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Homenaje a Carlos Franqui

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Selección y presentación por Aquiles Julián

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Libros que expanden tu mente
Escríbeme a librosderegalo@gmail.com

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Homenaje a Carlos Franqui
Aquiles Julián, Rep. Dominicana
Edición Digital Gratuita distribuida por Internet
Editor: Aquiles Julián, República Dominicana.
MEXICO Fernando Ruiz Granados José Solórzano José Eugenio Sánchez ARGENTINA Mario Alberto Manuel Vásquez Francisco A. Chiroleu Patricia del Carmen Oroño Ángel Balzarino Fernando Sorrentino ESTADOS UNIDOS José Acosta Aníbal Rosario José Alejandro Peña César Sánchez Beras ESPAÑA Henriette Wiese Giulia De Sarlo María Caballero Elena Guichot Teresa Sánchez Carmona Losu Moracho Rocío Parada

Email: aquiles.julian@gmail.com

Coeditores:
HONDURAS Dardo Justino Rodríguez VENEZUELA Milagros Hernández Chiliberti Tony Rivera Chávez REPÚBLICA DOMINICANA Ernesto Franco Gómez Eduardo Gautreau de Windt Félix Villalona Ángela Yanet Ferreira Cándida Figuereo Enrique Eusebio Julio Enrique Ledenborg Vaugn González Efraím Castillo Oscar Holguín-Veras Tabar Edgar Omar Ramírez Carmen Rosa Estrada Roberto Adames Valentín Amaro Alexis Méndez Juan Freddy Armando

NICARAGUA Radhamés Reyes-Vásquez CHILE Claudio Vidal Eliana Segura Vega URUGUAY Marta de Arévalo APLA Uruguay PERU Luis Daniel Gutiérrez Nicolás Hidrogo Navarro Juan C. Paredes Azañero COLOMBIA Ernesto Franco Gómez Julio Cuervo Escobar SUIZA Ulises Varsovia HOLANDA Pablo Garrido Bravo PUERTO RICO Mairym Cruz-Bernal ECUADOR Anace Blum

Primera edición digital: Abril 2010 Santo Domingo, República Dominicana
LIBROS PARA PENSAR es una colección digital gratuita que se difunde por la Internet y se dedica a promocionar ideas y enfoques que estimulan la mente, amplificándolas y fomentando nuevos lectores para ellas. Los derechos de autor de cada libro pertenecen a quienes han escrito los textos publicados o sus herederos, así como a los traductores y quienes calzan con su firma los artículos. Agradecemos la benevolencia de permitirnos reproducir estos textos para promover e interesar a un mayor número de lectores en la riqueza de la obra del autor al que homenajeamos en la edición.

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Contenido
El inmenso valor de Carlos Franqui / Aquiles Julián Cortados por la misma tijera / Aquiles Julián Discusión con Raúl / Carlos Franqui Al cantío de un gallo / Carlos Franqui Castro y los escritores / Carlos Franqui Tiempos dictatoriales / Carlos Franqui La mafia en Cuba, no en Miami / Carlos Franqui Notas sobre la amenaza del Castrochavismo / Carlos Franqui La ruina y la esperanza / Carlos Franqui Cuba: Carlos Franqui: La revolución perdida / Domingo del Pino Entrevista a Carlos Franqui / Ricardo Cayuela Gally Carlos Franqui regresa a Praga Entrevista a Carlos Franqui en el periódico ABC de España Carlos Franqui: “A los políticos les interesa el poder, a mí cambiar el…” Carlos Franqui: “Hay tres tendencias disputándose …” / Miguel Rivero Las memorias de un guajiro socialista / Alejandro Anreus De tertulia con Franqui y con Rivero / Jesús Cabezón Alonso “Cuba se va a desplomar en los próximos años” / Manuel Calderón Entrevista a Carlos Franqui: disidente cubano / Tony Cano Camilo Cienfuegos, de Carlos Franqui / Rafael Rojas Carlos Franqui: un hombre solo / Orlando Jiménez-Leal La revolución al desnudo / Eduardo Ríos La voz de Sierra Maestra / Carmen Muñoz No todo estaba escrito / Manuel Vászquez Montalbán El revolucionario honesto La libertad que se lleva por dentro / Ruth Merino Carlos Franqui / biografía 4 6 9 17 23 29 38 41 43 45 50 59 62 64 65 74 76 80 84 86 88 90 94 95 99 100 104

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El inmenso valor de Carlos Franqui
Por Aquiles

Julián

La muerte de Carlos Franqui me sorprendió con dos pérdidas igual de tristes, igual de dolorosas. Por un lado ese hombre extraordinario que fue Ángel Miolán, a quien tanto debemos los dominicanos. Por el otro, la de Arturo Rodríguez Fernández, narrador e intelectual de extraordinaria formación, incansable pasión y exquisito trato. Borroneé unas palabras para rendir mis respetos a Arturo. No lo hice hasta ahora por Miolán, dominicano de dotes sobresalientes. Buscó librarnos de la sevicia de Trujillo. Fracasó y se exilió. Desde el exilio trabajó en crear un aparato político, el Partido Revolucionario Dominicano, PRD, que organizara la oposición a la dictadura. Negoció con Balaguer el retorno al país en 1961 y se arriesgó, junto a Nicolás Pichardo y Ramón Castillo, a venir. Emilio Demorizi, en nombre del gobierno dominicano, formalmente encabezado por Joaquín Balaguer y en los hechos en manos del hijo del déspota ajusticiado, Ramfis Trujillo, recibió a la comisión. Esta vez las cosas no eran una trampa mortal, como fue en otras ocasiones las promesas de apertura del régimen. Ya Trujillo estaba bien muerto. Echado del PRD arbitrariamente, pasada las elecciones del 1966 colabora con el entonces presidente constitucional, el Dr. Joaquín Balaguer, aceptándole la cartera de Turismo e iniciando un programa que fue el detonante del desarrollo del turismo. La izquierda dominicana y el mismo PRD burlonamente gritaron: “¿Los turistas dónde están? ¡En la cabeza de Miolán!” Gracias a su gestión visionaria el turismo es hoy una fuente de ingresos para el país, de empleos y es hoy la actividad económica de mayor importancia y futuro. Y así murió, según apareció en la prensa, recordando que él había traído al país la democracia y el turismo. ¿Qué más se podía pedir en el breve lapso que una vida representa? De alguna manera, no sólo por la coincidencia de fecha de fallecimiento, Franqui, Miolán y Arturo tienen un hilo vinculante. Los tres expresan la laboriosidad, la pasión, el amor a la libertad, el don de la amistad, de la lealtad, la honestidad profunda con que vivieron y el ejemplo acrisolado que nos legaron.

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Carlos Franqui tuvo el valor de pocos. Y cuando el pueblo cubano derrocó a Batista y los apparatchiks marxistas, favorecidos por Raúl Castro, comenzaron a colocarse en los mecanismos del Estado cubano y a sovietizarlo, deformando un movimiento libertario y democrático en un cambio de dictadura, de una dictadura tradicional, la de Batista, a otra peor y más obtusa, el modelo totalitario estalinista, Franqui fue del grupo de revolucionarios cubanos que resistió la involución y prefirió romper con un régimen que se entregó en cuerpo y alma a la URSS. Franqui denunció al dolce vita de los comandantes mientras el pueblo cubano se hundía en la peor de las miserias. Y escogió no participar del festín. Sobre él se desató el aparato de calumnias, desinformación y manipulación de opinión que he llamado La Matraca Canalla, una orquestada campaña de denuestos, insultos, acusaciones, improperios, chismes y exclusiones, que se propuso satanizarlo al grado de que su palabra perdiera toda credibilidad y autoridad, sabedores los jerarcas cubanos del conocimiento que Franqui poseía sobre los entretelones del régimen. La lúcida mente de Franqui aportó una y otra vez luz sobre aquella comedia involucionaria que se autolegitimaba a sí misma como “revolución”. Destapó sus cloacas. Mostró las complicidades que abortaron la gesta libertaria y la transformaron en tiranía totalitaria. Franqui era incómodo porque sus críticas no venían de los nostálgicos batistianos que se sentían reivindicados por la involución castrista. Fueron ellos, encabezados por el triste sargento endiosado, los corresponsables de las penurias que Cuba ha padecido por los últimos 51 años. Franqui criticaba desde la honrosa posición de los que lucharon contra la dictadura batistiana, pero que no lo hicieron para caer en una dictadura peor, sino que lo hicieron para que la sociedad cubana se democratizara y progresara. Fue esa y no otra la intención y el afán de comandantes como Hubert Matos y Gutiérrez Menoyo, de combatientes como Carlos Franqui y cientos de sanos luchadores por la democracia que se vieron repentinamente, inesperadamente, traicionados por Fidel y Raúl Castro cuando entregaron el proceso en manos de los cuadros del Partido Socialista Popular, el partido estalinista cubano, e involucionaron a una dictadura totalitaria de corte estalinista, encarcelando, fusilando y reprimiendo a los que resistieron ese paso. La muerte de Franqui nos enluta a todos los que amamos la libertad, a todos los que soñamos con democracias fuertes y apegadas a la ley, a todos los que aguardamos el momento en que Cuba se levante y erradique esa infame canalla que la desgobierna.

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Cortados por la misma tijera
Por Aquiles

Julián

Tengo una amiga que no me lee: le produzco disonancia cognitiva. Mi amiga me lo confesó (el no leerme, no lo otro; eso lo sé por mis estudios de psicología social). Los artículos que escribí sobre la dictadura militar de los Castro y la muerte del activista por los derechos civiles Orlando Zapata Tamayo la escandalizaron. Mi amiga es de las que resisten enterarse; prefieren vivir en su burbuja. Pertenece a ese amplio espectro de las buenas conciencias: de izquierda, antiimperialista yprocubana. A personas como ellas fue que Willi Münzenberg llamó su “Club de los Inocentes”, y el jefe de Münzenberg, Vladimir Lenín, las calificó de “tontos útiles”. Claro que mi amiga ni sabe quién fue Willi Münzenberg y mucho menos leyó a Lenín. Ella simplemente aplaude, repite, apoya, condena, se embebe de ese Foro Público que es el Granma y vive de lo más feliz esperando el amanecer totalitario que instale la dictadura en nuestro país. Y de seguro que ella se piensa parte del aparato que manda y no de los traseros que serán pateados si ello ocurriera. Claro que yo sé, y bien que lo sé, que las probabilidades son de que lo segundo sea que ocurra. Mi amiga pertenece a ese valioso (pese a todo) grupo de inconformes que reaccionan indignados por las desigualdades, privilegios, corrupción, impunidad, prevaricación, dolo y otras realidades igualmente nauseabundas que proliferan en nuestra sociedad. Ella no advierte, supongo, que quienes han postulado el marxismo y el extremismo radical son partícipes del festín y se han lucrado igualmente en un oportunismo rampante. Ella simplemente rechaza todo lo malo de esta sociedad. Y a mí me parece bien eso. Pero rechazar lo malo de esta sociedad para mí nunca puede significar rechazar todo, es sólo rechazar la parte dañada, la parte inaceptable, la parte podrida. Creo que eso nos compromete a seguir defendiendo los cambios, propiciando una sociedad más justa, más equilibrada, que abra más oportunidades; llevar, como alguna vez Juan Bosch mismo sugirió en otro contexto, “al gobierno a su propia legalidad”. Lo que no apoyo ni comparto es que, excusándonos en los desequilibrios e ilegalidades que proliferan en nuestra insuficiente democracia, permitamos que se la aplaste e involucionemos a una dictadura totalitaria. La ventaja de estos 50 años de semidemocracia, si se quiere, es que han permitido ver la catadura moral de algunos

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redentores de pacotilla, vividores de tomo y lomo, que han cantado al ritmo de quien proporcione fondos (luego también acusan a otros de “vendidos”). Y para que mi amiga, que no me lee, tenga una razón adicional para no hacerlo, o para que en algún momento despierte de su embobamiento y sepa adónde personas como ella nos quieren encharcar, aquí le pongo una muestra adicional de que son del mismo pelaje totalitario los regímenes fascista, nacional-socialista, estalinista, maoísta y castrista. ¿Tiene mi amiga algún tipo de duda al respecto? Veamos un muestrario de adulteraciones fotográficas hechas por los estados totalitarios para manipular a sus poblaciones respectivas. Empezamos con la exclusión de Trotsky (de casualidad no lo sustituyeron por Stalin) en una foto de Lenín, pasamos por Stalin, Hitler, Mussolini, Mao y terminamos con una foto en que Fidel mandó a borrar a Carlos Franqui que aparece al fondo. Y esa foto la publicó el Granma, el Foro Público de la tiranía militar cubana, en 1973. Esa es la verdad de los Castro, mentirosos patológicos. Y es que todos están cortados por la misma tijera.

Foto en que aparecen Lenin y Trotsky, de la que eliminaron a Trotsky.

Iosif Stalin mandó a eliminar a su jefe de Seguridad, Yezhov, luego de que cayera en desgracia y el propio Stalin lo mandara a matar.

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Adolf Hitler mandó a remover a Joseph Goebbels de esta fotografía.

Benito Mussolini se avergonzó de que en esta foto a caballo se supiera que él no era quien guiaba al animal.

Cuando Po Ku cayó fuera del favor de Mao Zedong, él lo mandó sacar de la fotografía en que aparecían juntos.

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Fidel Castro ordenó eliminar a Carlos Franqui de esta foto luego de que el periodista y escritor rompiera con él. En la foto de la izquierda, publicada en Granma en 1973, Franqui fue borrado. Así es falsifica la historia.

Discusión con Raúl
Por Carlos

Franqui

La recepción duró horas. Vodka, coñac, whiski, champaña, exquisitos manjares estaban por la libre. Los tabacones llenaban de humo el Palacio. Como a las once de la noche, Fidel se retiró. Tenía la mano hinchada del dale que dale. Los ojitos le brillaban. Sus íntimos contaban cómo el Comandante se las arreglaba para estar rodeado de gente y de aplauso. Era su orgasmo. Ya se veía esa descomposición alcohólica y palaciega de la medianoche. Un edecán del Presidente Dorticós me dice de pasar al despacho presidencial. Me extrañó la cortesía.

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Dorticós era muy cuidadoso de sus relaciones. Era el termómetro de Fidel. Si estabas bien con éste, te llamaba, te hablaba, te sonreía. Si olía que estabas en desgracia, te ponía en sordina. Era normal. El poder es así. Los que están a su alrededor son muy cautelosos. Dorticós conocía bien a Fidel. No se hacía ilusiones. De su maestro, Miró, ambos grandes abogados, conocía el arte de las alturas. Recelé alguna trampa. En guardia, me dirigí a su despacho. Allí estaban con Dorticós, Raúl Castro, Che Guevara, Faure Chomón, Vilma Espín, Aleida March, otros comandantes. Flavio Bravo, López y Alfredo Guevara ―el grupo de Praga― y otros ministros y capitanes y doctores. Raúl Castro, con el alcohol subido, me recibió así: ―Qué dice Accattone. ―Raúl, supongo que en tu casa hay espejos. ¿Te has visto tú, tu cara en el espejo? ―contesté cortante. Raúl se puso blanco. El Che, para aligerar, pasó de Pasolini a Fellini. Dorticós: ―Seguro que te gustan las películas italianas. ―Sí, la Dolce Vita ―agregó Raúl. Se discutía en aquellos días sobre el cine italiano. ―Sí, la Dolce Vita, de Fellini, me gusta. No me gusta la dolce vita de Palacio. Cambiando: ―Ustedes no sólo quieren los héroes positivos del socialismo. Ahora quieren aun los héroes positivos del capitalismo ―y agregué―: ―Qué clase de marxistas son ustedes. ―Tú trabajas con los chinos. Eres un pro chino. Tú diriges esa revista que los chinos pagan en París ―dijo con violencia Raúl. (No había leído la revista que dirigía Verges, abogado de la Reunión, militante francoargelino, que conocí por Ben-Bella, en mis viajes a Argelia, cuando el líder argelino, por

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simpatías a Cuba, a nuestro periódico, puso el mismo nombre a un semanario que dirigía Verges, que ahora en París, y con simpatías chinas, editaba una publicación en la que publicó un artículo mío sobre la lucha cubana. Hacía meses que no veía a Verges, de haberme pedido permiso para el artículo lo hubiese dado. No fue así y no sabía nada de la revista.) ―Mira, Raúl, por la revolución china tengo simpatías, entre otras, por su intento de separarse del modelo ruso. ―El Che también colabora en esa revista. Es un pro chino ―agregó Raúl, interrumpiéndome. Y ante mi asombro por la acusación al Che―: ―Tú eres un antisoviético. Tú mismo lo dices. ¿Lo ven? ―afirmó Raúl, acusándome. (Tuve la sensación de que era un proceso. El odio de Raúl, de los soviéticos, de los viejos comunistas. Del grupo de Praga: Flavio Bravo, Alfredo Guevara, antiguos y permanentes enemigos. Lucha comenzada en la clandestinidad, exilio, Radio Rebelde. Continuada en el 59, cuando el sectarismo y la Crisis de Octubre, que ahora estallaba.) No me sorprendía. Me sorprendió la acusación de Raúl al Che de pro chino. En la primera época eran muy amigos. Verdad que cuando el sectarismo, que Raúl siempre apoyó, el Che se unió a nosotros y comenzó a hacer críticas al modelo soviético, a Checoslovaquia, que como ministro de Industria, le vendió todo lo que no servía. Verdad que el Che manifestaba simpatías por China, su esfuerzo de caminar con sus propios pies, de crear otro modelo, por su ayuda al tercer mundo. Por la retirada de las tropas chinas de Corea, que Guevara había visitado. Me pareció grave esta acusación de Raúl al Che. Que se limitó a sonreír irónicamente, sin decir nada. Me preguntaba: Por qué todo esto. No soy más director de Revolución. Acabo de regresar. Estimulo a Fidel para que escriba para la Feltrinelli un libro sobre la Revolución. Entonces comprendí. A esta gente le molesta mi presencia. Pensaba que me iba a quedar. Ah, ah, ah, están furiosos. No se conforman con la destitución. Es mi desaparición lo que quieren. Ah, ah, ah. ―Eres un antisoviético ―repitió Raúl. ―Mira, Raúl, si los rusos fueran soviéticos estaría con ellos. Con los obreros, campesinos e intelectuales socialistas que proclamaron los soviets. Pero el partido liquidó los soviets, que duraron poco. Tú confundes los soviets con la burocracia. Ése es tu problema. No el mío. ―Y a voz bien alta―:

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―Stalin es un enemigo del pueblo. El nuevo Zar. Asesino de millares de bolcheviques, de millones de hombres del pueblo. ―Delante de mí no se puede ofender a Stalin ―gritó Raúl. ―Cuando estuve en Moscú, la primera vez, estaba allí todavía en el Mausoleo. Me cagué en su madre delante de los rusos. Ahora que lo tuvieron que expulsar del Mausoleo, y si puedes, protesta con Kruschov; delante de ti, me cago en su madre otra vez. La cara blanca de Raúl se volvió más pálida. Echaba espuma por la boca, gesticulaba con violencia, gritaba. Aquella noche no sentía el miedo, decidí contestar a Raúl y a los otros, decirles unas cuantas verdades cara a cara. ―Es un trotskista ―agregó con astucia de viejo abogado Dorticós. ―No. No. No. Soy antiestalinista, porque soy socialista, lo seré mientras viva. No soy como alguno aquí que ocultaba lo que era. Yo siempre lo dije. Era enemigo y lo soy del Imperio y los imperios. De los poderosos y privilegiados. Estoy por un socialismo humano. El Che, aquí presente, es testigo que así lo expresé a Fidel en la prisión de Miguel Schultz. El estalinismo no es sólo Stalin y no es sólo ruso. Es el poder de la burocracia, la represión contra el pueblo. Las cárceles y los fusilamientos. Las invasiones y ocupaciones: Polonia, Budapest, Praga. ―Pues, te mandaremos al paredón ―gritó Raúl―, y la historia nos absolverá. ―La historia nos absolvió, Raúl, a ti, a mí también, cuando estábamos contra un poder tiránico. Pero ahora eres poder, puedes matar como Batista, pero la historia no te va absolver. Te va a condenar, como condenó a Batista. Así que no me amenaces, Raúl. ―¡Te fusilo! Entonces, abriéndome la camisa, grité: “¡Tira aquí, si tienes con qué!” (Con mi vieja capacidad de ver las cosas en dos planos, aquel en el que participaba, el otro arriba, espectador, me parecía estar en una escena de un western a la italiana.) Absurdamente me estaba divirtiendo. Tenía la sensación de que un balazo en la barriga no me iba a entrar en el duro pellejo, curtido pellejo, o no me iba a doler. Raúl se calmó y me hizo otra pregunta más sorprendente aún: ―¿Qué piensas del ataque a Palacio? (Allí estaba Faure Chomón, jefe de aquel heroico ataque, herido él mismo, con casi todos sus compañeros muertos, que habían llegado hasta aquel mismo despacho presidencial, donde ahora gritábamos. Era una provocación contra Faure.) ―Un acto de valor extraordinario, Raúl ―y mirando al hermético Faure: ―Me parece el acto más revolucionario de la historia de La Habana.

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»Y para decirlo marxísticamente ―con ironía―, el acto que creó una consciencia en las masas, en la capital, ciudad de dos millones de habitantes. »El acto de más coraje de la historia de Cuba, que estremeció a la tiranía en su madriguera ―y agregué―: ¿Sabes, Raúl? ―¿Qué cosa? ―Que aquel 13 de marzo yo estaba sufriendo torturas en el Buró de Investigaciones, y el asesino Faget me hizo la misma pregunta que tú, amenazando con matarme: “¿Qué piensas del ataque a Palacio? ¿Tú lo sabías? Si hubieras hablado, cuánta sangre se hubiera ahorrado”. (No lo sabía. Era el Directorio, no el 26, quien hizo el ataque. No dije entonces lo que no sabía, pude esconder y resistir lo que sabía. Y debía mi vida al bravo Wangüemert, que mientras combatía, levantó el teléfono del despacho de Batista y contestó: “Aquí Directorio Revolucionario. Hemos matado a Batista”. Y el coronel que daba órdenes de matar a los prisioneros en el Buró, que era el que había llamado a Palacio, suspendió la orden.) Miré al silencioso Faure Chomón, me pareció ridícula y grotesca la escena. Aquel hombre, que había tenido el coraje de asaltar el Palacio de Batista, no decía ahora una palabra. Era una provocación de Raúl y no iba a caer en ella. Pero sentí un poco de pena por él, por los otros y por mí mismo. Me sentía ahora ridículo. Ironía de la historia. Nunca me sentí héroe. Los héroes me parecen falsos, peligrosos. Razón tenía Bertolt Brecht. El Palacio de Raúl no era diferente del de Batista. No ignoraba los peligros de la situación. Quizás sí sentía el deseo de terminar allí. Aquella gente ―Raúl, Dorticós, y los suyos― no eran la Revolución. No mi revolución. Eran el poder. Lo trágico era que yo estaba allí en su pésima compañía. Qué mala conciencia necesitar compartir un largo camino con semejantes tipos, por la necesidad obligada de combatir otro imperio, otra tiranía y otras injusticias. Ahora había que terminar con esta farsa, que como decía Pancho Villa: Se ha vuelto mierda de poder, hablando de otra revolución.

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Aleida March de Guevara, con gesto desaprobatorio dijo: ―Me voy, no me gustan los ataques en grupo. Dorticós volvió a insistir sobre el trotskismo, yo respondí: ―No es la primera vez que discuto violentamente con Raúl, pero no discuto con gente que no hizo la Revolución. Las quijadas del carapálida Dorticós temblaron. Recordaba las risas de Camilo ente los tiemblaquijadas, como Dorticós y Augusto Martínez, cuando sentían el peligro. Camilo los apodó: comevacas de Palacio. Dorticós, el abogado de los hacendados azucareros, que discutía con los sindicatos obreros en su nombre, el vice decano del Colegio de Abogados, el más burgués y respetado de Cuba, a quien la policía de Batista, único caso, mandó en un avión para México, pocos días antes de la caída del tirano. ―Usted está ofendiendo al Presidente ―contestó, blanco y retórico, Dorticós. ―Aquí el único ofendido soy yo ―contesté. Habían pasado horas en este encuentro. Se habían dicho cosas terribles, de consecuencias incalculables. Pero me sentía tranquilo, calmado. El Che y Aleida se iban. Guevara, el otro, y Bravo ni me miraban. ―Para terminar si alguno quiere prestarme máquina y chofer, yo por suerte ya no tengo, me lo dice. Es tarde, no hay taxis. Pero no hay problemas. Puedo irme a pie, que una caminadita va bien. Adiós y buenas noches. Bajé el ascensor de Palacio. Vi un carro que se acercaba. Pensé: A lo mejor voy preso. Pero me dije, no. Fidel no estaba aquí y sin su aval no se atreverán a hacerme nada. El carro palaciego me dejó en L y 23. Prefería ir allí que a mi casa que estaba sola, encontrar amigos periodistas, escritores italianos y franceses, hospedados en el Habana Libre. Estuve un rato con ellos. Me sentía inquieto. Necesitaba caminar. Pensar. Pensar con los pies es mi forma de caminar. Caminé. Fui al mercado. Ya no existía el viejo mercado tropical, donde noctámbulos, borrachos, los que terminaban de trabajar, tomaban una sopa china de tiburón. Sopa levantamuertos. Afrodisíacos: huevos de tortuga, ostiones, sal, tomate, limón; donde los pescadores

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fracasados, engañadores, encontraban un buen pargo, serrucho, langostas o camarones, que llevar a sus preocupadas mujeres. La fruta desaparecida. Las flores desaparecidas. ¿Dónde están? El mercado socialista era una cosa vacía, burocrática y fea. La ciudad se haitianizaba. Era sorprendente ver gallinas, guanajos en los balcones. Jardines cultivados, solares yermos sembrados de lechugas y tomates. En otra época, menesteres de chinos. Ahora, oficio de todos. La erosión del mar destruía las paredes de las casas que no se pintaban. Comenzaban las primeras colas del día, largas filas de gente, buscando pan o el cafecito que no se encontraba. El antiguo malecón parecía un cementerio. Ni una luz ni un letrero lumínico. Los automóviles desaparecían. Autobuses pocos. Taxis menos. Mujeres con cubos de agua. No dormí. Amanecía. Paseaba por el malecón, como en otros tiempos. A sentir el mar, ver la luz, los fulgores de la ciudad de mañana, caminando. La fresca brisa. Cuando el sol cortante me dio en la cara, fue como si despertase de una pesadilla. Comprendí la enormidad de peligros que me acechaban. Un condenado en espera de que se cumpliese la sentencia. Aquéllos eran mis enemigos. Ese poder no era la Revolución ni el socialismo. Era sólo el poder ruso-castrista. Me decía: si siempre lo supe, de qué debo extrañarme. Pensaba. Veía en mi memoria, como en un viejo film, el tiempo proyectado, no descubría salidas. Sí quizás al comienzo de enero del 59.

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Cuando bajaba a Santiago y me sentía extraño a todo aquello. Cuando Fidel decía que sentiría nostalgia de la guerra. Yo no. Intuía que iba a sentir nostalgia del futuro. Y aún antes, cuando se nos planteó el dilema Batista o Fidel. La otra solución era no luchar. Para mí imposible. Sí. Sí. Sí. Todo ha cambiado. Pero ahora, a la luz del sol y de la mañana y la calle, redescubría a la gente, las guaguas, casas, el trabajo, las cosas, la ciudad. No. No. No. No había cambiado nada. Arriba sí. Abajo no. El nuevo poder en los palacios y privilegios. El pueblo a trabajar y obedecer. Tomado de Carlos Franqui, Retrato de familia con Fidel (Barcelona, Seix Barral, 1981, pp. 464-473) http://www.eltonodelavoz.com/2010/04/16/muere-carlos-franqui-y-raul-castro-«ladiscusion»/

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Al cantío de un gallo
Por Carlos Franqui
El canto del gallo sonaba agresivo como una trompeta china en la madrugada. Y cuando preguntabas a un guajiro por alguien que vivía alejado, socarronamente te respondía: al cantío de un gallo, mi amigo, al cantío de un gallo. (Estos relatos forman parte del libro de memorias de la infancia Al cantío de un gallo.)

Eligio
La fiesta estaba en su furor. La orquesta tocaba una contradanza. El capitán español, arrogante, tenía el derecho de comenzar el baile. Se levantó, tomó de la mano a la muchacha más linda del baile, una trigueña de ojos negros. Era la enamorada de Eligio, que miraba desafiante mientras el oficial y ella danzaban. Terminada la pieza el capitán colocó en el pecho de la muchacha una flor amarilla, símbolo de España. Eligio tomó su tres, improvisando una décima: “Quítate esa flor canaria, /que te hace poco favor, / y ponte en el pecho mejor / una estrella solitaria. / Mira que es ordinaria, / no te ofrece nada bueno / y si prendido de tu seno / se enamora un español, / dale en prueba de tu amor / una copa de veneno”. Era mi abuelo Manuel quien me contaba la historia de su hermano Eligio: corría 1895, estaba por comenzar la guerra de independencia, Eligio al ofrecer la estrella solitaria, símbolo mambí, defendía su amor y la libertad a riesgo de su vida. El oficial español quiso detenerlo. Eligio, rápido, saltó sobre su caballo, desenvainando su paraguayo, gritando: “Pelea como los hombres”. Firme lo esperó al fondo del camino. Aquel duelo a machete, a caballo, terminaría con uno de los contendientes muerto. Furioso el español, se lanzó a galope, sable en mano sobre Eligio: los aceros se cruzaron, sin herirse. Sonaban los machetes una, otra vez. El español hundió su sable en la pierna izquierda de Eligio, sangrante su cuerpo se aflojó, tocado otra vez en su mano izquierda. Pareció caer, ante el terror de nosotros y de los amigos que corriendo habían dejado el baile por la pelea. Eligio que no se sostenía, no podía guiar a su caballo, con la mano del machete tiró de las riendas, viró en redondo y se perdió en la manigua. El oficial español, gritándole, “cobarde”, se lanzó en su persecución, seguro de la victoria. El caballo de Eligio, sin jinete, volvió desbocado por el camino, ante el miedo y asombro de todos. El español en gran carrera regresaba con aire de triunfo. En la curva del camino, machete en mano, salió Eligio de la manigua y de un feroz machetazo arrancó de cuajo la cabeza que voló por el aire, cayó por tierra, el caballo corriendo con el cuerpo descabezado y sangrante que no caía y Eligio que gritaba: Entiérrenlo como cristiano, que así como él caerán los enemigos de la patria: Viva Cuba libre, y montando en su caballo, se perdió en la manigua. Así era tu tío Eligio, Carlitos, agregó abuelo: Tenía una arria de mulos de carga para transportar mercancías entre las lomas de Sinnombre y la costa. Cada mulo tenía un aparejo con la carga, y para sostenerlo una gurupela, debajo del rabo, que impedía la

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caída, cuando bajaban lomas. Eligio colocó como gurupela debajo del rabo de cada mulo, una bandera española. Cuando comenzó la guerra se alzó, y escribió a nuestra madre una décima que se hizo famosa en los campos de Cuba. Con su voz bien timbrada abuelo me cantaba la décima: “Cuando leí la proclama, / tuve un pensamiento solo, / hay que abandonarlo todo, / porque la patria nos llama. / Y si el día de mañana, / cayera en cualquier acción / antes de la conclusión / sin poder cantar victoria, / pida para mí la gloria / y écheme su bendición”. Y los ojos de mi abuelo se humedecían con el recuerdo: Bravo el general Robau, que mandaba las fuerzas de Sagua. En uno de aquellos combates, atacaban un fuerte y le arrancaron de un sablazo la oreja izquierda a Florentino Rodríguez, que desde entonces tuvo un apodo glorioso: el muengo Rodríguez, y que después se casó con una prima tuya. Qué cargas las de Robau, agregaba don Manuel: Una noche sedientos y cansados, Robau y unos cien mambises, después de muchos combates y carreras, llegaron al río Sagua, desensillaron los caballos y se tiraron al río, hombres y caballos. Los sorprendió, como Dios los había mandado al mundo, el temible regimiento de infantería española a descargas cerradas y diezmó muchos mambises. Robau ordenó a los hombres que escaparon a la sorpresa, montar a caballo desnudos, machete en mano y cargar a retaguardia la infantería española. Aquella terrible carga al machete de hombres desnudos, que no se sabía si eran mambises o diablos, aterrorizó a los españoles que sufrieron una gran derrota, huyendo despavoridos, dejando en el río un reguero de cadáveres. Sí Carlitos, eran bravos los mambises y entre ellos Eligio. Era ya capitán, cuidaba un campamento de heridos en las lomas de Sinnombre, cuando fue rodeado por una guerrilla cubana al servicio de España -debes de saber que había traidores que peleaban contra Cuba-. Mientras tuvo balas, Eligio, buen tirador, los tuvo a raya. Se le acabaron las balas sacó su machete y los esperó a pie firme, gritándoles: “Traidores, vengan a ver como muere un mambi”. Los guerrilleros corriendo a caballo, sacaron sus lazos, lo enlazaron, amarrando las sogas en los picos de sus monturas y emprendieron una veloz carrera por las lomas. Ya despedazado amarraron el cuerpo sobre la montura de un caballo, con la cabeza arrastrándole por tierra y lo pasearon por la calle real del pueblo y el padre Tejo que bendecía a la guerrilla por su heroísmo. Que te sirva de ejemplo, Carlitos, la historia de tu tío patriota, para cuando seas grande y la patria te necesite, y abrazándome, mi abuelo secaba mis lágrimas con sus manos y me daba un beso.

