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Ruth Casa Editorial no es una empresa imparcial o exenta de compro-
misos sociales. Nace en un momento muy especial de la historia univer-
sal, cuando la humanidad ha llegado al umbral de la catástrofe total o
del parto de una nueva civilización. No obedece a intención apocalíptica
alguna afirmar que este es el dilema que se dibuja en el horizonte.
Hoy hemos aprendido de nuestros fracasos que el trazado de la trans-
formación socioeconómica que puede conducir a un mundo mejor pasa
por una mudanza moral, que depende de la inteligencia que las genera-
ciones involucradas logren transmitirse en esta dirección y de la implan-
tación consecuente de una cultura de vida. Sin esto otra democracia, no
solo distinta, sino incompatible con la caricatura que ha prevalecido,
sería imposible. Con eso se compromete Ruth Casa Editorial, con un
mundo en el cual la libertad no pueda ser concebida fuera de la igualdad
y de la fraternidad, sino exclusivamente a partir de ellas.
El nombre de la editorial se inspira precisamente en aquel pasaje bí-
blico que nos invita a apreciar más generosamente el significado de la
solidaridad como virtud, y el núcleo de valores que nos impele al resca-
te y a la reflexión, a creer y a crear con coherencia, a decidir con lealtad
y valentía, y a restituir al ser humano toda su dignidad.
Ruth Casa Editorial quiere proclamar desde el comienzo mismo su
sentido de amplitud, sin fronteras, pero sin ambigüedades. Asocia su
proyección a los movimientos sociales y en particular al Foro Mundial
de Alternativas, sin constituir un órgano de este, ni contemplar restric-
ciones nacionales, continentales, sectoriales o institucionales. Con la
única aspiración de servir al impulso que reclama la marcha hacia un
futuro donde todos tengan cabida. Los lectores dirán si lo logramos.

FRANÇOIS HOUTART
Presidente

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Editora: Sandra Valmaña Lastres
Correctora: Nisleidys Flores Carmona
Directora Artística: Claudia Méndez Romero
Diagramadora: Nisleidys Flores Carmona

© Ruth Casa Editorial


© Sobre la presente edición:
Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, 2009
Ruth Casa Editorial
Todos los derechos reservados

ISBN: 978-9962-645-37-5
ISBN: 978-959-242-135-6

Prohibida la reproducción total o parcial, por cualquier medio, sin la autorización de Ruth
Casa Editorial. Todos los derechos reservados en todos los idiomas. Derechos Reservados
conforme a la ley.

Estimado lector, le estaremos muy agradecidos si nos hace llegar por escrito su opinión
acerca de este volumen y de nuestras ediciones.

Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello


Ave. de Rancho Boyeros, no. 63, Plaza de la Revolución,
La Habana, 10600, Cuba
e-mail: cidcc@cubarte.cult.cu

Ruth Casa Editorial


Calle 38 y ave. Cuba, edif. Los Cristales, oficina no. 6
apdo. 2235, zona 9A, Panamá
ruthcuadernos@forumdesalternatives.org
www.ruthcuadernos.org

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Editorial

Cada época genera sus urgencias críticas. El siglo XX finalizó con la


frustración rotunda de las esperanzas que había creado la Revolución
de Octubre y con el encumbramiento del imperialismo bajo el liderazgo
más absoluto de los Estados Unidos. Estos hechos resumen las comple-
jidades, la irracionalidad, los peligros y los desafíos de nuestro tiempo.
Desafíos para el pensamiento crítico y para la praxis.
Bajo el sello Ruth Casa Editorial se funda RUTH. CUADERNOS DE PEN-
SAMIENTO CRÍTICO, que se reconoce precisamente así, de pensamiento
crítico. Internacional por la naturaleza de la problemática que aborda,
por la determinación de las alternativas y por una obligada vocación de
universalidad. Tan universal debe aspirar a ser el proyecto como ha lle-
gado a ser el mundo del capital que luchamos por subvertir. Nada de lo
que ocurre en el tiempo que nos ha tocado vivir puede sernos ajeno.
Nada debe escapar al rasero de la reflexión comprometida.
Por tal motivo nos reconocemos, como publicación, bajo el signo de
la radicalidad revolucionaria, que diferenciamos de la radicalidad doc-
trinal. Rechazamos cualquier exclusión dogmática que margine el inge-
nio y el espíritu de búsqueda en el camino hacia el socialismo. Del mismo
modo que no podemos ceder a propuesta de tipo alguno que nos distan-
cie de la ruta hacia un mundo signado por la seguridad, la justicia, la
libertad y la equidad para todos los pueblos.

RUTH
CUADERNOS DE PENSAMIENTO CRÍTICO

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Índice

Trípo de
Trípode
13/ JULIO A. GARCÍA OLIVERAS: El movimiento estudiantil
antibatistiano y la ideología de la Revolución
24/ FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES: El Directorio, revolucionario de
su tiempo
51 / GLADYS MAREL GARCÍA PÉREZ: Mujer y Revolución:
Una perspectiva desde la insurgencia cubana (1952-1959)
77 / SERGIO LÓPEZ RIVERO: Emigración y Revolución (1955-1958)
120/ JORGE IBARRA CUESTA: Frank País y los orígenes del movimiento
revolucionario en Santiago de Cuba
140/ JULIO CÉSAR GUANCHE: El compañero señor Chibás
170/ LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY: Rafael García Bárcena:
La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
200/ RICARDO QUIZA MORENO: Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)
225/ CARIDAD MASSÓN SENA: Proyectos y accionar
del Partido Socialista Popular entre 1952 y 1958
248/ JORGE RENATO IBARRA GUITART: Enero-marzo de 1958:
Un trimestre de definiciones en la historia de Cuba
275/ REINALDO SUÁREZ SUÁREZ: Articulación del primer gabinete
revolucionario
302/ CARLOS ALZUGARAY TRETO: Colimando al caimán:
Cuba y Estados Unidos en 1959
343/ FIDEL CASTRO RUZ: Carta a Celia (5 de junio de 1958)
Palabra propia
344/ CARLOS ROMEO: Che
La linterna
379/ Informe del Fiscal en el Consejo de Guerra seguido
a Aníbal Escalante y 36 acusados más
Derroteros
405/ JOSÉ BELL LARA: Una sola revolución
413/ Manifiesto del Moncada

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419/ FIDEL CASTRO: No hemos hecho más que cumplir
lo que prometimos al pueblo
437 / Primera declaración de La Habana
443 / FIDEL CASTRO: El dilema: detenerse o seguir adelante
El dios de todos los nombres
449/ RENÉ CÁRDENAS MEDINA: Religión, producción de sentido y
Revolución
Fusil contra fusil
465/ Reunión bimestral (5 de diciembre de 1964)
Visiones
490/ ARIEL DACAL DÍAZ (coordinador): Simposio El significado de la
Revolución Cubana hoy

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Trípode

1959:
Una rebelión contra las oligarquías
y los dogmas revolucionarios

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La realidad de una revolución nada tiene que ver con el espectáculo de
un rayo que cae en cielo sereno. La revolución es el estallido de la acumula-
ción, del vendaval incubado en el subsuelo de la historia. Aunque una
revolución se presenta como un concierto donde el pasado y el presente
parecen perder densidad bajo la majestad del «futuro», el legado revolu-
cionario, la tradición construida, es esencial para cualquier voluntad
emancipatoria.
En el contexto de 1959, la polémica sobre el carácter de la ideología
revolucionaria no era una cuestión teórica: buscaba interpretar el margen
de lo aceptable dentro de esa Revolución. Dos años antes de declarar
Fidel Castro el carácter socialista de esta, el anticomunismo en Cuba te-
nía gran fuerza, aunque desde los años 30 diversas ideas del socialismo
aparecieran en las formulaciones de casi todos los programas partidistas.
El curso político seguido luego por la Revolución fue determinado por
las necesidades de la coyuntura, porque los proyectos previos de revolu-
ción fueron suficientemente diversos, en plataformas ideológicas y en los
medios que se entendieron necesarios para alcanzar el triunfo, como para
hacer imposible una normativa sobre el color ideológico del poder que se
constituiría en Cuba una vez alcanzada la victoria revolucionaria.
Reconstruir el mapa ideológico previo a 1959 contribuye a recuperar
la genealogía del socialismo cubano, de sus fuentes y de las condiciones
en que se fue dibujando su perfil hasta hoy.
En tal horizonte, nuestro dosier pretende contribuir a recolocar al
socialismo cubano ante su tradición nacional: parecerá una paradoja,
pero todos los ensayos de este volumen dan cuenta de silencios y au-
sencias. Esta es otra manera de contar una historia de la Revolución
Cubana, que recién celebra el 50 aniversario de su triunfo: una historia
de las ideas y las prácticas que la hicieron posible, pero también de las
vidas de los seres humanos que vivieron, lucharon y –en muchos casos–
murieron por ella.
Sin embargo, el interés no es solo historiográfico. Recuperar cuerpos
de pensamiento, desarrollos que no llegaron a completarse, retomar la
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diversidad propia del pensamiento cubano, cumple también funciones
hacia el futuro: reconocer cómo las opciones posibles cuentan con tra-
dición, pensadores y experiencias de lucha enraizadas en el país, para
así poder vincular esos legados con las necesidades del hoy.
Cuba vivió el siglo XX entre dos extremos: una modernización capita-
lista que situó sus estándares entre los primeros países de América Lati-
na, y la primera revolución socialista de Occidente.
La Isla había sido la última colonia tradicional y estrenó luego el estatus
neocolonial en la modernidad imperialista. Suerte de submetrópoli para
Latinoamérica –de la Isla se expandían hacia el continente políticas,
creaciones y productos estadounidenses–, sería acusada tras 1959 de ex-
portar revoluciones hacia América Latina en plena Guerra Fría y, de
hecho, vivió luego períodos de «hermandad» con la Unión Soviética
que la situaron, con no pocas contradicciones, en el regazo del «comu-
nismo internacional».
Ciertamente, el hecho revolucionario de 1959 encarnó un movimien-
to de liberación nacional orientado a la justicia social, por lo que sería
una de las primeras revoluciones que fusionó el anticolonialismo con el
socialismo. En su decurso, la Revolución Cubana consiguió expresar,
como diría Darcy Ribeiro, la «viabilidad del Tercer Mundo», en un esce-
nario en que tras 500 años ningún país latinoamericano consiguió el
confuso estatus de «país desarrollado».
Si es hora de refundar el socialismo, es necesario hacerlo desde la
historia vivida, desde las tragedias sufridas y desde las hazañas logradas
por la imaginación revolucionaria. Con este Cuaderno, queremos recor-
dar el legado que en la historia latinoamericana, aunque también en la
historia contemporánea, ha inscrito el proceso cubano, por haber mos-
trado la posibilidad de recorrer, en el mundo nacido de la opresión colo-
nial, caminos «civilizatorios» distintos al regido invariablemente por el
capitalismo. Con sus hechos, la Revolución Cubana contribuyó de modo
decisivo a que la historia del siglo XX fuese mucho menos oprobiosa,
pero por igual ha contribuido, en la misma escala, a liberar la historia de
lo que podemos vivir en el siglo XXI.

JULIO CÉSAR GUANCHE*

* Ha coordinado, junto a Fernando Martínez Heredia, Carlos Tablada Pérez, Alexander Correa
Iglesias y la Redacción de RUTH. CUADERNOS DE PENSAMIENTO CRÍTICO, el dosier «1959: Una
rebelión contra las oligarquías y los dogmas revolucionarios».

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RUTH No. 3/2009, pp. 13-23

JULIO A. GARCÍA OLIVERAS*

El movimiento estudiantil antibatistiano


y la ideología de la Revolución

El movimiento estudiantil revolucionario, correspondiente a la etapa de la tiranía de Batista,


fue uno de los motores importantes de la movilización política y de la etapa histórica en que se
alcanzaría la victoria. Sin embargo, cuando se tratan las luchas estudiantiles de esos años
usualmente se destacan los procesos de protesta política, huelgas y manifestaciones, pero muy
poco se ha escrito sobre sus proyecciones políticas e ideológicas, factor fundamental que dio lugar
e impulsó la lucha estudiantil. Este texto hará un breve recuento de los aspectos políticos e
ideológicos de manera que se evidencie la integración en una unidad inquebrantable entre el
pensamiento y la acción.

Consideramos de gran significación histórica destacar el desarrollo polí-


tico-ideológico del movimiento estudiantil en la etapa de la lucha con-
tra la segunda tiranía batistiana, de 1952 a 1958. Este aspecto tiene
particular trascendencia porque hemos visto que, en recientes trabajos
y libros, en los que se pone atención a los aportes de carácter ideológico
de los años 30, 40 o 50, que nos condujeron a la revolución socialista,
no se toma en cuenta el proceso en que se encontraba en el movimiento
estudiantil antibatistiano y la indiscutible influencia que tendría como
parte del pensamiento revolucionario general. Es posible que esto se
deba a desconocimiento o quizás a falta de suficiente estudio al res-
pecto.
Si entendemos que el movimiento estudiantil revolucionario, corres-
pondiente a la etapa de la tiranía de Batista, fue uno de los factores
importantes de la movilización política y, sin discusión, de la etapa

* (Cuba, 1931). Arquitecto y Doctor en Ciencias Económicas. Participante en la lucha estu-


diantil contra la dictadura de Batista y fundador junto a José Antonio Echeverría del Direc-
torio Revolucionario. Comandante, miembro de la Dirección Nacional de la Asociación de
Combatientes de la Revolución Cubana. Ha escrito varios libros y numerosos artículos sobre
la lucha estudiantil.

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histórica del movimiento estudiantil cubano en que se alcanzaría la vic-
toria, es obvio que el tema demanda que se tome en cuenta su aporte a
la ideología revolucionaria. Cuando se tratan las luchas estudiantiles de
esos años, usualmente se destacan los procesos de protesta política,
huelgas y manifestaciones, el ataque al Palacio Presidencial el 13 de
Marzo o quizás las actividades guerrilleras en el Escambray. Pero muy
poco se ha escrito sobre sus proyecciones políticas e ideológicas. Y sin
embargo, como se puede comprender, este es un factor fundamental
que dio lugar e impulsó la lucha estudiantil.
Cuando estudiamos ese proceso tenemos que destacar –en primer
lugar– el papel relevante que ocupó la figura de Julio Antonio Mella
para el movimiento estudiantil en general y, particularmente, para su
sector más importante y trascendente, el movimiento estudiantil revo-
lucionario. No se puede olvidar que, después del golpe militar, el 15 de
abril de 1953, la primera manifestación genuinamente revolucionaria y
combativa se efectuaría en desagravio a la profanación del busto del
fundador de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). Esa mani-
festación adquiriría trascendencia histórica, pues en la misma iba a ser
asesinado el estudiante de Arquitectura Rubén Batista Rubio, el primer
mártir del batistato quien, al igual que Rafael Trejo en 1930, se iba a
convertir en bandera de combate del estudiantado y de todos los revo-
lucionarios. La figura de Mella siempre fue acogida con respeto por la
masa estudiantil universitaria. En el Salón de los Mártires de la FEU
estuvo permanentemente tras la presidencia su imagen fotográfica, jun-
to a la de los ocho estudiantes de Medicina, fusilados por los españoles
en 1871.
Trataremos de dar respuesta a la pregunta de por qué luchaban los
estudiantes cubanos.
Al producirse el cuartelazo de Batista de 1952, la aspiración popular
en nuestro país –incluyendo al estudiantado– estaba centrada en el sur-
gimiento de un gobierno democrático, según el concepto de aquella épo-
ca, que se sustentaba en la Constitución de 1940. Instrumento que se
consideraba el fundamento positivo para la vida de la República. Esta
aspiración era especialmente importante después de 11 años de dicta-
dura –directa o indirecta– de Fulgencio Batista. El anhelo de los cuba-
nos se concentraba en el mantenimiento de un proceso político estable
y en la instalación de un gobierno honrado que trabajara por el bien del
pueblo. Ni el Partido Socialista Popular (PSP) de los comunistas apun-
taba en su programa a una revolución radical.
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En ese contexto se produjo el golpe que inesperadamente echó abajo
tales aspiraciones. La asonada militar interrumpió el proceso democrá-
tico y constitucional que, en cierta forma, se había recuperado después
de 1944, con los sucesivos mandatos de Grau y de Prío, independiente-
mente de sus conocidas deformaciones. Por otra parte, reinstalaba a
Batista, con su carácter dictatorial y su repudiada historia de crímenes
de la etapa anterior.
La primera reacción generalizada, y en particular del estudiantado,
fue enfrentar el golpe y tratar de salvar el proceso democrático. Estaban
muy presentes los vicios de los gobiernos auténticos –corrupción, poli-
tiquería, gansterismo– pero en esa etapa inicial el objetivo político su-
bordinaba esos problemas a la recuperación del estatus constitucional.
La declaración de la FEU del 14 de marzo de 1952 refleja claramente
este objetivo.
Dentro del movimiento estudiantil, en los meses que siguieron al 10 de
Marzo, se podrían distinguir varias tendencias: una –que siguiendo a

JULIO A. GARCÍA OLIVERAS / El movimiento estudiantil antibatistiano y la ideología de la Revolución


Lenin se calificaría de «academicista»– de quienes se preocupaban solo
por terminar sus estudios y abandonar la Universidad; otra parte que
rechazaba a la dictadura de Batista, pero que apostaba por una solución
política, es decir, una posible concesión de Batista o quizás una convo-
catoria a elecciones, según sus promesas iniciales después del golpe. En
este grupo no se podrían desconocer las tendencias vigentes de la poli-
tiquería y las aspiraciones a ocupar cargos gubernamentales, que exis-
tían entre los dirigentes estudiantiles de aquella época; esta posición se
pone de manifiesto en algunas declaraciones de la FEU. Y finalmente,
un tercer grupo que se oponía totalmente al cuartelazo, y que desde el
primer momento proclamaría la resistencia armada, al que se afiliaría
José Antonio Echeverría.
En el plano político-ideológico la situación descrita se va a extender
por algunos meses. La acción del Moncada, el 26 de julio de 1953, pu-
diera tomarse, desde la perspectiva histórica, como el punto de inflexión
a partir del cual comenzaron a surgir, y se harían fuertes, las nuevas
aspiraciones, que con el tiempo constituirán las bases del proyecto re-
volucionario cubano. El impacto del Moncada sacudió tanto a la juven-
tud, y en nuestro caso a la juventud estudiantil, como a todos aquellos
que tenían sentimientos patrióticos honestos. Lo extraordinario del he-
cho en sí, y los crímenes que lo sucedieron, hicieron desaparecer por
completo cualquier esperanza con respecto a Batista o a una posible

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solución aceptada por él. Se renovó, violentamente, su imagen criminal
y represiva. Por otra parte, en los meses transcurridos desde el golpe
militar no había aparecido ninguna señal de cambio respecto a la políti-
ca tradicional que lo situara en contraste con los gobiernos que lo ha-
bían precedido. Algunos ciudadanos habían acariciado la ilusión de que
el dictador militar pusiera coto a la formidable corrupción y los desór-
denes de los gobernantes auténticos.1
Otra consecuencia directa del Moncada fue poner de manifiesto que
la juventud tendría que tomar la iniciativa en el proceso político, que a
partir de ese momento podría calificarse de proceso revolucionario na-
ciente. Esto va a incidir de manera fundamental sobre el movimiento
estudiantil. Después del Moncada, en los sectores más revolucionarios
del estudiantado, en particular la Universidad, se iniciará gradualmente
una toma de conciencia de que la problemática que se enfrentaba no
solo se limitaría a la derrota del batistato, sino que el esfuerzo y el sacri-
ficio que demandaría debería alcanzar cambios más profundos.
Se hacen presentes y se renovarán de manera gradual los ideales de la
Generación del 30, tan vigentes en la Universidad, que se van a unir
indisolublemente, con las frustraciones de todo nuestro proceso repu-
blicano desde 1902. Uno de los responsables de esta temprana toma de
conciencia será Raúl Roa. Su libro Pluma en ristre circuló muy temprano
entre los estudiantes revolucionarios. En las condiciones subjetivas de
aquellos momentos fue un catalizador que nos puso en contacto con los
años 30. A esta lectura siguieron Bufa subversiva, Escaramuzas en las víspe-
ras y otros de sus trabajos que sirvieron para divulgar la tradición estu-
diantil revolucionaria. La presencia en la Colina2 de otros veteranos de
la lucha contra Machado como Rafael García Bárcenas y Willy Barrientos
también influyó.
En la búsqueda de las necesarias referencias, muy pronto había surgi-
do ante nosotros la figura del profesor Roa. Bien conocido en la Univer-
sidad, gozaba de gran prestigio dentro del claustro de profesores, era
una personalidad de renombre internacional en el mundo intelectual,
particularmente latinoamericano, y en especial gozaba de la simpatía de
los estudiantes.

1
Por auténticos se refiere al Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) [PRC (A)] [n. de la R.].
2
La Universidad de La Habana, por su ubicación, se conoce familiarmente como «la Colina» [n.
de la R.].

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Roa no nos legó un máuser, pero con su extensa obra contribuyó a
situarnos en el camino correcto de la Revolución Cubana.3 Fue el «agente
transmisor» de las proyecciones políticas e ideológicas de la heroica
Generación del 30 –de la que no se había ido a bolina–,4 del ejemplo de
su héroes y de sus mártires. Con ello habría de transmitir también el
legado de nuestros luchadores por la independencia; así tomamos con-
ciencia de que a nuestra generación le correspondía, si no completar, al
menos llevar adelante la obra iniciada en Yara.
Por la vía de Roa nos llegaron los primeros acercamientos a las ideas de la
izquierda. En una etapa de intensa búsqueda y lectura, los trabajos de
Mella y de Rubén Martínez Villena se hicieron comunes entre los miem-
bros del movimiento estudiantil y con ellos los primeros esclarecimientos
sobre el pensamiento marxista-leninista. Esto no quiere decir que en el
mundo universitario integrado por estudiantes, que como señalara Lenin
son parte de la intelectualidad, otros compañeros no avanzaran en la
formación de su conciencia política por vías más formales y con el estu-

JULIO A. GARCÍA OLIVERAS / El movimiento estudiantil antibatistiano y la ideología de la Revolución


dio de las obras de los clásicos del marxismo-leninismo. En cuanto al
grupo que se va a reunir en torno a José Antonio Echeverría –como
punto de referencia– se puede apreciar objetivamente un desarrollo pro-
gresivo del pensamiento en el campo político-ideológico a través de sus
declaraciones y manifestaciones públicas. Todo esto puede constatarse
ya que la FEU y la Universidad, por razones históricas, siempre se mantu-
vieron en el punto focal de la prensa cubana.
Al hacer el balance del aporte revolucionario de Raúl Roa a nuestra
generación, debemos subrayar su decisiva contribución al encarrilamiento
de nuestro ideario político en la línea principal del pensamiento revolu-
cionario cubano. En este sentido debemos destacar que sus prédicas se
fundamentan en esa trilogía magnífica que va de Martí a Mella y de
Mella a Rubén Martínez Villena. En ese trío se reúne y profundiza lo
más trascendente del pensamiento patriótico independentista y su ine-
vitable evolución a la alternativa socialista y de izquierda, que consoli-
da el sentido antimperialista de la Revolución. Roa a través de su obra
establece el vínculo indispensable en el desarrollo de la filosofía del pro-
ceso político e histórico cubano. Debo reiterar que esto no termina en
3
Ver Julio A. García Oliveras: «Al camarada Raúl Roa, que con su palabra nos legó el máuser»,
Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba, La Habana, 2007; ene.-jul.
4
El autor dialoga con el título de un libro de Raúl Roa sobre la Revolucion del 30, titulado La
Revolución del 30 se fue a bolina [n. de la R.].

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Roa, sin embargo sus trabajos abrían las puertas y eran un primer paso
para nosotros en el camino hacia un desarrollo ideológico posterior.
Es después del Moncada cuando Fidel y Raúl Castro van a prisión,
que José Antonio decide aspirar a la presidencia de la FEU y bajo esa
bandera impulsar un gran movimiento estudiantil, incluyendo a los es-
tudiantes secundarios, hasta convertirlo en una poderosa arma de lucha
política y de masas contra la dictadura. A partir de ese momento co-
mienza a aparecer en su discurso un concepto nuevo, «Revolución Cu-
bana», que gradualmente irá tomando forma y estructura, hasta
convertirse en un proyecto revolucionario con la creación del Directo-
rio. En el aspecto que hoy tratamos, la proyección política e ideológica,
esto no será un camino fácil ni lineal. Hay que evitar los giros literarios
y tratar de ajustarse objetivamente a la verdad, con sus altas y sus bajas,
con sus avances y retrocesos. No se puede olvidar que, aun dentro de lo
que podemos calificar de movimiento estudiantil revolucionario, el pen-
samiento era heterogéneo. Sin embargo, una muestra del desarrollo de
la filosofía política dentro del grupo que se reúne alrededor de Echeverría
se enuncia ya en el mitin convocado a fines de 1955 por la Sociedad de
Amigos de la República (SAR), en la que el presidente de la FEU dirá:
«Mantenemos que únicamente una transformación profunda de nuestra
realidad política, económica y social, puede ser la cura de los males de
nuestra patria». A las pocas semanas vuelve a expresarse en esa misma
dirección. El 24 de febrero de 1956, al proclamar la fundación del Di-
rectorio Revolucionario5 en el Aula Magna de la Universidad precisa:
«¿Qué cubano no comprende la necesidad de juntarse en un pensamiento
único verdaderamente renovador del sistema político, económico, so-
cial y jurídico, para que la revolución iniciada por Joaquín Agüero y
nunca concluida hasta ahora, sea un paso hacia la conquista de la liber-
tad política, la independencia económica y la justicia social?»6 Sobre
estas premisas se irá consolidando la orientación político-ideológica del
movimiento estudiantil revolucionario.
Aspectos concretos sobre el imperialismo, el papel rector del Estado,
la planificación y el apoyo al movimiento obrero se irán concretando a
lo largo de la lucha estudiantil. En este sentido son importantes los
pronunciamientos aparecidos en las declaraciones de Echeverría al Diario

5
Ver J. A. García Oliveras: José Antonio Echeverría: la lucha estudiantil contra Batista, Editora
Política, La Habana, 1979.
5
Ídem.

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Nacional el 13 de febrero de 1955, bajo el título «Debemos ir a la fase
industrial». Al señalar que la tarea de ese tiempo era consolidar la eco-
nomía de la nación cubana ya que el cuadro –escribe– se presenta an-
gustioso por la reducción de la cuota azucarera por parte de Estados
Unidos, afirma que es hora de que Cuba se levante y reclame un trato
justo de aquel país. Critica la posición de algunos de esperar ayuda de
Estados Unidos. Ese país –dice– no estará dispuesto a realizar transac-
ciones que no les sean favorables. Echeverría subraya que la situación
económica de Cuba no debe seguir vinculada a una sola industria y hace
especial énfasis en la urgencia de planificar la economía del país. Expo-
ne que será necesario hacer una revolución en las mentes y que el Esta-
do tendrá que asumir el papel de impulsar la industrialización. En sus
propuestas señala que Cuba en sí misma puede ser un mercado pequeño
para una gran industrialización, pero que podían hallarse mercados en
América Central y América del Sur, coordinando nuestra economía con
la de algunos países latinoamericanos. El artículo termina diciendo: «mejor

JULIO A. GARCÍA OLIVERAS / El movimiento estudiantil antibatistiano y la ideología de la Revolución


que estar pidiendo favores a los Estados Unidos es el exigirnos más a
nosotros mismos para lograr nuestro desarrollo».
La proyección antimperialista, herencia directa del legado de José
Martí, encontrará expresión definitiva en el gran acto «Contra las dic-
taduras de América» efectuado en el Aula Magna de la Universidad, el
9 de marzo de 1956,7 en que el presidente de la FEU, entre otras cosas,
denuncia la política de intervención que se proyecta con la creación de
la zona de influencia tan defendida por los nuevos gendarmes de las
empresas extranjeras que explotan y destruyen las riquezas nacionales.
Y finalmente, en el «Manifiesto del Directorio Revolucionario» apareci-
do en el periódico Alma Mater en marzo de 1956 que expresa: «La Revo-
lución Cubana en lo económico va a la estructuración de un sistema
que libere de la injerencia del capital imperialista extranjero».
La participación de Echeverría, Fructuoso Rodríguez y otros estu-
diantes cubanos en la acción internacionalista en Costa Rica, en enero
de 1955, durante el rechazo a la agresión del tirano Anastasio Somoza
de Nicaragua, apoyada por Estados Unidos, es un ejemplo histórico de
la posición del estudiantado cubano contra la estrategia imperialista.

7
J. A. García Oliveras: José Antonio Echeverría: la lucha estudiantil contra Batista, ob. cit. (en n. 5).

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Es conocida la vinculación tradicional de la Federación Estudiantil
Universitaria, desde los tiempos de Mella, con el movimiento obrero.
Aun en los años más confusos de los procesos políticos nacionales, la
FEU mantuvo su vinculación con los trabajadores. Esta se incrementó
con la presidencia de Echeverría y alcanzó su más alta expresión en el
apoyo a los trabajadores bancarios en 1955 y sobre todo en la participa-
ción de los estudiantes y el Directorio en la gran huelga de los trabaja-
dores azucareros de diciembre de 1955. Esta alianza quedaría reflejada
en las declaraciones de Echeverría aparecidas en la prensa el 1ro. de
enero de 1956, en las que destacaba que durante la huelga azucarera se
habían cerrado lazos estrechos con la clase trabajadora a la que «damos
la seguridad de que no abandonaremos en su lucha por las mejoras sin-
dicales».8
Ya advertimos que ese desarrollo no se ajusta a una línea recta y per-
fecta, como suele leerse en los manuales que tuvimos que estudiar, pero
se va desplegando una trayectoria ascendente y progresiva de un proce-
so dialéctico en el que influyen factores internos y externos, que consti-
tuyen las firmes bases para un proyecto socialista y democrático que se
irán sentando paso a paso.
En nuestro análisis surge una pregunta: ¿además de los enemigos de
clase –burguesía y otros sectores reaccionarios– eran los cubanos real-
mente anticomunistas? Esta opinión requeriría un tratamiento cuidado-
so. Sin extendernos demasiado al siglo XIX y los acercamientos a los
primeros ideales socialistas de Carlos Baliño y Diego Vicente Tejera, no
se puede discutir que las influencias de las ideas de Marx encontraron
acogida, de una forma u otra, entre los trabajadores cubanos y ciertos
sectores de la intelectualidad. Así lo afirma Blas Roca en su obra Los
fundamentos del socialismo en Cuba: «Hacia la década del 80 del siglo pasa-
do (XIX) comienzan a extenderse y a penetrar en el movimiento obrero
cubano las doctrinas marxistas [y precisa más adelante] desde entonces,
y al compás del desarrollo de los modos capitalistas de producción, el
marxismo comenzó a ganar el predominio ideológico entre las masas
laboriosas cubanas». El triunfo de la Revolución de Octubre en Rusia y
el surgimiento de la Unión Soviética fueron un hecho que tendría reper-
cusión en todas partes del mundo. En 1925 nació el primer Partido
Comunista de Cuba, en cuya creación, además de Baliño, desempeñaría
un papel fundamental Julio Antonio Mella.

8
J. A. García Oliveras: José Antonio Echeverría: la lucha estudiantil contra Batista, ob. cit. (en n. 5).

20

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Al considerar estos antecedentes de la situación general es muy im-
portante tener en cuenta los acontecimientos que se producían en el
mundo en esos años y que tendrían gran influencia en Cuba. La termi-
nación de la primera gran conflagración internacional, la Primera Gue-
rra Mundial, dejó una estela de muerte y desastres sociales y económicos.
Esta hecatombe traería funestas secuelas. En el campo económico, tras
sucesivas convulsiones, se originaría en los países capitalistas la gran
crisis económica de 1929. Esta crisis no solo afectaría a los países capi-
talistas, sino que se extendería al mundo colonial y semicolonial, que en
definitiva eran partes del mismo sistema. Una situación de hambre, de-
sempleo y muerte afectaría prácticamente a todo el orbe. Frente a esa
terrible realidad, a los ojos de los hombres y mujeres del planeta, surgía
una esperanza en la forma de un nuevo sistema –el Socialismo– que en
la Unión Soviética mostraba los primeros éxitos en el campo económico y
social con sus planes quinquenales, a diferencia de lo que estaba ocu-
rriendo en el resto del mundo. No se puede disminuir la trascendencia

JULIO A. GARCÍA OLIVERAS / El movimiento estudiantil antibatistiano y la ideología de la Revolución


de este hecho que atraía el interés de millones de personas, hasta en los
pueblos de los países más desarrollados y en el propio Estados Unidos.
Bajo esta realidad crecieron y se fortalecieron las tendencias mundia-
les de la izquierda, en primer lugar entre los trabajadores, pero también
entre otros sectores de la sociedad y de la intelectualidad en particular.
En la misma Cuba importantes personalidades, a las que no se les pue-
de achacar ideales comunistas, escribirían impresionantes descripcio-
nes de los avances del socialismo en la Unión Soviética, por ejemplo
Sergio Carbó en su libro Mi viaje a la Rusia roja, de 1928, o Ramón
Vasconcelos en La URSS y el ensayo ruso, de 1937. Trabajos que recogen
extraordinarios elogios a los logros de la Revolución Rusa. No por otras
razones Pablo de la Torriente Brau, al hacer un detallado análisis de la
situación política en Cuba en 1936, no vaciló en afirmar que: «La revo-
lución con proyección hacia el socialismo comprende una serie de gru-
pos que, si ocasionalmente son los menos numerosos, están destinados
de manera absoluta a ser los de filas más nutridas, porque el pueblo va
hacia el socialismo, es decir hacia donde van ellos».9
Aunque indiscutiblemente existían actitudes anticomunistas entre los
cubanos, determinadas sin lugar a dudas por intereses de clase en la

9
Ver Pablo de la Torriente Brau: «Álgebra y política», Cartas cruzadas, Editorial Letras Cubanas,
La Habana, 1981.

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burguesía y los sectores reaccionarios –o quizás por ignorancia–, la gran
mayoría del pueblo no estaba prejuiciada ideológicamente contra el co-
munismo o el marxismo sino que, fundamentalmente, se habían creado
reservas en cuanto al partido de los comunistas, Partido Socialista Po-
pular, como ha indicado Fidel,10 ya que acumulaba sobre sí los errores
correspondientes al haber actuado disciplinadamente como Sección de
la Internacional Comunista. La Komintern en muchas ocasiones trazó
directivas que no correspondían a la situación concreta de Cuba o que
se contraponían a los verdaderos intereses revolucionarios en el país.
Esto no solo sucedió en Cuba, similares problemas se produjeron en
China o en Alemania. Al crearse esta organización en 1919, los partidos
comunistas pasaron a ser Secciones de la Internacional y a actuar bajo
una estrategia común.11 Pero la semilla del socialismo había quedado
bien sembrada en nuestra patria. Solo así se puede entender el entusias-
mo del pueblo cubano al proclamarse la Revolución Socialista en Cuba,
en abril de 1961. El sacrificio y la sangre de miles de cubanos dan testi-
monio de la fidelidad al socialismo de nuestro pueblo.
Para la adopción de un proyecto político para nuestra generación hubo
un antecedente adicional, quizás más claro y directo: la República
–mediatizada, neocolonial o pseudorrepública–, con su democracia re-
presentativa y economía de mercado, no había logrado resolver los pro-
blemas básicos del país en más de 50 años. El movimiento estudiantil
revolucionario, que participó activamente en la lucha contra la segunda
dictadura de Batista, el que se integró en el Directorio Revolucionario
fundado por José Antonio Echeverría, en su proyecto político ideológi-
co fue consecuente con las ideas revolucionarias más avanzadas de la
época. Así, queda constancia en su «Manifiesto al pueblo de Cuba» pu-
blicado en el periódico Alma Mater de abril de 1956, que establecía
claramente entre sus objetivos fundamentales la lucha por el socialis-
mo. Es decir, los estudiantes cubanos lucharon por el socialismo. Así
expone dicho manifiesto:
La Revolución es el cambio integral del sistema político, económi-
co, social y jurídico del país y la aparición de una nueva actitud

10
Fidel Castro Ruz: En esta Universidad me hice revolucionario, discurso en el Aula Magna de la
Universidad de La Habana, 4 de septiembre de 1995, Oficina de Publicaciones del Consejo de
Estado, La Habana, 2000.
11
Ver La Internacional Comunista. Ensayo histórico, Editorial Progreso, Moscú [s. f.].

22

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sicológica y colectiva que consolide y estimule la obra revolucio-
naria.
[...]
La Revolución se asienta sobre principios fundamentales de Liber-
tad Política (Democracia), Independencia Económica (Naciona-
lismo) y Justicia Social (Socialismo) [...].

La táctica revolucionaria del movimiento estudiantil se llevaría ade-


lante sobre dos principios fundamentales: la vía insurreccional, que da-
ría lugar a la organización del Directorio, y la línea unitaria, que se
materializaría con la firma de la «Carta de México», en agosto de 1956.
Hasta aquí un breve recuento de los aspectos políticos e ideológicos
del movimiento estudiantil revolucionario en la etapa de la lucha contra
la tiranía batistiana. De esa forma quedó integrada la unidad inquebran-
table entre el pensamiento y la acción.

JULIO A. GARCÍA OLIVERAS / El movimiento estudiantil antibatistiano y la ideología de la Revolución

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RUTH No. 3/2009, pp. 24-50

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES*

El Directorio, revolucionario de su tiempo

La historiografía cubana está urgida de contar con una obra que reconstruya íntegramente el
desempeño de la segunda organización insurreccional en importancia durante todo el proceso de
lucha: el Directorio Revolucionario. Debemos reflejar en toda su complejidad el devenir de la
Revolución Cubana, pues en la medida que entendamos y dilucidemos las dificultades y diferen-
cias que debieron superarse en asuntos tan vitales como el de la unidad revolucionaria, por
ejemplo, podremos aquilatar la grandeza y el talento político de sus hacedores, y la Historia
como ciencia podrá cumplir su verdadero objetivo formador en lo social.

La historia de la Revolución Cubana, en el período comprendido del


10 de marzo de 1952 al 1ro. de enero de 1959, esto es, la lucha contra la
segunda dictadura de Fulgencio Batista, si bien ha sido profusamente
investigada, presenta algunos espacios no estudiados cabalmente, por
motivos de diversa índole. Estas lagunas, que entorpecen la compren-
sión de nuestro proceso revolucionario, se traducen muchas veces en
omisiones de personalidades históricas o tergiversaciones de aconteci-
mientos.
Uno de los temas más apasionantes de la Revolución Cubana y que
exige un tratamiento más serio y abarcador, es la participación del Di-
rectorio Revolucionario (DR) en el enfrentamiento a la tiranía batistiana.
La historiografía cubana está urgida de contar con una obra que recons-
truya íntegramente el desempeño de la segunda organización insurrec-
cional en importancia durante todo el proceso revolucionario, con
presencia en varias regiones del país, y que hizo aportes significativos a
la victoria, los cuales incluyen una importante cronología de acciones
combativas y una impresionante nómina de mártires.

* (Cuba, 1981). Máster en Estudios Cubanos y del Caribe. Profesor de Historia de América de
la Universidad de Oriente. Es coautor de los títulos Nombrar a Martí y Nuevas voces de la
historiografía santiaguera. Tiene en preparación un libro sobre el Directorio Revolucionario 13 de
Marzo.

24

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Comparto con un amigo y colega de reconocido prestigio la convic-
ción de que el debate acerca de nuestra historia, sobre todo la del perío-
do insurreccional y los primeros años posteriores al triunfo rebelde de
1959, constituirá cada vez con más fuerza en el futuro inmediato uno
de los campos de batalla política fundamentales en la defensa de la
Revolución Cubana.
Enfrentar con éxito la guerra de pensamiento en el ámbito de las
ciencias sociales se dificultaría con una historiografía omisiva, elusiva,
edulcorada, en la que no existan contradicciones intra e interorganiza-
ciones, donde se idealicen determinadas figuras o se hiperbolice su sig-
nificado mientras son denostadas o suprimidas otras y se les desconozcan
sus méritos de entonces, al tiempo que se deformen o silencien algunos
hechos para ajustarlos a un discurso preestablecido.
Debemos reflejar en toda su complejidad el devenir de la Revolución
Cubana, pues en la medida que entendamos y dilucidemos las dificulta-
des y diferencias que debieron superarse en asuntos tan vitales como el
de la unidad revolucionaria, por ejemplo, podremos aquilatar la grande-
za y el talento político de sus hacedores, y la Historia como ciencia
podrá cumplir su verdadero objetivo formador en lo social.

Torrente en la Colina

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES / El Directorio, revolucionario de su tiempo


A partir del 10 de marzo de 1952 el pueblo cubano entraba en una de
las dictaduras más terribles que haya sufrido. El golpe de Estado dirigi-
do por Fulgencio Batista Zaldívar echaba por tierra el régimen de de-
mocracia burguesa inaugurado con la Constitución de 1940, y con él, la
posibilidad de alcanzar mediante la contienda política, los objetivos trans-
formadores congruentes con las aspiraciones martianas.
La dictadura de Fulgencio Batista le cerró las puertas a una salida
institucional, «democrática», a los problemas del país. El reformismo
burgués cubano había tenido 12 años para demostrar su inoperancia y
su carácter corrupto y dependiente.
La frustración de las esperanzas populares abiertas con la Constitu-
ción de 1940 y la elección de gobiernos auténticos llegaría a su punto
más álgido a partir del 10 de marzo de 1952. El madrugonazo echaba
las últimas paletadas de tierra a un modelo republicano en crisis y
deslegitimado. Ello explica el tránsito relativamente breve recorrido por

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la nueva generación revolucionaria entre las tempranas demandas de
retorno a la constitucionalidad y los reclamos de un cambio más com-
pleto de todo el estatus económico, político y social de la nación, inclu-
yendo el orden imperante antes del golpe, lo que se dio en llamar «el 9
de Marzo».
La generación llamada del Centenario, los jóvenes que en 1953 con-
memoraban un siglo del nacimiento de José Martí, era la misma que
solo un año antes había asistido al cincuentenario de la República. De la
misma República, negación del ideal revolucionario libertador, que ahora
sumaba a sus taras tradicionales la reedición de una dictadura que se
superaba a sí misma en cuanto a represión, libertades públicas concul-
cadas y la más descarada corrupción.
Esta generación que llegaba a la juventud con el Centenario del Após-
tol tenía ante sí una tarea similar a la del Maestro: el enfrentamiento a
un poder despótico que se aferraba obstinadamente al dominio del país.
Y como él, tuvo que recurrir a la forma más viable y efectiva en nuestro
medio y momento de lucha bajo una tiranía: la violencia revolucionaria,
la guerra necesaria.
Uno de los centros más importantes de actividad revolucionaria de
esta hornada de jóvenes fue la Universidad de La Habana. Desde el
principio se constituyó en uno de los focos fundamentales de oposición
al golpe batistiano. En su seno hallaron abrigo y trinchera todos los
sectores rebeldes, que desde el mismo inicio de la resistencia alzaban a
Martí como bandera de lucha.
A solo cuatro días del madrugonazo, la Federación Estudiantil Uni-
versitaria (FEU) emitía una declaración de principios en la que definía
su postura de enfrentamiento al régimen. La radicalidad de este docu-
mento lo coloca, junto a los pronunciamientos de Fidel, entre las res-
puestas más firmes al golpe, en medio de tibiezas y ambigüedades en las
declaraciones de condena. Lo encabezaba, a modo de exergo, un pensa-
miento martiano que vendría a ser eje rector de la actitud estudiantil
durante todo el proceso revolucionario: «El estudiantado es el baluarte
de la libertad y su ejército más firme».1 Se aprecia la vinculación de sus
postulados con las tradiciones de la generación libertadora cuando de-
clara que «el estudiante cubano mantendrá su acatamiento y reverencia
solamente a los símbolos que los mambises nos trajeron ensangrenta-

1
Hilda Berdayes: «Declaración de principios de la Federación Estudiantil Universitaria», Papeles
del Presidente (compilación), Casa Editora Abril, La Habana, 2006, p. 13.

26

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dos del campo de batalla por la libertad».2 O sea, en el aspecto simbóli-
co, oponía a la dictadura y sus íconos, tales como la enseña cuartelaria
del 4 de Septiembre, los atributos de la nacionalidad cubana: himno,
bandera y escudo.
A un mes del golpe, Batista pretendía darse un ropaje legal con la
implantación de unos Estatutos Constitucionales que eran imagen y
semejanza de su dictadura. Coyuntura que aprovechó la FEU para blan-
dir como espada frente al régimen la reivindicación de la Constitución
de 1940, hecha añicos con la asonada. La estrategia era oponer la legiti-
midad constitucional a la ilegalidad del poder detentado por un crimi-
nal. De tal forma la organización universitaria desarrollaría de abril a
junio una campaña nacional denominada Jura de la Constitución, en la que
miles de cubanos a lo largo de todo el país firmaban su apego a la Carta
Magna y enviaban una clara señal de rechazo al gobierno golpista.
Un sector de la dirigencia estudiantil pretendía que la protesta no
rebasara los marcos de la denuncia cívica, de la condena pública que no
molestara demasiado al tirano y por eso sus constantes referencias a
recuperar la marcha democrática del país. O sea, para ellos estaba mal
la dictadura pero no el rejuego político que les permitiera acceder a
puestos y prebendas. Nada más lejos de sus propósitos que una revo-
lución. En cambio los estudiantes radicales, aunque apelaban a la
constitucionalidad como resorte para acicatear la conciencia popular,

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES / El Directorio, revolucionario de su tiempo


comprendían, en la medida que avanzaba la lucha, que sus objetivos
debían trascenderla. Para este grupo quedaba descartada cualquier tran-
sacción con el régimen y solo cabía su derrocamiento a través de la
violencia revolucionaria.
Justamente por eso, fue su participación en las recogidas de firmas y
los juramentos de la Constitución lo que llevó a la campaña de las de-
mostraciones pacíficas pretendidas inicialmente a actos de combate
contra el batistato. El impulso rebelde de los universitarios fue dura-
mente reprimido y muchos de los participantes en la jornada de protes-
tas terminaron tras las rejas.
Durante estos meses de 1952 y todo el año 1953 las actividades ofi-
ciales de la FEU, si bien se declaraban de forma explícita opositoras y
condenatorias de la tiranía, no salían en su mayoría del ámbito estricta-
mente universitario y algunos dirigentes trataban de frenar la energía
revolucionaria de las masas estudiantiles.
2
Ibíd., p. 14.

27

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La mayoría del estudiantado radical, los partidarios de la insurrección
armada frente a la tiranía, se agrupan alrededor de José Antonio
Echeverría, quien empieza a distinguirse como la figura cimera del mo-
vimiento revolucionario que emerge en la Colina. Su talento, carisma
personal y sus virtudes como organizador le permiten aunar a una bue-
na parte de los universitarios que, aún dispersos por las distintas escue-
las, manifiestan su rechazo a la situación imperante en el país. Dos
elementos sirven de denominador común: 1) Batista solo será derrota-
do por la acción armada, y 2) su caída no puede entrañar un regreso al
9 de Marzo, pues Cuba exige con urgencia una revolución nacional que
transforme radicalmente el orden político, económico y social que ha
conocido en su medio siglo de vida republicana. Muchos no compren-
den todavía cabalmente qué tipo de revolución pretenden, cuáles serán
sus dimensiones y alcances. No saben todavía muy bien lo que quieren
lograr, pero sí tienen bastante claro lo que no quieren.
La línea estratégica a seguir sería la de prepararse para la insurrec-
ción. El objetivo de José Antonio era consolidar un núcleo revoluciona-
rio en la Universidad dispuesto permanentemente para la acción. De
forma paralela, Echeverría plantea la necesidad de llevar a este grupo a
la máxima dirigencia de la FEU y a sus principales cargos, para desde
allí facilitar y darle mayor impulso a los planes insurreccionales. Sus
pretensiones diferían radicalmente de los jóvenes con aspiraciones poli-
tiqueras que se proponían llegar a los más importantes puestos de repre-
sentación estudiantil como trampolín para luego continuar una carrera
política en los partidos tradicionales de la vida nacional.
Puede valorarse en toda su importancia esta línea política, la de recu-
perar la FEU como organismo de combate para desatar con mayor ener-
gía la lucha revolucionaria, si se analiza la correlación de fuerzas existente
en el país en este momento histórico, de finales de 1953 e inicios de
1954. Por un lado, después del 26 de julio de 1953, el sector más avan-
zado de la revolución, los moncadistas, con Fidel Castro a la cabeza,
que habían asombrado al país con su acción heroica, se encontraban
presos en la cárcel de Isla de Pinos, desde donde muy poco podían ha-
cer, no obstante simbolizar un formidable ejemplo para los demás jóve-
nes revolucionarios. Los alardes insurreccionalistas de los auténticos de
la Triple A3 y de Aureliano Sánchez Arango significaban un potencial

3
Organización insurreccional de origen auténtico surgida el 13 de marzo de 1952 en la Univer-
sidad de La Habana y cuya principal figura fue Aureliano Sánchez Arango, ex ministro de

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peligro para la futura Revolución, si lograban desarrollar exitosamente
una operación armada tendiente a derrocar al tirano. Con Fidel preso,
con la Ortodoxia resquebrajada por la vacilación de sus líderes y sin un
factor revolucionario de peso, la concreción de alguna aventura auténti-
ca representaría, indudablemente, un retorno al 9 de marzo de 1952.
Pero había otro peligro. Si (como al final sucedió) los auténticos, a pesar
de contar con un material bélico impresionante, demostraban no tener
el coraje necesario para enfrentarse a la dictadura y cosecharan fracaso
tras fracaso, esto haría decaer la fe del pueblo en una salida insurreccio-
nal y alimentaría la ilusión de la remota posibilidad de deshacerse de
Batista por la vía electoral, en comicios como los convocados para el
1ro. de noviembre de 1954, con la consabida desmovilización de la lu-
cha de las masas que ello acarrearía.
En estas condiciones, una FEU revolucionaria, acicate de la con-
ciencia y combatividad populares, encargada de mantener viva la llama
de la rebeldía, que desencadenara protestas contra el régimen, dispues-
ta a empuñar las armas cuando hubiera que hacerlo, sería de una tras-
cendencia vital. De este análisis es que surge la necesidad de alcanzar la
dirigencia de la FEU, limpiarla de males y convertirla, por el prestigio que
tenía entre la población, en una organización revolucionaria que ocupa-
ra el primer lugar en la trinchera de combate contra Batista, que movili-
zara a la opinión pública para enfrentar a la dictadura.

