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Documentos Independencia

Con motivo de la celebración de los 200 años de la Independencia de Colombia, Editorial Norma ofrece en CD interactivo una selección de documentos en cuatro categorías:
. Fuentes primarias de la Independencia: órdenes, cartas, constituciones, declaraciones y proclamas, elaborados entre 1782 y 1830. . Documentos de contexto internacional: declaraciones, noticias y reflexiones, hechas al exterior de la Nueva Granada entre 1793 y 1808. . Centenario de la Independencia: discursos con motivo de la celebración de los 100 años de la Independencia de Colombia, 1910. . Interpretaciones actuales: análisis de varios aspectos asociados al proceso de Independencia.

Los documentos de las tres primeras categorías presentan
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Todos los documentos presentan actividades, en tres niveles

Nivel 1
motiva la identificación de aspectos generales del texto.

Nivel 2
promueve la argumentación, el análisis y la comparación de diferentes elementos del documento.

Nivel 3
promueve el análisis crítico, la toma de posiciones, las relaciones pasado-presente y la generación de conclusiones.

Recopilación María del Pilar López Arismendy Historiadora, Pontificia Universidad Javeriana. Especialista en Periodismo, Universidad de los Andes.

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Documentos
1. Fuentes primarias de la Independencia 2. Documentos de contexto internacional
Viajeros por el Bicentenario de la Independencia de Colombia.

Independencia

3. El centenario: discursos de 1910 4. Interpretaciones actuales

Independencia
• Sentencia de muerte contra los capitanes comuneros (1782) • Orden para decomisar el folleto titulado Los derechos del hombre • El Argos Americano papel político, económico y literario de • Constitución de Cundinamarca (30 de marzo de 1811) • Acta de la Federación de las Provincias Unidas de Nueva Granada
Viajeros por el Bicentenario de la Independencia de Colombia.

Fuentes primarias de la

(1794)

Cartagena de Indias (1810)

• Acta de independencia de la provincia de Cartagena en la Nueva • Constitución provisional de la provincia de Antioquia (revisada en • Carta de Morillo (1817) • Declaración de Pore (18 de diciembre de 1818) • Carta de Simón Bolívar al general Santander, presidente de
convención de 1815) Granada (1811)

(27 de noviembre de 1811)

• Constitución de 1821 (30 de agosto de 1821) • Proclama de Simón Bolívar como dictador presidente (1828) • Constitución de 1830 (5 de mayo de 1830)

Cundinamarca, divulgando la ley fundamental de Angostura (1819)

Sentencia
comuneros
(1782)
Introducción Este documento, en contexto con el análisis del movimiento de los Comuneros y las incipientes sublevaciones del pueblo por las cargas impuestas por la Corona, sirve para mostrar no sólo la forma como la Real Audiencia puso fin al movimiento de los Comuneros, sino también la persecución y represión que ejercieron sobre cualquier acto de rebelión y que sería símil del Régimen del Terror impuesto por Morillo en la Reconquista.
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contra

de muerte

los capitanes

En la causa criminal, que de oficio de la Real Justicia se ha seguido contra Joseph Antonio Galán, natural de Charalá, jurisdicción del Socorro, y demás socios presos en esta Real Cárcel de Corte, la que se halla sustanciada con audiencia de las partes y del señor Fiscal, habiendo visto los graves y atroces atentados que ha cometido este reo, […] acaudillando y capitaneando un cuerpo de gentes, con las que sublevó a aquel pueblo, saqueó las administraciones de aguardiente, tabaco y naipes, nombró capitanes a los sediciosos y rebeldes, y faltando al sagrado respeto de la justicia, se hizo fuerte con formal resistencia a dos partidas de honrados vecinos que salieron de esta ciudad, para impedir sus hostilidades, hasta el extremo de desarmarlos y hacerlos prisioneros […]. [...] y tomando dinero de los administradores, regresó por la Mesa a Chiquinquirá, atrope-

llando, en este pueblo, en compañía de sus hermanos, a don Félix de Arellano, por haber oído decir tenía orden de prenderlo, y últimamente se restituyó a Mogotes, desde donde hecho el terror y escándalo de los pueblos, que lo miraban como invulnerable, y prestaban ascenso a sus patrañas y fantásticas ilusiones, suscitaba y promovía por sí mismo con hechos y dichos sediciosos nueva rebelión, escribiendo cartas a sus corresponsales, comunicándoles sus detestables y execrables proyectos, suponiendo tener aliados, que le protegían, abultando el número de malvados secuaces y pueblos rebeldes; esparciendo por todas partes noticias de conmoción, hasta que viendo frustrados sus infames designios se puso en fuga con el corto número de secuaces, que fueron aprehendidos con él, haciendo en este acto resistencia a la justicia, por cuya causa se ejecutó una muerte y quedaron heridos algunos.

[...] atendida su estupidez y falta de religión, viendo el abuso que hacían de ellas, siendo ya preciso usar del rigor para poner freno a los sediciosos y mal contentos, y que sirva el castigo de este reo y sus socios de ejemplar escarmiento, no pudiendo nadie en lo sucesivo alegar ignorancia del horroroso crimen que comete en resistir o entorpecer las providencias o establecimiento que dimanan de los legítimos superiores […]. Siendo, pues, forzoso dar satisfacción al público y usar de severidad, lavando con la sangre de los culpados los negros borrones de infidelidad con que han manchado el amor y ternura con que los fieles habitantes de este Reino gloriosamente se lisonjean obedecer a su soberano; condenamos a Joseph Antonio Galán a que sea sacado de la cárcel, arrastrado y llevado al lugar del suplicio donde sea puesto en la horca hasta que naturalmente muera, que bajado se le corte la cabeza, se divida su cuerpo en cuatro partes y pasado el resto por las llamas […] declarada por infame su descendencia, ocupados todos sus bienes y aplicados al real fisco; asolada su casa y sembrada de sal, para que de esta manera se dé al olvido su infame nombre y acabe con tal vil persona, tan detestable memoria, sin que quede otra que del odio y espanto que inspira la fealdad del delito! Así mismo, atendiendo a la correspondencia, amistad y alianza que mantenían con este

infame reo, comunicándole las noticias que ocurrían, fomentando sus ideas, levantando pueblos y ofreciendo sus personas para los más execrables proyectos, condenamos a Isidro Molina, Lorenzo Alcantús y Manuel Ortiz, quienes ciegamente obstinados insistieron hasta el fin en llevar adelante el fuego de la rebelión, a que siendo sacados de la cárcel y arrastrados hasta el lugar del suplicio, sean puestos en la horca hasta que naturalmente mueran, bajados después se les corten sus cabezas […] para que tan terrible espectáculo sirva de vergüenza y confusión a los que han seguido a estos cabezas, inspirando el horror, que es debido a los que han mirado con indiferencia, estos infames vasallos del Rey católico, bastardos hijos de su Patria! LICENCIADO D. JUAN FRANCISCO PEY RUIZ - D. JUAN ANTONIO MON Y VELARDE - D. JOAQUÍN VASCO Y VARGAS - D. PEDRO CATANI Y CON-JUEZ D. FRANCISCO JAVIER DE SERNA, Alguacil Mayor de la Real Audiencia, estando en la Sala Pública de Relaciones, en Santafé, a treinta días del mes de enero de mil setecientos ochenta y dos años.
Fuente: Biblioteca Nacional de Colombia, Documentos de los Comuneros, Tomo III, Ms 371, Folio 13.
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titulado Los derechos del hombre

para

decomisar el folleto
(1794)

Orden

Introducción Los españoles sentían gran preocupación por las ideas promovidas en la Revolución francesa. Por esta razón censuraron la publicación de todo documento relacionado con ella e iniciaron una persecución a sus difusores en la Nueva Granada, enviándolos a la cárcel, entre ellos a Antonio Nariño. Excelentísimo señor Recibí el oficio reservado de Vuestra Excelencia de 5 de septiembre pasado acerca de recoger el papel impreso titulado Los derechos del hombre, celar sobre los sujetos de espíritu inquieto que se emplean en infundir y propagar máximas erróneas, y velar en la tranquilidad de los pueblos de mi jurisdicción; a todo lo cual estaré a la mira, y daré parte de Vuestra Excelencia de cualesquiera novedad que ocurra en estos particulares. Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años, Santa Marta, 15 de octubre de 1794. Excelentísimo señor Antonio de Samper (firma y rúbrica) Excelentísimo señor Virrey del Reino Fuente: Archivo General de la Nación, Sección Colonia, Fondo Virreyes, Legajo 16, folio 300.
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político, económico y literario de Cartagena de Indias (1810)
Introducción El siguiente documento permite analizar el papel de las letras y la prensa como órgano de difusión de ideas independentistas y generadoras de un nuevo espacio de opinión pública que resaltó valores como la autonomía, la libertad, y la ilustración, negados completamente por la Corona española.
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El

Argos Americano papel

PROSPECTO Por un efecto necesario del barbaro sistema del gobierno antiguo, hemos estado sumidos en la mas ciega ignorancia de nuestros intereses y derechos; pero felizmente ha llegado la epoca suspirada en que los amantes verdaderos de este Reyno puedan hablar con absoluta libertad, desentrañando las causas que han obstruido los canales de su prosperidad y engrandecimiento. Nos hallamos en una crisis peligrosa, en que nada conviene tanto como uniformar las ideas. No hay conductor mas seguro para comunicarlas, y fixar la opinión pública, que los papeles periódicos. El que se dá en esta ciudad con el titulo de Noticias Publicas. No teniendo plan ni forma alguna regular, es imposible que inspire todo el interés de que es susceptible, ni que produzca los efectos que el gobierno desea. Movidos de estas razones nos hemos propuesto dar a luz un papel semanario. Comunicar con criterio y discernimiento las noticias ministeriales de

esta Suprema Junta de Gobierno, las comerciales de bahía, las de las naciones ultramarinas, de toda la América, y con particularidad las de este Reyno: manifestar la mutua deferencia y sacrificios reciprocos, que deben hacer las provincias en obsequio de la union y bien estar de este: zelar con vigilancia como el Argos de la fabula, y prefendar al público de los artificios de algunos egoistas y ambiciosos que cubiertos con la capa de un falso zelo por la utilidad y beneficio del pueblo, abusan de su bondad y tolerancia, sacrificandolo á su interes privado: proyectos de agricultura, comercio, artes, industrias y ciencias. Dexar el arido campo de estas para deleitarse por entre las flores de la bella literatura; tales serán los objetos de este Argos Americano. No confiando para su desempeño en nuestras débiles fuerzas, esperamos del patriotismo de nuestros conciudadanos nos auxilien con sus ideas y conocimientos, en el supuesto de que sus nombres saldrán al público con todo el honor á que sean acreedores: es tiempo en que los litera-

tos del Reyno honren é ilustren a su patria que tanto lo necesita. Los que gustasen enviarnos algunos papeles, pueden hacerlo por la balija del correo, francos de porte, y rotulados á los editores del Argos Americano de Cartagena. Qualquiera critica justa, moderada, en que mas se conozca el deseo de instruirnos que el de insultarnos, será recibida con reconocimiento, docilidad y encomienda; pero despreciaremos á los que gustan envenenar sus plumas con una sátira mordáz, sin considerar que no escribimos en la culta Europa, sino en unos paises á quienes un gobierno enemigo de las luces tenia cerrados los caminos de la ilustracion. Quando todas las clases han manifestado tanto entusiasmo por la libertad y restablecimiento de nuestra patria, creemos que no faltará el número de subscriptores que sea necesario para sostener una empresa tan importante. Por ahora, miéntras conseguimos imprenta mas abundante, saldrá un pliego los lunes de cada semana, empezando el inmediato; y si acaso en el intermedio ocurriesen noticias que exijan pronta publicacion, se hará por suplementos, ó extraordinarios, que se pagarán á 2 reales por pliego; pero como para esto sea necesario contar con un fondo seguro, se previene que las subscrip-

ciones han de pagarse adelantadas, que para la Ciudad no se admiten por ménos de 6 meses, y para afuera se recibirán en la tienda de D. Antonio Angulo á 4 pesos y medio por el semestre, y las segundas se entregarán en las administraciones de correos de todo el Reyno á 11 pesos franco de porte el papel. Los subscriptores que gusten recibir los numeros en su casa, deben satisfacer anualmente 6 reales para gratificar al conductor. Los pliegos sueltos se venden en la misma tienda á 2 reales cada uno. Aunque el importe de este periódico es respectivamente menor que el que se publicaba anteriormente, no puede serlo tanto como deseamos, pues la escasez de papel ha aumentado considerablemente su valor, y el costo de la impresion es bastante crecido. En este puesto advertimos que si no se juntase un número suficiente de subscriptores, nos veremos en la necesidad de abandonar la empresa. José Fernández Madrid y Manuel Rodríguez Torices. Cartagena, septiembre 10 de 1810. Fuente: El Argos Americano. Papel Político, Económico y Literario de Cartagena de Indias. Lunes 17 de septiembre de 1810
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Constitución
de Cundinamarca (30 de marzo de 1811)
Introducción Este documento es la primera Constitución que proclamó el Estado de Cundinamarca y muestra cla­ ramente la opinión de la élite criolla sobre lo que debía ser la Nueva Granada: una monarquía consti­ tucional, donde los criollos tuvieran los mismos derechos y oportunidades que los españoles. TÍTULO I. DE LA FORMA DE GOBIERNO Y SUS BASES Artículo 1.- La Representación, libre y legítimamente constituida por elección y consentimiento del pueblo de esta provincia, que con su libertad ha recuperado, adopta y desea conservar su primitivo y original nombre de Cundinamarca, convencida y cierta de que el pueblo a quien representa ha reasumido su soberanía, recobrando la plenitud de sus derechos, lo mismo que todos los que son parte de la Monarquía española, desde el momento en que fue cautivado por el Emperador de los franceses, el señor don Fernando VII, Rey legítimo de España y de las Indias, llamado al trono por los votos de la nación, y de que habiendo entrado en el ejercicio de ella desde el 20 de julio de 1810, en que fueron depuestas las autoridades que constantemente le habían impedido este precioso goce, necesita de darse una Constitución, que siendo una barrera contra el despotismo, sea al mismo tiempo el mejor garante de los derechos imprescriptibles del hombre y del ciudadano, estableciendo el Trono de la Justicia, asegurando la tranquilidad doméstica, proveyendo la defensa contra los embates exteriores, promoviendo el bien general y asegurando para siempre la unidad, integridad, libertad e independencia de la provincia, ordena y manda observar la presente a todos los funcionarios que sean elegidos, bajo cuya precisa condición serán respetados, obedecidos y sostenidos por todos los ciudadanos estantes y habitantes en la provincia, y de lo contrario, tratados como infractores del pacto más sagrado, como verdaderos tiranos, como indignos de nuestra sociedad y como reos de lesa Patria. Artículo 2.- Ratifica su reconocimiento a Fernando VII en la forma y bajo los principios hasta ahora recibidos y los que resultarán de esta Constitución. Artículo 3.- Reconoce y profesa la religión Católica, Apostólica, Romana como la única verdadera.

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Artículo 4.- La Monarquía de esta provincia será constitucional, moderando el poder del Rey una Representación Nacional permanente. Artículo 5.- Los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial se ejercitarán con independencia unos de otros; aunque con el derecho de objetar el Poder Ejecutivo lo que estime conveniente a las libertades del Legislador en su caso y lugar. Artículo 6.- El ejercicio del Poder Ejecutivo corresponde al Rey, auxiliado de sus Ministros y con la responsabilidad de éstos; y en defecto del Rey, lo obtiene el Presidente de la Representación Nacional, asociado de dos Consejos y bajo la responsabilidad del mismo Presidente. […] Artículo 11.- A excepción del Rey, ningún otro funcionario de la Representación Nacional podrá ser vitalicio, sino electivo por tiempo limitado. Artículo 12.- La reunión de dos o tres funciones de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial en una misma persona, o corporación, es tiránica y contraria por lo mismo a la felicidad de los pueblos. […] Artículo 14.- La reunión de los funcionarios de los tres Poderes constituye la Representación Nacional. […]

CONCLUSIÓN ¡Ciudadanos de la Provincia de Cundinamarca, […] veis aquí al americano por la primera vez en ejercicio de los derechos que la naturaleza, la razón y la religión le conceden, y de que los abusos de la tiranía le habían privado por espacio de tres siglos. No es ésta la voz imperiosa del despotismo que viene del otro lado de los mares: es la de la voluntad de los pueblos de esta provincia, legítimamente representados. No es para vivir sin ley para lo que habéis conquistado vuestra libertad, sino para que la ley, hecha con vuestra aprobación, se ponga en lugar de la arbitrariedad y los caprichos de los hombres […]! Estableció, aprobó y sancionó esta Constitución el serenísimo Colegio Constituyente y Electoral de esta Provincia de Cundinamarca, y firman los representantes de los pueblos para su perpetua constancia, en esta ciudad de Santafé de Bogotá, su capital, a treinta de marzo de mil ochocientos once. Jorge Tadeo Lozano, Presidente del Colegio. Camilo Torres, Secretario. Frutos Joaquín Gutiérrez, Secretario. Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Constituciones Hispanoamericanas. http://www.cervantesvirtual.com/servlet/ SirveObras/12478304311266051543213/ p0000001.htm#I_0_
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Acta de la Federación
de

las Provincias Unidas

(27 de noviembre de 1811)
Introducción Este documento permite analizar la división política e ideológica de las provincias de la Nueva Gra­ nada en medio de las revueltas independentistas y la adhesión de algunas al sistema federalista en contraposición al centralismo. […] Nos los representantes de las provincias de la Nueva Granada convenidos en virtud de los plenos poderes con que al efecto hemos sido autorizados por nuestras respectivas provincias, y que previa y mutuamente hemos reconocido y calificado, considerando la larga serie de sucesos ocurridos en la península de España, nuestra antigua metrópoli, desde su ocupación por las armas del emperador de los franceses Napoleón Bonaparte; […] y últimamente los derechos indisputables que tiene el gran pueblo de estas provincias, como todos los demás del universo, para mirar por su propia conservación, y darse para ello la forma de gobierno que más le acomode, […] solemnemente han proclamado sus deseos de unirse a una asociación federativa, que remitiendo a la totalidad del Gobierno general las facultades propias y privativas de un solo cuerpo de nación reserve para cada una de las provincias su libertad, su soberanía y su independencia, […] hemos acordado y acordamos los pactos de federación siguientes:
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de

