación específica que prohibía las huelgas y las nego­ ciaciones colectivas y el clima general creado por tales medidas habían animado a las empresas privadas a atacar sus costos labo­ rales. la más afectada fue la auto­ motriz. En Santa Isabel. En el interior. Una de las radicalizaciones más impor­ tantes fue la producida entre los trabajadores de los ingenios azu­ careros tucumanos. De todas las industrias privadas. aparecieran en posiciones de autoridad. Córdoba era también una provincia en un es­ tado de seria inquietud como resultado del programa económico del gobierno y la posición débil en general de Vandor y el movimiento obrero peronista. Como segunda ciudad industrial del país. su movimiento obrero tenía una importancia tanto simbólica como estratégica que ningu­ na de las otras CGT podía equiparar. Los despidos. muchos con lazos con la iz­ quierda pero más sencillamente peronistas renegados. Citroen y Peugeot a lo largo de 1967 y 1968.146 El Cordobazo tedora para la CGTA. Chrysler. La integración imperfecta de los peronistas cordobeses al movimiento obrero nacional y la per­ sistente fortaleza de los sindicatos no peronistas de la ciudad ofre­ cían ciertas posibilidades qüe estaban ausentes en otras p.

En mayo de 1967. control que recién levantó en marzo del año siguiente. como primer paso para que una intranquila Renault estuviera segura de su in­ tención de disminuir los costos laborales y poner sus finanzas en orden. con la estabilidad laboral garantizada y generosos aumentos salariales otorgados en cada nuevo contrato. y el cómodo arreglo que el SMATA había elaborado con IKA a lo largo de los años. se derrumbó. Hacia principios de 1967. La empresa francesa creía que tenía que disminuir sus gastos salariales. bajo presión guberna­ mental.20Los planes de la empresa sólo cam­ biaron después que la presión del gobierno obtuvo de ella la prome­ sa de no llevar a cabo despidos masivos o suspensiones prolonga­ das de la producción. ya había to­ mado la decisión de reducir los salarios de sus ejecutivos en un 20% y despedir a unos mil obreros de un total de 7. Luego. Renault comenzó a rebajar los salarios en todas las categorías y a eliminar puestos de trabajo en determinados departamentos. el te­ nor de las relaciones trabajo-administración se había deteriorado tanto que una misión investigadora de Renault enviada a las plan­ tas urgió a la casa central de París que retirara sus licencias y sólo comprara la empresa una vez que la situación hubiera mejorado. tales gestos de buena volun­ . IKA había comenzado a implementar periódicamente una semana laboral reducida. Las líneas de comunicación con James McCloud y otros funcionarios de la empresa estaban cortadas. como represalia a la áspera y a menudo violenta huel­ ga del SMATA que siguió a la primera ola de despidos.000 obreros más.Córdoba y la “Revolución Argentina" 147 compra de la empresa. Renault compró las acciones de Kaiser en septiembre de ese mismo año e inició una campaña para reducir aún más los costos laborales. Restaurada la paz laboral. debilitar al sindicato así como dis­ minuir la cantidad de personal. rom­ per con la política de aumentos en la paga implementada por IKA entre 1960 y 1966 y.200. presunta­ mente a cambio del buen comportamiento de Córdoba en el congre­ so obrero de ese mes. Torres y el SMATA estaban ahora a la defensiva. en general.19Congeladas las negociaciones co­ lectivas por Onganía en marzo y apoyando plenamente el gobierno el derecho de la empresa a reducir la semana laboral de acuerdo con las condiciones del mercado.21 Sin embargo. Más contratiem­ pos siguieron a la huelga. En 1966. si bien sólo como una táctica intimidatoria y con la plena intención de volver a contratarlos.18 Si bien el sindicato se lás arregló para hacer que los despidos se anularan. IKA echó a 4.17El estancamiento de las negociaciones colectivas había dado a IKA el pretexto para comenzar a despedir trabajadores el 20 de enero. el SMATA central asumió el control de la seccional cordobe­ sa. para compensar la baja súbita de las ventas. a cambio tuvo que aceptar jomadas de trabajo reducidas para toda la mano de obra. Por entonces.

La resistencia exitosa contra los despidos y los planes de racionalización empresarios pareció reque­ rir cada vez más algún tipo de alineamiento junto a Tosco y los in­ dependientes. No habían estado dispuestos a desafiar abiertamente su autoridad en el Congreso Amado Olmos ni a res­ . un sistema de remuneraciones que daba a los trabajadores metalúrgi­ cos de las provincias una escala de pagos menor que la de sus pares porteños. El acuerdo realzó la posición de la UOM en Córdoba. la UOM central había obtenido un favorable convenio colectivo na­ cional. la UOM.23 Sin embargo. en las asambleas generales de la CGT cordobesa del 15 y el 19 de septiembre. habían apoyado el plan de movilización de los independientes para resistir las medidas antiobreras del gobierno mediante tácticas militantes. suspensiones y cierres de instalaciones a un paso que amenazaba la supervivencia misma de la UOM. Torres y Simó ya se habían encontrado en la curiosa posición de estar al lado de Tosco cuando la CGT local declaró a Onganía persona no grata durante su visita a Córdoba en agosto de 1967. Lo mismo que en la industria automotriz. incluyendo el establecimiento de un gran programa de ra­ cionalización en todas las plantas de Santa Isabel en 1968. pero los propieta­ rios de la industria local y de otras partes del país estaban llevando a cabo despidos. los propietarios de las fábricas y los talleres metalúrgicos del país ignoraron los con­ venios colectivos una vez que vieron que el Estado había debilitado la capacidad del movimiento obrero para resistir una ofensiva pa­ tronal. con su carrera política aparentemente terminada a causa de la clausura por parte de Onganía del Congreso argentino. El deterioro de las condiciones en IKA-Renault motivó que al menos un sector del proletariado mecánico cordobés tuviera un campo propicio para una futura militancia obrera. dos de los establecimien­ tos metalúrgicos más importantes de la ciudad. El otro pilar del movimiento obrero peronista en Córdoba. Dos semanas más tarde. en el momento mismo en que sus centrales gremiales inten­ taban salvar una relación operativa con el régimen. regresó a la ciudad para reafirmar su control sobre el sindicato. Simó condujo las huelgas de septiembre de 1966 contra las fábricas de Luján Hornos y Gerardo Seel. arrancando de los negociadores de la industria un aumento salarial del 25% así como la suspensión de las quitas zonales. también estaba atravesando un período de crisis. si­ milar a la de Torres con el SMATA.22 La debilidad de Vandor y el movimiento obrero después de la huelga general de 1967 puso a Simó en una posición defensiva. y Simó. su alejamiento de Vandor tenía sus límites. De inmediato se enfrentó a la torva realidad de la Revolución Argentina de Onganía.148 E l Cordobazo tad le dieron aun mayor libertad para manejar a su antojo a su mano de obra. Poco después del golpe de Onganía.

pero existían riesgos en una prematura alianza con Ongaro. se había desarrollado una jerarquía de sindi­ catos en la cual los más privilegiados rara vez pensaban en térmi­ nos de la clase obrera en general. realizado en Río Hondo en octubre de 1967. por lo que. hacía que tanto Torres como Simó se refrenaran. empresa por empresa. La defensa que los sindicatos cordobeses hacían de los intereses generales de la clase obrera antes que de los estrictamente gremiales no era habitual. como no fuera para respaldar su propia posición en las negociaciones. evidentemente. Antes del congreso obrero de marzo de 1968. El sindicato lucifuercista fue inflexible en su hostilidad hacia Onganía luego de la publicación de la solicitada “Signos Negativos” dos meses des­ pués del golpe. algunos con un considerable poder negociador y otros con ninguno. fue hostigada por su intimidad con Onganía y su negativa a apoyar a los sindicatos afectados adversamente por las políticas del régimen.25 Ésta. En el congreso nacional de los sindicatos de trabajadores de Luz y Fuerza de todo el país.Córdoba y la "Revolución Argentina" 149 paldar a Qngaro. la delegación cordobesa había atacado la polí­ tica de diálogo y cooperación con la dictadura sostenida por la FATLYF. en gran medida gracias a los esfuerzos de Tosco y Luz y Fuerza. Como la economía ar­ gentina se había diversificado y la clase obrera estaba dividida en diferentes sectores. permanecieron en el campo de Vandor. Desde 1955. Ambos se preocupaban también por la aparente profundización de la radicalizacián del movimiento obrero y el viraje hacia la izquierda de la política en Córdoba. un acontecimiento particular­ mente ominoso para Torres dada la presencia constante de activis­ tas izquierdistas en las plantas de IKA-Renault. Tal como se desarrolló en la . entre quienes se contaban casi todos los activis­ tas de izquierda de las plantas. los parti­ darios de Ongaro. Ongaro y la CGTA habían establecido una plaza fuerte en Córdo­ ba en los primeros meses de la rebelión contra Vandor. En sus conflictos con las empresas necesitaban el apoyo exterior.-las negociaciones colectivas habían tenido lugar en el plano de las industrias. y en algunas de éstas. como lo demostraron uniéndose al boicot de Vandor. habían hecho callar a gritos al se­ cretario general y amenazado físicamente a la dirigencia del SMATA presente. como la automotriz.24 La perspectiva de una CGT cordobesa ongarista y con­ ducida por Tosco. Luz y Fuerza ya había roto con su sindicato nacional en la cuestión del respaldo al gobierno. En una asamblea general sindical que aquél convocó el 26 de abril de 1968. La unidad de la clase obre­ ra y su relación orgánica con el Estado se habían roto con el derro­ camiento de Perón. dominada como la mayoría de las centrales por su seccio­ nal de Buenos Aires. por el momento.

parece inade­ cuado explicar su historia exclusivamente por los factores persona­ les. no puede subestimarse la importancia de Tosco y el núcleo de militantes sindicales estrechamente asociados con él. Una huelga general de la CGT en apoyo a un sindicato débil y no estratégico. La Empresa Pública de Energía de Córdoba reconocía diez categorías generales. en general entre el 15 y el 20%.26 Sin embargo.un hecho extremadamente raro. industria­ les e históricos. se había con­ vertido en.150 E l Cordobazo década de 1960. había aproximadamente 200 activistas tosquistas íntimamente ligados al secretario general. sus secretarias privadas y los traba­ . Sin duda. y atribuyó a éstos y en especial a la influencia personal de Tosco el papel político central que el sindicato desempeñaría en la política laboral nacional entre 1966 y 1976. Sólo quedaban exclui­ dos los directores de la EPEC. La investigación más importante sobre el sindicato ha soste­ nido que. la industria energética cordobesa parecía tener una mano de obra excepcionalmente diversa. que incluían desde ingenie­ ros de formación universitaria que trabajaban fuera de las oficinas de la EPEC en el centro de la ciudad hasta trabajadores no califica­ dos (peones) que ayudaban en sus tareas a los trabajadores de lí­ nea. El sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba era único en una in­ dustria única. por la naturaleza altamente califi­ cada e incluso profesional de sus afiliados. la mejor manera de describir al movimiento obrero peronista es como un intento de mantener la integridad institucio­ nal del movimiento obrero organizado como necesidad táctica y política. sin embargo. Tosco y el sindicato de Luz y Fuerza parecían estar demandando la clase de altruismo que el movimiento obrero argentino no había mostrado desde los días del idealismo anarquista y las huelgas generales revolucionarias de principios de siglo.28 También lo distinguía el hecho de que casi todos los empleados de la compañía estaban en condiciones de solicitar la afiliación gremial.500 afiliados. con nume­ rosas subcategorías dentro de cada una. En los papeles. estructurales. su empleador y su central gremial. La formación ideológica y política del sindicato de trabajadores de Luz y Fuerza de Córdoba que explica esta postura involucraba una compleja serie de factores personales. que realizaban trabajos no calificados.27En realidad. el personal era más homogéneo de lo que parecía. de un total de 2. Luz y Fuerza era un sindicato que se caracterizaba por un porcentaje estable de afiliados. aunque éste estuviera envuelto en la más áspera disputa laboral. la índole de su trabajo y la relación con su industria. al mismo tiempo que se protegían los intereses sindicales particulares como una realidad pragmática. Entre otras cosas.

La compañía no logra­ ba reponer el stock de su inventario para cubrir las pérdidas habi­ tuales debidas al exceso de uso y al aumento de la demanda resul­ tante de la expansión de las líneas. su per­ sonal también sufría en menor medida los caprichos de la economía local y nacional. También era mezquina en su provisión de algunos elementos y materiales como cables o fusibles que eran necesarios para realizar las tareas. e incluso los instaladores de líneas podían hacer sus tareas con poca supervisión. En los círculos obreros. el sindicato criticaba a la empresa por el funcionamiento defectuoso de las grúas alzacarros utilizadas para elevar a los trabajadores hasta las líneas y por la inadecuada flota de camiones que los transportaba hasta el emplazamiento de . no sufrían nada comparable a los rigores de la vida fabril. Al pertenecer a un servicio público. las quejas por exigencias excesivas o condicio­ nes de trabajo insalubres están virtualmente ausentes del registro sindical. De vez en cuando se desechaban cintu­ rones de seguridad y guantes gastados por el peligro que repre­ sentaban para los hombres que trabajaban en las líneas de trans­ misión. muchos de los cuales trabajaban en las oficinas de la EPEC mientras el resto efectuaba reparaciones y tareas de mantenimiento en los talleres de la empresa o en los emplazamientos de los trabajos al aire libre.30 El tipo de trabajo realizado también influía en la política gremial. a los trabajadores de la industria de la energía se les ahorraban las fatigas experimentadas por quienes participa­ ban en la producción industrial. A diferencia de lo que ocurría con los traba­ jadores mecánicos. En su mayor parte. Las quejas más se­ rias se referían a equipos defectuosos directamente relacionados . los pues­ tos en la EPEC eran considerados la “pichincha” de la ciudad. De manera similar.Córdoba y la "Revolución Argentina" 151 jadores contratados y de tiempo parcial. que eran endémicos en la industria automotriz y comunes en otras como la metalúrgica. Éste era a la vez más estable y menos agotador que en otras industrias. eran menos habituales aquí. Si bien no existía un dominio de los asuntos gre­ miales por un ala “profesional". sus afiliados oficinistas desempeñaban efectivamente un papel activo y tenían una considerable influencia en la determinación de la orientación política de Luz y Fuerza.29Era excepcional entre los sin­ dicatos cordobeses por el hecho de que casi todos los ingenieros.31 Las quejas más comunes relacionadas con el trabajo se referían a la omisión de la EPEC en proveer a los trabajadores las herra­ mientas necesarias en cantidad suficiente. técni­ cos y personal administrativo estaban afiliados y se contaban entre sus miembros más activos. Los reclamos laborales.con la seguridad laboral. La disciplina laboral era laxa. Los trabajadores de la industria de la energía. no sólo por los altos salarios sino también debido a la naturaleza del trabajo implicado.

el gremio controlaba la contratación de nuevos trabajadores a través de la bolsa de trabajo. la compañía estaba más interesada en gestionar el aumento de los subsidios estatales que en preservar su control sobre los lu­ gares de trabajo. dado que los representantes de la empresa en las juntas de arbitraje eran a menudo ejecutivos que se habían abierto camino desde abajo y aún conservaban fuertes simpatías sindica­ les. un hecho demostrado por su disposición para otor­ gar al sindicato un peso fundamental en las políticas de empleo. lo que determinaba el bienestar de la EPEC eran consideraciones presupuestarias y no su rentabilidad. Con su control sobre las contrataciones. la EPEC también tenía la política de dar preferencia a los solicitantes que ya tenían parientes empleados en la empresa.32 Tales problemas eran más irritantes que provocati­ vos. pero las condiciones de trabajo no eran la cuestión fundamental.34En términos generales. los pedidos del sindicato eran cumpli­ dos en su totalidad. como lo hizo de 1964 a 1967 y periódicamen­ te a comienzos de la década del setenta. La empresa se reservaba el derecho de aprobación final de todos los solicitantes de empleo y frecuentemente se la criticaba por su lentitud para cubrir las vacantes. pero su delegación al sindicato de lo que en otras in­ dustrias era una prerrogativa celosamente guardada revelaba un tipo diferente de relación con su personal. En la relación con su empleador. y el sindicato llama­ ba con frecuencia al congelamiento de las vacantes y cancelaba las solicitudes de empleo. y nun­ ca ocuparon un lugar preponderante en las negociaciones colecti­ vas con la EPEC. Los trabajadores lucifuercistas enfrentaban dificultades labo­ rales menores. En conse­ cuencia. . Luz y Fuerza tenía una posi­ ción única entre los sindicatos de la ciudad.152 El Cordobazo los trabajos. Como empresa estatal. como sí ocurxia en otros gremios de la ciudad. la relación entre el directorio y el personal era amistosa. La rotación en las tareas era baja. y las huelgas por cuestiones salariales y de beneficios eran raras. Si bien había tensiones que ocasionalmente provocaban llamaradas y las relaciones no eran tan idílicas como lo afirmaba la empresa en sus publicaciones ofi­ ciales. En general. Además. el sindicato podía impedir la erosión de los salarios y beneficios mediante la manipulación de la oferta laboral y la regu­ lación del ingreso en la empresa de una manera semejante a las cor­ poraciones. el trato entre personal y administración era sin duda más armónico que en la mayoría de las industrias cordobesas. casi obsequiosa. En efecto.33También en las negocia­ ciones salariales tenía un nivel excepcionalmente alto de influencia. lo que llevaba a que hubiera varias gene­ raciones de la misma familia en la compañía y a una identificación personal más íntima de ios trabajadores con ella.

En 1950 el sindicato había obtenido en su convenio colectivo una concesión que comprometía a la empresa a aportar regularmente a . se rehusaron a impulsar lo que consideraban una exigencia prematura de control obrero —en una economía que todavía era capitalista— . la EPEC se mantuvo en gran medida inmune a la crítica gremial. las categorías laborales y las asignaciones de trabajos decididas en los departamentos. la práctica sindical consistía en evitar los ataques contra esas personas y hacer recaer su disgusto por las políticas empresa­ riales directamente sobre el gobierno en términos políticos. se debió a presiones del gobierno provincial para reducir los gastos de la empresa más que a la intransigencia de parte de los funcionarios de la EPEC.C órdoba y la "Revolución Argentina'' 153 La mayoría de las veces en que las demandas sindicales no pu­ dieron ser satisfechas y las negociaciones se interrumpieron. En parte por estos motivos y en parte porque el comité ejecutivo sindical. Como entidad. Aunque se les rehusara la cogestión directa. Aunque hay pruebas de la existencia de una opinión gremial en favor de la cogestión. no podía decirse lo mismo de los directores y subdirectores de la empresa. los privilegios de que disfrutaba el sindicato estable­ cieron fuertes lealtades con la EPEC. y en agudo contraste con las em­ presas automotrices. Si bien no esta­ ba bajo control obrero. En su carácter de empresa estatal. Sin embargo. dado que los conflictos con la compañía cobra­ ron un significado inherentemente político. El sindicato atribuía los problemas financieros de la EPEC a los regímenes políticos y a la política gubernamental más que a una mala administración de la empresa estatal. Esta situación brinda una primera clave sobre la polí­ tica de Luz y Fuerza. participación obrera sistematizada en la administración empresarial. los trabajadores de Luzy Fuerza ejercían un grado extraordinario de influencia. que casi equivalía a una responsabilidad compartida con el directorio. les per­ mitieron un tipo de asociación que no existía en ninguna otra in­ dustria cordobesa. y por lo tanto se la consideraba como más permeable a las necesidades de los trabajadores. Un último signo de los estrechos lazos entre la compañía y el sin­ dicato fue el apoyo financiero brindado por la EPEC a Luz y Fuerza. la EPEC nunca fue criticada por el sindicato. en general. era al menos una empresa pública en la que el sindicato tenía un papel reconocido en importantes áreas de pla­ nificación y administración. La participación sindical en los planteles. y específicamente Tosco. Pero. primero desde una perspectiva nacionalista y finalmente desde uná genuinamente socialista. representaba el ideal tanto para los afiliados peronistas como para los izquierdistas. que surgían de nombramientos políticos y a quienes se consideraba los ejecutores de la política gubernamental.

pero aparte de vedársele la utilización de los hoteles y colonias de vacaciones de la central. las menores de­ mandas del sindicato para resolver problemas relacionados con el trabajo o regatear con funcionarios hostiles de la empresa con res­ pecto a cuestiones salariales y beneficios. al liberarlo de la dependencia de su central gremial. era inhabitual en la industria argentina.154 El Cordobazo un fondo sindical especial. las consecuencias de la expulsión no eran graves y no podían obstruir efectivamente el accionar de la seccional. La EPEC también contribuía con sumas considerables a los programas de viviendas. en general. la EPEC hizo al sindicato me­ nos vulnerable a las tácticas intimidatorias de Buenos Aires. dependían de las cuotas (descuentos) gremiales pagadas por los afi­ liados. por ejemplo al disponer un pequeño número de despidos en 1972. El tenor de las relaciones personal-directorio. sin recurrir a la acción huelguística. Cuando las negociaciones. la Mutual Unión Eléctrica. El status de ésta como empresa estatal atenuaba las tensiones financieras que eran tan manifiestas en la industria automotriz lo­ cal. liberaron a los afiliados del gremio con mayores inclinaciones políticas para que dedicaran su tiempo a esa actividad. La FATLYF podía amenazar y suspender a los sindicatos que no cooperaran. Si bien periódicamente la compañía sufría la amenaza de la insolvencia. donde los programas sindicales. Los problemas laborales que surgían de vez en cuando podían resolverse. las seccionales sindícales controlaban su propio dinero y el reparto de los fondos. pero la dimensión. que financia­ ba el plan médico de Luz y Fuerza. y sin duda la existencia misma de tal apoyo. En las pocas ocasiones en que trató de tomar tales medidas. la resuelta respuesta del sindicato puso de relieve los peligros de . a diferencia de la UOM y muchos otros sindicatos industriales. en general. siempre había una alternativa fiscal —una suba de las tarifas o el aumento de los subsidios gubernamentales— que le per­ mitía evitar la riesgosa alternativa de actuar sobre sus costos labo­ rales. Periódicamente surgían problemas como consecuencia de su morosidad para efectuarlas. vacaciones y jubilaciones del sindicato. Bajo la estructura federativa. como sucedería con la seccional cordobesa en numerosas ocasio­ nes a lo largo de la década siguiente. se interrumpían. el sindi­ cato recurría a paros parciales que habitualmente servían para agui­ jonear a la EPEC a la acción.35 El apoyo financiero de la empresa a la Mutual y a otros progra­ mas de beneficios sindicales contribuyó a que el sindicato asumiera un compromiso político. fuera una organización federativa. Al subsidiar unos programas habitualmente financiados y administrados a través de la central. Tam­ bién colaboró el hecho de que Luz y Fuerza.

Électrum. fue la configuración inusual del movimiento obrero local y la protección que brindaba a Tosco y otros activistas izquier­ distas del gremio. que se mantendría como la expresión más coherente y eficaz del sindica­ lismo izquierdista de la ciudad hasta su clausura por el gobierno peronista en 1974. la estoica resolución con que aceptaría largos meses de prisión y la preeminencia nacional que obtendría gradualmente. apoyaran el diálogo y hasta la colaboración con la dicta­ dura en el mismo momento. El hecho de que otros sindicatos de trabajadores de Luz y Fuerza del país. Tosco y su círculo pudieron asumir posiciones independientes y dirigir una educación política. nunca doctrinaria o coercitiva. sería erróneo suponer que los trabajadores de Luz y Fuerza eran pasivos recipientes de una praxis ideológica y política concebida y ejecutada desde arriba. Sin embargo. explican gran parte de la disposi­ ción de los afiliados a soportar los años de confusión y persecucio­ nes que el sindicato sufriría como resultado de su compromiso po­ lítico. permitiendo que adoptaran posturas políticas rebeldes sin temor a represalias dé Buenos Aires. y había escasos motivos para que los representantes gremiales percibieran al sindi­ cato como una herramienta estrictamente limitada a las negocia­ ciones colectivas. pero de ninguno de ellos puede decirse que fue el determinante.Córdoba y la “Revolución Argentina” 155 semejante política. la historia del sin­ dicato fue un proceso dinámico que involucró la interacción de in­ fluencias institucionales e industriales que predispusieron a sus trabajadores en favor de posiciones de izquierda y dieron forma a determinado comportamiento político. de los afiliados sindicales. fueron al me­ nos tan importantes como Electrum en esa educación política y en el logro dentro del sindicato de respaldo para sus posiciones disiden­ tes. como ya se mencionó. El principal vehículo de la misma fue la publicación semanal de Luz y Fuerza. indica que en Córdoba había elemen­ tos peculiares que arrastraron al sindicato a la militancia y Anal­ mente radicalizaron sus posiciones políticas. principalmente la seccional Buenos Aires de Taccone. Antes bien. pero sin embar­ go discernible. Con ello. Como resultado de ello. Todos estos factores contribuyeron a la creación de un sindicato preparado para asumir la conducción del movimiento obrero disi­ dente en 1968. Pero la fuerza del ejemplo personal de Tosco. Un factor crucial. La lealtad hacia él. Una influencia fue el antes mencionado carácter . el status casi mítico que incluso en vida al­ canzó en el movimiento obrero. la compañía se acomo­ daba notoriamente a las demandas del personal. La habilidad de Tosco y la conducción para transformar a Luz y Fuerza en una organización marcadamente política descansó en algo más que la aprobación tácita de las bases.

la maquinaria gremial estaba formada por el cuerpo de delegados. en el periodo 1962-1973 la participación en las elecciones sin­ dicales promedió el 75% de los afiliados. y la participación en los asuntos gremiales elevada. la frecuencia con que se convocaban sus asambleas y se discutían asuntos de verdadera importancia y su capacidad para tomar decisiones independientemente del comité ejecutivo les die­ ron posiciones de real poder.156 E l Cordobazo democrático del sindicato. una cifra inusualmente alta para los sindicatos argentinos. en el que los afiliados de Luz y Fuerza eran atraídos de mil maneras a sus muchas actividades. entre ellos una serie semanal de películas infantiles. Voluntarios del sindicato actuaban en comisiones que administraban una gama de programas de servicios comunitarios. Los afiliados elegi­ dos para representar a Córdoba en la sede central de la FATLYF en Buenos Aires rotaban para garantizar que la mayor cantidad posi­ ble de trabajadores tuvieran la oportunidad de actuar. Además del con­ sejo ejecutivo. Las actividades gremiales se expandieron ampliamente luego de su mudanza en 1967 a la nueva sede central en la calle Deán Funes. Los cuerpos de delegados existían virtualmente en todos los sindicatos cordobeses. pero la decisión correspondía en última instancia al cuerpo de delegados y no al comité ejecutivo. clases de alfabetización y un banco coopera­ tivo con préstamos de bajo interés accesibles a los afiliados de cual­ quiera de los sindicatos legalmente reconocidos de la ciudad. así como nombraban a todos los repre­ sentantes del sindicato ante la CGT cordobesa. Los cuerpos de delegados de Luz y Fuerza elegían a los delegados sindicales a la FATLYF y a los con­ gresos de la CGT nacional. pero su influencia era mayor en Luz y Fuerza que en cualquier otro de la ciudad. Su mayor nú­ mero allí. Era política del sindicato conseguir que en los asuntos gremiales participara la mayor cantidad posible de afiliados. hasta pasar a ser un punto focal de la vida de la clase obrera cordobesa. Luz y Fuerza practicó una genuina democracia sindical. esta sede se convirtió en algo más que un edificio sindical. incluso en los más antidemocráticos. De hecho.36 La identificación de los lucifuercistas con su sindicato era tam­ bién el resultado de la importancia de éste para sus vidas más allá del trabajo. como los miembros del primero. Los delega­ dos a las dos CGT tendían a ser elegidos entre los pertenecientes al curtido círculo de Tosco. Por últi­ mo. dirigentes de base elegidos que.37 La sensación de pertenecer a un mejor tipo de organización obrera y el orgullo que sentían los trabajadores por su sindicato se traducían . cumplían un mandato de dos años. La identificación obrera con éste era fuer­ te. Favorecido por su tamaño relativamente pequeño y el escrupuloso respeto de Tosco por su aparato democrático.

Córdoba y la “Revolución Argentina’' 157 en respaldo para Tosco y su círculo. habían comen­ zado a exigir demasiado de la producción energética disponible. A pesar de sus impresionantes recursos hidroeléctricos —los nume­ rosos arroyos. Esta situación se destacaba absolutamente dentro del panorama de escasez energética existen­ te en otras partes del país. red que estaba tan bien desarrollada que. especialmente en el interior. descontento que llegó a transformarse en una oposición organizada a Tosco. pero como en el caso de los trabajadores mecánicos locales. las influencias específi­ cas del lugar de trabajo contribuyeron a dar forma a la ideología y a crear determinado tipo de activismo político. El papel de conducción que el sindicato de los trabajado­ res cordobeses de Luz y Fuerza asumió en el movimiento obrero militante de la Argentina tenía numerosas fuentes. ríos y saltos correntosos con que la naturaleza había dotado a la cercana sierray los diques y represas construidos por el gobierno radical de Sabattini en la década de 1930— . en general. el aislamiento energético de la provincia amenazaba su base económica. Pero incluso entonces se trataría de una posición minoritaria. y el respaldo de los trabajadores lucifuercistas a las posiciones disidentes del suyo estaba firmemente arraigado en el carácter y los problemas de la industria de la energía eléctrica de Córdoba. La política de cualquier sindicato también está conformada por su industria. Las crecientes demandas resultantes de la gran ola de industria­ lización automotriz. como lo demostra­ ron de manera consistente las abrumadoras mayorías electorales obtenidas por ías listas de Tosco durante esos años. en una época tan tardía como fines de la década de 1950. superaba con mucho a la oferta. Líneas de un solo circuito conectaban todas’ las subestaciones de la pro­ . sin embargo. Ya en 1960 los ingenieros advertían acerca de la vulnerabilidad de Córdo­ ba como resultado de sus limitados medios de transmisión. Como ya se ha mencionado. no había falta de capacidad gene­ radora ni restricciones al consumo. el resultado de ías ambiciones políticas del núcleo de peronistas conservadores dentro del sindicato y no de una insatisfacción profunda con la conducción. No fue sino a comienzos de la década de 1970 cuando se planteó cierto descontento de las bases por los altos costos que tenía que pagar el sindicato a causa de su compromiso político. los otrora formidables recursos de energía eléctri­ ca de Córdoba se encontraban en un estado cercano a la crisis. la abundancia y lo barato de la energía eléctrica de Córdoba habían sido un incentivo fundamental para el estableci­ miento de la industria automotriz en la ciudad. mecánica y metalúrgica de fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta. La provincia había poseído la red hidroeléctrica más extensa del país. Hacia comienzos de los años sesenta. donde la demanda.

a menudo en términos caseros pero muy perspicaces. Esta comprensión crítica. Córdoba era el nexo lógico para cualquier futuro sistema energético nacionalmente integrado. el sindicato cordobés des­ echó los ataques contra las deficitarias empresas públicas de ener­ gía calificándolos como inspirados políticamente. se convirtió en un foro en el cual trabajadores de todas las categorías discutían. apuntalada por las otras influencias ideológicas y políticas en ac­ ción dentro de la sociedad argentina y en especial de la cordobesa durante esa época. Fiat y pro­ ductores locales de autopartes la estaban recibiendo. Electrum. De este modo.39 Entre los trabajadores de Luz y Fuerza de Córdoba existía la percepción de que los problemas de su industria no eran meramen­ te presupuestarios o tecnológicos.38 Con su ubicación central y sus abundantes recursos hidroeléc­ tricos. La asociación entre modelos de desarrollo económico y los problemas en su industria. El periódico sindical.158 El Cordobazo vincia a sus respectivas estaciones transformadoras. la naturaleza particular de los problemas energéticos del país y el pa­ pel de Córdoba en su solución. grandes usuarios de energía como IKA-Renault. Su trabajo exponía a los miembros del sindicato a las contradiccio­ nes entre el potencial eléctrico del país y su creciente incapacidad para satisfacer sus necesidades. tampoco escapaba a Luz y Fuerza la importancia estratégica de la provincia. así como la relación entre los mode­ los nacionales de desarrollo económico y la producción de energía eléctrica. eran entendidos por gran parte de la altamente calificada mano de obra de la EPEC. En el caso de la EPEC. A lo largo de toda su historia. y los adornos ideológi­ cos con que se disfrazaba la búsqueda de intereses privados. La rápida nacionalización rea­ lizada por Perón en 1946 de las dos empresas de servicios públicos de la American Foreign Power Company que habían provisto pobre­ mente de electricidad a la provincia no había sido fortuita. sino que formaban parte de un problema más amplio referido al carácter del desarrollo capitalista de la Argentina y a los obstáculos estructurales a la independencia energética en un país semidesarrollado. y ninguna es­ taba vinculada a una rejilla más amplia. hizo que en el sindicato creciera la simpatía hacia . Con frecuencia señaló que esos déficit eran en general el resultado de las tarifas preferenciales otorgadas a la industria privada. a lo largo de la provincia la energía eléctrica dependía de un número limitado de líneas de transmisión altamente vulnerables y cada vez más inade­ cuadas. subsidiada por el Estado. Su exposición a la política de fijación de tarifas les dio una comprensión del verdadero funcio­ namiento de la industria y especialmente de la relación incestuosa entre los negocios y el Estado en su país. en esencia.

en un sindicato que se había acostumbrado a negociaciones periódicas y generalmente favorables de los convenios. exigir la restauración del régimen democrático y la libera­ . y muchos de los críticos más claros del papel de la empresa privada en el desarrollo de la energía eléctrica eran trabajadores como Tosco. de manera similar. De manera simi­ lar.41 Entre 1968 y 1972. Las sus­ pensiones de personal. los ingenieros de la EPEC.Reuoludón Argentina'’ 159 las posiciones socialistas. se había hecho evidente en 1964. Los principales paros de 1966. concentraron el sentimiento sindical de oposición al gobierno. fueron de naturaleza política. y el sindicato mostró una proclividad hacia las huelgas políticas que era única en el movimiento obrero . considerados por muchos en el sindicato como un ardid para permitir la posterior privatización de la empresa. desde luego. las semanas laborales reducidas y los pla­ nes para transferir la jurisdicción de la EPEC sobre el desarrollo de la energía nuclear en la provincia al gobierno central. las huelgas para repudiar las políticas económicas del go­ bierno. El único gran paro de ese año fue la adhesión del sindicato a la huelga general de la CGT del 17 y 18 de diciembre. esta tendencia se incrementó marcadamen­ te. Los afiliados más capaces de hacer un elaborado análisis de los problemas de la industria en este aspecto eran. Como presidente del co­ mité de negociaciones colectivas de la FATLYF (Comisión Paritaria Nacional) en 1966 y comienzos de 1967. fueron llevados a cabo para protestar contra las medidas antiobreras de Onganía. Las tres grandes huelgas de 1967.Córdoba y la “. empleados en uno de los talleres de reparaciones de la EPEC o en las lineas. Luz y Fuerza tam­ bién sintió todo el peso de los planes de racionalización de Onganía antes que otras seccionales de trabajadores de la energía. naturalmente. Pero esos proble­ mas eran de conocimiento común en el sindicato. industriales e históricos explica la firmeza de la construcción sindi­ cal de una tradición de participación en política después de 1966. estructurales. La suspensión por parte de Onganía de todas las negociaciones colectivas fue mal tomada. Después de 1966. La experiencia concreta de la dictadura de Onganía fue el factor final que empujó a los lucifuercistas de Córdoba a la vanguardia de la resistencia obrera.40 El peso combinado de esos factores personales. en oposición a las relacio­ nadas meramente con el trabajo.cordobés y muy probable­ mente en el conjunto del país. Tosco tuvo tal vez mejores oportunidades que Taccone y los otros dirigentes gremiales que impulsaban el diálogo con el gobierno de apreciar la verdadera in­ tención gubernamental para con la clase obrera. La tendencia hacia las huelgas políticas. la huelga más importante de 1965 fue el paro de 24 horas para protestar por el asesinato de dos activistas gremiales en Buenos Aires. dos huelgas de 24 horas.

Vandor y los caciques sindicales. "Estrategias y objetivos de los sindicatos argentinos”. Córdoba fue incuestionablemente el epicentro de la rebelión del movimiento obrero contra el gobierno. éste emergió de una relativa oscuridad a una notoriedad generalizada en los círculos obreros. estudiantiles y clandestinos izquierdistas. protestar contra el desconocimiento de los derechos de los sindicatos locales por parte de la burocracia sindi­ cal porteña —en una palabra. De la noche a la mañana. Sánchez. las huelgas políticas— dominaron el panorama (véase Cuadro 4. iba de boca en boca por toda la ciudad. El nombre del secretario general de la CGTA.160 El Cordobazo ción de presos políticos. las huelgas fueron casi completa­ mente de naturaleza política. Las lealtades peronistas de Ongaro eran particu­ larmente atractivas para los sectores de la izquierda que veían en la CGTA un ejemplo más auténtico y doméstico de militancia obrera . 86. Cuadro 4. Raimundo Ongaro. p. Facultad de Ciencias Eco­ nómicas. eclipsando momentáneamente incluso a la figura di­ rigente de Tosco.1 Paros de Luz y Fuerza de Córdoba entre 1964 y 1972 Año 1964 1965 1966 1967 1969 1970 1971 1972 Total Cantidad 5 6 5 3 8 6 24 13 70 Por cuestiones laborales Por cuestiones políticas 1 2 2 4 — 1 2 4 12 4 3 3 8 5 22 9 58 Fuente: Carlos E. reuniendo apoyo no sólo en la ciudad sino en todo el interior argen­ tino. Instituto de Economía y Finanzas. Los trabajadores lucifuercistas cordobeses asumieron asi un papel casi predecible en las movilizaciones de la CGTA de X968.1). Después de 1972. Universidad Nacional de Córdoba. cuando el sindica­ to se unió aún más estrechamente a la izquierda y rompió con el gobierno peronista en el poder.

los desalojados vandoristas sólo podían hostigar a Ongaro con estor­ bos menores como el forcejeo por la sede central. La dramática victoria de Ongaro en el congreso obrero de marzo de 1968 y la euforia subsiguiente apenas implicaban que la vieja guardia del movimiento obrero peronista hubiera sido eliminada. La bio­ grafía del secretario general de la CGTA exhibía una atractiva mez­ cla de místico cristiano y peronista combativo que estaba más a tono con el tenor de los tiempos —en el punto culminante de las inter­ pretaciones revisionistas del movimiento peronista y el nacimiento de la izquierda peronista— que la izquierda marxista tradicional. Tosco permitió que Ongaro actuara como el símbolo de la resistencia obrera a Onganía. Para Tosco. comenzó a tejer alianzas entre sindicatos peronistas y no peronistas con el propósito de unificar a Córdoba detrás de la rebelión de la CGTA. como el Partido Comunista.Córdoba y la '‘Revolución Argentina" 161 que el promovido por los conocidos y ligeramente deslustrados pila­ res de la izquierda argentina. Ongaro era algo genuinamente nuevo en el movimiento obrero. como emisario especial de la CGTA en las provincias. así como su ingenui­ dad política. . secreta­ rio general del sindicato de los telefónicos. La primera indicación de que resisti­ rían a Ongaro fue su negativa a entregar la sede central de la confe­ deración a los nuevos dirigentes victoriosos. Entre tanto. En ese momento. Ongaro declaró que en lo sucesivo la CGTA funcionaría en el edificio del sin­ dicato gráfico de Paseo Colón. La cálida recepción que le brindaron en Rosario. sin embargo. Con la intención de ganar a la CGT local para la nueva confederación laboral. A instancias de Tosco. Ongaro nombró a Julio Guillán. Se trataba de un ex seminarista que entrelazaba sus llamados a la lucha de clases y la liberación nacional con alusiones bíblicas y ocasionales monólogos en que divagaba sobre el mensaje social de Jesucristo. Los sindicatos de Vandor eran poderosos y se preparaban para lu­ char por el control de la CGT. y de hecho su organización se cono­ ció alternativamente como la CGT de Paseo Colón durante los pri­ meros meses de su existencia. Córdoba y otras ciudades provinciales indicaba que en el interior había un respaldo fuertemente arraigado para la CGTA. hacía un fuerte contraste con la arrogancia apenas oculta. Imperturbable. las exhibiciones de amor al poder y las pretensiones señoriales que los trabajadores habían llegado a esperar de muchos de los caci­ ques sindicales peronistas. de modales dignos y corteses. Joven -y puro. y la CGTA siguió ganando nuevos adherentes a lo largo del mes de abril. el carisma personal de Ongaro y el atractivo que tenía para amplios sectores del movimien­ to obrero compensaron temporariamente lo que veía como una per­ sonalidad extravagante y un poco soñadora. Tenía un rasgo mesiánico que lo distinguió de inmedia­ to de otros dirigentes del país.

162

El Cordobazo

Aun cuando Ongaro y la organización misma demostraran ser efí­
meros, el daño infligido a la reputación de la conducción de la vieja
guardia era grave. Los activistas de la CGTA lanzaban implacables
y mordaces ataques a los vandoristas , acusándolos de tácticas
mafiosas, caza de comunistas, corrupción y colusión con la dicta­
dura. Hacia fines de abril, los llamamientos de la vieja guardia a un
nuevo congreso de la CGT para detener el avance de Ongaro eran
cada vez más frenéticos. La grieta entre los ongaristas y los
vandoristas se ensanchó aún más cuando Ongaro procuró usar las
tradicionales celebraciones del Io de mayo para lanzar un contra­
ataque y hacer inexpugnable la posición de la CGTA como represen­
tante legítima del movimiento obrero. El comité ejecutivo dispuso
una cuidadosa preparación de las manifestaciones del Día del Tra­
bajo auspiciadas por la CGTA y del discurso de Ongaro en Córdoba.
El escritor y periodista político Rodolfo Walsh y el círculo de intelec­
tuales que habían afluido a Paseo Colón en las semanas posteriores
al congreso de marzo también planeaban publicar el nuevo sema­
nario ongarista, CGT, en coincidencia con las manifestaciones del
I o de mayo.42
El 29 de abril Ongaro salió hacia Córdoba con un discurso que
había escrito con Walsh y que pretendía ser la clarinada del nacien­
te movimiento obrero disidente. Tosco y otros activistas sindicales,
pertenecientes principalmente a los independientes, habían estado
preparando el terreno durante varias semanas, y la ciudad espera­
ba algo más que otra mundana celebración del Día del Trabajo. La
importancia de las provincias, y de Córdoba en especial, para el éxito
o el fracaso de la CGTA implicaba que las palabras de Ongaro y la
recepción que se les brindara allí serían cuidadosamente observadas en el resto del país. El I o de mayo, unos 5.000 trabajadores se
apiñaron en el Córdoba Sport Club para escucharlo. Estaban au­
sentes el SMATA de Torres, la UOM de Simó y el puñado de sindicatos aún leales, aunque muchos desanimadamente, a la línea
vandorista, lo mismo que los sindicatos de empresa de Fiat.
El discurso cordobés de Ongaro, llamado más adelante "Progra­
ma del Io de mayo”, demostró a quien lo dudara que la rebelión de
la CGTA era algo distinto de una mera nueva lucha de poder interna
del peronismo, como las que habían agobiado al movimiento obrero
a lo largo de los años sesenta. El discurso mismo era revelador.
Ongaro señaló con claridad la significación de la rebelión de la CGTA,
su repudio al verticalismo y su intención de practicar un sindicalis­
mo combativo y no sectario.43Utilizando un lenguaje que se remon­
taba a los turbulentos tiempos del 17 de octubre de 1945, a los dis­
cursos incendiarios de Evita desde el balcón de la Casa Rosada y a
los escritos revolucionarios de John William Cooke y otros militan­

Córdoba y la “Revolución Argentina"

163

tes peronistas de la Resistencia, Ongaro parecía rescatar las siem­
pre minoritarias y por entonces aparentemente moribundas tenden­
cias revolucionarias del movimiento obrero peronista. El “Programa
del 10de mayo” abundaba en el vocabulario y la imaginería tradicio­
nales de la postura combativa, de íínea dura del sindicalismo pero­
nista, que vituperaba a los traidores y vendidos dentro de las filas
obreras. Sólo en la estridencia de su lenguaje anticapitalista iba más
allá de las posiciones tradicionales del peronismo sobre la econo­
mía y las relaciones de clase. No obstante, en el repudio directo y
provocador que hizo Ongaro del gobierno de Onganía, y especial­
mente en su propuesta de alianza entre el movimiento obrero, los
estudiantes universitarios del país y el clero activista, la CGTA se
apartaba claramente de la corriente principal del gremialismo pero­
nista. Ahora era incuestionable que la rebelión de la CGTA repre­
sentaba algo más que una oposición sindical faccional a Vandor y el
vandorismo. Era también una oposición ideológica y política.44
Al día siguiente, Ongaro partió para pronunciar una serie de dis­
cursos en las provincias, con la esperanza de capitalizar el entu­
siasmo desplegado por la clase obrera cordobesa en la concentra­
ción del Día del Trabajo y cimentar su respaldo en el interior. A fines
de abril, nueve regionales de la CGT habían votado su afiliación a la
CGTA. Las principales centrales del interior, Rosario, Santa Fe,
Tucumán y Salta, se encontraban entre las que habían votado a
favor de Ongaro. Las celebraciones del I o de mayo habían indicado
un profundo respaldo a éste en todos esos lugares, y la rebelión de
la CGTA pronto asumió en parte el carácter de una revuelta de las
provincias contra Buenos Aires. Pero incluso en la ciudad capital la
CGTA estaba cobrando impulso. A una concentración de la clase
obrera porteña realizada en La Matanza, un suburbio industrial de
Buenos Aires, asistieron masas de trabajadores a pesar de los lla­
mados vandoristas a boicotearla. La esperanza de éstos de que la
rebelión de la CGTA demostrara ser efímera parecía cada vez más
infundada. La posición de Ongaro se fortaleció aún más cuando a
finés de mayo Perón disolvió las 62 Organizaciones, el ala política
del movimiento obrero peronista que todavía estaba en manos de
Vandor. La decisión fue un claro gesto de apoyo a Ongaro y un re­
pudio a los planes vandoristas de realizar un congreso en minoría
para imponer su lista en una CGT reorganizada.45
Durante esos meses, fueron los ongaristas, y no Vandor, quienes
estuvieron a la ofensiva e hicieron los mayores avances. Desde las
oficinas de CGT, Walsh y su equipo iniciaron una campaña de pren­
sa concebida para desacreditar a la vieja guardia peronista y ganar
el apoyo de las bases. Walsh dedicaba una columna semanal a do­
cumentar incidentes de matonismo y corrupción en los sindicatos

164

El Cordobazo

que se oponían a la elección de Ongaro. Su investigación acerca de
la participación personal de Vandor en el asesinato de uno de sus
rivales en la UOM, ¿Quién mató a Rosendo?, que se publicó el año
siguiente, era parte de este intento de exponer el lado oscuro del
movimiento obrero peronista, según lo representaban Vandor y otros
caciques sindicales. Por lo demás» a lo largo de estos meses la CGTA
convocó a voluntarios de los círculos estudiantiles e izquierdistas
para que trabajaran en el semanario e hicieran proselitismo entre
los trabajadores. La rebelión de la CGTA, de hecho, señaló el rena­
cimiento de dos reconciliaciones importantes y estrechamente vin­
culadas, la primera entre la ciase obrera y la izquierda y la segunda
entre la clase obrera y el movimiento estudiantil.
La solidaridad demostrada y las alianzas establecidas por las
organizaciones estudiantiles y el movimiento obrero en el movimien­
to de la Reforma Universitaria de 1918 y en otros innumerables incidentes durante las primeras décadas del siglo habían sido hechas
añicos por Perón. Entre las antipatías que el peronismo había ali­
mentado en la sociedad argentina se encontraba una, relativamen­
te nueva, de los trabajadores hacia los estudiantes. En un acto de
venganza política contra la previa oposición estudiantil a su candi­
datura en las elecciones de 1946, Perón describía a éstos como un
grupo de niños bien, una casta privilegiada proveniente principal­
mente de las clases media y alta del país. El grito peronista del 17
de octubre, “¡Alpargatas sí, libros no!", se había erigido en símbolo
de la ruptura de la tradición de solidaridad entre ambos grupos. Los
diez años de oposición estudiantil al régimen, su participación en la
Revolución Libertadora y el entusiasmo delirante demostrado ante
el derrocamiento de Perón en 1955, habían sembrado la sospecha y
el rencor entre la clase obrera peronista y los estudiantes universi­
tarios, sentimientos que posteriormente mantuvieron su vigencia
durante años.46
La reconciliación entre los trabajadores y los estudiantes tuvo al
menos su comienzo simbólico en Córdoba. Un estudiante de segun­
do año de Ingeniería y trabajador de tiempo parcial en IKA, Santiago
Pampillón, había sido asesinado por el fuego de la policía en el Ba­
rrio Clínicas, el 7 de septiembre de 1966, en una de las primeras
protestas estudiantiles contra Onganía. Su muerte sirvió como un
primer vínculo entre los estudiantes universitarios y el movimiento
obrero cordobés, una alianza que se fortalecería en los meses si­
guientes, cuando cayó sobre ambos sectores todo el peso de la re­
presión gubernamental. La rebelión de la CGTA, en realidad, brindó
la primera salida institucional, tanto en Córdoba como nacional­
mente, al renacimiento de la simpatía entre los trabajadores y estu­
diantes del país. En Córdoba, específicamente, Ongaro había pasa­

Córdoba y la "Revolución Argentina'

165

do a ser una especie de figura de cuito dentro de la amplia y pode­
rosa población estudiantil de la ciudad, una íigura vinculada en las
canciones folclóricas y la poesía de los estudiantes con el Che Gue­
vara, nativo de Córdoba cuya muerte en la selva boliviana el año
anterior había afectado mucho a la población estudiantil local y
contribuido a su creciente politización. Las peñas estudiantiles,
bailes semanales realizados en la universidad, se convirtieron en
instrumentos de recolección de fondos para la CGTA, y estudiantes
voluntarios hacían en la sede central de ésta fotocopias, diligencias
y gran parte de los trabajos preparatorios de la nueva organización.
Los sindicatos actuaban en reciprocidad con huelgas de solidaridad
como protesta contra las políticas universitarias de Onganía y pres­
tando los edificios sindicales para las clases de las facultades cerra­
das por el régimen, así como también para los estudiantes que se
preparaban para los nuevos exámenes de ingreso a la universidad.47
La izquierda argentina renació de manera similar con la rebelión
de la CGTA. En realidad, los grandes cambios en los partidos y or­
ganizaciones políticas marxistas del país habían sido anteriores a
1968. A comienzos de la década, la Revolución Cubana y la ruptura
chino-soviética habían desencadenado en los círculos izquierdistas
un debate que en última instancia terminó con el monopolio que los
partidos Socialista y, especialmente, Comunista ejercían dentro de
las fuerzas anticapitalistas del país. Surgieron dos grupos maoístas
contrarios al Partido Comunista pro soviético, Vanguardia Comu­
nista (VC) y el Partido Comunista Revolucionario (PCR), que rom­
pieron con la insistencia de aquél en la formación de un partido re­
volucionario, proponiendo a cambio el modelo de la Revolución
TChina, la huelga general revolucionaria y la insurrección popular.
El guevarista Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), re­
sultado de una fusión efectuada en 1963 entre el trotskista Palabra
Obrera y el Frente Revolucionario Indoamericano Popular, también
surgió de la oscuridad como grupo extremista de izquierda para
convertirse en una verdadera fuerza dentro de ésta, con un apoyo
especialmente fuerte entre los estudiantes universitarios. La izquier­
da peronista, aún naciente a mediados de los años sesenta, se pre­
sentó en la forma de las primeras organizaciones guerrilleras, como
las Fuerzas Armadas Revolucionarias (PAR) y las Fuerzas Armadas
Peronistas (FAP).48
Una izquierda revitahzada se manifestaba también en institucio­
nes al margen de los partidos marxistas y las organizaciones guerri­
lleras peronistas. Una Iglesia Católica cada vez más radicalizada
acompañó el nacimiento de la CGTA. Después de la conferencia de
1966 de los obispos latinoamericanos en Mar del Plata, el Movimien­
to de Sacerdotes del Tercer Mundo comenzó a hacer incursiones, en

166

El Cordobazo

especial en el nivel parroquial, dentro de la célebremente conserva­
dora Iglesia Católica argentina. En los mismos días en que Ongaro
se hacía presente en Córdoba para las celebraciones del Día del
Trabajo, también se efectuaba en la ciudad el primer congreso del
Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, un suceso considera­
do por muchos como el nacimiento de un movimiento de teología de
la liberación en la Argentina.49
Debido a factores del desarrollo histórico de la ciudad, todas es­
tas corrientes —el movimiento estudiantil, la izquierda mandsta y
peronista, una Iglesia radicalizada— eran más fuertes en Córdoba
que en cualquier otra parte del país, y era allí donde se estaba deci­
diendo la suerte de la CGTA. La fama de Córdoba como la “ciudad
roja” de la Argentina era en muchos aspectos justificada. El ethos
rebelde de la ciudad, que ocasionaba su venerable rivalidad con
Buenos Aires, estaba impregnado por las corrientes intelectuales
de la época y produjo la más distinguida publicación marxista del
país, la gramsciana Pasado y Presente. Córdoba tenía una vida po­
lítica de extraordinaria efervescencia y creatividad, y en general
brindaba un ambiente de comprensión en el cual podía prosperar
un movimiento obrero disidente. Después de las celebraciones del
Día del Trabajo, el respaldo a Ongaro en la ciudad progresó con
fuerza arrolladora. El 2 de mayo, una delegación presentó al secre­
tario general de la CGT cordobesa, Julio Petrucci, un petitorio fir­
mado por 33 sindicatos de la ciudad, solicitando una inmediata
asamblea general para votar la afiliación a la CGTA.50 Entre los
peticionantes se contaban no sólo los sindicatos independientes sino
también algunos como el de trabajadores de la construcción y otros
que tradicionalmente habían estado aliados con Vandor. La defec­
ción más notable era la de la UOM de Simó. Con su agudeza y opor­
tunismo político acostumbrados, Simó cambió de bando cuando se
hizo evidente que Ongaro no podría ser detenido en la ciudad, y
agregó el nombre de su sindicato a la lista de los peticionantes. El
mismo día, en una medida concebida para contribuir a la sensación
de que el ímpetu de Ongaro era imparable, Tosco convocó una se­
sión extraordinaria de Luz y Fuerza, y el sindicato votó por unani­
midad en favor de la afiliación a la CGTA.51
El último sindicato remiso de significación estratégica en Córdo­
ba era el SMATA de Torres. Si bien las presiones sobre los operarios
de IKA-Renault se incrementaron a niveles casi insoportables y su
conducción parecía vulnerable y debilitada, Torres se mantuvo
distantemente leal a Vandor, receloso de Ongaro, y por lo tanto in­
móvil. El SMATA local fue uno de los pocos sindicatos que no asistió
a la asamblea general de la CGT el 7 de mayo, cuando el movimiento
obrero cordobés votó abrumadoramente en favor de afiliarse a la

Córdoba y la “Revolución Argentina”

167

CGTA y dio a Ongaro su más importante victoria hasta esa fecha.52
En su oposición a éste, Torres estaba ahora virtualmente solo y ais­
lado en la ciudad, mientras Córdoba se encontraba en un estado de
fermento político que iba a durar más de un año y culminaría en el
Cordobazo.
La CGTA había insuflado una nueva vida al movimiento obrero y
liberado todas las frustraciones y el rencor contenidos durante dos
años de dictadura. Los alineamientos en el movimiento obrero cor­
dobés y el temperamento de éste parecían haberse transformado de
la noche a la mañana. Los sindicatos parecían dispuestos a con­
frontar directamente con Onganía, y unos pocos estaban listos para
adherir a las más ambiciosas propuestas de la CGTA en favor de
una reforma fundamental, si no de un cambio revolucionario, de la
sociedad argentina. Sin embargo, ya había señales de que la CGTA
tenía ciertas grietas fatales. Los cambios habían sido inquietantes,
especialmente para muchos de los peronistas. Miguel Ángel Correa,
cabeza del sindicato de los carpinteros locales y secretario general
electo de la CGTA cordobesa, sentía el desasosiego de muchos peronis­
tas ante la súbita aparición de estudiantes, sacerdotes radicalizados,
trotskistas y todo tipo de activistas izquierdistas en la sede central
de la CGTA.53 Elpidio Torres creía que ésta estaba sometiendo a
presiones irrazonables a la conducción sindical de toda la ciudad,
creando en las bases expectativas que no podrían ser satisfechas,
dado el debilitamiento de los sindicatos y la ofensiva general de los
empleadores contra ellos. Sin duda, este temor se agravó a causa de
la formación dentro de su propio SMATA de un movimiento de ba­
ses en respaldo de la afiliación de los trabajadores mecánicos a la
CGTA.54
Dudas como la de Torres, sin embargo, todavía no extendían la
oposición, y el entusiasmó por Ongaro seguía siendo grande en la
ciudad. Con la reelección de Tosco como secretario general de Luz y
Fuerza en el mes mismo de la afiliación de Córdoba a la CGTA,
Ongaro se aseguraba un importante aliado en un sindicato estraté­
gico e influyente, pero en los embriagadores días de mayo ni siquie­
ra era necesaria la ayuda de Tosco para sostener su rebelión. Cór­
doba se convirtió rápidamente en el centro de agitación de la CGTA
más importante del país, la capital espiritual del nuevo movimiento
obrero. A lo largo de junio y principios de julio, los vandoristas lea­
les que quedaban se dispersaron para unirse a lo que ahora parecía
ser una fuerza irresistible. De las principales organizaciones obre­
ras de la ciudad, sólo ios sindicatos de empresa de Fiat y ei SMATA
de Torres seguían vacilando. Las defecciones y el disenso dentro del
SMATA acerca de la cuestión de la CGTA tenían mucho que ver con
la percepción de que el propio Perón había jugado su suerte a la de

168

EL Cordobazo

Ongaro. En efecto, a lo largo de junio Perón dio a' conocer declara­
ciones públicas y reveló correspondencia qué indicaban un respal­
do incondicional a la rebelión de la CGTA.55
La defección más significativa del campo de Vandor había sido
indudablemente la de la UOM de Alejo Simó. La vacilación inicial y
el deseo de éste, como el de Torres, de mantenerse libre de Ongaro
quedaron superados por su acostumbrado pragmatismo. Simó ya
se había alejado de Vandor a comienzos de 1966, cuando en enero
la UOM cordobesa se puso al lado de la facción de José Alonso en
contra de la vandorista en la división de las 62 Organizaciones. No
obstante, ambas facciones habían llegado a un entendimiento y una
virtual alianza después del golpe de junio de 1966, primero en su
decisión de apoyar al gobierno de Onganía y luego en su oposición
a Ongaro y la CGTA. Pero Simó ya no podía permitirse permanecer
leal a las estratagemas tácticas de la jerarquía obrera peronista, por
lo que examinó las posibilidades que le ofrecía una afiliación a la
combativa CGTA.
Al tomar su decisión, Simó y la conducción de la UOM cordobesa
experimentaban, sin duda, la presión implacable de la crisis vigente
en su industria. En mayo, la planta de Electromecánica había inte­
rrumpido la “
producción y echado a todo su personal, un hecho que
coronó una serie de quiebras y despidos en la industria metalúrgica
local, producidos desde principios de ese año.56 La decisión de Simó
de llevar al sindicato y sus ortodoxos a la CGTA fue por lo tanto una
necesidad estratégica. El líder de la UOM sentía que la afiliación a la
más combativa CGTA era esencial para paliar los rezongos y el des­
contento entre los trabajadores del gremio, y tal vez hasta para re­
sistir con mayor eficacia los movimientos ofensivos de la patronal.
En junio, Simó se contaba entre los más importantes aliados loca­
les de Ongaro. Era una de las fuerzas impulsoras del día de protes­
ta, una huelga general de 24 horas realizada el 28 de junio para
repudiar tanto el segundo aniversario del golpe de Onganía como
las maquinaciones en curso por parte de Vandor para frustrar los
resultados del congreso de marzo. La crisis en su industria y los
cambiantes vientos de la política obrera nacional obligaron a Simó
a promover una improbable alianza entre sus ortodoxos —los
bastiones locales de las tendencias de derecha, verticalistas, nacio­
nalistas y conservadoras dentro del movimiento obrero peronista— y
la CGTA, así como a lanzarse a una militancia atípicamente osada.
En Buenos Aires, los sindicatos aún leales a Vandor fueron tes­
tigos de la defección de Simó y otros con una creciente perplejidad.
Hacia fines de junio la CGTA de Ongaro podía afirmar que tenía
650.000 afiliados, con su mayor fuerza en las provincias, en tanto
los sindicatos de Vandor, con su base de poder en los gremios in­

Córdoba y la "Revolución Argentina"

1.69

dustriales del Gran Buenos Aires que estaban sometidos a sitio pero
aun se conservaban intactos, alegaban contar con alrededor de
785.000.57Por todas partes había señales de que se difundía la ac­
titud de subirse al cairo del triunfador, especialmente en el interior,
y de una confusión progresiva en el campo vandorista. Ongaro sen­
cillamente ignoró el congreso obrero en minoría que Vandor realizó
a fines de mayo, en el que había intentado reunificar la CGT y res­
tablecer la autoridad de los vandoristas. Como crecían las perspec­
tivas de una división permanente entre dos facciones aparentemen­
te irreconciliables del movimiento obrero nacional, Vandor adoptó
una estrategia más agresiva. Las intervenciones contra determina­
dos sindicatos, una vez más con infracciones estatutarias equívo­
cas y en ocasiones fabricadas, y ías tácticas intímidatorias aún más
flagrantes se convirtieron en un lugar común. Vandor tenía la espe­
ranza de poder eliminar a la CGTA mediante la neutralización de los
sindicatos más perturbadores y lograr luego una reunificación obli­
gada y sólo tenuemente disfrazada del movimiento obrero a través
de procedimientos electorales formales. A fines de junio presidió un
congreso nacional de los sindicatos de Azopardo en Rosario para
dar aviso de que combatiría a los sindicatos ongaristas en su mis­
mísima jurisdicción, el interior.58
Córdoba, una fortaleza que ni siquiera Vandor estaba preparado
para escalar, permaneció intacta. La presencia de los independien­
tes de Tosco en la ciudad, de un poderoso bloque obrero no peronis­
ta, implicaba que el verticalismo no podría volver a establecerse por
el mero aislamiento y la eliminación de los sindicatos ongaristas
recalcitrantes. El sindicato que seguía sosteniendo tanto a los inde­
pendientes como a la CGTA era Luz y Fuerza. Dada la rebelión de
Ongaro, el sindicato lücifuercista articuló con mayor claridad que
en el pasado una estrategia ideológica y política. Ideológicamente,
se acercó más a posiciones genuinamente socialistas, en vez de las
antiimperialistas a las que había adherido antaño. Políticamente,
Tosco y el gremio adoptaron una estrategia de defensa del pluralis­
mo del movimiento obrero local y de promoción de la CGT cordobe­
sa como dirigente del cambio conducido por la clase obrera. El sin­
dicato no apuntaba ni a la conquista del poder estatal por la clase
obrera ni a la formación de un partido obrero independiente. La
convicción de Tosco de que la democratización del movimiento obre­
ro tenía que preceder a cualquier participación significativa de la
clase en un proyecto socialista implicaba una estrategia doble: pro­
teger a Córdoba como reducto de un movimiento obrero alternativo
y disidente y alentar movimientos como el de la CGTA, que procura­
ban socavar el poder de los caciques sindicales.
Ongaro confiaba ampliamente en Luz y Fuerza y en Córdoba para

170

El Cordobazo

sostener su rebelión a lo largo del invierno de 1968, pero ía CGTA ya
estaba comenzando a trastabillar. Uno de los problemas era él mis­
mo. Quijotesco e impulsivo, emprendía proyectos que revelaban una
personalidad poco práctica y que hacían que muchos se pregunta­
ran acerca de su aptitud para conducir un movimiento que repre­
sentara una alternativa realista para los trabajadores del país. La
alianza obrero-estudiantil también implicaba riesgos. La afanosa
participación de los estudiantes dio a la CGTA un mayor poder
movilizador así como un marco de voluntarios para desempeñar el
necesario trabajo proselítista y administrativo, pero también expo­
nía a los sindicatos a acusaciones de apostasía que actuaban sobre
la latente antipatía de los trabajadores para con los estudiantes. Los
vandoristas empezaron a referirse despreciativamente a la organi­
zación de Ongaro como la “CGT de los estudiantes” y a sembrar
dudas acerca de las verdaderas intenciones y lealtades de aquél.
Ongaro respondió imprudentemente a esas acusaciones, defendien­
do a la CGTA como un “frente civil”y un “movimiento de resistencia
popular”, dando con ello crédito a los rumores de manipulación por
la izquierda y las organizaciones estudiantiles. Sus estrechas rela­
ciones con el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y los teó­
logos de la liberación también eran inquietantes. En muchos sindi­
catos peronistas subsistía un anticlericalismo visceral, y los esfuer­
zos de Ongaro por obtener el respaldo de la Iglesia fueron recibidos
por muchos gremialistas con un recelo indisimulado.
Más perturbadora para los aliados de Ongaro en Córdoba era su
tendencia a distraerse en causas que desviaban su atención de la
construcción de un movimiento obrero alternativo. Por ejemplo,
gastaba mucha energía en organizar cooperativas y ligas de defen­
sa, una vez más con la participación preponderante de organizacio­
nes estudiantiles y el clero activista, en las villas miseria, las barria­
das pobres que rodeaban a Buenos Aires. En el año de la rebelión de
la CGTA, el problema de las villas miseria se había convertido, cier­
tamente, en una cuestión nacional. El fracaso del “Plan Nacional*’
de Onganía para eliminarlas a través de la construcción de vivien­
das públicas y la provisión de préstamos a bajo interés para los
villeros, un programa que básicamente no pasó de los anteproyectos
en los ministerios donde se lo redactó, hizo que se lo reemplazara
por el enfoque más expeditivo de desalojar a los intrusos y arrasar
con topadoras sus casillas y viviendas improvisadas. En julio,
Ongaro se había lanzado a una loable pero impolítica campaña por
la defensa de las villas miseria.59 La campaña pareció ocupar una
parte excesiva del tiempo de la CGTA y en un momento particular­
mente crucial, contribuyendo a alimentar la creciente fama de
Ongaro como líder bien intencionado pero soñador y la sensación

También Perón contribuyó al fracaso de la CGTA. lo que le ase­ guró a Ongaro el respaldo de la mayor parte del interior. Berisso y Ensenada. un programa de resistencia al gobierno que mantendría a Córdoba en un estado casi permanente de agitación durante los nueve meses siguientes. llama­ dos que muchos sindicatos peronistas entendieron como una orden para realinearse con Vandor.Córdoba y la “Revolución Argentina" 171 de que la CGTA era una colección de excéntricos y variados descon­ tentos políticos. la CGTA cordobesa fue capaz de diri­ gir una gran campaña de afiliación en las provincias. incluyendo a vacilantes como Simó. Con los sindicatos provinciales afianzados sólidamente en su campo y los progresos hechos en plazas fuertes vandoristas tales como La Plata. se había apostado todo a la rebelión de la CGTA y no había camino de retomo. aprobaron el recientemente redactado picar de acción de la CGTA. El precio que los sindicatos cordobeses siguieron pa­ gando por su lealtad a la CGTA fue a veces el ostracismo con respec­ to a sus centrales y otras unas formas más directas de intimida­ ción. en vez de una alternativa sindical seria. algunos gremios pero­ nistas comenzaron a sospechar que su respaldo a Ongaro había sido prematuro. La organización constituía un desafío serio para los sindicatos de Vandor en Buenos Aires. la CGTA si­ guió siendo una seria alternativa al vandorismo a lo largo de todo el invierno. Las aguas de la rebelión de la CGTA habían alcanzado su máximo nivel.6l No obstante. la confianza era mucha. en general. por el momento Córdoba era segura para Ongaro.60 La campaña para ganar los grandes sindicatos industriales por­ teños fracasó completamente. Ongaro había subestimado las facul­ tades de intimidación y coerción. La FATLYF finalmente efectivizó una largamente anunciada expulsión del Luz y Fuerza cordobés a principios de noviembre. A pesar de la incertidumbre en las filas obreras con respecto a las tácticas de Ongaro e incluso a su juicio y lealtades. En Córdoba. y sobreestimado el grado de des­ contento de las bases con la conducción establecida en los sindica­ tos de Vandor. Desde fines de julio y a lo largo de agosto. Aunque el mismo Tosco había empezado a expresar frustración por el carácter antojadizo de aquél. los partidarios cordobeses de Ongaro. Simó llegó al punto de tener una serie de encuentros con Vandor que fueron ampliamente publicitados en la prensa cor­ dobesa e interpretados. junto con la de otras seccionales como San Nicolás y Pergamino. mientras en Buenos Aires el ongarismo languidecía. como negociaciones para resol­ ver sus diferencias y devolver a la UOM cordobesa al redil vandorista. que se­ . A principios de septiem­ bre. llegaron desde Madrid llamados a la reunificación del dividido movimiento obrero. A principios de julio.

