ANÁLISIS DEL POEMA “Sólo digo mi plegaria”

JUAN MANUEL NAVAS
El poema refleja la posición de la voz poética ante la religión. Ésta se muestra
mediante una oposición constante entre el yo poético y los otros, que encarnan la tradición
religiosa.
La primera palabra del poema (al margen del título) es el pronombre personal “yo”,
que se explicita aún cuando el sujeto está implícito en la forma verbal “sé”. La presencia del
pronombre carece de sentido gramatical: sólo se explica desde un punto de vista expresivo. Se
mantiene durante toda la composición, al principio de cada una de sus estrofas. A
continuación encontramos “no”. La negación tiene también una presencia recurrente en el
poema. Se describen todas las cosas que ese “yo” es incapaz de hacer. Y se describen en
función de un tercer actor: “los otros”. Aparece por primera vez en el verso 15, para
reaparecer en el verso 18, posteriormente en el 19 (“de los que temen”, “de los que arrastran
consigo”). Se establece una oposición clara entre “yo” y “los otros”. Se hace evidente que
cuando se habla de lo que ese “yo” no puede hacer, se hace en contraposición a lo que “los
otros” sí pueden hacer, y sí hacen.
El poema se basa por tanto en la antítesis entre el “yo” y los “otros”, marcada por las
partículas de negación. El “yo” se opone a “los otros”, que se definen por ser la afirmación de
todo lo que el “yo” no es. Los otros son su contrario. Esto crea una clara dependencia (“yo” se
define a través de los otros, y no de forma independiente).
Abundan las formas en infinitivo (precedidas del verbo saber en presente), pero
también las formas pasadas. El pasado se emplea para justificar o explicar lo que ocurre en el
presente. Se concibe el presente como un resultado de lo ocurrido en tiempos pretéritos (esto
se explicita en el verso 21 sobre todo, pero también está muy presente en los versos 15, 29…).
La importancia del pasado se muestra no sólo por el empleo de tiempos verbales, sino por
todo un campo semántico referido a él: “vieja casa abandonada”, “recordar”, “instante
fallido”, “memoria”, “ruinas”, etc. Por tanto, a la oposición “yo, otros”, se suma la oposición
“presente, pasado”.
El tono dominante en el texto es negativo: la descripción del actor principal (como
indica el posesivo del título, el pronombre personal “yo” al principio de cada estrofa, la
primera persona en casi todos los verbos) se elabora negando, en lugar de afirmando. Este
tono se reafirma con todo un campo semántico formado por palabras como: “oculta” (v.2),
“sombra” (v.3), “muertos” (v.6), “instante fallido” (v.11), “arrastran” (v. 19), “derrotas” (v.23),
“condenado” (v. 30)…, y se relaciona con la visión negativa que el yo poético presenta ante el
tema tratado.
Estas capacidades de los otros se encuadran en su mayoría en un contexto religioso. El
título ya incluye un término relacionado con este campo semántico (“plegaria”), seguido del
verbo “rezar” en el primer verso. La voz poética es ambigua a en su posición frente a la
religión. El tono negativo del texto, la elección de la expresión “yo no sé” (no tengo la
capacidad de), en lugar de otras construcciones, sugiere que el yo desea poder aceptar los

El yo no se define ya únicamente por la oposición frente a los otros. en el verso 15 se describen “los bancos quemados”. se afana en contraponer dos opciones. por tanto. materialismo-religión. describiendo una serie de incapacidades del “yo” de connotación casi indudablemente negativa. Sin embargo. Ninguna de ellas se presenta como alentadora o deseable. el “yo” no se desvincula de lo religioso. Destaca el claro pesimismo que transmite el último verso: el empleo del futuro en tono negativo muestra una falta de esperanza. pero su intento es tímido (se dirige a un dios menor. como se muestra durante toda la composición. que se venía construyendo desde el principio del poema. Esta caracterización refleja la concepción de la voz poética sobre la religiosidad. ninguna de las cuales resulta gratificante. no tiene fe). presente-pasado) se rompe al final del texto. “la caída”). las alternativas. aunque se mantiene constante el punto de vista negativo. con inicial minúscula). dos posturas frente a la religión. 20. acentuado por los continuos elementos de negación y por una serie de campos semánticos de vinculación negativa. Al fin y al cabo. no es religioso.principios religiosos. el texto se basa en una contraposición constante entre dos alternativas. Se intenta acercar a la religión. . las capacidades que esgrimen los otros pierden gran parte de su atractivo. Es decir. ya que la religiosidad sí que involucra a la voz poética (“mi plegaria”. En conclusión. En definitiva. Si bien los versos 2 (“encontrar el agua”) y 4 (“recoger frutos de la paciencia”) plantean situaciones positivas. Esto otorga a todo el texto un tono muy pesimista. los otros se convierten en quiénes saben afrontar la muerte. Por tanto. en la segunda. la reflexión sobre religión implica forzosamente una preocupación religiosa. Al final de ella. la voz varía según el momento del poema. Pero la visión cambia incluso dentro de la estrofa. porque no sabe rezar (no puede. “de los que arrastran”. En la primera estrofa se sigue con esta línea. “la reunión de los que temen”. sino por una caracterización en tono afirmativo. Esta falta de esperanza se contrapone con el empleo del tiempo futuro referido a los otros (verso 45). La religión se asocia. En esta segunda estrofa se asocia la religión con el temor y con la muerte (v. desde una perspectiva tradicional. muy personal (determinante posesivo “mi”). y apenas tiene confianza en esta tentativa: reza aún sabiendo que es algo vano. La dicotomía constante en la que se basa el poema (yo-otros. porque sigue presente una preocupación existencial. “dios menor”). con los otros. aplicado al verbo “sanar”. En quiénes saben enfrentarse a su destino y “abandonar el aliento sin pedir cuentas”.