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A. V. G. S.

LA EDUCACIÓN EN EL ECUADOR

A través del tiempo en nuestro país se han producido importantes modificaciones políticas, económicas
y sociales que han provocado, entre otras cosas, transformaciones en el sistema educativo. Basta dar una
mirada a la historia para evidenciar como la inestabilidad política ha marcado nuestro país desde 1830,
cuando se separó de la Gran Colombia y se constituyó como república independiente.

Desde entonces pocos son los gobiernos que le han prestado atención a la educación, así pues, no fue sino
hasta el gobierno de García Moreno (1861-1865) cuando se impulsó por primera vez la alfabetización, se
instauró como obligatoria la enseñanza primaria y se modernizaron los planes de estudio de las
instituciones educativas, se creó la Escuela Politécnica Nacional y se trajo congregaciones religiosas
como los Jesuitas, los Hermanos Cristianos y las Hermanas de los Sagrados Corazones para dirigir los
centros educativos. Se creó además la Biblioteca Nacional y el Conservatorio Nacional de Música.

Gobiernos posteriores se caracterizaron más bien por la corrupción y la falta de inversión en obras
públicas, son un ejemplo: Ignacio de Veintimilla (1878-1882) que disminuyó el presupuesto para la
educación y la salud, Antonio Flores Jijón (1888-1892) que intentó impulsar la educación pública y la
cultura pero su proyecto no prosperó por falta de apoyo de la iglesia católica.

Casi treinta años después, en el gobierno del general Eloy Alfaro (1897 – 1901, 1907 - 1911), cobra
nuevamente importancia la educación y se produce una revolución del sistema cuando se permite a la
mujer acceder a la educación, se crea el Instituto Nacional Mejía, el Colegio Militar de Quito, el Normal
Manuela Cañizares y el Colegio Juan Montalvo. Se impulsa la educación pública, laica, gratuita y
obligatoria, a pesar de la oposición de la Iglesia. A partir de ese entonces muy pocos o casi nulos son los
avances en el tema educativo, apenas podemos citar a Velazco Ibarra (1952 – 1956) quien priorizó la
construcción de centros educativos, Rodrigo Borja (1988 – 1992) quien promocionó el desayuno escolar
como incentivo para mejorar el aprendizaje de los niños en escuelas marginales.

Resulta hasta cierto punto penoso decir que la inestabilidad política, tan propia de nuestro país, la falta de
interés de los gobiernos de turno por la educación y la falta de compromiso social, ha lesionado
seriamente el sistema educativo, el cual a través de la historia, no ha hecho otra cosa que responder
únicamente a los intereses de las tendencias políticas de cada época.

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En la actualidad, el Gobierno Nacional liderado por Rafael Correa, vuelve a tomar en cuenta a la
educación después de más de 100 años de abandono. Sin embargo el paso inexorable del tiempo, la falta
de políticas que regulen al sistema, el crecimiento de la matrícula estudiantil, el aumento de profesores
poco capacitados para ejercer la docencia, la multiplicación y diferenciación de las instituciones
educativas, el desconocimiento de los niveles de calidad de instituciones y programas educativos, y la
globalización, ponen en riesgo al nuevo proyecto educativo tornándolo en una misión muy compleja y de
difícil cumplimiento.

En el año 2009, la emisión del Mandato 14, por parte de la Asamblea Nacional, da inicio a un proceso de
evaluación de la situación académica y legal de las Instituciones de Educación Superior en el país. En este
proyecto intervienen los organismos de regulación y control CONEA y CONESUP, responsables directos
de la calidad y pertinencia de la educación ecuatoriana en la época actual. Sin embargo la premura del
tiempo les obliga a implementar los procesos de evaluación sobre modelos improvisados y confusos, los
cuales no arrojaron resultados claros sobre la medición de la calidad del sistema educativo, aportando
únicamente con una visión macro del problema.