172

El Cordobazo

guían apoyando a la CGTA.1
’2 Otros sindicatos sufrieron similares
o peores represalias, pero Córdoba permaneció leal a Ongaro. En
los últimos meses de 1968, ios partidarios de la CGTA local se des­
plegaron por las provincias para apoyar y aconsejar a los sindicatos
en huelga, como los trabajadores azucareros de Tucumán y Salta y
los gráficos de Santa Fe, mientras Ongaro hacía caso al consejo de
Tosco de mantenerse más cerca de las cuestiones gremiales y lan­
zaba a la CGTA tras la huelga de los trabajadores petroleros de En­
senada.
El respaldo masivo demostrado en octubre por los sindicatos de
Córdoba, Rosario y Tucumán en una huelga de solidaridad con los
trabajadores petroleros reafirmó la estrategia provincial de la
CGTA.63 Ongaro llevó la huelga de Ensenada a Mendoza y otras zo­
nas petrolíferas del país y recuperó momentáneamente el ímpetu
que la CGTA había perdido en los meses anteriores. Elevó las pro­
testas de los trabajadores de Ensenada, inicialmente una disputa
puramente local referida a la oposición sindical a la concesión de
contratos de exploración y perforación a empresas extranjeras, aí
status de cuestión nacional, haciendo con ello que la CGTA apare­
ciera como la defensora del patrimonio nacional. La huelga petrole­
ra, sin embargo, demostró ser para la CGTA sólo un reanimamiento
momentáneo. En los meses siguientes, mientras la huelga se pro­
longaba morosamente y Ongaro parecía perder interés en ella,
Vandor ordenó a las centrales sindicales asumir el control de una
serie de sindicatos de la CGTA en Buenos Aires y engatusó a otros
para que desertaran, con lo que Ongaro perdió el escaso respaldo
que le quedaba allí.
Después del derrumbe de la huelga petrolera el 10 de diciembre,
las dudas de Tosco acerca de Ongaro se convirtieron en una amarga
desilusión. Para impedir más perjuicios a la CGTA, Tosco lo con­
venció de que emprendiera una gira para dar discursos en las pro­
vincias, donde su popularidad personal seguía siendo alta, a fin de
mantenerlo alejado de Buenos Aires, en donde la hemorragia de la
confederación obrera proseguía sin interrupción. Ongaro se erigía
ahora en un serio riesgo para el movimiento obrero disidente, el sím­
bolo de lo que los caciques sindicales peronistas describían enton­
ces, diestramente, como un intento más chapucero que malevolente
de dividir al movimiento obrero del país. Durante los meses siguien­
tes, Tosco trabajó para salvar lo que quedaba de la CGTA a través
de una definición más clara de sus posiciones políticas y fortale­
ciendo sus lazos con la izquierda, particularmente en el movimiento
estudiantil cordobés, a fin de compensar el debilitamiento de su base
obrera.
Vandor se reconcilió con Perón a principios de 1969, y éste orde­

C órdoba y la "Revolución A rgen tin a ”

173

nó a Ongaro que disolviera ía CGTA, eliminando las pocas esperan­
zas que quedaban del predominio de ésta en un considerable nú­
mero de sindicatos peronistas. Entre tanto, el errático comporta­
miento de Ongaro le estaba enajenando hasta a sus más sólidos
partidarios.64Perón recibió a Vandor en Madrid y le urgió que hicie­
ra mayores esfuerzos para volver a unir al movimiento obrero, os­
tensiblemente para combatir a los sindicatos participacionistas pro
gobierno, pero también para eliminar la rebelión de Ongaro, un mo­
vimiento que ya carecía de utilidad para Perón y parecía ser un re­
fugio para las tendencias más radicales del país, tanto dentro como
fuera del movimiento obrero. En realidad, lo que obstruía el resta­
blecimiento del uerticalismo, particularmente en Buenos Aires, ya
no era tanto el ongarismo como las expandidas filas del participacionismo. Conducidos por dirigentes gremiales como Taccone, de Luz y
Fuerza de Buenos Aires, y Rogelio Coria, de los trabajadores de la
construcción, estos sindicatos trabajaban en estrecha vinculación
con el ministro de Trabajo de Onganía, San Sebastián, y se habían
convertido en una fuerza mayor dentro del movimiento obrero hacia
comienzos de 1969. En Buenos Aires, las deserciones de la CGTA
pasaron a ser una virtual retirada, dado que sindicatos antes
ongaristas decidieron volver a unirse a Vandor o incluso afiliarse a
los participacionistas, en la esperanza de conseguir una mejor posi­
ción para negociar con el gobierno.
En ías provincias, el colapso de la rebelión no fue tan completo,
pero la CGTA había perdido sin ninguna duda parte de su atractivo
y las deserciones se producían incluso en algunas de sus antiguas
plazas fuertes. Sólo en Córdoba permaneció intacto el núcleo del
respaldo a la CGTA. El 10 y 11 de enero de 1969, los sindicatos
cordobeses auspiciaron el Congreso del Peronismo Combativo para
mantener viva la rebelión de la CGTA en la ciudad. El estado de agi­
tación de ésta se puso de relieve varios días más tarde, cuando la
CGT cordobesa publicó su “Declaración de Córdoba”, en la cual
volvía a repudiarse el participacionismo y se convocaba a todos los
“sectores populares” a oponerse al gobierno.65 En la segunda ciu­
dad industrial de la Argentina seguía existiendo una relación ope­
rativa entre los sindicatos independientes y peronistas, que mante­
nían la promesa de cooperación, al menos en los problemas locales.
Ésta fue la verdadera significación de la rebelión de Ongaro para
Córdoba. La CGTA había movilizado a la mayoría de la clase obrera
cordobesa detrás de una bandera común. Los sindicatos que, como
el SMATA, no se habían unido a Ongaro, por lo menos no habían
apoyado activamente a Vandor sino que siguieron una política neu­
tral. El resultado fue una ruptura adicional de las barreras entre
sindicatos peronistas y no peronistas y mayores oportunidades para

174

El Cordobazo

el diálogo y la cooperación. La rebelión de Ongaro también habla for­
jado una alianza obrero-estudiantil en Córdoba que, si bien causó
disensos en algunos sindicatos» ofrecía ventajas tácticas que realza­
ron en gran medida la independencia del movimiento obrero local
Los cambios provocados por la CGTA transformaron el equilibrio de
poder en el movimiento obrero cordobés e hicieron posible la amplia
cooperación entre las organizaciones obreras de la ciudad que con­
dujo a la mayor protesta obrera en medio siglo de historia argentina.

NOTAS
1Oscar Anzorena, Tiempo de violencia y de utopía (1966-1976) (Buenos
Aires: Editorial Contrapunto, 1988); Guillermo O’Donnell, Modemizatton
and Bureaucratic Authoritarianism (Berkeley y Los Angeles: Universiiy of
California Press, 1979); Gregorio Selser, El Onganiato, 2 volúmenes (Bue­
nos Aires: Hyspamérica Ediciones Argentinas, 1986).
2William C. Smith, Authoritarianism and the Crisis o f the Argentine
PoliticalEconomy (Stanford, Calif.: Stanford Universiiy Press, 1989), pp. 74100; Paul H. Lewis, The Crisis of Argentine Capitalism (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1990), pp. 281-286.
3John Humphrey, “Auto Workers and the Working Class in Brazil”, Latín
American Perspectives, vol. 6, n° 4 (otoño de 1979), p. 71.
4Daniel James, Resistance and Integratioru Peronism and the Argentine
Working Class,1946-1973 (Cambridge: Cambridge Universiiy Press, 1988),
[Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina,
1946-1976, Buenos Aires: Sudamericana, 1990], pp. 174-175.
5Informe, Servicio de Documentación e Información Laboral, n° 77 (julio
de 1966), pp. 6-7.
6Entrevista con Felipe Alberti, ex secretario de Asuntos Gremiales, Luz
y Fuerza de Córdoba, 22 de julio de 1985.
7Guy Bourde, “L’État-patron et les luttes des cheminots en Argentine
(1947-1967)”, Le Mouuement Social, n° 12 (octubre-diciembre de 1982), pp.
7-43; Silvia Sigal, "Crise économique et action ouvriére: Les travailleurs du
sucre de Tucumán (1966-1968)”, Le Mouuement Social, n° 12 (octubre-di­
ciembre de 1982), pp. 45-69.
8Anzorena, Tiempo de violencia y de utopía (1966-1976), p. 36.
9Informe, Servicio de Documentación e Información Laboral, n° 80 (oc­
tubre de 1966), pp. 21-30.
i0Ibid„ n° 84 (febrero de 1967), pp. 17-19.
11Ibid., n° 85 (marzo de 1967), pp. 12-23.
12 Departamento de Estado de los Estados Unidos, Documentos Relacio­
nados con los Asuntos Internos de la Argentina, Embajada de los Estados
Unidos en Buenos Aires, "Biographic Report: Raimundo José Ongaro”, A-

Córdoba y la “Revolución Argentina”

175

908, 19 de junio de 1968. También estaba presente en la reunión Rodolfo
Walsh, quien pronto sería el principal colaborador intelectual de Ongaro en
el movimiento de la Confederación General del Trabajo de los Argentinos.
Perón no hizo público su apoyo a Ongaro hasta varios meses más tarde.
13Informe, Servicio de Documentación e Información Laboral, n° 98 (abril
de 1968), pp. 20-35.
u Raimundo Ongaro, Sólo el pueblo salvará al pueblo (Buenos Aires:
Editorial de las Bases, 1970}, p. 15.
15Informe, Servicio de Documentación e Información Laboral, n° 97 (mar­
zo de 1968), pp. 23-24.
16Ibid., n° 102 (agosto de 1968), pp. 6-7.
i7Archives des Usines Renault, Boulogne-Billancourt, Direction Juridique 0734, 3400, “Argentine", carpeta "Situation IKA”, memorándum de J.
M. Palacios a M. Maison, 16 de enero de 1967.
18Ibid., memorándum de A. Compain Mefray a M. Maison, 3 de febrero
de 1967.
19Gilíes Gleyze, “La Régie Nationaie des CJsines Renault et l’Amérique
Latine depuis 1945. Brésil, Argentine, Colombie” (tesis de Maestría en Hu­
manidades, Universidad de París X-Nanterre, 1988), pp. 181-182.
“ Archives des Usines Renault, Boulogne-Billancourt, Direction des
Affaires Intemationales 0200, carpeta 1071, “Personnel IKA”, documento
“Réduction des effectifs et salaires d’IKA-Renault”, 22 de abril de 1968.
Renault eliminó, por ejemplo, 262 puestos en su planta de herramientas y
matrices durante estos meses.
21Ibid., Direction des Services Financiers 0764, carpeta 113, "IKA-Re­
nault S.A.", carta de M. Lavaud, presidente de IKA-Renault, a M. Maison,
24 de junio de 1968.
22Informe, Servicio de Documentación e Información Laboral, n° 89 (ju­
lio de 1967), p. 6.
23La Voz del Interior, 20 de septiembre de 1967, p. 19.
24ibid, 27 de abril de 1967, p. 13.
25Agustín Tosco, “El congreso votó no, la Historia votó si", en A. Lannot,
comp.y Agustín Tosco: presente en las luchas de la clase obrera (Buenos
Aires: Jorge Lannot y Adriana Amañtea, 1984), p. 86.
26El estudio de Iris Marta Roldán sobre el Luz y Fuerza cordobés. Sin­
dicatos y protesta social: un estudio de caso del sindicato de Luz y Fuerza
de Córdoba, 1969-1974 (Amsterdam: Center for Latin American Research
and Documentation, 1978), es un perspicaz análisis del sindicato y pro­
porciona un vistazo particularmente interesante de la política gremial
interna en un momento político de importancia crucial. La debilidad del
libro es su ahistorícidad general, por basarse las conclusiones de Roldán
en gran medida en sus observaciones personales que, empero, a menudo
son muy convincentes. Su trabajo de campo se efectuó entre septiembre
de 1973 y octubre de 1974, un período de transición para el sindicato
como resultado de la restauración del régimen peronista y cierto agota­
miento existente luego de casi siete años de lucha ininterrumpida. A cau­
sa de ello, algunas de sus conclusiones parecen excesivamente lapidarias
y subjetivas.

176

El Cordobazo

27Empresa Provincial de Energía de Córdoba (EPEC), Informe Estadísti­
co, 1966-1976.
28Carlos E. Sánchez, “Estrategias y objetivos de los sindicatos argenti­
nos”, Instituto de Economía y Finanzas, Universidad Nacional de Córdoba,
documento de trabajo n° 18, 1973, p. 31.
29Roldán, Sindicatos y protesta social pp. 110-111.
30Entrevista con Felipe Albertí.
31Estas características no fueron exclusivas de Córdoba, sino que son
representativas de la industria energética en general. Oficina Internacional
del Trabajo, Conditions of Work and Employment in Water, Gas and
Electricity Supply Services (Ginebra: ÍLO Offices, 1982).
32Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, Memoria y Balance, 1964-65,
pp. 67-70; Memoria y Balance, 1966-67, pp. 69-71.
33Sánchez, "Estrategias y objetivos de los sindicatos argentinos", p. 73.
34Jbi<±, p. 67.
35Roldan, Sindicatos y protesta social pp. 110-111.
30Sánchez, “Estrategias y objetivos de los sindicatos argentinos”, pp, 3337.
37Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, Memoria y Balance, 1966-67,
pp. 73-75.
38Tippets, Abbett, McCarthy, Stratton, Engineers and Architects; Ken­
nedy and Donkin, Consulting Engineers, “Study of Argentine Power
Problems”, Informe empresario, 2 volúmenes, Buenos Aires, 1960 (Baker
Libraiy, Harvard Business School), vol. I, p. 44.
39“La situación económico-financiera de la Empresa Provincial de Ener­
gía de Córdoba: una contribución sindical a su solución", Electrum, vol. 16,
n° 65 (agosto de 1972), pp. 6-11.
40Electrum, vol. 4, n° 109 (17 de marzo de 1967), pp. 1-4.
41Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, Memoria y Balance, 1966-67,
pp. 69-71.
42CGT, vol. 1, n° 1 (I o de mayo de 1968), p. 1.
*3Ibid., n° 2 (3 de mayo de 1968), p. 1.
44Los programas obreros, “La Falda”, “Huerta Grande”, “I o de mayo",
publicación de la CGTA, mayo de 1971, pp. 6-12.
45 Informe, Servicio de Documentación e Información Laboral, n° 99
{mayo de 1968), p. 44.
46Carlos Cebailos, Los estudiantes universitarios y la política (1955-1970)
(Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1985), pp. 19-20; Ramón
Cueyas y Osvaldo Reicz, “El movimiento estudiantil: de la Reforma al
Cordobazo”, Los libros, vol. 2, n° 1 (agosto de 1971), pp. 16-19.
47Mónica B. Gordillo, “Características y proyección nacional de los sin­
dicatos líderes de Córdoba (1966-1969)”, Consejo de Investigaciones Cien­
tíficas y Tecnológicas de la Provincia de Córdoba, Informe Anual, abril de
1990, p. 22.
48Anzorena, Tiempo de violendayde utopía (1966-1976), pp. 83-84.
49Gordillo, “Características y proyección nacional de los sindicatos líde­
res de Córdoba (1966-1969)”, p. 65.
30La Voz del Interior, 3 de mayo de 1968, p. 13.

Córdoba y la "Revolución Argentina"

177

51Ibid., 5 de mayo de 1968, p. 25.
52Ibid., 1 1 de mayo de 1968, p. 16.
53Entrevista con Miguel Ángel Correa, secretario general de la CGTA de
Córdoba entre 1968 y 1969, Córdoba, 3 de julio de 1985.
54Entrevista con Elpidio Torres, secretario general del SMATA de Córdo­
ba de 1958 a 1971, Córdoba, 12 de julio de 1987; Judith Evans, Paul Hoeffel
y Daniel James, “Reflections on Argentine Auto Workers and Their Unions",
en R. Kronish y K. Mericle, comps., The Political Economy of the Latín Ame­
rican Motor Vehicle Industry (Cambridge, Mass.: MÍT Press, 1984), p. 144;
Mónica B. Gordillo, “Características de los sindicatos líderes de Córdoba en
los ’60: el ámbito de trabajo y la dimensión cultural". Consejo de Investiga­
ciones Científicas y Tecnológicas de la Provincia de Córdoba, Informe Anual,
abril de 1991, p. 79.
55Un gesto público crucial de respaldo fue la ampliamente publicitada
carta de Perón a Ongaro (27 de junio de 1968), publicada por primera vez
en Cristianismo y Revolución, en la que lo declaraba el único líder legítimo
del movimiento obrero. Roberto Baschetti, Documentos de la Resistencia
Peronista (1955-1970) (Buenos Aires: Puntosur Editores, 1988), pp. 285286.
56La Voz del Interior, 2 de julio de 1968, p. 11.
57Review of the River Píate, vol. 143, n° 3678 (22 de junio de 1968), p.
11.

SBInforme, Servicio de Documentación e Información Laboral, n° 101 (ju­
lio de 1968), p. 34.
59CGT, voí. 1, n° 10 (4 de julio de 1968), p. 2.
60Ongaro declaró la guerra abierta contra Vandor: “Ahora, los trabaja­
dores tenemos que entregamos por completo a la reconquista del cinturón
industrial de Buenos Aires, donde algunos poderosos ^sindicatos, antes
combativos, siguen siendo manipulados por media docena de dirigentes
traidores. Por eso, para nosotros sólo hay un camino. Una movilización
general de cada uno de los grupos que se oponen a la «camarilla», una b a­
talla en cada comisión interna, una asamblea en cada fábrica”. CGT, vol. 1,
n° 12 (18 de julio de 1968), p. 1.
6! La Voz del Interior, 11 de septiembre de 1968, p. 18.
62Informe, Servicio de Documentación e Información Laboral, n° 105
(noviembre de 1968), p. 42.
63CGT, vol. 1, n° 26 (24 de octubre de 1968), p. 2.
64Departamento de Estado de los Estados Unidos, Documentos Relacio­
nados con los Asuntos Internos de la Argentina, Embajada de los Estados
Unidos en Buenos Aires, “Recent Activities of Trade Unionist Raimundo
Ongaro”, A-37, 3 de febrero de 1969.
65Mónica B. Gordillo, “Los prolegómenos del Cordobazo: los sindicatos
líderes de Córdoba dentro de la estructura de poder sindical”, Desarrollo
Económico, vol. 31, n° 122 (julio-septiembre de 1991), p. 185.

5. El Cordobazo

En 1963, mientras trabajaba en la fábrica de aviones local, Pablo
se enteró de que Industrias Kaiser Argentina estaba empleando
personal y pagaba mejores salarios que el que él recibía como mecá­
nico en el complejo de las Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del
Estado. Un día que estaba libre, tomó un ómnibus hasta Santa Isa­
bel y solicitó trabajo en las plantas de Kaiser. Allí, la oficina de per­
sonal de IKA le tomó una sencilla prueba de aptitud mecánica y le
informó que tenía buenas posibilidades de conseguir empleo en una
de las fábricas. Poco después lo contrataron. Sin embargo, muy
pronto Pablo quedó desilusionado con su nuevo trabajo, al descu­
brir que los conocimientos de mecánica que había adquirido en la
fábrica de aviones eran de poca utilidad en las líneas de montaje de
Kaiser. Cuando lo transfirieron a una línea en el departamento de
pintura, una tarea para la que tenía poca experiencia y en la que se
sentía fuera de lugar, su frustración aumentó. También se dio cuen­
ta rápidamente de que los salarios más altos tenían un precio y que
estaba trabajando “tres veces más” que en la fábrica de aviones,
donde los ritmos de producción y la marcha del trabajo eran relati­
vamente lentos comparados con los que encontró en IKA-Renault.
Juan Baca también se había sentido tentado por los salarios más
altos y lo que se reputaba como mejores condiciones laborales en el
complejo IKA, donde los trabajadores disfrutaban de la protección
de un “verdadero sindicato”, que representaba sus intereses antes
que los de la empresa. Desde 1959 a 1966 había trabajado en el
complejo Fiat, pero en 1967 pudo entrar a la planta de Kaiser en
Perdriel como operario calificado de herramientas y matrices. En
general se sentía complacido con el nuevo empleo aunque, para su
sorpresa, lo intranquilizó el gran número de activistas sindicales con
los que se encontró en la planta, de muchos de los cuales sospecha­
ba que eran izquierdistas más que peronistas, el grupo con el que se
identificaba orgullosamente. En mayo de 1969 Juan Baca hacía
horas extras en casi todas las oportunidades que se le presentaban.
Las numerosas huelgas de los dos últimos años y la pérdida resul­

El Cordobazo

179

tante de días de trabajo habían disminuido su salario neto. Como
Pablo, había aprendido que, a pesar de las ventajas aparentes, el
empleo en IKA-Renault también tenía sus inconvenientes. En este
caso, un sindicato más independiente y sensible también implicaba
más huelgas, la pérdida de días de trabajo y problemas financieros
para su familia.
En 1966, Alberto dejó su casa en Villa María, una próspera ciu­
dad agrícola de la provincia de Córdoba, para comenzar sus estu­
dios universitarios de Arquitectura. El día de su llegada a la ciudad,
se vio enfrentado a un sorprendente despliegue callejero de airados
trabajadores mecánicos, siendo testigo por primera vez en su vida
de las huelgas sindicales de las que los diarios argentinos hablaban
continuamente. Se unió a la columna en marcha sin entender ple­
namente contra qué protestaban los trabajadores. Su educación
política quedó interrumpida el año siguiente por la colimba, el ser­
vicio militar obligatorio que, irónicamente, contribuyó a instilar en
él, como lo haría en müchos de los jóvenes izquierdistas de los años
setenta, el odio a los militares. Cuando volvió a Córdoba al año si­
guiente, encontró a la ciudad notablemente cambiada. El clima
político se había endurecido y, en la Facultad de Arquitectura, lo
que antes eran desacuerdos políticos amistosos se habían converti­
do ahora en acres disputas ideológicas. Los grupos de estudiantes
reformistas que dominaban la política universitaria cuando él se fue
de Córdoba habían sido eclipsados por las más recientes organiza­
ciones marxistas y peronistas de izquierda, que se interesaban no
sólo en proteger la autonomía universitaria como lo habían hecho
los grupos estudiantiles en los primeros días de la dictadura de
Onganía, sino también en abogar por una transformación completa
de la sociedad argentina, llegando algunos de ellos a propugnar una
revolución socialista.
Eduardo también esperaba empezar sus estudios de Arquitectu­
ra. A diferencia de Alberto, llegó a Córdoba después del golpe y se
encontró con el examen de ingreso que Onganía había establecido
en las universidades durante su primer año de gobierno. El presi­
dente había afirmado que ese examen era necesario para mejorar la
calidad de la educación superior en el país, si bien muchos, como
Eduardo, creían que no se trataba más que de un intento descarado
de eliminar el legado del movimiento de la Reforma Universitaria
iniciado en Córdoba en 1918, para restaurar la naturaleza elitista
de la universidad argentina y minar su carácter de principal insti­
tución promotora de la movilidad social en el país. Eduardo no apro­
bó el examen, una amarga desilusión y una fuente de orgullo heri­
do, si no exactamente vergüenza, para él y su familia. No haber
conseguido la admisión en la universidad le significó perder un año

180

El Cordobazo

con un trabajo de tiempo parcial en la empresa telefónica local y
estudiando para el examen de ingreso del año siguiente. En 1968
logró aprobarlo y entró a la Facultad de Arquitectura, pero conservó
su empleo de tiempo parcial en la compañía telefónica; las frustra­
ciones y la ira por el año perdido emponzoñarían durante mucho
tiempo su vida como una inquina personal contra un gobierno al
que consideraba elitista e ilegítimo.
Erio Vaudagna, un cura párroco de la barriada obrera de Los
Plátanos y una de las figuras más importantes del Movimiento de
Sacerdotes del Tercer Mundo local, notó cambios significativos en
su barrio hacia 1969. La población de éste se componía casi entera­
mente de trabajadores empleados en las industrias mecánicas. Él
estimaba que más de la mitad trabajaba en el complejo IAME, otra
parte considerable en las plantas de IKA-Renault y una pequeña
cantidad en las más distantes fábricas de Fiat A pesar del carácter
obrero de la barriada, en ella las barreras tradicionales entre estu­
diantes y trabajadores habían sido rotas parcialmente. Los estudian­
tes habían comenzado a actuar como voluntarios en las actividades
parroquiales, viajando desde sus propios barrios a Los Plátanos para
participar en sus programas de servicios comunitarios así como para
organizar debates, conferencias y discusiones políticas en la iglesia.
Al principio, los trabajadores los recibieron con más recelo que gra­
titud, pero su presencia había pasado a ser parte de la vida parro­
quial.
Las vidas muy diferentes de Pablo, Juan Baca, Alberto, Eduardo
y el padre Vaudagna encontraron un vínculo excepcional en su par­
ticipación en el levantamiento del 29 y 30 de mayo de 1969, que
más adelante se conocería como el Cordobazo. Todos, cada uno por
sus propias razones, se unirían a la revuelta y experimentarían gra­
dos diversos de identificación con la furiosa naturaleza de la protes­
ta de aquellos días, lo mismo que otros miles de habitantes de la
ciudad, cada uno con su propia historia personal. La complejidad
del Cordobazo y su carácter de acontecimiento distintivamente cor­
dobés quedaron revelados en esa diversidad. El levantamiento tam­
bién representaría un punto de inflexión en las vidas de todos ellos,
a causa de los profundos efectos que tendría sobre el país.
El Cordobazo se erige como uno de los acontecimientos y diviso­
rias de aguas históricos genuinamente seminales de la Argentina
del siglo XX. Su efecto político inmediato fue desacreditar a la dicta­
dura de Onganía y debilitar los fundamentos de lo que otrora pare­
cía el más fuerte de todos los regímenes posperonistas. Tanto den­
tro como fuera del gobierno, desencadenó fuerzas que obligarían a
Onganía a renunciar menos de un año después, desmantelando el
programa económico gubernamental y algunas de sus pretensiones

Con frecuencia. alentó a todos aquellos que. y en los problemas exacerbados por un régimen político que dejó a los sectores dinámicos de la econorhía las manos libres para que atacaran sus costos laborales. de capital intensivo y tecnológicamente sofisticada. las investigaciones sobre el Cordobazo han sido malogradas por interpretaciones excesivamente esquemáticas. particularmente los de Córdoba. pero de una u otra manera todos lo tomaron como guía. y otros la usaron como un ejemplo edificante del poder latente de la clase obrera. El efecto del levantamiento sobre la clase obrera local y la izquierda argentina fue nada menos que revo­ lucionario. tales explicaciones lo presentaron como una especie de metáfora de las contradicciones del desarrollo capitalista de la Ar­ gentina de posguerra. Dada la ausencia de alternativas electorales. más que el de precipitante de una nueva crisis polí­ tica y otro cambio de régimen. En general. La promesa incumplida del Cordobazo y el notable alcance que eí levantamiento tuvo en las mentes de los trabajadores y los miembros de los grupos izquierdistas. se convirtió en la piedra de toque. influye­ ron en los acontecimientos posteriores durante varios años. el legado más significativo del Cordobazo fue el de un símbolo. Rápidamente mitologizado por ambas. tanto dentro como fuera del movimiento obrero. Finalmente. se proponen a menudo como una explicación cabal del levantamiento. Algunos sindicatos trata­ ron conscientemente de recrear la experiencia. evaluaron todas las movilizaciones obre­ ras ulteriores en la ciudad. estaban desconten­ tos con el peronismo y el sindicalismo peronista a elaborar un pro­ yecto político alternativo ¿el clasismo.El Cordobazo 181 autoritarias y abriendo camino a la restauración dei régimen demo­ crático en 1973. . Esas interpretaciones se extendieron en la gran sen­ sación de privación y pérdida de privilegios experimentada por el muy bien pagado proletariado automotor. Desafortunadamente. En cier­ ta medida. que prestaron una atención insuficiente a la complejidad histórica del levantamiento. tal como la promovieron las actividades de las firmas automotrices extranjeras. ni por la eficacia o la plenitud de las explicaciones propuestas por quienes lo analizaron. la gran significación del suceso no ha sido igualada por la precisión de sus descripciones. para la cíase obrera argentina. No obstante. silogísticas y sociológicas en su mayor parte. Los efectos destructivos de la industrializa­ ción súbita. el hito mediante el cual la izquierda peronista y las organizaciones y los partidos marxistas. así como determinados sec­ tores del movimiento obrero. toda la furiosa agitación laboral de los seis años siguien­ tes se produjo a la sombra del Cordobazo. la clase obrera cordobesa. cuyas aspiraciones de movilidad se vieron crudamente frustradas por la declinación de la industria automotriz cordobesa.

eran posi­ ciones revolucionarías. El tardío y repentino desarrollo industrial de Córdoba había creado una clase y un movimiento obrero locales que eran más independientes. que equipara de manera simplista los salarios más altos del proletariado automotor con un status privile­ giado y por lo tanto con una sensibilidad inusual al deterioro de la economía local. Se vio así el Cordobazo como una especie de asalto obrero al poder estatal. el Cordobazo se produjo en un ámbito económico y social único. no pueden explicar­ se simplemente por la irá de la clase obrera. la atribución de un status de “van­ guardia” a los trabajadores. La destrucción y la pérdida de vidas causadas por la protesta. Después que el ejército entró en la ciudad al anochecer del 29 de mayo. fue supuestamente empujada a lo que. y que tenían algunas características muy partí- . En síntesis. los trabajadores. Á menudo ha habido también lisa y llana­ mente inexactitudes en lo que respecta a los hechos mismos del levantamiento. Los estudios existentes sobre el Cordobazo han omitido reconocer de manera adecuada la diversidad de la clase obrera que participó en él. y los centros de destrucción y resistencia.182 El Cordobazo liderada por los trabajadores del automóvil. efectiva si bien inconscientemente. en una ciudad donde la conciencia de clase se había desenvuelto más precozmente debido a su desarrollo económico excéntrico. los barrios Clíni­ cas y Alberdi. Obviamente. mientras los estudiantes y los francotiradores. pero tam­ bién contenía elementos de una rebelión popular y una insurrec­ ción urbana independientes del control de los trabajadores. La violencia que rodeó al suceso fue sin duda mayor que la profundidad del descontento obrero. por ejemplo. El Cordobazo fue una pro­ testa popular con un carácter predominantemente obrero. se retiraron en su mayoría de la protesta. si bien frustrado y rudimentario. estos últimos nunca identifica­ dos pero probablemente integrantes de la izquierda clandestina de Córdoba. y con ello una mayor inclinación a emprender una crítica sistemática de las relaciones capitalistas de producción en virtud de su empleo en una empresa industrial mo­ derna y multinacional. y. tal vez asustados por lo que habían desen­ cadenado.1 Las insatisfactorias interpretaciones del Cordobazo han sido el resultado de dos enfoques: una aplicación inadecuada de teorías sobre la aristocracia obrera. democráticos y combativos que en cualquier otra parte del país. se describió a la protesta como encabezada por los secto­ res más privilegiados de la clase obrera. resistían el avance del ejército. eran vecindades estudiantiles y ño cotos obreros. y también subestimaron la complejidád social del acontecimiento: la importancia de la intervención de otras clases y grupos que fue exclusiva de Córdoba y que carecían de los objetivos específicos de los sindicatos. a la inversa.

los partidarios de la CGTA aún dominaban el movimiento gremial local. La ciudad era ciertamente un terreno propicio para una explo­ sión popular con intensa participación obrera. partici­ paron bajo el peso de influencias culturales. con todas las intrincaciones y matices que implica cualquier historia. especialmente en las provincias. en sí mismo el desarrollo de la ciudad encabe­ zado por la industria automotriz ofrece una explicación insatisfac­ toria del levantamiento. Esa frustración encajó con la tradi­ ción de resistencia y militancia de los trabajadores locales y con las estrategias específicas que los sindicatos cordobeses habían elabo­ rado para enfrentarse a la dictadura. a pesar de las negocia­ ciones de Alejo Simó con Vandor y de los ruidos sordos provenien­ tes de otros sindicatos peronistas de la CGTA. pero quedaron bolsones de resistencia. y la protesta se explica mejor no como un resultado de la singularidad socioeconómica de Córdoba sino de las condiciones existentes en determinados sindicatos. Con la bendición de Perón. Vandor pudo recuperar el control de gran parte del movimiento sindical. en conjunto. A decir verdad. así como de otras. No obstante. En primer lugar es importante reconocer la influencia que tuvie­ ron las movilizaciones de la CGTA para hacer posible el Cordobazo. la alianza obrera to­ . complejo en el cual amplios sectores de la clase obrera. los ongaristas eran todavía una fuerza poderosa y obstaculizaron los intentos de integrar sus movimientos a la CGT de Vandor. intelectuales y políti­ cas que. Los orígenes inmediatos del Cordobazo se encuentran en la política obrera local. La participación obrera en el levantamiento fue así el producto de una historia particular. En Tucu­ mán y Rosario. eran probablemente más poderosas que los problemas inmediatos de la industria automotriz o la economía lo­ cal. pero las razones de ello son complicadas e incluyen no sólo los problemas de la econo­ mía local y el carácter de su clase obrera sino también influencias políticas y culturales generales que afectaban a los trabajadores lo mismo que a muchos otros cordobeses. Los sindicatos que tomaron parte en él esta­ ban influidos por diversos factores. El Cordobazo fue un hecho.El Cordobazo 183 culares. En Córdoba. El fracaso de la Confederación General del Trabajo de los Argenti­ nos en cumplir su temprana promesa y proponer una alternativa seria al conservador y cada vez más ineficaz sindicalismo de nego­ cios practicado por Augusto Vandor y la Confederación General del Trabajo no implicó que el movimiento obrero retornara súbitamente al statu quo. Más importante: fue el resultado de las frustraciones e inquinas acumuladas en todas las clases de la ciudad a lo largo de casi tres años de gobierno autoritario.

dado que a principios de 1969 los siempre frágiles empresarios metalúrgicos atravesaron una serie de quiebras. sición de la comente principal del movimiento obrero peronista para proteger los intereses sindicales locales. Los propietarios de los talleres y las pequeñas fábricas autopartistas que constituían la industria local eran inflexi­ bles a todas las demandas sindicales. incluyendo las referidas a la controversia de las quitas zonales. La vitalidad ininterrumpida de la alianza de la CGTA de Córdoba se topó cón la necesidad inmediata de resolver nuevos problemas que afectaban a ciertos sectores de la clase obrera cordobesa. obligó a Simó a pronunciarse. pero la credibilidad en la conducción del sindicato descansa­ ba en sus esfuerzos para resolver exitosamente la cuestión de las quitas zonales. La controversia sobre éstas. Para Simó y la UOM local. la patronal había acordado a regañadientes iniciar su eliminación gradual. Una coincidencia de intereses y un consenso sobre las tácticas entre estos sindicatos impedían que Vandor quebrara a Córdoba y hacían posible la militancia. la ineptitud o falta de dispo-. En el convenio colectivo nacional alcanzado varios meses después del golpe de Onganía. un compromiso que en última instancia los empresarios cordobeses no cumplieron. Era poco lo que la UOM podía hacer para re­ sistirse a las quiebras e incluso a las suspensiones de la produc­ ción. una práctica muy mal tomada por los trabajadores de la UOM cordobesa a causa del tra­ tamiento privilegiado que otorgaba a sus pares porteños. las compañías intentaban aprovechar la situación de debilidad del Sindicato de Mecánicos y Afines del Trans­ porte Automotor y la constante posición de indefensión de los tra­ bajadores de Fiat para disminuir los costos laborales mediante la reducción de la semana de trabajo y las suspensiones temporarias de la producción. el problema amenazaba su . Las políticas económicas de Onganía afectaban adversamente los inte­ reses obreros en general. una cuestión que se erigió en uno de los mayores reclamos de la Unión Obrera Metalúrgica y alentó su constante colaboración con los sindicatos de la CGTA. seguía siendo el factor deci­ sivo que mantenía unida a la alianza. pero algunas industrias locales estaban experimentando lo que podría describirse justificadamente como una crisis.184 El Cordobazo davía estaba intacta en la ciudad. Las industrias automotriz y metalúrgica atravesaban los peores años de su historia. en reali­ dad había comenzado en 1966. La negativa de la patronal a eliminar las quitas zonales» la tasa salarial diferencial usada sólo en su industria que otorgaba meno­ res sueldos a los trabajadores metalúrgicos del interior. La razón misma que había lleva­ do a los sindicatos peronistas a la CGTA. Ante los trabajadores de los talleres de partes y componentes pequeños dé la ciudad se levantó la perspectiva de una pérdida permanente de los medios de vida.

que habrían sido una forma segura de provocar una respuesta sindical inmediata. disuelta violentamente por la policía. que estaban sometidos a condiciones laborales más penosas que la mayoría de la clase obre­ ra cordobesa. A fines de marzo. Como la ley nunca había sido aprobada en Buenos Aires.El Cordobazo 185 liderazgo.2 La renuencia de Vandor a impulsar la cuestión en nombre de Córdoba empujó a Simó a reanudar una estrecha relación operativa con los sindicatos de la CGTA en el mes del Cordobazo. En marzo de 1969. Las presiones a las que había estado sometido su liderazgo durante los tres años precedentes habían llegado a su clímax con el problema del sábado . IKA-Renault podía apuntar a ella como otro factor responsa­ ble de la incapacidad de la empresa para competir con las nuevas firmas instaladas allí. Incapaz de reducir sus costos laborales a través de despidos. el gobierno la derogó. el Ministe­ rio de Trabajo eliminó las quitas zonales. una concesión especial que en varias provincias otorgaba a los trabajadores de determinadas industrias un jornal entero a cambio de que trabajaran medio día los sábados. cuyas áreas céntricas és­ tos controlaron durante algunas horas. termi­ nó con Torres en el papel de agitador y conductor de columnas de trabajadores del SMATA hacia la ciudad. dado que en otras provincias ios empresarios eliminaron unilateralmente la práctica mientras sus jefes se quedaban inmóvi­ les. y la preocupación del sindicato por una posible anu­ lación era grande. Una vez más. La asamblea de ese día. San Luis.3 El enfrentamiento con la policía marcó el fin de la frialdad de Torres para con los otros sindicatos de la ciudad. Los problemas de la UOM con las quitas zonales se convirtieron en uno de los puntos de reagrupamiento del movimiento obrero cordobés en las semanas que culminaron en el Cordobazo. y Elpidio Torres convocó a una asamblea general para el 14 de mayo en el Córdoba Sport Club. Los tra­ bajadores del SMATA también contribuyeron con un reclamo a las frustraciones en ascenso de la clase obrera local. El 12 de mayo. IKARenault se levantó como el principal partidario provincial de la re­ vocación de la ley del “sábado inglés”. como una concesión a Vandor para ayudar­ lo en su intento de recuperar la díscola UOM cordobesa. El SMATA se preparó inmediatamente para resistir. La ley era especialmente apreciada por los trabajadores automotores de Córdoba. Mendoza. representantes de la Unión Industrial Argenti­ na presentaron a Adalbert Krieger Vasena un documento solicitan­ do la abolición de la ley en las provincias donde el sábado inglés aún estaba en vigor: Córdoba. Santiago del Estero y Tucumán. y argumentar de manera convincente en fa­ vor de su derogación. los empresa­ rios cordobeses ignoraron alegremente la orden del ministerio.

algunos incluso se convirtieron en guerrilleros. nacida de una común identidad latinoamericana . Los casi 30. que afectaban a amplios sectores de la clase obrera local y planteaban ciertas posibilidades de cooperación entre sindicatos de diferentes lealtades políticas. comenzó a buscar a Simó. Para una minoría. y luego a Agustín Tosco. Para ella. peruanos.186 El Cordobazo inglés. señalaron el comienzo de una vida como activistas de izquierda.000 estudiantes universitarios de la ciudad habían reaparecido como fuerza política con su colaboración en las campañas sindicales de la CGTA. paraguayos y estudian­ tes de otros países vecinos se mezclaban con los argentinos. y hacia comienzos de 1969 las facultades de la calle Obis­ po Trejo y de la cercana Ciudad Universitaria eran los centros extra­ oficiales de la oposición local al régimen. muchos de los cuales provenían de pequeñas ciudades y chacras conservadoras de la provincia. estudiante universitaria en 1969. se trataba de una expe­ riencia que los alentaba a cuestionar los prejuicios e ideas precon­ cebidas que habían llevado con ellos a la universidad —en el caso de Isabel Rins. bolivianos. con una gran influencia de las vicisitudes de la política obrera nacional y provincial. para coordinar una demostración en contra del gobierno. gran parte del cual respondía a la revitalizada izquierda cordobesa. Mizaei Bizzotto. En las peñas estu­ diantiles (reuniones de música folclórica y discusión política). Para casi todos los estudiantes. Isabel Rins. no a cau­ sa de presuntas contradicciones inexorables de la industrialización cordobesa basada en el automóvil. escuchaba con interés los infaltables deba­ tes políticos de sobremesa en el gran salón comedor universitario donde cada noche comían más de 5.000 estudiantes. en sus clases y dormitorios. siempre sensible a los cambiantes humores de su sin­ dicato. El resultado fue un grupo de sindicatos listos para una gran protesta. sino por una confluencia de fac­ tores. donde la indignación y la resolución de responder a las provocaciones del gobierno eran los sentimientos que prevalecían de manera abruma­ dora. un trabajador de la fábrica de IKA-Renault en Perdriel. Torres. y para muchos otros. Las movilizaciones del movimiento obrero cordobés fueron con­ temporáneas de un repunte del activismo estudiantil. recordaba que la ira en la planta aumentó palpablemente después de la concentración del 14 de mayo y que incluso los baños de la fábrica se convirtieron en lugares de discusión política. a rechazar finalmente el antiperonismo casi tribal cultivado en su hogar radical de Río Cuarto— . esos debates constituían su iniciación política y el comienzo de un interés personal en la política. con lo que se dio forma a una cultura estudiantil izquierdista exclusiva­ mente cordobesa.

4 En la clandestinidad. Los estudiantes universitarios de Córdoba se habían opuesto a Onganía casi desde los primerísímos días de la dictadura. en especial de la política estudiantil francesa. y todas las otras organizaciones políticas de los estudiantes. y la participación en una u otra de las organizaciones estudiantiles era casi un rito de pasaje obligatorio para la respetabilidad de clase media. la organización que coordinaba ia política estu­ diantil. una grieta que sólo se cerró cuando ambos encontraron una causa común en la campaña de la CGTA. y el peronis­ ta Frente Estudiantil Nacional. Pero en Córdoba había también elementos que die­ ron a la rebelión generacional una significación histórica rara vez vista en otros ejemplos de activismo estudiantil. La resistencia de éstos pasó entonces a la clandestinidad. en lo que vino a ser un ensayo gene­ ral del Cordobazo. marxista. la resistencia estudiantil a las purgas que Onganía realizaba en las facultades y a sus políticas universita­ rias en general había sido viva y fogosa. Gonzalo Fernández. Su primer clímax lo alcanzó en septiembre de 1966 cuando. las veinte cuadras de pensiones estudiantiles y centro histórico de la vida política universitaria. que coordinó la resistencia contra Onganía en los pri­ meros meses del régimen. Uno de tales ele­ . La simpatía por las soluciones revolucionarias había aumentado de manera palpable. en el activismo de los estudiantes universitarios cordobe­ ses había un elemento de diletantismo político. Muchos de sus amigos que anta­ ño habían militado en organizaciones estudiantiles católicas eran ahora peronistas de izquierda. El movimiento estudiantil radicalizado de Córdoba era parte de un fenómeno internacional e indudablemente sufrió la influencia de cierto mimetismo cultural. los estudiantes ocuparon el Barrio Clínicas. la militancia política se limitaba a los cuatro o cinco años necesarios para conseguir el título universitario.E l Cordobazo 187 y de la lectura y discusión generalizadas de los textos clásicos del pensamiento socialista. y los grupos moderados como el Movimiento Universitario Reformista. Lo mismo que entre sus pares de los Estados Unidos y Europa. En los meses iniciales del régimen. descubrió lo mucho que había cambiado la política estudiantil durante su ausencia. estudiante universitario que regresó a Córdoba a fines de 1968 luego de dos años de estudios avanzados en los Estados Unidos. habían sido casi completamente eclipsa­ dos por grupos más radicalizados. como protesta contra el régimen. dividida entre la Coordinadora Estudiantil en Lucha. la política estudiantil se hizo cada vez más radicalizada y tanto los marxistas como la izquierda peronista ga­ naron adeptos. Para muchos. Onganía respondió con la clausura de la poderosa Federación Universitaria de Córdoba (FUC).

y un estudiante universitario podía ser desde el hijo de un comerciante próspero hasta la hija de un maestro rural pobre. conservaron una inte­ gridad y una efectividad institucionales sin paralelo en los partidos políticos locales. un hecho que tal vez ayude a explicar la sim­ patía de muchos de ellos por las luchas de los trabajadores durante esos años. Después del derrocamiento de Perón. que estaban proscriptos y en desorden. un he­ cho que sin duda hizo que su status subordinado bajo Onganía fuera más difícil de aceptar y que precipitó su desafección y finalmente su oposición al régimen.188 E l C ordobazo mentos era el peso social que la universidad tenía en la vida cordo­ besa. Aunque nacionalmente carecía del res­ paldo de un partido demócrata cristiano poderoso y por lo tanto su influencia política estaba circunscripta. de manera reveladora. un pequeño número de estudiantes eran de origen obrero. la Iglesia conservaba poder como institución crítica y legitimadora. en la Iglesia argentina creció la simpatía hacia el clero activista. Como la universidad. sus organizaciones. y . y a las que sólo superaban los sindicatos. y la reunión del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo en Córdoba. Los teó­ logos de la liberación. Si bien el cuerpo estudiantil era preponderantemente de clase media. cobraron notorie­ dad y centraron su actividad en Córdoba. las organizaciones estudiantiles habían sido aceptadas como interlocutores políticos legítimos por las autorida­ des locales. Tradicionalmente. en una época en que en la Argentina aún era posible para un obrero industrial mantener a un hijo o una hija que desea­ ran estudiar en la universidad. en ésta había importantes gra­ daciones. en 1968. si bien aún minoritarios. A pesar de la intervención de Onganía. y la política universitaria nunca se había limitado ex­ clusivamente a asuntos educacionales. se habían afanado por cultivar relaciones amistosas con ella. incluyendo al Comunis­ ta. Desde la Reforma Universitaria de 1918. los principales partidos políticos. la universidad estatal cordobesa también se había convertido en una institución justifica­ damente igualitaria y en el único mecanismo significativo de movi­ lidad social en la provincia. la Iglesia seguía siendo una fuerza poderosa en la ciudad y en la socie­ dad tradicional cordobesa. Por otra parte. Así. Luego de la Confe­ rencia Episcopal Latinoamericana de Medellín. como por primera vez lo demostró elocuentemente la Reforma Universitaria de 1918.5 Otro factor que daba un mayor significado al activismo estudian­ til era el papel que desempeñaba la Iglesia Católica en el estímulo de la militancia y el disenso de los estudiantes. había llegado a crecer entre los estudiantes la expectativa de ejercer una influencia política que era inaudita en el resto deí país. que obligó a los estudiantes universitarios a actuar clandestinamente.

los estudiantes pudieron encontrar un foro para la discusión y el debate políticos en los grupos de estudio católicos que brotaron como hongos en diversas facultades después de 1966. La significación de una Iglesia activista radicó. el hecho de que su número y su poder latente hicieron posible la alianza obrero-estudiantil que llegaría a su apogeo en el Cordobazo. en general. en particular. En Córdoba existía también otro movimiento. Bajo la influencia de Tosco. había procurado el apo­ yo estudiantil. en que sostuvo a los estudiantes en un momento de represión social y tam­ bién en que infundió en muchos de ellos ideas políticas que equipa­ raban el cristianismo con el socialismo. Tosco.6 La influencia política de ésta fue reafirmada. sin embargo. y era un inspirado intento de canalizar las simpatías políticas estudiantiles de izquierda en orga­ nizaciones auspiciadas por la Iglesia. dirigido por dos sacerdotes parroquiales. elogiando a las nuevas corrientes de la Iglesia y tranquilizando con ello a los numerosos estudiantes católicos de Córdoba. Incapaces de participar abierta­ mente en política. y Tosco y otros diri­ gentes sindicales aparecieron como los únicos críticos públicos de la campaña de oposición de la Iglesia. si bien de una for­ ma muy diferente. Desde el estancamiento del progreso de la CGTA.E l Cordobazo 189 en Córdoba ei anticlericalismo estaba confinado exclusivamente a los activistas marxistas y peronistas más aguerridos del movimien­ to obrero. que aún sospechaban de las re­ putadas simpatías marxistas del líder obrero. El movimiento de Ortiz y Vaudagna adhería a la teología de la liberación. los políticos locales habían guardado silencio. Por ejemplo. La distancia entre ser cató­ lico comprometido y socialista revolucionario se hizo más corta. los teólogos de la li­ beración locales intentaban reformular la doctrina de la Iglesia con­ virtiéndola en lo que los simpatizantes católicos del lugar comenza­ ron a llamar "socialismo cristiano". por la aparición de los teólogos de la liberación. especialmente a nivel barrial. Gustavo Ortiz y Erio Vaudagna —el mismo cura pá­ rroco de la iglesia del barrio Los Plátanos donde habían comenzado a activar los estudiantes— . durante el áspero conflicto de la Iglesia con el gobierno de Illia en referencia a los planes que proponían termi­ nar con ciertas exenciones de impuestos para los colegios privados católicos y eliminar algunas anacrónicas dispensas legales (fueros). Lo que contribuyó más inmediatamente a la trascendencia polí­ tica de los estudiantes fue. Encabezados en especial por Milán Viscovich. El secretario general de Luz y Fuerza aparecía regu­ larmente como orador en las reuniones de estudiantes y había mo­ derado su franco anticlericalismo de antaño. el Movimiento de Rei­ vindicación por los Derechos del Pueblo. los trabajadores de Luz y Fuerza convocaron a huelgas de solidaridad en los peores momentos de la represión de Onganía .

procuraba sofrenar al indócil movimiento obrero de la ciudad mediante un esquema vagamente corporativo para permitir que representantes del traba­ jo se sentaran. Tosco era plenamente consciente de que los estudiantes eran un factor de considerable poder en la ciudad y por lo tanto dignos de su aten­ ción. El Cordobazo del 29 y 30 de mayo de 1969 llevó a su clímax una campaña de una semana de duración de oposición a Onganía por parte de los trabajadores y estudiantes de la ciudad. se trataba de una decisión calculada y estratégica. sería un aliado natural en cualquier enfrentamiento futuro con el gobierno.8 Caballero agravó la desafección obrera y estudiantil al encolerizar a los habitantes de clase media de la ciudad cuando a comienzos de 1969 incrementó los impuestos a la propiedad. a la atracción personal que sentía por un ambiente en el cual su inteligencia y su erudición. según suponía justificadamente. enajenándose aún más a un gran segmento de la población ya descontenta con la suspensión de las libertades cívicas y la pérdida de toda participación política bajo el régimen autoritario de Onganía. sin em­ bargo. si bien altamente personal y no aca­ démica.190 E l Cordobazo contra el movimiento estudiantil.7Tosco esperaba soldar una alianza con un grupo que. Durante ese . un soborno que. Aunque era una cuestión que preocupaba principalmente a los dirigentes obreros políticamente más sofisticados. debió mucho al torpe manejo que del gobierno provincial hizo Caballero en un mo­ mento particularmente sensible. El carácter popular del Cordobazo. De las filas de la clase obrera surgieron acusaciones contra las tácticas intimidatorias usadas por el gobierno provincial: brigadas fantasmas que incluían policías fuera de servicio y matones locales y operaban con la bendición oficial para acobardar a los sindicatos y obligarlos a cooperar con el gobierno. Mayormente. sin duda. El goberna­ dor designado por Onganía. Trabajadores y estudiantes también encontraron una causa co­ mún en su oposición al gobierno provincial de Córdoba. Su lar­ ga asociación con el movimiento estudiantil se debió en parte. en un consejo asesor meramente ceremonial. el respaldo que obtuvo de diversas clases y grupos. junto con los de las empresas. Caballero creía calmaría los ánimos de la clase obrera. todos los grandes sin­ dicatos de la ciudad desdeñaron públicamente la oferta del gober­ nador. y permitieron generosamente que su edificio sindical fuera utilizado por los estudiantes con cualquier fin. eran recibidas con interés y respeto. con bastante ingenuidad. Tuvo exactamente el efecto opuesto. desde cursos de preparación del examen de ingreso hasta re­ uniones políticas clandestinas. como Tosco. la Iglesia y los milita­ res. Carlos Caballero.

los choferes. que culminaron con la erección por parte de los estudiantes de barricadas en las calles del Barrio Clínicas el 23 de mayo. El 25 de mayo Tosco pronunció en la universidad un discurso que cimentó . Después de enfrentamientos separados con la policía. incluyendo la participación de los Sacerdotes del Tercer Mundo. Como era de prever. una huelga estudiantil de la Universi­ dad del Nordeste en Corrientes fue violentamente reprimida por el ejército. Allí. Un nuevo plan gubernamental para la racionalización de la Empresa Provincial de Energía de Córdoba y la privatización parcial de la energía eléctrica en la provincia eran considerados como el primer paso hacia la disolución de la empresa pública y finalmente la privatización completa de la industria. las manifestaciones estudiantiles fueron las de base más amplia. y la sede central de la CGT en Vélez Sarsfield sirvió como lugar de reunión tanto para los sindica­ tos como para las organizaciones políticas estudiantiles. en la medida en que el gobierno redobló sus esfuerzos para sofocar cualquier signo de actividad política en las universida­ des del país.EL Cordobazo 191 mismo mes. de manera coincidente. Además de los problemas que seguían sufriendo los trabajadores de IKA-Renault y la UOM. amargados por el fra­ caso de las cooperativas obreras que se habían establecido en algu­ nas líneas luego de la privatización de la empresa municipal de óm­ nibus en 1962 e inquietos con la perspectiva de la inminente rees­ tructuración del sistema de transporte público de la ciudad. tenía sus propios motivos para llevar su müitancia un paso más adelante. graves problemas en sus respec­ tivas industrias. Luz y Fuerza.9 En las semanas que culminaron en el Cordobazo. Atilio López y la Unión Tranviarios Automor reaparecieron luego de un distanciamiento de casi siete años de la política sindical local para organizar una serie de huelgas de protesta contra una propuesta de reorga­ nización del sistema de transporte urbano que habría perturbado gra­ vemente los planes de jubilación y las categorías. muchos de los principales sindicatos de Córdoba en­ frentaron. la mayor de las protestas fue la de Córdoba. Rosario y Tucumán.10 Ese mayo fue también un mes excepcionalmente tenso para los estudiantes. las relaciones amistosas entre los movimientos obrero y estudiantil se convirtieron en una virtual alianza. se con­ taron entre los miembros más activos de la clase obrera cordobesa. los de otras industrias eran sujetos por sus empleadores a nuevas presiones. con el saldo de un estudiante muerto y varios heridos. El 15 de mayo. Los acontecimientos de Comentes fueron la chispa de una protesta es­ tudiantil nacional en la cual quienes aún eran leales a la CGTA y los estudiantes marcharon del brazo por ciudades tales como La Plata. los independientes de Tosco y una serie de sindi­ catos peronistas. un sindicato normalmente inmune a conflictos tan ásperos con la patronal.

