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Deliciosa novela de espionaje
ambientada en los años 30.
Anterior a la segunda guerra
mundial, al estereotipo de James
Bond y a los artilugios electrónicos.
Cuando el espionaje era un duelo
entre caballeros. Con el sabor y la
elegancia de la época. Escrita por
uno de los maestros de la narrativa.
Secretos internacionales y pasiones
secretas están en juego en una
guerra de ingenios explosivos entre
una agente de espionaje hermosa
pero siniestra y el héroe más

singular que jamás ha usado una
capa o cargado un puñal. Detrás de
su indiferencia displicente. Debajo
de su afectado hastío, había una
astucia
insospechada
que
le
permitiría burlar a… «Mystery».

Fielding Hope

Guerra de espias
ePub r1.0
elagarde 06.02.14

Título original: Marie Arnaud, spy
Fielding Hope, 1934
Traducción: J. Tovar
Retoque de portada: elagarde
Editor digital: elagarde
ePub base r1.0

Capítulo I
—ERES UN VERDADERO ASNO.
—Sí, tío.
—Y no sólo eso; eres un perfecto
idiota, un cabeza hueca, un mentecato
afeminado.
—Sí, tío.
—Eres atolondrado, ocioso, inútil.
Puedes gastar dinero sin provecho
alguno más rápido que cualquiera otra
persona, real o imaginaria. Conoces
probablemente a todas las coristas de la
ciudad. Te vistes como maniquí, sin
originalidad alguna.
»Eres de lo más moderado en todo

lo que haces: fumas poco, dices pocas
palabrotas, bebes poco; hasta las
mujeres con que te he visto son pocas.
Bueno; después de esta descripción,
¿qué piensas de ti mismo?
Hartley sonrió con amabilidad.
—Que soy digno sobrino de mi tío.
El comandante Witham lanzó un
bufido.
—Justamente la clase de respuesta
tonta que esperaba de ti. Dime, ¿hay
alguien en todo el mundo que no sepa la
clase de bicho que eres?
—Si acaso lo hay —repuso el
sobrino, alzándose de hombros—, no
tardaría en darse cuenta. Baje la voz,

tío, el ruido es ensordecedor.
—¡No me importa! Quiero que todo
el mundo sepa lo que pienso de ti. No
me harás callar tú, mocoso insolente. El
caso es que toda la gente que te conoce
o ha oído hablar de ti piensa que eres un
reverendo imbécil; ¿estás de acuerdo, o
no?
—Lo que usted dice es la pura
verdad, aunque expuesta en forma poco
diplomática.
—En ese caso —el comandante
Witham bajó de pronto la voz—, eres
exactamente el hombre que necesito.
Tengo una misión para ti.
Hartley Witham miró a su tío con

sonriente extrañeza. El repentino cambio
de actitud le hizo abandonar su plácida
condescendencia.
—¡Qué diablos…! —empezó, pero
no pudo decir nada más, porque, tras
breve pausa, el comandante volvió a
hablar.
—Escúchame, Hartley. Escúchame
unos momentos. No me interrumpas. Tú
y yo tenemos la misma sangre en las
venas. Venimos de los mismos
antepasados; tus abuelos fueron mis
padres.
»Tu
madre,
pobrecita,
era
demasiado buena para vivir en este
mundo. Era un ángel, llena de pureza e

inocencia. Murió al darte a luz. Tú, por
mala suerte, heredaste algo de su
dulzura; y lo que en una mujer es la más
maravillosa de las características, en un
hombre es debilidad.
»Tu padre, con el corazón
destrozado, se dedicó en cuerpo y alma
a ganar dinero: aquí intervino de nuevo
tu mala suerte. Durante los diez años
siguientes, amasó una fortuna; luego,
murió sin tener oportunidad de gastarla;
y como buen tonto, te la dejó para que
hicieras con ella lo que desearas. No es
de extrañarse que hayas salido como
saliste: tu madre te heredó dulzura; tu
padre, dinero. Dos buenos ingredientes

que dieron como resultado un tipo sin
oficio ni beneficio.
—Tío…
—Te dije que no me interrumpieras.
Déjame terminar. Te he dicho muchas
verdades dolorosas, pero ahora voy a
revelarte un pequeño secreto mío.
»He esperado… He dejado que
hicieras cuanto se te vino en gana, pero
ahora tienes que cambiar.
El comandante Witham hizo una
pausa para encender un enorme puro.
Hartley lo observó alelado, tratando de
poner en orden sus pensamientos. ¿Qué
había pasado con el tío escandaloso y
regañón que conocía desde sus primeros

años? Se había ido; había desaparecido
como la flama de una cerilla.
Era difícil reconciliar al antiguo
comandante Witham con el hombre
alerta en que se había transformado. Su
voz era completamente distinta: baja y
sibilante. Sus ojos eran astutos y
brillantes; su porte erguido y marcial.
Hartley se dio cuenta de que el
comandante había vuelto a tomar la
palabra.
—Quizá yo tenga en parte la culpa
de que tengas la reputación que tienes.
En vez de intentar cambiarla, he echado
leña al fuego. ¿Te preguntas acaso por
qué lo hice? La verdad, no lo sé bien;

fue por instinto, creo. Sentí que llegaría
la ocasión de aprovechar tus defectos.
»Al notar en tu adolescencia el
camino que deseabas tomar, te dejé
seguir por él; sólo me preocupé por qué
no
descuidaras
demasiado
tus
estudios… Todo eso pertenece al
pasado. Volvamos al presente.
»Tú no sabes a qué me dedico,
¿verdad, Hartley? ¡Ahí, veo que te
sorprendes! Tenías la impresión de que
era un ocioso como tú, ¿verdad?
Siempre pensaste que no hacía nada. Te
equivocabas.
»Cuando me retiré del ejército, no lo
hice con la intención de dormirme en

hechas . Nada de eso. —Es la verdad. jefe del Servicio Secreto!». Hartley. el cual desempeño hoy día. Hartley se dio cuenta de que su tío hablaba en serio. un chiste pesado. Hartley: soy el jefe del «Servicio Secreto Británico». El rostro de Hartley expresó sus pensamientos y el comandante negó con la cabeza. «¡Tío Jim. imposible. No. Todas sus ideas anteriores caían por tierra.mis laureles. y sintió una rara inquietud. Hubo un dramático silencio. Poco a poco. Escucha. era una broma. Me retiré porque me ofrecieron un importante puesto.

¿No es cierto? Me alegro que pensaras eso. »Tú estuviste en la guerra de 1914. —No me extraña que no quieras creerme —rio el comandante Witham—. bueno en el fondo. pero un poco…. Durante muchos años he llevado una vida de engaño. pero el testo de Europa es un . Hasta ahora has creído que yo no era más que un señor gritón. habría paz eterna. «la guerra para acabar con las guerras». todo el tiempo he estado actuando. es lo que yo quería que creyeras.pedazos. ¡Bah! Qué tontería. ya sabes. bueno. Dios sabe que si de los ingleses dependiera.

Aceptando con tristeza este hecho. »Las autoridades sufrieron una desagradable sorpresa. el gobierno británico creyó que la paz estaba realmente asegurada. por el momento. tuvieron que mantener en funciones su servicio de espionaje. Cuando el armisticio se firmó. un hermoso sueño. no importa cuál. Desde ese día. y hoy más que nunca. . un espía desembarcó en nuestras costas. supieron que la paz permanente no es sino una quimera. Lo mandaba una de nuestras naciones aliadas.hervidero de intrigas. y yo tuve el honor de ser nombrado su jefe secreto. Pocos días después.

si llega a haber otra guerra. a pesar de lo . la mayoría se preocupan de la aviación. Es el departamento en que más progresos se esperan. »En los viejos días (antes de la primera guerra mundial). »Por supuesto.»Voy a hacerte una confidencia: hay más espías ahora que antes de la guerra. Nuestros agentes trabajan en todos los países extranjeros. nosotros estamos al día. Como es natural. la nación con menos espías será la que más sufra. de modo que espías de todas las naciones zumban alrededor de nuestros aeropuertos como moscas rondando la miel.

»Ha aprendido la lección: los actuales espías alemanes son infinitamente astutos. No los culpo. así de mal funcionaban sus espías. Yo en lo personal creo (y no soy el único) que hasta el último momento Alemania pensó que Inglaterra se mantendría al margen de la contienda. Italia. sólo trato de . de todas las potencias que participaron en la guerra. Francia. quizá. Rusia…. todo el mundo tiene espías aquí.que se dice. el más débil. Alemania tenía un sistema de espionaje muy deficiente. No es exagerado decir que esta desventaja contribuyó grandemente a su derrota.

Hartley. —¡Una mujer! —exclamó el atónito . pero ya voy llegando al grano. hay un espía que sobresale por encima de todos. y más aún. Sin embargo.contrarrestarlos lo mejor posible. excepto para los espías atrapados. pero debes comprender que este espionaje no se limita a las tres fuerzas en discordia. Y ese espía es una mujer. Es una amistosa competencia de ingenios. »Perdona esta larga explicación. Dije que hoy día hay más espías que nunca. el comercio interior y exterior. sino que abarca los secretos diplomáticos. y de pagarles en la misma moneda.

Hartley. —No te sorprendas tanto. el nombre es completamente adecuado. mejor dicho. no trabaja para ningún país en especial. hay un dato extraño y extraordinario. Pero continuemos. o. ya sé. »Haciendo a un lado los muchos misterios que la rodean. »¡Mystery! Parece un melodrama policiaco. el sobrenombre. de «Mystery».Hartley. como pronto verás. Cada día hay más elementos femeninos en las labores de espionaje. pero. «Mystery». hasta donde he podido averiguar. Nosotros le hemos dado a esa mujer el nombre. .

En otras palabras. Hartley: un agente secreto independiente! »¿Quién es. Para nosotros (y no hablo sólo de la Oficina de Asuntos Extranjeros. trabaja en forma independiente.sino para cualquiera. sino también de nuestro propio servicio secreto) sigue siendo tan misteriosa como el primer día que se cruzó en . en pocas palabras. cuántos años tiene. qué es. ¡Qué te parece. quizá para el que le paga mejor. por qué le hemos puesto «Mystery». cuál es su nacionalidad? Todas estas preguntas deben responderse antes de que podamos poner coto a sus actividades. He aquí.

pero en este caso. y es dudoso que una banda de dos. por otra parte. —No lo sabemos a ciencia cierta. hubo un brillante . —¿Cómo saben que se trata de una mujer? —interrumpió Hartley. nunca ha dejado el menor rastro. tres o cuatro personas pueda ocultar tan bien sus huellas. Por regla general. los espías no trabajan en equipo. algunos de sus planes han sido tan maravillosos que parece increíble que ella sola los haya llevado a cabo. »Ignoramos si trabaja sola o si tiene secuaces. »Pero.nuestro camino. Hace algún tiempo. pero tenemos razones para suponerlo.

Estuvo experimentando durante años.golpe de espionaje conectado con un nuevo gas venenoso. Nuestros hombres fueron al pueblo con varios expertos. y un día recibimos una carta donde nos notificaba haber descubierto un nuevo gas. Acusamos al inventor de traición . realizaron las pruebas de rigor y decidieron que valía la pena comprar la fórmula. »Estábamos a punto de hacerlo cuando nuestros agentes en París. El inventor vivía en un pequeño pueblecito del condado de Kent. Bruselas y Berlín reportaron que los tres gobiernos estaban realizando experimentos con el mismo gas.

El comandante calló y se alzó de . »Lo vigilamos día y noche. hasta que uno de nuestros agentes lo oyó hablar dormido. insistiendo en que alguien le había robado la fórmula. »Para probar su buena fe. y por algunas palabras sueltas dedujo que el inventor había tenido una aventura sin importancia con cierta mujer.múltiple. pero él negó tenazmente todos los cargos. pero rehusó contestar una sola pregunta. pero sin ningún resultado. y que sospechaba de ella como la ladrona. regaló la fórmula al gobierno y no quiso aceptar un solo centavo.

¿no es así? El comandante Witham meneó la cabeza. pero estamos convencidos de que en algún lugar de Europa hay una mujer que tiene en jaque no sólo a nuestro gobierno. No . —Esas son. Hartley frunció el ceño. —Sí. sino a muchos más. todas las pistas que tenemos.hombros. pero supongo que debe haber más razones para sospechar que esa mujer. tuvo que ver en posteriores acontecimientos de índole semejante. —No hay evidencia concreta a este respecto. prácticamente. la tal «Mystery».

Los franceses tienen a siete de sus mejores agentes en pos de ella. fugaz como el mercurio. »Nuestros hombres se han esforzado al máximo por descubrir una pista. evasiva como una anguila. Se desliza de un lado a otro como sombra intangible. el comandante Witham . De pronto.hay secreto que no sea capaz de averiguar. No creas que somos los únicos en perseguirla. pero sin el menor éxito. y vende los secretos vitales de una nación a las naciones vecinas. que nadie puede apresar. «Mystery» es una incógnita completa. y los espías alemanes la buscan sin cesar.

»Desde hace unos meses. hay pláticas entre Inglaterra y los Estados Unidos. tío —repuso Hartley con tono impaciente.calló. el tratado más maravilloso de la historia mundial: una alianza ofensiva y defensiva entre ambas . Pronto lo verás. —¿No te has aburrido de escuchar? —Prosiga. —Supongo que tendrás curiosidad por saber adónde va todo esto. creo sinceramente. Había un extraño brillo en su mirada. El comandante sonrió en forma sombría. cuyo objeto es.

porque entre los Estados Unidos y el Imperio Británico controlaríamos todo el dinero del mundo.potencias. y además. las naciones de habla inglesa serían una especie de policía mundial. »¡Las naciones de habla inglesa. y su fallo sería apoyado. Imagínate nada más. en caso necesario. tendríamos preponderancia naval. No habría más guerras. por fuerzas armadas que apoyaran a la nación atacada. Si tal alianza llega a celebrarse. aliadas en pro de la paz mundial! Podrían ser jueces imparciales en cualquier querella internacional. Hartley. .

indudablemente. pero. se han previsto todas las posibles dificultades. Lo que me interesa más es que fuentes de confianza nos informan que «Mystery» sabe lo de . Cuando dos amigos tienen una diferencia.»¿Qué país en sus cinco sentidos se lanzaría a pelear contra los Estados Unidos y el Imperio Británico sin contar a la nación que originalmente agredió? —¿Y si los Estados Unidos y el Imperio llegan a pelear entre sí? — Hartley no pudo reprimir la pregunta. —Sería muy difícil que eso ocurriera. »Pero esto no viene al caso. la arreglan pacíficamente. No sé nada del tratado propuesto.

La fuerza de nuestro ejército. y por lo que sabemos de ella. ”Por razones que no es necesario enumerar. »Son papeles de vital importancia. nuestras reservas monetarias. de nuestra marina y nuestra aviación. no sería difícil impedir tal cosa. la próxima conversación sobre la alianza tendrá lugar en París. «Mystery» no tardará en hallarlo. »Bajo circunstancias normales.la alianza y se dispone a obtener copias de todos los documentos relativos a ella. y hay que enviar allí ciertos papeles antes del miércoles entrante. pero desafortunadamente hay un eslabón débil. las opiniones de .

el futuro de su patria.nuestras colonias. ¿Y si su instinto le fallaba? ¿Hacía bien en confiar en Hartley? ¿Era . El comandante Witham miró tensamente a su sobrino. »Y ahora te aclararé todo: tú. Hubo un silencio absoluto. nuestro programa de armamento. Hartley. eres el hombre que he escogido para que lleve esos documentos a París. roto sólo por el grave sonido del reloj que estaba sobre la chimenea. Sin estos datos nuestros representantes no pueden realizar pláticas. su carrera. En un desesperado azar había apostado su reputación.

Mientras tanto. nadie conocía con más claridad la reputación de que gozaba. Sabía muy bien lo que sus amigos pensaban de él: que era un buen tipo. desde la guerra. . Nadie mejor que él sabía que. su vida había sido completamente ociosa e inútil. sus nervios vibraban y su corazón palpitaba con ansiedad. Hartley meditaba acerca de lo que acababa de oír. o se pondría nervioso y lo traicionaría? El momento era grave y decisivo.éste un hombre de verdad. La boca del comandante Witham estaba seca y salada. o sólo el tonto que aparentaba ser? ¿Sabría guardar el secreto.

Le gustaba su vida ociosa. No podía tomarles a mal esta opinión. ¿Por qué. o de los emisarios reales? —Porque tengo miedo de «Mystery». Es capaz de conocer a todos mis agentes. tío? ¿Por qué no manda a uno de sus agentes. Los de Scotland Yard . o a alguien de Scotland Yard. su tío lo escogía para tan delicada misión? No pudo hallar respuesta alguna a esta pregunta. entonces. ya que nunca les había dado motivo para pensar de otra manera. y la formuló en voz alta: —¿Por qué me escogió a mí. vegetaba saludable y feliz.pero asustadizo y perezoso.

cualquiera puede reconocerlos a tres calles de distancia. de aspecto inocente. Necesito un mensajero refinado. ¿no sospecharía . ¿Quién puede merecerme más confianza que mi propio sobrino? —¿Por qué no va usted en persona. que al mismo tiempo de la impresión de que nadie sería capaz de encomendarle documentos de tan vital importancia.tampoco servirían. —Pero ese alguien. »Necesito una persona de confianza. tío? —Por si alguien sospecha que pertenezco al Servicio Secreto. A los emisarios reales los conoce también todo el mundo.

como usted mismo ha dicho. —No se disculpe. y en su risa había un timbre de amargura. Ya veo. —Lo siento.también de su sobrino? El comandante bajó la vista. pero ¿quién en el mundo entero podría sospechar de…. La verdad no peca. Hartley. Soy un idiota tan perfecto. de ti? Hartley rio. —Perdona mi franqueza. Hartley. pero… Hartley levantó la mano. —Ya veo —dijo—. pero… . tío. que ni el espía más listo del universo sería capaz de creer que se me han confiado esos papeles.

. Faltaba ver hasta dónde llegaban sus capacidades. El comandante Witham se sintió seguro de que su sobrino haría lo mejor que pudiera. Un firme apretón de manos selló el pacto. —¿Qué quiere usted decir? —Si yo creyera todo lo que se dice de ti.—¡No es la verdad! Hartley alzó la vista. ¿te confiaría un secreto tan importante? El hecho de que lo haga debería demostrarte la fe que tengo en ti. El joven no necesitó responder. Hartley? Hazlo por mí. ¿Aceptas la misión.

HARTLEY WITHAM era el mismo de siempre cuando.Capítulo II APARENTEMENTE. Desde el momento en que su tío hizo la dramática revelación. Pero la realidad era muy otra. La mente de Hartley no acababa aún de reponerse del impacto sufrido el día anterior. sonriendo placenteramente a sus muchas amistades y respondiendo los saludos de los muchos funcionarios que lo reconocían. caminaba con indolencia por la calle Bond. . como nunca en su vida. Hartley había estado pensando frenéticamente. la tarde siguiente.

lo hubiera agitado como un salero para luego dejarlo de nuevo. De algún modo que ni él mismo se explicaba. patriotismo y satisfacción. Como tenía mucho dinero y nada de que ocuparse.Sentía como si una mano gigantesca. aunque su emoción predominante era…. se dejó arrastrar por . en el invierno. a excepción del criquet. al terminar la guerra. el rugby. era… No podía expresarla con palabras. hacia una existencia despreocupada. el polo y. alzándolo. Aún se hallaba estremecido por la experiencia. se había deslizado. pero era una mezcla de orgullo.

su mente fue ablandándose. Se convirtió en un producto típico de la civilización mecanizada. pero estaba demasiado satisfecho. pero siempre lo había considerado un viejo seco e irascible. Sólo hasta ahora su tío lo había sacado del cómodo pantano. algo aburrido y totalmente anticuado. En forma insidiosa. ¡Buen Dios! ¡Pensar que el . su único pariente. pensar seriamente. ¡El tío Jim! Hartley sonreía al pensar en el comandante. Era. le costaba trabajo concentrarse. prácticamente. No dejó de darse cuenta de esta sutil degeneración.la marea. era demasiado perezoso para librarse de ella.

que adivinaba sus cualidades.comandante había engañado a todo el mundo con tanta habilidad! Qué espléndido actor era. Hartley sintió un tibio afecto. De modo que había una persona que creía en él. haría hasta lo imposible por merecer la confianza de su tío. por probar su valer. Hartley estaría eternamente agradecido por todo aquello. hacía a un lado su disfraz de idiota despreocupado y descubría su verdadera y recia personalidad. Mezclado entre estos pensamientos. Al pensar en el comandante. y además. que se repetían una y otra vez en círculo .

¿Acaso no había sido elegido como emisario por la razón de que nadie en absoluto sospecharía de él? Seguramente el comandante Witham suponía que podría llegar a la capital francesa sin ninguna molestia. Más. Hartley se reía de ellas.vicioso. surgía un problema que lo desconcertaba: el de cómo llevar los papeles a París. el . a pesar de estas garantías. ¿Sería su ingenio superior al de «Mystery»? ¿Tenía suficiente inteligencia para contrarrestar los planes que ella y su banda podían usar contra él? Cada vez que estas ideas acudían.

abrigaba la esperanza de tener ocasión de probar su ingenio contra el de «Mystery». —En perfectas condiciones. muchacho? —saludó afablemente el comandante Witham. . visitó a su tío para recibir las últimas instrucciones. El lunes siguiente. en lo más íntimo de su corazón. ¿cómo te sientes. si acaso él. una hora antes de partir de la estación Victoria. —Y bien. y ansioso de emprender el viaje.problema continuaba hostigándolo. tío. y terminó por preguntarse si el motivo de ello no sería un deseo profundo.

tocó algún resorte oculto y el fondo falso se levantó. Bueno. No. he aquí la valija. Sin embargo. El comandante Witham sacó éstos del bolsillo de su Saco. tiene tres cerraduras.—Ya sé que no necesito preguntarte si conoces a París. Como ves. ¿verdad? Eso pensé. ya Hartley . poniendo al descubierto un pequeño hueco. apenas lo suficientemente grande para contener los papeles. —Hartley sonrió—. volteó a buscar las llaves. cuando las halló. por fuera y por dentro. los guardó y cerró la cavidad. Así diciendo. Luego. Mira. tiene doble fondo. pero parece un simple maletín.

Terminada tal operación. te dejarán pasar sin ninguna dificultad. Cuando cierre yo la valija. No te preocupes por la aduana. la abrirá y sacará los papeles. no podrás abrirla hasta que la entregues a la embajada. podrás irte a . —No necesito mencionar que las cerraduras y las llaves de esta valija son especiales. Sir Henry.estaba empacando cuidadosamente su ropa. el tío tomó la valija. pues la valija lleva contraseña diplomática. la otra el embajador inglés. el embajador. Eso será todo. Una la tengo yo. Existen únicamente dos llaves.

tu hotel con la satisfacción de haber servido bien a tu patria. —Ya lo sé. «Mystery» ni siquiera imagina la verdad. —Puede usted confiar en mí. Pero no te preocupes. La plataforma donde esperaba el tren . muchacho —respondió el otro con ojos brillantes—. tío — dijo. La estación Victoria estaba repleta de vacacionistas ansiosos de disfrutar las últimas semanas de sol. extendiendo la mano. y recuerda. ten cuidado con «Mystery». muchacho. Rio. te deseo la mejor de las suertes…. Bueno. y Hartley le hizo eco.

En años remotos. Desde su niñez. Tal sitio era una estación llena de gente. su sangre parecía estremecerse de gozo ante las muchas sensaciones proporcionadas por una estación de ferrocarril. donde sus pasos cobraban inesperada elasticidad y su rostro se veía más alerta.continental era un centro de animada actividad. mirando cómo el blanco . más vivo. siempre había un sitio donde los ojos de Hartley brillaban con una luz ansiosa y resplandeciente. recordaba Hartley. Se sentía feliz escuchando cómo las locomotoras jalaban entre resoplidos su pesada carga.

vapor se mezclaba. y depositando su saco y su abrigo en un asiento al fondo del pullman. con el humo negro pardusco. y todos los rostros sonreían. con las últimas novelas y hermosas reediciones de los clásicos. resplandecientes de felicidad anticipada. Había estantes repletos de libros. junto con la preciosa valija. como siempre. el panorama lo llenó de placer. bajo los techos de vidrio sucios de hollín. . descendió de nuevo a la plataforma y paseó de un lado a otro. Había una larga fila ante la ventanilla de boletos. Esta vez.

Vio una apresurada figura que le pareció vagamente familiar. —Querido Hartley.vigilando de reojo su equipaje. —¡Hartley! —chilló Dilly—. sigues igual que siempre —murmuró Dilly—. ¿Vas en este tren? Él asintió y se apresuró a preguntar: . reconoció a Dilly Carruthers. ¿Pe dónde sales? —Estaba escondido bajo la plataforma —sonrió él. y al acercarse. —¡Hola. con su padre. Dilly! Hacía casi un año que no se veían. pues ella se había ido a vivir al campo.

ven a que te presente. —Dilly. o era francesa. aparentando tristeza—. —Marie. . graciosamente. tan impulsiva como de costumbre. Dilly me ha contado mucho de usted. Mademoiselle Marie Arnaud…. jaló la manga de su amiga—. Vine a despedir a una amiga… Ah. o mucho se equivocaba. el señor Hartley Witham. allí viene. —Mucho gusto —saludó. En esos momentos llegó otra mujer. Hartley pensó que.—¿Y tú? —No —contestó ella. Echándole una rápida ojeada. mademoiselle Arnaud—.

Hartley sonrió.Hablaba sin ningún acento extranjero. parece que estuvieras pescando cumplidos. El silbato dejó escapar su chillido reverberante. la azafata del . Despidiéndose rápidamente de Hartley. el asiento de enfrente estaba aún vacío. —¡Hartley. Cuando Hartley ocupó su lugar. supongo. uno o dos segundos después. —Nada bueno. pero no lo estuvo por mucho rato. mademoiselle Arnaud abrazó a su amiga y subió al tren. su voz era música para los oídos. eres un grosero! Además.

Mademoiselle Arnaud se sentó. Se preguntó si la partida la entristecía.pullman condujo a la francesa allí. —Extraña coincidencia —murmuró. el viaje casi terminaba. se puso a leer su periódico. No deseando conversar. . Luego. vio quién estaba frente a ella. —Feliz coincidencia —corrigió él. y para cuando llegó a la última página. Lentamente el tren fue ganando velocidad. y una sonrisa iluminó su rostro. alzando la vista. Hartley notó que los ojos de mademoiselle Arnaud miraban con nostalgia a la estación que rápidamente se alejaba.

Ella lo observaba con atención. —Monsieur. para luego detenerse en la francesa.Bajó el periódico y sus ojos viajaron por el carro. Se pasa el viaje leyendo. su brusquedad sólo puede equipararse a su franqueza. Ella rio suavemente. —Es usted un hombre extraño. . Hartley se alzó de hombros. y hay por lo menos tres mujeres bonitas en este Carro. —¿De modo que las mujeres no le interesan? —En absoluto —replicó él. En elocuente respuesta.

¿Por qué quieren . mademoiselle. —Es usted observadora. Cierto.Hartley cambió inmediatamente de tono. —Mademoiselle. no muy lejos. del otro lado del pasillo? Su cabello corto contrasta admirablemente con su monóculo de carey. ¿No pensaba usted en aquella dama que está a su izquierda. pero he de confesarle que mis pensamientos estaban lejos…. bueno. Contesté groseramente. reciba mis más humildes disculpas. —Eso imaginé. pensaba que ese espécimen es un típico ejemplo de la mujer moderna.

tan etéreo. —¿Me permite usted.portarse como hombres? ¿Acaso no están satisfechas con los mil encantos que la naturaleza les otorgó? ¿Para qué destruir esos encantos con sus ridículos intentos de masculinidad? Mientras más pasa el tiempo. monsieur. —Es una pregunta difícil de responder. el encanto femenino? Hartley se alzó de hombros. casi me . hábitos y costumbres van volviéndose más y más masculinos. preguntarle qué constituye. mademoiselle. en su opinión. y. sus ideas. El encanto es tan abstracto. en mi humilde opinión. menos y menos encantadores.

que encuentro muy difícil definirlo. incluso con respecto al efecto que en lo personal me produce. la primera cualidad que debe tener una mujer encantadora es… el misterio. dulzura. . tantos que no me atrevo a enumerarlos. alguien más. »Es obvio que todo hombre ve a la mujer en una luz distinta. y probablemente para todos los hombres en general. Hay muchos atributos distintos. para mí. calor hogareño. simpatía. tales como ternura. Alguien diría atracción en vez de encanto. Pero. ya no digamos al que produce en otros hombres.atrevería a decir tan psicológico. con una mirada diferente.

monsieur. A ustedes los ingleses no les interesan las mujeres. Hartley dejó escapar su primera risa de la tarde. no son mentiras. —¿De modo que también usted cree en las mentiras que se cuentan de nosotros? —¿Mentiras? —la joven negó con la cabeza—. sino un ama de llaves.Marie Arnaud miró sorprendida a su compañero de viaje. —Empieza usted a interesarme. No. monsieur. o una esclava. Es extraño que un inglés diga tales cosas. Cuando se casan. no buscan una compañera. Si les va mal .

»Ustedes viven. básicamente. No deben dejarse llevar por sus impulsos. En Inglaterra. ¿tengo o no la razón? —Mademoiselle. y que deben bailar correctamente. dispuestos. en relación con los demás hombres. se desquitan con su esposa. sus clubes. piensan sólo que la gente los está mirando. señor inglés. Dígame pues. pues la gente se escandalizaría. cree que los ingleses somos . Lo más importante para ustedes son sus deportes. en caso necesario. usted. como todo el mundo. Cuando bailan.en los negocios. a hacer la guerra contra las mujeres. los hombres están unidos.

Cierto. rodeada de homenajes. Más que una diosa en su pedestal. Hay mil argumentos. No es verdad. la mujer es para él un buen camarada. como usted dice.fríos y calculadores. que no vive pensando en las mujeres. Sin embargo. si lo que usted dijo hubiera sido acerca de las mujeres . con la única diferencia de que esconde esa pasión y ni por un momento pierde el dominio de sí mismo. con todo respeto le digo que no estoy de acuerdo con usted en lo que se refiere a los hombres de este país. »Mademoiselle. El inglés ama con tanta pasión como los franceses. mil ejemplos. la discusión sería infinita.

son tan atléticas como el que más. el tenis y la danza. destruyendo todo posible misterio. me habría apresurado a concederle toda la razón. gracias a la práctica del golf. Hoy día. Usan la ropa más atrevida que pueden.inglesas. se colocan al mismo nivel que él. —Usted tiene su mujer ideal. en vez de vivir en el alto pináculo qué les corresponde. Al jactarse de su sexo y desafiar al hombre. Es triste. . tenían formas delicadas y esculturales. y a explicarle que ésta es la causa por la cual han dejado de interesarme. Han pasado los tiempos en que las mujeres eran femeninas.

—¿Conque sí? Déjeme describírsela. como tres o cuatro años menos que usted. mirándolo con los más bellos ojos obscuros que Hartley había visto en su vida.¿verdad? Como la mayoría de los ingleses. Su apariencia… juzgo que en este sentido no es usted demasiado exigente. Cuando encuentre su mujer ideal. —Pues… Ella sonrió. déjeme ver. se enamorará de ella seria y profundamente. Tendrá…. Hartley titubeó. con esa pasión exclusiva de los ingleses. las cualidades externas .

Monsieur. las cualidades internas son decisivas. perdóneme. Dígame. e intensamente femenina. Todo lo que ella decía era la más pura de las . pero creo que posee usted su buena ración de egoísmo masculino. se sentirá desilusionado si ella no expresa sin tapujos el cariño que siente por usted. ¿fue correcta mi descripción de su mujer ideal? Hartley se sintió mortificado.no le importarán. señor Witham. »En cambio. amable. pero. Por grande que sea el amor que usted le tenga. Su mujer ideal deberá ser inteligente. por otro lado. nunca se lo demostrará.

eran ahora revelados con la mayor facilidad por una muchacha que acababa de conocerlo. —Mademoiselle —exclamó. —Monsieur. ha leído usted mis pensamientos más secretos como si fueran un libro abierto. Marie rio. suavemente. Pero me equivoqué: su . Pensamientos y sueños que él creía ocultos en el rincón más íntimo de su cerebro. no sin cierta amargura—. provenía de la experiencia.verdades. al principio creí que usted era un hombre de mundo. del todo justificado. Pensé que su cinismo con respecto a las mujeres. desgraciadamente.

y sin embargo. estaba claramente interesado .desinterés por el sexo opuesto no se debe a que ha conocido demasiadas mujeres. la hermana gemela de aquélla que todo hombre sueña. Hartley no contestó. Su mujer ideal es. sino a que conoce a demasiado pocas. recordó haber dicho que no tenía interés alguno en el sexo opuesto. al mismo tiempo sentía un extraño interés por la muchacha sentada frente a él. simplemente. por alguna razón misteriosa. Pero. Haciendo retroceder un poco su memoria. Lo habían desenmascarado del todo. y esto no le gustaba.

y la respuesta vino inmediatamente. Porque Marie Arnaud emanaba un aire de misterio. haciéndolo estremecerse de emoción. ¡Misterio! ¿Sería esto verdad. se preguntó. o un simple producto de su imaginación desbocada? Frunció el ceño. ¿Cómo podía ser misteriosa Marie? ¿Por qué le había dado esa impresión? Sin embargo… No había olvidado el momento en que se miraron a los ojos. En ese incidente había basado todas sus flamantes teorías. Qué tonterías estaba pensando.en Marie Arnaud. ¿Por qué?. pues la expresión latente en el .

Acaso lo único lamentable fuera que tal simetría sugería la existencia de una arrogancia incompatible con el carácter que la joven demostraba. Hartley miró a la muchacha con gran atención. Había conocido muchachas .fondo de aquellas pupilas casi negras era inescrutable. sus facciones eran extraordinariamente simétricas. tristeza. desprecio. o incluso una mezcla de las tres. o ninguna de estas tres cosas. Podía ser risa. Su perfil reflejaba tranquilidad meditabunda. En el pálido brillo de las luces de la plataforma. Hartley se sintió más desconcertado que antes.

más hermosas que Marie. ¿Qué tonterías estaba pensando? Su sonrisa se evaporó. conteniendo una pequeña sonrisa. Era una nueva sensación. ¡Verse cautivado. mucho más instruidas e inteligentes. por fin! ¡Cautivado! Se enderezó en el asiento y frunció el ceño. y sin embargo. había hablado con personas más interesantes. y en instintivo movimiento de defensa. no podía negar que ella lo intrigaba. su mirada se apartó de la joven. trató . Volviéndose hacia la ventanilla. y al pensar en ella sus labios se retorcieron convulsivamente.

sus pensamientos se centraron una vez más en Marie Arnaud.de concentrarse en el paisaje que desfilaba ante él. la dulzura del rocío. sin saber cómo. pero luego. sino más bien la esencia del olor de la primavera. Violetas. Reclinándose . no era ninguna flor en especial. lirios del valle. Tuvo éxito durante un rato. ¿Por qué era distinta? ¿Por qué salía siempre ganando si uno la comparaba con mujeres más hermosas o más listas? Hartley notó la presencia de un sutil perfume. cuyo aroma recordaba el campo. la fragancia del tomillo silvestre y del heno recién cortado. jazmines… No.

Me lo preparan especialmente. señor Witham! Es malo preocuparse. Hubiera debido suponerlo.contra el respaldo. —Su perfume es delicioso. —¿Sí? Muchas gracias. —¡No frunza así el ceño. El perfume de Marie Arnaud. el aroma era tan semejante a ella que era imposible imaginar que otra mujer lo . Se dio cuenta de que ella estaba inclinada sobre él. tenía un encanto misterioso e intangible. como la misma Marie. cerró los ojos en un esfuerzo por analizar el hechizante aroma. mademoiselle —replicó él. monsieur. pero sin éxito alguno.

un blagueur. vio que ella fruncía levemente el ceño. —No soy el único que se preocupa. También usted. usted tiene la reputación de ser. y ella lo miró con ojos interrogantes. a su vez. Rio por lo bajo.usara. usted…. Pero ahora él. no puedo negarlo. monsieur —él agitó la mano asintiendo —. está perpleja por algo. monsieur. mademoiselle. como decimos en el pintoresco dialecto parisino. ¿Conoce la . Pienso en usted. Según me habían dicho Dilly y otras personas. —Pues sí. usted perdonará mi franqueza.

lo que quiero decirle es que ahora tengo de usted otra impresión. alors. Empiezo a creer que su reputación es falsa… Pero ¿por qué se pone tan serio de repente? Como el agua de una presa reventada. la conciencia de lo que había hecho llenó todo el ser de Hartley. —Me insulta usted delicadamente. haciéndolo estremecerse. mademoiselle. Ella sonrió. Lo he oído hablar largo y tendido.palabra? Significa un hombre tonto e irresponsable. con gran sabiduría y sentido común. —¡Acaso sí! Pero. Había .

cuando todo dependía de que lo conservara. había conservado su disfraz. Durante años había sido superficial. bajo cualesquiera circunstancias. más que nada por no haber encontrado nunca a alguien que le simpatizara lo suficiente como para hablarle con sinceridad. hasta ahora. simple chachareo.traicionado la confianza depositada en él. revelando su verdadera personalidad sin recordar que su tío lo había elegido precisamente por su disfraz de tonto. Hacía años que no hablaba tanto. cuando le habían confiado secretos de Estado. se había quitado la . su conversación había sido. y ahora.

Pero ahora. porque pensaba que le sería fácil seguirlo. . Haz el bufón. Hartley se dio cuenta de la importancia que ese consejo tenía. En estos momentos. comprendió el hondo significado de las palabras del comandante: »Actúa. actúa. había olvidado por completo toda precaución. mostrando su verdadero rostro a una muchacha que acababa de conocer. Antes no le había hecho mucho caso. deja que el mundo crea lo que ya piensa de ti. cuando apenas una hora atrás le había sido encomendada una gran responsabilidad. Ahora.careta de indiferencia así como así. demasiado tarde.

monsieur?. Olvidé dónde estaba. —Lo…. ¿Cuánto tiempo la había dejado hablando sola? Entonces se preguntó si no sería aún posible reparar el daño. Buena chica esta Dilly. ¿Cuánto tiempo he estado chachareando? Debo de haberla aburrido. lo siento. Me dejé llevar por mis pensamientos. mademoiselle. .había fracasado. Hartley se ruborizó. Dilly dice que la aburro en forma horrible. ¿le comió la lengua el gato? Marie fruncía el ceño. Mentalmente se reprochaba con amargura: ¡Qué imbécil! ¡Qué imbécil! —¿Qué pasa.

monsieur —dijo. habiéndose inclinado ligeramente ante Hartley al ponerse de pie. —Ya llegamos a Dover. ¿Juega usted golf? ¡Hermoso juego! ¿Tendré el placer de verla en el barco? Ella sonrió extrañamente.no sé por qué usa ese peinado. marchaba por el corredor en pos del encargado del pullman. una vez lo vi realizar un tiro de golf que…. sin responder la pregunta. Parece de colegiala. ¿verdad? ¿Conoció usted al hermano de Dilly. En el momento siguiente. Hartley se preguntó si se había . Caray. mademoiselle? Un tipo excelente. pero eso no ha de interesarle a usted.

equivocado al pensar que. en ese momento. . los labios de la muchacha formaron silenciosamente las palabras au revoir.

se sentía casi como antes. deseó que Marie viniese a sentarse junto a él. De cualquier manera. señor? —preguntó un marinero. Mientras tanto. . —Dos —murmuró él. algo raro le pasaba. incluso caminaba con más pereza. y con semblante soñador se encaminó al barco. Definitivamente. podía poner su valija en la silla desocupada. Hartley bajó del tren.Capítulo III CON EL ESPÍRITU aliviado por sus propios reproches. Ya sin Marie. y entonces recordó que sólo quería una. —¿Sillas.

Los cargadores del muelle caminaban tambaleantes bajo grandes pilas de baúles y maletas. reinó una ruidosa conmoción. Los pasajeros subían a bordo en torrentes. Los marineros corrían de un lado a otro proporcionándoles sillas.Durante los veinte minutos siguientes. esperando ver en cualquier momento aquél que estaba indeleblemente grabado en su memoria. un grupo de asombradas personas caminaban cómo ovejas . Con mirada ansiosa. Hartley escrutaba los rostros de todos los que pasaban. Había hombres y mujeres de todas las nacionalidades.

franceses. había ricos trotamundos. los identificaban como turistas. americanos.perdidas. La corriente humana cesó. Sus equipajes. ¡pero nada de Marie Arnaud! Hartley miró su valija y soltó una maldición. cubiertos de brillantes etiquetas. Pero no se atrevía a dejarla. Había italianos. casi todo el mundo estaba instalado en su silla. Pocos segundos después. hubiera podido revisar todo el barco. guiados por un hombre de uniforme. una ligera vibración anunció que el barco se había . De no haber sido por ella. alemanes. soldados en asueto….

O la joven se escondía. se paró en el umbral a esperar. Luego. Incluso le pagó a un marinero para que buscara a Marie. y su valija fue la primera en cruzar la aduana. Caminaba de un lado a otro. pero a Hartley le pareció eterno. describiéndosela lo mejor que pudo. Hartley fue el primero en descender del barco. El viaje a través del canal duraba una hora. pero todos sus esfuerzos resultaron vanos. sin perder de vista su valija.puesto en movimiento. pero aunque permaneció allí hasta oír el silbato del tren no vio rastro alguno de Marie. o había alquilado un camarote. El .

que estaba reservado con anticipación. Hartley lo abordó. Marie—. como era de esperarse. pero vio con disgusto que el carro iba lleno. Pero al ver que todos sus compañeros de . pensando que por alguna razón Marie no había alcanzado el barco. Pronto halló su lugar. Hartley había encargado una comida para la primera ronda de cena. el tren se dispuso a partir. ahora se alegró de ello. una mesita enfrente. por supuesto. pues tenía hambre. y. Comparó la travesía con el viaje a Dover —un asiento cómodo. el tren francés salió perdiendo.último pasajero atravesó la puerta.

Uno tras otro.carro estaban cenando al mismo tiempo que él. regresó a su asiento. y pronto el compartimiento estuvo lleno otra vez. Habiendo avanzado cuatro páginas . Hartley se asomó a la ventanilla y no pudo ver más que el reflejo de sus compañeros de viaje. deseó haber esperado hasta la segunda o tercera ronda. la comida era bastante buena. de modo que se dispuso a leer un libro. los demás pasajeros siguieron su ejemplo. Sin embargo. y le dio algo que hacer durante casi tres cuartos de hora. Después. Ya había anochecido.

a juzgar por el título. con apariencia próspera. No hablaba con nadie. sus ropas eran de la mejor . bastante pornográfico.descubrió súbitamente que no había asimilado una sola frase. probablemente comerciante o arquitecto. cerró el tomo y. de seguro. Disgustado. Ricos. y el libro que leía era. Enfrente de él había un hombre con el aspecto del francés típico. se puso a observar a la gente que lo rodeaba. Evidentemente viajaba solo. no teniendo nada que hacer. Junto al francés iba una pareja de edad madura y aspecto extraordinariamente aristócrata.

volvió su atención hacia la última pasajera. Al lado de Hartley viajaba un hombre de nacionalidad dudosa. y estuvo tentado de ofrecerle al hombre un cigarro para ver si tales deducciones eran correctas. o quizá sueco. sentada al otro .calidad. Abandonando la idea. Leía un periódico italiano. pero de cualquier modo era magnífica. su esbelta silueta se debía seguramente a un corsé. La mujer era maravillosa. Hartley pensó que era inglés o alemán. pero no parecía pertenecer a ninguna raza latina. Tras mucho meditarlo. Hartley se decidió por Inglaterra.

el rostro de la mujer se reflejaba en el cristal con toda claridad y él podía observarlo a sus anchas. Su ropa era sencilla. poseía una notable tersura juvenil. Sobre su cabello blanco como la nieve había un sombrerito. ya que a éstos debía mirarlos directamente y la cortesía le impedía hacerlo durante un lapso prolongado. Tendría alrededor de sesenta años. en cambio.lado del supuesto inglés. El rostro . pero era evidente que había cuidado su belleza. pero limpia y cuidada. pues. Pudo mirarla con más atención que a los otros. aunque su piel mostraba sombras y arrugas.

se preocupen tan poco por la ventilación de sus habitaciones y transportes. Además. pensó en una película. pensó. o la vieja nana de la familia. no tenía el tipo.le recordaba a Hartley algo. Era quizá la madre de alguno de ellos. Hartley bostezó. que siendo los franceses tan amantes del aire libre. ¿Cómo podían soportar aquel horrible bochorno? Hartley parpadeó y . ¡Qué calor sofocante hacía en el carro! Es raro. hablaba a menudo con la pareja aristócrata. revisando su memoria. ¿Era acaso actriz? Pero no.

ponerle sobre la cara un paño empapado en cloroformo. sólo para volver a abrirlos un segundo después. agarrarlo entre todos. Si todas aquellas personas supieran lo que la valija contenía. no debía dormirse. en un momento dado.luego cenó los ojos. No podía. pensamientos absurdos acudían a su mente. se lanzaran sobre él… De nada le valdría defenderse. Alzó la vista hacia la canastilla de equipajes. Su valija parecía segura. por ejemplo. si todas fueran espías y de repente. y en cuestión de segundos lo reducirían a la impotencia . Podían. Los párpados le pesaban.

no podría verse nada de lo que pasara en el compartimiento obscuro. Qué ridículas tonterías estaba pensando. a menos que la luz estuviera apagada. o el hombre del periódico italiano… Hartley rio para sí mismo.absoluta. La gente alzó la vista y lo miró. No. Si uno de ellos apagaba la luz… Desde el corredor brillantemente iluminado. Alguien vería la escena desde el corredor…. Espías. y él . ¿era posible que la anciana de cabello blanco atacara a alguien? ¿Tenía cara de espía el marido aristócrata o su mujer? Acaso el arquitecto. era estúpido. ataques….

