La Revista Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares es agente de difusión y

lugar de debate de ideas relacionadas con el campo del psicoanálisis de los vínculos. La
perspectiva vincular en psicoanálisis supone una concepción del psiquismo articulada
desde el inicio –con lo inter y lo transubjetivo–, marca de un encuentro que propone
nuevas nociones, que complejizan y enriquecen las líneas de investigación, sus propuestas teóricas y sus consecuencias clínicas. La creciente inclusión de trabajos extranjeros
está facilitada por un importante número de corresponsalías internacionales, así como
por la inserción de la A.A.P.P.G. no sólo en la Federación Argentina de Psicoanálisis de
las Configuraciones Vinculares, sino también en la Federación Latinoamericana de Psicoterapia Analítica de Grupo, en la American Group Psychotherapy Association y en la
International Association of Group Psychotherapy,
The Psychoanalysis of Link Configurations Journal is a diffusion instrument and a place
for discussing ideas related to the psychoanalysis of links ground. The perspective of
links in Psychoanalysis emerges from the idea of psyche trimmed with inter and
transubjectivity from the very beginning. The mark of this meeting proposes new notions, which enrich and make some lines of researchment much more complex, as well
as theorical proposals and their clinical consequences.
The growing inclusion of foreign works is due to the great quantity of international
correspondents and to the insertion of AAPPG not only in the Federación Argentina de
Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares but also in the Federación
Latinoamericana de Psicoterapia analítica de Grupo, in the American Group Psychotherapy Association, and in the International Association of Group Psychotherapy.

© 2011 Asociación Argentina de Psicología
y Psicoterapia de Grupo
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TOMO XXXIV Número 2 - 2011
Afiliada a la Federación Latinoamericana
de Psicoterapia Analítica de Grupo,
a la American Group Psycotherapy Association,
y a la International Association
of Group Psychotherapy

DIRECCIÓN DE
PUBLICACIONES
Directora:
Lic. Graciela R. de Milano
Secretaria:
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Comité Científico:
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Consejo de Publicaciones:
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Corresponsales en el exterior
Lic. Myriam Alarcón de Soler, Bogotá, Colombia.
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Dra. Emilce Dio Bleichmar, Madrid, España.
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Dr. Rafael Cruz Roche, Madrid, España.
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Prof. Claudio Neri, Roma, Italia.
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Dr. Saúl Peña, Lima, Perú.
Dr. Alejandro Scherzer, Montevideo, Uruguay.
Dr. Alberto Serrano, Honolulu, Hawaii.
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Comité de Referato
Alarcón de Soler Myriam; Bogotá, Colombia
Czernikowski, Esther V.; Buenos Aires, Argentina
Edelman Lucila; Buenos Aires, Argentina
Gomel Silvia; Buenos Aires, Argentina
Gonzalez Cruzado Alicia; Uruguay
Kaës René; Lyon, Francia
Kordon Diana; Buenos Aires, Argentina
Lifac Solchi; Buenos Aires, Argentina
Milano Graciela; Buenos Aires, Argentina
Mendilaharzu, Gloria; Buenos Aires, Argentina
Neri Claudio; Roma, Italia
Pachuk Carlos; Buenos Aires, Argentina
Segoviano Mirta; Buenos Aires, Argentina
Selvatici Marina; Buenos Aires, Argentina
Sujoy Ona; Buenos Aires, Argentina
Vacheret Claudine; Lyon, Francia
Valdemar Fernandes; San Pablo, Brasil
Ventrici Graciela; Buenos Aires, Argentina
Zadunaisky, Adriana; Buenos Aires, Argentina

Fechas de cierre de recepción de trabajos: 15 de febrero y 15 de septiembre
Fechas de publicación: 30 de octubre y 30 de abril

COMISIÓN DIRECTIVA
Área Ejecutiva
Presidente:

Lic. Daniel Waisbrot
Vicepresidente 1º:

Lic. Patricia Erbin
Vicepresidente 2º:

Lic. Silvina Oubiña
Secretaria:

Lic. Silvia Kargieman
Tesorera:

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Secretaria de Prensa y
Difusión:

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Área Programática
Área de Relaciones Exteriores:

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Lic. Silvia Kargieman
Área de Asistencia:

Lic. Silvina Oubiña
Área Científica:

Lic. Ricardo Gaspari
Lic. Graciela K. de Bianchi
Área de Docencia:

Lic. Diana Blumenthal
Área de Publicaciones:

Lic. Patricia Erbin

SUMARIO
Graciela Milano •
Dirección de Publicaciones

11

• Editorial

Graciela Bianchi •
Ricardo Gaspari
Silvia Gomel
Juana Gutman
Susana Matus
María Cristina Rojas

19

• Recordando a

Elina Aguiar •

35

• Nos-otros, lo indigente siniestro

Bernardo Katz •

55

• El deseo del analista y las

Isidoro Berenstein

Configuraciones Vinculares
Miguel Alejo Spivacow •

71

• El vínculo, sus cuestiones

fundamentales
CONGRESO
95

• XIX Congreso Latinoamericano

FLAPAG
Daniel Waisbrot •

97

• El trabajo del amor. La tensión

entre amor sexual y amor filial
Graciela Ventrici •

109

• Mass media y subjetividad

Graciela Milano •

123

• Presentación Revista en

XIX Congreso FLAPAG
«El Psicoanálisis Vincular de
Latinoamérica: Lo singular  Lo
múltiple»

Sergio Rodríguez •

127

• La escritura del psicoanalista,

entre su singularidad de sujeto y
los lazos sociales de su práctica
Silvana Camerlo •

133

• De resonancias, e intertextuali-

dades y obras abiertas
INTERROGACIONES... Y PERSPECTIVAS
Espacio Adultos Mayores •

139

• La presencia de «lo inútil»

ARTE
Silvia Luchessi de Olaso •

145

• «El Erizo»

PASANDO REVISTA
Laura Aguerre •
Luján Alsina

153

Ricardo C. Gaspari •

157

• Familias y parejas. Psicoanáli-

sis, vínculo y subjetividad, de
Ricardo C. Gaspari y Daniel
Waisbrot, comp.
• Cuatro familias, Veinte terapeu-

tas. Clínica Vincular Psicoanalítica, de Grupo de Familia AAPPG
Ricardo C. Gaspari •

165

• La pareja en conflicto. Aportes

psicoanalíticos, de Miguel Spivacow
Susana Luraschi •

169

• Conjeturas Psicopatológicas.

Clínica Psicoanalítica de familia
y pareja, de Susana Matus y
Silvia Gomel
Graciela Selener •

173

• Psicoterapia Psicoanalítica de

Grupos & Vínculos, de Germán
Morales, Bárbara Ortúzar y otros
INFORMACIONES
179

Editorial

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 11-17

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 11-17

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En este número de nuestra revista, convocamos a escribir
sobre el AMOR. Y, es en este espacio editorial que acostumbramos a prologar los escritos; pero esta vez, la muerte de
Isidoro Berenstein nos detiene en la tarea.
El amor como tantas veces, por los aconteceres de la vida,
se impregna de dolor y esto nos ocurre hoy, ante ésta, nuestra
pérdida, de quien nos acompañara durante muchos años en la
Institución.
Incansable trabajador de los vínculos desde la creación del
Departamento de Familia, sus escritos quedan como testimonio de su presencia.
Interesado en un más allá del psicoanálisis individual supo
recurrir a los aportes de la filosofía, la antropología estructural … para ampliar y complejizar la clínica. Una clínica que
le debe no sólo la ampliación del clásico dispositivo sino una
manera de pensar y trabajar lo que excede, lo irreductible, lo
ajeno.
La pérdida, la muerte es la más feroz muestra de esta irreductible ajenidad. Tope que nos enfrenta a lo imposible. Amor
y dolor se unen así en una juntura difícil de des anudar.
Esta Revista dedica un espacio a su trayectoria de la mano
de quienes lo acompañaron en la creación y lo siguieron en
sus contribuciones al pensamiento de Lo Vincular.
Desde este Comité de Revista, una despedida con Amor y
Dolor por la pérdida de su presencia.
Continuamos trabajando que es la mejor manera de rendirle homenaje desde nuestra Revista del Psicoanálisis de las
Configuraciones Vinculares.
Amor en tiempos de Vértigo.
Que el amor es la forma de enlace en ese delicado equilibro con el otro no hay duda.

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 11-17

Un poco de hystoria, escrito con «y» en alusión a la deuda
con la «hysteria» en la historia del psicoanálisis. Ese «amor»
al Padre que inspiró el descubrimiento freudiano del inconciente.
Una breve revisión, como decía, nos permite deducir que
en esa novela familiar del neurótico en la que el Edipo jugaba
el papel princeps se ha producido un giro, giro hacia un «más
allá del Edipo». El amor, ese recurso propio de la transferencia, ya no parece esclavo a las marcas del destino, y por tanto
afanado a su desciframiento, sino más bien arrojado, expuesto al vértigo de la contingencia.
Un amor desamarrado a las propuestas en las que el ideal
parental jugaba un papel princeps.
Es así como ese tratamiento del goce en que el amor lo
intenta hacer condescender al deseo se torna en un desafío en
las consultas vinculares actuales.
Atolladeros, tropiezos en la extracción de un goce que en
ocasiones alarman a puro exceso y en otras abre a la posibilidad de suplencia, invención, creación.
Distintas modalidades en el armado de las parejas, en los
posicionamientos: hombre mujer, en la construcción de las
familias, en el entramado de las relaciones sociales, laborales… dan cuenta de la ficción de un simbólico jaqueado por
la diversidad de modos de gozar que ofrece el momento
actual.
Cuestionado, caído el referente, ese del conocido aforismo, estamos en la época del Otro que no existe, el amor enfrenta el difícil desafío a su posibilidad de guiar y sostener el
lazo con el otro; ese enlace que, como señalara al comienzo,
«no hay duda» le concierne.
Un amor, pura expresión de vacío, que ante la fallida complementariedad hace resonar su vértigo ante ese goce metonímico difícil de localizar.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 11-17

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Voy a parafrasear a Colette Soler cuando dice que ya no
tenemos modelos para el amor, y sigo su apreciación en cuanto
parece no preocuparle en demasía, pues agrego mi impresión
de que si bien ya no operan de manera exclusiva, algo de
ellos queda, resulta imposible barrer y será la contingencia,
el azar lo que los interrogará en cada encuentro.
Vale atender entonces a esa combinatoria de opuestos, a
ese resto-plus, para dejar en cuestión esa coagulación de sentido, a puro mito-destino. Un saldo de experiencia que estimula, aproxima a la invención.
Un amor que ya alejado del modelo homeostático tiene
que vérselas con ese real que desestabiliza en cada encuentro.
Propuesta y desafío para un Psicoanálisis Vincular que trabaja con la producción, con la diversidad de formas de enlace; en fin, con esa posibilidad de crear, de aspirar a lo nuevo
en temas del amor.
Una clínica vincular que descentra lo determinante de la
ficción simbólica y atreve a la producción, a ese torbellino
expresión de lo real.
Una clínica vincular que en la disparidad de cada encuentro hace hablar al amor, lo con mueve a decir lo imposible de
decir. Un «real» esfuerzo de poesía.
En estas líneas de la puesta editorial aparece una fragrante
superposición: la historia y el acontecer que a la manera de
un caleidoscopio mezcla imágenes de nuestra vida institucional con imágenes del hoy: nuestro qué hacer con el «amor en
tiempos de vértigo».
La propuesta, seguir la letra de los escritos que compilamos por el generoso aporte de nuestros colegas.
Elina Aguiar escribe «Nos-otros, lo indigente siniestro».

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 11-17

La exclusión, la marginalidad, la forzada inclusión del excluido es tratada con rigor en una escena de características
siniestras como anticipa en el título de su escrito.
La descripción de lo ajeno y lo semejante polarizados como
opuestos conducen por lógica binaria a una subjetividad en
riesgo; no sólo del excluido sino también de aquél que opera
la exclusión.
Hospitalidad versus hostilidad, amparo versus violencia
son algunos de los pares antagónicos que se enuncian como
expresiones de una trama social quebrada.
Un verdadero alegato que redobla el valor ético de un psicoanálisis implicado en lo social.
Bernardo Katz en «El deseo del analista y las Configuraciones Vinculares» abre cuestiones del Psicoanálisis desde
Freud a Lacan, poniendo a trabajar ese «imaginario» en exceso del kleinismo. Propone una labor analítica que abre a un
más allá del «deseo del analista», lugar del «a» como causalidad deseante a fin de revisar «lo real» que se juega en cada
encuentro. Un imaginario que no reduce a lo especular pues
incluye la presencia «real». Cuerpo e imagen complejizan la
transferencia simbólica en la Clínica de las Configuraciones
Vinculares.
Miguel Spivacow, en su escrito «El vínculo, sus cuestiones fundamentales» revisa el concepto de vínculo con un minucioso recorrido por autores que atendieron al tema en psicoanálisis.
Despliega consideraciones sobre clínica vincular al ocuparse de conceptos tales como indeterminación, distribución
del trabajo psíquico y alianzas inconcientes.
Si bien apuesta a los beneficios de una cura que se orienta
por una lectura y práctica vincular, considera la existencia de
una frontera móvil entre el suceder psíquico del sujeto singular y el vínculo; siendo por tanto en el abordaje de cada situa-

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 11-17

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ción clínica donde se dirime la cuestión de su orientación
terapéutica.
Congreso de FLAPAG, le dedicamos un apartado con la
reseña de dos escritos:
«El trabajo del amor. La tensión entre amor sexual y amor
filial», de Daniel Waisbrot.
«Mass media y subjetividad», de Graciela Ventrici.
Y la Presentación de nuestra revista Nº1 2011, «Diversidades: lo singular lo múltiple», con los comentarios de
Sergio Rodríguez y Silvana Camerlo.
En el espacio «Interrogaciones... y Perspectivas» el área
científica de Adultos Mayores escribe sobre su quehacer: «La
presencia de “Lo inútil”, Interrogando un cuento: El libro de
los abrazos. “Sucedidos 2”».
En el apartado dedicado al arte, «El Erizo» (versión escrita y puesta en cine), Silvia Luchessi de Olaso revisita una
historia de amor, de la mano de Deleuze, Allouch y Bataille.
«Pasando Revista», comenta los libros presentados en el
Congreso de FLAPAG.
Agradecemos a autores y presentadores sus escritos.
Hasta aquí la reseña de lo compaginado: «El amor en tiempos de vértigo»; nos despedimos hasta el próximo número.
Graciela Milano
Dirección de Publicaciones

FE DE ERRATAS

En nuestro número anterior:
 Las

autoras del artículo «La pornografía en la era tecnológica» Martha Eksztain y Sara Moscona omitieron la siguiente bibliografía:
Barros G., Inda N., Makintach A., Moscona S., Nusimovich
M. «Lo obsceno, su implicancias en la clínica vincular»,
Rev. AAPPG, Bs. As., 2009, Volumen XXXII, Nº 1, «Excesos vinculares».
Barros G., Eksztain M., Inda N., Makintach A., Moscona S.,
Nusimovich M. Jornadas AAPPG, 2009, «Dispositivo de
pareja: territorio de lo obsceno».
En el apartado «Interrogaciones... y Perspectivas», en el
Taller Relatos Clínicos, la coautora Noemí Davidovich, es
Psicopedagoga.

Recordando a
Isidoro Berenstein

Graciela Bianchi, Ricardo Gaspari,
Silvia Gomel, Juana Gutman,
Susana Matus, María Cristina Rojas *

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 19-33

(*)

Miembros Titulares de AAPPG, Miembros fundadores del Departamento de Familia de AAPPG.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 19-33

21

En el momento de la despedida a Isidoro Berenstein, uno
de los maestros indiscutidos del Psicoanálisis Vincular, nos
autoconvocamos para participar como grupo en su homenaje. Los aquí firmantes –Graciela Bianchi, Ricardo Gaspari,
Silvia Gomel, Juana Gutman, Susana Matus, María Cristina
Rojas– tuvimos el privilegio de transitar con él la creación
del Departamento de Familia de AAPPG.1 Por eso, quisiéramos compartir con todos algo de la historia y transmitir las
vivencias de aquellos años entusiastas y creativos, que marcaron un hito tanto en la vida institucional como en nuestros
propios caminos profesionales.
Durante la década que transcurre entre los años ´60 y ´70,
en diversos puntos de occidente se abre la perspectiva vincular del padecimiento psíquico, reconociéndose la dimensión
familiar-vincular del mismo, con desarrollos teórico-clínicos
pensados desde muy diferentes perspectivas epistemológicas.
Los más difundidos en nuestro medio fueron los trabajos
de Lidz, Watzlawick y Bateson, que a partir de la escuela de
Palo Alto inauguran los desarrollos de lo que luego será la
perspectiva sistémica. También llegaron a nosotros los trabajos de Laing y Cooper desde la antipsiquiatría y cierto existencialismo sartreano. En la Argentina, Pichon Rivière había
inaugurado este campo una década antes.
¿Dónde estaba Isidoro Berenstein en esos tiempos?
En nuestra cuenta, la «primera» presentación en público
de su apuesta teorizante fue en 1970. Ese año lo encuentra
compilando junto con Carlos Sluzki, Hugo Bleichmar e Ignacio Maldonado las Actas del «1er Congreso Argentino de
Patología y Terapéutica del Grupo Familiar». Su presentación «Familia y Estructura Familiar» anticipa-diseña a grandes rasgos su hipótesis central, la de la Estructura Familiar
Inconciente.
1

En la primera etapa de este recorrido formó parte del grupo además la
Lic. Marqueza Sierra Ovejero.

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 19-33

En 1976 publica Familia y Enfermedad Mental. En esa obra,
tomando como marco las tesis centrales de la Antropología
Estructural de Claude Lévi-Strauss, y mediante agudas operaciones de cambio de escala apuntando a la escucha de las
familias en la consulta, enuncia decididamente la hipótesis
de una «Estructura Familiar Inconciente» y describe sus indicadores.
Por esos años, cada uno de nosotros ya hacía sus prácticas
con familias, en distintos ámbitos y con distintos referentes
teórico clínicos en relación a esta especificidad. Pero con una
zona en común: una transferencia teórica al psicoanálisis y
un deseo, un apremio, de dar cuenta psicoanalíticamente de
aquello que hacíamos, de nuestras perspectivas.
Familia y Enfermedad Mental ha sido un texto que anudó
a su tiempo en cada uno de nosotros una transferencia de
trabajo con Isidoro, mediada por el despliegue de esta propuesta teórica. Compartíamos la sensación de haber encontrado una teoría que avalaba lo que veníamos haciendo en la
clínica sin apoyaturas conceptuales precisas.
1979 nos encuentra trabajando con Isidoro a su regreso a
Buenos Aires y pensando con él en distintos grupos de estudio y
supervisión, las vicisitudes de la clínica vincular. El zócalo de
esta historia implica considerar otro hilo: la iniciativa desde la
comisión directiva de la AAPPG, hacia el fin de la dictadura
militar, de convocar a Janine Puget, Isidoro Berenstein y Raúl
Usandivaras a dirigir seminarios bianuales (Pareja, Familia y
Grupo respectivamente), tarea que le fue encomendada a la Lic.
Juana Gutman; y luego a fundar los Departamentos de Pareja,
Familia y Grupo, que junto con el de Análisis Institucional, organizarían la vida institucional. Isidoro es invitado a organizar y
dirigir el departamento que se denominaría «Departamento de
Psicoanálisis de las Relaciones Familiares».
Momento de apertura en el país y de ampliación institucional en AAPPG, retorno de la democracia, época de entusiasmo y creación, años intensos también para nuestro grupo.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 19-33

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Isidoro presentaba, como punto de partida, un modelo estructural sólido y explicativo, pero a la vez fue desplegando
un pensamiento siempre innovador. Persistente en la defensa
de sus hipótesis, pero abierto también a los aportes y críticas,
cuando adquirían entidad.
Fundar implicó no sólo pasión por pensar, sino también
por la trasmisión, por la formación de discípulos. Por lo tanto, por la escritura.
Fundar fue la constitución de un trípode sostenido en la
docencia, la asistencia y la investigación –organización planteada desde la institución para todos los departamentos.
Fundar fueron dos horas de reunión semanales del staff,
sostenidas estrictamente: una, para cuestiones organizacionales y otra, para trabajo de teorización.
Fundar fue que después de una primera versión, nos confía las siguientes versiones del seminario bianual sobre Psicoanálisis de las Relaciones Familiares.
Fundar fue que nos «invita» a elegir a cada uno tópicos de
base del psicoanálisis –Edipo, Narcisismo, Ideal del yo, Transferencia, Ley del padre– para trabajarlos en clave de su propuesta,
y formatearlos como conferencias mensuales primero, y como
libro en un segundo tiempo. De allí surgió Familia e Inconciente.
Cada capítulo, cada tópico, minuciosamente trabajados con él.
Poco a poco, el Departamento de Familia fue reconocido en el
medio científico como un espacio de pensamiento.
Fundar fue ayudarnos a darle un lugar importante a la escritura y a la transmisión, a tal punto que cuando alguno de
nosotros planteaba sus dificultades para emprender la tarea
de escritura, su respuesta fue: «no vayan a Disco y listo…»,
aludiendo tanto a la dedicación temporal como a las renuncias que el escribir requiere.
Otro mojón en la historia de nuestra relación con Isidoro,
y que tal vez significó una ya incipiente diversificación de

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 19-33

nuestros discursos y otro momento transferencial, fue el texto Clínica Familiar Psicoanalítica. Estructura y Acontecimiento. Libro que muestra una clínica y teorizaciones que hacen
ya una revisión de la postura estructuralista. Tiempo de transformaciones que también fue posible tramitar con él.
El encuentro con Isidoro-maestro producía fuertes efectos: su pasión por el pensamiento y la trasmisión oral o escrita de sus producciones, así como la búsqueda del intercambio con el otro como interlocutor para armar tramas grupales
productivas y pensantes, supieron despertar o potenciar en
sus discípulos la pasión por las aventuras del conocimiento.
Con un decir firme y pausado, trataba de transmitir sus ideas.
Con una sonrisa paternal lograba desanudar en las supervisiones los nudos problemáticos transferenciales y sembrar una
definitiva desconfianza por lo «obvio». Nos ejercitamos en abrir
una mirada que abarcara el conjunto vincular y registrar los
efectos que la presencia de los otros tienen en uno.
Con los años, este grupo fundador y sostenedor –en un
primer momento– del Departamento de Familia, fue abriendo sus fronteras. Salieron y entraron muchos colegas, y si
bien no siguió vigente como tal, el lazo surgido en años de
trabajo, y el haber recorrido muy juntos un trecho de la vida,
nos convoca a dar cuenta hoy de esa experiencia.
Desde entonces, hace ya tantos años, cada uno de nosotros
fue armando un recorrido personal, produciéndose diferentes
encuentros con Isidoro, encuentros siempre ricos en lo profesional pero sobre todo en lo afectivo. Uno de éstos, fue la
entrevista que realizó en noviembre de 2003 Susana Matus,
en el contexto de su trabajo de Tesis de Doctorado. Pensamos
que sería un lindo homenaje publicarla, en tanto ésta muestra,
de alguna manera, al Isidoro con quien pudimos compartir
experiencias y años que marcaron nuestras vidas: un Isidoro
lleno de curiosidad y vitalidad, empecinado en la búsqueda
de precisiones; un Isidoro investigador, a la vez que «familiero» y cálido, en fin, un querido maestro para todos nosotros.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 19-33

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He aquí la entrevista:
Susana: ¿Qué edad tenés?
Isidoro: 71.
Susana: ¿Antigüedad en el ejercicio profesional?
Isidoro: Como médico 45 años y como psicoanalista 41.
Cuando me recibí de médico no tenía literalmente ninguna
idea de lo que era ser un analista o el análisis. Mi universo
pasaba por dos sectores: por la medicina tradicional clínica
con sus especialidades –cirugía, etc.– y por la investigación
en fisiología. En realidad yo lo que quería era ser investigador, así fue como empecé. Los primeros años hacía dos cosas: práctica clínica –ver pacientes– y leer clínica e investigación. Empecé haciendo una investigación en el laboratorio
de (Luis Federico) Leloir con otro investigador más importante; publicamos un trabajo en el Congreso de Fisiología del
año ´57. Después me conecté con un investigador que venía
con una técnica de operación de cerebros en ratas para hacer
determinados trabajos en relación a diálisis. Fue bastante decisiva una conversación que tuve con (Bernardo) Housay
cuando le dije que quería investigar con el equipo de él, esto
fue en el ´57. Me dijo que tratara de buscar un aparato que
había en el depósito de la facultad para hacer localizaciones
cerebrales en ratas. Finalmente encontré el aparato, pero después de un tiempo me dijo que era muy caro formar un investigador y que él no se podía hacer cargo. Retrospectivamente
calculo que no me debe haber visto condiciones. A esa altura
ya había hecho trabajos con ácido lisérgico en perros. En esa
época dentro del modelo de clínica médica había un departamento de psiquiatría. Se me pierde un poco cómo ingresé en
el departamento de psiquiatría, ahí estaba (Guillermo) Vidal.
Hacíamos simultáneamente lisérgico con pruebas clínicas con
pacientes y lisérgico con perros, era un modelo de investigación. Por ese camino hicimos una experiencia sobre nosotros
mismos con ácido lisérgico con Vidal y en grupo con gente
que nos observaba. Se investigaban diferentes cosas –cerebro, hipertensión– había distintos equipos y sectores. Así fue

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 19-33

que estando en lo de Vidal empecé a saber que la gente se
analizaba; pasaban por el Instituto de Clínica Médica que estaba en el Hospital Rawson. De esa manera me encontré entrando en la carrera para ser analista.
Susana: ¿Dónde empezaste?
Isidoro: Justamente en el Hospital Rawson. Hice la especialidad en psiquiatría clásica, nada que ver con el psicoanálisis. Empecé a analizarme y entré en el carril de la carrera
analítica en la APA, la única institución oficial que estaba en
la calle Anchorena, luego se mudó a Rodríguez Peña. Un poco
antes del ´77 ya empezó a haber una división interna. En el
´77 fue el Congreso Internacional de Jerusalén que coincide
con que habíamos emigrado a Israel, y ahí fue cuando se dividió. Yo ya estaba con el grupo que iba a ser APdeBA.
Susana: ¿Cómo te ubicás en relación a diferentes corrientes dentro del psicoanálisis?
Isidoro: Creo que comparto con vos el hecho de que uno
está atravesado fuertemente por el contexto. El contexto del
año ´60 era el de la APA y el psicoanálisis oficial que supongo era kleiniano. En esa época Klein era un descubrimiento.
Ella hace una apertura fenomenal sobre la estructura de la
mente con respecto al pensamiento freudiano con todo el concepto de fantasía y demás, todas las elaboraciones muy, muy
sutiles de los analistas kleinianos. Yo me doy cuenta que una
constante en mi interés, todavía al día de hoy, es la precisión.
Yo llamaría precisión a un acercamiento lo más posible entre
las descripciones y los hechos que describen o entre las palabras y los significados. O sea, no usar cualquier palabra, no
usar palabras que tienen muchos significados. A mí no me
cuesta escribir pero lo que me cuesta muchísimo es corregir y
corregir es una búsqueda detrás de una precisión que es inalcanzable.
En este sentido, la identificación proyectiva como concepto de los años ´60 me deslumbró. Primero por la precisión
descriptiva pero además porque entendía algunas cosas que

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 19-33

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pasaban en la relación con los otros. La identificación proyectiva es un concepto que empieza con Melanie Klein en el
año ´47, ella hacía buenas descripciones clínicas, pero no metapsicológicas. Fue Bion quien sistematizó y se metió con la
identificación proyectiva y los mecanismos psicóticos.
Lo cierto es que la identificación proyectiva a mí me dio la
primera herramienta para analizar las relaciones familiares y
de pareja. Uno de mis primeros trabajos es el análisis de una
pareja que no vivía acá sino que vino a Buenos Aires por un
mes. En esa época además –el contexto otra vez– se analizaban de lunes a viernes todo el mes, todos los días. Ese trabajo
consistió en mostrar un análisis de sesiones en tres columnas,
ella, él y yo. Para que veas a qué le llamo precisión, que no
haya superposición entre donde empieza uno, termina otro,
los puntos de referencia, qué responde uno con otro, es como
un protocolo.
Susana: ¿En qué año fue este análisis?
Isidoro: Debe haber sido en el ´78. Cuando empecé a
trabajar con parejas ya estaba con Pichón. Me acuerdo cuando Pichón me derivó la familia de un paciente catatónico,
allá por Constitución, yo iba a la casa, me sentaba con
ellos...
Me acuerdo que –ése es un libro que nunca escribí– tenía
el proyecto de escribir sobre la memoria. Hice una sistematización de todos los conceptos de memoria que había en Freud.
Era una monografía, por ahí la debo tener. Todavía estaba
con el cerebro, pero en realidad, no era el cerebro, era la mente, era la memoria. Todo eso me tomó la cabeza y la persona,
estaba mucho con la temática de la identificación proyectiva
y la sutileza de lo que uno le hace al otro, de lo que puede
hacer, de lo que pone y de lo que saca, de cómo lo condiciona.
Susana: ¿Cómo empezás a pensar la formulación de la Estructura Familiar Inconciente?

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Tendría que hacer un esfuerzo de memoria. Me aparece
una charla con Carli Sluski –cuando él todavía estaba acá–,
reuniones con él y con Eliseo Verón. Carli ya transitaba la
teoría sistémica. Tenía un libro con Eliseo sobre comunicación y neurosis, sobre el modelo comunicacional. Era un libro fuerte, muy metodológico, estupendo. Entonces yo le
cuento a Eliseo, creo que es él el que me dice sobre LéviStrauss –porque si no fue por él, no sé de dónde puedo yo
enterarme de Lévi-Strauss, ya que la antropología no me pasaba cerca– y me habla sobre la Antropología Estructural. Y
claro... ya no me soltó y no me soltó por eso, por la precisión,
por los modelos tan precisos en la descripción, en la explicación. Le digo a Eliseo «¿cómo hago con esto?, habla de cosas
que no sé». El me dice «lo tenés que leer con alguien». «¿Y
con quién?», no encontraba con quién, no sabía con quién.
Así empezó la relación con la antropología estructural; lo leí
solo y estaba tan prendido, tan prendido, lo habré leído incontable número de veces. Ese fue el momento, tiene que ser
en el ´70; el trabajo lo presenté en el Congreso de Psicopatología del Grupo Familiar, «Familia y estructura familiar» fue
el trabajo, y sobre eso vino el libro.
Susana: ¿Ese es el primer trabajo en el que vos empezás a
vincular la antropología con el psicoanálisis?
Isidoro: Claro. La circulación del dinero, los sistemas religiosos, los nombres propios.
En esa época transitaba muy claramente dos carriles, yo
diría que era hiper claro: uno era el carril de la estructura
familiar inconciente y el otro el del inconciente. El primer
libro que llevé a Paidós era un libro grande que tenía dos
partes: parte I: Estructura familiar inconciente y parte II: el
Complejo de Edipo, Estructura y significación. Como era lógico, dependía de las dos cosas. Así fue que me dicen «no, es
muy grande, hoy en día la gente compra libros más chicos,
mejor con esto hacer dos libros, desde el punto de vista editorial». Yo llevé uno y quedaron dos. Complejo de Edipo era
toda una reformulación de lo otro: el modelo triangular, el
modelo cuadrangular, hexagonal, con los modelos lógicos.

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Pero al mismo tiempo yo estaba trabajando sobre el modelo
del inconciente, entonces no me alcanzaba con decir que a tal
frase del contenido manifiesto de un sueño le corresponde tal
frase del inconciente, tal frase desiderativa. Yo tenía la intuición de que tenía que haber frases intermedias que pudieran
explicar lógicamente, desde la frase del inconciente –no es
que el inconciente fuera una frase, pero desde la frase que
uno le ponía al inconciente– hasta el contenido manifiesto
del sueño, tenía que haber una serie de frases intermedias. Di
vueltas, di vueltas y fui a dar con Juan Indart. Con él empecé
a estudiar retórica, era sociólogo y semiótico, sabía mucho.
Así que trabajamos mucho sobre eso y sobre semiótica de los
sueños. Entonces el trabajo habla sobre los jeroglíficos, sobre la traducción y sobre las reglas retóricas en la producción
del sueño, no sólo la metáfora y la metonimia, también la
sinécdoque y todas las figuras retóricas posibles. Digamos,
yo trabajaba en los dos campos y los tenía separados.
En esa época, psicoanálisis lo hacía en APdeBA y psicoanálisis familiar lo hacía en la AAPPG.
Yo me fui en el ´79 y cuando volví de Israel publiqué el
libro Del destino a la significación. Quizás ahí las circunstancias, lo azaroso, Israel, me movió de la teoría de los conjuntos a la Biblia, a la filosofía, desde otro campo. Si no hubiera
pasado por Israel, no sé cómo hubiera tomado contacto con
la Biblia, y no fui a buscar eso, lo cual confirma que vos vas
a buscar una cosa y te encontrás con otra que no está prevista.
Imaginate, si yo estoy con un paciente en Israel y me dice
«me parece que veo el 7 en la mano», digo «¿qué es eso» y me
dice «lo que pasa es que lleva X» que es la séptima letra. Le
digo «me tenés que explicar porque yo no conozco tanto la
Biblia, si vos la estudiaste de chiquito, explicáme»; y me cuenta
que hay un chiste en los colegios que le hacen los nenes a las
nenas cuando le dicen «che, ¿cuál es la letra que le sigue a
X?». Y las nenas se oponen a decirles porque X se le llama al
pito también y es la séptima letra. La única forma de entender
esto es ir a la Biblia. Lo mismo que la familia de una chica
esquizofrénica que desencadenó la psicosis cuando la madre
le cortó el pelo –lo tenía largo–, ella se despersonalizó y hubo

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que internarla. Me contaron que cuando ella nació, el padre
–que quería tener un varón– dijo una frase de la Biblia que
quiere decir «.... hijo mío»…
Susana: ¿Por qué te fuiste a Israel?
Isidoro: Son dos preguntas: ¿por qué me fui? y ¿por qué
Israel? Me fui porque en junio del ´76 recibí una amenaza
telefónica. Después surgió que debe haber sido algún paciente psicótico que yo debo haber atendido… en esa época ya
había salido el libro Significante y familia.
¿Por qué Israel? Grinberg me dijo «mirá en Israel necesitan psicoanalistas…». Yo estaba trabajando a full, mi esposa también. Largamos todo, nos fuimos a Israel. Efectivamente fui como supervisor, ya con un lugar contratado…
Yo nunca había ido a Israel, ni siquiera de paseo… Pero
bueno, yo creo que eso hay que ponerlo ya en una característica personal, esta combinación de «nada se puede oponer a cuando yo tengo ganas de hacer algo, el desafío, la
confianza de que voy a sobrevivir». Eso tiene raíces infantiles y otras no infantiles.
A los seis meses de estar allí empecé a ir al hospital. Yo iba
con la idea de que con inglés me arreglaba pero el lenguaje
cotidiano es el hebreo, es como acá, si vos vas a los hospitales se habla en castellano. Así que las primeras reuniones fueron una tortura, ¡no entendía nada! Pero la gente era muy
confortable. Sucedía que yo sabía más de psicoanálisis y de
familia, era el especialista, pero ellos sabían más del país.
El libro que yo escribí en Israel apareció acá (tiene distintos capítulos y cada uno es un caso). Pasaron varias cosas:
primero, empezaron a regalar ese libro para los cumpleaños y
después lo que la gente me dijo es que estaba escrito de otra
manera y no tenía la dificultad de los escritos anteriores. Es
más literario, más coloquial, tiene menos de pequeño grupo y
es más comunicativo. En realidad siempre me gustó escribir
y no me animé, me hubiera gustado hacerlo en prosa. Siempre me gustó mucho la palabra escrita pero nunca tuve el co-

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raje de emprenderlo. Y ese libro es como haber escrito algo
literario; me sirvió para romper una forma.
Susana: Cuando volvés ¿se reinstala algo de lo anterior?,
¿otra vez se dividen las aguas: APdeBA y AAPPG?
Isidoro: En realidad debe ser a partir de ahí que adentro
mío ya no era muy sostenible esa división, digamos, institucionalmente por ahí sí, pero a nivel de la producción ya no. A
este nivel el psicoanálisis tenía que cambiar, ya no podía ser
lo mismo que antes, todo empezaba a cambiar y a unificarse.
Antes eran dos caminos muy claramente diferenciados, después ya no sino que se interpenetran y no respetan sus límites, para bien, para mejor.
Susana: Llegamos a hoy. ¿Qué pasó con las líneas teóricas?
Isidoro: Digamos que la experiencia de Israel desestructuró un poco el pensamiento estructural aunque por supuesto
persiste durante un tiempo más. En realidad no tiene por qué
no persistir, sólo que no tiene la misma forma. Entonces vuelvo
a la Argentina en el ´79; y en el ´83 es la invitación a fundar
los departamentos en la AAPPG. El Departamento de Familia
empieza todavía bajo el imperio de la «estructura familiar
inconciente» pero empieza a incomodarme la rigidez del modelo, la repetición de la gente que seguía y lo decía cada vez
más como emblema. Son cosas un poco insensibles y en un
momento dado te das cuenta.
Estando en Israel nuestra familia escribió –hice un cálculo– unas 700 cartas. Yo escribía muchísimas, también mis
hijas escribieron cualquier cantidad. No había mail pero no
sólo por eso. Te cuento un secreto: yo esas cartas las guardo
porque siempre pienso que así como estuvieron las cartas de
Freud a Fliess… y porque éstas no eran cartas de salutación
solamente, eran discusiones. Muchísima correspondencia con
Janine (Puget), ida y vuelta.
Susana: ¿Janine ya estaba empezando a trabajar en el tema
y se conecta con vos?