El aguacero
Ibamos por el camino real mi padre y yo, sudorosos los caballos del largo viaje, y de improviso el aguacero descargó sobre palmares y cañaverales rayos y truenos que parecían acabar con el mundo, no se veía un bohío donde protegerse de la tempestad, el cielo oscurecido y la noche se nos venían encima. El agua caía con fuerza aplastando las ramas de los árboles, agitadas por el viento, los rayos de la tempestad cortaban con sus luces rojas el oscurecer. Los goterones de lluvia empapaban nuestros cuerpos. Mi padre en silencio, adelante en su jaca rosilla que marchaba como si no se moviera. Mi yegüita alazana, azorada con relámpagos y truenos, abriendo su nariz asustada. Un rayo impresionante trazó un hilo

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blanco, rojo, amarillo, en el casi negro del cielo. Sabía que el trueno que oyes, aun si parece que te va a matar, no te hará nada, pues antes de oír su sonido ha estallado el peligroso rayo, el relámpago que ves aun si pasa raspándote y cae furioso, sobre la punta del cogollo de una palma real, no es para ti. Aquel que puede matarte está en el aire y no lo oirás ni verás. El peligro mayor venía de la proximidad de las palmas reales, pararrayos naturales sus veintitantos metros de altura, sus puntas verdes disparadas al cielo, que atraen los rayos, quemadas las puntas volaban por sus enormes pencas verdes y bajaban a tierra por su cilíndrico y blanco tronco y si por caso caían sobre las cercas de alambre que servían de linderos de fincas o potreros de ganado con el camino real, el alambre transmitía por largas distancia la furiosa corriente del rayo, hasta que hacía tierra en alguna parte. Decía guerreros y balaceros; bala, fogonazo, rayo, ruido que oyes, no es para ti. Perro que ladra, no muerde. Lo invisible que no mata, aterra, asusta lo visible, físico, cuando sus demonios naturales queman árboles gigantescos y el cuerpo vegetal erguido, fuerte, un cielo en el cielo, golpeado por el rayo, muere instantáneamente y la muerte verde, vegetal, la ven ojos habituados a distinguir la naturaleza viva de la naturaleza muerta: aquella muerte vegetal, instantánea, casi no visible, que produce después sequedad, enormes pencas ennegreciendo, secándose la madera, como si fueran dos muertes. Una, la primera, matando la vida, para nosotros el espíritu del árbol; otra lenta, días, semanas, matando su cuerpo seco, resistiendo al aire, duro de caer, de volverse tierra. No era el hipotético peligro del rayo, real pero raro, lo que me impresionaba sino el imponente espectáculo de la tempestad tropical de belleza y furia inusitadas. Enormes gotas caían, limpiaban árboles y tierra, con fuerza: mil verdes del trópico, desnudos, brillantes los amarillos y los rojos, manchas violentas, el cielo negro y dramático a esta hora del oscurecer, con el sol que salió de pronto y formó un arcoiris, un violín pintando el cielo y los olores de la tierra mojada, flores de aguinaldos blancos, enredándose, cubriendo cercas de bienvestidos. El aguacero destrozaba y regaba de prodigiosos olores los campos bañados, llenos de flores arrastradas por el viento. En el trópico bajo la lluvia y la tempestad, en esa hora del tramonto del día, es como si todas las estaciones que nos faltan llegaran simultáneamente, de improviso, como si nacieran y murieran en instantes primavera y verano, otoño e invierno, con el contraluz del blanco y el negro develando los colores sordos o dormidos que la demasiada luz niega. Con la misma rapidez y violencia que vinieron aguacero y tempestad desaparecieron y dejaron, ya venida la noche, un cielo espléndido, clarísimo, millones de estrellas en la noche clara dibujando contornos misteriosos y fantasmales de árboles y sombras, mientras la voz de mi padre, desde el silencio me decía que pronto llegaríamos a casa de los abuelos y nos cambiaríamos las ropas frías, empapadas.

Sagua la grande
Sagua la Grande, distante unos veinte kilómetros, era para nosotros, jóvenes campesinos, el gran río y sus corrientes, remolinos, crecidas, su dique: plancha de cemento de varios metros de profundidad y altura que por kilómetros rechazaba las

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aguas revueltas, enloquecidas, que bajaban de las montañas del Escambray y se dirigían impetuosas a la costa en busca del mar. Sagua, su mercado: mangos, piñas, melones, mameyes, anones, aguacates, canisteles, naranjas, toronjas, limas, cajeles, guayabas, papayas. Fiesta de las frutas, de los sabrosos frutos de la tierra: maíz, boniato, malanga, quimbombó, ñame, yuca, calabaza -listas para el apetitoso ajiaco: cocido de viandas tropicales, trozos de tocino, tasajo, carnes. Frijoles negros, blancos, caritas, colorados, el guarapo -jugo de caña- que frío costaba un kilo prieto. Sus vendedores, chinos heladeros, fondas chinas, sopa de tiburón, fondas criollas, frijoles negros, arroz, picadillo, fruteras, máquinas de pelar naranjas, cinco por un kilito; lechones asados, guanajos, carneros, chivos, pollos, gallinas, guineas. Pescados: pargo colorado y sabroso, serrucho para escabeche, conservado en vinagre y picantes, cherna, agujas, biajacas de río, grandes y maravillosos mariscos: cangrejos moros, langostinos, langostas mordiéndose la cola, ostras, ostiones eróticos, míticos huevos de tortuga. Sagua, su famoso Instituto y Colegio Laico Martí, estudiantes contestadores, bromistas. Sagua, sus lindas muchachas, sus bailes y orquestas, charangas, calles, paseos. La iglesia jesuita, su leyenda: en una de aquellas grandes crecidas del río, quedó el pueblo bajo las aguas, en la cúpula de la iglesia, crucificado un enorme mulo muerto: “lento es el paso del mulo en el abismo”. Sagua, su puente sobre el río, camino del central Resulta, el río, la carretera, camino de la Isabela, la veneciana, y su playa del Uvero de arenas finas. Isabela, casas sobre el agua, dos mares, el Atlántico y la gran boca del río en su desembocadura, su arquitectura marina, en la isla estrecha casi veías de costa a costa: el mar y un barco que te hacía viajar con los ojos, única manera de viajar de los pobres. Aguas azules, transparentes, violentas o calmas que te refrigeraban el cuerpo del calor tropical, lindas muchachas, sus trusas mostraban sus cuerpos incitantes, tocados por las manos del agua y del viento: el gran rascabucheador. Bellos cuerpos que nosotros, campesinos asombrados mirábamos casi desnudos, desnudándolos con los ojos como en un sueño real imposible de tocar. Ostiones con limón: viaje al erotismo, a lo afrodisiaco, al clandestino Deseos que terminaban en los bayuses de Cocosolo: casi una escalera sobre el río, zona peligrosa en las crecidas cuando las corrientes del Sagua, rechazadas por el dique,subían y se llevaban casas y muebles entre los gritos de las putas por sus perdidos instrumentos de trabajo y la coña de la gente: “que se ahoga el colchón de la Chelito”, en el que media Sagua perdió su virginidad y que ahora flotaba entre viejos condones inflados en las aguas camino de la Isabela, en la no muy buena compañía de vacas ahogadas, mulos, caballos muertos, árboles, troncos, yerbas, palos arrastrados: aquel era un mar de condones flotantes. La Chelito, qué mulata: color tabaco, cabellera negra, larga una penca de guano, caderas estrechísimas, tetas puntiagudas, pezones oscuros, un culo de etcétera y su movimiento continuo: exprima, remoje, zas. Su golpe maestro: échame la rumbita, nene, un solo golpe namás, con el “ay, mamá, que me la rompes”. Cara la Chelito: un coco el palo. Eso sí muchacho, sin gono ni sífilis: flagelos de aquellos tiempos aún no penicilínicos. El colchón flotando y la Chelito gritando. Entonces Juanito el nadador tiró la ropa y se lanzó al río, desapareciendo entre las aguas. Todo el mundo pensando que se lo tragó el río. Chelito llorando. Cuando sobre el colchón flotante en medio de la corriente apareció Juanito. Se paró sobre las aguas y remando con un palo cortaba la corriente, evitaba los remolinos y, allá lejos río abajo, salió a la orilla, colchón en mano. Y Chelito, gritando “Macho, Macho”.

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Sagua, la ciudad. Libertad, fiesta, espectáculo, amor, peligro. Muchachas, estudios, distracción, pelota: el mítico Conrado Marrero, el guajiro de Laberinto y su bola de saliva que lo llevaría a las grandes ligas, donde le decían “el bola muerta”. Nadie le bateaba la bola. Sagua, sus ingenios azucareros -ocho en su cercanía, sus sindicatos, huelgas, manifestaciones estudiantiles, jóvenes tirando piedras a la policía, problemas raciales: un negro, un chino, un mulato, valían la mitad de los “otros”; un pobre, un obrero, un campesino valían casi igual. Epocas hubo donde un negro no podía pasar de ciertos barrios, ahora superadas por luchas y protestas. Si los tambores y negros y sus fiestas entraban en las casas de los ricos, en el Liceo y en las sociedades blancas era sólo como músicos: “lo blanquito no son blavo tocando tambo”, decía el chinito Joaquín. Sí, tenían la oreja y la pata gallega muchos de aquellos blanquitos, negados para el toque y el ritmo. Los negros eran la música, los bailes: son, danzón, danzonete, rumba, conga, bolero, guaracha. Allí estaban: tocadores sí, bailadores no. Prohibido bailar en un baile de blancos tocado por negros. Andaba yo casi siempre con negros: “petrolero, petrolero”, choteaban los viejos. Eran mis amigos. No se si porque era de los jodidos, como ellos, aun si mi’ piel de pobre, pero blanca, era una ventaja. No me sentía extraño entre negros ni ellos me veían como un blanquito paternalista. Tenía una bella relación. Aun si no vivían en los campos cerca de mi casa. Vivían en las afueras de Sitio Grande, Sagua Cifuentes, en barracones de ingenios azucareros. Allí hacían su vida medio clandestina: ritos ancestrales, culturas y religiones africanas, toques, misas, bautizos, fundamentos. Ceremonias que tenían la pureza transmitida por sus antecesores, esclavos africanos traídos a Cuba de diferentes tierras en aquel gran continente. Un negro para adorar a Changó: dios del fuego, guerra y amor, tenía que hacerlo el cuatro de diciembre, día de la católica Santa Bárbara. Quizás yo, nacido ese día, me sentí siempre próximo a Changó y de ahí venía mi negritud. Las religiones negras penetraron la blanca, la católica. Era una, eran dos, eran tres, religiones, digo. El mundo blanco impuso SUS estructuras, academias, normas, poderes; el mundo negro, SU ritmo, potencias, fuerza, alegría, animismo, magia, misterio, poesía, música y se volvió de conquistado, conquistador. Penetró el mundo blanco: ambas culturas, la blanca y la negra se fundieron en nuestra geografía: trópico, luz, sensualidad. De ellas surgió en la isla, ya no india, antillana, casi marina, un pez nadando entre las aguas del Caribe: Cuba. Cuba, su vitalidad, juventud, humor, alegría, irreverencia, encanto, tan distinta de madre España, tan parecida a mamá Africa, tan cubana como sus verdes palmas. España nos dejó la maravilla de su lengua y Europa: Francia, Italia, Grecia la cultura occidental, el renacimiento, el cristianismo, la revolución francesa. Estados Unidos, su poderío económico y asfixiante presencia, el deseo de democracia nacido de su revolución independentista y del pensamiento inglés. Era como si nosotros, negros de cuerpo y españoles de alma, conservásemos el caudillismo, la intolerancia, el desprecio por la cultura, genialismo, aventura, militarismo, incapacidad de crear riquezas, instituciones. Cosas que teníamos metidas en el tuétano de los huesos. Cierto que los campos occidentales de la Isla y Santa Clara, mi provincia, estaban poblados por blancos, casi siempre canarios, grandes agricultores, cultivadores de tabaco y frutos menores que hablaban un español que era risa y burla de los sabihondos

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de la ciudad. No otra cosa que la forma de hablar de la época clásica española. Su cantar: la décima, ahora cubanizada, venía de una vieja octava europea. El tres era su instrumento base, más una tonada y si acaso un güiro, maracas o claves. Era costumbre que el cantador se acompañase con su tres, como hacía el famoso Chanito Isidrón con su décima pícara, de doble sentido, o las nalgas de una mulata. No era yo, en la medida que aprendía en libros ciertas verdades verdaderas, de los que me convencían las dos constantes afirmaciones sobre nuestro destino americano: Una: todos los males vienen de fuera. España, como herencia, Estados Unidos, como imperio: la verdad de izquierda. Otra: por supuesto contraria, de derecha, “Todos nuestros males vienen de nuestra incapacidad”. Pero me inclinaba por la primera aun si no me convencía del todo. Dos verdades que ponían dos soluciones opuestas: la primera, la lucha contra Estados Unidos: la segunda, la virtud doméstica. Una demagógica y demoniaca, la otra acomplejada e irrealizable. Eran, creo, dos realidades y dos verdades y no una sola: “Fisti, fisti, mielmano”. Dos medias verdades una sola verdad. Sagua, la ciudad, me fascinaba. Me contagiaba, me hacía pensar. Cuando volvía a la Duda, que así llamaban al apeadero de la guagua Ranchuelera, después de pasar el puente Felipe Pazos, de ver abajo una vez más el río profundo, los cañaverales azucareros, las chimeneas humeantes del central Santa Teresa, los campos verdes ya camino de mi casa, con los pies en el fango del camino, iba dudando, dudando: duda que me rompía el coco. Su respuesta iba a ser mi vida, o quizás su pregunta. Tienes la cabeza por otro mundo, Carlitos, me decía mi madre: despierta, despierta, ponte a estudiar tu lección.

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Castro y los escritores
Carlos Franqui

“Lunes”, la discusión
Edith García Buchaca, que dirigía la cultura, líder comunista, casada con Joaquín Ordoquí, divorciada de Carlos Rafael Rodríguez, me dijo informalmente: Fidel quiere reunirse con los escritores. El equipo de Lunes trabajaba intensamente, preparando cuatro tomos testimoniales, la historia de Playa Girón, para Ediciones R, y dos suplementos especiales. Milicianos, voluntarios, habían acudido a Girón en el momento de peligro, vivido aquella experiencia, en el instante de mayor integración de escritores y artistas con la Revolución. No buscábamos otro “realismo”, fór mulas estéticas ni literatura de propaganda. Una libertad total. Pensábamos: La creación es telúrica, casi inconsciente. El escritor, un ciudadano, es como los demás cubanos. Vive las mismas experiencias. Cuando combate, combate. Cuando escribe, inventa, imagina, su deber es la creación. No se confundía literatura y testimonio. Testimonios bien oídos, narrados, eran importantes para la conciencia, la lucha y la historia. Reportar la realidad vivida y vista en libros, era función del escritor, periodista, revolucionario. Ni el más importante ni su único deber. Buscar libremente esa otra dimensión que es el arte, la literatura, autónomamente, es la razón de ser del artista y el intelectual. El cuerpo con los otros. La mirada, la cabeza frías. Lunes era muy polémico. Una ventana abierta a la nueva cultura cubana, una puesta al día con la contemporánea, la americana y la clásica, mundo negro, poesía, filosofía, pintura, escultura, cine, teatro. Mirada crítica, apasionada, a lo cubano y a lo universal. La tesis de romper la élite, sin suprimir calidad, trasmitiendo de forma viva, a centenares de miles de lectores, valores universales de la cultura, pensando con Martí: ser cultos para ser libres. Los textos a gran tirada provocaban grandes polémicas. A unos Marx, a otros Borges, Sartre, Neruda, o Faulkner, Joyce, Lezama, Paz, Martí, Picasso, Miró, Breton, Virginia Woolf, los griegos, la novela norteamericana, el arte negro. Trotski, Bernanos, Orwell, Brett. Números-protesta, denunciando el colonialismo cultural: Africa, Puerto Rico, América Latina, Asia, Revisión crítica de la historia cubana y de su literatura.

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Su garra polémica. La tipografía de Lunes, era un escándalo para los bien pensantes de izquierda y derecha. Qué horror. Letrismo. Apollinaire. futuristas, dadaístas, surrealistas, suprematistas, Mayakovski, Kandinsky, arte negro y tradición popular cubana. Era una revolución visiva. Entraba por los ojos, leído a la cubana. Una guerra a muerte con la vieja reacción, y con los sectarios: viejos o nuevos. El sectarismo golpeaba simultáneamente el movimiento sindical, estudiantil, clandestinidad, la Sierra, prensa, televisión. Viejos comunistas, apoyados de Fidel y Raúl, dirigidos por “Caníbal” Escalante, hacían tabla rasa en todas partes. Quedaba Revolución y la cultura, Lunes. Pensábamos que alfabetizar es punto de partida. El problema esencial es la información y cultura, amplia y libre, de los alfabetizados. Si la alfabetización era masiva, la cultura debía llegar a cada uno sin filtros. Leer. Conocer. Saber. Pensar. Dudar. Criticar. Afirmar. Negar. No y sí. La Buchaca, su Consejo de Cultura, era punta agresiva del sectarismo contra Lunes. Íbamos Guillermo Cabrera y yo a protestar, al Consejo de Cultura, ante el silencio cómplice de Alejo Carpentier, que a su regreso, atacado por Bohemia, por su ausencia y neutralidad cuando la tiranía de Batista, defendido por nosotros por su calidad de novelista, viendo los tiempos que corrían, ponía su proa al este: “Chico, chico, el poder es muy peligroso, lo mejor es estar con él desde lejos”. En París, como consejero cultural, y no hacer nada. La Buchaca y su Vicentina Antuña, arrasaban. La primera reunión en la Biblioteca Nacional fue un domingo y muy concurrida. Fidel y la plana mayor. Casi todos los escritores y artistas. Fidel, a su manera, impresionante, dijo: “Que hable el que tenga más miedo”. Y era como para no hablar. Virgilio Piñera, flaco, desgarbado, con su vocecita irónica, escritor aborrecido por la burguesía, que sobrevivía difícilmente, y que, como José Lezama Lima, no tenía otro compromiso que la literatura, que no aceptaban migajas del poder, ni becas ni botellas; Virgilio, autor de Electra Garrigo, tragedia griega en solar cubano, el coro cantado de la Guantanamera, famosa veinte anos después, de Aire frío y sus cuentos del absurdo, que Borges incluye en su antología, su descubrimiento de lo cubano; Virgilio, que era el miedo mismo pero que tenía mucho valor, contestó a Fidel. -Doctor Castro, y usted no se ha preguntado, ¿por qué un escritor debe tener miedo a su Revolución? Y porque parece que yo soy el que tiene mas miedo, digo, ¿por qué la Revolución debe tener miedo de sus escritores? En este clima fue el tono de la primera reunión; Fidel, al convocar para el otro domingo, hizo mi retrato de ausente, diciendo de “arrogantes que debían de estar y no estaban”. Si mi ausencia era una protesta tenía que ir a defender mis puntos de vista. Combatir aun si me sabía perdedor. La Biblioteca tenía aire de tribunal. Arriba, alta, la tribuna presidencial. Fidel y todos los otros. Parecía un Presidium. Ordoquí, Carlos Rafael Rodríguez, la Buchaca, Dorticós, Hart, Alfredo Guevara, comandantes y doctores. No parecía aquélla una casa de cultura. Abajo, artistas y escritores. Alguien arriba me sugirió la mesa presidencial, sin mucho calor, contesté que prefería estar abajo. Los acusados, no los acusadores, pensé.

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Los de Lunes y los otros. Estaban todos. Lezama Lima, el gran conversador, en silencio. Se veían algunos católicos, compañeros de ruta, algún viejo navegante, como Amado Blanco, que pasaban de la burguesía al “proletariado”. Cuestión de privilegios. Algunos católicos. Viejos, jóvenes y aun los más jóvenes. Como entrábamos en el socialismo real, que Alfredo Guevara bien conocía, evidente, cada palabra bien grabada. Tomó la palabra Alfredo Guevara que era el Manuilsky de la cultura. Palabras siniestras y amenazantes: -Acuso a Lunes y a Revolución de intentar dividir la Revolución desde el interior; de ser enemigos de la Unión Soviética; de revisionismo y confusionismo ideológicos; de introducir tesis polacas y yugoslavas, exaltar el cine checo y polaco; de ser portavoces del existencialismo, el surrealismo, la literatura norteamericana, el decadentismo burgués, el elitismo; de ignorar las realizaciones de la Revolución; de no exaltar las milicias. Éramos el gran peligro interno, el caballo de troya de la contrarrevolución y del enemigo. Dijo que PM, la película secuestrada y censurada por el ICAIC, y defendida por nosotros, era contrarrevolucionaria, que fotografiaban fiesta y blandenguería, no los milicianos y la lucha: que Sabá Cabrera y Orlando Jiménez, sus autores, eran el ejemplo de la ideología antirrevolucionaria de Lunes y Revolución. Ataque en toda la línea el de Alfredo Guevara. Solapado, burócrata, frustrado, maquiavélico. Camarada de Raúl, desde Praga, amigo personal de Fidel, de la Universidad, México y Bogotá. Estaba allí siempre donde el partido le decía de estar. Bien protegido, fuera de peligro. Era el hombre que el partido introducía en todas partes: Universidad de La Habana, 26, cine. Especialista en espionaje y trabajos sucios. Infiltrado en Nuestro Tiempo, sociedad cultural que habíamos fundado por los años cincuenta, voz y casa de la nueva generación, que aspiraba a dar batalla a la adormecida y estancada cultura cubana y a sus voceros conservadores. Nuestro Tiempo era vanguardia en el arte, en el teatro, la música, y aspiraba a sacudir la conciencia juvenil, de forma amplia, no sectaria. Y que el partido y su infiltrado Guevara dividieron y paralizaron ofreciendo viajes a países comunistas. Quitándole agresividad artística y política. De allí, del ala de Guevara y el partido, saldría Marcos Rodríguez, a quien se ordenaba de espiar al Directorio y se prohibía tener allí manifiestos contra Batista. El mismo trabajo Guevara lo hizo en la Universidad y en el grupo de Praga. Cuando la lucha contra Batista se pone dura, Guevara espantó la mula para México, apendejado, y los duros quisieron expulsarlo del partido; Carlos Rafael, Ordoquí y la Buchaca, dijeron: Alfredito no se toca. Y entonces simuló una autocrítica y se infiltró en el 26 en México. Mientras Guevara acusaba a Revolución, Lunes y a mí no podía reprimir la indignación. Pero pensaba: “Nada como la sangre fría en momentos difíciles”. Era seguro que no hablaba por boca suya. Terminó Guevara y hubo una pausa inquietante. Me acerqué a Fidel y le dije: “Me reprochas no pedirte nada. Pues ahora te pido que al comenzar la sesión, repares una injusticia cometida ante tus ojos. Que Revolución intenta dividir la Revolución desde dentro. Una acusación tan grave y calumniosa no puedes avalarla con tu silencio.” Fidel movió la cabeza y no dijo ni sí ni no. No me hice ilusiones de que mis palabras tocasen a Fidel. Era aún una forma de saber lo que pensaba. Fidel no se levantó ni dijo esta boca es mía. Y entonces comprendí que no era Alfredito quien acusaba a Revolución, era Fidel.

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Defensa de ‘Revolución ’ y ‘Lunes‘
H ice una defensa serena pero firme de Revolución y de Lunes. Afirmé que casi todos conocían la historia del periódico y sus mártires. Su combate antiimperialista. Su defensa apasionada de las grandes transformaciones sociales. Recordé que Lunes, cuando otros se asustaban y nos acusaban, publicó textos fundamentales de Marx y otros revolucionarios. Que los de Lunes estaban en el reciente Girón –otros como Guevara y los del cine, o no fueron o pusieron pies en polvorosa-. Dije que ésta era una maniobra sectaria y burocrática. Un acto de censura. Recordé la gran campaña mundial de Revolución en Europa y América. Y los viajes nada sospechosos de Sartre, Beauvoir y Neruda. El apoyo militante de la mejor cultura mundial a la Revolución cubana, de Picasso, Calder y Miró a Callois, Cortázar, Paz, Fuentes, Tennessee Williams, Miller, Hemingway, María Zambrano, Alberti. Defendí que la cultura contemporánea era anticapitalista. Que el arte moderno ponla los ojos en las culturas clásicas del tercer mundo: Africa, Oceanía, Asia, América. Que rompía la armonía burguesa y que en su autonomía y especificidad, testimoniaba un mundo convulso. Del que Guernica era un símbolo y los nazis declarándolo degenerado -era una manera de asociar esa concepción a Stalin y los rusos y lo que allí comenzaba a ocurrir- habían reconocido el valor revolucionario de la nueva pintura. Dije -refiriéndome a PM- que para los cubanos, la fiesta, la rumba, el amor, la pachanga, eran una manera de ser -la madre Africa, pero estos acusadores eran blancos, católicos e inquisidores- y terminé con Martí y su “Ser cultos para ser libres”. Sólo una gran revolución cultural cambia el mundo y los hombres. La asamblea se animó y casi unánimemente defendió con bríos a Lunes, a la nueva literatura, al arte joven y a la libertad de creación y expresión. El poeta Pablo Armando Fernández con brillante ironía ridiculizó a los sectarios y miedosos y arrepentidos. Retamar y Otero, entonces no aún policías de la cultura, afirmaron que si los políticos no sabían de literatura no podían dirigirla. Alejo Carpentier se calló. Cintio Vitier también. Portocarrero, asustado, pidió a Cabrera Infante una rectificación. Alguno que otro fue allí a pescar y pescó. Amado Blanco, vocero de Información, el dentista-escritor, sacaría su embajada atacándonos a nosotros. Algunos católicos de ocasión aprovecharían la oportunidad de lavar sus viejos pecados e indiferencia. El grupo del ICAIC siguió a Guevara, su jefe, que les prometía películas. No más de veinte de los cerca de trescientos allí reunidos aceptaron las tesis oficiales. El noventa por ciento, pese al miedo que ya sentía, estuvo con Revolución y Lunes y frente al poder. Dijo un No claro.

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Carlos Rafael Rodríguez, más sutil que Guevara pero más peligroso, no atacó de frente ni hizo acusaciones políticas. Un repliegue peligroso, pues su objetivo era terminar con Lunes. Su tesis fue: “Está bien que se publique lo moderno y lo nuevo y lo hermético. Pero paulatinamente. En pequeñas tiradas, para ir educando al pueblo y sin gastar enormes cantidades de papel que no tenemos.” Arte y literatura de minorías y de élite no podía divulgarse masivamente, afirmaba Carlos Rafael Rodríguez. Objetábamos nosotros: “Tú quieres mantener la élite. Nosotros de dar la oportunidad al pueblo de ser su propia élite. De no tener más dite. Toda élite es privilegio y no sólo cultural, económico y político.” Carlos Rafael Rodríguez, que cuando discute se enfurece y pierde la serenidad -le ocurrió así cuando la discusión con los prisioneros de Girón, Rivero, Andreu, que amenazó al no poderlos callar con razones-, Rodríguez, que más culto que el resto de analfayucas que allí había que nunca se leyeron un libro serio, polemizó con Heberto Padilla a propósito de la poesía de Eliot, y, claro, no salió bien parado. El nivel de la discusión fue alto, vivo y claro. Nadie siguió a Guevara y a sus ataques políticos. Su argumentación quedó desmontada. Y la de Carlos Rafael Rodríguez, y aun la del pobre José Baragaño, el poeta surrealista y colaborador de Revolución, que, aterrorizado de sus críticas al partido y la Unión Soviética y el socialismo real, hizo una patética autocrítica. Que provocó desprecio de sus enemigos y nuestros, ironía y pena nuestra. Era la muerte de un poeta oscuro y profundo, que quería ser claro, escribir himnos a la milicia, y aun su claridad no era entendida. Qué quiere decir este himno, decía Fidel ante su pobre estupor. Cómo explicar lo explicable. Tres personas me alentaron en aquellos difíciles momentos. Haydée Santamaría, con palabras vivas, indignada con Guevara. Eugeni Evtuchenco, entonces presente y contestador, que veía aterrado con su experiencia moscovita lo que estaba pasando, y a quien sorprendía nuestra viril y unánime protesta. Fidel no se lo perdonaría, ni aun en su posterior autocrítica. José Lezama Lima me dio el primer abrazo de su vida Había rendido yo homenaje al poeta puro y grande, animador cultural, y dicho que la polémica generacional, apasionada y literaria no debía confundirse con lo ideológico y colectivo. Y que las discusiones y palabras críticas de Baragaño o Padilla, no eran las de Revolución ni las de Lunes. Que Lezama era colaborador de derecho propio, aunque saltuariamente. Que la Revolución debía reconocer al artista enorme, su independencia y ética. Lezama fue aplaudido y no sólo abajo. Aun por algunos arriba. Otra bestia negra cubana, el odiado y gran pintor Wifredo Lam, fue allí por mí defendido. (No había renegado entonces de su arte como ahora. Y si su pintura sigue siendo grande, él da lástima por su miseria: no así Lezama, que se agiganta en el tiempo. Como escritor, como cubano y como hombre.) Éste con Lezama fue el encuentro después de una larga separación. El extraordinario poeta, tantos años antes, me había dicho: “Joven, éste es un país frustrado en lo esencial político.”

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Me sugería que no perdiese mis energías en la política, que me dedicase sólo a la cultura. Cómo podía yo aceptar entonces aquellas terribles palabras. Si aun hoy que el tiempo vivido ha probado SU terrible verdad, aun hoy contra ellas me rebelo. Entonces, en aquella discusión, y mientras Lezama me abrazaba, me decía que le parecía que se había equivocado y yo empezaba a pensar que no, que tenía razón. Le dimos una pateadura argumental tremenda a los sectarios. A Fidel, Carlos Rafael Rodríguez y los otros. Mas la burocracia y el poder nunca pierden. Inventaron la falta de papel para suprimir Lunes. Un Congreso y una Unión de Escritores -tipo Moscú y satélites-, y yo ya decidí no ir a más reuniones ni avalarlas con mi presencia, ni oír las palabras de Fidel, ambiguas al exterior, muy claras al interior. “Con la Revolución todo, contra la Revolución nada.” (Sólo que la Revolución era Fidel y sus gustos estéticos y literarios y sus decisiones políticas.) Ya en la Sierra no gustaba que Che y yo leyésemos poemas de Vallejo, Lorca o Neruda por Radio Rebelde, y quería imponerme episodios radiales, tipo CMQ, con un libro: La guerra del mambí. Que se volvía rabioso viendo la famosa escena de la Balada del soldado en que el soldado frente al monstruoso tanque siente miedo y al fin reacciona y lo destruye. Un hombre que conocía la guerra y ya pensaba como en los westerns americanos, en que los tipos se comen a los tanques con los dientes, olvidando sus propios y naturales miedos y los nuestros y la única reacción humana: sentir el miedo, aguantarlo y combatir. Y sus extravagancias: repintar el valle de Viñales, uno de los lugares más impresionantes y bellos de Cuba. Y allí ordenó a un malísimo pintor destruir naturaleza y hacer un mural gigantesco. La naturaleza, por suerte, es demasiada buena artista como para no rechazar semejante proyecto, y el mural fideliano terminó cubierto de la feraz vegetación de Viñales. Esta discusión me parecía una obra de Beckett, una atmósfera de ese mundo subterráneo y torturante. Un infierno real. Yo conocía la enfermedad, era la misma encontrada en el periódico Hoy, entonces dirigido por Escalante, ahora el tercer hombre del país; la atmósfera del comunismo cubano made in URSS, cuando me reprochaban lecturas de poesía, ir al teatro, gustar de Genet o Kafka, leer algún herético o mirar y admirar Picasso, Miró, Breton o Mallarmé, Vallejo, Góngora, Mayakovski o Dante. El cáncer que devoraba todo. La delación, el chivatazo, el privilegio, las dos morales: dolce vita arriba, austeridad abajo. Mi ilusión de hacer una guerrilla cultural a Fidel terminaba. Sabía yo que cultura y poder eran antagónicos. Que había -hay- en arte y literatura y filosofía al menos dos cosas que Fidel Castro no aceptaba: el hacer pensar con la cabeza propia y la dimensión intemporal de historia permanente y viva, cuando la política es ceniza histórica. Como él mismo dice en sus cartas de la prisión. Pensaba que quizás si las contradicciones y la violencia del combate con el enemigo y la necesidad de admitir un periódico de la eficacia y popularidad de Revolución, obligarían por un largo tiempo a Fidel a coexistir con una cultura que se identificaba con la Revolución, aunque a su manera.

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La victoria de Girón desencadenaba el odio oculto a todo lo que no fuera obediencia, trabajo, comunismo oficial y militarismo caudillista y ruso-castrista. Se reprimía y eliminaban los sindicatos, se militarizaba a las milicias, se construía un partido comunista de élite. Cómo se iba a permitir una cultura viva. Y yo ya supe que ésta era la muerte histórica de un proyecto de revolución nueva y libre.

Tiempos dictatoriales
Carlos Franqui
La madrugada del diez de marzo de 1952, el ex-coronel Batista entró en el campamento de Columbia, dio su tercer cuartelazo, a tres meses de unas elecciones generales, que anunciaban victorias de los reformistas y ortodoxos de oposición sobre los auténticos, que gobernaban democráticamente el país. Mi primera sensación: tenía entonces treinta años y había vivido una intensa vida de luchas. Nacido en un latifundio azucarero, cortado caña y sufrido la miseria, venía de una familia independentista. Sabía que la sociedad cubana era injusta. Sus ricos sólo preocupados de sus ingenios azucareros. La caña protagonista deformadora de Cuba, Cuba, tenía el norte como único rumbo. Realidad injusta que había que cambiar. Sabía también por experiencia propia, que el socialismo solución radical, ideal al que dediqué mi juventud-, no era más que una utopía concreta humanista y que el modelo real -el ruso- era otra nueva realidad tiránica. Con el pueblo cubano, había aprendido, el “mal menor” y bien mayor: cambiar la vida por el camino largo, la democracia. Mi primera sensación aquella madrugada trágica: perdíamos para siempre la libertad. /Habíamos creído quitarnos de encima tiranía y militarismo! Son esos raros momentos en que intuyes que tu vida y la de tu país, no serán nunca más como antes. Mi experiencia me hacía desconfiar de la política activa, aún de la que se dice y cree mejor. Pensaba que el cambio más profundo se opera en la conciencia, provocado por la cultura, que el poder es siempre poder y que ha de decírsele NO. Sabía que no iba a admitir aquel cuartelazo. Era la libertad que había que defender. (Como tantas otras veces en nuestra América.) Salí a la calle, fui a la Universidad, como otros jóvenes estudiantes. Nada funcionó. Ni partidos, ni sindicatos, ni instituciones. Los jóvenes intuímos que detrás del golpe había una crisis profunda.

