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CIENCIA Y ARTE DEL PAYASO.

La perspectiva proletaria

0. Antes de la masacre

En abril de este mismo año, 2002, se reunirán en Oviedo los ministros de economía de la
Unión Europea, en el marco de la presidencia de turno del Estado español de esta banda de
ladrones y asesinos.
Como "lógica consecuencia", vista la escasa capacidad mental de los protagonistas y la moda
antiglobal propagada desde los grandes medios de propaganda del capital, la izquierda y
extrema izquierda (lo que genéricamente podemos llamar socialdemocracia, término creemos
mucho más preciso) se entregarán
frenéticamente a una serie calculada de ritos y ceremonias, con el fin de conjurar el fantasma
que ellos mismos han creado. La finalidad real e histórica de esta farsa espectacular la
veremos más adelante.
Lo que sigue, en forma esquemática, es un somero análisis de la realidad que se va a
presentar en Asturias dentro de un mes, por su puesto extrapolable en su mayor parte a otras
regiones del planeta y en concreto de Iberia; como todo análisis y como todo esquema, lo que
aquí se presenta no es la realidad misma, sino una descripción subjetiva, desde el punto de
vista del proletariado revolucionario, de esa misma realidad. Realidad sujeta a enormes
variaciones, tensiones, fuerzas y contrafuerzas capaces de desviar la aparente inmovilidad
hacia situaciones de enorme potencialidad histórica. Este papel, una bala más de la guerra de
la teoría revolucionaria contra la ideología burguesa, de la guerra de clases en definitiva,
quiere ser un factor más de ruptura definitiva con la paz social, las medias tintas, el
victimismo y la llantina, para avanzar hacia la destrucción total del sistema capitalista.

I. El enemigo ficticio
Desde hace un tiempo, y en particular desde los disturbios de Seattle, los medios de
"comunicación" capitalistas se esfuerzan en presentarnos un enemigo de acuerdo con sus
necesidades: la globalización. Entre las delirantes líneas de los antiglobalistas tratando de
definir ese supuesto enemigo que la televisión
tuvo a bien ofrecerles, no hay una sola palabra de realidad. Unos hablan de "la
mundialización de los mercados", otros de "la globalización neoliberal" y así hasta no parar.
No hay espacio en estas páginas para volver a demostrar, cien años después, como la
"mundialización de los mercados" (esto es, como el capitalismo tiene necesidad de
constituirse en sistema mundial) tuvo lugar efectivamente a finales del siglo XIX, ni para
explicar lo evidente: de "neoliberalismo", nada de
nada. Tampoco tenemos espacio para explicar que "la tiranía de los mercados sobre los
'ciudadanos'" es una constante de la historia del capital, aunque si tenemos tiempo y ganas de
denunciar esta sarta de sandeces.
Sencillamente: la globalización es un invento, inexistente pero en modo alguno inútil ni
innecesario para la perpetuación del capitalismo como sistema. Lo que encierra la lucha
"antiglobalización" no es más que la eterna lucha de diferentes facciones del
capital; en primer lugar, para asegurar un relevo capitalista a un modelo capitalista que en un
momento dado puede dejar de funcionar: garantizar la explotación como sistema, aunque
haya que sacrificar para
ello a parte de los explotadores, es de lo que se trata. ¿qué otra cosa significa que "otro
mundo es posible" sino que "otro capitalismo es posible"? Y en segundo lugar, para que
aquellos que aparentan ponerse al frente de la "lucha" -cuando la lucha real se desarrolla al
margen y contra ellos -puedan cumplir efectivamente su misión: frenar, desviar y dividir,
canalizar las luchas, desarmar políticamente a los
revoltosos, dirigirlos hacia objetivos ficticios, desposeerlos de historia, teoría, objetivos y
métodos, facilitar su masacre ulterior, allanar el camino a la represión militar y, llegado el
caso, ejercerla en primera persona.
Si por algo se caracteriza el "movimiento" antiglobal es por su carencia de fronteras y de
límites, lo que algunos ideólogos llaman "diversidad". En ese eclecticismo sin mesura se
juntan en esa movida cristianos, sindicalistas, ecologistas, troskistas, anarquistas, ideólogos,
socialdemócratas, indigenistas, catedráticos, patriotas, pacifistas, saltimbanquis, payasos,
periodistas, artistas, alcaldes, ministros,
guerrilleristas, miembros de todas las oenegés que en el mundo han sido, políticos de todos
los colores y un suma y sigue inabarcable. Los objetivos de la lucha son indiferentes, se
pueden escoger en una estantería, con tal de que sea en nuestra estantería, que es, además,
cada vez más grande. Si los objetivos no importan, los métodos todavía menos: quien quiera,
puede acudir a una marcha pacífica en la que al
final se simulará un bonito enfrentamiento con la policía; si lo prefiere, puede apuntarse a una
intentona teatral de traspasar una barrera, con la inestimable colaboración de las fuerzas de
orden público; o, mejor aún, acudir a una violenta manifestación en la que se romperán
escaparates y habrá ondonaes de ostias.
Cada cual, ataviado con el color que pinte, y, en pro de la diversidad, que se divierta donde
más le guste, por los objetivos que mejor le parezcan. Lo mismo da ocho que ochenta. Tras
esta farsa se esconde una tragedia: las marionetas son de carne y hueso, las balas, las porras,
los botes de humo, comisarías y cárceles, son bien reales. La farsa ha de desarrollarse hasta el
final para tener credibilidad. Luego, siempre habrá tiempo de denunciar a los violentos, a los
provocadores, a los infiltrados. Siempre habrá tiempo de desmarcarse, de "aislar a los
violentos".
Pero ahí donde todo es "diversidad" y falta de criterio, el movimiento antiglobal encuentra su
piedra angular en la delegación: muerto el proletariado, en una sociedad "globalizada", somos
los "ciudadanos" (y dentro de los "ciudadanos", los activistas) los que podemos hacer algo
para cambiar las cosas. El tal movimiento es un movimiento de delegados y activistas, de
representantes.

