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UNIVERSIDAD FINIS TERRAE

ESCUELA DE HISTORIA
CHILE HISPANO MONOGRÁFICO

EL MERCADO CHILENO EN EL SISTEMA
COMERCIAL ESPAÑOL DURANTE LOS
SIGLOS XVII-XVIII

FRANCISCO MASÍAS

2012

Página |2

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO UNO: LAS CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL
SISTEMA COMERCIAL ESPAÑOL DURANTE LOS SIGLOS
XVII Y XVIII
I.- LA EXPANSIÓN COMERCIAL EUROPEA EN AMÉRICA Y
LAS RUTAS COMERCIALES
II.- CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES DEL SISTEMA DE
FLOTAS Y GALEONES, EL MONOPOLIO Y LA EXCLUSIÓN
COMERCIAL

CAPÍTULO DOS: LA CRISIS DEL SISTEMA COMERCIAL
ESPAÑOL EN AMÉRICA
I.- EL PROBLEMA DEL CONTRABANDO YN LA AM´RICA
ESPAÑOLA
LA CRISIS DEL SISTEMA DE FLOTAS Y GALEONES

CAPÍTULO TRES: LAS REFORMAS BORBÓNICAS Y LA
REVITALIZACIÓ DEL COMERCIO COLONIAL
I.- LAS NUEVAS DINÁMICAS DEL COMERCIO OCCIDENTAL
HACIA LOS INICIOS EL SIGLO XVIII

Página |3

II.-

LAS

REFORMAS

BORBÓNICAS

Y

LA

APERTURA

COMERCIAL
III.- EL NUEVO ORDE COMERCIAL EN LOS MERCADOS DEL
CONO SUR

CAPÍTULO

CUATRO:

CHILE

EN

EL

NUEVO

ORDEN

COMERCIAL
I.- POSIBILIDADES Y LIMITACIONES EN LA INTEGRACIÓN A
LA ECONOMÍA MUNDO
II.- LA CONFORMACIÓN Y LA EVOLUCIÓN DEL COMERCIO
EXTERIOR
III.- LA ADAPTACIÓN DE LOS COMERCIANTES CHILENOS AL
NUEVO

ORDEN

ORGANIZACIÓN

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

ECONÓMICO

Y

SU

PROCESO

DE

Página |4

INTRODUCCIÓN
El objetivo de este escrito, enfocado en la revisión bibliográfica existente, es
el de aclarar los principales aspectos del comercio español en América durante los
siglos XVII y XVIII y cómo el mercado chileno se modificó para adaptarse a las
exigencias de la evolución del sistema comercial. Se han elegido estos dos siglos
debido que durante estos ocurren los principales cambios, tanto en el comercio
colonial americano como en la propia realidad de la economía chilena.
El siglo XVII, de alguna manera, se presenta como el periodo tradicional del
comercio español donde comenzó a manifestarse las falencias y, principalmente,
la fragilidad del sistema de tráfico con sus colonias americanas. En contraposición,
el siglo XVIII se presenta como el periodo en que España intenta revitalizar el
comercio colonial, reestructurando los pilares del Imperio y a la vez consolidar el
poder central de la Corona y el establecimiento de una serie de reformas para
revertir el atraso en que se encontraba inmerso el imperio. A pesar de ello, llama
la atención cómo se orientaron estas reformas, ya que buscaban darle mayor
agilidad al sistema, pero no dejaron de lado los aspectos que tradicionalmente
entorpecían el tráfico comercial. Por ello es que parece incongruente el buscar
agilizar el tráfico comercial, pero al mismo tiempo insistir en el restablecimiento del
sistema de flotas y galeones como eje fundamental del comercio colonial.
Fue finalmente el contexto europeo el encargado de modificar la realidad
comercial en las colonias españolas en América. La fragilidad del sistema
comercial ante los conflictos bélicos permitió, finalmente, la apertura de la
economía colonial. De alguna manera, el sistema se flotas y galeones cayó por su
propio peso, ya que las falencias con las que contaba y su ineficacia no le
permitieron estar acorde a la realidad comercial europea.
Los grandes beneficiados del término de este sistema fueron, en primer
lugar, la Corona española que vio incrementado considerablemente sus ingresos
fiscales; en segundo lugar fueron aquellos comerciantes que lograron adaptarse a

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la nueva realidad, diversificando sus actividades económicas y dejando a un lado
sus aspiraciones monopólicas; y, finalmente, se beneficiaron las regiones que ante
la inversión de las rutas comerciales se posicionaron en los nuevos puntos
estratégicos para desempeñar un vital rol dentro del nuevo orden comercial. Este
último sentido destaca Buenos Aires y Chile con la apertura comercial del Cabo de
Hornos.
Fue durante este escenario, como analizaremos a lo largo del escrito,
donde los comerciantes chilenos buscaron desenvolverse ante las nuevas
posibilidades comerciales que entregó el siglo XVIII, teniendo una férrea oposición
por parte del Consulado de Lima, el que se constituyó como el estandarte del
antiguo orden comercial en el sur del continente primando las aspiraciones
monopólicas y la búsqueda del control comercial de las regiones bajo su
influencia.

.

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CAPÍTULO UNO: LAS CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL
SISTEMA COMERCIAL ESPAÑOL EN AMÉRICA DURANTE LOS
SIGLOS XVI Y XVII

I-

LA EXPANSIÓN COMERCIAL EUROPEA EN AMÉRICA Y LAS
RUTAS COMERCIALES

La Europa del siglo XV se inserta en un momento de importantes cambios.
Si bien ya desde el siglo XII que venía desarrollando un incremento en las
actividades comerciales y con ello un florecimiento de las ciudades, fue sino hasta
el siglo XV cuando la economía europea sufre una explosión comercial. No cabe
duda que uno de los factores de cambio, junto con el proceso de desarrollo de la
noción de Estado, fueron los constantes avances tecnológicos desarrollados
durante este periodo: el desarrollo de la imprenta, las nuevas técnicas en la
metalurgia y, quizás uno de los más importantes para efecto de este escrito, los
avances técnicos en la navegación. Todos estos fueron claves para la expansión
que emprendieron los Estados europeos en los siglos posteriores.
El

comercio

fue

el

principal

motor

para

la

expansión

europea,

especialmente tras el fortalecimiento de las conexiones con los mercados de
Oriente. El contacto con éstos integró una serie de productos de consumo que
inmediatamente produjeron una alta demanda en Europa debido a los usos que se
les daba. Por ejemplo, las especias no sólo eran utilizadas para condimentar
alimentos, sino que también cumplían una importante función en la conservación
de éstos, llegando a reemplazar al uso de la sal. Esos eran traídos desde la India,
en el caso de la pimienta, Ceilán, en el caso de la canela o China, en el caso del
jengibre, pero su traslado por tierra era a un elevado costo. De ahí la razón de que
hubiese intentos tanto desde las coronas europeas como por empresas privadas

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para establecer un contacto más expedito y a bajo costo, especialmente tras la
caída de Constantinopla en 14531.
Ante este escenario, los portugueses iniciaron la exploración marítima en
búsqueda de una ruta que les concediera el comercio oriental. Para ello iniciaron
la tarea de fundar una serie de factorías en las cosas del Mar Índico, a demás de
una flota armada que zarpaba desde Lisboa para recoger las especias de Oriente,
transformando, instaurando una ruta comercial en base a una serie de
establecimientos navales y mercantiles a lo largo de la costa del Medio Oriente.
Claro que la posesión de estas factorías y la continuidad de su comercio
dependían de la tolerancia de los Rajas2 locales. Así, los capitanes de los puertos
no intervenían en los asuntos administrativos fuera de las factorías, salvo cuando
se amenazaban los intereses portugueses3. Esto resulta importante y destacable
porque será la manera en que la Corona de Portugal iniciará el proceso de
ocupación de las costas de Brasil, donde su objetivo no era el de establecerse ni
colonizar la región, sino que sacar provecho de los recursos que ésta le podía
entregar al mínimo costo económico posible.
Como ante sala del descubrimiento de América es imposible de obviar la
exploración de España y de Portugal en las islas del Atlántico. En ellas se
enmarcaron las primeras disputas entre ambas coronas por las llamadas “Islas
Afortunadas”: Las Madeiras, Las Canarias, Azores y Cabo Verde. El principal
incentivo de ambas Coronas por hacerse con estas islas radicaba en que servían
como puntos estratégicos tanto para fines bélicos como para la posible
exploración de rutas hacia los mercados asiáticos navegando por la costa de
África. Pero con el tiempo se percataron que las tierras de aquellas islas eran
sumamente fértiles y aptas para la colonización4, por lo que terminaron siendo de
gran importancia para ambas Coronas. Para no entrar en detalle sobre la solución
de los conflictos entre España y Portugal por las “Islas Afortunadas”, bastará con
1

Parry, John. – Europa y la expansión del mundo 1417-1715. México, 1952. Pág. 47
Antiguos soberanos de la India y regiones de Malasia.
3
Ibíd. pág. 52
4
Ibíd. pág. 59
2

Página |8
comprender que la intervención del Papa fue fundamental, ya que sirvió de ente
conciliador entre los intereses y aspiraciones, siendo uno de los antecedentes
para el proceso de división territorial de América entre España y Portugal.
El descubrimiento de América fue un hecho que terminó por romper las
formas de pensamiento tradicional que se mantenían en Europa. La mayor cosa
después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte de quien lo
creó, es el descubrimiento de las Indias…5 Estas fueron las palabras de Francisco
López de Gómara en la dedicatoria a Carlos V al momento de redactar su obra
Historia general de las Indias, donde describía el significado del descubrimiento
del nuevo continente. América se presentaba como la tierra desconocida, donde
los aventureros y aquellos que no tenían nada que perder se atrevieron a buscar
las nuevas oportunidades que en Europa se les habían negado.
De igual manera, el descubrimiento de América significó el auge del sistema
mercantil, como afirman Adam Smith y Guillaume-Thomas Raynal, donde las
hasta entonces pequeñas ciudades europeas pasaron a convertirse en los centros
abastecedores de las florecientes colonias americanas. Con ello se impulsó el
comercio, la navegación y la industria manufacturera de toda Europa, y terminó
por darle el elemento revolucionario a la modernidad en su lucha de derribar a la
sociedad feudal. Fue América quien le entregó el capital suficiente a Europa para
proseguir con sus relaciones comerciales con Oriente, inyección que se
prolongaría hasta el siglo XVII. En resumen: El descubrimiento de América jugó
un papel protagónico en el desarrollo del capitalismo y el desarrollo tecnológico
europeo de los siglos posteriores.
Tras las oportunidades que podía entregar el continente americano, España
y Portugal iniciaron el primer momento de conquista y colonización del nuevo
mundo. Sirvieron de pioneros y de ejemplo, muchas veces de lo que no debía
hacerse, para los demás Estados europeos que conformarían la segunda ola de
exploración y ocupación en América. No pretendo referirme en este escrito al
5

López de Gómara, Francisco – “primera parte de la historia general de las Indias” en Elliot, John.
– El viejo mundo y el nuevo 1492-1659. Alianza Editorial, Madrid, España, 1872. Págs. 80-81

Página |9
proceso de ocupación español ni europeo en general, ya que no es ese nuestro
objetivo, por lo que me limitaré a ciertos aspectos que repercutirán en el ámbito
comercial español.
Uno de ellos es que tras el reconocimiento de Brasil por Vasco de Gama
en 1499, la Corona portuguesa decidió implementar el método de factorías
comerciales, antes utilizado en las cosas de Medio Oriente. Para ello arrendó la
región de Brasil a un consorcio de comerciantes de Lisboa para la explotación de
los recursos que contaban con demanda europea, tales como el palo-brasil,
algunos primates, los esclavos y los loros6. Luego de cinco años, una vez que
finalizó el contrato, la administración volvió a manos de la Corona, la que continuó
utilizando el mismo método económico-administrativo. El interés de Portugal en
Brasil no era simplemente económico, sino que también político-estratégico. Aún
se buscaba una ruta a las Indias Orientales por el oeste, y en este sentido, las
costas de Brasil eran un enclave propicio para llevar a cabo la labor de búsquedas
y exploración. Se comenzaron a establecer de esta manera factorías reales en
puntos estratégicos a lo largo de la costa de Pernambuco, de Bahía, de Porto
Seguro, de Cabo Frío, de Sáo Vicente y al mismo tiempo se les concedió licencia
a los navíos privados para comercializar con las comunidades aborígenes.
El asentamiento y la posesión efectiva del territorio por parte de Portugal en
Brasil se vieron potenciadas por la amenaza de extranjeros en las costas
americanas. Es el caso de franceses que buscaban establecerse en América a fin
de sacar provecho del propicio escenario que este entregaba en la explotación de
recursos. Si bien España y Portugal reconocían sus propios límites ente el Tratado
de Tordesillas y las Bulas Papales, sólo eran respetadas por estas dos coronas.
Por ello, en lugar de gastar recursos y energías en mantener alejados a los
franceses de sus costas, los portugueses cambiaron su estrategia políticaadministrativa y se internaron en el continente donde establecieron sus
asentamientos a fin de evitar que la población indígena tuviera contacto directo

6

Bethell, Leslie – Historia de América Latina tomo I – Editorial Crítica. Barcelona, España, 1990.
Págs. 204-205

P á g i n a | 10
con los extranjeros, terminando así con la amenaza francesa respecto a la
reclamación y posesión efectiva del territorio7.
Ante esta nueva realidad, y debido también a la crisis financiera que
afectaba a la Corona Portuguesa, se le entregó la concesión de los territorios a
doce propietarios peninsulares, la que consistía básicamente en un arrendamiento
hereditario administrado por un “señor” que actuaría en nombre del Rey de
Portugal. Este sistema recibió finalmente el nombre de Donaciones. Una vez que
la Corona Portuguesa estabilizó su situación, reclamó sus derechos sobre Brasil
desplazando a muchos de los donatarios y estableciendo por primera vez una
Capitanía Regia, o sea un gobierno permanente8. Leslie Bethell ve en las
donaciones el equivalente de las “campañas privadas” efectuadas por los
conquistadores españoles, y la acción de la Corona Portuguesa por establecerse
formalmente en Brasil se ajustaría perfectamente al modelo ibérico imperante de
esos años9.
Una segunda etapa de incorporación europea es llevada a cabo por
Inglaterra, Francia y Holanda, las que si bien mostraron cierto interés en el
comercio americano a través del contrabando y los corsarios, sus aspiraciones
territoriales se presentarían de manera muy tardía con respecto a España y a
Portugal.
La colonización inglesa nació a partir de la necesidad de los recursos que
ofrecía América. No existía oportunidad de establecer un comercio regular con las
colonias españolas en América producto de su principio de monopolio y exclusión
que revisaremos más adelante. Por ello, la única solución resultó ser el
apoderarse de los territorios no ocupados, centrar esfuerzos en la extracción de
minerales, el establecimiento de aserraderos y las granjas de caña de azúcar10.
Un segundo argumento, ajeno al interés económico, era el de expandir el
7

Ibíd. pág. 211
Gallo, Alberto – “Aventuras y desventuras del gobierno señorial en Brasil” en Carmagnani,
Marcelo et. Al. – Para una historia de América II. Fondo de Cultura Económica, D.F, México, 1999.
Págs. 198-199
9
Bethell, Leslie Óp. Cit Tomo I Pág. 219
10
Parry, John. Óp. Cit. Pág. 143
8