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Isidoro: Sería de la época de APA... Ninguno de los dos
puede decidir cuándo nos conocimos. Como si el vínculo se
hubiera familiarizado, es como que estábamos siempre ahí...
no recuerdo el momento preciso en que nos dijimos mucho
gusto.
Susana: Pero estaba en APA cuando vos entraste.
Isidoro: Sí porque ella institucionalmente era un poco mayor que yo. Desde ya cuando vine de Israel empezamos a
trabajar sistemáticamente juntos.
Entonces fue mucha la correspondencia con ella y también con otros. Por ejemplo con (Juan Carlos) Nocetti eran
cartas de muchas páginas. Creo que el libro de él es del
´73, el de la familia, o sea que lo conocí antes de irme a
Israel. El enganchó el modelo estructural, se metió mucho
y lo fue aclarando... ese libro es maravilloso, el primer libro de él.
Después viene ya la época de lo vincular. (Alejandro) Gallo decide hacer un cambio bastante sustancial, entonces nos
llama a (Raúl) Usandivaras, a Janine (Puget), y a mí –no recuerdo si a alguien más– y nos dice «ustedes tienen carta
blanca para fundar un departamento, uno Grupos, el otro Pareja y el otro Familia. Tal es así que cada uno lo hizo de una
manera diferente. Me pareció una propuesta muy novedosa,
muy creativa. Llamarnos y decirnos «ustedes tienen carta blanca, ¿cómo les parece?», es medio insólito.
Susana: ¿Y cuál es el cambio para vos a partir de la relación con Janine en términos de línea teórica, es decir, significó una transformación teórica empezar a trabajar con ella?
Isidoro: Confluye... digamos, ella viene más con grupos y
con terrorismo de estado, lo social. Yo vengo más con las
profundidades de lo inconciente, familia y pareja, lo vincular, grupos nunca. De hecho «grupo» es una palabra que yo
no uso, no la vas a ver escrita casi.

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Yo después le doy otra forma que uso para entender el psicoanálisis de la institución analítica. En un momento dado
las circunstancias, el azar determinan un movimiento en marcha de un movimiento instituyente. Mientras vos estás en este
movimiento fluís atrapado por la novedad, la apertura, el panorama, por lo ancho del camino que tenés por delante frente
a lo acotado del camino desde donde venís. Pero de inmediato tenés ganas de apresar eso, ese movimiento instituyente,
después hacés una institución. La idea es que con la institución el movimiento instituyente se va a hacer más fuerte, más
rico, más abundante. Ocurre que la institución empieza a administrar el movimiento instituyente pero también se opone a
éste porque si sigue fluyendo no hay posibilidad de institución.
Entonces te empezás a sentir totalmente aprisionado por la
institución y ésta puede ser tu propia teoría, no tiene por qué
ser un edificio o una organización, también es la propia formulación. Entonces empezás a tener cierta incomodidad o
estás cómodo, no sé, por lo menos a mí me incomoda hasta el
día de hoy.
Buenos Aires, noviembre de 2003

Nos-otros,
lo indigente siniestro *

Elina Aguiar **

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(*)

Agradezco al equipo «Vecinos en la calle» de la APDH, la posibilidad de compartir experiencias, e ideas. Ellos son: Henoch Aguiar,
Lucía Andreotti, Germán Guarino y Olga Idone.
Asimismo agradezco a Ana Martín y CarolinaTejada el haberme acercado a una otra manera de entender los procesos de exclusión social.
(**) Licenciada en Psicología (UNdeCórdoba); Psicóloga Clínica, Facultad de Medicina de la UNBA. Miembro Titular de APPPG y APBA.
Secretaria de Salud Mental de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Integrante del Equipo de APDH «Vecinos en la calle».
E-mail: elinaag@fibertel.com.ar

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«Nada ha de ser comparable a las
ventajas de la extinción de las tribus
salvajes o conservarlas tan debilitadas
que dejen de ser un peligro social».
D. F. Sarmiento
«Atención: te estás acercando
a una zona peligrosa».
Aviso de GPS Garmin de automóvil,
al acercarse a un barrio
de viviendas precarias.

La exclusión social y la indigencia promueven en mí preguntas, reflexiones provisorias y fragmentarias de esta, dolorosa y opaca realidad que nos interroga con su presencia. Comienzo planteando qué entiendo por exclusión social, la cotidianeidad y los traumatismos permanentes a los que están
expuestas aquellas personas en los límites de la sobrevivencia; los lugares que se les ofrecen y las posibilidades de subjetivación. Cuestiones que ponen de relieve la convergencia
de la clínica con lo social. Mencionaré sus producciones culturales. Señalaré las respuestas inmunitarias del resto de la
Sociedad y nuestras posibilidades como psicoanalistas ante
esa situación. El poder pensar desde el psicoanálisis el proceso de exclusión hace que se comience a mirar, a incluir lo que
se eyectaba de la percepción y con ello se abre una posibilidad de cambio.
Considero la exclusión social como un proceso histórico,
dinámico, en perpetua construcción, interactivo y acumulativo, que mediante discursos, acciones y omisiones ubica a las
personas o grupos en lugares cargados de significados que el
conjunto social rechaza y no asume como propios. Son «los
otros».
La exclusión en Latinoamérica es económica; se excluye a
pobres e indigentes. Abarca generaciones en ese tránsito a la
exclusión y es difícil revertir y detener ese proceso habiendo
tantos factores involucrados e interesados en su mantenimien-

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to; la modalidad occidental capitalista necesita de la exclusión. La sociedad disciplinaria deja una porción de la comunidad adentro y otra afuera. Una forma de aniquilación acallada es la miseria estructural del sistema social dominante.
Se develan configuraciones políticas, económicas y culturales que han hecho posible la existencia de un mundo construido sobre la base de un desconocimiento de la alteridad.
Eugène Enriquez señala que la cultura resuelve el problema
de la alteridad por medio de un sistema de clasificaciones
que se mutaría en sistemas de separación y dominación por la
violencia sacrificial (Enriquez, E., 1983).
Me voy a referir a la exclusión. Pero tengo claro que lo
que denominamos exclusión abarca también a los nunca-incluidos ¿cómo pertenecer a la exclusión cuando nunca se estuvo incluido?
La exclusión y la no inclusión es un proceso de expulsión
del orden social, generando –como dice Arendt– un «hombre
superfluo». Marx habla del hombre supernumerario, Ogilvie,
«hombres descartables», Z. Bauman, «humanidad superflua»
o «vidas desperdiciadas», J. Puget, «des-existentes», Agamben nos recuerda al «homo sacer», la «underclass» de los sajones (Viñar, M., 2009; Puget, J., 2005; Agamben, G., 2000).
La mirada mediática nos induce a ver a la persona excluida
como enemiga y peligrosa.
Las personas indigentes están a la vista y muchas veces
son temidas. Se transforman en «lo indigente siniestro», con
eso designo que la falta de recursos económicos elementales,
la nuda vida, pone de relieve ante los ojos de todos, no permanece oculta y muestra a qué extremos puede llevar la desatención y el abandono de una comunidad con muchos de sus
conciudadanos. Lo siniestro, extraño e inquietante (Freud, S.,
1919), lo que estaba oculto deja de ser secreto, aquello que
debía permanecer oculto se manifiesta, lo familiar deviene
extraño, peligroso, amenazante.
Se cataloga como inferiores, que luego devienen en enemigos, a las personas en extrema precariedad. Aquel explo-

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tado, marginado e ignorado se transforma en peligroso, «enemigo interno» (hace unas décadas lo eran los «subversivos»)
como no solamente causante de su propia desgracia sino de
todos los males: indigentes, delincuentes eliminables, matables, por acción u omisión. Giorgio Agamben conceptualiza al «homo sacer» como aquel sacrificable al no cumplir
con las pautas imperantes en el conjunto social (Agamben,
G., 2000).
Eugène Enriquez, releyendo «Porvenir de una ilusión» de
S. Freud, subraya la concepción del Estado como cristalización de las instituciones estables del vínculo grupal, que no
puede nacer ni desarrollarse ni fortificarse de otra forma que
no sea por la guerra (Enriquez, E.,1983).
Surge así la noción de «vulnerables». Van de la exclusión
social a la vulnerabilidad (Castel, R., 1991) con riesgos de
caer en la labilidad vincular. Las denominaciones («marginales, de riesgo, vulnerables, inútiles»), dan cuenta del lugar
que se les asigna, de cómo son mirados, y de los efectos que
ello produce. Si bien no se puede pensar sin conceptos, ¿cómo
hacer para que un origen no devenga un destino? En la construcción de la subjetividad «la encuesta sobre uno mismo se
realiza en los múltiples espejos de los otros que nos confirman o des-confirman permanentemente» (Ledoux, M., 1992).
En el lenguaje zulú el término «ubuntu» designa el ser persona a través de otras personas, la armonía entre lo individual y
lo colectivo (Viñar, M., 2009).
Se trata de personas que padecen hambre crónico, pobreza
extrema, maltrato social y doméstico. Son personas en el límite mismo de la sobrevida, en estado de desamparo, de riesgos permanentes: viven en estado de amenaza, a merced de
las fuerzas del orden, policía, guardia urbana, las brigadas,
fuerzas de «seguridad», que los acosan. Por todos ellos son
tratados como «restos» a eliminar. Es el resto que no tiene
resto. La muerte los acecha a cada instante. A menudo su entorno no es estable, está fracturado y genera, como señalé,
condiciones de vulnerabilidad social.

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El indigente tiene un no lugar pero se le asigna el papel de
usuario de políticas asistencialistas donde se le refuerza su
lugar de vulnerable, incapaz de autoabastecerse. La personas
indigentes son usadas como objeto por algunas ONG empeñadas en imponerles hábitos e ideologías, sin preguntarse por
la singularidad de cada uno de ellos. Allí la violencia radica
en la asimetría de los vínculos (Idone, O., 2010). Al querer
«incluirlos» en el sistema productivo, se confunde equidad
con homogeneidad, que no singulariza; es opuesto a la producción de subjetividad.
Se le supone un estado carencial y se le desconoce otro
capital; nuestra ceguera los visualiza solamente «carentes»,
y así se ejerce sobre ellos una doble exclusión. Excluido es
un «adjetivo calificativo descalificado» y las prácticas van
atadas al adjetivo calificativo (Frigerio, G., 2011). Se trata de
una metabolización de la violencia física en violencia simbólica. De ahí el calificativo descalificado para los no incluídos
en el sistema productivo. Así las personas excluidas son sentidas como amenazantes para el orden público; se los patologiza o penaliza.
El excluido no tiene rostro y es «portador de cara». Una
señora en un té de amigas dice: «a la noche ya no se puede
salir más por Lavalle, todos tienen una pintusa que te da miedo». Un chico, al decirle que no tenía monedas para darle, me
dice, «no importa doña, por lo menos usted me mira». Muchas personas que viven en la calle se asombran gratamente
de que recordemos sus nombres y anécdotas; parecieran habituados a no ser tenidos en cuenta en su singularidad. Pero
cada uno, cada grupo, desde su lugar, puede resistir, emprender el combate contra el pensamiento monolítico y el avasallamiento de la subjetividad, como lo analizan Miguez, D.y
Semán, P. (2006). Se necesita de un reconocimiento de su
deseo y deseo de reconocimiento, de asegurarse un lugar en
el multifacético simbólico social.
A los excluídos se les propone una «momificación identitaria» como señala Enriquez, E. (1983) desconociendo su multiplicidad de identidades. Las mayorías que clasifican,

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cosifican, niegan esa la multiplicidad interior que habita en
los indigentes. Se propone así una homogeneización mortífera a los integrantes de la comunidad implementando procesos de masificación y cercenando la diversidad individual y
colectiva.
Desde las prácticas asistenciales asimismo se piensa el excluido sólo como carenciado, excluidos de ser sujetos de deseo: «¿para qué llevar a los niños indigentes al Museo de
Bellas Artes?; se trata de una «exclusión de la estética»:
(Frigerio, G., 2011), excluidos del derecho a tener deseos.
En los últimos treinta años en pleno proceso de pauperización los sectores populares más desfavorecidos no quedaron
pasivos: articularon estrategias de adaptación, de resistencia
y de creación provenientes de los polifacéticos recursos culturales de sus nuevos estilos de vida. En estos tipos de marginalidad urbana se desarrollan códigos culturales y dispositivos que expresan las experiencias de este sector. Mecanismos donde elaboran situacionalmente su pertenencia social.
Respuestas colectivas que les permiten encontrar otro reconocimiento.
Me interesa entonces no sólo ver en la exclusión las carencias reales y simbólicas sino también: pensarla como un espacio de producción cultural con sus valores, ídolos y formas de
resolución de conflictos. Producción que no sólo surge de su
estado de carencia, sino que es el resultado de su capacidad
creativa donde emergen los múltiples sincretismos que su misma situación les posibilita (Miguez, D. y Semán, P., 2006).
Si bien la pobreza no es necesariamente exclusión, la exclusión y la indigencia implican múltiples pobrezas en tanto
inaccesibilidad al capital social, cultural de que dispone la
sociedad imperante. Sin embargo, entre cumbias, santos, sabiduría de piquetes, «pibes chorros», se van gestando producciones culturales propias donde nosotros quedamos afuera. Valores, mitos, solidaridades y lealtades en asentamientos
o villas que nos son extraños. Tienen otros códigos, otro lenguaje, rico, pero que no entra en los casilleros educativos de

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las estructuras escolares que los expulsan al no contemplar
sus diferencias (Miguez, D. y Semán, P., 2006).
En las zonas carenciadas los niños pasan de repitentes a
expulsados de un sistema educativo no pensado para ellos.
Se los cataloga en los legajos escolares como «problemáticos» y son los que luego serán «menores» judicializables.
Una escuela que no puede reconocer sus méritos, además de
las limitaciones. La norma no tiene para quien la infringe el
mismo sentido que para aquellos a quienes las normas sirven
de contención y de eventual transformación (Martín, A. M.,
2006). «Los padres de estos niños y adolescentes no son proveedores ni protectores, adolescentes que en su decir ‘no hacen nada’, donde delatan que nacieron en un sector de la comunidad donde no se espera nada productivo de ellos. La
sociedad estimula el poder, la riqueza y la fama y su correlato
es la apatía ante ese no lugar e imposibilidad de realizar su
ideal» (Pelento, M., 2011). La desigualdad social induce a la
falta de perspectivas, un vacío en el lugar de las ilusiones y
proyectos, una fijación a la lógica de la inmediatez y la convicción de mayores carencias para el futuro. Sin trabajo, sin
estudio y sin un lugar social, ¿la alternativa es la calle, la
esquina, la droga, la violencia, si no son contenidos en otra
red social en la que puedan ser actores?
H. Arendt señala que a los excluidos nadie los ve, nadie
los oye, sólo aparecen en el escándalo del motín o el acto
antisocial, cuando la miseria material arrastra a la miseria psíquica e irrumpe desorganizando el mundo de buenas costumbres (Arendt, H., 1958; Viñar, M., 1998). Se dibuja un trayecto de sujeto explotado a sujeto ignorado (Pelento, P., 2011).
La disrupción en la escena social quizás sea la única forma
de hacerse presente.
Sobre la exclusión hay un discurso de desaparición que se
une al deseo «inmunitario» al decir de R. Esposito (2009) de
la mayoría de la población de no ser implicada en su situación. Desde la perspectiva de la comunicación la «exclusión
relacional», la negación del otro, es la causante inicial de la
«exclusión situacional» de un hecho ya observable de exclu-

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sión… la «exclusión relacional», incuba fatalmente la exclusión (Aguiar, H. D., 2011).
Hay políticas activas para trasladarlos y desarraigarlos a
los confines de la ciudad y políticas de omisión y abandono.
La parte que no tiene parte. Los indigentes sobran, hay que
barrer todo lo que perturba, son tratados como basura a eliminar. No son asesinados pero tampoco cuidados; se trata de
crímenes sin criminales donde las víctimas se banalizan y
son puestas a cuenta de la incapacidad del que muere; se configura una victimización secundaria
Si a ellos se les reserva el habitar en un «Estado de Excepción» (Agamben, G., 2000), en un Estado que se desentiende
de su suerte, ¿cómo pretender que se ajusten a las leyes cuando no tienen derecho a tener y a reclamar por sus derechos?
El Estado de Excepción no es más que la forma moderna y
sofisticada de la horda menoscabando a sus propias leyes,
instituyendo lo arbitrario y la injusticia como modo normal
de gobierno (Enriquez, E., 1983). Freud señala en «Porvenir
de una ilusión», ya en 1927, que una cultura que deja insatisfechos a un número tan grande de sus miembros y los empuja
a la revuelta no tiene perspectivas de conservarse en forma
duradera ni lo merece.
A su vez a los indigentes desde el discurso se los masifica sin
pensarlos («son todos lo mismo: vagos, borrachos, no quieren
trabajar, viven de los planes etc.»). Los psicoanalistas podemos
caer en la misma operatoria masificadora de no verlos y querer
encasillar en categorías psicopatológicas lo que simplemente son
los efectos y consecuencias de la miseria material, de su nuda
vida y de su no lugar en la trama simbólica hegemónica. La
maldad también puede ser causada por la ausencia de pensamiento, subraya Hanna Arendt (Arendt, H., 1958).
A los excluidos también se los considera como los únicos
responsables de su propia desgracia. Esta justificación cumple una función moral y política para que su sufrimiento sea
tolerado (Digiglio, P., 2010). Tolerancia social que lleva a la
banalización de la Injusticia social.

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La comunidad no se siente interpelada por ello. En lo público (a diferencia de las sociedades privadas), en la sociedad
se quiebra lo que debería ser la relación implícita de todos
sus miembros y no implica naturalmente un sentido de corresponsabilidad (Aguiar, H. D., 2011). La experiencia de la
exclusión queda por fuera del sistema de reciprocidad, ocupa
un no lugar.
Para des-responsabilizarse o para no enfrentarse con la propia impotencia, se naturaliza su situación, «pobres hubo siempre», se asevera. La violencia social de la exclusión nos enfrenta con un desafío a nuestra adaptación inconciente (Amati,
S., 2005). Ella provoca la regresión a un estado de no pensar,
de ambigüedad, donde la persona se puede aferrar a slogans
o frases hechas ante la inequidad de la indigencia –«son todos vagos, enfermos mentales, psicóticos, etc.»– donde no se
cuestionan ni se alteran sus prejuicios.
Señalé algunas diferencias entre el vivir y el sobrevivir.
Son sobrevidas con la perentoriedad de las urgencias cotidianas. ¿Cómo se pueden construir proyectos, ilusiones, fantasías y cómo se puede tener una conciencia de sí reflexiva, en
la pura necesidad?
Marcelo Viñar señala que en situaciones extremas las reglas y los mecanismos de funcionamiento operan con lógicas
distintas a los parámetros habituales de quien sólo está en un
orden simbólico compartido, como sucede en la vida concentracionaria. La experiencia de la nuda vida es diferente, genera
situaciones que producen subjetividades distintas, no abarcables
por quien no comparte esa situación (Viñar, M., 1998).
Están abandonados a una realidad cuya reproducción exige la muerte real o simbólica de ellos. Gilou García Reinoso
señala: «...todo acontecimiento real implica una traducción e
inscripción psíquica, esta situación de trauma repetido se inscribe en el inconciente como deseo de muerte del Otro». El
trauma acá es el deseo de muerte del Otro o de un otro colocado en ese lugar de Otro omnipotente (las catástrofes se adjudicaban en la antigüedad a un castigo o maldición de los

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dioses). Lo traumático externo se transforma en trauma interno. Se les ofrece una identificación mortífera: «abandonados
a su suerte y sin ser deseados por otros, su destino es letal: o
caerán en la locura o actuarán sobre sí mismos o sobre los
otros la pulsión mortífera» (García Reinoso, G., 1994). Si no
se les ofrece un lugar en la trama social imperante, pueden
sucumbir como sujetos y hacer suyo el deseo de muerte de
ese Otro. Cuando los múltiples espejos les devuelven su ser
eliminable, lo traumático es el deseo de muerte real o simbólica de eso Otro social para con ellos.
Sobre ellos pueden operar los efectos de la «demolición
psíquica» que describe Marcelo Viñar en la situación concentracionaria. La destrucción, la degradación del cuerpo, funciona como preparatoria y desencadenante de la quiebra y
claudicación a nivel psíquico (Viñar, M. y M., 1998), cuando
no están contenidos en una estructura social y simbólica de
pertenencia.
Presentan: drogadicción, descuidos o acciones que llamaríamos psicopáticas o antisociales, que son expresión de la
falta de espacio para la reflexión y el pensamiento, en las
urgencias de la sobrevida, que mediaticen la acción… Señalaba Freud, en 1927, que una cultura que no ha podido evitar
que la satisfacción de cierto número de sus miembros tenga
por premisa la opresión de los otros, es comprensible que los
oprimidos desarrollen una intensa hostilidad hacia esa cultura… de cuyos bienes participan en medida sumamente escasa (Freud, S., 1927).
Asimismo la resignación, la sumisión, la «indefensión
aprendida» reemplazan al desamparo cuando no están contenidos en una organización social más amplia. Baró y Saligman
han llamado la atención sobre la pasividad y la resignación
en relación la convicción de quienes piensan que no pueden
incidir para cambiar su condición sino que dependen de procesos que se dan en un lugar exterior a su esfera de acción.
Esta convicción fatalista, sumisión y renuncia a ser protagonista, puede interpretarse como resultado de las políticas represivas y de desatención, marginación y exclusión para con

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ellos. Saligman habla del «aprendizaje de la desesperanza»
(Baró, M. y Saligman, G., en Giorgi V., 1998). No presentan
cólera ante situaciones de indignidad sino apatía y una «resignación aprendida», desesperanza respecto al Estado como
responsable del interés público.
La ausencia de la capacidad de indignarse es peligrosa para
la subjetividad porque impide el reconocimiento de una realidad violenta y sometedora e impide procesar las propias violencias y los sentimientos de violencia que esta realidad violenta produce (Paz, C. A. en Pelento, M., 2011); en ese sentido Marilú Pelento equipara la apatía a la pulsión de muerte.
H. Arendt señala que nadie se enfurece ante situaciones que
piensa que no pude cambiar (Arendt, H., 1958).
Silvia Amati analiza el mecanismo del conformismo adaptativo, a cualquier precio, ante situaciones extremas de inequidad, que desencadena apatía y desinterés (Amati, S.,
1990). Ya Freud en «Malestar en la cultura» en 1930 recalcaba que ante hechos traumáticos de origen social los individuos pueden presentar: estupor inicial, paulatino embotamiento, abandono de toda expectativa o formas de narcotización
de la sensibilidad frente a estímulos desagradables…«y el alejamiento de los demás como método de protección más inmediato contra el sufrimiento susceptible de originarse en las
relaciones humanas» (Freud, S., 1930, pág.11).
Algunas viñetas. Juana, de 72 años, que hace 15 años que
vive en la calle, justifica al párroco de la iglesia donde pide
limosna en la puerta, que no le permitió ir a escuchar un recital de coro en la misma, diciéndole que se fuera a dormir
porque estaba muy cansada. Ella es amante del canto y los
coros. Al sugerirle yo que el párroco era una mala persona,
me responde: «No, no diga eso, él es una buena persona, muy
bueno con todos y reza por todos nosotros». Quizás Juana no
depende de él pero necesita creer en alguien bueno, salvador
y lo justifica. Al poco tiempo un «loco» la pateó mientras
daba de comer a las palomas y ella decía llorando: «a quién le
importo, si yo sólo soy una vieja de mierda». S. Freud señala
en «Inhibición, síntoma y angustia» que los peligros del mun-

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do exterior incrementan el valor de único objeto, ilusorio,
capaz de proteger contra los peligros. En esos casos como el
melancólico, la agresión se vuelve contra sí mismo, desconociendo que la agresión provino de afuera ( Freud, S., 1925).
En cambio Alberto, que está muy inserto socialmente, juega al ajedrez con algunos vecinos y repara objetos varios que
le llevan en la plaza donde vive en su casa rodante (sin ruedas), regalo de un vecino. Antes vivía en un tolderío hecho en
la vereda. A la fiesta de inauguración en la vereda de su nueva vivienda concurrió un grupo nutrido de vecinos, cada uno
aportando algo para celebrar. Cuando por una notificación
municipal gestionada por los vecinos de las elegantes casas
de enfrente, lo instaron a que se fuera, los otros vecinos lo
apoyaron a Alberto, le firmaron otra carta pidiendo que se
quede. Él recurrió a una abogada de Derechos Humanos que,
junto con el testimonio de los vecinos, consiguieron que su
expediente quedase en suspenso. Dice Alberto: «yo de acá no
me muevo ni un tranco de pollo, yo tengo derecho y éste es
mi lugar». El saberse reconocido y valorado en su comunidad le otorga otro posicionamiento subjetivo.
Nosotros ante la exclusión tenemos, al decir de Roberto
Esposito (Esposito, R., 2007), una respuesta inmunitaria.
Frente a los excluidos, la sociedad los «tolera» al comienzo
(con la violencia de la asimetría que ello implica), denigra,
habla mal, se naturaliza esta excusión, se los evita, se los
segrega, luego se intenta institucionalizar la discriminación
por ataques físicos, exterminación o por omisión de cuidados esenciales hacia ellos (la policía de noche le sacaba las
frazadas a unos jóvenes artesano ambulantes que duermen
en la calle).
Esta respuesta inmunitaria sirve de protección contra ese
extraño, siniestro, familiar y no familiar, vivido como peligroso. La amenaza de esa siniestra indigencia se sitúa en la
frontera entre el interior y el exterior. Se le tiene miedo, como
señala Esposito (Esposito, R., 2009), por temor a que se rompa un equilibrio anterior y se exige su restitución. «Al peligro
cada vez más difundido que amenaza a lo común responde a

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la defensa cada vez más compacta de lo inmune» (Esposito,
R., 2009, pág. 13).
Ése diferente, ése ajeno, ése que nos enfrenta con la diferencia radical, es vivido como un intruso, un «okupa» de nuestros lugares y valores en la comunidad. Asusta su ramificación incontenible y descontrolada. La sociedad desea que no
estén a la vista por temor a su invasión y no por una genuina
preocupación acerca de ellos y menos aún es capaz de pensarlos como portadores de valores, otros, ricos, polifacéticos.
Los incluidos sienten a la comunidad como de su propiedad y pertenencia; ellos piensan que sus valores son los certeros y tienen intenciones de «integrar a los diferentes, igualarlos», para neutralizarlos y tenerlos controlados. Señala R.
Espósito en Immunitas: «El mal debe enfrentarse pero sin
alejarlo de los propios confines, incluyéndolo dentro de estos
la figura dialéctica que se bosqueja es la de una inclusión
excluyente o de una exclusión mediante la inclusión» (Espósito, R., 2009, pág. 18). Se los incluye como excluidos, ¿la
solución de la exclusión es la inclusión? Cabe estar alerta al
recurso del pensamiento binario, ¿cómo pensar desde un lugar diferente al de la polaridad?
Inmunizar viene de «in-munus» (obligación). Al excluido
no le debemos nada, ningún «munus», ninguna obligación
para con él. Es una defensa que utilizamos ante el conformar
la «Communitas», donde lo propio es justamente lo que no
tenemos en común. Lo común no es lo propio sino la base del
respeto por lo impropio (Espósito, R., 2007).
Es una defensa inmunitaria el no sentirse interpelado por
el excluido y no dar lugar a la reciprocidad. Lo escotomizamos
y nos cercenamos a nosotros mismos en nuestras posibilidades de subjetivación. La comunidad inmunizada de esta forma se re-constituye y se destituye a sí misma. Sabemos que
aquello silenciado, deviene estridente en síntomas en las generaciones siguientes, dando paso a la impunidad y a la inhumanidad.

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Señalé que cuando su trama social de pertenencia se resquebraja, se identifican con el deseo de muerte de ese Otro.
De ahí la importancia de sus producciones culturales para sus
sostenes subjetivos, y la importancia de estar insertos en un
orden simbólico. Cuando estos grupos se pueden organizar
socialmente, instauran mecanismos de resistencia y producen transformaciones sociales duraderas, como nos lo muestra la historia.
Las culturas de los excluidos, aborígenes, esclavos, villeros, eran y muchas lo son todavía rechazadas, del sistema
educativo y cultural. Su carácter contestatario a la sociedad
convencional provocó que el COMFER (Comité Federal de
Radio Difusión) en el año 2002 prohibiera la difusión de las
«cumbias villeras» (Miguez, P., 2006).
Pasaron y quizás pasarán muchos años para que la música de negros, de esclavos, de aborígenes y villeros sea recibida por las clases medias y considerada como patrimonio
cultural.
Así como hoy nos deleitamos con los Negro-Spirituals y
admiramos Machu Pichu, son muchas todavía las culturas
populares que miramos con recelo o, peor aún, ignoramos.
Para terminar señalo que «hacer lo común» con el otro
excluido implicaría poder recibirlo, acogerlo sin condiciones, sin pretensiones. Ante este extraño, ¿cómo pasar, como
señala Derrida, de la hostilidad a la hospitalidad? Ha de ser
una hospitalidad incondicionda, donde cada uno tenga la posición de arribante (Derrida, J., 2000). El anfitrión se hace
vulnerable al alojar al otro (Segoviano, M., 2008). «El entre
dos no es posible cuando la alteridad y la ajenidad sigue siendo del otro, no se trata de liberar una conciencia culposa de
quien ahora le da la bienvenida hospitalaria, como si esta hospitalidad fuese un acto decisorio de su propiedad» (Tortorelli,
A., 2009).
En un encuentro posible con las personas excluidas tendría que haber «una doble acogida donde quien recibe, quien

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se acerca, es tan arribante como aquel que, se supone, llega.
El acontecimiento de la hospitalidad le adviene a ambos, no
pudiendo diferenciar de quién es la propiedad de lo propio y
de quién la ajenidad de lo ajeno» (Tortorelli, A., 2009). Es
imprescindible entonces que cada uno en ese encuentro pueda recibir al otro sin verse limitado con las certezas, saberes y
legalidades previas. ¿Cómo ser un anfitrión, desprejuiciado y
neutro?
Si el trauma de la exclusión destrama, rompe vínculos, ilusiones, hace triza las palabras, como psicoanalistas podemos
ofrecernos para conformar un vínculo donde consideremos a
ese extraño, como ser deseante, portador de palabras, experiencias, narraciones, valores y riquezas de las que carecemos y transformarnos ambos en el «entre» de esa hospitalidad; requisito indispensable para que este encuentro sea subjetivante para ambos y resistente a la impunidad e inhumanidad de este orden social imperante.

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Resumen
Se plantea qué se entiende por exclusión social, la cotidianeidad y los traumatismos permanentes a los que están expuestos aquellas personas en los límites de la sobrevivencia.
Los lugares que se les ofrecen, y las posibilidades de subjetivación, problemas esenciales que tienen que ver con la convergencia de la clínica con lo social. Se analiza la identificación mortífera que se les impone. Se subrayan sus producciones culturales. Se señalan las respuestas inmunitarias del resto
de la Sociedad y nuestras posibilidades como psicoanalistas
ante esa situación.
Palabras clave: Exclusión social. Traumatismos permanentes. Posibilidades de subjetivación. Identificación mortífera.
Producciones culturales propias. Respuestas inmunitarias.

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Summary
Us others, the sinister indigence
It poses what is meant by social exclusion, the everyday
and the permanents traumatisms in which those persons, in
the limits of the survival, are exposed. The places that are
offered, and the possibilities of subjectivation, essentials
problems that are related with the convergence of the clinic
and the social. It analyzes the deadly identification that is
imposed. It underlines their cultural productions. It points to
the immune answers of the society and the possibilities as
psychoanalysts to that situation.
Key words: Social exclusion. Permanent traumatism.
Possibilities of subjectivation. Deadly identification. Their cultural productions. Immune answers.

Résumé
Nous-autres, l’inquiétante étrangeté de l’indigent
Nous expliquons ce que nous voulons dire quand nous parlons de l’exclusion sociale, de la quotidienneté et des traumatismes permanents auxquels sont soumises les personnes qui
vivent dans les limites de la survie. Les lieux qui leur sont
proposés, et les possibilités de subjectivation, sont les problèmes essentiels où se retrouvent la clinique et ce qui est social.
On analyse l’identification mortifère qu’on leur impose. On
souligne leurs productions culturelles. Je signale les réponses
immunitaires du restant de la Société et nos possibilités en
tant que psychanalystes face à cette situation.
Mots clés: L’exclusion sociale. Traumatismes permanents. Les
possibilités de subjectivation. L’identification mortifère. Leurs
productions culturelles. Réponses immunitaires.

Resumo
Nós, o indigente sinistro
Delineia-se quê se entende por exclusão social, a
cotidianidade e os traumatismos permanentes a que estão

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expostas as pessoas nos limites da sobrevivência. Os lugares
que lhes são oferecidos e as possibilidades de subjetivação, problemas essenciais que têm que ver com a
convergência da clínica com o social. Analisa-se a identificação mortífera que lhes é imposta. São sublinhadas suas
produções culturais. Assinalam-se as respostas imunitárias do
resto da Sociedade e as possibilidades como psicanalistas
frente a essa situação.
Palabras chave: Exclusão social. Traumatismos permanentes.
Possibilidades de subjetivação. L’identification mortifère.
Suas produções culturais. Respostas imunitárias.

El deseo del analista y las
Configuraciones Vinculares

Bernardo Katz *

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 55-70

(*) Médico Psicoanalista. Miembro Activo de AAPPG.
E-mail: bernardokatz@infostar.com.ar

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El deseo del analista1 es el concepto que forja Lacan para
dar cuenta de la posición del analista en la cura, para causar el
deseo. Este puro deseo, deseo de nada, inaugura una distancia
entre el ideal y consistencia con la que el analista es supuesto y
la falta que intenta representar. Esta posición es la de objeto en
el fantasma. Esta es, conceptualmente, la forma en que el
analista se implica en la trama inconciente del paciente.
Cobra así una importancia central en la teoría psicoanalítica la relación entre transferencia y fantasma. El fantasma asume la función de relación posible y la transferencia es esa
relación pero con el analista ocupando el lugar de objeto.
Recién en el Seminario 7 ese objeto va a ser definitivamente establecido como objeto «a» pero ya antes, Seminarios
5 y 6, el otro del fantasma es el otro imaginario. Una vez
establecido el estatuto del objeto «a», ese primer desarrollo
queda abandonado. Hoy queremos volver a él por varias razones: 1) No puede negarse que con el otro imaginario como
uno de los términos del fantasma, éste igual funcionaba (si
bien todos los análisis quedaban capturados por las relaciones imaginarias, como en un análisis kleiniano);2 2) habría
que ubicar en qué casos este primer planteo del objeto es útil
y 3) esperamos poder demostrar que volverlo a teorizar puede ser una vía para pensar el complejo tema de la transferencia y lo vincular.
Empecemos pensando la fantasía diurna. Freud nos recuerda que si bien tiene una organización compleja que recuerda
al preconciente, sus raíces, como los sueños oníricos, guardan estrecha relación con el inconciente, del cual surge. Además, tiene una mayor permisibilidad de la censura.
1

2

Este trabajo está basado en una presentación realizada en la AAPPG, en
el espacio de «Pensando lo vincular».
La fantasía, tal como la desarrolla la teoría kleiniana, posee una riqueza, a nivel de las relaciones imaginarias, de gran valor cuando es despejado caso por caso. Cuando es elevada al rango de fantasía universal, se
vulgariza y se incorpora a la doxa teórica, tiñiendo todo de sentido e
ideología.