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Había que volver a empezar. Sin necesidad de disparar un tiro, Batista con sus tanques y sus soldados nos había robado la libertad. Como suele ocurrir en estos casos en América, pronto Batista tuvo la bendición de los poderosos, la Iglesia y la embajada de Estados Unidos. Cuáles eran las causas del cuartelazo, nos preguntábamos. Muchas sin duda. Detonante, quizás, el gangsterismo de los grupos revolucionarios, que se mataban hollywudescamente. en las calles habaneras, ante el malestar del ejército. Más de cien atentados, en complicidad o al amparo de la impotencia de los gobiernos de Grau y Prío. Del que formaban parte casi todos los tiratiros. Batista, dictador del 34 al 44. Su control y simpatía en el ejército. el odio del pueblo, que no lo perdonaba ni concedía votos a su partido político. La corrupción del partido de gobierno. Los Auténticos. La incapacidad de la Oposición Ortodoxa, sin su líder Addy Chibas, suicidado hacia poco. La burocratización y moscovismo de los comunistas y del movimiento obrero. El diez de marzo esto era lo inmediato y visible. En lo profundo: toda la historia de Cuba: la Colonia, la República, el azúcar, el caudillismo, el militarismo, la frustración de la independencia, la ocupación y la influencia norteamericana, la politiquería y corrupción de gobiernos presididos por viejos generales de la guerra de independencia. la incapacidad de una burguesía, prisionera del monocultivo, monomercado y azúcar, la derrota de la revolución nacionalista del 1930 33. La independencia de Cuba había sido la última de América. ¿Por qué llegamos tan tarde? Caña de azúcar y esclavitud. Una inmensa masa de negros esclavos que, después de Haití, aterraban a los hacendados criollos. El rejuego de intereses de las potencias europeas sobre Cuba, puerta y puente del Caribe y de las tres Américas. (Esto es algo que no olvidan la Unión Soviética y Fidel Castro.) El fracaso de la combatida guerra de los diez años: 1868-78, que paraliza la cubanía y elimina a criollos ilustrados. No era lo mismo pelear solos contra España en una isla que en un continente. Los intereses contradictorios de Sudistas y Nordistas norteamericanos que “estimulaban” o frenaban nuestra independencia, en espera de su momento. Los esfuerzos de casi treinta años de guerras nos aproximan a la victoria: del 1895 al 98 los mambises cubanos, con una formidable insurrección y guerra de guerrillas, levantan el país de Oriente a Occidente, enloquecen a los generales españoles y responden a la criminal “Reconcentración” de Weyler, arrasando con la candela cañaverales y riquezas. Entonces los norteamericanos intervienen. Firman una paz con España que excluye a los cubanos. Prohiben a nuestras tropas entrar en ciudades, donde han combatido juntos. Ocupan la isla, el 20 de mayo de 1902 nace la República. Una cláusula impuesta por los Estados Unidos en la Constitución, limita su soberanía: la famosa enmienda Platt, que concede a Washington el derecho de intervención. (Los rusos y Fidel Castro, repetirán en la actual Constitución cubana, una enmienda similar, de fidelidad a la Unión Soviética. Gemela de la Monroe, la doctrina Brézhnev consagra la “soberanía limitada” y derecho de intervención rusa. Remember Checoslovaquia.) A traspiés la República avanza lentamente de 1902 a 1928. Cuando el general Machado se “reelige” -tiranía y crisis económica del 29- generan la explosión del 30-33. Machado está por caer a causa de la huelga general de agosto del 33. Los comunistas, por instrucciones de Moscú, cambian de táctica, se reunen con el tirano, acuerdan una tregua, cesan la huelga, dividen al movimiento obrero y lo hacen fracasar.

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Entonces, entre los generales y la embajada norteamericana, le procuran un obediente sustituto a Machado. La calle es un hervidero. La oposición muy fuerte. El hambre mucha. Céspedes dura unos días. Los soldados no cobran, están desmoralizados. El Directorio Estudiantil y los movimientos oposicionistas se apoderan de la calle. El cuatro de septiembre, los sargentos con Batista se levantan. Surge el gobierno revolucionario de Grau San Martín, que durará unos cien días extraordinarios que cambiarán la vida de la Isla. Antonio Guiteras, el radical, apoyado por el pueblo, impulsa los grandes decretos; ocho horas, jornal mínimo, derecho sindical y de huelga, 50 por ciento, intervención y nacionalización de multinacionales, derogación de la Enmienda Platt. Barcos de guerra norteamericanos llegan a la bahía de La Habana, listos a desembarcar. Batista, coronel y jefe del Ejército, conspira con apoyo de los intereses creados. Los comunistas reciben otra orden de Moscú: proclama los Soviets en Cuba. En el ingenio Mayab organizan el primero. Su oposición al gobierno revolucionario es total. Así, la embajada por la derecha, los comunistas por la izquierda y Batista desde dentro, amenazan. En enero de 1934, Batista da su segundo golpe militar. Esta vez sangriento pues encontrará una furiosa oposición que durará muchos años. La Guerra Mundial. La coincidencia de rusos y norteamericanos contra el nazi-fascismo y la situación interna, obligan a Batista a disminuir la represión. En 1939 Batista pacta con los Comunistas. Les permite reorganizar y controlar el movimiento obrero y obtener ventajas económicas que favorecen a los trabajadores. En las elecciones constituyentes. Batista pierde. La Constitución del 39, será de las más avanzadas de América. En 1944 Batista, ante la votación aplastante del pueblo contra su candidato, entrega el poder al electo, el profesor Grau San Martín y se asila en Miami. Dos gobiernos sucesivos del Partido Auténtico restablecen la democracia, entre grandes esperanzas populares, defraudadas por robos, corrupción y gangsterismo. La corrección a estos males viene de un grupo disidente: la Ortodoxia de Eddy Chibas. A cien días de las elecciones, Batista, ahora político y senador, da su tercer golpe militar.

Lucha contra Batista
Las fuerzas políticas existentes son incapaces de hacer oposición efectiva a la dictadura. A la nueva generación la ‘descomunal tarea. La universidad -La Habana, Santiago- son madre y casa de la lucha. Fidel Castro, estudiante católico, formado de los seis a veinte años como interno jesuita, hijo de un rico latifundista español, que participa en la universidad en la guerra gangsteril, dirigente estudiantil, antitrujillista -expedicionario de Confites- uno de los organizadores de la reunión estudiantil de Colombia, con simpatías peronistas, participante en el motín Ilamado el “Bogotazo” -abril de 1948- causado por el asesinato del líder Gaytán. Se politiza y radicaliza en la universidad. Critica a los grupos de que había formado parte. Ingresa en la Ortodoxia de Chibas, esperanza mayoritaria del país y se hace influyente en la juventud chibarista. Cincuenta jóvenes ortodoxos, dirigidos por Fidel, Abel Santamaría y otros en núcleos clandestinos, adiestrados militarmente, asaltan el Cuartel de Moncada y Bayamo. El ataque por sorpresa fracasa. Mueren muchos soldados. La represión es feroz. La Iglesia, la masonería y la protesta de los santiagueros salva la vida de los últimos prisioneros, entre ellos los hermanos Castro. Nace así el Movimiento 26 de Julio: lucha armada por la libertad y el reestablecimiento de la Constitución.

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Su jefe, el organizador del ataque: Fidel Castro. Los estudiantes de La Habana organizan el Directorio. su animador: José A. Echevarría. Será la segunda organización en la lucha: atacará el Palacio de Batista y tomará dos pisos, la guerrilla de Escambray, ajusticiamientos, sabotajes, huelgas. Toma de cuarteles. Organización de cuadros. Este movimiento se desangrará en la clandestinidad. Yo era un francotirador. No me identificaba con las ideas poco definidas de los nuevos dirigentes. Organicé la prensa clandestina, un grupo que editó e imprimió “Liberación”, “Alma Mater”, “Aldabonazo” y más tarde, la radio clandestina en la Sierra y el exterior. Dos luchadores que envía Frank País y Faustino Pérez, y que habían ingresado en el Movimiento 26 de Julio, me piden que les haga el periódico “Revolución”. En la calle, los gritos. Los políticos: Elecciones; los comunistas: Unidad, Unidad, los jóvenes: “Revolución, Revolución”. Arrastrado por los acontecimientos, me vi confundido y metido en el 26 de Julio. En 1956. Castro y los moncadistas, exilados en México, donde conspiran, son detenidos. Se me envía a organizar su liberación. Con la ayuda de la opinión pública, la prensa, Lázaro Cárdenas, Benítez, Barbachano y otros, lo conseguimos. Lo que sigue lo he recogido en mi Diario de la Revolución Cubana. Alzamiento de Santiago, desembarco del Granma, lucha en ciudades y montañas, asalto al Palacio. toma de ciudades, huelgas, abstención masiva del pueblo en las elecciones de noviembre de 1958, desmoronamiento del Ejército, conspiraciones militares, y, en fin, la victoria: huida de Batista y huelga general que lleva a Fidel Castro al poder.

Desde enero de 1959
Mis preocupaciones entonces eran sobre la fuerte personalidad de Fidel Castro, devenido caudillo indiscutido del país. El ejército rebelde era la única fuerza. El movimiento clandestino -26 de Julio y Directorio- había tenido miles de muertos y había sido semidestruido. La Sierra y sus Comandantes, eran los nuevos jefes. Durante la guerra, en público y privado, Castro parecía un moderado. Nada hacía sospechar que tuviese simpatías comunistas (este partido criticó la Sierra y alzó unos escopeteros, sólo al final). Raúl Castro y el Che, sí tenían simpatías comunistas. Conocida es la polémica del Comandante Daniel, a nombre de la clandestinidad, con el Che: “queremos liberarnos del dominio Yanqui, pero no para caer bajo el dominio ruso”. Pensábamos que para equilibrar el enorme poderío de Fidel Castro, era necesario crear nuevas instituciones: sindicatos, prensa, c u l t u r a . E l p e r i o d o democráticohumanista de la revolución cubana dura unos meses, como cuento en mi libro Retrato de Familia con Fidel. Con una oratoria eficaz, Castro conquista a la gente. Se aumentan los salarios, se rebaja el costo de la vida. Se moraliza, se restablecen libertades y se permite una prensa libre. Una sentida reforma agraria golpea a fondo el latifundio. En 1960 viene el choque económico y político con los Estados Unidos. Eisenhower y Nixon, soberbios, piensan: le rebajamos la cuota azucarera, los bloqueamos económicamente, y los rendimos. La oposición burguesa se suicida al dejar el país y establecerse en Norteamérica. Mientras tanto, el nacionalismo de un país humillado en su independencia e intervenido en sus

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Iuchas libertadoras, sube a mil. Fidel pone una cáscara de petróleo a las compañías yanquis: refinar una cantidad de petróleo ruso. Se niegan. Son intervenidas. Los golpes y los contragolpes se suceden. A comienzos de 1960, el hábil Mikoyan, pone la coyunda soviética a la joven revolución. La cáscara de petróleo y de socialismo ruso: Castro es reducido. Ese el modelo nuevo de poder total que busca. La nación cubana recupera, justamente, sus riquezas, minas, tierras, fábricas, propiedades, comercios, bancas. Todo cambia y el cambio se identifica con la revolución. Cambio importante. Se acaban americanos y burgueses y los rusos (que ya están) aún no se ven. El mundo viejo desaparece. ¿Pero dónde está, por dónde se asoma el mundo nuevo? ¿A quiénes van tierras, minas. propiedades, poder? No al pueblo. Al partido-Estado, que ya en 1961, Castro definirá marxista-leninista. Arriba cambia todo. Cambio total. Abajo, en el pueblo, no cambia nada. No hay más patrones ni capitalistas: el nuevo Estado militar-comunista es propietario de todo. Casas, automóviles, son dadas a los nuevos administradores. No son sus propietarios pero las disfrutan. En fábricas y latifundios desaparece el viejo patrón y aparece el nuevo administrador del partido, que ordena: a trabajar. En 1961-1962, la revolución humanista y radical, que aspiraba, con palabras de Fidel: a pan sin terror, libertad con pan, sin dictaduras de izquierda n de derecha, sin capitalismo ni socialismo ruso, con humanismo libertario, se convierte en comunista. Comienzan el sectarismo. la represión, el caos económico, la desorganización y el racionamiento. Los revolucionarios que lucharon contra Batista son perseguidos y enviados a prisión Los dirigentes sindicales, electos libremente por los obreros, sustituidos y arrestados. A los campesinos que se les dio tierra se les quita. Se intervienen universidad y cultura. Lunes, suplemento semanal literario de Revolución, suprimido. El movimiento 26 de Julio y el Directorio desaparecen. Las milicias voluntarias armadas -un millón- son sustituidas al formar el nuevo partido por los viejos comunistas y por diez comandantes escogidos por Fidel. Se las desarma e impide ser el partido de la revolución. El país se rebela. Castro ve su poder amenazado. El modelo ruso-comunista, escogido por él, amenaza su mando. Escalante y el embajador ruso Kudriatsev, conspiran con Malmierca y la nueva policía de Seguridad. Da un viraje de noventa grados, el 26 de marzo de 1962. Acusa a los viejos comunistas por su sectarisno, que ha puesto en peligro la revolución que no hicieron. Les echa el pueblo encima. Fidel, su poder total, era el creador del nuevo sectarismo, el perseguidor de sus propios compañeros. Escalante había seguido sus instrucciones y de Raúl Castro. Pero Fidel les quitó a los comunistas el poder que les había regalado. Cuba es una fiesta. Alegría y fiesta similares a la caída de Batista. Fidel, aparece, otra vez, como el liberador del sectarismo. Nos recuperamos algo. Pero no hubo cambios de fondo. Ni en hombres ni en. instituciones. Sólo palabras y promesas. Un reposo. Reposo de guerrero. La instalación de los cohetes rusos y la Crisis del Caribe. en octubre de aquel dramático 62, fueron otra prueba definitiva para el pueblo cubano. Aquellas armas poderosas que Fidel peligrosamente acepta, a petición rusa. Kennedy, descubiertos los cohetes, ordena el bloqueo naval de la isla y amenaza con la invasión. Kruschov, sin ni siquiera avisar al gobierno de Cuba, se lleva sus cohetes, nos deja solos y acepta la inspección de Cuba. Cuando yo publiqué la noticia en Revolución, la reacción popular fue tremenda: “Niquita, mariquita, lo que se da no se quita’: “Fidel, seguro, a los yanquis dale duro ”.

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Castro sabe que la inspección (remember el Congo) es su derrota, y la de la revolución. Apoyado por el pueblo no la acepta. Dura lección para los cubanos: dos desastres en un año. El sectarismo comunista y el abandono ruso ante el mayor peligro. Atrás ni para coger impulso, canta la gente. No me hago ilusiones ya. Quede la esperanza para otros con menos experiencias. Mejor un fin bueno, del periódico y mío, que hacer un Pravda, administrar administrar y reprimir al pueblo a nombre del socialismo, disfrutando de los privilegios y riquezas de los administradores. Sé que hemos entrado en el infierno. Vo se ven ni Virgilio -la poesía- ni Beatriz -el amor-. Dante -poeta- ¿dónde está? Pero sé que aún del Infierno se sale. Y aún del socialismo real. ¿Cuándo? Budapest. Praga. Varsovia. ¿Cuál será la buena vez? El partido-Estado nace de la realidad cubana-militarismo, caudillismo, monocultivo, monomercado en matrimonio con el modelo ruso: estado propietario. El poder total, por su estructura es improductivo. No crea: reprime, paraliza, destruye. Exige del pueblo disciplina, trabajo, obediencia, militarización. Impide que se informe, participe, critique, piense, decida. Sirve para destruir, no para crear. Funciona no como socialismo sino como revolución industrial atrasada, creando riquezas con trabajo esclavo, en grandes países no desarrollados. Con la industrialización forzada, los armamentos, el desarrollo atómico, la conquista del espacio. Gran potencia y nuevo gran imperio: no una sociedad nueva ni de trabajadores. Pero ese modelo no sirve a los países pequeños. Cuba y Vietnam prueban que ese socialismo sirve sólo para la guerra. Cuba y Vietnam son hoy potencias militares, brazos armados de la Unión Soviética. Fracasos políticos, desastres económicos, enormes prisiones, exilios masivos. Vemos como se “importa y exporta” en Asia, Africa y América, vía Cuba y Vietnam, el ruso-militarismo, disfrazado de socialismo.

Fidel el Africano
Vietnam en Asia, apoyado y sostenido por la URSS, liquida el Sur, independiente, domina Laos, ocupa Cambodgia, aprovechando el pueblicidio apocalíptico de los Kmer rojos. Castro invade Angola, recién liberada del colonialismo portugués, por tres movimientos guerrilleros diferentes. Veinte mil soldados y oficiales cubanos, con modernos armamentos soviéticos, aplastan a los no moscovitas e imponen bajo su dominio a Neto. En Etiopía intervienen. liquidan a los guerrilleros del Ogadén. amenazan Somalia. Bombardean a los guerrilleros marxistas de Eritrea: bombas socialistas, tiradas por pilotos socialistas cubanos, desde aviones socialistas rusos, el Socialismo ruso-cubano de los tanques armados. Cuba se presenta no como lo que es: el brazo armado de la URSS en el tercer mundo, tropas de ocupación del Pacto de Varsovia. Simula “ayudar” a la independencia. Apoyar a los anticolonialistas. Se presenta como un país pequeño, lejano y sin ambiciones de dominio. La intervención y penetración cubana se extiende a Mozambique, Yemen, Guinea, Laos, Cambodgia. Afganistán. Hoy Cuba es un país desangrado, todo racionado y cayéndose pero mantiene cincuenta mil militares y cincuenta mil civiles, su aparato logístico, propagandístico y represivo en tres continentes.

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Un verdadero aparato colonial pro ruso, que interviene en guerras, arma guerrillas, adiestra y arma contingentes, organiza el nuevo poder. Alfabetiza y adoctrina. La larga lucha contra Somoza del pueblo de Nicaragua y de todas sus clases sociales, causa de la derrota de aquella odiosa tiranía, es controlada hoy por el sólo grupo procubano. Que ha eliminado el resto de la oposición y construido un ya poderoso aparato soviético-castrista policiaco y militar, que domina Estado, sindicatos, prensa y o r g a n i z a l a a l f a b e t i z a c i ó n - adoctrinamiento marxistas. Mucha gente en Nicaragua ve sólo el terrible pasado. Se conforman de que aquel país viva todavía el eros romántico del sandinismo antisomocista. No conocen el consejo de Fidel Castro a Ortega: ganar tiempo como en Cuba. no asustar antes de tiempo. Golpear a muerte en el momento apropiado. Tampoco parecen conocer los famosos Cinco No de Fidel Castro al Gobierno de Nicaragua: “No fusilamientos, No ruptura con Estados Unidos, No conflictos con la Iglesia, No nacionalizaciones rápidas, NO asustar a la gente. Mucha mano izquierda que ya habrá tiempo de aplastar a todas las cucarachas juntas.” Por la experiencia vivida, los cubanos sentimos que ya sobre Nicaragua pesa la coyunda castro-rusa. Sus lemas son ecos castristas. Cuando Borges dice: “Elecciones, No. Las venceríamos. repite él (elecciones? (para qué? de Fidel, en 1959. Borges afirma: Venceríamos. Fidel decía: el noventa por ciento votaría por nosotros.” Entonces, era verdad. Pero hubiera tenido que abrir un proceso democrático pluralista, admitir movimientos políticos, oposición, prensa independiente, participación activa del pueblo, elecciones sindicales, estudiantiles, profesionales. ¿Y ahora por qué Fidel no hace unas elecciones libres? Aquel noventa que hubiera entonces votado a su favor, votaría hoy en su contra. Contra Castro y SUS rusos, su dictadura, sus fracasos, sus guerras en el extranjero, su militarización, sus privilegios de los dirigentes. Contra el Estado-Partido, propietario, patrón, explotador, represivo. Contra veinte años de racionamiento, siempre teniendo menos: un país tropical con azúcar, café, tabaco, carne, leche, ron, viandas, frutas, granos, todo racionado. Contra el régimen de prisiones y la falta de información, cultura y libertad. (Qué pasaría ‘-Checoslovaquia, Hungría, Cambodgia, Angola, Etiopía, con elecciones? Algo semejante a lo que está pasando en Polonia. Jamaica es un ejemplo de que el ruso-fidelismo es alérgico al voto popular.

Las guerrillas nacionalistas
En los años 60 surgen guerrillas nacionalistas y radicales en América Latina. No tienen apoyo soviético. Cuba les da apoyo moral. No armas ni hombres. El Che Guevara -léase su Diario en Bolivia- muere abandonado y solo, con unos cuantos amigos. No se le envía un refuerzo de hombres. Miles de suramericanos entrenados, y dispuestos a pelear se quedan en Cuba. Habría sido la ruptura con Moscú apoyar al Che, que en Argel denunció el nuevo colonialismo soviético. Sin ayudas las guerrillas perecieron. Ahora no. Armas, dinero, hombres, especialistas, apoyo. Campañas mundiales de solidaridad mientras se silencia la lucha de otros pueblos contra los rusos: Afganistán. Los que nos rebelamos contra Batista, sabemos que no se pueden aceptar las dictaduras en Guatemala, Salvador, Haití, Chile, Argentina, Bolivia, Paraguay, Uruguay. Decimos a la opinión pública latinoamericana, a la norteamericana

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y a la mundial: apóyese activamente a las fuerzas democráticas que allí se baten, aíslense sus dictaduras, rómpanse relaciones con ellas, no se permita ninguna intervención a su favor. Exíjase en Nicaragua libertades democráticas y pluralismo. No se independiza ni libera nadie de un colonialismo, con la ayuda de otro no menos peligroso. Recuérdese para qué sirvió, en términos históricos, en muchos países de América, la gran lucha por la independencia de España: los caudillos militares, importaron no la democracia norteamericana o europea sino el capital extranjero: otro colonialismo.

Autoritarismo igual totalitarismo
La doctrina Haig parece preferir, como mal menor, el autoritarismo (Chile, Bolivia, Argentina, Uruguay, Paraguay, Guatemala, Haití) al totalitarismo: Cuba, Vietnam, Etiopía. Los pueblos que han sufrido autoritarismo y totalitarismo, que en lucha por la libertad los han combatido, no pueden aceptar semejantes consejos. Lo que sí sabemos es que el autoritarismo -golpes militares- es la antesala natural del totalitarismo. Ningún totalitarismo -“socialismo real”- ha nacido de la democracia, la libertad, el progreso económico, la independencia: Rusia, China. Vietnam, Laos, Cambodgia, Polonia, Europa central, Angola, Mozambique, Etiopía. Cuba. El único país democrático aún abandonado al nazismo, donde se ha impuesto el sistema ruso, por ocupación e intervención de las tropas de la URSS (dos veces) ha sido Checoslovaquia. Y no por acaso Checoslovaquia es la matriz de un socialismo humano, la Primavera de Praga hoy renacido en Polonia. Aspiración que comparten todos los pueblos dominados por el nuevo imperio ruso. El pueblo cubano que conoció la libertad antes del autoritarismo de Batista del que nació el totalitarismo de Fidel Castro, no cancela de su memoria histórica aquel precioso bien que opone como resistencia al ruso castrismo. Afirmó con razón ese combatiente antifacista que es Sandro Pertini, Presidente de Italia, en su viaje americano: “La peor democracia es mejor que la más perfecta dictadura.” (La perfección de la Dictadura es sólo represiva.) América Central y del Sur serán verdaderamente libres, independientes, cuando la voluntad popular pueda desarrollarse democráticamente. Peligrosas son las “ayudas de amigos poderosos”, afirmaba Martí. Nadie regala la libertad. Hay que alcanzarla con las propias fuerzas.

Peligros de una nueva crisis del Caribe
Sé que Cuba corre el peligro de ser rusificada y castrificada. Sería la muerte de Cuba. Opongo un NO histórico y como tantos cubanos me rebelo a tan trágico destino. Su régimen es un sistema fracasado, que no ha resuelto ningún problema esencial: libertad, trabajo, independencia. progreso, economía, paz, cultura, convivencia. Un régimen que sólo sabe destruir, reprimir, guerrear, está derrotado en términos históricos. En Cuba y en todo el mundo. Las fuerzas libres que de siglos antes. y de veinte años, ahora, se baten a la desesperada, han creado al menos la continuidad histórica de una resistencia. a veces pasiva, otras activa, que un día propicio tomará el sopraviento y arrasará el poderoso aparato rusocastrista.

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Mientras tanto, sé que Cuba y América Central corren serios riesgos por la política guerrerista y prosoviética de Fidel Castro. Un país pequeño no puede hacer una política de gran potencia, en función de una gran potencia -la URSS- y contra la otra gran potencia -Estados Unidos-, y menos en su proximidad. Esa política conduce a la guerra y la derrota. Esa política nos está llevando a una nueva Crisis del Caribe. Probablemente, como cuando los cohetes, ante un bloqueo naval norteamericano, los rusos abandonarían Cuba. Y más si esto ocurriese en el momento de una invasión rusa a Polonia o después. Aún sin rusos el choque sería durísimo y la victoria militar norteamericana muy costosa. El ejército de Castro está bien armado y preparado, el aparato policiaco, estatal y del partido, cuenta con cerca de un millón de personas comprometidas con el sistema obligadas a resistir. Difícilmente el pueblo podrá intervenir en una guerra rápida. El pueblo sería masacrado en todas partes. El triunfo militar norteamericano sería de alto costo humano y político. No creo que de una guerra, una intervención militar del país, en semejantes condiciones, puedan en mucho tiempo nacer democracia, libertad, independencia. Una intervención militar en Cuba implicaría un regreso a la política de fuerza en América. Es decir, un retraso histórico enorme para América y el mundo. Nadie ganaría al final en esa tragedia, excepto Fidel Castro, que fracasado internamente, la provoca y desea: “ni en veinte años habrá comida en Cuba”, afirmó no hace mucho Raúl Castro. La naturaleza guerrera del sistema. y del Caudillo apocalíptico, trágico, son muy peligrosas, porque buscan su salvación histórica en la guerra. Total o de guerrillas en América. Todo lo que Castro toca lo destruye. Cuba es su ruina y mañana puede ser su ceniza. El proyecto de Castro -con apoyo ruso- es ir creando gigantescas guerrillas, tipo China, pasando del Caribe a Centro América y de allí al Sur. Movilizando grupos pequeños como detonadores que arrastren a la violencia allí donde hay libertades y que provoquen golpes militares: autoritarismo para ir al totálitarismo. Castro dice siempre palabras de paz, que enmascaran sus actos de guerra, para confundir a la opinión pública. Para evitar semejante peligro, del que no se libraría nadie, de México a Brasil, no basta decir a una sola parte (Estados Unidos): no interfieran, no apoyen, no colaboren, no armen a los viejos tiranos. Hay que obligar también a los rusos, a Fidel Castro y sus aliados, a cambiar su estrategia de intervención agresiva en el tercer mundo, en América Central y del Sur. Agrédase al agresor allí donde agreda. Oblíguese a Fidel Castro -y a los rusos- a retirar sus cincuenta mil militares cubanos y a su aparato neocolonial, de los diez países donde intervienen en función de tropas del Pacto de Varsovia. Pero no debe apelarse a la intervención. Ni de unos ni de otros. Intervención de nadie: apóyese a la democracia. Ayúdese a sus sectores activos de oposición. Lo mismo allí donde hay autoritarismo, de Argentina a Haití, que allí donde hay totalitarismo (Cuba, Etiopía, Eritrea, Ogaden, Afganistán, Cambodgia, Polonia. Europa Central. Si Nicaragua necesita ayuda, justo que su pueblo la reciba. Exija la opinión liberal y pública, otros bienes que aquel pueblo quiere: libertades. De prensa, palabra, religiosa. política, sindical. Exija elecciones, no se puede apoyar al autoritarismo ni defender al totalitarismo: mundos en los que no se puede vivir. Los pueblos de América no serán independientes y libres -ilusión más que peligrosa: mortal- con el apoyo, las armas, la intervención, el dinero, el modelo del castrismo rusificante. Ni serán menos infelices y seguros apoyando a los Pinochet anticomunistas, germinadores de comunismo. La opinión democrática de las Tres Américas y del mundo, si moviliza su fuerza, puede hacer mucho para evitar una guerra

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en el Caribe y para impedir que de ese extraño matrimonio: autoritarismo-militarismo, surjan monstruos como Castro.

La mafia en Cuba, no en Miami
Por Carlos

Franqui
¿Qué es la mafia? Según los diccionarios italianos la cuna y los orígenes históricos de la mafia fue Sicilia. La organización criminal surgió bajo los gobiernos borbónicos, como instrumento extralegal de regulación de conflictos sociales en una sociedad atrasada, con poderes ineficientes y corruptos, que asumió características criminales colegiándose con el poder político después de la unidad dd Italia en 1860. Transplantada a Estados Unidos por emigrantes italianos de origen mafioso, la sociedad secreta dominó el crimen organizado, especialmente en el período de prohibicionismo alcohólico.

Transformada de agraria en urbana, la poderosa mafia italiana extendió su influencia del Sur al Norte de Italia, extendiendo la influencia del crimen organizado a la política, la construcción, los secuestros de personas, el contrabando y las drogas. La mafia se internacionalizó y en la época actual hay numerosas organizaciones criminales, como las del narcoftráfico colombiano, una de las más poderosas del crimen organizado, con la que colabora la narco-guerrilla en el uso de territorios, canjes de armas y, pago de peajes y otros. Mafioso es sinónimo de criminal, gangster, delincuente, bandido y asesino. Hollywood ha hecho famosa la mafia con sus grandes producciones como "El Padrino", Lucky Luciano y muchas otras (por adversarios). En sentido figurado esta nefasta expresión se usa para desprestigiar a cualquier grupo de personas que dirigen las actividades de asociaciones culturales, económicas, políticas o sociales.

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Castro y la drogas, El cultivo de la marihuana en la Sierra Maestra Durante la lucha de guerrillas en la Sierra Maestra, en los años 1957-58, los rebeldes descubrimos una verdad mantenida por años en sordina en Cuba: en la Sierra Maestra y otras montañas se cultivaba la marihuana que se consumía en la isla. La Sierra Maestra era un sitio inhóspito, aislado, frecuente refugio de perseguidos, marginados, de campesinos sin tierra, de fuera de leyes y de clanes familiares y sociales. En la Sierra todo era difícil, desde subir o bajar montañas a la más mínima actividad de sobrevivencia. La vida de las familias campesinas pobres, que no vivían en las inmediaciones serranas era dura y difícil. Excepto el cultivo del café o el cacao, la malanga y alguna vianda, todo cultivo en los terrenos de altos bosques y montañas era casi imposible. Para buscar el agua había que bajar, tomarla en ríos y riachuelos estrechos y de fuertes corrientes y después de tener el precioso líquido, subir con las vasijas a cuesta. Allí no había hospitales, escuelas, cementerios, transportes o caminos vecinales transitables. Entre los numerosos clanes familiares, el maás grande era el de Crescencio Pérez dirigente campesino con más de cien parientes. Crescencio era un patriarca, de barbas canosas, muchas mujeres y diferentes actividades. Su incorporación al 26 de Julio, por gestiones de Celia Sánchez y Frank País, fue decisiva para la guerrilla a partir del desembarco de Granma en 1956. Una cosa eran el Pico Turquino o La Plata, zonas despobladas e inaccesibles y otras las inmediaciones más habitadas, cultivadas y transitadas. A la llegada de la dirección de la clandestinidad a la Sierra, después del fracaso de la huelga de abril, cuando Castro aprovechó el momento para intervenir el movimiento de las ciudades con sus comandantes, paralizar sus acciones y asilar "a sus dirigentes, en el campamento de La Plata, descubrimos lo que para Castro y la guerrilla era un secreto a voces: los campos de cultivo de marihuana de la Sierra y su exportación a las ciudades." Paradójicamente aquellos serranos que cultivaban la marihuana, o la transportaban a las ciudades, no la consumían. La droga de la Sierra era el ron peleón fuerte y de baja calidad. Faustino Pérez, líder de la clandestinidad, David Salvador, dirigente obrero, Marcelo Fernándezl y Carlos Franqui, integrábamos con Fidel Castro, esta dirección que nunca funcionó, "ni tuvo poder alguno pese a sus críticas, preocupado por la carencia de Instituciones, de leyes, no había allí ni siquiera un estado mayor, sólo el comandante en Jeje Fidel Castro y un auditor, el comandante Sorí Marín*, que aplicaba el código mambí sólo para asuntos penales, Faustino creó la Administración Civil de los Territorios Libres.

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*Comandante Humberto Sorí Marín, auditor del Ejército Rebelde, Ministro de Agricultura del primer gobierno revolucionario en 1959, dle aque renunció en mayo de aquel año por inconformidad con la radical ley de Reforma Agraria aprobada por Castro, del que era viejo amigo de la familia. Detenido en abril de 1961, fue acusado de conspiración y fusilado. La primera decisión de Faustino con nuestro apoyo fue prohibir el cultivo de marihuana en nuestros territorios y ordenar su destrucción. Fidel Castro lo impidió con el argumento de que: "Si prohibimos el cultivo de la marihuana, nos echaremos de enemigos a los campesinos y traficantes como enemigos y perderemos la guerra." Sólo al final de la guerra, cuando ya abandonábamos la Sierra, pudo la administración Civil, legalizar la prohibición, sin que se puesiera en práctica. Castro, iniciando lo que sería su pragmatismo, más allá de toda moral, permitió el cultivo de la marihuana con la que convivía desde principios de 1957, porque lo que le importaba era ganar la guerra y tomar el poder, sin preocuparse ni de los medios, ni de los fines empleados, para conseguirlo y mantenerlo. Castro, siguiendo las prácticas de Marx y Lenin, terribles por las diatribas para desprestigiar a sus adversarios, usa de las peores calumnias contra los dirigentes del exilio cubano, a los que él y sus acólitos en el extranjero, insultan llamándolos "los mafiosos de Miami". En las cárceles de EE.UU., están presos desde 1980, centenares de criminales, que Castro sacó de sus cárceles y envió a las costas norteamericanas, para desprestigiar a la fuga de los más de cien mil del Mariel, la más grande en la historia de América. En la comunidad cubana del exilio, de más de dos millones de personas hay, como en todas partes, sus ovejas negras. Pero en su inmensa mayoría esa comunidad exiliada ha creado cultura, riqueza y trabajo: miles de médicos, centenares de profesores universitarios, decenas de escritores, poetas, músicos, actores, ingenieros, técnicos, periodistas, comerciantes, empresarios, industriales, agricultores, han realizado fuera de su patria las obras prestigiosas que la dictadura castrista que destruye y empobrece a Cuba, le ha impedido de realizar en la tierra en que nacieron. La mafia cubana existe pero no está en Miami, es la de Castro y opera en Cuba. En los más grandes procesos mafiosos de América, con la excepción del Panamá de Noriega, socio y amigo de Castro, jamás hubo un gobierno en que su más famoso general, el héroe de Africa, Arnaldo Ochoa, los generales Laguardia, jefes del Departamento de Moneda Convertible, un super Ministerio, según palabras oficiales, varios ministros y dirigentes y el Ministro de la Seguridad y jefe al cuidado de la vida de Castro, durante treinta años, noche y día, General José Abrahantes, fueran condenados a muerte o a largos años en un juicio monstruoso que probó al mundo la responsabilidad del gobierno totalitario de la isla y de Castro y su hermano Raúl, no sólo

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en el narcotráfico, en los secuestros, contrabandos, falsificaciones de dólares, en los asaltos a bancos y en el refugio en Cuba de notorios delincuentes internacionales, gangsters, mafiosos y terroristas de toda laya.

Notas sobre la amenaza del Castrochavismo
Por Carlos

Franqui

Para Carlos Franqui, Chávez es el personaje seleccionado por Castro para paliar la escasez crónica de energía de Cuba y preservar su "legado" en América Latina, con el petróleo venezolano de picaporte. La conexión entre La Habana y Caracas es más profunda de lo que se cree, y por ello Franqui alerta a la sociedad venezolana a resistir ante este proceso.