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES / El Directorio, revolucionario de su tiempo


La personalidad de José Antonio Echeverría le imprimirá una nueva
tónica a la organización estudiantil universitaria, primero desde su de-
sempeño como secretario general durante el año 1954, y luego desde la
presidencia a partir del 30 de septiembre del mismo año. En lo adelante
la FEU tendrá como características esenciales, por un lado, la moraliza-
ción interna de la Universidad, el combate a la corrupción y el ganste-
rismo, la necesaria limpieza de la casa de altos estudios primero, para
luego enfrentarse, con sus fuerzas más sanas, a la dictadura batistiana; y
por el otro, la radicalización de las acciones de calle, de las movilizaciones
de masas, del combate frontal a los aparatos represivos del régimen. En
la estrategia de aumentar la actividad revolucionaria ante la tiranía, se

Educación en el gobierno de Carlos Prío Socarrás. Sin pretensiones revolucionarias algunas, su


objetivo se limitaba al derrocamiento de Batista. Siempre postergadas, sus promesas de acción
ocuparon buena parte del escenario de la oposición armada a la dictadura desde 1952 hasta
1954.

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inscribirán las grandes campañas nacionales por reivindicaciones popu-
lares, que encontrarán siempre en la FEU a su principal promotor y
activista.
Con este tipo de campañas de movilización nacional4 los estudiantes
revolucionarios perseguían el objetivo de mantener en agitación cons-
tante a las masas y elevar su conciencia sobre las violaciones cometidas
por la tiranía. Se sientan las bases para la lucha popular de masas que
llevará a la insurrección general armada.
Bajo la dirección de José Antonio las conmemoraciones de las fechas
patrias y de aquellas que entrañaban un simbolismo especial para los
estudiantes se convertían todas en jornadas de combate contra las fuer-
zas represivas.
La Universidad de La Habana era, y así había sido tradicionalmente,
un hervidero de ideas. Se erigía en tribuna pública para el debate de las
más variadas posiciones políticas e ideológicas. En su seno encontra-
ban espacio la confrontación, la polémica, la discusión abierta sobre los
principales problemas que aquejaban al país y a la propia vida universi-
taria, y de ahí surgían las propuestas y se concertaban los caminos a
seguir. Estas contiendas de ideas se agudizaban aún más cuando se acer-
caban las elecciones estudiantiles. Llegadas esas coyunturas se perfila-
ban y delimitaban con mayor nitidez las tendencias en disputa, lo que
adquiriría mayor significación y trascendencia para los comicios de mar-
zo-abril de 1955, donde sería electo José Antonio como presidente de la
FEU por diferencia de un voto.
Entre todos había un denominador común: la oposición a Batista.
No podía ser de otra manera en la Universidad, por su tradición de
lucha frente a los despotismos y la preeminencia que casi siempre tuvie-
ron en su seno las ideas radicales. Las diferencias estaban en lo funda-
mental entre los que opinaban que a la dictadura debía enfrentársele
por la vía de las urnas, la lucha política; los que asumían como método
las acciones de masas en la calle, o los que aún empleando estos pro-
pugnaran directamente la insurrección armada popular.

4
A la campaña contra la farsa electoral deben sumarse las desarrolladas para denunciar el
proyecto gubernamental de construir el Canal Vía-Cuba y la que se libró para exigir la amnistía
de los presos políticos en 1955.

30

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El más claro y firme paso

Si se tomaba en consideración el ascenso que estaba alcanzando la lu-


cha revolucionaria y la escalada represiva de la tiranía a mediados de
1955, que obligaba al exilio a varios de los fundamentales cuadros del
Movimiento 26 de Julio, era previsible un futuro cierre de la Universi-
dad y el asesinato, arresto o paso a la clandestinidad de los principales
dirigentes estudiantiles. José Antonio y sus compañeros se percatan de
la necesidad de asegurar que, en esas condiciones, la FEU no perdiera
su carácter beligerante y cayera otra vez en manos politiqueras. Para
cumplir esta misión era indispensable una organización insurreccional
que sirviera a la vez de dirección revolucionaria del movimiento estu-
diantil.
La necesidad de un movimiento clandestino, de acción, provenía del
análisis de que al aumentar el nivel de radicalidad de la lucha de masas,
crecería proporcionalmente la represión de la dictadura, y en un escena-
rio con esas características la FEU no podría desempeñar el mismo pa-
pel movilizador.
Un protagonista de aquellos días abunda en las razones detrás del
nacimiento del Directorio:
[…] nos damos cuenta de que esta FEU hacia donde la vamos a

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES / El Directorio, revolucionario de su tiempo


llevar es hacia el martirologio, la cárcel y la persecución, y por tan-
to puede caer en manos aventureras y claudicantes de nuevo, y
para nosotros la FEU pesaba mucho en la opinión pública del pue-
blo cubano. [...] Por tanto, hacía falta una organización para cuan-
do llegara ese momento de persecución, cárcel y mártires, tener un
aparato armado ya para luchar en esas condiciones, y de defensa
de la FEU, que no permitiera que la FEU cayera en esas manos
claudicantes más nunca.5
Desde el mismo golpe del 10 de marzo de 1952 varios universitarios
han considerado esta idea de crear una organización insurreccional a
partir de los elementos más radicales, que reeditara en alguna medida
los directorios estudiantiles de la Revolución del 30. Durante los meses
de lucha transcurridos desde entonces, habían acariciado el proyec-
to infinidad de ocasiones, lo habían manejado en diversas reuniones y

5
Entrevista realizada por el autor a Faure Chomón, 15 de diciembre de 2004.

31

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encuentros personales, a la espera del momento idóneo para llevarlo a
efecto.
La madurez y la solidez alcanzada en la dirección de la FEU por el grupo
de estudiantes que encabeza José Antonio lo coloca en un nivel cuali-
tativamente superior para el logro de sus empeños.
En agosto de 1955, al analizar la situación existente en el país y en
el campo revolucionario, en momentos en que Fidel se encontraba en el
exilio, y tomando en cuenta que una insurrección auténtica de gran en-
vergadura que se estaba preparando tenía posibilidades materiales obje-
tivas de triunfar, José Antonio toma la decisión de incorporarse con su
grupo de estudiantes revolucionarios a dicha operación.6 La presencia
estudiantil vendría a ser garantía de una futura orientación radical tras
el derrocamiento del régimen. Además, aun si finalmente sucedía lo que
la experiencia indicaba –que todo lo planeado terminara una vez más en
fracaso–, al entrar en contacto con los abundantes alijos de armas que
almacenaban los auténticos, se podrían obtener algunas de ellas para la
nueva organización insurreccional del movimiento estudiantil que ya
empezaba a surgir.
Luego del estrepitoso fracaso que significó el 4 de Agosto, se decide
pasar a una nueva etapa de preparación y organización clandestina del
Directorio Revolucionario. El descrédito de las fallidas intentonas au-
ténticas hacía más evidente la necesidad de los estudiantes revolucio-
narios de contar con una organización armada independiente, con los
medios necesarios para la insurrección.
El viernes 24 de febrero de 1956 se celebra un acto en el Aula Magna
de la Universidad de La Habana para conmemorar el 61 aniversario del
Grito de Baire. Por el simbolismo y trascendencia de la fecha se decide
dar a conocer públicamente ese día la existencia del Directorio Revolu-
cionario. En la lectura por José Antonio de la proclama constitutiva, se
expresaba la ideología que animaba a la naciente organización, marca-
damente nacionalista, antimperialista, de profunda inspiración martiana.
En sus párrafos late el llamado a la unidad en la lucha revolucionaria y
se aprecia una definida orientación clasista hacia los pobres, los trabaja-

6
Se planeaba atacar el Palacio Presidencial, el Buró de Investigaciones y se pensaba contar con
el apoyo de la Sección Radiomotorizada de la Policía Nacional; véase Enrique Rodríguez
Loeches: «Biografías de Menelao Mora y Carlos Gutiérrez Menoyo», Alma Mater, La Habana,
1969; 97: 10, marzo.

32

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dores, de defensa de los intereses de los más humildes, de «los
hambreados y los oprimidos».7
También en un fundacional «Manifiesto al pueblo de Cuba»8 que sale
publicado en Alma Mater en marzo de 1956, se pronuncia el Directorio
por la defensa de los intereses nacionales, por el logro de la justicia
social, por la independencia económica, por la puesta en práctica de un
socialismo que, aunque algo difuso en su concepción, se basaba en la
transformación radical de todos los aspectos del sistema imperante en
el país. Algunos fragmentos del documento coadyuvan a ilustrar el pen-
samiento y los propósitos ideológico-programáticos que animaban al
Directorio:
• El Directorio Revolucionario considera la Revolución como un
proceso continuado de lucha por todos los frentes y medios posi-
bles –desde la resistencia civil hasta la insurrección popular– has-
ta lograr el resquebrajamiento definitivo del régimen y sistema
imperante; y considera inoperante el reducir la lucha revolucio-
naria a la acción determinativa de un simple golpe de Estado.
Derribado el actual régimen la Revolución continúa, por cami-
nos diferentes, hacia la consolidación del Estado revolucionario
y hacia la construcción renovadora integral. // [...] //.
• La Revolución se asienta sobre principios fundamentales de Li-

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES / El Directorio, revolucionario de su tiempo


bertad Política (Democracia), Independencia Económica (Na-
cionalismo) y Justicia Social (Socialismo), reconocidos en el
Manifiesto de Montecristi.9
El programa del Directorio Revolucionario comprendía la lucha por
la soberanía nacional, la libertad económica, un régimen democrático
con justicia social, la solidaridad americana y la oposición a toda inje-
rencia estadounidense. Estas ideas y aspiraciones eran similares a las de
otros grupos revolucionarios del momento, en especial a las del Movi-
miento 26 de Julio, aunque este siempre se cuidó mucho de no definir
demasiado su programa político de transformaciones, con el pretendido
propósito de no ahuyentar a sectores medios con propuestas muy ra-
dicales.
7
«Proclama constitutiva del Directorio Revolucionario», en Julio A. García Oliveras: José
Antonio Echeverría: la lucha estudiantil contra Batista, Editora Política, La Habana, 1979, pp. 236-
238.
8
«Manifiesto al pueblo de Cuba», Alma Mater, La Habana, 1956; [s. n.]: 2, marzo.
9
Ídem.

33

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Al Directorio Revolucionario pudiera atribuírsele también esta ambi-
güedad, pues los suyos son postulados que pudiéramos considerar uni-
versales dentro de la cultura política cubana de los años 50 y gozaban
de apoyo y simpatías populares.
El pensamiento político de José Antonio Echeverría y el Directorio
Revolucionario es resultado de la tradición de la acumulación de cultu-
ra política del estudiantado revolucionario cubano.
Entender el pensamiento del Directorio Revolucionario, su evolu-
ción y actuación en el contexto cubano de los años 50 es imposible sin
establecer antes cuáles fueron sus antecedentes, sus paradigmas y sus
referentes históricos. Sus raíces ideológicas deben encontrarse, en pri-
mer lugar, en la generación independentista y en el legado ético y políti-
co de José Martí.
Sin embargo, fue sin dudas la Revolución del 30 y sus figuras históri-
cas las que mayor influencia tuvieron en el movimiento estudiantil re-
volucionario de los años 50. Ella proporcionó, en lo fundamental, las
formas organizativas, modos de actuación y sustrato ideológico del pen-
samiento del Directorio Revolucionario, sobre todo la generación uni-
versitaria que conformó el Directorio Estudiantil Universitario (DEU),
Mella y Guiteras fueron los de mayor ascendencia sobre la FEU de José
Antonio Echeverría. En sus declaraciones públicas y documentos
prográmaticos son constantes las referencias a ellos.

Respuesta al Partido Socialista Popular

La proclamación pública del DR provocó reacciones no muy positivas


en un sector del campo revolucionario, o al menos en una porción de
él. Es conocido que el Partido Socialista Popular (PSP) mantuvo hasta
mediados de 1958 una postura táctica contraria a la tesis insurreccio-
nal, por considerarla equivocada y alejada de lo que definían como eje
cardinal en el enfrentamiento a la dictadura: la lucha de masas, a la que
se entregaban con todo el sacrificio y la disciplina que les eran caracte-
rísticos a los militantes comunistas. Por eso, en su momento calificaron
de putchista, tanto el asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953,
como el asalto al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957.
Coherente con esta línea de pensamiento, la Juventud Socialista, al
conocer la existencia del Directorio, publica en su órgano oficial, el ma-

34

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gazine Mella, una nota y hasta una caricatura con las que criticaba dura-
mente a la naciente organización. Desde el Directorio algunos se mos-
traban contrarios a contestar públicamente los planteamientos del PSP,
pues dudaban de su conveniencia, pero otros persistieron en la idea de
sacar en un suplemento de Alma Mater un documento de respuesta.10
En este lo más importante no es la réplica agria a las críticas «destructivas»
sino las explicaciones que abundan en la función y la justificación histó-
ricas del organismo revolucionario. Así, a la acusación hecha a José An-
tonio y a Fructuoso Rodríguez de haber dado «un paso en falso» con la
creación del Directorio Revolucionario, responde que «en realidad, ese
ha sido el paso más claro y más firme, dado por la FEU en el ciclo
revolucionario en que a esta generación le ha tocado vivir, al darle con-
tenido y forma revolucionaria a las jornadas de combate de Noviembre,
Diciembre y Enero, sirviendo de aval moral para la unión fuerte y estre-
cha de obreros y estudiantes».11
Al señalamiento de que su propósito es fraccionar la FEU, contesta:
1. La FEU, por su carácter específico, es un organismo académico
y docente, cuya función estatutaria es regir los destinos de la
masa estudiantil en lo que compete a esos puntos, realizando
una labor co-gobiernista, completada por el Consejo Universi-
tario. El Directorio Revolucionario es el instrumento creado,
auspiciado y originado por la FEU y, por tanto, no tiende a divi-

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES / El Directorio, revolucionario de su tiempo


dirla; sino a vertebrar al estudiantado de manera organizada en
la labor típicamente revolucionaria, viniendo así a suministrarle
a la FEU el elemento que a esta le faltaba para una cabal realiza-
ción de su función nacional, en el momento actual.
2. Por otra parte, como la lucha electoral conlleva el triunfo de
determinado candidato merced a su simpatía personal o influen-
cia moral; sin embargo no siempre, y a pesar de sus virtudes, son
elementos aptos para la lucha revolucionaria. Y esto puede ser
afirmado con sólo señalar, de manera breve, la propia historia
de la FEU desde el 10 de Marzo para acá, en la cual junto a
dirigentes estudiantiles, electos por los votos, y de factura típi-
camente revolucionaria, ha habido otros que se han desentendi-
do con culpable indiferencia de las responsabilidades inherentes
10
«Respuesta a una infamia», Suplemento de Alma Mater, La Habana [s. f.]: 1-4, en: Archivo
Nacional, Fondo Especial, legajo 14, expediente 104.
11
Ídem.

35

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a sus cargos y hasta hemos llegado a presenciar el triste espec-
táculo de algunos cuyas actitudes han sido poco claras, en rela-
ción al régimen, y otros que han tenido que ser expulsados.12
Su actitud hacia los trabajadores se inscribe en la tradición inaugura-
da por el fundador de la FEU, Julio Antonio Mella, de unir la lucha y las
reivindicaciones de ambos sectores, obrero y estudiantil, en el esfuerzo
conjunto por la transformación radical de la sociedad. Por eso, su pro-
pósito no es llevar a los trabajadores a tirar tiros un día glorioso, como
se le imputa desde el PSP:
[...] sino brindarle toda su ayuda para que los obreros, la clase revo-
lucionaria por necesidad y conciencia, con los propios instrumen-
tos de su labor, en el mismo frente de trabajo, le dé batalla a la
Dictadura, marchando de las huelgas aisladas a la huelga general o,
al menos, al paro de los principales sectores económicos de la na-
ción, cuya falla determinará, junto con la labor típicamente accional
de los distintos frentes revolucionarios y la agitación estudiantil el
derrumbe de la actual tiranía.
Y si tales son nuestros propósitos, ingenuo resulta acusar al Direc-
torio Revolucionario de no proponerse la lucha de masas, cuando
ella es, precisamente, el basamento táctico de la labor a realizar,
pues consideramos que en Cuba sólo puede tener vigencia la ver-
dadera revolución: no el «putch» aislado; sino la insurrección revo-
lucionaria de verdadero sabor popular.13
Asimismo rechaza categóricamente que los dirigentes del Directorio
tengan en mente la idea de futuras prebendas y beneficios. De ser así,
[…] no habrían luchado de la forma audaz y enérgica que los mo-
mentos históricos han requerido y requieren, como lo han hecho. No
puede aspirarse a nada que no sea al sacrificio en bien de Cuba,
cuando constantemente, se está en peligro de perder no ya la liber-
tad; sino la vida misma.
Miente el órgano oficial de la Juventud Socialista cuando dice que
sus propiciadores han puesto «luz larga, mirando hacia futuras po-
siciones políticas y burocráticas». Sí se ha puesto la «luz larga»;

12
«Respuesta a una infamia», ob. cit. (en n. 10).
13
Ídem.

36

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pero mirando con pupila visionaria la gran tarea de la Revolución
Nacional, a la cual han de prestarle toda su energía creadora las
fuerzas sanas que integren o coordinen con el Directorio Revolu-
cionario.14
Concluía el texto recordando los errores en la ejecutoria política del
PSP durante las décadas precedentes y que, junto al anticomunismo
resultante de la Guerra Fría, le habían inhibido buena parte del apoyo
del pueblo y de la nueva generación revolucionaria.

Un brazo para la unidad revolucionaria

Es interés de José Antonio Echeverría y del Directorio Revolucionario


lograr la unidad revolucionaria entre los sectores opuestos a la dictadu-
ra, sobre todo con Fidel Castro y el Movimiento 26 de Julio, con los
cuales han coincidido en postura política y visión revolucionaria ante
cada una de las situaciones por las que ha atravesado el país. Narra Juan
Nuiry que los momentos compartidos en la clandestinidad después del
asalto al cuartel Goicuría le permiten conocer a fondo el pensamiento
que obsesiona al líder de la FEU en ese momento: «Hay que organizar
los factores dispersos, tanto en el seno del estudiantado como de este

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES / El Directorio, revolucionario de su tiempo


con el obrero, el campesinado; unirse con todos los que sientan la mis-
ma necesidad de acabar con esta insostenible situación».15 A él mismo
le comentará, en tono apremiante, que debe entrevistarse con Fidel.
Ese es el espíritu detrás del manifiesto público que en junio de 1956
dirige el Directorio Revolucionario a todas las fuerzas revolucionarias.
Bajo el título «El Directorio llama a la unidad»16 se expresa la convic-
ción de que ningún esfuerzo aislado, por muy heroico y arrojado que
sea, conseguirá derrocar al dictador; propósito para el que es imprescin-
dible cuanto antes la coordinación de los factores rebeldes:
Mucho hemos pecado los revolucionarios de nuestro tiempo al no
comprender la necesidad imperiosa de enfrentar al poder del
antipueblo, el poder unitario y sólido del pueblo en su gestación

14
Ídem.
15
Juan Nuiry Sánchez: ¡Presente! Apuntes para la historia del movimiento estudiantil cubano, Editora
Política, La Habana, 2002, p. 102.
16
«El Directorio llama a la unidad», Alma Mater, La Habana, 1956; [s. n.]: 3, 7, 30 de septiembre.

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revolucionaria. Pero no es tarde aún cuando la urgencia nacional
es mayor; y criminal sería retardar por más tiempo esa unidad revo-
lucionaria tan gravemente necesitada.17
A continuación aparecen delineados los tres principios fundamenta-
les en los que deberá asentarse, según el DR, el empeño unitario:
La UNIDAD REVOLUCIONARIA ha de estar basada en una iden-
tificación sustancial mínima por parte de todas las fuerzas, en cuanto
a enfoque de la problemática nacional, fines perseguidos por la
insurrección y método insurreccional.
La UNIDAD REVOLUCIONARIA ha de ser lograda, no median-
te alianzas bajo cuerda y de espaldas al pueblo entre los cabecillas
del movimiento, sino en pública demostración de real y efectiva
fraternidad que disipe temores a todos los que de una manera u
otra participen en la lucha de toda la nación.
La UNIDAD REVOLUCIONARIA no podrá ser planteada como
la absorción de los distintos grupos por el que en definitiva resulte
más fuerte, sin violar de perversa manera el espíritu democrático y
justiciero de la nación. La UNIDAD REVOLUCIONARIA ha de
lograrse en respeto a los distintos criterios que se mueven hacia un
fin común y en demostración real de desinterés por parte de los
jefes y equipos que han de laborar sólo por el bien colectivo.18
Para el Directorio la forma más eficaz y posible de la unidad, es la
coordinación de esfuerzos revolucionarios.
Este documento continúa la constante vocación unitaria del Direc-
torio Revolucionario desde su nacimiento, y constituirá su plataforma
base para la histórica «Carta de México». Su lectura nos permite apre-
ciar la coherencia mantenida por la organización ante una cuestión cla-
ve como la unidad revolucionaria y nos explica los propósitos e intereses
que la animan en la posterior visita de José Antonio a México para coor-
dinar los esfuerzos insurreccionales con el M-26-7.
Ratifica para el momento una postura de principios del movimiento
estudiantil revolucionario: aunque lamentablemente fallaran los planes
insurreccionales y se quedaran prácticamente solos en la lucha, «a tra-

17
«El Directorio llama a la unidad», ob. cit. (en n. 16).
18
Ídem.

38

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vés del Directorio Revolucionario seguiremos la guerra por todos los
medios y en todos los frentes contra la tiranía. La única salida a los tre-
mendos y crecientes males de Cuba no puede ser la transacción bochor-
nosa o la claudicación cobarde a componenda alguna, sino la gran
Revolución, renovadora total del sistema».19
También en julio, el día 13, José Antonio es reelecto nuevamente
para el cargo de presidente de la FEU, esta vez con una mayoría abru-
madora, de nueve votos a cuatro.20
En las declaraciones que brinda a la prensa el día siguiente de su
reelección, el dirigente universitario insiste una y otra vez en la priori-
dad imperativa del momento:
Venimos a plantearle al pueblo que debe seguirse una táctica de
unión real y verdadera para alcanzar los objetivos históricos, que
no sólo saliendo de un régimen de fuerza se resuelven los proble-
mas esenciales de nuestra nacionalidad. Los males vienen de pro-
fundo, y a nosotros corresponde plasmar en claro programa
revolucionario todo un haz de anhelos que palpitan en el corazón
ciudadano.
[...]
Hacemos un llamado apasionado al pueblo y a la ciudadanía para
formar lo que debe ser indestructible: la unión de todos los cuba-

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES / El Directorio, revolucionario de su tiempo


nos para realizar el gran destino histórico de la patria.21
Toda la praxis política de José Antonio y el Directorio ha estado regi-
da por un proyecto unitario. Ha nucleado tras de sí a la mayoría del
estudiantado revolucionario de la Universidad. También a los alumnos
de segunda enseñanza de todo el país, luego del II Congreso de Estu-
diantes Secundarios en mayo de 1954.
Ya las gloriosas jornadas de diciembre de 1955 han aliado a obreros
y estudiantes en el enfrentamiento común a la dictadura. Pero no se
19
Ídem.
20
Votos a favor del candidato José Antonio Echeverría: Fructuoso Rodríguez Pérez, de Agro-
nomía, Juan Nuiry Sánchez, de Ciencias Sociales y Derecho Público, Zayda Trimiño Ayllón, de
Ciencias, José Puentes Blanco, de Derecho, Ramón Prendes Varela, de Ciencias Comerciales,
Jacinto Otero, de Odontología, Epifanio Selman, de Farmacia, Amparo Chaple, de Filosofía
y Letras, y José Antonio Echeverría Bianchi, de Arquitectura. Votos a favor del candidato
Marcelo Fernández: Omar Fernández, de Medicina, Elvira Díaz Vallina, de Pedagogía, Carlos
Alfredo Muñoz Fontanill, de Veterinaria, y Marcelo Fernández Font, de Ingeniería.
21
El Crisol, La Habana, 14 de julio de 1956, tomado de J. A. García Oliveras: Ob. cit. (en n. 7),
p. 285.

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detiene ahí Echeverría, quien busca además aunar voluntades con los
honestos seguidores del insurreccionalismo auténtico, frustrados por la
cobardía de Prío y de muchos de sus lugartenientes. Tómese como bo-
tón de muestra el contacto que establece con Reynol García y los com-
batientes que preparan el asalto al Goicuría.
El mismo propósito anima a José Antonio Echeverría cuando esta-
blece relaciones con distintas conspiraciones militares antibatistianas,
como la de los Puros, descubierta el 4 de abril, o como la que en la
Marina de Guerra lidera el joven oficial Juan M. Castiñeiras.22
La elevada autoridad política y revolucionaria de la FEU, ganada con
las vertiginosas jornadas de combate de diciembre de 1955, que llega-
ron a estremecer al país, conducía a que cualquier iniciativa opositora al
batistato, intentara contar con el respaldo estudiantil. Sin duda alguna,
a finales de 1955 e inicios de 1956 el movimiento estudiantil comanda-
do por José Antonio Echeverría es la mayor fuerza revolucionaria mo-
vilizadora de las masas en Cuba.
Era más urgente alcanzar un acuerdo con Fidel en tanto se acercaban
los meses finales del año, y con ellos el agotamiento del plazo para el
cumplimiento de la promesa realizada por el líder del M-26-7 de ser
libres o mártires en el año 1956. Premonición ratificada por el presiden-
te de la FEU en una de sus tantas coincidencias históricas: «El año
próximo de 1956 será el de la total liberación de Cuba. Al decir ello ni
imito ni declamo, tal vez coincida».23 Es decir, cada día que pasaba acer-
caba mucho más la posibilidad real del inicio de la lucha armada, y ella
vería multiplicada su fortaleza si se emprendía con una conjunción de
esfuerzos.
Ya se habían desarrollado al máximo todas las posibilidades de la
lucha estudiantil y de masas, de las manifestaciones y demostraciones
de calle, alcanzando su más alta expresión con las ripostas armadas y el
violento movimiento de protesta obrero-estudiantil que significó la huel-
ga azucarera. Era indispensable pasar a una etapa superior: la insurrec-
ción armada popular.

22
Julio A. García Oliveras sirve de enlace a José Antonio para los contactos con Castiñeiras y
propicia los encuentros entre el oficial y el dirigente universitario a finales de 1956 e inicios de
1957. Ver J. A. García Oliveras: Contra Batista, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,
2006, p. 279.
23
«Declaraciones de José Antonio Echeverría, presidente de la FEU», Bohemia, La Habana,
1956; 42-43, 1ro. de enero.

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En los meses transcurridos desde su fundación y sobre todo a partir
de su proclamación pública, el Directorio Revolucionario se ha forma-
do una personalidad, perfil e historial propios. José Antonio acude a
México no solo como presidente de la FEU, sino como representante de
una organización revolucionaria que posee su propia opción táctica y
estratégica, un aparato clandestino sólido, que se considera con los
méritos necesarios para tratar en igualdad de condiciones con cualquier
otro. Además, pretendía ser, y así quedaba claramente expresado en su
manifiesto fundacional, un instrumento de unidad, un eje cohesionador
de todos los factores insurreccionales de oposición a la dictadura.
El hecho histórico de que el sector del estudiantado revolucionario
que conquista la dirección de la FEU desde finales de 1954 es el mismo
que funda el Directorio Revolucionario, tiende a crear confusión entre
las funciones y espacios de actuación de ambas estructuras. A esto con-
tribuye que los dos principales dirigentes, en uno y otro caso, son los
mismos: José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez.
Si bien es cierto que el Directorio es creado, respaldado y auspiciado
por la FEU, para ser garante de su dirección revolucionaria en la etapa
de insurrección popular generalizada, y que debe ser el instrumento ar-
mado del organismo estudiantil en esta fase, además de su puente hacia
trabajadores, campesinos, profesionales y demás sectores populares,
también lo es que cada organización tiene características distintivas que

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES / El Directorio, revolucionario de su tiempo


la singularizan.
Esta situación revelará toda su trascendencia a la hora de firmar la
«Carta de México». No consideramos para nada secundario el dato de
cuál organización representaba José Antonio a la hora de rubricar el
documento. No compartimos el criterio de algunos autores cuando se-
ñalan que ambas organizaciones eran lo mismo y daba igual cuál de las
dos apareciera firmando.24 Lo prueba el desenlace posterior y sus serias
consecuencias, cuando tras la muerte de Echeverría y Rodríguez,
ya la FEU y el DR no se encuentran tan ligados. Ese entrelazamiento
quedará por lo menos severamente cuestionado en la medida que otros

24
Julio A. García Oliveras afirma: «[...] a veces en los relatos sobre hechos históricos del movi-
miento estudiantil, se crea una diferencia entre la FEU y el Directorio, como si fueran dos
organizaciones distintas», J. A. García Oliveras: Contra Batista, ob. cit. (en n. 22), pp. 287-288.
El planteamiento es compartido por Faure Chomón: «Identificarse como Directorio Revolu-
cionario o la FEU era lo mismo», F. Chomón: «A 50 años de la “Carta de México”», Granma,
La Habana, 28 de agosto de 2006, p. 3.

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dirigentes estudiantiles ajenos al Directorio aleguen ostentar la repre-
sentación oficial de la FEU.
El ejecutivo del Directorio determina enviar a René Anillo a México
para informarle a Echeverría, tras su regreso de un evento estudiantil
en Chile, los acuerdos adoptados por la dirección de la organización:
1) recomendar al dirigente universitario que el documento resultante de
las conversaciones de unidad se denominara «Carta» y no «Pacto», para
dar mayor flexibilidad a su cumplimiento por parte de cada fuerza revo-
lucionaria en la medida que tuviera acceso a una mayor disponibilidad
de recursos materiales y bélicos, es decir, que no se estableciera un acuer-
do a plazo fijo;25 2) la unidad debía ser firmada a nombre del Directorio
Revolucionario, como lo explica Faure Chomón: «Siempre se pensó que
sería a nombre del DR, pero como las condiciones podían cambiar, se le
confirmaría con un enviado de la organización. Finalmente se acordó
que fuera a nombre del Directorio y se le envió el mensaje [...]»;26 3) co-
municarle a Fidel la percepción del DR de que en la Isla los preparati-
vos están atrasados para su llegada; solo en Santiago el Movimiento 26 de
Julio poseía las condiciones necesarias para generar un levantamiento ar-
mado que secundara un desembarco expedicionario.
Este sería el pacto unitario más importante de toda la lucha insurrec-
cional contra Batista, firmado por las dos figuras principales de la nue-
va generación revolucionaria y sus respectivas organizaciones. El principal
compromiso es el de aunar los esfuerzos en un plan común de acciones
armadas. Se declaraba que la Revolución debía nacer libre de cualquier
atadura con el pasado, para hacer avanzar las profundas transformaciones
que la Patria reclamaba, y se calificaba ya no solo como ineficaz, sino
como «infame» cualquier tentativa de solución electoralista. Resulta sig-
nificativo el contraste de una oposición politiquera que se subdividía
interminablemente mientras las organizaciones revolucionarias tendían
cada vez más a la unidad.
Puestos de acuerdo en lo fundamental, el derrocamiento de la tiranía
por vía insurreccional, para iniciar un proceso transformador, convie-
nen en dejar para un encuentro posterior la discusión de las diferencias
tácticas y los detalles de los planes militares.

25
Además, la historia reciente de pactos entre organizaciones opositoras era de triste recorda-
ción para el pueblo cubano. Era preciso desmarcarse de engendros como el Pacto de Montreal,
que se había diluido entre los alardes insurreccionalistas de sus promotores.
26
F. Chomón: «El movimiento estudiantil, foco insurreccional», Alma Mater, La Habana, 1972;
136: 44, noviembre.

42

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El Directorio Revolucionario era una organización que preconizaba
la lucha armada y que ya aglutinaba a muchos estudiantes y trabajado-
res, con fuerza principal en la capital. José Antonio Echeverría hacía un
tiempo era el dirigente máximo del movimiento estudiantil revolucio-
nario, y ya su personalidad trasciende el ámbito universitario para con-
vertirse en un líder político de alcance nacional y concitar las simpatías
de diversos sectores.
Aunque la marcha posterior de los acontecimientos impidió conocer
en detalle las razones que llevaron a José Antonio a rubricar el texto
como presidente de la FEU, todo indica que en la decisión tomó en
cuenta la tradición, la representatividad y el prestigio con que contaba
la federación ante los ojos del pueblo. Además, en agosto de 1956
Echeverría se encuentra en medio de un recorrido que lo lleva a dos
congresos internacionales, en los que ve acrecentada su estatura como
dirigente estudiantil, ampliamente reconocido más allá de las fronteras
nacionales cubanas. Es probable que por similares motivos Fidel y el
M-26-7 hubiesen preferido a la FEU como organización firmante. Tó-
mese en cuenta que en estos momentos el Directorio solo tiene seis
meses de ser proclamado públicamente.
¿Por qué consideraba el ejecutivo del DR que esta organización debía
aparecer firmando el pacto de unidad? La respuesta la proporciona Julio
García Oliveras:

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES / El Directorio, revolucionario de su tiempo


[…] en primer lugar, la declaración representaba el llamamiento de
carácter histórico de las dos organizaciones a la guerra revolucio-
naria contra la tiranía. Y el Directorio en sí –según nosotros lo
entendíamos– por definición representaba el aparato insurreccio-
nal de la FEU. En segundo lugar, [...] cinco de los miembros del
ejecutivo, aunque éramos universitarios, no éramos dirigentes de
la FEU. Sólo eran dirigentes estudiantiles José Antonio y Fruc-
tuoso.27
Cuando los periódicos cubanos publican el domingo 2 de septiembre
el cable de la United Press (UP) fechado el día antes en México que
informa de la declaración conjunta entre el M-26-7 y la FEU, la conmo-
ción será inmediata. En las jornadas siguientes abundan las referencias

27
J. A. García Oliveras: Contra Batista, ob. cit. (en n. 22), p. 288.

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en la prensa y declaraciones en torno al tema de figuras políticas tanto
de oposición como del régimen.
El editorial de El Mundo, el 4 de septiembre, señalaba que la «Carta»
equivalía a una declaración de guerra, que colocaba a la FEU en una
postura definitivamente insurreccionalista y subversiva. Por primera y
única vez en su historia la FEU, en tanto organismo estudiantil, acorda-
ba un pacto unitario con una agrupación política, en un plan revolucio-
nario con fecha de cumplimiento, lo que le otorgaba, sin duda, un carácter
beligerante.
En la dirección de la organización, los cuatro presidentes de escuelas
que se opusieron a la presidencia de José Antonio Echeverría, reaccio-
nan enseguida protestando contra lo que consideran una violación de
los estatutos, al no haberse tomado la decisión de firmar la «Carta» en
un pleno de la Federación. Según alega Elvira Díaz Vallina, una de las
presidentas contraria al documento, la actitud de ellos no respondía a
un rechazo per se a la unidad revolucionaria, sino a la consideración de
que la FEU no contaba con los recursos para cumplir su parte en lo
acordado: «no había armas, por lo menos en lo que nosotros conocía-
mos como FEU y nos preocupaba».28
Más allá de la cuestión reglamentaria, de método, el diferendo en el
seno de la FEU tenía que ver realmente con la actitud que se mantuviera
ante la insurrección armada, tan cabalmente simbolizada por el docu-
mento unitario. Lo cierto es que el sector insurreccional del estudianta-
do, personalizado en José Antonio, había sido relegitimado al menos
dos veces en la dirección del organismo universitario, la última de ellas
el 13 de julio de 1956 con una mayoría aplastante, y por tanto, tenía la
autoridad suficiente para asumir decisiones en nombre de ella.
Para salirle al paso a las voces disonantes en contra del pacto, el ple-
no de la FEU, reunido el martes 4 de septiembre, expresa su respaldo a
la alianza suscrita con Fidel Castro y se aprobaba publicar unas decla-
raciones en las que quedara definitivamente aclarado el apoyo de la
organización a las gestiones y actuación de su presidente. Los pronun-
ciamientos, firmados por Fructuoso Rodríguez como presidente de la
FEU por sustitución reglamentaria, Juan Nuiry y José Puente, y dados a
conocer el 5 de septiembre, servían además para enmendar la impreci-
sión cometida en la capital mexicana y proclamar públicamente que el
28
Entrevista a Elvira Díaz Vallina citada en Julio César Guanche: El ejército de la libertad. El
Directorio Revolucionario 13 de Marzo en la Revolución Cubana, inédito, 2006, p. 8.

44

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Directorio Revolucionario era la organización signataria de la «Carta de
México». Ya el día 3 Fructuoso había declarado a El Mundo que en el
contacto mantenido con Fidel Castro, Echeverría había actuado de acuer-
do con la FEU y autorizado por esta.29
Con el propósito de complementar la concertación lograda en Méxi-
co con el M-26-7 y de sentar las normas mínimas que consideraban
necesarias para cualquier acuerdo unitario, el 30 de septiembre de 1956
el Directorio da a conocer sus «Bases de la Unidad Revolucionaria»,30
cuyo primer párrafo es bastante revelador del pensamiento de la organi-
zación sobre el tema: «La Unidad, para que sea verdadera, debe inte-
grarse sobre las Bases de la unidad en la acción (táctica, estrategia) y
unidad en la formación y proyección del gobierno que nazca de la revolu-
ción triunfante».31
Se restringe el llamado a la unidad únicamente a los sectores revolu-
cionarios, populares, insurreccionales, y en el caso de los militares, a
aquellos que no tengan vínculos con crímenes y desmanes. Plantea asi-
mismo que «los medios de lucha y la estrecha estrategia deberán amol-
darse a las circunstancias en tiempo y lugar, en base de la táctica de
insurrección general [...]»,32 cuestión que quedará establecida y regirá
luego la segunda ronda de la «Carta de México». Termina este primer
acápite dedicado a la unidad táctica aclarando que cada organismo con-
servará su individualidad en la integración unitaria.

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES / El Directorio, revolucionario de su tiempo


En la segunda parte el DR señala que: «El gobierno será designado,
una vez concluida y victoriosa la insurrección, por los elementos repre-
sentativos de los núcleos o sectores integrados al respecto».33 Continúa
detallando las transformaciones inmediatas a emprender por un Go-
bierno Revolucionario triunfante y fija su provisionalidad en un máxi-
mo de un año y medio, al término del cual deberán convocarse elecciones
generales. Concluye el documento con una nota que advierte sobre la
no concurrencia a la unidad de trujillistas ni de individuos opuestos a
Batista solo por circunstancias coyunturales.

29
«Actuó Echeverría de acuerdo con la FEU», El Mundo, La Habana, 1956; 55 (17506): 1, 4 de
septiembre.
30
«Bases de la Unidad Revolucionaria», Alma Mater, La Habana, 1956; [s. n.]: 1, 3, 30 de
septiembre.
31
Ídem [con énfasis en el original].
32
Ídem.
33
Ídem.

45

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El punto nodal de la segunda ronda de discusiones entre el DR y el
M-26-7 en octubre de 1956 es la concreción de planes militares con-
juntos, luego de haber declarado públicamente su acuerdo en la «Carta
de México». No obstante compartir un objetivo central común y una
misma visión radical como salida para el país, las dos organizaciones
presentan concepciones de lucha distintas. Y como no se debe perder
tiempo en intentar convencerse mutuamente de la justeza de una u otra,
la propuesta de Fidel es hacerlas coincidir en el tiempo para buscar una
mayor eficacia en su complementariedad, dejando a un lado las discre-
pancias tácticas. La proposición resultaba congruente con la «coordina-
ción de esfuerzos», que como mecanismo de unidad revolucionaria había
pregonado el Directorio en su manifiesto de junio del año anterior.
El 27 de noviembre de 1956 ocurrían dos hechos de singular impor-
tancia. El primero, la circulación clandestina de un nuevo número de
Alma Mater, cuyo editorial vuelve a un asunto recurrente para el Direc-
torio Revolucionario: la unidad. Partiendo de una convicción: «sólo la
desunión de las fuerzas insurreccionales ha conservado la vida del régi-
men opresor»,34 la organización puede informar que ya la Unidad Revo-
lucionaria es un hecho, que su planteamiento unitario lanzado en junio
ha sido aceptado «tras arduas gestiones, tras infatigables luchas».35 Rati-
fica que el objetivo de la unión no es el mero cambio de un hombre:
¿Y qué persigue esta Unidad Revolucionaria? ¿Acaso nos conten-
tamos solamente con derribar al Dictador de turno para regresar a
un pasado igualmente cargado de errores? Miopes de espíritu sería-
mos si pretendiéramos la liquidación de la sombría etapa presente
como un fin en sí mismo, y no como un medio para lograr la pleni-
tud de nuestra conciencia nacional.36
Y en lo que fija «como meta alcanzable por la Revolución Cubana» se
halla lo que pudiera considerarse como la esencia del ideal revoluciona-
rio al que aspira:
Es la conquista de un clima de verdadero respeto a nuestras Leyes
y a nuestro pudor democrático, es la liberación de nuestra econo-
mía de bastardos intereses domésticos y sofocantes presiones ex-
34
«La Revolución no se detendrá», Alma Mater, La Habana, 1956; [s. n.]: 1-2, 27 de noviembre.
35
Ídem.
36
Ídem.

46

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tranjeras; es la utilización de nuestros recursos políticos y econó-
micos a favor del bienestar de los más, aunque esto represente el
perjuicio de los menos [...].37
El otro acontecimiento trascendente de la fecha es el recibimiento
por el Directorio de uno de los siete telegramas enviados por Fidel Cas-
tro desde México para informar la salida de su expedición armada. Eso
significaba que de inmediato debía ponerse en ejecución un plan de
acciones para apoyar el desembarco. Como ya hemos apuntado, en este
momento era muy limitado el armamento con que se contaba.
Frente a la campaña gubernamental por hacer creer la muerte de Fidel
luego del desembarco del Granma, el Directorio estima necesario dar a
conocer al pueblo las noticias reales sobre la presencia del líder revolu-
cionario en la Sierra Maestra. Así, en diciembre, el titular del primer
número de su órgano clandestino, Al Combate, podrá afirmar con certe-
za: «¡Fidel está vivo!», a partir de las informaciones recibidas por inter-
medio del dominicano Ramón Mejías del Castillo, Pichirilo,38 uno de los
expedicionarios sobrevivientes de Alegría de Pío, que se ha refugiado
en La Habana y ha contactado a los compañeros del DR. Los cerca de
2 000 ejemplares39 han sido tirados en mimeógrafo, en la casa de calle 6
entre 19 y 21, El Vedado, y repartidos por toda la ciudad por los propios
miembros de la organización.

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES / El Directorio, revolucionario de su tiempo


Al tiempo que se aceleraban los preparativos del ataque al Palacio
Presidencial, el 26 de febrero de 1957 salía publicada en The New York
Times una entrevista realizada días antes a Echeverría por el periodista
Herbert Matthews, cuando este regresó de la Sierra Maestra, luego de
haberse producido su histórico encuentro con Fidel Castro. El mundo
conocía de las actividades revolucionarias del estudiantado cubano a
través de las palabras del secretario general del Directorio Revolucio-
nario:
El señor Echeverría dijo que los estudiantes estaban activos en la
resistencia, lo cual puede decir o no que estaban tomando parte en
la colocación de las bombas y en los sabotajes. Los estudiantes,
37
Ídem.
38
Mario Mencía: Génesis del Directorio Revolucionario. Una organización juvenil para la lucha armada
revolucionaria, inédito, 1978, p. 132.
39
J. A. García Oliveras: «La muerte de José Antonio», Revista Bimestre Cubana, La Habana, 2000;
17: 120, jul.-dic.

47

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dijo, se unirán a un movimiento serio de resistencia, pero mientras,
esperan la oportunidad de salir a la calle y unirse a la revolución, si
se produce.40
Concluía José Antonio Echeverría sentenciosamente: «Los estudian-
tes cubanos nunca han temido a la muerte».41
Cuando ya está todo preparado se da el 10 de marzo la orden de
acuartelamiento y ese mismo día se efectúa la última reunión formal, en
uno de los apartamentos de la calle 21, para analizar los detalles finales
del plan. La única organización a la que se ha determinado avisarle para
que se incorpore o se encuentre preparada es el Movimiento 26 de Julio:
[...] se informó del plan, cuál era. Para que el movimiento decidiera
qué hacer ¿no? Y el incorporarse al plan o tomar medidas de segu-
ridad [...] lo que diríamos respondía a los principios aquellos que
habían establecido Fidel y José Antonio, con la firma de la Carta de
México.
Nosotros enviamos la información a la dirección del M-26-7, que
para nosotros era el compañero Faustino que estaba en La Habana.42

Señal de libertad

El 27 de Noviembre los estudiantes rinden el tradicional homenaje que


cada año dedican a los estudiantes de Medicina fusilados por soldados del
poder colonial español en 1871. Generalmente las manifestaciones de
ese día suelen ser bastante tranquilas, son vistas como recordaciones
históricas sin mayor trascendencia política y cuentan con la tolerancia
de la policía, a diferencia de las demostraciones estudiantiles en fechas
tales como el 13 de Febrero, 8 de Mayo, o el 26 de Julio, que sí son
duramente reprimidas por la fuerza pública, pues los asesinatos de Rubén
Batista, de Antonio Guiteras y de los asaltantes del Moncada, son acu-
saciones directas al régimen de facto.
Pero en noviembre de 1956 ya la situación imperante es de confron-
tación abierta y la dictadura no permite siquiera el habitual desfile del
40
J. A. García Oliveras: José Antonio Echeverría: la lucha estudiantil contra Batista, ob. cit. (en n. 7),
p. 333.
41
Ídem.
42
Entrevista realizada a Faure Chomón por Guillermo Alonso, Ana Julia Faya y Stusser, 25 de
febrero de 1977, en Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, file 255.

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día 27. A tiros y chorros de agua los cuerpos represivos logran disolver
el contingente de 400 jóvenes, que se dirigía hacia La Punta con una
ofrenda floral. El resultado: 16 estudiantes lesionados y 6 policías heri-
dos a pedradas.
Los líderes de la FEU y el DR, que desde la clandestinidad han pre-
parado y dirigido la manifestación, transmiten la orientación precisa de
que a partir de ese día la Universidad deberá quedar cerrada, y suspen-
didas las clases indefinidamente.43 La Universidad de La Habana ya no
abrirá más sus puertas hasta después del 1ro. de enero de 1959.
La marcha estudiantil del 27 de noviembre de 1956 cerraba así todo
un capítulo, el de la lucha política y de masas contra la dictadura, que ha
sido llevada al límite de sus posibilidades. En lo adelante la insurrec-
ción ocupará totalmente el centro de la estrategia revolucionaria.
El asalto al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957, fue califica-
do por el historiador Emilio Roig de Leuchsenring «la hazaña más fiera-
mente audaz de todas nuestras luchas por la libertad». Los hechos de
ese día, la mansión ejecutiva atacada por un comando de 50 jóvenes
armados, sin experiencia militar la mayoría, y uno de los dictadores más
feroces del continente, acorralado en su propia fortaleza por la osadía
juvenil, conmocionaron al país y demostraron lo vulnerable que era, de
hecho, el régimen batistiano. El 13 de marzo fue la gran obra de José
Antonio Echeverría y el Directorio Revolucionario; ese día fructifica-

FRANK JOSUÉ SOLAR CABRALES / El Directorio, revolucionario de su tiempo


ban sus esfuerzos y su labor insurreccional. No era el 13 de Marzo un
acto putchista, sino coherente con la proyección política de moviliza-
ción popular que había caracterizado siempre a José Antonio y al Direc-
torio. Postura refrendada en su testamento político:
Si caemos, que nuestra sangre señale el camino de la libertad. Por-
que, tenga o no, nuestra acción el éxito que esperamos, la conmo-
ción que originará nos hará adelantar en la senda del triunfo.
Pero es la acción del pueblo la que será decisiva para alcanzarlo.44
Tras el descalabro militar que significó el 13 de Marzo para el DR,
con la muerte de muchos de sus cuadros y combatientes, incluyendo a
quien fuera su alma y guía, José Antonio Echeverría, el impulso ini-
cial de la organización es reagrupar los hombres, recuperar las armas, y
43
Entrevista realizada por el autor a Guillermo Jiménez, 7 de diciembre de 2004.
44
«Testamento político de José Antonio Echeverría. Al pueblo de Cuba», Hilda Berdayes: Papeles
del Presidente, ob. cit. (en n. 1), p. 97.

49

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contraatacar de inmediato. Pero las condiciones son muy adversas, la
cacería desatada contra ellos es intensa y despiadada y la realidad les
impone una convalecencia mucho más larga.
En los días siguientes se reuniría el Ejecutivo para analizar los he-
chos, reconstruirlos y decidir los próximos pasos. Quien hasta ese mo-
mento había sido su vicesecretario general, Fructuoso Rodríguez, pasaría
ahora a dirigir el Directorio Revolucionario, aunque solo fuera por espa-
cio de un mes, cuando caería asesinado.
En lo adelante la organización se llamaría Directorio Revolucionario
13 de Marzo. Con el cambio de nombre, también vendrían transfor-
maciones fundamentales en cuanto a fisonomía, estructuras y tácticas
de lucha. Antes del 13 de marzo de 1957 la actividad del Directorio
Revolucionario tiene un marcado carácter político. A la acción armada
se llega como resultado del ascenso de las luchas estudiantiles y de masas,
y aquella debe revestir siempre alguna connotación política. Después
del asalto al Palacio Presidencial, con la pérdida de los principales cua-
dros políticos y de su base estudiantil, la dirección del DR será ejercida
por sus cuadros de acción, lo que marcará un giro en su actuación a
brindarle mayor importancia a la lucha armada en sí misma.
La fuerza revolucionaria del Directorio no estaba liquidada. Ahora
solo entraba en una nueva etapa de su historia.

