LIMITAR EL PODER: UN DILEMA REPUBLICANO

Reflexiones sobre el caso rioplatense durante la primera mitad del siglo XIX.
Marcela Ternavasio1
“El problema político argentino, de gravedad, no ha sido nunca el que haya ciudadanos
que en mayor o menor número dejen de votar, sino que haya habido presidentes y
gobernadores que en el ejercicio personalísimo del gobierno se hayan substituido a toda
aspiración de los ciudadanos y no les hayan permitido votar sino como ellos quisieron
imponerlo. El remedio no estará, pues, en militarizar a los ciudadanos para que voten
bajo la presión de la fuerza, sino en establecer de verdad la práctica de la limitación de
toda autoridad, que es la base del gobierno republicano, comenzando por la del
presidente y gobernadores”.
Rodolfo Rivalora, Revista Argentina de Ciencias Políticas, 1911.

En 1910 los argentinos celebraban el centenario de la revolución. Mientras los festejos
ponían de relieve la pujanza de un país que desde el último cuarto del siglo XIX exhibía
impresionantes índices de crecimiento –económico al calor de su exitosa inserción en el mercado
mundial y demográfico en función de la masiva llegada de inmigrantes europeos-, los debates sobre
el futuro político de la república no parecían reflejar el mismo optimismo. Los diagnósticos que se
desprendían de este debate coincidían en un punto crucial: el sistema político argentino estaba en
crisis porque padecía de un déficit de legitimidad. Casi todos los publicistas, intelectuales y
miembros de la elite política acordaban en que la solución debía buscarse en la ampliación de las
bases de participación a través de una reforma electoral que garantizara la libre voluntad de los
ciudadanos. La ley electoral sancionada en 1912 fue el resultado de esa discusión y el instrumento a
través del cual se esperaba la corrección de las prácticas políticas al establecerse el sufragio secreto
y obligatorio.
No obstante, es oportuno subrayar que no todos los interlocutores del debate desarrollado a
comienzos de siglo XX aceptaban este diagnóstico. En un reciente artículo, Darío Roldán nos
recuerda que un grupo de publicistas, nucleados en la Revista Argentina de Ciencias Políticas,
impugnaba esa imagen del problema político argentino -siguiendo las palabras del director de la
revista citado al comienzo- para postular que el enfoque de la legitimidad del régimen desde la
perspectiva de la participación y de la integración era insuficiente y erróneo 2. La cuestión esencial
no era tanto la representación electoral y sus prácticas como la preocupación por la arbitrariedad del

1

Universidad Nacional de Rosario- CONICET- Instituto “Dr. Emilio Ravignani”.
Darío Roldán, “La República Verdadera impugnada”, en Darío Roldán (comp.), Crear la democracia. La Revista
Argentina de Ciencias Políticas y el debate en torno a la República Verdadera, Buenos Aires, FCE, 2006, p. 57.
2

cabe aclarar. Un interrogante que se abre en múltiples direcciones y del que sólo tomaré aquí un aspecto: el vinculado al principio de división de poderes. Por las características de esta publicación fue imposible incluir la descripción detallada de datos como asimismo el aparato erudito en la que se sustenta. El tema de condicionar y limitar el ejercicio del poder parecía absorber menos atención que el de la representación de la sociedad en la esfera política.de la colonia. cabe preguntarse si la de establecer un gobierno limitado fue realmente una meta de los primeros ensayos políticos que sucedieron a la revolución y en qué términos se planteó el tema para sus protagonistas. Si para 1910 se celebraba el nacimiento de un nuevo orden político a la vez que se planteaban sus asignaturas pendientes y metas incumplidas. Sin dudas que el énfasis puesto en aquella coyuntura en la segunda dimensión del problema se explica en función de los avatares políticos que vivía la república desde hacía dos décadas y de un clima internacional en el que las reformas electorales estaban a la orden del día en sintonía con la crisis de los regímenes notabiliares predominantes en el siglo XIX. Las referencias bibliográficas son mínimas y. Este rastreo. . sin duda. Para ello se hacía necesario encarar una serie de reformas en el plano de la ingeniería institucional. El segundo también ha sido abordado al discutir el supuesto de la existencia de modelos institucionales importados de otras latitudes de los cuales las elites políticas locales se habrían desviado al procurar aplicarlos. en sintonía con el objeto del proyecto que nos convoca de discutir algunos mitos de la cultura política hispanoamericana.2 poder y por establecer mecanismos capaces de limitar su acción. El objeto de las siguientes páginas es rastrear dicho problema en un arco temporal impregnado de significaciones. quedan excluidas de las citas cantidades de obras en las que me he inspirado. no tiene el propósito de reconstruir una genealogía de las presuntas dificultades o imposibilidades para imponer límites al ejercicio de la autoridad política en el Río de la Plata durante el siglo XIX. esta visión asume el siguiente formato: el principio liberal de división de 3 Este ensayo constituye una reflexión muy general sobre algunos aspectos de la historia política rioplatense de la primera mitad del siglo XIX. Pero no interesa tanto aquí subrayar las razones de la divergencia de enfoques exhibidos en la época del centenario sino detenernos en la definición del problema denunciado por Rivarola y sus colegas: “establecer de verdad la práctica de la limitación de toda autoridad”.3 El primero de esos supuestos ya ha sido profusamente criticado en los últimos años al cuestionarse el fenómeno del caudillismo como perspectiva unívoca para explicar la aparente inclinación natural de las sociedades hispanoamericanas a aceptar liderazgos despóticos y arbitrarios como producto de la herencia –cultural y política. sino el de revisar ciertos supuestos y dejar abiertas algunas líneas de exploración. Roldán subraya la originalidad de esta línea de reflexión encarnada por la revista al establecer una agenda de problemas diferente a la consensuada en el conjunto del sistema político. basada en investigaciones que vengo realizando desde hace algunos años. En el caso que nos ocupa.