Nueva Granada

Artículo 1.- El título de esta confederación será: Provincias Unidas de la Nueva Granada. Artículo 2.- Son admitidas y parte por ahora de esta confederación todas las provincias que al tiempo de la revolución de la capital de Santafé en veinte de julio de mil ochocientos diez, eran reputadas y consideradas como tales, y que en continuación y en uso de este derecho resumieron desde aquella época su gobierno y administración interior, sin perjuicio no obstante de los pactos o convenios que hayan hecho o quieran hacer algunas de ellas y que no se improbarán en lo que no perjudique a la Unión. Artículo 3.- Lo serán asimismo aquellas provincias o pueblos que no habiendo pertenecido en dicha época a la Nueva Granada, pero que estando en cierto modo ligados con ella por su posición geográfica, por sus relaciones de comercio u otras razones semejantes, quieran asociarse ahora a esta federación, o a alguna de sus

provincias confinantes, precediendo al efecto los pactos y negociaciones que convengan con los Estados o cuerpos políticos a quienes pertenezcan, sin cuyo consentimiento y aprobación no puede darse un paso de esta naturaleza. Artículo 4.- En todas y cada una de las Provincias Unidas de la Nueva Granada se conservará la santa religión Católica, Apostólica, Romana, en toda su pureza e integridad. Artículo 5.- Todas y cada una de las Provincias Unidas y que en adelante se unieren de la Nueva Granada, o de otros Estados vecinos, desconocen expresamente la autoridad del Poder Ejecutivo o Regencia de España, Cortes de Cádiz, Tribunales de Justicia y cualquiera otra autoridad subrogada o substituida por las actuales, o por los pueblos de la península, en ella, sus islas adyacentes, o en cualquiera otra parte, sin la libre y espontánea concurrencia de este pueblo. Así, en ninguna de dichas provincias se obedecerá o dará cumplimiento a las órdenes, cédulas, decretos o despachos que emanaren de las referidas autoridades; ni de ninguna otra constituida en la península de cualquiera naturaleza que sea, civil, eclesiástica o militar, pues las dichas provincias sólo reconocen por legítimas y protestan obedecer en su distrito a las que sus respectivos pueblos hayan constitui-

do con las facultades que le son privativas […]. Artículo 6.- Las Provincias Unidas de la Nueva Granada se reconocen mutuamente como iguales, independientes y soberanas, garantizándose la integridad de sus territorios, su administración interior y una forma de gobierno republicano. Se prometen recíprocamente la más firme amistad y alianza, se juran una fe inviolable y se ligan con un pacto eterno, cuanto permite la miserable condición humana. Hecha en convención de diputados de Santafé de Bogotá, a 27 días del mes de noviembre del año del Señor, 1811. José Manuel Restrepo, Diputado por la Provincia de Antioquia. Henrique Rodríguez, Diputado por la Provincia de Cartagena. Manuel Campos, Diputado por la Provincia de Neiva. Camilo Torres, Diputado por la Provincia de Pamplona. Joaquín Canzacho, Diputado por la Provincia de Tunja. José Manuel Restrepo, Secretario. Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Constituciones Hispanoamericanas. http://www.cervantesvirtual.com/servlet/ SirveObras/89145173211214929532457/ p0000001.htm#I_0_
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Acta de Independencia
la provincia de Cartagena en la
de

Nueva Granada

(1811)

Introducción El siguiente documento permite analizar la forma en que las provincias aprovecharon la invasión na­ poleónica en España para promover sus propias ideas de independencia y libertad. También se pueden estudiar las causas del descontento de los criollos que se mostraban leales a los españoles. En nombre de Dios Todopoderoso, Autor de la Naturaleza, nosotros los Representantes del buen pueblo de la Provincia de Cartagena de Indias, congregados en Junta plena, con asistencia de todos los Tribunales de esta ciudad, a efecto de entrar en el pleno goce de nuestros justos e imprescriptibles derechos que se nos han devuelto por el orden de los sucesos con que la Divina Providencia quiso marcar la disolución de la monarquía española, y la erección de otra nueva dinastía sobre el trono de los Borbones: antes de poner en ejercicio aquellos mismos derechos que el sabio Autor del Universo ha concedido a todo el género humano, vamos a exponer a los ojos del mundo imparcial el cúmulo de motivos poderosos que nos impelen a esta solemne declaración, y justifican la resolución tan necesaria que va a separarnos para siempre de la monarquía española. […] Desde la época de la Revolución española; y a su lectura el hombre más decidido por la cauViajeros por el Bicentenario de la Independencia de Colombia.

sa de España no podrá resistirse a confesar que mientras más liberal y más desinteresada ha sido nuestra conducta con respecto a los Gobiernos de la Península, más injusta, más tiránica y opresiva ha sido la de éstos contra nosotros. [...] hemos sufrido toda clase de insultos de parte de los agentes del Gobierno español, que obrarían sin duda de acuerdo con los sentimientos de éste; se nos hostiliza, se nos desacredita, se corta toda comunicación con nosotros, y porque reclamamos sumisamente los derechos que la Naturaleza, antes que la España, nos había concedido, nos llaman rebeldes, insurgentes y traidores, no dignándose contestar nuestras solicitudes el Gobierno mismo de la Nación. Agotados ya todos los medios de una decorosa conciliación, y no teniendo nada que esperar de la Nación española, supuesto que el Gobierno más ilustrado que puede tener desconoce nuestros derechos y no corresponde a los fines para

que han sido instituidos los Gobiernos, que es el bien y la felicidad de los miembros de la sociedad civil, el deseo de nuestra propia conservación y de proveer a nuestra subsistencia política, nos obliga a poner en uso los derechos imprescriptibles que recobramos con las renuncias de Bayona, y la facultad que tiene todo pueblo de separarse de un Gobierno que lo hace desgraciado. Impelidos por estas razones de justicia que sólo son un débil bosquejo de nuestros sufrimientos, y de las naturales y políticas que tan imperiosamente convencen de la necesidad que tenemos de esta separación, indicada por la misma naturaleza, nosotros los Representantes del buen Pueblo de Cartagena de Indias, con su expreso y público consentimiento, poniendo por testigo al Ser Supremo de la rectitud de nuestros procederes, y por árbitro al mundo imparcial de la justicia de nuestra causa, declaramos solemnemente, a la faz de todo el mundo, que la Provincia de Cartagena de Indias es desde hoy de hecho y por derecho Estado libre, soberano e independiente; que se halla absuelta de toda sumisión, vasallaje, obediencia y de todo otro vínculo de cualquiera clase y naturaleza que fuese, que anteriormente la ligase con la Corona y Gobierno

de España; que como tal Estado libre y absolutamente independiente, puede hacer todo lo que hacen y pueden hacer las Naciones libres e independientes. Y para mayor firmeza y validez de esta nuestra declaración empeñamos solemnemente nuestras vidas y haciendas, jurando derramar hasta la última gota de nuestra sangre antes que faltar a tan sagrado compromiso. Dada en el Palacio de Gobierno de Cartagena de Indias, a 11 días del mes de noviembre de 1811, el primero de nuestra Independencia. Ignacio Cavero, Presidente-Juan de Dios Amador-José María García de Toledo-Ramón RipollJosé de Casamayor-Domingo Granados-José María del Real-Germán Gutiérrez de PiñeresEusebio María Canabal-José María de CastilloBasilio del Toro de Mendoza-Manuel José Canabal-Ignacio de Narváez y la Torre-Santiago de Lecuna-Joseff María de la Terga-Manuel Rodríguez Torices-Juan de Arias-Anselmo José de Urreta-José Fernández de Madrid-José María Benito Revollo, Secretario. Fuente: Pombo, Manuel Antonio y Guerra, José Joaquín. (Comp.) Constituciones de Colombia. Tomo I. Bogotá, Imprenta de La Luz, 1911.
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provisional de la provincia
de (revisada en convención de 1815)

Constitución
Antioquia

Introducción Este documento no es sólo una constitución sino la adopción de las ideas ilustradas y liberales por parte de los neogranadinos y, en especial, de los antiqueños. Con él se pueden analizar cuáles eran los principios fundamentales que un pueblo soberano e independiente debía exigir y qué significaban para ellos, además de analizar otros conceptos modernos como el contrato social y los derechos y deberes de los ciudadanos.
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[…] Proclamación de los Derechos del Hombre en Sociedad Artículo 1.- Dios ha concedido igualmente a los hombres ciertos derechos naturales, esenciales e imprescriptibles; ellos se reducen a cuatro principales, a saber: la libertad, la igualdad legal, la seguridad y la propiedad. Artículo 2.- La libertad es la facultad que el hombre tiene de poder hacer lo que no perjudica los derechos de otro. Artículo 3.- La igualdad consiste en que la ley es una misma para todos, sea que proteja o que castigue. […] Artículo 5.- La propiedad es el derecho de gozar y disponer libremente de nuestros bienes y del fruto de nuestra industria. Artículo 6.- La ley debe proteger la libertad pública e individual contra la opresión de los que gobiernan.

[…] Artículo 13.- La soberanía reside original y esencialmente en el pueblo. Es una, indivisible, imprescriptible e inenajenable. Artículo 14.- La universalidad de los ciudadanos constituye el pueblo soberano. Artículo 15.- La soberanía consiste en la facultad de dictar leyes, en la de hacerlas ejecutar y aplicarlas a los casos particulares que ocurran; o en los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Artículo 16.- Ningún individuo, ninguna clase o reunión parcial de ciudadanos puede atribuirse la soberanía; así, una parte de la nación no debe ni tiene derecho alguno para dominar el resto de ella. Artículo 17.- No se puede ejercer autoridad sin una delegación formal de los ciudadanos, ni obtener títulos honoríficos que no emanen de la Constitución. Cualesquiera funciones públicas no deben ser miradas como distinciones o recompensas, sino como cargas y obligaciones. Artículo 18.- Todas las elecciones deben ser li-

bres, y cada ciudadano tiene un derecho igual de concurrir mediata o inmediatamente a la formación de las leyes y al nombramiento de los representantes y funcionarios públicos. Artículo 19.- Jamás se puede prohibir, suspender ni limitar el derecho que tiene el pueblo y cada uno de los ciudadanos de dirigir a los depositarios de la autoridad pública representaciones o memoriales, para solicitar legal y pacíficamente la reparación de los agravios que se le hayan hecho y de las molestias que sufra. Artículo 20.- La garantía social no puede existir si no se halla establecida la división de los poderes, si sus límites no están fijados y si la responsabilidad de los funcionarios públicos no está asegurada. Artículo 21.- El Contrato Social es el más sagrado de todos los contratos, y obliga mutuamente a los súbditos y superiores, no solo delante de los hombres sino también delante de Dios. Deberes del ciudadano Artículo 1.- Para que la República sea feliz, es necesario que los súbditos cumplan las leyes, y los magistrados hagan justicia y castiguen su infracción. Artículo 2.- Los deberes del ciudadano consisten en la pureza de la Religión y de las costumbres y en el amor de sus semejantes, derivándose principalmente de los dos principios siguientes, inspirados por la naturaleza, sancionados por la ley y consagrados por la Religión: No hagas a otro lo que no quieres se haga contigo. Haz constantemente a los demás el bien que quisieras recibir de ellos.

Artículo 3.- Todo ciudadano debe servir y defender la sociedad, vivir sujeto a las leyes y respetar a los funcionarios públicos que son sus órganos. Artículo 4.- Ninguno es buen ciudadano si no es buen padre, buen hijo, buen hermano, buen amigo y buen esposo. Artículo 5.- Ninguno es hombre de bien si no es franca y religiosamente observador de las leyes. Artículo 6.- El que las viola abiertamente se declara en estado de guerra con la sociedad, y el que sin quebrantarlas abiertamente elude su cumplimiento por intrigas, cábalas y ardides, vulnera los intereses de la comunidad haciéndose indigno de su benevolencia y estimación. […] Fecha en Convención Constituyente, revisora y electoral, celebrada en la parroquia de Envigado desde el trece de junio hasta el cuatro de julio del año de mil ochocientos quince. Doctor Félix de Restrepo, Presidente diputado por el Departamento del Nordeste. Pantaleón Arango, diputado por el Departamento de Medellín. José Manuel Restrepo, diputado por el Departamento de Rionegro. Francisco Javier Gómez, diputado por el Departamento de Marinilla. José María Hortiz, diputado por el Departamento de Antioquia, y Secretario. Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Constituciones Hispanoamericanas. http://www.cervantesvirtual.com/servlet/ SirveObras/01048296541258374110035/ p0000001.htm#I_0_
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Carta de
(1817)
Introducción

Morillo

El siguiente documento permite analizar el fuerte papel de los llaneros al resistir la reconquista espa­ ñola y las causas del debilitamiento que sufría el ejército realista, las cuales lo llevarían a ser derro­ tado por el ejército patriota.

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Va a ver el Público en el siguiente Oficio del General Morillo a Sámano el lenguaje de la verdad. Verá la confesión ingenua del caudillo español con respecto a los Llanos, y se acabará de convencer de que los españoles en vano trabajan por subyugar este país. […] me impongo del proyecto de V. S. de pasar a los Llanos de Casanare en la buena estación, con una fuerza respetable, de Caballería e Infantería, para escarmentar y perseguir a los malvados, hasta Guadualito, a cuyo efecto me remite V. S. copia del oficio que dirige al Comandante Militar de los Valles de Cúcuta, a fin de que envíe espías por aquella parte, que le informen a punto fijo de la fuerza y situación de los enemigos. Esta operación la juzgo tan difícil, como arriesgada, y casi me atrevo a asegurar a V. S. que su resultado sería ciertamente desgraciado.

V. S. tiene que formar la Caballería, con gente del Reino, que ni son jinetes ni están acostumbrados a luchar con las penalidades y fatigas de los Llanos, cuyo clima, manera de vivir y de procurar el alimento les son absolutamente desconocidos. La Caballería mejor montada, con caballos herrados y cuidados tal como V. S. vio la de los Artilleros y Húsares en esa Capital, no pudo resistir el paso de la Sierra y de los Páramos de la Cordillera hasta Pore y Chire. Nuestros soldados llevaban dos caballos cada uno, y la mayor parte perdieron uno. Los Escuadrones de D. Antonio Plá, llegaron absolutamente a pié, y las mulas y Acemilas que conducían los equipajes y subsistencias quedaron todas espeadas en la piedra viva de la montaña. ¡Cuántas dificultades no le quedaban aún que vencer hasta Guadualito! El inmenso desier-

to por donde se camina, el pasto de la sabana, que deteriora y concluye con las Caballerías del Reino, la imposibilidad de coger el ganado, trasportar víveres, medicinas, reducirían a V. S. al último estado de impotencia, y llegaría con su División destruida a Guadualito. […] Hasta aquí se supone que V. S. tuviese algunos recursos de gente del país, y que no encontrase enemigos que se le opusieran al paso. La única fuerza conque V. S. podría contar, sería con la Infantería, y esta arma, sin el auxilio de la Caballería, es inútil en el Llano. Por lo demás, la Caballería del Reino que V. S. llevase la batirían por numerosa que fuera con una mitad o menos, y tocaría V. S. toda clase de apuros. Los hombres de esas Provincias no son buenos soldados a Caballo, ni en mucho tiempo pueden serlo. Así es, que nada se adelantaría, contra unos habitantes que han nacido y vivido a Caballo siempre. […] V. S. debe limitar sus operaciones a defender con seguridad, […] hacer algunas prontas incursiones para destruir, o sorprender los rebeldes y los indios desleales de Betoyes, Macaguane, y demás que manda el Traidor P. Mariño. Fomentar y organizar las milicias, para asegurar la correspondencia y las remesas de víveres, cimentar la opinión de los Pueblos por la disciplina, y buen comportamiento de la Tropa: de

suerte, que el objeto principal de V. S. ha de reducirse solamente a defender el Reino, impedir toda comunicación, con el Llano, y aprovechar cualquier ocasión ventajosa que se presente, sin aventurar el éxito de las Armas del Rey, ni empeñarse con los enemigos separado de la Cordillera. Entre tanto yo trabajo incesantemente en destruir a los malvados de estas Provincias, particularmente a los Rebeldes de esta Isla, y si como espero, pronto me desembarazo de ellos haciendo tremolar nuevamente el Pabellón de S. M. en estas Costas volaré con las valientes Tropas del Ejército donde sea necesario, restablecer la tranquilidad alterada, y aniquilar a los facciosos que se empeñan en prolongar la guerra, y la desolación general, marchando otra vez al Nuevo Reino de Granada, si las circunstancias lo exigiesen. Dios guarde a V. S. muchos años. Quartel Gral. de Pampatár 1o. de agosto de 1817.-Pablo Morillo–Señor D. Juan Sámano.

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Fuente: Archivo General de la Nación, Sección República, Secretaría de Guerra y Marina, legajo 323. Folios 376-379.
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Declaración de
(18 de diciembre de 1818)

Pore

Introducción Los llanos de Arauca y Casanare siempre fueron una tierra apetecida por los españoles debido a que su producción vacuna les proveía comida y pieles. Pero también fue uno de los territorios más difíciles durante la Pacificación por la resistencia de los llaneros. Este documento sirve para mostrar no sólo la fuerza del llanero, sino su decisión de independencia y de apoyo diplomático y militar entre las zonas granadinas y venezolanas.
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En la ciudad de Pore a 18 días del mes de diciembre de 1818 reunidos en congreso provincial los representantes del Estado libre de Casanare con arreglo a la constitución federal de la Nueva Granada para acordar y resolver lo que mejor convenga a la salud de la Patria en las desgraciadas circunstancias de hallarse los demás estados de la Unión oprimidos por las armas españolas, cuya dominación injusta, violenta y arbitraria se han comprometido del modo más solemne a repeler, después de varias propuestas y largas discusiones convinieron unánimemente en decretar y decretaron a presencia y bajo los auspicios del Ser Supremo lo que se expresa en los artículos siguientes: Artículo 1.- Declaran que siendo el Estado de Casanare el único de la Unión que se halla enteramente libre, tiene en virtud de los principios federales un derecho incontestable para representar él solo toda la federación, mientras que

libertándose otro u otros estados no entren a participar de la representación nacional. Artículo 2.- Consiguiente a esta declaración tan justa y tan legal el Estado de Casanare se halla constitucionalmente autorizado para tratar los negocios políticos y militares con toda la plenitud de poder y de autoridad que todos los Estados de la Unión han depositado en el congreso federal. Artículo 3.- En virtud de estas facultades el Estado de Casanare instituye un Gobierno provisorio que dirigirá los negocios públicos de la federación hasta que hallándose libres las dos terceras partes de los Estados de la Nueva Granada se restablezca el Congreso. Artículo 4.- Este Gobierno se compondrá de una junta en quien residirán todas las facultades del Congreso, y de un Presidente de la Nueva Granada que ejercerá el poder ejecutivo. Artículo 5.- La Junta de Gobierno se compondrá por ahora de cinco miembros de diversos

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Estados, a cuya elección se procederá inmediatamente. A esta junta se agregarán dos individuos por cada Estado que se liberte. Artículo 6.- La elección de Presidente se hará luego que haya tres Estados libres. Entre tanto ejercerá sus funciones el Gobernador de Casanare. Artículo 7.- El primer cuidado del Gobierno provisorio de la Nueva Granada será el de levantar y disciplinar tropas y proveerlas de armas, municiones y vestuario, a cuyo efecto empleará todos los fondos y recursos del Estado de Casanare y de los que sucesivamente se fueren libertando. Artículo 8.- Solicitará permiso de nuestro ilustre aliado el Jefe Supremo de la República de Venezuela para la libre introducción de todo género de efectos militares por el Orinoco, y para el establecimiento de un Cónsul o agente de comercio en la ciudad de Santo Tomás de la Angostura a fin de facilitar estas operaciones. Artículo 9.- Establecerá correspondencias y comunicaciones secretas al interior de la Nueva Granada para alentar el patriotismo y reanimar las esperanzas de los buenos ciudadanos, dándoles a conocer el estado de los negocios públicos y los medios y la constancia con que se trabaja por la libertad. Artículo 9.- Renovará las credenciales de los Agentes Diplomáticos nombrados por el Congreso para varias negociaciones políticas, y nombrará otros que crea necesarios, especialmente cerca de S. E. el Jefe Supremo de Venezuela, a quien reconocerá por Capitán General de nuestros ejércitos como nombrado que fue por el Congreso.