P á g i n a | 11
evangelio cristiano, al igual que los españoles, entre los aborígenes americanos,
pero resultaba mucho más lógico el pensar que el establecimiento de colonias
británicas en las costas americanas nortes del Atlántico entregaban una ventaja
táctica en caso de un conflicto militar con España.
La carencia de indios dóciles para ser utilizado como mano de obra en el
norte de América obligó la utilización de europeos para ello, por lo que el proceso
de colonización resultó vital. Ya hacia 1623 Virginia se asomaba como una
floreciente colonia, donde su principal exportación era el tabaco, para lo cual la
Corona Inglesa le entregó la exclusividad para el comercio inglés a fin de impulsar
su producción11. Al mismo tiempo, durante la década de 1620, marinos ingleses
desembarcaron en la isla de Barbados, la que se caracterizó por ser una colonia
de tipo “propiedad”, es decir, una concesión cuasi-feudal de territorio y jurisdicción
a un noble prominente. Hacia 1640 se introdujo en ella el cultivo de la caña de
azúcar gracias a la venta y capacitación de los holandeses que, a su vez, habían
experimentado con los portugueses en Brasil, volviéndose la principal exportación
de la isla y convirtiéndola en una de las colonias más prósperas del Caribe 12. Otro
modo de colonización inglesa es el llevado a cabo por los puritanos. Se trataba de
personas con recursos suficientes para mantener una vida de buen nivel social en
Inglaterra, pero que se encontraban disconformes con la política religiosa y
constitucional del gobierno británico. Así, los puritanos fundaron la colonia de
Nueva Inglaterra y luego Massachusetts, centrándose principalmente en la
producción de alimentos y frutos, ya que no disponían de las condiciones
necesarias para la producción del tabaco ni para la de la azúcar. En solo veinte
años su próspera producción les permitió exportar alimentos para comercializarlos
entre las comunidades indígenas y con el resto de las Antillas13.
Los franceses, por su parte, comenzaron su proceso de colonización
americana al mismo tiempo que Inglaterra, estableciéndose en América en la
costa este del atlántico norte y en las islas de las Antillas. En cierta medida
11

Ibíd. pág. 142
Ibíd. págs. 156-160
13
Bethell, Leslie Óp. Cit Tomo I Pág. 240
12

P á g i n a | 12
compartieron las mismas características con las colonias inglesas: no podían
mantenerse sólo con el tributo indígena, ni tampoco emplearlos como mano de
obra a gran escala; no encontraron yacimientos importantes de metales preciosos;
sus economías tendieron a basarse en la agricultura, la pesca, el comercio de
pieles, el cultivo de la caña de azúcar y la producción de tabaco, percibiendo la
importancia del comercio marítimo y el valor de los productos tropicales.
Otra característica en común fue la organización en compañías de carácter
mercantil para la fundación de las colonias. La diferencia radica en que las
compañías inglesas, por medio de sus promotores, debían buscar su propio
capital para emprender la tarea, en cambio las compañías francesas contaron con
la iniciativa del gobierno, que se hizo cargo de un porcentaje del capital de la
compañías y, además, nombraba a algunos de sus directores, lo que a su vez le
permitía llevar a cabo una fiscalización y administración más minuciosa.
El plan de la colonización en el norte de América consistía en entregar
grandes extensiones de tierras a los directores y demás funcionarios, el que subarrendaría pequeñas tenencias de sus concesiones en condiciones semi-feudales,
conservando ciertos derechos, como en Francia. Se debe destacar, además, que
la colonización francesa, al igual que la española, prohibió el ingreso al nuevo
mundo de protestantes, además de incentivar los matrimonios con los indígenas 14.
Holanda también se encargó de fundar colonias en el nuevo mundo, pero
estas se caracterizaban por un carácter netamente comercial. La “Compañía
Holandesa de las Antillas” fue legalizada en 1621. Su primera gran tarea consistió
en el intento de conquistar la región azucarera de los portugueses en 1624 con un
ataque a Bahía, logrando, en una década, extender sus dominios desde Bahía
hasta el Amazonas, siendo finalmente expulsados hacia 1654 por un
levantamiento criollo brasilero fiel a Portugal15.
La compañía holandesa no se limitó solo a incursionar en el Caribe y el
norte de Sudamérica, sino que también en la costa este Norteamérica. La
14
15

Parry, John. Óp. Cit. Pág 165-170
Ibíd. Págs. 172-173

P á g i n a | 13
colonización de Nueva Holanda es concedida a una compañía de carácter privado
para la explotación de pieles. Se establece en lo que hoy es la isla de Manhattan y
sirvió de punto de partida para la fundación de diferentes puestos comerciales en
las zonas del atlántico medio estadounidense. Nueva Holanda contaba con
grandes propiedades, pero eran mal explotadas, siendo la colonia utilizada
principalmente como base para el comercio y el tráfico americano. Su capital era
más fluido que el inglés, sus métodos financieros más modernos, y sus barcos
eran mejor proyectados, siendo los más avanzados y eficientes de Europa hacia la
mitad de siglo XVII. Las compañías holandesas contaban con un alto subsidio del
Estado, y resultaban ser sumamente eficientes y bien administradas. Una de sus
características es el temprano sentido de la reinversión del capital, lo que se
expresa perfectamente en las palabras de Joseph Hill, un mercader de Holanda:
Respecto al capital, el nuestro viene a ser mayor debido a
que en Inglaterra cuando los comerciantes se vuelven ricos
compran tierras y educan a sus hijos para ser caballeros rurales;
mientras que nosotros… en Holanda, conservamos el dinero y los
hijos en el comercio16
Se denota en esta cita una nueva mentalidad que comienza a
desarrollarse hacia el siglo XVII, donde incluso el mercantilismo comienza
a mostrarse inadecuado ante el contexto comercial europeo. La búsqueda
de nuevas estrategias económicas y la ampliación de las redes
comerciales fueron el siguiente paso en el que Holanda, junto a las demás
potencias europeas, dejaron un paso atrás al Imperio Español en la
inserción a la economía mundo.

16

Ibid. Pág. 182

P á g i n a | 14
II-

CARÁCTERÍSTICAS PRINCIPALES DEL SISTEMA DE FLOTAS Y
GALEONES, EL MONOPOLIO Y LA EXCLUSIÓN COMERCIAL

España durante el siglo XVI había experimentado un proceso de unificación
de sus dos reinos más importantes, Castilla y Aragón. A pesar de que la unión de
un conjunto de coronas o de reinos no implicaba la unificación territorial, y además
de que cada territorio mantuvo sus leyes, costumbres, lenguas e instituciones, se
inició en los años posteriores un proceso en que el resultado sería el
fortalecimiento del Estado español. En este escenario, España venía presentando
un importante crecimiento económico, donde el motor de aquella expansión había
sido el aumento de producción agrícola y el crecimiento demográfico, siendo un
factor importante el desarrollo de ciertas ciudades con una clara vocación en el
ámbito comercial.
Sin intención de profundizar en el descubrimiento, conquista y ocupación
del continente americano, hemos de indicar que tuvo como protagonista al Estado,
a la Iglesia Católica y a los particulares, generándose por medio de una empresa
privada de conquista. Al no contar con el interés de entregar los recursos
necesarios para emprender tal campaña, la corona española se vio en la
obligación de cederles ciertas concesiones y facultades a los particulares,
principalmente porque estos eran los que contaban con los recursos económicos y
las fuerzas militares dispuestas a tal empresa. A su vez, la Iglesia actuó como un
elemento de unificación dentro de la nueva sociedad colonial. El principal objetivo,
tanto de la Corona como de los particulares, fue la extracción de metales
preciosos, siendo esto el motor de la economía colonial. Para ello se ideó una
organización comercial que buscaba hacer del tráfico entre las colonias
americanas y la metrópolis una tarea segura y rentable. De esta manera, la
“Carrera de Indias” se convirtió en un factor económico, y, en último término, social
y cultural17.

17

Bethell, Leslie. Óp. Cit. Tomo II. Pág. 45

P á g i n a | 15
El sistema de flotas y galeones fue el encargado de llevar a cabo el tráfico
entre España y América por casi tres siglos, teniendo muy pocas modificaciones
en su estructura y estrategia. Este fue creado por las disposiciones de Felipe II
entre los años 1561 y 1564, las que ordenaban la conformación de dos flotas que
debían zarpar desde el rio Guadalquivir: una hacia Nueva España y otra hacia
Tierra Firme. Cada una de ellas debía contar con un capitán y un almirante, siendo
el Consejo de Indias el encargado de su elección, además de tomar la decisión del
envío de la flota cada año y el tonelaje necesario para la demanda de los
mercados americanos previa consulta al Consulado de Cargadores de Sevilla a
través de la Casa de Contratación18. Se ha de destacar que la composición de
estas flotas no eran exactamente iguales para Nueva España y Tierra Firme, sino
que la primera solía disponer de dos galeones tipo escota (capitanía y almiranta
respectivamente) para la defensa del resto de los barcos, mientras que la flota de
Tierra Firme se componía, por lo general, de los navíos mercantes más ocho
galeones19. Estos convoyes cumplieron su propósito, ya que mantuvieron salidas
de manera regular y prácticamente sin intervenciones. Pese a ser un atractivo
botín en alta mar, sólo fueron derrotados tres veces en sus casi dos siglos de
vigencia, una por los ingleses y dos por holandeses20.
Gracias a este sistema, Sevilla se convirtió rápidamente en el principal
puerto de España. Su puerto se encontraba en ventaja ante los demás puertos por
su posición geográfica, que lo protegían de las tormentas atlánticas como también
de la piratería. Segundo, y más importante, era la presencia de una clase
mercantil en Sevilla que condicionó su elección, además de contar con una
importante población de consumidores y a la vez una amplia oferta de productos
agrícolas para abastecer a las embarcaciones. Desde este puerto se ejerció un
fuerte monopolio comercial, el que analizaremos más adelante, el que se había
visto potenciado con la creación de la Casa de Contratación en 1503. Esta en un
principio había funcionado prácticamente como un almacén de la Corona para
18

García Fuentes, Lutgardo – El comercio español con América 1650-1700. Excma. Diputación
Provincial de Sevilla, España, 1980, Págs. 160-161
19
Ibíd. pág. 163
20
Parry, John. Óp. Cit. Pág. 100.

P á g i n a | 16
depositar el Quinto Real y los demás impuestos que pudiesen haberse recaudado
en América. Su fin era, en pocas palabras, fomentar y regular el comercio y la
navegación hacia el Nuevo Mundo. Es decir, era la encargada de inspeccionar las
flotas que se disponían a zarpar, así como también calificar a los capitanes y
almirantes. A medida que floreció el comercio entre la península y sus colonias en
América, se vio aumentado el número de sus funcionarios como también sus
facultades, convirtiéndola en una de las instituciones más complejas del Imperio
Español21. De igual manera, otro organismo que formaba parte dentro de la
dirección del comercio español con América era el Consulado de Cargadores de
Indias, establecido en Sevilla en el año 1543. Esta nace con la siguiente finalidad:
Entender en las cosas e diferencias que tocavan al trato de
comercio de las mercaderías ansi en compras y ventas como
cambios y seguros y fletamientos en cuentas de entre mercaderes
y compañías y factorías22.
Así el Consulado desarrolló una actividad básica acorde a su razón de ser:
agrupar y representar a los comerciantes en la tarea de defender sus derechos e
intereses, ya sean judiciales, financieros o mercantiles, siendo una actividad
puramente gremial. De manera paralela, al Consulado se le asignó el deber de
asesorar a la Casa de Contratación en fines comerciales, como por ejemplo la
frecuencia y la canalización de los envíos de las flotas comerciales hacia América.
El principio que sustenta el diseño de este sistema es el monopolio. Este se
manifestó desde el inicio de la ocupación española en América, expresado en la
intención de la Corona por concentrar todo el tráfico comercial en un solo puerto.
Esto nace ante la necesidad de ejercer un fuerte control sobre el comercio
colonial. En medio de este escenario es que el puerto de Sevilla se convierte en el
principal puerto de España.

21

Bethell, Leslie. Óp. Cit. Tomo II. Págs. 53-67
Real, José – “El Consulado de Cargadores. Sus documentos fundacionales”. Archivo Hispalense
Núm. 147-152 en García Fuentes, Lutgardo – El comercio español en América 1650-1700. Excma.
Diputación Provincial de Sevilla, España, 1980. Pág. 23
22

P á g i n a | 17
Una de las características más importantes del sistema de flotas y galeones
y que respondía directamente al principio del monopolio era la rigidez que éste
tenía. La ruta comercial establecía un trayecto inquebrantable que se iniciaba
desde el puerto de Sevilla, navegando a través de las aguas del rio Guadalquivir,
cruzar el Océano Atlántico hasta llegar al Mar del Caribe. En ese momento la flota
se dividía en dos facciones, una dirigida hacia Nueva España y la otra hacia Tierra
Firme, como dijimos anteriormente. Para fines de este escrito, nos centraremos en
esta última flota, la que debía dirigirse a Tierra Firme para llevar a cabo la Feria de
Portobelo, donde se comerciarían las mercancías traídas desde Europa y aquellas
naturales de América. Ambas flotas debían invernar en el continente para reunirse
luego en La Habana y emprender el viaje de regreso hacia el puerto de Sevilla 23. A
esta rigidez del sistema de flotas y galeones se le ha de sumar el control que
ejercía las rutas comerciales terrestres hacia el Cono Sur, completando el sistema
de rutas comerciales en América. Los comerciantes del Virreinato del Perú eran
quienes dirigían el comercio en el sur del Nuevo Mundo. Desde Tierra Firme, las
mercancías debían cruzar en recuas de mula el Istmo de Panamá, ser
embarcadas hasta el puerto del Callao y luego ser enviadas hacia el Perú, donde
podrían comercializarse hacia el resto del continente por medio de las redes
comerciales con las que contaban los mercaderes peruanos24. Bajo este sistema,
los últimos rincones comerciales resultaban ser las regiones del Río de la Plata y
Chile. Ambas totalmente dependientes de las manufacturas europeas que se
comerciaban en Perú y con importantes dificultades para su abastecimiento.
Aún así, monopolio comercial que ejercía el puerto de Sevilla no fue
invulnerable. En este sentido, llama mucho la atención la Real Cédula de Tolero
del 15 de enero de 1525, donde se estableció la habilitación de varios puertos
españoles para emprender viajes comerciales con las Indias sin la necesidad de
registrarse en Sevilla, sino que simplemente en sus centros de justicia locales con
el compromiso de que a tres meses que se embarcara la mercadería, se enviara

23

Parry, John. Óp. Cit. Págs. 100-101
Villalobos, Sergio – El comercio y la crisis colonial. Editorial Universitaria, Santiago, Chile. 1990.
Pág. 34
24

P á g i n a | 18
su registro al consejo de indias para archivar su documentación25. No sabemos a
ciencia cierta la razón para que se estableciese una Real Cédula de esta
naturaleza, donde se permeara de manera tan temprana el comercio con América
rompiendo con la exclusividad portuaria de Sevilla. Sería aventurado afirmar que
se debió al interés de la Corona por flexibilizar el comercio con sus colonias, pero
sin duda respondía los intereses de los grupos de comerciantes que se
encontraban excluidos por el gremio formado en Sevilla. Además, el hecho de que
dicha Cédula fuese revocada en diciembre del mismo año y que se insistiera en
que la entrada y salida de los navíos hacia América debía ser por medio del puerto
de Sevilla, nos da a entender que las presiones que ejercieron los comerciantes
de Sevilla en la defensa de sus intereses debió haber sido bastante grandes.
Pese al fallido intento que significó la Real Cédula de 1525, hubo otra
experiencia que puede servir de antecedente para este proceso. Una nueva
Cedula Real, fechada el 16 de junio de 1556, le concedió la licencia y facultad a la
Isla de Tenerife, perteneciente a las Islas Canarias, exportar qualquiera
mantenimiento, provisiones, granjerías, y mercaderías, y otras cosas que en dicha
isla haya hacia América por una vigencia de tres años, siendo revalidada el 4 de
agosto de 1561 bajo la condición de no enviar extranjeros al Nuevo Mundo, ni
traspasar los límites legales del porte de los buques, y que dichos navíos, cuando
volviesen de las indias, lo hicieran armados y conformando el convoy que salía de
Sevilla, es decir, incorporado al sistema de flotas y galeones. La concesión se
mantuvo a duras penas, ya que las denuncias de la Casa de Contratación y del
Consulado de Sevilla eran constantes. Se acusó al puerto de Tenerife de
excederse de los límites de peso de los buques, de ingresar extranjeros al
continente americano, de llevar productos prohibidos y de servir de contrabando
tanto hacia las Islas Canarias como para las Indias. La soluciones que se
encontraron fueron las de limitar cada vez más las concesiones, reduciendo el

