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DIARIO-2

13 de diciembre de 2009

Me he acostado tarde leyendo los cuentos tristes reunidos por


Augusto Monterroso y Bárbara Jacobs después de que en una
tarde de invierno de regreso de New York a México, en la charla
sostenida para hacer el regreso menos pesado, recordaran
ambos la novela de Juan Rulfo, “Pedro Paramo”, donde los
protagonistas hablan todos desde la tristeza y la muerte. Mi
lectura de los cuentos tristes quizás se debió a las últimas
noticias que recibí en las primeras horas de la noche sobre la
salud de mi sobrino Pablo y su lucha desesperada por la vida y
contra una enfermedad galopante que se ha propuesto derrotar.

Leí los cuentos de Herman Melville, “Bartleby el escribiente”,


“Un alma de dios” de Gustave Flaubert y “Adiós Cordera” de
Leopoldo Alas, Clarín. El sentimiento que me quedo de su
lectura sumado a la amargura de conocer el estado de salud de
mi sobrino después de la intervención quirúrgica, a vida o
muerte, para erradicar un adenoma cerebral me hacia participe
de ese estado general de tristeza que se desprende de aquellos
maravillosos cuentos. Después de mucho meditar en lo que
había leído, rodeado de los sucesos del día, llegue a la conclusión
de que la tristeza es como la alegría: Si nos proponemos a
analizar profundamente sus causas, a desentrañar su misterio,
acabamos con ella. Digámosle a un poeta o a un escritor que
acabemos con ellas, nos dirían que acabaríamos con la sal de la
vida. La vida es triste, si, lo vemos todos los días y, a pesar de
todo, todos los días buscamos la felicidad. Leyendo estos cuentos
tristes he comprendido que en un buen cuento cabe toda la vida,
y si la vida es triste, un buen cuento será un cuento triste,
porque la vida, más allá de nuestras apetencias personales, es
esa urdimbre infranqueable entre alegrías y tristezas. Serian las
tres de la madrugada cuando me cogió el sueño en medio de
mis trastornadas reflexiones.

El comportamiento cerebral es extraño, a pesar de que dormía


yo continuaba con mis elucubraciones, soñaba que escribía una
oración fúnebre sin dejar de llorar, pero con el curioso contenido
de que no tenia destinatario, mientras que por mi cabeza
pasaban los sufrimientos de Prometeo encadenado y de las
Bacantes, ambas tragedias signadas por la lucha de los hombres
contra los dioses, la rebelión permanente del hombre contra las
injusticias y la condigna sanción de los dioses al sentir
menoscabado su poder, abalada por las palabras der Prometeo:
“He liberado a los hombres, por esta razón estoy hoy doblado
bajo estas penas crueles…” O las palabras de Hefestos en las que
dice: “Sobre esta roca vas a montar una guardia dolorosa,
siempre de pie, sin gustara del sueño ni doblar la rodilla…” Los
dioses son vengativos, pero, ¿De qué?, ¿a caso no somos
nosotros los que los hemos hecho a nuestra imagen y
semejanza?

En la antigüedad clásica, los sueños eran entendidos como


revelaciones divinas o demoníacas, y podían además revelar el
porvenir del sujeto que soñaba. Luego, desde Aristóteles los
sueños pasaron a ser una actividad del alma, y no de los dioses.
Ya desde la antigüedad, con Artemidoro, los sueños incluso
podían ser interpretados, o sea transformados en un lenguaje
entendible y pasados los siglos con Segismundo Freud y su
“Interpretación de los sueños” trato de darle a nuestras
pesadillas una base científica, en fin, yo seguiré soñando pero no
quiero atribuirle ningún significado a mis sueños, tanto más
cuanto que, cualquiera que sea él, yo seguiré rebelándome
contra todo aquello que considere injusto así haya que desafiar
a quienes detentan el titulo, por lo demás espurio, de poderosos
incluyendo los designios, si es que tiene alguno, del Todo
Poderoso.

“Si alguien ve que algo está mal, que organice a sus amigos y
vecinos y haga algo al respecto” Kofi Anan.

Cito esta frase para convocar a los ciudadanos en la defensa del


patrimonio municipal y nacional, es decir, de lo que le pertenece
a los ciudadanos de hoy y de mañana a despecho de los
mezquinos intereses de los poderosos.

Aminetu Haidar se ha convertido en la voz de los desposeídos, en


el símbolo del Sáhara oprimido, pero también, de todos los
oprimidos del mundo. Su ejemplo le ha costado el padecimiento
de vejaciones, encarcelamientos y el divorcio, tan caro dentro de
las creencias musulmanas, pero su bien hacer le han
proporcionado el reconocimiento internacional de su causa.
Ahora nos toca confiar en la buena voluntad de las cancillerías y
de los principales estamentos mundiales para exigirle a
Marruecos el cumplimiento inmediato del respeto a los derechos
humanos. Por último cabe preguntarse: ¿Por qué tras 18 años, la
ONU no ha celebrado el referéndum de autodeterminación del
pueblo saharaui, tanto más cuanto que, la comunidad
internacional no reconoce la soberanía Marroquí sobre esos
territorios?

Carlos Herrera Rozo.

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