los gobiernos sucedidos en el Río de la Plata se enfrentaron inmediatamente al problema de cómo poner frenos al ejercicio despótico del poder. que el problema político. en la primera mitad del siglo XIX. en el marco de estas revisiones más conocidas. con la clave interpretativa. desatender el principio de limitación del poder. La lectura basada en las desviaciones producidas respecto de los modelos ideales se refuerza. En este sentido se podría afirmar. Ahora bien. aún cuando estuvo presente en los debates y ensayos constitucionales del período. esto no significa que el problema no haya sido objeto de debate ni que hayan estado ausentes experimentos institucionales tendientes a poner frenos al ejercicio de la autoridad. *** Desde 1810. no fue más que un instrumento retórico o ficción organizativa que habría quedado en letra muerta al momento de ser implementado. autoproclamándose liberal. la cuestión de poner frenos a la arbitrariedad del poder estuvo lejos de ser desatendida o minimizada por los miembros de la elite política de comienzos del siglo XIX. Y lo hicieron desde diferentes ángulos. Una imagen que sirvió para legitimar la posición autonomista y luego independentista en el marco de las guerras de emancipación y que apuntó no sólo a los tres siglos de despotismo ejercido por la Corona sino también al vivido con la experiencia gaditana que. también banal. Las dificultades y disputas que exhiben tales experimentos no fueron tanto el producto de la natural propensión de estas sociedades al despotismo ni la consecuencia de la incapacidad de los actores por adaptar sus prácticas a una normativa que les era ajena. imponía su cara más autoritaria al negarse a negociar alternativas con los reinos americanos. en sintonía con un discurso muy generalizado en gran parte de Hispanoamérica en esa coyuntura. no fue tanto el de la participación de la población a través del sufragio sino el de cómo establecer un gobierno limitado en el particular contexto que dejaba como herencia la crisis de la monarquía española. lo que me interesa discutir aquí es un tercer supuesto vinculado al diagnóstico de que el problema de la cultura política argentina fue. que opone el universo de las prácticas con el de las normas. mostraban sus perfiles más autoritarios.3 poderes. La primera imagen creada sobre este asunto fue la que identificó el despotismo con el régimen colonial impuesto por la metrópoli. Si la preocupación por limitar el poder no impidió el desarrollo de algunas experiencias que. de gravedad. por cierto. Puesto que el Río de la Plata se ubicó entre las regiones declaradas rebeldes al negarse a aceptar el Consejo de Regencia y a participar luego de las Cortes . desde sus orígenes. extrapolando la evaluación de Rivarola citada al comienzo. en este caso. sino de los dilemas que los propios mecanismos destinados a limitar el poder dejaba planteados. El argumento que intentaré desarrollar a continuación es que si bien la legitimidad de origen y la representación política fueron temas prioritarios en el período posrevolucionario –tal como ocurría en la coyuntura del centenario-.

y por otro. Si bien el poder de la Audiencia pudo ser rápidamente neutralizado. La formación de un gobierno autónomo en 1810. que el propio carácter colegiado de la nueva autoridad garantizaba el control mutuo entre sus miembros al hacer reposar la toma de decisiones en un gobierno de muchos y no en una autoridad unipersonal. aún cuando sufrió la misma depuración que el alto tribunal de justicia. El segundo ángulo del problema se presentaba hacia el interior del nuevo orden nacido de la crisis en el Río de la Plata. al expulsar el nuevo gobierno a los oidores y colocar allí a personajes leales. dejaba planteada la coexistencia de la legalidad heredada de la monarquía española con la nueva legalidad construida al ritmo de la revolución (un dato también común a los territorios americanos que se ubicaron dentro del llamado sector insurgente). Dicho cabildo. dotaban a los cuerpos e instituciones de la monarquía de fueros y privilegios capaces de limitar el poder del rey – prácticas que las reformas borbónicas no lograron erradicar-. los gobiernos revolucionarios debieron someterse en los primeros tramos de la crisis a aceptar los principios de limitación del poder heredados de la trama institucional vigente durante la colonia. estaban no sólo destinados a cubrir provisionalmente el vacío de poder dejado por la ausencia del monarca sino también a controlar los abusos de la nueva autoridad. se erigió en el cuerpo a partir del cual emanaba la autoridad de la Junta. siguiendo el poder jurisdiccional que le era propio según la legalidad colonial. Las prácticas desarrolladas desde tiempo inmemorial que. limitar el poder significaba. en principio. Dos concepciones comenzaban a plasmarse en la práctica política: por un lado. La vocación de los nuevos gobiernos revolucionarios por elevarse en autoridades supremas chocó permanentemente con la presencia de cuerpos que. En este plano se exhibía una aparente paradoja: mientras se denunciaba el despotismo de tres siglos ejercido por la metrópoli –denuncia que no diferenciaba el tipo de vínculo establecido entre el monarca y sus reinos americanos en la etapa de los Habsburgos con la que intentaron imponer los Borbones en el siglo XVIII-. según la legalidad hispánica.4 de Cádiz. frente a las sucesivas vacancias del poder. no ocurrió lo mismo con el cabildo de la capital. en nombre de una representación virtual que incluía al resto de las ciudades y pueblos del ex virreinato. fueron en parte reeditadas en 1810. pero aún no declarado independiente respecto de la metrópoli –gesto recién consumado en 1816-. De hecho. La . poner frenos a los intentos de la península por reconquistar un lugar de dominio sobre regiones que reclamaban iguales derechos de representación y autogobierno. asumiendo durante toda la década revolucionaria el papel de censor de los gobiernos centrales. que los límites a las acciones de las juntas y triunviratos creados en esos años provendrían de otros cuerpos –básicamente del Cabildo y de la Audiencia de Buenos Aires-. el ayuntamiento de Buenos Aires reasumió siempre la autoridad –hasta su supresión en 1821-. inscriptas en la tradición del contractualismo hispánico.