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RUTH No. 3/2009, pp. 51-76

GLADYS MAREL GARCÍA PÉREZ*

Mujer y Revolución: Una perspectiva


desde la insurgencia cubana (1952-1959)

El estudio de la participación y el liderazgo de las mujeres en las diferentes organizaciones


femeninas de la insurrección, de las condiciones de igualdad con los hombres y de las relaciones
de poder entre «lo femenino» y «lo masculino», demanda tener en cuenta la necesidad de develar
los mitos de una realidad oculta por un discurso reductor y simplificador. Problema ya plantea-
do en la década del 50, se hace latente al escribir la historia femenina como parte de un todo no
excluyente de la acción masculina.

Mujeres de Cuba, que me decís tan elocuentemente tantas


angustias y tanto sufrimiento: me arrodillo ante vosotras y beso
vuestros pies doloridos. No lo dudéis.
VICTOR HUGO1

Introducción

El estudio de la participación y el liderazgo de las mujeres en las dife-


rentes organizaciones femeninas de la insurrección2 –contra el golpe de
Estado del 10 de marzo de 1952 y el régimen político militar impuesto

* Historiadora, ensayista y narradora cubana. Investigadora Titular de la Academia de Ciencias


de Cuba. Entre sus libros se cuentan: Insurrección y Revolución (1952-1959), Memoria e identidad:
un estudio específico (1952-1958), Premio Pinos Nuevos de ensayo 1996, y Cuando las edades
llegaron a estar de pie, Premio de narrativa Concurso CTC Rubén Martínez Villena 1974.
1
Victor Hugo: «Aux femmes de Cuba» (Carta a las mujeres cubanas), en Jean-Marc Hovasse:
Victor Hugo, Pendant l’ exil: 1851-1864, vol. VI, Fayard, Paris, t. 2, p. 53.
2
El programa de la Revolución, formulado por su líder Fidel Castro, contenido en La historia me
absolverá, la tesis económica y otros documentos del Movimiento Revolucionario 26 de Julio,
sustentan la continuidad del proyecto de independencia, soberanía económica y justicia social,
que se inició en Cuba contra el imperio español, y se reinició en las décadas de los años 30 y 50.
El Movimiento Revolucionario 26 de Julio añadió a dichas tesis la «chibasista ortodoxa» de
erradicar la corrupción política administrativa.

51

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por Fulgencio Batista–,3 de las condiciones de igualdad con los hombres
y de las relaciones de poder entre «lo femenino» y «lo masculino»,4 de-
manda tener en cuenta la necesidad de develar los mitos de una realidad
oculta por un discurso reductor y simplificador. Problema ya planteado
en la década del 50, se hace latente al escribir la historia femenina como
parte de un todo no excluyente de la acción masculina.5
Asimismo, este estudio conlleva la dilucidación del esquema dogmá-
tico ortodoxo de origen soviético, propugnado por el estalinismo, cuyo
cuerpo metodológico y modelos teóricos generales solían ser represen-
taciones inconsistentes y autoritarias. Sus partidarios someten el análi-
sis del triunfo del proceso insurreccional de la Revolución Cubana a la
influencia de dicha tendencia.6 En consecuencia, tergiversan la ideolo-
gía e interpretación histórica del proceso de liberación nacional y su
pensamiento de justicia social, que se fundamenta en la doctrina patrió-
tica acerca de la necesidad de un movimiento de libertad para una épo-
ca nueva de la revolución moderna, formulados por José Martí.7
En Cuba, a diferencia de lo ocurrido en los países socialistas europeos,
no fue un partido de la clase obrera el que dirigió la Revolución y tomó
el poder en 1959, sino un aparato político, cívico, militar, con una base

3
Fulgencio Batista, líder de la llamada «revolución septembrista». Lideró el movimiento de los
sargentos contra la dictadura de Gerardo Machado. Ver Fondo María Gómez Carbonell:
«Cruzada educativa cubana», Archivo de la Biblioteca de la Universidad de Miami.
4
En mis libros me refiero a la participación y liderazgo femenino y las relaciones hombre-mujer
en la lucha insurreccional. Ver entre otros: G. M. García Pérez: Cuando las edades llegaron a estar
de pie; «Género, historia y sociología. Cuba siglo XX: mujer y Revolución. Algunos apuntes
sobre estudios de casos y familias a partir de la perspectiva de la nación y la emigración»;
Insurrección y Revolución (1952-1959).
5
Carlos Barros: Historia a debate; en la misma compilación ver: «Reflexiones en torno a la
historia de las mujeres», de María Luisa Bueno Domínguez (Universidad Autónoma de Ma-
drid) y «Algunas cuestiones a debatir sobre la historia de las mujeres», de Cristina Segura
Graiño.
6
Sobre las dos concepciones dentro del campo revolucionario, por un lado, los autores influidos
por la ideología soviética, el movimiento comunista y la reproducción de los rasgos del tipo de
dominación en nombre del socialismo de tendencia dogmática soviética: Oleg Darushenkov:
Cuba. El camino de la Revolución; A. D. Bekarevich: El gran Octubre y la Revolución Cubana; Vania
Bambirra: La Revolución Cubana, una reinterpretación. Y entre los autores, cuyas concepciones
tienen su origen en el proceso insurreccional, su ideología de liberación y su triunfo, que
desarrolló la «revolución popular», ver Fernando Martínez Heredia: El ejercicio de pensar,
pp. 28-29.
7
Ver G. M. García Pérez: Memoria e identidad: un estudio específico (1952-1958), p. 1, n. 1; Evelyn
Picón Gardfield e Iván A. Schulman: Las entrañas del vacío. Ensayos sobre la modernidad americana.

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socio-clasista amplia y un programa de justicia social8 que, después de
lograda la independencia y aplicadas las leyes revolucionarias, conduci-
ría a un proyecto de socialismo cubano.
El dogma ortodoxo provocó el desafío del pensamiento social y cul-
tural, y el fenómeno repercutió en diferentes esferas –cultura, planes de
educación, política editorial, medios de comunicación, entre otros–, así
como en las instituciones cubanas, al entronizarse en el campo intelec-
tual durante el llamado «quinquenio gris».9 Desafío que, dentro de la
vorágine de los conflictos y las contradicciones que tuvieron lugar en el
campo de las ciencias sociales, abrió con la Nueva Historia10 un espa-
cio, al aplicar métodos y técnicas interdisciplinarios de investigación en
el estudio de la insurgencia como primera fase de la Revolución,11 y en
el que se incluye la historia de las mujeres desde la perspectiva del mo-

GLADYS MAREL GARCÍA PÉREZ / Mujer y Revolución: Una perspectiva desde la insurgencia cubana (1952-1959)
vimiento de liberación nacional.
El aporte de las combatientes clandestinas, guerrilleras, o de las Sec-
ciones del Exilio, descubre sus historias de vida como militantes de las
agrupaciones femeninas, o las de ambos géneros o las que militaron
indistintamente en unas y otras. El caso de Eva Jiménez, cuya trayecto-
ria servirá de ejemplo en este ensayo, representa la continuidad y la
ruptura del proceso independentista y de las generaciones revoluciona-
rias de 1895, 1930 y 1950.
La conciencia insurgente de hombres y mujeres de la Generación del
50 fue portadora de la cultura patriótica,12 del pensamiento de justicia
social y, en algunos elementos de la vanguardia, de la mentalidad de la
8
F. Martínez Heredia: El ejercicio de pensar, ob. cit. (en n. 6), pp. 16-28: sobre el pensamiento
social, el patriotismo radical, el patriotismo popular, antimperialismo y justicia social como
corrientes de pensamiento.
9
F. Martínez Heredia: «Pensamiento social y política de la Revolución», ob. cit. (en n. 6), p. 3,
n. 1.
10
La Nueva Historia como tendencia historiográfica promovida por la Escuela de los Annales
francesa y retomada después por Carlos Barros, desde las últimas décadas del siglo XX. En Cuba
se destacan, entre otros promotores en el estudio de la Revolución, los historiadores Jorge
Ibarra, Newton Briones; el ensayista y filósofo Fernando Martínez Heredia; en historia social,
cultural y estudios de género María del Carmen Barcia; y las sociólogas Niurka Pérez Rojas y
Marta Núñez.
11
Ver G. M. García Pérez: Insurrección y Revolución (1952-1959).
12
Cultura patriótica: Mentalidad promotora de la tesis de independencia política, soberanía
económica y justicia social, y de la necesidad de llevar a cabo un movimiento de libertad para
una época nueva de la revolución moderna. Ver G. M. García Pérez: Memoria e identidad: un
estudio específico (1952-1958), p. 1. Concepción martiana que implica la de nación libre e
independiente del injerencismo de potencia extranjera.

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izquierda ajena al injerecismo de los regímenes socialista europeo y es-
tadounidense imperialista.

1952

Transcurrían los primeros meses de 1952. La nación cubana se prepara-


ba para celebrar en el mes de mayo el cincuentenario de la República.
En las vísperas ganaba fuerza un movimiento patriótico que proyectaba
diversas actividades. Historiadores, escritores y otras personalidades del
mundo intelectual y académico destacaban la ocasión por numerosas
vías, incluida la publicación de textos con el propósito de incidir en la
opinión pública. Entre otras, Loló de la Torriente y Gabriela Mistral13
escribirían en El libro de Cuba14 sendos artículos sobre el pensamiento
martiano y el papel de las mujeres en la Revolución del 95.
Fue ese el año en que se produjo el golpe de Estado. Desde el mismo
momento se gestó la situación revolucionaria y con ella irrumpió la Gene-
ración del 5015 transformada en vanguardia insurgente. La acción inicial
de hombres y mujeres de diversas edades se generó de manera espontá-
nea, mas durante el proceso de integración se agruparon en varias organi-
zaciones,16 lo que dio inicio a la primera etapa de la Revolución.
13
Instituto de Literatura y Lingüística: Fondo Congreso de Historia de Cuba.
14
El libro de Cuba. Enciclopedia ilustrada, Edición Conmemorativa del Cincuentenario de la
Independencia y del Centenario del Nacimiento de José Martí, Taller Litográfico de Artes
Gráficas, La Habana, 30 de junio de 1954.
15
Defino «generación» como concepción histórica social. Me refiero a la resultante de la unidad
de determinados grupos de individuos de diferentes edades, de cuya fusión resulta una men-
talidad particular. A diferencia de la categoría demográfica, los integrantes de una generación
revolucionaria –en un momento coyuntural de la sociedad, de crisis, transformaciones y
cambios– cubren todas las escalas sociales y están enlazados más que por la edad por represen-
tar semejanzas, reacciones y actitudes similares, pues se sienten ligados por la comunidad de su
punto de partida, creencias y deseos. Se trata de hombres y mujeres a los que la fuerza de los
hechos impone un programa colectivo. La categoría generación, en su sentido demográfico, se
utiliza como grupo de individuos que nacen en un año civil, en este caso, ante una coyuntura
revolucionaria, los individuos nacidos en diferentes años civiles se unen con el objetivo
común de hacer la revolución.
16
De la Generación del 50 (1952-1959), emergen como vanguardia de la Revolución la Federa-
ción Estudiantil Universitaria (FEU), más tarde bajo el liderazgo de José Antonio Echeverría,
fundador del Directorio Revolucionario, nombrado después Directorio Revolucionario 13 de
Marzo; el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) liderado por Rafael García Bárcena;
la Triple A, bajo el mando de Aureliano Sánchez Arango; El Movimiento, después Movimien-
to Revolucionario 26 de Julio como aparato político, cívico, militar que, conducido por Fidel

54

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Entre las agrupaciones fundamentales que desempeñaron un papel
protagónico, el núcleo director del Movimiento Revolucionario 26 de
Julio17 (MR 26-7) hizo suyas las tesis martianas de independencia, sobe-
ranía y justicia social, a las que añadió la de erradicar la corrupción
político-administrativa, propugnada por Eduardo Chibás; formuló el pro-
grama de la Revolución contenido en La historia me absolverá, en la tesis
del Movimiento Revolucionario 26 de Julio18 y en otros documentos.
Mientras, José Antonio Echeverría, la Federación Estudiantil Universi-
taria y el Directorio Revolucionario dieron continuidad al movimiento
revolucionario de las generaciones cubana y latinoamericana de los años
30; y el Frente Cívico de Mujeres Martianas, de la ideología martiana y
de la unidad revolucionaria.
El movimiento femenino insurreccional se organizó fundamentalmen-

GLADYS MAREL GARCÍA PÉREZ / Mujer y Revolución: Una perspectiva desde la insurgencia cubana (1952-1959)
te en el Frente Cívico de Mujeres Martianas. En 1956 surge Mujeres Opo-
sicionistas Unidas; en la antigua provincia de Oriente se organizó el Frente
de Mujeres Cubanas; en las Secciones del Exilio del MR 26-7 en Nueva
York, la Sección Femenina; y en Tampa, Florida, el MR 26-7 agrupó a
las militantes en su estructura con el nombre de Frente Cívico de Muje-
res Martianas. En Cuba ni el MR 26-7, ni el Directorio Revolucionario
13 de Marzo tuvieron en sus estructuras secciones femeninas. Tampoco
incluyeron en sus programas los intereses de este segmento social, que
demandó desde principios del siglo la revolución de la mujer.19

Castro, tomó el poder en 1959; y el Frente Cívico de Mujeres Martianas, organizado por sus
fundadoras y dirigentes –de ideología martiana nacionalista popular y de ideas de izquierda–
Aída Pelayo y Carmen Castro Porta, Neneína. Todos ellos tras el golpe de Estado de 1952
conformaron la masa crítica de la Revolución, como avanzada del pueblo. En el decursar de la
lucha surgieron otras agrupaciones partidarias del enfrentamiento armado al poder.
17
Aunque en la actualidad se utiliza la denominación Movimiento 26 de Julio –como se eviden-
cia en el uso que hace la mayoría de los autores incluidos en nuestro dosier–, la autora, no solo
investigadora, sino también combatiente y dirigente de dicho Movimiento, explica que, tanto
la Dirección Nacional, provincial y regional del Movimiento, así como en documentos de
Fidel Castro, se firmaba Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR 26-7). Alude a una de las
primeras declaraciones públicas de Fidel Castro, por escrito, desde la prisión Miguel Schultz,
en México (1956), que publicara el periódico mexicano Excelsior: «Nuestro programa es
democrático nacionalista. El Movimiento Revolucionario 26 de Julio lucha por convertir a
Cuba en una nación libre [...]»; citado en Heberto Norman Acosta: La palabra empeñada, t. 2,
p. 143 [n. de la R.].
18
Fidel Castro: «Pensamiento económico (tesis del Movimiento Revolucionario 26 de Julio)»,
Pensamiento político, económico y social de Fidel Castro.
19
Mariblanca Sabas Alomá: Feminismo. Cuestiones sociales y crítica literaria; G. M. García Pérez:
«Emilio Roig de Leuchsenring: desde una perspectiva de género».

55

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No se puede estudiar la participación de las mujeres en la lucha revo-
lucionaria como fenómeno independiente de la de los hombres. Duran-
te el proceso insurreccional ambos actúan y se redefinen uno en función
del otro, y llegan en la actividad a un punto de equilibrio. Así, ejemplificaré
en este artículo la historia de Eva Jiménez, su actividad en la organiza-
ción femenina o en las que incorporan ambos géneros con un propósito
común: liberar a Cuba del régimen de Fulgencio Batista.
La participación femenina, como combatientes o dirigentes, se desa-
rrolló en los diferentes niveles de las organizaciones insurreccionales en
la nación, las cárceles, las montañas y el exilio. Ocuparon diversos car-
gos, dentro del MR 26-7 y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo; en
las direcciones nacional, provinciales, regionales, municipales y del exi-
lio; en el aparato militar guerrillero y clandestino en los Grupos o Briga-
das de Acción y Sabotaje, y en las milicias que operaban en las zonas
urbanas y rurales; así como también en columnas del Ejército Rebelde,
además del Pelotón Mariana Grajales del MR 26-7.

Mujer y Revolución

Hacer una nueva historia, diferente y capaz de tener en cuenta un enfo-


que de género para analizar la participación de la mujer, fue una necesi-
dad imperiosa a partir del triunfo de la Revolución. Se hizo evidente la
importancia de la narración oral sobre la gesta recién ocurrida, y las
publicaciones se iniciaron con los testimonios de combatientes y diri-
gentes femeninos y masculinos.20
Pero al mismo tiempo en el campo de las ciencias sociales y la cultu-
ra, de manera especial a partir del año 1961, se introdujo el aparato
conceptual y el dogma ortodoxo del llamado «socialismo real» de origen
soviético, y en consecuencia aparece una historiografía ajena y
distorsionada. Ya en mis investigaciones y resultados anteriores21 había

20
Louis Pérez Jr.: The Cuban Revolutionary War, 1953-1958. A Bibliography. Se destacan entre
otros autores las periodistas e historiadoras Mirta Rodríguez Calderón y Nydia Sarabia; tam-
bién Ernesto Che Guevara y Vilma Espín.
21
Ver G. M. García Pérez: Cuando las edades llegaron a estar de pie; Memoria e identidad: un estudio
específico (1952-1958); Insurrection and Revolution: Armed Struggle in Cuba, 1952-1959 (Studies in
Cuban History). En todos estos libros formulo las concepciones que tienen su origen en el
proceso insurreccional, su ideología de liberación nacional y su triunfo, como resultado de la

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encarado la tendencia dogmática,22 y cuando inicié el estudio del proce-
so participativo de la mujer en el movimiento insurreccional23 el enfren-
tamiento de los elementos de la tendencia ideológica pro soviética
dogmática, se hizo más relevante en la representación historiográfica.
Desde esta perspectiva es necesario –también en el estudio de las
mujeres que forman parte indisoluble y sistémica de la Revolución–,
develar «las nubes del engaño y la distorsión».24 Esto significa desentra-
ñar las falsedades historiográficas, que adulteran la utopía de que podía
estallar una revolución sui generis bajo el liderazgo de una nueva genera-
ción, con una táctica diferente a la promovida por los partidos políticos,
e ideologías extranjeras. Y en ese contexto se ha de evaluar y dar a
conocer la importante participación y el liderazgo de las mujeres, que
no se limitan a un número exiguo de heroínas.
El estudio de las relaciones de género en la dinámica y desde la pers-

GLADYS MAREL GARCÍA PÉREZ / Mujer y Revolución: Una perspectiva desde la insurgencia cubana (1952-1959)
pectiva de la insurgencia me condujo a valorar en las historias de vida la
manera en que se manifestaba la continuidad de la cultura patriótica, la
ideología de la liberación en el pensamiento independentista y de justi-
cia social, el papel de las mujeres, la nueva familia mambisa en el pro-
yecto, y si ellas fueron conscientes o no de ser vanguardia del segmento
social femenino.
Las escasas publicaciones sobre la dinámica de cambios sucedidos
entre los subordinados al poder y el régimen, así como la necesidad de

revolución popular, ideas que sintetizo en el libro objeto del debate: Insurrección y Revolución
(1952-1959). Estos resultados fueron sometidos a discusión en la predefensa del Departamen-
to de Historia de la Universidad de La Habana, y aprobados por unanimidad en ese nivel
académico. Pero en el Tribunal Nacional de Grados Científicos engendraron de nuevo el enfren-
tamiento a la concepción dogmática ortodoxa, tergiversaciones y falsedades. Ver G. M. García
Pérez: Confrontación: debate historiográfico.
22
Resultados de investigación que fueron objeto de enfrentamiento al dogma ortodoxo sovié-
tico en el debate académico en el Instituto del Movimiento Comunista y la Revolución
Socialista (1974-1979), Instituto de Ciencias Sociales (ICSO) de la Academia de Ciencias de
Cuba (1981-1987) e Instituto de Historia de Cuba (1989-1997).
23
«Mujer y revolución», proyecto que obtuvo premio de la Beca de Humanidades de la Funda-
ción Rockefeller 1995-1996, Instituto de Investigaciones Cubanas (CRI), Universidad Inter-
nacional de la Florida (FIU), Miami. Los resultados fueron presentados en diferentes eventos;
entre otros los Congresos de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) celebrados
en: Washington, Chicago, Miami y Guadalajara. También en conferencias y encuentros en la
Universidad de la Florida, Gainsville, en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill,
y en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
24
Noam Chomsky: «Perspectivas sobre el poder», en Xabi Puerta, Carlos Fernández Liria,
Vicente Romano y Ricardo Alarcón de Quesada: ¡Buenos días, Utopía! (De la posmodernidad a la
neohistoria), y G. M. García Pérez: Confrontación: debate historiográfico.

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develar los mitos de una realidad oculta por una visión tradicional
reductora y simplificadora de la participación y el liderazgo femenino25
llevan a analizar el papel que desempeñaron las organizaciones insu-
rreccionales ante el vacío de poder generado por los partidos políticos y
su descrédito.
Entre las agrupaciones insurrecciónales, el MR 26-7, como vanguar-
dia del pueblo protagonizó el papel de partido para liderarlo hacia la
huelga general política en apoyo a la lucha armada. Ellos, como mili-
tantes y dirigentes se organizaron y estructuraron en Cuba, el Exilio, el
Ejército Revolucionario y las Brigadas o Milicias de Acción y Sabotaje
que conformaron el aparato político, cívico, militar, clandestino y gue-
rrillero que integró a elementos, clases, sectores y segmentos sociales
diversos.26
Entre los diferentes niveles organizativos se destacaron numerosas
mujeres, que como resultado de la praxis revolucionaria convirtieron lo
común cotidiano del ámbito privado familiar en excepcional, al jugar a
la vez el papel de combatientes, madres, esposas e hijas. De esta mane-
ra rompieron las normas de conducta establecidas, y como resultado se
fueron transformando, y al mismo tiempo conformando las premisas
que generarían las nuevas relaciones de género a partir del triunfo de la
Revolución.

Eva Jiménez Ruiz27

Uno de los ejemplos que ilustra la historia de las mujeres y sustenta las
afirmaciones anteriores es el de Eva Jiménez Ruiz.
Contar su vida, en la que se personifican los valores de sus ancestros,
que lega a la contemporaneidad su existencia de mujer común y a la vez
excepcional –que despertó admiración, simpatía, amor, amistad en mu-
chos de los que la rodearon, pero también fue ignorada, abandonada y
desconocida por otros en momentos de su vida–, ejemplifica en lo par-
ticular el contexto de la dinámica del proceso revolucionario de media-
dos del siglo XX.
25
Entre los resultados se recoge la historia de un grupo de mujeres que participaron con el
Frente Cívico de Mujeres Martianas. Ver Carmen Castro Porta, Aída Pelayo y otras: La lección
del maestro.
26
G. M. García Pérez: Insurrección y Revolución (1952-1959), capítulos 2 y 3 y anexos 1 y 2.
27
G. M. García Pérez: Eva, en proceso editorial.

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La historia de Eva es símbolo de su tiempo. Porque es signo de con-
tinuidad generacional, de las nuevas relaciones de género y de la cultura
patriótica de la época, heredada del proceso de las guerras independen-
tistas y del carácter autóctono de la ideología de liberación nacional y
justicia social, ajena al sectarismo y al dogma ortodoxo.
«Creo que si mis padres o mis abuelos vivieran [dijo en una ocasión],
comprenderían que hablarme de esta Revolución sería la mejor historia
que podrían contarme, pero a la vez, me siento muy orgullosa de tener
una pequeña parte en ella».28
Desde pequeñita, a diferencia de otras niñas que gustaban de las na-
rraciones sobre Blanca Nieves, la Cenicienta y los clásicos infantiles de
su tiempo, prefería escuchar lo épico de las guerras de independencia,
en las que su abuela, doña Antonia Romero, el Agente Torcaza, su tío, el

GLADYS MAREL GARCÍA PÉREZ / Mujer y Revolución: Una perspectiva desde la insurgencia cubana (1952-1959)
general Juan Carrillo, su padre, el teniente coronel Juan Jiménez Castro,
eran los personajes y los héroes.
Aprendió en su hogar los valores de la libertad, honestidad, integri-
dad de principios y la amistad, que había que construir y cultivar. La
cultura transmitida por su abuela, padre y tío esculpieron la personali-
dad de aquella niña, cuyos pensamientos y sentimientos se fueron asen-
tando en tales principios. Así se fraguó la mujer, cuya talla emerge a
mediados de la década del 20, y que por la firmeza de su carácter y
decisiones ante la vida, transitó rompiendo lo determinado por la socie-
dad patriarcal, que limitaba la libertad participativa femenina.
Las nuevas relaciones de poder entre lo femenino y lo masculino, no
logradas en la esencia de una época nueva29 con la República, represen-
tarían un reto para quien, como ella –por su temperamento, lenguaje y
expresión fuerte– solo podía concebirse a sí misma en una vida como
luchadora firme e incansable, que todo lo revolucionaba a su alrededor,
al no corresponderse las normas de conducta con los valores que ella
poseía y tampoco con la vida que esperaba.

28
Eva Jiménez Ruiz: «Testimonios», recorte de prensa en el archivo de José Pepe Gruart Jiménez,
su sobrino.
29
G. M. García Pérez: Memoria e identidad: Un estudio específico (1952-1958), p. 1, n. 1. Para la
elaboración del concepto «época nueva» parto del enunciado de José Martí acerca de la idea de
la revolución moderna en una nueva época, no solo de la experiencia americana, sino univer-
sal, que califica en esencia como un movimiento de libertad, que está en todas partes, rompe
con los elementos de la anterior forma, a la vez que acumula aquellos que pueden persistir de
la nueva. Este concepto está dado también para lo estético por Rubén Darío; ver Evelyn
Picón Garfield e Iván A. Schulman: Las entrañas del vacío. Ensayos sobre la modernidad americana.

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Actuó adelantándose a su época y marchó siempre hacia el futuro,
rompió con todos los convencionalismos, como también hizo su abuela
Antonia, quien a fines del siglo XIX enviudó dos veces y luego se incor-
poró a la guerra de independencia. Este camino no fue fácil para ningu-
na de las dos, colmado de reveses que en muchos difíciles momentos
las condujeron a la soledad de aquellos «que brillan con luz propia»,
muchas veces incomprendidos. Eva era una mujer enérgica y estoica,
vital y dinámica.
Nació en el seno de una familia pudiente y creció entre relatos épi-
cos, en los que hombres y mujeres conspiraban juntos. Su abuela Antonia
y María Escobar, el Agente Vencedor,30 actuaban vinculadas a los campa-
mentos del general Máximo Gómez en el Central Narcisa y en la finca
Boffill.31 Antonia, al ser nombrada agente por la Junta Patriótica de Nue-
va York, fundó el Club Patriótico de Remedios. A través de ella la Junta
envió el cable que anunciaba al general Máximo Gómez la intervención
de Estados Unidos en la guerra hispano-cubana.
Antonia era esbelta, hermosa como pocas,32 como también lo fue Eva.
Uno de los rasgos suyos que heredó la nieta fue el de que no era pusilá-
nime, no se amilanaba ante las dificultades.
Durante la Revolución del 30 Eva participó en manifestaciones de
enfrentamiento al régimen de Gerardo Machado y estuvo vinculada al
Directorio Estudiantil Universitario (DEU). En la casa de su hermana
Graciela se escondieron los combatientes Eduardo Chibás y Luis Orlando
Rodríguez, perseguidos por los cuerpos represivos y, a pesar de la movi-
lización y del registro de los soldados del Tercio Táctico de Santa Clara,
no los pudieron capturar.33
Habiéndose incorporado al PPC (O) [Partido del Pueblo Cubano
(Ortodoxos)],34 «participaba en largas conversaciones» con Eduardo Chibás,
identificada como estaba con su ideario35 y campaña «Vergüenza contra

30
María Victoria Cabrera: María Escobar Laredo, inédito, Museo Municipal de Historia de Reme-
dios, Remedios.
31
Boffill, cerca del Central Narcisa, fue el último campamento del Generalísimo, Máximo
Gómez, y su Estado Mayor. En el lugar operaron los abuelos mambises de la autora, el alférez
Isidro Pérez y su esposa, doña Lola de los Reyes y Arteaga.
32
Ver notas del historiador de Remedios, Fondo José A. Martínez Fortún, Instituto de Litera-
tura y Lingüística; y Archivo de la autora. Disquete M3; MVC 0175, 185, 195.
33
Testimonios de José Gruart Jiménez, La Habana, 4 de marzo de 2008.
34
Eva Jiménez: Autobiografía, Fondo Archivo de Remedios, disquete M2.MVC.
35
Programa e Ideario, Fondo Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), Archivo Nacional de
Cuba.

60

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dinero». A Fidel Castro lo conoció en un acto del barrio de Columbia,
de la capital. Este dialogó con ella, le pidió su apoyo y desde ese mo-
mento se sintió atraída hacia él. «Intuí su calidad, su personalidad y su
poder de persuasión me convenció, me di desde entonces a la tarea de
ayudarlo con todas mis fuerzas».36 En aquellos momentos tenía alquila-
do un apartamento en la calle 12 de El Vedado, donde constituyó el
Comité Pro Fidel Castro, y se involucró en 1951 en la campaña política
ortodoxa.37
En esos meses se preparaba la Generación del Cincuentenario de la
República para celebrar el aniversario de esta. El vacío de poder gene-
rado con la desaparición de Chibás creó turbulencia en las luchas políti-
cas,38 y el lema «Vergüenza contra dinero» impregnó al movimiento
popular. Había desaparecido el líder pero no su pensamiento, sentimien-

GLADYS MAREL GARCÍA PÉREZ / Mujer y Revolución: Una perspectiva desde la insurgencia cubana (1952-1959)
tos y objetivos cívicos.39
En ese tiempo Fidel investigaba acerca de la vida de derroche e
inmoralidades del presidente de la República, Carlos Prío Socarrás, y en
una de esas ocasiones se dirigió a la casa de Eva para decirle que al día
siguiente la iba a buscar para entrar en la finca El Rocío, propiedad del
presidente, y hacer una película donde se vieran los soldados del Ejército
trabajando para él de sol a sol. El día señalado partieron en dos autos.40 Al
llegar, Eva se hizo pasar por mexicana y mientras conversaba con los
soldados en la posta, René Rodríguez los iba grabando. Fidel decidió guardar
la película en la casa de unos militantes ortodoxos cerca del lugar.

El golpe de Estado del 10 de marzo de 1952

Poco después se produjo el golpe de Estado bajo el mando de Fulgencio


Batista, quien nombró al teniente Rafael Salas Cañizares jefe de la Poli-
cía Nacional.41 Fidel lo había denunciado por el asesinato de Carlos

36
Eva Jiménez: Autobiografía, ob. cit. (en n. 34).
37
Ídem.
38
Ver nota 2. Ver además, C. Castro Porta, A. Pelayo y otras: La lección del maestro, y Clara
Hernández: «Combatientes clandestinas», El Mundo, 21 de agosto de 1968, en: Tomas Fernández
Robaina: Bibliografía de la mujer cubana, p. 118, asiento 972. C.
39
C. Castro Porta, A. Pelayo y otras: «Testimonio de Eva Jiménez: una martiana en México», La
lección del maestro, pp. 132-139.
40
Ídem.
41
Eva Jiménez: Autobiografía, ob. cit., (en n. 34).

61

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Rodríguez42 durante un acto universitario contra el aumento del pasaje,
y por tal motivo decidieron que debía permanecer clandestino ya que el
«cuartelazo era puramente militar».43
Eva y su hermana Graciela se dirigieron a la Universidad de La Ha-
bana y se unieron a la revuelta encabezada por la FEU, a las manifesta-
ciones y a la recogida de firmas en el libro situado al pie de la escalinata
universitaria, en apoyo a la Constitución del 40.
También durante esos días Eva acudió a una conferencia sobre histo-
ria impartida por el doctor Rafael García Bárcena, figura promotora del
ideario chibasista,44 a quien conocía del Partido Ortodoxo. Sabía que
este había combatido a la dictadura de Gerardo Machado con el DEU
del 30 y que estaba organizando la rebelión contra Batista. El profesor
a su vez conocía la proyección de Eva como figura que, por sus caracte-
rísticas y dinamismo, podía desempeñar un importante papel en el mo-
vimiento, y la invitó a incorporarse. Eva fue una de las principales
fundadoras del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), que se
constituyó en reunión celebrada en la Escuela de Ciencias de la Univer-
sidad de La Habana, el 20 de mayo de 1952.45
Al mismo tiempo participó en el núcleo fundacional del Frente Cívi-
co de Mujeres del Centenario Martiano, gestado por Aída Pelayo, Car-
men Castro Porta y Olga San Román,46 sobre el que expresó:
Las mujeres martianas nos organizamos en el 1952 en la Universi-
dad de La Habana. Las principales coordinadoras fueron Carmen
Castro y Aída Pelayo. Aunque pertenecíamos a organizaciones dis-
42
Sobre el asesinato de Carlos Rodríguez, ver Lionel Martín: El joven Fidel. Los orígenes de su
ideología comunista, 2da. edición revisada, Grijalbo, Barcelona, 1982, p. 93.
43
Eva Jiménez: Autobiografía, ob. cit. (en n. 34).
44
Rafael García Bárcena, fue director del órgano del Directorio Estudiantil Universitario del
30. Profesor de la Escuela Superior de Guerra del Ejército, dimitió después del golpe de
Estado. Su frustrada intentona de tomar el campamento de Columbia lo condujo al presidio
en Isla de Pinos; ver Enrique de la Osa: En Cuba. Tercer tiempo 1952-1954, pp. 487-488.
45
Eva Jiménez: Autobiografía, ob. cit. (en n. 34); C. Castro Porta, A. Pelayo y otras: La lección del
maestro, p. 132.
46
C. Castro Porta, A. Pelayo y otras: «Testimonio de Carmen Castro Porta», p. 27 y «Testimonio
de Aída Pelayo», p. 54, La lección del maestro. La estructura del Frente Cívico de Mujeres
Martianas se basó en comisiones de trabajo por grupos: Aída fungió como coordinadora
general; Carmen Neneína, Organización y Propaganda; Aída y Olga Román en Acción; Gudelia
García e Isabel Álvarez en Juventud; Nieves López y Olga Román en Finanzas; Tomasa
Crespo y Concha Cheda en Ayuda y Solidaridad y María Pazos en Relaciones Exteriores, p. 30;
en Testimonio de Josefina Rodríguez, Fifi, La Habana, septiembre de 2008.

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tintas –el 26, el Partido Ortodoxo, Auténtico, al Directorio–,47 to-
das nos unimos para luchar contra el tirano, por la libertad de la
patria, de la bandera.
Teníamos Comités de Acción en las distintas provincias. Era una
organización nacional. Aquí en la capital nos reuníamos en la casa
de Carmen, en Paseo entre 23 y 25, en El Vedado. De allí partía-
mos a las distintas misiones. ¡Fue una época dura!48

Conspiración del Domingo de Resurrección

El doctor Rafael García Bárcena, ex profesor de la Escuela de Guerra


de Atarés, mantenía contactos con los oficiales de mejor expediente y

GLADYS MAREL GARCÍA PÉREZ / Mujer y Revolución: Una perspectiva desde la insurgencia cubana (1952-1959)
entre mayo de 1952 y abril de 1953 creó la red del MNR,49 que se nutrió
del movimiento popular del PPC (O) y de jóvenes universitarios.50 Du-
rante el año transcurrido prepararon las condiciones para tomar el cuar-
tel de la ciudad militar de Columbia. Concibieron la entrada por la posta 13,
pero la conspiración abortó. Los miembros del Buró de Investigaciones
de la Policía Nacional y del SIM51 ocuparon el apartamento de Eva.52
Conducida junto a García Bárcena y el grupo que los acompañaba al
Buró y después al SIM, desafió al jefe de la Inteligencia, Ugalde Carrillo,
acusándolo de violar la Constitución.53

47
Eva Jiménez se refiere al Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR 26-7); al Partido del
Pueblo Cubano (Ortodoxos) en la tendencia insurreccional; asimismo el Partido Revolucio-
nario Cubano (Auténtico), la Triple A y al Directorio Revolucionario, que se llamó después del
asalto al Palacio Presidencial Directorio Revolucionario 13 de Marzo.
48
Ver Eva Jiménez: Autobiografía; ob. cit. (en n. 34); C. Castro Porta, A. Pelayo y otras: La lección
del maestro, p. 132, y Testimonio de Rosita Mier, La Habana, julio de 2008.
49
En el archivo de la autora, Testimonio del general Guillermo Rodríguez del Pozo. Él y
Gustavo Arcos extendieron la red del MNR a todos los municipios de la antigua provincia de
Las Villas. Esta estructura sirvió, en 1955, de base municipal a la reorganización de El
Movimiento con el nombre de MR 26-7.
50
Heberto Norman Acosta: La palabra empeñada, t. 2, p. 47. Al MNR perteneció Vilma Espín.
51
El Servicio de Inteligencia Militar (SIM) fue creado en sustitución del Grupo de Represión de
Actividades Subversivas (GRAS), como sección del Estado Mayor General, bajo el mando del
jefe del Estado Mayor, general del Ejército, mayor general Francisco Tabernilla Dolz.
52
«Parte del Estado Mayor del Ejército», Información, La Habana, 5 de abril y 7 de abril de 1953
(periódico).
53
Ver C. Castro Porta, A. Pelayo y otras: La lección del maestro, p. 133.

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Otras mujeres fueron detenidas por el Buró.54 Los periódicos compa-
raban los hechos, al decir que la posta 13, por donde planearon entrar
los conjurados, «ganó jerarquía histórica jugando un papel opuesto a la
posta 6», por la cual entró Batista al dar el golpe de Estado, así «El
domingo de Resurrección fue la oposición al 10 de marzo»; y repetían
una y otra vez que Eva era la primera mujer hecha prisionera por parti-
cipar en el plan de tomar un cuartel.55
Durante el proceso jurídico Eva se destacó al desafiar al régimen
junto con García Bárcena,56 quien declaró conocerla como una destaca-
da militante del Partido Ortodoxo, por lo que la consideraba un valioso
elemento en la lucha oposicionista del MNR. Enfrentó al poder al igual
que el hombre en semejante situación represiva, y ambos representaron
los intereses del pueblo y la nación. Sobresalió por su valentía, carácter
dinámico que se imponía al estar convencida de los valores y los princi-
pios que defendía con audacia57 –inherentes a la mujer de la Revolución
del 30 y la del 95–, dio continuidad generacional a la familia mambisa58
de manera diferente; ya que el modelo patriótico de los primeros 50 años
republicanos confería relevancia principal a las madres y esposas. Con
ello, la sociedad patriarcal legitimaba la cultura de la sumisión de la
mujer, subordinaba al ejercicio del poder masculino en la vida privada y
pública, y en lo ético-moral desvirtuaba la participación integral de la
mujer en la sociedad civil o en la vida militar.
Eva, desde esa perspectiva, no solo entraba en la historia indepen-
dentista de Cuba de mediados de la centuria del XX como la primera
mujer que se enfrentaba a la dictadura con la toma de un cuartel del
Ejército, también involucraba al segmento social femenino, al ser miem-

54
Entre ellas Marta Fray de Barraqué, Delia López Puncet, Herminia Delfín Charles y Ana Luisa
Capote García.
55
Información, La Habana, 7 de abril de 1953.
56
En Bohemia, La Habana, 26 de abril de 1953, ver Luis Ricardo Alonso: «Es falso que intentara
tomar Columbia el Domingo de Resurrección». Entrevista a Rafael García Bárcena, quien
maniobró junto con sus abogados, Armando Hart y Eduardo Corona, la táctica a seguir en las
declaraciones. Entre los detenidos se encontraban jóvenes estudiantes, obreros, campesinos,
empleados, propietarios de diversas edades.
57
Testimonio del general Arsenio García, expedicionario del Granma, compañero de Eva Jiménez
en México, La Habana, 13 de mayo de 2008; Testimonio de Rosita Mier, La Habana, 13 de
mayo de 2008.
58
Familia mambisa, concepto que elaboro para abordar las relaciones interfamiliares de la mujer
que actúa y participa en la lucha insurreccional al igual que el hombre; y junto a sus hijos,
padres y/o hermanos se enfrenta al poder del régimen.

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bro fundadora del Frente Cívico de Mujeres Martianas y militante de la
llamada línea dura –o sea, la insurreccional– de la Sección Femenina del
Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), agrupaciones que integraban
la «masa crítica» de dicho segmento social.
En apoyo a los combatientes del MNR, las secretarias generales de
Organización y Propaganda del Comité Gestor Municipal de La Haba-
na, de la Sección Femenina del PPC (O), en la semana de los hechos
hicieron declaraciones de protesta por el arresto de su compañera Eva
Jiménez y del profesor Rafael García Bárcena.59
El sector juvenil conformó una mayoría de estudiantes entre los com-
batientes, con ello se demostraba su papel en la vanguardia como nueva
generación. Desde el mismo día de los hechos la FEU desató un movi-
miento de apoyo en manifestaciones y actos públicos. La violencia de la

GLADYS MAREL GARCÍA PÉREZ / Mujer y Revolución: Una perspectiva desde la insurgencia cubana (1952-1959)
policía se agudizó en ataques a golpes y a tiros, y el 13 de abril resultó
herida Idelisa Álvarez, de la Facultad de Pedagogía de la Universidad
de La Habana.
El 27 de abril se inició en la prisión del Castillo del Príncipe el juicio
a los complotados en la Causa no. 237,60 radicada en el Tribunal de
Urgencia. El Tribunal decidió entregar a sus padres los siete conspira-
dores, menores de edad. Los alrededores del Castillo del Príncipe se
convirtieron en zona militar, donde soldados, perseguidoras y policías
armados, apostados en las esquinas, bloquearon el acceso a la prisión, a
la que acudían familiares, abogados, fotógrafos y periodistas.
Eva se mantuvo serena y firme al enfrentarse al Tribunal. Le brilla-
ban los ojos y hablaba de prisa. Declaró que era cierto que le ocuparon
la bandera de Carlos Manuel de Céspedes, que la quería para ir con ella
a Bayamo a recordar al «Padre de la Patria»; y que también encontraron
un emblema con las firmas de los que se reunían en su apartamento. Y
añadió: «La firma del jefe del MNR la puse yo, de mi puño y letra. Por-
que quiero aclarar que el doctor García Bárcena es mi jefe, a quien
admiro y respeto. Creo, sin molestar a nadie, que después de la muerte
de Chibás es el cubano de más honor que tenemos».61

59
«Protesta ortodoxa», Información, La Habana, 14 de abril de 1953. Participaron: Paquita
Vivar, Luisa Heredia y Nieves Porto, en nombre de la Sección Femenina del Partido del
Pueblo Cubano (Ortodoxos).
60
La Causa decreto 491, mencionado el Artículo 32 del decreto-ley 292, de 1934, señala la
similitud de acción en la rebelión y los delitos contra los poderes del Estado. Ver E. de la Osa:
«Tribunal de Urgencia», ob. cit. (en n. 44), pp. 285, 286.
61
Ibíd., pp. 272-283: la Causa no. 237, La Habana, 3 de mayo de 1953.

65

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Fue condenada a seis meses y un día de cárcel, a cumplir en el
Reclusorio de Mujeres de Guanajay. El 26 de julio de 1953 se enteró del
asalto al cuartel Moncada de Santiago de Cuba por una de las reclusas.
Luego obtuvo más información de la líder del Frente, Aída Pelayo, de-
tenida por el Buró de Investigaciones y remitida del vivaque de Guana-
bacoa al Reclusorio de Mujeres de Guanajay. Ambas continuaron
conspirando desde el penal. Cumplida la condena, Eva se reincorporó
al MNR, pero perseguida y asediada salió hacia el exilio en octubre de
1954.

México y los preparativos de la expedición del Granma

Fidel Castro y los moncadistas, después de salir del presidio de Isla de


Pinos, reorganizaron El Movimiento que tomó el nombre 26 de Julio.
Como núcleo gestor de lo que sería la expedición del Granma estructu-
raron la organización con una dirección nacional y direcciones provin-
ciales encargadas de extender la red a los municipios.
Raúl Castro arribó a México en junio y fue a ver a Eva para decirle
que Fidel venía a preparar la Revolución. Este, al llegar el 7 julio, tam-
bién se dirigió al apartamento donde aquella residía con su hermana
Graciela. Juntos reiniciaron una intensa labor durante los preparativos y
el entrenamiento de los expedicionarios (1955-1956).
Eva fue la organizadora del acto patriótico que Fidel protagonizó en
México, el 10 de octubre de 1955 –ante «los niños héroes», en el Bosque
de Chapultepec, frente al busto de José Martí– con motivo del Grito de
Dolores, aniversario de la Independencia de México.62 Con un amigo de la
Marina, consiguió una banda que interpretó las notas de los himnos
nacionales mexicano y cubano. Llevaron una corona que decía: «De
América soy hijo y a ella me debo» y Fidel habló sobre los hechos del
Moncada, su trascendencia y el significado para el futuro. La ideología
americanista brotó de su discurso al decir: «El pensamiento de Martí y
la espada de Bolívar van a volver a centellear en América. ¡Tengo fe en
América!»63

62
Testimonio del general Arsenio García, expedicionario del Granma, ob. cit. (en n. 57).
63
Santiago Álvarez, Rebeca Chávez: La Guerra Necesaria. Ver foto de Fidel Castro con el grupo
de futuros expedicionarios del Granma; entre otras mujeres, aparece Eva Jiménez.

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En junio de 1956, la Dirección Federal de Seguridad de México, D. F.
apresó bajo amenaza de deportación a Fidel Castro y a parte del grupo
de los futuros expedicionarios. Por los documentos ocupados conocie-
ron los vínculos de la exiliada peruana Hilda Gadea, esposa de Ernesto
Che Guevara. Esta, antes de que le fueron confiscados, entregó los do-
cumentos en su poder a los puertorriqueños doña Laura Meneses –es-
posa del líder revolucionario Pedro Albizu Campos– y Juan Juarbe,
quienes apoyaban a Fidel Castro y al MR 26-7.
Esa misma noche, bajo un torrencial aguacero, Eva salió sola a inda-
gar noticias en los periódicos y por estos se enteró de que estaban en la
Dirección Federal de Seguridad, lugar al que llegó cerca de las 9:00 p.m.
Al darse cuenta los agentes de que era cubana comenzaron a interrogar-
la, y antes de dejarla ir le aconsejaron que no se inmiscuyera porque los

GLADYS MAREL GARCÍA PÉREZ / Mujer y Revolución: Una perspectiva desde la insurgencia cubana (1952-1959)
cubanos habían violado las leyes mexicanas,64 y le advirtieron que visi-
tarían su casa.
Por orientaciones de la Dirección del MR 26-7 en México, María
Antonia Figueroa, dirigente en la provincia de Oriente, recibió instruc-
ciones de informar a la Dirección Nacional, radicada en Cuba, que ini-
ciara una campaña de denuncias, tal y como se estaba llevando a cabo
en Estados Unidos y en México, país este donde fue encabezada por
Eva Jiménez, con el apoyo de doña Laura Meneses y Juan Juarbe.
Las cartas publicadas en la prensa a favor de los detenidos y la de-
nuncia del contubernio entre las autoridades represivas cubanas y
mexicanas, cambiaron la correlación de fuerzas en la opinión pública a
favor de los prisioneros. No se hizo esperar el apoyo del ex presidente
mexicano Lázaro Cárdenas, y por medio de la Tribuna de la Juventud
mexicana enviaron una carta al entonces presidente de México, Adolfo
Ruiz Cortínez, que pedía la libertad de los cubanos presos.65
Juan Juarbe66 cuenta sobre la tenaz labor desarrollada por Eva, doña
Laura y él para que se publicaran numerosas cartas y no dejara de fluir la
denuncia dirigida a informar a la opinión pública mexicana. Para Eva
fue motivo de orgullo que los exiliados le confiaran la firma en su repre-
sentación del «Mensaje de los exiliados cubanos en México», cuyo con-
tenido proyectaba la identidad de lo femenino y lo masculino en la lucha
64
H. Norman Acosta: «Entrevista a Eva Jiménez, noviembre de 1983», La palabra empeñada, ob.
cit. (en n. 50), p. 93, n. 11.
65
C. Castro Porta, A. Pelayo y otras: La lección del maestro, p. 136.
66
H. Norman Acosta: «Entrevista a Juan Juarbe», La palabra empeñada, ob. cit. (en n. 50), p. 160,
n. 20.

67

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revolucionaria y la continuidad del pensamiento latinoamericano y cu-
bano. Esta comienza con una evocación a las prédicas de Juárez y los
próceres latinoamericanos, a quienes trataron de agraviar sus enemigos,
y entre otras ideas expresaba:
[…] ¿Cárceles, torturas, vejámenes? ¿Quién fue el grande de Amé-
rica que no los sufriera? Hoy, hermanos mexicanos, hermanos de
exilio, en América, hoy, la única credencial de legítima ciudadanía
americana es el comprobante de encarcelamiento, tortura o vejamen
a manos de la satrapía que, carente de todo respaldo de derecho,
se ampara en leyes prostituidas y hasta en papeles internacionales.
Cuba proclama hoy, por la herida y el dolor de sus mejores hom-
bres y mujeres, que está perseguida, atropellada y vejada, pero no
vencida y menos sometida.
¡Viva México! ¡Viva Cuba! ¡Viva América!67
En Cuba la Dirección Nacional del MR 26-7 coordinó con las organi-
zaciones insurgentes enviar una amplia representación que entregara al
embajador mexicano un documento de protesta por la detención, ame-
naza de deportación y la pérdida de las armas.
El Frente Cívico de Mujeres Martianas nombró a Olga Román, quien,
junto con Josefina Rodríguez, Fifi, se dirigió a la embajada de México
para entregar el documento que pedía la no deportación de Fidel Cas-
tro.68 Al aproximarse a la sede diplomática, notaron la presencia de algu-
nos militares vestidos de civiles, pero lograron acercarse a la entrada por
el jardín. Cuando el custodio trató de impedirles el acceso, alegaron que
ya estaban en territorio mexicano; entraron y entregaron el documento.
En ese mismo momento llegaban a las cercanías el líder de la FEU y
del Directorio Revolucionario, José A. Echeverría, y el miembro de la
Dirección Nacional del MR 26-7, Antonio Ñico López, al frente de un
grupo de jóvenes. La policía los atacó de manera violenta, siendo
golpeados unos y detenidos otros; entre ellos, Ñico, quien fue introdu-
cido en una de las perseguidoras.69

67
C. Castro Porta, A. Pelayo y otras: «Testimonio de Eva Jiménez», La lección del maestro, p. 136.
El «Mensaje…», hecho en imprenta en forma de hojas sueltas, tenía fecha: México D. F. Julio
de 1956.
68
C. Castro Porta, A. Pelayo y otras: «Detención de Fidel en México, junio de 1956», La lección
del maestro, p. 130; ver también testimonios de Carmen Castro y Olga Román, pp. 130-131.
69
Ídem.