Venezuela está en víspera del sesenta castrista: Chávez busca un pretexto para romper con Estados Unidos, acabar con las grandes empresas privadas y la prensa libre (acusándola de complicidad) y declarar a Venezuela "socialista y bolivariana", con el lema "hacia el comunismo en el siglo xxi". En Cuba, para romper con Estados Unidos, Castro dijo que las refinerías se negaban a refinar el petróleo venezolano, atentando contra la soberanía nacional. Después se descubrió que el petróleo era ruso, no venezolano y técnicamente imposible de refinar. El pretexto actual de Chávez es Posada Carriles, preso en Estados Unidos, en el que una ley prohíbe la deportación a países no democráticos. Chávez usa el petróleo como arma decisiva interna y externa, aconsejado por Castro. Siguiendo sus prácticas, negocia con compañías petroleras internacionales en ampliar su explotación y asegurar sus exportaciones a los mercados internacionales. Chávez ya tiene el petróleo en sus manos. Con sus enormes recursos subsidia el hambre de los pobres de Venezuela, y subvenciona —condicionándolos a la peligrosa alianza de los grupos indigenistas marginados por siglos— a los poderosos narcotraficantes, los populistas del continente y los izquierdistas de Bolivia, Ecuador, Uruguay y Nicaragua. Paga gran parte de la deuda argentina con el Fondo Monetario Internacional, y cede a crédito que no se paga cincuenta y tres mil barriles de petróleo a Castro, cerca de mil millones de dólares anuales, y comparte con el Comandante, en cuentas particulares, treinta y dos mil barriles diarios de petróleo, por valor de unos quinientos millones de dólares anuales, que se venden en el mercado internacional. Pero no todo es oro en estas maniobras: el petróleo venezolano es de baja calidad y

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por ahora lo refinan en Estados Unidos; hacerlo en otros lugares no será fácil y costaría más. La producción desciende, a causa de la incompetencia de los nuevos administradores chavistas que sustituyeron a los antiguos dirigentes y técnicos que dirigían la industria después de la pasada huelga. Chávez malgasta el petróleo y no lo usa para crear nuevas industrias y una agricultura que independice y haga progresar a Venezuela. Chávez se está armando hasta los dientes. Barcos y armas que le suministra su socio europeo Rodríguez Zapatero; compra aviones mig 29 a los rusos, que manejarán los pilotos de Castro; crea una Milicia que contrarreste el peso del ejército; apoya a la guerrilla colombiana, y usa decenas de miles de cuadros de la seguridad y el ejército castrista colocados en puntos militares y políticos clave, además de ofrecer buenos servicios médicos con los quince mil médicos cubanos enviados por Castro, desmantelando la salubridad de la isla. Castro, convencido de que su sucesor Raúl no tiene talla internacional, ha convertido a Chávez en su heredero. El pasado 10 de mayo, el retrato del coronel fue la bandera de todos los desfiles continentales. Castro, para tomar el poder, se declaró heredero de Martí y de la revolución humanista y cristiana de "pan y libertad" y de "pan sin terror", y a partir de 1961 se alió con la urss y convirtió a Cuba en territorio del mundo comunista. Chávez se proclama heredero continental de Bolívar. Bolívar se inspiró en las ideas de la Revolución Francesa, pero en su Discurso de Roma rechazó el cesarismo de Napoleón Bonaparte, y al final de su gesta prefirió perder el poder antes que convertirse en el dictador de América. Bolívar era un libertador, Chávez es un cuartelero populista que aspira a un poder total en el continente. Castro fue subestimado dentro y fuera de Cuba. Sería grave error subestimar a Chávez, que, dirigido por Castro, usando circunstancias favorables y errores de la oposición, consolida su poder. Chávez no ha vencido todavía obstáculos que limitan su poder: el ejército, pese a las purgas, no está controlado totalmente. En días pasados, Chávez destituyó a veinte de sus generales más importantes, pero al otro día los repuso diciendo que había sido un error. Quiso organizar en toda Venezuela los "Comités de Defensa" castristas, pero la gente se opuso y el intento fracasó. Existe todavía una oposición golpeada, pero no vencida, que incluye sindicatos, universidades, estudiantes, clase media, prensa independiente, sectores económicos y la Iglesia Católica. En reciente encuesta, el 70 por ciento de la población expresó su apoyo a Chávez, mientras el 70 por ciento se oponía a que Venezuela se convierta en una Cuba castrista. Chávez, que se cree eternamente popular, puede además cometer el error de Pinochet en Chile, y de Ortega en Nicaragua, que perdieron elecciones que pensaron ganar. Chávez ya se proclama el David venezolano de los pobres de América, en duelo con el poderoso Goliat yanqui, y es la bandera de los populistas y del antinorteamericanismo de la derecha y la izquierda de Europa y América. Chávez está a la mitad del camino de su proyecto. Hoy es una amenaza a la democracia y a la paz continental. No sabemos si será su enterrador, si será su tumba o si sucumbirá en el intento. http://www.letraslibres.com/index.php?art=10568

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La ruina y la esperanza
Por Carlos

Franqui

Participante de la lucha contra el régimen de Batista, director del periódico Revolución y de la emisora Radio Rebelde, exiliado de Cuba desde 1968 y autor, entre otros libros, deDiario de la Revolución Cubana: 1952-1958 y de Retrato de familia con Fidel, Carlos Franqui sintetiza la historia reciente de su país, y ve con optimismo hacia el futuro.

En enero de 1959, al triunfo de la insurrección, las relaciones entre ee.uu. y Cuba eran normales y de mutuo respeto, después de más de un siglo de conflictos: oposición norteamericana a la independencia de la isla, intervención militar de 1898, exclusión de los cubanos del tratado de París, ocupación de la isla e imposición de la enmienda Platt, que haría de Washington el árbitro de los asuntos cubanos, como condición para la retirada en mayo de 1902. La intervención norteamericana fue positiva en el orden económico, de la salud y la educación, y contribuyó a superar la crisis dejada por la guerra, pero fue negativa políticamente, y dejó una secuela de frustración nacional, fatalismo histórico y desmoralización colectiva. La Revolución de 1933, inspirada en los ideales martianos, cambió el destino de Cuba, eliminó la enmienda Platt y produjo una transformación social, política y económica en sólo ciento veinte días de gobierno, y fue derrocada por la intervención del embajador de EE.UU., el segundo golpe del coronel Batista y el apoyo de los intereses creados, afectados por la revolución. La lucha contra la dictadura militar y las circunstancias internacionales, obligaron al régimen a convocar a elecciones constituyentes, que tuvieron como resultado la elaboración de la Constitución de 1940, una de las más avanzadas y progresistas de América. El período democrático de los gobiernos auténticos (1944-1952) produjo desarrollo económico y social y amplias libertades públicas, pese a sus lacras de corrupción. Con razón afirma el historiador Calixto Masó: "El 20 de mayo de 1902 no es una fecha de heroísmo o de dolor como otras de la historia de Cuba, sino de una sincera alegría [...] aunque nuestro país, en su evolución histórica, no llegó a ser lo que anhelaron los libertadores, tampoco fuimos como nos pintan los comunistas." El 10 de marzo de 1952, el tercer cuartelazo de Batista acabó con la democracia y las libertades públicas, y, pese al repudio del pueblo cubano, fue reconocido por EE.UU. y todos los gobiernos de América. La dura lucha contra la dictadura y sus crímenes, y las denuncias de la prensa norteamericana, influyeron en la opinión pública mundial y norteamericana, y a principios de 1958 el gobierno de EE.UU. decretó el embargo a la venta de armas a Batista, lo que afectó militar y políticamente a su ejército y fue una de las causas de su rendición masiva el 31 de diciembre de 1958. El gobierno revolucionario fue rápidamente reconocido por EE.UU. y América Latina. Tres meses después, Castro, al grito de: "Pan sin terror, libertad con pan, ni dictaduras de izquierda ni de derechas", era aclamado por los yanquis y los latinoamericanos. Pero a finales del 59, Matos es detenido, desaparece misteriosamente Camilo Cienfuegos, es eliminada del gobierno el ala democrática del 26 de julio, sustituida por marxistas como

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Guevara y Raúl Castro. El sesenta se inicia con el viaje de Mikoyan a La Habana, que en sordina introduce a la URSS en Cuba. A mediados de ese año, Castro anuncia que las refinerías norteamericanas y extranjeras se niegan a refinar el petróleo venezolano comprado por Cuba, violando la soberanía nacional, y ordena su intervención. Comienza la guerra de los golpes y contragolpes, estalla el sentimiento nacionalista y antiamericano, y en septiembre todas las empresas norteamericanas, extranjeras y nacionales son nacionalizadas. Cuba y el mundo exaltan al David Caribe, que desafía al Goliat yanqui. Girón y la peligrosa crisis del Caribe de octubre de 1962, que ponen al mundo en peligro de guerra atómica, consolidan el sistema comunista y el poder castrista en la isla, que será el caballo de Troya del comunismo mundial en el Tercer Mundo. El axioma "Cuba es comunista por culpa de EE.UU." se universaliza. Lo que los cubanos, el periódico Revolución, que yo dirigía, y el mundo creyeron entonces fue sólo una gran mentira histórica. La famosa "cáscara de petróleo del resbalón yanqui" no era venezolana: era rusa, y técnicamente imposible de refinar. A esos que todavía creen para ver, y no ven para creer, los remito a las palabras de Castro ante la TV española en 1986: ante la pregunta ¿es Cuba comunista por culpa de EE.UU.?, Castro responde: "Cuba es comunista por un acto de mi voluntad, del que Estados Unidos sólo fueron cómplices." Como Cuba "le quedaba chiquita", según sus palabras cuando volaba sobre los Andes, Fidel, el africano, invade África y apoya y sostiene poderosas guerrillas en América Latina: el comunismo y la revolución tienen un nuevo David barbudo y comunista. Para sostener la ruina de Cuba durante décadas, está la poderosa URSS. Pero ni el Comandante ni los bienpensantes pensaban que el inmortal comunismo se iba a desmoronar y autodestruir en 1990. Para Cuba fue el acabóse. Entonces Castro, cuya única ideología es el poder —su poder—, sabiendo mejor que nadie que su finca era una ruina, se asocia al peor capitalismo internacional, dolariza la isla, prohíbe a los cubanos, mediante elapartheid económico y turístico, bañarse en sus mejores playas, comer en los restaurantes, entrar en los grandes hoteles, comprar en las abastecidas farmacias y en las clínicas del "área dólar", y origina un desempleo de un millón de personas, mientras en las boticas para el pueblo no hay ni aspirinas y en las escuelas los estudiantes tienen que sustituir a los maestros —mientras un policía gana seiscientos pesos, el sueldo de un maestro o de un médico no alcanza los veinte dólares mensuales. El dólar, el extranjero y la delincuencia son la única solución. El turismo sexual prostituye a la juventud. "Ellas lo hacen porque les gusta, no tienen sida y están muy preparadas", fueron las palabras de Castro, publicadas por Granma y repetidas por él en Montevideo. Los bienpensantes continúan diciendo: "Será verdad lo que ustedes dicen, pero el Comandante lleva 43 años en el poder, y no hay quien lo tumbe." Durante veinte años oíamos a los disidentes decir lo mismo en toda Europa, y un día el comunismo, que destruye todo, que resistía todas las oposiciones, se autodestruyó. Como dice Václav Havel, nadie sabía entonces ni el cómo ni el cuándo, sabíamos sólo lo que tendría que ocurrir, que fue lo que ocurrió. Nadie sabe ni el cómo ni el cuándo del fin del castrismo; sólo sabemos que su crisis es mortal y que su "muerte anunciada" se aproxima velozmente. El otrora invencible David, envejecido y fracasado, ahora se dedica a cocinar frijoles negros a los capitalistas yanquis que lo visitan: mi reino por un puñado de dólares salvadores, piensa el Comandante, mientras mantiene el poder "con el terror y el hambre", fórmula ofrecida a

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los militares portugueses cuando su crisis. Entre las ruinas, una esperanza: pese a sus cárceles, su tortura y su terror, once mil cubanos suicidas de la libertad firmaron con su puño y letra el proyecto Varela, reclamando cambios constitucionales. Las palabras del ex presidente Carter en La Habana, oídas por todos los cubanos apoyando el proyecto, el amplio respaldo mundial, la proclamación de la candidatura de Payá Sardiñas, su impulsor, al Premio Nobel de la Paz, las condenas mundiales a Castro por la violación de los Derechos Humanos, mientras éste descarga su furia contra gobiernos y presidentes amigos, han aislado mundialmente a Castro, que todavía manda pero ya no gobierna. Su fin inevitable y próximo descubrirá al mundo el horror de los horrores de su herencia. ~ — San Juan, Puerto Rico, 11 de octubre de 2002 http://www.letraslibres.com/index.php?art=7881

Cuba: Carlos Franqui: la revolución perdida
Por Domingo

del Pino.

Entrevista publicada el 21 febrero 1978 en 'Diario 16'
Resumen Cuba. Veinte años de revolución casi cumplidos y una controversia permanente. La revolución ha erradicado el analfabetismo, ha liberado al hombre de la preocupación del desempleo, y ha extendido a todos la gratuidad de la enseñanza y de la medicina. El campo se ha transformado y han desaparecido los “bohios”. Sin embargo, todas éstas son realizaciones casi de los primeros años. Desde entonces para acá, cerca de un millón de cubanos han emigrado y otra cantidad igual no ha podido hacerlo. Ya no son los terratenientes ni los “burgueses”, sino simples trabajadores e incluso negros los que desean marcharse del país.

Carlos Franqui surgió para la revolución cuando tenía dieciséis años. Nació en 1921 en un latifundio azucarero. Participó en luchas sindicales y universitarias desde joven y militó en el ‘PSP, partido comunista cubano, que abandonaría en 1946, como él ha dicho en alguna ocasión, desencantado por una dirección ineficaz y corrupta. En 1947 participó en la expedición de “Cayo Confites” contra Trujillo, y allí conoció a Fidel Castro que entonces era estudiante.

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A partir de 1952 se integra en el Movimiento 26 de julio y participa en la lucha clandestina contra Batista. Fue, en la Sierra Maestra, director de la Radio Rebelde del ejército castrista y director del periódico del “26 de julio” “Revolución”. Cuando los “barbudos” triunfan y entran en La Habana en 1959, Franqui dirigirá el primer diario llamado también “Revolución”, que ha de abandonar en 1963 porque el espíritu independiente del periódico ya choca con el formalismo revolucionario. Ha rechazado cargos de ministro, pero siempre ha estado cerca de la cúspide revolucionaria. Fue el organizador del Salón de Mayo y del Congreso Cultural de La Habana, que reunió en la capital cubana a la mayoría de los intelectuales progresistas europeos y latinoamericanos. En 1968, tras el apoyo de Cuba a la invasión rusa de Checoslovaquia, Franqui permanece en Europa. Desde entonces no ha regresado a La Habana y sigue buscando una revolución inalcanzable. En esta entrevista se trata fundamentalmente de la cuestión de los derechos humanos en Cuba, un tema relativamente desconocido, pero de actualidad ahora que La Habana mantiene a unos 20 mil soldados en África. DP.—El castrismo, si me permites llamarlo así, cumple pronto veinte años en el poder. ¿Qué balance se puede establecer de esa experiencia? CF.— Esencialmente, que la nación cubana, mediante el Estado, recuperó sus tierras, riquezas, ingenios azucareros, minas, comercio y que todo el aparato del capitalismo fue destruido. Una medida popular como la campaña de alfabetización fue un inicio de cultura; se terminó el desempleo y mejoró la sanidad. Con una particularidad, que fue la primera revolución en el mundo no hecha por un partido comunista. DP.—¿Y los aspectos negativos? CF.— Esa es la segunda parte: la de los problemas actuales. En mil novecientos sesenta y mil novecientos sesenta y uno aparecieron ya problemas que son esenciales – y que detuvieron el desarrollo, profundidad y espíritu socialista y libertario de la revolución cubana: el caudillismo, el sectarismo y la influencia soviética. El sectarismo, rechazado por el pueblo, denunciado primero por «Che» Guevara y condenado por Fidel Castro después, fue una verdadera camisa de fuerza puesta al pueblo y a los hombres que habían hecho la revolución, el Movimiento Veintiséis de Julio, el Directorio Revolucionario y el movimiento sindical. Este sigue siendo el problema fundamental. Culto a la personalidad y caudillismo, o viejos dictadores capitalistas, la diferencia no es mucha. En el caso de Cuba, y como nosotros teníamos conciencia del fenómeno del caudillismo, quisimos equilibrar esa personalidad extraordinaria de Fidel con una lucha popular, creando los instrumentos revolucionarios capaces de frenarle. Esos instrumentos eran los sindicatos, la prensa, la televisión, la cultura, las organizaciones populares y, sobre todo, estar muy atentos a la

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penetración del colonialismo soviético. En mi libro Diario de la revolución, aparecido en «Ruedo Ibérico», podrás ver que algunas de esas polémicas surgen desde antes del triunfo de la revolución. En ellas ya se expresa la preocupación principal: no queríamos salir del colonialismo norteamericano para caer en el colonialismo soviético ni en el militarismo caudillista. La primera cartilla de racionamiento fue establecida ya desde mil novecientos sesenta y uno. Es terrible que hoy, casi veinte años después y de acuerdo con documentos oficiales, si se compara la primera libreta de abastecimientos de mil novecientos sesenta y uno con la de mil novecientos setenta y siete, un cubano recibe menos en mil novecientos setenta y ocho de lo que recibía en mil novecientos sesenta y uno. Todo está racionado. La burocracia en el poder Por otra parte, todo aquello que era creación colectiva comenzó a transformarse en construcción burocrática y del Estado. Para mí, lo esencial de todo esto es que no se pueden confundir las nacionalizaciones con el socialismo ni al pueblo con el Estado. Este es el problema esencial, prácticamente, de todos los países «socialistas». También es la explicación básica de los problemas de Cuba. D. P.—¿Cómo puede una revolución llegar a ser monopolizada por un sector primero y por un solo hombre después? *C. F.—*Bueno, esto es importante tratarlo porque de este fenómeno se han derivado teorías como el «foquismo». Todo eso es falso. La revolución cubana es el producto de un movimiento, no de una vanguardia ni del espontaneísmo. Lo que pasa es que el Movimiento Veintiséis de Julio era muy amplio, con una definición básica, la lucha armada contra Batista, pero con un programa ideológico también muy amplio: libertad y anti-imperialismo. Todo estaba más o menos dirigido por personalidades. El único que tenía una base orgánica era el Ejército rebelde. La razón fundamental de que prevaleciera una sola persona está en el tipo de organización que teníamos. Muchas de las personalidades fueron cayendo, porque, como es sabido, el aparato represivo es más fuerte de las ciudades que en el campo. No obstante, y como ocurrió con el «foquismo», cuando sin un gran movimiento de masas se quiere hacer un foco guerrillero, el foco es destruido, porque el Ejército puede concentrarse contra él. En nuestro tipo de lucha, a la larga, la parte que prevalece es la militar. Argelia es un ejemplo: fue destruido el aparato clandestino y prevaleció el militar. En Cuba, y a los efectos de tu pregunta, se agrega otro fenómeno que no se puede desestimar, y es el magnetismo de Fidel Castro como líder. D. P.—¿Qué causas llevan a ese monopolio unipersonal del poder y a, lo que parece indudable, una cierta responsabilidad de todos en ello?

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Control total C.F.— Tú llamabas bien al principio a esta revolución castrista o fidelista. Se trata de la aparición un poder total que destruye todos los instrumentos parciales de poder para crear uno único. Con ello se facilita una identificación enorme entre la persona que ejerce ese poder y todo el aparato. Fidel mismo lo dice en uno de sus discursos: «Las orejas de de la revolución oyen, la boca de la revolución habla, los ojos de la revolución ven.» Naturalmente, se refiere a sus propios ojos, sus orejas y su boca. Fidel es la revolución y Fidel es el socialismo. Su poder es ilimitado, porque es a la vez militar, policiaco, económico e inclusive el poder de la esperanza, el de las promesas de futuro. Para el pueblo, que ve destruidos el poder de opresión policial y económica, sustituidos los viejos patronos, los viejos policías, los viejos jueces, un proceso revolucionario es algo nue4vo y tremendamente interesante: Tiene que transcurrir mucho tiempo para que entienda, en medio de todo el proceso, cómo está surgiendo el nuevo poder, la nueva clase, el nuevo aparato represor. Cómo ese revolucionario policía se está convirtiendo en policía y dejando de ser revolucionario, cómo el administrador de una fábrica, aunque no sea el propietario, ejerce las mismas funciones que el patrón, no permite los sindicatos, hace trabajar más a los obreros, es ineficaz; cómo donde había un latifundista comienza a nacer un geófago revolucionario que le quita la tierra a los campesinos; cómo se crea un enorme aparato de poder. La identificación del nuevo poder es un proceso muy lento; aun en la Unión Soviética, después de sesenta años de revolución, esto es aún confuso para muchos. DP. — En tu opinión, ¿es Cuba un país socialista? CF.— Para mí no lo es. Para mí el socialismo es una aspiración humana, pero no una realidad. Al menos lo que yo entiendo por socialismo, que es una sociedad del pueblo y no un poder fuerte o la propiedad del Estado. A mí me parece que el socialismo no existe ni en la URSS ni en ninguna otra parte. Hoy por hoy, Cuba es una colonia soviética. En Cuba existe un aparato de casi un millón de personas que son el poder, la Policía, el partido, el Ejército, los administradores, los becados y los burócratas, que administran las riquezas del país en su favor, y millones de personas que trabajan como antes, tienen enormes dificultades, sufren la libreta del racionamiento, no pueden viajar libremente, no tienen sindicatos. Tampoco creo que Cuba sea una sociedad en transición, sino un simple capitalismo de Estado. D.P. — Pero a pesar de esos problemas, la fracasada zafra de los 10 millones fue en realidad, con ocho millones doscientas mil toneladas producidas, la mayor de la historia de Cuba. CF.— Sí, fue la mayor. Pero como la cuestión es de cifras, en 1952, casi veinte años antes,

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sin ningún esfuerzo y sin desorganizar todo el resto de la economía, se produjeron siete millones doscientas mil toneladas de azúcar. La zafra de los diez millones le costó además a Cuba, en material y equipo, mil millones de dólares. Lo concreto, es que a pesar de haber aumentado la capacidad industrial en un 50 por 100, a pesar de que ahora hay 50.000 tractores y antes sólo había cinco mil, la producción de azúcar no ha superado las cifras anteriores a la revolución. Además, ahora está racionada, cosa que no ocurría antes. Momentos de disenso D. P. — De todas maneras, la historia de Cuba es de rebeliones sucesivas: contra España, contra Machado, contra Batista. Hoy, sin embargo, no puede decirse que exista una rebelión ni en marcha ni en gestación. CF.— Yo no puedo decir que exista hoy una oposición organizada. Sí afirmo que durante todo este periodo de que hablamos hubo momentos de descontento, de oposición y de disenso individual. Hubo una primera oposición al sectarismo y a la URSS en mil novecientos sesenta y uno y en mil novecientos sesenta y dos. Oposición a la primera violación masiva de los derechos humanos, la famosa operación «P»,que quería decir proxenetas, pederastas y prostitutas. Se les detenía y les colocaban una gran «P» en la espalda. Primero fueron enviados a las cárceles, lue go a los campos – de trabajo. En mil novecientos sesenta y uno hubo también una deportación masiva de campesinos del Escambray, simplemente porque allí había guerrillas, algunas evidentemente apoyadas por Estados Unidos y contrarrevolucionarias, pero también había campesinos perseguidos. Pero si vamos a esos grandes periodos de oposición colectiva tendríamos que recordar mil novecientos sesenta y cinco. Fue otro proyecto del aparato represivo que se materializó en la depuración de la Universidad, y se crearon las llamadas Unidades Miliares de Ayuda a la Producción (UMAP), verdaderos campos de trabajo forzado adonde fueron enviados miles de hombres acusados de vagancia, homosexualismo, o pertenecer a grupos o sectas religiosas, los que no aceptaban trabajar los domingos, los objetores de conciencia, los que practicaban ritos negros. El año de mil novecientos sesenta y cinco fue particularmente violento en la violación de los derechos humanos. En mil novecientos setenta y uno hubo un nuevo proceso represivo. Se decretó la llamada ley Contra la Vagancia, que reproduce prácticamente todos los viejos bandos del colonialismo español de la época de Tacón. A causa de esta ley, vigente aún hoy, más de cien mil personas fueron enviadas a los campos de trabajos forzados. Claro que en Cuba, como la represión y el terror son totales, la oposición no puede manifestarse mediante huelgas, ni asambleas, ni reuniones. La única forma de lucha de clases es, si tú quieres, trabajar lo menos posible, negarse a producir, que es lo típico de los países socialistas. Este capítulo de los derechos humanos es, en mi opinión, lo más

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negativo de la revolución cubana. DP.—¿Cuál es, pues, la situación? ¿De desesperanza? ¿La gente vive al día, tratando de sobrevivir… ? CF.— Pienso que la situación es dramática. Creo que hay una enorme frustración, una gran tristeza, un enorme descontento y mucha confusión. Creo que en Cuba, al igual que en los otros países socialistas, la gente empieza a comprender cuáles son los mecanismos de un poder que presentan como poder del pueblo. Toda lucha comienza por un proceso de toma de conciencia de la realidad. Después de la independencia no fuimos libres. Después de la revolución no somos socialistas. Liberarnos de España nos costó un siglo; de Estados Unidos, sesenta años; de la U.R.S.S., estamos empezando. ____________ http://www.desconexioncubana.com/foro/showthread.php?t=18417

Entrevista con Carlos Franqui
Por Ricardo

Cayuela Gally

Carlos Franqui acaba de publicar sus memorias (Cuba, la revolución: mito o realidad, Península), donde repasa su labor como periodista, desde la clandestinidad en la Cuba de Batista hasta sus relaciones con Fidel y su inevitable exilio, temas sobre los que versa esta conversación.

La historia oficial de la Revolución Cubana se ha ido acomodando a los dictados y caprichos del poder unipersonal que rige el país; a la manera soviética, desaparecen protagonistas, se diluyen imágenes y se retocan acciones hasta presentar una doble caricatura: la primera, la de la Cuba de Batista como un país bananero, burdel de los estadounidenses; la segunda, la de la Revolución producto de la genialidad militar y política de un solo hombre, Fidel Castro, acompañado por sus fieles palafraneros, Raúl y el Che. Por ello, los libros históricos de Carlos Franqui, El libro de los doce y Diario de la Revolución Cubana, construidos a base de entrevistas, testimonios, cartas y documentos, son sencillamente indispensables para tener una visión veraz de la Cuba prerrevolucionaria, en toda su miseria y esplendor, y un cuadro completo de los múltiples hechos y protagonistas que hicieron posible el derrocamiento de Batista. Franqui es autor también de una biografía de Fidel Castro y un libro sobre la muerte de Camilo Cienfuegos. Además, es uno de los grandes periodistas cubanos del siglo XX, poeta y crítico de arte. Ahora, con la publicación de sus memorias políticas, Cuba, la revolución: mito o realidad. Memorias de un fantasma socialista, Carlos Franqui vuelve a la historia de la Revolución, esta vez desde la subjetividad de su itinerario vital, que toscamente se puede resumir como la historia de un guajiro nacido en un latifundio cañero, que termina por ser una pieza clave del aparato mediático de la Revolución Cubana, en la

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clandestinidad y tras el triunfo. Y que acaba en el exilio cuando se hace incompatible la crítica libre con la dinámica propia de la Revolución y su cesarismo. La presente entrevista se realizó en Madrid a las nueve de la mañana de un domingo, algo que, para los hábitos noctámbulos de aquellas latitudes, puede resultar inconcebible. Para mí, lo verdaderamente difícil de aceptar de aquella luminosa mañana de junio era que ese joven interlocutor que tenía delante, lleno de humor y velocidad mental, había cumplido ya 85 años. Franqui o el último testigo incómodo. En Revolución, el periódico que dirigías desde la clandestinidad y luego al triunfo de la Revolución Cubana, intentaste conciliar la libertad de expresión con la dinámica del proceso revolucionario. ¿Era posible este empeño? ¿Son compatibles la libertad de expresión y la crítica con la lógica revolucionaria? No, porque la cultura es libertad, y la Revolución es la negación de la libertad. Todos mis esfuerzos, desde la época de la Sierra Maestra, hasta el triunfo de la Revolución y su toma del poder, chocaron siempre con la lógica del poder revolucionario y con el propio Fidel Castro, que en algún momento, por sus contradicciones, y de manera táctica, permitía algunas iniciativas, como un César benevolente, pero que, en cuanto había una ocasión, las eliminaba. Así pasó con la visita a Cuba de intelectuales y pintores de todo el mundo, con el fallido plan de creación de algunos museos, con la censura al suplemento cultural de Guillermo Cabrera Infante en mi periódico, Lunes de Revolución, etcétera. Fidel Castro ha transmitido la imagen de la Cuba previa a la Revolución como una tiranía monolítica, un país extraordinariamente atrasado, un burdel de Estados Unidos. En tu libro Cuba, la revolución: ¿mito o realidad? analizas la dictadura de Batista, pero también dejas entrever la riqueza cultural, los espacios de libertad y la riqueza material que existía en la Cuba prerrevolucionaria. ¿Cómo es la Cuba en la que triunfa la Revolución? Los mitos de Cuba como república bananera, burdel de América, analfabeta, se pueden responder con palabras del propio Fidel Castro o del Che Guevara, rastreándolas en los periódicos de la época. Al triunfo de la Revolución, en Santiago de Cuba, el 9 de enero de 1959, Fidel Castro dijo textualmente: “Hemos roto el mito de que no se puede hacer una revolución sin el ejército o contra el ejército, y hemos roto el mito de que no se puede hacer una revolución en un país sin crisis económica.” Guevara, después de su primer viaje por el mundo socialista, dijo que para un cubano, acostumbrado a vivir con los niveles del imperialismo, aquel mundo era sorprendentemente pobre. Estas afirmaciones, por citar sólo dos, contradicen totalmente ese mito. Hay muchos estudios, como los de Leví Marrero, que demuestran que Cuba en los años cuarenta era un país en pleno desarrollo, y la mayoría de la riqueza estaba ya en manos cubanas; que a partir del 34, cuando desapareció la Enmienda Platt, la nación había recuperado su dignidad e independencia. Además, había un gran desarrollo de la cultura, y la prueba son los escritores, novelistas y pintores de esa época: Alejo Carpentier, Lezama Lima, Wifredo Lamn y otros.