Artículo 10.- Confirmará los ascensos que el expresado Capitán General Simón Bolívar ha concedido a los oficiales del ejército de Casanare. Artículo 11.- Renovará y estrechará la alianza entre la Nueva Granada y la República de Venezuela, solicitando su cooperación para el establecimiento de nuestra libertad y celebrando todos los pactos y convenios que estime convenientes, hasta que congregado el Congreso se acuerde por ambas partes si deben reunirse en un solo Estado y qué Gobierno deben adoptar. Artículo 12.- Luego que el Gobierno provisorio se halle instalado lo comunicará oficialmente por medio de un enviado extraordinario a S. E. el Jefe Supremo de Venezuela. Artículo 13.- Copias de este Decreto se circularán a todos los pueblos de la federación con quienes se pueda tener comunicación, excitándolos a recobrar su libertad, y exhortando las tropas americanas que el enemigo ha forzado a militar bajo sus infames banderas, a que se reúnan bajo las de la patria y sostengan su honor y su independencia. Artículo 14.- Publíquese por bando en todos los pueblos del Estado y comuníquese oficialmente a las autoridades civiles y militares, ordenándoles cooperar todas a su ejecución.

Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Constituciones Hispanoamericanas. http://www.cervantesvirtual.com/servlet/S irveObras/35740622436137506322202/ p0000001.htm#I_1_
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presidente de Cundinamarca, divulgando la ley fundamental

Simón Bolívar al general Santander,
de Angostura

Carta de

(1819)

Introducción El siguiente documento permite analizar la creación de la República de Colombia en Angostura. El deseo y las razones de Bolívar para construir una república unificada entre Venezuela y la Nueva Granada y los inicios de las relaciones internacionales y diplomáticas de Colombia como nación in­ dependiente.
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Tengo la satisfacción de remitir a Vuestra Excelencia la Ley Fundamental de la República de Colombia, decretada por el Soberano Congreso. La ley misma contiene los poderosos motivos que ha tenido el Congreso para realizar al fin los votos de los ciudadanos de ambas naciones uniéndolas en una sola República. La perspectiva que presenta este acto memorable es tan vasta como magnífica. Poder, prosperidad, grandeza, estabilidad, serán el resultado de esta feliz unión. El voto unánime de los Diputados de Venezuela y de la Nueva Granada, ha puesto la base de un edificio sólido y permanente, ha determinado el nombre, rango y dignidad con que debe conocerse en el mundo nuestra naciente República, y bajo el cual debe establecer sus relaciones políticas. Aunque este acto provisorio no está investido de todas las formalidades, y aunque todas

las provincias libres de Cundinamarca no han concurrido a él, las incalculables ventajas que produce y sobre todo la imperiosa necesidad de aprovechar la disposición de los Gobiernos Extranjeros, han obligado a los representantes de Venezuela y de la Nueva Granada a dar un paso en que creen vinculada la estabilidad, permanencia y prosperidad de Colombia. En diez años de lucha y de trabajos indecibles; en diez años de sufrimientos que casi exceden a las fuerzas humanas, hemos experimentado la indiferencia con que toda la Europa y aun nuestros hermanos del Norte han permanecido tranquilos espectadores de nuestro exterminio. Entre otras causas puede asignarse como la primera, la multiplicidad de soberanías establecidas hasta hoy, la falta de unidad y consolidación, la falta de acuerdo y armonía, y sobre todo la falta de medios, que producen necesariamente la separación de las Repúblicas, esta, repito, es la causa verdadera del ningún interés que han

tomado hasta ahora nuestros vecinos y los europeos en nuestra suerte. Secciones, fragmentos, que aunque de grande extensión no tienen ni la población ni los medios, no podían inspirar ningún interés ni seguridad a los que desearen establecer relaciones con ellos. La República de Colombia presenta cuantos medios y recursos son necesarios para sostener el rango y dignidad a que ha sido elevada, e inspira a los extranjeros la confianza y la seguridad de que es capaz de sostenerlos. De aquí nace la facilidad de obtener aliados y de procurarse los auxilios que le faltan para consolidar su independencia. Las riquezas de Cundinamarca y Venezuela, la población de ambas, dará una importancia a Colombia de que no gozarían permaneciendo separadas. Los amantes de la verdadera felicidad y esplendor de Colombia son los que más poderosamente han contribuido a la unión. Ellos, persuadidos de las mutuas ventajas, han consagrado sus esfuerzos, sus luces y su persuasión para conseguirlo. El Honorable señor Francisco Antonio Zea ha tenido la gloria de ser el principal agente de este pacto que promete tantas y tan grandes utilidades. El mismo señor Zea ha sido nombrado agente extraordinario de Colombia cerca del gabinete de Washington y seguidamente pasará a Fran-

cia donde es tan conocido y donde goza de la mejor reputación, la misión tiene por objeto procurarnos amigos allí, preparar aquel gobierno en nuestro favor, y conseguirnos elementos de guerra y cuanto crea sea útil en Colombia. El Gobierno concibe grandes esperanzas de la idoneidad del agente y él se las promete en virtud de la confianza y de la seguridad que deben necesariamente inspirar los recursos de la nueva República de Colombia. […] La Ley Fundamental de la República de Colombia debe ser publicada solemnemente en los pueblos y en los ejércitos, inscrita en todas las municipalidades y ejecutada en el departamento de Cundinamarca como previene el Congreso. A Vuestra Excelencia toca la gloria de ser el ejecutor del acto que llama a su país natal a una grandeza y dignidad que casi no puede percibir la imaginación más brillante, y hacer que los pueblos, ejércitos, corporaciones y municipalidades, la cumplan y ejecuten.[…] Dios guarde a Vuestra Señoría muchos años Cuartel general en Angostura a 20 de diciembre de 1819 Bolívar (firma y rúbrica) Fuente: Archivo General de la Nación. Sección República, Secretaría de Guerra, Legajo 323, Folios 554-561
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Constitución de 1821
(30 de agosto de 1821)
Introducción Primera Constitución de la Gran Colombia en la que se superan las divisiones políticas de la Patria Boba y se presentan las leyes claras de un Estado con soberanía popular y republicano, donde la divi­ sión y la autonomía de los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, son definitivas. En el nombre de Dios, Autor y Legislador del Universo. Nos los representantes de los pueblos de Colombia, reunidos en Congreso general, cumpliendo con los deseos de nuestros comitentes en orden a fijar las reglas fundamentales de su unión y establecer una forma de Gobierno que les afiance los bienes de su libertad, seguridad, propiedad e igualdad, cuanto es dado a una nación que comienza su carrera política y que todavía lucha por su independencia, ordenamos y acordamos la siguiente Constitución. Artículo 1.- La nación colombiana es para siempre e irrevocablemente libre e independiente de la monarquía española y de cualquier otra potencia o dominación extranjera; y no es, ni será nunca patrimonio de ninguna familia ni persona. Artículo 2.- La soberanía reside esencialmente en la nación. Los magistrados y oficiales del Gobierno, investidos de cualquiera especie de autoridad, son sus agentes o comisarios, y responden a ella de su conducta pública. Artículo 3.- Es un deber de la nación proteger por leyes sabias y equitativas la libertad, la seguridad, la propiedad y la igualdad de todos los colombianos. Artículo 4.- Son colombianos: 1. Todos los hombres libres nacidos en el territorio de Colombia, y los hijos de éstos; 2. Los que estaban radicados en Colombia al tiempo de su transformación política, con tal que permanezcan fieles a la causa de la Independencia; 3. Los no nacidos en Colombia que obtengan carta de naturaleza. Artículo 5.- Son deberes de cada colombiano vivir sometido a la Constitución y a las leyes; respetar y obedecer a las autoridades, que son sus órganos; contribuir a los gastos públicos, y

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estar pronto en todo tiempo a servir y defender la patria haciéndole el sacrificio de sus bienes y de su vida, si fuere necesario. Artículo 6.- El territorio de Colombia es el mismo que comprendía el antiguo Virreinato de Nueva Granada y de la Capitanía General de Venezuela. Artículo 7.- Los pueblos de la extensión expresada que están aún bajo el yugo español, en cualquier tiempo en que se liberen, harán parte de la República, con derechos y representación iguales a todos los demás que la componen. Artículo 8.- El territorio de la República será dividido en Departamentos, los Departamentos en Provincias, las Provincias en Cantones y los Cantones en Parroquias. Artículo 9.- El Gobierno de Colombia es popular representativo. Artículo 10.- El pueblo no ejercerá por sí mismo otras atribuciones de la soberanía que la de las elecciones primarias, ni depositará el ejercicio de ella en unas solas manos. El Poder Supremo estará dividido para su administración en Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Artículo 11.- El poder de dar leyes corresponde al Congreso; el de hacer que se ejecuten, al Presidente de la República, y el de aplicarlas en las causas civiles y criminales, a los tribunales y juzgados.

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[…] Dada en el primer Congreso General de Colombia, y firmada por todos los diputados presentes en la Villa del Rosario de Cúcuta, a treinta de agosto del año del Señor de mil ochocientos veintiuno, undécimo de la Independencia. Alejandro Osorio, Luis Ignacio Mendoza, Vicente Azuero, José Ignacio de Márquez, Diego Fernando Gómez, José Cornelio Valencia, Domingo B. y Briceño, Joaquín Borrero, Antonio María Briceño, Joaquín Hernández de Soto, José Antonio Borrero, Diego Bautista Urbaneja, Miguel de Zárraga, Manuel Benítez, José Antonio Yáñez, Andrés Rojas, Idelfonso Méndez, José F. Blanco, Pedro F. Carvajal, Miguel Domínguez, Dr. Ramón Ignacio Méndez, Bartolomé Osorio, Francisco de P. Orbegozo, Salvador Camacho, Juan Ronderos, J. Prudencio Lanz, Cerbelón Urbina, Mariano Escobar, José Gabriel de Alcalá, José Antonio Paredes, José María Hinestrosa, J. Francisco Pereira, Sinforoso Mutis, Juan Bautista Estévez, José Manuel Restrepo; Casimiro Calvo, Manuel María Quijano, Miguel de Tobar, José de Quintana y Navarro, José Ignacio Valbuena, Joaquín Plata, Miguel Ibáñez, Dr. Félix Restrepo, Francisco José Otero, Carlos Álvarez, Gabriel Briceño, […] El diputado secretario, Francisco Soto. El diputado secretario, Miguel Santamaría. El diputado secretario, Antonio José Caro. Fuente: Restrepo Piedrahita, Carlos. Constituciones Políticas Nacionales de Colombia. Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 1995
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de

Proclama
Simón Bolívar
como

dictador presidente (1828)

Introducción En 1828, tras el fracaso de la Convención de Ocaña, Bolívar se declaró dictador. Este documento sirve para estudiar las causas por las que Bolívar optó por esta forma de gobierno, cuáles eran los alcances de su autoridad, los ideales bolivarianos y las consecuencias que esto produjo: la Conspiración Sep­ tembrina y la oposición hasta llevarlo a la renuncia del poder y a la ruina.
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Simón Bolívar, Libertador, Presidente de Colombia, etc., etc., etc.: ¡Colombianos! Las voluntades públicas se habían expresado enérgicamente por las reformas políticas de la nación; el cuerpo legislativo cedió a vuestros votos mandando convocar la Gran Convención, para que los representantes del pueblo cumplieran con sus deseos, constituyendo la República conforme a nuestras creencias, a nuestras inclinaciones y a nuestras necesidades. Nada quería el pueblo que fuera ajeno de su propia esencia. Las esperanzas de todos se vieron, no obstante, burladas en la Gran Convención, que al fin tuvo que disolverse, porque dóciles unos a las peticiones de la mayoría se empeñaban otros en dar las leyes que su conciencia o sus opiniones les dictaban. La Constitución de la República ya no tenía fuerza de ley para los más; porque aun la mis-

ma Convención la había anulado, decretando unánimemente la urgencia de su reforma. Penetrado el pueblo entonces de la gravedad de los males que rodeaban su existencia, reasumió la parte de los derechos que había delegado; y usando desde luego de la plenitud de su soberanía, proveyó por sí mismo a su seguridad futura. El soberano quiso honrarme con el título de su ministro y me autorizó, además, para que ejecutara sus mandamientos. Mi carácter de primer magistrado me impuso la obligación de obedecerle y servirle aún más allá de lo que la posibilidad me permitiera. No he podido por manera alguna denegarme, en momento tan solemne, al cumplimiento de la confianza nacional; de esta confianza que me oprime con una gloria inmensa, aunque al mismo tiempo me anonada haciéndome aparecer cual soy. ¡Colombianos! Me obligo a obedecer estrictamente vuestros legítimos deseos: protegeré

vuestra sagrada religión como la fe de todos los colombianos y el código de los buenos: mandaré haceros justicia por ser la primera ley de la naturaleza y la garantía universal de los ciudadanos. Será la economía de las rentas nacionales el cuidado preferente de vuestros servidores; nos esmeraremos por desempeñar las obligaciones de Colombia con el extranjero generoso. Yo, en fin, no retendré la autoridad suprema sino hasta el día que me mandéis devolverla, y si antes no disponéis otra cosa, convocaré dentro de un año la representación nacional. ¡Colombianos! No os diré nada de libertad, porque si cumplo mis promesas seréis más que li-

bres: seréis respetados; además bajo la dictadura ¿quién puede hablar de libertad? ¡Compadezcámonos mutuamente del pueblo que obedece y del hombre que MANDA SOLO! Bogotá, 27 de agosto de 1828. Bolívar.

Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Constituciones Hispanoamericanas. http://www.cervantesvirtual.com/servlet/S irveObras/01477398877136639754480/ p0000001.htm
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Constitución de 1830
(5 de mayo de 1830)

Introducción Esta Constitución es particularmente enfática en señalar la soberanía total del pueblo colombiano, el deber ser del hombre colombiano y las características de quien puede ser un ciudadano, entre otros aspectos. Estos elementos permiten evidenciar qué ideología movía a los intelectuales de la época.

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[…] Artículo 1.- La Nación Colombiana es la reunión de todos los colombianos bajo un mismo pacto político. Artículo 2.- La Nación Colombiana es irrevocablemente libre e independiente de toda potencia o dominación extranjera, y no es ni será nunca el patrimonio de ninguna familia ni persona. Artículo 3.- La soberanía reside radicalmente en la Nación. De ella emanan los poderes políticos que no podrán ejercerse sino en los términos que establece esta Constitución. Artículo 4.- El territorio de Colombia comprende las provincias que constituían el Virreinato

de la Nueva Granada y la Capitanía general de Venezuela. Artículo 5.- El territorio de Colombia se dividirá para su mejor administración en departamentos, provincias, cantones y parroquias. Artículo 6.- La religión Católica, Apostólica, Romana es la religión de la República. Artículo 7.- Es un deber del Gobierno, en ejercicio del patronato de la Iglesia colombiana, protegerla y no tolerar el culto público de ninguna otra. Artículo 8.- Los colombianos lo son por nacimiento o por naturalización.

Artículo 9.- Son colombianos por nacimiento: 1. Todos los hombres libres nacidos en el territorio de Colombia y los hijos de éstos aun cuando hayan nacido fuera de él; 2. Los libertos nacidos en el territorio de Colombia. Artículo 10.- Son colombianos por naturalización: 1. Los no nacidos en el territorio de Colombia, que el día en que se hizo la transformación de cada pueblo de la República en que estaban domiciliados se hallaban en él, y se sometieron a la Constitución del año 11; 2. Los hijos de padre o madre colombianos nacidos fuera del territorio de Colombia, luego que vengan a la República y declaren ante la autoridad que determine la ley, que quieren ser colombianos; 3. Los extranjeros que obtengan carta de naturaleza; 4. Los extranjeros que hayan hecho o hicieren una o más campañas con honor, u otros servicios importantes a la República a favor de la independencia precediendo la correspondiente declaratoria que hará el Poder Ejecutivo. Artículo 11.- Son deberes de los colombianos: 1. Vivir sometidos a la Constitución y a las leyes; 2. Respetar y obedecer al Gobierno y a las autoridades y ocurrir a su llamamiento cuando exijan auxilio y defensa; 3. Contribuir para los gastos de la nación; 4. Servir y defender a la patria, haciéndole el sacrificio de su vida si fuere necesario; 5. Velar sobre la conservación de las libertades públicas. Artículo 12.- Los colombianos son iguales delante de la ley, cualesquiera que sean su fortuna y destinos.

Artículo 13.- No habrá empleos, honores ni distinciones hereditarios. Todos tienen derecho igual para elegir y ser elegidos para los destinos públicos si están en goce de los derechos del ciudadano y tienen la aptitud necesaria. Artículo 14.- Para gozar de los derechos del ciudadano se necesita: 1. Ser colombiano; 2. Ser casado o mayor de 21 años; 3. Saber leer y escribir; pero esta condición no será obligatoria hasta el año de 1840; 4. Tener una propiedad raíz, cuyo valor libre alcance a trescientos pesos, o en su defecto ejercer alguna profesión o industria que produzca una renta anual de ciento cincuenta pesos, sin sujeción a otro, en calidad de sirviente doméstico o jornalero. Artículo 15.- El goce de los derechos del ciudadano se pierde: 1. Por admitir empleo de otra nación sin permiso del Gobierno, siendo empleado de Colombia; 2. Por comprometerse al servicio de naciones enemigas de Colombia; 3. A virtud de sentencia en que se imponga pena aflictiva o infamante, mientras no se obtenga rehabilitación. Artículo 16.- El goce de los derechos del ciudadano se suspende: 1. Por naturalizarse en país extranjero; 2. Por enajenación mental; 3. Por la condición de sirviente doméstico; 4. Por deuda de plazo cumplido a los fondos nacionales o municipales; 5. En los vagos declarados tales; 6. En los ebrios por costumbre; 7. En los deudores fallidos; 8. En los que tengan criminal pendiente, después de decretada la prisión; 9. Por interdicción judicial.

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Palacio de Gobierno de Bogotá a 5 de mayo de 1830, vigésimo. Cúmplase, publíquese y circúlese. Dado, firmado de mi mano sellado con el sello de la República, y refrendado por los Ministros Secretarios del Despacho. El Vicepresidente de la República encargado del Poder Ejecutivo, Domingo Caicedo.