192 E l Cordobazo públicamente la alianza entre obreros y estudiantes y preparó a unos y otros para los sucesos del Cordobazo. a fin de coordinar la protesta. donde cada uno debería coordinar la resistencia en caso de que la policía disolviera la manifestación. Tosco. Las presio­ nes de las provincias. Debían encontrarse alrededor del mediodía frente a la sede central de la CGT y organizar allí una concentración. Mi­ guel Ángel Correa. Ongaro fue detenido a su llegada a Córdoba en la mañana del 27 de mayo. fue uno de los muchos traba­ jadores de esa empresa que expresaron su respaldo a un paro acti­ vo. el SMATA. en vez del paro dominguero o matero propugnado por Vandor y la CGT vandorista. A los cuatro principales sindicatos partici­ pantes en la protesta —Luz y Fuerza. decidido el paro de 48 horas. Fernando Solís.M Entre tanto. En la reunión del 28. habían impulsado tanto a la CGTA nacional corno a la renuente CGT de Vandor a coordinar un paro general de 24 horas para el 30 de mayo. en la que se agruparían principalmente los trabajado­ res de SMATA que subirían por Vélez Sarsñeld hasta la plaza. junto con los dirigentes de las princi­ pales organizaciones estudiantiles. Su arresto probablemente facilitó la coordinación de la protesta y aumentó la cooperación entre los sindicatos. la CGTA envió a Ongaro a la ciudad para participar en los acontecimientos. Los líderes sindicales compartían ese sentimiento y. Alfredo Martini (principal lugarteniente de Simó en la UOM local) y varios representantes estudiantiles acor­ daron marchar al día siguiente en columnas separadas: una desde Santa Isabel. dentro del movimiento obrero se profundizaba el es­ píritu ecuménico de las últimas semanas y aumentaban las oportu­ nidades para la cooperación entre sindicatos. López. contribu­ yendo a hacer de aquélla un asunto estrictamente cordobés sin implicaciones partidistas. un empleado admi­ nistrativo de la forja de IKA-Renault. que marcharía por la Avenida Colón (para un mapa de la ciudad. Como un gesto de apoyo a la demostración más ambiciosa de Cór­ doba. En Córdoba. la UOM y la UTA— se les asignaron sectores separados de la ciudad. y la otra dirigida por los trabajadores de Luz y Fuerza desde las oficinas de la EPEC. con abandono de las tareas y marcha por el centro de la ciudad. se reunieron el 28 de mayo en la sede central de Luz y Fuerza. (Si bien la violenta represión policial y la conse­ . Torres. especialmente de la CGT cordobesa. véase la Figura I en el Capítulo 1). los sindicatos negociaron para iniciarlo el 29 y exten­ der la protesta local a 48 horas. Hasta Torres superó su tradicional aversión a los enredos comprometedores y trabajó en estrecha unión con otros dirigentes como Tosco y Simó.

herramientas. en las primeras horas del Cordobazo se harían intentos.13 En rigor de verdad. de departamento en departamento corrió la voz de un abandono inminente de las fábricas. Gregorio Flores se contaba entre quienes estaban dispuestos a arriesgar una suspen­ . entre ellos Pablo y Juan Baca. En las fábricas de Fiat. para establecer una resistencia ordenada en los distritos asignados. Tosco destacó los objetivos políticos premeditados de los sindicatos. A medida que se iban de las plantas. que trabajaba en el departamento de pintura. Niño Chávez. en las primeras horas de ésta los sucesos se desarrollaron en gran parte como se había pla­ neado. el turno matutino ya estaba trabajando en las plantas. En la mañana del 29. Oscar Álvarez. Torres y sus colabora­ dores más íntimos del SMATA abandonaron la sede del centro y se dirigieron a las puertas de la fábrica de IKA-Renault. Fuera de las puertas de la fábrica. A eso de las once de la mañana. varias cuadras al norte de la zona céntrica. dejó sus tareas junto con prácticamente to­ dos los miembros de su departamento para marchar detrás del líder del SMATA cuando su delegado dio la señal. Torres llegó justo en ei momento en que el turno nocturno se iba del complejo. De manera similar. se encaminó a la sede central de la CGT en Vélez Sarsfield.E l Cordobazo 193 cuente confusión impedirían la pulida ejecución de este plan. pernos y cualquier otra cosa que hubiera a mano para defenderse a sí mismos.000 trabajadores del SMATA. en especial por parte de Luz y Fuerza. Francisco Cuevas trabajaba en un taller de maquinaria y era uno de los muchos tra­ bajadores que veían a Torres como un hacedor de arreglos. los trabajadores tomaban barras de metal. bien temprano. se reunía entre tanto con los trabajadores de Luz y Fuerza en las oficinas de su empresa. Durante la siguiente hora y media. y unos pocos trabajadores abandona­ ron las plantas para marchar desde Ferreyra.)12 En escritos y entrevistas posteriores. Torres pronunció un breve discurso. insistió en que las inter­ pretaciones que postulaban la naturaleza espontánea del Cordobazo eran erróneas y que los sindicatos y sus aliados estudiantiles te­ nían designios tácticos bien definidos y una finalidad política de­ trás de la protesta. La colum­ na que debían dirigir los trabajadores de ese sindicato estaba lista para marchar directamente a Vélez Sarsfield a través del área estu­ diantil del Barrio Clínicas. y seguido por cerca de 4. vio a sus compañeros abandonar en masa los puestos de trabajo. cuyos represen­ tantes sindicales controlados por la empresa no habían sido inclui­ dos en la planificación de la huelga. empleado administrativo de la EPEC. rodamientos. un “bu­ rócrata” que negociaba con la empresa a puertas cerradas. corrió no obstante la voz de la manifestación en el centro. “bajo c u e r d a No obstante.

para dejar sus puestos de trabajo y marchar por la ruta 9 hasta la ciudad. el principal contingente obrero continuaba su mar­ cha desde Santa Isabel. vio a estudiantes que soltaban montones de gatos vagabun­ dos y arrojaban rodamientos en las calles. una estudiante universitaria. y Manuel Cabrera. Juan. montada y con perros. por su lado. así como columnas de la UOM y otros sindicatos. descubrió que el descontento de sus compañeros con Simó. Entre tanto. eran no obstante la excepción. Los capataces militares de las fábricas de ÍAME. tácticas que les había . y tal vez hasta el despido. era la prime­ ra vez en años que veía a trabajadores de ese gremio participar en una protesta.5 km hasta el centro. ya que incluso los afiliados a los sindicatos más inactivos adhirieron a la protesta. El propietario de un taller autopartista del Barrio Mitre. A medida que los manifestantes avanzaban hacia el cen­ tro de la ciudad. Pero a pesar de su oposición a Simó. que era proveedor de la fábrica Grandes Motores Diesel de Fiat. un trabajador de la fábrica de aviones. que por entonces era escenario de confusiones y tumultos. estaba espe­ rándolos en la plaza para impedir el acceso a Vélez Sarsfield y la demostración en la CGT. Graciela García. Miguel Contreras y otros que trabajaban en un pequeño taller metalúrgico de la calle La Ríoja que proveía de autopartes a IKA-Renault también estaban des­ contentos con su representación de la UOM y habían tratado sin éxito de afiliarse al SMATA. Los trabajadores de otros sindicatos que habitualmente eran pasivos también se movilizaron. casas a sus operarios afilia­ dos a la UOM. de quienes el empresario dijo que “no habían hecho ni un solo día de huelga” en su taller. impidieron allí cualquier abando­ no de la planta. Al llegar a la plaza. también hicieron caso al llamado del sindicato a abandonar el tra­ bajo y marchar hacia el centro. Arístides Albano. La columna de IKA-Renault había crecido en varios miles de personas. Esos trabajadores. metalúrgico. Algunos trabajadores de la UOM no lo hicieron. después del trabajo llevó en auto a sus. trabajadores del SMATA que se adelantaban a ex­ plorar la ruta en motocicleta llevaron a Torres la noticia de que una enorme concentración policial. un trabajador. se vio obligado a esperar hasta el fin de su turno a las dos para marchar con el puñado de obreros de la empresa dispuestos a caminar 14. la representación sindical de la UOM local y el repetido fracaso en resolver los problemas referidos a con­ diciones de trabajo y categorías en su fábrica autopartista no les impedían ese día apoyar a su sindicato.194 E l Cordobazo sión. al unírsele estudiantes y trabajadores de los barrios que atravesaba. volvía a su casa cuando se sobresaltó a la vista de la columna de ferroviarios que marchaba hacia el centro. y en su barrio cerca del complejo Fiat el día transcu­ rrió en calma.

y Barrio Güemes. A la vista de esos miliares de trabajadores ahora enco­ lerizados y amenazantes que marchaban resueltamente hacia ella. sin embargo. estaba dispuesta a contemplar su desenlace y siguió su marcha. la protesta perdió su organiza­ ción y se transformó en una rebelión espontánea. donde los vecinos se apresuraron a dar a los manifestantes esco­ bas. matando a un trabajador. zona obrera al oeste— . Algunos de los manifestantes. e hiriendo a muchos otros. algunos trabajadores se desplegaron por las barriadas adyacentes —Barrio Nueva Córdoba. área estudiantil al este. Después del pánico inicial. de las que se decía habían sido fabricadas por estu­ diantes de Química. el descontento trabajador del depar­ tamento de pintura de IKA-Renault. dirigiéndose a sus casas. Como resultado de la presencia policial. A los trabajadores del SMATA pronto se les unieron los residentes del centro. Cuando la policía lanzó las primeras granadas de gas lacrimógeno al acercarse las columnas a la plaza. Los trabajadores que habían atravesado los barrios adyacentes vol­ vieron a unirse al resto de la columna y comenzaron a erigir barri­ cadas y encender hogueras en Vélez Sarsfield y las calles de los al­ rededores. Innumerables gestos de esa solidaridad de todas las clases se ve­ rían durante todo el día en los barrios a lo largo y lo ancho de la ciudad.E l Cordobazo 195 visto utilizar en manifestaciones anteriores para desviar la atención de los perros de la policía y asustar a los caballos. tapiando las vidrieras e interrumpiendo toda actividad comercial. Minutos después del choque entre trabajadores y policía. muebles y otras pertenencias para levantar las barricadas y encender hogueras. luego huyó en desbandada. El estudian­ te universitario Luis Muhio quedó sorprendido al ver a los residen­ tes de clase media del centro aportar sus colchones. que habían observado el enfrentamiento des­ de sus ventanas y balcones y compartían ahora la expresión de in­ dignación colectiva no sólo contra la acción policial sino también contra tres años de Intimidación y régimen autoritario. botellas y todo lo que pudieran usar como defensa. como Pablo. por las filas de los miles de manifestantes que permanecían en Vélez Sarsfield se difundió una ola de indignación y resolución. creyendo que la protesta iba a ser otra insustancial demostración más. Máximo Mena. . La mayoría. Cuando el grueso de la columna bajó por Vélez Sarsfield hacia el Boulevard San Juan. Desde ese momento. la policía se aterró y abrió fuego. en represalia se les arrojaron bombas caseras del mismo gas. aterra­ dos comerciantes se apresuraron a dar por terminada la jornada. abandonaron la columna cuando ésta llegó al centro. al principio la policía vaciló y comenzó a retirarse.

Como las sedes centrales del SMATA y de Luz y Fuerza se encon­ traban dentro de la zona ocupada. los manifestantes habían incendiado las oficinas de Xerox Corporation. se levantaban barrica­ das y hogueras en un área que cubría unas 150 cuadras. Algunos permanecieron en Vélez Sarsfield mientras otros se dirigían a los barrios de los alrededores de las sedes centrales del SMATA y Luz y Fuerza para iniciar otro foco de resistencia. En las últimas horas de la tarde. Tosco y Torres. La dirigencia sindical trabajaba en gran medida en la oscuridad. Estudiantes y trabajadores se trasladaban en motocicletas de una a otra barricada. Así como la clase obrera porteña había dado rienda suelta a su furia colectiva el 17 de octubre de 1945 contra el Jockey . En la Avenida Colón. No obstante. unidades policiales habían impedido que la co­ lumna obrero-estudiantil de Tosco avanzara hacia la sede de la CGT. estremecida y confusa con respecto a las medidas a tomar a continuación. desde los barrios Alberdi y Clínicas al oeste hasta la Avenida Vélez Sarsñeld al este. Encabezada por los trabajadores de Luz y Fuerza. y desde las barriadas a orillas del río Primero en el norte hasta Nueva Córdoba y Güemes en el sur. Hacia la una de la tarde. a medida que corría la voz sobre el ataque policial. esta columna también incluía contingentes de sindicatos legalistas como la UTA y los estatales de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y había sido atacada por la policía con gas lacrimógeno junto a las oficinas de la EPEC. respondiendo a los flujos y reflujos de la lucha en las calles y sin atender a ningún plan táctico más general. apenas capaz de seguir el curso de los acontecimientos. intentaron establecer cierto grado de organización y control so­ bre la protesta. Había mensajeros que iban y venían entre los dos edificios sindicales. éste inicialmente. La Cañada. En los barrios al este de Vélez Sarsfield. Al alcanzar allí a los trabajadores mecánicos. y Tosco visitó las barricadas que consi­ deraba estratégicas. por lo que ésta intentaba llegar a Vélez Sarsfield por una calle para­ lela. donde se habían congregado para la marcha. la protesta se convirtió en destrucción. reuniendo información para coordinar la resistencia. La destruc­ ción de locales de empresas extranjeras como Xerox y Citroen no era accidental. un concesionario Citroen y otros negocios. A la furia de los afiliados del SMATA se sumó la ira de estos trabajadores a medida que se abrían paso hacia Vélez Sarsfield.196 E l Cordobazo Mientras tanto. la protesta se convertía en una rebelión que abarca­ ba toda la ciudad. y mucho menos de contro­ larlo. la protesta asumió un carácter espontáneo. la principal calle comercial de la ciudad. bandas errantes de trabajadores y estudiantes incendia­ ban autos y se movían a voluntad mientras la policía se retiraba hacia el cabildo y la Plaza San Martín. !a columna de Tosco se confundió en la protesta general. Por doquier.

la destrucción se hacía con más alegría que maldad. Ex­ haustos tras casi cinco horas de protesta. A pesar de los intensos esfuerzos de Tosco por restaurar la disciplina. char­ lando sobre los sucesos del día. en las calles San Luis y La Cañada. Por esa hora. La tucumana no vio saqueos desenfrenados de negocios. En las últimas horas de la tarde hubo una calma pasajera. conocida popularmente entre los estudiantes como la tucumana. general Sánchez Lahoz. estudiantes y trabajado­ res descansaban en los bancos de las plazas y en las esquinas. caminó hasta la Avenida Colón y la atmósfera le pareció festiva. Se convocaron uni­ dades del Tercer Cuerpo con base en Córdoba. propietaria de una pensión estudiantil en el Barrio Clínicas. apenas sabía lo que estaba pasando en el centro. Osvaldo. pero al caer la tarde estaba arma­ do y uniformado y recibía la orden de prepararse para marchar so­ bre la convulsionada ciudad. Si bien hubo ejemplos de saqueos y cierta violencia gratuita. Lidia Alfonsina. y a decir verdad algunas de las características distintivas de la destrucción que rodeó al Cordobazo fueron la baja incidencia del pillaje y la pre­ ferencia por blancos con algún simbolismo político e ideológico. Estos comunicados demostraban que los militares opera­ ban de acuerdo con la falsa suposición de que el levantamiento res­ pondía a un mando central. por ejemplo. cuando la destrucción se difundió a otras partes de la ciudad. que se encaminaron al límite occidental de la ciudad a eso de la una de la tarde. dado que no era útil a ninguna finalidad táctica inmediata y aseguraba una dura represión por parte de los militares. esto era manifiestamente imposi­ ble. emitió a lo largo de la tarde varios comunicados anunciando una inminente ocupación de la ciudad y exigiendo que los manifestantes abandonaran las barricadas y regresaran a sus hogares. una acción que habría desaprobado con especial énfasis. fueron más . El dirigente lucifuercista. un estudiante de Ingeniería que estaba haciendo el servicio militar en la época del Cordobazo. como otros conscriptos. el ejército se preparó para intervenir. los manifestantes cordobeses hicieron blanco en representantes del gobierno y el im­ perialismo. El comandante del cuerpo. el carác­ ter de la destrucción tuvo un íin político más determinado que la violencia ejercida en los disturbios del 17 de octubre de 1945 o en el Bogotano y otras protestas urbanas latinoamericanas del siglo XX.El Cordobazo 197 Club y otros símbolos del privilegio aristocrático. Sin embargo. no había estado involu­ crado en los incendios de la Avenida Colón ni se lo había consultado sobre la decisión de quemar el club de oficiales subalternos en su distrito. Si bien miles de ellos per­ manecieron en las calles a lo largo de la noche del 29. Pero el humor general en Córdoba era más eufórico que vengativo. las ñlas de los mani­ festantes obreros empezaban a menguar.

se sorprendió al encontrarse en su barrio. atraía a manifestantes de toda la ciudad en un número que Tosco estimó posteriormente en 50. trabajadores y comerciantes. y parecía inevita­ .000 personas. algunos con remordimiento y otros con aprensión. Los dos barrios estudiantiles. Jorge Sanabria. Juan Carlos Toledo. Encontró allí trabajadores asustados y dirigentes aturdidos. las consecuencias de sus actos. Al­ berdi. Clínicas y Alberdi. la protesta comenzó a asumir un carácter diferente. estu­ diante universitario. no sólo con sus compañeros sino también con vecinos que eran amas de casa. cuando muchos trabajadores comenzaron a percibir. una visión que contrastaba con el desafío y la ira que había advertido en los rostros de los obreros de la columna del SMATA en la Plaza Vélez Sarsñeld sólo unas pocas horas antes. se convirtieron en los centros de la resistencia. un periodista que cubría los aconteci­ mientos para un diario local. a medida que la iniciativa pasaba de los trabajadores a los estudiantes. si bien otros grupos y clases participaban allí. Muchos tenían familias que los esperaban en sus casas. El espectáculo era tan impactante que muchos de los organizadores obreros comenzaron a amilanar­ se. y también en el plano nacional desde la Semana Trágica de 1919. y la sensación de haber llegado al fin de un día de trabajo era un freno más fuerte que cualquier interés en continuar lo que para muchos era una protesta ya consumada. en especial obreros. El padre Vaudagna también había llegado al centro de la ciudad con sus fe­ ligreses para unirse a la demostración. La destruc­ ción desencadenada había sido la peor en toda la historia de los levantamientos cordobeses. El Barrio Clínicas. terminaron su protesta al anochecer. ninguno de los cuales había adherido antes a las protestas estudiantiles. apartándose durante un periodo de varias horas de la parti­ cipación directa en el levantamiento. visitó la sede de la CGT donde habían buscado refugio Correa y otros lideres gremiales. Hacia el anochecer. Fue recién entonces. Torres había estado en su sede sindical desde las primeras horas de la tarde y pasado de la euforia a la petulancia y de ésta al abatimiento. temiendo que la protesta hubiera llegado demasiado lejos. Edificios humeantes y esqueletos carbo­ nizados de autos. Desde el comienzo de los incendios en la Avenida Colón se había hundido en un som­ brío malhumor y cortado temporariamente las comunicaciones con Tosco. Los Principios. en espe­ cial. calles salpicadas con fragmentos de vidrios y ba­ rricadas y hogueras de uno a otro extremo de Córdoba daban la apa­ riencia de una ciudad en guerra.198 E l Cordobazo los que. La dirigencia de la UOM se retiró a su sede central en la más segura zona este de la ciudad y dejó de participar por completo de! levanta­ miento. al emprender el regreso a sus barrios. como el trabajador del SMATA Juan Baca.

tomando las calles una a una. En esos momen­ tos. el mismo estudiante de Arquitectura al que se le había negado la entrada a la universidad en 1966 como consecuencia del nuevo examen de ingreso de Onganía. se enviaron tropas a otros barrios además del Clínicas. comandos de Luz y Fuerza entraron en la planta eléctrica de Villa Revol y produjeron un apagón en la ciudad. acciones de diver­ sión de los más importantes acontecimientos que tenían lugar en el Barrio Clínicas. estudiantes y vecinos cons­ truyeron barricadas por su cuenta. Hacia las seis. y hubo intercambio de disparos entre los manifestantes y el ejército en varios puntos a lo largo de Córdoba. Pero se trataba de cuestiones menores. Como había bolsones de resistencia en otras zonas de la ciudad. armados principalmente con pistolas de bajo calibre. Femando . A pesar de la fuerte resistencia. y contestaron al fuego de los francotira­ dores de los techos con disparos de ametralladoras. se habían trasladado a la zona de barri­ cadas de la Avenida Colón. Los francotiradores. exactamente como lo habían planeado la noche anterior. las tropas avanzaban con firmeza. reuniendo información a partir de las conversaciones de ciudadanos comunes que propor­ cionaban valiosos datos logísticos y ayudaban a determinar con precisión la localización de los francotiradores. de las que se rumoreaba eran la precipitada contribución de varias or­ ganizaciones izquierdistas clandestinas. eran supe­ rados en potencia de fuego. per­ mitiendo que los manifestantes recuperaran la iniciativa. mientras la mayoría abandonó decididamente la zona y se unió a los miles que ocupaban las barricadas y encendían hogueras en el Barrio Clínicas. El apagón desorientó temporariamente a las tropas del ejército. El ejército marchaba al encuentro de esta tensa situación: las primeras tropas llegaron a los límites del Barrio Alberdi poco antes de las cinco. En barria­ das como San Martín y Nueva Córdoba. Poco después de las once. Él y otros ope­ radores observaban aprensivamente la manera en que el ejército coordinába la represión del levantamiento entrando a la compañía de teléfonos e interviniendo las llamadas. Eduardo. y a medida que el ejército subía hacia el este por las paralelas Avenida Colón y Santa Rosa. los francotiradores habían tomado posiciones en los techos de los edificios del lugar y empezaban a llegar reservas de armas. algunos mani­ festantes buscaron refugio en las pensiones y casas particulares del barrio. a las que al principio la pro­ testa había pescado desprevenidas.E l Cordobazo 199 ble un enfrentamiento sangriento con el ejército. En otro extremo de la ciudad. estaba trabajando en su empleo de tiempo parcial en la empresa telefónica en el anochecer del 29 de mayo. rifles de caza y cócteles molotov.

por el momento la iniciativa había vuel­ to a manos de la resistencia. al borde de tornarse ‘'incontrolable”. condición que por sí sola implicaba ahora culpabilidad e invitaba a las represalias. principales organizadores obreros del Cordobazo —algunos asombra­ dos y otros consternados por lo que había generado su protesta—. en el Barrio Clínicas. La energía se restableció a eso de la una de la mañana. donde la presencia militar era débil. Héctor Maisuls. provocando más incendios —incluyendo un intento fallido de quemar el Banco de la Nación— mientras el ejército quedaba paralizado y sin comu­ nicaciones. haciendo docenas de detenciones a lo largo de la noche e infligiendo graves pérdidas a los francotiradores. las marchas de protesta previamente planificadas para la huelga gene­ ral de ese día atrajeron el apoyo de gran parte del pueblo y obstru­ yeron las calles céntricas. estaba al anoche­ cer de vuelta en su barrio.200 E l Cordobazo Solís. Cuando la infantería se movilizó para el asalto final al Barrio Clínicas. En las sedes del SMATA y Luz y Fuerza. el ejército había apostado tropas en puntos estratégicos a lo largo y lo ancho de la ciudad y se movía en tanques pesados. y el ejér­ cito reanudó su asalto. Córdoba era una ciudad ocupada. El Barrio Alberdi y especialmente el Clínicas siguieron siendo los cen­ tros de la resistencia durante la noche. el obrero de IKA-Renault que había apoyado la idea de un paro activo y que permaneció en las calles todo el día. al escu­ char al frenético operador de la radio prometer refuerzos de Buenos Aires y caracterizar la situación en la ciudad como crítica. un estudiante que había sido detenido varias horas antes. Al amanecer. observaba a los policías ponerse cada vez más encolerizados y ansiosos y dar rienda suelta a su frustración y humillación por ser incapaces de suprimir el levantamiento mediante palizas a los ma­ nifestantes capturados. los dirigentes sindicales. centro estratégico de la rebelión. No obstante. Parque Chacabuco. planificaban el paso siguiente. Durante las dos horas siguientes los manifestantes pudieron moverse con relativa libertad. En los cuarteles policiales del centro. las tropas del ejército entraron en busca de estudiantes. En la pensión de la tucumana. Tosco y los trabajadores de Luz y . Si bien podían oír­ se disparos esporádicos por doquier y los francotiradores del Barrio Clínicas seguían ofreciendo resistencia. Solís compren­ dió entonces por primera vez la magnitud de la protesta. aunque los barrios al norte y al sur de la disputada zona céntrica se convirtieron en nuevas áreas de disturbios cuando el levantamiento se trasladó aparente­ mente a la periferia de la ciudad. obligando a los jefes militares a posponer su ataque. escuchando la radio de onda corta de un amigo que se las había ingeniado para sintoni­ zar las transmisiones del Tercer Cuerpo de Ejército.

Sin embargo. en especial en General Bustos y Yofre. Después de los arrestos de Tosco y Torres. Torres simplemente esperaba que ésta terminara. en favor de continuar ia resistencia. pero problemas logísticos impidieron su reunión y los militares rechazaron todas las averiguaciones de los sindica­ tos sobre la situación de los presos. Al día siguiente. Sobre Tosco había recaído una sen­ tencia de ocho años y tres meses. Gran parte de la ciudad estaba dañada.E l Cordobazo 201 Fuerza que aún se encontraban en el centro de la ciudad estaban. Torres se enteraría de que sus peores temores se habían cumplido: un tribunal militar lo había condenado apresuradamente a cuatro años y ocho meses de cárcel. el Cordobazo había terminado. convencido de que había sellado su propio destino — la pérdida del sindicato. y otros dirigentes de Luz y Fuerza. Alrededor de las seis de la tarde del 30 de mayo. al menos noventa de ellos de gravedad. y en algunas zonas reinaba la destrucción. Torres y los otros líderes obre­ ros encarcelados. ni Tosco ni Torres se vieron obligados a tomar la deci­ sión final de resistir o rendirse. Pero se trataba de protestas aisladas y desorganizadas. acordaron realizar una sesión de emergencia de las dos centrales para negociar la liberación de Tosco. como Felipe Alberti y Tomás Di Toffino. Se informó de nuevos disturbios en las barriadas obreras del norte de la ciudad. Tosco y Torres fueron conducidos a la comisaría central de la policía en la Plaza San Martín. tal vez incluso una larga sentencia de prisión— y de que no tenía más posibilidades de éxito. los últimos remezones del terremoto que había tenido su epicentro en el Barrio Clínicas. Al anochecer del 30. Eí levantamiento había excedido en mucho las expectativas de los organizadores. el ejército lanzó su ofensiva final sobre el barrio y una hora después lo había ocupado completamente. Había también cientos de heri­ dos. Las tropas del ejército entraron en ambos edificios sindicales en las primeras horas de la mañana y detuvieron a todos los dirigentes presentes. en general. Simó y Correa de la CGTA y Miguel Godoy de la rival CGT vandorista. Esposados. Si bien Tosco era el único de todos los dirigen­ . Los dirigentes sindicales que seguían en libertad. Los dos días previos habían dejado una cifra oficial de doce muertos. y más de un millar de personas habían sido detenidas. también recibieron duras condenas de varios años. mientras se lo trasladaba en un avión de la fuerza aérea a la penitenciaría federal de La Pampa. pero incluso allí estaba muy debi­ litada. pero la real era indudablemente mu­ cho más alta —tal vez de sesenta— . y en el Barrio Talleres los trabajadores ferroviarios incendiaron los talleres de reparación del Ferrocarril General Belgrano. La resistencia se limitaba ahora al Barrio Clínicas. lo que quedaba de la participación obrera en el Cordobazo disminuyó.

El Cordobazo se había convertido en una re­ belión popular. el Cordobazo no había seguido ningún plan. cura párroco de Villa Siburu y miembro del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. algunos aspectos del levanta­ miento habían sido decididos de antemano. ni si­ quiera él previo la reacción policial o la masiva explosión popular desencadenada por ésta. estaba constituida por “trabajadores pobres” empleados en la construc­ ción y otros que trabajaban como changarines o empleadas do­ mésticas. y sólo una minoría que se desempeñaban en los grandes complejos automotores o en la EPEC. A decir verdad. con actos más frecuentes y genuinos de solidaridad entre diferentes grupos y clases. como un plan contingente en caso de que hubiera una dura represión de las fuer­ zas de seguridad. Los ejemplos del apoyo de la clase media —amas de casa que llevaban comida y bebida a los estudiantes y obreros de las barri­ cadas y familias respetables y aparentemente apolíticas que ocul­ taron a los manifestantes del Barrio Clínicas durante los registros del ejército en el anochecer del 29— eran innumerables. pero muchos como participantes activos en la protesta. No obstante. algunos como espec­ tadores intrigados u horrorizados. Luego de la retirada de la policía. Villa Siburu.202 E l Cordobazo tes obreros que había imaginado algo más que una huelga general y una demostración pacífica en ía sede central de la CGT. Quedó sorprendido por el carácter más popular del Cordobazo. Las organizaciones obreras y estudianti­ les que habían planeado la demostración del 29 de mayo no pudie­ ron controlar los sucesos que se produjeron cuando gran parte de la población de la ciudad se volcó a las calles. Rodolfo. La naturaleza igualitaria de la protesta impresionó a casi todos los que participaron en ella. que se expresó en el comportamiento excepcional de individuos comunes y corrientes en otras circunstancias. el obrero de IKA-Renault. había estado en París como seminarista durante los levantamientos es­ tudiantiles de mayo de 1968 y sólo recientemente había regresado a Córdoba. Desde el momento en que fue asesinado Máximo Mena. No obstante. esos trabajado­ res habían ido al centro de la ciudad para participar en la protes­ ta. el carácter del Cordobazo fue más im­ provisado que intencional. La decisión de provocar un apagón en la ciudad fue tomada por los trabajadores de Luz y Fuerza independientemente de los otros sindicatos. una protesta que parecía menos limitada a los estu­ diantes radicalizados que las que había contemplado en París. un repudio colectivo al régimen de Onganía como resultado de las múltiples frustraciones de la ciudadanía cordobe­ sa. y . Su propia parroquia obrera. la dispersión por los barrios y ía erección de barricadas se produjo de acuerdo con las zonas asignadas a las diversas organizaciones sindicales y estudiantiles.

cosas de las que carecían. Las detenciones de Tosco. dirigieron una huelga que tenía una in­ tención deliberadamente subversiva. pero los intentos de los sindicatos y en especial de Tosco por establecer algún tipo de disciplina y organización a lo largo del 29 habían fracasado ampliamente. que eran independientes de los trabajadores y que nunca entraron verdaderamente en contacto con ellos. El mito más grande. es que los así llamados sectores privilegiados de la clase obrera local. El inconveniente que presentan ambas interpreta­ ciones es que simplifican la naturaleza de la protesta. que el Cordobazo fue el resultado social del tipo peculiar y frágil de desa­ rrollo industrial experimentado por América Latina en el período de posguerra. omitiendo reconocer el carácter masivo de la participación de la cíase obrera cordobesa en ella al mismo tiempo que ignoran convenientemente . La tardía intervención de los francotiradores. que según se admite pertenece más al reino del folclore político que a la exegesis erudita. To­ rres y los otros dirigentes sindicales en la mañana del 30 arruina­ ron toda posibilidad de preparar una resistencia obrera más coordi­ nada y sellaron la suerte del levantamiento. que los sindicatos de los sec­ tores industriales modernos planificaron una especie de huelga general revolucionaria que culminaría en el equivalente argentino de la Comuna de París. es que los trabaja­ dores de las industrias más dinámicas y de mayores salarios res­ pondían sencillamente a su pérdida de status y a las penurias económicas impuestas por la dictadura de Onganía. los manifestantes habrían necesitado una coordinación organizativa y táctica y la aptitud y voluntad de resistir con armas propias. La clase obrera habla sido el principal protagonista del levanta­ miento. había sido un pobre sustitu­ to de la resistencia organizada de la clase obrera. El carácter de la participación obrera en el Cordobazo se hace más claro cuando se dejan de lado las explicaciones sociológicas generales y las confusas teorías de la aristocracia laboral o la in­ dustrialización dependiente y se analizan los hechos desnudos. que en rigor de verdad tiene la pátina de la respetabilidad académica. Para evitar la ocupación de la ciudad. en especial los tra­ bajadores del automóvil. Lo que había provocado el éxito inicial del Cordobazo — una explosión espontánea de furia popular que rápidamente trascendió su marco organizativo y era tan descentralizada que las tácticas policiales clásicas no podían suprimirla— se había convertido en una desventaja una vez que el ejército entró en escena. El segundo mito.E l Cordobazo 203 emblemáticos de una protesta que momentáneamente había tras­ cendido las diferencias de clase.

204 E l Cordobazo el hecho de que precisamente la mitad de los trabajadores de los sectores dinámicos sólo desempeñaron un papel mínimo en los acontecimientos del 29 y 30 de mayo. casi todos los demás sindicatos cordobeses estaban en las calles. El mar de fondo exis­ tente en toda la clase obrera local. fue igualmente mínimo. Para los principales organizadores obreros. Los trabajadores de Fiat. líderes sindicales normalmente cautelosos. Pero en el caso de los trabajadores de IKA-Renault el Cordobazo era también la consumación de la integración del joven proletaria­ do automotor al aparato gremial. Lo que es más importante es que tales interpretaciones ignoran el rol de los otros participantes obreros. estuvie­ ron notablemente ausentes de la protesta. habrían preferido las aguas más calmas de la negociación y el compromiso. futuro presidente del cla­ sista Sindicato de Trabajadores de Concord. facilitó la participación y adhe­ sión hasta de los sindicatos más sedentarios. El testimonio de Carlos Masera. Problemas laborales inmediatos. Si bien un pequeño gru­ po de ellos dejó las plantas la mañana del 29. estaban en el meollo de la participación de los dirigentes del SMATA y la UOM. con excepción de los de las más distantes plantas de Fiat. y la proximidad física de la mayoría de ellos con el centro de la ciudad. En determinado momento del Cordobazo. la abrumadora ma­ yoría permaneció en sus puestos y regresó a sus casas luego del trabajo. distorsionando con ello la naturaleza de la protesta. sí de su iden­ tidad como trabajadores mecánicos. Ambas CGT habían movilizado y preparado de antemano a los tra­ bajadores para una protesta a fin de mes. administrado por los militares. la disputa en curso sobre las quitas zonales y otros conflictos con las empresas. la intención y las metas de la protesta habían sido sin duda modestas y pragmáticas. como en el pasado. aún bajo el estrecho control de sus sindicatos de planta. Su oposición al gobierno de Onganía era también en parte el resultado de casi tres años de pérdida inin­ terrumpida de poder de negociación e influencia. perteneciente a Fiat. es representativo de los relatos de otros trabajadores de Fiat. El papel de los obreros del complejo IAME. una expresión generalizada y pro­ fundamente sentida. que se enteró de la conflagración en el centro de la ciudad a última hora del 29 mientras estaba en su casa y nunca se unió a la pro­ testa. había sido por lo tanto un factor de importancia considerable para expli­ car la naturaleza masiva del Cordobazo. nacida de la experiencia en . si no de una conciencia de clase. avivado por ías movilizaciones de la CGTA y las estratagemas tácticas de la jerarquía laboral. como Torres y Simó. como la derogación del sábado in­ glés. esperaban revertir la situación a través de las tácticas militantes de la protesta aunque.

la participación de Torres en la organización de la huelga del 29 de mayo.El Cordobazo 205 un lugar de trabajo común. A pesar de su amilanamiento en el fragor de la batalla. a fines de la década de 1960. Evidentemente. parte de la génesis del Cordobazo se encuentra también en un movimiento obrero peronista en el cual las conside­ raciones del interés propio y la política de poder y no las animosi­ dades de clase o incluso la oposición política eran aún. el sindicato se había convertido en un repositorio de los valores de solidaridad y camaradería. importantes motivaciones de la militancia sin­ dical. una ta­ rea encomendada y por lo tanto sujeta a la aprobación de los tra­ bajadores. Realzaba este nuevo senti­ do de la identidad su percepción de si mismos como un grupo pri­ vado de derechos en la sociedad argentina debido a la proscripción del peronismo. tal vez debido a la confusión que todavía rodea al aconte­ cimiento— por la izquierda marxista. La campaña de cons­ trucción sindical de Torres había tenido tal vez más éxito del que él mismo había deseado. Pero esa legitimidad seguía siendo provisional. que más tarde procuró apro­ piarse del levantamiento y transformarlo en el punto de partida de la revolución socialista en la Argentina. Si los trabajadores reaccionaron tan furiosamente en el Cordobazo. La importancia de la contribución de la jerarquía laboral pe­ ronista al Cordobazo ha sido descuidada —tal vez de manera deli­ berada. persuadieron a los traba­ jadores del SMATA de que sin duda era digno de la conducción del sindicato. el SMATA era ahora una institución por encima de los intereses de su dirigencia. y especial­ mente su detención y encarcelamiento. que se manifestaba en su estrecha identificación personal con el SMATA. un hombre dado a desen­ frenadas exageraciones sobre la influencia marxista y la existen­ cia de siniestras camarillas revolucionarias en la ciudad. dado que ahora se esperaba que fuera digno de la administración del gremio. percepción que Torres y la dirigencia sindical ha­ bían cultivado durante más de una década. sino para protestar contra el desprecio de la dictadura e IKA-Renault hacia su identidad y contra las políticas concebidas para limitar el derecho del sindicato a hablar en su nombre. Si bien Caballero atribuía gran parte de la responsabilidad por el levanta­ miento a la influencia de sacerdotes radicalizados y organizado- . Para los trabajadores de IKA-Renault en especial. no fue meramente a causa de una disminución sala­ rial o la reducción de las posibilidades de movilidad social. el gobernador Caballero. Su status compartido se definía más por la pertenencia a él que a una clase social. Quizá no haya mejor tes­ timonio de la contribución del movimiento obrero peronista al Cordobazo que la ulterior evaluación de uno de sus principales instigadores.

se esperaba que todas las clases partici­ paran en política. Sin embargo. especialmente en Córdoba. es importante evitar reducir la par­ ticipación de los trabajadores cordobeses a su propia experiencia de clase. aunque la clase obrera no respon­ . en ese sentido. Tampoco había en Córdoba un lumpenproletaria­ do creciente. en cierta forma. Así. el Bogotazo de 1948. concedió que la participación obrera había sido de inspiración abrumadoramente peronista. el Cordobazo fue muy diferente a la otra gran protesta urbana latinoamericana del siglo XX. una protesta que extraía su fuerza de sindicatos sometidos a una dirigencia peronista deci­ didamente no revolucionaria. Al explicar el Cordobazo. y específicamente la masiva y entusiasta inter­ vención obrera en la resistencia callejera.206 E l Cordobazo nes políticas izquierdistas sobre la población estudiantil local. aunque el Cordobazo sería el punto de partida de la que imperó en los años setenta. las políticas autoritarias de los tres años de gobierno de Onganía habían llevado la frustración a un nivel insostenible. había otros factores en juego. pero sólo constituían una pequeña parte de la protesta obrera. en términos de la reacción popular que siguió a la muerte de Mena. no puede compararse a la de la revuelta colombiana. Los reclamos laborales eran reales y fueron un factor de impor­ tancia considerable para explicar la participación de los trabajado­ res. en parte debido al rol de la universidad en la vida cívica y en parte a las pequeñas dimensiones de la ciudad y a su historia de oposición a Buenos Aires. No fue éste el caso del Cordobazo. aunque considerable en el Cordobazo. no tuvieron una participación significativa en la protesta. La Argentina era un país en el cual. pero él Cordobazo sólo puede entenderse plenamente cuando también se toma en cuenta el carácter de la cultura políticamente activa y políticamente letrada de la nación. La pérdida de vidas humanas y bienes. La política era un modo de vida. Los pobres urbanos de las villas miseria de las afueras. La bacanal de destrucción y terror san­ guinario del Bogotazo tenía firmes raíces en una sociedad rural en la cual la violencia política estaba muy difundida y donde la deses­ peración de las crecientes filas de pobres urbanos había alcanza­ do niveles peligrosos. y. La violen­ cia no era todavía una parte integrante dé la vida cívica argentina. En este aspecto. no existía un barril de pólvora de miseria listo para explotar. y recordar que también formaban parte de la sociedad más amplia y que por lo tanto estaban sujetos a las influencias sociales específicas en juego en la Argentina y en Córdoba en ese momento determinado.54Es posible que Tosco y los sindica­ tos independientes hayan tenido intenciones más deliberadamen­ te políticas e imaginado la caída de Onganía. una población relativamente pequeña en la Córdoba de esos años.

Si bien es posible que haya sido algo muy diferente de lo que mu­ chos sostuvieron. En los hechos que siguieron al ataque policial y la disolución de la manifestación planificada. se trató de una rei­ .El Cordobazo 207 día a un espíritu revolucionario. Para los marxistas-leninistas. la significación del Cordobazo no se ha exagerado. Como comentaron varios de los entrevistados. Torres y Simó. sin cuya preparación es cosa admitida que el levantamiento nunca se habría producido. el Cordobazo se había convertido en una protesta eminentemente política. fue la prueba del poder latente de las masas y de la eficacia de la huelga general revolucionaria y la in­ surrección popular como el camino más seguro hacia el socialis­ mo. un repudio popular al régimen autoritario. cada uno de los partidos y organizaciones izquierdistas clandestinos vio el levan­ tamiento a través de su propio marco de preceptos ideológicos y construyó sus programas revolucionarios en torno a su ejemplo. nunca habían sido dominantes. el levantamiento no ingresó al panteón de la co­ rriente principal del movimiento peronista como uno de sus días sa­ grados. para simbolizar un nuevo tipo de protesta obrera. La verdad detrás del mito no era tan importante como la existencia del mito en sí y el hecho de que alen­ tara dentro del movimiento obrero cordobés tendencias que. confirmó la necesi­ dad de construir un partido revolucionario que diera a la clase obrera la disciplina institucional y organizativa requerida para impedir la disipación de sus esfuerzos. a pesar del papel crucial jugado por los sindicatos peronistas. una protesta política. Más allá de las estratage­ mas tácticas de dirigentes sindicales como Tosco. del que se suponía era el heraldo de un nuevo rol para esa clase en la vida política del país. Para la izquierda maoísta del Partido Comunista Revolucionario y Vanguardia Comunista. Para la izquierda peronista. Irónicamente. y ese élan obrero local era fortalecido por los reclamos específicos de los trabajadores en sus respectivas indus­ trias. si bien siempre poderosas. apuntó a la necesidad de diseñar una estrategia militar paralela. por su lado. Para los neotrotskistas y guevaristas del Partido Revolucionario de los Trabajadores y las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL). sí se manifestaba en ella uno no conformista y rebelde. había habido una explosión espontánea de oposición.Esto explica la atracción del Cordobazo y el respaldo que recibió de casi todas las clases de la ciudad. para enfrentarse a los poderes represivos del Estado en futuras confrontaciones. Su mitiftcación por la izquierda y por la clase obrera cordobesa sirvió para galvanizar a gran parte del movimiento obrero local. un ejército revolucionario. y fue la chis­ pa que dio origen a los casi seis años de militancia sindical que siguie­ ron. El Cordobazo llegó a ser asociado casi exclusivamente con los otros sectores del movimiento obrero local.

Para muchos que vivieron el Cordobazo sin intermediarios. El gobierno de Caballero cayó poco después del Cordobazo.15 El mismo día. el estu­ diante de Arquitectura de Villa María. unidades policiales y del ejército comenzaron a reunir y detener a más activistas sindicales y estudiantiles. como rencorosa represalia contra los sindicatos a los que se consideraba los máximos respon­ sables de la insurrección. La gra­ vedad de los acontecimientos del 29 y 30 de mayo y el abierto desa­ fío de los manifestantes tanto al gobierno provincial como al nacio­ nal. un estudiante de Derecho. por ejemplo. El sindicato de trabajadores de Luz y Fuerza fue un blanco especial del rencor gubernamental. fue la confirmación de su cre­ ciente intervención en política y lo llevó a una posterior decisión de unirse al PRT. El gran número de trabaja­ dores lucifuercistas arrestados y las duras sentencias de cárcel dic- . desataron una ola de represión por parte del régimen que no hizo sino profundizar la oposición. pero Onganía intentó restablecer su autoridad tratando con dureza a la ciudad. la expe­ riencia marcó un punto de inflexión político. escua­ drones policiales registraron a fondo la sede central de la CGTA y los edificios del SMATA y Luz y Fuerza. ha­ cia una u otra de las organizaciones izquierdistas en los años siguien­ tes. en registros casa por casa a lo largo y lo ancho de la ciudad. a menudo con gran riesgo personal. su posterior decisión de unirse a los Montoneros sería la misma que la de muchos estudiantes de la Facultad de Derecho que tenían similares antecedentes católicos. El 31 de mayo. convirtiéndose para Onganía en el chivo expiatorio oficial de la protesta. Esto contribuye a expli­ car la simpatía que existiría en la ciudad. que sólo necesitaba el re­ torno de su líder histórico para luchar por el alejamiento de los elementos corruptos y traidores deí movimiento y restaurar su promesa revolucionaria original. particularmente entre los estudiantes universitarios pero también en algunos trabajadores. Para algunos. el Cordobazo se tradujo en una convicción absoluta respecto de la inminencia y conveniencia de la revolución socialista en la Argentina y en una disposición a trabajar activamente por ella. Se convenció de las posibilidades de la revolución en la Argentina. Para Alberto. se había movido hacia el peronismo a través de su intervención en organizaciones estudian­ tiles católicas y había participado en las campañas de la CGTA. pero también de la necesidad de un socialismo que se adaptara al carácter y las condiciones nacionales del pais.208 El Cordobazo vindicación de la esencia revolucionaría del peronismo y del tem­ ple innato de la clase obrera peronista. A pesar de la ulterior mistificación del Cordobazo. Luis. el impacto po­ lítico inmediato del levantamiento fue menos contradictorio.

una disciplina fabril más estrecha y una gran presencia militar en y alrededor del complejo de Santa Isabel. la ATE (trabajadores estatales) y otros gremios peronistas que ha­ bían vivido a la sombra de Vandor desde principios de la década . terminó con la violencia del Cordobazo. El 2 de junio. Cualquier valor que los gobiernos hubieran atribuido en el pasado a la existencia de un contrapeso a los peronistas en el movimiento obrero cordobés. La dureza de la sentencia pronunciada contra Torres fue el primer signo de que el SMATA sería considerado tan responsable del levantamiento como el más militante Luz y Fuerza. Sin embargo. el sindica­ to pareció avanzar poco a poco hacia una ruptura con Vandor y tal vez hacia una alianza permanente con los sindicatos más militan­ tes de la ciudad. apenas desvanecido el humo de la destrucción de dos días antes. la eliminación de Luz y Fuerza como un puntal dentro del mo­ vimiento obrero pasó a ser una prioridad para todos los gobiernos argentinos. El cambio más importante fue el renacimiento de los sindicatos legalistas.16Durante las semanas siguientes. Se pensó en una prohibición de la actividad política en las bases. tuvo el efecto exactamente opuesto. para intimidar a los trabajadores y hacer que aceptaran pa­ sivamente las medidas represivas del régimen. militares y civiles. La represalia del gobierno provocó una continuada militancia de los trabajadores de IKA-Renault. y los lugartenientes de Torres ocu­ paron la dirigencia vacante junto con otros sindicatos legalistas para conducir la resistencia a la reacción poscordobazo. la estrategia adoptada contra el sindicato no fue la de una purga generalizada de la dirigencia sindical sino un intento de controlar mejor sus actividades. La UTA. De allí en más. sin embargo. el Cordobazo tuvo el efecto de trastornar las alianzas sindicales establecidas en la ciudad. y el espíritu combativo del sindicato se mantuvo con vida allí donde podría haberse debilitado si se hubieran resuelto algunos de sus reclamos más destacados. Esta política. Los trabajadores del SMATA tomaron las medidas como provocaciones flagrantes.El Cordobazo 209 íadas a Tosco y otros dirigentes gremiales indicaban la conciencia gubernamental acerca de la importancia estratégica del sindicato. El SMATA fue otro de los blancos. Casi inmediatamente. el SMATA convocó a un paro de 24 horas para protestar contra las medidas del gobierno y exigir la liberación de todos los líderes gre­ miales encarcelados. La preponderancia del sindi­ cato en la organización de la protesta y la alianza que había conclui­ do con Tosco y los gremios de la COTA eran un intranquilizante recordatorio del poder que podría ejercer el movimiento obrero cor­ dobés en caso de enterrar sus divisiones sectarias y emprender una acción coordinada.

Sindicatos como los de telefónicos. a los sindicatos clasistas. Golpeado vigorosamente por los sindicatos cordobeses. que se consideraba un gesto deci­ sivo de solidaridad. aunque de escala mucho menor. Uno de los motivos por los que el SMATA. al menos en Córdoba. El propio prestigio de Ongaro había quedado restaurado por su impulsivo pero dramático y bien publicitado viaje a Córdoba y su detención allí el 27 de mayo. lo que contribuye a expli­ car los esfuerzos especiales desplegados por el gobierno peronista de 1973 a 1976 para disciplinar a los gremios peronistas locales y romper el movimiento obrero cordobés. la iniciativa la tenían otras corrientes del movimiento obrero y que Vandor y los caciques porteños no tenían el mono­ polio de la capacidad de movilizar a grandes sectores de la clase. López y los legalistas acer­ carían su alianza a las posiciones de la izquierda peronista y modi­ ficarían sus prioridades tácticas. en menor medida. trabaja­ dores del calzado y estatales que habían abandonado a Ongaro regresaron al redil de la CGTA en las semanas posteriores al Cordobazo. la CGTA emprendió una nueva campaña de resistencia. donde las protestas obreras seguían sin disminuir. El levantamiento había demostrado que. Poco después Onganía designó un gobernador mi­ . El 17 y 18 de junio se rea­ lizaron allí paros generales para exigir la liberación de todos los presos políticos. en contraste con las tácticas dilatorias y el matonismo de Vandor. En ios años siguientes. una semana después del Cordobazo. indicó que el inte­ rior permanecía aún indómito y que la alianza de la CGTA seguía viva. Vandor estaba una vez más a la defensiva. pasando de la asociación con los dirigentes del movimiento obrero peronista de Buenos Aires a una estrategia más local. privilegiando a los independientes de Tosco y. La pusilanimidad de Vandor y la indecisión demostrada en general por la jerarquía gremial durante la escalada de acontecimientos que culminó en el Cordobazo no habían sido redimidas por la convocatoria de la CGT a un paro general de 24 horas para el 30 de mayo. y el movimiento obrero alternativo recibió una anda­ nada final de apoyo. Un levantamiento similar en Rosario. A principios de junio. Una vez más. Estos movimientos harían realidad un temor de larga data de los vandoristas e inclina­ rían el equilibrio de fuerzas en favor de los sindicatos no peronistas de la segunda ciudad industrial del pais. la UTA y otros sindi­ catos legalistas decidieron mantener la alianza que habían con­ cretado en la ciudad fue la crisis de las filas vandoristas como consecuencia del Cordobazo. liberado su secretario general de la cárcel. de la UTA.210 E l Cordobazo recuperaron su independencia y descubrieron un líder en Atilio López. Ongaro recibió su más fuerte respaldo de Córdoba.

éste fue baleado en la sede de la UOM en Avellaneda. Su asesinato fue repu­ diado por la CGTA y nunca quedó plenamente aclarado. preparado para enfrentar solo al gobierno si era necesario. Los paros de junio convocados por los trabajadores del SMATA.18 La huelga general del I o de julio se realizó según lo planificado. dado que el encarcelamiento de Tosco y otros dirigentes de Luz y Fuerza debilitaba los esfuerzos para com­ batir al gobierno. apoyada por Ongaro pero rechazada por Vandor. pero durante el resto del año la inflexible represión gubernamental mantuvo al movimiento obrero a la defensiva y redujo sus oportuni­ dades de capitalización inmediata del Cordobazo y de construcción de una oposición obrera efectiva a la dictadura. Aunque la CGTA era un aliado útil. Los problemas de la inexperiencia de los líderes del SMATA se agravaban por la historia reciente del sindicato: su alianza con los agentes del poder tradicional del movimiento obrero contra los “Jó­ venes Turcos” y agitadores de la CGTA y con ello su vulnerabilidad a las presiones provenientes de la CGT central. Entonces. Torres apoyó las tácticas militan­ tes para incrementar la presión sobre el gobierno. tomó el control de varios de los principales sindicatos afiliados a la CGTA y encarceló a gran parte de la dirigencia de ésta. dado que estaba en prepa­ ración una huelga general para el 1° de julio. pero sin duda tenía como telón de fondo las ásperas divisiones y rivalidades peronistas que habían vuelto a la superficie en las semanas poste­ riores al Cordobazo. La inclinación natu­ ral del sindicato a aliarse con los poderes establecidos del movimien­ to obrero. re­ cibieron una oleada masiva de respaldo de todos los sindicatos de la ciudad y sugirieron que el Cordobazo había establecido un movi­ miento obrero unificado.E l Cordobazo 211 litar para la provincia. pero ahora en manos de los inexper­ tos lugartenientes de Torres. sin embargo. Durante varios meses el mo­ . si no de insurrección abierta. el movimiento obrero cordobés tenía ahora poder propio y era capaz de actuar de manera independiente. el 30 de junio.17El asesinato de Vandor brindó al gobierno el pretexto exacto que necesitaba para eliminar a la rejuvenecida CGTA. que se deslizaba lentamente a un estado de desobediencia civil prolongada. La resistencia ulterior tendría que ser dirigida por el SMATA. A lo largo de todo el mes surgieron tensiones. Córdoba fue el úni­ co lugar donde la resistencia sindical no se quebró. Desde la cárcel. El día del crimen el gobierno declaró el estado de sitio (que no sería levantado hasta marzo de 1973). un sindicato acostumbrado al papel de conducción en la oposición antigubernamental. incluso en Córdoba las perspectivas de corto plazo de la militancia sindical tenían obstáculos. por ejemplo. se vio socavada por la crisis y el desorden que siguieron al asesinato de Vandor.19 Sin embargo.

era que en el movi­ miento obrero estaban apareciendo nuevas grietas que no podían superarse con palabras de aliento. alentaron a la nueva diri­ gencia del SMATA a sostener la alianza obrera nacida en el Cordobazo. Lo que Tosco no podía ver desde detrás de los muros de su pri­ sión.20 La capacidad del movimiento obrero para mantener su resisten­ cia dependía en gran medida de la liberación de Tosco de la cárcel. y muchos trabajado­ res demostraron interés en las nociones de revolución. de estimular lo mejor posi­ ble la cooperación. Sólo Tosco conservaba la lealtad de los sindicatos independientes. Las condiciones locales y una evaluación fría de las limitadas posibilidades de resistir la campaña de Onganía sin el apoyo de otros sindicatos cordobeses. y sólo él podía merecer el respeto de gran parte de la clase obrera peronista local. Torres incluido. Luego del Cordobazo. En octubre. como el cata­ lizador que impidiera la disipación de los esfuerzos de la militancia de base y mantuviera unido al movimiento obrero local. con la esperanza de recuperar su libertad antes que el movimiento obrero cordobés se fracturara bajo el peso de su propia diversidad. la ideología se convirtió en una gran fuer­ za dentro de la política obrera local.212 El Cordobazo vimiento obrero peronista se encontró en un estado de confusión. trataba. cuando el gobierno procuró "normalizar” la CGT nacional con el respaldo de los vandoristas y participacionistas. Tosco intentó preservar la unidad del movimiento obrero cordobés median­ te un programa común de oposición a la dictadura. lucha de cía- . rivalidades personales y políticas o cálculos estratégicos de parte de la dirigencia gremial. Sin el líder de Luz y Fuerza. antes que un presunto inte­ rés en seguir la lucha contra el gobierno. sino diferencias ideológicas genuinas. en lo profundo de la Patagonia argentina. Durante los largos meses de encarcelamiento en la prisión de Rawson. las posibilidades de que la cooperación de los sindicatos se transformara en una disciplinada alianza obre­ ra eran escasas. El movimiento obrero cordobés pronto comenzó a hablar un nuevo lenguaje. ésta con una base provincial y en oposición a Buenos Aires. como en el pasado. el SMATA y otros sindicatos de Córdoba convocaron a un congreso de las CGT regionales para explorar ía posibilidad de formar otra CGT nacional rival. En cartas saca­ das clandestinamente de la cárcel y publicadas en Electrum y otros periódicos locales. incapaz de ayudar al SMATA cordobés a resistir las tácticas repre­ sivas del gobierno. Se lo necesitaba como un árbitro. Su papel dirigente en el Cordobazo le había ganado un prestigio que oscurecía el de todos los otros líde­ res. in absentia. En el corazón de los conflictos que pronto surgirían no había. apelaciones al sentido común y ni siquiera con un programa uniñcador de oposición a Onganía.

no sólo entre los ideólogos marxistas sino también en un amplio sector de la clase obrera cordobesa. Dentro de las fuerzas ar­ madas. En el movimiento obrero. por otra parte. alentada por el progreso que había hecho en esos años en el mercado automotor. alentados sobre todo por los propios mensajes de Perón a sus partidarios dentro de la juventud. exhibiendo una nueva sofisticación política que había estado ausente sólo unos pocos meses antes. Fiat despidió a más de cien trabajadores de su planta GMD. esta tendencia no había nacido por milagro en el levantamiento de mayo. Fue significativo como mito legitimizador. hicieron posible una relación más estrecha entre la clase obrera peronista y los activistas sindicales de izquierda. fue no obstante un poderoso estimulante de las tendencias latentes que encontraron expresión en la década de 1970. y la existencia de un gran bloque de sindicatos no pero­ nistas en los independientes de Tosco eran factores que preparaban a Córdoba para el clasismo y las luchas obreras de la década si­ guiente. Políticamen­ te. incapaces desde fines de los años cincuenta de disputar seriamente el control peronista del sin­ dicato pero que a pesar de todo aún seguían siendo una fuerza im­ portante. la presencia constante de activistas de izquierda en Santa Isabel. transformado por la izquierda de protesta po­ pular en épico suceso revolucionario. donde años de colusión sindical con la empresa Fiat y una ignominiosa pasividad durante el Cordobazo habían hecho a los trabajadores particularmente susceptibles a las influencias que había desatado el levantamiento de mayo. también abrió posibi­ lidades que antes no existían. coincidió con renovados esfuerzos de la empresa italiana por reducir sus costos laborales e incremen­ tar su competitividad. Intelectualmente. pero también tuvo importan­ cia por los cambios reales que ocasionó. Si el Cordobazo no fue el precursor de estos cambios.E l Cordobazo 213 ses y socialismo. En términos del movimiento obrero local.21 A principios de septiem­ bre de 1969. Evidentemente. la influencia de la Revolución Cubana y la inminente victoria de la coalición de la Unidad Popular de Salvador Allende en el vecino Chile hicieron que se despertara una profunda simpatía por el so­ cialismo y la creencia en su triunfo inevitable. Uno de los cambios más significati­ vos tuvo lugar en Ferreyra. expresaba influencias que actuaban desde hacía mucho tiem­ po en la ciudad. las interpretaciones revisionistas del pe­ ronismo como movimiento revolucionario planteadas por una gene­ ración de activistas políticos e intelectuales. provocando un debilitamiento fatal de la dictadura que culminaría en la destitución de Onganía en junio del año siguien­ te. Esta susceptibilidad. puso en marcha un proceso de disenso y oposición contra el régimen. El sindicato asumió una acción resuelta . afiliada al SMATA.

ellos llamaban despectiva­ mente sus sindicatos amarillos. n° 62 (julio-agosto de 1970). y el ulterior acuerdo de la com­ pañía para anular los despidos contrastó con la vulnerabilidad de los trabajadores de las otras plantas de Fiat y con la ineficacia de los que. sin em­ bargo. "Córdoba y la revolución socialista en la Argentina”. A los activistas sindicales que se identificaban con uno u otro de los programas de la izquierda. Por sobre todo.23Para muchos otros fue el punto de partida de una crítica sistemática del capitalismo argentino y la elaboración de un pro­ grama político para los sindicatos aún más radicalizado que el propuesto por Tosco y los independientes. exagerada) de su poder. 3. Crisis y protesta social mayo de 1969 (Buenos Aires: Ediciones Signos. Lewis. “Argentina: Imperialist Strategy and the May Crisis*’. que siempre fueron rea­ cios a identificarse con cualquier tendencia política que pudiera dividir todavía más al movimiento obrero.22 El Cordobazo contribuyó a una mayor politización de la totali­ dad de la clase obrera cordobesa y le dio una sensación (retrospec­ tivamente. pero también son culpables de asociar demasia­ do íntimamente el carácter del desarrolló industrial de ía ciudad con el le­ vantamiento. 403-418. pp. New Left Review. a apoyarse en su ejemplo como primer paso hacia la creación de un papel revolucionario para la clase obrera. n° 21 (agosto de 1971). Durante los siguientes seis años ejercería una profunda influencia sobre la imaginación de la clase obrera de Córdoba y alentaría a muchos trabajadores. pp. los sindicatos de planta SÍTRAC y SITRAM. y James Petras. “Le cordobazo". algunos de los cuales habían estado ausen­ tes por completo del levantamiento. “Córdoba: la . les demostró lo que muchos de ellos habían sostenido durante mucho tiempo pero que probablemente habían llegado a dudar: que la clase obrera argentina aún tenía el potencial de actuar como un protagonista político independiente del esquema corporativo pe­ ronista. 2831. vol. NOTAS 1 Ernesto Laclau. 1990). Paul H. Robert Massari. pp. 3-21. el Cordobazo cambió la dinámica de la política obrera local. cada vez con más frecuencia. 371-380. pp. Sociologie du Travail n° 4 (1975). son representativos de estas interpretaciones excesivamente esquematicas del Cordobazo. Los Libros. Francisco Delich. Los sociólogos argentinos se han mantenido más próxi­ mos a la crónica histórica. 1970). Véase Francisco Delich. The Crisis of Argentine Capitalism {Chape! Hill: University of North Carolina Press.214 E l Cordobazo en defensa de sus obreros echados.

Véase James P. Brennan y ¡Vlónica B. Balvé. Electrum. Bravo Tedín y G. Córdoba. p. la publicación semanal de los trabajadores de Luz y Fuerza de Córdoba. abundó en referencias al uso de las comodidades del sindicato por parte de los estudiantes. De las publicaciones y los comunicados sindicales de las semanas anteriores al Cordobazo surge con claridad que el problema del sábado inglés fue una cuestión galvanizadora para los trabajadores del SMATA. 7 de mayo de 1969. pp. 3755. 23 de marzo de 1969. 27 de abril de 1964. sede central de Luz y Fuerza en Córdo­ ba. política y sociedad (Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires. “Working Class Protest. “Significado de Córdoba”. "El movimiento estudiantil”. 3Jerónimo. 11Tosco. pp. n° 213. 10. p. 28 de marzo de 1969. 6La Voz del Interior. Los Libros. Córdoba. y en la protesta de los trabajadores estaba implícito. El grado de conocimiento que tenían los trabajadores de la estrategia planeada para . 9. p. 24. por ejemplo. Presente en las luchas de la clase obrera: selección de trabajos (Buenos Aires: Jorge Lannot y Adriana Amantea. pp. Los Libros. p. vol. n° 21 (agosto de 1971). 1984). Jorge Bergstein. Lucha de calles. un repudio político al régimen. 27. pp.El Cordobazo 2L5 movilización permanente”. 3La Voz del Interior. 1969”. Popular Revolt. archivo del SMATA. 12Entrevistas con Elpidio Torres. 1985). comunicados y diarios del SMATA. 25 de julio de 1985. pp. No obstante. Journal of Social History. testi­ monio grabado sobre el Cordobazo. 20 de julio de 1987. 1. 17-18. p. M. 13Véase. Pérez Lindo. era la culminación de unos tres años de medidas generales antiobreras por parte del gobierno. Universidad. lucha de clases (Córdoba 1969-1971) (Bue­ nos Aires: Editorial La Rosa Blindada. Sarria. 3 de julio de 1985. pp. "El movimiento estudiantil: de la Re­ forma al Cordobazo". Aportes. Beba C. sin duda. El Cordobazo (Buenos Aires: Centro Editor de América Lati­ na. 2Clarín. 12 de mayo de 1969. 6. and Urban Insurrection in Argentina: the 1969 Cordobazo". Gordillo. 9La Voz del Interior. 1987). “Testi­ monio del Cordobazo'’. vol. 10Electrum. p. 4Ramón Cuevas y Osvaldo Reicz. Agustín Tosco. Narraciones de variada exactitud que pretenden relatar los sucesos del Cordobazo pueden encontrarse en Roque Alarcón. Cordobazo (Buenos Aires: Editorial Enmarque. 37-55. y Daniel Villar. 1989). Córdoba. Miguel Ángel Correa. “Volantes. 17-18. 4-8. n° 10 {20 de mayo de 3969). reeditado en Democracia sindical (junio de 1984). 5Cuevas y Reicz. 1989). volante sindical "La lucha por nuestros derechos debe proseguir”. Agustín Tosco. 1973). 1. n® 15 {enero de 1970). p. 21. £1 Cordobazo: un grito de libertad (La Rioja: Editora del Nordeste. Alfredo Martini. El Cordobazo (Buenos Aires: Editorial Cartago. Agustín Tosco. Balvé y Bea­ triz S. 39. 477-498. 19 de mayo de 1969. 7Desde 1966 en adelante. ‘Testimonio del Cordobazo”. “El Cordobazo: rebelión obrera y popular". A. pp. n° 21 (agosto de 1971). y Juan Carlos Aguila. 1971). n° 3 (primavera de 1994). 48-61.

l° d e junio de 1969. p. "Córdoba. Véase. 19“Desde el encierro envía un mensaje al gremio el compañero Elpidio Torres”. la directiva gremial transmitida a los tres turnos el 28 de mayo sólo daba instrucciones generales. “I-a caída de la «Revolución Argen­ tina»: la enseñanza del Cordobazo”. ‘7Departamento de Estado de los Estados Unidos. SMATA-Córdoba. con posterior dispersión ante la sede de la CGT. en verdad. 16. Las teorías sobre la auto­ ría del asesinato de Vandor van desde su atribución a rivales internos de la UOM hasta considerar que se trató de la primera eliminación de un dirigen­ te sindical “traidor” llevada a cabo por la rama juvenil de la izquierda pero­ nista. A-366. directiva gremial "A los compañeros del gremio”. p. En 1969 era la empresa de mayores ganancias de la industria. p. 13. 1969”. En el SMATA. Fiat alcanzó por primera vez las cifras de ventas de IKA-Renault. comunicados y diarios dei SMATA. archivo del SMATA. vol. volumen "Volantes. 89. y todas las indi­ caciones dadas señalaban que se trataría de una manifestación pacífica. en cam­ bio. Tiempo de violencia y de utopía (Buenos Aires: Edito­ rial Contrapunto. vol. 15La Voz del Interior. p. 3. 21. 4 de junio de 1969. 7. 16Archivo del SMATA. por ejemplo. 22“Conflicto GMD: el triunfo de la solidaridad y la lucha”. 21 de julio de 1969. pp. 6. se haría común en la década siguiente. n° 35 (30 de junio de 1969). En el pequeño y altamente democrático de Luz y Fuerza. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. SMATA-Córdoba. p. SMATA-Córdoba. 1969". Sourrouille. 10. sin duda ampliamente de sindicato a sindicato. concentrándose en la entrada de las fábricas para marchar hacia el centro poco después. Z! En 1966. 1980). 23La importancia del levantamiento de mayo para los clasistas cordobe­ ses era muy simple: casi unánimemente se lo consideraba nada menos que como el primer acto de la revolución socialista en la Argentina. p. A los trabajadores del turno matutino se les dijo que esperaran las consignas de sus delegados y que abandonaran las plantas a eso de las once. 14Departamento de Estado de los Estados Unidos. 20La Voz del Interior. La Voz del SMATA. SMATACórdoba. La Voz del SMATA. Transnacionales en América Latina: el complejo automotor en Argentina (México: Editorial Nueva Imagen. 1988). En ningún mo­ mento se los informó de los planes para ocupar la ciudad. SMATA. Documentos Relacio­ nados con los Asuntos Internos de la Argentina. directiva gremial “Paro nacionar. 60-61. parece que casi todos los trabajadores habían sido enterados de los planes. “Vandor’s Assassination and Funeral". 28 de mayo de 1969. Juan V. volumen "Volantes. 6. 31 de mayo de 1969. Ex-Govemor’s Views on May Uprising”. I o de octubre de 1969. 18Oscar Anzorena. 4 de junio de 1969. n° 36 (14 de octubre de 1969). p. SMATA-Córdoba. A-464. Puede ha­ llarse esta interpretación en cualquiera de las publicaciones clasistas de la década del setenta. Los de los turnos vespertino y noc­ turno tenían la instrucción de reunirse en la sede gremial en el centro a las diez y avanzar directamente desde allí a Vélez Sarsfield. comunica­ dos y diarios del SMATA. n° 103 (29 .216 El Cordobazo la protesta difería. una práctica que. 15 de septiembre de 1969.

