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UNIBA - UNIVERSITAT DE BARCELONA

MÁSTER EN ESTUDIOS AVANZADOS DE LITERATURA ESPAÑOLA HISPANOAMERICANA
NUEVOS NARRADORES HISPANOAMERICANOS: LA HERENCIA DEL “BOOM”
DR. JAVIER FERNÁNDEZ
Elementos de la literatura fantástica en “El Inmortal” de Borges
Abril de 2016
Claudia María Sterling Posada

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En el presente artículo se identificarán en “El Inmortal” de Borges, elementos de la
literatura fantástica, lejos de la discusión sobre si la misma es un género o si lo que hay que
buscar es “lo fantástico”; lo importante será lo fantástico literario.

Para Todorov, elemento vital de la literatura fantástica es la “vacilación” (1982: 35): “Hay
un fenómeno extraño que puede ser explicado de dos maneras, por tipos de causas naturales
y sobrenaturales. La posibilidad de vacilar entre ambas crea el efecto fantástico»,
distinguiéndolo del efecto de “lo extraño” o “lo maravilloso”. Lo fantástico no tiene
explicación racional y su ambigüedad hace vacilar al lector.

Para Barrenechea lo fantástico «presenta en forma de problema hechos a-normales, anaturales o irreales, en contraste con hechos reales, normales o naturales», en donde “se
ponen el centro de interés en la violación del orden terreno, natural o lógico y por lo tanto
en la confrontación de uno y otro orden dentro del texto, en forma explícita o implícita»”
(1978, s.p.); cuando dicho contraste no plantea problema hablaríamos de lo maravilloso, y
lo no a-normal quedaría reservado para lo posible.

Bellemin-Noël habla de la inefabilidad de lo fantástico: en la medida en que lo imposible es
indescriptible, “el autor fantástico debe obligarlas [a las palabras]…a producir un “aún no
dicho”, a designar un indesignable» (Roas, 2001: p. 111). Para Roas: «El fenómeno
fantástico, imposible de explicar mediante la razón, supera los límites del lenguaje: es por
definición indescriptible porque es impensable» (2001: p. 27)

Bellemin-Noël, propone que «lo fantástico está estructurado como el fantasma»,
entendiendo lo fantasmagórico como los miedos que subsisten al trauma, que se esconden
en los recuerdos y, reprimidos se convierten en fobias y terror. (Roas, 2001: p.108)
Borges habla de la causalidad mágica, para diferenciarla de la científica. (Rodríguez
Monegal, 1976: p.181). Lo fantástico “deriva de una fuerza misteriosa, desconocida,
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sobrenatural o identificable con una proyección metafísica, que sustituye la causalidad
empírica característica de la narración realista”. (López, 2009: p.122). Son entonces
características de esta literatura: (a) La obra de arte dentro de la misma obra; (b) la
contaminación de la realidad por el sueño; (c) el viaje en el tiempo; (d) el doble. (Rodríguez
Monegal, 1976: p. 186)
En “El Inmortal”:
(a) Obra de arte dentro de la misma obra:
La narración empieza con un hipotexto de un narrador-investigador que ha encontrado un
manuscrito dentro de la Iliada de Pope que ha sido ofrecido a la princesa de Licinge por
Joseph Cartophilus. Así está el relato del manuscrito dentro del relato primigenio. La
narración termina con un texto final del mismo narrador, para encapsular un relato dentro
del cuento.

(b) La contaminación de la realidad por el sueño:
En el manuscrito, leemos un itinerario dirigido por un objetivo irracional – encontrar el río
de la inmortalidad - que parece extraído de un sueño:
“Atravesamos el país de los trogloditas, que devoran serpientes y carecen del comercio de la palabra; el
de los garamantes, que tienen mujeres en común y se nutren de Leones; el de los augilas, que sólo
veneran el Tártaro. Fatigamos otros desiertos, donde es negra la arena (…).” (p.2)

O es explícitamente extraído de un sueño:
“Insoportablemente soñé con un exiguo y nítido laberinto: en el centro había un cántaro; mis manos casi
lo tocaban, mis ojos lo veían, pero tan intrincadas y perplejas eran las curvas que yo sabía que iba a
morir antes de alcanzarlo. (p.2)

“Soñé que un río de Tesalia (a cuyas aguas yo había restituido un pez de oro) venía a rescatarme; sobre
la roja arena y la negra piedra yo lo oía acercarse; la frescura del aire y el rumor atareado de la lluvia me
despertaron.” (p.5)