68

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Al mismo tiempo la policía exigía que Olga y Fifi salieran. Uno de los
diplomáticos intervino a su favor y ya en la calle se encontraron con
Haydee Santamaría, heroína del asalto al cuartel Moncada y miembro
de la Dirección Nacional del MR 26-7. Uno de los carros patrulleros
intentó atropellar a esta última pero ellas lograron evadirlo.70
El poder movilizativo y las gestiones del general Lázaro Cárdenas
lograron que el 24 de julio Fidel fuera puesto en libertad y se cancelara
la orden de extradición. Esa noche durmió en el apartamento de Eva y
durante varios días ambos conspiraron juntos de nuevo, pero decidie-
ron que era un peligro para él permanecer en ese lugar, pues estaba muy
«quemado».

Movimiento Revolucionario 26 de Julio,

GLADYS MAREL GARCÍA PÉREZ / Mujer y Revolución: Una perspectiva desde la insurgencia cubana (1952-1959)
FEU y Directorio Revolucionario

Los miembros del ejecutivo y los cuadros de acción del Directorio Re-
volucionario comenzaron a llegar a la capital mexicana, en octubre de
1956, para celebrar una segunda reunión con la dirección del MR 26-7.
En la primera (agosto) José Antonio y Fidel Castro habían firmado la
«Carta de México».71 El motivo principal de este segundo encuentro
entre Fidel, José A. Echeverría y los dirigentes de la FEU y del DR
13 de Marzo fue planear acciones militares de apoyo. Acordaron man-
tener la lucha según la concepción táctica de cada organización, pero
haciendo coincidir sus operaciones para golpear de forma efectiva a la
dictadura.
El MR 26-7 reiteró que al finalizar el año desembarcaría en Cuba
para iniciar la guerra, apoyada por la acción armada en las ciudades y
secundada por una huelga general política. Mientras, el Directorio, de
manera simultánea, a la vez que continuaría con sus planes, apoyaría el
desembarco con una insurrección armada urbana, en coordinación con
las fuerzas del MR 26-7 en la capital de la República.72

70
Ídem.
71
Llegan a México: José A. Echeverría, Fructuoso Rodríguez, Joe Westbrook, Faure Chomón,
Juan Pedro Carbó, José Machado y Juan Nuiry, secretario general de la FEU. Ver Julio García
Olivera: José Antonio Echeverría: a lucha estudiantil contra Batista, p. 303, «La Carta de México»,
pp. 263 y 296; Juan Nuiry: ¡Presente!, p. 108.
72
Julio García Olivera: José Antonio Echeverría: la lucha estudiantil contra Batista, p. 335.

69

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Meses antes de su llegada a México, Joe Westbrook escribió a Eva:
Quisiera con mis sencillas letras volcar sobre ti todo mi corazón
joven y bravo y decirte con él en la mano: Eva, yo me ofrezco en
holocausto a la patria para servir de bandera a la liberación de
Cuba y así, con el goce pleno del deber cumplido, tú, mi amiga y
compañera, podrás mover de un lado a otro nuestra bandera de la
estrella solitaria y gritar a cuatro voces en nuestra América: He ahí
las reservas morales de nuestro pueblo, he ahí una generación que
empieza sobre otra que termina, he ahí mis hermanos de causa.
Deseo que conserves tu entereza de espíritu y tu bondad de alma y
con tu sonrisa linda y espontánea sirvas de estímulo a los compa-
ñeros que comparten la pena de estar fuera del territorio amado, en
tierra santa de libertad.73
Dice, al escribir a su familia, esta mujer espontánea que se vuelve
excepcional ante el desafío que la forja como símbolo de su tiempo: «La
lucha por la libertad de Cuba fue siempre una constante. Nacimos bajo
una estrella, dispuestos a darlo todo por la bandera».74
Después de la redada de la Dirección Federal de Seguridad de Méxi-
co, en junio los preparativos expedicionarios se incrementaron, y ya en
noviembre, mientras se llevaba a cabo el plan de acuartelamiento para
la salida del Granma hacia Cuba, Raúl Castro, en la mañana del día 24,
se despidió de Eva y Graciela, y poco después de sus hermanas Enma,
Agustina y Lidia a las que entregó un testamento político firmado por él
y Ñico López. A todas les dijo que debían permanecer en lugar seguro
durante una semana, a la espera de noticias de ellos.
Fidel también se despidió. Antes de partir se reunió con Jesús Montané
y Melba Hernández, quien insistió en incorporarse, pero fue convenci-
da con el argumento del poco espacio disponible en la embarcación.75
De la misma manera convenció, antes de zarpar, a la mexicana Marta
Eugenia López, quien había participado junto con su esposo y el resto
de los hombres en los entrenamientos.

73
C. Castro Porta, A. Pelayo y otras: La lección del maestro, p. 137, y Archivo de Pepe Gruart.
74
Eva Jiménez en Clara Hernández: «Combatientes clandestinas», El Mundo, 21 de agosto de
1968, en: Tomas Fernández Robaina: Bibliografía de la mujer cubana, p. 118, asiento 972. C.
75
H. Norman Acosta: Entrevista a Melba Hernández, diciembre de 1983, La palabra empeña-
da, ob. cit. (en n. 50), p. 426.

70

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El Granma fue despachado el 25 de noviembre de 1956 en viaje de
recreo. Raúl Castro lo anotó en su diario de campaña.76 Desde el espi-
gón, rondando la oscuridad y la lluvia, Melba, Piedad Solís, Alfonso
Gutiérrez, Fofó, y su esposa Orquídea Pino, y Antonio del Conde, el
Cuate, observaron alejarse el yate por el río.
Sobre aquellos días del exilio mexicano, en que se forjaron estrechas
relaciones humanas entre los hombres y las mujeres, el expedicionario
Arsenio García al referirse a Eva rememora: «Mira que conocí a mujeres
en la clandestinidad y en la guerrilla, pero como Eva ninguna. Me sim-
patizaba por su carácter, valor, intrepidez, y llamar por su nombre a
todo. Con su valentía, disposición y análisis no conocí a nadie».77

El regreso a Cuba

GLADYS MAREL GARCÍA PÉREZ / Mujer y Revolución: Una perspectiva desde la insurgencia cubana (1952-1959)
Ya se conocía que los expedicionarios habían alcanzado la Sierra Maes-
tra cuando Eva decidió regresar a Cuba, por la vía de Miami. Por tercera
vez fue a solicitar la visa que le fue denegada. Airada, dijo al diplomáti-
co estadounidense: «A ustedes la América Latina entera los odia, uste-
des son los que han sembrado las dictaduras, a las que hay que ponerles
un letrero que diga “made in Washington”».
No tuvo otra alternativa que arriesgarse y regresar con otro nombre
en un vuelo directo México-La Habana. Salió del aeropuerto rumbo a
El Vedado, localizó a Carmen Castro, se reincorporó al Frente Cívico e
hizo contacto con su amiga Gudelia García, responsable estudiantil del
Frente. En casa de Neneína conoció además a Guillermo Jiménez,
Jimenito, delegado nacional del Ejecutivo del Directorio Revolucionario
13 de Marzo, y desde ese momento conspiró directamente bajo sus ór-
denes, durante 1957 y 1958.78
Transcurrían los primeros días de febrero de 1958. Jimenito la locali-
zó para que fuera a ver a Mario Reguera, asilado en la embajada de
Ecuador. Ya ella lo había conocido en casa de Neneína, después de que
él había participado en la operación de asalto a Radio Reloj79 –cuando
los sucesos del ataque al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957,

76
Ibíd., n. 94, p. 461; Oficina de Asuntos Históricos, Fondo Raúl Castro Ruz, no. 40.
77
Testimonio del general Arsenio García, expedicionario del Granma, ob. cit. (en n. 57).
78
Eva Jiménez: Autobiografía, ob. cit. (en n. 34).
79
Guillermo Jiménez, Juventud Rebelde, La Habana, 20 de abril de 2008.

71

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y en otras operaciones–.80 Durante varios meses Mario había operado
en La Habana y en Las Villas, pero el acoso y la persecución lo obliga-
ron a pedir asilo. El Directorio necesitaba de su audacia y no dudó en
contactarlo.
La misión de Eva consistió en transmitirle la orden de escapar de la
sede diplomática. Era necesario contar con él para realizar un plan de
apoyo a la expedición de El Escapade, que desembarcaría por las costas
de Nuevitas81 bajo el mando de Faure Chomón. Eva, acompañada de
María Pazos solicitó una entrevista con el embajador. Ambas se habían
puesto de acuerdo para que mientras Eva lo distraía María transmitiera
el mensaje a Mario,82 quien sin pensarlo dos veces saltó el muro de la
embajada y escapó.
El último encuentro que tuvo Eva con él fue en la mañana del 20 de
abril, cuando la llamó para transmitirles a ella y a Jimenito que estaba
preparando junto con el Chino Figueredo una acción por el aniversario
en homenaje a los caídos en Humboldt 7.83 Cuando ambos iban a abor-
dar el auto para llevar a cabo la operación, un policía de la radio moto-
rizada los sorprendió. Mario resultó herido y quedó atrapado entre dos
fuegos. Fue ultimado a balazos.
El acoso era cada vez mayor en la capital. Asediada de manera cons-
tante por el enemigo, Eva trató de incorporarse a la lucha en las monta-
ñas. En esa situación de incertidumbre y en peligro de ser atrapada narra:
La lucha se iba haciendo más dura con el aumento de la represión.
El tiempo transcurría y mientras tanto la guerra en la montaña se
extendía. Las victorias del Ejército Rebelde eran el mejor estímulo
para los combatientes acosados en las ciudades. Todo el mundo
estaba pendiente de lo que Fidel decía para orientar al pueblo. Las
Mujeres Martianas no dábamos abasto.
80
Guillermo Jiménez: Ob. cit. (en n. 79). Clandestino en Caibarién, se unió a militantes del MR
26-7, con quienes participaría en sabotajes hasta regresar a la capital, donde integra a militan-
tes, del Instituto de La Habana y de la barriada de la Habana Vieja, a células del Directorio. En
apoyo a las operaciones del Alzamiento de Cienfuegos, Mario se unió a los que debían asaltar
la Radio motorizada de la Policía.
81
Bahía de Nuevitas, al norte de la provincia de Camagüey.
82
C. Castro Porta, A. Pelayo y otras: La lección del maestro, pp. 138-139.
83
En la calle Humboldt 7, por una delación de Marquitos (Marcos Rodríguez) cayeron asesina-
dos el 20 de abril de 1957 Fructuoso Rodríguez, Juan Pedro Carbó, José Machado y Joe
Westbrook; Carlos Chino Figueredo y Mario Reguera se habían puesto de acuerdo para prepa-
rar un atentado a la policía en las calles Infanta y Estrella para conmemorar dicho aniversario.
Ver C. Castro Porta, A. Pelayo y otras: La lección del maestro.

72

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Recuerdo que Gudelia García y yo fuimos a ver a Raúl Díaz
Argüelles a la Embajada de Brasil, donde estaba operado de un
tobillo. […] Le dijimos que nos facilitara los medios para ir junto a
los que se batían tan bravamente en la parte central del país. Raúl
se negó, diciéndonos que hacíamos falta aquí, que eran de mayor
utilidad nuestros esfuerzos. Y nos quedamos junto a las demás com-
pañeras, en La Habana, luchando hasta la victoria final de la rebe-
lión.
La guerra revolucionaria se generalizó en todo el país, y la insurrec-
ción apoyada por la Huelga General consolidó el triunfo del Gobierno
Revolucionario aclamado por la Dirección Nacional del MR 26-7 y el
Ejército Rebelde, en Altos de Escandel, Sierra Maestra, en diciembre
de 1958.

GLADYS MAREL GARCÍA PÉREZ / Mujer y Revolución: Una perspectiva desde la insurgencia cubana (1952-1959)
El Frente Cívico de Mujeres Martianas dio por concluida su misión y
decidió disolverse el 28 de enero de 1959.

Conclusiones

La vida de Eva muestra la manera en que se produjo la unidad en la diver-


sidad táctica de las organizaciones insurgentes. Actuó al lado de la van-
guardia sin dejar de ser una compañera más y una amiga leal de los
combatientes que la rodeaban. De cultura patriótica, antimperialista y
descendiente de una familia mambisa, representa en la praxis las per-
manencias y las rupturas que se producen entre las generaciones revo-
lucionarias, como vanguardias del cambio social. Eva desafió los con-
vencionalismos sociales de su época y construyó su propia historia en el
proceso de la Revolución Cubana.
La participación y el liderazgo de las mujeres en las organizaciones de
la insurgencia femenina o en otras, en las cuales participaron en condi-
ciones de igualdad con los hombres, denotan las relaciones de paridad
entre lo femenino y lo masculino en las difíciles condiciones de la lucha
revolucionaria. Sin embargo, estas mujeres que se integraron en la prác-
tica a la masa crítica del segmento social femenino, no fueron conscien-
tes de su papel como vanguardia de este segmento social y no incluyeron
sus demandas en el programa del movimiento insurreccional.
La mentalidad de las mujeres insurreccionalistas, como parte de un todo
no excluyente de la acción masculina, reflejó la ideología de liberación,
73

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del pensamiento de justicia social y la credibilidad en las leyes formula-
das en el programa del movimiento insurreccional, que una vez lograda
la independencia y ser aplicadas, debían conducir al socialismo cubano;
sin embargo dejaron de lado demandas específicas relativas a la situa-
ción social subordinada de su género.

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76

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RUTH No. 3/2009, pp. 77-119

SERGIO LÓPEZ RIVERO*

Emigración y Revolución (1955-1958)**


El papel del frente exterior del MR 26-7 en el proceso nacional
liberador cubano

…con la guerra y buen manejo,


aquello será el tesoro de siempre,
de bolsas y de armas.
JOSÉ MARTÍ,
«Carta al general Antonio Maceo [s. l.],
8 de enero de 1894»1

El 2 de diciembre de 1956 el Granma desembarcó cerca de Las Coloradas y comenzó así el


período final de la insurrección, donde al frente exterior del Movimiento correspondía un nuevo
rol: el auxilio a la guerra revolucionaria. Finalizando el primer trimestre de 1957, el Comité
Obrero Democrático de Exilados y Emigrados Cubanos propuso: la renuncia de los dirigentes
de tres agrupaciones para realizar elecciones; el reconocimiento de la autoridad de la Dirección
del Movimiento Revolucionario 26 de Julio; la alerta de que el Comité Obrero Democrático de
Exilados y Emigrados Cubanos tomaría la iniciativa de unir en la acción a todos los intere-
sados en combatir la dictadura mediante la vía insurreccional.

El desembarco del Granma y la emigración

El 2 de diciembre de 1956 el yate Granma arribó a Los Cayuelos, cerca


de Las Coloradas, al noroeste de Cabo Cruz. Con el desembarco de los
expedicionarios comenzó el período final de la insurrección, donde al
frente exterior del Movimiento correspondía un nuevo rol: el auxilio a la
guerra revolucionaria.

* Historiador cubano. Coautor, junto a María Antonia Márquez Dolz y Zaida Puñón Riaño, de
Emigración y clandestinidad en el M-26-7. La emisión de bonos.
** Capítulo II, «Consolidación organizativa», tomado de Emigración y Revolución (1955-1958). El
papel del frente exterior del MR 26-7 en el proceso nacional liberador cubano, Editorial Félix Varela,
La Habana, 1995.
1
En Obras completas, t. III, Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963, p. 36.

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El inicio de la contienda guerrillera actuó como catalizador en la
emigración. En la zona norte de Estados Unidos, donde laboraban los
Clubes Patrióticos de Nueva York, Bridgeport y Union City, se encon-
traba el bastión más estable y numeroso de militantes y simpatizantes
del Movimiento Revolucionario 26 de Julio; a lo que se añadió, en esta
etapa, la edición de los periódicos Batalla2 y Patria3 que fungían como
órganos oficiales de Acción Cívica Cubana y del Comité Ortodoxo, los
cuales representaron el vehículo propagandístico más perseverante du-
rante todo el año 1957.
No obstante, el infructuoso decursar del intento unitario en Nueva
York, seguía opacando la verdadera potencialidad de esta emigración.
El 23 de abril de 1957, el dirigente del Comité Obrero Democrático de
Exilados y Emigrados Cubanos, Pablo Díaz González, explicaba el re-
ciente acontecer:
[...] antes de salir de aquí con rumbo a México y a la Sierra Maestra
hicimos un pacto de honor para que nuestro Movimiento trabajara
unido, al menos cuando se produjeran los acontecimientos revolu-
cionarios que preparaba Fidel pero cuando estos acontecimientos
se producen, Barrón convoca a todos los actos en nombre del Mo-
vimiento, pero desconociendo las organizaciones que lo integran
aquí. Se autoproclamó «Presidente» del Movimiento sin que nadie
lo nombrara, además de que ese cargo no existe.4
De tal suerte, la autonomía de las tres organizaciones se mantuvo
incólume. El Comité Ortodoxo –208 West, 88 Street– constituyó zonas
de influencia como la No. 31, la No. 34 y la de Lincoln Square. Acción
Cívica Cubana –124 West, 96 Street– estableció filiales en Nueva Jersey,
Bronx, Brooklyn y Washington Heights, y ambas, junto al Comité Obrero
2
El periódico Batalla, órgano oficial de Acción Cívica Cubana, se editó –con la salvedad de la
época II– en la ciudad de Nueva York, desde febrero hasta agosto del año 1957, a un precio
de 50 centavos. Su edición constó de 11 números, cuyas páginas oscilaban entre 6 y 10.
3
El periódico Patria, órgano oficial del Comité Ortodoxo, se editó en Nueva York con la identi-
ficación de época segunda, desde febrero de 1957 hasta enero de 1958. Constó de 11 números
y sus páginas oscilaban entre 4 y 8.
4
Pablo Díaz González: Carta a Lidia y Enma Castro, Nueva York, 23 de abril de 1957; Oficina
de Asuntos Históricos, Fondo Pablo Díaz.
Pablo Díaz González formó parte de los expedicionarios del Granma. Luego de la dispersión
en Alegría de Pío, viajó a La Habana y regresó a Estados Unidos, donde asumió de nuevo la
dirección del Comité Obrero de Exilados y Emigrados Cubanos. Para mayores detalles se
puede consultar el libro De Tuxpan a la Plata, del Centro de Estudios de Historia Militar.

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Democrático de Exilados y Emigrados Cubanos (ahora extendido me-
diante ramales), fortalecieron su estructura con una Sección Juvenil.
A pesar de todo, no faltaron los proyectos aglutinadores. Finalizando
el primer trimestre del año, el dirigente del Comité Obrero Democrático
de Exilados y Emigrados Cubanos propuso un plan de cinco puntos. En
primer lugar, se indicaba que los dirigentes de las tres agrupaciones de-
bían renunciar para realizar elecciones. Esta formulación se sometería,
como segundo eslabón, a la consideración de Acción Cívica Cubana y
el Comité Ortodoxo. En tercer plano, se crearía una Comisión que lle-
garía al acuerdo más conveniente a la revolución, por encima de intere-
ses personales y de grupos. El cuarto aspecto reconocía la autoridad de
la Dirección del Movimiento Revolucionario 26 de Julio; y, el quinto,
alertaba que el Comité Obrero Democrático de Exilados y Emigrados
Cubanos tomaría la iniciativa de unir en la acción a todos los interesa-
dos en combatir la dictadura mediante la vía insurreccional.5
Como respuesta, el 31 de marzo de 1957, se efectuó una asamblea en
Nueva York, donde tomó parte también el Club Patriótico 26 de Julio
de Bridgeport.6 Al final, con los votos adversos de una parte del Comité
Ortodoxo lidereado por su dirigente Arnaldo Barrón, se acordó unificar
las fuerzas.7
En realidad, fue esta una propuesta más que no prosperó aunque
sirvió de preludio al clímax de las diferencias que llevarían a la escisión
del Comité Ortodoxo de Nueva York. El 27 de abril de 1957 se celebró
la reunión que decidió el conflicto.8 La más rápida mirada revela un
rasgo central. Los ortodoxos «puros» sostenían intacto el concepto
SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)

5
Comité Obrero Democrático de Exilados y Emigrados Cubanos: «Llamamiento a la Unidad»,
Oficina de Asuntos Históricos, Nueva York [s. f.], Fondo del MR 26-7 en Nueva York.
6
El Club Patriótico de Bridgeport se abstuvo de votar en esta asamblea, dado que constituía un
alineamiento independiente fundado por la Dirección Nacional del Movimiento, con dere-
chos sobre su jurisdicción. El 4 de julio de 1957 elaboraron el documento Pronunciamientos
acerca de la Unidad en New York que fija su posición al respecto: «1) [...] este Club nunca ha
afrontado el problema de la Unidad, 2) [...] este Club ha mantenido su disposición de indepen-
dencia y al mismo tiempo de crítica [...] frente a los tres grupos […], 3) Constitución e
integración del Movimiento 26 de Julio en la ciudad de New York, sin vínculo alguno con
grupos o facciones llámense ellas como se llamen»; Club Patriótico 26 de Julio de Bridgeport:
Pronunciamientos acerca de la Unidad en New York, Nueva York, 4 de julio de 1957, Archivo
personal de Luis García Leal.
7
Acta del MR 26-7 en New York, 31 de marzo de 1957, Oficina de Asuntos Históricos, Fondo
del MR 26-7 en Nueva York.
8
Acta del MR 26-7 en New York, 27 de abril de 1957, Oficina de Asuntos Históricos, Fondo
del MR 26-7 en Nueva York.

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chibasista de «no pacto». Ahora bien, esta tesis, que nació junto al Par-
tido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) y tuvo el mérito de salvaguardar
aquella alternativa ideológica, en las nuevas circunstancias violaba los
preceptos del «26» y confundía a su membresía. Por ello, una facción de
su seno, al frente de la cual se destacó Eusebio Valdés,9 quería la unidad
de las tres organizaciones y se separó del núcleo original.
Entretanto, en la zona sur de Estados Unidos, donde radicaban los Clu-
bes Patrióticos 26 de Julio de Miami, Tampa y Cayo Hueso, la noticia del
azaroso desembarco del Granma provocó cierto letargo. En Cayo Hueso,
por ejemplo, «la falsa noticia de la muerte de Fidel y Raúl [...] (explica Gus-
tavo Zorrilla) influyó en cierto debilitamiento de las actividades [...]».10 Lo
cual refrenda el testimonio de Emilia Carbó: «[...] mantuvimos un alto espí-
ritu durante los primeros meses (luego) [...] del desembarco, dado que mu-
chos compañeros perdieron la fe en el triunfo […]».11
La modificación del Ejecutivo en los Clubes Patrióticos 26 de Julio
de Tampa y Cayo Hueso y el hecho de que otra agrupación asumiera la
representación del Movimiento en Miami, aportan indicios a tener en
cuenta para comprender el escenario prevaleciente en este momento
histórico.12
Al espacio geográfico anterior, que significaba la prolongación en la
nueva etapa de la institucionalización creada desde el año 1955, solo se
incorporó durante el primer semestre de 1957 el Club Patriótico 26 de
Julio de Washington, D. C.;13 a la vez que grupos de emigrados cubanos
se nucleaban en Costa Rica y Panamá.

9
Eusebio Valdés emigró hacia Estados Unidos el 21 de mayo de 1948 por motivos económicos.
En Nueva York fue fundador del Comité Ortodoxo.
10
Gustavo Zorrilla: Respuestas a cuestionario sobre el Comité 26 de Julio en Cayo Hueso, [s. l.], [s. f.].
Gustavo Zorrilla emigró hacia Estados Unidos, por razones políticas, en el año 1956. Ese
mismo año se incorporó al Club Patriótico 26 de Julio de Cayo Hueso del cual fue vicepresi-
dente (noviembre de 1957) y secretario (desde comienzos de 1958).
11
Emilia Carbó Nodarse: Autobiografía [s. l.], [s. f.]. Emilia Carbó emigró hacia Estados Unidos
en el año 1940, luego de contraer matrimonio con Julio Cabañas, natural de Cayo Hueso,
Florida. Ambos fueron fundadores del Club Patriótico 26 de Julio de aquella localidad.
12
El 7 de enero de 1957 se constituyó el Grupo Cubano, que a partir del mes de marzo asumiría
la representación del Movimiento Revolucionario 26 de Julio.
13
El 25 de abril de 1957 se autorizó la organización del Club Patriótico de Washington, D. C. La
reunión fue convocada por el Comité Ortodoxo de Nueva York y contó con la asistencia del
Club Patriótico de Bridgeport. Se aclaraba que el documento acreditativo era extraoficial,
para «el futuro reconocimiento legal»; «Acta de Constitución», Brooklyn, 25 de abril de 1957,
en Oficina de Asuntos Históricos, Fondo del MR 26-7 en Nueva York.

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Sin embargo, el fenómeno es más complejo de lo que se supone. El
abrupto desarrollo de los acontecimientos que caracterizó el inicio de
esta etapa, conspiró contra la necesaria organización del frente exterior
del Movimiento Revolucionario 26 de Julio. El apresuramiento obligado
de la partida del Granma, el descalabro del contingente expedicionario y
los problemas de operatividad que confrontó el frente clandestino, de-
bido a su estructura inmadura y la prisión de sus principales dirigentes,
matizaron los primeros meses de la guerra.14
En este lapso, México continuó como centro director. Allá se encon-
traba Pedro Miret –fundador del Movimiento y miembro de su Direc-
ción Nacional– quien por estar en prisión no pudo zarpar en el Granma;
permanecían también las hermanas de Fidel y Raúl Castro, Lidia y Enma,
quienes alentaban con su actividad el fervor revolucionario. Como en la
fase preparatoria de la expedición del Granma, en este territorio no se
había creado una estructura que aglutinara a los emigrados cubanos en
las funciones propias del frente exterior del Movimiento, lo cual se
enrevesaba ahora, cuando las responsabilidades no estaban delimitadas
y las interferencias eran frecuentes. Pedro Miret encaminaba su empeño
hacia el logro de otra expedición. La preparación del factor humano y la
recolección de fondos para la adquisición de las armas y el transporte
adecuado, ocupaban sus esfuerzos. Lidia y Enma Castro, por su parte,
realizaban recorridos proselitistas por los principales predios de la emi-
gración.15 Entonces el problema capital consistía en que no se había
14
«Después del 30 vi con disgusto cómo se volvía de nuevo a la creación de Direcciones
SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
Nacionales y Provinciales con exceso de miembros, y poca calidad. Muchos dirigentes y poca
coordinación y poco trabajo realizado concienzudamente. Los trabajos “por la libre” volvie-
ron a imperar. Por suerte la misma situación revolucionaria brindó la solución, actuando de
crisol purificador se consumieron en él por diversas circunstancias todo lo que no servía, o lo
que estaba enclenque, o lo que estorbaba a la buena marcha de las cosas. // Jacinto […]
(Armando Hart) […] y yo discutimos mucho sobre el giro que tomaban las cosas y nos
decidimos audazmente a replantear el Movimiento completo. Se centralizó por primera vez en
pocas manos la Dirección, se separaron y se fijaron claramente las distintas responsabilidades
y trabajos del Movimiento, y nos dimos a la tarea de hacerlo más efectivo, y pujante. //
Logramos el reconocimiento de todos y lentamente comenzamos a hacerlo realidad. Caímos
presos. El Movimiento sufrió un momento de crisis, ya Faustino estaba preso y el trabajo fue
demasiado para los pocos hombres que lo tuvieron que llevar. Pero las cosas se fueron
arreglando. Al salir nosotros el estado del Movimiento era deplorable pero nunca como
después del 30, ya habían [sic] muchas cosas logradas que seguirían marchando adelante»;
Frank País: Carta a Fidel Castro, Santiago de Cuba, 7 de julio de 1957, en Yolanda Portuondo:
La clandestinidad tuvo un nombre: David, Editora Política, La Habana, 1988.
15
En la ciudad de Nueva York, Lidia y Enma Castro visitaron casas y lugares de reunión de
cubanos enemigos de la dictadura de Batista, se mantuvo así el contacto directo con las tres

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previsto la designación oficial de la dirección revolucionaria en el ex-
terior.
Envueltos en esta dicotomía, los emigrados solicitaban orientacio-
nes de México, primero porque fue el eje conspirativo durante el pasado
reciente, y segundo, por la personalidad revolucionaria de los allí asen-
tados. «[E]stando nuestro máximo dirigente en la Sierra Maestra [...] (ad-
vertía el Club Patriótico de Bridgeport) ha quedado una dirección en el
extranjero, que a nuestro buen juicio, radica en México».16
Empero, la emigración era presa de la confusión. Por una parte, se
cuestionaban si debían rendir cuentas a México o a Cuba y, por otra,
unos reconocían la representación de Pedro Miret, junto a Gustavo Ar-
cos –también asaltante al cuartel Moncada–, mientras otros valoraban
el de las hermanas del líder de la Revolución.
Sin duda, la descentralización existente y las controversias en las ini-
ciativas, originaron una acción dispersa y por lo tanto menos eficaz, en
las tareas básicas que reclamaban el apoyo inmediato del frente exterior
del Movimiento Revolucionario 26 de Julio: la propaganda revolucio-
naria y la colecta de fondos.
En la fase inicial de la Revolución, la propaganda tenía dos motivos
fundamentales: la divulgación del estado beligerante del Movimiento y
la campaña para socavar las bases del régimen dictatorial.
En la zona norte de Estados Unidos, tan veloz como la noticia del
desembarco del Granma, el 3 de diciembre de 1956, los Clubes Patrióti-
cos 26 de Julio proclamaron su apoyo en actos frente a la Organización
de Naciones Unidas (ONU) y el Consulado de Cuba en la ciudad neo-
yorquina, agrupados en torno a una esperanza que nutrió la prensa del
momento: «Exilados afirman es mentira que haya muerto Fidel Castro».
Una semana más tarde se reunieron en los mismos escenarios para exi-
gir: «Si la ONU cree en la libertad establecida por Washington, Bolívar

organizaciones que representaban al Movimiento 26 de Julio. Entrevistas concedidas a los


periódicos Patria y Batalla complementaron esta actividad por la zona norte. En la ciudad de
Miami, participaron en un acto en el teatro Flagler, organizado por el Club Patriótico de la
localidad, junto al de Cayo Hueso. «Hoy no pedimos dinero para la venganza (exclamaría
Enma Castro) [...] pedimos dinero para la dignidad y el decoro de un pueblo […]». Por último,
las hermanas del líder de la Revolución visitarían el Club Patriótico de Cayo Hueso, donde
verificarían un homenaje al Héroe Nacional cubano; en Batalla, Nueva York, no. 3, 7 de abril
de 1957, pp. 1, 6; Patria, Nueva York, no. 6, 30 de junio de 1957, p. 4.
16
Club Patriótico 26 de Julio de Bridgeport: Pronunciamientos acerca de la Unidad en New York,
Archivo personal de Luis García Leal.

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y Martí, por qué no detiene el genocidio establecido por Batista». Mien-
tras, el domingo 9 de diciembre, colmaron el hotel Empire reafirmando
en voz de sus dirigentes que: «Fidel Castro vivía y seguía luchando en
las montañas de Cuba».17
El 28 de enero de 1957, en homenaje al natalicio de José Martí y
apoyo a la causa revolucionaria, Acción Cívica Cubana celebró un acto
en la Community Church de Nueva York; el Club Patriótico de
Bridgeport, su tradicional Cena Martiana; y en la zona sur, el nuevo
alineamiento de Miami disertó sobre la situación cubana en el Edificio
de Las Logias de aquella ciudad. Esta última organización dedicaría el
25 de febrero a la Glorificación del Grito de Baire.18
En este contexto, la presencia de representantes de la prensa extran-
jera en territorio rebelde ocupó un lugar de especial relevancia. Así lo
significó el comandante Ernesto Guevara:
[...] atravesábamos una etapa de mucha intranquilidad debido a las
preocupaciones naturales relacionadas con la política y conducta
de nuestro gran vecino del norte [sic]. En estos momentos era más
importante para nosotros la presencia de un periodista extranjero,
preferiblemente norteamericano, que una victoria militar.19
La entrevista realizada por el periodista estadounidense Herbert
Matthews –de The New York Times– fue la primera ruptura a la censura
dictatorial. Su estancia en la Sierra Maestra y el intercambio de impre-
siones con el líder de la revolución cubana, en el mes de febrero, fueron
exaltados por el periódico Patria en su edición del 4 de marzo, a la vez SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
que solicitaba la cooperación de los emigrados para costear el acto en el
que se le entregaría una bandera cubana al destacado editorialista. En la
redacción del órgano oficial del Comité Ortodoxo de Nueva York se
realizó la actividad, donde Herbert Matthews se refirió a las posibilida-
des del incipiente Ejército Rebelde: «Noticias que tengo en mi poder
me permiten asegurar que Fidel se encuentra el doble de fuerte que en

17
El Diario de Nueva York, Nueva York, 4 de diciembre de 1956, p. 3; 11 de diciembre de 1956,
pp. 3, 6.
18
Todas sus actividades las celebrarían en el Edificio de las Logias de Miami e incluirían el
«Homenaje a los héroes de Cuba», el 11 de marzo; «Fidel te llama», el 11 de abril; el homenaje
a los estudiantes asesinados y los mártires del Goicuría, el 4 de mayo; la velada en memoria de
José Martí, el 18 de mayo; y «La hora cero te reclama», el 13 de julio de 1957.
19
Ernesto Guevara: «Proyecciones sociales del Ejército Rebelde», Pensamiento Crítico, La Haba-
na, 1969; 27: 180, abril.

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los momentos en que yo estuve en la Sierra». Tiempo después, ante los
recios ataques de la tiranía a la acción del periodista estadounidense, el
Comité Ortodoxo organizó una manifestación frente al Times Square
donde se le obsequió un libro con la rúbrica de una amplia representa-
ción de los militantes y simpatizantes de las organizaciones revolucio-
narias.20
En el mes de abril se produjo la segunda visita a la Sierra Maestra de
periodistas estadounidenses. Se trataba de Robert Taber y el camarógrafo
Wendell Hoffman, de la Columbia Broadcasting System (CBS). Según
confesión del primero al periódico Patria, «[...] el espíritu de combate de
los muchachos es formidable». Asimismo se refirió al interesante hecho
de que jóvenes estadounidenses pelearan a favor de la revolución. En
este sentido afirmaba:
Personas influyentes en los Estados Unidos y en Cuba, que miran
con simpatías al Movimiento de Fidel, me hicieron hincapié en que
si Fidel dejaba regresar a los muchachos; esto podía dar una gran
impresión de responsabilidad en el pueblo norteamericano [...]. Más
trabajo le costó a Fidel convencerlos a ellos, que a mí conocer a
Fidel.21
La estancia de los jóvenes estadounidenses Michael Garvey, 15 años,
Victor J. Buehlman, 17 años, y Charles E. Ryan, 20 años, en la Sierra
Maestra, fue un acontecimiento ampliamente propagado por el Movi-
miento en el exterior. Bajo el título «Salvando el honor de América»,
Batalla incluyó una reseña sobre el particular en su edición del 17 de
marzo de 1957. Mientras, el 7 de abril reprodujo las declaraciones
de Enma Castro: «Esos representantes del verdadero sentir del pueblo
americano», y Lidia Castro: «Son la respuesta de la democracia de Esta-
dos Unidos al envío de tanques y aviones a la dictadura».22 También en
20
Patria, Nueva York, no. 2, 4 de marzo de 1957, p. 1; no. 4, 25 de abril de 1957, p. 5. Batalla,
Nueva York, no. 8, 7 de julio de 1957, p. 8. En realidad, la noticia de que Fidel Castro estaba
vivo se publicó primero en el periódico Norte, de Holguín, y luego en Bohemia, el 6 de enero de
1957. La trascendencia del reportaje de Herbert Matthews fue su publicación en The New York
Times –con la consiguiente ruptura de la censura al mundo– el domingo 24 de febrero, y la
confirmación de la noticia –ante la negativa de la dictadura– junto con una foto del periodista
y el líder de la Revolución, el jueves 28 de febrero. En Nueva York, el Movimiento 26 de Julio
tradujo la información al español bajo el título «Fidel Castro está combatiendo en la Sierra
Maestra por la libertad de Cuba», Archivo personal de Luis García Leal.
21
Patria, Nueva York, no. 5, 25 de mayo de 1957, p. 3.
22
Batalla, Nueva York, no. 2, 17 de marzo de 1957, p. 5; no. 3, 7 de abril de 1957, pp. 1; 6.

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este mes Patria dedicó su página cuatro al artículo «Tres valientes en las
montañas».23
En el mes de mayo, Batalla se hizo eco de la entrevista realizada por
Prensa Libre a los dos jóvenes que regresaban a sus hogares pues, Charles
E. Ryan, el de mayor edad, permanecería algún tiempo más en la Sierra
Maestra. «Nuestro jefe nos ordenó que bajáramos de la Sierra (expresa-
ron) [...] afirmando que era mucho mejor para la causa». Victor Buehlman
y Mike Garvey se refirieron luego a las posibilidades de la guerrilla: «[...]
el Ejército de Fidel está bien entrenado [...] y sus hombres son capaces
de pelear con valentía […]». Sobre sus futuras actividades, despejaron
incógnitas: «Haremos cualquier cosa por seguir ayudando».24
La misión de Robert Taber y Wendell Hoffman tuvo su logro más
acabado en el testimonio cinematográfico conocido como La película de
la Sierra, que divulgó las imágenes rebeldes por gran parte del continen-
te americano25 donde, como constancia del apoyo a la revolución, co-
menzaron a florecer las banderas del Movimiento Revolucionario 26 de
Julio.26
La difusión de la presencia beligerante del Movimiento era menester
complementarla con la empresa de minar los dos baluartes del sostén de la
dictadura de Fulgencio Batista: el ejército de Cuba y el gobierno de
Estados Unidos.
En el primer número del año, editado el 3 de febrero de 1957, Patria
reprodujo una carta del asaltante al cuartel Moncada Carlos González,
«A las fuerzas armadas cubanas»: «Soldado, ¡basta ya! Quita la venda de SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
tus ojos, no dispares tu rifle contra tus propios hermanos». El 4 de mar-
zo, el órgano oficial del Comité Ortodoxo explicó en el artículo «A ti
soldado también», «[...] que la Revolución no es una guerra contra ti,
sino una cruzada de honor, también por ti y por los tuyos». Y, el 1ro. de
abril, se imprimió un documento firmado por Celestino Rodríguez, te-
sorero del Club Patriótico 26 de Julio de Bridgeport, que los invitaba a

23
Patria, Nueva York, no. 4, 25 de abril de 1957, p. 4.
24
Batalla, Nueva York, no. 5, 20 de mayo de 1957, pp. 1-3, 6.
25
Desde el mes de mayo, en Washington, D. C., comenzó la labor divulgativa, que transcendió
al Palm Garden de Nueva York, el mismo mes; al teatro Flagler de Miami, en junio; y resultó
una constante en los actos por el aniversario del 26 de Julio en Nueva York y en México.
26
La bandera del Movimiento Revolucionario 26 de Julio ondeó, en estos momentos, en la
Estatua de la Libertad, en la Campana de la Libertad (Filadelfia) y en el Club San Carlos de
Cayo Hueso.

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formar parte de los verdaderos soldados de la República, esos que «[...]
usan uniformes olivos y al brazo llevan una cinta que dice: 26 de Julio».27
En lo que concierne a la neutralización al apoyo del gobierno de Es-
tados Unidos se conjugaron las actividades masivas con la campaña de
prensa.
Quizás la única demostración de concordia en Nueva York se mate-
rializó en la manifestación ante la Organización de Naciones Unidas, el
10 de marzo de 1957. Esta jornada fue convocada por los tres alinea-
mientos para denunciar oficialmente los crímenes de Batista, declarando
Día de Duelo Nacional Cubano la fecha del golpe de Estado.28 Además,
exigieron el cese del envío de armas al dictador en este acto que, según
el comentario del periódico Batalla, era «una prueba inequívoca de la
feliz unidad que existe».
En adelante, el Comité Ortodoxo convocaría con este motivo a dos
actos en el mes de mayo, frente a la Casa Blanca y el hotel Belvedere.29
Mientras, el Comité Obrero Democrático de Exilados y Emigrados
Cubanos, Acción Cívica Cubana, los ortodoxos unitarios y la Delega-
ción del Directorio Revolucionario,30 conformaron un bloque común
que promovió también, durante este mes, una Marcha de Hambre en la
Casa Blanca, y un acto de reafirmación revolucionaria en el Palm Garden,
el día de la caída del Héroe Nacional.31 El órgano oficial de Acción
Cívica, por su parte, afirmó el 7 de abril: «Ya hay, por lo menos, tres
americanos ofrendando sus vidas por la Democracia en la Sierra Maestra
que sigue señalando el camino, ahora a los vecinos del Norte [...]»; y, en
mayo, envió un mensaje al presidente de Estados Unidos, relacionado
con la sustitución del embajador en Cuba, Arthur Gadner: «Esperamos
por el bien de la Democracia que el próximo tenga un poco más de tacto
[...] ante un pueblo que quiere y merece ser libre».32
27
Patria, Nueva York, no. 1, 3 de febrero de 1957, p. 4; no. 2, 4 de marzo de 1957, p. 2; no. 3,
1ro. de abril de 1957, p. 3.
28
Batalla, Nueva York, no. 2, 17 de marzo de 1957, pp. 1, 2.
29
Patria, Nueva York, no. 5, 25 de mayo de 1957, pp. 1, 3-4.
30
Desde comienzos del año 1957, el Directorio Revolucionario había constituido una delega-
ción de la organización en Nueva York. En su libro Bajando del Escambray (Editorial Letras
Cubanas, La Habana, 1982, p. 17), Enrique Rodríguez Loeches apunta que: «En Nueva York
el compañero Luis Blanca trataba de levantar la bandera del Directorio entre los estudiantes
y obreros de la emigración». Además de participar en los actos convocados por el Movimiento,
la delegación del Directorio organizó actividades en el Centro Español de Elizabeth (13 de
julio de 1957), y en el Carlton Terrace (3 de agosto de 1957), entre otras.
31
Batalla, Nueva York, no. 6, 9 de junio de 1957, pp. 2, 5, 7, 9.
32
Batalla, Nueva York, no. 3, 7 de abril de 1957, p. 4; no. 5, 20 de mayo de 1957, p. 8.

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En simetría con lo anterior, el «26» de Nueva York insistió en la vio-
lación de los derechos individuales en Cuba; así como alertó sobre la
incapacidad del régimen para cumplir sus compromisos azucareros con
Estados Unidos, como consecuencia de la quema de cañaverales de
acuerdo a la máxima «Sin libertad no hay país», antítesis del Movimien-
to al tradicional «Sin azúcar no hay país» de la oligarquía doméstica.
Asimismo, Acción Cívica Cubana, el Comité Obrero Democrático de
Exilados y Emigrados Cubanos y el Comité Ortodoxo, replicaron cual-
quier intento de relacionarlos con la ideología comunista. Por la sensibi-
lidad al respecto de la opinión pública estadounidense, este asunto asumió
tres dimensiones en la propaganda veintiseísta. La primera rechazó la
acusación de los voceros de la dictadura. La segunda advirtió la simula-
ción de Fulgencio Batista quien, en las elecciones generales del año
1940, había alcanzado el poder junto a los comunistas, integrados en la
Coalición Socialista Democrática. La tercera enarboló el eslogan «Cuba:
Hungría de América», que presidió las manifestaciones ante la ONU y
la Casa Blanca, en un esfuerzo por desmitificar la política exterior del
gobierno cubano, el cual, mediante su embajador en la Organización de
Naciones Unidas, se había convertido en «punta de lanza» del mundo
occidental liderado por Estados Unidos, contra la ocupación soviética
de Hungría desde el año 1956.
Como un principio de fácil explicación, todos estarían de acuerdo en
que estas declaraciones no constituían una solicitud de injerencia al
gobierno estadounidense. El 24 de febrero de 1957, Acción Cívica Cu-
SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
bana afirmó: «[...] somos nosotros, los cubanos, los que tenemos que
ganarnos un puesto digno, como siempre ha sido, entre las naciones
libres de América [...]».33 El 30 de junio, el Comité Ortodoxo aclaró:
«Hemos ido a la Casa Blanca [...] no a pedir la intervención norteameri-
cana en Cuba, sino a que cese el envío de armas [...]».34 El 7 de julio, el
Comité Obrero Democrático de Exilados y Emigrados Cubanos sinteti-
zó: «El pueblo cubano no pide ayuda: solamente pide justicia [...]».35
Todos, además, conmemoraron el cuarto aniversario de los sucesos
del 26 de Julio, pero de forma aislada. Otra vez se reunieron el Comité
Obrero Democrático, Acción Cívica, los ortodoxos unitarios y el Direc-
torio Revolucionario. Más de 2 000 asistentes colmaron el Palm Garden
33
Batalla, Nueva York, no. 1, 24 de febrero de 1957, pp. 1, 2.
34
Patria, Nueva York, no. 6, 30 de junio de 1957, p. 5.
35
Batalla, Nueva York, no. 8, 7 de julio de 1957, p. 4.

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en un acto de «¡Desagravio a Oriente!», donde abogaron por la unidad
revolucionaria.36 Al mismo tiempo, el Comité Ortodoxo organizó una
actividad en el Manhattan Towers que, de acuerdo con su criterio, fue el
acto más concurrido y emocionante que se había ofrecido en la emigra-
ción. Más de 1 600 personas asistieron a esta reunión: «Contra un pasa-
do bochornoso. Contra un presente de crímenes».37
El 26 de Julio sería celebrado también en México, Costa Rica y Pana-
má. En la capital mexicana, la importante efeméride se conmemoró en
la mañana mediante una manifestación ante la Casa Presidencial, que
tuvo como objeto recabar del gobierno la presencia del caso Cuba en la
Organización de Naciones Unidas; y, durante la noche, con la agrupa-
ción de los diferentes alineamientos opositores en el teatro del Sindica-
to de Electricistas. En Costa Rica, un grupo de emigrados cubanos
celebró aquel acontecimiento mediante la redacción del manifiesto
«Cuba: martirio y heroicidad», distribuido en las calles de San José, y
leído a través de la emisora Nueva Alma Tica. Mientras, en Ciudad
Panamá, el 26 de julio de 1957, emigrados cubanos organizaron un ra-
dio-mitin por una cadena de emisoras.
Empero, dentro de la actividad desplegada por el frente exterior del
26 de Julio, donde se manifestaba con mayor nitidez la heterogeneidad
de criterios, era en la dedicada a las finanzas.
El Club Patriótico 26 de Julio de Miami, por ejemplo, recibía la re-
caudación del vecino Club Patriótico de Tampa, y junto a su propio
recaudo, la enviaban a Lidia y Enma Castro, en México, quienes
oficializaban el recibo.38 Mientras, la otra agrupación del Movimiento
en la ciudad imprimió sus propios bonos de recaudación y se puso en
contacto con Pedro Miret y Gustavo Arcos.
En Nueva York, el Comité Ortodoxo obtenía fondos de otros luga-
res, mediante la venta del periódico Patria, en una labor dedicada a re-
caudar «[...] 50 a 80 mil pesos en forma directa».39 El Comité Obrero
Democrático enviaba sus colectas y las de Acción Cívica a Pedro Miret,
mientras trataba de adquirir algunos fondos de «[...] los compañeros de

36
Batalla, Nueva York, no. 10, 4 de agosto de 1957, pp. 1, 10.
37
Patria, Nueva York, no. 7, 26 de julio de 1957, p. 1.
38
Juan Cheda y F. Margolles: Carta a Osvaldo J. González, Miami, 11 de junio de 1957, Oficina
de Asuntos Históricos, Fondo del MR 26-7 en Miami.
39
Armando Hidalgo: Carta a Juan Cheda, Nueva York, 2 de marzo de 1957, Oficina de Asuntos
Históricos, Fondo del MR 26-7 en Miami.