25

Antúnez y Acevedo, Rafael. Óp. Cit. Pág. 11

P á g i n a | 19
peso de los buques, los productos a traficar, incrementando los impuestos y la
fiscalización, como también limitando los puertos donde comerciar26.
De esta manera hemos revisado algunos casos en que los comerciantes
peninsulares intentaron, de alguna manera, romper el monopolio con el que
contaba Sevilla, pero el poder con el que cuenta su Consulado fue tal que terminó
por frustrar aquellas iniciativas. A grueso modo, podemos hacer una comparación
con lo que con posterioridad sucedió entre el Consulado de Lima y los
comerciantes de Chile en un instante crucial en medio de la apertura comercial
que experimentará la economía del Imperio Español. Este punto será analizado en
profundidad más adelante.
Además de la rigidez del sistema comercial español y al monopolio ejercido
por el puerto de Sevilla, hemos de mencionar la rigurosidad fiscal a la que estaba
sujeto el comercio americano. Esto se manifestaba en un excesivo número de
impuestos que debía asumir un envío hacia o desde América. Por ejemplo, un
navío que partiese desde España en dirección a las Indias debía pagar: Alcabala,
Almojarifazgo, Avería, Extranjería, Habilitación, Media Annata, San Telmo,
Toneladas y Visitas27, esto solo si es que no se incluyen los conceptos de Balbas,
Lonja, Infantes y otros impuestos de carácter ocasional.
Refiriéndonos a la exclusión, la legislación española, tanto en materia
comercial como de migración, tomó fundamentalmente una orientación distante
con los extranjeros. El primer mandato que la Corona española realizó por medio
de una Real Cédula en 1501 estableció que todos los extranjeros quedaban al
margen de todo tipo de comercio y contacto con las Indias, siendo este un derecho
reservado para los súbditos de Castilla, León y Aragón28. A pesar de ello, con los
años la Corona se ve obligada a permitir la participación de los extranjeros en el
comercio indiano debido a que muchas veces eran estos los que contaban con el

26

Ibíd. Pág. 25 – 35.
García-Baquero Antonio – Cádiz y el Atlántico 1717-1718): el comercio español bajo el
monopolio gaditano. Sevilla, España, 1976. Pág. 193
28
Antúnez y Acevedo, Rafael – Memorias históricas sobre la legislación y el comercio de España
con las Indias Occidentales. Imprenta de la Sancha, Madrid, España. 1797. Pág. 268.
27

P á g i n a | 20
capital suficiente como para emprender una empresa comercial con las colonias
americanas. Claro que se establecieron diferentes requisitos. Por ejemplo, la Real
Cédula de 1561 establecía que aquellos extranjeros debían residir en España por
al menos diez años, además de poseer bienes raíces o matrimonios con mujeres
españolas29. Otro medio eran las Cartas de Naturaleza entregadas por la Corona a
cambio de servicios especiales y finalmente las concesiones que entregaba la
Casa de Contratación, generalmente limitadas en el tonelaje del buque y en los
puertos de salida o de llegada. Lo importante de esta situación es que aquellas
concesiones muchas veces permitían la navegación de barcos aislados al sistema
de flotas y galeones, a pesar de la férrea oposición de los comerciantes en torno al
Consulado de Cargadores ya que acusaban que estas prácticas desestructuraban
al sistema comercial español por romper con el régimen de escasez al que era
sometido el mercado americano a fin de asegurar la rentabilidad de los
convoyes30. A pesar de los intentos por mantener alejado a los extranjeros del
comercio americano, no se logró evitar su participación, sirviendo principalmente
como intermediarios de grandes casas comerciales europeas31. A modo de
resumen, e ignorando los fraudes y contrabando que analizaremos en el siguiente
capítulo, entre los medios legales de participación extranjera encontramos las
Cartas de Naturalezas, las Concesiones de la Casa de Contratación y la Real
Cédula de 1561.
Dentro del mismo sistema comercial español, existían naves que debían
emprender la “Carrera de Indias” de manera independiente. Me refiero a los
Navíos de Aviso, cuya mención hace la cédula del 17 de enero de 1591, pero que
Antúnez y Acevedo estima que se crearon hacia 1514. Estos venían a satisfacer la
necesidad de comunicación entre España y América. Debían ser pequeños y
veloces, por lo que su peso no debía exceder las 100 toneladas, además así se
aseguraba que no perjudicase al comercio. Esto está especificado en la Cédula
del 8 de agosto de 1586 en donde se establecía que además no llevasen ni

29

García Fuentes, Lutgardo Óp. Cit. Págs. 37-43
Ibíd. pág. 171
31
García Fuentes, Lutgardo Óp. Cit. Pág. 43
30

P á g i n a | 21
traxesen mercaderías, frutos ni otra cosa alguna, y que fuesen veleros y zafos 32.
Su administración varió, pasando de particulares como Galindez de Carvajal a
quien se le entregó la concesión en 1525 hasta estar a cargo del Consulado de
Sevilla por seis años mientras este administrara el impuesto de Avería, teniendo la
obligación de enviar cuatro avisos al año: dos a Nueva España y dos a Tierra
Firme. De igual manera existían los Navíos de Azogues, que eran los encargados
del transporte del mercurio, dependiendo directamente de la Real Hacienda. Se
crearon durante el siglo XVII por la necesidad de contar con este importante
producto sin depender de los envíos mediante el sistema de flotas y galeones. Al
ser siempre navíos de guerra, solían tener un gran tamaño por lo que eran
fácilmente utilizables para el contrabando33.
Y finalmente el último tipo de barcos que se trasladaban de manera
independiente entre España y América eran los Navíos de Registro. Éstos
significaron un importante cambio en el sistema de comunicación y de intercambio
colonial. Nacen como respuesta a la dificultad del abastecimiento de regiones
apartadas y prácticamente excluidas del sistema tradicional. Contaban con la gran
ventaja de no regirse por una ruta establecida como el sistema de flotas y
galeones haciendo el intercambio de manera más económica y expedita. En la
teoría, se les permitía transportar sólo frutos de la tierra y mercadería, estando
obligados a veces a transportar efectos de la Real Hacienda34. Pero a pesar de las
restricciones impuestas, sirvieron en muchas ocasiones al contrabando. Su
masificación durante el siglo XVIII terminaría por desplazar al sistema de flotas y
galeones debido principalmente a las circunstancias internacionales y a su rapidez
y eficacia.
A pesar de las medidas tomadas por la Corona, influenciada por los
intereses de los comerciantes peninsulares, que tendían a aplicar el principio de
exclusión de las potencias extranjeras como también mantener un fuerte control
fiscal del tráfico por medio de un monopolio organizado bajo el sistema de flotas y
32

Antúnez, y Acevedo, Rafael Óp. Cit., Pág.117
García-Baquero Óp. Cit. Págs. 179-180
34
Ibíd. pág. 175
33

P á g i n a | 22
galeones, el contrabando se constituyó como pieza clave dentro del comercio
americano, siendo el comercio de los puertos americanos una combinación
variable de navegación inter-provinciales, presencia directa de naves no
españolas y comercio legal entre España y América que nace en directa relación a
la ineficiencia que comienza a presentar el sistema de flotas y galeones con
respecto al abastecimiento de las colonias americanas. Así, los enclaves en el
continente americano de las potencias extranjeras que hemos revisado
anteriormente serán fundamentales para la tarea del contrabando y el
abastecimiento ilícito de las colonias españolas.

P á g i n a | 23

CAPÍTULO DOS: LA CRISIS DEL SISTEMA COMERCIAL ESPAÑOL
EN AMÉRICA
I-

EL

PROBLEMA

DEL

CONTRABANDO

EN

LA

AMÉRICA

ESPAÑOLA
Se debe dejar claro que el sistema de flotas y galeones contribuyó al
desarrollo de importantes núcleos comerciales, como fue el caso de los
consulados de comerciantes de Sevilla, de Lima y de Nueva España, los que
extendieron sus redes de influencia comercial a lo largo y ancho del Imperio
Español. De igual manera permitió el desarrollo de un artesanado local que vino a
suplir la carencia de la manufactura europea, ya que esa llegaba a un alto costo
debido a los diferentes impuestos por el tráfico legal. Por esta razón uno de los
mayores obstáculos que tuvo que enfrentar el sistema comercial español, desde
sus inicios, fue el contrabando. A pesar de la serie de medidas que la corona
tomaba para controlar el tráfico y evitar el comercio ilícito, este nunca desapareció.
Se debe decir que, desde un primer momento, el contrabando fue una
respuesta directa al fuerte control que la Corona ejercía dentro del tráfico
comercial entre la península y América. Nos aferraremos a la conceptualización
que nos entrega Zacarías Moutoukias donde establece que el contrabando es una
serie de fenómenos económicos y sociales, los cuales comprenden el fraude de
las normas de embarque y el control de las mercancías en los puertos
metropolitanos; algunas corrientes de comercio inter-colonial; la presencia directa
de navíos extranjeros en América; y el tejido de las relaciones sociales que
generalmente se llama “corrupción”35. Esta concepción encontramos que es la
más adecuada para entender lo que acontecía en el comercio español con
respecto al contrabando, ya que no solo implicaba el intercambio comercial ilícito,
sino que también el cultural.
35

Moutoukias, Zakarías – “Contrabando y sector externo en Hispanoamérica colonial” en
Carmagnani, Marcelo, Et. Al. Para una historia de América II. Fondo de Cultura Económica. Pág.
172

P á g i n a | 24
El contrabando se veía agravado por la prohibición de la Corona para que
las provincias americanas comerciaran entre sí, la que en realidad fue
recurrentemente violada por las travesías de los contrabandistas. El sistema
comercial español incluía la ruta de navegación Callao-Panamá, organizada desde
1580 por medio de convoyes escoltados por la Armada del Sur, pero, como afirma
Moutoukias, el sistema estaba corroído por el fraude. De esta manera, el Pacífico
se presentaba como un espacio enorme de navegación inter-provincial que iba
desde Chile hasta México, incluyendo las islas Filipinas36.
Las primeras formas de contrabando consistieron en las llamadas
“arribadas forzosas”, efectuadas tanto por españoles y portugueses en puertos
americanos alegando desperfectos técnicos en sus navíos o un mal clima,
aprovechando la situación para llevar a cabo sus prácticas ilícitas. Pero la primera
gran corriente de contrabando transatlántica, al margen del monopolio gaditano,
es posible identificarla en relación a la importación de esclavos en las regiones
azucareras del Caribe por parte de los portugueses. Estuvo amparada legalmente
con el asiento de indios que se les concedió para que comerciasen,
principalmente, con el puerto de Cartagena, sirviendo éste como punto de
distribución hacia el interior del continente. De igual manera, se estableció que el
puerto de Buenos Aires podía recibir también a los esclavos traídos desde África
para la demanda del Alto Perú, utilizando la ruta Buenos Aires-Potosí a través del
Río de la Plata37. La necesidad de mano de obra esclava, derivado por la
disminución indígena, en las economías coloniales motivó a la Corona española
entregarle la concesión del asiento de negros a los portugueses. El trato consistía
básicamente en que estos mantendrían sus propias factorías en territorios de
España, África y las Indias enviando esclavos a puertos coloniales predeterminados.
Esta concesión funcionó sólo como una “tapadera legal” para cubrir al
contrabando que se desarrollo entre los esclavistas portugueses con las colonias
españolas. Moutoukias destaca que este contrabando consistió no sólo en
36
37

Ibíd. Pág. 184
Ibíd. pág. 176.

P á g i n a | 25
productos traídos de Europa, sino que también en una fuerte afluencia de esclavos
fuera del margen establecido en la concesión38. Hacia la década de 1640 el tráfico
negrego portugués entró en decadencia debido a la incorporación holandesa en la
trata de esclavos en América estableciéndose en Curazao y Pernambuco,
disminuyendo el contrabando en la región de La Plata.39.
Revisamos anteriormente como franceses e ingleses se incorporaron al
continente americano, pero ahora es tiempo de establecer en qué manera se
modificó el tráfico comercial español. En este sentido, nos centraremos en lo
acontecido con respecto al Cono Sur del continente americano. En el contrabando
de esta zona se pude identificar dos etapas bien marcadas, la primera
determinada por los franceses y una segunda por los ingleses. Es importante
destacar que el siglo XVIII trajo consigo una serie de avances técnicos en la
navegación que permitió el tránsito regular del Cabo de Hornos y su posterior uso
comercial, revirtiendo las rutas comerciales y desplazando al Istmo de Panamá
como punto estratégico comercial.
El cambio de siglo coincidió con el fin de la dinastía de los Austrias en
España y con ello la llegada de la Casa de los Borbones al trono. No nos
referiremos extensamente en este escrito a la Guerra de Sucesión, pero sí
encontramos necesario recordar que este fue un conflicto bélico que implicó a
diferentes potencias europeas, entre ellas Francia, España, Inglaterra, Holanda y
Austria. Como consecuencia de ésta nos interesan dos aspectos importantes: la
alianza entre las coronas de España y Francia y los acuerdos económicos entre
España e Inglaterra tras el tratado de Utrecht.
El contrabando francés de alguna manera se vio legitimado tras la alianza
con la Corona española y la Real Cédula de 1701, que se extendería hasta
aproximadamente 1714, lo que permitió la navegación de barcos franceses en las
costas americanas, pudiendo atracar en puertos y comerciar sus productos a fin
de reabastecerse. A cambio, la Corona española podría disponer de estos navíos
38
39

Ibíd. pág. 178
Ibíd. pág. 183

P á g i n a | 26
ante un ataque de corsarios, piratas o una invasión extranjera tanto en el Océano
Atlántico como en el Pacífico40. Lo interesante de esta Cédula es que se termina el
exclusivismo con el que contaba España en el Pacífico. Como ya hicimos mención
anteriormente, la apertura del Cabo de Hornos posibilitó el paso de navíos de
carácter comercial hacia el Pacífico, desarticulando, de esta manera, el rígido
sistema comercial español y el régimen de escasez al que era impuesto el
mercado hispanoamericano. Sergio Villalobos afirma que si bien la corte española
y los comerciantes peninsulares insistieron en el término de este acuerdo, que
fomentaba el contrabando, la alianza entre las dos coronas hacía que no se
pudiesen tomar resoluciones firmes para combatir el tráfico ilícito. Al mismo tiempo
recalca el malestar existente entre los comerciantes ibéricos ya que a muchos
franceses se les concedió licencias especiales para establecer relaciones
comerciales a impuestos incluso más bajos con los que gozaban la mayoría de
los súbditos españoles41.
La fuerte afluencia de naves francesas en las costas americanas,
especialmente en el Cono Sur, provocó una importante crisis comercial en los
mercados coloniales. Esto se debía al exceso de mercadería traída desde Europa
que terminó por saturar el mercado y con ello produjo la quiebra de una importante
cantidad de comerciantes locales. La Corona española intentó revertir la situación
emitiendo una prohibición por medio de la Real Cédula de 1712 para el tránsito de
navíos comerciales hacia el Pacífico, lo que terminó siendo un fracaso en la
práctica. Sin tener gran efecto, el contrabando francés sólo disminuyó al momento
en que la Corona francesa prohibió el tráfico naval de sus súbditos, ya que el
contrabando que estaba llevándose a cabo perjudicaba a la manufactura francesa
en el sentido que los contrabandistas comenzaron a preferir los productos que
podían traer desde los mercados asiáticos a más bajo costo, donde, por ejemplo,
los textiles chinos comenzaron a desplazar a los textiles franceses. Así, la Corona