Lamentablemente, la información necesaria para estudiar la evolución, el estado actual y las perspectivas
de la educación superior en el país no es fácil de conseguir ya que el sistema carece de sistemas de
recopilación, análisis y almacenamiento de los datos relacionados con el tema, lo mismo ocurre en las
instituciones educativas, por esta razón la información que manejan los organismos de control es
incompleta, está desactualizada, no se funda sobre indicadores bien definidos y estandarizados, no resulta
comparable y en general no es confiable.

Para todos es poco más que evidente como la educación universitaria en el Ecuador se ha transformado
en los últimos 15 años, la proliferación de centros educativos, no acompañada por la instrumentación de
mecanismos de acreditación y regulación, ha hecho que se desconozca la capacidad académica y la
pertinencia social de la mayoría de estas instituciones. El crecimiento de la matrícula estudiantil, la cual
ha traído como consecuencia la incorporación de docentes poco o nada preparados para ejercer la labor
educativa, a puesto en alto riesgo la calidad del proceso enseñanza – aprendizaje. Así mismo la
diversidad de las instituciones de educación superior la cual incluye tipos de entidades, tales como:
Institutos de Estudios Superiores, Institutos Tecnológicos, Escuelas Politécnicas, Centros Técnico-

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Profesionales, Academias Especializadas, entre otros, pone en evidencia la heterogeneidad de las


variables de pertinencia, calidad y equidad que deben caracterizar a un sistema educativo.

Sumado a todo lo anterior podemos considerar la oferta indiscriminada de carreras y títulos cuyo objetivo
principal es la captación masiva de alumnos por parte de las instituciones ofertantes.

Con todo lo expuesto en los párrafos anteriores es fácil deducir la lamentable situación por la que
atraviesa la educación superior en el Ecuador, sin embargo soplan vientos de cambio impulsados por el
pensamiento político del gobierno de turno, el cual por varias ocasiones ha manifestado su afán de
transformar la educación ecuatoriana en la mejor de América Latina de tal manera que se constituya base
fundamental para el crecimiento y desarrollo del país.

CONCLUSIONES

En este mundo globalizado se está haciendo evidente una creciente valorización del conocimiento, así
como la convicción de que la capacidad de las personas para crear, apropiarse y adaptar nuevas
tecnologías se ha convertido en elemento estratégico para incrementar la competitividad de un país y
mejorar sus posibilidades de inserción en la economía mundial.

El gobierno ecuatoriano al fin ha comenzado a percibir a la educación como el motor principal para el
desarrollo del país, sin embargo es importante que las universidades también tomen conciencia de que la
transformación educativa debe empezar desde su propio seno, con un fuerte compromiso de
responsabilidad social y rendición de cuentas a la comunidad.

En su mayoría los profesores universitarios no han podido acceder a las facilidades necesarias para
adquirir la formación académica requerida por ese nivel educativo y tienen una baja dedicación horaria a
las tareas de la docencia, investigación y vinculación con la comunidad. Esto es consecuencia, por una
parte, de la baja remuneración de la función docente, y por otra, de la carencia de políticas de estímulo a
la formación y dedicación por parte de los gobiernos y las instituciones educativas.

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La relación entre los dos actores principales de la educación superior: las universidades y los gobiernos,
ha variado de manera sustancial a través de la historia, sin embargo hoy más que nunca se necesita
establecer un nuevo diálogo para lograr una estrategia consensuada que pueda hacer realidad las
transformaciones necesarias para el bien del país.

El éxito y la sostenibilidad del proceso de transformación educativa propuesto por el gobierno nacional
solo será posible si se logra la relación sinérgica de los diferentes actores sociales, en el marco de una
conducción del cambio sobre una cultura de desarrollo, sustentada en el diálogo constructivo entre las
partes involucradas, dejando de lado la confrontación y la defensa de los intereses grupales que tanto daño
han causado al sistema educativo ecuatoriano.

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