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“Una nueva función tutorial: el desarrollo de la

inteligencia moral”
Pdg. Celia Márquez Téllez
Soc. Edgar Torres Escalona
Universidad Tecnológica de Tecámac
Resumen.

La propuesta de esta ponencia se ha de centrar en la teoría de las inteligencias
múltiples, para justificar el hecho de que la tutoría, hasta hoy tan limitada por el
conductismo y el constructivismo, tiene una vertiente que explotar en el proceso
de enseñanza aprendizaje. La idea es proponer, aquí, el desarrollo de la
inteligencia moral, con el propósito claro y específico de enseñar a reconocer a
los profesores y alumnos el bien del mal, con la convicción de que si lo logran,
preferirán aquellas conductas sociales que contribuyan a la honesta prosperidad
nacional.

En la inteligencia moral examinamos los retos éticos que nos presenta el mundo;
allí intentamos decidir lo que debemos y no debemos hacer, y por qué y cómo nos
relacionamos con la gente. Si para esto capacitamos a nuestros tutorados,
podemos garantizarles un futuro profesional, personal y familiar más provisorio.

I. INTRODUCCIÓN.
Con seguridad mucho se ha hablado en estas mesas acerca de las funciones que
debe cumplir un tutor.

Se dice que es nuestra responsabilidad la atención personalizada hacia nuestros
alumnos. Que nuestro trabajo como tutores debe garantizar la permanencia de los
educandos

en

la

Universidad

Tecnológica.

Que

debemos

vigilar

el

aprovechamiento académico de los jóvenes inscritos en nuestras carreras. Que
es nuestra responsabilidad negociar la evaluación continua de los estudiantes,

para no hacer de un número toda su calificación. Que debemos guardar un sano
equilibrio entre nuestro compromiso con los colegiales y su vida emocional y
sexual. Es más, tal vez hasta alguien haya dicho ya que nuestra prioridad debería
ser fiscalizar convenientemente el buen uso de las becas que los chicos y chicas
reciben.

Sin embargo, dada la apretadísima agenda del tutor y las políticas internas de
operación de cada Universidad, e incluso de cada carrera, dudamos en que se
pueda llevar satisfactoriamente alguna de las más conocidas y exigidas funciones
del tutor.

II. JUSTIFICACIÓN.
Nuestra propuesta es que el tutor se debe centrar en desarrollar una cualidad que
le permita al alumno tomar las decisiones correctas para su futuro profesional y
familiar. Es decir, consideramos que la labor del tutor debe concentrarse en
capacitar al estudiante para no depender más de la figura paternalista del
profesor, sino que aprenda a resolver sus conflictos estudiantiles.

Ante los dilemas existenciales, cada joven debe ser capaz de decidir aquello que
le resulte más conveniente. Es decir, si hubiera de elegir entre ayudar a los papás
a solventar los gastos de la casa o continuar estudiando aun cuando esto
representara mayores sacrificios, ¿qué debería hacer? O tal vez, si se viera en la
situación de un cambio de domicilio casi al final de la carrera, ¿qué debe hacer:
continuar incluso rentando o mudarse con la familia a costa de perder toda la
carrera?

Si bien situaciones de esta naturaleza no son responsabilidad del tutor, de
manera tradicional se le hecho responsable del desarrollo y la madurez de sus
alumnos.

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III. OBJETIVO.
Proponemos, entonces, volver autónomos a los tutorados, con el fin de que
crezcan en su capacidad electiva, al tiempo que los tutores se sientan
descargados de presiones institucionales innecesarias.

IV. EXPLICACIÓN.
Ahora bien, ¿en qué consiste nuestra propuesta?

Sin realizar aquí un repaso general sobre los principales modelos pedagógicos, la
propuesta de esta ponencia se ha de centrar en la teoría de las inteligencias
múltiples, para justificar el hecho de que la tutoría, hasta hoy tan limitada por el
conductismo y el constructivismo, tiene una vertiente que explotar en el proceso
de tutorías. La idea es proponer, aquí, el desarrollo de la inteligencia moral, con el
propósito claro y específico de enseñar a reconocer a los profesores y alumnos el
bien del mal, con la convicción de que si lo logran, preferirán aquellas conductas
sociales que contribuyan a la honesta prosperidad nacional.

La teoría de las inteligencias múltiples expone que hay una visión unidimensional
para evaluar la mente de las personas. Es un sistema de medida y selección
claramente meritocrático. Dicha teoría tiene una visión alternativa: “Se trata de
una visión pluralista de la mente, que reconoce muchas facetas distintas de la
cognición, que tiene en cuenta que las personas tienen diferentes potenciales
cognitivos y que contrasta diversos estilos cognitivos” (La teoría de las
inteligencias múltiples; 24), por lo que la mente ha dejado de ser considerada
como sólo un campo racional y objetivo, o sólo como un área imaginativa y
subjetiva, o como una combinación “complementaria” de dos zonas disfuncionales
entre sí. Ahora la mente (por el reconocimiento de las múltiples funciones
cerebrales) es un versátil espacio de convivencia armónica entre distintas
inteligencias.