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La histérica que fantasea su velorio, ve pasar la fila de los
que sufren su irreparable pérdida. Pasa él, que no la supo
querer, pasa aquélla que la traicionó, la amiga sincera que
llora de verdad y también está presente el goce de ser la titiritera que mueve los hilos de todos esos semejantes.
La diferencia más notable que se percibe en los sueños
diurnos obsesivos es que se les complica sostenerlos3 porque
la necesidad de coherencia no les permite, o mejor dicho, les
va anulando el goce, generalmente vengativo o de placer
sexual sádico.
La fantasía diurna sirve para mostrar fantasmas donde el
otro es el «otro imaginario», es decir el prójimo. Y que los
fantasmas así constituidos tienen eficacia operatoria.
¿Por qué se muestra fructífera la sustitución por el objeto
por qué produce ese viraje? Porque le permite superar
los impasses imaginarios y hacer jugar esa falta como motor
de la división subjetiva y de la causación deseante (a la vez
que rompe con la intersubjetividad). A partir de acá, comienzan todos los desarrollos de la implicación del analista en el
fantasma del analizante y el resorte de su eficacia.

«a»,

El analista vincular y su esquicia
Al mismo tiempo esto hace obstáculo a pensar la transferencia y la vincularidad. Este tema nos interesa porque parece un tope y uno de los motivos que siempre cuestionan lo
vincular.
Para pensar una posible dilucidación, tomaremos dos grupos de ideas. Por un lado, estos desarrollos sobre el otro imaginario y el fantasma y la relación de parentesco con la fantasía diurna y, por otro lado, el planteo de Lacan de que el neurótico sustituye la demanda del Otro al deseo.
3

Nos han observado que para precisar el término «semejante», aclaremos que
está pensado en el sentido de prójimo más que una cuestión de identidad.

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La ‘pureza’ del fantasma, es decir un sujeto barrado por el
objeto que falta y que genera en su vacío la causación del
deseo, se viene a complejizar por el hecho de que al sustituir
el deseo por la demanda del Otro, este otro se vuelve consistente, imaginario, semejante.
Por ejemplo, el que el analista tenga sus propios deseos y
que a veces interfieran en su escucha, el que esta escucha, en
definitiva, siempre tenga puntos ciegos que hacen que el analista no escuche todo ni ocupe todos los lugares sino que cristalice en uno, mal que le pese, ese lugar no hay que tomarlo
como obstáculo de la cura, aunque lo sea, sino como elemento constituyente, en sí mismo, de la realidad de la operatoria
analítica. O, en todo caso, pensarlo como un obstáculo fecundo. Obstáculo porque al encarnar al Otro, lo hace consistir cual un semejante pero al mismo tiempo fecundo por ocupar un lugar en el fantasma (es decir, en el remedo de relación posible) y desde allí permitir la operación analítica, gracias a esta transferencia. Como decía Freud, motor y obstáculo para el análisis.
Pensamos que en un análisis el analista se implica en el fantasma del paciente de las dos maneras posibles. Como objeto
«a», es decir, lo que queda del Otro tras la castración, origen de
los enunciados sobre la no relación sexual y motivo del fantasma y como otro imaginario que no puede ser considerado pura
y exclusivamente como especular porque por su ubicación en
el fantasma y la transferencia, su operatividad cambia.
Creo que el analista concurre a la cita procurando ocupar
su lugar de objeto, de no-todo, de castrado pero, simultáneamente concurre como prójimo (como fantasía diurna). Es esta
doble función, pensada como lógica de un análisis, uno de
los motivos para pensar la validez del análisis vincular. Pensándolo no sólo como un dispositivo con más de dos integrantes sino como una «esquizo» (una disociación) también
presente en los análisis individuales.
Y esto tiene fuertes implicancias en la transferencia. Porque el otro imaginario no es sólo un reflejo especular en la

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constitución del yo, es también ese semejante capaz de besar,
morder, arañar, dar una trompada, reír junto a uno, arrebatar
un objeto que poseemos, arrasarnos, etc., etc. Y además, posee un cuerpo, imaginario casi siempre, pero que a veces se
presenta como siniestro, como ajeno.
Hay una cierta tendencia a considerar lo imaginario en términos especulares. Si ésta fuese la única variable posible, el
otro, el semejante sería sólo una continuación del propio yo o
nuestro yo una parte del otro. El kleinismo desarrolló a fondo
esta idea y forjó el concepto de identificación proyectiva.
Por suerte para el ser humano, ésta no es la única variable.
El semejante, a veces, ocupa el lugar de objeto del fantasma.
Un caso particular es el del analista ocupando este lugar, tema
que estamos desarrollando. Lo cual, indirectamente explica
porqué la transferencia no es un fenómeno exclusivo, creado
por el psicoanálisis, sino que éste lo aprovecha, lo «maneja»
al decir de Freud.
El solo hecho de que el semejante ocupe un lugar en la
estructura fantasmática hace del vínculo con este otro algo
distinto a una pura especularidad. Como ya mencionamos antes, la sustitución del deseo del Otro por su demanda incorpora al semejante a la larga lista de los otros significativos en
la historia del sujeto.
El otro ya no es una mera prolongación del yo, sino la
reminiscencia actual de otro que ya fue. Y es también, al mismo tiempo, la presencia de un otro inasible, ajeno a toda simbolización posible, inquietante y, por eso mismo, estímulo al
deseo.
«Esa de la que vos hablás, no soy yo, es tu madre pero me
tratás a mí como si lo fuera», se escucha decir en las terapias
de pareja.
A Lacan, disponer de una teorización como el fantasma lo
llevó a poder superar los impasses imaginarios que trababan
el avance del pensamiento psicoanalítico y que hacían de la

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cura una lucha «frente a frente» con el paciente. Así apareció
el deseo del analista, la no relación sexual, lo imposible pero
se perdió la fructífera interpretación de la transferencia, que
implica, necesariamente, dar cuenta de los efectos del analizante en el semejante que es el analista y que significa que
siempre está presente la intersubjetividad. No es que esto no
suceda en los análisis, lo que pasa es que no se lo toma en
cuenta, o se lo ignora avergonzadamente porque se lo piensa
como obstáculo en el que un analista más avezado, no tropezaría.
Así se puede desarrollar una clínica vincular que permite
incorporar al análisis la trama vincular fantasmática que se
está produciendo y que da impulso a dos cuestiones: una, lo
dijimos, es recuperar la necesaria pregunta que el analista debe
hacerse sobre su implicación en el fantasma del paciente. La
consigna de no interpretar la transferencia, dejándola desplegar como motor del análisis, hizo que muchos analistas se
despreocuparan de la misma. Desde los conceptos que estamos planteando, esto es un error porque es volver a pensarla
sólo como ‘resistencia del analista’ y no integrarla como una
producción necesaria para la cura. Es más, sólo ubicando los
puntos precisos de implicación en la trama (Freud lo llamaba
puntos ciegos), puede el analista intuir cómo es que forma
parte, como objeto, del fantasma del paciente. La otra es el
desarrollo de una teoría de lo vincular que da cuenta de los
avatares de esa intersubjetividad, tema que sostiene a la
AAPPG,4 que tiene una larga y profunda construcción al respecto, cuyo pilar nos parece sin duda que es el de «alianzas
inconcientes», concepto de René Kaës, fundamental para darle
sustento a la vincularidad y alejarla, al mismo tiempo, de los
fantasmas colectivos. La alianza inconciente permite atravesar lo que si no, sería una realidad construida vincularmente
(Freud lo llamaba principio de realidad).
Una alianza supone dos o más personas que voluntariamente se aúnan en pos de un objetivo. Si agregamos el térmi4

Ver por ejemplo, el libro publicado sobre los cincuenta años de la Institución, donde se verá todo lo recorrido y avanzado.

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no inconciente, estamos diciendo que esta alianza se produce de otra forma, prácticamente opuesta, y que se basa en un
mutuo desconocimiento de los porqués. Se entiende que otros
analistas prefieran usar el concepto de interfantasmatización
como puntos de implicación mutua de los fantasmas pero
que se sostienen de la producción inconciente de cada sujeto. Con todo, esta idea deja afuera la producción que el propio vínculo genera. Un viejo trabajo de Eric Laurent sostenía que para Melanie Klein el inconciente estaba estructurado como una fantasía (y no, como para Lacan, por el lenguaje). Desde la perspectiva que ahora pensamos, ambos
planteos se sostienen, dependiendo de qué aspecto del fantasma abordemos.

Un ejemplo
Una analizante se compromete a pagar una deuda de honorarios a través de un depósito bancario ya que ésta es la
última sesión antes de las vacaciones del analista. En marzo,
el analista, que ha comprobado que el depósito no se efectuó,
escucha de la paciente que en realidad podría haberlo hecho
pero para no quedarse sin ninguna reserva, prefirió quedárselo y pagar cuando volviese a análisis.
Continúan una serie de asociaciones que derivan en la figura del padre que, cuando ella vivía con ellos, frecuentemente le pedía algunos «trabajitos» por los cuales le pagaría.
Una vez realizados o no le pagaba o lo hacía a regañadientes.
Se analiza cómo el no pago según lo convenido invierte la
escena adolescente, ahora ella domina y se venga del padre.
Pero también reconoce que aquellos momentos de discusión
con el padre eran «todo un encuentro con él». De la misma
manera, mantener el pago «en reserva» es haber contado con
la protección del analista durante las vacaciones.
Esta línea interpretativa es, o puede ser, correcta en cuanto
a lo histórico-vivencial de la paciente. Y además, permite pensar las imbricaciones transferenciales por las cuales el analista es un padre protector, uno que recibe la venganza de la

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hija, tal vez uno que participa de una relación sado-masoquista.
Pero algo queda intocado. Creo que esta comodidad de la
sesión muestra por la negativa, la incomodidad evitada. La
de analizar que, en relación a su palabra dada, había ignorado
al analista. Y, si no es señalado y trabajado, todo lo analizado
es sólo un marco, más o menos ajustado, que no permite desplegar la tensa incomodidad de trabajar la imposibilidad de
ella de subjetivación del otro, que, o toma el valor de un otro
demandante y odiado o el de un objeto de su narcisismo.
Por eso hablo de esa «esquicia»:5 sostener el deseo del analista que consiste precisamente en que no operen los «deseos» del analista, y al mismo tiempo sostener el lugar de
prójimo para el cual somos convocados por el hecho de que
al no poder escuchar todo, nos guste o no, nos implicamos (e
involucramos) en la vida del paciente.
Hay muchas situaciones como ésta del dinero: ausencias
constantes, llegadas tarde estabilizadas, cuestiones de recuperación de sesiones, de pedido de cambio de horario, que
son ocasión de trabajo transferencial. El analista puede dar
cambios de horario y día, recuperar sesiones, incluso no cobrar alguna. Pero debe preguntarse antes si una respuesta apresurada no cierra el acceso a su implicación en el fantasma del
paciente. Le damos tanta importancia a esta cuestión porque
si no son asumidas, se pierden las pocas oportunidades que
da un análisis. Lo demás, a veces sirve, enseña, nutre de ideas
o racionalizaciones.
El analista debe aceptar la posición esquizo de ser parte
del fantasma como semejante, al mismo tiempo que el ‘deseo
del analista’6 le informa que «no es con él la cosa».
5
6

Neologismo para señalar la división producida y productora.
El concepto ‘deseo del analista’ indica no un deseo concreto o específico, sino el deseo de causar el deseo del paciente. Por eso se plantea que
el analista ocupa el lugar de objeto, en el sentido de lo que falta y produce movimiento.

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Una aporía y posibles salidas
Habíamos dicho que por suerte el otro no es pura especularidad y que puede, a veces, ocupar un lugar en la estructura
fantasmática. Este es el momento de agregar que con eso solo
no alcanza. Si ésta fuese toda la realidad posible, el otro (y
por lo tanto el sujeto también, como otro de los otros) sería
un puro reflejo o una reminiscencia. ¿Cómo superar esa tenaza inmovilizante, tanto en la teoría como en la clínica de ella
derivada, que constituyen lo especular y la fantasmática vincular transferencial?
Hace un tiempo ya que en la AAPPG se está recorriendo
este nuevo camino. En términos generales podríamos caracterizarla como un abordaje de lo real.7 Llamando así a aquello que ha quedado por fuera de lo representacional y de lo
imaginario, producto de lo que se pierde por el acceso del
viviente al lenguaje. Se pierde en el sentido de no accesible a
la simbolización pero presente, sobre todo, en el cuerpo del
viviente. Lacan, en una charla con estudiantes de filosofía,
contestó una pregunta diciendo: «no es a la conciencia a lo
que el hombre está condenado, es a su cuerpo que se resiste a
realizar la división subjetiva».8
Esta presencia ha derivado al concepto de la ‘presencia
del otro’ que implica que esto no abordable, no representacional, la llamada ajenidad del otro, produce fuertes marcas
que rebasan lo fantasmático. Eso es lo que queremos plantear en el ejemplo clínico cuando decimos que lo evitado es
el tema de la subjetivación del otro. Además de la representación del padre, de las identificaciones narcisísticas y de
los goces en juego, el otro (en este caso el analista) es un
sujeto.

7

8

A través de esta «puerta de entrada» (lo real), se están conmoviendo los
cimientos mismos de la teoría psicoanalítica. Todo puede, y debe, ser
revisado para separar los lastres que amenazan con transformarla en
una práctica ideológica y prejuiciosa.
Lacan, Jacques. Respuesta a estudiantes de Filosofía. Ver bibliografía.

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Cobra fuerza, entonces, el concepto freudiano de deseo en
el sentido de movimiento que busca recargar la huella mnémica de la experiencia de satisfacción. Pero que, por recargar
una huella, es decir una representación, nunca se encuentra
con la experiencia en sí. En términos que nos sirven para el
tema que tratamos: nos reencontramos siempre con representaciones del otro pero el otro en sí, ése que siempre intuimos,
que a veces conocemos y desconocemos en un acto suyo, o
en un semblante distinto, ese otro que sólo aparece fugazmente, se nos sigue escapando.
Sostener el deseo abre siempre la posibilidad de acceso a
lo acontecimental y por lo tanto nuevo de lo real. Se trata de
buscar siempre esos encuentros fugaces con el otro, irrepetibles, indelebles, en que por un instante y al amparo de la búsqueda deseante, se da el encuentro con el otro.

Otro ejemplo
Una pareja consulta porque en forma frecuente se desatan
peleas encarnizadas, donde si bien no hay violencia física, el
nivel de agresión les resulta intolerable (aunque lo repiten
una y otra vez), y además, cada vez se les hace más difícil
retomar su vida en común.
El desencadenante es, generalmente, alguna situación que
ella vive como desatención de él hacia ella. En la última pelea, él se había ido por tres días a otra provincia, con motivo
de una actividad de la cual formaba parte y no la llamó nunca. Él adujo que no había teléfono cerca y que no había llevado el cargador del celular.
Salteamos asociaciones y pasamos al comentario de sus
fantasmas.
El reclamo de ella es: «no me querés, no existo para vos» y
esta expresión condice con un sufrimiento basado en la misma inexistencia con respecto al padre. Un sujeto que pareciera poseer una personalidad infantil, hedonista, que gira sobre

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sí mismo. La vida de ella se ha transformado en una febril y
continua actividad, de darse al otro solidariamente (esto es
notable en su profesión universitaria), tratando de lograr así
una señal del otro de reconocimiento de su existencia.
Él, en cambio, trabaja poco, lo necesario para vivir como
le gusta pero no más. Su padre convivió con ellos mientras
fue chico, luego se fue y no lo volvió a ver hasta su adultez.
Era un pegador pese a lo cual, él lo enfrentaba aún sabiendo
que se venían los golpes. Necesita cada tanto irse y divertirse
con sus amigos, al igual que el padre (y como el suegro).
Confiesa que en esos momentos ni piensa en ella pero sabe
que al volver se va a encontrar con su cara larga y muchos
reproches. En ese momento de la sesión desliza su confesión
fantasmática: «nada de lo que haga va a gustarle a ella». Sabe
que le va a decir que a ella también le gustaría hacer como él,
pasarla bien, ir a bailar pero hay que trabajar, parar la olla (¿a
quién le habla ella, al padre o a la pareja?)
Y así se sostienen mutuamente: ella como la eterna esforzada que no es retribuida por ningún reconocimiento porque
para él, lo de ella es sacrificio e imposibilidad de placer. Él,
como el amante del placer pero que no logra serlo en la casa
porque ella no lo reconoce, no lo valora y lo toma por vago.
Interviene el analista (estamos en la tercer entrevista) diciéndoles que cada uno reacciona ante el otro como si le hablara a su propio padre. Parecieran ignorar, por esto mismo,
la existencia del otro.
Esto los conmueve y los hace quedar un rato en silencio.
Luego, se miran, se ríen como confabulando algo y ella dice:
«creo hablar por los dos, esto que dijiste nos llegó y nos decidió a continuar el tratamiento, porque habíamos venido hoy
con ganas de decirte que íbamos a dejar porque no nos servía».
Cuando el analista interviene, sale del mismo «ninguneo»
al que ellos mismos se someten y lo están sometiendo (obvio
que transferencialmente) y esa salida es hacia un lugar de

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significancia. Ya no es uno más de la lista de sucedáneos de
los padres, es alguien que «cobró existencia».
En este ejemplo vemos cómo por un lado, la imbricación
de los fantasmas de ambos los sostiene, alienadamente, en
una relación al otro imaginario y por el otro, en la transferencia, lo que empezaba a ir por el mismo camino es roto por un
señalamiento que abre la alienación fantasmática hacia un
lugar donde, podrá o no, plantearse algo del deseo. El señalamiento vale por lo que esclarece pero más aún porque en su
efecto transferencial hace ‘aparecer’ al analista en ruptura con
su captura imaginaria.
En este caso, es la interpretación la que establece la esquicia entre los dos modos de funcionamiento del fantasma, pero
quiero resaltar que creo que los dos son importantes, es decir,
la esquicia es necesaria.
Una última cuestión: ¿por qué consultan? Si el entramado
fantasmático los unió de esta manera ¿qué exceso está llevando el pacto a niveles de sufrimiento que motivan la consulta porque avizoran posibilidades de separación inmediata
pese a que hace poco decidieron redoblar la apuesta del uno
por el otro y casarse?
Creo que los dos se toparon con la presencia del otro, que
es un exceso en relación a los planes fantasmáticos. La presencia del otro también como cuerpo del otro, excitable y
excitante, inconquistable. Recuerden la cita de Lacan: «no es
a la conciencia a lo que el hombre está condenado, es a su
cuerpo que se resiste a realizar la división subjetiva».

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Bibliografía*
Lacan, J. El seminario, Nº 5-6-7.
Lacan, J. Respuestas a unos estudiantes de filosofía, sobre el
objeto del psicoanálisis, Editorial Anagrama, 1970.
Klein, M. Algunas consecuencias
teóricas sobre la vida emocional del bebé, Obras Completas, Vol. 3, Editorial Paidós.
Freud, S. La interpretación de los
sueños, Obras Completas, Vol.

4 y 5, Editorial Amorrortu,1984.
Kaës, R. Lógicas del inconciente
e intersubjetividad. Trazado de
una problemática, Rev. de la
Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de grupo, Vol. 32, Nº 2, Bs. As., 2009.
XX Jornadas Anuales 1954 2004, Rev. de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo.

Resumen
El trabajo intenta utilizar la complejidad de la fantasía,
basándose en las variaciones que Freud encontró (diurnas,
inconcientes, originarias) y el hecho de que la clínica psicoanalítica se sostiene en la implicación del analista en el
fantasma del paciente, para pensar una práctica, que al igual
que la fantasía, tome tanto los aspectos inconcientes del mismo
(como sostén del deseo) como los preconcientes (que legitiman
y autorizan el vínculo que siempre está presente en un análisis).
Se trata, luego, de ejemplificar con algunas viñetas clínicas.
Palabras clave: Deseo del analista. La esquicia (división) de
la posición del analista. El otro como especularidad, como
implicado en el fantasma y como pulsación real.
* Esta bibliografía nombra a referentes esenciales para el trabajo que presentamos. Pero sólo es una parte de las fuentes de que se nutre. Además,
están presentes en el mismo, seguramente, la de mis compañeros de la
Asociación, particularmente, y la de otros autores que con su pensar
permiten relanzar en forma continuada las reflexiones.

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Summary
The desire of the analyst and configurations of the link
The author uses the complexity of fantasy, based on
variations found by Freud (daydreams, unconscious,
originary), and the fact that psychoanalytic clinical work is
supported by the analyst’s involvement in the patient’s fantasm,
in order to think in terms of a practice that, like fantasy, draws
upon both its unconscious aspects (which support desire) and
its preconscious aspects (which legitimize and authorize the
link that is always present in an analysis).
The author continues by exemplifying with some clinical
vignettes.
Key words: Desire of the analyst. The schism (division) of
the analyst’s position. The other as mirroring, involved in the
fantasm, and as real pulsation.

Résumé
Le désir de l’analyste et les configurations du lien
L’auteur utilise la complexité de la fantaisie sur la base
des variations trouvées par Freud (les rêves diurnes ou
rêveries, les inconscients, les originaires) et le fait que la
clinique psychanalytique se soutient sur l’implication de
l’analyste dans le fantasme du patient, pour ainsi penser une
pratique qui, tout comme la fantaisie, prend ses aspects
inconscients (comme soutien du désir) ainsi comme les aspects
préconscients (qui légitiment et autorisent le lien qui se trouve
toujours dans une analyse).
Finalement, l’auteur présente quelques vignettes cliniques
pour illustrer.
Mots clés: Désir de l’analyste. Le clivage de la position de
l’analyste. L’autre comme miroitement, comme impliqué dans
le fantasme et comme pulsation réelle.

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Resumo
O Desejo do analista e as Configurações Vinculares
O trabalho tenta utilizar a complexidade da fantasia
baseando-se nas variações que Freud encontrou (diurnas, inconscientes, originárias) e o fato de que a clínica psicanalítica
se sustenta na implicação do analista no fantasma do paciente para pensar uma prática que, igual que a fantasia, tome
tanto os aspectos inconscientes do mesmo (como sustentáculo do desejo) como os pré-conscientes (que legitimam e
autorizam o vínculo que sempre está presente numa análise).
Trata-se, após, de exemplificar com algumas vinhetas clínicas.
Palavras chave: Desejo do analista. A «esquícia» (divisão)
da posição do analista. O outro como especularidade, como
implicado no fantasma e como pulsação real.

El vínculo,
sus cuestiones
fundamentales

Miguel Alejo Spivacow *

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 71-92

(*) Médico Psicoanalista. Miembro Titular de AAPPG.
E-mail: miguelspi@fibertel.com.ar

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El concepto de «vínculo» está presente desde hace ya muchos años (Pichon Rivière, 1956) en el pensamiento psicoanalítico pero se mantienen diversas polémicas en relación a
su empleo. En primer lugar, algunos autores lo consideran un
concepto fundamental mientras hay otros que no lo consideran necesario ni en su teoría ni en su práctica clínica; por otra
parte los autores que reconocen la validez de este concepto lo
teorizan de muy diferentes maneras. La intención de este artículo, entonces, es exponer por qué para nosotros se trata de
un concepto necesario y, al mismo tiempo que exponer nuestra manera de entenderlo, también exponer brevemente las
consecuencias que la utilización de este concepto acarrea en
la manera de entender la teoría y la práctica psicoanalítica.

Vínculo: un concepto necesario
Los abordajes vinculares empezaron a aparecer en la historia del psicoanálisis en relación a patologías cuyo tratamiento con el dispositivo de la cura analítica individual dejaba
mucho que desear. Así, Henry V. Dicks, en Tensiones Maritales
(1967), un libro pionero en los tratamientos de pareja, relata
que a fines de la Segunda Guerra Mundial, los psiquiatras y
psicólogos de Inglaterra se encontraban con una secuela de
hogares destruidos y matrimonios perturbados y tenían muy
pocas respuestas para los problemas de drogas, violencia y
otras pertubaciones severas. En este contexto de fracasos terapéuticos, Dicks –que reconocía como su base teórica los
conceptos de la teoría de las relaciones objetales, en especial
los de Fairbain– introduce la práctica de la entrevista conjunta de los cónyuges y propone un diferente estudio y abordaje
de algunos problemas psicológicos. En su original propuesta,
no sólo considera las patologías individuales de cada uno, tal
como proponían las teorías vigentes, sino que también, dando un paso que resultó revolucionario, estudia algunos hechos psíquicos como resultantes de una unidad de funcionamiento aún no considerada en tanto tal: la díada matrimonial.
Coherentemente, aclara que aunque el matrimonio no es para
la ley una unidad –ya que las responsabilidades legales son
individuales– ni tampoco lo es para la biología ni para otras

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disciplinas, él propone enfocar a la díada matrimonial como
una unidad de funcionamiento en el ámbito restringido de
algunos sucederes psíquicos. De modo tal que la aparición
del concepto de vínculo puede ubicarse inicialmente alrededor de cuestiones terapéuticas.
También por razones que estaban relacionadas con la clínica y pueden ser entendidas como terapéuticas, los primeros
analistas que pensaron en una terapia grupal imaginaron un
dispositivo que permitiría potenciar las ventajas del psicoanálisis al trabajar en grupo. Pero Freud siempre permaneció
escéptico respecto de las terapias grupales, posiblemente por
los muchos cambios que implican en relación a la asociación
libre y al dispositivo que él utilizaba.
Ahora bien, el trabajo en encuadres vinculares comenzó a
evidenciar que en esas prácticas clínicas aparecían funcionamientos psíquicos diferentes de los que aparecían en los encuadres llamados «individuales», tanto a nivel conciente como
inconciente. Se empezó a evidenciar que lo inconciente que
aparecía en estos tratamientos era diferente de lo que aparecía en los encuadres individuales y así, a las razones de índole terapéutica que justificaban el trabajo en dispositivos vinculares, vinieron a agregarse otros fundamentos de naturaleza teórica. En efecto, los dispositivos vinculares muestran funcionamientos inconcientes novedosos, cuestión que interesa
fundamentalmente al psicoanálisis, si es que aceptamos que,
en una de sus acepciones, éste consiste en la «ciencia de lo
inconciente» (Freud, S., 1926, T. XX, pág. 253). La pertinencia psicoanalítica de la problemática que el vínculo plantea,
entonces, está fuera de duda.
La pertinencia es indudable pero... las hipótesis en nuestra
disciplina no alcanzan nunca una validación de la naturaleza
que logran en las ciencias duras y sucede así que, por ejemplo, mientras Freud propone la hipótesis de las pulsiones de
muerte, Winnicott nos dice que él no las verifica en su práctica o, para poner otro ejemplo, mientras Lacan propone su
teoría del objeto «a», un gran número de analistas no reconoce la validez de este concepto. Lo mismo ocurre con la hipó-

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tesis del vínculo, de modo tal que las sedimentaciones de la
clínica y las discusiones entre analistas irán decidiendo qué
queda en pie de las conjeturas teóricas referidas a la noción
de vínculo. Así las cosas, la intención de este artículo no es
demostrar ni la validez del vínculo como concepto psicoanalítico ni el acierto de nuestra manera particular de teorizarlo.
Más acotadamente, nos limitaremos a describir las cuestiones fundamentales que muestra el estudio del psiquismo en
un encuadre vincular tal como nos lo sugiere nuestra experiencia, con la esperanza de que el lector pueda confrontar las
hipótesis que exponemos con su propia experiencia clínica y
ver en cuánto estos desarrollos le resultan útiles o no.

Los vínculos y lo psíquico. Interdeterminación, distribución
del trabajo psíquico, alianzas inconcientes
La existencia humana se desarrolla simultáneamente en
varios andariveles –individual, social, cultural, biológico y
otros–, de modo tal que una aproximación clínica a un sujeto
requiere considerar una pluralidad de dimensiones, cuya sola
clasificación es motivo de polémica. Pero más allá de las divergencias, una mayoría de autores coincide en que la aproximación clínica, en psicoanálisis, debe considerar los grupos
pequeños en que el analizante desarrolla su existencia: familia, pareja, amigos... El concepto de vínculo intenta echar luz
en este ámbito de cuestiones.
Ahora bien, cuando dos o más sujetos coexisten con algún
grado de cercanía y se genera entre ellos una relación de alguna intensidad, es porque entre ellos existe algún tipo de
interés que puede ser laboral, familiar, amistoso, personal o
de otro tipo y, recuérdese, la enemistad, es también una forma de interés. Esto que en términos cualitativos llamamos
«interés», corresponde a lo que en términos económicos es
una investidura. Cuando la asociación entre dos o más sujetos alcanza cierto nivel de investidura, éstos empiezan a influirse recíprocamente no sólo en el terreno conciente sino
también inconcientemente y va a suceder, entonces, que en el
nivel conciente habrá adecuaciones y conflictos, mientras que,

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en el nivel inconciente, se producirán ciertos ajustes/desajustes en relación a las características de la relación. En consecuencia, algunas conductas de uno serán solo entendibles
como respuestas a las conductas del otro. Esta cuestión es
fundamental si se realiza algún tratamiento analítico con uno
de los miembros, porque si se estudia a una persona sin considerar los vínculos en que está incluido, algunos funcionamientos van a ser mal entendidos.
Así, operará entre los sujetos con una relación de alguna
intensidad el proceso de interdeterminación, que se define
como la cualidad del psiquismo en virtud de la cual las investiduras de los participantes de una relación sufren influencias
recíprocas, tanto en el nivel de las influencias superficiales y
transitorias que conlleva la vida de relación social como en el
nivel de aquellas que se producen en lo inconciente, en los
estratos que Freud (1940, T. XXIII, pág. 284) llamaba el psiquismo profundo.
La interdeterminación es una característica del psiquismo que puede verificarse en cualquier relación de mediana
intensidad y su aspecto central es la lógica de interinfluencias que Kaës ha sintetizado en el aforismo: «No lo uno sin
lo otro» (2009, pág. 111). Esta lógica se verifica en un contexto intersubjetivo cuando un funcionamiento en el miembro a) aparece en relación a otro funcionamiento en el polo
b) y recíprocamente, un funcionamiento en b) requiere para
su entendimiento de la consideración de lo que sucede en a).
Las consecuencias de aceptar la interdeterminación en la
clínica son grandes en todos los terrenos. Por ejemplo, para
mencionar un sólo ítem, al estudiar la génesis de la fantasía,
la interdeterminación muestra como ésta depende no sólo
de la pulsión y de todo lo interior al sujeto que se describió
clásicamente en psicoanálisis, sino también de las interinfluencias entre los sujetos, es decir, de los procesos de modelados recíprocos de fantasías, sinergias y antagonismos,
activaciones y desactivaciones correlativas, fenómenos de
convergencia y divergencia (Spivacow, M., 2005, págs. 2628).

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La interdeterminación se verifica en toda relación humana
de cierta investidura, aun en relaciones transitorias y de poca
intensidad que no llegan a constituir un vínculo. En efecto,
mientras que para que una interacción con otro llegue a constituir un vínculo se requiere alguna intensidad de investidura
recíproca, cierta continuidad en el tiempo y que se generen
entre los participantes fenómenos del orden de la repetición,
la interdeterminación se produce con un prójimo con el que
nos relacionamos esporádicamente ya que se efectivizan fenómenos de interinfluencia aunque no se lleguen a verificar
los procesos atribuíbles a alguna forma de repetición que especifican a un vínculo: ni una distribución del trabajo psíquico ni alianzas inconcientes –conceptos que se describirán más
adelante–, ni tampoco códigos, modos de ser, valores, conflictos y funcionamientos con algún grado de estabilidad. Repitiendo, hay relaciones con bajo nivel de investidura en que
no llega a constituirse lo que definimos como vínculo pero sí
se verifica la interdeterminación.
***
En una relación de cierta intensidad y duración suelen verificarse algunos modos de repetición en el funcionamiento
de los participantes y se empieza a dar alguna forma de distribución del trabajo psíquico tal que algunos miembros asumen inconcientemente ciertas tareas psíquicas que otros delegan en ellos. Se genera así una suerte de división del trabajo psíquico, al modo de la división del trabajo que se describe
en los procesos de producción en la economía. El fenómeno
más universal que puede ilustrar esta distribución en los grupos pequeños es la función de liderazgo. En las familias podemos ilustrar esta cuestión con las funciones parentales: se
es padre o madre por un acuerdo bilateral (nos referimos a la
función parental, psíquica ya que en el nivel biológico / real
no se verifica ningún acuerdo). En las parejas estas distribuciones suelen adquirir la forma de polarizaciones (apasionado/racional, activo/pasivo, etc.). A estas distribuciones del
trabajo psíquico corresponden lo que Kaës llama funciones
fóricas y que Pichon refería a las dinámicas del depositante/
depositario y del portavoz, cuyas características consisten en

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configurar distribuciones prototípicas del trabajo psíquico.
También, y fundamentalmente, la distribución del trabajo psíquico implica como correlato fundamental y protagónico una
cierta distribución del poder, eje alrededor del cual giran predominantemente muchos conflictos en los vínculos.
La aparición de alguna forma de distribución del trabajo
psíquico es un indicador del establecimiento de un vínculo:
su aparición indica cierta consistencia en la relación, alguna
modalidad de repetición en los funcionamientos psíquicos o,
lo que es lo mismo, la constitución de un vínculo. Al mismo
tiempo, el estudio de las formas de distribución del trabajo
psíquico da cuenta de las características del vínculo y, fundamentalmente, arroja luz sobre los funcionamientos individuales de los participantes del vínculo. Para poner un ejemplo, si
un sujeto pide ayuda para resolver una problemática de impulsividad, es un dato fundamental si en el grupo familiar del
que forma parte es el depositario (Pichon) de la locura grupal.
No es lo mismo, en efecto, lidiar con una problemática que se
sostiene fundamentalmente en los funcionamientos singulares de un sujeto, que lidiar con funcionamientos que se sostienen con igual prevalencia en su grupo familiar. En este
último caso, habrá que elaborar no sólo el tipo de resistencias
que describió Freud sino también resolver de alguna manera
todas las resistencias que desde el grupo familiar intentarán
mantener al sujeto en su patología. Ahora bien, adelantándonos a cualquier posible objeción, digamos que si un grupo deposita en un sujeto alguna problemática grupal es porque en
las series complementarias del sujeto esto está así facilitado.
***
Cuando una relación que inicialmente era circunstancial
adquiere alguna intensidad y duración, se van convalidando
y/o generando códigos, modos de ser, formas de conducta
que alcanzan una relativa estabilidad, es decir, se van instalando los funcionamientos que caracterizan a un vínculo: semantizaciones compartidas y códigos respecto de lo permitido y lo prohibido, semejanzas, diferencias y oposiciones. Estos
procesos se van produciendo en base a lo que cada integrante

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aporta como bagaje previo a la existencia del vínculo en cuestión y también en base a ensambladuras, acuerdos concientes
e inconcientes entre los miembros, adecuaciones recíprocas
que no excluyen la violencia. Al modo de engranajes o de
partes constituyentes de una articulación, cada sujeto se va
ubicando en cierta posición subjetiva que entra en algún equilibrio con las posiciones del otro/otros integrantes del vínculo de modo tal que adopta y/o desecha ciertas formas de ser y
funcionar, hace ciertas cosas sí y ciertas cosas no. En virtud
de estos ensambles, cada integrante alcanza en el vínculo una
cierta homeostasis narcisista, trófica o destructiva, mayor o
menor, con una estabilidad máxima o mínima.
En un vínculo entonces, se encuentra por una parte una
asociación centrada en algún interés, que constituye un atractor
compartido, es decir una alianza conciente, mientras que por
otra parte se van organizando las articulaciones o acoplamientos inconcientes que subyacen a la alianza conciente. A estos
nudos de investiduras inconcientes o articulaciones escondidas se las denomina alianzas inconcientes (Kaës).
«He denominado ‘alianza inconciente’ –dice Kaës (2007,
pág. 248)– a una formación psíquica intersubjetiva construida por los sujetos de un vínculo para reforzar en cada uno de
ellos, y establecer en la base de ese vínculo, las investiduras
narcisistas y objetales necesarias [al vínculo], los procesos,
funciones y estructuras psíquicas que necesitan [ ... ]. La alianza se construye de tal manera que el vínculo adquiere para
cada uno de los sujetos un valor psíquico decisivo».
Las alianzas inconcientes constituyen el soporte de los funcionamientos repetitivos que se dan en un vínculo y, al mismo tiempo, son el resultado de estas interacciones repetitivas; hacen a las características de la relación en cuestión. Hay
otra parte de los funcionamientos de los integrantes de un
vínculo que nunca llega a organizarse en fenómenos de repetición. Así, en el vínculo con un otro se verifican dos modos
de relación: algunas formas de interacción repetitiva y otras
formas de interacción que no pueden reenviarse a fenómenos
de repetición.