Fuente: Restrepo Piedrahita, Carlos. Constituciones Políticas Nacionales de Colombia. Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 1995.
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Independencia
• La libertad bien entendida (agosto de 1791) • Declaración de guerra de España a Francia, censura a la prensa y
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Contexto de la

• Reflexiones sobre la muerte de Marat (julio de 1793) • Noticias en el repertorio colombiano que llegan de Madrid sobre • Noticias extranjeras en el Argos de la Nueva Granada sobre los
excesos de Fernando VII las relaciones entre Inglaterra y los revolucionarios de Venezuela (abril 4 de 1808)

llamado a donativos (junio 1793)

La libertad bien
(agosto de 1791)
Introducción La Revolución francesa fue la amenaza más grande para la monarquía española. Era todo un cambio de paradigma y de pensamiento sobre la sociedad y el mantenimiento del poder. Fraternidad, igualdad y libertad fueron los valores en que se basaba esta Revolución, significaban para la Corte española un peligro aún más desarrollado que la Ilustración. Si bien muchas ideas ilustradas fueron adoptadas por la monarquía, dando lugar a las Reformas Borbónicas, el pensar que el poder era del pueblo y no del Rey no cabía en el pensamiento de la sociedad jerárquica a la que España estaba acostumbrada. Este documento sirve para contextualizar la forma en que España entendía la libertad y, por tanto, la manera en que sus colonias debían hacerlo; lo cual impedía la sublevación de los americanos.

entendida

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¿Qué es lo que se entiende por Libertad? ¿Será por ventura, no vivir sujeto a la ley de la Providencia eterna, esa ley suavísima que nada exige contra los derechos de la Humanidad: esa ley santa que ordenándolo todo bajo de número, peso y medida, conserva a cada uno en el goce de sus legítimas facultades, y representa sobre la tierra la hermosa imagen de la celestial armonía? ¿Acaso podrá ser, vivir contra el orden que nos prescribe la razón, e ir vagando de una en otra parte sólo con el objeto de saciar nuestros apetitos, de aniquilar a cuantos no adulan nuestras ideas extravagantes, y destruir los sagrados vínculos de la Sociedad? ¿O será, por último, no conformarse el hombre con lo mismo que discurre el hombre cuando está desapasionado y

en posesión de su perfecto raciocinio? Pero, no nos cansemos: nada de esto puede llamarse libertad. Entonces bajo el cielo no habrá una cosa más despreciable, ni más indigna de nuestro amor. Su verdadero nombre es libertinaje, a pesar de las vanas sutilezas y artificiosos coloridos con que se procura hacerlo pasar bajo un diferente aspecto. Bien sé yo, que así lo sintieron todos esos filósofos apologistas y defensores de la libertad. Así lo conoció el infeliz Voltaire, por más que pretendiese sostener la igualdad entre todos los hombres, apoyando su abominable sistema… ¿pero con qué? Con un sinnúmero de errores. (¡Ingenio desgraciado, cuyas luces solo sirvieron para

conducirlo al caos de las tinieblas!) Lo mismo digo de Juan Jacobo Rousseau, aquel atrevido sofista, que valido de un estilo seductor, sostenía que las instituciones civiles han hecho degenerar al hombre del estado de hombre; que los Soberanos de la tierra son un ejército de Lobos introducidos en ella para establecer una esclavitud universal; que la religión cristiana es contraria a la buena constitución de un Estado… Pero, ¿para qué hemos de perder el tiempo citando tan vergonzosos delirios? Desengañémonos, que el hombre sólo es libre cuando vive según la razón. Entonces es cuando obra como un ente formado a la imagen del Eterno y coronado de las más ilustres prerrogativas. Jamás puede constituir su superioridad en otra cosa que en subordinarse a los preceptos de la Ley Suprema, porque esta respetuosa humillación es la única que lo exalta al grado más sublime de la sabiduría y la gloria. ¿Y acaso podrá haber una obediencia tan dulce como aquella que nos establece en medio de la felicidad, poniéndonos en las manos un sinnúmero de bienes, que nosotros jamás pudiéramos disfrutar si nos condujésemos por otro camino? ¡Ah! ¡Con qué torpeza discurren esos misera-

bles filósofos! Un Brahmán o Gymnosofista se formaría mejor concepto de la libertad. El válido solamente de la luz natural, no hubiera caído en tantas ridiculeces como nuestros ilustrados Europeos, después de haber cursado las escuelas más respetables, y obteniendo todos los honores que se le tributan a la literatura. Si por cierto, esos dogmatizantes políticos que forman el panegírico de la independencia, no sólo son los hombres más idiotas, sino también los más esclavos. Esclavos de su error, y esclavos de cada una de sus pasiones; ¡qué más miserables pueden ser! ¿Acaso creerán esos hombres que la especie humana será más feliz viviendo esparcida sobre la tierra sin reconocer un precepto de reunión que la constituyese en las amables obligaciones de la Sociedad, de la justicia y la inocencia? Quizá les agradará este modo de vivir de las fieras, y merecían serlo los que no se acomodan a las suaves leyes de la razón. Fuente: Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, Imprenta de Don Antonio Espinosa de los Monteros, Santafé, Vol. 1 (agosto de 1793)

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Declaración de guerra
a la de España a Francia,

prensa y llamado a donativos
(junio 1793)

censura

Introducción Este documento nos ayuda a mirar las consecuencias del contraataque a la Revolución francesa por parte de los países europeos y, en especial, de España. También podemos identificar cómo la defensa de la monarquía y la religión, que estaban en contra de las ideas ilustradas y republicanas francesas, sometió no solamente a la Península a la guerra, sino también a sus colonias, las cuales se vieron limitadas, censuradas y demandadas a hacer contribuciones al rey para poder sostener el conflicto.

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Al Público. Sin embargo de todos los medios y medidas pacíficas de que ha usado nuestro amabilísimo Soberano desde su feliz exaltación al Trono a fin de mantener a los pueblos de su vasta Monarquía en una segura y perfecta tranquilidad, que ha sido siempre objeto de sus paternales desvelos; se ha visto precisado a declarar la Guerra a la Nación Francesa por varios motivos muy dignos de la Religión y del honor de su Corona. Dicha publicación se ha ejecutado con las formalidades del estilo el miércoles 27 de marzo en la Corte de Madrid, y el viernes 21 del corriente en esta Capital del Nuevo Reino de Granada. Si la voz de un papel público es la más propia para inspirar en los pueblos en semejantes casos

aquellos sentimientos de honor y patriotismo que exigen del hombre la Naturaleza y la Razón, parece que este sería desde luego el motivo más sagrado para ejecutarlo así en el presente número de nuestro periódico. Pero conociendo que sería una especie de ofensa el hacer presente a unos vasallos tan fieles y tan amantes de su Rey aquellos mismos deberes que ellos tienen impresos naturalmente en el fondo de su espíritu, los cuales han sido siempre el norte de sus generosas y leales demostraciones hacia la Religión y el Estado; ha creído el Superior Gobierno que ningún discurso sería tan odioso y despreciable como el dirigido a persuadir, e interesar los ánimos de los Granadinos Americanos acerca de una materia sobre la cual no necesita ninguno de ellos la más mínima insinuación. Yo sé muy bien que esta es una verdad indubitable; y por

tanto solo expondré sencillamente unas cortas prevenciones acerca del asunto. Las intenciones de nuestro benigno Soberano en la constitución actual no se dirigen a otro objeto que el de admitir para los gastos de esta Guerra justísima un voluntario Donativo tal cual pudiere hacerlo por su parte cada uno de sus fieles Vasallos según su clase, haberes y posibles. Su paternal amor hacia todas las Tribus de la Monarquía es bastante notorio; y en este concepto debe comprender el público que dicha contribución ha de ser nacida en una espontánea y libre voluntad, porque de ningún modo piensa gravar a sus amados pueblos. […] En consideración de ciertos miramientos que quizá pueden martirizar la generosidad de algunos, es preciso advertir: que todo hombre prudente extienda la vista sobre la América en general, conocerá desde luego las distintas pro-

porciones que tienen unos pueblos respecto de otros, y la notable diferencia de posibilidad para contribuir con igual munificencia a los interesantes objetos de la causa pública, aunque se dé en unos y otros igual deseo y generosidad de intenciones. La discreción está muy lejos de atribuir a un efecto de inercia e impatriotismo el que algunos ofrezcan menos que los otros […] Últimamente el Real ánimo de Su Majestad sólo es, que sus amados vasallos le ayuden graciosa y espontáneamente con aquello que cada uno pudiere para los gastos de una Guerra tan digna de la Religión, tan propia de la Humanidad y tan decorosa para la Nación Española. Fuente: Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, Imprenta de Don Antonio Espinosa de los Monteros, Santafé, Vol. 3 (junio de 1793)

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Reflexiones la muerte Marat
sobre

(julio de 1793)

de

Introducción Este documento permite trabajar el desprestigio que atribuía España a todo lo relacionado con la Revolución francesa y, en especial, a sus líderes y autores intelectuales, quienes fueron perseguidos en la prensa, los folletines y los libros. Además, este texto sirve para contextualizar los principales personajes de la Revolución.
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Parece que habiendo dicho que Marat fue muerto, nada quedaba que añadir sobre el fin de un personaje, de quien jamás se habría hablado, sin la espantosa Revolución que ha trastornado a la Francia. La horca o la rueda hubieran sido el término de la vida de este criminal, si la justicia hubiera tenido su curso, bajo un Gobierno legítimo; pero después que el destino de la Francia ha querido que fuese sometida a todos aquellos, que en tiempos pasados no salían de las cárceles, sino para poblar las Galeras, o cubrir los caminos; no es fuera de propósito decir alguna cosa del ciudadano Marat, con el objeto únicamente de patentizar la situación de un pueblo que se precia y gloria de probidad, y grandeza de alma, y que de tal modo ha perdido su carácter, y su genio, que destruye por el daño de los autores de su ruina, y de todo aquello que hizo su oprobio antes de su ceguedad. Todos aquellos que tienen todavía los sentimientos de la Justicia, se

sobrecogerán de espanto, al ver a una Nación codiciosa en tiempos pasados de renombre y fama, concentrar todos sus afectos, y abandonarse sin reserva a Marat, y a sus iguales. Jamás se vio un espectáculo más espantoso, que aquel de un pueblo que se ha vuelto enteramente loco contra el llamamiento de la Filosofía, y de la razón; abjurar por la mutación más repentina, e imprevista, sus sentimientos, su honor, su reputación y sus costumbres, por revestirse de los nombres, los más injuriosos, llamándose con complacencia, sin calzones, salteadores, valientes, dragones de cadalso; y lo que es peor, merecen escrupulosamente todos estos nombres. Marat fue alimentado por estas gentes de letras, por estos pretendidos Sabios, hechos para ilustrar a los hombres, y que no se han servido de sus talentos y luces más que para precipitarlos en el error. La mayor parte de estos Sabios, solo

se han distinguido en la Revolución francesa, por su favor. Ellos han combatido por emulación, manifestándose los más insensatos, los más crueles y frenéticos, ellos en fin han precipitado a la Francia, en nombre de la Justicia, y de la humanidad, en un abismo de males, que solo la mano de la Divinidad, que lo ha permitido así, lo puede hoy remediar. Marat adquirió su popularidad por sus escritos periódicos, que la Asamblea Constituyente no se determinó a prohibir en tiempo, bajo el vano pretexto de que estos escritos no eran peligrosos por el exceso de atrocidad. Este exceso, sin embargo, es el que ha hecho a su autor el corifeo de todos los Revolucionarios. Los franceses, que de antemano estaban dispuestos al mal, como los acontecimientos lo han probado, hicieron del Amigo del Pueblo (obra de Marat) su Catecismo, y de Marat su Apóstol. Estos escritos, que no se podían leer sin disgusto, fueron leídos con tanto interés, por la multitud ignorante, y viciosa, que se les ha visto entregarse a los excesos más atroces, por la más ligera expresión de la voluntad de sus jefes, asesinatos, incendios, parricidios, Regicidios; todos los crímenes fueron mandados y ejecutados con un celo, que

rara vez se encuentra para el bien. Una mujer valerosa sorprendió a Marat en lo mejor de su espantosa cartera: esta mujer que pretendía llamar a los Parisienses a sí mismos, fue víctima de su celo. La indiferencia con que se la vio, su firmeza y su valor, que llenaron de admiración a sus mismos verdugos, pero que no han movido a ninguno, prueba toda la profundidad de la llaga, hecha en el corazón francés y cuan arraigado está el error. La Heroína Carlota Cordé ha muerto a Marat, pero ésta tiene una posteridad, que no deja esperanza alguna. Los discípulos de este criminal tienen todavía a su frente a Robespierre, Chabot, Lacroix, Danton, y otros mil que por ser más obscuros, no son menos feroces. El pueblo parisiense, que marcha a continuación del pestilencial Cadáver de Marat, no carecerá ni de jefes, ni de celo que lo apadrinen. El hombre sensible debe gemir largo tiempo; la sangre de Marat hará el efecto que los dientes de Cadmus: la guillotina será más permanente, y estará en continuo uso […] Fuente: “Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá”, Imprenta de Don Antonio Espinosa de los Monteros, Santafé, Vol. 3 (julio de 1793).

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Noticias en el repertorio colombiano
Madrid sobre las relaciones entre Inglaterra y los revolucionarios de Venezuela
que llegan de

(abril 4 de 1808)

Introducción Las tensiones en Europa por las invasiones napoleónicas no podían dejar de afectar las relaciones con las colonias españolas. Los revolucionarios americanos, aprovechando la debilidad de España ante Francia, realizaron contactos, alianzas y pactos con países europeos y con Estados Unidos, los cuales también se podían ver afectados por Napoleón. Además, dichos países sacaron partido de estos pactos para conseguir nuevas tierras de comercio y colonización en América. Otro punto de análisis es que detrás de estas alianzas está sin duda la fuerza de las sociedades secretas supranacionales, como por ejemplo la masonería. Los ingleses temen mucho la afrenta que el victorioso Napoleón los haga pasar por bajo del yugo. Con este recelo han proyectado hacer muchas conquistas en la América para poder al fin sacar un buen partido en los tratados de paz generales. Pero según va la guerra, parece que las puertas del Templo de Jano permanecerán abiertas por largo tiempo. Quizá ella va durar cincuenta años como la de los Romanos con los Samnites; y entre tanto que se maduran los proyectos de ambición, daremos a luz los siguientes rasgos que analogizan bien con el exordio: Madrid, 27 de septiembre de 1807 El Capitán General de Caracas, en varios oficios del mes de abril anterior, ha participado al Gobierno el resultado final de la expedición del rebelde Miranda. Persuadido de que las invasiones con que han sido acometidas aquellas provincias se hicieron de acuerdo con los Ingleses, y sostenidas por ellos, cree que son consecuencias de un plan más vasto combinado por dicho Gobierno, y que se comprendía la conquista de Buenos Aires. Empresas todas concebidas a un tiempo, cimentadas sobre igual base, y ejecutadas casi en la misma época, no sin esperanza de extenderse a otros puntos y turbar la tranquilidad general de América, según los anuncios que se circulaban en los papeles ingleses, las expediciones que se preparaban en sus puertos, y las atrevidas ofertas de Miranda, que contando con los auxilios de Inglaterra, contrata deudas sobre las riquezas de las provincias de Tierrafirme, que se proponía conquistar.

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Los empréstitos de muchas casas de comercio atestiguan la seguridad que se daba a los planes del rebelde, cuyos designios se manifestaron en un pañuelo de fábrica inglesa que se hizo común en las colonias vecinas viéndose estampados en los cuatro ángulos los retratos de sir Home Pophan, del General Berresfort, de Washington y de Miranda, como asociados para la consecución de un mismo fin, con varios bosquejos de batallas navales; y citados con estas cuatro inscripciones: No es conquista, sino unión. Florecen artes, industria, luces. Religión y sus Santos Ministros Protegidos. Persona, Conciencia, Comercio libres. Ocupa el centro el retrato de Cristóbal Colón, adornado de designios navales; se agregan pabellones ingleses sobre trofeos marítimos; la Inglaterra como Diosa de los mares, y el León de España a sus pies; un joven que arrolla los pabellones franceses, y todo lo abra-

za el lema siguiente: Alba del día de la América Meridional. Tal era la presuntuosa seguridad de nuestros enemigos, cuyos proyectos se han desvanecido con respecto a aquellas provincias, por la resistencia que éstas les han opuesto. Se han hecho recomendables las relevantes pruebas de valor, lealtad, y amor a nuestro Soberano que han dado en todos los acontecimientos los jefes, oficiales y tropa, la Real Audiencia, los Ayuntamientos, Ministros de Real Hacienda, Estado Eclesiástico, y otros Cuerpos e individuos particulares de todas clases, ofreciendo a porfía donativos voluntarios acaso superiores a sus esfuerzos. […] Fuente: “El Alternativo del Redactor Americano”, Bogotá, No. 17 (Mayo 27, 1808).
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Noticias extranjeras
Nueva Granada
(noviembre de 1814)
Introducción Si bien en las primeras constituciones de provincias se pensaba en implementar como forma de gobierno una monarquía constitucional con Fernando VII como rey legítimo, en 1814, viendo la actitud absolutista del monarca español, las fuerzas patriotas se llenaron más de motivos para buscar la independencia completamente y constituir un Estado republicano. Las siguientes noticias permiten entrever la percepción que se estaba generando de Fernando VII en las colonias americanas. Junio 20 Nos han llegado papeles de París hasta el 17 del presente. ---Las noticias de España en estos papeles son de la naturaleza más desagradable para las gentes de un alma ilustrada y liberal. Todos los actos de las Cortes que se dirigían a la mejora del estado general del pueblo han sido anulados por el caramente amado Fernando, y España después de todas sus brillantes esperanzas, está condenada a retrogradar a los tiempos de su mayor obscuridad. Esto no es todo, pues por cartas privadas de Madrid sabemos que los patriotas que fueron arrestados a la llegada del Rey continuaban en ser perseguidos con mayor rigor. Julio 5 Las noticias dadas en los papeles extranjeros alemanes y franceses de las persecuciones políticas en España, prueban la extrema severidad y rigor ejercidos por el gobierno. Entendemos que dos de los diputados perseguidos, uno de los cuales es D. Isturia, han hecho señalados servicios a su país y a su Rey. Aunque todas las comunicaciones por correo están ahora entredichas, los traficantes españoles que existen en París, continúan en recibir frecuentes avisos de lo que pasa en España, de los que aparece que la orden para la expulsión de todos los que sirvieron a la causa Francesa no fue voluntaria sino arrancada por el clamor público: que el canónigo de Escoiquis, preceptor de Fernando ha resignado su empleo, declarando que las cosas no podían ir bien en su presente estado. El Clero predicaba por todo el país contra las Cortes y el primer Gobierno, y obraba de tal modo sobre el espíritu público que en León y Compostela habían sido cometidos los mayores excesos: todas las librerías y manus-

en el Argos de la

sobre los excesos de Fernando VII

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critos fueron quemados. Lo que ha causado la mayor sensación fue la pública declaración del Infante Don Antonio de que Fernando es un idiota, y por consiguiente incapaz de gobernar lo que conviene, con un papel francés en que se anuncia que grandes mutaciones debían pronto acontecer en la Monarquía Española. Julio 13 Hemos recibido papeles de París hasta diez del corriente. El Monitor contiene un artículo de Madrid muy digno de noticiarse. El Rey de España, esta criatura que se conduce monacalmente, fiel a sus principios, en lugar de establecer rentas sólidas sobre la industria de un Pueblo libre, como un Príncipe restituido a sus afectuosos vasallos debería haber hecho, él va visitando Conventos, y recibiendo donativos de los Cuerpos eclesiásticos, y Monjes. ¡Él espera sin duda, que su dinero y oraciones darán suficiente estabilidad al Reino! Es una cosa curiosísima que al mismo tiempo que Fernando anda por este camino de hipocresía y despotismo, como que cree que reina por derecho divino, la cabeza de su Iglesia en un artículo publicado en Roma reconoce otro Rey de España… En este momento el derecho de Fernando para ejercitar las funciones de Soberano en España es disputado; porque leemos en la Gazeta de Génova del 28 del pasado que el viejo Rey de España Carlos IV ha pedido a los Soberanos aliados que

le sienten sobre su trono. Esta circunstancia a la cual nos inclinamos a dar crédito, reunida con el artículo de Roma ya noticiado, suministra motivos para esperar que algunas agitaciones muy serias pronto tendrán lugar en España, en donde confiamos que gran parte de los habitantes miran los procedimientos de Fernando con celo y disgusto. Sin embargo, si lo único que ha de suceder a favor de los españoles es la simple substitución de Carlos por Fernando, su condición en vez de mejorarse será peor. Aquel malvado llamado el Príncipe de la Paz los regirá entonces con vara de hierro. ---Tal es la suerte, que se le espera a un Pueblo sumergido en la ignorancia, pereza y bárbara superstición! El Decreto de las Cortes que dio a todos los Españoles un igual derecho para servir a su país ha sido revocado por el amado Fernando! Cartas privadas de París dicen que diversas juntas han sido últimamente descubiertas en París cuyo objeto era la restauración de Bonaparte… No sería por tanto admirable el oír decir que él ha dejado la Isla de Elva. (Postcript to the st Iago gavete Auguste 20 27 1814) Fuente: “Argos de la Nueva Granada”, Tunja, No. 52 (Noviembre 3 de 1814)
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Independencia
• Discurso del padre Mateo Colón en el homenaje de España a
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Centenario de la