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Union City [...] que ellos tienen y que se han negado entregárselo a Barrón».40
En esta misma fecha, ya Acción Cívica Cubana había confeccionado
sus propios «Bonos del civismo», además de ofertar «Sellos Fidel Cas-
tro», para fijar como propaganda en la correspondencia.41 Los actos pú-
blicos eran utilizados también como medio de recaudación. Prueba de
ello fueron las actividades convocadas por el Comité Obrero Democrá-
tico, Acción Cívica y el Directorio Revolucionario en el Palm Garden,
el 19 de mayo y el 26 de julio de 1957. Al tiempo que los órganos
Batalla y Patria dirigían llamados particulares a la emigración para que
cooperara con el Movimiento Revolucionario 26 de Julio.42

La reorganización necesaria

A partir de la excarcelación de Frank País, el 10 de mayo de 1957, se


perfiló la restructuración del aparato de dirección del Movimiento Re-
volucionario 26 de Julio. Sería un intenso replanteo organizativo, prece-
dido por el reajuste de la clandestinidad a la nueva situación bélica luego
del desembarco del Granma, cuya trascendencia abarcaría hasta el primer
trimestre del año 1958. Desde su primera circular a los cuadros de direc-
ción, el 15 de mayo, se fijaron las líneas rectoras. Se trataba de centralizar
la dirección del Movimiento en el menor número posible de personas y
de ubicarla en Santiago de Cuba, por su potencialidad revolucionaria y
su cercanía al epicentro de la revolución en la Sierra Maestra. En la
cúspide de la organización estaría la Dirección Nacional –con jurisdic- SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
ción para el trabajo fuera de la Sierra– integrada por el coordinador
general del Movimiento, junto a los responsables nacionales de la teso-
rería, la propaganda, la sección obrera, la resistencia cívica y el apoyo
bélico. La Dirección la integrarían también los coordinadores provin-
ciales, y quedarían asimismo adscritos el delegado de la Sierra y el dele-
gado en el extranjero.43

40
Pablo Díaz: Carta a Pedro Miret, Nueva York, 13 de julio de 1957, Oficina de Asuntos
Históricos, Fondo del MR 26-7 en Miami.
41
Batalla, Nueva York, no. 9, 21 de julio de 1957, p. 10.
42
Batalla, Nueva York, no. 3, 7 de abril de 1957, p. 5, Patria, Nueva York, no. 7, 26 de julio de
1957, p. 3.
43
Ver Pedro Álvarez Tabío: «El más extraordinario de nuestros combatientes», Bohemia, La
Habana, 26 de julio de 1985, pp. 68-75; Yolanda Portuondo: Ob. cit. (en n. 14).

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A todas luces, se creaban las condiciones estructurales que reclama-
ba el momento histórico para la armonía en el funcionamiento de los
tres frentes del «26». En el proyecto, es fácil discernir, a la clandestini-
dad le correspondió asumir un rol decisivo. El llano debía cumplir sus
tareas básicas de subvertir la sociedad, liquidar las bases de sustentación
de la dictadura y aliviar la presión sobre el núcleo guerrillero, pero, ade-
más, debía contribuir al desarrollo del Ejército Rebelde, con el auxilio
directo (en el mes de marzo se había materializado el primer refuerzo en
hombres y armas), e indirectamente, coordinando y encauzando el es-
fuerzo del frente exterior.
La Dirección Nacional no era ajena al desarrollo de los acontecimientos
en la emigración. Mediante un contacto sistemático con Pedro Miret,
habían estado al tanto de los detalles de la organización fuera de Cuba.
El 21 de junio de 1957, la Dirección Nacional decidió el nombra-
miento oficial de Pedro Miret y Gustavo Arcos, para ostentar la repre-
sentación del Movimiento en el exterior44 y, paralelamente, el de Mario
Llerena45 como responsable de Relaciones Públicas.
Era una solución transitoria, pues el 8 de julio partió hacia el extran-
jero el delegado Léster Rodríguez con la finalidad de organizar y vincu-
lar a la Dirección Nacional a toda la emigración.46 En sus manos una
misiva del líder de la revolución, «A las Directivas y los miembros de
los Clubs Patrióticos 26 de Julio radicados en Estados Unidos».47 Una
de sus partes, hacía un reconocimiento explícito al trabajo del frente de
los emigrados: «Por revistas, periódicos y radioemisoras estamos infor-
mados de todos los actos organizados por la emigración […]. Estamos
orgullosos de la actividad de nuestros Clubs». En otra se advertía la nece-
sidad imperiosa de unificar los esfuerzos: «Se explica por sí sola la alta
conveniencia de planificar las tareas de nuestro Movimiento dentro y
fuera del país [...]»; con énfasis en las que correspondían a los emigra-

44
Frank País: «A quien pueda interesar», Santiago de Cuba, 21 de junio de 1957, Oficina de
Asuntos Históricos, Fondo Frank País.
45
Mario Llerena fue miembro de la Dirección Nacional del Movimiento Nacional Revoluciona-
rio hasta su desarticulación. En 1954 integró el Movimiento de Liberación Radical, de orien-
tación católica, que participó en las gestiones de solución pacífica propugnada por la Sociedad
Amigos de la República. En el año 1957 integró el Comité de Resistencia Cívica de La Habana.
46
Frank País: Carta a Fidel Castro, Santiago de Cuba, 7 de julio de 1957, Oficina de Asuntos
Históricos, Fondo Frank País.
47
Fidel Castro: «A las Directivas y a los miembros de los Clubs Patrióticos 26 de Julio radicados
en Estados Unidos», Sierra Maestra, 15 de junio de 1957, Archivo personal de Jacinto Vázquez.

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dos. «La propaganda, la recaudación de fondos y cualquier ayuda posi-
ble debe llevarse a cabo bajo un mismo plan general [...]». Junto a la
tarea de «organizar y vincular», el delegado de la Dirección Nacional
sería responsable, además, del abastecimiento de armas. «Las armas (ex-
plicaba Frank País) [...] si todo nos sale bien, las traeremos directamen-
te de Estados Unidos».48 La gestión de unificación debía comenzar, y
comenzó, por el núcleo director de México. En carta a Frank País, de
fecha 28 de julio, Léster Rodríguez indicaba que había acordado: «Que (Li-
dia y Enma Castro) [...] se ocupen de la Tesorería [...] Pedro se ocupe de la
acción y el entrenamiento de los muchachos. Y Mario Llerena de todo
lo que se refiere a propaganda, organización de actos y contactos en
general».49
Salvando este escollo, en el seno del máximo órgano de dirección, el
próximo punto del itinerario era Estados Unidos. El recorrido –de sur a
norte– comenzó por la ciudad de Miami. Allí, en las elecciones convo-
cadas al efecto, se ratificó el nuevo alineamiento, según explica el Infor-
me no. 3 del delegado de la Dirección Nacional, el cual añade: «Sería
conveniente se enviaran credenciales a las nuevas directivas nombra-
das y si es posible una declaración a la prensa, adhiriéndose al trabajo
que aquí desempeñan los señores designados».50
La ciudad de Nueva York reclamaba la presencia urgente del delega-
do en el exterior y hacia allá dirigió sus pasos Léster Rodríguez. En
asamblea celebrada con el único fin de lograr la unidad, el Comité Obrero
Democrático de Exilados y Emigrados Cubanos expuso sus puntos de
SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
vista: «En los problemas de unidad hemos estado siempre a la vanguar-
dia de cualquier solución que vigorice el Movimiento, llegando hasta el
extremo de ofrecer la renuncia y la disolución del Comité a cambio de
lograr una sola organización [...] en New York». Agrega que: «[...] hemos
tenido la satisfacción de recibir las orientaciones del Delegado [...] al
cual le hicimos saber que nuestra organización está por la unidad incon-
dicionalmente».51 De igual modo se pronunció la fracción unitaria del
48
Frank País: Carta a Fidel Castro, Santiago de Cuba, 5 de julio de 1957, Oficina de Asuntos
Históricos, Fondo Frank País.
49
Léster Rodríguez: Carta a Frank País, Miami, 28 de julio de 1957, Oficina de Asuntos
Históricos, Fondo Léster Rodríguez, cuaderno l.
50
Léster Rodríguez: Informe no. 3, Nueva York, 19 de agosto de 1957, Oficina de Asuntos
Históricos, Fondo Léster Rodríguez, cuaderno l.
51
Comité Obrero Democrático de Exilados y Emigrados Cubanos: «Acta de Asamblea en Nueva
York» [s. f.], Oficina de Asuntos Históricos, Fondo del MR 26-7 en Nueva York.

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Comité Ortodoxo en carta a Léster Rodríguez: «Esta representación
del Comité Ortodoxo que lucha por esa unidad, la que hasta el presente
no se ha podido lograr, ante esta asamblea oficial [...] renuncia a todo
cargo [...] y aceptamos y nos sometemos en lo absoluto a la Dirección
Nacional […]».52
Con la fusión del Comité Obrero Democrático, Acción Cívica y los
ortodoxos unitarios, quedó constituida la representación del Movimiento
Revolucionario 26 de Julio en Nueva York, mediante una restructuración
desde la base –en ramales no menores de ocho personas presididos por
un Ejecutivo– con una Directiva Central en la cúspide de 23 miem-
bros.53 La instancia máxima era la Asamblea General, formada por la
Directiva y los secretarios generales de los ramales.
La gestión organizativa del delegado Léster Rodríguez se consumó
con la constitución en la ciudad de Chicago del Club Patriótico 26 de
Julio,54 y con la unificación de la colecta de fondos, al solicitar a la
Dirección Nacional «[...] enviar urgentemente una cantidad [...] de nues-
tros propios Bonos que circulaban en Cuba, para que así la Tesorería
General pueda tener control exacto sobre el dinero que recaudan fuera
de Cuba».55 A lo cual se sumó la oficialización del Comité de Exilados
y Simpatizantes del 26 de Julio en Costa Rica, el 28 de agosto del año
1957,56 donde comenzó a circular el periódico Cuba Libre; y la Delega-
ción del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en Puerto Rico, el 31
de octubre.57
52
Comité Ortodoxo de Nueva York adherido al Movimiento 26 de Julio: Carta al Delegado
Oficial de la Dirección Nacional, 16 de agosto de 1957 Oficina de Asuntos Históricos, Fondo
del MR 26-7 en Nueva York.
53
Pedro Miret y Gustavo Arcos: «A todos los cubanos residentes en New York», México, 15 de
septiembre de 1957, Oficina de Asuntos Históricos, Fondo de Pedro Miret, cuaderno VII.
54
Club Patriótico de Chicago: «Acta no. 1», Chicago, 6 de agosto de 1957, Centro de Estudios de
Historia Militar, Fondo del MR 26-7 en Chicago.
55
Léster Rodríguez: Informe no. 3, Nueva York, 19 de agosto de 1957, Oficina de Asuntos
Históricos, Fondo de Léster Rodríguez, cuaderno l. Ver Sergio López Rivero, María Antonia
Márquez Dolz y Zaida Puñón Riaño: Emigración y clandestinidad en el M-26-7. La emisión de
bonos, Editora Política, La Habana, 1990.
56
El Comité de Exilados y Simpatizantes del 26 de Julio de Costa Rica fue fundado el 19 de
agosto de 1957. En la ciudad de San José editaron el periódico Cuba Libre, del cual circularon
tres números en los meses de agosto, septiembre y noviembre.
57
La delegación del Movimiento en Puerto Rico, se fundó el 25 de septiembre de 1957. Léster
Rodríguez y Pedro Miret: Carta a Jacinto Vázquez, México, 3 de octubre de 1957. Pedro
Miret: Carta a Jacinto Vázquez, México, 12 de octubre de 1957. Léster Rodríguez: «A quien
pueda interesar» [s. l.], 31 de octubre de 1957, Archivo personal de Jacinto Vázquez.

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Problemas en torno a la unidad de la oposición contra la dictadura:
el Pacto de Miami

La unidad de la diversa, y en ocasiones divergente, oposición a la dicta-


dura, era una de las líneas estratégicas del Movimiento Revolucionario
26 de Julio. Sin embargo, en el primer semestre de 1957, dos razones se
agolparon para posponer el entendimiento. Una: la oposición tradicio-
nal no estaba dispuesta a reconocer la beligerancia de una organización
emergente en fase de consolidación. La otra: esta organización emer-
gente en fase de consolidación conquistaba la opinión pública mediante
su distanciamiento con el pasado político vigente, por lo que no debía
comprometerse con sus representantes. Era una reticencia mutua.
De tal modo, el único acuerdo del Movimiento al estallar la guerra
revolucionaria era el concertado en México con el Directorio Revolu-
cionario en el mes de agosto del año 1956. Esta conformidad de propó-
sitos era bien conocida en la emigración. El dirigente del Comité
Ortodoxo de Nueva York señaló ante una interrogante al respecto: «Todo
el mundo conoce la Carta de México [...]. No conozco, ni creo que exis-
ta ningún otro acuerdo o pacto».58 Lo cual refrendó el Comité Obrero
Democrático en una declaración al periódico La Prensa, aclarando así la
concepción del alineamiento: «El Movimiento Revolucionario 26 de Ju-
lio nunca ha pretendido tener el monopolio de la lucha contra la dictadu-
ra. Con la misma energía que hemos rechazado toda clase de pactos sin
principios, hemos abogado [...] por la unidad de acción de todos los que SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
quieran combatir la dictadura de Batista con las armas […]».59
No obstante, otra cosa sucedió en la segunda mitad del año 1957. La
fuerza ascendente de la insurrección armada, junto al prestigio de Fidel
Castro, exportado en letra impresa e imágenes por The New York Times y
la CBS, incidieron en la creación de una atmósfera propicia al diálogo
entre las organizaciones opositoras a la dictadura de Fulgencio Batista.
No es casual entonces que acudieran a la Comandancia General del
Ejército Rebelde, Raúl Chibás y Felipe Pazos. El primero era más que el
hermano del fundador del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), ali-
neamiento que gozaba del favor popular para las elecciones cercenadas
58
Patria, Nueva York, no. 1, 3 de febrero de 1957, p. 3.
59
La Prensa, Nueva York [s. f.], Oficina de Asuntos Históricos, Fondo del MR 26-7 en Nueva
York; Comité Obrero Democrático de Exilados y Emigrados Cubanos: «Llamamiento a la
unidad», Nueva York [s. f.], Oficina de Asuntos Históricos, Fondo del MR 26-7 en Nueva York.

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por el golpe castrense. Raúl Chibás era uno de los baluartes de la «orto-
doxia histórica», que sostenía la ideología del partido ante las derivacio-
nes que lo atomizaban.60 El segundo era un economista prestigioso, que
había transitado escrupulosamente por la dirección del Banco Nacional
de Cuba, durante el derrocado gobierno de Carlos Prío. Ambos eran
asociados a las principales fuerzas del escenario político tradicional cu-
bano. Ninguno las representaba oficialmente. De ese encuentro surgiría
el «Manifiesto de la Sierra Maestra», firmado el 12 de julio de 1957.61
A pesar de los ingentes esfuerzos de Fidel Castro por materializar una
radical declaración de principios, el bloque formado por los otros dos
interesados mutiló esta posibilidad. En esencia, el documento invocó la
creación de un frente revolucionario e indicó la designación, desde aho-
ra, de una figura que presidiera el gobierno provisional. A la vez, propuso
la celebración de elecciones en el término de un año y la realización de un
programa mínimo.62 Junto a ello, de gran importancia resultó el desechar
cualquier solución basada en Junta Militar o en la mediación de otra
nación en los asuntos internos de Cuba. Por último, con el ánimo de
viabilizar el diálogo acerca de la constitución del Frente Cívico Revolu-
cionario, declaraba que no era necesario discutir en territorio libre ya
que el Movimiento Revolucionario 26 de Julio podía estar representado
donde fuese necesario.

60
En el año 1955 se había logrado una relativa unidad en el Partido del Pueblo Cubano
(Ortodoxos) en Cuba, alrededor de la figura de Raúl Chibás, quien ocupó la presidencia del
Consejo Nacional Director. Más adelante, en agosto de 1956, las pugnas internas conducen a
la renuncia de este. A partir de aquí funcionaron dos Consejos Directores. Uno, encabezado
por Pelayo Cuervo (abstencionista, luego «ortodoxia histórica»), y otro por Emilio Ochoa
(electoralista). Carlos Márquez Sterling se separó y fundó la Ortodoxia Libre, después Partido
del Pueblo Libre. El 13 de marzo de 1957 fue asesinado Pelayo Cuervo y el Consejo Nacional
que presidía acordó no suplir la vacante hasta que el gobierno concediera garantías. La
directiva provisional quedó integrada entre otros, por Raúl Chibás, Manuel Bisbé y Roberto
Agramonte. Sin embargo, la incorporación de Raúl Chibás a la Sierra Maestra fue una acción
a título personal; «Declaraciones del Dr. Raúl Chibás al incorporarse a las fuerzas del Dr. Fidel
Castro, en la Sierra Maestra», Biblioteca Nacional, Fondo 1952-1958.
61
«Documentos para la Historia», Bohemia, La Habana, 28 de julio de 1957, p. 69.
62
«[...] libertad inmediata de todos los presos políticos, garantía absoluta para el ejercicio de los
derechos individuales y políticos [...]; designación de alcaldes provisionales en todos los muni-
cipios, para consulta con las instituciones cívicas; supresión del peculado y establecimiento de
la Carrera Administrativa; elecciones libres en los sindicatos y federaciones obreras; inicio
inmediato de una campaña intensa contra el analfabetismo; basamentos de una reforma
agraria; adopción de una política financiera sana y creación de nuevos empleos»; en «Docu-
mentos para la Historia», Bohemia, La Habana, 28 de julio de 1957, p. 69.

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En suma, el Manifiesto afirmó la presencia del Movimiento como
fuerza política ineludible en cualquier convenio oposicionista puesto
que: «La Sierra es ya un baluarte indestructible de la libertad que ha
prendido en el corazón de nuestros compatriotas [...]».
En un análisis retrospectivo sobre el alcance del «Manifiesto de la
Sierra Maestra», el comandante Ernesto Guevara aclaró:
No estábamos satisfechos con el compromiso pero era necesario;
era progresista en aquel momento. No podía durar más allá del
momento en que significara una detención en el desarrollo revolu-
cionario [...].
Nosotros sabíamos que era un programa mínimo [...] pero también
sabíamos que no era posible establecer nuestra voluntad desde la
Sierra Maestra y que debíamos contar durante un largo período con
toda una serie de «amigos» que trataban de utilizar nuestra fuerza
militar y la gran confianza que el pueblo ya sentía por Fidel Castro,
para sus manejos macabros y, por sobre todas las cosas, para man-
tener el dominio del imperialismo en Cuba [...].63
Ciertamente, la propuesta programática de alianza firmada en la Sie-
rra Maestra, tomó distancia del radicalismo básico de La historia me ab-
solverá y el «Manifiesto no. 1 del 26 de Julio al pueblo de Cuba». Así, los
términos «nacionalización» e «industrialización» fueron desterrados, tanto
como cualquier referencia a la dominación extranjera o a la solución de
los problemas de la salud y la vivienda. Igualmente, otros objetivos car-
SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
dinales bajaron de tono o se convirtieron a la ambigüedad. De tal suer-
te, la confiscación de bienes malversados fue sustituida por la supresión
del peculado y el establecimiento de la carrera administrativa, la refor-
ma agraria degeneró en «basamentos», y la reforma integral de la ense-
ñanza se redujo a una campaña contra el analfabetismo. Por consiguiente,
el «Manifiesto de la Sierra Maestra» reclamó la garantía de la libertad
individual y la representatividad del poder, que caracterizaban al Esta-
do oligárquico liberal en Cuba antes del golpe militar de Fulgencio Ba-
tista. Al tiempo que le añadía ciertas «propiedades éticas» y protegía a
aquella doctrina del proyecto de transformación social, al reservar a la
revolución un «ámbito infranqueable»: la propiedad privada.

63
Ernesto Guevara: Escritos y discursos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1972, t. II,
p. 127.

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Empero, a pesar de que las intenciones del 26 debieron ajustarse a las
posibilidades imaginativas y potenciales de los visitantes serranos, el
«Manifiesto de la Sierra Maestra» va más allá de sus inconsecuencias
doctrinales: el 12 de julio de 1957 se esbozó un propósito colectivo de
subversión del poder político sobre dos pilares de la ideología revolu-
cionaria: insurrección armada y esfuerzo propio.
De forma inmediata, lo que parecía una opción de unidad causó con-
moción en la oposición tradicional burguesa64 y, en contraste, acepta-
ción en las filas del Partido Socialista Popular. El 31 de julio de 1957,
Carta Semanal puntualizaba al respecto: «Esa es la cuestión: reunirse
para discutir –pero reunirse todos– y discutir con vista a ponerse de
acuerdo acerca del programa mínimo del frente único y acerca de los
medios tácticos adecuados para afrontar la situación y llevar adelante la
lucha contra la tiranía».65
En el extranjero, las organizaciones adheridas al Movimiento Revo-
lucionario 26 de Julio propiciaron amplia divulgación a la reunión de la
Sierra. El periódico Batalla ofreció cobertura informativa en sus edicio-
nes del 21 de julio y el 4 de agosto de 1957; mientras, en esta última
versión, se refirió a la entrevista concedida por el secretario general del
Directorio Revolucionario, Faure Chomón, al diario Las Américas, don-
de expuso criterios concordantes sobre «La Unidad de Acción revolu-
cionaria».66
El rotativo Patria, el 15 de septiembre de 1957, hizo otro tanto, pero
con cierta prevención:
El Manifiesto al Pueblo de Cuba […] lo aceptamos sin reservas,
pero en su verdadero contenido, no en el que le quisieron dar los
oportunistas, los que están detrás de arreglos y de pactos que, como
el de Montreal, no resuelven nada y sí desprestigian a quienes lo
concertan.67
En esta ocasión, la concepción «antipactista» del Comité Ortodoxo
no le permitió equivocarse. La crítica a un fenómeno que se desató tras
las gestiones unitarias era razonable. La actitud aparentemente fraternal
64
Frank País: Carta a Fidel Castro, Santiago de Cuba, 19 de julio de 1957, Oficina de Asuntos
Históricos, Fondo Frank País.
65
Partido Socialista Popular: «A los Partidos, grupos y sectores oposicionistas. Al pueblo», Carta
Semanal, no. 207, 31 de julio de 1957.
66
Batalla, Nueva York, no. 9, 21 de julio de 1957, p. 2; no. 10, 4 de agosto de 1957, pp. 5, 6.
67
Patria, Nueva York, no. 8, 15 de septiembre de 1957, p. 6.

96

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de la Organización Auténtica y su líder Carlos Prío, no los confundió.
Era, sin dudas, el preámbulo de una maniobra política que desemboca-
ría de inmediato en el Pacto de Miami.
El 23 de junio de 1957, se advierte el primer paso visible de esa
gestión. El teatro Flagler de Miami albergó a una constelación de figu-
ras de filiación heterogénea,68 que se pronunciaron a favor de la unidad.
No por azar, las conclusiones de la jornada fueron reservadas al ex pre-
sidente Carlos Prío.69
En Nueva York, el Comité Obrero Democrático de Exilados y Emi-
grados Cubanos adherido al Movimiento Revolucionario 26 de Julio,
ofreció sus impresiones:
[...] Nosotros aquí mantendremos la línea independiente del Movi-
miento, aunque sí haciendo constar que somos ardientes partida-
rios de la Unidad en la Acción con todos los grupos y organizaciones
combatientes contra la Dictadura, pero no estamos interesados en
realizar actos conjuntos e invitar a Prío, pues creemos que por ese
camino lo único que vamos a conseguir es servirle de compañero
[...]. Si ese Sr. quiere de verdad ayudar a los que quieren combatir y
están combatiendo, debe traducirlo en hechos positivos, no en meras
palabrerías [...].70
En esta dirección, el 26 de julio de 1937, el periódico Patria propagó
una declaración acusatoria firmada por el Comité Ortodoxo de Nueva
York y los Clubes Patrióticos de Bridgeport y Union City:
SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
[...] este Movimiento no tiene pactos ni compromisos de ninguna
índole con otra organización o persona ajena al mismo. Reciente-
mente un grupo de personas que se dicen ser representantes de

68
En el acto intervendrían Pascacio Lineras –dirigente obrero textil, muy vinculado a la Orga-
nización Auténtica–, Alberto Mora, por el Directorio Revolucionario 13 de Marzo; María
Tallet, por el Frente Cívico de Mujeres Martianas; Félix Martínez, enviado especial de la
Triple A de Aureliano Sánchez Arango; y algunos miembros del Movimiento en Miami, como
Edilberto Serrano y Lino Elías, que personalmente apoyaron la actividad.
69
Diario Las Américas, Miami, 25 de junio de 1957, Biblioteca Nacional, Fondo 1952-1958. En
una carta a Fulgencio Batista, el ex presidente reflejaba lo distanciado que estaba de la
doctrina revolucionaria: «Váyase Batista. Usted es el obstáculo [...]. Todos estamos dispuestos
a aceptar hasta una Junta Militar integrada, inclusive, por los mismos hombres que están hoy
bajo su mando [...]», en Batalla, Nueva York, no. 9, 21 de julio de 1957, pp. 4, 7.
70
Pablo Díaz: Carta a Pedro Miret, Nueva York, 13 de julio de 1957, Oficina de Asuntos
Históricos, Fondo del MR 26-7 en Nueva York.

97

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este Movimiento en la ciudad de Miami, efectuaron un acto con-
junto con organismos y personas que no tienen ni tendrán jamás
vinculación con nosotros [...].
[...] una revolución no es igual a una guerra […]. En la primera
entran en juego factores morales. En la segunda, es factor primero,
el interés material. Para la guerra hace falta mucho dinero. Para la
revolución, es necesario [sic] solo el valor y la moral.71
A pesar de estos contratiempos, los auténticos continuaron su ma-
niobra. En el mes de agosto, el periódico Corinthia, órgano oficial de la
Organización Auténtica en Nueva York, exhortaba a la oposición a una
definición acelerada que avizoraba nuevos intentos.72 En octubre, el
diario El Vigía, de filiación auténtica en Miami, incitó al compromiso:
«El Frente Unido Revolucionario no es detalle secundario o fenómeno
adjetivo, sino requisito primordial, condición imprescindible para la lu-
cha fructífera y el éxito favorable del empeño revolucionario».73
A partir de aquí, los acontecimientos se desarrollaron vertiginosa-
mente. La cuestión decisiva era atraer la participación del Movimiento
Revolucionario 26 de Julio. Felipe Pazos, huésped ya de Miami, aseguró
al respecto:
Al llegar a Miami, los ortodoxos habían aceptado concurrir a la
unidad con la FEU, el PRC y los Demócratas si el 26 concurría.
El Directorio condicionaba su asistencia a las discusiones si el 26
asistía. Dependía enteramente del 26 que la unidad se produjera o
se rompiera.74
El 19 de agosto, el delegado de la Dirección Nacional del Movimien-
to, Léster Rodríguez, daba cuenta del acercamiento de las organizacio-
nes oposicionistas: «Con respecto a P. (Carlos Prío) [...] y al D. (Directorio
Revolucionario) [...] te diré que sostuve una serie de entrevistas con

71
Patria, Nueva York, no. 7, agosto de 1957, p. 2.
72
Corinthia, Nueva York, agosto de 1957. En La Habana, el presidente del Partido Revolucio-
nario Cubano (Auténtico), Manuel Antonio de Varona, expresaba sin rodeos: «Ni continuismo,
ni manigua; acuerdo decoroso». Y, al indagarse sobre la posición de Carlos Prío declaraba:
«[E]stoy autorizado para decir que si la libertad y la paz se alcanzaran por vías pacíficas, él sería
el primero en saludar alborozado [...]», Bohemia, La Habana, 14 de julio de 1957, p. 70.
73
Al Combate, Nueva York, no. 3, 10 de octubre de 1957, p. 6.
74
René Ramos Latour: Carta a Fidel Castro, Santiago de Cuba, 9 de octubre de1957, Oficina de
Asuntos Históricos, Fondo René Ramos Latour.

98

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ellos para coordinar planes de tipo militar, única y exclusivamente [...]».
En el Informe no. 3, el Delegado agregaba que, recientemente, había
tenido la oportunidad de comprobar las turbias intenciones del ex presi-
dente Carlos Prío, al evadir este el reclamo a secundar con las armas la
huelga que se desató en Santiago de Cuba al ser asesinado Frank País.
«[C]reo que en el futuro tampoco es recomendable [...] (añadía) [...] puesto
que en el momento que más falta le hacían a Cuba, negaron que poseían
el material que en estos días le han ocupado y que es de una cuantía tal
que mueve a indignación».75
Sin embargo, inesperadamente, el 15 de octubre de 1957, se dio a la
publicidad el denominado Pacto de Miami, firmado por el delegado de
la Dirección Nacional, y el recién firmante del «Manifiesto de la Sierra
Maestra», Felipe Pazos. La razón aludida para ejecutar un paso de tal
envergadura era que:
[...] Todas las Organizaciones allí representadas tenían poderes ple-
nos para actuar y que pidieron 46 horas, tiempo que estimaron
suficiente para consultar a la Dirección Nacional y tener respuesta,
y habiendo transcurrido dicho plazo y ante la insistencia de apro-
vechar la última reunión de la SIP (Sociedad lnteramericana de
Prensa) [...] para dar a la publicidad el acuerdo de unidad, dieron su
consentimiento, pero reservándose siempre el derecho de separar-
se si la Dirección así lo dispusiese.76
El pacto se materializó en el Documento de la unidad de la oposición cuba-
na frente a la dictadura de Batista,77 cuyos signatarios fueron: el Partido SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
Revolucionario Cubano (Auténtico), la Organización Auténtica, el Di-
rectorio Obrero Revolucionario,78 la Federación Estudiantil Universita-
ria, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, el Partido del Pueblo
Cubano (Ortodoxos), y la delegación no autorizada del Movimiento Re-
volucionario 26 de Julio.
75
Léster Rodríguez: Informe no. 3, Nueva York, 19 de agosto de 1957, Oficina de Asuntos
Históricos, Fondo Léster Rodríguez.
76
Luis María Buch: Informe a la Dirección Nacional del MR 26-7 [s. l.], [s. f.], Oficina de
Asuntos Históricos, Fondo Luis María Buch.
77
Documento de unidad de la oposición cubana frente a la dictadura de Batista, Miami, 15 de octubre de
1957, Biblioteca Nacional, Fondo 1952-1958, no. 42.
78
En una carta a Fidel Castro fechada el 20 de noviembre de 1957, Raúl Castro apuntaba que
esta organización era desconocida en Cuba (Raúl Castro: Carta a Fidel Castro, Sierra Maestra,
20 de noviembre de 1957, Oficina de Asuntos Históricos, Fondo Raúl Castro). Sus represen-
tantes eran Ángel Cofiño, Pascacio Lineras y Marcos A. Hirigoyen.

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La declaración se iniciaba con la denuncia al mundo del régimen de
terror y violación de los derechos humanos que la tiranía de Batista
sostenía en Cuba. Y, a continuación, destacaba las distintas formas de
lucha que demostraban la inconformidad del pueblo de Cuba, en este
orden: la opinión pública, el movimiento de resistencia, las institucio-
nes cívicas, la rebeldía de las juventudes, y el estado de guerra civil
sustentado durante 10 meses en la Sierra Maestra por las fuerzas del
MR 26-7 y en el resto del territorio nacional por todos los sectores revo-
lucionarios.
Matizaba la declaración el deseo de halagar al gobierno estadouni-
dense. «Expresamos nuestra gratitud a la prensa democrática de los
Estados Unidos [...]», indicaba en una de sus partes, mientras la alaban-
za al «Honorable Embajador Earl Smith» completaba otra y la referen-
cia a «la gran democracia del Norte» era el preámbulo a sus 10 bases
programáticas. Todo como complemento de un acto de fe anticomunista,
que declaró al plenario contrario «[...] a toda forma de dictadura y a toda
forma de totalitarismo».
Las bases programáticas estimulaban el incremento de la lucha con-
tra el régimen de Batista –la primera–, bajo la conducción –la segunda–
de una Junta de Liberación Cubana. La base tercera acuñaba la aspiración
al orden constitucional; mientras la cuarta, precisaba que la única solu-
ción era el cese de la situación actual y la proclamación de un gobierno
provisional que convocara a elecciones. Advirtiendo, en su base quinta,
que el presidente provisional no podía figurar como candidato a cargo
electivo alguno; los gobernadores, alcaldes o ministros, debían cesar en
sus cargos con seis meses de antelación si pretendían ser postulados. La
base sexta esbozaba una doctrina elemental,79 similar al liberalismo «éti-
co» del «Manifiesto de la Sierra», que orientara la gestión del gobierno
79
a) Inmediata libertad de todos los presos políticos, civiles y militares; b) Restablecimiento de
las libertades públicas; c) Establecimiento de sistemas efectivos de control y sanciones que
erradiquen el peculado; d) Establecimiento de la carrera administrativa; e) Elevación progre-
siva de la eficiencia del Estado en la prestación de servicios, con especial atención a la
educación popular, a la educación técnica, a la investigación científica y a la conservación de
nuestros recursos naturales a través de los organismos adecuados; f) Saneamiento de las
instituciones violentadas y adulteradas por la dictadura; g) Preservación de la estabilidad
monetaria y canalización del crédito hacia fines productivos; h) Establecimiento de las bases
para la Reforma Agraria; i) Depuración de los organismos sindicales para la colaboración de
elecciones libres; j) Creación de nuevos empleos y elevación del nivel de vida de los trabajado-
res y campesinos mediante el desarrollo de nuevas industrias y el fomento de la agricultura y
la minería.

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provisional y, la séptima, apoyaba las denuncias acerca de la violación
de los derechos humanos en Cuba, solicitaba el cese del envío de armas
a la dictadura por parte del gobierno estadounidense, e indicaba la ne-
cesidad de gestionar la condición beligerante de la Junta.
Por último, la octava base invitaba a las instituciones y corporaciones
económicas a adherirse; la novena, planteaba el propósito de apartar a
las fuerzas armadas de las luchas políticas y garantizar su adecuada or-
ganización, luego de convocarlas a unirse al proyecto de liberación na-
cional; al tiempo que la décima, hacía votos por la cohesión necesaria
para completar la obra en la cual se encontraban enfrascados.
En síntesis, la Junta de Liberación Cubana, que funcionaría con los
delegados de cada organización –en calidad de Cámara Consultiva– y
un Ejecutivo o gobierno provisional en el exilio «[...] llevaría el peso de
ejecutar y dar conocimiento a los acuerdos y disposiciones que se dic-
ten, así como sería [...] responsable de las relaciones públicas [...], es
decir, [...] (representaría) [...] al Poder Ejecutivo del Gobierno en el Exi-
lio, el cual designaría de su seno al Presidente Provisional [...]».80 Ade-
más, exigía «unificación de mando» en la utilización del apoyo bélico y
financiero. En otras palabras, dirigiría el destino de la revolución.
La noticia del Pacto de Miami sorprendió a la Dirección Nacional del
Movimiento Revolucionario 26 de Julio. «[N]osotros tuvimos conoci-
miento de la misma, por la misma vía que la conoció el pueblo de Cuba»,81
argumentó Armando Hart a Fidel Castro; a la vez que René Ramos
Latour afirmaba: «[L]os politiqueros parándose encima de nuestros ca-
SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
dáveres, pretenden alzarse e igualarnos en altura».82
Empero, por la dificultad en las comunicaciones con la Sierra Maes-
tra, el frente clandestino tuvo que asumir la responsabilidad de solucio-
nar el problema consumado. En esta situación, la decisión no fue
desarticularlo, sino encauzarlo hacia el convenio de la Sierra. «Nosotros
no nos hubiéramos atrevido [...] (precisó Amando Hart a Celia Sánchez)
[...] a la declaración pública de rompimiento sin antes consultar con
80
Luis María Buch: Informe a la Dirección Nacional del MR 26-7 [s. l], [s. f.], Oficina de Asuntos
Históricos, Fondo de Luis María Buch, no. 93. Como presidente de la Junta de Liberación fue
elegido el dirigente del PRC (A), Manuel Antonio de Varona, Boletín de la Junta de Liberación
Cubana [s. l.], no. 1, 24 de noviembre de 1957, p. 1.
81
Fragmento de una carta de Armando Hart a Fidel Castro, citada por Raúl Castro en su misiva
al líder de la Revolución, el 20 de noviembre de 1957, ob. cit. (en n. 78).
82
René Ramos Latour: Carta a Fidel Castro, Santiago de Cuba, 4 de noviembre de 1957, Oficina
de Asuntos Históricos, Fondo René Ramos Latour.

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Fidel [...]».83 De este modo, la posición de la Dirección Nacional fue
enviar un delegado a discutir los criterios divergentes –misión que de-
sempeñó Luis María Buch–,84 ofreciendo como plazo hasta el 1ro. de
diciembre; mientras se hacían las gestiones para concurrir a una reunión
de los dirigentes del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en la Sierra
Maestra.
En este trayecto, la propia militancia del Movimiento desaprobó la
Junta de Liberación. La clandestinidad, enfatizó Armando Hart, «[...]
siempre hubo de rechazar los pronunciamientos de unidad».85 La emi-
gración tampoco se abstuvo de tomar posiciones. En el diario La Repú-
blica, el Comité de Exilados y Simpatizantes del 26 de Julio de Costa
Rica publicó el documento titulado «Contra la mediación Fidel Castro y
el MR 26-7»:
El Comité del MR 26 de Julio de Costa Rica emplaza [a] los [...]
mediacionistas para que definan públicamente su postura. Una cues-
tión tan trascendental que afecta el destino de nuestra nacionali-
dad, no puede ser negociada a espaldas de un pueblo que tan
gallardamente se bate contra la tiranía y rechaza por experiencia
histórica las intervenciones y mediaciones que frustraron lo mejor
de su independencia y de la revolución antimachadista.86
En Cayo Hueso, el Club Patriótico 26 de Julio elaboró el «Manifiesto
al pueblo cubano y a los cubanos de la emigración y sus descendientes»:
El Club 26 de Julio de Cayo Hueso, fundado por su máximo líder,
Fidel Castro, no solo fue fundado para liberar a Cuba de la san-

83
Armando Hart: Carta a Celia Sánchez, Santiago de Cuba, 6 de diciembre de 1957, Oficina de
Asuntos Históricos, Fondo Armando Hart. Todo el proceso que abarca los antecedentes, la
rúbrica del Pacto y su destino posterior, transcurrió mientras en la Sierra Maestra el Ejército
Rebelde resistía la llamada Ofensiva de Invierno de la tiranía, cuyo plan de operaciones
consideraba las siguientes etapas: R1 (12 de octubre-2 de noviembre), R2 (2 de noviembre-5 de
diciembre), R3 (5 de diciembre-19 de enero), 4 (19 de enero hasta la aprobación del plan Fase
Final), ver Martha V. Álvarez y Sergio Ravelo López: «Brazo armado del pueblo», Bohemia, La
Habana, 17 de julio de 1987, pp. 58-63.
84
Luis M. Buch se vinculó al MR 26-7 desde finales del año 1956. En 1957 laboró en el
Movimiento de Resistencia Cívica. La Dirección Nacional del 26 lo responsabilizó, primero,
con indagar acerca de las gestiones de unidad que se realizaban en Miami, exponiendo los
criterios contrarios; y trasladar, después, la réplica de Fidel Castro.
85
Armando Hart: Carta a Celia Sánchez, Santiago de Cuba, 6 de diciembre de 1957, ob. cit. (en
n. 83).
86
Centro de Estudios de Historia Militar, Fondo del MR 26-7 en Costa Rica.

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grienta tiranía [...] sino también, para ampararla de la consuetudi-
naria burla de sus sempiternos políticos de oficio… ¡Con el único
que el Movimiento 26 de Julio y el Dr. Fidel Castro han hecho
pacto, es con el pueblo de Cuba!87
Entretanto, en medio de la ofensiva de invierno lanzada por la tira-
nía, el día 20 de noviembre de 1957 arribó la noticia a la Sierra Maestra,
y el 14 de diciembre, después de valorar el pensamiento de la Dirección
Nacional, Fidel Castro elaboró la réplica oficial revolucionaria.88
El documento se iniciaba con un esbozo del deber moral, patriótico e
histórico que lo motivaba, tras haber recibido la noticia sorpresiva de
las bases del pacto de unidad porque, aludía, el Movimiento Revolucio-
nario 26 de Julio «[...] no designó ni autorizó ninguna delegación para
discutir dichas negociaciones» y, por lo tanto, se trataba de «un engaño
al país, [...] un engaño al mundo».
Más adelante, impugnaba la ausencia de dos principios cardinales en
la concepción revolucionaria, presentes antes en el «Manifiesto de la
Sierra». «Suprimir en el documento de unidad [...] (enfatizaba Fidel Cas-
tro) [...] la declaración expresa de que se rechaza todo tipo de interven-
ción extranjera en los asuntos internos de Cuba, es de una evidente
tibieza patriótica y una cobardía que se denuncia por sí sola». «Lo más
nefasto que pudiera sobrevenir a la nación [...] (añade) [...] por cuanto
estaría acompañada de la ilusión engañosa de que el problema de Cuba
se ha resuelto con la ausencia del Dictador, es la sustitución de Batista
por una Junta Militar». Todo lo que resume en una máxima de la ideolo- SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
gía revolucionaria. «Si no hay fe en el pueblo, si no se confía en sus
grandes reservas de energía y de lucha, no hay derecho en poner las
manos sobre su destino para torcerlo […]».
Otros aspectos del «pacto» también fueron rechazados. Por una par-
te, era inaceptable que la Junta de Liberación aprobara o no el gabinete
del gobierno provisional; por otra, el MR 26-7 reclamaba la función de
mantener el orden público y reorganizar las instituciones armadas de la

87
Club Patriótico de Cayo Hueso: «Manifiesto al pueblo cubano y los cubanos de la emigración
y sus descendientes», Cayo Hueso, 27 de noviembre de 1957, Archivo personal de Gustavo
Zorrilla.
88
Fidel Castro: «Señores dirigentes del Partido Revolucionario Cubano, Partido del Pueblo
Cubano, Organización Auténtica, Federación Estudiantil Universitaria, Directorio Revolu-
cionario y Directorio Obrero Revolucionario», Sierra Maestra, 14 de diciembre de 1957,
Biblioteca Nacional, Fondo 1952-1958, folleto no. 6.

103

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República. Sobre todo: «La dirección de la lucha contra la tiranía está
y seguirá estando en Cuba y en manos de los combatientes revolucio-
narios».
A continuación, reiteraba el interés de la Dirección Nacional en coor-
dinar, en Cuba, planes específicos y hechos concretos que estimularan
el derrumbe de la tiranía para de inmediato plantear las medidas inapla-
zables al producirse el colapso del régimen,89 y proponer al magistrado
de la Audiencia de Oriente, Manuel Urrutia Lleó, como futuro presi-
dente del gobierno provisional.90 «Si se rechazan nuestras condiciones
(concluía) [...] seguiremos solos la lucha [...]» porque, había sentencia-
do, «[...] lo importante para la Revolución no es la unidad en sí sino las
bases de dicha unidad, la forma en que se viabilice y las intenciones
patrióticas que la animen», y, «[...] para caer con dignidad no hace falta
compañía».
Finalizaba pues el año 1957 junto a la desarticulación de la Junta de
Liberación Cubana. Tal era la autoridad del Movimiento Revoluciona-
rio 26 de Julio, que bastó su resuelta réplica para destruir la desatinada
maniobra donde, además, no todo resultó negativo. Así lo explicaba el
comandante Ernesto Guevara: «El enemigo nos ayudó con su traición
a romper lazos incómodos y demostrar al pueblo sus verdaderas in-
tenciones».91
De un lado, era fácil percibir, el Documento de la unidad de la oposición
cubana frente a la dictadura de Batista, firmado en Miami, era un paso atrás
en relación con el culto al «esfuerzo propio» para tomar el poder políti-
co, que había propuesto el «Manifiesto de la Sierra Maestra». De otro, la

89
El desplazamiento del Congreso espurio, funcionarios y dirigentes de la CTC vinculados al
dictador, no se haría esperar; al igual que la libertad de los presos políticos y el encauzamiento
de los que tuvieran complicidad con el régimen. El nuevo gobierno se regiría por la Constitu-
ción de 1940 y su ejecutivo asumiría las funciones legislativas del Congreso, teniendo como
tarea principal conducir al país a elecciones generales y desarrollar el programa mínimo ex-
puesto en el «Manifiesto de la Sierra Maestra». Además, decidiría cómo constituir el nuevo
Tribunal Supremo –luego de disolver el impotente actual– que se dedicaría a reorganizar todos
los tribunales del país.
90
Las causas para su designación fueron: primero, su posición ante la causa de los expediciona-
rios del Granma, donde declaró que «[...] organizar una fuerza armada contra el régimen no era
delito, sino perfectamente lícito, de acuerdo con el espíritu y la letra de la Constitución y la Ley
[...]»; segundo, que su vida «[...] consagrada a la recta administración de justicia, es garantía de
que tiene la suficiente preparación y carácter para servir de equilibrio a todos los intereses
legítimos [...]» y, tercero, que nadie puede ser tan equidistante de partidarismos «[...] ya que no
pertenece a ninguna agrupación política [...]».
91
Ernesto Guevara: Ob. cit. (en n. 63), t. II, p. 127.

104

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opinión pública conoció de la situación de la oposición política tradi-
cional que pretendió, desde el extranjero, ejercer o al menos compartir
la dirección de la revolución. Y, en este particular, se impone una
distinción entre los motivos esenciales que impulsaron los «represen-
tantes» del Movimiento Revolucionario 26 de Julio a refrendar el docu-
mento. Léster Rodríguez fue víctima de aquella concepción política
tradicional, de la cual Felipe Pazos era un exponente.
Es conocido que la misión del primero, como delegado en el exterior
del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, se reducía a «organizar y
vincular» a la emigración, aunque también a viabilizar el apoyo bélico.
Incluso, tras sus diligencias cohesionadoras, su labor se había dedicado
más a este último aspecto.92 En dicho acontecer, diversos contratiem-
pos habían dilatado los resultados.93 De tal suerte, cuando los auténti-
cos prometieron sus recursos materiales, luego de consumada la unidad
como condición previa, su firma refrendó el documento.
Más adelante, cuando su participación en el pacto fue cuestionada
por la Dirección Nacional, Léster Rodríguez asumió toda la responsabi-
lidad «[...] basado en el criterio siempre mantenido por él, de que es
indispensable contar con el material suficiente para hacer la guerra y era
el único medio que tenía a su alcance para conseguirlo […]».94
Otros motivos inspiraron al ex presidente del Banco Nacional de Cuba
durante el gobierno de Carlos Prío, quien recién firmaba un manifiesto
unitario con el líder de la revolución.
Los argumentos de Felipe Pazos pueden sintetizarse de la siguiente
SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
forma: primero, que no existían razones para rechazar la unidad ya que,
«[…] al invitarnos [...] se nos ofrecía aceptar todos los planteamientos
del Manifiesto de la Sierra, excepto incluir en forma expresa en el docu-
mento público nuestros pronunciamientos: 1) contra la intervención, y
2) contra la junta militar, y dejando abierto a discusión 3) la forma de
92
El 30 de octubre de 1957 una carta de Fidel Castro institucionalizaría el Comité del Exilio.
Léster Rodríguez sería designado responsable de Asuntos Bélicos.
93
«La lancha torpedera que teníamos, por una serie de indiscreciones y de incapacidades la
hemos perdido ya que el que la regalaba se acobardó a última hora. Esto da por resultado que
no tengamos modo para trasladar lo poco que tenemos y sobre todo los proyectiles que
tanta falta hacen, no obstante si tú consideras que es imprescindible el traslado sin esperar
respuesta de la gestión grande, creo que podamos resolverlo comprando un barco pequeño
que pueda hacer la travesía», Léster Rodríguez: Informe no. 4 [s. l.], 9 de septiembre de 1957,
Oficina de Asuntos Históricos, Fondo Léster Rodríguez, cuaderno l.
94
Luis María Buch: Informe a la Dirección Nacional del MR 26-7 [s. l.], [s. f.], Oficina de
Asuntos Históricos, Fondo Luis María Buch, no. 93.

105

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elegir el gobierno provisional [...]»95 –sin duda los puntos programáticos
trascendentales del documento del 12 de julio–; segundo, que rechazar
la unidad «[…] pondría en peligro la supervivencia de nuestros hombres
en la Sierra […]» y, en gran , medida, «[…] arriesgar el triunfo mismo de
la revolución».96 «¡Nosotros (exclamaría Raúl Castro) [...] que salimos
dos veces de la nada y estamos acostumbrados a valernos solos!»97 y,
tercero, porque ese pacto era «[…] el paso más firme que contra el régi-
men de Batista se había realizado [...]».98 Esto último, naturalmente,
resume su pensamiento.
En realidad, la Junta de Liberación cubana, viciada en sus orígenes
por su falsa representatividad, anduvo el tiempo que le costearon sus
propulsores sin una sola diligencia trascendente.99 Y, si alguna impor-
tancia tuvo, fue precisamente la experiencia que aportó y la réplica que
provocó, lo cual fue evidencia de un paso de avance en el ideario revo-
lucionario.
Desde el punto de vista ideológico, entre el 12 de julio y el 14 de
diciembre de 1957 el ascenso fue notable, y no precisamente por un
ascenso de radicalismo en el programa mínimo de la revolución. Llama
la atención, incluso, que sobre el particular la dirección del Movimiento
Revolucionario 26 de Julio no añadiera una sola palabra. Notable sí fue
la diferencia, pero el índice de cambio no señala al futuro programa del
gobierno provisional, sino a las «reglas del juego» para ponerlo en prác-
tica. Dos eran los cursos de acción que se proponían. En cuanto a la
solución de la toma del poder político, la convocatoria del 12 de julio
había brindado la fórmula (ni junta militar ni injerencia extranjera), a lo
cual ahora solo se sumaba algo que parecía obvio: la dirección de la
revolución está «[…] en Cuba y en manos de los combatientes revolu-

95
Luis María Buch: «Informe de actividades» [s. l.], 28 de diciembre de 1957, Oficina de Asuntos
Históricos, Fondo Luis María Buch.
96
René Ramos Latour: Carta a Fidel Castro, Santiago de Cuba, 9 de octubre de 1957, Oficina de
Asuntos Históricos, Fondo René Ramos Latour.
97
Raúl Castro: Carta a Fidel Castro, Sierra Maestra, 20 de noviembre de 1957, ob. cit. (en n. 78).
98
Luis María Buch: Informe a la Dirección Nacional del MR 26-7 [s. l.], [s. f.], Oficina de
Asuntos Históricos, Fondo Luis María Buch, no. 93.
99
El día 24 de noviembre apareció el Boletín de la Junta de Liberación Cubana, como resumen de las
actividades desplegadas durante su lapso histórico de existencia. En este número hacen un
recuento de las arbitrariedades del régimen dictatorial en Cuba, explican la visita de sus
delegados a la cancillería de Washington solicitando el cese del envío de armas a Batista,
saludan a los militares dignos del país e invitan a la población cubana a cooperar en un
programa desestabilizador de la dictadura.

