LA ACADEMIA EN JAQUE

,
UN ANÁLISI POLÍTICOPEDAGÓGICO
Adan Paredes Castillo

adan.pcastillo@gmail.com

(Aproximaciones al presente del campo del
currículum y la educación superior)

Pensar en el momento actual, el presente del currículum, en sus tres niveles de
concreción, sea el de diseño de la política curricular (de diseño y proposición), el
de institucionalización (gestión y articulación al interior de las instituciones
educativas) y el de práctica educativa (instrumentalización, puesta en marcha y
significación en el aula), es pensar en los elementos que han condicionado y/o
determinado su estructuración.
Para poder hacer un análisis descriptivo que constituye e instituye al momento
presente del currículum, el concepto de globalización ha posibilitado identificar el
elemento o sistema semiótico1 que, en su carácter de proyecto totalizador amplio,
inscribe dentro del campo curricular, particularmente en el nivel de educación
superior, lineamientos de orden, en tanto mandato como de organización, lo cual
en palabras de Ordorika (2004). Colocando a las instituciones de educación
superior, y a la academia en una posición de adopción y adaptación, al parecer, en
analogía con el ajedrez, la globalización y los elementos que ha traído (articulado)
han puesto en jaque a la academia como las universidades.
Esta posición de condicionamiento-determinación política y curricular se ha
desprendido del proceso de incorporación de elementos o códigos semióticos 2
1 “El sistema semiótico es el punto nodal a partir del cual se sobredeterminan
y organizan los distintos elementos de una articulación cultural, de una
cosmovisión, de una figura de mundo” (De Alba, 2004; 99). Es decir, desde la
Globalización, que comparte un código de comprensión de realidad con la
Modernidad, con la cultura Occidental, se significan las prácticas discursivas en
el campo educativo y curricular. Basta pensar que se emplean dichos
significantes como marcos de referencia contextuales amplios tanto en el
diseño como en la investigación e intervención en el campo del currículum y la
educación superior.
2 “El código semiótico se refiere al sistema que organiza los signos en el
interior de una configuración significativa, sistema o estructura y le otorga
sentido. Es en el código semiótico en el cual se encuentran diferencias
radicales entre los pueblos, entre los distintos grupos y sectores sociales, y
entre los sujetos históricos” (Ibíd., 99). En otras palabras, es el horizonte de
referencia o posicionalidad desde el cual se carga o se da sentido, por ejemplo,
democracia tendrá un sentido liberal-nacionalista en un contexto occidental
como Estados Unidos, y un sentido de lucha y resistencia en un contexto
latinoamericano como Cuba.

provenientes de otros campos o estructuras, principalmente del campo económico
y político, del cual se desprenden e inscriben algunos mecanismos de vinculación
económica-política con el ámbito laboral (a niveles globales-locales), como la
meritocracia, la jerarquización por productividad, la rendición de cuentas, el control
de los procesos y resultados, la gestión, administración y obtención de recursos.
Es decir, se incorpora a las universidades la lógica del Mercado como código
semiótico, por lo que podemos pensar que el Mercado está presente en la
academia. Pero la inscripción disruptiva del Mercado o mercantilización de lo
educativo, deviene de una tensión-contradicción entre los intereses de conocer
(para regular-controlar) los procesos al interior de las universidades; y los de
plantear procesos, mecanismos e instrumentos con la intención de mejorar los
resultados que las instituciones educativas producen.
Dichos mecanismos, procesos e instrumentos se plantean políticamente en
niveles de aprehensión tácita y explicita, al incorporarse dentro de las prácticas
discursivas en el campo educativo (curricular de educación superior) una serie de
conceptos, en tanto ejercicios que se ejercen desde el nivel del diseño y
proyección de las políticas educativas.
Uno de ellos, y el cual ha venido dejando una impronta que se inscribe al campo
con intensidad y amplitud, son las políticas de evaluación, las cuales, en el caso
mexicano, han sido una imposición como operación de traslape, es decir, como un
remedio a las carencias que, al interior del sistema educativo, subyacen en la falta
de conocimiento de los procesos y resultados de las instituciones de educación
superior, al igual que de reconocer una falta de calidad.
En otras palabras, las políticas de evaluación, la evaluación de la educación, se
configuran en el mecanismo que se pregunta por la educación, la contradicción
aparente, lo tácito y lo explicito está en la respuesta, ¿Evaluar para qué?, para
mejorar el sistema educativo o para inscribir técnicas o mecanismos de control.
El proceso de inscripción de la evaluación educativa en tato código semiótico en el
nivel de las políticas (tanto en el del diseño y proyección como en el de estudio e