1971. carpeta "Vanguardia Comunista”. con el proleta­ riado industrial a la cabeza". 3. p.E l Cordobazo 217 de mayo de 1973). El grupo maoísta Vanguardia Comunista declaró en su informe partidario anual de 1971 que el Cordobazo había demostra­ do el “inagotable espíritu revolucionario de nuestro pueblo. . archivo del SITRAC. informe político. Vanguardia Comunista.

el Cordobazo revitaüzó a la izquierda argentina y contribuyó a la radicalización de la vida polí­ tica del país. el Partido Revolucionario de los Trabaja­ dores (PRT). perseguido y clandestino desde los primeros días del Ongardato. que tenía sus raíces en la Resistencia peronista y que antes de 1969 había estado representada en organizaciones guerrilleras como las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP).1 . había afectado adversamente a su miembro más venerable y cauto. en realidad. el Partido Comunista (PC). La proscripción de los partidos políticos. En especial. sin duda. lo que encontraría plena y trágica expresión en la dé­ cada siguiente. se hizo aún más poderosa cuan­ do el eje Montoneros-Juventud Peronista (JP) fue capaz de fusionar la creciente simpatía hacia las soluciones revolucionarias de ciertos sectores de la sociedad argentina con la exigencia de las masas pe­ ronistas de que Perón retomara del exilio y se volviera a legalizar su movimiento. pero que en los posteriores a éste se convirtieron en los lincamientos para la acción política de revolucionarios decididos. La heterogénea izquierda argentina nunca había sido completa­ mente domesticada por el régimen. El mundo subterráneo de la política revolucionaria. Las guevaristas Fuerzas Armadas de Liberación (FAL). sus miembros hablan elaborado sus respectivos programas revolucionarios. pero la naturaleza represiva del gobierno de Onganía.El Cordobazo y la resistencia obrera que siguió inmediatamente al levantamiento de mayo de 1969 desencadenaron cambios políti­ cos en casi todos los niveles de la sociedad argentina. El efecto más inmediato fue un deterioro de la capacidad gubernamental de con­ trolar el disenso político. lo que otorgó una mayor libertad a todas las formas de oposición. los maoístas Partido Comunista Revolucionario (PCR) y Van­ guardia Comunista (VC). otrora trotskista pero hacia 1969 marxista-leninista. había estimulado otras tendencias. En reuniones clandestinas y congresos partidarios secretos. La izquierda peronista. programas que a menudo habían sido poco más que deseos antojadizos de in­ telectuales en los años anteriores al Cordobazo. salió de las sombras para ocupar un lugar central en la vida nacional. y numerosos partidos y facciones menores que constituían la izquier­ da marxista se hicieron más activos bajo Onganía.

si no todas las organizacio­ nes izquierdistas del país. y en el plano nacional auspiciaba el Movimiento de Unidad y Coordi­ nación Sindical (MUCS) en su intento de ganar partidarios en la clase obrera. así como por las temibles tácticas intimidatorias del movimien­ to obrero peronista. La mayoría. les permitirían convertirse en movimientos de masas. No obstante. el clasismo definiría en lo sucesivo su relación con el movimiento de los trabajadores y su visión del rol de la clase obrera en un proyecto socialista revolucionario. En esto. y en la época del Cordobazo machacaban con programas que. parecía cautivada por las consignas y la demago­ gia. había hecho una reevaluación de sus tácticas a fines de los años sesenta. a través de la formación de células revolucionarias en las fábricas y la creación de una “corriente sindical clasista”. fue natural que la izquierda de Córdoba diera prioridad a las fábricas de Fiat e IKA-Renault. algunos meramente como propagandistas que distri­ buían literatura partidaria en las puertas de las fábricas y otros como activistas que ingresaban a éstas como trabajadores y militantes . según esperaban. La estrategia de cualquier partido revolucionario auténtico consistía ahora en ga­ narse un apoyo en la clase obrera. Se abandonó el én­ fasis en las estrategias estrictamente armadas. Dadas la preponderancia dei proletariado automotor local y su incuestionable importancia estratégica y simbólica en la ciudad. Vanguardia Comunista y el PRT. especialmente en el proletariado urbano. a sus ojos. sus miembros aún tenían dudas acerca de su aptitud para ganar a una clase obre­ ra que. con el levantamiento de mayo. particularmente en Córdoba.Los clasistas 219 El Cordobazo marcó un cambio importante en las tácticas de casi todas las organizaciones izquierdistas del país. Sin embargo. realizado en diciembre de 1969. La estrategia electoral del Partido Comunista y un conservadorismo innato originado en su larga historia en la Argen­ tina lo hicieron inicialmente hostil a los movimientos clasistas. no toda la izquier­ da adheriría a él. el Cordobazo no representó tanto la génesis como la profundización de unos cambios que ya eran perceptibles en la izquierda argentina. El PC prefería alinearse localmente con los independientes de Tosco. en particular el PCR. Esas dudas se disiparon. Pero para otros partidos de izquierda. o se lo complementó con otras que destacaban ía necesidad de que la Izquierda se intro­ dujera en los sindicatos y promoviera el papel revolucionario de la clase obrera. el término clasista sería utilizado por los grupos de izquierda para indicar un programa de cambio revolucio­ nario en alianza con la clase obrera. En el primer congreso na­ cional del PCR.2 Desde este momento. Sus militantes fueron enviados a Ferreyra y Santa Isabel. sus miembros re­ dactaron un programa que presentaba al Cordobazo como el punto de inflexión de la lucha de clases en la Argentina.

de manera más reveladora. Hacia 1970. Pero en los complejos automotores de la ciudad no fue la simpatía por el clasismo o el cambio revolucionario lo que provocó la primera gran rebelión de la base fabril en la década de 1970. SITRAC y S1TRAM. Antes bien. Las elecciones sindicales se habían convertido en rituales sin senti­ do. La debilidad de los sindicatos de la empresa era notoria en el movimiento obrero local.220 E l Cordobazo clasistas. fueron la fractura de la autoridad en los planos local y nacio­ nal y la efervescencia social posterior al Cordobazo las que alenta­ ron a los trabajadores de las plantas de Fiat a preparar un movi­ miento de recuperación sindical. que organizó la huelga del 29 de mayo que culminó en el Cordobazo. establecer una representación sindical efectiva para trabajadores que nunca la habían conocido. tal era el caso. De todos los miembros de la clase obrera de la ciudad. El movimiento sólo encontraría tar­ díamente una expresión política. Iniciaron un experimento de democracia en los lugares de trabajo que fue improvisado desde el comienzo y muy dependiente de las cambian­ tes condiciones en las plantas. que al principio fue independiente de la tutela política de la izquierda. la frustración colectiva por la ineficacia de los sindicatos y por los problemas laborales fue la génesis de la rebelión de las ba~ . los de Fiat parecían los menos idóneos para preparar una rebelión de base de tales consecuencias. de Agustín Tosco. una pequeña camarilla de dirigentes con estrechos lazos con la gerencia estaba firmemente asentada en el aparato gremial. Después de años de representación formal e inefi­ caz a través de sus sindicatos de planta controlados por la empresa. tanto del SITRAC como del SITRAM. y nunca de una manera uniforme. se trataba de un movimiento genuino de las bases que procuraba. Los sindicatos de Fiat eran conocidos. en los cuales sólo se presentaba una lista y votaban pocos tra­ bajadores. Se consideraba que SITRAC y SITRAM estaban tan desesperadamente aliados con Fiat que los dirigentes sindicales ni siquiera se habían tomado el trabajo de acercarse a ellos. Así. ya fuera entre los dirigentes sindicales que surgieron o entre los trabajadores que lo sostenían. más como “sindicatos amarillos” —sindicatos en los cuales se señalaba a los activistas y se daba aviso a la administra­ ción acerca de los indeseables en la base fabril— que como defenso­ res y protectores efectivos de los intereses obreros. Su naturaleza cautiva se demostró no sólo en su ausencia del Cordobazo sino. los trabajadores de Fiat se rebelaron. tanto por los trabajadores a los que pretendían representar como por el resto de la clase obrera de Córdoba. en las pequeñas traiciones y las repetidas omisiones de la dirigencia de SITRAC-S1TRAM para abordar los pro­ blemas de la mano de obra. por ejemplo. sobre todo.

Cuando Torres. se difundió por la planta el descontento al constatarse que el sindicato no hacía ni siquiera un intento de compromiso para disimular el hecho de que estaba a las órdenes de la empresa. Santos Torres. se postuló como delegado y fue elegido por su línea de producción. Clavero y otros trabajadores como Carlos Masera. ía conducción deí SITRAC había firmado un convenio colectivo preliminar con la empresa. Después de la partida de Lo­ zano. uno de ellos. y en ella se eligió una comisión direc­ tiva (comisión provisoria) para representar a los trabajadores hasta que pudieran realizarse nuevas elecciones. En las elecciones gremiales de enero de 1970. un pequeño número empezó a hablar de tratar de obte­ ner el control del sindicato. Junto con el comité ejecutivo del sindicato dejó la sede bajo una lluvia de insul­ tos y amenazas. Lozano. Cuando se conocieron los detalles del contrato —en el que el único logro era la conformidad de la empresa para proporcionar mensual mente un pan de jabón y un rollo de papel higiénico en los baños de la fábrica para cada trabajador— .4 En una asamblea realizada el 23 de marzo como una mera for­ malidad para aprobar el contrato de diciembre. Lo mismo que en el pasado. el nuevo contrato omitía men­ cionar aumentos salariales o proponer alguna reforma significativa para responder a los numerosos reclamos de los trabajadores. Días después de la elección la compañía lo transfirió a otra sección de la fábrica en un intento de impedir que asumiera las tareas de delegado. El resto de la reunión se convirtió en la primera de las grandes asambleas abiertas que tendrían lugar en el complejo Fiat durante los siguientes 18 meses.Los clasistas 221 ses de Fiat en 1970. el comité ejecutivo ordenó su expulsión. se restableció el orden y algunos trabajadores mocionaron que se rechazaran las recientes elecciones y el convenio colectivo. Jorge Lozano. La comisión incluía a Torres. era especialmente odiado por ser el representante más visible de los años de traiciones sindi­ cales e intimidaciones empresariales en la base fabril. mecánico . rela­ cionados con las prácticas de producción y las condiciones labora­ les en las plantas de Concord. La asamblea duró toda la noche. uno de los muchos hombres antes pertene­ cientes a la Unión Obrera Metalúrgica que habían encontrado un lugar en los sindicatos de la empresa Fiat. observó perplejo que trabajadores de cada uno de los tres turnos presentes en la asamblea exigían su renuncia y convocaban a nue­ vas elecciones. Torres y su compa­ ñero de trabajo Rafael Clavero atacaron públicamente a la conduc­ ción del SITRAC y desataron las frustraciones contenidas de los tra­ bajadores de Fiat. asistió a la primera reunión del recientemente electo cuerpo de delegados. En diciembre del año anterior. El secretario general del sindicato. pos­ teriormente.3Si bien la mayo­ ría de los trabajadores estaban resignados a un nuevo convenio humillante.

Clavero. Consciente de que sería vulnerable si intentaba en­ frentar la rebelión directamente en Ferreyra. siguiendo pacientemente los bizantinos procedimientos notariales y legales que los funciona­ rios gubernamentales.6Su solicitud. el Ministerio de Trabajo se mostraba alternativamente indiferente y hostil. El diminuto Curutchet. Los rebeldes de Fiat resolvieron encarar la ac­ ción directa antes de perder completamente la iniciativa. que desempeñaría un pape! dirigente en la rebelión de Fiat. miembros de la oposición se reunieron con el subsecretario de Trabajo Antonio Capdevila para conocer el estado de su petición. en la esperanza de que su respaldo apuntalara su muy debilitada posi­ ción en la planta de Concord. un brillante defensor de los intereses de los trabajadores cuyas simpa­ tías políticas por los sindicalistas disidentes ya habían quedado demostradas por su trabajo anterior para la CGTA y para Tosco en Luz y Fuerza. Masera.8 A medida que pasaban las semanas y las maquinaciones de Lo­ zano daban señales de tener cierto efecto. podían idear para impedir la formación de una lista opositora y la convocatoria a nue­ vas elecciones en la planta de Concord. y prometían un sindicato honesto y democrático me­ diante elecciones libres. y los sindicatos locales eran cautos. bajo la presión de Fiat. desempeñaría un papel crucial en el sostén de la rebelión de Fiat durante los meses siguientes. un paso con el que. Torres y otros estudiaron una campaña para mantener altos los ánimos en la base fabril. A principios de mayo pidió a la Confederación General del Trabajó local que admitiera al SITRAC como miembro con derecho a voto.7Entre tanto. cariñosamente conocido como “Cuqui” por los trabajadores. los trabajadores elegidos en la asamblea abierta concurrieron e hicieron peticiones aí Minis­ terio de Trabajo en repetidas ocasiones. El com­ .222 E l Cordobazo y ex obrero de IKA-Renault. Éste era entonces uno de los abogados laborales más jóvenes y prometedores de la ciudad. El 14 de mayo. Fueron acompañados por primera vez por su consejero legal recien­ temente designado. El silencio del ministro le dio a Lozano tiempo para contraatacar. varios días después. Alfredo Curutchet. para utilizar la sede central de la CGT para una conferen­ cia de prensa del SITRAC. trató de usar otros medios.5 Entre el 24 de marzo y el 13 de mayo. pretendía igualmente conferirle un as­ pecto de autoridad y se dirigía más hacia el Ministerio de Trabajo y otros sindicatos de la ciudad que a los trabajadores de Fiat. no las políticas o ideológicas. obviamente. Los primeros volantes de la nueva comisión directiva llegaron a los trabajadores en esas semanas. esperaba otorgar un manto de legitimidad a su deslucida conducción.Durante varias semanas no hubo respuesta. Todos abordaban las cuestiones de la representación sindical efectiva.

dirigentes que estaban aliados con una empresa decidida a negar a su personal incluso la más mínima protección sindical. tanto Curutchet como los trabajado­ res de Fiat escucharon a Capdevila amenazar con represalias si persistían con su petición. Fiat y el Ministerio de Trabajo acordaron realizar nuevas elecciones dentro de los siguientes treinta días. como Do­ mingo Bizzi. una vez que las alternativas quedaron claras. provenía de frustraciones personales por las con­ diciones en la planta y la falta de voluntad del sindicato para enca­ rarlas. Ninguno de ellos. salvo Bizzi. La toma resultante duró tres días. por lo que. Funcionarios de la empresa fueron tomados como rehenes. el éxito inicial de la rebelión de Concord en 1970 tuvo mucho que ver con las condiciones específicas de la ciudad como consecuencia del Cordobazo. La victoria se debió también a la pre­ sencia fortuita de un grupo de trabajadores excepcionalmente ca­ paces. Otros. sólo cobraron prominen­ cia en las semanas que culminaron en la toma de la planta de Concord. Algunos. Masera era especialmente consciente de la ineficacia del sin­ dicato de planta en Concord. Los trabajadores de Fiat tenían una larga historia de amar­ gas derrotas en sus intentos por conseguir una representación sin­ dical efectiva.pañero abogado pronto se ganaría el respeto y la confianza de los trabajadores gracias a sus incansables esfuerzos para detener los múltiples vejámenes del Estado y la empresa que la ley hacía posi­ bles. Torres y Clavero. y los trabajadores abandonaron la planta sólo después que Curutchet se hubo reunido con emisarios del go­ bierno y con Lozano y conseguido la renuncia escrita del comité eje­ cutivo del SITRAC. Al día siguiente. Así. mucho menos una ideología política elaborada. ' Su disgusto hacia Lozano y la conducción del SÍTRAC. estuvo dispuesto a forzar concesiones de parte de Fiat con la esperanza de desactivar una ulterior militancia obrera. como Masera. los disidentes convocaron-a una asamblea abierta e ins­ taron a los trabajadores a que ocuparan la planta de Concord. como el del resto del personal. El gobierno se ponía nervioso ante cualquier signo de inquietud en la clase obrera local. por haber pasado varios años en las fábricas de IKA.9 La rebelión de Fiat había comenzado como un repudio espontá­ neo a lo que los trabajadores consideraban como una conducción gremial traidora. que surgieron para conducir el renacido SITRAC. José Páez y Gregorio Flores. Había ingresado a Concord en 1963 y pronto des­ . y por sugerencia de Curutchet. y tampoco tenían ningu­ na filiación política. había tenido antes una in­ tervención especial en asuntos gremiales. En esta primera reunión. habían llegado por primera vez a los primeros planos en la asamblea del 23 de marzo.

Pero para la vasta mayoría de los trabajadores la toma fue sencillamente la culminación de años de penoso trabajo en las plantas de Fiat.10 La historia personal de Masera ofrece algunas claves acerca de la naturaleza de los trabajadores que surgieron a la notoriedad en el movimiento de recuperación sindical y a puestos de conducción en ios clasistas SITRAC y SITRAM durante los meses que siguieron. la mayoría había comenzado su vida laboral como peronistas. y cuando surgió la posibilidad de actuar. los trabajadores la aprove­ charon. Si bien algunos eran trabajadores califi­ cados. educados en una de las escuelas técnicas de la ciudad. rudimentario. El estilo paternalista de ésta. habían intentado criticar su propia situación como trabajadores de una multinacional auto­ motriz en términos abstractos e ideológicos. el SITRAM. sin saber cuál podría ser el resultado. como Masera. los clasistas de Fiat comenzaron como simples trabajadores que se rebelaron contra las frustraciones laborales acumuladas en una empresa que parecía empeñada en negarles lo que sentían era un tratamiento justo y honorable. y pocos. muchos eran trabajadores industriales de primera generación que habían emigrado del campo a la ciudad. provenientes en gran medida de una u otra de las líneas de pro­ ducción de la fábrica. se consideraba un pobre sustituto de un sindicato vigilante y salarios justos. expresado en muchas cosas. El éxito de la ocupación fabril de mayo de 1970 y la renuncia de la conducción del SITRAC alentaron una rebelión similar en la fá­ brica de Fiat Materfer. si los hubo. donde la maquinaria sindical de Elpidio Torres era un interlocutor efectivo de la empresa y en la que los salarios eran significativamente más altos que los pagados pol­ la empresa italiana. También.224 El Cordobazo cubrió que las condiciones laborales eran allí muy inferiores a las que había conocido en Kaiser. En las semanas que siguieron a la caída de Lozano. Su conocimiento del marxismo era. Lo mismo que él. Si bien muchos de ellos buscarían ulteriormente explicaciones políticas para comprender las intensas luchas en que estaban envueltos. Varios sólo sabían leer y escribir con gran dificultad. La mano de obra de la planta de equipos fe­ rroviarios de Fiat también había estado representada sólo nominal­ mente por su sindicato de planta. ninguno se había sentido atraído a la rebelión que se desarrolló inesperada­ mente a partir de la asamblea del 23 de marzo por lo que razonable­ mente podrían llamarse razones políticas. en el mejor de los casos. mu­ chos de los 21 miembros del comité ejecutivo sindical y una mayoría del cuerpo de delegados de 125 integrantes eran obreros no califica­ dos.11En síntesis. cobró impulso una rebelión de las . desde su preferencia manifiesta por contratar tra­ bajadores de ascendencia italiana hasta sus campañas de relacio­ nes públicas en las que exaltaba a “lafamiglia Fiat'.

grupos de activistas marxistas que intentaban utilizar a los trabajadores para sus propios fines políticos. después de que Onganía conmutara su sentencia de cárcel en la esperanza de cal­ mar las aguas en Córdoba.Los clasistas 225 bases con una meta similar: una representación sindical honesta y eficaz.000 pesos a la CGT como respaldo al plan huelguístico. era en realidad muy distinto y revelaba di­ ferencias precoces en la naturaleza de los movimientos clasistas que pronto surgirían en ambos complejos automotores. Como lo había hecho Lozano. su secretario general. realizada por los trabajadores de Perdriel en Santa Isabel. La militancia súbitamente descubierta de Cassanova se acompañaba de una más reveladora oferta de 500. una fábrica de herramientas y matrices. A fines de mayo. en el que el SITRAM no había estado presente debido a su dudosa reputación en el mo­ vimiento obrero local. y la ocupación fabril de los trabajadores de Materfer el 3 de junio. Las dos ocupaciones fabriles de Fiat coincidieron con otra toma de planta en la ciudad. había sido durante mucho tiem­ po un centro de oposición a Elpidio Torres. un gesto vergon­ zosamente indecoroso que demostró cuán aislada estaba la conduc­ ción del SITRAM de un movimiento obrero local en el cual el apoyo financiero a los sindicatos en huelga nunca se publicitaba por te­ mor a que corrompiera la solidaridad obrera. A su regreso. El carácter de esta rebelión. Torres descubrió que su maquinaria gremial del SMATA. incuestionablemente. los sindicatos locales se mantuvieron recelosos del SITRAM. el centro de la oposición al régimen. i lugo Cassanova. la dirigencia enquistada en el SITRAM procuró apuntalar su sitiada posición atrayendo a otros sindicatos a la controversia. otrora formidable. precipitó la renuncia del secretario general y la totalidad de la con­ ducción del sindicato. El caudillo sindical ha­ bía regresado a ía ciudad en diciembre de 1969. se había debilitado gravemente y que los candi­ datos de izquierda.12A pesar de las maniobras de Cassanova. organizados en un movimiento de recuperación sindical antitorrista. Las verdaderas moti­ vaciones del SITRAM para apoyar la huelga quedaron también ex­ puestas en sus advertencias a la CGT cordobesa acerca de los ex­ tremistas activos en ese momento en el movimiento obrero. donde el movimiento obrero local era ahora. eran ahora serios rivales en las próximas elec­ . abandonó apresuradamente el tradicional aisla­ miento de los sindicatos de Fiat con respecto a la política gremial local e informó a la CGT de Córdoba que adhería al Plan de Acción de ía confederación y que apoyaría una huelga general el 29 de mayo para conmemorar el aniversario del Cordobazo. que parecía similar a las producidas en Ferreyra. Perdriel. una virtual repetición de la toma de la planta de Concord. una referencia obvia a acontecimien­ tos recientes en la planta de Concord.

por su parte. Un núcleo de militantes obreros de la fábrica tenía víncu­ los con la izquierda y había pertenecido originalmente al Grupo 1° de mayo.14 Como las tomas de Fiat. Las líneas de confrontación se hicieron más agudas y las posibilidades de compromiso más remotas. El 3 de junio. Los trabajadores de Perdriel no se apaciguaron con las concesio­ nes de la firma. el PCR había identificado a Perdriel como un eslabón débil en la maquinaria sindical del SMATA e hizo de él una prioridad para su introducción en el proletariado automotor local. en la mayoría de las plantas se to- . había manejado la cuestión con torpeza. para protestar por el estancamiento de las conversaciones sobre los contratos. Pero Torres. IKA-Renault acordó que los trabajadores izquierdistas regresaran a la planta y permitió que los dos obreros elegidos conservaran sus puestos gremiales. Como resultado de la ocupación de Perdriel. al no protestar por el traslado de los trabajadores de Perdriel dis­ puesto por la empresa. la ocupación fabril de Perdriel representó una medida sindical extre­ ma. arreglándoselas finalmente para conseguir que algunos de sus miembros se incorporaran a la planta. pero a la que presentó como una respuesta a la intransigencia de la empresa en las cuestiones sala­ riales y laborales. en rigor. que incluyó la toma de treinta re­ henes. Su posición había quedado debilitada en un sindicato donde los trabajadores. La ocupación se produjo después de que la empresa trasladara a cuatro de los candidatos izquierdistas en las siguientes elecciones de delegados a otras plantas.13 Los activistas del PCR fueron los principales promotores de ía ocupación fabril del 12 de mayo. muchos de ellos supervisores franceses empleados por la poderosa multinacional.de verdad. una medida pen­ sada para fortalecer a la más conciliatoria conducción peronista entre los trabajadores de la fábrica. Presionado por las bases. en gran paite como resultado del estado constante de agitación de la clase obrera local luego del Cordobazo. se sospechaba su com­ plicidad con el plan de la compañía.226 E l Cordobazo ciones y tenían una presencia particularmente fuerte en la planta de Perdriel. Torres convocó a princi­ pios de junio a una huelga de todas las fábricas de IKA-Renault. huelga que esperaba restableciera su credibilidad como dirigente obrero de línea dura. el más poderoso de los agrupamientos izquierdistas de oposición a Torres a fines de la década de 1960. eran desacostumbradamente sensibles a cualquier medida del Estado o la empresa que pudiera interpretar­ se como una provocación. En los meses pos­ teriores al Cordobazo. que se convertiría en una táctica característica del sindicalis­ mo clasista y que indicaba un deterioro de las relaciones entre pa­ tronal y mano de obra en las plantas automotrices de la ciudad.

esto es. la producción de toda la industria automotriz cordobesa sufrió graves perjuicios. eliminando así una oposición envanecida que era fuente de innumerables problemas tanto para la empresa como para el sin­ . Lanusse y el ejército. ía ciudad pareció al borde de una amenazante insurrección obrera. una figura militar relativamente desconocida que tuvo que volver apresuradamente a Buenos Aires desde su puesto de agregado militar en la Embajada Argentina en Washington. ÍKA-Renault aceptó la media­ ción gubernamental y los pedidos de un período de gracia que per­ mitieran a los trabajadores regresar a las plantas mientras la em­ presa y los funcionarios sindicales negociaban un compromiso. Torres estaba ahora ansioso por negociar el fin de una huelga cuyo control había perdido y que era sostenida por militantes de base. cifra que incluía a la mayoría de los activistas de izquierda de la planta de Perdriel y del resto del com­ plejo. el general Ale­ jandro A. Los aproximadamente 1. y las autoridades provinciales y nacionales presionaron a Torres para negociar un arreglo. A decir verdad. y la CGT local declaró un paro general en apoyo a los trabajadores huelguistas del SMATA. Cuando los obreros de Concord y Materfer adhirieron a ía huelga en solidaridad y los de Concord llevaron a cabo su segunda ocupación. Hacia prin­ cipios de julio la mayoría de los trabajadores estaban de regreso en las plantas. se negociaron para provecho mu­ tuo de los torristas y la empresa. impulsando con ello a los ocupantes a abandonar las otras plantas de IKA-Renault. que había quedado fatalmente debilitado desde el momento del Cordobazo y fue liquidado definitivamente por la secuela del levantamiento en Córdoba un año más tarde. £1 4 de junio la po­ licía cordobesa ingresó por ía fuerza a la planta de Perdriel y detuvo allí a unos 250 trabajadores. en su mayoría de izquierda. Levingston. La tarea inmediata del nuevo presiden­ te. el general Roberto M. Las conversaciones entre Torres y los representantes patronales redujeron el número de trabajado­ res despedidos a unos 600. la domesticación de Córdoba. Torres se mantuvo en una postura beligerante. las verdaderas autoridades dentro del gobierno nacional.500 despidos efectivizados por IKA-Renault durante la huelga. Como Córdoba avanzaba tambaleándose hacia un estado de anarquía.15 Durante el resto del mes los trabajadores del SMATA siguieron en huelga y en las plantas de IKA-Renault se suspendió ía produc­ ción. que habían contribuido a hacerla más dura y prolongada. era lograr lo que había-demostrado ser elusivo para Onganía.16 Públicamente.Los clasistas 227 marón rehenes. pero en privado reconstruía sus puentes con la compañía. destituyeron a Onganía. Torres se vio obligado a proseguir otra campaña huelguística cuyas consecuencias no había previsto.

comenzó a difundirse len­ tamente. el grupo de trabajadores de Concord que habían surgido como diri gentes del movimiento para expulsar a Lozano y establecer una re­ presentación sindical efectiva ganó sin oposición las elecciones gre­ miales del 7 de julio. Las asambleas generales abiertas realizadas en la fábrica surgieron casi como una institución del nuevo SITRAC.17 Esas estrategias partidarias no estaban presentes en la muy di­ ferente rebelión de base que aún germinaba en las plantas de Fiat. La rebelión generacional que constituyó una parte tan importante de los movimientos clasistas de principios de los años setenta se reveló inequívocamente en los resultados electo­ rales. el PCR. era cono­ cido como “el viejo Durante los meses siguientes. no había puestos gremiales pagos. moribunda sólo unos pocos meses antes. en el momento en que terminaba la huelga del SMATA. la mayoría en la veintena o comienzos de la treintena. estos jóvenes trabajadores se apre­ suraron a cambiar la vida fabril y a hacer del nuevo SITRAC el ins­ trumento de una vigorosa democracia del lugar de trabajo. el nuevo secretario general del SITRAC. Capataces hoscos y suites irrespetuosos aprendieron a tratar cuidadosamente a los trabajadores bajo su supervisión. que implicó la necesidad de reconstruir sus organizaciones en la base fabril.18Con 37 años. de modo que los representantes del SITRAC estaban en contacto per- . ya que éste consideraba a las huel­ gas como armas políticas que debían utilizarse para debilitar la maquinaria sindical de Torres y ganar a los trabajadores para las posiciones clasistas. negociaciones colectivas y hasta quejas por la pobre calidad de la comida que se servía en el bufe de la fábrica.228 El Cordobazo dicato. Los miembros del comité ejecutivo y los delegados electos eran jóvenes. Su organi­ zación se veía facilitada en gran medida por el carácter de sindicato fabril de éste. Para el PCR y otros partidos de izquierda. Los problemas laborales se discutían abiertamente en los departamentos y las decisiones se tomaban a través de la deliberación. para no arriesgarse a una respuesta del sindicato. a pesar de reveses ocasionales como eí sufri­ do. a veces en reuniones sindicales formales pero más a menudo en consultas camaraderiles entre los trabajadores y los delegados. y se efectuaban en forma rutinaria para decidir vir­ tualmente todas las cuestiones de la base fabril: problemas con la aceleración de los ritmos de producción. la huelga estu­ vo plenamente dentro de los cálculos del partido marxista más activo en Santa Isabel. Masera. éste fue un golpe duro. El espíritu democrático del sindicato también fue estimulado por el hecho de que todos sus dirigentes conservaron sus empleos en la planta. La participación en los asuntos gremiales. En Ferreyra. A pesar de su resultado negativo.

como tampoco lo era. En esos años. Sin embar­ go. tenía su propio convenio. La deslucida reputación de la representa­ ción sindical del complejo Fiat pronto quedó superada. y los inconvenientes laborales giraban en tomo a la doble preocupa­ ción de los salarios y las condiciones de trabajo. se los había forzado a aceptar la versión modificada por Fiat de los contratos de la UOM. aunque se debía principalmente a la reputación de los dirigentes como “compañeros honestos” y no a ninguna simpatía revolucionaria de parte de la dirigencia o de las bases. que eligieron a su nueva conducción el mismo mes que los de Concord y cuyo sindica­ to siguió en muchas cuestiones el ejemplo del SÍTRAC. En caso de haber existido condiciones muy inestables de empleo. pero sus términos eran aún peores que los obtenidos por los trabajadores de Concord con los amañados contratos de la UOM. a pesar de la aparente inaplicabilidad de las categorías de la industria metalúrgica a la producción auto­ motriz. las mayores frus­ traciones de los trabajadores se originaban en sus relaciones coti­ dianas con la empresa y en las condiciones de las plan tas. acuerdo que modificaría significativamente las condicio­ nes de la planta de Concord. Problemas específicos de la planta de Concord modelaron el carácter del desa­ fío sindical allí. La conducción del SÍTRAC formó una comisión especial de representantes de los trabajadores y funciona­ rios gremiales para redactar un acuerdo propio y presentarlo a la empresa. la respuesta obrera de­ mostró que el apoyo a la nueva conducción era profundo —casi uná ­ nime en los primeros meses del nuevo SÍTRAC— . los salarios eran un tema en el cual las experiencias de los dos sindicatos eran un poco diferentes. la estabilidad en el empleo no era un problema para los trabajadores de Fiat. La situa­ ción era igual para los trabajadores de Materfer. con una masa flo­ tante de trabajadores del automóvil entrando y saliendo de las fá­ bricas de la ciudad. A lo largo del siguiente año los miem­ bros del sindicato consultaron convenios anteriores del SMATA y . Los obreros de Materfer esperaron mientras los de Concord hacían el primer inten­ to por remediar la situación. en cambio. Fiat utilizó estos acuerdos. En cambio. que en general eran menos fa­ vorables que los del SMATA. hay que decirlo. Desde mediados de los años sesenta. a pesar de los muchos obstáculos que se levantaban contra él. En una en­ cuesta en la forja de Concord.Los clasistas 229 maneóte con las bases. para el proletariado automotor cordobés en general. en cambio. El SITRAM. la naturaleza de la rebelión de base en Ferreyra bien podría haber sido muy diferente. por ejemplo. los trabajadores de Concord no tenían un convenio colectivo propio y.'9 El nuevo SÍTRAC se ganó ía lealtad de los trabajadores porque demostró ser un defensor solícito y eficaz de sus intereses.

el término formaba parte del léxico marxista desde los años veinte. Mientras el sindicato daba forma a su desafío a Fiat alrededor de problemas compartidos por todos los trabajadores.20 Más que un conflicto por ios salarios. En los primeros meses de administración del sindicato. por quienes se enteraron de que la tecnología empleada en la foija de Ferreyra había sido prohibida por las leyes laborales italianas a causa de sus efectos deletéreos sobre la salud de los trabajadores. una evolución más sorprendente acompañaba los acontecimientos en Ferreyra: la rebelión de la base fabril se estaba transformando en un movimien­ to político disidente.2’ La conducción del SITRAC eligió el problema de la forja como una de las cuestiones prin­ cipales sobre las que había que pronunciarse en favor de una efectiva intervención sindical en los reclamos laborales más sobresalientes. se había descubierto que causaba desde sorde­ ra prematura hasta trastornos sexuales.230 El Cordobazo armaron laboriosamente el contrato que propondrían a la compa­ ñía en enero de 1972. el respeto por las categorías y un salario fijó in­ dependiente de la productividad golpearon en el corazón del control de Fiat sobre la fábrica. los dirigen­ tes del SITRAC se pusieron en estrecho contacto con los sindicatos italianos de la Fiat. como ya se mencionó. el clasismo. El término clasismo y los sindica­ tos SITRAC y SITRAM se convirtieron en poco menos que sinónimos en la reciente historia laboral argentina. El nuevo SITRAC provocó la hostilidad de la empresa por esta mismísima razón. notoria por sus condiciones de trabajo insalubres pero con respecto a la cual Fiat obstruía toda conversación para mejoraría. que habían sido ignorados durante los años de afiliación a la UOM y luego a los sindicatos de planta controlados por la empresa. Una cuestión era la forja. en la base fabril de las plantas de IKA-Renault desde fines de la década de 1960. con lo que quedaron trazadas las líneas del futuro enfrentamiento entre el sindicato y la compañía. en forma embrionaria. el sindicato comenzó a preocuparse inmedia­ tamente por reclamos de larga data en la base fabril. Más allá de las negociaciones colectivas propuestas. En rigor de verdad. cuando los . Pronto cuestionaría la panoplia de prácticas productivas y políticas salariales de la empresa. Pero en realidad el clasismo no nació en las plantas de Ferreyra.32 Las demandas por las excesivas reclasi­ ficaciones de tareas. la insistencia del sindicato en redactar su propio contrato era un desafio directo al control ab­ soluto de Fiat sobre la fábrica y todas las cuestiones relacionadas con la producción. resultantes del incesante golpeteo de las prensas de martillo e hidráulicas. había estado presente en las teorizaciones partidarias de izquierda y.

fue creación de un intelectual o activista partidario anónimo y prendió en el discurso público de los sindica­ tos de Fiat y en sus panfletos en un momento en que las posibilida­ des electorales genuinas parecían remotas. Cuando la rebelión de Fiat atrajo la atención de activistas e intelectuales de todo el país. en particular con los que ocupaban puestos de conducción. el eslogan expresaba más desconexión con el estado gene­ ral de las cosas en el país que simpatía extendida para con la revo­ lución. Activistas partidarios y estudiantiles asumieron una relación tutelar con al­ gunos de los trabajadores. Las ideas clasistas estaban subordi­ nadas a las luchas que se libraban en las fábricas. auxi­ liar a sus compañeros encarcelados. por último. Algunos miembros del comité ejecutivo y del cuerpo de delegados abrazaron la ideología clasista intuitivamen­ te. y hacia 1970 lo emplea­ ban casi todos los partidos marxistas y de manera creciente ciertos sectores de la izquierda peronista. Los pasos dados hacia el clasismo eran vacilantes. el clasismo se expresó por primera vez fuera del hermético mundo de los debates partidarios y las células fabriles clandestinas. “¡Ni gol­ pe ni elección. adoptado más adelante durante ese mismo año. La nueva izquierda lo resucitó en los sesenta. .Los clasistas 231 comunistas crearon el Comité Sindical de Unidad Clasista como una alternativa sindical militante en el movimiento obrero del país. revolución!”. Entonces. por lo que pasaron a depender en gran medida de la ayuda de los activistas partidarios para imprimir sus volantes. y con resonancia nacional. un lugar de reunión donde podían analizar ía realidad cotidiana con que los trabajadores se enfrenta­ ban en las plantas y darle una explicación política y. y sólo pasaron a ser dominantes después de fines de 1971. Bizzi y los demás trabajadores que habían llega­ do a la primera fila de la rebelión en Fiat fue un lento proceso nunca plenamente consumado. No obstante. y especialmente de la misma Córdo­ ba. la izquierda estableció contactos con muchos trabajadores. La educación política de Masera. El hecho de que la expresión clasismo fuera ya parte del discurso obrero en ese momento ayuda a explicar de qué manera las rebeliones de las bases a principios de los años setenta pudieron identificarse a sí mismas en tajes términos. los ex líderes sindicales se encontraron en cierto modo alejados de la situación en las plantas. cuando SITRAC-SITRAM fueron declarados ilegales por el gobierno. una expresión ideológica. proporcionarles protección y. en tanto otros llegaron a ella a través de la lectura y la discusión política. y esa curiosa situación debe ser explicada. y el edificio sindical de SITRAC-SITRAM en el centro de la ciudad se convirtió en una especie de salón polí­ tico para la izquierda cordobesa. El eslogan del sindicato. o incluso el socialismo. Entre los trabajadores de Fiat. en ía rebelión de SITRAC y SITRAM.

si bien pocos de ellos con una mílitancia activa. de los que algunos trabajadores de Fiat creían que estaban intentando frustrar las reformas por las que ellos abogaban a través de sus sindicatos. de la UOM. Propuso un mensaje políti­ co disidente como medio de combatir a los enemigos —tanto dentro como fuera de las plantas— . el burócrata . Así. El encono entre éste y los clasistas de Fiat fue. La oposición de los clasistas no se expresaba en términos de clasismo versus peronismo. incluyendo a sus corrientes anticapitalistas. más bien. Aunque virtualmente no había participación de activistas pero­ nistas intransigentes como dirigentes dentro de los sindicatos cla­ sistas de Fiat. brindar el apoyo necesario para sostener a los ahora proscriptos SITRAC-SITRAM. que habían quedado sumergidas desde la época de la Resistencia y vuelto a surgir después del Cordobazo. El mensaje clasista podía recurrir a las propias tradiciones de la clase obrera peronista. La elec­ ción de José Rucci. sino en los del combate por una dirigencia sindi­ cal honesta y democrática y la reivindicación de un papel de con­ ducción para la clase obrera en la construcción del socialismo. casi todos los cuales afectaban a conducciones peronistas establecídas. el resultado del aliento activo de estos últimos a otros movimientos de recuperación sindical del país. presagiaba el intento de restablecer la estructu­ ra verticalista del movimiento obrero. por la supuesta deferencia servil de la CGT local hacia Rucci y su falta de voluntad para respaldar a los trabajadores de Fiat en lo que aqué­ llos consideraban como las luchas eminentemente obreras y no partidistas que se producían en las plantas de la empresa italiana. Las tensas relaciones entre SITRAC-S1TRAM y los peronistas cordobeses eran la consecuencia del apoyo de los sindicatos de Fiat a las listas disidentes en los gre­ mios locales y del resentimiento de los clasistas. los nuevos SITRAC y SÍTRAM no surgieron como ex­ plícitamente antiperonistas. inicialmente no se contempló una confrontación con el movimiento obrero peronista en el terreno ideológico o político. como secretario general de la CGT el 2 de julio de 1970. el vendido. a su tumo. A decir verdad. Más que como un movimiento de los trabajadores revolucionarios.232 El Cordobazo en general. el clasismo de esos primeros meses debe ser entendido como un movimiento de bases firmemente enraizado en los problemas del trabajo. con una mano de obra que era casi en su totalidad peronista y una dirigencia sindical en la que se contaban muchos trabajadores que habían pasado por el peronismo. el objeto del vituperio clasista en el discurso público del movimiento no era el peronista sino el trai­ dor. que no había sido restaurada desde la época de la rebelión de la CGTA. Detrás de la animosidad entre clasistas y peronistas también se encontraban los cambios en la política obrera nacional.

La liberación de Tosco de la cárcel y su regreso a Córdoba en enero de 1970 ya habían puesto en guardia a la conducción nacional de la CGT. los caciques obreros peronistas sintieron por pri­ mera vez el verdadero sabor de la nueva cruzada antiburocrática en febrero de 1970. gradualmente las dos causas se convirtieron en sinónimos en la ciudad. la toma de ejecutivos empresariales como rehenes. las huel­ gas de hambre y ías manifestaciones callejeras eran tácticas drásti­ cas de las que no había testimonios en el movimiento obrero desde la Resistencia peronista de fines de la década de 1950. La emergencia del clasismo cordobés se produjo justo en el mo­ mento en que los cambios en la política laboral nacional hacían especialmente potentes causas como la de la democracia sindical. en el cual Tosco proponía elaborar un “plan de liberación nacional”. láctea y especialmente del calzado desarrollaron una estrecha relación con SITRAC-SITRAM. Los sindicatos habían desafiado con éxi­ to a Fiat en una serie de cuestiones y adoptado tácticas militantes innovadoras que iban a extenderse por el movimiento obrero cordo­ bés en los años setenta. obligando a los dirigentes gremiales a rea­ lizar el congreso en la clandestinidad. Trabajadores y rebeldes de base de las plantas de las Industrias Mecánicas del Estado (ex LAME} y de las industrias de la construcción. las plantas de Ferreyra se convirtieron en el epicentro de la política obrera cordobesa. los sindicatos de Fiat ganaron confianza y por último estuvieron en condiciones de ofrecer asistencia a otros movimientos de base de Córdoba. los ayudaron a distribuir fichas de afiliación al sindicato y en gene­ ral les prestaron apoyo moral.23 Estas rebeliones de base presenta­ ron inicialmente a sus movimientos como más "antiburocráticos” que clasistas. El 4 de febrero. El gobierno prohibió un congreso obrero nacional el 31 de enero. la sede central de Luz y Fuerza fue ataca­ da a tiros por el ejército y el sindicato fue puesto nuevamente bajo control gubernamental. como SITRAC-SITRAM aparecían como los abanderados tanto de la democracia sindical como del clasismo.24 En realidad. cuando los trabajadores de la construcción de la . particularmente en los sindicatos ortodoxos. Otros sindi­ catos de la ciudad siguieron su ejemplo en el intento de destituir a dirigencias sindicales atrincheradas en sus puestos. Los abandonos de planta y las ocupaciones fabriles.Los dasisÉas 233 En los meses posteriores a las elecciones sindicales de julio. que les brindaron acceso a la imprenta sindical. y los movimientos de los trabajadores adoptaron de manera creciente identidades clasistas. No obstante. El ejemplo de SITRAC-SITRAM electrizó al movimiento obrero local en ía segunda mitad de 1970. que observa­ ban su ejemplo de creación de una representación gremial legítima y efectiva. Por primera vez en su historia.

como Miguel— para restablecer la influencia del sindicalismo a nivel nacional. se negaron a aceptar la expulsión dispuesta por su central de los diri­ gentes que habían concurrido a la conferencia clandestina de Tos­ co. El clasismo no era entonces el único acontecer cordobés visto como una amenaza por los caciques laborales peronistas. Las lecciones de la CGTAy el Cordobazo no habían caído en saco roto para Simó. estas nue­ vas autoridades del movimiento obrero miraban con desaprobación a SITF^C-SÍTRAM y. en general. No obstante. que había comenzado después del asesinato de Augusto Vandor. que había sido su tesorero durante la con­ ducción de Vandor. Rucci. de quien se esperaba que actuara como títere de Miguel. Obviamente. las nuevas corrientes del movimien­ . a fin de que volvieran al redil verticalista. Miguel presionó lentamente a Alejo Simó y la UOM cordobesa. seguían preocupando a Buenos Aires. De inmediato. Simó condujo a la UOM en unos pocos gestos más de insubordinación. pron­ to surgió como una figura poderosa por propio derecho y como con­ trapeso de Perón para las tendencias vandoristas de inclinaciones independientes siempre latentes en la UOM.234 Eí Cordobazo represa hidroeléctrica de El Chocón. los trabajadores ocuparon la planta durante varios días. sólo se resolvió a principios de 1970. como secretario general de la CGT en el Congreso de la Unidad Sindical “Augusto Timoteo Vandor” de julio. y seguiría buscando la independencia de Buenos Aires que le garan­ tizara su propia influencia en eí sindicalismo y con ello en el movi­ miento peronista. Los pero­ nistas de la provincia. Miguel y la UOM emprendieron la res­ tauración de la rígida cadena de mandos en el movimiento obrero — tarea considerada imperativa tanto por Perón como por los líde­ res sindicales más ambiciosos. La feroz y a menudo violen­ ta lucha de poder por el control de la UOM y sus 220. divididos como siempre entre legalistas y ortodoxos. en la provincia de Neuquén. cuando afirmó su control del gremio Ix>renzo Miguel. ex secretario de prensa de Vandor y dirigente metalúrgico relativamente desconocido de Santa Fe. que ahora le parecían impredecibles y peligrosos. quien finalmente se convertiría en el fiel representante del verticalismo en la ciudad y alinearía a su sindica­ to junto con las potencias del movimiento obrero antes que con los disidentes. mientras la izquierda lanzaba ataques más frecuentes e hirientes contra la “burocracia sindical”. al movimiento obrero cordobés. Como protesta.25 Fue Miguel quien después postuló a Rucci. El movimiento obrero pero­ nista se encontró en un estado de crisis. y con ello a los sindi­ catos ortodoxos bajo su dominio. con la UOM como blanco especial de sus críticas.000 afiliados. Rucci. en lo que ahora se considera la primera de las grandes huelgas antiburocráticas de la década.

La explicación de este cambio radica en el Cordobazo y los acon­ tecimientos que lo siguieron. entre otras cosas. anticapitalismo. La relación entre SITRAC-SITRAM y sindicatos locales como los legalistas de López y los independientes de Tosco fue al principio cordial pero nunca pasó de un respaldo formal. y encar­ naban en sus propias filas la polarización creciente de su movi­ miento entre izquierda y derecha. militancia sin compromisos y la conocida oposi­ ción aí centralismo porteño. La participación de los legalistas en el levantamiento y en la resistencia obrera de los meses siguientes hizo que su alineamiento con Miguel. fuera virtualmente imposible. Si bien tanto López como Tosco sintieron inicialmente simpatía hacía el movimiento de recuperación sindical de Fiat y apoyaban la causa antiburocrática. pero tanto legalistas como ortodoxos estaban ad­ quiriendo a lo largo de 1970 un perfil político más claro. hasta el año siguiente. Desde el momento en que el go­ . Rucci y la CGT. que propug­ naban el diálogo y el compromiso con el gobierno. la Unión Tranviarios Automotor. que combinaban las exigencias históricas del movimiento obrero de esa tendencia en favor del retorno de Perón y la relegalización del Partido Justicialista con una ideología de liberación nacíonaly un proyecto socialista para la Argentina. La UOM cordobesa estaba siendo ganada progresivamente para ía causa del verticatismoy dis­ tanciándose de los elementos radicalizados del movimiento obrero local. activistas políticos y sindicatos peronistas de la ciudad. que en los hechos era también una reivindicación de la autonomía cordobesa contra el centralismo porteño. en realidad. posiciones peronistas de izquierda en germen. Los recelos de Tosco provenían más de su escasa comprensión de lo que estaba sucediendo en Ferreyra que de genuinas diferencias políticas. Más que los ortodoxos. Las primeras declaraciones públicas de los legalistas luego de la victoria de Miguel en la UOM revelaban una mezcla de desafío. ninguno estaba complaci­ do con las posiciones clasistas con las que SITRAC-SITRAM se iden­ tificaban cada vez más.Los clasistas 235 to obrero cordobés le parecían ahora más peligrosas que las ten­ dencias en crecimiento de los porteños.27 La lucha de poder entre ías dos facciones del movimiento obrero peronista por el control de la CGT no se decidiría. servía como lugar de encuentro de intelec­ tuales peronistas de izquierda. apoyaban una ley nacional para impedir el establecimiento de nuevas industrias en la Capital Federal y una ley complementaria de promoción indus­ trial para las provincias. ahora eran los legalistas quienes aso­ maban como el principal obstáculo al verticalismo entre los sindica­ tos peronistas cordobeses.26Atilio López surgía gradualmente como el principal vocero de los legalistas y su propio sindicato.

En con­ secuencia. cuyos re­ latos parciales de la rebelión de los trabajadores de aquella empresa predisponían sus ulteriores interpretaciones del movimiento. Fiat. bautizado La Hora del Pueblo. SITRAC-S1TRAM comenzaron un plan de lucha exigiendo una serie de reformas inmediatas en la base fabril — entre ellas la reducción de la jomada en la forja de la empresa y la eliminación de cláusulas de productividad— . Trabajado­ res que antaño habían sido sumisos y temerosos ahora se mostra­ ban desafiantes. El 11 de noviembre de 1970.236 El Cordobazo bierno asumió el control de Luz y Fuerza a principios de febrero hasta el restablecimiento de su personería gremial en septiembre de 1971. que los reclamos gremiales sobre salarios y prácticas laborales se incluyeran en futuras negociacio­ nes colectivas. los principales partidos políticos. y los sindicatos descubrieron que la empresa actuaba con vacilación e ineficacia en los intentos de desbaratar su movimiento. pero también comenzaban a surgir diferencias ideológicas y políticas genuinas. por su lado. emitieron una declaración pública exi­ giendo elecciones directas inmediatas y el fin del régimen militar. Los sindicatos que anteriormente habían sido ins­ trumentos del departamento de personal de Fiat ahora cuestiona­ ban en toda ocasión la política empresarial. con marchas y maní- . El 26 de noviembre. Los recelos de López y los legalistas. Los paros y el trabajo a desgano no eran cosa cotidiana. La lucha nacida en las fábricas y el tutelaje político que algunos trabajadores recibían aho­ ra de la izquierda comenzaron a acercar a los obreros de Fiat a po­ siciones adversas a las soluciones electorales peronistas apoyadas por los legalistas. incluyendo al Jusücialista. Una campaña huelguística librada por los sindicatos llevó a Fiat a la mesa de las negociaciones y obtuvo de ella. con plena participación del movimiento peronista. en lo que se refiere al grueso de la experiencia clasista de. pero sí muy frecuentes. posiciones a las que podía describirse justifica­ damente como revolucionarias. Este frente de­ mocrático. Tosco sólo recibía informaciones por intermediarios. Objetaban la aparente indiferencia de los sindicatos de Fiat ante la legalización del movimiento peronista. eran en gran medida políticos. a regañadientes. que en negociaciones previas habían sido obstinadamente rechazadas por la compañía. recibió el apoyo de casi todos los sindicatos de la ciudad salvo los clasistas de Fiat SITRACSITRAM eran escépticos acerca de la disposición militar a entregar el control a los partidos civiles. Tosco y la conducción sindical trabajaron ocultos. Las huelgas de hambre del comité ejecutivo del SITRAC y Curutchet para protestar por el despido de dos delegados sindica­ les se convirtieron en una cause célebre local. como aducían los detractores de los sindicatos. En los últimos meses de 1970 la rebelión de Fiat creció.

el sindicato ignoró la orden.31 No obstante sus ulteriores motivos. La pérdida de prestigio de Torres. lo había inducido a volver a adoptar una postura militante. que había conocido hasta pocos meses antes. coercitivas pero eficaces. entre ellos los miembros del comité ejecutivo del SITRAC José Páez. Además de los operarios de Materfer. Levingston ordenó a los trabajadores que abandonaran la planta en un plazo de tres horas y amenazó con que. Gregorio Flores. como táctica intimídatoria. afiliados al SMATA. adhirieron a la protesta los de IKA-Renault y Grandes Motores Diesel. haciendo posiblemente de Córdo­ ba y del SMATA el asiento del poder de las 62 Organizaciones. planeó secretamente. que nacionalmente estaban muy divididas entre quienes apoyaban el diálogo con el gobierno y quienes se oponían a él. Córdoba sería declarada zona de emergencia. El gobierno ordenó de inmediato a Fiat que reincorporara a los traba­ .Los clasisLas 237 Testaciones por él centro de la ciudad y el apoyo de varias organizaclones eclesiásticas. producto especialmente de las huelgas de mayo a julio de 1970. éste fue un último y desesperado esfuerzo tanto para descabezar a la oposición interna de su propio gremio como para adoptar las tácticas militantes que le permitieran asumir el control de los peronistas de "línea dura”. la compañía decidió actuar. junto con Simó y el dirigente ortodoxo Mauricio Labat. el respaldo a la posición moderada de la CGT central y la búsqueda de diálogo con el gobierno. lo que le daba al pre­ sidente plenos poderes para ordenar ía intervención militar en la provincia. estudiantiles y políticas del lugar.:38 Fiat era ahora una empresa sitiada. como los de Fiat. Llegó incluso a exhortar públicamente a la CGT local a que convocara un congreso sindical para elaborar un plan de lucha contra Levíngston. mientras tanto. del sindicato de choferes de taxi. Domingo Bizzi y Santos Torres y a un delegado y miembro del re­ cientemente formado comité sindical para reevaluar las categorías de la compañía. su apoyo público a la huelga tuvo el efecto de intensificar la crisis. y exigió que Rucci adoptara tácticas militantes que colocaran al movimiento obrero en franca oposición al gobierno militar.29 SÍTRAC respondió con una ocu­ pación fabril que incluía la toma de funcionarios de la empresa como rehenes. despidió a siete trabajadores. y los de la vecina fábrica Perkins (que. estaban organizados en un sindicato de planta). con la esperanza de eliminar la rebelión sindical y regresar a las pacíficas relaciones laborales.30 La crisis de Fiat se extendió por toda ía ciudad cuando la totali­ dad de los trabajadores mecánicos convocaron a una huelga de so­ lidaridad para el día siguiente. si no lo hacían. Para Torres. y estaba pagando por el fra­ caso de sus políticas laborales anteriores y las duplicidades del pasado en los tratos con sus trabajadores. A principios de 1971. El 14 de enero.

cuestiones tales como la forja y las catego­ rías todavía no habían sido abordadas por la empresa. SITRAC . Fiat había reaccionado mediante el hostigamiento de los delegados.32 Más que el fin de un conflicto. ya que enfrentaban la hostilidad de empleadores que. una vez más. En marzo. Después de seis meses de representación gremial. todos los trabajadores de las industrias mecánicas de Córdoba y los de otros gremios. como los empleados públicos y los profesores universitarios. Eí 29 de enero. el arbitraje firmado el 11 de marzo por el Ministerio de Trabajo en relación con la disputa de enero revocó los despidos y rechazó las afirmaciones de Fiat de que los representantes sindicales habían abusado de sus responsabilida­ des y promovido conflictos innecesarios en las fábricas de Ferreyra. las posibilidades de compromiso eran remotas y los puntos de conflicto se magnificaban a causa de los recelos mutuos y las animosidades del pasado.SITRAM y Fiat estaban ahora encerrados en una escalada de confrontaciones. SITRAM y otros sindicatos locales aguardaron el resultado de las primeras negociaciones colectivas rea­ lizadas en más de tres años. Tal vez como reprimenda a la intransigencia de la compañía italiana.33 A lo largo de febrero. Fiat reaccionó ante la propuesta de SITRAC-SITRAM insistiendo en que las negociaciones debían realizarse en Buenos Aires. el intento de restringir las actividades sindicales en las plantas y finalmente con el despido de los miembros más beligeraiv tes de la nueva conducción del sindicato. estaban embar­ cados en acciones huelguísticas. SITRAC.238 E l Cordobazo jadores despedidos mientras durara su arbitraje. En vez de negociar. un requisito de cumplimiento imposible para trabajadores que ocupaban puestos sindicales no re­ munerados y cuya única fuente de ingresos era la paga recibida por sus empleos en las plantas de la empresa. se veían ante la desagradable pers­ pectiva de negociar convenios con su personal.34 El conflicto en curso entre SITRAC-SITRAM y la empresa sobre el establecimiento de una representación sindical efectiva y las negódaciones colectivas en el complejo de Ferreyra coincidió con un . la huelga de enero fue el primero de una serie de hechos que culminarían en la segunda gran protes­ ta obrera y levantamiento popular de Córdoba en menos de dos años. un contrato modelado según los acuerdos establecidos por el SMATA y que in­ cluía incrementos salariales que llevarían a los trabajadores de Fiat a las escalas pagadas en otras firmas automotrices. Los huelguistas abandonaron la planta de Concord en la medianoche del 15. SITRAC y SITRAM respondieron al levantamiento por parte del gobierno de Levingston de la prohibición de negociaciones colectivas presentan­ do al Ministerio de Trabajo su propuesta de convenio.

El 6. una huelga general de 1a CGT cordobesa paralizó la ciudad.Los clasistas 239 momento político particularmente sensible. Uriburu pronunció su infame discurso público ante la oligarquía cordobesa en la Fiesta del Trigo de Leones.35 La presencia de representantes de ambos sindicatos en el encuen­ . como nuevo gobernador de Córdoba. Tosco propuso la creación de un comité de huelga. antidemocráticos y en muchos casos derechis­ tas. Elpidio Torres. dejan­ do al gremio más importante de la ciudad en manos de lugarte­ nientes asustadizos y menos capaces. El I o de marzo. entre ellos la suspensión de la personería gremial de su propio Luz y Fuerza. Eí blanco de la amenaza no fue pasado por alto en los sindicatos de ía ciudad. Tosco era el único que había hecho una de­ claración pública en favor del SÍTRAC. desacreditado desde la huelga de 1970 y sitiado por la opo­ sición en el sindicato que antaño había gobernado de manera abso­ luta. Al día siguiente. Eí 2. cuando la CGT cordobesa no prestó apoyo con medidas huelguísticas a los trabajadores de Fiat en medio del con­ flicto por los despidos de enero. La elección del intolerante e intemperante Uriburu para la gobernación de una provincia como Córdoba era un disparate político de estupi­ dez casi premeditada. renunció finalmente a la secretaría general del SMATA. y el comité de huelga propuso un encuentro para el día 9 a fin de planificar su respuesta. la relación de SITRAC-SITRAM con los demás sindicatos de la ciudad y con la CGT cordobesa pasó a ser crucial. y en lo sucesivo SITRAC-SITRAM incluyeron rutinariamente a ésta en sus diatribas contra la “burocracia sindical’’. Las primeras dos semanas de marzo abundaron en estremeci­ mientos políticos cotidianos. El 5. Los sindicatos de Fiat habían respondido increpando públicamente a la CGT cordobesa. La distante relación se había vuelto más tirante. En este momento. Levingston designó a José Camilo Uriburu. a fin de preparar la ocupación obrera de todas los talleres y fábricas de la ciudad el 12 de marzo como protesta por los diversos reclamos sindicales. Su nombramiento llegó justo cuando ios sin­ dicatos se movilizaban en toda la ciudad y estaba en preparación una nueva protesta obrera. 7 de marzo. en el cual se comprome­ tió a “cortarle la cabeza a la víbora venenosa que anida” en Córdoba. Siempre habían defendido su postura aducien­ do que no estaban dispuestos a subordinar la lucha de los trabajado­ res de Fiat a los dictados de una organización obrera en la cual los sindicatos ortodoxos. vastago de una renom­ brada familia aristocrática. casi acre. aún conservaban la mayoría. De todos los principales dirigentes gremiales de la ciudad. y para exigir el fin de la dictadura. que incluiría a los díscolos sindicatos de Fiat. Los sindicatos de Fiat habían rechazado anteriores invitaciones a unirse a la CGT local.

Bizzi y Masera criticaron los planes del comité para la ocupación de los lugares de trabajo por estar mal concebidos.240 El Cordobazo tro del 9 de marzo. la CGT local amplió su pro­ testa y criticó públicamente a Rucci y la CGT central por su “com­ plicidad pasiva" y su negativa a declarar una huelga general nacio­ nal en respaldo de Córdoba. en vez de ocupar el complejo. como lo llamaron posteriormente los trabajadores de Fiat. con la marcha de columnas obreras que se encontrarían en la Plaza Vélez Sarsfield para hacer una demostración pública en contra del gobier­ no y la patronal. marcharon hacia los barrios de las cercanías. Lo que proponían a cambio era una marcha de columnas separadas de trabajadores y una manifestación pública en el centro. pero acordaron participar en la protesta después de que se llegara a un compromiso para encarar dos acciones conse­ cutivas: primero se llevarían a cabo los planes de la CGT para las ocupaciones de plantas y luego habría una huelga general. en otras palabras un retorno a la estrategia general que había conducido al Cordobazo. el trabajador de Fiat que había sido muerto dos días antes. Las ocupaciones de plantas también aseguraban una represión efi­ caz de la policía. Desde el complejo Fiat. Entre tanto. unos diez mil cordobe­ ses acompañaron. decidieron abandonar las plan­ tas de Concord y Materfer y realizar una manifestación ante las puertas de esta última. exactamente como lo había hecho la represión policial del Cordo­ bazo. provocó desasosiego en varios sindicatos y un disgusto apenas disfrazado en otros. Este conflicto. el mártir que necesitaban para galvanizar la ira colectiva en una protesta de masas. donde estaban esperando unidades poli­ ciales enviadas para disolver la demostración. en consecuencia.37 Miles de airados trabajadores de Fiat abandonaron las plantas el lunes 15 de marzo a la mañana.36 El 12 de marzo. La policía disparó sobre los manifestantes. en un repudio silencioso a la represión policial. los repre­ sentantes de Fiat se negaron a comprometer a sus sindicatos con el plan de la CGT. La policía y los trabajadores chocaron repe­ tidamente en Ferreyra a lo largo de la tarde y el anochecer. dado que éste era ahora el centro reconocido de la rnilitancia obrera en la ciudad. Las columnas de SITRAC-SITRAM . los trabajadores de Fiat. el cortejo fúnebre de Alfredo Cepeda. hasta que se ordenó a las fuerzas de seguridad que se retiraran de la zona. ya que dar noticia de los mismos a las autoridades públicas minaba cualquier posibilidad de éxito. represión que con toda probabilidad recaería con dureza particular sobre el complejo de Ferreyra. señaló el comienzo de una insurrección obrera que abarcó toda la ciudad. matando a un obrero y dando a los demás. Cuando su moción fue vencida en la votación. El 14 de marzo. día de las tomas propuestas. el Ferreyrazo.