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La relación entre los funcionamientos vinculares y la repetición / no repetición es compleja y merece cierta aclaración. En la dinámica vincular se establece un conflicto entre
las fuerzas inerciales, que tienden a la repetición y las tendencias a la innovación, provenientes de diferentes orígenes. La dinámica de la repetición no funciona de la misma
manera en el vínculo que en el psiquismo singular. En este
último, Freud señaló en cuánto la repetición, erótica o
tanática, ocupa un lugar máximo en lo inconciente. Pero la
repetición no juega el mismo papel en otros fenómenos humanos: ni los historiadores ni los sociólogos ni los estudiosos de otras humanidades han señalado algo semejante a lo
que Freud certeramente describió en el psiquismo individual. Tampoco la repetición juega en los encuentros humanos el papel predominante que Freud describió en el psiquismo singular, ya que la novedad y la ruptura de las tendencias inerciales juega en las relaciones humanas un papel
mucho más importante. En efecto, el acontecimiento (Badiou) –con su núcleo de imprevisibilidad, ruptura y novedad– tiene mayor presencia en lo social o intersubjetivo que
en la vida de los sujetos singulares, entendiendo por acontecimiento aquello que aparece por fuera de la lógica dominante en un sistema y que al irrumpir da origen a funcionamientos alternativos a los establecidos, sin necesariamente
constituirse como trauma. De esta manera, en el funcionamiento vincular las alianzas inconcientes quedan como el
sostén de la repetición, mientras por otra parte aparecen fenómenos del orden de la novedad que se ubican dentro de
las leyes del sistema y fenómenos del orden del acontecimiento por fuera de las leyes del sistema. En lo que se ha
descripto como interdeterminación, los procesos remiten
tanto a la repetición como a la no repetición.
Las alianzas inconcientes no son separables de los procesos defensivos del sujeto singular. Los procesos defensivos
singulares determinan en parte las alianzas inconcientes de
las que un sujeto puede formar parte y viceversa, las alianzas
inconcientes determinan en parte los procesos defensivos de
los sujetos singulares que integran el vínculo. Entre lo plural
y lo singular –una manera más precisa de referirse a lo vincu-

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lar y lo individual– hay un proceso de irradiación, de modo
tal que un sujeto está incluido en diferentes vínculos que en
parte condicionan sus defensas singulares y recíprocamente,
éstas delimitan los vínculos y las alianzas inconcientes en
que el sujeto puede incluirse en lo plural.
***
Por todo lo anterior, cuando un sujeto pide tratamiento
analítico, corresponde considerar no sólo todos los funcionamientos singulares que Freud y tantos psicoanalistas describieron, sino también considerar los vínculos en que participa
el sujeto que demanda análisis y lo que en ellos sostiene o
conspira contra los funcionamientos por los que sufre. Para
poner un ejemplo, en el análisis de una mujer con frigidez
histérica no sólo habrá que considerar los muchos funcionamientos dependientes de la singularidad, lo que tradicionalmente se atribuye al psiquismo individual, sino que habrá que
considerar si, por ejemplo, su marido necesita una mujer frígida por padecer él alguna forma de impotencia y tener en
cuenta en el análisis, por ende, todo lo que este marido sostiene la frigidez de la mujer. También, por supuesto, en un
círculo de retroacciones, son fundamentales las dependencias de ella con él, es decir lo que ambos necesitan que no
cambie en el vínculo que los une y en las sintomatologías en
cuestión. Lo anteriormente dicho transforma a nuestro paciente en un singular plural, según una fórmula feliz de R.
Kaës. Singular en la medida en que todo sujeto lo es, plural
en la medida que el psiquismo individual abarca a
procesamientos psíquicos de otros.

R/S/I
Los autores que han trabajado la noción de vínculo desde una perspectiva lacaniana han destacado el enriquecimiento que implica considerar los tres registros –real, simbólico e imaginario– en el estudio de los funcionamientos
vinculares.

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Todo vínculo, en efecto, configura un real en el que –así
como constituye un imposible conocernos a nosotros mismos– también es un imposible alcanzar un registro exacto
del otro, una representación «adecuada». Esto no se debe ni
a «una crisis» ni a «un límite» de la representación: se trata
de que la representación, por definición, siempre articula a
un real al que corresponde incompleta, insuficientemente.
Lo real, enseñó Lacan, es imposible y no cesa de no escribirse, es decir –en tanto real– no cesa de no representarse
acabadamente. Tanto la presencia de un otro como cualquier
otro suceder, en la medida en que siempre exceden a la representación, constituyen sucesos del orden de lo real, hechos que entran al psiquismo por vía de lo imaginario / simbólico, registros a los que en alguna medida siempre desbordan.
La conceptualización de lo real puede aportar luz sobre la
clínica actual: «...las perturbaciones que la clínica nos presenta hoy, a través de la consulta de las parejas, [nos muestra] –dice Dimarco– precipitaciones de lo real desanudado
que irrumpe como angustia arrasadora, que toma las formas
extremas del pasaje al acto (violencias, impotencias, errancias,
promiscuidades)», «los goces se tramitan de forma mortífera. El otro queda ubicado fundamentalmente como objeto y
así aparecen los abusos infantiles, las diferentes formas de
violencia...». Agreguemos a lo anterior que lo real no sólo
aporta formaciones mortíferas. Es también lo real del otro o
de uno mismo el ámbito desde el cual pueden venir las novedades e imprevistos que enriquecen a un vínculo cuando tienen una tramitación adecuada.
Estudiar al vínculo desde el concepto de lo real arroja también luz sobre lo que algunos autores llaman «imposibilidad
vincular», aludiendo al fondo de imposible unidad que caracteriza a cualquier vínculo. En efecto, desde lo real, no hay
sutura, ni unión, ni semejanza ni armonía. En el registro de lo
real, pero sólo en este registro, el no vínculo es la norma. Lo
que es imposible es lo real, y por añadidura, también el vínculo en este registro; no se trata de la imposibilidad del vínculo en particular sino de la imposibilidad de cualquier uni-

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dad / totalidad. En el registro de lo real –¡sólo en él!– lo imposible es la norma.
Los procesamientos en el registro imaginario remiten a los
modos de figurabilidad no estructurados por el lenguaje y
vienen a anudar lo imposible de lo real y así aparecen las
creencias de que la relación se sostiene en solidaridades y
complementariedades que construirían totalidades y armonías,
fusiones atemporales. El partenaire o mamá, tendrán lo que a
mí me falta, reinarán entre nosotros las simetrías y oposiciones, las igualdades y las síntesis, las semejanzas, dualidades
y autonomías, las unidades absolutas que engañosamente
aporta lo imaginario. Estas ilusiones no por ser ilusorias dejan de tener efectos tanto del lado del derrumbe, cuando no se
sostienen en un procesamiento simbólico, como del lado de
lo benéfico cuando marcan el primer paso en el sentido de la
simbolización.
En cuanto a lo simbólico, los procesamientos en este registro corresponden en lo fundamental a la dimensión del lenguaje y ofrecen la mejor posibilidad de intercambio y diálogo entre seres humanos, por supuesto, malentendido incluido. Lo simbólico es el ámbito del Otro, el inconciente y la
Ley. Dice Evans (1996, pág. 179): «Mientras que lo imaginario se caracteriza por relaciones duales, lo característico de lo
simbólico son estructuras triádicas, porque la relación intersubjetiva es siempre ‘mediada’ por un tercer término, el gran
Otro». La dimensión simbólica es aquella que constituye el
vínculo discreto y discriminado entre dos sujetos. Si desde lo
imaginario se trata de fusiones y oposiciones, en el registro
de lo simbólico es donde encontramos las diferencias.
Los desarrollos lacanianos referidos a lo imaginario pueden relacionarse con las descripciones freudianas del narcisismo y las de la identificación proyectiva kleiniana. En los
espacios relacionales habría frecuentemente entre los participantes una lucha por reducir al otro/otros a las propias conveniencias y/o semantizaciones y/o someterlo de alguna manera a los controles, poderes, modos y puntos de vista propios. Esto valdría, mutatis mutandis, para la relación madre-

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hijo/a, para la pareja amorosa y para una gran cantidad de
vínculos. Así, hay entre los miembros de un vínculo diferencias y semejanzas y se trataría en la clínica de trabajar tanto
las semejanzas que ofrece lo imaginario como de incluir en
procesamientos simbólicos las diferencias y la alteridad («el
otro es inevitablemente otro autónomo») y más aún la ajenidad
radical («el otro es siempre para mí un real ajeno radicalmente incognoscible»).
En una visión panorámica, los autores lacanianos han enfatizado la relación otro/Otro, entendiendo al otro de un vínculo predominantemente en referencia al gran Otro que, como
señala Evans, es el mediador siempre presente en las relaciones intersubjetivas. Esta perspectiva está menos presente en
los trabajos de los autores de la perspectiva vincular, quienes
han tendido a enfatizar la importancia y las particularidades
de la relación otro/otro.

Conflictos y dinámicas intersubjetivos. El trabajo vincular
En los variados vínculos pueden verificarse diferentes tipos de conflictos intersubjetivos, entre los cuales los de semantización (¿cómo es la realidad?) y de deseos (siempre el
deseo es singular y diferente en los distintos miembros) son
los más habituales. Suelen ambos confluir en una lucha por
el poder en la que cada miembro intenta imponer a el/los restante/s miembros su voluntad conciente o inconciente, su visión de las cosas y en la que se trata de limitar la autonomía
del otro. Con frecuencia la lucha por el poder adquiere la
forma de un planteo sometedor/sometido en la cual,
clínicamente, es fundamental recordar que el poder puede
detentarlo más el aparente sometido que el aparente sometedor.
Piera Aulagnier (1979) ha llamado mucho la atención sobre
esta cuestión en sus desarrollos respecto de los procesos de
alienación, en los que se juega el conflicto de semantización
en el terreno del pensamiento y en los que ella señala el frecuente protagonismo del deseo de autoalienación. También
otros autores han subrayado la frecuencia con que el poder se
ubica en el polo masoquista de la dupla sádico/masoquista.

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La problemática referida en el párrafo anterior ha sido trabajada por los autores que han investigado la cuestión de la
«imposición». Esta no debe referirse simplistamente a las problemáticas de deseo y de goce tradicionalmente señaladas en
la dinámica sometedor sometido, sino más bien referirse a
los trabajos psíquicos que no son descriptos en muchas teorizaciones analíticas y que aparecen al considerar las relaciones humanas desde esta perspectiva. Dice al respecto I. Berenstein (2007, págs. 173-74): «La aceptación de las otras
personas con mentes tan reales como las nuestras, en el decir
de Britton (1992), puede crear dificultades desde la perspectiva narcisista y es desde allí que la presencia de otro resulta
amenazante. Esta presencia marca nuestras vidas de una manera diferente y excede la de los objetos internos proyectados
o introyectados [...]. Ante la obligación de darle lugar interior
a lo exterior y sin la posibilidad de incorporarlo como algo
propio, el sujeto deberá producir un trabajo no realizado hasta entonces».
Las cuestiones que estamos exponiendo han llevado a plantear que en la vida psíquica de los sujetos hay que considerar
formas de trabajo cuya descripción es mérito de los analistas
que han desarrollado una práctica en dispositivos vinculares.
Me refiero a las diferentes formas en que aparece en la clínica lo que Kaës denomina trabajo de la intersubjetividad y
otros autores han denominado trabajo vincular (Berlflein,
Riopedre, Buchbinder, L’Hoste, Kasitzky de Bianchi, Gomel,
Matus, Krakov, Pachuk, Waisbrot, 2006). En términos muy
generales (Kaës, 1999, pág. 133), se trata de trabajar el modo
en que cada sujeto significa, interpreta, contiene, rechaza,
utiliza o destruye las representaciones, emociones y pensamientos que pertenecen a otro sujeto. Dicho de otra manera,
cómo se trabaja «con el proceso psíquico del otro para poder
descubrir lo que en nosotros está o no disponible para una
actividad de representación o para una acción» (ibidem, pág.
133). La relevancia clínica y teórica de estas cuestiones es
irrefutable, más aún en un mundo contemporáneo que pareciera propiciar el solipsismo y en el cual los déficits de simbolización, las patologías del narcisismo y los trastornos en
la relación con los semejantes están a la orden del día.

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Este trabajo clínico no puede tener la forma de interpretaciones individuales dirigidas a mostrar las coordenadas de un
deseo singular o las coordenadas de lo que Freud llamaba
conflicto intrapsíquico. Además de hacer esto cuando corresponda, deberá específicamente dirigirse a mostrar lo que uno
genera y sostiene en el otro, lo que se toma de él y del vínculo, cuánto sintoniza o ignora sus propuestas, lo que uno puede usar o no de las producciones de los demás miembros de
la familia, se pone o no en su lugar, legitima o desconfirma lo
que el otro siente, entiende sus motivaciones, en fin... La tarea clínica centrada en el trabajo vincular se centrará en analizar las formas de interpretar y significar, resonar, consensuar, disentir, recibir, contener, rechazar, ligar, matizar, enriquecer, expulsar o desligar lo que se produce en una relación
humana, es decir que se referirá a los modos de metabolizar
lo que viene del otro, del vínculo y del sujeto. Así definido, el
trabajo vincular o de la intersubjetividad, es un eje fundamental del trabajo clínico en cualquier dispositivo analítico,
no sólo en los vinculares.

El psiquismo: un singular plural
En una problemática psíquica por la que una persona nos
consulta, es una pregunta compleja cuánto predomina lo
atribuíble al sujeto singular y cuánto lo dependiente de los vínculos en que éste se incluye, ya que entre lo vincular y lo singular del suceder psíquico hay una frontera móvil. La evaluación de esta frontera tiene importantes consecuencias en la clínica y puede llevar a proponer que en un tratamiento se realicen una serie de sesiones, durante un cierto tiempo, en un dispositivo diferente del que se venía utilizando. La frontera singular-plural es móvil, entre otras razones, porque los funcionamientos singulares cambian, afectados por el contexto
intersubjetivo, al mismo tiempo que los cambios en los sujetos
producen cambios en el contexto. El vínculo constituye un círculo de retroacciones en el cual las respuestas de uno a otro no
son directamente proporcionales, rige en ellas el efecto mariposa y, frente a una situación clínica, es una pregunta si conviene abordarla desde un dispositivo vincular o individual.

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Tal vez la principal consecuencia de aceptar la noción de
vínculo es tomar conciencia de hasta qué punto es falsa la
idea de una mente aislada, lo que Stolorow y Atwood han
denunciado como el «mito de la mente aislada». Así, dicen
(1992, pág. 57), «... el desarrollo de la experiencia personal
siempre tiene lugar en un sistema intersubjetivo» mientras
que, erróneamente, «se describe un sistema de influencia unidireccional, en el que cada cosa que uno experimenta del entorno es contemplada como si fuera un producto de la actividad psíquica omnipotente de uno mismo. El impacto del entorno no se encuentra en ningún lugar» (pág. 47). Y citan a
Mitchell (pág. 56) «... la unidad básica de estudio no es el
individuo como una entidad separada cuyos deseos chocan
contra una realidad externa, sino un campo interaccional dentro del cual el individuo surge y en que se esfuerza por estar
en contacto y por articularse a sí mismo. El deseo se experimenta en el contexto de la relacionalidad y es este contexto el
que define su sentido» (Mitchell, 1988, págs. 3-4).
Ahora bien, la importancia de los campos relacionales y el
hecho de que en ciertos aspectos el psiquismo sea plural, merece algunas precisiones y en primer lugar que esto no le quita un ápice de verdad a la afirmación de que todo sujeto psíquico es singular. Aceptar la noción de vínculo y la importancia clínica de los campos intersubjetivos en que un sujeto
vive, no implica caer en una suerte de vincularismo ingenuo
que sólo reconozca la dimensión intersubjetiva del psiquismo e ignore los aportes del psicoanálisis que centró sus estudios en el individuo. El concepto de vínculo viene a enriquecer la práctica psicoanalítica clásica, individual, y al mismo
tiempo replantearla, pero no a desconocer la singularidad del
psiquismo individual. Si el vínculo –definámoslo– es un espacio psíquico constituido por las interinfluencias y funcionamientos generados por las investiduras recíprocas y duraderas de dos o más sujetos y conforma un sistema en virtud
del cual surgen cualidades del suceder psíquico no incluidas
en los psiquismos singulares y nuevos trabajos psíquicos, es
evidente que en cualquier práctica clínica psicoanalítica deberán entonces reformularse los problemas relativos a las resistencias y los conflictos en juego. Más aún, si considera-

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mos que la dupla analista-analizante es también un vínculo,
aunque sin duda particular, habrá que reformular muchas
teorizaciones sobre la transferencia y la contratransferencia,
viciadas de unidireccionalidad. La cuestión fundamental es
no olvidar que en un vínculo, la interdeterminación, la distribución del trabajo psíquico y las alianzas inconcientes
redefinen y modifican lo propio de cada polo, generando fenómenos de creación y de pérdida en el psiquismo de los
integrantes, al mismo tiempo que nuevos procesos del tipo de
los que se describieron al hablar del trabajo vincular.

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psíquica, España, Herder, 2004.
Waisbrot, D. (2010) Más de un
otro, Psicolibro Ediciones, Bs.
As., 2010.

Resumen
El artículo se centra en las cuestiones que –para el autor–
constituyen las fundamentales del concepto de vínculo. Se describen y discuten los conceptos de interdeterminación, distribución del trabajo psíquico y alianzas inconcientes como procesos distintivos en el funcionamiento de un vínculo, junto a
los aportes que implica su estudio desde las categorías de
real, simbólico e imaginario. Se discuten y caracterizan los
principales ejes de conflicto en un vínculo, entre los cuales se
señala como central la problemática del poder.
Por último, se discuten las consecuencias que implica aceptar la noción de vínculo en la teoría psicoanalítica y en la
práctica clínica en cualquier dispositivo, describiéndose la
noción de trabajo vincular.
Palabras clave: Vínculo. Interdeterminación. Distribución del
trabajo psíquico. Alianza inconciente. Conflictos intersubjetivos. Trabajo vincular.

Summary
The link and its fundamental issues
The paper deals with the fundamental issues about the concept of a link between people. The concepts of «inter-determi-

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 71-92

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nation», distribution of psychic work and unconscious alliances are described as distinct processes in the operation of a
link. Three different categories, real, symbolic and imaginary
contribute to the study of the link. The main areas of conflict
in a relationship are characterized and power is designated
as the central issue.
Finally, the paper concludes with the implications involved
in accepting the notion of link in psychoanalytic theory and
clinical practice on any setting, describing the notion of linking work.
Key words: Link. Unconcious aliances. Inter-determination.
Distribution of psychic work. Linking work.

Résumé
Le lien et ses questions fondamentales
Ce travail envisage les questions fondamentales sur le concept du lien. On décrit et discute les concepts d’
interdétermination, la distribution du travail psychique et les
alliances inconscientes comme, par exemple, les processus
spécifiques dans le fonctionnement d’un lien. On traite la contribution des catégories du réel, du symbolique et du imaginaire sur l’étude du lien. On discute et caractérise les principales zones de conflit dans un rapport, et on désigne la question du pouvoir, comme la question centrale.
Enfin, on discute les implications dans l’acceptation de la
notion de lien dans la théorie psychanalytique et la pratique
clinique dans toute dispositif analytique, et on décrit la notion
de travail de l’intersubjectivité.
Mot clés: Lien. Alliances inconscientes. Travail de l’intersubjectivité. Interdétermination. Distribution du travail psychique.

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 71-92

Resumo
O vínculo, seus questões fundamentais
O artigo está centrado nas questões que –para o autor–
constituem as fundamentais do conceito de vínculo. São descritos e discutidos os conceitos de interdeterminação, distribuição do trabalho psíquico e alianças inconscientes como
processos distintivos no funcionamento de um vínculo, junto
às contribuições que implica seu estudo desde as categorias
de real, simbólico e imaginário. São discutidos e caracterizados os principais eixos de conflito num vínculo, entre os quais
se assinala como central a problemática do poder.
Por último, são discutidas as conseqüências que implica
aceitar a noção de vínculo na teoria psicanalítica e na prática clínica em qualquer dispositivo, descrevendo-se a noção
de trabalho vincular.
Palavras chave: Vínculo. Alianças inconscientes. Conflito
num vínculo. Trabalho vincular. Interdeterminação.

CONGRESO

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 93-136

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 95-95

95

XIX Congreso Latinoamericano FLAPAG
Del 30 de junio al 2 de Julio de 2011 en la Facultad de
Derecho de Buenos Aires, Argentina, tuvo lugar el Congreso
Latinoamericano FLAPAG.
A modo de reseña editamos en este número dos ponencias
y la Presentación de nuestra Revista.
– «El trabajo del amor. La tensión entre amor sexual y
amor filial», de Daniel Waisbrot
– «Mass Media y subjetividad», de Graciela Ventrici
– Presentación Revista Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares Nº1, XXXIV, 2011, «Diversidades: Lo
singularlo múltiple».
Presentador: Graciela Milano, Directora de Publicaciones AAPPG
Comentadores: Sergio Rodríguez y Silvana Camerlo

CONGRESO

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 93-136

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 95-95

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XIX Congreso Latinoamericano FLAPAG
Del 30 de junio al 2 de Julio de 2011 en la Facultad de
Derecho de Buenos Aires, Argentina, tuvo lugar el Congreso
Latinoamericano FLAPAG.
A modo de reseña editamos en este número dos ponencias
y la Presentación de nuestra Revista.
– «El trabajo del amor. La tensión entre amor sexual y
amor filial», de Daniel Waisbrot
– «Mass Media y subjetividad», de Graciela Ventrici
– Presentación Revista Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares Nº1, XXXIV, 2011, «Diversidades: Lo
singularlo múltiple».
Presentador: Graciela Milano, Directora de Publicaciones AAPPG
Comentadores: Sergio Rodríguez y Silvana Camerlo

El trabajo del amor.
La tensión entre amor
sexual y amor filial

Daniel Waisbrot *

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

(*) Licenciado en Psicología. Miembro Titular de AAPPG. Actual
Presidente de AAPPG.
E-mail: dwaisbrot@yahoo.com.ar

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

99

La noche habilitaba la espera. Estaba terminando el cuarto
cumpleaños de Joaquín y los invitados se estaban yendo. Francisco esperaba que esa noche, finalmente lograran encontrarse. Ya en la última sesión de pareja había habido algo de ese
encuentro, cuando Marina había podido pensar que no se trataba de que ella no lo deseaba, sino que lo que estaba en el
horizonte de su negativa, era el susto que le producía un acercamiento frustrado, como el de muchísimas veces. Así que
esa noche, ella también lo esperaba y así fue que mientras los
últimos invitados se terminaban de ir, corrió presurosa a su
habitación con Joaquín y Johana, como todas las noches, a
intentar que se duerman. Acostada en su cama, prendió la tele
y mientras escuchaba alguna absurda discusión de Gran Hermano, los niños, abrazados cada uno a sus brazos, se iban
durmiendo. Francisco terminaba de llevar las copas a la cocina y se dirigió a su habitación.
«Entré y el espectáculo era tremendo, ella mirando Gran
Hermano con los pibes abrazados a ella durmiendo, yo no
tengo lugar, no hay lugar ahí para mi, me enojé, otra vez sopa,
dije, andá a cagar y agarré mi almohada y me fui a dormir al
sillón del living, con ella no se puede, entre los pibes y Gran
Hermano…».
«Ves que sos un pelotudo, los estaba durmiendo para estar
con vos, tarado ... ¡andate al living!, qué carajo me importa,
nunca entendiste nada ni vas a entender».
«Yo quería encontrarme con vos, no con los pibes, siempre
están los pibes…».
«Los estaba durmiendo, sólo quedaba llevarlos a la cama
de ellos, ¿por qué no me viniste a ayudar y los llevabas vos y
listo? Yo también quería estar con vos, pero no, el señor se
ofende y se va, andate de una vez».
«Eso es lo que querés, ¿por qué no me lo dijiste? Cuando
me fui para el living, ¿sabés lo que me dijo? Vino corriendo y
me gritó que yo los había despertado con lo que le costó
dormirlos, una mierda, todo es una mierda».

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La sesión siguió de alguna manera, el clima fue cambiando y algo pudieron decir de sus encuentros.
«Antes de los chicos era acostarnos y coger. Ahora terminamos muertos, estamos cansados, se duermen acá, los llevamos a la cama y nos quedamos viendo Gran Hermano o Tinelli.
Nos decimos dos boludeces, qué lindos los nenes, te amo. Y
nos vamos quedando dormidos».
Marina y Francisco reproducen una escena bastante habitual en la consulta de parejas. Algo peculiar ocurre en el pasaje de pareja a familia, que muchas veces deja afuera la sexualidad. Me propongo pensar qué sucede en ese pasaje y para
ello, voy a trabajar en torno a los modos en los que se constituye el eje intimidad, otredad y amor.
Históricamente distinguimos tres espacios en que la vida
humana pareciera fluir, espacios organizados en torno a tres
características diferenciales. Lo íntimo, girando alrededor de
la opacidad, lo público, más del lado de la trasparencia y en
una zona de fronteras blandas, con poca consistencia, lo privado, organizado alrededor de cierta discreción.
Paula Sibilia sostiene que últimamente, parecen haberse
desdibujado los límites entre estos espacios y pareciera emerger «cierto modelo hegemónico de subjetividad que está creciendo: un ‘modo de ser’ que está coagulando entre nosotros
y se autojustifica porque es perfectamente compatible con las
exigencias y necesidades del mundo contemporáneo En la
sociedad del espectáculo la soledad y el silencio se han vuelto
inaguantables» (Sibilia, P., 2010). Propone pensar que la subjetividad actual produce extimidad allí donde antaño había
intimidad.
La interioridad ha dejado de ser para esta autora, el núcleo
de lo verdaderamente humano y que lo que ayer se escribía
en un diario íntimo, hoy se expone en la web, a la mirada
obscena del conjunto. Si el modelo de la vida interior está en
crisis, si aquello que definía una supuesta «verdad» del ser
pasaba por ese contacto con la propia interioridad donde el

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pudor y el secreto dominaban la escena y hoy, en cambio, el
escenario de la vida misma ocurre en la pantalla donde se
ofrece la vida a lo público como espectáculo, nos falta saber
qué sucede con quien observa, consume y goza de esa exposición pública del otro y, en nuestro campo, más específicamente, qué ocurre con esa trasmutación en la vida de las parejas.
Escenas como las de la viñeta, en sus diversos formatos,
se reiteran frecuentemente en los consultorios. Parejas en las
que la sexualidad parece haberse extinguido y la noche va
pasando de los hijos a la tele.
Cabe la pregunta acerca de porqué Marina y Francisco forman parte de ese conjunto monumental que mira con pasión
la extimidad de los personajes de Gran Hermano. Preciso más
la pregunta: ¿qué ocurre en la vida de esta pareja que rehúsa
a su propia intimidad y una vez terminadas las demandas de
sus niños, dedican sus noches, a veces hasta altas horas a
observar las vidas expuestas por otros en una pantalla?

La experiencia amorosa
Me gustaría plantear la hipótesis que el rehusamiento a la
intimidad en la experiencia amorosa, reviste siempre un carácter sintomático dado que el amor es un espacio privilegiado de resistencia a la experiencia de la extimidad, a la transformación de la intimidad en espectáculo. El amor enlaza intimidad y otredad.
El encuentro amoroso es del orden del acontecimiento y
supone una experiencia, un «hacer el amor» y es ese hacer,
justamente el que los ubica a ambos en alguna relación con
lo sexual. El amor, al poner en escena la diferencia –como
diría Badiou–, permite establecer un lazo entre uno y otro y
así, declarar la existencia del Dos. Si esto es así, la subjetividad de ambos se verá alterada en la experiencia de la
otredad.

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Pero ello no es una tarea que se produce una vez, sino que
exige un trabajo vincular que permita sostener la alteridad,
más allá de la ilusión de espejamiento y completud que pudiera habitar a los sujetos de ese vínculo en los momentos del
encuentro.
Si el resultado de ese encuentro arma una pareja, se producirá seguramente un reordenamiento subjetivo y una cierta
estabilización fantasmática, una suerte de equilibrio inestable que les otorga pertenencia a ese conjunto. Algo habrá armado comunidad entre ellos, fundamentalmente en lo que
concierne a la diferencia sexual pero también a todo aquello
que tenga que ver con la experiencia de la diferencia en todos
sus niveles.
A. Badiou propone pensar el amor como una construcción
de verdad. Dice: «el amor es un proyecto, que incluye por cierto el deseo sexual pero también mil otras cosas, o sea, cualquier cosa siempre y cuando se trate de vivir una experiencia
desde el punto de vista de la diferencia» (Badiou, A., 2010).
El amor entonces, como procedimiento de verdad, comienza con un acontecimiento –el encuentro– y continúa con las
consecuencias de ese encuentro.
«El amor está amenazado por la sociedad contemporánea.
Esa sociedad bien quisiera sustituir el amor por una suerte de
régimen comercial de pura satisfacción sexual, erótica, etc. Hoy
se busca domesticarlo con una mezcla de pornografía libre y
contrato financiero. El amor debe ser reinventado para defenderlo, debe reafirmar su valor de ruptura, su valor de casi locura, su valor revolucionario como nunca lo hizo antes».
De manera que el amor será una construcción de verdad,
una verdad que se experimenta a partir del Dos y no del Uno,
de la experiencia de la diferencia y no de la identidad. Si la
sexualidad termina en una suerte de vacío, algo así como una
experiencia del Uno, donde el otro estaría más en la posición
de objeto que de sujeto; el amor, en cambio, sostendría la ilusión de que algo permanece en ese vacío, de que hay vínculo,

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más allá de esa relación sexual que no existe. Badiou pareciera
oponerse a la separación entre «puro amor» y «puro sexo».
Su versión del amor no indaga sobre los problemas que se
les presenta a las parejas para tramitar esa diferencia. Eso nos
compete a nosotros. Y lo que nosotros más o menos sabemos,
es que el problema es el otro. El otro, muchas veces ilusionado como idéntico, pero en verdad semejante. El otro que estalla en sus diferencias todo el tiempo y rara vez está donde
uno lo espera. Y allí, justamente, su condición de ajenidad,
de irrepresentable, de inabarcable.
Habrá siempre un resto que no se deja representar. Su presencia incluye ese resto, impide su totalización, haciendo estallar las coordenadas del saber acerca del otro. Nunca hay
presencia plena, porque siempre está atravesada por lo inapropiable, por su ajenidad radical.

¿Y el hijo?
Ahora bien, decíamos que ese acontecimiento del encuentro, fue deviniendo en una cierta intimidad compartida donde
la sexualidad se fue explayando desde el Uno hacia el Dos.
Esa experiencia de la sexualidad va por más, no sólo por el
cuerpo del otro sino por el ser del otro. Ahora nos preguntamos, ¿qué genera el deseo del hijo y cómo se combinan alianza
y filiación, las dos operaciones fundantes de una familia?
En un trabajo anterior (Waisbrot, D., 2010) formulé dos
hipótesis que intenté poner a trabajar. La primera hipótesis
sostenía que la decisión de habilitar la filiación pone a trabajar en el vínculo la sucesión de generaciones y con ello el
tema de la deuda y de la muerte. La segunda hipótesis era que
la presencia del hijo «interpela como acontecimiento, tanto a
la pareja de la alianza como al vínculo de filiación».1
1

«Estructura y acontecimiento. La pregunta por el origen en la familia
adoptiva», Ricardo Gaspari, Graciela Rajnerman y Griselda Santos, Revista de la AAPPG, T.XVII, Nº 2, 1994.

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Se trata de poner a trabajar la posibilidad de la pareja de
producir el lugar «hijo» como un espacio acontecimental, que
les permita introducir un cambio en la cadena de repetición,
y transmitir ese giro en la cadena ubicándose en una genealogía desde una posición diferente de la legada por sus familias
de origen. Me interesa retomar esta cuestión a la luz de la
enorme presencia clínica que tiene en las consultas de pareja,
las dificultades en ese tramo de la vida.
Hoy quiero formular una tercera hipótesis. La presencia
del hijo inaugura una nueva tarea intersubjetiva para la pareja. El trabajo del amor, deberá sostener sin claudicar la tensión inédita entre amor sexual y amor filial.
Podríamos decir nuevamente con A. Badiou, que el hijo
forma parte del espacio amoroso en lo que denomina un punto. «Un punto es un momento particular sobre el cual un acontecimiento se estrecha, donde, de alguna manera, debe volver
a reinterpretarse el acontecimiento, como si volviera bajo una
forma desplazada, modificada, pero obligándonos a ‘redeclararlo’. En suma, un punto es cuando las consecuencias de
una construcción de verdad, generalmente nos obligan a rehacer una elección radical» (Badiou, A., 2010).
Ese punto, inaugura la tensión. Será a partir de allí, una
parte del trabajo intersubjetivo del amor «trabajo psíquico
del otro o de más de un otro en la psique del sujeto del inconciente» (Kaës, R., 2010).
El deseo de hijo, forma parte del deseo amoroso bajo esa
interesante formulación de un punto para el amor. Y lo que
vemos clínicamente, es que en las parejas, hay una suerte de
prueba alrededor del nacimiento, y esa prueba resulta de cómo
va a desplegarse la experiencia del Dos después de haberse
confrontado con ese punto.
Pareciera entonces que el recorrido de la experiencia amorosa se pliega en la experiencia del nacimiento, a la manera
de un embudo. «Antes era acostarnos y coger», decían Marina y Francisco. Algo habían desplegado en torno a su sexua-

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lidad amorosa que se replegó ante la experiencia del nacimiento y quedó atrapado allí, como atascado sin poder volver a desplegarse. La experiencia amorosa quedó subsumida
en el amor filial a costa del sacrificio del amor sexual. Esa
doble vía, esa tensión necesaria ente los distintos espacios no
pudo ser sostenida.

¿Para qué los atendemos?
Podríamos decir que en la entrada en análisis de una pareja, encontraremos algo de un pacto denegativo que niega demasiado lo imposible, que no ha logrado ligar las renuncias
pulsionales necesarias para la constitución de esa vincularidad
y que ha trabado el trabajo de la intersubjetividad, fundamentalmente en lo que concierne al despliegue de la potencialidad transformadora del vínculo.
¿Qué habría en la salida de ese análisis? Seguiría existiendo el pacto denegativo en tanto organizador de la vincularidad, pero que habría perdido parte de su función defensiva frente a esa misma vincularidad. Por lo tanto, esperamos:
1) Encontrar mayor posibilidad de ligadura de la negatividad de obligación, en el sentido de un saber y de un poder sacrificar algo de la mismidad, sobre todo en su potencialidad de renuncia pulsional, para que el vínculo pueda
advenir.
2) Reducir lo más posible la negación de lo imposible de
esa vincularidad, saber acerca de sus límites, de su incompletud.
3) Más trabajo vincular en el despliegue de lo posible, de
lo aún no realizado, de lo que a pesar de no haber sido, podría
ser de otro modo.
La operación de transformación sería efecto de un trabajo
intersubjetivo con el analista para desanudar lo alienado en

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

las alianzas y re-anudar desde otro lugar subjetivo. Habría
entonces, transformación subjetiva a partir de o junto a un
cambio en la posición vincular.
Si Marina está esperando que los niños duerman para llevarlos a su cama mientras Francisco supone que ella está en
la cama con ellos para no encontrarse, el malentendido da
cuenta de la negación de ese resto ajeno que les imposibilita
algún nivel de encuentro. Sin embargo, allí, justamente allí,
algo de otro orden, ligado a sus alianzas inconcientes le darán formato a una intimidad que consiste en observar al Gran
Hermano, dejando a la vista que el estar juntos y solos se les
sintomatiza.
Ellos se duermen como duermen a sus hijos. Los chicos
no «se van a dormir» sino que «se van durmiendo». No
están a solas en su cuarto, en ese encuentro con su propia
interioridad posibilitadora del sueño. Y aquí, en lugar de
recorrer el camino de su propia intimidad, o de la intimidad compartida alrededor de su sexualidad, se entregan a
la pantalla de las vidas ajenas, mostradas en el gran reality
televisivo.
La escena de la viñeta muestra que el trabajo intersubjetivo
se ha trabado. Los dos creen saber porqué el otro hace lo que
hace. Habrá que ver qué posibilidad tienen de retomar el trabajo vincular, sustraerse de la oferta alienatoria de la pantalla
y volver a desplegar algo de aquel amor sexual que quedó
plegado en el punto de los nacimientos.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

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Bibliografía
Badiou, A. Elogio del amor,
Flammarion, Madrid, 2010.
Gaspari, R., Rajnerman, G., Santos, G. «Estructura y acontecimiento. La pregunta por el
orígen en la familia adoptiva»,
en Revista de la AAPPG,
T.XVII, Nº 2 ,1994.
Kaës, R. Un singular plural, Editorial Paidós, Buenos Aires,
2010.