pero especialmente en un artículo cuyo título expresa el nudo del conflicto: “Soberanías en lucha”.5 representación que en esta perspectiva asumían los cabildos contrastaba con el carácter delegado del poder de las audiencias. en Annino. Los intentos de aplicar el principio de división de poderes en el Río de la Plata buscaron reconducir y resolver los conflictos mencionados -como asimismo los nacidos del ejercicio de un poder colegiado de muchos miembros. Aún cuando entre 1813 y 1815 se reunió en el Río de la Plata un congreso constituyente que asumió la soberanía en nombre de la nación. Luis. Castro Leiva. 1. Ariel. Iberoamérica. debieron afrontar los miembros de la elite política fue si ensayar alguna forma de dividir el poder en tres ramas (legislativa. Para el caso rioplatense quien más se ha ocupado del tema es José Carlos Chiaramonte. Autonomía e independencia en la crisis de la monarquía hispana. IberCaja. Zaragoza. Sus principales planteos pueden encontrarse en Ciudades. Un mecanismo de limitación del poder apenas conocido y cuya difusión después de 1811 se debió. Antonio Annino ofrece una perspectiva a escala hispanoamericana en varios de sus trabajos. Pero además de los límites impuestos al nuevo gobierno. en esta dirección.eran una prolongación de la potestad del rey y no de la del reino. François. Biblioteca del Pensamiento Argentino. T. las cuales –al igual que los virreyes o los consejos centrales de la monarquía. 5 Sobre los dilemas en torno al depósito de la soberanía o al uso de sus atributos en los congresos constituyentes en el contexto de la crisis monárquica véase el reciente libro de José Portillo Valdés. No obstante. Crisis Atlántica. sin embargo. dicho congreso no logró alcanzar los cometidos para los cuales había sido convocado: ni rompió formalmente los lazos con la metrópoli ni dictó constitución alguna. al atento seguimiento que hacían los líderes criollos de la experiencia constituyente desarrollada en Cádiz. se sumaban los que provenían de los cuerpos territoriales. Guerra. asentada en la capital.5 4 Sobre este tema. estados: orígenes de la Nación Argentina (1800-1846).4 En ese tormentoso clima –agudizado por la guerra contra los focos realistas y contra los intentos de algunas regiones de oponerse a los proyectos centralistas de Buenos Aires.ingresaba la noción moderna de división de poderes. El novedoso lenguaje. 1997. provincias. la división de poderes fue aplicada en ese contexto provisional y conviviendo con otros órganos que colisionaban entre sí a la hora de precisar sus límites y atribuciones. exhibía pretensiones centralizadoras al negarles a dichas jurisdicciones el lugar que aspiraban tener en el nuevo orden político. 2006.al postular la aplicación de un instrumento diseñado para evitar el despotismo según una nueva legalidad. El primer interrogante que. Madrid. La crisis de la monarquía había desatado una disputa entre jurisdicciones territoriales que invocaban su vocación de autonomía frente a la autoridad central que. en gran parte. Buenos Aires. Marcial Pons. Antonio. procedentes de la trama institucional del orden heredado. De los Imperios a las Naciones. no pudo evitar aquello para lo que estaba supuestamente destinado su uso y muy rápidamente se convirtió en fuente de nuevas disputas. ejecutiva y judicial) con funciones diferentes e identificables para cada una de ellas era legal y legítimo en el marco de gobiernos que seguían manteniendo carácter provisional al asumir sólo el depósito de la soberanía y no declarar la independencia. 1994. .

El dilema precedente sobre si era posible y legítimo aplicar dicho principio en una situación de provisionalidad jurídica dejaba paso a uno nuevo: ¿cuál de las formas adoptadas 6 En este ensayo me detendré básicamente en los vínculos y tensiones establecidos entre el ejecutivo y el legislativo y dejo de lado. Respecto del primero. 2007. pero caben destacar dos de ellas. Tanto las demandas como las críticas a concentrar el poder identificaban la irresuelta cuestión del sujeto de imputación soberana –dada la disputa ya mencionada entre posiciones centralistas y autonomistas. el papel de la justicia. 1810-1816. evaluados igualmente peligrosos según la coyuntura. dos fantasmas. si bien se resolvía un aspecto de la situación de provisionalidad imperante al declararse la independencia respecto de la metrópoli. debía seleccionar y especificar mecanismos representativos y de distribución del poder. durante las sesiones del congreso constituyente reunido entre 1813 y 1815 en el Río de la Plata se había expresado la oscilación señalada.con las atribuciones que debía asumir el poder ejecutivo. habrían de perdurar durante todo el período aquí trabajado. deliberadamente. El segundo problema vinculaba el principio de división de poderes con la dimensión territorial de la soberanía. Véase al respecto Marcela Ternavasio. Gobernar la revolución. en gran parte. sino en el principio de división de poderes. el que exhibe la conflictiva y constante oscilación entre reforzar el poder ejecutivo o el poder legislativo. La futura constitución. Siglo XXI. quedaba pendiente el desafío de organizar el nuevo orden político fijando una forma de gobierno según los parámetros del nuevo idioma constitucional.6 En ese marco de provisionalidad comenzaron a plantearse dos de los problemas que. por el otro. . La máxima de que el gobierno debía estar limitado ya no se hacía reposar en las variadas nociones planteadas en los primeros años posrevolucionarios. asomaban en esos años: el del despotismo unipersonal que podía encarnar el ejecutivo y el procedente de la soberanía del número que emanaba del legislativo. La segunda reside en el hecho de que el tema de la justicia requiere incluir el tratamiento de otras cuestiones. imposibles de desarrollar en estas limitadas páginas. asociados al tema de establecer límites al ejercicio del poder. además de adoptar una forma de gobierno monárquica o republicana. en el seno de los dos poderes mencionados. Buenos Aires. puesto que en sus primeros tramos se erigió en un poder legislativo todo poderoso para delegar luego en el ejecutivo facultades extraordinarias y abandonar definitivamente el principio colegiado del poder al crear en 1814 la figura del Director Supremo. En 1816. El fantasma del despotismo comenzaba a confluir en esta última figura al ensamblar la doble dimensión de la concentración del poder: el centralismo de la capital y la concentración de funciones en una autoridad unipersonal. procuraban aplicar el principio de división de poderes en el contexto del mundo atlántico. por cierto más complejas. La primera es que el problema de limitar el poder se dirimió. centralista o federal. Poderes en disputa en el Río de la Plata. el que refleja la doble dimensión del tan frecuentado término de concentración del poder. De hecho.6 Por cierto que tales temores constituían ya un clásico tema de discusión en los escritos de teoría política como asimismo entre las elites que. Las razones son múltiples. desde fines del siglo XVIII. Por un lado.

