w m m

mmm

m m

liliiiMIMilli ll mllill I lil ! I ll i lilN I! 11 il li n
S t i p i t ni i \ iRniiii
BlBllplECA M15IÍCA (ARMElflANA
•• • •-

OBRAS DE SHN JUAN DE LR CRUZ
BIBLIOTECA MISTICA CARMELITANA

— 11 —

OBRñS
DE

SAN JUñN DE L A CRUZ
DOCTOR DE LA IGLESIA

EDITADAS Y ANOTADAS POR E L

P. SILVERIO D E SANTA TERESA, C. D.

TOMO IT

SUBIDA Y NOCHE OSCURA

BURGOS
TiPOGRñFM DE «EL MONTE CARMELO^
1929.
ES PROPIEDAD
APROBACIONES

Nihil obsífíf:
Fr. Eliseus a S. Joseph, C. D.
Censor.

Nihil obstat:
Fr. Bruno a Sancto Joseph, C. D.
Censor.

Imprimi potesí:
Burgis, 22 Maji 1929.
Fr. Marcellus a Puero Jesu, C. D.
Protnncta/is.

Nihil obstat:
Dr. Daniel Torre Garrido.
Censor,

Imprimatur:
Burgis. 22 Julii 1929,
Dr. Aemilius Rodero Reca.
Vícartus Generalis,
SUBIDA D E L M O N T E C A R M E L O
O A G VX, A T V S.x

O ¿Sig, 6¿é/i*> f"**}

l&Qlotiay homadsjüios

7

I
CktíUs

Cafthw

Tíatotus

m Libertad!

ozos

sacia 3

Dífcaiílo

Senil eñeechl ieit.
Cuuíno dcjpiriíu imperfccíio
perfección <S*mao de fpirííu errado
^AuUi.eH uta guie ducit
*d uttam . LXVII
LtfVttjiUsjtguiiatt Jttlsxttaelnuiío ¿eJuiitpnLtjtnla aUldmte íej^tr^Ketm,y¿m mijejiat&neiijjmlwdttsamvmtotci

hhóíJ para venir Modo detener ^fodoparalloimpedir Indicio dec^ue íe
al todo. al todo. al todo. tiene todo.
ÚPata, uenit ejaítilo tolo Optando urjum» en aljjo Í,n ejía dejnudaj&lla el
«r^« ífjw nejahes. »quietntjahet oLjomitada- ¿tju, de usruj&tte. oí iodo, JjKtitu juietud.y dejeanjo,
uenit eíajue mjjiyía* ra ucnii atjujf.íMo todo i^Pnmiejja.ia uenit deudotltodo jiarjue coma nada codicia, nada
ai dt «jm donde mjjujiu. no íimetatjjíyiantgp'sn.ittda as 2r. dotar ddtodo aZoda. íeímjoelle fiucia attíhaynada
"" tsUcjiije ntjHiJt' CVa.xa utmt ipoUttlt tí¿» IT^itiuuí/i la ueyM todo atener Le opinte ¿acia síajo, queejla
d* \xjat iendt n»^meta-i poíeei aljjo turtadi as detenerle'm nada jitetet. enel centro d*Ju kumiUad
CB&ta. umita ferio todo Útfjjuefijiuetes trneto^oento£ Que guando aUo codicia
###BOT_TEXT###lt;idú na» nteui. fo quieras jet tJ^j* tun-tilu. ¡u¡ lieietputo tnDios tu tejota. enejo mojmo fe Jático

[Reproducido de la edición príncipe y con las mismas dimensiones que en ella viene]
SUBIDA D E L M O N T E C A R M E L O

Trata de cómo podrá un alma disponerse para llegar en breve a la
divina unión. Da avisos y doctrina, así a los principiantes, como a
los aprovechados, muy provechosa, para que sepan desembarazarse
de todo lo temporal, y no embarazarse con lo espiritual (1), y
quedar en la suma desnudez y libertad de espíritu cual se re-
quiere para la divina unión (2).

ARGUMENTO

Toda la doctrina que entiendo tratar (3) en esta Sabida
del Mente Carmelo, está incluida en las siguientes Canciones, y
en ellas se contiene el modo de subir hasta la cumbre del monte,
que es el alto estado de la perfección que aquí llamamos unión
del alma con Dios, Y porque tengo de ir fundando sobre ellas lo
que dijere, las he querido poner aquí juntas, para que se entienda
y vea junta toda la substancia (4) de lo que se ha de escribir;
aunque al tiempo de la declaración convendrá poner cada canción
de por si, y, ni más ni menos, los versos de cada una, según
lo pidiere la materia y declaración. Dice, pues, así (5).

1 En el Códice de Alba faltat y no embarazarse con lo espiritual,
2 Así el C. de Ale. Por cuenta propia añade el P. Juan Evangelista: compuesta
por el padre fray Juan de la Cruz, carmelita descalzo. Otros códices ponen tam-
bién, como el de Alcaudete, el nombre del autor, y en la sustancia convienen en el
sumario que de éste hemos tomado. La edición príncipe dice solamente: "Subida del
Monte Carmelo, compuesta por el venerable P. Fr. Juan de la Cruz, primer descalzo
de la reformación de N. Señora del Carmen que fundó la Virgen Santa Teresa."
3 Así el C. de Ale. y la e. p.-—A y B: que se ha de tratar.
4 Así Ale. y e. p.—A y B: sustancia junta, etc.
5 Sólo el C. de Ale. copia las palabras dice pues así.
SUBIDA D E L MONTE CARMELO

CANCIONES

EN QUE CANTA E L A L M A L A DICHOSA VENTURA QUE TUVO EN PASAR

POR L A OSCURA NOCHE DE L ñ F E , EN DESNUDEZ Y PURGACION

SUYA A L A UNION DEL AMADO (1).

1. —En una noche oscura
Con ansias en amores inflamada,
¡Oh dichosa ventura!
Salí sin ser notada,
Estando ya mi casa sosegada.
2. —R oscuras, y segura
Por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!
A oscuras y encelada.
Estando ya mi casa sosegada.
3. —En l a noche dichosa
En secreto, que nadie me veía,
N i yo miraba cosa.
Sin otra luz, y guía,
Sino la que en el corazón ardía.
4. —Aquesta me guiaba
Más cierto que la luz del mediodía,
R donde me esperaba,
Quien yo bien me sabía,
En parte, donde nadie parecía.
5. — ¡Oh noche que guiaste.
Oh noche amable más que el alborada;
Oh noche que juntaste
Amado con amada.
Amada en el Amado transformada!
6. — E n mi pecho florido,
Que entero para él sólo se guardaba.

1 Amado y no amor, como se lee en muchas ediciones, trasladan Ale, A, B
CñNCIONES

Rüi quedó dormido,
Y yo le regalaba,
Y el ventalle de cedros aire daba.
7. — E l aire de la almena.
Cuando yo (1) sus cabellos esparcía,
Con su mano serena
En mi cuello hería,
Y todos mis sentidos suspendía.
8. —Quédeme, y olvídeme,
E l rostro recliné sobre el Amado,
Cesó todo, y déjeme,
Dejando mi cuidado
Entre las azucenas olvidado (2).

1 Así los Códices de Barrameda, A k . y A . ~ B , D y e. p.: ya, con lo cual se quita
al verso una familiar y delicadísima operación—esparcir los cabellos del Amado—en
que la Esposa se entretiene, cuando el aire de la almena hiere su cuello y la suspende.
2 Queda corregida por el Códice de Barrameda, que, por lo demás, no dis-
crepa del de Ale. y los instantes que la copian. Las estrofas no suelen estar, por lo
regular, numeradas en los códices. Se pone la numeración para facilitar la cita y eco-
nomizar tiempo al lector. En la primera edición de estas obras, ya las vemos numera-
das con signos romanos.
P R Ó L O G O

1. Para haber de declarar y dar a entender esta noche os-
cura, por la cual pasa el alma para llegar a la divina luz de
la unión perfecta del amor de Dios, cual se puede en esta vida,
era menester otra mayor luz de ciencia y experiencia que la mía;
porque son tantas y tan profundas las tinieblas y trabajos, así
espirituales, como temporales, porque ordinariamente suelen pa-
sar (1) las dichosas almas para poder llegar a este alto estado
de perfección, que ni basta ciencia humana para saberlo entender,;
ni experiencia para saberlo decir; porque sólo (2) el que por
ello pasa, lo sabrá sentir, mas no decir.
2. Y, por tanto, para decir algo de esta noche oscura, no me
fiaré, ni de experiencia, ni de ciencia, porque lo uno y lo otro
puede faltar y engañar; mas, no dejándome de ayudar en lo que
pudiere de estas dos cosas, aprovecharme he para todo lo que
con el favor divino hubiere de decir, a lo menos para lo más
importante y oscuro de entender, de la Divina Escritura, por la
cual guiándonos, no podremos errar, pues el que en ella habla
es el Espíritu Santo. Y si yo en algo errare, por no entender
bien así lo que en ella como en lo que sin ella dijere, no es mi
intención (3), apartarme del sano sentido y doctrina de la Santa

1 E . p.: así espirituales como corporales que suelen pasar. La corrección de la
edición príncipe se hizo, sin duda, porque la palabra corporales se contrapone mejor
a la de espirituales, que la empleada por el Santo y damos ya en el texto, en confor-
midad con todos los manuscritos.
2 E . p.: ni experiencia para decirlo, porque sólo.
3 La e. p. trae las anteriores líneas en esta forma: "porque lo uno y lo otro pue-
de faltar y engañar, sino de la Divina Escritura, por la cual, si nos guiamos, no po-
demos errar, pues el que en ella habla es el Espíritu Santo. No obstante que me ayu-
daré de las dos cosas de ciencia y experiencia que digo. Y si yo en algo errare, por
no entenderlo bien, no es mi intención," etc.
PROLOGO 7

Madre Iglesia Católica; porque, en tal caso, totalmente me su-
jeto g resigno, no sólo a su mandado (1), sino a cualquiera que
en mejor razón de ello juzgare.
3. Para lo cual me ha movido (2), no la posibilidad que
veo en mí para cosa tan ardua, sino la confianza que en el
Señor tengo de que ayudará a decir algo, por la mucha nece-
sidad que tienen muchas almas; las cuales, comenzando el cami-
no de la virtud, g queriéndolas Nuestro Señor poner en esta no-
che oscura para que por ella pasen a la divina unión, ellas no
pasan adelante: a veces, por no querer entrar o dejarse entrar
en ella; a veces, por no se entender g faltarles guías idóneas g
despiertas (3) que las guíen hasta la cumbre, Y así, es lástima
ver muchas almas a quien Dios da talento g favor para pasar
adelante (que si ellas quisiesen animarse llegarían a este alto
estado), g quédanse en un bajo modo de trato con Dios, por
no querer, o no saber, o no las encaminar g enseñar a desasir-
se (4) de aquellos principios. Y ga que, en fin. Nuestro Señor las
favorezca tanto, que sin eso g sin esotro las haga pasar, llegan
muy más tarde g con más trabajo, g con menos merecimiento,
por no haber acoraodádose ellas a Dios, dejándose poner libre-
mente (5) en el puro g cierto camino de la unión. Porque aunque
es verdad que Dios las lleva, que puede llevarlas sin ellas, no
se dejan ellas llevar, g así camínase menos resistiendo ellas al
que las lleva, g no merecen tanto, pues no aplican la voluntad,
g en eso mismo padecen más. Porque hag almas que en vez de
dejarse a Dios g agudarse, antes estorban a Dios por su indis-
creto obrar o repugnar; hechas semejantes a los niños, que que-
riendo sus madres llevarlos en brazos, ellos van pateando (6) g

1 La e. p.: a su luz y mandato. A y B: a su parecer. Esta y las seis líneas
anteriores se han modificado un poco de como venían imprimiéndose, ajustándonos
en la modificación al Códice de Ale, con lo cual están conformes, salvo levísimas di-
ferencias, A. y B.
2 Así el C. de Ale. y la e, p.—A y B: para escribir esto me ha movido.
3 Así Ale. y A.—La e. p.: diestras, y B: dispuestas.
4 E . p.: desviarse,
5 Libremente. E . p. suprime esta palabra.
6 Así Ale, A y la e. p.—B.: perneando.
8 SUBIDA D E L MONTÉ CARMELO

llorando, porfiando por irse ellos por su pie, para que no
se pueda andar nada; y si se anduviere, sea al paso del niño.
4. Y así, para este saberse dejar llevar de Dios, cuando Su
Majestad los quiere pasar adelante, así a los principiantes, como a
los aprovechados, con su ayuda daremos doctrina y avisos para
que sepan entender, o, a lo menos, dejarse llevar de Dios. Porque
algunos confesores y padres espirituales (1), por no tener luz y
experiencia de estos caminos, antes suelen impedir y dañar a se-*
me jantes almas que ayudarlas al camino (2); hechos semejantes
a los edificantes de Babilonia, que habiendo de administrar un
material conveniente, daban y aplicaban ellos otro muy diferente,
por no entender ellos la lengua, y así, no se hacía, nada. Por
lo cual, es recia y trabajosa cosa en tales sazones (3) no enten-
derse un alma, ni hallar quien la entienda. Porque acaecerá que
lleve Dios a una alma por un altísimo camino (4) de oscura
contemplación y sequedad, en que a ella le parece que va perdida,
y que, estando así llena de oscuridad y trabajos, aprietos y tenta-
ciones, encuentre con quien le diga como los consoladores de
Job (5), que es melancolía o desconsuelo, o condición, o que
podrá ser alguna malicia oculta suya, y que por eso la ha dejado
Dios. Y así, luego suelen juzgar que aquella alma debe de haber
sido muy mala, pues tales cosas pasan por ella.
5. Y también habrá quien le diga que vuelve atrás, pues no
halla gusto ni consuelo como antes en las cosas de Dios. Y así
doblan el trabajo a la pobre alma; porque acaecerá que la mayor
pena que ella siente, sea del conocimiento de sus miserias pro-
pias en que le parece que ve más claro que la luz del día que
está llena de males y pecados, porque le da Dios aquella luz
de conocimiento en aquella noche (6) de contemplación, como
adelante diremos. Y como halla quien conforme con su parecer,

1 Así A, B y e. p.—Ale. sólo dice: padres espirituales,
2 E . p. suprime: al camino.
3 Razones, venía imprimiéndose malamente. La príncipe puso ocasiones. Propia
y clásica es la aplicación que el Santo hace de esta palabra en el caso presente.
4 E . p.: Porque acontecerá que la lleve Dios por un'altísimo camino, etc.
5 E . p.: encuentre quien la diga lo que a Job sus consoladores.
6 E . p.: porque se lo da Dios así a entender en aquella noche.
PROLOGO 9

diciendo que serán por su culpa, crece la pena g el aprieto del
alma sin término, g suele llegar a más que morir. Y no con-
tentándose con esto, pensando los tales confesores que procede
de pecados, hacen a las dichas almas revolver (1) sus vidas g ha-
cer hacer muchas confesiones generales, g crucificarlas de nue-
vo; no entendiendo que aquel por ventura no es tiempo de eso
ni de esotro, sino de dejarlas asi en la purgación que Dios las
tiene, consolándolas g animándolas a que quieran aquello hasta
que Dios quiera; porque hasta entonces, por más que ellas ha-
gan g ellos digan, no hag remedio.
6. De esto hemos de tratar adelante con el favor divino, g de
cómo se ha de haber el alma entonces, g el confesor con ella, g
qué indicios habrá para conocer si aquélla es la purgación del
alma; y, si lo es, si es del sentido o del espíritu (lo cual es
la noche oscura que decimos), y cómo se podrá conocer si es
melancolía u otra imperfección acerca del sentido o del espíritu.
Porque podrá haber algunas almas que pensarán ellas o sus con-
fesores, que las lleva Dios por este camino de la noche oscura
de purgación espiritual, g no será, por ventura, sino alguna im-
perfección de las dichas. Y porque hag también muchas almas
que piensan no tienen oración, g tienen mug mucha; g otras (2),
que piensan (3) tienen mucha y es poco más que nada.
7. Hay otras, que es lástima que trabajan g se fatigan mucho
g vuelven atrás, g ponen el fruto del aprovechar en lo que no
aprovecha, sino antes estorba; y otras, que con descanso y quie-
tud van aprovechando mucho. Hay otras que, con los mismos re-
galos y mercedes que Dios les hace para caminar adelante, se
embarazan g estorban, y no van adelante; y otras muchas cosas
que en este camino acaecen a los seguidores de él, de gozos (4),
penas y esperanzas y dolores: unos que proceden de espíritu de
perfección, otros de imperfección. De todo, con el favor divino.

1 Asi el C. de Ale. y la e. p.—A y B: recorrer.
2 La e. p.: y otras, por el contrario.
3 Piensan. Por descuido omite esta palabra el Códice de Ale, que traen los
demás y hace falta.
4 La e. p.: se embarazan y estorban en este camino, en el cual a los seguidores
de él acaecen muchas cosas de gozos, etc.
10 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

procuraremos decir algo, para que cada alma (1) que esto le-
yere, en alguna manera eche de ver el camino que lleva, y el
que le conviene llevar, si pretende llegar a la cumbre de este
Monte.
8. Y por cuanto esta doctrina es de la noche oscura por don-
de el alma ha de ir a Dios, no se maraville el lector si le parecie-
re algo oscura. Lo cual entiendo tjo que será al principio que la
comenzare (2) a leer; mas, como pase adelante, irá entendien-
do mejor lo primero, porque con lo uno se va declarando lo
otro. Y después, si lo leyere la segunda vez, entiendo le pare^
cerá más claro y la doctrina más sana (3). Y si algunas per-
sonas con esta doctrina (4) no se hallaren bien, hacerlo ha mi
poco saber y bajo estilo; porque la materia, de suyo, buena es
y harto necesaria. Pero pareceme que aunque se escribiera más
acabada y perfectamente de lo que aquí va, no se aprovecharan
de ello sino los menos, porque aquí no se escribirán cosas muy<
morales y sabrosas (5) para todos los espirituales que gustan de
ir por cosas dulces y sabrosas a Dios; sino doctrina sustancial y

1 E . p.: cada uno.
2 A: empezare,
3 Sana. Así los Códices. La e. p.: segura.
4 Doctrina. Así se lee en el Códice de Alcaudete. Los demás y las ediciones po-
nen: lectura,
5 N i que decir tiene que el Santo no intenta declarar en esta frase, que desen-
volverá las doctrinas que va a tratar en forma poco conveniente a la moral más lim-
pia y pudorosa, lo mismo en lo que atañe a la sustancia de la exposición, que a la
forma del lenguaje y estilo; pues sabido es que el autor del Cántico Espiritual es uno
de los pocos escritores de su siglo que no tienen crudezas de expresión que puedan
ofender a oídos meticulosos o de muy extremada pudibundez, que en nuestros días no
faltan; no por mejora de costumbres, sino por afinamiento externo de trato y de pluma.
Lo que dice es, que no tratará de cosas lianas y sencillas de perfección, como declara-
ción de virtudes y fácil evitación de vicios y defectos, que siempre oyen o leen con
gusto las personas discretas; sino que se tira a lo hondo de la santidad evangélica, para
descuajar de raíz los vicios y asentar las virtudes y los medios conducentes a la unión
más estrecha del alma con Dios por amor, sobre todo la contemplación en bases
solidísimas. Es una prevención y algo como toque de retirada a los pusilánimes que no
se sientan con ánimo para subir el repecho de este monte místico. Por lo demás, el mis-
mo Santo define en la siguiente forma lo que él entiende por bienes morales. "Por bie-
nes morales entendemos aquí las virtudes y los hábitos de ellas en cuanto morales, y
el ejercicio de cualquiera virtud, y el ejercicio de las obras de misericordia, la guarda
de la ley de Dios, y la política [cortesanía, educación] y todo ejercicio de buena ín-
dole e inclinación."
PROLOGO 11

sólida (1), así para los unos como para los otros, si quisieren
pasar a la desnudez de espíritu que aquí se escribe.
9. N i aun mi principal intento es hablar con todos, sino con
algunas personas de nuestra sagrada Religión de los primitivos
del Monte Carmelo, así frailes, como monjas, por habérmelo ellos
pedido, a quien Dios hace merced de meter en la senda de este
Monte; los cuales, como ya están bien desnudos de las cosas
temporales de este siglo, entenderán mejor la doctrina de la des-
nudez del espíritu.

1 Algunas diferencias accidentales respecto de lo impreso hasta el presente in-
troducidas en estas líneas, están tomadas de los Códices de Ale, A. y B. La e. p. dice:
"Pero paréceme que aunque se escribiera más acabada y perfectamente de lo que aquí
irá, no fuera apetecida de muchos; porque aquí no se escribirán cosas muy morales
y sabrosas para los espirituales que gustan de ir, por las que son dulces, a Dios; sino
doctrina substancial y sólida," etc.
[ L I B R O P R I M E R O

En que se trata qué sea noche oscura y cuán necesario sea pasar por
ella a la divina unión; y en particular trata de la noche oscura
del sentido, apetito, y de los danos que hacen en el alma.] (1).

CAPITULO P R I M E R O

PONE L H PRIMERA CANCION.—DICE DOS D I F E R E N C I A S D E NOCHES P O R -
QUE PASAN L O S E S P I R I T U A L E S , S E G U N L A S DOS P A R T E S D E L H O M -
B R E , INFERIOR Y S U P E R I O R , Y D E C L A R A L ñ CANCION S I G U I E N T E .

CANCION PRIMERA (2).

En una noche oscura
Con ansias en amores inflamada,
¡Oh dichosa ventura!
Salí sin ser notada,
Estando ya mi casa sosegada.

1. En esta primera (3) canción canta el alma la dichosa suer-
te y ventura que tuvo en salir de todas las cosas afuera (4), y de
los apetitos e imperfecciones (5) que hay en la parte sensitiva del
hombre, por el desorden que tiene de la razón. Para cuya inteli-
gencia es de saber, que para que una alma llegue al estado de
perfección, ordinariamente, ha de pasar primero (6) por dos

1 Las líneas comprendidas en los paréntesis cuadrados, no vienen en los Códi-
ces. Se pusieron en la primera edición, y se reprodujeron en las restantes. Hecha esta
salvedad, respetamos el titulo, que consideramos útil para el lector.
2 Traen estas palabras A , D y e. p. Faltan en Ale, C y B.
3 Dichosa por primera traslada el Códice de Ale—A, B, C, D, G, y c. p. ov
pian primera,
4 Falta esta palabra en la c. p.
5 Así Ale, C, D, G y la e. p.—A y B: afecciones y aficiones, respectivamente.
6 Primero. La e. p. omite esta palabra.
LIBRO PRIMERO.—CñP. I 15

maneras principales de noches, que los espirituales llaman pur-
gaciones o purificaciones del alma, y aquí las llamamos noches,
porque el alma, así en la una como en la otra, camina como
de noche, a oscuras.
2. La primera noche o purgación es de la parte sensitiva del
alma, de la cual se trata en la presente canción, y se tratará en
la primera parte de este libro. Y la segunda, es de la parte
espiritual, de l a cual habla la segunda canción que se sigue;
y de ésta también trataremos en la segunda y tercera parte (1),
cuanto a lo activo; porque cuanto a lo pasivo, será en la cuar-
ta (2).
3. Y esta primera noche pertenece a los principiantes, al tiem-
po que Dios los comienza a poner en el estado de contemplación,
de la cual también participa el espíritu, según diremos a su tiem-
po. Y la segunda noche, o purificación, pertenece a los ya apro-
vechados, al tiempo que Dios los quiere ya poner en el estado
de la unión con Dios; y ésta es más oscura y tenebrosa y te-
rrible purgación, según se dirá después.

DECLARACION D E L A CANCION

4. Quiere, pues, en suma, decir el alma en esta canción, que
salió (sacándola Dios) sólo por amor de E l , inflamada en su amor
en una noche oscura, que es la privación y purgación de todos

1 Así el C. de Ale. Los demás en sustancia trasladan: "La primera noche y pur-
gación es de la parte sensitiva del alma, de la cual se trata en la presente canción, y se
tratará en la primera parte de este libro. Y la segunda es de la parte espiritual, de la
cual habla la segunda canción que se sigue; y de ésta también trataremos en la segun-
da parte cuanto a lo activo, porque cuanto a lo pasivo será en la tercera y cuarta
parte." La e. p. sigue esta división. La división que hace el Códice de Alcaudete nos
parece más ajustada a la intención del Santo; porque diciendo éste que de la purga-
ción activa del sentido hablará en la primera parte de este libro, y no dividiendo lue-
go el libro en partes, sino que de todo él hace una parte, puesto que íntegro lo dedica
a la purgación dicha, hemos de razonar lo mismo de los restantes, y concluir que el
Santo toma indistintamente las palabras parte y libro. En consecuencia, diremos con
el Códice de Alcaudete, que la purgación espiritual activa la tratará el Santo en la
segunda y tercera parte (libro 11 y III de la Subida). La purgación pasiva, en la cuar-
ta parte o libro, porque toda la noche oscura pasiva, parece incluirla en el solo libro
de que habla en el prólogo. Los códices incluyen la Noche en un solo libro, sin ca-
pítulos ni párrafos numerados, aunque traen algunos subtítulos, como ya se dijo en
los preámbulos.
2 E l siguiente párrafo se suprimió en la e. p.
14 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

sus apetitos sensuales (1), acerca de todas las cosas exteriores
del mundo g de las que eran deleitables a su carne, y también
de los gustos de su voluntad. Lo cual todo se hace en esta pur-
gación del sentido; g por eso dice, que salió (2) estando ga su ca-
sa sosegada, que es la parte sensitiva, sosegados ga g dormidos
los apetitos en ella, g ella en ellos. Porque no se sale de las penas
g angustias de los retretes de los apetitos hasta que estén amor-
tiguados g dormidos. Y esto dice que le fué dichosa ventura,
salir sin ser notada, esto es, sin que ningún apetito de su carne,
ni de otra cosa se lo pudiese estorbar. Y también, porque salió
de noche, que es privándola Dios de todos ellos, lo cual era
noche para ella.
5. Y esto fue dichosa ventura, meterla Dios en esta noche,
de donde se le siguió (3) tanto bien; en la cual ella no atinara
a entrar, porque no atina bien uno por si sólo a vaciarse de
todos los apetitos para venir a Dios (4).
6. Esta es, en suma, la declaración de la canción, g ahora nos
habremos de ir por cada verso escribiendo sobre cada uno, y de-
clarando lo que pertenece a nuestro propósito (5). Y el mismo
estilo se lleva en las demás canciones, como en el prólogo (6)
dije, que primero se pondrá cada canción g se declarará, g des-
pués cada verso (7).

1 Así todos los Códices. La e. p.: apetitos sensitivos, que es a lo que hoy
equivale el sentido que el Santo da a la palabra sensual en los casos análogos al pre-
sente.
2 Ale: salta. Los demás y e. p.: salió.
3 A y e. p.: de donde se sigue.
4 E . p.: ir a Dios,
5 Lo que se sigue falta en la e. p. Tal vez no lo publicó, porque en el Argu-
mento había dicho lo mismo.
6 Más bien en el Argumento.
7 Por sí, añade el de Alba.
LIBRO PRIMERO.—CAP. 11 15

CAPITULO II

DECLARA QUE NOCHE OSCURA SEA ESTA PORQUE E L ALMA DICE HABER
PASADO A L A UNION (1).

En una noche oscura

1. Por tres causas (2) podemos decir que se llama noche este
tránsito que hace el alma a la unión de Dios. La primera, por
parte del término donde el alma sale, porque ha de ir care-
ciendo el apetito de todas las cosas del mundo que poseía, en
negación de ellas; la cual negación y carencia es como no-
che para todos los sentidos (3) del hombre. La segunda, por
parte del medio o camino (4) por donde ha de ir el alma a
esta unión, lo cual es la fe, que es también (5) oscura para el
entendimiento como noche. La tercera, por parte del término a
donde va, que es Dios; el cual (6), ni más ni menos, es noche
oscura para el alma en esta vida. Las cuales tres noches han
de pasar por el alma, o por mejor decir el alma por ellas, para
venir a la divina unión con Dios (7).
2. En el libro del santo Tobías se figuraron estas tres mane-
ras de noches por las tres noches que el Angel mandó a Tobías el
mozo (8) que pasasen antes que se juntase en uno con la espo-
sa. En la primera le mandó que quemase el corazón del pez en
el fuego, que significa el corazón aficionado g apegado a las
cosas del mundo; el cual, para comenzar a ir a Dios, se ha de
quemar g purificar de todo lo que es criatura con el fuego del

1 Así Ale. y A C D y G.—'B y la e. p. añaden: de Dios. Estos y A, C y D po-
nen además: Dice las causas de ella.
2 Cosas, traslada el de Alcaudete y el D. Todos los demás causas. En cambio,
al ñn del capítulo el de Alcaudete escribe causas, y los otros cosas.
3 La e, p.: apetitos y sentidos.
4 E. p.: modo o camino.
5 La e. p. traslada: que es la fe, la cual es oscura.
6 La e. p. añade: el cual por ser incomprehensible e infinitamente excedente, se
puede también decir oscura noche. La adición tiende a declarar el texto.
7 La e. p. modifica: Por las cuales tres noches ha de pasar el alma para venir a
la divina unión con Dios.
8 E. p,: el mancebo.
16 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

amor de Dios. Y en esta purgación se ahuyenta el demonio, que
tiene poder en el alma por asimiento a las cosas corporales y
temporales (1).
3. E n la segunda noche le dijo que seria admitido en la com-
pañía de los santos Patriarcas, que son los padres de la fe. Por-
que pasando por la primera noche, que es privarse de todos los
objetos de los sentidos, luego entra el alma en la segunda noche,
quedándose sola en fe, no como excluye la caridad, sino las otras
noticias del entendimiento, como adelante diremos (2), que es
cosa que no cae en sentido.
4. E n la tercera noche le dijo el Angel que conseguiría la ben-
dición, que es Dios, el cual mediante la segunda noche, que es fe,
se va comunicando al alma tan secreta e íntimamente, que es otra
noche para el alma, en tanto que se va haciendo la dicha comu-
nicación muy más oscura que estotras, como luego diremos. Y
pasada esta tercera noche, que es acabarse de hacer la comuni-
cación de Dios en el espíritu, que se hace ordinariamente en
gran ti niebla del alma, luego se sigue la unión con la esposa, que
es la Sabiduría de Dios. Como también el Angel dijo a Tobías
que pasada la tercera noche se juntaría con su esposa con temor
del Señor; el cual temor de Dios, cuando está perfecto, está per-
fecto el amor, que es cuando se hace la transformación por amor
del alma.
5. Estas tres partes de noche, todas son una noche; pero
tiene tres partes como la noche (3). Porque la primera, que es
la del sentido, se compara a prima noche, que es cuando se acaba
de carecer del objeto de las cosas. Y la segunda, que es la fe,
se compara a la media noche, que totalmente es oscura. Y la ter-

1 E . p.: por asimiento a los gustos de las cosas temporales y corporales.
2 Las palabras no como excluye la caridad, etc., se leen solamente en el Códice
de Alcaudete.
3 La e. p. introduce estas modificaciones: "con temor del Señor, el cual, cuando
está perfecto, lo está también el amor de Dios, que es cuando se hace la transforma-
ción por amor del alma con Dios. Y para que mejor lo entendamos, iremos tratando de
cada una destas causas de por sí. Y advertirse ha que estas tres noches, todas son una
noche, que tiene tres partes."
LIBRO PRIMERO.—CñP. II 17

cera, al despidiente (1), que es Dios, la cual es ya inmediata
a la luz del día (2). Y para que mejor lo entendamos, iremos
tratando de cada una de estas causas de por sí.

CAPITULO III

H A B L A D E L A P R I M E R A CAUSA D E E S T A N O C H E , Q U E ES D E L A P R I V A -
CION D E L APETITO E N TODAS L A S COSAS, Y DA L A R A Z O N P O R
QUE S E L L A M A NOCHE (3).

1. Llamamos aquí noche a la privación del gusto en el apeti-
to de todas las cosas; porque así como la noche no es otra cosa
sino privación de la luz, y, por el consiguiente, de todos los
objetos que se pueden ver mediante la luz, por lo cual se queda
la potencia visiva (4) a oscuras y sin nada; así también se pue-
de decir la mortificación del apetito noche para el alma, porque
privándose el alma del gusto del apetito en todas las cosas, es
quedarse como a oscuras y sin nada. Porque así como la poten-
cia visiva mediante la luz se ceba y apacienta de (5) los objetos,
que se pueden ver, y apagada la luz no se ven (6); así el alma
mediante el apetito, se apacienta y ceba de todas las cosas que
según sus potencias se pueden gustar; el cual también apagado,
o, por mejor decir, mortificado, deja el alma (7) de apacen-
tarse en el gusto de todas las cosas, y asi se queda según el
apetito a oscuras y sin nada.
2. Pongamos ejemplo en todas las potencias. Privando el alma
su apetito en el gusto de todo lo que al sentido del oído puede
deleitar, según esta potencia se queda el alma a oscuras y sin
nada; y privándose del gusto de todo lo que al sentido de la

1 En algunas ediciones, no en las primeras, se lee despedimiento.
2 Lo restante se omite en la e. p.
3 La frase y da la razón porque se llama noche, se lee sólo en el Códice de Al-
caudete.
4 A . añade aquí: con todas las cosas.
5 E . p.: en.
6 E . p.: y acabada la luz, cesa esto,
7 E . p.: el cual mortificado, deja el alma.
2
Í8 SUBIDA D E L MONTÉ CARMELO

vista puede agradar, también según esta potencia se queda el
alma a Oscuras y sin nada (1); g privándose del gusto de
toda la suavidad de olores que por el sentido del olfato el
alma puede gustar, ni más ni menos según esta potencia, se
queda a oscuras y sin nada; y negando también el gusto de
todos los manjares que pueden satisfacer al paladar, también
se queda el alma a oscuras y sin nada; y, finalmente, mor-
tificándose el alma en todos los deleites y contentamientos que
del sentido del tacto puede recibir, de la misma manera se queda
el alma según esta potencia a oscuras y sin nada. De manera que
el alma que hubiere negado y despedido de sí el gusto de todas
las cosas, mortificando su apetito en ellas, podremos decir que
está como de noche a oscuras, lo cual no es otra cosa sino un
vacío en ella de todas las cosas.
3. La causa de esto es porque, como dicen los filósofos, el al-
ma luego que Dios la infunde en el cuerpo (2) está como una tabla
rasa y lisa en que no está pintado nada; y si no es lo que por los
sentidos va conociendo, de otra parte, naturalmente, no se le co-
munica nada. Y así, en tanto que está en el cuerpo, está como el
que está en una cárcel oscura, el cual no sabe nada, sino lo que
alcanza a ver por las ventanas de la dicha cárcel; y si por
allí no viese nada, no vería por otra parte. Y así, el alma, si no
es lo que por los sentidos se 1c comunica, que son las venta-
nas de su cárcel, naturalmente por otra vía nada alcanzaría.
4. De donde si lo que puede recibir por los sentidos, ella lo
desecha y niega, bien podemos decir que se queda como a oscu-
ras y vacía; pues, según parece por lo dicho, naturalmente no le
puede entrar luz por otras lumbreras que las dichas (3). Porque
aunque es verdad que no puede dejar de oir y ver y oler y gus-
tar y sentir, no le hace más al caso, ni le embaraza más al
alma si lo niega y lo desecha, que si no lo viese ni lo oyese, etc.

1 La e. p. suprime las diez líneas siguientes, que traen los códices, y reanuda en
esta forma el hilo del discurso: Y lo mismo se puede decir de los demás sentidos, de
manera que el alma que hubiere negado, etc.
2 E . p.: luego que Dios infunde el alma en el cuerpo,
3 La e. p. omite las palabras que las dichas.
LIBRO PRIMERO.—CAP. 111 10

Como también el que quiere cerrar los ojos, quedará a oscu-
ras (1) como el ciego que no tiene potencia para ver. Y así al
propósito habla David, diciendo: Pauper sum ego, et in laboribus
a juventute mea (2). Que quiere decir: Yo sog pobre g en
trabajos desde mi juventud. Llámase pobre, aunque está claro
que era rico, porque no tenía en las riquezas su voluntad, g así
era tanto como ser pobre realmente (3). Mas antes si fuera real-
mente pobre g de la voluntad no lo fuera, no era verdadera-
mente pobre; pues el alma estaba rica g llena en el apetito.
Y por eso llamamos esta desnudez noche para el alma, porque
no tratamos aquí del carecer de las cosas; porque eso no des-
nuda al alma si tiene apetito de ellas; sino de la desnudez del
gusto g apetito de ellas, que es lo que deja el alma libre g va-
cía de ellas, aunque las tenga; porque no ocupan al alma las
cosas de este mundo ni la dañan, pues no entran en ella, sino la
voluntad g apetito de ellas, que moran en ella.
5. Esta primera manera de noche, como después diremos (4),
pertenece al alma según la parte sensitiva (5), que es una de
las dos que arriba dijimos por las cuales ha de pasar el alma
para llegar a la unión (6).
6. M o r a digamos cuánto conviene (7) al alma salir de su ca-
sa en esta noche oscura de sentido, para ir a la unión de Dios.

1 E . p.: quedará tan a oscuras.
2 Ps. LXXXVII, 16, La e. p. no trae el texto latino, ni las palabras Que quiere
decir,
3 A y e. p,: así era tanto como si realmente fuera pobre,
4 Suprime la e. p,: como después diremos. Ya lo había dicho el Santo.
5 Lo que resta de este párrafo no lo trae la e. p.
6 Para llegar a la unión. Sólo en el Códice de Alcaudete se leen estas palabras.
7 E. p.: cómo la conviene.
20 SUBIDA D E L MONTE CARMELÓ

CAPITULO IV

D O N D E S E T R A T A C U A N NECESARIO S E A A L A L M A PASAR D E VERAS POR
ESTA NOCHE OSCURA D E L SENTIDO, L A CUAL ES L A MORTIFICA-
CION D E L A P E T I T O , P A R A C A M I N A R A L A UNION D E DIOS (1).

1. La causa por que le es necesario al alma para llegar a la
divina unión de Dios pasar esta noche oscura de mortificación
de apetitos g negación de los gustos en todas las cosas, es por-
que todas las afecciones que tiene en las criaturas son delan-
te de Dios puras tinieblas, de las cuales estando el alma ves-
tida, no tiene capacidad para ser ilustrada y poseída de la pura
y sencilla luz de Dios (2) si primero no las desecha de sí; por-
que no puede convenir la luz con las tinieblas; porque, como
dice San Juan: Tenebrae eam non comprehenderant (3). Esto es;
Las tinieblas no pudieron recibir la luz.
2. La razón es, porque dos contrarios (según nos ensena la
filosofía), no pueden caber en un sujeto; y porque las tinieblas,
que son las afecciones en las criaturas, y la luz, que es Dios,
son contrarios y ninguna semejanza ni conveniencia tienen en-
tre sí, según a los Corintios ensena San Pablo, diciendo: Quae
conventio lucí ad tenebras? (4). Es a saber: ¿Qué conveniencia
se podrá dar entre la luz y las tinieblas? De aquí es, que en
el alma no se puede asentar la luz de la divina unión, si primero
no se ahuyentan las afecciones de ella.
3. Para que probemos mejor lo dicho, es de saber, que la afi-
ción y asimiento que el alma tiene a la criatura iguala a la mis-
ma alma con la criatura, y cuanto mayor es la afición, tanto más
la iguala y hace semejante; porque el amor hace semejanza entre

1 A. añade: Pruébalo con comparaciones de autoridades y figuras de la Sagra
da Escritura, etc.
2 Así Ale, A y B. La e. p.: no tiene capacidad para ser poseída en la pura y
sencilla luz de Dios.
3 Joan., I, 5. Ni este texto latino ni los demás que se leen en este capitulo los
copia la e. p.
4 II ad Cor., VI. 14.
LIBRO PRIMERO.—CAP. IV 21

lo que ama y es amado. Que por eso dijo David, hablando de los
que ponían su afición en los ídolos: Símiles illis fiant qui faciunt
ea: et omnes qui confídimt in eis (1). Que quiere decir: Sean
semejantes a ellos los que ponen su corazón en ellos. Y así,
el que ama criatura, tan bajo se queda como aquella criatura, y,
en alguna manera, más bajo; porque el amor no sólo iguala, mas
aun sujeta al amante a lo que ama. Y de aquí es que por el
mismo caso que el alma ama algo (2), se hace incapaz de la pura
unión de Dios y su transformación. Porque mucho menos es
capaz la bajeza de la criatura de la alteza del Criador, que las
tinieblas lo son de la luz. Porque todas las cosas de la tierra y
del cielo comparadas con Dios, nada son, como dice Jeremías
por estas palabras: Aspexi terram, et ecce vacua erat, et nihil;
et coelos, et non erat lux in eis (3). Miré a la tierra, dice,
y estaba vacía, y ella nada era; y a los cielos, y vi que no te-
nían luz. En decir que vió la tierra vacía, da a entender que
todas las criaturas de ella eran nada, y que la tierra era nada
también. Y en decir que miró a los cielos y no vió luz en ellos, es
decir que todas las lumbreras del cielo, comparadas con Dios, son
puras tinieblas. De manera que todas las criaturas en esta ma-
nera nada son, y las aficiones de ellas menos que nada pode-
mos decir que son, pues son impedimento y privación de la trans-
formación en Dios; asi como las tinieblas nada son y menos
que nada, pues son privación de la luz. Y así como no com-
prende a la luz el que tiene tinieblas, así no podrá compren-
der a Dios el alma que en criaturas pone su afición (4); de la
cual, hasta que se purgue, ni acá le podrá poseer por transfor-
mación pura de amor, ni allá por clara visión. Y para más cla-
ridad, hablaremos más en particular.
4. De manera que todo el ser de las criaturas, comparado con
el infinito ser de Dios, nada es. Y, por tanto, el alma que en él
pone su afición, delante de Dios también es nada, y menos que

1 Ps. CXIII, 8.
2 Las ediciones añaden, para la mejor inteligencia de la frase: fuera de Dios.
3 Jerem., IV, 23.
4 E . p.: que tiene afición en criatura. A: el alma que tiene afición de la criatura.
B: que tiene afición a la criatura.
22 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

nada; porque, como habernos dicho, el amor hace igualdad y
semejanza, y aun pone más bajo al que ama. Y, por tanto, en
ninguna manera podrá esta alma unirse con el infinito ser de
Dios; porque lo que no es no puede convenir con lo que es. Y,
descendiendo en particular a algunos ejemplos (1), toda la her-
mosura de las criaturas, comparada con la infinita hermosura de
Dios, es suma fealdad, según Salomón en los Proverbios dice:
Fallax graiia, et vana est pulchriiado (2). Engañosa es la be-
lleza y vana la hermosura. Y así, el alma que está aficionada a
la hermosura de cualquiera criatura, delante de Dios sumamente
fea es (3). Y, por tanto, no podrá esta alma fea transformarse
en la hermosura, que es Dios, porque la fealdad no alcanza a
la hermosura; y toda la gracia y donaire de las criaturas, cora-
parada con la gracia de Dios, es suma desgracia y sumo des-
abrimiento. Y por eso el alma que se prenda de las gracias y
donaires de las criaturas, sumamente (4) es desgraciada y des-
abrida delante los ojos de Dios; y así no puede ser capaz
de la infinita gracia de Dios y belleza; porque lo desgraciado
grandemente dista de lo que infinitamente es gracioso; y toda
la bondad de las criaturas del mundo, comparada con la infinita
bondad de Dios, se puede llamar malicia. Porque nada hay bue-
no sino sólo Dios (5). Y, por tanto, el alma que pone su
corazón en los bienes del mundo, sumamente (6) es mala delan-
te de Dios. Y así como la malicia no comprende a la bondad, así
esta tal alma no podrá unirse con Dios (7), el cual es suma bon-
dad (8). Y toda la sabiduría del mundo y habilidad humana com-

1 Unicamente en el Códice de Alcaudete leemos las palabras: y descendiendo en
particular a algunos ejemplos.
2 Prov.. XXXI, 30.
3 Esta frase se cambió ya en la e. p. por esta otra: íiene su parte de fealdad.
4 No trae esta palabra la e. p. Ya se entiende en que sentido una cosa limitada
puede ser sumamente desgraciada. E l adverbio se ordena a encarecer la desgracia
grande del alma en este caso y otros similares.
5 Luc, XVIII, 19.
6 Falta este adverbio en la e. p.
7 En perfecta unión, añade la e. p.
8 B: "Y toda la sabiduría de este mundo, etc., y todo el señorío y libertad del
mundo es servidumbre, etc., y todos los deleites y sabores de la voluntad, etc., y todas
LIBRO PRIMERO.—CaP. IV 23

parada con la sabiduría infinita de Dios, es pura y suma ig-
norancia, según escribe San Pablo ad Corinthios, diciendo: Sa-
pientia ha/as tnundi stultitia est apad Deum (1). La sabiduría de
este mundo delante de Dios es locura.
5. Por tanto, toda alma que hiciere caso de todo su saber y
habilidad para venir a unirse con la sabiduría de Dios, sumamente
es ignorante delante de Dios y quedará muy lejos de ella; por-
que la ignorancia no sabe qué cosa es sabiduría, como dice San
Pablo que esta sabiduría le parece a Dios necedad; porque de-
lante de Dios (2), aquellos que se tienen por de algún saber,
son muy ignorantes, porque de ellos dice el Apóstol escribien-
do a los Romanos, diciendo: Dicentes enim se esse sapientes, stul-
ti facti sunt. Esto es: Teniéndose ellos por sabios, se hicieron
necios (3). Y solos aquéllos van teniendo sabiduría de Dios,
que como niños ignorantes, deponiendo su saber, andan con amor
en su servicio. La cual manera de sabiduría enseñó también S. Pa-
blo ad Corinthios: S i quis videtur ínter vos sapiens esse in hoc sae-
ctilo, stnttus fiat ut sit sapiens. Sapientia enim hujus mundi stul-
titía es aptid Deum (4). Esto es: Si alguno le parece que es
sabio entre vosotros, hágase ignorante para ser sabio; porque la
sabiduría de este mundo es acerca de Dios locura. De manera
que para venir el alma a unirse con la sabiduría de Dios, antes
ha de ir no sabiendo que por saber; y todo el señorío y libertad
del mundo, comparado con la libertad y señorío del espíritu de
Dios, es suma servidumbre y angustia y cautiverio.
6. Por tanto, el alma que se enamora de mayorías o de otros
tales oficios, y de las libertades de su apetito, delante de Dios
es tenida y tratada, no como hijo, sino como bajo esclavo y
cautivo (5), por no haber querido él tomar su santa doctrina,
en que nos enseña que el que quisiere ser mayor sea menor^

las riquezas de todo lo criado comparadas con Dios, que es la suma riqueza, nada
son, etc." Lo restante del capítulo no lo copia.
1 I ad Cor., 111. 19.
2 La e. p.: no sabe qué cosa es sabiduría, y delante de Dios, etc,
3 Ad Rom., I, 22.
4 I ad Cor., III, 18-19.
5 E . p. añade: de sus pasiones.
24 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

y el que quisiere ser menor sea el mayor (1). Y, por tanto,
no podrá el alma llegar a la real libertad del espíritu que se
alcanza en su divina unión; porque la servidumbre ninguna
parte puede tener con la libertad, la cual no puede morar en el
corazón sujeto a quereres, porque éste es corazón de esclavo ;
sino en el libre, porque es corazón de hijo. Y esta es la causa
por qué Sara dijo a su marido Abraham que echase fuera a lá
esclava y a su hijo, diciendo que no había de ser heredero el
hijo de la esclava con el hijo de la libre (2).
7. Y todos los deleites y sabores de la voluntad en todas las
cosas del mundo, comparados con todos los deleites que es Dios,
son suma pena, tormento y amargura. Y así, el que pone su co-
razón en ellos, es tenido delante de Dios por digno de suma
pena, tormento y amargura; y así no podrá venir a los deleites
del abrazo de la unión de Dios, siendo él digno de pena y amar-
gura (3). Todas las riquezas y gloria de todo lo criado, compa-
rado con la riqueza que es Dios, es suma pobreza y miseria. Y asi,
el alma que lo ama y posee, es sumamente pobre y miserable de-
lante de Dios, y por eso no podrá llegar a la riqueza y glo-
ria, que es el estado de la transformación en Dios (4); por
cuanto lo miserable y pobre sumamente dista de lo que es suma-
mente rico y glorioso.
8. Y, por tanto, la sabiduría divina, doliéndose de estos tales,
que se hacen feos, bajos, miserables y pobres, por amar ellos es-
to hermoso y rico a su parecer del mundo, les hace una exclama-
ción en los Proverbios, diciendo: O viri, ad vos clamiio, et vox
mea ad filios homimim, Intelligite, parvuli, astutiam, et insipien-
tes, animadvertite. Audite quia de rebus magnis locutura sum. Y
adelante va diciendo: Mecum sant divitiae, et gloria, opes su-

1 La e. p. enmienda: "Por tanto, el alma que se enamora de mayorías o de otros
tales oficios y de las libertades de su apetito, delante de Dios es tenida y tratada, no
como hijo querido, sino como persona baja, cautiva de sus pasiones, por no haber
querido él tomar su santa doctrina que enseña, que el que quisiere ser mayor sea el
menor."
2 Gen., XXI, 10.
3 La e. p. suprime: siendo él digno de pena y amargura,
i Lo que resta del párrafo sólo se lee en A. y e. p.
LIBRO PRIMERO.—CAP. IV 25

perbae et justitia. Melior est fmetas meas aaro, et lapide pre-
tioso, et genitnina mea argento electo. In viis justitiae amhulo,
in medio semitaram jadicii, ut ditem diligentes me, et thesauros
eoram repleam (1). Quiere decir: Oh varones, a vosotros doy vo-
ces, y mi voz es a los hijos de los hombres. Atended (2) peque-
ñuelos, la astucia y sagacidad; los que sois insipientes advertid,
Oid, porque tengo de hablar de grandes cosas. Conmigo están las
riquezas y la gloria, las riquezas altas y la justicia. Mejor es el
fruto que hallaréis en mí, que el oro y que la piedra preciosa; y
mis generaciones, esto es, lo que de mí engendraréis en vuestras
almas, es mejor que la plata escogida. En los caminos de la justi-
cia ando, en medio de las sendas del juicio, para enriquecer a los
que me aman y cumplir (3) perfectamente sus tesoros. En
lo cual la Sabiduría Divina habla con todos aquellos que ponen
su corazón y afición en cualquier cosa del mundo, según habemos
ya dicho. Y llámalos pequeñuelos, porque se hacen semejantes a
lo que aman, lo cual es pequeño. Y por eso les dice que tengan
astucia y adviertan que ella trata de cosas grandes y no de
pequeñas como ellos. Que las riquezas grandes y la gloria que
ellos aman, con ella y en ella están, y no donde ellos piensan. Y
que las riquezas altas y la justicia en ella moran; porque aun-
que a ellos les parece que las cosas de este mundo lo son,
díceles que adviertan que son mejores las suyas, diciendo que el
fruto que en ellas hallarán, les será mejor que el oro y que las
piedras preciosas; y lo que ella en las almas engendra, mejor
que la plata escogida que ellos aman; en lo cual se entiende
todo género de afición que en esta vida se puede tener.

1 Prov., VIH, 4-6 y 18-21.
2 Así Ale. y A. La e. p.: Entended, Los demás manuscritos no traen estos pá-
rrafos.
3 Cumplir copian los Códices de Ale. y A, en el sentido anticuado de henchir
que leen las ediciones, desde la princeps.
26 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

CAPITULO V

DONDE SE TRATA Y PROSIGUE LO DICHO, MOSTRANDO POR AUTORIDA-

DES Y FIGURAS DE L A SAGRADA ESCRITURA CUAN NECESARIO SEA

A L A L M A IR ñ DIOS POR ESTA NOCHE OSCURA DE L A MORTIFICA-

CION D E L APETITO EN TODAS LAS COSAS.

1. Por lo dicho se puede echar, en alguna manera, de ver la
distancia que hay de todo lo que las criaturas son en si a lo que
Dios es en sí, y cómo las almas (1) que en alguna de ellas po-
nen su afición, esa misma distancia tienen de Dios; pues, como
habemos dicho, el amor hace igualdad y semejanza. La cual dis-
tancia, por echarla bien de ver San Agustín, decía hablando con
Dios (2) en los Soliloquios: «Miserable de mí, ¿cuándo podrá
mi cortedad e imperfección convenir con tu rectitud? Tú verda-
deramente eres bueno, y yo malo; tú piadoso, y yo impío; tú
santo, yo miserable; tú justo, yo injusto; tú luz, yo ciego; tú
vida, yo muerte; tú medicina, yo enfermo; tú suma verdad, yo
toda vanidad» (3). Todo esto dice este Santo (4).
2. Por tanto, es suma ignorancia del alma pensar podrá pa-
sar a este alto estado de unión con Dios, si primero no vacía el
apetito de todas las cosas naturales y sobrenaturales que le pue-
den impedir, según que adelante declararemos (5); pues es su-

1 E . p.t Ya habernos dicho la distancia que hay de las criaturas a Dios, y cómo
las almas.
2 Así Ale. y la e. p.'-'A y B no traen las palabras hablando con Dios.
3 Así Ale. y la e. p.—A, B y C: universa vanidad.'—D: suma vanidad.
4 Soliloq., c. II. Migne: Patr. lat, t. XL, p. 866. La e. p. añade: Lo cual dice
este Santo en cuanto el hombre se inclina a las criaturas.
5 Impedir, según adelante declararemos. Así el Códice de Alcaudete. Los res-
tantes escribían: que la pueden pertenecer. Y la e. p., para suplir en alguna manera
la falta de sentido que hay en esta frase, añadía: en cuanto a él por el amor propio
pueden pertenecer.
Ni con el emoliente que aplicó a este pasaje el P. Diego de Jesús, se libró de la
denuncia esta frase del Santo por ciertos vigías demasiado avanzados y despiertos de
la fe. Es la primera de las proposiciones que reprobaron en los escritos del Santo, se-
gún la "Respuesta" del P. Basilio Ponce de León, de que hablamos en los Prelimina-
res. Satisface cumplidamente a ella el docto agustino, tomando como base de refuta-
ción y defensa la proposición tal como viene en la edición príncipe. Con más exten-
LIBRO PRIMERO.—CAP. V 27

ma la distancia que hay de ellas a lo que en este estado se da,
que es puramente transformación en Dios. Que por eso Nues-
tro Señor enseñándonos este camino, dijo por San Lucas: Qtii
non remntiat ómnibus qaae possidet, non potest meas esse disci-
patus (1). Quiere decir: E l que no renuncia todas las cosas que
con la voluntad posee, no puede ser mi discípulo. Y esto está cla-
ro; porque la doctrina que el Hijo de Dios vino a enseñar (2),
fué el menosprecio de todas las cosas para poder recibir el pre-
cio del espíritu de Dios en sí. Porque en tanto que de ellas
no se deshiciere el alma, no tiene capacidad para recibir el espí-
ritu de Dios en pura transformación.
3. De esto tenemos figura en el Exodo, donde se lee que no
dió Dios el manjar del cielo (3), que era el maná, a los hijos
de Israel, hasta que les faltó la harina que ellos habían traído
de Egipto. Dando por esto a entender, que primero conviene
renunciar a todas las cosas, porque este manjar de ángeles no con-
viene al paladar que quiere tomar sabor en el de los hombres. Y
no solamente se hace incapaz del espíritu divino el alma que se
detiene y apacienta (4) en otros extraños gustos, más aun eno-
jan mucho a la Majestad Divina los que, pretendiendo el man-
jar de espíritu, no se contentan con solo Dios, sino que quieren
entremeter el apetito y afición de otras cosas. Lo cual también
se echa de ver en este mismo libro de la Sagrada Escritura (5),
donde también se dice, que no se contentando ellos con aquel
manjar tan sencillo, apetecieron y pidieron manjar de carne (6).

sión y copia de autoridades defiende al Santo el P. Nicolás de Jesús Maria, teólogo
muy aventajado de nuestro famoso Colegio Salmanticense en su Elucidatio, parte 2.a,
cap. I, págs. 125-140, donde prueba con sobra de doctrina la conformidad de la pro-
posición del Santo con los Padres de la Iglesia, teólogos y místicos más autorizados.
Poca necesidad de defensa tiene proposición tan clara. Con leer los últimos libros de
la Subida del Monte Carmelo y ver en ellos los daños que causan al entendimiento,
memoria y voluntad los mismos favores sobrenaturales si se abusa de ellos, o no se
los administra discretamente, se habrían ahorrado la pérdida de tiempo en buscar nie-
blas de error en donde no hay más que transparencias de doctrina clásica en acha-
ques de perfección cristiana. ¿Quién duda que podemos abusar de las cosas sobrena-
turales y con el abuso impedir la unión del alma con Dios?
1 Luc, XIV, 33.
2 Así Ale. y B.—-A y e. p.: a enseñar al mundo.
3 E . p.: Que no dió la Majestad de Dios el manjar del cielo.
4 E . p.: se apacienta y detiene.
5 E . p.: se echa de ver en la misma Escritura.
6 Núm., XI, 4.
28 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

Y que Nuestro Señor se enojó gravemente, que quisiesen ellos
entremeter un manjar tan bajo y tosco con un manjar tan alto
y sencillo; que, aunque lo era, tenía en sí el sabor g substan-
cia (1) de todos los manjares. Por lo cual, aun teniendo ellos
los bocados en las bocas, según dice también David: Ira Dei
descendit super eos (2). Descendió la ira de Dios sobre ellos,
echando fuego del cielo y abrasando muchos millares de ellos;
teniendo por cosa indigna que tuviesen ellos apetito de otro
manjar dándoseles el manjar del cielo.
4, ¡Oh, si supiesen los espirituales cuánto bien pierden y
abundancia de espíritu, por no querer ellos acabar de levantar
el apetito de niñerías, y cómo hallarían en este sencillo manjar
del espíritu el gusto de todas las cosas, si ellos no quisieren
gustarlas! Pero no le gustan (3), porque la causa por que és-
tos no recibían el gusto de todos los manjares que había en el
maná, era porque ellos no recogían el apetito a solo él. De ma-
nera que no dejaban de hallar en el maná todo el gusto g for-
taleza que ellos pudieran querer porque en el maná no le hubie-
se, sino porque ellos otra cosa querían. Así, el que quiere amar
otra cosa juntamente (4) con Dios, sin duda es tener en poco a
Dios, porque pone en una balanza con Dios lo que sumamente,
como habernos dicho, dista de Dios. ,
5. Ya se sabe bien por experiencia que cuando una voluntad
se aficiona a una cosa, la tiene en más que otra cualquiera, aun-
que sea muy mejor que ella, si no gusta tanto de la otra. Y si
de una y de otra quiere gustar, a la más principal, por fuerza
ha de hacer agravio, pues hace entre ellas igualdad (5). Y por
cuanto no hay cosa que iguale con Dios, mucho agravio hace a
Dios el alma que con él ama otra cosa, o se ase a ella. Y pues
esto es así, ¿qué sería si la amase más que a Dios?

1 Suprime la e. p.: y sustancia.
2 Ps. LXXVII, 31.
3 E . p,: ....gustadas más; y porque quisieran hacerlo, no le gustan.
4 La e. p. suprime esta palabra.
5 E . p.; Y si de una y de otra quiere gustar, a la que es más principal ha de
hacer agravio por fuerza, por la injusta igualdad que hace entre ellas.
LIBRO PRIMERO.—CAP. V 29

6. Esto también es lo que se denotaba (1) cuando mandaba
Dios a Moisés que subiese al monte a hablar con él; le man-
dó que no solamente subiese él solo, dejando abajo a los hi-
jos de Israel, pero que ni aun las bestias paciesen de con-
tra (2) del monte. Dando por esto a entender que el alma que
hubiere de subir a este monte de perfección a comunicar con
Dios, no sólo ha de renunciar todas las cosas y dejarlas aba-
jo (3), mas también los apetitos, que son las bestias, no las
ha de dejar apacentar de contra de este monte, esto es, en otras
cosas que no son Dios puramente, en el cual todo apetito cesa,
esto es, en estado de la perfección. Y así es menester, que el
camino y subida para Dios, sea un ordinario cuidado de hacer
cesar y mortificar los apetitos; y tanto más presto llegará el al-
ma, cuanto más priesa en esto se diere. Mas hasta que cesen, no
hay llegar, aunque más virtudes ejercite, porque le falta el con-
seguirlas en perfección; la cual consiste en tener el alma vacía y
desnuda y purificada de todo apetito. De lo cual también tenemos
figura muy al vivo (4) en el Génesis, donde se lee que, querien-
do el patriarca Jacob subir al monte Betel a edificar allí a Dios
un altar en que le ofreció (5) sacrificio, primero mandó a toda
su gente tres cosas: la una, que arrojasen de sí todos los dio-
ses extraños; la segunda, que se purificasen; la tercera, que
mudasen sus vestiduras (6).
7. En las cuales tres cosas se da a entender, a toda alma
que quiere subir a este monte a hacer de sí misma altar en el que
ofrezca a Dios sacrificio de amor puro y alabanza y reverencia
pura, que primero que suba a la cumbre del monte, ha de
haber perfectamente hecho las dichas tres cosas (7). Lo prime-
ro, que arroje todos los dioses ajenos, que son todas las extra-

1 Así Ale. y e. p.—A y B: eso también es lo que quiso dar a entender Dios.
2 De contra. Asi se lee en el códice de Alcaudete. A y B.: junto al monte.
La e. p.: a Za vista del monte.
3 E . p. no trae: y dejarlas abajo.
4 E . p.: al vivo, solamente.
5 Los códices trasladan ofreció, que las ediciones cambian en ofreciese.
6 Gen. X X X V , 2.
7 Referidas, añade la e. p.
30 SUBIDA DEL MONTE CASMELO

ñas aficiones g asimientos; y lo segundo, que se purifiquen• del
dejo que han dejado en el alma los dichos apetitos, con la no-
che oscura del sentido que decimos, negándolos y arrepintién-
dose ordinariamente (1), g lo tercero que ha de tener para
llegar a este alto monte, es las vestiduras mudadas, las cuales,
mediante la obra de las dos cosas primeras, se las mudará Dios
de viejas en nuevas, poniendo en el alma un nuevo ya entender
de Dios en Dios, dejando el viejo (2) entender de hombre y un
nuevo amar a Dios en Dios, desnuda ya la voluntad de todos
sus viejos quereres y gustos de hombre, y metiendo al alma
en una nueva noticia y abismal deleite (3), echadas ya otras
noticias e imágenes viejas aparte, y haciendo cesar todo lo que
es del hombre viejo, que es la habilidad del ser natural, y vis-
tiéndose de nueva habilidad sobrenatural según todas sus po-
tencias. De manera que su obrar ya de humano se haya vuelto
en divino, que es lo que se alcanza en estado de unión, en la
cual el alma no sirve de otra cosa sino de altar, en que
Dios es adorado en alabanza y amor, y sólo Dios en ella
está. Que por eso mandaba Dios que el altar donde había de
estar el arca del Testamento (4), estuviese de dentro vacío (5);
para que entienda el alma cuán vacía la quiere Dios de todas las
cosas, para que sea altar digno donde esté Su Majestad. E n el
cual altar tampoco permitía ni que hubiese fuego ajeno, ni
que faltase jamás el propio; tanto, que porque Nadab y Abiud
que eran los hijos del sumo sacerdote ñarón, ofrecieron fuego
ajeno en su altar, enojado Nuestro Señor los mató allí delante
del altar (6). Para que entendamos que en el alma, ni ha
de faltar amor de Dios para ser digno altar, ni tampoco otro
amor ajeno se ha de mezclar.

1 Así Ale, C y la e. p.—A y B.: ordenadamente.
2 Viejo leen B, C, D y la e. p.—Nuevo solamente A.
3 Y abisal deleite. E l Códice de Alcaudete no trae estas palabras, por omisión
involuntaria del copista. Las traen A, B y C. E l manuscrito D traslada: habitual de-
leite. Las ediciones abismal deleite. La primera lectura es la del Santo, que empleó la
palabra abisal, ya quizá en desuso en 1616, cuando se hizo la primera edición.
4 E l Arca del Testamento. Asi los Códices. La e. p., más conforme con lo que
dice la Escritura, cambia así la frase: donde se habían de hacer los sacrificios.
5 Exod.. XXVII, 8.
6 Levit., X, 1. E . p.: delante del mismo altar.
LIBRO PRIMERO.—CAP. V 31

8. No consiente Dios a otra cosa morar consigo en uno. De
donde se lee en el libro primero de los Reyes, que metien-
do los filisteos el Arca del Testamento en el templo donde
estaba su ídolo, amanecía el ídolo cada día (1) arrojado en
el suelo, y hecho pedazos; y sólo aquel apetito consiente y
quiere que haya donde él está, que es de guardar la ley de
Dios perfectamente, y llevar la cruz de Cristo sobre sí. Y así
no se dice en la Escritura Divina que mandase Dios poner en
el arca, donde estaba el mana, otra cosa, sino el libro de la
Ley (2), y la vara de Moisés, que significa la cruz (3). Porque
el alma que otra cosa no pretendiere que guardar perfectamente
la ley del Señor y llevar la cruz de Cristo, será arca verdadera
que tendrá en sí el verdadero maná, que es Dios (4), cuando
venga a tener en sí esta ley y esta vara perfectamente sin otra
cosa alguna.

CAPITULO VI

EN QUE SE TRATA DE DOS DAÑOS PRINCIPALES QUE CAUSAN LOS
APETITOS EN E L A L M A , E L UNO PRIVATIVO Y E L OTRO POSI-
TIVO (5).

1. Y para que más clara y abundantemente se entienda lo di-
cho, será bueno poner aquí y decir cómo (6) estos apetitos causan
en el alma dos daños principales: el uno es que la privan del es-
píritu de Dios; y el otro es que al alma en que viven, la cansan,
atormentan, oscurecen, ensucian y enflaquecen, según aquello que
dice Jeremías, capítulo 11: Dúo mala fecii Populas meas: dere-
liqueruni foniem aquae vivae, et fodemnt sibi cisternas, dissi-
patas, quae continere non valent aguas. Quiere decir: Dejáron-

1 A y B: cada mañana.
2 Deut, XXXI, 26.
3 Núm., XVII, 10.
4 Aquí termina la e. p.
5 La e. p. añade: Pruébalo con autoridades de la Escritura.
6 E . p.: será bueno decir aquí cómo.
32 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

me a mí, que soy fuente de agua viva, y cavaron para sí cister-
nas rotas, aue no Queden tener agua (I). Esos dos males, convie-
ne a saber: privación y positivo, se causan por cualquiera acto
desordenado del apetito. Y, primeramente, hablando del privativo,
claro está que por d mismo caso que (2) el alma se aficiona a
una cosa que cae debajo de nombre de criatura, cuanto aquel
apetito tiene .de más entidad en el alma, tiene ella de menos ca-
pacidad para Dios; por cuanto no pueden caber dos contra-
rios, según dicen los filósofos, en un sujeto; y también dijimos
en el cuarto capítulo, y afición de Dios y afición de criatura
son contrarios, y así no caben en una voluntad afición de cria-
tura y afición de Dios (3). Porque ¿qué tiene que ver criatura
con Criador?, ¿sensual con espiritual?, ¿visible con invisible?,
¿temporal con eterno?, ¿manjar celestial, puro, espiritual, con el
manjar del sentido puro sensual? (4), ¿desnudez de Cristo con
asimiento en alguna cosa?
2. Por tanto, así como en la generación natural no se puede
introducir una forma, sin que primero se expela del sujeto la
forma contraria que precede, la cual estando es impedimento de
la otra por la contrariedad que tienen las dos entre sí; así, en
tanto que el alma se sujeta al espíritu sensual (5), no puede
entrar en ella el espíritu puro espiritual. Que por eso dijo
Nuestro Salvador por San Mateo: Non est bonum súmete panem
filiomm, et mittere canibus (6). Esto es: No es cosa convenien-
te tomar el pan de los hijos y darlo a los canes (7). Y también
en otra parte dice por el mismo Evangelista (8): Nolite san-
ctum daré canibus. Que quiere decir: No queráis dar lo santo a

1 Jerem., II, 13.
2 Así el C. de Ale.-—A, B y e, p.: Los cuales dos males en un acto de apetito se
causan. Porque, claro está, que por el mismo caso que.
3 La e. p. modifica así estas líneas: "de más entidad en el alma, tanto ella tiene
menos de capacidad para Dios, pues, como dijimos en el capítulo IV, no pueden ca-
ber dos contrarios en ion sujeto; y afición de Dios y afición de criatura contrarios son
y así no caben en uno." A y B no copian las palabras: según dicen los filósofos y
también dijimos en el cuarto capítulo.
4 E . p.: sensible. Vid. la nota de la pág. 14.
5 Sensual. Así Ale, A y B. La e. p. cambia la palabra por sensible y^animal.
6 Maíth., X V , 26.
7 Así el C. de Ale.—A, B y la e. p.: perros. Lo propio ocurre un poco más abajo.
8 Matth., VII, 6. Así el C. de Alc.—A y B: Et alibi. La e. p.: Y en otra parte.
LIBRO PRIMERO.—CAP. VI 33

los canes. En las cuales autoridades compara Nuestro Señor a
los que negando los apetitos de las criaturas se disponen para
recibir el espíritu de Dios puramente, a los hijos de Dios; y
a los que quieren cebar su apetito en las criaturas, a los pe-
rros. Porque a los hijos les es dado comer con su padre a la
mesa y de su plato, que es apacentarse de su espíritu, y a ios
canes las meajas (1) que caen de la mesa.
3. En lo cual es de saber, que todas las criaturas son meajas
que cayeron de la mesa de Dios. Por tanto, justamente es lla-
mado can el que anda apacentándose en las criaturas, y por
eso se les quita el pan de los hijos, pues ellos no se quieren
levantar de las meajas de las criaturas a la mesa del espí-
ritu increado de su Padre. Y por eso justamente, como perros,
siempre andan hambreando, porque las meajas más sirven de
avivar el apetito que de satisfacer el hambre. Y asi, de ellos
dice David: Famem patientur ut canes, et circiiibuni civitatem.
Si vero non fuerint saturati, et murmarahunt (2). Quiere decir:
Ellos padecerán hambre como perros, y rodearán la ciudad,
y como no se vean hartos, murmurarán. Porque ésta es la
propiedad del que tiene apetitos, que siempre está descontento
y desabrido, como el que tiene hambre; ¿pues qué tiene que
ver el hambre que ponen todas las criaturas, con la hartura (3)
que causa el espíritu de Dios? Por eso no puede entrar esta
hartura increada en el alma, si no se echa primero esotra
hambre criada del apetito del alma; pues, como habemos dicho,
no pueden morar dos contrarios en un sujeto, los cuales en este
caso son hambre y hartura.
4. Por lo dicho se verá cuánto más hace Dios en limpiar y
purgar un alma (4) de estas contrariedades, que en criarla de no-

1 Meajas. Desde la e. p. se cambió esta palabra por la de migaja, menos familiar.
Meaja dice el Santo en los Avisos, que se conservan autógrafos en Andújar.
2 Ps. LVIII, 15-16.
3 Por equivocación mecánica, saltó el copista del Códice de Alcaudete a otra
palabra igual que viene una línea después. Lo suprimido se lee en los demás manus-
critos.
4 La e. p. modifica en la siguiente forma estas líneas: "Por eso no puede entrar
esta hartura de Dios en el alma si no se echa primero de ella esta hambre del apetito,
pues, como está dicho, no pueden morar dos contrarios en un sujeto, que son hambre
34 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

nada. Porque estas contrariedades de afectos y apetitos contrarios,
más opuestas y resistentes son a Dios (1) que la nada; por-
que ésta no resiste (2). Y esto baste acerca del primer daño
principal que hacen al alma los apetitos, que es resistir al es-
píritu de Dios, por cuanto arriba está ya dicho mucho de ello,
5. Ahora digamos del segundo efecto que hacen en ella, el
cual es de muchas maneras, porque los apetitos cansan al al-
ma y la atormentan y oscurecen, y la ensucian y la enflaquecen.
De las cuales cinco cosas iremos diciendo de por sí.
6. Cuanto a lo primero, claro está que los apetitos cansan y
fatigan al alma; porque son como unos hijuelos inquietos y de
mal contento, que siempre están pidiendo (3) a su madre uno
y otro, y nunca se contentan, Y así como se cansa y fatiga el
que cava por codicia del tesoro, así se cansa y fatiga el alma por
conseguir lo que sus apetitos le piden; y aunque lo consiga,
en fin, siempre se cansa, porque nunca se satisface; porque, al
cabo, son cisternas rotas las que cava, que no pueden tener agua
para satisfacer la sed. Y así, como dice Isaías: Lassus adhac
sitit, et anima ejus vacua est (4). Que quiere decir: Está su
apetito vacío. Y cánsase § fatígase el alma que tiene apeti-
tos; porque es como el enfermo de calentura, que no se halla
bien hasta que se le quite la fiebre, y cada rato le crece Ig
sed. Porque, como se dice en el libro de Job: Ciim satiatus fuerit,
arctabitur, aestuabit, et omnis dolor irmet super eum (5). Que
quiere decir: Cuando hubiere satisfecho su apetito, quedará
más apretado y agravado; creció en su alma el calor del apeti-
to y así caerá sobre él todo dolor. Cánsase y fatígase el alma
con sus apetitos, porque es herida y movida y turbada de ellos

y hartura. Por lo dicho se verá cuánto más es, en cierta manera, lo que Dios hace en
limpiar y purgar un alma," etc.
1 La e. p.: más parece que estorban a Dios,
2 Añade la e. p.: a Su Majestad, y el apetito de criatura sí.
3 Diciendo escribió por error material el copista del Códice de Alcaudete. Los
demás trasladan pidiendo,
4 Isai., XXIX, 8. Las ediciones suplen la traducción de la primera parte del texto
latino, que el Santo y los Códices omitieron: Después de cansado y fatigado, todavía
tiene sed, etc.
5 Job., XX, 22.
LIBRO PRIMERO.—CAP. VI 35

como el agua de los vientos, y de esa misma manera la albo-
rotan, sin dejarla sosegar en un lugar ni en una cosa. Y de
la tal alma dice Isaías: Cor impii qaasi mare fervens (1). E l
corazón del malo es como el mar cuando hierve; y es malo el
que no vence los apetitos. Cánsase g fatígase el alma que de-
sea cumplir sus apetitos; porque es como el que teniendo ham-
bre, abre la boca para hartarse de viento, y en lugar de har-
tarse se seca más, porque aquél no es su manjar. A este propó-
sito dijo Jeremías: In desiderio animae suae attraxit ventum
amoris sai (2). Como si dijera: En el apetito de su voluntad
atrajo a sí el viento de su afición. Y luego dice adelante, para dar
a entender la sequedad en que esta tal alma queda, dando avi-
so y diciendo: Prohibe pedem Umm a nuditate, et guttur tuum
a siti (3). Que quiere decir: Aparta tu pie, esto es, tu pensa-
miento, de la desnudez; y tu garganta de la sed, es a saber:
tu voluntad del cumplimiento del apetito que hace más sequía (4),
y así como se cansa y fatiga el enamorado en el día de la
esperanza, cuando le salió su lance en vacío, se cansa el alma
y fatiga con todos sus apetitos y cumplimiento de ellos, pues to-
dos la causan mayor vacío y hambre; porque, como común-
mente dicen, el apetito es como el fuego, que echándole leña
crece, y luego que la consume, por fuerza ha de desfallecer.
7. Y aun el apetito es de peor condición en esta parte;
porque el fuego, acabándose la leña, descrece; mas el apetito
no descrece en aquello que se aumentó cuando se puso por obra,
aunque se acaba la materia, sino que en lugar de descrecer,
como el fuego cuando se le acaba la suya, él desfallece en fa-
tiga, porque queda crecido el hambre y disminuido el manjar.
Y de éste habla Isaías, diciendo: Declinaba ad dexteram, et esu-
riet: et comedet ad sinistratn, et non satarabitar (5). Quiere de-

1 Isai., LVII, 20.
2 Jerem., II, 24. E . p.: Y" así, dice de la tal alma Jeremías.
3 Jerem., II, 25.
4 La e. p. cambia la frase que hace más sequía, de los Códices, por la de causa
más sequedad, y suprimiendo las palabras que siguen, reanuda el discurso: E l apetito
es como el fuego.
5 Isai.. IX, 20.
36 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

cir: Declinará hacia la mano derecha, g habrá hambre; g co-
merá hacia la siniestra, y no se hartará. Porque éstos que no
mortifican sus apetitos, justamente, cuando declinan (1), ven la
hartura del dulce espíritu de los que están a la diestra de Dios,
la cual a ellos no se le concede; y justamente cuando corren
hacia la siniestra, que es cumplir su apetito en alguna cria-
tura, no se hartan; pues dejando lo que sólo puede satisfacer,
se apacientan de lo que les causa más hambre. Claro está (2),
pues, que los apetitos cansan g fatigan al alma.

CAPITULO VII

E N QUE S E T R A T A COMO L O S A P E T I T O S A T O R M E N T A N A L A L M A . PRUE-
BALO (3) TAMBIEN P O R COMPARACIONES Y AUTORIDADES.

1. La segunda manera de mal positivo que causan al alma
los apetitos, es que l a atormentan y afligen a manera del que
está en tormento de cordeles amarrado (4) a alguna parte, de lo
cual hasta que se libre no descansa. Y de éstos dice David:
Funes peccatomm circumplexi sunt me (5). Los cordeles de mis
pecados, que son mis apetitos, en derredor me han apretado.
Y de la misma manera que se atormenta g aflige al que des-
nudo se acuesta sobre espinas g puntas, así se atormenta el al-
ma g aflige cuando sobre sus apetitos se recuesta. Porque a
manera de espinas hieren g lastiman g asen g dejan dolor.
Y de ellos también dice David: Circumdederunt me sicut apes:
et exarserunt sicut ignis itt spinis (6). Que quiere decir: Ro-
deáronse de mí como abejas (7), punzándome con sus aguijones

1 Así el C. de Ale—A, B y la e. p.: "cuando declinan al camino de Dios (que es
la diestra), tienen hambre, porque no merecen la hartura del dulce espíritu. Y, justa-
mente, cuando comen hacia la siniestra, que es cumplir su apetito en alguna criatura,
no se hartan," etc.
2 E . p.: Y así está clavo.
3 Así el C. de Ale. y la e. p.—A y B: Pruébase por comparaciones y autorida-
des de la Sagrada Escritura,
4 El Códice de Alcaudete traslada abarreado. Me parece errata de transcripción.
5 Ps. CXVIII, 61.
6 Ps. CXVII, 12.
7 Rodeáronse de mí como abejas. La e. p. está conforme con el Códice de Al-
caudete. A . y B., trasladan: rodeáronme como abejas punzadoras.
LIBRO PRIMERO.—CAP. VI 37

y encendiéronse contra mí, como el fuego en espinas; porque en
los apetitos, que son las espinas, crece el fuego de la angustia
y del tormento. Y asi como aflige y atormenta el gañán al buey
debajo del arado, con codicia de la mies que espera, así la
concupiscencia aflige al alma debajo del apetito por conseguir
lo que quiere. Lo cual se echa bien de ver en aquel apetito
que tenía Dálila de saber en que tenía tanta fuerza Sansón, que
dice la Escritura que la fatigaba y atormentaba tanto, que la
hizo desfallecer, casi hasta morir diciendo: Defecit anima ejus,
et ad mortent usque lassata est (1).
2. E l apetito tanto más tormento es para el alma, cuanto
el es más intenso. De manera que tanto hay de tormento, cuanto
hay de apetito, y tantos más tormentos tiene, cuantos más ape-
titos la poseen; porque se cumple en la tal alma, aun en esta
vida, lo que se dice en el Apocalipsi de Babilonia (2) por estas
palabras: Quantum glorificavit se, et in deliciis fuit, tantum date
iltl tormentum, et ladum. (3). Esto es: Tanto cuanto se quiso
ensalzar y cumplir sus apetitos, dadle de tormento y angus-
tia. Y de la manera que es atormentado y afligido el que
cae en manos de sus enemigos, así es atormentada y afli-
gida el alma que se deja llevar de sus apetitos. De lo cual hay
figura en el libro de los Jueces, donde se lee que aquel fuerte
Sansón, que antes era fuerte y libre y juez de Israel, cayendo
en poder de sus enemigos, le quitaron la fortaleza, y le saca-
ron los ojos, y le ataron a moler en una muela (4), adonde
le atormentaron y afligieron mucho (5); y así acaece al alma
donde estos enemigos de apetitos viven y vencen; que lo prime-
ro que hacen es enflaquecer al alma y cegarla, como abajo di-
remos, y luego la afligen y atormentan, atándola a la muela

1 Judie, XVI. 16.
2 La e. p. omite: de Babilonia.
3 Apoc.. XVIII, 7.
4 La e. p.: "De lo cual hay figura en aquel fuerte Sansón, que antes lo era tanto,
y libre. Juez de Israel, que cayendo en poder de sus enemigos, le quitaron la fortaleza,
le sacaron los ojos, y le ataron a moler en una muela, donde asaz le atormentaron y
afligieron." A y B. siguen al C. de Ale, pero en vez de muela leen atahona, y supri-
men las palabras: y afligieron mucho.
5 Judie, XVI, 21.
38 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

de la concupiscencia, g los lazos con que está asida son sus
mismos apetitos.
3. Por lo cual, habiendo Dios lástima a éstos que con tan-
to trabajo y tan a costa suya andan a satisfacer la sed g
hambre del apetito en las criaturas, les dice por Isaías: Omnes
sitientes, venite ad aguas; et qui non habetis argentum, -pro-
cer ate, emite, et cotnedite: venite, emite absque argento, vinum,
et lac. Quare appenditis argentum non in panibas, et laborem
vestrum non in saturitate? (1). Como si dijera: Todos los que
tenéis sed de apetitos, venid a las aguas, g todos los que no te-
néis plata de propia voluntad g apetitos daos prisa; comprad
de mi g comed; venid g comprad de mí vino g leche (que es
paz g dulzura espiritual), sin plata de propia voluntad, g sin
darme por ello trueque alguno del trabajo, como dáis por vues-
tros apetitos (2). ¿Por qué dais la plata de vuestra volun-
tad (3) por lo que no es pan, esto es, del espíritu divino, g po-
néis el trabajo de vuestros apetitos en lo que no os puede har-
tar? Venid, oyéndome a mí, y comeréis el bien que deseáis, g
deleitarse ha en grosura vuestra alma.
4. Este venir a la grosura es salirse de todos los gustos
de criatura; porque la criatura atormenta, g el espíritu de Dios
recrea. Y así, nos llama él por San Mateo, diciendo: Venite ad me
omnes, qui laboratis, et onerati estis, et ego reficiam vos, et
invenietis réquiem animabus vesfris (4). Como si dijera: Todos
los que andáis atormentados, afligidos g cargados con la carga
de vuestros cuidados y apetitos, salid de ellos, viniendo a mí, g go
os recrearé, y hallaréis para vuestras almas el descanso que os
quitan vuestros apetitos, y así son pesada carga, porque de ellos
dice David: Sicut onus grave gravatae sunt super me (5).

1 Isai., L V , 1-2.
2 A y B repiten: vino y leche, que es paz y dulzura.
3 E . p.: de vuestra propia voluntad.
4 Matth., XI, 28-29.
5 Ps.( XXXVII, 5,
LIBRO PRIMERO.—CAP. VIII 39

CAPITULO VIII

EN QUE SE TRñTñ COMO LOS APETITOS OSCURECEN Y CIEGAN AL
ALMA (1).

1. Lo tercero que hacen en el alma los apetitos, es que
la ciegan y oscurecen. Así como los vapores oscurecen el aire
y no le dejan lucir el sol claro; o como el espejo tomado del
paño no puede recibir serenamente en sí el rostro, o como el
agua envuelta en cieno no se divisa bien la cara del que en
ella se mira (2); así, el alma que de los apetitos está tomada,
según el entendimiento está entenebrecida, g no da lugar (3)
para que ni el sol de la razón natural, ni el de la Sabiduría
de Dios sobrenatural la embistan e ilustren de claro. Y así
dice David, hablando a este propósito: Comprehenderunt me
iniquitates meae, et non potui, ut viderem (4). Que quiere de-
cir: Mis maldades (5) me comprendieron, y no pude tener
poder para ver.
2. Y en eso mismo que se oscurece según el entendimien-
to, se entorpece también según la voluntad, y según la memoria
se enrudece y desordena en su debida operación. Porque, co-
mo estas potencias según sus operaciones dependen del enten-
dimiento, estando él impedido, claro está lo han ellas de es-
tar desordenadas y turbadas. Y así dice David: Anima mea
túrbala est valde (6). Esto es: M i alma está mucho turbada.
Que es tanto como decir: desordenada en sus potencias. Por-
que, como decimos, ni el entendimiento tiene capacidad para re-
cibir la ilustración de la sabiduría de Dios, como tampoco la

1 La e. p. y A y B. traen, con alguna leve diferencia: Pruébalo por autoridades
de la Sagrada Escritura.
2 E . p.: no se divisa bien el rostro del que en ella se mira.
3 El Códice de Alcaudete es el único que traslada luz por lugar, que se lee en
los demás y en las ediciones.
4 Psalm. XXXIX, 13.
5 E . p. traduce: iniquidades.
6 Ps.VI, 4.
40 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

tiene el aire tenebroso para recibir la del sol, ni la voluntad
tiene habilidad para abrazar en sí a Dios en puro amor, como
tampoco la tiene el espejo que está tomado de baho para repre-
sentar claro en si el rostro (1) presente, y menos la tiene ia me-
moria que está ofuscada con las tinieblas del apetito para in-
formarse con serenidad de la imagen de Dios, como tampoco
el agua turbia puede mostrar claro el rostro del que se mira (2).
3. Ciega y oscurece el apetito al alma, porque el ape-
tito, en cuanto apetito, ciego es; porque de suyo ningún en-
tendimiento tiene en si, porque la razón es siempre su mozo de
ciego (3). Y de aquí es que todas las veces que el alma se
guía por su apetito, se ciega; pues es guiarse el que ve por
el que no ve, lo cual es como ser entrambos ciegos. Y lo que de
ahí se sigue, es lo que dice (4) Nuestro Señor por San Mateo:
St caecas caeco ducatam praesiet, ambo in foveam cadunt (5).
Si el ciego guía al ciego, entrambos caerán en la hoya. Po-
co le sirven los ojos a la mariposilla, pues que el apetito de la
hermosura de la luz la lleva encandilada a la hoguera. Y así
podemos decir, que el que se ceba de apetito, es como el pez
encandilado, al cual aquella luz antes le sirve de tinieblas para
que no vea los daños que los pescadores le aparejan. Lo cual
da muy bien a entender el mismo David, diciendo de los se-
mejantes: Supercecidit ignis, et non viderant solem. Que quie-
re decir: Sobrevínoles el fuego que calienta con su calor y
encandila con su luz (6). Y eso hace el apetito en el alma,
que enciende la concupiscencia y encandila al entendimiento de
manera que no pueda ver su luz. Porque la causa del cncandila-
miento es, que como pone otra luz diferente delante de la vis-

1 A, B y e. p.: bulto.
2 En ella, añade la e. p.
3 La e. p. escribe: Porque de suyo no mira razón; que la razón es la que
siempre derechamente guía y encamina al alma en sus operaciones.
4 E . p.: Y lo que de aquí viene a seguirse, es puntualmente lo mismo que dice,
etc.
5 Matth., X V . 14,
6 Ps. LVII, 9. Sólo en el Códice de Alcaudete se leen estas frases. Los demás
Mss. se limitan a traducir: cagóles o dióles la luz en los ojos y deslumhrólos. La
e. p.: sobrevínoles el fuego y no vieron el sol.
LIBRO PRIMERO.—CAP. VIII 41

ta, cébase (1) la potencia visiva en aquélla que está entrepuesta,
y no ve la otra; g como el apetito se le pone al alma tan,
cerca que está en la misma alma, tropieza en esta luz primera
y cébase en ella (2), y así, no la deja ver su luz de claro en-
tendimiento, ni la verá hasta que se quite de en medio el
cncandilamiento del apetito.
4. Por lo cual es harto de llorar la ignorancia de algunos,
que se cargan de extraordinarias penitencias y de otros muchos
voluntarios ejercicios, y piensan que les bastará eso y esotro
para venir a la unión de la Sabiduría divina, y no es así, si
con diligencia (3) ellos no procuran negar sus apetitos. Los cua-
les, si tuviesen cuidado de poner la mitad de aquel trabajo
en esto, aprovecharían más en un mes, que por todos los de-
más ejercicios en muchos años. Porque así como es necesaria a
la tierra la labor para que lleve fruto, y sin labor no le lleva
sino malas hierbas, así es necesaria la mortificación de los ape-
titos para que haya provecho en el alma. Sin la cual oso decir,
que para ir adelante en perfección y noticia de Dios y de sí
mismo, nunca le aprovecha más cuanto hiciere, que aprovecha la
simiente echada en la tierra (4) no rompida. Y asi, no se
quitará la tiniebla y rudeza del alma hasta que los apetitos
se apaguen. Porque son como las cataratas, o como las motas
en el ojo, que impiden la vista hasta que se echen fuera.
5. Y así, echando de ver David la ceguera de éstos, y cuán
impedidas tienen las almas de la claridad de la verdad, y cuán-
to Dios se enoja con ellos, habla con ellos diciendo: Priusquam
intelligerent spinae vestrae rhamnum: sicat viventes, sic in ira
absorbet eos (5). Y es como si dijera: Antes que entendiesen
vuestras espinas, esto es, vuestros apetitos, así como a los vi-

1 Cébase, se lee en A y B. E ! de Alcaudete traslada ciégase. Me parece error de
copia. Cebase se lee también en e. p.
2 Cébase en ella. Así Ale. y e. p.*—A y B: ciégase.
3 La e. p. dice: "que se cargan de desordenadas penitencias y de otros muchos
desordenados ejercicios, digo voluntarios, poniendo en ellos su confianza, y pensando
que solos ellos, sin la mortificación de sus apetitos en las demás cosas, han de ser su-
ficientes para venir a la unión de la Sabiduría divina, y no es así, si con diligencia."
4 E . p.: la semilla que se derrama en la tierra.
5 Ps. LVII, 10.
42 SUBIDA DEL MONTE CARMELO

vientes, de esta manera los absorberá en su ira (1). Por-
que a los apetitos vivientes en el alma, antes que ellos puedan
entender a Dios, los absorberá Dios en esta vida o en la otra
con castigo y corrección, que será por la purgación. Y dice que
los absorberá en ira, porque lo que se padece en la mortifica-
ción de los apetitos es castigo del estrago que en el alma
han hecho (2).
6. ¡Oh si supiesen los hombres de cuanto bien de luz
divina los priva esta ceguera que les causan sus aficiones y ape-
titos, y en cuántos males y daños les hacen ir cayendo cada día,
en tanto que no los mortifican! Porque no hay fiarse de buen
entendimiento, ni dones que tengan recibidos de Dios, para pen-
sar que, si hay afición o apetito, dejará de cegar y oscurecer,
y hacer caer poco á poco en peor. Porque ¿quién dijera que un
varón tan acabado en sabiduría y dones de Dios, como era
Salomón, había de venir a tanta ceguera y torpeza de volun-
tad, que hiciese altares a tantos ídolos y los adorase él mismo,
siendo ya viejo? (3). Y sólo para esto bastó la afición que tenía a
las mujeres, y no tener el cuidado de negar los apetitos y de-
leites de su corazón. Porque él mismo dice de sí en el Ecle-
siastés: Que no negó a su corazón lo que le pidió (4). Y pudo tan-
to este arrobarse a sus apetitos, que aunque es verdad que al
principio tenía recato; pero porque no los negó, poco a poco le
fueron cegando y oscureciendo el entendimiento, de manera que
le vinieron a acabar de apagar aquella gran luz de sabiduría
que Dios le había dado; de manera que a la vejez dejó a Dios.
7. Y si en éste pudieron tanto, que tenía tanta noticia de

1 La e. p. y las restantes dicen: "Antes que vuestras espinas, que son vuestros
apetitos, se endurezcan y crezcan, haciéndose de tiernas espinas espesa cambronera,
y estorbando la vista de Dios, como a los vivientes se les corta el hilo de la vida mu-
chas veces en medio del discurso de ella, así los sorberá Dios en su ira."
2 La e. p. traslada: "Porque aquellos cuyos apetitos viven en el alma y estorban
el conocimiento de Dios, los sorberá él en su ira; o en la otra vida con la pena y pur-
gación del purgatorio, o en esta con penas y trabajos que para desasirlos de los ape-
titos les envía, o por medio de la mortificación de los mismos apetitos. Para que con
esto se quite de en medio de Dios y de nosotros la luz falsa de apetito que nos encan -
dilaba y impedía para no conocerle y aclarándose la vista del entendimiento, se re-
pare el estrago que los apetitos habían dejado."
3 III Reg., XI, 4.
4 Eccles., II, 10.
LIBRO PRIMERO.—CAP. VIII 43

la distancia qu€ hag entre el bien y el mal, ¿qué no podrán
contra nuestra rudeza los apetitos no mortificados? Pues, como
dijo Dios (1) al Profeta Jonás de los ninivitas, no sabemos lo
que hay entre la siniestra y la diestra (2). Porque a cada paso
tenemos lo malo por bueno, y lo bueno por malo, y esto de
nuestra cosecha lo tenemos. Pues ¿qué será si se añade ape-
tito a nuestra natural tiniebla? Sino que como dice Isaías:
Palpavimus, sicut coeci pañetem, et quasi absqae ocalis atireda-
vímus: impegimtis meridie, quasi in ienebris (3). Habla el Pro-
feta con los que aman seguir estos sus apetitos, y es como si
dijera: Habemos palpado la pared, como si fuéramos ciegos,
y anduvimos atentando como sin ojos, y llegó a tanto nuestra
ceguera, que en el medio día atollamos, como si fuera en
las tinieblas (4). Porque esto tiene el que está ciego del apetito,
que puesto en medio de la verdad y de lo que le conviene, no
lo echa más de ver que si estuviera en tinieblas.

CñPITULO I X

E N Q U E S E T R A T A COMO L O S A P E T I T O S ENSUCIAN A L A L M A . PRUEBALO
POR COMPARACIONES Y AUTORIDADES D E L A ESCRITURA SAGRADA.

1. E l cuarto daño que hacen los apetitos al alma, es que la
ensucian y manchan, según lo enseña el Eclesiástico, diciendo:
Qui teiigerit picem, ínquinabitur ab ea (5). Quiere decir: E l que
tocare a la pez, ensuciarse ha de ella; y entonces toca uno
la pez, cuando en alguna criatura cumple el apetito de su vo-
luntad. E n lo cual es de notar, que el Sabio compara las cria-
turas a la pez; porque más diferencia hay entre la excelen-

1 La e. p. en vez de Dios pone el Señor: "Como dijo el Señor al profeta lonás."
2 Jon^IV, 11.
3 Isai., LIX. 10.
4 " Léense estas líneas en la e. p.: "Sino que, lamentándose, dijo Isaías hablando
con los que aman seguir estos sus apetitos: Palpado hemos la pared, como si fuéramos
ciegos y anduvimos atentando como en tinieblas, y llegó a tanto nuestra ceguera,
que en el mediodía atollamos como si fuera en oscuridad."
5 Eccli., XIII, 1.
44 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

cia del alma (1) g todo lo mejor de ellas, que hay del claro
diamante o fino oro a la pez. Y así como el oro o diamante, si
se pusiese caliente sobre la pez, quedaría de ella feo y untado,
por cuanto el calor la regaló y atrajo; así el alma que está
caliente de apetito (2) sobre alguna criatura, en el calor de su
apetito saca inmundicia y mancha de él en sí. Y más diferencia
hay entre el alma y las demás criaturas corporales, que entre
un muy clarificado licor y un cieno muy sucio. De donde así
como se ensuciaría el tal licor si le envolviesen con el cieno, dé
esa misma manera se ensucia el alma que se -ase a la criatura;
pues en ella se hace semejante a la dicha criatura. Y de la
misma manera que pondrían (3) los rasgos de tizne a un ros-
tro muy hermoso g acabado, de esa misma manera afean y en-
sucian los apetitos desordenados al alma que los tiene, la cual
en sí es una hermosísima y acabada imagen de Dios.
2. Por lo cual, llorando Jeremías el estrago de fealdad
que estas desordenadas afecciones causan en el alma, cuenta
primero su hermosura, g luego su fealdad, diciendo: Candidio-
res sunt Nazaraei ejus nive, nitidíores lacte, rabicundiores ebore
antiguo, sapphiro pulchriores. Denigrata esi super carbones fa-
cies eomm, et non sunt cogniti in píate¿s (4). Que quiere de-
cir: Sus cabellos, es a saber, del alma, son más levantados en
blancura (5) que la nieve, más resplandecientes que la leche,
y más bermejos que el marfil antiguo, y más hermosos que la
piedra zafiro. La haz de ellos se ha ennegrecido sobre los car-
bones, y no son conocidos en las plazas. Por los cabellóg
entendemos aquí los afectos g pesamientos del alma, los cua-
les, ordenados en lo que Dios los ordena, que es en el mismo
Dios (6), son más blancos que la nieve, y más claros que la

1 La e. p. dice: Mas diferencia hay entre la excelencia que puede tener el alma,
etc."
2 Así el C. de Ale.-—A y B: el apetito. E . p.: así el alma en el calor de su ape-
tito que tiene a alguna criatura saca, etc.
3 Pararían se lee en A, B y las ediciones.
4 Thren.. IV, 7-8.
5 Levantados en blancura. Así se lee en el Códice de Ale. y en la c. p.—A
traslada: más blancos que la blancura, y B; más hermosos que la blancura.
6 A, B añaden aquí: que es en el mismo Dios. Por descuido, tal vez, no lo tras-
ladó la copia de Alcaudete. E. p:: que es en el mismo.
LIBRO PRIMERO.—CAP. IX 45

leche, y más rubicundos que el marfil (1); y hermosos so-
bre el zafiro. Por las cuales cuatro cosas se entiende toda ma-
nera de hermosura y excelencia de criatura corporal, sobre las
cuales dice es el alma y sus operaciones, que son los n azáreos
o cabellos dichos; los cuales, desordenados y puestos en lo
que Dios no los ordenó, que es, empleados en las criaturas,
dice Jeremías, que su haz queda y se pone más negra que
los carbones.
3. Que todo este mal y más hacen en la hermosura del al-
ma los desordenados apetitos en las cosas de este siglo (2);
tanto, que si hubiésemos de hablar de propósito de la fea y
sucia figura que al alma los apetitos pueden poner, no halla-
ríamos cosa por llena de telarañas y sabandijas que esté, ni
fealdad de cuerpo muerto, ni otra cualquiera cosa inmunda y su-
cia, cuanto en esta vida la puede haber y se puede imaginar,
a que la pudiésemos comparar (3). Porque aunque es verdad que
el alma desordenada, en cuanto al ser natural (4) está tan per-
fecta como Dios la crió; pero en cuanto al ser de razón está
fea, abominable, sucia (5), oscura y con todos los males que
aquí se van escribiendo y mucho más. Porque aun sólo un
apetito desordenado, como después diremos, aunque no sea de
materia de pecado mortal, basta para poner un alma tan sujeta,
sucia y fea, que en ninguna manera puede convenir con Dios en
una unión. (6) hasta que el apetito se purifique, i Cuál será
la fealdad de la que del todo está desordenada en sus pro-
pias pasiones y entregada a sus apetitos, y cuán alejada de
Dios estará y de su pureza!
4. No se puede explicar con palabras, ni aun entender-
se con el entendimiento la variedad de inmundicia que la va-
riedad de apetitos causan en el alma. Porque si se pudiese

1 E . p.: qae el antiguo marfil.
2 En la e. p. no se leen las palabras: en las cosas de este siglo.
3 E . p. abrevia así estas tres líneas: ni fealdad a que la pudiésemos comparar.
4 E . p.: cuanto a su substancia natural.
5 E . p. suprime el adjetivo abominable.
6 E . p.: de pecado mortal ensucia y afea al alma y la indispone para que no
pueda convenir con Dios en perfecta unión. A y B: ninguna unión.
46 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

decir y dar a entender, sería cosa admirable y también de har-
ta compasión, ver cómo cada apetito, conforme a su cuanti-
dad y calidad, mayor o menor, hace su raya y asiento de
inmundicia y fealdad en el alma, y cómo en un solo des-
orden (1) de razón pueden tener en sí innumerables diferencias
de suciedades mayores y menores, y cada una de su manera.
Porque así como (2) el alma del justo en una sola perfección,
que es la rectitud del alma, tiene innumerables dones riquísimos
y muchas virtudes hermosísimas, cada una diferente y gra-
ciosa en su manera según la multitud y diferencia en los afec-
tos de amor que ha tenido en Dios; así el alma desordenada,
según la variedad de los apetitos que tiene en las criaturas,
tiene en sí variedad miserable de inmundicias y bajezas, tal
cual en ella la pintan lo§ dichos apetitos.
5. Esta variedad de apetitos (3) está bien figurada en
Ezequiel, donde se escribe que mostró Dios a este Profeta
en lo interior del templo pintadas enderredor de las paredes
todas las semejanzas de sabandijas que arrastran por la tie-
rra, y allí toda la abominación de animales inmundos (4). Y
entonces dijo Dios a Ecequiel: Hijo del hpmbre, ¿de veras
no has visto las abominaciones que hacen éstos, cada uno en
lo secreto de su retrete? Y mandando Dios al 'Profeta que
entrase más adentro y vería mayores abominaciones, dice que vio
allí las mujeres sentadas llorando al dios de los amores, Adó-
nis (5). Y mandándole Dios entrar más adentro, y vería aún
mayores abominaciones, dice que vió allí veinticinco viejos que
tenían vueltas las espaldas contra el templo (6).
6. Las diferencias de sabandijas y animales inmundos que
estaban pintadas en el primer retrete del Templo, son los pen-
samientos y concepciones que el entendimiento hace de las cosas

1 Las ediciones omiten estas dos líneas y media.
2 E . p.; conforme a su calidad e intención hace su raya y asiento de inmundi~
da y fealdad en el alma. Porque así como. etc.
3 Inmundicias se lee en A, B y e. p.
4 Ezech., VIII. 10.
5 Ibid., H .
6 Ibid.. 16.
LIBRO PRIMERO.—CAP. IX 47

bajas de la tierra y de todas las criaturas, las cuales, tales cua-
les son se pintan en el templo del alma, cuando ella con ellas
embaraza su entendimiento (1), que es el primer aposento del
alma. Las mujeres que estaban más adentro, en el segundo apo-
sento, llorando al dios Adonis, son los apetitos que están en
la segunda potencia del alma, que es la voluntad; los cuales
están como llorando, en cuanto codician a lo que está aficio-
nada la voluntad, que son las sabandijas ga pintadas en el en-
tendimiento. Y los varones que estaban en el tercer aposento (2),
son las imágenes g representaciones de las criaturas, que guar-
da y revuelve en sí la tercera parte (3) del alma, que es
la memoria. Las cuales se dice que están vueltas las espaldas
contra el Templo, porque cuando ya, según estas tres potencias,
abraza el alma alguna cosa de la tierra acabada g perfecta-
mente, se puede decir que tiene las espaldas contra el templo
de Dios, que es la recta razón del alma, la cual no admite
en si cosa de criatura (4).
7. Y para entender algo de este feo desorden del alma en
sus apetitos, baste por ahora lo dicho. Porque si hubiésemos
de tratar en particular de la fealdad menor que hacen g cau-
san en el alma (5) las imperfecciones, g su variedad, g la que
hacen los pecados veniales, que es ga magor que la de las im-
perfecciones, g su mucha variedad, g también la que hacen los
apetitos de pecado mortal, que es total fealdad del alma, g su
mucha variedad según la variedad g multitud de todas estas
tres cosas, sería nunca acabar, ni entendimiento angélico basta-
ría para poderlo entender (6). Lo que digo g hace al caso
para mi propósito es, que cualquier apetito, aunque sea de
la más mínima imperfección, mancha g ensucia al alma (7).

1 E . p.: Las cuáles como son tan contrarias a las sempiternas, ensucian el tem-
plo del alma, y ella con ellas embaraza su entendimiento.
2 Tercer aposento. Así en Ale. y e. p. Los Ms. A y B y algunas ediciones tras,
ladan: retrete tercero.
3 Parte se lee también eñ A y B. La e. p. traslada potencia.
4 Contra Dios, añade la e. p.
5 E . p.: en particular del impedimento que para esta unión causan en el alma.
6 La e. p. modifica así esta frase: g su mucha variedad, serta nunca acabar.
7 Omite la e. p.: mancha y ensucia al alma.
48 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

CAPITULO X

EN Q U E SE TRATA COMO LOS APETITOS ENTIBIAN Y ENFLAQUECEN
AL ALMA EN L A VIRTUD (1).

1. Lo quinto en que dañan los apetitos al alma, es que
la entibian y enflaquecen para que no tenga fuerza para seguir
la virtud y perseverar en ella. Porque por el mismo caso (2)
que la fuerza del apetito se reparte, queda menos fuerte que si
estuviera entero en una cosa sola; y cuanto en más cosas se
reparte, menos es para cada una de ellas: que por eso dicen
los filósofos, que la virtud unida es más fuerte que ella misma
si se derrama. Y por tanto, está claro que si el apetito de la
voluntad se derrama en otra cosa fuera de la virtud, ha de
quedar más flaco para la virtud. Y así, el alma que tiene la
voluntad repartida en menudencias, es como el agua, que te-
niendo por donde derramarse hacia abajo no crece para arri-
ba (3), y así no es de provecho. Que por eso el patr^ar*
ca Jacob comparó a su hijo Rubén al agua derramada; porque
en cierto pecado había dado rienda a sus apetitos, diciendo:
Derramado estás, como el agua, no crezcas (4). Como si dijera:
Porque estás derramado según los apetitos como el agua, no
crecerás en virtud. Y así como el agua caliente, no estan-
do cubierta, fácilmente pierde el calor, y como las especies
aromáticas, desenvueltas (5), van perdiendo la fragancia y fuer-
za de su olor; así el alma no recogida en un solo apetito
de Dios pierde el calor y vigor en la virtud. Lo cual entendiendo
bien David, dijo hablando con Dios: Yo guardaré mi fortaleza

1 La e. p. añade; Pruébalo por comparaciones y autoridades de la Sagrada Es-
critura,
2 E . p.: por la misma causa.
3 No sube arriba, dice la e. p.
4 Gen., XLIX, 4.
5 Ale. y e. p.: desenvueltas, A y B: no estando cubiertas. Aquí está más claro
el sentido, porque la palabra del Santo no se usa apenas en esta acepción.
LIBRO PRIMERO.—CAP. X 49

para ti (1). Esto es, recogiendo la fuerza de mis apetitos (2)
solo a t i .
2. Y enflaquecen la virtud del alma los apetitos, porque son
en ella como los renuevos (3) que nacen en rededor del árbol
y le llevan la virtud para que no lleve tanto fruto. Y de es-
tas tales almas dice el Señor: Vae praegnantibus, et naírien-
tibus in illis diebus (4). Esto es: ñ y de los que en aquellos
días estuvieren preñados, y de los que criaren. La cual preñez
y cria entiende por la de los apetitos; los cuales, si no se atajan,
siempre irán quitando más virtud al alma, y crecerán para mal
del alma, como los renuevos en el árbol. Por lo cual Nuestro Señor
nos aconseja diciendo: Tened ceñidos vuestros lomos, que sig-
nifican aquí los apetitos (5). Porque, en efecto, ellos son tam-
bién como las sanguijuelas, que siempre están chupando la san-
gre de las venas, porque así las llama el Eclesiástico, diciendo:
Sanguijuelas son las hijas, esto es, los apetitos; siempre dicen:
Daca, daca (6).
3. De donde está claro que los apetitos no ponen al alma
bien ninguno, sino quítanle el que tienen; y si no los mortificare,
no pararán hasta hacer en ella lo que dicen que hacen a su
madre los hijos de la víbora, que cuando van creciendo en el
vientre, comen a su madre y métanla quedando ellos vivos a cos-
ta de su madre. Así, los apetitos no mortificados llegan a tan-
to, que matan al alma en Dios, porque ella primero no los
mató. Por eso dice el Eclesiástico: Aufer a me Domine ven-
tris concupiscentias (7). Y sólo lo que en ella vive son ellos.
4. Pero aunque no lleguen a esto, es gran lástima conside-
rar cuál tienen a la pobre alma los apetitos que viven en ella,
cuán desgraciada para consigo misma, cuán seca para los pró-

1 Ps. LVIII, 10.
2 E . p.: afectos. Por afectos o inclinaciones emplea aquí el Santo esta palabra.
3 E . p.: los virgalfos y renuevos que nacen. El Códice de Alba: los vírgulos y
renuevos que nacen. El B: Zas vírgulas, etc.
4 Matth., XXIV, 19.
5 Luc, XII, 35.
6 Prov., X X X , 15. Asi todos los códices. La e. p.: dame, dame.
7 Eccli., XXIII, 6.
4
50 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

jimos y cuán pesada y perezosa para las cosas de Dios. Por-
que no hay mal humor que tan pesado y dificultoso ponga
a un enfermo para caminar, o hastío para comer, cuanto el
apetito de criaturas hace al alma pesada y triste para seguir
la virtud. Y así, ordinariamente, la causa porque muchas almas
no tienen diligencia y gana de cobrar (1) virtud, es porque
tienen apetitos y aficiones no puras en Dios (2).

CAPITULO X I

EN QUE SE PRUEBA SER NECESARIO PARA LLEGAR A LA DIVINA UNION
CARECER E L ALMA DE TODOS LOS APETITOS., POR MINIMOS QUE
SEAN (3).

