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SUPERYO Y PULSIONES DE MUERTE

SUPERYO Y PULSIONES DE MUERTE
SUPERYO Y PULSIONES DE MUERTE
  • 1. OBJETIVOS DEL TRABAJO El propósito del presente trabajo es analizar las conexiones estudiadas por S. Freud entre el

superyo y las pulsiones de muerte. No es una tarea fácil: no lo fue ni siquiera para el mismo creador del psicoanálisis, quien volvió sobre el tema una y otra vez dejando siempre tras de sí conclusiones provisorias (1) (2) (3) (4) (5) (6). No obstante, intentaré a continuación despejar algunas ideas importantes que pueden tener cierta relevancia para la clínica, y en particular para la comprensión de la neurosis obsesiva y la melancolía.

  • 2. SUPERYO Y PULSIONES DE MUERTE

El problema de las relaciones existentes entre el superyo y las pulsiones de muerte no es, en

la evolución del pensamiento freudiano, un punto de partida, sino un punto de llegada. A este problema arriba a partir de interrogantes que se plantea a propósito de ciertas observaciones reiteradas en la clínica, y que pueden condensarse en las siguientes dos preguntas:

1) ¿Cómo explicar el masoquismo, la reacción terapéutica negativa y el sentimiento de culpabilidad, habida cuenta de que el aparato psíquico funciona bajo el régimen del principio de placer? 2) ¿Cómo es que el superyo se exterioriza esencialmente como sentimiento de culpa,

desplegando una inusitada severidad contra el yo? A mi entender, estos son los dos problemas que Freud se plantea y que lo obligarán a considerar algún nexo entre el superyo y las pulsiones de muerte. El primero de estos interrogantes se lo plantea Freud en varias oportunidades. Por ejemplo, nos dice en "Análisis terminable e interminable": "Si se abarca en conjunto el cuadro que forman las manifestaciones del masoquismo inmanente en tantas personas, la reacción terapéutica negativa y el sentimiento de culpabilidad de los neuróticos, resulta imposible adherirse a la creencia de que el funcionamiento psíquico viene dominado exclusivamente por la tendencia al

placer. Estos fenómenos indican [

...

]

la presencia en la vida psíquica de un poder que, según sus

fines, denominamos pulsión agresiva o destructiva

"

...

(6).

En tanto que pulsión, la pulsión de muerte tiene su sede en el ello: es de esta instancia desde

donde irrumpen las pulsiones, que luego encontrarán o no su descarga o satisfacción de acuerdo a las condiciones impuestas desde la realidad exterior, el yo y el superyo. Con esta idea, queda delimitado el marco donde deberá explorarse la relación de las pulsiones agresivas o de muerte, con el funcionamiento superyoico. El segundo de los interrogantes se lo plantea Freud intentando responder la cuestión

antedicha, y lo hace por ejemplo en "El yo y el ello", cuando dice: "¿Cómo es que el superyo se

exterioriza esencialmente como sentimiento de culpa [

...

]

y así despliega contra el yo una dureza y

severidad tan extraordinarias?" (pág. 53). Para responder esta pregunta debemos considerar que el superyo es la instancia que resulta de la internalización de las figuras parentales en tanto prohibidoras de los deseos y actos incestuosos. Por lo tanto, el superyo mismo es una instancia que prohíbe, y todo este proceso describe el desarrollo normal del aparato psíquico. La perplejidad de Freud apunta a por qué en algunas personas el superyo resulta mucho más severo y duro que en otras. Esto es así porque el ello vehiculiza las pulsiones de muerte vía superyo, en razón de que este superyo es intrínsecamente prohibidor y exigente, encontrando por esta razón en él un adecuado caldo de cultivo (El yo y el ello, pág. 54). Sin embargo, esta explicación, si bien apunta a una condición necesaria, no es aún suficiente para explicar el proceso tal como puede observarse en la neurosis obsesiva y en la melancolía. Esta severidad superyoica aparece ostensiblemente, en efecto, tanto en la neurosis obsesiva como en la melancolía, pero Freud le asigna en cada caso una patogenia diferente. Por empezar, debemos considerar que la agresividad superyoica está orientada hacia el yo:

éste se ve exigido por las prohibiciones superyoicas, y el superyo despliega hacia él su agresividad. El componente destructivo del sadismo se ha depositado en el superyo y se ha vuelto hacia el yo.