Despierte. Ruborizándose. volvió el rostro. Despierte. —Despierte. Déjame dormir otra hora. sólo para volverlos a cerrar en el acto. —Despierte. Jennings. —¡Oh! Vete. las únicas personas en el carro eran él . El tren estaba detenido. La respuesta fue otra violenta sacudida. Hartley abrió sus soñolientos ojos. monsieur. ¡Jennings hablando francés! ¡Qué demonios…! Hartley despertó por completo.se dio cuenta de que había reído en voz alta. monsieur.

El fondo falso se alzó. . y una vez fuera de la estación. exhaló un suspiro de alivio. caminó hacia la salida. Con febril conmoción la sacó y oprimió el resorte secreto. Dio al empleado una generosa propina.mismo y un sonriente empleado ferroviario. llamó un taxi. Ésta se abrió de pronto. empezó a jugar con las cerraduras de la valija. Con la valija en la mano. Estaba tal como la había dejado. Su memoria volvió con la rapidez del rayo. Alzando la mirada hacia su preciosa valija. Su ropa estaba en desorden. En el trayecto a la embajada.

Sí. olfateó el interior de su valija. Era un aroma delicado. ¿Qué iría a decir su tío? Empezó a sonreír. que recordaba al de las violetas. los lirios .pero el hueco estaba vacío. un perfume que Hartley había olido antes. Y los sospechosos eran todos los ocupantes de su compartimiento. Quedó un rato con la mirada fija. pero en ese momento percibió un tenue olor a perfume. El forro había estado en contacto con un perfume. no había duda. Lo habían derrotado. Agachándose. el sobre que contenía los papeles había desaparecido.

del valle… ¡Por supuesto! Se trataba de un perfume que había percibido ese día por vez primera: el perfume fabricado exclusivamente para Mademoiselle Marie Arnaud. Hartley fue conducido directamente a la oficina del embajador. . Al lado del embajador esperaba su tío. Y allí recibió una sorpresa. El corazón de Hartley se encogió. —Bien. nunca había lucido tan satisfecho. muchacho. En la embajada. conque llegaste sano y salvo —saludó—. Sin duda te sorprenderá encontrarme aquí. El comandante Witham sonreía alegremente.

—No necesitas llaves. —¿Eh? ¿Qué dices? —exclamó el comandante como si no pudiera dar crédito a sus oídos—. Empujó la cerradura. tío. y a celebrarlo junto contigo. El comandante sacó unas llaves. ¿eh? ¿Qué dices. Estás bromeando. muchacho.—Es que decidí darte una sorpresa. que se abrió . Vine a felicitarte por el éxito de tu misión. Tomaremos unas copas juntos. muchacho? Pásame la valija. La valija está abierta. Hartley obedeció sin pronunciar palabra.

—No pretendo buscar excusas. Entonces. —Conque te derrotaron. Debí haberlo supuesto. Hartley.instantáneamente. Cuéntame. una verdadera maga. tío —declaró jara terminar—. . «Mystery» ha vuelto a salirse con la suya —dijo. Es una bruja. pero no dijo ni media palabra acerca de Marie Arnaud ni de su perfume. cómo al despertar la valija había sido saqueada…. Mi descuido fue criminal. el comandante supo lo que había sucedido. Hartley narró su historia: cómo se quedó dormido. calmadamente—. El comandante negó con la cabeza.

¿Quién dice que . Hartley. —Pero dormirme en vez de cuidar la valija… —Muchacho. Su tío alzó los hombros. muchos hombres con más experiencia que tú han sido incapaces de derrotar la astucia de «Mystery». no fue descuido. con voz calmada—. te dormiste porque te dieron una droga.—No. aunque hayas fracasado… —¡Fracasado! —dijo Hartley. Cenaste. hiciste lo mejor que pudiste. ¿verdad? Tomaste café. Hartley asintió. —¡Te drogaron! —dijo-Pero no te preocupes. No te atormentes.

Hartley hizo una pausa. en tono triunfal. parecía cargada de electricidad. —Querido tío. —¿Qué quieres decir? —preguntó. prosigue. —No fracasé —declaró Hartley. el criado de usted se descuidó. el comandante Witham. tensa. atónito. —¡No comprendo! —su tío agitó las manos con aire desalentado.fracasé? Hubo un silencio. la atmósfera. . —Sí. sólo durante un breve momento. sí. a veces un espejo sirve para algo más que para decorar una chimenea. Por ejemplo.

Eso despertó mis sospechas. alarmado. Cuando usted se volvió de nuevo. no eran más que cosas mías sin ningún valor. Pensé que sería bueno tomar precauciones. yo estaba empacando mi ropa. Luego se volvió para buscar las llaves. una o dos cartas…. poemas.—Lo vi asomarse a donde estábamos. pero ¿qué ocurre? Se incorporó. Recordará haber puesto los papeles en el compartimiento secreto. substituí los papeles. si es qué ella fue la culpable. En esos breves momentos. El . como si nada. los papeles que «Mystery» robó. En otras palabras.

—¡Eres un tonto. Acercándose a su tío le palmeó el hombro. un perfecto imbécil! Has fracasado. Cuando recuperó el aliento.comandante respiraba con dificultad. Dios mío! Hartley no había pensado que sus buenas nuevas tendrían este efecto. su rostro tenía un tinte violáceo. ¿verdad. Se dijo ahora que hubiera debido dar con más calma el informe de su triunfo. Los papeles que . tío? El comandante lo miró con expresión de ira. gruñó: —¡Dios mío! ¡Oh. —¡No resulté tan malo después de todo!.

No me hables. no se te ocurrió que lo más lógico era mandar por avión los documentos verdaderos. ¿Crees que de no haber sido así hubiera escogido a un idiota como tú? Por supuesto. por amor de Dios. ¡Oh.te di eran falsos. maldita sea! Pero Hartley no tenía ninguna intención de hablar. . Ni hubiera podido hacerlo. yo quería que «Mystery» los robara.

estaba Hartley Witham. Allí. al borde de la llanura. cerca del umbroso bosque que la interrumpía. luego. incapaz de decidir qué dirección debía tomar. algo que se movía caprichosamente entre la niebla y parecía un enorme pájaro indeciso. Pero Hartley conocía muy poco las . su horizonte se alzaba suavemente y se disolvía en el cielo azul grisáceo de la madrugada. Con ojos intrigados miraba algo distante.Capítulo IV LA ANCHA LLANURA se extendía por varios kilómetros.

Esto prosiguió durante unos diez minutos. rauda como el viento. de modo que observaba con admiración. se alejaba hasta perderse de vista. con la misma velocidad.aves de su propio país. y luego. Hartley se dio cuenta de que el ave se acercaba hacia él. . para regresar en el acto y volver a descender. permanecía quieto algunos minutos y luego. No tardó en percibir un levísimo ruido de motores. y menos aún las de Francia. El gran pájaro se movía con rapidez inconcebible. volaba casi al ras del suelo para elevarse vertiginosamente hasta una altura de cien o doscientos metros.

De elevarse a una altura mayor. y con grácil movimiento descendió a tierra. Aun así. Y no era éste su único atributo maravilloso. Fascinado. y su sonido se iba haciendo más fuerte. El aparato se acercaba al bosque. Con asombrosa brusquedad aminoró su velocidad de huracán.El tal pájaro era en realidad un aeroplano. Hartley se maravilló de lo silencioso que era. casi en picada. y no hacía más ruido que el escape de un auto normal. probablemente nadie lo oyera pasar. Ahora estaba sobre su cabeza. Hartley miró el .

un aparato maravilloso que volaba casi como las aves. la expresión de interés Se desvaneció. dando paso a la tristeza. sino en Francia. Lentamente. sin sombra de duda. había asistido a esta prueba secreta. diseño e importancia militar. por accidente. Sabía ya.aeroplano que ronroneaba suavemente a medio kilómetro de distancia. Se trataba nada menos que de las secretas maniobras de prueba de un avión. qué era lo que acababa de presenciar. Por lo tanto. un invento adelantado varios años a todos los demás en velocidad. pues Hartley recordó que no era en su propio país donde. el avión era .

Con un escuadrón de tales aeroplanos. Si gracias a Hartley se conseguían los planos del avión. Quizá ésta era la oportunidad de probarle al comandante que su sobrino no era tan tonto. siendo como era jefe del Servicio Secreto Británico. el comandante debía ser notificado de la existencia del aeroplano. . Hartley recordó a su tío. Al pensar esto. la defensa de la isla volvería a ser inexpugnable. Los ojos de Hartley brillaron. nadie se atrevería a llamarlo idiota. Qué lástima que tan maravilloso invento no perteneciera a Inglaterra.francés. ¡Su tío! Sin duda.

en vez de simular hacerlo! . no era culpa de nadie más que de éste. Que al hacerlo hubiese nulificado los cuidadosos planes de su tío. ¡Si el comandante hubiera confiado verdaderamente en él. y a esta confianza Hartley había respondido con creces. mostrando una inesperada astucia y rapidez de pensamiento.Hartley quedó absorto en sus pensamientos. El comandante había aparentado tenerle confianza. había logrado burlar a sus misteriosos enemigos. ¡Qué gran tonto había resultado por querer hacerse el listo! Pero él no tenía la culpa.

El aeroplano se elevó como una flecha. La misión lo había sacado de su apatía. El secreto de la misteriosa nave debía. desde la guerra. amaba la lucha… Y esto era lo que el comandante no había tenido en cuenta. en el fondo. Nunca.Los días que precedieron a su viaje a Francia habían sido celestiales. Tenía que notificar en el acto al comandante. lo hizo descubrir en sí mismo capacidades insospechadas. Estuvo a punto . más aún. se había divertido tanto. llevarse a Inglaterra. Existía en él un oculto amor por la aventura y el peligro. y la mente de Hartley fue llamada bruscamente al presente. a cualquier costo.

su cuerpo se estremecía con extraño deseo.de salir corriendo para alcanzar el Rápido a París. sus ojos fijos en el avión que se alejaba. pero una vocecilla empezó a susurrarle al oído insidiosas sugerencias. regocijadas proposiciones. Su boca formó una sonrisa divertida. violeta y jazmín. Sonrió a más no poder. haciendo vibrar sus músculos. un olor indescriptible. su . A su alrededor flotaba el dulce aroma de un jardín. Una extraña emoción lo inundaba. ¿Por qué decirle a su tío? ¡Quizá él solo pudiera obtener los planos! Permaneció mirando al frente. mezcla de espliego.

monsieur? Una suave risa. Me hubiera sorprendido menos . —¿Reconoce el perfume. —¡Inesperado! —repitió ella. y la delicada sutileza del perfume se mezcló con la frescura de la madrugada. con imperceptible ironía. con una inclinación—. Sus ojos brillaban con un destello triunfal. como musical campanilleo. —¡Mademoiselle Arnaud! —saludó. acto seguido desvió la conversación—. Aspiró hondamente. Hartley se volvió.corazón latía tan fuerte que casi lo sofocaba. que llenó sus pulmones y su cuerpo. Este inesperado encuentro me llena de placer. No la prolongó.

—Hace dos días usted viajó hasta Dover. Ella alzó las cejas. sonriendo. monsieur.encontrarme con usted en París. —¿Qué lo hace pensar tal cosa? —La busqué por todas partes. dijo él. —¿Por qué. pero no abordó el barco que cruza el canal. —Pero si a mí me encanta París. Tenía la esperanza de . monsieur. Ella observó el bosque que se extendía a su izquierda. monsieur? —Porque deseaba gozar el placer de su compañía. —Y yo más.

Cambió usted de tema con tanta brusquedad que pensé que la seriedad lo había aburrido. ¿de qué le serviría creerse digno de ingresar al . monsieur.continuar nuestra conversación. si le daba ocasión de pensar que era en realidad diferente de lo que todo mundo creía. Marie sonrió. pero la contuvo al ver la trampa. hipócritas sin duda. Si se desenmascaraba una vez más ante «Mystery». pero ciertas a pesar de ello. Recordó las palabras de su tío. —Estoy sorprendida. La protesta tembló indignada sobre sus labios.

Servicio Secreto? Tenía que actuar. para confirmar los cargos que ella le hacía—. para que «Mystery» pensara que sólo por suerte había ganado (en lo que a ella se refería) el primer asalto. que el cambio de papeles se debía más al descuido que a la astucia. Sabía que el criado de su tío habría presentado a «Mystery» un reporte completo. ella estaba al tanto de lo que el propio comandante pensaba de su sobrino. —Fue grosero de mi parte —repuso cándidamente. a no dudarlo. Esta sería una batalla de ingenios entre «Mystery» y él. De modo que. pero algo me llamó .

una mujer bonita siempre me hace hablar más de la cuenta. »Sabe usted —prosiguió. El ceño de Marie se frunció ligeramente. y cuando me pongo demasiado serio. ¿dice usted siempre la verdad? Hartley aparentó sorprenderse. . y Hartley sonrió para sí. en tono confidencial—. y su pregunta siguiente confirmó tal sospecha. —Sólo cuando es necesario. —Monsieur. me duele la cabeza. Supuso que la joven estaba recordando la conversación sostenida en el pullman.la atención.

me dice que las mujeres bonitas lo hacen hablar más de la cuenta. mademoiselle? —Tal vez no. Ahora. Sin embargo. digno de la clase de persona que él aparentaba ser.La frase era un comentario común. monsieur. Hartley rio levemente. —¿Son tan incompatibles esas dos observaciones. Por lo menos eso creyó Hartley. él hubiera jurado que en sus frases siguientes había un matiz de burla. —La última vez que nos vimos. ¿Quiere . y quizá Marie Arnaud cayó en el engaño. me dijo usted que las mujeres no le interesaban en absoluto.

pero el hermoso rostro no expresaba . sigue sin interesarse en ellas? Él asintió afablemente. convirtiéndolas así en un cortés embuste. —Ése era exactamente mi caso. hasta antes de conocerla a usted. La miró. aunque las mujeres lo hacen hablar. mademoiselle…. ¡Cuánto hubiera deseado poder pronunciar esas palabras en serio! Pero tuvo que decirlas en tono ligero. tratando de descubrir el efecto que sus frases habían producido.usted decir que. aunque el tono de la pregunta lo hirió.

ella. Por su parte. Marie sabía que él trabajaba para el Servicio Secreto. en cambio. .ninguna reacción. sin embargo. él llevaba la ventaja. Cada uno sabía el secreto del otro. Hartley estaba seguro de que Marie era «Mystery». él pensó en lo curioso de esta reunión. o un verdadero tonto. no pudo ni siquiera imaginar cuáles serían sus pensamientos. no conseguía aún descubrir si Hartley era un simulador excepcionalmente listo. y aunque Hartley notó que la joven se hallaba pensando laboriosamente. pues tenía pruebas definitivas de que ella era «Mystery».

franceses. ¿Qué de misterioso había en ella si él. ¿Cómo había podido Marie ganar el sobrenombre de «Mystery»? De seguro su tío bromeaba al decir que docenas de espías británicos. En ese momento. Hartley estaba al tanto de que ella conocía su secreto. tendría tres.Por si esto fuera poco. Pero otra idea acudió a su cerebro. un simple . mientras que Marie no tenía por qué sospechar que él conocía el suyo. alemanes y norteamericanos llevaban años buscándola sin ningún éxito. el joven tenía dos triunfos en la manga…. y si podía convencer a la muchacha de que sólo era un tonto.

¿era su romántica historia acerca de «Mystery» nada más que un engaño? ¡Pero no! Hartley recordó la cara que había puesto el comandante al enterarse de la victoria de su sobrino. monsieur? No hay mentira más increíble que la misma verdad. pudo descubrir su identidad pocas horas después de conocerla? ¿Era todo aquello parte de las mentiras del comandante?. de la astuta espía. —¡Y yo lo he hecho cambiar! ¿Puedo saber por qué. sin poder evitar que su voz asumiera un tono . Era indudable que el viejo Withman tenía miedo.aficionado. Hartley la dijo.

Una sonrisa incrédula agitó los labios de Marie. monsieur! ¡Pensar que no sólo lo he hecho hablar. Mademoiselle. tratando de averiguar la verdad. lo he interesado! Hartley miró hacia otro lado. además. porque en usted hay algo que me atrae más de lo que me han atraído todas las mujeres que conocí hasta ahora. sino que. Sonrió para sí mismo. completamente distinta de las demás mujeres.cálido. —Porque usted es diferente. —¡Cuánto honor. pensando que los . y sintió los ojos de la joven recorrer su perfil.

en sus pensamientos. las palabras le salían del corazón y tendían a expresarse en tierno susurro. Marie estaba desconcertada. Se preguntó qué habría ella pensado de saber que las palabras de él eran sinceras. A juzgar por su voz. creía Hartley.honores de este duelo verbal podían ya considerarse suyos. ¡Se lo juro! Le costó trabajo hablar en voz alta. matiz que seguramente. —¡Mademoiselle! No es justo que se burle de mí. en su tono había habido un leve matiz interrogativo. Pero brotaban de sus labios en forma tan . asimismo. Hablo sinceramente. existía.

espontánea. El aeroplano había desaparecido. y el sol empezaba a asomarse por encima de las distintas montañas. que su interlocutora cayó en el engaño. Marie rio suavemente. tratando de averiguar el porqué de su presencia allí. en algún sitio más apropiado que éste. Marie lo estaba sondeando con delicadeza. escuchando con . La bruma de la madrugada se disolvía lentamente. monsieur…. De nuevo el ligero tono de pregunta. pero. —Acaso algún día pueda darle oportunidad de probar su buena fe.

refiriéndose a su encuentro. al menos en lo que a ella se refería. en un lugar a ciento cincuenta kilómetros de París? El zumbido del aeroplano le hizo pensar que tal vez no fuera una coincidencia. Simultáneamente. tan de mañana. Recordó la ironía con que la joven había repetido la palabra «inesperado». Hartley pudo oír su levísimo ruido. se le ocurrió por vez primera una pregunta que lo sobresaltó: ¿Qué hacía allí «Mystery»? ¿Cómo había ocurrido la extraordinaria coincidencia de que se encontraran de esta manera.atención. .

la espía más inteligente del mundo. los agentes secretos de todo el mundo estarían. sin duda. «Mystery». ante los . ¡No para «Mystery»! Como maríposillas alrededor de una vela. y entre ellos no podía faltar. de ninguna manera. revoloteando en torno de aquella región.«¡Inesperado!». La situación había sido humorística desde el principio. pero obviamente Marie no lo creía así. Hartley estaba allí por pura casualidad. pero ahora se convirtió en una farsa delirante. tratando de obtener informes acerca del nuevo aeroplano. Hartley se dio cuenta de que.

dijo la verdad: —No es un paisaje muy apropiado para la seriedad. ¿verdad? Estoy alojado con unos amigos en el Chateau de Brenninçaux. Una vez más. ¡Con razón estaba extrañada! Hartley se sintió seguro de que estaba pensando en él. salí a tomar un poco de aire. aparece usted como por arte de magia. y cuando me hallaba contemplando la salida del sol. luego. tratando de desentrañar su contradictoria conducta. .ojos de la joven. Dormí mal toda la noche. él había ido por la misma razón que ella: para obtener los planos del maravilloso avión. Llegué hasta aquí.

ahora que usted lo dice. en sus pupilas había un brillo travieso—.Voilá. Parecía inconcebible que Marie traicionara así sus pensamientos. ¿Se trataría de una trampa? —Pues no. Me puse a mirar un aeroplano que andaba brincoteando por allí. —¿Contemplando la salida del sol. No sabía si la respuesta que había dado era la adecuada. no era sólo el sol —repuso con naturalidad—. No estaba . Volaba bastante rápido. monsieur? —Marie alzó la vista. ¿Sólo eso estaba contemplando? Hartley quedó atónito ante la audaz pregunta.

—¡Caray! Suena de lo más interesante. con aire titubeante. debí haberle prestado más atención. y Marie adivinó sus pensamientos. señor Witham? —preguntó. Pero esperaba remediar la falta en un futuro no muy lejano. Hartley hizo un gesto de asombro. —¿Hora de su desayuno. Él esbozó una tímida sonrisa. . Su lamentación era sincera. monsieur! Es el avión más veloz del mundo. Lástima. —¡Claro que volaba rápido. Miró su reloj.acostumbrado a este juego verbal.

Me encantará gozar de su compañía. ¿dónde se hospeda usted? —En el mismo lugar que usted — respondió ella. Él titubeó. monsieur. Vámonos en el acto. como invadido por la cortedad. sí.—Este clima siempre me abre el apetito —murmuró. como disculpándose —. dulcemente—. Marie le sonrió. este…. Pero puedo acompañarla…. —Este…. . En el Chateau de Brenninçaux. —Claro que. a su hospedaje… Se interrumpió.

Capítulo V EL COMANDANTE WITHAM alzó la vista sorprendido cuando su sobrino entró al cuarto que ocupaba en un lujoso hotel parisino. —Ya sé. —Caramba. Te creí en Brenninçaux. para hablar con usted de algunos asuntos —replicó Hartley. . ¿Qué haces aquí tan pronto? —Vine sólo por este día. instalándose en un cómodo sillón. no esperaba tu visita. Hartley. Hartley sonrió. necesitas dinero —gruñó el comandante. con los Stael.

¿de qué se trata? Hartley miró de reojo al comandante. apuesto a que en este momento yo tengo más dinero en el bolsillo que usted. —Menos mal. y miró con suspicacia a Hartley—. tío? —Sí. —Puede ser. —¿Tuvo fiesta anoche.—Querido tío. que bebió usted un poco más de la cuenta. tío. Nadie es más tonto que . Bueno. Pensé que te había dado por derrochar. ¿Qué insinúas? El joven rio. —Nada. Fue… —se interrumpió bruscamente. maldita sea.

un viejo tonto. Bebí whisky y champaña. pero sólo por breves segundos. —Me alegro. el comandante Witham—. —¿Por qué? —preguntó. Ya que estaba aquí. el joven. Pero ya me siento mejor. atónito. . y esa mezcla es más que suficiente para derribar a cualquiera. calmadamente. Hartley hizo una pausa. quiero ingresar al Servicio Secreto. Hartley. —Tío —dijo—. Debes de estar loco. —¿Qué dices? —exclamó. despacharía su asunto lo más rápido posible.

Supongo que dices eso sólo porque no estás bien enterado de cómo andan las cosas. A pesar de que los agentes secretos trabajan para el gobierno. En primer lugar. La profesión más peligrosa del mundo es la de espía. te aconsejo que olvides esos planes. no cuentan . —Hay miles de razones.—¿Por qué? —repitió el comandante. luego. Hizo una pausa para rascarse la barbilla. tío? —insistió—. respondió. —Pero ¿por qué. Deme al menos una razón. Hartley frunció el ceño. el peligro. con voz débil—: Pues no sé bien por qué. Muchacho.

—Olvidas. No es lo mismo encarar un batallón alemán que estar solo. y eso si no hay guerra. de nada les vale pedir auxilio a su patria. tío. Tienen que pasar varios años en prisión…. pues en tal caso son fusilados en el acto. Además. pero la cosa aquí es muy distinta. Si son apresados por un gobierno extranjero.con ninguna garantía. perdido en la obscuridad. rodeado de enemigos ocultos. un espía no sólo tiene que temer las fuerzas organizadas de los otros países. y te portaste magníficamente. que estuve en la guerra. estuviste. —Sí. sino también las .

el contraespionaje. El asesino escapará. —Todo cuanto dices. algunos de nuestros hombres son caballeros de la cabeza a los pies. tío. no hay nada que hacer. Hartley asintió. Son héroes desconocidos que no esperan recompensa alguna. y hacen todo por el bienestar de su patria. es muy interesante. con aire meditabundo.fuerzas secretas. y la policía del país en cuestión no hará nada por atraparlo. pero no me disuade de . El espionaje es un juego sucio. »Si uno de nuestros agentes aparece muerto en un callejón. Dios lo sabe. aunque.

Hartley. mirándose las uñas. y la mayor parte de las veces no . si quieres aceptarme. Abrió la boca como para decir algo. la volvió a cerrar y pasó un rato hundido en la meditación. Cuando por fin habló. Otra cosa importante es que todos nuestros agentes son hombres y mujeres expertos y entrenados. —Piensas demasiado rápido. fue para continuar la conversación.ingresar al servicio…. Antes al contrario. Aún no termino. El comandante miró con desconcierto a su sobrino. luego. No los escogemos así como así. la idea me atrae más que nunca.

Suecia. y porque podíamos confiar en ellos. Porque los alemanes son los mejores espías del mundo. ¡Ah! Veo que te asombras. te preguntarás. En Francia usábamos rusos. Noruega. Pero eran de gran utilidad en Rusia.usamos espías ingleses. Eso hubiera podido resultar fatal. una gran proporción de nuestros agentes eran alemanes? ¿Por qué?. pues fácilmente nos hubieran traicionado. Hartley. y la mayoría de las naciones de Europa oriental. que antes de la guerra. franceses. no los mandábamos a espiar a su propia patria. y en Italia y España. ¿Sabías. . »Desde luego.

inteligentes. y muchas otras. acaban frente al paredón. Me duele . Hartley. Si no poseen estas cualidades. que debo ser franco.»Lo más extraordinario del caso es que los alemanes que trabajaban para nosotros eran mejores espías que los que trabajaban para su propio país. Mi…. mi intención no era decirte un discurso. sólo deseaba que comprendieses que…. astutas. los miembros del Servicio Secreto tienen que ser personas preparadas. todo esto no viene al caso. Pero tal cosa es mentira… Bueno. Alemania tenía la mejor y más extensa red de espionaje de todo el mundo. Se cree comúnmente que antes de la guerra.

y a veces uno tiene que olvidarse de sus sentimientos en aras del deber.decírtelo. pero la verdad es que si tú fueras espía. Hartley. muchacho —murmuró —. te fusilarían antes de dos semanas. Hubo una pausa. el espionaje es un juego muy sucio. el comandante esquivó la mirada acusadora de su sobrino. —¿Y toda la fe que usted decía tenerme? Ruborizándose. —Lo siento. con amargura. Ambos hombres se concentraron en sus propios . Como te dije. Hartley sonrió.

tío. Finalmente. Hartley. y que estaba usando todos los medios a su . Hartley habló: —Dime. ¡Escucha! Supe que «Mystery» se había enterado de la alianza entre Inglaterra y los Estados Unidos. cuando todo el tiempo me creías un perfecto idiota. Supongo que no puedo reprochártelo. ¿qué razones tuviste exactamente para hacer lo que hiciste en el asunto de los papeles? ¿Por qué me cubriste de elogios. Tuve muchas buenas razones para todo lo que hice. y pensabas aprovechar eso? —Estás resentido. aparentando confiar en mí.pensamientos.

»El próximo paso era preparar el robo. Calculé que si conseguía que «Mystery» los robara. pero ¿qué mensajero sería ése? Si usaba . temí que tuviera éxito. ganaríamos el tiempo necesario para que la alianza se concertara sin molestia alguna. pensando que eran genuinos. Teniendo en cuenta su enorme astucia (nunca hay que subestimar a los contrarios. muchacho). »Falsifiqué un juego de papeles. lo mejor era que «Mystery» robara los papeles al mensajero que debía llevarlos a París. de manera que decidí despistarla. Desde luego.alcance para obtener información al respecto.

»Lo mismo pasaría con un emisario real. pero. por lo demás…. «Mystery» sospecharía inmediatamente en caso de obtener los papeles con demasiada facilidad. Sabía que podía confiarte mi secreto. enfrentarte con alguien . no tenía mucha fe en ti. pues. Hartley. un novicio. con cualquier persona que «Mystery» conociera. Entonces. Calculé que no podrías evitar cometer algún error. e incluso conmigo mismo. y en general. créeme. El resultado era seguro: ¿cómo podías tú. pensé en ti. que por uno u otro método «Mystery» lograría quitarte los papeles.un agente secreto.

tío. mandaría esos papeles a Londres lo más pronto posible —dijo Hartley. —¿Qué quieres decir? —Que ahora es buen tiempo para . Los papeles están ahora en París y deben volver pronto a Londres.como «Mystery»? —El comandante alzó los hombros—. Espero que «Mystery» no nos gane el segundo asalto. Lástima que al triunfar hayas destruido mis cuidadosos planes. Me equivoqué. Fuiste capaz de burlarla. Hartley. con voz calmada. y por eso debes ser felicitado. El comandante Witham alzó rápidamente la vista. —Yo en tu lugar.

comparado con él. y si . mientras «Mystery» está ocupada en otra parte. —Para ser un imbécil. el mejor avión existente no es más que un lento caracol.hacerlo. y de «Mystery»? Hartley rio. sé muchas cosas. tío? Sé. elevarse perpendicularmente. —¡Buen Dios. volar a casi quinientos kilómetros por hora. que Maurcot ha inventado un aeroplano tan maravilloso que. ¿no es así. tratando de conseguir los planos del avión Maurcot. muchacho! ¿Qué sabes del avión Maurcot. por ejemplo. El avión Maurcot puede doblar sus alas como un pájaro.

no es sólo casi silencioso. el comandante miró a su sobrino. asimismo. cómo supiste todo eso? — tartamudeó. eligió un . Hartley abrió su cigarrera. incapaz de creer lo que oía. cómo demonios…. qué…. sino también invisible. nervioso. Mudo de asombro. —¿Qué….vuela a más de cien metros de altura. »Puedo decirle. Está hospedada con unos amigos que conoce desde hace cinco años. que «Mystery» se encuentra en estos momentos a menos de treinta kilómetros del hangar Maurcot.

Hartley. Cuando volvió a hablar. replicó: —Pero. su voz era nuevamente calmada y llana. es hora de que pongas las cartas sobre la mesa. Empiezo a notar que me equivoqué de cabo a rabo al juzgarte. Exhalando una bocanada de humo. Era como si estuviera meditando muchos problemas complicados. —Bueno —dijo—.cigarro y lo encendió con molesta lentitud. Ahora . supongo que sus espías ya lo han informado de todos estos detalles. sin pronunciar palabra. ¿no es así? El comandante miró al joven durante varios segundos.

te estás vengando de ello. Supongamos que me dices algo más acerca de tus descubrimientos. . »Eso me complace más de lo que puedo expresar en palabras. era hermano mío. pero. bajo tu aparente apatía. Tu padre. En estos instantes me doy cuenta de que lo que te dije en Inglaterra era verdad: bajo tu afectada indiferencia. no puedo reprochártelo. muchacho. hay algo que nunca sospeché. como ya dije. No sabes cómo me ha dolido verte perder tiempo en compañía de esos jóvenes tontos que creen que el mundo no es más que un gran salón de baile. y un hombre magnífico.

No estaba actuando esta vez. y luego.Había una gran sinceridad en la voz del comandante. me encontré con una vieja amiga. Como ya le dije. vi que su criado nos espiaba. y llevé a cabo mi pequeña treta de substitución. Nos presentó. Había ido a la estación a despedir a una amiga suya. por extraña . Antes que nada. que regresaba a Francia. —Muy bien. tío. será necesario recordar el día en que usted empacó los documentos falsos. Hartley sintió un gran afecto por aquel caballero de cabello gris que con tanto éxito engañaba a todo el mundo. »En los momentos en que mi tren iba a salir.

»Tío.coincidencia… —Hartley se interrumpió y soltó una risita—. No. esa hermosa mademoiselle (no importa su nombre) tenía cierta cualidad que me atraía irrevocablemente. en la que. Bueno. Hasta entonces. Nos embarcamos en una conversación muy interesante. Y he aquí que. supongo que no debe de haber sido coincidencia. por primera vez en varios años. el caso es que esta muchacha y yo quedamos sentados uno frente al otro. pero poco me faltaba. comencé de inmediato a delatarme. para decir la verdad. una mujer logra cautivar mi . no había sido precisamente un misántropo.

Aquella conversación no tuvo importancia. por su… su misterio. Era inconfundible. su peculiar textura. »Era una mezcla astuta y gloriosa de espliego. mi personalidad de idiota…. Demasiado tarde recordé mi papel. noté que la joven usaba un perfume extraordinario.interés. violeta. tío. de todos los aromas que llenan el más florido de los jardines. no quiero lanzarle ninguna indirecta. que parecía parte esencial de su persona. Eso cambió por completo mi conducta. lirio del valle. largo y tendido. ¡Exquisito e . empezamos a hablar en serio. excepto por una cosa: durante ella.

y aunque la busqué cuanto pude. percibí un aroma peculiar: el aroma del perfume que la francesa del tren usaba. el comandante se levantó de su silla y. a excepción de un pequeño detalle.inolvidable! »Cuando el tren llegó a Dover. se plantó frente a su sobrino. . atravesando el aposento de grandes zancadas. »El resto ya lo sabe usted. me resultó imposible hallarla a bordo del barco. De un salto. Al abrir la valija y notar la desaparición de los papeles. perdí de vista a la muchacha en medio del ajetreo.

—Buen Dios —gruñó—. luego. y pensar que yo llevo años tratando de averiguarla. tío —sonrió—.—Por todos los santos. expresando su disgusto. Hartley trató de consolarlo. respirando pesadamente. ¿significa eso que…? —¡Qué conozco la identidad de «Mystery»! El comandante tragó saliva repetidas veces. —Anímese. Movió la cabeza repetidas veces. la mayor parte de los grandes descubrimientos se han hecho por . se dejó caer en una silla.

Eso fue hace una semana.accidente. supongo que tendrás algo más que decirme. así que acepté la incitación que Stael me hizo a Brenninçaux. «Mystery» no acostumbra cometer errores. —Bastante. Llegamos ahora al día en que fui de visita al Chateau de los Stael. Como usted estaba tan disgustado conmigo. El comandante Witham se rascó la barbilla. como hacía siempre que tenía una duda. decidí perderme de vista por un rato. hay algo raro en lo del perfume. Hartley. . Pero prosigue. —De todos modos.

decidí salir a respirar aire fresco.»La noche de ayer hubo una fiesta que no terminó sino hasta las tres de la madrugada. según me han dicho. y un cuarto de hora después caminaba por el bosque de Brenninçaux. el terreno es malo. A esa hora estaba yo cansadísimo. no podía dormir. sin embargo. Me vestí. Me detuve al entrar en ella. Finalmente. y estaba a punto de regresar cuando me llamaron la atención las extrañas acrobacias de algo que tomé por un enorme pájaro. y mareado de tanto fumar. . »A1 otro lado de este bosque hay una gran llanura sin cultivar.

muchacho. Por eso no nos vimos en la fiesta. El comandante negó con la cabeza. De modo que ahora. su encuentro con la muchacha. que en realidad era «Mystery». —Ella había llegado al Chateau la noche anterior. tío. pero como tenía jaqueca se acostó inmediatamente. esa fue la excusa que dio. ¿Cuál es el nombre de la muchacha? Hartley cerró con fuerza los labios. —No toda aún. por lo menos. ya le he dicho toda la verdad. y finalmente su descubrimiento de que ambos eran huéspedes de la misma persona. .A continuación Hartley relató lo que había sucedido después.

el asunto es mío. tengo derecho . has malinterpretado la palabra «secreto». Hartley se ruborizó. quiero luchar contra ella utilizando sus mismas armas. El viejo lo miró con sorpresa durante unos instantes. tío. Soy el primero en descubrir su identidad.—No. Quiero…. derrotarla con mis propias fuerzas. luego emitió una corta risa. Ese secreto me pertenece. —Pero. tío. ingresar al Servicio Secreto? ¿Te parece que tu conducta es la de un buen agente? Aparentemente. —¿No me estabas diciendo hace unos minutos que quieres.

a conservar en secreto mi descubrimiento. en perjuicio de tu patria? —¡Mademoiselle Marie Arnaud! Las palabras brotaron de sus labios casi contra su propia voluntad. que el taxi dónde vas se voltea. La expresión del comandante se suavizó. Estuvo a . Supongamos que al salir de aquí mueres repentinamente. ¿Te llevarías el secreto a la tumba. que te atropella un camión. —Comprendo lo que sientes. La muerte ataca cuando menos se le espera. pero los miembros del Servicio Secreto no acostumbramos hacer esas cosas. Hartley.

pero ahora le tocó a él el tumo de sorprenderse. esperaba que al oír la revelación el comandante sonreiría triunfalmente. en fin. Durante la conversación. acto seguido. la habitación se llenó de alegres carcajadas. Hartley había asombrado a su tío repetidas veces.punto de lamentar su impulsivo viaje a París. Sin tener ninguna idea exacta sobre el asunto. que hiciera cualquier cosa. El comandante se estremecía . Durante un momento reinó el silencio. o repetiría el nombre con solemnidad…. excepto lo que hizo.

Mademoiselle Arnaud es la hija del embajador francés en Inglaterra. incapaz de contener la risa. . mientras Hartley hacía girar el picaporte —. muchacho —llamó. se calmó un poco.convulsivamente. pero te has equivocado por completo. Sólo al ver a Hartley levantarse y caminar con paso airado hacia la puerta. Lo siento. Hartley. —Un momento.

El recuerdo de las carcajadas de su tío lo asaltaba una y otra vez. Al principio intentó leer un periódico. Qué ridículo estaba haciendo. y sin embargo… Dos veces había olido el perfume de EL VIAJE . Hartley se vio sumergido en un mar de pensamientos. pero pronto tal cosa le resultó imposible. Todo lo que hacía o pensaba resultaba equivocado. y en cada ocasión con más amargura. Era absurdo pensar que hubiera podido ingresar al Servicio Secreto….Capítulo VI DURANTE de regreso a Brenninçaux.

En respuesta a las acaloradas aseveraciones de Hartley. el comandante Witham había hecho notar. sabiamente. y se hallaba dispuesto a jurar que era el mismo que había impregnado su valija. . ¿No era acaso prueba suficiente de que Marie y «Mystery» eran la misma persona? Sin embargo. que aunque mademoiselle Arnaud creyera que el perfume se destilaba para su uso exclusivo. las consideraciones de su tío no dejaban de ser verdaderas. no era difícil que de uno u otro modo. De eso estaba absolutamente seguro. acaso a través de la mediación de un empleado deshonesto.Marie Arnaud.

y le era imposible rechazarlo. Hartley conservaba la impresión de que las circunstancias que rodeaban a Marie eran bastante peculiares. El marinero que la buscó pudo muy bien comprender mal la descripción hecha por Hartley. pero aquí tampoco había evidencia definitiva que confirmase el hecho. Era extraño que Marie Arnaud no hubiera estado en el barco que cruzaba el canal. a pesar de todo.el aroma fuese a parar a otros tocadores. La indecisión luchaba con la . Pero. y haber pasado junto a la muchacha sin reconocerla. El germen de la duda estaba firmemente enraizado en él.

Se encontraba aún embebido en esa lucha cuando el Rápido.determinación. Existía un misterio que él debía resolver. Por un lado. La aventura lo llamaba y la curiosidad lo urgía a engrosar las filas de los agentes secretos. con los secretos de Estado. el sentido común le aconsejaba olvidarse definitivamente de todo lo relacionado con el espionaje. Sólo el temor de volver a ponerse en ridículo le ordenaba desistir. pero otra faceta de su carácter protestaba vivamente. llegó a la estación de . con «Mystery». que desvergonzadamente contradecía su nombre.

Hartley? No te esperaba tan pronto. Cuando Hartley entró. —Su castillo es demasiado encantador para alejarse de él durante mucho tiempo. se enteró de que la ya numerosa cantidad de huéspedes había sido aumentada.Brenninçaux. —¿Ya de regreso. Una vez allí. Hartley tomó un maltratado taxi Renault para que lo llevara al Chateau. Archivando por el momento el problema. su anfitriona. madame de Stael. acudió a saludarlo. El recién llegado era americano. madame —repuso . Hartley adivinó su nacionalidad aun antes de oírlo hablar.

Ambos se estrecharon la mano. señor Witham.Hartley con galantería. permítame presentarle al señor Hartley Witham. mon ami. dijiste eso como si de veras lo creyeras. agitando un dedo en señal de reprobación. de Londres. te presento al capitán Wilberforce. Capitán Wilberforce. ex oficial del ejército norteamericano. Pero ven. el chef requiere mi presencia. —Hartley. quiero presentarte a un viejo amigo mío. Ella sonrió. Hartley. que acaba de llegar. —Mucho gusto. —Hartley. Te pido por favor que entretengas al capitán Wilberforce hasta .

Hartley se volvió hacia el otro. —¿Juega usted billar. los dos hombres charlaron. Durante el juego. la vivaz anfitriona se alejó rumbo a desconocidas regiones del enorme Chateau. El capitán Wilberforce había conocido a madame de Stael durante la . ¿Jugamos una partida de cien puntos? —Por supuesto. Hartley fue sabiendo la historia del americano. y de esa manera. capitán? —Más o menos. Así diciendo. —¡Magnífico! Madame de Stael ha instalado una mesa inglesa.la hora de cenar. poco a poco.

El americano no aparentaba más de treinta y cinco o cuarenta años. y planeaba pasar el resto de su vida vagabundeando por Europa. ¿Resultó herido? ¡No! Salió de la guerra ileso. se había retirado del servicio. Por alguna obscura razón. Hartley empezó a sentir un claro interés por el .guerra. a resultas de abrir una lata de carne de res. y participó en la batalla de Saint Mihiel. ¡El resto de su vida! Hartley lo miró de reojo. Había sido uno de los primeros en desembarcar en 1917. mientras desempeñaba una comisión militar. era demasiado joven para hablar así. Sí. excepto por un pulgar infectado.

calculó Hartley. Juzgando por su acento. aunque demasiado anchas. pero ésta empezaba ya a volverse gris. Dentro de algunos años. Wilberforce era alto.hombre de Nueva York. Sus facciones eran enérgicas. mediría alrededor de un metro ochenta y cinco. obedeciendo sus impulsos. Hartley sospechó que había nacido en el sur de los Estados Unidos. de modo que. estaría ya completamente blanca. como es común entre los americanos. Esta teoría no tardó . Tenía abundante cabellera. Su cuerpo era atlético y bien proporcionado. observó al capitán lo mejor que pudo.

cuando Wilberforce habló de su niñez en Louisiana. habiendo charlado largamente con él.en verse confirmada. tendría cuarenta y cinco años. Me debe usted el desquite. estaba seguro de que. Pero ahora debo ir a cambiarme. La partida terminó con una ligera ventaja en favor de Hartley. ¡De nuevo hablando como si fuera un anciano! A pesar del cabello entrecano. —Magnífico juego. Ascendieron juntos la monumental . Hartley. Tardo mucho más en hacerlo que cuando era joven — terminó Wilberforce. como en disculpa. señor Witham. a lo más.

escalera. Además. Pensó que volviendo a platicar con ella. pues no quería estar a solas con sus pensamientos. Hartley caminó hacia su recámara. Ninguno de los otros huéspedes estaba a la vista. sabría a ciencia cierta a qué atenerse. el capitán Wilberforce siguió su camino hacia el siguiente piso. Hartley decidió ir al salón de billar a practicar un poco. y al llegar al primer piso. se despidieron. faltaban sólo quince minutos para que sonara el gong que anunciaba la cena. . El joven descendió a la planta baja. tenía la esperanza de ver a Marie. Cuando Hartley terminó de bañarse y de vestirse.

En la habitación estaban Marie y el capitán Wilberforce. según ellos. mademoiselle Arnaud acababa de lograr. y la absoluta naturalidad de sus voces parecía indicar que las sospechas de Hartley eran injustas. pero el joven estaba seguro de hallarse en lo cierto. Casi inmediatamente siguieron hablando: se pusieron a comentar un excelente tiro que. —¡Ah! ¡He aquí al señor Witham! . oyó un murmullo de voces que se interrumpió súbitamente. Marie fue la primera en verlo.Al abrir la puerta. y con aguda intuición se dio cuenta de que habían estado hablando de él.

Temí haberlo asustado. ¡O quizá estaba sólo bromeando! —Fui a París. Me avergoncé tanto de él que tuve que ir a comprar otro. ¿Por qué razón? Hartley pensó que trataba de comunicarle un mensaje al capitán Wilberforce. al hacer mi maleta en Londres.¿Dónde se había usted metido? No lo veía desde nuestro «accidental» encuentro de esta madrugada. empacó un pijama viejo y roto que yo desde hace tiempo quería tirar. mademoiselle. . Para decir la verdad. el tonto de mi sirviente. Subrayó la palabra «accidental».

y una levísima sonrisa extendió sus labios. . contra todo lo que pudiera decir el comandante Witham. era «Mystery» en persona. Con cada segundo que pasaba. ahora estaba seguro de que el capitán Wilberforce pertenecía a la banda de «Mystery» y que Marie.—¿Fue usted a París sólo para comprar un pijama? —Wilberforce lo miró con curiosidad. más y más sospechas se transformaban en certezas. Hartley no dejó de notar esta acción inconsciente. Luego se volvió hacia Marie. los dos se miraron de una manera extraña. cargada de significados indescifrables.

disimular. y seguramente abrigarían sospechas con respecto a su venida al Chateau. pero no hallé más que unas horribles cosas de lana. ven ustedes. —Sí —dijo en respuesta a la pregunta del capitán—. Los otros no olvidarían que ya los había burlado una vez. Es que. una pieza sin importancia en el juego de ajedrez del espionaje. debía convencer a Marie Arnaud y a su cómplice de que era simplemente un peón. y yo no uso . Hartley debería actuar aún con más cuidado que antes. Debía actuar. salí a recorrer todas las tiendas de Brenninçaux.Teniendo ya dos adversarios en vez de uno.

me convino ir a París. señor inglés? —¡Caray! —Hartley adoptó una expresión de tonta sorpresa—. Nunca . —Extraño —meditó el capitán—. así que. y en efecto.más que seda. después de todo. Por afortunada coincidencia. el que compré me costó diez francos menos. la-lá! —exclamó Marie—. —¡Ah!. dice usted ese verde lleno de florecitas. Vi un pijama de seda en la tienda junto a la oficina del alcalde. ¿Y el precio del viaje. también Hartley lo había visto. —¡Oh. Pensé que el precio era demasiado alto.