1. Parece que ha mucho que el lector desea preguntar,
que si es de fuerza que para llegar a este alto estado de per-
fección ha de haber precedido mortificación total en todos los
apetitos, chicos y grandes, y que si bastará mortificar algu-
nos de ellos y dejar otros, a lo menos aquellos que parecen
de poco momento. Porque parece cosa recia y muy dificultosa
poder llegar el alma a tanta pureza y desnudez, que no ten-
ga voluntad y afición a ninguna cosa.
2. A esto respondo: lo primero, que aunque es verdad
que no todos los apetitos son tan ^perjudiciales unos como
otros, ni embarazan al alma (4), todos en igual manera (ha-
blo de los voluntarios), porque los apetitos naturales poco o
nada impiden para la unión al alma cuando no son consen-
tidos ni pasan de primeros movimientos (5) (todos aquellos

1 A y B: obrar virtud. La e. p.: obrar virtudes. En este pasaje el cobrar del Có-
dice de Alcaudete y el obrar de A , B y e. p. tienen análogo significado. Cobrar en el
presente significado es más usual emplearlo en achaques de cetrería.
2 Ni' en Dios Nuestro Señor, añade la e. p.
3 Así el C. de Ale. La e. p.: Prueba cómo es necesario para llegar a la divina
unión carecer el alma de iodos los apetitos por pequeños que sean.
4 Las frases siguientes hasta las palabras cuando no son consentidos, exclusive,
que traen A, B y e. p., no se leen en el C. de Ale, tal vez por descuido del copista.
5 La e. p. añade, para mayor claridad sin duda: Y llamo naturales y de primeros
movimientos.
LIBRO PRIMERO.—CAP. XI 51

en que la voluntad racional antes ni después tuvo parte); por-
que quitar éstos, que es mortificarlos del todo en esta vida, es im-
posible. Y éstos no impiden de manera que no se pueda llegar a
la divina unión, aunque del todo no estén, como digo, mor-
tificados; porque bien los puede tener el natural, g estar el
alma según el espíritu racional muy libre de ellos. Porque aun-
que acaecerá a veces que esté el alma en harta (1) unión de ora-
ción de quietud en la voluntad, g que actualmente moren és-
tos en la parte sensitiva del hombre (2), no teniendo en ellos
parte la parte superior que está en oración. Pero todos los
demás apetitos voluntarios, ahora sean de pecado mortal, que
son los más graves, ahora de pecado venial, que son menos
graves; ahora sean solamente de imperfecciones, que son los
menores, todos se han de vaciar y de todos ha el alma de ca-
recer, para venir a esta total unión, por mínimos que sean. Y
la razón es, porque el estado de esta divina unión consiste en
tener el alma según la voluntad con total transformación en
la voluntad de Dios, de manera que no haya en ella cosa con-
traria a la voluntad de Dios, sino que en todo (3) y por todo
su movimiento sea voluntad solamente de Dios.
3. Que ésta es la causa por qué en este estado llamamos
estar hecha una voluntad de dos, la cual es voluntad de Dios,
y esta voluntad de Dios es también voluntad del alma (4).
Pues si esta alma quisiese alguna imperfección que no quiere
Dios, no estaría hecha una voluntad de Dios, pues el alma
tenía voluntad de lo que no la tenia Dios. Luego claro está, que
para venir el alma a unirse con Dios perfectamente por amor
y voluntad, ha de carecer primero de todo apetito de volun-
tad, por mínimo que sea. Esto es, que advertidamente y conocida-
mente no consienta con la voluntad en imperfección, y venga a
tener poder y libertad para poderlo hacer en advirtiendo. Y

1 Así el C. de Ale. y A.—B y e. p.: alfa,
2 A y B: alma.
3 E . p.: de manera que en todo y por todo, etc.
4 La e. p. traslada: llamamos estar hecha una voluntad de Dios, esto es, de la
mía y de la de Dios, de manera que la voluntad de Dios es también voluntad del
alma.
52 SUBIDA DEL MONTE CARMELO

digo conocidamente, porque sin advertirlo a conocerlo, o sin
ser en su mano (1), bien caerá en imperfecciones y pecados
veniales, y en los apetitos naturales que habemos dicho; por-
que de estos tales pecados no tan voluntarios y subrepticios (2)
está escrito, que el justo caerá siete veces en el día y se
levantará (3). Mas de los apetitos voluntarios, que son pe-
cados veniales de advertencia (4), aunque sean de mínimas
cosas, como he dicho, basta uno que no se venza, para im-
pedir. Digo no mortificando el tal hábito; porque algunos ac-
tos a veces de diferentes apetitos, aun no hacen tanto cuando
los hábitos están mortificados (5). Aunque también éstos ha
de venir a no los haber, porque también proceden de hábito de
imperfección. Pero algunos hábitos de voluntarias imperfeccio-
nes, en que nunca acaban de vencerse, éstos no solamente impiden
la divina unión, pero el ir adelante en la perfección.
4. Estas imperfecciones habituales son: como una común
costumbre de hablar mucho, un asimientillo a alguna cosa que
nunca acaba de querer vencer, asi como a persona, a vestido, a l i -
bro, celda, tal manera de comida y otras conversacioncillas y
gustillos en querer gustar de las cosas, saber y oir, y otras
semejantes. Cualquiera de estas imperfecciones en que tenga el
alma asimiento y hábito, es tanto daño para poder crecer e ir
adelante en la virtud, que si cayese cada día en otras muchas im-
perfecciones y pecados veniales sueltos (6), que no proceden de
ordinaria costumbre de alguna mala propiedad ordinaria (7), no
le impedirán tanto, cuanto el tener el alma asimiento a alguna

1 Enteramente, añade la e. p.
2 Subrepticios. Esta palabra sólo se lee en el Códice de Alcaudete.
3 Prov.. XXIV. 16.
4 Solo el C. de Ale. trae las palabras: que son pecados veniales de advertencia.
La e. p. escribe: Mas de los apetitos voluntarios y enteramente advertidos, aunque
sean de cosas mínimas, como se ha dicho, cualquiera que no se venza basta para im-
pedir.
5 Del C. de Ale. son las palabras: cuando los hábitos están mortificados. La e.
p.: aun no hacen tanto, por no ser hábito determinado. B: a veces no hacen tanto por
ser hábito determinado. A: Aun no hacen tanto por ser hábito determinado.
6 En vez de y pecados veniales sueltos, que se lee en el C. de Ale, la e. p. dice;
aunque fuesen mayores.
7 Ordinaria. La e. p. suprime esta palabra.
LIBRO PRIMERO.—CAP. XI 53

cosa. Porque en tanto que le tuviere, excusado es que pueda ir el
alma adelante en perfección, aunque la imperfección sea muy
mínima (1). Porque eso me da que una ave esté asida a un
hilo delgado que a un grueso; porque aunque sea delgado, tan
asida se estará a él como al grueso, en tanto que no le
quebrare para volar. Verdad es que el delgado es más fácil
de quebrar; pero por fácil que es, si no le quiebra, no vola-
rá. Y así es el alma que tiene asimiento en alguna cosa, que
aunque más virtud tenga, no llegará a la libertad de la divina
unión. Porque el apetito g asimiento del alma tienen la pro-
piedad que dicen tiene la rémora con la nao, que con ser
un pez muy pequeño, si acierta a pegarse a la nao, la tiene
tan queda que no la deja llegar al puerto, ni navegar. Y así,
es lástima ver algunas almas como unas ricas naos cargadas
de riquezas y obras y ejercicios espirituales, y virtudes y mer-
cedes que Dios las hace, y por no tener ánimo para acabar
con algún gustillo, o asimiento, o afición (que todo es uno), nun-
ca van adelante, ni llegan al puerto de la perfección (2), que
no estaba en más que dar un buen vuelo, y acabar de quebrar
aquel hilo de asimiento, o quitar aquella pegada (3) rémora
de apetito.
5. Harto es de dolerse que haya Dios hecholes quebrar otros
cordeles más gruesos de aficiones de pecados y vanidades, y por
no desasirse de una niñería que les dijo (4) Dios que vencie-
sen por amor de él, que no es más que un hilo y que un pelo,
dejen de ir a tanto bien. Y lo que peor es, que no solamente
no van adelante, sino que por aquel asimiento vuelven atrás,
perdiendo lo que en tanto tiempo, con tanto trabajo han caminado
y ganado; porque ya se sabe que, en este camino, el no ir adelan-
te es volver atrás, y el no ir ganando, es ir perdiendo. Que eso
quiso Nuestro Señor darnos a entender cuando dijo: E l que no es

1 E . p.: excasado es que pueda llegar a la perfección, aunque la cosa sea muy
mínima.
2 Lae. p.t nunca pueden llegar al puerto de la unión perfecta.
3 Pegada. La e. p. no trae esta palabra,
4 A, B y e. p.: dejó.
54 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

conmigo es contra raí; g el que conmigo no allega, derrama (1).
E l que no tiene cuidado de remediar el vaso, por un pequeño
resquicio que tenga basta para que se venga a derramar todo
el licor que está dentro. Porque el Eclesiástico nos lo enseñó
bien diciendo: E l que desprecia las cosas pequeñas, poco a
poco irá cayendo (2). Porque, como el mismo dice, de una
sola centella se aumenta el fuego (3). Y así una imperfección
basta para traer otra, y aquéllas, otras; g así casi nunca se verá
una alma que sea negligente en vencer un apetito, que no
tenga otros muchos, que salen de la misma flaqueza e imper-
fección que tiene en aquél. Y así siempre van cayendo, g ya
habemos visto muchas personas, a quien Dios hacía merced
de llevar muy adelante en gran desasimiento y libertad, y
por sólo comenzar a tomar un asimientillo de afición y so color
de bien, de conversación y amistad, írseles por allí vaciando
el espíritu y gusto de Dios y santa soledad, caer de la alegría
y entereza en los ejercicios espirituales, y no parar hasta per-
derlo todo; g esto porque no atajaron aquel principio de gus-
to g apetito sensitivo, guardándose en soledad para Dios.
6. En este camino siempre se ha de caminar para llegar;
lo cual es ir siempre quitando quereres, no sustentándolos; g
si no se acaban todos de quitar, no se acaba de llegar. Porque
así como el madero no se transforma en el fuego por un sólo
grado de calor que falte en su disposición, así no se transfor-
mará el alma en Dios por una imperfección que tenga, aunque
sea menos que apetito voluntario (4), porque como después se di-
rá en la noche de la fe, el alma no tiene más de una voluntad, g

1 Matth., XII, 30. E . p. se expresa así: "que no es más que un hilo, deje de ir
adelante y llegar á tanto bien. Y lo peor es que, por aquel asimiento, no sólo no van
adelante, sino que en materia de perfección vuelven atrás, perdiendo algo de lo que
con tanto trabajo habían ganado. Porque ya se sabe, que en este camino espiritual el
no ir adelante venciendo, es volver atrás; y el no ir ganando, es ir perdiendo. Que
eso quiso Nuestro Señor darnos a entender cuando dijo: E l que conmigo no allega,
derrama."
2 Eccli., XIX, 1. En las grandes, añade la e. p.
3 Ibid., XI. 34.
4 La e. p. no trae las palabras: aunque sea menos que apetito voluntario.
LIBRO PRIMERO.—CAP. XI 55

esa, si se embaraza g emplea en algo, no queda libre ( i ) ,
sola y pura, como se requiere para la divina transformación.
7. De lo dicho tenemos figura en el Libro de los Jueces,
donde se dice, que vino el Angel a los hijos de Israel g les
dijo, que porque no habían acabado con aquella gente contra-
ria, sino antes se habían confederado con algunos de ellos; por
eso se los había de dejar entre ellos por enemigos, para que
les fuesen ocasión de caída g perdición (2). Y, justamente,
hace Dios esto con algunas almas, a las cuales, habiéndolas
él sacado del mundo (3), g muértoles los gigantes de sus
pecados, g acabado la multitud de sus enemigos, que son las
ocasiones que en el mundo tenían, sólo porque ellos entraran
con más libertad en esta tierra de Promisión de la unión di-
vina, g ellos todavía traban amistad g alianza con la gente
menuda de imperfecciones, no acabándolas de mortificar; por
eso, enojado Nuestro Señor les deja ir cagendo en sus apetitos
de peor en peor (4).
8. También en el Libro de Josué tenemos figura acerca de lo
dicho, cuando le mandó Dios a Josué al tiempo que había de co-
menzar a poseer la tierra de Promisión, que en la ciudad de Jeri-
có de tal manera destrugese cuanto en ella había, que no dejase
cosa en ella viva, desde el hombre hasta la mujer, g desde el
niño hasta el viejo, g todos los animales, g que de todos los
despojos no tomasen ni codiciasen nada (5). Para que enten-
damos cómo para entrar en esta divina unión, ha de morir
todo lo que vive en el alma, poco g mucho, chico g grande, g
el alma ha de quedar sin codicia de todo ello, g tan desasida
como si ello no fuese para ella, ni ella para ello. Lo cual nos
enseña bien San Pablo ad Corinthios, diciendo: Lo que os
digo hermanos es que el tiempo es breve; l o que resta g con-
viene es, que los que tienes mujeres, sean como si no las tu-

1 Entera, añaden aquí A, B y e. p.
2 Jud.. II, 3.
3 E. p.: del Egipto del mundo. A y B: cíe los peligros del mundo.
4 E. p.: viviendo en descuido y flojedad se enoja Su Majestad y los deja ir ca-
yendo en sus apetitos de mal en peor,
5 Jos., VI. 21,
56 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

viesen; g los que lloran por las cosas de este mundo, como
si no llorasen; g los que se huelgan, como si no se holgasen (1);
g los que compran, como si no posegesen; g los que usan
de este mundo, como si no usasen (2). Esto nos dice el Após-
tol, ensenándonos cuán desasida nos conviene tener el alma
de todas las cosas para ir a Dios.

CAPITULO XII

EN QUE SE TRATA COMO SE RESPONDE (3) A OTRA PREGUNTA, DECLA-
RANDO CUALES SEAN LOS APETITOS QUE BASTAN PARA CAUSAR
EN E L A L M A LOS DAÑOS DICHOS.

1. Mucho pudiéramos alargarnos en esta materia de la
noche del sentido, diciendo lo mucho que hag que decir de los
daños que causan los apetitos, no sólo en las maneras dichas,
sino en otras muchas. Pero, para lo que hace a nuestro pro-
pósito, lo dicho basta; porque parece queda dado a entender
cómo se llama noche la mortificación de ellos, g cuánto con-
venga entrar en esta noche para ir a Dios. Sólo lo que se
ofrece, antes que tratemos del modo de entrar en ella, para con-
cluir con esta parte, es una duda que podría ocurrir al lector
sobre lo dicho.
2. Y es lo primero, s i basta cualquier apetito para obrar
g causar en .el alma los dos males ga dichos, es a saber: pri-
vativo, que es privar al alma de la gracia de Dios, g el posi-
tivo, que es causar en ella los cinco daños principales que ha-
bernos dicho (4). Lo segundo, si basta cualquier apetito, por
mínimo que sea, g de cualquier especie que sea, a causar todos
éstos juntos (5); o solamente unos causan unos, g otros otros;
como unos causar tormento, otros cansancio, otros tiniebla, etc.

1 La e. p. suprime la frase: y los que se huelgan como si no se holgasen.
2 I ad Cor.. VII, 29-31.
3 E . p.: Responde, etc.
4 La e. p. abrevia estas tres líneas así: y causar en el alma los dos males, positi-
vo y privativo, ya declarados.
5 Todos esíos juntos. Así el C. de Ale. En la traslación de esta frase hay nota-
ble variedad. A ye. p.: todos estos cinco daños juntos. B: iodos esíos daños juntos.
LIBRO PRIMERO.—CAP. XII 57

3. A lo cual respondiendo, digo a lo primero, que cuan-
to al daño privativo, que es privar al alma de Dios, solamente
los apetitos voluntarios que son de materia de pecado mortal
pueden y hacen esto totalmente (1), porque ellos privan en
esta vida al alma de la gracia, y en la otra de la gloria, que es
poseer a Dios. R lo segundo digo, que asi éstos que son de ma-
teria de pecado mortal, como los voluntarios de materia de pe-
cado venial, g los que son de materia de imperfección, cada
uno de ellos basta para causar en el alma todos estos daños po-
sitivos (2) juntos; los cuales, aunque en cierta manera son
privativos, llamárnoslos aquí positivos, porque responden a la
conversión de la criatura, así como el privativo responde a la
aversión de Dios. Pero hay esta diferencia, que los apetitos de
pecado mortal causan total ceguera, tormento e inmundicia y
flaqueza, etc. Mas los otros de materia de venial o imperfec-
ción (3), no causan estos males en total y consumado grado,
pues no privan de la gracia, de donde depende la posesión de
ellos, porque la muerte de ella es vida de ellos; pero cáusanlos
en el alma remisamente, según la remisión de la gracia que los
tales apetitos causan en el alma. De manera, que aquel apetito
que más entibiare la gracia, más abundante tormento, ceguera y
suciedad causará (4).
4. Pero es de notar que aunque cada apetito causa es-
tos males, que aquí llamamos positivos, unos hay que prin-
cipal y derechamente causan unos, y otros oíros, y los demás
por el consiguiente. Porque aunque es verdad que un apetito
sensual causa todos estos males, pero principal y propiamente
ensucia al alma y cuerpo. Y aunque un apetito de avaricia tam-
bién los causa todos, principal y derechamente causa aflicción.

1 La e. p. no trae esta palabra.
2 La e. p. suprime las frases restantes hasta el punto.
3 E . p.: pecado venial o conocida imperfección.
4 La e. p.: "no privan de la gracia, con la cual privación anda junta la posesión
de ellos; porque la muerte de ella es vida de ellos, Pero causan algo de estos males,
aunque remisamente, según la tibieza y remisión que en el alma causan. De manera
que aquel apetito que más la entibiare, más abundantemente causará tormento, ce-
guera y no pureza."
58 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

Y aunque un apetito de vanagloria, ni más ni menos, los causa
todos, principal y derechamente causa tinieblas g ceguera ( i ) .
Y aunque un apetito de gula los causa todos, principalmente
causa tibieza en la virtud, y asi de los demás.
5. Y la causa porque cualquier acto de apetito voluntario
produce en el alma todos estos efectos juntos, es por la con-
trariedad que derechamente tienen contra todos los actos de
virtud que producen en el alma los efectos contrarios. Por-
que así como un acto de virtud produce en el alma y cría
juntamente suavidad, paz, consuelo, luz, limpieza y fortaleza;
asi, un apetito desordenado causa tormento, fatiga, cansancio,
ceguera g flaqueza. Todas las virtudes crecen en el ejercicio
de una, y todos los vicios crecen en el de uno, y los dejos (2)
de ellos en el alma. Y aunque todos estos males no se echan
de ver al tiempo que se cumple el apetito, porque el gusto de
él entonces no da lugar, pero antes o después bien se sienten
sus malos dejos. Lo cual se da muy bien a entender por
aquel libro que mandó el ángel comer a San Juan en el Apo-
calipsis, el cual en la boca le hizo dulzura, y en el vientre le
fué amargor (3). Porque el apetito cuando se ejecuta es dulce y
parece bueno, pero después se siente su amargo efecto; lo cual
podrá bien juzgar el que se deja llevar de ellos. Aunque no ig-
noro que hay algunos tan ciegos e insensibles que no lo sien-
ten, porque como no andan en Dios, no echan de ver lo que
les impide a Dios.
6. De los demás apetitos naturales que no son voluntarios,
y de los pensamientos que no pasan de primeros movimientos, y
de otras tentaciones no consentidas, no trato aquí; porque éstos
ningún mal de los dichos causan al alma. Porque aunque a la
persona por quien pasan le haga parecer la pasión y turbación
que entonces le causan, que la ensucian y ciegan, no es así; an-
tes la causan los provechos contrarios (4). Porque en tanto que los

1 Por descuido suprime el C. de Ale. estas líneas que se refieren al apetito de va-
nagloria, las cuales se leen en los demás y en las ediciones.
2 E . p.: efectos.
3 Apoc, X, 9. Las tres líneas antecedentes faltan en e. p.
4 En la e. p. se introdujo esta palabra: "Antes ocasionalmente la causan los pro-
vechos contrarios."
LIBRO PRIMERO.—CAP. XII 59

resiste, gana fortaleza, pureza, luz y consuelo, g muchos bie-
nes, según lo cual dijo Nuestro Señor a San Pablo: Que la
virtud se perficionaba en la flaqueza (1). Mas los voluntarios,
todos los dichos y más males hacen. Y por eso, el principal
cuidado que tienen los maestros espirituales, es mortificar lue-
go a sus discípulos de cualquier apetito, haciéndoles quedar en
vacío de lo que apetecían, por librarles de tanta miseria.

CAPITULO XIII

EN QUE SE TRATA DE L A MANERA Y MODO Q U E SE HA DE TENER
PARA ENTRAR EN ESTA NOCHE D E L SENTIDO (2).

1. Resta ahora dar algunos avisos para saber g poder en-
trar en esta noche (tel sentido. Para lo cual es de saber, que el
alma ordinariamente entra en esta noche sensitiva en dos ma-
neras: la una es activa, la otra pasiva. Activa es lo que el
alma puede hacer y hace de su parte para entrar en ella, de lo
cual ahora trataremos en los avisos siguientes. Pasiva es en que
el alma no hace nada, sino que Dios lo obra en ella, y ella se
ha como paciente. De la cual trataremos en el cuarto Libro (3),
cuando habernos de tratar de los principiantes (4). Y porque
allí habemos, con el favor divino, de dar muchos avisos a los
principiantes, según las muchas imperfecciones que suelen tener
en este camino, no me alargaré aquí en dar muchos. Y porque
también no es tan propio de este lugar darlos, pues de presente
sólo tratamos de las causas por qué se llama noche este trán-
sito, y cuál sea ésta, y cuántas sus partes. Pero porque parece

1 II ad Cor.. XII. 9.
2 E . p.: De la manera y modo que ha de tener el alma para entrar en esta no*
che del sentido por fe.
3 Es decir, en la Noche Oscura.
4 En las anteriores ediciones este párrafo se ponía así: "Activa es lo que el alma
puede hacer y hace de su parte para entrar en ella ayudada de la gracia, de la cual
trataremos ahora en los avisos siguientes. Y pasiva es en que el alma no hace nada
como de suyo o por su industria, sino Dios lo obra en ella con más particulares au-
xilios, y ella se ha como paciente consintiendo libremente. De la cual diremos en la
Noche oscura, cuando tratáremos de los principiantes."
60 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

quedaba muy corto g no de tanto provecho no dar luego algún
remedio o aviso para ejercitar esta noche de apetitos, he que-
rido poner aquí el modo breve que se sigue; g lo mismo haré
al fin de cada una de esotras dos partes o causas de esta no-
che (1), de que luego, mediante el Señor, tengo de tratar.
2. Estos avisos que aquí se siguen de vencer los apeti-
tos, aunque son breves y pocos, yo entiendo que son tan pro-
vechosos y eficaces como compendiosos; de manera que el que
de veras se quisiere ejercitar en ellos, no le harán falta otros
ningunos, antes en éstos los abrazará todos.
3. Lo primero, traiga un ordinario apetito (2) de imitar
a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida, la
cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas
las cosas como se "hubiera él.
4. Lo segundo, para poder bien hacer esto, cualquiera gus-
to que se le ofreciere a los sentidos, como no sea puramente
para honra y gloria de Dios, renuncíelo y quédese vacío de éí
por amor de Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto,
ni le quiso, que hacer la voluntad de su Padre, lo cual llamaba
él su comida y manjar. Pongo ejemplo. Si se le ofreciere gusto
de oir cosas que no importen para el servicio y honra de Dios,
ni lo quiera gustar, ni las quiera oir; y si le diere gusto mi-
rar cosas que no le ayuden (3) más a Dios, ni quiera el gus-
to, ni mirar las tales cosas; y si en el hablar o en otra cual-
quier cosa se le ofreciere, haga lo mismo. Y en todos los sen-
tidos, ni más ni menos, en cuanto lo pudiere excusar buenamen-
te; porque, si no pudiere, basta que no quiera gustar de ello,
aunque estas cosas pasen por él. Y de esta manera ha de pro-
curar dejar luego mortificados y vacíos de aquel gusto a los
sentidos, como a oscuras. Y con este cuidado en breve aprove-
chará mucho.

1 Solamente lo verifica por entero al tratar de la memoria (cap. XIV del lib. III);
algo insinúa del entendimiento, al final del lib. II. De la voluntad no se dice nada,
quizá por estar el libro III incompleto.
2 E . p.: cuidado y afecto.
3 E . p.: lleven.
LIBRO PRIMERO.—CAP. XIlI 61

5. Y para mortificar y apaciguar las cuatro pasiones na-
íurafes, que son gozo, esperanza, temor y dolor, de cuya con-
cordia y pacificación salen estos y los demás bienes, es total
remedio lo que se sigue, y de gran merecimiento y causa de
grandes virtudes.
6. Procure siempre inclinarse: no a lo más fácil, sino
a fo más dificultoso; no a lo más sabroso, sino a lo más des-
abrido; no a lo más gustoso, sino antes a lo que da menos gus-
to (1); no a lo que es descanso, sino a lo trabajoso; no a lo
que es consuelo, sino antes al desconsuelo; no a lo más, sino a lo
menos; no a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y
despreciado; no a lo que es querer algo, sino a no querer
nada; no andar buscando lo mejor de las cosas temporales, sino
lo peor, y desear entrar en toda desnudez y vacío y pobreza por
Cristo de todo cuanto hay en el mundo.
7. Y estas obras conviene las abrace de corazón y pro-
cure allanar la voluntad en ellas. Porque si de corazón las
obra, muy en breve vendrá a hallar en ellas gran deleite y con-
suelo, obrando ordenada y discretamente.
8. Lo que está dicho, bien ejercitado, bien basta para entrar
en la noche sensitiva; pero, para mayor abundancia, diremos otra
manera de ejercicio que enseña a mortificar (2) la concupiscen-
cia de la carne, y la concupiscencia de los ojos y la soberbia
de la vida, que son las cosas que dice San Juan reinan en
el mundo, de las cuales proceden todos los demás apetitos (3).
9. Lo primero, procurar obrar en su desprecio, y desear
que todos lo hagan (4); lo segundo, procurar hablar en su

1 B dice: no a lo más gustoso, sino antes a lo que no da gusto. La e. p.: No a lo
más gustoso, sino a lo que no da gusto,
2 Las líneas siguientes de este número se modifican en la e. p. de esta manera:
que enseña a mortificar de veras el apetito de la honra, de que se originan otros mu-
chos.
3 Se publica el siguiente número conforme al Códice de Alcaudete. La e. p. lo
trae en la misma forma, con la pequeña diferencia de que donde el Códice traslada
que iodos lo hagan, la e. p. dice: que los otros lo hagan, conformándose en esto con
A y B.
4 A y B añaden: y esto es contra la concupiscencia de la carne.
62 SUBIDA D E L MONTÉ CARMELO

desprecio, y desear que todos lo hagan (1); lo tercero, pro-
curar pensar bajamente de sí en su desprecio, y desear que
todos lo hagan (2).
10. E n conclusión de estos avisos y reglas, conviene po-
ner aquí aquellos versos que se escriben en la Subida (3) del
'Monte, que es l a figura que está al principio de este libro,
los cuales son doctrina para subir á el, que es lo alto de la
unión. Porque, aunque es verdad que allí habla de lo espiritual
e interior, también trata del espíritu de imperfección según lo
sensual (4) y exterior, como se puede ver en los dos caminos
que están en los lados de la senda de perfección. Y así, según
ese sentido los entenderemos aquí, conviene a saber: según lo
sensual; los cuales después, en la segunda parte de esta noche,
se han de entender según lo espiritual (5).
11. Dice así:
—Para venir a gustarlo todo (6),
no quieras tener gusto en nada.
—Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
—Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.
—Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.
—Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.
—Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.
—Para venir a lo que no posees,
has de ir por donde no posees.

1 A y B dicen además: y esto es contra la concupiscencia de los ojos.
2 A y B adicionan: también contra sí; y esto es contra la soberbia de la vida.
3 A, B, C, D y e. p.: figura. Refiérese en este pasaje al dibujo del Monte de Per-
fección, que viene al frente de este tratado, como en seguida indica el Santo.
4 E . p.: sensible.
5 E l Santo no vuelve a mencionar estos versos. Aquí seguimos el orden con que
vienen en el Códice de Alcaudete, algo diferente del en que están en el Monte.
6 E . p.: Para gustarlo todo.
LIBRO PRIMERO.—CAP. XIlI 65

—Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.

MODO PARA NO IMPEDIR A L TODO

12. —Cuando reparas en algo,
dejas de arrojarte al todo;
—Porque para venir del todo al todo,
has de negarte (1) del todo en todo.
— Y cuando lo vengas del todo a tener,
has de tenerlo sin nada querer.
—Porque si quieres tener algo en todo,
No tienes puro en Dios tu tesoro.

13. En esta desnudez halla el alma espiritual su quietud
y descanso; porque no codiciando nada, nada le fatiga hacia
arriba, y nada le oprime hacia abajo, porque está en s i cen-
tro de su humildad; porque, cuando algo codicia, en eso mis-
mo se fatiga (2).

CAPITULO XIV

EN E L CUAL SE DECLARA E L SEGUNDO VERSO DE L A CANCION (3).

Con ansias en amores inflamada.
1. Ya que habernos declarado el primer verso de esta can-
ción, que trata de la noche sensitiva, dando a entender qué no-
che sea ésta del sentido y por qué se llama noche; y, tam-
bién, habiendo dado el orden y modo que se ha de tener para
entrar en ella activamente, sigúese ahora por su orden tratar
de las propiedades y efectos de ella, que son admirables, los
cuales se contienen en los versos siguientes de la dicha canción,
los cuales yo apuntaré brevemente en gracia de declarar los di-

1 Así Ale. A, B, C y D. La e. p.: arrojarte.
2 En eso mismo se fatiga y atormenta, terminan A y B.
3 Así el C. de Ale. E . p.: En que se declara el segundo verso de la sobredicha
canción.
64 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

chos versos (1), como en el prólogo lo prometí (2), y pasaré
luego adelante al segundo libro, el cual trata de la otra parte
de esta Noche, que es la espiritual.
2. Dice, pues, el alma que «Con ansias en amores infla-
mada», pasó g salió en esta noche oscura del sentido a la
unión del Amado. Porque para vencer todos los apetitos y ne-
gar los gustos de todas las cosas, con cuyo amor y afición se
suele inflamar la voluntad, para gozar de ellas era menester
otra inflamación mayor de otro amor mejor, que es el de su
Esposo, para que teniendo su gusto y fuerza en éste, tu-
viese valor y constancia para fácilmente negar todos los otros.
Y no solamente era menester para vencer la fuerza de los
apetitos sensitivos tener amor de su Esposo, sino estar inflama-
da de amor y con ansias. Porque acaece, y así es, que la sen-
sualidad con tantas ansias de apetito es movida y atraída a
las cosas sensitivas, que si la parte espiritual no está infla-
mada con otras ansias mayores de lo que es espiritual, no podrá
vencer el yugo natural (3), ni entrar en esta noche del sentido,
ni tendrá ánimo para quedarse a oscuras de todas las cosas,
privándose del apetito de todas ellas.
3. Y cómo y de cuantas maneras sean estas ansias de
amor que las almas tienen en los principios de este camino de
unión, y las diligencias e invenciones que hacen para salir de
su casa, que es la propia voluntad, en la noche de la mortifi-
cación de sus sentidos, y cuán fáciles y aun dulces y sabrosos (4)
les hacen parecer estas ansias del Esposo todos los trabajos y
peligros de esta noche, ni es de decir de este lugar ni se
puede decir; porque es mejor para tenerlo y considerarlo que
para escribirlo, y así pasaremos a declarar los demás versos
en el siguiente capítulo.

1 La e. p. suprime: en gracia de declarar los dichos versos,
2 Aquí se confirma lo que queda dicho en la nota 6.a de la pág. 14, de que el
Santo considera al Argumento como parte del Prólogo. A y B no traen lo que resta
de este párrafo.
3 E . p.: material y sensible.
4 E . p. omite: y sabrosos.
LIBRO PRIMERO.—CAP. XV 65

CAPITULO X V

EN E L CUAL SE DECLARAN LOS DEMAS VERSOS DE L A DICHA CAN-
CION (1).

¡Oh dichosa ventura!
Salí sin ser notada,
Estando ya mi casa sosegada.
1. Toma por metáfora el mísero estado del cautiverio, del
cual el que se libra lo tiene por «dichosa ventura», sin que
se lo impida alguno de los carceleros (2). Porque el alma,
después del pecado original, verdaderamente está como cautiva
en este cuerpo mortal, sujeta a las pasiones g apetitos natura-
les; del cerco y sujeción de los cuales tiene ella por «dichosa
ventura» haber salido sin ser notada, esto es, sin ser de ningu-
no de ellos impedida ni comprendida.
2. Porque para esto, le aprovechó el salir en la «noche oscu-
ra», que es en la privación de todos los gustos y mortificación de
todos los apetitos, de la manera que habernos dicho. Y esto «estan-
do ya su casa sosegada», conviene a saber, la parte sensitiva que
es la casa de todos los apetitos, ya sosegada por el vencimiento y
adormecimiento de todos ellos. Porque hasta que los apetitos
se adormezcan por la mortificación en la sensualidad, y la
misma sensualidad esté ya sosegada de ellos, de manera que
ninguna guerra haga al espíritu, no sale el alma a la verda-
dera libertad a gozar de la unión de su Amado.

FIN D E L LIBRO PRIMERO (3).

1 Así el C. de Ale. La e. p.: En que declara los demás versos de la dicha cari'
ción. A, no pone aquí capítulo, sino que lo considera como terminación del anterior.
2 Carceleros trasladan A y B. La e. p. y C, D, P y Ale. ponen prisioneros. La
primera lectura es más propia, sin que por eso digamos que no cabe la segunda.
3 Así terminan los Códices y la e. p.
LIBRO SEGUNDO

D E L A «SUBIDA D E L M O N T E CARMELO» (1).

En que se trata del medio próximo para subir a ¡a unión de Dios, que es
la fe; y así se trata de la segunda parte de esta noche, que decíamos
pertenecer al espíritu, contenida en Ja segunda canción, que es la
que se sigue (2).

CANCION SEGUNDA

CAPITULO P R I M E R O (3).

ñ oscuras, g segura,
Por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!
A oscuras, y en celada.
Estando ya raí casa sosegada (4).

1. En esta segunda canción canta el alma la dichosa ven-
tura que tuvo en desnudar el espíritu de todas las imperfecciones
espirituales y apetitos de propiedad en lo espiritual; lo cual le
fué muy mayor ventura, por la mayor dificultad que hay en so-
segar esta casa de la parte espiritual, y poder entrar en esta os-

í Así viene en todos los Códices y en la e. p.
2 E . p.: "Trata del medio próximo para llegar a la unión con Dios, que es la fe,
y de la segunda noche del espíritu, contenida en la segunda Canción." Adviértase,
con todo, que el Santo llama a este segundo libro segunda noche espiritual, como
en la página 79 y en otras partes.
3 Ale. y A ponen el capítulo después de las palabras Canción segunda. La edi-
ción príncipe después del quinto verso de la canción. E l Códice B y la edición de
Toledo no traen aquí capítulo, sino que ponen el primero donde nosotros el segundo,
A más de conformarnos con Ale, y A, recuérdese que en el libro anterior, la Decla-
ración de la canción primera se computa como capítulo. Salvo la toledana, las edi-
ciones han seguido a la príncipe,
4 E . p, añade aquí: En que se declara esta canción.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. 1 67

curidad interior, que es la desnudez espiritual de todas las cosas,
así sensuales, como espirituales, sólo estribando en pura fe (1) y
subiendo por ella a Dios. Que por eso la llama aquí «escala y
secreta»; porque todos los grados y artículos que ella tiene son
secretos y escondidos a todo sentido y entendimiento. ,Y así, se
quedó ella a oscuras de toda lumbre (2) de sentido y entendi-
miento, saliendo de todo límite natural y racional para subir por
esta divina escala de la fe, que escala y penetra hasta lo pro-
fundo de Dios. Por lo cual dice que iba «disfrazada», porque
lleva el traje y vestido (3) y término natural mudado en divino,
subiendo por fe. Y así era causa este disfraz de no ser cono-
cida ni detenida de lo temporal, ni de lo racional, ni del demo-
nio; porque ninguna de estas cosas puede dañar al que camina
en fe. Y no sólo eso, sino que va el alma tan encubierta y es-
condida y ajena de todos los engaños del demonio, que verdadera-
mente camina (como también aquí dice), «a oscuras y en celada»,
es a saber, para el demonio, al cual la luz de la fe le es más,
que tinieblas. i
2, Y así el alma que por ella camina, le podemos decir que
en celada y encubierta ai demonio camina, como adelante se ve-
rá más claro. Por eso, dice que salió «a oscuras y segura»; por-
que el que tal ventura tiene, que puede caminar por la oscu-
ridad de la fe tomándola por guía de ciego, saliendo él de to-
dos los fantasmas naturales y razones espirituales, camina muy
al seguro, como habemos dicho. Y así, dice que también salió por
esta noche espiritual «estando ya su casa sosegada», es a saber,
la parte espiritual y racional; de la cual, cuando el alma llega a
la unión de Dios, tiene sosegadas sus potencias naturales, y los
ímpetus y ansias sensuales (4) en la parte espiritual. Que por eso
no dice aquí que salió con ansias, como en la primera noche del
sentido. Porque para ir en la noche del sentido y desnudarse de

1 E . p.: B n vipa fe. Entre paréntesis se añadía: Que de ésta voy hablando de
ordinario, porque trato con personas que caminan a la perfección.
2 La e. p. añade: natural.
3 Vestido. Sólo en el de Alcaudete se lee esta palabra.
4 Falta esta palabra en el C . de A l e , pero la traen A y B . La e. p. traslada:
sensibles.
68 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

lo sensible, eran menester ansias de amor sensible para acabar
de salir; pero para acabar de sosegar la casa del espíritu, sólo se
requiere negación (1) de todas las potencias y gustos g apetitos
espirituales en pura fe. Lo cual hecho, se junta el alma con el
Amado en una unión de sencillez y pureza y amor y semejanza.
3. Y es de saber, que la primera canción, hablando acerca
de la parte sensitiva, dice que salió en «noche oscura»; y aquí,
hablando acerca de la parte espiritual, dice que salió «a oscuras»,
por ser muy mayor la tiniebla de la parte espiritual, así como la
oscuridad es mayor tiniebla que la de la noche; porque por os-
cura que una noche sea, todavía se ve algo, pero en la oscuridad
no se ve nada; y así, en la noche del sentido todavía queda al-
guna luz, porque queda el entendimiento y razón, que no se ciega.
Pero esta noche espiritual, que es la fe, todo lo priva, así en en-
tendimiento como en sentido. Y por eso dice el alma en ésta, que
iba «a oscuras y segura», lo cual no lo dijo en la otra. Porque
cuanto menos el alma obra con habilidad propia, va más segura,
porque va más en fe. Y esto se irá bien declarando por extenso en
este segundo libro (2), en el cual será necesario que el devoto
lector vaya con atención, porque en él se han de decir co-
sas bien importantes para el verdadero espíritu (3). Y aunque
ellas son algo oscuras, de tal manera se abre camino de unas
para otras, que entiendo se entenderá todo muy bien.

1 Afirmación se lee en A, B, C, D y e, p. Sólo el de Alcaudete traslada nega-
ción. E l concepto es el mismo.
2 La e. p. cambia asi estas palabras del Q. de Ale: En el cual pido al devoto
lector atención benévola, porque en él, etc. A, B, C y D, no traen nada de esto.
3 A y B terminan aquí el capítulo. Léense las líneas restantes en el C. de Ale. y
en e. p.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. 11 69

CAPITULO II

EN QUE SE COMIENZA A TRATAR DE LA SEGUNDA PARTE O CAUSA
DE ESTA NOCHE, QUE ES LA FE.—PRUEBA CON DOS RAZONES
COMO ES MAS OSCURA (1) QUE L A PRIMERA Y QUE LA TERCERA.

1. Sigúese ahora tratar de la segunda parte de esta noche,
que es la fe, la cual es el admirable medio (2) que decíamos
para ir al término, que es Dios, el cual decíamos era también para
el alma naturalmente tercera causa o parte de esta noche. Por-
que la fe, que es el medio, es comparada a la media noche. Y
así, podemos decir que para el alma es más oscura que la pri-
mera, tj, en cierta manera, que la tercera; porque la primera,
que es la del sentido, es comparada a la prima noche, que es
cuando cesa la vista de todo objeto sensitivo, y así no está tan
remota de la luz como la media noche. La tercera parte, que es el
ante tucano, que es ya lo que está próximo a la luz del día,
no es tan oscuro como la media noche; pues ya está inmediata
a la ilustración e información de la luz (3) del día, y ésta
es comparada a Dios. Porque aunque es verdad que Dios es
para el alma tan oscura noche como la fe, hablando naturalmen-
te; pero, porque acabadas ya estas tres partes de la noche, que
para el alma lo son naturalmente, ya va Dios ilustrando al alma
sobrenaturalmente con el rayo de su divina luz (4), lo cual es
el principio de la perfecta unión que se sigue, pasada la tercera
noche, se puede decir que es menos (5) oscura.
2. Es también más oscura que la primera, porque esta perte-
nece a la parte inferior del hombre, que es la sensitiva, y, por
consiguiente, más exterior; y esta segunda de la fe pertenece a

1 E . p.: Prueba por dos cazones que es más oscura, etc.
2 E . p.: modo.
3 El C. de Ale. traslada luz. A, B y e. p.: claridad.
4 La e. p. añade estas palabras, que faltan en todos los códices: g con modo
más alto, superior y experimentado.
5 Así la e. p., que corrige un error material del C. de Ale.--A y B: oscura, sim-
lemente.
70 SUBIDñ D E L MONTE CARMELO

la parte superior del hombre, que es la racional, y, por el con-
siguiente, más interior y más oscura, porque la priva de la luz
racional, o, por mejor decir, la ciega (1); y así, es bien com-
parada a la media noche, que es lo más adentro y más oscuro
de la noche.
3. Pues esta segunda parte de fe habemos ahora de probar
cómo es noche para el espíritu, así como la primera lo es para
el sentido. Y luego también diremos los contrarios que tiene, y
cómo se ha de disponer el alma activamente para entrar en ella.
Porque de lo pasivo, que es lo que Dios hace sin ella para me-
terla en ella, allá diremos en su lugar, que entiendo será el
tercer libro (2).

1 Esta fué otra de las proposiciones que algunos hallaron condenables en estos
escritos, y la denunciaron al Santo Tribunal. Tiene, sin embargo, un sentido verisimo
y por entero conforme a la doctrina católica. N o afirma el Santo en estas palabras
que la fe destruya la naturaleza, o apague las luces de la razón humana (S. Thomas,
•Samma, 1 .a Part, q. í, a. 8, ef alibi); lo que intenta significar es, que el conocimiento
por fe, excluye simultáneamente el propio y natural modo de conocer de la razón, y
en cuanto a esto sólo se dice privan al alma, en el acto de fe, de la luz racional y la
dejan como ciega, para levantarla a otro más noble, sublime y muy diverso modo de
conocimiento, qué lejos de destruir la razón la perfecciona y dignifica. Sabido es, en
buena filosofía, que el propio y connatural objeto del entendimiento en esta vida, son
las cosas visibles, materiales y corpóreas, como enseñan, con S. Tomás, comúnmente
los filósofos. E l hombre por naturaleza propende a conocerlas con claridad y hasta
con evidencia, si es posible, calidades que no puede intentar racionalmente en las cosas
de fe, que de suyo son obscuras, como y a lo dijo S. Pablo en su célebre texto (ad Hebr,,
Xí, 1): Pides esí speeandarutn substant'a rerum, argumenftxm non apparicntium. Este
modo de hablar no es exclusivo del Santo, sino propio de todos los místicos y muy
conforme a la doctrina teológica; y nadie más celosos para defender los justos fueros
de la razón humana que los místicos, y nadie ha formado tampoco concepto tan no-
ble de la naturaleza del alma como ellos, según es de ver en todos sus escritos. (Cfr.
Respuesta,, del P. Basilio Ponce de León, y Dilucidatio, part. II, c. 2, entre otros
muchos autores que esclarecen esta materia). Además, en el siguiente capítulo expli-
ca el Santo con la perspicuidad suficiente el alcance que da a estas palabras.
2 Aquí terminan el C. de Ale. y la e. p.—A y B añaden: Como también habe-
rnos dicho y prometido de decir de la pasiva de la primera en el segundo. Y a se ha
dicho que hay cierta confusión en el Santo en algunas recensiones suyas. De las ma-
terias indicadas habla en la Noche Oscura.
LIBRO SEGUNDO.—CRP. III 71

CAPITULO III

COmO L A F E ES NOCHE OSCURA PARA EL ALMA.—PRUEBALO CON R A -
ZONES Y AUTORIDADES Y FIGURAS D E L A ESCRITURA (1).

1. La fe, dicen los teólogos, que es un hábito del alma
cierto y oscuro. Y la razón de ser hábito oscuro es porque hace
creer verdades reveladas por el mismo Dios, las cuales son so-
bre toda luz natural, y exceden a todo humano entendimiento,
sin alguna proporción (2). De aquí es que, para el alma, esta
excesiva luz que se le da de fe le es oscura tiniebla, porque!
lo más priva g vence a lo menos, asi como la luz del sol priva
otras cyalesquier luces, de manera que no parezcan luces cuando
ella luce y vence nuestra potencia visiva. De manera que antes
la ciega y priva de la vista que se la da, por cuanto su luz e$
muy desproporcionada y excesiva a la potencia visiva. Así, la
luz de la fe, por su grande exceso (3) oprime y vence la del
entendimiento; la cual sólo se extiende de suyo a la ciencia na-
tural, aunque tiene potencia (4) para lo sobrenatural, para cuan-
do Nuestro Señor la quisiere poner en acto sobrenatural.
2. De donde ninguna cosa de suyo puede saber, sino por
vía natural, lo Cual es sólo lo que alcanza por los sentidos (5).

1 Ta! es el título que se lee en c! C. de Ale. y en e. p.—A y B traen sólo la pri-
mera parte.
2 La e. p. omite: sin alguna proporción,
3 La e. p.: Por su gran exceso y por el modo que tiene Dios en comunicarla
excede la de nuestro entendimiento.
4 E . p.: potencia obediencial. Así se llama en el lenguaje de la Escuela. Para
cuya inteligencia es de saber, que en filosofía se dan varias divisiones de la potencia,
entre otras, en natural y obediencial. La primera es la que se ordena a un acto
proporcionado a las fuerzas de la naturaleza, como el agua tiene potencia natu-
ral para enfriar, el fuego para calentar, etc. Obediencial es la que se ordena a un acto
que excede las fuerzas naturales, al cual acto es inducida por Dios; y, pues está fue-
ra de las leyes de la naturaleza, puede obrar también fuera de su dominio. La poten-
cia obediencial tiene mucha aplicación en teología mística, ya que ella es la que dispo-
ne las potencias del alma para los recibos sobrenaturales de la gracia, los cuales todos
exceden la capacidad natural. Esta potencia se llama también receptiva o pasiva.
5 La e. p., precisando el concepto: Por vía natural que comienza por los senti-
dos. Aquí expone el Santo la doctrina corriente en la filosofía escolástica, condeasada
72 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

Para lo cual ha de tener los fantasmas g las figuras (1) de los
objetos presentes en sí o en sus semejantes (2), y de otra
manera, no; porque, como dicen los filósofos: Ab objeto et po-
te ntia paritar notitia. Esto es: Del objeto presente g de la
potencia nace en el alma la noticia. De donde si a uno le dijesen
cosas qué él nunca alcanzó a conocer, ni jamás vió semejanza de
ellas, en ninguna manera le quedaría más luz de ellas que si no
se las hubiesen dicho. Pongo ejemplo. S i a uno le dijesen que
en cierta isla hay un animal que él nunca vió, si no le dicen
de aquel animal alguna semejanza, que él haga visto en otros,
no le quedará más noticia ni figura de aquel animal que antes,
aunque más le estén diciendo de él. Y por otro ejemplo más cla-
ro se entenderá mejor. S i a uno que nació ciego, el cual nunca vió
color alguno, le estuviesen diciendo cómo es el color blanco o
el amarillo, aunque más le dijesen, no entendería más asi que
así; porque nunca vió los tales colores ni sus semejanzas para
poder, juzgar de ellos; solamente se le quedaría el nombre de
ellos, porque aquello púdolo percibir con el oído, mas la forma
g figura no, porque nunca la vió.
3. De esta manera (3), es la fe para con el alma, que nos
dice cosas que nunca vimos ni entendimos en sí, ni en sus se-
mejanzas, pues no la tienen (4). Y así, de ella no tenemos luz
de ciencia natural, pues a ningún sentido es proporcionado lo
que nos dice; pero sabérnoslo por el oído, cregendo lo que nos
enseña, sujetando g cegando nuestra luz natural. Porque, como
dice San Pablo: Fides ex aadita (5). Como si dijera: la fe no

en el axioma filosófico: Nihil est in intellecíu qain pcius non faerit in sensu: doctrina
discutida, como casi todas las grandes cuestiones filosóficas. Pero ya hemos dicho, que
el Santo sigue, en la generalidad de los casos, la filosofía que más reputación goza en
la Iglesia, y siempre de indiscutida pureza ortodoxa. La adición de la e. p. está basada
en la explicación que da la Escuela al axioma citado sobre la génesis del conoci-
miento humano. E l propio Santo da aquí un curso de doctrina clásica en la materia
y en alguno de los capítulos siguientes.
1 E . p.: fantasmas y sentidos.
2 E . p.: en sus semejanzas.
3 La e. p. trae aquí este paréntesis: (aunque no semejante en todo).
4 En la e. p. se lee: ni en semejanzas suyas, que sin revelación nos pudieran lle-
var a su conocimiento.
5 Ad Rom., X , 17.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. III 73

2S ciencia que entra por ningún sentido, sino sólo es consenti-
miento del alma de lo (1) que entra por el oído.
4. Y aun la fe excede mucho más de lo que dan a entender
los ejemplos dichos. Porque no solamente no hace noticia y
ciencia, pero, como habernos dicho, priva y ciega de otras cua-
lesquicr noticias y ciencia, para que puedan bien juzgar de
ella (2). Porque otras ciencias con la luz del entendimiento
se alcanzan; mas ésta de la fe, sin la luz del entendimiento se
alcanza, negándola por la fe; y con la luz propia se pierde, si
no se oscurece. Por lo cual dijo Isaías: S i non credideritis, non
intelligetis (3). Esto es: S i no creyéredes, no entenderéis. Luego
claro está que la fe es noche oscura para el alma, y de esta
manera la da luz; y cuanto más la oscurece, más luz la da de
sí. Porque cegando da luz, según este dicho de Isaías: Porque
si no creyéredes, esto es, no tendréis luz (4). Y así fué f i -
gurada la fe por aquella nube que dividía a los hijos de Israel
y a los egipcios al punto de entrar en el mar Bermejo, de la
cuel dice la Escritura que: erat nubes tenebrosa, et illamimns
noctem (5). Quiere decir: Que aquella nube era tenebrosa y
alumbradora a la noche.

5. Admirable cosa es que, siendo tenebrosa, alumbrase la
noche. Esto era porque la fe, que es nube oscura y tenebrosa pa-
ra el alma (la cual es también noche, pues en presencia de la
fe, de su luz natural queda privada y ciega), con su tiniebla alum-
bre y dé luz a la tiniebla del alma, porque así convenía que
fuese semejante al maestro el discípulo. Porque el hombre que
está en tiniebla, no podía convenientemente ser alumbrado sino
por otra tiniebla, según nos lo enseña David, diciendo: Dies
diei eructat verbum et nos nocti indicat scientiam (6). Quiere
1 La e. p, modifica en esta manera la frase: la fe no es ciencia que entra por nin-
gún séntido, sino luz superior que entra por el oído.
2 E . p.: Porque no solamente no hace evidencia o ciencia, sino, como habernos
dicho, excede y sobrepuja otras cualesquier noticias y ciencia, para que puedan bien
juzgar de ella en perfecta contemplación.
3 Isai., VII, 9. Así el C. de A k . La autoridad parece tomada de los Setenta, con
la variante de ñeque por non.
4 Véase cómo la c. p. arregla esta autoridad: Si no creyéredes, esto es, os cegare-
des, no entenderéis, esto es, no tendréis luz y conocimiento levantado y sobrenatural.
5 Exod., XIV. 20.
6 Ps. XVIII. 3.
74 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

decir: E l día rebosa y respira palabra al día, y la noche mues-
tra ciencia a la noche. Que, hablando más claro, quiere decir:
El día, que es Dios en la bienaventuranza, donde ya es de
día a los bienaventurados ángeles y almas que ya son día, les co-
munica y pronuncia (1) la palabra, que es su Hijo, para que
le sepan y le gocen. Y la noche, que es la fe en la iglesia mi-
litante, donde aun es de noche, muestra ciencia a la Iglesia, y,
por el consiguiente, a cualquiera alma, la cual le es noche, pues
esta privada (2) de la clara sabiduría beatífica; y en presencia
de la fe, de su luz natural está ciega.
6. De manera que lo que de aquí se ha de sacar, es que
la fe porque es noche oscura, da luz al alma, que está a oscuras,
porque se venga a verificar (3) lo que también dice David a
este propósito diciendo: Et nox llluminatío mea in deliciis meis (4)
Que quiere decir: La noche será mi iluminación en mis delei-
tes (5). Lo cual es tanto como decir: en los deleites de mi
pura contemplación y unión con Dios, la noche de la fe será
mi guía. En lo cual claramente da a entender (6) que el alma
ha de estar en tiniebla para tener luz para este camino.

CAPITULO IV

TRATA EN GENERAL COMO TAMBIEN EL ALMA HA D E ESTAR A OS-
CURAS E N CUANTO E S D E SU P A R T E , PARA SER BIEN (iUIRD*
POR L A F E A S U M A CONTEMPLACION.

I. Creo se va ya dando a entender algo cómo la fe es
oscura noche para el alma, y cómo también el alma ha de ser
oscura o estar a oscuras de su luz (7), para que de la fe se

1 L a c, p. modifica esta frase de los Códices: Les comunica y descubre su dimna
palabra.
2 Está privada. Asi los Mss. L a e. p.; aun no goza,
3 E . p.: y se verifica.
4 Ps. C X X X V I I I . 11.
5 Deleites se lee en Ale. y e» p. — A y B trasladan delicias.
6 La frase en lo cual claramente da a entender, que se lee en los códices, se mo-
difica en la e. p. por dando a entender. La que viene a continuación: para tener luz
para este camino, la imprime: para íener luz y poder andar este camino.
7 Natural, añaden A y la e. p.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. IV 75

deje guiar a este alto término de unión. Pero para ,que eso
el alma sepa hacer, convendrá ahora ir declarando esta oscu-
ridad que ha de tener el alma (1) algo más menudamente, para
entrar en este abismo de la fe. Y asi, en este capitulo hablaré en
general de ella, y adelante, con el favor divino, iré diciendo
más en particular el modo que se ha de tener para no errar en
ella ni impedir a tal guia.
2. Digo, pues, que el alma, para haberse de guiar bien
por la fe a este estado, no sólo se ha de quedar a oscuras
según aquella parte que tiene respecto a las criaturas y a "lo tem-
poral, que es la sensitiva c inferior (de que habemos ya tratado),
sino que también se ha de cegar y oscurecer según la parte que
tiene respecto a Dios] y a lo espiritual, que es es la racional (2) y
superior, de que ahora vamos tratando. Porque para venir un
alma a llegar a la transformación sobrenatural, claro está que ha
de oscurecerse y trasponerse a todo lo que contiene (3) su na-
tural, que es sensitivo y racional. Porque sobrenatural, eso quie-
re decir: que sube sobre el natural; luego el natural, abajo queda.
Porque como quiera que esta transformación y unión es cosa que
no puede caer en sentido y habilidad humana, ha de vaciarse de
todo lo que puede caer (4) en ella perfectamente y voluntariamen-
te, ahora sea de arriba, ahora de abajo, según el afecto, digo (5),
y voluntad, en cuanto es de su parte; porque a Dios ¿quién le
quitará que él no haga fo que quisiere en el alma resignaba,
aniquilada g desnuda? Pero de todo se ha de vaciar como sea co-
sa que puede caer (6) en su capacidad, de manera que (7) aun-
que más cosas sobrenaturales vaya teniendo, siempre se ha de
quedar como desnuda de ellas y a oscuras; así como el ciego, arri-
mándose a la fe oscura, tomándola por guia y luz, y no arri-
mándose a cosa de las que entiende, gusta y siente e imagina.

í E. p. omite: el alma.
2 Racional trasladan A. B, C, D y la c. p. Sólo en Ale. leemos razón.
3 Ale, A y B leen contiene. La e. p.: conviene a su natural.
4 Ale caer. Los demás: caber.
5 La e. p. abrevia: lo que puede caber en ella de afición, digo.
6 Como en la nota 4.
7 E. p. abrevia así: Pero de todo se ha de vaciar, de manera que.
76 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

Porque todo aquello es tiniebla que la hará errar; g la fe es so-
bre todo aquel entender y gustar y sentir e imaginar. Y si en
esto no se ciega, quedándose a oscuras (1) totalmente, no vie-
ne a lo que es más, que es lo que enseña la fe.
3. E l ciego, si no es bien ciego, no se deja bien guiar del
mozo de ciego, sino que por un poco que ve, piensa que por cual-
quiera parte que ve, por allí es mejor ir, porque no ve otras me-
jores; y así, puede hacer errar al que le guía y ve más que él;
porque, en fin, puede mandar más que el mozo de ciego (2). Y
así, el alma, si estriba en algún saber suyo, o gustar o sentir
de Dios, como quiera que ello, aunque más sea, sea muy poco
y disímil de lo que es Dios, para ir por este camino, fácilmente
yerra o se detiene, por no querer quedarse bien ciega en fe,
que es su verdadera guía.
4. Porque eso quiso decir también San Pablo cuando dijo:
Ac ce dente m ad Deum oportet credere quod est (3). Quiere de-
cir : A l que se ha de ir uniendo a Dios, conviénele que crea su
ser. Como si dijera: el que se ha de venir a juntar en una unión
con Dios, no ha de ir entendiendo ni arrimándose al gusto, ni
al sentido, ni a la imaginación, sino creyendo su ser (4), que no
cae en entendimiento, ni apetito, ni imaginación, ni otro algún
sentido, ni en esta vida se puede saber (5); antes en ella, lo
más alto que se puede sentir y gustar de Dios, dista en infinita
manera de Dios y del poseerle puramente. Isaías y San Pablo
dicen: Nec oculus vidit, nec auris audivit, nec in cor hominis as-
ee ttdii, qme praeparavit Deus iis, qui diligunt illum (6). Que
quiere decir: Lo que Dios tiene aparejado para los que le aman,
ni ojo jamás lo vió, ni oído lo oyó, ni cayó en corazón ni
pensamiento de hombre. Pues como quiera que el alma pretenda

1 A, B y e. p.: a oscuras de ello totalmente,
2 La e. p. modifica: al que le guía, porque obra como si viese, tj puede mandar
más que su mozo.
3 Hebr., XI. 6.
4 E . p.; sino creyendo la perfección del divino ser,
5 Como es, añade la e. p.
6 Isai.. LXIV. 4:1 ad Cor., II. 9.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. IV 11

unirse por gracia perfectamente en esta vida con aquello que
por gloria ha de estar unida en la otra, lo cual, como aquí dice
San Pablo, no vió ojo, ni oyó oído, ni cagó en corazón de hom-
bre en carne (1), claro está que para venir a unirse en esta vida
con ello por gracia g por amor perfectamente, ha de ser a os-
curas de todo cuanto puede entrar por el ojo, g de todo lo que
se puede recibir con el oído, g se puede imaginar con la fan-
tasía, y comprender con el corazón, que aquí significa el alma.
Y así, grandemente se estorba un alma para venir a este alto es-
tado de unión con Dios, cuando se ase a algún entender, o sen-
tir, o imaginar, o parecer, o voluntad, o modo suyo, o cual-
quiera otra obra o cosa propia, no sabiéndose desasir g desnudar
de todo ello. Porque, como decimos, a lo que va, es sobre todo
eso, aunque sea lo más que se puede saber o gustar; y así, sobre
todo se ha de pasar al no saber.
5. Por tanto, en este camino, el entrar en camino es dejar
su caniino; o, por mejor decir, es pasar al término y dejar su
modo, es entrar en lo que no tiene modo (2), que es Dios. Por-
que el alma que a este estado llega, ya no tiene modos ni
maneras, ni menos se ase ni puede asir a ellos. Digo modos de
entender, ni de gustar, ni de sentir, aunque en si encierra todos
los modos, al modo del que no tiene nada, que lo tiene lodo.
Porque teniendo ánimo para pasar de su limitado natural interior
y exteriormente, entra en límite sobrenatural (3) que no tiene
modo alguno, teniendo en sustancia (4) todos los modos. De
donde el venir aquí, es el salir de allí, g de aquí y de allí sa-
liendo de sí muy lejos, de eso bajo para esto sobre todo alto.
6. Por tanto, trasponiéndose a todo lo que espiritual g na-
turalmente (5) puede saber y entender, ha de desear el alma
con todo deseo venir a aquello que en esta vida no puede saber ni
caer en su corazón. Y dejando atrás todo lo que temporal y es-

1 Ale. y e. p,: de hombre en carne. A y B: efe carne.
2 Ale. y e. p.: es entrar en lo que no tiene modo, A y B: es entrar en el término
que no íiene modo.
3 E . p.: entra sin límite en lo sobrenatural.
"í Con eminencia traslada la e, p. en vez de en sustancia, que traen los Códices.
5 E. p.: temporalmente.
78 SUBIDA D E L MONtE CARMELO

piritualmente (1) gusta y siente, g puede gustar y sentir en
esta vida, ha de desear con todo deseo venir a aquello que
excede todo sentimiento y gusto. Y para quedar libre y vacia pa-
ra ello, en ninguna manera ha de hacer presa en cuanto en su
alma recibiere espiritual, o sensitivamente (como declararemos lue-
go, cuando esto tratemos en particular), teniéndolo todo por mu-
cho menos. Porque cuanto más piensa que es aquello que en-
tiende, gusta c imagina, y cuanto más lo estima, ahora sea espi-
ritual, ahora no, tanto más quita del supremo bien y más se re-
tarda de ir a él; y cuanto menos piensa qué es lo que puede
tener, por más que ello sea, en respecto del sumo bien, tanto más
pone en él y le estima, y, por el consiguiente, tanto más se
llega a él, Y de esta manera a oscuras grandemente se acerca
el alma a la unión por medio de la fe, que también es oscura,
y de esta manera la da admirable luz la fe. Cierto, que si el alma
quisiese ver, harto más presto (2) se oscurecería cerca de Dios,
que el que abre los ojos a ver el gran resplandor del sol.
7. Por tanto, en este camino, cegándose en sus potencias,
ha de ver luz, según lo que el Salvador dice en el Evan-
gelio, de esta manera: In judicium veni in hunc tnundum: ut
qui non vident, videant, et qui videní, caed fiant (3). Esto es:
Yo he venido a este mundo para juicio; de manera, que los
que no ven vean, y los que ven, se hagan ciegos. Lo cual, asi
como suena, se ha de entender acerca de este camino espiritual,
que al alma, conviene saber, que estuviere a oscuras (4), y se
cegare en todas sus luces propias y naturales, verá sobrenatural-
mente; y la que a alguna luz suya se quisiere arrimar, tanto más
cegará y se detendrá en el camino de la unión.
8. Y para que procedamos menos confusamente, paréceme

1 Así el C. de Ale. La e. p.: espiritual y sensualmente. A y B: Lo que espiritual-
mente gusta y siente.
2 Presto, Esta palabra se lee en Ale. y en la e. p,, pero ao en A y B.
3 Joan., IX, 39.
4 Las palabras que al alma, conviene saber, que estuviere a oscuras, que es como
las trae el C. de Ale,,'vienen en A y B: que, conviene saber al alma que estuviere a
oscuras. La e. p., suprimiendo la autoridad evangélica, enlaza así la frase anterior a
ella con ésta de que estamos hablando; ha de ver luz, de manera que el alma que es-
tuviere a oscuras.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. IV 79

será necesario dar a entender en el siguiente capitulo, qué cosa
sea ésta que llamamos unión del alma con Dios; porque, enten-
dido esto, se dará mucha luz en lo que de aquí adelante iremos
diciendo; y así, entiendo viene bien aquí el tratar de ella, como
en su propio lugar. Porque, aunque se corta el hilo de lo que
vamos tratando, no es fuera de proposito, pues en este lugar
sirve para dar luz en lo mismo que se va traíancfo (1), y así,
servirá el capítulo infrascrito como de paréntesis, puesto entre
Una misma entiinema (2), pues luego ñafiemos de venir a tra-
tar en particular de las tres potencias del alma, respecto de fas
tres virtudes teologales, acerca de esta segunda noche.

CAPITULO V

EN Q U E S E D E C L A R A Q U E COSA SEA UNION D E L A L M A CON D I O S . — P O -
N E UNA COMPARACION (3).

1, Por lo que atrás queda dicho, en alguna manera se da
a entender lo que aquí entendemos por unión del alma con
Dios, y por eso se entenderá aquí mejor lo que dijéremos
de ella. Y no es ahora mi intento tratar de las divisiones de

1 L o que sigue hasta el fin, falta en los manuscritos A y B.
2 Puesto eníre una misma entimema. Esta frase no la trae la e. p.
3 Con razón acaba de decirnos el Santo que este capítulo lo pone aquí como pa-
réntesis necesario para la mejor inteligencia de lo que ha de explanar en los capítulos
sucesivos respecto de la purificación activa de las tres potencias del alma; porque co-
nocido bien el fin a que tal purgación se ordena, se empleen los medios conducentes a
él con más lleno conocimiento. Comienza el Santo por hacer merced ai. lector de las
múltiples di visiones que dan los místicos de la unión con Dios, y se fija sólo en la más
conveniente al alma, que es la activa o adquirida con nuestras propias fuerzas y ayu-
da ordinaria de la gracia. Es, además, la que mejor encuadra en este tratado de inten-
sa acción del alma en orden a ía purgación de los sentidos y potencias como medio
necesario para la transformación amorosa en Dios, meta y término de estos escritos
del Santo. Para prevenir groseros errores panteísticos, advertimos con el autor de la
Médula Mística (trat. V , c. 1, n. 2), que entiende el Santo por unión "un enlace y
conjunción de dos cosas, las cuales cosas, aunque estén unidas, se han de conservar
diversas, y cada una ha de conservar su naturaleza, como enseña Santo Tomás,
(ill Parí,, q. 2, a. 1), porque si no, y a no fuera unión, sino identidad. Y así, unión del
alma con Dios, será un enlace y conjunción del alma con Dios y Dios con el alma,
pues no puede estar unido el uno al otro, si el otro no está unido con él, y de suerte
que el alma se quede alma, y Dios se quede Dios. Mas como cuando dos cosas se
Uüen' la que más fuerza, más virtud y actividad tiene, comunica a la otra sus propie-
80 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

ella, ni de sus partes (1), porque sería nunca acabar si ahora
me pusiese a declarar cuál sea la unión del entendimiento, y cuál
según la voluntad, y cuál también según la memoria, y cuál la
transeúnte, y cuál la permanente en las dichas potencias; y lue-
go cuál sea la total transeúnte y permanente según las dichas
potencias juntas. De eso a cada paso iremos tratando en el dis-
curso, ahora de l o uno, ahora de lo otro. Pues ahora no hace al
caso para dar a entender lo que aquí habemos de decir de ellas,
y muy mejor (2) se dará a entender en sus lugares, cuando,
yendo tratando de la misma materia, tengamos el ejemplo vivo
junto al entendimiento presente, y allí se notará y entenderá
cada cosa, y se juzgará mejor de ella.
2. M o r a sólo trato de esta unión total y permanente se-

dades; de aquí es que, como Dios es de mayor fortaleza, virtud y actividad que el
alma, comunica al alma las propiedades de Dios, y la hace como deífica, y la deja
como divinizada, más o menos, conforme fuere más o menos la unión entre los dos."
Este concepto, que es básico en la mística cristiana, es el de S, Juan de la Cruz. De
haberlo entendido así muchos escritores que de él han hablado, habrían evitado en
sus obras numerosos dislates, ya asemejándole a los gnósticos y alumbrados, ya a
los contempladores indostánicos, aspirantes al estúpido nirvana. E l insigne Doctor de
la Iglesia no tiene más que aplicar a la unión del alma con Dios, en forma condensada
y vigorosa, las enseñanzas de la Teología católica, admirablemente concordes con las
másfirmesexperiencias de la psicología del amor, que es uno de los grandes méritos del
Santo, como, en general, de la mística española. Prescindiendo de la unión natural
por esencia, presencia y potencia, que no hace al caso, y presupuesta la unión con
Dios por medio de la gracia santificante, que se recibe en la substancia del alma, y es
raíz de las virtudes infusas como la fe, esperanza y caridad y de los dones del Espíritu
Santo, la cual unión habitual es compatible con pecados veniales e imperfecciones
y defectos, habla en este capítulo de la unión actual activa, que nosotros podemos y
debemos procurar, queriendo lo que Dios quiere, y aborreciendo lo que Dios aborrece.
Por no decir la única, diremos que es la que más interesa al alma. Ella procurada y
lograda, fácilmente concede Dios Nuestro Señor todas sus riquezas místicas. Por eso
la encarece tanto Santa Teresa en las Moradas Quintas, capítulo III, por estas pala-
bras: "La verdadera unión se puede muy bien alcanzar, con el favor de Nuestro Señor,
si nosotros nos esforzamos a procurarla, con no tener voluntad sino atada con lo
que fuere voluntad de Dios. ¡Oh, qué de ellos habrá que digamos esto, y nos parezca
que no queremos otra cosa, y moriríamos por esta verdad, como creo ya he dicho!
Pues yo os digo, y lo diré muchas veces, que cuando lo fuere, que habéis alcanzado
esta merced del Señor, y ninguna cosa se os dé de estotra unión regalada [habla de la
fruitiva] que queda dicha." Creo que esta unión es la verdadera clave de bóveda del
edificio perfecto en cuanto pende de la disposición humana. ¡Y que doctrina tan sana
propenda en su corriente a invadir el campo de los alumbrados!
1 N i de sus partes. Así en Ale, A y B.
2 La e. p. resume asi estas frases: "Y no es ahora nuestro intento declarar en par-
ticular cuál sea la unión del entendimiento y qué sea la de la voluntad, y cuál tam-
bién la de la memoria, y cual la transeúnte y cuál la permanente en las dichas poten-
cias, que de eso iremos tratando adelante, y muy mejor," etc.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. V 81

gún la sustancia del alma y sus potencias en cuanto al hábito
oscuro de unión; porque en cuanto al acto, después diremos, con
el favor divino, cómo no puede' haber unión permanente en las
potencias en esta vida, sino transeúnte.
3. Para entender, pues, cuál sea esta unión de que vamos
tratando, es de saber, que Dios, en cualquiera alma, aunque sea
la del mayor pecador del mundo, mora y asiste sustancial-
mente. Y esta manera de unión (1) siempre está hecha entre
Dios y las criaturas todas, en la cual les está conservando el
ser que tienen; de manera que si de ellas de esta manera
faltase, luego se aniquilarían y dejarían de ser. Y así, cuando
hablamos de unión del alma con Dios, no hablamos de esta
sustancial que siempre está hecha (2); sino de la unión y
transformación del alma con Dios (3), que no está siempre hecha,
sino sólo cuando viene a haber semejanza de amor; y, por tan-
to, ésta se llamará unión de semejanza, así como aquélla unión
esencial o sustancial. Aquélla natural; ésta sobrenatural. La cual
es cuando las dos voluntades, conviene a saber, la del alma y
la de Dios, están en uno conformes, no habiendo en la una
cosa que repugne a la otra. Y asi, cuando el alma quitare de sí
totalmente lo que repugna y no conforma con la voluntad divi-
na, quedará transformada en Dios por amor.
4. Esto se entiende no sólo lo que repugna según el acto,
sino también según el hábito, de manera que no sólo los actos
voluntarios de imperfección le han de faltar, mas los hábitos de
esas cualesquier imperfecciones ha de aniquilar (4). Y por cuan-
to toda cualquier criatura y todas las acciones y habilidades de
ella no cuadran ni llegan a lo que es Dios, por eso se ha de des-
nudar el alma de toda criatura y acciones y habilidades suyas,
conviene a saber: de su entender, gustar y sentir, para que echa-

1 En la e. p. se añadió: o presencia (que la podemos llamar de orden natural.)
2 Así los códices. La c. p. cambia en esta manera la frase: no hablamos de esta
presencia de Dios que siempre hay en todas las criaturas.
3 Por amor, añade la e. p.
4 La e. p. abrevia: no sólo los actos voluntarios de imperfección le han de fal-
tar, mas también los hábitos.
82 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

do todo lo que es disímil g disconforme a Dios, venga a recibir
semejanza de Dios; no quedando en ella cosa que no sea vofun-
tad de Dios, g así se transforma en Dios. De donde aunque es
verdad que, como habernos dicho, está Dios siempre en el alma
dándole y conservándole el ser natural de ella con su asisten-
cia (1), no, empero, siempre la comunica el ser sobrenatural
Porque éste no se comunica sino por amor g gracia, en la cual
no todas las almas están; g las que están, no en igual grado;
porque unas están en más, otras en menos grados de amor. De
donde a aquella alma se comunica Dios más, que está más aven-
tajada en amor; lo cual es tener más conforme su voluntad
con la de Dios. Y la que totalmente la tiene coriforrae g seme-
jante, totalmente está unida g transformada en Dios sóbrcnatu-
ralmcnte. Por lo cual, según ga queda dado a entender, cuanto una
alma más vestida está de criaturas g habilidades de ella, según el
afecto g el hábito, tanto menos disposición tiene para la tal
unión; porque no da total lugar a Dios para que la transforme
en lo sobrenatural. De manera que el alma no ha menester más
que desnudarse de estas contrariedades g disimilitudines natura-
les, para que Dios, que se le está comunicando naturalmente por
naturaleza, se le comunique sobrenaturalmente por gracia (2).
5. Y esto es lo que quiso dar a entender San Juan, cuando
dijo: Qu¿ non ex sanguinibus, ñeque ex volúntate carnis, ñeque
ex volúntate viri, sed ex Dea nati sunt (3). Como si dijera:
Dió poder para que puedan ser hijos de Dios, esto es, se pue-
dan transformar en Dios, solamente aquellos que no de las
sangres, esto es, que no de las complexiones g composiciones
naturales, son nacidos, ni tampoco de la voluntad de la carne,
esto es, del albedrío de la habilidad g capacidad natural, ni me-
nos de la voluntad del varón; en lo cual se incluge todo modo

1 E . p.: presencia.
2 La e. p. dice: "De manera que el alma ha menester desnudarse de estas contra-
riedades y desemejanzas naturales para que Dios, que asiste naturalmente en ella por
esencia, se le comunique sobrenaturalmente por gracia en transformación de unión"
(suprime luego las diecinueve líneas que siguen, y continúa), "que el estado de la per-
fección y renacer en el Espíritu Santo", etc.
3 Joan.. I, 13.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. V 83

y manera de arbitrar y comprender con el entendimiento. No dió
poder a ningunos de éstos para poder ser hijos de Dios, sino a
los que son nacidos de Dios; esto es, a los que, renaciendo
por gracia, muriendo primero a todo lo que es hombre viejo, se
levantan sobre sí a lo sobrenatural, recibiendo de Dios la tal
renacencia y filiación, que es sobre todo lo que se puede pensar.
Porque como el mismo San Juan dice en otra parte: Ntsi quis
renatus fuerit ex agua, et Spirita Sando, non potest videre
regmm Dei (1). Quiere decir: el que no renaciere en el Espí-
ritu Santo, no podrá ver este reino de Dios, que es el estado de
perfección; y renacer en el Espíritu Santo en esta vida (2), es
tener una alma simílima a Dios en pureza, sin tener en si al-
guna mezcla de imperfección, y así, se puede hacer pura trans-
formación por participación de unión, aunque no esencialmente.
6. Y para que se entienda mejor lo uno y lo otro, ponga-
mos una comparación. Está el rayo del sol dando en una vi-
driera. Si la vidriera tiene algunos velos de manchas o nieblas,
no la podrá esclarecer y transformar en su luz totalmente como
si estuviera limpia de todas aquellas manchas, y sencilla; antes
tanto menos la esclarecerá, cuanto ella estuviere menos desnuda de
aquellos velos y manchas; y tanto más, cuanto más limpia estuvie-
re (3), y no quedará por el rayo, sino por ella; tanto, que si ella
estuviere limpia y pura del todo, de tal manera la transformará
y esclarecerá el rayo, que parecerá el mismo rayo y dará la mis-
ma luz que el rayo; aunque, a la verdad, la vidriera, aunque se pa-
rece al mismo rayo, tiene su naturaleza distinta del mismo rayo;
mas podemos decir que aquella vidriera es rayo o luz por par-
ticipación. Y así, el alma es como esta vidriera, en la cual siem-
pre está embistiendo o, por mejor decir, en ella está morando
esta divina luz del ser de Dios por naturaleza, que habernos
dicho.

1 Joan., III, 5. .
2 A y B.: perfectamente en esta vida.
3 En la e. p. faltan las palabras: tanto más, cuanto más limpia estaviere.
84 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

7. En dando lugar el alma (que es quitar de sí todo velo
y mancha de criatura, lo cual consiste en tener la voluntad per-
fectamente unida con la de Dios; porque el amar es obrar en
despojarse y desnudarse por Dios de todo lo que no es Dios),
luego queda esclarecida y transformada en Dios, y le comu-
nica Dios su ser sobrenatural de tal manera, que parece el mismo
Dios, y tiene lo que tiene el mismo Dios. Y se hace tal unión
cuando Dios hace al alma esta sobrenatural (1) merced, que
todas las cosas de Dios y el alma son unas en transformación
participante; y el alma más parece Dios que alma, y aun es Dios
por participación; aunque es verdad que su ser naturalmente tan
distinto se le tiene del de Dios como antes, aunque está transfor-
mada; como también la vidriera le tiene distinto del rayo, estan-
do de él clarificada.
8. De aquí queda ahora más claro, que la disposición para
esta unión, como decíamos, no es el entender del alma, ni gus-
tar, ni sentir, ni imaginar de Dios, ni de otra cualquier cosa; si-
no la pureza y amor, que es desnudez y resignación perfecta de
lo uno y de lo otro sólo por Dios (2); y cómo no puede haber
perfecta transformación, si no hay perfecta pureza; y cómo según
la proporción de la pureza será la ilustración, iluminación y
unión del alma con Dios, en más o en menos; aunque no será
perfecta, como digo, si del todo no está perfecta y clara y limpia.
9. Lo cual también se entenderá por esta comparación. Está
una imagen muy perfecta con muchos y muy subidos primores
y delicados y sutiles esmaltes, y algunos tan primos y tan su-
tiles (3) que no se pueden bien acabar de determinar por su
delicadez y excelencia. R esta imagen, el que tuviere menos cla-
ra y purificada vista, menos primores y delicadez echará de
ver en la imagen; y el que la tuviere algo más pura, echará de
ver más primores y perfecciones en ella; y si otro la tuviere
aún más pura, verá aún más perfección; y, finalmente, el que más

1 Ale. y D.: sobrenatural. A , B, G y e. p.: soberana,
2 La e. p. modifica: que la disposición para esta unión es la pureza y amor, que
es resignación perfecta y desnudez total, sólo por Dios.
3 Y tan sutiles. Así leen Ale, A y B. La e. p. no lo trae.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. V 85

clara y limpia potencia tuviere, irá viendo más primores y perfec-
ciones (1); porque en la imagen hay tanto que ver, que por
mucho que se alcance, queda para poderse mucho más alcan-
zar de ella. ;
10. De la misma manera podemos decir que se han las
almas con Dios en esta ilustración o transformación. Porque aun-
que es verdad que un alma, según su poca o mucha capacidad,
vuede haber llegado a unión, pero no en igual grado todas, por-
que esto es como el Señor quiere dar a cada una. Es a modo
de como le ven en el cielo, que unos ven más (2), otros menos;
pero todos ven a Dios y todos están contentos (3), porque
tienen satisfecha su capacidad (4).
11. De donde aunque acá en esta vida hallemos algunas
almas con igual paz y sosiego en estado de perfección, y cada
una esté satisfecha, con todo eso podrá la una de ellas estar
muchos grados más levantada que la otra, y estar igualmente sa-
tisfechas, por cuanto tienen satisfecha su capacidad (5). Pero la
que no llega a pureza competente a su capacidad (6), nunca lle-
ga a la verdadera paz y satisfacción; pues no ha llegado a
tener la desnudez y vacío en sus potencias, cual se requiere
para la sencilla unión (7).

1 La c. p.: "y el que la tuviere más pura, echará de ver más primores; y si otro
la tuviere aún más pura, echará de ver aún más perfección; y,finalmente,el que más
clara y limpia potencia tuviere, echará de ver más primores y perfecciones."
2 Más perfectamente, añade la e. p.
3 Y satisfechos, añade la e. p.
4 Según el mayor o menor merecimiento, concluye la e. p.
5 La frase de los códices por cnanto tienen satisfecha su capacidad, la modifica
así la c. p.: cada ana según so. disposición y el conocimiento que de Dios tiene,
6 Competente a su capacidad. Así Ale, A y B. La e. p,: como parece que piden
las ilustraciones y vocaciones de Dios.
7 A y B.: unión de Dios.
86 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

CAPITULO VI

EN QUE SE TRATA COMO LAS TRES VIRTUDES TEOLOGALES SON LAS
QUE HAN DE PONER EN PERFECCION LAS TRES POTENCIAS DEL
ALMA, Y COMO E N E L L A S HACEN VACIO Y TINIEBLA LAS DICHAS
VIRTUDES (1).

L Habiendo, pues, de tratar de inducir las tres potencias
del alma, entendimiento, memoria y voluntad, en esta noche es-
piritual, que es el medio de la divina unión, necesario es primero
dar a entender en este capítulo, cómo las tres virtudes teologales,
fe, esperanza y caridad, que tienen respecto a las dichas tres
potencias como propios objetos sobrenaturales, y mediante las
cuales el alma (2) se une con Dios según sus potencias, hacen
el mismo vacío y oscuridad cada una en su potencia. La fe en
el entendimiento, la esperanza en la memoria, y la caridad en
la voluntad. Y después iremos tratando cómo se ha de perfec-
cionar el entendimiento en la tiniebla de la fe, y cómo la memoria
en el vacío de la esperanza, y cómo también se ha de ente-
rrar (3) la voluntad en la carencia y desnudez de todo afecto para
ir a Dios. Lo cual hecho, se verá claro cuánta necesidad tiene el
alma, para ir segura en este camino espiritual, de ir por esta no-
che oscura arrimada a estas tres virtudes, que la vacían de
todas las cosas y oscurecen en ellas. Porque, como habemos di-
cho, el alma no se une con Dios en esta vida por el entender, ni
por el gozar, ni por el imaginar, ni por otro cualquier sentido; si-
no sólo por fe, según el entendimiento, y por esperanza, según
la memoria, y por amor, según la voluntad (4).

1 La e. p. añade: Decláranse al propósito dos autoridades, una de S. Lucas g
otra de Isaías.
2 La e. p. abrevia: fe, esperanza y caridad, mediante las cuales el alma.
3 Enterrar trasladan el de Ale. y B. E l de Alba y la e. p.: entrar.
4 La e. p. cambia así el texto de los códices: "Por la esperanza, que se puede
atribuir a la memoria (aunque ella esté en la voluntad), cuanto al vacío y olvido que
causa de cualquiera otra cosa caduca y temporal, guardándose toda el alma para el
sumo bien que espera, y por amor según la voluntad." Véase lo que dijimos en los
oreliminares acerca de esta división de las potencias del alma.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. VI 87

2. Las cuales tres virtudes todas hacen, como habernos di-
cho, vacío en las potencias: la fe en el entendimiento, vacío y
oscuridad de entender; la esperanza hace en la memoria vacío de
toda posesión, y la caridad vacío en la voluntad y desnudez
de todo afecto y gozo de todo lo que no es Dios. Porque la fe
ya vemos que nos dice lo que no se puede entender con el en-
tendimiento (1). Por lo cual San Pablo dice de ella a á Hebmeos
de esta manera: Fides est sperandamm substantia remm, argu-
mentum non apparentium (2). Que a nuestro propósito quiere de-
cir, que la fe es sustancia de las cosas que se esperan; y aunque
el entendimiento con firmeza y certeza consienta en ellas, no son
cosas que al entendimiento se le descubren; porque si se le des-
cubriesen, no sería fe. La cual, aunque le hace cierto al enten-
dimiento, no le hace claro, sino oscuro!'
3. Pues de la esperanza no hay duda sino que también
pone a la memoria en vacío y tiniebla de lo de acá y de lo
de allá. Porque la esperanza siempre es de lo que no se posee;
porque si se poseyese, ya no sería esperanza. De donde San Pa-
blo dice ad Romanos: Spes, qme videtur, non est spes: nam
qtwd videt quis, quid sperat? Es a saber: la esperanza que se
ve, no es esperanza; porque lo que uno ve, esto es, lo que po-
see (3), ¿cómo lo espera? Luego también hace vacío esta vir-
tud, pues es de lo que no se tiene, y no de lo que se tiene.
4. La caridad, ni más ni menos, hace vacío en la voluntad
de todas las cosas, pues nos obliga a amar a Dios sobre todas
ellas; lo cual no puede ser sino apartando el afecto de todas ellas,
para ponerle entero en Dios. De donde dice Cristo (4) por San
Lucas: Qui non renunüat ómnibus qme possidet, non potest meas
es se discipultis (5). Que quiere decir: E l que no renuncia to-
das las cosas que posee con la voluntad, no puede ser mi discí-

1 La e. p. añade: según su razón g luz natural.
2 Hebr., XI, 1.
3 Rom. VIII, 24. Ale. y e. p.: porque lo que uno ve, esto es lo posee, etc. A y B:
porque si lo que uno ve, lo posee, etc.
4 A y B: Crisío Nuestro Señor. Ale. y e. p.: Cristo, solamente. Este caso se re-
pite algunas veces.
5 Luc, XIV, 33,
88 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

pulo. Y así, todas estas tres virtudes ponen al alma en oscuri-
dad y vacío de todas las cosas.
5. Y aquí debemos notar aquella parábola que nuestro Re-
dentor dijo por San Lucas a los once capítulos en que di-
jo: Que el amigo había de ir a la media noche a pedir
los tres panes a su amigo (1); los cuales panes signifi-
can estas tres virtudes. Y dijo que a la media noche los
pedía para dar a entender que el alma a oscuras de todas
las cosas, según sus potencias ha de adquirir (2) estas tres
virtudes y en esa noche se ha de perfeccionar en ellas. En
el capítulo sexto de Isaías leemos, que los dos serafines que
este Profeta vió a los lados de Dios, cada uno con seis alas, que
con las dos cubrían sus pies, que significaba cegar y apagar los
afectos de la voluntad acerca de todas las cosas para con Dios;
y con las dos cubrían su rostro, que significaba la tiniebla del
entendimiento delante de Dios, y que con las otras dos volaban.
Para dar a entender el vuelo de la esperanza a las cosas que
no se poseen, levantada sobre todo lo que se puede poseer de
acá y de allá, fuera Dios.
6. A estas tres virtudes, pues, habemos de inducir las tres
potencias del alma, informando a cada cual en cada una de ellas,
desnudándola g poniéndola (3) a oscuras de todo lo que no
fueren estas tres virtudes. Y ésta es la noche espiritual que arri-
ba llamamos activa; porque el alma hace lo que es de su parte
para entrar en ella. Y así como en la noche sensitiva dimos
modo de vaciar las potencias sensitivas de sus objetos sensibles
según el apetito, para que el alma saliese de su término al me-
dio, que es la fe; así, en esta noche espiritual daremos, con
el favor de Dios, modo cómo las potencias espirituales se vacíen
y purifiquen de todo lo que no es Dios, y se queden puestas
en la oscuridad de estas tres virtudes, que son el medio, como
habernos dicho, g disposición para la unión del alma con Dios.

1 Luc, XI, 5, E. p. suprime las palabras a su amigo.
2 E. p.: ha de disponerse para la perfección de estas tres virtudes.
3 E . p.: "Informando al entendimiento con la fe, desnudando la memoria de toda
posesión e informando a la voluntad con la caridad, desnudándolas y poniéndolas,"
etcétera.
UBRO SEGUNDO.—CAP. VI 89

7. En la cual manera se halla toda seguridad contra las as-
tucias del demonio g contra la eficacia (1) del amor propio y sus
ramas, que es lo que sutilisimamente suele engañar e impedir el
camino a los espirituales, por no saber ellos desnudarse, gober-
nándose según estas tres virtudes; y así, nunca acaban de dar
en la sustancia y pureza del bien espiritual, ni van por tan de-
recho camino y breve como podrían ir.
8. Y hase de tener advertencia, que ahora especialmente voy
hablando con los que han comenzado a entrar en estado de con-
templación, porque con los principiantes algo más anchamente
se ha de tratar esto (2) como notaremos en el libro segundo,
Dios mediante, cuando tratemos de las propiedades de ellos.

CAPITULO VII

EN EL CüñL SE TRATA CUAN ANGOSTA ES LA SENDA QUE GUIA A L A
VIDA ETERNA (2), Y CUAN DESNUDOS Y DESEMBARAZADOS CONVIE-
NE QUE ESTEN LOS QUE HAN D E CAMINAR POR ELLA.—COMÍENZñ
ñ HABLAR D E L A DESNUDEZ D E L ENTENDIMIENTO.

1. Para haber ahora de tratar de la desnudez y pureza de
las tres potencias del alma, era necesario otro mayor saber y
espíritu que el mío, con que pudiese bien dar a entender a los
espirituales cuán angosto sea este camino que dijo Nuestro Sal-
vador que guía a la vida; para que persuadidos en esto, no se
maravillen "del vacío y desnudez en que en esta noche habernos
de dejar las potencias del alma.
2. Para lo cual se deben notar con advertencia las palabras
que por S. Mateo, en el capítulo VII, Nuestro Salvador dijo de este
camino (4), diciendo así: Qmm angusta porta, et arda vía est,

1 La e. p. lee astucia.
2 Aquí termina el capítulo en A y B. Lo que sigue es del Códice de Alcaudetc.
La e. p., suprimiendo la cita que sigue, que no es exacta, continúa: como ditemos
cuando írafáremos de las propiedades de ellos.
3 Esta palabra no se lee en e. p.
4 La e. p. añade: las cuales ahora declararemos de esta noche oscura y levan-
tado camino de perfección.
90 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

quae ducit ad vitam, et pauci sunt, qai inveniunt eam (1). Quiere
decir: ¡Cuan angosta es la puerta y estrecho el camino que guía
a la vida, y pocos son los que le hallan! En la cual autoridad
debemos mucho notar aquella exageración y encarecimiento que
contiene en si aquella partícula Qaam. Porque es como si dijera:
De verdad es mucho (2) angosta, más que pensáis. Y también es
de notar, que primero dice que es angosta la puerta, para dar
a entender que para entrar el alma por esta puerta de Cristo, que
es el principio del camino, primero se ha de angostar y desnu-
dar la voluntad en todas las cosas sensuales y temporales, aman-
do a Dios sobre todas ellas; lo cual pertenece a la noche del
sentido, que habemos dicho.
3. Y luego dice, que es estrecho el camino, conviene a
saber, de la perfección, para dar a entender que para ir por el
camino de perfección, no sólo ha de entrar por (3) la puer-
ta angosta, vaciándose de lo sensitivo, más también se ha de es-
trechar, desapropiándose y desembarazándose puramente en lo
que es de parte del espíritu. Y así, lo que dice de la puerta an-
gosta, podemos referir a la parte sensitiva del hombre; y lo
que dice del camino estrecho, podemos entender de la espiritual
o racional; y en lo que dice que pocos son los que le hallan,
se debe notar la causa, que es porque pocos hay que sepan
y quieran entrar en esta suma desnudez y vacío de espíritu. Por-
que esta senda del alto monte de perfección, como quiera que
ella vaya hacia arriba y sea angosta, tales viadores requiere, que
ni lleven carga que les haga peso cuanto a lo inferior, ni cosa
que les haga embarazo cuanto a lo superior: que pues es trato
en que solo Dios se busca y se granjea, solo Dios es el que
se ha de buscar y granjear.
4. De donde se ve claro, que no sólo de todo lo que es de
parte de las criaturas ha de ir el alma desembarazada, mas tam-
bién de todo lo que es de parte de su espíritu ha de caminar des-

1 Matth., VII, 14.
2 Ale. y e. p.: mucho. A y B: muy.
3 E l C. de Alba añade aquí; por el camino de la perfección, que es, la puerta
angosta, palabras que no se leen en ningún otro códice ni en la e. p.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. VII 91

apropiada g aniquilada. De donde instruyéndonos e induciéndonos
Nuestro Señor en este camino, dijo por San Marcos, capitulo
VIH (1) aquella tan admirable doctrina, no sé si diga tanto
menos ejercitada de los espirituales cuanto les es más necesa-
ria (2); la cual, por serlo tanto y tan a nuestro propósito, la re-
feriré aquí toda, y declararé según el germano y espiritual sen-
tido de ella. Dice, pues, así: Si qttis vult me sequi, deneget se-
metipsum: et tollat crucem stiam, et sequatur me. Qut enim volue-
rlt animam suam salvam faceré, perdet eam: qui aaiem perdiderii
animam suam propter me... salvam faciet eam (3). Quiere decir:
Si alguno quiere seguir mi camino, niegúese a sí mismo y tome
su cruz y sígame. Porque el que quisiere salvar su alma, per-
derla ha; pero el que por mí la perdiere, ganarla ha.
5 ¡Oh, quién pudiera aquí ahora dar a entender y ejer-
citar y gustar qué cosa sea este consejo (4) que nos da aquí
Nuestro Salvador de negarnos a nosotros mismos, para que vie-
ran los espirituales cuán diferente es el modo que en este ca-
mino deben (5) llevar, del que muchos de ellos piensan! Que
entienden que basta cualquier manera de retiramiento y re-
formación en las cosas; y otros se contentan con, en alguna ma-
nera, ejercitarse en las virtudes, y continuar la oración, y se-
guir la mortificación; mas no llegan a la desnudez y pobre-
za, o enagenación o pureza espiritual (que todo es uno) que aquí
nos aconseja el Señor; porque todavía antes andan a cebar y ves-
tir su naturaleza de consolaciones y sentimientos espirituales (6).
que a desnudarla y negarla en eso y esótro por Dios. Que
piensan que basta negarla en lo del mundo, y no aniquilarla
y purificarla en la propiedad espiritual. De donde les nace que en
ofreciéndoseles algo de esto sólido y perfecto (7), que es la
aniquilación de toda suavidad en Dios, en sequedad, en sinsabor,

1 Así el C. de Ale. y la c. p.—A y B varían un poco la redacción de esta linca.
2 Lo que sigue hasta el texto latino de la Sagrada Escritura, falta en A y B.
3 Marc. Vil!, 34-35.
4 La e. p. dice: y gastar lo que está encerrado en esta tan alta doctrina.
5 Les conviene trasladan A, B y e. p.
6 Sentimientos espirituales. Estas palabras de los Mss. se suprimen en la c. p.
7 Perfecto. También suprime esta palabra la e. p.
92 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

en trabajo, lo cual es la cruz pura espiritual, y desnudez de espíri-
tu pobre de Cristo, huyen de ello como de la muerte, y sólo an-
dan a buscar dulzuras y comunicaciones sabrosas en Dios; y esto
no es la negación de si mismo, y desnudez de espíritu, sino go-
losina de espíritu. En lo cual, espiritualmente, se hacen enemigos
de la cruz de Cristo; porque el verdadero espíritu antes busca lo
desabrido en Dios, que lo sabroso, y más se inclina al padecer
que al consuelo, y más a carecer de todo bien por Dios que a
poseerle, y a las sequedades y aflicciones, que a las dulces co-
municaciones, sabiendo que esto es seguir a Cristo y negarse
a sí mismo, y esotro, por ventura, buscarse a si mismo en Dios,
lo cual es harto contrario al amor (1). Porque buscarse a sí
en Dios, es buscar los regalos y recreaciones de Dios; mas buscar
a Dios en sí, es no sólo querer carecer de esq y de esótro por
Dios, sino inclinarse a escoger por Cristo todo lo más desabrido,
ahora de Dios, ahora del mundo, y esto es amor de Dios.
6. ¡Oh, quién pudiese dar a entender hasta dónde quiere
Nuestro Señor que llegue esta negación! Ella, cierto, ha de ser
como una muerte y aniquilación temporal, y natural y espiritual
en todo, en la estimación de la voluntad, en la cual se halla
toda negación (2). Y esto es lo que aquí quiso decir Nuestro
Salvador cuando dice: el que quisiere salvar su alma, ése la
perderá. Es a saber: el que quisiere poseer algo o buscarlo para
sí, ese la perderá; y el que perdiere su alma por mi, ese la ga-
nará. Es a saber: el que renunciare por Cristo todo lo que puede
apetecer su voluntad y gustar, escogiendo lo que más se parece
a la Cruz (lo cual el mismo Señor por San Juan lo llama abo-
rrecer su alma), ese la ganará (3). Y esto enseñó Su Majestad a
aquellos dos discípulos que le iban a pedir diestra y siniestra,
cuando, no dándoles ninguna salida a la demanda de la tal glo-
ria, les ofreció el cáliz que él había de beber, como cosa más
preciosa y más segura en esta tierra que el gozar (4).

1 Faltan en A y B las palabras es harto contrario al amor.
2 Ale, A, B, C, D: negación. E : p.: ganancia. La ganancia es más bien una se-
cuela de la total negación de que viene hablando.
3 Joan.. XII. 25.
4 Matth., X X , 22.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. Vil 93

7. Este cáliz es morir a su naturaleza, desnudándola g ani-
quilándola, para que pueda caminar por esta angosta senda en
todo lo que le puede pertenecer según el sentido, como habemos
dicho, g según el alma (1), como ahora diremos; que es en
su entender, y en su gozar g en su sentir. De manera que no sólo
quede desapropiada en lo uno g en lo otro, mas que con esto
segundo espiritual no quede embarazada para el angosto ca-
mino, pues en él no cabe más que la negación (como da a en-
tender el Salvador) g la cruz, que es el báculo para arribar (2) por
él, con el cual grandemente la aligera g facilita. De donde Nues-
tro Señor por San Mateo dijo: M i gugo es suave g mi carga
ligera, la cual es la cruz (3). Porque si el hombre se de-
termina a sujetarse a llevar esta cruz, que es un determinarse de
veras a querer Tiallar g llevar trabajo en todas las cosas por Dios,
en todas ellas hallará grande alivio g suavidad para andar (4)
este camino así desnudo de todo sin querer nada. Empero si pre-
tende tener algo, ahora de Dios, ahora de otra cosa, con pro-
piedad alguna, no va desnudo ni negado en todo; g así, ni ca-
brá ni podrá subir por esta senda angosta hacia arriba (5).
8. Y así, querría go persuadir a los espirituales, cómo
•ste camino de Dios no consiste en multiplicidad de consideracio-
nes, ni modos, ni maneras, ni gustos, aunque esto, en su manera,
sea necesario a los principiantes; sino en una cosa sola necesaria,
que es saberse negar de veras, según lo exterior e interior, dán-
dose al padecer por Cristo, g aniquilarse en todo. Porque ejer-
citándose en esto, todo esotro g más que ello se obra g se halla
en ello. Y si en este ejercicio hag falta, que es el total g la
raíz de las virtudes, todas esotras maneras es andar por las ramas
y no aprovechar, aunque tengan tan altas consideraciones g comu-
nicaciones como los ángeles (6). Porque el aprovechar no se

1 Ale, A y B: alma. La e. p.: espíritu.
2 Arribar por él trasladan A, B y Ale. La e. p. lo modifica así: estribar en él.
3 Matth.. XI, 30.
4 Por equivocación traslada el C. de Ale. hallar.
5 La e. p. suprime por redundantes las palabras hacia arriba, que se leen en
A, B y Ale.
6 La e. p. omite las palabras como los ángeles, que traen los Códices.
94 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

halla sino imitando a Cristo, que es el camino y la verdad y la
vida, g ninguno viene al Padre sino por él, según E l mismo
dice por San Juan. Y en otra parte dice: Yo soy la puerta; por
mí si alguno entrare, salvarse ha (1). De donde todo espíritu que
quiere ir por dulzuras y facilidad y huye de Imitar a Cristo,
no le tendría por bueno,
9. Y porque he dicho que Cristo es el camino, y que este
camino es morir a nuestra naturaleza en sensitivo y espiritual,
quiero dar a entender cómo sea esto a ejemplo de Cristo; porque
él es nuestro ejemplo y luz.
10. Cuanto a lo primero, cierto está que él murió, a lo
sensitivo (2), espiritualmente en su vida, y naturalmente en su
muerte. Porque, como él dijo, en la vida no tuvo donde reclinar
su cabeza y en la muerte lo tuvo menos.
11. Cuanto a lo segundo, cierto está que al punto de la
muerte quedó también aniquilado (3) en el alma sin consuelo y
alivio alguno, dejándole el Padre así en intima sequedad (4), se-
gún la parte inferior (5). Por lo cual fué necesitado a clamar
diciendo: ¡Dios mío,Dios mío!, ¿por qué me has desampara-
do? (6). Lo cual fué el mayor desamparo sensitivamente que había
tenido en su vida. Y así, en él (7) hizo la mayor obra que en to-
da su vida con milagros y obras había hecho, ni en la tierra ni en
el cielo (8), que fué reconciliar y unir al género humano por gra-
cia con Dios. Y esto fué, como digo, al tiempo y punto que este
Señor estuvo más aniquilado en todo; conviene a saber: acerca
de la reputación de los hombres; porque como le veían mo-
rir (9), antes hacían burla de él que le estimaban en algo;

1 Joan, XIV. 6, y X. 9.
2 E . p.: cuanto a lo sensitivo.
3 E . p.: quedó también desamparado y como aniquilado.
4 Añade la e. p.: dejándole el Padre sin consuelo, en íntima sequedad.
5 Según la parte inferior. Estas palabras no se leen en e. p.
6 Matth., XXVII. 46.
7 La e. p. omite la línea anterior y en lugar de en él pone entonces.
8 La c. p. suprime las palabras ni en la tierra ni en el cielo.
9 La e. p. añade: en un madero.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. VII 96

g acerca de la naturaleza, pues en ella se aniquilaba muriendo;
g acerca del amparo g consuelo espiritual (1) del Padre, pues en
aquel tiempo le desamparó, porque puramente pagase la deuda y
uniese al hombre con Dios, quedando así aniquilado g resuel-
to (2) así como en nada. De donde David dice de él: A d nihilum
redactas surtí, et nescivi (3). Para que entienda el buen espiritual el
misterio de la puerta y del camino de Cristo para unirse con Dios,
g sepa que cuanto más se aniquilare por Dios, según estas dos
partes sensitiva g espiritual, tanto más se une a Dios g tanto
mayor obra hace. Y cuando viniere a quedar resuelto en nada,
que será la suma humildad, qüedará hecha la unión espiri-
tual (4) entre el alma g Dios, que es el magor g más alto estado
a que en esta vida se puede llegar. No consiste, pues, en recrea-
ciones, g gustos, y sentimientos espirituales; sino en una viva
muerte de cruz sensitiva y espiritual, esto es, interior g exterior.
12. No me quiero alargar más en esto, aunque no quisiera
acabar de hablar en ello, porque veo es muy poco conocido Cris-
to (5) de los que se tienen por sus amigos; pues los vemos an-
dar buscando en él sus gustos y consolaciones, amándose mucho
a sí (6), mas no sus amarguras g muertes, amándole mucho a
é l De éstos hablo, que se tienen por sus amigos; que esótros que
viven allá a lo lejos, apartados de él, grandes letrados y po-
tentes, g otros cualesquiera que viven allá con el mundo en eí
cuidado de sus pretensiones g magorías, que podemos decir que no
conocen a Cristo, cugo fin por bueno que sea harto amargo
será, no hace de ellos mención esta letra; pero hacerla ha en
el día del juicio, porque a ellos les convenía primero hablar esta
palabra de Dios, como a gente que Dios puso por blanco de
ella según las letras g más alto estado.
13. Pero hablemos ahora con el entendimiento del espiré

1 Espiritual. La e. p. suprime esta palabra que traen los manuscritos.
2 E . p.: y como resuelto,
3 Ps.LXXII, 22.
4 Como en el caso de la nota primera, la e. p. suprime la palabra espiritual.
5 La e. p. cambia la palabra Cristo de los Mss. por la de Jesucristo.
6 A sí mismos, añade la e. p.
96 SUBIDñ D E L MONTE CARMELO

tual, y particularmente de aquel a quien Dios ha hecho merced
de poner en el estado de contemplación (porque, como he dicho,
ahora voy particularmente con éstos hablando) (1), y digamos
cómo se ha de enderezar a Dios en fe y purgarse de las cosas
contrarias, angostándose (2) para entrar por esta senda angosta
de oscura contemplación.

CAPITULO VIII

QUE TRATA EN GENERAL COMO NINGUNA CRIATURA NI ALGUNA NOTI-
CIA QUE PUEDE CAER E N E L ENTENDIMIENTO, L E PUEDE SERVIR
DE PROXIMO MEDIO PARA L A DIVINA UNION CON DIOS,

1. Antes que tratemos del propio y acomodado medio para
la unión de Dios, que es la fe, conviene que probemos cómo
ninguna cosa criada, ni pensada, puede servir al entendimiento
de propio medio para unirse con Dios; y cómo todo lo que el
entendimiento puede alcanzar, antes le sirve de impedimento que
de medio, si a ello se quisiese asir. Y ahora, en este capítulo, pro-
baremos esto en general, y después iremos hablando en particular,
descendiendo por todas las noticias que el entendimiento puede re-
cibir de parte de cualquier sentido interior y exterior, y los in-
convenientes y daños que puede recibir de todas estas noticias
interiores y exteriores (3), para no ir adelante asido al propio
medio, que es la fe.
2. Es, pues, de saber, que según regla de filosofía, todos
los medios han de ser proporcionados al fin, es a saber: que
han de tener alguna conveniencia y semejanza con el fin, tal que
baste y sea suficiente para que por ellos se pueda conseguir el fin
que se pretende (4). Pongo ejemplo. Quiere uno llegar a una
ciudad; necesariamente ha de ir por el camino, que es el medio

1 Ahora voy particularmente. Así el C, de Ale. y la e. p. La frase falta en A y B.
2 Angostándose leen los códices y empleó antes el Santo. La e. p.: emendóse.
3 Omite la e. p, las palabras interiores y exteriores que traen los códices,
4 La e. p. cambia asi estas frases: proporcionados al fin, teniendo alguna come'
niencia y semejanza con él, íal cual baste para que por ella, etc.
LIBRO SEGUNDO.—CftP. VIH 97

que empareja y junta con la misma ciudad. Otro ejemplo (1). Hase
de juntar y unir el fuego con el madero; es necesario que el calor,
que es el medio, disponga al madero primero con tantos grados de
calor que tenga gran semejanza y proporción con el fuego. De don-
de si quisiesen disponer al madero con otro medio que el propio,
que es el calor, así como con aire, o agua, o tierra, seria im-
posible que el madero se pudiera unir con el fuego, así como
también lo sería llegar a la ciudad, si no va por el propio ca-
mino que junta con ella (2). De donde para que el entendimiento
se venga a unir en esta vida con Dios, según (3) se puede, ne-
cesariamente ha de tomar aquel medio que junta con él y tiene
con él próxima semejanza,
3. En lo cual habemos de advertir, que entre todas las cria-
turas superiores ni inferiores, ninguna hay que próximamente jun-
te con Dios ni tenga semejanza con su ser. Porque aunque es
verdad que todas ellas tienen, como dicen los teólogos, cierta re-
lación a Dios y rastro de Dios, unas más, y otras menos, se-
gún su más principal o menos principal ser; de Dios a ellas
ningún respecto hay ni semejanza esencial, antes la distancia
que hay entre su divino ser y el de ellas, es infinita; y por eso
es imposible que el entendimiento pueda dar (4) en Dios por
medio de las criaturas, ahora sean celestiales, ahora terrenas; por
cuanto no hay proporción de semejanza. De donde hablando Da-
vid de las celestiales, dice: No hay semejante a ti en los dio-
ses. Señor (5); llamando dioses a los (6) ángeles y almas
santas. Y en otra parte: Dios, tu camino está en lo santo; ¿qué
dios grande hay como nuestro Dios? (7). Como si dijera: el
camino para venir a ti, Dios, es camino santo, esto es, pureza de

1 En vez de también que trae la e. p., el C. de Ale. dice: Ofro ejemplo. Hase,
etcétera.
2 La e. p. suprime una línea entera en esta forma: unir con el fuego; así, pues,
para que el entendimiento.
3 La e. p. añade: que en ella.
4 Perfectamente, añade la e. p. Véase lo que se dijo acerca de esto en los Preli-
minares.
5 Ps. L X X X V , 8.
6 E . p.: a los santos ángeles,
7 Ps. LXXVI, 14.
98 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

fe. Porque ¿qué dios habrá tan grande? Es a saber: ¿qué ángel
tan levantado en ser y qué santo tan levantado en gloria será
tan grande, que sea camino proporcionado g bastante para ve-
nir a ti? Y hablando también el mismo David de los terrenales
y celestiales juntamente, dice: ñlto es el Señor y mira las
cosas bajas, y las cosas altas conoce desde lejos (1). Como si
dijera: Siendo E l alto en su ser, ve ser muy bajo el ser de
las cosas de acá abajo comparándole con su alto ser (2); y las
cosas altas, que son las criaturas celestiales, vélas y conócelas es-
tar de su ser muy lejos. Luego todas las criaturas no pueden
servir de proporcionado medio al entendimiento para dar en
Dios (3).
4. N i más rii menos, todo lo que la imaginación puede ima-
ginar y el entendimiento recibir y entender en esta vida, no es ni
puede ser medio próximo para la unión de Dios. Porque si ha-
blamos naturalmente, como quiera que el entendimiento no pue-
de entender cosa sino es lo que cabe y está debajo de las for-
mas y fantasías de las cosas que por los sentidos corporales se
reciben, las cuales cosas habemos dicho no pueden servir
de medio, no se puede aprovechar de la inteligencia natural.
Pues si hablamos de la sobrenatural (según se puede en esta
vida, de potencia ordinaria) (4), no tiene el entendimiento dispo-
sición ni capacidad en la cárcel "del cuerpo para recibir noticia
clara de Dios; porque esa noticia no es de este estado, porque,
o ha de morir, o no la ha de recibir. De donde pidiendo Moi-
sés a Dios esa noticia clara, le respondió, que no le podría ver,
diciendo (5): No me verá hombre que pueda quedar vivo; por
lo cual, San Juan dice: ñ Dios ninguno jamás le vió, ni cosa
que le parezca (6), que por eso San Pablo con Isaías dice:

1 Ps. CXXXVII, 6.
2 E . p.; siendo alio en su ser, ve ser muy bajo el ser de las cosas de la tierra
comparado con su alto ser. B. no traslada estas dos líneas.
3 E . p.: de proporcionado medio para dar perfectamente en Dios.
A De potencia ordinaria. Estas palabras las trae únicamente el C. de Ale.
5 Exod., XXXIII, 20. La e. p. suprime estas palabras, y se limita a decir: no la
ha de recibir, que por eso dijo Dios a Moisén: no me verá, etc.
6 Joan., I, 18. Ni cosa que le parezca. Suprime la e, p. estas palabras de los Có-
dices,
LIBRO SEGUNDO.—CAP. VIH 99

Ni le vio ojo, ni le oyó oído, ni cayó en corazón de hombre ( i ) .
Y ésta es la causa por qué Moisés, en la zarza, como se dice
en los Actos de los Apóstoles (2), no se atrevía a considerar,
estando Dios presente; porque conocía que no había de poder
considerar su entendimiento de Dios como convenía, conforme a
lo que de Dios sentía (3). Y de Elias, nuestro padre (4), se di-
ce que en el monte se cubrió el rostro en la presencia de
Dios, que significa cegar el entendimiento, lo cual él hizo allí,
no se atreviendo a meter tan baja mano en cosa tan alta; vien-
do claro que cualquier cosa que considerara y particularmente
entendiera, era muy distante y disímil a Dios.
5. Por tanto, ninguna noticia ni aprehensión sobrenatural,
en este mortal estado, le puede servir de medio próximo para
la alta unión de amor con Dios. Porque todo lo que puede
entender el entendimiento, y gustar la voluntad y fabricar la ima-
ginación, es muy disímil y desproporcionado, como habemos di-
cho, a Dios. Lo cual todo lo dió a entender Isaías admirablemen-
te en aquella tan notable autoridad (5), diciendo: ¿ K qué cosa ha-
béis podido hacer semejante a Dios? ¿O qué imagen le haréis que
se le parezca? ¿Por ventura podrá fabricar alguna escultura el
oficial de hierro? (6). ¿O el que labra el oro, podrá fingirle (7)
con el oro, o el platero con láminas de plata? Por el oficial del
hierro se entiende el entendimiento, el cual tiene por oficio
formar las inteligencias y desnudarlas del hierro de las es-
pecies y fantasías. Por el oficial del oro entiende la volun-
tad, la cual tiene habilidad de recibir figura y forma de de-
leite, causado del oro del amor (8). Por el platero que di-
ce que no le figurará con las láminas de plata, se entien-

1 I ad Cor., II, 9.-Isaí. LXIV, 4.
2 Act, VII, 32.
3 Conforme a lo que Dios sentía. La e. p. cambia esta frase por la siguiente:
aunque nacía esto del alto sentimiento que de Dios tenía.
4 III Reg., XIX, 13. Nuestro padre. Así Ale. y C Los demás, no traen estas
palabras.
5 En aquella tan notable autoridad. Estas palabras se leen solamente en el Có-
dice de Alcaudete.
6 E l herrero, copian los demás manuscritos y ediciones.
7 Isai., XL, 18-19. Figurarle, traslada la e. p.—A y B.: fabricarle.
8 A, B y e. p, añaden: con que ama.
100 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

de la memoria con la imaginación, la cual bien propiamente se
puede decir que sus noticias g las imaginaciones que puede fin-
gir y fabricar son como láminas de plata (1). Y asi es como si
dijera: N i el entendimiento con sus inteligencias podrá (2) en-
tender cosa semejante a él, ni la voluntad podrá gustar deleite
y suavidad que se parezca a la que es Dios, ni la memoria pon-
drá en la imaginación noticias e imágenes que le representen.
Luego claro está que al entendimiento ninguna de estas noticias
le pueden inmediatamente encaminar "a Dios; y que para llegar
a él antes ha de ir no entendiendo que queriendo entender; y
antes cegándose y poniéndose en tiniebla, que abriendo los ojos
para llegar más al divino rayo.
6. Y de aquí es, que la contemplación, por la cual el
entendimiento tiene más alta noticia (3) de Dios, llaman teo-
logía mística, que quiere decir sabiduría de Dios secreta; por-
que es secreta al mismo entendimiento que la recibe. Y por eso
ía llama San Dionisio rayo de tiniebla. De la cual dice él
Profeta Baruc: No hay quien sepa el camino de ella, ni quien
pueda pensar las sendas de ella (4). Luego claro está que el
entendimiento se ha de cegar a todas las sendas que él puede
alcanzar, para unirse con Dios. Aristóteles dice, que de la mis-
ma manera que los ojos del murciélago se han con el sol, el
cual totalmente le hace tinieblas, así nuestro entendimiento se
ha a l o que es más luz en Dios, que totalmente nos es tinie-
bla. Y dice m á s : que cuanto las cosas de Dios son en sí más
altas y más claras, son para nosotros más ignotas y oscuras.
Lo cual también afirma el Apóstol, diciendo: Lo que es alto de
Dios, es de los hombres menos sabido.
7. Y no acabaríamos a este paso de traer autoridades y ra-

1 La e. p. altera el orden de estas frases así: "se entiende la memoria con su ima-
ginación, cuyas noticias e imaginaciones, que pueden fingir y fabricar, bien propia-
mente se puede decir son como láminas de plata."
2 Podrá, El copista del C. de Alcaudete saltó de esta palabra a otra igual
de la siguiente línea, omitiendo las palabras intermedias.
3 Tiene más alia noticia. C. de Ale. Los demás y la e. p.: se ilustra de Dios,
4 Baruch, III, 23. Omitiendo todas las palabras intermedias, pasó el copista de Al-
caudete de la palabra sendas a la igual que viene en seguida.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. VIII 101

zoncs para probar y manifestar cómo no hag escalera con gue
el entendimiento pueda llegar a este alto Señor, entre todas las
cosas criadas, y que pueden caer en entendimiento; antes es
necesario saber que si el entendimiento se quisiese aprovechar
de todas estas cosas, o de algunas de ellas por medio pró-
ximo para la tal unión, no sólo le serían impedimento, pero aun
le serían ocasión de hartos errores y engaños en la subida de
este monte.

