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Mis queridos amigos:
He querido escribirles hoy de una manera muy especial,
porque he sentido la necesidad de hacerlo, es para mi un
deber hablar de lo que Dios ha hecho en mi vida, y de lo que
Él sigue haciendo, no podría callar, no podría dejar de contar
sus maravillas, no podría dejar de compartir con ustedes este
inmenso amor que ha transformado mi vida y que me ha
hecho ser una persona feliz a pesar de las dificultades.
Yo antes creía en Dios por creer, por la excusa de que había
que creer en "algo superior" a mi, sabía que existía, y que Él
era el creador del Universo, creía porque necesitaba darle una explicación a todas mis dudas,
más no porque lo hubiera sentido en mi vida. Además estudiaba en un colegio de monjas y
tenía que ir a misa a escuchar los sermones de un cura que realmente aquí entre nos, nunca
me acuerdo de algo que haya dicho, nunca sus mensajes causaron impacto en mi.
Sabía que las cosas que hacía eran pecado o más bien que estaban mal, pero realmente no
tenía conciencia de lo que era el pecado, ya que en el mundo hay cosas que ya las ven como
"normales"; además no tenía conocimiento de que el pecado estaba haciendo una barrera
entre Dios y yo, y que eso me separaba de Él.
Tenía tantos problemas en mi casa, mi relación con mis padres nunca fue muy buena, a partir
de mi adolescencia todo fue de mal en peor, fui siempre la más rebelde, como decimos "la
oveja negra", la que siempre se metía en problemas, la que siempre lo hacía todo mal, esa era
yo. Tenía tantas carencias emocionales, tantos vacíos dentro de mi, no sabía que quería, para
donde iba, que iba a hacer con mi vida, me sentía tan sola.
Salí del colegio, y entré a estudiar lo que pensé que era lo que me gustaba, pero estaba tan
confundida que escasamente podría saber quien era yo. Estando en la Universidad mi
hermana mayor que ya se había convertido al Evangelio, me hablaba de Dios pero yo era muy
reacia, no quería saber nada de Biblia, de pecado, de infierno, ni de nada de esas "locuras" así
pensaba yo. A mi me gustaba la fiesta, la rumba, tomar, esa era la vida que pensé que era la
mejor, porque en esa vida evadía mis problemas, evadía mi triste realidad.Pensé que el baile,
las fiestas, los amigos iban a llenar el vacío que tenía mi corazón, pero no fue así, esas cosas
me hacían sentir cada vez más vacía y más sola.
Mi hermana por haberse convertido al Evangelio tuvo muchos problemas en mi casa, con mi
papá, y eso me afectó mucho a mi, hasta el punto de decir que si eso me iba a pasar a mi, no
quería saber nada de el Evangelio, porque veía a mi hermana sufrir, más sin embargo veía que
cada día ella estaba más aferrada a Dios. Que sería eso tan grande que a pesar de los
problemas, ella se mantenía allí???
Hasta que un día comprendí que era eso tan grande, un día pude sentir ese amor que
sobrepasaba mi entendimiento, un día, Dios tocó mi corazón, y me habló, después de tantos
intentos y después de que tantas veces yo lo había rechazado, no pude resistir más, su amor
me alcanzó, y me sentí tan pequeña, tan pequeña delante de Él, que lo único que pude hacer
fue llorar, y realmente allí, cuando me encontré con Él, es que me pude dar cuenta de mi
verdadera condición, y le pedí perdón por mis pecados, y desde ese instante mi vida no ha
podido ser la misma.
Al principio las cosas en mi casa fueron muy duras, no voy a negarlo, pero la mano de Dios
siempre estuvo allí para ayudarme cuando ya no tenía más fuerzas, siempre Dios estuvo
conmigo en los momentos más difíciles, cuando veía que las cosas se tornaban más oscuras,
cuando creía que ya no podía más, siempre Dios me mostraba una salida. Pero a pesar de
todo algo en mi aún no estaba bien, aún seguí sintiendo en mi corazón aquel vacío, una
soledad, una tristeza infinita dentro de mi, y ahora comprendo que es porque realmente no dejé
al Señor obrar en mi vida, porque seguí cargando con la amargura de mi pasado, con el rencor,
con las culpas, y eso era un veneno que contaminaba mi vida, y que no me dejaba sentir el
gozo que Dios había puesto en mi.