40
41

Villalobos, Sergio. Óp. Cit. Pág. 14.
Ibíd. pág. 17

P á g i n a | 27
francesa le entregó la disposición a España de una flota armada para que
detuviera a los contrabandistas del Mar del Sur42.
Un segundo momento de contrabando en el Cono Sur es posible
identificarlo, como ya dijimos, con los comerciantes ingleses amparados en el
Tratado de Utrecht que establecieron su centro neurálgico en el puerto de Buenos
Aires.
Es muy interesante el hecho de que la región del Río de la Plata durante el
modelo comercial tradicional español se encontraba totalmente al margen. Las
rutas comerciales impuestas eran muy complejas de realizar y por ende los
productos llegaban a muy alto costo. Las mercaderías una vez traídas desde
España hasta Portobello debían cruzar en recuas de mula el Istmo de Panamá,
ser embarcadas hasta el puerto del Callao, ahí tomar el camino terrestre que
cruzaba el Perú, atravesar el Altiplano y la Cordillera de los Andes y descender
finalmente por el norte argentino hasta el puerto de Buenos Aires 43. Por esto, la
Corona española le había concedido al puerto de Buenos Aires el abastecimiento
directo por la ruta del Atlántico desde Sevilla por medio de los navíos de registros.
Estos envíos se realizaban dos veces al año, con una mercadería máxima de 100
toneladas cada uno y estaban destinados exclusivamente para la región de
Buenos Aires, prohibiéndole el comercio hacia el interior del continente. De esta
manera tenemos que la región del Río de la Plata se constituyó como una de las
regiones más excluidas del comercio español.
Tras la Guerra de Sucesión, España e Inglaterra firmaron un acuerdo de
paz donde se establecía, entre otros asuntos, la concesión a los ingleses del
tráfico de esclavos negros en las colonias americanas por un periodo de treinta
años. El asiento de negros fue entregado a la South Sea Company,
estableciéndose en el puerto de Buenos Aires donde además se le entregó
grandes extensiones de tierras cultivables a fin de satisfacer las necesidades de
sus esclavos. Uno de los puntos de este tratado es que se le permitía el comercio
42
43

Ibíd. pág. 36
Ibíd. pág. 34

P á g i n a | 28
con “las provincias de arriba y de Chile”44, es decir, se le entregó las facultades
para abastecer de esclavos a todo el Cono Sur. Esto es sumamente importante
porque el contrabando efectuado en esta región se antepone directamente con los
intereses de los comerciantes peruanos organizados en torno al Consulado de
Lima. Acusaron al contrabando bonaerense de ser el responsable de las series de
crisis que sufriría su economía peruana producto del desplazamiento comercial
que tendrán en las provincias aledañas.
De igual manera, llama la atención que se le permitiera el envío de un navío
de un máximo de 500 toneladas para participar de la Feria de Portobello y
comerciar la mercadería sobrante con el interior de la región, tal como lo hacían
los españoles. Así, España les entrega a los comerciantes ingleses un
contrabando protegido con un amplio campo de trabajo. Esta fue una de las
diferencias con respecto al contrabando francés, mientras que éste se
caracterizaba

por

las

arribadas

forzosas,

los

ingleses

aprovecharían

principalmente las rutas terrestres desde Buenos Aires45. Esto lo hizo menos
provechoso porque estuvo más susceptible a fiscalizaciones, aún así sirvió para
entregarle un gran dinamismo, estímulo y crecimiento económico a la región de
Buenos Aires.
No cabe duda que el contrabando generó grandes pérdidas tanto a la
Corona española como a los comerciantes peninsulares y americanos. España
comenzó a desempeñarse simplemente como un intermediario de este, mientras
que la presencia extranjera en el comercio de sus colonias iba en aumento. A
pesar de la primera gran crisis provocada por el contrabando francés a inicios de
siglo XVIII, los mercados coloniales lograron adaptarse a este nuevo esquema de
relaciones y que poco a poco fueron abriéndole paso a un sistema comercial más
flexible.

44
45

Ibíd. pág. 40
Moutoukías, Zacarías Óp. Cit. Pág. 187

P á g i n a | 29
II-

LA CRISIS DEL SISTEMA DE FLOTAS Y GALEONES

Ya hacia mediados del siglo XVII la economía española presentaba una
serie de malestares: disminución en la producción minera, disminución
demográfica indígena, reducción de los ingresos fiscales y una pérdida del poder
centralizador de la Corona en sus colonias. Siendo estos males atribuidos por los
contemporáneos a la mala gestión de los Austrias46.
Para tratar el tema de la crisis del sistema comercial español utilizaremos el
postulado de Sergio Villalobos, quien afirma que existen tres factores
determinantes en el quiebre del sistema comercial español: el contrabando, las
ideas económicas peninsulares tradicionales y las relaciones externas de España.
Como ya hemos revisado anteriormente, la incorporación directa de nuevos
agentes europeos al intercambio comercial con América, ya sea por medio de
alianzas o concesiones especiales, junto con la apertura del Cabo de Hornos
imposibilitó el control que hasta entonces había mantenido la Corona española en
sus colonias americanas. A pesar de las diferentes medidas que tomó la Corona
por evitar el tráfico ilícito, ese nunca desapareció. De alguna manera era la
respuesta ante las falencias existentes dentro del sistema comercial español.
Como ya hemos revisado, las primeras formas de contrabando, y las más
utilizadas, fueron por medio de las llamadas “arribadas forzosas”, efectuadas por
españoles, portugueses y posteriormente por franceses. En segundo plano, pero
no menos importante, se utilizaron las vías terrestres, como es el caso del
contrabando bonaerense que desarticulaba el comercio en el Cono Sur.
El contrabando provocó una sobre saturación del mercado americano que
repercutió directamente en las redes comerciales con la península, haciendo el
comercio a través del sistema de flotas y galeones económicamente inviable. En
este sentido, hay recordar que el envío de los convoyes dependía de un estudio
previo sobre la situación comercial americana encabezado por la Casa de
Contratación a través del Consulado de Sevilla. Por ello, al existir una débil
46

Pérez Herrero, Pedro – El comercio y mercados en América Latina colonial. Editorial Mapfre,
Madrid, España. 1992. Pág. 153

P á g i n a | 30
demanda por parte del mercado americano, los comerciantes ibéricos evitaban
realizar el envío de sus productos, pese a la insistencia de la Corona, lo que
inevitablemente generó una serie de conflictos con el Consulado de Sevilla.
Cabe destacar la postura que guardaban los comerciantes pertenecientes al
Consulado de Cargadores de Sevilla frente a los problemas que presentaba el
comercio español. En primer lugar ellos culpaban a las políticas inadecuadas de
la Corona española, considerando erróneos algunos de los asientos y acuerdos
firmados tanto con nacionales como con extranjeros, donde muchas veces se
propiciaba el contrabando, como también las diferentes multas, incautaciones de
dinero y aumento en los impuestos comerciales. También acusaban a la Corona
de violar los acuerdos comerciales y fomentar el gasto innecesario cuando
presionaban a que saliesen los convoyes desde Sevilla cuando no era preciso 47.
En un segundo punto, se culpaba por la crisis del sistema a las deficiencias
presentes en el propio sistema de flotas y galeones. Esto incluía el envío de
navíos sueltos que causaban la ruptura del monopolio de Sevilla como también el
desequilibrio del mercado americano quebrantando el régimen de escasez al que
era impuesto. En este sentido, los comerciantes de Sevilla confiaban ciegamente
que un fuerte monopolio era el medio idóneo para consolidar un estable sistema
comercial, desestimando las ventajas que pudo traer una flexibilidad en el sistema.
Finalmente en un tercer punto culpaban al infortunio español producto de los
conflictos bélicos en que se veía involucrada la Corona española, el asecho de los
piratas y corsarios y las malas cosechas que afectaron a la región durante el siglo
XVII48.
Todo esto terminaba por generar un inadecuado abastecimiento en el
mercado americano. Las aspiraciones monopólicas sobre el comercio americano
se enfrentaron a un escenario adverso. Las reglas internacionales proclamaban
una apertura comercial, pero en España, tras el ascenso de los Borbones, se
intentó realizar el primer proyecto modernizador reorganizando, entre otras cosas,
la economía, como veremos en un capítulo posterior, pero este se caracterizó por
47
48

García Fuentes, Lutgardo. Óp. Cit. Pág. 70
Ibíd. pág. 73

P á g i n a | 31
ser un sistema mercantilista mixto. Se mantuvo la exclusividad de un solo puerto
en España para el comercio americano, la exclusión de los extranjeros y se insistió
en el restablecimiento tradicional del sistema de flotas y galeones. Esto es posible
explicarse en el sentido que España no contaba con los elementos necesarios
para insertarse adecuadamente en el nuevo orden comercial.
Otro factor de la crisis del sistema comercial es atribuible a las relaciones
internacionales españolas. En este sentido, la pérdida de la hegemonía militar y
naval y los constantes conflictos bélicos fueron una grieta que absorbió gran
cantidad de recursos, lo que no permitió un desarrollo comercial y económico en
España. También se inserta en este escenario las consecuencias de la Guerra de
Sucesión: la alianza entre las coronas de España y Francia y los tratados y
concesiones con Inglaterra, que terminaron abriéndole las puertas hacia el
continente americano a los contrabandistas. Pero a nuestro parecer, el conflicto
bélico más importante es la Guerra de Sucesión Austriaca que mantuvo España e
Inglaterra hacia 1739, provocando la interrupción total del sistema de flotas y
galeones y con ello se contribuyó al uso masivo de los navíos de registro,
revitalizando el comercio entre España y América. Por esta razón es que Sergio
Villalobos se refiere a los navíos de registros como la revolución más importante
de las reformas comerciales del siglo XVIII, reformas a las que nos referiremos en
extenso en el capitulo siguiente.
A los factores de la crisis del sistema comercial que establece Villalobos
también se ha de incluir, a nuestro parecer, la rigurosidad fiscal a la que estaba
sujeto el comercio americano. Esto se manifiesta en el excesivo número de
impuestos que debía asumir un envío desde o hacia América. Como se dijo en un
capítulo anterior, un navío que partiese desde España con dirección a las Indias
debía cancelar Alcabala, Almojarifazgo, Avería, Extranjería, Habilitación, Media
Annata, San Telmo, Toneladas y Visitas49. Esto sin incluir además la serie de
impuestos ocasionales como sería Balbas, Lonjas o Infantes. Muy relacionado a
esto se incluía el desorden existente en la determinación de la base imponible, ya
49

García Baquero. Óp. Cit. Pág. Pág. 193

P á g i n a | 32
que la recaudación de los impuestos no era igual para todas las naves, por las
diferentes concesiones, cartas, privilegios y demás documentación, además de las
diferentes valoraciones para la estimación de impuestos: tonelajes, volumen,
valores, etc. En resumen, el régimen fiscal nosotros lo determinamos como una
de las principales causas del descontento entre los comerciantes, así como
también al incentivo por optar al contrabando y con esto a la crisis del sistema
comercial tradicional español.

CAPITULO

TRES:

LAS

REFORMAS

BORBÓNICAS

Y

LA

REVITALIZACIÓN DEL COMERCIO COLONIAL
I-

LAS NUEVAS DINÁMICAS DEL COMERCIO OCCIDENTAL HACIA
INICIOS DEL SIGLO XVIII

Hasta ahora hemos revisado cómo se ha venido desarrollando el sistema
comercial español con respecto al tráfico con sus colonias en América. El sistema
de floras y galeones, en este sentido, se presenta como la espina dorsal de toda la
maquinaria. Si bien cumplía su propósito de manera efectiva, es innegable el
hecho de que presentó ciertas falencias que fueron acrecentándose a medida que
se desarrollaban, a nivel global, nuevas concepciones económicas, las que
finalmente, ya hacia el siglo XVIII, terminaron por desarticular el sistema comercial
tradicional de España. Es en este sentido donde el desarrollo del mercantilismo y
una real adaptación a la “economía mundo” jugarían un rol fundamental. Por esta
razón, y como veremos en un capítulo posterior, durante el siglo XVIII, España
buscó la manera de revitalizar su economía e intentaron adoptar las políticas
comerciales de los demás países europeos.
Para fines prácticos de este escrito, conceptualizaremos al “Mercantilismo”
como un conjunto de ideas políticas y económicas encaminadas a conseguir la
unificación política y nacional, así como también estimular la producción
manufacturera local en base a la explotación de materias primas. Este se
caracteriza por una fuerte injerencia del Estado, al punto en que algunos autores

P á g i n a | 33
han llegado a identificarlo como una estructuración de este, el que orienta, dirige y
fomenta las actividades económicas y comerciales proporcionando los medios
necesarios para su desarrollo50. Hay que agregar a demás que, con respecto al
comercio, propone la prohibición de la exportación de las materias primas, o en el
peor de los casos, el sometimiento de éstas a unos aranceles muy elevados, con
el propósito de potenciar la industria manufacturera local. Así, las colonias se
convertirían simplemente en mercados consumidores de manufacturas y a su vez
se encargarían de suministrar a la metrópolis las materias primas necesarias para
el desarrollo “industrial”51.
Sería entonces el mercantilismo el ideario económico por el que se
desenvolvería el comercio español. Es sumamente interesante el hecho que
España haya implantado los principios mercantilistas en el preciso momento en
que las potencias noroccidentales europeas comenzaban a cuestionarse las
conveniencias de estas prácticas mientras comenzaban a

gestarse nuevas

relaciones de producción más acordes al grado de desarrollo alcanzado. Este
retraso es atribuido, según García-Baquero, a los prejuicios aristocráticos tan
arraigados en la sociedad española que dificultaban el desarrollo de iniciativas
provechosas52, pero nosotros no concordamos con él ya que claramente existieron
otros motivos fundamentales, siendo el principal los problemas estructurales que
presentaba el sistema comercial español, el que no permitía finalmente un
desarrollo comercial ni lograba integrar de manera armoniosa a sus economías
coloniales. Debido a las carencias con las que contaba la economía, la adopción
del mercantilismo hacia el siglo XVIII se constituyó como la manera más adecuada
para revitalizar la economía de España, vencer la decadencia y el atraso en que
se hallaba sumida como, según algunos autores, la “desastrosa” política de los
últimos Austrias53.

50

García Baquero. Óp. Cit. Págs. 58-59.
Ibíd. pág. 63.
52
Ibíd. págs.67-68
53
Ibíd. pág. 76.
51

P á g i n a | 34
La llegada de los Borbones al trono español fue trascendental para el
proyecto de modernización de la economía. Se aspiraba a la constitución de un
Estado económicamente rico y políticamente poderoso. Por ello, la intervención
estatal adquirió desde un primer momento un carácter decisivo en torno al
bienestar económico y comercial del Imperio. Las primeras medidas se
encaminaron a eliminar todas las limitaciones que aún actuaban sobre las
prerrogativas

de

la

Corona

como

también

intensificar

la

centralización

administrativa del territorio. En este sentido, si bien Castilla se desempeñaba
como una monarquía absoluta, los demás reinos de la península aún mantenían
sus fueros y privilegios políticos heredados de la edad media, obedeciendo a una
misma dinastía solo en base a relaciones y ligamentos personales. Se podía
afirmar de esta manera que España había llegado al siglo XVIII son constituirse
realmente como una Nación. Por ello es que las políticas de los Borbones
buscaron que todos los súbditos españoles quedasen bajo una sola administración
y poder central, bajo un mismo régimen, mismas leyes, menguando, en alguna
medida, el regionalismo presente en la península cuando eliminaron los fueros y
privilegios de algunos reinos como los de Valencia, Aragón, Cataluña y Mallorca 54.
Así, la llegada de los Borbones inicio un modo sistemático y coherente de la
aplicación de las ideas y de las prácticas mercantilistas. Hubo dos focos
principales de interés político y económico: la industria nacional y el comercio
colonial. Se buscó fortalecer y consolidar la industria manufacturera a fin de
terminar con la dependencia extranjera al momento de comerciar con las colonias.
Un ejemplo de esto fue el traslado de la Casa de Contratación desde Sevilla a
Cádiz, el que tomó gran ventaja gracias a su posición geográfica. De Igual
manera, el Consulado de Cargadores se trasladó a Cádiz para tener de un mayor
control comercial. En busca del capital que les permitiera llevar a cabo el
desarrollo, el monopolio comercial se les presentó como la mejor opción para
revertir el retraso de la economía española: mercados con explotación exclusiva,
donde los restantes países no pudiesen concurrir con sus productos en rol de

54

Ibíd. págs. 77-78

P á g i n a | 35
competidores

y

donde

además

estuviese

prohibida

la

fabricación

de

manufacturas.55

II-

LAS REFORMAS BORBÓNICAS Y LA APERTURA COMERCIAL

Como hemos visto, el siglo XVIII fue un escenario de importantes cambios,
donde se acelera el ritmo histórico y en el que se produce el cambio definitivo de
la sociedad capitalista por sobre la feudal. En este sentido, la Corona española
buscó, a lo largo del siglo, entrar a esa modernidad adaptando los matices a su
propia realidad. Durante la dinastía de los Borbones, en el siglo XVIII, se
impulsaron una serie de reformas que propiciaron los principales cambios en
materia comercial y que llevaron a desquebrajar el sistema de flotas y galeones
transformando el tráfico entre Europa y las colonias de España en América.
Como ya nos hemos referido anteriormente, el siglo XVII español está
marcado por el cambio de dinastías. Con ello se da inicio al proceso de
restructuración del comercio colonial. La ineficiencia del sistema de flotas y
galeones se puso de manifiesto con los diferentes conflictos bélicos, donde el
tránsito se veía detenido y el abastecimiento americano entraba en crisis. En este
sentido, Cristina Mazzeo identifica al siglo XVIII español como un siglo de
guerras56, donde la Corona se vería obligada a reformar el sistema comercial
español.