CAPITULO I X

COMO L A F E E S E L P R O X I M O Y PROPORCIONADO MEDIO A L ENTENDI-
MIENTO P A R A Q U E E L ALMñ PUEDA LLEGAR A L A DIVINA UNION
DE AMOR (1).—PRUEBALO CON A U T O R I D A D E S Y FIGURAS DE LA
DIVINA ESCRITURA.

1. De lo dicho se colige, que para que el entendimiento es-
té dispuesto para esta divina unión, ha de quedar limpio y va-
cio de todo lo que puede caer en el sentido, y desnudo (2) y
desocupado de todo lo que puede caer con claridad en el en-
tendimiento íntimamente sosegado y acallado, puesto en fe, la
cual es sóla el próximo y proporcionado medio para que el
alma se una con Dios; porque es tanta la semejanza que hay
entre ella y Dios (3), que no hay otra diferencia sino ser visto
Dios, o creído. Porque así como Dios es infinito, así ella nos
le propone infinito; y así como es trino y uno, nos le propone
ella trino y uno; y así como Dios es tiniebla para nuestro
entendimiento, así ella también ciega y deslumhra nuestro en-
tendimiento (4). Y así, por este solo medio, se manifiesta Dios
al alma en divina luz, que excede todo entendimiento. Y, por
tanto, cuanta más fe el alma tiene, más unida está con Dios (5).

1 Lo que sigue, se lee solamente en el C. de Ale. y en la e. p.
2 Desnudo. Falta esta palabra en la e, p.
3 En la e, p. se omiten las palabras que traen los Códices: porque es tanta la
semejanza entre ella y Dios.
4 Desde las palabras y así como Dios es tiniebla, falta en la e. p.
5 En la e. p. se omiten las cuatro líneas siguientes, hasta las palabras porque
debajo, etc.
102 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

Que eso es lo que quiso decir San Pablo en la autoridad que
arriba dijimos, diciendo: A l que se ha de juntar con Dios,
conviéncle que crea (1). Esto es, que vaya por fe caminando a E l ,
lo cual ha de ser el entendimiento ciego y a oscuras en fe
sólo; porque debajo de esta tiniebla se junta con Dios el enten-
dimiento, y debajo de ella está Dios escondido, según lo dijo
David (2) por estas palabras: La oscuridad puso debajo de
sus pies. Y subió sobre los querubines, y voló sobre las plumas
del viento. Y puso por escondrijo las tinieblas y el agua te-
nebrosa (3).
2. En lo que dice que puso oscuridad debajo de sus pies,
y que a las tinieblas tomó por escondrijo, y aquel su taber-
náculo en derredor de él en el agua tenebrosa, se denota la os-
curidad de la fe en que él está encerrado. Y en decir que subió
sobre los querubines, y voló sobre las plumas de los vien-
tos (4), se da a entender cómo vuela sobre todo entendimiento.
Porque querubines quiere decir inteligentes o contemplantes. Y
las plumas de los vientos significan las sutiles y levantadas
noticias y conceptos de los espíritus, sobre todas las cuales es su
ser, al cual ninguno puede de suyo alcanzar.
3. En figura de lo cual leemos en la Escritura, que aca-
bando Salomón de edificar el Templo, bajó Dios en tiniebla, e
hinchó el Templo de manera que no podían ver los hijos de
Israel, y entonces habló Salomón y dijo: E l Señor ha pro-
metido que ha de morar en tiniebla (5). También a Moisés
en el monte se le apareció en tiniebla, en que estaba Dios en-
cubierto. Y todas las veces que Dios se comunicaba mucho, pa-
recía en tiniebla, como es de ver en Job, donde dice la
Escritura que habló Dios con él desde el aire tenebroso (6).

1 Hebr.. XI, 6.
2 Ps. XVII. 10.
3 La e. p. hace la siguiente modificación en este lugar: "Y puso por escondrijo
las tinieblas; en derredor de E l puso su tabernáculo, que es el agua tenebrosa, entre
las nubes del aire."
4 Por distracción omitió el Códice de Alcaudete todo lo que sigue, hasta las pa-
labras significan las sutiles, etc. Lo traen los demás manuscritos.
5 III Reg., VIII. 12.
6 Job. XXXVIII, 1 y XL, 1.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. IX 105

Las cuales tinieblas todas significan la oscuridad de la fe en
que está encubierta la Divinidad, comunicándose al alma; la cual,
acabada que será, como cuando dice San Pablo (1), se acabare lo
que es en parte, que es esta tiniebla de fe, y viniere lo que es
perfecto, que es la divina luz. De lo cual también tenemos bas-
tante figura en l a milicia de Gedeón, donde todos los soldados
se dice que tenían las luces en las manos y no las veían;
porque las tenían escondidas en las tinieblas de los vasos, los
cuales quebrados, luego pareció la luz (2). Y así, la fe, que es
figurada por aquellos vasos, contiene en sí la divina luz (3); la
cual acabada g quebrada por la quiebra g fin de esta vida mor-
tal, luego parecerá la gloria g luz de la Divinidad que en sí
contenía (4).
4. Luego claro está que para venir el alma en esta vida a
unirse con Dios g comunicar inmediatamente con él, que tiene
necesidad de unirse con la tiniebla que dijo Salomón, en que
había Dios prometido de morar, g de ponerse junto al aire
tenebroso en que fué Dios servido de revelar sus secretos a
Job; g tomar en las manos a oscuras las urnas de Gedeón, para
tener en sus manos {esto es, en las obras de su voluntad) la
luz, que es la unión de amor, aunque a oscuras en fe, para que
luego en quebrándose los vasos de esta vida, que sólo impedían
la luz de la fe (5), se vea cara a cara en la gloria.
5. Resta, pues, ahora decir en particular de todas las in-
teligencias y aprehensiones que puede recibir el entendimiento,
el impedimento y daño que puede recibir en este camino de
fe; y cómo se ha de haber el alma en ellas para que antes
le sean provechosas que dañosas, así las que son de parte de
los sentidos, como las que son del espíritu.

1 I ad Cor., XIII, 10. La e, p. ordena así la frase: la cual será acabada cuando,
como dice San Pablo, etc.
2 Jud., VII. 16.
3 A y e. p. añaden: esto es, la verdad de lo que Dios es en sí.
4 Que en sí contenía. Estas palabras faltan en la e. p.
5 La e. p. no copia las palabras que sólo impedían la luz de la fe, y prosigue:
se vea a Dios, cara a cara, etc,
104 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

CAPITULO X

EN QUE SE HACE DISTINCION DE TODAS LAS APREHENSIONES E INTE-
LIGENCIAS QUE PUEDEN CAER EN E L ENTENDIMIENTO.

L Para haber de tratar en particular del provecho y daño
que pueden hacer al alma, acerca de este medio que habemos
dicho de fe para la divina unión, las noticias y aprehensiones
del entendimiento, es necesario poner aquí una (pstinción de
todas las aprehensiones, así naturales como sobrenaturales, que
puede recibir, para que luego por su orden más distintamente va-
yamos enderezando en ellas al entendimiento en la noche y oscu-
ridad de la fe, lo cual será con la brevedad que pudiéremos.
2. Es, pues, de saber que por dos vías puede el entendi-
miento recibir noticias e inteligencias: la una es natural, y la
otra sobrenatural. La natural es todo aquello que el entendimien-
to puede entender, ahora por vía de los sentidos corporales,
ahora por sí mismo (1). La sobrenatural es todo aquello que
se da al entendimiento sobre su capacidad y habilidad natural.
3. De estas noticias sobrenaturales, unas son corporales,
otras son espirituales. Las corporales son en dos maneras: unas
que por vía de los sentidos 'corporales exteriores las recibe;
otras por vía de los sentidos corporales interiores, en que se
comprende todo lo que la imaginación puede comprender (2), fin-
gir y fabricar.
4. Las espirituales son también en dos maneras: unas, dis-
tintas y particulares, y otra es confusa, oscura y general. Entre
las distintas y particulares entran cuatro maneras de aprehensio-
nes particulares, que se comunican aj espíritu, no mediante al-
gún sentido corporal, y son: visionesj revelaciones, locuciones y
sentimientos espirituales. La inteligencia oscura y general está en

1 E . p.: Ahora después de ellos por sí mismo. Recuérdese lo dicho acerca de la
ideogenia del Angélico, que es también la del Santo. A y B: Ahora por vía de sí mismo.
3 E . p.: aprehender, que es el concepto que quiso expresar el Santo.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. X 105

una sola, que es la contemplación que se da en fe. En ésta ha-
bernos de poner al alma, encaminándola a ella (1) por todas eso-
tras, comenzando por las primeras, y desnudándola de ellas.

CAPITULO X I

DEL IMPEDIMENTO Y DAÑO QUE PUEDE HABER EN LAS APREHENSIONES
DEL ENTENDIMIENTO POR VIA DE LO QUE S 0 B R E N A T U R A U M E N T E
SE REPRESENTA A LOS SENTIDOS CORPORALES EXTERIORES, Y CO-
MO E L ALMA SE Hñ DE HABER EN E L L A S .

1. Las primeras noticias que habcmos dicho en el preceden-
te capítulo, son las que pertenecen al entendimiento por vía na-
tural. De las cuales, porque habernos ya tratado en el libro pri-
mero, donde encaminamos al alma en la noche del sentido, no ha-
blaremos aquí palabra, porque allí dimos doctrina congrua para
el alma acerca de ellas. Por tanto, lo que habemos de tratar en el
presente capítulo, será de aquellas noticias y aprehensiones que
solamente pertenecen al entendimiento sobrenaturalmente, por vía
de los sentidos corporales exteriores, que son: ver, oir, oler, gus-
tar y tocar. Acerca de todos los cuales pueden y suelen nacer (2)
a los espirituales representaciones y objetos sobrenaturales (3).
Porque acerca de la vista se les suelen representar figuras y per-
sonajes de la otra vida, de algunos santos y figuras de ángeles,
buenos y malos, y algunas luces y resplandores extraordinarios.
Y con los oídos oir algunas palabras extraordinarias, ahora
dichas por esas figuras (4) que ven, ahora sin ver quién las
dice. En el olfato sienten a veces olores suavísimos sensible-
mente, sin saber de dónde proceden. También en el gusto acae-
ce sentir muy suave sabor y en el tacto grande deleite (5), y a
veces tanto, que parece que todas las médulas y huesos gozan

1 Lo que resta, que se lee en los demás manuscritos y en la c. p., falta en el Có-
dice de Alcaudete.
2 A, B y e. p.: acaecer.
3 E . p.: Y objetos sobrenaturalmente representados y propuestos.
4 E . p.: por esas personas.
5 Así los Mss, La e. p. dice: en el tacto su manera de gozo y suavidad.
106 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

g florecen, y se bañan en deleite (1); cual suele ser la que lla-
man unción del espíritu, que procede de él a los miembros de
las limpias almas (2). Y este gusto del sentido es muy ordina-
rio (3) a los espirituales, porque del afecto y devoción del es-
píritu sensible les procede más o menos, a cada cual en su
manera.
2. Y es de saber, que aunque todas estas cosas pueden acae-
cer a los sentidos corporales por vía de Dios, nunca jamás se
han de asegurar en ellas ni las han de admitir, antes totalmente
han de huir de ellas, sin querer examinar si son buenas o malas;
porque así como son más exteriores y corporales, así tanto me-
nos ciertas son de Dios (4). Porque más propio y ordinario (5)
le es a Dios comunicarse al espíritu, en lo cual hay más segu-
ridad y provecho para el alma, que al sentido, en el cual ordina-
riamente hay mucho peligro y engaño; por cuanto en ellas se
hace el sentido corporal juez y estimador de las cosas espiritua-
les, pensando que son así como lo siente; siendo ellas tan di-
ferentes como el cuerpo del alma, y la sensualidad (6) de
la razón. Porque tan ignorante es el sentido corporal de las
cosas espirituales, y aun más (7), como un jumento de las cosas
racionales, y aun más.
3. Y así, yerra mucho el que las tales cosas estima, y en
gran peligro se pone de ser engañado; y, por lo menos, tendrá en
si total impedimento (8) para ir a lo espiritual. Porque todas
aquellas cosas corporales no tienen, como habemos dicho, pro-
porción alguna con las espirituales. Y así, siempre se han de
tener las tales cosas por más cierto ser del demonio que de
Dios; el cual (9) en lo más exterior y corporal tiene más mano y
más fácilmente puede engañar en esto que en lo que es más
interior y espiritual.

1 Deleite, trasladan los Códices. La e. p.: se bañan en ella.
2 E . p.: almas sencillas.
3 E . p.: suele suceder.
4 E . p.: así tanto menos cierto es ser de Dios.
5 La e. p. omite esta palabra.
6 Entiéndase sensibilidad.
7 Por haberse equivocado, dicen Ale. y A: de las cosas racionales, y aún más,
digo espirituales, etc.
8 E . p.: un gran impedimento.
9 El demonio, quiere decir.
LIBRO SEGUNDO.—CflP. XI 107

4. Y estos objetos y formas corporales, cuanto ellos son en
sí más exteriores, tanto menos provecho hacen al interior g al
espíritu, por la mucha distancia y poca proporción que hay en-
tre lo que es corporal o espiritual. Porque aunque de ellas se co-
munique algún espíritu, como se comunica siempre que son de
Dios, es mucho menos que si las mismas cosas fueran más espi-
rituales e interiores. Y así, son muy fáciles y ocasionadas para
criar error y presunción y vanidad en el alma; porque como son
tan palpables y materiales, mueven mucho al sentido, y parecele
al juicio del alma que es más por ser más sensible, y vase tras
ello desamparando a la fe (1), pensando que aquella luz es
la guía y medio de su pretensión, que es la unión de Dios; y
pierde más el camino y medio, que es la fe, cuanto más caso hace
de las tales cosas.
5. Y, demás de eso, como ve el alma que le suceden tales
cosas y extraordinarias, muchas veces se le ingiere secretamen-
te cierta opinión de sí de que ya es algo delante de Dios,
lo cual es contra humildad; y también el demonio sabe in-
gerir en el alma satisfacción de sí oculta, y a veces harto ma-
nifiesta; y por eso él pone muchas veces estos objetos en los
sentidos, demostrando (2) a la vista figuras de santos y res-
plandores hermosísimos, y palabras a los oídos harto disimula-
das, y olores muy suaves, y dulzuras en la boca, y en el tacto
deleite; para que, engolosinándolos por allí, los induzca en mu-
chos males. Por tanto, siempre se han de desechar tales re-
presentaciones y sentimientos; porque dado caso que algunas
sean de Dios, no por eso se hace a Dios agravio ni se deja de
recibir el efecto y fruto que quiere Dios por ellas hacer al alma,
porque el alma las deseche y no las quiera.
6. La razón de esto es, porque la visión corporal, o senti-
miento en alguno de los otros sentidos, asi cortio también en otra
cualquiera comunicación de las más interiores, si es de Dios, en

1 Asi los Mss. La e. p. suprime la frase: desamparando a la fe.
2 Demostrando, trasladan los Códices. La e. p. enmienda mostrando.
108 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

ese mismo punto que parece o se siente, hace su efecto (1) en
el espíritu, sin dar lugar a que el alma tenga tiempo de delibera-
ción en quererlo o no quererlo. Porque así como Dios da aquellas
cosas sobrenaturalmente sin diligencia (2) bastante g sin habili-
dad del alma, así sin la diligencia g habilidad de ella hace Dios
el efecto que quiere con las tales cosas en ella; porque es cosa
que se hace g obra pasivamente en el espíritu (3); g así, no
consiste en querer o no querer, para que sea o deje de ser. Así
como si a uno echasen fuego estando desnudo, poco aprove-
charía no querer quemarse; porque el fuego por fuerza había
de hacer su efecto. Y así son las visiones g representaciones
buenas, que aunque el alma no quiera (4), hacen su efec-
to en ella, primera g principalmente que en el cuerpo. Tam-
bién las que son de parte del demonio (sin que el alma las
quiera), causan en ella alboroto o sequedad, o vanidad o pre-
sunción en el espíritu. Aunque éstas no son de tanta eficacia en
el mal (5) como las de Dios en el bien; porque las del demonio
sólo pueden poner primeros movimientos en la voluntad (6), g
no moverla a más, si ella no quiere; g alguna inquietud, que
no dura mucho, si el poco ánimo g recato del alma no da cau-
sa que dure. Mas las que son de Dios, penetran el alma g mue-
ven la voluntad a amar g dejan su efecto, el cual no puede el
alma resistir aunque quiera, más que la vidriera al rago del sol,
cuando da en ella.
7. Por tanto, el alma nunca se ha de atrever a quererlas
admitir, aunque, como digo, sean de Dios; porque si las quiere

1 Así los Mss. La e. p.: que parece hace su primer efecto.
2 Por descuido salta el C. de Ale. de esta palabra a otra igual de la siguiente
línea. La e. p. imprime: "Porque así como Dios comienza en aquellas cosas sobrena-
turalmente sin diligencia activa ni habilidad del alma," etc.
3 La edición de 1630 añade: sin libre consentimiento.
4 La e. p. omite estas palabras de los Mss.: que aunque el alma no quiera.
5 B y Ale. trasladan equivocadamente alma por mal.
6 Así se lee en los Mss. La e. p. lo expresa en esta forma: "porque las del demo-
nio quédanse muy en primeros movimientos, y no puede mover a la voluntad." Sin
duda, esta es la intención del Santo, en conformidad con la doctrina unánime de los
teólogos y de la Iglesia, según la cual el demonio nada puede directamente en la vo-
luntad humana, aunque por medios indirectos ejerza a veces funesta y seductora in-
fluencia. El poder demoníaco se ejercita principalmente en los sentidos y en la imagi-
nación.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XI 109

admitir, hay seis inconvenientes (1). E l primero, que se le va
disminuyendo la fe (2); porque mucho derogan a la fe las
cosas que se experimentan con los sentidos; porque la fe, como
habernos dicho, es sobre todo sentido. Y así, apártase del medio
de la unión de Dios no cerrando los ojos del alma a todas esas
cosas del sentido. Lo segundo, que son impedimento para el
espíritu, si no se niegan, porque se detiene en ellas el alma y
no vuela el espíritu a lo invisible. De donde una de las causas
por donde dijo el Señor a sus discípulos que les convenía que él
se fuese para que viniese el Espíritu Santo, era ésta; así como
tampoco dejó a María Magdalena que llegase a sus pies, después
de resucitado, porque se fundase en fe. Lo tercero es que va
el alma teniendo propiedad en las tales cosas, y no camina a la
verdadera resignación y desnudez de espíritu. Lo cuarto, que va
perdiendo el efecto de ellas g el espíritu que causan en lo interior,
porque pone los ojos en lo sensual de ellas, que es lo menos
principal. Y así, no recibe tan copiosamente el espíritu que cau-
san (3), el cual se imprime y conserva más negando todo lo
sensible, que es muy diferente del puro espíritu. Lo quinto, que
va perdiendo las mercedes de Dios, porque las va tomando con
propiedad y no se aprovecha bien de ellas. Y tomándolas con
propiedad g no aprovechándose de ellas, es quererlas tomar;
porque no se las da Dios para que el alma las quiera tomar; pues
que nunca se ha de determinar el alma a creer que son de
Dios (4). Lo sexto, es que en quererlas admitir abre puerta al
demonio para que la engañe en otras semejantes, las cuales sabe

1 Así los Códices. En la e. p. leemos: "Y dejan su efecto de excitación y deleite
vencedor que la facilita y dispone para el libre y amoroso consentimiento del bien.
Pero aunque sean de Dios, si el alma repara mucho en estos sentimientos o visiones
exteriores, y trata de quererlos admitir, hay seis inconvenientes."
2 La perfección de regirse por fe, modifica la e. p.
3 E l Códice de Alba vuelve a repetir: en lo interior, porque pone los ojos en lo
sensual de ellos, que es lo menos principal.
4 La e. p. procura dar más claridad a estos conceptos de los Códices, en la for-
ma siguiente: "No aprovecharse de ellas es él mismo quererlas tomar y detenerse en
ellas, y Dios no se las da para esto." Nunca por propio juicio debe cerciorarse el alma
de estas cosas, sino descansar en el parecer de docto, discreto y experimentado maes-
tro espiritual, que es lo que aquí nos enseña el Santo, como en muchos otros pasajes;
en lo cual concuerda completamente con la Santa, que con tanto temor recibió siempre
estas mercedes de Dios, y tanto costó en tranquilizarla, sobre todo al principio de re-
cibirlas.
110 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

él muy bien disimular g disfrazar, de manera que parezcan a las
buenas; pues puede, como dice el Apóstol, transfigurarse en án-
gel de luz (1). De lo cual trataremos después, mediante el fa-
vor divino, en el libro III, en el capítulo de la gula espiritual.
8. Por tanto, siempre (2) conviene al alma desecharlas a
ojos cerrados, sean de quien se fueren. Porque, si no lo hiciese,
tanto lugar daría a las del demonio, y al demonio tanta mano, que
no sólo a vueltas de las unas recibiría las otras; mas file tal
¿nanera irían multiplicándose las del demonio y cesando las de
Dios, que todo se vendría a quedar en demonio y nada de Dios.
Como ha acaecido a muchas almas incautas (3) y de poco
saber, las cuales de tal manera se aseguraron en recibir estas co-
sas, que muchas de ellas tuvieron mucho que hacer en volver
a Dios en la pureza de la fe; y muchas no pudieron volver (4),
habiendo ya el demonio echado en ellas muchas raíces; por eso es
bueno cerrarse a ellas y negarlas todas (5). Porque en las ma-
las se quitan los errores del demonio, y en las buenas el im-
pedimento de la fe, y coge el espíritu el fruto de ellas. Y así
como cuando las admite, las va Dios quitando porque en ellas
tienen propiedad, no aprovechándose ordenadamente de ellas, y
va el demonio ingiriendo y aumentando las suyas, porque halla lu-
gar y causa para ellas (6); así cuando el alma está resignada y
contraria (7) a ellas, el demonio va cesando de que ve que no
hace daño; y Dios, por el contrario, va aumentando y aventa-
jando (8) las mercedes en aquella álma humilde y desapropia-
da, haciéndola (9), sobre lo mucho, como al siervo que fué fiel
en lo poco.

1 II ad Cor., XI, 14. Lo que resta de este párrafo sólo se lee en el C. de Ale. y la
edición príncipe. La remisión al libro III, se refiere a los primeros capítulos de la No-
che Oscura.
2 Siempre, E l C. de Ale. es el único que copia esta palabra. Las ediciones tam-
poco la traen.
3 La e. p. dice solamente: que a vueltas de las unas recibiría las otras, como ha
acaecido a muchas almas incautas,
A E . p.: no volvieron. Este es el sentido de la frase, pues Dios siempre está dispues-
to a recibir al pecador con los brazos abiertos, y jamás le priva de poderlo hacer, si quiere.
5 E . p.: y temer en todas.
6 A, B y e. p.: porque ella da lugar y cabida para ellas.
7 E . p.: sin propiedad en ellas.
8 E . p. no traslada esta palabra.
9 La e. p. sustituye la palabra haciéndola por constituyéndola y poniéndola.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XI 111

9. En las cuales mercedes, si todavía el alma fuere fiel y re-
tirada, no parará el Señor hasta subirla de grado en grado hasta
la divina unión g transformación. Porque Nuestro Señor de tal
manera va probando al alma y levantándola, que primero la da
cosas muy exteriores y bajas (1) según el sentido, conforme a su
poca capacidad, para que, habiéndose ella como debe, tomando
aquellos primeros bocados con sobriedad para fuerza y sustancia,
la lleve a más y mejor manjar; de manera que si venciere al
demonio en lo primero, pasará a lo segundo; y si también en
lo segundo, pasará a lo tercero; y de ahí adelante todas las sie-
te mansiones, hasta meterla el Esposo en la cela vinaria de su
perfecta caridad, que son los siete grados de amor.
10. Dichosa el alma que supiere pelear contra aquella bes-
tia del Apocalipsi, que tiene siete cabezas, contrarias a estos
siete grados de amor, con las cuales contra cada uno hace gue-
rra, y con cada una pelea con el alma en cada una de estas
mansiones, en que ella está ejercitando y ganando cada grado de
amor de Dios; que, sin duda, que si ella fielmente peleare en cada
una y venciere, merecerá pasar de grado en grado, y de mansión
en mansión, hasta la última, dejando cortadas a la bestia sus
siete cabezas, con que le hacía la guerra furiosa; tanto, que
dice allí San Juan, que le fué dado que pelease contra los santos
y los pudiese vencer en cada uno de estos grados de amor, po-
niendo contra cada uno armas y municiones bastantes. Y así, es
mucho de doler que muchos, entrando en esta batalla espi-
ritual, contra la bestia, aun no sean para cortarle la primera
cabeza, negando las cosas sensuales del mundo. Y ya que algunos
acaban consigo y se la cortan, no le cortan la segunda, que es las
visiones del sentido de que vamos hablando. Pero lo que más
duele es que algunos, habiendo cortado no sólo segunda y prime-
ra, sino aún la tercera, que es acerca de los sentidos sensitivos
interiores (2), pasando de estado de meditación, y aún más
adelante, al tiempo de entrar en lo puro del espíritu los vence

1 En vez de la da cosas muy exteriores y bajas, de los Códices, la e. p. escribe:
la visita más según el sentido, etc.
2 En la e. p.: sentidos interiores.
115 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

esta espiritual (1) bestia y vuelve a levantar contra ellos g a resu-
citar hasta la primera cabeza, y hácense las postrimerías de ellos
peores que las primerias en su recaída, tomando otros siete es-
píritus consigo peores que él.
11. Ha, pues, el espiritual de negar todas las aprehensio-
nes con los deleites temporales (2) que caen en los sentidos ex-
teriores, si quiere cortar la primera cabeza y segunda a esta bes-
tia, entrando en el primer aposento de amor, y segundo de viva
fe (3), no queriendo hacer presa ni embarazarse con lo que se
les da a los sentidos, por cuanto es lo que más deroga a la fe (4).
12. Luego claro está que estas visiones y aprehensiones
sensitivas no pueden ser medio para la unión, pues que nin-
guna proporción tienen con Dios; y una de las causas por-
que no quería Cristo que le tocase la Magdalena y Santo
Tomás (5), era ésta. Y así, él demonio gusta mucho cuando un
alma quiere admitir revelaciones y la ve inclinada a ellas, por-
que tiene él entonces mucha ocasión y mano para ingerir erro-
res y derogar en lo que pudiere a la fe; porque, como he di-
cho, grande rudeza se pone en el alma que las quiere, acerca de
ella, y aun, a veces, hartas tentaciones e impertinencia (6).
13. Heme alargado algo en estas aprehensiones exteriores,
por dar y abrir alguna más luz para las demás, de que luego ha-
bernos de tratar. Pero había tanto que decir en esta parte, que
fuera nunca acabar; y entiendo he abreviado demasiado sólo
con decir que tenga cuidado de nunca las admitir, si no fuese
algo con algún muy raro parecer, y entonces no con gana ninguna
de ello. Me parece basta en esta parte lo dicho (7).

1 Sólo el C. de Ale. traslada esta palabra.
2 E . p.; corporales.
3 E . p.: entrando en el primero y segundo aposento de amor en viva fe.
4 E . p.; lo que más impide a esta noche espiritual de fe.
5 E . p.: Marta Magdalena y el apóstol Santo Tomás.
6 El siguiente párrafo falta en A y B, Se imprime conforme al C. de Ale, aunque
también lo traen, algo variado, C, D y e. p.
/ La e. p. trae así estas últimas líneas: "he abreviado demasiado sólo con decir
que se tenga cuidado en nunca las admitir si no fuese alguna en algún caso raro y
muy examinado de persona docta, espiritual y experimentada, y entonces no con gana
de ello." E l arreglo del editor, en gracia a }a mayor claridad del sentido, es evidente.
LIBRO SEGUNDO.—CAP, XII 113

CAPITULO XII

EN QUE SE TRATA DE LAS APREHENSIONES IMAGINARIAS NATURALES.
—DICE QUE COSA SEAN, Y PRUEBA COMO NO PUEDEN SER PRO-
PORCIONADO MEDIO PARA LLEGAR A LA UNION D E DIOS, Y E L
DAÑO QUE HACE NO SABER DESASIRSE DE E L L A S (1).

1. Antes que tratemos de las visiones imaginarias que sobre-
naturalmente suelen ocurrir al sentido interior, que es la imagi-
nativa y fantasía, conviene aquí tratar, para que procedamos con
orden, de las aprehensiones naturales de ese mismo interior sen-
tido corporal, para que vayamos procediendo de lo menos a lo más,
y de lo más exterior hasta lo más interior, hasta llegar al ínti-
mo (2) recogimiento donde el alma se une con Dios (3), y ese
mismo orden habemos seguido hasta aquí. Porque primero trata-
mos de desnudar los sentidos exteriores de las aprehensiones natu-
rales de los objetos, y, por el consiguiente (4), de las fuerzas
naturales de los apetitos, lo cual fué en el primer libro, donde
hablamos de la noche del sentido; y luego comenzamos a des-
nudar a esos mismos sentidos de las aprehensiones exteriores
sobrenaturales (5), que acaecen a los sentidos exteriores (según
en el pasado capítulo acabamos de hacer), para encaminar al
al alma en la noche del espíritu.
2. En este segundo libro, lo que primero ocurre ahora es
el sentido corporal interior, que es la imaginativa y fantasía; de
la cual también habemos de vaciar todas las formas y aprehen-
siones imaginarias que naturalmente en él pueden caer, y pro-

1 A sa tiempo, añade la e. p.
2 E l C. de Ale: último. Nos parece error material de copia,
3 Lo que sigue hasta el párrafo que comienza es, pues, de saber, falta en A y B,
Lo traen, en cambio. Ale. y e. p., con algunas variantes entre sí. Nos ajustamos al Có-
dice de Alcaudete.
4 La e. p, dice asi: "Porque primero tratamos de desnudar al alma de las apre-
hensiones naturales de los objetos exteriores, y, por el consiguiente", etc.
5 E , p.: a desnudar en particular de las aprehensiones, etc.
8
114 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

bar cómo es imposible que el alma llegue a la unión de Dios has-
ta que cese su operación en ellas, por cuanto no pueden ser pro-
pio medio y próximo de la tal unión.
3. Es, pues, de saber, que los sentidos de que aquí parti-
cularmente hablamos, son dos sentidos corporales interiores, que
se llaman imaginativa y fantasía, los cuales ordenadamente se sir-
ven el uno al otro; porque el uno discurre imaginando, y el otro
forma la imaginación o lo imaginado, fantasiando; y para nues-
tro propósito (1) lo mismo es tratar del uno que del otro.
Por lo cual, cuando no los nombráremos a entrambos, tengase
por entendido, según aquí habemos de ellos dicho (2). De
aquí, pues, es que todo lo que estos sentidos pueden recibir y
fabricar, se llaman imaginaciones y fantasías, que son formas
que con imagen y figura de cuerpo se representan a estos sen-
tidos. Las cuales pueden ser en dos maneras: unas sobrenaturales,
que sin obra de estos sentidos se pueden representar, y repre-
sentan, a ellos pasivamente, las cuales llamamos visiones ima-
ginarias por vía sobrenatural, de que habemos de hablar des-
pués. Otras son naturales, que son las que por su liabilidad
activamente puede fabricar en sí por su operación debajo de for-
mas (3), figuras e imágenes. Y así, a estas dos potencias perte-
nece la meditación, que es acto discursivo por medio de imá-
genes, formas y figuras fabricadas e imaginadas por los dichos
sentidos, así como imaginar a Cristo crucificado o en la colum-
na o en otro paso; o a Dios con grande majestad en un trono,
o considerar e imaginar la gloria como una hermosísima luz,
etc.; y, por el semejante, otras cualesquiera cosas, ahora divinas,
ahora humanas, que pueden caer en la imaginativa. Todas las
cuales imaginaciones (4) se han de venir a vaciar del al-
ma, quedándose a oscuras según este sentido, para llegar a la
divina unión; por cuanto no pueden tener alguna proporción de

1 E . p.: "porque en el uno hay algo de discurso, aunque imperfecto e imperfec-
tamente, y el otro forma la imagen, que es la imaginación, y para nuestro propósito."
2 No dicen más los Códices, Añade la e. p.: "que lo que del uno dijéremos, se
entiende del otro también, y que hablamos indiferentemente de entrambos."
3 E . p.: Otras son naturales, que por su operación activamente puede fabricar
en sí debajo de formas,
4 A y B: Aprehensiones en vez de imaginaciones.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XII 115

próximo medio con Dios, tampoco como las corporales, que sir-
ven de objeto a los cinco sentidos exteriores.
4. La razón de esto es, porque la imaginación no puede fa-
bricar ni imaginar cosas algunas fuera de las que con los sen-
tidos exteriores ha experimentado, es a saber: vísfo con los
ojos, oído con ios oídos, etc.; o, cuando mucho, componer se-
mejanzas de estas cosas vistas, u oídas y sentidas, que no suben
a mayor entidad, ni a tanta, que aquéllas que recibió (1) por los
sentidos dichos. Porque aunque imagine palacios de perlas y
montes de oro (2) porque ha visto oro y perlas, en la verdad
menos es (3) todo aquéllo que la esencia de un poco de oro
o de una perla, aunque en la imaginación sea más en cantidad y
compostura (4). Y por cuanto todas las cosas criadas, como ya es-
tá dicho, no pueden tener alguna proporción con el ser de Dios,
de ahí se sigue que todo lo que se imaginare a semejanza de
ellas, no puede servir de medio próximo para la unión con E l ,
antes, como decimos, mucho menos (5).
5. De donde los que imaginan a Dios debajo de algunas fi-
guras de éstas, o como un gran fuego o resplandor, u otras
cualquier formas, y piensan que algo de aquello será semejante
a E l , harto lejos van de E l . Porque aunque a los principiantes son
necesarias estas consideraciones y formas y modos de medita-
ciones, para ir enamorando y cebando el alma por el sentido,
como después diremos, y asi les sirven de medios remotos para
unirse con Dios, por los cuales ordinariamente han de pasar las
almas para llegar al termino y estancia del reposo espiritual; pero
ña de ser de manera que pasen por ellos, y no se estén siempre
en ellos, porque de esa manera nunca llegarían al término, el
cual no es como los medios remotos, ni tiene que ver con ellos.
Así como las gradas de la escalera no tienen que ver con el tér-
mino y estancia de la subida, para lo cual son medios; y si el

1 E . p.: que no saben a mayor excelencia que las que recibió.
2 Una vez más, el copista del C. de Ale. pasó de esta palabra a otra igual, de la
línea siguiente, suprimiendo las palabras intermedias que se leen en A, B y las ediciones
3 E . p.: no es más.
4 E . p.: aunque en la imaginación tenga el orden y traza de compostura.
5 La e. p. omite las palabras antes, como decimos, mucho menos.
116 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

que sube no fuese dejando atrás las gradas hasta que no dejase
ninguna, g se quisiese estar en alguna de ellas, nunca llegaría, ni
subiría a la llana g apacible estancia del término. Por lo cual, el
alma que hubiere de llegar en esta vida a la unión de aquel su-
mo descanso g bien, por todos los grados de consideraciones, for-
mas g noticias, ha de pasar g acabar con ellas (1); pues ninguna
semejanza ni proporción tienen con el término a que encaminan,
que es Dios. De donde en los Actos de los Apóstoles dice San
Pablo: Non debemus aestimare, auro, vel argento, aut lapidi scul-
pturae artís, et cogitationis hominis, Divinam esse similem (2).
Que quiere decir: No debemos estimar ni tener por semejante lo
divino al oro ni a la plata, o a la piedra figurada por el arte,
y a lo que el hombre puede fabricar con la imaginación.
6. De donde yerran mucho muchos espirituales (3), los
cuales habiendo ellos ejcrcitádose en llegarse a Dios por imá-
genes, g formas g meditaciones, cual conviene a principiantes,
queriéndolos Dios recoger a bienes más espirituales interiores e
invisibles, quitándoles ga el gusto g jugo de la meditación dis-
cursiva, ellos no acaban, ni se atreven, ni saben desasirse de
aquellos modos palpables a que están acostumbrados; g así to-
davía trabajan por tenerlos, queriendo ir por consideración g me-
ditación de formas, como antes, pensando que siempre había
de ser así. En lo cual trabajan ga mucho, g hallan poco ju-
go o nada; antes se les aumenta g crece la sequedad g fatiga
e inquietud del alma, cuanto más trabajan por aquel jugo pri-
mero; el cual es y a excusado poder hallar en aquella manera
primera, porque ga no gusta el alma de aquel manjar, como ha-
bernos dicho, tan sensible, sino de otro más delicado g más
interior g menos sensible, que no consiste en trabajar con la
imaginación, sino en reposar el alma g dejarla estar en su quie-
tud g reposo, lo cual es más espiritual. Porque cuanto el alma se
pone más en espíritu, más cesa en obra de las potencias en
actos particulares, porque se pone ella más en un acto ge-

1 La e. p. omite y acabar con ellas.
2 Act.XVII, 29.
3 E . p. Algunos espirituales.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XII 117

ncral y puro, y asi cesan de obrar las potencias que camina-
ban (1) para aquello donde el alma llegó; asi como cesan y paran
los pies acabando su jornada, porque si todo fuese andar, nunca
habría llegar; y si todo fuese medios, ¿dónde o cuándo se go-
zarían los fines y término?
7. Por lo cual, es lástima ver que hay muchos que (2)
queriéndose su alma estar en esta paz y descanso de quietud
interior, donde se llena de paz y refección de Dios, ellos la des-
asosiegan y sacan afuera a lo más exterior, y la quieren hacer
volver a que ande lo andado sin propósito (3), y que deje el
término y fin en que ya reposa, por los medios que encaminaban
a E l , que son las consideraciones. Lo cual no acaece sin gran
desgana y repugnancia del alma, que se quisiera estar en aquella
paz que no entiende (4), como en su propio puesto; bien así
como el que llegó con trabajo donde descansa, si le hacen vol-
ver al trabajo siente pena. Y como ellos no saben el misterio de
aquella novedad, dales imaginación que es estarse ociosos y no
haciendo nada; y así, no se dejan quietar, procurando considerar
y discurrir. De donde se llenan (5) de sequedad y trabajo,
por sacar el jugo que ya por allí no han de sacar; antes les
podemos decir, que mientras aprietan, menos les aprovecha (6),
porque, cuanto más porfían de aquella manera, se hallan peor,
porque más sacan al alma de la paz espiritual; y es dejar lo
más por lo menos, y desandar lo andado, y querer hacer lo que
está hecho (7).
8. R estos tales se les ha de decir que aprendan a es-
tarse con atención y advertencia amorosa en Dios en aquella quie-
tud, y que no se den nada por la imaginación ni por la obra
de ella; pues aquí, como decimos, descansan las potencias, y no
obran activamente, sino pasivamente, recibiendo lo que Dios obra

1 E . p.: del modo que caminaban.
2 La e. p. suprime las palabras hay muchos que.
3 Sin propósito. La e. p. omite estas palabras.
4 La e. p. no trae las palabras que no entiende.
5 A y B: cíe donde viene que se hinchen.
6 E . p.: que mientras más hiela más aprieta,
7 Creo que por olvido omitió el C. de Ale. las palabras: y querer hacer lo que
está hecho, que se leen en A y B.
118 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

en ellas; y si algunas veces obran, no es con fuerza ni muy
procurado discurso (1), sino con suavidad de amor, más mo-
vidas de Dios que de la misma habilidad del alma, como ade-
lante se declarará. Mas ahora baste esto para dar a entender
cómo conviene, y es necesario, a los que pretenden pasar adelante,
saberse desasir de todos esos modos y maneras y obras de la
imaginación en el tiempo y sazón que lo pide y requiere el apro-
vechamiento del estado que llevan.
9. Y para que se entienda cuál y a qué tiempo ha de ser,
diremos en el capítulo siguiente (2), algunas señales que ha de
ver en sí el espiritual, para entender por ellas la sazón y tiempo
en que libremente puede usar del término dicho, y dejar de ca-
minar por el discurso y obra de la imaginación.

CAPITULO XIII

EN QUE SE PONEN L ñ S SEÑALES QUE HA DE HABER EN SI E L ESPI-
RITUAL POR LAS CUALES SE CONOZCA EN QUE TIEMPO L E CONVIENE
DEJAR L A MEDITACION Y DISCURSO Y PASAR AL ESTADO DE CON-
TEMPLACION (3).

1. Y porque esta doctrina no quede confusa, convendrá en
este capítulo dar a entender a qué tiempo y sazón convendrá que
el espiritual deje la obra del discursivo meditar por las dichas
imaginaciones y formas y figuras, porque no se dejen antes o
después que lo pide el espíritu; porque así como conviene dejarlas
a su tiempo para ir a Dios porque no impidan, así también es
necesario no dejar la dicha meditación imaginaria antes de tiem-
po para no volver atrás. Porque aunque no sirven las aprehen-
siones de estas potencias para medio próximo de unión a los

1 Las palabras activamente, etc., sólo las trae el C. de Ale. La e. p. escribe: "no
obran sino en aquella simple y suave advertencia amorosa; y si algunas veces obran
mas, no es con fuerza, ni muy procurado discurso."
2 El C, de Ale. y e. p. son los que dicen en el capítulo siguiente.
3 Tal reza el título en el Códice de Aleaudete. La e. p. lo trae de esta manera:
"Pónense las señales que ha de conocer en sí el espiritual para comenzar a desnudar
el entendimiento de las formas imaginarias y discursos de meditación."
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XIII 119

aprovechados, todavía sirven de medio remoto a los princi-
piantes para disponer y habituar (1) el espíritu a lo espiritual
por el sentido, y para de camino vaciar del sentido todas las otras
formas e imágenes bajas, temporales y seculares y naturales. Pa-
ra lo cual diremos aquí algunas señales y muestras que ha de ha-
ber en sí el espiritual, en que conozca si convendrá dejarlas o no
en aquel tiempo (2).
2. La primera es ver en sí que ya no puede meditar ni dis-
currir (3) con la imaginación, ni gustar de ello como de antes
solía; antes halla ya sequedad en lo que de antes solía fijar el
sentido y sacar jugo. Pero en tanto que sacare (4) jugo y pu-
diere discurrir en la meditación, no la ha de dejar, sino fuere
cuando su alma se pusiere en la paz y quietud (5) que se dice
en la tercera señal.
3. La segunda es cuando ve no le da ninguna gana de

1 Asi Ale. y la e. p.—-A y B trasladan habilitar,
2 A y B añaden aquí: Las señales que ha de ver en sí el espiritual para dejar la
la meditación discursiva son tres. En realidad no hacen falta estas palabras. E l Códice
de Ale, C y D., no dicen nada. La e. p. dice sólo: Las cuales [señales] son íres.
3 Así Ale, B, C, D y P. La e. p. y A trasladan obrar.
4 Así Ale—A, B, C, D y e. p: hallare.
5 Falta en la e. p. y quietud. Como poco conforme a la doctrina católica se
delató lo que el Santo escribe en esta primera señal para pasar de la meditación a
la contemplación, principalmente en lo que dice "que ya no puede meditar, ni dis-
currir con la imaginación, ni gustar de ello como de antes solía." Este modo de
hablar es común en los místicos y en los teólogos, sin excluir a Santo Tomás
(2.ar2.ae, q, 180, a. 6), y a Suárez (De oraíione, lib. II, c. 10), como erudi-
ta y doctamente prueban el P. Basilio Ponce de León y la Elucidatio, refutando a los
aristarcos del Santo. Todos están contestes en afirmar que en el apto de contemplación
de que aquí habla San Juan de la Cruz, debe desnudarse el entendimiento de formas
y especiesimaginarias,y prescindirde los discursos y ponderaciones propios de la me-
ditación. Y esto ha de entenderse, así de la contemplación que excede todo modo hu-
mano, como de la que se ejercita según este modo humano y connatural con el auxilio
ordinario de la gracia; con la diferencia importante, que para la primera se prescinde
de todo discurso intelectual y de toda imaginación o fantasma; y en la segunda, se re-
quiere ordinariamente discurso antecedente o previo al acto de contemplación, el cual
discurso cesa en el acto de contemplación, y le sustituye cierta intuición sencilla y
amorosa de la verdad eterna. Entiéndase bien, que esto no ocurre en el alma contem-
plativa habitualmente, sino en el acto de contemplación, que dura poco, de ordinario.
Esto mismo viene a significar la Santa cuando escribe en el capítulo XXVII de su
Vida: "Pone el Señor lo que quiere que el alma entienda en lo muy interior del alma,
y allí lo representa sin imagen ni forma de palabras, sino a manera de esta visión que
queda dicha. Y nótese mucho esta manera de hacer Dios que entienda el alma lo que
El quiere, y grandes verdades y misterios; porque muchas veces lo que entiendo cuan-
do el Señor me declara alguna visión que quiere Su Majestad representarme, es ansí,
y parece que es adonde el demonio se puede entremeter menos por estas razones."
Hay otros muchos pasajes en la Santa que tratan este mismo punto de doctrina. (Cfr.
Vida. c. X y XII; Camino de Perfección, cap. XXVI; Moradas IV, c. III, et alibi).
120 SUBIDñ D E L MONTE CARMELO

poner la imaginación ni el sentido en otras cosas particulares,
exteriores ni interiores. No digo que no vaya y venga (que ésta
aun en mucho recogimiento suele andar suelta), sino que no
guste el alma de ponerla de propósito en otras cosas.
4. La tercera y más cierta es si el alma gusta de estarse a
solas con atención amorosa a Dios, sin particular consideración,
en paz interior y quietud y descanso, y sin actos y ejercicios
de las potencias, memoria, entendimiento y voluntad, a lo menos
discursivos, que es ir de uno en otro; sino sólo con la atención
y noticia (1) general, amorosa que decimos, sin particular in-
teligencia y sin entender sobre qué (2).
5. Estas tres señales ha de ver en sí juntas, por lo me-
nos, el espiritual para atreverse seguramente a dejar el estado de
meditación y del sentido (3), y entrar en el de contemplación y
del espíritu.
6. Y no basta tener la primera sola sin la segunda, porque
podría ser que no poder ya imaginar y meditar en las cosas de
Dios como antes, fuese por su distracción y poca diligencia (4),
para lo cual ha de ver en sí también la segunda, que es no
tener gana ni apetito de pensar en otras cosas extrañas; porque
cuando procede de distracción o tibieza el no poder fijar la
imaginación y sentido en las cosas de Dios, luego tiene apetito
y gana de ponerla en otras cosas diferentes, y motivo de irse
de allí. N i tampoco basta ver en si la primera y segunda señal,
si no viere también juntamente la tercera; porque aunque se vea
que no puede discurrir ni pensar en las cosas de Dios, y que
tampoco le da gana pensar en las que son diferentes, podría pro-
ceder de melancolía o de algún otro jugo de humor puesto en el

1 Ale, P, A y B: la atención y noticia. La e. p.: la noticia g advertencia.
2 Y sin entender sobre qué. Estas palabras se leen sólo en el Códice de Alcau-
dete y en B, C y D.
3 Y del sentido. También faltan estas palabras en la e. p,, que traen los Códices.
Bien sabido es cuánta parte toma el sentido en la meditación, y por eso el San-
to la contrapone a la contemplación, más subida y espiritual y más desligada de ata-
duras naturales cuanto más perfecta sea, como ocurre con la contemplación sobre to-
do modo humano, que prescinde de los sentidos interiores y exteriores y del proceso
discursivo, previo o concomitante, del entendimiento, como antes se dijo. (Cfr. Eluci-
datio. part. II, c. III, p. 180).
4 A, B y C: ^ poco recogimiento.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XIII 121

cerebro o en el corazón, que suelen causar en el sentido cierto em-
papamiento ü suspensión que le hacen no pensar en nada, ni que-
rer ni tener gana de pensarlo, sino de estarse en aquel embele-
samiento sabroso. Contra lo cual ha de tener la tercera, que
es noticia y atención amorosa en paz, etc., como habemos dicho.
7. Aunque verdad es que a los principios que comienza este
estado casi no se echa de ver esta noticia amorosa, y es por
dos causas: la una, porque a los principios suele ser esta noticia
amorosa muy sutil y delicada, y casi insensible; y la otra, poi-
que habiendo estado habituada el alma al otro ejercicio de la me-
ditación, que es totalmente (1) sensible, no echa de ver ni casi
siente estotra novedad insensible que es ya pura de espíritu, ma-
yormente cuando, por no lo entender ella, no se deja sosegar en
ello, procurando lo otro más sensible; con lo cuál, aunque más
abundante sea la paz interior amorosa, no se da lugar a sen-
tirla y gozarla. Pero cuanto más se fuere habituando (2) el al-
ma en dejarse sosegar, irá siempre creciendo en ella y sintién-
dose más aquella amorosa noticia general de Dios, de que gusta
ella más que de todas las cosas, porque le causa paz, descanso,
sabor y deleite sin trabajo.
8. Y porque lo dicho quede más claro, daremos las causas
y razones en este capítulo siguiente, por donde parecerán necesa-
rias las dichas tres señales para caminar al espíritu (3).

CAPITULO XIV

EN E L CUAL SE P R U E B A L A CONVENIENCIA D E E S T A S S E Ñ A L E S , DANDO
RAZON D E L A NECESIDAD D E L O DICHO EN E L L A S P A R A IR A D E -
LANTE.

1. Acerca de la primera señal que decimos, es de saber,
que haber el espiritual para entrar en la vía (4) del espíritu

1 La e. p. suprime esta palabra que traen todos los Códices, y dice: que es más
sensible,
2 Así Ale, B, C, D y P. La e. p. y A: habiliíando.
3 E . p.: para encaminar el espíritu.
4 E. p.: vida.
122 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

(que es la contemplativa), de dejar la vía imaginaria y de me-
ditación sensible, cuando ya no gusta de ella ni puede discurrir,
es por dos cosas que casi se encierran en una: la primera, por-
que en cierta manera se le ha dado al alma todo el bien
espiritual que habia de hallar en las cosas de Dios por vía de
la meditación y discurso, cuyo indicio es el no poder ya me-
ditar ni discurrir como antes (1), y no hallar en ello jugo
ni gusto de nuevo como antes hallaba, porque no había corrido
hasta entonces hasta el espíritu (2) que allí había para él;
porque, ordinariamente, todas las veces que el alma recibe algún
bien espiritual, lo recibe gustando, al menos con el espíritu, en
aquel medio por donde le recibe y le hace provecho; y, si no,
por maravilla le aprovecha, ni halla en la causa de él aquel arri-
mo y jugo que halla cuando le recibe (3). Porque es al modo
que dicen los filósofos, que Qaod sapit, natrit. Esto es: Lo que
da sabor, cría y engorda. Por lo cual dijo el santo Job: Natnquid
poterit comedí insulsum, qaod non est sale conditum? (4). ¿Por
ventura podráse comer lo desabrido, que no está guisado con sal?
Esta es la causa de no poder considerar ni discurrir como antes:
el poco sabor que en ello halla el espíritu y el poco provecho.
2. La segunda es, porque ya el alma en este tiempo tiene el
espíritu de la meditación en sustancia y hábito. Porque es de
saber, que el fin de la meditación y discurso en las cosas de
Dios es sacar alguna noticia y amor de Dios, y cada vez que
por la meditación (5) el alma la saca es un acto; y así como
muchos actos en cualquier cosa vienen a engendrar hábito en el
alma, así muchos actos de estas noticias amorosas que el alma
ha ido sacando en veces particularmente, vienen por el uso a
continuarse tanto, que se hace hábito en ella. Lo cual también Dios
suele hacer en muchas almas sin medio de estos actos (6) (a lo

1 E . p.: como solía.
2 E . p.: ni gusto de nuevo como antes, porque no había corrido antes de esto
hasta el espíritu.
3 La e. p. omite las palabras ni halla en la causa de él aquel arrimo y jugo que
halla cuando le recibe, las cuales se leen en todos los Códices.
4 Job.. VI, 6.
5 Por la meditación. Faltan en la c. p. estas palabras de los Mss.
6 E . p.: suele hacer sin medio de estos actos de meditación.
LIBRO S E G U N D O . — C ñ P . XIV 123

menos, sin haber precedido muchos), poniéndolas luego en con-
templación (1). Y así, lo que antes el alma iba sacando en ve-
ces por su trabajo de meditar en noticias particulares, ga, co-
mo decimos, por el uso se ha hecho g vuelto en ella en hábito
g sustancia de una noticia amorosa general, no distinta ni par-
ticular como antes. Por lo cual, en poniéndose en oración, ga,
como quien tiene allegada el agua, bebe sin trabajo en suavidad,
sin ser necesario sacarla por los arcaduces de las pasadas con-
sideraciones g formas g figuras. De manera que, luego en po-
niéndose delante de Dios, se pone en acto de noticia confusa,
amorosa, pacifica g sosegada en gue está el alma bebiendo sabidu-
ría g amor g sabor.
3. Y ésta es la causa por qué el alma siente mucho trabajo
g sinsabor, cuando, estando en este sosiego, la quieren ha-
cer meditar g trabajar en particulares noticias. Porque le acaece
como al niño, que estando recibiendo la leche que ga tiene en
el pecho allegada g junta, le quitan el pecho g le hacen que
con la diligencia de su estrujar g manosear la vuelva a querer
sacar g juntar. O como el que habiendo quitado la corteza,
está gustando la sustancia, si se la hiciesen dejar para que
volviese a quitar la dicha (2) corteza que ga estaba quitada,
que no hallaría corteza, g dejaría de gustar de la sustancia que
ga tenía entre las manos, siendo en esto semejante al que deja la
presa que tiene por la que no tiene.
4. Y así hacen muchos que comienzan a entrar en este
estado, que pensando que todo el negocio está en ir discurrien-
do g entendiendo particularidades por imágenes g formas, que
son la corteza del espíritu, como no las hallan en aquella quie-
tud amorosa g sustancial en que se quiere estar su alma, donde
no entienden cosa clara, piensan que se van perdiendo g que pier-
den tiempo, g vuelven a buscar la corteza de su imagen g dis-
curso (3), la cual no hallan, porque está ga quitada; g así, no
gozan la sustancia, ni hallan meditación, g túrbanse a sí mismos

1 Y amor, añade A. Ni B, ni Ale. ni la e. p. traen esta adición.
2 Misma, se lee en la e. p.
3 De su imagen y discurso. Así Ale. y la e. p.—'A: la corteza del discurso. B, por
error: la corteza del descanso.
124 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

pensando que vuelven atrás, y que se pierden. Y, a la verdad, se
pierden (1), aunque no como ellos piensan, porque se pier-
den a los propios sentidos y a la primera manera de sentir (2);
lo cual es irse ganando al espíritu que se les va dando. E n el
cual, cuanto van ellos menos entendiendo, van entrando más en
la noche del espíritu, de gue en este libro tratamos, por donde
han de pasar para unirse con Dios, sobre todo saber.
5. Acerca de la segunda señal, poco hay que decir, porque
ya se ve que de necesidad no ha de gustar el alma en este tiem-
po de otras imágenes diferentes, que son del mundo; pues de
las que son más conformes, que son las de Dios, según habe-
mos dicho, no gusta por las causas ya dichas. Solamente, como
arriba queda notado, suele en este recogimiento la imaginativa
de suyo ir y venir, y variar; mas no con gusto y voluntad del
alma, entes en ello siente pena, porque la inquieta la paz y sabor.
6. Y que la tercera señal sea conveniente y necesaria para
poder dejar la dicha meditación, la cual es la noticia o advertencia
general en Dios g amorosa, tampoco entiendo era menester decir
aquí nada, por cuanto ya en la primera queda dado a enten-
der algo, y después de ella hemos de tratar de propósito, cuan-
do hablemos de esta noticia general y confusa en su lugar, que
será después de todas las aprehensiones particulares del enten-
dimiento. Pero diremos (3) sola una razón con que se vea claro
cómo, en caso que el contemplativo haya de dejar la vía de me-
ditación y discurso, le es necesaria esta noticia o advertencia amo-
rosa en general de Dios: y es, porque si el alma entonces no
tuviese esta noticia o asistencia en Dios, seguirse hia que ni
haría nada, ni tendría nada el alma; porque dejando la medita-
ción, mediante la cual obra el alma discurriendo con las potencias
sensitivas, y faltándole también la contemplación, que es la noticia
general que decimos, en la cual tiene el alma actuadas las poten-
cias espirituales (4), que son memoria, entendimiento y voluntad.

1 Y a la verdad sí hacen, dice la e. p. El C. de Ale. omite las siete palabras si-
guientes, que se leen en los demás Códices, por saltar de una palabra a otra igual.
2 Y entender, añaden A, B y e. p.
3 E . p.: Pero diremos ahora.
4 El códice B copia estas palabras, que sólo en él se leen: "potencias sensitivas,
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XIV 1215

unidas ga en esta noticia obrada ga g recibida en ellas, faltarle
hía necesariamente al alma (1) todo ejercicio acerca de Dios,
como quiera que el alma no pueda obrar ni recibir (2) lo obra-
do, sino es por vía de estas dos maneras de (3) potencias sen-
sitivas y espirituales; porque. Como habemos dicho, mediante las
potencias sensitivas puede ella discurrir g buscar g obrar las no-
ticias de los objetos; g mediante las potencias espirituales, puede
gozar las noticias (4) ga recibidas en estas dichas potencias,
sin que obren ga las potencias (5). •
7. Y así, la diferencia que hag del ejercicio que el alma
hace acerca de las unas g "de las otras potencias, es la que
hag entre ir obrando y gozar ga de la obra hecha (6), o la
que hay entre el trabajo de ir caminando g el descanso g quietud
que hag en el término; que es también como estar guisando la
comida o estar comiéndola g gustándola, ga guisada g mastica-
da, sin alguna manera de ejercicio de obra; g la que hag entre
ir recibiendo g aprovechándose ya del recibo. Y así, acerca del
obrar (7) con las potencias sensitivas que es la meditación
g discurso, o acerca de lo ga recibido g obrado en las po-
tencias espirituales, que es (8) la contemplación g noticia que
habemos dicho, no estuviese el alma empleada, estando ociosa
de las unas g de las otras, no había de dónde ni por dónde
se pudiese decir que estaba el alma empleada. Es, pues, necesaria
esta noticia para haber de dejar la vía de meditación g discurso.
8. Pero conviene aquí saber, que esta noticia general de que
vamos hablando, es a veces tan sutil g delicada, magormente cuan-

y faltándole también la contemplación, que es la noticia general que decíamos, en la
cual tiene el alma actuales potencias espirituales."
1 Al alma. Faltan estas palabras en la e. p.
2 La e. p. añade: o durar en.
3 Maneras de. Así en Ale. y e. p.—-A y B: por vía de estas dos potencias...
4 Así los Mss. La e. p.: gozarse en el objeto de las noticias.
5 Con trabajo, inquisición o discurso, añade la e. p.
6 Los Mss. y e. p. añaden aquí: o lo que hay entre ir recibiendo y aprovechan'
dose ya de lo recibido, que el C. de Ale. traslada un poco más abajo.
7 La e. p. modifica y abrevia: ya guisada. Y si en alguna manera de ejercicio
a/iora sea acerca del obrar, etc.
8 La e. p. suprime en las potencias espirituales que es.
126 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

do ella es más pura y sencilla y perfecta, y más espiritual c inte-
rior, que el alma, aunque está empleada en ella, no la hecha
de ver ni la siente. Y aquesto acaece más cuando decimos
que ella es en sí más clara, perfecta y sencilla; y enton-
ces lo es, cuando ella embiste en el alma más limpia y ajena de
otras inteligencias y noticias particulares, en que podría hacer
presa el entendimiento o sentido; la cual, por carecer de éstas,
que son acerca de las cuales el entendimiento y sentido tiene ha-
bilidad y costumbre de ejercitarse, no las siente, por cuanto le
faltan sus acostumbrados sensibles. Y esta es la causa por donde,
estando ella más pura y perfecta y sencilla, menos la siente el en-
tendimiento, y más oscura le parece. Y así, por el contrario, cuan-
to ella está en si en el entendimiento menos pura y simple (1),
más clara y de más tomo le parece al entendimiento, por estar ella
vestida o mezclada o envuelta en algunas formas inteligibles en
que puede tropezar el entendimiento, o sentido (2).
9. Lo cual se entenderá bien por esta comparación. S i consi-
deramos en el rayo del sol que entra por la ventana, vemos que
cuanto el dicho rayo está más poblado de átomos y motas,
mucho más palpable y sensible y más claro le parece a la vista
del sentido (3); y está claro que entonces el rayo está menos
puro y menos claro en sí, y sencillo y perfecto, pues está lleno
de tantas motas y átomos. Y también vemos que cuando está
más puro y limpio de aquellas motas y átomos, menos palpable
y más oscuro (4) le parece al ojo material; y cuanto más
limpio está, tanto más oscuro y menos aprensible le parece. Y si
del todo el rayo estuviese limpio y puro de todos los átomos y
motas, hasta los más sutiles polvitos, del todo parecería oscu-
ro e incomprensible (5) el dicho rayo al ojo, por cuanto allí
faltan los visibles, que son objeto de la vista; y así, el ojo

1 En la e. p. se leen así estas frases: Y así, por el contrario, cuando esta noticia es
menos pura y simple.
2 E . p. no copia las palabras o sentido.
3 Así los Códices. La e. p. copia: al sentido de la vista.
4 E . p.: y menos puro.
5 Todos los Mss. trasladan incomprensible. La e. p. enmienda: imperceptible, y
con razón.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XIV 127

no halla especies en qué reparar, porque la luz no es pro-
pio objeto (1) de la vista, sino el medio con que ve lo visi-
ble (2); y así, si faltaren los visibles en que el rago o la
luz hagan reflexión, nada se verá. De donde si entrase el ra-
yo por una ventana y saliese por otra, sin topar en cosa al-
guna que tuviese tomo de cuerpo, no (3) se vería nada; y, con
todo eso, el rayo estaría en sí más puro y limpio que cuando,
por estar lleno de cosas visibles, se veía g sentía más claro.
10. De la misma manera acaece acerca de la luz espiritual
en la vista del alma, que es el entendimiento, en el cual esta
general noticia (4) g luz que vamos diciendo, sobrenatural (5),
embiste tan pura y sencillamente, g tan desnuda ella y ajena de
todas las formas inteligibles, que son objetos del entendimiento (6)
que él no la siente ni echa de ver. ñntes, a veces (que es cuando
ella es más pura), le hace tiniebla, porque le enajena de sus acos-
tumbradas luces, de formas g fantasías, y entonces siéntese bien
y échase bien de ver la tiniebla. Mas cuando esta luz divina no
embiste con tanta fuerza en el alma, ni siente tiniebla, ni ve luz,
ni aprehende nada que ella sepa, de acá ni de allá (7); y, por
tanto, se queda el alma a veces como en un olvido grande, que
ni supo dónde se estaba (8), ni qué se había hecho, ni le pa-
rece haber pasado por ella tiempo. De donde puede acaecer,
y así es, que se pasen muchas horas en este olvido, y al alma,
cuando vuelve en sí, no le parezca un momento, o que no estuvo
nada (9).

1 Propio copia el de Ale. Visible A y B.
2 Estas líneas vienen así en la e. p.: "Porque el ojo no halla especies en qué re-
parar; que la luz sencilla y pura no es tan propiamente objeto de la vista como medio
con que ve lo visible."
3 Lae. p.: no parece.
4 Lae. p.: esía noticia.
5 La e, p.: noticia y luz sobrenatural, que vamos diciendo.
6 La e. p.: que son objetos proporcionados del entendimiento,
7 La e. p.: "Otras veces también esta divina luz embiste con tanta fuerza en el
alma, que ni siente tiniebla, ni repara en luz, ni le parece aprehende nada que ella
sepa de acá ni de allá,"
8 Asi Ale. y e. p. Entraba, dicen A y B.
9 Tal es la lectura del C. de Alcaudete. A y B.: o que no le parezca nada. La
e. p. omite estas palabras.
128 SUBIDA DEL MONTE CARMELO

11. Y la causa de este olvido es la pureza y sencillez de es-
ta noticia; la cual, ocupando al alma (1), así la pone sencilla y
pura y limpia de todas las aprehensiones y formas de los sentidos
y de la memoria, por donde el alma obraba en tiempo, y así, la de-
ja en olvido y sin tiempo; de donde al alma esta oración, aunque,
como decimos, le dure mucho, le parece brevísima; porque ha es-
tado unida en inteligencia pura, que no está en tiempo; y es la
oración breve de que se dice que penetra los ciclos, porque es
breve, porque no es en tiempo (2). Y penetra los cielos, porque
el alma está unida en inteligencia celestial; y así, esta noti-
cia deja al alma, cuando recuerda, con los efectos que hizo en
ella sin que ella los sintiese hacer, que son levantamiento de
mente a inteligencia celestial, y enajenación y abstracción de to-
das las cosas y formas y figuras y memorias de ellas. Lo cual
dice David haberle a él acaecido volviendo en sí del mismo
olvido, diciendo: Vigilavi, et ¡actas sum sicut passer solitarias in
texto (3). Que quiere decir: Recordé, y hálleme hecho como el
pájaro solitario en el tejado. Solitario dice, es a saber, de todas
las cosas enajenado y abstraído. Y en el tejado, es a saber, eleva-
da la mente en lo alto; y así, se queda el alma como ignorante de
todas las cosas, porque solamente sabe a Dios sin saber cómo. De

1 E . p. añade: así como eZ/a es limpia y pura,.,
2 La e. p. modifica así estas líneas: "Por donde el alma obraba antes, y así la deja
en olvido y sin reparar en diferencias de tiempo; de donde al alma, esta oración, aunque,
como he dicho, dure mucho, le parece brevísima, porque ha estado en inteligencia pura,
que es la oración breve, de quien se dice que penetra los cielos. Por ser breve, porque no
siente o repara en tiempo." E l P. José de Jesús María explica asi este pasaje del Santo;
"Esto es, dice, hablando de la contemplación, alejarse ya de veras el alma de la orilla
del mar, y del todo perder la vista a la tierra, para engolfarse en aquel mar inmenso
y abismo impenetrable de la esencia divina, y escondiéndose de la región del tiempo,
entrar en los términos extendidísimos de la eternidad. Porque la inteligencia pura y
sencilla en que está puesta el alma en esta contemplación, como lo advirtieron el an-
tiguo Dionisio (Misf, TheoL, c. II) y el Nuestro, no está sujeta al tiempo; porque se-
gún declara Santo Thomas (I part, q. 118, a. 3, eí alibi), el alma es substancia espi-
ritual sobre el tiempo, y superior a los movimientos del cielo, al cual no está sujeta
sino por razón del cuerpo, Y así parece que cuando se aleja del cuerpo y de todo lo
criado, y se engolfa por medio de la inteligencia pura en las cosas eternas, que reco-
bra su señorío natural y se pone sobre el tiempo, ya que no según la substancia, a lo
menos según su más perfecto ser; porque el más noble y más perfecto ser de la alma,
más está en sus actos que en sus potencias. Por lo cual dice San Gregorio: "Los San-
tos aun en esta vida entran en la eternidad, mirando lo eterno de Dios." (L. VIII Mor.).
3 Ps.CI.S. ,
LIBRO SEGUNDO.—CAP, XIV 129

donde la Esposa declara en los Cantares entre los efectos que en
ella hizo este su sueño y olvido, este no saber, cuando dice que
descendió a él, diciendo. Nescivi (1). Esto es: No supe de dónde.
Aunque, como habernos dicho, al alma en esta noticia le parezca
que no hace nada, ni está empleada en nada, porque no obra
nada con los sentidos ni con las potencias, crea que no se está
perdiendo tiempo (2). Porque, aunque cese la armonía de las po-
tencias del alma, la inteligencia de ella está de la manera que
habernos dicho. Que por eso la Esposa, que era sabia, también
en los Cantares se respondió ella a sí misma en esta duda, di-
ciendo: Ego dormio et cor meum vigilat (3). Como si dijera:
ñunque duermo yo según lo que yo soy naturalmente, cesando
de obrar, mi corazón vela, sobrenaturalmente elevado en noti-
cia sobrenatural (4).

1 Cant. VI. 11.
2 Así el C. de Ale. La e. p.; crea que no se está perdiendo, ni es por demás.
3 Cant., V, 2.
4 Las palabras con que termina este párrafo la edición de 1630: "El indicio
que hay para conocer si el alma está empleada en esta inteligencia secreta, es si ve
que no gusta de pensar en cosa alguna, alta ni baja", no se leen en los Códices ni en
la e, p. Cuando el Santo emplea las palabras cesación, ocio, quietud, aniquilación,
sueño de las potencias, y otras análogas, no deben entenderse jamás en el sentido
de los Iluminados, de que el entendimiento y la voluntad en el acto de la contem-
plación se conducen tan pasivamente, que pierden toda acción propia y vital. Y
de esta total pasividad sacan la grosera consecuencia de que entonces el contemplante
es impecable, aunque se dé a los vicios más groseros. Las potencias anímicas, aun en
la contemplación más subida, obran en sentir de San Juan de la Cruz: el entendimien-
to por la atención que en el acto contemplativo pone en Dios; y la voluntad, porque
la atención dicha en esta contemplación, no es seca y solitaria, sino dulce y amorosa,
como en tantos pasajes de sus obras lo dice el místico Doctor. E l entendimiento y la
voluntad en estos actos no obran de modo corriente y connatural a ellos, es decir por
discurso, industria propia e imágenes tomadas del mundo corpóreo; sino en forma so,
brenatural, por la unción del Espíritu Santo, la cual reciben pasivamente, sin diligen-
cia ninguna propia que sea causa de la tal moción. Y precisamente por esta ausencia
del esfuerzo e industria propia en la actuación connatural de estas potencias, son ex-
presivas y bastante apropiadas (no hay otras que declaren mejor el concepto) las di-
chas palabras de ocio, sueño, ociosidad, etc. Lo que se hace sin fatiga ni dificultad,
antes con suavidad suma e inefable dulcedumbre, más parece pasión que acción de las
potencias. Otra razón por qué el Santo y los Doctores místicos emplean este lenguaje,
es porque en esta contemplación sublime, la mente no repara en sus operaciones, y
obrando, no reflexiona que obra; y también, porque si bien es cierto que en la men-
cionada contemplación ejecuta actos de inteligencia y amor, como procede más por vía
de negación (lo que no es Dios), que por afirmación (lo que Dios es), se dice que ignora
y carece el alma de sus operaciones cognoscitivas, más bien que las conoce y se da
cuenta de ellas.
130 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

12, Pero es de saber, que no se ha de entender que esta
noticia ha de causar por fuerza este olvido, para ser como aquí
decimos; que eso sólo acaece cuando Dios (1) abstrae al al-
ma del ejercicio de todas las potencias naturales y espiritua-

San Juan de la Cruz, que era tan buen filósofo como místico, no podía negar la ac-
ción intrínseca vital de la inteligencia y voluntad en la contemplación. En el ejercicio
de la contemplación, como unánimente sostienen los autores, el alma entiende y ama,
aunque estos dos elementos no sean igualmente esenciales al acto contemplativo. Aho-
ra bien, tanto el entender como el amar son actos intrínsecamente vitales, y en este
concepto no pueden ser producidos ni suplantados por ningún principio extrínseco a
ellos. Cuando el alma entiende y ama, ejercita necesariamente dos actos vitales; obra,
por consiguiente. Tanto la intuición como la fruición suave que se goza en la contem-
plación, dimanan, como de principio vital, del alma, mediante la inteligencia y volun-
tad. En consecuencia, el alma, en el acto de contemplación, no sólo padece, sino que
también obra mediante las dos potencias dichas.
Por tres razones se dice en la Teología Mística que el amor padece las cosas di-
vinas: primero, porque tratándose de actos sobrenaturales, superiores por lo mismo a
su capacidad natural, debe recibir en sí el principio que la habilite para tal ejercicio
sobrenatural: en segundo lugar, porque mueve Dios al alma por modo especial y la
saca como fuera de sí, y por eso se dice que obra en ella la gracia del Espíritu Santo,
y, por último, porque aunque el alma así elevada por un principio sobrenatural sea
movida suavemente por Dios, obra verdaderamente contemplando con el entendimien-
to y amando con la voluntad, hasta tal extremo son suaves y tranquilas estas opera-
ciones, que el alma más parece recibir pasivamente, que activamente obrar.
Por lo que hace a los efectos de esta contemplación, tan lejos está el contemplativo
de aquel dejamiento total y absoluto en poder de las pasiones, o de quienquiera que
en el acto de la contemplación arrastre a las potencias al bien o al mal moral, tan
cacareado por los alumbrados, que, como muy bien prueba el P. José de Jesús María,
en su Apología Mística de la Contemplación divina, capítulo IX, hallándose como
empapado en Dios, ejercita de paso todas las virtudes. "Cuanto a lo primero"
—escribe este autor—"cosa cierta es que en esta contemplación está la voluntad incli-
nada a Dios y empleada en él, pues toda la doctrina que los Santos nos dieron en los
capítulos pasados se ordena a unir la voluntad con Dios y despertar en ella el fuego
de la caridad, lo cual es el fin de la vida espiritual, como prueba S. Tomás (2. - 2.«e,
q. 44, a. I); y si la voluntad está empleada en Dios, por el consiguiente lo están asi-
mismo todas las demás potencias, porque entre todas las fuerzas del alma, la voluntad
es ia que tiene el lugar de primer motor, y con el movimiento de su acto arrebata los
actos de todas las demás potencias a su último fin... Y no sólo imprime la voluntad
en las demás potencias su propia forma (que es la libertad de su acto para que sea
meritorio); mas también una participación de la forma que a ella le perfecciona, que
es la caridad y la raíz y principio del merecimiento con la gracia. De manera que
así como el acto superior contiene en sí más perfectamente a lo universal todo lo que
los inferiores en particular e imperfectamente...; así, en solo este acto sencillo de lo su-
perior del espíritu y supremo de las tres potencias, que está empleado en Dios, como
ya vimos, están incluidos los actos de las demás potencias con mayor perfección que
si cada una de ellas los exercitara sin otra dependencia. Y si el amor no es otra cosa
que aplicación de la voluntad a alguna cosa como a su bien...; el amor de Dios está
exercitando la voluntad del contemplativo en este acto, pues en él está aplicada a
Dios de esta manera."
Con la misma solidez filosóficoteológica continúa demostrando, que en la contem-
plación ejercita el alma las virtudes, y procura sus aumentos por camino más derecho
1 La e, p.: Dios con particularidad...
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XIV 131

les, lo cual acaece las menos veces (1), porque no siempre
esta noticia ocupa toda el alma. Que para que sea la que basta
en el caso que vamos tratando, basta que el entendimiento esté
abstraído de cualquiera noticia particular, ahora temporal, ahora
espiritual, y que no tenga gana la voluntad de pensar acerca
de unas ni de otras (2), corno habernos dicho, porque entonces
es señal que está el alma empleada (3). Y este indicio se ha
de tener para entender que lo está (4), cuando esta noticia sólo
se aplica y comunica al entendimiento, que es cuando a veces el
alma no lo echa de ver. Porque, cuando juntamente se comunica
a la voluntad, que es casi siempre, poco o mucho no deja el al-
ma de entender, si quiere mirar en ello, que está empleada y ocu-
pada en esta noticia, por cuanto se siente con sabor de amor
en ella, sin saber ni entender particularmente lo que ama. Y por
eso la llama noticia amorosa general; porque así como lo es en el
entendimiento, comunicándose a él oscuramente, así también lo es
en la voluntad, comunicándola sabor y amor confusamente, sin
que sepa distintamente lo que ama.
13. Esto baste ahora para entender cómo le conviene ai
alma estar empleada en esta noticia, para haber de dejar la vía
del discurso espiritual (5), y para asegurarse que, aunque le pa-
rezca que no hace nada, el alma está bien empleada, si se ve
con las dichas señales. Y para que también se entienda, por la
comparación que habernos dicho, cómo no porque esta luz se
represente al entendimiento más comprensible y palpable, como
hace el rayo del sol al ojo cuando está lleno de átomos, por eso
la ha de tener el alma por más pura, subida y clara. Pues está
claro que, según dice Aristóteles y los teólogos (6), cuanto más
alta es la luz divina y más subida, más oscura es para nuestro
entendimiento.

1 Lae. p. suprime algunas palabras; abstrae al alma,y esto sucede las menos veces.
2 De otras cosas, añade la e. p.
3 En la e. p. falta: porque entonces es señal que está el alma empleada.
4 Que está el alma en este olvido, cuando esta noticia se aplica sólo al enten -
dimiento y se le comunica, se lee en la e. p.
5 Así Ale, A y B. La e. p. suprime la palabra espiritual.
6 En A y B faltan las palabras según dice Aristóteles y los teólogos.
132 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

14. DG esta divina noticia hay mucho que decir, así de ella
en sí, como de los efectos que hace en los contemplativos. To-
do lo dejamos para su lugar, porque aunque lo que habemos di-
cho en éste, no había para qué alargarnos tanto, si no fuera
por no (1) dejar esta doctrina algo más confusa de lo que
queda, porque es cierto yo confieso lo queda mucho (2). Por-
que, dejado que es materia que pocas veces se trata por este
estilo, ahora de palabra, como de escritura, por ser ella en sí
extraordinaria y oscura, añádese también mi torpe estilo y poco
saber; y así, estando desconfiado de que lo sabré dar a enten-
der, muchas veces entiendo me alargo demasiado y salgo fuera
de los límites que bastan al lugar y parte de la doctrina que
voy tratando (3). E n lo cual yo confieso hacerlo, a veces, de
advertencia; porque lo que no se da a entender por unas razo-
nes, quizá se entenderá mejor por aquellas y por otras, y tam-
bién porque entiendo que así se va dando más luz para lo que
se ha de decir adelante.
15. Por lo cual, me parece también, para concluir con esta
parte, dejar respondido (4) a una duda que puede haber acer-
ca de la continuación de esta noticia, y será brevemente (5) en
el siguiente capítulo.

1 No. Falta esta palabra en B y Ale. La traen A y e. p,, y así lo exige el contexto.
2 En ninguna parte de sus escritos trata el Santo de esta noticia amorosa con la
extensión que aquí parece dar a entender.
3 Las siguientes líneas faltan en A y B; las traen Ale. y la e. p.
4 E. p.: no dejar de responder.
5 E . p.: y así lo haré...
UBRO SEGUNDO.—CAP. XV 133

CAPITULO X V - - >- :>"

EN OUE SE DECLARA COMO A LOS APROVECHANTES QUE COMIENZAN A E N -
TRAR EN ESTA NOTICIA GENERAL DE CONTEMPLACION, LES CON-
VIENE ñ VECES APROVECHARSE D E L DISCURSO NATURAL (1) Y
OBRA DE LAS POTENCIAS NATURALES.

1. Podría acerca de lo dicho haber una duda, y es si los
aprovechantes, que es a los que Dios comienza a poner en esta
noticia sobrenatural de contemplación de que habernos hablado,
por el mismo caso que la comienzan a tener, no hagan ga para
siempre de aprovecharse de la vía de la meditación, g discurso
g formas naturales. R lo cual se responde, que no se entiende que
los que comienzan a tener esta noticia amorosa, en general nun-
ca hagan de procurar de tener más meditación (2); porque a los
principios que van aprovechando, ni está tan perfecto el hábito
de ella que luego que ellos quieran se puedan poner en el acto
de ella, ni, por el semejante, están tan remotos de la meditación,
que no puedan meditar g discurrir algunas veces naturalmente (3)
como solían, por las formas g pasos que solían (4), hallando allí
alguna cosa de nuevo, ñntes a estos principios, cuando por
los indicios ga dichos echan de ver que no está el alma em-
pleada en aquel sosiego g noticia, habrán menester aprovecharse
del discurso hasta que vengan en ella a adquirir el hábito que
habemos dicho, en álguna manera perfecto, que sera cuando to-
das las veces que quieren meditar, luego se quedan en esta noticia
g paz sin poderlo hacer ni tener gana de hacerlo, como habemos
dicho; porque hasta llegar a este tiempo, que es ga de aprovecha-
dos en esto, ga hag de lo uno, ga de lo otro, en diferente^
tiempos (5).

1 La e. p. omite esta palabra.
2 Así Ale, A y B. La e. p. traslada: amorosa y sencilla, nunca hagan de tener
más meditación, ni procurarla.
3 Sólo en el C. de Ale. leemos este adverbio.
4 Lae. p. suprime las palabras por Zas formas y pasos que solían.
5 En diferentes tiempos. La e. p. omite estas palabras.
134 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

2. De manera que muchas veces se hallará el alma en esta
amorosa o pacífica asistencia sin obrar nada con las potencias,
esto es, acerca de actos particulares, no obrando activamente, si-
no sólo recibiendo (1); y muchas habrá menester ayudarse blan-
da y moderadamente del discurso para ponerse en ella; pero
puesta el alma en ella, ya habernos dicho que el alma no obra
nada con las potencias (2); que entonces antes es verdad de-
cir que se obra en ella y que está obrada la inteligencia g sabor,
que no que obre ella alguna cosa; sino solamente tener adver-
tencia el alma con amar a Dios, sin querer sentir, ni ver nada;
en lo cual pasivamente se le comunica Dios así como al que tiene
los ojos abiertos, qus pasivamente, sin hacer él más que tenerlos
abiertos, se le comunica la luz (3). Y este recibir la luz que
sobrenaturalmente se le infunde, es entender pasivamente; pero
dícese que no obra, no porque no entienda, sino porque en-
tiende lo que no le cuesta su industria, sino sólo recibir lo
que le dan, como acaece en las iluminaciones, e ilustraciones, o
inspiraciones de Dios.
3. Aunque aquí libremente recibe la voluntad esta noticia
general y confusa de Dios (4), solamente es necesario para re-
cibir más sencilla y abundantemente esta divina luz, que no se
cure de interponer otras luces más palpables de otras luces o for-
mas o noticias o figuras de discurso alguno; porque nada de
aquello es semejante a aquella serena y limpia luz. De donde si

1 Esto es, acerca de actos patticulaces, no obrando activamente, sino sólo rect-
hiendo. Estas palabras se leen únicamente en el C. de Ale. La e. p. dice en su lugar:
como está declarado.
2 Así los Códices. La e. p. traslada; para ponerse en ella; la cual alcanzada, no
discurre ni trabaja el alma con las potencias.
3 La e. p. modifica así estas líneas; "tener advertida el alma a Dios con amor,
sin pretensión de sentir ni ver nada más que dejarse llevar de Dios; en lo cual pasiva-
mente se le comunica El, así como al que tiene los ojos abiertos se le comunica la luz."
4 Estas líneas, desde las palabras "que pasivamente, sin hacer él más que tenerlos
abiertos", las trae el Códice de Alcaudete. He aquí lo que aceixa de ellas dejó escrito,
en nota a este pasaje, el P. Gerardo de San Juan de la Cruz. "Este importantísimo
párrafo lo trae el P. Andrés de la Encarnación en la copia de diversos trozos del San-
to que se habían omitido en la edición de sus obras. (Notas para hacer una edición
corregida de N . S. P., en el Papel Previo 6.0) No dice dicho Padre en qué manuscrito
lo halló; mas advierte en uno de sus apuntes que todos los manuscritos en general
traían aquellos párrafos omitidos. Este, sin embargo, no se halla en ninguno de los
que yo he podido hallar. Nada más puedo decir acerca de su autenticidad."
LIBRO S E G U N D O . — C ñ P . XV 135

quisiere entonces entender g considerar cosas particulares, aun-
que más espirituales fuesen, impediría la luz limpia y sencilla
general del espíritu (1), poniendo aquellas nubes en medio;
así como el que delante de los ojos se le pusiese alguna cosa en
que tropezando la vista, se le impidiese la luz y vista de adelante.
4. De donde se sigue claro que, como el alma se acabe
de purificar y vaciar de todas las formas e imágenes aprehen-
sibles, se quedará en esta pura y sencilla luz, transformándose en
ella en estado de perfección, porque esta luz nunca falta en el
alma (2), pero por las formas y velos de criatura con que el
alma está velada y embarazada, no se le infunde; que si qui-
tase estos impedimentos y velos del todo (como después se di-
rá), quedándose en la pura desnudez y pobreza de espíritu, luego
el alma, ya sencilla y pura, se transformaría en la sencilla
y pura sabiduría, que es el Hijo de Dios. Porque faltando lo
natural al alma enamorada, luego se infunde de lo divino, na-
tural y sobrenaturalmente, porque no se dé vacío en la natu-
raleza (3).
5. Aprenda el espiritual a estarse con advertencia amo-
rosa en Dios, con sosiego de entendimiento, cuando no puede
meditar, aunque le parezca que no hace nada. Porque así, poco
a poco, y muy presto se infundirá en su alma el divino sosie-
go y paz con admirables y subidas noticias de Dios, envueltas
en divino amor. Y no se entrometa en formas, meditaciones e
imaginaciones, o algún discurso; porque no desasosiegue al al-
ma y la saque de su contento y paz, en lo cual ella recibe desa-
brimiento y repugnancia. Y sí, como habernos dicho, le hiciere
escrúpulo de que no hace nada, advierta que no hace poco en
pacificar el alma y ponerla en sosiego y paz, sin alguna obra y
apetito, que es lo que Nuestro Señor nos pide por David, di-

1 La e. p.: la luz sencilla y sutil del espíritu,
2 En vez de las palabras de los Mss.: nunca falta en el alma, la c. p. corrige:
siempre está aparejada a comunicarse al alma.
3 Entre los Mss. existe una leve diferencia. Ale. y A dicen: porque no se dé.
B: para que no se dé. C y D: porque no se da vacío en la naturaleza. La e. p.: se in-
funde lo divino sobrenaturalmente; que Dios no deja vacío sin llenar.
136 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

cicndo: Mácate, et videte quoniant ego sum Deas (1). Como
si dijera: Aprended a estaros vacíos de todas las cosas (es a sa-
l?er, interior y exteriormente) y veréis cómo yo soy Dios (2).

CAPITULO X V I

EN QUE SE TRATA DE LAS APREHENSIONES IMAGINARIAS QUE SO-
BRENATURALMENTE SE REPRESENTAN EN L A FANTASIA.—DICE CO-
MO NO PUEDEN SERVIR A L ALMA D E MEDIO PROXIMO PARA LA
UNION CON DIOS.

1. Ya que habernos tratado de las aprehensiones que natu-
ralmente puede en sí recibir (1), y en ellas obrar con dis-
curso (4) la fantasía e imaginativa, conviene aquí tratar de
las sobrenaturales, que se llaman visiones imaginarias, que tam-
bién por estar ellas debajo de imagen, y forma y figura, perte-
necen a este sentido, ni más ni menos que (5) las naturales.
2. Y es de saber, que debajo de este nombre de visiones
imaginarias queremos entender todas las cosas que debajo de ima-
gen, forma y figura y especie sobrenaturalmente se pueden re-
presentar a la imaginación (6). Porque todas las aprehensiones
y especies que de todos los cinco sentidos corporales se repre-
sentan al alma y en ella hacen asiento por vía natural, pueden
por vía sobrenatural tener lugar en ella, y representársele sin mi-
nisterio alguno de los sentidos exteriores. Porque este sentido
de la fantasía, junto con la memoria, es como un archivo y re-
ceptáculo (7) del entendimiento, en que se reciben todas las
formas e imágenes inteligibles; y así, como si fuese un es-
pejo, las tiene en sí, habiéndolas recibido por vía de los cinco

1 P s ^ L V . 11.
2 En la e. p. se varía algo el sentido diciendo: Aprended a esíaros vacíos de to-
das las cosas (es a saber, interiormente), y sabrosamente veréis cómo yo soy Dios,
3 E . p.: recibir el alma.
4 E . p. omite la palabra discurso.
5 La e. p.: como Zas naturales.
6 En todos los Códices faltan las palabras siguientes, que se leen aquí en la c. p.t
y esto con especies muy perfectas y que más viva y perfectamente representen y mue-
van, que por el connatural orden de los sentidos.
7 La e. p.: receptáculo respecto del entendimiento.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XVI 137

sentidos, o, como decimos, sobrcnaturalmetite; Ü así las repre-
senta al entendimiento, y allí el entendimiento las considera y
juzga de ellas. Y no sólo puede eso, más aun puede componer
e imaginar otras a la semejanza de aquellas que allí conoce (1).
3. Es, pues, de saber, que así como los cinco sentidos ex-
teriores representan (2) las imágenes y especies de sus objetos
a estos interiores, así sobrenaturalmente, como decimos, sin los
sentidos exteriores puede Dios y el demonio (3) representar
las mismas imágenes y especies, y mucho más hermosas y aca-
badas. De donde (4), debajo de estas imágenes, muchas veces
representa Dios al alma muchas cosas, y la enseña mucha sa-
biduría, como a cada paso se ve en la Escritura, como vió
Isaías a Dios en su gloria debajo (5) del humo que cubría
el templo y de los serafines que cubrían con las alas el rostro
y los pies (6), y a Jeremías la vara que velaba (7), Daniel mul-
titud de visiones, etc. (8). Y también el demonio procura con
las suyas, aparentemente buenas, engañar al alma, como es de
ver en el de los Reyes, cuando engañó a todos los profetas
de Acab, representándoles en la imaginación los cuernos con
que dijo había de destruir a los asirlos, y fué mentira (9).
Y las visiones que tuvo la mujer de Pilatos sobre que no con-
denase a Cristo, y otros muchos lugares, donde se ve, cómo
en este espejo de la fantasía e imaginativa (10) estas visiones
imaginarias acaecen (11) a los aprovechados más frecuentemen-
te que las corporales exteriores. Estas, como decimos, no se

1 Estas líneas de los Códices, las reduce así la e. p.: las formas e imágenes que
él ha de hacer inteligibles, y asi el entendimiento las mira y juzga de ellas. Es, pues,
de saber...
2 La e. p.: proponen y representan.
3 E . p. omite las palabras: Dios y el demonio. Véase lo que se dice en la página
siguiente, nota tercera, del sentido que da a veces el Santo a la palabra sobrenatural-
mente.
4 E . p.: y mucho más viva y perfectamente: g así debajo de estas imágenes.
5 E . p.: como haber mosteado Dios su gloria debajo.
6 Isai-.V!, 4.
7 Jerem., I, 11.
8 Dan.. VII. 10.
9 III Reg.. XXII. 11.
10 E . p. suprime las palabras donde se ve cómo en este espejo de la fantasía e
imaginativa.
U E . p.: suceden.
138 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

diferencian de las que entran por los sentidos exteriores en
.cuanto imágenes y especies; pero en cuanto al efecto que ha-
cen ij perfección de ellas, mucha diferencia hay, porque son más
sutiles y hacen más efecto en el alma, por cuanto son (1) so-
brenaturales y más interiores que las sobrenaturales exteriores.
Aunque no se quita por eso que algunas corporales de estas
exteriores hagan más efecto, que, en fin, es como Dios quiere
que sea la comunicación; pero hablamos en cuanto es de parte
de ellas, por cuanto son más espirituales (2).
4. Este sentido de la imaginación y fantasía es donde or-
dinariamente acude el demonio con sus ardides, ahora naturales,
ahora sobrenaturales (3); porque éste es la puerta y entrada para
el alma, y, como habemos dicho (4), aquí viene el entendimiento
a tomar y dejar, como a puerto o plaza de su provisión. Y por eso
siempre Dios, y también el demonio, acuden aquí con sus joyas
de imágenes y formas sobrenaturales para ofrecerlas (5) al
entendimiento; puesto que Dios no sólo se aprovecha de este
medio para instruir al alma, pues mora sustancialmente en ella,
y puede por sí y por otros medios (6).
5. Y no hay para que yo aquí me detenga en dar doctrina
de indicios, para que se conozcan cuáles visiones serán de
Dios y cuáles no, y cuáles en una manera y cuáles en otra; pues
mi intento aquí no es ése, sino sólo instruir el entendimiento
en ellas para que no se embarace e impida para la unión con la
divina Sabiduría con las buenas, ni se engañe en las falsas.
6. Por tanto, digo que de todas estas aprehensiones y vi-

1 E. p.; por cuanto juntamente son.
2 E. p.: hablamos de parte de ellas, porque son más interiores.
3 La e. p. suprime: ahora naturales, ahora sobrenaturales.
Emplea el Santo en este pasaje el vocablo sobrenatural, en el sentido de pre-
ternatural. Sólo Dios puede en su obrar exceder los términos de la naturaleza; el de-
monio, sin rebasarlos, puede obrar de manera que nos parezca los excede; porque ig-
norando nosotros hasta donde se extienden los poderes naturales, actúa de forma que
nos parezca milagrosa y sobrenatural, siendo en rigor más bien portentosa y preter-
natural. E l demonio, como dirá el Santo más adelante, puede "hacer alguna aparien-
cia de simia," intentando imitar las obras de Dios, como contrahacer milagros, etc;,
4 La e. p. suprime y como habemos dicho.
5 La e. p. abrevia: acuden aquí con imágenes y formas para ofrecerlas.
6 Las cinco líneas siguientes faltan en A y B. Léense en Ale. y e. p., aunque con
alguna ligera diferencia. Seguimos la lectura del C, de Ale,
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XVI 139

sioncs imaginarias y otras cualesquiera formas o especies, como^
ellas se ofrezcan debajo de forma o imagen o alguna inteligen-
cia particular, ahora sean falsas de parte del demonio, ahora se
conozcan ser verdaderas de parte (1) de Dios, el entendimien-
to no se ha de embarazar ni cebar en ellas, ni las ha el alma
de querer admitir, ni tener (2), para poder estar desasida, des-
nuda, pura y sencilla, sin algún modo y manera, como se re-
quiere para la unión (3).
7. Y de esto la razón es, porque todas estas formas ga di-
chas siempre en su aprehensión se representan, según habemos di-
cho, debajo de algunas maneras g modos limitados, g la Sabidu-
ría de Dios, en que se ha de unir el entendimiento, ningún modo
ni manera tiene, ni cae debajo de algún limite ni inteligencia dis-
tinta y particularmente, porque totalmente es pura g sencilla. Y
como quiera que para juntarse dos extremos, cual es el alma g la
divina Sabiduría, será necesario que vengan a convenir en cier-
to medio (4) de semejanza entre sí; de aquí es que también el
el alma ha de estar pura y sencilla, no limitada ni atenida a
alguna inteligencia particular, ni modificada con algún límite de
forma, especie e imagen. Que pues Dios no cae (5) debajo de
imagen ni forma, ni cabe debajo de inteligencia particular, tam-
poco el alma para caer en Dios (6), ha de caer debajo de
forma o inteligencia distinta.
8. Y que en Dios no haga forma ni semejanza alguna, bien
lo da a entender el Espíritu Santo en el Deuteronomio, diciendo:
Vocem verborum ejus aadistis, et fortnatn penitus non vidistis (7).
Que quiere decir: Oísteis la voz de sus palabras, g totalmente
no visteis en Dios alguna forma. Pero dice que había allí tinie-
blas g nube y oscuridad, que es la noticia confusa y oscura que
habemos dicho, en que se une el alma con Dios. Y luego más

1 E . p. suprime: y de parte.
2 E . p.: ni hacer pie en ellas,
3 E . p,: divina unión.
4 E . p,: modo en vez de medio.
5 La e. p.: no cabe.
6 E . p.: para unirse con Dios,
7 Deuter., IV, 12.
140 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

adelante dice: Non vidistis aliquam similitudinem iti die, qua to-
catas est vobis Dominas in Horeb de medio ignís (1). Esto, es:
No visteis vosotros semejanza alguna en Dios en el día que os
habló, de medio del fuego, en el monte Horeb.
9. Y que el alma no pueda llegar a lo alto de Dios (2),
cual en esta vida se puede, por medio de algunas formas y figuras,
también lo dice el mismo Espíritu Santo en los Números, donde,
reprendiendo Dios a Aarón g María, hermanos de Moisés, por-
que murmuraban contra él, queriendo darles a entender el alto
estado en que le había puesto de unión g amistad consigo, dijo:
Si qais inier vos faerit Propheta Dominí, in visione apparebo el,
vci per somnium loqaar ad illum. A i non talis servas meas Moy-
ses, qai in omni domo mea fidelissimas est: ore enim ad os
loqaor ei, et palam, et non per aenigmata, et figuras Dominum
videi (3). Que quiere decir: S i entre vosotros hubiere algún
profeta del Señor, aparecerle he en alguna visión, o forma,
o hablaré con él entre sueños, pero no hag tal como mi sier-
vo Moisés (4), que en toda mi casa es fidelísimo y hablo con él
Doca a boca, g no ve a Dios por comparaciones, semejanzas y
figuras. En lo cual se da a entender claro que en este alto
estado de unión, de que vamos hablando (5), no se comunica
Dios al alma mediante algún disfraz de visión imaginaria, o se-
mejanza o figura, ni la ha de haber; sino que boca a boca,
esto es, en esencia pura y desnuda de Dios, que es la bo-
ca de Dios en amor con esencia pura y desnuda del alma (6),
que es la boca del alma en amor de Dios.
10. Por tanto, para venir a esta unión de amor de Dios
esencial (7) ha de tener cuidado el alma de no se ir arriman-
do a visiones imaginarias, ni formas, ni figuras, ni particulares
inteligencias; pues no le pueden servir de medio proporcionado

1 Deuter.. IV. 15.
2 La e. p.: a /a alteza de la unión con Dios.
3 Núra.. XII, 6-8.
4 E . p.: pero ninguno hay como mi siervo Moisén.
5 En la e. p. falta de que vamos hablando,
6 En los Códices y en la e. p. faltan las palabras mediante la voluntad, que aña-
den aquí la edición de 1630 y las posteriores.
7 E . p.: unión de Dios tan perfecta.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XVI 141

ij próximo para tal efecto; antes le harían estorbo, y por eso
las ha de renunciar y procurar de no tenerlas. Porque si por al-
gún caso se hubiesen de admitir y preciar, era por el provecho
que las verdaderas hacen en el alma y buen efecto; pero para
esto no es necesario admitirlas (1), antes conviene, para mejo-
ría siempre negarlas. Porque estas visiones imaginarias, el bien
que pueden hacer al alma también como las corporales exteriores
que habemos dicho, es comunicar la inteligencia o amor o sua-
vidad; pero para que causen este efecto en ella, no es menester
que ella las quiera admitir; porque, como también queda dicho
arriba, en ese mismo punto que en la imaginación (2) hacen pre-
sencia, la hacen en el alma e infunden la inteligencia y amor, o
suavidad, o lo que Dios quiere que causen. Y no sólo juntamen-
te, pero principalmente, aunque no en el mismo tiempo hacen en el
alma su efecto pasivamente (3) sin ser ella parte para lo poder
impedir, aunque quisiese (4), como tampoco lo fué para lo saber
adquirir, aunque lo haya sido antes para se saber disponer. Por-
que así como la vidriera no es parte (5) para impedir el rayo del
sol que da en ella, sino que pasivamente, estando ella dispuesta
con limpieza, la esclarece sin su diligencia u obra; así tam-
bién el alma, aunque ella quiera (6), no puede dejar de reci-
bir en sí las influencias y comunicaciones de aquellas figu-
ras, aunque más las quisiese resitir (7); porque a las infu-
siones sobrenaturales no las puede resistir la voluntad negativa
con resignación humilde y amorosa, sino sola la impureza (8) e
imperfecciones del alma, como también en la vidriera impiden
la claridad las manchas.

1 Ale. ye. p.: no es necesario admitirlas. A y B: es necesario no admitirlas. Lo
que sigue, indica que debemos estar a la lectura de Ale. y e. p.; de lo contrario, huelga
la segunda parte de este período,
2 La e. p.: dicho acriba cuando en la imaginativa.
3 La e. p.; Y así recibe el alma su efecto despertador pasivamente.
4 La e. p. omite aunque quisiese.
5 E . p. enmienda: lo saber adquirir, no obstante que haya trabajado antes en
disponerse. Algo se parece esto a la vidriera, que no es parte, etc.
6 E , p. suprime aunque ella quiera.
7 E . p. omite aunque más las quisiese resistir.
8 La e. p. abrevia: no las puede resistir la voluntad, aunque sin dude es estorbo
la impureza.,.
142 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

11. DG donde se ve claro que, cuanto más el alma se
desnudare con la voluntad y afecto de las aprehensiones de las
manchas de aquellas formas, imágenes y figuras en que vie-
nen envueltas (1) las comunicaciones espirituales que hemos di-
cho, no sólo no se priva de estas comunicaciones y bienes que
causan, mas se dispone mucho más para recibirlas con más abun-
dancia, claridad y libertad de espíritu y sencillez, dejadas aparte
todas aquellas aprehensiones, que son las cortinas y velos que
encubren lo espiritual (2) que allí hay. Y así, ocupan el es-
píritu y sentido, si en ellas se quisiere cebar, de manera que
sencilla y libremente no se pueda comunicar el espíritu; por-
que estando ocupado con aquella corteza, está claro que no
tiene libertad el entendimiento para recibir aquellas formas (3).
De donde si el alma entonces las quiere admitir y hacer caso
de ellas, sería embarazarse y contentarse, con lo menos que hay
en ellas, que es todo lo que ella puede aprehender y conocer
de ellas, lo cual es aquella forma e imagen, y particular in-
teligencia. Porque lo principal de ellas, que es lo espiritual que
se le infunde, no sabe ella aprehender ni entender, ni sabe
cómo es, ni lo sabría decir, porque es puro espiritual. Solamente
lo que de ellas sabe, como decimos, es lo menos que hay en
ellas a su modo de entender, que son las formas por el sentido;
y por eso digo que, pasivamente y sin que ella ponga su obra de
entender y sin saberla poner, se le comunica de aquellas vi-
siones lo que ella no supiera entender ni imaginar.
12. Por tanto, siempre se han de apartar los ojos del al-
ma de todas estas aprehensiones que ella puede ver y entender
distintamente, lo cual comunica en sentido, y no hace fundamen-
to y seguro de fe, y ponerlos en lo que no ve ni pertenece al
sentido, sino al espíritu, que no cae en figura de sentido, que
es lo que la lleva a la unión en fe, la cual es el propio medio,

1 Así Ale. La e. p.; de las manchas de las aprensiones, imágenes y figuras en
que vienen envueltas... A: más de las aprehensiones y de las manchas de aquéllas y
afectos en que vienen envueltas. B: más de las aprehensiones de las manchas de aque-
lias formas yfigurasen que vienen envueltas.
2 E . p.: lo más espiritual.
3 Por descuido omite el Códice de Alcaudete las palabras aquellas formas, que
»e leen en A y B. La e. p. dice: para recibir la sustancia.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XVI 143

como está dicho. Y así, le aprovecharán al alma estas visiones en
sustancia para fe, cuando bien supiere negar lo sensible e inteli-
gible de ellas (1), y usar bien del fin que Dios tiene en dar-
las al alma, desechándolas, porque, como dijimos de las cor-
porales, no las da Dios para que el alma las quiera tomar y po-
ner su asimiento en ellas,
13. Pero nace aquí una duda, y es: si es verdad que Dios
da al alma las visiones sobrenaturales, no para que ella las quie^
ra tomar, ni arrimarse a ellas, ni hacer caso de ellas, ¿para
qué se las da, pues en ellas puede el alma caer en muchos ye-
rros y peligros, o por lo menos en los inconvenientes que aquí
se escriben para ir adelante, mayormente pudiendo Dios dar al
alma y comunicarle espiritualmente y en substancia lo que le co-
munica por el sentido, mediante las dichas visiones y formas sen-
sibles?
14. Responderemos a esta duda en el siguiente capítulo (2)
y es de harta doctrina y bien necesaria, a mi ver, así para los
espirituales, como para los que los enseñan. Porque se enseña
el estilo y fin que Dios en ellas lleva, el cual por no lo saber
muchos, ni se saben gobernar, ni encaminar a sí ni a otros en
ellas a la unión. Que piensan que por el mismo caso que cono-
cen ser verdaderas y de Dios, es bueno admitirlas y asegúranse
en ellas (3), no mirando que también en éstas hallará el alma
su propiedad, y asimiento y embarazo, como en las cosas del
mundo, si no las sabe renunciar como a ellas. Y así, les parece
que es bueno admitir las unas y reprobar las otras, metiéndose
a sí mismo y a las almas en gran trabajo y peligro acerca del
discernir entre la verdad y falsedad de ellas. Que ni Dios les
manda poner en ese trabajo, ni que a las almas sencillas y sim-
ples las metan en ese peligro y contienda; pues tienen doctrina
sana y segura, que es la fe, en que han de caminar adelante.
15. Lo cual no puede ser sin cerrar los ojos a todo lo
que es de sentido e inteligencia clara y particular. Porque aun

1 La e. p. inteligible particular de ellas.
2 Sólo el C. de Ale, y la e. p. copian las palabras en el siguiente espítalo,
3 La e. p,; Es bueno arrimarse y apegarse a ellas.
144 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

con estar San Pedro tan cierto de la visión de gloria que
vio en Cristo en la transfiguración, después de haberlo contado
en su Epístola 2.a canónica, no quiso que lo tomasen por prin-
cipal testimonio de firmeza, sino, encaminándolos a la fe, dijo (1):
Et habemus firmiorem propheticum sermonem: m i benefacitis at-
tendentes, quasi lucernae lucenti in caliginoso loco, doñee dies
elucescat (2). Quiere decir: Y tenemos más firme testimonio que
esta visión del Tabor, que son los dichos g palabras de los pro-
fetas que dan testimonio de Cristo, a los cuales hacéis bien de
arrimaros, como a la candela que da luz en el lugar oscuro. En
la cual comparación, si quisiéremos mirar, hallaremos la doc-
trina que vamos ensenando. Porque en decir que miremos a la
fe que hablaron los profetas, como a candela que luce en lugar
Oscuro, es decir que nos quedemos a oscuras, cerrados los ojos
a todas esotras luces, y que en esta tiniebla, sola la fe, que
también es oscura, sea luz a que nos arrimemos; porque si nos
queremos arrimar a esotras luces claras de inteligencias distin-
tas, ga nos (4ejarnos ¿ e arrimar a la oscura que es la fe, g
nos deja de dar la luz en el lugar oscuro que dice San Pedro; el
cual lugar, que aqui significa el entendimiento, que es el can-
delero donde se asienta esta candela de la fe, ha de estar os-
curo hasta que le amanezca en la otra vida el dia de la clara
visión de Dios, g en ésta el de la transformación g unión
con Dios, a que el alma camina (3).

