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CENTRO POLÍTICO O IDEOLOGIA

POLÍTICA.
as fallidas ilusiones y promesas de la globalización, el fracaso de la tercera vía, el lento

L
retroceso del sistema económico vigente y la inviabilidad del pensamiento único frente a
un mundo que no deja de ser pluricultural , multi étnico e ideológicamente diverso nos
plantean la pregunta de a qué denominan los políticos, de los más diversos partidos, como
centro político. Ciertamente ¿Qué es el centro? ¿El centro de qué? Y… ¿Para qué?
Oímos los ciudadanos con inusitada frecuencia, de un lado al otro del espectro político, hablar del
centro, de acercarse al centro, de actuar de acuerdo a los intereses del centro, de atraer políticamente
a los ciudadanos del centro… etc. Pero nadie, ningún líder político, es capaz de identificar con
meridiana claridad el centro.
Parece ser que dicha posibilidad nos habla de un sector de la población que se encuentra situado
entre la derecha y la izquierda. Según esta definición, poco sustanciosa, son aquellos ciudadanos
que están colocados a la izquierda de la derecha y a la derecha de la izquierda y, si leemos entre
líneas, cosa frecuente cuando se habla de política, más dice relación a la capacidad de los partidos
políticos de colocarse en la mejor posición ideológica para ofrecerse en venta por cuanto se estima
que el ciudadano escoge entre lo mejor de las ofertas. Es decir que, para atraer al centro, es
necesario abandonar la ideología que nos identifica como partido e ingresar impolutos a la sopa
primigenia; abandonar nuestra identidad para sumergirnos en el mundo amorfo que representa el
centro. Pero es más, a la falta de politización ciudadana provocada por la inercia de los partidos
políticos debemos agregar la desinformación sobre los asuntos fundamentales del estado, alentada
desde la dirección de los partidos y por los gobiernos de turno, e impulsada desde los medios de
comunicación de masas con el ánimo de imponer criterios y ejecutar proyectos alejados de la
realidad social.
Los partidos políticos, sin excepción, han creído que el centro es la panacea, la formula de oro de la
política que les permitirá llevar a efecto todas sus veleidades. Nada más alejado de la realidad. El
centro como realidad política no existe y para que exista es menester unificar las voluntades de
quienes se encuentran en dicho sector, tan alejado de la política y tan disperso ideológicamente que
cualquier intento de unificación sin una previa politización del sector, es a simple vista, una idea
descabellada, una inmensa humareda que esconde su verdadera realidad. Los políticos, militen
donde militen, no deben olvidar que la primera vez que apareció el centro político fue en Francia,
en época de la revolución francesa, agrupados en “El Pantano”, llamados luego los
“Termidornianos” que se limitaron a observar cómo se despedazaban los verdaderos agentes de la
revolución en la tribuna y luego en el cadalso de la guillotina. El Pantano, que hoy como ayer se
identifica más con la derecha que con la izquierda, víctima de su propia inercia y desinformación,
le abrió las puertas a Napoleon, y luego, como hoy ocurre, fue olvidada, para volver a sacarla del
cajón de los recuerdos en la próxima elección. Los partidos de izquierda no deben olvidar esta
lección acercándose, a eso que han dado en denominar centro, con claridad ideológica en el
entendimiento de que más vale un voto ampliamente razonado que una adhesión fortuita.
Hoy, frente al mundo que nos rodea, en medio de la desigualdad convertida en cultura, ante el
desastre de la globalización y su pensamiento único que comienza a presentar carencias esenciales y
protuberantes fisuras que aseguren la reproducción normal de las sociedades y la aplicación
rigurosa de la justicia social que impida la autodestrucción que comienza a observarse , empujada
por la penuria y el azoro que produce la inequidad y el abuso del lujo de una minoría, el desperdicio
y el saqueo de los recursos naturales y unas migraciones, que no nos engañemos, no buscas en su
impulso mejorar, como ocurría antaño, sino simplemente sobrevivir. La globalización que fue vista,
hasta hace poco, como el fin de la historia, hace aguas ante la manifiesta dislocación de las
sociedades y elementos productivas no atendidos por los gobiernos y dejados al azar del
dogmatismo del mercado que se ha apropiado de ideologías y mentalidades poniéndolas al servicio
de las elites que manejan el poder, que supuestamente gobiernan y que pretenden, manu militari,
conducir la marcha de los pueblos.
El mundo atraviesa una escasez de proporciones globales, así lo indican los estudios realizados
por los organismos internacionales, el Banco Mundial, la FAO o la Cepal, y así lo sienten y lo
viven millones de ciudadanos. Las migraciones son la respuesta y nada ni nadie podrá detenerlas si
no se hace un gran esfuerzo de justicia social. Pero no. La última reunión de la ronda de Doha ha
sido un fracaso, el club de los países ricos, donde conviven millones de pobres, así lo ha decido.
Nos encontramos en un cruce de senderos a cual más peligroso, los partidos de izquierda tienen la
palabra… Ante este panorama ¿Que es el centro? ¿Para qué el centro?
LOS HOMBRES HUECOS
Tomas Estearn Eliot.
Nosotros somos los hombres huecos
nosotros somos los hombres rellenos
inclinándonos juntos
la cabeza llena de paja. ¡Ay!
Nuestras voces resecas, cuando
susurramos juntos
son apagadas y sin sentido
como viento en pasto seco
o patas de ratas sobre el vidrio roto
en nuestra bodega seca
figura sin forma, matiz sin color,
fuerza paralizada, gesto sin movimiento;
quienes han cruzado
con la vista recta al otro Reino de la muerte
nos recuerdan —a lo sumo— no como violentas
almas perdidas sino tan sólo
como los hombres huecos
los hombres rellenos de paja.

(......)
También Leon de Greiff afirmaba:
SEÑORA MUERTE
Señora muerte que se va llevando
Todo lo bueno que en nosotros topa!...
Solos -en un rincón- vamos quedando
los demás ... ¡gente mísera de tropa!
De alma de trapo y corazón de estopa...
.....
Malabaristas de estudiada esgrima!
...¡Oh tristeza perenne de las cosas
que no tienen sabor, hechas a lima !
... En un rincón quedamos las tediosas
gentes sin emoción, huecas y vanas....
¡Llégense las nocturnas mariposas
fúnebres, y que lloren las campanas...!
Este fastidio que me está matando....
¿Dónde las almas íntimas, hermanas...?
¡Señora muerte se las va llevando!

Carlos Herrera Rozo