106

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cionarios». En el poder, y esto sí es noticia, la base era la subversión
total de las fuerzas armadas y los poderes del Estado. El mensaje era
fácil de traducir. Mientras «el blanco» del documento inicial era el 10 de
marzo de 1952, el de la réplica serrana era el 20 de mayo de 1902. Uno
apuntaba al golpe de Estado, el otro a los cimientos de un modelo polí-
tico que se inauguró 50 años antes. La clave era transparente. El 26
dejó de apuntar al efecto y puso la causa en la mirilla. Entonces, la
revolución emergió consolidada.

El comité del exilio. La constitución

Inmerso en este acontecer, el 30 de octubre de 1957, una carta de Fidel


Castro100 institucionalizó el Comité del Exilio del Movimiento Revo-
lucionario 26 de Julio, con sede en Nueva York, integrado por tantas
secretarías como tareas reclamaba la revolución del frente de los emi-
grados cubanos: en Propaganda y Relaciones Públicas, Mario Llerena;
en Organización, Carlos Franqui; 101 en Asuntos Bélicos, Léster
Rodríguez; en Finanzas, Raúl Chibás. En este instante, el centro direc-
tor de la emigración se trasladó a Estados Unidos.
Una nueva misiva, fechada el 9 de enero de 1958, apoyó con todo
rigor las actividades del Comité, para lograr efectividad en el auxilio
externo. En tal sentido orientaba: «A ese Comité deben quedar subordi-
nadas absolutamente todas las actividades de los miembros de nuestra
organización en el extranjero». Y añaden que, solo a través de sus dele- SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
gados «[…] se lleven a cabo las recaudaciones y se orienten las activida-
des [...]», y que su autoridad lo amparaba para «[…] reestructurar todos
los Comités locales y separar públicamente del Movimiento a cualquier
miembro que no cumple sus instrucciones».102

100
Fidel Castro: Carta a Mario Llerena, Sierra Maestra, 10 de octubre de 1957, Oficina de
Asuntos Históricos, Fondo Fidel Castro. En el contenido de la carta se proponía su designa-
ción como presidente «[...] para que en cualquier reunión o gestión puedas representar al
Comité con amplio voto de confianza [...]».
101
Carlos Franqui era redactor en La Habana del periódico Revolución. El 7 de marzo de 1957 fue
detenido por la policía batistiana y, luego de salir en libertad provisional, se asiló en la
embajada de Ecuador. El 5 de septiembre de 1958 arribó a San José de Costa Rica, donde se
integró al Comité 26 de Julio.
102
Fidel Castro: «Carta a los exilados y emigrados cubanos», Sierra Maestra, Nueva York, no. 1,
marzo de 1958, p. 4.

107

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La designación de una dirección centralizada fue acogida con bene-
plácito en la emigración. El principal obstáculo resultó el Comité Orto-
doxo de Nueva York el cual, en contraste con las facultades otorgadas,
se proclamó anfitrión de un «Congreso del 26 de Julio».103 El evento, a
efectuarse los días finales del mes de marzo de 1958, se hizo público el
23 de febrero, con la convocatoria y sus argumentos.104 Se dirá que el docu-
mento no cuestionaba la Dirección Nacional del Movimiento Revolu-
cionario 26 de Julio; tampoco cabe abrigar dudas acerca de su propósito
de viabilizar una «ayuda definitiva al Dr. Castro». Sin embargo, lo cierto
es que cualesquiera que fueran sus motivos intrínsecos, al mostrar su
incompatibilidad con la dirección revolucionaria de la emigración, al
promover otra alternativa, desobedeciendo la orientación del máximo
liderazgo veintiseísta, el Comité Ortodoxo de Nueva York frenaba la
unificación y la centralización de funciones que demandaba la estructu-
ra del Movimiento Revolucionario 26 de Julio.
Otra vez el Comité Ortodoxo pecó de exceso y la militancia desacre-
ditó más las funciones que se habían atribuido. «[…] El Congreso ha
sido suspendido (aludían) [...] al no poder contar con la colaboración
del Club de Cayo Hueso [...] de Panamá, México, Venezuela [...] (etc.)».105
El epílogo fue su expulsión, en el mes de marzo, de las filas del Movi-
miento Revolucionario 26 de Julio.106
En este momento histórico, el frente exterior del 26 amplió sus rami-
ficaciones en Estados Unidos, Centroamérica, el Caribe; y se extendió a
Sudamérica. En algunos casos, reflejando la labor de grupos de emigra-
dos cubanos en esos países, en otros, el interés de mantener latente la
beligerancia del Movimiento donde no existía un asentamiento consi-
derable.
En Estados Unidos, los Clubes Patrióticos 26 de Julio sostenían su
estructura original en Bridgeport, Union City, Washington y Chicago, a
la vez que el Comité del Exilio añadió representantes (delegados) a

103
Mario Lecour y Carlos L. Torrens: Carta a Mario Maró y Gustavo Zorrilla, Nueva York, 10 de
marzo de 1958, Oficina de Asuntos Históricos, Fondo del MR 26-7 en Nueva York.
104
Comisión Organizadora: «Manifiesto al Congreso del Movimiento Revolucionario 26 de Ju-
lio», Nueva York, 23 de febrero de 1958, Oficina de Asuntos Históricos, Fondo del MR 26-7 en
Nueva York.
105
Orestes Noa: Carta a Gustavo Zorrilla, Nueva York [s. f.], Oficina de Asuntos Históricos,
Fondo del MR 26-7 en Nueva York.
106
También fueron expulsados José Infanzón y León R. Ciordi, del Club de Chicago, Sierra
Maestra, Nueva York, no. 1, 30 de marzo de 1958, p. 8.

108

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Miami, Tampa y Cayo Hueso. En Nueva York se mantuvo el trabajo
más o menos efectivo de los ramales orientados por su Directiva Cen-
tral;107 y en otras localidades, se sumaron los «Comités 26 de Julio» ge-
nerados por emigrados cubanos en Los Ángeles, Boston y San Francisco.
En Centroamérica, el Comité de Exilados y Simpatizantes del 26 de
Julio de Costa Rica proseguía la propaganda, aunque su órgano, Cuba
Libre, dejó de circular por falta de recursos financieros y su gestión se
dedicó cada vez más a la preparación de una expedición armada. Ade-
más, el Comité del Exilio designó delegados para unificar el trabajo en
México, reconocer la labor en Panamá, y propagar el ambiente revolu-
cionario a Honduras y El Salvador.
En el Caribe, la delegación de Puerto Rico se había fortalecido en la
capital, San Juan, y erigía filiales en San Germán e Isabela, al tiempo
que el Comité del Exilio renovaba allí su representación oficial.
Simultáneamente, en América del Sur, un delegado apoyó la recién
fundada Sección Venezuela –19 de febrero de 1958–, y otro fue nom-
brado para extender la influencia de la revolución a Uruguay, Chile y
Argentina, donde coincidió con la agrupación de emigrados cubanos.
En Perú, un conjunto de personalidades políticas, simpatizantes de la
revolución cubana, habían constituido el Movimiento Pro Liberación
de Cuba. La secretaria económica de esta entidad, Hilda Gadea –espo-
sa del comandante Ernesto Guevara– fue seleccionada por el Comité
del Exilio como su delegada en Lima.108
107
El ramal no. 13, «Juan Manuel Márquez», es un caso ilustrativo. Fundado el 11 de octubre de
SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
1957, tenía como secretaria general a Elvira Rodríguez. Las reuniones –en el local central del
206 de Amsterdam Ave.– tenían una frecuencia semanal, y comenzaban con un minuto de
silencio «[...] a los héroes caídos por la libertad de Cuba». Luego se leía y aprobaba el acta de la
reunión anterior, pasando posteriormente a los asuntos particulares que los convocaban,
donde siempre se repetía la recaudación de fondos. En la reunión correspondiente al 24 de
abril de 1958, se propuso enviar una carta a «[...] la Dirección General del Movimiento
reclamando las promesas [de] [...] que pronto se vería solucionado el problema de la unidad de
todos los grupos del Movimiento en la ciudad de New York [...]», Archivo personal de Elvira
Rodríguez.
108
Un documento del Comité del Exilio reproducido por Sierra Maestra (Nueva York, no. 1,
marzo de 1958, p. 8) se refería a los lugares donde el Movimiento estaba representado en el
exterior. Sin embargo, era una relación incompleta. En Estados Unidos, no se mencionaban
las conocidas agrupaciones de Union City, Tampa y Cayo Hueso, donde funcionaba también la
Agrupación de Mujeres Martianas de Cayo Hueso. Ver: Entrevista a Guillermo León Antich
realizada por el autor, La Habana, 7 de julio de 1986; Gustavo Zorrilla: Ob. cit. (en n. 10);
Emilia Carbó Nodarse: Autobiografía [s. l.], [s. f.]. Además, en territorio estadounidense fun-
cionaban dos alineamientos de reciente promoción: Los Ángeles y San Francisco; Patria,
Nueva York, no. 9, 25 de octubre de 1957, p. 8. Israel Tápanes: Carta a Pedro Miret, Los

109

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En este contexto, el Movimiento de Resistencia Cívica (MRC) apare-
ció como complemento en Miami y Nueva York. El MRC, fundado en
Santiago de Cuba a comienzos de 1957, tenía una organización celular
basada en «letras» que identificaban a los alineamientos –en combina-
ción con los números consecutivos que diferenciaban a sus miembros–.
La estructura, que evitaba los amplios Ejecutivos, al centralizar las
responsabilidades en un jefe de ramal, un organizador y un tesorero,
junto con la similitud de las tareas encomendadas con las del frente
exterior del movimiento, resultó una opción unitaria ante las divergen-
cias tradicionales. En ambas ciudades circuló Resistencia, su órgano ofi-
cial, cuyo precio era: «El que desee pagar para ayudar a nuestra causa».109
Esta expansión del MR 26-7 en el extranjero, era el resultado del flujo
continuo y creciente de cubanos hacia el exterior, que se desató a partir
del inicio de la guerra revolucionaria, el cual, como tendencia, era moti-
vado más por factores derivados de la represión política en Cuba, que
por cualquier variante de atracción foránea, aun cuando Estados Uni-
dos seguía constituyendo el principal centro receptor. Tal tendencia se
correspondía con el auge de la insurrección en el país que alcanzó un
clímax momentáneo en el entorno de la convocatoria a la huelga gene-
ral del 9 de abril de 1958.

Ángeles, 14 de diciembre de 1957, Centro de Estudios Histórico Militares. Entrevista a Bladimiro


Murillo, realizada por el autor, La Habana, 29 de julio de 1988. Entrevista a Gabriel Piedra,
realizada por el autor, La Habana, 26 de febrero de1988. Por último, en el mes de abril se
designaron las delegaciones de Perú, Argentina, Uruguay y Chile; a la vez que se nombró un
nuevo representante en Puerto Rico, ya que el anterior «ha sido enviado a otra misión», Sierra
Maestra, Nueva York, no. 2, abril de 1958, p. 2. Santiago Riera: Carta a Eduardo Granados,
Buenos Aires, 5 de febrero de 1958, en Archivo personal de Eduardo Granados. Carlos Franqui:
«Credencial», Miami, 30 de abril de 1958, en Archivo personal de Jacinto Vázquez.
109
El Movimiento de Resistencia Cívica fundó su Comité Gestor en Santiago de Cuba durante el
mes de enero de 1957. El 12 de octubre del mismo año se creó su Directorio Nacional
integrado por: Ángel M. Santos Buch, secretario general; José Antonio Aguilera, secretario
organizador; Emilio Catasús, secretario de Finanzas; Antonio Buch, secretario de Propaganda
y responsable nacional de Resistencia del Movimiento Revolucionario 26 de Julio. En un
documento al respecto, explicaba sus objetivos: «el derrocamiento del régimen inconstitucio-
nal y tiránico que Cuba padece y lograr el establecimiento de un gobierno democrático, apto,
por la limpieza de su origen soberano y la competencia y probidad de sus componentes, para
promover el desarrollo económico, social y cultural de la República, en un ambiente de
libertad y de justicia»; José María Cuesta Braniella: Apuntes históricos sobre el Movimiento de
Resistencia Cívica, junio de 1981 [s. l.], inédito. «Origen, objetivo y organización del Movimien-
to de Resistencia Cívica», octubre de 1957 [s. l.], Archivo personal de José Llanusa. Entrevista
a Pepín Gómez realizada por el autor, La Habana, 6 de marzo de 1989.

110

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Lo cierto es que, a comienzos del año 1958, el frente clandestino
había dispuesto sus fuerzas para la «batalla final» contra el régimen y,
entre los días 6 y 9 de marzo, la dirigencia del Movimiento se reunió en
la Sierra Maestra para coordinar los planes de un paro popular que sería
secundado por la acción armada.
Sea cual fuere su resultado final, es válido reconocer, por una parte,
que la alternativa priorizada no se alejaba, en lo esencial, del proyecto
revolucionario del frente guerrillero: y era razonable, cuando todavía el
Ejército Rebelde no había alcanzado la solidez necesaria para desempe-
ñar su papel protagónico, a pesar de sus sostenidas victorias y su conso-
lidación territorial. Por otra, que la eficacia de este proceder había sido
demostrada recientemente en Venezuela donde, el 23 de enero de 1958,
la acción popular diera al traste con la tiranía de Marcos Pérez Jiménez.
Y por último que, en este momento histórico, era manifiesta la oposición
a la dictadura de Fulgencio Batista de amplios sectores sociales, lo cual
sumaba evidencias concretas con la huelga de origen espontáneo por el
asesinato de Frank País, el 30 de julio de 1957, el levantamiento de
Cienfuegos, el 5 de septiembre del mismo año, y el apoyo nacional sin
precedentes, en febrero de 1958, a la campaña financiera del Movi-
miento «Día del Salario de la Libertad». Todo lo que ebulló cuando,
avanzado el mes marzo, se conoció que Washington suspendió la venta
de armas a Batista.
La realidad histórica es que el ímpetu de los preparativos trascendió
también al desarrollo de las tareas encomendadas al frente exterior del
SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
Movimiento. La institucionalización de la dirección revolucionaria del 26
en su frente exterior, había impregnado un grado estimable de coheren-
cia a la propaganda, con la fundación de Sierra Maestra, órgano oficial
del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en el exilio.110 Ahora, el
Comité del Exilio retornaría a las temáticas habituales de la propaganda
en el extranjero.
El estado beligerante del Movimiento era un hecho consumado, y las
imágenes impresas del Ejército Rebelde se sucedieron en cada edición
110
Sierra Maestra, con la identificación de volumen l, constó de nueve números y un suplemento
especial. Su publicación comenzó en forma de tabloide, en la ciudad de Nueva York, en el mes
de marzo de 1958. En aquella fecha constaba de ocho páginas. A partir del número 4, correspon-
diente al mes de mayo, adquirió forma de revista. Entonces y hasta el mes de noviembre (no. 91)
su edición se hizo en Miami y sus páginas oscilaron entre 12 y 16, reservando de una a tres al
idioma inglés, para la opinión pública estadounidense. En julio se publicó el número aniversario:
Moncada, con 36 páginas y un suplemento adicional de cuatro páginas.

111

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de Sierra Maestra, que colaboró con la persistente divulgación fílmica a
través de La película de la Sierra,111 la edición de la propaganda radial,112 y
la presencia de los símbolos de la organización en diversos lugares del
universo.113
Particular relevancia adquirió la labor de la Delegación del Movi-
miento en Puerto Rico. En los meses finales del año 1957, se celebraron
mítines revolucionarios en los poblados de Caguas (3 de noviembre),
Mayagüez (8 de noviembre) y Aguas Buenas (11 de noviembre). Las
acciones del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba, se conme-
moraron mediante un acto frente al consulado de Cuba en San Juan; y el
desembarco del Granma (2 de diciembre), a través del «Día de Fidel
Castro», en el Colegio de Abogados de la capital boricua. El 2 de enero
de 1958, se inició la Marcha de la Fe, un periplo proselitista que abarcó
desde San Juan hasta Isabela.
En este momento, el periodismo latinoamericano se hizo presente en
territorio rebelde. El diario La Mañana, de Montevideo, publicó la in-
formación escrita y gráfica recogida a principios de año por el uruguayo
Carlos María Gutiérrez. Radio El Mundo de Buenos Aires transmitió,
en mayo, las declaraciones de Fidel Castro y Ernesto Guevara, grabadas
por el argentino Jorge Ricardo Masetti.114
El resquebrajamiento de las bases del régimen dictatorial fue el otro
objetivo explícito. En el orden externo, el reclamo del cese del apoyo
logístico de Estados Unidos siguió ocupando un lugar principal. El arri-
bo a Nueva York del último de los jóvenes estadounidenses que perma-
111
El domingo 2 de noviembre de 1957 se exhibió de nuevo en el teatro Flagler de Miami «[...]
la película de la Sierra Maestra Película de la Revolución Cubana!»
112
El 20 de noviembre se inauguró «La voz de la Sierra Maestra» en Puerto Rico. Este espacio se
desarrollaba los lunes y viernes, a las 12:53 p.m., en el programa Codazos. En Panamá, el
Comité 26 de Julio difundió la propaganda revolucionaria a través de Radio Balboa y Radio
Reloj.
113
Durante la llamada Serie del Caribe de béisbol, correspondiente al mes de febrero de 1958, en
el Parque Escobar de Puerto Rico, fue izada la insignia del Movimiento Revolucionario 26 de
Julio. En el mes de abril Sierra Maestra publicó bajo el título «La bandera del 26 de Julio recorre
el universo», que el símbolo ondeó en la Torre Eiffel de París (Francia), el Parque Real de la
ciudad de Madrid (España), el consulado cubano en San Juan (Puerto Rico), y el Empire State
y el Rockefeller Center de Nueva York (Estados Unidos); Sierra Maestra, Nueva York, abril de
1958, p. 5. También en este mes, la revista brasileña Mundo Ilustrado incluía un reportaje sobre la
bandera del 26 izada sobre una torre de televisión del Pão de Açúcar (Río de Janeiro, 23 de
abril de 1958, p. 16).
114
Ver Ernesto Guevara Linch: Mi hijo el Che, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1988,
pp. 35-58.

112

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neció en la Sierra Maestra, Charles Ryan, impregnó continuidad al re-
sultado favorable alcanzado antes en la opinión pública de ese país. El
10 de noviembre de 1957 el Comité del Exilio explicó en la convocato-
ria a un acto al efecto en el Palm Garden: «No hemos solicitado ni
deseamos ayuda extranjera, pero reclamamos, asistidos por el derecho
de pueblo que en todos los momentos ha sabido pelear por su libertad,
el respeto y la consideración de todos los pueblos del mundo».115
Sin embargo, junto a la clara persistencia en estos asuntos, el Comité
del Exilio dirigió sus pasos hacia el acondicionamiento externo de la
«batalla decisiva». De tal modo, encauzó la simpatía continental116 en
una campaña que promoviera el aislamiento diplomático de la dictadu-
ra. «Pedimos expulsión del gobierno de Batista de la OEA», expresaba
un titular del primer ejemplar de Sierra Maestra; mientras, el segundo
reclamaba: «Ya es hora de que la conciencia civilizada de América, los
conductores responsables, los gobernantes en posición responsable [...]
tomen el paso concreto que la situación cubana demanda: El rom-
pimiento de relaciones [...]». Y, el tercero, insistía en una «Carta a los

115
Movimiento Revolucionario 26 de Julio en Nueva York: «A todos los pueblos libres de
América», Biblioteca Nacional, Fondo 1952-1958, no. 59. Es necesario aclarar que, el 27 de
octubre de 1957, el Comité Ortodoxo organizó también un acto dedicado al joven estadouni-
dense en Manhattan Towers. Allí, Charles Ryan explicó los acontecimientos en el campo de
batalla y convocó a la opinión pública a repudiar el envío de material bélico por parte del
gobierno de Estados Unidos a la dictadura. Entre los años 1955 y 1957 el gobierno estadouni-
dense había apuntalado a la dictadura batistiana con siete carros de combate, una batería de
SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
piezas ligeras de montaña, 4 000 cohetes, 40 ametralladoras pesadas, 3 000 fusiles automáti-
cos M-1, 15 000 granadas de mortero y 100 000 proyectiles calibre 50. En el mes de marzo de
1958, el notorio desprestigio de la tiranía indujo al Departamento de Estado a suspender
oficialmente el suministro. En adelante, la exigencia de neutralidad enarbolada por el Comité
del Exilio se basaría en un evidente apoyo encubierto.
116
La solidaridad de América Latina hacia la revolución cubana había sido pulsada por el arqui-
tecto Reynaldo Estévez en su recorrido proselitista, ver S. Rivero López: Emigración y Revolu-
ción (1955-1958). El papel del frente exterior del MR 26-7 en el proceso nacional liberador cubano,
Editorial Félix Varela, La Habana, 1995, capítulo I, p. 32, n. 5. Una relación detallada de la
gira y los contactos realizados sería enviada al responsable de Propaganda y Relaciones Públi-
cas del Movimiento en el exterior. Diversas manifestaciones de apoyo continental se habían
sucedido en este momento histórico. En Puerto Rico, durante el Festival Casals correspon-
diente al mes de mayo de 1958, a solicitud del delegado del MR 26-7, el famoso violoncelista
don Pablo Casals escribió sobre un programa del último concierto: «Mi adhesión y mi profunda
admiración a Fidel Castro y a los defensores de la dignidad de su patria», Archivo personal de
Silvino Sorhegui. Mientras que en el Congreso Nacional de Brasil, en el mes de marzo, y en la
Cámara de Diputados de Tucumán, el 29 de mayo, se escucharon adhesiones a la revolución
cubana.

113

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Presidentes de las naciones democráticas de Latinoamérica»: «Excelen-
cia: en nombre de un pueblo digno, pedimos la ruptura de Vuestro Go-
bierno con la tiranía de Batista y el reconocimiento de beligerancia para
la insurrección cubana».117
A tono con la misma coyuntura, el Comité del Exilio abordó la crea-
ción de un frente único opositor desde la posición establecida por Fidel
Castro en su réplica al Pacto de Miami, convocó a sus delegaciones a la
proclamación del presidente del gobierno provisional Manuel Urrutia
Lleó, el 23 de febrero de 1958; y puso énfasis en que, el 10 de marzo,
caravanas de automóviles recorrieran cada localidad anunciando el últi-
mo aniversario del golpe de Estado bajo la tiranía.
La recaudación de fondos también avanzó con la centralización de
funciones.118 Los Billetes de la Revolución, que circulaban en Cuba des-
de comienzos del año 1957, habían uniformado ya la colecta en la emi-
gración119 y, en el primer aniversario del desembarco del Granma, el 2 de
diciembre de 1957, el Comité del Exilio generó su primera gestión fi-
nanciera.120 En el mes de febrero de 1958, se coordinó el esfuerzo con la
Dirección Nacional para el desarrollo de la campaña Día del Salario de
la Libertad. Este fue el llamado de Sierra Maestra:
Exilado y emigrante cubano, coopera con el compañero y compa-
triota que no ha inclinado la cabeza frente al fusil opresor, y busca
la libertad aunque sea en la tumba, pero con el honor de haber
sabido cumplir con su deber y cerca de Martí y Maceo.

117
Sierra Maestra, Nueva York, no. 1, marzo de 1958, p. 7; no. 2, abril de 1958, p. 2; no. 3, mayo
de 1958, no. 3, p. 6.
118
Ahora todas las iniciativas tendrían un destino común. En Nueva York, en el mes de octubre,
se organizó la recaudación de $20 000 dólares, a razón de $ 1 000 por cada ramal, en un plazo
de 10 días, Carlos González, Ángel Pérez Vidal y Francisco García: «Comunicación al Exilio»,
Nueva York, 28 de octubre de 1957, Oficina de Asuntos Históricos, Fondo del MR 26-7 en
Nueva York. Además, en el local central del 206 de Amsterdam, se organizó un Bazar los días
22 y 23 de marzo de 1958, y una Cena Revolucionaria el 5 de abril. En Puerto Rico, durante
el mes de enero, el Movimiento ejecutó La Marcha de la Fe, desde San Juan hasta Isabela. En
Venezuela, la Sección del 26 celebró el 24 de febrero con la Gran Cena de la Confraternidad
Cubano-Venezolana.
119
El 1ro. de marzo de 1958, el delegado del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en Puerto
Rico informaba a los miembros que a aquella representación le correspondieron $12 000 en
«bonos cubanos», Acta no. 19, Archivo personal de Jacinto Vázquez. Ver: Sergio López, María
Antonia Marqués Dolz y Zaida Puñón Riaño: Ob. cit. (en n. 55).
120
Raúl Chibás: «Conciudadano», Miami, 27 de noviembre de 1957, Oficina de Asuntos Histó-
ricos, Fondo del MR 26-7 en Miami.

114

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[...] que el triunfo de la Revolución sea producto de los valores
morales y del limpio dinero de nuestro pueblo.121
El apoyo bélico, por su parte, siguió una senda desafortunada. La
concepción de la Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario
26 de Julio acerca de este particular, había sido planteada a través del
razonamiento de Frank País: «[…] aquí lo que necesitamos son armas y
parque [...]».122 En tal sentido, durante el mes de noviembre del año 1957
arribó a Cuba el primer envío, pero «[…] con tan poca suerte (informaba
René Ramos Latour a Fidel Castro) [...] que la máquina luego de salir
bien de Estados Unidos y entrar en Cuba, y recorrer casi toda la Isla sin
tropiezos, se volcó llegando a Holguín, quedando al descubierto todo el
material que por este desdichado accidente se perdió».123
El 19 del propio mes, una patrulla fronteriza del Servicio de Inmigra-
ción de Estados Unidos, frustró una expedición integrada por miem-
bros del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el Directorio
Revolucionario 13 de Marzo y la Organización Auténtica, localizada en
el muelle de Big Pine Key, Florida.124 De manera simultánea, la misión
del responsable de Asuntos Bélicos del Comité del Exilio sucumbía con
la Junta de Liberación Cubana y la ocupación del apoyo previsto ancla-
do en el puerto de Houston, Texas.
De tal suerte, la Dirección Nacional designó como delegado bélico a
Alonso Hidalgo, quien arribó a territorio de Estados Unidos en el mes
de enero del año 1958. Ahora, el responsable bélico no pertenecía al
Comité del Exilio, la recepción del armamento en Cuba quedaba a car- SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
go del cuartel Maestre del Movimiento, Taras Domitro Telebauka, y su
distribución era responsabilidad del jefe de Acción en la clandestinidad,
René Ramos Latour.
El material de combate se dividió en armas largas para la montaña y
cortas con destino al llano, aunque: «La concepción era una sola, hacer
llegar las armas a Cuba».125 A través del trasiego, utilizado desde antes
por parte de las mujeres del Movimiento, y sobre todo, mediante los

121
Sierra Maestra, Nueva York, no. 1, marzo de 1958, p. 3.
122
Frank País: Carta a Pedro Miret, Santiago de Cuba, 23 de mayo de 1957, Oficina de Asuntos
Históricos, Fondo Frank País.
123
René Ramos Latour: Carta a Fidel Castro, Santiago de Cuba, 20 de noviembre de 1957,
Oficina de Asuntos Históricos, Fondo René Ramos Latour.
124
El Diario de Nueva York, Nueva York, 5 de febrero de 1958, p. 1.
125
Entrevista a Alonso Hidalgo realizada por el autor, La Habana, 25 de marzo de 1983.

115

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embarques de la Litográfica de Santiago de Cuba, primero, y Autos
Latour después, se sostuvo la gestión hasta el 11 de mayo de 1958,
cuando la tiranía ocupó este último local.126 Sin embargo, debido a la
lógica limitación de espacio, las armas eran livianas y su cantidad insu-
ficiente.
En los meses de marzo y abril, fracasaron dos nuevos intentos de
expediciones marítimas destinadas al apoyo de la huelga general revolu-
cionaria. El 28 de marzo fue capturado por el Servicio de Guardacostas
de Estados Unidos –Brownsville, Distrito Sur de Texas, condado de
Canceron– el Orion, organizado por el Comité Ortodoxo.127 El 8 de abril,
El Corojo arribó desde México a Punta de Palma, al este del puerto La
Coloma, cuando la Marina de Guerra de la dictadura estaba al tanto y
resultaba tarde para su desempeño efectivo.128
Por fin, el 30 de marzo aterrizó en Cienaguilla, junto al central Estrada
Palma, el avión C46 que conducía una expedición aérea procedente de
Punta Arenas, Costa Rica, apoyada por el presidente de aquel país, José
Figueres.129 Esta operación, coordinada desde la Sierra Maestra, signifi-
có el primer apoyo directo desde el exterior al Ejército Rebelde, sobre el
cual se avecinaba la mayor ofensiva de la tiranía batistiana, tras fracasar
la huelga general revolucionaria.

Una reunión decisiva

Diversos factores se aliaron para conducir al fracaso a la huelga general


del 9 de abril de 1958. A pesar de las incursiones rebeldes en los llanos
del Cauto y las zonas de los incipientes II y III Frente Oriental, la para-
lización de la provincia de Oriente y la ciudad de Sagua la Grande, los
126
Pedro Latour Daniel: Autobiografia [s. l.], 11 de agosto de 1981.
127
Corte del Distrito de los Estados Unidos de América. Distrito Sur de Texas. División de
Brownsville, Oficina de Asuntos Históricos, Fondo del MR 26-7 en varios países.
128
En los primeros días del mes de mayo, abortó en México otro intento mixto conocido como
«la expedición de Campeche», una experiencia similar a la del Blue Ship en el pueblo de Tuxpan,
durante el mes de septiembre del año anterior, ver Oscar Asencio D. H.: La expedición de
Campeche, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1983. Entrevista a Aurelio Álvarez
realizada por el autor, La Habana, 25 de agosto de 1988.
129
Integraban la tripulación, entre otros, Pedro Miret, Hubert Matos, Evelio Rodríguez Curbelo,
Ricardo Martínez, Samuel Rodríguez y Orlando Ortega. El armamento incluía 10 ametralla-
doras Veretta, 10 ametralladoras Rainser, 38 Mauser, varias ametralladoras M-3 ametrallado-
ras calibre 50 sin trípode y abundante parque.

116

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sabotajes y el asalto a la armería de la Habana Vieja, esta no fue la
«batalla final» contra la dictadura.
Al frente exterior del 26 correspondió también una cuota de respon-
sabilidad. De un lado, a 14 meses de iniciada la guerra, la dirección
revolucionaria en el extranjero, que había resuelto la uniformidad de la
propaganda, a través de la edición de su órgano oficial Sierra Maestra,
así como de la colecta financiera mediante los Billetes de la Revolución
y la serie Día del Salario de la Libertad que circulaban en Cuba, no
había logrado encauzar el entusiasmo de la emigración como expresión
unánime. Lo cual explica la «Circular a los Comités del MR 26 de Julio»
firmada por la representación de Costa Rica: Hace falta urgentemente unifi-
car la acción de todos nuestros Comités en el exilio.130 Si a ello añadimos, que
las contradicciones internas de la esfera de dirección en cuanto a con-
cepciones organizativas –en modo alguno vinculadas a la solución re-
volucionaria–, habían persistido en los centros políticos de la emigración
(Ciudad México y Nueva York), se extendieron a la Delegación del
Movimiento en Puerto Rico, y se trasladaron al seno del Comité del
Exilio,131 así como que los otros dos núcleos de marcada permanencia,
localizados en San José de Costa Rica y Ciudad Panamá, mermaron su
actividad por el traslado de sus cuadros fundamentales a la Sierra Maes-
tra –el primero– y la deportación de su delegado –el segundo–, se com-
prende la envergadura del problema que interesa destacar.
De otro lado, el «asunto bélico» no se tradujo en apoyo efectivo y, por
una u otra razón, el material logístico había sido incautado, bien por el
SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)
gobierno de Estados Unidos, bien por la dictadura de Fulgencio Batista.
Al margen de cualquier conjetura, la experiencia mostraba que las
fuerzas revolucionarias no estaban preparadas para el golpe definitivo.
De tal suerte, el 3 de mayo de 1958, la dirección del Movimiento
Revolucionario 26 de Julio se reunió en Alto de Mompié, Sierra Maes-
tra, para valorar aquel revés y acondicionar la organización para la nue-
va etapa de lucha.
Para el frente exterior este encuentro resultó definitorio. En tal sentido
se tomaron dos decisiones trascendentales. Una, la designación de la he-
roína del Moncada, Haydee Santamaría, como delegada en el exterior, y

130
Evelio Rodríguez Curbelo y Pedro Bello: «Circular a los Comités del MR 26 de Julio», San
José, Costa Rica, 12 de febrero de 1958, Archivo personal de José A. Tabares.
131
Carlos Franqui: «Informe a la Dirección Nacional MR 26-7», Miami, 5 de marzo de 1958,
Oficina de Asuntos Históricos, Fondo del MR-26-7 en Miami.

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de Luis María Buch con el mismo rango en Venezuela. Otra, el Ejército
Rebelde asumiría directamente el suministro de armas.
En el primer caso, se cuestionó de hecho la autoridad del presidente
del Comité del Exilio, Mario Llerena, el cual ya había valorado abando-
nar su responsabilidad.133 No obstante, sin precipitar los acontecimien-
tos, la dirección del Movimiento confió la responsabilidad suprema en
el exterior a una figura de prestigio revolucionario indiscutible. A la vez
que consideró oportuno la atención especial de Venezuela, una plaza
destacada a partir del derrocamiento popular del dictador Marcos Pérez
Jiménez. Desde allí, la numerosa134 y organizada emigración cubana, había
mostrado su potencialidad a través de aportes económicos y contactos
radiales,135 mientras significaba la posibilidad de apoyo bélico gracias a
la posición amistosa de la Junta de Gobierno presidida por Wolfgan
Larrazabal.
En el segundo aspecto, la experiencia de año y medio de guerra revo-
lucionaria ofrecía la clave. Por lo tanto, se designó un delegado bélico
–Ricardo Lorié–136 que volcara los recursos hacia el logro de las expedi-

132
Para comprender la decisión de Mario Llerena, resulta valioso reproducir el siguiente frag-
mento de una carta de Marcelo Fernández a Fidel Castro, fechada el 5 de junio de 1958: «[…]
Franqui y otros compañeros del exilio, me han escrito reiteradamente dándome quejas sobre
la actuación de Mario. Se le acusa de: a) tener 2 guardaespaldas, b) asignarse un sueldo de $350,
c) mantener pugnas con casi todos los compañeros, d) subestimar y sabotear a Urrutia. Mario
alega que todo eso es falso, que muy a pesar tiene que mantenerse con fondos del Movimiento
pues no tiene propios (rechazó una proposición de cátedra en la Universidad de Vanderbilt
con un sueldo de $450), que es incierto que trate de pugnar con otros compañeros y finalmen-
te, que aunque estima que Urrutia adolece de ciertos defectos, lo acepta como nuestro
Presidente Provisional y siempre lo defiende públicamente […]». Entonces, si en el mes de
marzo la Dirección Nacional había ratificado al Comité del Exilio, y calificado de «absurdo»
su deseo de abandonar la responsabilidad de presidente de ese organismo; tres meses después
daba razón a los críticos y proponía «ir pensando en otro»; en Marcelo Fernández: Carta a Fidel
Castro [s. l.], 5 de junio de 1958, Oficina de Asuntos Históricos, Fondo Marcelo Fernández.
133
En los años 50 de este siglo [el autor se refiere al siglo XX (n. de la R.)], Venezuela encabezaba
las estadísticas como el país más opulento de América Latina. Su ingreso medio anual por
habitante, para utilizar un índice aproximativo, alcanzaba los 480 dólares, una cifra bien
distante de los $2 400 que se registraban para Estados Unidos, pero superior a los $300 que se
fijaban para Cuba. En la década, la frase «Venezuela flota en un mar de petróleo» se convirtió
en una atracción para los migrantes del área.
134
En Venezuela, la Sección del Movimiento instaló un radio trasmisor-receptor denominado
Indio Azul, que estableció contacto con Radio Rebelde en la Sierra Maestra; ver Entrevista a
Luis María Buch realizada por el autor, La Habana, 26 de mayo de 1984.
135
La designación de Ricardo Lorié como delegado bélico, tiene su antecedente inmediato en el
papel desempeñado por este para lograr el éxito de la expedición de Costa Rica.

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ciones aéreas hacia la Sierra Maestra. Alonso Hidalgo, por su parte, se
dedicaría exclusivamente al abastecimiento del frente clandestino.
En general, el análisis del fracaso de la huelga de abril conllevó a la
reconsideración organizativa del Movimiento Revolucionario 26 de Ju-
lio, y a concentrar su dirección política y militar en la Sierra Maestra. La
puesta en práctica de esta concepción preparó las condiciones que faci-
litaron la resistencia al embate de la tiranía y la ofensiva de las fuerzas.

SERGIO LÓPEZ RIVERO / Emigración y Revolución (1955-1958)

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RUTH No. 3/2009, pp. 120-139

JORGE IBARRA CUESTA*

Frank País y los orígenes del movimiento


revolucionario en Santiago de Cuba**

Uno de los hechos históricos y sociológicos más importantes de la Revolución Cubana es la


juventud de su dirigencia y militancia. Frank País había nucleado en torno a su persona a las
principales tendencias revolucionarias de la nueva generación, lo que lo hacía respetado por los
grupos insurreccionales más significativos. En esas circunstancias el movimiento revolucionario
estaba en condiciones de atraer y conquistar a la clase obrera y a la clase media urbana. En las
zonas rurales la guerrilla ganaría progresivamente sectores fundamentales del campesinado y
del proletariado rural para la causa revolucionaria.

Uno de los hechos históricos y sociológicos más importantes de la Re-


volución Cubana lo constituye la juventud de su dirigencia y militancia.
El movimiento revolucionario de los años 30 se caracterizó también
por el papel hegemónico que desempeñó la nueva generación que
irrumpió en el escenario histórico; no se puede aseverar, sin embargo,
que la gente joven se destacara durante esos años de la manera en que
lo hizo en los años 50. Cuando se produce el golpe de Estado de 1952,
Frank País tenía 17 años; cuando cae asesinado había cumplido 22 años.
La edad de los jóvenes que lo acompañaron en la lucha revolucionaria
contra la dictadura de Fulgencio Batista se correspondía aproximada-
mente con la suya.
Otra de las características del movimiento revolucionario de la déca-
da de 1950 es el significativo papel que le correspondió desempeñar al
estudiantado desde sus orígenes. Las manifestaciones estudiantiles de

* (Cuba, 1931). Doctor en Ciencias Históricas, investigador titular del Instituto de Historia de
Cuba. Ha recibido la Orden por la Cultura Nacional, la réplica al Machete de Máximo Gómez
y el Premio Nacional de Ciencias Sociales. Entre sus libros se encuentran: Historia de Cuba y
Cuba 1898-1958. Estructuras y procesos sociales.
** Tomado de Enrique Oltuski Ozacki, Héctor Rodríguez Llompart, Eduardo Torres-Cuevas
(coords.): Memorias de la Revolución, Imagen Contemporánea, La Habana, 2007, pp. 92-114.

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protesta que tuvieron su punto de partida en la Colina universitaria
habanera y que recorrieron también las calles de Santiago de Cuba, cons-
tituyeron un factor movilizador de primer orden de la juventud en la
lucha contra la dictadura. Frank, como José Antonio Echevarría, Pepi-
to Tey, Fructuoso Rodríguez, Félix Pena, Joe Westbrook y otros héroes
y mártires de la Revolución Cubana, no solo fue un dirigente estudian-
til, sino el fundador de distintas organizaciones revolucionarias. Otros
dirigentes del movimiento revolucionario de los años 50 eran jóvenes
graduados recientemente de la Universidad. De modo que las principa-
les organizaciones de la nueva generación revolucionaria –el Movimiento
26 de Julio, el Movimiento Nacional Revolucionario y el Directorio
Revolucionario 13 de Marzo– tenían una importante representación
universitaria, de estudiantes y jóvenes profesionales. Desde luego, ha-
bía empleados, maestros, trabajadores eventuales y desempleados en
las filas y en la dirección de esas organizaciones revolucionarias.
Las consideraciones sociológicas expuestas no obedecen al propósito

JORGE IBARRA CUESTA / Frank País y los orígenes del movimiento revolucionario en Santiago de Cuba
de conferirle un papel preeminente a una clase o a un estrato social
determinado en la conducción del movimiento revolucionario en sus
orígenes. A los historiadores de mi generación no les corresponde ese
quehacer. Ya vendrán otras promociones de estudiosos de la historia
favorecidos por la distancia de los hechos históricos, que ordenarán,
clasificarán y explicarán imaginativamente, con más objetividad y pon-
deración que nosotros, el proceso histórico que nos tocó vivir.
El intento que me anima esta mañana, es simplemente reconstruir las
condiciones en las que surgió la dirección revolucionaria del joven estu-
diante universitario y maestro Frank País. Por eso, debo decir que la
generación que se entregó en cuerpo y alma a la ardua, difícil y compleja
empresa de hacer una revolución no disponía desde el principio de los
medios y recursos más elementales para llevar a feliz término sus pro-
pósitos. Los jóvenes revolucionarios no contaban con el capital necesa-
rio para adquirir en el extranjero los armamentos requeridos para enfrentar
al ejército de la dictadura, ni disponían de los contactos en las fuerzas
armadas para promover el derrocamiento del dictador; tampoco tenían
nexos con el movimiento sindical para emprender la lucha en los me-
dios obreros contra la tiranía. ¿Qué podían hacer entonces? ¿Seguir a las
organizaciones y partidos políticos tradicionales que pregonaban poseer
alijos de armas en el país o contactos en el ejército capaces de promover
la destitución del dictador? ¿Relacionarse acaso con dirigentes obreros

121

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entregados a la tarea de organizar una huelga general revolucionaria,
como en los años 30?
La única forma de lucha que se correspondía con los alcances y las
posibilidades reales de la juventud revolucionaria en esos primeros años
de 1952 y 1953, consistía en promover manifestaciones y protestas en
las calles. En aquellos comienzos no faltaron, sin embargo, los reclamos
de los representantes del autenticismo que decían tener armas y anun-
ciaban expediciones desde el exterior, estallidos revolucionarios que no
se ejecutaban nunca. Frank, como muchos jóvenes de su generación, se
sentía urgido de redimir a la patria a costa de la vida si fuera preciso en
combates frontales contra la dictadura. De ahí, los contactos que esta-
bleciera para conseguir armas de Acción Libertadora, la organización
que dirigía Justo Carrillo, un funcionario del BANFAIC [Banco de Fo-
mento Agrícola e Industrial], que presumía de no haberse ensuciado las
manos con el gobierno de Carlos Prío y cuyos antecedentes políticos se
remontaban a los años 30. Era esa la imagen personal que proyectaba,
aparte de haberse identificado con los llamados nuevos rumbos del go-
bierno priísta. Eficiencia administrativa, creación de instituciones fi-
nancieras y fiscales de la actividad económica. En pocas palabras, se
trataba de un retorno al 9 de Marzo, sin Paco Prío y con Pepín Bosch, el
gerente de la Bacardí, como figura política principal. No obstante, Ac-
ción Libertadora había captado algunos de los más esforzados y
combativos representantes de la nueva generación revolucionaria en
Santiago de Cuba. Entre ellos se destacaban Otto Parellada, César
Pascual y Casto Amador. De acuerdo con el testimonio de este último,
días después del asalto al Moncada, Frank los convocó a él y a Otto
para demandarles que se fueran de Acción Libertadora, pues esa organi-
zación era un instrumento de los politiqueros que cubiertos con un bar-
niz de profesionalidad eran los mismos. De acuerdo con Frank, había
que crear nuevas organizaciones de la nueva generación. Casto Amador
refiere que no le hicieron caso al verlo tan joven sentándoles pautas a
ellos. Subrayemos que entonces tenía 18 años de edad.
La característica estructural más distintiva del proceso revolucionario
de los años 50 fue la profunda inestabilidad que trastornaba los funda-
mentos existenciales de la nueva generación. A diferencia de los años 30,
en que los sectores de la clase media de la nueva promoción revoluciona-
ria se sentían bastante seguros y estables, a la vez que actuaban funda-
mentalmente en función de los intereses propios de su medio social, en

122

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los años 50 la crisis económica había subvertido integralmente sus ba-
ses sociales y concepción del mundo y los había acercado a las clases
subalternas de la sociedad. La nueva generación no tenía un lugar bajo
el sol en la sociedad neocolonial cubana. Los jóvenes no solo carecían
de perspectivas de empleo y de un sitio en la sociedad, sino que se
sentían traicionados por la generación que le había precedido en el tiem-
po, entregándolos al extranjero que pugnaba por imponer sus valores y
modo de vida por doquier. La política de mostrador de acuerdo con la
cual tanto tienes tanto vales, regía las actividades políticas del país.
El desempleo alcanzaba al 30 % de la fuerza laboral, una proporción
sin precedentes en Latinoamérica. Si acaso un 20 % de los jóvenes que
llegaba a los 21 años conseguía empleo. No solo eran los hijos de los
obreros y los campesinos los que se encontraban desplazados social-
mente, sino que los descendientes de los profesionales y los propieta-
rios medios no encontraban salida en el entorno existente. En esas
circunstancias, los jóvenes de todas las procedencias sociales, con inde-

JORGE IBARRA CUESTA / Frank País y los orígenes del movimiento revolucionario en Santiago de Cuba
pendencia de sus intereses y percepción de clase, comenzaron a tomar
conciencia de que solo una transformación profunda de la sociedad que
le habían legado sus mayores, podía satisfacer las reivindicaciones más
sentidas de los cubanos. Revolución que hicieron no solo los jóvenes,
sino que la prepararon, organizaron y dirigieron.
En ese sentido la clave del triunfo revolucionario radicó en la manera
en que integraron al proceso revolucionario a los obreros, a los campe-
sinos y a la clase media. Ninguna otra generación había hecho suya de
manera tan raigal la exigencia de justicia social y de repudio a la corrup-
ción política y de las costumbres. Este imperativo moral, como vere-
mos, constituirá el fundamento del accionar revolucionario de Frank
País, la cifra y el compendio de su predicamento político entre los jóve-
nes. De sus conceptos de honradez política y justicia social se derivará
su anticolonialismo, como él llamaba al antimperialismo, y su percep-
ción de una revolución social profunda.
La breve incursión que hemos efectuado en la sociedad neocolonial
cubana en los años 50 tenía por objeto, situarnos un poco «en época», a
los efectos de comprender la problemática existencial del héroe cubano.