1 La e. p.: después de haberla contado, encaminándolos a la fe, dijo: Tenemos,
etcétera.
2 II Petr., I, 19.
3 Faltan en el Códice de Alcaudete las palabras que leemos en A, B: con Dios a
que el alma camina. La e. p.: y unión con él, a que el alma camina.
LIBRO SEGUNDO.—-CAP. XVII 145

CAPITULO XVII

EN QUE SE DECLARA E L FIN Y ESTILO QUE DIOS TIENE EN COMUNICAR
AL ALMA LOS BIENES ESPIRITUALES POR MEDIO DE LOS SEN-
TIDOS, EN LO CUAL SE RESPONDE A LA DUDA QUE SE HA T O -
CADO (1).

1. Mucho hay que decir acerca del fin y estilo que Dios
tiene en dar estas visiones, para levantar a una alma de su ba-
jeza a su divina unión, de lo cual todos los libros espiritua-
les tratan, y en este nuestro tratado también el estilo que lle-
vamos es darlo a entender (2); y, por eso, en este capítulo
solamente diré lo que basta para satisfacer a nuestra duda, la
cual era: que pues en estas visiones sobrenaturales hay tanto
peligro y embarazo para ir adelante, como habemos dicho, ¿por
qué Dios, que es sapientísimo, y amigo de apartar de las al-
mas tropiezos y lazos, se las ofrece y comunica?
2. Para responder a esto, conviene primero poner tres fun-
damentos (3), E l primero es de San Pablo ad Romanos, don-
de dice: Quae autem stint, a Dea ordinatae sunt (4). Que quie-
re decir: Las obras que son hechas, de Dios son ordenadas. E l
segundo es del Espíritu Santo en el libro de la Sabiduría, di-
ciendo: Disponit omnia smviter (5). Y es como si dijera: La Sa-
biduría de Dios, aunque toca desde un fin hasta otro fin, es
a saber, desde un extremo hasta otro extremo, dispone todas
las cosas con suavidad. E l tercero es de los teólogos, que di-
cen que: Omnia movet secandum modum eorum. Esto es, Dios
mueve todas las cosas al modo de ellas.

1 Faltan en A y B las palabras en lo cual se responde a la duda que se ha
tocado.
2 La e. p. suprime: y en este nuestro tratado también el estilo que llevamos es
darlo a entender.
3 E . p.: conviene suponer tres principios.
4 Rom,, XIII, 1.
5 Sap., VIII, 1.
10
Í46 SUBIDA DEL" MONTÉ CARMELO

3. Según, pues, estos fundamentos, está claro que para mo-
ver Dios al alma, y levantarla del fin y extremo de su ba-
jeza al otro fin y extremo de su alteza en su divina unión, halo
de hacer ordenadamente y suavemente y al modo de la misma
alma. Pues como quiera que el (1) orden que tiene el alma
de conocer, sea por las formas e imágenes de las cosas criadas
y el modo de su conocer y saber sea por los sentidos; de aquí
es que para levantar Dios al alma al sumo conocimiento, para
hacerlo suavemente, ha de comenzar a tocar desde el bajo y
fin extremo de los sentidos del alma, para así irla llevando (2)
al modo de ella hasta el otro fin de su sabiduría espiritual, que
no cae en sentido. Por lo cual, la lleva primero instruyendo
por formas, imágenes y vías sensibles a su modo de entender,
ahora naturales, ahora sobrenaturales, y por discursos a ese
sumo espíritu de Dios.
4. Y esta es la causa por qué Dios le da las visiones y
formas, imágenes y las demás noticias sensitivas e inteligibles
espirituales (3); no porque no quisiera Dios darle luego en
el primer acto la sabiduría (4) del espíritu, si los dos extremos,
cuales son humano y divino, sentido y espíritu, de vía or-
dinaria pudieran convenir y juntarse con un solo acto, sin que
intervengan primero otros muchos actos de disposiciones que or-
denada y suavemente convengan entre sí, siendo unas funda-
mento y disposición para las otras, así como los agentes na-
turales; y así, las primeras sirven a las segundas, y las segundas
a las terceras, y de ahí adelante, ni más ni menos (5). Y
así va Dios perfeccionando al hombre al modo del hombre, por
lo más bajo y exterior, hasta lo más alto e interior. De donde
primero le perfecciona el sentido corporal, moviéndole a que use
de buenos objetos naturales perfectos exteriores, como oir ser-
mones, misas, ver cosas santas, mortificar el gusto en la co-

1 B: el modo y orden.
2 La e, p.: levantando.
3 La e. p. omite espirituales.
4 Sustancia en vez de sabiduría que trasladan los Códices, dice la e, p.
5 La e. p. trae estas frases algo modificadas: así como en los agentes naturales
las primeras sirven a las segundas, y las segundas a las terceras, y de ahí adelante.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XVII 147

mida, macerar con penitencia y santo rigor el tacto. Y cuan-
do ga están estos sentidos algo dispuestos, los suele perfeccio-
nar más, haciéndoles algunas mercedes sobrenaturales g regalos,
para confirmarlos más én el bien, ofreciéndoles algunas comu-
nicaciones sobrenaturales, así como visiones de santos o cosas
santas, corporalmente, olores suavísimos g locuciones, g en el
tacto grandísimo deleite (1), con que se confirma mucho el
sentido en la virtud, g se enajena del apetito de los malos
objetos. Y allende de eso, los sentidos corporales interiores, de
que aquí vamos tratando, como son imaginativa g fantasía, jun-
tamente se los va perfeccionando g habituando (2) al bien
con consideraciones, meditaciones g discursos santos, g en todo
esto instrugendo al espíritu. Y ga éstos dispuestos con este ejer-
cicio natural, suele Dios ilustrarlos ij espiritualizarlos más con
algunas visiones sobrenaturales, que son las que aquí vamos lla-
mando -imaginarias, en las cuales juntamente, como habemos
dicho, se aprovecha mucho el espíritu; el cual, asi en las unas,
como en las otras, se va desenrudeciendo g reformando poco
a poco. Y de esta manera va Dios llevando al alma de grado
en grado hasta lo más interior; no porque sea siempre (3) ne-
cesario guardar este orden de primero g postrero tan puntual
como eso, porque a veces hace Dios uno sin otro, g por lo más
interior lo menos interior, g todo junto; que eso es como Dios
ve que conviene al alma, o como le quiere hacer las merce-
des (4); pero la vía ordinaria es conforme a lo dicho.
5. De esta manera, pues, la va Dios (5) intrugéndola
y haciéndola espiritual, comenzándole a comunicar lo espiri-
tual desde las cosas exteriores, palpables g acomodadas al sen-
tido, según la pequenez g poca capacidad del alma, para que
mediante la corteza de aquellas cosas sensibles que de sugo
son buenas, vaga el espíritu haciendo actos particulares g re-
cibiendo tantos bocados de comunicación espiritual, que ven-

1 La e. p.: y locaciones, con pura y particular suavidad, etc.
2 A y B.: habilitando,
3 La e. p. omite el siempre.
4 La e. p. dice: hace Dios uno sin otro, como E l ve que conviene al alma y E l
quiere hacerla mercedes.
5 A, B y e. p, añaden: ordinariamente.
148 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

ga a hacer hábito en lo espiritual, y llegue a actual sustancia
de espíritu (1), que es ajena de todo sentido; al cual, como
habernos dicho, no puede llegar el alma sino muy poco a po-
co, a su modo, por el sentido, a que siempre ha estado asi-
da (2). Y así, a la medida que va llegando más al espíritu acerca
del trato con Dios, se va más desnudando y vaciando de las
vías del sentido, que son las del discurso y meditación imagi-
ria. De donde cuando llegare perfectamente al trato con Dios de
espíritu, necesariamente ha de haber evacuado todo lo que acer-
ca de Dios podía caer en sentido. Así como cuanto más una
cosa se va arrimando más a un extremo, más se va alejando y
enajenando (3) del otro; y cuando perfectamente se arrimare,
perfectamente se habrá también apartado del otro extremo. Por
lo cual, comúnmente se dice un adagio espiritual y es: Gusiato
spiritu, desipit otnnis caro. Que quiere decir: Acabado de reci-
bir el gusto y sabor del espíritu, toda carne es insipiente (4). Esto
es: no aprovechan ni entran en gusto todas las vías de la car-
ne (5), en lo cual se entiende todo trato de sentido acerca
de lo espiritual. Y está claro; porque si es espíritu, ya no cae
en sentidc<; y si es que puede comprenderlo el sentido, ya
no es puro espíritu. Porque cuanto más de ello puede saber
el sentido y aprehensión natural, tanto menos tiene de espíritu y
sobrenatural, como arriba queda dado a entender.
6. Por tanto, el espíritu (6) ya perfecto no hace caso del
sentido, ni recibe por él, ni principalmente se sirve ni ha me-
nester servirse de el para con Dios, como hacía antes cuando
no había crecido en espíritu. Y esto es lo que quiere decir aque-
lla autoridad de San Pablo a los Corintios diciendo: Cum essem
párvulas, loquebar ut párvulas, sapiebam ut párvulas, cogitabam
at párvulas. Qaando autem facías sum vir, evacuavi, qaae erant
parvalí (7). Quiere decir: Cuando era yo pequeñuelo, hablaba

1 La e. p,: a lo más sustancial del espíritu.
2 A y B añaden: y allegada,
3 E . p.: negando, en vez de enajenando,
4 E , p.: desabrida,
5 La e. p. traslada; todos los gustos o caminos sensibles.
6 E . p.: espiritual,
7 IadCor..XIII( 11.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XVII 149

como pequeñuelo, sabía como pequeñuelo, pensaba como peque-
fiuelo; pero cuando fui hecho varón, vacié (1) las cosas que
eran de pequeñuelo. Ya habernos dado a entender cómo las co-
sas del sentido y el conocimiento que el espíritu (2) puede sa-
car por ellas, son ejercicio de pequeñuelo. Y así, si el alma
se quisiese siempre asir a ellas y no desarrimarse de ellas,
nunca dejaría de ser pequeñuelo niño, y siempre hablaría de
Dios como pequeñuelo, y sabría de Dios como pequeñuelo, y
pensaría de Dios (3) como pequeñuelo; porque asiéndose a la
corteza del sentido, que es el pequeñuelo, nunca vendría a la
sustancia del espíritu, que es el varón perfecto. Y así, no ha
de querer el alma admitir las dichas revelaciones para ir cre-
ciendo, aunque Dios se las ofrezca, así como el niño ha me-
nester dejar el pecho para hacer su paladar a manjar más sus-
tancial y fuerte.
7. Pues luego, diréis, será menester que el alma cuando es
pequenuela, las quiera tomar, y las deje cuando es mayor;
así como el niño es menester que quiera tomar el pecho para
sustentarse, hasta que sea mayor para poderlo dejar. Res-
pondo que, acerca de la meditación y discurso natural en que
comienza el alma a buscar a Dios, es verdad que no ha de
dejar el pecho del sentido para irse sustentando, hasta que lle-
gue a sazón y tiempo que pueda dejarle, que es cuando Dios
pone al alma en trato más espiritual, que es la contemplación,
de lo cual ya dimos doctrina en el capítulo once de este l i -
bro (4). Pero cuando son visiones imaginarias, u otras aprehen-
siones sobrenaturales, que pueden caer en el sentido sin el al-
bedrío del hombre, digo que en cualquier tiempo y sazón, aho-
ra sea en estado perfecto, ahora en menos perfecto, aunque sean
de parte de Dios, no las ha el alma de querer admitir por

1 Evacué se lee en A, B y e. p.
2 La e. p, suprime las palabras el espíritu.
3 A y B: t/ siempre hablaría y sabría y pensaría de Dios. etc.
4 En el XIII es donde trata esta materia.
150 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

dos cosas (1): la una, porque E l , como habernos dicho (2)
hace en el alma su efecto, sin que ella sea parte para im-
pedirlo, aunque impida y pueda impedir la visión, lo cual acae-
ce muchas veces (3), y por consiguiente aquel efecto (4) que
había de causar en el alma, mucho más se le comunica en sus-
tancia, aunque no sea en aquella manera. Porque, como tam-
bién dijimos, el alma no puede impedir los bienes que Dios
le quiere comunicar, ni es parte para ello, sino es con alguna
imperfección y propiedad; y en renunciar estas cosas con hu-
mildad (5) y recelo, ninguna imperfección ni propiedad hay (6).
La segunda es por librarse del peligro y trabajo que hay en dis-
cernir las malas de las buenas, y conocer si es ángel de luz
o de tinieblas; en que no hay provecho ninguno, sino gastar
tiempo y embarazar al alma con aquello, y ponerse en ocasio-
nes de muchas imperfecciones y de no ir adelante, no po-
niendo (7) el alma en lo que hace al caso, desembarazándola de
menudencias de aprehensiones e inteligencias particulares, según
queda dicho de las visiones corporales^ ij -de estas se dirá
mas adelante.
8. Y esto se crea, que si Nuestro Señor no hubiese de lle-
var el alma al modo de la misma alma, como aquí decimos, nunca
le comunicaría la abundancia de su espíritu por esos arcadu-
ces tan angostos de formas y figuras y particulares inteligen-
cias, por medio de las cuales da el sustento al alma por mea-
jas. Que por eso dijo David: Aíittit crystalltim suam sicai buc-
cellas (8). Que es tanto como decir: Envió su sabiduría a las

1 Se lee en la e. p.: no las ha el alma de pretender, ni detenerse mucho en ellas
por dos cosas.
2 Los demás Mss. y la e. p.: la una, porque, como habernos dicho, pasivamente
hacen.
3 La e. p. abrevia y enmienda: Aunque sea alguna para impedir el modo de visión.
4 La e. p.: segundo efecto.
5 La e. p. suprime las tres líneas anteriores y sigue: Porque en renunciar estas
cosas con humildad.
6 Aquí terminan los Códices. La e. p. añade: Antes desinterés y vacío, que es
mejor disposición para la unión con Dios.
7 A y B: pudiendo,
8 Ps. CXLVII, 17.
LIBRO SEGUNDO.—CñP. XVII 151

almas como a bocados (1). Lo cual es harto de doler, que te-
niendo el alma capacidad infinita (2), la anden dando a co-
mer por bocados del sentido, por su poco espíritu e inhabilidad
sensual. Y, por eso, también a San Pablo le daba pena esta
poca disposición y pequenez para recibir el espíritu, cuando
escribiendo a los de Corintio, dijo: Yo, hermanos, como viniese
a vosotros, no os pude hablar como a espirituales, sino como
a carnales; porque no pudisteis recibirlo ni tampoco ahora po-
déis. Tamquam parvulis in Christo lac potam vobis dedi, non
escam (3). Esto es: Como a pequeñuelos en Cristo os di a
beber leche y no a comer manjar sólido (4).
9. Resta, pues, ahora saber que el alma no ha de poner
los ojos en aquella corteza de figura y objeto que se le pone
delante sobrenaturalmente, ahora sea acerca del sentido exte-
rior, como son locuciones y palabras al oído, y visiones de san-
tos a los ojos y resplandores hermosos, y olores a las narices,
y gustos y suavidades en el paladar, y otros deleites en el tacto,
que suelen proceder del espíritu, lo cual es más ordinario a los
espirituales (5). N i tampoco los ha de poner en cualesquier
visiones del sentido interior, cuales son las imaginarias (6),
antes, renunciarlas todas; sólo ha de poner los ojos en aquel
buen espíritu que causan, procurando conservarle en obrar y po-
ner por ejercicio lo que es de servicio de Dios ordenadamen-
te (7), sin advertencia de aquellas representaciones ni de querer
algún gusto sensible. Y así se toma de estas cosas sólo lo que
Dios pretende y quiere, que es el espíritu de devoción, pues que
no las da para otro fin principal; y se deja lo que él dejaría
de dar, si se pudiese recibir en el espíritu sin ello (8), como
habernos dicho, que es el ejercicio y aprehensión del sentido.

1 C y D: como bocados. A y B: como bocaditos. La e. p.: como en bocados.
2 Así todos los Mss. La e. p.: capacidad como infinita. Ya se entiende cómo el
Santo toma esta infinitud de capacidad del alma en orden a la posesión de Dios.
3 I ad Cor., III, 1-2.
4 La e. p. traduce: Comó a pequeñuelos os di a beber leche y no manjar sólido.
5 La e. p. suprime: lo cual es más ordinario a los espirituales, que leemos en los
Códices.
6 E . p.: imaginarias interiores.
7 Ale, C. y D: ordenadamente. A, B y e. p.: desnudamente.
8 Lo que sigue falta en el C. de Ale,, aunque se lee en A, B. y c. p.
152 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

CAPITULO XVIII

EN QUE TRATA DEL DAÑO QUE ALGUNOS MAESTROS ESPIRITUALES P U E -
DEN HACER A LAS ALMAS POR NO LAS L L E V A R CON BUEN ESTILO
ACERCA DE LAS DICHAS VISIONES.—Y DICE TAMBIEN COMO AUN-
QUE SEAN D E DIOS, SE PUEDEN EN ELLAS ENGAÑAR.

1. No podemos en esta materia de visiones ser tan breves
como querríamos, por lo mucho que acerca de ellas hay que
decir. Aunque en sustancia queda dicho lo que hace al caso
para dar a entender al espiritual cómo se ha de haber acerca
de las dichas visiones, y al maestro que le gobierna el mo-
do que ha de tener con el discípulo (1); no será demasiado
particularizar más un poco esta doctrina, g dar más luz del
daño que se puede seguir, así a las almas espirituales, como a
los maestros que las gobiernan, si son muy crédulos a ellas, aun-
que sean de parte de Dios.
2. Y la razón que me ha movido a alargarme ahora en esto
un poco, es la poca discreción que he echado de ver, a lo que
yo entiendo, en algunos maestros espirituales; los cuales, ase-
gurándose acerca de las dichas aprehensiones sobrenaturales por
entender que son buenas y de parte de Dios, vinieron los unos
y los otros a errar mucho y hallarse muy cortos, cumpliéndose
en ellos la sentencia de Nuestro Salvador, que dice: S¿ caecus
caeco dacatum praestei, ambo in foveant cadant (2). Que quiere
decir: S i un ciego guiare a otro ciego, entrambos caen en
la hoya. Y no dice que caerán, sino que caen. Porque no es
menester que haga caída de error para que caigan, porque sólo
el atrever a gobernarse el uno por el otro ya es yerro, y así, ya
sólo en eso caen cuanto a lo menos (3). Y primero, porque hay
algunos que llevan tal modo y estilo con las almas que tienen
las tales cosas, que las hacen errar, o las embarazan con ellas.

1 A, B y e. p. añaden: en ellas.
2 Matth., X V , 14.
3 La e. p.: y así en eso caen por lo menos.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XVIII 153

o no las llevan por camino de humildad, y les dan mano a
que pongan los ojos en alguna manera en ellas, que es causa de
quedar sin verdadero espíritu de fe (1), y no las edifican
en la fe, poniéndose a hacer mucho lenguaje de aquellas co-
sas (2). En lo cual las dan a sentir que hacen ellos alguna
presa o mucho caso de aquello (3), y, por el consiguiente, le
hacen ellas; y quédanscles las almas puestas en aquellas apre-
hensiones, y no edificadas en fe, y vacías y desnudas y desasidas
de aquellas cosas, para volar en alteza de oscura fe. Y todo esto
nace del término y lenguaje que el alma ve en su maestro acer-
ca de esto, que no sé cómo facilísimamente se le pega un lleno
y estimación de aquéllo (4), sin ser en su mano, y quita los
ojos del abismo de la fe.
3. Y debe ser la causa de esta facilidad, de quedar el
alma tan ocupada con ello, que como son cosas de sentido, a
que él naturalmente es inclinado, y como también está ya sa-
boreado y dispuesto con la aprehensión de aquellas cosas distiri-
tas y sensibles, basta ver en su confesor, o en otra persona, al-
guna estima y aprecio de ellas, para que no (5) solamente el
alma la haga, sino que también se le engolosine más el apetito
en ellas, sin sentir, y se ceba más de ellas y quede más incli-
nado a ellas, y haga en ellas alguna presa (6). Y de aquí sa-
len muchas imperfecciones, por lo menos; porque el alma ya
no queda tan humilde, pensando que aquello es algo y que tiene
algo bueno, y que Dios hace caso de ella, y anda contenta y al-
go satisfecha de sí, lo cual es contra humildad. Y luego, el de-
monio le va aumentando esto secretamente, sin entenderlo ella,
y le comienza a poner un concepto acerca de los otros, en sí

1 La e. p. modifica: que es causa de no caminar por el puro y perfecto espíritu
de fe. Por equivocación traslada B: quedarse en verdadero. Los demás Códices están
conformes con el texto que damos.
2 E . p. cambia: y no las edifican ni fortalecen en ella, haciendo mucho caso
de aquellas cosas.
3 E . p.: que hacen ellos mucho caso de aquello.
4 E l C. de Ale. no traslada las palabras: se le pega un lleno y estimación de
aquello. Es una distracción del copista.
5 No. Por descuido omite esta palabra el C. de Ale.
6 E . p.: mucha presa.
154 SUBIDñ D E L MONTE CARMELO

tienen o no tienen las tales cosas, o son o no son; lo cual es
contra la santa simplicidad g soledad espiritual.
4. Mas de estos daños, g de cómo no crecen en fe, si no
se apartan, g cómo también^ aunque no sean los daños tan pal-
pables g conocibles como éstos (1), hay otros en el dicho
término más sutiles g más odiosos a los divinos ojos, por no
ir en desnudez de todo, dejémoslo ahora (2), hasta que ne-
guemos a tratar en el vicio de gula espiritual (3), g de los otros
seis, donde, mediante Dios, se tratarán muchas cosas (4), de
estas sutiles g delicadas mancillas que se pegan al espíritu, por
no saber guiarle en desnudez.
5. Ahora digamos algo de cómo es este estilo que llevan
algunos confesores con las almas, en que no las instrugen bien.
Y, cierto, querría saberlo decir, porque entiendo es cosa 'dificul-
tosa dar a entender el cómo se engendra el espíritu del discípulo
conforme al de su padre espiritual oculta g secretamente; g cán-
same esta materia tan prolija (5), porque parece no puede de-
clarar lo uno sin dar a entender lo otro también, como son co-
sas de espíritu, que unas tienen a otras correspondencia.
6. Mas para lo que aquí basta (6), paréceme a mí, g así es,
que si el padre espiritual es inclinado a espíritu de revelaciones
de manera que le hagan algún caso (7), o lleno o gusto en el
alma, no podrá dejar, aunque él no lo entienda, de imprimir
en el espíritu del discípulo aquel jugo g término (8), si el dis-
cípulo no está más adelante que él; g aunque lo esté, le podrá
hacer harto daño si con él persevera. Porque de aquella inclina-
ción que el padre espiritual tiene g gusto en las tales visiones,

1 E . p.: tan palpables como estos.
2 E . p.: por no ir en desnudez. Pero esto lo dejaremos ahora.
3 En vicio de gula espiritual, trasladan A y B. La e. p.: del vicio de gula espi-
ritual,
4 Así el C. de Ale. Los Códices A y B suprimen las frases que vienen a conti-
nuación de las palabras de gula espiritual, hasta el punto. La e. p.: queriendo Dios,
se dirán muchas cosas,
5 La e. p. suprime las palabras: y cánsame esta materia tan prolija,
6 Asi el C. de Ale. En cambio A y B trasladan: Y tratando de lo que prometí.
La e. p. comienza el párrafo por las palabras: Paréceme a mú
7 Así Ale, A y B. La e. p.: mucho peso,
8 E . p.: aquel mismo\ gusto y estimación.
LIBRO SEGUNDO.—CflP. XVIII 155

le nace cierta manera de estimativa, que si no es con gran cui-
dado de él, no puede dejar de dar muestras o sentimiento
de ello a la otra persona; y si la otra persona tiene el mismo
espíritu de la tal inclinación, a lo que yo entiendo, no podrá
dejar de comunicarse mucha aprehensión y estimación de estas
cosas de una parte a otra.
7. Pero no hilemos ahora tan delgado, sino hablemos de
cuando el confesor, ahora sea inclinado a eso, ahora no, no tie-
ne el recato que ha de tener en desembarazar el alma y des-
nudar el apetito de su discípulo en estas cosas, antes se pone
a platicar de ello con él, y lo principal del lenguaje espiritual,
como habernos dicho, pone en esas visiones, dándoles indicios
para conocer las visiones buenas y malas. Que aunque es
bueno saberlo, no hay para qué meter al alma en ese trabajo,
cuidado y peligro (1). Pues con no hacer caso de ellas (2),
negándolas, se excusa todo eso, y se hace lo que se debe. Y no
sólo eso, sino que ellos mismos, como ven que las dichas almas
tienen tales cosas de Dios, les piden que pidan a Dios les re-
vele o les diga tales o tales cosas, tocantes a ellos o a otros, y las
almas bobas (3) lo hacen, pensando es lícito quererlo saber por
aquella vía. Que piensan que porque Dios quiere revelar o de-
cir algo sobrenaturalmente, como él quiere o para lo que él se
quiere, que es lícito querer que nos lo revele, y aun pedírselo.
8. Y si acaece que a su petición lo revela Dios, asegúransc
más, pensando que Dios gusta de ello y lo quiere, pues que
responde; y, a la verdad, ni Dios gusta ni lo quiere, y ellos
muchas veces obran o creen según aquello que se les reveló, o
se les respondió; porque como ellos están aficionados a aque-
lla manera de trato con Dios, asiéntaseles mucho y allánaseles
la voluntad. Naturalmente gustan, y naturalmente se allanan a

1 Así Ale, A y B. La e. p. añade: sino en alguna apretada necesidad, como
queda dicho.
2 E . p.: Pues en no hacer mucho caso de ellas.
3 La e. p.: las buenas almas. No le pareció bien, sin duda, al editor lo de bobas
almas, tan expresivo y exacto. En los Códices no hay más diferencia, que A y B leen
bobas almas y el de Alcaudete almas bobas.
156 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

su modo de entender; y yerran muchas veces (1), g ven ellos
que no les sale como habían entendido!; y maravíllanse, y lue-
go salen (2) las dudas en si era de Dios (3), pues no acaece
ni lo ven de aquella manera. Pensaban ellos primero dos cosas:
la una, que era de Dios, pues tanto se les asentaba primero;
y puede ser el natural inclinado a ello que causa aquel asiento,
como habemos dicho; y que la segunda, siendo de Dios, había
de salir así como en ellas (4) entendían o pensaban.
9. Y aquí está un grande engaño, porque las revelaciones
o locuciones de Dios no siempre salen como los hombres las
entienden, o como ellas suenan en sí. Y así, no se han de ase-
gurar en ellas ni creerlas a carga cerrada; aunque sepan que
son revelaciones o respuestas o dichos de Dios. Porque aunque
ellas sean ciertas y verdaderas en sí, no lo son siempre en
sus causas (5), y en nuestra manera de entender (6), lo cual
probaremos en el capítulo siguiente. Y también diremos y pro-
baremos después cómo, aunque Dios responde a veces a lo que
se le pide sobrenaturalmentc, no gusta de ello, y cómo a veces
se enoja, aunque responde.

1 La e. p. modifica bastante estas líneas: "asegúiansc más para otras ocasiones,
y piensan que Dios gusta de este modo de tratar con él, y, a la verdad, ni gusta ni lo
quiere. Y como ellos están aficionados a aquella manera de trato con Dios, asiéntase-
Ies mucho y allánaseles la voluntad naturalmente en ello. Porque como naturalmente
gustan, naturalmente se allanan a su modo de entender, y en lo que dicen, yerran mu-
chas veces."
2 E . p.: nacen.
3 E . p.: en si eran de Dios o no. A: en si era de Dios, o no era Dios, B: en si
era de Dios, o no era de Dios.
4 A, B y e. p.: como ellos...
5 E . p.: no es menester que lo sean siempre,
6 Lo que sigue hasta el fin de este capítulo, falta en los Mss. A y B. Lo traen
el C. de Ale. y la e. p.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XIX 157

CAPITULO X I X

EN QUE SE DECLARA Y PRUEBA COMO AUNQUE LAS VISIONES Y L O -
CUCIONES QUE SON DE PARTE D E DIOS, SON VERDADERAS (1),
NOS PODEMOS ENGAÑAR ACERCA D E E L L A S (2).—PRUEBASE CON
AUTORIDADES DE LA ESCRITURA DIVINA.

1. Por dos cosas dijimos, que aunque las visiones g locu-
ciones de Dios son verdaderas y siempre en si ciertas, no lo
son siempre para con nosotros. La una es por nuestra defectuosa
manera de entenderlas; y la otra, porque las causas de ellas, a
veces son variables (3), Cuanto a lo primero, está claro que
no son siempre ni acaecen como suenan a nuestra manera de
entender. La causa de esto es, porque, como Dios es inmenso g
profundo, suele llevar en sus profecías, locuciones g revelaciones,
otras vías, conceptos e inteligencias mug diferentes de aquel
propósito g modo a que comúnmente se pueden entender de
nosotros, siendo ellas tanto más verdaderas g ciertas, cuan-
to a nosotros nos parece que no. Lo cual a cada paso vemos
en la Escritura. Donde a muchos de los antiguos no les salían
muchas profecías g locuciones de Dios como ellos esperaban,
por entenderlas ellos a su modo, de otra manera, mug a la
letra. Lo cual se verá claro por estas autoridades.
2. En el Génesis dijo Dios a ñbraham, habiéndole traí-
do a la tierra de los Cananeos: Tibi dabo terram harte (4). Que
quiere decir: Esta tierra te daré a ti. Y como se lo dijese mu-
chas veces, g Abraham fuese ya mug viejo, g nunca se la da-
ba, diciéndoselo Dios, otra vez respondió Abraham g dijo: Do-

1 A, B y e. p. añaden: en sí.
2 Lo que sigue, falta en A y B.
3 La e. p. enmienda en la forma siguiente estas líneas: "Por dos cosas dijimos,
que aunque las visiones y locuciones de Dios son verdaderas y ciertas siempre en sí,
no lo son siempre en nuestro entender. La una es por nuestra defectuosa manera de
entenderlas; la otra es por las causas o fundamentos de ellas, que son conminatorias
y como condicionales: si esto no se enmendare o si aquello se hiciere, aunque la locu-
ción en lo que suena sea absoluta, las cuales dos cosas probaremos con algunas auto-
ridades divinas."
4 Gen., X V . 7.
158 SUBIDA DEL MOfíTE CARMELO

mine, ¿ande scire possum, quod posesarus sum eam? (1). Esto es:
Señor, ¿de dónde, o por qué señal tengo de saber que la tengo de
poseer? Entonces le reveló Dios, que no él en persona, sino sus
hijos, después de cuatrocientos años, la habían de poseer; de
donde acabó ñbraham de entender la promesa, la cual era en sí
verdaderísima; porque, dándola Dios a sus hijos por amor
de el, era dársela a él. Y así, Abraham estaba engañado en la
manera de entender ; g si entonces obrara según él entendía la
profecía, pudieran errar mucho, pues no eran de aquel tiem-
po, los que le vieran morir sin dársela, habiéndole oído decir
que Dios se la había de dar (2), quedaran confusos y cre-
yendo haber sido falsa.
3. También a su nieto Jacob, al tiempo que José su hijo
le llevó a Egipto por el hambre de Canaán, estando en el
camino, le ' apareció Dios, y le dijo: Jacob, Jacob, noli timere,
descende in Aegiptutn, quia in gentem magnam jaciam te ibi.
Ego deseendam tecum illuc... Et inde adducam te revertentem (3).
Que quiere decir: Jacob, no temas, desciende a Egipto, que yo
descenderé allí contigo, y cuando de ahí volvieres a salir, yo te
sacaré, guiándote. Lo cual no fué como a nuestra manera de
entender suena. Porque sabemos que el santo viejo Jacob mu-
rió en Egipto, y no volvió a salir vivo; y era que se había de
de cumplir en sus hijos, a los cuales sacó de allí después de
muchos años, siéndoles él mismo la guía del camino. Donde se
ve claro, que cualquiera que supiera esta promesa de Dios a
Jacob, pudiera tener por cierto que Jacob, así como había en-
trado vivo y en persona en Egipto (4), por el orden y favor
de Dios, así sin falta, vivo y en persona (5), había de volver
a salir de la misma forma g manera; pues le había Dios pro-
metido la salida y el favor en ella; y engañar ase y maravi-
llárase viéndole morir en Egipto, y que no cumplía como se

1 Gen., X V , 8.
2 E . p.: se la había prometido.
3 Gen., XLVI, 3-4.
4 E . p.: entrado vivo en Egipto.
5 Lae. p.: así sin falta había de volver a aalir vivo.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XlX 159

esperaba. Y así, siendo el dicho de Dios verdaderísimo en sí,
acerca de él se pudieran mucho engañar.
4. En los Jueces también leemos que, habiéndose juntado
todas las tribus de Israel para pelear contra la tribu de Benja-
mín, para castigar cierta maldad que entre ellos se había con-
sentido, por razón de haberles Dios señalado capitán para la
guerra, fueron ellos tan asegurados de la victoria, que saliendo
vencidos y muertos de los sugos veinte y dos mil, quedaron
muy maravillados; y, puestos delante de Dios, llorando (1)
todo aquel día, no sabiendo la causa de la caída, habiendo ellos
entendido la victoria por suya (2). Y como preguntasen a Dios
si volverían a pelear, o no, les respondió que fuesen y pelea-
sen contra ellos. Los cuales, teniendo ya esta vez por suya la vic-
toria, salieron con grande atrevimiento (3), y salieron vencidos
también la segunda vez, y con pérdida de diez y ocho mil de
su parte. De donde quedaron confusísimos, no sabiendo qué se
hacer, viendo que mandándoles Dios pelear, siempre salían ven-
cidos, mayormente excediendo ellos (4) a los contrarios en nú-
mero y fortaleza; porque los de Benjamín no eran más de vein-
ticinco mil y setecientos, y ellos eran cuatrocientos mil. Y de
esta manera se engañaban ellos en su manera de entender, por-
que el dicho de Dios no era engañoso, porque él no les había
dicho que vencerían, sino que peleasen; porque en estas caídas
les quise Dios castigar cierto descuido y presunción que tu-
vieron, g humillarlos así. Mas cuando a la postre les respondió
que vencerían, asi fué, aunque vencieron con harto ardid y tra-
bajo (5).
5. De esta manera y de otras muchas acaece engañarse las
almas acerca de las locuciones y revelaciones de parte de Dios,
por tomar la inteligencia de ellas a la letra y corteza; porque,
como ga queda dado a entender, el principal intento de Dios en

1 E . p.; lloraron,
2 E . p.: habiendo ellos entendido y tenido la victoria por saga.
3 Así el C. de Ale. Fueron con grande ánimo, trasladan A y B. La e. p.: fueron
con grande osadía,
4 A, B y e. p. añaden: tanto.
5 ludic, X X , 11 y ss.
160 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

aquellas cosas es decir y dar (1) el espíritu que está allí en-
cerrado, el cual es dificultoso de entender. Y éste es muy más
abundante que la letra, y muy extraordinario y fuera de los l i -
mites de ella. Y así, el que se atare a la letra o locución o
forma o figura aprehensible de la visión (2), no podrá dejar de
errar mucho, y hallarse después muy corto y confuso, por
haberse guiado según el sentido en ellas, y no dado lugar al
espíritu en desnudez del sentido. Littera enitn occidit, spiritus
autem vivificat (3), como dice San Pablo. Esto es: La letra
mata, y el espíritu da vida (4). Por lo cual, se ha de renun-
ciar la letra en este caso del sentido, y quedarse a oscuras en
fe, que es el espíritu, al cual no puede comprender el sentido.
6. Por lo cual, muchos de los hijos de Israel, porque en-
tendían muy a la letra los dichos y profecías de los profetas
y no les salían como ellos esperaban, y así las venían a tener
en poco, y no las creían; tanto, que vino a haber entre ellos un
dicho público, casi ya como proverbio, escarneciendo de los pro-
fetas (5). De lo cual se queja Isaías diciendo y refiriendo en
esta manera: Quetn docebit Dominas scientiam? et quem in-
telligere faciet auditam? abladatos a lacte, avulsos ab uberibus.
Quia manda remanda, manda remanda, expeda reexpeda, ex-
peda reexpeda, modicam ibi, modicum ibi. In loquela enim
labii, et lingua altera loquetur ad populum istum (6). Quiere
decir: ¿A quién enseñará Dios ciencia? ¿Y a quién hará entender
la profecía y palabra suya? Solamente a aquellos que están
ya apartados de la leche, y desarraigados de los pechos. Porque
todos dicen, es a saber, sobre las profecías (7): promete y vuel-
ve luego a prometer; espera y vuelve a esperar; espera y vuelve
a esperar; un poco allí, un poco allí: porque en la palabra de

1 E . p.: darles.
2 Unión, traslada por error el C. de Ale.
3 II ad Cor., III, 6.
4 A y B: £ a letra cierto mata, mas el espíritu vivifica.
5 Así el C. de Ale.
6 Isaí., XXVIII, 9-11.
7 Es a saber, sobre las profecías. Estas palabras se leen en el C. de Ale. y en la
e. p.-—A y B np las traen.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XIX 161

su labio g en otra lengua hablará a este pueblo. Donde clara-
mente da a entender Isaías que hacían éstos burla de las profe-
cías, y decían por escarnio este proverbio de: espera g vuelve
luego a esperar. Dando a entender que nunca se les cumplía,
porque estaban ellos asidos a la letra, que es la leche de ni-
ños, g al sentido, que son los pechos (1), que contradicen a la
grandeza de la ciencia del espíritu. Por lo cual, dice; ¿a quién
enseñará la sabiduría de sus profecías? ¿Y a quién hará en-
tender su doctrina, sino a los que ga están apartados de la
leche de la letra g de los pechos de sus sentidos? Que por eso
éstos no la entienden, sino según (2) esa leche de la corteza
g letra, g esos pechos de sus sentidos, pues dicen: Promete g
vuelve luego a prometer (3); espera g vuelve a esperar, etc. Por-
que en la doctrina de la boca de Dios, g no en la suga, g en
otra lengua que en esta suga, los ha Dios de hablar.
7, Y así, no se ha de mirar en ello nuestro sentido g len-
gua, sabiendo que es otra la de Dios, según el espíritu de
aquello, mug diferente de nuestro entender g dificultoso; g eslo
tanto, que aun el mismo Jeremías, con ser profeta de Dios, viendo
los conceptos de las palabras de Dios tan diferentes del común
sentido de los hombres, parece que también alucina él en ellos
g que vuelve por el pueblo, diciendo: Heu, heu, heu, Domine
Deas, ergone decepisti populutn istum et Jerasalem, dicens:
Pax erit vobis; et ecce pervenit gladius usque ad animam? (4).
Que quiere decir: Ag, ag, ag, Señor, Dios, ¿por ventura has en-
gañado a este pueblo g a Jerusalén, diciendo: paz vendrá so-
bre vosotros; g veis aquí ha venido cuchillo hasta el alma?
Y era que la paz que les prometía Dios, era la que había de
haber entre Dios g el hombre por medio del Mesías que les ha-
bía de enviar, g ellos entendían de la paz temporal; g por
eso, cuando tenían guerras g trabajos, les parecía engañarles

1 A y B no trasladan las palabras que son los pechos.
2 E . p.: siguen por el según de los Mss.
3 El C. de Ale. repite esta frase. Los demás Mss., no.
4 Jerem.. IV. 10.
162 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

Dios, acaeciéndoles al contrario de lo que ellos esperaban. Y
asi decían, como también dice Jeremías: Exspedavimus pacetn, et
non erat homm (1). Esto es: Esperado hemos la paz, y no
hay bien de paz. Y así, era imposible dejarse ellos de en-
gañar, gobernándose sólo por el sentido literal (2). Porque
¿quién dejara de confundirse y errar, si se atara a Ja letra
en aquella profecía que dijo David de Cristo, salmo setenta
y uno, y en todo lo que dice en él, donde dice: Et domi*
nabitur a man usqae ad mare; et a flumine asque ad térmi-
nos orbis tenarum (3); esto es: Enseñorearse ha desde un
mar hasta otro mar, y desde el rio hasta los términos de la
tierra; y en lo que también allí dice: Liberabit pauperem a po-
tente: et pauperem, cui non erat adjutor (4); que quiere decir:
Librará al pobre del poder del poderoso, y al pobre que no te-
nía ayudador; viéndole después nacer en bajo estado y vivir
en pobreza y morir en miseria, y que no sólo temporalmente no
se enseñoreó de la tierra mientras vivió, sino que se suje-
tó a gente baja, hasta que murió debajo del poder de Pondo
Pilato? ¿Y que no sólo a sus discípulos pobres no los libró de
las manos de los poderosos temporalmente, mas los dejó matar
y perseguir por su nombre?
8. Y era, que estas profecías se habían de entender espiri-
tualmente de Cristo, según el cual sentido eran verdaderísimas.
Porque Cristo, no sólo era señor de la tierra sola (5), sino del
cielo, pues era Dios; y a los pobres que le habían de seguir, no
sólo los había de redimir y librar del poder del demonio (6), que
era el potente contra el cual ningún ayudador tenían (7), sino los

1 Jerem., VIII, 15.
2 La edición de 1630: literal gramatical.
3 Ps., LXXI, 8. Creo que por descuido, no copió el C. de Ale. las palabras y
en particular, que se leen en la e. p.
4 Ibid., 12.
5 A, B y e. p.: de toda la tierra.
6 Así el C. de Ale. La e. p.; de las manos y poder del demonio. A y B: de las
manos del demonio.
7 La e. p. suprime las palabras: contra el cual ningún ayudador tenían. A y B
en vez de potente, que traen Ale. y la e. p., copian poderoso.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XIX 163

había de hacer herederos del reino de los cielos. Y así, hablaba
Dios, según lo principal, de Cristo g de sus secuaces, que eran
reino eterno y libertad eterna; y ellos entendíanlo a su modo
de lo menos principal, de que Dios hace poco caso, que era se-
ñorío temporal y libertad temporal, lo cual delante de Dios ni
es reino ni libertad. De donde, cegándose ellos con la bajeza
de la letra, ij no entendiendo el espíritu y verdad de ella, qui-
taron la vida a su Dios y Señor, según San Pablo dijo en esta
manera: Qui enim habitabant Jerusalem, et principes ejtis, hunc
ignorantes, et voces prophetarum, quae per omne Sabbatum le-
guntur, judicantes impleverunt (1). Que quiere decir: Los que
moraban en Jerusalén, y los príncipes de ella, no sabiendo quién
era, ni entendiendo los dichos de los profetas, que cada sábado
se recitan, juzgando le acabaron.
9. Y a tanto llegaba esta dificultad de entender los dichos
de Dios como convenía, que aun hasta sus mismos discípulos,
que con E l habían andado, estaban engañados, cuales eran aque-
llos dos que después de su muerte iban al castillo de Emaús,
tristes, desconfiados, y diciendo: Nos autem sperabamas quod
ipse esset redemptaras Israel [2). Esto es: Nosotros esperába-
mos que había de redimir a Israel. Y entendiendo ellos también
que había de ser la redención y señorío temporal; a los
cuales, apareciendo Cristo Nuestro Redentor, reprendió de in-
sipientes y pesados y rudos (3) de corazón para creer las co-
sas que habían dicho los profetas (4). Y aun al tiempo que se
iba al cielo, todavía estaban algunos en aquella rudeza, y le
preguntaron, diciendo: Domine, si in tempore hoc restitues Re-
gnam Israel? (5). Esto es: Señor, haznos saber si has de res-
tituir en este tiempo al reino de Israel. Hace decir el Espíritu
Santo muchas cosas en que él lleva otro sentido del que en-
tienden los hombres; como se echa de ver en lo que hizo decir

1 Act., XIII, 27.
2 Luc, XXIV. 21.
3 E l C. de Ale. es el único que dice pesados y rudos. Duros dicen los demás y
la e, p.
4 Ibid..25.
5 Act., 1,6.
164 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

a Caifas de Cristo: Que convenía que un hombre muriese por-
que no pereciese toda la gente (1). Lo cual no lo dijo de
suyo, y él lo dijo y entendió a un fin, y el Espíritu Santo
a otro (2).
10. De donde se ve que, aunque los dichos y revelaciones
sean de Dios, no nos podemos asegurar en ellos; pues nos
podemos mucho y muy fácilmente engañar 'en nuestra manera
de entenderlos; porque ellos todos (3) son abismo y profundi-
dad de espíritu, y quererlos limitar a lo que de ellos enten-
demos y puede aprender el sentido nuestro, no es más que
querer palpar el aire, y palpar alguna mota que encuentra la
mano en él, y el aire se va, y no queda nada.
11. Por eso, el maestro espiritual ha de procurar que el
espíritu de su discípulo no se abrevie en querer liacer caso de
todas las aprehensiones sobrenaturales, que no son más que
unas motas de espíritu, con las cuales solamente se vendrá a
quedar, y sin espíritu ninguno; sino apartándole de todas vi-
siones y locuciones, impóngale en que se sepa estar en l i -
bertad y tiniebla de fe, en que se recibe la libertad de espí-
ritu, y abundancia (4), y por consiguiente, la sabiduría e in-
teligencia propia de los dichos de Dios; porque es imposible
que el hombre, si no es espiritual, pueda juzgar de las cosas
de Dios ni entenderlas razonablemente, y entonces no es es-
piritual cuando las juzga según el sentido. Y así, aunque ellas
vienen debajo de aquel sentido, no las entiende; lo cual dice
bien San Pablo, diciendo: Animalis autem homo non percipii
ea quae sant spiritus D e i : stultitia enim est illi, et non potest
intelligere: qaia de spirítualibus examinatur. Spiritualis autem /«-
dicat omnia (5). Que quiere decir: E l hombre animal no per-
cibe las cosas que son del espíritu de Dios, porque son locura
para él, y no puede entenderlas porque son ellas espirituales;

1 Joan., XI, 50.
2 Bien diferente, añade la e. p.
3 Todos. Falta esta palabra en la e. p.
4 Así el C. de Ale. La e. p. y A y B: la abundancia de espíritu.
5 I ad Cor., II, 14.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XIX 165

pero el espiritual todas las cosas juzga. Animal hombre, en-
tiende aquí el que usa sólo del sentido; espiritual, el que no
se ata ni guía por el sentido. De donde es temeridad atreverse
a tratar con Dios, g dar licencia para ello por vía de aprehensión
sobrenatural en el sentido.
12. Y para que mejor se vea, pongamos aquí algunos ejem-
plos. Demos caso que está un santo mug afligido porque le per-
siguen sus enemigos, g que le responde Dios, diciendo: Yo te
libraré de todos tus enemigos. Esta profecía puede ser verdade-
risima, g, con todo eso, venir a prevalecer sus enemigos, g mo-
rir a sus manos. Y así, el que la entendiera temporalmente, que-
dara engañado; porque Dios pudo hablar de la verdadera g
principal libertad y victoria, que es la salvación, donde el alma
está libre g victoriosa (1) de todos sus enemigos, mucho más
verdaderamente g altamente que si acá se librara de ellos. Y así,
esta profecía era mucho más verdadera g más copiosa que el
hombre pudiera entender (2), si la entendiera cuanto a esta
vida; porque Dios siempre habla en sus palabras g atiende
al sentido más principal g provechoso, g el hombre puede en-
tender a su modo g a su propósito el menos principal, g así,
quedar engañado. Como lo vemos en aquella profecía que de
Cristo dice David en el segundo salmo, diciendo: Reges eos
in virgo, férrea, et tamquam vas figuli confringes eos (3). Esto
es: Regirás todas las gentes con vara de hierro, g desmenuzar-
las has como a un vaso de barro. En la cual habla Dios según
el principal g perfecto señorío, que es el eterno; el cual se cum-
plió, g no según el menos principal, que era el temporal, el
cual en Cristo no se cumplió en toda su vida temporal. Ponga-
mos otro ejemplo.
13. Está una alma con grandes deseos de ser mártir; acae-
cerá que Dios le responda diciendo: Tú serás mártir; g le dé in-

1 Asi Ale. y la e. p.—A y B leen: de donde el alma queda libre y con victoria.
Notamos que a B le falta la primera palabra de esta frase.
2 Distraídamente pasa el copista de Alcaudete de la palabra entender a otra
igual que viene más abajo.
3 Ps.. II, 9.
166 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

teriormente gran consuelo y confianza de que lo ha de ser; g,
con todo, acaecerá que no muera mártir, y será la promesa ver-
dadera. Pues, ¿cómo no se cumplió asi? Porque se cumplirá y po-
drá cumplir (1) según lo principal y esencial de ella, que será
dándole el amor y premio de mártir esencialmente (2), y así
le da verdaderamente al alma lo que ella formalmente deseaba
y lo que él la prometió. Porque el deseo formal del alma era (3),
no aquella manera de muerte, sino hacer a Dios aquel servicio
de mártir, y ejercitar el amor por él como mártir. Porque aquella
manera de morir, por sí no vale nada sin este amor, el cual
y ejercicio y premio de mártir le da por otros medios muy per-
fectamente. De manera que, aunque no muera como mártir,
queda el alma muy satisfecha en que le dió lo que ella deseaba.
Porque tales deseos (cuando nacen de vivo amor y otros seme-
jantes), aunque no se les cumplan de aquella manera que ellos
los pintan y los entienden, cümplenscles de otra y muy mejor
y más a honra de Dios, que ellos sabrían pedir. De donde dice
David: Desider'mm paaperum exaudivit Dominas (4). Esto es:
E l Señor cumplió a los pobres su deseo. Y £n los Proverbios di-
ce la Sabiduría divina: Desideritim smtn justis dabitur (5). R
los justos dárseles ha su deseo. De donde, pues vemos que mu-
chos santos desearon muchas cosas en particular por Dios y
no se les cumplió en esta vida su deseo, es de fe (6), que,
siendo justo y verdadero su deseo, se les cumplió en la otra
perfectamente; lo cual siendo así verdad, también lo sería pro-
metérsele Dios en esta vida, diciéndoles: Vuestro deseo se cum-
plirá, y no ser en la manera que ellos pensaban. •
14. De ésta y de otras maneras pueden ser las palabras
y visiones de Dios verdaderas y ciertas, y nosotros engañarnos
en ellas, por no las saber entender alta y principalmente, g a

1 La e. p. suprime: y podrá cumplir.
2 Aquí añade la e. p.: y haciéndola mártir de amor, y dándola nn prolongado
martirio en trabajos, cuya continuación sea más penosa que el morir,
3 La e. p. cambia: Porque lo principal del deseo era.
4 Ps., IX, 17.
5 Prov., X . 24.
6 E . p.: Es cierto.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XIX 167

los propósitos g sentidos que Dios en ellas lleva. Y así, es lo más
acertado y seguro hacer que las almas hugan con prudencia de
Jas tales cosas sobrenaturales, acostumbrándolas (1), como ha-
bernos dicho, a la pureza de espíritu en fe oscura, que es el
medio de l a unión.

CAPITULO X X

EN QUE SE PRUEBA CON AUTORIDADES D E L A ESCRITURA^ COMO LOS
DICHOS Y PALABRAS DE DIOS, AUNQUE SIEMPRE SON VERDADERAS,
NO SON SIEMPRE CIERTAS E N SUS PROPIAS CAUSAS.

1. ñhora nos conviene probar la segunda causa por qué las
visiones g palabras de parte de Dios, aunque son siempre verda-
deras en sí, no son siempre ciertas cuanto a nosotros. Y es por
razón de sus causas (2), en que ellas se fundan; porque muchas ve-
ces dice Dios cosas que van fundadas sobre criaturas g efectos de
ellas, que son variables g pueden faltar, g así, las palabras que so-
bre esto se fundan, también pueden ser variables g pueden faltar;
porque cuando una cosa depende de otra, faltando la una, falta
también la otra (3). Como si Dios dijese: de aquí a un año
tengo de enviar tal plaga) a este reino; g la causa g fundamento
de esta amenaza es cierta ofensa que se hace a Dios en el rei-
no. S i cesase o variase la ofensa, podría cesar (4) el cas-
tigo, g era verdadera la amenaza, porque iba fundada sobre la
actual culpa; la cual, si durara, se ejecutara (5).
2. Esto vemos haber acaecido en la ciudad de Nínive,
de parte de Dios, diciendo: Adhuc quadraginta dies, et Ninive
subvertetur (6). Que quiere decir: De aquí a cuarenta días ha

1 A y B: acostándolas,
2 La e. p.: de las causas.
3 La e. p. suprime una porción de líneas en esta forma: "Y es por razón de las
causas y motivos en que ellos se fundan; y se ha de entender que serán durante aque-
llo que a Dios le mueve, digámoslo así, a castigar. Como si Dios..."
4 E . p.: cesar o variar,
5 La e. p. añade: y éstas son amenazas o revelaciones conminatorias, o condi-
cionales,
6 Jon., III, 4.
168 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

de ser asolada Nínive (1). Lo cual no se cumplió, porque ce-
só la causa de esta amenaza, que eran sus pecados, hacien-
do penitencia de ellos; la cual, si no la hicieran, se cum-
pliera. También leemos en el Libro tercero de los Reyes, que ha-
biendo hecho el reg Acab un pecado muy grande, le envió
Dios a prometer (2) un grande castigo, siendo nuestro padre
Elias el mensajero (3) sobre su persona, sobre su casa y. sobre
su reino (4); y porque Acab rompió las vestiduras de dolor, y se
vistió de cilicio y ayunó, y durmió en saco y anduvo triste y hu-
millado, le envió luego a decir con el mismo Profeta estas pa-
labras: Quia igitar humiliatus est mei causa, non inducam nía-
lum in diebus ejus, sed in dietas filii sai (5). Que quiere decir:
Por cuanto Acab se ha humillado por amor de mi, no enviare
el mal que dije en sus días, sino en los de su hijo. Donde vemos
que porque mudó Acab el ánimo y afecto con que estaba, mudó
también Dios su sentencia (6).
3. De donde podemos colegir, para nuestro propósito, que
aunque Dios haya revelado o dicho a una alma afirmativamente
cualquier cosa, en bien o en mal, tocante a la misma alma o a
otras, se podrá mudar en más o en menos, o variar o quitar del
todo, según la mudanza o variación del afecto de la tal alma
o causa sobre que Dios se fundaba (7), y así no cumplirse co-
mo se esperaba, y sin saber por qué, muchas veces, sino solo
Dios. Porque aun muchas cosas suele Dios decir y enseñar y
prometer, no para que entonces se entiendan ni se posean, sino
para que después se entiendan cuando convenga tener la luz
de ellas, o cuando se consiga el efecto de ellas. Como vemos
que hizo con sus discípulos, a los cuales decía muchas pará-

1 La e. p. trae así estas líneas: "Esto vemos haber acaecido en la ciudad de Ní-
nive, donde mandó Dios al profeta Jonás que predicase esta amenaza en Nínive de
parte suya: De aquí a cuarenta días se ha de asolar la ciudad de Nínive."
2 A y B: amenazar. E. p.: la amenaza de.
3 Siendo nuestro padre Elias el mensajero. Así Ale. y la e. p.—A y B. no traen
esta adición.
4 III Reg.. XXI, 21.
5 Ib., 27-29.
6 La e. p.: Donde vemos que porque se mudó Acab, cesó también la amenaza y
sentencia de Dios.
7 E . p.: i4 que miraba Dios.
LIBRO SEGDNDO.—CñP. XX 169

bolas y sentencias, cuya sabiduría (1) no entendieron hasta
el tiempo que habían de predicarla, que fué cuando vino sobre
ellos el Espíritu Santo, del cual les había dicho Cristo, que
les declararía todas las cosas que él les había dicho en su
vida. Y hablando San Juan sobre aquella entrada de Cristo en
Jerusalcn, dice: Haec non cognoverunt discipuli e/as primum:
sed quando glorificatus est Jesús, tune recordati suni qaia haec
erant scripta de eo (2). Y así muchas cosas de Dios pueden
pasar por el alma mug particulares, que ni ella ni quien la go-
bierna las entiendan hasta su tiempo.
4. E n el Libro primero de los Reyes también leemos que,
enojado Dios contra Helí, ^sacerdote de Israel, por los pecados
que no castigaba a sus hijos, le envió a decir con Samuel, entre
otras palabras, éstas que se siguen: Loqueas locutus sum, ut do-
mus tua, et domas patris tui, ministraret in conspectu meo, usque
in sempiiernum. Verantamen absit hoc a me (3). Y es como si di-
jera: Muy de veras dije antes de ahora, que tu casa, y la casa
de tu padre, había siempre de servirme de (4) sacerdocio en mi
presencia para siempre, pero este propósito muy lejos está de mí;
no haré tal. Que por cuanto este oficio de sacerdocio se fundaba
en dar honra y gloria a Dios, y por este fin había Dios prome-
tido darlo a su padre para siempre, si él no faltaba (5); en
faltando el celo a Helí de la honra de Dios (6), (porque como
el mismo Dios se le envió a quejar, honraba más a sus hijos que
a Dios, disimulándoles los pecados por no Ies afrentar), faltó
también la promesa, la cual era (7) para siempre si para siem-

1 Así Ale. y e. p.—A y B: inteligencia.
2 Joan.. XII, 16.
3 IReg.. II. 30.
4 Así los Códices. La c. p.: en el.
5 En esta frase hay bastante variedad de copia en los Códices. Ale: y por este
fin había Dios prometido darlo a su padre para siempre. A: g por este fin había pro-
metido el sacerdocio a su padre para siempre. B: g por estefinhabía Dios prometí-
do el sacerdocio a su padre para siempre, si para siempre en ellos durara el buen
servicio y celo. Preferimos la lectura de Ale, tomando de la e. p. las palabras st él no
faltaba, que omitió por descuido el Códice.
6 Las frases comprendidas en el paréntesis faltan en A y B. Las traen Alcaudete
y la edición príncipe.
7 E . p.: fuera.
170 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

pre en ellos durara el buen servicio y celo. Y asi, no hag que
pensar que porque sean los dichos y revelaciones de parte de
Dios (1), han infaliblemente de acaecer como suenan; mayor-
mente cuando están asidos (2) a causas humanas, que pueden
variar, o mudarse, o alterarse.
5. Y cuándo ellos están pendientes de estas causas (3),
Dios se lo sabe, que no siempre lo declara, sino dice el dicho,
o hace la revelación, y calla la condición algunas veces, como
hizo a los ninivitas, que determinadamente les dijo que habían
de ser destruidos, pasados cuarenta días (4). Otras veces la
declara, como hizo a Roboán, diciéndole: S i tú guardares mis
mandamientos como mi siervo David, yo también seré contigo
como con él, y te edificaré casa como a mi siervo David (5).
Pero ahora lo declare, ahora no, no hay que asegurarse en la
inteligencia; porque no hay poder comprender las verdades ocul-
tas de Dios que hay en sus dichos, y multitud de sentidos. E l
está sobre el cielo, y habla en camino de eternidad; nosotros
ciegos sobre la tierra, y no entendemos sino vías de carne y
tiempo (6). Que por eso entiendo que dijo el Sabio: Dios es-
tá sobre el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, no te alargues
ni arrojes en hablar (7).
6. Y dirasme, por ventura, pues si no lo habernos de en-
tender ni entrometernos en ello, ¿por qué nos comunica Dios
esas cosas? Ya he dicho, que cada cosa se entenderá en su
tiempo por orden del que lo habló, y entenderlo ha quien él
quisiere, y se verá que convino así; porque no hace Dios cosa
sin causa y verdad. Por esto se crea que no hay acabar de
comprender sentido (8) en los dichos y cosas de Dios, ni que
determinarse a lo que parece, sin errar mucho y venir a hallarse

1 La e. p. añade: verdaderas en sí.
2 La e. p. añade: por orden del mismo Dios,
3 La e, p.: y cuándo esto sea así. Dios se lo sabe,
4 Jon., III. 4.
5 III Reg., XI, 38.
6 E . p.: ...ciegos sobre la tierra, que no podemos alcanzar sus secretos.
7 Eccles.. V, 1.
8 E . p.: el sentido lleno.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XX 171

mug confuso. Esto sabían muy bien los profetas, en cuyas ma-
nos andaba la palabra de Dios, a los cuales era grande trabajo
la profecía acerca del pueblo; porque, como habernos dicho, mu-
cho de ello no lo veían acaecer como a la letra se les decía, g
era causa de que hiciesen mucha risa g mofa (1) de los profetas;
tanto, que vino a decir Jeremías: Búrlanse de mí todo el día,
todos me mofan y desprecian, porque ga ha mucho que doy
voces contra la maldad, y les prometo destrucción; y hase hecho
la palabra del Señor para mi afrenta g burla todo el tiempo; y
dije, no me tengo de acordar de E l , ni tengo más de hablar
en su nombre (2). En lo cual, aunque el santo Profeta decía con
resignación y en figura del hombre flaco que no puede sufrir
las vías y vueltas de Dios (3), da bien a entender en esto la
diferencia del cumplimiento de los dichos divinos, del común
sentido que suenan; pues a los divinos profetas (4) tenían
por burladores, y ellos sobre la profecía padecían tanto, que el
mismo Jeremías en otra parte dijo: Formido et laqueas jacta est
nobis vaticinatio et contritio (5). Que quiere decir: Temor y
lazos se nos ha hecho la profecía, y contradicción de espíritu.
7. Y l a causa por qué Jonás huyó cuando le enviaba Dios a
predicar la destrucción de Nínive, fué ésta, conviene a saber: el
conocer la variedad de los dichos de Dios acerca del entender de
los hombres y tie las causas de los dichos (6). Y así, porque no hi-
ciesen burla de él, cuando no viesen cumplida su profecía, se iba
huyendo por no profetizar; y así estuvo esperando todos los
cuarenta días fuera de la ciudad, a ver si se cumplía su profecía,
y como no se cumplió, se afligió grandemente, tanto que dijo
a Dios: Obsecro, Domine, numqaid non hoc est verbum meam,
cum adhuc essetn in térra mea? propter hoc praeoccupavi, ut fa-
gerem in Tharsis (7). Esto es: Ruégote, Señor, ¿por ventura, no

1 La e. p. por mofa traslada burla.
2 Jerem.. X X , 7.
3 E. p.: las vías y secretos de Dios.
4 Así Ale. y la e. p . ~ A y B.: santos profetas.
5 Thren.. III, 47.
6 La e. p.: la destrucción de Nínive fué ésta, conviene a saber: no comprender
la verdad de los dichos de Dios y no saber enteramente el sentido de ellos.
7 Jon., IV, 2.
172 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

es esto lo que yo decía, estando en mi tierra? Por eso contradije,
y me fui huyendo a Tarsis; y enojóse el Santo, y rogó a
Dios que le quitase la vida.
8. ¿Qué hay, pues, de qué maravillarnos, de que algu-
nas cosas que Dios hable y revele a las almas, no salgan
asi como ellas las entienden? Porque dado caso que Dios afir-
me al alma o la represente tal o tal cosa, de bien o de mal,
para sí o para otra, si aquello va fundado en cierto afecto o ser-
vicio u ofensa que aquella alma o la otra entonces hacen a
Dios, y de manera que si perseveran en aquello, se cumplirá, no
por eso es cierto (1), pues no es cierto el perseverar. Por tanto,
no hay que asegurarse (2) en su inteligencia, sino en fe.

CAPITULO X X I

EN QUE SE DECLARA COMO AUNQUE DIOS RESPONDE ñ LO QUE SE L E
PIDE ALGUNAS VECES, NO GUSTA DE QUE USEN DE T A L TERMINO.
—Y PRUEBA COMO, AUNQUE CONDESCIENDE Y RESPONDE, MU-
CHAS VECES SE ENOJA.

1. Asegúranse, como habernos dicho algunos espirituales,
en tener por buena la curiosidad (3) que algunas veces usan
en procurar saber algunas cosas por vía sobrenatural, pensando
que pues Dios algunas veces responde a instancia de ellos, que
es aquel buen término, y que Dios gusta de él; como quiera
que sea verdad que aunque les responde, ni es buen término,
ni Dios gusta de él, antes disgusta; y no sólo eso, mas muchas
veces se enoja y ofende mucho (4). La razón de esto es, por-
que a ninguna criatura le es lícito (5) salir fuera de los térmi-
nos que Dios la tiene naturalmente (6) ordenados para su go-

1 La e. p. añade: cumpliese como suena. La adición aclara la frase anterior.
2 A, B y e. p. añaden: ni afirmarse.
3 E . p. modifica: Asegurándose, como habernos dicho, algunos espirituales y no
reparando mucho en la curiosidad.
4 E . p.: se enoja y lo siente mucho.
5 E . p.: A ninguna criatura le es conveniente.
6 E . p. suprime esta palabra.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. X X l 173

bierno. A l hombre le puso términos naturales (1) g racionales
para su gobierno; luego querer salir de ellos no es lícito (2),
9 querer averiguar y alcanzar cosas por vía sobrenatural, es
salir de los términos naturales (3). Luego es cosa no lícita (4);
luego Dios no gusta de ello (5), pues de todo lo ilícito se ofen-
de. Bien sabía esto el reg Acab, pues que aunque de parte de
Dios le dijo Isaías que pidiese alguna señal, no quiso hacerlo,
diciendo: Non -petam, et non tentaho Dominum (6). Esto es: No
pediré tal cosa, ni tentaré a Dios. Porque el tentar a Dios es
querer tratarle por vías extraordinarias, cuales son las sobre-
naturales.
2. Diréis, pues, si así es que Dios no gusta, ¿por qué algu-
nas veces responde Dios? Digo, que (7) algunas veces responde
el demonio. Pero las que responde Dios, digo que es por la fla-
queza del alma que quiere ir por aquel camino, porque no se
desconsuele g vuelva atrás, o porque no piense está Dios mal
con ella, g se sienta (8) demasiado; o por otros fines que
Dios sabe, fundados en la flaqueza de aquella alma, por donde
ve que conviene responder, g condesciende por aquella vía. Co-
mo también lo hace con muchas almas flacas g tiernas, en
darles gustos y suavidad en el trato con Dios mug sensible, se-
gún está dicho arriba; mas no porque el quiera ni guste que
con él se trate con este término, ni por esa vía; mas a cada
uno da, como habernos dicho, según su modo. Porque Dios es
como la fuente, de la cual cada uno coge como lleva el vaso,
y a veces las deja coger por esos caños extraordinarios; mas no
se sigue por eso que es lícito coger (9) el agua por ellos, sino
es al mismo Dios, que la puede dar cuándo, cómo g a quien

1 Suprime la e. p.: naturales y.
2 Conveniente en vez de lícito, imprime la c, p.
3 La e. p. omite esta palabra.
4 E . p.; es cosa no santa ni conveniente.
5 Lo que resta del párrafo, falta en la e. p.
6 Isaí.. VII, 12.
7 El C . de Alcaudete omite aquí por descuido unas cuantas palabras; Digo que
por laflaquezadel alma...
8 E . p.: tiente,
9 E . p.: que es conveniente querer coger.
174 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

E l quiere, g por lo que E l quiere, sin pretensión de la parte.
Y así, como decimos, algunas veces condesciende con el apeti-
to y ruego de algunas almas, que porque son buenas y senci-
llas, no quiere dejar de acudir por no entristecerlas, mas no
porque guste del tal término. Lo cual se entenderá mejor por
esta comparación.
3. Tiene un padre de familias en su mesa muchos g di-
ferentes manjares, g unos mejores que otros. Está un niño pi-
diéndole de un plato, no del mejor, sino del primero que en-
cuentra, g pide de aquél, porque él sabe comer de aquél mejor
que de otro; g como el padre ve que aunque le dé del me-
jor manjar no lo ha de tomar, sino aquel que pide, g
que no tiene gusto sino en aquél, porque no se quede sin su
comida g desconsolado, dale de aquel con tristeza. Como ye-
rnos que hizo Dios con los hijos de Israel cuando le pidieron reg;
se lo dió de mala gana, porque no les estaba bien. Y así,
dijo a Samuel: Audi vocem populi in ómnibus quae locuntur
tibi; non enim te abjecerunt, sed me (1). -Que quiere decir:
Oge la voz de este pueblo, g concédeles el reg que te piden,
porque no te han desechado a tí, sino a mí, porque no reine
go sobre ellos. De la misma manera condesciende Dios con
algunas almas, concediéndoles lo que no les está mejor; porque
ellas no quieren o no saben ir sino por allí. Y así también ala-
gunas alcanzan (2) ternuras g suavidad de espíritu o sentido;
g dáselo Dios, porque no son para comer el manjar más fuerte g
sólido de los trabajos de la cruz de su Hijo, a que él querría
echasen mano, más que a otra alguna cosa.
4. Aunque querer saber cosas por vía sobrenatural, por
mug peor lo tengo que querer otros gustos espirituales en el
sentido; porque go no veo por dónde el alma que las pretende
deje de pecar, por lo menos venialmente, aunque más buenos f i -
íies tenga g más puesta esté en perfección, g quien se lo man-
dase g consintiese, también. Porque no hag necesidad de nada

1 I Reg., VIH, 7.
2 E . p.: Y" si algunas veces alcanzan.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXI 175

de eso, pue$ hay razón natural, y ley y doctrina evangélica,
por donde muy bastantemente se pueden regir, y no hay difi-
cultad ni necesidad que no se pueda desatar y remediar por
estos medios muy a gusto de Dios y provecho de las almas;
y tanto nos habemos de aprovechar de la razón y doctrina
evangélica, que aunque ahora queriendo nosotros, ahora no
queriendo, se nos dijesen algunas cosas sobrenaturalmente, só-
lo habemos de recibir aquello que cae en mucha razón y ley
evangélica. Y entonces recibirlo, no porque es revelación, sino
porque es razón, dejando aparte todo sentido de revelación;
y aun entonces conviene mirar y examinar aquella razón mu-
cho más (1) que si no hubiese revelación sobre ella; por cuan-
to el demonio dice muchas cosas verdaderas y por venir, y con-
formes a razón, para engañar.
5. De donde no nos queda en todas nuestras necesidades,
trabajos y dificultades otro medio mejor y más seguro que la
oración y esperanza, que E l proveerá por los medios que E l
quisiere (2). Y este consejo se nos da en la Escritura, donde
leemos que estando el rey Josafat afligidísimo, cercado de ene-
migos, poniéndose en oración, dijo el santo Rey a Dios (3): Cum
ignoremus quid faceré debeamus, hoc solum habemas residui, ut
o calos nos tros dirigamus ad te (4). Y es como si dijera: Cuan-
do faltan los medios y no llega la razón a proveer en las ne-
cesidades, sólo nos queda levantar los ojos a T i , para que Tú
proveas como mejor te agradare.
6. Y que también Dios, aunque responda a las tales pre-
tensiones algunas veces se enoje, aunque también queda dado a
entender, todavía será bueno probarlo con algunas autorida-
des de la Escritura. En el Libro primero de los Reyes, se
dice que pidiendo (5) el rey Saúl que le hablase el profeta

1 E . p. abrevia así: recibir aquello que es conforme a razón y la ley evangé-
lica, y aun entonces conviene mirar y examinarlo mucho más...
2 A: y más seguro que la esperanza por los medios que él quisiere.
3 Así el C. de Ale.
4 II Paral. X X . 12.
5 E . p.: deseando.
176 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

Samuel, que era ya muerto, le apareció el dicho Profeta, y con
todo eso se enojó Dios, porque luego le reprehendió Samuel
por haberse puesto en tal cosa, diciendo: Qmre inquietasti me,
ut suscitarer? (1). Esto es: ¿Por qué me has inquietado en
hacerme resucitar? También sabemos que, no porque respondió
Dios a los hijos de Israel dándoles las carnes que pedían, se
dejase de enojar mucho contra ellos; porque luego les envió
fuego del cielo en castigo, según se lee en el Pentateuco (2), y
lo cuenta David, diciendo: Adhuc escae eorum erant in ore
ipsomm, et ira Dei descendit super eos (3). Que quiere decir:
Aun teniendo ellos los bocados en sus bocas, descendió la ira
de Dios sobre ellos. Y también leemos en los Números, que
s¿ enojó Dios mucho (4) contra Balaan, profeta, porque fué
a los madianitas llamado por Balac, rey de ellos, aunque dijo
Dios que fuese, porque tenía él gana de ir y lo había pedido
a Dios; y, estando ya en el camino, le apareció el ángel con
la espada y le quería matar, y le dijo: Perversa esi vía tua,
mihique contraria (5). Tu camino es perverso y a mi contrario;
y por eso le quería matar.
7. De esta manera y de otras muchas condesciende Dios
encj&do con los apetitos de las almas. De lo cual tenemos
muchos testimonios en la Escritura, y, sin eso, muchos ejem-
plos (6); pero no son menester en cosa tan clara. Sólo digo
que es cosa peligrosísima, más que sabré decir, querer tratar
con Dios por tales vías, y que no dejará de errar mucho y ha-
llarse muchas veces confuso el que fuere aficionado a tales mo-
dos. Y esto el que hubiere hecho caso de ellos, me entenderá
por la experiencia. Porque allende de la dificultad que hay en
saber no errar (7) en las locuciones y visiones que son de

1 I Reg.. XXVIII, 15.
2 E . p. concreta así la cita: en el Libro de los Números.
3 Ps., LXXVII, 30-31.
4 E . p.: que no se dejó Dios de enojar. I
5 Núm.. XXII, 32.
6 Sin eso, se lee en A y B. La e. p.: De lo cual hay muchos más testimonios en
la Divina Escritura y muchos ejemplos.
7 La e. p. modiñea asi la frase de los Códices: en no errar.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXI 177

Dios, hay ordinariamente entre ellas muchas que son del de-
monio; porque comúnmente anda con el alma en aquel traje que
anda Dios con ella, poniéndole cosas tan verosímiles a las que
Dios le comunica, por ingerirse él a vueltas, como el lobo entre
el ganado con pellejo de oveja, que apenas se puede entender. Por-
que, como dice muchas cosas verdaderas y conformes a razón, y
cosas que salen verdaderas (1), puédense engañar fácilmente pen-
sando que, pues sale verdad y acierta en lo que está por venir, que
no será sino Dios; porque no saben que es cosa facilísima, a quien
tiene clara la luz natural, conocer las cosas, o muchas de
ellas, que fueron o que serán, en sus causas (2). Y como quie-
ra que el demonio tenga esta lumbre tan viva, puede facilísi-
mamente (3) colegir tal efecto de tal causa, aunque no siempre
sale así, pues todas las causas (4) dependen de la voluntad de
Dios. Pongamos ejemplo.
8. Conoce el demonio que la disposición de la tierra, ai-
res y término que lleva el sol, van de manera y en tal grado
de disposición, que necesariamente, llegado tal tiempo, habrá lle-
gado la disposición de estos elementos, según el término que
llevan, a inficionarse, y así (5) a inficionar la gente con pes-
tilencia, y en las partes que será más y en las que será me-
nos. Veis aquí conocida la pestilencia en su causa. ¿Qué
mucho es que revelando el demonio esto a un alma, diciendo:
de aquí a un año o medio habrá pestilencia, que salga ver-
dadero? Y es profecía del demonio. Por la misma manera put
de conocer los temblores de la tierra, viendo que se van hin-
chendo los senos de ella de aire, y decir: en tal tiempo tem-
blará la tierra, lo cual es conocimiento natural (6), para el
cual basta tener el ánimo libre de las pasiones del alma, se-
gún lo dice Boecio por estas palabras: 5/ vis claro lamine cer-

1 La e. p.: y que salen ciertas,
2 La e. p. añade: y así afinará muchas cosas futuras.
3 La e.. p. omite esta palabra.
4 E . p.: cosas.
5 La e. p. suprime: que llevan, a inficionarse, y así.
6 Lo restante del párrafo falta en la e. p.
12
178 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

nere veram, gaudia pelle, timorem, spemque fugato, nec dolor
adsit (1). Esto es: S i quieres con claridad natural conocer las
verdades, echa de ti el gozo y el temor, y la esperanza y el
dolor.
9. Y también se pueden conocer eventos (2) y casos so-
brenaturales en sus causas acerca de la Providencia divina, que
justísima y certísimamente acude a lo que piden las causas
buenas o malas de los hijos de los hombres (3). Porque se,
puede conocer naturalmente (4) que tal o tal persona, o tal
o tal ciudad, u otra cosa, llega a tal o tal necesidad, o a tal
o a tal punto, que Dios, según su providencia y justicia, ha
de acudir con lo que compete a la causa, y conforme a ella,
en castigo o en premio, o como fuere la causa, y entonces
decir: en tal tiempo os dará Dios esto, o hará esto, o acae-
cerá estotro, ciertamente (5). Lo cual dió a entender la santa
Judit a Holofernes (6), la cual, para persuadirle que los hijos
de Israel habían de ser destruidos sin falta, le contó mu-
chos pecados de ellos primero, y miserias que hacían. Y luego
dijo: Et, quoniam haec faciunt, certum est quod in perditionem
dahuntur (7). Que quiere decir: Pues hacen estas cosas, está
cierto que serán destruidos. Lo cual es conocer el castigo en
la causa, que es tanto como decir: cierto está, que tales peca-
dos han de causar tales castigos de Dios que es justísimo. Y
como dice la Sabiduría divina: Per quae quis peccat, per haec

1 El texto completo de Boecio, dice así: Ta quoque si vis lamine claro cerneré
veram,'-'Tramite recto carpece ca/íem,—Gtiadía pelle,—Pe//e timorem,'—Spemque
fugaío,~~Nec dolor adsit. (Migne, vol. 75, p. 122).
2 Esta palabra no se lee en A y B.
3 La e. p. introduce algunas modificaciones: "Y también se pueden en alguna ma-
nera colegir eventos y casos particulares acerca de la Providencia divina, que justísi-
mámente suele acudir en orden a los bienes y males de los hijos de los hombres."
4 Así el C. de Ale—A y B. trasladan claramente. La e. p.: Porque se puede co-
nocer que tal o tal persona,
5 La e. p. suprime esta palabra.
6 Judith, XI, 12.
7 La e. p. cambia aquí unas líneas, y dice: "lo cual dió a entender Aquior a Ho-
lofernes cuando le dijo (Judith,, V , 18): Quotiescumque praeier Deum suum alterum
coluerunt, dati sunt in praedam, et in gladium eí in opprobrium. Lo cual es conocer
el castigo en la causa.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. X X I 179

et torquetur (1). En aquello o por aquello que cada uno peca, es
castigado.
10, Puede el demonio conocer esto, no sólo naturalmente,
sino aun de experiencia que tiene de haber visto a Dios ha-
cer cosas semejantes, g decirlo antes, y acertar (2). También
el santo Tobías conoció por la causa el castigo de la ciudad de
Nínive, y asi amonestó a su hijo, diciendo: Mira, hijo, en la
hora que yo g tu madre muriéremos, sal de esta tierra, por-
que ya no permanecerá (3), Vídeo enim quia iniquitas ejus finem
dabit ei (4). Yo veo claro que su misma maldad ha de ser
causa de su castigo, el cual será que se acabe g destruya todo.
Lo cual también el demonio y Tobías podían saber, no sólo
en la maldad de la ciudad, sino por experiencia, viendo que
tenían los pecados del mundo porque Dios le destruyó en el
diluvio (5), y los de los sodomitas, que también perecieron por
fuego; aunque también Tobías lo conoció por espíritu divino.
11. Y puede conocer el demonio que Pedro no puede na-
turalmente vivir más de tantos años, y decirlo antes; y así otras
muchas cosas y de muchas maneras que no se pueden acabar de
decir, ni aun comenzar muchas, por ser intrincadísimas y su-
tilísimas, en el ingerir mentiras (6); de lo cual no se pueden
librar sino es hugendo de todas revelaciones, g visiones g lo-
cuciones sobrenaturales (7). Por lo cual, justamente se enoja
Dios con quien las admite, porque ve es temeridad del tal
meterse en tanto peligro g presunción y curiosidad y ramo de
soberbia, y raíz y fundamento de vanagloria y desprecio de
las cosas de Dios, y principio (8) de muchos males en que

1 Sap.. XI, 17.
2 E . p.: y a veces acertar.
3 Estas dos líneas se han corregido por el C. de Ale. y la e. p. Advertimos que
ésta en vez de tierra, pone ciudad,
4 Tob., XIV, 13.
5 Asi en el C. de Ale—A y B.: viendo que tenía los pecados por los cuales ha-
bía Dios destruido al mundo con el diluvio. La e. p.: que tenían viendo que por los
pecados del mundo había Dios destruido los hombres en el diluvio,
6 La e. p. suprime: en ingerir mentiras.
7 La e. p. suprime esta palabra.
8 Asi el C. de Ale. La e. p. suprime esta palabra. A y B trasladan causa.
180 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

vinieron muchos. Los cuales, tanto vinieron a enojar a Dios, que
de propósito los dejó errar y engañar, y oscurecer el espíritu y
dejar las vías ordenadas de la vida, dando lugar a sus vanida-
des y fantasías, según lo dice Isaías diciendo: Dominas miscuit
in medio ejus spiritum vertiginis (1). Que es tanto como de-
cir: E l Señor mezcló en medio espíritu de revuelta y confusión.
Que en buen romance quiere decir, espíritu de entender al revés.
Lo cual va allí diciendo Isaías llanamente a nuestro propósito, por-
que lo dice por aquellos que andaban a saber las cosas que ha-
bían de suceder, por vía sobrenatural. Y por eso dice que les
mezcló Dios en medio espíritu de entender al revés; no por-
que Dios les quisiese ni les diese efectivamente el espíritu de
errar, sino porque ellos se quisieron meter en lo que natural-
mente no podían (2) alcanzar. Enojado de esto, los dejó des-
atinar, no dándoles luz en lo que Dios no quería que se entro-
metiesen. Y asi, dice que les mezcló aquel espíritu Dios, priva-
tivamente (3). Y de esta manera es Dios causa de aquel daño,
es a saber, causa privativa, que consiste en quitar E l su luz
y favor, tan quitado, que necesariamente vengan en error (4).
12. Y de esta manera da Dios licencia al demonio para
que ciegue y engañe a muchos, mereciéndolo sus pecados y atrevi-
mientos; y puede y se sale con ello el demonio, creyéndole ellos y
teniéndole por buen espíritu; tanto, que aunque sean muy per-
suadidos que no lo es, no hay remedio de desengañarse, por
cuanto tienen ya, por permisión de Dios, ingerido el espíritu
de entender al revés, cual leemos haber acaecido a los profe-
tas del rey Acab, dejándoles Dios engañar con el espíritu
de mentira, dando licencia al demonio para ello, diciendo:
Decipies, et praevalebis\ egredere, et fac ita (5). Que quiere
decir: Prevalecerás con tu mentira, y engañarlos has; sal y
hazlo así. Y pudo tanto con los Profetas y con el Rey para

1 Isaí., XIX, 14.
2 E . p.: pudieron.
3 E . p.: Permisivamente.
4 La e, p. modifica así los Códices: su luz y favor, de donde se sigue que infali'
blemeníe vengan en error.
5 III Reg.. XXII, 22.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXI 181

engañarlos, que no quisieron creer al profeta Miqucas, que les
profetizó la verdad muy al revés de lo que los otros habían
profetizado; tj esto fué porque los dejó Dios cegar, por estar
ellos con afecto de propiedad en lo que querían que les suce-
diese, g respondiese Dios según sus apetitos y deseos; lo cual
era medio g disposición certísima para dejarlos Dios de propó-
sito cegar g engañar.
13. Porque así lo profetizó Ezequiel en nombre de Dios;
el cual, hablando contra el que se pone a querer saber por vía
de Dios, curiosamente, según la vanidad (1) de su espíritu,
dice: Cuando el tal hombre viniere al Profeta para preguntar-
me a mí por él. Yo el Señor le responderé por mí mismo; ig
pondré mi rostro enojado sobre (2) aquel hombre; g el Pro-
feta cuando hubiere errado en lo que fué preguntado, Ego
Dominas decepi prophetam illum (3). Esto es: Yo el Señor
engañé a aquel Profeta. Lo cual se ha de entender, no con-
curriendo con su favor para que deje de ser engañado, porque
eso quiere decir, cuando dice: Yo el Señor le responderé por
mí mismo enojado; lo cual es apartar E l su gracia y favor
de aquel hombre. De donde necesariamente (4) se sigue el
ser engañado por causa del desamparo de Dios. Y entonces
acude el demonio a responder según el gusto g apetito de
aquel hombre, el cual, como gusta de ello, g las respuestas g
comunicaciones son de su voluntad (5), mucho se deja engañar.
14. Parece que nos habernos salido algo del propósito que
prometimos en el título del capitulo, que era probar cómo aun-
que Dios responde, se queja algunas veces. Pero, si bien se mi-
ra (6), todo lo dicho hace para probar nuestro intento; pues en
todo se ve no gustar Dios de que quieran las tales visiones, pues
da lugar a que de tantas maneras sean engañados en ellas.

1 Variedad, traslada equivocadamente el C. de Ale.
2 Contra, se lee en e. p.
3 Ezech.. XIV. 7-9.
4 E . p.: infaliblemente,
5 La e. p.: son conformes a su voluntad.
6 Estas tres líneas, que no se leen ni en la edición de Toledo, están tomadas del
Códice de Alcaudete, y también las trae la edición príncipe, con la leve diferencia, que
en vez de se queja, traslada se enoja. A y B no las copian, aunque sí las restantes
líneas. A estos siguió la edición toledana.
182 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

CAPITULO XXII

EN QUE SE DESATA UNA DUDA, COMO NO SERA LICITO AHORA EN LA
L E Y D E GRACIA PREGUNTAR A DIOS POR VIA SOBRENATURAL, CO-
MO LO ERA EN LA L E Y VIEJA (1) . — P R U E B A S E CON UNA AUTO-
RIDAD DE SAN PABLO (2).

1. De entre las manos nos van saliendo las dudas, g así no
podemos correr con la priesa que querríamos adelante. Porque
así como las levantamos, estamos obligados a allanarlas nece-
sariamente (3), para que la verdad de la doctrina siempre que-
de llana y en su fuerza. Pero este bien hay en estas dudas siem-
pre (4), que aunque nos impiden el paso un poco, todavía sirven
para más doctrina y claridad de nuestro intento, como será la
duda presente.
2. En el capítulo precedente, habemos dicho cómo no es
voluntad de Dios que las almas quieran recibir por vía sobre-
natural cosas distintas de visiones, locuciones, etc. Por otra
parte, habemos visto en el mismo capítulo y colegido de los
testimonios que allí se han alegado de la Escritura, que se
usaba (5), el dicho trato con Dios en la Ley Vieja y era líci-
to; y no sólo lícito, sino que Dios se lo mandaba. Y cuando no
lo hacían, los (6) reprendía Dios, como es de ver en Isaías,
donde reprende Dios a los hijos de Israel, porque, sin pregun-
társelo a E l primero, querían (7) descender en Egipto, dicien-
do: Et os meum. non interrogastis (8). Esto es: No preguntasteis
primero a mi misma boca lo que convenía. Y también leemos

1 E . p.: En que se trata una duda, cómo no sea lícito ahora en la Ley Nueva
preguntar, etc.
2 La e. p. añade: es algo sabroso para entender misterios de nuestra santa fe.
3 La e. p. omite esta palabra.
4 Sólo el C. de Ale. trae esta palabra.
5 E . p. abrevia: Por otra parte, sabemos que se usaba...
6 E. p.: se lo.
7 A, B y e. p.: pensaban.
8 Isaí.. X X X , 2.
LIBRO SEGUNDO.—CflP. XXII 183

en Josué que, siendo engañados los mismos hijos de Israel
por los gabaonitas, les nota allí el Espíritu Santo esta falta,
diciendo: Suscepemnt ergo de cibariis eorum, et os Domini non
interrogavemnt (1). Que quiere decir: Recibieron de sus man-
jares, y no lo preguntaron a la boca de Dios. Y así vemos en
la Divina Escritura que Moisés siempre preguntaba a Dios, y
el rey David g todos los reyes de Israel para sus guerras y
necesidades, y los sacerdotes y profetas antiguos, y Dios, res-
pondía y hablaba con ellos y no se enojaba, y era bien hecho;
y si no lo hicieran, fuera mal hecho, y así es la verdad: ¿por
qué, pues, ahora en la ley nueva y de gracia no lo será como
antes lo era?
3. A lo cual se ha de responder, que la principal causa por
qué en la Ley de Escritura (2) eran lícitas las preguntas que se
hacían a Dios, y convenía que los profetas y sacerdotes quisiesen
visiones y revelaciones de Dios, era porque aun entonces no es-
taba bien fundamentada la fe ni establecida la Ley Evangélica; y
así, era menester que preguntasen a Dios y que E l hablase, ahora
por palabras, ahora por visiones y revelaciones, ahora en figuras
y semejanzas, ahora en otras muchas maneras de significaciones.
Porque todo lo que respondía y hablaba y revelaba, eran miste-
rios de nuestra fe y cosas tocantes a ella o enderezadas a ella.
Que por cuanto las cosas de fe no son del hombre, sino de
boca del mismo Dios, y por eso las reprendía el mismo Dios,
porque en sus cosas no preguntaban a su boca, para que él
respondiese (3), encaminando sus casos y cosas a la fe, que
aún ellos no tenían sabida, por no estar aun fundada (4).
Pero ya que está fundada la fe en Cristo y manifiesta la ley
evangélica en esta era de gracia, no hay para qué preguntarle de
aquella manera, ni para qué él hable ya ni responda como

1 Josué, IX, 14.
2 A, B y e. p.: en la Ley Vieja.
3 La e. p. cambia un poco algunas frases: "de boca del mismo Dios, las cuales
El por su misma boca habló. Por eso era menester que, como habemos dicho, pregun-
tasen a la misma boca de Dios, y por eso los respondía, cuando no lo hacían, para que
El les respondiese"...
4 En la e. p. faltan las palabras por no estar aún fundada.
184 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

entonces. Porque en darnos, como nos dió, a su Hijo, que es
una palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto g
de una vez en esta sola palabra, y no tiene más que hablar.
4. Y éste es el sentido de aquella autoridad con que co-
mienza San Pablo a querer inducir a los hebreos a que se
aparten de aquellos modos primeros tj tratos con Dios de la ley
de Moisés, y pongan los ojos en Cristo solamente, diciendo: yWtt/-
tifariam multisque modis olim Deas loqueas patribus in Pro-
pheiis: no vis sime autem diebus istis tocatas est nobis in F i -
lio (1). Y es como si dijera: Lo que antiguamente habló Dios en
los Profetas a nuestros padres de muchos modos y de mu-
chas maneras, ahora, a la postre, en estos días nos lo ha
hablado en el Hijo todo de una vez. En lo cual da a entender el
Apóstol, que Dios ha quedado como mudo, y no tiene más
que hablar (2), porque lo que hablaba antes en partes a los
Profetas, ya lo ha hablado en él todo, dándonos al Todo, que
es su Hijo.
5. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o
querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad,
sino haría (3) agravio a Dios no poniendo los ojos totalmente
en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad. Porque le po-
dría responder Dios de esta manera, diciendo: S i te tengo ya
habladas todas las cosas en mi palabra, que es mi hijo, y
no tengo otra, qué te puedo yo ahora responder o revelar que
sea más que eso; pon los ojos sólo en él, porque en él te
lo tengo dicho todo, y revelado (4), y hallarás en él aún más
de lo que pides y deseas. Porque tú pides locuciones y revela-
ciones, en parte; y si pones en él los ojos, lo hallarás en todo;
porque el es toda mi locución y respuesta, y es toda mi vi-
sión y toda mi revelación; lo cual os he ya hablado,
respondido, manifestado y revelado, dándoosle por hermano (5),

1 Hebr.. I. 1.
2 E . p.: que ya Dios ha dicho tanto en esto, que no tiene más que desear.
3 E . p.: visión o revelación, parece que harta agravio a Dios.
4 E . p.: que es mi hijo, pon los ojos sólo en él, porque en él te lo tengo dicho
todo, g revelado todo, etc.
5 E . p. abrevia así: porque él es la Verdad, la Guía y la Vida y os lo he dado
por hermano, etc.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXII 185

compañero y maestro, precio y premio. Porque desde aquel
día que bajé con mi espíritu sobre él en el monte Tabor,
diciendo: H i c est filias meas dilectas, in quo mihi hene com-
placdi, ipsum audite (1); es a saber: Este es mi amado H i -
jo, en que me he complacido: a él oid, ya alcé yo la mano
de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas, y se la
di a él: oidle a él; porque yo no tengo más fe que revelar, ni
más cosas que manifestar. Que si antes hablaba (2), era pro-
metiendo a Cristo; y si me preguntaban, eran las preguntas (3)
encaminadas a la petición y esperanza de Cristo, en que ha-
bían de hallar todo bien (como ahora lo da a entender toda
la doctrina de los Evangelistas y Apóstoles); mas, ahora, el
que me preguntase de aquella manera, y quisiese que yo le ha-
blase o algo le revelase, era en alguna manera pedirme otra
vez a Cristo, y pedirme más fe, y ser falto en ella, que ya está
dada en Cristo; y así, haría mucho agravio a mi amado Hijo,
porque no sólo en aquello le faltaría en la fe, mas le obligaba
otra vez a encarnar y pasar por la vida y muerte primera.
No hallarás (4) qué pedirme ni qué desear de revelaciones o
visiones de mi parte (5); míralo tú bien, que ahí lo hallarás
ya hecho y dado todo eso, y mucho más, en EL
6. Si quisieres que te responda yo alguna palabra de con-
suelo, mira a mi Hijo, sujeto a mí y sujetado por mi amor, y afli-
gido (6) y verás cuántas te responde. Si quisieses que te declare
yo algunas cosas ocultas, o casos, pon sólo los ojos en E l , y ha-
llarás ocultísimos misterios, y sabiduría y maravillas de Dios,
que están encerradas en E l , según mi Apóstol dice: In qtto sunt
omnes thesaari sapientiae et scientiae Dei absconditi (7). Esto

1 Matth., XVII. 5.
2 E . p. abrevia: "en el monte Tabor diciendo: Este es mi amado Hijo en que
me complací a mí. A él oid. No hay que buscar nuevas maneras de enseñanzas y res-
puestas. Que si antes hablaba", etc.
3 Eran las esperanzas, traslada el C. de Ale.
4 La e. p. corrige así estas líneas: era en alguna manera no estar contento con
Cristo; y así haría mucho agravio a mi amado Hijo: teniéndole no hallarás, etc.
5 La e. p. suprime de mi parte.
6 E . p.: Mira a mi Hijo obediente a mí g afligido por mi amor.
7 Ad Coloss.. II. 3.
186 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

es: en el cual Hijo de Dios están escondidos todos los tesoros de
sabiduría y ciencia de Dios. Los cuales tesoros de sabiduría
serán para ti muy más altos y sabrosos y provechosos, que las
cosas que tú querías saber. Que por eso se gloriaba el mismo
Apóstol, diciendo: Que no había él dado a entender que sabía
otra cosa (1), sino a Jesucristo y a éste crucificado (2). Y si
también quisieses otras visiones y revelaciones divinas, o cor-
porales, mírale a E l también humanado, y hallarás en eso más
que piensas, porque también dice el Apóstol: In ipso habitat
omttis plenitudo Divinitatis corporaliter (3). Que quiere decir: En
Cristo mora corporalmente toda plenitud de divinidad.
7. No conviene, pues, ya preguntar a Dios de aquella
manera, ni es necesario que ga hable, pues acabando de hablar
toda la fe en Cristo, no hay más fe que revelar ni la habrá
jamás (4). Y quien quisiere recibir ahora cosas algunas por
vía sobrenatural como habernos dicho, era como notar falta en
Dios (5), de que no había dado todo lo bastante en su H i -
jo. Porque, aunque lo haga suponiendo la fe y creyéndola, to-
davía es curiosidad de menos fe. De donde no hay que es-
perar (6) doctrina, ni otra cosa alguna, por vía Sobrenatural. Por-
que a la hora que Cristo dijo en la cruz, Consatnmatum est (7),
cuando expiró, que quiere decir: Acabado es, no sólo se aca-
baron esos modos; sino todas esotras ceremonias y ritos de
la Ley Vieja. Y así, en todo nos habemos de guiar por la
ley de Cristo-hombre, y de su Iglesia, y de sus ministros,
humana y visiblemente, y por esa vía remediar nuestras igno-
rancias y flaquezas espirituales, que para todo hallaremos abun-
dante medicina por esta vía. Y lo que de este camino saliere,
no sólo es curiosidad, sino mucho atrevimiento, y no se ha de

1 E . p.: Que no sabía otra alguna cosa.
2 I ad Cor.. II, 2.
3 Ad Coloss., II. 9.
4 E . p.: que ya hable; pues habiendo hablado en Cristo, no hay más que desear.
5 E . p.: Y quien quisiere recibir ahora por vía sobrenatural extraordinaria al'
gunas cosas, sería como notar falta en Dios.
6 Con esta curiosidad, añade la e. p.
7 Joan.. XIX. 30.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXII 187

creer cosa por vía sobrenatural, sino sólo lo que es enseñanza de
Cristo-hombre, como digo, y de sus ministros, hombres (1). Tan-
to, que dice San Pablo estas palabras: Qaod si Angelus de
coelo evangelizaverit, praeterquam quod evangelizavimus vobis,
anathema sit (2). Es a saber: Si algún ángel del cielo os evan-
gelizare fuera de lo que nosotros hombres (3) os evangelizamos,
sea maldito y descomulgado.
8. De donde, pues es verdad que siempre se ha de estar
en lo que Cristo nos enseñó, y todo lo demás no es nada ni
se ha de creer si no conforma con ello; en vano anda el que
quiere ahora tratar con Dios al modo de la Leg Vieja. Cuanto
más, que no le era licito a cualquiera de aquel tiempo pregun-
tar a Dios, ni Dios respondía a todos, sino sólo a los sacer-
dotes y profetas, que eran de cuya boca el vulgo había de saber
la ley y la doctrina; y así, si alguno quería saber alguna cosa
de Dios, por el profeta o por el sacerdote lo preguntaba y no
por sí mismo. Y si David, por sí mismo algunas veces preguntó
a Dios, es porque era profeta; y aun, con todo eso, no lo ha-
cía sin la vestidura sacerdotal, como se ve haberlo hecho en
el primero de los Reyes, donde dijo a Abimelec sacerdote:
Applíca ad me Ephod (4), que era una vestidura de las más
autorizadas del sacerdote, y con ella consultó con Dios. Mas
otras veces, por el profeta Natán y por otros profetas, consul-
taba a Dios. Y por la boca de éstos y de los sacerdotes, se ha-
bía de creer ser de Dios lo que se les decía, y no por su
parecer propio.

1 Estas líneas están tomadas de A y B. El C. de Ale. dice solamente: "Y asi en
todo nos habernos de guiar por la ley de Cristo hombre," saltando por distracción de
esta última palabra a otra igual que se lee unas líneas más abajo. La e. p. traslada:
"Y así en todo nos habernos de guiar por la doctrina de Cristo, de su Iglesia y de sus
ministros, y por esa vía remediar nuestras ignorancias yflaquezasespirituales, que
para todo hallaremos por este camino abundante medicina; y lo que de él saliere y se
apartare, no sólo es curiosidad, sino mucho atrevimiento, y no se ha de crer cosa por
vía sobrenatural, sino sólo lo que dijere con la enseñanza de Cristo, Dios y hombre,
y de sus ministros."
2 Ad Gal.. I, 8.
3 E . p. suprime esta palabra, lo mismo que arriba.
4 I. Reg., XXIII. 9.
188 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

9. Y así, lo que Dios decía entonces, ninguna autoridad ni
fuerza les hacía para darle entero crédito, si por la boca de
los sacerdotes y profetas no se aprobaba. Porque es Dios tan
amigo que el gobierno y trato del hombre sea también por
otro hombre semejante a E l , y que por razón natural sea el
hombre regido y gobernado (1), que totalmente quiere que las
cosas que sobrenaturalmente nos comunica, no las demos en-
tero crédito, ni hagan en nosotros confirmada fuerza y segura
hasta que pasen por este arcaduz humano de la boca del hom-
bre. Y así, siempre que algo dice o revela al alma, lo dice con
una manera de inclinación puesta en la misma alma, a que se
diga a quien conviene decirse; y hasta esto, no suele dar en-
tera satisfacción porque no la tomó (2) el hombre de otro hombre
semejante a él (3). De donde en los Jueces vemos haberle
acaecido lo mismo al capitán Gedeón, que con haberle dicho
Dios muchas veces que vencería a los madianitas, todavía es-
taba dudoso y cobarde, habiéndole dejado Dios aquella flaque-
za, hasta que, por la boca de los hombres, oyó lo que Dios
le había dicho. Y fué que, como Dios le vió flaco, le dijo: Le-
vántate y desciende al real. Et cunt audieris quid loquantur,
tune confortabuntur manas tuae, et securior ad hostium castra
deseendes (4). Esto es: Cuando oyeres allí lo que hablan los
hombres, entonces recibirás fuerzas en lo que te he dicho, y
bajarás con más seguridad a los ejércitos de los enemigos. Y
asi fué, que oyendo contar un sueño de un madianita a otro,
en que había soñado que Gedeón los había de vencer, fué muy
esforzado, y comenzó a poner con grande alegría por obra
la batalla. Donde se ve, que no quiso Dios que éste se ase-
gurase, pues no le dió la seguridad sólo por vía sobrenatural,
hasta que se confirmó naturalmente (5).
10. Y mucho más es de admirar lo que pasó acerca de esto

1 E . p. suprime: y que por razón natural sea el hombre regido y gobernado.
2 A, B y e. p.: para que la tome.
3 A quien Dios tiene puesto en su lugar, añade la e. p.
4 Judie. VII. 11.
5 La e. p.: Se asegurase hasta que por boca de otros oyese lo mismo.
LIBRO SEÚUNDO.—CAP. XXlI 189

en Moisés, que con haberle Dios mandado con muchas razones,
y confirmádoselo con las señales de la vara en serpiente y
de la mano leprosa, que fuese a libertar los hijos de Israel,
estuvo tan flaco (1) g oscuro en esta ida, que aunque se eno-
jó Dios, nunca tuvo ánimo para acabar de tener fe (2) en el caso
para ir, hasta que le animó Dios con su hermano Aarón, dicien-
do: Aaron frater tuus Levites, scio quod eloquens sit: ecce ipse
egredietur in occursum iuiini, vidensque te, laetabitur corde. Lo-
quere ad eutn, et pone verba mea in ore ejus: et ego ero in ore
tuo, et in ore illius, etc. (3). Lo cual es como si dijera: Yo sé
que tu hermano Aarón es hombre elocuente; cata que (4) el te
saldrá al encuentro, y, viéndote, se alegrará de corazón; habla
con él, y dilc todas mis palabras, y Yo seré en tu boca y en
la suya, para que cada uno reciba crédito de la boca del
otro (5).
11. Oídas estas palabras, Moisés animóse luego con la es-
peranza del consuelo del consejo que de su hermano había de
tener; porque esto tiene el alma humilde, que no se atreve a
tratar a solas con Dios, ni se puede acabar de satisfacer sin
gobierno y consejo humano. Y así lo quiere Dios, porque en
aquellos que se juntan a tratar la verdad, se junta E l allí para
declararla y confirmarla en ellos, fundadas sobre razón natu-
ral (6), como dijo que lo había de hacer con Moisés y Aaron jun-
tos, siendo en la boca del uno y en la boca del otro. Que, por
eso, también dijo en el Evangelio, que Ubi fuerit dúo vel tres con-
gregan in nomine meo, ibi sum ego in medio eorum (7). Esto
es: Donde estuvieren dos o tres juntos para mirar lo que es
más honra y gloria de mi nombre, yo estoy allí en medio de
ellos, es a saber: aclarando y confirmando en sus corazones

1 La e. p. añade: detenido.
2 A y B: fuerte fe. La e. p.: para acabar de tener fuerte en el cato.
3 ExocL, IV. 14-15.
4 Las palabras cata que sólo se leen en el C. de Ale.
5 La e. p. suprime las palabras: para que cada uno reciba crédito de la boca
del otro.
6 E . p. omite: fundadas sobre razón natural.
7 Matth., XVIII, 20.
190 SUBIDÜ D E L MONTE CARMELO

las verdades de Dios. Y es de notar que no dijo: Donde es-
tuviere uno solo, yo estoy allí; sino por lo menos dos, pa-
ra dar a entender que no quiere Dios que ninguno a solas se
crea para si las cosas que tiene por de Dios, ni se confor-
me (1), ni afirme en ellas, sin la Iglesia (2), o sus ministros,
porque con éste solo no estará él aclarándole y confirmándole
la verdad en el corazón, y así, quedará en ella flaco y frío.
12. Porque de aquí es lo que encarece el Eclesiastés, di-
ciendo : Wae soli, quia cum ceciderit, non habet sublevantem se.
Si dormierint dúo, fovebuntur mutuo: unas quomodo calefiet?
et si quispiam praevaluerit contra unum, dúo resistent ei (3).
Que quiere decir: Ay del solo, que cuando cayere no tiene quien
le levante. S i dos durmieren juntos, calentarse ha el uno al
otro (es a saber: con el calor de Dios, que está en medio) (4) ;
uno solo, ¿cómo calentará? Es a saber: ¿cómo dejará de estar
frío en las cosas de Dios? Y si alguno pudiere más y prevale-
ciere contra uno (esto es, el demonio que puede y prevalece
contra los que a solas se quieren haber en las cosas Dios),
dos juntos le resistirán, que son el discípulo y el maestro que
se juntan a saber y a hacer (5) la verdad. Y hasta esto ordi-
nariamente se siente él solo tibio y flaco en ella, aunque más
la haya oído de Dios; tanto, que con haber mucho que San
Pablo predicaba el Evangelio que dice él había oído, no de
hombre, sino de Dios, no pudo acabar consigo de dejar de ir
a conferirlo con San Pedro y los Apóstoles, diciendo: Ne forte
in vacuum currerem, aut cacurrissem (6). Que quiere decir: No.
por ventura corriese en vano o hubiese corrido (7), no tenién-
dose por seguro, hasta que le dió seguridad el hombre. Cosa,
pues, notable parece, Pablo, pues el que os reveló ese Evan-

1 Así el C. de Ale. y B.-—A y e. p.: confirme.
2 E . p.: sin el consejo y gobierno de la Iglesia.
3 Eccles.. IV. 10-12.
4 Las palabras del paréntesis faltan en A y B.
5 E . p.: obrar.
6 Ad Gal., II. 2.
7 Lo restante del párrafo falta en e. p.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXIÍ 191

gelio, no pudiera también revelaros la seguridad de la falta
que podiades hacer en la predicación de la verdad de E l (1).
13. Aquí se da a entender claro, cómo no hay que ase-
gurarse en las cosas que Dios revela, sino es por el orden que
vamos diciendo; porque dado caso que la persona tenga cer-
teza, como San Pablo tenía de su Evangelio (pues le había ya co-
menzado a predicar), que aunque la revelación sea de Dios, toda-
vía el hombre puede errar acerca de ella, o en lo tocante a ella (2).
Porque Dios no siempre, aunque dice lo uno, dice lo otro; y, mu-
chas veces, dice la cosa, y no dice el modo de hacerla. Porque,
ordinariamente, todo lo que se puede hacer por industria y con-
sejo humano, no lo hace E l ni lo dice, aunque trate muy afa-
blemente mucho tiempo con el alma. Lo cual conocía muy bien
San Pablo; pues, como decimos, aunque sabía le era revelado
por Dios el Evangelio, le fué a conferir, Y vemos esto claro
en el Exodo, donde, tratando Dios tan familiarmente con Moi-
sés, nunca le había dado aquel consejo tan saludable que le dió
su suegro Jetró, es a saber: que eligiese otros jueces para que
le ayudasen y no estuviese esperando el pueblo desde la ma-
ñana hasta la noche (3). E l cual consejo Dios aprobó, y no
se lo había él dicho; porque aquello era cosa que podía caber
en razón y juicio humano. Acerca de las visiones y revelacio-
nes y locuciones de Dios (4), no las suele revelar Dios, por-
que siempre quiere que se aprovechen de este en cuanto se
pudiere, y todas ellas han de ser reguladas por éste (5), sal-
vo las que son de fe, que exceden todo juicio y razón, aun-
que no son contra ella (6),
14. De donde no piense alguno, que porque sea cierto que
Dios y los santos traten con él familiarmente muchas cosas,
por el mismo caso le han de declarar las faltas que tie-

1 A y B: de la verdad del Señor.
2 La e. p,: puede errar en la ejecución y en lo tocante a ella.
3 Exod., XVIII, 21-22.
4 E . p,: caer en juicio y consejo humano. Y así, todas las cosas que pueden
caer en juicio y consejo humano acerca de las visiones y locuciones de Dios. Con el
arreglo se aclara el pensamiento del Santo.
5 La e. p. omite: y todas ellas han de ser reguladas por éste.
6 A, B y e. p.: aunque no son contra razón y juicio.
192 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

ne acerca de cualquier cosa, pudiendo él saberlo por otra vía.
Y así no hay que asegurarse; porque, como leemos haber
acaecido en los Actos de los Apóstoles, que con ser San Pedro
príncipe de la Iglesia, g que inmediatamente era enseñado de
Dios, acerca de cierta ceremonia que usaba entre las gentes erra-
ba, g callaba Dios, tanto, que le reprendió San Pablo, según
él allí afirma, diciendo: Cum yidissem, quod non rede ad
veritatem. Evangelii ambularent, dixi coram ómnibus: S i tu fu-
daeus cum sis, gentiliter vivis, quomodo Gentes cogis judaiza-
re? (1). Que quiere decir: Como yo viese, dice San Pablo, que
no andaban rectamente los discípulos según la verdad del Evan-
gelio, dije a Pedro delante de todos: S i siendo tú judío, como
lo eres, vives gentílicamente, ¿cómo haces tal ficción que fuerzas
a los gentiles a judaizar? Y Dios no advertía esta falta a San
Pedro por sí mismo, porque era cosa que cala en razón aquella
simulación, y la podía saber por vía racional (2).
15. De donde muchas faltas y pecados castigará Dios en
muchos el día del juicio con los cuales habrá tenido acá muy
ordinario trato y dado mucha luz y virtud; porque en lo
demás que ellos sabían que debían hacer, se descuidaron con-
fiando en aquel trato y virtud que tenían con Dios (3). Y
así, como dice Cristo (4) en el Evangelio, se maravillarán
ellos entonces diciendo: Domine, Domine, nonne in nomine tuo
prophetavimus, et in nomine tuo daemonia ejecimus, et in no-
mine tuo virtutes multas fe cimas? (5). Esto es: Señor, Señor,
por ventura las profecías que tú nos hablabas (6) no las pro-
fetizamos en tu nombre? ¿Y, en tu nombre, no echamos los
demonios? (6). ¿Y, en tu nombre, no hicimos muchos mila-
gros y virtudes? Y dice el Señor, que les responderá dicien-

1 Ad Gal.. II, 14.
2 E. p.: porque era coaa que podía saber por vía ordinaria.
3 A, B y e. p. añaden: descuidando con eso.
4 Así el C. de Ale—A y B: Crisío Señor Nuestro. La e. p.: Nuestro Señor
Jesús.
5 Matth.. VII. 22.
6 La e. p. añade: por ventura.
7 Esta frase falta en el C. de Ale. La traen los demás manuscritos. También la
e, p. con el aditamento de ya lanzamos los demonios.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXII 193

do: Et tune confitebor Hits, guia numquam no vi vos: discedite
a me omnes qui operamini iniquitatem (1), Es a saber: Apar-
taos de mí los obreros de maldad, porque nunca os conocí.
De éstos era el profeta Balaán y otros semejantes, a los cuales,
aunque hablaba Dios con ellos, y les daba gracias (2), eran
pecadores. Pero, en su tanto, reprenderá también el Señor a los
escogidos y amigos suyos, con quien acá se comunicó fami-
liarmente, en las faltas y descuidos que ellos hayan tenido;
de los cuales no era menester les advirtiese Dios por sí mis-
mo, pues ya por ley y razón natural que les había dado se
lo advertía.
16. Concluyendo, pues, en esta parte, digo, y saco de
lo dicho, que cualquier cosa que el alma reciba, de cualquiera
manera que sea, por vía sobrenatural, clara y rasa, entera, y
sencillamente (3), ha de comunicarla luego con el maestro espi-
ritual. Porque aunque parece que no había para qué dar cuen-
ta, ni para qué gastar en eso tiempo, pues con desecharlo y no
hacer caso de ello ni quererlo (4), como habemos dicho, queda
el alma segura, mayormente cuando son cosas de visiones o re-
velaciones u otras comunicaciones sobrenaturales, que o son cla-
ras, o va poco en que sean o no sean; todavía es muy ne-
cesario (aunque al alma le parezca que no hay para qué) de-
cirlo todo. Y esto por tres causas (5): la primera, porque, como
habemos dicho, muchas cosas comunica Dios, cuyo (6) efecto y
fuerza, luz y seguridad, no la confirma del todo en el alma, has-
ta que, como habemos dicho, se trate con quien Dios tiene puesto
por juez espiritual de aquella alma, que es el que tiene poder
de atarla o desatarla, y aprobar y reprobar en ella, según lo ha-
bemos probado por las autoridades arriba alegadas (7), g lo

1 Matth., VII, 23.
2 En la e. p. faltan las palabras y les daba gracias.
3 E. p, añade: con toda verdad,
4 E. p. omite: ni quererlo.
5 Así el C. de Ale—B: razones. A y la e. p.: cosas.
6 Esfuerzo, añaden aquí A y B, suprimiendo la palabra fuerza que viene luego.
7 Faltan en A y B las palabras por las autoridades arriba alegadas.
13
194 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

probamos cada día por experiencia, viendo en las almas humil-
des, por quien pasan estas cosas, que después que las han tra-
tado con quien deben, quedan con nueva satisfacción, fuerza,
g luz, y seguridad; tanto, que a algunas les parece que hasta que
lo traten, ni se les asienta, ni es sugo aquello, y que entonces
se lo dan de nuevo.
17. La segunda causa es, porque ordinariamente ha menes-
ter el alma doctrina sobre las cosas que le acaecen, para enca-
minarla por aquella vía a la desnudez y pobreza espiritual, que
es la noche oscura. Porque si esta doctrina le va faltando, dado
que el alma no quiera las tales cosas, sin entenderse se iría en-
dureciendo (1) en la vía espiritual y haciéndose a la del sen-
tido (2), acerca del cual en parte pasan las tales cosas dis-
tintas.
18. La tercera causa es, porque para la humildad g suje-
ción g mortificación del alma conviene dar parte de todo, aun-
que de todo ello no haga caso, ni lo tenga en nada. Porque hag
algunas almas que sienten mucho en decir las tales cosas, por
parecerles que no son nada, g no saben cómo las tomará la per-
sona con quien las ha de tratar; lo cual es poca humildad, g,
por él mismo caso, es menester sujetarse a decirlo. Y hag otras
que sienten mucha vergüenza en decirlo, porque no vean que
tienen ellas aquellas cosas que parecen de santos, y otras cosas
que en decirlo sienten, g por eso, que no hag para qué lo decir,
pues no hacen ellas caso de ello; g, por el mismo caso, conviene
que se mortifiquen g lo digan, hasta que estén humildes, llanas
y blandas g prontas en decirlo, g después siempre lo dirán con
facilidad.
19. Pero hase de advertir acerca de lo dicho, que no porque
habemos puesto tanto (3) en que las tales cosas se desechen,
y que no pongan los confesores a las almas en el lenguaje de
ellas, convendrá que las muestren desabrimiento los padres es-
pirituales acerca de ellas, ni de tal manera las hagan desvíos y

1 Así Ale. y B.^—A y la e. p.: encrudeciendo.
2 Lo que resta del párrafo, se suprime en la e. p.
3 Rigor, añade B.
¿JBRO SEGUNDO.—CAP. XXII 195

desprecio cu ellas, que les den ocasión a que se encojan (1)
y no se atrevan a manifestarlas, que será ocasión de dar en
muchos inconvenientes, si les cerrasen la puerta para decir-
las. Porque, pues es medio (2) y modo por donde Dios lle-
va a las tales almas, no hay para qué estar mal con él, ni
por qué espantarse ni escandalizarse de él; sino antes ir (3) con
mucha benignidad y sosiego, poniéndoles ánimo g dándoles salida
para que lo digan; y, si fuere menester, poniéndoles precepto,
porque a veces en la dificultad que algunas almas sienten en tra-
tarlo, todo es menester. Encamínenlas en la fe, enseñándolas bue-
namente a desviar los ojos de todas aquellas cosas, g dándoles
doctrina en cómo han de desnudar el apetito g espíritu de ellas
para ir adelante, y dándoles a entender cómo es más preciosa de-
lante de Dios una obra o acto de voluntad hecho en caridad,
que cuantas visiones y comunicaciones (4) pueden tener del cie-
lo, pues éstas ni son mérito ni demérito (5); g cómo muchas
almas, no teniendo cosas de esas, están sin comparación mucho
más adelante que otras que tienen muchas.