II. El famoso movimiento


A un enemigo que no existe o que en el mejor de los casos existe desde hace décadas sin que
ningún gurú antiglobal se dignara entonces a oponerle resistencia, sólo puede oponérsele un
movimiento irreal, desfigurado y virtual. Ya hemos expuesto el maravilloso y diverso cajón
de sastre en el que se amalgaman sin criterio todos los subproductos de la izquierda. Esta
chistosa parada es la que quiere oponerse a tan
temible enemigo. El miedo a llamar a las cosas por su nombre -es decir, el miedo a hablar
claro de capital, de Estado, de trabajo asalariado, mercancía, alineación...-conduce
irremediablemente a la incapacidad para combatir; la supuesta lucha se convierte, pese a la
mejor de las intenciones, en banderín de enganche de la contrarrevolución. La revolución
impotente nutre la contrarrevolución. Un movimiento que de vez en vez se dice
anticapitalista, pero tiene pavor a hablar claro de quién y cómo puede oponerse al
capitalismo, no puede ser sino un movimiento de desarme de los que están objetiva e
históricamente interesados en destruir efectivamente el capitalismo: los proletarios. En esta
guerra sorda que se libra entre la ideología y la consciencia, tal movimiento sólo puede ser un
batallón más del ejército de la ideología: es decir, del capital, de la alienación. Eso, si
hablamos tan sólo de los bienintencionados. A su derecha, se sitúa toda un conglomerado de
grupos y organizaciones abiertamente reaccionarios, que logran pasar sus proclamas por el
capitalismo bajo el manto multicolor del antiglobalismo. Hablamos de sectas como attac,
tutte bienche, etc. Con propuestas abiertamente reaccionarias, camufladas en la amalgama de
la antiglobalización, tratan de enrolar a los descontentos en el partido del Estado. Tratan de
difundir entre los proletarios del norte un sentimiento de culpa, por vivir en la opulencia y el
despilfarro, y los llaman a luchar por la "justicia norte-sur" (como si en el sur no hubiera
burgueses viviendo realmente en la más obscena opulencia; como si los explotados del sur
fueran idiotas incapaces de luchar por sí mismos), contra el desmantelamiento del "Estado
social", contra el poder de las transnacionales frente a los ciudadanos, etc. etc. Estos
imbéciles, que se están ganando a pulso su puesto en el aparato represivo del Estado "social",
sueñan con un capitalismo sin excesos, regulado y armonioso, en que las contradicciones
sociales se hayan reducido al máximo, en que no se pueda expresar ya el proyecto y la lucha
revolucionaria. Estos imbéciles son un batallón intacto de la represión capitalista, al que los
proletarios hemos de atacar si queremos avanzar efectivamente en la destrucción del sistema
entero.