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Otro mito de la Revolución es que la guerrilla de Sierra Maestra fue central para derrotar a Batista, y tú has demostrado en tus libros, sobre todo en este último, la importancia decisiva que tuvieron el Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario, la rebelión en las ciudades. ¿Por qué prosperó este mito de los guerrilleros frente al resto de la subversión contra Batista? ¿Tu primer libro,Cuba: el libro de los doce, no contribuyó en algún lugar a construirlo? ¿Qué es lo primero que hace Fidel Castro antes de atacar el Moncada? Hace un movimiento en el que se inscriben unos mil doscientos jóvenes. De ahí van a salir los asaltantes. ¿Quién hace después la campaña por su amnistía cuando está en prisión? Este movimiento. ¿Quién prepara todo para que venga de México? Este movimiento. ¿Y quién lo salva después del desastre del desembarco en Alegría de Pío? Este movimiento. ¿Quién hace popular a la guerrilla enviando a Herbert L. Matthews, del New York Times, y a otros periodistas? Este movimiento clandestino. ¿Quién manda en el año 57 – y Guevara lo reconoce– en cuatro ocasiones refuerzos de hombres y armas a la Sierra Maestra, si no este movimiento clandestino? ¿Y el dinero, las medicinas, para que se mantuvieran? Pero, además, el primer acto clandestino importante es la toma de Santiago de Cuba por Frank País, el 30 de noviembre del 56, dos días antes de que Fidel desembarque y fracase. Allí no se perdieron las armas y hubo solamente tres muertos. Después, el 13 de marzo del 57, el Directorio asalta Palacio, que fue un acto en el que murió José Antonio Echevarría, su máximo dirigente, y creó a la dictadura grandísimos problemas. Más tarde, el 5 de septiembre, se produce una nueva rebelión de la Marina de Guerra por el Movimiento y otras fuerzas: tomaron la ciudad de Cienfuegos y dividieron al ejército. Hubo, además de esto, miles de sabotajes, en todas partes de Cuba, actos como el que paralizó La Habana durante tres días. En mayo de 1958, cuando vivíamos en la Sierra Maestra, después de la ofensiva, había menos de trescientos hombres, eso era la guerrilla. ¿Por qué posteriormente se crea el mito de “los doce”? Porque Fidel Castro tenía un conflicto con el movimiento clandestino muy grave: después del fracaso de la huelga general de abril de 1958, mandó intervenir el movimiento de las ciudades, y a la victoria prácticamente lo disolvió. Entonces creó el “mito de los doce” como los únicos responsables del triunfo, a pesar de que en Santiago de Cuba había dicho que esa guerra la había ganado el pueblo. Porque es verdad: la nuestra no fue una victoria militar, fue una victoria por rendición del ejército, porque al final el pueblo se puso en contra. Una de mis grandes discusiones con Guevara siempre fue ésta. Porque él, como todos los comandantes de la Sierra, se creía esta historia de la guerrilla como madre y triunfadora de la Revolución, y yo siempre le decía: “Tú te acordarás de Lenin, que no hay revolución sin movimiento revolucionario.” Fidel Castro crea ese mito para pasar todo el poder al ejército rebelde y, a través de éste, a sí mismo. ¿Por qué hice El libro de los doce? Por varias razones. En primer lugar, porque “los doce” míos no son los de Fidel. Aparecen las luchas de la ciudad y aparece algo fundamental: que la Revolución no es comunista, a través de la boca de todos ellos. Usé la capacidad de hablar de los cubanos para escribir ese libro coral, cuya única herramienta fue un micrófono. El libro se publicó en todo el mundo, en parte por la sensibilidad de la época de los sesenta a

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este tema. El último sitio donde se publicó fue en Cuba, y prácticamente en un momento de confusión, porque a Fidel nunca le gustó. Y esto porque en el libro hay ya algunos detalles, como que cuando muere Frank País y todos pierden el apetito, menos Fidel Castro, que revelaban ya parte de su carácter de absoluta indiferencia hacia el dolor ajeno y la suerte de los demás. O el detalle de cómo Fidel Castro engañó a Matthews, del New York Times, cosa que éste nunca me perdonó, al hacer desfilar varias veces a los mismos guerrilleros para dar la impresión de ser un ejército rebelde mucho mayor al real. Un elemento estratégico de Fidel para hacerse con el poder absoluto, según se desprende de tu libro, es la forma en que planea la llegada a La Habana. ¿Fueron tan decisivos esos siete u ocho días que él tardó en hacer el recorrido, una especie de procesión triunfal, para acumular todo el poder sobre sus espaldas? Fue importante, pero yo no diría que decisivo, porque de hecho, desde la toma del Moncada, el jefe indiscutible de la Revolución es Fidel. Por otra parte, la lucha la había hecho una minoría, pero la gran mayoría sentía simpatía por su genio. Además, la clandestinidad, como en todas las luchas de este tipo, era desconocida, y sus dos grandes líderes, José Antonio Echeverría y Frank País, habían muerto. Entonces, Fidel Castro sin duda habría sido siempre el caudillo de la Revolución. Pero, ¿por qué hizo esa marcha? Porque a la caída de Batista, Guevara está en el centro de Cuba, ha tomado Santa Clara, que se ha rendido. Además, Raúl Castro ha tomado todo el segundo frente. Y él, que preparaba la batalla de Santiago de Cuba, no había podido realizarla y queda en un segundo término militar. Fidel Castro era un lector de discursos de Mussolini y conocía la Marcha sobre Roma. Por ello, planea la marcha sobre La Habana y de hecho, durante una semana, fue “tomando” todos los pueblos del país hasta llegar a La Habana, en procesión multitudinaria y para restarle peso a las tomas reales del Che y Raúl. Una de las tensiones más importantes del libro es cómo la Revolución es traicionada por el caudillismo de Fidel Castro, no sólo al excluir al Movimiento 26 de Julio o al Directorio, sino también al entregar paulatinamente las decisiones y el poder al Partido Comunista. ¿Cómo se dio este proceso? ¿En qué momento te diste cuenta de que era irreversible? Y la pregunta central: ¿Castro fue alguien taimado, que estratégicamente ocultó su verdadera filiación, o es algo que utilizó porque le convenía en aquel momento? Considero que la Revolución fue traicionada, porque la toma del poder se hizo con la Carta de la Sierra y con documentos que hablaban de la restauración de la Constitución del 40, de democracia y reformas. Ahora, yo creo que la naturaleza de las revoluciones comunistas es traidora. La tesis de Trotsky de la revolución “traicionada por un hombre” es muy limitada. Está en su propia naturaleza, por eso se produce igual en todas partes, en la Unión Soviética, en China... En el caso cubano, Fidel Castro siempre tuvo un proyecto, que como lo demuestran estos 46 años, no estaba basado en otra ideología que

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la ideología del poder. Es decir, él quería el poder total, y éste no lo podía tener con una dictadura tradicional. Quería ser un protagonista mundial, y la única manera en que esa isla pequeña fuera protagonista mundial era deshacerse de Estados Unidos y tener el apoyo soviético. Lo que hace Fidel Castro es ingresar en el Partido Comunista con varios comandantes en minoría, y forzar los acontecimientos. No olvidemos que es un conocedor profundo de Maquiavelo. De no haber caído el comunismo en el 89, Castro habría continuado toda su vida diciendo, como dijo en el 61, que era marxista-leninista. Cuando cayó el comunismo, ¿qué hizo? Simplemente vendió Cuba a los capitalistas tras nacionalizarla, para seguir manteniendo el poder, su verdadera ideología. Lo que dices, además, desmiente uno de los mitos de la Revolución: que por la actitud intransigente de Estados Unidos, Cuba se volvió comunista, cuando quizá fue justamente al contrario: forzaron el rompimiento con Estados Unidos porque ya había el plan de transformar la Revolución. Los mitos son tan poderosos que tú le enseñas a esa gente al propio Fidel Castro hablando en público en ese sentido, y no lo acepta. Una vez, aquí en España, en los años ochenta, le preguntaron a Fidel en la televisión: “¿Es Cuba comunista por culpa de Estados Unidos?”, y respondió: “No. Cuba es comunista por un acto de mi voluntad, del que los Estados Unidos sólo fueron cómplices.” En tu libro Diario de la revolución cubana también queda demostrada esa evolución, mediante documentos, cartas, hechos históricos. Tú has escrito mucho de tu relación con Fidel, un personaje con el que nunca tuviste la relación siervo-amo que él establece, y que en algún lugar eso hizo que te respetara, porque marcaste desde el principio los límites que no estabas dispuesto a transgredir. Dedicaste todo un libro a analizar la figura de Fidel y tu relación con él, sobre todo el Fidel temprano, Retrato de familia con Fidel. De esto se desprende una pregunta rara: si llegara un extraterrestre y le pidiera a Carlos Franqui “defíname en pocas palabras quién es Fidel Castro”, ¿qué le dirías? Vuelvo otra vez a las autodefiniciones de Fidel Castro. En tres revistas de años recientes, se ha autocalificado como “el Diablo”. La primera vez que lo dijo, pensé que era un lapsus mental, porque últimamente tiene lapsus mentales. La segunda, ya me quedé más sorprendido, porque él es un conocedor de la Biblia y de los textos religiosos, dado que estuvo en un colegio de jesuitas. Y la tercera, ya no podía dudar. ¿Por qué se autocalificó como el Diablo? Pienso que por dos cosas: quizá porque cree que el Diablo nunca pierde el poder, pero no deja de ser sorprendente que la destrucción de Cuba coincida con la idea de que sólo el Diablo puede destruirla. Un hombre que tuvo la oportunidad, en el año 59, de hacer de Cuba una isla extraordinaria y que al final de ese año todavía tenía el 90% del apoyo de los cubanos, en 46 años lo que ha hecho es destruirla, como todo el mundo sabe. Además de eso, mi impresión, basada en hechos, es que Fidel Castro es un esquizofrénico: él se cree lo que oye y lo que dice, no ve la realidad. Y también, tiene una capacidad fantástica para pasar de una afirmación a la

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contraria como si no ocurriese nada. La esquizofrenia ha tenido en su vida dos fases: una, la del optimista, que dura hasta la zafra de los diez millones; Cuba como la maravilla del mundo. Su idea no era si Cuba servía o no, sino que lo que había en Cuba antes de él debía ser destruido para construirlo de nuevo, y ése es el gran problema, porque de hecho, sin duda lo destruye. Ésa es la fase donde habla del país más desarrollado del mundo. Después viene la segunda fase, la del pesimismo, cuando tiene que admitir que está en minoría; entonces aplica la técnica del terror y el hambre para mantener el poder. Una de las primeras señales de que Cuba iba hacia una dictadura es la forma en que Castro manejó la renuncia de Hubert Matos. Matos renunció lealmente en una carta privada, y Castro transformó eso en una conjura y primera purga. ¿No fue para ti una señal suficientemente fuerte como para pensar en un exilio temprano? ¿Cuál es tu lectura hoy de lo que pasó con Matos? Para mí, existieron señales previas. Y te lo dice alguien que desde 1946 sabía qué era el Partido Comunista Cubano y la Unión Soviética y había roto con todo ello. La primera quizá fue advertir las enormes consecuencias, en 1953, del asalto al cuartel Moncada y la terrible matanza que provocó. Claro, aquella acción era la respuesta de Fidel Castro al golpe de Batista, pero la forma en que se planeó y ejecutó la acción del Moncada me llevó a pensar que el hombre que lo había diseñado era muy peligroso. La segunda fue en el 56, cuando viajé a México para llevarle dinero a Fidel y para organizar, junto a intelectuales mexicanos como Fernando Benítez, una campaña internacional para sacarlo de la cárcel, que al final resultó exitosa, y él nos trató con enorme displicencia, menospreciando el trabajo clandestino que realizábamos. La tercera, en la Sierra Maestra cuando se impuso el consenso de que Fidel era un caudillo y un militarista. Lo que pensábamos es que el movimiento de la ciudad era muy poderoso y que sería capaz de equilibrar su personalidad. El día que yo debí tomar la decisión que no tomé, fue el primero de enero del 59, el día de la victoria. Ese día estuve en Santiago de Cuba dando vueltas, decidiendo qué debía hacer. Al final, decidí fundar Revolución, como un instrumento de crítica dentro de la Revolución, y que pronto entraría en conflicto tanto con los conservadores como con los comunistas. Fidel Castro me ofreció ser comandante y luego ministro, y me negué a ambas cosas. Lo que yo quería hacer era hacer una revolución cultural, no burocrática, e invitar a todo el mundo a conocer Cuba y su Revolución. Siempre he tenido un espíritu de lucha, de rebeldía. Una vez escribí: “Perezco, pero me rebelo.” No es que yo desconociera que una lucha violenta y clandestina contra una dictadura no es un lecho de rosas. La cuestión está en saber si, en una revolución, los resultados justifican los medios. Es el caso, a mi parecer, de la Revolución Francesa, pese al Terror, cambió al mundo, cosa que no ocurrió con la Revolución Rusa ni con la Revolución Cubana. De manera que antes de lo de Hubert Matos pasaron ya muchas cosas, como la destitución de Urrutia.

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Otras cosas que pasaron fueron la alejación táctica del poder por 45 días, o la postergación de las elecciones. Pero quizá una señal ya muy firme es todo el asunto de Hubert Matos, perdona que insista. Así es. Pero recuerda que Revolución representaba la corriente revolucionaria no comunista, frente a la corriente marxista-leninista, y de alguna manera estaba dando una batalla en la cultura, el movimiento obrero y el estudiantil bajo la consigna de no renunciar. De manera que la renuncia de Hubert Matos, que él presentó pensando que iba a ser aceptada sin consecuencias, nos planteó al resto el hecho de aceptar un acto que no compartíamos, y que iba a liquidar la lucha que teníamos en estos tres frentes, incluido el Congreso Obrero de noviembre del 59, que le ganamos a los comunistas. Nosotros queríamos dar la lucha, y la renuncia la vimos como una equivocación. Hoy pienso que fue un acto que, además de valerle la injusticia de veinte años de prisión, lo salva de gran parte de su responsabilidad histórica. En tu biografía sobre Camilo Cienfuegos especulas que su muerte no fue un accidente. ¿Cuáles serían las bases de esta afirmación? La base de esa afirmación es, primero, el pensamiento independiente de Camilo. Segundo, su popularidad. Camilo no tenía miedo de ningún tipo y era el único contradictor real de Fidel. Dado que Fidel pensaba hacer una revolución comunista, no iba a tener problemas con el Che ni con Raúl, pero sí los iba a tener con Camilo. Además de eso, están los hechos. Uno, las órdenes contradictorias antes de la victoria para restarle méritos. Dos, se destituye a Camilo en octubre del 59, poco antes de morir, y se nombra a Raúl Castro. Tres, acontecimientos como la discusión de Camilo en mi presencia, diciéndole a Fidel: “Hay que escribir la historia, porque tú vas a estar viejo, vas a decir muchas mentiras, y no estará aquí Camilo para decirte que vas mal”, que no sólo lo dijo allí, sino en muchos lugares. Camilo Cienfuegos es invitado por Fidel para ser el testigo de la acusación contra Hubert Matos, al que se culpa de conspirar contra la Revolución. Parece ser que Camilo descubre que, detrás del caso Matos, lo que hay es un montaje. Y Castro sabe que Camilo ha llegado a esa conclusión y, dada su honestidad personal, no se va prestar al juego. Esto ya crea una crisis, porque imagínate lo que habría sido un juicio a Matos donde Camilo niega la mayor acusación. Además, del accidente en sí, hay muchos cabos sueltos y actitudes sospechosas. ¿Cómo es posible que Camilo saliera –y está en todos los partes– y no llegara a La Habana cuando debió llegar? De eso hay comunicaciones que fueron publicadas en los periódicos. ¿Cómo es que Juan Almeida, jefe de la Aviación, manda un parte a Revolución, diciendo que lo están buscando, y Fidel Castro espera un día entero después para hablar, como si se acabara de enterar del accidente? Incluso yo descubrí los sospechosos desplazamientos de Oswaldo Sánchez, jefe de los servicios secretos y que participó activamente en los fusilamientos de La Cabaña en 1959, y que evidentemente fue el ejecutor de Camilo. Me parecen demasiados elementos. ¿Por qué Fidel, en la larga comparecencia, no analiza estas cosas, no trae a comparecer al aviador militar que siguió a Camilo, sólo a los aviadores civiles? ¿Por qué, mientras buscaba a Camilo, ponía delante de los periodistas cara de tragedia pero, en cuanto terminó la búsqueda, empezó a repartir comida? Todo eso daba a entender que Camilo no iba a

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aparecer. Y es muy curioso, porque para mí, la única figura revolucionaria que salva el pueblo cubano hoy es la de Camilo. Camilo te dejó además usar libremente sus documentos para Diario de la revolución cubana ante el peligro de manipulación histórica. Algo que hemos aprendido de la Revolución Rusa es que los hechos del pasado pueden ser alterados. Pienso en la famosa pintura de los jerarcas comunistas en torno a Stalin, que van desapareciendo, hasta quedar solo el líder soviético. A ti te pasó lo mismo: fuiste borrado de una foto oficial. ¿Cuál es tu lectura sobre la historia en una revolución, y por qué impide la historia como ciencia social? El sistema comunista es de naturaleza totalitaria. Es sorprendente cómo la aplicación de una doctrina en la práctica puede negar la realidad. Marx habla de la dictadura del proletariado, pero en la práctica, en el mundo comunista, el Partido sustituye al proletariado; después, el Comité Central sustituye al Partido, y después, el secretario del Partido sustituye al Comité Central, y así se crea el jefe absoluto. Además, toda la riqueza y las instituciones de un país van a parar a las manos del Partido, que tiene que crear una gigantesca burocracia para administrarla. Y ya se sabe de la ineficiencia de la burocracia. Todo esto niega rotundamente la posibilidad de una historia objetiva o de diversos enfoques históricos. Hay una verdad oficial decretada; por ello, la primera cosa que ocurre en la Unión Soviética es acabar con Trotsky; primero como figura histórica y luego como persona, y después con todos los demás. Me acuerdo siempre de una frase que me dijo Fidel Castro en la Sierra, mientras discutíamos sobre la crítica: “Toda crítica es oposición y toda oposición es contrarrevolución.” Y yo le dije: “Estás equivocado, porque mira: hay un hueco en el techo y cae agua, y yo te digo: ‘Fidel, está cayendo agua por ese hueco, la solución es tapar el hueco’: ésa es la crítica revolucionaria; la crítica contrarrevolucionaria sería: ‘Este rancho no sirve porque cae agua’.” Pero esto no creo que sea sólo Fidel, creo que todo el mundo comunista es realmente así. En el caso de Cuba, no solamente han desaparecido muchísimos de los que hicimos la Revolución, sino que, al mismo tiempo, es más grave todavía: han logrado meter en la cabeza de la mayoría de los cubanos que Fidel Castro es la continuidad de la historia de Cuba. Martí, el Che Guevara y Fidel. Los jóvenes se creen todo eso y piensan “esto es el infierno, el infierno no se puede cambiar, y este país nunca sirvió”. Tienen una ignorancia absoluta de lo que era Cuba, de lo que era Martí, de lo que fueron las luchas previas, de lo que fue la revolución del 30, de lo que fue la propia Revolución. Es muy difícil refundar una nación que no se identifica con su historia real. Ése va a ser uno de los problemas de la transición, sin duda. Otra figura que forma parte del mito occidental imbatible es la del Che. Sin embargo, el retrato que tú haces de él es muy duro. Él tenía unas ideas y estaba dispuesto a morir –y matar– por ellas, pero no a cambiarlas en función de la realidad. ¿Es ajustada esta lectura?

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Peor aún: veía la realidad, la criticaba, y al final recurría siempre al dogma. Por ejemplo, su cambio del dogma prosoviético al prochino. Y en algunas cosas no cambiaba nada, como la idea de que fue sola la guerrilla en la Sierra la que triunfó –idea que le costó la vida. Todo el largo testimonio sobre Guevara lo he basado en palabras y en actos suyos, no me he inventado nada. Nuevamente recurres a las fuentes originales, que es una de tus formas para hacer trabajos que no puedan ser cuestionados: no lo dijo Carlos Franqui, sino el propio Ernesto Guevara. Además de eso, cuando Guevara se hace una autocrítica, ésta tiene poca consideración de los efectos. Y no se diga el desastre económico del que él es corresponsable. Y de la burocratización. Pregunto, si las revoluciones se burocratizan, conclusión a la que llegó el Che, ¿para qué intentar hacer nuevas revoluciones, siempre con los mismos principios? Su mito pervive, entre otras cosas, por el hecho de que Fidel lo deja morir solo y por el hecho de morir asesinado después de hacerlo prisionero –a los prisioneros no se los asesina. Además, ante la caída de tantas certezas, su mito es necesario todavía para mucha gente. Es curioso: dado su enorme dogmatismo, seguramente se enfurecería de ver que muchos de los que desfilan tras su imagen lo hacen con un pito de marihuana en la boca. ¿Cómo piensas que llegará la transición? ¿Cuál es tu visión del futuro de Cuba en el mediano plazo? En los años setenta, nos reuníamos disidentes como yo, de todo el mundo comunista. En un coloquio del Partido Socialista en Roma, nos pidieron una breve definición del comunismo. Yo expliqué que el comunismo en su primera fase acaba con toda oposición; en su segunda fase, se paraliza, y en su tercera fase, se autodestruye. Me parece que, de alguna manera, eso fue lo que ocurrió en la Unión Soviética. En esos sistemas tan poderosos, es imposible una oposición que salga victoriosa, si no hay dentro del sistema, en su desarrollo, una serie de contradicciones que ocurren con sus crisis, con la paralización de la economía, con la destrucción de la vida, con lo de que el individuo ya no es más un individuo. Como en el caso soviético, esos sistemas anhelan convertirse en un imperio. Al pensar en la historia de América Latina, ¿qué país, incluidos los grandes como Brasil, México o Argentina, ha mandado medio millón de hombres, entre civiles y militares, a hacer guerras en quince países? Son palabras de Fidel, no mías. Te puedes imaginar lo que eso significó para todos esos países y para Cuba, la locura de querer convertirla en la cabeza de los Países No Alineados. El sistema castrista, aparte de todo eso, supone que el dictador es el Estado. No es como China o la Unión Soviética, donde ni Stalin ni Mao pueden gobernar el país sin el Estado: en el caso cubano, el Estado es Fidel. Además de eso, se trata de una personalidad como la suya, que carece de sentimientos, que no puede terminar más que con su derrota final. Claro, la transición va a depender mucho de la sucesión. Es evidente que, en la crisis que abra la sucesión, será muy importante que una parte del aparato –que de alguna manera es víctima también del propio poder, que sabe que está

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fracasado y que sólo tiene miedo a lo que va a pasar– se una a esa oposición pacífica que hay en la isla, que juega un papel importante para salvar la historia de Cuba de este periodo, incluido el nacimiento de la prensa independiente. De ahí puede nacer el intento de una reconstrucción de la isla. Claro, pueden ocurrir otras cosas. Puede ocurrir que una fracción de extremistas conserve el poder y reprima durante un cierto tiempo; puede ocurrir un estallido popular, porque ha engendrado mucho odio durante muchos años, no sólo fuera, sino dentro. El castrismo es un cáncer que no termina sino con la muerte. Después de que muera, vamos a ver si podemos esta vez enseñarle al mundo todas las cosas terribles que ocurrieron en la isla. Porque el comunismo desapareció, pero se ha propiciado un olvido casi total del desastre y de sus crímenes. ¿Te arrepientes de haber participado en la Revolución? No. Hay un hecho que es insuperable: yo siento que a mí me obligaron a ser un revolucionario. Por más que miro hacia atrás para ver si podía haber hecho otra cosa, no la encuentro. Esa revolución destruyó mi país, y destruyó la idea de un cambio profundo tan necesario. Y haber vivido esa tragedia es realmente una cosa muy dura. Más allá de los adversarios, de los enemigos, de todo lo demás. ~

http://www.letraslibres.com/index.php?art=11613

Carlos Franqui regresa a Praga
El periodista, historiador y escritor cubano Carlos Franqui nació en 1921. Su vida es como una crónica de los altibajos de la historia del mundo de los últimos ochenta años. Creció bajo el régimen de Batista, combatió con Fidel Castro en la Sierra Maestra donde dirigió Radio Rebelde. Más tarde fundó el periódico "Revolución". En 1968 se fue definitivamente al exilio.

A comienzos de los años sesenta Carlos Franqui visitó por primera vez Checoslovaquia. Después de cuarenta años regresó. ¿Cómo ha cambiado Praga y todo el país en esos largos cuatro decenios? "La Praga que yo vi en 1960 bajo el comunismo era una Praga con gente tensa, dramática, había mucha policía por todas partes, gran corrupción de parte del régimen. Yo vine con una delegación de periodistas y fuimos al hotel Jalta. Había un baile y había jóvenes checas muy lindas... La mayoría de los periodistas que venían conmigo eran bailadores y se pusieron a bailar. Y estaban muy contentos porque pensaban que van a tener un romance con estas muchachas. Pero cuando se terminó el baile como a medianoche los que dijeron las muchachas fue que si querían ir con ellas, eso les costaba

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un equivalente de treinta dólares. Entonces, como yo era el tesorero de la delegación vinieron a pedir el dinero. Yo dije que lo sentía pero no podía justificarlo y se fueron toda la noche a vivir con esas muchachas. Esas muchachas les contaron que la policía les permitía tener apartamentos, que ellas tenían que entregarle la moneda extranjera al jefe policíaco el otro día, que tenían que preguntarles a los extranjeros cosas políticas hacerles grabaciones y después entregárselas. Después de eso fuimos a las tiendas Tuzex donde sólo se podía comprar con moneda extranjera y efectivamente vimos a representantes oficiales haciendo los cambios". Nada de ello podían observar los periodistas extranjeros en Moscú, recuerda Carlos Franqui, quien vino en los años sesenta a la Unión Soviética a entrevistar a Nikita Kruschev. Allá se organizaron para los periodistas visitas controladas a escuelas, universidades, fábricas, cooperativas. En Praga fue diferente. "Aquí como la burocracia checa comunista era muy mala se les olvidó que nosotros habíamos llegado y por eso pudimos movernos por la ciudad y descubrir muchas cosas. La ciudad era realmente muy bella como siempre, pero no era lo mismo, era una belleza triste, ahora tiene una belleza libre. Praga es bella y es libre". Curiosamente el mismo día que Carlos Franqui, llegó a Praga en visita oficial el Che Guevara. "Y claro no ha habido nada, ni quería ver nada. Y cuando yo llegué a La Habana, en un consejo de ministros conté esta experiencia de Praga y Guevara dijo que yo era un mentiroso. Tuvimos una gran discusión. Años después tuvo que decir que el mentiroso había sido él. Eso me hace pensar siempre hablando de Guevara que después del fracaso de su aventura africana él vino aquí a Praga. Pero como reconoce el propio Fidel Castro en un libro, en realidad el Che no quería volver más a Cuba. Sí, casi tuvieron que obligarlo, quería ir directamente para la guerrilla porque habían entrado en conflicto". Esta fue la primera visita de Carlos Franqui a Praga. ¿Y cómo ha sido esta segunda visita, 40 años después? "Ha sido maravilloso. No es que haya podido ver mucho de la belleza de la ciudad, la he visto sólo a vista de pájaro. Pero como siempre espléndida. Y me voy de aquí no como otras veces con un recuerdo muy desagradable, ahora me voy con un recuerdo muy agradable". ¿Y cómo son los checos según Carlos Franqui? ¿Se les nota la diferencia tras cuarenta años? "Creo que la esclavitud afecta a la gente en muchos aspectos. En los países donde hay tiranía, donde hay comunismo, normalmente la cara de la gente es tensa, se ve todo el mundo preocupado. Es difícil encontrar la distensión, que la gente sonría a simple vista en las calles. Y naturalmente había unos grandes privilegios entre los jefes comunistas, que vivían como grandes jerarcas, y el pueblo, que tenía que trabajar y obedecer. Ahora

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de lo que visto tengo una impresión diferente. Es claro que la herencia que deja el comunismo es difícil de superar porque es una herencia no sólo material sino espiritual. El comunismo destruye al individuo. Y cuando el individuo es libre le cuesta trabajo recuperar la idea de ser libre. En el comunismo es como si el estado fuera el papá de todos los hijos. Entonces, cambiar esa mentalidad es difícil, pero muy importante. Una sociedad sólo puede progresar con el esfuerzo de todos... en todos los órdenes de la vida". Pese a todas las dificultades, la transición del comunismo a la democracia en la República Checa ha sido mucho más exitosa, opina Carlos Franqui, de lo que ha sido en otros países del antiguo bloque comunista. ¿Por qué? "Quizá en primer lugar Checoslovaquia dependía menos de Rusia de lo que dependían otros países del bloque del Este. Creo que era un país con un gran desarrollo industrial, con una cultura con ciertas tradiciones, que pese a todo, el comunismo no pudo destruir. Creo que también el hecho de que tuvieran a Václav Havel como presidente ha contribuido muchísimo a crear un equilibrio, a resolver los problemas graves como la cosa con Eslovaquia de una manera pacífica y civil. También quizás el hecho de que la oposición checa fue muy importante, aunque no fuera grande, tenía menos problemas que países como Polonia, donde la oposición fue relativamente grande, pero había sectores muy diferentes, entre los obreros, luego los intelectuales, los católicos, y otros sectores de la sociedad polaca. Y eso ha hecho que en Polonia haya habido quizá más dificultades. También creo que el Partido Comunista polaco y de otros países rápidamente cambiaron de cara y se vistieron de socialdemócratas. Y como la gente estaba muy habituada a recibirlo todo del Estado - y esto fue una de las causas de la crisis del comunismo - al hacer los cambios eso le creó a parte de la población dificultades. Por esa razón votaron por los ex comunistas que ya no se dicen comunistas o no quieren establecer el comunismo, pero que tienen las viejas ideas". Los países de Europa del Este ya han logrado sacudir la arbitrariedad del comunismo. La tierra natal de Carlos Franqui tiene este camino aún por delante. ¿Será difícil la transición a la democracia en Cuba? "Los sistemas comunistas comienzan primero por acabar con toda la oposición. Después, en la segunda fase, paralizan todo y en la tercera y última todo se autodestruye desde arriba. Eso pasó en Rusia y el resto de los países. Lo mismo está pasando en Cuba, pero en condiciones mucho más dramáticas porque siendo un país pequeño y teniendo un caudillo que ha dado todas las estructuras al poder comunista, sustituyó el partido por el ejército y por la seguridad, pero que tiene al país como su finca y en 43 años ha destruido todo. Porque su idea era de que todo lo que había antes de él no servía. Había que destruirlo y hacerlo de nuevo. Y lo ha destruido, pero no lo ha hecho de nuevo. Y además dependía totalmente de la Unión Soviética porque era el caballo de Troya del comunismo; en el Tercer Mundo... en África, en una América Latina de guerrillas etc., los rusos invertían una cantidad de dinero en Cuba realmente impresionante, mantenían al país. Cuando eso se desplomó hubo una caída monstruosa de la economía y de la vida. También la gente empezó a pensar. Y a ese caudillo llamado Castro, como es un hombre que nunca ha tenido ideologías, sino poder, no se le ocurrió mejor cosa que

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llamar a los capitalistas extranjeros para hacer negocio con ellos asociándose porque sabía que no podía hacer funcionar la economía. De esa manera hacía que por ejemplo un lugar donde trabajaron 500 obreros y le paguen mil dólares de salario él cobra todo el salario y sólo le da al obrero el diez por ciento. A parte de lo que le produce la sociedad creó un apartamento turístico y económico que hace que los cubanos sin dólares estén fuera de la vida. Encima de eso los cubanos no pueden por ejemplo curarse hoy en las clínicas en dólares que tienen todo, van a la farmacia y no hay ni aspirina. En las escuelas los maestros no trabajan porque ganan 15 dólares al mes. Ahora son los estudiantes los que se han metido de maestros. Hay más de un millón de desempleados. La crisis es enorme, hay una gran represión, hay más de 300 presos políticos. Pero en los últimos tiempos se ha fortalecido una oposición y por primera vez más de 20 mil cubanos han tenido el coraje de desafiar el sistema firmando el Proyecto Varela sobre cambios democráticos para Cuba. Yo creo que próximamente va a haber un encuentro entre el régimen y la oposición. Todos sabemos que ellos serán derrotados. No sabemos, como decía Havel, ni cómo ni cuándo. Y la transición no será nada fácil porque hay una destrucción material, económica, moral y física de gran parte del país que exigirá un esfuerzo gigantesco para hacer los cambios". http://www.cartadecuba.org/carlos_franqui_visita_a_praga.htm

Entrevista a Carlos Franqui en el periódico ABC de España.
A Carlos Franqui (Clavellinas, Villa Clara, 1921) le parece «exagerado» que se le considere el «mitificador» y el «desmitificador» de la revolución cubana. Sí reconoce, en cambio, el escritor disidente que él viajó a Europa para difundir las bonanzas de la revolución en marcha entre intelectuales y artistas como Picasso, Le Corbusier o Sartre. Al filósofo, cuenta Franqui, «le sorprendió que en Sierra Maestra se hablara de existencialismo». Luego llegó su desencanto, la caída en desgracia y el exilio. En «Cuba, la revolución: ¿mito o realidad?», el libro que acaba de presentar en Madrid, «asumo las responsabilidades de mis actos».

-¿Qué ha querido transmitir con el título de su libro? -Una cosa es Cuba y otra la revolución. Cuba es un mito para mucha gente y la realidad es otra. No sólo entre intelectuales, sino también entre ciertos políticos de izquierda que no quieren aceptar el fracaso de las revoluciones comunistas. -¿Qué le llevó a la ruptura con el régimen en 1968 o fue progresiva? -Fue progresiva a partir de 1961, cuando se suprimió el suplemento Lunes de Revolución, que dirigía (Guillermo) Cabrera Infante. En 1963 me sustituyeron como director del diario Revolución. Caí en desgracia y estuve varios años saliendo y entrando

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del país. Me dí cuenta de que la revolución estaba perdida, pero pensé que en lugar de salvarme yo, debía tirar todos los días mi gotica de agua y criticar. -¿Qué futuro cree que le espera a Cuba después de Fidel Castro? -Aquello es un gran cáncer y de ese cáncer el castrismo no se puede curar porque es el que lo produce. Ahora estamos en el comienzo de la sucesión, que no de la transición. Raúl Castro ya no es el sucesor sino Felipe Pérez Roque, que es el jefe de la corriente chavista en Cuba. Esta corriente tiene 30.000 talibanes que están acusando de corrupción a gente del régimen y desplazándolos. Hay, además, una segunda generación en el poder que pudiera emerger en una crisis; la posibilidad de un estallido popular, porque hay mucho odio, y una oposición minoritaria pero prestigiosa que pudiera jugar un papel con la parte del sistema que quiere cambios. -¿Esa oposición debe unirse y no esperar a la «solución biológica»? -Ante una represión tan grande, la oposición interna ha superado gran parte de las divisiones. Su problema es el aislamiento. Muchos llevan meses sin salir de su casa a causa de los actos de repudio... Un factor interesante es que en los últimos años el exilio está apoyando a la oposición interna. -¿Comparte la posición del Gobierno español y la Unión Europea? -A España, a la UE y a la opinión pública internacional hay que pedirle mayor presión al régimen para que libere a los presos y mayor apoyo a la oposición. Veo muy bien la posición del Parlamento Europeo, hay que seguir premiando a la disidencia. Al final del castrismo, la UE, incluida España, debe plantearse si está con el régimen o con el pueblo, que es la víctima. http://www.cartadecuba.org/carlos_franqui_presenta_libro.htm

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Carlos Franqui: 'A los políticos les interesa el poder, a mí cambiar el mundo'
Diario de Sevilla, 18 de mayo de 2006
"Una de las bestias negras del castrismo llega a la Feria del Libro con una doble misión: hablar hoy sobre María Zambrano y presentar el sábado su volumen de memorias, Cuba, la revolución: ¿mito o realidad? (Península). Sin embargo, Carlos Franqui es algo más que un exiliado. Es, ante todo, un hombre de cultura que cree en el poder de ésta para cambiar a los hombres y al mundo…".

"–Usted fue uno de los que forjó el apoyo de los intelectuales europeos a la revolución cubana. ¿Se arrepiente?". "–Hay siempre mucha exageración en este asunto. No niego que fui un protagonista de la revolución, pero suponer que un guajiro como yo fue el que convenció a intelectuales como Sartre, Breton o Picasso, es mucho suponer (…) También es cierto que muchos de los que me acompañaron en la mistificación de la revolución cubana luego estuvieron conmigo a la hora de la desmitificación". "–¿Camilo Cienfuegos representa lo que pudo ser y no fue la revolución?". "–Fue un personaje interesantísimo. Junto a Castro era el personaje más popular de la revolución. Camilo representaba lo popular: era muy simpático, amante de la libertad, amigo de la fiesta. Pero, ante todo, era un personaje independiente, que nunca fue comunista y que creía en una revolución humanista inspirada en Martí. En el momento que Fidel quiso dar el giro comunista, Cienfuegos pasó a ser un estorbo. En Cuba nadie duda de que fue Castro el que lo quitó de en medio…". http://www.cartadecuba.org/carlos_franqui_presenta_libro.htm

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Carlos Franqui: “Hay tres tendencias disputándose el poder”
Por Miguel

Rivero

Revolución, exilio y sucesión. Carlos Franqui cuenta sus experiencias y habla sobre los nuevos escenarios que se abren en Cuba.

