La acrofobia es un temor intenso e irracional a las alturas, incluso cuando no se corre

un peligro inminente. Las personas que sufren miedo a las alturas presentan una gran
ansiedad cuando tienen que enfrentar situaciones como acercarse al borde de un
precipicio o estar en un mirador elevado.
En los casos más graves, cuando el miedo a las alturas se convierte en una fobia,
puede generar ataques de pánico en los cuales se experimenta una ansiedad extrema y
el impulso irresistible de escapar del lugar. Se estima que el miedo a las alturas es una
de las fobias más comunes, llegando a afectar al 10% de la población.

El miedo a las alturas y el equilibrio
Como muchas personas suelen sentirse un poco incómodas en los lugares altos y este
recelo a las alturas también se aprecia en los niños pequeños e incluso en algunos
animales, las teorías más recientes que intentan explicar las causas de este miedo afirman
que la acrofobia está relacionada con nuestro oído interno y el sentido del equilibrio.
Nuestro sentido del equilibrio es bastante complejo ya que integra tanto las sensaciones
propioceptivas y vestibulares como las señales visuales. Es decir, logramos mantenernos
en equilibrio gracias a una afinada coordinación entre lo que vemos a nuestro alrededor,
las señales que envía nuestro cuerpo cuando nos movemos en el espacio y el aparato
vestibular.
No obstante, a medida que aumenta la altura, las señales visuales se alejan y el equilibrio
se afecta. En este punto la mayoría de las personas se fían de sus sensaciones
propioceptivas y vestibulares para mantener el equilibrio pero, al parecer, quienes le tienen
miedo a las alturas no pueden obviar los estímulos visuales. Cuando intentan procesar lo
que están viendo, su corteza visual termina sobrecargándose y la persona se siente
confundida, lo cual, a su vez, genera ansiedad y miedo.
Por lo tanto, tenemos que intervenir en la interpretación de las sensaciones y en evitar la
escalada de miedo para poder controlar el miedo.

Las consecuencias de sufrir fobia a las alturas
Las personas que sufren acrofobia no se limitan a tener la simple sensación de
vértigo, experimentanpánico. En este momento pueden sentirse mareados, comenzar a
sudar profusamente, experimentar mareos y náuseas, sentir palpitaciones, temblores,
sequedad en la boca y sufrir una disminución repentina de la presión arterial. Estas
sensaciones no solo son muy desagradables sino que provocan mucho miedo y cuando
llegan a ser muy intensas, la persona incluso teme morir.
Desde el punto de vista emocional, la persona se siente completamente desbordada. En
algunos casos, el miedo a las alturas es tan intenso que se paraliza pero otras veces
siente el impulso irresistible de escapar, lo cual puede ser muy peligroso ya que en
estos momentos no logra pensar con claridad y podría lanzarse al vacío. También es usual
que dé pasos en falso ya que intenta buscar algo a lo cual aferrarse para sentirse más
segura pues no confía en su sentido del equilibrio.

En los casos más graves el miedo se extiende incluso a subir unas escaleras, lo cual
se convierte en un gran impedimento para la vida cotidiana. Cuando la fobia es muy
extrema, la persona comienza a angustiarse ante la simple idea de que tendrá que visitar
un sitio en el que se verá expuesta a cierta altura.
Esta sensación de falta de control generalmente termina provocando daños en
la autoestima, ya que la persona deja de confiar en sus capacidades. También suele
generar profundos sentimientos de frustración que, a la larga, terminan afectando sus
relaciones interpersonales. Muchas de estas personas se avergüenzan de su miedo y
creen que los demás los juzgarán negativamente o se reirán de ellos.

Tratamiento para superar el miedo a las alturas
La terapia cognitiva conductual es uno de los tratamientos más habituales para el
miedo a las alturas. Existen diferentes técnicas pero una de las más utilizadas es la
desensibilización sistemática, que consiste en ir exponiendo paulatinamente a la persona
al objeto de su miedo. Casi siempre se comienza utilizando lavisualización, cuando la
persona está en un estado profundo de relajación, para después pasar a las situaciones
reales. Obviamente, la exposición se realiza en condiciones controladas y siempre que la
persona haya superado con éxito la etapa anterior.
La terapia implosiva o inundación es otra de las técnicas que se utilizan para abordar el
miedo a las alturas. Consiste en exponer directamente a la persona a la situación que
provoca la ansiedad evitando que escape. Por supuesto, antes de llegar a este punto, el
psicólogo debe haber trabajado con la persona enseñándole técnicas de relajación que le
permitan controlar su respuesta de ansiedad. Con esta técnica se consiguen resultados
más rápidos que con la desensibilización sistemática pero si la persona no está
debidamente preparada, la experiencia puede llegar a ser extremadamente angustiosa y
desagradable.
La hipnosis también ha demostrado ser muy eficaz para curar las fobias. De hecho,
es una opción mucho más segura y su adición a la terapia evita la ansiedad que puede
generar la utilización de las técnicas cognitivo conductuales de forma aislada. La hipnosis
tradicional funciona a través de sugestiones post-hipnóticas directas dirigidas al
inconsciente. La hipnosis ericksoniana también ha mostrado muy buenos resultados ya
que al usar sugerencias indirectas ocultas en metáforas e historias, logra llegar mejor al
inconsciente y atacar de raíz las causas del miedo.