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La higiene de las pasiones

GABRIELA RODRÍGUEZ R.
V
iene el 14 de febrero; hablemos del sexo y del amor. ¿Cuántas de las ideas sobre
el sexo tienen sus raíces en el mensaje católico? ¿Cuántas en los primeros
discursos científicos?
Explicaba Karol Wojtyla en la Teología del cuerpo que el Génesis (Gn 1:26-28) nos
enseña que “el matrimonio es la imagen de las relaciones de Cristo con su iglesia,
la idea de matrimonio como sacrificio de Cristo en la cruz, amando a la iglesia
hasta la muerte… en la cual el esposo y la esposa aceptan crucificar su carne con
sus pasiones y sus concupiscencias”… Un sacrificio que se hace para cumplir el
gran mandato “sed fecundos y multiplicaos…” De ahí que la resurrección de Cristo
significa una nueva sumisión del cuerpo al espíritu y el matrimonio eleva el
significado del amor. Esa entrega al madero nupcial es una renuncia hecha por
amor y la continencia es una oportunidad de renunciar al placer. El hoy beato Juan
Pablo II también retoma del Nuevo Testamento la idea del divorcio como
equivalente al adulterio: quien repudia a su mujer y se case con otra comete
adulterio (textual de Mateo y Marcos: Mt 19:3-9; ver también Mc 10:1-2).
Habrá que reconocer que esa renuncia al placer y la imagen del matrimonio como
símbolo de crucifixión ha transcendido el mensaje religioso. El discurso de los
médicos que fue sustituyendo el lenguaje clerical de la sexualidad desde la mitad
del siglo XIX cobra un significado fundacional, porque inaugura un abordaje
racional y científico, que desde entonces se pretendió imponer a las parejas.
A riesgo de simplificar un texto histórico riguroso, refiero aquí algunos fragmentos
del excelente trabajo realizado por Fernanda Núñez Becerra que nos adentra en la
literatura decimonónica de los médicos higienistas, quienes se enfocaron en
ayudar a las parejas para que vivieran en feliz armonía (Los secretos para un feliz
matrimonio, Coloquio Internacional de Historia de las mujeres y de Género en
México, Lake City, 2005). “El doctor Esteller –nos refiere la autora– no se cansa de
repetirlo; la misión de la mujer es propagar lícitamente en unión con el hombre la
especie humana y ser una compañera, su dulce mitad, sin olvidar jamás que su
puesto es el segundo, así como es el puesto que ocupa en la Creación”. Aunque el
matrimonio sigue siendo para estos científicos un sacramento divino, algunos
abogan por el derecho al divorcio para aquellas desgraciadas parejas que no
habían logrado una verdadera y sólida unión. “Antes del matrimonio –explica el
doctor Monlau– tenemos a un hombre y a una mujer, al primero, fuerte por la
inteligencia y a la segunda, poderosa por la sensibilidad. Después del matrimonio

mujeres violadas. el de las mujeres. ¿Hasta dónde hemos superado la moral tradicional? ¿Cuántas de las ideas sobre la sexualidad se perpetúan en la cultura? . El mayor deseo en los hombres y la negación del deseo en las mujeres se reproduce en estudios científicos actuales que prueban esa menor dimensión en experimentos que reproducen condiciones en laboratorio. necesario y muy peligrosa su contención. puede llegar hasta el extremo. es imperioso. El rechazo al sexo sin fines reproductivos es una regulación que. Debay. muy rara en el joven sano. porque en ella está más desarrollado el temperamento linfático.el ser humano resume en su unidad todas las potencias que se hallaban separadas en cada mitad de sí mismo. La indiferencia para los placeres del amor. como lo vemos en la forma de definir el instinto genésico. es siempre pasivo. “Para las mujeres. basada en la diferente naturaleza de cada sexo. sigue siendo un principio que podría explicar la actual discriminación –de casi la mitad de la población mexicana– hacia madres solteras. niñas y adolescentes obligadas a ser madres. es apuntalar su esencia en una maternidad siempre renovada… un temor de que ellas dejen de querer ser lo que ellos dicen que ellas deben ser. En el fondo está el miedo a la emancipación de las mujeres. aunque se contradice en la práctica. tiene menos ardor y menos fogosidad y esto se halla en todas las hembras…”. que el trabajo fuera de casa es una aberración”. como si la sexualidad fuera una ciencia natural. era la coronación de la vida femenina. que es interno. está como dormido. mujeres que abortan y personas no heterosexuales. afirma categóricamente el doctor A. en cambio. Todos los días hay notas sobre mujeres violadas. Por eso insisten en que ellas son puro sentimiento. la inteligencia se encuentra embellecida por la sensibilidad y la sensibilidad fecundada por la inteligencia”. Una heterosexualidad determinante y una drástica distinción de los géneros. como llamaban al deseo: “El de los hombres. su meta. la maternidad proporcionaba su pasaporte para una existencia real. que no se les da la razón. Los higienistas coinciden en que la felicidad del matrimonio eran los hijos. su fin…” Fernanda Núñez interpreta un miedo latente que percibió en la literatura decimonónica: ella encuentra que “las razones por la que los médicos insisten tanto en inscribir la anatomía femenina en la dichosa naturaleza. es muy común en la mujer. agresiones a homosexuales. que es físicamente visible.