A.· L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.

Or.·. de Tucumán, N.O. de la Argentina día duodécimo del noveno mes M.·. del año seis mil y siete de la v.·. l.·. V.·. M.·. de la R.·. L.·. Deméter n° 432, QQ.·. HH.·. todos: La amapola, el emblema de ∆ηµήτηρ según el autor Robert Graves, “crece roja como la sangre entre la cebada”. No está claro si éste emblema se empleaba para los Misterios eleusinos, que se celebraban en nombre de la Diosa, pero se sabe que en torno a su hija raptada por [H]ades (a-idéin: in-visible), aparece el símbolo de la granada, roja también como la Logia en el grado de Aprendiz, de la que ella comió siete granos y por lo cual jamás pudo regresar a la tierra de los vivos. Seguramente se preguntarán también que una vez que los masones se convierten a tal condición por la Iniciación, jamás regresan al mundo profano como antes. Pero lo interesante de esta leyenda, y en lo que respecta a la madre de la agricultura y las estaciones del año sobre la tierra –analogía muy adecuada para nuestra pachamama regional folclórica–, es que más allá de todo simbolismo mítico-filosófico, su propio nombre –cuya inicial es el Delta– para autores como Magíster representa (o significa) una puerta (como en Daleth del alfabeto hebráico). Este triángulo ( ∆ ) símil al formato del testamento iniciático que rubricamos con nuestra firma durante nuestra estadía en el cuarto de reflexiones, nos permite el paso de una vida profana a una iniciática tras la muerte simbólica y el juramento de “sangre” por el que defendemos a la Masonería. Imagino que no es mi tema algo tan original en la búsqueda del conocimiento de los Misterios, pero en el Ars Structoria, la edificación del templo interior ejercita esa misma introspección con el pasaje a la conciencia eterna y en contacto con el G.·. A.·. D.·. U.·., cuyo ojo en el Delta todo lo ve. Ahora bien, ¿nosotros qué vemos? Para ser aspirante a los misterios eleusinos se pedía como requisito carecer de “culpas de sangre”, y en la Masonería, se espera que el candidato sea honesto y de buenas costumbres. Las similitudes son sin lugar a dudas curiosamente causales, y la garantía de que ello se cumpla, está en la misma transmutación del hombre común por el Iniciado en los Misterios. La mirada de nuestra conciencia es la que nos mantiene expectantes y promotores del bien común dando el ejemplo y por si mismo, a cambio de nada, salvo quizás el perfeccionamiento del Templo Salomónico que albergamos en nuestro íntimo ser, al que arribamos a través del Sagrado Triángulo, y cuyo resultado no es particular, sino colectivo y además sinérgico por causa de la ancestral cadena de unión. Marco ALbornoz, Ap.·. M.·.
PS. Encabezo

la presente plancha grabada con un membrete basado en el dibujo artístico del weblog de la Log.·. pero con algunas modificaciones en las imágenes de las columnas corintias y el Delta rojo carmesí de la amapola emblemática de la antigüedad. T.·. A.·. F.·.

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