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25 de abril al 1 de mayo de 2010

por las diócesis

FAJARDO-HUMACAO

Necesarios sacerdotes con afirmación e identidad
MONS. EUSEBIO Ramos Morales Obispo de la Diócesis de FajardoHumacao
Hace exactamente dos semanas nos reunimos con 700 jóvenes de toda nuestra Diócesis para la Jornada Juvenil Diocesana. Realmente, esta Jornada y la presencia de nuestra Juventud, envía una señal de esperanza de una Iglesia joven que quiere abrir y alcanzar nuevos horizontes desde la fe, el amor y la esperanza. Los seminaristas también lanzan un mensaje de esperanza a nuestra diócesis y a nuestro País de un futuro marcado por el servicio, la entrega generosa de cuerpo y de alma para forjar un Pueblo Nuevo, acompañado de una Iglesia Madre, que, desde la caridad pastoral, sea instrumento del reino en medio de dicho pueblo. Cabe recordar que estamos ya finalizando el Año Sacerdotal, convocado por Su Santidad Benedicto XVI. Año para afirmar la vocación presbiteral, al estilo de San Juan María Vianney, desde la generosidad de vida, marcada por la fidelidad, la oración y el celo pastoral. En medio de un ambiente global de confusión, donde se impone lo inmediato, lo fácil, lo superfluo, y en un panorama de ataques viciosos a la vocación, surge esta convocatoria. Por supuesto, reconocemos que no todos hemos sido fieles y algunos han fallado gravemente cuando niños y jóvenes pagan las consecuencias de nuestras miserias. Pero, esto que puede ocurrir en cualquier espacio donde hay seres humanos débiles y frágiles, se ha querido vincular maliciosamente como elemento que acompaña nuestro estilo de vida como hombres célibes, lo cuál sabemos que no es cierto y nada más lejos de la naturaleza misma de la opción por el Reino de Dios, vivida y establecida por el mismo Jesús. Hace también algunas semanas me reuní con un grupo de sacerdotes de Caguas y les señalaba la necesidad consciente y más que nunca, ahora, de purificación, afirmación e identidad. Purificación que nos lleve a reconocer nuestras miserias con honestidad y sinceridad, permitiéndonos pasar por el Sacramento de la Reconciliación y la revisión continua de la dirección espiritual, sin olvidar lo que fue siempre fuerza en San Juan María Vianney: la oración y el encuentro con Jesús Sacramentado. Pero esta purificación tiene que ir acompañada de la afirmación continua y el cultivo de nuestra identidad como personas que se preparan para ser sacerdotes, sin miedo, sin complejos ni ambigüedades. Esto es algo que ha afectado a muchos sacerdotes. Esa afirmación e identidad hay que trabajarla con mucha responsabilidad surrección. Aunque es en la Cruz donde culmina su plena realización como mediador, a través de toda su vida, Jesús va configurando el nuevo sacerdocio de distintas formas. En la misma llamada, en la formación y envío de sus discípulos, el Señor manifiesta su voluntad de continuar su misión a través de unas personas concretas. Jesús llamó a sus discípulos para una formación y misión particular: creó con ellos una relación personal e íntima muy propia. Los formó y les dio una potestad especial. También les permitió ser testigos únicos en momentos claves de su vida (la pesca milagrosa, la Transfiguración, las apariciones como Resucitado). Finalmente, se despide enviándolos al mundo a continuar su misión. Nos decía el Papa Benedicto en Aparecida: “Si el sacerdote tiene a Dios como fundamento y centro de su vida, experimentará la alegría y la fecundidad de su vocación. El sacerdote debe ser ante todo un ‘hombre de Dios’ (1Tim 6,11) que conoce a Dios directamente, que tiene una profunda amistad con Jesús, que comparte con los demás los mismos sentimientos de Cristo (cf Flp 2,5). Sólo así el sacerdote será capaz de llevar a los hombres a Dios, encarnado en Jesucristo, y ser representante de su amor”, (DIA, Benedicto XVI). Jóvenes, cultiven la identidad de nuestra vocación y futuro ministerio presbiteral, con confianza y alegría en el Dios Padre que, en Jesucristo nos muestra la vida nueva, y vida en abundancia. (Mensaje pronunciado por Monseñor Eusebio durante el Encuentro Nacional de Seminaristas, celebrado en Humacao.)

“Jóvenes, cultiven la identidad de nuestra vocación y futuro ministerio presbiteral, con confianza y alegría en el Dios Padre que, en Jesucristo nos muestra la vida nueva, y vida en abundancia.”
y disciplina, en nuestros procesos de formación y también, en nuestra vida ministerial. La vocación y ministerio conllevan y exigen un estilo de vida que nos marca e identifica. Nos ordenamos o se ordenarán para ser sacerdotes 24horas al día y toda la vida. No se es sacerdote a veces ni en ciertos momentos. Siempre somos sacerdotes. Luego, hay que vivir, actuar y ser sacerdotes, con las responsabilidades ministeriales que conlleva, con las renuncias que exige y con los elementos que les acompañan, ya sean internos o externos. El sacerdocio de la Nueva Alianza brota de Jesús mismo, sobre todo, en la entrega de su pasión, muerte y re-

2010 es el año para afirmar la vocación presbiteral, al estilo de San Juan María Vianney, desde la generosidad de vida, marcada por la fidelidad, la oración y el celo pastoral.