. ¡Ésta es una competencia internacional! ¡Arriba. ¡Mon Dieu! Debí haber comprado el pijama verde. se oyó el sonido de un gong distante. —¡Hora de cenar! —exclamó Marie —. Vengan. luego. Antes de que alguien pudiera decir otra cosa. ¡qué se cuide! Dejaré de hacerle caso y me pondré a charlar con el otro. ánimo. encabezó la marcha hacia el comedor.pensé en eso. Inglaterra. Estados Unidos! Hizo una reverencia burlona ante cada uno de los hombres. Los dos me acompañarán. caballeros. uno de cada lado. Si alguno me aburre.

tanto más satisfactorio. Se contempló en el largo espejo de pared. Hartley era apuesto. pero si la verdad podía utilizarse. El .Hartley dijo la verdad al afirmar que había comprado un pijama en París. Su atención fue atraída por una prenda gris plata y malva. rio para sí. Investigando. En el juego que estaba jugando. lo compró. Incapaz de resistir la tentación. Saliendo del hotel de su tío. caminó por la Chausée d’Antin. Sin ser un petimetre ni un Beau Brummel. una o dos mentiras no significaban nada en absoluto. vio que se trataba de «pajamas: trés origináls». Al ponérselo esa noche.

pijama de seda le quedaba a la perfección. así que abrió un libro. Sólo hasta que su reloj de viaje campanilleó tres . pasó de página a página con intenso interés. ¿Leer o dormir? Decidió que no tenía sueño. intrigado por la maestría del autor. y la delicada textura de la tela revelaba los fuertes músculos. Hartley se acostó. olvidando el paso del tiempo. y el amplio pecho. Emocionado por la historia. otra de sus compras del día. se sumergió en la lectura de la más reciente sensación literaria de Francia. y arrellanándose en el suave colchón de plumas.

Con diestro movimiento de muñeca apartó las cortinas. Abriéndola. Un ligerísimo ruido lo hizo . ¡Caray! Ahora se daba cuenta del calor que hacía. De mala gana hizo a un lado el libro y apagó la luz. Hasta entonces notó que las pesadas cortinas de la ventana estaban cerradas y obstruían la entrada del aire fresco.veces sucesivas. aspiró a pleno pulmón el aire puro. se dio cuenta de que era hora de dormir. y vio que la ventana también estaba cerrada. Se levantó perezosamente y fue hasta la ventana. oloroso a pino.

¡«Mystery»! Aunque no podía discernir si la vaga sombra era o no Marie. Hartley se despojó de su pijama. Su corazón dio un salto. tuvo instintivamente la seguridad de que era ella quien se alejaba rápidamente. alguien se alejaba sigilosamente de la casa: una figura femenina. No necesitaba preguntarse las razones de tan inusitada expedición nocturna. Se .asomarse. ¿Podía haber alguna duda de que se hallaba relacionada con los planos del avión Maurcot? Frenéticamente. A la mortecina luz de la luna nueva. y en menos de cinco minutos quedó más o menos vestido.

pero sin percibir sonido alguno.asomó a la ventana. tocó tierra con un golpe seco y echó a correr. Su retraso era sólo de cinco minutos. resultaría también sencillo volver a la recámara por el mismo camino. Maldijo para sí. . tal distancia sería mayor todavía. llegó al bosque que los rodeaba. Brincó. Era fácil saltar por allí. Una vez en la amistosa sombra se detuvo a escuchar. y en el espeso bosque. y como debajo había un amplio antepecho. pero ese breve lapso podía representar una ventaja de casi medio kilómetro. Atravesando los terrenos del Chateau.

Sin embargo. el inventor. Ignorante de la dirección que «Mystery» había tomado. seguramente. buscaba los planos de Maurcot.¡La había perdido! Y no podía hacer nada sino permanecer ocioso mientras que ella. pisando cuidadosamente y deteniéndose de vez . desconociendo el sitio donde estaba el aeropuerto. Pensó y pensó. Era inútil esperar: nada había que hacer. Hartley se internó obstinadamente en el bosque. lo único que podía hacer era regresar a su lecho. no sabiendo dónde vivía Maurcot. únicamente para volver a caer en la conclusión obvia. renuente a admitir la derrota.

Pero los únicos ruidos que oía eran el susurrar de los árboles y el movimiento de los pequeños habitantes del bosque. No estaba seguro de poder encontrar el camino de regreso. la vio. Continuó avanzando. Había llegado a un pequeño claro. Los dioses lo favorecieron: de repente. con la ligera esperanza de que.en cuando a tratar de escuchar el sonido de otros pasos. pero tal cosa no le preocupaba mucho. hallaría el rastro de la mujer. por algún extraordinario golpe de suerte. donde se alzaba una decrépita y sombría cabaña que posiblemente había sido en .

y se alejó en dirección del Chateau. Evidentemente el golpe había sido . Sin osar moverse. una mujer entró al claro por el lado opuesto. El joven dudó al observar que caminaba con rapidez y que llevaba algo blanco entre las manos. sin notar su presencia. Súbitamente. y su paso era más calmado. sus manos estaban vacías. se detuvo y entró. y se acercó a donde Hartley estaba. pero al pasar frente a la cabaña. Ella pasó a menos de cinco metros de él. Cuando salió de nuevo.alguna época el hogar de un carbonero. Hartley contuvo el aliento y esperó. Hartley continuó inmóvil hasta perderla completamente de vista.

¿qué haría con ellos? ¿Mandarlos por correo? Difícilmente. se irguió. ¿Era demasiado tarde? ¿Había aún ocasión de recuperar los planos? Intentó ponerse en el lugar de la muchacha.dado. Ahora era ya demasiado tarde… ¿o no? Inconscientemente. los planos de Maurcot fueron hurtados y se hallaban en poder de «Mystery». Ya en poder de los planos. Hubiera debido vigilar. Lo más probable . por qué no se había preparado para un suceso de esa índole? Hubiera debido suponer que «Mystery» efectuaría el hurto durante la noche. ¿Por qué. en nombre de Dios. Hartley gruñó.

que los conservara consigo durante toda su estancia en Brenninçaux. ¿Por qué había entrado «Mystery» a la cabaña? Había dos razones posibles. por lo tanto. Hartley sonrió sombríamente. Una. la otra. O que se los pasara a otra persona.era. se llevaría los papeles. en el mismo tren. Una sola cosa lo intrigaba. se marcharía también. Si para entonces él no había conseguido apoderarse de ellos. El nombre saltó a su mente: ¡Wilberforce! Cualquiera de los dos que abandonara primero Brenninçaux. ocultarlos en algún lugar de la cabaña para recogerlos . esconder los papeles en las intimidades de su vestido.

aguardaría una ocasión conveniente para realizar análoga búsqueda en las habitaciones de Marie y Wilberforce. Si lo que buscaba no estaba allí. tal como Hartley había sospechado. La cabaña estaba vacía.después. Voltearía cada ladrillo. El futuro se le presentaba optimista. tendría forzosamente que triunfar en su investigación. Acto seguido. Muy bien. Aparentemente la cabaña estaba desierta. antes de abandonar Brenninçaux. excavaría por todo el piso. Bajo las circunstancias. en ese caso la registraría de cabo a rabo. .

sin obtener resultado alguno.con la ayuda de una lámpara abandonada allí (probablemente por los espías). buscó por todas partes. ¡Pero aún había dos recámaras que registrar! .

y luego maldecía a su tío. perdió de vista a ambos durante algún tiempo.Capítulo VII HARTLEY TUVO LA impresión de que. Hartley intentaba vigilar. después de aquella primera velada. Si el comandante lo hubiese tomado en serio. se maldecía a sí mismo. sino también a Wilberforce. Marie esquivaba tanto a él como al capitán Wilberforce. en más de una ocasión. con lo cual dificultaba la participación del joven en el juego de espionaje. Cuando tal cosa sucedía. con el resultado de que. no sólo a Marie. . ahora tendría.

sin encontrar lo que buscaba. y con el mismo resultado. un cómplice que lo ayudara a vigilar. habían ido a visitar una feria vecina. tenían que estar en la cabaña del bosque. a no dudar. pero no vencido. La oportunidad de registrar el cuarto de Marie se le presentó una tarde. Tarde o temprano. . Si los papeles no estaban en el Chateau. Luego hizo lo mismo en la habitación de Wilberforce.como Marie. Con meticuloso cuidado. Se sintió decepcionado. con excepción de él. astutamente ocultos. Hartley examinó toda la recámara de Marie. Todos los habitantes del Chateau.

madame de Stael se acercó a él con expresión . le robaría a ella los planos. ¡Qué triunfo! Noche y día. probablemente de noche. a su vez. los días pasaban sin que nada sucediera. Sin embargo. Esa sería la oportunidad de Hartley. Terminó por convencerse casi absolutamente de que le era imposible fracasar.«Mystery» iría por ellos. pues él. hasta que por fin Hartley empezó a preguntarse cuánto tiempo más se atrevería a permanecer en Brenninçaux sin exceder los límites de la hospitalidad. Un jueves por la tarde. Hartley soñaba con su éxito.

—¿No es acaso una vergüenza? ¡La muy mala! Le supliqué que se quedara por lo menos otra semana. ¡ah! ¿Qué se va? — repuso. Es el alma de la fiesta. —Este…. —¿Qué crees.contrita. cher ami. El corazón de Hartley dio un brinco. como ustedes los ingleses dicen. ve si puedes convencerla de que retrase su partida . Hartley. Hartley? Mademoiselle Arnaud se va él sábado en la mañana. distraídamente. ¡El sábado en la mañana! ¿Qué significaba aquello? Deseó estar a solas para meditar.

Sólo durante el fin de semana. sobre cuántos miles de francos comprendía la dote de Jacqueline. Hartley tuvo que dar su opinión sobre qué podía organizarse para el próximo domingo. sobre si Albertine estaba enamorada del hijo de monsieur Damon. —Haré lo que pueda —prometió. pero la anfitriona tenía ganas de charlar.hasta el martes. o al menos hasta el lunes. impaciente por quedarse solo. La idea de que él convenciera a «Mystery» de que se quedase en el Chateau más tiempo era bastante humorística. otro de los huéspedes pasó . Por fin. Hartley sonrió.

Se sentó frente a la ventana.por allí. Ante sus ojos. cuyos escasos habitantes subsistían casi enteramente gracias al Chateau. pues madame de Stael hacía allí la totalidad de sus compras. ¿Qué significaba la partida de «Mystery»? ¡Obviamente. y Hartley fue relevado. en una larga silla de bejuco. yacía el diminuto caserío de Brenninçaux. Logró escapar a su recámara después de sólo quince minutos de conversación. colina abajo. a sus pies. el amplio paisaje se desplegaba por kilómetros y kilómetros. una cosa importante! Era evidente que la joven .

Hartley gozaba de un puesto de observación favorable. en lo que a la noche se refería. ¿Y Wilberforce? ¡Suponiendo que mientras Hartley estaba ocupado . Afortunadamente. podía vigilar fácilmente la ventana de la joven.calculaba poder ya llevarse los planos con toda comodidad. Por tanto. y en el mismo lado de la casa. pues su recámara estaba en el mismo corredor. Había que vigilar sin descuidarse un solo minuto. un solo segundo. que la de Marie Arnaud. De este modo. tendría que ir a sacarlos de su escondite esa misma noche. o el día siguiente a más tardar.

Pronto. Hartley intentaba convencer al otro de que no era más que el idiota insulso que todos decían. o. pero esos momentos nunca duraban.vigilando a Marie. el americano fuera por los planos! ¡Si tan sólo tuviera un ayudante!. mejor dicho. Pero no lo tenía. se lamentó Hartley. así que depositó su confianza. su desconfianza. la sonrisa . El joven tenía la impresión de que el americano lo vigilaba constante y disimuladamente. juzgando por la expresión de Wilberforce. en Marie Arnaud. y a ratos. Wilberforce era un misterio para Hartley. tenía la impresión de haberlo logrado.

Hartley comenzó a desalentarse. Si Marie tenía aún esos papeles en su poder. También el viernes transcurrió sin novedad. Ese jueves no sucedió nada. quizá «Mystery» había ya entregado los planos a algún desconocido mensajero suyo. Quizá. y bajo la amable actitud de cortesía. El desaliento se convirtió en abatimiento. ni durante el día ni durante la noche. Hartley podía percibir una curiosidad intensa y penetrante. el abatimiento en desesperación.despectiva abandonaba el ancho y enérgico rostro. después de todo. sus deducciones eran equivocadas. se los quitaría de .

hubo un baile. los pies de ambos recorrieron el encerado piso. Un poderoso radio de onda corta recogía del aire la música. Ese día. pero esta vez Hartley estaba en guardia.un modo u otro. Hartley bailó un vals con Marie. En perfecto acuerdo. En la noche. . mientras sus dueños charlaban como habían charlado en el tren…. y las parejas bailaban al compás de una orquesta londinense. Hartley compró cloroformo en la pequeña farmacia de la aldea. Poco antes de que se hiciera un intermedio para servir refrescos y bocadillos.

Hace cinco noches que decidí irme mañana. Pero ¿qué le pasa? —Nada. ¿me echará usted de menos? —dijo ella tras un rato. ¡tan repentino! Marie rio suavemente. —Claro que no. monsieur. —Es una lástima que se marche antes del fin de semana. aunque sea por pura cortesía. Es tan…. monsieur.—Cuando me vaya mañana. —¿Necesita usted preguntar eso? — imploró él. —No. Usted no puede responder más que «sí». es que… tropecé con el pie . no es repentino.

Ella le dirigió una mirada traviesa. Generalmente hago todo media hora después de haber decidido hacerlo. —Más que posible. Dominándose. Hartley prosiguió el diálogo: —Ha de ser cómodo poder planear las cosas con tanta anticipación. ¡Hacía cinco noches! Precisamente la noche en que había robado los planos de Maurcot. Yo nunca puedo hacerlo. . —Entonces. —Quizá hasta tengamos el placer de viajar en el mismo tren. es posible que usted también se vaya mañana.de alguien —mintió Hartley.

—Mucho —dijo. viajar con otra persona? —O con otras —sonrió ella—. —Estoy por convencerme de que usted tomará ese tren. Sobre todo en los ferrocarriles franceses. Me encanta viajar acompañada.—Nada me complacería más. . Mademoiselle? Hartley hubiera podido jurar que antes de responder Marie se acercó más a él. —¿Le gustaría que lo hiciera. suavemente. la joven—. monsieur. Me siento más… ¡segura! —¿Le gusta. entonces.

como a un adolescente con pretensiones de tenorio.Mientras más. ¿Estaría intentando provocarle celos? Casi simultáneamente se le ocurrió otra pregunta: ¿Acaso Marie se marchaba en compañía de alguien más? —¡Qué curioso! —musitó. lo trataba como a un niño. pensativo —. Madame de Stael me dijo que sólo usted se iba. cínicamente sonrientes. Marie estaba burlándose de él. traviesamente misteriosos. mejor. Hartley se mordió el labio inferior. No se atrevió a mirarla a la cara. . Presentía que de hacerlo encontraría los grandes ojos obscuros.

El vals terminó. es probable. y Marie cambió de pareja para la próxima pieza. Se alegró de tener consigo el cloroformo. —Puede que Madame de Stael no lo sepa todavía. . con burla—. De hecho. El capitán Wilberforce es como usted: ¡impulsivo! —¡Wilberforce! —Hartley se sobresaltó—. ¿Se va también? —Es posible —murmuró ella.regañándolo por la torpeza de su indirecta. Hartley pensó que era ya indudable que la joven y Wilberforce estaban en complicidad. y que lo que tenía que pasar. pasaría esa noche.

como la otra noche. Para salir de la casa por el corredor. Cuando las doce y media sonaron en el reloj del salón. el reloj dio la una y .El baile terminó alrededor de la medianoche. Una hora pasó. Hartley abrió cautelosamente su puerta. Los huéspedes habían terminado de bailar y las inevitables conversaciones de último minuto habían concluido. despertando fantásticos ecos. la casa estaba silenciosa. Pero lo más probable era que saliese por la ventana. y él la oiría. Marie tendría que pasar enfrente. El joven se sentó frente a su propia ventaría a vigilar.

ésta usaría bien a sus subalternos. Hartley comenzó a desesperarse. Pero sabía la respuesta a esa pregunta. pero reservaría para sí el golpe final. ¿Había ya Marie recogido los papeles? En tal caso. Hartley se preguntó por qué nunca se le había ocurrido que tal vez fuese Wilberforce el encargado de ir por los papeles. la cabeza de . Era el cerebro. su última oportunidad sería quitárselos. Ojalá Wilberforce no estuviera montando guardia en alguna parte. asumiría sola la completa responsabilidad de sus actividades. Después. A juzgar por lo poco que creía conocer de «Mystery».media.

la cloroformaría. una diminuta botella y una cuerda delgada pero fuerte. cuidaría en persona los planos. Iría silenciosamente a la recámara de Marie. . Hartley concluyó velozmente sus preparativos. Metió en su bolsa un pañuelo grande. Se asomó por última vez a la ventana. Un objeto largo y sinuoso como una serpiente cayó de la ventana de Marie y quedó suspendido. y por segunda vez registraría sus pertenencias. y como tal. se dispuso a intentar la culminación de su contraespionaje. algo sucedió. Cuando ya empezaba a retirarse.la banda de espías. Así armado.

y pocos segundos después vio una silueta obscura brotar de la ventana y descender la ondeante escalera. Hartley saltó una vez más por su ventana.moviéndose ligeramente con la brisa. Observé tensamente. con la agilidad que su gran afición a los deportes le había proporcionado. a favorecerlo. corrió hacia el límite norte de los terrenos del Chateau. ¡Una escala de cuerda! El corazón de Hartley se agitó con éxtasis. Por fin. Esperando sólo hasta que se consideró a salvo de ser visto. Una vez en tierra. las cosas empezaban a moverse. .

Antes de avanzar mucho. la vio vagamente. una luz brilló a través de la ventana. ¡Qué audacia! Hartley se sintió admirado de la sangre fría de «Mystery». Parecía poseer todas. pero esta vez Hartley sabía hacia dónde ir. y siguió rápidamente el camino de Marie. Marie se detuvo. La muchacha entró y. A la . las cualidades de una espía perfecta. pocos segundos después. y aminoró el paso. Abruptamente. y Hartley vio la silueta de la cabaña. La persecución prosiguió a través del obscuro bosque. para cesar de repente.La silueta había desaparecido.

se sobresaltó. aunque menos audaz. Hartley vio al hombre asomarse agazapado y después erguirse. De pronto. Marie era lista. y Hartley sonrió burlándose de sí mismo. Otra sombra misteriosa cruzó furtivamente frente a la ventana iluminada. ¿Qué hacía allí el americano? En el segundo siguiente la respuesta se hizo obvia. . el joven sonrió con satisfacción. «Mystery» era más lista de lo que había pensado. Reconoció al capitán Wilberforce. pero él no le iba a la zaga.vez. La nueva complicación lo dejó asombrado y estupefacto.

un ardiente patriotismo. y con los dos juntos… La noche era bastante obscura. En lo hondo de su corazón existía un oculto amor por su país. Tal suposición se vio confirmada cuando Wilberforce abrió la puerta de la cabaña y entró. No podía permitirse . En aquellos momentos. Hartley se asomó a las profundidades del Hades. pero menos sombría que sus pensamientos. ¡Todos sus planes trastornados! ¿Cómo podría ahora obtener los papeles? Ya con «Mystery» sola hubiera tenido dificultades.Wilberforce estaba allí para servirle de guardaespaldas. Hartley maldijo.

fracasar en su misión. tal fracaso significaría quizá algún día la derrota de Inglaterra: el aeroplano Maurcot presentaba terribles posibilidades. el fracaso parecía inminente. echó a andar hacia el Chateau. Unos metros más y pasaría . A la luz que brotaba por la ventana. En su mano había algunos papeles. Y. Sólo un milagro podría evitarlo. Guardando con meticuloso cuidado los papeles. La puerta se abrió y Wilberforce salió de la cabaña. a pesar de todo. volvió a esconder la cartera en su chaqueta. Luego. Sacó de su bolsillo una cartera de cuero. se detuvo.

Hartley se dio cuenta también de otra cosa. . uno… Hartley saltó. En un destello. sino a encontrarse con ella. Sacó de su bolsillo el cloroformo y el pañuelo. dos…. Hartley se dio cuenta de los muchos nuevos aspectos que la situación presentaba. Marie había entregado los planos a Wilberforce.junto a Hartley. por motivos desconocidos. El milagro se había producido. Tres pasos…. La cabaña era el escenario de una cita durante la cual. Wilberforce no había venido a cuidar a Marie. debía aprovecharlo.

Sacó de su bolsillo una cartera de cuero que había pertenecido al capitán Wilberforce—. Hartley. ¿Qué te hizo regresar tan de repente? —Casi nada.—Con que de nuevo en Londres. . —Estás bromeando. muchacho. calmadamente. Hartley esbozó una sonrisa triunfal. Mira estos papeles. Únicamente los planos del avión Maurcot. ¿verdad? —dijo. tío —dijo Hartley con serenidad—. El comandante miró a su sobrino con aspecto sorprendido. Toma. —¿Eso crees? —preguntó. tío.

Con un esfuerzo. si… . —¡Caramba. Frunciendo el ceño. Después de todo. había hecho lo que hizo pensando en el bienestar de su patria. el comandante apartó los ojos de su sobrino. irritado —. su tío hubiera podido darle las gradas. Hartley se sintió disgustado. Pero. —Claro que lo son —dijo. Hartley! Tienes toda la razón. desplegó los planos y los estudió. al menos. Luego sonrió. ¿No estás contentó? ¿No te sirven de nada? —Hubieran podido servirme. No quería elogios exorbitantes. Son los planos auténticos.

Rusia. una pequeña lágrima. Alemania. su rostro estaba pálido y tenso.—el comandante hizo una pausa—. y por cada una de sus mejillas corría. Mi querido muchacho. pero en ese instante vio algo que lo hizo sentir un nudo en la garganta. alguien te ha jugado una broma. desapercibida. si… «Mystery» no nos los hubiera vendido hace exactamente cinco días. les hubiera vendido réplicas exactas a los gobiernos de Italia. puedo agregar. Y si tampoco. Turquía y Estados Unidos. Podría haber hablado. Hartley miraba fijamente al vacío. .

y además de . Necesitaba un traje nuevo. La moda había decretado que el número de botones en las chaquetas masculinas debía cambiar.Capítulo VIII ERA AGRADABLE CAMINAR otra vez por la calle Bond. ésta era una buena excusa para descartar el traje color chocolate. Tal cosa significaba descartar también camisas. corbatas y calcetines que hacían juego con aquel traje. pero eso era lo de menos. Hartley tenía más dinero del que necesitaba. pensó Hartley al dirigirse lánguidamente a su sastrería favorita.

su pasión por la buena ropa. su única extravagancia consistía en satisfacer un exquisito gusto de gourmet. Cuando abandonó la sastrería. ¿El Gerronimo o el Perro Negro? Lanzó al aire una moneda y. era ya hora de almorzar. el Francesca y el Perro Negro. Tardó toda la mañana en elegir la tela y en hacerse tomar medidas. Se le presentó el problema de a qué restaurante ir. La última vez que había comido allí pidió Solé Meuniere y le sirvieron algo que más parecía Solé Frite. No tardó en excluir al Francesca. atrapándola . Podía elegir entre el Gerronimo (su favorito).

Hubiera preferido una mesa para él solo.diestramente. —Caramba. qué pequeño es el mundo. señor Witham. Nunca pensé . un restaurante pequeño y encantador no lejos de la Plaza Picadilly. administrado por ex coristas cuyas habilidades culinarias. vio que había decidido en favor del Perro Negro. Hartley ocupó la silla con un suspiro. En el restaurante había sólo un lugar en una mesa para dos personas. La gente que hace sus decisiones por medio de monedas puede recibir extrañas sorpresas. aparentemente. eran más solicitadas que sus esfuerzos artísticos.

—Me marché de repente. De todas las personas con quienes no deseaba tropezarse. señor Witham. sin siquiera despedirme de nuestra encantadora anfitriona.encontrármelo aquí. . Hartley frunció el ceño. Lo creí aún en Brenninçaux. las que ocupaban los primeros lugares de la lista eran mademoiselle Marie Arnaud y el capitán Wilberforce. —Buenas tardes. Wilberforce rio. capitán. Exactamente como hizo usted. aunque debo decir que tal cosa me agrada sobremanera. —Hartley sonrió cortésmente—.

Hartley desmenuzó distraídamente
un bollo.
—Sí; es que me llamaron de
Londres. Tomé el tren de la madrugada.
—Eso mismo hice yo, dos días
después.
—Entonces, ¿no se detuvo en París?
—Pues no. Londres tiene mayores
atractivos para mí, al menos por el
momento. Tengo la esperanza de
recobrar algo que…, que perdí una
noche. Por extraña coincidencia, la
misma noche en que usted se marchó.
—¡Su cartera! La tengo aquí…, y
también lo que contenía. ¿Quiere que se
la devuelva, capitán?

—¡Cómo! —Wilberforce miró a
Hartley suspicazmente; luego, añadió,
con lentitud—: Bromea usted, señor
Witham. Lo reto a que ponga sus cartas
sobre la mesa.
Hartley alzó los hombros. Sacó de
su bolsillo una cartera de cuero, y de
ésta ciertos papeles. Luego, entregó
ambas cosas a Wilberforce.
—Gracias por el préstamo, capitán
—dijo.
El otro quedó absolutamente
desconcertado. Miró los papeles, alzó la
vista hacia Hartley, volvió a examinar
sus recobradas propiedades.
—Debo…, debo admitir que no

comprendo nada. ¿Por qué diablos me
devuelve usted estos papeles después de
todo el trabajo que se tomó para
quitármelos? ¡Ugh! Aún me parece oler
el cloroformo.
—Le pido disculpas. Fue lo mejor
que pude conseguir. Pensé que sería
menos doloroso que un golpe en la
cabeza.
—Cierto. —Wilberforce se llevó la
mano al cráneo—. Hace dos años me
dieron uno, y aún conservo la cicatriz.
Pero…, perdone mi falta de lucidez,
señor Witham. Quizá sea consecuencia
de aquel infernal anestésico. Ya que nos
hemos
desenmascarado,
¿puedo

preguntarle a qué viene este juego?
Supongo que ya hizo circular copias.
Hartley sonrió levemente.
—No, capitán. Eso se lo dejo a
usted y a su banda.
—¡Banda!
—Wilberforce
comenzaba a exasperarse—. Mire, señor
Witham, ¿por qué no ser franco? Me está
hablando en acertijos. Debe recordar
que, nosotros los yanquis, no estamos
acostumbrados a todos los métodos
diplomáticos de ustedes los europeos.
Nosotros decimos francamente lo que
pensamos, sea lo que sea; no
acostumbramos andar con rodeos.
Hartley asintió con la cabeza. Sus

ojos brillaban con ira y sus labios
estaban tensos.
—En ese caso, capitán Wilberforce,
seré franco. Usted y «Mystery» se
tomaron bastante trabajo para hacerme
quedar en ridículo. Pues bien, lo
lograron, y si quiere saber más acerca
de mí, le diré que estoy cansado de jugar
al espía. Abandono la partida, y todo lo
que deseo es olvidarme de ella lo más
pronto posible.
—Eso es hablar claro. Yo, por mi
parte, me alegro de oír que se ha
retirado. Es usted uno de los agentes
más listos que me he encontrado. Pero
¿a qué viene eso que ha dicho de

«Mystery»? Deje de fingir. Ya sé que
usted pertenece a su banda.
Hartley se inclinó por encima de la
mesa, rechinando los dientes.
—Mire, Wilberforce, admito que
usted me haya hecho tonto una vez, pero
le juro por Dios que no lo conseguirá de
nuevo. Sabe usted muy bien que no
trabajo con «Mystery» —rio con
amargura—. Es cierto que tuve la
audacia de creer que podía luchar contra
ella, pero resulté tan inútil como un cero
a la izquierda. De cualquier modo, ya
estoy fuera del juego. ¿Qué pretende
usted con sus mentiras?
En vez de responder, Wilberforce

permaneció mirándolo de una manera
extraña.
—Entonces —preguntó tras un rato
—, si usted no es uno de los cómplices
de Marie Arnaud, ¿quién es?
Hartley sonrió burlonamente.
—¿Insiste usted en su inocencia?
¡No soy nadie! Únicamente un pobre
tonto que pretendió detener la loca
carrera de «Mystery»; un loco idiota que
quiso hacer algo por su país…, y
fracasó en forma lamentable.
—¿Es usted, pues, un agente del
Servicio Secreto Británico?
Hartley meneó la cabeza.
—No, de ninguna manera. Un simple

aficionado. Pero no veo a qué vienen sus
preguntas. Supongo que no pensará
negar que usted sí pertenece a la banda
de mademoiselle Arnaud.
—Claro
que
lo
niego,
absolutamente.
Hartley le lanzó una mirada
incrédula.
—Entonces, ¿quién es usted? —
preguntó lentamente.
—El capitán Wilberforce, del
Servicio Secreto de los Estados Unidos.
La conversación se cortó, y una
mesera que, no deseando molestarlos,
había estado esperando ese momento, se
acercó rápidamente a Hartley y le

preguntó qué deseaba.
Hartley tomó el menú y escogió al
azar algunos platillos. Su mente estaba
demasiado llena de pensamientos como
para poder preocuparse por la cuestión
de la comida. Poco a poco el aspecto
humorístico de la situación fue
haciéndose evidente, y una vez que la
muchacha hubo desaparecido por la
puerta de la cocina, Hartley se volvió de
nuevo hacia el capitán con una sonrisa
en los labios.
—De manera que «Mystery» jugó
con los dos… Nos hizo creernos
enemigos.
—Eso parece.

—Supongo que le hizo concebir la
sospecha de que yo era miembro de su
banda, ¿no es así?
—Eso y más. ¡Dios mío! ¡Qué gran
actriz! Ni una sola palabra sospechosa,
pero a los diez minutos de haberlo
conocido a usted, yo estaba ya
completamente seguro de que era
cómplice de ella.
Hartley conocía aquella sensación.
—Ahora ya sabe cómo fue que yo
sospeché de usted. Oiga… La noche en
que le robé los planos, ¿se los había
usted robado a ella primero?
Wilberforce asintió.
—Sí. Supuse que andaba tras los

planos de Maurcot, y cuando ese jueves
me dijo que se iba el sábado e insinuó
que también usted se marchaba…
Vio que Hartley sonreía.
—¡Diablos! ¿Le dijo a usted lo
mismo? ¡Por Dios! Me quito el
sombrero ante ella.
»Bueno, como iba diciendo, al
recibir esas noticias me puse a pensar.
Eché a andar mi materia gris y no tardé
mucho en llegar a la conclusión de que
si nuestra amiga no había robado aún los
planos, tendría que hacerlo antes del
sábado.
»Después de eso, mantuve los ojos
bien abiertos. No pasó nada hasta el

viernes en la noche. Supuse entonces
que algo tenía que suceder durante las
horas que faltaban, así que procuré
quedarme afuera cuando cerraron la
casa. Y en efecto, acababan de dar las
dos en el reloj de la aldea, cuando la
dama bajó por una escala de cuerda. La
seguí y pronto llegamos a una cabaña.
»Marie entró y encendió una
lámpara. No pude menos que
maravillarme de su audacia. Fui hasta la
ventana y me asomé. La vi sola, con los
papeles en la mano. Ahora o nunca, me
dije, y, sacando un revólver del bolsillo,
entré a pescarla con las manos en la
masa.

»Le quité los papeles antes de que
pudiera reaccionar. Luego, eché a
caminar hacia el Chateau. Y entonces,
de repente, aparece usted, me aplica el
cloroformo y me quita los papeles. ¿Le
extraña que lo haya tomado por el
guardaespaldas de «Mystery»?
—En modo alguno —admitió
Hartley—. Yo pensé lo mismo de usted.
—¡Vaya!
Wilberforce miró la pared opuesta
del local. Hubo un silencio mientras la
mesera ponía los platillos sobre el
mantel. Luego, repentinamente, los ojos
de Wilberforce volvieron a enfocar a
Hartley.

. cosa de cinco días antes de que nosotros representáramos la comedia que ella misma había escrito. sólo que…. robando dramáticamente una copia más. pues. que «Mystery» distribuyó copias de ellos entre media docena de países.—Dígame. incluyendo el de usted. señor Witham. si usted no pertenece a la banda de mademoiselle Arnaud. ¿por qué me devuelve estos papeles? ¿Los rechazó su gobierno? ¿Son acaso falsos? Las pupilas de Hartley brillaron. —Es evidente que usted ignora el final de la historia. Los planos son de lo más auténtico.

Temo que lo que tengo ganas de decir sería demasiado fuerte como para que los oídos femeninos pudieran resistirlo. ¡Caramba! Ojalá no hubiera damas en cien metros a la redonda. —Bueno. comprendo. Me…. Tiene usted todas mis simpatías. A mí la noticia me afectó en forma distinta. recordando con . se humedeció los labios. me quedé mudo —apartó los ojos. verdaderamente… — Wilberforce miró alrededor.—¿Quiere usted decir que… que ella tenía ya desde antes los planos de Maurcot? Hartley asintió. se aflojó la corbata—. —Sí.

Ahora ya sabe usted por qué me he retirado del juego. —¡Dos veces! —exclamó Wilberforce con un matiz interrogante en la voz—. No soy particularmente sensible. Contó rápidamente su historia. Además. pero ya he hecho el tonto dos veces seguidas y no quiero repetir la hazaña. había hablado demasiado. Había renunciado a la lucha. ¿Se había batido ya antes con ella? Hartley se maldijo.claridad despiadada su amarga desilusión—. Wilberforce lo conocía ya bien. ya no. Pero ¿importaba eso? No…. Una vez más. y al .

hombre. —Caramba —expresó Wilberforce —. Acabe con ella. Le hará usted un gran favor a su país. es usted excelente. . ¿Por qué se rinde? Prosiga la lucha contra «Mystery». está usted diciendo estupideces. Pero lo que oyó fue algo distinto. ¿Cómo que hizo el tonto? ¡Engañó a las mil maravillas a «Mystery»! ¿Cómo iba a saber que los planes de su tío eran que el engañado resultara usted? Señor Witham. y de paso al mío también. para ser espía aficionado.terminar quedó esperando las frases compasivas del americano.

o pagarán carretadas de oro por obtener ciertos papeles. ¿Qué dice? —¡Qué qué digo! Los labios de Hartley se curvaron en .»Algo está cocinándose en los Estados Unidos en este preciso momento. o mucho me equivoco. y si «Mystery» se entera de ello. le propongo que usted y yo hagamos una especie de alianza para derrotar de una vez por todas a la famosa «Mystery». pero si cierta potencia asiática llegara a saberlo… Por Dios. »Mire. la cosa será grave. Se trata de algo que le conviene también a Inglaterra. señor Witham.

una sonrisa. ¡Venga esa mano! . La oferta era de lo más tentadora. Trato hecho. ¿Qué podía decir? A pesar de sus propósitos de olvidarse para siempre del espionaje. su corazón latió con fuerza al escuchar las palabras del americano. —Capitán Wilberforce. estoy con usted.

Wilberforce no lo llamaría por ningún asunto sin importancia. Aparte de la firma todo lo que el mensaje contenía era una palabra: «Venga». A las diez.Capítulo IX UN MES DESPUÉS. El cablegrama llegó a las nueve y cuarto de la mañana. pues. «Mystery» debía haber olfateado el secreto americano de que Wilberforce había hablado en el restaurante y el peligro de su ataque era inminente. Hartley estaba ya en las oficinas de Vapores . sólo podía significar una cosa. La palabra. Hartley recibió un cablegrama.

estaba a bordo del vapor. comprando un boleto para el barco: Olimpia. A las once se hallaba de nuevo en casa. y desdeñando a los pasajeros que preferían mirar el mar desde la cubierta de paseo. dando instrucciones a su sirviente. Se sentía enormemente contento. . Hartley recorría la cubierta. había conseguido la imprescindible visa. Faltaba una hora para el almuerzo. Menos de veinticuatro horas después. gozando las punzantes bocanadas de aire puro. en camino a Nueva York.Universales. Antes de almorzar. protegida con gruesos cristales.

todos sus conocidos americanos le simpatizaban en extremo. inconscientemente . un gran aprecio por la libertad del individuo. Sin embargo. y de los impenetrables rostros orientales. Después de las solemnes y rígidas convenciones de los anticuados aristócratas europeos. El oxígeno del aire yodado impregnaba todo su ser. un tenaz optimismo. era un alivio charlar con gente que se adelantaba a la época y poseía una vivaz frescura. haciéndolo sentirse más fresco.Aunque había viajado por toda Europa y visitado el Cercano Oriente. nunca había estado en el Nuevo Continente.

se apoyó contra la barandilla y miró cómo la tierra firme desaparecía lentamente en el horizonte. y las gaviotas descendían en veloces arcos. jugueteando con el viento. Terminando su paseo. graznando ruidosamente. Unas se distinguían con claridad. y Hartley sintió que iba a disfrutar sobremanera los seis días que duraba el viaje. Había otras embarcaciones a la vista.alzó más la cabeza. otras eran meras manchitas negras en la distancia. La naturaleza entera parecía estar alegre y en paz. Las olas parecían brincotear gozosas. Rumiaba aún esta agradable idea . respiró más hondo.

Hartley recordó que tenía hambre. se peinó con un cepillo. fue al comedor.cuando el sonido del gong subió hasta él. Bajando apresurado a su camarote. El almuerzo terminó pronto. Satisfecho ya su apetito. luego casi directamente bajo sus pies. primero distante. a medida que el camarero recorría los corredores con su tintineante llamado. Sus compañeros de mesa eran bastante aburridos. y tras ratificar el número de su mesa. Hartley dejó pasear su mirada por el recinto. no le tomó mucho tiempo averiguar que el . Hora de almorzar. mientras esperaba el café.

De seguro habría suficientes personas deseosas de unírsele para jugar bridge.reverendo Wellin-Smith. Las mesas estaban llenas. no pudo resistir el impulso de pedir una copa para acompañar su café. como es usual durante la primera comida de un viaje. iba a los Estados Unidos con el único y exclusivo propósito de reunir el mayor número posible de datos favorables sobre la prohibición alcohólica. Hartley. implantada poco tiempo atrás por el gobierno americano. tomó nota de las . que detestaba a los puritanos profesionales. mentalmente. quien viajaba con su esposa y su hija.

tuvo la sensación de estar soñando. Allí. Parecía imposible. estaba mademoiselle Marie Arnaud. Ya había examinado todas las mesas. Hartley recorrió con la vista a los comensales. era verdad. y sonrió. excepto la del capitán. . de repente.que le parecían más probables. y sin embargo…. —Monsieur. que era mayor que las otras y se hallaba en el centro del salón. Entonces. mejor conocida como «Mystery». el destino parece empeñado en juntamos. Hartley la miró con aire inocente. mirándolo con ojos brillantes.

digamos. no puede cambiarse. pueden ser artificiales. —No. mademoiselle. no es lo mismo. El destino es inexorable. Juega con nosotros sin que podamos oponerle resistencia. sospechosas? . este…. Marie dejó escapar una leve carcajada. arreglando nuestras vidas como mejor le parece. monsieur. —Es lo mismo.—¿El destino. mademoiselle las circunstancias? Ella encogió los hombros. —¿De modo que usted piensa que planeé este viaje por razones…. Las circunstancias….

—Le pido perdones. ¿El suyo es. Hartley detuvo su paseo. quizá. —Puedo enseñarle mi boleto. mademoiselle? A . mademoiselle…. monsieur. verá usted que lo compré hace tres semanas. y también me disculpo ante el señor Destino.—No me atrevería a decir tal cosa. —¿Y por qué no. lo tortuoso de sus innumerables caminos. veo ahora que he sido incapaz de apreciar lo torcido de sus ramificaciones. A pesar de lo que dije de él. de fecha anterior? Hartley se ruborizó. —Habla usted con amargura.

es prueba de que usted estaba en el juego de espionaje. quizá tenga usted razón. Y la cosa es peor si tal mujer es bella. monsieur. »El hecho de que haya caído en mi trampa.los hombres no les gusta hacer el ridículo. ¿cómo fue que cayó usted en la trampa? De no haber tenido sus propias razones para ir al bosque esa noche. —¿De modo que usted cree que lo he hecho quedar en ridículo? Sí. monsieur. . o quizá haya tenido yo una razón definida para hacer lo que hice. mucho menos por culpa de una mujer. Sin embargo. yo no me hubiera burlado de usted.

me divertí enormemente. Sospechaba más de Wilberforce. estoy cansada. a través de caminos obscuros. ambos habían estado paseando por la cubierta.No estaba segura de tal cosa. y usted. debo confesarlo. »Monsieur. a su vez. ¿Nos sentamos? Durante todo el diálogo anterior. ¿Puede usted reprocharme el haber querido averiguarlo? Además. El capitán Wilberforce me robó ciertos planos. . se los robó a él. Pero ya no tengo duda alguna sobre ninguno de ustedes. y quiénes son los enemigos. es importante saber a ciencia cierta quiénes son los amigos de una. Monsieur.

alumbrados aquí y allá por brillantes
lámparas adosadas a la pared. Abajo de
ellos, en las cubiertas iluminadas y
protegidas del viento cada vez más
fuerte,
los
demás
pasajeros
deambulaban
y
conversaban
animadamente.
Allí, en la cubierta superior, donde
estaban los botes salvavidas, el viento
soplaba y hacía algo de frío, pero
Hartley y Marie habían preferido ir a
ese lugar, que al menos era más discreto,
más privado.
Hartley arrimó dos sillas playeras.
Sentándose, ambos se cubrieron con
abrigadoras mantas y escucharon los

ruidos de la noche. La orquesta había
enmudecido; músicos y bailarines
descansaban. En el remoto corazón del
barco
las
máquinas
latían
incesantemente, pero su sonido no
ahogaba el melancólico chapoteo de las
aguas, rudamente cortadas por la afilada
proa del navío, ni los chillidos
lastimeros de las gaviotas.
Las sillas de los dos jóvenes estaban
cerca; sus cabezas casi se tocaban. Una
vez más, Hartley percibió la hermosa y
mística fragancia que Marie siempre
exhalaba. Al mismo tiempo que lo
intrigaba, el atrayente aroma aceleraba
insidiosamente los latidos de su

corazón.
—Mademoiselle —susurró Hartley,
suavemente—, ¿no es curioso que nos
revelemos de esta maneta nuestros
secretos? Creí que los espías eran muy
reservados; nunca soñé que se retaran
tan abiertamente.
—No
acostumbran
hacerlo,
monsieur,
pero
nosotros
somos
distintos. Me enteré de que usted era
espía el mismo día en que su tío le
encargó cierta misión especial en París.
Usted se enteró de mi identidad, de la
identidad de «Mystery», la noche que
olió mi perfume al abrir su valija.
—¿Usted…, usted sabía que…, que

yo sabía?
Hartley sintió un escalofrío. Marie
parecía ser omnisapiente.
—Por supuesto —repuso ella, con
sencillez—. Yo puse el perfume allí.
—¡Lo puso allí! —repitió él,
atontado—. Pero…, ¿por qué?
—Ése es uno de los secretos que no
pienso revelarle.
Quedaron en silencio por un rato,
cada uno embebido en sus propios
pensamientos. Pronto se reveló el tumbo
que los de Hartley habían tomado, pues
su siguiente pregunta fue:
—Dígame, mademoiselle, ¿por qué
le dicen «Mystery»?

—Querido amigo, no puedo
decírselo; ¡ése es otro de mis secretos,
de mis misterios!
Rio suavemente de su propio chiste.
Hartley dijo, lentamente:
—Quisiera poder comprenderla.
—¡Oh,
la-lá!
—trinó
ella,
volviéndose hacia él—. ¿Por qué no
olvida lo que soy, señor inglés?
Tenemos cinco días de viaje por delante.
Olvidemos nuestra ocupación, nuestros
países, nuestra enemistad, hasta que
lleguemos a Nueva York. Recordemos
sólo que somos… amigos.
Sonaron cinco campanadas en el
puente de mando; unos segundos después

se repitieron, procedentes de la proa y
de la popa.
Hartley sintió renacer exactamente
las mismas sensaciones que Marie había
despertado en él durante su primer
encuentro, en el tren. Entonces, como
ahora, había sentido una gradual
atracción cada vez más fuerte, que
avasallaba su acostumbrado desinterés
por las mujeres.
Al analizar sus emociones, se había
dado cuenta de que tal insólita sensación
se debía al misterio que Marie poseía.
Ahora, el misterio era más grande que
nunca, y como consecuencia, la
atracción aumentaba.