Madrid. ejecutivo y judicial” pero que no contempló el equilibrio en la esfera más conflictiva: la que debía conciliar los intereses de los pueblos con el poder central. “El experimento republicano en Hispanoamérica.7 por la división de poderes en los países llamados libres podía ser más adecuada para este territorio austral? El debate iniciado en 1815 y agudizado en los años siguientes –tanto en el seno del segundo congreso constituyente reunido entre 1816 y 1820 como en la prensa periódica dedicada a polemizar sobre las formas de gobierno. hacia las jurisdicciones territoriales dependientes de un laxo poder central. 2000. combinar y aplicar institucionalmente algunas de estas variantes dependía de la resolución de otros asuntos ya mencionados. Debate que recogía la variedad de opciones que presentaban las experiencias desarrolladas en el mundo atlántico desde fines del siglo XVIII y que discurría en torno a las conocidas nociones de separación de poderes o de equilibrio de poderes según fueran los modelos invocados. “Las polémicas en el liberalismo argentino.con la constitución. Una constitución que proclamaba instituir el equilibrio de poderes al organizar de “un modo mixto los poderes legislativo. mientras que desde las posiciones autonomistas o confederales se buscaba difundir hacia abajo –esto es. el congreso y el gobierno. En 1820 desaparecía el frágil poder central. La distribución de funciones y atribuciones entre poderes gubernamentales tendiente a evitar el despotismo quedaba atada a la definición del sujeto de imputación de la soberanía y al modo bajo el cual se habría de representar dicho sujeto. Prismas. Ahora bien. como la libertad de imprenta. La adopción de este formato fue suficiente para disparar el conflicto que terminó con la experiencia constitucional. véase el trabajo presentado por Hilda Sabato en este mismo foro. Sobre virtud. en Roger Chartier y Antonio Feros (comps. la posibilidad de seleccionar. Durante esa década. que imputaban la soberanía a la nación. Para las provincias no se admitía ni división de poderes ni autoridades electivas. en José . acusado de ejercer el despotismo tanto con las provincias como con los grupos opositores residentes en la ciudad capital. Revista de Historia Intelectual. 7 La 7 Sobre estos temas. Las fuerzas militares de los pueblos del litoral dieron por tierra –en nombre de la autonomía de los pueblos y del federalismo. republicanismo y lenguaje”. América y el mundo: tiempos históricos. la división de poderes afectaba básicamente al gobierno central.): Europa. de Elías Palti. y su artículo “La reacción de América: la construcción de las repúblicas en el siglo XIX”. opinión pública y debate constitucional en el Río de la Plata (1810-1827)”.estuvo básicamente centrado en el plano de la ingeniería política. la opinión pública o la seguridad individual. nº 4. Un ejercicio de síntesis”. Desde las posiciones centralistas. la cuestión de poner frenos a los abusos de poder fue un tema sin duda candente que no se limitó a los aspectos aquí descriptos sino que involucró otras dimensiones.los nuevos dispositivos de la representación política y de división de poderes. Esta segunda alternativa fue la que encarnó en esos años el movimiento liderado por Artigas en todo el litoral rioplatense. Para el caso específico del Río de la Plata. véase de Noemí Goldman “Libertad de imprenta. 2006. Marcial Pons. iniciada con los hechos de mayo de 1810. mientras que la primera quedó claramente exhibida en la frustrada constitución sancionada por el congreso en 1819.