La concentración. secretario general del SITRAM. históricamente aislados del movimiento obrero cordobés y ampliamente ausentes en las protestas de mayo de 1969. el Banco de Galicia. las columnas de SITRAC-SITRAM notaron la presencia de trabajadores de Luz y Fuerza apostados dentro y alrededor de ella. Al pasar cerca de la planta de energía de Villa Revol. estallaron las discusiones y los deba­ tes acerca dé qué paso dar a continuación. signo de que su sindicato había emprendido una ocupación en vez de encaminarse a la Plaza Vélez Sarsfield. como Alberdi y Clínicas. Poco después se unieron a ellos estu­ diantes y ciudadanos comunes. recibieron la primera de las muchas sorpresas que experimentarían ese día. una medida. y en las primeras horas de la tarde la ciudad estaba una vez más sumergida en una ola de destrucción. el Jockey Club y una gran cantidad de super­ . si bien masiva. y los legalistas e independientes lo hicieron individualmente. descubrieron también que la CGT no había ins­ talado ni la tribuna ni los altoparlantes que se habían convenido. esperando encontrar allí a miles de compañeros para la demostración. Después de discursos de Masera y Florencio Díaz. En realidad. El resultado fue una desorganizada protesta que. Los ataques a las em­ presas se difundieron. Ignorando las exhorta­ ciones de los sindicatos de Fiat a quedarse en la plaza. marchó hacia Villa Revol para apoyar a Tosco. la principal fuente de electricidad de la ciudad. La mayoría de los gremios ortodoxos se había negado a participar. dirigido principalmente por los trabajadores de Luz y Fuerza y el SMATA que estaban presentes. que nunca comunicaron a los sindicatos de Fiat. no obstante. y al correr la voz de la ocupación de Villa Revol por parte de Tosco. centros de la pro­ testa durante el Cordobazo.™ Cuando las columnas llegaron a la plaza. Pronto otros sindicatos dejaron la plaza para ocu­ par los barrios cercanos. En ruta. si no en pérdida de vidas humanas. un contin­ gente. mayor incluso que la del Cordobazo en términos de daños a la pro­ piedad. que la consideraron como una traición al compromiso del 9 de marzo. hacía varios días que los dirigentes de SITRACSITRAM no se ponían en comunicación con Tosco y los demás líde­ res sindicales. que provocó el escarnio de los trabajadores de Fiat. siguió adelante. en especial la de Tosco de ocupar Villa Revol. constituyeron los dos contingentes obreros más grandes en el cen­ tro de la ciudad. toman­ do decisiones estratégicas. y hacia la media tarde el Banco del Interior.Los clasistas 241 marcharon como se había planificado desde Ferreyra hasta el cen­ tro de la ciudad. y los trabajado­ res de Fiat e ÍME. y los sindicatos de la CGT habían tomado de manera independiente algunas decisiones para la concentración propuesta. careció incluso de las preparaciones tácticas y organizativas mínimas del Cordo­ bazo.

Los trabajado­ res de Fiat construyeron barricadas en Güemes. Ese mismo día el Ministerio de Trabajo anunció que una serie de sindi­ catos. Masera y el resto de los principales dirigentes gremiales de la ciudad. A diferencia del levantamiento de 1969. Las súplicas de apoyo hechas por la delegación cordobesa a Rucci y la CGT nacional fueron ignoradas en el congre­ so obrero nacional realizado en Rosario el 19 y 20 de marzo. habían sido colocados bajo la supervisión gubernamental. convirtiéndose en las primeras de unas cien empresas que serían incendiadas y saqueadas ese día. la resistencia prosiguió. Al día siguiente. el distrito céntrico cercano no fue ocupado. Tras una huelga general de la CGT cordobesa el día 18. Los días siguientes trajeron incesantes patrullas nocturnas del ejército por las calles de Córdoba. Esa promesa y la consideración del humor intranquilo e insurreccional que aún rei­ naba en Córdoba convencieron al comandante del ejército. y el 19 los trabajadores de Fiat abandonaron las plantas de Concord y Materfer para protestar contra la presencia de las tropas en el com­ plejo. donde se levantaron barricadas y se cortó la ruta 9 de entrada a la ciudad. en cambio. general . El 17 de marzo. así como en otros barrios como Colón y San Vicente. que planificaban ahora la resistencia a tra­ vés de la CGT. algunos trabajadores de SITRAC-SITRAM habían ocupado el cercano Barrio Güemes mientras otros volvían a Ferreyra. No obstante. que se topó con poca de la dura resistencia callejera encontrada por las tropas del ejército en el Cordobazo. se desplegaron tropas en casi todos los barrios de la ciudad así como en los comple­ jos de Fiat e IKA-Renault.39 El fracaso de los sindicatos en la coordinación de su protesta aseguró una veloz represión. Sólo en el Barrio Clínicas se habían levantado unas 200 barricadas. Varias horas después la ciu­ dad estaba ocupada y las barricadas callejeras abandonadas. y el ejército libró órdenes de captura y detención de Tosco. 16 de marzo. el gobierno de Levingston solicitó la renuncia del gobernador Uriburu. puso a la provincia bajo control militar y reinstauró apresuradamente la pena de muerte en el códi­ go penal argentino. y hacia el anochecer las zonas del oeste de la ciudad habían sido abandonadas una vez más por la policía y las fuerzas de seguridad y entregadas al control de los manifestantes. eligieron una estrategia de retirada y fortificación en los barrios adyacentes. entre ellos SITRAC-SITRAM. Córdoba fue declarada zona de emergencia. los manifestantes. llegó de Buenos Aires una brigada antiguerrillera especialmente entrenada. Entre tanto.40 Los dirigentes de SITRAC-SITRAM que aún estaban en libertad prometieron continuar la resistencia clandestina.242 El C ordobazo mercados estaban en llamas. allanamientos de los princi­ pales edificios gremiales y cientos de arrestos de trabajadores y ac­ tivistas sindicales.

que al menos había mostrado algunos signos de moderar los aspectos más represivos del gobierno militar. los Montoneros y otros en la manifestación de la Plaza Vélez Sarsfield del 15 de marzo indicaban que desde el Cordobazo había tenido lugar un cambio político significativo. Otra diferencia con­ sistió en la presencia más visible de la izquierda argentina. Los discursos de Masera y otros líde­ res sindicales en la manifestación del centro fueron de tono más anticapitalista. el Viborazo expuso las nuevas corrientes ideológicas y alianzas políticas que aparecían en la vida nacional argentina. en especial. la serie de moviliza­ ciones y protestas producidas entre el 12 y el 16 de marzo. de la necesidad de destituir a Levingston y asumir el con­ trol del gobierno el 23 de marzo. el que se convertía en el enemigo era eí capita­ lismo mismo. más críticos del sistema que del régimen. inmediatamente después del Viborazo. Fiat. Otra diferencia relacionada fue la ubicuidad en la clase obrera local de lo que puede denominarse el clasista vernáculo. El blanco de la ira de la dase obrera en 1971 no fue tanto Levingston. que había sido pequeña y clandestina en 1969 pero creciente y desafiante en 1971. Si el Cordobazo había articulado las peculiaridades de la sociedad cordobesa y una cultura política local en un momen­ to histórico determinado. poste­ riormente bautizadas Viborazo en alusión a la insolente observa­ ción de Uriburu.Los clasistas 243 La ñus se. los saqueos. los acontecimientos en Córdoba habían sido decisivos en el derrumbe del gobierno central. La confianza y las aptitudes de la izquierda revolucionaria habían crecido notablemente desde el le­ vantamiento de mayo de . ni los empresarios y su negativa a satisfacer lo que los sindicatos consideraban las justas demandas de los trabajadores. procuró restablecer el equilibrio de poder en . e inclu­ so la sensación de guerra de clases. muchas de las cuales habían recibido su inspiración y su impulso de la protesta anterior. la participación de los estudiantes universita­ rios y ía población en general de la ciudad fue un factor mucho menos importante.41 A pesar de algunas semejanzas aparentes. La destrucción de empresas fue más extendida y desenfrenada. la patronal volvió a gol­ pear. Por segunda vez en menos de dos años. y los intereses estrictamente obreros fueron más determinantes que en el levantamiento de 1969.1969. La presencia de las ondeantes banderas de! PRT en las co­ lumnas en marcha de SITRAC-SITRAM. Una fue el carácter predominantemente obrero del Viborazo. y ahora se aliaba abiertamente con el movimiento obrero disidente. fue mayor en el Viborazo. más pronunciados. así como las del PCR. La presencia de animosidades de clase. exhibieron unas cuantas diferencias significativas con respecto al Cordobazo.

pérdida de ga­ nancias como resultado de los problemas laborales/42 Como otra táctica intimidatoria. Se emitieron de inmediato órdenes para la detención de Tosco. La empresa comenzó también a presionar al gobierno para que éste adoptara medidas legales contra e! SITRAC y el SITRAM. ni siquiera gestos tan conciliatorios como el levantamiento por parte del Ministerio de Trabajo de las proscripciones gremiales consiguieron disuadir a los sindicatos cordobeses. el 28 el general Lanusse visitó personalmente Córdoba. respectivamente. la presencia de tro­ pas del ejército en el complejo de Ferreyra y en las fábricas mismas impidió gran parte de la antes animosa actividad en la base fabril. Pero la presencia de Lanusse y el arresto de Tosco sólo sirvieron para elevar las tensiones en la ciudad. en Buenos Aires.'13 A pesar del establecimiento de la ley marcial. después de un áspero debate en el cual los sindicatos ortodoxos y legalistas intercambiaron insultos. Fiat contrató a un escribano público para que documentara las condiciones en !a planta. la proscripción de sus sindicatos y la ofensiva empresarial. donde compar­ tiría una celda con Raimundo Ongaro durante varios meses. a fin de protestar contra las medidas re­ presivas del gobierno. y la militancia del movimiento obrero cordobés se mantuvo en general incólume. a fin de usar esa certifi­ cación como prueba en la demanda judicial que preparaba contra los dirigentes sindicales. una alianza entre los legalistas y los independientes eligió a López y Tosco como secretario y subsecretario general. y en especial como reac­ ción contra la conformación de la nueva CGT. dando a Córdoba el cuerpo regional más pluralista y militante de todo el movimiento obrero y neutralizando eficazmente a los re­ presentantes locales más conservadores y verücalistas del moví-' miento obrero peronista.^ Para impedir la huelga del 29 de abril. La huelga del 29 de abril se llevó adelante según lo planificado.244 El Cordobazo sus plantas. cuyas movilizaciones se habían convertido en un pro­ blema de importancia nacional. los ortodoxos. de la CGT local. y el dirigente de los trabajado­ res de Luz y Fuerza fue capturado y trasladado en avión a la peni­ tenciaría federal de Villa Devoto. A pesar del paro del 19 de marzo. para combatir la . La CGT cordobesa realizó paros generales el 2 y el 15 de abril y progra­ mó un tercero para el 29. El 13. los trabajadores de Fiat prosiguieron con sus movilizaciones y protestas.45 El estado insurreccional del mo­ vimiento obrero cordobés estaba muy presente en el pensamien­ to de Lanusse cuando el I o de mayo anunció desde la provincia el auspicio por parte del gobierno militar del Gran Acuerdo Nacional. una propuesta de transición al régimen civil pero también una retirada estratégica de los militares del poder. afirmando que sufría una grave caída de la producción y una.

Si bien contenía elementos utópicos. sin embargo.48 A pesar de su participación en el congreso.Los clasistas 245 creciente amenaza de la violencia laboral y la insurgencia guerri­ llera en eí país/i(i El Gran Acuerdo no tuvo un efecto inmediato en Córdoba. citando al Cordobazo (como solían hacerlo todos los movimientos clasistas de principios de los años setenta) como el acontecimiento que había inaugurado un nuevo capítulo en la lucha final de la clase obrera argentina por ei socialismo. Los sindicatos de Fiat criticaron la organiza­ ción misma de la reunión. que in­ tentaría congregar bajo su ala a todas las corrientes disidentes y combativas del movimiento obrero argentino. para SITRAC-SITRAM éste marcó un punto de inflexión en sus deterioradas relaciones con la CGT cordobesa. Alrededor de 117 sindicatos participaron en él. clasistas e independientes lanzaron un nuevo desafío al gobierno al organizar un congreso obrero nacional de sindicatos combativos que se realizaría el 22 y 23 de mayo. también proclamaba con ma­ yor claridad sus posiciones socialistas. porque la CGT sólo había hecho llegar invitaciones a las conducciones establecidas y no a todos los gru­ pos opositores o listas disidentes que ahora podían encontrarse en muchos sindicatos de todo el país. SITRAC-SITRAM habían sometido a la aprobación del congreso un programa propio. que tenía un lenguaje menos marxis­ ta e incluía la exigencia perentoria de devolver la legalidad al movi­ miento peronista. radicaba en que advertía al gobierno que el movimiento obrero cor­ dobés continuaría con su oposición y. se llegó a un acuerdo en un programa de oposición al gobierno.47Su verdadera significación. SITRAC-SITRAM criticaron el programa final por no presentar ningún plan de lucha claro y por no ir más allá que los de La Falda y Huerta Grande auspiciados por la CGT cordobesa combativa en el punto culminante de la Re­ . el programa de SITRAC-SITRAM in­ dicaba exactamente cuánto se había desarrollado ideológica y polí­ ticamente el movimiento de recuperación sindical. No obstante. en favor de la auspiciada por los peronistas. y convocando a la abolición de la propiedad privada. más ominosamente. pero la propuesta más radicalizada de los cla­ sistas de Fiat había sido derrotada en la votación. entre ellos la propuesta de formación de una “asamblea popular” en vez del restablecimiento de un desacredita­ do “sistema parlamentario burgués”. y a pesar de las desavenencias entre los gremios peronistas y clasistas presentes. defendía la planificación central y la partici­ pación obrera en ia administración de ías empresas y representaba un rechazo ilimitado de los programas económicos promovidos por los militares desde 1966. donde los legalistas. La resolución final del congreso convocaba a la nacionalización de todos los grandes sec­ tores de la economía.

Sin duda. Muchos partidos marxistas competían por ejercer influencia en las plantas de Fiat. demostrado muy recientemen­ te en la formación del ala militar partidaria. pero el más exitoso fue el PRT. de manera preponderante. su líder Mario Roberto Santucho se había trasladado a Córdoba para hacer de la. y no la ideología o la política. un movimiento de bases con arraigo en las fábricas. Santucho y el partido hicieron una reevaluación de su anterior énfasis en las estrategias militares. En especial. La campaña de la empresa para quebrar­ los funcionaba en múltiples niveles. particularmente con posterioridad al Viborazo.246 El Cordobazo sistencia peronista de fines de los años cincuenta y principios de los sesenta. aunque más a nivel del joven cuerpo de delegados que en el comité ejecutivo de SITRACSITRAM. es incuestionable que fue la lucha en las fábricas. es imposible saber con precisión cuántos militantes fueron ganados para el partido. Sin embargo. el Ejército Revolucio­ nario del Pueblo (ERP). y comenzaron a prestar mayor atención a la posibilidad de inculcar en el proletariado industrial un rol revo­ lucionario. y el componente ideológico y político del clasismo se entrelazó más con las luchas de la base fabril que habían sosteni­ do la rebelión de masas en Ferreyra. es decir.49 El Viborazo había tenido el efecto de politizar aún más a las fá­ bricas Fiat.55 A raíz del Viborazo y de la campaña de Fiat para eliminar los sindicatos.50 Santucho asumió un interés personal en las células del PRT es­ tablecidas en IKA-Renault. A fines de 1970. a la interpretación del clasismo por parte de la izquierda revolucionaria. Allí. la creciente identificación del clasismo de Fiat con un programa político distintivamente anticapitalista no puede atribuirse simple­ mente al desarrollo precoz de los trabajadores que surgieron de la rebelión de la base fabril en 1970. poco después del quinto congreso nacional del partido. pero el movimiento clasista de Fiat siguió siendo. el Viborazo había convencido a los grupos de izquierda del otro lado de las paredes de las fábricas de la importancia del proletariado industrial cordo­ bés en cualquier proyecto revolucionario futuro. y provocó una resuelta acción sindical para impedir su éxito. Así como lo había hecho durante . lo que permaneció como motivación deci­ siva de los trabajadores. La tutela política de la izquierda marxista fue un factor. rebelde ciudad argentina el cuartel general de las operaciones nacionales del PRT. pero el partido parece haber tenido más éxito en ganar adherentes en el complejo de Fiat. y es importante recordar que para los sindicatos clasistas de Fiat la principal preocupación y fuente del respaldo y la participación de los trabajadores seguía sien­ do su conducción honesta y eficaz en cuestiones laborales.

aunque ahora estaba dispuesta a aceptar incluso al SMATA. el arbitraje obligatorio del gobierno en la discusión del contrato produjo exactamente el tipo de conve­ nio que Fiat esperaba y los sindicatos temían.53 Durante las semanas de negociaciones se libró una campaña de terror contra los trabajadores. como preparación para la afiliación a un sindicato industrial peronista más tratable: la UOM. sí convino en mantener las detenciones de los clasistas de Fiat que estaban en la cárcel desde el levanta­ miento de marzo. y tenían en el movi­ miento obrero pocos aliados dignos de confianza que respaldaran su causa. incluyendo una bomba en la casa de Curutchet. Fiat combinó la intimidación con gestos aparentemente conciliatorios. Por SITRAC. Al ver que había terminado la época de los sindicatos dóciles. En junio. Así. y las demandas gremiales referidas a la eli­ . una jomada reducida en la forja y la eliminación de todas las cláusulas de productividad.Los clasistas 247 un proceso de radiealización similar en sus plantas italianas a fi­ nes de la década de 1960. inseguro de la reacción que podría provocar en este momento po­ lítico todavía sensible. Fiat equilibraba esos despliegues de autoridad con una concesión para permitir la reaparición gradual de la actividad gre­ mial en las plantas. que ahora asomaban como la principal oposición laboral al régimen y los críticos más vociferantes del Gran Acuerdo Nacional de Lanusse. los dirigentes sindicales de Fiat que seguían en liber­ tad se prepararon para lo que prometían ser arduas negociaciones con la compañía sobre su propuesta en las comisiones paritarias. después del congreso de mayo.54 Fiat rehusó comprometerse porque se daba cuenta de que los poderes del Estado la respaldarían antes que otorgar una victoria a los sindicatos. SITRACSITRAM se enfrentaban al intento de la empresa de restablecer su autoridad absoluta sobre su mano de obra. De hecho. Entre las demandas presentadas por los trabajadores estaba un incremen­ to salarial del 60% para equiparar los sueldos con las escalas paga­ das por otras empresas automotrices. Fiat confiaba en que la afiliación a un sindicato peronista eliminara el problema clasista y volviera a las plantas a una situación de calma. los negociadores fueron Masera y Curutchet: SITRAM fue representado por su secretario general. Fiat solicitó al gobier no que revocara su personería gremial. esperaba la empresa. La intimidación se expresaba de la manera más cruda en la presencia constante de tropas del ejército en el complejo y en la linea dura adoptada por los capataces en la base fabril. pero incluso esto formaba parte de una estra­ tegia calculada para socavar a SITRAC-SITRAM. y la empresa se opuso a todas las demandas sindica­ les. Florencio Díaz.52Si bien el gobierno rechazó su solicitud. Se otorgaron aumen­ tos salariales mínimos.

No obstante. un hecho que la expuso a las críticas peronistas de manipulación por la izquierda. y SITRAC y SITRAM se vieron obligados a buscar aliados fuera de la ciudad. La bomba en la casa de Curutchet fue sólo la pri­ mera de muchas de tales represalias contra los sindicatos. Además del dis­ gusto de los sindicatos con el convenio colectivo. habían adoptado posiciones clasistas en oposición a las conducciones gremiales establecidas y en favor de programas so­ cialistas. el trabajo a desgano y otras formas de resistencia sindical dieron pocos resultados en julio y agosto.248 El Cordobazo minación de las cláusulas de productividad y a la mejora de las condiciones laborales fueron ignoradas. y para comenzar a establecer una alianza nacional que proporcionara respaldo y protección mutuos y compensara en par­ te la falta de apoyo de la CGT peronista. otros grupos sindicales disidentes. Desde la rebelión de 1970 en Fiat y especialmente después del Viborazo. como Córdoba. SITRAC y SITRAM reaccio­ naron airadamente ante el arbitraje. El 28 y 29 de agosto. particularmente en las provincias. En gran medida fueron los partidos y no los sindicatos quienes domi­ naron las sesiones.55 Las huelgas. el congreso terminó con la aproba­ ción del programa clasista que había sido presentado y rechazado en el congreso obrero previo de marzo controlado por los peronis­ . seguían vigentes los problemas de los dirigentes encarcelados. Sus ten­ sas relaciones con la CGT local motivaron que hubiera poco apoyo para los trabajadores de Fiat de parte del combativo movimiento obrero cordobés. Rosario y especialmente en el cinturón in­ dustrial del Paraná. habían surgido en muchos sindicatos minorías influyentes de sin­ dicalistas clasistas.56 La reunión congregó no sólo a sindicalistas sino también a re­ presentantes de la mayoría de los partidos marxistas del país. los sucesos del congreso dieron cierto crédito a esas críticas. una región de desarrollo industrial reciente. En rigor de verdad. una concentración nacional de sindicalistas clasistas de todo el país. los sindicatos de Fiat realizaron un Congre­ so de Sindicatos Combativos y Agrupaciones Clasistas en Córdoba. y prepararon una serie de huelgas como protesta. calificándolo como una mera reproducción de la oferta empresaria. que era el centro de la industria siderúrgica del país y. En Tucumán. Masera y Díaz convocaron el congreso en nom­ bre de SITRAC-SITRAM por dos razones: para brindar un foro don­ de se debatieran y depuraran las posiciones ideológicas y políticas clasistas. el hostigamiento y despido de activistas y los ataques terroristas cada vez más frecuen­ tes contra ellos. dado que los trabajadores presentes se vieron sometidos a debates interminables de los activistas izquierdistas sobre la praxis revolucionaria y la economía socialista.

pero el he­ cho era que peronistas como él. los dirigentes de SITRAC-SITRAM también ha­ bían hecho últimamente mayores esfuerzos para distinguir entre los legalistas y los independientes. López y otros legalistas.59 El aislamiento de los sindicatos de Fiat se comprobó desastroso cuando el Estado decidió finalmente eliminar al movimiento dosista cordobés. los sindicatos de Fiat reaccionaron ante ía pasividad de ios sindicatos cordobeses con particular aspereza.58 Pero había culpas en ambos lados.Los clasistas 249 tas. y los que consideraban como cotos reservados y corruptos de la burocracia sindical. la UOM y los caciques peronistas que controlaban la CGT y las 62 Organizaciones. La retirada de los ortodoxos de la central regional precipitó intensas presiones de José Rucci y la jerarquía gremial peronista para hacer que López cumpliera la purga de los elementos no pero­ nistas del movimiento obrero cordobés.S7 A la luz de los graves problemas que enfrentaban. y que incluía un plan de lucha específico a llevar adelante con­ tra la patronal y el Estado. La posición de Atilio López y los legalistas en la CGT local seguía siendo vulnerable. López respondió con su re­ nuncia al cargo de secretario general de la CGT. Sin embargo. SITRAC y SITRAM procuraron cooperar con los otros sindicatos de Córdoba. En decla­ raciones públicas. y en rigor de verdad hasta el propio Tosco. con el apoyo de SITRAC-SITRAM. como du­ rante la planificación de las huelgas de marzo. a los que se reconocía como sindi­ catos democráticos con líderes honestos. debilitada por el encarcelamiento de Tosco y las constantes presiones de los ortodoxos y Buenos Aires para que rompieran la alianza con los independien­ tes y reformaran la CGT con una participación estrictamente pero­ nista. La primera víctima fue el sindicato de trabajadores del calzado. nunca habían ocultado sus dudas acerca del clasismo de Fiat. habían dirigido una rebelión de las bases que parecía cernerse so­ . SITRAC y SITRAM no tenían una comprensión completamente justa de ías realidades de la polí­ tica laboral local. donde activistas clasistas. que fue más tarde rechazada por los sindicatos en una asamblea abierta. y no habían logrado responder constructivamente en los momentos en que. un hecho que . no estaban en condiciones de asociarse demasia­ do estrechamente con las corrientes más radicalizadas que actua­ ban en Ferreyra.sin duda tenía mucho que ver con ios largos años de aislamiento del complejo Fiat con respecto al movimiento obrero cordobés. localmente los ortodoxos y nacionalmente Rucci. que procuraban hacer que la cen­ tral fuera más representativa y que estaban aliados con los inde­ pendientes de Tosco contra los caciques obreros y en la oposición al gobierno militar.

López había acordado incluir las intervenciones a SITRAC y SITRAM en la lista de reclamos que acompañaría al paro general de catorce horas de la CGT . los trabajadores de Materfer también habían interrum­ pido la producción.64 SITRAC y SITRAM procuraron re­ sistir la campaña gubernamental y empresaria de medidas para que­ brar a los sindicatos. Curutchet. La oferta demostraba que la compañía no estaba segura en modo alguno de una decisión judicial favorable. El 30 de octubre echó a 259 trabajadores. El consejero legal de SITRAC. Poco después de las diez de la mañana. los delegados interrumpie­ ron de inmediato las líneas de producción en sus departamentos. los tumos matutinos de Concord y Mateifer observaron que las tropas del ejército ocupaban una vez más las fábricas. los diri ­ gentes de SITRAC-SITRAM se enteraron de que el Ministerio de Tra­ bajo había cancelado su personería gremial la noche anterior.62La compañía terminó luego lo que había empezado el Estado. pero se encontraron ante el obstáculo de su aislamiento con respecto a los demás sindicatos cordobeses.63 Cuando los trabajadores despedidos entablaron más adelante jui­ cio contra la empresa.*1 La represión de los sindicatos de Fiat fue rápida y decisiva.60 A esa hora. El gobierno congeló los fondos de SITRAC-SITRAM y unidades del ejér­ cito y la policía ocuparon sus sedes de la zona céntrica.250 E l C ordobazo bre la conducción peronista establecida en el gremio para arrancar­ le el poder. con un artificiojurídico: como SITRAC y SITRAM ya no tenían personería grem ial los despedidos ya no eran funcionarios del sindicato. a lo largo de septiembre y octubre reinó en las plantas de Fiat una sen­ sación de expectativa. pero las tropas los dispersaron rápidamente con gas lacrimógeno y perros entrenados para atacar. y los trabajadores abandonaron en masa sus puestos para asistir a una asamblea general en la fábrica. Fiat les ofreció una indemnización a cambio de sus renuncias por escrito. Fiat justificó los despidos de representantes sin­ dicales. y dio el aviso de que era inminente una reac­ ción contra el clasismo cordobés en su conjunto. fue arrestado justo cuando estaba en­ trando a los tribunales provinciales para presentar una demanda contra la empresa por el constante encarcelamiento de dirigentes sindicales y la campaña de intimidación presuntamente lanzada por ella. El gobierno clausuró el sindicato en vísperas del congre­ so clasista de agosto. El 26 de octubre. ilegales según la ley argentina. En Concord. En Ferreyra. Si bien los trabajadores del SMATA habían convocado a una huelga y aban­ donado sus plantas la mañana en que el ejército ocupó el complejo de Ferreyra. incluso bajo un gobierno militar. los sindicatos de Fiat hallaron escaso apoyo en el movi­ miento obrero local durante las semanas siguientes. incluyendo a casi todos los miembros de los comités ejecutivos y cuerpos de delegados de SITRAC y SITRAM.

hizo poco para apoyarlos en un momento crítico. en particular. un hecho que provocó la mayor desesperación entre los demás. En una asamblea abierta de la CGT local el 3 de noviembre. Domingo Bizzi.69 Sin embargo.ñr’ Después de que la CG7' cordobesa publi­ cara un documento crítico para con el movimiento clasista. de Fiat. desmoralizados y eran incapaces de actuar con resolución.Los clasistas 251 local el 29 de octubre. y la cuestión quedó a resolución de ía escasamente predispuesta CGT central. La empresa también incrementó los ritmos de produc­ ción en las plantas y volvió a su odiado sistema de remuneración por trabajo a destajo como un medio de reducir el contacto de los trabajadores en la base fabril y minar la resistencia masiva. incluso algunos de los dirigentes se descorazonaron frente a una oposición tan abrumadora. la conducción sindical reaccionó amargamente ante la ‘'traición” de los otros sindicatos cordobeses y la decisión de los legalistas y los inde­ pendientes de someter la controversia de Fiat a Buenos Aires. que finalmente nunca se envió. entabló juicio contra la empresa por despido ilegal.®3En privado.68Si bien los comités ejecutivos de SÍTRAC y SITRAM se mantenían firmes. la fábrica Perkins y el sindicato de trabajadores del calzado. acusándola de una pasividad que bordeaba la com­ plicidad con la represión del movimiento clasista en Fiat. La vis­ ta de miles de postulantes ante las puertas de las fábricas luego que Fiat anunció que tomaría unas 400 personas para ocupar los pues­ tos dejados por los activistas encarcelados o despedidos los desalen­ tó aún más. Varios aceptaron la indemnización ofre­ cida por la empresa. con todos sus dirigentes en la cárcel o despedidos y con las tropas y los tan­ ques tíel ejército ocupando las fábricas de Ferreyra.67 Aislados dentro del movimiento obrero cordobés. denostados por Rucci y la CGT central controlada por los peronistas. los trabajadores de las plantas estaban asustados. Una huelga convocada el 3 de noviembre por la conducción de los sindicatos fracasó mi­ serablemente. El 30 de diciembre. la moción de SITRAC-SITRAM en favor de una huelga general específicamente en apoyo a los sindicatos de Fiat fue derrota­ da en la votación. pero se trataba de un ineficaz gesto de solida­ ridad. sólo fue una pequeña minoría de la conducción sindical la que sucumbió a la tentación de abandonar SITRACSITRAM. A pesar de que su apoyo a la conducción se mante­ nía incólume. lo que interpretó justificadamente como un virtual abandono de SÍTRAC SITRAM por los sindicatos locales. el subsecretario de SITRAC. y durante ios tres meses siguientes los trabajadores . SÍTRAC redactó una carta abierta a la organización. Los nom­ bres de otros veinte despedidos de SITRAC-SITRAM se agregaron a la demanda. el dirigente legalista. quedaban pocas posibilidades de resistencia sindical.

La solicitud de Fiat había tenido una clara intención estratégica . Cualquiera haya sido la impresión silenciosa de castigo justo que puedan haber tenido algu­ nos trabajadores ante una represalia hecha en su nombre. Oberdan Sailustro. la represión de Fiat en las plantas proseguía. Los sindicatos protestaron por los despidos graduales (despidos hormigas) de trabajadores de los que se sospe­ chaban simpatías sindicales y acusaron a la empresa de idear una nueva estrategia para contratar operarios de Santiago del Estero. Jujuy.73Cualquier acuerdo de los dirigentes despedidos habría compro­ metido a SITRAC-SITRAM. de las que se decía habían sido elaboradas por Fiat y distribuidas por ios militares y las agencias de inteligencia. Sin embargo. El secuestro fue una medida que la organización guerrillera tomó por su cuenta. el gobierno y el ERP. la naturaleza pública de la disputa y luego la muerte de Sailustro en Buenos Aires en un tiroteo entre sus captores y la policía.71 Mientras tanto. Los dirigentes sindicales y Curutchet condenaron y recha­ zaron la solicitud de la compañía e insistieron en que era una cuestión limitada estrictamente a Fiat. ninguno de los trabajadores despe­ didos pudo encontrar empleo ni en los complejos mecánicos ni en los talleres metalúrgicos.252 El Cordobazo expulsados de Fiat optaron por una estrategia legai a fin de recupe­ rar sus sindicatos. y nunca pudieron volver a trabajar en la industria automotriz local. el 21 de marzo de 1972. Formosa y Corrientes con la esperanza de hacer de los traba­ jadores agrícolas de las provincias más pobres y atrasadas del país una mano de obra sumisa. la conduc­ ción sindical admitió que petjudicaba irremediablemente su causa. ensuciado su reputación y dado crédito a las acusaciones de la empresa acerca de vínculos con la izquierda guerrillera. arrojaron una sombra sobre los sindicatos de Fiat y terminaron efectivamente con sus posibilidades de recuperar la personería gremial. pero aun la más pequeña que pudiera haber existido desapareció con el se­ cuestro por parte del ERP del presidente italiano de Fiat. A pesar de sus numerosos antecedentes laborales y en algunos casos de sus aptitudes altamente codiciadas.70 Tomaron esta medida a pesar de la precaria situación en que ahora se encontraban casi todos los despedidos.72 La posibilidad de una resolución exitosa a su conflicto con la com­ pañía a través del Poder Judicial siempre había sido remota. Listas negras. habían llegado no sólo a las fábricas de IKA-Renault e IME sino también a cientos de pequeños talleres metalúrgicos de la ciudad. Fiat trató de inmediato de implicar a SITRAC-SITRAM en el acto terrorista y solicitó que los sindicatos y su encarcelado consejero legal interce­ dieran y negociaran la liberación de Sailustro directamente con el ERP.

Como ya se mencionó. hacer diligen­ cias y cumplir cualquiera de las demás tareas necesarias para ad­ ministrar los sindicatos industriales. nunca defendió la lucha armada como estrategia para la construcción del socialismo. Supuestamente. era en última instancia más un llamamiento en favor de un movimiento democrático y so­ cialista de los trabajadores que de una toma violenta del poder por la clase obrera. Pero el intento de utilizar a SÍTRAC y SITRAM corno intermediarios también puede haberse basado en la genuina pero errónea creencia de la empresa de que había vínculos orgánicos entre el PRT-ERP y los sindicatos de Fiat. y que sus mayores logros en la incorporación de activistas sindicales como militantes partidarios se produjeron después de la prohibición de SITRAC-SITRAM. desde el surgimiento de la rebelión de los trabajadores de la compañía en marzo de 1970. De manera más significativa. la rebelión de.75 . nunca plenamente elaborado por los sindicatos. el clasismo de Fiat se debi­ litó debido a la insistencia de los sindicatos en postulados revolu­ cionarios y a su desprecio por las soluciones electorales en vísperas de la vuelta a la legalidad del movimiento peronista. Entre los partidos izquierdistas representados en las bases y la dirigencia sindical hacia principios de 1972 se encontraba el PRT. y en ía ciudad se había desarrolla­ do una especie de culto del trabajador centrado en SITRAC-SITRAM. si bien la más importante. de una serie de agrupaciones marxistas que competían por ganar influencia en Ferreyra. era indudablemente cierto que militantes de casi todos los partidos izquierdistas de la Argentina habían concentrado sus esfuerzos en Córdoba. editar sus periódicos.los trabajadores de Fiat ha sido inter­ pretada tanto por los académicos como por los activistas sindicales y políticos como un elogiable experimento de democracia sindical que en última instancia fracasó a causa de la intransigencia políti­ ca de SITRAC-SITRAM.Los clasistas 253 y política en sus conflictos por entonces no resueltos con los funcio­ narios sindicales despedidos. por otra parte. obteniéndose logros importantes.En general. De la noche a ía mañana los trabajadores de Fiat. ofreciéndose a mecanografiar los volantes y comu­ nicados de SITRAC-SITRAM. así como por su . hoy está claro que el partido fue sólo una. y su mensaje “revolucionario”. el status obrero conno­ taba de inmediato una superioridad moral y una predisposición revolucionaria innata. había comenzado el lento y dificultoso proceso de politizar a ías bases. En la sede de los sindicatos habían apareci­ do voluntarios. cuya cantidad de afiliados se contaba por miles. A los ojos de los militantes izquierdistas. se habían convertido en la espe­ ranza de la izquierda argentina. El movimiento clasista de Fiat.74A pesar de la opinión generalizada de que éste había dominado el movimiento clasista de Fiat.

los llevó a cometer muchos errores. SITRAC y SITRAM se enfrentaron a la tarea amilanante de encarar los pro­ blemas laborales de larga data en las plantas de Fiat y reconstruir una tradición obrera que virtualmente había desaparecido tras el ascenso del peronismo. para no hablar de las socialistas. No obs­ tante. la em­ presa y la burocracia sindical peronista plenamente alineados con­ tra ellos. lo que los llevó.254 E i Cordobazo falta. al mismo tiempo. si las decisiones tácticas y políticas del clasismo de Fiat están abiertas al debate. de disposición para cooperar con los sectores más combativos del movimiento obrero cordobés. socavó su disposición para el compromiso e hizo más truculento su lenguaje. la inteligencia con que los sindicatos de Fiat pusieron en tela de juicio las relaciones de producción en las plantas no era equiparada por su juicio político. la insistencia de los sindi­ catos en una inevitable participación en la política. Tampoco lograron apreciarla significación del Gran Acuerdo Nacional de Lanusse y el hecho de que las cam­ biantes circunstancias políticas que siguieron al Viborazo exigían tácticas diferentes y tal vez. sin duda.77Sin embargo. Sin embargo. los legalistas de López y los inde­ pendientes de Tosco. sin duda. a muchos errores políticos. y sin duda por la falta de un partido autén­ tico de los trabajadores que representara estrictamente las posicio­ nes obreras. a pesar de la insatisfacción legitima que los dirigen­ tes de SITRAC-SITRAM sentían por la falta de apoyo de parte del movimiento obrero local. . ideológicos y tácticos. También es necesario poner las acusaciones de que el sindicato obrero se había confundido con el partido político en eí contexto en el cual surgió por primera vez eí clasismo de Fiat. La inexperiencia de los diligentes clasistas. es probable que fuera inevitable cierta confusión de los roles sindical y partidario. prever la apertura política resultante del evidente intento de Lanusse por conceder una participación política mínima en la esperanza de desactivar la creciente oposición popu­ lar desencadenada por el Cordobazo habría requerido una prescien­ cia política que pocos grupos o individuos exhibieron entonces. Sus críticas a los legalistas y especialmente a Tosco y los independientes fueron a veces innecesariamente provocadoras. y su insistencia en un purismo revolucionario supuestamente los aisló incluso dentro del muy militante movimiento obrero cordobés. no puede estar­ lo. un diferente progra­ ma político. las equivocaciones fueron también producto de la reacción desatada contra los sindicatos. Con los poderes del Estado.™ Según se reputaba. la impresión de verse sitiados endureció sus posiciones. una tradición que los mismos trabajadores de esa empresa sólo entendieron imperfectamente. Después de años de régimen autoritario. SITRAC y SITRAM criticaban agudamente a los detractores que apuntaban a su intromisión en política como la causa de su caída.

ins­ pirados en el ejemplo de los trabajadores de Fiat. habían comenzado a aparecer en todo el país. Por primera vez en su historia. Esa ame­ naza se hizo tanto más real cuando los sindicatos de Fiat cobraron prominencia nacional tras el Viborazo. A lo largo de los meses de existencia de SITRAC y SITRAM. desde el ejecutivo más importante de la em­ presa al menor capataz con ínfulas de patrón”. sin embargo. la compañía se había visto forzada a aceptar una representación sindical legítima de su mano de obra. y porque los sindicatos surgieron brevemente como la más grave amenaza obrera ai Estado en eí plano nacional. Du­ rante todo ese tiempo. pero tal vez fue en los cambios más sutiles —precisamente en su sentido de la dignidad y el respeto a regañadientes que se ga­ naron de la antes intransigente empresa— donde SITRAC y SITRAM alcanzaron sus logros más significativos y proporcionaron al movi­ miento obrero. Cassanova y la empresa en las rebeliones de base de 1970 y llegado al poder en las primeras elecciones sindicales limpias de la historia del complejo de Ferreyra. especialmente en las provincias. como en el pasado. consideraron que esos mismos cambios eran las realizaciones más perdurables de SITRAC y SITRAM: “Nuestro mayor logro fue que nadie pudiera. y la fuente del respaldo constante a SITRAC-SITRAM en las bases de la empresa en los años siguientes. multamos. especialmente en Córdoba. SITRAC-SITRAM asomaron como un precedente perturbador. sino porque desafió seria­ mente a una de las empresas extranjeras más poderosas e influyen­ tes del país. Con posterioridad a la clausura de sus sindicatos. El ejemplo de una conducción sindical honesta y una democracia en funcionamiento en los lugares de trabajo fueron aspectos importantes del clasismo de Fiat. despedimos o hacer­ nos cualquier otra cosa simplemente porque le daba la gana. un ejemplo sobre el cual basarse. las publicaciones gremiales abundaron en términos como dignidad.79 . nos levantamos ante quienquiera que tuvié­ ramos que enfrentar. Eí legado más duradero del clasismo de Fiat. los tra­ bajadores que habían desafiado a Lozano. no fue su mensaje político sino la sensación de poder que la rebelión sindical había instilado en los trabajadores. respeto y conciencia de la propia valía.Los clasistas 255 Señalaban que la abstención política no sólo era una postura impo­ sible sino también deshonrosa frente a un régimen represivo que llevaba a cabo un asalto sistemático a los intereses de la clase Obre­ rí a 8 CU 7 La rebelión de los trabajadores de Fiat no fracasó a causa de una justificada participación en política — casi todos los sindicatos del país lo hacían de una u otra manera— . y otros movimientos clasistas.

1984) \Los Montoneros. 19. a Elpidio Torres. 26 de mayo de 1970. 28 de mayo de 1970. Hombres y mujeres del PRT-ERP {Buenos Aires: Edito­ rial Contrapunto. secretario general del SITRAC. transcripción de una serie de entrevistas con dos ex trabajadores de Fiat. Sol­ dados de Perón. respectiva­ mente. comunica­ do del SITRAM. en "Los comunistas revolucionarios ante la actual situación política nacional e internacional". “Características de ios sindicatos líderes de Córdoba en los ’60: el ámbito del trabajo y la dimen­ sión cultural”.secretario general del SITRAC entre 1970 y 1971. subsecretario general del SITRAC entre 1970 y 1971. 8Archivo del SITRAC. al comité ejecutivo de la CGT de Córdoba. 12 de noviembre de 1985. p. La palabra clasista aparece por primera vez en las publicaciones partidarias a fines de 1968. Buenos Aíres. carta de Jorge Emilio Lozano. eArchivo del SMATA. Consejo de Investigaciones Científicas y Tec­ nológicas de la Provincia de Córdoba. Buenos Aires. Gordillo descubrió que el término ya era utilizado por activistas del PRT en el SMATA en 1967. “Volantes. 32. 11 de julio de 1989. p. p. pp. 17 de mayo de 1970. José Páez. “Confederación General del Trabajo”. volan­ tes “A los compañeros de Fiat Concord” y “Expulsemos a Lozano: ni un paso atrás". . abril de 1991. 5 de mayo de 1970. p. Luís Mattíni. La Voz del Inteñor. 1988). 1990} y Richard Gillespie. delegado gremial del SITRAC. 5 de abril de 1970. 15 de mayo de 1970. secretario general del SITRAC. 20. La Voz del interior. Córdoba. 18. Mónica B.256 El Cordobazo NOTAS 1Además de Oscar Anzorena. 3Archivo del SITRAC. Buenos Aires. carta de Jorge Emilio Lozano. 10Entrevistas con Carlos Masera. pp. otras fuentes valiosas para la historia de la izquierda marxista y peronista durante estos años son. 1970-71".. Tiempo de violencia y de utopía (Buenos Aires: Editorial Contrapunto. BI b i d L a Voz del Interior. pp. volumen “Confederación Gene­ ral del Trabajo: notas enviadas y recibidas.. 40-41. Gregorio Flores. noviembre de 1968. miembro del comité ejecutivo del SITRAC entre 1970 y 1971. 1‘ Entrevista con José Páez. 4Ibid. n° 123 (mayo de 1970). Córdoba. Buenos Aires: Editorial Gríjalbo]. 7Ibid. SMATA-Córdoba. 12 Archivo del SMATA. 8 de mayo de 1970. secretario general de la CGT de Córdoba. 3 Informe. Domingo Bizzi. p. documento “Progra­ ma del primer congreso del Partido Comunista Revolucionario". informe del comité nacional. Informe Anual. 14. impresos o mimeos”. carpeta “PCR". Soldiers of Perón: Argentina1s Montoneros (Oxford: Oxford Universiiy Press. 18 de julio de 1990. 87-88. Servicio de Documentación e Información Laboral. 30 de abril de 1970. Córdoba. carpeta AI. -Archivo del SITRAC. 22 de julio de 1987. 19-20. Gordillo. carpeta “Desgrabaciones: Rafael Clavero/Santos Torres". 15 de julio de 1984.

p. Boletín del Sindicato de Tra­ bajadores Conéord. Los cla­ sistas dieron su versión de los sucesos de Perdriel en “Cómo fue y qué en­ seña la lucha de PerdrieHKA”. 4. n° 46 (junio de 1970). y estaban ubicando activistas en las plantas de IKA-Renault desde fines de los años sesenta. en general. SMATA-Córdoba. Servicio de Documentación e Información Laboral. . pp. y sus acumulados c/Fiat Concord". carpeta “Elecciones: comisión directiva y delega­ dos”.Los clasistas 257 13Entrevista con Antonio Marimón. Se ubicarían militantes en las diversas plantas de IKA-Renault. El PCR. n° 1 (13 de enero de 1971). 17“IKA-Perdriel: un camino y un método”. Nueva Hora. docu­ mento “Situación de las paritarias . San José.pían de lucha”. 20. “Volantes. carpeta Al. “El partido y la lucha sindical". 18 de mayo de 1971. Jorge Zapata y Alberto Troncoso. 14 de mayo de 1970. Los contactos gremia­ les con los sindicatos de Fiat en Turín siguieron siendo intensos a lo largo de toda la experiencia clasista de SITRAC-SITRAM. documento “Bizzi. 14Informe. Costa Rica. Santa Isabel. Teoría y Política. 39-40. poco después de la toma de Perdriel. documento presentado al Seminario sobre Movimientos Obre­ ros en América Latina.. n° 124 (ju­ nio de 1970). 2. pp.9Archivo del SITRAC. “Desarrollar una poderosa corriente sindical clasista”) y más tarde fue depurada por dos teóricos del partido. una política que sólo pasó a ser prio­ ritaria después de los sucesos de mayo de 1969. impresos o mímeos”. por ejemplo. informe de las Agrupaciones Io de Mayo. 53-59. Buenos Aires. 16ibid. células de militantes de base. La Voz del Interior. 20. 61-71. donde establecerían “comisiones de lucha”. 15Informe. Departamento de Relaciones Industriales de Renault. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. p. 1-8. fotocopia de la lista Azul y Blanca. archivo del SMATA. “ Archivo del SÍTRAC. entrevista con José Páez. n° 4 (marzo-abril de 1970). 13 de mayo de 1970. n° 123 (mayo de 1970). n° 125 (julio de 1970). ex secretario de prensa del SMATA clasista (1972-1974). Esta estrategia se expuso por primera vez en el ma­ nual partidario de 1969 del PCR (Capítulo 8. I o de junio de 1970. 21 Archivo del SITRAC. p. 12 a 18 de noviembre de 1972. “Condición obrera y sindicato clasista”. Francisco Delich. p. “Resumen de los hechos que culminaron con las tomas de planta". El objetivo era. Los partidos de la "nueva izquierda” habían incrementado sus esfuerzos para ganar influen­ cia en el SMATA. Servicio de Documentación e Información Laboral. 6 de junio de 1971. 5. que politizarían a los trabajadores mediante la vincu­ lación de las discusiones políticas con los problemas laborales cotidianos. pp. sólo elaboró plenamente su estrategia de inserción en la clase obi-era local en los meses siguientes al Cordobazo. memorándum de IKA-Renault. volumen “Volantes y comunicados 1970". 22Archivo del SÍTRAC. carpeta "Juicios de reincorporación”. 18Archivo del SITRAC. p. carta de Ar­ . Domingo Valentín. establecer unos pocos delegados en fábricas estratégicas y luego vincular el clasismo con los movimientos en favor de la democracia sindical. 30 de junio de 1990. “Esto pasa en Forja”. pp.

"Comunicado de prensa de SITRAC: abandono de planta y manifestación en las calles de San Vicente”. Servicio de Documentación e información Laboral. p. 31Archivo del SMATA. 26Archivo del SMATA. Cristianismo y Revolución 4. fue la publicación gremial más importante de la ciudad entre 1970 y 1974. "Labor Developments in January”. 27La revista de la UTA. ‘‘Government Caneéis Córdoba Opposition Meeting Sponsored by Some Labor Elements”. dejó dos muertos y diecinueve detenidos en la lucha por el poder en la UOM. n° 27 (enero-febrero de 1971). asesor legal del SITRAC. 14. volumen “Confederación General del Trabajo”. carpeta A1I-37. por ejemplo. 14 de enero de 1971. p.41356Z. documento “Declaración y resolución del plenario de gremios confederados de Córdo­ ba. pero sin duda si lo eran sus alianzas políticas y el gra­ do en que el discurso reflejaba la verdadera conducta del sindicato. “Una Navidad combatiente”. 29Archivo del SÍTRAC. 3 de marzo de 1970. 9. Véase. docu­ mento “A la clase obrera y al pueblo de Córdoba”. 30 Informe. Rucci y la dirigencia gremial porteña. 24 de noviembre de 1970. 25Departamento de Estado de los Estados Unidos. Tiempo de violencia y de utopía. n° 131 (enero de 1971). entrevis­ tas con teólogos de la liberación y criticas fulminantes a Miguel. y tam­ bién el programa político del sindicato publicado en La Voz del Interiore 1 13 de septiembre de 1970. carta de Elpidio Torres. Un “tiroteo at estilo de Chicago". Departamento de Estado de los Estados Unidos. 24Anzorena.258 El Cordobazo turo Curutchet. En cualquier número de la revista durante esos años pueden encontrarse ar­ tículos sobre Tosco y los independientes. pp. “Confederación General del Trabajo”. 1988). UTA. carpeta AI. 32-38. y por último dio como resultado el control del gremio por parte de Miguel. secretario general del SMATA-Córdoba. 25. Es posible que su lenguaje político. el número de mayo de 1971. Los sindicatos clasistas: SITRAC (1970-71) (Buenos Ai­ res: Centro Editor de América Latina. a la Dele­ . telegrama 376. 101. 28Natalia Duval. Córdoba. Documentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. p. “Volantes. a la Secretaria de Trabajo. subse­ cretario del SITRAC. como lo calificó la Emba­ jada de los Estados Unidos. 2SSITRAC-SITRAM apoyaron en varias ocasiones con paros a estos sin­ dicatos. 4 de febrero de 1970. 13 de agosto de 1971. p. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Ai­ res. el apoyo a la “libe­ ración nacional” y la “lucha antiimperialista”. Documentos Relacio­ nados con los Asuntos Internos de la Argentina. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. normalizador de la CGT regional”. UTA: revista mensual de la Unión Tranviarios Automotor. 15 de febrero de 1970. donde se destilaban las posiciones de la izquierda peronista. Córdoba. A-57. la Revolución Cubana. no haya sido muy diferente del de los ortodoxos. Archivo del SITRAC. La huelga de ham­ bre de fines de diciembre también provocó el primer apoyo público a los clasistas de Fiat de parte de organizaciones guerrilleras como el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y las FAL. y Domingo Valentín Bizzi. expresando todos ellos ideas que por entonces eran anatemas para los ortodoxos. impresos o mímeos”.

p. 14 de diciembre de 1970. p. 3 de diciembre de 1970. 8 de enero de 1971. 34Archivo deí SÍTRAC. p. Balvé. la patronal explo­ tadora. vo­ lante “Llaman a luchar contra la dictadura entreguista. 33Una fuente de considerable animosidad obrera hacia la empresa fue el conocimiento de que Fiat pagaba los salarios más bajos de la industria. En el segundo boletín del sindicato. Memoria y Balance. A-561. n° 2 (junio de 1971). el SÍTRAC comparó las escalas salariales de Fiat con las pagadas por Ford. Ramón Contreras. “Paritarias: no nos van a doblegar". 20-22. pp. “The Argentine Labor Movement . Los sindicatos clasistas. 37Duval. carta de Elpidio Torres a José Rucci. 199-208. pp. 26. Servicio de Documentación e Información Laboral. carpeta AI. 35Archivo del SITRAC. 38B. Documentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. 23 de marzo de 1970. Córdoba. pp. n° 131 (enero de 1971). impresos o mímeos”. 13. Los representantes cordobeses al congreso. Panorama. carpeta. 47. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Ai ­ res. 39Clarín. p. 1969-1971) {Buenos Aires: Ediciones La Rosa Blindada. carpeta “Expedientes: Ministerio de Trabajo: des­ pidos. lucha de clases.Los clasistas 259 gación Regional Córdoba de la Confederación General deí Trabajo. Mi testimonio (Buenos Aires: Lasserre Editores. La relación entre Rucci y Córdoba fue en lo sucesivo de desprecio recíproco y abierta hostilidad. 2 “Pruebas”. laudo arbitral. 41Alejandro A. Secretaría de Estado de Trabajo. la burocracia sindical cómplice”. habían sido abucheados durante las sesiones con gritos de "¡Ni yanquis ni marxistas. 8. y Manuel Ca­ brera. de Luz y Fuerza. la áspera disputa sólo terminaría con la muerte de Rucci en 1973. “Labor Developments in Rosarlo and Córdoba”. elementos para su análisis (Córdoba. a las que justificadamente se mostraba como significativamente más altas en todas las categorías. telegrama de Fiat . 42Archivo del SÍTRAC. peronistasí” y a su vez habían censurado a los “matones armados" ( “matones a sueldo”) de la UOM. p. 21. Lanusse. secretarlo general de la Con­ federación General del Traba. p. Delegación Regio­ nal Córdoba. No se hace mención al plan alternativo de SITRAC-SITRAM. 11 de marzo de 1971.1970”. 1977). 13 de marzo de 1971. La Voz del Interior. 36La Voz del Interior. p. 15. SITRAC. 1971. Aquí. n° 206 (6 a 12 de abríí de 1971). 1973). SITRAC-SITRAM acusaban a la CGT cordobesa de estar “completa­ mente sometida a José Rucci y su pandilla". 62. 20 de marzo de 1971. 27 de enero de 1971. Boletín del Sindicato de Trabajadores de Concord. Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba. Ministerio de Economía y Trabajo. 40La Voz del Interior. 9-11. La versión posterior de Luz y Fuerza sobre el levantamiento lo interpretó como una respuesta ampliamente espontánea de parte de los sindicatos de la ciudad a su ocupación de la planta de energía de Villa Revol. 93.]o. 14 de marzo de 1971. A -111. 17 de marzo de 1971. de la UTA. 32Informe. Departamento de Estado de los Estados Unidos. denuncias Fiat de baja producción”. paritarias. Lucha de calles. 8. p. "Volantes. Balvé y B.

17. ministro de Trabajo . p. Departamento de Estado de los Estados Unidos. 51Si bien otros partidos obtuvieron cierta influencia en las plantas de Fiat. p. 44 InfÓmie. pp. "Córdoba CGT Reorganized”. así como su posterior reivindicación fran­ ca de la experiencia clasista de SITRAC-SITRAM —y concomitantemerite las virulentas críticas de éstos al PC y al PCR— . 29 de noviembre de 1976. Corte Suprema. 2375 241154Z. sus des­ . El juicio llegó a su fin bajo el gobierno militar surgido én 1976. las cifras proporcionadas por la empresa mostraban que. en especial el maoísta Vanguardia Comunista y el trotskista Palabra Obrera. Hombres y mujeres del PRT-ERP (Buenos Aires: Edito­ rial Contrapunto. pp. carpeta “Juicios de reincorporación. sin embargo. 7lempo de violencia y de utopía. dado que más adelante la dirigencia del SITRAC utilizaría los informes del escribano corno prueba en su favor en él juicio por daños y perjuicios que entabló contra Fiat por los despidos ilegales después de la proscripción del sindica­ to a fines de 1971. IV". Departamento de Esta­ do de los Estados Unidos. A . la presencia visible del PRT en el Viborazo y en todas las ulteriores manifestaciones públicas de Fiat. 48“Ponencia de SITRAC-SITRAM”. Sí mencionó. 1990). esta estratagema resultó un tiro por la culata. 49“Nosotros y la CGT cordobesa". Véa­ se la publicación del PRT “Sindicalismo clasista: sus perspectivas. Héctor Mende. CGT: Regional Córdoba (mayo de 1971). pp.165..San Sebastián. 25-26. 47La Voz del Interior. 21 de mayo de 1971. carta de Fiat. Documentos Relacionados con los Asuntos In­ ternos dé la Argentina. 27 de mayo de 1971. Servicio de Documentación e Información Laboral. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. Aquí y Ahora3. en reali­ dad. Concord al delegado regional del Ministerio de Trabajo. 13 de abril de 1971. Secretaría Laboral. 6. el mes en que Fiat despidió a la conducción gremial. 4:j En realidad. n° 2 (junio de 1971). los informes no­ tariales como prueba de que las afirmaciones de Fiat en eí sentido de que ios dirigentes gremiales habían actuado como provocadores en sus plantas eran infundadas. 6-15. 50Ltiis Mattini.260 E l Cordobazo Concord al. Dr. 31 de marzo de 1971. pp. En una carta enviada al Ministerio de Trabajo cordobés unas pocas semanas des­ pués. n° 26 (mayó de 1971). n° 134 (abril de 1971). la producción había aumentado en todos los departamentos excepto la forja entre julio de 1970 y marzo de 1973. Sólo había comenzado a decli­ nar en enero de 1971. 01. Boletín SITRAC. Documentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. sentencia n° 69. 45“El sindicalismo cordobés en la escalada”. indican que era ese partido el que tenía 1a mayor influencia sobre los trabajadores de la empresa. ibid. p. “Córdoba CGT Calis National Meeting”. Archivo del SITRAC. y como era de prever 1a Corte no otorgó a los dirigentes sindicales una indemnización por daños. 105-123. y aceptó la posición de éstos de que los levantamientos obreros del periodo clasista fueron el resultado de condiciones generales en las plantas. Anzorena. 3. 18 de abril de 1971. 177-180. provincia de Córdoba. Em­ bajada de los Estados Unidos en Buenos Aires.

00Los Principios. Carlos Masera. Córdoba. 192-193. ^ La Voz del Interior. carta de Alfredo Curutchet al SITRAC. tí3Archivo del SITRAC. carpeta Allí. carpeta AJÍ. Córdoba. 59Archivo del SITRAC. 1973". 27 de octubre de 1971. Juzgado Federal n° 2. 0. 10-11. 1969-1974 (Amsterdam: Center for Latín American Research and Documentation. carpeta AJI. 11. 31 de agosto de 1971. “Comunicados y conferencias de pren­ . Haroldo H. Buenos Aires. edición especial. documento 32. p. p. "Comunicado. A. 18 de noviembre de 1971. 1972. n° 137 (ju­ lio de 1971). p. carpeta "Juicios de reincorporación". 2-3. 3 de agosto de 1971. Boletín SITRAC. diarios. 65La Voz del Interior. 64Archivo del SITRAC. 12. n° 206 (6 a 12 de abril de 1971). 1978). 5 de julio de 1971. y mencio­ nando también paros llevados a cabo por “razones políticas": archivo del SITRAC. a Juzgado Federal n° 2. documento “Las Comisiones Directivas y la gran mayoría de los delegados queremos la reincorporación”. Dirección de Personal. 56“SITRAC y SITRAM a los trabajadores y al pueblo argentino". 8. Comisiones Directi­ vas de SITRAC-SITRAM”. Informe. vol. Juzgado Federal n° 2. Ministerio de Trabajo.. Entrevista con Carlos Masera. I o de agosto de 1971. 66Archivo del SITRAC. todo lo cual ha conducido a una marcada caída de la producción”. Sindicatos y protesta social en la Argentina. 61 El gobierno justificó su medida alegando que “ambos sindicatos con­ vocaron repetidamente a huelgas salvajes y omitieron cumplir con las nor­ mas de procedimiento establecidas por la ley. . archivo deí SMATA. carta del Dr. Buenos Aires. pp. n° 2 (junio de 1971). Fiat Concord..Los clasistas 261 viaciones”. carpeta “Documentos relacionados con los pre­ sos". El secretario general del SITRAC. p. 53“Paritarias: no nos van a doblegar”. Éste los convenció de la necesidad de distinguir en el futuro entre el papel de un partido de los trabajadores y las funciones que debían ser la legítima y ex­ clusiva preocupación de un sindicato. 77-79. 8. cárcel de Villa Devoto. 10. 25 de octubre de 1971. un es­ tudio de caso: et sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba. Servicio de Documentación e Información Laboral. 30 de octubre de 1971. pp. pp. p. 22 de julio de 1987. 52 Panorama. Ferre­ ro. una situación que se ma­ nifiesta en la realización de asambleas abiertas en los lugares de trabajo. ha mencionado la insatisfacción generalizada existente entre los clasistas de Fíat por el congreso de agosto de 1971. revistas. “Respuesta de los sindicatos al cuestionario de la revista Panorama". pp. documento “SITRAC/Am­ paro”. 11. volumen ‘'Volantes. carpeta "Juicios de reincorporación". 4 de noviembre de 1971. 58 Iris Marta Roldán. "Comunicados y conferencias de pren­ sa: proyectos de solicitadas". 31 de mayo de 1972. 157La Voz del Interior.2Archivo del SITRAC. Boletín SITRAC. documento “SITRAC/Amparo”. Cór­ doba. los abandonos de planta y una negativa a cooperar con la empresa.

. la traición de los que aceptaron las indemnizaciones. porque desde el principio mismo les dijimos que no asumíamos la responsabilidad de conducir el sindicato simplemente para lograr el mejor trato para noso­ tros. 2 de abril de 1971. n° 1 (8 de noviembre de 1971). el PCR y Vanguardia Comunista— . Córdoba. 08“Sí: fracasaron los paros en Fiat”. 67Archivo del SITRAC. carpeta "Historia”. 1. Después de la proscripción. impresos o mímeos". impresos o mímeos”. 71Archivo del SITRAC. carta de Gregorio Flores al SITRAC. Buenos Aires. 15 de marzo de 1972. Flores. carpeta “Volantes. diciembre de 1971. cárcel de Rawson. p. Córdoba. proyectos de solicitadas". 1972. experiencias y enseñan­ zas". escribió: "Desafortunadamente. “Denuncia campaña difamatoria contra asesor legal. 22 de diciembre de 1972. 74Las influencias izquierdistas más importantes eran las de los partidos de la “nueva izquierda” que habían surgido en los años sesenta — el PRT. clasismo y política obrera en Córdoba. ca Archivo del SITRAC. “¡Basta de despidos en Fiat!”. los sindicatos de Fiat comenzaron a publicar juntos sus boletines antes independientes. 70Archivo del SITRAC. Córdoba. “Pero­ nismo. comunicados de prensa “SITRAC denuncia ma­ niobra concertada Fiat-fuerzas de seguridad”. 75Me conté entre quienes exageraron la influencia del PRT-ERP sobre la conducción de SITRAC-SITRAM. volante gremial “En el mes del Viborazo: SITRAC en pie”. carpeta "Documentos relacionados con los pre­ sos”. reconociendo así que la empresa los despidió con «cau­ sa justificada». carta no publicada de Carlos Masera y Domingo Bizzi al diario La Opinión. es inútil hablar con dureza y asumir una postura combativa si lo que hacemos después es justamente lo contrario”. 72Archivo del SITRAC. 1955-1976” (Universidad de Harvard. perjudicaron muchísimo nuestras posibilidades al provocar el es­ cepticismo de los trabajadores con respecto a toda la conducción. 30 de marzo de 1971. . 14 de enero de 1972. Boletín SITRAC-SITRAM. Dr. 73Archivo del SITRAC. no ayudó de ninguna forma a continuar la huelga. proyectos de solicitadas”. 12 de diciem­ bre de 1971. un delegado gremial en prisión desde la época del Viborazo.262 El Cordobazo sa. comuni­ cación de SITRAC-SITRAM. carpeta ‘‘Volantes. Véase la publicación del PC “¿Clasismo o aventurerismo? SITRAC-SITRAM. Córdoba. un hecho que explica sus muchas calumnias contra SITRAC-SITRAM y sus repetidas acusaciones contra el “infantilismo de izquierda" en práctica en Ferreyra. Debido a las cautelosas políticas del Par­ tido Comunista y a sú esperanza de construir puentes hacia el movimiento peronista. En mi disertación del doctorado. el principal partido marxista del país tenía una participación escasa en el movimiento clasista de Fiat. volví a sostener la existencia del vínculo entre el clasismo de Fiat y eí PRT. 2 de febrero de 1972. Córdoba.. carta de Carlos Masera a Gregorio Flores. Alfredo Curutchet”. Córdoba. carpeta “Comunicados y conferencias de prensa. El ulterior descubrimiento del archivo gremial del SITRAC. 1988). carpeta "Documentos relacionados con los pre­ sos”. cárcel de Rawson. a decir verdad. documento "Carta abierta de SITRAC a la CGT cordobesa”.