55

Ibíd. pág. 81
Mazzeo, Cristina – El comercio libre en el Perú: las estrategias de un comerciante criollo. José
Antonio Lavalle y Cortés 1777-1785. Pontificie Universidad Católica del Perú, Fundación Editorial,
Lima, Perú. 1994. Pág. 26
56

P á g i n a | 36
El principio de mercantilismo en el cual estaba basado el sistema comercial
español giraba en torno a la obtención de una balanza comercial positiva, a la
consolidación de la industria manufacturera nacional y a la extracción de materias
primas de las colonias americanas, pero la industria española no se desarrolló de
la manera esperada. Algunos autores como Mazzeo, Moutoukias, García Baquero,
entre otros, coinciden al identificar como culpable de este hecho a la inexistencia
de una burguesía con espíritu de inversión y también a un mercado interior
incapaz de generar la demanda suficiente como para poder estimular el desarrollo
comercial. Al mismo tiempo, el principio de exclusión que se seguía manteniendo
férreamente en el comercio español se vio resquebrajado constantemente a lo
largo del siglo producto de las diferentes concesiones y permisos que entregaba la
Corona a los extranjeros como también el incremento y “consolidación” del
contrabando como fuerza estructural en el desarrollo de los mercados
americanos.,

incluso

siendo

posible

encontrar

registros

en

donde

los

gobernadores de las colonias se reunían en sus propios hogares con los
contrabandistas invitándolos a cenar57.
A fin de incrementar el poder centralizador y a la vez el control comercial
sobre las regiones americanas, se establecieron en 1739 el Virreinato de Nueva
Granada y en 1778 el Virreinato del la Plata. A la autonomía comercial que tenía
las provincias del Nuevo Reino de Granada con respecto al Virreinato del Perú se
le sumó la lentitud de las comunicaciones con Lima. Esto motivó que se
estableciera en 1739 un Virreinato independiente. Por su pare la región de Buenos
Aires comenzó a sacar provecho de la ventajosa posición geográfica con la que
contaba en el nuevo ordenamiento comercial del siglo XVIII. Las ventajas que
podía entregar el establecimiento de una región independiente a Lima en el
océano Atlántico era inmensas, determinadas especialmente por el acceso con el
que contaba la región de Buenos Aires hacia el Alto Perú a través del Río de la
Plata. Por ello es que en 1778, al momento de establecer el Virreinato, se le
concedió el principal centro de extracción minero de la región, Potosí. Esta
decisión perjudicó directamente al Virreinato del Perú, él que vio reducida su
57

Villalobos, Sergio. Óp. Cit. Pág. 17-18

P á g i n a | 37
producción minera debiendo intensificar las labores en sus zonas ya explotadas.
La salida hacia el Atlántico del Alto Perú que le fue permitida gracias al
establecimiento del Virreinato de la Plata permitió una reducción en los costos y
tiempos del comercio como también un tráfico más expeditos de los minerales
hacia la metrópolis. Esta situación respondía a la necesidad de la Corona por
desarrollar una explotación más consciente y mejor planeada, y en este sentido,
los alegatos del Consulado de Lima no tuvieron oídos en la península.
Dentro del proyecto modernizador del comercio español era indispensable
eliminar, o al menos reducir, el contrabando en las colonias americanas. Para ello
se intentó revitalizar el comercio colonial reorganizando el tráfico por el Atlántico
mediante cuatro ordenanzas: el Proyecto de 1720, el Reglamento de 1725, la Real
Cédula de 1735 y la Real Orden de 175458. A grandes rasgos, estos proyectos
buscaban darle una mayor regularidad y fluidez a la navegación entre España y
América, tanto en materia de transporte como comunicacional, siempre apuntando
hacia el mejoramiento del sistema de flotas y galeones. En este sentido, resulta
sumamente interesante el Proyecto de 1720. Su propósito era normalizar la salida
de los convoyes pero estableció también el uso de los llamados Navíos de
Registros, a los que nos hemos referido anteriormente, pero solo como un
complemento al sistema tradicional. De todas formas, este proyecto significó una
innovación importante al rígido sistema comercial español: legitimaba el uso de
navíos sueltos en el comercio trasatlántico y su llegada a distintos puertos
americanos59. El sistema de navíos de registro significó un cambio primordial en
el sistema de comunicación e intercambio entre España y sus colonias en
América, principalmente porque tenía la ventaja de no regirse por una ruta
comercial establecida como lo hacía el sistema de flotas y galeones, sino que
seguían el curso natural y más expedito de los viajes.
Es posible identificar tres etapas para el desarrollo del sistema de registros.
La primera etapa abarca los años anteriores a 1739, donde se establecían estos
58

García Fuentes, Lutgardo. Óp. Cit. Pág. 152
Bravo Lira, Bernardino y de Ávila Martel, Alamiro – Nuevo régimen el comercio marítimo del siglo
XVIII y su aplicación en el Pacífico sur. pág. 137.
59

P á g i n a | 38
navíos como concesiones especiales de la Casa de Contratación o de la Corona a
través de Órdenes o Reales Cédulas. Estos estaban definidos por diferentes
requisitos

y exigencias

que

debían

cumplirse

según

la

ocasión,

pero

invariablemente la Corona se limitaba entregar este privilegio a cambio de ciertas
prestaciones monetarias. Una de las primeras regiones en obtener el beneficio de
los navíos sueltos fue la de Buenos Aires, por las causas a las que ya nos hemos
referido.
Un segundo periodo se inserta durante la Guerra de Sucesión Austriaca,
entre España e Inglaterra en 1739. Durante su desarrollo el tráfico comercial del
sistema de convoyes se vio interrumpido por el peligro que significaba emprender
la travesía. Es por esta razón que se masificó la utilización de los navíos de
registro basándose en el Proyecto de 1720 para el abastecimiento de las colonias
americanas. Los beneficios fueron inmediatos: una mayor velocidad en las
comunicaciones, transporte e intercambio entre la metrópolis y las colonias
americanas, como también en el volumen de las transacciones y propició la
expansión del comercio regular a regiones antes del margen del sistema
comercial.
La tercera y última etapa se identifica a partir de 1755, una vez en que las
tensiones bélicas existentes entre España e Inglaterra cesan. España decidió
mantener el sistema de navíos de registros como complemento al sistema de
flotas y galeones debido a las ventajas que entregaba: los comerciantes veían
como se incrementaban los volúmenes de sus transacciones mientras que la
Corona recibía importantes ingresos a partir de la recaudación de los impuestos
sobre el tráfico colonial60. Así, esta etapa se podría considerar como un periodo de
“pre-libertad comercial”. A pesar de las presiones que ejercían los Consulados de
Lima, Nueva España y de Cádiz por restablecer el monopolio comercial en base al
sistema de flotas y galeones, este ya no podía competir contra las crecientes
ventajas entregadas por el tráfico expedito que se mantenía entre la metrópolis y
sus colonias gracias a los navíos de registro.
60

Ibíd. Pág. 173.

P á g i n a | 39
Hemos revisado hasta ahora como diferentes factores han contribuido a la
modificación gradual del sistema comercial español. a medida que se fue
expandiendo el uso de los navíos de registro, los ingresos fiscales fueron en
aumento. Esto motivó a la Corona a restarle interés al obsoleto sistema de flotas y
galeones y plantearse seriamente la idea de liberalizar aun más el comercio
colonial.
Hacia 1765, la Corona española ensayó las primeras medidas de
liberalización comercial autorizando el comercio entre las islas de Puerto Rico,
Santo Domingo, Cuba, Margarita, Trinidad y nueve puertos peninsulares: Cádiz,
Sevilla, Málaga, Alicante, Cartagena, Barcelona, Santander, La Coruña y Gijón,
extendiéndose este permiso, hacia 1768, a la región de Luisiana a fin de
establecer relaciones comerciales con los mercados del Yucatán y Campeche61.
Los buenos resultados que dio este libre comercio en los mercados del
Caribe sirvieron para dar el siguiente paso. De esta manera, el Reglamento de
Aranceles Reales para el Comercio Libre de España e Indias del 12 de octubre de
1778 se convirtió en el clímax del proceso de reorganización comercial y mercantil.
El principal objetico de esta Reglamentación era la obtención de mayores ingresos
fiscales, a demás de re-incentivar el desarrollo manufacturero y la exportación de
materias primas desde las colonias: Ya no se trataría de absorber oro y plata
solamente como en la época de los Austrias62, sino que se revierte, en parte, el
atraso en el cual estaba inmerso el comercio español. Así, el Reglamento de 1778
abolió el monopolio de Cádiz y sepultó al sistema de flotas y galeones, a partir de
este momento los navíos de registro transitaran libres por los puertos coloniales.
Las pocas restricciones que se establecieron para Nueva España se eliminaron en
1789, al tiempo en que se bajaron las tasas aduaneras en Cádiz. A partir de la
última década de siglo XVIII se comenzó a entregar, a demás una serie de

61
62

Mazzeo, Cristina. Óp. Cit. Págs. 47-48.
Ibíd. pág. 48

P á g i n a | 40
concesiones especiales para el comercio inter-colonial, como la Real Cédula de
1795 que estableció el comercio con algunas colonias extranjeras63.
Rodríguez Casado afirma que el Reglamento de 1778 fue aplicado
efectivamente en aquellos territorios donde la colonización española tuvo menos
arraigo y la penetración material y espiritual fue menos intensa para así no crear
un conflicto de intereses económicos que hubieran podido hacer fracasar cualquier
tipo de innovación64. A pesar de ello, sí se crearon importantes conflictos entre los
comerciantes, como es el caso de la región bajo la influencia del Virreinato del
Perú, donde las ideas monopólicas tan arraigadas en los comerciantes limeños no
permitían las innovaciones comerciales. Por su parte, Ricardo Levene considera
que esto fue el resultado de un proceso de lenta evolución, nacida y formada al
calor de las necesidades sentidas e impuestas por la época65. Sergio Villalobos
afirma que generalmente se señala al reglamento de 1778 como la reforma más
trascendental; pero él postula que en realidad el Reglamento vino solo a
perfeccionar el sistema de navíos de registro, ensayado en 1720 y afianzado en
174066. Pero la visión más interesante es la que guarda Ortiz de la Tabla, quien
plantea que mientras el comercio libre fue un conjunto de coherentes reformas
programadas desde “arriba”, las reformas impuestas a partir de 1797 se
caracterizaron por ser impuestas desde “abajo”, desde las colonias con el
reconocimiento por parte del gobierno español de su pérdida de control frente al
comercio colonial67.
En este sentido los Consulados de comerciantes desde México hasta Perú
clamaban por restricciones comerciales para detener sus pérdidas, pero los
virreyes intentaban hacer oídos sordos porque entendían los beneficios que
entregaba la apertura comercial y no anteponían los intereses de un puñado de
comerciantes por sobre el crecimiento de la economía tanto de la metrópolis como
63

Bethell, Leslie. - Historia de América Latina Tomo II. Editorial Crítica. Barcelona, España. 1990.
Pág. 105.
64
Mazzeo, Cristina. Óp.Cit. pág. 49
65
Ibíd. Pág. 49-50
66
Villalobos, Sergio. Óp. Cit. Pág. 76
67
Mazzeo, Cristina Óp. Cit. Pág. 41

P á g i n a | 41
de las colonias68. Finalmente, las pautas del transporte del reglamento del libre
comercio de 1778 reflejaban más directamente las necesidades de los
comerciantes: un barco podía zarpar una vez que estuviese cargado, sin esperar
que estuviesen listos los demás barcos que componían una flota o esperar una
fecha determinada69.

III-

EL NUEVO ORDEN COMERCIAL EN LOS MERCADOS DEL CONO
SUR

Hemos visto como el desarrollo comercial del Cono Sur en el periodo
colonial estuvo directamente relacionado con la apertura del Cabo de Hornos
como una ruta practicable en el siglo XVIII. Bajo el sistema comercial tradicional,
su abastecimiento dependía totalmente de los comerciantes limeños. Al verse
interrumpido el sistema de flotas y galeones producto de los enfrentamientos entre
las potencias europeas se dispuso del uso de navíos sueltos para suplir esta
necesidad. El Reglamento de 1778 supuso el inicio de la libertad de comercio que
se vería perfeccionada durante el resto del siglo mediante decretos y ordenanzas
reales.
La apertura del Cabo de Hornos posibilitó el comercio directo de Europa
con los mercados del Pacífico. En este escenario, España pudo aprovecharse de
esta situación por medio de los navíos de registros. Durante la Guerra de los Siete
Años, la actitud de la Corona española estuvo condicionada a la interrupción total
del comercio americano por medio de los convoyes, por lo que la decisión de
utilizar a los navíos de registro permitía asegurar el comercio en manos de
españoles y no de los extranjeros por medio del contrabando. Así se favoreció el
68

Bethell, Leslie. Óp. Cit. Pág. 107
Socolow, Susan – Los mercaderes del Buenos Aires Virreinal: familia y comercio. Ediciones de la
Flor, Buenos Aires, Argentina, 1991. Pág.14
69

P á g i n a | 42
comercio directo desde y hacia la península, como por ejemplo el envío de frutos
desde Chile y el retorno de mercadería europea hacia el mercado local el 28 de
octubre de 174270. Una vez que las hostilidades cesaron, Lima, que durante el
conflicto había recibido su abastecimiento por medio de los mercados chilenos tras
el arribo de las naves que cruzaban el Cabo de Hornos, intenta recuperar su
hegemonía concentrando su comercio en el puerto del Callao tras las presiones
desde el Consulado de Comerciantes de Lima, otorgándose para sí la única flota
mercantil del Mar del Sur. Claro que esa decisión no fue efectiva sino que en
papel, ya que los mercados del Cono Sur lograron abastecerse con holgura tanto
por el puerto de Buenos Aires como las naves que seguían atracando en las cosas
chilenas tras cruzar el estrecho.
Uno de los mayores limitantes del sistema tradicional español, como hemos
visto, era su estructura y rigidez, lo que lo convertía en un sistema sumamente
frágil, vulnerable y dependiente de la situación europea. Quizás una de las
características de la economía española era que descansaba en la producción
agrícola, sin presentar importantes focos de producción manufacturera, pese a los
intentos de la Corona por revertir esta situación. Por ende el abastecimiento
manufacturero colonial provenía de los demás países europeos, siendo España
solamente un intermediario. La producción simplemente incapaz de competir en
grados de precio-calidad con las extranjeras, por lo que el monopolio se
presentaba como el único medio en que se podía sacar algo de provecho al
mercado colonial.
Una de las maneras en que los comerciantes apalearon las restricciones del
comercio español fue a través del contrabando. Ya nos hemos referido a su
desarrollo durante la primera mitad del siglo XVIII y como abrió paso para
revitalizar el comercio colonial. De alguna manera, funcionó como la antesala que
articuló el sistema de redes comerciales que se mantendría en las décadas
posteriores. A nuestro parecer, el mejor ejemplo viene a ser Buenos Aires, el que