CAPITULO XXIII

EN QUE SE COMIENZA A TRATAR DE LAS APREHENSIONES D E L ENTENDI-
MIENTO QUE SON PURAMENTE POR VIA ESPIRITUAL.—DICE QUE
COSA SEAN.

1. Aunque la doctrina que habernos dado acerca de las
aprehensiones del entendimiento que son por vía del sentido,
según lo que de ellas había de tratar, queda algo corta, no he
querido alargarme más en ella, pues aun para cumplir con el
intento que go aquí llevo, que es desembarazar el entendimiento
de ellas y encaminarle a la noche de la fe, antes entiendo me

1 Enojan, dice por distracción ei C. de Ale.
2 E, p.: Porque, como habernos dicho, es medio; y pues es medio.
3 Ir, Esta palabra falta en todos los Códices. La trae la e. p.
4 La e. p.: visiones y revelaciones. A y B; visiones y revelaciones y comunica-
ciones.
5 La e, p. suprime: pues éstas ni son mérito ni demérito.
196 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

he alargado demasiado. Por tanto, comenzaremos ahora a tratar
de aquellas otras cuatro aprehensiones del entendimiento, que
en el capitulo diez (1) dijimos ser puramente espirituales,
que son visiones, revelaciones, locuciones g sentimientos espiritua-
les. A las cuales llamamos puramente espirituales, porque no
(como las corporales imaginarias) se comunican al entendi-
miento por vía de los sentidos corporales; sino, sin algún me-
dio de algún sentido corporal exterior, o interior, se ofrecen al
entendimiento clara y distintamente por vía sobrenatural, pasiva-
mente, que es sin poner el alma algún acto u obra de su parte,
a lo menos activo (2).
2. Es, pues, de saber que, hablando anchamente y en ge-
neral, todas estas cuatro aprehensiones se pueden llamar visio-
nes del alma; porque al entender del alma llamamos también
ver del alma. Y, por cuanto todas estas aprehensiones son in-
teligibles al entendimiento, son llamadas visibles espíritualmeníe.
Y asi, las inteligencias que de ellas se forman en el entendi-
miento, se pueden llamar visiones intelectuales. Que por cuanto
todos los objetos de los demás sentidos, como son todo lo que
se puede ver, g todo lo que se puede oir, g todo lo que se
puede oler, g gustar g tocar, son objeto del entendimiento en
cuanto caen debajo de verdad o falsedad; de aquí es que, así
como a los ojos corporales todo lo que es visible corporalmente
les causa visión corporal, así a los ojos del alma espirituales,
que es el entendimiento, todo lo que es inteligible le causa visión
espiritual; pues, como habernos dicho, el entenderlo es verlo.
Y así, estas cuatro aprehensiones, hablando generalmente, las po-
demos llamar visiones; lo cual no tienen los otros sentidos, por-
que el uno no es capaz del objeto del otro en cuanto tal.
3. Pero porque estas aprehensiones se representan al alma
al modo que a los demás sentidos, de aquí es que, hablando
propia g específicamente, a lo que recibe el entendimiento a mo-

1 En el capítulo X trata de estas aprehensiones espirituales, no en el VIH, como
dicen A, B y la e. p.
2 E . p.: activamente y como de suyo.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXIII 197

do de ver (porque puede ver las cosas espíritualmente, así como
los ojos corporalmente), llamamos visión; g a lo que recibe
como aprehendiendo y entendiendo cosas nuevas (así como el
oído oyendo cosas no oídas) (1), llamamos revelación; y a lo que
recibe a manera de oír, llamamos locución; y a lo que recibe a
modo de los demás sentidos, como es la inteligencia de suave olor
espiritual, y de sabor espiritual y deleite espiritual que el alma
puede gustar sobrenatural mente, llamamos sentimientos espiri-
tuales. De todo lo cual, él saca inteligencia o visión espiritual,
sin aprehensión alguna de forma, imagen o figura de imagina-
ción o fantasía natural (2), sino que inmediatamente estas cosas
se comunican al alma por obra sobrenatural, y por medio sobre-
natural.
4. De éstas, pues, también (como de las demás aprehensio-
nes corporales Imaginarias hicimos), nos (3) conviene desem-
barazar aquí el entendimiento, encaminándole y enderezándole por
ellas en la noche espiritual de fe a la divina y sustancial unión
de Dios (4); porque no embarazándose y enrudeciéndose con ellas,
se le impida el camino de la soledad y desnudez que para esto
se requiere de todas las cosas. Porque dado caso que éstas son
más nobles aprehensiones, y más provechosas y mucho más se-
guras que las corporales imaginarias, por cuanto son ya inte-
riores puramente espirituales y a que menos puede llegar el de-
monio, porque se comunican ellas al alma más pura y sutilmente
sin obra alguna de ella ni de la imaginación, a lo menos ac-
tiva (5) todavía, no sólo se podría el entendimiento embara-
zar para el dicho camino, más podría ser muy engañado por su
poco recato.
5. Y aunque, en alguna manera, podríamos juntamente con-
cluir con estas cuatro maneras de aprehensiones, dando el común
consejo en ellas que en todas las demás vamos dando, de que ni

1 E l contenido del paréntesis falta en la e, p.
2 De donde los saque, añade la e. p.
3 Sólo el Códice de Alba pone les en vez de nos.
4 La edición de 1630 enmienda: unión de amor de Dios,
5 Y" de suyo, añade la e. p.
198 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

se pretendan ni se quieran; todavía, porque, a vueltas, se dará
más luz para hacerlo y se dirán algunas cosas acerca de ellas, es
bueno tratar de cada una de ellas en particular, g así diremos de
las primeras, que son visiones espirituales o intelectuales.

CAPITULO X X I V

EN QUE SE TRñTA DE DOS MANERAS QUE HAY DE VISIONES ESPIRITUALES
POR VIA SOBRENATURAL.

1. Hablando ahora propiamente de las que son visiones es-
pirituales, sin medio de algún sentido corporal i, digo que dos
maneras de visiones pueden caer en el entendimiento: unas son
de sustancias corpóreas, otras de sustancias separadas o incorpó-
reas. Las de las corpóreas son acerca de todas las cosas materiales
que hay en el cielo y en la tierra, las cuales puede ver el alma aún
estando en el cuerpo, mediante cierta lumbre sobrenatural, deri-
vada de Dios, en la cual puede ver todas las cosas ausentes del
cielo y de la tierra (1), según leemos haber visto San Juan en
el capítulo X X I del Apocalipsis, donde cuenta la descripción
y excelencia de la celestial Jerusalén, que vió en el cielo. Y
cual también se lee de San Benito, que en una visión espiritual
vió todo el mundo (2). La cual visión, dice Santo Tomás en
el primero de sus Quodlibetos, que fué en la lumbre derivada
de arriba, que habernos dicho.
2. Las otras visiones que son de substancias incorpóreas,
no se pueden ver mediante esta lumbre derivada que aquí de-
cimos, sino con otra lumbre más alta que se llama lumbre de glo-
ria. Y así, estas visiones de substancias incorpóreas, como son
ángeles y almas (3) no son de esta vida, ni se pueden ver en

1 Lo que resta hasta fin del párrafo falta en la e. p.
2 San Gregorio, Diál., lib. II, cap. 35: "Omnis etiam mundus velut sub uno solis
radio collectus, ante oculos eius adductus est."
3 La edición de Toledo lee: como son el Ser divino, ángeles, almas, fundada,
equivocadamente, en que el P. Andrés de la Encarnación halló estas palabras en
algunos manuscritos. Ni se leen en los Códices, ni dicho Padre dice haberlas leído,
sino que se podían añadir, ya que de lo que se sigue en el texto, parecen inferirse; y
hasta dice que pudo ser "olvido suyo o de los amanuenses no expresarlo." (Cfr. Ms.
3.653, Previo 5).
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXIV 199

cuerpo mortal; porque si Dios las quisiese comunicar al al-
ma, esencialmente como ellas son, luego saldría de las car-
nes y se desataría de la vida mortal. Que por eso dijo Dios
a Moisés, cuando le rogó le mostrase su esencia: Non videbit
me homo, et vivet (1). Esto es: No me verá hombre que pue-
da quedar vivo. Por lo cual* cuando los hijos de Israel pen-
saban que habían de ver a Dios, o que le habían visto, o algún
ángel, temían el morir, según se lee en el Exodo, donde, te-
miendo los dichos, dijeron: Non loquatur nobis Dominas, ne
forte moriamur (2). Como si dijeran: No se nos comunique
Dios manifiestamente, porque no muramos. Y también en los
Jueces, pensando Manué, padre de Sansón, que habían visto
esencialmente al ángel que hablaba con él y con su mujer (el
cual les había aparecido en forma de un varón mug hermoso), di-
jo a su mujer: Mortc moriemur, quia vidimus Dominum (3). Que
quiere decir: Moriremos, porque habernos visto al Señor (4).
3. Y así, estas visiones no son de esta vida, si no fuesQ
alguna vez por vía de paso, g esto dispensando Dios, o salvan-

1 Exod., XXXIII, 20.
2 Exod.. X X . 19.
3 Judie. XIII, 22.
4 Este largo párrafo lo reduce así la e. p.: "Las otras visiones que son de subs-
tancias incorpóreas, piden otra lumbre más alta; y así, estas visiones de substancias
incorpóreas, como son ángeles y almas, no son muy ordinarias, ni propias de esta vida,
y mucho menos la dé la Esencia Divina, que es propio de comprehensores, si no es que
de paso, transeúntemente se comunique a alguno." Lo que sigue, hasta el número 5,
que comienza "por tanto, tratemos ahora de las visiones," se suprime en la e. p. E l
P. Jerónimo de S. José, en la edición de 1630, después de copiar a la e. p. en las líneas
transcritas, prosigue: "dispensando Dios, o salvando la condición y vida natural, y
abstrayendo algunas veces al espíritu della. como pudo ser en el apóstol S. Pablo,
cuando él dice que vio aquellos secretos indecibles en el tercer cielo"... El arreglo hecho
por el P. Salablanca y ampliado por el P. Jerónimo en las modificaciones que hace en
lo restante del párrafo, se conforma a la doctrina escolástica más corriente en esta ma-
teria. Sin salir de la Reforma carmelitana, puede verse tratado con extensión y com-
petencia esta doctrina de las visiones espirituales en el Cucsus Theologiae Mysíicae,
t. IV, Disp. X X y XXI; Felipe de la Santísima Trinidad: Summa Theologiae Mgsfi-
cae, part. II, tract. III, Disc. IV; Médula Mgstica, trat. VI. Dice S. Tomás (I p.. q. 88,
a. 1) que no podemos conocer quidditative las sustancias separadas. E l entendimiento
en las visiones de que el Santo trata precisa ser preparado mediante alguna disposición
conveniente para poder recibirlas; y así como éstas son diversas en perfección, así lo
ha de ser aquélla. En cuanto a que se necesite el lumen gloriae, puede ser que el San-
to fuera de esta opinión, o que la llamase así por cierta similitud que con ella podía
tener la que se necesita para ver las dichas sustancias espirituales.
200 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

do la condición y vida natural, abstrayendo totalmente al espí-
ritu de ella, y que, con su favor, se suplan las veces naturales
del alma acerca del cuerpo. Que por eso, cuando se piensa que
las vió San Pablo, es a saber: las sustancias separadas en el
tercer cielo, dice el mismo Santo (1): Sive in corpore, nescio,
sive extra corpas, nescio, Deas sett (2). Esto es, qüe fué arreba-
tado a ellas, y lo que vió, dice que no sabe si era en el cuerpo
o fuera del cuerpo, que Dios lo sabe. En lo cual, se ve claro
que se traspuso de la vía (3) natural, haciendo Dios el como.
De donde también, cuando se cree haberle mostrado Dios su
esencia a Moisés, se lee que le dijo Dios, que él le pondría
en el horado de la piedra, y ampararía cubriéndole con la diestra
y amparándole, porque no muriese cuando pasase su gloría; la
cual pasada, era mostrarse por vía de paso, amparando él con su
diestra la vida natural de Moisés (4). Mas estas visiones tan sus-
tanciales, como la de San Pablo y Moisés y nuestro padre (5)
Elias, cuando cubrió su rostro al silbo suave de Dios, aunque
son por vía de paso, rarísimas veces acaecen y casi nunca, y a
muy pocos; porque lo hace Dios en aquellos que son muy fuer-
tes (6) del espíritu de la Iglesia y ley de Dios, como fueron
los tres arriba nombrados»
4. Pero aunque estas visiones de sustancias espirituales
no se pueden (7) desnudar y claramente ver en esta vida con el
entendimiento, puédense, empero, sentir en la sustancia del al-
ma (8), con suavísimos toques y juntas, lo cual pertenece a
los sentimientos espirituales, de que con el divino favor trata-
remos después; porque a éstos se endereza y encamina nuestra
pluma, que es a la divina junta y unión del alma con la Sus-

1 El C. de Ale. no copia las palabras es a saber: las substancias separadas en
el tercer cielo. Dice el mismo Santo.
2 II ad Cor., XII, 2.
3 A y B: vida.
4 Exod., XXXIII. 22.
5 Sólo el C. de Ale. y la edic. de 1630 copian las palabras nuestro padre, como
en la pág. 168.
6 Así el C . de Ale. La edición de 1630: que son fuertes. A y B: que son fuentes.
7 En la edición de 1630 se añade: de ley ordinaria.
8 La edición de 1630 añade: mediante una noticia amorosa.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXIV 201

tanda divina; lo cual ha de ser cuando tratemos de la in-
teligencia mística y confusa u oscura que queda por decir, don-
de habernos de tratar cómo, mediante esta noticia amorosa g os-
cura, se junta Dios con el alma en alto grado y divino (1); por-
que, en alguna manera, esta noticia oscura amorosa, que es la fe,
sirve en esta vida para la •divina unión, como la lumbre de
gloria sirve en la otra de medio para la clara visión de Dios.
5. Por tanto, tratemos ahora de las visiones de corpóreas
sustancias que espiritualmente se reciben en el alma, las cuales
son a modo de las visiones corporales. Porque así como ven los
ojos las cosas corporales mediante la luz natural, así el alma
con el entendimiento, mediante la lumbre derivada sobrenatural-
mente, que habernos dicho, ve interiormente esas mismas cosas
naturales y otras, cuales Dios quiere; sino que hay diferencia
en el modo y en la manera. Porque las espirituales e intelectuales
mucho más clara y sutilmente acaecen que las corporales. Porque,
cuando Dios quiere hacer esa merced al alma, comunícala aque-
lla luz sobrenatural que decimos, en que fácilmente y clarísima-
mente ve las cosas que Dios quiere, ahora del cielo, ahora de
la tierra, no haciendo impedimento, ni al caso, ausencia ni pre-
sencia de ellas. Y es, a veces, como si se le abriese una clarí-
sima puerta, y por ella viese una luz (2) a manera de un re-
lámpago, cuando, en una noche oscura, súbitamente esclarece
las cosas, y las hace ver clara y distintamente, y luego las
deja a oscuras, aunque las formas y figuras de ellas se quedan
en la fantasía; lo cual en el alma acaece muy más perfectamen-
te (3), porque de tal manera se quedan en ella impresas aquellas
cosas que con el espíritu vió en aquella luz, que cada vez que (4)
advierte las ve en sí (5) como las vió antes; bien así como en

1 Cuanto promete el Santo aquí de tratar de la unión del alma y de la inteligen-
cia mística, confusa y oscura, es probable que lo realizaría, o tuviera intención de rea-
lizarlo, en los comentarios a las cinco últimas canciones de la Noche Oscura, que no
han llegado hasta nosotros. Las escasas referencias que de estos extremos se hallan en
adelante, no responden a la amplitud de los propósitos manifestados en estas líneas.
2 Una luz. Así A y B; y creo están en lo cierto, como se ve por unas lincas más
abajo.
3 Lo demás del párrafo se omite en la e. p.
4 Ilustrada de Dios, añade la edición de 1630.
5 Las ve así. Ms. de Alba.
202 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

d espejo se ven las formas que están en él (1), cada vez que en
él miren, y es de manera, que ya aquellas formas de las cosas
que vió, nunca jamás se le quitan del todo del alma, aunque por
tiempos se van haciendo algo (2) remotas.
6. E l efecto que hacen en el alma estas visiones, es quie-
tud, iluminación, alegría a manera» de gloria, suavidad, limpie-
za y amor, humildad e inclinación o elevación del espíritu en
Dios; unas veces más, otras menos; unas más en lo uno.
otras en lo otro, según el espíritu en que se reciben, y Dios
quiere.
7. Puede también el demonio causar (3) estas visiones en el
alma, mediante alguna lumbre natural (4), en que por sugestión
espiritual aclara el espíritu las cosas, ahora sean presentes, aho-
ra ausentes. De donde, sobre aquel lugar de San Mateo, donde
dice que el demonio a Cristo: Oétendit omnia regna mundi, et
gloñam eorum (5), es a saber: Le mostró todos los reinos del
mundo y la gloria de ellos, dicen algunos doctores que lo hizo
por sugestión espiritual (6), porque con los ojos corporales no era
posible hacerle ver tanto, que viese todos los reinos del mundo
y su gloria. Pero de estas visiones que causa el demonio, a las
que son de parte de Dios, hay mucha diferencia. Porque los .efec-
tos que éstas hacen en el alma, no son como los que hacen las
buenas; antes hacen sequedad de espíritu acerca del trato con
Dios, e inclinación a estimarse, y admitir y tener en algo las di-
chas visiones, y en ninguna manera causan blandura de humil-
dad y amor de Dios. N i las formas de éstas se quedan impresas
en el alma con aquella claridad suave que las otras, ni duran;
antes se raen luego del alma, salvo si el alma las estima mu-
cho, que entonces la propia estimación hace que se acuerde de
ellas naturalmente; mas es muy secamente, y sin hacer aquel

1 Representadas, añade la edición de 1630.
2 Así el C. de Ale—A y B: más remotas,
3 O remedar, añade aquí la e. de 1630.
4 La e. p. añade: ayudándose de la fantasía.
5 Matth:, IV, 8.—Así los Códices, La e. p. omite el texto latino, como de cos-
tumbre.
6 Inteligible, traslada la e. p. En Cornelio a Lapide (Commentaría in Mat-
theum, c. IV), pueden verse las diversas opiniones, emitidas ya desde antiguo, acerca
de este pasaje. También habla de él S. Tomas, III p., q. 41 ad 3.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXIV 203

efecto de amor g humildad que las buenas causan cuando se
acuerdan de ellas.
8. Estas visiones, por cuanto son de criaturas, con quien
Dios ninguna proporción (1) ni conveniencia esencial tiene, no
pueden servir al entendimiento de medio próximo para la unión (2)
de Dios. Y así, conviene al alma haberse puramente negativa en
ellas (3), como en las demás que habernos dicho, para ir adelan-
te por el medio próximo que es la fe. De donde, de aquellas
formas de las tales visiones que se quedan en el alma impresas,
no ha de hacer archivo ni tesoro el alma, ni ha de querer
arrimarse a ellas; porque seña estarse con aquellas formas, imá-
genes y personajes que acerca del interior residen (4), emba-
razada, y no iría por negación de todas las cosas a Dios. Por-
que, dado caso que aquellas formas siempre se representen allí,
no la impedirán mucho, si el alma no quisiere hacer caso de
ellas. Porque aunque es verdad que la memoria de ellas incita
al alma a algún amor de Dios tj contemplación; pero mucho
más incita g levanta la pura fe g desnudez a oscuras de todo
eso, sin saber el alma cómo ni de dónde le viene. Y así, acaecerá
que ande el alma inflamada con ansias de amor de Dios muy
puro, sin saber de dónde le vienen, ni qué fundamento tuvieron.
Y fué, que así como la fe se arraigó e infundió más en el alma
mediante aquel vacío y tiniebla g desnudez de todas las cosas,
o pobreza espiritual, que todo lo podemos llamar una misma
cosa, también juntamente se arraiga e infunde más en el alma
la caridad de Dios. De donde cuanto más el alma se quiere os-
curecer y aniquilar acerca de todas las cosas exteriores e inte-
riores que puede recibir, tanto más áe infunde de fe, g, por con-
sigi iente, de amor g de esperanza en ella, por cuanto estas tres
virtudes teologales andan en uno (5).
9. Pero este amor algunas veces no lo comprende la persona,
ni lo siente; porque no tiene este amor su asiento en el sentido

1 A y B: comunicación.
2 A y B: unión esencial.
3 A, B y la e. p.: negativamente en ellas.
4 Reciben, dice equivocadamente el C. de Ale.
5 La e. p. suprime: por cuanto estas tees virtudes teologales andan en uno.
204 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

con ternura; sino en él alma con fortaleza, g más ánimo j osa-
día que antes, aunque algunas veces redunde en el sentido g se
muestre tierno g blando. De donde para llegar a aquel amor,
alegría g gozo que le hacen g causan las tales visiones al alma,
convienele que tenga fortaleza g mortificación g amor (1) para
querer quedarse en vacío g a oscuras de todo ello, g fundar aquel
amor g gozo en lo que no ve ni siente, ni puede ver ni sentir
en esta vida, que es Dios, el cual es incomprensible g sobre to-
do; g, por eso, nos conviene ir a él por negación de todo. Por-
que si no, dado caso que el alma sea tan sagaz, humilde g fuerte,
que el demonio no la pueda engañar en ellas ni hacerla caer
en alguna presunción, como lo suele hacer, no dejará ir al alma
adelante; por cuanto pone obstáculo a la desnudez espiritual g
pobreza de espíritu y vacío en fe, que es lo que se requiere para
la unión del alma con Dios.
10. Y porque acerca de estas visiones sirve también la mis-
ma doctrina que en el capítulo diecinueve g veinte dimos para
las visiones g aprehensiones sobrenaturales del sentido, no gas-
taremos aquí más tiempo en decirlas (2).

CAPITULO X X V

EN QUE SE TRATA DE LAS REVELACIONES.—DICE QUE COSA SEAN,
V PONE UNA DISTINCION.

1. Por el orden que aquí llevamos, se sigue ahora tratar
de la segunda manera de aprehensiones espirituales, que arriba
llamamos revelaciones, las cuales propiamente (3) pertenecen al
espíritu de profecía. Acerca de lo cual, es primero de saber, que
revelación no es otra cosa que descubrimiento de alguna ver-
dad oculta, o manifestación de algún secreto o misterio. Así co-
mo (4) si Dios diese al alma a entender alguna cosa, como es

1 Así los Códices. La e. p. no trae esta palabra.
2 A, B y e. p.: en dada más por extenso.
3 E . p.: de las cuales algunas propiamente.
4 Por distracción omite el C. de Ale. las palabras que siguen, hasta la frase: como
es declarando.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXV 205

declarando al entendimiento la verdad de ella, o descubriese al
alma algunas cosas que el dicho hace o piensa hacer.
2. Y, según esto, podemos decir que hay dos maneras de
revelaciones: unas, que son descubrimiento de verdades al enten-
dimiento, que propiamente se llaman noticias intelectuales o in-
inteligencias; otras, que son manifestación de secretos, y éstas
se llaman propiamente, g más que estotras, revelaciones; porque
las primeras no se pueden llamar en rigor revelaciones, porque
aquéllas consisten en hacer Dios entender al alma verdades
desnudas, no sólo acerca de las cosas temporales, sino también
de las espirituales, mostrándoselas clara y manifiestamente. De
las cuales he querido tratar debajo de nombre de revelaciones,
fo uno, por tener mucha vecindad y alianza con ellas; lo otro,
por no multiplicar muchos nombres de distinciones.
5. Pues, según esto, bien podremos distinguir ahora las re-
velaciones en dos géneros de aprehensiones: al uno llamaremos
noticias intelectuales, y al otro manifestación de secretos y mis-
terios ocultos de Dios; y concluiremos con ellas en dos capí-
tulos, lo más brevemente que pudiéremos, y en éste, del pri-
mero (1).

CAPITULO X X V I

EN QUE SE TRATA DE LAS INTELIGENCIAS DE VERDADES DESNUDAS EN
EL ENTENDIMIENTO.—Y DICE COMO SON EN DOS MANERAS, Y
COMO SE HA DE HABER E L ALMA ACERCA DE E L L A S .

1. Para hablar propiamente de esta inteligencia de verda-
des desnudas que se da al entendimiento, era necesario que Dios
tomase la mano y moviese la pluma; porque sepas, amado lec-
tor (2), que excede toda palabra lo que ellas son para el alma en
si mismas. Mas, pues yo no hablo aquí de ellas de propósito,
sino sólo para industriar y encaminar al alma en ellas a la di-

1 Y en éste, del primero. Así el C. de Alc.^—A y B no dicen nada. La e. p,: ira
tando en este primero de las noticias intelectuales,
2 A y B: porque has de saber que excede...
206 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

vina unión, sufrirse ha hablar de ellas aquí corta g modificada-
mente cuanto baste para el dicho intento.
2. Esta manera de visiones, o, por mejor decir, de no-
ticiis de verdades desnudas, es mug diferente de la que acaba-
mos de decir en el capitulo veinticuatro, porque no es como
ver las cosas corporales con el entendimiento; pero consiste en
entender g ver con el entendimiento verdades de Dios, o de
las cosas que son, fueron g serán, lo cual es mug conforme al
espíritu de profecía, como por ventura se declarará después.
3. De donde es de notar, que este género de noticias se
distingue en dos maneras de ellas; porque unas acaecen al alma
acerca del Criador, otras acerca de las criaturas, como habemos
dicho. Y aunque las unas g las otras son mug sabrosas para
el alma, pero el deleite que causan en ella éstas que son de
Dios, no hag cosa a qué le poder comparar, ni vocablos ni tér-
minos con qué le poder decir; porque son noticias del mismo
Dios g deleite del mismo Dios, que como dice David: No hag co-
m3 él cosa alguna. Porque acaecen estas noticias derechamente
acerca de Dios, sintiendo altísimarnente de algún atributo de Dios,
ahora de su omnipotencia, ahora de su fortaleza, ahora de su bon-
dad g dulzura, etc.; y todas las veces que se siente, se pega en el
alma aquello que se siente. Que por cuanto es pura contemplación,
ve claro el alma que no hag cómo poder decir algo de ello, si no
fuese decir algunos términos generales, que la abundancia del de-
leite g bien que allí sintieron, les hace decir a las almas por
quien pasa; mas no para que en ellos se pueda acabar de en-
tender lo que allí el alma gustó g sintió.
4. Y así David, habiendo por él pasado algo de esto,
sólo dijo con palabras comunes g generales, diciendo: Jadida
Domini vera, jastificata in semetipsa, Desiderabilia saper aurutn
et lapidem pretiosum maltum; et dulciora saper mel et ja-
vum (1). Que quiere decir: Los juicios de Dios (2), esto es,

1 Ps. XVIII, 10-11.
2 La e. p.: Lo que juzgamos y sentimos de Dios.
LIBRO SEGUNDO.-—CAP. XXVI Í207

las virtudes g atributos que sentimos en Dios, son verdaderos
en si mismos, justificados, más deseables que el oro y que
la piedra preciosa muy mucho, y más dulces sobre el panal
y la miel. Y de Moisés leemos que en una altísima noticia que
Dios le dió de sí una vez que pasó delante de E l , sólo dijo
lo que se puede decir por los dichos términos comunes; y fué
que, pasando el Señor por él en aquella noticia, se postró
Moisés muy apriesa en ía tierra, diciendo (1): Dominator Do-
mine Deas, misericors et clemens, patiens, et multae miseraíionis,
ac verax. Qui cus toéis misericordiam in milita (2). Que quiere
decir: Emperador, Señor, Dios, misericordioso y clemente, pa-
ciente, y de mucha miseración y verdadero, que guardas la mi-
sericordia, que prometes en millares. Donde se ve, que no pu-
diendo Moisés declarar lo que en Dios conoció en una sola
noticia, lo dijo y rebosó por todas aquellas palabras. Y aunque
a veces en las tales noticias, palabras se dicen, bien ve ef alma
que no ha dicho nada de lo que sintió; porque ve que no
hay nombre acomodado para poder nombrar aquello, Y asi San
Pablo, cuando tuvo aquella alta noticia de Dios, no curó de
decir nada, sino decir que no era lícito al hombre tratar de ello.
5. Estas noticias divinas que son acerca de Dios, nunca
son de cosas particulares; por cuanto son acerca del Sumo Prin-
cipio, y por eso no se pueden decir en particular, si no fuese
en alguna manera, alguna verdad de cosa menos que Dios,
que juntamente se echase de ver allí; mas aquéllas no, en nin-
guna manera (3). Y estas altas noticias no las puede tener sino
el alma que llega a unión de Dios, porque ellas mismas son
la misma unión; porque consiste el tenerlas en cierto toque que
se hace del alma en la divinidad (4), y así el mismo Dios es el
que allí es sentido y gustado. Y aunque no manifiesta y clara-
mente, como en la gloria, pero es tan subido y alto toque de

1 A y B: se postró Moisén en el suelo, diciendo.
2 Exod., XXXIV, 6-7.
3 La e. p.: 51' no fuese que se extendiese este conocimiento a alguna otra verdad
de cosa menos que Dios, que en alguna manera se podrá dar a entender; mas aque-
llas generales, no.
4 E . p.: con la divina Verdad.
^08 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

noticia g sabor, que penetra la sustancia del alma (1), que el
demonio no se puede entrometer ni hacer otro semejante, porque
no le hay, ni cosa que se compare, ni infundir sabor ni deleite
semejante; porque aquellas noticias saben a esencia divina y vi-
da eterna, y el demonio no puede fingir cosa tan alta.
6. Podría él, empero, hacer alguna apariencia de simia,
representando al alma algunas grandezas y hechirnientos muy
sensibles, procurando persuadir al alma que aquello es Dios; mas
no de manera que entrasen en la sustancia del alma (2), y la re-
novasen y enamorasen súbitamente (3), como hacen las de Dios.
Porque hay algunas noticias y toques de estos que hace Dios en
la sustancia del alma, que de tal manera la enriquecen, que no
sólo basta una de ellas para quitar al alma de una vez todas
las imperfecciones que ella no había podido quitar en toda la
vida, mas la deja llena de virtudes y bienes (4) de Dios.
7. Y le son al alma tan sabrosos y de tan íntimo deleite
estos toques, que con uno de ellos se daría por bien pa-
gada de todos los trabajos que en su vida hubiese padecido,
aunque fuesen innumerables; y queda tan animada y con tanto
brío para padecer muchas cosas por Dios, que le es particular
pasión ver que no padece mucho.
8. Y a estas altas noticias no puede el alma llegar por al-
guna comparación ni imaginación suya, porque (5), son sobre
todo eso; y así, sin la habilidad del alma las obra Dios en ella.
De donde, a veces, cuando ella menos piensa y menos lo pretende,
suele Dios dar al alma estos divinos toques, en que le causa cier-
tos recuerdos de Dios. Y éstos, a veces, se causan súbitamente
en ella- sólo en acordarse de algunas cosas, y a veces harto mí-
nimas. Y son tan sensibles (6), que algunas veces no sólo al
alma, sino también al cuerpo, hacen estremecer. Pero otras ve-
ces acaecen en el espíritu muy sosegado sin estremecimiento

1 La e. p.: Lo más intimo del alma.
2 E . p.: en lo muy interior del alma. A: en la sabiduría del alma.
3 Así el C. de Ale, y D.—A, B, C, P y e. p.: subidamente.
4 Visiones, lee por equivocación el Códice A.
5 Ningún Códice trae las palabras como habemos dicho, que a continuación se
leen en la e. p.
6 Así los Códices. La e. p.: son tan eficaces.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXVI 209

alguno con súbito (1) sentimiento de deleite y refrigerio en el
espíritu.
9. Otras veces acaecen en alguna palabra que dicen u
oyen decir, ahora de la Escritura, ahora de otra cosa; mas
no siempre son de una misma eficacia y sentimiento, porque mu-
chas veces son harto remisos; pero por mucho que sean, vale
más uno de estos recuerdos y toques de Dios al alma, que otras
muchas noticias y consideraciones de las criaturas y obras de
Dios. Y por cuanto estas noticias se dan al alma de repente (2),
y sin albedrío de ella, no tiene el alma que hacer en ellas en
quererlas o no quererlas (3), sino háyase humilde y resignada-
mente acerca de ellas, que Dios hará su obra cómo y cuándo él
quisiere.
10. Y en éstas no digo tjue se haya negativamente como en
las demás aprehensiones, porque ellas son parte de la unión, co-
rno habernos dicho, en que vamos encaminando al alma; por lo
cual la enseñamos a desnudarse y desasirse de todas las otras.
Y el medio para que Dios las haga, ha de ser humildad y padecer
por amor de Dios con resignación (4) de toda retribución; porque
estas mercedes no se hacen al alma propietaria, por cuanto son
hechas con muy particular amor de Dios, que tiene con la tal alma,
porque el alma también se le tiene a él muy desapropiado. Que
esto es lo que quiso decir el Hijo de Dios por San Juan, cuan-
do dijo: Quí ante ni diligit me, diligetar a Paire meo, et ego dili-
gam eum, ct manifestaba ei me ipsum (5). Que quiere decir: E l
que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré y me ma-
nifestaré a mí mismo a él. En lo cual se incluyen las noticias y
toques que vamos diciendo, que manifiesta Dios al alma que de
veras le ama (6).

1 Así el C. de Alcaudete. Otros leen subido.
2 Sólo la e. p. trae aquí las palabras como habernos dicho.
3 E . p.: pretender o no pretenderlas.
4 La e. p. añade: y desinterés.
5 Joan., X I V . 21.
5 A y B: al alma que se allega a él y de veras le ama,
14
210 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

11. La segunda manera de noticias o visiones de (1) ver-
dades interiores, es muy diferente de ésta que habernos di-
cho, porque es de cosas más bajas que Dios. Y en ésta se en-
cierra el conocimiento de la verdad de las cosas en sí, g el
de los hechos y casos que acaecen entre los hombres. Y es
de manera este conocimiento, que cuando se le dan al alma a
conocer estas verdades, de tal manera se le asientan en el
interior, sin que nadie le diga nada, que, aunque la digan
otra cosa, no puede dar el consentimiento interior a ella, aun-
que se quiera hacer fuerza para asentir; porque está el espí-
ritu conociendo otra cosa en la cosa con el espíritu que le tiene
presente a aquella cosa (2), lo cual es como verlo claro. Lo
cual, pertenece al espíritu (3) de profecía, g a la gracia que
llama San Pablo don de discreción de espíritus (4). Y aunque el
alma tiene aquello que entiende por tan cierto g verdadero
como bebemos dicho, y no pueda dejar de tener aquel consen-
timiento interior pasivo, no por eso ha de dejar de creer g
dar eí consentimiento de la razón a lo que le dijere g mandare
su maestro espiritual (5), aunque sea mug contrario a aquello
que siente, para enderezar de esta manera el alma en fe a la
divina unión, a la cual ha de caminar el alma mlás cregendo
que entendiendo.
12. De lo uno g de lo otro tenemos testimonios claros en
la Escritura. Porque acerca del conocimiento espiritual (6) que
se puede tener en las cosas, dice el Sabio estas palabras: Ipse
dedit mihi homm, quae surtí, scientiam veram, ut sciam disposi-
tionem orbis terramm, et virtutes elementorum, initiatn et con-
summationem temporum, vicissitudimm permutationes, et con-
summationes temporum, et morum mutationes, divisiones tem-
porum, et anni cursus, et stellarum dispositiones, naturas ani-

1 De. Así el C. de Ale. y la e, p.—A y B: o verdades interiores.
2 E . p.: otra cosa en aquello que espiritualmente se le representó,
3 E . p.: y puede pertenecer al espirita.
4 í. ad Cor., XII. 10.
5 E . p.: como habernos dicho, no puede dejar de seguir lo que mandare su
maestro espiritual,
6 Particular, añade la e. p.
LIBRO SEGUNDO.—CHP. XXVI ' 211

maliutn et iras bestiarum, vim. ventorum, et cogiiaüones ho-
mimim, differentias virgaltornm, et virtutes radicum, et quaecum-
que sunt abscondita, et improvisa didíci: omniiim enim artifex
docuit me sapíeniia (1). Que quiere decir: Dióme Dios cien-
cia verdadera de las cosas, que son: que sepa la disposición de
la redondez de las tierras, y las virtudes de los elementos; el
principio y fin y mediación de los tiempos, los mudamien-
tos (2) de las mudanzas y las consumaciones de los tiempos, y
las mudanzas de las costumbres, las divisiones de los tiem-
pos (3), los cursos del año, y las disposiciones de las estre-
llas; las naturalezas de los animales y las iras de las bestias, la
fuerza y virtud de los vientos, y los pensamientos de los hom-
bres; las diferencias de las plantas y árboles y las virtudes de
las raices y tocias las cosas que están escondidas aprendí, y las
improvisas (4). Porque la Sabiduría, que es artífice de todas
las cosas, me enseñó. Y aunque esta noticia que dice aquí si
Sabio que le dio Dios de todas las cosas, fué infusa (5) y
general, por esta autoridad se prueban suficientemente todas las
noticias que particularmente infunde Dios en las almas por vía
sobrenatural, cuando él quiere. No porque les dé hábito ge-
neral de ciencia, como se dió a Salomón en las cosas dichas; si-
no descubriéndoles a veces algunas verdades acerca de cualesquie-
ra de todas estas cosas que aquí cuenta el Sabio. Aunque verdad
es que Nuestro Señor acerca de muchas cosas infunde hábitos a
muchas almas, aunque nunca tan generales como el de Salomón,
tal como aquellas diferencias de dones que cuenta San Pablo que
reparte Dios, entre los cuales pone sabiduría, ciencia, fe, profecía,
discreción o conocimiento de espíritus, inteligencia de lenguas,
declaración de las palabras, etc. Todas las cuales noticias son
hábitos infusos (6), que gratis los da Dios a quien quiere, alio-

1 Sap., VII, 17-21. Así viene el texto en el Códice de Alcaudete.
2 E . p.: mudanzas de los sucesos.
3 A l C. de Alba le faltan las palabras las divisiones de los tiempos, y al B, éstas
Y las cinco anteriores.
4 E . p. omite y las improvisas.
5 A omite unas palabras y escribe: que es artífice de todas las cosas, fué infusa.
6 E . p.: dones infusos.
212 SUBIDA DEL MONTE CARMELO

ra natural, ahora sobrenattiralmente; naturalmente (1) así como
a Balan y a otros Profetas idólatras y muchas Sibilas, a quien
dio espíritu de profecía; y sobrenaturalmente, como a los santos
Profetas y Apóstoles y otros santos (2).
13. Pero allende de estos hábitos o gracias (3) gratis da-
tas, lo que decimos es que las personas perfectas, o las que ya
van aprovechando en perfección, muy ordinariamente suelen te-
ner ilustración y noticia de las cosas presentes o ausentes, lo cual
conocen por el espíritu que tienen ya ilustrado y purgado (4).
Acerca de lo cual podemos entender aquella autoridad de los Pro-
verbios, es a saber: Quomodo in aquis resplendettt viiltus prospi-
cientiam, sic corda homimun mamfesta snnt prudentibus (5). De
la manera que en las aguas parecen los rostros de los
que en ellas se miran, así los corazones de los hombres son
manifiestos a los prudentes; que se entiende de aquellos que tie-
nen ya sabiduría de santos, de la cual dice la Sagrada Escritura
que es prudencia. Y a este modo, también estos espíritus conocen
a veces en las demás cosas, aunque no siempre que ellos quie-
ren; que eso es sólo de los que tienen el hábito, y aun ésos no
tampoco siempre en todo, porque es como Dios quiere acudirles.
14. Pero es de saber que estos que tienen el espíritu pur-
gado, con mucha facilidad naturalmente pueden conocer (6), y
unos más que otros, lo que hay en el corazón o espíritu interior,
y las inclinaciones y talentos de las personas, y esto por in-
dicios exteriores, aunque sean muy pequeños, como por palabras,
movimientos y otras muestras. Porque así como el demonio pue-
de esto, porque es espíritu, así también lo puede el espiritual
según el dicho del Apóstol, que dice: Spiritualis autem judicat
omnia (7). E l espiritual todas las cosas juzga. Y otra vez

1 Naturalmente. En el C. de Ale. se lee solamente esta palabra.
2 La e. p. abrevia: los da Dios a quien quiere, como a los santos Profetas y
Apóstoles, y a otros santos.
3 E . p.: Pero allende de estas gracias.
4 E . p.: conocen por la luz que reciben en el espíritu ya ilustrado y purgado.
5 Prov. XXVII, 19.
6 E . p.: el espíritu purgado, con más facilidad pueden conocer.
7 I. ad Cor., II, 15.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXVI 213

dice: Spiritus enim omnia scrutatur, etiám profunda Dei (1). E l
espíritu todas las cosas penetra, hasta las cosas profundas de
Dios. De donde, aunque naturalmente no pueden los espirituales
conocer los pensamientos o lo que hay en el interior, por ilus-
tración sobrenatural o por indicios bien lo pueden entender. Y
aunque en el conocimiento por indicios muchas veces se pueden
engañar, las más veces aciertan. Mas ni de lo uno ni de lo
otro hay que fiarse, porque el demonio se entromete aquí gran-
demente y con mucha sutileza, como luego diremos, y así siem-
pre se han de renunciar las tales inteligencias.
15. Y de que también de los hechos y casos de los hom-
bres puedan tener los espirituales noticia aunque estén ausentes,
tenemos testimonio y ejemplo en el cuarto de los Reyes, donde
queriendo Giezi, siervo de nuestro padre Elíseo (2) encubrirle el
dinero que había recibido de Naamán Siró, dijo Elíseo: Norine cor
meum in praesenti erat, qliando reversas est homo de carra sao in
occiirsum tai? (3). ¿Por ventura mi corazón no estaba presente,
cuando Naamán revolvió de su carro, y te salió al encuentro? Lo
cual acaece espiritualmente, viéndolo con el espíritu, como si pa-
sase en presencia. Y lo mismo se prueba en el mismo libro, don-
de se lee también del mismo Elíseo, que sabiendo todo lo que
el Rey de Siria trataba con sus príncipes en su secreto, lo decía
ai Rey de Israel, y así no tenían efecto sus consejos; tanto, que
viendo el Rey de Siria que todo se sabía, dijo a su gente (4):
¿Por qué no me decís quien de vosotros me es traidor acerca
del Rey de Israel? Y entonces di jóle uno de sus siervos: Ne-
quáquam, Domine mi Rex, sed Eliseus Propheta, qui est in Israel,
indicat Regí Israel omnia verba, quaecumque locutus fueris in
conclavi tao (5). No es asi, Señor mío, Rey, sino que Elíseo
Profeta, que está en Israel, manifiesta al Rey de Israel todas las
palabras que en tu secreto hablas.

1 I. ad Cor.. II, 10.
2 Del Códice de Ale. son las palabras de nuestro padre Elíseo. También las trae
la edición príncipe.
3 IV. Reg.. V . 26.
i A y B: dijo a sus consejeros.
5 IV. Reg., VI, 12.
214 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

16. La una y la otra manera de estas noticias de cosas,
también como de las otras (1), acaecen al alma pasivamente, sin
hacer ella nada de su parte. Porque acaecerá que estando la per-
sona descuidada g remota, se le pondrá en el espíritu la
inteligencia viva de lo que oye o lee, mucho más claro que la
palabra suena; y a veces, aunque no entienda las palabras, si son
de latín y no le sabe, se le representa la noticia de ellas aunque
no las entienda.
17. Acerca de los engaños que el demonio puede hacer
y hace en esta manera de noticias e inteligencias, había mucho
que decir, porque son grandes los engaños y muy encubiertos
que en esta manera hace. Por cuanto por sugestión puede re-
presentar al alma muchas noticias intelectuales (2), y ponerlas con
tanto asiento que parezca que no hay otra cosa, y si el alma
no es humilde y recelosa, sin duda la hará creer mil mentiras.
Porque la sugestión hace a veces mucha fuerza en el alma, ma-
yormente cuando participa algo en la flaqueza del sentido, en
que hace pegar la noticia con tanta fuerza, persuasión y asiento,
que ha menester el alma entonces harta oración y fuerza para
echarla de sí. Porque a veces suele representar pecados ajenos, y
conciencias malas, y malas almas (3), falsamente y con mucha
luz, todo por infamar y con gana de que se descubra aquello,
porque se hagan pecados, poniendo celo en el alma de que es
para que los encomiende a Dios. Que aunque es verdad que
Dios algunas veces representa a las almas santas necesidades
de sus prójimos para que las encomienden a Dios o las remedien;
así como leemos que descubrió a Jeremías la flaqueza del profeta
Baruc, para que le diese acerca de ella doctrina (4); muy mu-
chas veces lo hace el demonio, y esto falsamente, para inducir en
infamias y pecados y desconsuelos, de que tenemos muy mucha

1 E . p. omite las palabras como de las otras.
2 La e. p. añade: aprovechándose de los sentidos corporales.
3 A y B.: y malas almas ajenas.
4 lercm.. X L V , 3.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXVI 215

experiencia. Y otras veces pone con grande asiento otras no-
ticias (1), ü las hace creer.
18. Todas estas noticias, ahora sean de Dios, ahora no,
mug poco pueden servir al provecho del alma (2) para ir a Dios,
si el alma se quisiese asir a ellas; antes, si no tuviese cuidado
de negarlas en sí, no sólo la estorbarían, sino aun la dañarían
harto y harían errar mucho. Porque todos los peligros e incon-
venientes que habernos dicho que puede haber en las aprehen-
siones sobrenaturales que habernos tratado hasta aquí, y más,
puede haber en éstas. Por tanto, no me alargaré más aquí en esto,
pues en las pasadas habernos dado doctrina bastante; sino (3)
sólo diré que haya gran cuidado en negarlas siempre, queriendo
caminar a Dios por el no saber; y siempre dé cuenta a su con-
fesor espiritual, estando siempre a lo que dijere. E l cual muy
de paso haga pasar al alma por ello, no haciéndole cuerpo de
nada (4), para su camino de unión; pues de estas cosas que pasi-
vamente se dan al alma, siempre se queda en ella el efecto que
Dios quiere, sin que el alma ponga su diligencia en ello (5). Y
así no me parece hay para qué decir aquí el efecto que hacen las
verdaderas, ni el que hacen las falsas, porque sería cansar y no
acabar. Porque los efectos de éstas no se pueden comprender
debajo de corta doctrina; por cuanto como estas noticias son
muchas y muy varias, también lo son los efectos, puesto que
las buenas los hacen buenos, y las malas malos, etc. (6). E n
decir que todas se nieguen, queda dicho lo bastante para no
errar (7).

1 Por distracción omite el C. de Ale. las palabras: y las hace creer. Todas estas
noticias,
2 E . p.: muy poco provecho pueden hacer al alma,
3 Así el C. de Ale. y la e. p.—A y B: Por tanto, sólo diré, etc.
4 La e. p.: haga pasar al alma por ello, sin que haga presa en ello.
5 La e. p. suprime: sin que el alma ponga su diligencia en ello.
6 Aquí termina el Códice de Ale. el capítulo, con alguna diferencia de A y B y
de la c. p., puesto que éstos trasladan: que las buenas los hacen buenos, y para bien,
y las malas malos, y para mal.
7 Así A y B. La e. p.: En decir que se nieguen, y cómo haya de ser esto, ya
queda dicho bastamente.
216 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

CAPITULO XXVII

EN QUE SE TRATA D E L SEGUNDO GENERO D E REVELACIONES, QUE E S
DESCUBRIMIENTO D E SECRETOS OCULTOS (1).—DICE L A MANERA
EN QUE PUEDEN SERVIR PARA L A UNION D E DIOS, Y EN QUE
E S T O R B A R , Y COMO E L DEMONIO P U E D E ENGAÑAR MUCHO E N ESTA
PARTE.

1. E l segundo género de revelaciones decíamos que era
manifestación de secretos y misterios ocultos. Este puede ser
en dos maneras. La primera acerca de lo que es Dios en si; g en
ésta se incluye la revelacióón del misterio de la Santísima Tri-
nidad y unidad de Dios. La segunda es acerca de lo que es
Dios en sus obras; y en ésta se incluyen los demás artículos de
nuestra fe católica (2), y las proposiciones que explícitamente
acerca de ellas puede haber de verdades. E n las cuales se inclu-
yen y encierran mucho número de las revelaciones de los pro-
fetas, de promesas y amenazas de Dios, y otras cosas que
habían y han de acaecer acerca de este negocio de fe (3).
Podemos también en esta segunda manera incluir otras muchas
cosas particulares que Dios ordinariamente revela, así acerca del
universo en general, como también en particular acerca de reinos,
provincias y estados y familias, y personas particulares. De lo
cual tenemos en las Divinas Letras ejemplos en abundancia, así
de lo uno como de lo otro, mayormente en todos los profetas,
en los cuales se hallan revelaciones de todas estas maneras. Que
por ser cosa clara y llana no quiero gastar tiempo en alegarlos
aquí, sino decir (4) que estas revelaciones no sólo acaecen de
palabra, porque las hace Dios de muchos modos y maneras, a
veces con palabras solas, a veces por señales solas y figuras,
e imágenes y semejanzas solas, a veces juntamente con lo uno

1 A, B y c. p.: secretos rj misterios ocultos.
2 E . p.: santa fe católica.
3 La c. p. omite: acerca de este negocio de fe.
4 Así el 'C. de Ale, y la e, p,—A y B: no las digo; sólo digo que.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXVII 217

y con ÍO otro, como tamóién es de ver en los profetas, particu-
larmente en todo el Apocalipsis; donde no solamente se hallan
todos los géneros de revelaciones que habemos dicho, mas tam-
bién los modos y maneras que aquí decimos.
2. De estas revelaciones que se incluyen en la segunda
manera, todavía las hace Dios en este tiempo a quien quiere.
Porque suele revelar a algunas personas los días que han de vi-
vir, o los trabajos- que han de tener, o lo que ha de pasar
por tal o tal persona, o por tal o tal reino, etc. Y aun acer-
ca de los misterios de nuestra fe, descubrir y declarar al espí-
ritu (1) las verdades de ellos, aunque esto no se llama pro-
piamente revelación, por cuanto ya está revelado, antes es ma-
nifestación o declaración de lo ya revelado.
3. Acerca de este género de revelaciones (2), puede el
demonio mucho meter la mano. Porque como las revelaciones
de este género ordinariamente son por palabras, figuras y seme-
janzas, etc., puede el demonio muy bien fingir otro tanto, mu-
cho más que cuando las revelaciones son en espíritu sólo. Y por
tanto, si acerca (3) de la primera manera, y la segunda que
aquí decimos, en cuanto a lo que toca a nuestra fe, se nos
revelase algo de nuevo, o cosa diferente, en ninguna manera ha-
bemos de dar el consentimiento, aunque tuviésemos evidencia que
aquel que lo decía era un ángel del cielo (4). Porque así lo dice
San Pablo diciendo; Licet nos, aut Angelus de coelo evangelizet
vobis praeterquam quod cvangelizavimus vobis, anathema sit (5).
Que quiere decir: Aunque nosotros o un ángel del cielo os de-
clare o predique otra cosa fuera de lo que os habemos predica-
do, sea anatema.
4. De donde por cuanto no hay más artículos que revelar
acerca de la substancia de nuestra fe que los que ya están revela-

1 E . p.: Con particular luz y ponderación.
2 Así los Códices. La e. p. dice: Acerca, pues, de las que llamamos revelaciones
(que ahora no hciblo de lo ya revelado, como los misterios de fe).
3 La e. p. suprime algunas frases: el demonio fingir otro tanto. Pero si acerca,
etcétera.
4 E . p. suprime: aunque tuviésemos evidencia que aquel que lo decía era un
ángel del cielo.
5 Ad Gal, I, 8.
218 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

dos a la Iglesia, no sólo no se ha de admitir (1) lo que de nuevo
se revelare al alma acerca de ella, pero le conviene (2) para
cautela de no ir admitiendo otras variedades envueltas, y por
la pureza del alma que la conviene tener en fe, aunque se le
íevelen de nuevo las ya reveladas, no creerlas porque entonces se
revelan de nuevo, sino porque ya están reveladas bastantemente
a la Iglesia; sino que, cerrando el entendimiento a ellas, sencilla-
mente (3) se arrime a la doctrina de la Iglesia y su fe, que, co-
mo dice San Pablo, entra por el oído (4). Y no acomode el cré-
dito y entendimiento a estas cosas de fe reveladas de nuevo,
aunque más conformes y verdaderas le parezcan, si no quiere
ser engañado (5). Porque el demonio, para ir engañando e in-
giriendo mentiras, primero ceba con verdades y cosas verosímiles
para asegurar, y luego ir engañando (6); que es a manera de la
cerda del que cose el cuero, que primero entra la cerda tiesa,
y luego tras ella el hilo flojo, el cual no pudiera entrar si no
le fuera guía la cerda.
5. Y en esto se mire mucho; porque aunque fuese verdad
que no hubiese peligro del dicho engaño, conviene al alma mu-
cho no querer entender cosas claras acerca de la fe (7), para
conservar puro y entero el mérito de ella, y también para ve-
nir en esta noche del entendimiento a la divina luz de la
divina unión. E importa tanto esto de allegarse los ojos cerra-
dos a las profecías pasadas en cualquiera nueva revelación, que
con haber el apóstol San Pedro visto la gloría del Hijo de
Dios en alguna manera (8) en el monte Tabor, con todo, dijo en
su Canónica estas palabras: Et habemus firmiorem propheticum

1 E . p. abrevia así estas tres líneas: Y así no se ha de admitir lo que de nuevo.
2 E . p.: faera de que esto la conviene.
3 E . p. abrevia así: conviene tener en fe, sino cerrando el entendimiento, senci-
llamente, etc.
4 Ad Rom.. X, 17.
5 E . p. hace aquí estos arreglos: Y no acomode fácilmente el crédito ni enten-
dimiento a estas cosas reveladas de nuevo, si no quiere ser engañado.
6 E . p. suprime: y luego ir engañando.
7 E : p.: no querer entender cosas claras para conservar puro y entero el mérito
de fe, y para venir en esta noche,
8 E . p. omite en alguna manera.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXVII 219

sermonem: cui benefacitis attendentes, etc. (1). Lo cual es co-
mo si dijera: Aunque es verdad la visión que vimos de Cristo
en el monte, más firme y cierta es la palabra de la profecía
que nos es revelada, a la cual arrimando vuestra alma hacéis
bien.
6. Y si es verdad que por las causas ga dichas es con-
veniente cerrar los ojos a las ya dichas revelaciones que acae-
cen acerca de las proposiciones de la fe (2), ¿cuánto más nece-
sario será no admitir ni dar crédito a las demás revelaciones que
son de cosas diferentes, en las cuales ordinariamente mete el de-
monio la mano tanto, que tengo por imposible (3) que deje de ser
engañado en muchas de ellas el que no procurare desecharlas,
según la apariencia de verdad y asiento que el demonio mete
en ellas? Porque junta tantas apariencias y conveniencias para
que se crean, y las asienta tan fijamente en el sentido y la imagi-
nación, que le parece a Ta persona que sin duda acaecerá así; y
de tal manera hace asentar y aferrar en ello al alma, que si ella no
tiene humildad, apenas la sacarán de ello y la harán creer lo
contrario. Por tanto, el alma pura, cauta y sencilla y humilde,
con tanta fuerza y cuidado (4) ha de resistir las revelaciones
y otras visiones, como las muy peligrosas tentaciones; porque
no hay necesidad de quererlas, sino de no quererlas, para ir a
la unión de amor. Que eso es lo que quiso decir Salomón, cuan-
do dijo: ¿Qué necesidad tiene el hombre de querer y bus-
car las cosas que son sobre su capacidad natural? (5). Como si
dijéramos: Ninguna necesidad tiene (6) para ser perfecto de
querer cosas sobrenaturales por vía sobrenatural (7), que es so-
bre su capacidad (8).

1 II Pet. I, 19.
2 Así el C. de Ale.'—A y B. trasladan: "cerrar los ojos a las cosas que acaecen
acerca de las proposiciones o nuevas revelaciones de la fe." La e. p.: "no abrir los
ojos curiosamente a las nuevas revelaciones que acaecen acerca de las proposiciones
de la fe."
3 E . p.: que tengo casi por imposible.
4 E . p. suprime las palabras con tanta fuerza y cuidado, y las que vienen poco
después: como las muy peligrosas tentaciones.
5 Eccles., VII, 1. La e. p. dice sólo: sobre su capacidad.
6 A y B. añaden: el hombre.
7 Y extraordinaria, añade e. p.
8 Para ser perfecto, añaden A y B.
220 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

7. Y porque a las objeciones que contra esto se pueden po-
ner, está ya respondido en el capítulo diecinueve y veinte de
este libro, remitiéndome a ellos, soío digo que de todas ellas se
guarde el alma para caminar pura y sin error en la noche de
la fe a la unión (1).

CAPITULO XXVIII

EN QUE SE T R A T A D E L A S LOCUCIONES INTERIORES QUE SOBRENATU-
RALMENTE PUEDEN ACAECER A L ESPIRITU.—DICE EN CUANTAS
MANERAS SEAN.

1. Siempre ha menester acordarse el discreto lector del in-
tento y fin que en este libro llevo, que es encaminar al
alma por todas las aprehensiones de ella, naturales y sobrenatura-
les, sin engaño ni embarazo en la pureza de la fe, a la divina
unión con Dios. Para que así entienda cómo, aunque acerca de
las aprehensiones del alma y doctrina que voy tratando, no
doy tan abundante doctrina ni desmenuzo tanto la materia y
divisiones como por ventura requiere el entendimiento, no que-
do corto en esta parte. Pues acerca de todo ello entiendo se dan
bastantes avisos, luz y documentos para saberse haber pru-
dentemente en todos los casos del alma, exteriores e interiores,
para pasar adelante. Y ésta es la causa por qué con tanta bre-
vedad he concluido con las aprehensiones de profecías, así
como en las demás he hecho; habiendo mucho más que decir
en cada una, según las diferencias y modos y manera que en
cada una suele haber (2), que entiendo na se podrían acabar
de saber; contentándome con que, a mi ver, queda dicha la

1 Así el C . de Ale. Los demás y la e. p. discrepan en algunas cosas ligeras. A y
B dicen: "me remito a ellos en lo que toca a esto de revelaciones; pues basta saber
que todas ellas la conviene al alma guardarse para caminar pura y sin error [errar,
traslada A] en la noche de la fe a la divina unión." La e. p.: "remitiéndome allí, ceso
en lo que toca a esto de revelaciones; pues basta saber que de todas ellas le conviene
al alma guardarse prudentemente," etc.
2 E . p.: según las diferencias y modos que suele haber.
LIBRO SEGUNDO.—CñP. XXVIII 221

substancia y la doctrina, y cautela que conviene para ello y
para todo lo a ello semejante que pudiese acaecer en el alma.
2. Lo mismo haré ahora acerca de la tercera manera de
aprehensiones, que decíamos eran locuciones (1) sobrenaturales,
que sin medio de algún sentido corporal se suelen hacer en los
espíritus de los espirituales (2); las cuales, aunque son en
tantas maneras, hallo que se pueden reducir todas a estas tres,
conviene a saber: palabras sucesivas, formales y substanciales.
Sucesivas, llamo ciertas palabras y razones que el espíritu, cuan-
do está recogido entre sí, para consigo suele ir formando y
razonando. Palabras formales son ciertas palabras distintas y for-
males que el espíritu recibe", no de sí, sino de tercera persona, a
veces estando recogido, a veces no lo estando. Palabras substan-
ciales son otras palabras que también formalmente se hacen al
espíritu, a veces estando recogido, a veces no; las cuales en la
substancia del alma (3) hacen y causan aquella substancia y
virtud que ellas significan. De todas las cuales iremos aquí tra-
tando por su orden.

CAPITULO XXIX

E N Q U E .SE T R A T A D E L PRIMER GENERO DE PALABRAS QUE ALGUNAS
VECES E L ESPIRITU RECOGIDO FORMA EN SI.—DICESE L A CAUSA
DE E L L A S , Y E L PROVECHO Y DAÑO Q U E P U E D E H A B E R E N E L L A S .

1. Estas palabras sucesivas siempre que acaecen es cuan-
do está el espíritu recogido y embebido en alguna consideración
muy atento; y en aquella misma materia que piensa, él mismo
va discurriendo de uno en otro, y formando (4) palabras y
razones muy a propósito, con tanta facilidad y distinción, y ta-
les cosas no sabidas de él va razonando y descubriendo (5)

1 E . p.: aprehensiones.
2 Así el C. de Ale—A y B: se pueden hacer, ete. E . p.: se suelen hacer en los
espirituales.
3 E . p.: en lo íntimo del alma.
4 A y B: fundando.
5 Así Ale, A , C, D y e. p.^—B: discurriendo.
222 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

acerca de aquello, que le parece que no es él el que hace aquello
sino que otra persona interiormente lo va razonando, o respondien-
do o enseñando. Y, a la verdad, hay gran causa para pensar
esto; porque él mismo se razona y se responde consigo, como
si fuese una persona con otra; y, a la verdad, en alguna manera
es asi: que aunque el mismo espíritu es el que aquello hace
como instrumento (1), el Espíritu Santo le ayuda muchas veces
a producir y formar aquellos conceptos, palabras y razones ver-
daderas Y asi se las habla, como si fuese tercera persona, a sí
mismo. Porque como entonces el entendimiento está recogido y
unido con la verdad de aquello que piensa, y el espíritu divino
también está unido con él en aquella verdad, como lo esta siem-
pre en toda verdad (2); de aquí es que comunicando el en-
tendimiento en esta manera con el Espíritu Divino mediante
aquella verdad, juntamente vaya formando en el interior y suce-
sivamente las demás verdades que son acerca de aquélla que
pensaba, abriéndole puerta y yéndole dando luz el Espíritu San-
to enseñador. Porque ésta es una manera de las que enseña
el Espíritu Santo.
2. Y de esta manera alumbrado y enseñado de este maestro
el entendimiento, entendiendo aquellas verdades, juntamente va
formando aquellos dichos él de suyo (3) sobre las verdades que
de otra parte se le comunican. De manera que podemos decir que
la voz es de Jacob, y las manos son de Esaú (4). Y no podrá
acabar de creer el que lo tiene que es así, sino que los di-
chos y palabras son de tercera persona; porque no sabe con
la facilidad que puede el entendimiento formar palabras para
sí de tercera persona (5) sobre conceptos y verdades que se le
comunican también de tercera persona.
3. Y aunque es verdad que en aquella comunicación c ilus-

1 La e. p. omite como instrumento.
2 La e. p. omite las palabras en aquella verdad, como lo está siempre en toda
verdad.
3 E . p. suprime él de suyo.
4 Gen.. XXVII, 22.
5 Por descuido suprime el C. de Ale. lo que hay de persona a persona, que traen
ios demás.
LIBRO SEGUNDO.—CftP. XXIX 223

tración del entendimiento en ella de sugo no hag engaño, pero
puédelo haber g hatjlo muchas veces en las formales palabras
g razones que sobre ello forma el entendimiento. Que por cuan-
to aquella luz, a veces, que se le da es mug sutil g espiritual,
de manera que el entendimiento no alcanza a informarse bien en
ella, g él es el que, como decimos, forma las razones de sugo;
de aquí es que muchas veces las forma falsas, otras verosí-
miles o defectuosas. Que, como ga comenzó a tomar hilo de la
verdad al principio, g luego pone de sugo la habilidad o rudeza
de su bajo entendimiento, es fácil cosa ir variando conforme a
su capacidad; g todo en este modo, como que habla tercera per-
sona.
4. Yo conocí una persona que teniendo estas locuciones su-
cesivas, entre algunas harto verdaderas g sustanciales que for-
maba del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, había algunas
que eran harto herejía (1). Y espantóme yo mucho de lo que
pasa en estos tiempos, y es, que cualquier alma de por ahí
con cuatro maravedís de consideración, si siente algunas locucio-
nes de éstas en algún recogimiento, luego lo bautizan todo por
de Dios, y suponen que es así, diciendo: Di jome Dios; respon-
dióme Dios; g no será así (2), sino que, como habemos di-
cho, ellos las más veces se lo dicen.
5. Y allende de esto, la gana que tienen de aquello, g la
afición que de ello tienen en el espíritu, hace que ellos mis-
mos se lo respondan, g piensen que Dios se lo responde g se
lo dice. De donde vienen a dar en grandes desatinos, si no
tienen en esto mucho freno, y el que gobierna estas almas
no las impone en la negación de estas maneras de discursos.
Porque en ellos más bachillería suelen sacar e impureza de al-
ma, que humildad y mortificación de espíritu, pensando que
ya fué gran cosa g que habló Dios; y no habrá sido poco más
que nada, o nada, o menos que nada. Porque lo que no en-
gendra humildad g caridad, y mortificación, g santa simplicidad
y silencio, etc., ¿qué puede ser? Digo, pues, que esto puede es-

1 E . p.; que tenían mucho error,
2 A y B.: y no es así.
224 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

torbar mucho para ir a la divina unión, porque aparta mucho
al alma, si hace caso de ello, del abismo de la fe, en que el
entendimiento ha de estar oscuro, y oscuro ha de ir por amor
en fe y no por mucha razón.
.6. Y si me dijeres que por qué se ha de privar el en-
tendimiento de aquellas verdades, pues alumbra en ellas el
espíritu de Dios al entendimiento, y así no puede ser malo,
digo que el Espíritu Santo alumbra al entendimiento reco-
gido, y que le alumbra al modo de su recogimiento (1), y
que el entendimiento no puede hallar otro mayor recogimiento
que en fe; y así no le alumbrará el Espíritu Santo en otra cosa
más que en fe. Porque cuanto más pura g esmerada está el
alma en fe (2), más tiene de caridad infusa de Dios; y cuanto
más caridad tiene, tanto más la alumbra y comunica los dones
del Espíritu Santo, porque la caridad es la causa y el medio por
donde se les comunica (3). Y aunque es verdad que en aquella
ilustración de verdades comunica al alma él alguna luz, pero
es tan diferente la que es en fe, sin entender claro, de ésta,
cuanto a la calidad, como lo es el oro subidísimo del muy bajo
metal; y cuanto a la cantidad (4), como excede la mar a una
gota de agua. Porque en la una manera se le comunica sabiduría
de una o dos o tres verdades, etc., y en la otra se le comiv
nica toda la sabiduría de Dios generalmente, que es el Hijo
de Dios que se comunica al alma en fe (5).
7. Y si me dijeres que todo será bueno, que no impide
lo uno a lo otro, digo que impide mucho, si el alma hace

1 Este principio, de profunda y trascendental filosofía y fecundísimo en la teolo-
gía mística, lo desenvuelve muy bien el P. José de Jesús María en un escrito que titula
Respuesta a una duda (Ms. 4478 de la B. N.), donde, entre cosas, dice: "Como prue-
ba Seo. Tomás (De vevitaíe, q. 12, a. 6), la iluminación divina, como cualquier otra
forma espiritual, se comunica al alma al modo del que la recibe, o a lo sensible, o a lo
espiritnal; o a lo particular, o a lo universal. Y así, toca al que la recibe disponerse
para que se le comunique, o con la medida chica (como dicen) o la sensible, o con la
grande o a lo intelectual."
2 E . p.: en perfección de viva fe.
3 La e. p. no dice más que tanto más la alambra y comunica sus dones,
4 E . p.: y cuanto a la abundancia de luz.
5 E . p.: de Dios generalmente por una simple y universal noticia que se le da
al alma en fe.
LIBRO SEGUNDO,—CAP. XXIX 225

caso de ello; porque ya es ocuparse en cosas claras g de poco
tomo, que bastan para impedir la comunicación del abismo de
la fe, en la cual sobrenatural y secretamente ensena Dios al
alma, y la levanta en virtudes y dones como ella no sabe. Y
el provecho que aquella comunicación sucesiva ha de hacer, no
ha de ser poniendo el entendimiento de propósito (1) en ella;
porque antes iría de esta manera desviándola de sí, según aquello
que dice la Sabiduría en los Cantares al alma diciendo: Aparta
tus ojos de mí, porque esos me hacen volar. Es a saber: volar le-
jos de ti, y ponerme más alta; sino que simple y sencillamente,
sin poner el entendimiento (2) en aquello que sobrenaturalmente
se está comunicando, aplique la voluntad con amor a Dios (3),
pues por el amor se van aquellos bienes comunicando, y de esta
manera antes se comunicarán más en abundancia que antes. Por-
que, si en estas cosas que sobrenaturalmente y pasivamente se
comunican, se pone activamente (4) la habilidad del natural (5)
entendimiento o de otras potencias, no llega su modo y rudeza
a tanto, y así por fuerza las ha de modificar a su modo, y por
el consiguiente las ha de variar; y así de necesidad ir erran-
do (6) y formando las razones de suyo, y no ser ya aquello
sobrenatural (7) ni su figura, sino muy natural y harto erró-
neo y bajo.
8. Pero hay algunos entendimientos tan vivos y sutiles
que, en estando recogidos en alguna consideración, naturalmente
con gran facilidad, discurriendo en conceptos, los van forman-
do en las dichas palabras y razones muy vivas, y piensan, ni
más ni menos, que son de Dios; y no es sino el entendimiento,
que con la lumbre natural, estando algo Ubre de la operación
de los sentidos, sin otra alguna ayuda sobrenatural puede eso

1 E. p.: muy de propósito,
2 E. p.: sin poner la fuerza del entendimiento.
3 A y B: a/ amor de Dios.
4 Por distracción copia el C. de Ale. altivamente.
5 La e, p. omite esta palabra.
6 La e, p.: irá a peligro de errar.
7 E. p,; lo cual no será ya sobrenatural.
15
226 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

y más. Y de esto hay mucho, y se engañan muchos pensando
que es mucha oración y comunicación de Dios (1), y por eso,
o lo escriben, o hacen escribir. Y acaecerá que no será (2) nada,
ni tenga sustancia de alguna virtud, y que no sirva más de
para envanecerse con esto.
9. Estos aprendan a no hacer caso sino en fundar la vo-
luntad en amor humilde, y obrar de veras, y padecer imitando
al Hijo de Dios en su vida, y mortificaciones (3), que éste
es el camino para venir a todo bien espiritual; y no muchos
discursos interiores.
JO. También en este género de palabras interiores sucesi-
vas mete mucho el demonio la mano, mayormente en aquellos
que tienen alguna inclinación o afición a ellas. Porque al tiem-
po que ellos se comienzan a recoger, suele el demonio ofrecerles
harta materia de digresiones, formándole al entendimiento los
conceptos o palabras por sugestión, y le va precipitando y en-
gañando sutilísimamente con cosas verosímiles. Y ésta es una
de las maneras con que se comunica con los que (4) tienen he-
cho con él algún pacto tácito o expreso; como se comunica
con algunos herejes, mayormente con algunos heresiarcas, infor-
mándoles el entendimiento con conceptos y razones muy sutiles,
falsas y erróneas.
11. De lo dicho queda entendido que estas locuciones suce-
sivas pueden proceder en el entendimiento de tres causas, con-
viene a saber: del espíritu divino, que mueve y alumbra al en-
tendimiento (5), y de la lumbre natural del mismo entendi-
miento, y del demonio que le puede hablar por sugestión. Y de-
cir (6) ahora las señales e indicios para conocer cuándo pro-
ceden de una causa y cuándo de otra, sería algo dificultoso dar
de ello enteras muestras e indicios (7), aunque bien se pueden

1 La e. p. añade: y lo que les pasa, o lo escriben,..
2 E. p.: Y acaecerá que no sea nada todo.
3 E . p.: mortificándose en todo.
4 E. p.: Desta manera se suele comunicar con los que.
5 Así los manuscritos. La e. p.: que le mueve y alumbra.
6 La e, p.: pero,
7 E. p,: muestras y señales.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXIX 227

dar algunos generales, g son éstos. Cuando en las palabras
g conceptos juntamente el alma va amando g sintiendo amor con
humildad y reverencia de Dios, es señal que anda por allí el
Espíritu Santo, el cual siempre que hace algunas mercedes, las
hace envueltas en esto. Cuando procede de la viveza g lumbre so-
lamente del entendimiento, el entendimiento es (1) el que lo hace
allí todo, sin aquella operación de virtudes (aunque la vo-
luntad puede naturalmente amar en el conocimiento g luz de
aquellas verdades), g después de pasada la meditación queda
la voluntad seca, aunque no inclinada a vanidad ni a mal, si el
demonio de nuevo sobre aquello no la tentase, lo cual no acae-
ce en las que fueron de buen espíritu; porque después la vo-
luntad queda ordinariamente aficionada a Dios, e inclinada a
bien; puesto que algunas veces después (2) acaecerá quedar
la voluntad seca, aunque la comunicación haga sido de buen es-
píritu, ordenándolo así Dios por algunas causas útiles para el
alma. Y otras veces no sentirá (3) el alma mucho las opera-
ciones o movimientos de aquellas virtudes, g será bueno lo que
tuvo. Que por eso digo que es dificultosa de conocer algunas
veces la diferencia que hag de unas a otras, por los varios efec-
tos que en veces hacen; pero éstos ya dichos son los comunes,
aunque a veces en más, a veces en menos abundancia. Aun las
que son del demonio, a veces son dificultosas de entender g co-
nocer (4), porque aunque es verdad que ordinariamente dejan
la voluntad seca acerca del amor de Dios g el ánimo inclinado
a vanidad, estimación o complacencia, todavía pone algunas veces
en el ánimo una falsa humildad g afición fervorosa de volun-
tad fundada en amor propio, que a veces es menester que la
persona sea harto espiritual para que lo entienda. Y esto hace
el demonio por mejor se encubrir, el cual sabe mug bien algu-
nas veces hacer (5) derramar lágrimas sobre los sentimientos que

1 E. p.: el es.
2 E. p. suprime esta palabra.
3 E. p.: oirás veces también no sentirá.
4 Así el C . de Ale. Los demás: de conocer, solamente.
5 Faltan en la e. p. las palabras algunas veces.
228 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

él pone, para ir poniendo en el alma las aficiones que él quiere.
Pero siempre les procura mover la voluntad a que estimen aque-
llas comunicaciones interiores, y que hagan mucho caso de ellas,
porque se den a ellas y ocupen el alma en lo que no es virtud,
sino ocasión de perder la que hubiese.
12. Quedemos, pues, en esta necesaria cautela, asi en las
unas como en las otras, para no ser engañados ni embarazados
con ellas; que no hagamos caudal de nada de ellas, sino sólo
de saber enderezar la voluntad con fortaleza a Dios, obrando con
perfección su ley y sus santos consejos, que es la sabiduría de
los Santos, contentándonos de saber los misterios y verdades
con la sencillez y verdad que no los propone la Iglesia. Que
ésto basta para inflamar mucho la voluntad, sin meternos en
otras profundidades y curiosidades (1) en que por maravilla
falta peligro. Porque, a este propósito, dice San Pablo: No con-
viene saber más de lo que conviene saber (2). Y esto baste
cuanto a esta materia de palabras sucesivas.

CAPITULO X X X

EN QUE TRATA DE LAS PALABRAS INTERIORES QUE FORMALMENTE
SE HACEN A L ESPIRITU POR VIA SOBRENATURAL.—AVISA E L DAÑO
QUE PUEDEN HACER, Y LA CAUTELA NECESARIA PARA NO SER E N -
GAÑADOS EN E L L A S .

1. E l segundo género de palabras interiores son palabras
formales, que algunas veces se hacen al espíritu por vía sobrena-
tural sin medio de algún sentido, ahora estando el espíritu re-
cogido, ahora no. Y llamólas formales, porque formalmente al
espíritu (3) se las dice tercera persona, sin poner él nada en ello,
Y, por eso, son muy diferentes que las que acabamos de de-
cir; porque no solamente tienen la diferencia en que se hacen
sin que el espíritu ponga de su parte algo en ellas, como ha-

1 Y curiosidades. Faltan estas palabras en A y B.
2 Ad Rom., XII, 3.
3 A y B añaden: parece que.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXX 229

ce (1) en las otras; pero, como digo, acaécenle a veces sin estar
recogido, sino muy fuera de aquello que se le dice, lo cual no
es asi en las primeras sucesivas, porque siempre son acerca de
lo que estaba considerando,
2. Estas palabras, a veces, son muy formadas, a veces no
tanto; porque muchas veces son como conceptos en que se le
dice algo, ahora respondiendo, ahora en otra manera habién-
dole al espíritu. Estas, a veces, son una palabra, a veces dos
o más; a veces son sucesivas, como las pasadas, porque sue-
len durar, enseñando o tratando algo con el alma, y todas
sin que ponga nada de suyo el espíritu, porque son todas como
cuando habla una persona con otra. Como leemos haberle acae-
cido a Daniel, que dice hablaba el ángel en él (2). Lo cual
era formal y sucesivamente razonando en su espíritu, y enseñán-
dole, según allí también dice el ángel diciendo: Que había ve-
nido para enseñarle.
3. Estas palabras, cuando no son más que formales, el efec-
to que hacen en el alma no es mucho, Porque, ordinariamente,
sólo son para ensenar o dar luz en alguna cosa; y para hacer
este efecto, no es menester que hagan otro más eficaz que el
fin que ellas traen. Y éste, cuando son de Dios, siempre le obran
en el alma; porque ponen al alma pronta y clara en aquello que
se le manda o enseña; puesto que algunas veces no quitan al
alma la repugnancia y dificultad, antes se la suelen poner ma-
yor (3), lo cual hace Dios para mayor enseñanza, humildad y
bien del alma. Y esta repugnancia, más ordinariamente se la
deja cuando le manda cosas de mayoría, o cosas en que puede
haber alguna excelencia para el alma; y en las cosas de hu-
mildad y bajeza, les pone más facilidad y prontitud. Y así
leemos en el Exodo, que cuando mandó Dios a Moisés que fue-
se a Faraón, y librase al pueblo, tuvo tanta repugnancia, que
fue menester mandárselo tres veces y monstrarle señales; y.

1 E . p.: acaece.
2 Dan., IX. 22.
3 E . p.: antes la suele tener mayor.
230 SUBIDA DEL MONTE CARMELO

con todo GSO, no aprovechaba, hasta que Dios le dió por compa-
ñero a Aarón, que llevase parte de la honra (1).
4. A l contrario acaece cuando las palabras y comunicacio-
nos son del demonio, que en las cosas de más- valor (2), pone
facilidad y prontitud, y en las bajas, repugnancia. Que, cierto,
aborrece Dios tanto el ver las almas inclinadas a mayorías, que
que aun cuando él se lo manda y las pone en ellas, no quiere que
tengan prontitud y gana de mandar. Y en esta prontitud que co-
múnmente pone Dios en estas palabras formales al alma, son
diferentes de esotras sucesivas, que no mueven tanto al espí-
ritu como éstas, ni le ponen tanta prontitud, por ser éstas más
formales y en que menos se entremete el entendimiento de suyo;
aunque no quita que algunas veces hagan más efecto algunas
sucesivas, por la gran comunicación que a veces hay del divino
espíritu con el humano, más el modo es en mucha diferencia.
En estas palabras formales no tiene el alma que dudar si las
dice ella, porque bien se ve que no, mayormente cuando ella no
estaba en lo que se le dijo; y si lo estaba, siente muy clara y
distintamente que aquello viene de otra parte.
5. De todas estas palabras formales, tampoco caso ha de
hacer el alma como (3) de las otras sucesivas; porque, demás
de que ocuparía el espíritu de lo que no es legítimo y próximo
medio para la unión de Dios, que es la fe, podría facilísima-
mente ser engañada del demonio. Porque, a veces, apenas se
conocerá cuáles sean dichas por buen espíritu, y cuáles por
malo. Que como éstas no hacen mucho efecto, apenas se pue-
den distinguir por los efectos; porque aun a veces las del
demonio ponen más eficacia (4) en los imperfectos que esó-
tras de buen espíritu en los espirituales. No se ha de hacer
lo que ellas dijeren, ni hacer caso de ellas, sean de bueno o
mal espíritu. Pero se han de manifestar al confesor madu-
ro, o a persona discreta y sabia, para que dé doctrina y vea
lo que conviene en ello y dé su consejo, y se haya en ellas resig-

1 Exod.. III y IV.
2 A y B.: cíe más veras y valor.
3 E . p.: no ha de hacer el alma mucho caso como.
4 A y e. p.: sensible eficacia.
LIBRO SEGUNDO.—Cap. XXX 231

nada y negativamente. Y si no fuere hallada la tal persona ex-
perta, más vale, no haciendo caso de las tales palabras (1),
no dar parte a nadie; porque fácilmente encontrará con algu-
nas personas que antes le destruyan el alma que la edifiquen.
Porque las almas no las ha de tratar cualquiera, pues es cosa de
tanta importancia errar o acertar en tan grave negocio.
6. Y adviértase mucho en que el alma jamás de su parecer
ni haga cosa ni la admita de lo que aquellas palabras le dicen,
sin mucho acuerdo y consejo ajeno (2). Porque en esta materia
acaecen engaños sutiles y extraños; tanto, que tengo para mí,
que el alma que no fuere enemiga de tener las tales cosas, no
podrá dejar de ser engañada en muchas de ellas (3).
7. Y porque de estos engaños y peligros, y de la cautela
para ellos está tratado de propósito en los capítulos diecisiete,
dieciocho, diecinueve y veinte de este libro, a los cuales me
remito, no me alargo más aquí; sólo digo que la principal doc-
trina es no hacer caso de ello en nada (4).

CAPITULO X X X I

EN QUE SE TRñTA D E LAS PALABRAS SUSTANCIALES QUE INTERIORMEN-
TE S E HACEN A L ESPIRITU.—DICESE L A DIFERENCIA QUE HAY
DE E L L A S A LAS FORMALES, E L PROVECHO QUE HAY EN E L L A S , Y
LA RESIGNACION Y RESPETO QUE E L ALMA DEBE TENER EN
ELLAS (5).

1. E l tercer género de palabras interiores decíamos que
eran palabras sustanciales, las cuales aunque también son for-
males, por cuanto muy formalmente se imprimen en el alma,

1 E . p. añade: más vale, tomando lo sustancial y seguro que tvuxeven, en lo de-
más no haciendo caso de ellas,
2 La e. p. omite esta palabra.
3 A , B y e. p. añaden: o en poco, o en mucho,
4 Así el C. de Ale—A y B: "sólo digo que la principal doctrina, y más segura
para esto, es no hacer caso alguno de esto, aunque más parezca, sino gobernarnos en
todo por razón, y por lo que ya nos ha enseñado la Iglesia y nos enseña cada día."
5 Notabilísimo es este capítulo, como tantos otros de este admirable tratado.
Con mucha claridad y precisión define el Santo lo que entiende por palabras substan-
232 SUBIDA D E L JHONTE CARMELO

difieren, empero, en que la palabra sustancial hace efecto vivo
y sustancial en el alma, y la solamente formal no así. De ma-
nera, que aunque es verdad que toda palabra sustancial es for-
mal, no por eso toda palabra formal es sustancial; sino solamen-
te aquella que, como arriba dijimos, imprime sustancialmente t í )
en el alma aquello que ella significa. Tal como si Nuestro Señor
dijese formalmente al alma: Sé buenas luego sustancialmente
seria buena. O si la dijese: Amame; luego tendría y sentiría
en sí sustancia de amor de Dios (2); o si temiendo mu-
cho la dijese: No ternas; luego sentiría gran fortaleza y tran-
quilidad. Porque el dicho de Dios y su palabra, como dice el
Sabio, es llena de potestad (3) y así, hace sustancialmente en el

cíales. En estas calidades no puede irse mas allá. Algunos repararon, sin embargo, en
lo que el autor dice de que el alma no tiene que temer de estas hablas, ni hacer otra
cosa que aceptarlas con humildad y pasivamente, puesto que dependen sólo de Dios.
El las imprime y ejecuta con su poder omnímodo, sin que ella haga otra cosa que re-
cibirlas. Lo cual nada tiene de extraño, pues, como dice Sto. Tomás (2-2, q. 76, a. 1)
comentando las palabras del Salmo XXXII: dixit et facta\sunt, en Dios el hablar es
obrar. Tampoco llama el Santo hablas sustanciales porque se ^ejecuten, por decirlo
así, en la substancia del alma, sino por la eminencia de ellas, que se abstraen de los
sentidos, y sólo pertenecen a las facultades espirituales, de suerte que se verifican en
lo más interior del alma, que los Escolásticos acostumbran llamar substancia, cuya
doctrina y tecnicismo sigue comúnmente nuestro Doctor. Así, a la contemplación, por
su excelencia, se le llama gozo substancial, y devoción substancial a la sólida y bien
fundada. Cuando Dios favorece al alma con tales locuciones, no debe ella esforzarse
por adquirirlas, porque su esfuerzo e inquietud podrían retraer a Dios Nuestro Señor
de su obra, ya que de El sólo depende, como es dicho. El alma coopera preparándo-
se con resignación y humilde afecto a recibirlas, y nada más; pero no permanece en
inacción completa, como algunos han sospechado. Ni tiene que temer engaño en estas
locuciones, como dice el Santo, porque tales operaciones no pueden proceder del de-
monio, a quien no es concedido ilustrar inmediatamente el entendimiento, sino median-
te los sentidos, o la imaginación, según que con Sto. Tomás opinan todos sus más au-
torizados comentaristas, y es sentir corriente en la Escuela. Por eso, Sta. Teresa,
conforme con esta doctrina, tenía por muy seguras las locuciones intelectuales, y en el
capitulo III de las Moradas Sextas, expone una doctrina coincidente en todo con la
explanada aquí por S. Juan de la Cruz. En el citado capítulo se lee: "Otra manera
hay como habla el Señor a el alma, que yo tengo para mí ser muy cierto de su parte,
con alguna visión inteletual, que adelante diré cómo es. Es tan en lo íntimo dcl
alma, y parécele tan claro oír aquellas palabras con los oídos del alma a el mesmo
Señor, y tan en secreto, que la mesma manera del entenderlas, con las operaciones
que hace la mesma visión, asegura y da certidumbre no poder el demonio tener parte
allí." Véase también el capítulo X X V de la Vida.
1 E . p.: verdaderamente.
2 La edición de 1630 dice: sustancia, de amor, esto es, verdadero amor de Dios.
La c. p. modifica así estas líneas; dijese formalmente al alma: Amame; luego tendría
y sentiría en sí impulsos de amor de Dios.
3 Eccles., VIII. 4.
LIBRO SEGUNDO.—CñP. XXXI 233

alma aquello que le dice. Porque esto es lo que quiso decir David
cuando dijo: Catad, que E l dará a su voz, voz de virtud (1).
Y así lo hizo con Abraham, que en diciendo que le dijo: Anda
en mi presencia y sé perfecto (2), luego fue perfecto y anduvo
siempre acatando a Dios. Y éste es el poder de su palabra en el
Evangelio, con que sanaba los enfermos, resucitaba los muer-
tos, etc., solamente con decirlo. Y a este talle hace locuciones a
algunas almas, sustanciales; y son de tanto momento y precio,
que le son al alma vida y virtud y bien incomparable; porque
le hace más bien una palabra de éstas, que cuanto el alma
ha hecho toda su vida (3).
2. Acerca de éstas (4), ni tiene el alma qué hacer (5),
ni qué querer, ni qué no querer, ni qué desechar, ni qué temer.
No tiene que hacer en obrar lo que ellas dicen, porque estas
palabras sustanciales nunca se las dice Dios para que ella las
ponga por obra, sino para obrarlas en ella; lo cual es diferente
en las formales y sucesivas. Y digo que no tiene que querer ni
no querer, porque ni es menester su querer para que Dios las
obre, ni basta con no querer para que dejen de hacer el dicho
efecto; sino hayase con resignación y humildad en ellas. No
tiene qué desechar (6), porque el efecto de ellas queda sus-
tanciado en el alma y lleno del bien de Dios, al cual, como
le recibe pasivamente, su acción es menos en todo. N i tiene que
temer algún engaño; porque ni el entendimiento ni el demonio
pueden entrometerse en esto, ni llegar (7) a hacer pasivamen-
te efecto sustancial en el alma, de manera que la imprima

1 Ps. LXVII, 34.
2 Gen., XVII. 1.
3 E . p. dice: porque tal vez le hace más bien una palabra de éstas, que cuanto
el alma ha hecho en toda su vida.
4 E . p.: de estas palabras.
5 Qaé hacer. El Códice de Alcaudete salta de estas palabras a otras iguales que
vienen enseguida.
6 La e. p. abrevia así las anteriores lineas de este párrafo: "Acerca de estas pa-
labras ni tiene el alma qué hacer, ni qué querer por entonces de suyo, sino háyase con
resignación y humildad en ellas, dando su libre consentimiento a Dios, ni tiene qué
desechar, ni qué temer. No tiene que trabajar en obrar lo que ellas dicen, porque con
estas palabras sustanciales obra Dios en ella, lo cual es diferente en las formales y su-
cesivas. No tiene qué desechar."
7 E . p,: ni esfe maligno llegar.
234 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

21 efecto y hábito de su palabra, si no fuese que el álma esíu-
viese dada a el por pacto voluntario, y morando en ella como
señor de ella, le imprimiese los tales efectos, no de bien, sino
de malicia (1). Que, por cuarito aquella alma estaba ya unida
en nequicia voluntaria, podría fácilmente el demonio imprimir-
le los efectos de los dichos y palabras en malicia (2). Porque
aun por experiencia vemos, que aun a las almas buenas en mu-
chas cosas les hace harta fuerza por sugestión, poniéndoles gran
eficacia en ellas; que si fuesen malas las podría consumar en
ellas (3). Mas los efectos verosímiles a estos buenos, no los
puede imprimir; porque no hay comparación de palabras a las
de Dios; todas son como si no fuesen puestas con ellas, ni su
efecto es nada puesto con el de ellas (4). Que por eso dice
Dios por Jeremías: ¿Qué tienen que ver las pajas con el trigo?
¿Por ventura mis palabras no son como fuego, y como
martillo que quebranta las peñas? (5). Y así, estas palabras
sustanciales sirven mucho para la unión del alma con Dios;
y cuanto más interiores, más sustanciales, y más aprovechan.
Dichosa el alma a quien Dios la hablare. Habla, Señor, que
tu siervo oye (6).

1 E. p.: "aunque en las que estuviesen dadas a él por pacto voluntario, morando
en ellas como señor, podría por sugestión moverlas a efectos de gran malicia."
2 Así A y B. En el Códice de Ale, falta todo esto, desde las palabras que por
cuanto. La e. p. dice: Porque como tales almas estarían ya unidas en nequicia vo-
luntaria, podría fácilmente el demonio moverlas a ellos.
3 E . p.: Zas podría mover con más fuerza.
i A, B. y e. p.: ni su efecto es nada en comparación del de ellas.
5 Jerem.. XXIII, 28-29. A, B. y la e. p.: piedras.
6 I Reg.. III, 10.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXXII 255

CAPITULO X X X I I

EN QUE SE TRñTñ DE LñS APREHENSIONES QUE RECIBE EL ENTEN-
DIMIENTO DE LOS SENTIMIENTOS INTERIORES, QUE SOBRENñTU-
RñLMENTE S E H A C E N A L A L M A . — D I C E L A CAUSA D E E L L O S , Y E N
QUE MANERA S E HA D E H A B E R E L ALMA PARA NO I M P E D I R EL
CAMINO D E L A UNION D E DIOS E N E L L A S .

1. Sigúese ahora tratar del cuarto y último género de
aprehensiones intelectuales, que decíamos podían caer en el en-
tendimiento de parte de los sentimientos espirituales que mu-
chas veces sobrenaturalmente se hacen al alma del espiritual, los
cuales contamos entre las aprehensiones distintas del entendi-
miento.
2. Estos sentimientos espirituales distintos pueden ser en
dos maneras. La primera, son sentimientos en el afecto de la
voluntad. La segunda, son sentimientos en la sustancia del al-
ma (1). Los unos g los otros pueden ser de muchas maneras.
Los de la voluntad, cuando son de Dios, son muy subidos; mas
los que son de la sustancia del alma son altísimos g de gran
bien g provecho (2). Los cuales, ni el alma ni quien la tra-
ta pueden saber ni entender la causa de donde proceden, ni
por qué obras Dios la haga estas mercedes; porque no depen-
den de obras que el alma haga, ni de consideraciones que tenga,
aunque estas cosas son buena disposición para ellas: dalo Dios
a quien quiere g por lo que él quiere (3). Porque acaecerá

1 E. p.: "La segunda son sentimientos que, aunque son también en la voluntad
por ser intensísimos, subidísimos, profundísimos y secretísimos, no parece que tocan
en ella, sino que se obran en la sustancia del alma."
2 E. p.: mas los segundos, son altísimos y de gran bien y provecho.
3 A y B: dalo Dios a quien quiere y como quiere.
Ninguna concomitancia tiene la doctrina expuesta en estas líneas por el Santo
con la doctrina de los alumbrados al afirmar éstos que debían los perfectos, cuando
vacan a la contemplación, prescindir de toda obra buena, aunque estuviese mandada
debajo de precepto. Afirma el místico Doctor, que las aprehensiones intelectuales de
que trata en este capítulo son tan subidas y excelentes, que están por cima de todo
merecimiento humano, y Dios no las debe a nadie de justicia (de condigno); sino que
las concede por su benevolencia infinita cuándo quiere y a quien quiere, afirmando
ser óptima disposición para ellas la vida santa y obradora de virtudes.
236 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

que una persona se habrá ejercitado en muchas obras, g no
le dará estos toques; y otra en muchas menos, y se los da-
rá subidísimos y en mucha abundancia. Y así, no es menester
que el alma esté actualmente empleada y ocupada en cosas espi-
rituales (aunque estarlo es mucho mejor para tenerlos), para que
Dios dé los toques donde el alma tiene los dichos sentimientos;
porque las más veces está harto descuidada de ellos. De estos
toques unos son distintos y que pasan presto; otros no son tan
distintos y duran más (1).
3. Estos sentimientos, en cuanto son sentimientos solamen-
te (2), no pertenecen al entendimiento, sino a la voluntad; y
así, no trato de propósito aquí de ellos, hasta que tratemos
de la noche y purgación de la voluntad en sus aficiones, que será
en el libro tercero, que se sigue (3). Pero porque muchas y las
más veces, de ellos redunda en el entendimiento aprehensión y
noticia e inteligencia, convenía hacer aquí mención de ellos, sólo
para este fin. Por tanto, es de saber, que de estos sentimientos,
así de los de la voluntad, como de los que son en la sustancia
del alma, ahora sean los toques de Dios que los causan repen-
tinos, ahora sean durables (4) y sucesivos, muchas veces, como
digo, redunda en el entendimiento aprehensión de noticia o inte-
ligencia; lo cual suele ser un subidísimo sentir de Dios y sa-
brosísimo en el entendimiento, al cual no se puede poner nom-
bre tampoco, como al sentimiento de donde redunda. Y estas no-
ticias a veces son en una manera, a veces en otra; a veces más
subidas y claras; a veces menos, y menos claras, según lo son
también los toques que Dios hace, que causan los sentimientos
de donde ellas proceden, y según la propiedad (5) de ellos.
4. Para cautela y encaminar al entendimiento por estas no-
ticias en fe a la unión con Dios, no es menester aquí gastar

1 A y B: más tiempo,
2 La e. p.: en cuanto son sentimientos de la manera que aquí hablamos sola-
mente, no,
3 Que se sigue. Sólo el C . de Ale. pone estas palabras. Por lo demás, el Santo
no vuelve a tratar, ni en el libro tercero, ni en otros, lo que aquí promete.
4 La e. p: que de todos estos sentimientos, ahora sean los toques de Dios que
los causan, repentinos, ahora sean durables,
5 B: capacidad.
LIBRO SEGUNDO.—CAP. XXXII 237

mucho almacén (1). Porque como quiera que los sentimientos
que habernos dicho, se hagan pasivamente en el alma, sin que
ella haga algo de su parte efectivamente para recibirlos; así
también las noticias de ellos se reciben pasivamente en el entendi-
miento que llaman los filósofos pasible, sin que él haga nada de
su parte (2). De donde para no errar en ellos ni impedir su
provecho, él tampoco ha de hacer nada en ellos, sino haberse pa-
sivamente (3) acerca de ellos, sin entrometer su capacidad na-
tural. Porque, como habernos dicho que acaece en las palabras su-
cesivas, facilísimamente con su actividad turbará y deshará aque-
llas noticias delicadas, que son una sabrosa inteligencia sobre-
natural a que no llega el natural, ni la puede comprehender ha-
ciendo, sino recibiendo. Y así, no ha de procurarlas, ni tener gana
de admitirlas (4); porque el entendimiento no vaya de suyo for-
mando otras, ni el demonio tenga entrada con otras varias y fal-
sas; lo cual puede él muy bien hacer (5) por medio de los dichos
sentimientos, o los que él de suyo puede poner en el alma que se
da a estas noticias (6). Hayase resignada, humilde y pasiva-
mente en ellas, que, pues pasivamente las recibe de Dios, él se las
comunicará cuando él fuere servido, viéndola humilde y desa-
propiada. Y de esta manera no impedirá en si el provecho que
estas noticias hacen para la divina unión, que es grande; porque
todos estos son toques de unión, la cual pasivamente se hace en
el alma (7).
5. Lo dicho basta acerca de esto, porque cualquiera cosa
que al alma acaezca acerca del entendimiento, se hallará la cau-

1 E. p.: aquí gastar muchas palabras.
2 Así el C. de Ale. La e. p. dice: sin que él haga nada como de suyo.
3 E. p.: sino haberse pasivamente, inclinando al libre consentimiento y agrade-
cimiento la voluntad.
4 Omite la e. p.: ni tener ganas de admitirlas.
5 La edición de 1630 añade: en el alma, cuando se da a estas noticias.
6 Faltan en e. p. las palabras: o los que él de suyo puede poner en el alma que
se da a estas noticias. En cambio añade éstas, que no se leen en los Códices: apro-
vechándose de los sentidos corporales.
7 Aquí se ha publicado en algunas ediciones un largo párrafo que el P. Gerardo
de S, Juan de la Cruz creía era "de propia cosecha del que hizo la primera edición de
estas obras." (t. I, p. 266). E l verdadero autor de él, es el P. Jerónimo de S. José,
como lo denuncia el estilo limpio y correcto con que está escrito y la edición de 1630,
238 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

tela y doctrina para ella en las divisiones ya dichas. Y aun-
que parezca diferente y que en ninguna manera se comprende,
ninguna inteligencia hay, que no se pueda reducir a una de
ellas y sacarse doctrina para ellos (1).

que él dirigió. La de 1618 no lo trae. E l párrafo en cuestión reza: "Toda la doctrina
que en este libro se ha dicho de total abstracción y de contemplación pasiva, deján-
dose llevar de Dios con olvido de todas las cosas criadas y desnudez de imágenes y
figuras, deteniéndose con sencilla vista en la suma verdad, no sólo se entiende para
aquel acto de perfectísima contemplación, cuyo levantado y del todo sobrenatural
sosiego impiden aún las hijas de Jerusalen, que son buenos discursos y medita-
ciones, si en aquel mismo tiempo se quisiesen tener; sino también para todo el tiempo
que Nuestro Señor comunica la sencilla, general y amorosa advertencia ya dicha, o
el alma ayudada de la gracia se pone en ella. Porque entonces siempre ha de procu-
rar estarse con sosiego de entendimiento, sin entremeter otras formas, figuras o noti-
cias particulares, si no fuere muy de paso y no muy procuradas, sino con suavidad
de amor para encenderse más. Pero fuera de este tiempo, en todos sus ejercicios, actos
y obras se ha de valer de las memorias y meditaciones buenas, de la manera que sin-
tiere mayor devoción y provecho, particularísimamente de la vida, pasión y muerte de
Nuestro Señor Jesucristo, para conformar sus acciones, ejercicios y vida con la suya."
1 Asi el Códice de Alcaudete. A, B y la e. p. dicen: "Esto basta para concluir
con las aprehensiones sobrenaturales del entendimiento, en cuanto toca a encaminar
por ellas al entendimiento en fe a la unión divina. Y entiendo basta lo dicho acerca
de ellas, porque cualquiera cosa que al alma acaezca acerca del entendimiento, se ha-
llará la doctrina y cautela para ello en las divisiones ya dichas. Y aunque parezca
tan diferente que en ninguna de ellas se comprende (aunque entiendo no habrá ningu-
na inteligencia que no se pueda reducir a una de las cuatro maneras de noticias dis-
tintas), puédese sacar doctrina y cautela para ello de lo que está dicho en otras seme-
jantes de las cuatro. Y con esto pasaremos al tercer libro, donde, con el favor divino,
trataremos de la purgación espiritual interior de la voluntad acerca de sus aficiones
interiores, que aquí llamamos noche activa."'—C y Describen: "De lo que está dicho,
se puede sacar doctrina y cautela para regirse en cualquiera cosa que al alma suceda
acerca del entendimiento, aunque parezca tan diferente, que ninguna de las cuatro
maneras distintas se comprenda, aunque entiendo no habrá inteligencia que no se
pueda reducir a una de ellas, y así pasaremos al tercero libro." El Códice de Pam-
plona no trae nada. Por su parte, la edición de 1630, añade a lo dicho en A, B y
e. p. "Ruego, pues, al discreto lector, que con ánimo benévolo y llano lea estas cosas;
porque cuando éste falta en cualquiera doctrina, por subida y acabada que sea, ni se
saca el provecho que tiene, ni se tiene de ella la estimación que merece; cuanto más
de este mi estilo, que en muchas cosas queda muy falto."
LIBRO TERCERO

En que se trata de la purgación de la noche activa de ¡a memoria y volun-
tad.—Dase doctrina cómo se ha de haber el alma acerca de las apre-
hensiones de estas dos potencias para venir a unirse con Dios, según
las dichas dos potencias en perfecta esperanza y caridad (1).

CAPITULO I

1. Instruida ya la primera potencia del alma, que es el
entendimiento, por todas sus aprehensiones en la primera virtud
teológica, que es la fe, para que según esta potencia se pueda
unir el alma con Dios por medio de la pureza de fe, resta
ahora hacer lo mismo acerca de las otras dos potencias del al-
ma, que son memoria g voluntad, purificándolas también acerca
de sus aprehensiones, para que, según estas dos potencias, el
alma se venga a unir con Dios en perfecta esperanza g cari-
dad. Lo cual se hará brevemente en este tercero libro; porque
habiendo concluido con el entendimiento, que es el receptáculo
de todos los demás objetos en su manera (2) (en lo cual está
andado mucho camino para lo demás), no es necesario alargar-
nos tanto acerca de estas potencias (3); porque no es posible
que si el espiritual instruyere bien al entendimiento en fe según
la doctrina que se le ha dado, no instruya también de camino a
las otras dos potencias en las otras dos virtudes; pues las ope-
raciones de las unas dependen de las otras.

