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Perlas Escogidas y Tesoros Escondidos ...

San Pablo

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181. Mantén la paz
(Paz)
"Hay demasiado ruido en nuestras vidas y no suficiente silencio." " Hay demasiado ruido y no
suficiente quietud. "Hay demasiada confusión y no suficiente tranquilidad." Hay demasiada actividad y
no suficiente oración." Hay demasiado del mundo y no suficiente de Dios". Como resultado, la gente
ha llegado a estar tan habituada al sonido, al ruido, a la confusión y a las distracciones, que el silencio
, la quietud, la tranquilidad y Dios ocupan poco lugar en las vidas de muchas personas, quizá la
mayoría.
"El silencio ha llegado a ser implacable, la quietud, casi insoportable, la tranquilidad, anormal, y
Dios, un extraño. La gente quiere ir a lugares y hacer cosas; no están contentos con permanecer
dentro de si mismos y pensar o meditar o rezar. " Y sin embargo , necesitamos las cosas que
tenemos y rechazamos. Necesitamos silencio en ocasiones con objeto de oír la voz de Dios,
precisamos quietud para ejercitar la parte racional de nuestra naturaleza; nos hace falta tranquilidad.
"Necesitamos ser liberados de distracciones , al menos ocasionalmente , con el fin de poder dedicar
un serio pensamiento y concentración al verdadero fin de nuestra existencia".
(Card. Cushing)

476. Pintura de la paz perfecta
(Paz)
Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una
pintura la paz perfecta. Muchos artistas intentaron.
El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubieron dos que a él realmente le
gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban
unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues
nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre
ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo
parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.
Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, el miró tras la cascada un delicado arbusto
creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio de del rugir
del la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido...
Paz perfecta... ¿Cuál crees que fue la pintura ganadora? El Rey escogió la segunda. ¿Sabes
porqué?
"Porque," explicaba el Rey, "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin
trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas
permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz."
Y tú... ¿ya sabes QUIEN te da la verdadera paz del corazón?...
Agradecemos esta aportación a Guillermo Lora Santos (México)

75. Mi paz os dejo
Martes de la Quinta Semana de Pascua
I. El temor y la vergüenza que pesaban sobre los Apóstoles por haberse comportado con cobardía
durante la Pasión se disipan cuando el Señor se les presenta después de la Resurrección y les dice
¡Pax vobis!, la paz sea con vosotros (Juan 20, 19-21). De esta forma –a través del saludo, de su
expresión acogedora- se ha vuelto a crear el ambiente de intimidad en el que Jesús les comunica su
propia paz. A lo largo de los siglos los cristianos supieron impregnar de sentido sobrenatural las
formas de saludo para hacer el bien y signo externo de una sociedad que tenía el corazón cristiano.
Nos puede ser de gran utilidad para la propia vida interior poner un especial empeño en mantener y
vivificar el sentido cristiano del saludo y de las despedidas. ¡Cuántas veces las tinieblas de la soledad,

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que oprimen un alma, pueden ser desgarradas por el rayo luminosos de una sonrisa o de una palabra
amable! (JUAN PABLO II, Hom. Roma, 11-II- 1981)
II. El desear la paz a los demás, el promoverla en nuestro alrededor es un gran bien humano, y
cuando está animado por la caridad es también un gran bien sobrenatural. Una condición para
comunicar la paz es tenerla en nuestra alma, es señal cierta de que Dios está cerca de nosotros. Es
un fruto del Espíritu Santo. El Señor nos ha dejado la misión de pacificar la tierra, comenzando por
poner paz en nuestra alma, en nuestra familia, en el lugar donde trabajamos, y consiste, no en la
ausencia de riñas, sino en la armonía que lleva a colaborar en proyectos y en intereses comunes.
III. El sabernos hijos de Dios nos dará paz firme, no sujeta a los vaivenes del sentimiento o de los
incidentes de cada día. El deseo sincero de paz que el Señor pone en nuestro corazón nos debe
llevar a evitar absolutamente todo aquello que causa división y desasosiego. Acudamos a la Virgen
nuestra Madre, la Reina de la paz, para no perder nunca la alegría y la serenidad. Reina de la paz,
¡ruega por nosotros!

