La vida simbólica

C. G. Jung. Obra completa, vol. 18. Trad. J. Navarro. Trotta Ed., 2009. Tomo 1, 429 páginas, 35 €. Tomo 2, 462 páginas, 35 €. +

Superados los 75 años, C.G. Jung abandona la práctica clínica y se dedica a escribir a partir de los primeros años de la década de 1950, después de publicar Aion (1951) y Respuesta a Job (1952). Acuerda en 1954 la publicación de su Obra completa, para la cual revisará los textos ya publicados hasta entonces desde hace medio siglo, y encara la redacción de su obra mayor, Mysterium coniunctionis (1955-56). En su selección de los escritos que compondrán esa OC Jung descarta una serie de textos menores —reseñas, prólogos, artículos—, seminarios, cursos y conferencias, material del cual se ha escogido una pequeña parte para componer este volumen 18, publicado originalmente en inglés el año 1976 y, cinco años después, en alemán. Alguno de los 131 documentos que conforman esta selección ya eran conocidos en nuestro idioma. Además de los prólogos a las ediciones de los libros de J. Jacobi y F. Fordham traducidos al español, está sobre todo el escrito “Los símbolos y la interpretación de los sueños”, la contribución de Jung al colectivo El hombre y sus símbolos, traducido en su momento como “Acercamiento al inconsciente” desde su título original inglés. El resto de las 900 páginas de este volumen era inédito hasta ahora. Con él, ya sólo quedan los escritos recogidos en el volumen 2 de esta OC, Investigaciones experimentales, por conocer en nuestro idioma, aunque falte aún la publicación de los volúmenes 3, 5, 6, 13 y 17, cuyo contenido conocemos en traducciones anteriores y aún disponibles. Debido a su carácter de miscelánea, encontramos en La vida simbólica escritos relativos a todas las esferas de interés de Jung, fechados entre 1901, cuando inicia su vida profesional, y 1961, año de su muerte. Estas seis décadas de actividad intelectual fructificaron en una extensa obra que excede a la Obra completa decidida por su autor y que la Fundación Philemon se ha propuesto publicar —además del Libro rojo, ya en el mercado, también sus cursos, varios de sus seminarios y 9.000 cartas, todavía inéditos. La ordenación de los textos de este volumen 18, en dos tomos, sigue la organización de la OC: temática y cronológica en cada tema, excepto en el caso de los más extensos, que se encuentran en el tomo 1, donde se recogen también los escritos correspondientes a los volúmenes 1—4, es decir, hasta su ruptura con Freud. El tomo 2, consecuentemente, recopila los relativos a los volúmenes 5—17. El traductor, Jorge Navarro, a quien debemos la excelente traducción del tomo 2 de Mysterium coniunctionis, ha tenido el acierto de traducir desde los idiomas originales (alemán e inglés). La importancia de este volumen es múltiple. Quien desconozca a Jung, puede

tener una panorámica de toda su obra con su mera lectura y quien lo conozca suficientemente pondrá perspectiva histórica en la aparición de sus conceptos y accederá a material que le dará pistas. El psicoterapeuta que se sirva de Jung encontrará textos fundamentales que ayudan sobremanera a entender la transferencia, delimitar el marco terapéutico y perfilar las metas y dificultades del proceso analítico. El interesado en sus opiniones y posturas políticas hallará aquí un filón. Sus presentaciones sucintas de textos alquímicos y del proceso de transformación le serán muy útiles a los que se internan en los volúmenes 12—14. La cuestión religiosa se trata en términos más coloquiales y polémicos, personales, que en el volumen 11. El formato más divulgativo de muchos de estos textos —artículos de enciclopedia, prólogos o reseñas— sintetiza en conceptos claros y formulaciones efectivas una obra compleja y trabada como la suya. El documento que abre la selección son “Las conferencias Tavistock”, que Jung impartió en 1935 en el sólido instituto psicoanalítico más importante de Inglaterra. Inédito en español hasta ahora, constituye un texto cardinal para los interesados en la clínica. Sobre todo la quinta y última conferencia, dedicada a la transferencia y la imaginación activa. Le sigue el último escrito de Jung, póstumo, sobre el símbolo. El tercer texto extenso, fechado en 1938, aunque publicado en 1954, da título a este volumen, “La vida simbólica”. En él puede leerse que “sólo la vida simbólica puede expresar la necesidad del alma, la necesidad diaria del alma” , que “la única cosa importante es que nuestra vida tenga sentido” y que “no hay conflicto entre la religión y la ciencia, esto es una idea anticuada”, deplorando “que los asnos se adueñen de la ciencia”. De los escritos complementarios a los diversos volúmenes de la OC que componen el resto del volumen, únicamente llamaré la atención sobre unos pocos: “La psicología y los problemas nacionales”, una conferencia en octubre de 1936 en el Instituto Tavistock, “Glosas marginales a la historia contemporánea”, un inédito de 1946, y “Técnicas para un cambio de actitud que conduzca a la paz mundial”, informe de 1948 para la UNESCO, correspondientes al vol. 10. También es de gran interés “’Religión y psicología’: una respuesta a Martín Buber” (1952) y “Jung y la fe religiosa” (1957—58), correspondientes al vol. 11. Hay un texto chocante, de 1912, “Sobre la psicología del negro” , que hará las delicias de quienes consideran racista a Jung, pues puede leerse en él que “el negro es ignorante, […] incapaz de abordar sus propios pensamientos, […] muy religioso, […] carece de dominio de sí mismo. […] El hombre blanco es para el negro un ideal”. Y otro bastante divertido, de resonancias buñuelianas, “Si Cristo caminara hoy por la Tierra”, aparecido en diciembre de 1958 en la revista Cosmopolitan,: “Sería entrevistado y fotografiado por la prensa y no viviría mucho más de un mes. Moriría asqueado de sí mismo, pues se vería banalizado más allá de lo soportable. Lo mataría su propio éxito, moral y físicamente” . Quisiera terminar con un asunto marginal que interesará a los estudiosos de Jung y su Psicología. En 1931, en el prólogo a un libro de Aldrich sobre la mente primitiva, introducido a su vez por Malinowski, dice Jung que “ la psicología que hace falta es una psicología de las funciones complejas, es decir, una psicología que no reduzca las complejidades de la mente a sus elementos hipotéticos”, señalando que “el primer

intento de elaborar una psicología compleja lo llevó a cabo Freud” en Tótem y tabú. Vuelve a hablar de “Psicología Compleja” en la introducción del volumen IV de los Tratados psicológicos publicado en 1933, el conocido Realidad del alma. Dos años después, en el prólogo al libro de König-Fachsenfeld también usa esta denominación. En la entrevista que le hace J. Jacobi en 1943, la autora habla de “Psicología Compleja (es decir, la Psicología Profunda de tendencia junguiana)”. La denominación de Psicología Compleja para referirse a la Psicología Analítica se hace oficial en la inauguración del Instituto C.G.Jung de Zúrich en 1948 como “Instituto de Psicología Compleja”. En 1950 aparece también esta expresión en el prólogo al libro de su amigo Baynes, así como en el prólogo a la versión hebrea de Psicología y educación, escrito en 1955 y publicado en 1958. Sin embargo, esta denominación no ha prosperado, pues incluso las instituciones junguianas como la Asociación Internacional de Psicología Analítica la han descartado. Baste lo dicho para señalar que, a pesar de ser una recopilación de su opera minora, no es menor la importancia de estos textos que ven por fin su versión española, gracias a la sostenida labor de la Editorial Trotta. Enrique Galán Santamaría Abril, 2010

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