A través del tragaluz, se filtraban los
rayos plateados de la luna. Hartley se
volvió ligeramente para mirar de lleno a
Marie, y vio que ella había hecho lo
mismo.
El corazón de Hartley elevó un
himno de gratitud a la luna. A la tenue
luz, el rostro de la muchacha adquiría un
brillo etéreo que acentuaba su belleza.
—Mademoiselle —susurró Hartley
—, es usted muy hermosa.
Ella lo miró detenidamente antes de
hablar. Cuando por fin lo hizo, fue en
voz baja.
—Dijo usted eso como…, como si
hablara en serio.

—Nunca he hablado más en serio —
confirmó él.
—Qué manera tan deliciosa de
decirlo —suspiró Marie—. Monsieur,
usted es un enigma para mí. Su
reputación, la vida que ha llevado desde
el final de la guerra…, no hablan mucho
en su favor. ¿Por qué sus amigos hablan
de usted del modo como lo hacen: no en
forma insultante, sino como lamentando
algo?
—¡Un enigma! Los acertijos están
hechos para ser resueltos, incluso en
cinco días.
—¿Y los misterios? ¿Pueden
elucidarse en tan corto tiempo?

Hartley no tuvo ocasión de
responder. En ese preciso instante, un
camarero se acercó a Marie. Le entregó
un mensaje radiofónico. Marie murmuró
una disculpa y abrió, el sobre. Habiendo
leído el mensaje, dijo que debía ir a
contestarlo; era urgente.
Bajó apresuradamente, y Hartley ya
no volvió a verla esa noche.
Los siguientes días se deslizaron con
una rapidez que Hartley nunca hubiera
imaginado. Las horas de comida se
sucedían unas a otras vertiginosamente,
y aunque el aire marino despertaba su
apetito enormemente, Hartley odiaba

con salvaje intensidad el sonido del
gong.
Cada comida significaba una
interrupción de su diálogo con Marie;
una separación que por lo menos duraba
una hora, y frecuentemente más, pues a
veces, Marie desaparecía en su
camarote no bien terminaba el postre, y
tardaba bastante en salir.
Era la última noche a bordo.
Enfrente, se veían luces parpadeantes
que oscilaban: eran las boyas que
marcaban la ruta hacia la bahía de
Nueva York. Anclarían dentro de pocas
horas.
Hartley y Marie estaban sentados,

como de costumbre, en la cubierta
superior, mirando la delgada raya de luz,
formada por innumerables puntitos
brillantes, que yacía ante sus ojos. Long
Island.
Hartley recibió con sentimientos
confusos su primera visión de los
Estados Unidos. Por una parte, se sentía
alegre como un niño al pensar que por la
mañana desembarcaría en el Nuevo
Mundo. Pero, al mismo tiempo, no
olvidaba que ésta era su última noche
con Marie. ¿Cuándo volvería a verla?
Tímidamente, se decidió a expresar esta
pregunta en voz alta.
—¿Quién sabe? —fue la alegre

respuesta—. Esta noche somos amigos;
mañana, al desembarcar, nos uniremos a
bandos
opuestos.
Quizá
cuando
volvamos a vernos, sea como enemigos.
—¡Dios no lo quiera! ¿Bromea
usted, mademoiselle?
Ella rio de la ansiosa pregunta.
—Claro que bromeo, mon ami. ¿Por
qué habíamos de ser enemigos? ¿Acaso
lo son los políticos que pertenecen a
partidos
distintos?
¿Acaso
los
partidarios de un equipo de fútbol odian
a los partidarios del equipo contrario?
—Tiene usted razón, pero aquí la
cosa es diferente. Usted trabaja para un
país, yo trabajo para otro.

—¿Sí? —preguntó ella, de modo
extraño; luego, desvió el curso de sus
palabras—. Ahora es usted quien se
pone pesimista.
—Es que nuestras futuras relaciones
me interesan muchísimo —exclamó él,
apasionadamente—.
Mademoiselle,
¿por qué tiene usted…, por qué tenemos
nosotros que jugar de este modo con
nuestras vidas? ¿No puede usted
abandonar este juego de espionaje? Yo
soy un agente libre. Pero si usted
quisiera, podría también…
Ella le puso un dedo sobre los
labios.
—Silencio, monsieur. Lo que usted

—¡Mademoiselle! ¿Habla usted en serio? ¿Qué lazos irrompibles la atan? Dígamelo y yo la ayudaré. Las luces de Long Island parpadeaban maliciosamente. ¡Ése era el . señor Witham. la protegeré… —¡Basta. al otro lado de las inquietas olas.dice es imposible. por favor! Esta vez no había lugar a dudas. La voz de la joven estaba impregnada de un timbre helado. la voz de Marie había sido mucho más fría que antes. Hartley se preguntó si sus oídos lo estarían engañando: le había parecido que en esa breve frase.

Su fiero temperamento. ¿prefiere usted seguir siendo espía? ¿Le duele pensar en todo el dinero que dejaría de ganar si abandonara el juego? Hartley hablaba con desprecio. desprecio! Apenas había aparecido tierra firme en el horizonte. Sin una sola palabra de respuesta. Marie había cambiado. —Entonces….mensaje de bienvenida que Hartley recibía! ¡Burla. La camaradería existente entre ellos se había roto. desbordado. los dulces días del viaje no serían pronto más que un recuerdo. . saltaba por encima de toda cortesía y decencia. Marie apartó las mantas y se incorporó.

Al seguirla oyó un sonido que acaso era el débil eco de un sollozo. Hartley la vio mirarlo durante un segundo. Desembarcaron como enemigos: sin siquiera despedirse. de levantarse a su vez. . y antes de que tuviera tiempo de moverse. pero que también podía ser un chillido de gaviota. la vio volverse y bajar con paso rápido.En la tenue luz.

una vez que uno se acostumbra a beber licor clandestino. Wilberforce estaba junto a él. . conduciéndolo hacia un rincón discreto. —Wilberforce sonrió y apretó la mano de Hartley—. Espero que le guste nuestro continente. No es mal sitio. etcétera. Bien venido a la tierra de la libertad. Hartley sintió que alguien lo agarraba del brazo.Capítulo X —¡VAYA QUE ES usted rápido! Al descender de la pasarela. —Bueno. ya que está usted aquí. terminemos cuanto antes con los saludos. al país de las barras y las estrellas.

Me enteré .—Trataré de adaptarme —repuso Hartley—. Es bueno que esté usted aquí. el cable de usted me llegó a la hora del desayuno. —Magnífico. La primera en ponerse en movimiento fue «Mystery». Tuve tiempo de sacar pasaje para el día siguiente. —¡Ya lo creo! Me di cuenta. También en Inglaterra tenemos una o dos leyes absurdas. Dígame. ¿cómo fue que llegó tan pronto? —Gracias a la eficacia de las comunicaciones modernas. Los acontecimientos comienzan a moverse. no vino usted aquí para que charláramos sobre los sistemas legales. Pero en fin.

Wilberforce. —¿«Iba a venir»? Ya vino —dijo Hartley. . ¿verdad? Hartley sonrió levemente. calmadamente. —¿Cómo diablos sabe usted eso? Mi gente ha estado vigilando todos los barcos. —Mucho me temo que sí. y fue entonces cuando mandé el cablegrama. —No es ningún error. Eso significa que ella sabe que usted está aquí. —¡Por todos los infiernos! — Wilberforce se golpeó el muslo—.de que iba a venir. Ha de ser un error. Nuestra atractiva espía fue mi compañera de viaje.

Wilberforce asintió con la cabeza. —Buena idea. ¡Maldita sea! Hartley notó que sus noticias habían disgustado al otro. —Venga conmigo a mi hotel y cuénteme toda la historia —sugirió. Cumplió su palabra. Luego.Wilberforce maldijo. rugió: —Eso es lo peor que pudo haber pasado. Ahora le será fácil burlarse de nosotros. Un saludo aquí. Hice miles de planes. Venga. pero todos dependían de una cosa: de que «Mystery» ignorara que nosotros estábamos al tanto de su venida. haré que no lo entretengan mucho en la aduana. .

Te lo diré pronto. pero antes deseo hacerte una o dos preguntas. Bueno.una frase allá. —Hartley asintió—. Eres un agente . los dos hombres se hallaban cómodamente instalados frente a una ventana que miraba al gran Parque Central. no dudo que te preguntarás por qué te hice venir. y el equipaje de Hartley fue eximido de revisión y enviado a su hotel. y Wilberforce dio principio a su narración: —Supongo que te preguntarás… Podemos tutearnos. Pocos minutos después. ¿verdad? Es mucho más cómodo. como decía.

perfectamente libre. para contrarrestar las maniobras de «Mystery». —No respondas todavía. ¿aceptarías ser temporalmente mi lugarteniente. —¡Magnífico! Ahora bien. Eso es . ¿no? Esto es. ¿verdad? —Ninguna en absoluto. Sólo deseo tu ayuda para una cosa. el gobierno británico no te impone ninguna obligación. No creas que no comprendo todos los escrúpulos que surgen en tu interior. ingresar en forma extraoficial al Servicio Secreto de los Estados Unidos? —Pues… —Hartley titubeó. si te dijera que tengo más fe en ti que en mis propios compatriotas.

todo. en este país se prepara algo que podría causar una tormenta en cierto país asiático. »Antes de un mes. las consecuencias serían gravísimas. el asunto se resolverá en una u otra forma. porque si no. Tiene que permanecer secreto durante ese tiempo. »Como ya te dije. lo cual descubrimos sólo por una extraordinaria racha de suerte. A pesar de todas las precauciones tomadas. «Mystery» se enteró de ello. ¿Qué dices? De haber podido borrar de su memoria el recuerdo de la noche anterior. tal vez Hartley hubiera .

Para Marie. —Que estoy contigo. Esta idea enfurecía tanto al joven. aunque tardase años en lograrlo. el espionaje significa más que cualquier otra cosa. Sólo quiero saber una cosa. en modo alguno a mi patria? —¡Absolutamente! . que su único propósito ahora. era derrotar a «Mystery». más que su relación con Hartley. no perjudicará. estando a tus órdenes.contestado en forma diferente. pero una noche de sombrías meditaciones había amargado su alma. Wilberforce: ¿Puedes darme tu palabra de honor de que cualquier cosa que pueda yo hacer.

—¡Magnífico! Entonces, trato hecho.
Lo único que me desconcierta es: ¿cómo
puedo yo serte más útil que tus propias
gentes?
—Esperaba que me preguntaras eso.
¡Escucha! Para ustedes los ingleses, el
peligro asiático es meramente un
pretexto para escribir novelas de
aventuras.
Pero
nosotros,
los
americanos, y sobre todo los que
pertenecemos al Servicio Secreto, no
desdeñamos el peligro que yace al otro
lado del Pacífico.
»¿Sabías que hay países enemigos
que tienen mapas de cada metro
cuadrado de California? Si estallara la

guerra y lograran desembarcar…; pero
tú has servido en el ejército. No
necesito subrayar las ventajas que
representa para el enemigo la posesión
de tales mapas.
»Muy pocos conocen los hechos tal
como son; y menos aún pueden
comprender el peligro futuro. Pero
cuatro de estas personas se han unido:
dos oficiales navales, un oficial del
ejército, y una misionera. Llenos de
ardiente patriotismo, se han dedicado
por entero, durante todo el año pasado, a
fraguar un plan para la defensa de los
Estados Unidos.
»Yo mismo sólo conozco vagamente

tal plan; se refiere a cierta isla del
Pacífico. Dicho lugar sería ideal para
construir una base naval, aérea y
submarina. Pertenece por el momento a
un país extranjero. Mientras el plan se
mantenga en secreto, ese país puede
vender la isla; si el mundo se entera, la
Liga de las Naciones puede protestar y
prohibir la venta. Dirán que la idea de
armar la isla podría provocar la guerra.
Algunos estadistas de tu propio país han
condenado, por la misma razón, la base
naval de Singapur.
»A cualquier costo, Estados Unidos
debe adquirir esa isla. Sabemos que los
ingleses aprobarán el plan. Gracias a

Dios hay en Londres personas
responsables y honestas que se
preocupan realmente por servir a su
patria, y que se dan cuenta del peligro.
»Durante el mes próximo, los cuatro
autores del plan expondrán por escrito
sus respectivas proposiciones, y, una
vez hecho eso, los papeles serán
enviados a Washington. Cada una de las
cuatro personas deberá contar con
Varios guardias, cada papel debe
protegerse, cada reunión tiene que
mantenerse en secreto. Nuestros agentes
siguen actualmente a los interesados,
reportándose al cuartel general cada
hora, durante toda la noche y todo el día.

»A pesar de estas precauciones,
tengo miedo de «Mystery». Necesito a
alguien que la conozca, que esté al tanto
de sus métodos, que tenga suficiente
imaginación como para combatir sus
ataques. Tú eres el más adecuado para
ayudarme, Witham, porque sólo tú y yo
conocernos la identidad de «Mystery».
—Un
momento
—interrumpió
Hartley—. ¿Por qué no le pasas el dato
a tu jefe?
Wilberforce hizo un gesto de
disgusto.
—Eso hice, y quedé en ridículo.
Parece ser que acusar a Marie Arnaud
es casi tan imposible como acusar a la

esposa del presidente.
—Qué curioso.
—¿Por qué?
—Lo mismo me pasó a mí.
El americano exhaló un silbido de
sorpresa.
—¿Quién es esta mademoiselle
Arnaud para que nuestros respectivos
gobiernos le tengan tanto respeto?
—La hija del embajador francés en
Londres.
—¿Sí? —Wilberforce frunció el
ceño—. No sabía eso. Así las cosas
cambian, ¿no te parece?
—¿Por qué?
—Es muy difícil que la hija de un

embajador se meta a espía. Además,
¿cómo iba una francesa a robar los
secretos de su propio país para
divulgarlos por todo el mundo?
—¿Por qué no? —inquirió Hartley, y
con voz llena de amargura, agregó—:
Hay gente que, con tal de obtener dinero,
vendería su alma al diablo.
—Sí, claro… —musitó Wilberforce,
no muy convencido. Tras pensar un rato,
añadió—: Pero tengo la impresión de
que Marie Arnaud no es esa clase de
persona.
Se frotó el mentón, con expresión
abstraída.
—Witham, empiezo a temer que nos

hemos equivocado.
Hartley alzó los hombros.
—¡No lo creo! ¿Piensas que sea
coincidencia el que haya llegado aquí
justamente en los días que esperabas a
«Mystery»?
—Es difícil, ciertamente —la
expresión de duda, sin embargo, no
abandonó el rostro del americano—.
Pero no nos arriesgaremos. Sea o no
Marie «Mystery», estaremos en guardia.
Mientras mis superiores me mandan a
seguir pistas falsas, tú, como agente
independiente, puedes vigilar a Marie
de cerca. No hay tiempo que perder.
¿Cuándo quieres empezar?

—¿Por qué no ahora mismo?
—Magnífico. En unos minutos mis
agentes me informarán en qué hotel se
hospeda Marie, y entonces…
—Sería mejor que la vigilara otra
persona —interrumpió Hartley—. A mí
me conoce demasiado bien.

Capítulo XI
HABÍAN

TRANSCURRIDO dos semanas

del precioso mes. Hartley estaba
sentado frente a la ventana de su cuarto,
mirando la interminable procesión de
automóviles que desfilaba frente al
parque. Como de costumbre, pensaba en
«Mystery». Que Hartley supiera, hasta la
fecha, Marie no había hecho nada
sospechoso.
Los ayudantes de Hartley eran dos
ex detectives privados que Wilberforce
había contratado, pero el joven tenía
poca confianza en ellos. No porque
parecieran inexpertos, al contrario, pero

Hartley estaba convencido de que a
«Mystery» no le costaría ningún trabajo
burlarlos.
Sin embargo, Hartley poseía un
minucioso reporte de todo lo que Marie
había hecho durante los pasados catorce
días, y esto lo tranquilizaba: era
evidente que la muchacha aún no
empezaba a «trabajar».
No había intentado vigilarla en
persona. En primer lugar, porque temía
fracasar de alguna terrible manera, y, en
segundo, porque podía ser reconocido y
quedar en ridículo.
Tenía algún tiempo de no ver a
Wilberforce. Dos días después de la

llegada de Hartley, el capitán había
desaparecido, dejándole un breve
mensaje: «Salí a seguir una pista
falsa».
Abandonado a sus propios recursos,
Hartley experimentó una creciente
sensación de incapacidad. ¿De qué
servía que, hora tras hora, sus ayudantes
le informaran que Marie Arnaud se
hallaba «comiendo sola en el restaurante
Algonquin», o «visitando a la señorita
Betty Trevor, en el hotel Astor», o
«durmiendo en sus habitaciones»?
Sólo había una forma de vencer a
«Mystery»: anticipándosele. ¿Y cómo
podía lograrse esto? Sólo que Marie

traicionara sus propósitos de una u otra
manera. Y tal contingencia podía
contarse probablemente entre las más
improbables del mundo.
Por ejemplo, esa señorita Betty
Trevor, hospedada en el Astoz, ¿no era
posible que fuese cómplice de Marie en
este golpe? ¿No era posible que los
planes estuvieran ya en su poder?
Había sólo un rayo de luz en estas
tiniebla de inseguridad. Wilberforce
había dicho que, hasta donde él sabía,
los papeles no se entregarían sino hasta
la última semana del mes.
Hubo un brusco golpe a la puerta.
Hartley, sobresaltado, fue a abrir. Un

¿por qué?. Hartley pasó revista a la situación.botones le entregó un telegrama que él abrió con dedos temblorosos. Se trataba de un mensaje de Wilberforce: «Seguí pista hasta Buffalo. ¿Por qué estaba Marie tan inactiva?. Así que… ¡La junta se celebraría en Buffalo! ¡Y «Mystery» seguía aquí en Nueva York! Incómodo. ¿por qué? Parecía haber una . «Espero cosas pronto». Tuvo que pensar un rato antes de aclarar la frase: lo que Wilberforce esperaba era que algo ocurriese. Espero cosas pronto». No podía asociar los dos hechos.

porque sólo aguardaba el momento oportuno para ponerlos en práctica. sus pensamientos cambiaron de curso.sola respuesta posible: porque ya tenía sus planes hechos. . ¿Por qué hacía Marie aquello? Si tan sólo las cosas fueran distintas… Recordó con punzante nostalgia las veladas pasadas junto a ella a bordo del Olimpia. Cuando tal momento llegara… Hartley oyó en su interior la voz del demonio de la desesperación. Cuando tal momento llegara. ¿qué podría hacer él? A pesar de la intensa emoción que lo dominaba.

Sabía que se había portado indebidamente. Una por una. Pero más torturante era recordar cómo Marie no había vacilado en preferir su carrera . y esto lo torturaba. la suave voz con su casi imperceptible acento extranjero. repasó aquellas noches. tan cerca que a través de las gruesas mantas podía sentir la tibieza del grácil cuerpo. Una vez más recordó el bello rostro alumbrado por la luna. hasta que.Una vez más se vio sentado junto a ella en la cubierta azotada por el viento frío. la última acudió a su memoria. inexorable como el paso del tiempo. las más felices de su vida.

Era Murphy. había declarado la guerra. Ella. rechazando ambas cosas. —Señor. ponerse en su lugar… El teléfono sonó. Los labios de Hartley se tensaron en una mueca sombría. Él había ofrecido paz… y amor. Mandó al botones . Hartley debía luchar con ella y vencerla. ¡Vencerla! La idea sonaba irónica a la luz de su presente impotencia. Antes de poder proponer un nuevo pacto. la señorita Arnaud piensa salir de Nueva York.de espía al afecto que decía sentir por él. Debía anticiparse a Marie. uno de sus detectives ayudantes.

pero el tren para Filadelfia sale dentro de media hora. Colgando el teléfono. Si puedo llegar a tiempo. Oprimió . por fin! —No la pierdas de vista. te buscaré. señor. —Magnífico. había salido de su cuarto y esperaba el ascensor. Murphy. Yo iré inmediatamente. déjame recado con alguno de los mozos. ¿Adónde va a viajar Marie? —No lo sé. Voy inmediatamente. Si no. recogió su sombrero y su impermeable. Prométele una buena propina. Dos segundos después. ¡Acción.por un taxi para ir a la estación Pennsylvania.

Hartley oprimió de nuevo el botón. ¡Ponerse en el lugar de Marie! Eso haría. . El ascensor bajó. El ascensor llegó. El aparato parecía estar fijo.el botón para llamarlo. Para el impacienté Hartley. Al hacerlo. y vio en el indicador que estaba cinco pisos arriba del suyo. la puerta se abrió y Hartley entró. se recordó. para detenerse en el piso siguiente. Si él fuera «Mystery» y supiera que estaba constantemente vigilada. una fría ola de duda recorrió su cuerpo ¡Anticiparse! ¡Debía anticiparse!. esta lentitud significaba un complot para hacerlo perder tiempo.

haría todo lo posible por despistar a sus vigilantes. Al abrirse las puertas. y esta duda se volvió certeza en el breve tiempo que el ascensor necesitó para alcanzar la planta baja. el telegrama de Wilberforce acudió a su memoria. ¿A qué otro sitio podía ir «Mystery»? Hartley entró a una cabina de . Lógicamente. pero ¿lo haría por la estación Pennsylvania? Hartley lo dudaba.¿saldría de Nueva York con pocas precauciones? Definitivamente. Marie estaba haciendo eso. Era indudable que iba a abandonar Nueva York. no. La reunión sería en Buffalo.

hasta dentro de una hora y veinte minutos. Creo que se trata de un truco. Creo que mis sospechas son correctas. a tomar el tren para Buffalo. tras haber . Dime. nuestra joven se ha puesto en marcha. Ve a la estación Grand Central lo más rápido que puedas y mantente alerta. ¿no sale pronto un tren para Buffalo? —No. tengo la impresión de que Marie irá allí. Murphy la sigue en estos momentos hacia la estación Pennsylvania.teléfono y se comunicó. señor. —Schulz. —No importa. su otro ayudante. con Schulz.

cuando más desconcertado estaba. había perdido ya quince valiosos minutos. Buscó entre la gente a Murphy. Se acercó. Estaba convencido de que. el detective lo esperaría allí para pedir nuevas órdenes. oyó que un mozo gritaba su nombre. No encontró a Murphy por ninguna parte. pero. Yo me reuniré contigo inmediatamente después de ver a Murphy en la estación Pennsylvania. Llegó a la terminal cuando el tren acababa de salir. Al subir a un taxi y darle la dirección de la estación Pennsylvania. habiendo perdido el rastro de Marie.despistado a Murphy. .

Se mordió los labios con desaliento. El único equivocado era él mismo: sus teorías se rompían como frágiles burbujas. La respuesta confirmó la veracidad del . Síganos. y leyó: «Todo bien. sacó boleto para Filadelfia. Murphy no era tonto. Hartley desdobló el papel. no podía haberse equivocado. le preguntó al mozo cuándo había recibido la nota. M. Sin mucha esperanza. Me comunicaré con usted en el hotel Station».—¿Usted es el señor Hartley Witham? Hay un mensaje para usted.A.

Tomó el tren de Filadelfia.mensaje: Murphy. no queriendo dejar nada al azar. Schulz lo esperaba en la fuente de sodas. —Ni señas de la muchacha. ¿saldrías de la ciudad tan . me equivoqué por completo. Iría a notificar a Schulz de lo sucedido y luego viajaría a Filadelfia. patrón —reportó. —¿Usted creía que iba a otra parte? —Si tú supieras que te estaban vigilando. Schulz. esperó que el tren empezara a moverse para hacer el encargo. —No. Hartley regresó al taxi que lo aguardaba.

abiertamente? —Claro que no. no olvide que el tren se detiene en la Calle 125. patrón. —Compra dos boletos para el tren de Buffalo. —¡Cómo! —exclamó Hartley. es posible que Marie despiste a Murphy y cambie de trenes en esa parada. La esperanza renació en el corazón de Hartley. después de todo. Schulz. En ese caso. Si Marie sube en la . Seguiría una ruta tan enredada que ni un sacacorchos podría seguirme. —Usted lo ha dicho. Quizá. volviéndose hacia el otro—. sus deducciones habían sido correctas. Oiga.

luego. Si no. se detuvo en la única parada que haría por varios kilómetros. el expreso a Buffalo salió de la estación Grand Central por una vía parcialmente subterránea. la seguimos. —Nada. Schulz hizo que el portero abriera aún antes de que el tren acabara de detenerse. bajamos allí y regresamos a tomar el próximo tren a Filadelfia. Puntualmente. patrón. soltó un gruñido y se volvió hacia Hartley. Asomándose. paseó su vista por el andén. Hartley y Schulz corrieron hacia la puerta.Calle 125. Poco tiempo después. Un par de .

El día que llevaba los papeles falsos a París. Hartley alzó los hombros. Apartó a Schulz y se asomó él mismo. un mozo ayudaba a la anciana a subir. Schulz.matrimonios y una anciana que se parece a mi abuelita. Empezaba a acostumbrarse al fracaso. Dos carros adelante. Una oleada . con cabello blanco como la nieve. y un bonete. Una anciana vestida sencilla pero pulcramente. viajó en compañía de… Sí: recordó el reflejo en el cristal. En un destello recordó cierto detalle. resignado. Será mejor que regresemos rápido a… Se interrumpió súbitamente. —No importa.

de triunfo estremeció la sangre del joven. el paraíso de los recién casados. fuera de la vista de «Mystery». No se atrevía a salir. es un pueblo relativamente . era «Mystery» disfrazada. Niágara. La anciana era la misma que había visto en el Rápido de París: en otras palabras. Hartley esperaba. ¡LA PARTIDA estaba casi ganada! En dos días más. las deliberaciones de los cuatro patriotas serían trasladadas al papel. y entonces… Escondido en un hotelito de Niágara.

estaba satisfecho. . sino Sarah Price. y Wilberforce lo mantenía al tanto de lo que iba sucediendo en la reunión secreta. Hartley estaba al tanto de todo lo que «Mystery» hacía. pues vigilaba incesantemente a Marie. sino cien por ciento americano. correría grave riesgo de ser reconocido por su rival. El murmullo de las cercanas cataratas hacía las veces de música suave. tenía tiempo y ocasión de pensar con claridad. y que su acento no era ya francés. en la calle. En primer lugar. Sin embargo. Schulz era su explorador.pequeño. Además. sabía que ya no se llamaba Marie Arnaud.

La suerte estaba echada. vigilados y rodeados por agentes secretos.Este último dato preocupó seriamente a Hartley: ¿sería capaz la muchacha de disfrazar incluso su voz? ¿Qué tal si la sospechosa anciana resultaba a fin de cuentas inofensiva? Pero tras una mañana de meditación. mientras Schulz la miraba de . pasaban los días. una simpática anciana se sentaba en una banca frente a las cataratas y tejía calcetines. Cada mañana. Hartley decidió olvidar esa posibilidad. Cada mañana los cuatro patriotas se reunían en secreto. De este modo. había que esperar los resultados.

pero no logró florecer. Esta palabra. Hartley no podía pensar nada que ayudara a derrotar definitivamente los planes de «Mystery». De manera que no había nada que hacer dentro de dos o tres días.lejos. Según Wilberforce. «¡Anticiparse!». echó raíces. A pesar de sus esfuerzos. se había tomado toda posible precaución para proteger los preciosos planes. fumando su puro y gozando lo más que podía de estas «vacaciones». firmemente plantada en la mente de Hartley. hasta que los papeles estuvieran terminados. listos para ser . una vez que fueran trasladados al papel.

el llamado de las cataratas se colaba por la ventana abierta. Esto le producía incomodidad. y al pensar en el mar. Por alguna razón. El rugido de las cataratas atraía a Hartley. el ruido del agua le recordaba el mar. .enviados a Washington. pensaba en los días pasados con Marie a bordo del Olimpia. Llevado en alas del viento norte. en las nubes de espuma. Ansiaba recrear sus ojos en las tumultuosas aguas. en los arco iris multicolores. y parecían llamarlo. y Hartley se sentía agitado por una extraña emoción. No las había visto aún.

Hartley estaba casi seguro de que Marie no había recibido ayuda alguna en el robo de los . Hartley deseaba olvidarlos. ¿Tendría una banda. Cinco días de felicidad completa. recordar sólo que «Mystery» era una espía.Un nudo se formó en su garganta. Aquellos recuerdos le resultaban dolorosos. sino robaba sólo para ganar dinero. Ella y su banda eran… Hartley frunció el ceño. que a la luz de los eventos posteriores brillaba más aún. después de todo? Nada parecía confirmar esa suposición. y que ni siquiera tenía la excusa del patriotismo para serlo.

pálido y sudoroso. además.planos de Maurcot. trabajaba sola… Pero Hartley no pudo concluir sus meditaciones al respecto. La había vigilado de cerca. no había tenido comunicación con nadie que no se hallara por encima de toda sospecha. pues la puerta de su habitación se abrió súbitamente y Schulz entró. la tipa ha desaparecido. —¡Demonios! Hartley susurró la exclamación para . —Patrón —gruñó—. Quizá. Schulz estaba seguro de que. durante su estancia en Niágara. después de todo.

sí mismo. Empezó a pegarlas en unas cartas que llevaba. —Sí. subió dizque a buscarla…. Era imposible. y eso es todo. se esfumó. Entonces rio. dijo que había olvidado una carta en su habitación. el desastre era casi inminente. Esta mañana bajó al vestíbulo del hotel a la hora de costumbre y le compró algunas estampillas al encargado. se extrañó y contó los sobres. —¿Cómo que desapareció? — preguntó con desánimo. se evaporó sin dejar rastro. en este momento crítico. . Si la perdía de vista ahora. desapareció. y viendo que le sobraba una.

¡Había que pensar rápido! Tras enviar a Schulz a investigar todos los . y sólo Dios sabe dónde estará. Se la dio al encargado. bajó una sirvienta con una carta en la mano. yo estuve allí todo el tiempo. patrón? Una nota que decía que nuestra amiga había desalojado el cuarto. tuvo que cruzar el vestíbulo. »A menos que haya salido por una ventana.»Esperé hasta las once menos cuarto. y no lo cruzó. También había un billete de cincuenta dólares. y él la abrió. patrón. y cuando ya me disponía a interrogar al encargado. ¿Sabe usted lo que era. Desapareció.

Dentro de dos días. nadie abandonaría el recinto ni por un instante. Esa sería la ocasión en que su trabajo quedaría trasladado al papel. conocía todos los detalles. Hartley se sentó a meditar. los patriotas se reunirían por última vez. Agentes secretos custodiarían . pero ninguno de ellos parecía ofrecer oportunidad alguna para que «Mystery» se adueñara de los papeles. Durante esa última sesión. listo para enviarse a Washington.hoteles del pueblo y la estación del ferrocarril. Gracias a Wilberforce. Una y otra vez repasó los planes que se habían preparado para custodiar a los cuatro patriotas y su labor.

su mente se hallaba fatigada. Cuando el trabajo estuviera listo. Hartley cerró los ojos. Hasta sus oídos llegaba débilmente el adormecedor sonido de las cataratas. o asesinara a los guardias. Irían en una valija cuya llave guardaría Wilberforce. ¿cómo podría «Mystery» lograr su propósito? El día iba volviéndose caluroso. otros tres a Wilberforce. la señorita Freebody. A menos que descarrilara el tren. tres hombres custodiarían a la señorita Freebody. la misionera. La cabeza le dolía. Durante todo el viaje.todas las puertas y ventanas. llevaría los papeles a Washington. .

Hartley sonrió. Súbitamente. se había anticipado a los planes de «Mystery». Por fin. Tuvo entonces un luminoso instante de revelación. su mente estaba en blanco. pero reanimada.Cuando despertó. .

estaban por fin en Washington y habían cumplido su misión. Después de tantas fatigosas horas. —Bueno. Diablos. y luego. Hemos derrotado a «Mystery». necesito una afeitada.Capítulo XII WILBERFORCE Y HARTLEY esperaron hasta que la mujer entró al edificio. —Yo también. el americano suspiró con alivio. supongo que esos papeles ya están a salvo. cómo . pero me caigo de sueño —llamó un taxi—. Ahora voy a echarme un buen sueño. gracias. ¿Vienes conmigo? —No. Voy a la barbería.

Nos iremos de parranda para celebrar la victoria. ¿Qué tengo que hacer? Hartley dio sus instrucciones. El hombre sonrió alegremente. agitó su cansada mano en señal de despedida. Llámame por teléfono en la noche. luego llamó otro taxi. . Hartley esperó a que el coche de Wilberforce diera vuelta. —¿Quiere ganarse cincuenta dólares? —le preguntó al conductor.se tardaron esos tipos en escribir unos cuantos miles de palabras y en dibujar dos o tres mapas. Witham. —¡Cincuenta! Claro que sí. Subiendo al taxi.

Nada me gustará más que gozar de su compañía. no tuvo problema para hallar taxi. cuando la señorita Freebody salió del edificio. disponiéndose a bajar.Diez minutos después. reteniéndola—. A decir verdad. Soborné al conductor para que la esperara. caballero —dijo la mujer. —Al hotel Astor —dijo subiendo. señora. debo confesarle algo. —Disculpe. por favor —exclamó Hartley. exclamó—: ¿Qué significa esto? —Únicamente que yo alquilé este coche antes que usted. —Un momento. . y entonces.

—Bueno. . a los papeles que usted acaba de robar de cierta valija. deseaba hablar con usted.—¡Para que me esperara! No comprendo —repuso ella. Me refiero. a otra persona. otra persona… No comprendo —la voz de la señorita Freebody temblaba un poco. para ser preciso. este…. y que se refieren al plan de defensa de los Estados Unidos contra la amenaza asiática. —Devolución…. —En tal caso. mirándolo fríamente. para pedirle la devolución de algo que pertenece…. será mejor que me explique. para serle franco.

y su rostro inmóvil dejaba traslucir una expresión de desaliento. Se arrepintió de la hiriente frase en el mismo instante de decirla. Hartley miró a la mujer. Ella tenía la vista fija al frente. Esta idea ensombreció su entusiasmo.Hubo un silencio. La mujer alzó la cabeza con gesto altivo. —De modo que a «Mystery» no le gusta perder. Acaso nunca volviera a . pero ya era demasiado tarde. y Hartley supo que nunca le perdonaría su pedestre alardeo. El joven sintió una triunfante alegría. roto sólo por el rítmico ronroneo del automóvil.

Hartley había tenido la esperanza de que. tendría merecidos todos los desprecios que ella seguramente le haría. . La actitud desafiante le provocó ira. pidiese misericordia con lágrimas en los ojos. —Muy bien. señor detective. —Mademoiselle… —quiso disculparse. ¿no va a ponerme las esposas? —dijo ella con desdén. viéndose atrapada. y si la volvía a ver.verla en toda su vida. se rindiera. —Sólo quiero los papeles. pero calló avergonzado cuando la joven lo miró a los ojos.

monsieur. —¿Por qué fingir.mademoiselle —repuso secamente. —Entonces. ¿qué es lo que no comprende? —La petición que usted me hace… —Marie dejó escapar una cristiana carcajada—. Hartley se alzó de hombros. —No comprendo. . Devolución…. mademoiselle? ¿Niega usted haberse apropiado de los papeles que acabo de mencionar? —No niego nada. ¿cree usted sinceramente que voy a devolver esos papeles? —Desde luego. señor Witham — dijo ella con frialdad.

Hartley meneó la cabeza. porque si usted no me da ahora mismo los papeles. lamentaré desilusionarlo. yo también estaba en Niágara. —No. cómo se atreve! —tartamudeó. Luego. preguntó con curiosidad—: ¿Cómo me descubrió? —Mademoiselle. y cuando usted se hizo ojo de hormiga. supe que había llegado el momento de actuar. Sólo había una . —¡Cómo se atreve. la haré encarcelar. Marie lanzó una exclamación de sorpresa. calmándose. mademoiselle.—Entonces.

»Si de una manera u otra. el golpe le resultaría relativamente fácil. los patriotas querrían lavarse . la suplantación no se llevaría a cabo sino hasta que todos los planes estuvieran listos. Pero ¿cómo hacer esto? »Obviamente. más aún. Eso hice. podía usted suplantar a uno de los cuatro patriotas. podía usted tomar el lugar de la señorita Freebody. y de repente descubrí cuál era la única forma en que podía adueñarse de los planes. la victoria era casi suya. Si.manera de conocer sus planes: ponerme en su lugar. Usted supuso que después de tantas horas de escribir y dibujar.

por la única razón de que se confió demasiado. Esa fue la oportunidad. pero cuatro pares de manos limpias. »Confieso que todos estos detalles los deduje después. y usted esperó en el baño hasta que la mujer entró. Fueron a lavarse. pero lo que importa es que descubrí a tiempo la idea central. disfrazada. La misionera que traspuso la puerta era la verdadera. la que casi en el acto se unió a los otros tres patriotas era usted. Entonces supe que mis sospechas eran correctas. . Usted cometió dos errores.las manos. El primero es que había sólo tres toallas sucias. mademoiselle. uno por uno.

desafortunadamente para usted. y al escribir la fecha usted se delató. Pero. Hice que Wilberforce obtuviera los cuatro autógrafos. Supe entonces . »Solamente quedaba por averiguar quién era el suplantado. No porque creyera que usted fuese mala falsificadora. con el pretexto de su importancia histórica. conociéndola.Usted había suplantado a uno de los patriotas. el día era el 27 del mes. estaba seguro de que habría previsto ese detalle. escribió usted el siete como todos los franceses: con una pequeña rayita en medio. Llevada por el hábito.

mademoiselle. usted suplantaba a la señorita Freebody. . los ojos relampagueantes. Ignoro cómo y cuándo robó usted los papeles. »De modo que esperé con paciencia y luego me permití jugarle esta pequeña broma.que. Nunca. ya no me preocupé en lo más mínimo. Lo que sí sabía era que se hallaba demasiado vigilada como para poder disponer de ellos antes de haber entregado la valija aquí en Washington. no. »Después de eso. no. tal como yo había creído. deme los papeles: Ella se irguió desafiante. —No. el rostro airado. Ahora.

—Los papeles. Reuniendo . El taxi prosiguió su ruta. mademoiselle.Hartley se asomó por la ventana y dio una orden al conductor. y hubo un forcejeo de voluntades. y a la luz que penetraba del exterior. —¿Adónde vamos? —susurró ella. El taxi se detuvo. Ambos se miraron a los ojos. Hartley oyó un apagado sollozo. —De vuelta a la Oficina de Guerra —respondió él en tono cortante. y regresó por el camino por donde había venido. Pronto se detuvo en su punto de partida. vio que el rostro de la muchacha estaba mortalmente pálido. dio media vuelta.

Marie trató de abatir la magnética personalidad del joven. —¡Deber! ¿Qué sabe usted del deber? Lo odio por lo que ha hecho. y. pero él resultó ser el más fuerte. . y las violentas palabras lo hirieron. se los entregó.toda su fuerza. Ya en poder de los documentos. Tras unos momentos. Marie buscó en sus bolsillos. sacando los papeles. —Mademoiselle. Hartley se sintió de pronto inundado de compasión hacia el grácil ser que acababa de domeñar. comprenda usted que no hago sino cumplir con mi deber —dijo con voz suplicante. —¡Cómo lo odio! —murmuró.

Todo lo contrario. Si quisiera. —Muy bien.Cree haber actuado bien. como se dice vulgarmente. Hartley no contestó. Ella sonrió desdeñosa. la patria sé lo agradecerá. Dígale: «Aquí está una espía. métala a la cárcel». Entrégueme a ese policía de la esquina. mademoiselle. pero su rostro adquirió una expresión de dolor. señor patriota. —Nuestras opiniones difieren. ha causado innumerable daño. mademoiselle… . Olvida usted que la he sorprendido. —Por favor. Cumpla con su deber. Ande. podría entregarla a la justicia. con las manos en la masa.

Recuerde que sigo siendo «Mystery». Usted me recordará durante mucho tiempo. «Mystery» seguirá siendo «Mystery». Usted ha obtenido los pápeles. tenga cuidado. soñará conmigo. pero ella no le dio ocasión. Hartley quiso contradecirla. y yo sólo me reiré de usted. ni siquiera traicionar mi secreto. Si acaso volvemos a encontrarnos. pero también yo he ganado una victoria.—¡Bah! —prosiguió ella—. Hay algunas cosas sobre mí . Seguirá usted siendo el único en saber mi identidad. señor Witham. —No hable —dijo—. No podrá usted entregarme. pensará en mí.

Con rápido movimiento. cenó y se acostó temprano. . se sentía vil y despreciable. Al llegar otra vez a Nueva York. Al contrario. compró su boleto para Inglaterra y. A continuación. aunque ignoraba la razón. Adiéu.que usted ignora todavía. entregó los papeles al sorprendido Wilberforce. pero le era imposible sentirse satisfecho. y llamó otro taxi. Hartley se hundió en el asiento. Había ganado. regresando a su hotel. había derrotado por fin a «Mystery». descendió del coche antes de que Hartley pudiera impedírselo.

Al principio creyó sufrir una ilusión de óptica: era una fantasía suya. un sueño. Pero su mente estaba en otra parte. de que el nombre estaba verdaderamente allí. vio el nombre ante sí. que soñaría en ella durante mucho tiempo… De repente. Luego se dio cuenta de que no era así.Había comprado un diario vespertino. mencionado en una breve noticia: . y antes de apagar la luz paseó la vista por las noticias. sobre la página del periódico. Marie Arnaud había tenido razón al predecirle qué pensaría en ella.

. Informa Nuestro Corresponsal Londinense. resultó víctima de un accidente automovilístico.HIJA DE CONOCIDO DIPLOMÁTICO. Ayer en la mañana. HERIDA EN LONDRES Fue Víctima de un Accidente Automovilístico. causado por un vehículo de carga que al patinar sobre el asfalto embistió el coche que Mademoiselle Arnaud guiaba. hija del embajador francés en Londres. mademoiselle Marie Arnaud.

y no había nada que hiciese pensar lo contrario. . los numerosos amigos de mademoiselle Arnaud. Su mente era un caos. mademoiselle Marie Arnaud no era. muchos de ellos americanos. después de todo. Se calcula que en menos de una semana será dada de alta. afortunadamente. «Mystery».Sin embargo. Si el periódico decía la verdad. Hartley no pudo continuar leyendo. se alegrarán de saber que. las heridas que la bella joven recibió fueron meramente superficiales.

Capítulo XIII UNA VEZ DE REGRESO en Londres. que para él representaban una inagotable fuente de placer. Hartley amaba los libros con tal pasión. Hartley salió a recorrer las librerías de la calle Charing Cross. que casi siempre regresaba de sus expediciones sin un solo centavo. Sus gustos eran poco especializados. sin fijarse en el precio ni en el autor. Hubiera sido difícil pensar en un campo del saber humano que no estuviera representado por uno o más volúmenes en su extensa . Compraba cualquier libro que le llamaba la atención.

Un hombrecillo provisto de gruesos anteojos acudió inmediatamente a recibirlo. sacó de su bolsillo media corona y entró a la librería. señor. —Buenas tardes. al pasar frente a un aparador. Stutfield.biblioteca. —Buenas tardes —repuso Hartley —. vio un tomo titulado Misticismo y catolicismo. aunque con cierta dificultad debida a su carga. Sin titubear. llevaba ya siete u ocho libros bajo el brazo cuando. En esta ocasión. . Quiero comprar un libro de los que tiene usted en el aparador. M. por Hugh E.

. —Muy bien. casi frotándose las manos de gusto. —Misticismo y catolicismo — contestó. que la compra se volvía más placentera.El hombrecillo sonrió. —Muy bien. señor. ¿en qué parte del aparador está? —En el estante del fondo —explicó Hartley. señor. ¿qué libro es? Se lo daré en el acto. El librero tenía tantas ganas de vender. Hartley no pudo reprimir una sonrisa. El hombrecillo volvió a sonreír ampliamente.

El hombre pareció titubear. —Lo siento mucho. tras los gruesos lentes. La sonrisa se borró de su rostro y sus ojos. no. señor. —Entonces. adquirieron una expresión suspicaz. La etiqueta dice que cuesta media corona. —¿Por qué no? —preguntó Hartley. no está a la venta. señor. disculpe usted. curioso—. y… —No. pero no puedo venderle ese libro. ¿por qué diablos lo pone usted en el aparador? —inquirió Hartley con cierta irritación. .Acto seguido. la actitud del comerciante cambió.

una semana después. y examinó el estante de . hubiera olvidado por completo el incidente. Por eso lo puse en ese estante. Recordó entonces la extraña conducta del librero. uno de nuestros clientes más antiguos y asiduos. acaba de telefonear para que se lo apartáramos. Los libros que se ponen en ese estante no se hallan a la venta. volvió a pasar frente a la misma librería. Hartley encogió los hombros y abandonó la librería. es que… estaba a la venta hasta hace más o menos media hora.—Lo que ocurre —dijo luego—. señor. pero un cliente. a no ser porque. Probablemente.

trataría de adquirir Los tiempos de la Reina Ana. pero a poco se detuvo. prosiguió su camino. por Justin Macarthy. que lo del estante especial podía ser mentira. Sonrió traviesamente: para comprobar si sus sospechas eran fundadas. Suspirando con resignación. Acababa de ocurrírsele que tal vez el librero hubiera inventado el pretexto por razones personales. Hartley maldijo para sí: llevaba varios meses a la caza de aquel libro. Había en él varios títulos nuevos. uno de los cuales era Los tiempos de la Reina Ana. El viejecillo no estaba en la librería. .libros «vendidos».

señor. pero el señor Simmonds no le ha puesto precio todavía.Hartley fue atendido por un joven pulcro y eficiente. —¿Acaso ya está vendido? —No. pero ha pedido usted uno de los pocos libros que no puedo venderle. —Lo siento. de ninguna manera — fue la pronta respuesta—. Hartley respondió el saludo y pidió el libro. El rostro del dependiente mostró desencanto. Está a la venta. señor —dijo—. —Buenas tardes. señor —saludó éste. y hasta que no lo haga… .