Carlos Franqui (1921) es la memoria viva de toda una etapa importante de la revolución cubana, cuando este concepto se podía escribir en mayúsculas. Estuvo con Fidel Castro en la Sierra Maestra, fue director de Radio Rebelde, un instrumento importante en la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, y después director del diario Revolución, órgano del Movimiento 26 de Julio, donde se agruparon durante un tiempo brillantes intelectuales, como fue el caso de Guillermo Cabrera Infante. Cercano colaborador de Celia Sánchez, Franqui intentó que intelectuales europeos se acercaran a Cuba, con la idea de llevar la cultura a la población. Fue en este proceso que surgieron contradicciones con Fidel Castro y su entorno hasta que ya, totalmente desilusionado, se radicó primero en Italia y ahora vive en San Juan, Puerto Rico. Han pasado más de cuatro décadas de algunos de los episodios que Franqui relata en esta entrevista. Precisamente por esas circunstancias, porque más del 60 por ciento de la población cubana nació cuando Castro ya estaba en el poder, resulta oportuno escuchar su voz, recuperar un testimonio diferente acerca del pasado reciente de Cuba. Escritor y periodista, dialogar con este hombre, que conserva en su memoria una parte importante de nuestra historia contemporánea, se convierte en una lección para las nuevas generaciones. ¿En qué circunstancias se produce su incorporación al movimiento contra la dictadura de Batista? Cuando Batista dio su golpe, el 10 de marzo de 1952, derrocando la democracia que gozaba Cuba, extraordinaria pese a sus imperfecciones, me di cuenta de que la vida iba a cambiar y también mi propia vida. Como era periodista, me dediqué a crear prensa

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clandestina en varios sitios. Así llegué hasta el período 55-56, donde hicimos primero la publicación Aldabonazo y después Revolución, que fue auspiciada por el grupo del 26 de Julio que formaban Faustino Pérez y el movimiento clandestino habanero. En esa circunstancia, me trasladé a México a llevarle recursos a Fidel Castro y hacer campaña por su libertad, ya que estaba en la prisión de Miguel Schultz. Pero aun así, todavía en esa época formalmente yo no era miembro del 26 de Julio, porque como era una organización tan amplia, tanto en lo que se refiere a la ciudad como a la propia guerrilla, no había, como en otros partidos, el problema de la militancia, etcétera. Así que de esta manera, a pesar de mi experiencia anterior y de mi idea de que un periodista nunca debía ser miembro de ningún grupo político, me vi envuelto en la lucha y ya a partir de cierto momento me convertí en un dirigente del 26 de Julio. Hay un momento en que se marcha al exilio... Caí preso y el taller clandestino de Revolución fue sorprendido, a principios de marzo de 1957. Fui el último detenido y vivimos momentos muy difíciles, porque coincidió con el asalto al Palacio Presidencial. Y después estuve varios meses preso. Finalmente, como casi todos los otros, fui dejado en libertad provisional; porque la dictadura de Batista se caracterizó porque el poder judicial conservó una cierta autonomía, sobre todo en el momento en que se restablecían las garantías constitucionales. Y entonces, en septiembre, después de salir de la prisión, me mandaron a reorganizar el exilio y fui a Costa Rica, México, Estados Unidos, antes de ir para la Sierra Maestra. ¿Cómo se produce su llegada a la Sierra Maestra? ¿En qué circunstancias? En circunstancias difíciles, a principio del año 58, con las acciones enormes realizadas en 1956 en las ciudades, como fue la toma de Santiago de Cuba el 30 de noviembre por Frank País. Después, el asalto al Palacio Presidencial, la rebelión de Cienfuegos, miles de sabotajes, el secuestro de Fangio, el hecho de que la prensa norteamericana y mundial divulgaran muchas entrevistas, informaciones, acerca de los crímenes de Batista, el asalto al Cuartel Goicuría, etcétera. Todo esto produjo una sensación de que se desplomaba la dictadura de Batista, y fue en esas circunstancias que fracasó la huelga general del 9 de abril de 1958. Fueron derrotas muy grandes para el movimiento clandestino en las ciudades, que equilibraba el caudillismo de Fidel. A partir de ahí Castro pudo, aprovechando divisiones, intervenir en las ciudades con comandantes. Y fue un momento también duro, porque Batista lanzó la ofensiva contra la Sierra Maestra y fue en esas circunstancias que llegué...

¿Llega antes de la huelga de abril, o después?

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Llego después de la huelga de abril. Precisamente en el momento en que estaba comenzando la ofensiva de Batista. Fue realmente en un avión conducido por Díaz Lanz, que era un extraordinario piloto, con un cargamento de armas y balas. Entonces empecé mi trabajo en la Radio Rebelde, que dirigí hasta el final de la guerra. Cuento en mi último libro ( Cuba, la revolución: ¿mito o realidad?, Ediciones Península) una circunstancia que contribuyó mucho a lo que sería mi destino posterior, porque, al llegar, Fidel quiso militarizarme, nombrándome comandante. Quiso también convertirme en político, que mi nombre se transmitiera por la radio todos los días. Y yo le dije que no era militar, que yo iba a ir a los combates pero con un altoparlante, que predicaba la violencia pero que no la practicaba, y que mi lucha clandestina había sido como la de muchos otros, sin armas, y no quería que mi nombre saliera en la radio porque venía de la clandestinidad. Agregué que aceptaba ser miembro de la dirección, sobre la base de que él sabía que yo era un discutidor, que aceptaba su dirección, pero mi papel, como miembro de esa dirección, era opinar si creía que las cosas no estaban bien. Y eso me dio una autonomía, porque después de la victoria Fidel disolvió el Movimiento y yo no era militar y no acepté cargo de ministro. Era una cosa muy rara, muy rara, porque... Algo así como una pieza suelta... ...era el director del diario Revolución. En los primeros tiempos, Fidel permitió las guerrillas internas, porque, como no quería una organización, era menos peligroso tener grupos que se disputaban entre sí, como el grupo de Raúl, el Che y Ramiro Valdés, o el grupo de nosotros, que disputábamos la conducción de la Revolución, pero Fidel estaba totalmente por encima de todos. Ya en esa época, aunque existiera teóricamente una dirección nacional, ¿considera que Fidel Castro había asumido un papel autoritario? Fidel termina la lucha contra Batista como el caudillo indiscutible. Y después de la primera semana de la llegada a La Habana, es un poco el Dios de Cuba. De hecho, en la práctica, el Directorio Revolucionario fue liquidado en el primer discurso, en el que

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proclamó "¿Armas para qué", una de las tantas cosas contradictorias que ha dicho Fidel, que después sería el jefe latinoamericano que más guerras ha hecho, incluso fuera de Cuba. Y después, sin decir nada, disolvió el 26. A insistencia nuestra, hubo una sola reunión en el Tribunal de Cuentas, que no se convirtió en una reunión de la dirección. Esa reunión fue muy increíble, porque como eran los primeros tiempos, Raúl Castro estaba muy molesto por las declaraciones anticomunistas de Fidel, la revolución humanista y todo eso. Y como Fidel Castro nunca da explicaciones a nadie, estaba en una actitud muy crítica. En esa reunión, Raúl Castro dijo ante todos que aquello era una mierda. Fidel Castro le metió un discurso violentísimo a Raúl, que no era la primera vez que lo hacía. Esa reunión en el Tribunal de Cuentas la presidía Julio Duarte, que había regresado del exilio. Y yo, un poco por ironía, porque era un adversario de Raúl, hice un discurso para apaciguar los ánimos. Esa fue la única y la última reunión del 26 de Julio, que se quedó solamente como un símbolo del diario Revolución, con el rojo y el negro que duró hasta el año 1961. Cuando yo estaba fuera del país, incluso suprimieron el rojo y el negro. En el último libro de Ignacio Ramonet, Fidel Castro se construye su autobiografía: se presenta a sí mismo como una persona de ética, pero que al mismo tiempo siempre estaba en la primera línea de los combates durante la lucha de la Sierra Maestra. ¿Hasta qué punto verdaderamente se puede acreditar eso? La historia de Fidel está llena de mitos, afirmaciones falsas u otras que, en realidad, no se corresponden con la verdad histórica. En la historia de Fidel Castro está patente que un jefe tiene que correr ciertos riesgos, y objetivamente, más allá de las monstruosidades, su tiranía y su destrucción de Cuba, creo que cuando alguien escriba la Historia, saldrá la verdad. Evidentemente, Fidel Castro corrió riesgos en el asalto al Moncada, en las luchas gangsteriles universitarias, pero después, en el primer año de la guerra, los combates no fueron muchos: el más importante fue el de Uvero y los riesgos en la Sierra fueron mínimos. Mínimos porque la guerrilla era una forma de lucha irregular y la prueba está en que en los dos años de guerra hubo poca cantidad de muertos. En un combate como el de Uvero, Fidel estaba allí, pero no en la posición más avanzada. Los que resultaron heridos fueron Camilo Cienfuegos y Juan Almeida. Hay una carta de los comandantes rebeldes, en el año 1958, que publiqué en Revolución, donde le piden a Fidel que no vaya a la primera línea del frente de combate. Entonces, digamos que él jugaba de una parte con el riesgo y de otra con la prudencia. Creo que Fidel Castro es un hombre que siempre ha tenido mucho miedo, pero se las ha arreglado para meterle miedo a todo el mundo.

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Vamos a ir a la etapa de Revolución como diario. Teniendo en cuenta que usted, en su etapa de juventud, estuvo dentro del Partido Socialista (PSP) y después lo abandonó, me imagino que a las personas del PSP que empezaron a ocupar posiciones después de 1959, aunque algunos fueron a la Sierra, no le resultaba muy simpático que el director de Revolución, el órgano del 26 de Julio, fuera un renegado. Esa fue la última cosa que dijo Castro a Ramonet al referirse a usted... Y no fue la primera vez que lo dijo. Creo que en la historia de la humanidad es difícil encontrar alguien que no cambie. No veo por qué una persona que milita en cualquier tipo de organización, si descubre que esa organización no tiene los fines que piensa, no pueda abandonarla. ¿Por qué no puede tener ese derecho? De todas maneras, yo, primero, efectivamente, rompí con el Partido Comunista Cubano cuando tenía 25 años, en 1946, porque no me parecía el modelo de socialismo a que yo aspiraba. Y creo que no me equivoqué. Después rompí con Fidel Castro y su revolución porque era todo lo contrario de lo que debería ser una revolución. En cambio, Fidel Castro renegó de ser católico, renegó de ser "tira tiros" en la universidad, renegó de ser ortodoxo, renegó del 26 de Julio, renegó del humanismo revolucionario, renegó del marxismo-leninismo en 1961 y, después, se volvió mercantilista, asociándose con el peor capitalismo mundial. Ahora se las ha arreglado para ser chavista. Creo que tiene el récord Guinness de renegado. Ahora, hay paradojas históricas. En el año 1957, cuando me mandan a organizar el exilio, entre los lugares por los cuales pasé fue por México y ahí estaba exiliado Joaquín Ordoqui, quien dijo públicamente que yo era un agente de la CIA. Lo que es sorprendente es que Ordoqui después muriera acusado de ser agente de la CIA. El no era agente de la CIA, pero sí era el principal hombre de los soviéticos en Cuba. 'Lunes de Revolución' y 'Revolución' representaban en aquel momento una pluralidad de ideas frente, por ejemplo, al periódico 'Hoy', diario de línea más ortodoxa, más dogmática. Era un momento en el que ya no se podía conciliar… Uno de los conflictos míos con Fidel Castro y los comunistas es mi idea de que la cultura es, de hecho, la que garantiza la libertad, como decía Martí. De manera que, desde la clandestinidad, quise incorporar la cultura a la revolución. Mucho más tarde entendería, como decía Octavio Paz, que hay un conflicto siempre insalvable entre cultura y revolución.

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Eso tuvo muchas fases. Tuvo la fase del primero de enero, cuando yo quería traer medio mundo a Cuba para cambiarla sin burocracia, y Fidel se opuso cuando en el primer viaje no quiso ver el cuadro Guernicaen Nueva York. Inicialmente, los viajes para buscar a Jean Paul Sartre y a todos los demás los hice por mi cuenta, sin autorización de Fidel, aunque, claro, él después se aprovechó de eso. Y de hecho Lunes..., que dirigía Cabrera Infante, tenía varias vertientes. Una, la de divulgar el arte contemporáneo a través de un formato muy atractivo, con muy buenos pintores, y diseñadores; dos, informar de todo lo que era la cultura universal, sin discriminar a nadie, se llamara Borges o Neruda, o se llamara Aragón... Después tuvo también la idea de pluralismo político, por lo cual debían ser incluidos textos clásicos, que podían ser de Mao o de Lenin, pero también de Trotsky, o de muchos de los que después criticaron el comunismo. Después, una vertiente de lo que era el mundo popular cubano, la música, etcétera, que era tan importante en la vida de Cuba. Cabrera Infante era un amante de aquella Cuba nocturna, aquella vida un poco romántica que se vivía cada día… Creo que una característica de Cuba siempre fue esa. Una manera de ser cubano es la alegría, las fiestas y el baile. Y tú ves que cuando la Crisis del Caribe, Revolución publicó que Nikita había retirado los cohetes, y la gente salió gritando y bailando por las calles, en medio de un peligro de inmolación mundial, con el estribillo "Nikita mariquita, lo que se da no se quita". Si tú miras hoy mismo, creo que una de las cosas que no ha podido acabar Fidel Castro, pese a todas las persecuciones, es la idea de la fiesta en Cuba. Tampoco con el choteo, que incluso erosiona el régimen, porque hay muchas cosas que el cubano utiliza... El choteo y, de alguna manera, el sentido de la aventura, que hace que la gente desesperada se tire a los mares, o que otros se conviertan en opositores, porque realmente hay que estar casi loco para dedicarse a la oposición en Cuba y alejarse de la ficción revolucionaria. El conflicto fue muy duro, porque coincidió con dos momentos. Primero, el año 1960 en Cuba fue de golpes y contragolpes, de pasiones políticas. En realidad, incluso todos los escritores eran militantes, muchos de ellos eran milicianos y muchos fueron a combatir en Girón. Sin embargo, poco después comenzó la sovietización de la cultura cubana. Y la supresión de Lunes... en una reunión en la que estaban Edith García Buchaca, Carlos Rafael Rodríguez, Fidel Castro, Osvaldo Dorticós y Alfredo Guevara, que era el fiscal.

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Allí, pese a nuestra protesta, se acordó suprimir el semanario Lunes..., que lo terminamos con un homenaje a Picasso. Hay que pensar que salía con una edición de 300.000 ejemplares, que tenía enorme impacto popular. Fue una de las tantas batallas intentadas y una de las tantas perdidas. Pero, al mismo tiempo, ese fue el momento, al menos para mí, de darme cuenta de que la revolución estaba perdida, que había tomado el camino soviético. Sus relaciones con Cabrera Infante, ¿siempre fueron cordiales o hubo algunos momentos complicados? No fue complicado, porque en realidad yo lo conocí cuando era un adolescente. Después, de alguna manera, sus primeros trabajos fueron muy humildes, eran los que yo iba dejando y él los tomaba. Él colaboraba en la revista Carteles, donde yo trabajaba. En realidad, cuando leí su primer cuento me di cuenta de que tenía mucho talento. Honestamente, jamás tuvimos conflicto. Coincidimos en muchísimas cosas, no sólo dentro, sino en el exilio. Él a veces era acusado de intransigente, pero no se trataba de un problema de intransigencia, porque tanto él como yo conocíamos muy bien a Fidel Castro y sabíamos que con Castro no se puede mantener un diálogo. Es un hombre que utiliza esa herramienta, como la historia lo demuestra. Cuando tiene dificultades recurre al diálogo, como en el año 1978, por ejemplo. Invitó a gente del exilio y entonces se dijo que "los gusanos se convirtieron en mariposas". También en otros hechos posteriores, como el viaje del Papa a Cuba, el diálogo con la Unión Europea y España, etcétera. Pero, a la postre, ha sido un diálogo siempre a su servicio, y nunca cambia o cede en nada. Entonces, nosotros éramos y somos los que pensamos que con el victimario no se puede ser complaciente. Este proceso nos ha enseñado un poco a pensar democráticamente, lo que quiere decir que aunque uno no esté de acuerdo con algunas posiciones, debe respetarlas; lo que no quiere decir compartirlas. No puedo respetar al ministro de Cultura de Fidel Castro, que, después que condenan a los periodistas independientes, escribe una carta de apoyo a esa condena. Cada día más el exilio y todas sus instituciones y publicaciones van comprendiendo que la política consiste en darle voz a los que no tienen voz, a los que aman la libertad y a los que disienten. ¿Qué proyectos tiene ahora? Acaba de salir este libro sobre Cuba, que es más personal, pero siempre está Cuba y la Revolución. Mis proyectos son, de una parte, seguir manteniendo —con muchas dificultades— la revista Carta de Cuba, que es en el fondo la expresión de los periodistas

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independientes de la Isla y de los opositores en general, que refleja lo que ocurre allí. Esa la considero como la tarea básica. En lo posible, utilizar la radio, que es un medio importante para comunicarse con la Isla. Me parece que Cuba entra en la fase final de la historia del castrismo. Se ve claramente que el viejo dinosaurio está a punto de 'cantar el manisero'. Se notan tres tendencias disputándose el poder: el viejo dinosaurio, que le gustaría sustituir a Raúl por Felipe Pérez Roque y los chavistas. De otro lado, está Ricardo Alarcón, que declaró que la sucesión debía producirse a través de la Asamblea Nacional, y Raúl Castro, quien dijo que debía ser el Partido Comunista de Cuba, es decir, él mismo. Esa lucha por la sucesión es intensa y pueden surgir dos escenarios. Uno, que considero difícil, es que puedan consolidar el poder. Y otro, que el poder se debilite, que el pueblo pueda decir su palabra, que la oposición pueda jugar un papel y que, dentro del poder, como ya ocurrió en otros países comunistas, surjan corrientes más nuevas que estén dispuestas a hacer cambios y se pongan de acuerdo con la oposición. De eso depende en alto grado las esperanzas de una Cuba libre con cierta rapidez. Después vendría la tarea descomunal de la reconstrucción de las ruinas que ha dejado Castro. Es una sociedad desgarrada. El tejido social casi ha desaparecido, los valores de la sociedad... En la destrucción que he mencionado está la de la familia, del individuo, de la sociedad, de todas las clases. No existe la clase obrera, no existe la clase media, no existe la clase capitalista, no existe la clase campesina. No existe el individuo. Para sobrevivir hay que robar, hay que mentir, tener una doble moral. A eso unimos la destrucción de la agricultura, la economía, la industria, las casas, las ciudades... ¿Cómo ve el papel de la diáspora cubana en ese proceso de reconstrucción? Por ejemplo, los intelectuales tendrán que asumir cierta responsabilidad en ese proceso... En el exilio se ha producido un cambio, que es menos conocido. Porque sigue existiendo el 'cliché' de un exilio de Miami ultraderechista, mafioso, todo eso. No es que en Miami no existan voces absurdas, estúpidas o extremistas. Pero si tomamos todas las organizaciones del exilio, encontramos que la mayoría apoya a la oposición pacífica de la Isla con lo que puede, y ese es un gran cambio. Se han dado cuenta de que ese es el camino y un gran cambio, porque están demostrando, primero, que Cuba será libre si los cubanos, en un momento dado, son capaces de liberar la Isla. Y, segundo, que el papel principal de todos los exiliados es darle una mano a aquellos que están dentro. Que no es una cuestión de quitarles las casas, ni aspirar al poder o no.

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En estas condiciones, las palabras mejores que han sido dichas fueron las de monseñor Meurice, arzobispo de Santiago de Cuba, durante el viaje del papa Juan Pablo II, que habló de las dos Cuba. Porque hay una cosa que está clara: la cuestión no consiste en que haya un cubano en el exilio que, por golpe de gracia, vaya a ser el nuevo presidente de Cuba. La cuestión es si un cubano que luchó por Cuba y tuvo que partir al exilio, debe en el futuro tener tantos derechos y obligaciones como cualquier ciudadano dentro de la Isla. Es decir, un día el país tiene que ser reconstruido sobre la base de la igualdad de todos aquellos que hayan sido protagonistas de la lucha por la libertad, o de aquellos que incluso hasta el día antes de la caída del régimen manifiesten su oposición al castrismo. Los que están en el poder deben tener una oportunidad. En particular, si el día antes que aquello desaparezca contribuyen a su caída. Excepto los que estén manchados por crímenes, que ya esa es otra historia. Posiblemente algún día tendremos que formar una comisión de la verdad, como hicieron los sudafricanos... En los antiguos países comunistas prácticamente no hay nadie en las prisiones, pese a todos los crímenes. Lo que creo que puede ser grave es el olvido, o el desconocimiento. Hay que partir de un hecho, uno de los grandes problemas de Cuba es el desconocimiento de su historia, su pasado. Fidel Castro ha conseguido meterle en la cabeza a las nuevas generaciones que él es el pasado, el presente y el futuro. Y como es bien sabido, no puede existir un país que tenga futuro si no tiene pasado. Y como Cuba tiene grandes momentos, hay que reconstruir todo eso. Necesitaremos una comisión histórica que valore todo, no desde el punto de vista jurídico, sino desde el punto de vista moral. Darle a conocer a los cubanos lo que es la historia de su país. La historia desde la época en que Félix Varela y otros luchaban por la independencia y otros preferían producir azúcar y la esclavitud, pasando por el caudillismo de aquellos que en la Guerra de los Diez Años, como Vicente García, contribuyeron a la derrota, a los conflictos. Después, la guerra de 1895, los problemas de la República, etcétera, hasta los años en que hubo libertades, aunque también corrupción, a la época de los años de la década del cuarenta, cuando hubo de todo, hasta estos últimos terribles años cincuenta. Es necesario que todo esto llegue, para que por lo menos las nuevas generaciones se identifiquen con la historia de su país. Porque once millones de cubanos no han encontrado cómo salir del infierno. ¿Qué está demostrando hoy Europa? Que África no puede salir de su infierno a través de Europa. Y eso está clarísimo en el caso de Cuba. No es posible que once millones de cubanos sean admitidos en Estados Unidos. Entonces, habrá que meterse en la cabeza

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que solamente se puede mejorar el país con el esfuerzo de todos. Como decía Martí, "con todos y para el bien de todos". http://www.cubaencuentro.com/es/entrevistas/articulos/hay-tres-tendenciasdisputandose-el-poder-28404

Las memorias de un guajiro socialista
Por Alejandro

Anreus

Acabo de leerme las memorias de Carlos Franqui. El titulo del libro es más largo de la cuenta: Cuba, La Revolución: ¿Mito o Realidad? Memorias de un Fantasma Socialista (Península, 2006). Creo que con “Memorias de un fantasma socialista” este guajiro de Las Villas tenia un titulo lo suficientemente poderozo para agarrar a cualquier lector interesado. El libro cuenta con 451 paginas y una sección de cuarenta fotos. Su estilo es directo y claro, con cierta tendencia a lo poetico, es decir que el estilo refleja al hombre. Carlos Franqui, a quien conozco desde finales de los años 70 y considero un amigo, es un hombre directo y claro, con cierta poesia en su persona. Creo que Carlos es ante todo un guajiro, un guajiro que habla varios idiomas, que ha viajado por casi todo el mundo, que fue amigo de grandes pintores y escultores como Miró y Calder, de escritores como Italo Calvino y filosofos como María Zambrano, pero un guajiro al fin y al cabo. Un tipo pegado a la tierra y sus cosas, un tipo genuinamente modesto. Estas memorias cuentan su vida desde sus antepasados (un abuelo mambí) hasta su exilio europeo en 1968. Las primeras dos secciones del libro, “Al cantío de un gallo” y “La ciudad” son de un gran lirismo. Estás paginas captan lo que era ser un niño guajiro en los años 20 en Cuba, y lo que era ser un joven que legaba a La Habana del interior buscando educación, cultura y aventuras. Tambien estas paginas captan con gran honestidad la pobreza, las injusticias, las constantes frustraciones de la Cuba republicana. Franqui describe sin apasionamiento alguno su epoca de comunista y periodista al servicio del partido, al igual que su desilusión con el estalinismo y su autocreación de un socialismo independiente y heretico, una especie de potaje ideologico con elementos de Martí y Guiteras, anarquismo, Rosa Luxemburgo, Trotsky (en el aspecto cultural) y la social-democracia de izquierda. Lo que es obvio en todas estas páginas es el amor del autor por la cultura, sea esta musical, literaria o pictorica. Sus actividades montando exposiciones, escribiendo articulos, presentando conciertos, fundando grupos como Nuestro Tiempo (prerevolución del ’59)o el Museo de Arte Contemporaneo en La Habana en los años

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sesenta, son pruebas constantes de su creencia martiana de que hay que ser cultos para ser libres. Donde único el libro se vuelve un poco repetitivo es en las secciones sobre la revolución, que va desde la pagina 226 hasta la 346. Mucho de este material Franqui lo cubrió con más frescura en su Retrato de Familia con Fidel. Escribe más de la cuenta sobre Ernesto “che” Guevara, y aunque critica al hombre y al mito, hasta cierto punto lo perpetua un poco. Estas paginas contienen varios “mea-culpas,” y estos, creo yo, son necesarios. Franqui fue una figura clave dentro del poder revolucionario en los primeros tres años de la revolución. Su periodico “Revolución” era el organo oficial del 26 de julio. Pudo haber criticado más, pero como la gran mayoria se dejó llevar por la euforia de la revolución. Estos hombres y mujeres no se detuvieron a pensar y a cuestionar, olvidaron que una sociedad abierta y democratica se construye con leyes e instituciones, no con el poder absoluto de un caudillo. Erraron. La diferencia es que Franqui rompió con el regimen, partió para el exilio y desde el exilio ha llevado un activismo de critica constante al estalinismo tropical de Fidel Castro Ruz. Entre las mejores paginas de estas memorias se encuentran las dedicadas a anecdotas de los encuentros del autor con personajes como Sartre y Neruda, Picasso, Lam, Calder, Miró, Paz, Cortázar y Vargas Llosa, García Marquez. Muchas paginas representan la intelectualidad cubana con dignidad (Cabrera Infante, Lezama y Piñera) o con falta de eticidad y abundancia de miseria humana (Lam, Carpentier, Vitier, Otero, Retamar). Me hubiera gustado que Franqui hubiera escrito con lujo de detalles sobre su gran amigo Guillermo Cabrera Infante; se conocian desde que el autor de Tres Tristes Tigres era un muchacho que vivia en un solar habanero con sus padres y hermano. Las paginas sobre Fidel Castro no añaden nada nuevo. Egolatra, totalitario y carismatico, así nos describe Franqui a Castro, de la misma forma que aparece en las paginas Retrato de Familia con Fidel. Lo más hermoso de este libro es que está dedicado a a la mujer de Franqui, Margot, y varias paginas describen su amor por esta mujer, su compañera constante por toda una vida. Los que hemos tendo la suerte de tratar a Margot, sabemos que es no solo una mujer encantadora por su sencillez, sino una gran compañera que nunca abandonó a Franqui durante la insurreción contra Batista, durante su caida en desgracia y en estos largos años de exilio. Las ultimas paginas de estas memorias son melancolicas sin volverse amargas. Franqui sigue creyendo en un posible socialismo, intuitivo y abierto, democratico y respetuoso del individuo. Estas memorias molestarán a la derecha de Miami y a los pocos viejos batistianos que quedan vivos en la Florida. Molestarán al estalinismo tropical de la isla de Cuba y los tantos corifeos del gobierno como Otero, Retamar, Pablo Armando Fernández y Miguel Barnet. Sin duda alguna molestarán a ese viejo caudillo caribeño, que tiene que saber que por fín sus dís están contados. http://www.cartadecuba.org/carlos_franqui_presenta_libro.htm

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De tertulia con Franqui y con Rivero
Por Jesús

Cabezón Alonso

Hace unos días, junto con mi entrañable amigo Calixto Alonso, tuvimos la suerte de compartir cena y tertulia con Carlos Franqui y Raúl Rivero, dos escritores cubanos exiliados de los que no se distinguir bien si es más atractiva su vida o su obra literaria. Con Raúl Rivero ya había tenido ocasión de compartir largas charlas y no escasos tragos y tiempo habrá de repetir, pero no conocía personalmente a Franqui, exiliado militante desde julio de 1968. El me enseñó a entender mejor el fracaso de la Revolución cubana cuando leí su 'Retrato de familia con Fidel', un retrato de Fidel, como escribe Cabrera Infante, con todas sus verrugas, porque Franqui conocía muy bien al modelo al que estaba retratando y sabía mucho de sus historias públicas y privadas. 'Retrato de familia con Fidel', se editó en España en 1981 y en la portada aparecen dos fotos. Una editada en 1962 en 'Revolución', donde se ve a alguien que sostiene un micrófono a Fidel Castro y a un Carlos Franqui barbudo y esa misma foto reproducida en Granma en 1973 en la que Franqui ha desaparecido y en su lugar, entre Castro y quien sostiene el micrófono, se ve un hueco en blanco. Es una foto tomada el mismo 1 de enero de 1959, en plena fiesta de la libertad. Castro habla a través de Radio Rebelde. Quien sostiene el micrófono es Enrique Mendoza, locutor entonces de Radio Rebelde que llegó a ser director de Granma y terminaría suicidándose. Unos meses más tarde del día de la foto, ese mismo Enrique Mendoza, sería cómplice de Raúl Castro en la siniestra y falsa denuncia de traición a Huber Matos, Comandante en Sierra Maestra, Jefe militar en Camaguey y condenado a 20 años de cárcel que cumplió íntegramente por discrepar del rumbo que comenzaba a tomar la Revolución. Con la liquidación implacable del Comandante Huber Matos, Fidel liquidó la corriente reformista de los rebeldes y todo el poder comenzó a descansar en personas de confianza de Guevara, Raúl Castro, y Ramiro Valdés. Mientras Franqui y yo nos entonábamos con un whisky y el resto de comensales con algo parecido, le pregunté como llegó a Sierra Maestra porque él, que era miembro activo del Movimiento 26 de julio, no desembarcó con el Granma. Nos contó la aventura arriesgada de cómo llegó a Sierra Maestra en un pequeño avión Cesna acompañado del piloto Díaz Lanz y con un significativo cargamento de armas, aterrizando en un terraplén cerca de la costa. Había sido detenido por la policía de Batista en marzo de 1957 y liberado posteriormente por presiones del mundo periodístico. La Dirección del Movimiento le envió a reorganizar los núcleos de apoyo en Centroamérica, México y

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estados Unidos. Estando en nueva York fue reclamado por Fidel Castro para poner en marcha Radio Rebelde en Sierra Maestra. Aquel piloto, Díaz Lanz, sería Jefe de las Fuerzas Aéreas Rebeldes y piloto personal de Fidel Castro. Escapó a Estados Unidos coincidiendo con la detención y condena de Huber Matos, después de haber escuchado una conversación entre Fidel y Raúl mientras conducía el avión del Comandante, sobre el futuro y el comunismo en la Isla. Franqui no participó en el asalto a Moncada el 26 de julio de 1953, pero sí estuvo después del ataque como periodista y vio como se contaban más de cien cadáveres, aunque los jóvenes muertos en combate no fueran más de diez. El resto murió como consecuencia de las torturas y represalias del ejército de Batista. Inmediatamente se incorporó al Movimiento 26 de julio, al que también se había unido Frank País y dirigirá el periódico clandestino 'Revolución', fundado en 1955 como el órgano de expresión del Movimiento 26 de julio. El Movimiento del 26 representaba, desde la clandestinidad, la tendencia nacionalista y democrática en la lucha contra la dictadura de Batista. Si el Movimiento era un movimiento nacional, el Directorio Revolucionario, otra estructura clandestina contra Batista, era un movimiento capitalino, habanero y estudiantil. En su estrategia de golpear arriba, miembros del Directorio asaltaron el Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957. En aquel golpe audaz y arriesgado murió José Antonio Echevarria. Muerto Echevarria, será Frank País el principal dirigente de la lucha clandestina. También el morirá asesinado el 30 de julio de 1957. En la rendición final del ejército batistiano la acción política tuvo tanta importancia como la militar, porque al final ese ejército se sintió incapaz de combatir y enfrentarse a un pueblo que se le oponía. Ante el avance final de mil rebeldes se rindieron 30.000 soldados. El éxito de la vanguardia guerrillera de Fidel no hubiera sido posible sin el apoyo desde la clandestinidad del Movimiento y el Directorio en las ciudades. Ellos enviaron hombres, armas y dinero a Sierra Maestra. En el triunfo rebelde, no se puede olvidar a Echevarria, a Frank País, a las acciones de resistencia y sabotaje. Otra cosa es que a Fidel le haya interesado no destacar esa decisiva importancia e influencia en momentos claves. Franqui nos aproxima a las claves de por qué los activistas del Movimiento del 26 y del Directorio ajenos al Partido Comunista Cubano, anterior Partido Socialista Popular, no pudieron evitar la visión totalizadora de Fidel Castro y su núcleo duro. Fue el intelectual que más hizo por la cultura en Cuba sin provecho personal alguno, aunque ello le costó cargos, el exilio y casi la vida. El es el autor, aunque quizá estaría mejor decir el editor, de "Diario de la Revolución Cubana", recopilación de partes, diarios, cartas, comunicados, testimonios y documentos de la insurrección. La mejor y la fuente más veraz e incontrovertible de la Revolución Cubana de 1952 a 1959. 'Retrato de familia con Fidel' forma parte de un significativo listado de memorias de protagonistas en algún momento de la Revolución y de intelectuales cubanos como Reinaldo Arenas, Heberto Padilla, Cabrera Infante, Eliseo Alberto, Huber Matos, Cesar

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Leante, Daniel Alarcón "Benigno", Jorge Masetti o Norberto Fuentes. No solo tienen un serio componente de subjetividad desinhibida, sino un objetivo moral: la acusación, la denuncia de la acelerada estalinización del gobierno revolucionario fundamentalmente en la década de los sesenta o el testimonio de quien en algún momento conoció y hasta llegó a protagonizar determinados acontecimientos y no desea que se olviden los hechos, las circunstancias, los perfiles que definen y concretan lo acontecido. En 1959 como director de 'Revolución', Franqui pensó que el periódico necesitaba un suplemento literario y nació 'Lunes' de Revolución y él decidió que se responsabilizara de la dirección de aquel suplemento Guillermo Cabrera Infante. El suplemento llegó a tiradas de 200.000 ejemplares y hasta hoy llama la atención el significativo listado de escritores e intelectuales que publicaron en aquel suplemento. 'Lunes fue clausurado por orden directa de Castro en noviembre de 1961 y Carlos Franqui sería destituido como director de "Revolución" en 1963. El diario desaparecería en 1965 para que el Partido Comunista Cubano creara su propio y único medio de comunicación. Como dice el propio Carlos Franqui, desde su posición de radical nacionalista y demócrata pero no comunista, 'Revolución' no pudo ser el periódico diferente de una revolución original. Después de la revolución de los barbudos en enero de 1959, Carlos Franqui fue el arquetipo del intelectual nacionalista, celoso de injerencias foráneas, defensor de una cultura crítica y antiburocrática. Como intelectual nacionalista fue un miembro influyente de la nomenclatura de la isla en los primeros meses revolucionarios, pero era un antagonista directo del intelectual comunista dogmático. Como socialista hubiera podido mantenerse fiel a Fidel y a la revolución, pero su formación, su ideología y su forma de ser y de entender la vida eran incompatibles con un régimen que muy pronto fue dominado por el Partido Comunista. Él, como Cabrera Infante y antes Matos, sabían que en el núcleo duro del grupo de Fidel solo El Che, Valdés y Raúl Castro eran partidarios de un régimen cercano a la Unión Soviética, pero pronto esa influencia llegó a ser omnímoda y asfixiante. Castro no fue comunista entre 1959 y 1961. Cuando se alcanza la alianza definitiva con la Unión Soviética es en 1961, y es, entonces, cuando Fidel Castro define a la revolución y a la ideología oficial del régimen cubano como marxista-leninista. Carlos Franqui sintió la frustración con el régimen político y con la persona de Fidel Castro, no tanto porque viera como se traicionaba a la revolución por la que había luchado, sino por la estalinización y sovietización de esa revolución que el quería socialista. En aquella cena, Franqui nos contó cómo el pensaba que se podía trabajar desde dentro, incluso neutralizar determinadas desviaciones. Pero pronto se dio cuenta de que sus buenas intenciones eran inútiles y sus esfuerzos imposibles para hacer variar una línea ideológica y estratégica que inundaba toda la vida política, social, económica y cultural de Cuba. El había apostado por un socialismo crítico y hasta libertario, hasta que descubrió que Fidel Castro no era más que una réplica de Stalin con gestualidad 'mussolinesca' en

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descripción de Rafael Rojas en su interesante ensayo 'Tumbas sin sosiego'. El día que cenamos con Carlos Franqui se encontraba de nuevo en España invitado a dar algunas conferencias y para presentar el que será su cierre bibliográfico personal: 'Cuba, la Revolución: ¿mito o realidad?'. El autor desgrana retazos de lo que ha sido su vida, con una enorme capacidad para recordar y revivir y utilizando para ello, como buen escritor, toda la riqueza expresiva de las palabras. Ahí están, desde una aproximación a la erótica de una naturaleza desbordante que él conoce bien como guajiro, hasta la evolución creciente de su compromiso social y político desde muy joven, un compromiso vinculado siempre a un irrenunciable derecho a su libertad personal y profesional, aunque ello le llevara en más de una ocasión, dentro y fuera de Cuba, a la pobreza, a la soledad y al aislamiento. El desarrollo vital de ese compromiso le condujo pronto a concluir que no hay libertad sin democracia y que democracia y elecciones libres no se deben confundir con politiquería, aunque las expresiones democráticas en Cuba hayan sido escasas y no siempre ejemplares. El libro es un testimonio excepcional de alguien que se sintió cercano a Julio Antonio Mella, heredero de la tradición mambisa y antiimperialista y de Antonio Guiteras, asesinado por Batista en 1935, expresión cabal de los anhelos de justicia y libertad del pueblo cubano. Franqui, junto a otros muchos cubanos, fue una de las víctimas del cuartelazo de Batista el 10 de mazo de 1952, cuando se esperaba con seguridad el triunfo "ortodoxo", después de lo que se llamó el "último aldabonazo", el suicidio radial del "auténtico" Eduardo Chibás. No se puede entender su colaboración inicial con Fidel y la discrepancia posterior, sin conocer el espíritu crítico de rebeldía y libertad de Carlos Franqui. Nunca quiso ser militar. Por razones políticas para evitar conflictos de jerarquía y distanciarse del caudillismo que desde Moncada ejerció Castro y por razones humanas porque, ferviente defensor de la Revolución, él no quería empuñar las armas. Pensaba que podía ser más útil y eficaz con otros métodos no menos revolucionarios. En su último libro reflexiona con una sinceridad estremecedora sobre la administración de la justicia en un proceso revolucionario; sobre la necesidad de no justificar el terror ni aceptar indefinidamente la violencia; sobre la terrible responsabilidad de apelar a la pena de muerte para determinados crímenes para, por convicción ética, rechazar después esa apelación y más aun la generalización de su uso. Carlos Franqui, casado desde junio de 1956 con Margot, con dos hijos: Carlos nacido en 1956 y Camilo nacido en 1961, llamado así en recuerdo del héroe y amigo desaparecido, ha vivido durante muchos años en Italia vinculado al mundo de la cultura y el arte. Ahora vive en Puerto Rico. No quiere tener una opinión cerrada sobre lo que pueda ocurrir en el futuro en Cuba sin la presencia de Castro. Lo que sí desea, es que Cuba, su país, pueda disfrutar del derecho a la libertad, a la democracia, a la justicia, a la independencia y a la dignidad.