123

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El joven Frank País

A primera vista, Frank no reunía las condiciones para dirigir un movi-


miento revolucionario. Algunos de sus compañeros de aula en la Escue-
la Normal lo identificaban como un joven filomático, un soñador, que
gustaba escribir poesías y tocar el piano. De hecho, sus condiscípulos de
la Escuela Normal, que eran en la mayoría mujeres, lo eligen para la
presidencia de la federación de estudiantes, porque a diferencia de
Pepito Tey, tiene un aspecto sosegado, pacífico y parece incapaz de
promover disturbios públicos y agitaciones políticas en la Escuela. Al-
gunos testimonios que se han recogido entre sus compañeros coinciden
en que no fumaba, no bebía, ni decía malas palabras.
Por otra parte, era profundamente religioso. Se trataba de un arquetipo
poco frecuente entre los jóvenes cubanos de la época. Su imagen públi-
ca lo distanciaba de los dirigentes estudiantiles de la época que promo-
vían protestas y manifestaciones contra la dictadura, como Temístocles
Fuentes, Cuqui Bosch o Félix Pena, que daban muestras de arrojo y
carácter en sus enfrentamientos con la fuerza pública. De ahí, la popu-
laridad de estos en los medios estudiantiles. Parecía imposible que na-
die pudiera disputarles la dirección que ejercían sobre la juventud
santiaguera. Las cualidades que hemos descrito de Frank no lo ponían
en condiciones para reemplazar a los dirigentes estudiantiles referidos.
Por otra parte, debe señalarse que en esta primera etapa de las luchas
contra el régimen, la protesta estudiantil se imponía sobre otras formas
de lucha. De hecho, no se había tomado conciencia aún de que al régi-
men había que enfrentarlo en el terreno de la acción armada. De todos
modos, las manifestaciones de protesta estudiantil desempeñaron un
papel decisivo en la toma de conciencia revolucionaria de la juventud y
en la exigencia ulterior de radicalizar las formas de lucha.
Como quiera que fuese, lo cierto es que el joven de apariencia tran-
quila y pacífica que presidía la Asociación de Alumnos de la Escuela
Normal, se encontrará al frente de todas las manifestaciones de protes-
ta de la época, conjuntamente con los otros dirigentes de mayor predi-
camento en las filas estudiantiles. Lo cierto es que solo un pequeño
número de alumnos de su plantel lo acompañaban en esos enfrenta-
mientos con las fuerzas represivas del régimen. ¿Cómo atraerlos a la
lucha frente al régimen? ¿Cómo sensibilizarlos de la afrenta que signifi-
caba para la ciudadanía el golpe de Estado militar que había perpetrado
124

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Fulgencio Batista de espaldas a las tradiciones democráticas del país?
Ningún otro medio parecía más contraproducente que agraviarlo defi-
niendo su actitud como aprensiva. No obstante, «Cobardía» sería el tí-
tulo del escrito que Frank publicara, para apremiar al estudiantado
normalista a una toma de partido, en la revista El Mentor. Los alumnos
del cuarto curso de la Escuela se habían opuesto a que la Asociación de
Estudiantes participara en los actos de protesta que protagonizaba el
estudiantado santiaguero en aquellos días, porque podía afectar su gra-
duación. Frank escribió entonces, «Cobardía»:
Dolor. Pena. Vergüenza. Cuando dirijo mi vista alrededor y miro a
mis compañeros, en que fijé mis esperanzas, por quienes sentí tan-
to cariño, no puedo menos que sentir tres sensaciones, porque pa-
rece mentira que estemos a pocos días de finalizar nuestro cuarto
curso y que hayan de salir maestros. No se ve por ninguna parte ni
los ideales, ni la pureza, ni los nobles sentimientos del magisterio
[...]. Se creen mis compañeros que solo se debe enseñar Matemáti-

JORGE IBARRA CUESTA / Frank País y los orígenes del movimiento revolucionario en Santiago de Cuba
cas, Gramática o Historia a la formación de ciudadanos cívicos
con cariño para su patria y responsabilidad en su futuro. De seguro
que no vacilaría por lo segundo. ¿Porque de qué sirve la cultura
humana cuando se es traidor? Prefiero la sencillez cuando es seria,
respetuosa y leal. Perder el curso dicen que es el miedo, perder la
dignidad y el honor, como se está perdiendo, debía ser el verdadero
miedo.
Este escrito que fustiga el individualismo y el egoísmo de sus condis-
cípulos, recuerda uno de los primeros discursos de Martí donde flagelaba
la flojedad culpable de los cubanos desterrados quienes le daban las
espaldas a los proyectos revolucionarios forjados por los patriotas de la
emigración. Quizás no fuera esta la manera más idónea de atraerse a los
apáticos e insensibles, pero al menos tenía la ventaja de sacudir la con-
ciencia de algunos descaminados y contribuía a reafirmar las conviccio-
nes de los revolucionarios frente a la indiferencia y la inconciencia
imperantes en ciertos grupos de estudiantes.
El sentimiento de repudio moral ante la insensibilidad al dolor de
la patria se manifiesta de manera más terminante en el discurso que
pronunciara el 28 de enero de 1953 en la conmemoración del naci-
miento de Martí: «Fue un hombre ante el que se presentaran las mis-
mas y aun mayores dificultades y pruebas y amarguras [de las] que se
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nos presentan a nosotros, que tuvo todos nuestros sentimientos y tuvo
los que nos faltan a nosotros, un amor muy grande, un amor de sacrifi-
cio, una espina de dolor y sacrificio y de amor ardiente y profundo por
su amada patria».
Nos encontramos aquí ante la que es, a mi juicio, la característica
esencial de la personalidad de Frank. Ninguno de sus amigos y compa-
ñeros más cercanos sintió tan acabadamente que la realización de la
misión que se habían asignado implicaba su entrega en cuerpo y alma a
la causa y el sacrificio personal más profundo. En la medida en que se
convenció de que el proyecto revolucionario suponía la preparación,
hasta en sus detalles más insignificantes, de las acciones revoluciona-
rias, Frank se convirtió en un hombre de acción, pero, ante todo, en el
hombre que debía gestar las condiciones para la concresión de los pla-
nes revolucionarios. Ese sentimiento que sus colaboradores adivinaban
en él lo convirtió imperceptiblemente, sin proponérselo, en el dirigente
del movimiento revolucionario de Santiago de Cuba. No es casual que
entre los compañeros que acataban su dirección se encontrasen hom-
bres y mujeres destacados por tener una edad mayor y en algunos casos
una experiencia política mayor. En ese sentido pueden mencionarse
Arturo Duque de Estrada, Enzo Infante, Léster Rodríguez, Vilma Es-
pín, Asela de los Santos, Gloria Cuadras, Amaro Iglesias, quienes se
identificaron tempranamente con sus proyectos y terminaron siendo sus
lugartenientes. El caso de Léster, cuya experiencia y conocimientos fueron
muy importantes para la organización del movimiento, es ilustrativo de
esa situación. Lo mismo podía decirse de Amaro Iglesias, a quien consi-
deraba su maestro, porque este le relató todo lo concerniente a sus rela-
ciones con los grupos revolucionarios guiteristas en Oriente durante los
años 30. De ahí que Frank designase a la primera de las organizaciones
revolucionarias que fundó, Decisión Guiteras. Quienes conocieron a
Frank, saben del interés que despertó en él Antonio Guiteras, hasta el
punto de considerarlo un paradigma de la acción y el pensamiento re-
volucionarios. Gloria Cuadras decía al respecto, «yo le notaba cierto
parecido físico y moral con Guiteras y a cada rato me inquiría sobre el
quehacer revolucionario de aquel y gustaba ponerse frente a una foto
suya que aún conservo». No obstante, Frank terminó atrayendo e inte-
grando a Amaro y a Gloria a Acción Nacional Revolucionaria. En el
caso mío, que lo sobrepasaba en edad y en lecturas marxistas, sucedía
algo parecido en la medida que le proponía algunas ideas que este apro-
126

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baba, pero en fin de cuentas, era él quien las hacía suyas y llevaba a
efecto hasta sus más insignificantes detalles, con o sin mi acompaña-
miento; o bien gestaba las iniciativas y yo era quien terminaba aceptan-
do su decisión. A mi modo de ver, lo que sucedía con todos era lógico:
quien vivía cada momento de su vida para llevar a efecto los designios
revolucionarios, quien vivía dedicado por completo a la revolución era
él y el que hacía las cosas antes que nadie era él. En su devoción a la
causa revolucionaria se encontraba ese carisma que hoy todos invocan
y del que se alimenta la leyenda de Frank País.
La actitud de Frank con respecto a la lucha armada contra Batista, en
el primer año posterior al golpe de Estado, en el que los auténticos
dominaban las actividades clandestinas en Santiago de Cuba, puede
resumirse en la respuesta que le diera a la pregunta que le formulase
Armando Colomé: «Bueno, Frank, ¿con quién estamos por fin, con Ac-
ción Libertadora o con la Triple A?» A lo que respondió Frank, «Esta-
mos donde nos den armas, ni con Acción Libertadora, ni con Triple A,

JORGE IBARRA CUESTA / Frank País y los orígenes del movimiento revolucionario en Santiago de Cuba
porque esa gente no va a hacer nada». Es por eso que Frank, de acuerdo
con William Gálvez, decidió finalmente fundar Decisión Guiteras, una
organización insurreccional de los jóvenes estudiantes santiagueros que
se constituía de manera independiente de los partidos políticos tradi-
cionales. No se han recogido suficientes testimonios de las actividades
de Decisión Guiteras, pero todavía hay mucho que investigar sobre es-
tos núcleos revolucionarios originales.
Los primeros signos de lo que iba a ser la actividad revolucionaria
futura de Frank se encuentran en dos cartas que le escribió a Elia Frómeta
a raíz del ataque al cuartel Moncada de Fidel Castro. En la primera le
comunicaba que luego de oír los tableteos de ametralladoras y disparos
que se escucharon durante las primeras horas del asalto armado revolu-
cionario, se dirigió con Pepito Tey y otros hacia el cuartel con el propó-
sito de conectarse con los asaltantes y conseguir armas, pero cuando los
soldados de Batista le impidieron avanzar a tiros y se consumó con
posterioridad la derrota revolucionaria, «fuimos a buscar armas [...] y
anduvimos todo el día caminando y enterándonos de lo que pasaba». La
compañera Marina Malleuve, participante de los destacamentos de es-
tudiantes originales, ha confirmado que en el grupo se encontraban Félix
Pena, Pepito Tey y otros, quienes caminaron por la carretera de Siboney
buscando armas que pudieran haber dejado abandonadas los asaltantes
en su retirada.
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Estos son hechos bien conocidos, pero lo que no se ha enfatizado
suficientemente es que el primer grupo de cubanos prestos a secundar
el asalto del Moncada con las armas en la mano estaba dirigido por el
joven de 18 años Frank País. Consternado por los asesinatos de los
moncadistas, fue también el primer cubano que lo denunció en un ma-
nifiesto titulado Asesinato, escrito con Pepito Tey y que imprimiera en la
imprenta del militante comunista Pinillos. Frank fue detenido junto con
Pinillos; resultó absuelto finalmente en la causa que se le instruyó.
Luego de que se conocieran las primeras versiones de los objetivos
revolucionarios de Fidel Castro y los moncadistas, difundidas en la po-
blación desde la prisión donde se encontraban los combatientes encar-
celados y por las declaraciones hechas con posterioridad en el juicio del
Moncada, Frank tuvo una confirmación de las amplias perspectivas y
posibilidades que tenía un grupo de jóvenes de la nueva hornada revo-
lucionaria de organizar por su cuenta un movimiento revolucionario
independiente de los políticos echados o marginados del gobierno por
el golpe de Estado. La primera enseñanza que legaba la acción revolu-
cionaria del Moncada era que la nueva generación representada por Fidel,
podía organizar y dirigir un movimiento revolucionario sin contar con
los millones de pesos de los Príos, ni los contactos de los políticos al
uso con la alta jerarquía militar. La revolución no tenía que llevarse a
cabo con el ejército, ni depender de las fortunas de los políticos desalo-
jados o excluidos del poder, ni, por supuesto, de los rejuegos políticos
de los electoralistas con el régimen, ni de las ilusorias llamadas a una
lucha de masas, cuando los sindicatos se encontraban controlados de
hecho por Eusebio Mujal. Esta última opción, la de la lucha de masas,
condenaba dogmáticamente a los jóvenes partidarios de la lucha arma-
da por considerarlos putchistas y terroristas. La lucha armada podía ges-
tarse por la nueva generación, la cual de forma progresiva podía conseguir
los armamentos, crear las condiciones para la revolución y atraer a los
campesinos y trabajadores a la lucha frontal contra el régimen. Los
moncadistas habían ido a parar al presidio de Isla de Pinos, pero queda-
ba el ejemplo y el camino desbrozado por ellos.
Fue por aquellos días, el 27 de noviembre de 1953, que la presidencia
de la Federación Estudiantil Universitaria de Oriente (FEUO), conjun-
tamente con la Federación Local de Estudiantes de Segunda Enseñan-
za, convocó a un acto conmemorativo del fusilamiento de los estudiantes
de Medicina, en 1871. En ese acto, efectuado en el patio universitario,
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la dirigencia estudiantil denunció los crímenes del Moncada, lo que fue
transmitido por una estación de radio a toda la provincia. Ese año,
Pepito Tey y Frank País habían ingresado en la Universidad y fueron
convocados por los dirigentes estudiantiles partidarios de la lucha ar-
mada a postularse por la Escuela de Pedagogía como presidente y vice-
presidente, respectivamente, de sus carreras, con el objetivo de controlar
la Federación Estudiantil y evitar que cayera en manos de los absten-
cionistas o tibios. El 7 de diciembre de 1953, la Federación Estudiantil
Universitaria, en conjunto de nuevo con la Federación Local de Estu-
diantes de Segunda Enseñanza, convocaba a un desfile de todos los
estudiantes de la ciudad desde la Escuela Normal hasta la casa de la
familia de Antonio Maceo. Se había solicitado el permiso de las autori-
dades para que no se impidiera la manifestación desde su partida por las
fuerzas represivas y se pudieran denunciar de nuevo los crímenes del
Moncada al término del desfile. Entre los participantes de la manifesta-
ción se encontraban Frank País, Pepito Tey, Félix Pena, Oscar Lucero,

JORGE IBARRA CUESTA / Frank País y los orígenes del movimiento revolucionario en Santiago de Cuba
Vilma y Nilsa Espín, Orlando Benítez, José Quiala, Pepín Lupiañez,
Belarmino Castilla, Pantoja, Palais y otros, destacándose en el conjunto
los que serían los principales dirigentes del movimiento clandestino re-
volucionario en Santiago de Cuba. En la Plaza de Marte, un nutrido
grupo de esbirros de la policía y del SIR [Servicio de Inteligencia
Regimental] aguardaban que transitase la manifestación. Al comenzar
esta, Félix Pena y un grupo de compañeros enarbolaron unos carteles
que proclamaban: ¡Los derechos no se mendigan, se arrancan con el filo
del machete!; ¡Chaviano asesino!; ¡Chaviano chacal!; ¡Abajo la dictadu-
ra! De inmediato la manifestación fue brutalmente reprimida, la policía
efectuó numerosas detenciones y los remitió al vivaque de Santiago.
La dirigencia de la FEUO organizó de nuevo un acto de recordación
a José Martí, el 27 de enero. Entre las instituciones que convocaban al
acto aparecían el Partido Socialista Popular y el Club Rotario, lo que dio
lugar a una protesta de esa última institución. El Consejo Universitario
acordó entonces suspender el acto, cuyo orador principal debía ser Ar-
mando Hart, quien se había destacado como el defensor de Rafael García
Bárcena en el juicio por el frustrado asalto de un grupo de revoluciona-
rios al campamento militar de Columbia. La visita del joven abogado
sirvió para que Frank, Pepito y otros miembros de la FEUO estrecha-
sen vínculos con el dirigente del Movimiento Nacional Revoluciona-
rio (MNR). Era la posibilidad de ampliar el ámbito local en el que se
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desenvolvían las actividades revolucionarias de Decisión Guiteras y de
robustecer a escala nacional las perspectivas ideológicas de la vanguar-
dia revolucionaria de nuestra generación. El MNR postulaba, igual que
Decisión Guiteras, la necesidad de constituir un movimiento de la nue-
va generación revolucionaria con independencia de las agrupaciones
políticas de los años 30, con una orientación nacionalista y socialista.
La medida más radical de sentido socialista era el establecimiento de
un impuesto progresivo sobre la renta que tendiera a disminuir las dife-
rencias y desniveles existentes entre las clases propietarias y trabajado-
ras. Por supuesto, el programa distaba de ser socialista, pero tenía un
carácter progresista en la época. En el mes de marzo, Hart visitó Santia-
go, acompañado de Alain Rosell, dirigente del MNR en Santa Clara. Allí
quedó constituida la dirección del MNR. Entre sus dirigentes se encon-
traban Rafael Duharric, Nilsa Espín, María Antonia Figueroa y Jorge
Ibarra. A fines de mayo, Frank viajó conmigo a La Habana para coordi-
nar acciones con Hart, y nos entrevistamos también con Faustino Pérez.
Nos pidieron que visitáramos a los dirigentes del movimiento en Santa
Clara y Camagüey e informásemos sobre la situación en esas provincias.
Por aquella época, Frank intentó sin éxito, en dos ocasiones, realizar
sabotajes contra las líneas que suministraban electricidad a Santiago.
Llevó a cabo un asalto a las minas del Cristo para robar dinamita, en el
que participaron Armando Colomé, Nilsa Espín, Félix Pena, Andrés
Rosendo y Arsenio Estable, un joven obrero negro, jefe del grupo insu-
rreccional de las minas, que le suministraba regularmente dinamita a
Frank. Se explotaron numerosos petardos en Santiago para sembrar la
alarma. Se llevaban a cabo con cierta regularidad prácticas de tiro entre
los miembros del grupo insurreccional. De acuerdo con las investiga-
ciones que realizó William Gálvez, por aquella época contábamos con
una pistola de ráfaga, un fusil Remington y otro calibre 22, una escope-
ta de caza calibre 16, una pistola Mauser y dos Vesta calibres 32 y 25, y
80 cartuchos de dinamita. No aparece en la relación un revólver que se
le arrebató a un policía que fue desarmado en el Morro por Frank, Ar-
mando Colomé y Andrés Rosendo. Poco tiempo después, Frank y
Colomé asaltaron al mayoral de una finca cercana a Palma Soriano, y se
apoderaron de dos escopetas y un revólver calibre 38.
Al finalizar el mes de mayo, llegó a Santiago de Cuba Luis Conte
Agüero, demagogo de voz estruendosa y gesto melifluo, quien andaba
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en trajines electorales. Pensaba crear un nuevo partido político que saca-
ría del presidio de Isla de Pinos a los combatientes del Moncada, a los que
incluiría en las boletas electorales para que resultaran electos y el régimen
se viera obligado a sacarlos de las cárceles. Dijo contar con el apoyo eco-
nómico del director de la revista Bohemia, Miguel Ángel Quevedo, y de
otros que le aportarían más de un millón de pesos para la campaña elec-
toral. A esos efectos convocó a una reunión en San Pedro del Mar a los
miembros de la FEUO con el propósito de convencerlos para que aspi-
rasen también a distintos cargos electorales del nuevo partido. Entre los
asistentes a la reunión se encontraban José A. Grillo Longoria, Alberto
Muguercia, Luis Masferrer, Pepito Tey, Frank País y Jorge Ibarra. Este
último le planteó que no creía en las elecciones convocadas por el régi-
men y que si querían garantizar la realización del proceso electoral, le
dieran una parte del dinero que se había recaudado al grupo insurrec-
cional en el que militaban para comprar armas y proclamar una insu-
rrección en caso de fraude. Conte Agüero dijo que la línea insurreccional

JORGE IBARRA CUESTA / Frank País y los orígenes del movimiento revolucionario en Santiago de Cuba
era un disparate. Frank, que se mantuvo todo el tiempo callado, dijo al
final, tras ponerse de pie: «Lo único que tengo que decir es que si yo
fuera el último cubano que creyera en la revolución me echaría un fusil
al hombro y me iría a pelear a las montañas». Acto seguido se fue. Al
final Conte Agüero dijo: «Estos muchachos son suicidas» y Grillo le
respondió que esa era la posición de la juventud santiaguera.
La anunciada visita de Batista a Santiago de Cuba dio lugar a varios
preparativos por parte de la juventud. Félix Pena había planeado entrar
en la catedral por medio de algunas relaciones que tenía allí y desde la
torre de la catedral disparar contra Batista, quien debía hablar al públi-
co de pie en el balcón del Ayuntamiento en un acto político convocado
a esos efectos. Pena fue denunciado y apresado días antes por las fuer-
zas represivas, pero a la llegada del dictador sonaron unas seis bombas.
El 4 de junio de 1954 por la noche, Pepito Tey y Frank llegaron a mi
casa para esconderse y conversamos sobre la posibilidad de poner en
efecto un plan que habíamos concertado desde hacía algún tiempo para
visitar el Realengo 18. Frank era secretario del buró campesino de la
FEUO. Yo había leído el relato de Pablo de la Torriente sobre el Realengo
18, en el cual refería cómo los campesinos habían protagonizado varios
conatos de insurrección armada contra la guardia rural y la primera dic-
tadura de Batista. De ahí que me pareciera interesante establecer con-
tactos con el campesinado y tantear las posibilidades insurreccionales
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de la región. Frank estuvo de acuerdo. Al otro día alquilamos un jeep y
partimos con los nombres de algunos dirigentes campesinos del Realengo.
Nos acompañaban Armando Colomé y Andrés Rosendo; en Guantánamo
se nos debía reunir Enrique Soto. En el curso del viaje surgió una discu-
sión sobre lo que era más apremiante para el campesinado en la situa-
ción actual, si llevar escuelas y maestros a cada rincón del país o realizar
una reforma agraria. En un artículo que publicó con posterioridad en la
revista de la Escuela de Comercio que tituló «Cinco estudiantes y el mon-
te», Frank dio respuesta a la cuestión que se había debatido en el grupo
en el curso del viaje, al reproducir las entrevistas que le hizo a tres
campesinos en distintos puntos de nuestro recorrido y en las cuales es-
tos planteaban la importancia de la educación, pero reclamaban ante
todo la estabilidad en la tenencia de la tierra como principal demanda
de su clase. He aquí fragmentos de algunas de las declaraciones de los
campesinos entrevistados. Palabras de Jorge Limonta: «Teníamos cerca
una escuela, pero por intereses la trasladaron cerca del pueblo y han
dejado sin el pan de la enseñanza a cientos de nuestros hijos. Y nosotros
queremos educación para nuestros hijos más que todas las cosas». A
continuación, Limonta añadía:
Hemos sido engañados una y otra vez por todos los gobiernos.
Estos terrenos pertenecen a una compañía que nunca se ha ocupa-
do en sembrarlos y que los compró a 60 centavos la hectárea. Aho-
ra después que lo hemos sembrado y cultivado, nos quieren
desalojar. Pero para eso tendrán que matarnos a todos. A mí el
terrateniente Casals me quitó un pedazo de tierra, a otra familia le
quemaron la casa y mataron a varios de ellos [...]. Casals y otros
terratenientes tienen hombres que fingen ser campesinos, pero
que en realidad son una cuadrilla armada [...] pero las autoridades
se hacen de la vista gorda. Nosotros tuvimos un gran líder que se
llamó Lino Álvarez, que peleó por el derecho de los realenguistas,
inclusive a tiros, como en la célebre batalla del Saito, inculcándo-
nos el espíritu de clase y Patria. Para nosotros decir patria es decir
el pedazo de tierra negra que nos da la vida.
A continuación Frank comentaba a propósito de otros campesinos
que entrevistamos durante la trayectoria: «Todavía tuvimos ocasión de
conversar con dos familias más, que tenían mayor fogosidad que Limonta.
Uno de los jefes de familia en un arranque muy mambí dijo, “hay que
matarme a mí y a mis ocho hijos para quitarme este pedazo de tierra”».
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Un poco más adelante, cerca de Yerba Guinea, un campesino le de-
claró al grupo de estudiantes:
Aquí se ahorca y se mata, y no puedo decir más, no se puede ha-
blar, no se puede decir más, porque amaneces ahorcado o con un
tiro en la cabeza [...] no hay protección, no hay seguridad, no hay
justicia. Nos hemos visto obligados a vender la caña a 60 centavos
la tonelada en pie, es decir, cortada y montada, así que imagínese
cuántas toneladas de caña hay que picar para comprar un par de
zapatos [...]. Cuba está mal hermanos [...]. Dios oiga a sus hijos
más desamparados y no los deje morir de hambre y miseria, porque
de eso moriremos todos, para sostener palacios y rascacielos, for-
tunas, riquezas y colas de patos.
A lo que Frank comentó, dando expresión a sus sentimientos e iden-
tificación total con los campesinos y trabajadores de la región: «Y dos
lágrimas surgen de nuestros ojos al contemplar la miseria del pobre
guajiro, su espíritu hidalgo y el trato que como perros reciben. Qué tris-

JORGE IBARRA CUESTA / Frank País y los orígenes del movimiento revolucionario en Santiago de Cuba
te esperanza la de Cuba cuando hay tantos y tantos hombres que viven
muriendo en la ansiedad de cada día, sufriendo el dolor de ella, la burla,
la traición y el desamparo». Y para concluir la parte sustancial del artícu-
lo, Frank reproducía las últimas palabras del guajiro: «No tenemos otra
esperanza que morir esperando a alguien con corazón de pueblo, alma
de poeta y sentimientos de hombre, no de hiena, que venga al campo,
no a pedir votos, sino a brindar el amor de hermanos, no pensando en
cómo engañar al pobre guajiro, sino pensando que el futuro de Cuba
está en el monte, no lo olviden. No lo olviden».
No podía concluir el artículo con unas palabras más proféticas.
El 18 de junio de 1954 Estados Unidos, con el apoyo del coronel
[Carlos] Castillo de Armas, organizó un ejército de mercenarios que in-
vadió a Guatemala con el propósito de derrocar el gobierno democráti-
co y constitucional de Jacobo Arbenz, que había emprendido una
reforma agraria con la finalidad de erradicar el latifundismo y entregarle
la tierra a los campesinos. La United Fruit Company, la mayor compa-
ñía latifundista del país, era propietaria de cerca de una quinta parte de
las tierras y por consiguiente, era la principal entidad afectada por la
reforma agraria guatemalteca. Tan pronto Frank y yo tuvimos conoci-
miento de la invasión estadounidense, visitamos al rico maderero san-
tiaguero Toffi Babún, propietario de una flota que compraba maderas
en Centroamérica, para pedirle que nos permitiera viajar en una de sus
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embarcaciones a Guatemala. Babún se negó, alegando que no embarca-
ba particulares en los viajes de su flota. Entonces decidimos viajar a La
Habana para sacar un pasaje a la nación hermana, pero se habían sus-
pendido los vuelos. El embajador guatemalteco nos comunicó que ante
la situación creada no se podía hacer nada.
A mediados de julio o a principios de agosto, Bilín Santa Cruz Pacheco
me visitó para comunicarme que en los territorios de la universidad,
Pujals, el secretario del Consejo Universitario, había ordenado retirar
los carteles de la FEUO que condenaban la dictadura y exigían la res-
tauración de la Constitución de 1940. En su lugar, el profesor universi-
tario Rafael Alomá, candidato a alcalde de Santiago de Cuba por el
partido auténtico, había colocado una valla electoral con su imagen y
el rótulo «Alomá, alcalde». Nos dirigimos de inmediato a la universi-
dad, destruimos la valla electoral y la arrojamos dentro de las oficinas
del rector, quien había hecho declaraciones recientemente como cónsul de
Guatemala en Santiago de Cuba, del gobierno del títere yanqui de Cas-
tillo de Armas. Acto seguido tomamos la decisión de apelar a varios
miembros de la FEUO con el objeto de que firmaran una carta dirigida
al Consejo Universitario, exigiéndole que aclarase su posición ante el
hecho de que se hubiese permitido la instalación de una valla de propa-
ganda política de un profesor en los territorios de la Universidad y que
el rector se mantuviera en el cargo de cónsul de la Guatemala de Casti-
llo de Armas. Firmaron la carta Frank País, Roberto Pupo, Marcelino
Prado, Alberto Muguercia, Francisco Santa Cruz Pacheco y Jorge Ibarra.
El Consejo Universitario procedió a instruirnos una causa por haber-
le faltado el respeto al exigirle aclarase su posición e inculparlo indirec-
tamente de los cambios de los letreros de la FEUO e instalación de los
de propaganda política, con lo que se solidarizaban con las decisiones
tomadas por el secretario Pujals y con el hecho de que el rector detentase
el cargo de cónsul de Castillo de Armas. Se nos incriminaba también
por haber arrojado en el despacho del rector los restos de la valla electo-
ral del profesor Alomá. En el juicio que se nos hizo se pedía nuestra
expulsión. El Consejo Universitario falló por fin que para permanecer
en la universidad debíamos tener un promedio de 80 puntos en todas
las asignaturas. Había que estudiar mucho, ser buenos muchachos y no
meternos en agitaciones políticas. En vista de eso decidí matricular por
la libre en la Universidad de La Habana. Cuando Frank y yo visitamos
La Habana para entrevistarnos con Hart y darle cuenta de nuestras
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actividades, aproveché para matricular por la libre. Frank me comunicó
que pensaba hacer lo mismo, pero nunca supe si había llegado a matricu-
lar, porque tuve que regresar a Santiago antes que él. En su investiga-
ción para la biografía de Frank País, William Gálvez no encontró el
expediente de Frank en la Escuela de Pedagogía, por lo que al parecer
no llegó a hacerlo. Durante esa visita estrechamos nuestras relaciones
con José Antonio Echevarría, que había sido electo presidente de la
FEU. Yo lo había conocido con motivo de una visita que hizo a Santia-
go de Cuba con el propósito de denunciar el canal Vía-Cuba, que la
dictadura se proponía construir con el apoyo de fuertes intereses yan-
quis. El canal dividiría la Isla en dos, como el Canal de Panamá y se
convertiría en un poderoso enclave económico y militar de Estados
Unidos.
Nos encontrábamos un día en la Plaza Cadenas con Fructuoso
Rodríguez y Faure Chomón, cuando hicieron irrupción en la Escuela de
Derecho unos elementos gansteriles que José Antonio había expulsado

JORGE IBARRA CUESTA / Frank País y los orígenes del movimiento revolucionario en Santiago de Cuba
de la Universidad. Acto seguido fueron increpados por los dirigentes
universitarios habaneros, que se fueron a las manos con ellos. Frank y
yo participamos en el intercambio de golpes con los bonchistas. Como
consecuencia de los contactos que tuvimos con José Antonio durante
ese año, este nos facilitó cuatro M-1 para un atentado que no se llegó a
fraguar contra el coronel [Alberto] del Río Chaviano, jefe del regimiento
del cuartel Moncada.
De regreso a Santiago de Cuba, se anunció por el régimen la libera-
ción de García Bárcena, que permanecía encarcelado en Isla de Pinos.
Frank decidió que Pepito Tey y yo fuéramos a visitarlo y le anunciára-
mos nuestros planes de preparar un alzamiento en el término de un año
en la región del Realengo 18. Bárcenas nos dijo que eso era imposible
en las condiciones actuales. En el siglo XX no era lo mismo que en el XIX:
los ejércitos contaban con aviación y artillería que destruirían cualquier
tipo de movimiento insurgente en el campo. Por otra parte, no ofrecía
ninguna solución concreta para la lucha contra Batista. En la cárcel
había escrito un libro, Redescubrimiento de Dios, en el que desplazaba sus
inquietudes fundamentales hacia la religión. Al tanto Frank de esto,
decidió separarse del Movimiento Nacional Revolucionario. Había te-
nido lugar una amplia incorporación de nuevos combatientes a nuestras
filas. Entonces, Frank me pidió que elaborase el programa de la nueva
organización. El programa se centraba en la necesidad de efectuar una
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reforma agraria, socializar los más importantes medios de producción,
industrias y centrales azucareros. Rafael Rivero revisó el texto y me
sugirió algunas innovaciones con las que estuve de acuerdo. Ninguno
de los dos éramos comunistas, como se nos llamaba entonces, sino que
éramos socialistas por nuestra cuenta, o mejor, partidarios del socialis-
mo sin partido. Rivero y Nilsa Espín, sin embargo, fueron captados pos-
teriormente por José Antonio Portuondo para el Partido. Regresando al
tema de nuestras consideraciones: le propusimos a Frank que la nueva
organización se denominara Acción Socialista Revolucionaria, y que su
orientación debía ser antimperialista y socialista. Frank se opuso al nom-
bre que proponíamos para la organización «porque la gente tenía mu-
chos prejuicios con la denominación de socialismo y lo importante en
aquel momento era luchar contra Batista».
El jueves 28 de enero de 1955 se realizó en la universidad la apertura
del fórum contra el canal Vía-Cuba, o canal «rompe Cuba» como lo
llamábamos. Al fórum había sido invitado Eduardo Corona, quien for-
maba parte de la comisión nacional contra el canal y era una prestigiosa
figura del Partido Ortodoxo. El último día de sesiones del fórum se
dieron instrucciones por Frank de fomentar fuertes protestas por la masa
de los estudiantes contra el engendro que proyectaba la dictadura. La
noche de la clausura, un ómnibus que penetró en el recinto universita-
rio fue incendiado por Pepito Tey y cientos de estudiantes se congrega-
ron alrededor dando gritos contra la dictadura. Eduardo Corona y los
principales dirigentes de la FEUO fueron detenidos cuando salían del
recinto universitario.
El 20 de abril de 1955 Frank efectuaba el asalto al Club de Cazadores
acompañado por Carlos Iglesias, Cala Benavides, Emilio Lamelas, Nano
Díaz, Lorenzo Reina y Alfonso Verdaguer. Los asaltantes se llevaron
10 escopetas y 200 cartuchos. Con esas escopetas el pequeño alijo de
armas de Acción Nacionalista Revolucionaria (ANR) sumaba cerca de
20 armas largas y cortas. El 23 de julio, Frank, Pepito, Nano Díaz, Cé-
sar Perdomo, Reinerio Jiménez, Bilín Santa Cruz Pacheco, Ariel Rojas y
Santiago Montes de Oca (traidor), se aprestaron a tomar el cuartel del
Caney. Las instrucciones eran tomar por sorpresa a los policías y los
guardias que dormían allí. Un suceso inesperado, la orden de alto a un
automóvil que transitaba a alta velocidad en las cercanías del cuartel,
impidió que se pudiera efectuar la captura de los agentes represivos sin
novedad. De inmediato se generalizó un tiroteo. Al disparar Frank cayó
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un policía muerto, al que Frank desvistió y se apoderó de sus armas. En
total se capturaron cuatro fusiles y una pistola, pero dos de los asaltantes
dejaron abandonadas sus escopetas. Al día siguiente Frank era detenido
por el SIR.
Ya desde junio de 1954, Frank había convencido a Casto Amador y a
Otto Parellada para que pasaran a las filas de su organización revolu-
cionaria, pero que antes se aseguraran el control de la mayor cantidad
de armas de Acción Libertadora y que empezaran a hacer captaciones
clandestinas entre los combatientes de esa organización para que ingre-
saran en el ANR. Por último, en el mes de mayo de 1955, Otto y Casto
abandonaban las filas de Acción Libertadora para incorporarse oficial-
mente a Acción Nacionalista Revolucionaria. De acuerdo con el testi-
monio de Casto, cerca de 100 hombres lo acompañaban, con 10 o 12
pistolas, dos fusiles uno calibre 22 y otro 22-20, así como dos pistolas
Parabellum. La seriedad y el accionar de Frank habían atraído finalmen-
te a los combatientes más honestos y aguerridos de Acción Libertadora.

JORGE IBARRA CUESTA / Frank País y los orígenes del movimiento revolucionario en Santiago de Cuba
El prestigio creciente que había ganado Frank entre los estudiantes y la
juventud santiaguera lo había convertido ya en el líder indiscutible del
movimiento revolucionario.
El paso de Frank al Movimiento 26 de Julio (M-26-7), o sea la fusión
de Acción Nacional Revolucionaria con el Movimiento que dirigía Fidel
Castro, no se produjo del día a la mañana como han apreciado algunas
versiones periodísticas. De acuerdo con estas, bastó con que María
Antonia Figueroa le propusiera a Fidel que designase a Frank País como
jefe de Acción para que este se incorporase al M-26-7. De acuerdo con
la disquisición que hace William Gálvez en su libro,1 así como de otros
testimonios, entre los que se pueden incluir el aval del conferenciante,
no fue hasta que Frank País se reuniera por segunda vez con Pedro
Miret –al cabo de un mes de haber partido Fidel para México–, que
aceptó ingresar en el M-26-7. Todavía no se conocen las discusiones y
las condiciones o capitulaciones previas que puso para ingresar con las
fuerzas revolucionarias que dirigía.
Después de superar algunas diferencias con Frank, Félix Pena, el más
acreditado dirigente estudiantil partidario de la insurrección de Santia-
go, ingresaba en las filas del M-26-7, designado jefe de las Brigadas
Estudiantiles por Ñico López. No obstante, se mantendrían algunas

1
W. Gálvez: Frank, entre el sol y la montaña, 2 ts., Ediciones Unión, La Habana, 1991 [n. de la R.].

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discrepancias sobre el papel que debían desempeñar las manifestacio-
nes y protestas estudiantiles a esas alturas. Pena consideraba que toda-
vía era necesario proseguir la agitación en los centros de segunda
enseñanza y en la universidad para mantener a los estudiantes en la
órbita de influencia del M-26-7 y evitar que otras organizaciones los
captaran políticamente; mientras Frank pensaba que era preciso comenzar
a disciplinarlos y adiestrarlos en lo militar. A la larga, la tesis de Frank se
impondría. Los acontecimiento del 19 de abril de 1955, confirmarían
en líneas generales la justeza de sus tesis.
En ocasión del juicio que se realizaba en la Audiencia de Santiago de
Cuba contra Sorribe y Feliú por la tenencia de un saco con granadas
de mortero, se efectuó una gran concentración de estudiantes que pe-
dían la absolución de sus compañeros de aula. Con motivo de un inci-
dente entre un policía y el estudiante Luis Argelio González Pantoja,
este resultó herido de bala; las fuerzas del orden comenzaron a disparar
contra los estudiantes, fueron baleados también Paquito Cruz, Carmen
Yassel y Faustino Valcárcel. Las heridas de Paquito y Pantoja eran de
pronóstico grave. Cuando le llegaban noticias nuevas a Frank sobre el
tiroteo de la policía contra los estudiantes, se limitaba a comentar: «No
te preocupes, eso no se quedará así». En la reunión del comando que se
convocó para responder a la balacera criminal de la policía, Frank dijo:
«Debemos dar una respuesta al criminal atropello y hacer sentir la ac-
ción revolucionaria. Tenemos que mostrar a esos esbirros que el M-26-7
responderá a las agresiones armadas de igual forma». Esa misma noche
salían tres automóviles, al frente de uno de los cuales iban Frank, Pepi-
to Tey y Carlos Díaz que se enfrentaron con los policías y los guardias
que encontraban en las calles. El resultado final de las acciones arma-
das fue: tres policías muertos y dos combatientes del M-26-7 heridos.
El estudiantado se convenció de que ya había llegado la hora de la
lucha armada frontal contra la tiranía. Las medidas de represalia toma-
das por Frank lo persuadió de que desde entonces el liderazgo de Frank
y la hegemonía de la línea insurreccional se impusieron en el escenario
santiaguero. La unidad de las vanguardias revolucionarias se había for-
jado en la acción. Acatado y respetado por los principales grupos insu-
rreccionales, el accionar de Frank había nucleado en torno a su persona
a las principales tendencias revolucionarias de la nueva generación. En
esas circunstancias el movimiento revolucionario estaba en condicio-
nes de atraer y conquistar a la clase obrera y a la clase media urbana. En
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las zonas rurales la guerrilla conquistaría progresivamente sectores im-
portantes del campesinado y del proletariado rural para la causa revo-
lucionaria.
Lo más significativo de ese proceso es que Frank no se dejó cegar por
sus triunfos, ni se deslumbró por el hecho de haber alcanzado la hegemo-
nía indisputada en Santiago, ni por las acciones victoriosas del 30 de no-
viembre. Cuando nadie depositaba esperanzas en la posibilidad de que
Fidel y los 12 supervivientes del Granma constituyeran la fuerza fun-
damental del movimiento revolucionario, Frank concentró todos sus es-
fuerzos en reforzar el reducido contingente guerrillero, aun a costa de
reducir a la mínima expresión a las fuerzas del movimiento en Santiago de
Cuba. Así, envió a la Sierra un primer contingente de 53 combatientes
con los mejores armamentos de los que disponía en la ciudad. De la mis-
ma manera envió a la Sierra un grupo alzado en Sierra Canastas, en la
jurisdicción de Guantánamo y a algunos combatientes de Santa Clara.
Frank estaba convencido de las potencialidades de la guerra de guerrillas

JORGE IBARRA CUESTA / Frank País y los orígenes del movimiento revolucionario en Santiago de Cuba
para diezmar y vencer finalmente al ejército de la tiranía. Todos los es-
fuerzos debían subordinarse a la lucha armada en el medio rural, hasta
que esta se consolidara. No aceptó la proposición de Faustino Pérez de
abrir un segundo frente en Las Villas para dispersar las fuerzas de la tira-
nía, hasta que no hubo fortalecido lo suficiente a la Sierra Maestra, per-
suadido como estaba de que nadie mejor que Fidel podía hacer viable la
victoria frente a la dictadura. Tan pronto se convenció de que la Sierra
Maestra se había consolidado, concibió la posibilidad de abrir un segundo
frente con el propósito de desviar y disgregar a las fuerzas del ejército
enemigo, pero solo en la región que ocupa hoy el II Frente Frank País.
Había palpado el potencial revolucionario del campesinado y del proleta-
riado rural durante su visita al Realengo 18, y eso lo llevó a fraguar un
alzamiento en esa región. Como sabemos, ese intento fracasó en sus orí-
genes a causa de la mala organización y preparación del contingente de
combatientes urbanos que pretendió abrir el frente guerrillero.

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RUTH No. 3/2009, pp. 140-169

JULIO CÉSAR GUANCHE*

El compañero señor Chibás


Un análisis del nacionalismo populista cubano

La Constitución de 1940 fue el resultado en clave reformista de la Revolución del 30, ya


derrotada su ala radical. Muchas de las conquistas sociales alcanzadas en ese texto fueron
consecuencia de la batalla de los convencionales comunistas en la Asamblea. No obstante, por
la existencia de alianzas, el consenso de 1940 es el resultado de la confluencia entre nacionalis-
tas, comunistas y abecedarios, que en común tenían un perfil político reformista. Las páginas
siguientes repasan la configuración de ese cuerpo de pensamiento, según su exposición por uno de
los voceros más extrovertidos del PRC (A) en esa coyuntura: Eduardo Chibás.

Para Berta Álvarez Martens

Si se busca una imagen que codifique el cuerpo ideológico del naciona-


lismo, de orientación democrática, burguesa y popular/populista, que
dominó la imaginación de la Convención Constituyente cubana de 1940,
acaso se puede encontrar en el calificativo con que se llamaron entre sí
muchos delegados a lo largo de los debates de la Asamblea: el «compa-
ñero señor».
La ecuación lo revela todo: el intento de conciliación entre el conte-
nido igualitario, aportado por la revolución popular que derrocó a
Gerardo Machado (1930-1933) y la canalización reformista burguesa
del curso revolucionario, que prometió, a través de la modernización
capitalista del país, conseguir la soberanía política nacional, la liberación
económica y la justicia social en aras del objetivo: «Cuba para los
cubanos».
La imagen del «compañero señor» no constituye una contradicción
sino un oxímoron: dos palabras opuestas que no obstante, como diría
* (Cuba, 1974). Ensayista. Es asesor del presidente del Festival Internacional del Nuevo Cine
Latinoamericano. Sus libros más recientes son En el borde de todo. El hoy y el mañana de la
revolución en Cuba (2007) y El continente de lo posible. Un examen sobre la condición revolucionaria
(2008).

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Jorge Luis Borges, construyen un sentido. En este caso, la democracia
como proyecto regular de creación de la política «por el pueblo» –el
programa de la redistribución horizontal del poder entre ciudadanos tra-
bajadores–, contenida en el término «compañero», y su regulación por
la jerarquía, el poder vertical, expresada en el término «señor», uso par-
ticular de poder político por parte del ciudadano propietario, que con-
trola los términos de la creación, funcionamiento y reproducción de
dicho poder.
El compañero y el señor conviven en la conquista ideológica de la
revolución cubana del 30: el nacionalismo democrático de corte popu-
lar/populista. Ese discurso tiene gran consistencia en todos los debates
alrededor de 1940: es el tono genérico de la Asamblea, el esperanto en
el que se entienden desde los comunistas y los abecedarios1 hasta los
demócratas republicanos y los liberales, pasando por el resto de los
partidos presentes en la Convención –y solo confrontado, en ocasiones,
por el liberalismo old fashion estilo Orestes Ferrara–: cuando una pro-
puesta puede cercenar un derecho individual se tacha de antiliberal,
cuando quedase autorizado un acto ejecutivo sin control judicial queda
calificado de antidemocrático, cuando se hace una propuesta de impo-
ner costes de matrículas a la segunda enseñanza se tilda de antipopular.
Dentro del conjunto, fue el Partido Revolucionario Cubano (Auténti-
co) [PRC (A)] el portador, con mayor calado popular y capacidad de
penetración ideológica de ese tipo de nacionalismo, que se presentaba
como popular y solo podría ser populista. El PRC (A), fundado por
Ramón Grau San Martín en 1934, capitalizaría los logros sociales del
septembrismo, tras la experiencia del Gobierno de los 100 Días, y se
presentó, como su nombre lo indica, como el partido de la Revolución,
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

la continuidad del empeño martiano y la consagración en los hechos de


su ideal.
La Constitución de 1940 fue el resultado en clave reformista de la
Revolución del 30, ya derrotada su ala radical: el pacto entusiasta, y
ciertamente brillante, entre tendencias con fuerza apenas suficiente para
imponer su presencia compartida en el diseño del país.

1
Miembros de la agrupación política ABC, que, después del derrocamiento de Gerardo Macha-
do, se convirtió en partido político. Los líderes principales del ABC fueron Joaquín Martínez
Sáenz, Jorge Mañach, Carlos Saladrigas, Joaquín O. Hermida, Francisco Ichaso, Juan A. Lliteras,
Alfredo Botel y otros [n. de la R.].

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La mayor parte de la historiografía revolucionaria ha subrayado que
las conquistas sociales alcanzadas en ese texto fueron consecuencia cuasi
exclusiva de la batalla de los convencionales comunistas en la Asam-
blea que aprobó al fin la Carta Magna de 1940. En efecto, la política de
los Frentes Antifascistas había permitido la concertación de alianzas
entre los partidos comunistas y fuerzas de variado espectro ideológico,
que garantizaron un acceso inédito de los partidos comunistas a la ad-
ministración de la política, y por consiguiente una también inédita re-
presentación de intereses populares. No obstante, por la razón misma
de la existencia de tales alianzas, el consenso de 1940 es el resultado de
la confluencia entre nacionalistas, comunistas y abecedarios, que en
común tenían un perfil político reformista.
Las páginas siguientes repasan la configuración de ese cuerpo de pen-
samiento, según su exposición doctrinal en la Convención Constituyen-
te de 1940 por uno de los voceros más extrovertidos del PRC (A) en esa
coyuntura: Eduardo Chibás.2

El populismo cubano

Buena parte de las monografías cubanas, al estudiar su figura, han pre-


sentado a Chibás in extremis: «el adalid de Cuba», según el título clásico
de Luis Conte Agüero –versión laudatoria reeditada luego con profu-
sión en la historiografía revolucionaria–, o como un demagogo populis-
ta, afectado por un ego mitómano, compulsivo e irrefrenable.3
Sin embargo, la línea de análisis que describe mejor el pensamiento
de Chibás no es tanto la que ensaya su biografía personal, sino la que
2
Los documentos y los discursos elaborados por Chibás no son demasiado abundantes y han
sido confrontados una y otra vez en los materiales que le han sido dedicados. Para no volver
sobre ellos, he preferido en este texto recuperar su participación en la Convención Constitu-
yente de 1940, mucho menos conocida. Como se verá, salvo el énfasis en la denuncia de la
corrupción, correspondiente al período de crisis del autenticismo, no hay líneas de corte
esenciales en su pensamiento.
3
Ver Elena Alavez: La Ortodoxia en el ideario americano, Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 2002; de la misma autora, Eduardo Chibás en la hora de la Ortodoxia, Editorial de
Ciencias Sociales, La Habana, 1994; Ramón Rodríguez Salgado: Vergüenza contra dinero, Edi-
tora Política, La Habana, 2007; José Díaz Roque y Doris Era González: Eduardo Chibás: el gran
cívico, Ediciones Mecenas, Cienfuegos, 2005; Newton Briones Montoto: General Regreso, Edi-
torial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005; Raúl Roa: Viento Sur, Editorial Selecta, La
Habana, 1953.

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analizó el populismo cubano como corriente ideológica de especificida-
des latinoamericanas y, desde ese lugar teórico, la factibilidad de su pro-
grama político en el contexto del capitalismo dependiente.4
En rigor, es por lo menos curioso que, en un contexto de resurgimien-
to de las variantes populistas en el continente, después de los años 90,
no se haya recuperado la reflexión sobre el tema. Desde esa fecha, el
término «populismo» ha servido para explicarlo casi todo: se calificó de
«neopopulismo» a los gobiernos neoliberales de la tríada Fujimori-Sali-
nas de Gortari-Menem; se prometió desde gobiernos «progresistas» la
reaparición de «capitalismos nacionales», y se ha descargado la acusación
de «populismo», sin más, sobre cualquier tipo de política que busque
movilización de las masas desde liderazgos pobremente conceptualiza-
dos como carismáticos. En medio de esa confusión, es imprescindible
distinguir.5
El populismo expresado en Cuba por la tríada Ramón Grau San Mar-
tín-Carlos Prío Socarrás-Eduardo Chibás –con sus correspondientes ins-
trumentos partidistas, el PRC (A) y el Partido del Pueblo Cubano
(Ortodoxos), fundado por Chibás en 1947–, responde al concepto «clá-
sico» de este fenómeno,6 que buscó comprenderlo desde un enfoque
4
Ver Francisco López Segrera: Cuba: capitalismo dependiente y subdesarrollo (1510-1959), Editorial
de Ciencias Sociales, La Habana, 1981; del mismo autor «Peculiaridades del populismo en
Cuba: clases sociales y política (1940-1959)», en Cuba sous le régime de la Constitution de 1940.
Politique, pensée, littérature, James Cohen et Francoise Moulin Civil (dir.), L´Harmattan, Montreal,
1997; Germán Sánchez Otero: «La crisis del sistema neocolonial en Cuba: 1934-1952», Los
partidos políticos burgueses en Cuba neocolonial. 1899-1952, Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1985. Ver también Antonio Annino: «Cuba 1934-1958: un caso atípico en el contex-
to latinoamericano», en La democratización fundamental. El populismo en América Latina, Carlos
M. Vilas (comp.), Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1994. Ver también
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

Jorge Ibarra Cuesta: Cuba: 1898-1958. Estructura y procesos sociales, Editorial de Ciencias
Sociales, La Habana, 1995.
5
En Cuba, la reflexión que utilizó el paradigma de la teoría de la dependencia para comprender
la historia de la formación y de la estructura del capitalismo nacional, se opuso, en su momen-
to, al marxismo oficial soviético-criollo que había calificado a la propia teoría de la dependen-
cia como «corriente burguesa de pensamiento». Lamentablemente, es una tesis que no se ha
recuperado después en el escenario intelectual del país, no obstante lo valioso de los enfoques
abiertos por la teoría de la dependencia –aún con todas las críticas que recibiera después de sus
primeras formulaciones– para pensar el socialismo como salida al capitalismo dependiente.
Los trabajos cubanos que más avanzaron en esa dirección son los de López Segrera y Germán
Sánchez Otero, citados en nota 4.
6
El texto de Antonio Annino, ob. cit. (en n. 4), aborda el populismo cubano como una onda
larga comprendida entre 1934 y 1952, pero la mayor parte de los abordajes sobre el tema se
concentran en el análisis de los gobiernos auténticos y en el programa de Eduardo Chibás. Sin
embargo, el de Annino es un análisis relevante para esta problemática.