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Esta teoría dice que la inteligencia se debe considerar como “...la capacidad
para resolver problemas, o para elaborar productos que son de gran valor para un
determinado contexto comunitario o cultural” (La teoría de las inteligencias
múltiples; 25), dejando abierta la opción de los tipos de problemas o productos y
del contexto, en función de las alternativas tan diferentes que la realidad ofrece:
una pista de baile, un taller mecánico, la panadería, el hotel, los laboratorios
químicos, una granja de pollos. Ante esta perspectiva plurifuncional de la
inteligencia, el modelo educativo hasta hace tiempo practicado en las UT’s no
parece contribuir en el desarrollo y aprovechamiento de las muchas capacidades
para solucionar problemas o para proponer alternativas en productos o servicios.
La teoría que aquí se explica propone que
el objetivo de la escuela debería ser el de
desarrollar las inteligencias y ayudar a la
gente a alcanzar los fines vocacionales y
aficiones que se adecuen a su particular
espectro de inteligencias (La teoría de las
inteligencias múltiples; 27).
Las distintas habilidades para resolver conflictos o crisis y suplir necesidades en
productos y servicios, se resumen en la propuesta de las Siete Inteligencias:
1.
2.
3.
4.
5.
6.

Inteligencia musical.
Inteligencia cinético-corporal.
Inteligencia lógico-matemática.
Inteligencia lingüística.
Inteligencia espacial.
Inteligencia interpersonal (en la que se puede incluir la Inteligencia
emocional, que tan de moda puso Daniel Goleman).
7. Inteligencia intrapersonal.
Las implicaciones de reconocer estas Siete Inteligencias, al menos en la tutoría,
rompen con muchos límites en el proceso de asesoramiento y acompañamiento.
El desarrollo de la inteligencia (aunque ya no se debería hablar en singular de
ella, sino siempre diciendo “las inteligencias”), tendría que abarcar el siguiente
proceso: en primer lugar, hay que identificar la habilidad congénita del estudiante,
las capacidades naturales que le facilitan su desenvolvimiento en el mundo; en

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segundo lugar, hay que comprender cómo elaboró (o elabora, según la edad y el
nivel de desarrollo alcanzado) su sistema simbólico con el que interpreta,
significa, acepta y entiende la realidad circundante (¿lo hace a través de
suposiciones o de razonamientos detallados?, ¿impone cualidades donde no las
hay y encuentra características que otros pasan desapercibidas?, ¿entiende
mejor por sonido que por colores, prefiere la acción o la pasividad?); en tercer
lugar se debe buscar la sintonía con el sistema notacional producido: las señas,
los sonidos, las grafías, los ritmos, los movimientos, los colores con los que
codifica las interpretaciones. Finalmente habría que favorecer la ejecución de la
inteligencia particular en una carrera y en aficiones que le lleven a la plenitud y la
autorrealización. La teoría de las Siete Inteligencias supone un esfuerzo por parte
del sistema educativo de atender las particularidades, en aras de un mayor y
mejor aprovechamiento de los sujetos.

Ser inteligente, entonces, ya no se remite únicamente a saber responder con
exactitud un examen escrito de problemas matemáticos, tampoco se refiere
solamente a presentar una prueba sobre vocabulario y dominio de conceptos. Ser
inteligente es tener la capacidad de resolver problemas de distribución espacial
en el diseño de una habitación, de la dosificación de fuerzas en los cimientos de
un edificio, de la combinación adecuada de texturas y colores en el interior de una
tienda; ser inteligente es, también, proponer maneras distintas de baile, canto,
redacción, modelación o interpretación de un discurso musical o ambiental; ser
inteligente incluye aún la capacidad para negociar, administrar las emociones,
provocar reacciones controladas en los otros e implementar estrategias de
convivencia social. Ser inteligente en un área no necesariamente quiere decir que
lo sea en otra, aunque tampoco se excluyen entre sí.

Sin embargo, los alumnos pueden ser excelentes en sus notas escolares y
pésimos en sus relaciones familiares, o afectivas en general. Puede suceder que
algunos estudiantes, al contrario, lleven excelentes relaciones con los otros, sean

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carismáticos, alegres y muy gregarios, pero que su rendimiento académico no sea
el óptimo. Es más, aun puede presentarse el caso de que colegiales destacados,
hábiles para redactar y resolver

problemas tecnológicos con un mínimo de

esfuerzo, además mantengan una vida social llena de conquistas, simpatías y
colaboradores

muy

afectuosos,

y

que

–sin

embargo-

sean

individuos

deshonestos, mentirosos, ladrones o corruptos en cada uno de los casos.

