LOS NO LUGARES

Espacios del anonimato
“Marc Auge”
Marc Auge nos abre las puertas a cómo es que podemos ver nuestro propio
mundo a través de la antropología. Nos dice que la antropología va más allá que
solo un tipo de terreno a investigar, va más allá de los grupos pequeños,
simbolismos, rituales, situaciones de pobreza y marginación. Como bien sabemos
la investigación antropológica trata hoy la cuestión del otro. Así pues pasa al punto
de transformaciones en la antropología, a poner la mirada sobre los cambios en el
espacio: al exceso de espacio que nos apropiamos que va junto al “achicamiento
del planeta”.
Hablemos entonces del lugar antropológico, el cual es aquel que podemos
reconocer sin haberlo visto antes. Es parte no solo de nuestra experiencia si no
también de nuestro imaginario y de nuestra memoria (en este aspecto podemos
hablar de los sistemas de reglas para poder usar el espacio público).

Pero el lugar antropológico también se encarga de entender la cultura de la
ciudad, mediante la observación del lugar el cual nos abre puertas a lo que está
pasando en el lugar, otro aspecto importante el cual se debe analizar son los
conflictos por el uso, o apropiación del espacio, esto abarca lo difícil que es
compartir el lugar. Así pues hay que tener presente que el espacio se mide en
tiempo, vemos como los itinerarios se miden en horas o en jornadas de marcha.
Asistimos entonces a que un espacio adquiere su sentido a partir del tiempo, es
así entonces como observamos que los espacios ordenan al tiempo.

Ejemplo de esto lo tenemos presente en los monumentos, ya que los monumentos
son este tipo de sistemas espaciales para poder nombrar cosas del pasado, y para
reordenar el tiempo, (un pasado, y un presente). Vemos entonces que el centro
monumental organiza, así pues este se vuelve en patrimonio a lo que se debe
preservar. Y de nuevo vemos esta dicotomía de espacio - tiempo.
Pasando al punto de “El no lugar”, podemos decir que un lugar puede definirse
como un lugar de identidad nacional o histórica, mientras un “no lugar” no puede
definirse ni como un espacio de identidad. Evocando así a los no lugares como
son: los supermercados, aeropuertos, autopistas, estaciones de trenes etc...

Espacios regidos por contratos de tránsito, con las mismas características en
distintos países, vemos entonces como es que los individuos no interactúan entre
ellos, sino más bien con los textos de contrato de tránsito.
Así también se ve a los “no lugares” como espacios de soledad y del anonimato;
solamente como un espacio de tránsito, como espacios no identitarios, no
relacionales, no históricos.1 Con un poco temporalidad de tiempo.
Asistimos entonces a que en nuestra vida diaria nos encontramos situados en todo
tipo de lugares, hasta en “los no lugares”, ya que tan solo el tomar un transporte
público para transportarnos a algún lugar, se vuelve para nosotros un “no lugar” el
transporte público, mientras que para el chofer, el que lo va conduciendo no lo es,
ya que es el lugar de su fuente de trabajo y donde entabla relaciones de trabajo.

1 Marc Augé (2001) Los no lugares. Espacios del anonimato, Una antropología
de la sobremodernidad, Gedisa, Barcelona (primera edición 1992).