Decidió que al día . y.—¿Cuándo será eso? —inquirió Hartley. señor — explicó el muchacho. Había once libros en el estante del fondo. El sistema de exhibir libros para luego negarse a venderlos lo intrigaba sobremanera. La creciente curiosidad de Hartley lo hizo anotar todos los títulos. —Mañana por la mañana. con tono casual. abandonó el local. seguido por las profusas disculpas del dependiente. sobre todo por la contradicción entre las dos excusas que había recibido. —Trataré de pasar mañana —repuso Hartley.

al hacerlo. Durante el resto del día. pero no pudo hallar ninguna solución. pero al mirar el .. Hartley meditó sobre el misterio de la librería del viejo. a no ser porque estaba haciendo precisamente lo que él acababa de hacer: copiando los títulos de los libros. y. A la mañana siguiente. No le hubiera prestado la menor atención.siguiente trataría nuevamente de comprar Los tiempos de la Reina Ana. Compra y Venta de Libros. Guardó la lista en su bolsillo. fue por tercera vez a Simmonds y Cía. se dio cuenta de que un hombre estaba parado junto a él.

halló nuevamente al viejecillo. por A. El librero pensó durante unos segundos. El estante no contenía ya ninguno de los libros que había visto el día anterior. había algunos tomos empastados de la colección Países del mundo. Le preguntó en tono casual si no tendría un ejemplar de Barco de estrellas.aparador recibió una sorpresa. en lugar de éstos.T. Quiller-Couch. —Me parece que sí. uno de los libros que habían estado en el aparador veinticuatro horas atrás. señor — . Entrando.

Un chelín y seis peniques. pero. para volver en menos de un minuto con el libro pedido—. No había siquiera la posibilidad de que el ejemplar que acababa de adquirir fuese otro distinto. y. De modo que el cuento de que los libros del estante estaban apartados era mentira. Hartley pagó y se fue.respondió cortésmente. no hallando ninguna explicación . Varias veces durante el día. señor. desapareció en la trastienda. si me hace el favor. Hartley volvió a recordar la misteriosa librería. pues reconoció en el acto una mancha de tinta roja sobre la cubierta. arrastrando los pies.

Tres días más tarde. Hartley asumió un aire levemente divertido. y decidió olvidarlo. y el viejo lo saludó con una genuina sonrisa de alegría. donde había estado desde que Hartley volviera de los Estados Unidos. No me voy a casar… . el comandante Witham regresó de la Riviera. se dijo que probablemente estaba dándole al asunto una importancia exagerada. tío? — preguntó—.racional. —¡Querido muchacho! ¡Querido muchacho! Te felicito de todo corazón. —¿Por qué me felicita. Hartley fue a visitarlo.

Cuando terminó. Buen golpe le asestaste a «Mystery». Hartley! Pero ya en serio. Hartley narró la historia de su más reciente escaramuza con «Mystery». digna del mejor espía británico. —¡La modestia ha sido siempre una cualidad de nuestra familia. su tío le dio alegres palmadas en la espalda. muchacho. Magnífica labor la tuya. Pero cuéntame todo con tus propias palabras. El comandante chasqueó la lengua. me refería al éxito que alcanzaste en los Estados Unidos. El Servicio Secreto americano te ha puesto por los cielos. tras breve pausa.todavía —agregó. .

A pesar de que mis hombres vigilaban los puertos. pero el tuyo fue más astuto aún. claro. muchacho. hubiera habido un serio conflicto internacional en el que Inglaterra hubiese quedado inevitablemente complicada. ¿quién llegó primero a este país. De no haber sido por ti. El comandante hizo una pausa. tú o «Mystery»? —Yo. —Te equivocas.—Astuto plan el de «Mystery». porque ya ha comenzado a hacer . para luego preguntar: —Hartley. a menos que ella haya venido volando. ella debe de haber llegado uno o dos días antes que tú.

. y estoy dispuesto a jurar que ella no estaba a bordo. —El Reina Ana es la última palabra en barcos de guerra. ¿Es grave la cosa? El viejo frunció los labios.de las suyas. el caso es que los planos de nuestro nuevo barco de guerra han desaparecido! —¡Dios mío! —exclamó Hartley—. yo regresé en el primer barco. —Pero no es posible. tío. —¡Y sin embargo. El comandante Witham se encogió de hombros. Es como una gallina con sus pollitos —notando la expresión desconcertada de su sobrino.

los títulos… El libro que había comprado se llamaba Barco de estrellas. Aviones. un recuerdo súbito hizo que Hartley saltara de su asiento. muchacho.dejó escapar una risotada—. Podía ser sólo una coincidencia. el Reina Ana es un barco capaz de transportar aeroplanos. Cómo quisiera recuperar esos planos. El librero que se negaba a vender libros. pero… Hartley revisó sus bolsillos febrilmente. Justamente veinticuatro horas más tarde. las excusas contradictorias. y el que había querido comprar era Los tiempos de la Reina Ana. buscando la lista de libros .

por M.que había hecho frente al aparador. La sombra de una duda. Secretario de Estado. Skinner. y esperando encontrar alguna pista que comprobara su insólita e improbable teoría. por Douglas Claydon. por Thora Stowell. El vendedor de perfume. leyó los títulos en voz alta: El cisne negro. El caballo ansioso. por Ian Hay. Hallándola por fin. .L. por Stephen MacKenna.

por Austin Philips. por A. por Justin Macarthy. por John Selbome. por Beatrice Howard Maxwell. Plan de campaña. Guerra en la sangre.T. Revisó la lista empezando por el final. Mil secretos. Quiller-Couch. Barco de estrellas.Los diez pasos. De los tres últimos títulos entresacó sin dificultad la frase «Barco . Mabel Robinson. Los tiempos de la Reina Ana. por F.

de guerra Reina Ana». ¿Qué había antes de eso? Controlando a duras penas su excitación. Plan de campaña. avanzó al revés por la lista. substituyera «secretos» por «mil». la palabra clave era «plan». El vendedor de perfume . la frase «diez mil» se formó por sí misma. Mil secretos. Claro: «secretos planos». Pasaron quince minutos antes de que Hartley. ¿«Diez secretos planos»? ¿«Pasos secretos planos»? ¿«Pasar secretos planos»? Ninguna de estas alternativas sonaba lógica. en un brillante rasgo de inspiración. Los diez pasos. Obviamente.

Hartley dedujo que debía de ser el nombre del secretario de Douglas.produjo la palabra «vender». la palabra clave tenía que ser «ansioso». los caballos nada tenían que ver aquí. Black (negro). y que el Secretario de Estado no tenía que ver en el asunto. El caballo ansioso resultó también fácil de desentrañar. Swan (cisne) o Skinner. Los tres primeros libros costaron mucho más trabajo. Sólo tras largo rato. . pero sí el secretario de Douglas. Sólo quedaba por descifrar la primera palabra. Hartley recordó que el Ministro de Marina se apellidaba Douglas.

secretario de Douglas. . ansioso de vender en diez mil libras los planos del barco de guerra Reina Ana».Con dedos temblorosos. Hartley escribió el mensaje completo: «Black (o Swan. o Skinner). podría participar en el juego. Ahora que conocía la forma en que «Mystery» se comunicaba con sus secuaces. Hartley sonrió.

Smith y los faraones. en lugar de ellos había nueve novelas. por H. Medianoche. Reunión de familia. por H. Hartley copió los títulos.Capítulo XIV LOS TOMOS DE PAÍSES del mundo habían desaparecido del estante. Una casa en Norwood. por William Patrick Kelly. Miller. . por Octavus Roy Cohén. Lanzando una rápida mirada alrededor para asegurarse de que nadie lo observaba.

por Alan Sillitoe.D.Ridder Haggard. estaba de nuevo en sus aposentos. por W. Pocos minutos después. Sturges. La calle sin nombre. Dos y tres.H. por J. Lunes en la mañana. examinando la lista. Los siete magníficos. el segundo no . Dawson. Su teoría parecía ser absolutamente correcta: del primer título sacó la palabra «reunión». por Jean Stafford.B. por Samuel Fuller W. Jr. Róbeit Shenstone.

podía sino indicar la hora de tal cita. el último título completaba la fecha: «lunes siete». el lunes siete». «Reunión a medianoche en la casa de Smith. a cuatro días de distancia. . «Smith»: «casa de Smith». el nombre de la calle: Shenstone o Dawson. vendría forzosamente el número: 23. La sexta sería. La tercera palabra era. en tal caso. seguramente. la cuarta. calle Shenstone o Dawson. La quinta podía ser el principio de una dirección: «calle». De Lunes en la mañana sacó «lunes». «casa». número 23. Luego.

Y aún más.El mensaje era claro. al dejarse caer en una silla. El desaliento lo invadió: sin conocer el barrio. Entonces. se fijó en un detalle que deshizo su entusiasmo: el mensaje no indicaba en qué barrio estaba la tal calle Shenstone o Dawson. Había miles de Smiths en Londres. se convenció de que su pesimismo era . Hartley se incorporó y bailó animadamente. Pero al reflexionar más a fondo. hasta quedar exhausto. Todo echado a perder por un pequeño detalle. no podría nunca hallar la «casa de Smith». la casa podía estar en alguna otra ciudad. Alegre por su astucia.

en la lista. estaba el nombre del barrio: Norwood. ¿Podía haber algo más . Si la gente que iba a asistir a la reunión supiera dónde estaba «la casa de Smith». —Pero qué imbécil —murmuró. Allí mismo. golpeó la mesa con fuerza. no hubiera sido necesario que «Mystery» diera la dirección: «calle Shenstone o Dawson. número 23». Con renovada esperanza en el corazón. Tras un rato.exagerado. Con poner «casa de Smith» hubiera sido suficiente. «Casa en Norwood». Hartley se inclinó sobre la mesa y procedió a examinar la lista una vez más.

Durante todo el día. las grandes gotas empezaron a caer. La noche del lunes siete fue lluviosa. Unos segundos después. Llegó a Norwood empapado.sencillo? Examinando rápidamente el directorio. se desató una tormenta. pero no podía perder esta . y la monótona lluvia no daba señales de parar. el cíelo estuvo nublado. De buena gana. vio confirmadas sus deducciones. Hartley maldijo. el joven hubiera vuelto a casa. pero sólo hasta que Hartley abandonó su casa para dirigirse a Norwood. En Norwood existía en verdad una calle Shenstone.

Todo lo que Hartley tenía que hacer era saltar la verja sin que nadie lo viera. Justamente frente a la casa 23. a lo largo de la cual se alineaban casas de aspecto agradable. rodeadas por sendos jardincitos. Era un edificio de dos pisos. Hartley examinó cuidadosamente los alrededores. alto y cuidado. había un enorme ciprés. Al llegar allí. en el jardín de la 22. y . Era una avenida recta.oportunidad de descubrir los secretos de «Mystery». No tardó en hallar la calle Shenstone. La casa número 23 no se diferenciaba mucho de sus vecinas.

por si alguien llegaba a asomarse por una ventana. había llegado una hora antes de tiempo. se consoló pensando que era mejor llegar temprano que tarde. como ya estaba tan mojado que un poco más de agua no podía tener ninguna importancia. Miró su reloj pulsera e hizo un gesto de desagrado.colocándose entre la verja y el árbol quedaría oculto. sino a la casa. Sin embargo. Dominado por el entusiasmo y la impaciencia. de modo que. Podía estar seguro de que ninguno de los conspiradores llegaría durante los próximos veinte o treinta minutos. no sólo a la calle. fue a explorar los .

saltó la verja. y un segundo después alguien salió. Cosa de media hora después.alrededores. luego. fingió encenderla hasta que el hombre desapareció. se halló nuevamente frente a la casa 23. Hartley maldijo por segunda vez en pocas horas. Hartley esperó unos segundos más. dejando escapar un chorro de luz. La calle estaba desierta. Sacando apresuradamente una pipa. pero en esos momentos la puerta del número 19 se abrió. Rápidamente buscó . Puso la mano sobre la verja y se preparó para saltar. atravesó el sendero de grava y echó a andar calle arriba.

o poseía. no lograba . se puso a pensar en «Mystery». halló un hueco en la verja a través del cual podía espiar sin ser visto. acaso. Hartley rio por lo bajo.un buen sitio para colocarse. ¿por qué practicaba el espionaje en la forma en que lo hacía? ¿Cuál era su objeto al robar secretos de todos los países? ¿Trataba únicamente de enriquecerse. ¿Cuántas veces se habría hecho esas preguntas? Y. Mientras aguardaba con paciencia la llegada de los conspiradores. ¿qué era?. Para su deleite. ¿Quién era?. sin embargo. otros motivos? Tras un rato.

. Por una parte. La cruel profecía de «Mystery» se cumplía al pie de la letra. Desde aquella entrevista en el taxi. por otro lado. en forma inesperada.hallar las respuestas. aquellos ojos obscuros. Hartley pensaba constantemente en ella. Hartley había estado dominado por un incesante conflicto interno. Sonrió amargamente. se reprochaba el dar más importancia a sus sentimientos que al deber que tenía hacia su patria. venían a su memoria aquellos rojos labios. sentía remordimientos por lo que le había hecho a la joven. A cada momento.

La lluvia empezó a arreciar. una vez más volvió a oír la risa ondeante y cristalina… El reloj de una iglesia cercana dio las doce. Una vez más se vio a bordo del Olimpia. las ventanas seguían obscuras e impenetrables. el rugiente viento. Medianoche y nadie había entrado a la casa 23. Una vez más le habló.Olvidó la cruel lluvia. Hartley empezó a pensar que tal vez todas sus teorías eran simples productos de una imaginación . sentado junto a Marie en la cubierta superior. devolviendo a Hartley a la realidad. e incluso su vigilancia. como si se burlara del joven.

Pero ¿y el otro mensaje? ¿Era también una coincidencia? No. Hartley consultó su reloj: las doce y cinco. Tenía que estar en lo cierto. preocupado. Sólo había una explicación posible: la reunión había sido cancelada por alguna causa desconocida. la calle estaba desierta. que el mensaje había sido puro invento de él. La casa seguía obscura. imposible. doce y cuarto. Arrugó el ceño. . Doce y diez. y nada sucedía aún. Esperó. Seguiría esperando. Los minutos pasaron lentamente. El viaje de Hartley había resultado inútil.febril.

El joven se incorporó con dificultad. los únicos . Hartley se dijo que los inquilinos del número 5 eran. Saltó la verja y. sus miembros estaban envarados. Examinó la calle. pensando que se había portado como un tonto echó a caminar rumbo al garaje donde estaba su auto. No había nadie. aunque en su presente estado de ánimo casi no le hubiera importado ser descubierto. Sólo en una de las primeras casas se veía una ventana iluminada. probablemente. La calle Shenstone estaba a obscuras. era evidente que los habitantes del barrio se acostaban temprano.

no se veía otro signo de vida. se decidió.trasnochadores en varios kilómetros a la redonda. ahora se dio cuenta de que también podía ser «cinco». luego. había asumido arbitrariamente que «dos y tres» significaba «veintitrés». —El mundo es de los valientes — musitó para sí. Tal vez en la parte trasera… Quedó inmóvil durante unos segundos. Al descifrar el mensaje. Se volvió hacia la casa que acababa de dejar atrás. Aparte de la ventana iluminada. ¿El número 5? Se detuvo bruscamente. echando a andar con .

Poco después. y tras despedir al conductor.paso firme. En esos momentos. oyó el ruido de un automóvil que se acercaba. el vehículo se detuvo frente a la casa. Pensando que por fin el destino se ponía de su lado. Casi inmediatamente se encendió una luz. Hartley vio que un hombre descendía. Hartley la traspuso y avanzó cautelosamente. La puerta se abrió y . caminaba hasta la puerta trasera y tocaba el timbre. Oculto entre los matorrales del jardín. En la parte trasera de la verja había una entrada de servicio.

Tras intercambiar algunas frases inaudibles. Agazapado. Hartley tuvo ganas de lanzar un grito de júbilo. se acercó a la casa. por temor de que hubiera alguien vigilando a través de una ventana. entraron. . pero los dos hombres hablaban en voz baja. la luz se apagó. La puerta se cerró.Hartley oyó claramente la pregunta del recién llegado: —¿Está en casa el doctor Smith? Hartley aguzó el oído en un esfuerzo por escuchar la conversación. Ahora estaba absolutamente cierto de que la casa número 5 era el sitio de reunión.

La suerte lo favorecía. encontró una ventana cuyas cortinas. La ventila superior estaba abierta. cerradas al descuido. oír. Evidentemente.Rodeándola. además de ver. de modo que Hartley podría. que caían sobre el césped húmedo. . Se acercó sin producir sonido y atisbó por el espacio que las cortinas dejaban al descubierto. los conspiradores estaban tan confiados que no habían tomado siquiera la precaución de cerrar bien la ventana. dejaban pasar estrechos haces de luz.

como usted ve. Había sólo cinco hombres. sentados alrededor de una mesa redonda. Ninguno de ellos. era inglés. Afortunadamente. —… así que. «Mystery» no sé hallaba en la habitación. y el idioma que hablaban era francés. a juzgar por su aspecto.Capítulo XV PARA SU SORPRESA y desencanto. Hartley dedicó todos sus esfuerzos a escuchar la conversación. Habiendo establecido esto. sabía el suficiente francés como para comprender casi todo lo que se decía. es una lástima que haya . herr Cattelmann.

no debí decir eso. Lo que pasa es que estoy un poco preocupado. ¿piensa usted que soy capaz de faltar a mi palabra? El que había estado hablando primero. Creí que había decidido finalmente no venir. Hartley lo miró con interés y se preguntó si sería americano. viejo amigo. El hombre aludido se irguió orgullosamente.llegado retrasado. . se apresuró a disculparse. —¿Preocupado? ¿Por qué? —terció un hombre de voz nasal. —Querido Stratinoff. —Perdóneme. y que debía de ser Stratinoff.

—Probablemente no sea nada — repuso—. ¿Se dan ustedes cuenta del efecto que tendrá sobre el resto del mundo? —Si los resultados hacen que otros países nos imiten. volviéndose hacia el recién llegado—. Mientras tanto. con aire pensativo —. herr Cattelmann —prosiguió. Luego le explicaré. será mejor que usted conozca inmediatamente mis planes.Stratinoff meditó durante unos segundos. se alzó de hombros. Luego. Antes que nada. la cosa no podría ser . debo preguntarle: ¿está de acuerdo con nuestra idea? —Es una empresa arriesgadísima — contestó Cattelmann.

mejor. Por ejemplo. Stratinoff. Pero una cosa es segura: Inglaterra apoyará a cualquier gobierno que le ofrezca buenas relaciones comerciales. —Ja. ja. yo soy un hombre práctico. ¿qué va a hacer Inglaterra cuando Alemania de el primer paso? —Quisiera saberlo —confesó Stratinoff—. Usted es un idealista. pensemos en el presente. —¿Y Francia? —inquirió Cattelmann—. pero no nos aventuremos a tal grado en el futuro. ¿No aprovechará el pretexto para mandar nuevamente a Alemania su ejército de ocupación? .

Esas preguntas sólo nos hacen perder tiempo. ordenadamente dispuesta sobre . si hubiera usted llegado antes. —¿Y los Estados Unidos? —insistió el alemán. no hubiera tenido que hacer esa pregunta. Cuando suene la hora.—Herr Cattelmann. pero Stratinoff alzó la mano. El hombre de voz nasal se disponía a responder. Están previstas y contestadas aquí —señaló una pila de papeles. Francia tendrá suficientes problemas propios como para desear inmiscuirse en la política alemana. —Querido herr Cattelmann —dijo —.

completos hasta el más insignificante detalle. serán divididos en cinco secciones. he aquí los planos que le dije. pero tenemos también —señaló otros papeles— las instrucciones para descifrarlos. Éstos son mis proyectos. El ruso negó con la cabeza. por ahora no. debo recibir órdenes de Budapest. —No. —¿Desea usted discutirlos en esta reunión? —preguntó el alemán. Están en clave. herr Cattelmann. y la clave. Estos papeles.la mesa—. Cada uno de nosotros . —¿Y mientras tanto? —Mientras tanto. Antes de revelarlos.

—Exactamente. —Pero ¿por qué no confía usted en nosotros? ¿Por qué no nos da a cada uno una copia de los planos y de la clave? Así. —Comprendo. y para la próxima reunión los discutiríamos con más conocimiento de causa. podríamos estudiarlos detenidamente.guardará una. Cattelmann asintió. y la cuidará aun a costa de su propia vida. ni descifrarse. Stratinoff paseó la vista por los presentes. a menos que los cinco volvamos a reunimos. Los planos no podrán reunirse. .

en un choque de trenes. o por otras causas. si usted muriera dentro de una semana en un accidente de automóvil. Mientras que así… Stratinoff tomó los papeles y empezó a cortarlos con unas tijeras. Cattelmann se levantó y empezó a . herr Cattelmann. Por ejemplo.—Sí. o en su caja fuerte… —Stratinoff hizo una pausa y se alzó de hombros—. queridos amigos. confío en todos ustedes. No necesito decirles. y alguien encontrara esos papeles entre sus ropas. pero no podemos arriesgarnos. el peligro que amenazaría al mundo entero si esos papeles cayeran en malas manos.

Tras un rato sacó un enorme pañuelo y se enjugó la frente. —Ojalá estemos haciendo bien — murmuró. intranquilo—. Ojalá estemos haciendo bien. pero el alemán continuó paseándose. —Seguro que estamos haciendo bien —aseveró Stratinoff. y en el momento siguiente lanzó una atónita exclamación—: Gott steh’ uns beií . meneando lentamente la cabeza.pasear por la habitación. se acercó rápidamente a la ventana y apartó las cortinas—. Un poco de aire… — empezó. —Qué calor hace —así diciendo.

No pudo sino correr a través del prado trasero. y Cattelmann. inmóviles. pero resbaló y cayó. El ruso saltó de su silla con un brusco movimiento y Hartley echó a correr. durante algunos instantes: Hartley agazapado tras los vidrios. separándose para rodearlo. Al levantarse. Los hombres lo siguieron. los dos hombres se miraron. oyó que sus perseguidores se acercaban por ambos lados. el prado acabó y Hartley . Stratinoff y Hartley se movieron simultáneamente. De pronto.Paralizados por la sorpresa. como si hubiera visto un fantasma. pálido.

rompió más y más vidrios.se encontró con una barda. Por fin. amplificado por la quietud nocturna. Hubo otro ruido de vidrio roto: uno de los perseguidores había saltado. Saltó. la noche se animó con el estruendo. Hartley cruzó el prado y vio una luz . de los que se usan para proteger del frío a las legumbres. sus pies tocaron tierra firme. Estaba en otro prado. Al avanzar. Hubo un ruido de vidrios rotos. Empezó a trepar con desesperación y logró llegar a la cima en el momento en que Stratinoff se disponía a cogerlo del pie. El joven había caído sobre un cajón de cristal.

con la esperanza de hallar una salida. Hartley vio ante sí la puerta de la verja. Empujándola. Prosiguió ciegamente su carrera. Jadeaba pesadamente y empezaba a sentir el efecto de sus dos caídas. Hundió el acelerador hasta el fondo. Simultáneamente. Una ventana se abrió. Sin detenerse a pensar. lo atraparían fácilmente. salió a una calle y encontró un coche estacionado con el motor en marcha.encenderse en la casa frente a él. y pocos minutos después. si la caza se alargaba más. soltó los frenos y puso en movimiento el vehículo. subió. se .

qué excusa darían Stratinoff y sus colegas al dueño de las legumbres. empezando a preguntarse. con humorismo. Doblando el ala de su sombrero. apagó el motor y comenzó a meditar sobre su presente situación. Era evidente que antes que nada tenía que abandonar el automóvil.hallaba lejos de la escena de su aventura. detuvo el coche. en segundo lugar. Juzgando que ya estaba a salvo. había robado un coche. el cual . En primer lugar. no tenía ni la más remota idea de dónde se hallaba. Por vez primera se dio cuenta de que sus problemas no habían terminado.

procedía de algún lugar cercano. Quedó con la mirada fija al frente. ¿De dónde venía la fragancia? ¿O era sólo producto de su enloquecida imaginación? Pero no. de… Se volvió . era real. percibió un perfume que nunca olvidaría. un aroma que hizo a su corazón latir con fuerza. repentinamente. abrió la portezuela.seguía milagrosamente sobre su cabeza a pesar de todo lo ocurrido. invadido por caóticos pensamientos. Sólo había una persona en todo el mundo que usaba ese perfume: «Mystery». y estaba a punto de bajar cuando.

¿Estaba volviéndose loco? ¿Qué clase de alucinación era ésta? —Buenas noches. o se trata de un simple robo? —Yo… —tartamudeó Hartley. con voz fría—. Dígame. señor Witham — dijo la muchacha.rápidamente. Hartley lanzó una exclamación. «Mystery» estaba reclinada en el asiento trasero del coche. —Ah. ¿se trata de un capricho . ¿Me permite preguntarle qué hace usted en este coche? ¿Quiere usted secuestrarme. aún no recobrado del todo—. incapaz de dar crédito a sus ojos. entonces sólo quería robar el coche. Yo no… no sabía que usted estuviera allí.

vaya —bajó el tono desdeñoso. lo vi… Era mi única oportunidad de escape. —Ah. mademoiselle —explotó él—. cambió de tono—: Le juro que no sabía que estuviera usted en el coche. Me perseguían. Hartley percibió un leve matiz de curiosidad—. ¿Estaba usted ensayando para actuar en una película. me es completamente . acaso…? —Repentinamente. —No. o necesita usted dinero? —Por amor de Dios. ¿Cree usted.de niño rico. y tuve que aprovecharla. o trató de asaltar una casa? —Sigue usted enojada conmigo — señaló él.

al volver a encontrarse con la joven. si tiene usted alguna objeción… —No tengo ninguna —respondió él.indiferente —repuso ella—. Pero. Mi doncella ha de estar preocupada por mí. Hágame el favor de volver a llevar este coche al sitio de donde lo tomó. Claro — añadió. evidentemente. Hartley sentía una enorme tristeza. . del mismo modo como él la había perdonado a ella. y echó a andar el motor. Había tenido la esperanza de que. se había equivocado. ésta lo hubiera ya perdonado. en tono seco. Regresaron a través de las calles obscuras. sarcástica—.

Eso es suficiente para que haya decidido luchar hasta la muerte contra usted y sus cómplices —declaró . se le ocurrió una idea. La muchacha se sobresaltó. espero que sus amigos no se hayan preocupado mucho por su desaparición. con sorpresa aparentemente genuina. —¿Stratinoff? ¿Qué sabe usted de Stratinoff? —exclamó. y decidió ponerla a prueba.A medio camino. —Me refiero a los señores Stratinoff y Cattelmann. —Nada. —A propósito —dijo—. —¿Mis amigos? —inquirió ella. pero esta noche oí parte de sus planes.

señor Witham? . Hace meses que lucho contra ellos. —¿Es qué. y seguiré luchando mientras me quede vida. ¡A veces. musitó para sí mismo: —Eso es. —¿Quiere usted decir que…. señor Witham. se pasa usted de listo! La burla de las frases lo hizo comprender la verdad. y luego.Hartley. que no tiene nada que ver con ellos? —Soy su más acérrima enemiga. con voz dura. —¿Mis cómplices? —la joven rio —. Hartley permaneció callado por un momento.

pero eso es asunto mío. ¿por qué lucha contra él? —Perdóneme. —¡Ojalá! —¿Quiénes son? ¿Cuáles son sus planes? ¿De qué manera piensan sorprender al mundo entero? —¿Está usted ya al tanto de eso. Ella rio de buena gana. Seguramente. sabe tanto como yo. a causa de usted. —Pero si usted no conoce los planes de Stratinoff. ¿admite . —Pero —insistió él—.—Stratinoff dijo que estaba preocupado. señor Witham? En ese caso.

podríamos unir nuestras fuerzas. —Entonces. Si algún gobierno se . —En ese caso. Luego. dijo: —Si usted descubriera los planes de estos individuos. no podemos ser aliados. ¿qué haría usted? ¿Le contaría todo a su tío? —Desde luego. con el fin de frustrarlos? —Sí. mademoiselle? —Porque no confío en Inglaterra. Ella meditó durante unos momentos. ni en ningún otro país.usted que está dispuesta a descubrir sus planes. —¿Por qué no.

imperceptiblemente. con ligereza. . —Entonces. indudablemente. mademoiselle —dijo.apodera de ese secreto. Hartley se sintió asqueado ante tal cinismo. con voz dura—. perjudicando así al resto del mundo. —Se lo venderé a cualquiera que desee comprarlo. lo usará. ¿seguimos siendo enemigos? —Eso parece —respondió ella. para su propio provecho. —¿Y si usted descubre el secreto? La muchacha titubeó.

demasiado inglés. señor Witham! — exclamó ella. Toma usted la cosa demasiado en serio. de olvidarla para siempre. pues. . Hartley no pudo articular palabra. demasiado crédulo. compasiva—. La risa de la joven tintineó por encima del sonido del motor. La muchacha prosiguió: —Es usted demasiado amable para ser espía. deseoso de separarse de ella lo más pronto posible. Sofocado por la ira.Hartley apretó los labios. —Sea. Hartley aceleró. Nunca podrá triunfar. —¡Pobre de usted.

Van . Todos los gobiernos europeos lo buscan.Además —su voz se hizo seria de repente—. —Entonces. —¿Van Hoffmann? —preguntó Hartley. sin poder dominar su curiosidad. pero es demasiado astuto. lentamente—. está Van Hoffmann. aunque no sé qué papel juegue. demasiado sutil para dejarse atrapar. —¿Y está también en este asunto? —Sí. ¿este Hoffmann es una amenaza? —¡Amenaza! Es poco decir. —Es el espía internacional que menos escrúpulos tiene —repuso ella.

¿Qué puedes hacer tú solo. contra un hombre como Van Hoffmann? No estás hecho para este tipo de trabajos. la voz de la joven cambió. . por tu bien.Hoffmann es un verdadero demonio. Van Hoffmann te aplastará de un pisotón. Una vez más. por primera vez en todo el diálogo adquirió un tono suave y suplicante. olvida todo lo que has visto y oído esta noche. sin apoyo del Servicio Secreto Británico. —Hartley. como si fueras un insecto. Hartley. Aquélla era la voz de «Mystery» que Hartley amaba. no de la mujer que se burlaba de él y lo despreciaba.

todo el día y toda la noche.Hartley no contestó. sino. Había cinco hombres en aquella habitación. asimismo. y cada uno iba a recibir una porción del programa de Stratinoff. uno por uno. hasta tener oportunidad de robarles los planos. Rápidamente formó su plan de campaña. Las palabras de la muchacha. . Pues bien. en vez de tener el efecto esperado. Hartley seguiría a esos hombres. servían únicamente para fortalecer su decisión. Demostraría ser capaz de luchar. contra el diabólico Van Hoffmann. no sólo contra «Mystery» y el grupo de Stratinoff.

En el mismo momento hubo un destello y una bala pasó silbando a pocos centímetros de su cabeza. . apenas si notó la aproximación de un enorme automóvil negro. involuntariamente—. —¡Dios mío! —murmuró Hartley. Sería inútil intentar perseguirlo.Abstraído en sus pensamientos. Hartley se arrimó automáticamente hacia la derecha. Cuando ambos vehículos se emparejaron. Cuando Hartley se recobró de la sorpresa. ¿Quién era ése? —Ese —repuso concisamente «Mystery»— era Van Hoffmann. el otro carro se alejaba a gran velocidad.

se pasó una mano por el cabello y miró su pequeño reloj despertador. Sentándose en la cama. Ningún ser civilizado está de pie a esta hora. amablemente—. —¿Qué pasa. . ¿Se siente usted mal? El comandante se frotó los ojos. —¡Siete y media! Bonita hora para venir a despertarme. tío? —preguntó Hartley.Capítulo XVI —¡CON UN… DEMONIO! El comandante Witham miró a su sobrino con expresión sorprendida y agraviada.

me rasuré. —Yo también necesito una afeitada. ¿qué significa esta visita? Hartley escogió. en fin —el comandante suspiró con satisfacción—. —Bueno. ¿no crees? —Fervientemente —confirmó Hartley. Pero.—Además. y sentándose en ella. dormí bien toda la noche. ¿ha oído usted . dime ahora. encendió un cigarro. El comandante Witham se frotó la barbilla. por una vez. —Tío —dijo—. la silla más cómoda de la habitación. querido muchacho.

alguna vez el nombre Van Hoffmann? El comandante pareció sobresaltarse un poco. —¡Buen Dios! —El comandante dio un salto—. Pero ¿por qué preguntas? ¿Te interesas en él? —Más o menos. —Pero ¿por qué te atacó Van Hoffmann? ¿Qué has hecho para cruzarte en su camino? —Se lo diré dentro de un minuto. tío. ¿Bromeas. Hartley? —Nunca he hablado más en serio. —Es conocidísimo en nuestra profesión. teniendo en cuenta que anoche trató de matarme. pero antes quiero hacerle una o dos .

el comandante Witham meneó la cabeza.preguntas. —No —repuso. y otros tres cuyos nombres ignoro por él momento. acaso aún sea tiempo de recuperarlos. Puedo darle todas las señas que tengo. ¿Ha oído alguna vez hablar de herr Cattelmann? Tras pensar unos momentos. El comandante achicó los ojos y . Esos dos caballeros. —Qué curioso —dijo—. —¿Y de Stratinoff? —No. Hartley se frotó pensativamente la barbilla. fueron quienes robaron los planos del Reina Ana.

y sin ocultar nada. —Sólo Dios sabe qué significa esto. que cuando el río suena. que tienes un extraordinario talento para meter las narices en lo que no te concierne. Acto seguido. y segunda. Al terminar. lanzó a su tío una mirada interrogante. Hartley describió sus aventuras y descubrimientos de los últimos días. El comandante suspiró. —Veo que tienes algo importante que decirme. Hartley. El hecho de que tanto . Hartley. piedras lleva.miró astutamente a su sobrino. Nada más puedo decir dos cosas: primera. Vamos al grano.

—O quizá estos cinco tipos sean. por ejemplo. ¿De qué crees que se trate su plan? —¿No será una alianza. es suficiente para convencerme de que es hora. Hartley. establecer un monopolio . digamos. ¿entre Alemania y los Estados Unidos? No lo creo.«Mystery» como Van Hoffmann estuvieran anoche en Norwood. representantes comerciales de sus diversas naciones. ¿no intentarán. —¿Una alianza entre Alemania y Francia?. tío? El comandante Witham sonrió. de que el Servicio Secreto Británico preste más atención a los caballeros que mencionaste.

y ésa es la suma que el gobierno alemán le pagó a Van Hoffmann por los planos del nuevo submarino «Z».petrolero mundial? —Tu hipótesis es factible. Veo que te sorprendes. se dice que el comercio produce ganancias fabulosas. Prefiere negocios donde haya más dinero. Pero aun así. . pero Van Hoffmann no se ocupa de asuntos comerciales. dudo que una empresa privada pueda permitirse pagar un cuarto de millón de libras solamente por un secreto. y ciertamente. y no me extraña. Hartley. el capital de los grandes monopolios mundiales es colosal.

Tu información puede resultamos de incalculable valor. el silencio fue roto por el comandante Witham. —… nombrándome miembro oficial . durante la cual ambos hombres se ocuparon de sus propios pensamientos.Hubo una larga pausa. Finalmente. pero no sé ni qué decirte. —No se preocupe. —¿Sí? —urgió el comandante Witham. quiero darte las gracias por todo lo que has hecho. tío —interrumpió Hartley—. Puede demostrarme su agradecimiento… —hizo una pausa. Los actos son más elocuentes que las palabras. —Hartley.

. y triunfado donde sus famosos agentes fracasaron. —No creas que te menosprecio. —Lo siento. he pasado por duras pruebas. Hartley —respondió. bondadosamente. el viejo—. Hartley. —¿Por qué? —inquirió Hartley. Supongo que no va a repetir sus viejas razones. —Entonces —interrumpió Hartley.del Servicio Secreto Británico. El tío suspiró levemente. si las circunstancias fuesen un poco diferentes. nada me gustaría más que contarte entre mis hombres. Al contrario. ruborizándose—. pero tal cosa es absolutamente imposible.

Tienes valor y astucia. . no te precipites. y de ese careces: entrenamiento. ¿Cuántos idiomas hablas? Hartley se alzó de hombros con impaciencia. —Sé bastante francés. Éstas son cualidades esenciales de un agente secreto. Pero hay también otro atributo de importancia primordial. muchacho. ¿por qué…? —Un momento. pero… —Pero nada. —¿Algún otro? —Solamente latín —murmuró el joven.con furia—. —Lo sé.

conocer todos los barcos existentes. todas las insignias de aeroplano. ¿puedes decirme el nombre de todos los almirantes del . A decir verdad. debe ser muy buen lector de mapas. —Sí —confirmó su tío—. dibujo. Éstas son sólo algunas de las materias que un agente secreto debe dominar. muchacho. Trigonometría.—Ya ves. ¿Conoces algo de armas navales?. fotografía. el francés te ayudaría. ¿sabes el sistema de señales con banderas?. pero ¿cómo andas en trigonometría? —¿Trigonometría? —Hartley alzó la vista con sorpresa. construcción naval. Además.

ofrezco varias ventajas. tío —musitó Hartley —. su espalda se irguió. y. Pero en lo que se refiere a «Mystery» y a los cinco misteriosos conspiradores. . Entonces. sin embargo… Hizo una pausa y puso a trabajar su cerebro. —… sin embargo. sus ojos se abrillantaron y su rostro se volvió nuevamente hacia el comandante en un movimiento altivo. tío. y que en cualquier misión ordinaria resultaría completamente inútil.mundo? —Tiene razón. hay algo muy importante. Es verdad que no estoy al tanto de todos los temas que ha mencionado.

Conozco a «Mystery». ¿Podría hacer eso cualquiera de sus agentes? —Pues… no —confesó el comandante. tío —imploró Hartley—. podré reconocerlos con facilidad. ¿no . —Ande. los he visto. los he oído hablar. deme una oportunidad. De todos modos —una leve sonrisa jugueteó sobre sus labios—. así que le conviene más tenerme bajo control. Si llego a encontrarme con ellos. Deje que me haga cargo de este asunto. pienso participar en el juego. Conozco a esos cinco hombres. con o sin nombramiento de agente.

le parece? —Es que… —comenzó su tío. e insistió: —Ande. su entusiasmo se tambaleó por un instante. Entonces. haga la prueba. . Hartley. La alegría de Hartley era ilimitada. Te daré una oportunidad. Hartley vio que tenía casi ganada la discusión. Se dio cuenta de que ahora era. De pronto. No hallaba palabras para expresar su agradecimiento. se acercó a la cama y estrechó la mano de su tío. —Gracias. —Muy bien. Levantándose en silencio. tío. el comandante sonrió.

definitivamente un peón en el gran juego de ajedrez diplomático. .

y en pocos segundos. . fue incapaz de descifrar un texto coherente. Hartley visitó frecuentemente la librería de la calle Charing Cross. pero el estante del fondo contenía sólo un revoltijo de libros. A pesar de que Hartley combinó los títulos de mil maneras. Pero al octavo día. había un nuevo conjunto de libros.Capítulo XVII DURANTE LOS DÍAS siguientes a su ingreso en el Servicio Secreto Británico. por lo que dedujo que Stratinoff no tenía por el momento ningún mensaje que transmitir a sus secuaces.

por fin! Ignoraba quién era el «número dos» y cuál podría ser el nombre del «griego». número dos. En ese caso. ¡Acción. pero pensó que no sería difícil averiguarlo. en el .Hartley logró traducir las siguientes instrucciones: «Órdenes de Budapest recibidas. Hartley tronó los dedos con alegría. hable con el griego. indague opiniones». El «número dos» debía de ser uno de los cinco hombres que se habían reunido en Norwood. vaya a Montecarlo. Hartley no dejaría de verlo en Montecarlo.

Había dejado tras sí un Londres sombrío y lluvioso. El soleado panorama de Montecarlo llenó de vibrante alegría las venas de Hartley.Hotel du París. obscureciendo el paisaje y creando pretexto para que todas las ventanas . Una vez habiéndolo identificado. o en el Casino. Menos de veinticuatro horas después. sería fácil vigilarlo día y noche. por su conducto. Hartley viajaba hacia el continente. y el trayecto en tren a través de Francia resultó peor aún: una lluvia pertinaz envolvía al tren. llegar al «griego». y. el viaje en barco fue penoso y desagradable.

Tarde o temprano se encontraría con la muchacha. Hartley sabía que dentro de poco tendría oportunidad de medir sus fuerzas contra los cinco conspiradores. con lo que pronto la atmósfera se volvió irrespirable. Hartley recordó involuntariamente la ternura con que le había pedido que no intentara luchar .fueran cerradas. ciertamente. había otro motivo de contento. pero… Por milésima vez. no se había mostrado muy afectuosa. contra «Mystery» y contra Van Hoffmann. Se preguntó si no lo habría perdonado ya. Durante su última entrevista. Además.

después de cambiarse. Hartley alquiló un cuarto en un hotel del centro. Nunca se había sentido tan . Mientras recorría los floridos senderos. ese recuerdo le producía placer. A continuación.contra una organización tan peligrosa. silbaba para sí una vivaz melodía. ¡Qué segura había estado la joven de que Hartley fracasaría! Pero tenía que demostrarle que era tan buen espía como ella. Por una parte. lo humillaba. por otra. fue a los jardines del Casino. relativamente barato y desconocido. Pensando que no debía hacerse conspicuo.

hasta que su reloj le recordó que ya casi daban las cuatro. Los diversos . desde la guerra. italianos e ingleses. y se instaló en una mesa desde la que podía ver todo el local. pues.tranquilo. Ordenando un café con crema. Se dirigió. De este modo pasó media hora. examinó con disimulo a los demás clientes. Entre ellos debía estar el hombre desconocido con quien tenía cita. había experimentado la satisfacción de estar haciendo algo que realmente valía la pena. nunca. Había alemanes y franceses. al Café du Helder.

Tomó su lugar otro hombre. Siendo él mismo un modelo de puntualidad. le molestaba que alguien más careciera de ella. únicamente dos hombres. Casi todos formaban alegres grupos. además de él. Un inglés sentado cerca. Pasó un cuarto de hora.idiomas se entremezclaban en el acogedor ambiente. Pero ninguno llevaba un clavel rojo en el ojal. a quien el joven había estado vigilando. estaban solos. que . pagó su cuenta y se marchó. y ciertamente parecía que su compatriota se había retrasado. Hartley frunció levemente el ceño.

más que inglés parecía alemán. de lugar? No. pero ese alguien no era inglés. Una vez más. Había alguien que estaba solo y que llevaba un clavel rojo. pero tampoco llevaba un clavel rojo. Hartley se desconcertó. ni era un hombre. pero aunque así fuera. ¿Se habría equivocado de fecha. y súbitamente tuvo un sobresalto. Este hecho lo hizo iniciar una nueva cadena de pensamientos. Quizá su reloj estuviera adelantado. Por vez primera se le ocurrió que nunca le había . de hora. todo estaba correcto. ya había estado esperando durante veinte minutos. examinó las mesas.

Se levantó de su mesa y. —Perdón.sido sugerido que el agente con quien debía encontrarse fuera de nacionalidad inglesa o del sexo masculino: esto lo había supuesto él. Meditabundo. acercándose a la mujer del clavel rojo. Abordar a uña mujer desconocida podía ser arriesgado. pero me parece que la he visto en alguna otra parte. mademoiselle —dijo—. pero tenía que hacerlo. La mujer lo miró despreocupadamente. se quitó el sombrero e hizo una breve reverencia. . se mordió el labio inferior.

pero. mademoiselle? —Sería un placer. monsieur. veintidós. por lo menos. Hartley se apresuró a pedir disculpas.—¿Quién sabe. monsieur? Conozco a muchas personas. . :—¿Muchas. pero —la joven lanzó una mirada al reloj de pared— usted se ha retrasado un poco en hablarme. —No sé. Hartley exhaló un suspiro de alivio. —¿Puedo tener el privilegio de tomar té con usted. mademoiselle? ¿Cómo ciento dieciséis? Ella se encogió de hombros.

—No soy más que un aprendiz. Ella lo miró escrutadoramente. además. monsieur? El joven se sonrojó un poco. compatriota. mademoiselle. es que todo este tiempo he estado buscando a un hombre. —¿Por qué? —Sé muy poco acerca de mis colegas —contestó ella—. —¿Es usted nuevo en el Servicio. —Perdone que se lo diga.—Lo siento. pero de cualquier manera. hace apenas una semana que ingresé. pero me sorprende usted. nunca pensé que . monsieur. Ella dejó escapar una deliciosa risa.