pero los problemas que éste planteaba no devenían tanto de la discusión sobre cuáles segmentos sociales debían quedar incluidos en la participación electoral. las pasiones.para designar a los miembros de las legislaturas (todas unicamerales). 9 A partir de ahora me centraré en el caso de la provincia de Buenos Aires. la dimensión territorial que tal organización ponía en juego era la de cómo incorporar a los espacios rurales en la representación política. si la incorporación de la campaña seguiría el criterio de proporcionalidad entre número de habitantes y número de representantes o si se establecerían jerarquías territoriales según criterios diferentes. De hecho. Por otro lado. afrontar dos nuevos problemas vinculados a otros aspectos de la dimensión territorial. eran de sufragio amplio –en algunos casos de voto directo y en otros indirecto. 2002. Por un lado. 1810-1827. 2007. Los derechos. 1810-1852. sino de cuáles jurisdicciones territoriales debían estar representadas. Política y elecciones en Buenos Aires. sin embargo.9 En Buenos Aires. con sistemas electorales que. FCE. quedaba planteado el status de esa inclusión. la utilidad. México. La representación política definía una nueva jurisdicción: la de las provincias con su ciudad capital y espacio rural. esto es. de Beatriz Dávilo. pero se agudizaba el otro dilema ya presente en los años precedentes: el de reforzar los poderes ejecutivos o legislativos en cada jurisdicción. El primero se resolvió de diversas maneras. Buenos Aires. La inclusión de la campaña en los regímenes representativos implicó. 2002. la ley electoral de 1821 incluyó a la campaña en la representación política sin respetar el criterio de proporcionalidad que había estatuido el Reglamento Provisorio de 1815 para todo el territorio rioplatense.8 Desmoronado el poder central y una vez formadas las nuevas unidades políticas provinciales. y en general los gobernadores a cargo del ejecutivo eran nombrados por las respectivas legislaturas. Ensayos de historia intelectual y política. según el caso. el conflicto en torno al sujeto de imputación soberana quedó aplazado y las provincias se dedicaron a organizar internamente –y de manera autónoma una de otra. 8 Este tema lo he desarrollado en el libro de mi autoría La revolución del voto. *** Si en los primeros momentos que sucedieron a la crisis de 1820. Universidad de Buenos Aires. aún cuando la primera ya superaba en número de habitantes a la Antonio Aguilar Rivera y Rafael Rojas (coord). dicho problema quedaba provisoriamente desplazado. se presentaba nuevamente la disputa entre instituciones de naturaleza diferente al colisionar la jurisdicción de los estados provinciales con la de los cabildos existentes en su interior. Tesis Doctoral. Siglo XXI. .8 cuestión de la representación constituyó también un tema prioritario. puesto que es el que mejor conozco por mis investigaciones. en su mayoría. La desigualdad representativa del espacio rural respecto de la ciudad capital de provincia –a favor de esta última. Debate intelectual y lenguajes políticos en el Río de la Plata. El republicanismo en Hispanoamérica.sus respectivas formas de gobierno. todas las provincias adoptaron formas republicanas de gobierno.

justicia y policía. Pero además.y luego le siguieron las otras provincias. los cabildos rioplatenses absorbían una inmensa jurisdicción sobre los espacios rurales dependientes. lo que implicaba una colisión con la nueva representación política provincial. era claro que el principio de división de poderes aplicado a escala provincial era incompatible con ayuntamientos que. tenían competencia en tres áreas básicas: hacienda. El conflicto que terminó con la eliminación de la institución más tradicional de la colonia se dirimió tanto en el nivel de la representación como en el de la división de poderes.y el partido federal –que . en las relaciones de las legislaturas –representantes ahora de ciudad y campaña. sin que esta decisión haya significado reemplazar la institución capitular por una organización municipal de carácter moderno. la cuestión de limitar el ejercicio de la autoridad comenzó a concentrarse. el conflicto entre poderes y cuerpos de diversa naturaleza que caracterizó a toda la década revolucionaria y desplazada la disputa entre un poder central ahora inexistente y jurisdicciones territoriales que reclamaban autonomía y capacidad de autogobierno. bajo el imperio de una constitución.9 segunda. La división en el seno del congreso entre el partido unitario –que postulaba una forma de gobierno centralizada. en ejecutivos unipersonales que exhibían perfiles despóticos. La disputa entre las nuevas jurisdicciones de los estados provinciales y las que mantenían los cabildos terminó con la supresión de estos últimos. El término concentración del poder dejaba de lado la dimensión territorial vinculada a la idea de centralización y se definía más en uno de los planos ya presente en años anteriores. siguiendo una cronología que ocupa toda la década de 1820 y primeros años de la siguiente. esto es. dotara de unidad a las jurisdicciones provinciales autónomas. los desarrollados a partir de la caída del poder central tendieron a desplegarse en el marco de una nueva legalidad que procuraba adoptar los principios de la representación política y de limitación del poder a través de la división de poderes. Sólo en la frustrada experiencia constituyente de 1824-1827. entre otras cosas. El gesto ejemplar lo dio Buenos Aires al suprimir en 1821 sus dos cabildos –el de la capital y el de Luján.con los ejecutivos designados por aquéllas. Desaparecido. donde nuevamente se puso en juego la definición del sujeto de imputación soberana al intentar crear un estado de alcance nacional y una forma de gobierno que. Si los dilemas en la década precedente nacían del conflicto entre dos legalidades diversas –la de la tradición jurídica hispánica y la frágil legalidad revolucionaria-. en términos de la distribución de funciones. regresaba el primer atributo señalado de la concentración. Pero me interesa detenerme en el segundo problema señalado porque se vincula más estrechamente con el tema aquí analizado.no se justificó sino sólo a partir de la tradicional idea de que la capital tenía mayor jerarquía que la campaña. Como sabemos. Competencias que absorberán los gobiernos provinciales inmediatamente después de producidas las supresiones. a escala provincial. entonces.