• Lectura hecha por el señor Presidente de la República, el general
Ramón González Valencia, ante la estatua de Bolívar, en una alocución a los colombianos (20 de julio de 1910) de la exposición nacional (23 de julio de 1910)

Colombia en el centenario de su independencia (15 julio de 1910)

• Discurso del señor Presidente de la República en la inauguración • Palabras de Agripina Montes del Valle en la inauguración de una
estatua de Policarpa Salavarrieta en el barrio Las Aguas (30 de julio de 1910)

en el centenario de su independencia

en el homenaje de España a Colombia

Discurso del padre Mateo Colón
(15 de julio de 1910)

Introducción A partir de este documento se puede analizar la relación estrecha y filial que mantuvo Colombia con la nación española. La independencia fue una rebelión al poder autoritario del rey y a la poca participación de los criollos en el gobierno, pero las tradiciones se mantenían unidas a España. El idioma y la religión, elementos propios y respetados de la identidad colombiana, fueron legados de la Madre Patria. Las costumbres españolas fueron siempre bien vistas y apreciadas como de alta alcurnia durante el siglo XIX, y la estima a los conquistadores siempre fue alta.

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[…] Siento en mi corazón aleteos de júbilo indecible al disponerme a hablaros en nombre de aquella España, la de épicas y nunca superadas proezas, que tuvo un tiempo por corona el disco del sol, y por rayos de su diadema todos los paralelos y meridianos del globo terráqueo; la de sabios y conquistadores cuya gloria no cabía en los ámbitos del mundo; en nombre de aquella España que paseó el pendón de Castilla entrelazado con el lábaro de la Cruz por todos los mares, archipiélagos y continentes; y a la par del orgullo de hablar en su nombre, experimento el regocijo de quién sólo puede revelaros tesoros y piélagos de ternuras, porque España no sabe hablar de sus hijas, las Repúblicas que en su regazo corrieron la niñez, sino… con transportes

de amor. Yo puedo repetir ahora con el llorado Peza: Bendigo yo este momento Que une a dos pueblos que son Uno, por la inspiración, por su heroísmo profundo, Porque los ligó el mundo La lengua y el corazón. Al convidaros a venir ante la tumba que guarda los restos mortales del insigne Adelantado D. Gonzalo Jiménez de Quesada, fundador de Bogotá, la muy noble y leal, como la balsonó el gran Felipe II, queremos que veáis a España enalteciendo la memoria del que labró la cuna de los vencedores de Boyacá y de Ayacucho; a la madre que humedece con lágrimas de amo los

laureles que ostenta la frente de la hija, reverdecidos hoy por la primavera de los recuerdos; a la que arrullaba la infancia de este pueblo con cantares de gloria, y cultivaba solícita su juvenil belleza, y los disponía para los días de su triunfo; a la que hablaba vuestros padres, de Sagunto Numancia, de Covadonga y de Lepanto, de Pavía y San Quintín, para caldear su imaginación con la fiebre de la gloria, y hacerlas ensoñar en Junín y Pichincha, en el Bárbula y San Mateo, en Calibío y Bomboná; a la que acude a una tumba, ya que: No hay un puñado de tierra Sin una tumba española Y sobre ella os dice, con el derecho y la fuerza de la sangre: ¡Vuestra gloria, es gloria mía! Ella, mi España, os enamoró de los trofeos de victoria, y el triunfo os ciñó de lauros; y como el egoísmo no tiene entrada en el corazón materno, ni en él hallan cabida el despecho y las represalias, viene a recibir más gloria de vuestra gloria, más encantos de vuestra hermosura, nuestro esplendor de vuestra alborada de grandeza.
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les, ante el sarcófago del bayardo de la colonización ibera: vosotros os mostráis agradecidos al que vino de lejana tierra, y sembró el árbol de la civilización en este vergel andino; civilización que dio por frutos, el valor de vuestros próceres, la ciencia de vuestros sabios, el estro de vuestros vates, el heroísmo, cultura y belleza de vuestras damas: nosotros no podemos ocultar el júbilo de veros en hogar propio, grandes y sabios, merced a la épica jornada del intrépido Aníbal de Opón. La ciudad del 20 de julio le debe a él la piedra angular de su brillante historia: la nación del 12 de octubre a él le debe la estirpe clarísima de un pueblo de hidalgos y de vencedores. […] Así nos quiere Dios; así nos espera la Historia; arriba nos aguarda la diosa de los triunfos para coronarnos con las aureolas de todas las grandezas: ¡ay de la madre si no se apoya en sus hijas! ¡Ay de las hijas si no quieren estar todas dentro del corazón de la madre! Os debíamos, señores, este tributo de amor y de solidaria alegría: aceptadlo; y permitid que los primeros vítores que sean lanzados a los aires en este Centenario, salgan de los pechos españoles. Hijos de España, ¡viva Colombia! He dicho. Fuente: Primer Centenario de la Independencia de Colombia: 1810-1910. Escuela Tipográfica Colombiana, Bogotá, 1911
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Os separasteis de sus brazos, pero no de su corazón: hay fiesta en vuestra casa, y la madre España quiere gozar con vosotros, por derecho y por deber; y por otro motivo también, señores, porque ninguna hija siente completa felicidad en los días de júbilo si no recibe un abrazo de su madre; y la madre está donde puede hacer feliz a la hija de su corazón. Brillante prueba de esa comunión de felicidad es el habernos dado cita, colombianos y españo-

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Lectura hecha por el señor Presidente de la República,
el general Ramón González Valencia, ante la estatua de Bolívar, en una alocución a los colombianos (20 de julio de1910)

Introducción Este discurso no solamente es importante por ser el discurso principal del presidente en el Centenario, sino porque pone de relieve las incesantes luchas en las que se vio envuelta Colombia durante su primer centenario como República y sus dificultades para ser una nación unida que viviera en paz. La comparación entre las guerras también es interesante. Si bien la primera, la de la independencia, se dio con el objetivo positivo de lograr la completa soberanía del territorio granadino, las posteriores se dieron con la intención de apropiarse el poder entre un partido y otro. ¡Conciudadanos! La Providencia en sus incomparables designios ha querido que sea un humilde ciudadano quien presida, desde el solio que enaltecieron Bolívar y Santander, la celebración del primer Centenario de la Independencia Nacional. Al asignarme tan esclarecida honra, que constituye la única satisfacción de mi vida gobernante, después de la que emana el deber cumplido, parece como si hubiera querido el supremo Hacedor patentizar la distancia, inmensa en las proporciones más que en el tiempo, que separa de nosotros aquella generación de titanes, autora de una de las más grandes transformaciones que registra la historia. Evocado su recuerdo por el más puro sentimiento patriótico, los próceres que concibieron la idea de la emancipación, los héroes que la llevaron a la cima, los mártires que la sellaron con su sangre aparecen hoy a nuestra vista tales como en realidad fueron: grandiosos en sus concepciones, nobles en sus propósitos, sublimes en sus hechos. Y esa obra, digna hija de su heroica tenacidad y sus desvelos generosos, correspondió por su magnitud al gigantesco esfuerzo para realizarla. ¡Cómo parangonarlos con nosotros, que habremos de entregar mañana a las nuevas generaciones la heredad mermada, manchado y empequeñecido por nuestras manos el tesoro de la gloria que de las suyas recibimos intacto y puro! ¿Y cómo comparar, sin que el dolor inunde nuestro espíritu, su labor benéfica con los frutos de nuestras locuras, su lucha generosa y fecunda con nuestras estériles y sangrientas agitaciones?

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¡Compatriotas! Si en medio del contento que reina hoy en la familia colombiana, he hecho ante vosotros este doloroso paralelo, no ha sido mi propósito turbar con él vuestro regocijo, de que en el más alto mi alma participa. Como la del dolor, la del placer ha de estimarse hora propicia para saludables meditaciones. Dispuestos a toda patriótica evocación de los tiempos épicos de Colombia, en este ligero descanso que interrumpimos nuestra penosa marcha, sabréis levantar vuestros espíritus para pensar en la prosperidad futura de esta patria tan amada. Abiertos vuestros corazones en este momento al culto de las glorias del pasado, lo estarán también a nobles propósitos y lisonjeras esperanzas. Y bajo el manto de paz que extiende sobre nuestras pasiones la imagen de los próceres, que en este día se refleja con más vigor que nunca en el alma colombiana, seguramente os será benéfico rememorar juntamente sus hechos y los nuestros, sus virtudes y nuestros extravíos. Os invito a que en este primer Centenario de la Independencia Nacional traigamos a la memoria el nombre de cada uno de los fundadores de nuestra nacionalidad, para rendirle el merecido tributo de veneración y gratitud; y con sus nombres también cada uno de sus hechos, para aprender en ellos como se ama y se defiende la patria y cómo se lucha por su libertad y su engrandecimiento. Ellos condujeron a feliz término la magna empresa a que consagraron sus

vidas, porque practicaron la abnegación y el desinterés, el valor y la perseverancia, y se inspiraron en el sentimiento religioso, que comunica la fe a las almas y fortaleza a las voluntades. ¡Colombianos! Mi más ferviente anhelo en esta solemnísima ocasión es que, en homenaje al Dios de las naciones, y como ofrenda la más digna a los Libertadores de Colombia, depongamos todo pensamiento innoble, toda sombra de rencor, a fin de que, confundidos todos en un solo sentimiento generoso y fraternal, quede para siempre fundada en nuestra patria la concordia de los corazones y la paz de la República. ¡Miembros del Ejército! A vosotros gallardos y dignos sucesores de los héroes que inmortalizaron en el Puente de Boyacá y en tantos otros campos gloriosos, os saludo con toda la efusión de mi alma en este día de recuerdos memorables. Habéis sido siempre ejemplo de soldados sumisos y leales y dechado de valientes. Os excito a que seáis todo el tiempo el escudo de nuestra libertad e independencia, el firme sostén de la autoridad y la más segura garantía del orden, de la legalidad y de la paz. Fuente: Primer Centenario de la Independencia de Colombia: 1810-1910. Escuela Tipográfica Colombiana, Bogotá, 1911.
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Discurso del señor Presidente de la
República en la inauguración de la

exposición nacional (23 de julio de1910)

Introducción Este documento permite analizar cómo a principios del siglo XX el país, en medio de los conflictos por el poder y las guerras, empieza a cohesionarse en torno a la progresión material que debe empezar a adelantarse en Colombia. Si bien, a pesar de que continuaba la lucha bipartidista y la paz era efímera, el desarrollo científico empezaba a ocupar un espacio en la agenda política de la nación. Otro punto que se resalta es el de abrir espacios diferentes para la mujer involucrándola en trabajos distintos al hogar.

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Señor Eustasio Santamaría, Presidente de la Junta Organizadora de la Exposición Nacional, señores: Entre los distintos homenajes que la capital de Colombia tributa en estos días de gala y de patriótica efusión a la memoria de los padres y libertadores de la patria, el que hoy se verifica es uno de los más significativos y hermosos. La Exposición industrial y agrícola que en estos momentos tengo el honor de inaugurar, reviste importancia excepcional en los festejos del Centenario, porque no es ya solamente una manifestación de sentimientos inspirados en el amor a nuestros próceres y en el entusiasmo por las glorias nacionales, sino también una demostración tangible y práctica, a la vez que conso-

ladora y elocuente, de los bienes que el país ha cosechado, de los adelantos obtenidos, y de los que puede adelantar a la sombra de sabias instituciones y bajo la égida protectora de la paz. Si en la espléndida ovación que hoy rendimos a los fundadores de la patria han de tomar todas las fuerzas vivas de la nación, justo y necesario es que en tan hermoso certamen figuren en primera línea el arte, la agricultura y la industria, para que a los cantos triunfales, a los monumentos y estatuas, a las aclamaciones del pueblo entusiasmado, se mezcle también el grandioso himno del trabajo. […] Al declarar abierta esta Exposición, dos consideraciones llenan de júbilo mi espíritu. La primera emana de la magnitud del éxito alcanzado:

si se tiene en cuenta la postración económica del país, resulta digno de todo encomio y profundamente alentador el esfuerzo que se ha hecho, que casi puede calificarse de gigantesco. La segunda nace de la confianza íntima que tengo en el impulso que hoy en adelante va a darse en el país a todo lo que signifique progreso y bienestar. Quiera Dios que no pase una década sin que podamos organizar otro certamen como éste, pero que sea exponente de un adelanto industrial y agrícola que permita establecer entre lo que hoy presentamos y lo que entonces habremos de exhibir, una comparación por todos los aspectos favorable y lisonjera. Una de las notas más hermosas de esta Exposición ha sido sin duda el valioso concurso que a ella ha traído el esfuerzo de la mujer. Y si se tiene en cuenta lo mal remunerado que ese esfuerzo está en el país, sube de punto el mérito de las que han dedicado su energía y su talento a la confección de los meritorios trabajos con que en este certamen está representada la mujer colombiana. He aquí un hermoso anhelo que seguramente encontrará eco en el corazón de todos nuestros compatriotas: abrir entre nosotros un campo más amplio y más fecundo donde el bello sexo pueda desarrollar sus aptitudes. Yo me sentiría orgulloso si pudiera contribuir al mejoramiento de Colombia haciendo más fácil la senda, hoy tan difícil y amarga, que le toca recorrer a esta parte, la más noble y delicada de la

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humanidad, para ganarse con decoro el sustento cotidiano. […] El brote de vida y de alegría sana que preside esta fiesta, reanima las energías desfallecientes y hace nacer muchas halagüeñas esperanzas. La fe en el porvenir de Colombia toca en todos los corazones, y ya acaricia la frente el viento propicio de mejores días. Los que, venciendo dificultades de todo orden y luchando con tesón, han traído a este concurso algún artefacto, maquinaria, obra de arte, algunos ejemplares dignos de notarse entre las especies animales, vegetales o minerales, y en general cualquier demostración que revele el espíritu de iniciativa y de empresa, han hecho al país un bien inapreciable; porque ante el espectáculo civilizador que hoy presenta este parque, bellamente consagrado a honrar la memoria de los héroes de la Independencia, vamos a aprender objetivamente los colombianos cuánto valen el propio esfuerzo y la energía del hombre de trabajo, cuán beneficiosa y duradera es la labor de todo impulso bien encaminado; y por qué en este lugar, donde el patriotismo tiene en los presentes días sus más nobles y sinceras expansiones, se va a palpar la influencia bienhechora que la paz ejerce en los destinos del país. [… Fuente: Primer Centenario de la Independencia de Colombia: 1810-1910. Escuela Tipográfica Colombiana, Bogotá, 1911.

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Palabras de Agripina Montes del Valle en la inauguración de una estatua de Policarpa Salavarrieta en el barrio Las Aguas
(30 de julio de 1910)
Introducción El siguiente documento permite evidenciar la importancia de mostrar y rescatar el papel de las mujeres durante el proceso independentista: sus actividades y esfuerzos para que los soldados pudieran ganar las batallas y la gente se aliara a la causa patriota.
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Llamada por la elección de un respetable grupo de señoras a ocupar el puesto en que me veis, he aceptado con gusto tan honrosa designación. Hago entrega oficial a la honorable Municipalidad de este precioso monumento, que conmemora la egregia mártir Policarpa Salavarrieta: obra de amor, testimonio de reconocimiento, en la cual han colaborado las ilustres hijas de Bogotá, los hombres de buena voluntad y el activo trabajo del ilustrado doctor Darío Galindo. Ejemplo de patriotismo que las damas de Bogotá consagran a la mártir que ayudó con su sangre a fundar esta patria, que fecundó con su muerte la semilla de la libertad y a cuyo glorioso advenimiento siguieron pléyades de ilustres patricias, Antonia Santos, oradora de los Comuneros del Socorro; Águeda Villamizar Gallardo; Mercedes Ábrego, de Cúcuta, quien por haber borda-

do un uniforme para el Libertador fue a morir al patíbulo; Simona Duque, de Antioquia, que presentó a los patriotas sus diez hijos y ochenta años de merecimientos. Permitid, ¡oh ilustre heroína e inmortal profetisa!, que en medio de este brillante concurso que os saluda, yo también coloque una flor en el pedestal de vuestra gloria; al pie de esta elocuente piedra, que atestigua el amor de Colombia, al himno de los libres cuyo férvido anhelo os consagra, hoy que flamea la bandera colombiana desde el rico bazar hasta el desván del miserable, desde el palacio hasta el cortijo. Salve, insigne heroína vengada por Bolívar, quien comandando una caravana de espectros que lanzó el Pisba a las corrientes del Boyacá, al son del gigantesco bombardeo del 7 de agosto de 1819, derrocó para siempre a los hijos de

España, asegurando la libertad de cinco Repúblicas. Vuestra memoria vive por todos los tiempos en el recuerdo de vuestros compatriotas, en el alma de las hermosas hijas de Colombia que se congregan a saludaros en el día de la patria.