En Asturias, a las características generales del "movimiento" se suman ciertas


particularidades locales: el enorme poder de los sindicatos (UGT, CCOO, y los izquierdistas
de la CSI), las sectas de extrema izquierda que no salieron tan maltrechas de la caída de su
bloque imperialista en 1989 como en otras partes (baste decir que el PCPE, Liberación, e
incluso el Sindicato de Estudiantes, ¡Existen!!), la reducida presencia del anarquismo. Esto da
una fisonomía particular al llamado "movimiento", que aquí toma el nombre pedante de
MAGA (movimiento antiglobalización d'Asturies), que en definitiva no hace sino aclarar más
las cosas. Donde en otros lugares todo es confusión y barullo, con organizaciones que nadie
sabe qué son ni qué pretenden, en Asturias son los mismos perros de siempre, las mismas
mafias sindicales, los mismos partidos y partidillos, que sin cortarse un cacho corren a
fabricar un movimiento que no existe para aprovechar un ambiente "que no recordaban desde
lo de la OTAN" (es decir, desde el
último tinglado gordo que lograron crear para llevarse a la gente de calle). Esta configuración
de la movida asturiana no puede sino facilitar las cosas a los revolucionarios, acelerar el
rechazo de los explotados hacia este tinglado y en definitiva lanzar a este "movimiento" a la
búsqueda de otra excusa
para seguir existiendo.
No faltan quienes, apreciando las debilidades y contradicciones del "movimiento" en el que
se insertan, brindan a las "movilizaciones" un apoyo crítico: en definitiva se trata de la
extrema izquierda de la izquierdita, con escasa inclinación hacia el pensamiento, la
clarificación y la asunción de consecuencias prácticas de los análisis que son incapaces de
desarrollar y con una enorme predisposición a convertirse
en un mero apéndice combativo, totalmente acrítico, de la izquierda del capital.
Asuntos como las "amenazas" de la mafia sindical SOMA, artífice directo del
desmantelamiento de la minería asturiana, de "boicotear" la reunión del ecofin, no hacen sino
añadir patetismo, ridículo y vergüenza al antiglobalismo astur, que sin duda verá con buenos
ojos tales "ayudas" del fuera brazo armado del Estado en las minas.