1 Así Ale, A y B. La palabra Argumento que seguía, es de la e. p.; los Códices
no la traen. En su lugar ponen capítulo I, Ya vimos en el libro II que la Declaración
de la Canción, que en la e. p. no se contaba como capítulo, en los Mss, sí. Análogo
es el presente caso,
2 La e. p,; objetos que pasan a esas potencias,
3 Lo restante de este párrafo se suprime en la c, p.
240 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

2. Pero porque, para cumplir con el estilo que se lleva, y
también para que mejor se entienda, es necesario hablar en la
propia y determinada materia, habremos aqui de poner las propias
aprehensiones de cada potencia (1), y primero de las de la
memoria, haciendo de ellas aqui la distinción que basta para
nuestro propósito. La cual podremos sacar de la distinción de
sus objetos, que son tres: naturales (2), imaginarios y espiritua-
les; según los cuales, también son en tres maneras las noticias
de la memoria, es a saber: naturales y sobrenaturales, imagina-
rias y espirituales (3).
3. De las cuales, mediante el favor divino, iremos aquí
tratando, comenzando de las noticias naturales, que son de ob-
jeto más exterior (4). Y luego se tratará de las aficiones de la
voluntad, con que se concluirá este libro tercero de la noche
activa espiritual

CAPITULO II

EN Q U E SE TRATA D E L A S APREHENSIONES NATURALES DE L A M E -
MORIA, Y S E DICE COMO SE HA D E VACIAR DE E L L A S PARA QUE
E L A L M A S E P U E D A UNIR CON DIOS S E G U N E S T A POTENCIA.

1. Necesario le es al lector advertir en cada libro de éstos,
al propósito que vamos hablando. Porque, si no, podránle nacer
muchas dudas acerca de lo que fuere leyendo, como ahora las
podría tener en lo que habernos dicho del entendimiento, y ahora
diremos de la memoria, y después diremos de la voluntad. Por-
que, viendo cómo aniquilamos las potencias acerca de sus ope-
raciones, quizá le parecerá que antes destruímos (5) el camino
del ejercicio espiritual que le edificamos; lo cual sería verdad

1 E. p.: habremos aquí de tratar de los actos de cada potencia,
2 Y sobrenaturales, añade la edición de 1630. Se funda para ello en lo que unas
líneas más abajo dice el Santo.
3 Como se ve por la explicación que da el Santo en los capítulos siguientes, en
la división no entran más que las noticias naturales, imaginarias y espirituales. Las
sobrenaturales se refieren a todos los miembros de la división tripartita.
4 Así los Códices. La e. p.: que son de objetos más exteriores.
5 Por descuido omite unas palabras el C. de Ale. que traen los demás. Las pala-
LIBRO TERCERO.—CAP. II 241

si quisiésemos instruir aquí no más que a principiantes, a los
cuales conviene disponerse por esas aprehensiones discursivas
y aprehensibles.
2. Pero, porque aquí vamos dando doctrina para pasar ade-
lante en contemplación a unión de Dios, para lo cual todos
esos medios y ejercicios sensitivos de potencias han de quedar
atrás y en silencio para que Dios de suyo obre en el alma la
divina unión, conviene ir por este estilo desembarazando y va-
ciando, y haciendo negar a las potencias su jurisdicción natural
y operaciones, para que se dé lugar a que sean infundidas e ilus-
tradas de lo sobrenatural; pues su capacidad no puede llegar
a negocio tan alto, antes estorbar, si no se pierde de vista.
3. Y así, siendo verdad, como lo es, que a Dios el alma
antes le ha de ir conociendo por lo que no es que por lo que
es, de necesidad, para ir a él, ha de ir negando y no admitiendo
hasta lo último que pudiere negar de sus aprehensiones, así
naturales como sobrenaturales. Por lo cual, así lo haremos ahora
en la memoria, sacándola de sus límites y quicios naturales, y
subiéndola sobre sí, esto es, sobre toda noticia distinta y pose-
sión aprchensible en suma esperanza de Dios incomprensible.
4. Comenzando, pues, por las noticias naturales, digo que
noticias naturales en la memoria son todas aquellas que puede
formar de los objetos de los cinco sentidos corporales, que son
oir, ver, oler, gustar y palpar (1), y todas las que a este talle
ella pudiere fabricar y formar. Y de todas estas noticias y formas
se ha de desnudar y vaciar, y procurar perder la aprehensión
imaginaria de ellas, de manera que en ella no le dejen impresa
noticia ni rastro de cosa, sino que se quede calva y rasa (2),
como si no hubiese pasado por ella, olvidada y suspendida de
todo. Y no puede ser menos sino que acerca de todas las for-
mas se aniquile la memoria, si se ha de unir con Dios. Porque
esto no puede ser sino se desune totalmente de todas las

bras omitidas son: las potencias acerca de süs operaciones, quizá le parecerá que an-
tes destruímos.
1 Así el C. de Ale. Los demás: focar.
2 E . p.: de manera que en ella no dejen impresa noticia, quedándose lo más
que pudiere desnuda.
242 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

formas que no son Dios; pues Dios no cae debajo de forma
ni noticia alguna distinta, como lo habemos dicho en la no-
che del entendimiento. Y pues ninguno puede servir a dos se-
ñores como dice Cristo (1), y no puede la memoria estar (2)
unida juntamente en Dios y en las formas y noticias distintas; y
como Dios no tiene forma ni imagen que pueda ser comprendi-
da de la memoria, de aquí es que, cuando está unida con Dios
como también por experiencia se ve cada día), se queda sin for-
ma y sin figura, perdida la imaginación y embebida la me-
moria en un sumo bien, en grande olvido, sin acuerdo de nada.
Porque aquella divina unión la vacia la fantasía, y (3) barre
de todas las formas y noticias, y la sube a lo sobrenatural.
5. Y así, es cosa notable lo que a veces pasa en esto;
porque algunas veces, cuando Dios hace estos toques de unión
en la memoria, súbitamente le da un vuelco en el cerebro,
que es donde ella tiene su asiento, tan sensible, que le pare-
ce se desvanece toda la cabeza, y que se pierde el juicio y el
sentido; y esto, a veces más, a veces menos, según que es
más o menos fuerte el toque; y entonces, a causa de esta unión,
se vacía y purga la memoria, como digo, de todas las noticias,
y queda olvidada y, a veces, olvidadísima, que ha menester
hacerse (4) gran fuerza y trabajar para acordarse de algo.
6. Y de tal manera es a veces este olvido de la memoria
y suspensión de la imaginación, por estar la memoria unida con
Dios, que se pasa mucho tiempo sin sentirlo, ni saber qué
se hizo aquel tiempo (5). Y como está entonces suspensa la ima-
ginativa, aunque entonces la hagan cosas que causen dolor, no
lo siente; porque sin imaginación no hay sentimiento, ni por

1 Lae. p.: como enseña Nuestro Redentor.
2 Con perfección, añade la e. p,
3 E . p. añade: parece que la.
4 Así el C. de Ale. y el de Pamplona.—A: g queda olvidada, y a veces, olvidada
de sí misma. B: y queda enajenada, y a veces olvidada de sí misma. La e. p. suprime
las líneas que anteceden de este párrafo, en esta forma: y la sube a lo sobrenatural,
dejándola tan olvidada, que ha menester hacerse.
5 Hasta el punto siguiente suprime la e. p. el texto que traen los Códices y la
edición de 1630.
LÍBRO TERCERO.—CAP. Il 243

pensamiento, porque no le hay (1). Y para que Dios venga
a hacer estos toques de unión, conviénele al alma desunir la me-
moria de todas las noticias aprehensibles. Y estas suspensiones,
es de notar que ya en los perfectos no las hay así, por cuanto
hay ya perfecta unión, que son de principio de unión.
7. Dirá alguno, que bueno parece esto; pero que de aquí
se sigue la destrucción del uso natural y curso de las po-
tencias, y que quede el hombre como bestia, olvidado, y aun
peor, sin discurrir ni acordarse de las necesidades y operaciones
naturales; y que Dios no destruye la naturaleza, antes la per-
fecciona, y de aquí necesariamente se sigue su destrucción, pues
se olvida de lo moral y racional para obrarlo, y de lo natural
para ejercitarlo; porque de nada de esto se puede acordar, pues
se priva de (2) las noticias y formas, que son el medio de la
reminiscencia.
8. A lo cual respondo, que es así, que cuanto más va
uniéndose la memoria con Dios, más va perfeccionando las no-
ticias distintas, hasta perderlas del todo, que es cuando en
perfección llega al estado de unión; y así, al principio, cuando
ésta se va haciendo, no puede dejar de traer grande olvido
acerca de todas las cosas, pues se le van rayendo las for-
mas y noticias; y así hace muchas faltas acerca del uso
y trato exterior, no acordándose de comer ni de beber, ni si hizo,
si vió, si no vió, si dijeron o no dijeron, por el absorbimiento de
la memoria en Dios (3). Pero ya que llega a tener hábito de
unión, que es un sumo bien, ya no tiene esos olvidos, en esa
manera, en lo que es razón moral y natural; antes en las ope-
raciones convenientes y necesarias tiene mucha mayor perfec-
ción (4), aunque éstas no las obra ya por formas y noticias
de la memoria; porque en habiendo hábito de unión, que es

1 El Códice de Alcaudete no trae las palabras: ni por pensamiento, porque no
le hay, que se leen en A, B, C, D .y P.
2 E. p.: pues no atiende a.
3 La e, p. abrevia: "A lo cual respondo, que cuanto más va uniéndose la memo-
ria con Dios, menos va reparando en las noticias distintas, y esto crece cuanto más se
va llegando al estado de unión por el absorbimiento de la memoria en Dios."
4 La e. p. salta desde esta palabra a la frase por lo cual las operaciones de la
memoria. La edición de 1630 restituyó lo suprimido.
^44 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

ya estado sobrenatural, desfallece del todo la memoria y las
demás potencias en sus naturales operaciones, g pasan de
su término natural al de Dios, que es sobrenatural; y así,
estando la memoria transformada en Dios, no se le pueden im-
primir formas ni noticias de cosas. Por lo cual, las operaciones
de la memoria y de las demás potencias en este estado todas
son divinas; porque poseyendo ya Dios las potencias como
ya entero señor de ellas, por la transformación de ellas en sí,
él mismo es el que las mueve y manda divinamente, según su
divino espíritu y voluntad (1); y entonces es de manera, que
las operaciones no son distintas, sino que las que obra el alma
son de Dios, y son operaciones divinas, que, por cuanto como
dice San Pablo, el que se une con Dios un espíritu se hace
con E l (2).
9. De aquí es, que las operaciones del alma unida son
del espíritu divino, g son divinas. Y de aquí es que las
obras de las tales almas sólo son las que convienen y son ra-
zonables, y no las que no convienen; porque el espíritu de
Dios las hace saber lo que han de saber, e ignorar lo que
conviene ignorar, y acordarse de lo que se han de acordar, con
formas y sin formas, y olvidar lo que es de olvidar, y las hace
amar lo que han de amar, y no amar lo que no es en Dios (3).
Y así, todos los primeros movimientos de las potencias de las
tales almas son divinos, y no hay que maravillar que los mo-
vimientos y operaciones de estas potencias sean divinos, pues
están transformadas en ser divino (4).

1 Lo que sigue, hasta la frase y de aquí es que las obras, se suprime en la e. p.
2 lad Cor., VI. 17.
3 La e. p. en vez de las líneas que siguen hasta final de párrafo, pone: porque
con particularidad las gobierna y mueve para aquellas obras que convienen según la
voluntad y ordenación de Dios.
4 El P. Gerardo pone aquí esta nota. "El párrafo que antecede lo pone así el
P. José de Jesús María, advirtiendo que las palabras están tomadas del original del
Santo: "Ya que el alma ha llegado a tener hábito de unión, que es un sumo bien, ya
no tiene los olvidos de las cosas que padecía, cuando para caminar a ella la desnu-
daban de la ropa tosca de su natural grosero, para vestirla a lo divino. Porque antes
en las operaciones convenientes y necesarias, tiene mucho mayor perfección. Aunque
éstas no las obra ya por formas y noticias de la memoria, porque en habiendo hábito
de unión (que es ya estado sobrenatural) desfallece la memoria y las demás potencias
LIBRO TERCERO.—CAP. U 245

10. De estas operaciones (1) traeré algunos ejemplos, g sea
éste uno. Pide una persona a otra que está en este estado, que la
encomiende a Dios. Esta persona no se acordará de hacerlo por
alguna forma ni noticia que se le quede en la memoria de aque-
lla persona; y s i conviene encomendarla a Dios, que será que-
riendo Dios recibir oración por la tal persona, la moverá la vo-
luntad, dándole gana que lo haga; y si no quiere Dios aquella
oración, aunque se haga fuerza a orar por ella, no podrá (2), ni
tendrá gana; y a veces se la pondrá Dios para que ruegue por
otros que nunca conoció ni oyó. Y es porque Dios sólo mueve
las potencias de estas almas, como he dicho, para aquellas obras
que convienen según la voluntad y ordenación de Dios, y no
se pueden mover a otras; y así, las obras y ruego de estas al-
mas siempre tienen efecto. Tales eran las de la gloriosísima Vir-
gen Nuestra Señora, la cual, estando desde el principio levantada
a este alto estado, nunca tuvo en su alma impresa forma de
alguna criatura (3), ni por ella se movió, sino siempre su mo-
ción fué por el Espíritu Santo.
11. Otro ejemplo. H a de acudir a tal tiempo a cierto
negocio necesario. No se acordará por forma ninguna, sino que,
sin saber cómo, se le asentará en el alma (4), cuándo y cómo
convendrá acudir aquello, sin que haya falta.

en las operaciones naturales, y pasan de su término natural al de Dios, que es sobre-
natural. Y asi, estando la memoria transformada en Dios, no se le pueden imprimir
formas y noticias de cosas. Por lo cual, las operaciones de la memoria, y de las demás
potencias en este estado, todas son divinas; porque poseyendo ya Dios las potencias,
como ya Señor dellas, por la transformación dellas en él, él mismo es el que las man-
da y mueve divinamente, según su divino espíritu y voluntad. Y entonces es de mane-
ra, que las operaciones no son distintas, sino que las obra el alma como de Dios, y así
son operaciones divinas. Porque (como dice el Apóstol), el que se une con Dios, se
hace una cosa con él. Y de aquí es que las operaciones del alma unida desta manera,
son del espíritu divino. Y por esto las obras de las tales almas, solamente son las que
convienen, porque el espíritu de Dios les hace saber lo que han de saber, e ignorar lo
que han de ignorar, y acordarse de lo que se han de acordar, sin formas o con for-
mas, y olvidar lo que han de olvidar, y las hace amar lo que han de amar, y no amar
lo que no es de Dios, o para llevarlas a Dios. Y así, todos los primeros movimientos
de las potencias de estas almas, son divinos, y no hay que maravillarse de esto, pues
están transformadas las potencias en ser divino." (Vida y excelencias de la Santísima
Virgen Marta, libro I, capítulo XL, núm. 6). Y a se dijo en los Preliminares, que estas
citas no son mucho de fiar en cuanto a la fidelidad literal de trascripción. E l arreglo
es evidente,
1 La e. p. suprime éste y los dos números siguientes, que publica la de 1630.
2 La edición de 1630: no lo hará,
3 La e. de 1630, añade: que la divirtiese de Dios.
4 La e. de 1630 añade: por la excitación arriba dicha de la memoria.
246 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

12. Y no sólo en estas cosas les da luz el Espíritu San-
to, sino en muchas que suceden y sucederán, y casos muchos,
aunque sean ausentes; y esto, aunque algunas veces es por for-
mas intelectuales, muchas es sin formas aprehensibles, no sa-
biendo ellos cómo saben aquello (1). Pero esto les viene de parte
de la Sabiduría divina; que, por cuanto estas almas se ejer-
citan en no saber ni aprehender nada con las potencias (2), lo
vienen generalmente, como lo decimos en el Monte, a saber todo,
según aquello que dice el Sabio: E l artífice de todo, que es
la Sabiduría, me lo enseñó todo (3).

13. Dirás, por ventura, que el alma no podrá vaciar y
privar tanto la memoria de todas las formas y fantasías que
pueda llegar a un estado tan alto; porque hay dos dificul-
tades que son sobre la fuerza g habilidad humana, que son:
despedir lo natural con habilidad natural, que no puede ser,
y tocar y unirse a lo sobrenatural, que es mucho más dificul-
toso; y, por hablar la verdad, con natural habilidad sólo,
es imposible. Digo, que es verdad que Dios la ha de poner en
este estado sobrenatural; mas que ella, cuanto es en sí, se
ha de ir disponiendo; lo cual puede hacer naturalmente, mayor-
mente con el ayuda que Dios va dando (4). Y así, al modo
que de su parte va entrando en esta negación y vacío de
formas, la va Dios poniendo en la posesión de la unión; y esto
va Dios obrando en ella pasivamente, como diremos, Deo dante,
en la noche pasiva del alma; y así, cuando Dios fuere servido,
según el modo de su disposición, la acabará de dar el hábito
de la divina (5) unión perfecta.
14. Y los divinos efectos que hace en el alma cuando lo
es, así de parte del entendimiento, como de la memoria y vo-
luntad, no los decimos en esta noche y purgación activa, por-
que sólo con ésta, no se acaba de hacer la divina unión; pero
dirémoslos en la pasiva, mediante la cual se hace la junta

1 La edición de 1630 abrevia: aunque sean ausentes, no sabiendo ellos cómo lo
saben.
2 Añade la e. de 1630: de lo que les puede impedir.
3 Sap., VII, 21. Véase el dibujo del Monte de Perfección, que se publica al fren-
te de este tomo.
4 E . p.: lo cual puede hacer con él aguda que Dios va dando.
5 Divina. La e. p. no trae esta palabra.
LIBRO T E R C E R O . — C A P . II 247

del alma con Dios (1). Y así, sólo diré aquí el modo ne-
cesario para que activamente la memoria, cuanto es de su parte,
se ponga en esta noche g purgación. Y es que ordinariamente el
espiritual tenga esta cautela: en todas las cosas que oyere, vie-
re, óliere, gustare o tocare, no haga archivo ni presa de ellas
en la memoria, sino que las deje luego olvidar, g lo procure
con la eficacia, si es menester, que otros acordarse, de manera
que no le quede en la memoria alguna noticia ni figura de ellas,
como si en el mundo no fuesen, dejando la memoria libre y
desembarazada, no atándola a ninguna consideración, de arri-
ba, ni de abajo, como si tal potencia de memoria no tuviese,
dejándola libremente perder en olvido, como cosa que estorba;
pues todo lo natural, si se quiere usar de ello en lo sobrenatu-
ral, antes estorba que aguda.
15. Y si acaeciesen aquellas dudas y objeciones que arriba
en lo del entendimiento, conviene a saber: que no se hace
nada, y que se pierde tiempo, y que se privan de los bienes
espirituales que el alma puede recibir por vía de la memoria,
allí está respondido a todo (2), y más adelante, en la noche pa-
siva; por eso no hay para qué detenernos aquí. Sólo con-

1 L a e. p., suprimiendo todo lo que resta del párrafo, dice en su ¿lugar: "En esta
purgación de la memoria, sólo digo aquí el modo necesario para que activamente,
cuanto es de su parte, se ponga en esta noche y purgación. Y es que, de ordinario el
espiritual tenga esta cautela: en todas las cosas que viere, oyere, diere, gustaré o to-
care, no hacer particular archivo, ni reparo, o detenimiento de ellas en la memoria,
dejándolas pasar, y quedándose en santo olvido sin reflexión sobre ellas, si no fuere
cuando para algún buen discurso o meditación- fuere necesario. Y este estudio de ol-
vidar y dejar noticias y figuras, nunca se entiende de Cristo y su Humanidad. Que
aunque alguna vez en lo subido de la contemplación y vista sencilla de la divinidad
no se acuerde el alma de esta santísima Humanidad, porque Dios levantó el espíritu
de su mano a éste como confuso y muy sobrenatural conocimiento; pero hacer estudio
de olvidarla, en ninguna manera conviene, pues su vista y meditación amorosa ayuda-
rá a todo lo bueno, y por ella se subirá más fácilmente a lo muy levantado de unión.
Y claro está que, aunque otras cosas visibles y corporales se hayan de olvidar y es-
torben, no ha de entrar en este número el que se hizo hombre por nuestro remedio, el
que es verdad, puerta, camino y guia para los bienes todos. Esto supuesto, en lo de-
más procure una total abstracción y olvido, de manera que, cuanto fuere posible, no
le quede en la memoria alguna noticia ni figura de cosas criadas, como si en el mundo
no fuesen, dejando la memoria libre y desembarazada para Dios, y como perdida en
santo olvido." Así viene también en la edición de 1630. E l párrafo se introdujo para
explicar el alcance de la doctrina del Santo. (Véase el cap. X X I I de la Autobiografía
de Santa Teresa).
2 E . p.: por vía de la memoria, ya se ha dicho aquí mucho para su solución, y
allí también respondido a todo.
248 SÜBIDñ D E L MONTE CARMELO

viene advertir, que aunque en algún tiempo no se sienta el
provecho de esta suspensión de noticias g formas, no por eso
se ha de cansar el espiritual, que no dejará Dios de acudir a
su tiempo; g por un bien tan grande, mucho conviene pa-
sar, g sufrir con paciencia y esperanza.
16. Y aunque es verdad que apenas se hallará alma que en
todo y por todo tiempo sea movida de Dios, teniendo tan con-
tinua unión con Dios, que sin medio de alguna forma sean (1)
sus potencias siempre movidas divinamente, todavía hag almas
que mug ordinariamente son movidas de Dios en sus opera-
ciones, g ellas no son las que se mueven, según aquello (2)
de San Pablo: Que los hijos de Dios, que son éstos transfor-
mados g unidos en Dios, son movidos del espíritu de Dios,
esto es, a divinas obras en sus potencias (3). Y no es maravilla
que las operaciones sean divinas, pues que la unión del alma
es divina.

CAPITULO III

EN QUE SE DICEN TRES MANERAS DE DAÑOS QUE RECIBE E L ALMA
NO OSCURECIENDOSE ACERCA DE LAS NOTICIAS Y DISCURSOS D E L A
MEMORIA.—DICESE AQUI E L PRIMERO.

1. R tres danos e inconvenientes está sujeto el espiritual,
que todavía quiere usar de las noticias g discursos naturales de
la memoria para ir a Dios, o para otra cosa: los dos son po-
sitivos, g el uno es privativo. E l primero es de parte de las
cosas del mundo; el segundo, de parte del demonio; el ter-
cero g privativo es el impedimento g estorbo que hacen g le
causan para la divina unión.
2. E l primero, que es de parte del mundo (4), es estar
sujeto a muchas maneras de daños por medio de las noticias
g discursos (5), así como falsedades, imperfecciones, apetitos.

1 E . p.: teniendo tan continua unión, que sean, etc.
2 E . p.: en el sentido que dice S. Pablo.
3 Ad Rom., VIII, 14.
4 E . p.: E l primero que es de parte de las cosas del mundo,
5 A y B.: por muchas noticias y discursos.
LIBRO TERCERO.—CAP. IH 249

juicios, perdimiento de tiempo, y otras muchas cosas que crian
en el alma muchas impurezas. Y que de necesidad haga de caer
en muchas falsedades, dando lugar a las noticias y discursos,
está claro; que muchas veces ha de parecer lo verdadero falso,
y lo cierto dudoso, y al contrario, pues apenas podemos de
raíz conocer una verdad. De todas las cuales se libra si oscu-
rece la memoria en todo discurso y noticia.
3. Imperfecciones a cada paso las hay si pone la memoria
en lo que oyó, vió, tocó, olió y gustó; en lo cual se le ha de
pegar alguna afición, ahora de dolor, ahora de temor, ahora de
odio, o de vana esperanza y vano gozo y vanagloria, etc; que
todas estas, por lo menos, son imperfecciones, y, a veces, bue-
nos (1) pecados veniales; y en el alma pegan mucha impu-
reza sutilisimamente, aunque sean los discursos y noticias acer-
ca de Dios (2). Y que se le engendren apetitos, también se ve
claro; pues de las dichas noticias y discursos naturalmente na-
cen, y sólo querer tener la dicha noticia y discurso, es apetito. Y
que ha de tener también muchos toques de juicios, bien se ve;
pues no puede dejar de tropezar con la memoria en males y
bienes ajenos, en que, a veces, parece lo malo bueno, y lo bueno
malo. De todos los cuales daños yo creo no habrá quien bien
se libre, si no es cegando y oscureciendo la memoria acerca de
todas las cosas.
4. Y si me dijeres que bien podrá el hombre vencer to-
das estas cosas cuando le vinieren, digo que del todo puramente
es imposible si hace caso de noticias; porque en ellas se in-
gieren mil imperfecciones c impertinencias, y algunas tan suti-
les y delgadas, que, sin entenderlo el alma, se le pegan de suyo,
así como la pez al que la toca, y que mejor se vence todo de
una vez negando la memoria en todo. Dirás también que se
priva el alma de muchos buenos pensamientos y consideracio-
nes de Dios, que aprovechan mucho al alma para que Dios

1 E. p.: conocidos.
2 Así Ale, A y B. La e. p.: cosas todas que estorban la perfecta pureza y sim-
plísima unión con Dios.
250 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

la haga mercedes (1). Digo que para esto más aprovecha la
pureza del alma, que consiste en que no se le pegue ninguna afi-
ción de criatura, ni de temporalidad, ni advertencia eficaz;
de lo cual entiendo no se dejará de pegar mucho por la
imperfección que de suyo tienen las potencias en sus operaciones.
Por lo cual, mejor es aprender a poner las potencias en silencio
y callando, para que hable Dios. Porque, como habemos dicho,
para este estado las operaciones naturales se han de perder de
vista, lo cual se hace como cuando dice el Profeta, cuando venga
el alma según estas sus potencias a soledad, y le hable Dios al
corazón (2).
5. Y si todavía replicas, diciendo que no tendrá bien nin-
guno el alma, si no considera y discurre la memoria en Dios, y
que se le irán entrando muchas distracciones y flojedades, digo
que es imposible que si la memoria se recoge acerca de lo de
allá y de lo de acá juntamente, que se le entren males ni dis-
tracciones, ni otras impertinencias ni vicios (las cuales cosas
siempre entran por vagueación de la memoria), porque no hay
por dónde ni de dónde entren. Eso fuera si, cerrada la puerta
a las consideraciones y discursos cerca de las cosas de arriba, la
abriéramos para las de abajo; pero aquí a todas las cosas de
donde eso puede venir (3), la cerramos, haciendo a la me-
moria que quede callada y muda, y sólo el oído del espíritu
en silencio a Dios, diciendo con el Profeta: Habla, Señor, que
tu siervo oye (4). Tal dijo el Esposo en los Cantares que ha-
bía de ser su Esposa, diciendo: M i hermana es huerto cerrado,
y fuente sellada, es a saber: a todas las cosas que en él pueden
entrar (5).
6. Estése, pues, cerrado sin cuidado y pena, que el que entró
a sus discípulos corporalmente las puertas cerradas, y les dió

1 Aquí tiene la e. p. estas líneas que faltan en los Códices: "Digo que lo que fue-
re puramente Dios y ayudare aquella noticia confusa, universal, pura y sencilla, que
eso no se deje; sino lo que detuviere en imagen, forma, figura o semejanza de criatura.
Y hablando de esta purgación, para que Dios las haga, más aprovecha..." También
las copia la edición de 1630.
2 Ose.. II, 14.
3 La e. p.: pero aquí a todas las cosas que pueden desayudar a esta unión, y de
donde puede venir la distracción.
4 IReg.,111. 10.
5 Cant., IV. 12.
LIBRO TERCpRO.—CRP. III 251

paz, sin ellos saber ni pensar que aquello podía ser, ni el
cómo podía ser (1), entrará espiriíualmente en el alma, sin
que ella sepa ni obre el cómo, teniendo ella las puertas de las
potencias, memoria, entendimiento y voluntad, cerradas a todas
las aprehensiones, g se las llenará de paz, declinando sobre ella,
como el Profeta dice, como un río de paz, en que la quitará todos
los recelos y sospechas, turbaciones y tinieblas que la hacían te-
mer que estaba o que iba perdida (2). No pierda el cuidado de
orar, g espere en desnudez y vacío, que no tardará su bien.

CAPITULO IV

QUE TRATA D E L SEGUNDO DAÑO QUE PUEDE VENIR A L ALMA DE PARTE
DEL DEMONIO POR VIA DE LAS APREHENSIONES NATURALES DE L A
MEMORIA.

1. E l segundo daño positivo que al alma puede venir por
medio de las noticias de la memoria, es de parte del demonio,
el cual tiene gran mano en el alma por este medio. Porque puede
añadir formas, noticias y discursos (3), y por medio de ellos
afectar el alma con soberbia, avaricia, ira, envidia, etc., y poner
odio injusto, amor vano, y engañar de muchas maneras. Y allen-
de de esto, suele él dejar (4) las cosas, y asentarlas en la fan-
tasía de manera, que las que son falsas parezcan verdaderas,
y las verdaderas falsas. Y, finalmente, todos los más engaños que
hace el demonio y males al alma, entran por las noticias y dis-
cursos de la memoria. La cual, si se oscurece en todas ellas y
se aniquila en olvido, cierra totalmente la puerta a este daño del
demonio, y se libra de todas estas cosas, que es gran bien.
Porque el demonio no puede nada en el alma, si no es mediante
las operaciones de las potencias de ella, principalmente por me-
dio de las noticias (5), porque de ellas dependen casi todas

1 La e. p. suprime; ni el como podía ser, que se lee en los Códices.
2 Isai.. XLVIII, 18.
3 Lae. p. suprime: noticias y discursos.
4 Asi el C. de A.—A, B y la e. p.: fijar.
5 E . p.: formas y especies.
252 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

las demás operaciones de las demás potencias. De donde, si la
memoria se aniquila en ellas, el demonio no puede nada; porque
nada halla de donde asir, g sin nada nada puede.
2. Yo quisiera que los espirituales acabasen bien de echar
de ver cuántos daños les hacen los demonios en las almas por
medio de la memoria, cuando se dan mucho a usar de ella, cuán-
tas tristezas^ g aflicciones y gozos malos vanos (1) los hacen
tener, asi acerca de lo que piensan en Dios, como de las cosas
del mundo, g cuántas impurezas les dejan arraigadas en el es-
espíritu (2), g haciéndolos también grandemente distraer del su-
mo recogimiento, que consiste en poner toda el alma, según sus
potencias, en sólo el bien incomprehensible, g quitarla de to-
das las cosas aprehensibles, porque no son bien incompre-
hensible; lo cual (3) (aunque no se siguiera tanto bien de
este vacío como es ponerse en Dios), por sólo ser causa de
librarse de muchas penas, aflicciones g tristezas, allende de las
imperfecciones g pecados de que se libra, es grande bien.

CAPITULO V

D E L TERCERO DAÑO QUE SE L E SIGUE A L ALMA POR VIA DE LAS NO-
TICIAS DISTINTAS NATURALES DE L A MEMORIA.

1. E l daño tercero que se sigue al alma por vía de
les aprehensiones naturales de la memoria, es privativo; porque
la pueden impedir el bien moral, g privar del espiritual. Y pa-
ra decir primero cómo estas aprehensiones impiden al alma el
bien moral, es de saber, que el bien moral consiste en la
rienda de las pasiones g freno de los apetitos desordenados, de
lo cual se sigue en el alma tranquilidad, paz g sosiego, g vir-
tudes morales, que es el bien moral. Esta rienda g freno no
la puede tener de veras el alma no olvidando g apartando las

1 La e. p,: gozos vanos.
2 En el C. de Ale. faltan las siguientes palabras que se leen en A, B, C, D (P no
copia este capítulo) y e. p.: y cuantas impurezas les dejan arraigadas en el espíritu,
3 Lae. p. suprime: porque no son bien incomprehensible, lo cual.
LIBRO TERCERO.—CñP. V 253

cosas de sí, de donde le nacen las aficiones; g nunca le nacen
al alma turbaciones sino es de las aprehensiones de la me-
moria. Porque, olvidadas todas las cosas, no hay cosa que per-
turbe la paz, ni que mueva los apetitos; pues, como dicen, lo que
que el ojo no ve, el corazón no lo desea.
2, Y de esto, cada momento sacamos experiencia; pues
vemos que, cada vez que el alma se pone a pensar alguna cosa,
queda movida y alterada, o en poco, o en mucho, acerca de
aquella cosa, según es la aprehensión: si pesada g molesta,
saca tristeza; si agradable, saca apetito g gozo, etc. (1).
De donde por fuerza ha de salir después turbación en la mu-
danza de aquella aprehensión; y así ahora tiene gozos, ahora
tristezas, ahora odio, ahora amor, y no puede perseverar siem-
pre de una manera' (que es el efecto de la tranquilidad moral),
sino es cuando procura olvidar todas las cosas. Luego claro
está que las noticias impiden mucho en el alma el bien de
las virtudes morales.
3. Y que también la memoria embarazada impida el bien
espiritual (2), claramente se prueba por lo dicho; porque el
alma alterada, que no tiene fundamento de bien moral, no es
capaz, en cuanto tal, del espiritual, el cual no se imprime sino
en el alma moderada y puesta en paz. Y allende de esto, si
el alma hace presa y caso de las aprehensiones de la memoria,
como quiera que el alma (3) no puede advertir más que a una
cosa, si se emplea en cosas aprehensibles, como son las noti-
cias de la memoria, no es posible que esté libre para lo in-
comprensible, que es Dios. Porque para que el alma vaya a
Dios, antes ha de ir no comprendiendo que comprendiendo;
hase de trocar lo conmutable y comprensible, por lo inconmu-
table e incomprensible. f

1 La e. p.: saca tristeza u odio; si agradable, saca gozo y deseo,
2 La e. de 1630: bien místico o espiritual.
3 E l alma. Faltan estas palabras en la e. p.
254 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

CAPITULO VI

DE LOS PROVECHOS QUE SE SIGUEN A L ALMA EN E L OLVIDO Y VACIO
DE TODOS LOS PENSAMIENTOS Y NOTICIAS QUE ACERCA DE LA
MEMORIA NATURALMENTE PUEDE TENER.

1. Por los daños que habernos dicho que al alma tocan
por las aprehensiones de la memoria, podemos también colegir
los provechos a ellos contrarios, que se le siguen del olvido
y vacio de ellas. Pues, según dicen los naturales, la misma
doctrina que sirve para un contrario, sirve también para el
otro. Porque, cuanto a lo primero, goza de tranquilidad y paz
de ánimo; pues carece de la turbación y alteración que nacen
de los pensamientos y noticias de la memoria; y, por el consi-
guiente, de pureza de conciencia y de alma, que es más. Y en
esto tiene gran disposición para la sabiduría humana y divi-
na, y virtudes.
2. Cuanto a lo segundo, librase de muchas sugestiones, ten-
taciones y movimientos del demonio, que él por medio de los
pensamientos y noticias ingiere en el alma, y la hace caer en
muchas impurezas y pecados (1), según dice David, diciendo:
Pensaron y hablaron maldad (2). Y así, quitados los pensa-
mientos de en medio, no tiene el demonio con qué combatir al
espíritu naturalmente (3).
3. Cuanto a lo tercero, tiene en sí el alma, mediante este
olvido y recogimiento de todas las cosas, disposición para ser
movida del Espíritu Santo y enseñada por el, el cual, como
dice el Sabio, se aparta de los pensamientos que son fuera de
razón (4). Pero aunque otro provecho no se siguiese al hom-
bre, que las penas y turbaciones de que se libra por este olvido

1 Así el C, de Ale, C y D.—A, B y e. p.: y le hace caer por lo menos en muchas
impurezas, y, como habernos dicho, en pecados.
2 Ps. LXXII. 8, E . p.: hallaron maldad.
3 Naturalmente. Falta esta palabra en la e. p.
4 Sap., I, 5.
LIBRO TERCERO.—CAP. VI 255

y vacío de la memoria, era grande ganancia y bien para él. Pues
que las penas y turbaciones que de las cosas y casos adversos
en el alma se crían, de nada sirven ni aprovechan (1) pa-
ra la bonanza de los mismos casos y cosas (2); antes de
ordinario, no sólo a éstos, sino a la misma alma dañan. Por
lo cual dijo David: De verdad vanamente se conturba todo
hombre (3). Porque claro está que siempre es vano el contur-
barse, pues nunca sirve para provecho alguno. Y asi, aunque todo
se acabe y se hunda, y todas las cosas sucedan al revés y ad-
versas, vano es el turbarse; pues por eso, antes se dañan más
que se remedian. Y llevarlo todo con igualdad tranquila y pací-
fica, no sólo aprovecha al alma para muchos bienes; sino tam-
bién para que en esas mismas adversidades se acierte mejor
a juzgar de ellas y ponerles remedio conveniente.
4. De donde conociendo bien Salomón el daño y prove-
cho de esto, dijo: Conocí que no había cosa mejor para el
hombre que alegrarse y hacer bien en su vida (4). Donde da
a entender, que en todos los casos, por adversos que sean, antes
nos habernos de alegrar que turbar, por no perder el mayor
bien que toda la prosperidad, que es la tranquilidad del ánimo
y paz en todas las cosas adversas y prósperas, llevándolas todas
de una manera. La cual el hombre nunca perdería, si no sólo
se olvidase de las noticias y dejase pensamientos, pero aun se
apartase de oír, y ver, y tratar, cuanto en sí fuese. Pues que
nuestro ser es tan fácil y deleznable, que aunque esté bien ejer-
citado, apenas dejará de tropezar con la memoria en cosas que
turben y alteren el ánimo que estaba en paz y tranquilidad no se
acordando de cosas. Que por eso dijo Jeremías: Con memoria
me acordaré, y mi alma en mí desfallecerá con dolor (5).

1 Falta esta palabra en la e. p.
2 Y cosas. Tampoco las trae la e. p.
3 Ps. XXXVIII, 7.
4 Eccles.,111, 12.
5 Thren., III, 20.
256 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

CAPITULO VII

EN QUE SE TRATA D E L SEGUNDO GENERO DE APREHENSIONES DE L A M E -
MORIA, QUE SON IMAGINARIAS Y NOTICIAS SOBRENATURALES.

1. Aunque en el primer género de aprehensiones naturales
habernos dado doctrina también para las imaginarias, que son
naturales, convenia hacer esta división por amor de otras for-
mas y noticias que guarda la memoria en sí, que son de co-
sas sobrenaturales, asi como de visiones, revelaciones, locucio-
nes y sentimientos por vía sobrenatural. De las cuales cosas,
cuando han pasado por el alma, se suele quedar imagen, forma
y figura o noticia impresa, ahora en el alma, ahora en la
memoria o fantasía, a veces muy viva y eficazmente. Acerca de
lo cual es también menester dar aviso, porque la memoria no
se embarace con ellas y le sean impedimento para la unión de
Dios en esperanza pura, y entera.
2. Y digo que el alma, para conseguir este bien, nun-
ca sobre las cosas claras y distintas que por ella hayan pa-
sado por vía sobrenatural ha de hacer reflexión para conservar
en sí las formas y figuras y noticias de aquellas cosas; porque
siempre habernos de llevar este presupuesto: que cuanto el alma
más presa hace en alguna aprehensión natural o sobrenatural
distinta y clara, menos capacidad y disposición tiene en sí para
entrar en el abismo de la fe, donde todo lo demás se absorbe.
Porque, como queda dicho, ningunas formas ni noticias sobre-
naturales que pueden caer en la memoria, son Dios (1); y de
todo lo que no es Dios se ha de vaciar el alma para ir a Dios.
Luego también la memoria de todas estas formas y noticias
se ha de deshacer para unirse con Dios en esperanza (2).
Porque toda posesión es contra esperanza, la cual, como dice

1 La e. p, añade a los Códices: ni tienen proporción con Dios, ni pueden ser
próximo medio para su unión,
2 La e. p.: Unirse con Dios en una manera de esperanza perfecta y mística.
LIBRO TERCERO—Cñí>. VII 257

en esperanza. Porque toda posesión es contra esperanza, la
cual, como dice San Pablo, es de lo que no se posee (1).
De donde, cuanto más la memoria se desposee, tanto más tie-
ne de esperanza; y cuanto más de esperanza tiene, tanto más
tiene de unión de Dios; porque acerca de Dios, cuanto más
espera el alma, tanto más alcanza. Y entonces espera más, cuan-
do se desposee más; y cuando se hubiere desposeído perfec-
tamente, perfectamente quedará con la posesión de Dios (2)
en unión divina. Mas hay muchos que no quieren carecer de
la dulzura y del sabor de la memoria en las noticias, y por eso
no vienen a la suma posesión y entera dulzura. Porque el que
no renuncia todo lo que posee, no puede ser su discípulo (3).

CAPITULO VIII

DE LOS DAÑOS QUE LAS NOTICIAS DE COSAS SOBRENATURALES PUE-
DEN HACER A L ALMA, SI HACE REFLEXION SOBRE ELLAS.—DICE
CUANTOS SEAN (4).

1. ñ cinco géneros de daños se aventura el espiritual.
si hace presa y reflexión sobre estas noticias y formas que se
le imprimen de las cosas que pasan por él por vía sobrenatural.
2. E l primero es que muchas veces se engaña teniendo lo
uno por lo otro. E l segundo es que está cerca y en ocasión
de caer en alguna presunción o vanidad. E l tercero es que
el demonio tiene mucha mano para le engañar por medio de
las dichas aprehensiones. E l cuarto es que le impide la unión
en esperanza con Dios. E l quinto es que, por la mayor parte,
juzga de Dios bajamente.
3. Cuanto al primer género, está claro que s i el espiritual
hace presa y reflexión sobre las dichas noticias y formas, se ha

1 AdHebr., XI, 1.
2 La e. p. añade: Que en esfa vida se puede fener.
3 Luc, XIV, 33. La e. p.: discípulo de Cristo.
•4 A, B y e. p. añaden: y traía aquí del primero.
17
258 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

de engañar muchas veces acerca de su juicio; porque, como
ninguno cumplidamente puede saber las cosas que naturalmente
pasan por'su imaginación, ni tener entero y cierto juicio sobre
ellas, mucho menos podrá tenerle acerca de las sobrenatura-
les, que son sobre nuestra capacidad, y que raras veces acae-
cen. De donde, muchas veces, pensará que son las cosas de
Dios, y no será sino su fantasía; y muchas, que lo que es de
Dios pensará que es del demonio, y lo que es del demonio, que
es de Dios. Y muy muchas veces se le quedarán formas y noti-
cias muy asentadas de bienes y males ajenos, o propios, y otras
figuras que se le representaron, y las tendrá por muy ciertas
y verdaderas, y no lo serán, sino muy gran falsedad. Y otras
serán verdaderas, g las juzgará por falsas, aunque esto por más
seguro lo tengo, porque suele nacer de humildad.
4. Y ya que no se engañe en la verdad, podráse engañar
en la cuantidad o cualidad (1), pensando que lo que es poco, es
mucho; y lo que es mucho, poco. Y acerca de la cualidad, te-
niendo lo que tiene en su imaginación por tal o tal cosa, y
no será sino tal o tal; poniendo, como dice Isaías, las tinieblas
por luz, y la luz por tinieblas, y lo amargo por dulce, y lo
dulce por amargo (2). Y , finalmente, ya que acierte en lo uno,
maravilla será no errar acerca de lo otro; el cual, aunque no
quiera aplicar el juicio para juzgarlo, basta que le aplique en
hacer caso, para que, a lo menos pasivamente, se le pegue (3)
algún daño, ya que no en este genero, será en alguno de eso-
tros cuatro que luego iremos diciendo.
5. Lo que le conviene al espiritual para no caer en este
daño de engañarse en su juicio, es no querer aplicar su juicio
para saber qué sea lo que en sí tiene y siente, o qué será tal
o tal visión, noticia o sentimiento, ni tenga gana de saberlo,
ni haga caso (4); sino sólo para decirlo al padre espiritual.

1 Calidad y estimación de las cosas, dice la e. p.
2 Isai., V , 20.
3 Y padezca, añade la e. de 1630.
4 E . p.: ni haga mucho caso.
LIBRO TERCERO.—CñP. VIH 259

para que le enseñe a vaciar la memoria de aquellas aprehensio-
nes (1). Pues todo cuanto ellas son en sí, no le pueden ayudar
al amor de Dios tanto cuanto el menor acto de fe viva y es-
peranza que se hace en vacío y renunciación de todo (2).

CAPITULO I X

DEL SEGUNDO GENERO DE DAÑOS, QUE ES PELIGRO DE CAER EN PRO-
PIA ESTIMACION Y VANA PRESUNCION.

1. Las aprehensiones sobrenaturales ya dichas de la me-
moria, son también a los espirituales grande ocasión para caer
en alguna presunción o vanidad, si hacen caso de ellas para te-
nerlas en algo (3); porque así como está muy libre de caer en
este vicio el que no tiene nada de eso, pues no ve en sí de
qué presumir, así, por el contrario, el que lo tiene, tiene la
ocasión en la mano de pensar que ya es algo, pues tiene aquellas
comunicaciones sobrenaturales. Porque aunque es verdad que lo
pueden atribuir a Dios, y darle gracias teniéndose por indig-
nos (4); con todo eso, se suele quedar cierta satisfacción oculta
en el espíritu, y estimación de aquello y de sí, de que, sin sen-
tirlo, les nace harta soberbia espiritual.
2. Lo cual pueden ver ellos bien claramente en el dis-
gusto que les hace y desvío con quien no les alaba su espíritu,
ni les estima aquellas cosas que tienen; y la pena que les da
cuando piensan o les dicen que otros tienen aquellas mismas
cosas o mejores. Todo lo cual nace de secreta estimación y so-
berbia, y ellos no acaban de entender que por ventura están me-
tidos en ella hasta los ojos. Que piensan que basta cierta manera
de conocimiento de su miseria, estando juntamente con esto
llenos de oculta estimación y satisfacción de sí mismos, agradán-

1 E. p. añade: O lo que en algún caso con esta misma desnudez convenga más.
2 E . p.: en vacío de todo eso.
3 La e. p.: o las tienen en algo.
4 E . p.: sintiéndose por indigno.
260 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

dose más de su espíritu y bienes espirituales (1), que del aje-
no; como el Fariseo que daba gracias a Dios que no era como
los otros hombres, y que tenia tales y tales virtudes, en lo cual
tenía satisfacción de sí y presunción (2). Los cuales, aunque
formalmente no lo digan como este, lo tienen habitualmente
en el espíritu. Y aun algunos llegan a ser tan soberbios, que
son peores que el demonio. Que como ellos ven en sí algunas
aprehensiones y sentimientos devotos y suaves de Dios, a su
parecer, ya se satisfacen de manera que piensan están muy
cerca de Dios; y aún que los que no tienen aquello están muy
bajos, y los desestiman como el Fariseo (3).
3. Para huir este pestífero daño, a los ojos de Dios abo-
rrecible, han de considerar dos cosas. La primera, que la vir-
tud no está en las aprehensiones y sentimientos de Dios, por su-
bidos que sean, ni en nada de lo que a este talle pueden sentir
en sí; sino, por el contrario, está en lo que no sienten en sí, que
es en mucha humildad y desprecio de sí y de todas sus cosas,
muy formado y sensible en el alma, y gustar de que los demás
sientan de él aquello mismo, no queriendo valer nada en el
corazón ajeno.
4. Lo segundo, ha menester advertir que todas las visio-
nes, revelaciones y sentimientos del cielo, y cuanto más ellos
quisieren pensar, no valen tanto como el menor acto de humil-
dad; la cual tiene los efectos de la caridad, que no estima sus
cosas ni las procura, ni piensa mal sino de sí; y de sí ningún
bien piensa, sino de los demás. Pues, según esto, conviene que
no les hinchan el ojo estas aprehensiones sobrenaturales, sino
que las procuren olvidar para quedar libres.

1 Esta palabra no se lee en la e. p.
2 Luc, XVIII. 11-12.
3 A l Publicarlo, añaden A y B.
LIBRO TERCERO. — C A P . X 261

CAPITULO X

DEL TERCER DAÑO QUE SE L E PUEDE SEGUIR RL A L M A DE PARTE
DEL DEMONIO POR L ñ S APREHENSIONES IMAGINARIAS DE L A M E -
MORIA.

í. Por todo (1) lo que queda dicho arriba, se colige y
entiende bien cuánto daño se le puede seguir al alma por vía
de estas aprehensiones sobrenaturales, de parte del demonio;
pues no solamente puede representar en la memoria y fantasía
muchas noticias y formas falsas, que parezcan verdaderas y
buenas, imprimiéndolas en el espíritu y sentido con mucha efi-
cacia y certificación por sugestión (de manera que le parezca
al alma que no hay otra cosa, sino que aquello es así como
se le asienta; porque, como se transfigura en ángel de luz, pa-
récete al alma luz); sino también en las verdaderas que son
de parte de Dios, puede tentarla de muchas maneras, movién-
dole (2) los apetitos y afectos, ahora espirituales, ahora sen-
sitivos, desordenadamente acerca de ellas; porque si el alma
gusta de las tales aprehensiones, esle muy fácil al demonio ha-
cerle crecer (3) los apetitos y afectos, y caer en gula espiritual
y otros daños.
2. Y para hacer esto mejor, suele él sugerir y poner gusto,
sabor y deleite en el sentido acerca de las mismas cosas de
Dios, para que el alma, enmelada y encandilada en aquel sabor,
se vaya cegando con aquel gusto, y poniendo los ojos más en
el sabor que en el amor (a lo menos, ya no tanto en el amor),
y que haga más caso de la aprehensión que de la desnudez y
vacío que hay en la fe y esperanza y amor de Dios. Y de
aquí vaga poco a poco engañándola y haciéndola creer sus fal-
sedades con gran facilidad. Porque al alma ciega, ya la false-

1 E . p.: De todo.
2 A y B añaden: la voluntad y.
3 Creer, leemos en A y B y en muchas ediciones, no en la e. p.
262 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

dad no le parece falsedad, y lo malo no le parece malo, etc.; por-
que le parecen las tinieblas luz, g la luz tinieblas, y de ahí viene
a dar en mil disparates (1), así acerca de lo natural, como de lo
moral, como también de lo espiritual; y ya lo que era vino,
se le volvió vinagre. Todo lo cual le viene, porque al principio
no fué negando el gusto de aquellas cosas sobrenaturales; del
cual, como al principio es poco, o no es tan malo, no se recata
tanto el alma, y déjale estar, y crece (2) como el grano de
mostaza en árbol grande. Porque pequeño yerro, como dicen,
en el principio, grande es en el fin.
3. Por tanto, para huir este daño grande del demonio (3),
conviene mucho al alma no querer gustar de las tales cosas,
porque certísimamente irá cegándose en el tal gusto y cayendo.
Porque el gusto y deleite y sabor, sin que en ello ayude el de-
monio (4), de su .misma cosecha ciegan (5) el alma. Y así
lo dio David a entender cuando dijo: Por ventura en mis de-
leites me cegarán las tinieblas, y tendré la noche por mi luz (6).

CAPITULO XI

DEL CUARTO DAÑO Q U E S E L E SIGUE AL ALMA DE LAS APREHEN-
SIONES SOBRENATURALES DISTINTAS DE LA MEMORIA, QUE E S
IMPEDIRLE LA UNION.

1. De este cuarto daño no hay mucho que decir, por
cuanto (7) está ya declarado a cada paso en este tercero libro,
en que habernos probado cómo para que el alma se venga a unir
con Dios en esperanza, ha de renunciar toda posesión de la me-
memoria; pues que para que la esperanza sea entera de Dios, nada
ha de haber en la memoria que no sea Dios. Y, como también

1 La e. p, añade: y ya lo que era vino se volvió vinagre, omitiendo estas pala-
bras un poco más abajo.
2 Crece, dicen los manuscritos. La e. p.: crecer.
3 E . p.: que del demonio puede venir,
4 Omite la e. p. las palabras: sin que en ello ayude el demonio,
5 La e. p.: enrudece y ciega,
6 Ps. CXXXVIII. 11.
7 A y B: por cuanto también.
LIBRO T E R C E R O . — C A P . XI 263

habernos dicho, ninguna forma, ni figura, ni imagen, ni otra no-
ticia que pueda caer en la memoria sea Dios, ni semejante a
él, ahora celestial, ahora terrena (1), natural o sobrenatural,
según enseña David, diciendo: Señor, en los dioses ninguno
hag semejante a T i (2).
2. De aquí es que, si la memoria quiere hacer alguna pre-
sa de algo de esto, se impide para Dios; lo uno porque se em-
baraza, y lo otro, porque mientras más tiene de posesión, tanto
menos tiene de esperanza (3). Luego necesario le es al alma
quedarse desnuda g olvidada de formas y noticias distintas de
cosas sobrepaturales, para no impedir la unión según la memoria
en esperanza perfecta con Dios.

CAPITULO XII

DEL QUINTO DAÑO QUE A L ALMA SE L E PUEDE SEGUIR EN LAS FOR-
MAS Y APREHENSIONES IMAGINARIAS SOBRENATURALES, QUE ES
JUZGAR DE DIOS BAJA E IMPROPIAMENTE.

1. No le es al alma menor (4) el quinto daño que se le
sigue de querer retener en la memoria e imaginativa las dichas
formas e imágenes de las cosas que sobrenaturalmente se le co-
munican, mayormente si las quiere tomar por medio para la di-
vina unión. Porque es cosa muy fácil juzgar del ser y alteza
de Dios menos digna y altamente de lo que conviene a su in-
comprensibilidad, porque aunque con la razón y juicio no ha-
ga expreso concepto de que Dios será semejante a algo de
aquello, todavía la misma estimación de aquellas aprehensiones,
si, en fin, las estima, hace y causa en el alma (5) un no
estimar y sentir de Dios tan altamente como enseña la fe, que
nos dice ser incomparable e incomprensible, etc. Porque demás

1 La e. p. omite: ahora celestial ahora terrena,
2 Ps. L X X X V . 8 .
3 E . p.: tanto tiene menos de perfección de esperanza.
4 E . p.. No es menor al alma.
5 E . p. abrevia: de aquellas aprehensiones hacen en el alma.
264 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

de que todo lo que aquí el alma pone en la criatura, quita de
Dios, naturalmente se hace en el interior de ella, por medio de
la estimación de aquellas cosas aprehensibles, cierta compara-
ción de ellas a Dios, que no deja juzgar ni estimar de Dios
tan altamente como debe. Porque, las criaturas, ahora terre-
nas, ahora celestiales, y todas las noticias e imágenes (1) dis-
distintas naturales y sobrenaturales que pueden caer en las
potencias del alma, por altas que sean ellas en esta vida,
ninguna comparación ni proporción tienen con el ser de Dios,
por cuanto Dios no cae debajo dé género ni especie; y ellas sí,
como dicen los teólogos (2). Y el alma en esta vida no es
capaz, de recibir clara y distintamente, sino lo que cae debajo
de genero y especie. Que por eso dice San Juan, que ninguno ja-
más vió a Dios (3). E Isaías, que no subió en corazón de hom-
bre, cómo sea Dios (4). Y Dios dijo a Moisés, que no le po-
día ver en este estado de vida (5). Por tanto, el que embaraza
la memoria y las demás potencias del alma con lo que ellas
pueden comprender, no puede estimar a Dios ni sentir de E l
como debe.
2. Pongamos una baja comparación. Claro está que cuanto
más uno pusiese los ojos (6) en los criados del rey, y más
reparase en ellos, menos caso hacía del rey, y en tanto menos le
estimaba; porque aunque el aprecio no esté formal y distinta-
mente en el entendimiento, estálo en la obra, pues cuanto más
pone en los criados, tanto más quita de su señor; y entonces
no juzgaba éste del rey muy altamente, pues los criados le pa-
recen algo delante del rey, su señor. Así acaece al alma para con
su Dios, cuando hace caso de las dichas criaturas (7). Aunque
esta comparación es muy baja, porque, como habemos dicho, Dios
es de otro ser que sus criaturas, en que infinitamente dista

1 E . p.: y todas las formas y imágenes.
2 Faltan en la e. p. las palabras y ellas sí, como dicen los teólogos.
3 Joan., I, 18.
4 Isai, LXIV, 4.
5 Exod.. XXXIII, 20.
6 E . p. añade: de la estimación.
7 Cosas, se lee en A, B y c. p.
LIBRO T E R C E R O . — C A P . XII 265

de todas ellas. Por tanto, todas ellas han de quedar perdidas
de vista, y en ninguna forma de ellas ha de poner el alma
los ojos, para poderlos poner en Dios por fe y esperanza (1).
3. De donde los que no solamente hacen caso de las di-
chas aprehensiones imaginarias, sino que piensan que Dios será
semejante a alguna de ellas, y que por ellas podrán ir a unión
de Dios, ya éstos yerran mucho, y siempre irán perdiendo la
luz de la fe (2) en el entendimiento, por medio de la cual
esta potencia se une con Dios, y también no crecerán en la
alteza de la esperanza, por medio de la cual, la memoria se
une con Dios en esperanza (3), lo cual ha de ser desuniéndose
de todo lo imaginario.

CAPITULO XIII

DE LOS PROVECHOS QUE SACA E L ALMA EN APARTAR DE SI LAS APRE-
HENSIONES DE L A IMAGINATIVA, Y RESPONDE A CIERTA OBJE-
CION Y DECLARA UNA DIFERENCIA QUE HAY ENTRE LAS APREHEN-
SIONES IMAGINARIAS, NATURALES Y SOBRENATURALES (4).

1. Los provechos que hay en vaciar la imaginativa de las
formas imaginarias, bien se echan de ver por los cinco da-
ños, ya dichos, que le causan al alma si las quiere tener en
sí, como también dijimos de las formas naturales. Pero, de-
más de éstos, hay otros provechos de harto descanso y quietud
para el espíritu. Porque, dejado que naturalmente la tiene, cuan-
do está libre de imágenes y formas, está libre también del cui-
dado de si son buenas o malas, y de cómo se ha de haber
en las unas y cómo en las otras, y del trabajo y tiempo que
había de gastar en los maestros espirituales, queriendo que se
las averigüen si son buenas o malas, o si de este género o
del otro; lo cual no ha menester querer saber, pues de nin-

1 Perfecta, añade e. p.
2 E . p.: «7 no se aprovechan tanto de la luz de la fe.
3 En esperanza. Faltan estas palabras en la e. p.
4 Así el C. de Ale. y la e. p. Los demás sólo dicen: De los provechos que saca
el alma en apartar de si las aprehensiones de la imaginativa.
266 s u B i o a DEL MONTE CARMELO

gima ha de hacer caso (1). Y así, el tiempo y caudal del alma
que había de gastar en esto g entender con ellas (2), lo puede
emplear en otro mejor y más provechoso ejercicio, que es el
de la voluntad para con Dios, g en cuidar de buscar la desnudez
y pobreza espiritual y sensitiva, que consiste en querer de ve-
ras carecer de todo arrimo consolatorio y aprehensivo, así in-
terior, como exterior. Lo cual se ejercita bien, queriendo y pro-
curando desarrimarse de estas formas, pues que de ahí se le
siguirá un tan gran provecho como es allegarse a Dios (que
no tiene imagen ni forma, ni figura), tanto cuanto más se ena-
jenare de todas formas, imágenes y figuras imaginarias (3).
2. Pero dirás, por ventura, que ¿por qué muchos espiri-
tuales dan por consejo que se procuren aprovechar las almas de
las comunicaciones y sentimientos de Dios, y que quieran reci-
bir de él, para tener qué darle; pues si él no nos dá, no le
daremos nada? Y que San Pablo dice: No quéráis apagar el es-
píritu (4). Y el Esposo a la Esposa: Ponme como señuelo (5)
sobre tu corazón, como señuelo sobre tu brazo (6). Lo cual ya
es alguna aprehensión. Todo lo cual, según la doctrina arri-
ba dicha, no sólo no se ha de procurar, mas, aunque Dios
lo envíe, se ha de desechar y desviar. Y que claro está
que, pues Dios lo da, para bien lo da y buen efecto hará. Que
no habernos de arrojar las margaritas a mal. Y aun es género de
soberbia no querer admitir las cosas de Dios, como que sin ellas,
por nosotros mismos, nos podremos valer.
3. Para satisfacción de esta objeción, es menester advertir
lo que dijimos en el capítulo quince y dieciséis del segundo l i -
bro (7), donde se responde en mucha parte a esta duda. Porque
allí dijimos que el bien que redunda en el alma de las aprehen-
siones sobrenaturales, cuando son de buena parte, pasivamente se

1 E. p.: pues de ninguna ha de hacer pie, sino negarlas en el sentido dicho.
2 Suprime la e. p.: r/ entender con ellas. ,
3 E. p. omite esta última palabra.
4 IThes., IV.
5 Así Ale, B y C—'D y p: señal. E . p.: sello. En la línea siguiente hace lo propio.
6 Cant., VIII, 6.
7 Mejor dicho, en el XVI y XVII.
LIBRO T E R C E R O . — C A P . XIII 267

obra en el alma en aquel mismo instante que (1) se representan
al sentido, sin que las potencias de suyo hayan alguna opera-
ción. De donde no es menester que la voluntad haga acto
de admitirlas; porque, como también habemos dicho, si el
alma entonces quiere obrar con sus potencias (2), antes
con su operación baja natural impediría lo sobrenatural que
ñor medio de estas aprehensiones obra Dios entonces en ella
que sacase algún provecho de su ejercicio de obra. Sino que así co-
mo se le da al alma pasivamente el espíritu de aquellas aprehen-
siones imaginarias, así pasivamente se ha de haber en ellas el
alma, sin poner sus acciones interiores o exteriores en nada (3).
Y esto es guardar los sentimientos de Dios; porque de esta
manera no los pierde por su manera baja de obrar. Y esto es
también no apagar el espíritu; porque apagarle hía si el alma
se quisiese haber de otra manera que Dios la lleva. Lo cual
haría, si dándole Dios el espíritu pasivamente, como hace en
estas aprehensiones, ella entonces se quisiese haber en ellas ac-
tivamente obrando (4) con el entendimiento (5), o queriendo
algo en ellas. Y esto está claro, porque si el alma entonces
quiere obrar por fuerza, no ha de ser su obra más que natu-
ral, porque de suyo no puede más; porque a la sobrenatural
no se mueve ella ni se puede mover, sino muévela Dios y
pónela en ello. Y así, si entonces el alma quiere obrar de
fuerza (en cuanto en sí es) ha de impedir con su obra ac-
tiva, la pasiva que Dios le está comunicando, que es el
espíritu, porque se pone en su propia obra, que es de otro gé-

1 E . p. omite las palabras: en aquel mismo instante que.
2 E . p.: según la habilidad de sus potencias. En A y B leemos: con el favor de.
3 En el sentido arriba dicho, añade la e. p.
4 E . p.: obrando de sayo.
5 Lo que resta del párrafo se suprime en la e. p., pero lo trae la edición de 1630
en esta forma: "con el entendimiento, o queriendo algo en ellas fuera de lo que Dios
la da y esto está claro, porque si el alma entonces quiere obrar por fuerza, no ha de
ser su obra más que natural, o a lo sumo, aunque sea sobrenatural, muy inferior a la
que Dios quiere obrar en ella, porque de suyo no puede más, pues a lo sobrenatural
tan subido no se mueve ella ni se puede mover; Dios la mueve y la pone en ello, dan-
do ella su consentimiento. Y así, si entonces el alma quiere obrar de suyo, de fuerza,
en cuanto en sí es, ha de impedir con su obra lo que Dios le está comunicando, que es
el Espíritu, porque se pone en su propia obra, que es de otro género, y más baja que
la que Dios le comunica, y esto sería apagar el espíritu."
268 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

ñero y más baja que la que Dios le comunica; porque la de
Dios es pasiva y sobrenatural, y la del alma activa y natural, y
esto sería apagar el espíritu.
4. Que sea más baja también está claro, porque las po-
tencias del alma no pueden, de suyo (1), hacer reflexión y
operación, sino sobre alguna forma, figura e imagen, y ésta
es la corteza y accidente de la sustancia y espíritu que hay
debajo de la tal corteza y accidente. La cual sustancia y espí-
ritu no se une con las potencias del alma en verdadera in-
teligencia y amor, sino es cuando ya cesa la operación de las
potencias. Porque la pretensión y fin de la tal operación no es
sino venir a recibir en el alma la sustancia entendida y amada
de aquellas formas. De donde la diferencia que hay entre la
operación activa y pasiva, y la ventaja, es la que hay entre lo
que se está haciendo y lo que está ya hecho, que es como entre
lo que se pretende conseguir y alcanzar, y entre lo que está
ya alcanzado. De donde también se saca, que si el alma quie-
re emplear activamente sus potencias en las tales aprehensio-
nes sobrenaturales, en que, como habemos dicho, le da Dios
el espíritu de ellas pasivamente, no sería menos que dejar
lo hecho para volverlo a hacer, y ni gozaría lo hecho, ni con
sus acciones haría nada, sino impedir a lo hecho. Porque, como
decimos, no pueden llegar de suyo al espíritu que Dios daba al
alma sin el ejercicio de ellas. Y así, derechamente sería apagar
el espíritu que de las dichas aprehensiones imaginarias Dios
infunde, si el alma hiciese caudal de ellas, y así las ha
de dejar, habiéndose en ellas pasiva y negativamente (2). Por-
que entonces Dios mueve al alma a más que ella pudiera ni
supiera. Que por eso dijo el Profeta: Estaré en pie sobre mi
custodia y afirmaré el paso sobre mi munición, y contemplaré lo
que se me dijere (3). Que es como si dijera: levantado estaré so-
bre toda la guardia de mis potencias y no daré paso adelante en

1 E . p. pone: según su modo ordinario y natural.
2 E . p.: en ellas pasivamente, como decimos.
3 Hábac, II. 1.
LIBRO TERCERO,—CAP. XIII 269

mis operaciones, y así podré contemplar lo que se me dijere,
esto es, entenderé y gustaré lo que se me comunicare sobre-
naturalmente.
5. Y lo que también se alega del esposo, entiéndese aque-
llo del amor que pide (1) a la esposa, que tiene por oficio
entre los amados de asimilar el uno al otro en la principal
parte de ellos (2). Y por eso dice a ella: Que le ponga en su
corazón por señuelo (3) donde todas las saetas de amor del al-
jaba vienen a dar, que son las acciones y motivos de amor;
porque todas den en él estando allí por señuelo (4) de ellas; y
así todas sean para él, y así se asemeje el alma a él por las ac-
ciones y movimientos de amor, hasta transformarse en él. Y di-
ce que le ponga también como señuelo (5) en el brazo, porque en
él está el ejercicio de amor, pues en él se sustenta y regala el
amado.
6. Por tanto, todo lo que el alma ha de procurar en todas
las aprehensiones que de arriba le vinieren, así imaginarias, como
de otro cualquier género, no me da más visiones que locuciones,
o sentimientos o revelaciones, es, no haciendo caso de la letra y
corteza (esto es, de lo que significa o representa o da a en-
tender), sólo advertir en tener el amor de Dios que interior-
mente le causan al alma. Y de esta manera ha de hacer caso
de los sentimientos, no de sabor o suavidad, o figuras, sino
de los sentimientos de amor que le causan. Y para sólo este
efecto, bien podrá algunas veces acordarse de aquella imagen y
aprehensión que le causó el amor, para poner el espíritu en mo-
tivo de amor. Porque, aunque no hace después tanto efecto
cuando se acuerda como la primera vez que se comunicó, toda-
vía, cuando se acuerda, se renueva el amor, y hay levanta-
miento de mente en Dios, mayormente cuando es la recorda-

1 Asi el C. de Ale. y la e. p.'—A y B: tiene.
2 E . p. no copia en la principal parte de ellos.
3 Cant., VIII, 6. E l C. de Ale., C y D: señuelo, como arriba. A y B: señal La
e. p.: que en su corazón le ponga por sello.
4 Asi Ale., B, C y D.—A y e. p.: señal. E l Códice de Pamplona omite todo el
capitulo.
5 Así Ale:, A, B, C y D . ~ L a e. p.: señal.
270 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

ción de algunas figuras, imágenes ó sentimientos sobrenaturales,
que suelen sellarse e imprimirse en el alma, de manera que du-
ran mucho tiempo, y algunas nunca se quitan del alma. Y éstas
que asi se sellan en el alma, casi cada vez que el alma advierte
en ellas (1) le hacen divinos efectos de amor, suavidad, luz, etc.,
unas veces más, otras menos; porque para esto se las imprimie-
ron. Y asi, es una grande merced a quien Dios la hace, porque
es tener en sí un minero de bienes.
7. Estas figuras que hacen los tales efectos, están asen-
tadas vivamente en el alma (2), que no son como las otras
imágenes y formas que se conservan en la fantasía. Y así, no ha
menester el alma ir a esta potencia por ellas cuando se quiere
acordar, porque ve que las tiene en si misma, como se ve la
imagen en el espejo. Cuando acaeciere a alguna alma tener
en sí las dichas figuras formalmente, bien podrá acordarse de
ellas para el efecto de amor que dije, porque no le estorbarán
para la unión de amor en fe, como no quiera embeberse en la
figura, sino aprovecharse del amor, dejando luego la figura, y
así antes le ayudará.
8. Dificultosamente se puede conocer cuándo estas imá-
genes están impresas en el alma, y cuándo en la fantasía (3).
Porque las de la fantasía también suelen ser muy frecuentes ;
porque algunas personas suelen ordinariamente traer en la ima-
ginación y fantasía visiones imaginarias, y con grande frecuen-
cia se les representan de una manera; ahora porque tienen
el órgano muy aprehensivo, y, por poco que piensan, luego se
íes representa y dibuja aquella figura ordinaria en la fantasía;
ahora porque se las pone el demonio; ahora, también, porque se
las pone Dios, sin que se impriman en el alma formalmente. Pero
puédense conocer por los efectos; porque las que son naturales,
o del demonio, aunque más se acuerden de ellas, ningún efecto
hacen bueno ni renovación espiritual en el alma, sino secamente

1 E . p.: casi cada vez que advierte en ellas,
2 La e. p. añade: según su memoria inteligible.
3 E . p.: cuándo estas imágenes tocan derechamente a lo espiritual del alma, y
cuándo son de la fantasía.
LIBRO T E R C E R O . — C A P . XIII 271

las miran. Aunque las que son buenas, todavía, acordándose de
ellas, hacen algún efecto bueno, en aquel (1) que hizo al alma
la primera vez. Pero las formales que se imprimen en el alma,
casi siempre que advierte, le hacen algún efecto.
9. E l que hubiere tenido éstas, conocerá fácilmente las unas
y las otras; porque está muy clara la mucha (2) diferencia al
que tiene experiencia. Sólo digo, que las que se imprimen for-
malmente en el alma con duración, más raras veces acaecen.
Pero ahora sean éstas, ahora aquéllas, bueno le es al alma no
querer comprender nada, sino a Dios por fe en esperanza. Y a
esotro que dice la objeción, que parece soberbia desechar estas
cosas si son buenas, digo que antes es humildad prudente apro-
vecharse de ellas en el mejor modo, como queda dicho, y guiar-
se por lo más seguro.

CAPITULO X I V

EN QUE SE TRATA DE LAS NOTICIAS ESPIRITUALES EN CUANTO PUEDEN
CAER EN L A MEMORIA.

1. Las noticias espirituales pusimos por tercer genero de
aprehenaiones de la memoria, no porque ellas pertenezcan al
sentido corporal de la fantasía, como en las demás, pues no
tienen imagen y forma corporal (3); pero porque también caen
debajo de reminiscencia y memoria espiritual. Pues que, después
de haber caído en el alma alguna de ellas, se puede, cuando
quisiere, acordar de ella; y esto no por la efigie e imagen (4)
que dejase la tal aprehensión en el sentido corporal, porque por
ser corporal, como decimos, no tiene capacidad para formas
espirituales; sino que intelectual y espiritualmente se acuerda
de ella por la forma que en el alma de sí dejó impresa, que
también es forma o noticia, o imagen espiritual o formal, por

1 E . p.: como aquel.
2 E . p.: dicha.
3 Suprime la e. p. las palabras: pues no tiene imagen y forma corporal.
•4 E . p.: no por la figura y imagen.
272 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

la cual se acuerda, o por el efecto que hizo. Que por eso pongo
estas aprehensiones entre las de la memoria, aunque no per-
tenezcan a las de la fantasía.
2. Cuáles son estas noticias, y cómo se haya de haber en
ellas el alma para ir a la unión de Dios, suficientemente está
dicho en el capítulo veinticuatro (1) del libro segundo, donde
las tratamos como aprehensiones del entendimiento. Véanse allí,
porque allí dijimos cómo eran en dos maneras: unas increa-
das (2), y otras de criaturas. Sólo lo que toca al propo-
sito de cómo se ha de haber la memoria acerca de ellas para
ir a la unión, digo que, como acabo de decir de las formales
en el capítulo precedente (de cuyo género son también estas
que son de cosas criadas), cuando le hicieren buen efecto se pue-
de acordar de ellas, no para quererlas retener en si, sino para
avivar el amor y noticia de Dios. Pero si no le causa el acor-
darse de ellas buen efecto, nunca quiera pasarlas por la memo-
ria. Mas de las increadas (3), digo que se procure acordar las
veces que pudiere, porque le harán grande efecto; pues, como
allí dijimos, son toques y sentimientos de unión de Dios, que
es donde vamos encaminando al alma. Y de éstos no se acuerda
la memoria por alguna forma, imagen o figura que imprimiesen
en el alma, porque no la tienen aquellos toques y sentimientos
de unión del Criador (4); sino por el efecto que en ella hi-
cieron de luz, amor, deleite y renovación espiritual, etc., de
las cuales cada vez que se acuerda, se renueva algo de esto.

1 Es el XXVI.
2 E . p.: anas de perfecciones increadas.
3 E . p,: c/e las de cosas increadas,
4 Así el C. de Ale. y la e. p.—A y B: de Dios.
LIBRO T E R C E R O . — C A P . XV 273

CAPITULO X V

EN QUE SE PONE E L MODO GENERAL COMO SE HA DE GOBERNAR E L
ESPIRITUAL ACERCA D E E S T E SENTIDO.

1. Para concluir, pues^ con este negocio de la memoria, se-
rá bien poner aquí al lector espiritual en una razón (1) el mo-
do que universalmente ha de usar para unirse con Dios según
este sentido (2). Porque, aunque en lo dicho queda bien enten-
dido, todavía, resumiéndoselo aquí, lo tomará más fácilmente.
Para lo cual ha de advertir que, pues lo que pretendemos es que
el alma se una con Dios según la memoria en esperanza, y que lo
que se espera es de lo que no se posee, y que cuanto menos se po-
see de otras cosas, más capacidad hay y más habilidad para espe-
rar lo que se espera, y consiguientemente más esperanza (3); y
que, cuanto más cosas se poseen, menos capacidad y habilidad
hay para esperar, y consiguientemente menos esperanza (4), y que,
según esto, cuanto más el alma desaposesionare la memoria de
formas y cosas memorables, que no son Dios (5), tanto más
pondrá la memoria en Dios, y más vacía la tendrá para espe-
rar de él el lleno de su memoria; lo que ha de hacer, pues, para
vivir en entera y pura esperanza de Dios es, que todas las veces
que le ocurrieren noticias, formas e imágenes distintas, sin hacer
asiento en ellas, vuelva luego el alma a Dios en vacío de todo
aquello memorable con afecto amoroso, no pensando ni mirando
en aquellas cosas más de lo que le bastan las memorias de ellas
para entender y hacer lo que es obligado, si ellas fueren de cosa

1 En una cazón. Estas palabras sólo se leen en el Cód. de Ale. y en la e, p.
2 E . p.: según esta potencia.
3 E . p.: más perfección de esperanza.
4 E . p.: menos perfección de esperanza.
5 E . p.: Que no son Divinidad o Dios humanado, cuya memoria siempre ayuda,
al fin como del que es verdadero camino y guía y aaíor de iodo bien. Esta adición
está relacionada con la de la pág. 247, nota primera.
18
274 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

tal. Y esto sin poner afecto ni gusto, porque no dejen efecto
de sí en el alma (1). Y así, no ha de dejar el hombre de
pensar y acordarse de lo que debe hacer y saber, que, como
no haya aficiones de propiedad, no le harán daño. Aprovechan
para esto los versillos del Monte, que están en el capítulo del
primer libro (2).
3. Pero hase de advertir aquí, que no por eso conveni-
mos, ni queremos convenir, en esta nuestra doctrina con la de
aquellos pestíferos hombres, que persuadidos de la -soberbia y en-
vidia de Satanás, quisieron quitar de delante de los ojos de los
fieles el santo y necesario uso e ínclita adoración de las imá-
genes de Dios y de los santos. Antes esta nuestra doctrina es
muy diferente de aquélla, porque aquí no tratamos que no haya
imágenes y que no sean adoradas, como ellos; sino damos a
entender la diferencia que hay de ellas a Dios, y que de ta]
manera pasen por lo pintado, que no impidan de ir a lo vivo,
haciendo en ello más presa de la que basta para ir a lo espi-
ritual. Porque así como es bueno y necesario el medio para el
fin, como lo son las imágenes para acordarnos de Dios y de los
Santos; así, cuando se toma (3) y se repara en el medio más
que por solo medio, estorba e impide tanto, en su tanto, como
otra cualquier cosa diferente (4); cuanto más, que en lo que
yo más pongo la mano es en las imágenes y visiones sobrenatu-
rales (5), acerca de las cuales acaecen muchos engaños y peli-
gros. Porque acerca de la memoria y adoración y estimación
de las imágenes, que naturalmente (6) la Iglesia Católica nos
propone, ningún engaño ni peligro puede haber, pues en ellas no

1 E , p.: porque no dejen efecto o estorbo de sí en e alma,
2 Así el C . de Ale, C y D . — A y B; en el capítulo primero. La e. p.: en el capí-
tulo trece. Todo se puede conciliar, A y B pueden referirse al dibujo o gráfico que
viene al frente de la edición. Por otra parte, sabido es que en el capítulo XIII del libro
I habla de este Monte y de sus versículos, ampliándolos y explicando su sentido,
3 A y B: íopa.
4 La e. p. dice sólo: estorba e impide también.
5 E . p,: y visiones interiores que en el alma se forman.
6 Materialmente, lee (y, a mi juicio, bien) el Códice B.—-El de Ale, y A: natu-
ralmente. La e, p,: y estimación de las imágenes que nuestra madre la Iglesia....
LIBRO TERCERO. — C A P . XV 275

se estima otra cosa sino lo que representan (1); ni la memo-
ria de ellas dejará de hacer provecho al alma, pues aquélla no
se tiene sino con amor de al que representan, que, como fto re-
pare en ellas más que para esto (2), siempre le ayudarán a la
unión de Dios, como deje volar al alma (cuando Dios la hi-
ciere merced) de lo pintado a Dios vivo, en olvido de toda
criatura y cosa de criatura (3).

CAPITULO X V I

EN QUE SE COMIENZA A TRATAR DE L A NOCHE OSCURA DE LA VOLUN-
TAD.—PONESE L A DIVISION DE LAS AFICIONES DE LA VOLUN-
TAD (4).

1. No hubiéramos hecho nada en purgar el entendimiento
para fundarle en la virtud de la fe, y a la memoria (5) en la
de la esperanza, si no purgásemos también la voluntad acerca
de la tercera virtud que es la caridad (6), por la cual las obras
hechas en fe son vivas y tienen gran valor, y sin ella no valen
nada,- pues, como dice Santiago: Sin obras de caridad, la fe
es muerta (7). Y para haber ahora de tratar de la noche y
desnudez activa de esta potencia, para enterarla y formarla en
esta virtud de la caridad de Dios, no hallo autoridad más con-
veniente que la que se escribe en el Deuteronomio, capítulo VI,
donde dice Moisés: Amarás a tu Señor Dios de todo tu cora-
zón, y de toda tu ánima y de toda tu fortaleza (8). En la cual
se contiene todo lo que el hombre espiritual debe hacer y lo
que yo aquí le tengo de enseñar, para que de veras llegue a

1 Faltan en la e. p, las palabras pues en e//as no se estima otea cosa sino lo que
representan.
2 E . p.: que como se ayude de ellas para esto.
3 A y B ponen aquí: fin del tercero libro. Los capítulos que siguen, continúan
según la numeración anterior, y hacen en ellos el libro IV.
4 Así el C. de Ale—A y B trasladan sólo la primera parte del sumario.
5 La e. p. añade: en el sentido que se advirtió en el capítulo sexto del segundo
libro.
6 E. p.: la voluntad en orden a la caridad.
7 Jac, II. 20.
8 Deuter.. VI, 5.
276 SUBIDA D E L MONTE CARMEO

Dios por unión de voluntad por medio de la caridad. Porque en
ella se manda al hombre que todas las potencias y apetitos u
operaciones y aficiones de su alma emplee en Dios, de manera
que toda la habilidad y fuerza del alma no sirva más que para
esto, conforme a lo que dice David, diciendo: Fortitudinem meam
ad te castodiam (1).
2. La fortaleza del alma consiste en sus potencias, pasio-
nes y apetitos; todo lo cual es gobernado por la voluntad.
Pues cuando estas potencias, pasiones y apetitos endereza en
Dios la voluntad, y las desvía de todo lo que no es Dios, en-
tonces guarda la fortaleza del alma para Dios, y así viene a
amar a Dios de toda su fortaleza. Y para que esto el alma pue-
da hacer, trataremos aquí de purgar la voluntad de todas sus
aficiones desordenadas, de donde nacen los apetitos, afectos y
operaciones desordenadas (2), de donde le nace también no
guardar toda su fuerza a Dios. Estas aficiones o pasiones son
cuatro, es a saber: gozo, esperanza, dolor y temor. Las cuales
pasiones, poniéndolas en obra de razón en orden a Dios, de
manera que el alma no se goce sino de lo que es puramente
honra y gloria de Dios, ni tenga esperanza de otra cosa, ni
se duela sino de lo que a esto tocare, ni tema sino a solo
Dios, está claro que enderezan y guardan la fortaleza del al-
ma y su habilidad para Dios. Porque cuanto más se goza-
re el alma en otra cosa que en Dios, tanto menos fuertemente
se empleará su gozo en Dios; y cuanto más esperare otra cosa,
tanto menos esperará en Dios, y así de las demás.
3. Y para que demos más por entero doctrina de esto,
iremos (como es nuestra costumbre) tratando en particular de
cada una de estas cuatro pasiones y de los apetitos de la volun-
tad. Porque todo el negocio para venir a unión de Dios, está
en purgar la voluntad de sus aficiones y apetitos; porque asi,
de voluntad humana y baja, venga a ser voluntad divina, hecha
una misma cosa con la voluntad de Dios.
4. Estas cuatro pasiones tanto más reinan en el alma y

1 Ps. LVIII, 10.
2 E . p. omite; de donde nacen los apetitos, afectos y operaciones desordenadas.
LIBRO TERCERO.—CAP. XVI 277

la combaten, cuanto la voluntad está menos fuerte en Dios g
más pendiente de criaturas. Porque entonces con mucha facilidad
se goza de cosas que no merecen gozo, g espera lo que no
aprovecha, y se duele de lo que, por ventura, se había de gozar,
g teme donde no hay qué temer.
5. De estas aficiones nacen al alma todos los vicios e
imperfecciones que tiene cuando están desenfrenadas, g también
todas sus virtudes cuando están ordenadas g compuestas. Y es
de saber, que al modo que una de ellas se fuere ordenando g po-
niendo en razón, de ese mismo modo se pondrán todas las de-
más; porque están tan aunadas g tan hermanadas entre si estas
cuatro pasiones del alma, que donde actualmente va la una, las
otras también van virtualmente; g si la una se recoge actualmen-
te, las otras tres virtualmente a la misma medida también se re-
cogen. Porque si la voluntad se goza de alguna cosa, consiguiente-
mente, a esa misma medida, la ha de esperar, g virtualmente va
allí incluido el dolor g temor acerca de ella; g a la medida que
de ella va quitando el gusto, va también perdiendo el temor g
dolor de ella, g quitando la esperanza (1), Porque la voluntad, con
estas cuatro pasiones, es significada por aquella figura que vio
Ezequiel (2) de cuatro animales juntos en un cuerpo, que te-
nía cuatro haces (3), g las alas del uno estaban asidas a lás
del otro, g cada uno iba delante de su haz, g cuando iban ade-
lante no volvían atrás (/4). Y así, de tal manera estaban asidas
las plumas de cada una de estas aficiones a las de cada una
de esotras, que do quiera que actualmente llevaba la una su
faz, esto es, su operación, necesariamente las otras han de ca-
minar virtualmente con ella; g cuando se abajare la una, como
allí dice, se han de abajar todas, g cuando se elevare, se ele-
varán; donde fuere tu esperanza, irá tu gozo g temor g dolor;
U si se volviere, ellas se volverán, g así de las demás.

1 La e. p. añade: al modo, aunque no es esto lo que allí se quiso significar, de
aquellos cuatro animales que vió Ecequiel.
2 Ezech., I. 8-9.
3 E . p.: cuatro rostros.
4 La e. p.: y cada uno iba delante de su faz, y cuando caminaban, no volvían
atrás.
278 SUBIDA DEL MONTE CARMELO

6. Donde has de advertir (1) que donde quiera que
fuere una pasión de éstas, irá también toda el alma y la
voluntad y las demás potencias, g vivirán todas cautivas en la
tal pasión, y las demás tres pasiones (2), en aquella esta-
rán vivas, para afligir al alma con sus prisiones (3), y no
la dejar volar a la libertad y descanso de la dulce contempla-
ción y unión. Que por eso te dijo Boecio, que si querías con
luz clara entender la verdad, echases de tí los gozos, y la es-
peranza, y temor g dolor (4). Porque en cuanto estas pasiones
reinan, no dejan estar al alma con la tranquilidad y paz que se
requiere para la sabiduría que natural y sobrenaturalmentc pue-
de recibir.

CAPITULO XVII

EN QUE SE COMIENZA A TRATAR DE L A PRIMERA AFICION DE L A VO-
LUNTAD.—DICESE QUE COSA ES GOZO, Y MACESE DISTINCION DE
LAS COSAS DE QUE L A VOLUNTAD PUEDE GOZARSE.

1. La primera de las pasiones del alma y aficiones de la
voluntad es el gozo, el cual, en cuanto toca (5) a lo que de
él pensamos decir, no es otra cosa que un contentamiento de la
voluntad con estimación de alguna cosa que tiene por convenien-
te; porque nunca la voluntad se goza, sino cuando la cosa le
hace aprecio y da contento (6). Esto es cuanto al gozo activo,
que es cuando el alma entiende distinta y claramente de lo que
se goza, y está en su mano gozarse y no gozarse. Porque hay
otro gozo pasivo, en que se puede hallar la voluntad gozan-
do sin entender cosa clara y distinta (y a veces entendiéndola)
de qué sea el tal gozo, no estando (7) en su mano tenerle o

1 A, B y e. p. añaden aquí: oh espiritual.
2 A: y las demás fres potencias, digo pasiones,
3 La e. p. suprime: con sus prisiones,
4 Véase el texto en el cap. 21 del libro II. (Debe rectificarse el tomo de la P. L.
de Migne, que es el 75).
5 E . p. suprime esta palabra.
6 E . p.: sino cuando de la cosa hace aprecio y la da contento.
7 Por entonces, añade la e. p.
LIBRO T E R C E R O . — C A P . XVII 279

no tenerle. Y de éste trataremos después. Ahora diremos del go-
zo en cuanto es activo y voluntario, de cosas distintas y claras.
2. E l gozo puede nacer de seis géneros de cosas o bienes,
conviene a saber: temporales, naturales, sensuales, morales, so-
brenaturales y espirituales, acerca de los cuales habemos de ir
por su orden poniendo la voluntad en razón, para que no em-
barazada con ellos, deje de poner la fuerza de su gozo en
Dios. Para todo ello conviene presuponer un fundamento,
que será como un báculo en que nos habemos de ir siempre
arrimando; y conviene llevarle entendido, porque es la luz por
donde nos habemos de guiar y entender en esta doctrina, y en-
derezar en todos estos bienes el gozo a Dios. Y es que la vo-
luntad no se debe gozar sino sólo de aquello que es honra y
gloria de Dios, y que la mayor honra que le podemos dar, es
servirle según la perfección evangélica; y lo que es fuera de
esto, es de ningún valor y provecho para el hombre.

CAPITULO XVIII

QUE TRATA DEL GOZO ACERCñ DE LOS BIENES T E M P O R A L E S . — D I C E CO-
MO HR DE ENDEREZAR E L GOZO EN ELLOS A DIOS.

1. E l primer género de bienes que dijimos, son los tempo-
rales. Y por bienes temporales entendemos aquí riquezas, esta-
dos, oficios y otras pretensiones, e hijos, parientes, casamien-
tos, etc.; todas las cuales son cosas de que se puede gozar
la voluntad. Pero cuan vana cosa sea gozarse los hombres de
las riquezas, títulos, estados, oficios y otras cosas semejantes que
suelen ellos pretender, está claro; porque s i por ser el hombre
más rico, fuera más siervo de Dios, debiérase gozar en las
riquezas; pero antes le son causa (1) que le ofenda, según lo
enseña el Sabio, diciendo: Hijo, si fueres rico, no estarás l i -
bre de pecado (2). Que aunque es verdad que los bienes tem-

1 E . p.: pero antes le pueden ser causa.
2 Ecdi., XI, 10.
280 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

porales, de suyo, necesariamente no hacen pecar, pero porque
ordinariamente con flaqueza de afición se ase el corazón del
hombre a ellos y falta a Dios (lo cual es pecado, porque pecado
es faltar a Dios) (1), por eso dice el Sabio que no estarás librt
de pecado. Que por eso el Señor las llamó en el Evange-
lio (2) espinas, para dar a entender que el que las manoseare
con la voluntad, quedará herido de algún pecado (3). Y aque-
lla exclamación que hace en el Evangelio (4), diciendo:
Cuán dificultosamente entrarán en el reino de los cielos los
que tienen riquezas, es a saber, el gozo en ellas, bien da a en-
tender que no se debe el hombre gozar en las riquezas, pues
a tanto peligro se pone (5). Que para apartarnos de él, dijo
también David: S i abundaren las riquezas, no pongáis en ellas
el corazón (6). Y no quiero traer aqui más testimonios en cosa
tan clara.
2. Porque tampoco acabaría de alegar Escritura (7), y
porque no acabaría de decir los males que de ellas dice Sa-
lomón en el Eclesiastés; el cual como hombre, que habien-
do tenido muchas riquezas y sabiendo bien lo que eran, dijo:
Que todo cuanto había debajo del sol, era vanidad de vani-
dades, aflicción de espíritu g vana solicitud del ánimo (8). Y
que el que ama las riquezas, no sacará fruto de ellas (9). Y
que las riquezas se guardan para mal de su señor (10), según
se ve en el Evangelio, donde a aquel que se gozaba porque
tenía guardados (11) muchos frutos para muchos años, se le
dijo del cielo (12): Necio, esta noche te pedirán el alma para

1 E . p. omite: porque pecado es faltar a Dios.
2 E . p.: Jesucristo Nuestro Señor llamó a las riquezas en el Evangelio, etc.
3 Matth,. XIII. 22. y Luc. VIII. 14.
4 Así el C. de Alc.—A y B: que hace por S. Lucas, tan para temer. La e. p.:
que hace por S, Mateo, tan para temer.
5 Matth.. XIX. 23. y Luc. XVIII. 24.
6 Ps. LXI. 11.
7 E . p. suprime: tampoco acabaría de alegar Escritura.
8 Eccles., I. 14.
9 Eccles.. V. 9.
10 Eccles.. V. 12.
11 Ganados, traslada equivocadamente el C. de Ale.
12 Luc, XII. 20.
LIBRO TERCERO.—CAP. XVIII 281

que venga a cuenta; g lo que allegaste ¿cuyo será? Y, final-
mente, cómo David nos enseña lo mismo, diciendo: Que no
tengamos envidia cuando nuestro vecino se enriqueciere, pues no
le aprovechará nada para la otra vida; dando allí a entender,
que antes le podríamos tener lástima (1).
3. Sigúese, pues, que el hombre ni se ha de gozar de
las riquezas cuando él las tiene, ni cuando las tiene su
hermano (2), sino si con ellas sirven a Dios. Porque si por
alguna vía se sufre gozarse en ellas, como se han de gozar en
las riquezas (3), es cuando se expenden y emplean en servicio
de Dios; pues de otra manera no sacará de ellas provecho. Y
lo mismo se ha de entender de los demás bienes de títulos,
oficios, etc.; en todo lo cual es vano el gozarse, si no siente
en ellos sirve más a Dios y llevan más seguro el camino para
la vida eterna (4). Y porque claramente no puede saber si esto
es así, que sirve más a Dios, etc., vana cosa seria gozarse de-
terminadamente sobre estas cosas, porque no puede ser razo-
nable el tal gozo (5). Pues, como dice el Señor: Aunque gane
todo el mundo, puede uno perder su alma (6). No hay, pues, de
qué se gozar, sino en sí sirve más a Dios.
4. Pues sobre los hijos tampoco hay de que se gozar, ni por
ser muchos, ni ricos, y adornados (7) de dones y gracias natura-
les y bienes de fortuna, sino en si sirven a Dios. Pues que a
ñbsalón, hijo de David, ni su hermosura, ni su riqueza, ni su
linaje le sirvió de nada, pues no sirvió a Dios (8). Por tanto,
vana cosa fué haberse gozado de lo tal. De donde también es
vana cosa desear tener hijos, como hacen algunos, que hunden

1 Ps. XLV1II, 17-18.
2 La e. p.: de que tiene riquezas él, ni de que las tenga su hermano.
3 Como se han de gozar en las riquezas. Sólo A y el C. de Ale. trasladan esta
frase.
4 La redacción de estas dos lineas discrepan en los manuscritos, aunque todos
dicen lo mismo en sustancia. Optamos por la más clara, que es la de la e. p.
5 De ellas, añade la e. p.
6 Matth., XVI, 26.-—Asi los Códices. La e. p. dice: aunque gane todo el mundo,
poco le aprovecha al hombre, si padece detrimento en su alma.
7 Así el C. de Ale.—A, B y e. p.: arreados.
8 II Reg., XIV, 25.
282 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

y alborotan el mundo con deseo de ellos, pues que no saben
si serán buenos y servirán a Dios; y si el contento que da
ellos esperan será dolor; y el descanso y consuelo, trabajo y
desconsuelo; y la honra, deshonra y ofender más a Dios con
ellos, como hacen muchos. De los cuales dice Cristo, que cer-
can la mar y la tierra para enriquecerlos y hacerlos doblado
hijos de perdición que fueron ellos (1).
5. Por tanto, aunque todas las cosas se le rían al hombre y
todas sucedan prósperamente (2), antes se debe recelar que go-
zarse ; pues en aquello crece la ocasión y el peligro de olvidar
a Dios (3). Que por eso dice Salomón, que se recataba él
diciendo en el Eclesiastés: R la risa juzgué por error, y
al gozo dije: ¿por qué te engañas en vano? (4). Que es
como si dijera: Cuando se me reían las cosas, tuve por error
y engaño gozarme en ellas; porque grande error sin duda e
insipiencia es la del hombre que se goza de lo que se le mues-
tra alegre y risueño, no sabiendo de cierto que de allí se le siga
algún bien eterno. E l corazón del necio, dice el Sabio, está
donde está la alegría; mas el del Sabio donde está la triste-
za (5). Porque la alegría (6) ciega el corazón, y no le deja
considerar y ponderar las cosas, y la tristeza hace abrir los
ojos y mirar el provecho y daño de ellas. Y de aquí es que,
como también dice el mismo, es mejor la ira que la risa (7).
Por tanto, mejor es ir a la casa del llanto, que a la del con-
vite; porque en aquélla se muestra el fin de todos los hom-
bres, como también dice el Sabio (8).
6. Pues gozarse de la mujer o del marido, cuando clara-
mente no saben que sirven a Dios mejor con su casamiento,
también seria vanidad. Pues antes debían tener confusión, por

1 Matth.. XX11I. 15.
2 La e. p. añade: tj, como dicen, a pedir de boca.
3 A, B y e. p. añaden: y ofenderle, como habernos dicho.
4 Eccles.. II, 2.
5 Eccles., VII, 5.
6 E . p.: alegría vana,
7 Eccles., Vil, 4.
8 Eccles., VII. 3. Del siguiente párrafo, sólo las últimas lincas, algo cambiadas,
copia el C. de Ale.—A, B y c. p. lo trasladan íntegro.
LIBRO TERCERO.—CAP. XVIII 283

ser el matrimonio causa, como dice San Pablo, de que por
tener cada uno puesto el corazón en el otro, no le tengan
entero con Dios. Por lo cual dice: Que si te hallases libre de
mujer, no quieras buscar mujer; pero que ya que se tenga, con-
viene que sea con tanta libertad de corazón, como si no la
tuviese (!)• Lo cual, juntamente con lo que habernos dicho
de los bienes temporales, nos enseña él por estas palabras, di-
ciendo: Esto es cierto; lo que os digo, hermanos, que el tiempo es
breve; lo que resta es, que los que tienen mujeres, sean como
los que no las tienen; y los que lloran, como los que no llo-
ran; y los que se gozan, como los que no se gozan; y los
que compran, como los que no poseen; y los que usan de este
mundo, como los que no le usan (2). Todo lo cual, dice para
dar a entender, que poner el gozo (3) en otra cosa que en lo
que toca a servir a Dios, porque lo demás es vanidad y cosa
sin provecho; pues el gozo que no es según Dios, no le puede
aprovechar (4).

CAPITULO X I X

DE LOS DñÑOS QUE SE L E PUEDEN SEGUIR A L ALMA DE PONER E L
GOZO EN LOS BIENES TEMPORALES.

1. Sí los daños que al alma cercan por poner el afecto
de la voluntad en los bienes temporales hubiésemos de decir, ni
tinta ni papel bastaría, y el tiempo sería corto. Porque desde muy
poco puede llegar a grandes males, y destruir grandes bienes;
así como de una centella de fuego, si no se apaga, se pueden
encender grandes fuegos que abrasen al mundo. Todos estos
daños tienen raíz y origen en un daño privativo principal que
hay en este gozo, que es apartarse de Dios. Porque así como

1 I ad Cor.. V!I, 27.
2 I ad Cor., VII. 29 y 30.
3 E l C. de Ale. reanuda aquí el hilo del discurso en esta forma: y así no se ha
de poner el gozo, etc.
4 A y B: no le puede saber bien al alma. E . p.: no le puede salir bien al alma.
284 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

allegándose a él el alma por la afición de la voluntad, de ahí
le nacen todos ios bienes, así apartándose de él por esta afi-
ción de criatura, dan en ella todos los daños g males a la
medida del gozo y afición con que se junta con la criatura;
porque eso es el apartarse de Dios. De donde según el apar-
tamiento que cada uno Hiciere de Dios en más o en menos, po-
drá entender ser sus daños en más o en menos, extensiva o
intensivamente, y juntamente de ambas maneras, por la ma-
yor parte.
2. Este daño privativo, de donde decimos que nacen los
demás privativos y positivos, tiene cuatro grados, uno peor que
otro. Y cuando el alma llegare al cuarto, habrá llegado a todos
los males y danos que se pueden decir en este caso. Estos cua-
tro grados nota muy bien Moisés en el Deuteronomio por es-
tas palabras, diciendo: Empachóse el amado y dio trancos ha-
cia atrás. Empachóse, engrosóse y dilatóse (1). Dejó a Dios su
hacedor, y alejóse de Dios su salud (2).
3. E l empacharse el alma, que era amada antes que se
empachara, es engolfarse (3) en este gozo de criaturas. Y de
aquí sale el primer grado de este daño, que es volver atrás; lo
cual es un embotamiento de la mente acerca de Dios, que le
oscurece los bienes de Dios, como la niebla oscurece el aire
para que no sea bien ilustrado de la luz del sol. Porque por el
mismo caso que el espiritual pone su gozo en alguna cosa, y
da rienda al apetito para impertinencias, se entenebrece acerca de
Dios, y anubla la sencilla inteligencia del juicio, según lo ense-
ña el Espíritu Divino en el libro de la Sabiduría, diciendo:
El uso y juntura (4) de la vanidad y burla oscurece los bienes,
y la inconstancia del apetito transtorna y pervierte el sentido
y juicio sin malicia (5). Donde da a entender el Espíritu
Santo, que, aunque no haya malicia (6) concebida en el entendi-

1 E . p.: Engordó el Amado g volvió, engrosóse y dilatóse.
2 Deuter., XXXII, 15.
3 E . p.: E l engrosarse el alma, que era amada antes, es engolfarse.
4 E . p.: la falsa apariencia.
5 Sap.. IV, 12.
6 E . p.: no haya precedido malicia.
LIBRO TERCERO.—CAP. XIX 285

dimiento del alma, sólo la concupiseencia y gozo de éstas basta
para hacer en ella este primer grado de este daño, que es el
embotamiento de la mente y la oscuridad del juicio para en-
tender la verdad y juzgar bien de cada cosa como es.
4. No basta santidad y buen juicio que tenga el hom-
bre para que deje de caer en este daño, si da lugar a la concu-
piscencia o gozo de las cosas temporales. Que por eso dijo Dios
por Moisés, avisándonos, estas palabras: No recibas dones, que
hasta a los prudentes ciegan (1). Y esto era hablando parti-
cularmente con los que habían de ser jueces; porque han menester
tener el juicio limpio y despierto, lo cual no tendrán con la
codicia y gozo de las dádivas. Y también por eso mandó Dios
a l . mismo Moisés que pusiese por jueces a los que aborrecie-
sen la avaricia, porque no se les embotase el juicio con el gus-
to de las pasiones (2). Y así, dice que no solamente no la quie-
ran, sino que la aborrezcan. Porque para defenderse uno perfec-
tamente de la afición de amor, hase de sustentar en aborrecimiento
defendiéndose con el un contrario del otro. Y así, la causa
por qué el profeta Samuel fué siempre tan recto e ilustrado
juez, es porque (como él dijo en el libro de los Reyes) nunca
había recibido de alguno alguna dádiva (3).
5. E l segundo grado de este daño privativo sale de este
primero, el cual se da a entender en aquello que se sigue de la
autoridad alegada, es a saber: Empachóse, engrosóse y dilató-
se (4). Y así, este segundo grado es dilatación de la voluntad ya
con más libertad en las cosas temporales; lo cual consiste en no
se le dar ya tanto ni penarse, ni tener ya en tanto el gozarse y
gustar de los bienes criados. Y esto le nació de haber primero
dado rienda al gozo; porque dándole lugar, se vino a engrosar
el alma en él, como dice allí, y aquella grosura de gozo y ape-
tito le hizo dilatar y extender más la voluntad en las criaturas.
Y esto trae consigo grandes danos. Porque este grado secundo

1 Exod., XXIII, 8.
2 Exod.. XVIII, 21-22.
3 IReg., XII, 3.
4 Deut., XXXII, 15. E . p.: Engrosóse y dilatóse.
286 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

le hace apartarse de las cosas de Dios y santos ejercicios, y no
gustar de ellos, porque gusta de otras cosas y va dándose a mu-
chas imperfecciones e impertinencias (1) y gozos y vanos gustos.
6. Y totalmente este segundo grado, cuando es consu-
mado, quita al hombre los continuos ejercicios que tenía,
y que toda su mente y codicia ande ya en lo secular. Y ya, los
que están en este segundo grado, no salamente tienen oscuro el
juicio y entendimiento para conocer las verdades y la justicia
como los que están en el primero; mas aún tienen ya mucha flo-
jedad y tibieza y descuido en saberlo (2) y obrarlo, según de
ellos dice Isaías por estas palabras: Todos aman las dádivas y
se dejan llevar de las retribuciones, y no juzgan al pupilo, y la
causa de la viuda no llega a ellos para que de ella hagan ca-
so (3); lo cual no acaece en ellos sin culpa, mayormente cuan-
do les incumbe de oficio. Porque ya los de este grado no ca-
recen de malicia como los del primero carecen. Y así, se van
más apartando de la justicia y virtudes; porque van más ex-
tendiendo (4) la voluntad en la afición de las criaturas. Por
tanto, la propiedad de los de este grado segundo es gran tibieza
en las cosas espirituales, y cumplir muy mal con ellas, ejercitán-
dolas más por cumplimiento, o por fuerza, o por el uso que
tienen en ellas, que por razón de amor.
7. E l tercer grado de este daño privativo es dejar a Dios
del todo, no curando de cumplir su ley por no faltar a las co-
sas y bienes del mundo (5), dejándose caer en pecados mor-
tales por la codicia. Y este tercer grado se nota en lo que se va
siguiendo en la dicha autoridad, que dice: Dejó a Dios su
hacedor (6). En este grado se contienen todos aquellos que
de tal manera tienen las potencias del alma engolfadas en las
cosas del mundo y riquezas y tratos (7), que no se les da

1 E . p.: a muchas impertinencias.
2 E , p.: y tibieza en saberlo.
3 ísai.. I, 23.
4 Ale, B, C y D: extendiendo. A y la e. p.; encendiendo.
5 E . p.: a las cosas livianas del mundo.
6 Deut., XXXII, 15.
7 De él, añade la e. p.
LIBRO TERCERO.—CAP. XIX 287

nada por cumplir con lo que les obliga la ley de Dios. Y
tienen grande olvido y torpeza acerca de lo que toca a su sal-
vación, y tanta más viveza y sutileza acerca de las cosas del
mundo. Tanto, que les llama Cristo en el Evangelio hijos de
este siglo; y dice de ellos que son más prudentes en sus tratos
y agudos, que los hijos de la luz en los suyos (1). Y así, en
lo de Dios no son nada, y en lo del mundo lo son todo.
Y estos propiamente son los avarientos, los cuales tienen
ya tan extendido y derramado el apetito y gozo en las co-
sas criadas, y tan afectadamente, que no se pueden ver hartos;
sino que antes su apetito crece tanto más y su sed, cuanto ellos
están más apartados de la fuente que solamente los podía har-
tar, que es Dios. Porque de éstos dice el mismo Dios por Je-
remías diciendo (2): Dejáronme a mí, que soy fuente de agua
viva, y cavaron para sí cisternas rotas que no pueden tener aguas.
Y esto es porque en las criaturas no halla el avaro (5) con
qué apagar su sed, sino con qué aumentarla. Estos son los que
caen en mil maneras de pecados por amor de los bienes tempo-
rales, y son innumerables sus daños. Y de éstos, dice David:
Tmnsierunt in affectum coráis (4).
8. E l cuarto grado de este «daño privativo se nota en lo últi-
mo de nuestra autoridad, que dice: Y alejóse de Dios su salud (5).
A lo cual vienen del tercer grado que acabamos de decir.
Porque de no hacer caso de poner su corazón (6) en la ley
de Dios por causa de los bienes temporales, viene el alejarse mu-
cho de Dios el alma del avaro, según la memoria, entendimien-
to y voluntad, olvidándose de él como si no fuese su Dios, lo
cual es porque ha hecho para sí dios del dinero (7) y bienes
temporales, como dice San Pablo, diciendo, que la avaricia

1 Luc, XVI, 8.
2 Jerem., II, 13.
3 E . p.: avariento.
4 Ps. LXXII, 7.—Solamente la e. p. trae esta autoridad en castellano. El C. de
Ale, añade la palabra exponat.
5 Deut, XXXII. 15.
6 E . p.: Porque de no hacer caso de no poner su corazón.
7 A y la e. p,; dios al dinero.
288 SUBIDA DEL MONTE CARMELO

GS servidumbre de ídolos (1). Porque este cuarto grado llega
hasta olvidar a Dios y poner el corazón, que formalmente de-
bía poner en Dios, formalmente en el dinero, como si no tuviese
otro Dios.
9. De este cuarto grado son aquellos que no dudan de
ordenar las cosas divinas y sobrenaturales a las temporales
como a su dios, como lo debían hacer al contrario, ordenán-
dolas a ellas a Dios, si le tuvieran por su Dios, como era
razón (2). De estos fué el inicuo (3) Balaán, que la gracia que
Dios le había dado, vendía (4). Y también Simón Mago, que pen-
saba estimarse la gracia de Dios por el dinero (5), queriéndola
comprar (6). En lo cual estimaba más el dinero; pues le parecía
que había quien lo estimase en más, dando la gracia por el di-
nero. Y de este cuarto grado en otras muchas maneras hay mu-
chos el día de hoy, que allá con sus razones, oscurecidas con la
codicia en las cosas espirituales, sirven al dinero y no a Dios, y
se mueven por el dinero y no por Dios, poniendo delante el pre-
cio y no el divino valor y premio, haciendo de muchas mane-
ras al dinero su principal dios y fin, anteponiéndole al último
fin, que es Dios.
10. De este último grado son también todos aquellos mi-
serables, que estando tan enamorados de los bienes, los tienen
tan por su dios, que no dudan de sacrificarles sus vidas cuando
ven que este su dios recibe alguna mengua temporal, desespe-
sándose y dándose ellos la muerte por miserables fines, mostrando
ellos mismos por sus manos el desdichado galardón que de tal
dios se consigue. Que como no hay que esperar de él, da deses-
peración (7) y muerte; y a los que no persigue hasta este úl-

1 Ad Coloss., 111, 5.
2 E . p. abrevia: ordenándolas a Dios, como era cazón,
3 E . p.: impío,
4 Num.. XXII, 7.
5 Por descuido, el C. de Ale. pasa de la palabra dinero a otra igual que viene
en la línea siguiente.
6 Act, VIII, 18-19.
7 Lo restante falta en el Códice de Alcaudete. Se lee en A, B y e. p.
LIBRO T E R C E R O . — C A P . XIX 289

timo daño de muerte, los hace vivir muriendo (1) en penas de so-
licitud y otras muchas miserias, no dejando entrar alegría en su
corazón, y que no les luzca bien ninguno en la tierra, pagando
siempre el tributo de su corazón al dinero en tanto que pe-
nan por él, allegándolo a él para la última calamidad suya de
justa perdición, como lo advierte el Sabio, diciendo: Que las r i -
quezas están guardadas para el mal de su señor (2).
12. Y de este cuarto grado son aquellos que dice San Pa-
blo, que Tmdidit ¿líos in reprobum sensum (3). Porque hasta
estos daños trac al hombre el gozo cuando se pone tn las
posesiones últimamente. Mas a los que menos daño hace, es de
tener harta lástima, pues, como habernos dicho, hace volver al
alma muy atrás en la vía de Dios (4). Por tanto, como dice
David: No temas cuando se enriqueciere el hombre; esto es,
no le hagas envidia, pensando que te lleva ventaja, porque cuan-
do acabare, no llevará nada, ni su gloria y gozo bajará con
él (5).

CAPITULO X X

DE LOS PROVECHOS QUE SE SIGUEN AL ALMA EN APARTAR E L GOZO
DE LAS COSAS TEMPORALES.