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(c). El viaje en el tiempo:
El tiempo en el relato encapsulado es circular: nos transportamos de una época a otra para
fundirnos en un único personaje, que además así lo reconoce:
“Más razonable me parece la rueda de ciertas religiones del Indostán; en esa rueda, que no tiene
principio ni fin, cada vida es efecto de la anterior y engendra la siguiente, pero ninguna determina el
conjunto.” (p.6)

El periplo de Rufo-Homero-Cartaphilus, da cuenta de esto: Ciudad de los inmortalesStamford-Bulaq-Samarcanda-Bikanir-Bohemia-Kolozsvár-Leipzig-Aberdeen y Eritrea, en
donde encontraría el río de la mortalidad.
El tratamiento irracional del tiempo es elemento clave en la obra borgiana:
“Pensé en un mundo sin memoria, sin tiempo, consideré la posibilidad de un lenguaje que ignorara los
sustantivos, un lenguaje de verbos impersonales o de indeclinables epítetos. Así fueron muriendo los
días y con los días los años, pero algo parecido a la felicidad ocurrió una mañana”. (p.5)

Este concepto del tiempo está conectado con las creencias de la compensación en el más
allá, la cual tradicionalmente depende de la conducta del más acá. El cuento es una
transgresión al concepto tradicional de tiempo-compensación:
“Por sus pasadas o futuras virtudes, todo hombre es acreedor a toda bondad, pero también a toda
traición, por sus infamias del pasado o del porvenir. …Pero para los inmortales existe es un perfecto
equilibrio porque si se vive para siempre, no hay que hacer el menor esfuerzo por esperar una mejor
vida en el más allá... Encarados así, todos nuestros actos son justos, pero también son indiferentes. No
hay méritos morales o intelectuales “ (p.6)

(c) El doble:
El narrador-investigador intuye la superposición de personajes: “La historia que he narrado
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parece irreal, porque en ella se mezclan los sucesos de dos hombres distintos” (p.7). Y el
mismo protagonista describe esta dualidad de universos en la dupleta Argos-Homero:
“Pensé que Argos [Homero] y yo participábamos de universos distintos; pensé que nuestras
percepciones eran iguales, pero que Argos las combinaba de otra manera y construía con ellas otros
objetos; pensé que acaso no había objetos para él, sino un vertiginoso y continuo juego de impresiones
brevísimas” (p.5)

Con broche de oro cierra el relato al decir:
“No es extraño que el tiempo haya confundido las [palabras] que alguna vez me representaron con las
que fueron símbolos de la suerte de quien me acompañó tantos siglos. Yo he sido Homero; en breve,
seré Nadie, como Ulises; en breve, seré todos: estaré muerto” (p.8)

Y en la postdata de 1950 del narrador-investigador:
“A mi entender, la conclusión es inadmisible. Cuando se acerca el fin, escribió Cartaphilus, ya no
quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras. Palabras, palabras desplazadas y mutiladas,
palabras de otros, fue la pobre limosna que le dejaron las horas y los siglos. (p.8)

Aquí se observa hasta un triple: Joseph Cartaphilus es Rufo-Homero y sus recuerdos
hechos palabras (las fechas lo confirman: quien bebió del río de la mortalidad lo hizo en
1921 y la muerte de Carthapilus fue en 1929).

(d) Transgresión de la realidad a través de lo sobrenatural:
Todo el cuento es una transgresión a las leyes naturales. Lo resume Rufo:
“Todo me fue dilucidado aquel día. Los trogloditas eran los Inmortales; el riacho de aguas arenosas, el
Río que buscaba el jinete. En cuanto a la ciudad cuyo nombre se había dilatado hasta el Ganges, nueve
siglos haría que los Inmortales la habían asolado. Con las reliquias de su ruina erigieron, en el mismo
lugar, la desatinada ciudad que yo recorrí… Aquella fundación…marca una etapa en que, juzgando que
toda empresa es vana, determinaron vivir en el pensamiento… (p.5)

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Lo sobrenatural subvierte la realidad con el descubrimiento de Homero: “Argos balbuceó
estas palabras… Le pregunté qué sabía de la Odisea. ….Muy poco, dijo… Ya habrán
pasado mil cien años desde que la inventé” (p.5). Y al final, es tan sobrenatural descubrir el
rio de la inmortalidad, como el río que la borra:

“Existe un río cuyas aguas dan la inmortalidad; en alguna región habrá otro río cuyas aguas la borren.
…Nos propusimos descubrir ese río… En las afueras vi un caudal de agua clara; la probé, movido por la
costumbre. Al repechar el margen, un árbol espinoso me laceró el dorso de la mano. El inusitado dolor
me pareció muy vivo. Incrédulo, silencioso y feliz, contemplé la preciosa formación de una lenta gota de
sangre. De nuevo soy mortal…. “(p.6)

(e) El terror, lo fantasmagórico:

La rudeza del destino en el manuscrito lo hace traumático hasta llegar al terror:
“Algunos temerarios durmieron con la cara expuesta a la Luna; la fiebre los ardió; en el agua
depravada de las cisternas, otros bebieron la locura y la muerte… No sé cuántos días y noches rodaron
sobre mí. Doloroso, incapaz de recuperar el abrigo de las cavernas, desnudo en la ignorada arena, dejé
que la Luna y el Sol jugaran con mi aciago destino” (p.2)

Cuando llega ante los muros de la Ciudad de los Inmortales, lo detiene “una especie de
horror sagrado” (p.3) y “a la impresión de enorme antigüedad se agregaron otras: la de lo
interminable, la de lo atroz, la de los complejamente insensato. Yo había cruzado un
laberinto, pero la nítida Ciudad de los Inmortales me atemorizó y repugnó” (p.4)
La crudeza del viaje en el tiempo hace que se vuelva olvido, que deviene del terror que
quiere ser olvidado.
“No recuerdo las etapas de mi regreso, entre los polvorientos y húmedos hipogeos. Únicamente sé que
no me abandonaba el temor de que, al salir del último laberinto, me rodeara otra vez la nefanda Ciudad
de los Inmortales. Nada más puedo recordar. Ese olvido, ahora insuperable, fue quizá voluntario; quizá
las circunstancias de mi evasión fueron tan ingratas que, en algún día no menos olvidado también, he

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jurado olvidarlas. “

(f) La inefabilidad:
Lo desconcertante es indescriptible. Así lo describe Rufo:
“Esta Ciudad (pensé) es tan horrible… No quiero describirla; un caos de palabras heterogéneas, un
cuerpo de tigre o de toro, en el que pulularan monstruosamente, conjugados y odiándose, dientes,
órganos y cabezas, pueden (tal vez) ser imágenes aproximativas)” (p.4)

En conclusión, la perfección de los elementos en la poética narrativa de “El Inmortal”, lo
hace uno de los mejores ejemplos de lo literario fantástico: “Fácilmente aceptamos la
realidad, acaso porque intuimos que nada es real”. (p.5)

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BIBLIOGRAFIA:

Ana María Barrenechea, «Ensayo de una tipología de la literatura fantástica (A propósito
dela literatura hispanoamericana)», Textos hispanoamericanos. De Sarmiento a Sarduy,
Editorial Monte Ávila, Caracas, 1978, pág. 90. La primera publicación se hizo en Revista
Iberoamericana, vol. XXXVIII , núm. 80, julio-septiembre 1972.
Roas David (com), Teorías de lo fantástico, Arco/Libros S.L. Madrid, 2001, recuperado el 9
de abril de 2016 de https://es.scribd.com/doc/202204366/Teoria-de-lo-fantastico-EditorDavid-Roas.
Borges, Jorge Luis. "El inmortal.", ©Apocatastasis.com:Literatura y Contenidos
Seleccionados,
recuperado
el
9
de
abril
de
2016
de
https://es.scribd.com/doc/132106532/Borges-El-Inmortal
Escudé
González,
Joan,
recuperado
el
9
de
abril
de
2016
http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/hist/teoria_de_la_literatura_fantastica.htm# .

de

López Martín, Lola, “Formación y desarrollo del cuento fantástico hispanoamericano en el
siglo XIX”, Facultad de Filosofía y Letras-Filología Española, Universidad Autónoma de
Madrid, Doctorado Literatura Española e Hispanoamericana, Madrid 2009.
Monegal Rodríguez, Emir, "Borges: una teoría de la literatura fantástica." Revista
Iberoamericana 42.95 (1976): 177-189.
Todorov, Tzvetan «Definición de lo fantástico», Introducción a la literatura fantástica,
Ediciones Buenos Aires, Barcelona, 1982.

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