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En el caso de la neurosis obsesiva, el yo se rebela contra las imputaciones del superyo. "Por eso -dice Freud- el yo del enfermo se revuelve contra la imputación de culpabilidad, y demanda al médico que le ratifique su desautorización de estos sentimientos de culpa" (El yo y el ello, pág. 52). En el caso de la melancolía, en cambio, el yo no se rebela contra el superyo: asume la culpa debido a que se ha identificado con el objeto perdido, que es el objeto hacia el cual el superyo dirigía sus ataques. El yo se confiesa culpable y se somete al castigo, y así dice Freud: "en la neurosis obsesiva se trataba de mociones repelentes que permanecían fuera del yo; en la melancolía, en cambio, el objeto, a quien se dirige la cólera del superyo, ha sido acogido en el yo por identificación" (El yo y el ello, pág. 52). El caso de la melancolía es clínicamente más grave, debido al riesgo de suicidio. Lo que aquí gobierna en el superyo es "como un caldo de cultivo de la pulsión de muerte", que a menudo logra efectivamente empujar al yo al suicidio cuando éste no consiguió defenderse mediante el pasaje a la manía. En cambio, en el neurótico obsesivo hay una garantía fuerte contra el suicidio, porque la seguridad del yo reside en la conservación misma del objeto. Efectivamente, señala Freud en "El yo y el ello" que la regresión a la organización pregenital hace posible que los impulsos de amor se traspongan en impulsos de agresión hacia el objeto, a raíz de lo cual la pulsión destructiva queda liberada y quiere aniquilar al objeto, o al menos hace como si tuviera ese propósito: el yo no acoge esas tendencias, se defiende de ellas mediante formaciones reactivas y medidas precautorias, con lo cual las tendencias destructivas permanecen en el ello (pág. 54). Lo dicho abre un interrogante: ¿qué sucede con la pulsión de muerte y el Ideal del Yo? La pregunta tiene sentido en cuanto pensamos que esta instancia, tanto como el Superyo, puede ser también un adecuado 'caldo de cultivo' para la pulsión agresiva, desde que también el Ideal del Yo impone al yo exigencias, a veces desmesuradas, sólo que en vez de indicarle 'qué no debe hacer', le exige 'qué debe hacer' o a qué deberá aspirar. ψ

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

(1) Freud S., (1915) "Duelo y melancolía", Obras Completas (volumen XIV), Buenos Aires, Amorrortu, 1993. (2) Freud S., "Más allá del principio de placer", Obras Completas (volumen XIV), Buenos Aires, Amorrortu, 1993)

(3) Freud S., (1923) "El yo y el ello", Obras Completas (volumen XIX), Buenos Aires, Amorrortu,

1993.

(4) Freud S., (1924) "El problema económico del masoquismo", Obras Completas (volumen XIX), Buenos Aires, Amorrortu, 1993. (5) Freud S., (1930) "El malestar en la cultura", Obras Completas (volumen XXI), Buenos Aires, Amorrortu, 1993. (6) Freud S., (1937) "Análisis terminable e interminable", Obras Completas (volumen XXIII), Buenos Aires, Amorrortu, 1993.

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CUESTINARIO TEMA: SUPERYO Y PULSIONES DE MUERTE

1-¿Según tu que relaciones existe entre el superyó y las pulsiones dela mente?

2-¿Cómo explica estas relaciones?

3-¿Cuál es la complejidad de poder entender dichas relaciones?

4-¿Cuáles es el principal elemento del desarrollo normal del aparato psíquico?

5-¿Qué sucede con este aparato psíquico en el caso de una neurosis obsesiva?

6-¿Qué sucede de igual forma con la melancolía?

7-¿En conclusión cual es la importancia de dichas relaciones entre el superyó y las pulsiones de la mente?

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