—Me encantará hacerlo —sonrió él. —Supongo que sí —murmuró él. y pensando que la misión . examinando la exótica belleza de su colega espía. añadió—: En cuanto a mi sexo. no tardará usted en darse cuenta de que las mujeres somos quienes funcionamos mejor en esta profesión. Pero ahora… —Ahora debe usted acompañarme a dar un paseo.Inglaterra acostumbrara usar aprendices en su Servicio Secreto —lanzándole una mirada traviesa a través de sus grandes pestañas negras. recordando a «Mystery»—. monsieur.

conoció a un oficial de la Oficina Inglesa de Asuntos Extranjeros. como muchas otras.iba a ser aún más agradable de lo que él había creído. quien le ofreció trabajo en el Servicio Secreto Británico. las crueles e inevitables consecuencias de una revolución popular. Hija menor de una familia bien acomodada. Afortunadamente. había sufrido. Mademoiselle Sonia Ivanitch era una emigrada rusa. y había llegado a Francia sin un centavo. llegaron a conocerse bien. acompañada solamente por su madre. . Durante la media hora siguiente.

hermosa y vivaz. Joven. Sonia era una excelente compañera. Hartley pudo ver por qué. pero parecía contarla entre sus agentes más hábiles y confiables. sin ocultar . Ahora que la conocía. y por si eso fuera poco.El tío de Hartley. Narró sus encuentros con «Mystery». Hablaba y escribía cinco idiomas a la perfección. decía únicamente como «el número 22». al hablar de Sonia. y su astucia y agudeza mental podían compararse favorablemente con las de cualquier hombre. era también inteligentísima. Hartley le contó algunas cosas acerca de sí mismo.

con semblante serio. Pero. y su rostro adquirió una expresión solemne y atenta. Sonia lo adivinó. Hartley se ruborizó. —Quizá sea mejor que le cuente ahora las razones por las cuales vine a Montecarlo —dijo.nada más que el amor que por ella sentía. la muchacha rio contagiosamente. —Monsieur. sí. debemos ponemos a trabajar —asintió ella. Cuando Hartley terminó su relato. a juzgar por su expresión picará. —Sí. . creo que usted es un hombre maravilloso… y un poco inocente. monsieur.

Hartley narró la reunión en Norwood. —¿Podría describírmelo? —Es alto. barba como de emperador. cabello entrecano. hombros encorvados. Ella escuchó pensativamente y esperó a que terminara para preguntar: —¿Stratinoff? ¿Está usted seguro de que ése es el nombre correcto? —Segurísimo. . medirá como uno noventa. ése es el Stratinoff que yo conozco. —Sí. —¿Se sorprende usted? —Sí —admitió ella lentamente—. bigote. Sonia frunció las cejas. ojos de artista.

Lo que sucedió en Rusia fue demasiado terrible hasta para las mentes más equilibradas. —Quizá el cambio social lo afectó. Es. —No sería difícil. debe de haber sido peor aún para un sensible . en realidad. —¿No lo ha visto usted desde la Revolución? —No. un artista. sus ojos lo delatan. Ella suspiró. cambió su manera de ver la vida. Creí que las conspiraciones le causaban horror. y mucho menos como el jefe.No puedo imaginarme a Stratinoff como parte del Consejo de los Cinco.

o mejor dicho. —Perdone la pregunta. es ahora . lo que mi país es ahora. dinero. pero si Rusia es el centro de esta vasta conspiración. que expresó tímidamente. La Rusia Soviética no significa nada para mí. Odio a mi país. ¿no tendrá usted escrúpulos en…. Antes de la Revolución teníamos casas. Hartley fue asaltado por una súbita idea.idealista como Stratinoff. tierras. en luchar contra ella? —Al contrario —respondió ella con voz dura—. y al pensar que nuestra mansión. la mansión que mi bisabuelo construyó. mademoiselle. Ya no tenemos nada. como parece serlo.

Sonia se irguió y preguntó con firmeza: —Monsieur. Claro. ¿cuál es el objeto de esta conspiración mundial? —No lo sé —confesó Hartley—. me dan ganas de llorar. si algún día la monarquía se restableciera y Rusia volviera a ser lo que era antes… —suspiró hondamente —. mi Rusia querida.una escuela para sucios niños campesinos. —Los agentes 77 y 91 trabajan a mis . Rusia. Luego. en manos del populacho… Hubo un silencio. —¿Los dos solos? Hartley meneó la cabeza. Eso es lo que debemos averiguar.

Tienen instrucciones de reportarse cada fin de semana. —¡Monsieur! ¡Y se dice usted un aprendiz! . Sonia rio suavemente.órdenes. —¿Dice usted que ha derrotado una vez a «Mystery»? —Sí. Ella lo miró boquiabierta. —¿Y que el jefe puso a otros dos agentes bajo su autoridad? —Sí —repuso él. desconcertado.

esperando que el «número dos» del Consejo de los Cinco hiciera su aparición. Nada sucedió hasta la sexta noche. pero no pudo reconocer a nadie entre el público. pero. Por las noches. así ALGUNOS DÍAS. Hartley asistió a la ópera. En varias ocasiones vio a mademoiselle Sonia.Capítulo XVIII DURANTE Hartley visitó asiduamente los jardines del Casino. entraba al Casino. como ambos habían acordado. ninguno dio señas de reconocer al otro. visitando primero la ópera y luego las salas de juego. .

pero en esos momentos alguien empujó la puerta desde el exterior. y con voz alegre. decidió ir al Club Deportivo. después del primer acto. salió a mirar el juego. Terminando su recorrido. ni en las mesas de ruleta ni en las de baraja reconoció al número dos. Impulsivamente se adelantó. exclamó: —¡Mademoiselle! ¡Por fin llega . «Mystery» entraba en el Casino. sus pesquisas carecieron de éxito. Los ojos de Hartley se iluminaron.que. Como de costumbre. Fue hacia la salida y el portero se preparó a abrirle. Un segundo después.

—Monsieur —protestó.usted! He estado esperándola. titubeó y volvió el rostro. Hartley la miró alejarse. ¿no me ha perdonado usted todavía? Ella lo miró con enojo. —Mademoiselle —dijo. y se acercó apresuradamente. De pronto. ella se detuvo. Ligeramente ruborizada. fríamente. para luego proseguir su camino sin contestar el saludo. ella lo miró durante un breve instante. suavemente —. . Incapaz de creer que la joven lo hubiera ignorado deliberadamente. El optimista Hartley interpretó esto como una semi disculpa.

—Comprendo. monsieur. luchando . Con estas dramáticas palabras. Muy bien. Hartley enrojeció. Prefiere usted la guerra. seamos amigos.—Mademoiselle. si no quiere que llame a un policía. se inclinó ligeramente y abandonó el recinto. Con el corazón dolorido. La expresión de la muchacha no se suavizó en absoluto. paseó repetidas veces por la terraza. —Haga el favor de dejar de molestarme. mademoiselle. por favor. acepto su reto.

A lo lejos. Pero Hartley no percibía nada de esto. brillaban las luces de un lujoso vapor de pasajeros que se acercaba lentamente a tierra. los pensamientos del joven se aclararon. y su furiosa sorpresa se convirtió en determinación. un tren pasó resoplando. con rumbo a Niza. sólo podía pensar una y otra vez que la mujer que amaba lo habla rechazado por completo. . en el mar. A los pies de Hartley. Gradualmente. se la daría.por ordenar sus tumultuosos pensamientos. Hasta la terraza llegaban las notas de un vals. Ya que «Mystery» quería guerra.

Se levantó. El único botones del hotel fue a avisarle que un señor quería verlo urgentemente. ¿Qué querría ese . un francés pequeño y moreno entró a su aposento. se puso una bata y se cepilló vigorosamente el cabello. completamente desconcertado. No bien había concluido estos preparativos. la obligaría a reconocer su error. —¿Es usted monsieur Hartley? Hartley asintió. Hartley se despertó tarde.Lucharía con ella en forma inmisericorde. A la mañana siguiente. —Hazlo pasar —ordenó Hartley.

conozco a muchas personas. —Quién sabe. pero me parece que lo he visto en alguna otra parte. .hombre? —Perdón. —¿Muchas. ¡Uno de sus ayudantes! Hartley observó detenidamente al otro. monsieur. monsieur —continuó el francés—. monsieur. —Me han ordenado presentarme a usted y esperar sus instrucciones. Me llamo Durand…. monsieur? ¿Cómo setenta y siete? Hartley dio la contraseña y el visitante se sentó. por el momento.

preguntó: —¿Y ahora. pero .Hartley ofreció al hombre un cigarro. Durand sonrió. ambos tenemos nombres muy comunes. Desde luego. monsieur. Poniéndose serio. monsieur? —No estoy seguro. —Y yo —contestó— me llamo Smith. las cosas están calmadas. era posible que usase otro nombre. Por el momento. Era importante saber en qué hotel se hospedaba mademoiselle Arnaud. Pero entonces se le ocurrió que Durand podía serle útil. —Qué coincidencia.

. Absolutamente desconcertado ante esta inesperada acción de «Mystery». En pocos minutos dio sus instrucciones a Durand. Hartley se sobresaltó. monsieur. —¡Ajá! —Pero ya partió rumbo a París. —Había una mademoiselle Arnaud en el Riviera Palace. —¿Está usted seguro? —murmuró. pues volvió cuando Hartley apenas había terminado de vestirse.había que arriesgarse. —Completamente. y éste las llevó a cabo con rapidez asombrosa. monsieur. Vi cómo subían su equipaje al tren.

¿Qué significaba la súbita partida de la muchacha? —¿Sabe usted cuánto tiempo ha estado aquí mademoiselle Arnaud? — preguntó. el mismo tiempo que él. posiblemente había sido sólo mala suerte. y sin embargo no la había visto hasta la noche anterior. tal cosa no importaba mucho. el joven había pensado que pronto ocurriría algo.Hartley trató de deducir cuál era la causa de ella. Al verla en el Casino. . que el número dos había llegado ya. monsieur. Desde luego. Seis días. —Sólo como seis días. o no tardaría en llegar.

o seguir a «Mystery» a París? Se levantó abruptamente. ¿Qué hacer? ¿Quedarse en Montecarlo. Véame más tarde.El problema principal era: ¿por qué había regresado la joven a París justamente cuando el número dos podía llegar en cualquier momento? ¿Significaba aquello que después de todo. el número dos no llegaría? ¿Habría cambiado de planes el Consejo de los Cinco? Hartley tamborileó sobre la mesa con los dedos. almorzaremos juntos. —Monsieur… —empezó el otro con . diciendo: —Debo pensar bien esto.

Entonces. olvidaba que no deben vemos juntos más de lo necesario. regresó por el camino bajo. en la Salle Privée.sorpresa. —Cierto —se disculpó—. y su expresión. mientras más pensaba. más parecía alejarse de la respuesta. Caminando rápidamente hacia Mónaco. rodeando la bahía. Hartley trató de desentrañar las razones del comportamiento de «Mystery». más bien alarmada. y se dirigió inconscientemente a la estación del . nos veremos esta noche. Intrigado y profundamente preocupado. hizo que Hartley recordara sus instrucciones.

un tren llegó a la estación. No había necesidad de seguir a «Mystery» a París. Hartley los observó por un rato. Era herr Cattelmann. sin mucho interés. . y se disponía a apartar la vista cuando la interrogante que lo había estado martirizando se resolvió de pronto. Mientras hacía esto.ferrocarril. y una o dos veintenas de pasajeros descendieron. porque en esos precisos momentos el número dos descendía del tren y entregaba su boleto al cobrador. pues algún impulso oculto lo impelía a verificar el horario de los trenes que iban a París.

Capítulo XIX DURANTE LOS DÍAS siguientes. tocaba en la terraza del . Con la eficaz ayuda de sus asistentes. por las tardes. Durante el día nadaba. o acudía a escuchar la excelente orquesta qué. pero en vano: el alemán pasaba los días en un ocio tan placentero y completo como todos los otros afortunados turistas de todas las partes del mundo que se hallaban en esa época visitando uno de los lugares más bellos del planeta. o jugaba golf. no pasó nada extraordinario. Hartley mantuvo una estricta vigilancia sobre herr Cattelmann.

más en vano. Cattelmann hacía migas con varios compatriotas suyos. Mientras tanto. Hartley sabía que. Sin duda. acento o nombre griego. Cattelmann llevaba los papeles . Dos veces los agentes de Hartley entraron a su habitación y revisaron escrupulosamente cada rincón y cada prenda de ropa. pero que no había hablado con nadie que tuviera aspecto. Durante las noches. no se desperdiciaba ocasión alguna para tratar de obtener los fragmentos de plano que el alemán tenía en su poder.Casino. jugaba moderadamente en las diversas mesas. con algunos franceses e ingleses. Por los reportes que recibía.

la situación cambió. —Sí. Hartley vio la primera señal de que el clímax estaba cercano: «Mystery» reapareció en Montecarlo. Esta noche he visto en el . Creyendo que la joven no había notado su presencia. Una semana después. Una vez allí. dándole la mano. se retiró discretamente y regresó con prontitud a su hotel. jugando a las cartas. con ojos brillantes de anticipación. —¿Tiene usted noticias.siempre consigo. llamó a Durand. Hartley la vio una noche en el Casino. El francés llegó en menos de media hora. monsieur? —preguntó.

o mejor dicho. Mademoiselle Arnaud. monsieur. —Mais naturellement. —Sí. —Usted sabe ya el nombre de esa dama. su seudónimo. desde luego. Durand pareció sorprenderse un poco.Casino a una dama en la que estoy grandemente interesado… —Viendo un brillo malicioso en los expresivos ojos de Durand. Hartley añadió secamente—: Por motivos oficiales. —¿La mademoiselle Arnaud que marchó a París hace una semana? Hartley asintió. Es una dama a la que es positivamente necesario vigilar todo el .

—¿No ha concertado aún una cita? —Que yo sepa. —Nada. debemos localizarla. ¿No hay nada nuevo acerca de Cattelmann? Durand hizo un gesto de molestia. —Magnífico. —Eso será fácil. Avíseme apenas lo haya hecho. monsieur. y toda la noche. —Antes que nada. monsieur. monsieur. ¿Puedo confiarle ese encargo? —Ciertamente.día…. por supuesto. no. Se porta tan inocentemente como un niño recién nacido. monsieur. Hartley tamborileó impaciente con .

pero sus pensamientos estaban en otra parte. Tras un rato. y sin embargo no da señales de ponerse a trabajar. Los ojos del joven se fijaron con intensidad en un cuadro que representaba una escena de ópera. alguien más lo hará: «Mystery». y si no se los quitamos pronto. Estamos perdiendo tiempo. apostaría mi vida a que los lleva.los dedos. no voy a esperar más. Van Hoffmann. —Verá Durand. —«Mystery»… Van Hoffmann. o bien. — . Cattelmann lleva consigo esos papeles. hace ya casi una semana que llegó. dijo: —Durand.

Después de eso. es demasiado astuto para dejar pistas. monsieur? ¿Por qué menciona a «Mystery». ¿Qué quiere usted decir. Sin embargo. Andaba tras los planos de una fortaleza. la espía más escurridiza del mundo? ¿Está acaso complicada en este asunto? ¿Y Van Hoffmann también? ¡Mon Dieu! »¿Sabe usted que a Van Hoffmann se le achacan dos asesinatos? No hay pruebas. uno de nuestros agentes desapareció misteriosamente. desde luego. Lo último que supimos de él era que había logrado obtenerlos. ni medra palabra.Durand se enderezó en su asiento con una sacudida—. .

monsieur. monsieur. Hartley se disculpó . Pero fue Van Hoffmann quien. vendió esos planos al gobierno alemán. No se sabe nada de Van Hoffmann. tras un tiempo. Van Hoffmann… ¿Qué tuvo que ver con la desaparición de ese agente? —Quién sabe. —Pero. monsieur Durand? El francés se sonrojó y sus ojos brillaron de furia.Nadie lo ha vuelto a ver desde entonces. Hartley miró agudamente a su aliado. pero sí se piensa mucho. —¿Le atemoriza la idea de enfrentarse con Van Hoffmann.

la estrechó con calor. además —el rostro de Durand se endureció—. monsieur —dijo Durand. antes de que el otro tuviese tiempo de protestar: —Perdóneme. —Y ahora. Usted es un hombre valiente. El francés cambió de expresión y. ¿qué . el agente desaparecido era amigo mío. monsieur. de nuevo en tono ligero—.apresuradamente. tomando la mano ofrecida. ¿Acepta mis disculpas? Hartley extendió la diestra. Hubo un breve silencio. Tengo una cuenta que saldar con Van Hoffmann. No debí decir eso. —Ya he olvidado sus palabras….

hacemos con respecto a Cattelmann? Lo que usted dice es verdad: si no le quitamos los papeles. Van Hoffmann lo hará. Durand. y listo. pero rara vez falla. Podría resultar sencillo. Quizá esos papeles . ¿Puedo hacerle una sugerencia? — agregó. Los hombres son hombres. La necesito. —¿Podría? —Sí. una cara bonita. —Es un truco viejo. monsieur. Herr Cattelmann no es ningún tonto. —Por supuesto. en tono ansioso. monsieur. una cita en lugar adecuado. un vaso de vino especialmente preparado….

monsieur. —Pero podemos prevenir esa contingencia. por aquello de que «hombre precavido vale por dos». si «Mystery» y Van Hoffmann supieran que Cattelmann está aquí. adondequiera que vaya el alemán irán dos.están a mil kilómetros de aquí. tres seguidores… —¡Buen Dios! —Hartley se golpeó la rodilla—. —Exactamente. Nunca pensé en esto. registrando su habitación por segunda vez. Pero. tal vez sospeche el truco y al acudir a la cita deje los papeles en el hotel. Gruñó para sí: bonito agente secreto .

Luego dijo en voz alta: —Y «Mystery» sabe que Cattelmann está aquí. —¿Cómo lo sabe usted. monsieur? —Porque «Mystery» está aquí. . ¿cómo sabe usted que está aquí? ¿Cuánto tiempo hace que llegó? Hartley lo miró con sorpresa. Hablo de mademoiselle Marie Arnaud. —¡Aquí! ¡Mon Dieu! Pero. Durand. —Eso es lo que usted ha prometido averiguar. en Montecarlo. —¿Yo? —Sí.estaba resultando. monsieur.

Pero ha cometido un gran error. —No bromeo. Durand rio suavemente. —Ustedes los ingleses bromean aun en peligro de muerte. Durand. Usted no bromea. . —Es cierto. y finalmente a la sonrisa. —Ningún error… —empezó Hartley. pero luego pasó a la incredulidad. Durand le lanzó una mirada escrutadora.Durante algunos segundos el rostro del francés expresó sorpresa. monsieur —dijo luego —. Tras un rato. —Un gran error —repitió Durand.

pero creo que lo que pasa es que usted tiene un interés personal en ella. . monsieur. que está de embajador en el país de usted. Y nada de lo que Hartley dijo pudo hacer que Durand cambiara de opinión. Perdóneme. La idea de que una joven así sea espía es completamente imposible. Pero ¿qué otra posibilidad había? La muchacha que Hartley conocía como «Mystery» había salido poco tiempo atrás de Montecarlo.interrumpiéndolo—. era inútil tratar de persuadir a cualquiera de que Marie Arnaud era «Mystery». Mademoiselle Arnaud es la hija de nuestro más grande patriota. Evidentemente.

Nadie podía estar en dos continentes al mismo tiempo. ¿cuál era pues la verdad? Como de costumbre.y esa muchacha había estado registrada en el hotel con el nombre de Marie Arnaud. justamente en los días en que Hartley luchaba con «Mystery» en los Estados Unidos. Tanto Dilly Carruthers como madame de Stael la conocían como Marie Arnaud. Haciendo un esfuerzo. dejó de pensar en él para meditar sobre Cattelmann. Marie Arnaud había sufrido un accidente automovilístico en Londres. . el asunto se volvía más confuso mientras más trataba Hartley de esclarecerlo. Y sin embargo.

Al verla. agente número 22. sería porque estaba ciego! Durante un breve momento. podría obtener los papeles. envuelta en un vestido ajustado que revelaba a las mil maravillas su esbelta figura. ¡Si el alemán era capaz de resistir una belleza así. y a la mañana siguiente la muchacha apareció en el lugar de la cita. Hartley casi tuvo envidia de . ¿Quién mejor que Sonia Ivanitch. Hartley mandó llamar a Sonia.¿Tenía razón Durand? ¿Sería una mujer buen anzuelo para pescar al alemán? Tal idea sugirió otra. Hartley sonrió para sí. para seducir a un hombre? Si Sonia lograba concertar una cita a solas con Cattelmann.

monsieur —Sonia sonrió traviesamente—. Pero si tanto «Mystery» como los hombres de Van Hoffmann están vigilando a Cattelmann. preguntó: —¿Cree usted que sea un plan factible? —Sin duda. —¿Piensa usted que rescatarían a Cattelmann? —No. monsieur. No. sino llegar al lugar de la cita sin que nuestros enemigos se enteren. lo difícil no será robar los papeles.Cattelmann. Tras explicar rápidamente la idea de Durand. de ninguna manera. Después de darse cuenta de .

—Pero ¿si Durand y yo estuviésemos allí? Sonia negó con la cabeza. —De nada serviría. sombría—. que para nuestros propios propósitos. —Nos quitará los planos a punta de revólver —repuso Sonia. tendremos que buscar un sitio solitario para llevar allí a Cattelmann. Recuerde usted. monsieur. Esperarán a que tengamos los papeles y entonces Van Hoffmann mostrará su juego. . —Pero ¿cómo? —preguntó Hartley con curiosidad. nos dejarán llevarlos a cabo. monsieur.cuáles son nuestros planes.

supongo. —Pero ¿por qué? —Cincuenta por ciento chantaje y cincuenta por ciento dinero. El mundo del hampa internacional es para él un libro abierto. Van Hoffmann conoce a la mitad de los . mademoiselle — protestó Hartley—. —Exagera usted. Sólo tiene que hacer una seña y dos o tres docenas de hombres se ponen a sus órdenes. ¿Acaso este Van Hoffmann viaja en compañía de un ejército? —No necesita hacerlo.Media docena de hombres no bastarían para contener a Van Hoffmann. tiene contactos que nosotros ni soñamos.

sabe de ellos lo suficiente para mandarlos a prisión. o al cadalso. monsieur. —Según lo que usted dice. la situación tiene su aspecto cómico. mademoiselle. Nunca pierden su sentido del humor.criminales europeos. De cualquier modo. mademoiselle. y rio—. en el momento en que despojemos a herr Cattelmann de los planos. ustedes los ingleses me desconciertan. —Magnífico rival tenemos —musitó Hartley. Van Hoffmann aparecerá con sus . Los ojos de Hartley brillaban de risa contenida. —Francamente.

Ella alzó el rostro.pandilleros y nos despojarán a su vez. Hartley se puso serio. De repente. Pero ¿qué haría mientras tanto «Mystery» si también ella apareciera con su banda? —Hartley rio de nuevo—. —Por Dios. —Exactamente. mademoiselle. monsieur? Hartley no contestó. ¿No es así? —Más o menos. Tenía la mirada fija en un punto indefinido. Sonia no . atenta. Habría toda una guerra. —¿Cuál es. monsieur. como no se ha visto ni entre los pandilleros de Chicago. eso me da una idea.

mademoiselle… .repitió la pregunta por miedo de perturbar sus pensamientos. —Escuche. y luego se detuvieron en Sonia. los ojos del joven se iluminaron triunfalmente. De pronto.

Capítulo XX EN dos días. pero no sé si sería prudente. el alemán lamentaba ya fervientemente los años que había pasado sin conocer a la encantadora muchacha. herr Cattelmann —confesó—. ¿Qué tal si mi papá se enterara de nuestra cita? No tardará en llegar a Montecarlo. de manera que ésta tuvo poca dificultad en hacer que la invitara a cenar. y… —En ese caso. MENOS DE . Para la tercera noche. —Me encantaría cenar con usted. mientras más pronto. Sonia consiguió ser presentada con herr Cattelmann.

mademoiselle. pero no me atrevo. Ella unió las manos en actitud extática.mejor —interrumpió el ansioso alemán. los dos solos. donde nadie nos vea… . Y si vamos a cualquiera de los restaurantes más conocidos. Si supiera usted lo estrictos que son los padres rusos. —Sería delicioso —susurró—. herr Cattelmann insistió: —En ese caso. un pequeño y distante restaurante donde cenar juntos. no faltaría algún amigo que me viera… Como un náufrago que se asiera a un clavo ardiente. podríamos buscar un lugar discreto.

es verdad. —Pero si acepto. —Casi me convence usted —musitó ella lánguidamente. —Sí. le besó apasionadamente la mano. mademoiselle. Los ojos de Sonia brillaron maliciosamente. ¿Adónde podríamos ir? —repitió impotente. —Por favor. ¿adónde podemos ir? El rostro de Cattelmann expresó desencanto. acepte usted. —Sé de un lugar que quizá… — empezó con timidez.Así diciendo. por favor. .

Por favor. —No puedo resistirme ante tan encantadora insistencia. pues… Pero ojalá que mi papá no se . —Será como usted dice. querido amigo. —Sonia asintió con la cabeza—.—Dígame —urgió él. si acepta que vayamos allí mañana a las diez y media de la noche. querido herr. La cocina. Mañana en la noche. y el vino… exquis. déjeme conservar este pequeño secreto — terminó. es perfecta. mirándolo implorante. no le diré más que es un restaurante diminuto y encantador oculto en el bosque de pinos que bordea la Grande Corniche. —No.

Sonia tuvo buen cuidado de que su perseguidor la viera hablar con Hartley. No sabía si el hombre que a cada momento veía cerca de ella pertenecía a las fuerzas de Van Hoffmann o a las de «Mystery».entere nunca de nuestra osadía. herr Cattelmann. pues era parte esencial del plan que tanto Van Hoffmann como «Mystery» supieran la relación existente entre ambos. durante esta escaramuza preliminar. Mientras tanto. . pero eso era lo de menos. Sonia descubrió que estaba siendo cuidadosa y discretamente seguida.

Herr Cattelmann no pudo contener su impaciencia. nervioso. cuando a la siguiente noche telefoneó a Hartley para decirle que iba a cenar con herr Cattelmann.De manera que. Habiendo dado su nombre al dependiente. Sonia estaba ya lista desde hacía quince minutos. con los ceniceros y los adornos de porcelana. Llegó al hotel media hora antes de la cita. se sentó en un sillón cercano y empezó a juguetear. la muchacha tenía la completa seguridad que este mensaje sería debidamente reportado por su seguidor. pero sabía que era importante no salir rumbo al restaurante .

pero perfectamente funcional. abrió su baúl y extrajo un revólver pequeño y elegante.antes de la hora convenida. miró acercarse a . el impaciente rostro de herr Cattelmann se tranquilizó como por encanto. No tardaré más de cinco minutos. Lo metió en su bolso y bajó al vestíbulo. A las diez y media en punto. se levantó de la cama donde había estado descansando. Dando un último toque a su peinado y a su maquillaje. —Dígale a herr Cattelmann que tenga la bondad de esperar un rato — contestó cuando el dependiente le telefoneó—. Embelesado. Al verla.

Herr Cattelmann era simpático. encantadora. es usted un sueño. si esta fuera una cita verdadera en vez de una trampa… —Exagera usted. y si sólo las circunstancias hubieran sido diferentes. Los elogios complacieron a Sonia. que casi olvidó su acostumbrada inclinación cortés. mi querido herr — . está usted divina. pero al mismo tiempo le produjeron cierta tristeza. La radiante belleza de Sonia lo llenaba de emoción indescriptible. —Mademoiselle —murmuró—.la muchacha. Tan embebido estaba contemplándola.

tomándolo. la impaciencia de brindar por su belleza me consume. Pero vayámonos. —Al contrario. mademoiselle — insistió él con galantería—. y se reclinó en los cojines del automóvil . se preguntó cuántos segundos tardaría el hombre de barba negra. en comunicarse con su jefe. que se hallaba al otro lado del vestíbulo. Sonia dio las instrucciones necesarias al chófer de herr Cattelmann. Le ofreció el brazo y Sonia. sonriéndole con toda la magia de sus radiantes pupilas.repuso. cualquier cosa que pudiera decir no llegaría a ser ni la cuarta parte de la realidad.

La joven puso la mano sobre el brazo de Cattelmann y preguntó . su corazón latía con frenética angustia. luego fue dejando atrás las luces y las casas. no por el peligro que ella misma podría correr durante las próximas horas. Viajaban por la Moyenne Corniche. El vehículo avanzaba rápido. pero debajo del maravilloso vestido que la cubría. probablemente nunca tendrían otra oportunidad.con aparente despreocupación. demasiado rápido para el gusto de Sonia. El coche atravesó las animadas calles de Montecarlo. Si fracasaban esta vez. sino porque todo resultara como Hartley había planeado.

el coche aminoró su marcha. sí. La noche es tan bella. . Cattelmann llamó al chófer por el tubo de aire y le dijo algunas palabras en alemán. herr Cattelmann? —¿Demasiado rápido? ¿No le gusta a usted la velocidad? —Me gusta. pero éste no es el momento adecuado. Herr Cattelmann tomó entre las suyas la mano de Sonia.suavemente: —¿No le parece que vamos demasiado rápido. En el acto. Lleno de deleite. Me parece una lástima… La insinuación era clara. hasta avanzar a menos de treinta kilómetros por hora.

El alemán tomó el papel y. ¿dónde está exactamente? —preguntó—. —Tome usted. avanzaba otro coche. Sonia notó con satisfacción que. éste viajaba con las luces . sin mirarlo. Debo darle nuevas instrucciones a mi chófer. Mientras tanto. Tras ellos. Sonia aprovechó para volverse. escondido entre los pinos….—Este hermoso restaurante suyo. contra la costumbre de los vehículos que recorrían aquel camino estrecho y sinuoso. las escribí en esta hoja. abrió la ventanilla intermedia y lo entregó a su chófer. a unos quinientos metros de distancia.

precariamente instalada en la cumbre de una colina rocosa. Ronroneando dulcemente el auto continuó su camino hacia Eze. Todo sucedía de acuerdo con lo planeado. el coche de las luces bajas siguió su ejemplo. el coche se detuvo y . Al llegar a Eze. Tras un rato.bajas. y Sonia sonrió para sí. antigua y decrépita fortaleza. Menos de un minuto después. el chófer de Cattelmann abandonó la Moyenne Corniche para tomar un ascendente camino secundario. No había la menor duda: los seguían.

el paisaje es maravilloso. Muy íntimo — susurró ella suavemente. Es el restaurante Coq d’Or. No veo luces. —¿Es aquí? —preguntó—. . —Es una antigua casa. —Exactamente. En el día.Sonia vio que habían llegado a su destino. querido herr. Cattelmann miró alrededor con aire de duda. y aun de noche… Venga usted. Una sonrisa iluminó el rostro de Cattelmann. transformada en restaurante —explicó Sonia—. —¡Ah! —exclamó sonriente.

Carl! El chófer se despidió. Herr Cattelmann rio encantado. Podría regresar por nosotros dentro de tres o cuatro horas. La pareja observó cómo la luz roja desaparecía en la distancia. ocultando una sonrisa. —¿Por qué no se va? —sugirió suavemente—. —¿Y ahora? —urgió él. —¡Ya oíste. Ella lo guio por un sendero de grava.—Un momento —pidió Cattelmann al ver que su chófer le hacía señas—. . ¿Dónde puede Carl estacionarse? Sonia jugó con un botón de Cattelmann. pisó el acelerador. y.

ella—. Más allá podían ver las luces rojas y verdes de la bahía de Montecarlo. parpadeaban las luces de las distantes villas. Jean-Cap- . en todas direcciones. la luz blanca del faro de St. Siguieron este camino hasta que. Muy lejos. A la derecha. cosa de cien metros después. la colina se precipitaba abruptamente hacia la obscuridad. fueron detenidos por una pesada cerca de hierro. y un conglomerado de destellos que denotaban la ciudad en sí. ¿No es magnífico? A sus pies. —¡Mire! —gritó.débilmente alumbrado por una lámpara que colgaba de un árbol cercano.

Pero… —titubeó—. Tal vez. Para su modo de ser. las luces de un vapor encaminado al Oriente. o quizá a Australia. Sonia adivinó esto. aunque no se hallaba muy impresionado que digamos. —El restaurante le gustará — prometió—. —Es maravilloso —susurró él. Es tan chic. la obscuridad y las luces distantes tenían poco de romántico. tan futurista. pero cerca de aquí hay una enramada. flotando sobre el mar.Ferrat. herr Cattelmann. un salón abundantemente alumbrado y serviles meseros. Hubiese preferido una orquesta. por el tono de su voz. Allí .

cubiertos de plata y un mantel blanco como la nieve. —Lo que usted diga. Nadie nos verá. dándose cuenta de que la cena iba a ser aún más placentera de lo que había creído. resplandecían más flores. a excepción del mesero. puesta para dos personas. —Cierto —repuso el alemán. —Entonces. En una mesa. . una construcción de madera cubierta de flores y alumbrada por luces ocultas.podríamos estar absolutamente solos. querida. vamos a la enramada. herr Cattelmann. Siguiendo el sendero llegaron a la enramada.

a pesar del poco tiempo de que dispuso.Sonia suspiró levemente. —¿Y ahora? Ella señaló un pequeño botón que había junto a la mesa. emocionada por el encanto del lugar: Hartley había hecho bien las cosas. Cattelmann asintió. Herr Cattelmann se sintió igualmente complacido. Respiró pesadamente al imaginar una agradable cena. Ahora que lo pensaba bien. Ayudó a Sonia a quitarse el abrigo. esta enramada era sumamente romántica. Sonia oprimió el . y ambos se sentaron. —¿Llamo al mesero? —preguntó.

apareció. la felicidad de herr Cattelmann creció. pero resultó ser una verdadera maravilla. Pero tanto Sonia como Durand lo escucharon y se miraron entre sí. Sonia no sabía quién era el chef contratado por Hartley. madame. Lo único que . Al inspeccionar el menú y la lista de vinos. que no oyó el eco de un automóvil deteniéndose y luego arrancando de nuevo. Se hallaba tan ocupado escogiendo los platillos. Durand. —Buenas noches. buenas noches. con chaqueta blanca y cabello envaselinado. monsieur. Unos segundos después.timbre.

monsieur? El alemán asintió. El café resultó digno epílogo de la maravillosa cena.Sonia lamentó durante aquella cena. Sin embargo. inclinándose discretamente ante herr Cattelmann. herr Cattelmann se mostraba enormemente satisfecho. Cattelmann lo saboreó extasiado. —Exactamente. olvidando lo que tendría que ocurrir después. el mesero inquirió: —¿Café y fine champagne. . fue el no poder disfrutarla por completo. Los helados habían sido servidos y terminados cuando.

—¿Llamaban ustedes? —El coñac de monsieur era malo. Ese coñac… —se estremeció. mesero —dijo Sonia. —Querida —se quejó—. Sonia se mostró contrita. —Le diremos al mesero que le traiga otro —dijo.—Si el coñac es igual de bueno… —musitó. . oprimiendo el botón. Con diestro movimiento vació la copa. Sus ojos brillaban risueños. Una nube de desencanto obscureció su rostro. la cena está arruinada. Durand se acercó.

—¡Ah! Mucho mejor —anunció. suspirando satisfecho. querida. esta vez con más precaución. Tenía un sabor fuerte. hosco—. —Ya lo bebí —interrumpió herr Cattelmann. abra usted otra botella: necesito algo para quitarme el sabor. La comedia se representó hasta el fin. Abriré otra botella. monsieur. Durand trajo una nueva dotación de coñac. ¿Por qué no se…. por qué no te acercas .—No lo beba entonces. Probándolo. charlemos. y. se volvió hacia Sonia—. demasiado fuerte. Cattelmann chasqueó los labios. Pero sí. Ahora.

Sus ágiles dedos exploraron los bolsillos del alemán. Sonia actuó rápidamente.un poco a mí? Sonia cumplió el deseo del alemán: deseaba estar tan cerca de él como fuera posible. y no hallando nada. sus ojos se cerraron. No había un minuto que perder. Cerrándolos de nuevo. dejó caer la cabeza sobre el pecho. La conversación fue haciéndose más y más amorosa. los volvió a abrir. Los minutos pasaron. revisaron el . Con un esfuerzo. pero sólo por un momento. pero poco a poco las frases del alemán fueron haciéndose ininteligibles.

rodeándola. Se incorporó de un salto y quiso avanzar hacia el sendero. Con un grito de terror. —¿Qué quiere usted decir…?. tenía unos papeles en la mano. pero en ese momento cuatro hombres salieron de la obscuridad. mademoiselle Ivanitch —dijo uno de los hombres con burlona risa—. Sonia retrocedió hasta tocar la mesa. Cuando se enderezó nuevamente.forro de las diversas partes de su ropa. Sonia tomó un cuchillo de la mesa y rasgó el forro. Ha triunfado usted en su misión. ¿qué . —La felicito. hasta que finalmente algo crujió.

—Dejémonos de fingimientos. y luego continuó: —Nosotros tuvimos la misma idea que ustedes han llevado a cabo. El hombre rio de nuevo. Usted sabe tan bien como yo que Van Hoffmann quiere esos papeles que usted acaba de robarle a herr Cattelmann. Hizo una pausa para encender un cigarro. De manera que pensamos que lo mejor era dejarla a usted encargarse del . mademoiselle Ivanitch.hacen ustedes aquí? —preguntó ella con nerviosismo. pero desgraciadamente no conocíamos a ninguna muchacha tan atractiva como usted.

pero mucho me temo que los frutos de la victoria no sean para usted. con todo el dolor de mi corazón. Mire a su alrededor. —Y tuvo usted éxito. Sonia se mordió los labios hasta que casi le sangraron. mademoiselle. —¿Y? —preguntó Sonia. pero no había la menor .asunto. —¿Y si rehúso? El hombre se alzó de hombros. Debo pedirle. que me entregue en el acto esos papeles. desafiante. Nosotros somos cuatro. Miró desesperada de un lado a otro. usted no tendría más ayuda que la del mesero. —No será usted tan estúpida.

Luego se volvió bruscamente. La interrupción fue tan inesperada que por unos segundos el hombre quedó paralizado de sorpresa. . pero por esta vez se equivoca usted.posibilidad de escape. está usted en nuestro poder. —Ya ve usted. Van Hoffmann nunca pierde. —¿Qué diablos…? —empezó con ira. y al hacerlo se encontró frente a un revólver firmemente sostenido por «Mystery». El hombre la observaba en silencio. monsieur. —Perdóneme. mademoiselle — prosiguió calmadamente—.

—Antes de enojarse. signor Marelli —bromeó «Mystery»—. mire por favor en torno suyo.«Mystery» alzó la mano. desde el subalterno de Van Hoffmann hasta el inconsciente herr Cattelmann. monsieur — dijo dulcemente—. empuñados por seis hombres de aspecto agresivo. —¡Dios mío! —Si fuera usted cortés. encañonaban a todo el grupo. Otros seis revólveres. —¿Quién es usted? —Por si le interesa —replicó la muchacha—. me dicen «Mystery». diría . Los ojos de Marelli brillaron con rabia.

vigílenlos hasta que . añadió. —Lo lamento. Jean. con voz dura—: Dígale a su jefe que mientras yo viva lucharé contra él —dio media vuelta. Sonia entregó su presa a «Mystery». y volviéndose hacia Marelli. —Gracias —dijo. Temblando de emoción. «Mystery» se volvió hacia Sonia. y luego apartó el rostro para ocultar las lágrimas que corrían por sus mejillas. y ordenó—: Tú. Marelli no contestó. Charles.«¡diosa mía!». y tú. suavemente. mademoiselle Ivanitch. «Mystery». pero debo privarla de esos papeles.

Ligeramente encorvados. aguardando el menor descuido de los otros. Marelli y sus tres hombres estaban inmóviles. dejando tras sí un tenso grupo. listos para entrar en acción. reúnanse con nosotros. Era como un cuadro fantástico. «Mystery» desapareció en la obscuridad. convertido en dramática realidad por las miradas de odio que los rivales intercambiaban: una escena que Gustavo . Jean y Charles encañonaban sin titubeos a los furiosos secuaces de Van Hoffmann.yo toque el claxon tres veces. Luego. Seguida por cuatro de sus hombres.

desaparecieron en la obscuridad.Doré hubiese pintado con deleite. Marelli y sus compinches se lanzaron hacia el camino. Marelli se llevó la mano al bolsillo. Luego. Instantáneamente. repentinamente. el intenso silencio se rompió: la bocina de un auto sonó tres veces. Jean y Charles retrocedieron. Tras un rato. Alerta. pero Charles chasqueó la lengua reprobatoriamente. permaneció inmóvil. paso a paso. vigilando aún el menor movimiento de los hombres de Marelli. Al instante. y Marelli. viendo que un revólver lo apuntaba. un sombrío grabado en blanco y negro. tropezando .

Sonia estaba sola con el inconsciente herr Cattelmann. la muchacha dejó escapar una risa histérica. En la distancia. la calma y el silencio retornaron. que dormía echado de bruces sobre la mesa. .con árboles y arbustos. otro y otro más. Sonia señaló al alemán. con voz tranquila. Por fin. un auto se puso en marcha. otra figura surgió de la obscuridad que rodeaba la enramada. Como respondiendo a una señal. pocos segundos después. —Ahora los verdaderos papeles — pidió Hartley. otro lo siguió. Un disparo de revólver resonó en el aire. Entonces. luego.

rio de nuevo. monsieur. —¿Shakespeare? —inquirió Hartley. la cacería en auto… Todo me recuerda una obra de Shakespeare. y luego. —Mucho ruido y pocas nueces — explicó Sonia. cosidos al forro —repuso. menos histéricamente. pero con más regocijo. —El asalto. mientras se apoderaba de un pequeño hato de papeles cosido al forro de la chaqueta del alemán. los disparos. .—En el bolsillo interior de su saco.

Los libros fueron cambiados y mi agente me trajo la lista de títulos y autores. Ya estaba yo al tanto de muchas cosas. A continuación.Capítulo XXI QUERIDO HARTLEY: Tus informaciones nos han sido de gran utilidad. dedujimos que habría una junta . un breve resumen de lo ocurrido desde tu partida: Puse a un agente a vigilar constantemente la librería. Nada ocurrió sino hasta hace tres días. aun antes de que tu carta llegara. Eventualmente.

por supuesto). demasiado corta.anoche. Stratinoff había recibido un telegrama de Cattelmann. y uno de ellos vio y oyó todo lo sucedido en la reunión. y pudimos enteramos de muy pocas cosas. de modo que podremos reconocerlos en el futuro. La reunión fue corta. pudo dibujar a los cuatro hombres presentes (faltaba herr Cattelmann. Más aún. en tal-y-tal dirección. Cuando Stratinoff dio tan . donde anunciaba que su parte de los papeles había sido robada. Puse a trabajar a dos de mis mejores subalternos.

un francés—. uno de ellos. .tristes noticias. «—Lo es —repuso Stratinoff». Hartley. mi agente anotó toda la conversación en taquigrafía. «—¡En ese caso. todos nuestros planes están arruinados! —dijo De Luze. exclamó: «—¡DIOS mío! ¡Stratinoff. Si falta una parte de los planos. una parte de la clave secreta. Eso es algo que tú no hubieras podido hacer. el americano. y más aún. eso no puede ser verdad!». A propósito.

Hay una copia de los planos y de la clave. ¿a qué vino toda la pantomima de cortar en cinco la clave y los planos.¿cómo podremos descifrar los planos? ¿Y de qué nos serviría descifrarlos si falta un pedazo?». creo que subestima usted mi inteligencia. Al escuchar este largo discurso. «—Querido señor —repuso—. y de hacer a cada uno de nosotros responsable . Stratinoff alzó la mano en señal de protesta. «—Entonces. escondida en un lugar secreto que sólo yo conozco».

en que recibamos buenas noticias de Budapest y de Atenas. «—Tuve muchas razones para hacer eso —replicó Stratinoff—. El día. no muy distante. «—Entonces. .de una parte?». y podremos dar la señal necesaria para que se inicien las operaciones». espero. ¿No estamos todos igualmente complicados en nuestro vasto plan?». nos reuniremos por última vez. es justo que la responsabilidad se divida en partes iguales. «—Sí».

y esa cosa es. son nuestros propios planes. un comienzo simultáneo». «—Porque —explicó el ruso— sólo una cosa puede darnos el éxito. «—Y la señal para el comienzo está en los planos». «—De los cuales nos han robado una quinta parte —interrumpió . «—Eso es cierto —convino De Luze». y arriesgar así nuestro futuro y el futuro de nuestro proyecto?».«—Pero todos nosotros conocemos los planes —protestó el americano —. ¿Por qué ponerlos por escrito.

nuestros enemigos se concentrarían para atacarlo a él. y tal hecho ayuda a probar el acierto que tuve al dividir los planos entre nosotros. ya sepan o no que los planos están divididos en cinco. Ustedes saben tan bien como yo que estamos rodeados de enemigos. . no pueden concentrarse sobre ninguno de nosotros.Morgan». «—Lo sé. Si cualquiera de nosotros recibiera el encargo de custodiar todos los planos. En cambio. Deben vigilamos y espiamos a los cinco.

herr Wieland. Sin embargo. Pero la copia que usted mencionó. . los planos yacerán sobre la mesa. ante nuestros ojos. «—Acaso tenga usted razón — convino el austríaco—. dejemos que nuestros enemigos dividan sus energías entre nosotros. «—Ninguno en absoluto.y como dice el refrán: “La división interna causa debilidad”». ¿no hay peligro de que la roben?». Puede usted tener la completa seguridad de que el día en que nos reunamos por última vez. Mientras tanto.

procuraré inventar uno nuevo». el ruso». Entre tanto. «—¿Cómo sabremos cuál será? — preguntó De Luze». Es peligroso usar el mismo método durante mucho tiempo. «—Todo a su debido tiempo — contestó. En el muy improbable caso de que nuestros enemigos reunieran las cinco porciones.amigos míos. cada uno de nosotros debe proteger con su vida su parte de los planos. nuestros proyectos serían aniquilados. calmadamente. ya no me comunicaré con ustedes por medio de los libros. .