III. Estrategias de mierda, tácticas de mierda


Un "movimiento" que no sabe lo que quiere ni como conseguirlo, es pronto dirigido por su
derecha, que siempre tiene claro como contribuir a mejorar el capital y así perpetuarlo.
El primer paso de la estrategia, sembrar confusión y alimentar la idiocia generalizada, ya está
conseguido con la mera existencia de tal movimiento.
El segundo escalón, conseguir resonancia pública y hacer efectiva la confusión y el desarme,
se consiguió en buena medida tras los primeros grandes disturbios: tras seattle, Praga, Davos,
Génova, etc. Si bien a base de insistencia las manifestaciones pacíficas tal vez hubieran
tenido resonancia mediática, ha sido a través de más o menos masivos destrozos y
enfrentamientos que el antiglobalismo militante ha
encontrado auditorio. La violencia ha sido promovida, como tantas veces, por los proletarios
salvajes de las ciudades. A ellos se han sumado, claro, ciertos sectores de la extrema
izquierda del capital, de modo que es difícil decir hasta
qué punto la violencia ha sido desarrollada por proletarios salvajes que han logrado romper,
siquiera momentáneamente, el encuadramiento de partidos y sindicatos o como complemento
de la estrategia ultraizquierdista de rogatorias y pacifismo.
El caso es que, una vez abierta la puerta a la crítica radical, teórica y práctica, de la sociedad
existente, va a ser difícil para la izquierda del sistema volver a encerrar a los salvajes en los
estrechos cauces de sus pretensiones humildes y sus democráticos modos de conseguirlos.
Pero no es suficiente con romper, en el
sentido literal; se hace necesario reformular el proyecto revolucionario, su estrategia, sus
enemigos: conocer el campo de batalla, nuestras fuerzas y las fuerzas de defensa de la
sociedad de clases. En ese contexto, romper puede volver a cobrar todo su significado, como
parte de una guerra social que nada tiene que ver con la "antiglobalización", con la izquierda,
con la democracia. Es preciso entender de qué modo el antiglobalismo constituye una última
defensa del Estado democrático (los "derechos de ciudadanía", la falsa dicotomía "mercado
vs democracia", etc.), para romper con toda ideología que una a los explotados con la
sociedad que se ven obligados a combatir; y de este modo romper, también con la violencia
de clase, con los representantes de carne y hueso de la ideología. El enfrentamiento con el
Capital es inseparable del enfrentamiento con sus defensores, se vistan del color
que se vistan. Generalmente, el que ocupa el terreno el primero y espera al enemigo tiene la
posición más fuerte; el que llega más tarde y se precipita al combate está ya debilitado. (Sun
Tzu, "El Arte de la Guerra")
Pero la democracia antiglobal no sólo defiende al Estado con las palabras, con las "teorías"
peregrinas
que difunde, sino también con las estrategias de "protesta" a las que trata de arrastrar a los
explotados. La más utilizada es la de el cóctel de protesta pacífica y manifestación violenta,
con la finalidad de impedir la celebración de tal o cual cumbre. Es decir: se convoca a todos
los convocables a acudir a x ciudad, en x
fechas, para hacer cualquier cosa; esto significa acudir a ciudades absolutamente tomadas
militarmente por el enemigo, ya sea con el fin de pasearse en vía crucis, ya con el de
representar teatralmente la invasión del territorio enemigo situado tras una barrera, ya con el
de pasearse en masa por la ciudad rompiendo los símbolos odiados del capital y el Estado. Si
bien la tercera de las posibilidades pudiera
entrar dentro de la lógica revolucionaria en otro contexto, las tres conducen al sometimiento o
enfrentamiento a un poder militar mucho más fuerte, cohesionado, que sabe lo que defiende y
cómo conseguirlo: conducen a la derrota (aunque se voceen ilusorias victorias como impedir
la continuidad de tal o cual evento) y a la difusión del mito de la invencibilidad del Estado.
Situándose en un escenario donde todos los parámetros han sido definidos previamente por el
enemigo, todo lo más que se puede hacer es aguantar el chaparrón y representar lo más
dignamente posible el propio papel. En definitiva, las energía revolucionarias se debilitan, se
pliegan a su papel de protesta impotente, la lucha revolucionaria se torna inútil ante lo
inevitable de la derrota.
En Abril, no se sabe con qué excusa táctica, los antiglobales organizados convocan a su
potencial público
a: no sé cuantas marchas desde diferentes concejos hacia Oviedo, con el fin de:
a) desmoralizar a los cuatro gatos que acudan, cuando comprueben lo pardillos que son
andando sin ton ni son mientras otros van en tren o en coche.
b) facilitar los filtros policiales a la ciudad, con el simple procedimiento de controlar a los
asistentes a las marchas.
c) agotar a quienes tengan la poca astucia de andar a lo bobo para, en caso de refriega con las
fuerzas del orden, facilitar su captura y apalizamiento.
Como complemento de tan original protesta, heredera legítima de las ridículas "marchas
contra el paro y la pobreza" que en los 90 consiguieron liar a unos cuantos cientos de
ultraizquierdistas, la antiglobalización asturiana convoca a: foro alternativo, en la alternativa
sede de la universidad; circo y maratón creativa (con malabares, payasos, cuélebres de papel,
etc.) que viene a demostrar las pretensiones transformadoras de esta peña.