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CARTA DE LA PREMIO NOBEL RIGOBERTA MENCHU AL PRESIDENTE GEORGE W. BUS
Al señor
D. George W. Bus
PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA
Washington, D.C. - E.U.A.
Excelentísimo señor presidente:
Deseo, en primer lugar, reiterar a Ud. la solidaridad y condolencia que expresé a todo su pueblo el
martes 11 pasado, luego de conocer los dolorosos sucesos ocurridos en su país, así como compartir
mi indignación y condena a las amenazas que entrañan esos actos de terrorismo.
En los últimos días he estado pendiente de la evolución de los acontecimientos, empeñando mis
mejores oficios en que la respuesta a dichos sucesos sea la reflexión, no la obcecación; la cordura,
no la ira; la búsqueda de justicia, no la revancha. He invocado la conciencia de los pueblos del
mundo, a los medios de comunicación, a las personalidades eminentes con las que
comparto un compromiso ético con la paz, a los jefes de Estado y los líderes de los organismos
internacionales, para que la cordura ilumine nuestros actos.
Sin embargo, señor presidente, al escuchar anoche el mensaje que dirigió al Congreso de su país, no
he podido reprimir una sensación de temor por lo que puede desprenderse de sus palabras. Llama
Ud. a su pueblo a prepararse para "una larga campaña como no hemos visto ninguna otra jamás", y a
sus militares a salvar su orgullo, marchando a una guerra de la que pretende hacernos parte a todos
los pueblos del mundo.
A nombre del progreso, el pluralismo, la tolerancia y la libertad, usted no deja ninguna opción a
quienes no contamos con la dicha de compartir la sensación de libertad y los frutos de la civilización
que desea Ud. defender para su pueblo, y a quienes nunca tuvimos simpatía alguna con el terrorismo
ya que fuimos sus víctimas. Quienes somos expresiones orgullosas de otras civilizaciones; quienes
vivimos día a día con la esperanza de convertir la discriminación y el despojo en reconocimiento y
respeto; quienes llevamos en el alma el dolor del genocidio perpetrado en contra de nuestros pueblos;
quienes, en fin, estamos hartos de poner los muertos en guerras ajenas, no podemos compartir la
arrogancia de su infalibilidad ni el camino unívoco al que Ud. desea empujarnos cuando afirma que
"Todas las naciones en todas las regiones deben tomar ahora una decisión: o están con nosotros o
están con los terroristas". Al empezar este año, invité a los hombres y mujeres del planeta a compartir
un Código de Ética para un Milenio de Paz reclamando que:
No habrá Paz si no hay Justicia
No habrá Justicia si no hay Equidad
No habrá Equidad si no hay Desarrollo
No habrá Desarrollo si no hay Democracia
No habrá Democracia si no hay respeto por la Identidad y la
Dignidad de los Pueblos y las Culturas
En el mundo de hoy, todos estos son valores y prácticas muy escasas, sin embargo, la desigual
manera en que están distribuidos no hace más que alimentar la impotencia, la desesperanza y el
odio. El papel de su país en el actual orden mundial está lejos de ser neutral. Anoche esperábamos
un mensaje sensato, reflexivo y autocrítico pero lo que escuchamos fue una amenaza inaceptable.
Comparto con Ud. que "el curso de este conflicto no se conoce", pero cuando sentencia que "su
resultado es cierto", la única certeza que me invade es la de un nuevo y gigantesco sacrificio inútil, la
de una nueva mentira colosal.
Antes de que dé Ud. la voz de "fuego", me gustaría invitarlo a pensar en un liderazgo mundial
diferente, en el que no necesite vencer sino convencer; en el que la especie humana pueda
demostrar que en los últimos mil años hemos superado el sentido de "ojo por ojo" que tenía la justicia
para los bárbaros que sumieron a la humanidad en el oscurantismo medieval; en el que no hagan
falta nuevas cruzadas para aprender a respetar a quienes tienen una idea distinta de Dios y la obra
de su creación; en el que compartamos solidariamente los frutos del progreso, cuidemos mejor los
recursos que aún quedan en el planeta y a ningún niño le falte un pan y una escuela.

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Con la esperanza en un hilo, lo saluda atentamente
Rigoberta Menchú Tum
Premio Nobel de la Paz
Embajadora de Buena Voluntad de la Cultura de Paz

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