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Democracia comprada

Artículo publicado en el semanario “Hildebrandt en sus Trece”, N°287, el viernes 19 de febrero del 2016.

Francisco Durand
https://www.facebook.com/Francisco-Durand-265279311311

A pesar de la sordidez que caracteriza la canalización del dinero en el Perú hacia los
partidos políticos y al Congreso, algunas luces tenemos en estas elecciones de 19 candidatos,
donde todos los punteros representan distintos rostros de una misma vertiente: la derecha.
Me refiero a Fujimori, Acuña, Guzmán, a la dupla García-Flores, ciertamente a PPK y también a
muchos otros. Las únicas dos excepciones son Barnechea, que reclama volver al desarrollismo
y rechazar el fujieconomismo, y Verónika Mendoza, que plantea cambiar el modelo económico
y darle al Estado una fuerte orientación social.
Estos dos últimos candidatos de centro e izquierda casi no tienen dinero, de modo que
podemos excluirlos de este comentario. Con el resto, justamente por ser realmente de
derecha (en realidad, nadie se define como derecha) y defender los grandes intereses
económicos, tienen más dinero propio y, según sus probabilidades de llegar al Congreso y la
Presidencia, mucho, pero mucho dinero ajeno. Obtenido, claro está, de manera bastante
turbia y donde ni el que da ni el que recibe informa adecuadamente. No es el caso de los EUA
donde hay más dinero pero también más información y transparencia pero con un resultado
similar pues en ambos países el dinero compra a la democracia y la exprime como un limón.
Esta falta de transparencia resulta no solo del hecho que ignoramos cuánto dinero o
pagos en especie están realmente recogiendo, cómo han sido transferidos (cabe preguntarse si
es con recibo o no) y a quiénes se los dieron (al candidato en persona, a algún operador en la
sombra o al tesorero del partido). Todas estas preguntas son importantes, aunque, como
veremos más adelante, falta otra más importante todavía. Me refiero al hecho concreto y
conocido, pero nunca plenamente demostrado, de que unas pocas familias y unas cuantas
corporaciones son las que realizan los mayores aportes. En suma, se trata de un sistema
financiado por las élites.

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Esta financiación elitista la ha demostrado Kevin Casas, que trabajó para la OEA como
supervisor de elecciones y que ha publicado sus investigaciones en la OCDE. Tuve ocasión de
escucharlo en una conferencia organizada hace poco por Oxfam en Washington D.C. Casas
sostuvo, en base a sus investigaciones, que en Uruguay y Chile los grandes donantes eran
unos pocos, una minoría rica y selecta. En el Perú, donde está más concentrada la riqueza esta
tendencia debe ser más acentuada.
Igual discusión se está sosteniendo hoy en día en los EUA. Vale la pena discutir esta
elección en un “país avanzado” porque ocurre en paralelo a la peruana y facilita un contraste,
pero también por el hecho que hoy todos estamos en vitrina con los avances de comunicación
y vivimos un momento de desnudamiento universal de los políticos.
Los EUA se encuentran compitiendo en las primarias para conseguir estado por estado
(empezando por Iowa) los delegados a la Convención Nacional que elegirán la plancha
presidencial. EUA se encuentra, por tanto, en los inicios de la primera etapa de la competencia
electoral, siendo la segunda la competencia entre republicanos y demócratas por la Casa
Blanca. Tal como informa el “New York Times”, al 31 de enero los candidatos han recolectado
859 millones de dólares, lo que prefigura un gasto multimillonario sin precedentes para
cuando se intensifican las primarias en los 48 estados restantes y empiece la carrera
presidencial. En el 2012, según opensecrets.org, se llegó a gastar 2,600 millones de dólares, de
modo que en esta elección se va a superar de largo esa cifra. Se conoce que un puñado de 150
billonarios y sus corporaciones contribuyen con más de la mitad de lo gastado. Esta
financiación se concentra en los republicanos y demócratas que defienden los privilegios de los
ricos, que no quieren elevarles los impuestos, controlar su dinero fuera del país o regular sus
corporaciones.
El millonario neoyorkino Donald Trump, sin embargo, gasta de su propio bolsillo. Por
ello dice: “soy independiente, a mí no me pueden comprar”, actitud que le permite aumentar
el número de seguidores y remecer al partido republicano como auténtico outsider de
derecha. En el caso demócrata es Hillary Clinton la que recoge los millones de unos cuantos.
Bernie Sanders, su rival socialista, ha puesto límites a las donaciones y no acepta dinero
grande, habiendo logrado, lo cual es sorprendente, recolectar casi la mitad de lo que su rival
tiene. Sus fondos proceden de 2.3 millones de aportantes pequeños que lo envían por la
internet. Sanders está generando un gran entusiasmo popular cuando dice: “El Congreso no
controla Wall Street, es Wall Street quien controla el Congreso” y su prédica socialista
democrática es ahora atacada por el “New York Times”, el “Washington Post” y hasta por
Goldman Sachs, la firma más fuerte e influyente de Wall Street y de la cual salen muchos de los
ministros de comercio, posición equivalente al MEF peruano.
En el Perú, dado que hay leyes menos sofisticadas y menos transparencia y tanto
dinero blanco como negro, y más pago en especie (sobre todo cuotas de publicidad de los
grandes grupos de poder económico), los cálculos son menos precisos, pero estamos
mejorando en información y tenemos una mejor discusión. Algo es mejor que nada.
Según investigaciones de Ojo Público, en base a datos oficiales, el 2006 se donaron
16.8 millones de soles, duplicándose esa cifra a 63 millones de soles para el 2011. Actualmente
se han recolectado 8.5 millones solamente. Debemos, para tener un estimado realista,

