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Presencia femenina en el arte peleolítico europeo

Por Ana María Llamazares (para El Orejiverde)

Según el antropólogo Dean Snow de la Universidad de Pennsylvania en Estados Unidos, las pinturas
rupestres de manos que aparecen en las principales cuevas con arte paleolítico de Europa
correspondieron a mujeres. Para arribar a esta conclusión analizó estadísticamente las medidas y
proporciones entre los dedos índice y anular de una importante cantidad de huellas de manos en varias
cuevas de España y Francia. Las imágenes fueron realizadas con la técnica de la pintura negativa, de
modo que su tamaño corresponde al de la mano natural que fue apoyada sobre la pared rocosa y
sopleteada con pintura, dejando al ser retirada, una silueta con un halo de color alrededor.
Snow se basó en los estudios de John Manning, un biólogo británico quien ya hace más diez años había
determinado que las mujeres tienen sus dedos índice y anular de la misma longitud, mientras que los
hombres suelen tener el dedo anular más largo. Y Snow encontró que esta característica está también
presente en un 75% de las antiguas pinturas que él estudió.

Huellas de manos peleolíticas realizadas con la técnica de la pintura negativa. Puede apreciarse la diferencia
en la longitud de los dedos índice y anular. La imagen de la izquierda probablemente corresponde a un hombre
pues su dedo anular es más largo, y la de la derecha a una mujer, ya que anular e índice son de la misma
medida. Cueva El Castillo, Cantabria, España,

Aunque no podría aún ser generalizada para otras regiones, su conclusión resulta bastante sorprendente
y reabre el debate entre especialistas, pues cuestiona el elemental supuesto de que estas pinturas fueron
obras hechas por hombres, dada su temática principalmente relacionada con la caza de grandes
animales y con la representación del cuerpo femenino desnudo y exuberante.

Esta no deja de ser una interpretación muy lineal. Por un lado, da por sentado que la cacería era solo una
cuestión de hombres, cuando seguramente y por su trascendencia, era una tarea que concitaría la
participación de todos los miembros de grupo familiar –inclusive los niños-, aunque en diferentes tareas e
instancias. Actualmente, nos cuesta imaginar cuán determinante era para estas sociedades tener éxito
en la cacería. Como sostiene el antropólogo Piers Vitevsky, cazar animales era lo que hacía toda la
diferencia entre sobrevivir y perecer…
Y seguramente fue este gran imperativo el que también impulsó a aquellos primeros hombres y mujeres
a desarrollar un conocimiento que les permitiría superar las limitaciones materiales de sus pequeñas
aunque eficientes herramientas de piedra. La caza de grandes animales, el florecimiento del arte
paleolítico y los inicios del chamanismo fueron tres procesos culturales paralelos y entrelazados que
marcaron una gran eclosión cultural durante la era glacial, hace unos 35.000 años atrás. Allí comienza
también la exploración del poder de la imaginación, el manejo de fuerzas y energías naturales y
sobrenaturales, la iniciación y el ingreso a otros estados de consciencia. Artes en las cuales tanto
hombres como mujeres poseen las mismas condiciones. Visto desde la perspectiva chamánica, el arte
rupestre es mucho más que la mera representaciónevocativa de escenas de caza. Es un verdadero
instrumento mágico para garantizar la supervivencia trascendiéndola, a través del poder simbólico de la
imagen…
Tanto como sucede hoy en día en las culturas indígenas, el chamanismo es un oficio desarrollado tanto
por hombres como por mujeres, por lo cual la hipótesis de Snow resulta altamente congruente con la
interpretación del arte rupestre como una actividad directamente ligada a prácticas chamánicas.
David Whitley, uno de los investigadores que más ha respaldado la relación del arte rupestre con el
chamanismo apoya los recientes estudios sobre las manos femeninas. "Se trata de una contribución que
marca un hito –sostiene- porque es la primera vez que alguien sintetiza un cuerpo importante de
evidencias”.
Por mi parte, creo que estos nuevos estudios no sólo sugieren una gran participación femenina en la
realización del arte paleolítico, hipótesis que ya es de por sí novedosa y original; sino que plantean
nuevos interrogantes, que invitan a revisar los marcos teóricos desde donde se ha enfocado
tradicionalmente este tema

Manos pintadas a lo largo del mundo
Pinturas de manos en negativo se han encontrado en diversos sitios rupestres a lo largo del
mundo, tanto en Europa como en Africa, Australia y América. Los ejemplos más conocidos
son los que se encuentran en las cavernas del sur de Francia y norte de España, de una
antigüedad estimada entre 12.000 y 40.000 años antes del presente. Las más importantes
cavernas con manos pintadas son las de El Castillo y Maltravieso en España y las de Gargas,
Tibiran y Pech-Merle. Pero hay improntas en muchas más cuevas: en España Atapuerca,
Altamira, El Pindal, Santián y la Pasiega. En Francia se encuentran en Le Portel, Badeilhac,
Ganties-Montespan, Trois-Freres, Rocadour, Cap Blamc, Sergeac, Font-de-Gaume, Bernifal,
Combarelles, Beyssac, Arachambeau, Bara-bahau, Baume-Latrone, Collias y Grotte du
Bison. (Ver más en Pictures: Hand Stencils Through Time.)
En la Argentina, la cueva de las Manos Pintadas, en la provincia de Santa Cruz, es uno de los
santuarios más importantes de este tipo de arte rupestre con una antigüedad de 12.0000 años
antes del presente. Allí se encuentran cientos de representaciones de manos, algunas
aisladas, que pueden apreciarse en toda su perfección, pero también en grandes
concentraciones donde unas se superponen a las otras. La cantidad sugiere que fueron
resultado de rituales colectivos o repetidos a lo largo del tiempo. Pero también la diversidad de
formas y tamaños en este sitio en particular, permitió suponer que en su realización han
participados tanto hombres como mujeres y niños.