EL LINCE EN LOS MONTES DE MAZAGÓN

Cazar un lince en los montes de Mazagón era tan lícito hace unos años como lo
es hoy cazar un conejo. La caza del lince, ese felino en peligro crítico de extinción, ha
pasado en pocos años, de ser una alimaña perseguida a especie protegida. Las
principales causas de su desaparición se le atribuyen a la destrucción de su hábitat, la
disminución de la población de conejos —su alimentación básica—, los atropellos y la
caza o muerte provocada por diversos medios. Pero para saber algo más del motivo de
su desaparición hay que remontarse muchos años atrás, cuando este animal fue
considerado una alimaña y comenzó a ser perseguido.

La Ley de Caza de 1902 incluyó al lince entre las alimañas recompensando su
captura, algo difícil de entender, ya que el lince no era un animal que abundaba como
para tener que exterminarlo por equilibrio biológico, no suponía ningún peligro para el
ser humano, y no representaba ninguna amenaza ni para el ganado ni para la agricultura.
Esta ley permitía la eliminación de alimañas en cualquier época del año, utilizando todo
tipo de medidas, y obligaba a los ayuntamientos a realizar batidas e incluso
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envenenamientos, estableciendo las recompensas que se debían pagar. La ley establecía
una recompensa de 3,75 pesetas por cada lince muerto, recompensas que eran
contempladas en las partidas presupuestarias de los ayuntamientos con el grado de
“carácter prioritario”.

El lince nunca fue una pieza de caza de interés en nuestro país, dado que en
aquella época las especies cinegéticas abundaban y este animal quedaba relegado a un
segundo plano; aunque en algunos lugares como en Mazagón, su carne estaba
catalogada como un manjar exquisito, y el olor del guiso de lince que desprendían las
ollas de muchas chozas —no ya de Mazagón sino de todos los pueblos forestales
limítrofes—, despertaba la secreción del jugo gástrico a propios y extraños, eso que
vulgarmente solemos llamar: se me hace la boca agua. Una vez desollado y limpio, el
animal se colgaba al sereno en las puertas de las chozas para orearlo y reblandecerlo, y
al día siguiente su exquisita carne blanca era cocinada al fuego del carbón de leña.

El ejemplar de la fotografía que ilustra este artículo fue cazado en Mazagón en
1955. Los cuatro hombres que posan orgullosos junto al trofeo —que más que un lince
parece un tigre por su enorme tamaño—, son de izquierda a derecha: el guarda forestal
Antonio Montiel Rojas, el compadre de Montiel, Antonio, el cartero de Mazagón, Juan
Rodríguez Delgado, y el guarda mayor, José Gómez Alfaro. La carne de este animal fue
el plato estrella en el convite de la boda del guarda forestal, Alonso Martín Díaz.

La desaparición del lince empezó a ser más preocupante entre los años 50-60. El
Decreto del Ministerio de Agricultura, de 11 de agosto de 1953, declaraba obligatoria la
creación de las Juntas de Extinción de Animales Dañinos en el plazo de dos meses, a

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partir de su publicación en el Boletín Oficial. Las Juntas se debían constituir con
carácter obligatorio en todas las provincias españolas. Estas entidades, además de
compensar económicamente la captura de las alimañas, adjudicaban también un
reconocimiento público en función de las piezas cazadas y del grado dañino de las
mismas. A estas capturas orquestadas por el Estado hubo que sumarle también la
comercialización de su piel, muy bien cotizada, que animó a los cazadores a poner el
dedo en el gatillo para llevarla al mercado peletero. Y lo curioso de todo esto, es que la
misma Administración Pública que antaño fomentó y premió su exterminio, realiza
ahora inversiones millonarias para protegerlo.

En esta fotografía que fue
tomada recientemente por la
pareja de la Guardia Civil de
Mazagón, un lince adulto se
refugia en lo alto de un pino al
advertir la presencia humana. A
este lince adulto le acompañaba
otro adulto más junto con tres
crías que salieron huyendo.

Afortunadamente, el 14 de julio de 1966 el Consejo de Pesca Continental, Caza
y Parques Nacionales prohibió su caza en España, y desde 1985 la Administración del
Estado, la Junta de Andalucía, y diversas ONGs realizan campañas para su
conservación, contribuyendo a aumentar el grado de concienciación social.

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Ver un lince hoy en los montes de Mazagón no es cosa fácil, aunque los amigos
de la naturaleza, asiduos visitantes de nuestros parajes, que saben por las zonas donde
campea, han tenido la oportunidad de encontrarse con él en más de una ocasión,
luciendo ese collar de radiotransmisores por el que son localizados por los biólogos de
Doñana.

Este precioso ejemplar fue fotografiado el pasado mes de abril en la carretera del
Parador a Bodegones, concretamente en la zona de la Laguna de Moguer. El felino no
salió huyendo como era de esperar y se dejó fotografiar por un vecino de Mazagón.
José Antonio Mayo Abargues

Mazagón 2014

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