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ENTREVISTA A CARLOS FRANQUI Carlos Franqui Pocas personas han vivido una vida tan apasionante como este hombre nacido en una familia campesina cubana en 1921. Después de su paso por el Partido Comunista, pronto abandonó estas ideas para unirse a los barbudos de Sierra Maestra, aún lejos del influjo de la URSS. A él se debe el que lo mejor de la intelectualidad europea apoyase a una revolución que él mismo terminó repudiando por cambiar las ideas de libertad por las del comunismo burócrata. La cultura ha sido siempre su gran pasión y la ha cultivado como animador, poeta, crítico de arte y periodista. Es una de las bestias negras del régimen de Castro, que lo tacha de agente de la CIA y tiene una idea pesimista sobre el futuro de Cuba. Sin embargo, sigue luchando porque las libertades formales (¿hay otras?) vuelvan a la isla.

“Cuba se va a desplomar en los próximos años”
ENTREVISTA A CARLOS FRANQUI Por Manuel

Calderón

Hace unos días paseaba por Madrid, antes de dar una conferencia en la Casa de América, con chaqueta y sombrero blanco. Parecía salido del Caribe. Necesita el aire tropical, confiesa, una pequeña libertad que los hermanos Castro no le han arrebatado. Ahora vive en Puerto Rico, cerca de Cuba, porque sabe que es el principio del fin, pero que no regalarán la democracia y que sólo desde los disidentes del interior puede llegar el cambio. Su visión es tan realista que se ahorra las grandes frases. Cuando dice «la ruina de la isla es tan grande...» resuena un desaliento familiar y un augurio: «La transición en Cuba no será fácil». En 1996 fundó «Carta desde Cuba», escrita por una red de periodistas a los que

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envía cien dólares por cabeza para vivir: «Ellos tienen que apañárselas para retransmitir electrónicamente las noticas usando la corrupción oficial»

Por Manuel Calderón

-¿Le quedan amigos dentro de la isla? -Entre las muchas cosas que desaparecieron con la revolución, una de ellas es la amistad. No se puede tener amigos y, ni mucho menos, si tienes una posición crítica. Tengo muchas relaciones con personas que físicamente no conozco, como los periodistas independientes que trabajan para «Carta desde Cuba»; ellos escriben y nosotros les editamos en Puerto Rico. Una de las cosas más graves de esta revolución ya no es la destrucción material, es la destrucción cultural, espiritual, familiar. -¿Vive en Puerto Rico por cercanía a su tierra? -Tengo 86 años y hace diez me cansé de pasar frío en Europa, en París y en Italia. Soy un prisionero de la naturaleza tropical. En Europa tenía algo que es muy importante en mi vida, la cultura, pero al final de mi vida necesitaba ir hacia un lugar parecido a Cuba, porque intuía lo que empezaba a pasar y pensé que había que ayudar a que los protagonistas de la lucha contra Castro fuesen de la isla. Al principio costó, pero todo el exilio comprende ahora que el primer frente está allí. -¿Qué le cuentan de la isla para saber que la revolución ha llegado a su final? -Le cuento una noticia. Si Raúl Castro dice que el cincuenta por ciento de las tierras de Cuba son impenetrables porque están llenas de marabuzales, que es un arbusto de tres a cuatro metros lleno de espinas que crece más para abajo que para arriba, que cuando se extiende no entran ni los animales y que toda la llanura camaguayana está llena de marabuzales porque él los ve cuando va en coche..., no hay que hacer ninguna interpretación. Se puede pensar por qué lo dice, pero cuando el responsable de agricultura del comité central asegura que el treinta por ciento de las tierras en mano del Estado son improductivas y cuando Carlos Lage, que era el tercer vice y ahora es el quinto, afirma que el setenta por ciento de la vivienda se derrumba... No hay que interpretar nada. -Usted niega hasta el mito de que la Cuba de Batista fuera un país pobre, incluso se refiere a que no era el «prostíbulo de Estados Unidos».

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-Es pura propaganda. Si se coge el discurso de Fidel Castro del 2 de enero en Santigo de Cuba dijo que, por primera vez, hemos hecho una revolución sin el ejército y contra el ejército y sin crisis económica. Cuba era el tercer país de América, había que hacer reformas profundas, pero el nivel de vida era más alto de lo que se ha contado, y no fue negado en los primeros momentos de la revolución. -Sin embargo, el papel de Estados Unidos ha sido clave para lo que luego ha sucedido. -Es muy simple. El 29 de junio de 1958, yo vivía en la Sierra Maestra en un ranchito con Celia Sánchez y Fidel Castro y los aviones de Batista tiraron unos cohetes que cayeron cerca y que procedían de la base de Guantánamo. Castro escribió algo que está considerado su testamento: que la guerra contra los Estados Unidos iba a ser su gran tarea. Pero Castro quería una dictadura más total que la de Batista y convertirse en un protagonista mundial y para eso necesitaba ir contra Estados Unidos y tener el apoyo soviético. Hasta en la Televisión Española, en los años 70, le preguntaron a Castro: «¿Cuba es comunista por culpa de Estados Unidos?» y reponde: «No, Cuba es comunista por un acto de mi voluntad, de la que Estados Unidos sólo pone una parte». -¿Cómo se imagina el escenario de la transición democrática en Cuba? -Imaginar siempre es fácil. Yo parto de datos: Cuba se va a desplomar en los próximos años. En una encuesta que hicieron a jóvenes y que publicó «Juventud Rebelde» preguntaban cómo querían que fuera Cuba en 2020. La respuesta fue libertad total y cambios profundos. La gente que está en la cúpula tienen ochenta años, están próximos a terminar su vida, y hay otra generación anterior, que es la de Lage, que reconoce abiertamente el fracaso y la necesidad de cambios. Como en todos los sistemas totalitarios, nada cambia hasta que no hay un sector de arriba que lo promueve. -¿Cómo interpreta el reciente anuncio de Raúl Castro del fin del igualitarismo? -En la práctica, Raúl Castro reconoce que no tiene soluciones y lo cierto es que hace tiempo que está en conversaciones con Estados Unidos, que el año pasado le vendió a Cuba mil quinientos millones de dólares de alimentos, a pesar del embargo. Todo lo que habló sobre el fin del igualitarismo no tiene mucha importancia porque en Cuba nunca ha habido igualitarismo, siempre ha habido grandes diferencias entre los de arriba y los

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de abajo, ahora y antes. Cuba no se va a convertir como China en un país que trabaja doce horas diarias porque no tiene medios para hacerlo. ¿Se va a permitir una represión total con libertad económica? No será tan fácil. Lo que sí que va a intentar es restablecer relaciones con Estados Unidos: tiene los presos políticos como rehenes y, para dar la impresión de apertura, tarde o temprano los va a liberar. -¿Cree que Obama pueda cambiar las relaciones con Cuba? -Cuando Obama dijo que quería entrevistarse con Raúl Castro, «Granma» publicó la declaración y luego salió Fidel Castro metiéndose abiertamente con Obama. ¿Por qué? Porque, aunque está viejo y moribundo, todavía le queda la astucia y piensa que la mayoría de la población de Cuba es negra y qué pasaría el día que llegue allí Obama y los negros, como ya sucedió en África, lo vean, siendo tan discriminados como son todavía hoy. Puede pasar cualquier cosa. -¿Quiénes cree que van a dirigir el proceso de cambio? -Es evidente que la juventud comunista, pero esa generación, si quiere hacer cambios, deberá negociar. Es la gente menos contaminada. La ruina es tal, que están obligados todos a resolver los problemas reales. En el momento que haya un cambio, la gente que pasa hambre, la que no tiene nada, a la que se le cae todo, va a empezar a reclamar y saldrán a la calle. La transición en Cuba no será fácil, ahora sólo hay sucesión. -En Cuba hay partido, pero ¿hay Estado? -En Cuba hay un gobierno que manda pero no funciona como Estado. Lo que exite en Cuba es una clase, hoy en manos de Raúl Castro, de militares que controlan el ejército, la seguridad, más veinte personajes de su familia en los puestos claves, y eso es el poder. http://secretoscuba.cultureforum.net/area-general-f17/carlos-franquicuba-sedesplomara-en-los-proximos-anos-t9622.htm?highlight=carlos

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Entrevista a Carlos Franqui: disidente cubano.
Por Toni

Cano

Carlos Franqui nació junto al río, cerca del cañaveral. Muy joven comunista y enseguida disidente, fue guerrillero y siempre periodista. Director de Radio Rebelde y del diario Revolución, conoció a todos los grandes del arte y la cultura. Se exilió definitivamente en 1968 y fue tildado de "traidor vinculado a la CIA". Es una crónica viviente con 80 años de historia. --Nunca se entendió con Fidel. --Quiso hacerme ministro de Trabajo; le dije que no servía para conciliar patrones y obreros. Después, que fuera ministro de Hacienda; le dije que no sabía de eso. Entonces dijo una de sus pocas verdades: que allí nadie sabía nada de nada. --¿A qué aspiraba usted? --Le dije: "Mira, yo lo que quiero es hacer una revolución cultural, no una revolución burocrática. Traer a pintores, escultores, poetas, catedráticos, cineastas, a que nos echen una mano para cambiar Cuba". Pensé que le gustaría, pero contestó: "Ah, no, eso sí que no". --Usted escribió de él: "Sus restos malditos no encontrarán lugar ni en el cielo ni en la Tierra". --Me parece curioso que, aunque por su origen jesuita usaba muchos signos cristianos, Fidel se comparó con el diablo. La primera vez pensé que era fruto de su incoherencia, pero a la tercera me pregunté: ¿Por qué se considera el diablo, porque el diablo es inmortal, porque no pierde el poder o porque es muy malo? --Su conclusión... --La de Fidel es la dictadura más larga de la historia, 47 años. Por eso habría que considerarlo un triunfador. Ahora, si es por la destrucción de Cuba, que es total, hay que considerarlo un fracasado, porque eso es un político que destruye sin construir. --¿Ve un país destruido? --Las únicas cosas que funcionan están en manos de extranjeros, como es la industria turística. Lo peor es que, para sobrevivir, la gente ha tenido que acostumbrarse a robar, a ser vago, a tener una doble cara, a mentir, a no protestar, incluso a prostituirse. Esta destrucción de la familia y el individuo es muy difícil de cambiar. --¿Cómo percibe la isla estos días? --La veo en una gran incertidumbre y toda rodeada de misterio. Son una incógnita los barrios más interesantes y calientes de La Habana, donde vive gran parte de la población negra y generalmente ocurren cosas, aunque no entra ni la policía.

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--Usted creía que el delfín era Felipe Pérez Roque. --Es sorprendente que la sucesión se concentre en personas fieles a Raúl Castro; no aparece ninguno de los de Fidel, nada más Roque, pero está muy abajo. Lo que encuentro extraño en los partes cubanos es que no esté incluida la voz de Fidel, ni su presencia, sino únicamente palabras que se le atribuyen. --¿Insinúa un golpe interior? --Sin hacer especulaciones, no hay que olvidar que Fidel Castro ha tenido una serie de problemas mentales. En la televisión le ha ocurrido varias veces, la más sonada el día que en una mesa redonda él se puso a hablar del cañaveral sin que nadie pudiera interrumpirlo. Luego ni se dio cuenta de lo que había hablado. --Se le va la olla. --Exacto. Me parece casi imposible que Fidel haya admitido una sucesión de la que han sido excluidos sus gentes más fieles. ¿Y cuál es la razón física que le impide aparecer? --¿Habrá continuidad? --Habrá que ver si Fidel Castro se recupera o no. Si no se recupera, Raúl Castro podrá ejercer un poder como él quiere. Pero si se recupera en mayor o menor medida y es una sombra, Raúl tendrá más dificultades para aplicar lo que él piensa, que es la línea china. --¿Y apuestas por el cambio? --Dentro del propio aparato hay grandes diferencias entre los de arriba y aquellos, sobre todo del interior, que viven más en contacto con el pueblo, que no tienen tantos privilegios y que creen que hay que hacer el cambio. Hay gente de segunda generación, que estudió en la Unión Soviética y simpatiza con la perestroika. Y hay muchos de seguridad que se quedaron sin trabajo y están en la delincuencia. --¿Delincuencia en Cuba? Usted puede alquilar por 20 dólares una pistola en La Habana. En Cuba hay una delincuencia organizada impresionante, ligada con parte de la policía y la seguridad. Por ejemplo, se matan vacas, que es un delito de pena de muerte, se meten en camiones frigoríficos y se venden ilegalmente a los hoteles de turistas. Domina la economía subterránea. --¿Volvería usted a la isla? Solo si un día el país es libre y solo de manera individual, sin ninguna responsabilidad, como para servir escribiendo o con mis relaciones internacionales. http://cubanosinfronteras.blogspot.com/2006/08/entrevista-carlos-franquidisidente.html

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Camilo Cienfuegos, de Carlos Franqui
Por Rafael

Rojas

Los grandes monumentos heroicos se construyen, como bien sabía Elías Canetti, sobre montañas de cadáveres. No de otra manera se edificó el perdurable y, a la vez, moribundo orden simbólico de la Revolución Cubana. Debajo de la multitud de estatuas, emblemas, consignas e imágenes alegóricas que han consagrado, por más de cuatro décadas, el culto a Fidel Castro, sólo hay muertos y fantasmas: los muertos de Bahía de Cochinos y El Escambray, de Angola y el Estrecho de la Florida; los fantasmas del Moncada y la Sierra Maestra, del Kremlin y la Seguridad del Estado. La muerte es el único dato ineludible en procesos tan saturados de mitos y símbolos. No sólo la muerte del soldado anónimo que cae en combate, sino también la de aquellos líderes que ganan la guerra y entran a la ciudad como héroes vivientes. Entre estos últimos —Lenin, Trotski y Stalin en Rusia; Zapata, Villa y Carranza en México— se produce un delicado torneo público y privado en el que vence, por lo general, el caudillo menos escrupuloso. Esa aureola saturnina es la que distingue a cuatro muertes de la Revolución Cubana: la desaparición de Camilo Cienfuegos en 1959, la inmolación del Che Guevara en 1967 y los suicidios de Haydée Santamaría en 1980 y Osvaldo Dorticós en 1983. Cuatro episodios de la desconocida y siniestra historia íntima del castrismo. Carlos Franqui, protagonista de aquella revolución y, tal vez, su político cultural más creativo, dedica su último libro a la misteriosa muerte de Camilo Cienfuegos en octubre de 1959. Desde su exilio en 1968, Franqui ha sido uno de los pocos intelectuales cubanos que, con la autoridad de un actor principal, ha puesto su memoria al servicio de una arqueología del castrismo. Su reciente biografía de Camilo Cienfuegos es la continuación de una crítica iniciada con Diario de la Revolución Cubana y Retrato de familia con Fidel, cuyo argumento central podría resumirse en dos observaciones históricas: 1) el movimiento revolucionario contra la dictadura de Fulgencio Batista, a mediados de los cincuenta, respondió a una ideología nacionalista y democrática en la que se inscribieron amplios sectores de la población cubana y, en especial, la extendida y educada clase media de la isla; 2) a partir de 1958, y parapetado tras la fuerza del Ejército Rebelde, Fidel Castro comenzó a monopolizar el movimiento y a inclinar su ideología hacia el comunismo. Ya en el poder, Castro incorporó en su gobierno a comunistas profesionales que no habían tomado parte en la insurrección. Con esa jugada se atribuía, por lo menos, tres ganancias políticas: la eliminación forzosa o voluntaria de los revolucionarios demócratas, la concentración del poder en la persona del caudillo comunista —él mismo— y el apoyo de Moscú. 1959 fue el año de esta delicada operación. La muerte de Camilo Cienfuegos, según Franqui, es un evento más dentro de un sofisticado complot

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para eliminar a todos los demócratas de la primera dirigencia revolucionaria: desde el presidente Manuel Urrutia Lleó hasta el comandante Huber Matos, pasando por varios ministros del gabinete, como José Miró Cardona y Humberto Sorí Marín. Antes de proponer su interesante especulación sobre la muerte de Cienfuegos, Franqui dibuja un perfil biográfico del héroe que no prescinde del tono apologético. Camilo aparece aquí como un criollo cabal, bailador, risueño y mujeriego, asiduo de famosos restaurantes y cabarets habaneros, aficionado al béisbol y al carnaval, conocedor del habla, la religiosidad y las costumbres populares. A diferencia de Fidel, quien proyectaba una imagen de dios griego, frío y distante, Camilo, con su melena negra y su sombrero alón, era percibido como un "Cristo rumbero". Su popularidad, mayor que la del Che Guevara o cualquier otro comandante revolucionario, se alimentaba de la leyenda de su columna invasora y se reafirmaba en sus múltiples apariciones públicas en la Habana diurna y nocturna. Franqui destaca que la formación política de Camilo Cienfuegos estuvo regida por un nacionalismo democrático, inspirado en las ideas de José Martí. Un nacionalismo, por cierto, que no participaba del odio a los Estados Unidos o del rechazo a todo lo norteamericano. A mediados de los cincuenta, Camilo vivió casi dos años entre Nueva York, Los Ángeles y San Francisco, como inmigrante ilegal. En 1956, unos meses antes de unirse al grupo de Fidel Castro en México, le escribió al presidente Eisenhower, ofreciéndose como voluntario para el ejército de los Estados Unidos, pero fue rechazado. Su comprensión de la democracia norteamericana influyó, seguramente, en el hecho de que nunca compartiera el ideario comunista, aunque tampoco se oponía a la existencia del comunismo como alternativa política en condiciones democráticas. Estas características hicieron de Camilo Cienfuegos un líder incómodo en el primer año de la revolución triunfante. Acertada o no, la especulación de Carlos Franqui posee, pues, un trasfondo de veracidad histórica: Camilo entorpecía, con su popularidad y su simpatía entre los políticos demócratas, la rápida conversión marxista-leninista del gobierno revolucionario. Pruebas al canto de esa incomodidad fueron algunas decisiones de Fidel Castro, semanas antes de la tragedia, como la desmovilización de una buena parte de la columna "Antonio Maceo", incluida la escolta personal de su comandante, la designación de Raúl Castro —el entonces joven, ambicioso y severo militar comunista— como ministro de las Fuerzas Armadas, es decir, como superior de Camilo —quien era jefe del Estado Mayor— y el envío de Cienfuegos a Camagüey, para que encabezara las averiguaciones oficiales sobre la supuesta traición de Huber Matos. Días antes de su desaparición física Camilo Cienfuegos ya ha muerto políticamente. Esta certeza, y las muchas irregularidades que detecta en la investigación oficial del caso, llevan a Franqui a ponderar la conjetura de que la desaparición del mítico guerrillero no fue obra de un accidente, sino de un sabotaje. Una hipótesis, por cierto, de larga tradición oral dentro de algunos círculos militares y políticos de la isla y el exilio, pero que sólo ahora, con este libro de Carlos Franqui, adquiere cierta validez intelectual. Según esta versión, el Cessna en que volaba Camilo, la tarde del 28 de octubre de 1959,

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habría sido derribado por una antiaérea en la costa norte del centro de la isla. La operación, monitoreada por Raúl Castro desde La Habana y ejecutada por jóvenes comunistas de la naciente Seguridad del Estado cubana, pudo haber sido justificada como un acto de defensa contra una avioneta enemiga. Aunque Franqui llega a la tesis del atentado por vía deductiva, sus pasajes sobre la eliminación de Camilo Cienfuegos siguen siendo conjeturales. Lo importante es que la conjetura, en este caso, más que una presunción o sospecha, parece un atisbo. Carlos Franqui no descifra, pues, el enigma de la muerte de Camilo Cienfuegos. Sólo nos agranda el misterio, con una pregunta aquí y una revelación allá. Al final, cuando terminamos de leer esta biografía, nos convencemos de que la desaparición de Camilo Cienfuegos, azarosa o deliberada, sacó de escena a un posible rival y allanó el camino para la degeneración de una epopeya democrática en un régimen totalitario. http://www.letraslibres.com/index.php?art=7230

Carlos Franqui, un hombre solo
Por Orlando Jiménez-Leal Carlos Franqui era un hombre solo. Lo conocí, hace más de 50 años y lo recuerdo ya instalado en su soledad, como si fuera un hombre invisible rodeado de gente. Su poder, sin embargo, era extraordinario. Eran los primeros meses de 1959, la revolución cubana había triunfado y Carlos había bajado a La Habana desde la Sierra Maestra, en pleno entusiasmo revolucionario, para dirigir el periódico Revolución, el órgano oficial del Movimiento 26 de Julio, de donde emanaba el verdadero poder político en Cuba. En contraste con mi naturaleza optimista y fácilmente irónica, lo recuerdo como un tipo cauto y mordaz, y distante, entusiasta y, por momentos, desconfiado. Creía que la revolución consistía en la genuina alegría del pueblo, en el folclore, frente a las formalidades de las clases altas. Llegó a creer, como un día le oí decir "que la rumba era más fuerte que el comunismo". Ya en el poder, armó la fiesta. Atrajo a artistas y a poetas, rescató a escritores olvidados, fundó una casa editorial, un suplemento literario y apoyó entusiasmado todo tipo de manifestación cultural y artística. De repente, La Habana se llenó de productores de cine, de filósofos franceses, de poetas, de poetas chilenos, de agentes de la KGB, de pintores de vanguardia, y hasta de los que alguna vez lo habían sido. En sus calles lo mismo veías filmar a Carol Red que a Errol Flynn. La Habana era de veras una fiesta.

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Pero todas aquellas libertades se fueron apagando poco a poco, hasta que ese gran diálogo multitudinario, se convirtió en un gigantesco monólogo. Hasta que todas las voces se convirtieron en una sola voz: todo el mundo empezó a hablar como Fidel Castro y a pensar como Fidel Castro y a imitar a Fidel Castro, a tal extremo que, hasta el propio Fidel Castro, llegó a imitar a Fidel Castro. Los más, los inocentes, asistían encandilados a esta puesta en escena, detrás de la cual, un grupo de altos conjurados iba tejiendo la trama de un régimen siniestro. Carlos Franqui lo presentía, y ese sentimiento iba acentuando en él una soledad en que pugnaban, como ángeles y demonios, sus más viejas pasiones: la soñada utopía que lo llevó a militar de joven en el Partido Comunista y el amor a la libertad que lo hacía enemigo natural de cualquier tiranía. Pasó varios años en esa pelea contra sus demonios, librada en estricta soledad. Mientras tanto, unos amigos empezaban a desertar, otros eran enjuiciados y otros, sus amigos también, revelaban sus verdaderos rostros de capos y verdugos. Al fin, su amor a la justicia pesó más que cualquier tipo de beneficio dado por un poder cada vez más espurio; poder que él salió por el mundo a denunciar con una vehemencia que era también un exorcismo y una declaración de principios. Llevaba a cuestas el drama de la revolución cubana devorándose a sí misma, con los rostros de sus compañeros, revolucionarios como él que, habían sido fusilados o encarcelados a largas condenas. "Yo soy un campesino, y estoy acostumbrado a la libertad que tienen los ríos y los caballos en el campo", me dijo una vez. Por el resto de su vida sería un batallador solitario contra la tragedia que él había contribuido a crear con su entusiasmo, y en ese empeño prescindió de grupos y partidos, con la disposición de un auténtico caballero andante. Así, solo y tenaz, acaba de rendirse a la muerte. Soñaba con Cuba, seguramente, que, era a la vez su sueño y su pesadilla. Jamás renunció a la gran esperanza para su isla, a la que no volvió. Orlando Jiménez-Leal es escritor y cineasta cubano. http://www.elpais.com/articulo/Necrologicas/Carlos/Franqui/hombre/solo/elpepinec/ 20100419elpepinec_2/Tes

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La revolución al desnudo
Acaba de publicarse en Barcelona un libro extraordinario que se ha de comentar y discutir por algún tiempo. Ha sido un acierto de Carlos Franqui, su autor, el título de Retrato de familia con Fidel. La palabra “retrato” puede entenderse aquí como dibujo de un sujeto, o como el género literario que presenta a una figura o a una época (así el Retrato de la Lozana Andaluza, de Francisco Delicado, en el siglo XVI; o los de nuestro Enrique Piñeyro, en sus Bosquejos, Retratos y Recuerdos, publicados en París, en 1911); o, por su etimología latina (re-tracto), como dictamen nuevo, o retractación, que también hay en este escrito un cambio de aprecio sobre el acontecer revolucionario y, en algunos momentos, revocación de juicios. Y “de familia con Fidel”, por la intimidad que se recoge con la figura: el círculo inmediato de colaboradores y los sucesos del saber domésticos que, por favor del príncipe, sólo conoce el privado. Por la misma razón que a algunas de nuestras crónicas del XVI, podría llamarse a ésta de Carlos Franqui, “la verdadera historia” de la revolución cubana, por lo que tuvo en ella de parte y testigo el cronista. Se distingue así de otros que han tratado el mismo tema pero manejando materiales de segunda mano y sin su excepcional proximidad a los hechos. Poco después del triunfo de la revolución, el editor italiano Feltrinelli convenció a Castro de que escribiera su autobiografía. Fidel le confió a su amigo Carlos Franqui, director del periódico oficial del gobierno y el más influyente animador de la cultura, la realización del proyecto facilitándole cuanta imformación pudiera serle útil. El caudal de documentos acumulados permitió a Franqui publicar en 1966Cuba: el libro de los doce y, ya exiliado en Italia, diez años más tarde, el Diario de la revolución cubana, ambos de mayor interés, ricos en datos y traducidos a varios idiomas. Fidel Castro nunca le perdonó al antiguo camarada y confidente su deserción, y ahora, con el Retrato que le hace Franqui, deben aumentar su enemistad y su ira, por los secretos que descubre. Aún antes de haber salido de la imprenta, cuando se supo algo de su contenido, los periódicos de todo el mundo dieron a grandes titulares una de sus revelaciones: durante la crisis del Caribe, en 1962, el avión U-2 que volaba sobre Cuba fue derribado por un cohete que personalmente disparó Fidel. Ya Castro había aceptado la responsabilidad de Cuba en aquel acto que por poco produce la guerra atómica, pero su declaración siempre se tomó como alarde para probar su independencia de Moscú. Este libro explica el secreto: preocupado Castro por la amenaza de una invasión resolvió provocar a los Estados Unidos; cuenta Franqui: “El tono de la crisis fue subiendo. La tensión mucha. Unos pensaban que era el fin de Cuba. Otros más apocalípticos, que una guerra mundial... A Fidel la mucha espera no le gustaba. Y a su manera decidió probar la fortuna... ‘Ahora voy a saber si invaden o no invaden. Y si esto va en serio o en broma’“. Y sin decirle a nadie sus planes se fue a la base rusa en Pinar del Río y, aprovechando un descuido de los militares soviéticos a cargo de los cohetes, “Fidel puso el dedo y paf; ante el asombro de los rusos, el cohete disparado en un instante tocó el U-2”. Otra revelación sensacional, una que ha de reducir la imagen del revolucionario y su crédito en el Tercer Mundo, se refiere al acuerdo cubano-soviético para establecer bases militares en la isla. ¿Con qué moral podrá ahora Fidel quejarse de Guantánamo?