70

Bravo Lira, Bernardino y de Ávila Martel, Alamiro Óp. Cit. pág.145

P á g i n a | 43
experimentó un fuerte desarrollo durante el siglo XVIII al punto que logró
constituirse como un Virreinato.
La región Buenos Aires tuvo su apogeo en el periodo colonial tras la
creación del Virreinato de la Plata. Esta medida se encuentra en medio del
proyecto de fortalecimiento estatal de la Corona española. Las incursiones de
portugueses desde Brasil así como también el interés por parte de los ingleses en
la región inquietaban a la Corona española, no solo en términos territorialeslimítrofes, sino que también en términos comerciales porque funcionaban como
importantes agentes de contrabando. Tras la expulsión e los jesuitas, en las
regiones de Paraguay y Uruguay se creó un importante vacío de poder, que tanto
españoles como portugueses buscaron llenar71. Así, el establecimiento del
Virreinato cumplió el objetivo de reafirmar el poder de España en la región.
Buenos Aires durante el proceso de apertura comercial y la aplicación
generalizada del sistema de navíos de registro, sumado a la reinversión de las ruta
comercial ahora a través de la ruta por el Cabo de Hornos se conformó en un
importante foco mercantil en la región, comenzando a desprenderse desde él
diferentes redes comerciales que incluían las regiones de Chile, Alto Perú y Perú.
Es interesante el hecho de que durante este periodo la gran mayoría de las
economías americanas se vuelcan progresivamente hacia el comercio exterior. Tal
como dice Pérez Herrero, nuevos núcleos productivos fueron surgiendo, pasando
a comportarse como novedosos motores de arrastre económico y nuevos focos de
organización comercial72. El nuevo ordenamiento comercial del siglo XVIII provocó
una especialización en la producción de muchas de las regiones americanas,
producto también de la fuerte competencia que comenzó a llegar desde el exterior.
El

arribo

de

productos

europeos

a

Chile,

por

ejemplo,

repercutió

desfavorablemente a las manufacturas locales en una primera instancia. Ejemplo
de ello fue la producción de cáñamo y jarcia en el valle del Aconcagua. Su
incapacidad para competir ante los productos europeos, al igual que en el resto de
71
72

Villalobos, Sergio. Óp. Cit. Pág. 58-61
Pérez Herrero, Pedro. Óp. Cit. Pág. 239

P á g i n a | 44
las economías coloniales, radicaba en las inexistentes técnicas adecuadas y el
personal con un ineficiente adiestramiento para desarrollar productos de calidad a
bajos costos. La crisis de la producción manufacturera nacional obligó a Chile a
enfocarse en otras áreas, formando una cierta especialización. Por ello, en el
Pacífico, Chile se convirtió en una fuerte competencia en el sector agropecuario,
principalmente como exportador de vinos y trigo; de igual manera Nazca, Pisco e
Ica se consolidaban como competidores de aguardiente73. La creación del
Virreinato del Río de la Plata repercutió favorablemente en la situación económica
chilena, puesto que robusteció la vías comerciales naturales con la península, ya
sea por el tráfico cordillerano o por los navíos que ingresaban al Cabo de Hornos y
encontraban resguardo por parte del Virreinato. Sin embargo, las nuevas redes
comerciales comenzarían a generar importantes conflictos entre los comerciantes
americanos, principalmente encabezados por las restricciones que el Consulado
de Lima buscaba imponerle a los comerciantes locales a fin de mantener el control
comercial de la región del Cono Sur. A medida que se iba acercando el cambio de
siglo, la economía chilena se redirigía hacia el eje comercial de Buenos Aires,
alejándose de Lima. Desde comienzos de siglo había convertido sus
exportaciones de ganado en exportaciones de trigo. Así, se consolidaba como un
centro abastecedor de granos y cereales hacia Perú a cambio de azúcar y plata,
así como también hacia la región de Paraguay a cambio de productos extranjeros
y yerba mate74.
En el Virreinato del Perú el libre comercio provocó un choque de
concepciones opuestas. Fue el enfrentamiento directo entre las mentalidades de
los comerciantes de la península que veían en el libre comercio la oportunidad de
extender sus redes comerciales contra las mentalidades monopólicas de los
comerciantes limeños que veían cómo a partir de la autonomía comercial de las
regiones vecinas perdían su influencia comercial y con ello sus altos ingresos. Es
muy interesante que en este sentido Cristina Mazzeo establece una diferencia
entre los comerciantes limeños y los de Nueva España. Mientras los primeros
73
74

Ibíd. Pág. 293
Ibíd. Pág. 295

P á g i n a | 45
lograron adaptarse al nuevo orden diversificando sus negocios, reinvirtiendo en
bienes raíces y en el desarrollo de la agricultura y de la minería,

y

aprovechándose de las nuevas oportunidades ampliaron sus redes y conexiones
comerciales, los comerciantes de limeños se aferraron a lo que les quedaba de
monopolio comercial, logrando solo mantener un control en torno al comercio del
Cacao en Guayaquil, la producción de plata de su territorio, y la constante lucha
con Chile por la producción triguera que veremos más adelante.
La práctica del comercio libre quebrantó el sistema comercial tradicional e
hizo que progresivamente los comerciantes con aspiraciones monopólicas fueran
desapareciendo, dando lugar a otros con actitudes más moderadas. Villalobos
establece que el comercio libre significó la ruina de los comerciantes locales. Si
bien se estableció un comercio directo entre los puertos americanos con los de la
península y se eliminaron una serie de impuestos comerciales, el comercio
americano fue el que sufrió las consecuencias negativas de la implementación del
nuevo orden comercial, mientras que la Corona y los comerciantes peninsulares
se limitaron a observar cómo se veía incrementado el flujo del tráfico comercial
con América y con ello sus propias arcas financieras75.

75

Villalobos, Sergio. Óp. Cit. Pág. 99.

P á g i n a | 46

CAPÍTULO CUATRO: CHILE EN EL NUEVO ORDEN COMERCIAL
I-

POSIBILIDADES Y LIMITACIONES EN LA INTEGRACIÓN A LA
ECONOMÍA MUNDO

Durante el desarrollo del sistema comercial español tradicional, Chile se
encontraba al margen del tráfico directo con la península. Esto les permitía a los
comerciantes contar con un poder absoluto sobre la región, amparados tanto en el
poder legal por conformar parte del territorio del Virreinato del Perú como del
propio control que ellos ejercían en el tráfico de las mercancías europeas que
llegaban a América. Chile de esta forma dependía tanto administrativa como
comercialmente de Perú. No solo se encontraba al margen de las rutas
comerciales, sino que tampoco contaba con una producción importante que le
permitiera tener al menos una cierta autonomía.
La poca concentración de metales preciosos, la precaria industria
manufacturera y el limitado comercio interprovincial hacían de Chile una región sin
un valor efectivo dentro del sistema tradicional español. El único medio de
subsistencia comercial estaba sustentado en la posibilidad de comerciar con Perú,
y por ello este se convirtió prácticamente en el único mercado chileno. Así, Lima
se consolidó como el centro mercantil del extremo sur continente americano,
siendo la única puerta de entrada y salida de los productos y mercancías. De
acuerdo a esta lógica, cuando comenzó a manifestarse los primeros síntomas de
la apertura comercial y la reinversión de las rutas comerciales, los comerciantes
limeños buscaron mantener, de todas las formas posibles, su control. Para esto
intentaron consolidar al puerto del Callao como el único puerto de la región a fin de
dominar el eje andino y los mercados del Cono Sur.
El escenario que se abre a inicios del siglo XVIII estuvo determinado por el
desarrollo del contrabando. Este en Chile, como en el resto de las colonias
americanas, tuvo consecuencias negativas. El contrabando francés de inicios de
siglo trajo consigo una oleada interminable de mercaderías europeas, lo que
provocó, como ya lo hemos dicho, un sobreabastecimiento y que llevó a la ruina a

P á g i n a | 47
un importante número de comerciantes y

a aniquilar la precaria artesanía e

industria manufacturera local por no poder competir con los precios y la calidad de
los productos contrabandeados. A diferencia del contrabando francés, el segundo
periodo determinado por el contrabando cordillerano con Buenos Aires, centro
neurálgico del contrabando inglés, fue mucho menos invasivo. Esto se explica
porque el contrabando cordillerano era efectuado y controlado por los grandes
comerciantes chilenos, los que iban determinando la afluencia y la cantidad de los
productos. De esta manera se articula el comercio con Buenos Aires y que
comenzará a desplazar el abastecimiento desde el Perú. Así, con el contrabando
bonaerense, Chile logra una cierta autonomía con respecto al abastecimiento de
productos europeos que se verá incrementado a medida que la región del Río de
la Plata obtenga mayor poder e influencia.
Otro factor de vital importancia para el desarrollo comercial chileno es que
en 1740 se legalizó el tránsito comercial por la ruta del Cabo de Hornos para los
navíos de registro. El abaratamiento de los precios produjo un tangible aumento
del consumo y del lujo y al igual que el resto de las colonias de la costa del
pacífico, el comercio chileno tuvo un notable crecimiento. Así se favoreció el
comercio directo desde y hacia la península. Los comerciantes de Chile no solo
llevaron sus negocios a las colonias cercanas, sino que también en los últimos
años de la dominación española abordaron el tráfico directo con la metrópolis, e
incluso extendiendo sus vínculos a otras naciones europeas, como fue el caso del
criollo don Nicolás de la Cruz, que estableciéndose en Cádiz logró extender sus
redes comerciales ganando gran influencia y poder alcanzando incluso el título de
Conde de Maule76 o el envío de frutos desde Chile y el retorno de mercadería
europea en octubre de 174277. Tras estas medidas, paulatinamente el comercio
legal encontró las condiciones para competir en contra del contrabando. De igual
manera la entrada de navíos de registro al Pacífico por la ruta del Cabo de Hornos
provocaría que el puerto de Valparaíso tomara una importancia vital siendo parada
obligada para los barcos mercantes, lo que inmediatamente provocó conflictos con
76
77

Villalobos, Sergio. Óp. Cit. Pág. 207.
De Ávila Martel, Almiro y Bravo Lira, Bernardino Óp. Cit. Pág. 145.

P á g i n a | 48
las aspiraciones que tenía Perú de posicionar al puerto del Callao como el único
receptor de los productos europeos para funcionar ellos como intermediarios en el
tráfico comercial.
A medida que Chile incremente su tráfico comercial con Buenos Aires, el
abastecimiento desde Perú irá en descenso, pero no así sus relaciones
comerciales. Durante el siglo XVIII es cuando se consolida en Chile la producción
de cereales, y los mercados del Virreinato del Perú serán sus principales
compradores. Esto generará, como veremos más adelante, una serie de conflictos
ya que los comerciantes chilenos verán que la única manera en que puedan
desenvolverse con holgura en el nuevo orden comercial será rompiendo con la
dependencia judicial, y principalmente administrativa que guardaban con respecto
al Consulado de Lima.
II-

LA

CONFORMACIÓN

Y

LA

EVOLUCIÓN

DEL

COMERCIO

EXTERIOR CHILENO
El comercio exterior Chileno tuvo gran importancia durante el siglo XVIII. En
medio del proceso de apertura comercial y de la revitalización de la economía del
Imperio, la Corona emitió una serie de reformas encaminadas a liberalizar el
tránsito comercial y a romper con el antiguo sistema comercial español que
establecía un férreo monopolio en importantes regiones del territorio. Si bien se
establecía

legalmente

la

libertad

de

comercio,

Chile

seguía

atado

económicamente a Perú por ser prácticamente el único mercado comprador de
sus exportaciones. Es en este escenario donde los intereses de los comerciantes
chilenos por liberalizar su comercio se verán en enfrentamiento con los intereses
monopólicos del Consulado de Lima
Como es sabido, la conquista y colonización, tanto de Chile como de
América, se caracterizó por tener como un factor determinante el elemento
económico. De esta manera, y conforme a los intereses de España, se estableció
que la extracción de metales se convirtió en la principal actividad económica

P á g i n a | 49
americana. Las regiones que no se vieron beneficiadas con importantes depósitos
de metales tuvieron que dedicarse a otras actividades económicas.
Es posible identificar tres etapas de producción económica chilena. La
primera abarca los siglos XVI y XVII y se caracteriza por la producción y
exportación ganadera, principalmente sus derivados como el cuero que tenían
aceptación debido a su bajo costo en el mercado peruano. Un segundo periodo se
constituye hacia finales del siglo XVII donde la producción de cereales desplazará
a la ganadería como principal actividad comercial. La producción de trigo se vio
impulsada por la constante y a la vez creciente demanda del mercado peruano. Y
finalmente un tercer periodo durante el siglo XVIII determinado por la libertad de
comercio donde la exportación del cobre comienza a tomar importancia debido a
la alta valoración en Europa para la fabricación de armamento. Este periodo es
importante porque la exportación del cobre le entrega una cierta autonomía al
comercio exterior chileno con respecto a Perú.
El comercio interprovincial era escaso, salvo en Concepción, donde luego
del establecimiento del Ejército de Frontera, comenzó a desarrollarse un
intercambio comercial desde las regiones del centro para abastecer y cubrir las
necesidades de los soldados. Esto dinamizó a la economía, principalmente en la
producción de cereales como el trigo, la crianza de ganado y la fabricación de
carretas y otros productos del artesanado que pudiesen satisfacer al mercado de
Concepción. Esta situación, según Armando de Ramón y José Manuel Larraín, se
vio agravada por el desfavorable desarrollo de la Guerra de Arauco 78 . La gran
disponibilidad existente de tierras potenció la crianza de ganado en gran parte del
territorio chileno, haciendo que éste, junto con sus sub-productos, tuviese un bajo
precio. Esta característica permitió que se iniciara la exportación de productos del
sector ganadero hacia el amplio mercado peruano, consolidándose como único
mercado receptor de las exportaciones chilenas. Al establecerse etas redes
comerciales, comenzó a generarse la demanda de otra serie de productos, claro
que en una menos cantidad como fue el caso de los cordobanes, jarcia, hilo,
78

De Ramón, Armando y Larraín, José Manuel – Orígenes de la vida económica chilena 16591808. Centros de Estudios Públicos, Santiago , Chile. 1982. Pág. 255

P á g i n a | 50
cocos de palma y el vino79. Es muy interesante la afirmación que entrega Armando
de Ramón y José Manuel Larraín cuando dicen que durante este periodo los
comerciantes peruanos actuaban como una autoridad absoluta sobre los chilenos,
ya que prácticamente no existen alegatos por parte de los comerciantes chilenos,
incluso cuando las exportaciones se les eran pagadas en productos y no en
dinero, situación que variará considerablemente durante el periodo triguero.
El escenario peruano en torno a la producción del trigo varió fuertemente
hacia medados del siglo XVII. El terremoto azotó a sus regiones agrarias en 1687
destruyó sus sistemas de regadíos y centros comerciales, sumándosele además la
plaga de gorgojo que los obligó a emprender la búsqueda de nuevos centros de
abastecimiento de cereales80. Chile pasó a constituirse en la mejor opción, tanto
por su potencial en la producción triguera como por su cercanía. Así, la primera
provincia que recibió la demanda triguera peruana fue La Serena, extendiéndose
posteriormente hacia Santiago y luego a Concepción. En Chile, el trigo se
producía

en todo el territorio; era de buena calidad debido a las condiciones

climáticas del país y a la calidad de sus tierras; y por su limitado mercado interno
era de muy bajo costo.
La fuerte y sorpresiva demanda de Perú provocó un desabastecimiento
dentro del comercio de La Serena, lo que hizo que el costo del cereal aumentara
considerablemente.

Para

remediar

esta

situación

y

poder

asegurar

el

abastecimiento de la zona se aplico la “política del doble precio”81, la que consistía
básicamente en que existiera un precio normal para el mercado local, y un precio
inflado para las exportaciones de trigo. Esta medida proteccionista logró estabilizar
en cierta medida el mercado de La Serena, pero su nivel de producción no lograba
satisfacer la demanda peruana. Estimamos necesario resaltar este hecho porque
provocó un fuerte conflicto entre los intereses de los comerciantes Peruanos y
Chilenos, donde el establecimiento de la “política de doble precio” de alguna
79

Arancibia, Patricia Yavar, Aldo. La agronomía en la agricultura chilena. Colegio de Ingenieros
Agrónomos, Santiago, Chile. 1994. pág. 28-29
80
De Ramón, Armando y Larraín, José Manuel Óp. Cit. Pág. 274
81
Carmagnani, Marcello – El asalariado minero en chile colonial – Centro de investigación Diego
Barros Arana, Santiago, Chile. 2006. pág. 50

P á g i n a | 51
manera se puede considerar como una victoria por parte de los productores y
comerciantes

de

La

Serena.