Bueno. «Mystery» y Van Hoffmann no estarían luchando . Debe de ser algo bastante importante e inmensamente lucrativo. que parece ser el jefe de todo el asunto. Hartley. sospecho que el ruso. pensó que lo estaríamos espiando. de otra manera. Casi no valió la pena que nuestro agente se arriesgara. pues eso es más o menos todo lo que ocurrió en la última reunión de Stratinoff y compañía. Quisiera saber cuál es el proyecto de estos tipos. porque. y por eso se condujo tan cautelosamente. Más aún.

Hartley. con el apoyo monetario de los Estados Unidos y ayudados por Francia. lo que pasaría si ese pequeño grupo de países se uniera para jugar con el mundo. Hartley. Imagínate. ¡qué esperan noticias de Hungría y de Grecia! Maldita sea. parece una liga de naciones. Piensa nomás. Estamos vigilando de cerca a todos los conspiradores: un alemán. un americano. Prosigue tu misión.tan acaloradamente. un francés. un ruso y un italiano. Rusia y Alemania. Ahora sé lo suficiente para garantizarte .

Tu afectuoso tío. Supongo que ya sabrás qué hacer con esta carta una vez que la hayas leído con detenimiento: quémala. y luego pulveriza las cenizas. muchacho. JAMES WITHAM P. Dale una copa al mensajero que te la entregó. Buena suerte.D. y envíalo de regreso. Mientras más pensaba Hartley en la .el más amplio de los apoyos.

Indudablemente. el que hubiera descartado el método usual de comunicación era una prueba de esto. de hecho. el ruso sabía que era posible que la reunión fuera espiada.carta de su tío. si todas las cinco porciones de los planos se reunieran. De esta manera. había mencionado deliberadamente el hecho de que. sabiendo que toda la conversación sería reportada en diversas partes aun antes de terminada la noche. se había asegurado de que sus enemigos . más apreciaba la sutileza de Stratinoff. sus enemigos conocerían todo su proyecto. Resultaba fácil deducir que Stratinoff.

Entonces. ¿por qué no concentrarse en vigilar a Stratinoff? La respuesta era obvia. pensó Hartley. conservaba una copia completa en un escondite que sólo él conocía. y Stratinoff. la carta del comandante Witham contenía un dato seguro. sin lugar a dudas. sabría proteger la copia a la perfección. que . Por otra parte. Un hombre lo suficientemente astuto y temerario para desafiar abiertamente a sus enemigos. Sin embargo. Probaba. si sólo se obtuvieran cuatro de las cinco porciones. por su parte. resultarían inútiles.continuarían tratando de obtener los planos completos.

pero tenía la certeza de que tarde o temprano «Mystery» o Van Hoffmann lo guiarían en la dirección acertada. el austríaco?. cada uno de los otros había hecho una parte de los planes. Lo mejor era pagarles en su . ¿Wieland. Hartley hallaba difícil decidir a cuál de los cuatro conspiradores debía atacar primero. ¿De Luze. ¿Morgan. pero fue Stratinoff quien consolidó esas partes y formuló los detalles finales. ¿o Stratinoff. ignoraba actualmente dónde localizarlos. el americano?. el francés?.Stratinoff era el único organizador y director de la conspiración. Aparentemente. el ruso? Por supuesto.

además. El buen humor de Hartley fue . tenía dos hombres más. en la lucha por los papeles falsos? Probablemente «Mystery». para llegar hasta la próxima víctima. y. Pero la cacería seguramente había resultado interesante. Tuvo una ventaja de segundos sobre Marelli. De la misma forma en que ellos habían seguido a Sonia Ivanitch para apoderarse de los papeles de Cattelmann. ¿Quién habría ganado. Hartley rio para sus adentros.propia moneda. Al recordar a Van Hoffmann y a «Mystery». Hartley los seguiría ahora. finalmente.

y generosamente. Mientras más pensaba. Porque Hartley se volvía cada vez un espía más experto. Los papeles que él había preparado. a menos que alguno de sus rivales lograra reunir las cinco partes del plan. y que Sonia sacó de su vestido aparentando arrancarlos del forro de la chaqueta de herr Cattelmann. había añadido parte de las instrucciones para descifrarla. más se convencía de que. no sabría nunca la trampa en que había caído. a menos que su tío le . estaban en clave.ligeramente disminuido por la reflexión de que. El mismo Hartley había inventado dicha clave.

.informara del paradero de uno u otro de los conspiradores. lo mejor que podía hacer era vigilar de cerca a Van Hoffmann y a «Mystery».

quien lo recibió alegremente. monsieur.Capítulo XXII DOS DÍAS MÁS TARDE. —¿Trae usted noticias. He venido a verlo porque estoy…. Durand? Durand meneó la cabeza. Durand fue a visitar a Hartley. —Monsieur. que no se ocupan más que de vigilar a la mujer que usted llama «Mystery»… . —Me temo que no. pues. —¿Por qué? —inquirió Hartley. sus instrucciones han sido cumplidas al pie de la letra. preocupado. Contraté seis hombres de confianza.

—¿Tiene usted dudas todavía. yo le aseguro que Marie Arnaud es «Mystery». sin que «Mystery» esté bien vigilada. en el día o en la noche. monsieur. monsieur. —Estoy a las órdenes de usted. —Sin embargo. Mis opiniones personales no importan. —No puedo comprenderlo. Durand. Hubiera jurado que mademoiselle Arnaud se hallaba por encima de toda sospecha. después de lo que vio aquella noche en el Coq d’Or? Durand hizo un gesto vago. . Como decía. he arreglado las cosas de manera que ni un solo segundo pasa.

—¿Cómo lo sabe? —Porque el hombre salió rumbo a París esta mañana temprano. Durand. pero no lo son. —Creo que tiene usted razón. —Debieran serlo. por algún medio desconocido para nosotros. monsieur. Durand. Hartley meditó unos segundos antes de responder. —¿Qué quiere usted decir? —Que «Mystery» logra transmitir a su lugarteniente ciertas órdenes. «Mystery» debe de .—Excelentes noticias. Entonces. monsieur. y estoy seguro de que no lo habría hecho sin tener órdenes.

eso supongo.tener algún medio desconocido de transmitir mensajes sin que nuestros vigilantes se enteren. —Sí. Si me permite decirlo. sé cómo arreglar las cosas. eventualmente. soy un experto en estos asuntos. no pueda escribir una carta. cómo disponer a mis ayudantes de modo que la persona vigilada no pueda telefonear. pero francamente no sé de qué manera pueda hacerlo. me entere de lo que se dijo durante la conversación telefónica o de lo que contenía la carta o de lo que la persona hizo o de adónde fue… . no pueda hacer nada ni ir a ninguna parte sin que yo. monsieur.

Parece que por esta vez he fallado.—No suena fácil. —Entonces. ni habló con alguien. Tengo en mi poder un reporte. no hizo un telefonema. todo puede lograrse. habló con . ¿habló con otras personas? —Desde luego. Durand. —Casi todo. En todo este tiempo no escribió una carta. monsieur. sin que mis hombres supieran lo que se dijo. monsieur. de medianoche a medianoche. monsieur. Pero con dinero. como usted dice. —No lo es. —Casi todo. de todo lo que hace mademoiselle Arnaud.

pero hay un detalle. —¿Cuál? —Uno de mis hombres logró oír que este Franco le decía a un cómplice: «Voy a París por órdenes de “Mystery”». con los camareros. pero todo lo que dijo es demasiado inocente para que pueda ocultar un mensaje. —Entonces debemos estar equivocados al pensar que Franco. su lugarteniente.su recamarera. en la noche jugó en el Casino y habló con el croupier. —Eso hubiera pensado yo. salió rumbo a París por órdenes suyas. . monsieur. con el gerente del hotel.

Y. con desaliento. —Eso me temo. el que Franco haya salido súbitamente hacia París puede anunciar algo.—¡Buen Dios! ¿Oyó su hombre algo más? —Por desgracia. Hartley apretó los labios con determinación. sin embargo…. no. parece que. Durand. Durand. a pesar de todos los esfuerzos que hizo usted para escoger a sus ayudantes. . —Redoble su vigilancia. monsieur. no imagino cómo pudo «Mystery» transmitir sus órdenes. —Entonces. éstos resultan incapaces. Durand asintió.

se sentía absurdamente contento.Mientras tanto. y así. Pasó una hora. se detuvo súbitamente: a pesar de sí mismo. jugando en varias mesas. La cosmopolita clientela lo atraía. Hartley visitaba aquel último reducto de todos los visitantes de la Riviera. mientras pasaba agradablemente el tiempo. si me necesita. pero más frecuentemente perdía. y cuando pensaba en marcharse. A veces ganaba. . tenía la esperanza de reconocer a uno u a otro de los conspiradores. estaré en el Casino. Noche tras noche. Caminó por las amplias salas.

la intuición de la muchacha la hizo alzar la vista. jugando con fichas de diez francos. . pero una voz interior lo hizo decidir otra cosa. Se quedaría un rato y vigilaría a la muchacha. hasta quedar frente a ella.Sentada a una de las mesas. La joven depositaba su apuesta y seguía con interés el girar de la ruleta. El primer impulso de Hartley fue alejarse rápidamente. Se acercó a la mesa. pero. estaba «Mystery». Hartley la miró desapercibido. pero al parecer no le importaba si ganaba o perdía. finalmente. Durante algún rato.

Hartley arrepentido de su comportamiento. los hermosos ojos adquirieron una expresión amable e invitadora.Al verlo. Su mirada se enfrió. luego. El leve rubor que invadía las mejillas de la joven desapareció en el acto. Sin darse apenas cuenta de lo que estaba haciendo. dejándolas intensamente pálidas. la miró con frío desprecio. descendió despectivamente. pero entonces recordó cómo lo había tratado ella durante su anterior encuentro. deseó que la tierra se lo tragara. De buena gana se hubiera marchado. Hartley estuvo a punto de sonreír. .

pero el orgullo lo detuvo. en vez de añadir el tres a su ya larga lista de . continuó observando el juego. El número tres acababa de salir. permaneció allí más tiempo del que pensaba. éste tenía un cuadernillo donde anotar los números ganadores. Como varios jugadores. Hartley estaba en esos momentos mirando por encima del hombro del otro. A pesar de que se sentía indignado tanto contra «Mystery» como contra sí mismo. para sorpresa de Hartley. Pero. Gracias a esta especie de desafío. y por esta razón se fijó de pronto en un hombre que estaba sentado a su izquierda. y por simple coincidencia.

Hartley notó que . escribió el quince. Por muy poco francés que supiera. la curiosidad de Hartley se había avivado. La ruleta giró de nuevo. Sin embargo. el hombre escribió el número correcto. Hartley casi lanzó un silbido de sorpresa al ver que el hombre anotaba el once. Ganó el treinta y dos. Esto continuó durante cinco minutos. en fin. Simultáneamente. eso era asunto de él. Hartley frunció el ceño levemente. el hombre no podía haber confundido trois con quinze. El error era completamente estúpido. Sólo hasta que el número siete ganó.números. Pero.

Inmediatamente. Marie Arnaud apostó al número cinco. Ganó el trece. pero el hombre escribió el cinco. A la próxima vuelta. una extraña idea brilló en su mente. No era posible… y sin embargo… Tras dar una propina al croupier. Hartley había descubierto la manera en que . y el jugador anotó diez. No había ya lugar a dudas. ociosamente.«Mystery» había ganado cosa de trescientos cincuenta francos. pero de pronto. «Mystery» apostó al diez. los ojos de Hartley se fijaron en el cuadernillo del jugador a su izquierda. «Extraña coincidencia» —meditó Hartley.

«Mystery» transmitía mensajes a sus subalternos. . —Ya pensé una clave —anunció—. A la noche siguiente. Poco después de medianoche. En vez de ello. disfrazado. Por principio de cuentas. Casi arrebatándoselo. —Aquí tiene. Hartley no fue al Casino. representa B. Durand llegó. entregando un trozo de papel. envió a Durand. representa A. por primera vez en una semana. esperando ansiosamente. mientras él permanecía en el hotel. 2. monsieur —dijo. Hartley lo puso sobre la mesa. eso es: 1. asumo que «Mystery» usa el método acostumbrado.

3. Si los números representan otra clave. su sistema es demasiado ingenioso. representa C. nuestro trabajo será mucho más difícil. «3 15 13 16 18 5 14 4 19 17 21 5 13 15 18 7 1 14 22 1 1 18 18 9 22 5 20 18 5 19 16 18 15 3 8 1 9 14 5 13 5 14 20 19 21 18 22 5 9 12 12 5 26 20 15 21 19 12 5 19 8 15 20 5 12 19 19 15 9 7 14 5 21 19 5 13 5 14 20 5 20 17 21 1 14 4 9 12 . Es difícil que ella haya pensado en tomar tantas precauciones. Miró la lista de números que Durand le había entregado. pero espero que no. etcétera.

trece. en voz alta—. bruscamente—. Comp —repitió. Parece que es una clave difícil. Durante los siguientes cinco minutos. .» —Tres. dieciséis. ¡Maldita sea! —exclamó. después de todo.1 21 18 1 18 5 19 5 18 22 5 21 14 5 3 8 1 13 2 18 5 4 9 20 3 8 9 14 7 1 20 21 13 1 4 18 5 8 15 20 5 12 5 20 12 5 14 21 13 5 18 15 4 5 12 1 3 8 1 13 2 18 5 16 1 18 12 5 19 13 15 25 5 14 19 8 1 2 9 20 21 5 12 19. Déjeme ver… —y escribió: COMP—. Pero veamos cómo se ve el mensaje completo. quince.

Espere.convirtió rápidamente los números en letras. tras unos segundos—. Al terminal. miró con desaliento el mensaje: COMPRENDSQUEMORGANVAARRI SURVEILLEZTOUSLESHOTELSSOIG AURARESERVEUNECHAMBREDITE LENUMERODELACHAMBREPARLE —Esto no tiene ningún sentido. con regocijo. —Sí lo tiene. Es un mensaje en francés. Rápidamente. Durand se acercó a mirar. dividiré las palabras. monsieur —exclamó. Durand. colocó trazos de lápiz .

. devolviendo el papel a Hartley: COMPRENDS QUE MORGAN VA ARRIVÉ TRÉS PROCHAINEMENT SUIVEILLEZ TOUS LES HÓTELS SOIGNEUSEMENT ET QUAND IL AURA RESERVÉ UNE CHAMBRE DITES MOI LE NOM DE L’HÓTEL ET LE NUMERO DE LA CHAMBRE PAR LES MOVENS HABITUÉLS Hartley soltó un silbido. Durand. —He aquí el resultado —anunció.para separar las palabras. —En otras palabras.

deberá informarla del nombre del hotel y del número del cuarto. Se comunicará con ella por el medio habitual. —Apostando a determinados números. . monsieur. Durand se alzó de hombros.«Mystery» ha sabido que Morgan llegará muy pronto. —Pueden tener cien métodos. o quizá sus hombres contestan los mensajes de la misma manera en que ella se comunica con ellos. ¿y cuál demonios es? — añadió. y cuando Morgan reserve un cuarto. su subalterno debe vigilar cuidadosamente todos los hoteles.

nuevamente los números. Para enviar este mensaje tuvo que apostar ciento sesenta y dos veces. Le hubiera resultado más barato telefonear dos . una nueva idea le vino a la mente. o sea. en otras palabras. tras un rato—. empezó a contar. y tomando un lápiz. —Ciento sesenta y dos —dijo.—Si. y ésa es que «Mystery» no tiene que preocuparse en lo más mínimo por el dinero. De pronto. gastó mil seiscientos veinte francos. la traducción. Hartley miró la lista de números. Hay una cosa segura. Durand. monsieur. luego. aproximadamente veinte libras inglesas. luego.

y cuántos más se gastarán. —No necesariamente. cuando «Mystery» envía un mensaje en esta forma. «Mystery» haya ganado una o dos veces. reuniría mil francos. . monsieur. con tres ganancias. Me pregunto cuántos cientos de libras se habrán ya gastado en estos mensajes. sino que debe ir preparada a perder en cada ocasión. —Cierto. al apostar a tantos números. pero eso no altera el hecho de que.veces a Nueva York. inútilmente. resulta plausible que. no puede contar con las posibles ganancias. Durand. —Y de aquí en adelante.

Y. Durand. sin embargo. incluso bajo los ojos de nuestros propios espías. —Es verdad. esto me hace pensar que una especie de Providencia vigila los asuntos de los hombres. Ahora que sabemos sus medios de comunicación.Hartley sonrió. Durand. Sabe. a pesar de que nuestra probabilidad de descubrir el truco era . soñadoramente. El rostro de Hartley adquirió una expresión sería —. sólo tenemos que vigilar constantemente las mesas… —hubo una pausa. —¿En qué sentido? —Piense usted nada más en lo ingenioso que es enviar un mensaje bajo los ojos de miles de gentes.

Durand era demasiado filosófico para discutir. . en tono casual. —Así es la vida —musitó.insignificante. por una simple coincidencia. lo hemos logrado.

el americano. al mismo tiempo. lo que había ocurrido una vez podía fácilmente repetirse. La primera. como escenario de la catástrofe de herr Cattelmann. Hartley sólo pudo pensar dos explicaciones posibles. ninguna de las cuales parecía adecuada. que herr Cattelmann se había . Buenas noticias que. Hartley había imaginado que Montecarlo.Capítulo XXIII DE MODO QUE MORGAN. resultaban inexplicables. iba rumbo a Montecarlo. sería el último sitio del mundo en atraer a otro de los conspiradores.

lo esencial era que Morgan se dirigía al principado. al producirse ésta. que el sitio elegido para la reunión final se hallaba quizá en algún punto de la Riviera. y que por esa causa Morgan había sido comisionado para ver al misterioso griego cuya llegada Cattelmann había estado esperando. En segundo. La segunda.atemorizado o que se había retirado de la conspiración. En primer lugar. «Mystery» sabía de la llegada de Morgan. y que tal cosa requería prepararse y estudiar la situación. tanto Van Hoffmann como «Mystery» harían cuanto estuviera a su alcance por . Sin embargo.

En tercero. hacia cualquier parte que mirara. Tenía que anticiparse. ¿cómo los llevaría? ¿Y cómo quitárselos? Hartley se perdió en un mar de conjeturas y de planes inútiles. como había hecho en los Estados Unidos. tampoco era probable que el americano llevara consigo los papeles: gato escaldado huye del agua fría. cuando . ya que.apoderarse de los papeles que el americano tenía a su cargo. En cuarto. lo único que veía claro era el hecho de que debía apoderarse de la segunda porción de papeles. Entonces. resultaba improbable que Morgan cayera en la misma trampa que Cattelmann.

la mente de Hartley permaneció en blanco. pero luego se le ocurrió súbitamente una idea . ¿Entonces? Por varios minutos. sabiendo que los espías lo acechaban constantemente. desde luego.por vez primera logró vencer a «Mystery». ¿qué haría? No los llevaría en su persona. Morgan sería lo suficientemente listo como para prever esa posibilidad. Menos aún en el equipaje. esperando una oportunidad de quitárselos. ¡Anticiparse! Suponiendo que él tuviera que llevar ciertos papeles. ¡Cuántas veces habían sus hombres revisado las maletas de herr Cattelmann! Obviamente.

Faltaba ahora ver si Morgan llegaba en automóvil o en tren. si con él iba un chófer de confianza.que valdría la pena seguir. Además. Hartley y . hubo de admitir Hartley. eso era todo. pues no. quizá. en su propio coche. pero esta posibilidad. Hartley quedó convencido de que había calculado todas las posibilidades. no sería imposible qué hubiera ocultado los papeles en algún lugar del vehículo: en los cojines. era más bien remota. o en la llanta de repuesto. Una semana después. Por lo demás…. era también posible que éste fuese quien guardara los papeles. Si Morgan llegaba en Coche.

—¿Está usted seguro. tras un rato—. se veía francamente triste. gesticulando a menudo. Por su parte. que no representaban absolutamente nada. Durand — preguntó. Hartley parecía abatido. debido a su cambiante temperamento. Hablaba hundido en su silla.Durand se reunieron en la habitación del primero. sentado frente a la mesa. excepto una válvula de escape para los reprimidos sentimientos del joven. de que sus dos . Hartley. con un cigarro en la boca. garabateaba en una hoja de papel: figuras ridículas y formas de seres imposibles. y el francés.

—Si hay una sola tuerca de ese coche que no hayamos examinado. monsieur. las inspeccionamos y las volvimos a poner. Hasta miramos dentro del tanque de gasolina. . por si los documentos estaban dentro de una envoltura impermeable. donaré medio millón de francos al hospital más cercano. Punzamos cada centímetro de los cojines con instrumentos especiales. Ya le dije. que entre los tres revisamos cada centímetro cuadrado de ese automóvil. Quitamos todas las llantas.hombres no desperdiciaron una sola oportunidad? Durand meneó la cabeza.

monsieur. —¿No había una lata extra de gasolina? Durand sonrió. Nada tampoco debajo. —¿No había mapas? —Tres. . monsieur —repuso Durand. ni en el techo del coche. incluso el radiador. pero tampoco ocultaban nada. encima o en medio de las tablas del piso. y sólo contenía gasolina. monsieur.—¿Y el radiador? —Sí. —¿Y en las ranuras de los vidrios? —Nada. con tono un poco impaciente—. monsieur. —Sí. ligeramente.

—En ese caso. Ahora sabemos que los papeles no están ni en el cuarto de Morgan.—Entonces hemos fracasado. A pesar de lo ocurrido a herr Cattelmann. Durand. sin mucha animación. —¿Probaremos otra vez el método de mademoiselle Ivanitch? —preguntó Durand. Durand. debo haberme equivocado en mis deducciones. ni en su automóvil. —Sin duda alguna. ¿Qué posibilidad queda? Sólo que los lleve encima. . Morgan debe de haber decidido correr el riesgo de cargarlos en sus ropas.

Durand. pero sus posibilidades de éxito son escasas. . mirando el rostro de Hartley. supo que se trataba de malas noticias. ¿qué hacer? —No sé. —¿Bueno? La respuesta fue larga. —No hay más que hacer —exclamó. Hartley colgó lentamente el teléfono. Levantándose.—Van Hoffmann ha trabajado ya en ese sentido. Pero… Sus palabras fueron interrumpidas por el sonido del teléfono. —Entonces. deprimido. Hartley cogió el auricular.

y lo llevan al hospital. —Probablemente.—¿Sucede algo. monsieur? —Lo peor. es… el coche de Van Hoffmann. —¿Está… muerto? —Creo que no. embebido en sus pensamientos. pronto se recobrará. posiblemente sólo se trata de un desmayo. . El número 61 cree que sus heridas son muy leves. Hartley hizo una pausa. Durand. pero lo grave del caso es que el coche que lo atropelló y el coche que lo lleva al hospital. —En ese caso. Morgan acaba de ser atropellado por un automóvil en la Rué de la Paix.

Mientras lo llevan al hospital… Durand calló. apostó metódica y cuidadosamente. —Exacto —exclamó Hartley. pero fingiendo ignorarla. Podemos estar bien seguros de que Van Hoffmann tiene ya los papeles. Esa noche. Hartley fue en persona a las salas de juego. la primera persona que vio fue a «Mystery». se sentó a una mesa distante. decidido a probar su suerte a la ruleta. Al principio. Al entrar.—¡Mon Dieu! Ahora comprendo. pero cierto hado . no creyendo necesario completar la frase. con amargura—.

Hartley cambió otro billete. Pero afortunadamente no era muy terco. Hartley perdió varias vueltas. Desafiante. Las nuevas fichas corrieron la misma suerte. y mientras más perdía. salió a los . cambió un billete de mil francos. y cuando por tercera vez se quedó sin fichas.maligno ha decretado que nadie que esté de mal humor puede ganar en el juego. Viendo desaparecer su provisión de fichas. y tras echar un vistazo a la mesa de Marie Arnaud. para verificar que Durand estaba allí vigilando a la muchacha. más audaz y descuidado se volvía. se incorporó.

Los ojos le ardían por el humo de las salas de juego.frescos y olorosos jardines del Casino. Convencido de que Durand tendría poco o nada que reportar. cerró los ojos. Finalmente. se quitó el traje de etiqueta y se puso un pijama brillante. Poco después regresó a su hotel y subió a su cuarto. abandonó el intento de leer y. reclinando la cabeza contra el respaldo de su sillón. y sus pensamientos eran demasiado caóticos y pesimistas como para permitirle concentrarse en las noticias. Envuelto en una bata. pero sólo logró hacerlo por unos segundos. recogió un periódico inglés y empezó a leer. .

monsieur Witham. hasta que Durand lo despertó con voz excitada. Morgan sigue inconsciente. despierte! ¡Por el amor de Dios. —Escuche este mensaje de «Mystery» a uno de sus subalternos. —¡Despierte. pero no ha dicho . Morgan debe de guardar los papeles en otra parte.No supo nada más. «Glitzer reporta que Van Hoffmann falló. despierte rápido! Hartley despierto en el acto. Prunier interrogó a las enfermeras. —¿Qué pasa? —preguntó.

hasta que alguien más ha ganado. monsieur. Hartley chasqueó la lengua.nada. Hartley se sorprendió. Ya está recobrándose». —¿Quiere usted decir que estamos peor? —Casi. Todo el día he estado de mal humor. y ahora resulta que seguimos igual que antes. ni los llevaba consigo. Durand no compartió su entusiasmo. No se ha perdido en este juego. . ni en su habitación. monsieur. —Sí y no. —Magníficas nuevas. Si esos papeles no están en el coche de Morgan.

Hartley meneó la cabeza. Estarían . por la siguiente razón: Morgan ha sido vigilado muy cuidadosamente. —¿Sabe usted lo que creo. no creo que Van Hoffmann o «Mystery» estuvieran aquí.¿dónde están? —Me parece haber oído antes esa pregunta —murmuró Hartley. ¿qué hizo con ellos? —Quizá los puso en un banco. pero no creo que sea correcta. —Entonces. De haber depositado esos papeles en Londres o París. monsieur? Que no trajo esos papeles. o en una caja fuerte en Londres o en París. —Pensé también en esa posibilidad.

El cuarto se llenó de humo de cigarros. durante el cual los dos hombres trataron de hallar un rayo de luz en la situación. —Quizá tenga usted razón —asintió Durand—. Por fin. Durand rio.donde estuvieran los papeles. Hartley revisó nuevamente el . haciendo todo lo posible por apoderarse de ellos. pero en ese caso… —¿Dónde están los papeles? — terminó Hartley. a falta de algo mejor que hacer. sin que nadie hablara. Los minutos pasaron. —No me atrevía a repetir yo mismo la pregunta. burlonamente. Hubo un silencio.

Una caja fuerte sería. .mensaje cifrado de «Mystery». «Anticiparse». Hartley se puso en el lugar de Morgan. levantándose de su silla. y. Morgan podría haber pensado en usar una caja fuerte. Hartlev asintió. pero habiéndolo hecho por dos veces sin descubrir nada nuevo. ¿Qué hacer con los capeles? Tenía que haber un modo de ocultarlos. Sí. y miró la noche. un sitio seguro. lo arrojó. fue hasta la ventana. ciertamente. ¿Cómo? ¿Cuáles habían sido los pensamientos de Morgan al planear el modo de burlar a los enemigos que lo rodeaban? Por milésima vez.

¿si la última reunión fuera a ser en Montecarlo? Morgan tenía que haber traído esos papeles.Pero no había llevado a cabo esa idea. en el lugar de Morgan. para depositarlos. Durand? —Ojalá nunca tenga que hacerlo. —¿Qué haría usted. Hartley se volvió nuevamente a Durand. para ocultar esos papeles. Irritado. porque. Van Hoffmann o «Mystery» se hubieran enterado. —Pero ¿suponiendo que tuviera? . en ese caso. Y esto último no lo había hecho. probablemente. Además. en un banco o en una caja fuerte aquí en Montecarlo.

es usted una gran ayuda. Durand. supongo que enviaría usted los papeles por correo. eso es exactamente lo que yo haría. En tal caso… ¡Dios mío! —Hartley miró a Durand con una expresión estupefacta. —¡Haría que me protegiera el ejército! —Gracias. y luego de París a Montecarlo. que luego cambió rápidamente. Dejaría que la oficina de correos me guardara los papeles. Los enviaría de Londres a París. los enviaría a «entregar en ventanilla» y los dejaría en el correo hasta que fuera hora .Durand alzó los hombros. Y si el ejército se oponía. para convertirse en alegre—.

Después de pensar unos momentos.de llevarlos a la reunión secreta del comité. —En ese caso. ¿Cuánto tiempo cree usted que pasará antes de que Van Hoffmann o «Mystery» den también con ella? —Una o dos horas —repuso Durand secamente. —¿Qué hacemos? —En la mañana. o quizá tres. tenemos que comprobar esa idea. Durand se animó en igual forma. cuando abra el correo. —Sí. habrá dos. personas . tenemos que actuar rápidamente. —Durand. ¡mon Dieu! Tiene usted razón.

Lo esencial es la identificación. —Usted no me comprende. para recoger una carta enviada a «Morgan. . entregar en ventanilla. sería bueno que fuéramos a formarnos de una vez. ¿Qué tal si el encargado de correos le pide al interesado que se identifique? —¡Mon Dieu! ¿Qué presente su pasaporte? —Sí. Montecarlo». debemos robar el pasaporte de Morgan ahora mismo.esperando. para ser los primeros en la fila. —En ese caso. antes de que Van Hoffmann o «Mystery» piensen en hacer lo mismo. De un modo u otro.

Muy bien. monsieur. Durand. pero algunas se parecen extraordinariamente al dueño del pasaporte.—Pero si conseguimos el pasaporte. En cambio. las fotografías de pasaporte son muy malas. y además. y mi aspecto podría ser el de un americano. ¿Si la foto de Morgan cayese en tal categoría? —Debemos arriesgamos. ¿quién fingirá ser Morgan? Por regla general. usted. Pero ¿si «Mystery» va a . por ejemplo. ¿podría fingirse americano? —¡Dios no lo quiera! —exclamó Durand horrorizado—. yo tengo una ventaja: hablo francés con acento inglés.

yo trataré de recordar todo lo que pueda de Morgan. Mientras tanto. Era suficiente que el pasaporte estuviera en sus manos. Vaya. pero Hartley no pensaba en . Durand tardó dos horas. y consiga ese pasaporte por las buenas o por las malas. Durand. El alba se acercaba a gran velocidad. aunque sólo lo vi una vez. pero finalmente regresó.buscar el pasaporte y se da cuenta de que ya ha sido robado? —También a eso debemos arriesgamos. durante breves minutos. Hartley no le preguntó cómo había logrado su empresa. triunfante.

Morgan tenía el cabello plateado. tendrá éxito. Su estatura era casi igual a la del americano.dormir. Por fin. pero era poco probable que los empleados se fijaran muy detenidamente. estudiaba la fotografía de Morgan y calculaba las posibilidades de suplantarlo. A las cinco de la mañana. Lo mismo valía para las cejas. si la luz de la oficina de correos no era muy buena. y hasta Durand hizo a un lado su escepticismo . Con el pasaporte ante sí. pero eso podía arreglarse con un poco de polvo facial. El color de los ojos no podía cambiarse. los preparativos habían concluido. decidió que.

Poniéndose un sombrero de fieltro con el ala doblada hacia abajo y abotonándose el impermeable (por suerte estaba lloviznando) sobre la barbilla. Llegó el momento. Una rápida mirada alrededor le . Hartley salió del hotel sin despertar. Las horas se deslizaban molestamente lentas.para admitir que las probabilidades de éxito eran buenas. aparentemente. Caminó hasta la oficina de correos y llegó un minuto antes de que abrieran. sospecha alguna. Los dos hombres conversaban con desgano y fumaban un cigarro tras otro.

nadie venía en misión similar a la suya. la oficina se abrió. para «entregar en ventanilla» —anunció él en su peor francés. Entrando con aire despreocupado. La muchacha tras el mostrador lo miró indignada. como si no quisiera hablarle. pero finalmente Hartley oyó un renuente: —¿Sí. —¿Su nombre. al menos por lo que se veía. monsieur? —Ustedes tienen una carta para mí.convenció de que. Poco después. Hartley fue hasta la ventanilla de «entregas de ventanilla». monsieur? .

con un paquete de buen tamaño. La muchacha echó un vistazo al documento y luego desapareció. porque inconscientemente empezó a escribir la «H» de «Hartley». Pocos segundos después estaba de regreso. . Pero la muchacha no quería más que perder tiempo. Morgan —repuso Hartley.S. y el libro de firmas. entregando el pasaporte robado. Probó de nuevo. Hartley temió haber despertado sospechas. y tras escribir la firma debida.—J. Entonces abrió el pasaporte y empezó a estudiarlo detenidamente. Tras un rato. su pluma fuente no tenía tinta. le entregó el paquete. Por suerte.

echó a andar camino al hotel. Hartley había salido victorioso. sintió un doloroso golpe en la nuca…. y se sumergió en la inconsciencia.salió de la oficina con los papeles en el bolsillo. Rebosante de felicidad. Por segunda vez en el triángulo de batalla formado por «Mystery». . Un momento después. Van Hoffmann y él mismo.

Tras un tiempo. un confuso murmullo de voces. Estas impresiones se registraban débilmente en la mente de Hartley. gotas de agua. Hartley empezó a escuchar con atención. su cabeza se aclaró un poco. Alguien decía en francés: .Capítulo XXIV UNA JAQUECA HORRIBLE. inconscientemente. sin embargo. y los objetos adquirieron sus contornos. con tanta vaguedad que no podía relacionarlas ni definirlas. El sonido de las voces dejó de ser un murmullo confuso para convertirse en palabras inteligibles que.

—Pero ¿cómo iba yo a saber. Le pegué duro. Además. como si alguien lo estuviera rociando con agua tibia. como hemos hecho. mademoiselle —prosiguió la misma voz—. —No creo que muera. que sabía que no era Morgan. una docena de cosas nos hubiera podido impedir raptarlo. De nuevo las gotas sobre su rostro. no había otra solución. pero tiene el cráneo resistente. mademoiselle? Claro. ¿Si hubiera luchado? —Supongo que tienes razón —dijo . pero pensé que era uno de los agentes de Van Hoffmann. Si hubiera esperado un minuto más.

se dio cuenta de que su cabeza reposaba en el regazo de alguien. —Pero. mientras una voz dulce murmuraba a su . silencio. mademoiselle. sintió que dos brazos lo rodeaban y una mejilla suave se acercaba a la suya. Entonces. sería demasiado arriesgado. Gradualmente. llamaré un doctor. Luego. Regresa dentro de diez minutos. —¡Basta. Si para entonces no ha recobrado el conocimiento. Jules! Hartley oyó el ruido de pasos que se alejaban. —Vete. Una voz de mujer que Hartley creyó reconocer.una voz desolada.

oído: —Por favor. Había reconocido la voz. Pertenecía a la mujer que significaba todo para él: «Mystery». pero cierto sentimiento intuitivo lo hizo contenerse. No debes morir. Quiso abrir los ojos y mirarla. . Oh. por favor. Te amo demasiado. Dios mío. haz que se recupere. quiso abrir la boca y dejar escapar sus propias declaraciones de amor. Hartley no se movió. aunque todo su cuerpo estaba lleno de una felicidad que lo hacía olvidar temporalmente el dolor. Hartley. no mueras. Lo amo tanto. se sentía incapaz de moverse.

Luego. depositó su cabeza en el suelo con gran delicadeza. enderezándose. y murmuró: . Hartley se agitó y abrió los ojos. Sus movimientos no pasaron desapercibidos. trémula de felicidad. a causa del dolor. pues la luz era como una daga para sus pupilas. Marie rio. Permaneció quieto e inmóvil. Durante todo un minuto la joven siguió abrazándolo. Inconscientemente.No quería apenar a la muchacha. aunque sus pensamientos saltaban loca y alegremente. sólo para volver a cerrarlos inmediatamente.

¡Los . gracias. mademoiselle? —Empieza a recobrar el conocimiento —anunció día. mademoiselle. —¿Sí. —Magnífico. dubitativa—. Jules? —Así se hará. debemos irnos ya. Hartley recordó. Dios mío. ¿Comprendes. Luego. gozosa. alzando la voz. mademoiselle. Está vivo. llamó: —¡Jules! Hartley oyó acercarse los pasos de Jules. De pronto.—Oh. En tal caso. —Supongo que sí —dijo ella. Pero debemos dejar a alguien que lo vigile hasta que llegue de nuevo al hotel.

El sol lo golpeó de lleno. Casi suspiró de alivio al ver que aún estaban allí. Ven. Tras un rato larguísimo. «Mystery» los había olvidado con el susto de descubrir quién era él. Aparentemente. —Sí. mademoiselle. El sonido de los pasos desapareció en la distancia. sus mejillas van recobrando el color. .papeles! ¿Se los había quitado «Mystery»? Moviéndose un poco. —Sí. Jules. debemos irnos ya. logró tocar con su mano izquierda el bolsillo donde había ocultado los papeles. Hartley se decidió a abrir los ojos. pero tras unos segundos se acostumbró a la luz.

caminó hasta La Turbie. Allí buscó un restaurante y bebió una reanimante taza de café negro. el pueblo más cercano. Poco a poco. Tras un corto descanso. el mar. montañas cubiertas de vides. y en la distancia. Se levantó tambaleante. tomó el funicular que . Hartley miró alrededor.pudiendo entonces ver que yacía en medio de un campo. Sin atreverse a mirar los papeles que llevaba en su bolsillo. Bosques y campos. sólo para sufrir una nueva punzada de dolor que lo hizo arrodillarse. Estaba en las montañas que miran a Mónaco. el dolor pasó.

—¿Qué quiere usted decir. lleno de curiosidad. Durand lo esperaba con rostro ansioso. —Monsieur. Durand lo miró. y pocos minutos después estaba de nuevo en su habitación. y rio con profunda alegría. —Algo me ocurrió —repuso Hartley. cuando lo invite a mi . un día cercano. Durand. Empezaba a temer que algo le hubiera ocurrido.descendía rumbo a Montecarlo. monsieur? —Ya se lo diré un día. tomó un taxi. Una vez en la ciudad. he estado terriblemente preocupado.

—¡Vaya. Durand. monsieur? Hartley golpeó su bolsillo. monsieur! —exclamó picarescamente—. El rostro de Durand resplandeció con una sonrisa. Sacó los papeles… y se quedó mirándolos fijamente.casamiento. —¿Tiene usted los papeles. hablemos de negocios. En fin. —Aquí. ¿Puedo felicitarlo? —Pues todavía no —repuso Hartley con cierta duda—. La expresión feliz que había llenado su rostro fue siendo substituida por una de furia y .

. Hartley.desconcierto. Los papeles que había sacado de su bolsillo no eran más que hojas en blanco. Sólo en una de ellas había un breve mensaje: «Lo siento. pero»… «Mystery» había empatado la cuenta de triunfos.

o que «Mystery» había cambiado de método de comunicación. El tercer día. En la mañana. fue bastante agitado. leyó: . Hartley se preguntaba con temor si esto significaba que no había mensajes que transmitir. sin embargo. Hartley recibió un telegrama en clave de su tío. Durand no pudo reportar ningún nuevo mensaje de «Mystery». Después de descifrarlo. No hubo ningún movimiento en el campo enemigo.Capítulo XXV LOS DOS DÍAS SIGUIENTES pasaron sin novedad.

alguien se impacienta. Stratinoff desapareció completamente. Un agente nuestro que lo seguía vio que un auto lo atropelló y luego lo recogió. De Luze fue atacado a tiros la noche pasada.¿Has tenido más éxitos? Nuestros agentes europeos reportan inquietud general en varios países. No hay noticias de él en ningún . Sus últimas palabras fueron que le habían robado los papeles. Hans Wieland amaneció moribundo hoy en Bruselas. Mientras tanto. Temo que las operaciones vayan a iniciarse en breve.

¿Has visto a Stratinoff? Te mando más hombres. nunca se rebajaría. a asesinar a alguien. . Mucha suerte. Sospechamos que el accidente fue preparado. «Mystery» seguía en Montecarlo. Mantente en comunicación conmigo. el austríaco. pues creo que Venecia será la escena del estallido. asesinado! Hartley no tuvo duda alguna sobre quién era el culpable: Van Hoffmann. Tal vez Stratinoff esté ya allí. y además. WITHAM ¡Wieland. bajo ninguna circunstancia.hospital.

o en algún otro sitio de la Riviera. Creo que mientras Stratinoff esté sano y salvo. ninguno. no importa lo que les suceda a los demás. —En mi opinión personal. y sin embargo conservó una copia completa para sí mismo. lo hallaremos tarde o . Stratinoff usó a los otros para preparar sus planes. pero no le importa mucho lo que les suceda.—¿Qué efecto cree usted que tenga la muerte del austríaco sobre la misteriosa conspiración? —preguntó Durand al saber las nuevas. Si en verdad se halla en Niza. La prueba de ello es que dividió los planes en cinco. Stratinoff es a quien debemos localizar. Sin duda.

—Quizá tarde. entonces cada uno de nosotros posee una parte de los planos. el teléfono sonó violentamente. . —¿Qué quiere usted decir? —Van Hoffmann está poniéndose impaciente. y cuando eso ocurre… ¡Dios ayude a quien se cruza en su camino! —Pero tal vez se de cuenta de que por el momento no puede hacer nada. Antes de que Durand pudiera continuar la conversación. Si tiene los papales de Wieland. monsieur.temprano. y esa parte sola no puede servimos para maldita la cosa. Hartley lo contestó y oyó la voz del dependiente del hotel.

Hartley alzó las cejas: la dama no podía ser Sonia. alelado. . —«Mystery» viene a hablar conmigo —anunció. —¿Una dama? ¿Quién? —Mademoiselle Marie Arnaud. pero no tardó en recobrarse—. —Hágala subir inmediatamente. pues tras el asunto del Coq d’Or se había ido a descansar. Colgó lentamente el teléfono y miró a Durand. —Una dama desea verlo. Hartley tragó saliva.—¿Monsieur Witham? —Sí. —¡Mon Dieu! —exclamó Durand. monsieur.

el cabello.Querrá verlo a solas. Hartley miró a la muchacha: ¡qué hermosa era! . Luego. Hartley asintió. —Adelante —dijo él. Como de costumbre. Regresaré más tarde. estaba limpio y elegante. —Perfecto —dijo. La puerta se cerró tras Durand y Hartley corrió al espejo. La puerta se abrió para dar paso a «Mystery». la ropa. pero su nerviosismo lo hizo arreglarse la corbata. Alguien llamó discretamente. Me iré antes de que tenga oportunidad de verme. seguramente. se cerró de nuevo.

Marie no parecía más que una amiga. ¿no me vas a pedir que me siente? Hartley avanzó. por favor. Siéntate. mirando a la joven con una intensidad imposible de reprimir. él arrimó otra silla y se sentó enfrente. —Estaba en la luna… Es que… — arrimó una silla—. Cuando ella obedeció. y que sus lágrimas habían caído sobre su rostro… —Pero. . Hartley. esperando ver en sus ojos brillo amoroso.Y pensar que esos ojos adorables habían llorado por él. Pero no pudo hallarlo. confuso. calmada y distante.

—¿Por qué? —Te niegas a ayudarme. ¿Por qué no preguntas a qué vine? —Usted…. —Gracias —murmuró. —Realmente.—¿Te sorprendes de verme? — preguntó tras un rato. Los ojos de la muchacha cintilaron. —Claro. tú me lo dirás sin que lo pregunte —respondió él con aire ingenuo. de todos modos. Hubo otra pausa. —Sí. pero. eres una persona difícil de tratar —dijo ella por fin. me . pero también me alegro. Hartley.

era bastante poco amable. —Tu actitud. . cuando me ignoraste —sus labios temblaban ligeramente. la última vez que nos vimos. acentuando involuntariamente la palabra de en medio. —No comprendo. Hartley bajó los ojos. cuando…. —En la sala de juego del Casino. Ella se ruborizó un poco. Hartley. —¿La última vez? —preguntó él. Hartley arrugó la frente. —¿Incómoda? ¿Por qué? —Por tener que humillar mi orgullo.siento incómoda.

mientras Hartley proseguía con amargura: —¿Has olvidado que unas noches antes nos encontramos en la puerta del Casino y me amenazaste con llamar a la policía si seguía molestándote? . mademoiselle… Marie…. creí que no deseabas volver a hablarme. Marie frunció el ceño. —¡Amables! Pero. —Pero ¿por qué hiciste eso. sigamos siendo amables. No puedo perdonármelo aún. aunque sólo sea por cortesía. Hartley? Aunque somos enemigos hasta cierto punto.—Me porté como un bruto — masculló—.

llorosa. Marie. Pero. Hartley supo que estaba recordando aquella mañana en que. Hartley no debía revelarle que había escuchado sus tiernas frases. por el momento. —¿Ahora? —repitió ella con temor. había expresado el amor que sentía por él.—¿Yo? —empezó ella. y en cuanto a olvidar tus crueles palabras…. Sus mejillas se sonrojaron y su firme mirada titubeó. ahora que somos . Hartley sonrió con alegría. —Hace tiempo que te perdoné. te pido me perdones y olvides mis palabras. eso será fácil ahora. —Quiero decir. y luego cambió de tono—: Lo siento.

Pero —su voz se hizo impersonal. —¿Has olvidado que sugeriste la posibilidad de aliamos? —Por supuesto que no. que no confío en el gobierno inglés ni en ningún otro .nuevamente amigos —repuso. Me alegro. Hartley. con alivio evidente —. somos nuevamente amigos. ¿Recuerdas la noche que nos encontramos en mi coche. su actitud fría— he venido a que hablemos de negocios. —Sí —dijo ella. cuando huías de Stratinoff? —Por supuesto. me rehusé por la razón que entonces te di. —Sí. Pero tú te rehusaste firmemente.

bueno. Digo. Hartley. tú has de saberlo ya. las cosas no…. ahora vengo a rectificar esa negativa. con tristeza—. es que… —No te pido que cambies tus opiniones.gobierno del mundo. trabajo para el Servicio Secreto Británico. Sin embargo. Yo…. no han cambiado. pero . Marie —explicó él. —¿Quieres decir que ya confías en Inglaterra? —Quisiera poder decir que sí. —¿Quieres que seamos aliados? Ella asintió. y no puedo traicionar a mi patria. Vengo a decirte que he cambiado las mías. —Pero.

