El sucio secreto de los autos

eléctricos
Los autos eléctricos son promovidos como la forma más cool de ser ambientalmente responsables. La publicidad dice que
generan “cero emisiones” y el presidente Obama prometió que un millón de ellos estarán en circulación para 2015. Ahora
mismo sólo hay 50 mil en Estados Unidos, por lo que el sueño parece lejano. Además, tener un auto eléctrico no
necesariamente significa ser “realmente verde”.
Sus defensores, como el actor Leonardo DiCaprio, dicen que estos autos no contribuyen al calentamiento global. Esto es
parcialmente cierto: no emiten dióxido de carbono, pero su fabricación sí lo genera.
Un análisis exhaustivo del ciclo de vida realizado por el Journal of Industrial Ecology demuestra que casi la mitad de las
emisiones de carbono que genera un coche eléctrico en su vida provienen de la energía usada para producirlo, especialmente
la batería. La minería del litio, por ejemplo, es una actividad muy poco verde. En contraste, la manufactura de los vehículos
que usan gasolina solamente significa el 17% de sus emisiones. Cuando un auto eléctrico sale de la línea de producción, ya es
responsable de más de 13 mil kilogramos de dióxido de carbono, mientras que un coche convencional sólo ha producido
6,350 kilogramos.
Y los usuarios de coches eléctricos pueden sentirse virtuosos, pero la realidad es que los recargan con energía eléctrica
generada con combustibles fósiles. Este mismo análisis de ciclo de vida concluyó que por cada milla recorrida, un auto
eléctrico genera la mitad de emisiones de carbono que uno convencional (6 onzas contra doce), pero hay que recordar que su
fabricación ya generó emisiones.
Así que un auto eléctrico tendría que ser muy utilizado para ser más ambientalmente responsable. También hay que recordar
que las baterías se irán gastando con el tiempo, lo mismo que las de un celular. Nissan estima que después de 5 años las
baterías menos efectivas harán más lento el auto por 55 millas. Si un auto eléctrico típico es manejado por 50 mil millas en su
vida útil, las enormes emisiones iniciales significarán que el vehículo habrá generado más emisiones que otro similar
propulsado por gasolina. De forma similar, si la energía usada para recargarlo viene en su mayoría de plantas de carbón, será
responsable por la emisión de 15 onzas de dióxido de carbono por cada una de las 50 mil millas que recorrió- tres onzas más
que un auto similar de gasolina.
Aún si el auto eléctrico es usado por 90 mil millas y su dueño se aleja de la electricidad generada por el carbón, el auto
causará solamente 24% menos que sus primos de gasolina. Esto está muy lejos de las “cero emisiones”. En toda su vida útil, el
coche eléctrico será responsable de 8.7 toneladas menos de CO2 que un auto convencional promedio.
Las 8.7 toneladas parecen muchas, pero actualmente se estima que el daño por calentamiento global de cada tonelada de
dióxido de carbono es de 5 dólares, lo que quiere decir que el propietario de un auto eléctrico le ahorra al mudo el
equivalente a 44 dólares en calentamiento global. En el mercado europeo, un crédito de carbono por 8.7 toneladas cuesta 48
dólares.
Un mal trato para los que pagan impuestos. Aún así en EEUU el gobierno federal subsidia a los compradores de estos autos
con hasta 7, 500 dólares. Además, más de 5.5 billones de dólares en subvenciones federales y préstamos se van a quienes
manufacturan autos eléctricos y sus baterías.
Es posible que en unas décadas el auto eléctrico sea genial, pero actualmente no hace casi nada en lo que se refiere a frenar
el calentamiento global. El verdadero reto es generar energía verde que sea más barata que la fósil, lo cual requiere grandes
inversiones en investigación y desarrollo. Gastar en el subsidio a autos eléctricos es poner el carro delante del caballo.. y se
trata de un carro muy inconveniente y muy caro.