una vez más. reflejan precisamente esta asimetría a la vez que cuestionan la versión más ingenua del caudillismo. Cuando la Junta de Representantes de Buenos Aires. sin duda significativo. nacida en plena crisis del año 1820 como junta electoral de segundo grado.10 pretendía resguardar la autonomía de las provincias frente a un poder central limitado. No obstante. En 1821 se legisló la admisión de los ministros en las sesiones de la Sala de Representantes. por su carácter centralista. dejaba de lado el hecho. la oscilación entre reforzar dicho poder o dar privilegio al ejecutivo se inscribió en el nuevo papel que asumieron los ministerios.refleja el drama irresuelto legado por la década revolucionaria. Y ese regreso. Los avances que. La constitución sancionada en 1826. Por cierto que muchas Salas o Juntas de Representantes no llegaron nunca a erigirse en verdaderos poderes legislativos y que muchas provincias estuvieron dominadas por clásicos caudillos que. en la que el faccionalismo político era extremo? ¿Qué papel debían jugar las legislaturas y los ejecutivos provinciales? En este punto es preciso inscribir el proceso en uno de los supuestos mencionados al comienzo.existía un proceso de institucionalización política que. de que junto a estos caudillos locales –con capacidad de movilizar militarmente a los sectores rurales. producto de la actitud intransigente del grupo unitario que dominaba el congreso. Entre ellos cabe destacar el de la provincia de Buenos Aires (pero no sólo ella). en un clima de guerra civil entre bloques regionales identificados ahora con los partidos unitario y federal. La clave interpretativa que presentó al fenómeno del caudillismo como explicación unívoca para dar cuenta de las experiencias provinciales que mostraban perfiles despóticos en el ejercicio del poder. bajo el cual parte de la historiografía intentó explicar el derrotero político de muchas de las provincias rioplatenses en esos años. en esta dirección. exhibía el intento de crear una nueva legalidad política. aunque desigual en cada una de las provincias. especialmente el de gobierno a cargo de Bernardino Rivadavia. presentándose con mucha frecuencia a exponer los fundamentos de los proyectos de ley elaborados por el ejecutivo e incluso para participar –casi en la misma magnitud con que lo hacían los diputados- . se han producido en los últimos años en la historiografía argentina. utilizaban a aquellas Salas como instancias legitimadoras de su elección y. Disuelto el congreso. quienes utilizaron al máximo la prerrogativa de tener asiento y voz en las sesiones. agudizó los dilemas de la nueva legalidad: ¿qué diseño institucional requería una situación de esta naturaleza. fue rechazada por las provincias. hay casos que exhiben legislaturas más poderosas que lograron en ciertas coyunturas limitar el poder de los ejecutivos. al profundizarse los estudios de casos provinciales. como juntas consultivas de las decisiones que en última instancia tomaba el gobernador. se fue convirtiendo en un poder legislativo –sin que mediara para ello la sanción de ninguna constitución sino prácticas que se fueron institucionalizando gradualmente-. en el mejor de los casos. a cargo del ejecutivo. las provincias regresaban a su situación anterior de autonomía.

no ocurrió lo mismo en ocasión de la reunión del congreso constituyente convocado ese año. con los representantes de las otras provincias. La estabilidad lograda no era ajena al hecho de haber cerrado las fronteras de la gobernabilidad a una escala reducida –la provincia de Buenos Aires. El consenso del que gozaba el gobierno –especialmente por haber logrado mantener el orden luego de la crisis de 1820. Dicho fantasma volvía a mostrar su rostro bifronte: mientras algunos temían el despotismo unipersonal del ejecutivo –buscando atenuar su poder en orden a reforzar la centralidad de la Sala de Representantes-. La elite bonaerense debía negociar en ese foro.11 en los debates suscitados en ella. si bien todos coincidían en los objetivos comunes de establecer un gobierno limitado y garantizar la libertad. Si hasta 1824 fue posible tolerar las disidencias dentro de una elite que deliberaba abiertamente en la legislatura provincial poniéndole frenos a la vocación protagónica de un personaje que. los representantes se mostraron desde un comienzo muy participativos en la deliberación que desataban los proyectos. Los diputados.intentando resguardar la unidad del ejecutivo y su capacidad de ejecución y reglamentación. En el curso de estos debates. sin embargo. Por el contrario. la forma de gobierno a adoptar . cada grupo o individuo definía su propio fantasma respecto al despotismo. aún cuando apoyaron muchos de los proyectos de reformas presentados por el ejecutivo. entre otras cosas. aspiraba sin dudas a asumir de manera informal el papel de un primer ministro. Pero la dinámica aquí descripta. otros temían el despotismo de muchos -como en el caso de Rivadavia. como Rivadavia. no dejaron de expresar sus disidencias al discutir e incluso modificar algunas de sus cláusulas. que las tensiones exhibidas entre ambos poderes en el transcurso de la llamada “feliz experiencia” rivadaviana (1821-1824) se mantuvieron dentro de parámetros que admitían siempre la negociación y la deliberación.las reticencias de los diputados frente a la vocación hegemónica que el poder ejecutivo ejercía a través de sus ministros. Rivadavia asumía un papel protagónico. pero que paulatinamente fue percibida como una intromisión del ejecutivo en el legislativo. ensombreciendo así la figura del gobernador (al hacerse cargo.no significó el acuerdo unánime de todo aquello que bajara desde el ejecutivo. Cooperación que en un comienzo pareció ser aceptada por los representantes. percibiéndose cada vez más –a medida que la práctica deliberativa se iba arraigando en la legislatura. de hecho exitosa para manejar los asuntos propios de Buenos Aires. Es preciso destacar. Desde el comienzo de su gestión.y al consenso logrado en el interior de la elite al restaurarse un orden que creían definitivamente perdido luego de la revolución. no resultó tan funcional para la estabilidad del sistema cuando se intentó debatir nuevamente la cuestión nacional. de la novedosa práctica de leer el mensaje de apertura de las sesiones de la Sala en representación del poder ejecutivo) e intentando convencer a los diputados de que su intervención debía ser leída en clave de cooperación de los dos poderes.