Entre

las

causas

que

provocaron

el

desabastecimiento de esta región se encuentran, además de la espontánea
demanda peruana, la creciente demanda interna por cereales producto del
crecimiento de la actividad minera hacia el siglo XVIII, donde los nuevos
yacimientos de plata trajeron consigo una gran masa de trabajadores 82 lo que se
tradujo en una mayor población que generó un aumento del consumo.
Cuando la producción triguera de La Serena entró en crisis, el valle central
y principalmente Santiago comenzaron a transformarse en el principal productor
cerealista de Chile, dejando a Concepción un tanto al margen. Esta última se vio
perjudicada por su lejanía geográfica comparada con el naciente mercado
exportador de los valles centrales, quedando como un exportador complementario.
De igual forma, el puerto de Valparaíso comenzó a desarrollar un incipiente
crecimiento, siendo el puerto de salida para las exportaciones trigueras de
Santiago como también la entrada de los productos europeos por medio de los
navieros peruanos.
La dependencia de la economía chilena hacia el mercado peruano fue cada
vez mayor. No solo era su único comprador, sino que también los navieros y
comerciantes limeños empezaron a utilizar todos los medios posibles para sacar el
mayor provecho de la situación. Entre estos se encuentran las alianzas que
practicaban con los bodegueros de Valparaíso. Éstas consistían básicamente en
un juego de demanda y ofertas. Los bodegueros de Valparaíso hacían creer a los
productores chilenos que vendría una importante demanda por parte de los
comerciantes peruanos. Así, la producción triguera se intensificaba y la oferta
aumentaba considerablemente. Una vez que llegaban los navíos desde el Perú,
los comerciantes peruanos compraban trigo en insignificantes cantidades,
obligando a los productores chilenos a bajar sus precios. Para evitar la pérdida de
toda su producción, los comerciantes chilenos les vendían su gran excedente de
producción a los bodegueros de Valparaíso, los que luego, tras un acuerdo con los
82

Arancibia, Patricia Yavar, Aldo Óp. Cit. pág. 42

P á g i n a | 52
comerciantes peruanos, fijaban un precio donde ambos se vieran beneficiados.
Otra manera era aplazar las compras hasta el final de temporada esperando que
los productores bajasen los precios debido a la excesiva oferta83.
Esta práctica fue una constante durante el siglo XVIII. En este sentido, es
notable la denuncia del Cabildo de Santiago en junio de 1754 cuando se refiere al
comercio con los navieros peruanos en Valparaíso: El comprador de trigo es
capaz de poner ley y el precio que quiere a los miserables vendedores…”84. Esta
manipulación por parte de los comerciantes peruanos generará un gran
descontento en Chile, los que buscarán la manera de frenar su poder.
Si bien el trigo se constituirá como la principal exportación d Chile durante el
siglo XVIII, llama mucho la atención la incorporación del cobre al comercio
exterior. El escenario europeo era propicio para las regiones que exportaran
metales ya que existía una fuerte demanda de estos debido a la carrera
armamentista de las diferentes naciones. En este sentido Chile buscó la manera
de establecer sus redes comerciales tanto con España como con otras naciones
para su oferta de cobre. Este sería el que le permitiría una cierta autonomía con
respecto a la dependencia que se guardaba con el mercado peruano. El cobre, a
diferencia del trigo, no tiene periodo de vencimiento y su mercado es mucho más
amplio, especialmente en Europa donde resultaba escaso. Por ende es que
estimamos necesario destacar la inclusión del cobre dentro de las exportaciones
chilenas en medio de la apertura comercial, porque posibilita la autonomía del
mercado minero con respecto al resto del mercado exterior chileno.
El proceso de liberalización del comercio junto a los nuevos escenario y
redes comerciales que se iban abriendo paso no estaban beneficiando a los
comerciantes de Chile. Es en este sentido donde el Diputado de Comercio,
establecido en 1736, sirvió para agrupar los intereses de los comerciantes,
convirtiéndose al diputado en el portavoz y su principal exigencia y objetivo era
83

Arancibia, Patricia Yavar, Aldo. Óp. Cit. Pág. 44
Archivo Nacional de Chile, “Actas del Cabildo de Santiago” 26-6-1754, Real Audiencia, Vol.
3233. en De Ramón, Armando y Larraín, José Manuel – Orígenes de la vida económica chilena
1659-1808. Centros de Estudios Públicos, Santiago, Chile. 1982. Pág. 276.
84

P á g i n a | 53
lograr que se le concediera una autonomía comercial con respecto al Consulado
de Lima.

III-

LA ADAPTACIÓN DE LOS COMERCIANTES CHILENOS AL
NUEVO

ORDEN

ECONÓMICO

Y

SU

PROCESO

DE

ORGANIZACIÓN
La conformación de una clase mercantil en Chile es tardía si se compara
con otras regiones vecinas, como es el caso de Lima donde desde un inicio los
comerciantes se constituyeron como una clase fundamental de la sociedad 85. Esto
se explica porque durante en el tiempo en que el sistema comercial de flotas y
galeones estuvo vigente, Chile no se constituía en una zona de importancia
comercial, incluso se encontraba al margen del sistema. En Chile solo una vez que
la actividad comercial tomó importancia pudo darse inicio al desarrollo de una
clase mercantil86, siendo un vehículo de “fácil” enriquecimiento y prestigio, inserto
en una sociedad menos tradicional y más permeable que la peruana. Hasta ese
momento, la representación de los intereses de los comerciantes había sido una
función de las autoridades e instituciones propias de la administración como el
Gobernador, la Real Audiencia y el Cabildo.
Es posible identificar tres periodos dentro de la organización de los
comerciantes chilenos. El primero se inicia a finales del siglo XVII, cuando a las
exportaciones tradicionales hacia Perú se le sumó el trigo, iniciando su proceso
para convertirse en el pilar de la economía chilena. Este periodo está marcado por
la solicitud de los comerciantes chilenos al Consulado de Lima para el
establecimiento de un tribunal comercial en el año 1698. Es interesante que el solo
hecho de la representación de los comerciantes chilenos en Lima ante el
Consulado es una clara manifestación de la importancia que está teniendo el
tráfico comercial en la región, así como también el surgimiento de un grupo
85

Socolow, Susan. Óp. Cit. Pág. 34
Yavar Meza, Aldo – Diputado de comercio y Tribunal del Consulado en Chile 1736-1818.
Editorial de la Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España, 1992. Pág. 30.
86

P á g i n a | 54
comerciantes con prestigio y altas aspiraciones. Un segundo periodo se puede
establecer hacia 1736, cuando se retoman las peticiones para obtener una
independencia en materia administrativa y judicial con respecto al Consulado de
Lima y se instala el Diputado de Comercio en Chile. El extenso periodo de
“adormecimiento” de los comerciantes chilenos es posible explicarlo por la crisis
que afectó durante la primera mitad del siglo XVIII, producto de la sobresaturación
que trajo consigo el contrabando francés. Por ello sus aspiraciones se vieron
desplazadas siendo retomadas un par de décadas después,

una vez que su

economía se había recuperado. En este periodo toma importancia el rol del
cabildo y del gobernador como mediador entre los comerciantes chilenos y las
autoridades peruanas. Finalmente es posible identificar una tercera y última etapa
en el año 1795, momento en que se legitima el establecimiento del Tribunal del
Consulado en Chile. Cabe aludir que su instalación solo viene a perfeccionar una
realidad que ya se venía desarrollando y consolida la organización de los
comerciantes chilenos en el periodo colonial.
La falta de capitales entre los comerciantes chilenos inducía a formar
pequeñas sociedades para emprender cualquier negocio de cierto volumen. A
medida que, como hemos visto, comenzó a crecer la economía chilena y se
empezó a desarrollar una clase de comerciantes más fuertes, empezaron a surgir
inquietudes y problemáticas entre estos. Hemos revisado que hacia finales del
siglo XVII tuvo gran importancia la producción de cereales en el territorio chileno
que era enviado hacia el demandante mercado peruano. A partir de este
momento, el control que ejercían los comerciantes peruanos comenzó a tomar
importancia en las discusiones de los comerciantes locales como también los
conflictos entre los conflictos internos entre los comerciantes chilenos. Por esta
razón, hacia el año 1698 los comerciantes chilenos presentaron en Lima la
petición para el establecimiento de un tribunal comercial en Chile, debido a la
lejanía y distancia entre Santiago y la capital del Virreinato, lo que impedía un
expedito procedimiento judicial. La normativa vigente establecía que el Tribunal
del Consulado de Lima velara por los asuntos judiciales-comerciales de la región
del virreinato, por ser universal en su institución a todos estos reinos y provincias

P á g i n a | 55
del Perú, Tierra Firme y Chile…87. Pero en virtud de los antecedentes
presentados, y pese a que el Consulado de Comercio de Lima era universal para
todo el territorio del Virreinato, la Junta del Consulado acogió la petición y procedió
a nombrar a un Comisario Diputado en Santiago. Entre las facultades del
Comisario Diputado se encontraba el dictar sentencia a cualquier tipo de pleito,
dudas o diferencias entre los comerciantes chilenos, sirviendo como resolución en
primera instancia, y si el pleito proseguía, el caso debía ser enviado a Lima para
una nueva resolución88. La petición de los comerciantes chilenos nacía a partir de
la necesidad de defender sus propios intereses y hacer respetar su jurisdicción
ante las presiones que estaban ejerciendo los comerciantes peruanos en medio
del comercio de cereales entre Chile y Perú como también lograr resoluciones
expeditas de sus propios problemas de carácter comercial.
En contra de la voluntad el Consulado de Lima y al primer interés por
establecer un tribunal comercial, el dictamen no se llevó a cabo en Chile. La poca
colaboración de las autoridades chilenas y el nulo consenso de los comerciantes
se debía principalmente a que no estaban satisfechos con el establecimiento de
un tribunal de primera instancia, porque finalmente no resolvía el problema
fundamental, el que era gastar dinero y tiempo innecesario en un viaje a Lima para
resolver sus disputas. De igual manera, seguía existiendo una dependencia
administrativa hacia el Consulado de Lima, y era éste hecho el que aquejaba a los
comerciantes chilenos porque veían en la autonomía comercial la única manera de
desarrollarse favorablemente. Esta insistencia de los comerciantes peruanos por
mantenerse en el poder se debía a la crisis por la que atravesaba la economía del
Virreinato. Por ello se insistía en el establecimiento de un Comisario Diputado en
Chile, a fin de hacer valer su jurisdicción y controlar el comercio chileno por medio
de un tribunal dependiente directamente del Consulado limeño.

87

“Sobre la Diputación de Comercio de Santiago de Chile”, 26 de julio de 1727 en Urbina, Elisa “El tribunal del Consulado en Chile 1795 – 1865”, Santiago, Chile 1959, pp 17 en Yavar Meza, Aldo
– Diputado de comercio y Tribunal del Consulado en Chile 1736-1818. Editorial de la Universidad
Complutense de Madrid, Madrid, España, 1992. Pág. 11
88
Yavar Meza, Aldo Óp. Cit. Pág. 11-12

P á g i n a | 56
El problema de la instalación de un tribunal comercial en Chile parecía
haber llegado a su fin mediante una ordenanza de la Corona donde, entre otras
cosas, se disponía la creación de un tribunal de primera instancia dependiente
jurídica y administrativamente del consulado limeño. Esta política por parte de la
Corona respondía a la necesidad de enfrentar la crisis del sistema tradicional
español, implementando medios de control y de comunicación más centralizados
sobre sus colonias. De esta manera, la ordenanza de 1736 suponía que los
convoyes del sistema de flotas y galeones no partirían desde España hasta no
tener la certeza que existía una real demanda de productos europeos por parte de
las colonias americanas89. Fue mediante esta ordenanza que se creó el Diputado
de Comercio en Chile. Este debía llevar un control sobre la producción y el rescate
que se realizara en oro y plata en el territorio, con el objeto de elaborar un informe
mensual para ser enviado al Consulado de Lima90. Básicamente se esperaba que
fueses un brazo o una extensión del Consulado limeño en Chile, abogando por lo
intereses de los comerciantes peruanos. Si bien la justicia comercial era la función
que definía su naturaleza se entendió no solo como una institución judicial, sino
que también administrativa. De esta manera se esperaba que el Diputado de
Comercio rindiera cuentas al Consulado limeño a fin de disminuir, en parte, el
contrabando y las prácticas ilícitas en materia comercial. De alguna manera, se
puede entender al Diputado de Comercio como un brazo o una extensión del
Consulado de Lima. Su principal objetivo radicaba en contribuir a la disminución
de la figa de capital, por esta razón se explica su implementación tanto en Chile
como en Potosí, ya que se creía que el problema de la crisis comercial que
afectaba al Virreinato se debía deficiencias en el control de estas dos regiones91.
La ordenanza de 1736 era completamente congruente a la política de la
Corona que buscaba la reimplantación del sistema de flotas y galeones, intento
que ya hemos revisado anteriormente. Por eso es que se buscaba que el mercado
chileno reconociese su subordinación ante el Consulado de Lima, tanto jurídica

89

Ibíd. pág. 47-49
Ibíd. pág. 50
91
Ibíd. pág. 58
90

P á g i n a | 57
como administrativamente, ignorando el alegato y las peticiones de los
comerciantes y autoridades chilenas con respecto al establecimiento de un tribunal
de primera instancia92. Las entre las facultades y obligaciones de este Diputado de
Comercio se encontraba el conocer lo privativo en primera instancia de todas las
causas comerciales. Esto quiere decir que todas las materias y personas
implicadas en cualquier asunto de carácter comercial, tráfico, transacciones o
cualquier problema derivado de estos, quedaban bajo su jurisdicción y autoridad.
Nada ni nadie podía sustraerse a su autoridad y ninguna otra autoridad o tribunal
podía quitar o limitar su jurisdicción93, salvo claro el Tribunal del Consulado de
Lima, del que depende. La principal demanda de los comerciantes seguía sin ser
resuelta, ya que solo se podía apelar a los fallos ante el Consulado limeño. Este
recurso debía presentarse por alguna de las partes ante el mismo Diputado de
Comercio que había dictado la sentencia, que debía admitirlo y concederle el
derecho de apelación, para lo cual debía enviar el caso al tribunal en Lima. Aldo
Yavar afirma que en la práctica este procedimiento se dilataba o simplemente era
negado arbitrariamente por el Diputado, por lo que el interesado debía viajar por
sus propios medios a Lima para que se le concediera el derecho a apelar la
sentencia del Diputado de Comercio, lo que requería tiempo y dinero. De esta
forma se terminaban frustrando los intentos de los comerciantes demandantes por
resolver legalmente sus disputas.
El hecho más interesante es que no se cumplió lo que el Consulado de
Lima esperaba: el que el Diputado de Comercio fuese “su” representante en Chile.
En cambio, al ser este Diputado un comerciante elegido por los comerciantes
locales y que además formaba parte del mismo medio, abogó finalmente por el
interés de estos últimos. Por ello es que el Diputado de Comercio jugó un
importante rol al entregarles unidad y representatividad a los comerciantes
chilenos, al poseer una condición de “superioridad” entre sus pares. Así, durante el
periodo que comprende entre 1736 y 1767 existió un amplio acuerdo unánime
entre las autoridades chilenas, sumado a una amplia participación de los
92
93

Ibíd. pág. 62-63
Ibíd. pág. 98

P á g i n a | 58
comerciantes en torno a la Diputación de Comercio, a fin de desarrollar una
campaña para lograr la independencia jurisdiccional con respecto al Consulado de
Lima.
Claro que también existían ciertos problemas en torno al Diputado de
Comercio. Principalmente estos se debían al hecho de que no contaba con los
conocimientos adecuados para desempeñar funciones judiciales, al mismo tiempo
que muchas veces se prestaban para realizar fraudes o resoluciones poco
objetivas. Prueba de esto es que el gobernador José Manso de Velasco, en uno
de sus informes al monarca, fechado en noviembre de 1740, le comunicaba el
establecimiento del Diputado de Comercio en Chile, pero a su vez le manifestaba
su descontento por las falencias de sus facultades y funcionamiento, además de
darle a conocer las peticiones de los comerciantes chilenos. De igual manera, el
Cabildo de Santiago, también en un informe al Rey en Noviembre de 1749, le
informaba los inconvenientes que acarreaba la aplicación de la ordenanza de 1736
en relación al establecimiento de la Diputación de Comercio, con respecto a las
apelaciones como también a la competencia de los diputados en materia
judiciales94. A fin de terminar con estos abusos, se buscó establecer a un Tribunal
de Alzada para acabar o al menos corregir las anomalías que provocaban las
falencias jurídicas el Diputado de Comercio y de paso independizarse
jurídicamente del Consulado de Lima. La petición fue atendida por el Consejo de
Indias. A través de una orden de 1752, se decidió que se mantendría el Diputado
de Comercio, pero que a su vez se establecería un juzgado de alzada con las
mismas atribuciones jurídicas que los Consulados de Comercio de Lima y de
México, ejerciendo como juez un oidor de la Real Audiencia, por un tiempo no
superior a un año y siendo nombrado por el presidente de ésta. La orden
recalcaba que se seguiría manteniendo una subordinación administrativa ante el
Consulado de Lima, y con respecto a la falta de conocimiento jurídico del Diputado
de Comercio, se le entregaba la facultad al Gobernador de Chile para intervenir en
las decisiones de la misma manera en que lo hacían los Virreyes en los
Consulados de Lima y de México. Esta Orden llegó a manos del Virrey del Perú en
94

Ibíd. pág. 104-105.