Crisis. impresos o mímeos”. constituye la base para la interpretación revisada del clasismo que puede leerse en este capítulo. 28 de octubre de 1971. . 76Ronald Munck. pp. pp. Véase la respuesta del ex secretario general del SITRAC. n° 67 (1989). and Politics. 1855-1985 (Londres: Zed Books Ltd. Crisis. comunica­ do gremial "SITRAC-SITRAM en la resistencia”. Córdoba. 78-79. Si bien los sindicatos de Fiat respondían en gran medida a sucesos sobre los cuales no tenían un control absoluto. 178. Córdoba. n° 64 (1988). Argentina.Los clasistas 263 escondido y guardado por el ex secretario del sindicato a lo largo de los difíciles años que siguieron a la proscripción de SITRAC-SITRAM por el gobierno. p. dado que temía que destruyeran la buena disposición de las bases peronistas y de los sindicatos peronistas cordobeses más combativos hacia el amplio frente de los trabajadores que él trataba de cons­ truir. 44-45. todos hacemos política: la empresa. 1987}. muchos dirigentes lamentarían más adelante no ha­ ber seguido el consejo de Tosco de moderar sus posiciones políticas e ideo­ lógicas públicas. todos tenemos una política”. entrevista con José Páez. Ricardo Falcón y Bernardo Galitelli. 79Archivo del SITRAC. "SITRAC y SITRAM: la autonomía obrera". carpeta “Juicios de reincorporación”. Roberto Reyna. carpeta “Volantes. el gobierno. El archivo del SITRAC fue microfilmado. los dirigentes vendidos y SÍTRAC. Carlos Masera. 78Archivo del SITRAC. I o de diciembre de 1971. Unions. 77Poco después del Viborazo. /rom Anarchism to Peronism: Workers. “La izquierda cordobesa”. y una copia del mismo está hoy en la Biblioteca Larnont de la Universidad de Harvard.. volante gremial “Sí. ai artículo de Reyna. especialmente en su con­ flicto con la empresa. Tosco se acercó personalmente a la diri­ gencia de SITRAC-SITRAM y les pidió que “pisaran el freno” en el movimiento clasista de Fiat.

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Tercera parte LA RESTAURACIÓN PERONISTA ¿Se libraron en Córdoba las últimas batallas del Komintem? Antonio Marimón. El antiguo alimento de los héroes .

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El poder de los caciques peronistas en la CGT nacional y en las centra­ les gremiales aún era demasiado grande para desafiarlo en los am­ biciosos términos de una CGT paralela. sería en reali­ . El fracaso como tal de la Confederación General del Trabajo de los Argentinos había sido instructivo. la Confederación General del Trabajo nacional y los dirigen­ tes sindicales que buscaban el diálogo con la dictadura y un pródi­ go aliento a la resistencia obrera que se había estado construyendo desde el Cordobazo. y Tosco exigía la restauración plena de los derechos democráticos en vez de la tran­ sición cuidadosamente condicionada al régimen civil que ofrecía el comandante del ejército. La pertenencia de Tosco al Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical. en Buenos Aires. los turnos de confinamiento solitario y las amenazas de un castigo más serio. la alian­ za sindical política patrocinada por el Partido Comunista que ac­ tuaba como contrapartida de las 62 Organizaciones peronistas. A pesar de la pérdida de los privilegios de visita.7. su mala salud. Apoyar el pluralismo del movimiento obrero en el plano nacional y la autonomía de los sindi­ catos cordobeses parecía ser una meta más realista. Tosco depositó entonces todas sus esperan­ zas en la CGT regional de Córdoba como el baluarte de un movi­ miento obrero alternativo. Tosco emitió un ílujo ininterrumpido de cartas y declaraciones públicas a lo largo de 1971 y principios de 1972. La figura más prominente del movimien­ to obrero disidente de Córdoba dependía de sus abogados y de los muchos argentinos que ahora entraban y salían rutinariamente de las cárceles para que sacaran de contrabando sus prohibidas misivas políticas. creía Tosco. Tosco siguió jugando un papel decisivo en la conducción de la oposición obrera al gobierno.1 Estratégicamente. Sus escritos pro­ ponían alternativamente críticas exhortativas y fulminantes a José Rucci. Ahora. era un intento de estimular la diversidad ideológica y política en el movimiento obrero del país. Tosco y Salamanca Desde la cárcel de Villa Devoto. también el Gran Acuerdo Nacional del general Alejandro Lanusse era uno de sus blancos. Esa causa.

3 El mismo López comenzó a ser cortejado por el líder exilado en Madrid y su entorno. Perón volvió a alentar a Raimundo Ongaro para que encabezara una oposición obrera ac­ tiva al gobierno. A comienzos de 1972. los legalistas podían aducir justificadamente la aproba­ ción oficial de la virtual corte de Perón en el exilio a su oposición a Rucci. como había sido manifiesto desde la época del Cordobazo. López y los legalistas se vieron favorecidos por las estratagemas tácticas de Perón a principios de la década de 1970. candidatos resueltos en las listas de aquél . eran Afilio López y los peronistas combativos agrupados en los legalistas. no obstante.4 . era sin embargo perceptible incluso en el propio sindicato de Tosco. era en lo fundamental eí resultado del desconcierto provocado en primer lugar por la proscripción del sindicato a principios de 1970 y luego por el largo encarcelamiento de Tosco a consecuencia del Viborazo. La presión provenía particularmente de los recién llegados al movi­ miento. el dirigente de los trabajadores gráficos Intentó resu­ citar su CGT disidente y combativa. que pretendían mantener la presión ejercida sobre los gobiernos militares y reinstalar al pero­ nismo.2 Las claves para asegurar la autonomía de Córdoba. los legalistas cordobeses eran los opositores más efectivos a Rucci y la filosofía gremial que Tosco veía encarnada en la CGT nacional. Las tensiones dentro de algunos sindicatos y entre unos y otros. aún naciente. La reaparición de la oposición peronis­ ta en Luz y Fuerza. la perenne dia­ léctica de la política obrera cordobesa. y después de su liberación de Villa Devoto a princi­ pios de 1972. se fortalecían e influían en la suerte de un movimiento obrero disidente con base en la ciudad. existía una afinidad ideológica entre las posiciones de Tosco y las de un gran número de peronistas de Luz y Fuerza. tanto en Córdoba como en el resto del país. Por otra parte.268 El Cordobazo dad mejor promovida protegiendo a Córdoba. y especialmente al propio Perón. pero también podía originarse en los sectores militantes del movimiento obrero. los grupos juveniles peronistas. dado que era allí don­ de resultaba más evidente todo eí cuadro de la diversidad ideológica y política del movimiento obrero. la salida inminente de los militares del poder y la posibili­ dad que los peronistas preveían de un levantamiento de la proscrip­ ción de su movimiento también promovieron un endurecimiento de las líneas entre peronistas y no peronistas dentro del movimiento obrero. Como peronis­ tas. en la vida política del país. muchos de los cuales eran de la tendencia ongarista. en especial los Montone­ ros. Este cambio. Hacia mediados de 1970. A pesar del aparente cambio de opinión de Perón y a su consis­ tente y empalagoso elogio de la diversidad dentro del movimiento obrero. En su oposición a Rucci y el verticalismo.

tiempo del comité ejecutivo del sin­ dicato. Lanusse esperaba que el aisla­ miento en la Patagonia argentina silenciara a su amenazante y te­ . Si bien no proclamaría públicamente su marxismo hasta 1973. Desde el Cordobazo en adelante.100 votos contra 653 de Cebailos— . que el 9 de abril decidió el traslado del dirigente de Villa Devoto a la cárcel de Rawson. Estos peronistas de Luz y Fuerza colaboraban estrechamen­ te con los marxistas del gremio y apoyaban el creciente papel de éste como uno de los principales partidarios del socialismo en el movimiento sindical.6 Con la esperanza de capitalizar la ausencia de aquél. Ramón Contreras. lo que era visto cómo una actitud innecesariamente beligerante hacia la jerarquía laboral peronista. pero el resultado fue un signo de que la polarización dentro del movimiento obrero entre peronistas y no peronistas se manifestaba incluso en este reducto de la demo­ cracia sindical y el pluralismo político. agregada a la irritante indiferencia de Tosco ante la pers­ pectiva de la recuperación de la legalidad del movimiento peronis­ ta. Tosco dejaba pocas dudas sobre su identificación y la del sindicato con un pro­ yecto socialista. todavía era un asun­ to relativamente menor. Desde hacia mucho. conducidos por Sixto Cebailos. y la evolución política del sindicato hacia posiciones socialistas se mantuvo sin interrupciones. considerándolas como un riesgo en un sindicato que levantaba como bandera su oposición a por lo menos algunos aspectos del sindica­ lismo peronista.8 El papel del sindicato como uno de los principales opositores obreros al gobierno y la notoriedad creciente de Tosco como líder sindical precipitaron finalmente la largamente amenazada represa­ lia de Lanusse. Estos peronistas.Tosco y Salamanca 269 y miembros desde hacía mucho. proclamó su rechazo al sindicalismo del pan de todos los días ( “sin­ dicalismo reivindicativo”} y declaró la adhesión de Luz y Fuerza a la idea de atribuir un rol político a la clase obrera.5La oposición a Tosco no provenía de este gru­ po sino de una pequeña camarilla de peronistas más tradicionales. los peronistas conservadores del gremio ten­ dían a minimizar la importancia de sus simpatías tradicionales. su descontento había ido en aumento. Cuando el sindicato volvió a ocupar su sede central a fines de 1971. un “sindicalismo de liberación” que compartía ampliamente las posiciones clasistas so­ bre la propiedad privada. especialmente en la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza. estaban inquietos a causa del papel político cada vez más prominente del sindicato. sin embargo. La lista de Tosco ganó con facilidad — 1. los pero­ nistas conservadores presentaron su primera lista de oposición se­ ria en casi una década. el Estado y la necesidad de construir un movimiento socialista en la Argentina. el secretario general interino. no obstante.7 La oposición peronista a Tosco.

Vanguardia Co­ munista y otras organizaciones marxistas existían diferencias acer­ ca del método más apropiado para ganar partidarios dentro del pro­ letariado industrial de la ciudad. Aun cuando incluso en Cór­ doba los militantes peronistas tenían el compromiso de permanecer dentro del movimiento obrero peronista e intentar ganar el control de las 62 Organizaciones. Para Córdoba. Córdoba.9 La gran cuestión no resuelta en Córdoba seguía siendo el clasismo. en última instancia. especialmente en los sectores industriales modernos. En general. La política nacional y los acontecimientos dentro del movimiento peronista favorecieron tem­ porariamente esos planes.270 El Cordobazo mible adversarlo. y la experiencia de SITRAC . como una alternativa a Rucci y la CGT. la consecuencia fue que los ortodoxos —que dentro del peronismo re­ presentaban tendencias que parecían haber sido eclipsadas en el corazón de Perón por la izquierda del movimiento— quedaron parali­ zados. su alianza operativa local era con Tosco. Tosco continuó dirigiendo sus esfuerzos hacia la conformación de Córdoba como el baluarte de la oposición obrera al gobierno y. ganar su confianza a través de una representación sindical honesta y eficaz. pero también había un amplio consenso sobre algunas cuestiones. y el ahora franco respaldo de Perón a las tácticas de la “guerra revolucionaria” adoptadas por sus cuadros juveniles desencadenaron una ola nacional de eferves­ cencia popular que tenía como centro al peronismo. tenía una priori­ dad estratégica especial. el Partido Revolucionario de los Trabajadores. como centro industrial del interior y sede de sus industrias más modernas. La desaparición de SITRAC-SITRAM no puso fin a éste en la política obrera cordobesa y tampoco obstaculizó el desarrollo de una alternativa marxista en el movimiento obrero cordobés que es­ tuviera libre de las preocupaciones no sectarias de Tosco y los inde­ pendientes. Después del traslado a Rawson. como el eslabón más débil del mo­ vimiento obrero peronista. Así.10Entre el Partido Comunista Revoluciona­ rio. Las presiones implacables a las que la izquierda peronista sometía al gobierno. convenían en la necesidad de vincular las luchas diarias de los trabajadores con un programa político socialista. practicar una genuina . siguieron llegando cartas y comunicados firmados por el dirigente de Luz y Fuerza.SITRAM no había hecho sino alentarlos aún más. La izquierda marxista consideraba la identidad peronista de la nueva clase obrera del interior. Los diversos partidos de la izquierda marxista habían elaborado una clara estrategia “provincial’* desde la época del Cordobazo. aunque con menor frecuencia. pero a Córdoba. y a los legalistas se les permitió cooperar con los independien­ tes y compartir el poder en la CGT local.

la pequeña Vanguar­ dia Comunista era tal vez la fuente más fecunda de teorización so­ bre las tácticas clasistas.1! Entre todas las organizaciones marxistas. una votación a viva voz sobre el contrato final que el sindicato presentaría a la administra­ ción y también para elegir a los representantes obreros que nego­ ciarían directamente con la empresa. las comisio­ nes obreras que vincularían las luchas de base de los trabajadores a un proyecto socialista. Defendía la necesidad de mantener la naturaleza clan­ destina de las comisiones obreras para evitar represalias de la admi­ nistración y las burocracias sindicales. Los partidos marxistas proponían una democratización total del mismo. de nuevo en asamblea abierta. A continuación se efectuaría. .12 En resumen. propuso los mejores y más elabora­ dos programas para la formación de células clasistas. Fue la primera en sugerir la utilidad polí­ tica del proceso de negociaciones colectivas y propugnar que la iz­ quierda adoptara la causa de la “democracia sindical” contra los dirigentes obreros enquistados. con contratos sujetos a un mayor control de los trabajadores y un nivel considerable de consultas a éstos a través de sus delegados. la mayor parte del proceso final de nego­ ciación quedaba empero en manos de un pequeño grupo de funcio­ narios sindicales.Tosco y Salamanca 271 democracia en los lugares de trabajo y comenzar la tutela política lentamente. Un tema que las listas clasistas adoptaron casi unánimemente. La estrategia clasista de la izquierda consideraba el trámite de las negociaciones colectivas como una herramienta de politización potencialmente útil. VC subrayaba la vulnerabilidad de la diri­ gencia peronista en cuestiones de la base fabril tales como los rit­ mos de producción y las categorías en los sectores industriales modernos. Los delegados debían alentar la libre discusión de las demandas y reclamos de los trabajadores en sus departamentos. centrándola siempre en los problemas concretos de cada lugar. la izquierda usaría las cuestiones de la democracia sindical y la representación efectiva de la base fabril para ganar poder en los sindicatos y dar el primer paso hacia el tutelaje político del proletariado industrial. luego se realizarían asambleas abiertas para debatir la posición de los trabajadores y elegir a los miembros del comité que redactaría la propuesta del sindicato. por ejemplo. Si bien en esta cuestión el SMATA tenía procedimientos más transparentes que muchos sindicatos. y de trabajar discretamente hasta el momento en que los activistas partidarios gozaran de sufi­ ciente respaldo en las bases para postularse como candidatos a delegados y finalmente para formar listas sindicales separadas a fin de luchar por el control de los comités ejecutivos de los sindicatos. fue la reforma de las negociaciones colectivas.

sin la más mínima oposición del sindicato.15 Gracias principalmente a las actividades proselitistas de los apa­ rentemente incansables polemistas de la izquierda. en Córdoba y en el resto de la Ar­ gentina. El “contradiscurso” del que han llegado a hablar los histo­ riadores del movimiento obrero argentino. el primero en percibir la debilidad de Torres en la planta de Perdriel. pero que desde entonces había perdido ímpe­ tu en las filas del movimiento obrero peronista. la defensa de tácticas militantes en un idioma peronista vernáculo de línea dura. pero se trataba predominante­ mente de un movimiento de estudiantes Universitarios de clase media que sólo tenía una repercusión limitada en el movimiento obrero. concebida para cultivar vínculos con la clase obrera. Éste había sido fundado en 1968. También la izquier­ da peronista hizo de ella una causa. Los mayores esfuerzos deí PCR se dirigieron sin duda hacia eí complejo IKA-Renault. era en realidad mucho más que eso.272 El Cordobazo Si Vanguardia Comunista era el teórico más refinado del clasismo. el comité Córdoba del partido. Desde fines de los años sesenta.13El aparato partidario incluía en Córdoba a los más capaces activistas del PCR. y el proletariado industrial de la ciudad era una prioridad para éste. cuando militantes desilusionados del Parti­ do Comunista abandonaron ía agrupación pro soviética y reformis­ ta y formaron un partido marxista pro chino y revolucionario. y se debió en gran medida a los esfuerzos del PCR el hecho de que la izquierda se recobrara del desastroso resultado de la misma y pudiera reconstruir el movimiento de recuperación sindical antitorrista en las plantas de IKA-Renault. fábrica en donde Renault había emprendido una reestructuración tecnológica completa y converti­ do a muchos de los fabricantes de herramientas y matriceros antes altamente calificados en meros trabajadores de línea de montaje. identificando sistemáticamente y con gran habilidad los departamentos én los cuales el aparato sindical torrista era “blando” y donde podían in­ gresar los activistas partidarios y comenzar un trabajo clasista. bajo ía conducción de César Godoy Álvarez. y en parti­ cular luego del Cordobazo. Los miembros del parti­ do dirigieron la ocupación fabril de Perdriel que desencadenó la gran huelga de 1970.í4 El PCR había sido. poco a poco el clasismo se estaba convirtiendo. por cierto. Se trataba de un asalto ideológica­ mente alimentado a los bastiones de poder en el movimiento obrero . a pesar de la apresurada formación de la Juventud Trabaja­ dora Peronista (JTP). su ejecutante más eficaz en Córdoba era el PCR. en sinónimo de la causa de la democracia sindical antiburocrática que la rebelión de Ongaro había cristalizado por primera vez en 1968. comenzó a acumular informa­ ción detallada sobre las condiciones en las plantas.

por ejemplo. En las provincias azucareras del No­ roeste. el trotskista Palabra Obrera. y una serie de delegados clasis­ tas habían ganado las elecciones en las plantas siderúrgicas de Vi­ lla Constitución» San Nicolás y Zarate. la izquierda de Córdoba estableció el Frente Único Clasista. pare­ ció representar una amenaza subversiva para algunos y una posibi­ lidad revolucionaria para otros.Tosco y Salam anca 273 que.17Incluso en bastiones de los caciques obreros peronistas como la Unión Obrera Metalúrgica apa­ recían activistas clasistas.lfi En el cinturón industrial del Paraná. A fines de 1971. Vanguardia Comunista y muchos independientes de izquierda no alineados con ningún partido mar­ xista en particular. Córdoba siguió siendo el centro de los movimientos clasistas. A pesar del grave revés sufrido con la represión gubernamental a SITRAC-SITRAM. entre ellos una cantidad de peronistas ex partidarios de Torres que sentían simpatía por un programa de representación sindical honesta y efi­ caz y estaban descontentos con la esclerosis que afligía entonces a la maquinaria gremial farrista. después de la adopción de programas clasistas por los parti­ dos de izquierda que también abogaban por la lucha armada. una vaga alianza de asociados incompatibles. llegando a borrar la palabra clasismo de su programa sindical. pero que fue un símbolo importante de la resonancia del cíasismo en esos años. después de que el gobierno suprimiera los sindicatos de Ferreyra los activistas del SMATA procuraron distanciarse de sus antiguos aliados y exhibir una imagen más moderada.18 Si bien el MRS había recibido un temprano respaldo de SITRAC-SITRAM e incluso publicado sus pri­ meros volantes en el edificio sindical de los trabajadores de Hat. . el PCR. los esfuerzos del PRT estaban pro­ duciendo resultados prometedores. en Santa Fe lo mismo que en Córdoba y otras ciudades del interior. En ese momento histórico. los activistas clasistas de Santa Isabel se recupe­ raron de la huelga de 1970 y se prepararon para competir con los sucesores de Torres en las elecciones de 1972 en las plantas de 1KARenault y otras fábricas afiliadas al SMATA (Thompson-Ramco. así como también no izquierdistas. El Obrero. En todo el interior de la Argentina había listas clasistas que ga­ naban elecciones sindicales. Ilasa).19 El MRS dio forma a su desafio al sucesor de Torres. Mario Bagué. Para coordinar esos diversos movimien­ tos. ninguna de las dos opiniones era equivocada. que nunca tuvo vigencia debido a posiciones ideológicas y tácticas que dividieron a las organizaciones marxistas. VC era particularmente activa y responsable en gran medida de la CGT clasista de Armando Jaime en Salta. Grandes Motores Diesel. que incluía a activistas del PC. el Peronismo de Base. los opositores izquierdistas organizaron el Movimiento de Recuperación Sindical (MRS}. Ford-Transax.

los cambios políticos en el plano nacional y la in­ clinación hacia la izquierda producida en la sociedad argentina en general. Como resultado. El blanco de los ataques del sindicato era ahora el régimen “pro capitalista". literalmente en el transcurso de unos pocos meses. Los sindicatos estaban ahora casi obligados a asumir una postura anticapitalista a fin de conser­ var su prestigio entre las bases. La opinión genera­ lizada de que en esa huelga Torres había traicionado a los trabaja­ dores manchó a toda la dirigencia. la conducción del SMATA era consciente de que el humor de la clase obrera local había cambiado enormemente como resultado de los levantamientos de 1969 y 1971. Bagué y los dirigentes torrístas fortalecieron sus lazos con los sectores más combativos del movimiento obrero cordobés en la esperanza de que esto desviaría algunas de las críticas del MRS. el lenguaje político de Bagué y los torristas cambió.21 La influencia del clasismo se vio sutil pero claramente cuando la jerarquía sindi­ cal del SMATA procuró apropiarse del propio programa político de los clasistas y asumir el papel de la oposición. También convocaron numerosas huelgas salvajes a fines de 1971 y principios de 1972 para aumentar su visibilidad entre los trabajadores y poner de relieve la representa­ ción de compromiso que los delegados del sindicato ofrecían allí. la experiencia de SITRAC-SITRAM. Los activistas del movimiento dirigieron una implacable campaña de propaganda contra Bagué y cáusticas críticas a la con­ ducción allí donde la maquinaria torrista era más vulnerable: los te­ mas relacionados con la base fabril. Bagué también buscaba alinear al SMATA con los legalistas y los independientes. al menos en Córdoba. irónicamente. la militancia tradicional peronista —huelgas y movili­ zaciones contra la empresa y el gobierno por mejores salarios— no era suficiente.20 Los peronistas del SMATA. y el gremio llegó incluso a exigir la na­ cionalización futura de IKA-Renault por el gobierno. La decisión de Bagué de partici­ . Si bien los activistas de éste no presentaban su programa en térmi­ nos políticos. intentaron rebasar el desafío de los disidentes subiéndose a la cresta de la ola de radicalización política que se había apoderado de la ciudad desde el Cordobazo. para contrarrestar el descrédito en que había caído el torrismo desde la época de la huelga de 1970. una táctica cuya eficacia quedó evidenciada por la crítica cada vez más aguda de la dirigencia del SMATA contra su accionar.274 El Cordobazo y al aparato torristano en términos políticos sino estrictamente cen­ trados en las cuestiones laborales de una representación eficaz y honesta y la democracia sindical. Las tácticas del MRS tenían dos aspectos. La vieja marca torrista de militancia ya no podía otorgar legitimidad.

Para respaldar a Bagué. Los verdaderos blancos de la campaña. respectivamente. no eran los desaparecidos sindicatos clasistas de Fiat sino el MRS y otros movimientos de base que ame­ nazaban el control peronista del sindicato mecánico.Tosco y Salamanca 275 par en las movilizaciones de marzo de 1971 que culminaron en el Viborazo pretendía reparar el daño hecho a la conducción por las vacilaciones y la renuncia final de Torres en los días que precedie­ ron a ese levantamiento. según insinuaba. así como la pretensión tradicional de los gremios cordobeses de liderar el movi­ miento obrero nacional. incluyendo las filas del movimiento obrero. manera en que. no sólo para Bagué y los peronistas cordobeses. sino también para sí mismos. el SMATA central. el SMATA atacó al clasismo e intentó vincular la creciente violencia política en el país con una izquierda subversiva. reconocieron la amenaza poten­ cial de una victoria deí MRS en Córdoba. Bajo el lema “/Violencia no.23 En realidad. sin embargo. inadvertidamente. secretarios generales de la central y la seccional Buenos Aires del SMATA. el SMATA se convirtió en un elemen­ to permanente y regular en las asambleas de la CGT y en general apoyaba las posiciones íegaíis fas-independientes contra las de los ortodoxos. una izquierda que. ju sticia s í!”. Finalmente. en lo sucesivo.22 Una victoria del MRS podría alentar a los militantes de base de las plantas de Bue­ nos Aires a capitalizar el descontento obrero y preparar desafíos sindicales por su propia cuenta. la jerarquía sindical peronista se referiría despreciativamente a cualquier signo de militancia obrera independiente de su control. incluyendo una prolongada y ás­ pera huelga en las plantas de Citroén en 1971. Dirk Kloosterman y José Ro­ dríguez. por haberse empeñado en una “gimnasia subversiva”. Se seña­ laba especialmente a SITRAC-SITRAM por su supuesto aventurerismo e irresponsabilidad. La capacidad de los clasistas para representar . Bagué también abandonó las pretensiones históricas del SMATA cordobés a la independencia y buscó ayuda del SMATA central. Así. El ascenso del MRS no hizo sino confirmar esas opiniones. ya había he­ cho mucho para que fuera posible un movimiento de recuperación sindical en Córdoba. el SMATA nacional emprendió a fines de 1971 una campaña publicitaria na­ cional en apoyo de la dirigencia peronista del sindicato de trabaja­ dores del automóvil. Las relacio­ nes generalmente calmas entre obreros y patronal que habían ca­ racterizado la primera década de existencia de las empresas insta­ ladas en Buenos Aires terminaron a comienzos de los años setenta con una serie de movilizaciones. desesperado. estaba trabajando en muchos niveles de la socie­ dad argentina. e indicaba una precoz conciencia de la vulnerabilidad de los dirigientes. Las autoridades de Buenos Aires.

los únicos que se daban cuenta de que los logros laborales inmediatos serían efímeros y la militancia un esfuerzo tanto más malgastado a menos que la clase obrera tuviera como propósito último un proyecto socialista. Entre esas reformas se contaban una mayor limitación al poder de la central para disciplinar a las seccionales locales. más faculta­ des a éstas para que pudieran apelar cualquier medida disciplina­ ria y.5Así. el SMATA central tendría trabas en sus relaciones con Córdoba y sería incapaz. para competir con­ tra la Verde y Celeste torrista en las elecciones de abril.21* Los sindicatos combativos de la ciudad recibieron la noticia de la reaparición de una oposición izquierdista en la industria auto­ motriz local con cierto recelo. una lista sindical. El poder sindical ofrecía posibilidades reales de administrar autónomamente los asuntos del SMATA cordobés y la oportunidad de implementar un programa de reformas que fortaleciera el apoyo de las bases y representara un avance importante para el clasismo. lo más importante. no se había tratado ni de capricho ni de engreimiento. en las cuales no aparecía la palabra clasista. de imponer sus de­ seos. su rebelión sindical había implicado una vigorosa defensa de los intereses de los tra­ bajadores de la empresa y finalmente un compromiso con un pro­ grama político determinado.25 Poco des­ pués la lista Marrón presentó su plataforma electoral. una serie de reformas sindicales propuestas con un tono deliberadamente apolí­ tico. a pesar de las admoniciones y amenazas veladas del SMATA central a los disidentes de base. Los clasistas sabían que. en caso de que llegaran a la conducción. El éxito de la campaña de oposición a Bagué y la percepción que tenían los miembros del MRS del generalizado descontento obrero hacia la conducción alentaron a los disidentes a formar. la lista Marrón. Para los activistas clasistas de Fiat. No obstante. habían descentralizado ampliamente la estructura sindi­ cal. no hay duda de que el clasismo de Fiat había perjudicado su . una amplia descentralización financiera que les dio un control casi completo de los fondos sindicales. Las discrepancias entre ellos y los clasistas de Fiat y las biliosas críticas que los dirigentes obreros locales habían recibido ocasionalmente de SITRAC-SITRAM los habían hecho muy cautelosos respecto de lo que percibían como el purismo ideológico y ías tácticas maximalistas inherentes al clasismo. en Córdoba y otras partes los miembros del MRS advirtieron bajo qué restricciones se encontraba ahora Bue­ nos Aires. a fines de enero de 1972.2. al menos legalmente. Los clasistas se consideraban como los genuinos realistas del movimiento obrero cordobés. bajo la presión de Córdoba.276 El Cordobazo un serio desafío al control peronista del sindicato se debió en gran medida a las reformas del SMATA en 1968 que. dada la configuración inusual del movimiento obrero lo­ cal.

había germinado desde la época de la Resistencia y nunca había sido completamente servil con el líder exiliado. Lorenzo Mi­ guel y la “burocracia sindical”. Para mante­ ner la disciplina de su movimiento y promover sus propios fmes po­ líticos. Desde el anun­ cio de la transición propuesta al régimen civil bajo el Gran Acuerdo Nacional. En marzo de 1972 recibieron más estímulos cuando Perón anunció que su movimiento formaría un frente electoral. por parte de los Mon­ toneros. La fuente de esta violencia se encontraba parcialmente en la izquierda marxista. Perón decidió no repudiar sus tácticas sino postularse como el campeón de las guerrillas. y había una cautela entendible con respecto al MRS y la lista Marrón. Empleó cada vez más el vocabulario político de los antiguos revolucionarios y aceptó implícitamente el ataque de sus jóvenes seguidores contra José Rucci. La inclinación a la izquierda del movimiento peronista afectó . sin duda. Entre los legalistas y los inde­ pendientes existía la sensación generalizada de que la victoria de la lista marrón en el SMATA podría volver a desbaratar acontecimien­ tos positivos que se estaban produciendo en el movimiento obrero cordobés. Los cambios en el peronismo no eran obra exclusiva de las deci­ siones de Perón. el Ejército Revolucionario del Pueblo y las Fuerzas Armadas de Liberación. Las palabras de Perón eran vivifican­ tes para los legalistas. Aramburu. el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI). Independientemente del caudillo. pero ahora también en la izquierda peronista. pero no dispuestos a romper con la identi­ dad peronista o a afiliarse a un partido de izquierda marxista. por las cam­ biantes fortunas políticas del movimiento peronista. con el secuestro y ejecución. la izquierda pe­ ronista surgió como fuerza dentro de la política revolucionaria ar­ gentina en 1970. Sin embargo. del ex presidente militar general Pedro E.Tosco y Salam anca 277 causa en coyunturas particulares. frustrando con ello las esperanzas de Lanusse en una restauración democrática limitada y en su propia candidatura en las elecciones presidenciales de 1973. las formaciones especiales a las que Perón otorgaba una posición de creciente importancia dentro del movimiento. que estaban interesados en que se limitara el poder de los caciques obreros y en desarrollar posiciones ideológi­ camente izquierdistas. Lanusse se había visto asediado por una ola de violencia guerrillera que impulsó la presurosa salida de los militares del po­ der y favoreció la plena restauración de los derechos democráticos. Las sospechas de Atilio López y los legalistas acerca de la oposi­ ción marxista en el SMATA estaban influidas. incluyendo el levantamiento de la proscripción del movimiento pe­ ronista.

que manufacturaba armazones de asientos para IKA-Renault y era individualmente la que contaba con el mayor número de afiliados a la UOM cordobesa. Comprometió a los legalistas y a sus aliados independientes en el apoyo — entusiasta en el caso de los legalistas y cauto en ios inde­ pendientes— a una restauración democrática en la cual el movi­ miento peronista ocuparía inevitablemente una posición prominen­ te. Miguel y la CGT central para mantener la influen­ cia de su gremio en el movimiento obrero local y reservar para él mismo algún papel futuro dentro del movimiento peronista. El futuro de un movimiento obrero alternativo y la democratización de los sindi­ catos del país dependían de la preservación de la alianza legalistaindependiente. Tosco sabía que la salud de este espíritu ecuménico dentro de los sindicatos peronistas combativos dependía de mantener cierta distancia con respecto al clasismo. una decisión duramente censurada por Rucci y la CGT como una trai­ ción al movimiento obrero peronista. que no obstante eran evidentes. de que tal vez fuera imposible mantener como él creía la cooperación entre los sectores peronistas y no peronistas del movi­ miento obrero cordobés. indicaban que Simó tendría que depender cada vez más de Rucci. Las críticas clasistas al sindicalismo peronista perdieron su fuerza con los signos de que el peronismo se movía a posiciones más izquierdistas. Una vez más Tosco tenía la clave acerca de qué camino tomaría el movimiento obrero. una reunión nacional de los sindicatos peronis­ tas disidentes presidida por López y los legalistas cordobeses que había elegido al no peronista Tosco como presidente honorario. . La UOM necesitaba recuperar la jurisdicción sobre los trabajadores de Fiat. La crisis en curso en la industria metalúr­ gica local y la quiebra. Tosco evaluó las circunstancias polí­ ticas inmediatas en términos fríos y poco románticos. La fortaleza de esa alianza había sido demostrada el 15 y 16 de enero de 1972 en el congreso de las Agrupaciones Pero­ nistas Combativas. y también hizo improbable la cooperación inmediata con los mar­ xistas del SMATA. a principios de 1972. Como había sucedido con los clasistas de Fiat. de la fábrica Del Cario.278 El Cordobazo profundamente la historia ulterior del movimiento obrero cordobés. Aunque sin ilusiones sobre las verdaderas intenciones de Perón y escéptico con respecto a la aptitud de la iz­ quierda peronista para transformar al movimiento en un partido genuinamente revolucionario. una evolución política que muchos iz­ quierdistas creían haría de él un factor de cambio revolucionario mucho más importante que cualquiera de los pequeños partidos marxistas que promovían el clasismo. prefirió confiar en sus antiguos aliados legalistas a hacerlo en los aún poco conocidos marxistas del SMATA Su encarcelamiento le impidió ver signos.

controlado por los peronistas. Perón ya estaba entrometiéndose en Córdoba. desde su inexperiencia juvenil has­ ta su tremendismo y la amenaza divisionista que supuestamente re­ presentaban para el movimiento obrero del país.30A pesar de seme­ jantes intimidaciones. Perón recibió a una delegación de sindi­ catos ortodoxos locales.29 La elección de los marxistas del SMATA. realizadas del 26 al 28. Como Córdoba era la ame­ naza más visible y real a una CGT verticalista y peronista. que había mantenido su presencia en las fábricas del SMATA durante los largos años del tonismo pero que nunca antes había estado cerca de recuperar el control del sin­ dicato perdido a fines de los años cincuenta. había hecho todo lo que estaba a su alcance para desacreditar a la lista marxista.27Además.3’ Durante los primeros meses de su conducción. Las elecciones en la CGT demostraron una vez más el carácter excepcional del movimiento obrero local. ata­ cándolos con cualquier excusa. a pesar de que la CGT cordobe­ sa elaboró un nuevo plan de lacha y de las huelgas realizadas el 7 y el 28 de abril para exigir la libertad de Tosco. la lista Marrón venció inesperadamente a la lista peronista por 3. había otros motivos de preocupación.804. un asombroso giro de la situación para la izquierda. se hundiría al nivel de un sindicato mediano en el movimiento obrero local. inten­ tando restringir la alianza entre los sindicatos peronistas y no pero­ nistas de la ciudad. el movi­ miento obrero rebelde de la ciudad se convirtió en un tema de pre­ ocupación. reafirmó que el movimiento obrero cordobés es­ taba adquiriendo una configuración que no servía ni a los propósi­ tos de Lanusse ni a los de Perón. Los legalistas y los independientes fortalecieron su alianza y eligieron a López y Tosco como secretario general y secretario adjunto. A fines de abril.28 Los temores de Perón y los ortodoxos habían crecido ese mismo mes a causa de dos acontecimientos: las elecciones del 9 de abril en la CGT cordobesa y la victoria de la lista Marrón en las del SMATA. unas semanas después. Su tolerancia y hasta aliento a la izquierda pe­ ronista no implicaba que estuviera dispuesto a aceptar una pérdida potencial de control sobre los sindicatos. los clasistas del SMATA se concentraron en los problemas de las plantas y desempe­ ñaron un papel mínimo en la política obrera local. que se quejaban de la infiltración marxista en el movimiento obrero cordobés y en general promovían la unifi­ cación de los peronistas cordobeses y el aislamiento de los sindica­ tos clasistas y de Tosco. El SMATA central. respec­ tivamente. Los problemas de .Tosco y Salamanca 279 de lo contrarío. y Kloosterman en especial intensi­ ficó la campaña de publicidad contra los militantes clasistas.089 votos contra 2. dando a los dos sectores combativos del movimiento obrero cordobés una posición inexpugnable en el consejo directivo de la CGT local.

y expresado la intención de la dirigencia del SMATA de se­ guir una política no sectaria en la administración y de cooperar con todos los sectores “progresistas" del movimiento obrero cordobés. El nuevo secretario general del sindicato.32 No obstante. no lo dedicaba a los asuntos de la CGT local sino a la aún no resuelta cuestión del movimiento clasista de Fiat y SITRAC-SITRAM. El 20 de agosto. el traslado constante de los traba­ jadores de departamento en departamento. si bien respetaron el voto de los trabajadores del SMATA en favor de adherir a ella. Dieron algunos sig­ nos precoces de querer mantener con los sindicatos legalistas e in­ dependientes mejores relaciones que las que habían experimentado los clasistas de Fiat. el sindicato llevó a un equipo de médicos expertos para que observaran y documentaran las condiciones laborales en las plan­ tas. La administración de Fiat proseguía su campaña de intimidación en Ferreyra. las condiciones de trabajo y los despidos en las fábricas ocuparon casi toda su atención. el PCR.280 El Cordobazo los ritmos de producción.33 En vez de involucrar excesivamente al sindicato en la política obrera cordobesa. René Salamanca. Los despidos sistemáticos de presun­ tos simpatizantes del sindicato. por atribuirse el crédito de la victoria de la fisto Marrón. de 31 años.34 Todo momento que la nueva dirigencia podía distraer de los pro­ blemas de las plantas. declarando que no estaban dispuestos a comprometerse en una huelga estrictamente política. muchos de los cuales estaban ocultos y otros to­ . los clasistas comenzaron durante los meses de invierno una larga campaña para encarar los muchos reclamos en los lugares de trabajo que se habían acumulado desde que Renault se había hecho cargo de IKA. había reprendido públicamente a su propio partido. y para anunciar las intenciones del sindi­ cato de emprender la laboriosa tarea de preparar informes detalla­ dos sobre las condiciones laborales en cada una de las plantas afi­ liadas al SMATA. Los activistas clasistas de SITRAC-SITRAM. que denunciaba condiciones de trabajo insatisfactorias tanto en la forja como en los túneles de pintura. el aumento de los rit­ mos de producción y el retomo a una rígida disciplina fabril indica­ ban que la empresa italiana estaba decidida a reasumir un control absoluto sobre la base de las plantas. A principios de agosto. la dirigencia del SMATA escogió las condiciones de trabajo insalubres en la forja de la empresa como un primer tema para enfrentar a la autoridad gerencial en la base fabril. varias semanas después los clasistas respondieron con frialdad a una invitación de la CGT a participar en un paro general de 14 horas para conmemorar el Cordobazo. Como lo habían hecho los clasistas de Fiat. Salamanca realizó una conferencia de prensa para presentar los resultados del equipo médico.

desde su propia celda en Rawson. Perón y el verticalismo en la ciudad. hasta los más decididos de ellos reconocían que no había esperanzas de resucitar a SITRAC-SITRAM. y en julio ya estaba funcionando una comisión provisoria de la UOM en 1a. Simó se apresuró a aceptar ansiosamente la perspectiva de sumar varios miles de nuevos miem­ bros del segundo complejo industrial más importante de la ciudad a las raleadas filas de su sindicato. Ahora podía contar con el res­ paldo pleno de Rucci y la jerarquía sindical peronista para su cau­ sa. y aquél regresó al redil de la corriente principal del sindicalismo peronista. la resistencia y el futuro del cíasísmo parecían más prometedores mediante la afiliación al SMATA. Desde la cárcel de Rawson. el ex delegado Gregorio Flores expresó la opinión generali­ zada de la dirigencia encarcelada de que la desaparición de los sin­ dicatos de Fiat era un hecho consumado y urgió a que se organizara un movimiento bien arraigado para obligar a la empresa a aceptar la afiliación al SMATA. El respaldo de Fiat y Buenos Aires permitió que Simó se moviera rápi­ damente.35 No obstante. retomaron su trabajo de propaganda cuando cre­ ció la inquietud en Ferreyra.39 La incierta alianza de conve­ niencia de Simó con los sectores combativos del movimiento obrero cordobés se rompió irrevocablemente con la controversia de la afi­ liación de Fiat.37 Simó y la UOM. pudo verse a hom­ bres de la UOM distribuyendo fichas de afiliación en la puerta de las fábricas.36Varios días más tarde. la perspectiva de que los trabajadores automotores cordo­ beses se unieran en un único sindicato detrás de una conducción clasista era inaceptable para el movimiento obrero peronista. Tras ía elección de una lista predominantemente marxista en el SMATA. ya habían comenzado su campaña para recuperar a los trabajadores que sólo a regañadientes habían dejado ir a mediados de la década de 1960. Apenas unas semanas después de la disolución de SITRAC-SITRAM. sería desastrosa para los trabajadores de Fiat y dejaría ías puertas abiertas a una afilia­ ción a la UOM. Alfredo Curutchet manifestó una opinión similar y su­ brayó que la afiliación al SMATA era una necesidad absoluta. De allí en más Simó y la UOM cordobesa serían los más fieles lugartenientes de Rucci. La falta de una represen­ tación sindical efectiva en estas tareas. Con la victoria de la íisía Marrón. sugirió. Miguel. planta de Materfer. Salamanca y el nuevo comité ejecutivo deí SMATA acordaron oponer resistencia a los planes de la UOM y apoyar la afiliación de .Tosco y Salamanca 281 davía en ia cárcel.38Con las hemorragias que sufría la UOM cordobe­ sa y su propio futuro político enjuego. en realidad. un hecho que provocó una amarga crítica de la conduc­ ción del SITRAC. dadas las inminentes negociaciones colectivas.

Los clasistas del SMATA consideraban al movimiento di­ sidente de los trabajadores como parte de un esquema más general de participación política de la clase obrera. tenían que respetarse en buena medida la maquinaria sindical y los procedimientos establecidos. por lo que se oponían a la afiliación. Los clasistas del SMATA contraatacaron diciendo que los sindicatos de Fiat sentían una aversión “trotskista” a la organización y la disciplina política. era un crítico especial­ mente deslenguado del clasismo de Fiat. un sindicato que tenía una larga historia de militancia y que disfrutaba de una gran sensación de legitimidad entre las bases.40 En realidad. como subordinado al aparato partidario.41Los clasistas del SMATA. El MRS era el producto de individuos que habían hecho largos aprendizajes políticos en sus respectivos parti­ dos. representantes de organizaciones que se habían comprometido en un concienzudo trabajo en las bases fa­ briles durante varios años. y mantener cierto estilo gremial profesional. VC y otros partidos que constituían la conducción del SMATA se habían en­ crespado ante las acusaciones proferidas contra ellos por los sindi­ catos de Fiat en el sentido de que la formación de comisiones obre­ ras y agrupaciones sindicales constituía un ejemplo de oportunis­ mo neobolchevique que amenazaba a los trabajadores con la mani­ pulación por parte de los partidos de izquierda. eran políticamente un grupo mucho más disciplinado que los diri­ gentes sindicales de Fiat. pero también. específi­ camente manifiestos en su supuesta negativa a cooperar con los elementos progresistas del movimiento obrero cordobés en la CGT local. También pertenecían a un sindicato mucho más grande. lo que provocaba que un pequeño grupo de clasistas de Fiat los considerara precipitada y erróneamente como apenas un grupo más de burócratas sindica­ les. Durante mucho tiempo había pintado a la rebelión de los trabajadores de esa empresa como un movimiento de bases bien intencionado y honesto al que habían echado a perder su ingenuidad y “aislacionismo” políticos. La orientación partidaria del clasismo del SMATA estaba influida. las críticas a los sindicatos de Fiat se originaban en dos concepciones muy diferentes del clasismo. sin duda. En consecuencia.42 La principal diferencia entre los clasistas de Fiat y el SMATA es­ taba enraizada en su concepción de los límites y finalidades del clasismo. por las . el PCR. sin duda.282 El Cordobazo los trabajadores de Fiat a su sindicato. El PCR. lo que les había costado perder la oportunidad de dirigir un movimiento alternativo de los trabajadores. en cierta medida. El propio partido de Salamanca. a pesar de los extendidos recelos por la experiencia de SITRAC-SITRAM existentes en sus fi­ las. El movimiento clasista del SMATA incluía a muchos militantes partidarios endurecidos.

Carlos Masera expresó el constante interés de los trabajadores de Fiat en una afiliación al sindicato mecánico. y sostuvieron que la afiliación no sólo salvaguardaría los intereses de los trabajadores de la empresa sino que también tendría una influencia positiva en el SMATA.Tosco y Salam anca 283 raíces del PCR en el Partido Comunista. Se esperaba que las directivas del co­ mité central se cumplieran sin críticas. Los clasistas de Fiat procura­ ron tender un ramo de olivo al SMATA y eliminaron el controvertido eslogan de “¡Ni golpe ni elección. ya evi­ dentes desde la elección de 1972. De manera similar. y no sólo por sus funciona­ rios profesionales sino también por sus miembros de clase obrera. El del SMATA surgió en un contexto político muy distinto al del movimiento de Fiat. Ambos partidos eran muy centralizados y jerárquicos. que parecía ofrecer nuevas oportunidades para los partidos de izquier­ da del país. En una ceremonia reali­ zada en agosto en la sede céntrica del SMATA para dar la bienveni­ da a los recientemente liberados presos de SÍTRAC-SÍTRAM. en sus declaraciones públi­ cas procuraron enfatizar que el clasismo era un compromiso con una conducción honesta. des­ aparecida la posibilidad de recuperar sus sindicatos. la democracia sindical y en general una política progresista más que una identificación inmediata con un proyecto socialista revolucionario. la abrumadora mayoría de los clasis­ tas de Fiat las hicieron a un lado y propugnaron ía afiliación al SMATA. El PCR y otras organizaciones izquierdistas representa­ das en el sindicato estaban maniobrando para obtener una posi­ ción política. pero también cierta insatisfac­ . A pesar de sus diferencias. la discre­ pancia entre los dos conceptos de clasismo se mantuvo latente y acechó detrás de la campaña de afiliación.43 Los dirigentes de Fiat caracte­ rizaron a la nueva conducción del SMATA como honesta y democrá­ tica si bien aún no clasista. porque era innecesariamente provocativo y obviamente inapropiado para las muy diferentes circunstancias políticas de comienzos de 1972. Las tormentosas relaciones de Salamanca con su partido. contribu­ yendo a definir su propia identidad clasista No obstante. lo que hacía que moderaran su comportamiento gre­ mial. Las diferencias entre el clasismo de Fiat y el del SMATA eran tam­ bién el resultado de las circunstancias históricas. se debían esencialmente a su in­ dependencia y a la desatención que exhibía a menudo hacia el apa­ rato y los procedimientos partidarios deí PCR. Para la mayor parte de los leales a SITRAC-SITRAM. sólo la afilia­ ción a aquél prometía una representación sindical competente y la protección de los logros ya obtenidos. revolución!" de sus comunicados y volantes. Los sindicalistas disidentes ya no se enfrentaban a una dicta­ dura militar sino a una inminente restauración democrática.

La posición de Masera y los otros clasistas de Fiat.47 Entre los sindicatos subsistían las antipatías políticas. a fines de ese año también empezaron a notarse signos de cansancio. Salamanca advirtió que se estaba acaban­ do el tiempo y que eran necesarias más firmas para superar la oposición de Fiat y el gobierno. apelaron a la CGT cordobesa en busca de ayuda.200 fichas de afiliación. Pero en líneas generales la reunión marcó un serio retroceso para la causa de un sindicato unido de los trabaja­ dores automotores cordobeses. mostrando un realismo político que había estado desgraciadamen­ te ausente en el clasismo de Fiat. se entregaron con entu­ siasmo a la campaña de afiliación durante esos meses. La posición de Salamanca y el comité ejecutivo del SMATA se­ guía siendo clara: era necesaria una abrumadora muestra de apoyo a la afiliación para convencer al Ministerio de Trabajo de lo jus­ tificado de la jurisdicción del sindicato mecánico. Cordobazo ción con el manejo del problema por parte de la dirigencia gremial. no obstante.45 Si bien se hicieron considerables progresos. Fiat y la UOM sin el apoyo de los demás sindicatos cordobeses. si bien se habían llenado más de 1. se hizo posible un futuro respaldo después que Salamanca puso al SMATA más cerca de un alineamiento con los otros sindicatos cordobeses. y la CGT se había mantenido en silencio sobre el tema. Sin duda había pocas posibilidades de superar la fuerza combinada del gobierno. descubrieron que una vigilante administración obstruía sus esfuerzos.44 Los trabajadores de Fiat. Compañe­ ros de trabajo distribuyeron fichas del SMATA en las puertas de las fábricas y dentro de las plantas de Fiat. por su parte. En las movilizaciones obreras de . fallas que diplomáticamente atribuyó más a una falta de experien­ cia que a la mala fe. a su vez. En una asam­ blea realizada en octubre de 1972 para discutir la situación de la campaña de afiliación. y Salamanca se mantuvo evasivo en la cuestión de la afiliación al mismo tiempo que hacía hincapié en el compromiso de su gremio de cultivar relaciones amistosas con los otros sindicatos no clasistas de la CGT cordobesa. Sin embargo. los obstáculos para que la diri­ gencia prosiguiera el trabajo proselitista eran insuperables. Desde las filas de Fiat se elevaron críticas contra la condición de miembro de la CGT local del SMATA. era que.46 Los trabajadores de la empresa ita­ liana. que el progreso dependía de lo que los mismos trabajadores fueran capa­ ces de hacer en las plantas.284 El. Los activistas de SITRACSITRAM resistieron hábilmente una afiliación a la UOM que gozaba de la bendición de la empresa y advirtieron sobre comunicados sin­ dicales falsos que en realidad eran obra de la UOM o de Fiat y que pretendían sembrar la confusión en sus filas.

49 Pero el go­ bierno. el SMATA había desempeñado un papel prominente. y de liecho uno de los factores precipitantes de la huelga general de la CGT cordobesa el 26. Más allá del aspecto dramático inmediato del acontecimiento. con quienes compartía algunos enemigos comunes. amilanado por las promesas de mayor violencia laboral por parte de los sindicatos legalistas-independientes y el SMATA. En la cárcel. la prisión había sido para él una experien­ cia profundamente politizadora. Las huelgas generales del 24 de agosto y el 7 de septiembre tuvieron el sostén de todos los sindicatos independientes y de la mayoría de los legalistas. Su oposición a la lucha armada como una opción política legítima en la Argentina no le impidió entablar fuertes amistades y sentir respeto por los que consideraba como equivocados pero idealistas guerrille­ ros. y éste había respondido asumiendo el control de la CGT local y emitiendo órdenes de detención contra los principales organiza­ dores de las huelgas. su con­ ducción. Como ocu­ rrió con muchos activistas sindicales que pasaron por las cárceles argentinas en esos años. pero también un trauma personal para Tosco. se aplacó velozmente y el 22 de septiembre anunció su intención de liberar a Tosco. las Fuerzas Armadas Revoluciona­ rias y los Montoneros en su planeado escape de la prisión de Rawson. acompañada por varios tal vez contritos líderes de SITRACSITRAM. Ante los vítores de una multitud de trabajadores y estudiantes. había hecho una inesperada aparición en una sesión de emergencia de la CGT y comprometido su respaldo a cualquier ac­ ción huelguística concebida para asegurar la libertad de Tosco. que terminó trágicamente con la captura y ejecución en el cercano Trelew de 16 de los evadidos el 22 de agosto. pero fue la participación del SMATA lo que las convirtió en grandes protestas obreras.'’8 Cualquier signo de inquietud la­ boral en Córdoba era recibido ahora con nerviosismo en el gobier­ no. entre ellos López y Salamanca. el líder deí sindicato de Luz y Fuerza vio cada vez más que no había término medio y sintió que la Argentina esta­ . Pero había sido precisamente para evitar toda asociación entre el movimiento obrero disidente y la izquierda guerrillera que Tosco se negó a acom­ pañar a los militantes del ERP. éste marcó un punto de inflexión en la historia del movimiento obrero cordobés disidente. tanto en Villa Devoto como en Rawson. La "masacre dé Trelew" fue un escándalo y una controversia política nacional. convocadas por la CGT para exigir la libertad de Tosco. Después de Trelew. El 22.Tosco y Salam anca 285 agosto. éste llegó al aeropuerto de Córdoba el 26 de septiembre. Tosco regresó a Córdoba como revolucionario. su prestigio como la más importante figura nacional del movimiento obrero disidente lo había arrastrado a muchas discusiones políticas con miembros de la izquierda‘guerrillera.

Fue uno de los muchos militantes del PCR que procuraron encontrar empleo en las fábricas de mayor calificación afiliadas al SMATA como parte de la estrategia de inser­ ción del partido ¡en el movimiento obrero local. Su tez morena y los rasgos vagamente indígenas insinuaban sus orígenes de chico del campo convertido en proletario y militante marxista. Para Tosco. y cuando a principios de 1972 éste decidió competir con la lista torrista. Como podía preverse. En su discurso de regreso a casa hizo lo que equivalía a una virtual declaración de guerra contra Rucci y la burocracia sin­ dical y anunció su compromiso de promover y proteger al movimien­ to obrero alternativo centrado en Córdoba. Su carrera de activista sindical había comenzado en la década de 1960. El fac­ tor que complicó sus esfuerzos para construir un movimiento obre­ ro alternativo y que siguió influyendo en la dinámica de la política . fue natural que se lo eligiera para en­ cabezar la políticamente pluralista lista M arrón51 La alianza entre Tosco y Salamanca se convertiría en una de las piedras angulares del movimiento obrero cordobés disidente. cuando logró derrotar al candidato de Torres en una elección de delegados. perdió la elección y. Salamanca no tuvo una participación abierta en los asuntos gre­ miales hasta 1970.286 El Cordobazo ba al borde de un enfrentamiento decisivo entre la izquierda y la derecha. Salamanca era por entonces una de las figuras principales del MRS. requisito contemplado por los estatutos del SMATA para los cargos sindicales. cuan­ do se postuló sin éxito como delegado de su pequeño taller metalúr­ gico contra la lista oficial de Simó. antitorrista. Si bien se unió rápidamente al Grupo I o de Mayo. un hombre que se ha­ bía elevado de la oscuridad al liderazgo del sindicato más importan­ te de Córdoba virtualmente de la noche a la mañana. un poco más adelante. y esta vez su triunfo fue reconocido por el sindicato. El sindicato se negó a reconocer su vic­ toria aduciendo que todavía no hacia un año que estaba afiliado. En 1971 se postuló nuevamente para el cargo relativa­ mente menor de subdelegado. Sus lazos con el PCR se establecieron por esos mismos años. cosa que agudizó la bre­ cha entre los sindicatos aliados con él y los ortodoxos. el trabajo. y poco después del Cordobazo ingresó a la altamente calificada matricería de la forja de IKA-Re­ nault como activista del partido. cuando pro­ curaron construir un nuevo programa político para el movimiento obrero. La necesidad política y la empatia personal harían de él y Salamanca estrechos colaboradores durante los años siguientes.50 Tosco tenía un nuevo aliado que lo esperaba en Córdoba. como para la mayoría de los dirigentes sindica­ les de la ciudad. Salamanca era un enigma.

Una vez que quedaron garantizadas las elecciones. en la que el primero apoyaba a Oscar Bidegain y las últimas al líder de la UOM Victorio Calabró. ningün líder sindical podía aparecer opo­ niéndose a él o a una restauración peronista y mantener su presti­ gio en las filas del movimiento. en caso de que el movimiento virara repentinamente a la derecha. En ese aspecto. Las tendencias vandoristas dentro del mismo seguían siendo fuertes. escogió candi­ datos marcadamente inclinados hacia la izquierda del movimiento. los caciques sin­ dicales apostaron su prestigio a asegurarse una mayoría de los can­ didatos en la boleta deí FREJULL La CGT y ías 62 Organizaciones no habían ahorrado esfuerzos en sus críticas a la izquierda peronis­ ta. La elección de Héctor Cámpora como candidato presidencial del FREJUL1 fue una gran concesión a la izquierda peronista.Tosco y Salamanca 287 obrera local fue la política nacional. y muchos dirigentes sindicales peronistas. y calificándolos como “izquierda gorila y aristocratizante'’. Por otra parte. Una áspera lucha entre el sector juvenil y las 62 Organizaciones en tomo a la fórmula para la gobernación de la provincia de Buenos Aires. denigrando a sus miembros como ‘'recién llegados” o advenedi­ zos. A pesar de palabras rudas de dirigentes gremiales como Miguel. terminó con la decisión de Perón en favor de . El ala izquierda del mo­ vimiento ejerció la presión más eficaz sobre el gobierno en favor de la plena restauración del peronismo. La lealtad del movimiento obrero peronista era menos problemá­ tica. seguían buscando el diálogo con el conciliatorio Lanusse y eran reacios a enfrentar al gobierno en tomo a cuestio­ nes políticas. a la que siguieron decisiones similares para otros cargos. Seguro de la fidelidad del movimiento obrero y con la intención de conservar el apoyo de su ala izquierda. los cuadros juveniles de Perón tenían alternativas políticas: aliados potenciales en la forma de la revigorizada izquierda marxista. la inminente legalización y participa­ ción plena del movimiento peronista en las elecciones de marzo de 1973 fue una bendición a medias. particularmente en Buenos Aires. Pero por el momento los intereses de Perón eran mejor servidos por un cortejo constante a la izquierda peronista. Dentro del peronismo. continuarían protegiéndolos de Buenos Aires. Las perspectivas para los sindi­ catos cordobeses dependían en gran medida de si circunstancias políticas favorables nacionalmente. la lucha de poder entre la izquierda y la derecha parecía haber concluido finalmente en favor de la primera. Al mismo tiempo. Perón sabía que quienes estaban realmente dispues­ tos a presentar batalla en su nombre se encontraban en su rama juvenil. Perón formalizó sus favo­ res en la selección de candidatos del FREJULL En consulta con di­ rigentes de los Montoneros y la Juventud Peronista.

288

El Cordobazo

Bidegain. Ulteriormente, se favoreció a postulantes izquierdistas
por encima de hombres deí movimiento obrero al elegir a los can­
didatos a gobernadores en las principales provincias. La reacción
del movimiento obrero fue ambigua. Los sindicatos participacionisías mas conservadores, que durante años habían privilegiado sus
relaciones con el Estado y los capitanes de la industria por encima
de Perón, rehusaron aceptar el ascendiente de la izquierda. Zares
sindicales como Rogelio Coria, del sindicato de trabajadores de la
construcción, y Luis Guerrero, de la UOM, renunciaron a las 62
Organizaciones y retiraron su apoyo al FREJULL Éstos eran sólo
los más sueltos de lengua entre los dirigentes sindicales que abo­
gaban por una fórmula peronista expurgada de elementos izquier­
distas.5'2
El repudio inmediato de Perón a una lista semejante la privó de
toda posibilidad de éxito y alertó a otros dirigentes sindicales en
contra de emprender acciones similares. Rucci y Miguel, los líderes
de la UOM que representaban el sentimiento de la mayoría de los
caciques obreros peronistas, aconsejaron aceptar las órdenes de
Perón y su status de “socios menores" dentro del movimiento mien­
tras esperaban su oportunidad. La vuelta del líder a los cáusticos
ataques verbales contra la burocracia sindical durante la campaña
electoral influyó en su decisión. Lo mismo hizo la aparición de desa­
fíos clasistas en una serie de plazas fuertes sindicales, incluyendo
la seccional de la UOM del propio Rucci, que representaba a los tra­
bajadores siderúrgicos de la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina
(SOMISA) en San Nicolás, donde la mayoría de los 6.700 trabajado­
res había votado retirarse del sindicato en repudio a su dirigencia
conservadora.53 El cinturón industrial del Paraná, en especial, co­
menzaba a asomar como un peligroso centro de oposición a las
autoridades establecidas del movimiento obrero, aventajado en esto
únicamente por Córdoba, Los esfuerzos de los activistas de izquier­
da marxistas y peronistas habían movilizado a los trabajadores de
las fábricas metalúrgicas contra sus dirigencias sindicales oficiales
y amenazaban con una virtual rebelión de los sindicatos industria­
les del interior contra Buenos Aires. Con semejante falta de discipli­
na dentro de sus propias filas, el movimiento obrero peronista no
podía tener esperanzas en la lucha por el control con el ala izquier­
da del movimiento, por lo que su única alternativa fue dar por per­
dida la batalla.
Para Córdoba, la significación inmediata de la lucha de poder
dentro del peronismo fue el fortalecimientp de la posición de la fac­
ción del movimiento obrero peronista más estrechamente aliada
con ula Tendencia" o izquierda peronista, los legalistas, lo que fa­
voreció temporariamente al movimiento obrero disidente del lugar.