investigación) transito mediante una incorporación acrítica de lo que significaba y
signaría para el campo de la educación.
Es la ausencia de discusión teórica, contextual y crítica un elemento que posibilito
el éxito del discurso de la evaluación (Díaz Barriga, 2004; 232). Sin embargo, a
pesar de la diversificación de enfoques que pretenden proponer un abordaje
teórico-práctico-metodológico de la evaluación, sus alcances responden a una
lógica metodológica-instrumental, que parten de la incorporación del test, con
carácter administrativo-gerencial, de transición cognitiva hacia el control social, en
razón de generar indicadores (parámetros) que permitan medir el nivel de logro en
procesos y resultados (Ibíd., 228-230).
En este escenario de constitución de la evaluación en el campo del currículum y
educación superior, las políticas de educación han incidido en su reforzamiento,
mediante un sometimiento sutil y sublime, el financiamiento. Por lo que, medidas
emprendidas como el pago por méritos y el mantenimiento o disminución del
presupuesto a las universidades públicas según su productividad en términos de la
pertinencia, efectividad y relevancia de sus resultados, se han imbricado en los
procesos de evaluación (Ibíd., 235-242).
Otro elemento que podemos nombrar como un código semiótico articulado a la
globalización3, es la internacionalización, el cual se presenta en el escenario
mundial de integración política-económica, o coyuntura de incorporación al
proceso global de desarrollo nacional-regional-internacional, en el cual, las
universidades se han visto con la obligación de adoptar prácticas similares a las
del mercado, adaptarse a los modelos de emprendimiento o innovación, con la
intención de aproximarse o vincularse al plano internacional de apertura y
3 La condición de fecundidad para el emprendimiento e incorporación de la evaluación
al campo educativo, es la globalización, proceso socio-cultural, político y económico
amplio y totalizador (proyecto mundo abarcador de carácter integrador) que, “se
advierte por los cambios que se están dando a nivel mundial y planetario; la cuestión
ambiental, la cuestión cultural; los avances de la ciencia y la tecnología, los medios de
comunicación y la informática, la problemática de las minorías de los Estados
Nacionales, la formación de bloques económicos y/o políticos y culturales, y la
discusión sobre la democracia” (De Alba, 1997, 12).

correlación con el ámbito empresarial 4, en tanto fuerzas externas que imprimen y
suprimen la integración a las sinergias mundo-globales de poder económico,
político y social.
En este sentido, la globalización, como sistema que atraviesa a las estructuras o
campos políticos, económicos culturales y de educación (currículum y educación
superior), se articula e inscribe desde el discurso de la política educativa nacional,
mediante la consigna de re-estructuración de las universidades, mediante la
incorporación del significante y sus significados (que yacen en las lógicas
industrial-empresarial globalizante), se imbrico en el plano nacional por razones
interiores al campo nacional5.
De donde operan un conjunto de mecanismos y procesos, en forma de código
semiótico. La certificación y la acreditación son elementos articulados en tanto
recursos desplegados de las políticas de evaluación educativa, proveniente de las
políticas situadas en la globalización (sistema referencial amplio y totalizador) y
orientadas hacia la internacionalización, flexibilidad de la formación profesional
con relación al campo laboral, de desarrollo económico y político global.

4 Lo cual ha conllevado a la “competencia de instituciones y profesores por
financiamiento, tanto en la forma de grants y contratos externos, fondos para
el patrimonio, asociaciones universidad-industria, inversión institucional en
compañías desarrolladas por profesores, o cuotas y colegiaturas de
estudiantes” (Slaughter y Leslie, 1997, citado por Ordorika, 2004; 39).
5 La desconfianza al interior del campo, promovió la necesidad de dar cuenta de los
procesos, resultados que las universidades proveen a la sociedad, siendo la evaluación
la idea-fuerza que posibilita la articulación de la globalización en el campo de la
Educación Superior en México. Al interiorizarse visiones de descredito e insatisfacción
por los resultados que ofrecen las universidades con el financiamiento público (baja
calidad, poco o nulo compromiso por parte de académicos y estudiantes, escaza
productividad y efectividad en docencia e investigación), las políticas educativas se
han orientado, desde la incorporación del discurso de la globalización, a la inscripción
de procesos y mecanismos desprendidos de la lógica del Mercado, todo ello “[.] Bajo la
cobertura del concepto vacuo de excelencia -hoy compartido como medida de calidad
y satisfacción de los consumidores por organizaciones productivas y culturales, por
instituciones públicas y privadas- la necesidad de establecer indicadores de calidad y
productividad” (Ordorika, 2004; 40).