P á g i n a | 59
el año 1752, donde se dejaba a su criterio la aplicación de esta resolución, pero
manifestándole el carácter de necesaria para el desarrollo del comercio chileno.
finalmente, esta Orden no fue aplicada, y se mantuvo desconocida para los
comerciantes chilenos por casi una década95.
Aldo Yavar afirma que la decisión del Virrey de la no aplicación de la
ordenanza fue para mantener la dependencia absoluta al comercio chileno,
administrativa y judicialmente, ya que la crisis económica que afectaba al
Virreinato lo obligó a mantener sujeto a la mayor parte de los mercados que fuese
posible. Hay que recordar que contemporáneo fue el fracaso de la reimplementación del sistema de flotas y galeones, que finalmente acabó con las
aspiraciones de los comerciantes limeños de volver al viejo sistema monopólico.
Esto se debía a que los comerciantes peruanos afirmaban que la crisis por la que
ellos pasaban se debía principalmente a las falencias del nuevo ordenamiento
comercial donde sus intereses monopólicos simplemente no tenían cabida
mientras se le entregaba autonomía a las regiones que antes ellos controlaban y
explotaban según su parecer. Por ello es que se presionaba al Virrey para que
defendiera sus intereses, al punto en que incluso se llegó a prohibir que las naves
con mercaderías europeas recalaran en cualquier puerto del pacífico sur que no el
puerto del Callao, a fin de que fueran sus comerciantes los que distribuyeran los
productos en las provincias vecinas y hacia el interior del continente. Finalmente,
la Real Cédula del 29 de Julio de 1767 estableció la creación de un juzgado de
Alzada, resolviendo de esta manera exclusivamente la exigencia con respecto a
las apelaciones de segunda instancia. No se incluyó en la resolución lo relativo a
la administración, ya que el Consulado de Lima insistió a la Corona que solo el
control comercial de las provincias vecinas podría permitir la recuperación
económica del Virreinato del Perú96.
Los comerciantes chilenos no se encontraban conformes con las facultades
del Tribunal de Alzada. Si bien respondía a parte de sus exigencias en materia de
autonomía jurídica, seguían dependiendo administrativamente del Consulado de
95
96

Ibíd. pág. 107-108
Ibíd. pág. 136

P á g i n a | 60
Lima. Por ello se insistió en que se debía contar con un consulado totalmente
autónomo, independiente al limeño, a fin de que sus intereses y aspiraciones no
encontraran oposición legal por parte de los monopolistas peruanos y así
aprovechar las oportunidades y posibilidades que entregaba la “apertura
comercial” que desarrollaba el Imperio Español.
A pesar de que la Real Cédula de 1767 establecía que el Tribunal de
Alzada tuviese independencia en materia judicial y actuara como una tribunal de
apelaciones en segunda instancia, los comerciantes y autoridades chilenas, en su
afán por conseguir finalmente la independencia total con respecto al Consulado de
Lima, reinterpretaron lo dispuesto en la Real Cédula entregándole también
autonomía administrativa. Así, en enero de 1768 se creó el Tribunal de alzada
declarando […] la absoluta independencia en lo contencioso y gubernativo del
tribunal chileno97, dándose inicio así al establecimiento de un tribunal comercial
con características autónomas. Este comenzó a funcionar inmediatamente,
rigiéndose por las normas dispuestas a este efecto para los Consulados de Lima y
Nueva España. Para ello se hicieron las ordenanzas en la misma ciudad de
Santiago, las que distaban mucho de lo que disponía la Real Cédula de 1767. Si
bien estas no fueron aprobadas, esto no afectó en su práctica hasta 1795,
momento en que se crea oficialmente el Tribunal del Consulado.
Cuando el Consulado de Lima fue informado del establecimiento,
implementación y facultades otorgadas en Chile al Tribunal de Alzada, alegó que
todo lo realizado era inválido, además de contrario a lo establecido por la Real
Cédula. Los comerciantes chilenos había enviado las ordenanzas al Virreinato del
Perú para su aprobación, pero esta fue negada y el conflicto se extendió al
Consejo de Indias, extendiéndose por más de diez años sin respuesta. Estas
ordenanzas, aprobadas tanto por los comerciantes chilenos y las autoridades
chilenas, pueden ser entendidas, como afirma Aldo Yavar, como un acto de
protesta de los comerciantes chilenos por el mantenimiento de la dependencia
97

“Archivo General de Indias, Audiencia de Chile”, leg. 286, 1 de noviembre de 1784 en Yavar,
Aldo – Diputado de Comercio y Tribunal del Consulado. Editorial de la Universidad Complutense de
Madrid, Madrid, España 1992. Pág. 141.

P á g i n a | 61
administrativa del comercio chileno ante el Consulado de Lima: fue una acción
concertada, de forma abierta y arbitraria98.
La defensa del Consulado de Lima para negar la existencia de un Tribunal
del Consulado con independencia total en el reino de Chile era que este resultaba
innecesario, debido a su escasa importancia comercial para la región. Se
aseguraba que el escaso volumen de comercio se reducía exclusivamente a los
valles centrales circundantes a Santiago, puesto que en el resto del territorio el
comercio era prácticamente inexistente. Y que al ser tan débil comercialmente, los
productos que llegaban desde castilla a los puertos chilenos eran remitidos en su
totalidad al Virreinato del Perú, ya que no contaban con el poder adquisitivo
suficiente como para distribuirlo hacia el interior99. Cómo hemos demostrado en
las páginas anteriores, basándonos en los textos de Yavar, Carmagnani, Villalobos
y de Arancibia, esta afirmación era inexacta. El comercio chileno se encontraba en
pleno proceso de expansión, y sus redes comerciales se ampliaban por gran parte
del territorio de la gobernación como también hacia las colonias vecinas. Es cierto
que Santiago constituía el principal foco comercial, pero cada vez empezaron a
tomar mayor importancia las provincias de La Serena y de Concepción.
En 1778 el Contador General de la Corona estableció que luego de estudiar
el caso y los antecedentes que se remontaban hacia 1737, en Chile existían las
mismas características que se dieron en México y en Lima al momento de
establecer sus respectivos Consulados. Se debía fomentar el desarrollo comercial
de la provincia por medio de un Consulado particular, privativo y totalmente
independiente del de Lima 100. Entre las razones existentes se encontraban la
independencia administrativa que ya existía en la región: un Juez de Alzada que
actuaba como Presidente, un Gobernador y Capitán General que ejercía la
autoridad política y administrativa del territorio; la existencia de una autonomía
jurídica pues se contaba con una Real Audiencia que entendía y determinaba los
negocios que se originaban en la región; existía una dirección y un gobierno de la
98

Ibíd. pág. 152
Ibíd. pág. 157
100
Ibíd. pág. 176
99

P á g i n a | 62
Real Hacienda propio e independiente de la superintendencia subdelegada que
residía en Lima; y finalmente existía un número suficiente de comerciantes en la
capital de la gobernación y en el resto del territorio, lo que le entregaba una
complejidad a su comercio101.
Finalmente, el Tribunal del Consulado es creado por la Real Cédula del 26
de febrero de 1795 y sus funciones radicaban en tres principios: ser una asamblea
de comercio; ser un tribunal de justicia; y proteger y fomentar la agricultura, la
industria y el comercio de la región. Con respecto a su función de Asamblea de
Comercio, a diferencia de lo que ocurría con la Diputación de Comercio, la
elección de los integrantes del tribunal y la convocación para discutir los
principales problemas se disponían solamente por medio de Ordenanzas 102. Como
Tribunal de Justicia estaba constituido por un Prior y dos Cónsules, siendo esta
una de las diferencias con la Diputación de Comercio donde las facultades recaían
solo en el Diputado. Las causas y su conocimiento sobre los asuntos comerciales
comprendían los mismos aspectos que para la Diputación, pero debido ala gran
extensión que abarcaba su influencia, se le entregó la facultad de nombrar
Diputados de Consulados que lo representasen en las regiones que se estimen
necesarias. Estos diputados eran nombrados por el Gobernador siendo asesorado
para su elección por los miembros del Consulado, y solo podían ejercer justicia
acompañados de dos Cónsules, para así constituirse como un Tribunal
Comercial103. Para fomentar a la economía, el Tribunal del Consulado contaba con
una Junta del Consulado, integrada por el Prior, los Cónsules, los Conciliares y el
síndico. A esta Junta también debían asistir el Secretario, el Contador y el
Tesorero, celebrándose las reuniones al menos dos veces al mes. También podía
asistir a estas el Gobernador, siendo considerado en esas ocasiones como el
Presidente de la Junta. Sus funciones se centraban en el desarrollo de la
agricultura, de la industria y del comercio local. Se pretendía mejorar los cultivos,

101

Ibíd. págs. 177-180
Ibíd. pág. 233
103
Ibíd. pág. 337.
102

P á g i n a | 63
implementar maquinarias y herramientas para los trabajos agrícolas y desarrollar
proyectos e iniciativas en el plano industrial y comercial104.
De esta manera los comerciantes chilenos logran llevar a cabo la ardua
tarea de tener una autonomía comercial con respecto al Consulado de Lima. Ya
no se verán limitados legalmente por las disposiciones que este pudiera emitir y
tendrían una labor comercial del mismo nivel. Desde el establecimiento del
Diputado de Comercio, este actuó en defensa y representación de los intereses de
los comerciantes chilenos, acción que se encaminó finalmente en lograr la
independencia total hacia el Consulado de Lima. Se convirtió en un organismo que
acogió y promovió una serie de iniciativas destinadas a fomentar el desarrollo de
la actividad comercial en el país. Marcó el real inicio de la organización de los
comerciantes chilenos. El desarrollo e importancia que tomó la organización de los
comerciantes en torno a la Diputación de Comercio se debió a dos factores que
incidieron conjuntamente en este proceso: el crecimiento de la economía chilena
durante este periodo y a la dependencia que se guardaba con respecto a la
economía peruana. Así, en los momentos de auge económico se incrementaban
los intereses de los comerciantes chilenos por consolidar su independencia, como
lo ocurrido en 1698 cuando se iniciaron las peticiones por un tribunal comercial en
Chile; a su vez, en los periodos de crisis económicas la actividad comercial y la
organización de los comerciantes disminuía, al punto en que se temía su
desintegración, como lo experimentado a inicios del siglo XVIII tras el sobre
abastecimiento por el contrabando francés. Con el establecimiento de una
institucionalidad a través del tribunal comercial se creó una permanencia en los
intereses de los comerciantes que hacía posible retomar las iniciativas cada vez
que fuese necesario105.

104
105

Ibíd. Pág. 342-344
Ibíd. pág. 278

P á g i n a | 64

CONCLUSIÓN
El comercio colonial ha sido un tema bastante estudiado y del que ya no
hay mucho que decir, según lo leído. Quizás el mayor aporte que se puede
realizar es mediante la reflexión de los procesos que se desarrollaron a lo largo de
los años. En este sentido, llama la tención como las diferentes luchas de poder y
choque de intereses fueron transformando el escenario comercial.
El siglo XVIII se presentó como el periodo de mayores cambios para el
comercio colonial. España se encontraba totalmente desplazada en comparación
con las demás potencias europeas, azotada por crisis y catástrofes. Se había
quedado atrás en el tiempo, no logró invertir en el desarrollo de su propia
economía como lo habían hecho las demás naciones y contaba con diferentes
problemas internos que imposibilitaba tomar decisiones firmes. Lo mismo ocurría
en sus colonias americanos, las que estaban sujetas a un sistema comercial
sumamente rígido. Puede ser que el sistema de flotas y galeones haya presentado
una serie de falencias y problemas, pero sin duda que contribuyó para que se
formaran importantes focos comerciales tanto en América como en España. En
gran medida, el sentido monopolista fue el que consolidó el desarrollo económico,
urbanístico y comercial de Sevilla, México y Lima. El problema radicaba
principalmente en el hecho que el sistema limitaba totalmente el desarrollo de las
demás regiones, dejando a la deriva a aquellas que podían tener un importante
potencial pero este se ocultaba bajo los intereses de los grandes gremios de
comerciantes que velaban por sus propios intereses.
Ante esta realidad es interesante como el contrabando nace a partir de la
necesidad de suplir las falencias del sistema, entregándole las herramientas
necesarias a las colonias marginadas para que se desenvuelvan comercialmente,
como fue el caso de Buenos Aires. De igual manera, por medio del contrabando
se fueron extendiendo las rutas comerciales que usarán legalmente los españoles
durante el siglo XVIII. De alguna u otra forma, se convierte en la antesala de las
redes comercial.

P á g i n a | 65
El sistema comercial español resultó ser sumamente frágil. Esto quedó en
manifiesto durante los incontables conflictos bélicos que hacían temblar el
comercio español. Fue durante uno estos episodios en que la Corona dio de una
vez por y por todas el gran salto liberalizando en parte su comercio al permitir el
uso de los navíos de registro. A nuestro parecer este fue el inicio de la libertad de
comercio español, siendo las demás disposiciones simples modificaciones y
mejoras al sistema, dándoles mayores facilidades para su desenvolvimiento.
El nuevo orden comercial que se estableció durante el siglo XVIII fue el
inicio del fin de las aspiraciones monopólicas. En este sentido concordamos con lo
que establece Cristina Mazzeo sobre la desaparición de los comerciantes
monopolistas en América. Por ello nos parece sumamente interesante el caso
chileno, donde se enfrentan en medio de este proceso las concepciones de los
comerciantes chilenos que buscan desenvolverse comercialmente en el nuevo
orden mientras que los comerciantes limeños buscan por todas las formas
posibles mantener el control comercia de la provincia, sintiendo que esa es la
única manera en que podrán estabilizar su propia economía.
Creemos que la organización de los comerciantes chilenos en este sentido
es de vital importancia, ya que de manera individual no podrían haber logrado
resoluciones favorables. Coincidimos con la tesis de Aldo Yavar en la importancia
que tuvo en este sentido el Diputado de Comercio, ya que en torno a él se
concentraron los intereses de los comerciantes articulando sus aspiraciones y
conformando una especie de gremio, en contraposición del objetivo por el cual
había nacido: ser una extensión del Consulado de Lima y el representante de los
intereses de los comerciantes peruanos.

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