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el yesQuero

Ensayos de análisis y crítica política
www.elyesquero.blogspot.com
Nro. 195

Los inamovibles extraditados
Por
Rafael Rincón Patiño*

La extradición es un mecanismo de cooperación judicial
internacional entre Estados mediante el cual uno de ellos entrega a
otro los presuntos autores de un delito para que sean procesados
penalmente. La extradición de nacionales es excepcional y en la
mayoría de los casos es rechazada e impugnada.

En Colombia la extradición de nacionales estuvo prohibida por la
Constitución Política de 1991, pero fue revivida en un tratado con
EE. UU. para casos de narcotráfico en los cuales fueran requeridos
nacionales por la justicia norteamericana y sólo para ser juzgados
por los delitos de narcotráfico. Posteriormente la Ley 906 de 2005
dejo la oferta o concesión de la extradición como una competencia
facultativa del presidente de la República, previo concepto de la
Corte Suprema de Justicia.

Los gobiernos colombianos anteriores a Uribe V. promovieron una
política de extradición en términos excepcionales limitando este
mecanismo de cooperación a quienes no se sometieran a la justicia
colombiana y aplicada a los irreductibles capos del narcotráfico. Fue
un mecanismo excepcional al que se le temía y se le combatía por los
grandes capos que llegaron a expresar su preferencia por una tumba
en Colombia a una cárcel en EE. UU.

En el Gobierno de la seguridad democrática la extradición perdió su
carácter excepcional, debilito su carácter de cooperación judicial, la
facultad discrecional se convirtió en arma política. Cerca de 600
colombianos han sido remitidos a la justicia norteamericana para
que sean procesados por narcotráfico, incluidos opositores políticos
armados que están relacionados con los “impuestos” al tráfico de
drogas.

El Gobierno de Colombia se abstuvo de aplicar esta política a los ex
jefes desmovilizados de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC,
y generó una política criminal blanda con la Ley 975 de 2005, que
fue ajustada por la Corte Constitucional en lo relacionado con los
derechos a la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas del
paramilitarismo.

Los resultados de la no extradición de paramilitares o de su
juzgamiento por la Jurisdicción de Paz fueron nulos en términos de
sentencias condenatorias. Si hubo posibilidad de hallar un número
significativo de fosas comunes, de esclarecer hechos y de obtener
versiones que comprometieron a políticos, militares y empresarios
con el paramilitarismo y con los crímenes de lesa humanidad como
secuestros, homicidios y masacres. Una esperanza mínima surgió.

La política de extradición del Gobierno de Colombia convirtió en
excepcional la justicia colombiana, una suerte de justicia
suplementaria, una justicia arrinconada. Pareciera que el Gobierno
Nacional le diera más importancia al delito de narcotráfico que a las
violaciones a los derechos humanos cometidas por el
paramilitarismo. Pareciera que no importaran los derechos de las
víctimas a la verdad, la justicia y la reparación. Se siente en las
extradiciones un afán del ejecutivo por halagar al Gobierno
norteamericano.

El Gobierno colombiano no dio prioridad al juzgamiento de los ex
comandantes paramilitares ni por la vía de la jurisdicción de Justicia
y Paz y menos por la vía de la Jurisdicción Ordinaria. Ninguna de las
dos jurisdicciones fueron fortalecidas en la medida en que lo exigía el
reto.

La gota que derramó la copa para la extradición de los inamovibles
ex jefes paramilitares está relacionada con el enfrentamiento del
presidente Uribe V. con las altas cortes y el descubrimiento de
nuevos hechos criminales que comprometen a los aliados políticos
del Presidente con las violaciones a los derechos humanos
(Denuncias de Salvatore Mancuso sobre la participación de las
empresas bananeras de Urabá, norte de Antioquia, con el
paramilitarismo).

Los inamovibles del paramilitarismo fueron extraditados no por sus
fechorías emergentes sino por las necesidades de relegitimación del
régimen de Uribe V., la necesidad de una segunda reelección
presidencial, la necesidad de un Tratado de Libre Comercio con
Estados Unidos, para deslegitimar a la justicia colombiana y para
ocultar la verdad. Estos fueron los altos intereses de la patria
determinantes de la súbita extradición en grupo.

La extradición de los inamovibles es el resultado del cálculo político y
no de la urgencia e importancia de la verdad. Pareciera que el
presidente Uribe V. considerara la verdad como enemiga de la paz, a
la justicia como un obstáculo de la seguridad. Como que la verdad
no es conveniente. Para la seguridad democrática solo es conveniente
una pizca de verdad.

Las causas no expresas de la extradición de los inamovibles a EE.
UU. (Reelección, TLC, evadir la justicia colombiana, burlar los
derechos de las víctimas, colisión de poderes, fracaso de la Ley 975
de 2005, proteger a los parapolíticos) pusieron de manifiesto las
prioridades del Gobierno de Uribe V. Primero, la reelección, lo demás
son medios.
¿Por qué el Gobierno de Colombia no le exige resultados a EE. UU.
en el control al consumo de drogas?

Si la política antinarcóticos y la guerra contra el terrorismo es un
problema internacional por qué Colombia sólo se la exige a Ecuador
y Venezuela? ¿Dónde están los resultados del Gobierno Bush? Acaso
la demanda de droga —que oxigena la violencia en Colombia— no es
la que determina la oferta de la misma. Son los consumidores
estadounidenses responsables de la violencia en Colombia.

Los jueces norteamericanos procesaran en sus respectivas cortes a
los ex comandantes paramilitares por los delitos del narcotráfico en
los términos del tratado de extradición. Pero, ¿a sabiendas de la
existencia de crímenes de lesa humanidad y de crímenes de guerra
juzgaran a los extraditados por estos crímenes? ¿Serán garantes de
los derechos de las víctimas?

Parece que no, pero sí lo pueden hacer. Simón Trinidad fue
condenado a 60 años de prisión por conspirar para secuestrar a tres
norteamericanos y no sólo por el delito de narcotráfico.

La justicia norteamericana es muy distinta de la española o de la
justicia belga en donde sí se ha presentado el juzgamiento de
extranjeros por crímenes de guerra cometidos en otros países. La
justicia norteamericana no se ha globalizado y sólo actúa si están
comprometidos sus nacionales.
La seguridad democrática debe sus resultados de menos homicidios
a la “desmovilización” de los jefes paramilitares, la extradición de
ellos significa la ruptura con ellos, desconocerlos como artífices de la
política de seguridad democrática. El presidente quiere poner a
prueba su 84% de aceptación, quiere demostrarle al país que será
reelecto sin las palancas anteriores.

La segunda reelección será para probar los resultados del método
torcido de alianzas oscuras para luchar contra el crimen organizado.
Si se mantienen los resultados quedará blanqueado el modelo que
emergió de la Constitución de Paramillo, y si no se conserva,
Colombia tendrá que cambiar los papeles y no certificar a los EE.
UU. por los altos consumos de droga.

La neutralización de los inamovibles del paramilitarismo produjo la
reducción de los homicidios en Colombia, éxito proclamado de la
seguridad democrática; la extradición de ellos no acabará con el
paramilitarismo, ni con la guerrilla ni tampoco acabará con el
narcotráfico si el mercado norteamericano continúa impavido.

* Director de la Oficina háBeas Corpus

Medellín, 14 de mayo de 2008