Sibilia, P. «Mutaciones de la subjetividad», en La intimidad. Un
problema actual del Psicoanálisis, Psicolibro Ediciones,
Buenos Aires, 2010.
Waisbrot, D. Más de un otro,
Psicolibro Ediciones, Buenos
Aires, 2010.

Mass media y
subjetividad

Graciela Ventrici *

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 109-121

(*) Médica, Psicoanalista. Miembro Titular de AAPPG.
E-mail: gventrici@sion.com

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 109-121

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Como punto de partida para esta ponencia me es necesario
situarme en el pasaje del capitalismo industrial al capitalismo
pos-industrial, tal como lo entiendo en sus producciones sobre la sociedad, las lógicas del funcionamiento mental y tecnológico y las formas de comunicación.
Así podemos ubicar a la sociedad industrial con sus dispositivos de encierro que fueron las instituciones por las que
transcurrían, disciplinándose, nuestras vidas.
El centro de la vida del adulto en edad productiva era el
trabajo cuya estabilidad y la actitud corporal que imponía,
eran signos de identidad y pertenencia.
Junto con el advenimiento de la mecánica en el plano tecnológico se desarrolló la actividad mental en forma analógica,
alfabética y conjuntiva.
Las formas masivas de comunicación fueron a través de la
prensa escrita y la radio. El teléfono fijo permitió la comunicación a distancia y tuvo un lento desarrollo hasta ser común
a la población.
Esta organización con sus condiciones de producción de
bienes materiales y simbólicos conformó y estuvo conformada por formas de subjetividades más o menos alienadas a esas
instituciones disciplinarias. Los movimientos de subjetivación capaces de liberar al individuo y a los colectivos de esa
alienación eran contra-institucionales, aunque algunos también anti-institucionales.
Ubico el proyecto de autonomía económica, política y social, en dos grandes conjuntos:
A) Los movimientos revolucionarios en relación al capitalismo, pero no a la disciplina que, debilitados por la frustración de los socialismos reales, se silencian.
B) Los movimientos sociales basados en la creatividad
como modo de emancipación del poder represivo –tan bien

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 109-121

trabajados por Suely Rolnik–1 que fueron cooptados por el
capitalismo pos-industrial, y enunciados como «tendencias».
Este modo de capitalismo ya no necesita de los cuerpos
–en el sentido de la fuerza de trabajo– sino de los cerebros,
por eso muchos autores le llaman «capitalismo cognitivo» y
al conjunto de los trabajadores «cognitariado».
Esta condición del capitalismo pos-industrial de no necesitar sino de los cerebros, al punto tal que, como dice Maurizio
Lazzarato,2 actúa «en la movilización y en la modulación de
los componentes preindividuales, precognitivos y preverbales
de la subjetividad, haciendo funcionar los afectos, las percepciones, las sensaciones aún no individuadas, aún no asignables
a un sujeto, … como elementos de una máquina» por esto, a
diferencia de su fase anterior, busca cada vez mayor flexibilidad en las estructuras desdibujando los límites de las instituciones cuya mediación deviene innecesaria.
Deleuze3 las llamó sociedades de control, porque su operatoria es la de modular, recombinando conectivamente, condición que puede extenderse indefinidamente controlándolo todo.
«Los encierros son moldes, módulos distintos, pero los controles son modulaciones… La fábrica era un cuerpo que llevaba a
sus fuerzas interiores a un punto de equilibrio: lo más alto posible para la producción, lo más bajo posible para los salarios;
pero la empresa es un alma, un gas... la empresa se esfuerza
por imponer una modulación a cada salario, …por introducir
una rivalidad inexplicable como sana emulación… el principio
modular del ‘salario al mérito’ que ha tentado también a la
educación nacional» ... «ya no es el capitalismo para la producción sino para el producto, es decir para la venta y el mercado… es esencialmente dispersivo… El marketing es ahora el
instrumento del control social… El control es a corto plazo y
de rotación rápida, pero también continuo e ilimitado».
1

2
3

Suely Rolnik «Geopolítica del rufián», en: Micropolítica. Cartografías
del deseo de F. Guattari y Suely Rolnik, Ed. Tinta limón, 2006.
Maurizio Lazzarato, «La Máquina».
Giles Deleuze «Posdata para las sociedades de control».

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Virno4 retoma la intuición de Marx de que en cierto momento la técnica y la ciencia se volcarán por entero a la economía y entonces la producción de valor será intelectual, colectiva y abstracta. Plantea que el pos-fordismo «es el momento
histórico en que el capital pone a trabajar prerrogativas propias del animal humano, básicamente, el hecho de ser potencia, seres no acabados, mutables, siempre modificables. Es así,
que el lenguaje aparece como el espacio que mejor resalta y
explica la condición fundamental de la fuerza de trabajo actual: es inmediatamente transindividual y sin embargo, asumido y singularizado por cada sujeto de modo particular, cada
vez».
La sociedad pos-industrial, global, de control, desarrolla
la tecnología digital para el advenimiento de la informática
que se suma al predominio de la imagen sobre la palabra oral
o escrita, a la que acompaña cuando no desplaza, y esta creación es coincidente con cambios en las mentalidades. La pregunta es si esta coincidencia implica una relación de causa
efecto o es un fenómeno de interferencia que implicaría que
para poder inventar y usar nuevas tecnologías hay que modificar mentalidades.
A los medios masivos de comunicación existentes, como
la radio y los diarios, se agrega en los años 50 la Televisión,
dos décadas después comienza la vertiginosa incorporación
de la informática a través de la computadora, que primero va
reemplazando a la máquina de escribir y rápidamente aparece la Internet que modifica y amplia las formas de adquirir
información y de comunicarse. Paralelamente en los 90 la
también veloz propagación de los teléfonos celulares hace
que en pocos años exista la posibilidad de estar conectado
full time y en redes permanentes.
Este fenómeno técnico que acompaña y profundiza la forma actual del capitalismo global, al punto que parecen haber
nacido juntos, ha desplazado las subjetividades disciplina4

Tomado del trabajo monográfico de Alejandra Lidman, «Del topo a la
serpiente. Crítica y clínica para el después del sujeto».

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rias dando lugar a otras formas subjetivas difíciles de reconocer.
Creo adecuado plantear como mass media no sólo las formas de comunicación que implican el mundo periodístico,
sino también el uso de la Internet a través de programas como
el skype, el messenger, o los sitios web: los que dan información y los que permiten hacer público el perfil del usuario y
desde allí intercambiar con el exterior: los blogs, fotologs,
facebook, linkedin, etc.; tanto unos como otros usan los mismos recursos técnicos, pero constituyen dispositivos diferentes en cuanto a: 1) su condición de enunciación; 2) las líneas
de fuerzas que regulan; 3) la capacidad de objetivación o subjetivación y 4) la potencia de fuga de que disponen respecto
de la dominación.5
Antes del advenimiento de la informática, la televisión que
se fue incorporando a la vida cotidiana, problematizó a la
subjetividad instituida.
Hasta entonces la imagen animada estaba circunscripta al
cine que no pertenecía al ámbito de lo familiar, sino de lo social, perfectamente delimitados; ahora la imagen avivaba el espacio privado y alteraba los modos de intercambio y por ende
los lugares imaginarios y simbólicos de los habitantes de la casa.
Pero, teniendo en cuenta que los canales eran pocos, la señal
imperfecta, en blanco y negro y no transmitían las veinticuatro
horas, seguía siendo algo cuya presencia podía regularse.
La televisión color que llega a la Argentina hacia fines de
los 70, comienzo de los 80, acompañada del fenómeno económico de la «plata dulce» (eufemismo que encubría la mutación económica y distraía del genocidio) empieza a darle a
la pantalla chica un realismo que se profundizó cada vez más.
5

Tomo de Susana Pintos y Alicia Zanghellini el acople de las líneas de
fuga de Deleuze a las características del dispositivo foulcaultiano al
que ellas llamaron «dispositivo multilineal» en el libro de reciente aparición Trabajando en y con grupos. Vínculos y herramientas, Lugar editorial, 2011.

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Si alguna tecnología hizo bisagra entre las dos fases del
capitalismo, esa fue la televisión, que fue la estructura técnica que más transformaciones sufrió a partir del desarrollo de
la cibernética, y que, si bien está degradada en el discurso
burgués, nadie se atreve a apagarla para siempre. Por el contrario, si antes había un solo aparato para toda la familia, ahora hay televisores en los cuartos de los hijos, de los padres y
en los espacios comunes pantallas cada vez más grandes.
¿Qué pasa? ¿Dónde se entrama la máquina televisiva para
ser parte indivisible de la vida cotidiana?
Dice Lazzarato: «Interpretando el punto de vista de Deleuze y Guattari se podría afirmar que el capitalismo no es un
‘modo de producción’; ya no es un sistema, sino un conjunto
de dispositivos de servidumbre maquínica … y a la vez un
conjunto de dispositivos de sujeción social ... Los dispositivos
son máquinas, no obstante,... las máquinas ya no dependen de
la techne. La máquina tecnológica es sólo un caso de
maquinismo. Hay máquinas técnicas, estéticas, económicas,
sociales, etcétera».
Luego diferencia servidumbre de sujeción maquínica: «Estamos bajo la servidumbre a una máquina en tanto constituimos una pieza, uno de los elementos que le permiten funcionar. Estamos sujetos a la máquina en tanto que somos sus
usuarios, en tanto que somos sujetos de acción de los que ella
se sirve. La sujeción actúa sobre la dimensión molar del individuo (su dimensión social, sus roles, sus funciones, sus representaciones, sus afectos), mientras que la servidumbre
maquínica actúa sobre la dimensión molecular, preindividual,
infrasocial (los afectos, las sensaciones, los deseos, las relaciones aún no individualizadas, no asignables a un sujeto)».
«La televisión hace que los enunciados conformes a la realidad dominante del capitalismo pasen por enunciados de los
individuos, mediante la puesta en funcionamiento de una máquina de interpretación de sus palabras y de su expresión y
una máquina de subjetivación que funciona a partir de la constitución de un doble del sujeto… Si eres entrevistado en la

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televisión (poco importa en qué programa sea), eres instituido como sujeto de enunciación y sometido… a una máquina
no discursiva que interpreta, selecciona y normaliza incluso
antes de que comiences a hablar».
Sabido es que nuestra capacidad de enunciación está atravesada por las formas de enunciación y los enunciados de los
colectivos de los que formamos parte, que no hay posibilidad
de una enunciación subjetiva puramente individual. A esto
debemos agregar que las epistemes y ontologías que modelan nuestro funcionamiento mental con el que decodificamos
nuestras sensaciones y percepciones y damos sentidos, tienen una determinación de la que no tenemos conciencia, y
que bien las podemos pensar con metáforas maquínicas. La
película Matrix lo expuso muy elocuentemente.
Los psicoanalistas decimos que nunca nos encontramos
tan enfrentados a lo real como en la actualidad; para entenderlo diré que nunca como ahora hay tanta percepción de la
multiplicidad que nos compone, hasta poco tiempo atrás lo
transindividual tuvo que ser deducido y no sin enormes resistencias, en realidad era entendido sólo como un fenómeno de
indiscriminación de resonancia regresivante, fusional y no
también como un proceso ligado a la individuación y a la
resonancia progresiva, subjetivante.
Quizá esta visibilidad sea consecuencia de que las instituciones dejaran de velar la molecularidad de lo que contenían
al sintetizar complejidades y singularidades. Pero hay que
lidiar con el caos, hay que encontrar formas de moverse dentro de él haciéndolo inteligible, diseñando planos de consistencia que nos permitan resolver los problemas que se nos
presentan vez a vez.
No es fácil poner en cuestión las categorías instituidas que
implicaron conceptos fijos, establecieron métodos de intervención que han demostrado su utilidad frente al sufrimiento
psíquico, para tomarlos como herramientas posibles pero también prescindibles según el caso y a veces hasta desecharlas
por inadecuadas o perniciosas.

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Me parece que no alcanza el poder de los mass media para
determinar este fenómeno que vuelve cotidiano el hecho inconmensurable de que lo real contiene tanto actual como virtual en recombinación conectiva; en tal caso me siento inclinada a pensar que los mass media son instrumentos funcionales a la máquina capitalista de control, como lo fueron el diario y la radio a la máquina disciplinaria. La cualidad, la diferencia, está dada por la velocidad de recombinación que tienen que dan la impresión de ser causa última, velocidad de
recombinación que también tienen otras dimensiones de la
sociedad de control como la economía, la política, el arte,
etc. No obstante parece que todo pasara por la comunicación
destacando un sector de ella: el marketing.
¿Cuál es el secreto por el que el marketing logre tanto protagonismo? ¿Acaso su relación con el deseo?
En la medida que la fuerza de trabajo explotada es intelectual-creativa y no física, todo acto humano se convierte en
mercancía: no importa qué intención se tenga, el sentido de
mercancía lo alcanza, lo corrompe, lo transforma en objeto
que demanda ser consumido.
La condición de consumible es la clave del éxito del marketing como operador de la promesa de completud a la vez
que de la amenaza de miserabilidad, de formar parte de la
«subjetividad-lujo» o de la «subjetividad basura»,6 entre estos
dos polos, que el capitalismo global ha logrado hacerlos evidentes, se debaten en mayor o menor medida las subjetividades actuales.
Bajo amenaza, el mercado controla el deseo: winner or
looser, ésta es la cuestión, la tensión entre estos polos logra
que todos los otros valores nos conmuevan como bellas producciones de la imaginación; el fantasma de la basura, la villa miseria, la exclusión, recorre occidente generando una flexibilidad cínica como pieza de la máquina cuya expresión
más lograda es su capacidad mediática. Capacidad mediática
6

Suely Rolnik, obra citada.

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amplificada por la tecnología que maneja y la dominación
que la sujeta.
Bifo Berardi7 estudia el exceso de información transmitida
a velocidades crecientes como formas de intimidación por la
imposibilidad de procesar, muestra que hay una disparidad
entre el sistema de medios que emite señales y la mente que
las recibe. «El universo de los receptores, es decir, los cerebros humanos, las personas de carne y hueso, de órganos frágiles y sensuales no está formateado según los mismos patrones que el sistema de los emisores digitales, esto se manifiesta en electrocusión permanente, pánico, sobreexitación,
hipermotilidad, trastornos de atención, dislexia, sobrecarga
informativa, saturación de los circuitos de recepción».
Berardi advierte «La mutación cognitiva producida por la
mutación de la infosfera y el dominio económico y político de
las grandes empresas mediáticas globales son dos cosas distintas, aunque se entremezclan en la realidad del imaginario
social… No cabe pensar resistirse a la mutación antropológica que han puesto en marcha las tecnologías de la comunicación. Hay que desligar dominio y mutación: el dominio debe
ser erosionado, confrontado y eludido. La mutación debe ser
atravesada, recibida y elaborada».
Forzarnos a reconocer esta diferencia me parece una de las
formas primeras de pertrecharnos ante la máquina capitalista, y, teniendo en cuenta que hay generaciones en cuya crianza participaron tanto los padres como la televisión y la informática, es perentorio trabajarnos en nuestras subjetividades
para reconocer en las nuevas sus estrategias de fuga.
Por otro lado no podemos ignorar que las formas de organización social, las tecnologías y las subjetividades comparten y componen dimensiones deseantes en virtud de las cuales son producidas a la vez. Que están en retroalimentación
permanente, aunque en relaciones de fuerza que no son equi7

Franco Berardi «Bifo» Generación post-alfa. Patologías e imaginarios
en el semiocapitalismo, Tinta Limón, 2007.

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tativas: la organizaciones sociales y las tecnologías son más
interdependientes que las subjetividades en el sentido que,
como «estructuras», éstas son infinitamente más complejas
que las otras dos y por lo mismo mucho más inestables,
disipativas e impredecibles, a la vez que son capaces de reflexionar sobre sí mismas y sus relaciones, capaces de habitar simultáneamente el territorio de las organizaciones sociales y las tecnologías, y a la vez desterritorializarse, fugar, crear
otros territorios que muevan los hegemónicos, usando de
manera diferente componentes técnicos y sociales ya existentes; entonces si bien la fuerza de los medios de comunicación masiva es enorme, el espectador tiene la potencia de hacer
con ella su propio juego, como bien lo expuso Umberto Ecco
en su trabajo sobre lo que los espectadores le hacen a la televisión. Así también atrevernos a ver un posible movimiento
contracultural en lo que los jóvenes hacen con los Blogs, cuyo
valor no nos es en absoluto evidente, pero que sin duda analiza a los medios de comunicación.

Bibliografía
Berardi, F. (Bifo) Generación
Post-Alfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo,
Ed. Tinta Limón.
Bourdieu, P. (1996) Sobre la televisión, Anagrama, Barcelona,
1997.
Debord, G. (1967) La sociedad del
espectáculo, Ed. La marca, Bs.
As., 1995.
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120

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 109-121

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Virno, P. (2003) Gramática de la
multitud. Para un análisis de
las formas de vida contemporánea, Ed. Colihue, Bs. As.,
2003.

Resumen
Este trabajo se propone pensar la relación de las mass medias con la producción de subjetividad. Para ello necesita ampliar el campo de análisis y situar el problema dentro del pasaje del capitalismo industrial al capitalismo pos-industrial,
en sus producciones sobre la sociedad, las lógicas del funcionamiento mental y tecnológico y las formas de comunicación.
Se trata entonces del pasaje del capitalismo industrial, que
necesita de los cuerpos a los que disciplina a través del trabajo y la educación analógica, conjuntiva y alfabética, a otra
forma del capitalismo que deja atrás la modalidad industrial
y no regula los cuerpos a través de dispositivos de alienación,
sino que intenta modular por recombinación conectiva los cerebros, actuando sobre los componentes preindividuales, precognitivos y preverbales de la subjetividad.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 109-121

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Va recorriendo diversos modos de entender este pasaje y
sus características de la mano de autores como Deleuze,
Lazzarato, Virno, Rolnick, Berardi, bordeando preguntas tales como: ¿dónde se entrama la máquina televisiva para ser
parte indivisible de la vida cotidiana? ¿Cuál es el secreto por
el que el marketing logre tanto protagonismo? ¿Acaso su relación con el deseo?
La fuerte tendencia a la institucionalización propia de la
sociedad industrial invisibilizó la multiplicidad que se hace
perceptible en la sociedad pos-industrial y esto se vuelve un
desafío para comprender las subjetividades que promueve y
sus posibilidades de subjetivación.

Presentación Revista en
XIX Congreso FLAPAG
«El Psicoanálisis Vincular
de Latinoamérica:
Lo singular  Lo múltiple»

Graciela Milano *

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 123-126

(*) Licenciada en Psicología. Miembro Titular de AAPPG. Actual Directora de Publicaciones de AAPPG.
E-mail: gracielamilano@fibertel.com.ar

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 123-126

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En el marco de este Congreso, «El Psicoanálisis Vincular
de Latinoamérica: Lo singularLo múltiple», que no deja
de impresionar por el número de títulos, el menú de opciones, la cantidad de trabajos escritos…, la Presentación de nuestra Revista, Revista de la AAPPG, ocupa un lugar.
Lugar propicio para conversar acerca de los escritos que
hemos compilado desde nuestro comité editor y también hacer extensiva esta conversación a los variados temas que hacen al escribir en las instituciones.
El número de nuestra revista acompañó con su título el
nombre de este Congreso: «Diversidades: Lo singularLo
múltiple».
Convocamos al escribir como esa forma privilegiada de
transmisión de experiencia.
Experiencia que redobla en sus resonancias ese intrincado
nudo del producir conjunto.
El prólogo editorial, que abre a la presentación de los escritos
ofrecidos por nuestros colegas, habla de esa tela opaca que cubre
lo propio del texto y aun así deja traslucir nuestras discusiones,
acuerdos, desacuerdos, distintas lógicas, distintas formas de abordar Lo Vincular que hacen a la riqueza de lo heterólogo.
Estatuto y privilegio del escribir en Psicoanálisis de las
Configuraciones Vinculares en el que el pensar- hacer- escribir es Vincular pues lleva la ineludible presencia del otro.
Un singular que escribe lo múltiple.
Se escribe cuando se puede leer la práctica, la experiencia
y de resultas queda un testimonio de esa práctica que va haciendo teoría.
Una transmisión de saber que lleva la paradoja de su permanente caída pues admitamos conlleva la ficción imaginario simbólica de lo instituido.

126

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 123-126

Sin esta ficción el intercambio no sería posible, pues es la
que sostiene nuestros diálogos, la que arma nuestras presentaciones, la que nos ilusiona en estos encuentros tan valiosos;
pero si atrevemos a cuestionar, a desmoronar el saber hegemónico, nos prevenimos del quedar atrapados en su estafa.
Atravesar el espejismo de su poder nos conduce a esos
momentos de fuga que desafían el vacío, esa «hiancia», ese
espacio que aligerado de burocracias abre al «hacer algo con»
el obstáculo, el límite….
Un escribir más cercano a esa letra como litoral que bordea límites sin fronteras.
Dejo aquí esta breve presentación para dar lugar a Sergio
Rodríguez y Silvana Camerlo a quienes invitamos a comentar nuestra Revista.
2 de Julio 2011

La escritura del psicoanalista,
entre su singularidad
de sujeto y los lazos
sociales de su práctica*

Sergio Rodríguez **

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 127-132

(*) Trabajo presentado por el autor como invitado, en el Congreso de la
Asociación de Psicología y Psicoterapia de Grupo.
(**) Médico, Psicoanalista.
E-mail: sarodrig@gmail.com

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 127-132

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Hablamos de esta cuestión, porque sin discurso, no hay
escritura. Y, si hay discurso está ocurriendo alguna forma de
lazo social. Cuando se habla, debido al inconciente que se
produce entre los hablantes y lo atesorado en lo inconciente
de cada sujeto de la enunciación, se producen los enunciados. También incide el Yo, con sus tres resistencias (de represión, de transferencia, de beneficio secundario). El Superyó,
positiva1 o negativamente, según sea su relación con ideales
y con cuáles. También la articulación Ello Superyó, en función de qué hábitos de goces genere. Al escribir, se es cruzado al menos, por todos esos vectores. Ellos operan, tanto en
lo que la memoria va seleccionando, como en las conjeturas
que el aparato de pensar pensamientos 2 va estructurando. El
psicoanalista escribe: hablado por sus analizantes, sus maestros, sus lecturas, sus colegas.
Comenzada la escritura, se dialoga con lo escrito a iniciativa de éste, que nos habla. Del discurso en que el escritor se
sentía amo, va pasando al de la histérica. En él, si no es demasiado necio registrará el agujero que lo escrito como S1 (significante amo), le hace a su creencia (S2) sobre lo que escribió.
Lo escrito, puede terminar como puro desperdicio de saber, o
como alguna renovación en la producción de saber.
El lector anónimo, es una gran figura superyoica que planea su sombra sobre los que escribimos. La escritura de
seguidistas, tiene la facilidad de que no escribe, repite lo escuchado o leído. Pero eso no es escribir, es copiar, antiguo y
digno oficio previo a la creación de la imprenta. Escribir, es
crear. La creación puede ser artística, científica, filosófica,
política. Se da en quienes no copian, se inspiran. También se
puede ser repetidor y no creativo en la escritura científica. En
1978, comencé a escribir sobre psicoanálisis polemizando.
Me apoyaba, casi copiaba, a Freud y Lacan. Luego fui siendo
más creativo, sin perder a ellos y otros, como referentes. ¿Escribir, es repetir o sólo citar, lo ya escrito por otros? No, es
hacer trabajar esos escritos, en función de nuevos reales que
1
2

Ver el artículo «El Humor» de Sigmund Freud.
En Volviendo a Pensar de Wilfred Bion.

130

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 127-132

los agujerean. La cita puramente repetitiva es otra cosa que la
cita analítica. Ésta, cita para analizar y reciclar, reafirmando
o criticando aquellas citas y desplegando nuevas conjeturas.
¿Qué es de los escritos leídos, lo que hay que agujerear
para poder ir un paso más allá? Lo que hay que agujerear es
el efecto imaginario que producen. ¿A qué le llamo efecto
imaginario? A cuando el texto produce tal aburrimiento o
mutatis mutandi, tal fascinación, que no encontramos puntos
abiertos para continuar pensando, elaborando, conjeturando.
No estoy queriendo decir que no haya que buscar belleza estética cuando se escribe, la belleza estética no obtura. Y si no,
pensemos en las buenas poesías o ficciones. Pero como en
ellas, no tiene que ser una belleza encerrada sobre sí misma,
en el género de «los bellos animales narcisísticos» de que
nos hablaba Freud.3 Que desde su esplendor, cómo las bellas
histéricas, excluyen y marginan del placer y del goce orgásmico al otro, reduciéndose ellas a un goce sado masoquista
que las empobrece. Resulta mejor, una belleza abierta en su
déficit, que invita a acercarse para disfrutarla y embellecerla
más. O sea, a trabajar no sólo sus deficiencias, sino también
las nuestras.
Cuando se escribe en grupo, si se instala la psicología de
las masas, los diferentes yo identificándose al líder pueden
ceder al efecto imaginario del grupo. No ocurre así, cuando
el líder está atento a no dejarse tomar como ideal, o los integrantes tienen suficiente respeto por su inconciente como para
estar atentos buscando deslindarse de los efectos de identificación. Eso les permite advertir lo que falla en lo que se escribe, para buscar nuevas direcciones, sentidos y significaciones.
Lo real, desde los arribos de Lacan en su elaboración sobre la estructura y estructuración del pensar y el hacer, no se
define reductoramente como lo material. Su definición más
precisa, podría ser algo así como: todo aquello que nos conmueve y de lo que en la circunstancia, no sabemos nada, no
3

En «Introducción del Narcisismo».

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 127-132

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logramos entender. Lo que nos impide, saber qué hacer con
eso. Lo real, si no nos inhibe, estimula preguntas. Nos causa
deseos de investigar, buscar nuevos saberes, referencias, para
reescribir.
Un escrito alcanzará la dignidad de escrito, si deja restos,
que convoquen a reescribir. Restos en los que dicho escrito
no redondea, es «desprolijo», no se obsesiona con la exactitud. Acalla, la tentación de hacer oídos sordos al latir de verdades visiblemente ocultas. Son esos puntos de imprecisión,
de falta, los que abren lugar a las conjeturas del lector. La
dificultad que presentan los escritos de Lacan, para dejarse
leer de un modo obsesivo, está en la ausencia de redondeos
gratos imaginariamente. Pero son dichas ausencias que instan a seguir leyendo, porque generan la ilusión que en el próximo capítulo se develará La Verdad. Durante un primer tiempo se empeñó en resumir sus seminarios en escritos, de ahí
sus Escritos. Luego prefirió que se publique la versión
desgrabada de sus Seminarios, solamente revisados en las traducciones. Cercano a sus años finales (1972), produjo L’
Etourdit, obra maestra de escritura, difícil de dilucidar pero
riquísima inspiradora para relanzar el discurso del psicoanálisis. Fue, parafraseando a Sócrates, «un tábano sobre nuestra
cabeza, picándonos y manteniéndonos despiertos». Le estoy
enormemente agradecido, porque me provocó a pensar, escribir, mostrar.
Entre el pensamiento que nos piensa, y la escritura que
llama a ser corregida corrigiendo las necedades del pensamiento que nos piensa, emergen nuestras faltas encadenadas
a las del Otro que las acunó. Eso también, les ocurrió a Freud,
W. Reich, Ferenczi, Melanie Klein, Lacan, Racker, Bleger,
Rodrigué y otros grandes de la escritura psicoanalítica. Es de
dicha castración, que emergieron nuevas escrituras deseantes
de establecerse como escritos.
Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, la revista
que produce la AAPPG, se presenta a través de los siguientes
rasgos. 1) Como agente, o sea desde un lugar que promueve
el inicio de un discurso. Para desarrollar esa función, se ofre-

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 127-132

ce como receptáculo de escrituras (S2). 2) Resulta como discursos para debatir ideas sobre psicoanálisis de los vínculos
entre los seres hablantes. 3) Desde un punto de partida: entender al psiquismo, como producto de lo que ocurre a través
de formas diversas de la interacción entre lo que cada uno
porta y lo que se produce en el encuentro <> desencuentro
con los demás. 4) Desde esos puntos, se propone como campo de investigación y de trasmisión, para las investigaciones
sobre dicha temática. 5) Para abrevar en otros y que otros
abreven en la revista, llevan a cabo una política activa de
vinculación, nacional e internacional. Esos cinco puntos son
la arquitectura del semblante de la revista. Forma parte de
ese semblante su edición cuidada y diagramada que llama a
ser leída. Recorridos los títulos de sus artículos y leído el
editorial de Graciela Milano, uno advierte que en este número por lo menos, cumplieron con lo que se propusieron. Luego, el pluralismo de posiciones conceptuales que la recorre,
hará lógicamente que cada lector se sienta más o menos satisfecho con lo que leyó.
Creo que cumplieron sobradamente con lo que se propusieron, y en consecuencia, tienen mucho para festejar. Yo, los
festejo.

De resonancias,
e intertextualidades
y obras abiertas

Silvana Camerlo *

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 133-136

(*) Licenciada en Psicología. Licenciada en Letras. Semióloga. Docente
de la Facultad de Psicología UBA.
E-mail: scamerlo@yahoo.com.ar

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 133-136

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Advierto en el editorial de la Revista Psicoanálisis de las
Configuraciones Vinculares, escrito por Graciela Milano, la
mención del «juego insensato del escribir» de Mallarmé, haciendo referencia a la escritura que abre a otra escritura.
Tal cita me remite a Umberto Eco y a su concepto de obra
en movimiento: las obras abiertas en cuanto «en movimiento» se caracterizan por la invitación a hacer la obra con el
autor. El Livre, de Mallarmé fue la Obra por excelencia en la
que el poeta francés trabajó toda su vida, pese a no haberla
llevado a cabo. De un número limitado de elementos estructurales móviles saldría la posibilidad de un número gigantesco de combinaciones.
El Livre tenía por objeto un mundo en constante fusión
que se renovaba permanentemente ante los ojos del lector.
Eco invita a que el lector se mueva interpretativamente,
del mismo modo en que el autor lo ha hecho generativamente, al producir su obra. Autor y Lector constituyen estrategias
textuales. El Autor espera de su Lector similares competencias enciclopédicas; espera que en la partida de ajedrez que
es el proceso de lectura el Lector gane.
El Autor ofrece al usuario una obra por acabar: al finalizar
el diálogo interpretativo se habrá concretado una forma que
es «la» forma del Autor, por más que esté organizada de un
modo que él no hubiera podido prever del todo.
Continúo resonando con el texto de Milano: ella considera
a la escritura como «forma privilegiada de transmisión de la
experiencia» y cita a John Berger para quien la escritura es el
acto de aproximarse a la experiencia sobre la que se escribe,
del mismo modo en que el acto de leer el texto escrito es otro
modo de aproximación.
Julio Cortázar sostenía que el lector debía ser co-partícipe
del proceso de escritura, esto es, un lector activo que acompañara al autor a realizar el salto en la Rayuela.

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 133-136

Percibo que en este juego intertextual de co-presencia de
textos diversos –pero amigos– como ser: Obra abierta, el
Livre, Lector in fabula, Puerca Tierra, entre otros, adviene la
polifonía, de la que Mijail Bajtin hablara: frente al monologismo y a la voz autoritaria de los cantares de gesta, el dialogismo de la novela, o del ensayo. Polifonía que es el quiebre
de la homogeneidad discursiva y que se evidencia en la pluralidad de géneros y de rasgos prosódicos, lexicales, sintácticos, fónicos, gráficos e idiolectales.
Y polifonía también en las diferentes voces que se perfilan
en unos colectivos, tal como los encontramos en las instituciones.
Siguiendo a Herrera, Loya, De la Sovera y Woronowsky,
podemos entender lo grupal como «anudamiento donde lo
institucional es sustantivo al modo en que los grupos pueden
y no pueden pensarse en su quehacer».1 Podemos, además,
considerar la institución en un doble movimiento: de instituido- instituyente en el que «las fuerzas instituyentes se abren
camino en las rutas, grietas y márgenes de la geografía de lo
instituido».2
Por experiencia personal sé –como bien dicen los autores
arriba mencionados– que la enseñanza, la investigación y el
servicio conforman una multiplicidad articulada, de tal manera que la transmisión de un saber constituya una indagación y un constante abrir de interrogaciones.

1

2

Instituciones Estalladas, Ana María Fernández, Juan Carlos De Brasi,
Buenos Aires, Eudeba, 2000.
Op. cit.

El trabajo del amor.
La tensión entre amor
sexual y amor filial

Daniel Waisbrot *

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

(*) Licenciado en Psicología. Miembro Titular de AAPPG. Actual
Presidente de AAPPG.
E-mail: dwaisbrot@yahoo.com.ar

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

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La noche habilitaba la espera. Estaba terminando el cuarto
cumpleaños de Joaquín y los invitados se estaban yendo. Francisco esperaba que esa noche, finalmente lograran encontrarse. Ya en la última sesión de pareja había habido algo de ese
encuentro, cuando Marina había podido pensar que no se trataba de que ella no lo deseaba, sino que lo que estaba en el
horizonte de su negativa, era el susto que le producía un acercamiento frustrado, como el de muchísimas veces. Así que
esa noche, ella también lo esperaba y así fue que mientras los
últimos invitados se terminaban de ir, corrió presurosa a su
habitación con Joaquín y Johana, como todas las noches, a
intentar que se duerman. Acostada en su cama, prendió la tele
y mientras escuchaba alguna absurda discusión de Gran Hermano, los niños, abrazados cada uno a sus brazos, se iban
durmiendo. Francisco terminaba de llevar las copas a la cocina y se dirigió a su habitación.
«Entré y el espectáculo era tremendo, ella mirando Gran
Hermano con los pibes abrazados a ella durmiendo, yo no
tengo lugar, no hay lugar ahí para mi, me enojé, otra vez sopa,
dije, andá a cagar y agarré mi almohada y me fui a dormir al
sillón del living, con ella no se puede, entre los pibes y Gran
Hermano…».
«Ves que sos un pelotudo, los estaba durmiendo para estar
con vos, tarado ... ¡andate al living!, qué carajo me importa,
nunca entendiste nada ni vas a entender».
«Yo quería encontrarme con vos, no con los pibes, siempre
están los pibes…».
«Los estaba durmiendo, sólo quedaba llevarlos a la cama
de ellos, ¿por qué no me viniste a ayudar y los llevabas vos y
listo? Yo también quería estar con vos, pero no, el señor se
ofende y se va, andate de una vez».
«Eso es lo que querés, ¿por qué no me lo dijiste? Cuando
me fui para el living, ¿sabés lo que me dijo? Vino corriendo y
me gritó que yo los había despertado con lo que le costó
dormirlos, una mierda, todo es una mierda».