IV. El contexto de la guerra de clases


Pudiera parecer que las protestas que acompañan últimamente a los fastos propagandísticos
de los poderosos son la versión actual de la lucha de clases, en un tiempo en que, muerto el
proletariado, el militante y el activista son los sujetos del cambio.
Sin embargo, el proletariado no ha muerto, la lucha de clases vuelve a cobrar fuerza tras un
periodo de calma, y el espectáculo de las cumbres y anticumbres sólo forma parte de la lucha
de clases en la medida en que los proletarios se enfrentan simultáneamente al Capital-Estado,
a sus defensores de izquierda y al
espectáculo mismo.
Que el proletariado sigue existiendo es algo que sólo se puede negar ideológicamente, como
parte de la estrategia de afirmación de la sociedad de clases. Quien no ve proletarios sino
inmigrantes, jóvenes, trabajadores precarios, presos, asturianos, etc. muestra claramente su
concepción del mundo y su nula
capacidad para transformarlo en sentido revolucionario.
La lucha de clases vuelve. En realidad, nunca se fue. La guerra social no es un continuo
ascendente, sino que entre periodos álgidos de enfrentamiento entre clases se intercalan
periodos más o menos largos de
paz social. Cuando la paz social se rompe, parece que existió siempre; si el enfrentamiento se
extiende y se profundiza, vuelven a la mente de todos los recuerdos de esta guerra inacabada.
Tan sólo en el último año la lucha de clases (reconocible como tal pese a los esfuerzos de la
propaganda burguesa) se ha desarrollado con más o menos fuerza en Argelia, Argentina,
Ecuador, Bolivia, Jordania. Pequeñas revueltas han sacudido también al "primer mundo",
como en Inglaterra las luchas antipoliciales
vendidas con la etiqueta de "disturbios raciales". Pese a que la conciencia de clase, la
conciencia de combatir a un mismo enemigo y por los mismos intereses, falta en la mayor
parte de los casos, esto no muestra más que el reinicio confuso, dubitativo, cargado de
debilidades, del movimiento mundial por la destrucción de la sociedad de clases. Muestra,
además, la necesidad que el proletariado tiene de luchar, más allá de las ilusiones burguesas y
los métodos alienantes de la "lucha" espectacular: la acción directa se extiende y se afirma.
El rebrote de la lucha de clases viene de la necesidad. A la par que el capitalismo se hunde en
su crisis histórica, a la par que la miseria y la barbarie se extienden, los condenados por la
comunidad del dinero han de rebelarse, para cambiar el curso histórico, para cambiar su vida.
La perspectiva es la extensión y profundización de la guerra social, que en breve tocará de
lleno el corazón de la bestia: EEUU, Europa, Japón...La consciencia revolucionaria se
extenderá y profundizará conforme la guerra de clases se haga más y más innegable,
alimentando a su vez el movimiento práctico.
La única respuesta del Capital-Estado es: más miseria, más guerra, más represión. Las
necesidades capitalistas no pueden sino alimentar la necesidad proletaria de destruir el
capitalismo. En este contexto, la lucha proletaria contra el circo de cumbres y anticumbres no
es más que un prólogo de lo que se avecina, a la vez que las tentativas izquierdistas de
canalización de esta lucha hacia objetivos
plenamente integrados en el proyecto capitalista y con métodos impotentes son intentos por
evitar lo inevitable, por aplazarlo al menos.
Que en abril los proletarios salvajes puedan disponer de fuerza, organización, decisión, para
romper con el espectáculo y afirmar su programa de destrucción radical de lo existente o que
por el contrario se mantengan a la expectativa no cambia sustancialmente la cosa. Se tratará
de otra ocasión perdida para
sacar a la calle la rabia y la perspectiva proletaria de ruptura total con el orden social basado
en la explotación; y sin embargo, esa rabia y esa perspectiva avanzan, se dibujan cada vez
más nítidamente en el horizonte histórico. La cuestión es sencilla: contribuir con nuestra
acción al avance mundial de la rabia proletaria o seguir esperando.

