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qwertyuiopasdfghjklzxcvbnmqwerty uiopasdfghjklzxcvbnmqwertyuiopasd fghjklzxcvbnmqwertyuiopasdfghjklzx LA VOLUPTUOSIDAD DEL OGRO cvbnmqwertyuiopasdfghjklzxcvbnmq wertyuiopasdfghjklzxcvbnmqwertyui opasdfghjklzxcvbnmqwertyuiopasdfg

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JUAN ARIAS BERMEO

(Fragmento)
Kantoborgy se anima por la escapada de engorde a la montaña, junto a su familia perruna e incorporándose luego a la tropa mamífera el señor Lovochancho y don Lester González (éste último viene haciendo méritos para ganarse el ³don´ de los caballeros andantes) . Hoy madrugó más que un monje que practica el chan wu yi en un monasterio al tope de una montaña de granito; tratándose de este tipo de excursiones rápidas a la cordillera, suele calcular bien para que el sol se levante cuando ya esté con su comitiva adentrándose en las estribaciones menores del objetivo. Visit ar al Ogro, el monte Quilindaña, es el objetivo que lo tiene moviéndose a través de la noche. No durmió profundamente pero sí dormitó como un bendito hasta casi la medianoche de ayer, levantándose a preparar horchata y de paso encendió la radio para sintonizar con el dial de Olegario Castro. Madrugar así nunca es vano cuando se da unos minutos para conectarse con radio -libre Marañón. ³Arriba muchachos, es hora de partir´, musitó el montañero sorbiendo del termo un trago caliente de horchata. Los canes salt an al balde de Rocinante para ocupar sus respectivas cajuelas sin atropellarse, irán rumbo a la guarida de Lovochancho donde ha pernoctado para la ocasión Lester González. Le entusiasma hacerlos madrugar a esos dos, se habrán desvelado aguardando que Rocinante se estacione entre los lamentos sublunares de los pavos reales de la mansión lovochanchesca, arropada bajo las faldas occidentales del manso Ilaló. Ya sabe Lovochancho que él no da telefonazos ni envía mensajes cuando se moviliza hacía la montaña; no está para eso de estoy saliendo, estoy acercándome, ya mismo arribo, ¡llegué! El invitado debe estar listo y empacado, con la mirada fija en el Ogro, y no dejarse llamar la atención con un bocinazo traducido como despierta perezoso y salta a la intemperie que estamos aburridos de aguardarte. A la fecha, es bastante con el aviso aullante de la jauría y, segundos después de que Rocinante se para en la morada del matemático, la puerta se abre automáticamente. En esto de no hacer esperar a otro ni que lo dejen esperando a él, Lovochancho, es temático, y no permite que lo sorprendan; poco le falta para estacionarse en el portal de su domicilio,

en una suerte de vivaque al borde de las luces mortecinas del barrio amurallado, y así adelantarse al llamado de la mana da. En su lar, Lovochancho, es el que pasma de la cola a la nariz a su amigo Pincho, haciéndole creer a éste que lo detectó a una legua como de verdad sí lo hace el can con su humanidad. Kantoborgy tenía una visita pendiente a las místicas lagunas del Quilindaña, y, después del salto mítico de Pincho al pie del filo de ³Las cajetonas´, decidió premiarlo con un banquete de tierras altas: agua lacustre, almohadillas de páramo, nubes, roca oscura y cielo mañanero en lo posible azur. Aprovechó la ocasión para invitar al matemático de Guangopolo, que dijo un sí rotundo al reencuentro con el Ogro y al disfrute que le brinda la visión de la jauría desatada. Asimismo, por un pálpito de que se está dando un acercamiento real con Lester González, le envío un cor reo invitándolo a que se una a la excursión, cosa que el ejecutivo contestó agradecido, y de viva voz, que se uniría a la salida sin falta. Que el triple -ingeniero manifieste su deseo de abandonar sus ocupaciones positivas a mitad de semana, es una novedad que lo alienta a seguir invitándolo a disfrutar de lo agreste, después de haberlo llevado al Guagua y a los Illinizas, donde realizó dos memorables caminatas descendentes que lo han tonificado de pies a cabeza, el hombre parece estar fermentando un cambio ineludible.