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

La sesión siguió de alguna manera, el clima fue cambiando y algo pudieron decir de sus encuentros.
«Antes de los chicos era acostarnos y coger. Ahora terminamos muertos, estamos cansados, se duermen acá, los llevamos a la cama y nos quedamos viendo Gran Hermano o Tinelli.
Nos decimos dos boludeces, qué lindos los nenes, te amo. Y
nos vamos quedando dormidos».
Marina y Francisco reproducen una escena bastante habitual en la consulta de parejas. Algo peculiar ocurre en el pasaje de pareja a familia, que muchas veces deja afuera la sexualidad. Me propongo pensar qué sucede en ese pasaje y para
ello, voy a trabajar en torno a los modos en los que se constituye el eje intimidad, otredad y amor.
Históricamente distinguimos tres espacios en que la vida
humana pareciera fluir, espacios organizados en torno a tres
características diferenciales. Lo íntimo, girando alrededor de
la opacidad, lo público, más del lado de la trasparencia y en
una zona de fronteras blandas, con poca consistencia, lo privado, organizado alrededor de cierta discreción.
Paula Sibilia sostiene que últimamente, parecen haberse
desdibujado los límites entre estos espacios y pareciera emerger «cierto modelo hegemónico de subjetividad que está creciendo: un ‘modo de ser’ que está coagulando entre nosotros
y se autojustifica porque es perfectamente compatible con las
exigencias y necesidades del mundo contemporáneo En la
sociedad del espectáculo la soledad y el silencio se han vuelto
inaguantables» (Sibilia, P., 2010). Propone pensar que la subjetividad actual produce extimidad allí donde antaño había
intimidad.
La interioridad ha dejado de ser para esta autora, el núcleo
de lo verdaderamente humano y que lo que ayer se escribía
en un diario íntimo, hoy se expone en la web, a la mirada
obscena del conjunto. Si el modelo de la vida interior está en
crisis, si aquello que definía una supuesta «verdad» del ser
pasaba por ese contacto con la propia interioridad donde el

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

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pudor y el secreto dominaban la escena y hoy, en cambio, el
escenario de la vida misma ocurre en la pantalla donde se
ofrece la vida a lo público como espectáculo, nos falta saber
qué sucede con quien observa, consume y goza de esa exposición pública del otro y, en nuestro campo, más específicamente, qué ocurre con esa trasmutación en la vida de las parejas.
Escenas como las de la viñeta, en sus diversos formatos,
se reiteran frecuentemente en los consultorios. Parejas en las
que la sexualidad parece haberse extinguido y la noche va
pasando de los hijos a la tele.
Cabe la pregunta acerca de porqué Marina y Francisco forman parte de ese conjunto monumental que mira con pasión
la extimidad de los personajes de Gran Hermano. Preciso más
la pregunta: ¿qué ocurre en la vida de esta pareja que rehúsa
a su propia intimidad y una vez terminadas las demandas de
sus niños, dedican sus noches, a veces hasta altas horas a
observar las vidas expuestas por otros en una pantalla?

La experiencia amorosa
Me gustaría plantear la hipótesis que el rehusamiento a la
intimidad en la experiencia amorosa, reviste siempre un carácter sintomático dado que el amor es un espacio privilegiado de resistencia a la experiencia de la extimidad, a la transformación de la intimidad en espectáculo. El amor enlaza intimidad y otredad.
El encuentro amoroso es del orden del acontecimiento y
supone una experiencia, un «hacer el amor» y es ese hacer,
justamente el que los ubica a ambos en alguna relación con
lo sexual. El amor, al poner en escena la diferencia –como
diría Badiou–, permite establecer un lazo entre uno y otro y
así, declarar la existencia del Dos. Si esto es así, la subjetividad de ambos se verá alterada en la experiencia de la
otredad.

102

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

Pero ello no es una tarea que se produce una vez, sino que
exige un trabajo vincular que permita sostener la alteridad,
más allá de la ilusión de espejamiento y completud que pudiera habitar a los sujetos de ese vínculo en los momentos del
encuentro.
Si el resultado de ese encuentro arma una pareja, se producirá seguramente un reordenamiento subjetivo y una cierta
estabilización fantasmática, una suerte de equilibrio inestable que les otorga pertenencia a ese conjunto. Algo habrá armado comunidad entre ellos, fundamentalmente en lo que
concierne a la diferencia sexual pero también a todo aquello
que tenga que ver con la experiencia de la diferencia en todos
sus niveles.
A. Badiou propone pensar el amor como una construcción
de verdad. Dice: «el amor es un proyecto, que incluye por cierto el deseo sexual pero también mil otras cosas, o sea, cualquier cosa siempre y cuando se trate de vivir una experiencia
desde el punto de vista de la diferencia» (Badiou, A., 2010).
El amor entonces, como procedimiento de verdad, comienza con un acontecimiento –el encuentro– y continúa con las
consecuencias de ese encuentro.
«El amor está amenazado por la sociedad contemporánea.
Esa sociedad bien quisiera sustituir el amor por una suerte de
régimen comercial de pura satisfacción sexual, erótica, etc. Hoy
se busca domesticarlo con una mezcla de pornografía libre y
contrato financiero. El amor debe ser reinventado para defenderlo, debe reafirmar su valor de ruptura, su valor de casi locura, su valor revolucionario como nunca lo hizo antes».
De manera que el amor será una construcción de verdad,
una verdad que se experimenta a partir del Dos y no del Uno,
de la experiencia de la diferencia y no de la identidad. Si la
sexualidad termina en una suerte de vacío, algo así como una
experiencia del Uno, donde el otro estaría más en la posición
de objeto que de sujeto; el amor, en cambio, sostendría la ilusión de que algo permanece en ese vacío, de que hay vínculo,

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

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más allá de esa relación sexual que no existe. Badiou pareciera
oponerse a la separación entre «puro amor» y «puro sexo».
Su versión del amor no indaga sobre los problemas que se
les presenta a las parejas para tramitar esa diferencia. Eso nos
compete a nosotros. Y lo que nosotros más o menos sabemos,
es que el problema es el otro. El otro, muchas veces ilusionado como idéntico, pero en verdad semejante. El otro que estalla en sus diferencias todo el tiempo y rara vez está donde
uno lo espera. Y allí, justamente, su condición de ajenidad,
de irrepresentable, de inabarcable.
Habrá siempre un resto que no se deja representar. Su presencia incluye ese resto, impide su totalización, haciendo estallar las coordenadas del saber acerca del otro. Nunca hay
presencia plena, porque siempre está atravesada por lo inapropiable, por su ajenidad radical.

¿Y el hijo?
Ahora bien, decíamos que ese acontecimiento del encuentro, fue deviniendo en una cierta intimidad compartida donde
la sexualidad se fue explayando desde el Uno hacia el Dos.
Esa experiencia de la sexualidad va por más, no sólo por el
cuerpo del otro sino por el ser del otro. Ahora nos preguntamos, ¿qué genera el deseo del hijo y cómo se combinan alianza
y filiación, las dos operaciones fundantes de una familia?
En un trabajo anterior (Waisbrot, D., 2010) formulé dos
hipótesis que intenté poner a trabajar. La primera hipótesis
sostenía que la decisión de habilitar la filiación pone a trabajar en el vínculo la sucesión de generaciones y con ello el
tema de la deuda y de la muerte. La segunda hipótesis era que
la presencia del hijo «interpela como acontecimiento, tanto a
la pareja de la alianza como al vínculo de filiación».1
1

«Estructura y acontecimiento. La pregunta por el origen en la familia
adoptiva», Ricardo Gáspari, Graciela Rajnerman y Griselda Santos, Revista de la AAPPG, T.XVII, Nº 2, 1994.

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

Se trata de poner a trabajar la posibilidad de la pareja de
producir el lugar «hijo» como un espacio acontecimental, que
les permita introducir un cambio en la cadena de repetición,
y transmitir ese giro en la cadena ubicándose en una genealogía desde una posición diferente de la legada por sus familias
de origen. Me interesa retomar esta cuestión a la luz de la
enorme presencia clínica que tiene en las consultas de pareja,
las dificultades en ese tramo de la vida.
Hoy quiero formular una tercera hipótesis. La presencia
del hijo inaugura una nueva tarea intersubjetiva para la pareja. El trabajo del amor, deberá sostener sin claudicar la tensión inédita entre amor sexual y amor filial.
Podríamos decir nuevamente con A. Badiou, que el hijo
forma parte del espacio amoroso en lo que denomina un punto. «Un punto es un momento particular sobre el cual un acontecimiento se estrecha, donde, de alguna manera, debe volver
a reinterpretarse el acontecimiento, como si volviera bajo una
forma desplazada, modificada, pero obligándonos a ‘redeclararlo’. En suma, un punto es cuando las consecuencias de
una construcción de verdad, generalmente nos obligan a rehacer una elección radical» (Badiou, A., 2010).
Ese punto, inaugura la tensión. Será a partir de allí, una
parte del trabajo intersubjetivo del amor «trabajo psíquico
del otro o de más de un otro en la psique del sujeto del inconciente» (Kaës, R., 2010).
El deseo de hijo, forma parte del deseo amoroso bajo esa
interesante formulación de un punto para el amor. Y lo que
vemos clínicamente, es que en las parejas, hay una suerte de
prueba alrededor del nacimiento, y esa prueba resulta de cómo
va a desplegarse la experiencia del Dos después de haberse
confrontado con ese punto.
Pareciera entonces que el recorrido de la experiencia amorosa se pliega en la experiencia del nacimiento, a la manera
de un embudo. «Antes era acostarnos y coger», decían Marina y Francisco. Algo habían desplegado en torno a su sexua-

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

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lidad amorosa que se replegó ante la experiencia del nacimiento y quedó atrapado allí, como atascado sin poder volver a desplegarse. La experiencia amorosa quedó subsumida
en el amor filial a costa del sacrificio del amor sexual. Esa
doble vía, esa tensión necesaria ente los distintos espacios no
pudo ser sostenida.

¿Para qué los atendemos?
Podríamos decir que en la entrada en análisis de una pareja, encontraremos algo de un pacto denegativo que niega demasiado lo imposible, que no ha logrado ligar las renuncias
pulsionales necesarias para la constitución de esa vincularidad
y que ha trabado el trabajo de la intersubjetividad, fundamentalmente en lo que concierne al despliegue de la potencialidad transformadora del vínculo.
¿Qué habría en la salida de ese análisis? Seguiría existiendo el pacto denegativo en tanto organizador de la vincularidad, pero que habría perdido parte de su función defensiva frente a esa misma vincularidad. Por lo tanto, esperamos:
1) Encontrar mayor posibilidad de ligadura de la negatividad de obligación, en el sentido de un saber y de un poder
sacrificar algo de la mismidad, sobre todo en su potencialidad de renuncia pulsional, para que el vínculo pueda advenir.
2) Reducir lo más posible la negación de lo imposible de
esa vincularidad, saber acerca de sus límites, de su incompletud.
3) Más trabajo vincular en el despliegue de lo posible, de
lo aún no realizado, de lo que a pesar de no haber sido, podría
ser de otro modo.
La operación de transformación sería efecto de un trabajo
intersubjetivo con el analista para desanudar lo alienado en
las alianzas y re-anudar desde otro lugar subjetivo. Habría

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

entonces, transformación subjetiva a partir de o junto a un
cambio en la posición vincular.
Si Marina está esperando que los niños duerman para llevarlos a su cama mientras Francisco supone que ella está en
la cama con ellos para no encontrarse, el malentendido da
cuenta de la negación de ese resto ajeno que les imposibilita
algún nivel de encuentro. Sin embargo, allí, justamente allí,
algo de otro orden, ligado a sus alianzas inconcientes le darán formato a una intimidad que consiste en observar al Gran
Hermano, dejando a la vista que el estar juntos y solos se les
sintomatiza.
Ellos se duermen como duermen a sus hijos. Los chicos no
«se van a dormir» sino que «se van durmiendo». No están a
solas en su cuarto, en ese encuentro con su propia interioridad posibilitadora del sueño. Y aquí, en lugar de recorrer el
camino de su propia intimidad, o de la intimidad compartida
alrededor de su sexualidad, se entregan a la pantalla de las
vidas ajenas, mostradas en el gran reality televisivo.
La escena de la viñeta muestra que el trabajo intersubjetivo
se ha trabado. Los dos creen saber porqué el otro hace lo que
hace. Habrá que ver qué posibilidad tienen de retomar el trabajo vincular, sustraerse de la oferta alienatoria de la pantalla
y volver a desplegar algo de aquel amor sexual que quedó
plegado en el punto de los nacimientos.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 97-107

107

Bibliografía
Badiou, A. Elogio del amor,
Flammarion, Madrid, 2010.
Gaspari, R., Rajnerman, G., Santos, G. «Estructura y acontecimiento. La pregunta por el
orígen en la familia adoptiva»,
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T.XVII, Nº 2 ,1994.
Kaës, R. Un singular plural, Edi-

torial Paidós, Buenos Aires,
2010.
Sibilia, P. «Mutaciones de la subjetividad», en La intimidad. Un
problema actual del Psicoanálisis, Psicolibro Ediciones,
Buenos Aires, 2010.
Waisbrot, D. Más de un otro,
Psicolibro Ediciones, Buenos
Aires, 2010.

Mass media y
subjetividad

Graciela Ventrici *

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 109-121

(*) Médica, Psicoanalista. Miembro Titular de AAPPG.
E-mail: gventrici@sion.com

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 109-121

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Como punto de partida para esta ponencia me es necesario
situarme en el pasaje del capitalismo industrial al capitalismo
pos-industrial, tal como lo entiendo en sus producciones sobre la sociedad, las lógicas del funcionamiento mental y tecnológico y las formas de comunicación.
Así podemos ubicar a la sociedad industrial con sus dispositivos de encierro que fueron las instituciones por las que
transcurrían, disciplinándose, nuestras vidas.
El centro de la vida del adulto en edad productiva era el
trabajo cuya estabilidad y la actitud corporal que imponía,
eran signos de identidad y pertenencia.
Junto con el advenimiento de la mecánica en el plano tecnológico se desarrolló la actividad mental en forma analógica,
alfabética y conjuntiva.
Las formas masivas de comunicación fueron a través de la
prensa escrita y la radio. El teléfono fijo permitió la comunicación a distancia y tuvo un lento desarrollo hasta ser común
a la población.
Esta organización con sus condiciones de producción de
bienes materiales y simbólicos conformó y estuvo conformada por formas de subjetividades más o menos alienadas a esas
instituciones disciplinarias. Los movimientos de subjetivación capaces de liberar al individuo y a los colectivos de esa
alienación eran contra-institucionales, aunque algunos también anti-institucionales.
Ubico el proyecto de autonomía económica, política y social, en dos grandes conjuntos:
A) Los movimientos revolucionarios en relación al capitalismo, pero no a la disciplina que, debilitados por la frustración de los socialismos reales, se silencian.
B) Los movimientos sociales basados en la creatividad
como modo de emancipación del poder represivo –tan bien

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 109-121

trabajados por Suely Rolnik–1 que fueron cooptados por el
capitalismo pos-industrial, y enunciados como «tendencias».
Este modo de capitalismo ya no necesita de los cuerpos
–en el sentido de la fuerza de trabajo– sino de los cerebros,
por eso muchos autores le llaman «capitalismo cognitivo» y
al conjunto de los trabajadores «cognitariado».
Esta condición del capitalismo pos-industrial de no necesitar sino de los cerebros, al punto tal que, como dice Maurizio
Lazzarato,2 actúa «en la movilización y en la modulación de
los componentes preindividuales, precognitivos y preverbales
de la subjetividad, haciendo funcionar los afectos, las percepciones, las sensaciones aún no individuadas, aún no asignables
a un sujeto, … como elementos de una máquina» por esto, a
diferencia de su fase anterior, busca cada vez mayor flexibilidad en las estructuras desdibujando los límites de las instituciones cuya mediación deviene innecesaria.
Deleuze3 las llamó sociedades de control, porque su operatoria es la de modular, recombinando conectivamente, condición que puede extenderse indefinidamente controlándolo todo.
«Los encierros son moldes, módulos distintos, pero los controles son modulaciones… La fábrica era un cuerpo que llevaba a
sus fuerzas interiores a un punto de equilibrio: lo más alto posible para la producción, lo más bajo posible para los salarios;
pero la empresa es un alma, un gas... la empresa se esfuerza
por imponer una modulación a cada salario, …por introducir
una rivalidad inexplicable como sana emulación… el principio
modular del ‘salario al mérito’ que ha tentado también a la
educación nacional» ... «ya no es el capitalismo para la producción sino para el producto, es decir para la venta y el mercado… es esencialmente dispersivo… El marketing es ahora el
instrumento del control social… El control es a corto plazo y
de rotación rápida, pero también continuo e ilimitado».
1

2
3

Suely Rolnik «Geopolítica del rufián», en: Micropolítica. Cartografías
del deseo de F. Guattari y Suely Rolnik, Ed. Tinta limón, 2006.
Maurizio Lazzarato, «La Máquina».
Giles Deleuze «Posdata para las sociedades de control».

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Virno4 retoma la intuición de Marx de que en cierto momento la técnica y la ciencia se volcarán por entero a la economía y entonces la producción de valor será intelectual, colectiva y abstracta. Plantea que el pos-fordismo «es el momento
histórico en que el capital pone a trabajar prerrogativas propias del animal humano, básicamente, el hecho de ser potencia, seres no acabados, mutables, siempre modificables. Es así,
que el lenguaje aparece como el espacio que mejor resalta y
explica la condición fundamental de la fuerza de trabajo actual: es inmediatamente transindividual y sin embargo, asumido y singularizado por cada sujeto de modo particular, cada
vez».
La sociedad pos-industrial, global, de control, desarrolla
la tecnología digital para el advenimiento de la informática
que se suma al predominio de la imagen sobre la palabra oral
o escrita, a la que acompaña cuando no desplaza, y esta creación es coincidente con cambios en las mentalidades. La pregunta es si esta coincidencia implica una relación de causa
efecto o es un fenómeno de interferencia que implicaría que
para poder inventar y usar nuevas tecnologías hay que modificar mentalidades.
A los medios masivos de comunicación existentes, como
la radio y los diarios, se agrega en los años 50 la Televisión,
dos décadas después comienza la vertiginosa incorporación
de la informática a través de la computadora, que primero va
reemplazando a la máquina de escribir y rápidamente aparece la Internet que modifica y amplia las formas de adquirir
información y de comunicarse. Paralelamente en los 90 la
también veloz propagación de los teléfonos celulares hace
que en pocos años exista la posibilidad de estar conectado
full time y en redes permanentes.
Este fenómeno técnico que acompaña y profundiza la forma actual del capitalismo global, al punto que parecen haber
nacido juntos, ha desplazado las subjetividades disciplina4

Tomado del trabajo monográfico de Alejandra Lidman, «Del topo a la
serpiente. Crítica y clínica para el después del sujeto».

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 109-121

rias dando lugar a otras formas subjetivas difíciles de reconocer.
Creo adecuado plantear como mass media no sólo las formas de comunicación que implican el mundo periodístico,
sino también el uso de la Internet a través de programas como
el skype, el messenger, o los sitios web: los que dan información y los que permiten hacer público el perfil del usuario y
desde allí intercambiar con el exterior: los blogs, fotologs,
facebook, linkedin, etc.; tanto unos como otros usan los mismos recursos técnicos, pero constituyen dispositivos diferentes en cuanto a: 1) su condición de enunciación; 2) las líneas
de fuerzas que regulan; 3) la capacidad de objetivación o subjetivación y 4) la potencia de fuga de que disponen respecto
de la dominación.5
Antes del advenimiento de la informática, la televisión que
se fue incorporando a la vida cotidiana, problematizó a la
subjetividad instituida.
Hasta entonces la imagen animada estaba circunscripta al
cine que no pertenecía al ámbito de lo familiar, sino de lo social, perfectamente delimitados; ahora la imagen avivaba el espacio privado y alteraba los modos de intercambio y por ende
los lugares imaginarios y simbólicos de los habitantes de la casa.
Pero, teniendo en cuenta que los canales eran pocos, la señal
imperfecta, en blanco y negro y no transmitían las veinticuatro
horas, seguía siendo algo cuya presencia podía regularse.
La televisión color que llega a la Argentina hacia fines de
los 70, comienzo de los 80, acompañada del fenómeno económico de la «plata dulce» (eufemismo que encubría la mutación económica y distraía del genocidio) empieza a darle a
la pantalla chica un realismo que se profundizó cada vez más.
5

Tomo de Susana Pintos y Alicia Zanghellini el acople de las líneas de
fuga de Deleuze a las características del dispositivo foulcaultiano al
que ellas llamaron «dispositivo multilineal» en el libro de reciente aparición Trabajando en y con grupos. Vínculos y herramientas, Lugar editorial, 2011.

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115

Si alguna tecnología hizo bisagra entre las dos fases del
capitalismo, esa fue la televisión, que fue la estructura técnica que más transformaciones sufrió a partir del desarrollo de
la cibernética, y que, si bien está degradada en el discurso
burgués, nadie se atreve a apagarla para siempre. Por el contrario, si antes había un solo aparato para toda la familia, ahora hay televisores en los cuartos de los hijos, de los padres y
en los espacios comunes pantallas cada vez más grandes.
¿Qué pasa? ¿Dónde se entrama la máquina televisiva para
ser parte indivisible de la vida cotidiana?
Dice Lazzarato: «Interpretando el punto de vista de Deleuze y Guattari se podría afirmar que el capitalismo no es un
‘modo de producción’; ya no es un sistema, sino un conjunto
de dispositivos de servidumbre maquínica … y a la vez un
conjunto de dispositivos de sujeción social ... Los dispositivos
son máquinas, no obstante,... las máquinas ya no dependen de
la techne. La máquina tecnológica es sólo un caso de
maquinismo. Hay máquinas técnicas, estéticas, económicas,
sociales, etcétera».
Luego diferencia servidumbre de sujeción maquínica: «Estamos bajo la servidumbre a una máquina en tanto constituimos una pieza, uno de los elementos que le permiten funcionar. Estamos sujetos a la máquina en tanto que somos sus
usuarios, en tanto que somos sujetos de acción de los que ella
se sirve. La sujeción actúa sobre la dimensión molar del individuo (su dimensión social, sus roles, sus funciones, sus representaciones, sus afectos), mientras que la servidumbre
maquínica actúa sobre la dimensión molecular, preindividual,
infrasocial (los afectos, las sensaciones, los deseos, las relaciones aún no individualizadas, no asignables a un sujeto)».
«La televisión hace que los enunciados conformes a la realidad dominante del capitalismo pasen por enunciados de los
individuos, mediante la puesta en funcionamiento de una máquina de interpretación de sus palabras y de su expresión y
una máquina de subjetivación que funciona a partir de la constitución de un doble del sujeto… Si eres entrevistado en la

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 109-121

televisión (poco importa en qué programa sea), eres instituido como sujeto de enunciación y sometido… a una máquina
no discursiva que interpreta, selecciona y normaliza incluso
antes de que comiences a hablar».
Sabido es que nuestra capacidad de enunciación está atravesada por las formas de enunciación y los enunciados de los
colectivos de los que formamos parte, que no hay posibilidad
de una enunciación subjetiva puramente individual. A esto
debemos agregar que las epistemes y ontologías que modelan nuestro funcionamiento mental con el que decodificamos
nuestras sensaciones y percepciones y damos sentidos, tienen una determinación de la que no tenemos conciencia, y
que bien las podemos pensar con metáforas maquínicas. La
película Matrix lo expuso muy elocuentemente.
Los psicoanalistas decimos que nunca nos encontramos
tan enfrentados a lo real como en la actualidad; para entenderlo diré que nunca como ahora hay tanta percepción de la
multiplicidad que nos compone, hasta poco tiempo atrás lo
transindividual tuvo que ser deducido y no sin enormes resistencias, en realidad era entendido sólo como un fenómeno de
indiscriminación de resonancia regresivante, fusional y no
también como un proceso ligado a la individuación y a la
resonancia progresiva, subjetivante.
Quizá esta visibilidad sea consecuencia de que las instituciones dejaran de velar la molecularidad de lo que contenían
al sintetizar complejidades y singularidades. Pero hay que
lidiar con el caos, hay que encontrar formas de moverse dentro de él haciéndolo inteligible, diseñando planos de consistencia que nos permitan resolver los problemas que se nos
presentan vez a vez.
No es fácil poner en cuestión las categorías instituidas que
implicaron conceptos fijos, establecieron métodos de intervención que han demostrado su utilidad frente al sufrimiento
psíquico, para tomarlos como herramientas posibles pero también prescindibles según el caso y a veces hasta desecharlas
por inadecuadas o perniciosas.

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Me parece que no alcanza el poder de los mass media para
determinar este fenómeno que vuelve cotidiano el hecho inconmensurable de que lo real contiene tanto actual como virtual en recombinación conectiva; en tal caso me siento inclinada a pensar que los mass media son instrumentos funcionales a la máquina capitalista de control, como lo fueron el diario y la radio a la máquina disciplinaria. La cualidad, la diferencia, está dada por la velocidad de recombinación que tienen que dan la impresión de ser causa última, velocidad de
recombinación que también tienen otras dimensiones de la
sociedad de control como la economía, la política, el arte,
etc. No obstante parece que todo pasara por la comunicación
destacando un sector de ella: el marketing.
¿Cuál es el secreto por el que el marketing logre tanto protagonismo? ¿Acaso su relación con el deseo?
En la medida que la fuerza de trabajo explotada es intelectual-creativa y no física, todo acto humano se convierte en
mercancía: no importa qué intención se tenga, el sentido de
mercancía lo alcanza, lo corrompe, lo transforma en objeto
que demanda ser consumido.
La condición de consumible es la clave del éxito del marketing como operador de la promesa de completud a la vez
que de la amenaza de miserabilidad, de formar parte de la
«subjetividad-lujo» o de la «subjetividad basura»,6 entre estos
dos polos, que el capitalismo global ha logrado hacerlos evidentes, se debaten en mayor o menor medida las subjetividades actuales.
Bajo amenaza, el mercado controla el deseo: winner or
looser, ésta es la cuestión, la tensión entre estos polos logra
que todos los otros valores nos conmuevan como bellas producciones de la imaginación; el fantasma de la basura, la villa miseria, la exclusión, recorre occidente generando una flexibilidad cínica como pieza de la máquina cuya expresión
más lograda es su capacidad mediática. Capacidad mediática
6

Suely Rolnik, obra citada.

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amplificada por la tecnología que maneja y la dominación
que la sujeta.
Bifo Berardi7 estudia el exceso de información transmitida
a velocidades crecientes como formas de intimidación por la
imposibilidad de procesar, muestra que hay una disparidad
entre el sistema de medios que emite señales y la mente que
las recibe. «El universo de los receptores, es decir, los cerebros humanos, las personas de carne y hueso, de órganos frágiles y sensuales no está formateado según los mismos patrones que el sistema de los emisores digitales, esto se manifiesta en electrocusión permanente, pánico, sobreexitación,
hipermotilidad, trastornos de atención, dislexia, sobrecarga
informativa, saturación de los circuitos de recepción».
Berardi advierte «La mutación cognitiva producida por la
mutación de la infosfera y el dominio económico y político de
las grandes empresas mediáticas globales son dos cosas distintas, aunque se entremezclan en la realidad del imaginario
social… No cabe pensar resistirse a la mutación antropológica que han puesto en marcha las tecnologías de la comunicación. Hay que desligar dominio y mutación: el dominio debe
ser erosionado, confrontado y eludido. La mutación debe ser
atravesada, recibida y elaborada».
Forzarnos a reconocer esta diferencia me parece una de las
formas primeras de pertrecharnos ante la máquina capitalista, y, teniendo en cuenta que hay generaciones en cuya crianza participaron tanto los padres como la televisión y la informática, es perentorio trabajarnos en nuestras subjetividades
para reconocer en las nuevas sus estrategias de fuga.
Por otro lado no podemos ignorar que las formas de organización social, las tecnologías y las subjetividades comparten y componen dimensiones deseantes en virtud de las cuales son producidas a la vez. Que están en retroalimentación
permanente, aunque en relaciones de fuerza que no son equi7

Franco Berardi «Bifo» Generación post-alfa. Patologías e imaginarios
en el semiocapitalismo, Tinta Limón, 2007.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 109-121

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tativas: la organizaciones sociales y las tecnologías son más
interdependientes que las subjetividades en el sentido que,
como «estructuras», éstas son infinitamente más complejas
que las otras dos y por lo mismo mucho más inestables,
disipativas e impredecibles, a la vez que son capaces de reflexionar sobre sí mismas y sus relaciones, capaces de habitar simultáneamente el territorio de las organizaciones sociales y las tecnologías, y a la vez desterritorializarse, fugar, crear
otros territorios que muevan los hegemónicos, usando de
manera diferente componentes técnicos y sociales ya existentes; entonces si bien la fuerza de los medios de comunicación masiva es enorme, el espectador tiene la potencia de hacer
con ella su propio juego, como bien lo expuso Umberto Ecco
en su trabajo sobre lo que los espectadores le hacen a la televisión. Así también atrevernos a ver un posible movimiento
contracultural en lo que los jóvenes hacen con los Blogs, cuyo
valor no nos es en absoluto evidente, pero que sin duda analiza a los medios de comunicación.

Bibliografía
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Post-Alfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo,
Ed. Tinta Limón.
Bourdieu, P. (1996) Sobre la televisión, Anagrama, Barcelona,
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serpiente. Crítica y clínica para
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monográfico para el seminario
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Edgardo Castro, UBA, 2009.

120

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 109-121

Pintos, S.; Zanghellini, A. (2011)
«Ponemos en diálogo nuestras
prácticas vinculares», en: Trabajando en y con grupos. Vínculos y herramientas, comp.
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Guattari; S. Rolnik, Tinta limón, Bs. As., 2005.
Simondon, G. (1958) La individuación, Ed. Cactus y La Cebra, Bs.As., 2009.

Sibilia, P. (2009) La intimidad
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humana. Coedición Ed. Cactus y Tinta Limón Editores,
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Virno, P. (2003) Gramática de la
multitud. Para un análisis de
las formas de vida contemporánea, Ed. Colihue, Bs. As.,
2003.

Resumen
Este trabajo se propone pensar la relación de las mass medias con la producción de subjetividad. Para ello necesita ampliar el campo de análisis y situar el problema dentro del pasaje del capitalismo industrial al capitalismo pos-industrial,
en sus producciones sobre la sociedad, las lógicas del funcionamiento mental y tecnológico y las formas de comunicación.
Se trata entonces del pasaje del capitalismo industrial, que
necesita de los cuerpos a los que disciplina a través del trabajo y la educación analógica, conjuntiva y alfabética, a otra
forma del capitalismo que deja atrás la modalidad industrial
y no regula los cuerpos a través de dispositivos de alienación,
sino que intenta modular por recombinación conectiva los cerebros, actuando sobre los componentes preindividuales, precognitivos y preverbales de la subjetividad.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 109-121

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Va recorriendo diversos modos de entender este pasaje y
sus características de la mano de autores como Deleuze,
Lazzarato, Virno, Rolnick, Berardi, bordeando preguntas tales como: ¿dónde se entrama la máquina televisiva para ser
parte indivisible de la vida cotidiana? ¿Cuál es el secreto por
el que el marketing logre tanto protagonismo? ¿Acaso su relación con el deseo?
La fuerte tendencia a la institucionalización propia de la
sociedad industrial invisibilizó la multiplicidad que se hace
perceptible en la sociedad pos-industrial y esto se vuelve un
desafío para comprender las subjetividades que promueve y
sus posibilidades de subjetivación.

Presentación Revista en
XIX Congreso FLAPAG
«El Psicoanálisis Vincular
de Latinoamérica:
Lo singular  Lo múltiple»

Graciela Milano *

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 123-126

(*) Licenciada en Psicología. Miembro Titular de AAPPG. Actual Directora de Publicaciones de AAPPG.
E-mail: gracielamilano@fibertel.com.ar

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 123-126

125

En el marco de este Congreso, «El Psicoanálisis Vincular
de Latinoamérica: Lo singularLo múltiple», que no deja
de impresionar por el número de títulos, el menú de opciones, la cantidad de trabajos escritos…, la Presentación de nuestra Revista, Revista de la AAPPG, ocupa un lugar.
Lugar propicio para conversar acerca de los escritos que
hemos compilado desde nuestro comité editor y también hacer extensiva esta conversación a los variados temas que hacen al escribir en las instituciones.
El número de nuestra revista acompañó con su título el
nombre de este Congreso: «Diversidades: Lo singularLo
múltiple».
Convocamos al escribir como esa forma privilegiada de
transmisión de experiencia.
Experiencia que redobla en sus resonancias ese intrincado
nudo del producir conjunto.
El prólogo editorial, que abre a la presentación de los escritos
ofrecidos por nuestros colegas, habla de esa tela opaca que cubre
lo propio del texto y aun así deja traslucir nuestras discusiones,
acuerdos, desacuerdos, distintas lógicas, distintas formas de abordar Lo Vincular que hacen a la riqueza de lo heterólogo.
Estatuto y privilegio del escribir en Psicoanálisis de las
Configuraciones Vinculares en el que el pensar- hacer- escribir es Vincular pues lleva la ineludible presencia del otro.
Un singular que escribe lo múltiple.
Se escribe cuando se puede leer la práctica, la experiencia
y de resultas queda un testimonio de esa práctica que va haciendo teoría.
Una transmisión de saber que lleva la paradoja de su permanente caída pues admitamos conlleva la ficción imaginario simbólica de lo instituido.

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 123-126

Sin esta ficción el intercambio no sería posible, pues es la
que sostiene nuestros diálogos, la que arma nuestras presentaciones, la que nos ilusiona en estos encuentros tan valiosos;
pero si atrevemos a cuestionar, a desmoronar el saber hegemónico, nos prevenimos del quedar atrapados en su estafa.
Atravesar el espejismo de su poder nos conduce a esos
momentos de fuga que desafían el vacío, esa «hiancia», ese
espacio que aligerado de burocracias abre al «hacer algo con»
el obstáculo, el límite….
Un escribir más cercano a esa letra como litoral que bordea límites sin fronteras.
Dejo aquí esta breve presentación para dar lugar a Sergio
Rodríguez y Silvana Camerlo a quienes invitamos a comentar nuestra Revista.
2 de Julio 2011

La escritura del psicoanalista,
entre su singularidad
de sujeto y los lazos
sociales de su práctica*

Sergio Rodríguez **

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 127-132

(*) Trabajo presentado por el autor como invitado, en el Congreso de la
Asociación de Psicología y Psicoterapia de Grupo.
(**) Médico, Psicoanalista.
E-mail: sarodrig@gmail.com

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 127-132

129

Hablamos de esta cuestión, porque sin discurso, no hay
escritura. Y, si hay discurso está ocurriendo alguna forma de
lazo social. Cuando se habla, debido al inconciente que se
produce entre los hablantes y lo atesorado en lo inconciente
de cada sujeto de la enunciación, se producen los enunciados. También incide el Yo, con sus tres resistencias (de represión, de transferencia, de beneficio secundario). El Superyó,
positiva1 o negativamente, según sea su relación con ideales
y con cuáles. También la articulación Ello Superyó, en función de qué hábitos de goces genere. Al escribir, se es cruzado al menos, por todos esos vectores. Ellos operan, tanto en
lo que la memoria va seleccionando, como en las conjeturas
que el aparato de pensar pensamientos 2 va estructurando. El
psicoanalista escribe: hablado por sus analizantes, sus maestros, sus lecturas, sus colegas.
Comenzada la escritura, se dialoga con lo escrito a iniciativa de éste, que nos habla. Del discurso en que el escritor se
sentía amo, va pasando al de la histérica. En él, si no es demasiado necio registrará el agujero que lo escrito como S1 (significante amo), le hace a su creencia (S2) sobre lo que escribió.
Lo escrito, puede terminar como puro desperdicio de saber, o
como alguna renovación en la producción de saber.
El lector anónimo, es una gran figura superyoica que planea su sombra sobre los que escribimos. La escritura de
seguidistas, tiene la facilidad de que no escribe, repite lo escuchado o leído. Pero eso no es escribir, es copiar, antiguo y
digno oficio previo a la creación de la imprenta. Escribir, es
crear. La creación puede ser artística, científica, filosófica,
política. Se da en quienes no copian, se inspiran. También se
puede ser repetidor y no creativo en la escritura científica. En
1978, comencé a escribir sobre psicoanálisis polemizando.
Me apoyaba, casi copiaba, a Freud y Lacan. Luego fui siendo
más creativo, sin perder a ellos y otros, como referentes. ¿Escribir, es repetir o sólo citar, lo ya escrito por otros? No, es
hacer trabajar esos escritos, en función de nuevos reales que
1
2

Ver el artículo «El Humor» de Sigmund Freud.
En Volviendo a Pensar de Wilfred Bion.