Tosco y Salam anca

289

Córdoba era la única provincia donde la rama, juvenil había preva­
lecido por completo y rehusado a la burocracia sindical una con­
cesión electoral con ía candidatura a la vicegobernación. Al princi­
pio, Rucci y Miguel habían propugnado que se colocara a Simó en
la fórmula deí FREJULI como candidato a vicegobernador, como
había sucedido con los hombres de la UOM en muchas otras pro­
vincias, junto con el candidato a gobernador de ía JP y Montone­
ros, Ricardo Obregón Cano. Sin embargo, lo pactado en eí resto
deí país no pudo negociarse en Córdoba. En ninguna otra provin­
cia tenía la izquierda peronista la sólida base de apoyo en el movi­
miento obrero local con que contaba en Córdoba; Obregón Cano
tuvo una oportunidad no asequible para los otros candidatos pero­
nistas de izquierda en las elecciones siguientes. En Córdoba, el can­
didato de la izquierda peronista pudo conservar la mayor parte del
respaldo obrero, y especialmente de sus sindicatos más podero­
sos, sin tener que aceptar a un representante de Rucci o Miguel en
ía boleta. La imposición de los hombres de la UOM pudo evitarse,
en gran medida, gracias a la configuración inusual del movimiento
obrero cordobés. Obregón Cano y sus partidarios de ía rama juve­
nil se negaron a aceptar a Simó como compañero de fórmula e in­
sistieron en cambio en que el representante de la rama gremial del
peronismo en la boleta fuera López, cabeza de los legalistas, una
decisión que Rucci, Miguel y la UOM se vieron obligados a aceptar
a regañadientes.54
La postulación de López disgustó a los ortodoxos y también des­
concertó a los independientes y los clasistas del SMATA. Para los
ortodoxos, la candidatura parecía descartar toda posibilidad de pron­
ta recuperación de la CGT local. En las semanas que culminaron en
la designación de la fórmula Obregón Cano-López el 19 de diciem­
bre, abundaron los rumores de una inminente acción de Rucci con­
tra la CGT cordobesa. En este punto, esa acción habría sido algo
más que un asunto sindical meramente interno; habría tenido enor­
mes consecuencias políticas para la lucha de poder que se estaba
librando dentro del peronismo, llegando tai vez a poner en peligro
las elecciones mismas. Por lo tanto, disciplinar a la rebelde CGT
cordobesa era un gran riesgo. La fuerza de los legalistas y los inde­
pendientes había quedado demostrada repetidamente, y ahora al
formidable bloque sindical se habían unido los clasistas del SMATA.
Cualquier intromisión en las cuestiones gremiales locales provoca­
ría una reacción de esos sindicatos, lo que tal vez conduciría á otra
masiva protesta obrera, para la cual Córdoba tenía ahora una repu­
tación nacional. Rucci y sus aliados ortodoxos, de todas maneras,
abogaban por disciplinar a los sindicatos cordobeses, y el propio
Perón seguía mostrando interés en mantener separados a sus sec-

290

El Cordobazo

tores izquierdista y gremial, pero las circunstancias políticas del
momento y la necesidad de conservar el apoyo de su ala izquierda le
impidieron tomar medidas ulteriores. A pesar de su disgusto con el
movimiento obrero cordobés, Perón no tenía otra opción que acep­
tar la candidatura de López, si bien contaba con eí contrapeso de
las influencias de los ortodoxos de Simó para dejar abierta la posi­
bilidad de una purga futura de la izquierda sindical de Córdoba.55

Eí desenlace que había favorecido a la izquierda peronista y a los
legalistas no necesariamente mejoró las perspectivas de un movi­
miento obrero disidente encabezado por los cordobeses. Posterior­
mente, Tosco lamentaría los perjuicios provocados por estos acon­
tecimientos políticos.56 La naciente alianza sindical entre los
legalistas, los independientes y el SMATA funcionaría bajo serias
restricciones si los primeros participaban en el gobierno; en ese
aspecto, los clasistas se mantuvieron intransigentes. Para dar a la
clase obrera un rol revolucionario, se creía necesario adoptar un
programa revolucionario, algo que era casi imposible dadas las con­
tradicciones del peronismo y la alianza del FREJULL Tosco, no obs­
tante, insistió en mantener el eje iegaíista-independiente como la
piedra angular de un movimiento obrero alternativo y en apoyar la
fórmula del FREJULI en Córdoba, al mismo tiempo que ponía cierta
distancia con su boleta nacional.
Fue esta insistencia la que despertó críticas a él de parte de los ,
grupos clasistas y de la izquierda marxista en general. Estos consi­
deraban que, en su determinación de sostener la alianza con los
legalistas, se apartaba de la causa del clasismo y adoptaba posicio­
nes “reformistas”.57Tosco rehusó respaldar muchas propuestas cla­
sistas que la izquierda marxista promovía para inculcar una con­
ciencia revolucionaria a la clase obrera cordobesa. Por ejemplo,
muchos clasistas propugnaban que se establecieran en la ciudad
negociaciones colectivas globales a través de una comisión especial
de la CGT con representantes de todos los sindicatos. Esa comisión,
creían los clasistas, permitiría al movimiento obrero presentar un
frente único obrero ante la patronal, para proteger los intereses de
las bases de los sindicatos más débiles y crear un espíritu de solida­
ridad entre los trabajadores, lo que constituiría el primer paso ha­
cia la formación de una CGT cordobesa clasista. Tosco estimó que
esa propuesta era impráctica y políticamente imprudente y se negó
a apoyar la idea, una posición que le atrajo amargas criticas de por
lo menos algunos de los clasistas.56
Tosco no era el único dirigente obrero que se oponía a tales ideas.
Para Salamanca y el comité ejecutivo del SMATA, que ocupaban

Tosco y Salamanca

291

puestos de autoridad y eran responsables de manejar los asuntos
del sindicato industrial más grande de la ciudad, el lujo de la teori­
zación revolucionaria cedía su lugar a las consideraciones prácticas
de administrar el gremio de los mecánicos. En ese momento, la con­
ducción del SMATA estaba empeñada en conversaciones sobre los
contratos de ios trabajadores de Transax e Ilasa, y ceder su autori­
dad a un virtual soviet cordobés estaba fuera de la cuestión; sus
alianzas sindicales establecidas tenían precedencia. En los meses
finales de 1972, ios clasistas del SMATA exhibieron una eficacia y
un pragmatismo, así como un espíritu conciliatorio, que no siempre
caracterizaron a otros partidarios del clasismo en la ciudad. En vez
de malgastar energías en disputas enervantes e innecesarias con
los otros sindicatos cordobeses o en proyectos confusos y utópicos
de asambleas obreras, Salamanca y los clasistas del SMATA dedi­
caron sus esfuerzos a la unidad de los trabajadores automotores de
la ciudad.
La decisión de un juzgado federal y una inspección del Ministe­
rio de Trabajo que otorgaron a la UOM la jurisdicción sobre los tra­
bajadores de Fiat no disuadieron al SMATA. Éste descalificó la me­
dida como una maniobra políticamente inspirada por el gobierno
militar, en alianza con la burocracia sindical y Fiat, para impedir
la consolidación de una representación clasista del proletariado
mecánico cordobés. Como respuesta, a principios de noviembre
activistas del SMATA comenzaron a realizar un plebiscito de tres
días en las puertas de la fábrica Concord que produjo una impor­
tante victoria para el clasismo; 1.339 trabajadores de Concord
votaron en favor de la afiliación al SMATA y sólo 164 por la UOM.59
Si bien ésta rechazó los resultados basándose en una serie de tec­
nicismos y se negó a permitir un plebiscito programado para la
fábrica Materfer, el voto fue una victoria moral para el SMATA y un
signo más de que los sindicatos de izquierda de la ciudad mante­
nían la iniciativa y que la corriente principal del movimiento obre­
ro peronista sólo podía resistir su avance en alianza con los pode­
res del Estado.
En las plantas de Córdoba, sin embargo, los peronistas del
SMATA empezaron a resistir a la conducción clasista de su sindi­
cato casi inmediatamente después de la derrota en la elección de
1972. El disgusto de Kloosterman, Rodríguez y otros líderes porte­
ños con los clasistas se vio agravado por la política de los sindica­
listas cordobeses de apoyar a otros grupos disidentes, muchos de
ellos clasistas, de la industria automotriz. Por ejemplo, después
de una gran huelga en Peugeot en 1972, activistas sindicales cla­
sistas despedidos habían llegado a Córdoba, donde fueron cálida­
mente recibidos por la conducción del SMATA, que les ofreció la

292

El Cordobazo

sede gremial para que realizaran una conferencia de prensa en la
cual se criticó duramente el manejo de la huelga por la dirigencia
peronista. Cuando el SMATA central protestó por el hecho de que
se diera albergue a la oposición, Salamanca respondió lacónica­
mente que las acciones del sindicato eran perfectamente apropia­
das y que Córdoba seguiría ofreciendo sus facilidades a todos los
grupos políticos de la industria automotriz.60 Dentro de las plan­
tas, los farristas se habían reagrupado y en el momento del plebis­
cito de Fiat se encontraban a la ofensiva. La conducción clasista
era sometida a una creciente andanada de críticas de los delega­
dos peronistas, que tenían una presencia debilitada pero aún te­
mible en las fábricas del SMATA, particularmente en las plantas
de IKA-Renault, y que podían lanzar casi diariamente entre los
trabajadores diatribas contra los clasistas.61
Las alianzas laborales locales impidieron que los ataques contra
los clasistas del SMATA fueran, por el momento, más allá de los
insultos y las recriminaciones. Salamanca había incrementado la
participación del sindicato en la CGT local y finalmente recibió el
respaldo tanto de los legalistas como de los independientes en su
disputa con la UOM en torno a la afiliación de Fiat Razonablemen­
te, podía contar con el apoyo de ambos en caso de que se produje­
ran formas más amenazantes de intimidación, ya provinieran de los
opositores al clasismo en las plantas cordobesas o de la sede central
del SMATA en Buenos Aires.
No obstante, a fines de 1972 aparecieron las primeras señales de
fisuras en la frágil alianza entre los sectores combativos del movi­
miento obrero cordobés. Intervinieron, como en el pasado, divergen­
cias ideológicas y políticas que polarizaron en campos opuestos di­
versas corrientes del movimiento sindical rebelde. El SMATA criticó
públicamente la decisión de López de aceptar un lugar en la fórmu­
la del FREJULI y cuestionó el intento de Tosco de caminar por la
cuerda floja ideológica en una coyuntura política tan crucial, para
sacrificar una vez más un proyecto revolucionario en favor de la
alianza con los legalistas,62
Las diferencias políticas se pusieron de relieve con el retomo de
Perón a la Argentina el 17 de noviembre, más de 18 años después
del derrocamiento de su gobierno. Fue un acontecimiento emocio­
nal de enorme importancia para la clase obrera peronista, un hecho
que los clasistas no entendieron o al menos subestimaron. Con la
gran ola de sentimiento peronista que barría el país, los clasistas
podrían haber adoptado una posición más fructífera, similar a la de
Tosco, apíoyando la aceptable fórmula del FREJULI cordobés y man­
teniendo al mismo tiempo una distancia crítica con respecto a
Cámpora y la fórmula nacional. No obstante, su falta de disposición

Tosco y Salam anca

293

para hacerlo era comprensible. Sus sospechas sobre los motivos de
Perón y la capacidad de peronistas de izquierda como López para
mantenerse libres de enredos comprometedores dentro del movi­
miento peronista una vez que estuvieran en el poder no carecían de
fundamentos.
La lealtad de López al movimiento peronista se hizo más exigente
después que ingresó a la arena política. Su apresurado y malogrado
intento de organizar un congreso laboral peronista, el Plenario Na­
cional de Gremios Peronistas para el Regreso del General Perón, fue
considerado como una concesión innecesaria e indecorosa a Rucci,
los caciques sindicales peronistas y sus aliados ortodoxos locales.
Aún más penosa fue su decisión de no asistir al tercer congreso
nacional de la alianza Intersindical auspiciada por los comunistas,
que presidiría Tosco en el Salón Verdi de Buenos Aires, el histórico
salón de reuniones de los sindicatos anarquistas, socialistas y co­
munistas del país.63 Su ausencia alertó sobre el hecho de que, tal
vez, las simpatías de López y los legalistas hacia un movimiento
obrero cordobés pluralista y antiverticalista estaban sucumbiendo
ante las presiones de Perón o simplemente marchitándose en medio
de la euforia peronista que rodeaba el retorno de su movimiento al
poder.
Los acontecimientos políticos dentro del movimiento peronista
habían permitido que el movimiento obrero cordobés de izquierda
prosperara en 1972, pero a principios de 1973 conspiraban contra
él. López resistía las presiones para reformar la CGT cordobesa y
purgar a su conducción de los sindicatos no peronistas, pero ya
era evidente un giro a la derecha en el peronismo, y en especial en
su rama gremial. A comienzos de febrero, Rucci llegó desde Ma­
drid, adonde había regresado Perón tras su breve visita a la Argen­
tina, con un mensaje grabado del caudillo para sus seguidores de
la clase obrera. El movimiento obrero cordobés, y específicamente
Tosco, “el dirigente de la triste figu ra ”, como burlonamente lo cali­
ficaba Perón, eran el centro de críticas especiales, y se defendía el
verticalismo,m Las palabras de Perón eran ominosas. Córdoba se­
ría uno de los primeros blancos en caso de que el peronismo re­
creara sus prioridades conservadoras, y los legalistas se verían
paralizados en cualquier enfrentamiento futuro entre su movimien­
to y los sindicatos izquierdistas de la ciudad. Los ortodoxos podían
contar con la bendición de Perón, y tal ve? con su estímulo activo,
en cualquier purga de las facciones disidentes del movimiento
obrero cordobés.65
Las perspectivas para los grupos disidentes, Sin embargo, no
parecían aún tan sombrías cüando a fines de 1972 se puso en mar­
cha la campaña electoral. La voluble cultura política del país había

294

El Cordobazo

girado momentánea y agudamente hacia la izquierda, y una reac­
ción en la otra dirección sólo tendría éxito si las circunstancias cam­
biaban repentinamente, antes que los sindicatos cordobeses pudie­
ran consolidar su posición y extenderse fuera de la ciudad para unir
a la creciente pero dispersa y desorganizada militancia obrera que
surgía a lo largo y a lo ancho del país, particularmente en el interior.
Los sindicatos cordobeses disidentes necesitaban tiempo, tiempo
que dependía, en gran medida, del camino que tomara Perón.

NOTAS
1Carta de Tosco a Julio Guillán, Mesa de Gremios Peronistas Comba­
tivos, 12 de febrero de 1972, cárcel de Villa Devoto, en Agustín Tosco, Pre­
sente en las luchas de la clase obrera: selección de trabajos (Buenos Aires:
Jorge Lannot y Adriana Amantea, 1984), pp. 213-216.
2En realidad, es posible que el apoyo de Tosco al MUCS haya peijudicado sus esfuerzos por fomentar tanto el pluralismo en el movimiento obrero
como la unidad de los trabajadores cordobeses, dado que la presencia en él
del Partido Comunista, considerado como conservador y reformista, y de
los radicales, a quienes se estimaba representantes de los intereses bur­
gueses, lo convirtió en anatema para los clasistas. El mismo Tosco parece
haberlo comprendido, y después de 1971 dedicó la mayor parte de sus es­
fuerzos a que Córdoba se transformara en la piedra angular del movimiento
obrero alternativo, y no al MUCS.
3Archivó de Fermín Chávez, Buenos Aires, cartas de Perón a Ongaro,
Madrid, 25 de junio y 26 de noviembre de 1970; Departamento de Estado
de los Estados Unidos, Documentos Relacionados con los Asuntos Internos
de la Argentina, Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires, “Ongaro
Retums”, A-026, 19 de enero de 1972.
4Tras una visita de fines de 1971 a Madrid por invitación de Perón,
López escribió: “Hablé recientemente con Perón y él me felicitó por el he­
cho de que la CGT cordobesa incluya a trabajadores peronistas y no pero­
nistas, todos los cuales trabajan para la liberación del país del imperialis­
mo. Los que afirman que la CGT debería estar formada únicamente por
trabajadores peronistas... son ios que entraron al peronismo como si fue­
ra un negocio y no lo aceptan como un movimiento revolucionario", “Cór­
doba: la CGT convoca para la lucha”, Intersindical, vol. 1, n° 1 (diciembre
de 1971}, pp. 4-5.
5El papel prominente desempeñado por los trabajadores lucifuercistas
cordobeses en el Congreso Nacional en Defensa de las Empresas Estatales
realizado en Buenos Aires del 18 al 20 de mayo de 1971 demostró con cla­
ridad su importancia como uno de los principales partidarios gremiales de
las posiciones socialistas. Ahora, Luz y Fuerza respaldaba inequívocamen­
te la propiedad pública de la energía, los transportes, las comunicaciones y

Tosco y Salamanca

295

los bancos, así como de las industrias básicas. Sindicato de Luz y Fuerza
de Córdoba, Memoria y Balance, 1971, p. 112.
GEntrevista con Sixto Cebailos, líder de la oposición peronista en Luz y
Fuerza, Córdoba, 10 de julio de 1985.
7Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, Memoria y Balance, 1971, pp.
120-121; iris Marta Roldan, Sindicatos y protesta social en la Argentina, un
estudio de caso: el sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, 1969-1974 (Amsterdam: Center for Latin American Research and Documentation, 1978},
pp. 193-194.
8Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba, Memoria y Balance, 1971, p.
125.
9Departamento de Estado de los Estados Unidos, Documentos Relacio­
nados con los Asuntos Internos de la Argentina, Embajada de los Estados
Unidos en Buenos Aires, “Combative Peronist Union Plenary”, A-029,24 de
enero de 1972, y "Peronist Control of Labor Waning", A-306, 26 de junio de
1972.
i0“Córdoba: el corazón rojo de la patria”, No Transar, n° 90 (22 de junio
de 1971), pp. 10-11.
n “12% de aumento: otro Gran Atraco Nacional", No Transar, n° 114 (28
de septiembre de 1972), pp. 5-7.
12“Construir comisiones obreras”, No Transar, n° 70 (Io de septiembre
de 1968), pp. 1-4; archivo del SITRAC, Buenos Aires, carpeta "Vanguardia
Comunista”, documento partidario “Sobre la construcción de las comisio­
nes obreras”, 22 de marzo de 1970. VC fue también de los primeros en pro­
poner la democratización del trámite de las negociaciones colectivas
{paritarias} para obtener la fidelidad obrera. Los informes del partido sobre
la situación en las fábricas de Perkins, Ford Transax e IKA-Renault suge­
rían qu e los clasistas debían explotar el descontento generalizado por la
falta de participación de las bases en el trámite abogando por la elección de
representantes gremiales {paritarios} y votando las propuestas sindicales
(anteproyectos) en asambleas abiertas en la base fabril. “Democracia sindi­
cal en las paritarias de Córdoba”, Desacuerdo, n° 13 (noviembre de 1972),
P- 8*
,3Tanto el PCR como VC se definían como partidos maoístas, aunque el
primero se identificaba como pro chino y Vanguardia Comunista como pro
albanés. El maoísmo del PCR sólo reflejaba su posición en la escisión chino-soviética y no implicaba una adhesión a los postulados maoístas en la
práctica real. Si bien apoyaba retóricamente los conceptos de Mao sobre la
insurrección y la guerra popular revolucionaria, en su accionar estaba más
cerca de ser un partido estrictamente mandsta-leninista que maoísta. Otros
partidos de izquierda que apoyaban la “vía armada” llegaron a considerarlo
un partido reformista no muy diferente del mismo PC. El PCR, de hecho,
disputaba precisamente con VC sobre la cuestión de la praxis revoluciona­
ria, y desestimaba el respaldo de éste al *camino del campo a la ciudad”
como inadecuado para la Argentina. En rigor de verdad, los programas
partidarios de VC eran una mezcla extraña de pragmatismo moderado, como
en sus directivas sobre la formación de las comisiones obreras, y una curio­
sa recitación de letanías maoístas. El apoyo del PCR a la creación de un

296

El Cordobazo

partido obrero revolucionario, a su vez, le valió la acusación de putschismo
por parte de VC. Véase "Polémica con Vanguardia Comunista”, Nueva Hora,
n° 59 (enero de 1971), p. 7.
14
El secretario general del PCR, Otto Vargas, discute la estrategia parti­
daria de inserción en el SMATA cordobés durante el periodo en Jorge Bre­
ga, ¿Ha muerto el comunismo? El maoismo en la Argentina: conversaciones
con Otto Vargas {Buenos Aires: Editorial Agora, 1990), pp, 213-232.
,r’Virtualmentc todos los partidos marxistas de Córdoba, no importa cuál
fuera su posición, tenían cierta presencia en las plantas de IKA-Renault
hacia principios de la década del setenta. Además del PCR, todos los otros
partidos de izquierda — el PC, VC, el trotskista Palabra Obrera, El Obrero
(un pequeño partido marxista-Ieninista local), el PRTy el Peronismo de Base
ongarista-— tenían activistas en la base fabril. No obstante, el papel de con­
ducción del PCR fue claro desde la toma de Perdriel, y sus miembros domi­
naban el comité ejecutivo y controlaban a la mayoría de los delegados cla­
sistas del SMATA.
1(5Dada la orientación maoísta de VC, los trabajadores agrícolas de Tucumán, Salta y Jujuy recibieron una atención especial del partido. Ya en
1969 había activistas de éste trabajando para establecer una posición fír­
me en el sindicato de trabajadores azucareros. En sus publicaciones, VC
comparaba la importancia de la industria del azúcar en esa región con la de
la industria automotriz en Córdoba. Como hizo en ésta, procuró ganar apo­
yo para las posiciones clasistas sobre la base de una representación sindi­
cal efectiva de los reclamos de las bases. En primer lugar, y como una he­
rramienta de politización, defendió la participación de los trabajadores en
el trámite de las convenciones colectivas. Además, los militantes del parti­
do abogaron por reformas específicas —resistencia a la racionalización y al
cierre de ingenios y exigencia de que la industria garantizara un mínimo de
120 días de trabajo por año— que sabían podrían atraer un amplio respal­
do de las bases. Archivo del SITRAC, Buenos Aires, carpeta “Vanguardia
Comunista”, documento “Para la próxima zafra"; Norte obrero: regional no­
roeste de la Tendencia 29 de Mayo (una publicación regional de VC), n° 10
(junio de 1971), pp. 1-2.
17Luis Mattini, Hombres y mujeres del PRT-ERP {Buenos Aires: Editorial
Contrapunto, 1990), pp. 277-283.
18Entrevistas con Roque Romero, subsecretario general del SMATA cla­
sista de Córdoba entre 1972 y 1974, Córdoba, 13 de agosto de 1985, y
Roberto Nágera, delegado clasista del SMATA en la fábrica de Ford Transax,
18 de julio de 1991, Córdoba.
19Archivo del SMATA, SMATA-CÓrdoba, “Volantes varios, 1972", volante
del MRS y la lista Marrón, "Próximas elecciones generales", 15 de marzo de
1972.
20“Canalizar las decisiones por ías vías orgánicas", SMATA, SMATÁ-Córdoba, n° 79 (27 de enero de 1972), p. 1.
21“(Nacionalización!", SMATA, SMATA-Córdoba, n° 77 (13 de enero de
1972), p. 1. Torres también hacía llamamientos periódicos en favor de la
nacionalización de IKA-Renault, pero la mayor frecuencia de la exigencia

la revista mensual del sindicato: "El Consejo Directivo escuchó respetuosamente las inflamadas y «exaltadas» palabras de un compañero cordobés. 2. 5) afiliación de los empleados administrativos de todas las plantas del SMATA.. entre otras cosas. 4) pleno respaldo gremial a la restitución del sábado inglés. 5 {enero de 1971). Le agradezco el aporte de este dato a Mónica Gordillo. El control de los sindicatos poderosos era una fuente de riqueza y poder en su relación con la patronal. 4-5. Después del turbulento com­ portamiento de militantes clasistas cordobeses en un congreso del SMATA. p. pero también les aseguraba influencia política dentro del movimiento peronista. 2) permitir la destitu­ ción de su puesto de cualquier delegado si así lo votaba una asamblea abier­ ta. en el caso de Simó hasta podía ser posible la recuperación de una carrera política abruptamente interrumpida por el golpe de 1966. 'M La Voz del SMATA. n° 9 (febrero de 1972). Documentos Relacio­ nados con los Asuntos Internos de la Argentina. pp. 25La Voz del Interior. pp. 14-15. 26 de enero de 1972. Las accio­ nes de caciques gremiales peronistas como Simó siempre deben. 9. "Ma­ siva adhesión por el conflicto en Citroen”. 27Primera Plana. contra la «con­ ducción traidora de la CGT nacional». Sindicato de Mecánicos y Afínes del Transporte Automotor. 8) reducción de los ritmos de producción y participación gremial en la futura determinación de la marcha del trabajo. 6. así como en los departamentos de pintura. 7) exigir que la empresa reconociera las condiciones “insalubres” de trabajo en la forja. con la pers­ pectiva de una victoria en las elecciones de 1973. 2. Embajada de los Estados . galvanoplastia. febrero de 1972. 1972“ volante "A los compañeros de Transax". 23Memoria y Balance.. 28Departamento de Estado de los Estados Unidos. Archivo del SMATA. Avance. n° 6 (febrero de 1971). 4-5.Tosco y Salamanca 297 gremial y el lenguaje incendiario ahora empleado eran algo verdaderamen­ te novedoso. 3} requerir que todas las resoluciones del sindicato se votaran en asam­ blea abierta. la CGT cordobe­ sa había declarado un paro para protestar. 6) un único convenio colectivo para todos los trabajadores del SMATA cor­ dobés. vol. 26La plataforma electoral propuesta por la lista Marrón en todas las plan­ tas afiliadas al SMATA incluía los siguientes puntos: 1) reducir de trece a cuatro el número de funcionarlos gremiales pagos. la irritada conducción del SMATA central escribió en Avance. pp. volumen “Volantes varios. Poco antes. 1-4. Avance. Guanee. 1971. GTT (Grupo de Trabajadores de Transa*) de la lista Marrón. 10. SMATA-Córdoba. 3. entender­ se desde este punto de vista. SMATA-Córdoba. 88-89. pp. con ajustes cuatrimestrales obligatorios de los salarios. n° 471 (8 de febrero de 1972). n° 32 (noviembre de 1968). pp. p. con la exigencia de que todos trabajaran en las plantas de manera rotativa. lo que sólo sirve para crear divisio­ nes con el pretexto de que los intereses de los trabajadores se defienden mejor en el interior del país que en la Capital Federal”. 22"1970: acción y lucha". que deman­ daba un elogio especial para el sufriente pueblo trabajador de esa provincia por su heroísmo en la lucha política y gremial. tratamiento tér­ mico y fundición. Buenos Aires.

80. Documentos Rela­ cionados con los Asuntos Internos de la Argentina. Embajada de los Esta­ dos Unidos en Buenos Aires. carpeta “Volantes. 32La Voz del Interior. p. 4.. A causa del respeto a la es­ trategia de Tosco de cultivar el apoyo de los sectores combativos del gremialismo peronista en vez de respaldar a un movimiento separado de trabajadores clasistas. que tenía una opinión favorable a SITRAC-SITRAM: “Creo que [SITRAC- . 1972. 5726-141647Z. 39 Archivo del SITRAC. Nueva Hora. Buenos Aires. comunicado “¡Basta de despidos en Fiat!”. impresos o mimeos”. salvo el neotrotskista Palabra Obrera. 21 de agosto de 1972.. VC y el Peronismo de Base. p. 14. 15 de abril de X972. carta de Alfredo Curutchet a Domingo Bizzi.. 37Ibid. carta de Gregorio Flores a los dirigentes sindicales despedidos de Concord. 41 Las críticas de Salamanca a los sindicatos de Fiat hacían eco a las de la conducción del SMATA en general. 36 Ibid. Buenos Aires. 28 de mayo de 1972. 34Ibid. llegó a la misma conclu­ sión. p. 14 de septiembre de 1972. 40“Fuerzas clasistas y sindicatos”. 6 de mayo de 1972. su utilidad para la burguesía argentina sería nula y la posibi­ lidad de participación del FREJULI en las elecciones prometidas por el Gran Acuerdo Nacional se vería socavada. así como izquierdis­ tas independientes y peronistas antitorristas. volante sindical "Por un nuevo 23 de marzo. volante “A los compañeros de Fiat Concord”. sino también que detrás del mismo había un objetivo deliberadamente político del movi­ miento peronista. 21 de julio de 1972. dado que si éste no podía demostrar que controlaba a la clase obrera. 31 Memoria y Balance. 3. Los dirigentes del SITRAC advirtieron astutamente no sólo que se trataba de un intento de restablecer la conexión Fiat-UOM. Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor. el PC. algunos de los integrantes del comité ejecutivo clasis­ ta. A306. 26 de junio de 1972. Departamento de Estado de los Estados Unidos. 23 de marzo de 1972. 2 de febrero de 1972. Córdoba. ¡Fuera Alejo Simó de la planta!". el PC no expresó públicamente su apoyo a la lista Marrón. carpeta AII. 29Clarín. 35Archivo del SITRAC. 27 de mayo de 1972. 30Avance. 18. impresos o mimeos". la Em­ bajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. carpeta “Documentos relacionados con los presos”. “Peronist Control of Córdoba Labor Waning”. La lista Marrón victoriosa incluía miembros del PCR.. cárcel de Rawson. cárcel de Rawson. p. vol. Buenos Aires. “Current Labor Assessment”. "Comunicados y con­ ferencias de prensa”. p. 38Ibid. 11. 15.298 El Cordobazo Unidos en Buenos Aires. Un observador muy diferente. n° 9 (febrero de 1972). 3. como Hugo Rivera (secretario gremial) y Miguel Leiva (secretario admi­ nistrativo) eran miembros del partido o estaban estrechamente asociados con los comunistas. I o de junio de 1972. p. p. Córdoba. Córdoba. n° 61 (febrero de 1971). No obstante. carpeta “Volantes. 33/foidL.

muchos de los cuales habían estado en contacto estrecho y diario con miembros del PRT-ERP. .Tosco y Salamanca 299 SITRAM] confundieron el sindicato con el partido político. ** Ibid. 42“Los nuevos burócratas del SMAl'A no son clasistas. 25 de octubre de 1972. Panorama. carpeta “Actas de reuniones y asambleas". 1971-72”. 47Archivo del SMATA. 1972”. Córdoba. representaban una posición níti­ damente minoritaria entre los clasistas de Fiat. Esa influencia llevó al aislamiento de SITRACSITRAM en el movimiento obrero. SMATA-Córdoba. Los trabajadores de Fiat informaron de un apoyo abrumador en las plantas a la afiliación al SMATA y en contra de la afiliación a la UOM. los Montoneros y otros militantes izquierdis­ tas en la cárcel de Rawson. impresos o mímeos". volumen “Vo­ lantes varios.. archivo del SMATA. carpeta “Volantes. vol.. 30 de agosto de 1972. Hubo una razón fundamental para ello: la influencia de elementos no proletarios con enfo­ ques pequeño-burgueses. 20. 14 de agosto de 1972. carta del Grupo de Obreros dé Fiat por la Afiliación al SMATA a la Secretaría de la CGT de Córdoba. 24 de agosto de 1972. 11. Sin embargo. 48La Voz del Interior. Córdoba. También fue en esta reunión cuando en las bases de Fiat se escucharon los primeros llamados en apoyo a la lucha armada. carpeta "Comunicados y conferencias de prensa”. carpeta “Actas de reuniones y asambleas”. 21 de octubre de 1972. 10 (14 a 20 de diciembre de 1972). la cárcel habia sido una experiencia radicalizadora para una serie de trabajadores de la empresa. 43“Un sindicato es clasista como resultado de practicar una genuina democracia sindical y emprender una lucha política contra la derecha y el reformismo. documento “Notas del acto en la sede del SMATA”. 46Ibid. afir­ maron representar una continuidad e incluso un avance con respecto a nuestra experiencia. 17 de diciembre de 1972. 20 de sep­ tiembre de 1972. y cuando en la práctica real y a través de medidas concretas demuestra estar guiado por una filosofía clasista!'.. comuni­ cado de SITRAC-SITRAM. archivo del SITRAC. Córdoba. Córdoba. Buenos Aires. 45 Ibid. volante del Grupo Obrero Clasista “Rescatar SITRACSITRAM". que hacían que el proselitismo y la campaña de afiliación fueran poco me­ nos que imposibles. p. Cuando llegó el momento de tomar deci­ siones importantes. En rigor de verdad. volumen "Confederación Gene­ ral del Trabajo: notas enviadas y recibidas. se encontraron solos. A fin de ganar las elecciones. Y eso ocurrió a pesar del hecho de ser los únicos que verdaderamente llevaron un paso más adelante la lucha contra la dictadura y la burocracia sindical". pero señalaron la existencia de una campaña intimidatoria de la empresa que incluía despidos de simpatizantes sindica­ les conocidos y el aumento en "casi un 100%” de los ritmos de producción. Son oportunistas y traidores al proletariado revolucionario. SMATA-Córdoba. transcripción de la asamblea abierta realizada en la sede del SMATA. p. volante de SITRACSITRAM “A los compañeros de Concord y Materfer". pero una vez en el poder demuestran una conducta que los revela cada vez más como los verdaderos agentes de la burguesía en el movimiento obrero”. Córdoba.

“Córdoba CGT Reopened”. “Revolutionary Trade Unionism: An interview . Entre­ vista con Roberto Nágera. Por esta época ías movilizaciones obreras enfrentaban mayores obstácu­ los para convertirse en insurrecciones urbanas de ía dimensión del Cordobazo y el Viborazo. Solían clausurarse unas cien cuadras deí centro. 1984). n° 617 (9 a 15 de enero de 1973). 12. 132-133. p. Jorge Luis Bernetti. 9. un joven trabaja­ dor de la fábrica de Ford Transax que comenzó allí en 1970. Bre­ ga. 4 de octubre de 1972. ¿Ha muerto el comunismo?. p. brinda la biografía más completa de Salamanca y detalles de las actividades del partido en Córdoba. Documentos Relacio­ nados con los Asuntos Internos de la Argentina. p. p. Hechos y protagonistas de las luchas obreras argentinas. p. Control of Córdoba Labor Waning". delegado clasista de la fábrica Ford Transax de 1972 a 1975. 1972-74”. Soldíers of Perón: Argentina’s Montoneros (Nueva York: Oxford University Press. hubo muchos que nunca se unieron a ninguno. Juan Carlos Torre.300 El Cordobazo 4f}Ibid. fue arrastrado al fermento social y político que siguió al Cordobazo. 8. n” 616 (2 a 8 de enero de 1973). Vargas. 26 de junio de 1972. El peronismo de la victoria (Buenos Aires: Editorial Legasa. vol. en su caso Vanguardia Comunista. impidiendo así que los trabajadores mecánicos entraran en la ciudad. secretario general de los mecánicos cordobeses. 213-238. 1983). Documentos Relaciona­ dos con los Asuntos Internos de ía Argentina. p. vol. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. 25 de julio de 1991. p. Embajada de ios Estados Unidos en Buenos Aires. "Peronist. 1i. 1984). donde se cortaban las rutas 9 y 36. Ahora. especialmente en el nivel de base. 52Análisis-Confirmado. También Antonio Marimón y Roque Romero proporcionaron detalles específicos de la carrera de Sala­ manca. 12. A306. la gente podía dejar la zona pero no se permitía ingresar a nadie. la po­ licía y eí Tercer Cuerpo de Ejército habían coordinado sus tácticas de con­ trol de disturbios y trazado planes contingentes que se aplicaron efectiva­ mente en todos los paros generales ulteriores. 14. 1983). no eran activistas partidarios curtidos y adoptaron po­ siciones clasistas en las plantas antes de afiliarse a los partidos izquierdis­ tas. “Rene Salamanca. Córdoba. vol. Sin embargo. 55Departamento de Estado de los Estados Unidos. 20 de septiem­ bre de 1972. 16. pp. el ejército avanza­ ba hacia Santa Isabel y Ferreyra. Un militante clasista más típico que Salamanca sería Roberto Nágera. 53Análisis-Confirmado. 47. 51 Enrique Arrosagaray. pp. n° 619 (23 a 29 dé enero de 1973). 62-68. ía mayoría de los dirigentes clasistas. ganó en 1972 ía elec­ ción como delegado clasista a ía temprana edad de 23 años y ulteriormente se unió a un partido marxista. A-490. Entre tanto. antes que empezara cualquier huelga la ciudad era tabicada sistemáticamente por la policía. Después de la rebelión de marzo de 1971. n° 1 (Buenos Aires: Editorial Experiencia. 9 de septiembre de 1972. 50La Voz del Interior. 12. 27 de agosto de 1972. pp. 1973-76 (Buénos Aires: Centro Editor de América Latina. 23. 54 Análisis-Confirmado.. 56Christopher Knowles. Richard Gillespie. el duradero secretarlo general deí PCR. Departamento de Estado de los Estados Unidos. de hecho. Los sindicatos en el gobierno.

“Córdoba . y n° 290 (16 a 22 de noviembre de 1972). Departamento de . Panorama. dando con ello un asentimiento simbólico a éste en la lucha interna por el poder de los peronistas cordobe­ ses. r’7"Tosco: ¿A qué jugamos?". 59 La Voz del Interior. 7-8. pp.The Achilles Heel oí Peronist Labor”. 18 de diciembre de 1972. volumen “Volantes varios. vol. archivo del SMATA. p. 18. 64La Opinión. publicado por la actual conducción del SMATA. Córdoba. 58“Las paritarias. pp. vol. 2 de diciembre de 1972. pp. 10 (diciembre de 1972). 65A instancias de Rucci. trotskistas y otros de tendencias parecidas. 1737. volante “Perón en la patria: día de júbilo nacional". La Voz del Interior. £t Clasista. n° 288 (2 a 8 de noviembre de 1972). El Obrero. 8-9. 20. vol. SMATA-Cór­ doba. p. este in­ tento mezquino de emitir un juicio sobre Perón y afirmar que hay «dos cla­ ses de peronistas». la CGT y el movimiento obrero”. Documentos Relacionados con los Asuntos Internos de la Argentina. Radical America. SMATA-Córdoba. un rejuntado de bol ches. 15. carta de René Salamanca a Justo Maradonna. Perón se negó a principios de diciembre a reci­ bir a Atilio López en Buenos Aires.Tosco y Salamanca 301 with Agustín Tosco”. “Formation of Opposition Labor Movement Hits Peronists Roadblock”. 1. 63Panorama. 1972”. vol. 61Un ejemplo del tono de las andanadas peronistas puede encontrarse en un volante de noviembre repartido por los torristas en el momento del regreso de Perón del exilio: "Queremos señalar y denunciar la mentalidad despreciable y sectaria de aquellos que. 1971'-72’’. Agrupación Unidad Mecánicos 9 de Septiembre. a pesar de llamarse a sí mismos clasistas. 18: Departamento de Estado de los Estados Unidos. Córdoba. 9 (mayo-junio de 1975). 2-5. 30 de octubre de 1972. Los clasistas objetaban específicamente el apoyo público de Tosco a la fórmula Obregón Cano-López y sugerían que la respuesta adecuada debería haber sido una alianza con los sindicatos peronistas lo­ cales y la abstención en las elecciones de 1973. como lo hizo el diario gremial del 16 de noviembre de 1972. p.. c<)Archivo del SMATA. n° 1 (22 de diciembre de 1972). Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires. 62“Una entrevista con René Salamanca”. A-661. p. poco después de encontrarse con la delegación de dirigentes ortodoxos de Simó. A-589. 20 de noviembre de 1972. todos los cuales res­ ponden a la misma ideología comunista”. pp. boletín n" 1 (18 de diciembre de 1972).. Departamento de Estado de los Estados Unidos. Embajada de los Estados Unidos en Buenos Ai­ res. volumen “Notas y comunicados enviados del SMATA seccional al SMATA central. 10. es hipócrita entonces [la critica de los clasistas al retomo de Perónj. 11 de febrero de 1973. Documentos Relacionados con los Asuntos internos de la Argentina. 29 de noviembre de 1972. 13. no vacilan en demostrar hoy — como antes lo hicieron en 1945 y 1955— su alianza con los reaccionarlos y la oligarquía a través de una cam­ paña difamatoria contra Perón y los miembros de nuestro Movimiento. secretario del Interior del SMATA central. p. 15 de noviembre de 1972.

aerograma 661. Embajada de los Estados Unidos en Buenos res.The Achilles Heel of Peronist Labor”.302 E l Cordobazo >£o Estado de los Estados Unidos. Documentos Relacionados con los Asun Internos de la Argentina. 18 de diciembre de 1972. . tema: “Córdoba .

expre­ sada en la forma de tácticas maximalistas que habían aislado a . y la experiencia de Fiat sirvió como piedra de toque de los clasistas del SMATA cuando éstos intentaron elabo­ rar lo que sería para ellos una versión más constructiva del clasismo. y el mismo Salamanca reconocía implícita­ mente el linaje que lo unía al clasismo de esa empresa cuando se definía como “neoclasistaV La sombra de SITRAC-SITRAM pendía pesadamente sobre el SMATA clasista. la mayoría de los integrantes del comité ejecutivo clasista y de los delegados aspiraban a algo más que una simple victoria contra sus rivales peronistas en las elecciones gremiales. Rene Salamanca y los dirigentes izquierdistas del SMATA siguieron promoviendo los principios del sindicalismo clasista. du­ rante los meses del clasismo de Fiat. Sus logros eran una fuente de inspiración y sus fracasos un moderador recordatorio de la vulnerabilidad de cual­ quier sindicato que tratara de equilibrar una representación sindi­ cal efectiva con un proyecto político radicalizado. La con­ quista del sindicato se consideraba como el primer paso hacia el desarrollo de un proyecto socialista para la clase obrera. A diferencia de los activistas mecánicos izquierdistas de la vieja guardia.8. Si había alguna cuestión que les preocupaba. que eran principalmente miembros del Partido Co­ munista. Entre los errores advertidos se contaba la miopía política. Los clasis­ tas del SMATA veían a su movimiento como una continuación y un mejoramiento de las ideas puestas en práctica por primera vez por los sindicatos de Fiat. Los primeros éxi­ tos de SITRAC-SITRAM y el franco aliento de los clasistas de Fiat habían sido los factores decisivos en la consolidación de los disi­ dentes del SMATA en el Movimiento de Recuperación Sindical. Pero la admiración se convirtió en desilusión. era la decisión de no repetir lo que consideraban como errores fatales de sus predeceso­ res en los sindicatos de Fiat. Peronistas y revolucionarios En el tumulto de la política nacional y local que rodeó a la res­ tauración peronista. Ferreyra había sido la fuente más fecunda de ideas y consejos tácticos.

Su cautela fue también el resultado de la convicción de que independizar a los trabajadores del peronismo e inculcarles una conciencia clasista implicaría muchos años de tutela. Decidie­ ron concentrarse en los temas de la base fabril y laborales con una escrupulosidad casi profesional. otro error había sido la precipitación del trabajo político de SITRAC-SITRAM en las plantas antes que se hubieran consolidado los logros gremiales en los lugares de tra­ bajo. y la victoria de la lista predominantemente marxista en las elecciones del SMATA en 1972 no inquietó más de lo debido a los ejecutivos franceses. también se debió a la ausencia.”2 Los clasistas del SMATA estaban re­ sueltos a no apresurar el trabajo político y especialmente a evitar una politización del Movimiento de Recuperación Sindical.304 El Cordobazo SITRAC-SITRAM de otros sectores del movimiento obrero. y en un primer momento buscó una actitud de compromiso con la nueva conducción gremial. en especial. Si bien los puntos de fricción entre la empresa y el sindicato eran muchos. tanto en sus plantas francesas como cordobesas. A diferencia de la empresa italiana. Renault estaba acos­ tumbrada desde mucho tiempo atrás a una representación sindical algo más que meramente formal. como la que Fiat había implementado clandestinamente contra SITRACSiTRAM. las políticas económicas nacionalistas. que estaban acostumbrados a una conducción comunista de sus trabajadores en Francia. hasta un momento relativamente tardío. con el peronismo al acecho de un retomo triunfante al poder. de una campaña sistemática de la patronal para quebrar al sindicato. “La idea — dijo el subsecretario del SMATA. La patronal creía que los problemas más graves de IKA-Renault no eran los clasistas sino el agravamiento de la crisis de la industria automotriz del país y. Sin embargo. en Santa Isa­ bel había una atmósfera decididamente menos tensa que en Ferreyra. Esta política fue también el pro­ ducto de su evaluación realista de la abrumadora lealtad hacia el peronismo existente en las bases y las sensibles condiciones políti­ cas presentes después de la victoria electoral de los clasistas. si los clasistas del SMATA mostraron una mayor moderación en el manejo de las cuestiones gremiales. La legislación automotriz aprobada en junio de 1971 por el go­ bierno de Lanusse. Roque Romero— no era hacer la revolución de inmediato sino recuperar el sindicato para la izquier­ da y luego ver qué pasaba. Según creían los clasistas del SMATA. por ejemplo. había limitado el acceso de las empresas extranjeras al crédito local y establecido requerimientos más elevados de contenido nacional en los productos manufactura­ . la percepción ejercía no obstante una poderosa influencia en las decisiones de los dirigentes del SMATA. Si bien ésta no era una evaluación completamente justa de las acciones de los clasistas de Fiat.

Como se mencionó en eí capítulo anterior. Los problemas de la empresa eran tan serios que la patronal habla explorado incluso la posibilidad de ceder una mayoría de sus accio­ nes a inversionistas argentinos —emprender una “argentínización" de la compañía para aislarla de los efectos de nuevas medidas na­ cionalistas— . Así como ocurrió en muchos sindicatos cordobeses que durante esos años paáaron a tener una conducción radicalizada. la reforma democrática era tanto una cuestión de estilo como un cam­ bio estructural. realizando frecuentes asambleas abiertas en la misma base fabril. los dirigentes gre­ miales expresaron esa democratización abandonando la indiferen­ cia burocrática del tonismo . Cuando el MRS anunció por primera vez sus planes para competir con la con­ ducción torrista. la única fábrica automo­ triz establecida durante la primera presidencia de Perón. su bandera fue la honestidad y no el clasismo. los mayores gastos en que había incurrido como resultado de su instalación en Córdoba. a pesar de alguna legislación y mucha retórica nacionalistas. convencie­ ron a IKA-Renault de que su posición en eí mercado estaba decli­ nando. ra más accesible a los trabajadores. A la luz de tales problemas. IKA-Renault estaba especialmente esperanzada en en­ contrarse en una situación privilegiada para lograr acceso a Perón y tal vez recibir un tratamiento favorecido. los pe­ ronistas. para asegurar un máximo de par­ ticipación obrera. los clasistas empezaron a desmantelar la herencia del tonrismo. sobre todo. que según se calcu­ laba ocasionaban en promedio precios 2.Peronistas y revolucionarios 305 dos. políticas que amenazaban la solvencia misma de IKA-Renault.3Además. la lista Marrón había realizado una campaña que hacía hincapié. te­ niendo en cuenta todas estas cuestiones. haciendo que la sede del sindicato fue. la victoria clasista pareció al principio un asunto relativamente menor.5% más altos que los de sus competidores con base en Buenos Aires a causa de los costos de transporte y los impuestos provinciales más elevados.5Una vez en el poder. la empresa realmente dio ía bien­ venida a la posibilidad de un gobierno peronista. que escuchaba que­ . no obstante. en el establecimiento de una genuina democracia sindical. En él caso del SMATA cordobés. previendo que. y en especial empleando una táctica que el propio Torres había utilizado con éxito en los primeros años de su conduc­ ción: cultivar lealtades en los departamentos a través de contactos diarios más estrechos con el comité ejecutivo.4 Así. Los clasistas del SMATA aprovecharon la buena disposición momentánea de la empresa y su dedicación a otros problemas para llevar a cabo las reformas prometidas en su plataforma electoral de 1972. permitirían a las compañías automotrices elevar los precios de acuerdo con cualquier aumento salarial que otorgaran. por el hecho de ser la heredera de la inversión original de Kaiser.

forzaron a IKA-Renault a restablecer el sábado inglés. Los clasistas desafiaron a la empresa en muchos frentes. en última instancia.7 Los cambios estructurales más importantes correspondieron al propio comité ejecutivo.10 Las reformas gremiales no sólo representaron un desafío a la dirigencia de la vieja guardia farrista y mejoraron las posibilidades de los clasistas de consolidar su apoyo entre las bases. los clasistas no sólo redujeron la cantidad de funcio­ narios pagos sino que hicieron que los salarios gremiales fueran equivalentes a los que los dirigentes del SMATA recibían por sus respectivas tareas en las plantas. para minimizar las prolongadas ausencias de la base fabril que se habían hecho notorias en la época de los farristas. poniendo al sindicato en términos más parejos con la pa­ tronal y haciendo cada vez más improbable un retomo al estilo de­ liberativo de Elpidio Torres. proporcionando con ello a los clasistas una victoria enormemente valiosa para su pres­ .6 Se hicieron algunas reformas importantes en la maquinaria y las prácticas gremiales.9 La resolución de la nueva conducción de permanecer en estrecho con­ tacto con las bases. El equilibrio de poder en las plantas del SMATA estaba cam­ biando. A todos los miembros del co­ mité ejecutivo se les exigía cumplir rotativamente tareas durante tres meses.8 En este sentido. Se promovió una democracia sindical participativa haciendo que las resoluciones del cuerpo de delegados fue­ ran vinculantes para el comité ejecutivo y requiriendo que los ins­ pectores del Ministerio de Trabajo en las elecciones estuvieran fa­ cultados a controlar los procedimientos electorales en vez de actuar meramente como “observadores” ceremoniales. para facilitar el ingreso de activistas clasistas al aparato gremial}. la reforma más significativa fue sin duda el establecimiento de un sistema de rota­ ción para los funcionarios gremiales. también representaron cambios importantes en la base fabril. quedó evidenciada cuando el mismo Salamanca regresó a su puesto en la forja a principios de 1973. aceptaba sugerencias y mantenía a las bases informadas me­ diante hojas sindicales casi diarias. un principio que también era consonante con sus metas políticas de largo alcance. Para impedir la formación de una burocra­ cia sindical apartada de los trabajadores y fortalecer la responsabi­ lidad gremial. La negociación de los convenios colectivos y una serie de huelgas a fines de 1972.306 E l Cordobazo jas. Se abrió completa­ mente el acceso a los cargos sindicales mediante la enmienda de los estatutos del SMATA que exigían un plazo mínimo de afiliación al sindicato para poder actuar como delegado (una medida obviamen­ te pensada. también. que culminaron en la ratificación del acuerdo final en una asamblea abierta sin precedentes.

lo que explica en gran parte cómo pudieron ganarse un apoyo tan profundo de las bases en un momento político tan poco propi­ cio. Vanguar­ dia Comunista y otros activistas clasistas evitaron inicialmente las discusiones abstractas acerca de la lucha de clases y la praxis revo­ lucionaria y se concentraron en cuestiones inmediatamente relevan­ tes e inteligibles para los trabajadores. Al estar en huelga tanto los empleados administrativos como los tra­ bajadores de las líneas de montaje. La exitosa campaña de éstos para poner a los empleados ad­ ministrativos de la empresa bajo la jurisdicción del sindicato tam­ bién modificó el equilibrio de poder en las plantas e hizo que en el futuro fuera más factible el éxito de las huelgas prolongadas. 13 Si bien la politización de las bases se pospuso. En el caso de que éstas se produjeran. la estrategia del comité ejecutivo era aceptada por los principales partidos de izquierda representados en ese organis­ mo.Peronistas y revolucionarios 307 tigio.12 Este curso moderado hacia la tutela política de los traba­ jadores provocó ciertos disensos dentro de las filas clasistas. lo que se presentaba como una políti­ ca deliberadamente concebida para facilitar el estilo pactista de Torres. y tal vez meses. postu­ . la flota de autos y el estado cercano a la inoperancia del comité de quejas de los delegados (Co­ misión Interna de Reclamos). Gru­ pos como el Núcleo de Activistas Clasistas y Vanguardia Obrera Mecánica criticaron la pusilanimidad de la conducción y su vacila­ ción para llevar a cabo un trabajo político más profundo en las plan­ tas. No obstante. contando con el stock existente para llevar adelante los negocios de la manera habitual. El Partido Comunista Revolucionario. la producción y la distribución simplemente se paralizarían. y en últi­ ma instancia se vio arrastrado al torbellino político que precedió a las elecciones del 11 de marzo de 1973. y los clasistas machacaron sin cesar sobre la reputa­ ción de corrupción de la depuesta dirigencia torristcL Con frecuen­ cia se quejaron por el déficit sindical de 150 millones de pesos. el sindicato no pudo evitar completamente verse envuelto en la política. Una de ellas era la conduc­ ción honesta. como lo había hecho» por ejemplo. en la gran huelga de 1970.11 La conducción del SMATA procuró establecer una democracia del lugar de trabajo y fortalecer el sindicato como primer paso de su proyecto clasista. era un suceso mal acogido que tenía una intención contrarrevolucionaria. La mayoría de los partidos de izquierda representados en el clasismo del SMATA exhibieron posturas críticas ante las elecciones. el personal gremial de treinta empleados administrativos que presun­ tamente eran compinches del tonismo. la compañía ya no podría resistir durante varias semanas. La izquierda marxista con­ sideraba con disgusto el retomo del peronismo al gobierno.

El nombre de Salamanca y el de otros miembros clasistas del comi­ té ejecutivo y el cuerpo de delegados deí SMATA. Para Dirk Kloosterman. no seria ésa la ultima vez que permi­ tirían que sus sentimientos antiperonistas afectaran adversamente su juicio político bajo el restaurado régimen peronista. Los pro­ pios trabajadores del SMATA ignoraron las exhortaciones de su se­ cretario general. a decir verdad. los clasistas del SMATA escogieron el papel de sobrios negociadores gremiales antes que el de aguafiestas electorales. por ejemplo. José Rodríguez y el SMATA central fue una provocación bienvenida.16 Buenos Aires respondió decre­ tando una investigación de Salamanca y la conducción clasista y negando al SMATA de Córdoba el permiso para participar en la con­ vención nacional anual de los trabajadores mecánicos. No obstante. Kloosterman y Rodríguez no estaban aún interesados en un . una oportunidad para in­ tensificar una campaña difamatoria que se hizo aún más insolente en los siguientes 16 meses.15 Sin embargo. en la medida en que tanto los miembros del Peronismo de Base como los del PC apoyaban la formula del Frente Justicialista de Liberación. A medida que se acercaba la inevitable victoria del FREJULI. resignados al triunfo peronista. una acción insólitamente impolítica que se ganó coléricos ataques de los acti­ vistas toiristas. Cuando se corrió la voz del incidente. y volvieron a concentrarse en las cuestiones laborales. los trabajadores de IKA-Renault abandonaron las plantas en masa para realizar una concentración como protesta contra la interferencia de los porteños en los asuntos gremiales locales. El llamado de Salamanca a la abstención había sido costoso en otros aspectos.308 E l Cordobazo ras que en última instancia tuvieron repercusiones en el sindicato.17Pero. a ello siguió una refriega y los guardaespaldas que acompañaban a los representantes del SMATA hicieron varios disparos. su incapacidad para emplear estas tácticas de manera indiscriminada contra la conduc­ ción cordobesa quedó demostrada cuando representantes de la je­ rarquía del sindicato intentaron repartir a los trabajadores que lle­ gaban a las plantas volantes que criticaban el manejo hecho por los clasistas de la cuestión de las elecciones.14El accionar de Salamanca también provocó disidencias dentro de las filas clasistas. Los trabajadores reaccio­ naron airadamente. figu­ raban de manera prominente en un volante distribuido en ías plan­ tas que instaba a los trabajadores a votar en blanco. Después de que los trabajadores decidieran en una asamblea abierta rechazar la sugerencia del comité ejecutivo y apoyar la bole­ ta del FREJULL los clasistas evitaron futuras incursiones en la cam­ paña electoral que pudieran ofender las sensibilidades peronistas de las bases. quienes justificadamente lo consideraron como un asunto digno de ser explotado.

En su rivalidad de larga data con la UOM por el control del movimiento obrero peronista. Materfer siguió la del Io de enero de 1973. Por esa razón. Los clasistas no se hacían ilusiones sobre su capacidad de impugnar el control de la UOM sobre los trabajadores de Fiat sin el apoyo de Buenos Aires. la central mecánica anunció un plan de lucha para impugnar la decisión del Ministerio de Trabajo que otor­ gaba a la UOM la jurisdicción sobre los trabajadores de Fiat. Salamanca y los miembros de la conducción clasista del SMATA sufrieron en los meses siguientes otras consecuencias del llamado a la abstención. de la CGT.Peronistas y revolucionarios 309 asalto frontal a la seccional disidente. el SMATA central prometió pública­ mente su apoyo al SMATA de Córdoba contra lo que se consideraba una intromisión inexcusable de los rivales de la UOM en el coto justificadamente reservado de los trabajadores mecánicos. Las relaciones de los mecánicos con los sectores de .18 Las razones inmediatas de la obligada repulsa de Buenos Aires al llamado a la abstención de Salamanca eran esencialmente políti­ cas. porque estimaban probable que su victoria condujera a una disminución del poder de su archirrival. la sonoridad revolucionaria de Avance—. que asignaba los de Fiat Concord a la UOM.19 El apoyo de Buenos Aires a la lucha de Córdoba en la controversia de la afiliación de Fiat enmascaraba en realidad una lucha de poder entre el sindicato de los mecánicos y la UOM por el control de las 62 Organizaciones y. los diri­ gentes del SMATA central necesitaban en cierta medida a ios clasis­ tas. No obstante su disgus­ to con los clasistas cordobeses. simpatía que estaba absolutamen­ te ausente en la UOM. el SMATA había cambiado el nombre de la revista gremial —pasando de la sencillez do­ méstica de ElMecánicoa. Rodríguez y las autoridades del sindicato nacio­ nal consideraban la fórmula del FREJULI más favorablemente que la mayoría de los demás sindicatos peronistas. Sirvió para po­ nerlos en guardia con respecto a las consideraciones políticas im­ plicadas en la administración del sindicato más importante del in­ terior de la Argentina. para la seccional cordobesa. Pero como el respaldo de Kloosterman y Rodríguez se basaba en su propio interés. A pe­ sar del resultado de los plebiscitos de fines de 1972 en Ferreyra. en última instancia. el comporta­ miento grosero de la central del gremio los alarmó. los clasistas daban por sentada su fia­ bilidad. a la anterior decisión gubernamental del 25 de octubre de ese año sobre los trabajadores de Fiat. El 19 de enero de 1973. adop­ tado un discurso antiimperialista fulminante y mostrado cierta sim­ patía por la izquierda peronista. Kloosterman. la UOM. poco cambiaba que la jurisdic­ ción del SMATA sirviera los intereses políticos de los caciques labo­ rales de su sindicato. Percibiendo los nuevos vientos que sopla­ ban dentro del peronismo después del Cordobazo.

21 Su adhesión a la fórmula cordobesa del FREJULI y las declara­ ciones que parecían evidenciar cierta simpatía por la perspectiva nacionalista de la izquierda peronista en oposición a una de clase. Aunque su sindicato de tra­ bajadores de Luz y Fuerza se asociaba claramente con la izquierda.310 E l Cordobazo izquierda del movimiento peronista eran limitadas. En esta ocasión particular. Desde el fracaso de la CGTA y especialmente desde su liberación de la cárcel. que entonces dominaba la ciudad. su preocupación dominante había sido mantener la inte­ gridad de la alianza obrera cordobesa. por lo que siempre la evitó cuidadosamente. En esas dramáticas circunstancias. la “cultura de la resistencia” como más adelante la describiría José Aricó. en la significación de la restauración peronista y las posiciones del PC y dirigentes sindi­ . y el propio Sala­ manca fue abiertamente escarnecido por la columna de Montone­ ros en una manifestación pública realizada en el centro de la ciudad para conmemorar el cuarto aniversario del Cordobazo. Tampoco ayudó a la posición de los clasistas la contemporización de Tosco. abogando por la lucha antiimperialista y hablando más de los “sectores populares” y no exclusivamente de la clase obrera en el combate por una Argentina socialista. Si bien en febrero se había declarado públicamente mar­ xista por primera vez en un debate televisivo de alcance nacional con Rucci. particularmente en Córdoba. que había estado marginada de la vida política argentina durante los últimos treinta años. eí presidente cu­ bano Osvaldo Dorticós. resultaba manifies­ to que el ala revolucionaria del movimiento había instaurado su predominio dentro del peronismo y que las críticas de la izquierda marxista eran sencillamente las censuras envidiosas de quien se quedó afuera. era tal vez el testimonio más gráfico del espí­ ritu revolucionario. Tosco también hacía declaraciones claramente dirigidas a la izquierda peronista. La presencia de éste. Sin embargo. una postura sectaria podría haber ofendido a los peronistas lucifuercistas y de otros sindicatos combativos. la realpolitik de Tosco había perjudicado sus relaciones con ios clasistas de Fiat y estaba haciendo lo mismo con el SMATA. sus acciones nunca se habían caracterizado por una rígida adhe­ sión a la ideología. que había sido invitado por Héctor Cámpora a asistir el 25 de mayo a la asunción presiden­ cial y celebrar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas en­ tre Cuba y la Argentina. Salamanca compartió la tribuna con Tosco. López y un huésped honorario. los clasistas del SMATA parecían cierta­ mente culpables del tipo de melindres que a menudo habían caracte­ rizado a la izquierda marxista.20 Para la iz­ quierda peronista. Las discusiones políticas entre los clasistas del SMATA se con­ centraban en esta falta de claridad ideológica. eran perfectamente coherentes con su comportamiento pasado.

El peronismo ya habla subordinado antes el po­ tencial revolucionario de la clase obrera argentina a un programa antiimperialista sucedáneo. Existía la opi­ nión generalizada de que estos sindicatos no habían conocido la sensación de poder experimentada por los miembros de los grandes sindicatos industriales. En síntesis. que propugnaban un mayor pragmatismo. y se cuestionaba la relación operativa con los independientes que los clasistas habían alentado desde fines de 1972. “movimientistas ” de los peronistas. provocó que la izquierda volviera a cuestio­ nar a la corriente que él representaba en el movimiento obrero.22 El apoyo de Tosco a la alianza del FREJULI.Peronistas y revolucionarios 311 cales como Tosco. Las acciones de las organizaciones guerrilleras y especialmente las corrientes revolu­ cionarias que germinaban dentro del movimiento obrero represen­ taban para el orden capitalista de la Argentina la amenaza más gra­ ve de su historia. También se dudaba de que los sindicatos del sector de servicios y de las industrias livia­ nas de pequeña dimensión en manos de los independientes pudie­ ran lograr una comprensión genuina de la capacidad de la clase obrera para llevar a cabo un cambio revolucionario. si bien se limitaba a la fórmula cordobesa. Para muchos de los jóvenes clasistas del SMATA. Para el PCR y otros partidos de la “nueva izquierda” representados en la conducción del gremio mecánico. lo que Tosco justificaba como pragmatismo político olia á ingenuidad e incluso oportunis­ mo. la alianza del FREJULI era sim­ plemente un intento desesperado de las clases propietarias por res­ taurar el orden y desactivar las condiciones prerrevolucionarias desarrolladas en el país desde el Cordobazo. Surgieron nuevas dudas acerca de la compatibilidad del clasismo con la rama no sectaria del sindicalismo de izquierda de­ fendido por Tosco y los independientes. el fin deí .23 Los clasistas del SMATA no siguieron su propio camino como lo habían hecho sus predecesores de Ferreyra. A pesar de la naturaleza ambigua del FREJULI. en parte debido a los cambios desencadenados por la victoria electoral de Cámpora el 11 de marzo. y ahora tenía colaboradores bien dis­ puestos dentro de los sectores supuestamente progresistas del movimiento obrero. En las discusiones partida­ rias resonaban las acusaciones contra el enfoque “guevarista” del dirigente de Luz y Fuerza con respecto al movimiento obrero. con lo que tenían una desafortunada incli­ nación a rendirse a las tentaciones policlasistas. lo que se percibía como la falta de un punto de vista estrictamente proletario y revolucionario de los inde­ pendientes convenció a algunos de los clasistas de que sería difícil colaborar estrechamente con el grupo de Tosco.

ocho bancas de diputados y una posición prominen­ te en la administración de las universidades.24En las atrasadas pro­ vincias del Nordeste. por ejemplo. En Buenos Aires. tras haber obtenido varios puestos en el gabinete. Como sucedería con gran parte de las pro­ testas obreras durante los tormentosos meses de la presidencia de Cámpora. el gobierno libremente elegido de la mayoría democrática y por lo tanto la izquierda no podía desecharlo precipitadamente. sin embargo. especialmente. pero en realidad estaban motivadas por pre­ ocupaciones más profundas y de larga data sobre la vulnerabilidad de los trabajadores en una empresa capitalista y el deseo de resta­ blecer en parte el equilibrio de poder en las relaciones entre la pa­ tronal y el movimiento obrero. sacerdotes radicalizados movilizaron a los trabajadores agrícolas de la región y ocuparon grandes propiedades agrarias en Corrientes. como Tosco. en todo caso. que se había inclinado ampliamente en favor de la primera desde la época de la dictadura de Onganía. Las ocupaciones fabriles que se generalizaron después de la asun­ ción de Cámpora el 25 de mayo dieron cierto crédito a los argumen­ tos de quienes.26 Los choferes de ómnibus cordobeses. Misiones y el Chaco en las sema­ nas siguientes a la victoria del FREJULI. Inspirándose en las ligas campesinas brasile­ ñas de principios de los años sesenta. En Córdoba. los trabajadores agrícolas desarrollaron un po­ deroso movimiento en favor de la posesión permanente de la tierra y la reforma agraria. activistas marxistas y pero­ nistas y. la humeante tierra de las plantaciones de yer­ ba mate y algodón. La propia Unión Tranviarios Automotor de Atilio López utilizó el triunfo de la fórmula del FREJULí y la elección de López como vicegobernador como una señal para emprender una acción huelguística que había sido pospuesta durante los largos años de régimen militar. eran poco entusiastas ante la perspec­ tiva de un régimen peronista pero sentían que éste. nunca se ha­ . con todo. ofre­ cía algunas posibilidades. el sector juvenil militante del movimien­ to peronista había tomado conciencia de su poder y al parecer esta­ ba en condiciones de desempeñar un papel influyente y tal vez do­ minante en el nuevo gobierno. Formosa.31 2 E l Cordobazo régimen militar y el retomo del peronismo al poder desataron una ola de radicalización en el país que indicaba que el gobierno tendría una capacidad limitada para controlar las movilizaciones populares y las corrientes radicalizadas en acción en la sociedad argentina. las de la clase obrera. Este frenesí popu larle extendió geográfica y socialmente por la Argentina. la victoria de Cámpora alentó a muchos sindicatos a intentar ajustar viejas cuentas con sus empleadores. era. las huelgas de la UTA se desencadenaron por reclamos laborales específicos.^ Las movilizaciones más significativas en este país altamente ur­ banizado e industrial fueron.