1. Ha, pues, el espiritual de mirar mucho que no se le co-
mience a asir el corazón y el gozo a las cosas temporales, te-
miendo que de poco vendrá a mucho, creciendo de grado en gra-
do. Pues de lo poco, se viene a lo mucho; y de pequeño prin^
cipio, al fin es el negocio (6) grande, como una centella bas-
ta para quemar un monte, y todo el mundo (7). Y nunca se

1 Asi la e. p.—A: vivir viviendo. B: morir viviendo.
2 Eccles.. V . 12.
3 Ad Rom., I. 28,
4 E . p,: volver al alma mucho atrás en el camino de Dios.
5 Ps. XLVIII, 17-18.
6 Así los Códices. La e. p. cambia acertadamente esta palabra por daño: daño
grande.
7 La e. p. suprime: y todo el mundo.
19
290 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

fíe por ser pequeño el asimiento, si no le corta luego, pensando
que adelante lo hará. Porque si cuando es tan poco y al prin-
cipio no tiene ánimo para acabarlo, cuando sea mucho y más
arraigado, ¿cómo piensa y presume que podrá? Mayormente,
diciendo Nuestro Señor en el Evangelio: Que el que es infiel en
lo poco, también lo será en lo mucho (1). Porque el que lo poco
evita, no caerá en lo mucho; mas en lo poco hay gran daño, pues
está ya entrada la cerca y la muralla del corazón; y como dice
el adagio: el que comienza, la mitad tiene hecho. Por lo cual,
nos avisa David, diciendo: Que aunque abunden las riquezas,
no les apliquemos el corazón (2).
2. Lo cual, aunque el hombre no hiciese por su Dios y
por lo que le obliga la perfección cristiana, por los provechos
que temporalmente se le siguen, demás de los espirituales, había
de libertar perfectamente su corazón de todo gozo acerca de lo
dicho. Pues no sólo se libra de los pestíferos daños que ha-
bernos dicho en el precedente capitulo; pero, demás de eso, en
quitar el gozo de los bienes temporales, adquiere virtud de l i -
beralidad, que es una de las principales condiciones de Dios (3) ;
la cual en ninguna manera se puede tener con codicia. Demás de
esto, adquiere libertad de ánimo, claridad en la razón, sosiego,
tranquilidad y confianza pacífica en Dios, y culto y obsequio
verdadero de la voluntad para Dios (4). Adquiere más gozo
y recreación en las criaturas con el desapropio de ellas, el cual
no se puede gozar en ellas si las mira con asimiento de pro-
piedad. Porque éste es ún cuidado que, como lazo, ata al es-
píritu en la tierra, y no le deja anchura de corazón. Adquiere
más en el ¡desasimiento de las cosas, clara noticia de ellas
para entender bien las verdades acerca de ellas, así natural, co-
mo sobrenaturalmente. Por lo cual, las goza muy diferentemente
que el que está asido a ellas, con grandes ventajas y mejorías.
Porque éste las gusta según la verdad de ellas; esotro según

1 Luc, XVI. 10.
2 Ps. LXI, 11.—E. p.: no peguemos a ellas el corazón.
3 Así el C. de Ale. y la e. p.—B: una de las principales virtudes de Dios, digo
atributos. A: una de las principales virtudes de Dios, digo condiciones,
4 A y B; de la libertad para Dios,
LIBRO TERCERO.—CAP. XX 291

la mentira de ellas (1); éste según lo mejor; esotro según lo
peor; éste según la sustancia, esotro que ase su sentido a ellas,
según el accidente. Porque el sentido no puede coger ni llegar
más que al accidente, y el espíritu purgado de nubes y especies
de accidente penetra la verdad y valor de las cosas, porque éste
es su objeto. Por lo cual el gozo anubla el juicio como niebla,
porque no puede haber gozo voluntario de criatura sin propie-
dad voluntaria, así como no puede haber gozo en cuanto es pa-
sión, que no haya también propiedad habitual en el corazón (2),
y la negación y purgación del tal gozo deja el juicio claro, como
el aire los vapores cuando se deshacen.
3. Gózase, pues, éste en todas las cosas, no teniendo el
gozo apropiado de ellas, como si las tuviese todas; y eso-
tro, en cuanto las mira con particular aplicación de propie-
dad, pierde todo el gusto de todas en general. Este, en tanto
que ninguna tiene en el corazón, las tiene, como dice San Pa-
blo, todas en gran libertad (3). Esotro, en tanto que tiene de
ellas algo con voluntad asida, no tiene ni posee nada, antes ellas
le tienen poseído (4) a él el corazón, por lo cual como cau-
tivo pena. De donde cuantos gozos quiere tener en las criaturas,
de necesidad ha de tener otras tantas apreturas y penas en su
asido y poseído corazón. A l desasido no le molestan cuidados,
ni en oración, ni fuera de ella; y así, sin perder tiempo, con
facilidad hace mucha hacienda espiritual; pero a esótro todo
se le suele ir en dar vueltas y revueltas sobre el lazo a que está
asido y apropiado su corazón; y con diligencia aun apenas se
puede libertar por poco tiempo de este lazo del pensamiento y
gozo de lo que está asido (5) el corazón. Debe, pues, el espi-
ritual, al primer movimiento, cuando se le va el gozo a las co-
sas, reprimirle, acordándose del presupuesto que aquí llevamos.

1 Las líneas que siguen, hasta la frase Por lo cual el gozo anubla el juicio, fal-
tan en el Códice de Alcaudete. Se leen en A, B y la e. p. •
2 E . p.: sin propiedad voluntaria, y la negación, etc.
3 II. ad Cor., VI, 10.
•4 A y B: asido.
5 E . p.: Del pensamiento de aquello a que está asido, etc.
292 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

que no hay cosa de que el hombre se deba gozar, sino en
si sirve a Dios, y en procurar su gloria y honra en todas las
cosas, enderezándolas sólo a esto, y desviándose en ellas de la
vanidad, no mirando en ellas su gusto ni consuelo.
4. Hay otro provecho muy grande y principal en desasir
el gozo de las criaturas, que es dejar el corazón libre pa-
ra Dios, que es principio dispositivo para todas las mercedes
que Dios le ha de hacer, sin la cual disposición no las hace.
Y son tales, que aun temporalmente por un gozo que por su
amor y por la perfección del Evangelio deje, le dará ciento en
esta vida (1), como en el mismo Evangelio lo promete Su Ma-
jestad (2). Mas, aunque no fuese por estos intereses, sino sólo
por el disgusto que a Dios se da en estos gozos de criaturas,
había el espiritual de apagarlos en su alma. Pues que ve-
mos en el Evangelio, que sólo porque aquel rico se gozaba
porque tenía bienes para muchos años, se enojó tanto Dios,
que le dijo que aquella misma noche había de ser su alma
llevada a cuenta (3). De donde habemos de creer (4) que todas
las veces que vanamente nos gozamos, está Dios mirando y tra-
zando algún castigo y trago amargo según lo merecido, que a
veces sea más de ciento tanto más (5) la pena que redunda
del gozo, que lo que se gozó. Que, aunque es verdad que en
aquello que dice por San Juan, en el Apocalipsi, de Babilonia
diciendo: Que cuanto se había gozado y estado en deleites, le
diesen de tormentos y pena (6); no es para decir que no será
más que el gozo, que si será, pues por breves placeres se dan
eternos tormentos; sino para dar a entender que no quedará
cosa sin su castigo particular, porque el que la inútil palabra
castigará, no perdonará el gozo vano.

1 A y B: /e dará ciento por uno en esta vida.
2 Matth.. XIX, 29.
3 Luc.XII, 20.
4 E . p.: De donde podemos temer.
5 E . p.: siendo muchas veces mayor la pena.
6 Apoc, XVIII, 7.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXI 293

CAPITULO X X I

EN QUE SE TRATA COMO ES VANIDAD PONER E L GOZO D E L A VOLUN-
TAD E N LOS BIENES NATURALES, Y COMO SE HA D E ENDEREZAR
A DIOS POR E L L O S .

1. Por bienes naturales entendemos aquí hermosura, gra-
cia, donaire, complexión corporal y todas las demás dotes cor-
porales; y también en el alma, buen entendimiento, discreción,
con las demás cosas que pertenecen a la razón. E n todo lo
cual pone el hombre el gozo, porque él, o los que a él perte-
necen, tengan las tales partes, g no más, sin dar gracias a Dios
que las da para ser por ellas más conocido g amado. Sólo por eso
gozarse, vanidad y engaño es, como lo dice Salomón diciendo :
Engañosa es la gracia, y vana l a hermosura; la que teme a
Dios, esa será alabada (1). E n lo cual se nos enseña, que an-
tes en estos dones naturales se debe el hombre recelar, pues
por ellos puede el hombre fácilmente distraerse (2) del amor de
Dios, y caer en vanidad atraído de ellos, y ser engañado; que
por eso dice que la gracia corporal es engañadora, porque en la
vía (3) al hombre engaña y le atrae a lo que no le conviene,
por vano gozo y complacencia de sí, o del que la tal gracia tie-
ne; y que la hermosura es vana, pues que al hombre hace caer
de muchas maneras cuando la estima y en ella se goza, pues
sólo se debe gozar en si sirve a Dios en él, o en otros por él.
Mas antes debe temer y recelarse que no sean, por ventura,
causa sus dones y gracias naturales que Dios sea ofendido por
ellas, por su vana presunción, o por extrema (4) afición po-
niendo los ojos en ellas. Por lo cual debe tener recato y vivir
con cuidado el que tuviere las tales partes, que no dé causa a

1 Prov.. XXXI. 30.
2 A y B: retraerse.
3 A y B: camino.
4 A, B y e. p.: extraña.
294 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

alguno por su vana ostentación, que se aparte un punto de Dios
su corazón. Porque estas gracias g dones de naturaleza son tan
provocativas y ocasionadas, asi al que las posee, como al que
las mira, que apenas hay quien se escape de algún lacillo
g liga de su corazón en ellas. Donde, por este temor, ha-
bernos visto que muchas personas espirituales, que tenían al-
gunas partes de éstas, alcanzaron de Dios con oraciones que las
desfigurase, por no ser causa y ocasión a sí o a otras personas
de alguna afición o gozo vano.
2. Ha, pues, el espiritual de purgar y oscurecer su vo-
luntad en este vano gozo, advirtiendo que la hermosura y to-
das las demás partes naturales son tierra, y que de ahí vienen
y a la tierra vuelven; y que la gracia y donaire es humo y
aire de esa tierra, g que, para no caer en vanidad, lo ha de
tener por tal y por tal estimarlo, y en estas cosas enderezar
el corazón a Dios en gozo y alegría, de que Dios es en sí
todas esas hermosuras y gracias eminentísimamentc, en infinito
sobre todas las criaturas. Y que, como dice David, todas ellas,
como la vestidura, se envejecerán y pasarán, y sólo el perma-
nece inmutable para siempre (1). Y por eso si en todas las
cosas no enderezare a Dios su gozo, siempre será falso y
engañado. Porque de este tal se entiende aquel dicho de Salo-
món, que dice hablando con el gozo acerca de las criaturas,
diciendo: R l gozo dije: ¿por qué te dejas engañar en va-
no? (2). Esto es, cuando se deja atraer de las criaturas el co-
razón.

1 Ps. CI, 27.
2 Eccles.. II. 2.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXII 295

CAPITULO XXII

DE LOS DAÑOS QUE SE L E SIGUEN AL ALMA DE PONER E L GOZO D E
LA VOLUNTAD EN LOS BIENES NATURALES.

1. Aunque muchos de estos daños y provechos que voy
contando en estos géneros de gozos, son comunes a to-
dos; con todo, porque derechamente siguen al gozo y des-
apropio de él (aunque el gozo sea de cualquier género de es-
tas seis divisiones que voy tratando), por eso en cada una
digo algunos daños y provechos, que también se hallan en
la otra, por ser, como digo, anejos al gozo que anda por todas.
Mas mi principal intento es decir los particulares daños y pro-
vechos que acerca de cada cosa, por el gozo o no gozo de ella,
se siguen al alma. Los cuales llamo particulares, porque de tal
manera primaria e inmediatamente se causan del tal género de
gozo, que no se causan del otro, sino secundaria y mediata-
mente. Ejemplo. E l daño de la tibieza del espíritu, de todo
y de cualquier género de gozo se causa directamente, y así
este daño es a todos estos seis géneros general; pero el for-
nicio (1) es daño particular, que sólo derechamente sigue al
gozo de los bienes naturales que vamos diciendo.
2. Los daños, pues, espirituales y corporales que derecha
y efectivamente se siguen al alma cuando pone el gozo en los
bienes naturales, se reducen a seis daños principales. E l pri-
mero es vanagloria, presunción, soberbia y desestima del pró-
jimo; porque no puede uno poner los ojos de la estimación (2)
en una cosa, que no les quite de las demás. De lo cual se sigue,
por lo menos, desestima real de las demás cosas (3); porque,
naturalmente, poniendo la estimación en una cosa, se recoge el
corazón de las demás cosas en aquella que estima; y de este

1 Fornicio, copian Ale, A y B, latinismo que el Santo usó, y que la c. p. tradu-
ce por sensualidad.
2 La e. p. añade: demasiadamente.
3 E . p.: desestima real, y como negativa dé las demás cosas.
296 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

desprecio real es muy fácil caer en el intencional y voluntario
de algunas cosas de esotras, en particular o en general, no sólo
en el corazón, sino mostrándolo con la lengua diciendo: tal
o tal cosa (1), tal o tal persona no es como tal o tal. E l
segundo dafío es que mueve el sentido a complacencia y de-
leite sensual y lujuria (2). E l tercer daño es hacer caer en adu-
lación y alabanzas vanas, en que hay engaño y vanidad, como di-
ce Isaías diciendo: Pueblo mío, el que te alaba te engaña (3).
Y la razón es, porque, aunque algunas veces dicen verdad ala-
bando gracias y hermosura, todavía por maravilla deja de ir allí
envuelto algún daño, o haciendo caer al otro en vana compla-
cencia y gozo, y llevando allí sus afectos (4) e intenciones im-
perfectas. E l cuarto daño es general, porque se embota mucho
la razón y el sentido del espíritu también como en el gozo
de los bienes temporales, y aun en cierta manera mucho más.
Porque como los bienes naturales son más conjuntos al hom-.
bre que los temporales, con más eficacia y presteza hace el
gozo de los tales impresión y huella y asiento en el sentido
y más fuertemente le embelesa. Y así la razón y juicio no quedan
libres, sino anublados con aquella afición de gozo muy conjunto;
y de aquí nace el quinto daño, que es distracción de la mente
en criaturas. Y de aquí nace y se sigue la tibieza y flojedad de
espíritu; que es el sexto daño, también general, que suele lle-
gar a tanto, que tenga tedio grande y tristeza en las cosas de
Dios, hasta venirlas a aborrecer. Piérdese en este gozo infalible-
mente el espíritu puro, por lo menos, al principio. Porque si al-
gún espíritu se siente, será muy sensible y grosero, poco es-
piritual, y poco interior y recogido, consistiendo más en gusto
sensitivo que en fuerza de espíritu; porque, pues, el espíritu
está tan bajo y flaco, que en sí no apaga el hábito de tal
gozo (porque para no tener el espíritu puro basta tener este há-
bito imperfecto, aunque cuando se ofrezca no consienta en los

1 Tal o tal cosa. La e. p. suprime estas palabras.
2 Y lujuria. Estas palabras no se leen en e. p.
3 Isai., III, 12.
4 A, B y e. p.: aficiones.
LIBRO TERCERO.—-CAP. XXII 297

actos del gozo), más debe vivir, en cierta manera, en la flaqueza
del sentido que en la fuerza del espíritu; si no (1), en la perfec-
ción y fortaleza que tuviere en las ocasiones lo verá; aunque no
niego que puede haber muchas virtudes con hartas imperfec-
ciones; mas con estos gozos no apagados, ni puro ni sabroso
espíritu interior; porque reina (2) la carne, que milita contra
el espíritu; y aunque no sienta el daño el espíritu, por lo
menos se le causa oculta distracción.
3. Pero, volviendo a hablar en aquel segundo daño, que
contiene en sí daños innumerables, aunque no se pueden com-
prender con la pluma ni significar con palabras, no es oscuro
ni oculto (3) hasta dónde llegue, y cuánta sea esta desventura
nacida del gozo puesto en las gracias y hermosura natural;
pues que cada día por esta causa se ven tantas muertes de hom-
bres, tantas honras perdidas, tantos insultos hechos, tantas ha-
ciendas disipadas, tantas emulaciones y contiendas, tantos adul-
terios, estupros y fornicios (4) cometidos, y tantos santos caí-
dos en el suelo (5), que se comparan a la tercera parte de las
estrellas del cielo, derribadas con la cola de aquella serpiente
en la tierra (6); el oro fino, perdido su primor y lustre, en el
cieno; y los ínclitos y nobles de Sión, que se vestían de oro
primo, estimados en vasos de barro quebrados, hechos ties-
tos (7). ¿Hasta dónde no llega la ponzoña de este daño?
4. ¿Y quién no bebe poco o mucho de este cáliz dorado
de la mujer babilónica del Apocalipsi? (8). Que en sentarse
ella sobre aquella gran bestia, que tenía siete cabezas y diez
coronas, da a entender que apenas hay alto ni bajo, ni santo

1 E . p.; lo cual.
2 E. p.: porque aquí casi reina.
3 E. p. omite: no es oscuro ni oculto.
4 Así Ale. y B.—A: fornicaciones. La e. p. suprime esta palabra.
5 En el suelo. Omite estas palabras la e. p.
6 Apoc, XII, 4.
7 Thren., IV, 1-2.
8 Apoc, XVII, 4.—Aquí faltan al Códice de Alcaudete once hojas, que el Padre
Andrés de la Encarnación las suple, tomándolas del antiguo manuscrito que en su
tiempo se guardaba en Duruelo.
298 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

ni pecador, que no dé a beber de su vino, sujetando en algo su
corazón, pues, como allí se dice de ella, fueron embriagados to-
dos los reges de la tierra del vino de su prostitución. Y a todos
los estados coge, hasta el supremo e ínclito del Santuario y di-
vino Sacerdocio, asentando su abominable vaso, como dice Da-
niel, en el lugar santo (1), apenas dejando fuerte, que poco o mu-
cho no le dé a beber del vino de este cáliz, que es este vano
gozo. Que por eso dice, que todos los reyes de la tierra fueron
embriagados de este vino, pues tan pocos se hallarán que, por
santos que hayan sido, no les haga embelesado y trastornado
algo esta bebida del gozo y gusto de la hermosura y gra-
cias naturales.
5. Donde es de notar, el decir que se embriagaron. Porque
por poco que se beba del vino de este gozo, luego al punto se ase
al corazón, y embelesa y hace el daño de oscurecer la razón,
como a los asidos del vino. Y es de manera, que, si luego no
se toma alguna triaca contra este veneno con que se eche fuera
presto, peligro corre la vida del alma. Porque tomando fuer-
zas la flaqueza espiritual, le traerá a tanto mal, que, como San-
són, sacados los ojos de su vista (2) y cortados los cabellos
de su primera fortaleza, se verá moler en las atahonas, cautivo
entre sus enemigos; y después, por ventura, morir la segunda
muerte, como él con ellos (3), causándole todos estos daños la
bebida de este gozo esplritualmenie, como a él corporalmente
se los causó, y causa hoy a muchos; y después le vengan a de-
cir sus enemigos, no sin gran confusión suya: ¿Eres tú el que
rompías los lazos doblados (4), disquijarabas los leones, ma-
tabas los mil filisteos, y arrancabas los postigos, y te libra-
bas de todos tus enemigos?
6. Concluyamos, pues, poniendo el documento necesario con-
tra esta ponzoña. Y sea, que luego que el corazón se sienta mover
de este vano gozo de bienes naturales, se acuerde cuan vana
cosa es gozarse de otra cosa que de servir a Dios, y cuan pc-

1 Dan., IX. 27.
2 De su vista. Asi los Códices. La e. p. suprime por redundancia esta frase.
3 La edición de 1630: como él la primer^ con ellos.
4 E . p.: los lazos fres doblados.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXII 299

ligrosa y perniciosa; considerando cuánto daño fué para los án-
geles gozarse y complacerse de su hermosura y bienes natura-
les, pues por esto cayeron en los abismos feos; y cuántos males si-
guen a los hombres cada día por esa misma vanidad, y por eso
se animen con tiempo a tomar el remedio que dice el Poeta
a los que comienzan a aficionarse a lo tal: Date priesa ahora
al principio a poner remedio; porque cuando los males han teni-
do tiempo de crecer en el corazón, tarde viene el remedio y (1)
la medicina. No mires al vino, dice el Sabio, cuando su color
está rubicundo y resplandece en el vidrio; entra blandamente,
y muerde como culebra y derrama venenos como el régulo (2),

CAPITULO XXIII
DE LOS PROVECHOS QUE SACA E L ALMA DE NO PONER E L GOZO EN
LOS BIENES NATURALES.

1. Muchos son los provechos que al alma se le siguen de
apartar su corazón de semejante gozo; porque, demás que se
dispone para el amor de Dios y las otras virtudes, derecha-
mente da lugar a la humildad para sí mismo, y a la caridad gene-
ral para con los prójimos. Porque, no aficionándose a ninguno
por los bienes naturales aparentes (3), que son engañadores, le
queda el alma libre y clara para amarlos a todos racional y
espiritualmente, como Dios quiere que sean amados. En lo cual
se conoce que ninguno merece amor, si no es por la virtud que
hay en él. Y cuando de esta suerte se ama, es muy según Dios, y
aún con mucha libertad; y si es con asimiento, es con mayor asi-
miento de Dios. Porque entonces, cuanto más crece este amor,
tanto más crece el de Dios; y cuanto más el de Dios, tanto
más éste del prójimo. Porque del que es en Dios, es una misma
la razón y una misma la causa.

1 E l remedio g , añade el C. de Ale.
2 Prov., XXIII, 31.—La frase y derrama venenos como el régulo, es del Có-
dice de Ale. y de la e. p.—A y B: y derrama su ponzoña como basilisco. El basilisco,
animal fabuloso, al que atribuían los antiguos la virtud maléfica de matar con la vis-
ta, era llamado por otro nombre régulo.
3 La e, p. omite esta palabra.
300 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

2. Sigúesele otro excelente provecho en negar este género
de gozo (1), y es que cumple y guarda (2) el consejo de Nues-
tro Salvador que dice por San Mateo: Que el que quisiere se-
seguirle, se niegue a si mismo (3). Lo cual en ninguna manera
podría hacer el alma, si pusiese el gozo en sus bienes (4) natu-
rales; porque el que hace algún caso de sí, no se niega ni sigue
a Cristo.
3. Hay otro grande provecho en negar este género de go-
zo, y es que causa en el alma grande tranquilidad y evacúa
las digresiones, y hay recogimiento en los sentidos, mayormen-
te en los ojos. Porque, no queriendo gozarse en eso, ni quiere
mirar ni dar los demás sentidos a esas cosas, por no ser
atraído, ni enlazado de ellas (5), ni gastar tiempo ni pensa-
miento en ellas, hecho semejante a la prudente serpiente, que
tapa sus oídos por no oir los encantadores (6) y le hagan
alguna impresión (7). Porque guardando las puertas del alma,
que son los sentidos, mucho se guarda y aumenta la tranqui-
lidad y pureza de ella.
4. Hay otro provecho no menor en los que ya están apro-
vechados en la mortificación de este genero de gozo, y es que
los objetos y las noticias feas no les hacen la impresión e impu-
reza que a los que todavía les contenta algo de esto. Y, por eso,
a la negación y mortificación de este gozo, se le sigue la es-
piritual limpieza de alma y cuerpo; esto es, de espíritu y sen-
tido, y va teniendo conveniencia angelical con Dios, haciendo a
su alma y cuerpo digno templo del Espíritu Santo. Lo cual
no puede ser así, si su corazón se goza en los bienes y gra-
cias naturales (8). Que para esto no es menester consentimiento

1 Del C. de Ale. son las palabras en negar este género de gozo.
2 Con perfección, añade la e. p,
3 Matth.. XVI. 24.
4 Dones, se lee en A, B y e. p.
5 La e. p. omite: ni enlazado de ellas.
6 Así el C. de Ale—A y B: encantaciones. La c. p.: encantos.
7 Ps. LVII, 5.
8 E , p.: si su corazón se deja llevar algo del gozo en los bienes y gracias na'
tárales.
LIBRO T E R C E R O . — C A P . XXIII 301

ni memoria (1) de cosa fea; pues aquel gozo basta para la
impureza del alma y sentido con la noticia de lo tal (2); pues
que dice el Sabio, que el Espíritu Santo se apartará de los pen-
samientos que no son de entendimiento, esto es, de la razón
superior en orden a Dios (3).
5. Otro provecho general se le sigue, y es, que demás
que se libra de los males y daños arriba dichos, se excusa
también de vanidades sin cuento, y de otros muchos daños,
así espirituales, como temporales!; y, mayormente, de caer en
la poca estima que son tenidos todos aquellos que son vistos
preciarse o gozarse de las dichas partes naturales, suyas o aje-
nas. Y así, son tenidos y estimados por cuerdos y sabios, co-
mo de verdad lo son todos aquellos que no hacen caso de estas
cosas, sino de aquello de que gusta Dios.
6. De los dichos provechos se sigue el último, que es un
generoso bien del alma, tan necesario para servir a Dios co-
mo es la libertad del espíritu, con que fácilmente se vencen las
tentaciones y se pasan bien los trabajos, y crecen próspera-
mente las virtudes (4).

CAPITULO X X I V

QUE TRATA D E L TERCER GENERO D E BIENES EN QUE PUEDE LA VO-
LUNTAD PONER L A AFICION D E L GOZO, QUE SON LOS SENSUALES.
—DICE CUALES SEAN Y D E CUANTOS GENEROS, Y COMO SE HA
DE ENDEREZAR L ñ VOLUNTAD A DIOS PURGANDOSE D E E S T E GOZO.

1. Sigúese tratar del gozo acerca de los bienes sensua-
les (5), que es el tercer género de bienes en que decíamos po-
der gozarse la voluntad. Y es de notar, que por bienes sensua-
les (6) entendemos aquí todo aquello que en esta vida puede caer

1 La e, p. suprime las palabras: ni memoria.
2 Lo que resta de este párrafo, se omite en la e. p., pero no en la de 1630.
3 Sap., I, 5.
4 Del alma, añad«a A y B.
5 E . p.: sensibles.
6 La c. p., como en la nota anterior.
302 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

en el sentido de la vista, del oído, del olfato, gusto g tacto, y de
la fábrica interior del discurso imaginario, que todo pertenece
a los sentidos corporales, interiores y exteriores.
2. Y para oscurecer y purgar la voluntad del gozo acerca
de estos objetos sensibles, encaminándola a Dios por ellos, es
necesario presuponer una verdad, y es, que, como muchas veces
habernos dicho, el sentido de la parte inferior del hombre, que
es del que varaos tratando, no es ni puede ser capaz de cono-
cer ni comprender a Dios como Dios es. De manera qué ni el
ojo le puede ver, ni cosa que se parezca a él; ni ei oído puede oír
su voz, ni sonido que se le parezca; ni el olfato puede oler olor
tan suave, ni el gusto alcanza sabor tan subido y sabroso,
ni el tacto puede sentir toque tan delicado y deleitable, ni cosa
semejante; ni puede caer en pensamiento ni imaginación su for-
ma, ni figura alguna que le represente, diciéndolo Isaías así:
Que ni ojo le vió, ni oído le oyó, ni cayó en corazón de hom-
bre (1).
3. Y es aquí de notar, que los sentidos pueden recibir gus-
to y deleite, o de parte del espíritu mediante alguna comuni-
cación que recibe de Dios interiormente, o de parte de las cosas
exteriores comunicadas a los sentidos (2). Y según lo dicho, ni
por vía del espíritu, ni por la del sentido puede conocer a
Dios la parte sensitiva. Porque no teniendo ella habilidad que
llegue a tanto, recibe lo espiritual (3) y sensitivo sensualmente,
y no más. De donde, parar la voluntad en gozarse del gusto
causado de alguna de estas aprehensiones, sería vanidad, por lo
menos, e impedir la fuerza de la voluntad que no se emplease
en Dios, poniendo su gozo sólo en el. Lo cual no puede ella ha-
cer enteramente, si no es purgándose y oscureciéndose del gozó
acerca de este género, como de lo demás.
4. Dije, con advertencia, que si parase el gozo en algo de
lo dicho sería vanidad, porque cuando no para en eso, sino que
luego que siente la voluntad el gusto de lo que oye, ve y
trata, se levanta a gozar en Dios y le es motivo y fuerza para

1 Isai., LXIV. 4.-1 ad Cor.. II. 9.
2 Así A, B y e. p. El C. de Ale. suprime aquí unas palabras.
3 La e. p.: recibe lo espiritual y intelectivo sensualmente.
LIBRO TERCERO.~CñP, XXIV 303

eso, muy bueno es; y entonces no sólo no se han de evitar las
tales mociones cuando causan esta devoción y oración, mas
se pueden aprovechar de ellas, y aun deben, para tan santo
ejercicio; porque hay almas que se mueven mucho en Dios
por los objetos sensibles. Pero ha de haber mucho recato en
esto, mirando los efectos que de ahí sacan; porque, muchas
veces, muchos espirituales usan de las dichas recreaciones de sen-
tidos con pretexto de oración y de darse a Dios; y es de
manera, que más se puede llamar recreación que oración, y darse
gusto a sí mismos más que a Dios. Y aunque la intención que
tienen (1) es para Dios, el efecto que sacan (2) es para la
recreación sensitiva, en que sacan más flaqueza de imperfec-
ción, que avivar la voluntad y entregarla a Dios.
5. Por lo cual, quiero poner aquí un documento con que
se vea cuándo los dichos sabores de los sentidos hacen prove-
cho y cuándo no. Y es, que todas las veces que oyendo músicas
u otras cosas y viendo cosas agradables (3), y oliendo suaves olo-
res, o gustando algunos sabores y delicados toques, luego al pri-
mer movimiento se pone la noticia y afición de la voluntad en
Dios, dándole más gusto aquella noticia que el motivo sensual
que se la causa, y no gusta del tal motivo sino por eso; es señal
que saca provecho de lo dicho, y que le ayuda lo tal sen-
sitivo al espíritu; y en esta manera se puede usar, porque
entonces sirven los sensibles para el fin que Dios los crió
y dió, que es para ser por ellos más amado y conocido. Y es
aquí de saber, que aquel a quien estos sensibles hacen el puro
efecto espiritual que digo, no por eso tiene apetito, ni se le da
casi nada por ellos, aunque cuando se le ofrecen le dan mucho
gusto, por el gusto que tengo dicho que de Dios le causan;
y así, no se solicita por ellos, y cuando se le ofrecen, como digo,
luego pasa la voluntad de ellos, y los deja y se pone en Dios.
6. La causa de no dársele mucho de estos motivos, aunque
le ayudan para ir a Dios, es porque, como el espíritu que tiene

1 La e. p, añade: parece que,
2 Causan, dice la e. p.
3 Así Ale, y B.—A ye. p.: músicas ú otros cosas agradables.
304 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

esta prontitud de ir con todo g por todo a Dios, está tan cebado
y prevenido y satisfecho con el espíritu de Dios, que no echa
menos nada ni lo apetece; y si lo apetece para esto, luego se
le pasa y se le olvida, y no hace caso. Pero el que no sintiere
esta libertad de espíritu en las dichas cosas y gustos sensibles,
sino que su voluntad se detiene en estos gustos y se ceba de
ellos, daño le hacen y debe apartarse de usarlos. Porque aun-
que con la razón se quiera ayudar de ellos para ir a Dios,
todavía, por cuanto el apetito gusta de ellos según lo sensual,
y conforme al gusto siempre es el efecto, más cierto es ha-
cerle estorbo que ayuda, y más daño que provecho. Y cuando
viere que reina en sí el apetito (1) de las tales recreaciones,
debe mortificarle; porque cuanto más fuerte fuere, tiene más
de imperfección y flaqueza.
7. Debe, pues, el espiritual en cualquier gusto que de parte
del sentido se le ofreciere, ahora sea acaso, ahora de intento,
aprovecharse de él sólo para Dios, levantando a E l el gozo del
alma para que su gozo sea útil y provechoso (2) y perfecto, ad-
virtiendo que todo gozo que no es en negación y aniquilación
de otro cualquier gozo, aunque sea de cosa al parecer muy
levantada, es vano y sin provecho, y estorba para la unión de
la voluntad en Dios.

CAPITULO X X V

QUE TRATA DE LOS DAÑOS QUE E L A L M A RECIBE EN QUERER PONER
E L GOZO D E L A VOLUNTAD EN LOS BIENES SENSUALES.

1. Cuanto a lo primero, si el alma no oscurece y apaga él
gozo que de las cosas sensuales (3) le puede nacer, etíderezando
a Dios el tal gozo, todos los daños generales que habernos
dicho que nacen de otro cualquier género de gozo, se le siguen

1 E . p.: el espíritu.
2 Sólo el C. de Ale. añade: y provechoso.
3 Sensibles traslada la e. p., así en este caso, como en los que ocurre al Santo
emplear la pabra sensuales.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXV 305

de éste que es de cosas sensuales, como son oscuridad en la
razón, tibieza y tedio espiritual, etc. Pero, en particular, muchos
son los daños en que derechamente puede caer por este gozo,,
así espirituales, como corporales o sensuales.
2. Primeramente, del gozo de las cosas visibles, no ne-
gándole para ir a Dios, se le puede seguir derechamente vani-
dad de ánimo y distracción de la mente, codicia desordenada,
deshonestidad, descompostura interior y exterior, impureza de
pensamientos y envidia.
3. Del gozo en oir cosas inútiles, derechamente nace dis-
tracción de la imaginación, parlería, envidia, juicios inciertos
y variedad de pensamientos, y de éstos otros muchos y per-
niciosos daños.
4. De gozarse en los olores suaves, le nace asco de los
pobres, que es contra la doctrina de Cristo, enemistad a la ser-
vidumbre, poco rendimiento de corazón en las cosas humildes,
e insensibilidad espiritual, por lo menos según la proporción
de su apetito.
5. Del gozo en el sabor de los manjares, derechamente na-
ce gula y embriaguez, ira, discordia y falta de caridad con los
prójimos y pobres, como tuvo con Lázaro aquel Epulón (1),
que comía cada día espléndidamente (2). De ahí nace el destem-
ple corporal, las enfermedades, nacen los malos movimientos,
porque crecen los incentivos de la lujuria. Criase derechamente
gran torpeza en el espíritu, y estrágase el apetito de las cosas
espirituales, de manera que no pueda gustar de ellas, ni aun
estar en ellas ni tratar de ellas. Nace también de este gozo
distracción de los demás sentidos y del corazón, y descontento
acerca de muchas cosas.
6. Del gozo acerca del tacto en cosas suaves, muchos mas
daños y más perniciosos nacen, y que más en breve trasvierten
el sentido al espíritu (3), y apagan su fuerza y vigor. De aquí

1 E. p,: aquel rico comedor.
2 Luc, XVÍ, 19.
3 Así los Códices, La e. p.: y que más en breve dañan al espíritu.
20
306 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

nace el abominable vicio de las molicies o incentivos para ella,
según la proporción del gozo de este género. Críase la lujuria,
hace el ánimo afeminado y tímido, y el sentido halagüeño y
melifluo y dispuesto para pecar y hacer daño. Infunde vana ale-
gría y gozo en el corazón, y cría soltura de lengua y libertad
de ojos, y a los demás sentidos embelesa y embota, según la
cantidad del tal apetito (1). Empacha el juicio, sustentándole
en insipiencia y necedad espiritual, y moralmente cría cobardía e
inconstancia; y con tiniebla en el alma y flaqueza de corazón,
hace temer aún donde no hay qué terner. Cría este gozo es-
píritu de confusión algunas veces, e insensibilidad acerca de la
conciencia y del espíritu; por cuanto debilita mucho la razón
y la pone de suerte, que ni sepa tomar buen consejo ni darle, y
queda incapaz para los bienes espirituales y morales, inútil co-
mo un vaso quebrado.
7. Todos estos daños se causan de este género de gozo,
en unos más intensamente (2), según la intensión del tal go-
zo, y según también la facilidad o flaqueza o inconstancia del
sujeto en que cae. Porque naturales hay que de pequeña ocasión
recibirán más detrimento que otros de mucha.
8. Finalmente, de este género de gozo en el tacto se
puede caer en tantos males y daños como habernos dicho acer-
ca de los bienes naturales, que por estar allí ya dichos, aquí no
los refiero, como tampoco digo otros muchos daños que hace,
como son: mengua en los ejercicios espirituales y penitencia
corporal, y tibieza e indevoción acerca del uso de los sacra-
mentos de la Penitencia y Eucaristía.

1 La e. p.; según el grado del tal apetito.
2 E. p.: en unos más, en otros menos; más o menos intensamente.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXVI 307

CAPITULO X X V I

DE LOS PROVECHOS QUE SE SIGUEN RL ALMA EN L A NEGACION D E L
GOZO ACERCA D E LAS COSAS SENSIBLES, LOS CUALES SON E S -
PIRITUALES Y TEMPORALES.

1. Admirables son los provechos que el alma saca de la
negación de este gozo: de ellos, son espirituales, y de ellos,
temporales.
2. E l primero es, que recogiendo el alma su gozo de las
cosas sensibles, se restaura acerca de la distraección en que por
el demasiado ejercicio de los sentidos ha caído, recogiéndose
en Dios; y consérvase el espíritu y virtudes que ha adquirido,
y se aumentan y va ganando (1).
3. E l segundo provecho espiritual que saca en no se querer
gozar acerca de lo sensible, es excelente, conviene a saber: que
podemos decir con verdad que de sensual se hace espiritual, y
de animal se hace racional; y aun que de hombre camina a
porción angelical; y que de temporal y humano se hace di-
vino y celestial. Porque así como el hombre que busca el gus-
to de las cosas sensuales y en ellas pone su gozo, no merece ni
se le debe otro nombre que estos que habemos dicho, es a
saber: sensual, animal, temporal, etc.; así, cuando levanta el
gozo de estas cosas sensibles, merece todos éstos, conviene a
saber: espiritual, celestial, etc.
4. Y que esto sea verdad, está claro; porque como quiera
que el ejercicio de los sentidos y fuerza de la sensualidad con-
tradiga, como dice el Apóstol, a la fuerza y ejercicio espiri-
tual (2); de aquí es que, menguando y acabando las unas de es-
tas fuerzas, han de crecer y aumentarse las otras fuerzas contra-
rias, por cuyo impedimento no crecían, Y así, perfeccionándose el
espíritu, que es la porción superior del alma que tiene respecto

1 Así el Códice de Alcaudete.'—A y B: y de nuevo va ganando. La e. p. omite
estas palabras.
2 Ad Gal.. V . 17.
308 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

y comunicación con Dios, merece todos los dichos atributos;
pues que se perfecciona en bienes y dones de Dios espirituales y
celestiales. Y lo uno y lo otro se prueba por San Pablo, el cual
al sensual, que es el que el ejercicio de su voluntad sólo trae
en lo sensible, le llama animal, que no percibe (1) las co-
sas de Dios; y a esotro que levanta a Dios la voluntad, llama
espiritual, y que éste lo penetra y juzga todo hasta los profun-
dos de Dios (2). Por tanto, tiene aquí el alma un admirable (3)
provecho de una grande disposición para recibir bienes de Dios
y dones espirituales.
5. Pero el tercer provecho es, que con grande exceso se le
aumentan los gustos y el gozo de la voluntad temporalmente;
pues, como dice el Salvador, en esta vida por uno le dan ciento (4).
De manera que si un gozo niegas, ciento tanto te dará el Señor
en esta vida, espiritual y temporalmente; como también por un
gozo que de esas cosas sensibles tengas, te nacerá ciento tanto
de pesar y sinsabor. Porque de parte del ojo ya purgado en los
gozos de ver, se le sigue al alma gozo espiritual, enderezado
a Dios en todo cuanto ve, ahora sea divino, ahora profano (5)
lo que ve. De parte del oído purgado en el gozo de oir, se
le sigue al alma ciento tanto de gozo muy espiritual, y endere-
zado a Dios en todo cuanto oye, ahora sea divino, ahora pro-
fano (6) lo que oye; y así en los demás sentidos ya pur-
gados. Porque así como en el estado de la inocencia, a nues-
tros primeros padres todo cuanto veían y hablaban y comían
en el Paraíso, les servía para mayor sabor de contemplación,
por tener ellos bien sujeta y ordenada la parte sensitiva a la
razón; así el que tiene el sentido purgado y sujeto al espíritu
de todas las cosas sensibles, desde el primer movimiento saca
deleite de sabrosa advertencia y contemplación de Dios.

1 A y B: que es el que no percibe,
2 I. ad Cor., II, 14.
3 Admirable. Con las dos últimas sílabas de esta palabra, se reanuda la copia del
P. Juan Evangelista, interrumpida durante algunas hojas, como se dijo en la pág. 297.
4 Matth., XIX, 29.
5 E . p.: humano,
6 Como la nota anterior.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXVI 309

6. De donde al limpio todo lo alto y lo bajo le hace má?
bien y 1c sirve para más limpieza; así como el impuro, de lo
uno y de lo otro, mediante su impureza, suele sacar mal. Mas
el que no vence el gozo del apetito, no gozará de serenidad de
gozo ordinario en Dios por medio de sus criaturas y obras.
E l que no vive ya según el sentido, todas las operaciones de
sus sentidos y potencias son enderezadas a divina contempla-
ción. Porque siendo verdad, en buena filosofía, que cada cosa,
según el ser que tiene, o vida que vive, es su operación; si el
alma vive vida espiritual, mortificada la animal (1), claro está
que sin contradicción, siendo ya todas sus acciones y movimientos
espirituales de vida espiritual, ha de ir con todo a Dios. De
donde se sigue, que este tal, ya limpio de corazón, en todas
las cosas halla noticia de Dios gozosa y gustosa, casta, pura,
espiritual, alegre y amorosa.
7. De lo dicho, infiero la siguiente doctrina, y es, que has-
ta que el hombre venga a tener tan habituado el sentido en la
purgación del gozo sensible, que de primer movimiento (2) saque
el provecho que he dicho, de que le envíen las cosas luego a Dios,
tiene necesidad de negar su gozo y gusto acerca de ellas para
sacar de la vida sensitiva al alma; temiendo que, pues él no es
espiritual, sacará, por ventura, del uso de estas cosas más jugo
y fuerza para el sentido que para el espíritu, predominando en su
operación la fuerza sensual, que hace más sensualidad, y la
sustenta y cria. Porque, como Nuestro Salvador dice, lo que
nace de carne, carne es; y lo que nace del espíritu, espíritu
es (3). Y esto se mire mucho, porque es así la verdad. Y no
se atreva el que no tiene aún mortificado el gusto en las cosas
sensibles, a aprovecharse mucho de la fuerza y operación del
sentido acerca de ellas, creyendo que le ayudan al espíritu;
porque más crecerán las fuerzas del alma sin estas sensitivas,
esto es, apagando el gozo g apetito de ellas, que usando de él
en ellas.

1 Lae. p.: según el ser que tiene es la vida que vive: el que tiene ser espiritual,
mortificada la vida animal.
2 E . p. suprime que de primer movimiento,
3 Joan.. III. 6.
310 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

8. Pues los bienes de gloria que en la otra vida se siguen
por el negamiento de este gozo, no hay necesidad de decir-
lo. Porque demás de que los dotes corporales de gloria, como
son agilidad y claridad, serán mucho más excelentes que los
de aquéllos que no se negaron; así el aumento de la gloria
esencial del alma que responde al amor de Dios, por quien
negó las dichas cosas sensibles, por cada gozo que negó momen-
táneo y caduco, como dice San Pablo, inmenso peso de gloria
obrará en él eternalmente (1). Y no quiero ahora referir aquí
los demás provechos, así morales, como temporales, g también
espirituales, que se siguen a esta noche de gozo; pues son todos
los que en los demás quedan dichos, y con más eminente ser;
por ser estos gozos que se niegan, más conjuntos al natural,
y por eso adquiere este tal más íntima pureza en la negación
de ellos.

CAPITULO XXVII

EN QUE SE COMIENZA A TRATAR D E L CUARTO GENERO DE BIENES, QUE
SON BIENES MORALES.—DICE CUALES SEAN, Y EN QUE MANERA
SEA EN ELLOS LICITO E L GOZO D E L A VOLUNTAD.

1. E l cuarto género en que se puede gozar la voluntad,
son bienes morales. Por bienes morales entendemos aquí las
virtudes y los hábitos de ellas en cuanto morales, y el ejercicio
de cualquiera virtud, y el ejercicio de las obras de misericordia,
la guarda de la ley de Dios, y la política (2), y todo ejercicio de
buena índole e inclinación.
2. Y estos bienes morales, cuando se poseen y ejercitan,
por ventura merecen más gozo de la voluntad que alguno de
los otros tres géneros que quedan dichos. Porque por una de
dos causas, o por entrambas juntas, se puede el hombre gozar

1 II. ad Cor.. IV. 17.
2 A y B: plática. Emplea el Santo el vocablo política en la acepción de buen
gobierno en la cosa pública y de la cortesanía y otras virtudes sociales, que los
Santos han practicado con gusto exquisito, cuando no eran impedimento de otras
mayores.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXVII 311

de sus cosas, conviene a saber: o por lo que ellas son en sí, o
por el bien que importan y traen consigo, como medio e ins-
trumento. Y así, hallaremos que la posesión de los tres géne-
ros de bienes ya dichos, ningún gozo de la voluntad merecen.
Pues, como queda dicho, de suyo al hombre ningún bien le
hacen ni le tienen en sí, pues son tan caducos y deleznables;
antes, como también dijimos, le engendran y acarrean pena,
y dolor y aflicción de ánimo. Que aunque algún gozo merezcan
por la segunda causa, que es cuando el hombre de ellos se apro-
vecha para ir a Dios, es tan incierto esto, que, como vemos co-
múnmente, más se daña el hombre con ellos que se aprovecha.
Pero los bienes morales ya por la primera causa, que es por lo
que en sí son y valen, merecen algún gozo de su poseedor.
Porque consigo traen paz y tranquilidad, y recto y ordenado
uso de la razón y operaciones acordadas, que no puede el hom-
bre humanamente en esta vida poseer cosa mejor.
3. Y así, porque las virtudes por sí mismas merecen ser
amadas y estimadas, hablando humanamente, bien se puede el
hombre gozar de tenerlas en sí, y ejercitarlas por lo que en si
son, y por lo que de bien humana y temporalmente importan al
hombre. Porque de esta manera, y por esto (1), los filósofos y
sabios y antiguos príncipes las estimaron y alabaron, y procu-
raron tener y ejercitar; y aunque gentiles, y que sólo ponían los
ojos en ellas temporalmente, por los bienes que temporal y
corporal y naturalmente de ellas conocían seguírseles, no sólo al-
canzaban por ellas los bienes y nombre temporalmente que pre-
tendían; sino, demás de esto, Dios, que ama todo lo bueno (aún
en el bárbaro y gentil), y ninguna cosa impide buena (2) que
no se haga, como dice el Sabio (3): les aumentaba la vida,
honra, y señorío y paz, como hizo en los romanos, porque usaban
de justas leyes; que casi les sujetó todo el mundo, pagando
temporalmente a los que eran por su infidelidad incapaces de
premio eterno, las buenas costumbres. Porque ama Dios tanto es-

1 La e. p. suprime y por esto.
2 E . p.: y ninguna cosa buena impide.
3 Sapient., VII, 22.
312 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

tos bienes morales, que sólo porque Salomón le pidió sabiduría
para enseñar a su pueblo (1) y poderle gobernar justamente, ins-
truyéndole en buenas costumbres, se lo agradeció mucho el mismo
Dios, g le dijo, que porque había pedido sabiduría para aquel
fin, que él se la daba, y más lo que no había pedido, que eran
riquezas y honra, de manera que ningún rey en los pasados ni
en lo por venir fuese semejante a él (2).
4. Pero aunque en esta primera manera se deba gozar
el cristiano sobre los bienes morales y buenas obras que
temporalmente hace, por cuanto causan los bienes temporales
que habernos dicho, no debe parar su gozo en esta primera
manera (como habernos dicho de los gentiles, cuyos ojos del
alma no transcendían más que lo de esta vida mortal); sino
que, pues tiene lumbre de fe, en que espera vida eterna y que
sin ésta todo lo de acá y lo de allá no le valdrá nada; sólo
y principalmente debe gozarse en la posesión y ejercicio de es-
tos bienes morales en la segunda manera, que es en cuanto ha-
ciendo las obras por amor de Dios le adquieren vida eterna.
Y así, sólo debe poner los ojos y el gozo en servir y honrar
a Dios con sus buenas costumbres y virtudes. Pues que sin
este respecto no valen delante de Dios nada las virtudes, como
se ve en las diez vírgenes del Evangelio, que todas habían guar-
dado virginidad y hecho buenas obras, y porque las cinco no
habían puesto su gozo en la segunda manera, esto es, endere-
zándole en ellas a Dios; sino antes le pusieron vanamente
en la primera manera, gozándose (3) en la posesión de
ellas, fueron echadas (4) del cielo sin nungún agradecimiento ni
galardón del .Esposo. Y también muchos antiguos tuvieron mu-
chas (5) virtudes e hicieron buenas obras, y muchos cristianos
el día de hoy las tienen (6) y obran grandes cosas, y no les
aprovecharán nada para la vida eterna; porque no pretendieron
en ellas la gloria y honra que es de solo Dios (7). Debe, pues,

1 El Códice de Ale: para mostrar los de su pueblo. Parece error de trascripción.
2 III Reg.. III, 11-13.
3 A, B y e. p.: gozándose y jactándose,
4 La e. p.: despedidas.
5 E . p.; algunas,
6 E . p.: las hacen y tienen.
7 Y su amor sobre todo, añade la e. p.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXVII 313

gozarse el cristiano, no en si hace buenas obras y sigue buenas
costumbres, sino en si las hace por amor de Dios sólo, sin otro
respeto alguno. Porque cuanto son para mayor premio de gloria
hechas sólo para servir a Dios, tanto para mayor confusión suya
será delante de Dios, cuanto más le hubieran movido otros
respetos.
5. Para enderezar, pues, el gozo a Dios en los bienes mo-
rales, ha de advertir el cristiano, que el valor de sus bue-
nas obras, ayunos, limosnas, penitencias, etc., que no se fun-
da tanto en la cuantidad y cualidad de ellas, sino en el amor
de Dios que él lleva en ellas; y que entonces van tanto más
calificadas, cuanto con más puro y enfero amor de Dios van
hechas, y menos él quiere interesar acá y allá (1) de ellas, de
gozo, gusto, consuelo y alabanza. Y por eso, ni ha de asentar
el corazón en el gusto, consuelo y sabor y los demás intereses
que suelen traer consigo los buenos ejercicios y obras, sino re-
coger el gozo a Dios, deseando servirle con ellas, y pur-
gándose y quedándose a oscuras de este gozo, querer que solo
Dios sea el que se goce de ellas, y guste de ellas en escondido,
sin ningún otro respeto y jugo que honra y gloria de Dios.
Y así recogerá en Dios toda la fuerza de la voluntad acerca de
estos bienes morales.

CAPITULO XXVIII

DE SIETE DAÑOS EN QUE SE PUEDE CAER PONIENDO E L GOZO DE L A
VOLUNTAD EN LOS BIENES MORALES.

1. Los daños principales en que puede el hombre caer
por el gozo vano de sus buenas obras y costumbres, hallo que
son siete, y muy perniciosos, porque son espirituales (2).
2. E l primer daño es vanidad, soberbia, vanagloria y pre-
sunción; porque gozarse de sus obras, no puede ser sin cstimar-

1 E . p.: y menos él quiere intevés acá y allá.
2 Los cnalea referiré aquí brevemente, añaden A, B y e. p.
314 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

las. Y de ahí nace la jactancia y lo demás, como se dice del Fa-
riseo en el Evangelio, que oraba y se congraciaba con Dios (1)
con jactancia de que ayunaba y hacía otras buenas obras.
3. E l segundo daño comúnmente va encadenado de éste,
y es, que Juzga a los demás por malos e imperfectos compara-
tivamente, pareciéndole que no hacen ni obran tan bien como
él, estimándolos en menos en su corazón, y a veces por la pa-
labra. Y este daño también le tenia el Fariseo, pues en su ora-
ción decía: Gracias te hago que (2) no soy como los demás
hombres: robadores, injustos y adúlteros (3). De manera que en
un solo acto caía en estos dos daños, estimándose a sí y des-
preciando a los demás, como el día de hoy hacen muchos, que
dicen: No soy yo como fulano, ni obro esto ni aquello, como
éste o el otro. Y aún son peores que el Fariseo muchos de és-
tos, porque él no solamente despreció a los demás, sino tam-
bién señaló parte, diciendo: N i soy como este Publicano. Mas
ellos, no se contentando con "eso ni con esotro, llegan a eno-
jarse y a envidiar, cuando ven que otros son alabados, o que
hacen, o valen más que ellos.
4. E l tercer daño es, que como en las obras miran al
gusto, comúnmente no las hacen sino cuando ven que de ellas se
les ha de seguir algún gusto y alabanza. Y así, como dice Cristo,
todo lo hacen. Ut videantur ab hominibas (4), y no obran sólo
por amor de Dios (5).
5. E l cuarto daño se sigue de éste, y es que no hallarán
galardón en Dios, habiéndole ellos querido hallar en esta vida
de gozo o consuelo, o interés de honra o de otra manera en
sus obras; en lo cual dice el Salvador, que en aquello re-
cibieron la paga (6). Y asi, se quedaron (7) sólo con el tra-
bajo de la obra y confusos sin galardón. Hay tanta miseria

1 Luc, XVIII, 12.
2 La e. p. omite: Gracias te hago que.
3 Luc. XVIII, 11.
4 Matth., XXIII, 5.
5 A, B y e. p.: i/ no obran sólo por Dios.
6 Matth., VI, 2.
7 E . p.: se quedarán.
LIBRO TERCERO,—CAP. XXVIII * 315

acerca de este daño en los hijos de los hombres, que tengo
para mí, que las más de las obras que hacen públicas, o son
viciosas, o no les valdrán nada, o son imperfectas (1) de-
lante de Dios, por no ir ellos desasidos de estos intereses
y respetos humanos. Porque, ¿qué otra cosa se puede juzgar de
algunas obras y memorias que algunos hacen e instituyen, cuan-
do no las quieren hacer sin que vayan envueltas en honras y res-
petos humanos de la vanidad de la vida, o perpetuando en ellas
su nombre, linaje o señoríos, hasta poner de esto sus señales
y blasones (2) en los templos, como sí ellos se quisiesen poner
allí en lugar de imagen, donde todos hincan la rodilla; en las
cuales obras de algunos se puede decir que se adoran (3) a sí
más que a Dios? Lo cual es verdad, si por aquello las hicieron,
y sin ello no las hicieran (4). Pero dejados éstos, que son
de los peores, ¿cuántos hay que de muchas maneras caen en
este dafio de sus obras? De los cuales, unos quieren que se
las alaben, otros que se las agradezcan, otros las cuentan y
gustan que lo sepa fulano g zutano, y aun todo el mundo; y,
a veces, quieren que pase la limosna o lo que hacen, por terce-
ros, porque se sepa más; otros quieren lo uno y lo otro. Lo cual
es el tañer de la trompeta, que dice el Salvador en el Evan-
gelio que hacen los vanos, que por eso no habrán de sus obras
galardón de Dios (5).
6. Deben, pues, éstos, para huir este daño, esconder
la obra, que sólo Dios la vea, no queriendo que nadie haga
caso. Y no sólo la ha de esconder de los demás, mas aún de sí
mismo. Esto es: que ni él se quiera complacer en ella, estimándola
como si fuese algo, ni sacar gusto de toda ella; como espiritual-
mente se entiende aquello que dice Nuestro Señor: No sepa tu

1 A y e. p.: imperfectas y mancas.
2 A y B: nombres y blasones.
3 E. p.: estiman.
4 Suprime la e. p. lo cual es verdad, si por aquello las hicieron, y sin ello no
las hicieran.
5 Matth.. VI. 2.
316 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

siniestra lo que hace tu diestra (1). Que es como decir: no es-
times con él ojo temporal y carnal la obra que haces espiritual.
Y de esta manera se recoge la fuerza de la voluntad en Dios, y lie-
va fruto delante de él la obra; de donde no sólo no la perderá,
sino que será de grande mérito. Y a este propósito (2) se entiende
aquella sentencia de Job: Si yo besé mi mano con mi boca, que es
iniquidad y pecado grande, y se gozó en escondido mi cora-
zón (3); porque aquí, por la mano, entiende la obra, y por la
boca entiende la voluntad que se complace en ella. Y porque es,
como decimos, complacencia en si mismo, dice: Si se alegró en es-
condido mi corazón; lo cual es grande iniquidad y negación
contra Dios. Y es como si dijera: que ni tuvo complacencia, ni
se alegró su corazón en escondido (4).
7. E i quinto daño de estos tales es, que no van adelante
en el camino de perfección. Porque estando ellos asidos al gus-
to y consuelo en el obrar, cuando en sus obras y ejercicios
no hallan gusto y consuelo, que es ordinariamente cuan-
do Dios los quiere llevar adelante, dándoles el pan duro que es
el de los perfectos, y quitándoles de la leche de niños, probán-
dolos las fuerzas, y purgándolos el apetito tierno para que pue-
dan gustar el manjar de grandes, ellos comúnmente desmayan
y pierden la perseverancia, de que no hallan él dicho sabor en
sus obras. Acerca de lo cual se entiende espiritualmentc aquello
que dice el sabio, y es: las moscas que se mueren, pierden la sua-
vidad del ungüento (5); porque cuando se les ofrece a éstos
alguna mortificación, mueren a sus buenas obras, dejándolas
de hacer, y pierden la perseverancia, en que está la suavidad
del espíritu y consuelo interior.

1 Matth.. VI. 3.
2 Así el C. de Alcaudete.—A. B y e. p.: donde no sólo la perderá, más muchas
veces, por sü jactancia y vanidad interior pecará mucho delante de Dios.
3 Job. XXXI. 26-28.
4 Así el C. de Ale. —A y B: Porque dándose a si y atribuyéndose aquella obra.,
es negarla a Dios, cuya es toda buena obra: a ejemplo de Lucifer» que en sí mismo
se gozó, negando a Dios lo que era suyo, alzándose con ello, que fué causa de su
perdición. La e. p. trae estas lineas casi igual a A y B.
5 Eccles.. X, 1.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXVIII 317

8. E l sexto daño de éstos es, que comúnmente se engañan
teniendo por mejores las cosas y obras de que ellos gustan,
que aquéllas de que no gustan; y alaban y estiman las unas, y
desestiman las otras (1), como quiera que comúnmente aquellas
obras en que de suyo el hombre más se mortifica (mayormente
cuando no está aprovechado en la perfección) sean más aceptas
y preciosas delante de Dios, por causa de la negación que el hom-
bre en ellas lleva de sí mismo, que aquéllas en que él halia
su consuelo, en que muy fácilmente se puede buscar a sí mis-
mo. Y a este propósito dice Miqueas de éstos: Malum nianuum
suarum dicunt bonum (2). Esto es: Lo que de sus obras es
malo, dicen ellos que es bueno; lo cual les nace de poner
ellos el gusto en sus obras, y no en sólo dar gusto a Dios,
Y cuánto reine este daño, así en los espirituales, como en los
hombres comunes, sería prolijo de contar, pues que apenas halla-
rán uno que puramente se mueva a obrar por Dios sin arrimo
de algún interés de consuelo o gusto, u otro respeto.
9. E l séptimo daño es, que en cuanto el hombre no apaga
el gozo vano en las obras morales, está más incapaz para recibir
consejo y enseñanza razonable acerca de las obras que debe
hacer. Porque el hábito de flaqueza que tiene acerca del obrar
con la propiedad del vano gozo le encadena: o para que no
tenga el consejo ajeno por mejor, o para que, aunque le tenga
por tal, no le quiera seguir, no teniendo en sí ánimo para ello.
Estos aflojan mucho en la caridad para con Dios y el prójimo;
porque el amor propio que acerca de sus obras tienen, les hace
resfriar la caridad.

1 Así el C. de Ale.—A y B; y reprenden y desprecian las otras. La e. p.: y re-
prueban y desprecian las otras.
2 Mich..VII)3.
318 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

CAPITULO X X I X

DE LOS PROVECHOS QUE SE SIGUEN A L ALMA DE APARTAR E L GOZO
DE LOS BIENES MORALES.

1. Muy grandes son los provechos que se siguen al alma
en no querer aplicar vanamente el gozo de la voluntad a este
género de bienes. Porque, cuanto a lo primero, se libra de caer
en muchas tentaciones y engaños del demonio, los cuales están
encubiertos en el gozo de las tales buenas obras, como lo
podemos entender por aquello que se dice en Job, es a saber :
Debajo de la sombra duerme, en lo secreto de la pluma ( i ) , y
en los lugares húmedos (2). Lo cual dice por el demonio (3), por-
que en la humedad del gozo y en lo vano de la pluma (4) (esto
es, de la obra vana) engaña al alma. Y engañarse por el demonio
en este gozo escondidamente, no es maravilla; porque sin es-
perar a su sugestión, el mismo gozo vano se es el mismo en-
gaño; mayormente, cuando hay alguna jactancia de ellas en el
corazón, según lo dice bien Jeremías diciendo: Arrogantia tua
decepíf te (5). Porque, ¿qué mayor engaño que la jactancia?
Y de esto se libra el alma purgándose de este gozo.
2. E l segundo provecho es, que hace las obras más acor-
dada y cabalmente; a lo cual, si hay pasión de gozo y gusto en
ellas, no se da lugar; porque por medio de esta pasión del go-
zo, la irascible y concupiscible andan tan sobradas, que no dan
lugar al peso de la razón, sino que ordinariamente anda varian-
do en las obras y propósitos, dejando unas y tomando otras,
comenzando y dejando sin acabar nada. Porque como obra por

1 La e. p.: caña.
2 Job. XL, 16.
3 Algunos Códices saltan de esta palabra a otra igual que venía un poco más
abajo, suprimiendo las frases intermedias, que se leen en todas las ediciones.
4 Como la nota primera.
5 Jer., XLIX, 16.—Ninguno de los Códices trae la versión de este texto. La e.
p. traduce; Tu arrogancia te engañó.
LIBRO TERCERO.-—CAP. XXIX 319

el gusto, y éste es variable, y en unos naturales mucho más
que en otros, acabándose éste, es acabado el obrar y el propó-
sito, aunque sea cosa importante. De éstos, el gozo de su obra
es el ánima g fuerza de ella; ¿pagado (1) el gozo, muere y
acaba la obra, y no perseveran. Porque de éstos son de quien
dijo Cristo que reciben la palabra con gozo, y luego se la quita
el demonio, porque no perseveren (2). Y es porque no tenían más
fuerza y raíces que el dicho gozo. Quitarles, y apartarles, pues,
la voluntad de este gozo, es causa de perseverancia y de acer-
tar (3). Y así, es grande este provecho, como también es grande
el daño contrario. E l sabio pone sus ojos en la sustancia y
provecho de la obra, no en el sabor y placer de ella; y así, no
echa lances al aire, y saca de la obra gozo estable, sin tributo
de sinsabor (4).
3. E l tercero es divino provecho, y es que, apagando el
gozo vano en estas obras, se hace pobre de espíritu, que es una
de las bienaventuranzas que dice el Hijo de Dios, diciendo:
Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el reino
de los cielos (5).
4. E l cuarto provecho es, que el que negare este gozo,
será en el obrar manso, humilde y prudente. Porque no obrará
impetuosa y aceleradamente, empujado (6) por la concupiscible
e irascible del gozo, ni presuntuosamente, afectado por la esti-
mación que tiene de su obra, mediante el gozo de ella, ni incau-
tamente, cegado por el gozo (7).
5. E l quinto provecho es, que se hace agradable a Dios
y a los hombres y se libra de la avaricia, y gula y acedía espi-
ritual, g de la envidia espiritual, y de otros mil vicios.

1 Así Ale. y la e. p.—A y B; acabado.
2 LucVlII, 12.
3 E. p.: Quifar, pues, y apartar la voluntad de este gozo, es excelente disposi-
ción para perseverar y acertar.
4 E. p.: sin pedir el tributo de los sabores.
5 Matth., V. 3.
6 E . p.: llevado.
7 Faltan en el C. de Ale. las palabras siguientes que se leen en A, B y e. p.: ni
incautamente, cegados por el gozo.
320 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

CAPITULO X X X

EN QUE SE COMIENZA A TRATAR D E L QUINTO GENERO DE BIENES EN
QUE SE PUEDE GOZAR L A VOLUNTAD, QUE SON SOBRENATURALES
—DICE CUALES SEAN Y COMO SE DISTINGUEN DE LOS ESPIRITUALES,
Y COMO SE HA DE ENDEREZAR E L GOZO DE ELLOS A DIOS.

1. Ahora conviene tratar del quinto género de bienes en
que el alma puede gozarse, que son sobrenaturales. Por los
cuales entendemos aquí todos los dones y gracias dados de
Dios, que exceden la facultad g virtud natural, que se llaman
gratis datas, como son los dones de sabiduría y ciencia que dió
a Salomón; y las gracias que dice San Pablo (1), conviene a
saber: fe, gracia de sanidades, operación de milagros, profecía,
conocimiento y discreción de espíritus, declaración de las pa-
labras y también don de lenguas.
2. Los cuales bienes, aunque es verdad que también son es-
pirituales, como los del mismo género que habernos de tratar
luego; todavía, porque hay mucha diferencia entre ellos, he que-
rido hacer de ellos distinción. Porque el ejercicio de éstos tiene
inmediato respecto al provecho de los hombres, y para ese pro-
vecho y fin los da Dios, como dice San Pablo (2): Que a nin-
guno se da el espíritu, sino para provecho de los demás; lo cual
se entiende de estas gracias. Mas los espirituales, su ejercicio
y trato es sólo del alma a Dios, y de Dios al alma, en comu-
nicación de entendimiento y voluntad, etc., como diremos des-
pués. Y así, hay diferencia en el objeto; pues que de los espi-
rituales sólo es el Criador y el alma; mas de los sobrenaturales
es la criatura (3) y también difieren en la sustancia, y por con-
siguiente en la operación, y así también necesariamente en la
doctrina.

1 I. ad Cor., XII, 9-10.
2 Ibid., v. 7.
3 Así los Códices. La e. p. dice: "Y así, hay diferencia en el objeto; pues que
las espirituales son entre Dios y el alma; mas las otras sobrenaturales que decíamos,
se ordenan a otras criaturas para el provecho de ellas."
LIBRO TERCERO.—CñP. XXX 321

3. Pero hablando ahora de los dones y gracias sobrenatura-
les como aquí las entendemos, digo que para purgar el gozo
vano en ellas, conviene aquí notar dos provechos que hay en
este género de bienes, conviene a saber: temporal y espiritual.
E l temporal es la sanidad de las enfermedades, recibir vista los
ciegos, resucitar los muertos, lanzar los demonios, profetizar
lo porvenir para que miren por si, y los demás a este talle. E l
espiritual provecho y eterno es ser Dios conocido y servido por
estas obras por el que las obra, o por los en quien y delante
de quien se obran.
4. Cuanto al primer provecho, que es temporal, las obras
y milagros sobrenaturales poco o ningún gozo del alma merecen;
porque, excluido el segundo provecho, poco o nada le importan
al hombre, pues de suyo no son medio para unir al alma con
Dios, sino es la caridad. Y estas obras y gracias sobrenaturales,
sin estar en gracia y caridad, se pueden ejercitar, ahora dando
Dios los dones y gracias verdaderamente, como hizo al inicuo
profeta Balaán y a Salomón, ahora obrándolas falsamente por vía
del demonio, como Simón Mago, o por otros secretos de natu-
raleza. Las cuales obras y maravillas, si algunas habían de ser
al que las obra de algún provecho, eran las verdaderas que son
dadas de Dios. Y éstas, sin el segundo provecho, ya enseña San
Pablo lo que valen (1), diciendo: Si hablare con lenguas de
hombres y de ángeles, y no tuviere caridad, hecho soy como el
metal o la campana que suena. Y si tuviere profecía y conociere
todos los misterios y toda ciencia; y si tuviere toda la fe, tanto
que traspase los montes, y no tuviere caridad, nada soy, etc. (2).
De donde Cristo dirá a muchos que habrán estimado sus obras
en esta manera, cuando por ellas le pidieren la gloria (3):
Señor, ¿no profetizamos en tu nombre e hicimos muchos mila-
gros? Les dirá: Apartaos de mí, obradores de maldad (4).

1 A y B: son,
2 I. ad Cor., XIII, 1-2.
3 A y B añaden: y le dijeren.
4 Matth.. VII, 22-23.
322 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

5. Debe, pues, el hombre gozarse, no en si tiene las tales
gracias y las ejercita; sino en sí el segundo fruto espiritual
saca de ellas, es a saber: sirviendo a Dios en ellas con verda-
dera caridad, en que está el fruto de la vida eterna. Que por eso
reprendió Nuestro Salvador a los discípulos, que se venían go-
zando porque lanzaban los demonios, diciendo: En esto no os
queráis gozar porque los demonios se os sujetan, sino porque
vuestros nombres están escritos en el libro de la vida (1). Que,
en buena teología, es como decir: Gózaos si están escritos
vuestros nombres en el libro de la vida. Donde se entiende que
no se debe el hombre gozar sino en ir camino de ella, que es
hacer las obras en caridad; porque ¿qué aprovecha tj qué vale
delante de Dios lo que no es amor de Dios? E l cual no es per-
fecto si no es fuerte y discreto en purgar el gozo de todas las
cosas, poniéndole sólo en hacer la voluntad de Dios. Y de esta
manera se une la voluntad con Dios por estos bienes sobrena-
turales.

CAPITULO X X X I

DE LOS DAÑOS QUE S E SIGUEN AL ALMA DE PONER E L GOZO DE LA
VOLUNTAD EN ESTE GENERO D E BIENES.

1. Tres daños principales me parece que se pueden seguir
al alma (2), de poner el gozo en los bienes sobrenaturales,
conviene a saber: engañar y ser engañada, detrimento en el alma
acerca de la fe, vanagloria o alguna vanidad.
2. Cuanto a lo primero, es cosa muy fácil engañar a los
demás y engañarse a si mismo, gozándose en esta manera de
obras. Y la razón es, porque para conocer estas obras cuáles sean
falsas y cuáles verdaderas, y cómo y a qué tiempo se han de
ejercitar, es menester mucho aviso y mucha luz de Dios, y
lo uno y lo otro impide mucho el gozo y la estimación de es-

1 Luc. X, 20.
2 La e. p.: al bombee.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXXI 323

tas obras. Y esto por dos cosas: lo uno, porque el gozo embota
y oscurece el juicio; lo otro, porque con el gozo de aquello, no
sólo se codicia el hombre a quererlo más presto; mas aún es más
empujado (1) a que se obre sin tiempo. Y dado caso que las
virtudes y obras que se ejercitan sean verdaderas, bastan estos
dos defectos para engañarse muchas veces en ellas, o no en-
tendiéndolas como se han de entender, o no aprovechándose
de ellas y usándolas como y cuando es más conveniente. Porque,
aunque es verdad que cuando da Dios estos dones y gracias,
les da la luz de ellas, y el movimiento de cómo y cuándo se han
de ejercitar; todavía ellos, por la propiedad e imperfección que
pueden tener acerca de ellas, pueden errar mucho, no usando
de ellas con la perfección que Dios quiere, y cómo y cuándo
él quiere. Como se lee que quería hacer Balaán, cuando contra la
voluntad de Dios se determinó de ir (2) a maldecir al pueblo
de Israel; por lo Cual, enojándose Dios, le quería matar (3).
Y Santiago y San Juan (4), querían hacer bajar fuego del cielo
sobre los saraaritanos porque no daban posada a Nuestro Sal-
vador, a los cuales él reprendió por ello (5).
3. Donde se ve claro cómo a éstos (6) les hacía determinar
a hacer estas obras alguna pasión de imperfección, envuelta en
gozo y estimación de ellas, cuando no convenía. Porque cuando
no hay semejante imperfección, solamente se mueven y deter-
minan a obrar estas virtudes cuando y como Dios les mueve
a ello, y hasta entonces no conviene. Que por eso se quejaba
Dios de ciertos profetas por Jeremías, diciendo: No enviaba yo
a los profetas, y ellos corrían; no los hablaba yo, y ellos pro-
fetizaban (7). Y adelante dice: Engañaron a mi pueblo con su
mentira y con sus milagros, como yo no se lo hubiese mandado,

1 E. p.: inclinado,
2 La e. p.: se atrevió a.
3 Núm., XXII, 22-23.
4 Llevados del celo, añade aquí la e. p.
5 Luc, IX, 54-55.
6 La e. p. añade: imperfectos de que vamos hablando.
7 Jerem., XXIII. 21.
324 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

ni enviádolos (1). Y allí también dice de ellos: Que ven las vi-
siones de su corazón, y que ésas dicen (2), lo cual no pasara
asi, si ellos no tuvieran esta abominable propiedad en estas
obras.
4. De donde por estas autoridades se da a entender, que
el daño de este gozo, no solamente llega a usar inicua y per-
versamente de estas gracias que da Dios, como Balaán y los
que aquí dice que hacían milagros con que engañaban al pue-
blo; más aún hasta usarlas sin habérselas Dios dado, como
éstos, que profetizaban sus antojos y publicaban las visiones
que ellos componían, o las que el demonio les representaba. Por-
que, como el demonio los ve aficionados a estas cosas, dales en
esto largo campo y mucha materia, entrometiéndose de muchas
maneras, y con esto tienden ellos las velas, y cobran desver-
gonzada osadía, alargándose en estas prodigiosas pbras.
5. Y no para sólo en esto, sino que a tanto hace llegar el
gozo de estas obras y la codicia de ellas, que hace que si
los tales tenían antes pacto oculto con el demonio (porque
muchos de éstos por este oculto pacto obran estas cosas), ya
vengan a atreverse a hacer con él pacto expreso y manifiesto,
sujetándose, por concierto, por discípulos del demonio y alle-
gados suyos. De aquí salen los hechiceros, los encantadores,
los mágicos, arlólos y brujos. Y a tanto mal llega el gozo de
éstos sobre estas obras, que no sólo quieren comprar los dones
y gracias por dinero, como quería Simón Mago, para servir al
demonio; pero aun procuran haber las cosas sagradas, y aun
lo que no se puede decir sin temblar, las divinas (3), corno ga
se ha visto haber sido usurpado el tremendo cuerpo de Nuestro
Señor Jesucristo para uso de sus maldades y abominaciones.
Alargue y muestre Dios aquí su misericordia grande.

6. Y cuan perniciosos sean éstos para sí y perjudiciales

1 Jerem., XXIII, 32.
2 Ibid., 26.
3 Lo restante, hasta el punto, se suprime en la e. p.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXXI 325

para la Cristiandad (1), cada uno lo podrá bien claramente
entender. Donde es de notar, que todos aquellos magos y arío-
los que había entre los hijos de Israel, a los cuales Saúl destruyó
de la tierra, por querer imitar a los verdaderos profetas de Dios^
habían dado en tantas abominaciones y engaños.
7. Debe, pues, el que tuviere la gracia y don sobrenatural,
apartar la codicia y el gozo del ejercicio de él, descuidando en
obrarle (2); porque Dios que se le da sobrenaturalmente (3)
para utilidad de su Iglesia o de sus miembros, le move-
rá también sobrenaturalmente (4), como y cuando le debe ejer-
citar. Que pues mandaba a sus fieles (5) que no tuviesen cuida-
do de lo que habían de hablar, ni cómo lo habían de hablar,
porque era negocio sobrenatural de fe, también querrá (que pues
el negocio de estas obras no es menos) se aguarde el hombre
a que Dios sea el obrero, moviendo el corazón, pues en su
virtud se ha de obrar toda virtud. Que por eso los discípulos
en los Actos de los Apóstoles, aunque les había infundido estas
gracias y dones, hicieron oración a Dios, rogándole que fuese
servido de extender su mano en hacer señales y obrar sanidades
por ellos, para introducir en los corazones la fe de Nuestro Se-
ñor Jesucristo (6).
8. E l segundo daño puede venir de este primero, que es
detrimento acerca de la fe, el cual puede ser en dos maneras
La primera acerca de los otros; porque poniéndose a hacer la
maravilla o virtud sin tiempo y necesidad, demás de que es
tentar a Dios, que es gran pecado, podrá ser no salir con
ella, y engendrar en los corazones menos crédito y despre-
cio de la fe; porque, aunque algunas veces salgan con ello por
quererlo Dios por otras causas y respetos, como la hechicera
de Saúl (7), (si es verdad que era Samuel el que apareció allí).

1 Así el C. de Ale—A, B y e. p.: a /a cristiana república.
2 Así el C. de Ale. y B.—A: nombrarle.
3 La e. p.: y el gozo del ejercicio de él, y Dios que se le da sobrenaturalmente.
4 La e. p. añade: a su ejercicio.
5 E. p.: discípulos.
6 Act., !V, 29-30.
7 I. Reg., XXVIII. 12.
326 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

no siempre saldrán con ello; y, cuando salieren, no dejan de
errar ellos g ser culpables por usar de estas gracias cuando
no conviene. En la segunda manera puede recibir detrimento en
sí mismo (1) acerca del mérito de la fe; porque haciendo él
mucho caso de estos milagros, se desarrima mucho del hábito
sustancial de la fe, la cual es hábito oscuro; y asi, donde más
señales y testimonios concurren, menos merecimiento hay en
creer. De donde San Gregorio dice que la fe no tiene merecimiento
cuando la razón humana la experimenta (2). Y así, estas mara-
villas nunca Dios las obra, sino cuando meramente son necesa-
rias para creer (3). Que por eso, porque sus discípulos no care-
ciesen del mérito si tomaran experiencia de su resurrección, an-
tes que se les mostrase hizo muchas cosas, para que, sin verle,
le creyesen; porque a María Magdalena primero le mostró va-
cío el sepulcro, y después que se lo dijesen los ángeles; porque
la fe es por el oído, como dice San Pablo, y oyéndolo, lo cre-
yese primero que lo viese. Y aunque le vió, fué como hom-
bre común (4), para acabarla de instruir en la creencia que le
faltaba con el calor de su presencia. Y a los discípulos primero
se lo envió a decir con las mujeres, y después fueron a ver el
sepulcro. Y a los que iban a Emaús, primero les inflamó el
corazón en fe que le viesen, yendo él disimulado con ellos (5).
Y, finalmente, después los reprendió a todos, porque no habían
creído a los que les habían dicho su resurrección. Y a Santo To-
más, porque quiso tomar experiencia en sus llagas, cuando le
dijo que eran bienaventurados los que no viéndole le creían (6).
9. Y así, no es de condición de Dios que se hagan mila-
gros, que, como dicen, cuando los hace, a más no poder los

1 Asimismo, lee el C. de Ale.
2 Nec pdes habet meritum cui humana vatio praebet experimentum. S. Grcg.,
Hom. 26 in Evang., pág. 1137 del tom. LXXVI de la Patr. L. de Migne. La traducción
que damos, es la del Q de Ale—-A, B y e. p.: no tiene merecimiento cuando la razón
la experimenta humana y palpablemente.
3 Los Códices no traen las palabras g para otrosfinesde gloria suya y de sus
santos, que leemos en la e. p.
4 Así los Códices. La e. p.: hortelano.
5 Luc. XXIV. 15.
6 Joan., X X . 29.
LIBRO T E R C E R O . — C A P . XXXI 327

hace (1). y por eso reprendía él a los fariseos, porque no da-
ban crédito sino por señales, diciendo: Si no viéredes prodigios
y señales, no creéis (2). Pierden, pues, mucho acerca de la fe
los que aman gozarse en éstas obras sobrenaturales.
10. E l tercer daño es, que comúnmente por el gozo de
estas obras caen en vanagloria o en alguna vanidad. Porque aún
el mismo gozo de estas maravillas, no siendo puramente, como
habernos dicho, en Dios g para Dios, es vanidad; lo cual se ve
en haber reprendido Nuestro Señor a los discípulos por ha-
berse gozado de que se les sujetaban los demonios (3); el cual
gozo, si no fuera vano, no lo reprendiera.

CAPITULO X X X I I

DE DOS PROVECHOS QUE SE SACAN EN LA NEGACION D E L GOZO ACER-
CA DE LAS GRACIAS SOBRENATURALES.

1. Demás de los provechos que el alma consigue en l i -
brarse de los tres dichos daños por la privación de este gozo,
adquiere dos excelentes provechos. E l primero es engrandecer
y ensalzar a Dios; el segundo es ensalzarse el alma a sí misma.
Porque de dos maneras es Dios ensalzado en el alma: la pri-
mera es apartando el corazón y gozo de la voluntad de todo lo
que no es Dios, para ponerlo en él solamente. Lo cual quiso de-
cir David en el verso (4) que habernos alegado al principio de
la noche de esta potencia, es a saber: Allegarse ha el hombre al
coiczón alto, y será Dios ensalzado (5). Porque, levantando el
corazón sobre todas las cosas, se ensalza el alma sobre todas
ellas.
2. Y porque de esta manera le pone en Dios solamente.

1 Suprime la e. p.: que, como dicen, cuando hace milagros, a más no poder los
hace.
2 Joan., IV. 48.
3 Luc. X. 20.
4 E. p.: lugar.
5 Ps. LXIII. 7.
328 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

se ensalza y engrandece Dios, manifestando al alma su ex-
celencia y ^grandeza; porque en este levantamiento de gozo, en
él le da Dios testimonio de quien él es. Lo cual no se hace
sin vaciar el gozo y consuelo de la voluntad acerca de todas las
cosas, como también lo dice por David diciendo: Vacad, y ved
que yo soy Dios (1). Y otra vez dice: En tierra desierta, seca
y sin camino, parecí delante de tí, para ver tu virtud y tu
gloria (2). Y pues es verdad que se ensalza Dios poniendo el
gozo en lo apartado de todas las cosas, mucho más se ensalza
apartándole de estas más maravillosas, para ponerle sólo en él;
pues son de más alta entidad ,siendo sobrenaturales; y así,
dejándolas atrás por poner el gozo sólo en Dios, es atribuir
mayor gloria y excelencia a Dios que a ellas. Porque cuanto
uno más y mayores cosas desprecia por otro, tanto más le es-
tima y engrandece.
3. Demás de esto, es Dios ensalzado en la segunda manera,
apartando la voluntad de este género de obras; porque cuanto
más es Dios creído y servido sin testimonios y señales, tanto
más es del alma ensalzado, pues cree de Dios más que las se-
ñales y milagros le pueden dar a entender.
4. E l segundo provecho en que se ensalza el alma, es por-
que, apartando la voluntad de todos los testimonios y señales
aparentes, se ensalza en fe muy pura, la cual le infunde y au-
menta Dios con mucha más intensión. Y juntamente le aumenta
las otras dos virtudes teologales, que son candad y esperanza;
en que goza de divinas y altísimas noticias por medio del os-
curo y desnudo hábito de fe; y de grande deleite de amor por
medio de la caridad, con que no se goza la voluntad (3) en
otra cosa que en Dios vivo; y de satisfacción en la memoria (4)
por medio de la esperanza. Todo lo cual es un admirable prove-
cho, que esencial y derechamente importa para la unión per-
fecta del alma con Dios.

1 Ps. X L V . l l .
2 Ps. LXII. 3.
3 Caridad, copian equivocadamente A y B.
4 A, B y e. p.: voluntad.
LIBRO T E R C E R O . — C A P . XXXIII 329

CAPITULO X X X I I I

EN QUE SE COMIFiNZñ A TRATAR D E L SEXTO GENERO DE BIENES
DE QUE SE PUEDE GOZAR L A VOLUNTAD.—DICE CUALES SEAN, Y
H í C E L A PRI/VSERA DIVISION DE ELLOS (1).

1. Pues el intento que llevamos en esta nuestra obra es en-
caminar al espíritu por los bienes espirituales hasta la divina
unión del alma con Dios, ahora que en este sexto género ha-
bernos de tratar de los bienes espirituales, que son los que más
sirven para este negocio, convendrá que, así yo, como el lector,
pongamos aquí con particular advertencia nuestra consideración.
Porque es cosa tan cierta y ordinaria por el poco saber (2) de
algunos, servirse de las cosas espirituales sólo para el sentido,
dejando al espíritu vacío, que apenas habrá a quien el jugo sen-
sual no estrague buena parte del espíritu, bebiéndose el agua
antes que llegue al espíritu, dejándole seco y vacío.
2. Viniendo, pues, al propósito, digo que por bienes es-
pirituales entiendo todos aquellos que mueven y ayudan para
las cosas divinas y el trato del alma con Dios, y las comunica-
ciones de Dios con el alma.
3. Comenzando, pues, a hacer división por los géneros
supremos, digo que los bienes espirituales son en dos maneras:
unos sabrosos, y otros penosos. Y cada uno de estos géneros
es también en dos maneras; porque los sabrosos, unos son
de cosas claras que distintamente se entienden, y otros de
cosas que no se entienden clara ni distintamente. Los penosos,
también algunos son de cosas claras y distintas, y otros de
cosas confusas y oscuras.
4. Todos estos podemos también distinguir según las po-
tencias del alma. Porque unos, por cuanto son inteligencias,
pertenecen al entendimiento; otros, por cuanto son aficiones,

1 La segunda parte de este sumario está tomada de A, B y c. p.
2 La e. p.: porque es cosa cierta que por el poco saber, etc.
330 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

pertenecen a la voluntad, y otros, por cuanto son imaginarios,
pertenecen a la memoria.
5. Dejados, pues, para después los bienes penosos, por
que (1) pertenecen a la noche pasiva, donde habernos de hablar
de ellos, y también los sabrosos, que decimos ser de cosas con-
fusas g no distintas, para tratar a la postre, por cuanto pertene-
cen a la noticia general, confusa, amorosa, en que se hace la
unión del alma con Dios, la cual dejamos en el libro segundo,
difiriéndola para tratar a la postre (2) cuando hacíamos división
entre las aprehensiones del entendimiento (3), diremos aquí aho-
ra de aquellos bienes sabrosos que son de cosas claras g dis-
tintas.

CAPITULO X X X I V

DE LOS BIENES ESPIRITUALES QUE DISTINTAMENTE PUEDEN CAER EN E L
ENTENDIMIENTO Y MEMORIA.—DICE COMO SE HA DE HABER LA
VOLUNTAD ACERCA D E L GOZO DE ELLOS.

1. Mucho tuviéramos aquí que hacer con la multitud de las
aprehensiones de la memoria g entendimiento, enseñando a la
voluntad cómo se había de haber acerca del gozo que puede
tener en ellas, si no hubiéramos tratado de ellas largamente en
el segundo g tercer libro. Pero, porque allí se dijo de la ma-
nera que aquellas dos potencias les convenía haberse acerca de
ellas para encaminarse a la divina unión, g de Ja misma manera
le conviene a la voluntad haberse en el gozo acerca de ellas, no
es necesario referirlas aquí; porque basta decir que donde quie-
ra que allí dice que aquellas potencias se vacien de tales g tales
aprehensiones, se entienda también que la voluntad también se ha

1 E . p.: por cuanto.
2 Véase la nota que pusimos en el capítulo XIV del libro II, pág. 132. Si realizó
este propósito, lo desconocemos.
3 Suprime el C. de Ale. las palabras que siguen: Cuando hacíamos división en-
tre las aprehensiones del entendimiento, que traen A y B. La e. p. añade, además:
g lo haremos cumplidamente en el libro de la "Noche Oscura", diremos aquí ahora,
etcétera.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXXIV 331

de vaciar del gozo de ellas. Y de la misma manera que queda di-
cho que la memoria y entendimiento se han de haber acerca de to-
das aquellas aprehensiones, se ha también de haber la voluntad;
que pues que el entendimiento y las demás potencias no pueden
admitir ni negar nada sin que venga en ello la voluntad, claro
está que la misma doctrina que sirve para lo uno servirá tam-
bién para lo otro.
2. Por tanto, véase allí lo que en este caso se requiere,
porque en todos los daños y peligros que allí se dice, caerá
el alma, si no sabe enderezar a Dios el gozo de la voluntad
en todas aquellas aprehensiones (1).

CAPITULO X X X V

DE LOS BIENES ESPIRITUALES SABROSOS QDE DISTINTAMENTE PUEDEN
CAER EN LA VOLUNTAD.—DICE DE CUANTAS MANERAS SEAN.

1. A cuatro géneros de bienes podemos reducir todos los
que distintamente pueden dar gozo a la voluntad, conviene a
saber: motivos, provocativos, directivos y perfectivos; de ios
cuales iremos diciendo por su orden; y primero, de los motivos,
que son imágenes y retratos de santos (2), oratorios y cere-
monias.
2. Y cuanto a lo que toca a las imágenes y retratos,
puede haber mucha vanidad g gozo vano. Porque siendo ellos
tan importantes para el culto divino y tan necesarios para
mover la voluntad a devoción, como la aprobación y uso que
de ellos tiene nuestra Madre la Iglesia muestra (por lo cual
siempre conviene que nos aprovechemos de ellos para despertar
nuestra tibieza), hay muchas personas que ponen su gozo más
en la pintura y ornato de ellos, que no en lo que representan.

1 Así se lee este párrafo en A . B y e. p. El C. de Ale. traslada: Véase allí lo
que en esto se requiere, porque en todos aquellos daños caerá si no se sabe endere*
zar a Dios.
2 De nuevo el C. de Aic. se pasa de esta palabra a la idéntica que viene en la
siguiente linea, omitiendo las frases intermedias, que copian A, B y e. p.
332 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

3. E l uso de las imágenes para dos principales fines le or-
denó la Iglesia, es a saber: para reverenciar a los santos en
ellas, y para mover la voluntad y despertar la devoción por
ellas a ellos. Y cuanto sirven de esto, son provechosas,
y el uso de ellas necesario; y por eso, las que más al propio
y vivo están sacadas, y más mueven la voluntad a devoción, se
han de escoger, poniendo los ojos en esto más que en el valor
y curiosidad de la hechura y su ornato. Porque hay, como digo,
algunas personas que miran más en la curiosidad de la imagen
y valor de ella, que en lo que representa; y la devoción interior,
que espiritualmente han de enderezar al santo invisible, olvidando
luego la imagen, pues no sirve más que de motivo, la emplean
en el ornato y curiosidad exterior (1), de manera que se agrade
y deleite el sentido, y se quede el amor y gozo de la voluntad
en aquello; lo cual totalmente impide al verdadero espíritu, que
requiere aniquilación del afecto en todas las cosas particulares.
4. Esto se verá bien por el uso abominable que en estos
nuestros tiempos usan algunas personas, que no teniendo ellas
aborrecido el traje vano del mundo, adornan a las imágenes
con el traje que la gente vana por tiempo va inventando para el
cumplimiento de sus pasatiempos y vanidades (2), y del traje
que en ellas es reprendido visten las imágenes, cosa que a los
santos que representan fué tan aborrecible, y lo es; procurando
en esto el demonio y ellos en él canonizar sus vanidades, ponién-
dolas en los santos, no sin agraviarles mucho. Y de esta manera,
la honesta y grave devoción del alma, que de sí echa y arroja
toda vanidad y rastro de ella, ya se les queda en poco más que
en ornato de muñecas, no sirviéndose algunos de las imágenes
más que de unos ídolos en que tienen puesto su gozo. Y así,
veréis algunas personas (3) que no se hartan de añadir imagen
a imagen, y que no sea sino de tal o tal suerte (4) y hechura,

1 La e. p.: han de enderezar al santo invisible, la emplean en afición y curiosi-
dad exterior.
2 A, B y e. p.: liviandades.
3 E . p. abrevia: ya se les queda en poco más que en curiosidad y vanidad. Y
así veréis algunas personas, etc.
4 E l Cod. de Ale. pasa de esta palabra a la igual que viene en la línea siguiente.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXXV 333

y que no estén puestas sino de tal y tal manera, de suerte que
deleite al sentido, • y la devoción del corazón es muy poca ;
y tanto asimiento tienen en esto como Micas en sus ídolos, o como
Labán: que el uno salió de su casa dando voces, porque se los
llevaban; y el otro, habiendo ido mucho camino y muy eno-
jado por ellos, trastornó todas las alhajas de Jacob, buscán-
dolos (1).
5. La persona devota de veras (2) en lo invisible principal-
mente pone su devoción, y pocas imágenes ha menester y de
pocas usa, y de aquellas que más se conforman con lo divino
que con lo humano, conformándolas a ellas, y a sí en ellaSj con
el traje del otro siglo y su condición, y no con é s t e ; porque
no solamente no le mueva el apetito la figura de este siglo,
pero que aún no se acuerde por e|las de é l , teniendo delante
de los ojos cosa que a 'él se le parezca o a alguna de sus
cosas. Ni en ésas de que usa tiene asido el corazón, porque,
si se las quitan, se pena muy poco; porque la viva imagen busca
dentro de sí, que es Cristo crucificado, en el cual antes gusta
de que todo se lo quiten y que todo le falte. Hasta los motivos
y medios que llegan m á s a Dios (3), quitándoselos, queda quieto.
Porque mayor perfección del alma es estar con tranquilidad
y gozo en la privación de esos motivos, que en la posesión con
apetito y asimiento de ellos. Que aunque es bueno gustar de
tener aquellas imágenes que ayuden al alma a más devoción
{por lo cual siempre se h a de escoger la que más mueve); pero
no es perfección estar tan asido a ellas que con propiedad las
posea, de manera que, si se las quitaren, se entristezca,
6. Tenga por cierto el alma, que cuanto más asida con pro-
piedad estuviere a la imagen o motivo (4), tanto menos subirá
a Dios su devoción y oración. Que aunque es verdad que por es-
tar unas más al propio que otras, y excitar m á s la devoción
unas que otras, conviene aficionarse más a unas que a otras

1 Jud., XVIII, 24, y Gen. XXXI, 34.
2 Sólo el C. de Ale. copia las palabras: de veras.
3 E . p.: Hasta los medios que parece que llevaban más a Dios,
4 E . p.: motivo sensible.
334 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

por esta causa sólo, como acabo ahora de decir (1), no ha
de ser con la propiedad y asimiento que tengo dicho; de manera,
que lo que ha de llevar el espíritu volando por allí a Dios, olvi-
dando luego eso y esotro, se lo coma todo el sentido, estando
todo engolfado en el gozo de los instrumentos, que habiéndome
de servir sólo para ayuda de esto, ya por mi imperfección
me sirve para estorbo (2), y no menos que el asimiento y pro-
piedad de otra cualquier cosa.
7. Pero ya que en esto de las imágenes tengas alguna ré-
plica, por no tener tú bien entendida la desnudez y pobreza de
espíritu que requiere la perfección, a lo menos no la podrás
tener en la imperfección que comúnmente tienen en los rosarios;
pues apenas hallarás quien no tenga alguna flaqueza en ellos,
queriendo que sea de esta hechura más que de aquella (3), o de
este color y metal más que de aquél, o de este ornato o de
estotro; no importando más el uno que el otro para que Dios
oiga mejor lo que se reza por éste que por aquél; antes
aquélla que va con sencillo y verdadero corazón (4), no miran-
do más que a agradar a Dios, no dándose nada más por este
rosario que por aquél, si no fuese de indulgencias.
8. Es nuestra vana codicia de suerte y condición (5), que
en todas las cosas quiere hacer asiento; y es como la carcoma,
que roe lo sano, y en las cosas buenas y malas hace su Oficio.
Porque, ¿qué otra cosa es gustar tú de traer el rosario curioso,
y querer que sea antes de esta manera que de aquélla, sino te-
ner puesto tu gozo en el instrumento, y querer escoger antes esta
imagen que la otra, no mirando si te despertará más el amor
divino, sino en si es más preciosa y curiosa? Si tú em-
pleases el apetito y gozo sólo en amar a Dios, no se te
daría nada por eso ni por esótro. es grande enfado ver al-

• w
1 Así A, B y e: p. El C. de Ale. no traslada las palabras como acabo ahora de
decir.
2 La línea que sigue no se lee en la e. p,
3 La e. p.: más que de la otra.
4 E . p.: con sencillo y recto corazón.
5 E . p.: de tal suerte g condición.
LIBRO TERCERO. — C A P . XXXV 335

gimas personas espirituales tan asidas al modo y hechura de
estos instrumentos y motivos, g a la curiosidad y vano gusto
en ellos; porque nunca los veréis satisfechos, sino siempre de-
jando unos por otros, g trocando y olvidando la devoción del
espíritu por estos modos visibles, teniendo en ellos el asimiento
y propiedad, no de otro género a veces que en otras alhajas
temporales, de lo cual no sacan poco daño (1).

CAPITULO X X X V I

EN QUE PROSIGUE DE LAS IMAGENES, Y DICE DE LA IGNORANCIA QUE
ACERCA DE E L L A S TIENEN ALGUNAS PERSONAS,

1. Mucho había que decir de la rudeza que muchas per-
sonas tienen acerca de las imágenes; porque llega la bobería a
tanto, que algunas ponen m á s confianza (2) en unas imágenes que
en otras, entendiendo que les oirá Dios más por éstas que por
aquéllas, representando ambas una misma cosa, como dos de
Cristo o dos de Nuestra Señora, Y esto es, porque tienen más
afición a la una hechura que a la otra; en lo cual va
envuelta gran rudeza acerca del trato con Dios y culto
y honra que se le debe, el cual sólo mira a la fe y pureza
del corazón del que ora. Porque el hacer Dios a veces más
mercedes por medio de una imagen que de otra de aquel mis-
mo género, no es porque haya más en una que en otra para
este efecto (aunque en la hechura tenga mucha diferencia);
sino porque las personas despiertan más su devoción por medio

1 Así A, B y e. p. E l C. de Ale. abrevia estas líneas ea la forma siguiente: Y es
lástima ver algunas personas espirituales tan asidas al modo y hechura de estos ins-
trumentos, teniendo en ellos el asimiento y propiedad que en otras alhajas tempora-
les. Lo poco que se lee en C y D, se aproxima más a los primeros que al Códice de
Alcaudete.
2 E . p. abrevia: "en unas imágenes que en otras, llevados solamente de la afición
que tienen más a una figura que a otra, en lo cual va envuelta gran rudeza y bastardía
acerca del trato con Dios y culto y honra que se le debe, el cual principalmente mira la
fe y pureza del corazón del que ora; porque el hacer Dios más mercedes a veces por
medio de una imagen que por otra de aquel mismo género, es, aunque haya en la he-
chura mucha diferencia, porque las personas dispierten más su devoción por medio
de una que por medio de otra. De donde la causa porque Dios obra milagros", etc.
336 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

de una que de otra. Que si la misma devoción tuviesen por la
una que por la otra (y aun sin lá una y sin la otra), las mismas
mercedes recibirían de Dios.
2. De donde la causa porque Dios despierta milagros y
hace mercedes por medio de algunas imágenes más que por
otras, no es para que estimen más aquéllas que las otras; sino
para que con aquella novedad se despierte la dormida devoción
y afecto de los fieles a oración. Y de aquí es, que, como en-
tonces por medio de aquella imagen se enciende la devoción
y se continúa la oración (que lo uno y lo otro es medio para
que oiga Dios y conceda lo que se le pide), entonces y por medio
de aquella imagen, por la oración y afecto continúa Dios las
mercedes y milagros en aquella imagen; que cierto está que no
ios hace Dios por la imagen, pues en sí no es más que pintura;
sino por la devoción y fe que se tiene con el santo que repre-
senta. Y así, si la misma devoción tuvieses tú y fe en Nuestra
Señora delante de esta su imagen que delante de aquélla, que
representa la misma (y aun sin ella, como habemos dicho), las
mismas mercedes recibirías. Que aun por experiencia se ve que,
si Dios hace algunas mercedes y obra milagros, ordinariamen-
te los hace por medio de algunas imágenes no muy bien ta-
lladas ni curiosamente pintadas o figuradas; porque los fieles
no atribuyan algo de esto B la figura o pintura (1).

3. Y muchas veces suele obrar Nuestro Señor estas mer-
cedes por medio de aquellas imágenes que están más apartadas
y solitarias. Lo uno, porque con aquel movimiento de ir a ellas
crezca más el afecto y sea más intenso el acto. Lo otro, porque
se aparten del ruido y gente a orar, como lo hacía el Señor.
Por lo cual, el que hace la romería, hace bien de hacerla cuando
no va otra gente, aunque sea tiempo extraordinario. Y cuando
va mucha turba, nunca yo se lo aconsejaría; porque, ordina-
riamente, vuelven más distraídos que fueron. Y muchos las to-
rnan y hacen más por recreación que por devoción. De manera

1 A, B y e. p,: a la pintura o hechura.
LIBRO TERCERO.—CñP. XXXVI 337

que, como haija devoción g fe, cualquiera imagen bastará; mas
si no la hay, ninguna bastará (1). Que harto viva imagen era
Nuestro Salvador en el mundo; y, con todo, los que no tenían
fe, aunque más andaban con el y veían sus obras maravillosas,
no se aprovechaban, Y esa era la causa por qué en su tierra no
hacía muchas virtudes, como dice el Evangelista (2).
4. También quiero aquí decir algunos efectos sobrenaturales
que causan a veces algunas imágenes en personas particulares. Y
es, que a algunas imágenes da Dios (3) espíritu particular en
ellas, de manera que quede fijada en la mente la figura de la
imagen y devoción que causó, trayéndola como presente; y cuan-
do de repente de ella se acuerda, le hace el mismo espíritu que
cuando la vió, a veces menos, y aún a veces más; y en otra
imagen, aunque sea de más perfecta hechura, no hallará aquel
espíritu.
5. También muchas personas tienen devoción más en unas
hechuras que en otras, y en algunas no será más que afición y
gusto natural, así como a uno contentará más el rostro de una
persona que de otra, y se aficionará más a ella naturalmente, y la
traerá más presente en su imaginación (4), aunque no sea tan
hermosa como las otras, porque se inclina su natural a aquella
manera de forma y figura. Y así, pensarán algunas personas, que
la afición que tienen a tal o tal imagen es devoción, y no será
quizá más que afición y gusto natural. Otras veces acaece que,
mirando una imagen, la vean moverse, o hacer semblantes y mues-
tras, y dar a entender cosas, o hablar. Esta manera y la de
los efectos sobrenaturales (5) que aquí decimos de las imágenes,
aunque es verdad que muchas veces son verdaderos efectos y
buenos, causando Dios aquello, o para aumentar la devoción.

1 E . p.: De manera que si no hay devoción y fe, no bastará la imagen,
2 Luc. IV. 24.
3 A y B: pone Dios.
4 El Códice de Alba; y la traerá más presente, porque es cosa natural y tenerla
siempre en !a memoria.
5 Asi Ale. y la e. p.—A: de esta manera o de la otra. Pero de los afectos so-
brenaturales, etc.
22
338 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

o para que el alma tenga algún arrimo, a que ande asida por
ser algo ñaca y no se distraiga; muchas veces (1) lo hace el
demonio para engañar y dañar. Por tanto, para todo daremos
doctrina en el capitulo siguiente.

CAPITULO X X X V I I

DE COMO SE HA DE ENCAMINAR A DIOS E L GOZO D E L A VOLUNTAD
POR E L OBJETO DE LAS IMAGENES, D E MANERA QUE NO YERRE
NI SE IMPIDA POR E L L A S ,

1. Así como las imágenes son de gran provecho para acor-
darse de Dios y de los santos, y mover la voluntad a devoción
usando de ellas por la vía ordinaria (2), como conviene; así
también serán para errar mucho si cuando acaecen cosas sobre-
naturales acerca de ellas, no supiese el alma haberse como con-
viene para ir a Dios. Porque uno de los medios con que el de-
monio coge a las almas incautas con facilidad y las impide el
camino de la verdad del espíritu, es por cosas sobrenaturales (3)
y extraordinarias, de que hace muestra por las imágenes, ahora en
las materiales y corporales que usa la Iglesia, ahora en las que
él suele fijar en la fantasía debajo de tal o tal santo, o imagen
suya, transfigurándose en ángel de luz para engañar. Porque
el astuto demonio en esos mismos medios que tenemos para re-
mediarnos y ayudarnos, se procura disimular para cogernos más
incautos. Por lo cual, el alma buena siempre en lo bueno se
ha de recelar más, porque lo malo ello trae consigo el testi-
monio de si.
2. Por tanto, para evitar todos los daños que al alma
pueden tocar en este caso, que son, o ser impedida de volar
a Dios, o usar con bajo estilo e ignorantemente de las imágenes,
o ser engañado natural o sobrenaturalmente (4) por ellas; las

1 E . p. añade: oíras veces no son verdaderos g suele hacerlos el demonio.
2 No traslada el C. de Ale. por la vía ordinaria, que leemos en A, B y e. p.
3 E . p. en vez de sobrenaturales imprime raras. Véase la nota que acerca de la
palabra sobrenatural pusimos en la página 138,
4 La e. p.: o ser engañado por ellas.
LIBRO TERCERO.—CAP. XXXVII 339

cuales cosas son las que arriba habernos tocado; y también
para purificar el gozo de la voluntad en ellas y enderezar por
ellas el alma a Dios, que es el intento que en el uso de ellas
tiene la Iglesia, sola una advertencia quiero poner aquí, que bas-
tará para todo, y es: que pues las imágenes nos sirven para mo-
tivo de las cosas invisibles, que en ellas solamente procuremos el
motivo y afición y gozo de la voluntad en lo vivo que repre-
sentan. Por tanto, tenga el fiel este cuidado, que en viendo la
imagen, no quiera embeber el sentido en ella, ahora sea cor-
poral la imagen, ahora imaginaria; ahora de hermosa hechura,
ahora de rico atavio; ahora le haga devoción sensitiva, ahora es-
piritual, ahora le haga muestras sobrenaturales, no haciendo caso
de nada de estos accidentes, no repare más en ella, sino (1), lue-
go levante de ahí la mente a lo que representa, poniendo el jugo
y gozo de la voluntad en Dios con la oración y devoción de su
espíritu, o en el santo que invoca; porque lo que se ha de
llevar lo vivo y el espíritu, no se lo Heve lo pintado y el sen-
tido. De esta manera, no será engañado, porque no hará caso
de lo que la imagen le dijere, ni ocupará el sentido ni el espíritu
que no vaga libremente a Dios, ni pondrá más confianza en
una imagen que en otra. Y la que sobrenaturalmente le diese
devoción, se la dará más copiosamente, pues que luego va a
Dios con el afecto. Porque Dios siempre que hace esas y otras
mercedes, las hace inclinando el afecto del gozo de la voluntad
a lo invisible, y así quiere que lo hagamos, aniquilando la fuer-
za y jugo de las potencias acerca de todas las cosas visibles
y sensibles.

1 E , p. añade: sino, hecha a la imagen la adoración que manda la Iglesia.
340 SUBIDA DEL MONTE CARMELO

CAPITULO X X X V I I I

PROSIGUE EN LOS BIENES MOTIVOS.—DICE DE LOS ORATORIOS Y LU-
GARES DEDICADOS PARA ORACION.

1. Paréceme que ya queda dado a entender cómo en estos
accidentes de las imágenes puede tener el espiritual tanta im-
perfección, y por ventura más peligrosa, poniendo su gusto y go-
zo (1) en ellas, como en las demás cosas corporales y tempo-
rales. Y digo que más, por ventura, porque con decir: cosas
santas son, se aseguran más, y no temen la propiedad y asi-
miento natural; y así, se engañan a veces harto, pensando
que ya están llenos de devoción porque se sienten tener el gusto
en estas cosas santas, y, por ventura, no es más que condición y
apetito natural, que, como le ponen en otras cosas, le ponen
en aquello.
2. De aquí es (porque comencemos a tratar de los orato-
rios), que algunas personas no se hartan de añadir unas y
otras imágenes a su oratorio, gustando del orden y atavío con que
las ponen, a fin de que su oratorio esté bien adornado y parezca
bien; y a Dios no le quieren más así que así, mas antes menos,
pues el gusto que ponen en aquellos ornatos pintados, quitan
a lo vivo, como habernos dicho. Que aunque es verdad que todo
ornato y atavío y reverencia que se puede hacer a las imágenes,
es muy poco, (por lo cual los que las tienen con poca decencia y
reverencia son dignos de mucha reprensión, junto con los que ha-
cen algunas tan mal talladas que antes quitan la devoción que la
añaden, por lo cual habían de impedir a algunos oficiales que en
esta arte son cortos y toscos); pero ¿qué tiene esto que ver con
la propiedad y asimiento y apetito que tú tienes en estos ornatos
ij atavíos exteriores, cuando de tal manera te engolfan el sentido,
que te impiden mucho el corazón de ir a Dios, y amarle y ol-
vidarte de todas las cosas por su amor? Que si a esto faltas por

1 E . p.: su gustó en ellas.
LIBRO TERCERO.—CñP. XXXVIII 341

esotro, no sólo no te lo agradecerá, mas antes te castigará, por
no haber buscado en todas las cosas su gusto más que el tu-
yo. Lo cual podrás bien entender en aquella fiesta que hicie-
ron a Su Majestad cuando entró en Jerusalén, recibiéndole con
tantos cantares y ramos, y lloraba el Señor (1); porque,
teniendo ellos su corazón muy lejos de él, le hacían pago con
aquellas señales y ornatos exteriores. En lo cual, podemos decir
que más se hacían fiesta a si mismos que a Dios; como acaece a
muchos el día de hoy, que cuando hay alguna solemne fiesta (2)
en alguna parte, más se suelen alegrar por lo que ellos se han de
holgar en ella, ahora por ver, o ser vistos, ahora por comer, aho-
ra por otros sus respetos, que por agradar a Dios. En las cuales
inclinaciones c intenciones ningún gusto dan a Dios; mayormente,
los mismos que celebran las fiestas, cuando inventan para inter-
poner en ellas cosas ridiculas e indevotas para incitar a risa a la
gente, con que más se distraen; y otros ponen cosas que agra-
den más a la gente, que la muevan a devoción.
5. Pues, ¿qué diré de otros intentos que tienen algunos de
intereses en las fiestas que celebran?; los cuales si tienen más el
ojo y codicia a esto que al servicio de Dios, ellos se lo saben, y
Dios que lo ve; pero en las unas maneras y en las otras, cuando
así pasan, crean que más se hacen a si la fiesta que a Dios. Porque
lo que por su gusto o el de los hombres hacen, no lo toma Dios
a su cuenta, antes muchos se estarán holgando de los que comu-
nican en las fiestas de Dios, y Dios se estará con ellos enojando,
como lo hizo con los hijos de Israel cuando hacían fiesta can-
tando y bailando (3) a su ídolo, pensando que hacían fiesta a
Dios, de los cuales mató muchos millares (4). O como con los
sacerdotes Nadab y Abiud, hijos de Aarón, a quien mató Dios con
los incensarios en las manos, porque ofrecían fuego ajeno (5), O

1 Matth., XXI. 9.
2 E . p.: cuando hay solemnidad en alguna parte.
3 A, B y e. p: cantando y danzando.
4 Exod., XXXII, 7-28.
5 Lev., X. 1-2.-LUC., IX, 41.
342 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

como al que entró en las bodas mal ataviado (1) y compuesto, al
cual mandó el rey echar en las tinieblas exteriores, atado de pies
y manos (2). E n lo cual se conoce cuán mal sufre Dios en
las juntas que se hacen para su servicio, estos desacatos. Por-
que ¡cuántas fiestas, Dios mío, os hacen los hijos de los hom-
bres, en que se lleva más el demonio que vos!; g el demonio gus-
ta de ellas, porque en ellas, como el tratante, hace él su feria.
Y cuántas veces diréis vos en ellas: Este pueblo con los labios
me honra sólo, mas su corazón está lejos de mi, porque me sir-
ve sin causa (3). Porque la causa por que Dios (4) ha de ser
servido, es sólo por ser él quien es, y no interponiendo otros
fines. Y así, no sirviéndole sólo por quien él es, es servirle sin
causa final de Dios (5).
4. Pues, volviendo a los oratorios, digo que algunas perso-
nas los atavían más por su gusto que por el de Dios; g algunos
hacen tan poco caso de la devoción de ellos, que no los tienen en
más que sus camarines (6) profanos; y aun algunos no en tanto,
pues tienen más gusto en lo profano que en lo divino.
5. Pero dejemos ahora esto, y digamos todavía de los que
hilan más delgado, es a saber, de los que se tienen por gente
devota. Porque muchos de éstos de tal manera dan en tener
asido el apetito y gusto a su oratorio y ornato de él, que todo
lo que habían de emplear en oración de Dios y recogimiento
interior, se les va en esto. Y no echan de ver qiiie no orde-
nando esto para el recogimiento interior y paz del alma, se
distraen tanto con ello como en las demás cosas, y se inquie-
tarán en el tal gusto a cada paso, y más si se lo quisiesen
quitar.