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 127-132

los agujerean. La cita puramente repetitiva es otra cosa que la
cita analítica. Ésta, cita para analizar y reciclar, reafirmando
o criticando aquellas citas y desplegando nuevas conjeturas.
¿Qué es de los escritos leídos, lo que hay que agujerear
para poder ir un paso más allá? Lo que hay que agujerear es
el efecto imaginario que producen. ¿A qué le llamo efecto
imaginario? A cuando el texto produce tal aburrimiento o
mutatis mutandi, tal fascinación, que no encontramos puntos
abiertos para continuar pensando, elaborando, conjeturando.
No estoy queriendo decir que no haya que buscar belleza estética cuando se escribe, la belleza estética no obtura. Y si no,
pensemos en las buenas poesías o ficciones. Pero como en
ellas, no tiene que ser una belleza encerrada sobre sí misma,
en el género de «los bellos animales narcisísticos» de que
nos hablaba Freud.3 Que desde su esplendor, cómo las bellas
histéricas, excluyen y marginan del placer y del goce orgásmico al otro, reduciéndose ellas a un goce sado masoquista
que las empobrece. Resulta mejor, una belleza abierta en su
déficit, que invita a acercarse para disfrutarla y embellecerla
más. O sea, a trabajar no sólo sus deficiencias, sino también
las nuestras.
Cuando se escribe en grupo, si se instala la psicología de
las masas, los diferentes yo identificándose al líder pueden
ceder al efecto imaginario del grupo. No ocurre así, cuando
el líder está atento a no dejarse tomar como ideal, o los integrantes tienen suficiente respeto por su inconciente como para
estar atentos buscando deslindarse de los efectos de identificación. Eso les permite advertir lo que falla en lo que se escribe, para buscar nuevas direcciones, sentidos y significaciones.
Lo real, desde los arribos de Lacan en su elaboración sobre la estructura y estructuración del pensar y el hacer, no se
define reductoramente como lo material. Su definición más
precisa, podría ser algo así como: todo aquello que nos conmueve y de lo que en la circunstancia, no sabemos nada, no
3

En «Introducción del Narcisismo».

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 127-132

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logramos entender. Lo que nos impide, saber qué hacer con
eso. Lo real, si no nos inhibe, estimula preguntas. Nos causa
deseos de investigar, buscar nuevos saberes, referencias, para
reescribir.
Un escrito alcanzará la dignidad de escrito, si deja restos,
que convoquen a reescribir. Restos en los que dicho escrito
no redondea, es «desprolijo», no se obsesiona con la exactitud. Acalla, la tentación de hacer oídos sordos al latir de verdades visiblemente ocultas. Son esos puntos de imprecisión,
de falta, los que abren lugar a las conjeturas del lector. La
dificultad que presentan los escritos de Lacan, para dejarse
leer de un modo obsesivo, está en la ausencia de redondeos
gratos imaginariamente. Pero son dichas ausencias que instan a seguir leyendo, porque generan la ilusión que en el próximo capítulo se develará La Verdad. Durante un primer tiempo se empeñó en resumir sus seminarios en escritos, de ahí
sus Escritos. Luego prefirió que se publique la versión
desgrabada de sus Seminarios, solamente revisados en las traducciones. Cercano a sus años finales (1972), produjo L’
Etourdit, obra maestra de escritura, difícil de dilucidar pero
riquísima inspiradora para relanzar el discurso del psicoanálisis. Fue, parafraseando a Sócrates, «un tábano sobre nuestra
cabeza, picándonos y manteniéndonos despiertos». Le estoy
enormemente agradecido, porque me provocó a pensar, escribir, mostrar.
Entre el pensamiento que nos piensa, y la escritura que
llama a ser corregida corrigiendo las necedades del pensamiento que nos piensa, emergen nuestras faltas encadenadas
a las del Otro que las acunó. Eso también, les ocurrió a Freud,
W. Reich, Ferenczi, Melanie Klein, Lacan, Racker, Bleger,
Rodrigué y otros grandes de la escritura psicoanalítica. Es de
dicha castración, que emergieron nuevas escrituras deseantes
de establecerse como escritos.
Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, la revista
que produce la AAPPG, se presenta a través de los siguientes
rasgos. 1) Como agente, o sea desde un lugar que promueve
el inicio de un discurso. Para desarrollar esa función, se ofre-

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 127-132

ce como receptáculo de escrituras (S2). 2) Resulta como discursos para debatir ideas sobre psicoanálisis de los vínculos
entre los seres hablantes. 3) Desde un punto de partida: entender al psiquismo, como producto de lo que ocurre a través
de formas diversas de la interacción entre lo que cada uno
porta y lo que se produce en el encuentro <> desencuentro
con los demás. 4) Desde esos puntos, se propone como campo de investigación y de trasmisión, para las investigaciones
sobre dicha temática. 5) Para abrevar en otros y que otros
abreven en la revista, llevan a cabo una política activa de
vinculación, nacional e internacional. Esos cinco puntos son
la arquitectura del semblante de la revista. Forma parte de
ese semblante su edición cuidada y diagramada que llama a
ser leída. Recorridos los títulos de sus artículos y leído el
editorial de Graciela Milano, uno advierte que en este número por lo menos, cumplieron con lo que se propusieron. Luego, el pluralismo de posiciones conceptuales que la recorre,
hará lógicamente que cada lector se sienta más o menos satisfecho con lo que leyó.
Creo que cumplieron sobradamente con lo que se propusieron, y en consecuencia, tienen mucho para festejar. Yo, los
festejo.

De resonancias,
e intertextualidades
y obras abiertas

Silvana Camerlo *

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 133-136

(*) Licenciada en Psicología. Licenciada en Letras. Semióloga. Docente
de la Facultad de Psicología UBA.
E-mail: scamerlo@yahoo.com.ar

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 133-136

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Advierto en el editorial de la Revista Psicoanálisis de las
Configuraciones Vinculares, escrito por Graciela Milano, la
mención del «juego insensato del escribir» de Mallarmé, haciendo referencia a la escritura que abre a otra escritura.
Tal cita me remite a Umberto Eco y a su concepto de obra
en movimiento: las obras abiertas en cuanto «en movimiento» se caracterizan por la invitación a hacer la obra con el
autor. El Livre, de Mallarmé fue la Obra por excelencia en la
que el poeta francés trabajó toda su vida, pese a no haberla
llevado a cabo. De un número limitado de elementos estructurales móviles saldría la posibilidad de un número gigantesco de combinaciones.
El Livre tenía por objeto un mundo en constante fusión
que se renovaba permanentemente ante los ojos del lector.
Eco invita a que el lector se mueva interpretativamente,
del mismo modo en que el autor lo ha hecho generativamente, al producir su obra. Autor y Lector constituyen estrategias
textuales. El Autor espera de su Lector similares competencias enciclopédicas; espera que en la partida de ajedrez que
es el proceso de lectura el Lector gane.
El Autor ofrece al usuario una obra por acabar: al finalizar
el diálogo interpretativo se habrá concretado una forma que
es «la» forma del Autor, por más que esté organizada de un
modo que él no hubiera podido prever del todo.
Continúo resonando con el texto de Milano: ella considera
a la escritura como «forma privilegiada de transmisión de la
experiencia» y cita a John Berger para quien la escritura es el
acto de aproximarse a la experiencia sobre la que se escribe,
del mismo modo en que el acto de leer el texto escrito es otro
modo de aproximación.
Julio Cortázar sostenía que el lector debía ser co-partícipe
del proceso de escritura, esto es, un lector activo que acompañara al autor a realizar el salto en la Rayuela.

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 133-136

Percibo que en este juego intertextual de co-presencia de
textos diversos –pero amigos– como ser: Obra abierta, el
Livre, Lector in fabula, Puerca Tierra, entre otros, adviene la
polifonía, de la que Mijail Bajtin hablara: frente al monologismo y a la voz autoritaria de los cantares de gesta, el dialogismo de la novela, o del ensayo. Polifonía que es el quiebre
de la homogeneidad discursiva y que se evidencia en la pluralidad de géneros y de rasgos prosódicos, lexicales, sintácticos, fónicos, gráficos e idiolectales.
Y polifonía también en las diferentes voces que se perfilan
en unos colectivos, tal como los encontramos en las instituciones.
Siguiendo a Herrera, Loya, De la Sovera y Woronowsky,
podemos entender lo grupal como «anudamiento donde lo
institucional es sustantivo al modo en que los grupos pueden
y no pueden pensarse en su quehacer».1 Podemos, además,
considerar la institución en un doble movimiento: de instituido- instituyente en el que «las fuerzas instituyentes se abren
camino en las rutas, grietas y márgenes de la geografía de lo
instituido».2
Por experiencia personal sé –como bien dicen los autores
arriba mencionados– que la enseñanza, la investigación y el
servicio conforman una multiplicidad articulada, de tal manera que la transmisión de un saber constituya una indagación y un constante abrir de interrogaciones.

1

2

Instituciones Estalladas, Ana María Fernández, Juan Carlos De Brasi,
Buenos Aires, Eudeba, 2000.
Op. cit.

INTERROGACIONES...
Y PERSPECTIVAS

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 137-142

ESPACIO ADULTOS MAYORES
COORDINADORA:
SOLCHI LIFAC
E-mail: solchilifac@gmail.com
INTEGRANTES:
MARÍA CAPPONI
E-mail:capponimaria@yahoo.com.ar
GRACIELA D’UVA
E-mail: graciela-duva@hotmail.com
JACQUELINE JURIS
E-mail: jacquelinejuris@gmail.com
SILVIA LUCHESSI
E-mail:silviaolaso@hotmail.com
MARTHA NAYMARK
E-mail: martanaymark@gmail.com
PAULINA TOKER
E-mail:ptoker@hotmail.com
COLABORADORAS EXTERNAS:
NORA BARENSTEIN
E-mail: noraliab@gmail.com
MARIELA KLOS
E-mail: marielaklos@hotmail.com
NORMA PAPURELLO
E-mail: npapu@yahoo.com.ar

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 137-142

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En este espacio dedicado al quehacer de nuestras Áreas
Científicas, el espacio de Adultos Mayores escribe su tarea.

LA PRESENCIA DE «LO INÚTIL»
«Antaño don Verídico sembró casas y gentes en torno al
boliche El Resorte, para que el boliche no se quedara solo.
Este sucedido sucedió, dicen que dicen, en el pueblo por él
nacido.
Y dicen que dicen que había allí un tesoro, escondido en la
casa de un viejito calandraca.
Una vez por mes, el viejito, que estaba en las últimas, se
levantaba de la cama y se iba a cobrar la jubilación.
Aprovechando la ausencia, unos ladrones, venidos de Montevideo, le invadieron la casa.
Los ladrones buscaron y rebuscaron el tesoro en cada recoveco. Lo único que encontraron fue un baúl de madera, tapado de cobijas, en un rincón del sótano. El tremendo candado que lo defendía, resistió, invicto, el ataque de las ganzúas.
Así que se llevaron el baúl. Y cuando por fin consiguieron
abrirlo, ya lejos de allí, descubrieron que el baúl estaba lleno
de cartas. Eran las cartas de amor que el viejito había recibido todo a lo largo de su larga vida.
Los ladrones iban a quemar las cartas. Se discutió. Finalmente decidieron devolverlas. Y de a una. Una por semana.
Desde entonces, al mediodía de cada lunes, el viejito se
sentaba en lo alto de la loma. Allá esperaba que apareciera el cartero en el camino. No bien veía asomar el caballo,
gordo de alforjas, por entre los árboles, el viejito se echaba a correr. El cartero, que ya sabía, le traía su carta en la
mano.

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 137-142

Y hasta San Pedro escuchaba los latidos de ese corazón
loco de la alegría de recibir palabras de mujer».
Galeano, Eduardo
El libro de los abrazos, «Sucedidos/2»

Interrogando el cuento
Todo texto se presta a una multiplicidad de lecturas. Se
trata, en todos los casos de abrir, metáfora de por medio un
baúl, investigar su contenido, rescatar su valor simbólico.
Cuando le preguntaron a Picasso qué había querido decir en
una de sus pinturas, contestó: «Si lo hubiese podido decir, no
lo hubiese pintado».
Somos concientes que la interpretación es siempre parcial,
acotada, insuficiente. Cualquier comentario está teñido de subjetividad: proyecciones, identificaciones, depositaciones; todo
es transferencia. Aún así será la palabra la que buscará, en última instancia, desamarrar el pensamiento complejo.
En este espacio concedido a las interrogaciones, nos preguntamos: ¿cuáles son las líneas argumentativas del cuento?
Son varias, entre ellas, el destino de la sexualidad oculta,
sofocada.
«¿No será impertinente mi pregunta doctor? ¿No estaré
trasgrediendo los límites?», pregunta un hombre de 82 años.
En nuestra cultura el viejo es considerado un ser asexuado.
Y esto, más que un enunciado, es un paradigma.
Aquí es donde cabe una reflexión: ¿cómo ocurre que el
deseo vivo y joven es obligado a renunciar? El deseo se vuelve inaceptable e irrisorio. La expropiación resulta inapelable.
No es el deseo el que se anula, sino el mismo derecho a desear.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 137-142

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El hombre está permanentemente creando y construyendo
mundos subjetivos. Pero, aun en sus inefables expresiones,
lo que delata su verdadero self es lo que palpita en lo profundo del psiquismo esperando ser nombrado, significado. Y
deben estar los otros para despejar-interpretar nuevas o aletargadas significaciones.
No era, sin duda, lo que los ladrones habían ido a
buscar.
Frente al desencanto se discutió. No conocemos el «qué»
ni el «cómo». Tampoco sabemos cuál fue la réplica que se
constituiría en verdad compartida y consensuada.
¿En función de qué representaciones el objeto fue rescatado de la destrucción para ser reinvestido como tal?
Lo cierto es que, legitimizado por la discusión, su contenido deja de ser vulgar, patético, obsceno ¿inútil? Lo que le
quita el efecto de profanación es la resignificación, es su recuperación simbólica.
¿Qué hace que dentro de un marco de violencia se inserte
la expresión amorosa?
La revelación, acontecimiento en sí, suspende el antes y
condiciona de manera novedosa el después. Y… los saqueadores, a contrario sensu a su oficio deciden, esta vez, devolver
el botín. Misteriosamente, y hasta diríamos tocados por cierta
sensibilidad empática deciden hacerlo pero, no de cualquier
manera.
Las cartas deberán ser devueltas de a una, tal como habían
sido recibidas; todas y cada una de ellas, recibidas de a una y
en un momento único también.
Invisibles, recluidos en la oscuridad, el contenido del baúl
como su dueño salen al resplandor, a la luz. El sujeto está
siempre bajo la influencia del imaginario.

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 137-142

¿Es el encuentro amoroso; el reencuentro con su yo deseado-deseante?
Y… lo que está acallado ¿puede resurgir como despertar
pulsional? frente al reconocimiento de un otro significativo.
El viejito calandraca que no tiene nombre ni apellido «desubjetivizado» ¿diríamos? ahora tiene identidad: la de haber sido
deseado por muchas mujeres. Vivencias pasadas que al
revelarse, al abrirse sin restricciones emergen cargadas de la
emoción del reencuentro con alguien, enriquecido ahora, por
el reencuentro consigo mismo; el yo recupera el estremecimiento que en algún momento recorrió su ser.
Las verdades se van construyendo como tales:
¿Duda alguien de la veracidad del cuento?
Recordemos a Borges: «La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos porque, en el fondo, era cierta».
«Sucedidos/ 2» se titula el cuento.

Bibliografía
Borges, J. L. Obras completas, El
Aleph. Ema Zunz. pág. 568,
Emecé Editores, Bs. As., 1974.

Galeano, E. El libro de los abrazos, «Sucedidos/2», pág. 49,
Ediciones P/L., Bs. As., 1989.

ARTE

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 143-150

«El Erizo»

Silvia Luchessi de Olaso *

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 145-150

(*) Licenciada en Psicología, Licenciada en Filosofía. Miembro Activo
de AAPPG. Miembro de la Asociación Latinoamericana de Psicogeriatría y Psicogerontología (ALAPP).
E-mail: silviaolaso@hotmail.com

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 145-150

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«El Erizo»
Directora: Mona Achache
Basada en el libro La elegancia del erizo de Muriel Barbery
«una vida está en todos lados, en cada
uno de los momentos que atraviesa
tal o cual sujeto viviente…
«Esta vida indefinida…tiene solo
intervalos, entre-momentos»
Deleuze, G.

La cámara muestra otra cámara: la de una niña de once
años que vive con su familia de alto nivel social en un edificio de la calle Grenelle, en París, cuyo propósito es finalizar
su película y luego, el día de su cumpleaños, suicidarse. Encuentra que el destino final del ser humano es morir, encerrado como un pez en su pecera, tras una vida sin sentido, como
parece ser la de los seres que la rodean: su madre, su padre y
su hermana.
Paloma, pues de ella se trata, capta lo que los otros no
pueden captar: aquello cotidiano y «a la mano»1 de su mundo
cercano con sus miopías y vidas vacías. Lo describe descarnadamente, sin piedad…
El azar posibilita sin embargo, otros encuentros, y a la vez
otros vínculos que operan como apertura a nuevas situaciones, más plenas, más plenamente humanas…
Se trata de la portera del edificio: Renée Michel, discreta,
fría, distante, quien aparentemente lleva una vida rutinaria y
monótona, pero que guarda un secreto: una biblioteca llena
de libros en los que se refugia de su soledad.
En uno de tales encuentros ambas parecen ensamblar algo
diferente. Pequeños detalles de la trama, como el degustar un
1

Heidegger, «a la mano»: el carácter de familiaridad que no sorprende.

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 145-150

trozo de chocolate juntas, muestran en el gesto el advenimiento
de algo más... (mucho más…se verá después) de lo que venía
aconteciendo.
En el primer libro de esta autora, Rapsodia Gourmet, también se repite el tema del sentido del gusto, del «sentir» metafóricamente el gusto por aquellas cosas aparentemente banales de la vida.
Paloma percibe a Renée como un erizo: «lleno de púas por
fuera, tan elegante por dentro...».
El Diccionario (pues de acudir a libros se trata) nos refiere
que son «animales con el cuerpo recubierto de púas, de hábitos nocturnos, que permanecen escondidos entre la hojarasca
o en madrigueras que excavan ellos mismos durante el día,
que se pueden enrollar en forma de bolas, escondiendo las
partes más vulnerables: cabeza, cola y patas, y ante quienes
los demás animales retroceden cuando adoptan esta posición
de defensa».
Otro de los encuentros decisivos de la obra se produce ante
la mudanza al edificio de un misterioso empresario japonés:
Kakuro Ozu, amable, sencillo, educado, caballero, quien inmediatamente dirige su atención hacia Paloma y Renée.
Momentos de gustos exquisitos, delicados, sin excesos…
entre Renée y Kakuro parecen despertar afectos aletargados
y dormidos por el dolor de las pérdidas abriendo surcos para
dar lugar al amor, en el vacío de sentido.
En el último encuentro salen del edificio, ella ataviada con
el regalo de Kakuro.
Ingresa una propietaria, quien los saluda, sin reconocer a
Renée.
«No me reconoció» dice, sorprendida.
«Es que nunca la vio»… contesta Kakuro.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 145-150

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La amistad, el amor, el arte, y aun el arte dentro del arte se
conjugan en la trama de estas historias configurando en sutiles
y novedosas perspectivas, otro relato sobre la vida y la muerte.
Los nuevos vínculos provocan modificaciones en las subjetividades de Paloma y Renée.
Son los «encuentros» que de alguna manera nos rescatan
de la caída en el vacío del existir humano.
En este proceso el autor recurre al quehacer poético de la
metáfora posibilitando al espectador-lector la visualización
de otro modo de posicionarse en la arquitectura de la vida,
más allá de los personajes de ficción.
Se trata de un juego japonés: el Go.
«El objetivo, dice Paloma, es construir territorio, para ganar hay que vivir, sin duda, pero también dejar vivir al contrincante».
«El jugador demasiado ávido pierde la partida».
El amor en tiempos de vértigo, en su avidez de novedades,
¿no nos haría perder partidas?
Al final, reflexiona Paloma, «la vida y la muerte no son sino
la consecuencia de una edificación bien o mal construida».
La vida, la muerte, la vida, eterno retorno y eterna imbricación. «Las singularidades o los acontecimientos constitutivos de una vida coexisten con los accidentes de la vida correspondiente… Se comunican entre sí de un modo distinto al
de los individuos, de todo rasgo afín que los individualice»,
en el pensamiento de Deleuze.
La vida inmanente, pura potencia, en presencia hasta el
instante mismo del morir.
Es que algunos instantes nos muestran la vida, ocultándola…

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 145-150

La muerte acontece, finalmente, como muchas veces, inesperadamente, sin anuncios… Esto le ocurre a Renée.
Paloma reflexiona: «Sí, la muerte es una tragedia si se piensa que no volveremos a ver a los seres que amamos ni seremos percibidos por ellos».
«No es lo mismo, sin embargo, si en el preciso acto de morir nos encuentra amando.
Lo importante no es morir, sino que se hace en ese momento».
Y aquí, toda una erótica del pensar:
«¿Qué hacía usted Renée?»
«Estaba dispuesta a amar...»

Bibliografía
Allouch, J. Erótica del duelo en
tiempos de la muerte seca, Ediciones Literales, Buenos Aires,
2006.
Barbery, M. La elegancia del erizo, Seix Barral. Colección Biblioteca Formentor, Barcelona, 2010.

Bataille, G. La felicidad, el erotismo y la literatura, Adriana
Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2008.
Deleuze, G. y otros Ensayos sobre biopolítica, Excesos de
vida, Edit. Paidós, Buenos Aires, págs. 38-39, 2007.

PASANDO
REVISTA

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 151-178

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 153-156

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Familias y parejas.
Psicoanálisis, vínculo y subjetividad
Ricardo C. Gaspari, Daniel Waisbrot, comp.
Graciela Kasitzky de Bianchi, Silvia Gomel, Susana Matus,
Carlos Pachuk, María Cristina Rojas, Miguel Alejo Spivacow
Psicolibro Ediciones, 2011

Desde la introducción comienza
un extenso y disfrutable viaje que nos
conmueve constantemente, que nos
hace pendular entre
lo conceptual y lo vivencial.
Recorrido que
nos recuerda o nos
hace volver a vivir
nuestros propios recorridos. Un
libro que crearon quienes nos
acompañaron en este camino y
que parte de maestros comunes,
familiares para nosotros.
Por eso los sentimientos que
nos atravesaron en esta lectura
fueron especialmente la alegría y
el agradecimiento. Agradecimiento porque quienes escribieron este
libro estuvieron con nosotros en
nuestra formación desde lo personal, algunos en el encuentro,
otros desde las lecturas, pero sobre todo en lo que fue la linda
aventura de crear lo que hoy es la
Asociación Uruguaya de Psicoa-

nálisis de las Configuraciones Vinculares.
Agradecimiento
por otorgarnos el honor de estar acá. Porque nos dan la posibilidad de dialogar
con ellos hoy.
¿Y por qué la alegría? Porque todavía
están y tienen mucho para decir.
Porque pudieron hacer su propio
camino reconociendo los orígenes, dándole un lugar a los que los
conmovieron, los incitaron a pensar- pensarse desde su lugar de terapeutas. Porque lograron un libro comprometido desde lo conceptual, generando nuevas maneras de pensar lo que cotidianamente nos interroga desde la clínica. Pero también porque ese
compromiso trasciende lo conceptual, todos se «muestran» en
su hacer como analistas. Es lo que
ellos proponen como posicionamiento ético, y lo asumen. Porque
es un libro que nos deja muchos

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 153-156

interrogantes, que genera aperturas, nos deja pensando. Porque
nos alivia en las coincidencias y
nos inquieta en las discrepancias
y por eso nos obliga a hacer algo
con eso, lo que podamos, pero hacer.
Silvia Gomel y Susana Matus
nos hacen reflexionar sobre los
entramados que sustentan los vínculos y que construyen al sujeto,
la compleja interacción entre los
distintos aspectos que se ponen en
juego. Le dan lugar a lo transgeneracional pero también a lo actual con múltiples entrecruzamientos que son analizados rigurosamente. La mirada va y viene
del sujeto al vínculo, los involucra a ambos. Pero ellas nos lo advierten desde el principio, como
analistas corremos riesgos y uno
de ellos es quedar atrapados en el
solipsismo o en la vincularidad
como únicas miradas posibles.
Son muchos los conceptos que
ponen en juego, la metapsicología transubjetiva, las lógicas posicionantes del sujeto en el vínculo, cómo trabajan el concepto
de presencia tomando lo imprevisto y el evento, el lugar de la
narración, es un trabajo potente y
abarcativo.
Nos parece muy interesante la
postura de las autoras en relación
con el lugar que tiene el analista
como prójimo en «un espacio de

ilusión que vele la imposibilidad
vincular», desde «una alternativa
de voluntad de vida», así lo expresan ellas.
Miguel Spivacow nos contextualiza en los planteos teóricos y
en la clínica, para después, de
manera muy didáctica sumergirnos en conceptualizaciones propias como la intermediación, sintonía y validación, o reformulaciones de otras como lo que refiere a las alianzas inconcientes o
la importancia de pensar una nueva metapsicología. Integración de
conceptos que nos aportan herramientas valiosas, a nuestro entender. Acá las viñetas nos ilustran,
nos clarifican. Y también nos insta a plantearnos nuestra tarea, desde las metas u objetivos a la necesaria revisión de nuestros supuestos teóricos.
Si al principio hablábamos de
este libro como un viaje, en el capítulo de Carlos Pachuk esto se
pone en evidencia con mucha
fuerza. Nos lleva desde lo macro,
compartiendo concepciones sociológicas y filosóficas, además
de las psicoanalíticas, en un interesante recorrido hasta lo concreto del sujeto y del encuentro, sin
perder estas perspectivas. También lo novedoso a través de sus
formulaciones teóricas. Complejiza el «ser-con» de Heidegger en
la tríada comunidad, hospitalidad

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 153-156

y amistad. Propone un nuevo modelo donde plantea dos lógicas y
funcionamientos, el psiquismo espacial y el psiquismo fluido con
sus componentes que generan una
nueva manera de pensar los vínculos. Viaje que termina en su propio consultorio. Comparte con
nosotros la crónica de un día de
trabajo, se muestra en tantas clínicas como pacientes tiene. La
singularidad de los encuentros, de
los otros, marca su hacer cada vez.
No es el mismo Pachuk el que
vamos encontrando, son muchos,
pero con una marca común, respetar la «ética de lo singular». Él
mismo así lo describe.
En su capítulo Graciela Bianchi toma la familia como eje de
análisis. De ahí se parte para múltiples reflexiones que hacen al sujeto, a las identificaciones, a la
sexualidad, a cuestiones de género, al poder. Anudamiento de
complejidades que no dejan de
lado lo actual, los cambios que
nos atraviesan, maneras muy distintas de configurarse las familias
hoy. Aporta miradas interesantes
para pensar una clínica familiar
diversa y cambiante. Revisa los
conceptos y los reformula, toma
otros caminos para entender lo
nuevo, por ejemplo, cuando nos
propone prestar especial atención
al núcleo de la difference, la simetría-asimetría y el poder, la fermentación y la hibridez. Replan-

155

tea la función de padre, madre y
abuelos.
Cristina Rojas pone a jugar los
conceptos de diversidad y diferencia. Hace un corrimiento interesante de lo novedoso hoy, ya no
centrado en las distintas configuraciones de las familias actuales
sino en los modos de circulación
de los afectos y las nuevas maneras que tienen de funcionar.
Refiere un posicionamiento
ético que evite intervenciones
iatrogénicas a partir de teorías que
no den cuenta de lo que pasa hoy
y también de no reflexionar acerca de nuestras propias formas de
pensar. Advierte sobre las lógicas
excluyentes que aún mantienen un
fuerte protagonismo en nuestra
sociedad, y que también nos atraviesan. Y propone alternativas,
maneras posibles de intervenir. En
todo el trabajo nos ilumina con
orientaciones técnicas muy valiosas.
Ricardo Gaspari nos posiciona, a partir de su trabajo, en un
lugar donde la mirada y la escucha se entrecruzan. El énfasis lo
encontramos en la escena, en lo
visual, pero no como espectadores sino como parte de ese despliegue casi teatral. El decir y el
hacer son parte de lo mismo, consecuencia de esa manera de estar
en el especial encuentro con los

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 153-156

otros que consultan. Hay una novela pero requiere de ser guionada, y ahí aparece la posibilidad de
cambio, relectura que modifique
la escena, «la reescritura del relato clínico». Lugar del analista que
se propone acá con una fuerte articulación teórica, que siempre
termina dinamizando nuestra caja
de herramientas. Así trabaja sobre
la construcción de la realidad en
la clínica vincular, las formaciones transubjetivas, el «montaje
vincular sintomático», la dirección de la cura. Complejiza el concepto de marca y nos pone a repensar las categorías niño, adolescente y adulto.
Conceptos que nos fueron re-

sonando: Narración. Presencia.
Identificación-identidad. Ficcional. Fluído.
Quedan, como dijimos, interrogantes. Pero no sólo desde lo
teórico. Nos hemos preguntado a
lo largo de la lectura sobre el proceso creativo de este grupo. No
sé si fue la alegría que nos transmitió Ricardo en las comunicaciones telefónicas previas a este encuentro lo que nos hizo imaginar
un proceso marcado por el disfrute del encuentro y del intercambio. No lo imaginamos, lo intuimos. Pero son ellos los que nos
pueden hablar de eso, solo ellos,
y a nosotras nos encantaría escucharlos.
Laura Aguerre 1
Luján Alsina 2

1

2

Lic. Laura Aguerre, Presidenta de AUPCV, Montevideo, Uruguay.
E-mail: laura.aguerre@gmail.com
Psic. Luján Alsina, Vice-presidenta de AUPCV, Montevideo, Uruguay.
E-mail: lujanalsina@hotmail.com

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 157-164

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Cuatro familias, Veinte terapeutas
Clínica Vincular Psicoanalítica
Grupo de Familia AAPPG
Buenos Aires, Letra Viva, 2011

El particular procedimiento por el
cual este grupo produjo esta obra, invita
a comenzar haciendo
algunas consideraciones de este libro
como objeto, su configuración visual, su
materialidad.

espacio-tiempo-experiencia de lectura.

¿Qué «dice» la
tapa al futuro lector?
Por empezar, el un tanto enigmático título: «Cuatro familias, Veinte terapeutas. Clínica Vincular
Psicoanalítica», sintetiza una singular precisa ecuación vincular.
También, una particular autoría,
«Grupo de Familia - AAPPG»,
grupal. Para apreciar lo que promete acabadamente, hay que
adentrarse en sus singulares procedimientos de escritura y de lectura…

Al abrir la primera página, ahí están,
se nos presenta el
grupo en la singularidad de cada autor.
Adentrándonos un
poco más: la «Introducción», con un
sentido ubicuo, singular, en relación a
lo que comúnmente encontramos
como acepción en una «introducción». Construcción del pre-texto, que resulta en buenas recomendaciones para mejor apreciar su
lectura. Da cuenta de un trabajo
previo de base, del modo que configuraron los vínculos orientados
a la producción de la forma que
tomaría el trabajo grupal de cada
una de los relatos familiares presentados.

Al pie de la tapa encontramos
los nombres de los prologuistas.
Está bien, pienso, ellos constituyen un lugar peculiar: una frontera «exterior» al grupo, «interior»
al texto. Frontera que, diríamos,
bordea la puerta de ese particular

Estimo la Introducción como
muy importante para el lector: si
se me permite una metáfora artesanal, en un tejido es fundamental, la particular modalidad de la
primera puntada. Es la que anuda
… el resto. La introducción en esta

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 157-164

obra tiene estrictamente esa función, para beneficio del lector es
especialmente así. Lo «bien prepara» para iniciar el viaje. Pero
también, bien «prepara» el final,
la llegada. El Grupo de Familia
ofrece una suerte de epílogo que
–en la despedida– en la puerta de
salida, resignifica la particular
cualidad del viaje. Escrito sobre
lo vincular en verdadero «laboratorio» vincular. Experiencia
vincular en acto (Sobre algo de
esto me extenderé en una reflexión final).
Presentado, el pre texto-contexto, adentrémonos en el texto,
en la peculiar modalidad que toman los relatos clínicos.
Sabemos que no hay relato
«objetivo» ni «completo» posible.
Todo relato implica en el sub texto, jerarquizaciones, supuestos,
una particular producción de subjetividad en un trabajo de objetivación, de producción. Los autores lo saben, aceptan la coloración
que tomará su texto. Y la exponen. Aquí, la ética: pasa por la fidelidad del vínculo relator-lector,
a su compromiso al trabajo de una
problemática.
¿Desde qué posicionamiento
un autor escribe? … ¿orientado a
la exégesis sobre un saber consagrado, en un movimiento centrípeto-circular?

¿O bien, en movimiento centrífugo-descompletante? ¿Escribir, relatar a otro –al lector– sorprendiéndolo y sorprendiéndose
abriéndose a eso que no se sabía
«que se quería decir»? … ¿producir un texto que invente un lector,
que invente un nuevo texto? …
La eficacia de este texto, en mi
opinión, estriba en que se trata de
una construcción para pensar,
para hacer pensar, para poner sobre la mesa, para poner a trabajar
múltiples problemáticas. Este libro está hecho desde el hueso,
desde la primera jugada en esa
dirección. No pretende «consistencia», sino apertura, invita a
pensar, a dialogar con él. En ello,
a mi gusto y entender estriba su
fertilidad.
El modo de presentación de los
relatos constituye una diferencia,
un corte con «la historia clínica
médica» objetiva, de objetividad
que se pretende neutra, pero hoy
lo sabemos, en realidad, coloreada de positivismo. Se genera así
una estética de la presentación,
poética, en el sentido de Badiou,
como procedimiento de verdad.
Así, la modalidad con que se
presenta el relato de la dramática
de cada familia puede asociarse
fuertemente al campo del arte. Me
evocó distintos géneros, distintos
lenguajes del buen arte: ese arte

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 157-164

embebido en significancia, como
enigmática potencialidad generadora de pensamiento.
Estos cuatro capítulos, a su
vez, nos dan noticia de la diversidad de viajes en los que se embarca un analista con cada familia. Climas, vestiduras, operatorias transferenciales en juego, diversas, cada una con su matiz específico. Hagamos una breve recorrida por los capítulos que componen esta obra.
–Primer relato (Una familia «condenada»)
«Condenada»: el lenguaje judicial sugiere, «cosa juzgada»,
«terminada». Sugiere destino.
¿Caso cerrado? … ¿Caso a reabrir? … convoca a una apuesta
fuerte al analista en su lugar, entre tragedia y drama.
La narración sitúa al lector en
un relato donde el analista bien
podría ser el Poirot de una buena
novela de Ágatha Christie indagando un supuesto crimen. El relato va y viene de otro relato: el
de una Historia Clínica (documento-autoridad) condenatoria,
terminal. Arena en los ojos que el
analista investigador, ha de saber
limpiarse para no quedar atrapado por lo obvio, o evidente. Enhebrado con ello se relata la experiencia del analista con la fami-

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lia: si el nombre ya tiene un tinte
judicial: ¿cómo ganar la apuesta
de no perderse en el obstáculo
contratransferencial de convertirse en otro «juez»? ¿O de quedar
atrapado en un «cosa juzgada»?
… ¿o psiquiatrizada? … ¿cómo
sacarse la arena en los ojos de certidumbres previas y conjurarlas
con la familia hincando un camino hacia lo incógnito, imprevisible? Poirot –analista-libre– configura las situaciones de indagación del modo que estima el más
eficaz posible para salir de aquella estasis mortífera … Convoca
a distintos actores, genera distintas escenas.
¿Con qué cuenta para ello?
¿De la mano de quién se «deja»
llevar la familia? … el delgado
hilo entre lo sugestivo, y una cualidad del campo transferencial
generador desde el acto, desde
cierta firmeza de un camino de
trabajo psíquico vincular, encuentro con lo imprevisible, con lo que
rompe y sorprende, y lleva a generar desde ese vector de sesiones –pequeños presentes eslabonados en una nueva significación
desde «aquí y ahora conmigo», de
lo que sucedió allá –entonces–
según otras lecturas.
El analista y la familia, no
buscan, se encuentran sorprendidos a partir de una condición ineludible: la generación de un cli-

160

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 157-164

Después del relato: debate,
teorización. Enhebrado, discusión
de distintas lecturas posibles, propuesta de lecturas. Trabajo sobre
la intervención… y lo que podrá
producir su lectura… pero ello
queda ya para los futuros lectores.