“Yace por salvar la patria” es vuestro anagrama, combinado por mano divina y con misterio que abisma. ¡Salud, ilustre Policarpa! Fuente: Primer Centenario de la Independencia de Colombia: 1810-1910. Escuela Tipográfica Colombiana, Bogotá, 1911.

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Interpretaciones
• Iconografía e interpretaciones • De independencias, revoluciones y obediencias. La construcción
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actuales

• Lenguajes políticos de la Independencia en los periódicos de las • La rebelión de los cabildos. Las juntas de gobierno en la Nueva • La población afrocolombiana y el Bicentenario de la Independencia
Granada en 1810 primeras décadas del siglo XIX

de la República, 1808-1832

Iconografía e interpretaciones
Daniel Castro Benítez Director Casa Museo Quinta de Bolívar y Museo de la Independencia-Casa del Florero

I. 1615 Siena, Italia A un artista que vivía en esa ciudad le encargaron realizar un cuadro que representara a ese nuevo continente que se llamó América, y que fue “descubierto” por Colón en su ruta hacia las Indias Orientales en 1492, es decir, hacía 123 años.

Sin la posibilidad de poder viajar al otro lado del Atlántico, el artista debía usar su imaginación para realizar su obra, pero debía obligatoriamente consultar un libro que había sido publicado en la ciudad donde vivía, en 1613, el cual le daría las ideas acerca de su trabajo. Lo tomó prestado de la gran biblioteca del Duque, quien le hizo el encargo y, al abrirlo, se encontró con la primera página, que decía:

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ICONOLOGÍA De Cesare Ripa Perugino, caballero de San Mauricio y de San Lázaro, en la que se describen diversas imágenes de virtudes, afectos, pasiones humanas, artes, disciplinas, humores, elementos, cuerpos celestes, provincias de Italia, ríos, todas las partes del mundo y otras infinitas materias. obra útil para oradores, predicadores, poetas, pintores, escultores, dibujantes y para todos los estudiosos en general, así como para idear conceptos, emblemas y empresas, para disponer cualquier cortejo nupcial, funeral o triunfal, para representar poemas dramáticos, y para dar forma con los más apropiados símbolos a cuanto pueda caber en el pensamiento humano.

Buscó el índice y se encontró con una serie de diversos temas que lo distrajeron por un momento de su encargo: la estupidez; la falsedad de amor o el engaño; la ira; las horas de la noche y los meses del año; la modestia y la victoria, entre muchísimos otros. Incluso encontró la palabra mundo y, cerca de ella, las palabras América, Europa, Asia y África.

II. A comienzos del siglo XXI En un lugar de Colombia Un profesor de ciencias sociales les ha pedido a sus estudiantes que investiguen en Internet sobre Cesare Ripa, el personaje que creó un tratado llamado Iconología, que recopila las maneras en que los artistas del siglo XVII debían crear los temas de sus obras de arte. En la tarde y luego de salir del colegio, Milena, una estudiante de noveno grado, se sentó a realizar la tarea. Prendió su computador y se preguntó si habría algún buscador que pudiera darle información sobre ese personaje y su famosa Iconología. De pronto, cayó en cuenta de algo: el nombre de esa obra tenía la misma palabra que ella usaba con frecuencia, precisamente cuando prendía su computador para hacer tareas o chatear con sus amigas. Cuando Milena quiere entrar a Internet, ubica el ratón en uno de los íconos del escritorio del computador; ese pequeño mundo que da vueltas y vueltas. Recordó, además, que si quiere buscar un archivo de alguna tarea, pone el ratón sobre la imagen de una pequeña carpeta con una lupa al lado. Aún más, decidió que puede dejar la tarea para más tarde, pues quiere entrar a Messaenger. Buscó esas dos pequeñas siluetas, una tras otra, y con un doble clic entró a ese programa y comenzó a comentar con una de sus amigas lo que había sucedido en la tarde de ese día, en el descanso, entre la clase de matemáticas y la de ciencias. Un chisme sobre los celos de Marcela hacia Paola por estar ennoviada con Ricardo, que está en décimo.

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Allí se decía que el continente debía ser representado de la siguiente manera:

“Mujer desnuda y de color oscuro, mezclado de amarillo. Será fiera de rostro y ha de llevar un velo jaspeado de diversos colores que cae de los hombros cruzándole todo el cuerpo, hasta cubrirle enteramente las vergüenzas. Sus cabellos han de aparecer revueltos y esparcidos, poniéndosele alrededor de todo el cuerpo un bello y artificioso ornamento, todo él hecho de plumas de muy diIII. versos colores. 1910 Con la izquierda ha de sostener un arco, y una fle- Colombia cha con la diestra, poniéndose al costado una bolsa o carcaj bien provista de flechas, así como bajo En Colombia se celebraron los cien años del Grisus pies una cabeza humana traspasada por unas to de Independencia. Como ya la fotografía essaetas. En tierra y al otro lado repintará algún la- taba inventada, se hicieron tarjetas alusivas a esa conmemoración. En una de ellas, una mujer que garto o un caimán de desmesurado tamaño”.

se encontraba muy lejos de estar desnuda, tener plumas en la cabeza, portar arcos y flechas, y que más bien parece una dama elegante, tenía en una de sus manos unas flores y portaba un elegante vestido y un cinturón formado por la bandera de Colombia. También se escribió, en una pared formada con flores, la fecha de 1910 y, entre dos corazones de escarcha, 20 de Julio 1810-1910.

celebrar el triunfo! “Realmente me han puesto en un aprieto, —pensaba Figueroa—, pues yo apenas he visto al general venezolano, pero sí me han dicho cómo es: de estatura poco menos que mediana, con ojos que lanzan miradas terribles. Su rostro es moreno y tiene un espeso bigote. Su cabello es ensortijado y su frente muy amplia. Debe estar vestido con el uniforme de general, con sus condecoraciones, su fajín y su espada”. Sin embargo, como el cuadro debía estar en un estrado ubicado frente a la entrada principal de la catedral en la Plaza Mayor, se le ocurrió que no debía pintar al general solamente, sino que lo debía pintar abrazando a una mujer, la cual representaría a la nueva patria liberada.

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IV. 1819 Bogotá El taller de dos pintores. De uno sabemos el nombre: Pedro José Figueroa, y del otro no hay ningún rastro de cómo se llamaba. Sin embargo, la coincidencia es que cada uno estaba pintando un tema muy parecido. ¡A Pedro José le han encargado que pinte, nada más ni nada menos, que a Simón Bolívar, quien acababa de vencer a los ejércitos españoles en Boyacá y venía en camino a Santafé de Bogotá para Título: Simón Bolívar. Libertador y Padre de la Patria (Bolívar y la alegoría de América) Autor: Pedro José Figueroa (Ca. 1770-1818) Técnica: óleo sobre tela Fecha: 1819 Dimensiones: 125 cm x 97 cm Ubicación: Casa Museo Quinta de BolívarGran salón norte

El cuadro llamado Simón Bolívar. Libertador y Padre de la Patria, del artista Pedro José Figueroa (Ca.1770-1838), es una obra que nos revela muchos detalles de la labor de un pintor de hace dos siglos y de Simón Bolívar, el héroe de la independencia americana. Muchos artistas, entre ellos el autor del cuadro, utilizaron en diferentes ocasiones la figura humana para representar conceptos como el amor, la paz, las leyes, los continentes, etc. Estas imágenes tenían ciertos atributos como, por ejemplo, la balanza para la justicia, un ángel para San Juan, el arco y la flecha para el amor, entre otras, y fueron llamadas alegorías. Pedro José Figueroa conoció muy seguramente las alegorías de los cuatro continentes y, por ello, pintó a Bolívar abrazando a la mujer que representaba a América.
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traba a una mujer semidesnuda con una corona de plumas, un caimán a su lado, un arco y una flecha en sus manos, ubicada junto a una palmera. Entonces decidió hacer un dibujo preparatorio al cuadro que pintaría, con óleo y en una tela que ya había usado antes, en el que esa mujer estaría sentada debajo de la palmera con los mismos elementos de esa alegoría de América que había visto en el libro. Y al lado Bolívar, un poco más grande, abrazándola. Sin embargo, pensó que si el cuadro iba a estar a la vista de todos, no debería mostrar a la mujer semidesnuda, por lo cual decidió ponerle ropajes muy elegantes, así como aretes y un collar de perlas. ¡No quería ofender a la sociedad bogotana con una imagen impúdica! Una vez fue avanzando en su obra, tomó otras decisiones. Junto a la mujer, que sería la representación de la patria, puso las fauces del caimán que había visto en el grabado sobre América y, al lado de eso, un cuerno de la abundancia con varias frutas. Esto último no estaba en el grabado. ¡La libertad!, —pensaba nuestro artista anónimo—, ¡¿cómo pintar la libertad?! Varios días pasaron hasta que, por casualidad, encontró un grabado similar al que había inspirado a Pedro José Figueroa. Él había oído hablar de la representación de América que había inventado Cesare Ripa, pero nunca la había visto. Los atributos de esa mujer debían ser el arco y la flecha, la corona de plumas, el caimán y un ropaje que le cubriera parte de su desnudez. Tal vez la cara no sería tan feroz, sino más bien amable. Casi sonriente. Había razón para estar felices, pues por fin se había logrado la independencia de la Corona española. Este pintor había escuchado, además, que en Francia, no hacía muchos años, se había llevado a cabo una revolución que le había dado plenos derechos a los individuos por medio de una declaración de derechos y deberes del ciudadano, quienes además destronaron al rey. Uno de los símbolos de esa lucha fue un extraño gorro llamado “frigio”.

Tanto el pintor como el Libertador llegaron al mismo punto por diferentes caminos: lograron, en un lienzo y en un espacio geográfico, representar a América libre y unida como una gran nación. El otro artista, en su modesto estudio, se encontraba en aprietos. Le encargaron una obra que debía representar la libertad lograda por los ejércitos patriotas en julio y agosto de 1819. Algo parecido a lo que le solicitaron a Pedro José Figueroa, pero no le venía ninguna idea a la cabeza. Lo único que sabía era que si el tema era la libertad, tendría que ser una mujer, pero no se le ocurría qué cosas debía tener en sus manos ni cómo podría estar vestida. Pedro José recordaba haber visto una página de un libro en la que se hablaba del continente americano y, acompañado a ese texto, se presentaba un grabado (debemos recordar que en esa época la fotografía no se había inventado aún) que mos-

Nuestro pintor anónimo no tenía Internet, como Milena; pero fue a buscar información a la biblioteca del Colegio Mayor del Rosario y se encontró con un libro que hablaba de la antigua Grecia, en la que los ejércitos de Frigia, que era un territorio, habían usado ese elemento como símbolo de su lucha. Por ello, decidió poner en la mano de la mujer que representaría a la libertad –entre otras cosas– una lanza que en su extremo tendría un gorro frigio de color rojo. Y llamó a su cuadro La India de la Libertad, y junto a ella plasmó el año de ejecución: 1819.

Mientras tanto, Pedro José Figueroa terminaba también su obra. Bolívar se veía con la mano en la cintura y su elegante uniforme de color rojo lleno de bordados dorados, abrazando a una pequeña mujer muy parecida a La India de la Libertad. Figueroa dejó un espacio en blanco en la parte inferior del lienzo y decidió escribir una corta frase en latín que decía: POST NEBULA PHEBUS, y luego, BOLÍVAR, LIBERTADOR Y PADRE DE LA PATRIA. El texto en latín tenía otro mensaje cuya traducción es: Después de las nubes, Phebus (que era el nombre del dios griego que representaba al Astro Rey). En otras palabras, el tiempo oscuro le daba paso a la luz. V. 2010 Latinoamérica Muchos de los países de este continente conmemoran doscientos años de su independencia: Venezuela, Colombia, Argentina, México y Chile. Ecuador y Bolivia la celebran en 2009. ¿Cuál será el ícono que pueda recordarnos esa fecha cien años más adelante, en el año 2110? ¿Podrías demostrar tu independencia posando semidesnuda, abrazada por un compañero de clase con un uniforme del Ejército Nacional para una pintura o fotografía que recuerde a la patria o a la libertad de Colombia en ese año?
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La construcción de la República,

revoluciones y obediencias.
(1808-1832)
Franz D. Hensel Riveros Universidad del Rosario

De independencias,

Fechas como el 20 de Julio de 1810 aparecen como marcas distintivas del surgimiento de la nación colombiana. Nuestras conmemoraciones, celebraciones, actos y espacios de memoria se erigen sobre éste y otros eventos como las batallas del Pantano de Vargas y del Puente de Boyacá. No obstante, muy cerca de nuestra segunda celebración centenaria es preciso volver sobre algunos interrogantes siempre iluminadores a la hora de pensar los procesos históricos, más aún cuando éstos involucran preguntas concretas sobre las rutas y los espacios por los que transitó la construcción de la Colombia contemporánea. Este texto se centra en dos cuestiones claves del proceso revolucionario y de la construcción de la República en sus primeros años: 1) Las diferencias y distancias que median entre dos términos usados cotidianamente: independencia y revolución; y 2) una de las tareas más importantes que supuso la construcción de la República: la creación de un sentimiento de obediencia al nuevo orden, la necesidad de forjar lazos de consentimiento y amor hacia la República en construcción. 1. ¿Independencia revolucionaria o revolución independentista? ¿Fue nuestra revolución una revolución de independencia? A primera vista este interrogante

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carecería de sentido, pues hemos tendido a privilegiar un relato del período 1808-1821 en el que los protagonistas deseaban poner fin a un largo proceso de dominación y ocupación española. Visión que supone un cierto sentimiento de inconformidad y nacionalismo de los criollos, quienes habrían decidido independizarse al unísono y en un mismo momento de las ataduras coloniales. Aquí, entonces, la revolución es una revolución-de-independencia, una lucha por conquistar la independencia de la Corona española, añorada desde tiempo atrás. No obstante, este punto de partida requiere ser matizado drásticamente. Suponer una igualdad entre revolución e independencia desconoce especificidades de nuestro proceso revolucionario, centrales para comprender a cabalidad los caminos inciertos y azarosos que recorrió la construcción de la República a inicios de siglo. José Manuel Restrepo, uno de los protagonistas de la Constitución de 1821 y “servidor de la causa patriótica”, plasma muy bien esta transformación de la adhesión al Rey a la construcción de un ideario revolucionario e independentista. En su autobiografía, Restrepo señala que en 1808, año de la invasión de Napoleón a la Península Ibérica, él y “casi todos los granadinos de alguna ilustración seguían aquella revolución con el mayor interés (…) en 1809 aún no tenían ideas sobre la

independencia de estos países; mas estando persuadidos de que la España europea tendría que ceder al poder colosal de Bonaparte, se dedicaron a formar la opinión de que la América española no debía (…) seguir la suerte de la España, sino conservar la independencia de la Nueva Granada para que Fernando VII viniera a reinar en ella” (Restrepo, 1855. Esta postura muestra muy bien la posición de los notables locales al inicio del período revolucionario. Como lo han anotado algunos historiadores, si en Francia el movimiento revolucionario se hizo en contra del rey, en España y la América española dicho proceso se hizo en ausencia de éste y como salida temporal a la crisis monárquica desatada por la invasión de Napoleón a la Península. Menos de 20 años median entre este llamado de los notables locales a construir una junta de gobierno para reemplazar temporalmente la figura del Rey y evitar la apropiación napoleónica de la América española y la afirmación del proceso revolucionario como un proceso de independencia de la Península. En pocos años, lo que empezó como una cierta solución temporal a la crisis monárquica terminó siendo la vertiginosa experiencia de conformación de unidades políticas novedosas: las repúblicas hispanoamericanas. Así, si para 1808 y los años iniciales del proceso el lenguaje era moderado y ambiguo, para 1827 buena parte del lenguaje público expresado en la prensa mostraba una posición radical sobre España y una exaltación heroica de los actores de la lucha de independencia. Por ejemplo, la prensa, lugar privilegiado de lucha política y espacio de circulación de nuevos modelos y referentes culturales a lo largo del siglo XIX, hace eco de esta interpretación. Periódicos como el Amigo del Pueblo o El Zurriago insistían en el “espantoso despotismo” de la Corona (El Zurriago,1827, No.1:1), en los esfuerzos realizados para liberarse del “yugo español” y consignaban en una sola voz que dos eran los gritos “de la mayoría de los colombianos: independencia y libertad” (El Amigo, 1828, No. 4 , 6: 25). Esta radical transformación en los discursos

sobre España, la independencia y la revolución nos muestra que el proceso que llevó a la construcción de las Repúblicas no fue lineal o natural consecuencia de un sentimiento nacional colombiano latente a la espera de florecer en el momento indicado. Este sentimiento surge durante y después del proceso revolucionario. Sólo con el momento militar de la independencia y la llamada “reconquista” es que España aparece identificada claramente como un enemigo externo que hay que combatir. Así mismo, tampoco podemos olvidar que reductos importantes del actual territorio nacional seguían proclamando su adhesión al Rey, incluso después de instaurada la República. De este modo, en lugar de referirnos a este proceso como el de independencia nacional, podríamos hablar del proceso variado y complejo de revoluciones e independencias locales y provinciales. La noción de “una” independencia olvida que sólo después de trece años (1821) de iniciada la crisis monárquica es que podemos hablar del esfuerzo por conformar una comunidad política articulada alrededor de la República de Colombia. Las múltiples cartas provinciales y los esfuerzos por construir una asociación de estados federados de los años 1811-1816 dan cuenta de que el marco nacional fue un proceso continuo de negociación de los límites, la forma y los principios de la comunidad política. 2. La república y la obediencia. Crear el sentimiento de comunidad Precisamente, la no naturalidad de este proceso de construcción de la República aparece en la preocupación, más que evidente, de los forjadores del nuevo orden político en cultivar la obediencia en los nuevos hombres de la República y forjar lazos de sentimiento sólidos de estos hombres con el orden en construcción. Si bien el lenguaje inaugural del nuevo orden político parte de concebirse como una comunidad de ciudadanos con derechos y deberes, el acento de los primeros años recae más en el lenguaje de los deberes y los esfuerzos, de la sumisión, del

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respeto y de la obediencia que los miembros de la nueva comunidad política debían a las nuevas leyes, diputados y magistrados. Así, por ejemplo, para 1821, época en la que para Francisco de Paula Santander estaba todo por crear, este llamaba la atención sobre la necesidad de hacer amar la República y sus principios. Para una República que apenas ha nacido, comentaba, es fundamental darle una existencia legal, construir el “reino de las leyes” y “hacer sumir en el seno de la obediencia a hombres erguidos por la victoria y antes combatidos por las pasiones serviles” (Restrepo, 1821:42). En memorias de los hombres públicos, como la de Restrepo, es notable no sólo la preocupación por la obediencia de sus miembros, sino por la educación de una parte que asumen fundamental: la juventud, aquel sector que se debía preparar y educar para forjar la República, aquella promesa que se esperaba fuera la “más sólida base” del orden social. El mismo Restrepo, hacia 1824, expone al Congreso que el Gobierno ha dedicado una porción considerable de sus cuidados a promover la educación a través de la instalación de escuelas públicas, esperando “propagar las luces” y obtener “la importante mutación que por su medio, debe efectuarse en la moral y hábitos de la parte ignorante de nuestra población” (El Constitucional, 1824: 4). Esta preocupación por cultivar sentimientos de obediencia y amor por la República se reprodujo de manera profusa en diferentes formatos escritos como los catecismos, los manuales y los compendios de máximas y principios políticos y morales. En esta producción escrita llama la atención el papel de los catecismos políticos como uno de los formatos privilegiados para difundir los principios republicanos. Para 1822, sólo un año después de la Carta constitucional, José Grau publicó su Catecismo Político, cuyo objetivo era “instruir a los jóvenes en los principios fundamentales de nuestras instituciones políticas” (Grau, 1822: 3). Grau consideraba que, a pesar del uso cada vez más frecuente de conceptos como patria, gobierno, leyes y liber-