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Franqui comenta irónico: “Cuba no tiene acceso ni algún derecho sobre éstas ¿cómo llamarlas? ¿bases hermanas? Todo ruso: la excavación de la tierra, la instalación, el transporte”. Y a la tremenda denuncia sigue el reto: “Lo más formidable e irónico de esta historia es que el protocolo oficial firmado —y yo desafío a Fidel Castro a que lo desmienta publicándolo...— establece que el territorio cubano de la instalación de los cohetes es territorio ruso”. Franqui ofrece un logrado perfil de Fidel, su sicología, como Sarmiento del gaucho y de Rosas: de nuevo el machismo: “El arma es la escultura del macho. Su estética. Su juguete. Nada fascina tanto a Fidel como una pistola. Fidel nació guerrero y morirá guerrero. Su tragedia es no tener un gran país para hacer una gran guerra. Su peligro, que un país pequeño desaparece si se mete en las guerras de los grandes.” Y más adelante, otros rasgos del carácter: Este hombre ha impuesto a millones de personas los castigos sufridos por él en la escuela jesuita. Censura. Separación sexual. Disciplina. Control de pensamiento. Obediencia. Espartanismo. Odio a la cultura. A la libertad. Su narcisismo no soporta el genio literario o científico. Prohibe la cultura porque piensa que es subversiva. Prohibido pensar, saber. La fiesta, la rumba son subversivas. El placer. El erotismo, la sensualidad, el amor, subversivos. Suprimidos. Obedecer, trabajar. Estas son sus leyes y las impone a todos Se le va a preguntar a Carlos Franqui cómo pudo resistir el crimen, por qué esperó hasta 1968 para salir de Cuba, dónde terminaba el testigo para empezar el cómplice. Él sabe el riesgo de sus confesiones. Ése puede ser el menor. Cumple un deber exponiéndose a parecer culpable. En una ocasión habla de su elogio desmedido de Castro y declara con humildad: “Asumo la mierda que me toca. No me justifico”. Y cuando Fidel le explica la conveniencia de torturar a los presos del Escambray, confiesa que se quedó “con la conciencia a mitad limpia y a mitad sucia, y el estómago revuelto”. Carlos Franqui se enamoró de la revolución como un adolescente de la mujer esperada, pero no lo conquistó del todo el poder. Por eso, a diferencia de los que aceptaron el programa entero a cambio del señorío, en él cabe admirar, aunque moroso, el renunciamiento. Lo confundió la esperanza. El creía que la tempestad se iba a detener. Por todo el libro está disperso su razonamiento: en cuanto triunfa la revolución y choca con el mando, se propone “estar dentro y fuera”, y luego, tomar distancia y “resistir, luchar pasivamente, esperar”. Y al final de la aventura, en las últimas páginas, otra vez, “quería no estar y estar”. En estos tiempos de rebeldía contra viejas injusticias y egoísmos, Retrato de familia con Fidel se convierte en un documento inapreciable. Puede ayudar a entender los peligros inherentes en todo proceso revolucionario, y quizás evitarlos. El error está en postergar el no, en transigir con el delito, en ignorar que de tanto someter los medios al fin se crea una escarpa por la que el fin mismo se despeña. Carlos Franqui quiso hacer, dentro de la revolución, la de la cultura. Abrió a Cuba las puertas del mundo: fue a buscar a Picasso, Breton, Le Corbusier, Sartre, Miró, Neruda, Goytisolo, y creó el escenario para los artistas y escritores del país: “Era parte de un proyecto martiano”, dice, “ser cultos para ser libres”. Hay que acreditarle a Franqui muchos de los logros artísticos de los primeros años del gobierno de Castro, pero puede

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reprochársele que, con ellos muchos crímenes se escondieron del mundo. Sí, el apotegma de Martí, pero en el contexto de toda la doctrina, con la libertad amplia en que florece la cultura: ser libres para ser cultos. No supo a tiempo Franqui que él mismo iba hiriendo su propio sueño. Cuenta su participación en el cierre del Diario de la Marina: “Le tenía ojeriza”, confiesa (¡quién no, con su carga secular de causas ruines!), y fue a cerrarlo “como una venganza histórica,” y luego al entierro. No sabía de quién era en verdad el cadáver; también era el de su periódico Revolución; el de Lunes, su suplemento literario, el de la cultura misma que él quería . No será fácil disculpar a Franqui que aún defienda aquel error: “Reconozco que volvería a enterrar a los dos: Franco y La Marina”. Se empieza ahogando la opinión que creemos enferma y se termina enfermándola toda. La libertad de expresión, como toda otra libertad, exige a veces proteger hasta al que contra ella conspira. ¿Por qué no supo Franqui razonar con la cultura, en la vida y en el libro, como lo hizo con la tortura y los fusilamientos? Su lógica ahí era correcta: cuando protestó por los castigos físicos que sufrían los presos advirtió al responsable de aquellos abusos, recordando los de Batista: “Así se empieza”. Y escribe sobre los fusilamientos : Pensaba entonces que, por economía de sangre, había que fusilar a los asesinos y terminar con el crimen. Y así pensaba todo el mundo. Hoy no pienso así, y asumo mi responsabilidad de entonces. No por compasión. Ni por que piense que los criminales de guerra de Batista o de cualquier otro lugar fueran inocentes, ni que merecieran vivir. No. El problema no es el fusilamiento. El problema es el fusilador. Cuando se dispara en frío a un ser humano indefenso —criminal o no— se aprende a matar. Y esa máquina represiva nadie la para más. Necesita una materia prima. Un combustible. Y cuando no lo tiene lo inventa. En un momento se pregunta Franqui: “¿Era Fidel Comunista? ¿Se volvió comunista?” Después de analizar su actuación en la Sierra y sus protestas de fe democrática en los primeros momentos del gobierno, desde su “humanismo” guerrillero hasta “la metamorfosis” que convierte en un caudillo intolerante e implacable, Franqui parece concluir que Castro tenía un plan que fue desarrollado a medida que se lo permitieron las circunstancias, maniobrando y mintiendo cuando era necesario. De ser así seguía la recomendación de Lenin, de usar todas las estratagemas, la astucia, los métodos ilegales y la mentira para lograr el fin propuesto. Y la frialdad ante los excesos de la revolución, que con sorpresa descubre Franqui en Fidel, ¿no es la misma que hace un siglo recomendaba el terrorista ruso Sergei Nechaev, quien formuló un programa donde los medios se justifican por el fin? Para el triunfo de la lucha, dijo en su Catecismo del Revolucionario, hacía falta que cuantos en ella participaran se deshicieran de todos los prejuicios, convenciones y afectos; y tener como moral cuanto sirviera para el éxito, y castigar como crimen cuanto se opusiera a él. Del libro de Carlos Franqui se puede decir lo que Marx dijo de Víctor Hugo en su juicio sobre Napoleón, que al asignarle toda la responsabilidad del golpe de Estado, sin señalar las circunstancias que lo permitieron, le daba una dimensión que no le correspondía al mediocre y grotesco personaje. Fidel Castro no es el humanista forzado hacia Moscú por la torpeza de Washington, como opinan muchas mentes liberales, ni es el comunista disfrazado que confesó su ideología al sentirse firme en el poder. Fidel llega a Stalin por la misma fuerza que Franqui sabe que empuja a un gobierno desde una caída venial

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hasta la represión incontrolada, la misma, que él no acierta a descubrir, que lleva del silenciar a un infeliz a la total censura. Es ésa la gran lección de este libro, porque enseña que no se puede poner ciega la fe en una promesa, que hay que verla andar, y cortarle diligente la uña donde debió ir el ala. “Todo hombre es la semilla de un déspota”, advirtió Martí. La transformación de Fidel Castro no se debe solamente al poder, que ya sabemos corrompe. El tirano que en él dormía se lo sacaron la impunidad conque actuaba y el vacío moral del pueblo que lo aplaudía. Fidel Castro es así más efecto que causa. Porque Cuba andaba como Franqui en su libro, “con el estómago revuelto, y la conciencia a mitad limpia y a mitad sucia”, se toleró el abuso del poder y medró la demagogia. El pueblo que a su capricho gritó en la plaza “¡Paredón!”, el que aceptó sumiso la pregunta de “¿Elecciones para qué?, el qué participó en el entierro del Diario de la Marina, era el mismo que había visto indiferente la usurpación del 10 de marzo, la venalidad de anteriores gobiernos, la miseria de los campesinos y de los barrios de indigentes; fue el mismo pueblo que sancionaba con su silencio la discriminación de los negros, el despilfarro de las riquezas del país, la corrupción de las instituciones públicas, el rebajamiento de la soberanía. Una “conciencia a mitad limpia y a mitad sucia” no es conciencia ni es nada, y en ese desierto nació natural el crimen. La sangre ya estaba hecha, Fidel se lavó en ella las manos y, con su innegable capacidad para el mal, como si fueran los monstruos de Urano en laTeogonía de Hesiodo, le dio tamaño de gigante. Al igual que en la obra de Velázquez, donde el propio pintor es parte de su cuadro, Carlos Franqui también se nos aparece en el Retrato que ha hecho. No porque diga mucho de su persona, sino por lo que de sus actos y reflexiones podemos colegir. Un pedazo desnudo de la revolución, con sus esperanzas, sus luchas, y sus yerros y sus llagas. Hay mucho más de mérito en las 536 páginas de este libro: teorías sobre la riqueza del país, meditaciones sobre lo cubano, doctrina revolucionaria, advertencias, pronósticos; abundante intrahistoria, como llamaba Unamuno al revés de los sucesos, y relación de éstos con perspectiva única, empezando en el primer día de gobierno revolucionario hasta principios de 1964, cuando Cuba firma con Rusia el acuerdo azucarero. Aún le queda mucho que contar, para otra obra formidable, por su conocimiento y participación en lo que sucedió después. Con este libro directo y sincero Carlos Franqui se expone a una pedrea: ahora que tanto gusta la quiebra de tejados no faltará quien quiera romperle el suyo: cristales tiene para el ocio canijo; debieran guardarse todas las piedras para el sujeto del libro. Otros le criticarán el estilo aforístico, un poco de Gómez de la Serna y un poco de Vargas Vila; la prosa como con agujeros, rebelde a las estructuras normales y a la sintaxis, adornada de coloquialismos criollos. Pero lo que en detalle parece discurso fragmentario, logra en el conjunto su propósito y transmite con eficacia el mensaje. No son pinceladas en un lienzo. Es friso tallado en piedra a mordidas de cincel: mural de golpes, la revolución desnuda. http://eddosrios.org/obras/literatura/desnudo.htm

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La voz de Sierra Maestra
Por Carmen

Muñoz

Con la muerte de Carlos Franqui, el viernes en su exilio de Puerto Rico, desaparece uno de los principales y primeros intelectuales disidientes del castrismo. Desde Sierra Maestra difundía al pueblo las bondades de la revolución a través de la mítica Radio Rebelde

«¿Quién te ha dado permiso para afeitarte, la barba pertenece a la revolución?», le recriminó Fidel Castro a Carlos Franqui pocos días después de llegar al poder en enero de 1959. El escritor, periodista, poeta, crítico de arte y luego disidente le respondió que «mi hijo no me había reconocido; que hacía mucho calor; que no me gustaban las barbas; que iba a dirigir un periódico y, además, que me parecía que un día no iba «a haber más barba que la tuya, Fidel»». La respuesta, que Franqui escribe en su libro «Cuba, la revolución: ¿mito o realidad?», quizá fue premonitoria del rápido desencanto de uno de los intelectuales originales del castrismo. Carlos Franqui murió el viernes a los 89 años en San Juan de Puerto Rico, donde se había exiliado en la década de los 90 y fundó la revista «Carta de Cuba». Desde esa isla fue colaborador de ABC. Nacido en un cañaveral de Clavellinas, Villa Clara, en 1921, pronto se unió al Partido Comunista de Cuba, que dejaría después de crear células en varios pueblos. Lector voraz y amante del arte contemporáneo, para ganarse la vida comenzó a trabajar como periodista. Se involucró en movimientos literarios y artísticos de la isla, de ahí su amistad con el escritor Guillermo Cabrera Infante. Tras el golpe de Fulgencio Batista en 1952, se enroló en el Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro, que le llevó a sufrir arrestos, torturas y al exilio. El hoy enfermo dictador le reclutó para organizar la propaganda en Sierra Maestra, desde donde difundió al pueblo la revolución a través de Radio Rebelde. El comandante revolucionario Huber Matos explicaba ayer a ABC desde Miami que Franqui «nunca fue de la total confianza de Fidel Castro, aunque lo utilizó para la propaganda, porque lo conocía bien y sospechaba que tenía una «agenda escondida»». Director de «Revolución» Con la victoria de los barbudos en 1959, Castro le encargó la dirección del periódico oficial «Revolución». Pero su deseo de mantener un criterio independiente le costó el puesto en 1963. Entonces se convirtió en el embajador de la revolución entre la intelectualidad europea. Y en uno de esos viajes «se quedó» en Italia. El escritor Norberto Fuentes recuerda que «el gran éxito» de Franqui fue llevar a Cuba a Jean-Paul

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Sartre y Simone de Beauvoir. En 1967 organizó en La Habana el Salón de Mayo, donde los principales artistas del mundo presentaron sus obras. La ruptura definitiva con la dictadura fue en 1968, cuando condenó la invasión soviética de Checoslovaquia. El régimen comunista lo incluyó entonces en la lista negra de los traidores y se convirtió en un crítico incómodo. Tan incómodo que Castro lo «borró» de una foto histórica en la que aparecían juntos. En el libro «Retrato de familia con Fidel», de Carlos Franqui, aparece el antes y después de esa fotografía. Al más puro estilo estalinista. http://www.abc.es/20100418/internacional-iberoamerica/sierra-maestra20100418.html

No todo estaba escrito, prólogo por Manuel Vázquez Montalbán a

El libro de los doce
de Carlos Franqui, Ediciones Saturno, Barcelona, 1973.

La entrada de Castro en La Habana fue seguida de la tradicional batalla de la confusión informativa. ¿Quién era Castro? ¿Qué representaba su causa? ¿A quién servía? Ni siquiera en las catacumbas y cenáculos mejor o más iniciados de Europa se sabía gran cosa de aquella tropa de "barbudos" que habían derribado a Batista. Como Castro era abogado y el Che casi médico, la revolución fue contemplada con una cierta benevolencia por el intelectualado europeo, por esa conciencia de solidaridad estamental que da el paso por la Universidad. Pero ¿revolución? ¿Podía hablarse de una revolución a las puertas mismas del imperio americano en unos años en que la guerra fría aún tenía sus rostros preferidos en la plana mayor del general-presidente Dwigt Eisenhower? Pronto circuló el dato ideológico-informativo de "La historia me absolverá", la autodefensa que se hizo el abogado Fidel Castro Ruz después del fallido asalto al Cuartel de Moncada. Las ideas de Castro eran las de un nacionalista, antimperialista y demócrata, casi en el sentido más convencional del

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término. "Son unos despistados" aseguraron los más o mejor enterados. "Unos voluntaristas" adujeron otros, sin darse cuenta de que acuñaban una adjetivación que haría furor entre el marxismo bien pensante de los años sesenta. Los sectores liberales contemplaban a Fidel Castro y los suyos con una cierta conmiseración, esa pequeña piedad reservada todavía entonces para los tontos útiles. "Ahora lo instrumentalizarán los comunistas y fatalmente intervendrán los americanos. El sueño de un día." Educados en una historia protagonizada por reyes y concebida a manera de juego de la oca entre batalla y batalla famosa, no teníamos los suficientes instrumentos para darnos cuenta de que Castro no había ganado la partida él solo. Ni siquiera la había ganado el puñado de universitarios o gentes culturalizadas que prepararon el alzamiento en las ciudades cubanas y el desembarco del "Granma". ¿Qué sabíamos de Universo Sánchez? ¿Qué sabíamos de los campesinos Guillermo García y Manuel Fajardo? No teníamos todavía en la mano el testimonio teórico deLa guerra de guerrillas de el Che para poder comprender hasta qué punto la acción "voluntarista" de los guerrilleros hubiera estado condenada al fracaso si no hubiera concertado con las necesidades objetivas y la disposición subjetiva de un pueblo. La guerra de guerrillas fue algo así como el forcejeo teórico de el Che para convertir en propuesta comunicativa todo lo que había aprendido a lo largo de veinticinco meses de guerra revolucionaria. Significaba el testimonio del aprendizaje de la revolución mediante la lucha armada, precisamente a partir del día siguiente del impulso "voluntarista". En contacto con la realidad cubana y sus gentes, el primitivo impulso revolucionario perdió el protagonismo de los hombres del desembarco o de los guerrilleros cubanos de Frank Pais y cuajó, porque lo hicieron suyo, en el campesinado y todas las capas sociales interesadas en la emancipación antimperialista y en la revolución socialista. Sólo así es posible explicar cómo en el requetedividido mundo de los años cincuenta, casi sesenta, una revolución pudo prosperar a pesar de que la última guerra de redivisión mundial había delimitado con precisión de tiralíneas todas las fronteras maniqueas entre el campo capitalista y el campo socialista. La Guerra Mundial había establecido los dos grandes cotos cerrados: el campo capitalitsa y el campo socialista. En el tira y afloja diplomático, las conferencias de Casablanca, Teherán, Yalta y Postdam dieron a Occidente lo que era de Occidente y a Oriente lo que se había ganado aguantando las oleadas nazis en las estepas de la URSS. Puertas adentro de su coto, los Estados Unidos hicieron además un reajuste de cuentas con los viejos imperios (Francia y el Reino Unido) para asegurarse una hegemonía posbélica que aún hoy conservan. Dividieron el mundo en zonas intocables, casi intocables, intocables y tocables. El "slogan" monroista de "América para los americanos" tenía radical vigencia y la América situada al sur de Río Grande era una zona intocable donde las hubiera para todo apetito político que atentara contra el sistema.

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La intervención USA en Guatemala, el derribo de un gobierno tibiamente reformista como el que dirigía Jacobo Arbenz, demostró a comienzos de los años cincuenta que cualquier intentona de alteración del "status" americano estaba condenada a topar directamente con la gendarmería de los USA. América Latina estaba en aparente silencio, derribado Perón, desposeído Jacobo Arbenz, sólo se permitía la excepción casi pintoresca del matrimonio Jagan en La Guayana Británica, "el matrimonio rojo" como lo calificaba la publicidad político-sentimental de la época. América Latina parecía enfrentada al dilema entre dictadura y parlamentarismo característico de su entonces largo siglo de historia. La democracia formal se imponía dificultosamente a las dictaduras según ajustes de cuentas entre oligarcas del dinero y del ejército y el embajador americano. Cuando estos tres poderes no consideraban controlable la experiencia democrática, el único juego válido era la probatura de dictadores más propicios o presentables. Precisamente, poco antes del triunfo del castrismo en Cuba, Venezuela se había sacado de encima la dictadura de Pérez Jiménez y una coalición de fuerzas democráticas apoyadas por sectores del ejército había accedido al poder. La cabeza visible del golpe triunfador era Rómulo Betencourt, político de la vieja hornada democrática liberal, a lo Figueres, Bosch, Prío Socarrás, representantes máximos de la "opción democrático liberal" en América Latina. Fue un golpe que tardó en consolidarse lo que tardó en llegarse a un acuerdo entre golpistas y compañías norteamericanas explotadoras de los yacimientos petrolíferos venezolanos. Todo conducía a la evidencia de que nada de lo que crecía bajo el sol de Washington dejaría de crecer hacia el astro rey. Cualquier intento de alteración del "status" mundial había sido drásticamente zanjado, aniquilado o aplastado: Guatemala, el Líbano, Irán, Corea, la geografía de la parálisis parecía haber detenido el globo del mundo en su camino de traslación a través de la Historia. Y de pronto Cuba. La isla de los latifundios azucareros controlados por la oligarquía adicta a Batista. La isla paraíso del ocio del turismo americano. Precisamente Cuba demostraba que no todo estaba escrito. Parte del enigma de esta revolución excepcional se contesta en las páginas de El libro de los doce. Carlos Franqui recogió una historia vívida de la revolución a través del testimonio de protagonistas tan diversos como Amejeiras, Juan Almeida, José Ponce, Universo Sánchez, Celia Sánchez, Haydée Santamaría, Guillermo García, Manuel Fajardo, Faure Chomon, Camilo Cienfuegos, Ernesto Che Guevara y Vilma Espín. A través de su testimonio directo recogido por un magnetofón, Franqui transmite al lector vivencias de los revolucionarios cubanos desde el asalto al Cuartel de Moncada o al Palacio Presidencial, hasta la lucha revolucionaria que siguió al desembarco del "Granma".

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El magnetofón se queda con las palabras grandes y pequeñas, los hechos grandes y pequeños, y en esa combinación de datos que ya han pasado a la historia y datos que permanecen en la más fugitiva cotidianeidad, percibimos la explicación de por qué fue posible la revolución cubana, como resultado de la voluntad de cambio de una vanguardia concertada con la necesidad de cambio de una inmensa mayoría del pueblo. Asistimos a una revolución que se hace y casi se deshace, ajena a cualquier ley determinista, una revolución que depende de los hombres que la hacen, de su lucidez, de su capacidad de sacrificio, de racionalización. Una lección en suma de racionalismo histórico que dista de la mística y del fatalismo revolucionario casi tanto como del espontaneísmo, del oportunismo o de la casualidad. La pequeña anécdota da a veces pleno sentido a la peripecia con mayúscula que la secunda y sobre todo da carne y hueso a la historia de unos hechos que ya han adquirido la muerte plana del papel, su tacto de historia almacenada. El lenguaje de los héroes que hablan a Franqui recupera el tiempo revolucionario con todas sus dimensiones, con ese valor que sólo alcanzan los grandes documentos históricos como los Diez días que conmovieron al mundo, de John Reed. Los personajes del documento de Franqui ofrecen la variedad tipológica que secundó la revolución en torno a la figura de un líder respetado y valorado, pero con la humanidad suficiente como para que las botas nuevas le estén pequeñas y tenga que coserse las viejas en un alto del camino. Incluso la fidelidad al líder adquiere en el libro de Franqui carácter humano, porque sus seguidores le juzgan, le relativizan mediante la anécdota y, sin embargo, le secundan a la hora de la verdad, a la hora del dilema. Un testimonio, pues, hecho a la medida humana como la revolución que historifica, los protagonistas que utiliza e incluso el supersímbolo revolucionario que queda sobre esa pirámide de rostros y nombres de miles de cubanos que hicieron posible la revalorización de una vieja concepción del cambio revolucionario. De la revolución cubana partió el concepto de la lucha popular como instrumento de cambio condicionado por las necesidades objetivas de los pueblos, al margen del determinismo de las mesas de conferencias. Cuba primero, Vietnam después, demostraban que no todo estaba escrito bajo la espada de Damocles del miedo atómico. La verdad de los personajes de Franqui es la eterna verdad de Prometeo que robó el fuego a los dioses para regalárselo a los hombres.

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El revolucionario honesto
El escritor y periodista Carlos Franqui tuvo que hacer este viernes, en San Juan (Puerto Rico), la última renuncia de su larga vida de 89 años: regresar a vivir y a escribir en una Cuba libre. En este abandono final no intervino el inconformismo ni la decepción. Fue una decisión a la que lo obligó la muerte. Vivió en la capital borinqueña los últimos años de su vida al frente de una revista, Carta de Cuba, que le abrió sus páginas al periodismo independiente cubano. Trabajaba en ese proyecto convencido de que volvía a ayudar a su país a liberarse de otra dictadura. Ya lo había hecho en 1958 cuando fundó, en un pequeño monte del Pico Turquino, en la Sierra Maestra, la emisora Radio Rebelde y el periódico Revolución para darle voz a la guerrilla que, encabezada por Fidel Castro, derrocó la tiranía de Fulgencio Batista. Por esa fecha era un periodista reconocido, formado en las redacciones de los diarios y las emisoras, un autodidacta sin horarios fijos que escribía versos y amaba la pintura. Había nacido en 1921 en una familia campesina y, a los 20 años, ingresó en el Partido Socialista Popular (Partido Comunista) como dirigente organizador de células en las zonas rurales. Enseguida rompió con la dirigencia por rechazar los métodos dogmáticos e inflexibles que se usaban para conducir la organización y se quedó en una especie de izquierda por cuenta propia. A finales de los años 40, mientras colaboraba en varios medios de prensa, hizo amistad y se acercó a personajes que fueron compañeros de viaje en proyectos artísticos y culturales, como Guillermo Cabrera Infante, el músico Harold Gramatges y el pintor Wifredo Lam. Franqui realizó un trabajo abierto en contra de la dictadura de Batista y tuvo que salir al exilio a mediados de los 50. Luego regresó al país y subió a la Sierra Maestra. Su falta de vocación para la sumisión absoluta y su experiencia directa en el ámbito cerrado de los comunistas criollos, entre otros asuntos graves y conflictos con escritores y artistas, lo separaron gradualmente del grupo más cercano a Castro, al que había pertenecido durante la guerra. Para salir del paso se le envió a Europa con una credencial disimulada para hacer contactos con artistas e intelectuales. En esa época tuvo relaciones muy estrechas con Sartre, Picasso y Miró.

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Volvió a La Habana, recogió a su familia y volvió a salir para instalarse en Italia, en silencio, entregado a la crítica de arte y varios asuntos privados en lo que se podía llamar un exilio de baja intensidad. Su ruptura pública con la dictadura cubana llegó cuando Franqui firmó una carta de condena a la invasión soviética a Checoslovaquia de 1968. Una intervención que el régimen cubano apoyó con entusiasmo. Acusado de traidor por sus antiguos compañeros y recibido con reservas por las primeras oleadas del exilio cubano, Franqui dedicó sus años de lejanía a escribir una serie de libros esclarecedores y sinceros sobre los tiempos iniciales del proceso y sobre algunos de los personajes principales de ese desastre. Esas obras incluyen Diario de la revolución cubana y Cuba, la revolución: mito o realidad. Memorias de un fantasma socialista. Es autor, además, de una biografía no autorizada de Fidel Castro y de una pieza reveladora sobre la muerte de Camilo Cienfuegos, un sastre habanero que era el comandante más popular del Ejercito Rebelde. Desapareció en un avión a los pocos meses del triunfo. Ricardo Cayuela le preguntó un día a Carlos Franqui si se arrepentía de haber sido un revolucionario. El periodista le respondió: «No. Hay un hecho que es insuperable: yo siento que a mí me obligaron a ser un revolucionario. Por más que miro hacia atrás para ver si podía haber hecho otra cosa, no la encuentro. Esa revolución destruyó mi país y destruyó la idea de un cambio profundo tan necesario». Raúl Rivero Carlos Franqui, escritor y periodista, nació en Cuba en 1921 y falleció el 16 de abril de 2010 en San Juan de Puerto Rico.

La libertad que se lleva por dentro
Por Ruth

Merino

Su concepto de la revolución cubana chocó de frente con los espasmos dictatoriales de Fidel Castro. Ahora, desde el exilio que ha sido plataforma de su lucha, observa su agonía con ojo crítico.

La revolución cubana se tragó a muchos de sus hijos, pero Carlos Franqui resultó un hueso duro de roer. Hoy, a los 85 años, mantiene intactos sus recuerdos y vigente la misión que lo llevó al exilio en 1968: desenmascarar a Fidel Castro.

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“Cuba es una ruina. Un millón de presos y castigados, miles de fusilados y desaparecidos, dos millones de desterrados, más de un millón de desempleados. Medio millón de cubanos fueron enviados a guerras en 15 países a hacer guerrillas, terrorismo o narcotráfico. Once millones quieren escapar del ‘paraíso castrista’...”, afirma. Fiel a su lucha, acaba de completar varios artículos para periódicos europeos que, a raíz de la enfermedad de Castro, preparan coberturas especiales para el día en que La Habana informe su muerte... o su regreso al poder. Pero a Franqui esto último le parece totalmente imposible. Refiriéndose a los vídeos en que se ve a Castro luego de la operación a que fue sometido, dice: “Durante 47 años, Fidel había aparecido como la figura imponente, prepotente, poderosa... Empezaron a sacarlo con (el presidente venezolano) Chávez y otra gente como un viejito moribundo que daba pena, si no fuera por las cosas que ha hecho. Han destruido la imagen”. Desde su perspectiva, el traspaso de poder a su hermano Raúl, de 75 años, ya se ha completado. Cuando se le pregunta si cree que podrá mantener el control férreo que ejercía su hermano mayor, contesta: “Raúl tiene la responsabilidad de todos los fracasos de Cuba y de toda la represión. Y nunca le enseñaron a mandar ni a él ni a ninguno de los otros. Tiene el control del ejército, de la seguridad y de la economía. La economía es un fracaso; el ejército pasó de un millón a 100,000, y la seguridad es ahora muchos menos eficiente”. Inicialmente, explica, cuenta con el apoyo de la cúpula del poder, pero aclara: “Suceder a un hombre como Fidel es casi imposible; Raúl es un hombre sin carisma. Y todos los demás que están allí, es la misma cosa. La gente en Cuba espera que con la muerte de Fidel haya cambios. ¿Qué va a pasar cuando no haya cambios?” Franqui habla en tono pausado, pero firme. De vez en cuando, en un gesto ágil e informal, sube las piernas sobre el brazo del sillón en que está sentado y adopta una posición más cómoda para seguir la conversación. En esta luminosa mañana de diciembre, en este apartamento de clase media en el que abundan las obras de pintores famosos a quienes lo unen estrechos lazos de amistad, este hombre de mirada directa y sonrisa espontánea habla de Fidel, de Raúl, del Che Guevara, de Camilo Cienfuegos y de muchos otros con la naturalidad de quien compartió sus luchas antes, durante y después de la gesta en Sierra Maestra. Franqui, nacido en Clavellinas en 1921 y único hijo en una familia de campesinos, observó de cerca las injusticias que marcaron las vidas de sus padres. Muy joven se unió al Partido Comunista, pero abandonó sus filas cuando se dio cuenta de que la disciplina de la colectividad le exigía renunciar a su capacidad para pensar como hombre libre. Se unió luego al Movimiento 26 de Julio, que luchaba contra el dictador Batista y tomó parte en actos de sabotaje en La Habana a la vez que dirigía el periódico clandestino Revolución .

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Por estas acciones fue enviado a prisión y torturado. La muerte rondaba por los pasillos de la prisión, pero Franqui la esquivó gracias a que la noticia de su arresto circuló internacionalmente. Luego de su liberación viajó al extranjero para buscar apoyo para el Movimiento. Y fue mientras estaba en Miami cuando recibió un mensaje urgente de Fidel: lo necesitaba para dirigir Radio Rebelde en la Sierra Maestra. “Yo tenía una contradicción dado que predicaba la violencia, pero no la practicaba”, dice. “Yo iba a los combates con un altoparlante y arengaba a los soldados para que se rindieran, pero no disparaba”. Luego del triunfo de los rebeldes, Franqui volvió a dirigir el periódico Revolución, labor que le causó choques con Fidel a quien no le permitió intervenir en la política editorial. “Fidel quiso que yo fuera ministro, pero a mí eso no me interesaba. Yo pensaba que la cultura es la única cosa que puede cambiar el mundo”, dice. Añade que en una ocasión Fidel trató de comprar su conciencia. “Me regaló una finca con caballos y todo. Yo había hecho una revolución para acabar con los latifundios y me iba a convertir en un latifundista. Pero decir que no era ir a prisión, así que convertí la finca en una cooperativa socialista. Después Fidel la tuvo que intervenir”, dice. La desilusión con Fidel se acentuó cuando Franqui se dio cuenta de que no había espacio para las voces independientes en el gobierno. A través de Revolución pudo librar, sin embargo, una batalla cultural publicando textos de escritores cubanos y extranjeros que no siempre recibían el sello de aprobación oficial. Invitó también a Cuba a figuras como Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Pablo Neruda. Con respecto a este último cuenta una anécdota que lo hace sonreír. “En el año 60, en Cuba los comunistas, Fidel mismo, no querían que se escribiera poesía de amor. Neruda acababa de publicar “Extravagario”, que es un libro de amor. Yo lo llamé y lo invité y vino Neruda. Se pusieron bravísimos; no fueron a recibirlo”. Las tensiones continuaron y en 1963, cuando Franqui estaba en Europa, supo que había sido destituido como director del periódico. Comenzó así un periodo en el que el rechazo oficial se tradujo en aislamiento, desempleo y penurias. “Cuando entré en la primera crisis, me planteé un dilema. ¿Qué debía hacer? ¿Escapar? ¿Hacer la revolución en otra parte, como Guevara? ¿Suicidarme? ¿Renunciar como Huber Matos para ir a prisión? Pensé que si la revolución estaba perdida, en el fondo qué importaba mi salvación. De manera que mientras estuve en Cuba intenté siempre hacer algo que de alguna manera entrara en conflicto con todo aquello, hasta que no me fue más posible”, dice.

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La organización de eventos culturales, la invitación a Cuba de figuras destacadas internacionales y la recopilación de documentos históricos fueron algunos de los métodos usados por Franqui para luchar mientras estaba en Cuba. Su posición era difícil porque figuras tan poderosas como Raúl Castro querían silenciarlo. Fidel no oía estos reclamos porque, según Franqui, odia que le digan lo que tiene que hacer. Pero para 1968 se dio cuenta que mantener su lucha en Cuba era peligroso y contraproducente. La astucia que había desplegado para sobrevivir los vientos peligrosos de la revolución ya no bastaría para salvarlo de la prisión o la muerte. Decidió continuar la batalla en el exilio y en julio de ese año abandonó el país con su esposa Margot y su hijo Camilo para residir en Italia. Su otro hijo, Carlos, viajó posteriormente para unirse a la familia. En el exilio Franqui redescubrió su vocación de escritor. Ha escrito, entre otros, “El libro de los Doce”, “Diario de la Revolución Cubana”, “Retrato de familia con Fidel”, “Vida, aventuras y desastres de un hombre llamado Castro”. Su más reciente obra, publicada en el 2006, es “Cuba, la revolución: ¿mito o realidad?” También es autor de los textos de libros de arte producidos en colaboración con pintores como Miró, Tapies y Calder, así como de varios volúmenes de poesía. A Puerto Rico llegó a principios de los años noventa. En 1996 fundó “Carta de Cuba”, en la que aún colabora. Sigue siendo, por supuesto, una figura polémica a quien el gobierno cubano acusa de tener lazos con la CIA y de traidor mientras que un sector del exilio cubano no perdona su participación en la revolución. Pero Franqui presta poca atención a sus críticos. Su meta es clara: seguir trabajando “como hormiguita” para contar lo que vivió y observó en Cuba en años tan decisivos para el destino de su patria. ¿Su filosofía de vida? La resume de esta manera: “Las palabras más importantes para mí son amor, poesía, pintura, libertad. Y las más negativas: injusticia, desigualdad, tiranía. He tenido suerte con el amor. Llevo 50 y tantos años casado con Margot, que ha vivido todas estas aventuras, después los hijos, los nietos, los amigos...”. La defensa de la libertad y su lucha contra todo lo que la limita o restringe son el fundamento de su obra literaria y la razón de ser de las causas políticas que ha defendido. Franqui es consciente de lo que ha logrado, pero también de lo que está ausente de su vida: “Martí decía que para ser un hombre tenía que sembrar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Yo he sembrado muchos árboles, he escrito libros y he tenido hijos y sería un hombre feliz si no hubiera perdido la patria”.

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Carlos Franqui / biografía
(Cifuentes, Las Villas, Cuba, 4 de diciembre de 1921 – San Juan, Puerto Rico, 16 de abril de 2010)1 fue un un escritor, poeta, periodista, crítico de arte y activista político cubano. Nacido en un cañaveral, hijo de una familia campesina, logró entrar en una escuela vocacional, donde se unió al Partido Comunista de Cuba. Aunque obtuvo una beca para continuar estudios universitarios enLa Habana, prefirió convertirse en un organizador profesional para el Partido a los veinte años de edad. Después de organizar con éxito células en varios pueblos rurales, rompió con el Partido y se convirtió en un izquierdista noafiliado. Para ganarse la vida, comenzó a trabajar de periodista, donde su voraz lectura le proveyó una educación mucho mejor que la que habría obtenido en la universidad. Durante esta época, se envolvió en varios movimientos literarios y artísticos, desarrollando amistades con importantes figuras, tales como Guillermo Cabrera Infante, Wilfredo Lam y otros. Tras el golpe de Fulgencio Batista en 1952, se envolvió con elMovimiento 26 de Julio, dirigido por Fidel Castro. Esto le supuso ser arrestado y torturado por las fuerzas represivas del gobierno. Cuando fue liberado, pasó al exilio en México y Florida, pero pronto fue reclutado por Castro y enviado a la Sierra Maestra donde dirigió Revolución, el periódico clandestino de la guerrilla, y su estación de radio Radio Rebelde. Al triunfar la Revolución cubana en 1959, fue nombrado director de Revolución, que se tornó en un periódico oficial. Sin embargo, mantuvo un criterio independiente frente al gobierno, lo que le costó la eventual destitución de su puesto. Partió a Europa, donde se convirtió en una especie de embajador extraoficial del gobierno cubano para las ramas del arte y la cultura. Allí conoció artistas e intelectuales tales como Picasso, Miró, Sartre, Calder y otros. Organizó el Salón de mayo de 1967 en La Habana, donde los principales artistas del mundo presentaron obras.

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Su actitud disidente le hizo continuar teniendo problemas con el gobierno. Eventualmente, logró salir de Cuba con su familia y establecerse en Italia, sin romper oficialmente con el régimen. La ruptura formal se produjo en 1968, cuando firmó una carta condenando la invasión soviética de Checoslovaquia. Después de su exilio definitivo, su producción literaria aumentó marcadamente. Escribió varios libros históricos sobre la Revolución cubana, incluyendo El libro de los doce, y Diario de la revolución cubana. Otra faceta de su producción son varios volúmenes combinando poesía y artes gráficas, en colaboración con Calder, Miró, Antoni Tàpies y otros, varios tomos de poesía, y varios libros de arte, algunos editados en italiano bajo seudónimos. Continuó su campaña contra la represión en Cuba y otros países. El gobierno cubano oficialmente lo catalogó como traidor y lo acusó de estar relacionado con la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Sin embargo, muchos exilados cubanos lo rechazaron por su papel activo en la revolución. A principio de la década de 1990, se mudó a Puerto Rico, donde vivía semirretirado. En 1996, fundó la revista trimestral Carta de Cuba, en que se publican trabajos de calidad producidos en Cuba por escritores y periodistas independientes. Continuó editando esta publicación, y colaborando en otros medios hasta su fallecimiento. Murió en San Juan, Puerto Rico, de causas naturales tras una breve enfermedad.
Tomado de Wikipedia

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1. Vacas, cerdos, guerras y brujas / Marvin Harris 2. El fin y los medios / Aldous Huxley 3. Jefes, cabecillas y abusadores / Marvin Harris 4. A la luz de la sabiduría / Reinaldo Rodríguez Arzola 5. Homenaje a Carlos Franqui / Aquiles Julián, selección

Colección

Libros para pensar
2010