Los gobiernos están compuestos por políticos.debo serte franca. pero prefiero eso a que Van Hoffmann triunfe. desconcertado. pero escúchame. —Pero hasta los políticos pueden ser patriotas. y a los ingleses —añadió con voz suave—. . Hartley: tampoco me gustaría que el gobierno francés se apropiara del secreto. No me gusta la idea de que Inglaterra se apropie del secreto de Stratinoff. Amo a Inglaterra…. —Por supuesto que no —protestó ella—. Amo también a Francia. —¿Tanto así odias a Inglaterra? — inquirió él.

no vacilaría en matarlo a sangre fría. más daño causan al mundo. de honor. y mientras más patriotas son. Carece de moralidad. un ser sin piedad. mucho más. Una vida humana le importa menos que un billete de mil francos. Van Hoffmann es una amenaza para el mundo. Pero no es hora de discusiones. Es un demonio. y si lo tuviera a mi merced. Hartley.—Sí. de escrúpulos. El dinero es su único dios. y no vacilaría en provocar una nueva guerra mundial si tal cosa pudiera serle de . Estoy dispuesta a entregarte los planos si luchamos juntos contra Van Hoffmann. —¿Es tan temible como dices? —Más.

—¿Noticias? ¿De Van Hoffmann? —Sí y no. Dinero. de lo que es capaz ese hombre por el dinero! Ya te digo. sobresaltada. lo mataría tranquilamente. Dios sabe que necesitamos serlo. —¡Dios mío! Entonces. Ella alzó la cara. Hoy recibí noticias. Van Hoffmann tiene ahora una quinta parte de . dinero… ¡Dios mío. suavemente: —Marie. no sé qué diga mi tío. pero de ahora en adelante somos aliados. Wieland ha sido asesinado. Pero a veces le temo. y despojado de sus papeles. Hartley tomó la mano de Marie y dijo.provecho.

Temo que de una forma u otra Van Hoffmann se posesionó del original. —Sí. Hartley habló por ella: —Sí. —¿Por qué tal vez dos? «Mystery» se sonrojó ligeramente. —¿Crees que Van Hoffmann es el único capaz de hacer esas cosas? La sorpresa alumbró los ojos de . y me dejó la falsificación. como avergonzada. una que le quitaste a Sonia Ivanitch y otra que me robaste a mí. —Yo tenía dos partes… Calló. y tal vez dos. Hartley —asintió ella con los ojos bajos—.los planos. pero escucha: una de esas partes es falsa.

Marie. Parece un empate. ¡Oh. Pero lo que me dices me . Van Hoffmann tiene una parte de los planos. —¡Oh! —A pesar de las circunstancias. yo otra y tú otra. —Sí. Marie no pudo contener la risa—. ¿quieres decir que tú tienes los papeles verdaderos? —Sí —sonrió él—. ¿verdad? —Exacto. Los papeles que le quitaste a Sonia Ivanitch eran falsos. eso fue brillante! Y pensar que Van Hoffmann y yo peleamos en tal forma por esos papeles. —Hartley. Los verdaderos seguían en el saco de herr Cattelmann. Hartley. Entonces.

Escucha. —Pero le dejaremos campo libre a Stratinoff. —¿Entonces? —Conformémonos con impedir que Van Hoffmann se entere del secreto. Hartley. ¿por qué no abandonamos la esperanza de descubrir los planes de Stratinoff? Nunca podríamos hacerlo sin la parte que Van Hoffmann tiene. destruyamos nuestras partes de los planos. .tranquiliza. ahora que somos aliados. y no podremos quitársela mientras vivamos. En otras palabras. Así derrotaremos a Van Hoffmann. —Supongo que sí.

con voz apagada—. —Hartley —dijo Marie.—¿Y qué sería peor: dejar que Stratinoff prosiga su conspiración. Al terminar. . —Quizá Stratinoff fracase… —No lo creo. o dejar que Van Hoffmann descubra todo? «Mystery» se encogió de hombros. no ha desaparecido por su propia voluntad. —¿Qué? —exclamó Marie con voz súbitamente ansiosa. Ya empieza sus preparativos. Stratinoff no…. vio que la muchacha estaba mortalmente pálida. Hartley le contó todo lo que el cablegrama de su tío contenía.

Antes de muchos días. —Me temo que no tendrá más remedio —respondió Marie con voz apagada. —Pero ¿será Stratinoff tan tonto como para decírselo? —espetó Hartley.—¿Qué quieres decir? —Mucho me temo que esté en manos de Van Hoffmann. —Entonces estamos perdidos. —Pero ¿de qué utilidad le sería eso a Van Hoffmann? —Si Stratinoff conoce los planos completos de la conspiración… —Los conoce —aseveró Hartley. Van Hoffmann lo sabrá todo. .

Capítulo XXVI LOS SIGUIENTES DÍAS fueron tensos y angustiosos. Cuando el asombrado Hartley le preguntó cómo había logrado tal milagro. Marie anunció que había conseguido la ayuda de la policía francesa. ella se limitó a sonreír. todos preguntando frenéticamente si tenía . esperando hallar una pista de Stratinoff. Hartley recibió tres cablegramas de su tío. La mañana del tercer día. Los hombres de Marie y los de Durand se dedicaron a registrar Niza de arriba abajo. Mientras tanto.

Hemos comprobado que el mismo yate llegó a El Havre el día siguiente y . Era largo. y añadiendo que. el coronel Witham no sabía nada nuevo. por su parte. La tarde del tercer día. Tememos que lo sacaron de Inglaterra en un yate privado que salió de Southampton el día 13 a la medianoche. Creemos que Stratinoff fue secuestrado por agentes de Van Hoffmann. otro cablegrama más llegó. y Hartley tardó más de una hora en descifrarlo.alguna noticia que reportar.

Hemos descubierto una posible conexión entre Van Hoffmann y el dueño del yate. asintió. Hemos puesto nuestros mejores hombres a buscar el Renault. WITHAM Cuando «Mystery» se enteró del contenido del cable. —Eso me temía. voy a hacer unas . Un inválido fue sacado del yate y metido en el coche.fue recibido por un coche Renault. Hartley. Me comunicaré contigo de tiempo en tiempo. ¿En qué sitio de Europa estará ahora ese Renault? Espera.

o Cannes. —La policía francesa ha seguido el rastro del Renault hasta Aix-enProvence. por ejemplo. o Niza. Menos de veinticuatro horas después. Hartley: la Riviera será el escenario del último acto de este drama. España o África del .llamadas telefónicas. Hartley se enteró del resultado de esas llamadas. Montecarlo. A esta hora. y luego haber entregado al pobre inválido a otro yate. Tu tío tenía razón. —No necesariamente —objetó Hartley—. Stratinoff puede estar preso en Italia. El Renault puede haber seguido hasta algún puerto.

pero es más fácil revisar cien kilómetros que mil kilómetros —afirmó ella con . Hartley se alzó de hombros. —Por supuesto.Norte. Doce horas más tarde. —Tienes razón. podemos poner a prueba tu teoría. —Eso no ayuda mucho. Gracias a Dios. Hartley. —Puedes estar seguro. Hartley. de que Stratinoff está a menos de cien kilómetros de distancia. Puede estar en un millón de sitios. Marie tuvo buenas nuevas: de ningún puerto del Mediterráneo había zarpado un yate sospechoso.

Pronto será demasiado tarde. Hartley desconocía totalmente ese idioma. que iba en compañía de otro hombre. pues el lenguaje que usaba era italiano. Pero ya casi pasa una semana. —Qué curioso —reflexionó Hartley —. pero Hartley no entendió lo que decía.impaciencia. Hartley siguió desalentado. y solo un par de palabras quedaron fijas en su memoria: Gallo d’oro. Marelli hablaba. La mañana del octavo día. —Supongo que sí —musitó—. en la Rué Carnot. ¿Será el nombre de una casa? . Hartley se cruzó con Marelli.

tal vez. los ingleses somos unos incultos comparados con los franceses. —A propósito. olvidó completamente el encuentro con Marelli. monsieur. era idiota pensar que. justamente cuando Marelli pasaba a su lado. ¿sabe usted italiano? —Sí. De este modo. Pero lo que deseaba . Durand.Luego rio de sí mismo. cuando Durand mencionó Italia. Van Hoffmann había llevado a Stratinoff. y sólo lo recordó varias horas después. —Dios mío. Casi todos hablan cuatro o cinco idiomas. hubiese mencionado el nombre del sitio al que.

preguntarle es: ¿conoce usted las palabras gallo d’oro? —Sí. monsieur. ¿Por qué hablaría Marelli de un gallo? —¿Marelli? —preguntó Durand en el acto—. Significa «gallo de oro». monsieur. —¿En qué sentido? —Traduzca usted al francés en lugar de al inglés. —¿Coq d’Or? ¡Dios mío! —Hartley . monsieur? Hartley le contó. monsieur. meditabundo—. ¿De qué se trata. —¿Gallo de oro? —repitió Hartley. —¡Mon Dieu! Probablemente sea una pista.

pero ¿cómo puede estar Stratinoff en el Coq d’Or? Ese sitio no existe. ¿Por qué no ver si la suerte ha querido ayudarnos? —De acuerdo. Hemos hecho todo lo que está a nuestro alcance. imposible. sin resultados. Durand. monsieur? . compré la casa y el terreno sólo para disfrazarlos de restaurante y atrapar a Cattelmann. —¿Y qué pasó después con la casa. pero no debemos dejar escapar ninguna posibilidad. Probablemente hablaba del encuentro que tuvo allí con «Mystery».dio un salto—. Pero no. monsieur. —Es posible.

monsieur. Cuando lo haga. —Sí. —¿Con éxito? —Que yo sepa. y preguntar si ha habido ofertas de compra? Hartley asintió. le avisaremos. no. hace como dos semanas. . un posible cliente visitó la Villa Bella Vista. pero no ha vuelto a comunicarse con nosotros. Una agencia está a cargo del asunto. señor Witham —fue la respuesta que recibió—. —¿Por qué no llamarla. descolgando el teléfono.—He estado tratando de volverla a vender.

Hartley se volvió hacia Durand. seguramente calculó que no volveríamos por allí. —Empiezo a pensar que tiene usted razón —dijo.Después de colgar. y lo puso al tanto de la conversación. ¡y qué astucia! ¿Cómo se nos iba a ocurrir buscar a Stratinoff en nuestra propia villa? Hartley rio. con renuente admiración—: ¡Sacre nom! Qué audacia de tipo…. y luego agregó. Pero qué increíble golpe de suerte: de no haber sido por mi encuentro con Marelli… . —Yo estoy seguro —repuso Durand con tono sombrío. —Cierto.

—Eso está por verse —comentó secamente Durand. La competencia era dura. Durand. la Providencia está de nuestra parte. porque al ver la teoría de Durand casi totalmente comprobada. —Cuéntame todo lo referente al Coq d’Or —pidió Marie. Recordarás que herr Cattelmann estaba vigilado tanto por mis hombres como por los tuyos y los de Van Hoffmann. —Bien. Hartley había convocado a Marie a un consejo de guerra. Dios. cuántas . empezaré por el principio.Creo que después de todo. Había pasado menos de una hora.

ya desarrollado mi plan. Primero pensé en servirme de algún dueño de restaurante. ya conoces los detalles. —Sí.horas pasé pensando cómo ganarla… —Y la ganaste. pero una vez que la encontré…. —Pura suerte. debía hallar el sitio para ponerlo en práctica. Bueno. Me costó mucho trabajo dar con la idea. sobornarlo y usar uno de sus . —Demasiado bien —interpoló Marie. Hartley — interrumpió Marie con una sonrisa maliciosa. Hartley sonrió complacido. bueno.

pues. y adaptarla temporalmente como restaurante. Además. situada en medio de un bosque de pinos que mide más o menos veinte acres. . tres cuartas partes de la propiedad están rodeadas por un abismo de cien metros. llegué a la conclusión de que lo mejor que podía hacer era comprar alguna propiedad. »Es una villa vieja y descuidada. ideal para mis propósitos. No tardé en hallar la Villa Bella Vista. Finalmente. pero decidí que era mucho arriesgarse.compartimientos privados. Sólo puede llegarse a él por un camino estrecho que desemboca en Eze. El sitio era.

Desde entonces. he estado tratando de volverla a vender. dejando la casa tal y como había estado antes. claro: el invernadero. ¡Qué perfecta astucia! En primer lugar. es el último sitio en donde hubiéramos pensado buscarlo.»No perdí tiempo en comprar la propiedad. y un cuarto que preparé por si el clima hacía imposible que herr Cattelmann y Sonia cenaran al aire libre. . puede defenderlo fácilmente. —¿Y es allí donde Van Hoffmann ha instalado su cuartel general? —Hartley asintió—. desmonté el disfraz. »Terminado el incidente. en segundo. y. y luego la transformé en un restaurante: Parcialmente.

—Magnífico —aprobó Marie—. Y suponiendo que Van Hoffmann esté allí. para buscar signos de vida. ¿sabes a ciencia cierta que Van Hoffmann está en la Villa Bella Vista? Hartley meneó la cabeza. preocupado —. —Eso me temo —dijo. y Stratinoff también. Pero uno de mis hombres volará sobre la propiedad en aeroplano. Hartley frunció el ceño. Con sólo apostar tres o cuatro buenos tiradores. —Hartley. ¿qué .sin temor de ser sorprendido. prisionero. la casa es inexpugnable. —Todavía no.

Hartley. si la policía se mezcla en este . —La verdad es que no me he atrevido aún a pensar en eso —confesó luego.hacemos? Hartley tardó unos segundos en responder. tú lograste que la policía te ayudara a buscar el coche Renault…. que cree que mis razones para investigar el Renault eran privadas. Obtuve la ayuda de la policía sólo porque tengo un amigo entre los comandantes. añadió—: Marie. mirando a Marie con esperanza. ¿no podrías hacer que atacara la villa? —Imposible —repuso ella con firmeza—.

Pero la policía no tardaría en enterarse y todo resultaría igual. —Cierto —murmuró. —Pero ¿no quedamos en que cualquier cosa era preferible a que Van Hoffmann se enterara del secreto? Marie titubeó. Cuando «Mystery» se disponía a hablar de nuevo. tenemos suficientes hombres. el gobierno francés descubrirá todo. como hablando consigo misma—. el teléfono sonó.asunto. Pero ¿no hay alguna manera de que nosotros solos podamos derrotar a Van Hoffmann? —Podríamos asaltar la villa. .

Lo sé. —Si la villa está rodeada de bosque. y alzó el auricular. Poco rato después.—Perdón —dijo Hartley rápidamente. puede haber docenas más. —Exactamente. —El piloto vio a dos hombres en la propiedad. y Stratinoff también. Hartley se maravilló ante la febril . ocultos a la vista. —Van Hoffmann está allí. sus ojos brillaron. colgó el teléfono y encaró nuevamente a sus amigos. Al oír el mensaje. excitada—. lo presiento — exclamó Marie. Por fin nos enfrentaremos.

¿Has examinado detenidamente la propiedad? —Naturalmente. la cosa no es enfrentarse a Van Hoffmann.impaciencia que repentinamente había asaltado a «Mystery». y no podía dejar nada al . sino rescatar a Stratinoff. Sabía que luchaba contra ti. Las palabras produjeron el efecto de un viento fresco. Calmándose. Mi odio por ese hombre me hace olvidar todo lo demás. Era la primera vez que la veía tan exaltada. Marie asintió con deliberación. —Pero. Hartley. —Es verdad. Debemos pensar en Stratinoff. no en Van Hoffmann. Marie —protestó—.

¿dices queja propiedad está rodeada en sus tres cuartas partes por un acantilado? —Sí. —Esa impresión tuve —admitió—. pero el alpinismo nunca ha sido mi fuerte. Hartley. ¿Por qué preguntas? —Supón que fuera posible llegar a la villa escalando el acantilado: ¿crees . con una adorable sonrisa—. —Me alegro que ahora estemos peleando juntos —dijo ella impulsivamente. Oye. —¿Por un acantilado inaccesible? Hartley pensó cuidadosamente antes de responder.descuido.

Sí. Si mandamos a algunos de nuestros hombres a merodear .que Van Hoffmann está prevenido contra esa contingencia? —Por lo que he oído de Van Hoffmann. serán pocos. Mientras más pienso. si pone guardias sobre el acantilado. es capaz de prever cualquier contingencia. por otro lado… — mentalmente. —Y podemos distraerlo —añadió ella rápidamente—. Hartley volvió a ver la villa y sintió una exaltación naciente. Pero. el entusiasmo de Marie era contagioso—. No creo que Van Hoffmann tome muy en serio esa posibilidad. más me parece posible llegar a la villa por ese camino.

y mientras tanto. Hartley. Pero. sí —afirmó él con animación —.por los alrededores de la villa. Marie —de repente. —Eso está por verse. Van Hoffmann concentraría sus fuerzas en el bosque para prevenir un posible ataque. En las montañas de Peille hay un anciano amigo mío que puede ayudamos. y por medio de un ataque sorpresivo. podremos liberar a Stratinoff. su entusiasmo pareció enfriarse —. —Sí. Es desde su niñez un alpinista experto. nosotros escalaremos el acantilado. Escucha. Nos guiará para subir . se necesitarán alas para subir esa pendiente.

de Italia a Suiza y a Francia.esos acantilados. y Jules lo sabrá también. —Lo sé —dijo ella—. —Pero nosotros sólo somos aficionados —protestó Hartley. Jules ha viajado demasiadas leguas. como para no saber trepar acantilados en la obscuridad. . de cualquier modo. nos hallará un camino. —¿En la obscuridad? —En la obscuridad. Pero.

alpinista y contrabandista. mademoiselle —el hombre se quitó respetuosamente su . y de ellos bajaron algunos hombres y una mujer: Marie Arnaud. se dirigieron rápidamente a Eze. Los cuatro autos se detuvieron. estaba allí también. —Ahora tú das las órdenes. Jules. cuatro automóviles salían de Montecarlo y subían por la Moyenne Carniche. Luego. y allí tomaron un camino secundario.Capítulo XXVII MENOS DE CUARENTA Y OCHO horas después. Jules — declaró Marie. —Muy bien.

y en . Los demás lo siguieron. El anciano.viejo sombrero—. yo iré adelante. increíblemente fuerte y ágil para su edad. Como usted me dijo. echó a andar por una vereda. Pero dígales a todos que bajo ninguna circunstancia deben hacer el menor ruido. los hombres tropezaron varias veces y hubieran maldecido de no ser por las órdenes de permanecer en silencio. —Finalmente. mademoiselle. Recorrieron casi un kilómetro de terreno escabroso. y creo que podremos llegar a la Villa Bella Vista. examiné el terreno hoy. Venga. Jules se detuvo.

Sobre nuestras cabezas está la Villa Bella Vista. Jules era el primero de la cadena.voz baja y suave. Dígale a sus hombres que se aten fuerte el uno al otro. . seguía Hartley. mademoiselle? —preguntó Jules. y tras él venía «Mystery». Ella asintió. justo a nuestros pies está la Moyenne Corniche. —¿Empezamos ya. se dirigió a «Mystery»: —Mire. mademoiselle. Los hombres sacaron fuertes cuerdas y pronto todos estuvieron atados a la cintura de sus compañeros. —Si.

las piedras se desprendían y rodaban hacia abajo. a la derecha y a la izquierda. Bajo sus pies. los próximos sesenta minutos formaron una hora de pesadilla. más conciencia cobraban del espacio infinito que parecía rodearlos por arriba. lenta y cuidadosamente. para despedazarse contra las rocas. Para todos. de resbalones y dedos raspados. de miedo y terror. excepto Jules. mademoiselle? —Sí. sobre sus cabezas.—¿Está nerviosa. por abajo. treinta. Un resbalón y caerían: veinte. . pero no tengo miedo. —¡Bien! Me gusta su valentía. cuarenta metros. Mientras más ascendían.

Por fin alcanzaron lo que. sin embargo. parecía ser una amplia comisa. probablemente.despertando aterradores ecos. y acercando su boca al oído de Hartley. la villa había sido una fortaleza. Jules halló una especie de vereda primitiva. . en la obscuridad. Jules susurró: —Los terrenos de la villa están a unos metros de nuestras cabezas. el ascenso no fue tan difícil como Hartley había temido. un camino secreto para llegar a ella. y esta vereda ya casi inexistente era. A pesar de todo. Tras los primeros diez minutos. en tiempos remotos. Hartley pensó que quizá.

Por fin. He cumplido mi misión. Las instrucciones pasaron de boca en boca mientras los hombres se liberaban de la cuerda.monsieur. cogidos de la mano. Atraviesan un túnel de medio kilómetro que desemboca en un macizo de arbustos. Enfrente hay escaleras. . Habla con Jules mientras yo comunico las instrucciones a los demás. todos estuvieron listos. Hartley repitió el mensaje de Jules. Los demás subiremos por el túnel hasta la villa. ¿cuáles son sus instrucciones? Acercándose a Marie. —Dile a Jules que espere aquí — ordenó ella—. monsieur.

—Aquí está la escalera. Jules guio su mano. monsieur. . Sacando de su bolsillo un reloj con carátula luminosa. monsieur —replicó el montañés.—Guíame a la escalera. Toque. y Hartley palpó los escalones que tenían que ascender. —Sí. tomándolo de la mano. vio que debían esperar todavía un cuarto de hora antes de iniciar el camino: el éxito del ataque verdadero dependía del elemento tiempo. Avanzaron unos cientos de metros y se detuvieron. Jules — pidió Hartley.

que tenía a Marie junto a sí y podía oler su dulce fragancia. sabiendo que tenían quince minutos de descanso. ese aroma inolvidable que recordaba un jardín. Los minutos pasaron despacio. Las manos rígidas. Pero ahora esa lucha había acabado: . olvidaron su nerviosismo. como arrastrándose. listas para desenfundar revólveres. y que tan importante parte había jugado en la lucha entre ambos.Al enterarse de esto los hombres. La espera resultaba aún peor por el hecho de que no podían conversar. se relajaron. Acaso el único feliz era Hartley. se doblaron plácidamente.

Con un leve siseo. Guiando al grupo. eso vendría después. hasta que su cabeza chocó contra algo. el joven subió por las escaleras. pero Hartley aplicó . cuando hubiesen rescatado a Stratinoff. pero no era hora de romances.eran aliados. Ansiaba abrazarla y besar sus provocativos labios. Por fin llegó la hora cero. toscamente labradas en la roca. pues ahora Hartley sabía que ella lo amaba tanto como él a ella. Eran más que eso. Entonces empujó. que una vez más se pusieron rígidos y cautelosos. Hartley alertó a sus hombres. La puerta resistió al principio.

Deteniéndose únicamente para ayudar a Marie a subir. Entonces. los espesos arbustos que ocultaban la entrada secreta de la Villa Bella Vista. Hartley resopló con alivio y avanzó unos pasos. La salida se abrió. La mano de Marie lo asía de la chaqueta. se sintió apresado por . Alrededor de sí. se sintió al aire libre. comenzó a atravesar los arbustos. podía sentir. Fue un camino lento y trabajoso. y Hartley vio sobre su cabeza las brillantes estrellas y el cielo obscuro.más presión. Cautelosamente. más que ver. finalmente. subió los últimos escalones.

cuatro brazos. Incapaz de moverse. abrió la boca para gritar una advertencia. pero una quinta mano lo amordazó con un grueso pedazo de tela. .

Hartley veía ante sí el rostro del espía más temido y odiado del mundo. Van Hoffmann se inclinó burlonamente ante sus dos cautivos. SEÑOR HARTLEY WITHAM. Por vez primera. me permito aclarar. Nombre falso.Capítulo XXVIII —BIENVENIDO. atados fuertemente a dos sillas. «Mystery». conocida a veces con el nombre de mademoiselle Marie Arnaud. pues ambos sabemos que la verdadera Marie Arnaud es la hija del embajador francés. en una de las habitaciones de la villa abandonada. y bienvenida usted también. Van .

y ustedes los derrotados. amigos. mademoiselle —admitió Van Hoffmann. inmenso. los tres rivales. —Quizá todavía no. Van Hoffmann — replicó Marie. o mejor dicho. —Bien. Su rostro era un espejo de gran poder mental. Sus manos largas denotaban gran fuerza. pero también delataba el cinismo y la inmoralidad de su poseedor. con desdén. al mismo tiempo. tres ex rivales.Hoffmann era corpulento. pero. porque yo soy el triunfador. henos aquí. —Todavía no. estaban cuidadosamente manicuradas. alzando despreocupadamente los hombros—. .

No puede triunfar si no obtiene las cinco porciones de cierto documento.Sólo es cuestión de tiempo. —Es usted muy inteligente — aplaudió el hombre—. Pero ¿por qué cree usted que no puedo obtener todas esas cinco porciones? —Por la sencilla razón. de que una de ellas cayó en mis manos. con calma—. y para evitar que cayera en las suyas. Van Hoffmann. la destruí antes de iniciar esta . Ya ve usted que hablo con franqueza. muy inteligente. ¿Puede darme usted alguna razón por la que no vaya yo a ser el triunfador? —Muchas —respondió ella.

expedición. Stratinoff hizo un duplicado de ese documento que tan cuidadosamente dividió en cinco partes. —Eso sospechábamos. Por desgracia para él. —Van Hoffmann sacudió la cabeza—. —Eso es un tributo a mis poderes. —No lo tengo —admitió él. pero permítame decirle que me importa poco. calmadamente—. —Y de allí su pequeña expedición. Van Hoffmann rio. pero usted no tiene ese duplicado. mademoiselle. —Lo sé. Pero… tengo a Stratinoff. .

tomé prestada esta villa de monsieur Hirtley Witham. este…. no dejé nada al azar. encontré la puerta secreta. con su gran astucia —el brillo burlón de sus ojos contradecía sus palabras— descubrirían esa manera de entrar. Revisé cuidadosamente cada rincón de la casa y cada metro cuadrado del terreno. acaba usted de hacerme un tributo. y al investigar. como cualquier buen general hubiera hecho. el macizo de arbustos despertó mis sospechas. Pensé que seguramente ustedes.Mademoiselle. »Por alguna razón. De . pero ¿por qué me menospreció pensando que no hallaría la entrada secreta? Cuando….

puse a mis hombres alrededor de los arbustos y esperé a que ustedes salieran para tener el placer de capturarlos uno por uno. aprovechándose de su impotencia.modo que instalé un aparatito eléctrico muy parecido a las alarmas contra robos. Victoria incruenta. pero victoria al fin y al cabo. el timbre sonó. debo admitir. Tan grande era la furia del joven. que anheló estar libre para . Hartley sintió un odio ciego hacia aquel hombre perverso que con tanta frialdad se mofaba de ellos. En el momento que ustedes y sus hombres entraron al túnel. su rabiosa frustración. Acto seguido.

golpear. Stratinoff es la única persona en todo el mundo que conoce los planos completos de la organización creada por él. puedo saber? Hartley se maravilló que Marie conservara en tal forma la calma. —¿Qué lo hace pensar tal cosa? — . La malevolencia latente en las palabras de Van Hoffmann hizo que Marie se estremeciera. matar al hombre que tan sarcásticamente se reía de él. —¿Tiene usted a Stratinoff? ¿Y de qué le servirá eso. —Es obvio. mademoiselle. patear. —Pero no se los dirá. —Yo creo que sí. mademoiselle.

pero. a veces mataban al reo antes de lograr .inquirió. son infalibles. Hartley notó que su voz temblaba un poco. —Tengo plena confianza en mis métodos. Son sencillos. A pesar de que hablaba con tranquilidad. no eran siempre todo lo cuidadosos que debían. cuando el paciente es manejado con habilidad. Al menos. Los inquisidores. mademoiselle. claro. y a veces tardan algún tiempo en dar frutos. en última instancia. a veces mucho tiempo. por supuesto. como si la muchacha supiera de antemano la respuesta que recibiría.

no lo creí tan melodramático. Desde luego. casi parece que le gusta la tortura. Admito que ha resultado muy terco. El horror de las implicaciones fue demasiado incluso para Marie. pero creo . monsieur Witham. Ese tipo de conversación murió hace un siglo. La joven cerró los ojos. Pero hablábamos de Stratinoff. está en muy malas condiciones. casi escupiendo las palabras. Yo soy más precavido. y un diminuto gruñido brotó por entre sus labios apretados. —Francamente.que confesara sus herejías. —¡Es usted una bestia. una bestia cruel! —exclamó Hartley.

Probablemente se sorprenda usted al saber. que estos cinco hombres: Stratinoff. Tendré mucho gusto en decirle lo que he averiguado hasta ahora de Stratinoff y de su Consejo de los Cinco.que esta noche alcanzaré el éxito. mademoiselle. —Van Hoffmann hizo una pausa. Incapaz de hablar. Morgan. mademoiselle. Supongo. Cattelmann . Esta noche sabré todos los secretos de la organización de Stratinoff. y miró a Marie—. —¿No? Me sorprende usted. que usted sabe qué era lo que Stratinoff planeaba. De Luze. Marie negó con la cabeza.

los pobres eran antirrepublicanos. los reyes reciben el poder por derecho divino. el socialismo y sus derivados son una amenaza para el mundo. al menos. Amaban la monarquía con todas las fuerzas de su ser. no creían serlo. De acuerdo con sus ideas. y. les hubieran dado la razón. atacarlos es nada menos que una blasfemia. no eran conspiradores. Desde su punto de vista. mademoiselle. »Así pues. incluso tal vez usted. Seguramente muchas personas. eran idealistas. estos pobres idealistas .y Wieland. »¿Ve usted?. por lo tanto. Según ellos.

Tal proyecto tenía como fin volver a implantar la monarquía en toda Europa. pero. con repercusiones mundiales. era inteligente. los Hohenzoller ocuparían otra vez los palacios reales de Berlín y Potsdam. mademoiselle. Trataría de evitar todo derramamiento . notablemente inteligente. Los Borbones regresarían al trono de Francia. la casa de Hapsburgo recibiría de nuevo la sagrada corona de san Esteban.inventaron un bonito proyecto. y los Romanoff derrocarían el gobierno soviético de Rusia. »Se trataba de un plan fantástico. créame: por los pocos detalles que conozco.

Estos idealistas palidecían al pensar en el hermoso líquido rojo corriendo por las calles. las cuales. fomentarían una crisis monetaria: la gente. »Su arma principal sería el dinero. sé algo.de sangre. Contaban con el apoyo de numerosas instituciones bancarias. mejor industria. Lo usarían para sobornar y corromper a quien fuera necesario. »Como verá usted. habrá muchas . pero estoy seguro de que entre lo que Stratinoff me diga. mejor comercio. además. empobrecida y hambrienta. se uniría prontamente a cualquier partido que pudiera ofrecerle mejores tiempos.

sorpresas. Sí, sí —rio, malignamente—,
muchas sorpresas.
—¿Y piensa usted impedir este
complot
monárquico?
—preguntó
Hartley, atónito—. ¿Está usted al
servicio de los intereses republicanos?
—¿Impedir el complot? Dios no lo
quiera. Al contrario, monsieur, pienso
ponerlo en práctica.
—Pero…, pero en ese caso, ¿por
qué no ofreció sus servicios a
Stratinoff? ¿Por qué raptarlo y…, y…?
—Hartley no pudo terminar la frase.
—¿Y
torturarlo?
—sonrió,
cínicamente, Van Hoffmann—. Por la
simple y sencilla razón, amigo inglés, de

que mis ideas para la rebelión son muy
distintas. Un poco de sangre no me
asusta; al contrario, pienso que en
Europa hay demasiados habitantes. Un
millón
de
muertos
solucionaría
magníficamente el problema de la
sobrepoblación.
—¡Dios mío! —exclamó la pálida
Marie—. ¡Es usted un demonio!
Hartley meneó la cabeza.
—Supongo que soy tonto, Marie.
Todavía no acabó de comprender.
—No me sorprende, Hartley; sólo
conociendo más a Van Hoffmann podrías
apreciar los infernales abismos de su
alma. Ahora lo veo todo claro. Mientras

que el plan de Stratinoff no buscaba más
que un cambio pacífico de gobierno, el
de Van Hoffmann creará un caos, y en
ese caos él ganará millones y millones.
»Hay vampiros humanos que gozan
de la guerra, porque para ellos
representa riquezas. Oh, Hartley, si el
plan de Stratinoff se hiciera realidad, y
Van Hoffmann conociera los detalles…,
¡no me atrevo a pensar en lo que
pasaría!
Van Hoffmann no se alteró.
—Me halaga usted, mademoiselle
Arnaud, pero admitiré que ha logrado
adivinar la verdad. Más, ¿por qué dice
usted «si el plan de Stratinoff se hiciera

realidad»?
Se
hará
realidad,
mademoiselle, yo me encargaré de eso.
Stratinoff me dirá todo, y usted,
mademoiselle
Arnaud,
y
usted,
monsieur Hartley Witham, tendrán el
honor de oírlo también.
—¡No, no! ¡Dios mío, no! —gimió
Marie.
Van Hoffmann dejó escapar una
risotada cruel.
—¿Por
qué
se
opone,
mademoiselle? Será un espectáculo
único, que acaso jamás tendrá ocasión
de ver otra vez.
La expresión sonriente desapareció
de su rostro.

—Empecemos —dijo, bruscamente
—; ya he perdido bastante tiempo en
conversaciones sin sentido.
Fue a la puerta y la abrió. Hartley
pudo ver un guardia de fiero aspecto.
—Traigan a Stratinoff —ordenó Van
Hoffmann, y el hombre asintió y
desapareció.
Pocos minutos después, llamaron a
la puerta. Van Hoffmann abrió, y sus
secuaces metieron una camilla con
ruedas. Sobre ella, atado de pies y
manos, yacía el impotente Stratinoff.
Al ver su rostro, Hartley se
estremeció. Era el rostro, magro y
pálido, de un hombre que deseaba la

muerte, que había sufrido tanto dolor
que su resistencia estaba a punto de
romperse.
Hartley apenas
pudo
reconocer en él al hombre que había
visto aquella noche en Norwood,
hablando
con
sus
compañeros
monárquicos.
Avanzando
hasta
el
hombre
indefenso, Van Hoffmann lo sacudió
rudamente.
—Por última vez, Stratinoff, ¿vas a
revelar los planes de tu rebelión? Para
comodidad de mis amigos, puedes
responder en inglés.
Stratinoff abrió la boca y trató de
hablar. Sus labios se movieron sin que

una sola palabra brotara de ellos. Tras
un rato, desistió del esfuerzo y movió la
cabeza en sentido negativo.
Este espíritu de resistencia pareció
enfurecer a Van Hoffmann.
—¡Estúpido! —gritó—. Ya te lo
advertí. Si no contestas ahora, te
quemaré los pies poco a poco, hasta que
lo hagas.
Dio algunas órdenes en un idioma
extranjero, y poco después, uno de sus
hombres trajo un soplete encendido. Al
verlo, Marie chilló de nuevo.
—¡No! Por favor, por favor, Van
Hoffmann, no haga eso. ¡Dios mío! ¡No
puede hacerlo, no puede!

—¿Qué no puedo? —repuso Van
Hoffmann, cruelmente—. Quítale las
botas y los calcetines.
El hombre a quien se dirigía la
orden obedeció en el acto. Van
Hoffmann cogió el soplete y apuntó la
flama hacia los pies desnudos del
hombre atado.
—Por última vez, Stratinoff, ¿vas a
hablar?
La única respuesta fue un
movimiento de cabeza.
Lanzando una maldición en idioma
extranjero, Van Hoffmann acercó el
soplete. Stratinoff soltó un aullido de
dolor. Marie se desmayó, horrorizada.

—¡Por Dios, que hablarás! —rugió
Van Hoffmann.
—¡Por Dios, que no hablará!
La firme voz, que hablaba inglés con
marcado acento americano, llegó de la
puerta. En el umbral había un hombre
acompañado de un policía. Ambos
empuñaban revólveres, encañonando a
Van Hoffmann y a su secuaz.
Los siguientes minutos fueron
vertiginosos. Durante unos instantes
reinó un silencio absoluto. El
asombrado Van Hoffmann miraba a los
recién
llegados,
apagando
mecánicamente el soplete. De pronto,
Hartley soltó una exclamación:

—¡Pero si es Wilberforce!
Wilberforce apartó los ojos de Van
Hoffmann para dirigir una sonrisa a
Hartley. Fue sólo un momento, pero
bastó. De un puñetazo, Van Hoffmann
rompió el foco, dejando la habitación en
completa obscuridad. Hubo varios
disparos de revólveres, y casi
simultáneamente, sonaron descargas
procedentes del exterior.
Hartley apenas se dio cuenta de lo
que pasaba. En la habitación, los
disparos cesaron; se oyó el sonido de
una carrera, de dos cuerpos que
chocaban. Luego, silencio. Pero afuera,
el tumulto crecía. Duró varios minutos, y

luego, fue apagándose poco a poco.
Ahora, el silencio era completo.
Pero pocos minutos después, fue roto
por unas pisadas, y por una voz que
decía:
—Calma, Hartley, hijo mío; voy
para allá con la luz.
Entonces, la luz brilló de nuevo, y
Hartley vio el rostro afable y sonriente
de Wilberforce.

Capítulo XXIX
HABÍA PASADO UNA SEMANA. Sentados
a una mesa, en uno de los restaurantes
alineados frente al mar, a lo largo de la
Promenada des Etats-Unis, en Niza,
Wilberforce, Hartley y Marie cenaban
juntos. Hartley estaba hablando.
—¿Entonces, Wilberforce? Llevas
siete días prometiéndonos la historia.
¿Cómo llegaste a rescatarnos en el
momento preciso?
Wilberforce rio, alegremente.
—Muy bien, les contaré, pero no fue
ningún milagro. La explicación es breve.
Uno de nuestros hombres, allá en los

Estados Unidos, vio que Morgan era
seguido por un agente de Van Hoffmann.
Obviamente, Van Hoffmann estaba
interesado en Morgan, así que nosotros
nos interesamos también. Yo recibí el
encargo de seguirlo.
»Cuando descubrí que Morgan tenía
otros dos perseguidores, empecé a
investigar, y no me tomó mucho tiempo
descubrir que usted, mademoiselle
Arnaud, y tú, Hartley, también se
interesaban por mi compatriota. Puse a
un subalterno a vigilar a Morgan, y me
dediqué a seguirte a ti.
—¡No es cierto!
—Sí lo es, hijo mío; tú me habías

corrí por unos policías… y ¡voilá! —Uno de estos días intentaré expresarte mi agradecimiento. Sabiendo que eso no presagiaba nada bueno. —Y bien que me lo pagaste. Continué siguiéndote hasta la noche en que trepaste por el acantilado de la Villa Bella Vista. —Hartley extendió su diestra. y vi cómo Van Hoffmann te capturaba. —Gracias. —Fue fácil. y Wilberforce la estrechó con . y quería pagarte el favor. pero.ayudado una vez. Fui tras de ti. Es innecesario. mientras tanto… —No lo intentes.

el plan de que me hablaste.fuerza—. porque con su muerte. —No. Hartley. Hartley meneó la cabeza. se invalida por completo. Y ahora —preguntó luego el joven—. . pobre amigo. Los doctores dicen que hubieran podido salvarlo si no hubiese estado en tan lastimosa condición. ya no habrá ninguna rebelión monárquica. ¿qué hay de Stratinoff? El rostro de Wilberforce adquirió una expresión seria. —Murió esta mañana. ¿Y Van Hoffmann? Wilberforce rio. con amargura. Una de las balas le dio en el pecho. »Quizá todo sea para bien.

Hartley me dijo que deseaba hablar con usted. Pero ahora —miró su reloj pulsera. con aparente despreocupación: —¿Qué quiso decir? —Yo…. yo nunca le dije nada — tartamudeó Hartley. seguramente a estas horas está preparando una nueva hazaña. con malicia. volvió sus pupilas hacia Hartley y Marie— debo irme —concentró su atención en la muchacha—. Marie preguntó. Se alejó rápidamente. luego. Luego. antes de que los otros pudieran decir algo.—Logró escaparse. su rostro se . Esquivando los ojos de Hartley.

con voz suave.iluminó—. ¿quieres casarte conmigo? Poco tiempo después. en primer lugar? —preguntó él. Pero. —¿Por qué te metiste a él. —¿De veras vas a abandonar este asunto del espionaje. . —No del todo. tengo que hablarte. Marie. de todos modos. tiernamente. —Sí —murmuró ella. Hartley. —¿No te has dado cuenta todavía? Hartley negó con la cabeza. un veloz automóvil regresaba de Niza a Montecarlo por la Moyenne Corniche. Marie? —preguntó Hartley. —No debo darte detalles.

Nuestra sociedad secreta cuenta con el apoyo de prominentes personajes .porque la labor seguirá adelante. cuyo propósito primordial es descubrir secretos internacionales relativos a cualquier invención que pueda ser usada con fines bélicos. —Lo sé. mi opinión es que no habrá otra guerra si ninguna nación se fortalece al grado de amenazar a las otras naciones. por así llamarlos. para distribuirlos entre todas las potencias mundiales. pero el caso es que organicé una sociedad secreta de espías. Pero ¿por qué razón? —Porqué. La envidia es una de las causas de la guerra. como ya te he explicado.

dime. Ahora que ya no eres. por lo . —Con razón mi tío te dice «Mystery». te conozco cómo mademoiselle Marie Arnaud. Hartley. tanto políticos como clérigos y artistas. «Mystery». gente de buena fe que está dispuesta a hacer cualquier cosa para que el mundo no sufra nuevamente los horrores de la guerra. —Pero si lo sabes. Pero ahora. ¿cuál es tu verdadero nombre? Ella pareció asombrarse.internacionales. —¿Por esa razón has descubierto tantos secretos? —Sí. —Te conozco como «Mystery».

si sé que no eres Marie Arnaud? —Pero sí lo soy. y. alegremente.menos para mí. —Pero ¿cómo puede ser? — preguntó él. Hartley. —¿Eres Marie Arnaud? —Sí. Marie Arnaud estaba en un hospital londinense. —Los nombres no son como las huellas digitales. «Mystery». Ella rio. no puedo decirte así. Puede haber más de una . desconcertado—. ¿de qué sirve que te diga Marie Arnaud. recuperándose de un accidente. tonto. Cuando estabas en Nueva York.

recordó otra cosa. Durante varios cientos de metros. no la hija del embajador francés en Londres? —Exacto. —Y te diré otro secreto. Marie simpatiza con nuestra sociedad secreta. y algunos de los secretos que he descubierto me los ha revelado ella.Marie Arnaud en el mundo. Es más. Hartley. pero no lo divulgues. —¿Quieres decir que eres otra Marie Arnaud. sabía que . Hartley meditó sobre lo que acababa de oír. —¡Oh! Conque eso era. —¡Ah! Pequeña bruja. soy su prima hermana. De repente.

aunque si alguien nos ve juntas nota inmediatamente la diferencia. Hartley rio a su vez. Ella permaneció en silencio. Marie? —Estaba pensando —dijo ella. Hartley la miró. Ah. intrigado.tenía algo que aclarar contigo. ¿Por qué te portaste tan mal conmigo aquella Moche en el Casino de Montecarlo? Marie volvió a reír. —Con razón se ofendió. nos parecemos mucho. Tras un rato. bueno. Me pregunto qué dirá mi tío al saber que voy a casarme con «Mystery». era mi prima. Sabes. —Ésa no era yo. —¿Qué ocurre. .

Después. —¿Y qué pensabas? —Que llevamos una hora comprometidos y aún no me has besado. ya no tuvo tiempo de pensar. FIN .calmadamente.

GRAHAM MONTAGUE JEFFRIES Nombre real del autor (1900-1982).Seudónimo (con el cual escribió la serie: «Camisa Negra»). FIELDING HOPE . BRUCE GRAEME . .Seudónimo.

se casó con Lorna Louch. Inglaterra el 23 de mayo de 1900.Nace en Londres. (El hijo seguiría el ejemplo de Graeme y empezó escribir misterios bajo el seudónimo de . con la que tuvo un hijo y una hija. su principal preocupación se convirtió en la escritura. y adoptó el nom de plume (pseudónimo) de Bruce Graeme. Cuando terminó la guerra. Graeme vio acción en la Primera Guerra Mundial con el Regimiento de carabineros de la Reina en Westminster. de padres de algunos medios. Fue educado en academias privadas. En 1925. Cuando tenía dieciocho años.

Esta aventura de misterio fue seguido por más de un centenar de novelas de misterio. Inglaterra. y varias obras de no ficción. una serie de historias cortas no cobradas. Graeme aprendió valiosas lecciones sobre el crimen. Aunque mucho más apreciado en su nativa Gran . cuando trabajaba como reportero para el Middlesex County Times en Ealing. A finales de 1920. La Belle Laurine (1926). trabajó como productor de cine. Poco después de su matrimonio. así como acerca de la escritura. En 1919 y en la década de 1940. Graeme publicó su primera obra.Roderic Graeme).

nueve días antes de cumplir ochenta y dos años de edad. Muere en Londres en 1982. . Se convirtió en miembro fundador de la Asociación de Escritores de Delito. Graeme llegó a publicar en algunas ediciones americanas.Bretaña que en el extranjero.