Estos códigos semióticos buscan “ofrecer elementos de confianza sobre la calidad
educativa, tanto para estudiantes en condiciones de elegir una institución o
programa formativo, como para empresas que fungen como empleadores”
(Rodríguez, 2004; 177). Al mismo tiempo que se configuran instrumentos “para
mejorar la calidad de los servicios, encauzar la rendición pública de cuentas,
establecer un principio de visibilidad y orden dentro del variado repertorio de
ofertas, estimular y regular la competencia entre universidades” (Ibíd., 178), así
como implantar mecanismos de control vinculados al financiamiento, con relación
a la efectividad y productividad que ofrezcan las instituciones educativas en cuanto
al cumplimiento de sus funciones de docencia e investigación, así como en su
capacidad de vinculación con el ámbito laboral, por ejemplo, la capacidad de
inserción al ámbito laboral por parte de sus egresados.
En cuanto al campo del currículum en la educación superior refiere, el despliegue
de estos instrumentos y apropiación de sus sentidos en las prácticas discursivas,
parte de la misma lógica de estructuración del campo a partir del sistema
semiótico que representa la globalización y sus demás elementos o códigos
articulados, parte de una imposición y un sometimiento. Que, de forma explícita y
tácita, orienta a las universidades (sublime y sutilmente) mediante la conformación
estructural o integración de agentes, que disponen e imponen una serie de
lineamientos y parámetros, que, en forma de indicadores de calidad, posibilitan
determinar el valor de un determinado programa académico, es decir, otorga un
reconocimiento (de calidad) en tanto se demuestren el cumplimiento de
determinados estándares de calidad6.

6 La evaluación en su despliegue de procesos de certificación y acreditación,
se presentan como un acuerdo político entre cuatro principales agentes o
sujetos curriculares de determinación curricular, la ANUIES, la SEP, el Copaes y
la Conpes. Instituciones que responden al llamado de interrelación con razón
de articular los proyectos de educación en el nivel superior, con el propósito de
regular los procesos de educación universitaria. Lo cual, ha coadyuvado a
debilitar la autonomía universitaria depositada en el Art. 3°, que concede la
capacidad de gestionar sus planes y programas de estudio en sintonía con sus
funciones e idearios institucionales (Rodríguez, 2004).

Desde estos referentes descriptivos, podemos decir que, el momento actual, el
presente del campo del currículum universitario, se encuentra atravesado por la
globalización, en tanto un sistema de significación que ha desprendido y articulado
a la evaluación, la internacionalización, la acreditación y certificación como
elementos o códigos semióticos, que han inscrito sentidos (significados y
orientaciones) en las prácticas discursivas que estructuran lo educativo y lo
curricular desde sus dimensiones de diseño y proyección, gestión y articulación
institucional, y de práctica educativa concreta. Siendo, desde la imposición política
que lo político y lo económico determinan y condicionan las prácticas educativas
universitarias, colocando a las universidades y a la academia en una posición de
adopción-adaptación, en una posición de jaque.

Referencias:
De Alba, Alicia. (2007). “El currículum en el contexto de la crisis estructural
generalizada”. En: Currículum-sociedad. El peso de la incertidumbre, la fuerza de
la imaginación. México, Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de
Investigaciones sobre la Universidad y la Educación / Plaza y Valdés Editores. pp.
91-141.
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(1997). “El currículum universitario ante los retos del siglo XXI: La paradoja
entre el posmodernismo, ausencia de utopía y determinación curricular”.
En: De Alba, Alicia (Coord.). El currículum universitario. De cara al nuevo
milenio. México, Universidad Nacional Autónoma de México-Centro de
Estudios sobre la Universidad / Plaza y Valdés.

Díaz Barriga, Ángel. (2004). “La evaluación educativa. Los retos de una disciplina
y de las prácticas que genera”. En: Ordorika, Imanol. (Coord.). La academia en
jaque. Perspectivas políticas sobre la evaluación de la educación superior en
México. México, Universidad Nacional Autónoma de México-Centro Regional de
Investigaciones Multidisciplinarias/Miguel Ángel Porrúa.
Ordorika, Imanol. (2004). “Ajedrez político de la academia” y “El Mercado en la
academia”. En: Ordorika, Imanol. (Coord.). La academia en jaque. Perspectivas
políticas sobre la evaluación de la educación superior en México. México,
Universidad Nacional Autónoma de México-Centro Regional de Investigaciones
Multidisciplinarias/Miguel Ángel Porrúa.

Rodríguez, Roberto. (2004). “Acreditación, ¿Ave fénix de la educación superior?”.
En: Ordorika, Imanol. (Coord.). La academia en jaque. Perspectivas políticas
sobre la evaluación de la educación superior en México. México, Universidad
Nacional Autónoma de México-Centro Regional de Investigaciones
Multidisciplinarias/Miguel Ángel Porrúa.