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tad, los jóvenes no conocían ni una sola de estas definiciones. En consonancia con aquellos que deseaban promover principios de amor y obediencia, Grau supuso que sin definiciones precisas de tales vocablos los jóvenes no podrían afianzar los sentimientos que fundan la comunidad política. Pocos años después parece que el propósito de Grau hizo eco en el Gobierno, pues el Catecismo fue de lectura obligatoria en las escuelas oficiales, además de las escuelas públicas de Orinoco para las cuales el catecismo había sido originalmente pensado. Para 1827, la Gaceta oficial anota que en los actos literarios de los colegios de Cuenca, Popayán y Vélez, los estudiantes, además de ser examinados en materias como gramática y ortografía, fueron “cuestionados sobre el catecismo político del doctor Grau, mandado enseñar por el gobierno” y “manifestaron en sus doctrinas bastante conocimiento” (Gaceta, 1827: 195). En los años siguientes, fueron numerosos los periódicos, manuales y compendios de política y moral que siguieron anunciando, promoviendo y afirmando la necesaria instrucción de la juventud como forma de creación de lazos sólidos en la República. Estos “hábitos” de obediencia y respeto suponían una noción de libertad muy distinta al modo en el que hoy en día ésta se entiende. Para Grau, por ejemplo, entre los deberes de cada colombiano se encuentran los de “vivir sometido a la Constitución y obedecer las leyes” (Grau, 1822: 13). En esta misma línea, un periódico bogotano señalaba que “la verdadera libertad es la esclavitud de las leyes”, noción más cercana a la obediencia que a la ‘libertad’ de hacer lo que se desee. Los autores de este periódico consideraban que el menosprecio de las leyes sería “el signo más evidente de que una República corre hacia su ruina” (Astrolabio, 1836, No. 1: 4). Dos años más tarde, un profesor de filosofía insistía en que “enervar las leyes, desorganizar la administracion y debilitar la autoridad, no es ganar en libertad, es perder en reposo, en fuerza y en felicidad” (Torres, 1838: 160). Dos años más

tarde, un autor lo señalaba de esta manera: la libertad no es dejar que los hombres “obren como buenamente quieran, pues sus acciones son perjudiciales con mucha frecuencia para los demás y aun para ellos mismos” (Arosemena, 1840: 39). Para estos autores, la libertad debe estar en consonancia con el interés de la sociedad y con la obediencia de éstos a las leyes creadas por los mismos hombres. Ahora bien, estos llamados a que los hombres de la República sepan “cuáles preceptos deben guardar, y qué castigo deben sufrir los que lleguen a quebrantarlos” (Gaceta, 1827: 369) no fue un proceso exento de dificultades o resistencias. Si bien el discurso de estos primeros años gira alrededor de lo que los hombres deben hacer y sentir por y para la República, también son constantes los llamados y los reclamos sobre la laxitud moral de la juventud, la petulancia y la desobediencia que caracterizaban a las nuevas generaciones. La Gaceta de 1827 subraya con vigor la necesidad de corregir la petulancia de algunos estudiantes, pues sólo “la firmeza de las autoridades y la severidad de la ley corregirán la petulancia e insubordinación de algunos estudiantes que, o por la ignorancia propia de su edad, o por consejos de interés personal, están dando a sus padres de familia el pesar de adiestrarse en la desobediencia e irrespeto a las leyes y a sus superiores, en vez de adquirir aquellas virtudes que forman el corazón y hacen ciudadanos obedientes, moderados, respetuosos y dóciles” (Gaceta, 1827: 365). Un año antes, un periódico bogotano echa de menos a hombres respetuosos de la dignidad de la autoridad republicana, pues “se glorian en el día de no quitarse el sombrero los majistrados de la República, siendo esta una demostración de cortesía y buena crianza, muy usada entre nosotros” (Huerfanito, 1826, No. 6: 25). 3. Para concluir Enfrentarnos a la Independencia nos plantea siempre volver al dilema de nuestros orígenes, a la encrucijada de nuestros padres fundadores.

Si queremos decirlo de una manera radical: no hubo una Colombia que se independizó, pues Colombia no existía tal y como la conocemos actualmente; no había “colombianos” antes de 1810, pues crear este amor a “Colombia” fue parte de la tarea política que tuvo que enfrentar la recién creada República. Que tal anotación pueda parecernos extraña habla menos de una falsedad histórica y más de la efectividad de tal proceso de creación histórica de sentimientos que, con el tiempo, empezamos a concebir como naturales.

Referencias Arosemena, Justo (1840) Introducción a las ciencias morales y políticas. Por un joven americano. Nueva York: Imprenta de don Juan de la Granja. El Zurriago (1827) Bogotá: Imprenta de Zalazar por Valentín Martínez. No.1. 16 de diciembre de 1827. El Amigo del Pueblo (1828) Bogotá: Imprenta de Bruno Espinosa. Trimestre 1. El Constitucional (1824) Bogotá. No 4. Jueves 24 de junio. El Astrolabio bogotano (1836) Bogotá: Imprenta de la Universidad por Nicolas Gomes. Domingo 17 de enero de 1836, 1. El Huerfanito Bogotano. Al tiempo y a la verdad (1826) Bogotá: Imprenta de Espinosa, por Valentín Molano. Trimestre 1. Viernes 14 de abril de 1826, 6. Restrepo, José Manuel (1855) Biografía de José Manuel Restrepo (Escrita por el mismo). Bogotá: Empresa Nacional de Publicaciones, 1957. Santander, Francisco de Paula (1821) “Discurso pronunciado por el General Santander al tomar posesión de la vicepresidencia en la villa del Rosario de Cúcuta. 3 de Octubre de 1821”. En LÓPEZ, Luis Horacio (comp) (1988) Escritos políticos y mensajes administrativos 1820-1837

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Francisco de Paula Santander. Bogotá: Fundación Francisco de Paula Santander-Biblioteca de la Presidencia de la República. GRAU, José (1822) Catecismo político arreglado a la Constitución de la republica de Colombia de 30 de agosto de 1821. Para el uso de las escuelas de primeras letras del departamento de Orinoco. Impreso por orden del supremo gobierno para el uso de las Escuelas de Colombia. Bogotá:

Imprenta de República, por N. Lora: año de 1824. Gaceta de Colombia (1827) “Actos literarios de los colegios de Cuenca, Popayán y Vélez” Torres, Gerónimo (1838) Deberes domésticos, civiles, políticos, morales, y religiosos del hombre en sociedad. Redactados sobre los principios y máximas de los mas célebres escritores antiguos y modernos. Bogotá: J.A. Cualla.

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de la Independencia en los periódicos de las primeras décadas del siglo XIX
Francisco A. Ortega (profesor asociado del Departamento de Historia e investigador del CES de la Universidad Nacional de Colombia) y Sandra Milena Ramírez. Con la colaboración de John Alexander Chaparro, Diana Monroy, Oscar Fabián Murillo y José Ricardo Pulido, que hace parte del grupo de investigación cultural, política, prensa e independencia. Reflexionar sobre la independencia política del país a principios del siglo XIX exige desarrollar una nueva relación con el pasado: no la que sostiene la vieja historia de anaqueles y museos patrioteros, sino la materia viva de la realidad que vivimos. Por esta razón, el proceso que nos llevó a la independencia formal de España aparece en estos tiempos de conmemoración bicentenaria como un proceso inacabado, que aún no ha cumplido muchas de las promesas de libertad, igualdad y justicia. De hecho, nuestra historia se puede ver como un complejo y difícil recorrido en pos de su realización. Este texto le presentará al lector una breve introducción a esa cultura política que inaugura nuestra modernidad. A finales del siglo XVIII y durante las primeras décadas del siglo XIX, el territorio llamado entonces Nuevo Reino de Granada inició un lento camino que lo llevaría de ser colonia del Imperio español a un nuevo tipo de gobierno: la República, soberana e independiente, fundamentada en el sistema de representación liberal. Un momento importante de este proceso ocurre con la invasión napoleónica a España y la captura del rey Fernando VII en 1808. Estos eventos tuvieron como consecuencia una crisis de autoridad en la Península y sus colonias, lo cual permitió a los americanos redefinir su relación con la Corona. Por buena parte de los tres siglos anteriores, la Corona española consideraba provincias a los territorios americanos, es decir, parte integral de la monarquía española. Sin embargo, en el momento de la convocatoria a Cortes en la ciudad de Cádiz hacia 1809 (mecanismo por medio del cual las diversas provincias del Imperio respondieron a la crisis de la monarquía), se hizo evidente que América y España no participaban en condiciones de igualdad. Esta situación fue denunciada por Camilo Torres en la Representación del Cabildo de Santafé a las Cortes, documento mejor conocido como el Memorial de agravios (1809). La ruptura del orden colonial permitió a los criollos reelaborar ideas ya existentes y proponer un nuevo ideario político. Es este el momento de las Juntas y las primeras declaraciones de autonomía en América (1809-1811). Asistimos entonces a la configuración de un nuevo orden social republicano centrado en la figura del ciudadano. Esta Primera República, que terminó

Lenguajes políticos

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en 1816 con la reconquista comandada por el almirante Pablo Morillo, fue un momento seminal para el surgimiento de nuevos lenguajes políticos, fundamentales para entender no sólo las razones y la manera en que ocurre la separación de España, sino la historia posterior del país. Dichos lenguajes políticos están constituidos por conceptos que dan cuenta de atributos, valores, derechos y principios en torno a los cuales se ordena la vida en sociedad. Un escenario privilegiado para estudiar estos lenguajes políticos corresponde a los numerosos periódicos creados en este período, uno de los fenómenos más significativos del momento. Los periódicos aparecen en la Nueva Granada a finales del siglo XVIII y constituyen los medios de producción, expresión y movilización de nuevas ideas. Fueron tan importantes que, a pesar de nacer al interior de la élite ilustrada, penetraron otros grupos sociales, a tal punto que la noción de opinión pública se convirtió en un principio de autoridad y legitimación general. La primera publicación informativa periódica en Colombia fue el Aviso del Terremoto de 1785. Posteriormente apareció El Papel Periódico de Santafé de Bogotá (1791-1797), editado por el cubano Manuel del Socorro Rodríguez. Para principios del siglo XIX, varias publicaciones empezaron a circular en Santafé de Bogotá: el Correo curioso (1801), el Redactor americano (1806-1809) y El Semanario del Nuevo Reino de Granada (1808-1810), por mencionar sólo algunas. Igualmente se publicaron en otras provincias del Reino periódicos como El Argos Americano, de Cartagena (1810-1811); El Argos de la Nueva Granada, de Tunja (1813-1815); La Aurora y el Boletín del Ejército del Sur, de Popayán (1814), y la Gazeta Ministerial de la República, de Antioquia (1814-1815). A continuación y a manera de ejemplo presentamos algunos conceptos que fueron objeto de reflexión a principios del siglo XIX y que siguen siendo importantes hoy en día. Estudiar el significado que estos conceptos tenían hace 200
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años nos permite comprender el carácter inacabado y conflictivo de nuestro presente. Bien común y utilidad: en el Antiguo Régimen, el bien común se refería a la búsqueda de la prosperidad y felicidad del reino como propósito fundamental de los ciudadanos que conforman la sociedad. El bien común era, al mismo tiempo, el sustento de la autoridad del rey, quien contribuía directamente al bienestar de sus vasallos. Durante la transición hacia el nuevo orden republicano, el bien común fue el ideal a través del cual se fundamentó el ejercicio de la ciudadanía, estando directamente vinculado con el beneficio de la República. En el Correo Curioso, editado por Jorge Tadeo Lozano en 1801, el bien común era entendido como todo aquello que facilitaba el alcance de la prosperidad material, el orden social y la felicidad moral. La idea de bien común o de utilidad común aparece en este caso relacionada con ciertos atributos que deben estar presentes en todos los ciudadanos, tales como: la inclinación por las artes y ciencias útiles (la agricultura, la industria y el comercio), el buen gusto o la capacidad de ejercer con criterio la sensibilidad, la facultad de la buena crítica y una profunda devoción por el territorio neogranadino, mejor conocida en su momento como patriotismo. El bien común se convirtió en la piedra angular de los nuevos planes educativos, los cuales, a su vez, fueron el comienzo de la educación pública y moderna en Colombia. Libertad e independencia: la libertad es posiblemente uno de los valores más preciados en todas las sociedades y en todas las épocas. Sin embargo, nuestra noción de libertad, entendida como el derecho inalienable de todo ciudadano, es uno de los principios defendidos por la Revolución francesa de 1789 y proclamado como uno de los derechos esenciales del hombre y del ciudadano en 1791. En 1793, Antonio Nariño tradujo y publicó clandestinamente Los derechos del hombre en Santafé de Bogotá. Diecisiete años después, en medio de la crisis

política de 1810, los periódicos neogranadinos abogaban por la libertad de expresión y de imprenta en medio de un ambiente en el que se usaba la censura como medio de silenciamiento y combate. Poco después, ellos mismos declaraban el propósito de ser libres y romper las cadenas de la servidumbre y la esclavitud, entendiendo con ello que la libertad constituye la esencia de la independencia. Uno de ellos, La Bagatela (1811-1812), editado por Nariño, pregonaba que la libertad era la condición que le daba al hombre su dignidad y le abría la posibilidad de desarrollar sus talentos y alcanzar la felicidad. Esa libertad individual, sin embargo, dependía de la libertad colectiva, de la condición de ya no ser colonia española, de ya no ser dependiente de otro. Igualdad y exclusión: la igualdad, así como la libertad, es considerada uno de los derechos esenciales del hombre y del ciudadano y supone una equivalencia entre los individuos como condición que les permite hacer parte de la sociedad. La idea de igualdad que surgió a finales del siglo XVIII iba en contra de la existencia de privilegios y diferencias entre los hombres, tales como aquellos que existían en el marco de la sociedad del Antiguo Régimen. Para la época de la crisis política, el tema de la igualdad ganó importancia debido al trato discriminatorio usado por las autoridades españolas con relación a los americanos. Para muchos, esta discriminación se convertiría en una motivación más para luchar por la independencia total. Sin embargo, la idea de igualdad también se hizo manifiesta al interior de una sociedad profundamente jerarquizada y dividida como la granadina. Hacia 1808, Francisco José de Caldas expuso en el “Plan de una Escuela Patriótica” que en la educación de los niños no debía existir ninguna distinción que hiciera que un niño se sintiera superior a otro. Por el contrario, en la escuela todo debía ser igualdad y fraternidad y los niños debían estar unidos por lazos de amistad sin importar su condición económica y social.

Para Caldas, los niños como iguales tomarían la forma de los ciudadanos que harían parte de una sociedad con menos diferencias. Este Plan apareció en El Semanario del Nuevo Reino de Granada, periódico que, además de difundir el pensamiento científico de los criollos neogranadinos, buscaba estimular valores y principios con miras a construir una nueva sociedad. Honor y virtud: en las sociedades del Antiguo Régimen, el honor era considerado como un valor eminentemente masculino y se encontraba relacionado con la fama, la valentía y el noble linaje. Los hombres debían poner su “buen nombre” y su destreza corporal al servicio de causas consideradas justas, pues su sentido del honor debía realizarse al lado de altos ideales morales como la justicia o la igualdad. El honor suponía coraje, arrojo y rectitud moral. En la época colonial, éste se expresaba, en buena medida, en el amor y la fidelidad al rey. Es por ello que, durante la guerra de reconquista emprendida por la monarquía española a finales de 1815, el concepto de honor gozó de particular importancia en el lenguaje político del momento. En 1816, nuevamente bajo el dominio español, la Gazeta de Santafé buscó convencer a los neogranadinos y las neogranadinas de la justeza de las pretensiones del rey Fernando VII, exaltando la idea del hombre español fuerte, triunfante y dueño de sí mismo y de sus emociones; y proclamando el valor del honor en los hombres para legitimar el reestablecimiento del orden monárquico en la Nueva Granada. Aquellos que apoyaban al rey eran considerados hombres honorables, seguidores de las buenas costumbres y de la tradición católica. Por el contrario, los republicanos eran vistos como cobardes, criminales y poco diestros en el combate armado, en últimas, como hombres sin honor, más cercanos al terreno de las pasiones que de la razón. Si bien es cierto que la idea de honor, y de otras virtudes y valores que la acompañan, se encuentra con frecuencia vinculada con la figura del hombre, no quiere decir esto que las mujeres

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no tuvieran sentido del honor. En las mujeres, el honor tomaba la forma de virtud y se encaminaba al control de sus cuerpos y comportamientos cotidianos. Llegados a este punto debemos subrayar que, en buena parte de las publicacio-

nes de la época, las mujeres fueron escasamente mencionadas o sus opiniones tenidas en cuenta, como si las guerras y la vida comunitaria fueran un asunto estrictamente masculino.
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La rebelión de los cabildos.
Las juntas de gobierno en la

Nueva Granada en 1810
Rigoberto Rueda Santos Departamento de Historia Universidad Javeriana