V. Propuestas para la acción


La única perspectiva que puede guiar la acción del proletariado revolucionario, de los
anticapitalistas consecuentes, es la ruptura. La ruptura con la ideología capitalista se presente
como se presente; en consecuencia, la ruptura con la socialdemocracia, el reformismo, los
apéndices de izquierda y extrema
izquierda del Estado burgués, la ruptura con el espectáculo de cumbres
burguesas,anticumbres "alternativas", desfiles carnavalescos y refriegas callejeras sin
horizonte. Esta ruptura puede tener lugar con las palabras, y afortunadamente son cada vez
más los papeles que expresan esta ruptura; pero puede tener lugar, sobre todo, con la acción.
Cómo tenga lugar esta depende en buena medida de las fuerzas que puedan reunir quienes se
decantan por romper: depende en buena medida de la organización. Con fuerzas debilitadas y
dispersas, la acción difusa de pequeños grupos que actúan en cualquier parte no es sólo una
posibilidad, sino una realidad efectiva que se realiza no sólo frente a estos tinglados, sino
frente a cada uno de los aspectos de la sociedad. No desdeñemos, por tanto, una práctica
existente de negación de la sociedad capitalista, sino que, por el contrario, debe ser
impulsada: desde el momento que, en cualquier parte, esta acción es reproducible y
practicable por cualquier proletario, desde el momento en que esta acción es directa, no
necesita del envío frenético de delgados a las ciudades en que se les antoje a
los poderosos, y dice bien a las claras :el capitalismo está en todas partes, algo que parecen
querer olvidar y hacer olvidar los antiglobales que, en su delirio, piensan que en las cumbres
se decide algo, más allá de las leyes ciegas de la economía mercantil y de las necesidades de
los Estados. Esta acción es un campo de batalla de los explotados, pero tiene sus límites, y en
ningún caso es el único campo de batalla. Por sus propias características, es minoritaria, se
esconde fácilmente, se presenta sin programa, sin perspectiva, sin objetivos y es fácilmente
asimilable -aunque las diferencias sean notorias y claras -con lo que la burguesía llama
"terrorismo"; fácilmente aislable, encuentra su continuidad natural en la acción de masas, en
la violencia de masas. Allí donde no quede otra opción, donde los proletarios revolucionarios
sean pocos o estén dispersos, donde sea imposible llegar a acuerdos de mínimos (el acuerdo
mínimo: lucha por la revolución social, ruptura con la socialdemocracia), acción minoritaria,
clara, consciente, difusa, reproducible.
Y en los centros provisionales, donde los poderosos se reúnen y provocan el asco y la
indignación de miles de explotados? Donde los izquierdistas y demás apéndices
espectaculares del Estado convocan sus procesiones, sus circos, sus foros de propaganda de
otro capitalismo posible?? ¿Qué hacer entonces? En estos lugares y en esas fechas es posible
reunir en torno a consignas claras, si no grandísimas masas, sí un número suficiente de
compañeros para denunciar, también con la acción, con la ilegalidad más flagrante, al
capitalismo en su conjunto. ¿consignas claras? ¡El capitalismo no se reforma: se destruye! ¡El
reformismo no se elude, se combate! Claro que para eso es preciso organizarse. Y sin
embargo, no se trata de construir la enésima organización permanente, que tras formarse y
cumplir su función inmediata pasaría en el acto a formar parte de las
organizaciones políticas del capital, de su extrema izquierda, incluso de su ala "violenta" y
"radical". No: organización es organización de las tareas, de las tareas que la lucha
revolucionaria y el momento impongan. Y el momento va a imponer, está imponiendo ya, la
necesidad de denunciar, abiertamente, en la calle, el papel de la izquierda del capital, de todos
los ATTACC, MAGA, MRGs, de todos los partidos, sindicatos, oenegés, de todas las
organizaciones grandes y pequeñas que forman eso que llaman "movimiento
antiglobalización". La necesidad de ruptura impone la necesidad de organizarse para
concretar en la práctica, en la calle, esa
ruptura. Las formas que tome dependerán de los niveles de comprensión alcanzados, de los
niveles de organización que seamos capaces de conquistar, de la fuerza destructiva que
seamos capaces de reunir y catalizar, del desarrollo mismo de la lucha de clases. Lucha de
clases que no es ni puede ser algo que se desarrolle sin nosotros y a pesar de lo que hagamos
y dejemos de hacer, sino que, muy al contrario, somos nosotros, lo que hagamos y también,
lo que dejemos de hacer. Por eso nosotros, proletarios de carne y hueso, podemos y debemos
hacernos conscientes del reto que tenemos delante y afrontarlo, organizarnos
allá donde estemos para llevar a cabo la tarea destructiva que la historia necesita, que
nosotros necesitamos. Nuestro movimiento de destrucción, en las ciudades del norte, forma
parte del movimiento mundial por la
destrucción del capital. No estamos aquí para salvar a nadie, sino para luchar junto a los
explotados del sur en revuelta. Su lucha y la nuestra son la misma: luchamos como
explotados, no como militantes salvadores de nadie, contra un sistema mundial que sólo
puede ser derribado mediante la violencia revolucionaria del proletariado, a nivel mundial.