Una práctica deliberativa que desplazada al órgano representante de la soberanía popular –la legislatura. quien mejor comprendió los dilemas nacidos de los dos principios destinados a legitimar y limitar el poder fue Juan Manuel de Rosas. la respuesta de Rosas fue reforzar al máximo el poder ejecutivo. La disputa entre unitarios y federales se trasladó al seno de la legislatura y a las elecciones encargadas de designar a sus miembros. 1999. de un Rosas que había sistematizado la barbarie. Tal exacerbación quedó claramente de manifiesto cuando fracasado el congreso constituyente. la clásica obra de Domingo Faustino Sarmiento. Respecto al régimen representativo. es que los problemas no devenían de la amplísima base de sufragantes habilitada por la ley electoral de 1821 ni de su participación a través del voto. distanciaba al gobernador de Buenos Aires del resto de los caudillos del interior. La deliberación por las candidaturas. En ese clima de extrema efervescencia y faccionalización. Se trata. Alfaguara. del caso paradigmático que selló la imagen del despotismo que habría de perdurar en la historiografía posterior. atentaba contra la unidad de esa elite y por lo tanto contra la posibilidad de establecer el orden. arraigada durante la década del ’20. pero manteniéndose dentro de la nueva legalidad que poco a poco se fue construyendo después de la quiebra del orden colonial. verdaderos representantes de esa barbarie arquetípica. . en Laforgue. los atributos que definían clásicamente al caudillo –consagrados en el Facundo. el diagnóstico que comenzó a elaborar quien dominó la escena política rioplatense desde 1829 hasta 1852. en la profunda transformación de las prácticas políticas imperantes sin que fuera 10 Jorge Myers. La imagen sarmientina.dejaban al desnudo la excepción y anomalía que representaba el gobierno de Juan Manuel de Rosas en el interior de esa modalidad.12 para todo el territorio y decidir qué papel asumiría la república de Buenos Aires en el nuevo concierto nacional. sino de las disputas que las elecciones disparaban en el interior de una elite ya muy dividida. *** El ascenso de Rosas a la gobernación de Buenos Aires en 1829 implicó un cambio significativo en relación al tema que nos ocupa.era portadora de ingobernabilidad.10 Ahora bien. Historias de caudillos argentinos. ¿en qué se fundó la originalidad del despotismo de Rosas? Entre otras dimensiones. la Sala de Representantes de la provincia de Buenos Aires debió admitir la representación de las dos facciones enfrentadas en el disuelto congreso. La apertura de las fronteras de la gobernabilidad significó la pérdida de la unidad lograda por la elite bonaerense durante la feliz experiencia rivadaviana. “Rosas”. exacerbándose la lógica deliberativa ensayada en los años anteriores. Jorge (Ed). Como señala Jorge Myers. sin dudas. Buenos Aires. Y destaco la imagen del despotismo y no la del caudillismo porque esta última nunca se ajustó bien a la figura de Rosas. Frente a este diagnóstico.

en la medida en que su gobernador asumía las relaciones exteriores. que el uso o la amenaza de la fuerza fueron dimensiones constitutivas del régimen y que la continuidad de la legislatura durante esos años estaba lejos de mostrar un poder capaz de limitar al ejecutivo. La reiterada celebración de elecciones y la continuidad de la legislatura fueron generalmente presentadas como ficciones rituales de un despotismo sin límites que mantenía las instituciones de la época rivadaviana para dotarse de una fachada legal que no lograba ocultar el componente de violencia y coacción que hacía posible mantener un régimen de esas características. Universidad Nacional de Quilmes. La reiterada vocación de Rosas por hacer recordar su título de “Restaurador de las Leyes” tenía como propósito subrayar la primera de esas legalidades. Orden y Virtud. Pilar. como dije en páginas anteriores. Ricardo. el que paulatinamente dio lugar a un sistema de tipo plebiscitario y unanimista en el que se potenció al máximo la participación de los sufragantes y se suprimió la posibilidad de deliberar sobre los candidatos al imponerse la lista única confeccionada por el propio gobernador. 1995. Pilar González Bernaldo. . 1829-1862. se mantuvo la legislatura y la cámara de justicia provincial pero en el marco del ejercicio de facultades extraordinarias. FCE. esta comprobación obvia poco nos dice sobre la fisiología del régimen y menos aún nos informa sobre el problema que encerraba el principio de un gobierno limitado. Esto era así porque la disputa entre un supuesto poder central y la vocación autonómica de las provincias se resolvió provisoriamente a través del Pacto Federal de 1831 que selló la organización confederal en el plano institucional. la limitación del poder. primero. Duke University Press. Sin embargo. Jorge. Buenos Aires quedaba como provincia rectora. se concentraba en el vínculo entre el legislativo y el ejecutivo. 11 Así. aunque las prácticas en las que se vehiculizaba redefinieran notablemente su sentido. El discurso republicano en el régimen rosista. en manos del ejecutivo. Salvatore. Wandering Paysanos. al mismo tiempo que los jueces de paz de campaña –pieza clave para el control del régimen. más tarde. Nadie podría seriamente negar que el rosismo presentó perfiles despóticos. se mantuvo el régimen representativo de voto amplio y directo. Por cierto que esta interpretación se ajusta al aspecto más evidente y banal de aquella experiencia. Buenos Aires. En cuanto a la división de poderes.13 suprimida la legalidad creada durante el período rivadaviano ni algunos aspectos cruciales de la legalidad hispánica. el crónico 11 Aspectos fundamentales sobre estos temas para el período rosista han sido estudiados por los siguientes autores: Myers. pues. State Order and Subaltern Experience in Buenos Aires during the Rosas Era. 2003. Las sociabilidades en Buenos Aires. mientras las provincias mantenían su independencia y autonomía sin renunciar por ello al proyecto de concretar una unidad política que les permitiera superar. 2001.reasumían el ejercicio de las cuatro causas coloniales luego del efímero intento rivadaviano de deslindar tales funciones en distintas autoridades. y de la suma del poder público. entre otras cosas. Ricardo Salvatore. Civilidad y política en los orígenes de la Nación Argentina. A esa altura. González Bernaldo.