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multiplicar estas cifras por tres. Ojo Público calcula que en el Perú solo se reporta el 30% del
dinero realmente utilizado en las campañas.
En la actual campaña quien más ha gastado, probablemente de su propio dinero, como
su par Trump en los EUA, es Acuña, el multimillonario de la educación privada con fines de
lucro. Su partido Alianza para el Progreso ha tenido hasta ahora un total hasta ahora de 1,760
aportes, siendo el primer aportante la empresa Negocios Empresariales Matt de Trujillo, que
pertenece a su grupo familiar (es manejada por su hijo César Acuña Núñez) y que le ha donado
2.1 millones de soles. Los otros partidos con más donaciones son Fuerza Popular de Fujimori y
el APRA de García.
Sobre estas dos últimas organizaciones, Rosa María Palacios ha comentado
acertadamente que recurren a una serie de trucos para ocultar de dónde viene realmente la
mayor cantidad de dinero. Palacios sostiene con razón que el APRA usa el “truco de la
militancia”, pues siempre argumenta que, como “partido organizado y disciplinado” que es,
solo se financia de sus fieles y desprendidos seguidores. Sin embargo, sabemos que en las
elecciones de 1985, por admisión propia de Dionisio Romero, su grupo estuvo entre sus
financiadores. Esta declaración fue negada airadamente por el propio García. También
sabemos que el millonario Samuel Dyer Ampudia (Camposol) le prestó su camioneta (sería
bueno saber si esa fue la única ayuda recibida). Según Palacios el fujimorismo reportó en la
elección pasada que obtuvo la mayor cantidad de donaciones en dinero y especie de
seguidores utilizando el “truco de la rifa”. Habiendo sido cuestionado este recurso, en la
presente elección el fujimorismo ha recurrido a un sistema más refinado y usa “el truco del
coctel”. Ciertamente, este tipo de recursos no se usan en países como EUA dada la efectividad
del sistema judicial, las fuertes condenas sociales y las sanciones que reciben los infractores.
Lo que no se pregunta Palacios para el Perú es, ¿de dónde sale el dinero? Ese es el
fondo del asunto y en el caso de EUA está más claro. Sabemos que unas pocas familias, grupos
de poder económico y mafias son los principales financiadores de las campañas electorales
(partidos y candidatos, varios de ellos a la vez). Es a esta elite adinerada quien, por medio de
estas transacciones, sean claras (caso de EUA) u oscuras (caso del Perú), la democracia se
vende. Ese es el gran problema.

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