POR LA ABOLICIÓN DEL TRABAJO Y LA MERCANCÍA


POR LA DESTRUCCIÓN DE LA COMUNIDAD DEL DINERO
POR LA DESTRUCCIÓN DEL ESTADO
EL CAPITALISMO NO SE REFORMA: SE DESTRUYE
EL REFORMISMO NO SE ELUDE: SE COMBATE.

Marzo de 2002.
Xixón.
Regla principal: no actuar en masa. Conducid vuestra acción entre tres o cuatro como
máximo. El número de los pequeños grupos debe ser lo más grande posible y cada uno de
ellos tiene que aprender a a tacar y a desaparecer velozmente. La policía intenta aplastar una
masa de un millar de personas con un solo grupo de cosacos. Es más fácil vencer un centenar
de hombres que a uno solo, especialmente si este ataca por sorpresa y desaparece
misteriosamente. La policía y el ejército quedarán sin poder si Moscú está cubierta por estos
pequeños destacamentos inaccesibles.
(aviso a los insurgentes, Moscú, 1905).

Todo el arte de la guerra está basado en el engaño; por esto, cuando seas capaz finge
la incapacidad; activo, la pasividad. Próximo, haz creer que estás lejos; alejado, que
estás cerca. Ofrece un señuelo al enemigo para hacerle caer en una trampa; simula el
desorden y sorpréndelo. Ponle en aprietos y acósale, si está unido divídele; atácale
donde no esté preparado, haz una salida por donde no se lo espere. La certeza de
tomar lo que atacas significa atacar un punto que el enemigo no protege.
El enemigo debe ignorar dónde me propongo librar la batalla, porque, si lo ignora,
deberá estar preparado en muchos puntos diferentes. Y si se mantiene preparado en
muchos puntos, serán pocos numerosos los efectivos que yo pueda encontrar en
cualquiera de ellos.
(Sun Tzu, El Arte de la Guerra).
La verdadera lucha revolucionaria insurreccional no se puede basar en ir a donde nos están
esperando para darnos palo, no puede consistir en ir a enfrentarse a un enemigo mucho más
preparado, potente y que además nos está esperando. La burguesía y los jefes represivos nos
envían para enfrentarnos a la tropa mercenaria mejor preparada, y la utilizan de escudo
mientras se quedan muy bien preservados detrás ¡¿qué más pueden desear que el hecho de
que nuestra fuerza se reviente contra su escudo protector y que ellos queden intactos?!
Más aún, las leyes de la insurrección se basan en todo lo contrario; en la concentración de
fuerzas proletarias contra un enemigo que no espera el ataque; elegir el lugar y el momento
en función de nuestros objetivos y atacar donde y cuando menos nos esperan; eludir el
combate militar cuando el enemigo es superior; hacer creer una fecha y golpear antes, cuando
todavía no esperan, o después, cuando están cansados de esperar; evitar la resistencia en
puntos fijos, utilizar la dispersión de fuerzas frente a un enemigo que avanza y la
concentración sólo para el ataque ahí donde nadie espera; atacar los centros de
acuartelamiento y preparación de la represión antes que dicho acuartelamiento tenga lugar;
golpear a los capitalistas, los gobernantes y los jefes de la represión en sus propias casas;
impedirles dirigir las terroristas operaciones represivas sea arrestándolos, sea rodeándolos o
cortándoles las vías de acceso para la dirección
de las tropas. Más aún, el interés de la insurrección no es enfrentar y destruir policías en
general (¡aunque por supuesto sea implacable con todo agente de orden
consecuente!) sino destruir la coherencia de cuerpo de la represión; por el contrario,
enfrentarse contra la fuerza que la burguesía pine de escudo, favorece ese espíritu de cuerpo .
Contra las cumbres y anticumbres. Comunismo nº 47, Grupo Comunista
Internacionalista.