Hacia ñnes de junio. Las huelgas de la UTA de mayo y junio de 1973 galvanizaron a la CGT cordobesa y renovaron su espíritu de lucha. servicio inadecuado. Había un especial resentimiento contra el siste­ ma de los socios mulos practicado por una serie de empresas. que antes era un anatema. la CGT central se preparó para reafirmar su control sobre el movimiento obrero.Peronistas y revolucionarios 313 bían resignado al hundimiento de sus cooperativas y el pleno resta­ blecimiento de la propiedad privada en el sistema de transporte público de la ciudad a fines de la década del sesenta. Roberto Tapia. lo cual. y la respuesta de Tosco fue . El blanco principal de su medida era obviamente Córdoba. condiciones de trabajo riesgosas para el tumo nocturno y llamados desatendidos a brindar protección a los conductores que tenían asignadas las ru­ tas más peligrosas. permitía a la empresa suprimir los costosos beneficios socia­ les conquistados en los anteriores convenios colectivos. En junio. la CGT cordobesa volvía a descansar en el co­ nocido triunvirato que había surgido a fines de 1972 pero que pare­ cía condenado con la restauración peronista: los legalistas condu­ cidos por la UTA. Rucci anunció la revocación de los consejos directivos de todas las regionales a partir del I ode julio y la realización de nuevas eleccio­ nes en una fecha todavía no especificada. a cam­ bio de un miserable cheque de dividendos y un espurio status de socio.27 Las huel­ gas de los choferes de ómnibus y sus exigencias de reestatización del sistema de transporte urbano iniciaron una áspera disputa en­ tre la UTA y el gobierno provincial por un lado y los propietarios de los ómnibus por el otro.28 Más importante: de­ mostró su decisión de proteger al pluralista movimiento obrero cor­ dobés de las interferencias de Buenos Aires. Tosco intentó calmar los te­ mores de los dirigentes del SMATA acerca de sus simpatías políticas reformistas. principal lugarteniente sindical de López y su sucesor. disputa que alcanzaría una trágica conclu­ sión un año más tarde en los acontecimientos del Navarrazo. incluso empleando en sus declaraciones públicas la palabra clasista. los independientes de Tosco y el SMATA clasista volvían a participar en las asambleas generales y comisiones de la central y determinaban sus políticas. escaso mantenimiento de los vehículos. reanudó la participación de la UTA en la CGT y fortaleció los vínculos con los sindicatos no peronistas de la ciudad. en el cual éstas presionaban a los choferes novatos para que aceptaran una pequeña parte de ías acciones de la compañía. que había estado dormido desde la postulación de López y durante los meses de cam­ paña electoral. a fin de fortalecer su posición en la lucha de poder que tenía lugar dentro del movimiento peronista. Sus quejas contra las doce empresas privadas que controlaban las líneas de ómnibus eran muchas: falta de inversión en equipamiento.

La CGT cordobesa rechazó la interferencia dé la “buro­ cracia porteño" en sus asuntos y no sólo se rehusó a cumplir la decisión sino que también dijo que resistiría activamente su implementación. des­ mantelar los programas de racionalización y reducir los ritmos de producción) y quebrar las estructuras de poder y autoridad en el movimiento obrero y en el lugar de trabajo. era un cambio demasiado significativo para ignorarlo. La vista de las plazas fuertes de los caciques gremiales peronistas que su­ frían el ataque de sus propias bases. como un trueque por el control absoluto de la patronal sobre los lugares de trabajo y todas las cuestiones relacionadas con la producción. en cierta medida. Los aumentos sala­ riales y.29 Fuera de Córdoba. Antes bien. se trataba de movimientos de base dispersos y espontáneos en procura de transformar la relación entre el empresariado y el movimiento obrero organizado que se había desarrollado bajo los recientes gobiernos militares y que se manifestaba en el nivel del ámbito de trabajo. Con su confianza y sensa­ ción de poder alentadas por ía victoria de Cámpora. y exigía una actitud menos crítica hacia la estrategia de Tosco.31 Los clasistas del SMATA siguieron siendo escépticos acerca de la restauración peronista. en las que los trabajadores planteaban cuestiones similares a aquellas en las que habían sido pioneros los movimientos clasistas de Córdoba y lograban obtener realmente el control de una serie de sindicatos. las categorías. las condiciones de trabajo y otras cuestiones laborales permitieron a trabajadores como los de la planta de General Motors pasar por alto a süs representantes gremiales. trabajadores y activistas de base realizaron unas 176 ocupaciones fabriles en los primeros veinte días del nuevo gobierno.314 El Cordobazo inequívoca.30 Estas “luchas antiburocráticas” no eran un intento utópico de establecer el con­ trol obrero de la industria. pero era manifiesto que no podían igno­ rar lisa y llanamente los acontecimientos que la rodeaban. sus sospechas . la estabilidad laboral conquistados por la burocracia sindical peronista en los años posteriores a la caída de Perón. Los desafíos al irrestricto control patronal de los ritmos de producción. los cambios políticos en el plano nacional contribuyeron a la expansión de una militancia obrera que permitió que aquélla se mantuviera desafiante. habían llevado a la atrofia de las organizaciones de delegados y a una pérdida gradual de la protección gremial genuina en el lugar de tareas. Así. Sin embargo. como se la 11amaría a menudo más adelante. forzar concesionés de la patronal (en el cáso de GM. sirvieron como catalizador del des­ contento de las bases. con el fin de desalojar a las dirigencias sindicales enquistadas en sus puestos. las condiciones en la base fabril y la repre­ sentación sindical efectiva o “democracia sindical".

el aumento de 200 pesos era mucho menos significativo que para los sectores mal remunerados de la clase obrera. si no un franco respaldo. pero en general fue un mal trago para la mayoría del movimiento obrero. Perón denunciaba la anarquía en el país e insinuaba que la izquierda era responsable de gran parte de la misma. a pesar de que había pruebas considerables de que los más probables responsa­ bles eran los sectores derechistas del movimiento obrero peronis­ ta. Perón retiró su apoyo a Cámpora y lo re­ emplazó por el presidente provisional Raúl Lastiri —una nulidad política pero yerno de José López Rega. las ocu­ paciones fabriles y los motines de las bases no podían ocultar el hecho de que el FREJULI había logrado. pero también consi­ guió del movimiento obrero un acuerdo para que en lo sucesivo los incrementos salariales dependieran de aumentos de la productivi­ dad y se negociaran según un procedimiento centralizado de con­ venios colectivos. Se programaron elecciones para septiembre. El Pacto Social congeló los precios de todos los bienes y servicios y a cambio recibió del movimiento obrero la promesa de suspender las negociaciones co­ lectivas durante dos años. En junio.33A mediados de julio. esta vez con Perón como candidato. Las admoniciones de Perón no desalentaron a la izquierda peronista. el gobierno de Cámpora aprobó el Pacto Social en un intento por restablecer su autoridad y llevar a cabo el plan de estabilidad económica de Perón. la Gran Paritaria Nacional. Cámpora otorgó a los tra­ bajadores un aumento general de 200 pesos.32 Para los bien pagos trabajadores del SMATA. El ascendiente momentáneo de la izquierda peronista. Una masacre producida en el aeropuerto de Ezeiza el 20 de junio de 1973. Pronto reaparecieron las prioridades conservadoras de la restaura­ ción peronista. Tampoco afectaron a la . a pesar de la sacudida gubernamental. un acuerdo desequilibrado que confiscaba la autonomía sindical y los derechos de negociación colectiva a cambio de muy poco. cuando fueron asesinados varias docenas y heridos centenares de seguidores de Perón que esperaban la llegada del caudillo. Aún más ominosamente. fue atribuida directamente a la izquierda. gran parte de su legitimidad de sectores de la sociedad argentina que esperaban que un gobierno peronista restaurado pusiera fin a las contiendas sociales y políticas del país y no que las fomentara. dando una clara señal del giro a la derecha del gobierno peronista. que dudaba de su autentici­ dad y en general las atribuía a López Réga. De inmediato. se man­ tuvieron en un estado de fluctuación.Peronistas y revolucionarios 315 iniciales quedaron confirmadas después de esta primera ola de agitación obrera. Las alianzas políti­ cas de la izquierda. ex suboficial de policía y rasputinesco consejero de Perón— .

Las tirantes relaciones del SMATA central con su seccional cordobesa lo habían mantenido al margen de la campaña de afiliación en Fiat. el de Lastiri y finalmente el de Perón. los gobiernos peronistas de 1973. Había alcan­ zado un nuevo nivel de rencor tras el asesinato. En el movimiento obrero. que aún se inclinaba vigorosamente en favor de la izquier­ da. se negaron a considerar las apelaciones del SMATA cordobés. Para los clasistas del SMATA y. Por esa razón. Sostener la jurisdicción de la UOM en Ferreyra. que en general era indiferente a los designios políticos de Perón. el movimiento sindical izquierdista de Córdoba. y algunos trabaja­ dores mecánicos sospechaban que la UOM estaba involucrada de alguna manera. indudablemente. concedería al más fuerte. el de Cámpora. aunque no podía afectar de manera significativa el equilibrio de poder en la ciudad. calificándolas como una conspi­ ración de “gorilas y trotskistas” y negándose a permitir otro plebis­ cito en Ferreyra.35Ambos sindicatos competían ahora por la bendi­ ción de Perón. una bendición que éste. del secretario general del SMATA. Córdoba seguía siendo el crisol del movimiento sindical disiden­ te. Dirk Kloosterman. la lucha entre los disi­ dentes y los verticalistas también estaba lejos de decidirse. seguía siendo del máximo interés del SMATA impugnar la jurisdic­ ción metalúrgica en Ferreyra. La rivalidad entre el SMATA y la UOM por el control del movimiento obrero peronista continuaba. la controversia de la afiliación cobró una nueva significa­ ción para las facciones en guerra dentro del movimiento obrero or­ ganizado. La primera confrontación decisiva tuvo lugar en relación con la persistente cuestión de la afiliación de Fiat. el 22 de mayo.316 El Cordobazo izquierda marxista. a los trabajadores de Fiat y a sus recientes ocupaciones de las plantas de Concord y Materfer. podría al menos impedir que los clasistas pusieran sus manos allí.34 Durante los meses del gobierno de Cámpora y Lastiri. La situación se complicó todavía más a causa del accionar de las centrales gremiales. en general. Pero para Perón y Rucci era igualmente importante impedir que eso ocu­ rriera. que se reanudó después de la elección de Cámpora. Por otra parte. La UOM cordobesa ha­ bía respondido con irritación a las continuas pretensiones del SMATA. Sin embargo. en la rivalidad de los mecánicos con la UOM. la unificación de los trabajadores cordobeses del automóvil aseguraría una poderosa resistencia con­ tra las presiones de la burocracia sindical porteña y promovería nacionalmente un movimiento obrero pluralista y combativo. la conducción nacio­ nal no podía retirar su apoyo a la seccional cordobesa sin hacer una salida indecorosa que parecería rencorosa y la dejaría expuesta a .

después que Obregón Cano y López intercedieron y obtuvieron el acuerdo de Fiat para permitir a Salamanca viajar a Buenos Aires y discutir la cues­ tión de la representación sindical con el ministro de Trabajo.502 contra sólo 153 a favor de la UOM en Concord. los tra­ bajadores de Fíat mostraron una abrumadora preferencia por el SMATA: 1. Salamanca sencillamente ignoró la decisión del Ministerio de Trabajo que otorgaba la jurisdicción de los trabajadores de Fiat a la UOM y realizó un segundo referéndum a fines de junio. Como lo habían hecho en la anterior elección de noviembre de 1972.40 Ahora la controversia oponía claramente a los trabajadores de Fiat. la CGT central. y el gobierno del resultado del referéndum y contra la continuidad de la jurisdic­ ción de la UOM. respectivamente. se difundió en las plantas una resistencia enfurecida contra el desconocimiento por parte de Fiat.41 La promesa de éste de resolverla en un plazo de noventa días fue recibida con recelo por los dirigentes clasistas.38 Dos semanas más tar­ de anunció que pronto se formaría en ellas un cuerpo de delega­ dos. y con­ vocó a varias huelgas de solidaridad en apoyo a la afiliación de ios trabajadores de Fiat a este sin dicato. Los primeros objetivos del sindicato.erfer. En su apoyo. sin embargo. Ricardo Otero. serían mejorar las condiciones laborales en la forja de Fiat y ampliar a las plantas la ley del sábado inglés y las categorías y escalas salariales del SMATA. Este combate.39 A lo largo de agosto. enmascaraba una lu­ cha política más profunda que se libraba en el plano nacional y es­ pecialmente en Córdoba entre la derecha y la izquierda. el gobierno provincial de Ricardo Obregón Cano y Atilio López esta­ ba en el medio. El 21. La ocupa­ ción de Fiat Concord terminó tres días más tarde.Peronistas y reuoíucionarios 317 las mismas acusaciones de abusos autocráticos en las cuales basa­ ba su presente desafio a la UOM. en Mat. AI resistir la pretensión de ésta. había declarado en una oportunidad que “el SMATA es el único re­ presentante legítimo de los trabajadores mecánicos del país”.A pesar de su disgusto con los clasistas. declaró. la UOM y el gobierno nacional. quienes . 652 y 44. los trabajadores de Concord ocuparon la fábrica y exigieron la afiliación al SMATA. la central estuviera obligada a respaldar los reclamos de Córdoba. los obreros de Perkins y otras plantas del SMATA abandonaron sus tareas.37 El 11 de julio Salamanca efec­ tuó una conferencia de prensa y anunció la intención de su sindica­ to de afiliar formalmente al SMATA a las plantas de Concord y Materfer y a la más pequeña de Perkins. al menos por el momento. el SMATA cordobés y los independientes de Tosco —estos últimos apoyando activamente al sindicato a través de huelgas de solidari­ dad— contra Rucci. la decisión de la seccional de insistir en la cuestión motivó que.

“zurdos ”y utrotskos ". atrapado entre lealtades incompatibles al movimiento peronista y a . afirmando en una ocasión que “el movimiento obrero cordobés ha sido infectado por elementos que están al servicio de la sinarquía internacional. en los hechos. Se ejercieron presiones sobre las centrales gremiales para que controlaran a sus seccionales rebeldes en todo el país. que estaba lejos de llegar a una solución. Los ataques de Rodríguez revelaban cuánto había cambiado la dinámica (Je la política obrera en la ciudad con la des­ titución de Cámpora. semejante resultado asomaba como un riesgo para cualquier influencia futura que el SMATA pudiera tener en el go­ bierno. La libertad que los sindicatos cordobeses habían disfrutado durante los últimos meses estaba lle­ gando a su fin.43Tal vez el más afectado de todos fue López. cuyo verdadero representante es conocido con el nom­ bre de Agustín Tosco”. Las declaraciones de apoyo eran desmentidas por la inmovilidad del SMATA central.42 A pesar de las calumnias del SMATA central. el lenguaje de la central con respecto a la CGT cordobesa se enfrió y luego pasó a ser recriminatorio. Comenzó a sembrar dudas sobre las verdaderas intenciones de los clasistas y retiró su apoyo a la afiliación de Fiat. atacando abiertamente a la conducción cordo­ besa y acusando a la seccional de pasividad durante el anterior gobierno militar. El apoyo a Salamanca y la seccional cordobesa fortalecería su posición en los tratos futuros con la UOM pero tam­ bién haría de Córdoba un serio rival dentro del sindicato mecánico y solidificaría un bloque marxista en el corazón del movimiento obre­ ro peronista.318 E l Cordobazo comenzaron a preparar más huelgas en torno al tema. secretario general peronista de la seccional Buenos Aires del sindicato de trabajadores de Luz y Fuerza. no hacía nada para ayudarla. José Rodríguez. y Córdoba recibió naturalmente la mayor atención. reprendía a Tosco y a la seccional cordobesa por sus actitudes independientes. Tras el desalojo de Cámpora y el viraje gubernamental hacia la derecha. Durante varias semanas Rodríguez dio largas a la cuestión y protegió sus apuestas. En los círculos laborales se hablaba cada vez más de la perfidia de los “bolches”. se debatía con una deci­ sión trascendental. Mientras Juan José Taccone. y la tolerancia a regañadientes de años recien­ tes se había convertido en hostilidad abierta. respaldando verbalmente a la seccional al mismo tiempo que. A medida que se enrarecía la atmósfera política de la ciudad. Pero cuando la naturaleza conservadora del gobierno peronista y el os­ tracismo del ala izquierda del movimiento se hicieron más eviden­ tes. ningún sindicato argentino había luchado contra las dictaduras militares más que el SMATA-Córdoba. el sucesor de Kloosterman. Rucci se sentía movido a hacer salvajes acusaciones de quintacolumnistas.

durante mu­ chos años los lucifuercistas de Tosco habían sido exiliados dentro de la FATLYF. . constituidos por sindicatos en gran medida federales. Algunos de los principales sostenedores de la alianza sindical izquierdista de Tos­ co. las deci­ siones de la FATLYF hablan tenido poco peso en la seccional cordo­ besa. Sólo Córdoba era capaz de aprovechar la oposición de la clase obrera al programa y darle la forma de un movimiento de importancia nacional.los trabajadores gráficos de Juan Malvar. Malvar se fa­ vorecía especialmente a causa del alto grado de descentralización democrática del sindicato gráfico y el fuerte sentimiento ongarista que subsistía en la dirigencia gremial de Buenos Aires. y el sindicato tenía mucha experiencia en trabajar independientemente. más adelante. se trataba de organizaciones que habían estado durante mucho tiempo más allá del alcance del verticalismo. Sea como fuere. sufrió presiones impla­ cables para que purgara al movimiento obrero cordobés de todos sus elementos izquierdistas.. Desde entonces. pero esa vía era menos factible en el caso de los independientes. Desde mediados de julio hasta su destitución como vicegobernador a principios de 1974. también disfru­ taban de una virtual independencia de Buenos Aires. corno .Peronistas y revolucionarios 319 sus aliados locales. los legalistas eran el eslabón más débil en la alianza sindical izquierdista que todavía dominaba la CGT cordobesa. utilizarla sede gremial como punto clandestino de reunión del movimiento obrero disidente después de la destitución de las conducciones de Luz y Fuerza y el SMATA en 1974. El SMATA podía ser atacado a través de su central gremial. El restablecimiento de la autoridad de la CGT central era necesario tanto para controlar la expansión de la militancia obrera a todo el país como para asegurar el éxito del Pacto Social y el programa económico conservador del gobierno. Esto le per­ mitió no sólo adherir a la alianza independiente sino también.45 Esa libertad caracterizaba a casi todos los sindicatos independientes. En lo sucesi­ vo. Tosco había abandonado toda clase de relación operativa con su central durante la dictadura de Onganía. a diferencia de la situación de su similar del SMATA que ha­ bía seguido siendo en gran medida parte de la organización nacio­ nal a pesar de la victoria de la lista clasista en 1972.44 Perón sabía bien que eí éxito de la campaña verticalista dependía de Córdoba. la política de Perón y el ministro de Trabajo Otero consistió en ejercer mayor presión sobre los peronistas combativos de Córdoba para que se deshicieran de la izquierda sindical. Con el grupo de Tosco inmune a las manipulaciones de las en­ trometidas centrales gremiales y los clasistas del SMATA aún lo bastante fuertes para mantener a raya las salidas de José Rodrí­ guez... El propio López.

jefe de la organiza­ ción. El viraje decisivo se produjo en la convención nacional de las 62 Organizaciones.320 E l Cordobazo tieso en su traje de calle y rival de poca monta para los políticos profesionales en cuyos círculos se movía ahora. ya había sucumbi­ do a las súplicas para que cooperara con los sindicatos ortodoxos en las 62 Organizaciones. López fue obligado a dar su acuerdo a una reunificación de los campos beligerantes del movi­ miento obrero peronista de Córdoba a través de unas 62 Organiza­ ciones reunidas.47Los legalistas se encontraban ahora en la situa­ ción de tener que compartir el poder con sindicatos cuyas metas manifiestas eran la recuperación de la CGT cordobesa para el mo­ vimiento obrero peronista y la purga de sus refractarios miembros independientes y clasistas. Presidida por Lorenzo Miguel. Pero en el clima político muy diferen­ te que sucedió a la caída de Cámpora. había podido profesar lealtad tanto al movimiento peronista como a sus aliados gremiales locales. increparlos por su pasada coope­ ración con los sectores izquierdistas del movimiento obrero pro­ vincial y hacer veladas amenazas en caso de que los peronistas cordobeses no lograran poner su casa en orden. y Otero. El lazo se estaba cerrando. Los independientes. realizada en julio en la colonia de vacaciones “Au­ gusto Timoteo Vandor” de la UOM. en reuniones con Perón y Rucci se había comprometido a cooperar con los ortodoxos en favor de la candidatura del primero en las elecciones de septiembre. A principios de julio aún se resistía a las deman­ das de los ortodoxos para que retirara a los legalistas de la CGT lo­ cal y formara una central paralela incluyendo estrictamente a los sindicatos peronistas. en Valle Hermoso. esa posición se hizo cada vez más insostenible. La decisión de López dejó anonadados a ios sindicatos de izquier­ da. en especial. contemplaban incrédulos la capitulación de último momento del vicegobernador. su presteza para salir huyendo de la alianza obrera.45 Sin em­ bargo. Durante los meses del gobierno camporista. Tosco respondió a las novedades con esta adverten­ cia: “En ninguna circunstancia esta CGT combativa y revoluciona­ ria puede aliarse con grupos que hasta hace poco tiempo atacaban . aun cuando hubiera estado bajo coacción. en ías sie­ rras cordobesas. Otero censuró duramente a Tosco diciendo: “Un dirigente sindical de esta provin­ cia ha dicho que Córdoba será la capital de una Argentina socialis­ ta. al mismo tiempo que criticaba las acusacio­ nes de infiltración cubana en el movimiento obrero local y las tácti­ cas de caza de comunistas que pretendían servir como justificación para una acción contra el movimiento obrero cordobés. Nosotros aceptamos el desafío y decimos que Córdoba será ía capital de una Argentina peronista’'. fue en gran medida la oportunidad para reprender a López y la delegación cordobesa.

unos días después. en ju­ nio. diciendo que la unificación de las 62 Organizaciones era cosa juzgada y que Tosco y Salaman­ ca. El contrapeso de las presiones en favor de un com­ promiso con el éxito del gobierno peronista y ía lealtad a Perón ha­ bía hecho que la alianza fuera imposible para López.'18 Es probable que. sus grandes esperanzas en un movimiento obrero alternativo con base en Córdoba se desvanecían. no tenían voz én los asuntos peronistas. al menos para los clasistas. de las columnas de Montoneros y la Juventud Peronista en Ezeiza y con la promulgación del Pacto Social. y en particular el propio Salamanca. y ambas partes prefirieron ignorar las diferencias ideológicas y políticas que las habían separado en el pasado en pro de la resisten­ cia a nuevos avances de la derecha peronista en Córdoba. había creí' do. Pero también había sido el primero en percibir la vulnerabilidad del gobierno de Cámpora y el influjo creciente de los sectores derechistas del peronismo después de la masacre. Tosco intentó salvar al movimiento obrero cordobés de izquierda fortaleciendo sus vínculos con los clasistas y formando. el Movimiento Sindical Combativo (MSC). Tosco volvía a aparecer como la figura dominante en el movimiento obrero disidente del país. en tanto Salamanca enfatizaba que el sindicato mecánico sólo cooperaría en la CGT con los gremios peronistas que defendieran eí pluralismo ideológico del movimiento obrero cordobés. más que antaño.50 La conduc­ ción clasista del SMATA.Peronistas y revolucionarios 321 a sus compañeros trabajadores". eí resultado de ía convención de Valle Hermoso no fuera imprevisto.'19 La acción de López fue indudablemente más traumática para Tosco. unos pocos días antes el PCR había realizado en Córdoba su propia conferencia nacional de sindicalistas clasistas y desafiado abiertamente al movimiento obrero peronista al declarar que una de ías prioridades del partido era el desarrollo de una co­ rriente clasista dentro de la UOM. se­ rían los principales aliados de Tosco en los difíciles meses siguien­ tes. Con el SMATA como anfitrión. súbitamente.do malamente la influencia que las lealtades peronistas ejercían sobre sus aliados legalistas. del movimiento obrero cordobés y en última instancia de la iz­ quierda argentina. resultó claro que su estrecha relación se rompía bajo el peso de la restaura­ ción peronista. de sus propias contradicciones tácticas y hasta ideológicas. y ahora no tenia dudas . Cuando López. propugnando una alianza con los grupos considerables del Peronismo de Base ya existentes. En pleno auge de la restauración peronista. cri­ ticó ásperamente a sus ex compañeros. Había sübestima. como cuando dio apoyo al ostensiblemente izquierdista gobierno peronista de la provincia para mayor beneficio. y él mismo había sido víctima. por lo menos en el sindicato metalúrgico cordobés. en todo caso. junto con Salamanca.

para proteger a Cór­ doba. esto obedeció a la apreciación que hacía Tosco de las profundas lealtades peronistas de la clase obrera y su incapacidad emocional para oponerse al retomo de Perón a la pre­ sidencia. lo que Sixto Cebailos y los peronistas más conservadores del gremio consideraban como una indiscreta admi-. había forjado con algunas de las principales figu­ ras del partido. En el pasado había estado a menudo de acuerdo . con el paso de los años. Tosco y el sindicato en general no parecieron encresparse a causa del pequeño grupo de oposición reunido en tomo a Cebailos. podían escucharse rezongos —de una pequeña pero vocinglera minoría— en su sede. En el sindicato se había hecho evidente un desasosiego palpable desde el debate con Rucci y la proclamación pública por parte de Tosco de sus simpatías marxistas. La militancia de los trabajadores lucifuercistas. desde 1958. sión que en cierto modo colocaba a todos los trabajadores lucifuercistas de Córdoba en una postura no peronista.53 Cuando avanzaron hacia una confrontación abierta con el go­ bierno. Tal vez fue también un acto final de lealtad al Partido Co­ munista. Los peronistas de Cebailos abandonaron su apoyo crítico a la conducción de Tosco y consideraron la forma de oponerse a la posición aparentemente inexpugnable de los tosquistas en Luz y Fuerza. y generaba animosidades donde antes había habido una rivalidad amistosa. siguió limitada al movimiento obrero y no se dirigió políticamente hacia la creación de un amplio frente obrero sin vínculos con ningún partido de oposición. sin embargo. Las elecciones de mayo de 1973 en Luz y Fuerza fueron fácilmente ganadas por su lista. En parte. lo mismo que había ocurrido. la actitud inicialmente conciliato­ ria de Tosco hacia el nuevo gobierno peronista había sorprendido con la guardia baja a la pequeña camarilla de peronistas opositores e impedido que éstos capitalizaran el cambio de las circunstancias políticas. Dentro de su propio sindicato. Por primera vez en la historia del sindicato. Su intermitente pero estrecha relación con el PC siempre había tenido mucho que ver con su deseo de promover el pluralismo político en la Argentina y con las amistades personales que.52De manera tal vez no inesperada. la polarización de la vida política que se estaba pro­ duciendo en todo el país y especialmente en eí movimiento obrero cordobés había aparecido finalmente en Luz y Fuerza. si era necesario. cohe­ rentemente.322 El Cordobazo de enfrentar al mismo Perón.51 Pero el terremoto producido en el movi­ miento obrero cordobés después de la convención de Valle Hermoso y la oposición de Tosco al gobierno “interino” de Lastiri en las sema­ nas siguientes — sus repetidas acusaciones de que el gobierno pero­ nista estaba animado por un espíritu franquista y sus críticas cada vez más ásperas al Pacto Social— alimentaron la agitación.

seguro de su imprudencia y de los efec­ tos perniciosos que probablemente tendría sobre el movimiento de los trabajadores disidentes una oposición política a Perón. Tras su elección. Su análi­ sis también tenía que ver con el poco entusiasmo que la idea despertó en la Alianza Popular Revolucionaria.55 Más adelante. y a pesar de que tenía algunas diferencias importantes con éste. Perón actuó rápidamente contra la insubordi­ nación en las filas de la clase obrera dado que. Tosco sería. el principal contrapeso obrero a los gobier­ nos peronistas conservadores en el poder. Desde la elección del 23 de septiembre de 1973 que reinstaló a éste en la presidencia hasta su muerte menos de un año más tarde. se aprobó en el Congreso un cúmulo de leyes laborales. la principal agrupación de la nueva izquier­ da que defendía una estrategia militar.Peronistas y revolucionarios 323 con las estrategias e interpretaciones del PC sobre la política argen­ tina. en especial en lo que se refiere a sus recelos acerca del clasismo y su oposición a la lucha armada como estrategia revolucionaria legítima para la izquierda argentina. el sendero de Tosco se apartaría mucho del seguido por el PC. buscaba un movimiento obrero unificado que pudiera neutralizar a la izquierda y asegurar la paz social de su gobierno. se convirtió en la fuerza impulsora detrás de la for­ mación del Frente Antiimperialista por el Socialismo. En una con­ vención realizada e!18 de ese mes.54 Tosco declinó la postulación. La Ley de Seguridad prohibió las ocupaciones fabri­ les y. virtualmente. como fórmula obrera alternativa y de izquierda para competir contra Perón. una coalición de partidos de izquierda dominada por el PC que apoyaba 3a candidatura de Perón. con la intención de restablecer una burocracia sindical efectiva y centralizada. mientras que la Ley de Asociacio­ nes Profesionales extendió la duración del mandato de las autorída- . las cautelosas políticas del PC coincidían con frecuencia con las suyas. las huelgas. que fuera capaz de castigar a los transgresores y recompensar a los obedientes con todo el poder que podía re­ unir el Estado. en el precipi­ tadamente organizado Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Poco des­ pués de su elección. el Frente postuló a Tosco y al líder de la CGT clasista de Salta. A comienzos de agosto. Si bien nunca se convirtió en miembro del partido. eí Partido Revolucionario de los Trabajadores. Utilizó el reciente golpe en Chile como un recordatorio de las conse­ cuencias potencialmente desastrosas de una política partidista irrestricta y como justificación para la imposición del orden. no obstante. Armando Jaime. más que cualquier otra cosa. pero ahora estaba de acuerdo con el análisis pesimista del partido sobre su candidatura y la de cualquier oposición política a Perón.

324 E l Cordobazo des sindicales electas de nivel nacional de dos a cuatro años. la FATLYF había enviado un telegra­ ma a la seccional solicitándole que designara delegados a las 62 Organizaciones locales para que representaran a sus afiliados pero­ nistas. El asesinato de José Rucci el 25 de sep­ tiembre. la presión ejercida desde Buenos Aires era sutil. Por momentos. otor­ gando con ello a las centrales gremiales un poder casi ilimitado para entrometerse en sus seccionales así como la facultad unilateral de anular las decisiones tomadas por los comités fabriles independien­ tes y los cuerpos de delegados. A prin­ cipios de agosto. Perón había restablecido una clara cadena de mandos dentro del movimiento obrero organizado y reducido a los activistas de base y los dirigentes sindicales disidentes al status de virtuales delincuentes.55Estas medidas pretendían volver a colocar a. 3a. que votó contra la solicitud y envió una cáustica réplica. Por decreto.57 Poco después ésta suspendió for­ malmente a la seccional cordobesa con el objeto de destacar su con­ dición de parla dentro del movimiento obrero. como era de prever. a medida que las críticas de los sindicatos cordobeses al gobierno se hacían más abiertas. entonces tambaleante estructura verticalista de] movi­ miento sindical en una posición de fuerza. sin embargo. En el pasado. por ejemplo. fueron utiliza­ dos por el gobierno para justificar su mano dura en las relaciones con los disidentes obreros. La legislación fortalecía efectivamente la situación de ia burocracia sindical peronista y ha­ cía excesivamente dificultoso. Si bien algunos de esos crímenes eran indudablemente el resul­ tado de luchas de poder dentro del movimiento obrero peronista. las admoniciones y votos de censura de la FATLYF habían sido singularmente ineficaces. la . Este intento de agravar las tensiones existentes y rodear a Luz y Fuerza inmiscuyéndolo en la política obrera peronista local. José Alonso. no escapó a Tosco y tampoco al sindicato. pero en los últimos meses de 1973 se los utilizó una y otra vez. junto con los de otros dirigentes gremiales peronistas como Augusto Vandor. lo que le valió otro voto de censura de la FATLYF. Dirk Kloosterman y Marcelino Mansilla. secretario general de la CGT de Mar del Plata. Los primeros blancos de la campana gubernamental fueron. pero los de los caciques gremiales peronistas sí. Tosco y los trabajadores de Luz y Fuerza de Córdoba. Los ataques de los escua­ drones de la muerte peronistas y los asesinatos de mistantes obre­ ros no atrajeron una atención generalizada. al menos dentro de los límites legales prescríptos para el movimiento obrero. el accionar independiente. Las andanadas contra Tosco y los trabajadores lucifuercistas cordobeses eran meramente uno de los componentes de la campa­ ña de Perón contra la izquierda gremial.

el ERP. Perón no actuó de inmediato. al socialismo marxista. Francisco Klecker. a menudo como represalia no autorizada por acciones con­ tra los sindicatos rebeldes cordobeses y la oposición sindical al go­ bierno. Sin embargo. que recordaban los días de la primera presiden­ cia. Concio sólo recientemente había recuperado el favor oñcial. y el poder de los sindicatos cordobeses todavía demasiado grande para correr el riesgo de una confrontación abierta. la democracia sindical y los derechos de los trabajadores en la base fabril— y esa violencia política. no pudo evitarse que se conjeturara la existencia de un vínculo entre el movimiento sindical disidente —que para una vasta mayoría de las bases era preponderantemente una lucha por la representación gremial efec­ tiva. las organizacio­ nes guerrilleras procuraron. los planes de trabajo a destajo y en general las duras condiciones laborales en las plantas de Ferreyra. uno de los principales ejecutores de este tipo de acciones. particularmente en sus variantes no peronistas.Peronistas y revolucionarios 325 mayoría fueron perpetrados por organizaciones guerrilleras izquier ­ distas. rara vez dejaba de incluir alguna referencia a los problemas de las plantas en sus frecuentes comunicados a los trabajadores de Santa Isabel. El secuestro y ejecución por parte de las Fuerzas Arma­ das Peronistas del director de personal de Fiat. un poco cínicamente. su­ poniendo alegremente que los asesinatos políticos serían aproba­ dos por los trabajadores y ayudarían a ganar apoyo para un movi­ miento revolucionario dentro de sus filas. se presentó a los trabajadores de la empresa como la represalia de los revolucionarios por eí aumento en los ritmos de producción. y por ataques de Perón contra las ideologías “antinacionales”. Oberdán Sailustro. La izquierda guerrillera asumió una actitud característica­ mente condescendiente hacia el movimiento obrero disidente.59 Así como los clasistas de Fiat habían repudiado la ejecución por parte del ERP del presidente de la empresa.58 El ERP. Además de dirigir una campaña terrorista contra la “burocracia sindicar’. en abril de 1973. cuando se hacía alarde de la doctrina justicialista como una respuesta nacional.eo Ni siquiera la propia ala izquierda del peronismo estaba exenta . y por lo tanto superior. su rama gremial era aún demasiado cau­ telosa. y el asesinato de Rucci fue seguido por la proscripción de la más importante de las organizaciones guerrille­ ras marxistas. del mismo modo los independientes y los clasistas del SMATA desapro­ baron vigorosamente tales tácticas y se apresuraron a disociarse del accionar terrorista de la guerrilla. lo que facilitó las represalias contra los rebeldes por parte del gobierno y la conducción gremial. La izquier­ da no proletaria era un blanco más fácil. explotar las con­ diciones de los lugares de trabajo con fines políticos y para justificar actos terroristas contra funcionarios empresariales en nombre del clasismo.

recuperado ahora el poder político. sus estrechos con­ tactos con la Confederación General Económica y el programa eco­ nómico conservador de su gobierno demostraban que Perón consi­ deraba a aquélla como el único verdadero enemigo que quedaba. Los activistas clasistas de la fábrica justificaban par­ . A lo largo de octubre realizó varias bien publicitadas reuniones con líderes sindicales a fin de discutir las tácticas para deshacerse de “las influencias antinacionales. En cambio. decrépito y a menudo con grandes dolo­ res a causa de varias enfermedades.61 En noviembre dirigió una reorganización de su movimiento que vir­ tualmente excluyó a la rama juvenil al designar un consejo directivo provisorio en el que sólo se contaban representantes de las ramas gremial y política. aún tenía la fortaleza de presi­ dir las primeras etapas del desmantelamiento de esa comente del peronismo que tanto había hecho para crear. En la planta de Perkins. un ejem­ plo clásico de la prestidigitación verbal peronista dado que. particularmen­ te en las industrias mecánicas cordobesas. dado que el congelamiento de precios se man­ tuvo durante varios meses y la inflación permaneció en niveles tole­ rables hasta fin de año. el estado de virtual inoperancia de las comisiones internas y la indiferencia de los delegados ante los problemas referidos al aumento de los rit­ mos de producción. A lo largo de 1973. Legalmente. Un problema más espinoso era la movilización de la clase obrera. las condi­ ciones de trabajo insalubres y las categorías. Perón. los trabajadores no podían movilizarse por la cuestión salarial. cetrino. que proseguía sin mengua. las racionalizaciones en las plantas. el clasismo hizo serios avances. había dado los primeros pasos hacia la eliminación de lo que se había convertido en un serio riesgo para su movimiento.62Para el gobierno. capitalistas y marxistas” del movimiento. además de sus diatribas cotidianas contra la izquierda. este estado de inquietud de los trabajadores era amenazante y poten­ cialmente desestabilizador porque Córdoba asomaba como un polo de militancia obrera. la empresa británica fabricante de motores ubicada en Ferreyra. durante el resto del año siguió expresándose descontento acerca de la democracia sindical y las cuestiones del control obrero. Esos temores tampoco eran infundados.326 E l Cordobazo de ataques. La oposición a las conducciones gre­ miales enquistadas en sus puestos se centró específicamente en la ausencia casi total de protección sindical en la base fabril. la victoria de la lista clasista en el SMATA había sido la chispa de un movimiento para incorporar el sindicato de planta al gremio mecáni­ co cordobés. Perón. la sede de un movimiento obrero alternativo que tenía el potencial de transformar las movilizaciones dispersas y desarticuladas en una oposición unificada. y en verdad tenían pocas pre­ siones para hacerlo.

alentado por un clima político. En el sindicato de trabajadores de la construc­ ción. aparecía así incluso en cotos antiguamente tranquilos como la planta de Perkins.64 En 1973. El SMATA clasista. el clasismo se expandió por toda la ciudad. antiburocrático. donde los miembros de la comisión .Peronistas y revolucionarios 327 cialmente la afiliación señalando que ofrecía mayores posibilidades de resolver problemas de larga data referidos a las condiciones labo­ rales y las categorías. la posibilidad de una victoria en las siguientes elecciones gremiales de la lista clasista. anticapitaíista y en gran medida antiporteño.66En la Asociación de Trabajadores del Estado. el PCR y la JTP habían estado trabajando clan­ destinamente desde el Cordobazo. Ya en 1972. por la manera en que abunda­ ban en acerbos ataques contra los “burócralas y traidores”. militan­ tes clasistas de VC.65Aún más preocupante para el gobierno era el hecho de que muchos sindicatos peronistas ortodoxos sufrían ei asalto interno de movimientos de base con diri­ gentes izquierdistas. de izquierda. corrupción y matonismo sindical. que favorecía las ideolo­ gías radicalizadas y por los esfuerzos de militantes capaces que habían trabajado durante años en las plantas y que ahora veían una oportunidad de realizar lo que antaño debían haber parecido las imposibles ensoñaciones de los revolucionarios. tanto en las filas ortodoxas como en el plano de la dirigencia nacional. El cuerpo de delegados elegido en la planta de Ilasa en junio de 1973 tenía una clara inclinación clasista. durante largo tiempo un reducto de compra y venta de traba­ jo. el "contradiscurso” del movimiento obre­ ro cordobés. El SITRAP clasista adoptó una postura ideológica y un lenguaje político que podían haber sido razonable­ mente interpretados por los sectores tradicionales del movimiento obrero peronista como provocadores. especialmente local. por ejemplo. era más ominosa y desconcertante para los peronistas.*53 Pero la campaña de afiliación se vinculaba también con la creciente fortaleza del clasismo cordobés como movi­ miento político. Vanguardia Comu­ nista podía atribuirse justificadamente éxito en su proselitismo cla­ sista en las fábricas de 1ME. un movimiento de vigorosas raíces intentó expulsar a una conducción enquistada a la que se consideraba como títere de las empresas constructoras locales. que era uno de los sindi­ catos más grandes de la ciudad y un tradicional baluarte peronista. consolidó su posición en las fábricas fuera del comple­ jo de Santa Isabel. por más que ésta incluyera primordialmente a miembros de la Juventud Trabajadora Peronista. Hacia 1973. y activis­ tas de esa tendencia del sindicato local de trabajadores del caucho también solicitaron la afiliación al SMATA. En las plantas de las Industrias Mecánicas del Estado afiliadas a la ATE.

la UOM de Simó. dado que ías pre­ siones de Perón habían desvanecido definitivamente toda posibili­ dad de apoyo por parte de Rodríguez y el SMATA central en ía cues­ tión. Para controlar la amenaza creciente del movimiento cíasisíaen las fábricas de IME.68 La más seria oposición obrera al gobierno provocó la más drásti­ ca respuesta. recurrien­ do ocasionalmente a actos de intimidación individuales.70 También formó parte de la campaña gubernamental para domes­ ticar a Córdoba un ajuste de cuentas en relación con la controversia de la afiliación de Fiat. El ataque del 4 de octubre contra la sede de la CGT. también había en las fábricas militares activismo de militantes del Peronismo de Base. el gobierno emprendió una campaña para eliminar a la oposición obrera cordobesa. Héctor Castro. utilizó una ley apresuradamente aprobada referida a los empleados estatales. el ardor de Salamanca se había enfriado. cuyas posiciones eran ahora prácticamente indistinguibles de las de los clasistas marxistas.69 Pero lo más característico de esta etapa de las políticas laborales gubernamentales no fue el uso de tácticas terroristas sino su recurso a medios institucionales. fue el ejemplo más dramático del plan­ teo violento del gobierno. proporcionando con ello un poderoso aliado al principal representante del veriicalismo en la ciu­ dad.328 Eí Cordobazo paritaria virtualmente ignoraban la autoridad del secretario general de la ATE. ex activistas clasistas de SITRAC-SITRAM habían hecho frecuentes visitas al SMATA y a la sede local de la CGT para abogar por un desafío abierto a la espuria pretensión de ía UOM a los trabajadores de Fiat.B7 Hacia la época de la elección de Perón. Perón designó al aboga­ do de ía UOM Luis Longhi como delegado regional por Córdoba en el renovado consejo directivo de la CGT. Poco después de ser elegido. fueron los principales promotores de la lista sindical clasista que compitió con el ortodoxo Castro en lo que particularmente el Peronismo de Base denunció pronto como las fraudulentas elecciones gremiales de la derecha peronista. Sin em­ bargo. De hecho. a fin de despe­ dir a unos 250 trabajadores del complejo. por ejemplo. Desde los plebiscitos en Concord y Materfer. que dejó varios heridos y provocó un paro general el 9. apoyado por todos los sindicatos cor­ dobeses salvo los ortodoxos. la conduc­ . la Ley de Prescindibilidad. Activistas clasistas de todos los sindicatos de la ciudad atraí­ dos al Frente Único Clasista hicieron de la afiliación de los trabaja­ dores de Fiat al SMATA uno de sus principales objetivos.71 En el enrarecido clima político de fines de 1973. Y mientras proseguían los ataques de ía FATLYF contra Tosco y Luz y Fuerza. incluyendo a la casi tota­ lidad del militante cuerpo de delegados. aunque la respuesta de los sindicatos izquierdistas de la ciudad forzó rápidamente al gobierno a revocar la medida.

que impulsar el tema constituía una provocación innecesaria a Perón y al movimien­ to obrero peronista. Esta alianza se transformó en el principal sostén del gobierno provincial de centroizquierda cuando éste sufrió el a. era allí un poco más parejo. el comité ejecutivo del Partido Justicialista y las 62 Organizaciones condenaron públicamente al gobernador Obregón Cano por permi­ tir supuestamente que Córdoba fuera utilizada como base de la agitación antigubernamental y por su participación personal en las concentraciones de los Montoneros en las que se criticaba abierta­ mente a Perón. la controversia se apagó calladamente. fue in­ formado personalmente por Salamanca de que la afiliación de Fiat seguía siendo un objetivo de largo plazo.Peronistas y revolucionarios 329 ción clasista del SMATA creyó. específicamen­ te la JTP. se alzó el espectro de la acción directa contra su sindica­ to. En los meses siguientes. Masera. La campaña intimidatoria gubernamental pronto se extendió a grupos de los que razonablemente cabía esperar apoyaran a los sin­ dicatos cordobeses contra el gobierno. El 22 de octubre. el ex presidente de SITRAC. constituyendo una alianza que quizá fue más significativa en Córdoba que en el resto del país. A pesar de su comporta­ miento contrito. en general ampliamente fa­ vorable a los Montoneros.73 Los sectores derechistas del peronismo consideraban a Obregón Cano y López como reliquias de los meses camporistas. y cuando el Ministerio de Trabajo comenzó a asumir el control de varias seccionales provinciales de la UTA en las que estaba bien instalada la izquierda peronista.74 La pieza clave en cualquier estrategia para quebrar al movimien­ . dado que el equilibrio de poder entre ambos.sedio de la derecha peronista y del ahora hostil gobierno nacional de Perón. Simó y otros dirigentes ortodoxos se sentían escasamente favorables a una genuina reconciliación con los legalistas. Los Montone­ ros y las Fuerzas Armadas Revolucionarias se unieron para defen­ derse contra una reacción inminente. indudablemente. eran doloro­ sos recordatorios del breve predominio de la izquierda dentro del movimiento y. pero que las circunstan­ cias políticas hacían imposible cualquier medida inmediata sobre la cuestión. con ello. Córdoba fue escenario de una furiosa lucha de poder dentro del peronismo. entre sus alas izquierdista y derechista. obstáculos que había que eliminar. López era una figura sospechosa a los ojos de la mayoría de ellos.72Poco después. Perón había reprendido personalmente al vicegobernador en el congreso del 2 de octubre de los gobiernos provinciales peronistas. que buscaban cualquier pretexto para eliminar al sindicato cordobés. y la UOM restableció su control sin trabas sobre los trabajadores de Fiat.

los clasistas del SMATA se acercaron más a Tosco y el MSC. y los independientes eran una fuente de preocupación para el gobierno.75 Conscientes de su vulnerabilidad y de la hostilidad que el gobier­ no. IKA-Renault le había comunicado en varias oportu­ nidades su disgusto con el sindicato. los cordobeses presentaron un programa anticapitalista y revolucionario. mencionaba el descenso en la pro­ ducción de unos 6. el dirigente de Luz y Fuerza se aproximó lentamente a una alianza con la izquierda marxista. el SMATA cordobés podía poner directamente en riesgo el programa económico guber­ namental a través de una prolongada interrupción del trabajo. Después de la ruptura con López. Como una consecuencia de sus graves problemas laborales. En ese. naturalmente. . realizado el 24 y 25 de noviembre de 1973 en el Chaco. que incluía a representantes del SMATA. El sindi­ cato de los trabajadores mecánicos de Córdoba asomaba como un adversario potencíalmente más peligroso y también era un símbolo fastidioso. donde los clasis­ tas procuraban resistir cualquier campaña en su contra. y en esto recibieron la ayuda de la misma empresa. la empresa afirmaba haber tenido sólo 215 días de trabajo contra 232 de las compañías de Buenos Aires4. al congre­ so del Frente Antiimperialista por el Socialismo. La propia evolución política de Tosco facilitó este acercamiento. El congreso reunió a todos los clasistas y sindicatos revolucionarios del país y. Renault comenzó a reducir sus costos laborales. Era en las plantas automotrices cordobesas.330 E l Cordobazo to obrero cordobés era el SMATA clasista. Rodríguez y la empresa sentían hacia ellos. bajo la dirección de Tosco.76 Los clasistas aceptaron la ayuda de Tosco pero eran conscientes de que su verdadera fuerza siempre había radicado en su reputa­ ción entre los trabajadores de base del SMATA como custodios aler­ tas de los intereses obreros en los puestos de trabajo. que en realidad los asistentes rechazaron en una votación por ser demasiado radicalizado. pero la existencia de una conducción de izquierda en el mayor sindicato industrial de la región era más incómoda.000 automóviles entre octubre de 1972 y julio de 1973. Además del apoyo que podía prestarle Tosco. la única seccional entre todas las correspondientes a los grandes gremios industriales que no estaba en manos peronistas. Tosco encabezó la delega­ ción cordobesa. Tosco seguía siendo la figura dominante del movimiento sindical izquier­ dista. un hecho que hacía aún más difícil competir en igualdad de condicio­ nes en el ajustado mercado automotor y amenazaba la superviven­ cia misma de IKA-Renault. El gobierno también era sensible a la amenaza que representaba el SMATA para los intereses de una poderosa corporación multinacio­ nal extranjera. En lo personal. período. Con el peso del Pacto Social tras de sí.

77 La respuesta de los clasistas a las políticas em­ presariales consistió las más de las veces en huelgas salvajes. A lo largo de noviembre y diciembre.Peronistas y revolucionarios 331 permitiendo que las condiciones de trabajo se deterioraran e incre­ mentando los ritmos de producción.78 De manera más signifi­ cativa. tanto con los proveedores como con la casa matriz. tra­ bajo a desgano y a reglamento y no en paros generales que podían ser provocadores y estaban proscriptos. durante los días que si­ guieron al retiro deí SMATA central de la campaña de afiliación de Fiat. debida a Ía deshidratación y el agotamiento (el tórrido verano cordobés cobró su víctima en las escasamente venti­ ladas plantas de Santa Isabel). Esto demostró ser un grave error de cálculo de la empresa. Rodríguez había evitado críticas públicas que pudieran des­ acreditar al sindicato mecánico en general. Rodríguez y eí SMATA central eran so­ metidos a presiones casi diarias de Perón y el resto del movimiento obrero para que asumieran el control en Córdoba. con Ía esperanza de que ei SMATA central impidiera al sindicato cordobés emprender una ac­ ción huelguística que desacreditaría al gobierno y socavaría su pro­ grama económico. y al borde de ia quiebra financiera. el disgus­ to con la seccional cordobesa siempre se había expresado en térmi­ nos más bien circunspectos. El sindi­ cato atribuía eí mayor número de desmayos cotidianos. la central sindical se había negado a apoyar el paro del 9 de noviem­ bre y había aumentado la campaña de prensa contra Córdoba. deshidratación y vahídos a la reciente insolencia de Renault con su mano de obra y a ía complicidad silenciosa del gobierno y el SMATA central. los delegados clasistas y el comité ejecutivo del sindicato denunciaron el deterioro de las condi­ ciones de trabajo y en especial los cambios en la velocidad de las líneas y en ía asignación de tareas. desencadenó un paro al día siguien­ te. Incluso en el punto más bajo de las relaciones entre Córdoba y Buenos Aires. En el pasado. La muerte de un trabajador el 8 de noviembre. in­ cluyendo acusaciones de mal manejo de los fondos gremiales para los programas de salud y bienestar social. pero para Renault los efec­ tos fueron en gran parte los mismos: menor productividad laboral y ganancias declinantes para una empresa fuertemente endeudada. A causa de ese accionar. Pero el ruidoso repudio . que se producían con mayor fre­ cuencia en numerosos departamentos. por primera vez Rodríguez acusó públicamente a la conduc­ ción cordobesa de actividades subversivas. golpes de calor. Como respuesta. Un mes después Salamanca realizó una conferencia de prensa para denunciar las políticas últimas de ía empresa y presentar un extenso informe sobre el deterioro de las condiciones de trabajo en las plantas desde el principio de la restauración peronista.

El disgusto de Rodríguez se agravaba por la implacable crítica de los clasistas a la “burocracia sindical" y al manejo por parte del propio líder del SMATA de la huelga de General Motors en 1973. las reuniones en los departamentos y especialmente las asambleas abiertas en las fábricas se convirtieron cada vez más en foros para lá discusión política e incluso el adoctrinamiento. Rodríguez acusó a Córdoba de "intentar desacreditar al consejo directivo. los clasistas alentaban ahora abiertamente las discusiones políticas en la base fabril.79 Salamanca y los activistas sindícales clasistas respondieron a éstas y otras filípicas incrementando el trabajo político en las plan­ tas.332 El Cordobazo de los clasistas al Pacto Social y su evidente desinterés por el desti­ no del gobierno peronista se consideraban ahora como una situa­ ción intolerable y como actos de insubordinación directa que apar­ taban aún más al sindicato mecánico de Córdoba del movimiento obrero peronista y lo acercaban demasiado a Tosco y la izquierda. en especial por el hecho de que los trabajadores de GM sólo habían obtenido logros mínimos después de una de las huelgas más largas y ásperas de la historia de la industria automotriz argentina. A pesar de las protestas de comunistas y peronistas. En una declaración pública enviada en diciembre a las seccionales del SMATA. pueda empeñarse en estratagemas revolucionarias junto con el grupo de descontentos que lo alientan” y trató de pintar al clasismo como un ataque personal contra Perón. a fin de que el compañero Sala­ manca. que es antiperonista. mientras él está a favor de la contra­ rrevolución que sirve a los intereses del imperialismo y la depen­ dencia”. Superando las objeciones de los miembros comunistas y de algunos peronistas del comité ejecutivo. Intentaba apelar a la sensibilidad nacionalista de la clase obrera argentina diciendo: ‘Tenemos algunas diferencias políticas con el compañero René Salamanca. Las bases seguían siendo sólidas defensoras del manejo cotidiano que de los asuntos gremiales hacían los clasistas y se opondrían a cual­ . Los delegados y activistas clasistas y la voluminosa literatura partidaria que ingre­ saba a las fábricas del SMATA virtualmente todos los días eran menos circunspectos en sus críticas al peronismo. que es peronista. Nosotros estamos a favor de la revolu­ ción del general Juan Perón. Pero existiendo aún entre los trabajadores un alto grado de entusiasmo en las se­ manas posteriores a la elección de Perón. el socialismo debía proponerse directamente. las condiciones eran es­ casamente propicias para realizar una campaña semejante. con­ vencidos sin duda de que el rumbo derechista del gobierno peronis­ ta era inexorable y que. que en cierta forma había que convencer a los traba­ jadores de que rechazaran el peronismo si querían conseguir el so­ cialismo. por lo tanto.

pero estaban resueltamente en contra de romper con Perón. Luego del intento de asesinato de Salamanca. no dispuesto a seguir ningún curso de acción que implicara la oposición a Perón y una ruptura posible.Peronistas y revolucionarios 333 quier intento de los porteños del SMATA central para interferir on la seccional. aunque el líder de la UTA tenía ocasionales momentos de duda. Ex torristas organizaron el Frente Justicíalísta Sindical de Afiliados de SMATA y comenzaron. En vez de inculcar una perspectiva clasista y fortalecer la posi­ ción del sindicato. Incluso López comprendió que ya no había un terreno in­ termedio. a quienes en la mayoría de los círculos políticos y laborales se creía detrás de los ataques. Un atentado fallido contra la vida de Salamanca el 11 de diciembre y el asesinato del trabajador de IKA-Renault y activista del PCR Arnaldo Rojas ese mismo mes iniciaron una campaña de terror que cobraría docenas de víctimas en Córdoba durante los seis meses siguientes. estuvo de acuerdo en apoyar una huelga general el 14 de diciembre para protestar contra la campaña de terror que se libraba contra la izquierda. Por primera vez en muchos meses. El trabajo político también envalentonó a la derecha peronista y las organizaciones paramilitares que empezaban a actuar en la ciudad. a prepararse para competir con la conducción en las si­ guientes elecciones gremiales. Sólo una CGT unificada sería capaz de resistir el poder combina­ do del gobierno. con apoyo ortodoxo. López y los legalistas marcharon junto con los independientes y los clasistas del SMATA. en el caso de los trabajadores mecánicos. ios caciques gremiales y los escuadrones de la muerte. Opuestos al programa conservador de éste. López. López y los legalistas todavía se aferraban a una consoladora lealtad a Pe­ rón. pero el movimiento obrero cordobés estaba ahora dividido sin esperanzas entre los campos peronista y no peronista. El triunfo de la derecha peronista implicaba que Córdoba pronto iba a sentir todo el peso de un Estado hostil. Pero ahora los sindicatos tenían que luchar con las divisiones de adentro y de afue­ ra que habían acompañado a la presidencia de Perón. y tal vez irre­ . El movimiento sindical radicalizado era todavía un adversario formidable y conser­ vaba el potencial de realizar grandes movilizaciones obreras como las que habían paralizado la ciudad en 1969 y 1971. por su central sindical. hostigados por el gobierno y. el trabajo político sólo sirvió para exacerbar ííks tensiones dentro de las filas del ciastsmoy proporcionar municio­ nes a la oposición peronista. de mayo de 1974. los in­ dependientes y el SMATA eligieron el camino de la confrontación abierta.80 La presencia del vicegobernador en la protesta representó un gesto sentimental y casi nostálgico más que un cambio de lealtad política. Se trataba de un re­ pudio público a los sindicatos ortodoxos.

hasta las rebeliones de las CGT locales. que habían predominado en las ocupaciones fa­ briles durante los meses de Cámpora. En el plano nacional. decidió simplemente obede­ cer al gobierno. Las relaciones de la restauración peronista con los sindicatos eran complejas y funcionaban en múltiples niveles. En muchos aspectos.334 E l Cordobazo. se producirían en otras provincias. . y cada vez más manifies­ ta la incapacidad de las jerarquías sindicales para controlar a los sindicatos disidentes y las movilizaciones de las bases. que se jactaba con confianza juvenil y. La oposición obrera a un retomo liso y llano al statu quo. pero la gran mayoría de las revueltas obreras que ator­ mentarían a los gobiernos de Perón y su viuda. De estas últimas. vocable. en el cual Córdoba desempeñaba un papel central. El congela­ miento salarial del Pacto Social era ahora tan importante en los re­ clamos de la clase obrera como las quejas por las estructuras gre­ miales antidemocráticas y los abusos de autoridad de conduccio­ nes enquistadas. se negaba a levantar campamento ante la mera orden de Perón. pero también por los efectos del Pacto Social. Córdoba siguió siendo el centro del movimiento disidente de los trabajadores. los sueños de revivir las alianzas de las déca­ das de 1940 y 1950 frecuentaron sus restantes ocho meses de vida. pasando por los que englobaban a industrias enteras. la de Córdoba era con mucho la más significativa. El acuerdo de junio de 1973 entre la CGT y la CGÉ había obtenido de los empresarios un conge­ lamiento de precios a cambio de la promesa por parte de los sindi­ catos de no impulsar aumentos salariales. la agitación obrera era avivada por el con­ vulsionado clima político. Aún más espinosas eran las divisiones surgidas en el movimiento obre­ ro. pero ya no sería su único protagonista. Isabel. la clase obrera argentina estaba adquiriendo ideas y experiencias que ya tenían una larga his­ toria en la ciudad. Pero las movilizaciones obreras del período camporista habían arrancado de la patronal una serie de costosas concesiones sobre condiciones laborales y. En cuanto a Perón. desde los desafíos de las bases a los dirigentes enquistados en fábricas determinadas. con el movimiento peronista. incluso bajo un régimen peronis­ ta» se expresaba de muchas maneras. sacudido la confianza del sector empresarial en el acuerdo. En los primeros meses de 1974 las debilidades del programa económico del gobierno ya eran evidentes. en la medida en que las diversas corrientes de la historia reciente del país llega­ ban a su clímax en la clase obrera. en ge­ neral. fastidiosamente. El retorno a las auténticas raíces del peronismo se complicaba por la persistente existencia de una poderosa y envanecida ala izquier­ dista.

A principios de 1974 llegó desde Córdoba el llamamiento a una oposición activa al programa económico del gobierno. y junto con él se estableció un acuerdo que permitía a la industria incrementar los precios en una proporción fijada por el gobierno. pronto cobraron.Peronistas y reuolucionarios 335 Por otra parte. y los activistas tenían ahora otro tema en que basar su campaña antiburocrática. Desde ese momento. y no a la CGT nacional. Esto condujo en primer lugar a una aguda declinación de la producción y luego al florecimiento del mercado negro. Pero los aumentos eran menores a los solicitados por la CGE y condujeron a una vir­ tual retirada del empresariado del Pacto Social. el promedio mensual nacioriál dé huelgas sería el más elevado del total de tres años de gobier­ no peronista y. una ola de incre­ mentos en los precios y una espiral inflacionaria que cobraría pre­ sión a lo largo del resto del año. en busca de inspiración.83En esta segunda gran ola huelguística. el movimiento obrero cordobés siguió siendo el baluarte de la oposición sindical. las huelgas no eran políti­ cas y a decir verdad sus propios organizadores eran por lo común peronistas.82Como era de prever. Entre marzo y junio. una serie de huelgas y movilizaciones de base empujaron a una renuente CGT a una defensa más vivaz de los intereses de la clase obrera. sin embargo. amenazando no sólo el control de los caciques sindicales so­ bre el movimiento obrero organizado sino también su posición re­ cientemente ganada dentro del movimiento peronista y el gobierno. A pesar de que. ya que las empresas podrían justificar la violación del acuerdo sobre precios máximos haciendo alusión a las pérdidas producidas a causa de la elevación de los costos de las importaciones. Encabe­ zada por Miguel y la UOM. los trabajado­ res respondieron. estrictamente hablando. Más que ningún otro sector del movimien­ to obrero organizado del país. En los primeros dos meses de 1974. un aumento de los precios fue un próximo paso inevita­ ble. una significación políti­ ca porque hacían eco a las críticas mismas que los sindicatos de izquierda dirigían contra el gobierno y la jerarquía sindical de la CGT. los militantes obreros desafiaron a la conducción gre­ mial. al aceptar el Pacto Social el empresariado no se ha­ bía atado a ningún compromiso de mantenimiento o aumento de la inversión. a diferencia de las de 1973. dispuesto a y capaz de .85 La inflación ejerció mayores presiones sobre la dirigencia gremial. la causa principal de las mismas fueron las demandas salariales. la dirigencia gremial presionó a Perón en favor de un aumento salarial. Éste fue otorgado. como ío demostraba la repercusión del mercado negro. Los delega­ dos y activistas rebeldes que movilizaron a los trabajadores en las huelgas de esos meses miraban a Córdoba. las con­ cesiones a los trabajadores en los meses del gobierno de Cámpora y una demanda saludable.

Tosco esperaba al menos que algunos de íos legalistas prefirieran alinearse con el MSC antes que con los ortodoxos.aire.84 Con semejante amenaza en el. la izquierda cordobesa. Eí vicegobernador.85 Poco después de que se firmara el acuerdo. sin embargo. en particular la proletaria. se abstuvo de dar un paso tan drástico. Ro­ berto Tapia. consideraba el mantenimiento del gobier­ no como esencial para sus propios intereses. en parte quizá por lealtad hacia sus anti­ guos compañeros pero principalmente. Lo alentaron en esta creencia las cons­ piraciones de la derecha peronista contra el gobierno provincial. seguía oponiéndose a una alianza con los ortodoxos. Eí disenso dentro de su campo. los ortodoxos deman­ daron que López disolviera la CGT y convocara a nuevas elecciones. y ya habían asumido el control de las 62 Organizaciones locales. en especial en la misma UTA. debido a que com­ prendió que éstos eran capaces de paralizar la ciudad a voluntad. Las apuestas ambivalentes y la capitulación de López ante la de­ recha peronista en 1973 habían paralizado a los legalistas a punto tal que eran incapaces de reunir un apoyo suficiente para salvar a su propio gobierno. donde el nuevo secretario general. mientras era expulsado . sin duda. López apartó aún más a los legalistas de sus antiguos aliados y finalmente firmó con los orto­ doxos en enero el acuerdo de unificación que formalizaba la ruptura entre los legalistas y la izquierda. impidió que el acuerdo se implementara en la práctica. Si eí incremento de las presiones por parte de Perón y ía jerarquía gremial había hecho imposible mantener la vieja alianza con López. Tosco interpretó la suerte del gobierno provincial en términos más amplios: cualquier ataque contra Obregón Cano y López tendría como objetivo primor­ dial la ruptura del combativo movimiento obrero cordobés. en parti­ cular negociaban con el gobierno una medida contra la CGT cordo­ besa. solicitando incluso la expulsión del gobierno provincial.336 E l Cordobazo mantener a raya íos ataques de Buenos Aires. y hasta amenazando con huelgas generales en caso de que se desti­ tuyera a Obregón Cano y a López. Era ampliamente sabido que los sindicatos ortodoxos. que proscribirían a la izquierda y devolverían a la central local a las filas del peronismo.. Casi todos los partidos y organi­ zaciones estudiantiles izquierdistas de la ciudad adoptaron esta pos­ tura. En las últimas semanas de enero de 1974. Después de su tardía y renuente participación en la huelga general de diciembre. pudo verse el curioso espectáculo de dirigentes sindicales izquierdistas protegiendo a un gobierno pro­ vincial peronista contra un gobierno nacional del mismo signo. Pero su exis­ tencia misma obstaculizaba el diálogo y la acción coord