. de la que se tuvo. quedaban suspendidos en aras de una razón de Estado que definía el propio Rosas. cuando la asamblea constituyente delegó por primera vez -y transitoriamente. esta delegación de facultades provocó un cisma dentro del propio partido federal que llevó a Rosas al gobierno. En primer lugar. tanto los límites que las provincias habían querido imponer a todos los experimentos de gobiernos centrales como los reclamos de muchas de ellas durante esos años para dictar una constitución a nivel nacional. sino también para instituir una obediencia política fundada sobre nuevas bases.14 ahogo económico en el que vivían muchas de ellas. El debate sobre este asunto exhibe una percepción muy distinta. por ser ésta el foco de las disidencias a la instauración del régimen unanimista. luego de dos décadas de vida política autónoma. socavado por las disputas facciosas de una elite muy dividida. pues. Y una vez lograda tal delegación en 1835. dominantes a partir de 1835 en todo el territorio de la Confederación gracias al uso de la fuerza militar y de una política pactista con las provincias. porque en aquellos primeros momentos muy pocos parecían tener claro cuál era la naturaleza de los poderes excepcionales. la cuestión de limitar o concentrar el poder constituía un problema sin dudas más complejo. ya no sólo para legitimar y legalizar al régimen. Los miembros de la elite política asumían como un derecho adquirido tanto la posibilidad de deliberar sobre quiénes debían ocupar los espacios más encumbrados del sistema político como la capacidad de frenar y limitar los excesos del ejecutivo desde la legislatura. se negaron a convocar a un nuevo congreso constituyente para organizar definitivamente el país. Rosas y su séquito más cercano. porque hacia 1830. durante los primeros años de su gobernación fue reforzar legalmente al ejecutivo a través del otorgamiento de facultades extraordinarias por parte del legislativo. la variable territorial le dio a Rosas un mayor dominio sobre el poder encargado de nombrar al ejecutivo y de ponerle límites a su accionar. Pero en segundo lugar. En este caso. en 1813. la representación electoral y la pervivencia de la Sala se erigieron en instrumentos fundamentales. De manera que. Se desplazaba así la dimensión territorial del problema aquí tratado a un aspecto particular de la representación provincial de Buenos Aires: la anterior desigualdad representativa entre ciudad y campaña para conformar la legislatura se revertía a partir de 1830. desde la perspectiva de los actores. De hecho. A Rosas y sus más cercanos seguidores les costó mucho esfuerzo imponer la idea de que un ejecutivo con la suma del poder público era la única solución para reinstaurar el orden interno. El gran tema.dichas facultades en el triunvirato. Rosas ruralizó el espacio político provincial al otorgar al campo mayoría de representantes en detrimento de la ciudad. al negarse muchos de sus miembros a renovar dichas facultades en un contexto en el que el ejecutivo aspiraba a recibirlas sin límites por parte de la Sala. por ejemplo.

los problemas se fueron resolviendo en el marco de las unidades políticas formadas luego de 1820. o podía representar el primer eslabón de una cadena que estimulara la participación plebiscitaria de la ciudadanía en pos de constituir un legislativo capaz de renunciar a sus propias funciones para delegar legalmente sus atribuciones en el ejecutivo. especialmente en el interior de la elite. Por ello. en la perspectiva de Rivarola. como vimos. Si la representación política y la cuestión del sufragio fueron temas prioritarios en la primera mitad del XIX. en tal dirección. Dilemas ya esbozados desde la década revolucionaria y que con Rosas adquirieron una formulación extrema y un contenido grotesco. La conciliación alberdiana que implicó crear un sistema federal con un ejecutivo fuerte era cuestionada. La soberanía popular podía actuar como el primer eslabón de una cadena tendiente a crear gobiernos limitados. *** Con la caída de Rosas y el consecuente proceso de organización nacional. La dimensión territorial volvía a escena cuando ya se creía superado el antagonismo constituido en drama en toda Hispanoamérica luego de la crisis de la monarquía.15 La experiencia del rosismo dejaba al desnudo. más que ninguna otra en el pasado. La originalidad en el diagnóstico realizado por los publicistas de la Revista Argentina de Ciencias Políticas en la coyuntura del centenario exhibía. la cuestión de establecer límites al poder adoptaba nuevos rumbos. en el sentido de no encontrar canales adecuados para su instrumentación. Más allá de sus propuestas de reformas para resolver el problema político argentino –entre ellas transformar el régimen presidencialista instaurado luego de 1853 en uno parlamentarista. tal prioridad no parece haber constituido un problema para los actores. Los argumentos de esta crítica escapan a los objetivos de estas páginas. en esta perspectiva.el pasado no auguraba buenos pronósticos. no fueron debatidas en términos de antagonismos fuertes como los que se desarrollaban contemporáneamente en Europa entre sufragio universal o restringido.para recuperar la hipótesis enunciada al comienzo. Pero el desafío de . los dilemas derivados de los nuevos principios de organización política. No obstante. una cierta sombra de pesimismo. Aún cuando las elecciones fueron usinas productoras de conflictos. era necesario sincerar el régimen y transformarlo institucionalmente en lo que realmente era de hecho: un régimen unitario. La mayor dificultad residía en la representación de los territorios más que en el de las poblaciones que los habitaban y. el diagnóstico sirve –aún en su marginalidad respecto al consenso manifiesto en esos años al ubicar en la esfera de la participación electoral la cuestión más urgente a resolver. al sustentar la creación de poderes legislativos capaces de frenar el potencial despotismo unipersonal del ejecutivo. No me ocuparé aquí de ese proceso sino que regresaré al punto de partida de esta rápida y demasiado estilizada reflexión. para proponer una fórmula invertida: unitaria y parlamentarista.

la experiencia del “sobrino del tío” luego de 1848 –retomando la imagen consagrada por Marx en el Dieciocho Brumario. Las paradojas. de mayor experimentación de ensayos republicanos en el siglo XIX.iba a dejar expuestos tales dilemas a todo el mundo occidental. después de Estados Unidos. De hecho.que no devenían de una herencia colonial irresistible ni se resolvían eligiendo el modelo constitucional más adecuado. que nacían de la representación política y del principio de limitación del poder ya podían percibirse en el más rústico escenario hispanoamericano por ser el laboratorio.16 establecer gobiernos limitados abría dilemas más complejos –de los que sólo expuse algunos. sin embargo. .