El grupo discute, y me gustaría seguir intercambiando con
ellos, a partir de una orientación
muy interesante que dibujan en
su debate, en su teorización, en
el análisis y propuestas de intervención. ¿Cómo pasar –de nuevo, pero en otro contexto– en un
camino elaborativo, de quedar
clavados en la escena traumática, que hace signo, a la diríamos,
comedia dramática? Éste constituye uno de los ejes posibles
de la problemática presentada en
este tramo. Y aparecen los recursos: jugar, metaforizar, alivianar.
Interesante, trabajar la diferencia con la desmentida... podría
proponer que alivianar no pasa
aquí por evitar un dolor, sino
orientarse para que no quede
desmentida, evitada la vida, la
apertura a la vida, incluyendo,
no quedando tomada por ese dolor…

–Segundo relato (Una familia
«después»)

–Tercer relato (Una familia en
default)

¿Después de qué? … una familia en que algo trágico ya ocurrió: un suicidio, y a raíz de ello
empieza su experiencia y elaboración vincular, narrada en clave
diríamos, esta vez, teatral. Se nos
presentan escenas, guiones, actores enhebrando un drama después
de la tragedia, en una orientación
de apertura, vía intervención,
alivianante…

En este relato el Grupo de Familia nos invita a transitar lo que
podría compararse con una «instalación». Ese tipo de obra de arte,
en el que uno se interna, y no puede abarcarse para nada de una sola
mirada, y en los que hay que disponerse a experimentar, diversos
escenarios –dirían los autores,
nosotros también, situaciones. Y
si se eslabona, se eslabona desde

ma de confianza. La familia se
deja «dirigir», en acto, no justamente para «quedar dirigidos»,
sino que acepten una propuesta
del más genuino psicoanálisis
vincular … hace/ hacen entonces
movimientos como para no quedar atrapado/s ni por la estasis
fatal que proponían historias previas, ni por la del grupo familiar
detenido en una escena de maltrato a uno de los hijos. Deshace,
gambetea la estasis. Y se encuentran con un dato … que transforma el género del relato: de tragedia a drama.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 157-164

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el alojamiento de esa heterogeneidad relativa.

to el definir lo más pronto posible al «verdadero» paciente.

Se parece, pero se diferencia
de aquella que acabo de presentar. Aquí el «después» no es sólo
inherente a una tragedia familiar,
sino, que nos implica a todos
como país. El default lo es de todos. Y la convocatoria lo es fuertemente a la invención, por la evidencia de que los referentes habituales cayeron.

Quienes trabajamos en vínculos, ya en una primer vuelta de
tuerca, nos corrimos de ese must.
Y con los «tiempos de fluidez»,
con la producción de temporalidad de nuestra época, con los
cambios que hemos ido trabajando en relación a los paradigmas
de referencia. Y con la complejidad de nuestro instrumento: trabajar con los vínculos, quedó
puesto en valor la no necesidad
de decidir delinear tan «claro y
distinto» quién va a ser el paciente. Aprendimos a valorar el cada
vez, a lo que allí se componga…
eso está excelentemente trabajado aquí.

A partir de este material El
Grupo de Familia hace trabajar la
noción de situación, que tan útilmente laboró con nosotros el querido Nacho Lewkowikz. «Una familia en default»: tiempos de
default… ¿qué nos enseñó?: componer desde la fragmentación. No
suponer estructuras pre existentes.
Punto de libertad, punto de agorafobia, pero, bien orientada, productora de vínculo, de trama.

–Cuarto relato: «Familia Epocal»

Desde los tiempos en que los
paradigmas partían del determinismo, y exigían definiciones claras y precisas, un analista podía
angustiarse y requerir definir así
claro y distinto «quién es el paciente».

Epocales, se podría decir en
cierto sentido, lo son todas las narraciones presentadas. Justamente estamos en época de diversidad,
donde conviven sin hegemonizar
las mas distintas modalidades de
configuraciones vinculares familiares. Sin embargo, convengamos, el título marca un énfasis,
que habrá de indagar…

Quienes tienen como paradigma muy fijo el psicoanálisis individual, soportan lo vincular, fugazmente… como imperativo.
Para ellos, es imperativo manda-

El modo de presentación que
construye el «Grupo de Familia»
nos va dando una clave del clima
y del peculiar trabajo que requiere habitarla, también desde el vér-

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 157-164

tice del analista. Está presentada
al modo de una pieza de Teatro
… pero de vanguardia … tiempo
alterado, deconstruido –donde la
situación consiste en quedar ella
misma atacada … la misma composición de cada escena está comprometida, atacada. El insulto, la
descalificación naturalizados, la
descompone, ...la violencia verbal
vehiculizada por un discurso
ninguneante… pero a su vez extrañamente inclusivo, en una inclusión particular, sin fronteras.
Generador de intenso trabajo
para el analista, para no quedar
arrasado a su vez … para orientarse. Parece que la orientación de
la intervención pasa por generar
tolerancia a una cierta figurabilidad. El relato ofrece un trabajo similar al lector, el de configurar,
de generar figurabilidad a partir
de fragmentos.
–«Veinte autores, cuatro familias». Un proyecto singular en una
institución singular.
No hay analista solo. Condición ética del psicoanálisis es el
de la interlocución teórico clínica entre analistas. Tema difícil, la
institución, la escuela analítica.
No es mi intención desarrollar
esta problemática aquí. Pero los
analistas mantienen distintos modos de «estar juntos». El tránsito
por esta creación, según dicen los

mismos autores, no ha sido fácil.
Oscilación entre ilusión-desilusión, tensión-distensión, en el fino
filo de la preservación de lo singular en lo colectivo.
Propongo hacerle decir a este
libro que puede testimoniar uno
de los modos de estar juntos y
producir un «nosotros». Ya en la
tapa, identificando al Grupo de
Familia agrega la sigla AAPPG.
Sigla que alude e identifica, a su
vez, a un «nosotros» más amplio:
Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo. Producción vincular, como rasgo
distintivo de esta singular agrupación, para esta ocasión. Distintivo, no exclusivo. No me parecería bueno pasar este procedimiento a dogma general. Legitima un singular-novedoso modo
de escritura, facilitado si en la
base hay la posibilidad de confiar en la potencia del trabajo
vincular, cediendo seguramente
para ello –cada colega participante– su propio bastión individualista.
Pero algo que quede en claro:
destaco lo testimonial. Pero subrayo también, el valor de herramienta de transmisión de la clínica vincular psicoanalítica en todo el tramo que va desde el relato de las
prácticas a la actividad teorizante, y de allí a las propuestas de intervención.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 157-164

En fin, que este libro, constituye un proyecto específicamente AAPPG: un libro sobre vínculos familiares hecho en un entramado vincular grupal. Bien lo dicen los autores en el capítulo final. Vuelvo sobre lo ya expresado, de otro modo, para subrayarlo: creo que no sería exagerar que
sólo sostenidos por la transferencia a los saberes circulantes entre
nosotros sobre lo grupal les permitió deconstruir en los procedimientos constructivos de esta obra
tan fuertemente sus «individualidades» en pos de una producción
grupal.
–A modo de conclusión
Una asociación, una pregunta,
una idea que me hago desde hace
tiempo, relaciona los procedimientos con los que se produjo
esta obra con un tramo del
epistolario entre Sigmund Freud
y Romain Rolland. Freud y
Rolland han creado un intenso
diálogo entre ellos a través de
mutua correspondencia.
Rolland, poeta, pero también
indagador, trabajó mucho sobre el
misticismo como base de la religiosidad, y lo había nominado
como «sentimiento oceánico». En
una de sus cartas, le pregunta a
Freud cómo lo piensa, cómo lo
ubica él. Parece que en esa carta
lo ilustra como eso que se siente

163

en comunidad cuando un grupo de
personas comparten la experiencia estética de la música, sentimiento de comunidad, por ejemplo, que puede suscitarse con la
ejecución de un concierto de cámara.
Es interesante notar que en su
respuesta Freud le confiesa que
está abierto a una gama de goces
de lo estético, pero para nada de
la música. Zona a la que no es particularmente sensible, entonces …
pienso, una zona, que por alguna
razón, no pasa su interrogación.
Posteriormente, Freud le pide
permiso a Rolland, y toma el término sentimiento oceánico para
comenzar su «Malestar en la Cultura». Desde su epistemología,
punto de partida de su pensar, el
sentimiento oceánico queda entonces asociado a una situación
«regresiva».
Si nos diferenciamos de esa
epistemología, si nos ponemos en
otro punto de vista, … lo comunitario, la producción grupal ¿no
exige un refinado trabajo del intrincamiento pulsional? … una
orquesta ensayando, ¿no implica
«n» frustrantes repeticiones y tensiones hasta afinar?
¿No puede conjeturarse la necesariedad de un pacto entre espectadores, y orquesta para disfru-

164

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 157-164

tar de un concierto? … ¿no se sitúa allí claramente un estatuto ficcional, en donde lo místico, no
está necesariamente soldado a la
presencia divina allí, sino, ni a una
supuesta regresión, sino justamente a la capacidad, en una precisa conjunción entre goce y legalidad, de hacer los seres humanos algo juntos, que podría nombrarse como goce estético, abierto a una comunidad, además de la
guerra?
Cuando paso por estos pensamientos, pienso que sería interesante trabajar este filo. Pienso que

cuando lo comunitario vira hacia
lo religioso se pierde, en el dogma de fe, el estatuto ficcional. Pero
que en el terreno de los vínculos,
como testimonia este libro, hay un
arduo trabajo sobre la propia castración y la del otro, en la tensión
afirmación –cesión, que corresponde a una parte importante de
los posibles aportes de una perspectiva vincular en psicoanálisis.
Agradezco a los veinte autores la oportunidad de adentrarme
en este texto, y recomiendo calurosamente pasar por la experiencia de su lectura.
Ricardo C. Gaspari

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 165-168

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La pareja en conflicto. Aportes psicoanalíticos
Miguel Spivacow
Buenos Aires, Paidós, 2011

–Un comentario general, sobre el estilo
y la organización de
esta obra:
Los analistas que
trabajamos con vínculos y que hacemos
nuestro recorrido en
transferencia con el
psicoanálisis, nos
encontramos revirtiendo de un modo
potenciado, el dispositivo que
Freud inventó, justamente, para
evitar la espectacularidad. No uno
con el analista, recostado en sesión, sino dos, a veces una familia, un nosotros que convive antes de la consulta, se nos presenta
en un cara-a-cara, intenso, con potencialidad traumática … y aún de
terminar en esa exposición cediendo a la demanda para el analista… si su presencia allí no está
acompañada fuertemente de herramientas teórico clínicas.
Entonces, el trabajo entre sesiones, el teorizar reduplica su condición de apremio de trabajo, de herramienta indispensable… para dar
cuenta de la clínica como condición
ética general, pero también en tan-

to desintoxicante de
una escena –como
decía– potencialmente traumática, que requiere ser elaborada
de algún modo. En
estos contextos la palabra se muestra en
toda su capacidad de
provocación, performativa, de acción sobre el otro … en realidad es una de las razones de base para lo que los convocamos, pero a ese elemento de
acción está también expuesto el
analista. Ése es su desafío. Generarse el oficio de indagar una y otra
vez los resquicios de lo dicho, lo
que se hacen unos a otros a través
de lo dicho y lo no-dicho. Para generar una mirada, una escucha y
una intervención eficaz en un tal
contexto de trabajo psíquico.
–Un esbozo de lo que el lector va
a encontrar:
El libro se abre con un prólogo, de René Kaës, quien hace un
excelente trabajo de contextuación del texto que se va abordar,
en el campo de la producción psicoanalítica sobre vínculos.

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 165-168

Se trata de una obra mojón, en
una serie de obras. Varias en colaboración. Respecto de un libro
suyo inmediatamente anterior,
Clínica psicoanalítica con parejas: Miguel Spivacow marca en
la introducción elementos de continuidad y diferencia con la recién
citada, que el lector encontrará en
esta obra.
Miguel hace hincapié, explicita –y quiero puntuarlo– una diferencia con su obra anterior, que
subraya el sentido del prólogo:
una coloración especial, a raíz de
una interlocución privilegiada,
una influencia de, en fin, en transferencia a la obra de R. Kaës, en
diálogo con las teorizaciones previas de Spivacow y su clínica particular.
–Acerca de los primeros capítulos:
Capítulos teóricos, pero muy
cerca de lo que puede interesarle
al clínico. No dejan de tener en
ningún momento valor de herramienta a la hora de enfrentarse
con la consulta o la sesión de pareja. (Sin dejar profundidad, muy
médico, científico, sin por ello alinearse en un positivismo «objetivista»). Cada tópico está presidido por una pregunta; luego un desarrollo –discusión: Freud, Kaës,
Lacan, Aulagnier, vuelven una y
otra vez … finalmente, conclusio-

nes en apertura. Escritura disciplinada, que contrasta con su humor
desfachatado, sus aspectos histriónicos, a veces pasionales, que
despliega en sus vínculos sociales y de amistad.
Recorre las problemáticas de
base de una clínica psicoanalítica
de la pareja: el amor, el amor en
la pareja, lo masculino y lo femenino … Especialmente interesante, a mi entender, cómo trata el
elemento cultural normativizante-axiológico: los ideales culturales acerca de cómo «debe» ser una
pareja, para las parejas y como
obstáculo del analista. Tema que
retoma en su capítulo final, en el
que enlaza en algo esta temática,
con conjeturas acerca de la modalidad que en el futuro pueda tomar el vínculo de pareja.
Transita por la torción requerida en relación con la noción de
inconciente para situarse en el
campo vincular. Sitúa las formaciones específicas de lo inconciente en este campo. Discute una
cuestión que viene de largo entre
nosotros. «El sujeto y el otro», lo
inconciente allí.
Introduce entonces, su versión
actual de la noción de vínculo
(nos pasa a todos los que estamos
en esto: resbaladiza, difícil de
condensar), que por suerte en la
construcción que Miguel ofrece

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 165-168

aquí, deja lugar a ciertos puntos
de fuga, de apertura.
Dice: «Un vínculo puede ser
definido como un espacio constituido por las investiduras de dos
o mas sujetos, investiduras que
tienen cierta intensidad y duración en el tiempo, y configuran un
modo de encuentro con algunas
características duraderas».
De esta condensación hace su
despliegue: estas investiduras, y
su intensidad, el elemento de duración, la configuración de un
«modo» de encuentro desembocan en la noción que propone de
interdeterminación como producción vincular, y de allí hace pie
para la elaboración propia de un
concepto central tomado de Kaës,
alianzas inconcientes, donde cruza interdeterminación con la torción requerida en la concepción
de inconciente, como heterogéneo
y deslocalizado, si se trata de integrar sus específicos efectos en
una intersubjetividad.
En el capítulo 3 aborda las reformulaciones básicas de la técnica, en función de la complejización y la especificidad de este
campo de intervención, tomando
como punto de partida y de diferenciación, las propuestas relativas
a la técnica de corte freudiano.
Así fundamenta el pasaje de

167

asociación libre al discurso del
conjunto. Trabaja asimismo la
consigna-disparador en su especificidad: problematiza el «diga lo
que se le ocurra» y hace su propuesta para el trabajo con parejas.
Sitúa el peculiar lugar del analista. Se ocupa de una dimensión
a tener en cuenta: la de la transferencia intra pareja.
Capítulo 4: especialmente interesante, muy poco hallable en la
bibliografía cercana. Haciendo
hincapié en la dimensión performativa, de acción, provocada por
el dispositivo, se ocupa y precisa
formaciones de superficie del discurso conjunto. Polarización,
magnificación, seudocomplementariedad, discordancia contenido
de acción, ilusión de entendido,
esterilización de la palabra,
colusión, elusión, depositación ….
No quedándose en lo descriptivo
interaccional, sino cruzándolo con
lo inconciente, y con los caminos
de intervención allí.
Más adelante en los capítulos
5 y 6, una vez descripto el campo, los ejes teóricos de base, los
modos de expresión de conflicitividad en la pareja, hace su propuesta en términos de dirección
de la cura para un trabajo sobre
lo intersubjetivo en la pareja. Para
ello, propone dos nociones de

168

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 165-168

base: sintonía (asociado con capacidad de ponerse en el lugar del
otro tratando de entender sus motivaciones) y validación (como no
necesariamente soldada a sintonía, como funcionamiento de
aceptación y legitimación de lo
que se capta en el otro tal como
es, sin pretender cambiarlo.
Los capítulos que siguen: consideraciones de base, muy trabajadas, de problemáticas clínicas
específicas: divorcio - segundos
matrimonios - infidelidad - violencia.
Casi al final, como decía al
principio de este comentario sobre el capítulo 1, retoma la cuestión de lo natural y lo cultural, lo
axiológico de la construcción de
la pareja en su dimensión histórico social. Y de allí conjetura sobre la pareja del futuro, y el futuro de la pareja.

un epílogo– ejercicio más que interesante: una sesión de pareja
ofrecida al comentario desde diversas perspectivas teóricas. El
texto dialoga entonces con Gloria Barros, con María Rosa Glasserman, y con Stella Maris Rivadero.
Puedo conjeturar que este libro, contiene para Miguel un efecto de corte, como decía al principio, de mojón. Lo conozco a Miguel de trabajar en taller semanalmente con él, y otros … Propone
sus puntos de vista, discute los de
si, y los de otros, intensa, llanamente, pero no se le cae ninguna
jineta en pos de problematizar
algo afirmado anteriormente. Por
eso este es un libro vivo. Pienso
que Miguel como autor pasa por
este libro, como un viajero que va
plantando mojones en la carretera, que sitúan un lugar, una distancia. Lo ofrece, lo deja ahí, y
sigue pensando…

El final –final, casi al modo de
Ricardo C. Gaspari

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 169-171

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Conjeturas Psicopatológicas
Clínica psicoanalítica de familia y pareja
Susana Matus – Silvia Gomel
Buenos Aires, Psicolibro Ediciones, 2011

Antes que nada
quiero agradecer a
Susana Matus y
Silvia Gomel por
invitarme a presentar su libro Conjeturas Psicopatológicas. Clínica psicoanalítica de faailia y
pareja. Me alegra
estar compartiendo
con ellas este momento, lo cual no
deja de ser de una gran responsabilidad: las dos son personas a las
que respeto y admiro profundamente.
Ellas y otros colegas de la
AAPPG, en los años ´89 y ´90,
comenzaron a viajar a Córdoba.
Fue así como empezamos a tejer
tramas, redes, aventurándonos a
«dar» los primeros pasos en Psicoanálisis Vincular. Nos fueron
trasmitiendo ideas, conocimientos, dejando marcas, huellas, cargadas de afecto, importantes en
mi formación.
Diría de las autoras que son investigadoras y cuestionadoras incansables de cualquier pensa-

miento hegemónico.
Convocarme a realizar la presentación
de su libro en este
contexto, en el Congreso de FLAPAG,
donde el sentimiento federativo latinoamericano toma
fuerza, es de una
gran satisfacción.
El libro, Conjeturas psicopatológicas, da cuenta
de sus saberes y sus prácticas, del
trabajo exhaustivo que vienen realizando dentro del pensamiento
vincular. Podríamos decir que, en
los términos «conjeturas psicopatológicas» las autoras reúnen, un
tema de gran complejidad.
En este libro despliegan y nos
brindan «una caja de herramientas», de recursos para trabajar el
sufrimiento de todo paciente, tanto individual o vincular, que necesite de nuestra ayuda.
Utilizan los aportes epistemológicos del psicoanálisis, así como
aportes del pensamiento complejo, de la filosofía y de los nuevos

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Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 169-171

paradigmas; se nutren de diversos
pensadores que atraviesan sus
prácticas y que son trabajados en
los nueve capítulos que conforman el libro.
Silvia y Susana hacen una revisión rigurosa de las estructuras
psicopatológicas neurótica, perversa y psicótica, no centradas en
el Complejo de Edipo como único parámetro, sino teniendo en
cuenta, además, otros organizadores que hacen marca en la subjetividad y en los vínculos, tales
como los vínculos de paridad y las
trasmisiones transgeneracionales,
sumado a las variables históricas,
económicas, culturales, y del momento particular en que se presenta. Y con ese analista. Una escena
que se co-construye en una gran
complejidad.
La noción de presencia afirmada en contraposición a la representación, la resumen diciendo: «si nos quedamos sólo con la
representación estaríamos pensando en el otro como muerto».
Se apoyan en las lógicas conjuntivas diciendo, «acordamos
con una modalidad sobreinclusiva del pensamiento que tolere esto
´y` aquello». Plantean que esta
posición implica «sostener el juego complejo y dialógico de distintas legalidades, tratando de pensar en marcas que van construyen-

do tramas con efectos imposibles
de determinar». Rescato en estas
ideas, como decía antes, la noción
de «múltiples condiciones de partida, ideas que alejan del fatalismo de lo inicial».
Entonces, ¿por qué «Conjeturas»? Las autoras nos dicen que
conjeturas significa la imposibilidad de determinar exhaustivamente el conjunto de variables
que coexisten en simultaneidad e
impiden predecir qué caminos tomará el devenir psíquico. Esta
postura abre el horizonte a la ruptura y la novedad.
Proponen la idea de operar sí,
con criterios psicopatológicos,
pero, y lo subrayo, permeables,
siempre en bordes múltiples, donde se perfilan predominancias.
Además me interesa destacar
cuando nos hablan del diagnóstico: «El diagnostico es un paso
necesario, siempre conjetural, situacional, que nos ayuda tanto a
decidir cómo vamos a encarar el
tratamiento, como a sentirnos dispuestos y/o habilitados para hacerlo».
Las autoras prefieren hablar de
conjeturas diagnósticas más que
de diagnóstico. Diagnósticos
flexibles a todas las modificaciones y «sólo válidas para el tiempo en que se está emitiendo». Al

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 169-171

comienzo les decía que nos brindan una gran «caja de herramientas», con la que cuenta el analista. Estas herramientas no son inespecíficas o universales. Los diferentes funcionamientos exigen
una elección continua de ellas, en
cuanto al tipo de intervención
apropiada para producir transformaciones en cada «encuentro».
«Estamos –dicen– frente a un proceso que se va construyendo a lo
largo del tratamiento».
Realizan un amplio recorrido
teórico-clínico, evaluando cuidadosamente los beneficios del dispositivo vincular. Contemplan en
qué ocasiones separar los diferentes vínculos, fundamentando frente a la capacidad o no, en el velamiento de la imposibilidad vincular, donde se requiere de parte del
analista intervenciones específicas.
Ellas nos proponen un nuevo
concepto en este recorrido y es la
idea de «perfil», con el sentido de
salir de cualquier intento que sugiera clasificaciones rígidas. A la
luz de los desarrollos del Psicoanálisis Vincular, se habló primero de estructuras, luego de funcionamiento y ahora nos proponen la

171

idea de perfil... entendido como la
«postura en que no se deja ver
sino, una de las dos mitades laterales del cuerpo, como también,
un ojo ubicado de tal manera que
perciba dicha postura. El perfil se
da a ver sólo para quien lo está
mirando, por lo tanto existe la
posibilidad de distintos perfiles».
Las parejas o las familias «dan a
ver solo una dimensión de sí mismas y aquello que observamos es,
cada vez, lo que ellos pueden dar
y lo que nosotros podemos ver de
ellos». Entonces, fieles con la idea
de lo complejo, proponen que hay
algo de estructura y de perfiles en
juego.
El libro contiene cuatro capítulos completos dedicados a la clínica, con aportes teórico-clínicos
sumamente abundantes y esclarecedores.
Concluyen diciendo que, si
bien las postulaciones sobre funcionamientos psicopatológicos
vinculares (psicosis, perversión,
neurosis) siguen vigentes, piensan
la psicopatología como funcionamientos móviles, en borde. En
palabras de las autoras: «esto nos
llevó a pensar que todas las patologías son de borde».
Susana Luraschi

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 173-178

173

Psicoterapia Psicoanalitica
de Grupos & Vínculos
Germán Morales, Bárbara Ortúzar, Edgardo Thumala,
Hernán Davanzo, Cecilia Acle, Nevio Del Longo,
Rosa Martínez, Edgardo Thumala,
Tomás Charlín, Macare Orjikh
Editores Limitada, 2011

La presentación
de un libro siempre
es para celebrar, pero
éste especialmente
representa el trabajo
de un grupo de colegas chilenos que
conforman la ACHPAG, Asociación
Chilena de Psicoterapia Analítica de
Grupos, y que vienen trabajando desde
1993 en el estudio, investigación
y docencia en relación a lo grupal.
Para mí es una alegría adicional porque en 1999, en ocasión de
la realización del Congreso de
Flapag en Montevideo, conocí a
algunos colegas de ACHPAG,
quienes me invitaron a dictar un
seminario sobre Psicoanálisis
Grupal en Santiago, en dos oportunidades.
Ese fue el encuentro inaugural para el inicio de la construcción de un vínculo, que seguramente nos constituyó como suje-

tos que no existían
antes de ese encuentro. Horas de intenso intercambio y
creación de espacios
de pensamiento, nos
habilitaron a preguntarnos, a cuestionar
sobre las prácticas y
teorías vinculares.
Me siento, entonces, gratamente partícipe de la historia de ACHPAG.
En este libro, trece colegas
chilenos se piensan como terapeutas trabajando en Psicoterapia de
Grupo, situación nada fácil la de
exponerse en la práctica clínica.
Distintos autores, diversas temáticas, diferencias conceptuales
y teóricas permiten que los lectores nos interroguemos y a la vez
acompañemos el recorrido que
han hecho, en los distintos trabajos que constituyen el libro.
El epígrafe, con una cita de

174

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 173-178

Kaës que inicia el prólogo, nos
marca un camino a recorrer: «La
invención psicoanalítica del grupo es un desarrollo interno del psicoanálisis, en el que la cuestión
del grupo está a la vez encontrada y todavía no creada».
Este libro es una producción
exploratoria conjunta a partir de
diferencias.
Hernán Davanzo, como pionero de la Psicoterapia Grupal en
Chile, desarrolla una interesante
y exhaustiva perspectiva histórica sobre la Psicoterapia analítica
de Grupo en Chile, que nos permite ubicarnos en los prolíficos
desarrollos psicoanalíticos chilenos, ya a partir de 1910 a través
de colegas interesados en la difusión del Psicoanálisis y en su conexión con la Universidad.
Cecilia Acle indaga sobre los
Aspectos básicos del Encuadre en
la Psicoterapia Analítica de Grupos, pero destaca planteos teóricos
que tienen relación con el concepto de intersubjetividad desarrollado por las teorías relacionales y la
de las Configuraciones Vinculares.
Nevio Del Longo profundiza
en los conceptos de «Contratransferencia y reverie en la terapia de
Grupo psicoanalítica».
Tomando dos ejes: la matriz

onírica en el grupo, y la matriz interpretativa, intenta demostrar
como la función de «reverie» es
fundamental para despertar la capacidad de soñar como para acceder al insight y a las transformaciones significativas de los individuos y del grupo.
Rosa Martínez y Cecilia Acle
hacen un recorrido por los «Supuestos teóricos e implicaciones
para la técnica de grupos de orientación analítica».
Marcan las diferencias entre la
mirada de Bion, apoyada en los
Supuestos Básicos y en el Complejo de Edipo, y la del Psicoanálisis Vincular, centrado en la producción del grupo, en el presente
y no sólo en la repetición de un
pasado.
Edgardo Thumala, en su trabajo «Psicoterapia Analítica de
Grupo y la perspectiva relacional
e intersubjetiva», intenta remarcar
una mirada en la cual el otro es
importante desde el inicio para la
construcción de la mente y la conducta humana.
Con gran sinceridad, se muestra como un analista, que en épocas actuales de cambios y transformaciones, cuestiona sus puntos de referencia, y relata cómo
los conceptos relacionales e intersubjetivos afectaron su práctica.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 173-178

Acepta la propia subjetividad
como parte del encuentro clínico
y pone énfasis en lo experiencial.
La exposición de su clínica
aclara los desarrollos anteriores.
Tomás Charlín trabaja sobre
las «fantasías de rotura» descritas por Anzieu en el proceso inicial de un grupo.
Reflexiona sobre los distintos
cambios en el encuadre y ruptura
de «La piel psíquica grupal» en
viñetas clínicas muy esclarecedoras acerca de la etapa inicial de
un grupo terapéutico. En los comentarios de estas viñetas profundiza teóricamente en los conceptos de fantasías de rotura y yo
piel de Anzieu, y encuadre de
Bleger.
Macarena López, en su trabajo «Algunas reflexiones en torno
a los grupos terapéuticos y al trabajo en grupo de terapeutas en un
programa de adicciones», revisa
viñetas, relatos y escritos de pacientes y realiza un interesante
abordaje de los pacientes adictivos a nivel grupal, valiéndose de
un rastreo bibliográfico que esclarece sobre esta patología. El recorrido por autores como Blanca
y Coletti, McDougall, Dupetit y
Steiner, aportarán conceptualizaciones esclarecedoras acerca de
los pacientes adictos.

175

La autora refuerza la importancia del grupo para constituir
una segunda piel en este tipo de
pacientes, y reflexiona sobre la dinámica del funcionamiento en el
grupo de terapeutas. La dificultad
discriminatoria de los pacientes,
muchas veces toma a los terapeutas, que deben manejar su contratransferencia frente a las mentiras de los pacientes, rupturas al
encuadre, etc.
Silvia Gonzalez Vera, en su
trabajo «La retraumatización en
los procesos psicoanalíticos: ventajas de la psicoterapia analítica
de grupo», realiza un minucioso
rastreo bibliográfico revisando el
concepto de trauma a partir de
Freud y las principales corrientes
posteriores, como M. Klein, Bion,
Winnicott, Ferenczi.
Tomando a Ferenczi, la autora remarca los efectos retraumatizadores que puede tener el
analista en el tratamiento de sus
pacientes.
En este sentido, en una Psicoterapia Analítica de Grupo, dice
la autora, «la participación de
otras subjetividades posibilita la
emergencia de perspectivas vedadas para el analista o no desarrolladas por las limitaciones que le
impone su propia historia acotada a un número finito de experiencias». Distintas viñetas clínicas

176

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 173-178

ilustran estas conceptualizaciones.

esta manera, aliviar el sufrimiento.

Patricia Bustos Krumm reflexiona sobre el «Desamor en
Pareja», situando el análisis en las
nuevas condiciones de producción de subjetividad coexistiendo
con viejos paradigmas. Cambian
las familias y también la práctica
clínica con familias y parejas.

El interesante concepto del
desamor como fuerza contraria a
la construcción de vínculos, quizás podría pensarse a la manera
de la idea de resistencia a la vincularidad que plantea Isidoro Berenstein, descripta como una resistencia a devenir otro con otro,
resistencia a dar lugar a la presencia que remite a la ajenidad del
otro.

Las diversas configuraciones
vinculares, características de la
época, la dificultad de construir
con otro, el desamor en la pareja,
le plantean a la autora la necesidad de precisar el concepto de vínculo de pareja, e investigar sobre
estas temáticas.
Como hipótesis desarrolla la
idea de desamor como inherente
a todo vínculo, en especial a la pareja. Recorre conceptualizaciones
de Ruffiot, Kaës, Moguillansky y
Seiguer y Spivacow, para luego,
a través de algunas viñetas, abordar temas como el otro, los conflictos intersubjetivos, la dinámica del poder en la pareja, el malentendido, las familias de origen,
la llegada de los hijos.
Exponiendo su práctica clínica, refuerza la idea de la importancia de crear situaciones de pensamiento, donde habita la palabra
necesaria para la simbolización de
los sentimientos de desamor y, de

El tema de la «Psicoterapia
Grupal y la Tortura» es abordado
por María I. Castillo y Germán
Morales a traves de la experiencia del trabajo terapéutico en
ILAS (Instituto Latinoamericano
de Salud Mental y Derechos Humanos) de Chile.
A partir de la recuperación de
la democracia en 1990, se crearon comisiones de verdad, que recabaron muchos testimonios y
permitieron esclarecer sobre las
violaciones a los derechos humanos y propusieron políticas reparatorias.
Los autores definen a la Tortura como una situación límite, en
la que un sistema político somete
a una persona, a una experiencia
extrema de dolor físico y psíquico bajo condiciones de absoluto
desamparo.

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 173-178

Proponen el espacio terapéutico grupal para el tratamiento de
pacientes traumatizados extremos. Entendiendo que la subjetividad dañada se puede reconstruir
en el espacio intersubjetivo creado por los miembros del grupo y
el terapeuta.
Ejemplificaron con viñetas clínicas impactantes y conmovedoras de grupos de mujeres y grupos de hombres, torturados y maltratados en los años de la dictadura chilena. En estos casos de
traumatismos severos, los autores
remarcan la importancia de la intersubjetividad, la creación de
nuevas representaciones en relación a las situaciones vividas, la
función del analista y los demás
miembros del grupo en la producción de nuevos contenidos que
pongan palabras «a los vacíos y a
las angustias sin nombre».
Pilar Cubillos, en su trabajo
sobre grupo analítico con adolescentes, recalca el beneficio que
genera en los adolescentes este
tipo de dispositivo que actúa
como lugar de transición y continente para la elaboración de los
duelos y separación de los padres.
En este sentido, profundiza en
autores como Meltzer, Neri, Ferro, Glasserman, para pasar luego a analizar las características de
un paciente llamado Jorge, que

177

genera dudas en la terapeuta con
respecto a su inclusión en un grupo, evaluando los beneficios para
el paciente y el grupo. Finalmente, incorpora a Jorge en un grupo
terapéutico, cuestionándose luego
sobre esta incorporación, por la
posibilidad de que se transforme
en un chivo expiatorio.
En las reflexiones finales, la
autora considera que Jorge, el paciente que incorpora al grupo, fue
muy beneficiado y parece no haber dificultado al resto de los
miembros en la elaboración de sus
problemáticas.
A Bárbara Ortuzar también la
convoca el tema de los pacientes
adolescentes en su trabajo.
Cambio de paradigma: implicaciones del Psicoanálisis Relacional en la Psicoterapia con adolescentes. «Este cambio de paradigma se refiere al cuestionamiento de uno de los conceptos básicos en psicoanálisis: el de pulsiónestructura versus el de relaciónestructura». «Esto ha significado
estudiar a fondo y con más congruencia al “otro” como una verdadera presencia interactiva y
como una presencia intrapsíquica e interna».
La autora hace un recorrido
por autores relacionados y remarca la importancia de la intersub-

178

Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, Tomo XXXIV, Nº 2, 2011, pp 173-178

jetividad centrándose en la relación como paciente.
Ejemplifica con el análisis de
pacientes adolescentes, con cuyos
padres la autora realiza un relato
parental donde identifica datos del
desarrollo del paciente, de la historia familiar y de la pareja, pero
el objetivo central es descubrir el
tipo de relación de los padres con
el adolescente.
Emerge una alianza de tres
adultos para comprender a un adolescente que consulta, dice la autora, quien tiene como fundamento las teorías del Modelo Relacional donde la mente surge de manera didáctica e interactiva.

Trece analistas que integran
una institución como ACHPAG,
evidentemente crean espacios
para pensar, en una actitud exploratoria, que los lleva a producir un
libro donde lo común es la Psicoterapia Psicoanalítica de Grupo y
Vínculos, indagada a través de
conceptualizaciones y temáticas
diversas.
Conviven, entonces, lo común
y lo singular de cada autor, en la
expresión de temáticas y prácticas específicas que denotan claramente las problemáticas en relación a lo vincular, que predominan en Chile, pero también en
toda Latinoamérica.
¡Felicitaciones!
Graciela Selener

INFORMACIONES

ASOCIACIÓN ARGENTINA DE PSICOLOGÍA
Y PSICOTERAPIA DE GRUPO
Revista
PSICOANÁLISIS DE LAS CONFIGURACIONES VINCULARES

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– Es requisito fundamental, tener especial cuidado en no mencionar
en el cuerpo del texto ninguna de las publicaciones propias para evitar
inferencias sobre la identidad del autor.
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aparte de la siguiente manera:
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edición en su idioma original. Luego, el título del libro (en cursiva),
lugar de edición, editor, año de la edición utilizada. Ej.: Spitz, R. (1954)
El primer año de vida del niño. Madrid, Aguilar, 1961.

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edición del artículo en su idioma original. Luego, título del artículo
entre comillas, nombre de la publicación (en cursiva), volumen, número,
año de la edición utilizada. Ej.: Couchoud, M. T. (1986) «De la represión
a la función denegadora», Revista de Psicología y Psicoterapia de Grupo,
vol. XX, nº 1, 1997.
– El trabajo, sus copias impresas y la versión digital en CD o diskette
deben estar firmados con seudónimo y entregarse en secretaría de AAPPG
en un sobre en cuyo frente figure sólo el título del trabajo y el seudónimo
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Los árbitros tendrán en cuenta los siguientes ítems transcriptos a
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3) coherencia lógica en el desarrollo;
4) presencia de alguna dimensión vincular o de algún sesgo que se
relacione a la misma;
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6) capacidad de despertar y mantener el interés.
De acuerdo a estos criterios responderán si consideran el trabajo digno
de ser publicado en la revista Psicoanálisis de las Configuraciones
Vinculares.
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REVISTA DE PSICOANÁLISIS
DE LAS CONFIGURACIONES VINCULARES

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