1 E . p.: mal vestido.
2 Matth.. XXII. 1243.
3 Ibid.. X V . 8.
4 E . p.: Qae la principal cansa por que Dios,
5 Toda esta línea falta en la e. p, desde las palabras Y así.
6 Camariles, traslada el C. de Ale.
LIBRO TERCERO.—CAP. X X X K 343

CAPITULO X X X I X

DE COMO SE Ha D E USAR DE LOS ORATORIOS Y T E M P L O S , ENCAMINANDO
EL ESPIRITU A DIOSx

1. Para encaminar a Dios el espíritu en este género, con-
viene advertir que a los principiantes bien se les permite, y aun
les conviene, tener algún gusto y jugo sensible acerca de las
imágenes, oratorios g otras cosas devotas visibles, por cuanto aun
no tienen destetado ni desarrimado el paladar de las cosas del si-
glo, porque con este gusto dejen el otro. Como al niño que, por
desembarazarle la mano de una cosa, se la ocupan con otra por-
que no llore, dejándole las manos vacías. Pero para ir adelante,
también se ha de desnudar el espiritual de todos esos gustos g
apetitos en que la voluntad puede gozarse; porque el puro espí-
ritu muy poco se ata a nada de esos objetos, sino sólo en recogi-
miento interior y trato mental con Dios. Que aunque se aprovecha
de las imágenes y oratorios, es muy de paso, y luego para su
espíritu en Dios, olvidado de todo lo sensible.
2. Por tanto, aunque es mejor orar donde más decencia hu-
biere; con todo, no obstante esto, aquel lugar se ha de escoger
donde menos se embarazare el sentido y el espíritu de ir a Dios.
En lo cual nos conviene tomar aquello que responde Nuestro
Salvador a la mujer samaritana, cuando le preguntó que cuál ere
más acomodado lugar para orar, el templo o el monte, le respon-
dió (1): Que no estaba la verdadera oración aneja al monte
ni al templo (2); sino que los adoradores de que se agradaba
el Padre, son los que le adoran en espíritu y verdad (3). De don-
de, aunque los templos y lugares apacibles son (4) dedicados y
acomodados a oración (porque el templo no se ha de usar para

1 Le respondió. Faltan estas palabras en la e. p.
2 Tampoco copia la e. p. las palabras ni al templo.
3 Joan.. IV, 23-24.
4 La c p.: sean.
344 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

otra cosa), todavía para negocio de trato tan interior (1) como
éste, que se hace con Dios, aquel lugar se debe escoger que me-
nos ocupe y lleve tras si el sentido. Y así, no ha de ser lugar
ameno g deleitable al sentido (como suelen procurar algunos),
porque en vez de recoger a Dios el espíritu, no pare en recrea-
ción y gusto y sabor del sentido. Y por eso es bueno lugar
solitario, y aun áspero, para que el espíritu sólida y derechamente
suba a Dios, no impedido ni detenido en las cosas visibles; aun-
que alguna vez ayudan a levantar el espíritu, mas esto es
olvidándolas luego y quedándose en Dios. Por lo cual, Nues-
tro Salvador, escogía lugares solitarios para orar, y aquellos
que no ocupasen mucho los sentidos (para darnos ejemplo); sino
que levantasen el alma a Dios, como eran los montes (2) que se
levantaban de la tierra, y ordinariamente son pelados sin materia
de .sensitiva recreación.
3. De donde el verdadero espiritual nunca se ata ni mira
en que el lugar para orar sea de tal o tal comodidad, porque esto
todavía es estar atado al sentido; sino sólo al recogimiento in-
terior (3), en olvido de eso y de esótro, escogiendo para esto
el lugar más libre de objetos y jugos sensibles, sacando la adver-
tencia de todo eso para poder gozarse más a solas de criaturas
con su Dios. Porque es cosa notable ver algunos espirituales que
todo se les va en componer oratorios, y acomodar lugares agra-
dables a su condición o inclinación, y del recogimiento interior,
que es el que hace al caso, hacen menos caudal, y tienen muy
poco de él; porque si le tuviesen, no podrían tener gusto en
aquellos modos y maneras, antes les cansarían.

1 Así el C. de Ale. y la e. p.—A y B: Tan importante y interior.
2 Las palabras restantes hasta el punto, faltan en el C. de Ale.
3 E . p.: De donde el verdadero espiritual no mira sino solo al recogimiento.
LIBRO TERCERO.—CñP. XL 345

CAPITULO X L

QUE PROSIGUE ENCAMINñNDO E L ESPIRITU A L RECOGIffilENTO INTERIOR
ACERCA D E L O DICHO.

1. La causa, pues, por qué algunos espirituales nunca aca-
ban de entrar m los verdaderos gozos del espíritu es, porque nunca
acaban ellos de alzar el apetito del gozo de estas cosas exterio-
res y visibles. Adviertan estos tales que, aunque el lugar decente
y dedicado para oración es el templo g oratorio visible, y la ima-
gen para motivo, que no ha de ser de manera qué se emplee el
jugo y sabor del alma en el templo visible y motivo, y se
olvide de orar en el templo vivo, que es el interior recogi-
miento del alma. Porque, para advertirnos esto, dijo el Apóstol:
Mirad, que vuestros cuerpos son templos vivos del Espíritu
Santo, que mora en vosotros (1). Y a esta consideración nos
envía la autoridad que habernos alegado de Cristo, es a saber:
a los verdaderos adoradores (2) conviene .adorar en espíritu
y verdad (3). Porque muy poco caso hace Dios de tus orato-
rios y lugares acomodados, si, por tener el apetito y gusto asido
a ellos, tienes algo menos de desnudez interior, que es la pobreza
espiritual en negación de todas las cosas que puedes poseer.
2. Debes, pues, para purgar la voluntad del gozo y apetito
vano en esto y enderezarlo a Dios en tu oración, sólo mirar que tu
conciencia esté pura, y tu voluntad entera con Dios, y la mente
puesta de veras en él; y, como he dicho, escoger el lugar más
apartado y solitario que pudieres, y convertir todo el gozo
de la voluntad en invocar y glorificar a Dios; y de esotros
gustillos de lo exterior no hagas caso, antes los procures ne-
gar. Porque si se hace el alma al sabor de la devoción sen-

1 I ad Cor., III. 16. Aqui añade la e. p.: "Y Cristo por Lucas (XVII-21): Que el
reino de Dios está dentro de vosotros.
2 Asi Ale, A y B.—La e. p.: verdaderos oradores.
3 Joan., IV, 24.
346 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

sible, nunca atinará a pasar a la fuerza del ctekite del espíritu,
que se halla en la desnudez espiritual mediante el recogimiento
interior.

CAPITULO X L I

DE ALGUNOS DAÑOS EN QUE CAEN LOS QUE SE DAN A L GUSTO SENSIBLE
DE LAS COSAS Y LUGARES DEVOTOS DE LA MANERA QUE SE HA
DICHO.

1. Muchos daños se le siguen, asi acerca de lo interior co-
mo de lo exterior, al espiritual por quererse andar al sabor sensi-
tivo acerca de las dichas cosas. Porque acerca del espíritu, nunca
llegará al recogimiento interior del espíritu, que consiste en pa-
sar de todo eso, y hacer olvidar al alma todos esos sabores
sensibles, y entrar en lo vivo del recogimiento del alma, y ad-
quirir las virtudes con fuerza. Cuanto a lo exterior, le causa no
acomodarse a orar en todos los lugares, sino en los que son a su
gusto; y así, muchas veces faltará a la oración, pues, como
dicen, no está hecho más que al libro de su aldea.
2. Demás de esto, este apetito les causa muchas varieda-
des (1), porque de éstos son los que nunca perseveran en un lu-
gar, ni a veces en un estado, sino que ahora los veréis en un
lugar, ahora en otro; ahora tomar una ermita, ahora otra; aho-
ra componer un oratorio, ahora otro (2). Y de éstos son tam-
bién aquéllos que se les acaba la vida en mudanzas de estados
y modos de vivir. Que como sólo tienen aquel fervor y gozo sensi-
ble acerca de las cosas espirituales, y nunca se han hecho fuerza
para llegar al recogimiento espiritual por la negación de su vo-
luntad y sujeción en sufrirse en desacomodamientos, todas las
veces que ven un lugar, devoto a su parecer, o alguna manera
de vida o estado que cuadre con su condición e inclinación, lue-
go se van tras él, g dejan el que tenían. Y como se movieron

1 Así Ale. y e. p.—-A y B: novedades,
2 Falta en el C. de Ale. la frase: ahora componer un oratorio, ahora otro, que
se lee en los demás.
LIBRO T E R C E R O . — C A P . XLI 347

por aquel gusto sensible, de aquí es que presto buscan otra
cosa, porque el gusto sensible no es constante, porque falta muy
presto (1).

CAPITULO XLII

DE TRES DIFERENCIAS DE LUGARES DEVOTOS, Y COMO SE HA DE
HABER ACERCA DE ELLOS L A VOLUNTAD.

1. Tres maneras de lugares hallo, por medio de los cuales
suele Dios mover la voluntad a devoción. La primera es,
algunas disposiciones de tierras y sitios, que con la agradable
apariencia de sus diferencias, ahora en disposición de tierra, ahora
de árboles, ahora de solitaria quietud, naturalmente despiertan la
devoción. Y de éstos es cosa provechosa usar, cuando luego en-
derezan a Dios (2) la voluntad en olvido de los dichos luga-
res, así como para ir al fin, conviene no detenerse en el medio
y motivo más de lo que basta. Porque si procuran recrear el ape-
tito y sacar jugo sensitivo, antes hallarán sequedad de espíritu
y distracción espiritual; porque la satisfacción y jugo espiritual
no se halla sino en el recogimiento interior.
2. Por tanto, estando en el tal lugar, olvidados del lugar,
han de procurar estar en su interior con Dios, como si no
estuviesen en el tal lugar. Porque si se andan al sabor y gusto del
lugar como habernos dicho, de aquí para allí, más es buscar
recreación sensitiva e instabilidad de ánimo, que sosiego espiritual,
ñsí lo hacían los anacoretas y otros santos ermitaños, que en
los anchísimos y graciosísimos desiertos escogían el menor lugar
que les podía bastar, edificando estrechísimas celdas y cuevas, y
encerrándose allí; donde San Benito estuvo tres años, y otro,
que fué San Simón (3), se ató con una cuerda para no tomar más
ni andar más que lo que alcanzase; y de esta manera muchos, que

1 E . p.: g falta muy presto,
2 E . p.: cuando luego se endereza a Dios, etc.
3 Lae.p. omite: que fué San Simón, Alude al conocido caso del Estilita.
348 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

nunca acabaríamos de contar. Porque entendían muy bien aque-
llos santos, que si no apagaban el apetito y codicia de hallar
gusto y sabor espiritual, no podían venir a ser espirituales.
3. La segunda manera es más particular, porque es de al-
gunos lugares (no me da más esos desiertos que otros cuales-
quiera) donde Dios suele hacer algunas mercedes espirituales muy
sabrosas a algunas particulares personas; de manera que, ordi-
nariamente, queda inclinado el corazón de aquella persona que
recibió allí la merced a aquel lugar donde la recibió, y le dan
algunas veces algunos grandes deseos y ansias de ir a aquel lu-
gar; aunque cuando va, no se halla como antes, porque no está
en su mano. Porque estas mercedes hácelas Dios (1) cuando y
como y donde quiere, sin estar asido a lugar ni a tiempo, ni
al albedrío de a quien las hace. Pero todavía es bueno ir, como
vaya desnudo del apetito de propiedad, a orar allí algunas veces,
por tres cosas: la primera, porque aunque, como decimos, Dios
no está atenido a lugar, parece que quiso allí Dios ser alabado
de aquella alma, haciéndola allí aquella merced; la segunda, por-
que más se acuerda el alma de agradecer a Dios lo que allí reci-
bió; la tercera, porque todavía se despierta mucho más la de-
voción allí con aquella memoria.
4. Por estas cosas debe ir, y no por pensar que está Dios
atado a hacerle mercedes allí, de manera que no pueda donde
quiera, porque más decente lugar es el alma y más propio pa-
ra Dios que ningún lugar corporal. De esta manera leemos en la
Sagrada Escritura, que hizo Abraham un altar en el mismo lugar
donde le apareció Dios, e invocó allí su santo nombre, y que
después, viniendo de Egipto, volvió por el mismo camino, don-
de había aparecídole Dios, y volvió a invocar a Dios allí en el
mismo altar que había edificado (2). También Jacob señaló el
lugar donde le apareció Dios estribando en aquella escala, le-
vantando allí una piedra ungida con óleo (3). Y Agar puso nom-

1 Así la c. p, y el C. de Ale—-A y B: porque no está en su mano recibir aque-
llas mercedes: hácelas Dios.
2 Gen., XII. 8 y XIII. 4.
3 Gen., XXVIII. 13-18.
LIBRO TERCERO.—CAP. XLII 349

brc al lugar donde k apareció el ángel, estimando mucho aquel
lugar, diciendo: Por cierto, que aquí he visto las espaldas del
que me ve (1).
5. La tercera manera es, algunos lugares particulares que eli-
ge Dios para ser allí invocado y servido, así como el monte S i -
naí, donde Dios dio la ley a Moisés (2). .Y iel lugar que señaló
a Abraham para que sacrificase a su hijo (3). Y también el monte
Horeb, donde apareció a nuestro padre Elias (4).
6. La causa por qué Dios escoge estos lugares más que otros
para ser alabado, él se la sabe. Lo que a nosotros nos conviene
saber, es que todo es para nuestro provecho y para oir nuestras
oraciones en ellos y do quiera que con entera fe le rogáremos;
aunque en los que están dedicados a su servicio hay mucha más
ocasión de ser oídos en ellos, por tenerlos la Iglesia señalados
y dedicados para esto.

1 Gen.. X V I . 13.
2 Exod.. X X I V . 12.
3 Gen.. XXII, 2.
4 III Reg., X I X , 8.—Así el C . de A l e : Y también en el monte Horeb, donde
apareció a nuestro padre Elias. A, B y e. p. añaden: " Y también el monte Horeb,
donde mandó Dios a nuestro padre Elias para mostrarle allí. Y el lugar que dedicó
San Miguel para su servicio, que es el monte Gárgano, apareciendo al Obispo sipon-
tino, y diciendo que él era guarda de aquel lugar, para que allí se dedicase a Dios un
oratorio en memoria de los Angeles, Y la gloriosa Virgen escogió en Roma, con sin-
gular señal de nieve, lugar para el templo que quiso edificase Patricio, de su nombre."
350 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

CAPITULO XLIII

QUE TRATA DE OTROS MOTIVOS PARA ORAR QUE USAN MUCHAS PERSONAS,
QUE SON MUCHA VARIEDAD D E CEREMONIAS.

1. Los gozos inútiles y la propiedad imperfecta que acerca
de las cosas que habernos dicho muchas personas tienen, por ven-
tura son algo tolerables, por ir ellas en ello algo inocentemente.
Del grande arrimo (1) que algunos tienen a muchas maneras de
ceremonias introducidas por gente poco ilustrada y falta en Ig
sencillez de la fe, es insufrible. Dejemos ahora aquéllas que en
si llevan envueltos algunos nombres extraordinarios o términos
que no significan nada, y otras cosas no sacras que gente necia
y de alma ruda y sospechosa suele interponer en sus oraciones;
que por ser claramente malas y en que hay pecado, y en mu-
chas de ellas pacto oculto con el demonio, con las cuales provocan
a Dios a ira y no a rnisericordia, las dejo aquí de tratar.
2. Pero de aquéllas sólo quiero decir de que, por no tener
en sí esas maneras sospechosas interpuestas, muchas personas
el día de hoy, con devoción indiscreta, usan poniendo tan-
ta eficacia y fe en aquellos modos y maneras con que quie-
ren cumplir sus devociones y oraciones, que entienden que si
un punto falta y sale de aquellos límites, no aprovechará ni la
oirá Dios, poniendo más fiducia en aquellos modos y maneras,
que en lo vivo de la oración, no sin grande desacato y agravio
de Dios: así como que sea la misa con tantas candelas, y no
más ni menos; y que la diga sacerdote de tal o tal suerte; y
que sea a tal o tal hora, y no antes ni después; y que sea
después de tal día, y no antes ni después; que las oraciones
y estaciones sean tantas y tales y a tales tiempos, y con tales
o tales ceremonias, y que no antes ni después, ni de otra
manera; y que la persona que las hiciere tenga tales y tales

1 La e. p,: Pero del grande arrimo.
LIBRO TERCERO. — C A P . XUII 351

partes o propiedades. Y piensan que si falta algo de lo que ellos
llevan propuesto, no se hace nada (1).
3. Y lo que es peor e intolerable, es que algunos quieren
sentir algún efecto en si, o cumplirse lo que piden, o saber que
se cumple el fin de aquellas sus oraciones ceremoniáticas, que
no es menos que tentar a Dios g enojarle gravemente; tanto, que
algunas veces da licencia al demonio para que los engañe, ha-
ciéndolos sentir y entender cosas harto ajenas del provecho de
su alma, mereciéndolo ellos por la propiedad que llevan en sus
oraciones, no deseando más que se haga lo que Dios quiere que
lo que ellos pretenden; y así, porque no ponen toda su confian-
za en Dios, nada les sucede bien (2).

CAPITULO XLIV

DE COMO SE HA D E ENDEREZAR A DIOS E L GOZO Y FUERZA DE LA
VOLUNTAD POR ESTAS DEVOCIONES.

1. Sepan pues éstos, que cuanta más fiducia hacen de estas
cosas g ceremonias (3), tanto menor confianza tienen en Dios, y
no alcanzarán de Dios lo que desean. Hay algunos que más
oran (4) por su pretensión que por la honra de Dios; que aunque
ellos suponen que si Dios se ha de servir se haga, y si no, no,
todavía por la propiedad y vano gozo que en ello llevan, multi-
plican demasiados ruegos por aquello, que seria mejor mudarlos
en cosas de más importancia para ellos, como es el limpiar de
veras sus conciencias, y entender de hecho en cosas de su
salvación, posponiendo muy atrás (5) todas esotras peticiones su-

1 A y B. añaden: y otras mil cosas que se ofrecen y usan. La e, p.: y otras mil
cosas que se usan.
2 Con la última palabra del capitulo, que es también la última- de plana en el
Códice de Ale, termina lo escrito por el P. Juan Evangelista; lo restante de dicho
Códice se toma de otro muy antiguo que había en tiempo del P. Andrés en Duruelo,
como ya se dijo a propósito de las hojas que anteriormente se suplieron por el mismo
Códice.
3 Así Ale. y A . El manuscrito B dice: mientras más confian en sus ceremonias.
La e. p.: cnanto más estriban en estas sus ceremonias.
4 Ale. y B: oran. A y e. p.: obran.
5 La e. p, omite las palabras muy atrás.
352 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

gas que no son esto. Y de esta manera, alcanzando esto que más
les importa, alcanzarían también todo lo que de esotro les estu-
viere bien (aunque no se lo pidiesen), mucho mejor y antes que
si toda la fuerza pusiesen en aquello. Porque así lo tiene prome-
tido el Señor por el Evangelista, diciendo: Pretended primero
y principalmente el reino de. Dios y su justicia, y todas esotras
cosas se os añadirán ( i ) .
2. Porque ésta es la pretensión y petición que es más a su
gusto; y, para alcanzar las peticiones que tenemos en nuestro
corazón, no hay mejor medio que poner la fuerza de nuestra
oración en aquella cosa que es más gustó de Dios; porque en-
tonces, no sólo dará lo que le pedimos, que es la salvación,
sino aun lo que él ve que nos conviene y nos es bueno, aunque
no se lo pidamos, según lo da bien a entender David en un
salmo, diciendo : Cerca está el Señor de los que le llaman en la
verdad (2) que le piden las cosas (3) que son de más altas
veras, como son las de la salvación, porque de éstos dice lue-
go: La voluntad de los que le temen cumplirá, y sus ruegos
oirá, y salvarlos ha. Porque es Dios guarda de los que bien
le quieren (4). Y asi, este estar tan cerca que aquí dice David,
no es otra cosa que estar a satisfacerlos y concederles aún lo
que no les pasa por pensamiento pedir. Porque asi leemos, que
porque Salomón acertó a pedir a Dios una cosa que le dió gus-
to, que era sabiduría para acertar a regir justamente a su pueblo,
le respondió Dios diciendo: Porque te agradó más que otra
cosa alguna la sabiduría, y ni pediste la victoria con muerte de
tus enemigos, ni riquezas ni larga vida, yo te doy, no sólo l a
sabiduría que pides, para regir justamente mi pueblo (5); mas
aun lo que no me has pedido te daré, que es riquezas, y
sustancia y gloria, de manera que antes ni después de tí haga

1 Matth., VI, 33.
2 Ps. C X L I V , 18.
3 L a e. p., conformándose más al texto latino del salmo, traslada: Cerca está el
Señor de los que le llaman, de los que le llaman en la verdad. Y aquéllos le llaman
en la verdad, etc.
4 Ps. C X L I V , 19.
5 A , B y e. p.: para que justamente gobiernes mi pueblo.
LIBRO TERCERO.—CAP. XLIV 353

rey a t i semejante (1). Y así lo hizo, pacificándole también
sus enemigos, de manera que, pagándole tributo todos en de-
rredor, no le perturbasen. Lo mismo leemos en el Génesis, don-
de prometiendo Dios a Abraham de multiplicar la generación
del hijo legítimo como las estrellas del cielo, según él se lo
había pedido, le dijo: También multiplicaré al hijo de la
esclava, porque es tu hijo (2).
3. De esta manera, pues, se han de enderezar a Dios las
fuerzas de la voluntad y el gozo de ella en las peticiones, no
curando de estribar en las invenciones de ceremonias que no usa
ni tiene aprobadas la Iglesia católica, dejando el modo y ma-
nera de decir la misa al sacerdote, que allí la Iglesia tie-
ne en su lugar, que él tiene orden de ella cómo lo ha de
hacer. Y no quieran ellos usar nuevos modos, como si supiesen
más que el Espíritu Santo g su Iglesia. Que si por esta sen-
cillez no los oyere Dios, crean que no los oirá aunque más
invenciones hagan. Porque Dios es de manera, que si le llevan
por bien y a su condición, harán de E l cuanto quisieren; mas si
va sobre interés, no hay hablarle (3).
4. Y en las demás ceremonias acerca del rezar y otras
devociones, no quieran arrimar la voluntad a otras ceremonias y
modos de oraciones de las que nos enseñó Cristo (4). Que claro
está, que cuando sus discípulos le rogaron que les enseñase a
orar, les diría todo lo que hace al caso, para que nos oyese el
Padre Eterno, como el que tan bien conocía su condición; y sólo
les enseñó aquellas siete peticiones del Pater noster, en que se
incluyen todas nuestras necesidades espirituales y temporales (5),
y no les dijo otras muchas maneras de palabras y ceremonias.
Antes, en otra parte, les dijo, que cuando oraban no quisiesen

1 II Paral., I, 11 y 12.
2 Gen., XXI, 13.
3 Asi el Códice de Alcaudete.—A y B copian así la última frase: mas si va por
interés no hay hablarle. La e. p. suprime estas dos líneas y media.
4 Luc, XI, 1-2.—La e. p. añade: y su Iglesia.
5 A y B: corporales y espirituales.
23
354 SÜBIDÜ DEL MONTE CARMELO

hablar mucho, porque bien sabía nuestro Padre celestial lo que
nos convenía (1). Sólo encargó, con muchos encarecimientos, que
perseverásemos en oración, es a saber: en la del Pater noster, di-
ciendo en otra parte: Que conviene siempre orar, g nunca fal-
tar (2). Mas no enseñó variedad de peticiones, sino que és-
tas se repitan muchas veces y con fervor y cuidado. Porque, como
digo, en éstas se encierra todo lo que es voluntad de Dios, y
todo lo que nos conviene. Que, por eso, cuando Su Majestad
acudió tres veces al Padre Eterno, todas tres veces oró con lg
misma palabra del Pater noster, como dicen los Evangelistas,
diciendo: Padre, si no puede ser sino que tengo de beber este
cáliz, hágase tu voluntad (3). Y las ceremonias con que él
nos enseñó a orar, sólo es una de dos: o que sea en el escon-
drijo de nuestro retrete, donde sin bullicio y sin dar cuenta
a nadie lo podemos hacer con más entero y puro corazón, se-
gún él dijo, diciendo: Cuando tú orares, entra en tu retrete, y
cerrada la puerta, ora (4); o, si no, a los desiertos solitarios,
como él lo hacía, y en el mejor y más quieto tiempo de la noche.
Y así no hay para qué señalar limitado tiempo, ni días limitados,
ni señalar éstos más que aquéllos para nuestras devociones, ni
hay para qué usar (5) otros modos ni retruécanos de palabras
y oraciones, sino sólo las que usa la Iglesia y como las usa; por-
que todas se reducen a las que habernos dicho del Pater noster.

5. Y no condeno por eso, sino antes apruebo, algunos días
que algunas personas a veces proponen de hacer devociones, en.
como ayunar ('6) y otras semejantes; sino el estilo que
llevan en sus limitados modos y ceremonias con que las ha-

1 Matth.. VI, 7-8.
2 Luc, XVIII. 1.
3 Matth., XXVI, 39.
4 Matth.. VI, 6.
5 La e. p.: Y así no hay para qué señalar tiempos ni días señalados, ni hay
para qué asar, etc.
6 B: así como algunas novenas.'—Ax así como algunos de novenas.
LIBRO TERCERO.—CAP. XLIV 355

cen; como hizo Judit a los de Betulia, que los reprendió
porque habían limitado a Dios el tiempo en que esperaban de
Dios (1) misericordia, diciendo: ¿Vosotros ponéis a Dios tiem-
po de sus misericordias? No es, dice, esto para mover a Dios
a clemencia, sino para despertar su ira (2).

CAPITULO X L V

EN QUE SE TRñTA D E L SEGUNDO GENERO D E BIENES DISTINTOS, EN
QUE SE PUEDE GOZAR VANAMENTE L A VOLUNTAD.

1. La segunda manera de bienes distintos sabrosos en que
vanamente se puede gozar la voluntad, son los que provocan o
persuaden a servir a Dios, que llamábamos provocativos. Es-
tos son los predicadores, de los cuales podríamos hablar de dos
maneras, es a saber: cuanto a lo que toca a los mismos predica-
dores, y cuanto a los oyentes (3). Porque a los unos g a los
otros no falta que advertir cómo han de guiar a Dios el gozo
de su voluntad, así los unos, como los otros, acerca de este ejer-
cicio.
2. Cuanto a lo primero, el predicador, para aprovechar al
pueblo y no embarazarse (4) a sí mismo con vano gozo y pre-
sunción, conviénele advertir que aquel ejercicio más es espiritual
que vocal; porque aunque se ejercita con palabras de fuera, su
fuerza y eficacia no la tiene, sino del espíritu interior. De donde
por más alta que sea la doctrina que predica, y por más esmerada
la retórica y subido el estilo con que va vestida, no hace
de suyo ordinariamente más provecho que tuviere de espíritu.
Porque aunque es verdad que la palabra de Dios de suyo es efi-

1 Así Ale. y e. p.—A y B: de sa mano.
2 Judit.. VIII, 11-12.
3 E . p.: i/ cuanto a lo que foca a los oyentes.
4 Así los Códices. La e. p. cambia esta palabra por envanecerse.
356 SUBIDA D E L MONTE CARMELO

caz, según aquello de David, que dice: Que E l dará a su voz,
voz ,de virtud (1); pero también el fuego tiene virtud de quemar,
g no quemará cuando en el sujeto no hay disposición.
3. Y para que la doctrina pegue su fuerza, dos disposiciones
ha de haber: una del que predica, y otra del que oye; porque
ordinariamente es el provecho como hay la disposición de parte
del que enseña. Que por eso se dice, que cual es el maestro, tal
suele ser el discípulo. Porque cuando en los Actos de los Após-
toles aquellos siete hijos de aquel (2) príncipe de los sacer-
dotes de los Judíos, acostumbraban a conjurar los demonios con
la misma forma que San Pablo, se embraveció el demonio con-
tra ellos, diciendo: A Jesús confieso yo y a Pablo conozco; pero
vosotros ¿quién sois? (3), y embistiendo con ellos, los desnudó
y llagó. Lo cual no fué sino porque ellos no tenían la disposi-
ción que convenía, g no porque Cristo no quisiese que en su
nombre no lo hiciesen. Porque una vez hallaron los Apóstoles
a uno, que no era discípulo, echando un demonio en nombre de
Cristo, y se lo estorbaron, y el Señor se lo reprendió, dicien-
do: No se lo estorbéis, porque ninguno podrá decir mal de mí
en breve espacio, si en mi nombre hubiere hecho algunas virtu-
des (4). Pero tiene ojeriza con los que ensenando ellos la
ley de Dios, no la guardan, y predicando ellos buen espíritu, no
le tienen. Que por eso dice por San Pablo: Tú enseñas a otros,
y no te ensenaas a ti. Tú que predicas que no hurten, hurtas (5).
Y por David dice el Espíritu Santo: A l pecador, dijo Dios: ¿Por
qué platicas tú mis justicias g tomas mi ley en tu boca, y tú
has aborrecido la disciplina, y echado mis palabras a las es-
paldas (6). En lo cual se da a entender que tampoco les dará es-
píritu para que hagan fruto.

1 Ps. LXVII, 34.
2 E l copista del C. de Alba deja aquí un pequeño espacio en blanco (sin duda
porque no entendió la palabra del original), para llenarlo luego, aunque no realizó
su propósito. La e. p, dice: aquellos siete hijos de Escebas.
3 Act, XIX, 15.
4 Marc, IX. 38.
5 Rom.. II, 21.
6 Ps. XLIX, 16-17.
LIBRO TERCERO.—CAP. XLV 357

4. Que comúnmente vemos que, cuanto acá podemos juzgar,
cuanto el predicador es de mejor vida, mayor es el fruto que
hace, por bajo que sea su estilo, g poca su retórica, g su doc-
trina común. Porque del espíritu vivo se pega el calor; pero el
otro muy poco provecho hará, aunque más subido sea su estilo
g doctrina. Porque aunque es verdad que el buen estilo g accio-
nes g subida doctrina g buen lenguaje mueven g hacen más efec-
to acompañado de buen espíritu; pero, sin él, aunque da sabor g
gusto el sermón (1) al sentido g al entendimiento, mug poco o
nada de jugo pega a la voluntad. Porque comúnmente se
queda tan floja g remisa como antes para obrar, aunque haga dicho
maravillosas cosas maravillosamente dichas, que sólo sirven para
deleitar el oído, como una música concertada o sonido de cam-
panas; mas el espíritu, como digo, no sale de sus quicios más
que antes, no teniendo la voz virtud para resucitar al muerto
de su sepultura.
5. Poco importa oir una música sonar mejor que otra,
si no me mueve más ésta que aquélla a hacer obras. Porque aun-
que hagan dicho maravillas, luego se olvidan, como no pegaron
fuego en la voluntad. Porque, demás de que de sugo no hace
mucho fruto, aquella presa que hace el sentido en el gusto de
la tal doctrina, impide que no pase al espíritu, quedándose sólo
en estimación del modo g accidentes con que va dicha, alabando
al predicador en esto o aquello, g siguiéndole por eso más que!
por la enmienda que de ahí se saca. Esta doctrina da mug
bien a entender San Pablo a los de Corinto, diciendo: Yo, her-
manos, cuando vine a vosotros, no vine predicando a Cristo con
alteza de doctrina g sabiduría; g mis palabras g mi predicación
no eran en retórica de humana sabiduría, sino en manifestación
del espíritu g de la verdad (2).

1 Sólo en el C de Ale. se leen las palabras el sermón.
2 I ad Cor., II, 1-4. B y e. p.: virtud, más conforme al texto de la Escritura.
358 SUBIDH DEL MONTE CARMELO

6. Que aunque (1) la intención del Apóstol y la mía aquí
no es condenar el buen estilo y retórica y buen término, porque
antes hace mucho al caso al predicador, como también a todos los
negocios; pues el buen término y estilo, aun las cosas caídas y
estragadas levanta y reedifica, asi como el mal término a las
buenas estraga y pierde... (2).

1 Así el C. de Ale.—A y B: y aunque,
2 La e. p. puso aquí: Fin de la "Subida del Monte Carmelo." Así de incomple-
to queda el presente tratado. Deja sin terminar la materia pertinente a los predicado-
res, y nada se conserva de lo que indica en el principio de este capítulo referente a
los oyentes. Además, el capítulo X X X V , al reducir a cuatro géneros todos los bienes
que pueden dar gozo a la voluntad, los dividió, como ya vimos, en motivos, provo-
cativos, directivos y perfectivos. De estos últimos, no conocemos una sola línea, por-
que todos los códices y ediciones antiguas terminan en esta frase.
Los fragmentos que el P. Gerardo añadió a la Subida, formando dos capítulos, no
pueden considerarse como continuación de éste. No lo es ciertamente, sino una exten-
sa y admirable carta dirigida a un religioso, hijo espiritual suyo, que copió íntegra el
P. Jerónimo de San José—lo propio practicó con otras muchas del Santo—en su co-
nocida Historia del Doctor místico, libro VI, cap. VII, n. 2. Los fragmentos de ella,
que se transcribieron en el Códice de Duruelo, en el de Pamplona y otros, se pusieron
seguramente a continuación de la Subida por la analogía que la carta tiene con algunos
de los capítulos de este tratado. Es cuestión que no ofrece duda. Lafidelidadcon que
el P. Jerónimo copia las cartas del Santo (el cotejo con el autógrafo que de algunas
de ellas se conserva da testimonio de esta virtud), es la mejor garantía de que también
fué fiel en la reproducción de la presente; y sería imperdonable temeridad sospechar si-
quiera que amañó una epístola sanjuanista de capítulos de sus tratados. ¿Para qué? La
carta, como veremos en el último tomo, está escrita en Segovia, y lleva fecha de día,
mes y año. No sé cómo el P. Gerardo pudo obcecarse en cosa tan clara, que luego ha
dado ocasión a muchas suposiciones disparatadas respecto del texto de la Subida.
NOCHE OSCURA
N O C H E OSCURA"'

Declaración de las canciones del modo que tiene el alma en el camino
espiritual para llegar a la perfecta unión de amor con Dios, cual se
puede en esta vida. Dfcense también las propiedades (2) que tiene
en s í el que ha llegado a ¡a dicha perfección, según en las mismas
canciones se contiene (3).

PROLOGO (4).

En este libro se ponen primero todas las canciones que se
han de declarar; después se declara cada canción de por si, po-
niendo cada una de ellas antes de su declaración, y luego se va
declarando cada verso de por sí, poniéndole también al principio.
En las dos primeras canciones se declaran los efectos de las doá
purgaciones espirituales: de la parte sensitiva del hombre g de
la espiritual. E n las otras seis se declaran varios g admirables
efectos de la iluminación espiritual g unión de amor con Dios (5).

1 Este título falta en todos los manuscritos que copian este tratado, menos en el
12.658 y en el de los Carmelitas de Toledo.—'Para las abreviaturas véase lo dicho en
el tomo I, pág. 306.
2 Prosperidades, traslada C equivocadamente.
3 Tampoco hay unanimidad en este subtítulo. Se lee en M , Mtr., G y C. Gene-
ralmente añaden a lo impreso: por el padre fray Juan de la Cruz, carmelita descalzo,
u otra cosa equivalente. Título y subtítulo se leen en la e. p.
4 Acerca de esta palabra también hay discrepancia en los Códices. Así la trae el
de las Descalzas de Toledo y G.—Bz.: Proemio. Argumento traslada la e. p.
5 Vale, añade aquí H.
362 NOCHE OSCURA

CANCIONES D E L A L M A

1. —En una noche oscura
Con ansias €n amores inflamada,
¡Oh dichosa ventura!
Salí sin ser notada,
Estando ya mi casa sosegada.
2. — A oscuras, y segura
Por la secreta escala disfrazada.
¡Oh dichosa ventura!
A oscuras, g en celada.
Estando ya mi casa sosegada.
3. —En la noche dichosa
En secreto, que nadie me veía,
N i yo miraba cosa,
Sin otra luz y guía.
Sino la que en el corazón ardía.
4. —Aquesta me guiaba
Más cierto que la luz del mediodía,
A donde me esperaba,
Quien yo bien me sabía,
En parte donde nadie parecía.
5. —Oh noche que guiaste,
Oh noche amable más que la alborada:
Oh noche que juntaste
Amado con amada,
Amada en el Amado transformada!
6. —En mi pecho florido.
Que entero para él sólo se guardaba.
Allí quedó dormido,
Y yo le regalaba,
Y el ventalle de cedros aire daba.
7. — E l aire de la almena,
Cuando yo sus cabellos esparcía,
Con su mano serena
PROLOGO 363

En mi cuello hería,
Y todos mis sentidos suspendía.
8.—Quedéme, y olvidéme,
E l rostro recliné sobre el Amado,
Cesó todo, y déjeme,
Dejando mi cuidado,
Entre las azucenas olvidado.

COMIENZA L ñ DECLARACION DE LAS CANCIONES QUE TRATAN D E L MODO

Y MANERA QUE TIENE E L ALMA EN E L CAMINO DE LA UNION D E L

AMOR CON DIOS (1).

Antes que entremos en la declaración de estas canciones, con-
viene saber aquí que el alma las dice estando ya en la perfec-*
ción, que es la unión de amor con Dios, habiendo ya pasado por
los estrechos trabajos y aprietos, mediante el ejercicio espiritual
del camino estrecho de la vida eterna que dice Nuestro Salvador
en el Evangelio, por el cual camino ordinariamente pasa el alma
para llegar a esta alta y dichosa unión con Dios (2). E l cual, por
ser tan estrecho y por ser tan pocos los que entran por él (como
también dice el mismo Señor) (3), tiene el alma por gran dicha
y ventura haber pasado por él a la dicha perfección de amor,
como ella lo canta en esta primera canción (4), llamando noche
oscura con harta propiedad a este camino estrecho, como se de-
clarará adelante en los versos de la dicha canción. Dice, pues,
el alma, gozosa de haber pasado por este angosto camino de
donde tanto bien se le siguió, en esta manera.

1 Así H, M y otros. Algunos (H entre ellos), añaden el nombre del autor. Otros
suprimen el título. A y B ponen éste: Libro quinto de la Noche Oscura, y por aquí
comienzan el tratado. La e. p.: Declaración del intento de las Canciones.
2 Así los Códices. M . y la e. p. traen así esta frase: por el cual ordinariamente
pasa el alma para llegar a esta alta y divina unión con Dios,
3 Math., VII. 14.
4 Bz: como ella lo cuenta en esta canción.
LIBRO PRIMERO

En que se trata de la noche del sentido (1).

CANCION PRIMERA

En una noche oscura
Con ansias en amores inflamada,
¡Oh dichosa ventura!
Salí sin ser notada,
Estando ya mi casa sosegada.

DECLARACION

1 Cuenta el alma en esta primera canción el modo y
manera que tuvo en salir, según la afición (2), de sí y de todas
las cosas, muriendo por verdadera mortificación a todas ellas
y a sí misma, para venir a vivir vida de amor dulce y sabrosa
con Dios; y dice que este salir de sí y de todas las cosas fué
«una noche oscura», que aquí entiende por la contemplación
purgativa, como después se dirá, la cual pasivamente (3) causa
en el alma la dicha negación de sí misma y de todas las cosas.
2. Y esta salida dice ella aquí, que pudo hacer con la fuer-
za y calor que para ello le dio el amor de su Esposo en la
dicha contemplación oscura. E n lo cual encarece (4) la buena di-
cha que tuvo en caminar a Dios por esta noche con tan próspero
suceso, que ninguno de los tres enemigos, que son mundo, dc-

1 Los Códices empiezan todos por la Canción. Este título lo puso la e. p., y
nosotros lo respetamos por las razones aducidas en el Prólogo a este tratado.
2 Así los Códices. M y e. p.: afecto.
3 La e. p. suprime este adverbio.
4 V : quiso encarecer.
LIBRO PRIMERO.—CAP. PRIMERO 565

monio yi carne (que son los que siempre contrarían (1) este ca-
mino), se lo pudiese impedir; por cuanto la dicha noche de
contemplación purificativa (2) hizo adormecer y amortiguar en
la casa de su sensualidad todas las pasiones y apetitos según sus
apetitos y movimientos contrarios (3).
Dice, pues, el verso:

En una noche oscura.

CAPITULO P R I M E R O
PONE E L PRIMER VERSO Y COMIENZA R TRATAR DE LAS IMPERFECCIONES

DE LOS PRINCIPIANTES (4).

1. En esta noche oscura comienzan a entrar las almas
cuando Dios las va sacando de estado de principlantes, que es
de los que meditan en el camino espiritual, y las comienza a
poner en el de los aprovechantes (5), que es ya el de los con-<
templativos, para que, pasando por aquí, lleguen al estado de
los perfectos, que es el de la divina unión del alma con Dios.
Por tanto, para entender y declarar mejor qué noche sea ésta
por que el alma pasa, y por qué causa la pone Dios en ella,
primero convendrá tocar aqui algunas propiedades de los prin-
cipiantes (lo cual, aunque será con la brevedad que pudiere,
no dejará también de servir a los mismos principiantes) (6),
para que, entendiendo la flaqueza del estado que llevan, se ani-
men (7) y deseen que les ponga Dios en esta noche, donde se
fortalece y confirma en las virtudes, y para los inestimables

1 B y e. p.: estorban en lugar de contrarían.
2 E , p.: purificada.
3 Así traen la frase H, G, C, Mtr., B y M . Los demás y la e. p.: según sus movi-
mientos contrarios.
4 De la e. p.
5 Así A, B, C, E, H, G y Mtr. Los demás y la e. p.: aprovechados.
6 La e. p. suprime: lo cual, aunque será con la brevedad que pudiere, no dejará
de servir también a los mismos principiantes, que trasladan todos los Códices, salvo
C y E.
7 La e. p„ M y G: Para que entiendan la flaqueza del estado que llevan y se
animen.
366 NOCHE OSCURA

deleites del amor de Dios. Y aunque nos detengamos un poco,
no será más de lo que basta para tratar luego de esta noche
oscura.
2. Es, pues, de saber que el alma, después que determinada-
mente se convierte a servir a Dios, ordinariamente la va Dios
criando en espíritu y regalando, al modo que la amorosa madre
hace al niño tierno, al cual al calor de sus pechos le calienta, y
con leche sabrosa y manjar blando y dulce le cría, y en sus
brazos le trae y le regala; pero a la medida que va creciendo le
va la madre quitando el regalo, y escondiendo el tierno amor
pone el amargo acíbar en el dulce pecho, y abajándole de los
brazos (1), le hace andar por su pie, para que, perdiendo las
propiedades de niño, se dé a cosas más grandes y sustanciales.
La amorosa madre de la gracia de Dios, luego que por nuevo
calor y hervor de servir a Dios reengendra al alma, eso mismo
hace con ella; porque la hace hallar dulce y sabrosa la leche
espiritual sin algún trabajo suyo en todas las cosas de Dios;
y en los ejercicios espirituales gran gusto, porque le da Dios
aquí su pecho de amor tierno, bien así como niño tierno.
3. Por tanto, su deleite halla en pasarse grandes ratos en
oración, y por ventura las noches enteras; sus gustos son las
penitencias; sus contentos los ayunos, y sus consuelos usar de
los sacramentos y comunicar en las cosas divinas. En las cuales
cosas (aunque con gran eficacia y porfía asisten a ellas y las
usan y tratan con grande cuidado los espirituales), hablando es-
piritualmente, comúnmente se hán muy flaca e imperfectamente
en ellas. Porque como son movidos a estas cosas y ejercicios es-
pirituales por el consuelo y gusto que allí hallan, y como tam-
bién ellos no están habilitados por ejercicios de fuerte lucha en
las virtudes, acerca de estas sus obras espirituales tienen mu-
chas faltas e imperfecciones; porque, al fin, cada uno obra
conforme al hábito de perfección que tiene. Y como éstos no
han tenido lugar de adquirir los dichos hábitos fuertes, de nece-

1 La e. p. modifica así estas frases de los Códices: y escondiendo el tierno pe
cho, poniendo en él amargo acíbar y bajándole de los brazos...
LIBRO PRIMERO.—CAP. PRIMERO 367

sidad han d€ obrar como flacos (1) niños, flacamente. Lo cual,
para que más claramente se vea, y cuan faltos (2) van estos
principiantes en las virtudes acerca de lo que con el dicho gusto
con facilidad obran, irémoslo notando por los siete vicios capita-
les, diciendo algunas de las muchas imperfecciones que en cada
uno de ellos tienen, en que se verá claro cuan de niflos es ejj
obrar que estos obran. Y veráse también cuántos bienes trae con-
sigo lo noche oscura de que luego habernos de tratar, pues de
todas estas imperfecciones limpia al alma y la purifica.

CAPITULO II

DE ALGUNAS IMPERFECCIONES ESPIRITUALES QUE TIENEN LOS PRINCI-

PIANTES ACERCA D E L HABITO DE L A SOBERBIA (3).

1. Como estos principiantes se sienten tan fervorosos y di-
ligentes en las cosas espirituales y ejercicios devotos, de esta
prosperidad (4) (aunque es verdad que las cosas santas de suyo
humillan) por su Imperfección les nace muchas veces cierto ra-
mo de soberbia oculta, de donde vienen a tener alguna satisfac-
ción de sus obras y de si mismos. Y de aquí también les nace
cierta gana algo vana, y a veces muy vana, de hablar cosas
espirituales (5) delante de otros, y aun a veces de enseñarlas
más que de aprenderlas, y condenan en su corazón a otros cuando
no los ven con la 'manera de devoción que ellos querrían, y aun
a veces lo dicen de palabra, pareciéndose en esto al Fariseo,
que se jactaba alabando a Dios sobre las obras que hacía, y
despreciando al Publicano (6).
2. A éstos muchas veces les acrecienta (7) el demonio el

1 La e. p. y M omiten la palabra flacos.
2 Así H, B, G, Mtr., P. y V . Otros Códices y la e. p.: flacos.
3 Copian este título todos los Códices, y también la e. p. le trae.
4 Así en la mayor parte de los Códices y en e. p. M y H: propiedad.
5 La e. p.: Y de aquí también les nace cierta gana harto vana de hablar de
cosas espirituales.
6 Luc. XVIII. 11-12.
7 E . p.: aumenta.
368 NOCHE OSCURA

fervor y gana de hacer más estas y otras obras, porque les vaya
creciendo la soberbia y presunción. Porque sabe muy bien el de-
monio que todas estas obras y virtudes que obran, no solamente
no les valen nada, mas antes se les vuelven en vicio. Y a tanto
mal suelen llegar algunos de éstos, que no querrían que parecie-
se bueno otro sino ellos; y así, con la obra y palabra, cuando
se ofrece, los condenan y detraen, mirando la motica en el ojo
de su hermano (1), y no considerando la viga que está en el
suyo; cuelan el mosquito ajeno y tráganse su camello (2).
3. A veces también, cuando sus maestros espirituales, como
son confesores y prelados, no les aprueban su espíritu y modo
de proceder (porque tienen gana que estimen y alaben sus cosas),
juzgán que no les entienden el espíritu, o que ellos no son
espirituales, pues no aprueban aquello y condescienden con
ello. Y así luego desean y procuran tratar con otro que cuadre
con su gusto; porque ordinariamente desean tratar su espíritu
con aquellos que entienden que han de alabar y estimar sus co-'-
sas, y huyen, como de la muerte, de aquellos que se las deshacen
para ponerlos en camino seguro, y aun a veces toman ojeriza con
ellos. Presumiendo (3), suelen proponer mucho y hacen muy poco.
Tienen algunas veces gana de que los otros entiendan su espíritu
y su devoción, y para esto a veces hacen muestras exteriores
de movimientos, suspiros y otras ceremonias; y a veces (4),
algunos arrobamientos, en público más que en secreto, a los
cuales les ayuda el demonio, y tienen complacencia en que les
entiendan aquello, y muchas veces codicia (5).
4. Muchos quieren preceder (6) y privar Con los confesores,
y de aquí les nacen mil envidias e inquietudes. Tienen empa-

1 E . p. modifica: en el ojo ajeno.
2 Matth., VII, 3 y XXIII, 24.
3 La e. p. añade: de sí mismos... En cambio A y B suprimen línea y media en
esta forma: "Huyen como de la muerte de los que se las deshacen para poner miedo.
Suelen proponer mucho."
4 La e. p. añade: suelen tener.
5 Así H, A, B, Bz. y otros. La e. p. modifica: que ellos tanto codician.
6 Preceder. Esta palabra, que se lee en casi todos los manuscritos, se suprime
en la e. p. Por error material traslada H predicar, que no tiene sentido.
LIBRO PRIMERO.—CñP. II 369

cho (1) de decir sus pecados desnudos, porque no los tengan
sus confesores en menos, y vanlos coloreando porque no pa-
rezcan tan malos, lo cual más es irse a excusar que a acusar.
Y a veces buscan otro confesor para decir lo malo, porque el
otro no piense que tienen nada malo, sino bueno; y así siempre
gustan de decirle lo bueno (2), y a veces por términos que parez-
ca antes más de lo que es que menos, con gana de que le parezca
bueno, como quiera que fuera más humildad, como lo diremos,
deshacerlo y tener gana (3) que ni él ni nadjie lo tuviesen en
algo.
5. También algunos de éstos tienen en poco sus faltas, y
otras veces se entristecen demasiado de verse caer en ellas, pen-
sando que ya habían de ser santos, y se enojan contra sí mismos
con impaciencia, lo cual es otra imperfección. Tienen muchas
veces grandes ansias (4) con Dios porque les quite sus imper-
fecciones y faltas, más por verse sin la molestia de ellas en paz
que por Dios; no mirando que si se las quitase, por ventura se
harían más soberbios y presuntuosos (5). Son enemigos de ala-
bar a otros, y amigos que los alaben, y a veces lo pretenden:
en lo cual son semejantes a las vírgenes locas, que teniendo sus
lámparas muertas, buscaban óleo por de fuera (6).
6. De estas imperfecciones algunos llegan a tener (7) mu-
chas muy intensamente, y a mucho mal en ellas. Pero algunos
tienen menos y algunos (8) más, y algunos, solos primeros
movimientos o poco más; y apenas hay algunos de estos princi-
piantes que al tiempo de estos fervores no caigan en algo de
esto. Pero los que en este tiempo van en perfección, muy de otra
manera proceden y con muy diferente temple de espíritu; porque

1 Bz.: vergüenza,
2 En A, B y M , faltan las palabras: y así siempre gastan de decir lo bueno.
3 E . p.: deshacerlo y decir nada.,.
4 Así los Códices. M y e. p.: ansias, solamente.
5 E . p. y M.: se hartan más soberbios.
6 Matth., X X V , 8.
7 Así H , B, Bz, G, Mtr. y P. La e. p., M y A: llegan a muchas...
8 Así H y muchos Códices. La e. p. y algún Ms.: y otros más.
24
370 NOCHE OSCURA

se aprovechan y edifican mucho con la humildad, no sólo tenien-
do sus propias cosas (1) en nada, mas con muy poca satisfacción
de sí; a todos los demás tienen por muy mejores, y les suelen
tener una santa envidia, con gana de servir a Dios como ellos.
Porque cuanto más fervor llevan y cuantas más obras hacen y
gusto tienen en ellas, como van en humildad, tanto más conocen
lo mucho que Dios merece, y lo poco que es todo cuanto hacen
por él (2); y así, cuanto más hacen, tanto menos se satisfacen.
Que tanto es lo que de caridad y amor querrían hacer por él,
que todo lo que hacen no les parece nada; y tanto les solicita,
ocupa y embebe (3) este cuidado de amor, que nunca advierten
en si los demás hacen o no hacen; y así, si advierten, todo es,
como digo, creyendo que todos los demás son muy mejores
que ellos. De donde, teniéndose en poco, tienen gana también que
los demás los tengan en poco (4) y que los deshagan y desesti-
men sus cosas. Y tienen más: que aunque se las quieran alabar
y estimar, en ninguna manera lo pueden creer, y les parece
cosa extraña decir de ellos aquellos bienes.
7. Estos, con mucha tranquilidad y humildad, tienen gran
deseo que les enseñe cualquiera que los pueda aprovechar; harto
contraria cosa de la que tienen los que habernos dicho arriba,
que lo querrían ellos enseñarlo todo, y aun cuando parece les
enseñan algo, ellos mismos toman la palabra de la boca como
que ya se lo saben. Pero éstos estando muy lejos de querer ser
maestros de nadie, están muy prontos de caminar y echar por
otro camino del que llevan, si se lo mandaren, porque nunca
piensan que aciertan en nada. De que alaben a los demás se
gozan; sólo tienen pena de que no sirven a Dios como ellos.
No tienen gana de decir sus cosas, porque las tienen en tan
poco, que aun a sus maestros espirituales tienen vergüenza de
decirlas, pareciéndoles que no son cosas que merezcan hacer

1 E . p.: sus propias obras.
2 Por descuido omite H: y lo poco que es fodo cuanto hacen por él, que se lee
en los demás Códices.
3 Bz.: ocupa y embelesa, t a e. p.: en breve y ocupa este cuidado, etc.
4 A y B no copian las palabras: tienen gana de que los demás también los ten-
gan en poco.
LIBRO PRIMERO.—CAP. II 371

lenguaje de ellas. Más gana tienen de decir sus faltas y pecados,
o que los entiendan que no sus virtudes (1); y así se inclinan
más a tratar su alma con quien en menos tiene sus cosas (2) g
su espíritu. Lo cual es propiedad de espíritu sencillo, puro g
verdadero, g muy agradable a Dios, Porque como mora en estas
humildes almas el espíritu sabio de Dios, luego las mueve e in-
clina a guardar adentro sus tesoros en secreto, g echar afuera
sus males. Porque da Dios a los humildes, junto con las demás
virtudes, esta gracia, así como a los soberbios la nüega.
8, Darán éstos la sangre de su corazón a quien sirve a
Dios, y ayudarán cuanto es en sí a que le sirvan. En las imper-
fecciones en que se ven caer, con humildad se sufren, g con
blandura (3) de espíritu g temor amoroso de Dios, esperando
en él. Pero almas que al principio caminen con esta manera
de perfección, entiendo son, como queda dicho, las menos, g muy
pocas que ga nos contentaríamos que no cayesen en las cosas
contrarias. Que por eso, como después diremos, pone Dios en la
noche oscura a los que quiere purificar de todas estas imperfec-
ciones para llevarlos adelante.

CAPITULO III

DE ALGUNAS IMPERFECCIONES QUE SUELEN TENER ALGUNOS DE ES-

TOS (4) ACERCA D E L SEGUNDO VICIO CAPITAL^ QUE ES LA AVA-

RICIA (5), ESPIRITU A L M E N T E HABLANDO.

1. Tienen muchos de estos principiantes también a veces mu-
cha avaricia espiritual, porque apenas los verán contentos con
el espíritu que Dios les da; andan muy desconsolados (6) y
quejosos porque no hallan el consuelo que querrían en las
cosas espirituales. Muchos no se acaban de hartar de oir con-*

1 M y e. p.: o que éstos entiendan no son virtudes.
2 E . p.: con quien menos estime sus cosas,
3 H: humildad. Los demás Códices: blandura.
4 La e. p.: algunos principiantes.
5 Por distracción traslada Bz.: soberbia y jactancia.
6 Así los Códices. M y e. p.: que Dios les da, y muy desconsolados.
372 NOCHE OSCURA

sejos y aprender (1) preceptos espirituales, y tener g leer mu-
chos libros que traten de esto, y váséles más en esto el tiempo
que en obrar la mortificación (2) y perfección de la pobreza
interior de espíritu que deben. Porque, demás de esto, se cargan
de imágenes y rosarios bien curiosos (3); ahora dejan unos,
ya toman otros; ahora truecan, ahora destruecan; ya los
quieren de esta manera, ya desótra, aficionándose más a esta
cruz que a aquélla, por ser más curiosa (4). Y veréis a
otros arreados de agnusdei (5), y reliquias y nóminas, como los
niños con dijes (6). En lo cual yo condeno la propiedad del
corazón, y el asimiento que tienen al modo, multitud y curio-
sidad de estas cosas; por cuanto es muy contra la pobreza
de espíritu, que sólo mira en la sustancia de la devoción, apro-
vechándose sólo de aquello que basta para ella, y cansándose de
esotra multiplicidad y de la curiosidad de ella; pues que la
verdadera devoción ha de salir del corazón, sólo en la ver-
dad (7) y sustancia de lo que representan las cosas espirituales,
y todo lo demás es asimiento y propiedad de imperfección, que
para pasar a alguna manera de perfección (8), es necesario que se
acabe el tal apetito.
2. Yo conocí una persona que más de diez años se apro-

1 M y e, p,: de oir consejos y preceptos espirituales,
2 E . p.: que no en obras sin la mortificación, etc. Bz. trae aquí esta larga adición
que se lee también en los PP. de Toledo: "y tener y leer muchos libros espirituales
que traten de este vicio y de la gula, por lo cual suelen probar mil modos de exerci-
cios, o por hacer mucho empleo del caudal apeteciendo grandes ganancias, o por el
mero gusto y golosina; de donde les nace la inconstancia y poca estabilidad en exerci-
cios determinados, que son necesarios principalmente en estos principios, y ésta les
malogra y hace ineficaz y vano su trabaxo, gastando el tiempo en pruebas y catas."
3 Asi H y P.-—A, B, G, C, V y Mtr.: y a veces bien curiosos y vistosos.—Bz: y a
veces bien curiosos y costosos. La e. p. y M . omiten la palabra rosario y ponen en
su lugar: y cruces muy curiosas y costosas,
4 Bz.: por ser más curiosa o costosa. Los restantes: curiosa o preciosa,
5 Estos objetos piadosos, consistentes en una placa de cera con la imagen en re-
lleve del simbólico Cordero, que en tiempos bendice el Sumo Pontífice, en la época
del Santo eran muy apreciados y solicitados. Algo de este aprecio puede verse en el
Epistolario de la Santa (B M C, t. VII, Cartas CI, CXVII y en varias otras).
6 El copista de Mtr. no entendió esta palabra, y dejó espacio para ella, que
llenó luego otra pluma.
7 E . p. añade: y mirar sólo en la verdad, que no se lee en ningún Códice.
8 Así H, y otros Códices. La e. p.: que para pasar al estado de perfección.
LIBRO PRIMERO.—CAP. III 373

vechó de una cruz hecha toscamente de un ramo bendito, clavada
con un alfiler retorcida alderredor, g nunca la había dejado,
trayéndola consigo hasta que yo se la tomé; y no era per-
sona de poca razón y entendimiento. Y vi otra que rezaba por
cuentas que eran de huesos de las espinas del pescado, cu-
ya devoción es cierto que por eso no era de menos quilates
delante de Dios; pues se ve claro que éstos (1) no la tenían en
la hechura y valor. Los que van, pues, bien encaminados desde
estos principios, no se asen a los instrumentos visibles, ni se
cargan de ellos, ni se les da nada de saber más de lo que
conviene saber para obrar (2); porque sólo ponen los ojos en
ponerse bien con Dios y agradarle, y en esto es su codi-
cia. Y así con gran largueza dan cuanto tienen, y su gus-
to es saberse quedar sin ello por Dios y por la caridad deli
prójimo, no me da más que sean cosas espirituales que tempo-
rales (3). Porque, como digo, sólo ponen los ojos en las veras
de la perfección interior (4): dar a Dios gusto, y no a sí
mismos en nada.
3. Pero de estas imperfecciones tampoco, como de las de-
más, se puede el alma purificar cumplidamente hasta que Dios
la ponga en la pasiva purgación de aquella oscura noche que
luego diremos. Mas conviene al alma, en cuanto pudiere, procurar
de su parte hacer por purgarse y perfeccionarse, porque merezca
que Dios la ponga en aquella divina cura, donde sana el alma
de todo lo que ella no alcanzaba a remediarse. Porque por más
que el alma se ayude, no puede ella (5) activamente purificarse
de manera que esté dispuesta en la menor parte para la divina
unión de perfección de amor, si Dios no toma la mano (6),
y la purga en aquel fuego oscuro para ella cómo y (7) de la¡
manera que habernos de decir.

1 E . p.: estas cosas en vez de estos.
2 M.: ni se les da nada por saber mucho paca obrar.
3 E . p.: y por la caridad del prójimo, regalándolo todo con las leyes de esta virtud.
4 M . y e. p. omiten la palabra interior.
5 E . p. añade: por su industria.
6 E . p. y M.: con Dios, si él no toma la mano.
7 M . y e. p. suprimen como y, y el primero continúa: de la manera que habernos
dicho.
374 NOCHE OSCURA

CAPITULO IV

DE OTRAS IMPERFECCIONES QUE SUELEN TENER ESTOS PRINCIPIANTES

ACERCA D E L TERCER VICIO (?ÜE ES LUJURIA (1).

1. Otras muchas imperfecciones más de las que acerca de
cada vicio voy diciendo tienen muchos de estos principiantes, que
por evitar prolijidad dejo, tocando algunas de las más princi-
pales, que son como origen y causa (2) de las otras. Y así acer^
ca de este vicio de lujuria (dejado aparte lo que es caer en
este pecado en los espirituales (3), pues mi intento es tratar
de las imperfecciones que se han de purgar por la noche oscura)
tienen muchas imperfecciones, muchas (4) que se podrían llamar
lujuria espiritual, no porque así lo sea, sino porque procede
de cosas espirituales; porque muchas veces acaece que en los
mismos (5) ejercicios espirituales, sin ser en mano de ellos,
se levantan y acaecen en la sensualidad movimientos y actos tor-
pes (6), y a veces aun cuando el espíritu está en mucha oración,
o ejercitando los Sacramentos de la Penitencia o Eucaristía. Los
cuales, sin ser como digo en su mano, proceden de una de
tres causas (7).
2. La primera procede muchas veces (8) del gusto que tiene
el natural en las cosas espirituales. Porque como gusta el espíritu
y sentido, con aquella recreación se mueve cada parte del hombre

1 E . p. añade: espicitualmente entendida,
2 Bz.: cabeza.
3 La e. p. suprime: los espirituales.
4 La e. p. suprime esta palabra que trasladan los Códices.
5 Equivocadamente traslada H muchos por mismos.
6 La e. p. sustituye y actos torpes por movimientos no limpios. La edición de
1630 añade estas líneas: "no porque así lo sea, sino por que se siente y experimenta
a veces en la carne, por su flaqueza, cuando el alma recibe cosas espirituales. Que
muchas veces acaece que en los mismos ejercicios espirituales, sin ser en mano de
ellos, se levantan y sienten en la sensualidad movimientos no limpios..."
7 Así los principales Códices. Otros y la e. p.: cosas.
8 E. p. modifica: Procede algunas veces, aunque pocas y en naturales flacos.
LIBRO PRIMERO. —-CAP. IV 375

a deleitarse según su porción (1) y propiedad. Porque entonces
el espíritu se mueve a recreación y gusto de Dios, que es la
parte superior; g la sensualidad, que es la porción inferior, se
mueve a gusto y deleite sensual, porque no sabe ella tener y to-
mar otro, y toma entonces el más conjunto a sí, que es el
sensual torpe (2). Y aisí acaece que el alma está en mucha
oración con Dios según el espíritu, y, por otra parte, según
el sentido siente rebeliones y movimientos y actos sensuales pa-
sivamente, no sin harta desgana suya; lo cual muchas veces
acaece en la comunión, que como en este acto de amor recibe el
alma álegría y regalo, porque se le hace este Señor (pues para
eso se da), la sensualidad toma también el suyo, como habernos
dicho, a su modo. Que, como, en fin, estas dos partes (3) son
un supuesto, ordinariamente participan entrambas de lo que
una recibe, cada una a su modo; porque, como dice el Filósofo,
cualquiera cosa que se recibe, está en el recipiente (4) al modo'
del mismo recipiente. Y así en estos principios, y aun cuando ya
el alma está aprovechada, como está la sensualidad imperfecta,
recibe el espíritu de Dios (5) con la misma imperfección mu-
chas veces. Que cuando esta parte sensitiva está reformada
por la purgación de la noche oscura que diremos, ya no tiene
ella estas flaquezas; porque no es ella la que recibe ya, más
antes está recibida ella en el espíritu. Y asi lo tiene todo entonces
al modo del espíritu (6).
3. La segunda causa de donde a veces proceden estas re-
beliones es el demonio, que por inquietar (7) y turbar el

1 H y P leen: proporción.
2 La e. p. omite: y toma entonces el más conjunto a si, que es el sensual torpe.
3 La e. p. suprime unas cuantas líneas y modifica otras: "Y así acaece que el
alma está en oración con Dios según el espíritu, y por otra parte según el sentido
siente rebeliones y movimientos sensuales pasivamente, no sin harta desgana suya.
Que como, al fin, estas dos partes..."
4 Suprime la e. p. las palabras: está en el recipiente.
5 La e. p. modifica: como está la sensualidad imperfecta, participa de los gus-
tos espirituales algunas veces.
6 La e. p.: "No tiene ella estasflaquezas,porque tan abundantemente recibe el
espíritu divino, que más parece que es ella recibida en ese mismo espíritu: al fin,
como en mayor y tanto. Y así lo tiene todo a modo del espíritu por una admirable
manera de que participa unida con Dios."
7 M y V: disgustar. Mtr. desquitar.
376 NOCHE OSCURA

alma, al tiempo que está en oración o la procura tener, procura
levantar en el natural estos movimientos torpes; con que si al!
alma se le da algo de ellos, le hace harto daño. Porque no
sólo por el temor de esto afloja en la oración, que es l o que
él pretende, por ponerse a luchar con ellos; mas algunos dejan
la oración del todo, pareciéndoles que en aquel ejercicio les
acaecen más aquellas cosas que fuera de él, como es la verdad*
poque se las pone el demonio más en aquella que en otra cosa,
porque (1) dejen el ejercicio espiritual. Y no sólo eso, sino que
llega a representarles muy al vivo cosas muy feas y torpes,
y a veces muy conjuntamente acerca de cualesquier cosas espi-
rituales y personas que aprovechan sus almas, para aterrarlas
y acobardarlas (2); de manera, que los que de ello hacen caso,
aún no se atreven a mirar nada ni poner la consideración en
nada, porque luego tropiezan en aquello. Y esto en los que son
tocados de melancolía acaece con tanta eficacia (3), que es
de haberlas lástima grande (4), porque padecen vida triste;
porque llega a tanto en algunas personas este trabajo cuando
tienen este 'fnal humor, que les parece claro que sienten tener
consigo acceso el demonio, sin ser libres para poderlo evitar,
aunque algunas personas de éstas puedan evitar el tal acceso
con gran fuerza y trabajo. Cuando estas cosas torpes (5) acae-
cen a los tales por medio de la melancolía, ordinariamente
no se libran de ellas hasta que sanan de aquella calidad de hu-
mor, si no es que entrase la noche oscura en el alma, que la priva
sucesivamente de todo (6).
4. E l tercer origen de donde suelen proceder y hacer guerra
estos movimientos torpes, suele ser el temor que ya tienen co-
brado estos tales a estos movimientos y representaciones torpes;

1 E . p.: para que,
2 E . p. en vez de acobardarlas, traslada acabarlas.
3 Así R — A , B, P, Bz., Mtr., G. y V: Con tanta eficacia y frecuencia. M y
e. p.: con íanía eficacia y vehemencia.
4 Las seis líneas siguientes, hasta el punto, faltan en la e. p. y en C, que también
omite otros párrafos de este capítulo.
5 Torpes. La e. p. suprime esta palabra.
6 E . p. modifica; que la va purificando de todo.
LIBRO PRIMERO.—CAP. IV 377

porque el temor que les da la súbita memoria en lo que ven q
tratan o piensan, los hace padecer estos actos sin culpa suya (1).
5. Hay también algunas almas, de naturales tan tiernos y
deleznables, que en viniéndoles cualquier gusto de espíritu o de
oración, luego es con ellos el espíritu de la lujuria, que de
tal manera los embriaga (2) y regala la sensualidad, que se ha-
llan como engolfados en aquel jugo y gusto de este vicio; y du-
ra lo uno con lo otro pasivamente, y algunas veces echan de
ver haber sucedido algunos torpes y rebeldes actos. La causa es
que como estos naturales sean, como digo, deleznables y tiernos,
con cualquiera alteración (3) se les revuelven los humores y la
sangre. Y suceden de aquí estos movimientos, porque a éstos
lo mismo les acaece, cuando se encienden en ira o tienen algún
alboroto o pena (4).
6. Algunas veces también en estos espirituales, así en ha-
blar, como en obrar cosas espirituales, se levanta cierto brío
y gallardía pon memoria de las personas que tienen delante,
y tratan con alguna manera de vano gusto; lo cual nace tam-
bién de lujuria espiritual, al modo que aquí la entendemos, lo
cual ordinariamente viene con complacencia en la voluntad (5).

1 La e. p. suprime el párrafo siguiente y C casi todo.
2 M: los embarga.
3 V: operación.
4 En realidad, apenas queda nada que observar respecto del extremo delicado
de doctrina que se toca en este artículo, después de la profunda explicación filosófica
del Santo. La experimentación de tales fenómenos, tan extraños a la espiritualidad,
nada tienen de insólito para quien posee noción clara de la mutuaMependencia en el
obrar entre el cuerpo y el alma, o sea el compuesto humano, base fundamental de la
explicaciones que da el Santo, conformes con la filosofía cristiana. Regalado el espí-
ritu con mucha suavidad, nada tiene de extraño que accidentalmente redunde en los
sentidos y éstos se muevan según su propio modo. Doctas y largas explicaciones de
este hecho dan todos los que tratan esta materia; y sin salir de casadlas tenemos cla-
ras y definitivas, que, sin embargo, no creo pertinente reproducir. Lo mejor que se
puede decir de esta materia, es lo que Santa Teresa escribía a su hermano don Lo-
renzo qué padecía de estas cosas: "no hacer caso de ello." (B M C, t. VIII, Carta
CLXVIII). El medio más eficaz para aquietar las almas atormentadas de estos delei-
tes, es ponerse en manos de un director sabio, discreto y muy virtuoso y estar a su
consejo. Los alumbrados defendían en esta cuestión errores tan groseros, que siente
la pluma invencible repugnancia estamparlos aquí, ni aun envueltos y perfumados en
eufemismos de frase. Queden para obras destinadas a los que deseen hacer estudios
particulares de ésta y otras sectas, amasadas con la misma harina heretical y sensua-
lista.
5 E . p.: lo cual algunas veces viene con complacencia en la voluntad. H y V
378 NOCHE OSCURA

7. Cobran algunos de éstos aficiones con algunas personas
por vía espiritual, que muchas veces nacen de lujuria, y no de
espíritu; lo cual se conoce ser así, cuando con la memoria de
aquella afición no crece más la memoria y amor de Dios, sino
remordimiento en la conciencia. Porque cuando la afición es
puramente espiritual, creciendo ella, crece la de Dios, y cuanto
más se acuerda de ella, tanto más se acuerda de la de Dios,
y le da ganas de Dios; creciendo en lo uno crece en lo otro.
Porque eso tiene el espíritu de Dios, que lo bueno aumenta
con lo bueno, por cuanto hay semejanza y conformidad. Pero
cuando el tal amor nace del dicho vicio sensual, tiene los efec-*
tos contrarios; porque cuanto mas crece lo uno, tanto más des-
crece lo otro, y la memoria juntamente. Porque si crece aquel
amor, luego verá que se va resfriando en el de Dios, y olvidán-
dose de él con aquella memoria y algún remordimiento en la
conciencia; y, por el contrario, si crece el amor de Dios en el
alma, se va resfriando en el otro y olvidándole, porque como
son contrarios amores, no sólo no ayuda el uno al otro, mas
antes el que predomina apaga y confunde al otro y se fortalece
en sí mismo, como dicen los filósofos. Por lo cual dijo nuestro
Salvador en el Evangelio: Que lo que nace de carne, es carne,
y lo que nace de espíritu, es espíritu (1). Esto es: el amor que
nace de sensualidad para en sensualidad, y el que de espíritu,
para en espíritu de Dios, y hácele crecer. Y ésta es la diferencia
que hay entre los dos amores para conocerlos.
8. Cuando el alma entrare en la noche oscura, todos estos
amores pone en razón. Porque al uno fortalece y purifica, que es
el que es según Dios; y al otro quita y acaba (2), y al principio
a entrambos los hace perder de vista, como después se dirá.

traen aquí, a modo de titulo: "Regla para conocer el amor que es con Dios y el que no
lo es."
1 Joan, III, 6.
2 E. p.: quita, o acaba o movtifica.
LIBRO PRIMERO.—CAP. V 379

CAPITULO V

DE LAS IMPERFECCIONES EN QUE CAEN LOS PRINCIPIANTES ACERCA D E L

VICIO D E L A IRA.

1. Por causa de la concupiscencia que tienen muchos prin-
cipiantes en los gustos espirituales, les poseen muy de ordinario
con muchas imperfecciones del vicio de la ira; porque, cuando
se les acaba el sabor y gusto en las cosas espirituales, natural-
mente se hallan desabridos, y con aquel sinsabor que traen con-
sigo traen mala gracia (1) en las cosas que tratan, y se airan
muy fácilmente por cualquier cosilla, y aun a veces no hay quien
los sufra. Lo cual muchas veces acaece después que han tenido
algún muy gustoso recogimiento sensible en la oración, que
como se les acaba aquel gusto y sabor, naturalmente queda el
natural desabrido y desganado; bien así como el niño cuando
le apartan del pecho de que estaba gustando a su sabor. En el
cual natural, cuando no se dejan llevar de la desgana (2), no
hay culpa, sino imperfección, que se ha de purgar por la seque-
dadvy aprieto de la noche oscura.
2. También hay otros de estos espirituales que caen en otra
manera de ira espiritual, y es que se airan contra los vicios
ajenos con cierto celo desasosegado, notando a otros; y a veces
les dan ímpetus de reprenderlos enojosamente, y aun lo hacen
algunas veces (3), haciéndose ellos dueños de la virtud. Todo lo
cual es contra la mansedumbre espiritual.
3. Hay otros que cuando se ven imperfectos (4), con im-
paciencia no humilde se airan contra si mismos; acerca de lo
cual tienen tanta impaciencia, que querrían ser santos en un día.

1 La e. p. corrige: y con aquel sinsabor que tienen, traen mala gracia consigo,
Mtr., C y V : mala gana.
2 M: desengaño.
3 E . p. enmienda: g aun lo ejecutan.
4 M: impacientes.
380 NOCHE OSCURA

De éstos hay muchos que proponen mucho g hacen grandes (i)
propósitos, y como no son humildes ni desconfían de sí (2)
cuantos más propósitos hacen, tanto más caen, y tanto más se
enojan, no teniendo paciencia para esperar a que se lo dé Dios'
cuando E l fuere servido: que también es contra la dicha man-
sedumbre (3) espiritual, que del todo no se puede remediar
sino por la purgación de la noche oscura; aunque algunos tie-
nen tanta. paciencia (4) en esto de querer aprovechar, que no
querría Dios ver en ellos tanta.

CAPITULO VI

D E L ñ S I M P E R F E C C I O N E S ñCERCñ DE L A GULA ESPIRITUAL.

1. Acerca del cuarto vicio, que es gula espiritual, hay mu-
cho que decir, porque apenas hay uno de estos principiantes
que por bien que proceda no caiga en algo de las muchas imper-
fecciones que acerca de este vicio les nacen a estos principiantes
por medio del sabor que hallan a los principios en los ejercicios
espirituales. Porque muchos de éstos, engolosinados con el sa-
bor y gusto que hallan en los tales ejercicios, procuran más el
sabor del espíritu que la pureza y discreción de él (5), que
es lo que Dios mira y acepta en todo el camino espiritual. Por
lo cual, demás de las imperfecciones que tienen en pretender estos
sabores, la golosina que ya tienen les hace salir mucho del pie a
la mano, pasando de los límites del medio en que consisten y se
granjean las virtudes. Porque atraídos del gusto que allí hallan,
algunos se matan a penitencias, y otros se debilitan con ayunos,
haciendo más de lo que su flaqueza sufre, sin orden ni consejo
ajeno (6), antes procuran hurtar el cuerpo a quien deben obedecer

1 Algunos Códices en vez de grandes trasladan muchos,
2 Así H, A, Mtr., G y M . Otros dicen: confían de sí.
3 Deshonrra trasladó el H . Un corrector borró esta palabra y la sustituyó por
desconfianza. Mansedumbre trasladan todos los manuscritos.
4 Aquí añade la e. p. esta frase, que no se lee en los Códices: y se van tan e/es-
pacio.
5 La e. p. sustituye las palabras y discreción de él, por devoción verdadera.
6 Así Bz., B. C, G, M , Mtr. y V . — A y P: ni consejo alguno. H copia solamen-
te: sin orden g consejo.
LIBRO PRIMERO.—CAP. VI 381

en lo tal; y aun algunos se atreven a hacerlo aunque les hagan
mandado lo contrario.
2. Estos son imperfectísimos, gente sin razón, que pos-
ponen la sujeción y obediencia (que es penitencia de la razón
y discreción, y por eso es para Dios más acepto y gustoso sa-
crificio que todos los demás), a la penitencia corporal, que,
dejada estotra parte, no es más que penitencia de bestias, a que
también como bestias se mueven por el apetito (1) y gusto que
allí hallan. En lo cual, por cuanto todos los extremos son vi-
ciosos, y en esta manera de proceder éstos (2) hacen su voluntad,
antes van creciendo en vicios que en virtudes; porquey por lo
menos, ya en esta manera adquieren gula espiritual y soberbia,
pues no van en obediencia. Y tanto empuja (3) el demonio
a muchos de éstos, atizándoles esta gula por gustos y apetitoá
que les acrecienta, que ya que más no pueden, o mudan o aña-
den o varían lo que les mandan, porque les es aceda (4)
toda obediencia acerca de esto. En lo cual algunos llegan
a tanto mal, que, por el mismo caso que van por obediencia a
los tales ejercicios, se les quita la gana y devoción de hacerlos,
porque sola su gana y gusto es hacer lo que les mueve (5),
todo lo cual por ventura les valiera más no hacerlo.
3. Veréis a muchos de éstos muy porfiados con sus maes'-
tros espirituales para que les concedan lo que quieren, y allá
medio por fuerza lo sacan; y si no, se entristeoen como niños
y andan de mala gana, y les parece que no sirven a Dios cuan-
do no les dejan hacer lo que querrían. Porque como andan arri-
mados al jgusto y voluntad propia, y esto tienen por su Dios (6),
luego que se lo quitan y les quieren poner en voluntad de Dios,
se entristecen y aflojan y faltan. Piensan éstos que el gustar
ellos y estar satisfechos, es servir a Dios y satisfacerle.
4. Hay también otros, que por esta golosina tienen tan

1 La e. p. modifica: que dejando estotra parte, es imperfectísima, porque se
mueven a ella sólo por el apetito.
2 M . y e. p.: Todos en vez de esíos.
3 E . p.: t; tanto engaña.
4 E . p.: apretada y aceda.
5 G, C, Mtr. y V añaden: g no porque se lo mandan.
6 Omite la e. p. y esto tienen por su Dios.
382 NOCHE OSCURA

poco conocida su bajeza y propia miseria, y tan echado aparte
el amoroso temor y respeto que deben a la grandeza de Dios,
que no dudan de porfiar mucho con sus confesores sobre que
les dejen (1) comulgar muchas veces. Y lo peor es que muchas
veces se atreven a comulgar sin licencia y parecer del ministro
y despensero de Cristo sólo por su parecer, y le procuran en-
cubrir la verdad. Y a esta causa, con ojo de ir comulgando, ha-
cen como quiera las confesiones (2), teniendo más codicia en co-
mer que en comer limpia y perfectamente, como quiera que fuera
más sano y santo, tener la inclinación contraria, rogando a suá
confesores que no les manden llegar tan a menudo; aunque
entre lo uno y lo otro mejor es la resignación humilde. Pero
los demás atrevimientos (3) cosa es para grande mal, y pue-
den temer el castigo de ellos sobre tal temeridad.
5. Estos, en comulgando, todo se les va en procurar algún
sentimiento y gusto, más que en reverenciar y alabar en sí con
humildad a Dios. Y de tal manera se apropian a esto, que cuan-
do no han sacado algún gusto o sentimiento sensible, piensan
que no han hecho nada, lo cual es juzgar muy bajamente de
Dios, no entendiendo que el menor de los provechos que hace
este Santísimo Sacramento es el que toca al sentido; porque ma-
yor es el invisible de la gracia que da, que, porque pongan en
él los ojos de la fe, quita Dios muchas veces esotros gustos
y sabores (4) sensibles. Y así, quieren sentir a Dios y gustarle
como si fuese comprensible y accesible, no sólo en éste, sino tam-
bién en los demás ejercicios espirituales. Todo lo cual es muy
grande imperfección, y muy contra la condición de Dios, porque
es impureza en la fe (5).
6. Lo mismo tienen éstos en l a oración que ejercitan, que
piensan que todo el negocio de ella está en hallar gusto y de-
voción sensible, y procuran sacarle, como dicen, a fuerza de bra-
zos, cansando y fatigando las potencias y la cabeza; y cuando

1 G, M y e. p. añaden: sobre que les dejen confesar y comulgar muchas veces.
2 Pasiones traslada por error material H.
3 Así los Códices. A y e. p.: demasiados atrevimientos,
4 M y e. p.: favores,
5 La e. p. modifica así esta frase de los Mss.: que pide purísima fe.
LIBRO PRIMERO.—CAP. VI 383

no han hallado éí tal gusto, se desconsuelan mucho pensando
que no han hecho nada, Y por esta pretensión pierden la ver-
dadera devoción y espíritu, que consiste en perseverar allí con pa-
ciencia y humildad, desconfiando (1) de sí, sólo por agradad
a Dios. A esta causa, cuando no han hallado una vez sabor en
este u otro ejercicio, tienen mucha desgana y repugnancia de
volver a él, y a veces lo dejan. Que en fin son, como habernos
dicho, semejantes a los niños, que no se mueven ni obran por
razón, sino por el gusto. Todo se les va a éstos en buscar gusto
y consuelo de espíritu, y para esto nunca se hartan de leer libros,
y ahora toman una meditación, ahora otra, andando a caza de
este gusto en las cosas de Dios. A los cuales se les niega
Dios muy justa, discreta y amorosamente, porque si esto no fue-
se, crecerían por esta gula y golosina espiritual en males sin
cuento. Por lo cual conviene mucho a éstos entrar en la noche
oscura, que habernos de dar (2), para que se purguen de estas
niñerías.
7. Estos que así están inclinados a estos gustos, también
tienen otra imperfección muij grande, y es que son muy flojos
y remisos en ir por el camino áspero de la cruz; porque al
alma que se da al sabor, naturalmente le da en rostro todo
sinsabor de negación propia.
8. Tienen éstos otras muchas imperfecciones que de aquí
les nacen, las cuales el Señor a tiempo les cura con tentaciones,
sequedades y otros trabajos, que todo es parte de la noche
oscura. De las cuales, por no me alargar, no quiero tratar aquí
más, sino sólo decir que la sobriedad y templanza espiritual
lleva otro temple muy diferente de mortificación, temor y suje-
ción en todas sus cosas; echando de ver que no está la per-
fección y valor de las cosas en la multitud y gusto de las
obras (3), sino en saberse negar a sí mismo en ellas; lo cual
ellos han de procurar hacer cuanto pudieren de su parte, hasta

1 Omite esta palabra H, que se lee en los demás.
2 Así H, M , P, B, Bz. y Nítr.—A y V: decir. G: declarar. La e. p, suprime la
frase que habernos de dar.
3 La e. p. abrevia; en la multitud de ellas. M y Bz.: por otras ponen cosas.
384 NOCHE OSCURA

que Dios quiera purificarlos de hecho, entrándolos (1) en la no-
che oscura, a la cual por llegar me voy dando priesa con es-^
tas imperfecciones.

CAPITULO VII

DE LAS IMPERFECCIONES ACERCA DE LA ENVIDIA Y ACIDIA ESPIRI-

TUAL (2).

1. Acerca también de los otros dos vicios, que son envidia
y acidia espiritual, no dejan estos principiantes de tener hartas
imperfecciones. Porque acerca de la envidia muchos de éstos sue-
len tener (3) movimientos de pesarles del bien espiritual de los
otros, dándoles alguna pena sensible de que les lleven ventaja
en este camino, y no querrían verlos alabar; porque S2 entris-
tecen de las virtudes ajenas, y a veces no lo pueden sufrir sin
decir ellos lo contrario, deshaciendo aquellas alabanzas como pue-
den, y les crece, como dicen, el ojo (4), no hacerse (5) con
ellos otro tanto, porque querrían ellos ser preferidos en todo.
Todo lo cual es muy contrario a la caridad, que, como dice
San Pablo, se goza de la bondad (6). Y si alguna envidia tiene,
es envidia santa, pesándole de no tener las virtudes del otro,
con gozo de que el otro las tenga, y holgándose de que todos
le lleven la ventaja porque sirvan a Dios, ya que él está tan
falto en ello.
2. También acerca de la acidia espiritual suelen tener te-
dio en las cosas que son más espirituales, y huyen de ellas,
como son aquellas que contradicen al gusto sensible. Porque como
ellos están tan saboreados en las cosas espirituales, en no ha-*
liando sabor en ellas les fastidian. Porque si una vez no halla-

1 Bz.: metiéndoles,
2 H y Bz, suprimen la palabra acidia,
3 Bz. añade: muchos.
4 La e. p. omite: y les crece, como dicen, el ojo. Ojo se lee en H, M, A, B, Mtr.
y C. Enojo trasladan G y Bz.
5 La e. p.: g sienten mucho no hacerse,
6 I ad Cor., XIII, 6. Cita aquí el Santo, no la letra, sino el sentido del Apóstol.
H y B por bondad trasladan verdad, contra todos los Códices.
LlfeRO PRIMERO.—CAP. VÍI 585

ron en la oración la satisfacción que pedía su gusto (porque en
fin conviene que se le quite Dios para probarlos), no querrían
volver a ella, o a veces la dejan, o van de mala gana. Y así
por esta acidia posponen el camino de perfección (que es el de
la negación de su voluntad (1) y gusto por Dios) al gusto g sa-
bor de su voluntad, a la cual en esta manera andan ellos por
satisfacer más que a la de Dios.
3. Y muchos de éstos querrían que quisiese Dios lo que
ellos quieren, y se entristecen de querer lo que quiere Dios, con
repugnancia de acomodar su voluntad a la de Dios (2). De
donde les nace, que, muchas veces, en lo que ellos no hallan su
voluntad g gusto, piensan que no es voluntad de Dios; g que,
por el contrario, cuando ellos se satisfacen, creen que "Dios se sa-
tisface, midiendo a Dios consigo, g no a sí mismos con Dios,
siendo mug al contrario lo que él mismo ensenó en el Evange-
lio, diciendo: Que el que perdiese su voluntad por él, ése la
ganaría; g el que la quisiese ganar, ese la perdería (3).
4. Estos también tienen tedio cuando les mandan lo que
no tiene gusto para ellos. Estos porque se andan al regalo y
sabor del espíritu, son muy flojos para la fortaleza y trabajo
de perfección, hechos semejantes a los que se crían en regalo,
que huyen con tristeza de toda cosa áspera, y oféndense de la
cruz, en que están los deleites del espíritu; y en las coses más
espirituales, más tedio tienen, porque como ellos pretenden an-
dar en las cosas espirituales a sus anchuras y gusto de su vo-
luntad, háceles gran tristeza y repugnancia entrar por el camino
estrecho, que dice Cristo, de la vida (4).
5. Estas imperfecciones baste aquí haber referido de las
muchas en que viven los de este primer estado de principiantes,
para que se vea cuánta sea la necesidad que tienen de que Dios
les ponga en estado de aprovechados; que se hace entrándolos

1 El copista de H se pasa de esta palabra a la otra igual que viene en la línea
siguiente.
2 E. p.: a la divina.
3 Matth.. XVI, 25.
4 Matth., VII, 14.
25
386 NOCHE OSCURA

en la noche oscura que ahora decimos, donde destetándolos Dios
de los pechos de estos gustos g " sabores en puras sequedades
y tinieblas interiores, les quita todas estas impertinencias (1) y
niñerías, y hace ganar las virtudes por medios muy diferentes.
Porque por más que el principiante en mortificar en sí se ejercite
todas estas sus acciones y pasiones, nunca del todo, ni con mu-
cho, puede, hasta que Dios lo hace en él pasivamente por medio
de la purgación de la dicha noche. En la cual, para hablar algo
que sea de provecho, sea Dios servido darme su divina luz,
porque es bien menester en noche tan oscura y materia tan di-
ficultosa para ser hablada y recitada (2).
Es, pues, el verso:

En una noche oscura.

CAPITULO VIII

EN QUE DECLARA E L PRIMER VERSO DE L A PRIMERA CANCION, Y SE

COMIENZA A E X P L I C A R E S T A NOCHE OSCURA (3).

1. Esta noche que decimos ser la contemplación, dos ma-
neras de tinieblas causa en los espirituales o purgaciones, según
las dos partes del hombre, conviene a saber, sensitiva y espiri-
tual. Y así la una noche o purgación será sensitiva, con que
se- purga el alma (4) según el sentido, acomodándole al
espíritu; y la otra es noche o purgación espiritual, con que se
purga y desnuda el alma según el espíritu, acomodándole y dis-
poniéndole para la unión de amor con Dios. La sensitiva es
común y que acaece a muchos, y éstos son los principiantes, de
la cual (5) trataremos primero. L a espiritual es de muy pocos,
y éstos ya de los ejercitados y aprovechados, de que trataremos
después.

1 Así H y la mayor parte de los Códices. M , P y e. p.: imperfecciones,
2 Así H, M , G, Bz, V y otros. La e. p. y algunos Manuscritos suprimen estas
cuatro últimas palabras.
3 E l título es de la e. p. Los Códices no ponen nada.
4 La e. p.: con que se purga o desnuda un alma,
5 E . p.: de los cuales.
LIBRO PRIMERO.—CAP. VIH 587

2. La primera purgación o noche es amarga y terrible
para el sentido, como ahora diremos (1). La segunda no tiene
comparación, porque es horrenda y espantable (2) para el espí-
ritu, como luego diremos; y porque en orden es primero y acae-
ce primero la sensitiva, de ella con brevedad diremos alguna co-
sa primero (3), porque de ella, como cosa más común, se ha-
llan más cosas escritas, por pasar a tratar más de propósito de
la noche espiritual, por haber de ella muy poco lenguaje, así
de plática, como de escritura (4), y aun de experiencia muy
poco (5).
3. Pues como el estilo que llevan estos principiantes en el
camino de Dios es bajo y que frisa mucho con su propio amor
y gusto, como arriba queda dado a entender, queriendo Dios
llevarlos adelante, y sacarlos de este bajo modo de amor a más
alto grado de amor de Dios y librarlos del bajo ejercicio del
sentido g discurso, que tan tasadamente y con tantos inconve-
nientes, como habernos dicho, andan buscando a Dios, y ponerlos en
el ejercicio de espíritu en que más abundantemente y más libres
de imperfecciones puedan comunicarse con Dios; ya que se han
ejercitado algún tiempo en el camino de la virtud, perseverando
en meditación y oración, en que con el sabor y gusto que allí
han hallado se han desaficionado de las cosas del mundo y
cobrado algunas fuerzas espirituales (6) en Dios, con que tie-
nen algo refrenados los apetitos de las criaturas, con que podrán
sufrir por Dios un poco de carga y sequedad sin volver atrás
al mejor tiempo; cuando más a su sabor y gusto andan en es-
tos ejercicios espirituales, y cuando más claro a su parecer les
luce el sol de los divinos favores, oscuréceles Dios toda esta luz
y ciérrales la puerta y manantial de la dulce agua espiritual
que andaban gustando en Dios, todas las veces y todo el tiem-

1 E . p. omite: como ahora diremos.
2 E . p.: es mug espantable.
3 Primero. La e. p. suprime esta palabra.
4 E . p.: como de escritos.
5 La e. p. suprime muy poco.
6 La palabra fuerzas falta en H, M , G, Bz., V y otros Códices. La traen A, Mtr.,
C y la e. p.
388 NOCHE OSCURA

po que ellos querían, porque, como eran flacos y tiernos, no
había puerta cerrada para ellos, como dice San Juan en el
Apocalipsis (III, 8), y así, los deja tan a oscuras que no saben
por dónde ir con el sentido de la imaginación g el discurso-
porque no pueden (1) dar un paso en el meditar, como antes so-
lían, anegado ya el sentido interior en esta noche, y déjalos tan
a secas que no sólo no hallan jugo y gusto en las cosas espi-
rituales y buenos ejercicios en que solían ellos hallar sus deleites
y gustos, mas en lugar de esto hallan por el contrario sinsabor
y amargura en las dichas cosas; porque, como he dicho, sin-
tiéndolos ya Dios aquí algo crecidillos, para que se fortalezcan
y salgan de mantillas los desarrima del dulce pecho, y abaján-
dolos de sus brazos, los veza a andar (2) por sus pies, en lo
cual sienten ellos gran novedad porque se les ha vuelto todo
al revés.
4, Esto, a la gente recogida, comúnmente acaece más en
breve, después que comienzan, que a los demás, por cuanto es-
tán más libres de ocasiones para volver atrás, y reformar más
presto los apetitos de las cosas del siglo, que es lo que se
requiere para comenzar a entrar en esta dichosa (3) noche del
sentido. Ordinariamente, no pasa mucho tiempo después que co-
mienzan, antes que comiencen a entrar en esta noche del sen-
tido, y todos los más entran en ella, porque comúnmente los
verán caer en estas sequedades.
5. De esta manera de purgación sensitiva, por ser tan co-
mún, podríamos traer aquí gran número de autoridades de la
Escritura Divina, donde a cada paso, particularmente en los
Salmos y Profetas, se hallan muchas (4). Por tanto, no quiero
en esto gastar tiempo, porque el que allí no las supiere mirar,
bastarle ha la común experiencia que de ella se tiene.

1 M y e. p.: saben.
2 Así H, Bz.( G y M t r . - A , B, C y P: enseña a andar. La e. p. y M: muestra a
andar. La primera lectura parece la del Santo, que trataron de suplirla por otra mas
corriente algunos copistas y editores.
3 E . p. traslada feliz en vez de dichosa.
4 Las tres líneas que siguen faltan en C y e. p., que en su lugar traslada: "Y por
evitar prolijidad las dejamos, aunque algunas traeremos después."
LIBRO PRIMERO.—CAP. IX 389

CAPITULO I X

DE L A S SEÑALES E N Q U E S E CONOCERA QUE E L ESPIRITUAL VA POR

EL CAMINO D E E S T A NOCHE Y PURGACION SENSITIVA.

1. Pero porque estas sequedades podrían proceder muchas
veces no de la dicha noche y purgación del apetito sensitivo.,
sino de pecados e imperfecciones, o de flojedad y tibieza, o de
algún mal humor o indisposición corporal, pondré aquí algunas
señales en que se conoce si es la tal sequedad de la dicha
purgación, o si nace de algunos de los dichos vicios, para lo
cual hallo que hay tres señales principales.
2. La primera es, si así como no halla gusto ni consuelo
en las cosas de Dios, tampoco le halla en alguna de las cosas
criadas; porque, como pone Dios al alma en esta oscura noche
a fin de enjugarle y purgarle el apetito sensitivo, en ninguna cosa
la deja engolosinar ni hallar sabor. Y en esto se conoce muy (1)
probablemente que esta 'sequedad y sinsabor no proviene ni de
pecados, ni de imperfecciones nuevamente cometidas. Porque, si
esto fuese, sentirse hía en el natural alguna inclinación o gana de
gustar de otra alguna cosa que de las de Dios; porque cuando
quiera que se relaja el apetito en alguna imperfección, luego se
siente quedar inclinado a ella, poco o mucho, según el gusto y
afición que allí aplicó. Pero porque éste no gustar ni de cosa
de arriba ni de abajo, podría provenir de alguna indisposición
o humor melancólico, el cual muchas veces no deja hallar gusto
en nada, es menester la segunda señal y condición.
3. L a segunda señal para que se crea ser la dicha pur-
gación (2), es que ordinariamente trae la memoria en Dios con
solicitud y Cuidado penoso, pensando que no sirve a Dios, sino
que vuelve atrás, como se ve con aquel sinsabor en las cosas
de Dios. Y en esto se ve que no sale de flojedad y tibieza este

1 Falta el muy en la e. p.
2 La e. p. modifica esta frase: La segunda señal y condición de esta purgación.
390 NOCHE OSCURA

sinsabor y sequedad; porque de razón de la tibieza es no SQ
le dar mucho, ni tener solicitud interior por las cosas de Dios
De donde entre la sequedad y tibieza hag mucha diferencia
porque la que es tibieza, tiene mucha flojedad y remisión (i)
en la voluntad y en el ánimo, sin solicitud de servir a Dios-
la que sólo es sequedad purgativa, tiene consigo ordinaria so-
licitud con cuidado y pena, como digo, de que no sirve a Dios.
Y ésta, aunque algunas veces sea ayudada de la melancolía u
otro humor (como muchas veces lo es), no por eso deja de
hacer su efecto purgativo del apetito, pues de todo gusto está
privado (2), y sólo su cuidado trae en Dios; porque, cuando es
puro humor, todo se va en disgusto y estrago del natural, sin
estos deseos de servir a Dios que tiene la sequedad purgativa,
con la cual, aunque la parte sensitiva está muy caída, floja
y flaca para obrar, por el poco gusto que halla, el espíritu
empero, está pronto y fuerte.
4. Porque la causa de esta sequedad es porque muda
Dios los bienes y fuerza del sentido al espíritu, de los cuales,
por no ser capaz el sentido y fuerza natural, se queda ayuno,
seco y vacío; porque la parte sensitiva no tiene habilidad para
lo que es puro espíritu, y así, gustando al espíritu, se desabre la
carne y se afloja para obrar; mas el espíritu que va recibiendo
el manjar, anda fuerte y más alerta y solícito que antes en el
cuidado de no faltar a Dios, el cual, si no siente luego al prin-
cipio él sabor y deleite espiritual, sino la sequedad y sinsabor,
es por la novedad del trueque; porque habiendo tenido el pa-
ladar hecho a esotros gustos sensibles, todavía tiene los ojos
puestos en ellos, y, porque también el paladar espiritual no está
acomodado ni purgado para tan sutil gusto, hasta que sucesiva-
mente se vaya disponiendo por medio de esta seca y oscura no-
che no puede sentir el gusto y bien espiritual, sino la sequedad
y sinsabor, a falta del gusto que antes con tanta facilidad
gustaba.

1 Bz: Y en esto se ve que entre la sequedad y tibieza tiene mucha sequedad y
remordimiento.
2 A y B: Pues de todo punto es purgado de gusto.
LIBRO PRIMERO. —CAP. IX 391

5. Porque éstos que comienza Dios a llevar por estas so-
ledades del desierto, son semejantes a los hijos de Israel, que
luego que en el desierto les comenzó Dios a dar el manjar
del cielo, que de suyo tenía todos los sabores, y, como allií
dice (1), se convertía al sabor que cada uno quería; con todo,
sentían más la falta de los gustos y sabores de las carnes y ce-
bollas que comían antes en Egipto, por haber tenido el paladar
hecho y engolosinado en ellas, que la dulzura delicada del ma-
ná angélico, y lloraban y gemían por las carnes entre los man-
jares del cielo (2). Que a tanto llega la bajeza de nuestro ape-
tito, que nos hace desear nuestras miserias, y fastidiar el bien
incomunicable (3) del cielo.
6. Pero, como digo, cuando estas sequedades provienen de
la vía purgativa del apetito sensible, aunque el espíritu no siente
al principio el -sabor, por las causas que acabamos de decir, siente
la fortaleza y brío para obrar en la sustancia que le da el man-
jar interior, el cual manjar es principio de oscura y seca contem-
plación para el sentido; la cual contemplación es oculta y secreta
para el mismo que la tienen, y, ordinariamente, junto con la se-
quedad y vacío que hace al sentido, da al alma inclinación y ga-
na de estarse a solas y en quietud, sin poder pensar en cosa par-
ticular ni tener gana de pensarla. Y entonces, si a los que esto
acaece se supiesen quietar, descuidando de cualquiera obra in-
terior y exterior, sin solicitud de hacer allí nada (4), luego en
aquel descuido y ocio sentirían delicadamente aquella refección
interior. La cual es tan delicada, que ordinariamente, si tiene
gana o cuidado (5) en sentirla, no la siente; porque, como digo,
ella obra en el mayor ocio o descuido del alma; que es como
el aire, que en queriendo cerrar el puño, se sale.

1 La e. p. corrige: comenzó Dios a dar el manjar del cielo tan regalado, que
como allí dice.
2 Núm., XI, 5.
3 Incomunicable se iee en los Códices. La e. p.: inconmutable.
4 La e. p. modifica estas líneas: "Descuidando de cualquiera obra interior y ex-
terior que ellos por su industria y discurso pretendan hacer, estando sin solicitud de
hacer allí nada más que dejarse llevar de Dios, recibir y oír con atención interior
y amorosa."
5 La e. p.: si íiene gana y cuidado sobreañadido y particular.
392 NOCHE OSCURA

7. R este propósito podemos entender lo que dijo el Es-
poso a la Esposa en los Cantares, es a saber: Aparta tus "ojos
de mí, porque ellos me hacen volar (1). Porque de tal manera
pone Dios al alma en este estado y en tan diferente camino
la lleva, que si ella quiere obrar con sus potencias (2), antes
estorba la obra que Dios en ella va haciendo, que ayuda; lo
cual antes era muy al revés. La causa es, porque ya en este es-
tado de contemplación, que es cuando sale del discurso a es-
tado de aprovechados, ya Dios es el que obra en el alma;
que por eso la ata las potencias interiores (3), no dejándole
arrimo en el entendimiento, ni jugo en la voluntad, ni discurso
en la memoria. Porque en este tiempo lo que de suyo puede
obrar el alma, no sirve sino, como habernos dicho, de estorban
la paz interior y la obra que en aquella sequedad del sentido
hace Dios en el espíritu. La cual, como espiritual y delicada,
hace obra quieta y 'delicada, solitaria (4), satisfactoria y pací-
fica y muy ajena de todos esotros gustos primeros, que eran
muy palpables y sensibles; porque es la paz ésta que dice
David que habla Dios en el alrna para hacerla espiritual (5).
Y de aquí es la tercera.
8. La tercera señal que hay para que se conozca ser esta
purgación del sentido, es el no poder ya meditar ni discurrir,
en el sentido de la imaginación como solía (6), aunque más ha-
ga de su parte; porque como aquí comienza Dios a comunicársele,
no ya por el sentido, como antes hacía por medio del discurso
que componía y dividía las noticias, sino por el espíritu puro,
en que no cae discurso sucesivamente, comunicándosele con acto
de sencilla contemplación, la cual no alcanzan los sentidos de
la parte inferior, exteriores ni interiores; de aquí es que la

1 Cant. VI, 4.
2 La e. p. modifica: que si ella quisiere obrar de suyo y por su habilidad.
3 Así H , A, B, Bz., C, G y Mtr.—V: que obra en el alma, que por eso la tapa
las potencias interiores. M y e. p.: que parece que le ata las potencias interiores.
4 H traslada solícita. Los demás solitaria. C no trae esta palabra. La e. p. omite
las palabras solitaria, satisfactoria,
5 Ps. LXXXIV, 9.
6 La e. p. enmienda: "ni discurrir, aprovechándose del sentido de la imaginación,
para que la mueva como solía."
LIBRO PRIMERO.—CAP. IX 393

imaginativa g fantasía no pueden hacer arrimo en alguna consi-
deración (1), ni hallar en ella pie ga de ahí adelante.
9. En esta tercera señal se ha de entender que este em-
pacho de las potencias g disgusto de ellas no proviene de algún
mal humor, porque cuando de aquí nace, en acabando aquel
humor, porque nunca permanece en un ser, luego con algún
cuidado que ponga el alma vuelve a poder lo que antes, g hallan
sus arrimos las potencias; lo cual en la purgación del apetito
no es así, porque en comenzando a entrar en ella, siempre va
adelante el no poder discurrir con las potencias. Que aunque es
verdad que a los principios en algunos, a veces, no entra con
tanta continuación (2), de manera que algunas veces dejen de
llevar sus gustos g discursos (3) sensibles (porque, por ventu-
ra (4), por su flaqueza no convenía destetarlos de un golpe),
con todo, van siempre entrando más en ella g acabando con la
obra sensitiva, si es que han de ir adelante, porque los que no
van por camino de contemplación, mug diferente modo llevan.
Porque esta noche de sequedades no suele ser en ellos continua jen
el sentido, porque aunque algunas veces las tienen, otras no; y
aunque algunas veces no pueden discurrir, otras pueden (5),
porque como sólo les mete Dios en esta noche a éstos para ejer-
citarlos g humillarlos, y reformarles el apetito porque no vayan
criando golosina viciosa (6) en las cosas espirituales, y no
para llevarlos a la vía del espíritu, que es esta contemplación
(porque no a todos los que se ejercitan de propósito en el ca-
mino del espíritu lleva Dios a contemplación, ni aún a la mi-
tad (7), el por qué, él se lo sabe), de aquí es qu£ a éstos nunca
les acaba de hecho de desarrimar el sentido de los pechos de las
consideraciones y discursos, sino algunos ratos y a temporadas,
como habernos dicho.

1 La e. p.: no pueden hacer arrimo ni dar principio con alguna consideración.
2 ' Continencia traslada Bz.
3 Alivios en vez de discursos, traslada la e. p.
4 La e. p. omite por ventura.
5 Por descuido, algunos Códices omiten aquí algunas palabras.
6 Viciosa. Falta esta palabra en e, p.
7 La e. p.; //et;a Dios a contemplación perfecta, y suprime ni aun a la mitad,
que traen todos los Códices.
394 NOCHE OSCURA

CAPITULO X

DEL MODO Q U E SE HAN D E H A B E R ESTOS EN ESTA NOCHE OSCURA.

1. En el tiempo, pues, de las sequedades de esta noche sen-
sitiva (en la cual hace Dios el trueque que habernos dicho arriba,
sacando al alma de la vida del sentido a la del espíritu, que es
de meditación a contemplación, donde ya no hay poder obrar
ni discurrir en las cosas de Dios el alma con sus potencias, como
queda dicho) padecen los espirituales grandes penas, no tanto por
las sequedades que padecen, como por el recelo que tienen de
que van perdidos en el camino, pensando que se les ha acabado
el bien espiritual y que los ha dejado Dios, pues no hallan arri-
mo ni gusto en cosa buena (1). Entonces se fatigan, y procuran
(como lo han habido de costumbre) arrimar con algún gusto las
potencias a algún objeto de discurso, pensando que cuando
ellos no hacen esto, y se sienten obrar, no se hace nada; lo cual
hacen no sin harta desgana y repugnancia interior del alma, que
gustaba de estarse en aquella quietud y ocio, sin obrar con las
potencias (2). E n lo cual, estragándose (3) en lo uno, no apro-
vechan en lo otro; porque por buscar (4) su espíritu, pierden el
espíritu que tenían de tranquilidad y paz (5). Y así son seme-
jantes al que deja lo hecho para volverlo a hacer, o al que
se sale de la ciudad para volver a entrar en ella, o al que deja
la caza que tiene para volver a andar a caza; y esto en esta
parte es excusado, porque no hallará nada ya por aquel primer
estilo de proceder, como queda dicho (6).
2. Estos en este tiempo, si no hay quien los entienda, vuel-

1 H es el único que traslada: arrimo ninguno con cosa buena,
2 Omite la e. p. el sin obrar con las potencias de los Códices.
3 E . p. divirtiéndose por estragándose.
4 Así leen H, G. Mtr„ C. P y Y.—Usar trasladan A, B. M y la e. p.—Bz.:
gustar,
5 H, G y P no traen y paz, que se lee en los demás Códices y en e. p.
6 G modifica y abrevia mucho lo restante del capítulo.
LIBRO PRIMERO.—CAP. X 395

ven atrás, dejando el camino o aflojando, o, a lo menos, se es-
torban de ir adelante, por las muchas diligencias que ponen de
ir por el camino de meditación y discurso, fatigando g trabajan-
do demasiadamente el natural, imaginando que queda por su ne-
gligencia o pecados. Lo cual les es ya excusado, porque los
lleva ya Dios por otro camino, que es de contemplación, dife-
rentísimo del primero; porque el uno es de meditación y dis-
curso, y el otro no cae en imaginación ni discurso.
3. Los que de esta manera se vieren, conviéneles que se
consuelen perseverando en paciencia, no teniendo pena; confíen
en Dios, que no deja a los que con sencillo