Una vez más me escudé en los amigos, pensé que ellos serían la solución para dejar de
sentirme tan sola, y poco a poco fui alejándome de Dios, hasta el punto de apartarme de Él.
Fueron 3 años los que estuve caminando con Él, en los que viví tantas experiencias hermosas
con Dios, que parece mentira que esos tres años se me hubieran olvidado tan fácil, decidí
borrarlos de mi mente, y olvidarme de todo lo que Dios había hecho por mi, de como me había
perdonado, de como me había ayudado y como había cambiado mi vida.
Decidí mirar atrás, decidí volver al fango de donde Dios había metido sus preciosas manos, y
me había sacado, decidí volver a la mentira de aquel mundo que me ofrecía muchas cosas
pero que en realidad no me dio nada...o si me dio...pero no cosas buenas, solo amargura,
decepciones, tristezas, y mucha más soledad.
Mi estado llegó a ser peor que el primero, y si antes estaba confundida, ahora me encontraba
realmente perdida y allí en ese mundo, muy lejos de Dios viví las experiencias más duras de mi
vida, y hasta que no toqué fondo no pude darme cuenta de lo que había dejado atrás... hasta
que un día, en medio de mi miseria, escuché de nuevo esa dulce voz, que me había cautivado
5 años atrás, y no pude resistirme, era tanta mi necesidad de Dios, que tuve que pedirle perdón
de rodillas, con lágrimas en los ojos, me postré ante sus pies, y pude sentir de nuevo aquel
amor tan grande que no podía comprender, y que realmente no merecía.
Pero Dios nunca me dejó sola, aunque yo fui infiel, Él nunca
se alejó de mi, y si hoy estoy viva, es gracias a su
misericordia, porque de muchas cosas Él me guardó.
Después de esa experiencia, he podido conocer más a este
Dios tan maravilloso que me ha salvado, y aunque han
habido ocasiones en las que me he sentido sola, recurro a
Dios, me postro a sus pies y siento como su presencia va
inundando de nuevo mi ser, haciéndome saber que la
soledad es solo una sensación, pero que Cristo es una
realidad en mi, y que nunca he estado sola porque Él ha
estado conmigo todos los días de mi vida.
Y ahora con toda seguridad puedo decir que soy FELIZ, muy
FELIZ, porque tengo a Cristo en mi corazón, porque a pesar
de las dificultades, a pesar de los problemas, de las luchas
que enfrento a diario, tengo un Dios que me ha dado la VICTORIA , que me a enseñado a
sonreír cuando todo va mal, que me ha enseñado lo que es el verdadero amor, un amor tan
grande que aún sigo sin entender, pero que lo puedo sentir cada día, a cada instante, a cada
momento que pasa, un amor que es más grande que todo, un amor que pasó por alto mis
pecados y que ha cambiado mi vida de la manera más extraordinaria. Ahora amo más a mi
Señor Jesucristo, y NUNCA JAMÁS, por más que todo se vuelva oscuro volveré a mirar atrás,
porque con CRISTO LO TENGO TODO, sin Él no tengo nada.
Que bueno sería querido amigo que le abrieras la puerta de tu corazón a Jesús, el está
tocando hace mucho tiempo a tus puertas, pero tu no has querido escuchar, amigo el ha sido
paciente, y está allí todavía esperando, no sigas haciéndote el sordo, ábrele la puerta, deja que
Él entre a tu vida, y verás que es lo mejor que puede pasarte.
Si estás viviendo una situación similar a la mía, si te sientes solo, que nadie te quiere, que no
sabes que hacer con tu vida, tienes problemas en tu casa, en el trabajo, en el estudio, si ya no
aguantas más, si estás cansado, si estás aburrido, si has pensado en irte de la casa, en huir,
en escapar, si has pensado incluso en el suicidio, DETENTE! LA SOLUCIÓN ES CRISTO! Él
puede solucionar todos tus problemas, el puede ayudarte, pero lo más importante que Él te
está ofreciendo querido amigo es la VIDA ETERNA.
No dejes pasar la oportunidad, no dejes que por tu orgullo, o por tu terquedad, pierdas lo más
importante, LA SALVACIÓN , que tu mismo no compraste, sino que es un precioso regalo,
ACÉPTALO y verás que el más grande milagro ocurrirá en tu vida, y aprenderás a ser feliz en
medio de los problemas...PORQUE EL QUE HA CONOCIDO A CRISTO, HA CONOCIDO LA
FELICIDAD VERDADERA.
Dios los bendiga!