¿Cómo explicar el comportamiento tramposo de un alumno que tiene una gran
cantidad de amigos? ¿Cómo aclarar el modo de conducirse de un futuro TSU con
una mente brillante para su oficio, que termina por asesinar y torturar a otros?
¿Cómo comprender al gerente que puede hacer ganar millones en dinero a su
compañía sin considerar las faltas legales en las que incurre con sus prácticas?
Es decir, aunque se ha aceptado que al desarrollar una inteligencia no
necesariamente se desarrollan las otras, es perfectamente claro que hay una
descompensación en la formación de una persona cuando se desenvuelve
satisfactoriamente en alguna de sus inteligencias pero no tiene definido si el uso
que le está dando es bueno o malo.

¿O sería válido que un estudiante sumamente social ocupara esta habilidad para
negociaciones que únicamente le beneficiaran a él? ¿Sería aceptable que un
arquitecto destacado redujera engañosamente la calidad de los materiales de una
construcción, con tal de enriquecerse? ¿Podría entenderse la incongruencia de
un gerente que a las puertas de su hogar se muestra caritativo pero que en su
empresa es un explotador con sus obreros? Definitivamente, lo que se percibe
son los grandes logros apuntalados en ciertos tipos de inteligencias, pero que
carecen de una referencia precisa de lo que está bien y de lo que está mal. Es
obvio que ningún tutor deja sin catalogar o emitir un juicio, a favor o en contra, de
ciertos resultados que se consiguen con el uso de las inteligencias múltiples en
sus tutorados: o son positivos o son negativos, o son productivos o son
improductivos, o son buenos o son malos, ¿esta capacidad a qué facultad

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obedece?, ¿qué habilidad es necesaria despertar para discernir lo conveniente de
lo inconveniente?

Para precisarlo es necesario revisar la inteligencia intrapersonal, es decir, aquella
capacidad para resolver problemas que tienen que ver con la vida interior de cada
persona y con sus habilidades para modificar, mejorar o innovar sus parámetros
de conducta consigo mismo. La introspección, el diálogo interno, la reflexión
subjetiva, son algunas de las facultades propias de esta inteligencia. Y es ahí en
donde la presente conferencia ubica a la inteligencia moral.

La investigación de Robert Coles en torno a la inteligencia moral parte de las
siguientes interrogantes: ¿cómo los niños adquieren sus convicciones, creencias
y valores propios? ¿Qué piensan los niños sobre los temas de la moral, sobre los
asuntos éticos, religiosos y espirituales?

Como se dijo, tradicionalmente las Universidades Tecnológicas han privilegiado el
desarrollo de los factores cognoscitivos, psicológicos y emocionales de los
sujetos, mientras que el carácter sólo se ha intentado fortalecer en el marco de
las modas de las corrientes pedagógicas. Es necesario, así, retomar el asunto
del carácter para apuntalar su crecimiento en una época desvalorizada y en
donde los estándares de comportamiento se han vuelto relativos.

V. CONCLUSIONES.
La inteligencia moral se desarrolla a partir de la imaginación, concretamente de
la imaginación moral. Es decir, de lo que una persona puede imaginar que está
bien o mal, que será aceptable para sí mismo o para otros, lo que podría resultar
inadmisible para su persona o para terceros, es como regirá su conducta moral.
Ésta es definida como la vida que el niño vive mientras se desarrolla, como
respuesta a la manera como se le trata en la casa y la escuela (Coles: 1998; 4),
de lo que se entiende que la conducta de una persona bien puede estar

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condicionada por su situación social, por su posición económica, por sus
experiencias y horizontes contextuales. Alguien imagina lo que fue enseñado a
imaginar, lo que sabía que podía desear, a lo que tenía derecho a aspirar, y el
resultado de esas convicciones, modelan su comportamiento en su sociedad.

En la imaginación moral examinamos los retos éticos que nos presenta el mundo;
allí intentamos decidir lo que debemos y no debemos hacer, y por qué y cómo nos
relacionamos con la gente (Coles: 1998; 9).

Como profesores de Formación Sociocultural I y II, y como titulares de las
materias de Expresión Oral y Escrita I y II, hemos diseñado una serie de
estrategias para que en nuestras clases los alumnos aprendan a usar su
conciencia y tomen las decisiones más adecuadas a su vida profesional. Estas
actividades se han usado, también, entre los tutores de la División de
Administración, de tal suerte que los alumnos que son asesorados y usan estas
dinámicas, llegan con nosotros deprimidos, abatidos, indecisos y presionados
pero salen con una visión más clara de aquello que es mejor que elijan. No es
nuestro propósito imponer como la panacea de las tutorías nuestra propuesta,
pero quisiéramos compartir con ustedes este material para que les sirva de
modelo y que ustedes desarrollen sus propias estrategias de la inteligencia moral.

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