El control total del territorio español por parte de las tropas francesas a partir de noviembre de 1808 provocó la crisis total de la monarquía e hizo que, en las colonias americanas, los criollos decidieran formar juntas de gobierno como las que habían surgido antes en la Península, pues se veía el triunfo de Napoleón como una amenaza a la integridad del Reino. Así, el juntismo en Hispanoamérica tuvo una primera etapa desde finales de 1808, cuando se constituyeron juntas que buscaban gobernar a nombre del rey Fernando VII en capitales virreinales o ciudades importantes como México, Montevideo, Buenos Aires, La Paz y Quito. Con la constitución de las juntas se “depusieron” las autoridades coloniales y el gobierno pasó a manos de las élites criollas locales. Las juntas se reclamaron como depositarias de la soberanía de la Corona y como órganos legítimos de su poder en las colonias, así como defensoras de los derechos del rey y garantes de la integridad del Imperio ante la amenaza francesa. Una segunda ola del movimiento juntista en las colonias americanas surgió en 1810, cuando se inscribió la acción de los cabildos provinciales del virreinato de la Nueva Granada, incluyendo el de su capital, la ciudad de Santafé. Estos acontecimientos de 1810 terminaron con el derroca-

miento de las autoridades locales y su reemplazo por las juntas. En la Nueva Granada, los cabildos, controlados en su mayor parte por criollos, fueron utilizados contra gobernadores y corregidores para promover sus intereses particulares y las posibilidades de mejoramiento económico, sobre todo después de la crisis política de 1808. Desde ellos, las élites criollas alimentaron las discrepancias con la Audiencia y demás autoridades coloniales, pues éstas permanecieron ignorantes o ajenas a sus expectativas, configurándose así una rivalidad que, al igual que en Santafé, se replicaba en las distintas ciudades en forma de frecuentes inconformidades, quejas y pleitos entre las autoridades coloniales y los notables locales. Por ello, los criollos fueron los promotores de las juntas en las provincias, así como también en la capital del Virreinato. Puede decirse entonces que el establecimiento de juntas de gobierno a lo largo de la Nueva Granada en 1810, más que ser producto del deseo de romper vínculos con la monarquía española, estuvo motivado tanto por las tensiones antecedentes entre las autoridades coloniales y los cabildos —o sea, con los gobernadores y corregidores, y en el caso de Santafé con el virrey y la Audiencia—, como por el intento de zafarse del poder de los burócratas de la Coro-

na, por lo general sin legitimidad. En tal sentido, su conformación reflejó el resentimiento de los criollos contra el absolutismo borbón y las reformas realistas que en muchos casos habían debilitado la autonomía local y fortalecido la influencia de los oficiales de la Corona nombrados en Es paña. No obstante su arraigado sentimiento de superioridad étnica y social, los criollos convocaron al pueblo en estos acontecimientos, los cuales dieron inicio al proceso de la independencia; en primer lugar, como elemento de presión para que las autoridades virreinales aceptasen las juntas que sustituirían a las autoridades españolas, es decir, como apoyo en una eventual ruptura política, pero también en razón a que su participación daba legitimidad al movimiento. Las acciones llevadas a cabo por las élites criollas a través de los cabildos en 1810 convirtieron a estos sectores en protagonistas del proceso de independencia, ya que se apoyaron en la movilización de sectores populares urbanos en todas las acciones que llevaron a la constitución de las juntas de gobierno. La figuración política de los actores populares se diluyó posteriormente y ningún representante popular hizo parte de las juntas que se instauraron. Fueron las coyunturas políticas locales —por ejemplo, el propósito de derrocar a un corregidor u otro funcionario— las que posibilitaron la movilización conjunta del pueblo y las élites, siempre bajo la dirección de estas últimas. Se trató de revueltas típicamente coloniales en las que el levantamiento se hacía contra el mal gobierno y los abusos de las autoridades locales. El movimiento de los cabildos en la Nueva Granada comenzó en la provincia y culminó en la capital. En Cartagena, la primera en todo el Virreinato, los representantes populares asistieron a las reuniones preparatorias a la instauración de la junta que fue establecida el 22 de mayo de 1810, en nombre de Fernando VII, y que al mes siguiente derrocó al gobernador; la Junta de Mompox se organizó en agosto, luego de la destitución del comandante militar el 24

de junio; la del Socorro, el 10 de julio de 1810, cuando un levantamiento popular derrocó al corregidor; en Pamplona, el gobernador fue destituido el 4 de julio; y en Cali, los criollos crearon su junta el 3 de julio de 1810. En todas estas poblaciones los notables locales contaron con apoyo popular o se dieron levantamientos que terminaron con la instalación de las juntas de gobierno. En el caso de Cartagena, uno de los hechos que definieron la irrupción política de los artesanos, mulatos y otros grupos populares que tuvieron influencia en los acontecimientos posteriores, fue el golpe del 14 de junio de 1810 contra el gobernador español Montes, quien desde su llegada en octubre de 1809 se había granjeado la animadversión de los militares y el pueblo. Así pues, sectores populares de la ciudad venían participando en las reuniones preparatorias celebradas en horas de la noche en la casa de José García de Toledo. En los días previos circularon pasquines pidiendo la creación de una junta, y la actuación popular tuvo la protección de los alcaldes ordinarios y de la mayor parte de los regidores. En el golpe del 14 de junio de 1810 contra el gobernador español, las élites criollas trabajaron conscientemente para propiciar la participación de los sectores populares, dejando su organización a cargo de los dirigentes del cabildo, quienes buscaron con ello presionarlo para que renunciara. Ese día, la multitud llegó armada a la plaza de gobierno en abierto desafío a las autoridades coloniales. El papel destacado de los habitantes del barrio Getsemaní se explica porque la mayoría de sus pobladores, artesanos mulatos y negros, eran miembros de las Milicias Pardas y poseían algún adiestramiento militar. Desde entonces quedó perfilada la radicalidad que terminaría tomando la lucha política a lo largo de 1811 y que desembocó en un resultado no esperado por las élites cartageneras: la declaratoria de independencia absoluta el 11 de noviembre. Lo propio sucedería en Santafé, la intervención popular sobrepasó los límites previstos por los líderes criollos. Cuando en noviembre de 1810 llegó a la ciudad un nuevo

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gobernador enviado por las Cortes, el pueblo se opuso a su recibimiento insultándolo y pidiendo que fuese apresado, presionando para que los notables criollos tomaran finalmente la decisión de no recibirlo. El 3 de julio de 1810, en la ciudad de Cali, los criollos aprobaron un acta en la que el cabildo afirmaba su posición a favor de la restauración de Fernando VII supeditada al mantenimiento del Consejo de Regencia. La situación involucró tanto a las élites como a los sectores populares, toda vez que el día de la declaración el cabildo extraordinario se transformó en cabildo abierto. De inmediato los miembros del cabildo lideraron la conformación de una confederación de ciudades del Valle del Cauca que se enfrentó a Miguel Tacón y Rosique, gobernador de Popayán. A la lucha contra el gobernador se sumaron Neiva y La Plata, así como Nóvita y Citará, en el actual Chocó. Como sucedía con la población del Socorro, la de Pamplona también tenía fama de rebelde por su importante participación en la rebelión comunera de 1781, así como en posteriores conspiraciones contra el gobierno colonial. Allí se derrocó al corregidor español Juan Bastus y Falla por medio de un motín que se produjo el 29 de junio de 1810, con una decisiva participación popular que fue animada por las élites locales. En Pamplona, el conflicto entre los notables criollos y las autoridades españolas se remontaba por lo menos a 1807, cuando el virrey Amar y Borbón reemplazó al criollo Joaquín Camacho como corregidor para nombrar a un español recién llegado y con ello, de paso, acabar con las aspiraciones de ser corregidor que tenía Juan Nepomuceno Álvarez y Casal, un importante miembro de la élite criolla pamplonesa. Ello explica que una de las promotoras de los hechos que provocaron la destitución del corregidor peninsular y la formación de una junta provincial en Pamplona fuera la propia suegra de Álvarez, Agueda Gallardo de Villamizar, quien estaba emparentada con las personas más importantes de la ciudad.

La rivalidad con los criollos había llevado a Bastus y Falla a no permitir la presencia del procurador de la ciudad en las reuniones del cabildo; y este último, a la vez, se quejó ante la Junta Central española por su nombramiento y por no dar oportunidad a los profesionales formados en las Indias, así como por el comportamiento del funcionario español hacia la población. El 4 de julio, unos días después del motín, el cabildo destituyó al corregidor y reasumió de manera temporal la autoridad de la provincia; finalmente, la junta de gobierno que se estableció reconoció la autoridad legítima de Fernando VII. También en el caso del Socorro se presentaba una tradición de activa participación popular en la política local, pues la provincia había sido epicentro de la Revolución Comunera de 1781 y la oposición del cabildo y las élites locales contra el corregidor Valdés Posada era de vieja data. La furia popular contra el corregidor español José Francisco Valdés Posada se desató a raíz del asesinato de tres campesinos por parte de la guardia del cuartel la noche del 9 de julio de 1810, así como también por una nueva descarga de fusilería contra las personas que se habían aglomerado por el hecho, lo cual dejó ocho muertos más. Al otro día, 10 de julio, los habitantes de la población se tomaron la plaza y arengaron contra el corregidor y el mal gobierno. La reacción militar por este hecho dejó como saldo dos muertos más. La ira y el descontento de la multitud, dirigida por curas párrocos y arengada por algunos notables, llevó a que más de 8000 personas obligaran a que el corregidor, algunos oficiales, 70 soldados veteranos y algunos reclutas de la guarnición tuvieran que refugiarse en el convento de los capuchinos. Una vez que el corregidor Valdés, el teniente Fominaya y el alférez Ruiz Monroy estuvieron prisioneros en el edificio de la Administración de Aguardientes, el pueblo exigió un castigo más severo para ellos. Como se verá en otros casos, los líderes del cabildo accedieron a esposar los oficiales españoles y ponerlos en cárcel pública, solo en aras de lograr el apaciguamiento popular. La junta de gobierno que se constituyó denunció los abusos

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y persecuciones del corregidor español al virrey Amar y Borbón, quien lo había nombrado y respaldado en el cargo; sin embargo, el Acta de Independencia de la provincia, firmada el 11 de julio, no hizo ninguna mención de rechazo al Rey. La participación popular en la política local fue igualmente distintiva en el caso de la Villa de Mompox, perteneciente a la provincia de Cartagena. Allí los criollos habían contado tradicionalmente con el apoyo de la población en su disputa por el control del cabildo contra el marqués De Torre Hoyos. El interés de Mompox en la independencia se explica por su rivalidad con Cartagena, originada en tiempos coloniales debido a sus intentos por erigirse como provincia independiente dada su importancia comercial. La oposición se dirigió contra el comandante militar de la plaza, Vicente Taledo, cuya rendición se vio forzada por el levantamiento popular, dirigido por un zambo y un negro, lo cual tuvo lugar el 24 de junio de 1810.
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Cartagena, así como de cualquier otra potencia extranjera, el 6 de agosto de 1810. El hecho convierte a Mompox en la primera ciudad y provincia independiente de España en todo el virreinato de la Nueva Granda, a la que seguirá Cartagena con su conocida declaración del 11 de noviembre de 1811. En el caso de Santafé, hubo que esperar hasta el 16 de julio de 1813, cuando Antonio Nariño declaró la independencia absoluta del Estado de Cundinamarca, pues la Junta Suprema de Gobierno constituida en Santafé el 20 de julio, como la mayoría, reafirmó los derechos de Fernando VII; incluso el ex virrey, Antonio Amar y Borbón, fue el primer presidente del nuevo gobierno. Así pues, Santafé no fue la primera ciudad en levantarse contra las autoridades reales ni tampoco en declarar la independencia absoluta. En realidad, salvo en el caso de Mompox, las juntas constituidas en la Nueva Granada en 1810 no declararon la independencia absoluta de España. No obstante, la conformación de la Junta de Santafé tuvo un carácter y una cobertura mayor, porque, en su calidad de capital de la Nueva Granada y, por tanto, de centro político colonial, su ruptura significó el colapso de la jerarquía territorial del Virreinato.
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La particularidad del caso es que, tras conocerse los acontecimientos de Santafé de Bogotá del 20 de julio, la Junta de Mompox declaró la independencia absoluta de España y también de

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La población afrocolombiana
y el

Independencia

Bicentenario de la

Rafael Antonio Díaz Díaz Maestría en Estudios de África Subsahariana. Doctor en Historia del Colegio de México, D.F. Profesor titular departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales Universidad Javeriana, Bogotá.

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El propósito de este texto radica en efectuar un conjunto de lecturas cruzadas que tensionan y ponen en diálogo la experiencia histórica de la población afrocolombiana y el bicentenario de la Independencia. Nuestro objetivo lo podríamos expresar en la siguiente pregunta: ¿cuál es el sentido y el contenido de un hecho y de un discurso como la Independencia, contrastado con la experiencia histórica –pasada y actual– de la población afrocolombiana? Hay que iniciar señalando una situación incontestable: la Independencia de 1810 –y también la de 1819– no significó ni libertad, ni independencia para los cincuenta o sesenta mil esclavos que entonces existían en el Nuevo Reino de Granada y en las gobernaciones de Popayán, Cartagena, Antioquia y Santa Marta. Sólo hasta el 21 de mayo de 1851 se produciría la firma de la ley que abolía la esclavitud en Colombia y que entró en vigencia el 1 de enero de 1852. La continuidad de la esclavitud formó parte de la permanencia de otras realidades coloniales que se prolongaron hasta bien entrado el siglo XIX y que configura lo que Hermes Tovar ha denominado “la lenta ruptura con el pasado colonial”.

Ahora bien, entendemos por población afrocolombiana un conjunto de grupos sociales, sectores demográficos y comunidades que tuvieron su origen en las mujeres y hombres que fueron esclavizados en amplias regiones de África Occidental y traídos a distintas partes de las Américas. Para el caso de Colombia, Ecuador y Venezuela se ha calculado que, a estas zonas, pudieron haber arribado entre 150 y 200 mil esclavizados africanos desde el siglo XVI hasta las décadas finales del siglo XVIII, con distintas magnitudes y escalas en número, tiempo y espacio. Con el correr del tiempo, esta población africana original se desdobló en diversas mezclas de carácter interétnico dando como resultado nuevos grupos poblacionales como los negros “criollos”, mulatos, pardos y zambos. Igualmente, el escenario de la esclavitud fue proyectando, de manera entreverada, experiencias cotidianas de libertad y esclavitud, así como de personas esclavizadas y libres que se relacionaban de mil maneras. En la actualidad, la población afrocolombiana representa, según diferentes estimativos, entre el 15% y el 25% del total de la población de

Colombia, calculada en unos 44 millones de personas aproximadamente. De tal suerte, que las y los afrocolombianos representarían entre 6.6 y 11 millones del total poblacional, lo cual configura no precisamente una minoría. No obstante, el grueso de este sector, en promedio, acusa hoy por hoy un déficit social estructural en ámbitos como analfabetismo, cobertura de servicios educativos, pobreza, ingresos salariales, servicios públicos, esperanza de vida, tasas de mortalidad y morbilidad y desplazamiento, entre otros. Lo más acuciante es que tal situación revela, en términos generales, un desarrollo social precario respecto del promedio nacional. Así las cosas, los doscientos años de vida republicana representan para los afrocolombianos un fracaso, por decir lo menos, del Estado en brindarles condiciones dignas de existencia. Si a esto se le suma la vigencia de mecanismos, prácticas y discursos de discriminación social, política, económica y cultural, entonces con mayor razón los afrocolomianos no encontrarían ni razonable, ni plausible “celebrar” el bicentenario.
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Nos enfrentamos así a una tensión y a un dilema: una cuestión era el sentido y la concepción que los esclavos le habían dado a la libertad y otra, muy distinta, la que correspondía a las élites coloniales y criollas, las cuales en verdad no estaban dispuestas a reconocer que los esclavizados también tenían el derecho natural a la libertad e independencia. En consecuencia, la reacción y resistencia de los esclavizados se manifestó en el escenario cotidiano de búsqueda de su propio sentido de libertad y liberación, en particular ese rechazo a ser considerados meras cosas y no personas dignas. De la flagrancia que representaba la esclavitud era consciente Simón Bolívar, quien se comprometió (1815-1816) ante Petión, líder de la revolución haitiana, a abolir la esclavitud tan pronto se lograra el rompimiento con España y a cambio de recibir ayuda. Ello no fue posible y la esclavitud se prolongó debido a factores como la ambivalencia política de los criollos americanos, el poder regional –Popayán, por ejemplo– de los esclavistas y la anarquía que de suyo significó el complejo proceso de la independencia misma. En la coyuntura de la independencia, precisamente la revolución haitiana (1769-1804), primera independencia obtenida por un levantamiento generalizado de negros esclavos cimarrones, se tornó en una suerte de “fantasma” que aterrorizó permanentemente a los caudillos criollos de las colonias en trance de separación de España. Ello era la constatación consciente para las élites criollas y españolas de la vieja y conocida capacidad de lucha de los esclavos por su libertad. Por tal motivo, tanto criollos como esclavistas consideraban que otorgarles la libertad a los esclavos representaría el caos y la hecatombe para las nacientes repúblicas, por lo que convirtieron el proceso de manumisión en una parodia de la libertad. En el trasfondo de las discusiones sobre la libertad de los esclavos, además de las presiones de los sectores esclavistas, pesó el hecho de que

Regresando al hecho puntual de la separación de Colombia respecto de España, si la independencia significó un proceso mediante el cual se materializó un rompimiento –al menos formal– respecto de un orden hegemónico representado por la dominación colonial en el escenario del imperialismo español, los esclavizados venían experimentando tal confrontación con la sociedad que los esclavizaba. Los cimarrones, los palenqueros y los arrochelados, hombres y mujeres esclavizadas de manera individual y colectiva, desde el siglo XVI, evidenciaban ya una larga lucha en su búsqueda de múltiples o de miles maneras de construcción de distintos sentidos y significados de la libertad. Desde el palenque de La Ramada de 1528 hasta su participación en las rochelas, los esclavizados se fugaron, se evadieron, se camuflaron en los montes, huyeron y enfrentaron a los esclavistas y a la sociedad colonial que los había reducido a la condición denigrante de esclavos.

criollos y españoles en las cortes gaditanas y de Cádiz (1810-1812), de manera ambigua y contradictoria, condenaron el tráfico de esclavos, pero no dieron su brazo a torcer en la defensa de la propiedad privada que, por supuesto, incluía la propiedad sobre los esclavos en distintas regiones de Hispanoamérica. De esta manera, en la relación independencia versus abolición de la esclavitud se origina lo que podríamos denominar una especie de republicanismo esclavista, el cual en aras de proteger los derechos de los esclavistas –la propiedad privada– prolongó la esclavitud hasta 1851. Posiblemente la doctrina más radical de ese republicanismo esclavista esté expresada en los argumentos de Sergio Arboleda, ideólogo de los sectores esclavistas payaneses, en su obra La república en la América española. A mediados del siglo XIX, Arboleda expresaba la incapacidad de los esclavos para vivir bajo un régimen de libertad, básicamente por la condición de bárbaros de los esclavos: “El elemento bárbaro en América es numeroso y está en lo general representado en ella por indígenas y negros, mientras que la parte civilizada, casi toda de raza europea, es

una reducida minoría”. Además, para Arboleda, cuando esa civilización blanca europea llegara al “solio”, sus representantes blancos de origen europeo deberían ser “activos y eficaces en aniquilar la barbarie”. Así, el republicanismo esclavista esgrimió frente a los esclavos un conjunto de discursos que afianzaban su exclusión social y política y que además revalidaban el imaginario de la barbarie de indígenas y esclavos negros presente desde las crónicas de indias de los siglos XVI y XVII. La ley de abolición de la esclavitud del 21 de mayo de 1851, 41 años después de las independencias, si bien concedía a los esclavos los mismos derechos que al resto de los ciudadanos, ratificaba y protegía los intereses de los dueños de esclavos al estipular las consabidas indemnizaciones, que en el fondo es también reconocer la relación jurídica de propiedad de un ser humano sobre otro. En contraposición, la ley prolongaba el estado social de servidumbre de los esclavizados al no contemplar nada respecto ni de una indemnización, ni de algún tipo de políticas sociales que favoreciera a la población esclava.

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