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estructural, al relacionar las condiciones de la producción con las
implicaciones de la distribución de ingresos, el empleo y el consumo.7
El conjunto se entendió como un estadio específico del capitalismo. El
uso posterior del término se contradice con aquella comprensión, con-
tenida en los estudios de Germani y Di Tella en una corriente, o de
Ianni y Vilas en otras, e incluso con enfoques más recientes que parecen
comprenderlo como un régimen de discurso, como en Ernesto Laclau,
todos los cuales intentaron construir el concepto de «populismo» lejos
de un uso adjetival de reparto a granel.8
Germani comprendió el populismo como un camino deforme que daba
cuenta de problemas estructurales en el tránsito de sociedades agrario-
oligárquicas hacia sociedades modernizadas e industriales. Se trataba
de un expediente «desviado», ante la incapacidad de utilizar para tal
tránsito la vía «normal» de la democracia liberal. En esa línea, el
populismo se presentó como sedante contra el trastorno de no sentirse
contemporáneo de la modernización: el remedio a la conciencia de no
pertenecer, de estar al margen o de estar «atrás», respecto a dicho proce-
so. La salida, monstruosa, es la posibilidad enarbolada por el populismo
de quedar incluido. Di Tella lo entendió como un efecto de la «revolu-
ción de las expectativas», del hechizo ejercido por la ciudad-moderni-
dad-civilización sobre el campo-tradición-barbarie, en un contexto en
que el ritmo de la modernización alcanzaba «solo» a la ciudad, porque
el sistema económico político no podía conseguirlo para la totalidad
del espacio social. Sin embargo, sus dispositivos simbólicos sí obtenían
el deslumbramiento «de todos» con esa posibilidad. La promesa de la
modernización consigue así la adhesión de las masas, encomendadas al

7
«Esta es, de manera muy resumida, la dimensión estructural del populismo en América Latina:
el predominio de la producción para el consumo personal, la gravitación de la pequeña
propiedad –es decir, la misma que la de su precedente ruso–. Los rasgos diferenciales de la
expansión del capitalismo industrial en el desarrollo tardío en América Latina, explican que
los elementos comunes hayan podido manifestarse con efectos opuestos en uno u otro caso: en
Rusia –como también en Estados Unidos–, para nutrir ideológicamente los ataques a la
expansión del capitalismo industrial; en América Latina, para impulsar su desarrollo»; Carlos
M. Vilas: «El populismo latinoamericano: un enfoque estructural», en La democratización
fundamental. El populismo en América Latina, Carlos M. Vilas (comp.), ob. cit. (en n. 4).
8
Entre la amplia bibliografía sobre el tema, es valioso el repertorio La democratización fundamen-
tal. El populismo en América Latina, Carlos M. Vilas (comp.), ob. cit. (en n. 4). Por otra parte,
de Ernesto Laclau: La razón populista (Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005), es
una polémica reconstrucción intelectual del concepto, que se reclama como hecha desde el
marxismo.

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líder carismático que las llevará de la mano por el camino del progreso.
El enfoque marxista (sobre todo el vinculado al dependentismo brasileño,
Ianni, Weffort, Cardoso, Marini) entendió el populismo como la expre-
sión de un ciclo económico preciso: el período de industrialización por
sustitución de importaciones, que condujo a cierta redistribución de la
renta. Se trataría de una fase de las transformaciones del Estado capita-
lista, en la cual el bloque tradicional oligárquico agrario exportador y la
burguesía minera y comercial pierden el monopolio del poder político
en provecho de las clases sociales urbanas –burguesía industrial, clase
media y proletariado industrial.
La ideología populista en esa hora, en general, articuló espectros
policlasistas –o «conjunto fluido de confluencias y acuerdos coyuntura-
les», como le llama Vilas– hegemonizados por programas burgueses ten-
dentes a estos fines: convertir al Estado en un instrumento técnico del
progreso, garantizar su uso legítimo –no espurio–, conseguir el buen
funcionamiento de la institucionalidad democrática liberal, redistribuir
ingresos para responder a las necesidades, tanto de la estabilidad del
sistema como de la acumulación capitalista, conseguir la industrializa-
ción del país, diversificar la estructura económica, liberar las posibilida-
des de desarrollo clausuradas por la monoproducción –azucarera en el
caso cubano–. Ninguno de estos contenidos era estructuralmente opues-
to a intereses específicos de las clases trabajadoras, también en ascenso
en esas fechas, lo que produjo la confluencia populista.
El populismo estaba llamado a rendir frutos diferentes –como afirma
López Segrera– según se tratase de países de economía de enclave (en
Centroamérica, Cuba, Venezuela, el área del Caribe), en los cuales el
producto principal de exportación estaba en manos extranjeras, o de
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

países en los que existía un sector productivo nacional dinámico (Bra-


sil, Argentina, México). Si en el primer grupo de países tal estructuración
dio lugar a la frustración del populismo y a formas regresivas de partici-
pación política, en el segundo tuvo una expresión pujante hasta princi-
pios de los años 50, en que hizo nuevamente crisis.9
En Cuba, como en cualquier parte, la industrialización –o su sinónimo
de la época, el desarrollo económico– necesitaba espacios de relativa

9
Francisco López Segrera: «Peculiaridades del populismo en Cuba: clases sociales y política
(1940-1959)», en Cuba sous le régime de la constitution de 1940. Politique, pensée, littérature, James
Cohen et Francoise Moulin Civil (dir.), ob. cit. (en n. 4), p. 159.

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autonomía de la burguesía industrial, ampliaciones del mercado inter-
no, crecimientos demográficos, niveles de organización del proletariado
industrial, la transformación de las relaciones del agro, la relativización
de la dependencia de la inversión foránea desde los centros metropoli-
tanos para desarrollar la idea del «capitalismo nacional», como ocurrió
en períodos muy concretos en Brasil, Argentina o México. En estos paí-
ses se lograron avances más firmes en la industria ligera, capaces de
satisfacer en lo esencial la demanda nacional de bienes de consumo no
durable, lo que se debió a condicionamientos socioeconómicos
preexistentes, localizables en el tipo de desarrollo colonial verificado en
ellos.10
Al mismo tiempo, la industrialización en Cuba necesitaría de la reali-
zación efectiva de la reforma agraria, tan prometida como incumplida
por toda la política cubana hasta 1959, porque la modificación de las
relaciones ciudad-campo resultaba imprescindible para los proyectos
de modernización industrial.
Como consecuencia, los intentos de la burguesía no azucarera cuba-
na de construir una industria sustitutiva de importaciones fracasaron a
lo largo del período republicano. Esta clase no pudo desarrollarse debi-
do a la estructura de las exportaciones, atada al mercado estadouniden-
se a través de instrumentos como el Tratado de Reciprocidad de 1934
(las importaciones pasaron, en el total cubano, de 56.2 % en 1934 a
78.4 % en 1949) y la Ley de Cuotas Costigan-Jones, que establecía un
límite a las importaciones de azúcar de Estados Unidos. Las tentativas
de diversificación se frustraron en su primer intento, tímido, en 1927, y
después en el más firme de ellos a partir de 1948 y a lo largo del gobier-
no de Carlos Prío, cuando se exigió, entre otras cuestiones, la inter-
vención estatal en el sostenimiento del crédito para el fomento

10
Grau, ya presidente constitucional, explicaría la necesidad de desarrollar esta industria de la
siguiente manera: «Ha dicho un estadista que los pueblos más progresistas, los más considera-
dos en el convivir social y económico, por lo general participan igualmente de las faenas
agrícolas y de las faenas industriales, de las faenas del campo y de las faenas de la fábrica,
nosotros, al organizar las escuelas politécnicas, hemos iniciado en el alumno el conocimiento
de la materia prima indispensable para la actividad industrial, que luego se transforma y que va
a ser una industria textil, una de las manifestaciones más plenas de nuestra capacidad produc-
tora»; Ramón Grau San Martín: La revolución constructiva. (Discursos en el poder), Ediciones de la
Oficina de Información y Publicidad del Gobierno de Cuba, La Habana, 1947, t. I, p. 180.

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industrial y la participación de capitales cubanos en la industria minera,
por ejemplo.11 Annino lo argumenta de este modo:
[L]a crisis de 1929 no modificó la relación entre imperialismo y
burguesía cubana tal como se había establecido a principios del
siglo. Por el contrario, fue reforzada, dado que el potenciamiento
del sector comercial favoreció al sector cubano más tradicional, o
sea, al mercantil, que junto con el azucarero constituía el grueso de
la burguesía vinculada financieramente al capital monopólico ex-
tranjero.12
La precariedad de ese bloque burgués no azucarero, al permanecer
sin base real para su expansión, haría imposible a su vez la expansión
populista en Cuba.13
11
Ver Germán Sánchez Otero: «La crisis del sistema neocolonial en Cuba: 1934-1952», Los
partidos políticos burgueses en Cuba neocolonial. 1899-1952, ob. cit. (en n. 4).
12
A. Annino: Ob. cit. (en n. 3), p. 443.
13
Las pruebas de los límites estructurales del nacionalismo populista se encuentran en varios
campos. Por una parte, no consiguió impedir el proceso de proletarización de la sociedad
cubana, descrito por Jorge Ibarra, que sumaba, en 1957, 1 000 000 de desempleados –entre
desempleados, subempleados y amas de casa–. Si en 1943 el 53.2 % de la población cubana no
estaba empleada, en 1957 ese indicador alcanzaba 55 %. Para Ibarra, «la muestra del Consejo
Nacional de Economía de 1957 confirma la tendencia inalterable del proceso de proletarización
a incrementarse de manera progresiva y a convertirse en una característica permanente de la
sociedad de plantaciones o del capitalismo de plantaciones neocolonial»; J. Ibarra Cuesta:
Cuba: 1898-1958. Estructura y procesos sociales, ob. cit. (en n. 4), p. 240. Por otra parte, para esa
fecha, tanto los análisis de la Conferencia para el Progreso de la Economía Nacional, de 1948,
como el Informe Truslow, permitían concluir que los salarios elevados de los trabajadores
cubanos eran el principal obstáculo para atraer inversiones extranjeras y propiciar las naciona-
les. Sus recomendaciones comprendían la creación de un clima de confianza con la Confede-
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

ración de Patronos, la autorización de las relaciones directas entre las organizaciones obreras
y patronales sin intervención del Estado, la legitimación del despido compensado y la neutra-
lización y disminución de las conquistas obreras. Un verdadero programa de acción contra la
Constitución de 1940 y el perfil de la política populista, que es preciso poner en relación con
el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952; ver Germán Sánchez Otero: «La crisis del
sistema neocolonial en Cuba: 1934-1952», Los partidos políticos burgueses en Cuba neocolonial.
1899-1952, ob. cit. (en n. 4). Marini describió el marco de este proceso en el continente: «Solo
en aquellos países donde el sector exportador, controlado directamente por el capital extran-
jero, no disponía de las condiciones necesarias para cambiar su orientación es que las tensiones
se hicieron más graves, dando lugar a conflictos radicales que terminaron, sin embargo, por
conducir a una situación de represión impuesta por las antiguas clases dominantes, la cual se
tradujo en un relativo estancamiento económico»; Ruy Mauro Marini: Subdesarrollo y revolución,
Siglo XXI Editores, México, 1970, p. 13. Para una descripción más general del proceso, ver
Osvaldo Sunkel y Pedro Paz: El subdesarrollo latinoamericano y la teoría del desarrollo, Edición
Revolucionaria, La Habana [s. f.].

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Chibás: profeta de la nueva aurora

Para Chibás la Constitución de 1940 significaba, sin más, el resultado


directo de la Revolución del 30. El otrora líder estudiantil utilizó siem-
pre la expresión «Revolución Cubana» como un continuo histórico-ideo-
lógico, que alcanzaba su cumbre en el nuevo texto legal. Siendo el
PRC (A), en rigor, un partido reformista, como la mayor parte de los
presentes en la Convención Constituyente, Chibás se representó a sí
mismo como el revolucionario por antonomasia, como su partido lo era
de la revolución cubana, y dejó explícito su proyecto de país: un capita-
lismo nacional, democrático y social.
Chibás, desde 1933, y desde entonces y hasta la futura ruptura, más
de una década después, considerará a Grau como el «jefe de la Revolu-
ción». Durante la Convención construyó con verosimilitud la coheren-
cia sin fisuras entre Grau y Guiteras, se sirvió de este último para
incorporar en su nacionalismo la apuesta de Guiteras por una vía no
capitalista de desarrollo, presentó como opuestos el nacionalismo revo-
lucionario con el comunismo, ante la incapacidad de los propios comu-
nistas, en ese momento, de conseguir una fusión entre ambas corrientes.
Chibás recordó a los comunistas su oposición a Guiteras, y aseguró que
el fundador de Joven Cuba,14 de no haber sido asesinado por órdenes de
Batista, estaría sentado en un banco de la Convención bajo el liderazgo
de Grau San Martín.
Según la particular manera de Chibás de trazar el mapa político de la
Asamblea –y del país– a su izquierda solo quedaba la nada. El partido
comunista, que asistió a la Convención Constituyente con el nombre de
Unión Revolucionaria Comunista, quedaría descalificado como revolu-
cionario, según se desprende del pensamiento de Chibás, por su voca-
ción «totalitaria». De hecho, los debates más largos, a veces insufribles,
sobre todo mientras estuvo la Convención presidida por Grau, tuvieron
como contendientes a Chibás y a la bancada comunista, en particular a
Blas Roca.

14
En los últimos meses de 1934 Guiteras funda la organización Joven Cuba, que pensaba fuera
una organización de masas; admitía en ella a los que pudieran servir en la lucha para alcanzar
el poder. En su programa, como lineamientos, se subrayaba el antimperialismo y las ideas de
llegar al socialismo, la solución al problema agrario, la necesidad del desarrollo industrial del
país y una serie de medidas beneficiosas al proletariado.

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Siendo fiel al programa fundador de su partido, y al programa especí-
fico del PRC (A) para la Constituyente, Chibás, a quien Salvador García
Agüero acusaba de querer pronunciar «discursos históricos» y solo con-
seguir «discursos histéricos», mostraba no obstante mucha coherencia a
la hora de defender el tríptico de la plataforma auténtica: antimperialis-
mo, nacionalismo y socialismo.

El antimperialismo como soberanía nacional y liberación económica

El antimperialismo había sido el pregón de la Revolución del 30 al de-


nunciar el estatus colonial al que había reducido a Cuba la dependencia
a Estados Unidos, con el «sacrificio de los intereses más vitales de la
sociedad cubana». Expresado por el PRC (A), el núcleo de este antim-
perialismo se encontraba en el derecho a la autodeterminación de las
naciones, a la conquista de la independencia política nacional y a su
liberación económica, quiere decir, a «nacionalizar» sus riquezas, en el
sentido de «cubanizarlas», o sea, que fuesen cubanos sus propietarios.
El populismo latinoamericano entendió la industrialización como si-
nónimo genérico de desarrollo económico. La industrialización sería, en
los hechos, diversificación económica, pero esta equivalía a confrontar
el control de las inversión extranjera sobre la economía nacional, si que-
ría de veras dominar sectores rígidamente sometidos a la dependencia
exterior, propiciada a lo largo del modelo de «crecimiento hacia afuera»,
favorecedor de las oligarquías exportadoras. El nacionalismo antimpe-
rialista fue el corolario ideológico de esta necesidad, que reelaboró con-
tenidos de varias fuentes y produjo el mito de la burguesía nacional.
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

Guillermo Martínez Márquez explicaba el sentido preciso de «nacio-


nalizar» en la plataforma del PRC (A) para la Constituyente:
Nuestro título de poseedores de Cuba es hoy, más que precario,
nominal. Nuestro país está ocupado por un capital invasor evalua-
do en más de mil quinientos millones de dólares, y expresamos en
dólares la cantidad invasora, para mejor demostrar la ausencia de
nuestros propios valores fiduciarios, que no son propios en ningún
sentido. El sesenta por ciento de nuestras tierras cultivables, las
grandes líneas de ferrocarriles, los servicios públicos, nuestra ri-
queza minera están en manos de ese capital. La tercera parte de
nuestro presupuesto se destinaba (en 1935) a satisfacer la deuda
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exterior, casi siempre impuesta obligatoriamente. Las actividades
secundarias, como el pequeño comercio, están igualmente contro-
ladas por intereses extraños. Los altos empleos de las compañías
privadas son desempeñados también por extranjeros. Aún en las
humildes labores, el trabajador nativo sufre la competencia extra-
ña, y las compañías extranjeras importan grandes masas de trabaja-
dores que contribuyen a la depreciación de los jornales y al descenso
del nivel cultural e higiénico de nuestra población.15
El populismo confió a un Estado crecido en funciones y medios la
resolución de los conflictos provenientes de la sobreexplotación del tra-
bajo, típica del subdesarrollo, y de la puja de los intereses «nacionales»
contra el latifundismo exportador criollo y contra la propiedad foránea
de las riquezas. El Estado sería así el fetiche del deseo, el demiurgo de
la posibilidad, el depósito de la conciencia misma de la «burguesía na-
cional». Por ello, se le consideraría capaz de regular las consecuencias
«injustas» provenientes del libre desenvolvimiento de las relaciones ca-
pitalistas de producción y de servir de garantía para «nacionalizar» la
economía y para «desarrollarla».
Esta doctrina hizo la apología del carácter neutral del Estado, árbitro
entre las clases, instrumento de conciliación, garante de la paz social,
pero lo desnudó como un instrumento al servicio del «capitalismo na-
cional»: el Estado tenía que invertir, garantizar, proteger, incentivar,
material y directamente, este tipo de desarrollo. Por ello, demanda crear
instrumentos públicos de intervención directa en la economía, desde
los bancos centrales hasta bancos de fomento agrícola e industrial, pa-
sando por una diversidad de expedientes de control y estabilización de
precios, de promoción del consumo de clases populares para ampliar el
mercado interno y de transferencia de recursos destinados a la promo-
ción de sectores no tradicionales.
El acápite sobre la propiedad del texto constitucional de 1940 es,
particularmente, el lugar donde quedó consagrado este credo: el servi-
cio a lo nativo que preconiza la «cubanidad» auténtica. El Estado cuba-
no reconoció la existencia y legitimidad de la propiedad privada en su
más amplio concepto de función social, consagró su propiedad sobre el

15
Guillermo Martínez Márquez: «El Autenticismo Revolucionario en la teoría y en la realidad»,
en Los partidos políticos y la Asamblea Constituyente, Club Atenas, La Habana, 13 de febrero-15
de mayo, 1939, p. 305.

150

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subsuelo, fijó condiciones de interés social para la explotación de la
tierra, los bosques y el subsuelo, al igual que para la utilización de las
aguas, los medios de transporte y con toda otra empresa de servicio
público, conservó el derecho de tanteo sobre cada adjudicación o venta
forzosa de propiedades inmuebles y de valores representativos de pro-
piedades inmobiliarias, proscribió el latifundio y declaró como propiedad
familiar, con carácter irrevocable, las fincas rústicas explotadas directa-
mente por el padre de familia, siempre que su valor no excediese de
2 000 pesos.
El texto constitucional creó la banca nacional, urgencia explícita des-
pués de la crisis de 1929, que reclamó contar con un signo monetario
independiente y un Banco Central –desde principios de los años 30 y
hasta 1951 en Cuba circulaban tanto el dólar estadounidense como el
peso cubano–. Sobre este tema, Chibás es copioso en el debate sobre la
liquidación de la moratoria hipotecaria. Él defendía dicha ley «porque
era preciso evitar los grandes remates de centrales azucareros en masa;
porque un interés nacional, indiscutible, aconseja darles facilidades ex-
traordinarias a los deudores». Pero la medida que tiende a favorecer a
los deudores del país, «en ningún sentido puede traducirse en beneficio
de clases particulares que afecten el crédito de la República». Es la opor-
tunidad óptima, según Chibás, para crear en ese contexto la banca na-
cional. La manera más efectiva de contrarrestar la actitud agresiva de
la banca extranjera e «impedir que sigan campeando por su respeto en la
economía nacional los grandes bancos extranjeros, es fundamentalmen-
te, anteponiendo a esa banca extranjera, una banca nacional».16
Ese antimperialismo burgués, por intentar nacionalizar la econo-
mía, buscó nacionalizar también las dirigencias de los organismos re-
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

presentativos del Estado, de los partidos y de los sindicatos. De ello dan


cuenta las propuestas de Chibás: los senadores, como los dirigentes
sindicales, han de ser cubanos por nacimiento. En el caso de los sindi-
catos, la tesis de Chibás se oponía a la idea de los comunistas. Para
estos, los dirigentes habrían de ser «ciudadanos cubanos», lo que abría
la puerta de la dirigencia sindical a los trabajadores extranjeros naturali-
zados cubanos, credo esencial del internacionalismo obrero.
La misma necesidad está en el fondo de otro debate: Chibás compar-
te la propuesta de los comunistas de aprobar de modo obligatorio «apren-

16
Diario de sesiones de la Convención Constituyente de 1940, vol. II, no. 57, La Habana, 1940, p. 12.

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dices en toda clase de trabajo que requiera conocimientos técnicos»,
porque ello concedía posibilidades de empleo y de capacitación cerra-
das hasta ese momento. El delegado auténtico lo defendía así:
hay una serie de industrias que emplean técnicos extranjeros sin
darle ninguna oportunidad de entrar en ellas al cubano nativo. […]
Esto se confronta de manera especial en industrias de servicios
públicos, de ferrocarriles, en los grandes centrales azucareros, etc.
Los cubanos están perfectamente capacitados, con un aprendizaje
adecuado, a satisfacer cumplidamente esas funciones que hoy de-
sempeñan los extranjeros.17
Por lo mismo, es preciso nacionalizar la educación. El debate sobre el
tema, con el rótulo «por una escuela cubana», recorrería la década de los
40.18 La discusión específica sobre este particular, ventilada en la Con-
vención Constituyente, aporta una clave para entender el contenido
ideocultural de tal antimperialismo, cuando discute sobre la compatibi-
lidad entre los conceptos de «cubanidad» y de «solidaridad».
La oposición la desarrolló Ferrara: «el nacionalismo no es internacio-
nalismo. La solidaridad humana es el internacionalismo; la cubanidad
es el nacionalismo».19 El debate proyectará la sombra de otras discusio-
nes entre internacionalistas versus chovinistas, y será resuelto en la ver-
sión de una «cubanidad» abierta. Carlos Prío argumentó que esta no
podría confundirse «con el criterio agresivo de los pueblos conquistado-
res que hacen de su unidad nacional el mayor obstáculo para la libertad
de los otros pueblos».20 La cubanidad era entonces un nacionalismo y
no un chovinismo: ni movimiento defensivo ni movimiento expansio-
nista. Chibás secunda a Prío mientras ahonda en el ideal democrático:
No existe esa contradicción que señala el señor Ferrara, porque
precisamente, frente a un período de inquisición, a un período de
persecución y de opresión o de asalto por un gobierno a otros pue-
blos libres de la tierra, los principios de solidaridad […] estarán del
lado de la cubanidad en defensa de esa cubanidad, y en contra de la

17
Diario de sesiones de la Convención Constituyente de 1940, vol. II, no. 67, La Habana, 1940, p. 19.
18
Ver Katia Figueredo: «La polémica educacional de los años 40 en Cuba», Temas, La Habana,
2008; 56: 184-195, oct.-dic.
19
Diario de sesiones de la Convención Constituyente de 1940, vol. II, no. 45, La Habana, 1940, p. 15.
20
Ídem.

152

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inquisición, de la persecución y del asalto a los pueblos libres de la
tierra.21
El intercambio concluirá aprobando incluso que «en todos los cen-
tros docentes, públicos o privados, la enseñanza de la Literatura, la His-
toria y la Geografía cubanas, y de la Cívica y de la Constitución, deberá
ser impartida por maestros cubanos por nacimiento y mediante textos
de autores que tengan esa misma condición» (Artículo 56/1940). En tal
comprensión, Chibás es un ferviente defensor del magisterio cubano:
Ha sido evidentemente abandonado el magisterio, y por ello ha
constituido el precepto una necesidad extraordinaria en defensa de
la cultura nacional porque tiene en sus manos creativas la infancia,
y es por ello que la Asamblea debe saber corregir esa deficiencia,
más exagerada en el caso del maestro, que en cualquier otro caso; y
la manera de corregirlo es fijando la millonésima parte del presu-
puesto nacional como sueldo del maestro.22

Su propuesta será aprobada. El debate no pierde de vista la valora-


ción económica de la educación: es otra vía de redistribución del ingre-
so, de compensación no salarial, dirigida al corazón de las clases
trabajadoras, base de la alianza nacional populista.
Buena parte del antimperialismo burgués es a la vez anticomunista:
el autenticismo cubano es prueba firme de ello. Sin embargo, si algo le
es consustancial al populismo es su ambigüedad y su intrínseca contra-
dictoriedad. Sus partidos suelen poseer espectros de una derecha
encajable en los moldes tradicionales de la dominación –en el Partido
del Pueblo Cubano (Ortodoxos) [PPC (O)] será la tendencia de la frac-
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

ción gran-burguesa de Millo Ochoa–, hasta zonas de una izquierda


filomarxista, o cercana de algún modo a estos postulados, dirigida por
clases medias y proyectada hacia las bases populares. Chibás es un caso
típico de esta última: hacendado cafetalero muy pudiente, heredero acau-
dalado, defensor de modelos burgueses de desarrollo, radicalizado por
los proyectos de clases medias y comprometido con intereses popula-
res, por un lado, y antisoviético convencido por otro, que distingue a
los comunistas de partido respecto de los que considera «verdaderos
marxistas».
21
Ibíd., p. 13.
22
Diario de sesiones de la Convención Constituyente de 1940, vol. II, no. 67, La Habana, 1940, p. 6.

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La moción presentada por Chibás en solidaridad con Finlandia, inva-
dida por la Unión Soviética en el contexto del reparto geoestratégico de
la Segunda Guerra Mundial, funcionó primero como solidaridad ante la
agresión a una «pequeña nación» –situación que compartía con Cuba–,
pero sobre todo en el recurso para entablar otro proceso contra el «im-
perialismo soviético» ante la opinión pública cubana que seguía en vivo,
a través de dos estaciones de radio, los debates de la Constituyente.
Lejos aún de la Guerra Fría y de la universalización del anticomunismo
más primario, la denuncia de Chibás es exhaustiva: hace la larga lista de
los crímenes de los Procesos de Moscú y explica la transformación del
proceso soviético en un régimen de terror. Chibás dedica un elogio encen-
dido de Trotski y de los bolcheviques de la época revolucionaria, que
presenta como incompatibles con los burócratas que habían dominado
el curso posrevolucionario, así como diferencia entre los comunistas
cubanos, como Mella, de los que consideraba acólitos de Moscú.23 Chibás
había sido amigo íntimo del marxista Gabriel Barceló, quien había tra-
ducido en la cárcel un libro de Bujarin, como fue admirador de Mella y
sería amigo hasta el final de su vida de marxistas como Leonardo
Fernández Sánchez, uno de los fundadores del Partido del Pueblo Cu-
bano (Ortodoxos) y redactor de su programa.
La crítica al socialismo soviético en Chibás se vale en ocasiones de la
argumentación trotskista, rinde culto a los marxistas «verdaderos» –mien-
tras ofende sin recato a los convencionales comunistas de la Asam-
blea–, pero es siempre liberal. Chibás afirmó: «[con esta postura Marinello
y Roca no defienden el comunismo], sino a la burocracia infame que
traicionara todos los postulados marxistas y leninistas, que se ha adue-
ñado del Estado ruso para explotar sin escrúpulo ni pudor a las grandes
23
La respuesta primera de Blas Roca a la provocación fue otra especie similar: presentó una
enmienda que exigía la aclaración de cuentas de fondos dedicados a la Revolución presunta-
mente en manos de Grau. Ante la falta de atención de la Asamblea sobre este particular encaró
el tema con toda razón: «El señor Chibás está haciendo política desde los escaños de la
Asamblea. He ahí el sentido de la moción del señor Chibás […]». «El señor Chibás dice que
defiende la libertad y la independencia de un pueblo con este mensaje, y en las narices nuestras
tenemos la base naval de Guantánamo, que es parte de nuestra soberanía, que no nos pertene-
ce. Bien está que nos adentremos en los asuntos lejanos, pero bien está también que limpiemos
nuestra casa, que miremos a nuestro alrededor, que limpiemos la viga del ojo propio antes de ver
la paja del ojo ajeno», a lo que Roca agregaba un hecho incontrovertible: la existencia de una
multitud de pequeños países agredidos sin que la Asamblea se molestase en declararles solida-
ridad; Diario de sesiones de la Convención Constituyente de 1940, vol. I, no. 14, La Habana, 1940,
p. 19.

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masas de campesinos que no tienen derechos de ninguna clase, ni si-
quiera el derecho a la vida».24 Eusebio Mujal, ex trotskista, delegado
auténtico a la Convención –y quien dirigiría las sindicales únicas
batistianas después del golpe de 1952– abundó en apoyo a Chibás:
¿Acaso no sabemos comprender las diferencias que existen entre
un régimen democrático-imperialista (Francia, Inglaterra) o bien
un régimen fascista (Alemania e Italia) y un régimen pseudosocia-
lista, de rapacidad imperialista igual a los anteriores como es el
régimen actual de la U.R.S.S.? Pero aunque estos tres regímenes
sean distintos, ¿no debemos defender la libertad de los pueblos del
mundo, frente a las voraces invasiones de cualquiera de estas tres
modalidades de opresión?25

El nacionalismo burgués populista como


«nacionalismo revolucionario»

El nacionalismo Auténtico se autorreconoce como «nacionalismo revo-


lucionario», según lo hace el propio Chibás.
El nacionalismo revolucionario marxista, elaborado dentro del parti-
do comunista, tenía una escasa y controvertida historia en la figura de
Julio Antonio Mella y, en menor medida, en Rubén Martínez Villena,
pero se produciría en Cuba, en lo esencial, fuera del comunismo oficial.
Este nacionalismo marxista concibió la confluencia de la corriente de
independencia nacional con el proyecto de la liberación social desde un
enfoque heterodoxo respecto al marxismo distribuido por la URSS en
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

su época: «La causa del proletariado es la causa nacional», aseguraba


Mella.26 «La lucha contra el imperialismo de todas las fuerzas y tenden-
cias, desde las obreras y campesinas hasta las burguesas nacionales (aun-
que estas en su mayoría sean capaces de traicionar) es la lucha más
importante en el momento actual […]. Cualquiera que sea el futuro de
Cuba […] tenemos el deber de plantear el “problema nacionalista” para

24
Diario de sesiones de la Convención Constituyente de 1940, vol. I, no. 14, La Habana, 1940, p. 45.
25
Ibíd., p. 57.
26
Julio Antonio Mella: «Los nuevos libertadores», en Mella. Documentos y artículos, Eduardo
Castañeda y otros (comps.), Instituto de Historia del Movimiento Comunista y la Revolución
Socialista de Cuba/Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p. 123.

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unos, el “social” para otros, pero antimperialista para todos».27 Sin em-
bargo, después del VI Congreso Mundial de la Internacional Comunista,
de 1928, los comunistas podrían considerarse cualquier cosa menos
nacionalistas. En esa coyuntura, el desarrollo de Mella obtuvo escaso
eco, cuando se compara con el alcanzado por la doctrina nacionalista y
socialista, mas no marxista, de Antonio Guiteras, pero sobre todo con
la prédica nacional populista expresada por Chibás.
Benedict Anderson entendió el nacionalismo como el artefacto cul-
tural de una clase particular, para enfatizar el elemento de invención
que interviene en la construcción de las naciones.28 El contenido del
nacionalismo popular/populista cubano queda muy bien explicado en
una frase de Marinello, expresiva de la ingeniería social operada por el
nacionalismo: «No el nacionalismo de banderas ni de himnos: el nacio-
nalismo como satisfacción legítima de las necesidades de la masa que
encara la nación».29
En 1940 el nacionalismo busca incluir en el espacio nacional desde
los trabajadores hasta los negros, pasando por todas las clases biosociales
–como les llama Edgar Morin–:30 reconoce la igualdad civil de la mujer
casada, suprime las diferencias entre los hijos, condena la discrimina-
ción racial, se pronuncia sobre problemas de la juventud estudiantil,
desde la enseñanza primaria hasta la universitaria.
En materia laboral, el espectro de los nacionalistas, comunistas y
reformistas en general consagró una legislación social a la altura de los
mayores desarrollos de la época: considerar el trabajo como un derecho
inalienable del individuo, garantizar un salario o sueldo mínimo, retri-
buir igual salario por igual trabajo; prohibir los descuentos no autoriza-
dos y el pago en vales, fichas y mercancías –característica común en las
economías subdesarrolladas de la época–; establecer seguros sociales
como derecho irrenunciable e imprescriptible de los trabajadores, y se-
guros por accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, a expen-
sas de los patronos y bajo la fiscalización del Estado; fijar la jornada
máxima semanal en 44 horas; conceder el descanso retribuido de un mes
por cada 11 de trabajo; proteger la maternidad obrera, extendiéndola a

27
J. A. Mella: «Carta a Gustavo Aldereguía», Mella. Documentos y artículos, ob. cit. (en n. 26), p. 258.
28
Ver Benedict Anderson: Las comunidades imaginarias, Fondo de Cultura Económica, México,
1993.
29
Diario de sesiones de la Convención Constituyente de 1940, vol. II, no. 45, La Habana, 1940, p. 16.
30
Edgar Morin: «Las clases biosociales y la revolución planetaria», Crítica de la Utopía, Universi-
dad Nacional Autónoma de México, México, 1971, pp. 57-92.

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las empleadas; reconocer el derecho de sindicación a los patronos, em-
pleados privados y obreros; regular los contratos colectivos de trabajo;
reconocer el derecho de los trabajadores a la huelga y el de los patronos
al paro y establecer la participación preponderante en el trabajo del cu-
bano por nacimiento.
En los debates de la Constituyente, Chibás hace su programa de fe
nacionalista en la discusión sobre una gran diversidad de temas.
Para algunos comentaristas, la discusión sobre la bandera del 4 de
Septiembre31 es un tópico de afirmación nacional,32 pero se trata tam-
bién de la disputa por el capital simbólico de la revolución popular
antimachadista. Cuando Blas Roca defiende la bandera del 4 de Sep-
tiembre, como la «bandera de la Revolución», por considerarla un «tim-
bre de orgullo», está defendiendo una posición inducida por Fulgencio
Batista, con quien el partido comunista había formado coalición para
asistir a la Asamblea, para legitimar que la Constituyente era también
un resultado revolucionario del movimiento militar por él encabezado.
En los hechos, resultaba una manera de escribir el nombre de Batista en
los créditos de una revolución que así sería ininterrumpida hasta 1940.
La convocatoria a la Constituyente, que Batista supo trabajar con mu-
cha habilidad construyéndose una reputación de demócrata y de hom-
bre con preocupaciones sociales, había sido el resultado de la confluencia
de muchos factores, pero no borraba su historial represivo y de agente
de la política estadounidense. La oposición de Chibás a la posibilidad de
izar la bandera del 4 de Septiembre junto a la nacional en sitios oficiales
fue tan virulenta como suya. Con ese fin, repasó toda la historia mambisa
y libertadora, pero en el fondo el problema quizás estaba en otra parte:
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

era imposible que se le escapase la importancia que tendría aprobar un


homenaje, aunque indirecto, legitimante de la trayectoria de Batista.
Chibás, surgido a las batallas políticas en el seno del Directorio Estu-
diantil Universitario de 1927, como parte de las luchas estudiantiles
contra Machado, hizo una abierta defensa de los ideales universitarios:

31
El 4 de septiembre de 1933 un movimiento de clases y de sargentos depuso a la oficialidad del
Ejército. Aunque sus reclamos fueron originariamente de índole castrense, se colocó en el
curso del proceso que derrocó a Gerardo Machado con un programa político mucho más
amplio, inspirado en el programa del Directorio Estudiantil Universitario. El movimiento del
4 de Septiembre fue el acta de nacimiento de Fulgencio Batista como figura política.
32
Ver José Ignacio Rasco: «Nacionalismo en la Constitución de 1940», en La Constitución de
1940. Ciclo de conferencias [s. e.], Miami, 1991.

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la autonomía universitaria, la responsabilidad estatal en el mantenimiento
económico de la Universidad, la recuperación del patrimonio físico de
la Universidad de La Habana –ejemplo de lo cual es el debate que con-
sigue reintegrar el hospital General Calixto García como hospital uni-
versitario–. Ahora, estas discusiones no están desvinculadas de
preocupaciones sociales que exceden las reivindicaciones universita-
rias, y se presentan bajo la enorme sombrilla del nacionalismo popu-
lar/populista: Chibás se opone a que la Universidad sea un «Estado
dentro del Estado», pero confía en la Universidad para prestar servicios
sociales, accesibles popularmente y con calidad, como no confía en la
prestación estatal del servicio. El hospital Calixto García no ha de ser
solo una escuela para estudiantes de medicina sino un centro asistencial de
la mayor calidad para sectores populares. En otra propuesta de Chibás,
de crear un Instituto de Enfermedades Tropicales, está presente la mis-
ma cosmovisión: una propuesta sanitaria, de nivel científico y acceso
popular, que coloque a Cuba en el ámbito natural de las enfermedades
propias del Caribe y que aspira a convertir en referencia internacional
sobre el tema.
El complejo de su discurso convertiría a Chibás con el tiempo en un
político nacionalista a la usanza latinoamericana, distinto en sus especi-
ficidades pero con matrices comunes: estaría ubicado, en el intento de
aportar rasgos propios, en la estela dejada hasta hoy por el aprismo, el
cardenismo, el peronismo, el varguismo y el populismo de Paz Estenssoro
en Bolivia, de Velasco Ibarra en Ecuador y de Jorge Eliécer Gaitán, en
Colombia.
Con todo, una mala interpretación del populismo lo ha convertido en
sinónimo de crasa demagogia. Esta idea desconoce cómo el populismo
contribuyó a instituir un país de ciudadanos allí donde solo habitaban
súbditos, a reelaborar las relaciones prevalecientes de dominación a tra-
vés de una mayor y distinta participación política –aunque dejase intac-
tas las bases económicas de reproducción del sistema–; a configurar la
expresión de los intereses económicos como una ética positiva, republi-
cana, de derechos y deberes; a ampliar, estructurar y fijar el concepto de
«pueblo»; a incorporar a grandes masas populares –que no pudieron
conquistar los socialistas y menos los comunistas– a la actividad política,
a reivindicar intereses populares y nacionales cuando el estalinismo ca-
lificaba de fascista o socialfascista cualquier variante que considerara
«populista», y a generar ciertos desarrollos materiales en las condiciones
de vida de grandes masas poblacionales.
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Por otra parte, la precaria comprensión de la relación líder carismático-
masa popular no entiende bien el problema de las mediaciones cuando
afirma que estas son inexistentes o muy limitadas –en el populismo–
para poder dejar abierto el camino al liderazgo clientelar. Esa tesis no
toma en cuenta que el populismo rompía con la clave tradicional
individualizada del clientelismo, de inclusión vertical de las personas en
la política.33 En el clientelismo solo existían el patrono y el cliente. El
populismo introdujo a las organizaciones de trabajadores como sujetos
de la relación, con la convocatoria no a individuos sino a sujetos de
clase. Ciertamente, el populismo contuvo un sindicalismo corrupto
–charros en México, pelegos en Brasil, cetekarios (mujalistas) en
Cuba–, pero indica un tipo de relación construida con organizaciones
sobre una base distinta al caudillismo tradicional oligárquico.
En ese pensamiento el pueblo es un agregado nacional, heterogéneo,
nombrado en verdad con gran abstracción, pero instituido a partir de la
organización del trabajo: sistema de derechos laborales, sindicatos, or-
ganizaciones obreras y campesinas, partidos políticos con referencias
de clase. El pueblo es imaginado así como una comunión de individuos
con derechos universales de representación. En conjunto, enfrenta a un
enemigo externo que agrede y expolia al país, lo que unifica al pueblo a
partir de conceptos como «unidad nacional».
Como es propio en su filosofía, Chibás protege a los trabajadores
desde un enfoque asistencial y paternalista, pero defiende con radicalidad
su derecho a la organización, así sea bajo la bandera comunista. En este
sentido, el futuro líder ortodoxo se manifestó en la Convención Consti-
tuyente en contra de la organización de los patronos. En este punto,
Ferrara defendía el derecho a la libre sindicalización, que suponía tam-
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

bién la libertad del obrero para no sindicalizarse. Prío, en la misma órbita


de Chibás, le inflige al viejo liberal una lección de las corrientes del
liberalismo democrático de los años 40:
El liberalismo ha sufrido transformaciones que lo han actualizado
al compás de los resultados funestos de la libre contratación para
las clases desposeídas de todos los países. Frente a ese derecho de
33
Ver Carlos M. Vilas: «¿Populismo reciclado o neoliberalismo a secas? El mito del “neopopulis-
mo” latinoamericano», en <http://catedras.fsoc.uba.ar/toer/articulos/txt-vilas03.html>
(2 de febrero de 2009); y Nicos Mouzelis: «Populismo y clientelismo como modos de incor-
poración de las masas en sistemas políticos periféricos», en La democratización fundamental. El
populismo en América Latina, Carlos M. Vilas (comp.), ob. cit. (en n. 4).

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sindicalizar libremente […] está la previsión del legislador, que sabe
que al sindicalizar por la mayoría, se opone al sindicato pequeño
del patrono, que encuentra fácilmente en las masas desposeídas, y
fáciles al soborno, cuando no tiene conciencia de sus derechos, el
hacer otro sindicato, que sirva siempre para destruir las mejoras y
ventajas que ha obtenido el gran sindicato formado por las mayo-
rías.34
La unidad nacional, la cooperación entre las clases, la justicia social,
con el corolario del enfrentamiento al enemigo externo, constituyen la
identidad del sujeto pueblo, sujeto por definición de la Revolución, y
convierte al nacionalismo en la amalgama que cifra el conjunto.

El socialismo como hipótesis del Estado de Bienestar

El credo populista sigue el canon de la democracia liberal, pero busca


completarla con un corrimiento hacia el parlamentarismo, la democracia
social y la participación económica. Como en acápites anteriores de
este texto se desarrollan contenidos de la democracia social, las páginas
que siguen recogen, y discuten, el compromiso demoliberal de Chibás
en materia de la institucionalidad política democrática, en sentido es-
tricto.
El socialismo Auténtico es sinónimo genérico del capitalismo de Es-
tado.35 La propuesta de Chibás se hará firme después en el lenguaje
político con los conceptos diversos, pero relacionados entre sí, de Esta-
do de Bienestar y Estado Social. Se trata de la confluencia del pensa-
miento democrático y populista en una especie de socialdemocracia en
clave cubana. Roosevelt había asegurado en la fecha: «el hombre nece-
sitado no es un hombre libre». El discurso de Chibás es también una de
las traducciones al lenguaje vernáculo de la política del Nuevo Trato
del estadista estadounidense.

34
Diario de sesiones de la Convención Constituyente de 1940, vol. II, no. 66, La Habana, 1940,
pp. 19-20.
35
Recientemente, algunas acusaciones de «socialista» proferidas contra Barack Obama, durante
su campaña electoral para presidente de Estados Unidos, recuerdan cómo cualquier política
de intervención gubernativa en la economía que contradiga el principio de libertad de merca-
do es considerada «socialista» en ese muy frágil y vulgar sentido.

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En su apología del Estado instrumental, máquina construida para el
progreso y la conciliación social, según ese pensamiento, Chibás en-
cuentra la legitimidad estatal en el antiguo venero de la utilidad social.
De ahí surgirán necesidades propias: intervención gubernativa en el
mercado, funcionamiento de un sistema institucional con plena separa-
ción de poderes, canalización de la oposición en una vía institucional
multipartidista, meritocracia, élites políticas, sufragio universal, régi-
men de mayorías, sistema representativo de gobierno, burocracia técnica.
Juan Clemente Zamora explicaba la doctrina a su manera:
Puesto que el fin último del Estado es asegurar la felicidad común;
y puesto que la felicidad es, en gran parte, un fenómeno subjetivo,
solo tomando como decisión final la opinión libremente expresada
por todos los miembros del agregado social puede llegarse, razona-
blemente, a determinar el contenido de las normas jurídicas que
mejor satisfacen las apetencias y deseos colectivos, y solo pueden
del mismo modo elegirse los hombres que mejor cumplen esos de-
seos y satisfacen esas apetencias.36
En la Convención, Chibás critica la forma de gobierno presidencialista,
sistema que en su opinión había fracasado en Cuba, por hacer más viable
la dictadura. En su lugar, defiende el modelo semiparlamentario como el
más democrático –fue el instaurado por la Constitución de 1940, aunque
en la práctica posterior siempre funcionó con fuerte sesgo presidencial–,
criterio que lo lleva a defender la renovación cuatrienal del Congreso, en
lugar de la bienal, y a proteger la institución de un Congreso bicameral
como clave de equilibrio en la representación de intereses populares y
sectoriales, en contraste con la propuesta, de Juan Marinello, de ampliar
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

la membresía del Senado para conseguir un –imposible– «Senado popu-


lar» –aunque en realidad el escritor y convencional comunista hubiese
preferido un parlamento unicameral, según sus propias declaraciones.
El modelo de un Estado técnico incluye una burocracia especiali-
zada. En todo momento, Chibás defiende la racionalización del Estado,
el decrecimiento de su aparato burocrático: cuando apoya reducir el
número de concejales municipales y se opone a lo que signifique el au-
mento de magistraturas estatales, por el consiguiente aumento en las

36
Juan Clemente Zamora: «Nuevas orientaciones en materia constitucional», en Los partidos
políticos y la Asamblea Constituyente, ob. cit. (en n. 15), p. 26.

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cargas económicas públicas, como mismo solicita protección y garan-
tías para los empleados oficiales.
El convencional auténtico no solo asegura la libertad de expresión
sino condena regularla de una manera no «suficientemente amplia».
Busca incluir una propuesta sobre la libertad de expresión, además de los
folletos y periódicos, el caso de las transmisiones de radio. (Recuérdese
que, con el tiempo, Chibás hará un uso pionero de la radio entre los polí-
ticos de su época.) Por otra parte, se manifiesta contra la pena de muerte,
en el orden general, pero la aprueba para los casos específicos en que se
traicionara a la patria o de espionaje enemigo en tiempo de guerra.
El debate sobre prohibir las confiscaciones tiene en Chibás un deci-
dido defensor de los derechos individuales contra el arbitrio estatal. La
propuesta de proscribir «la pena» de la confiscación, significaba para
Chibás que se impedía solo la que pudiese ordenar el poder judicial,
pero, en cambio, dejaba la puerta abierta al ejecutivo para hacerlo. Se-
gún preveía, un futuro dictador podía usar el recurso confiscatorio como
represalia contra los opositores. Por ello, califica la prohibición exclusi-
va de la pena de confiscación, y no de toda confiscación, de «antiliberal,
antiprogresista y antidemocrática».
Para comprender el calado de la hegemonía del pensamiento
demoliberal en la trama nacionalista cubana de esa fecha, resulta particu-
larmente interesante la discusión sostenida en la Convención a partir
de una enmienda presentada por José Manuel Casanova, prohibitiva
«de las asociaciones, sindicatos, o cualesquiera otras organizaciones de
orden político o social que impongan a sus miembros obediencia a au-
toridades u organismos distintos de los de la República, así como los
conectados con organizaciones políticas o sociales extranjeras o de ca-
rácter internacional o contrarias al sistema democrático de gobierno».
En un contexto en que la mayor parte de la existencia del partido
comunista, desde su fundación en 1925, había transcurrido en la ilega-
lidad, Blas Roca se opuso de inmediato a la propuesta, tras denunciar
que perseguía sentar las bases de la ilegalización de este o de cualquier
otro partido de raíz popular, «que levante aquí la bandera de las reivin-
dicaciones populares».
La argumentación de Chibás al respecto es sintomática por varias
razones: da cuenta de la madurez de un pensamiento democrático bur-
gués que conoce sus fortalezas. Chibás estimó más peligroso llevar el
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partido comunista a la ilegalidad que dejarlo con estatus legal.37 Pero el
testimonio de Chibás no es la única prueba de esa convicción. Rafael
Guas Inclán, político vinculado primero a Machado y luego a Batista en
los años 50, lo expresó con pelos y señales:
El comunismo es una idealidad de redención humana, perseguirlo
es acrecentarlo; combatirlo es canalizarlo en el orden legal, dejarle
la libertad de propaganda, la libertad de tribuna, la libertad de pro-
selitismo, y la libertad electoral; si se le prescribe vivirá en la som-
bra, y entonces será peligroso porque tendrá la ira del agravio, del
odio y del resentimiento.
Si le damos la libertad de tribuna que esta Asamblea Constituyente
plenamente liberal que ha permitido la expansión y la divulgación
de todo pensamiento, entonces el comunismo es un Partido más,
con postulados, partidarios, apologistas, defensores, encarnizados
enemigos, un Partido como otro cualquiera, con un volumen elec-
toral susceptible de las altibajas y las veleidades de las luchas polí-
ticas.38
Esta estrategia política concesiva, alcanzable únicamente en un sóli-
do sistema institucional, con base en cierta cohesión social, en determi-
nada articulación/integración entre el capital y el trabajo, y en un sistema
económico con posibilidad real de expandir la estructura del ingreso, el
empleo y el consumo, entre otros indicadores, mostraría en todo el mundo
una fuerza corrosiva para integrar la disidencia, hacerla funcional a este
sistema, canalizarla en férreos márgenes y reprimir su oposición. La di-
sidencia, como dirían los seguidores de Edmund Burke, sería la oposición
de su majestad pero nunca a su majestad.
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

La época de Chibás vive el auge de la democracia liberal de conteni-


do populista en América Latina como el evangelio de la modernización
social. En aquel mismo debate sobre la hipotética habilitación de la
ilegalidad del Partido Comunista, Chibás aseguró que ella no se dirigía
solo contra este partido, sino también contra todas las organizaciones
obreras, contra la libre organización de los trabajadores cubanos y que

37
Chibás veía en otra parte la fuente de sus preocupaciones en este sentido: «El peligro funda-
mental que yo preveo en el futuro, va ser la penetración fascista dentro de la América debido
a las consecuencias que ya se están viendo, del resultado de la guerra europea»; en Diario de
sesiones de la Convención Constituyente de 1940, vol. I, no. 34, La Habana, 1940, p. 27.
38
Diario de sesiones de la Convención Constituyente de 1940, vol. I, no. 34, La Habana, 1940, p. 27.

163

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constituía un ataque a la solidaridad internacional de la clase trabaja-
dora.39
Esa comprensión de la democracia liberal en clave populista resolvía
en América Latina grandes cuestiones. Permitió identificar masivamen-
te al líder populista como el estandarte de los cambios, lograr la adhe-
sión a su persona y no necesariamente a su partido, siempre dependiente
de la posibilidad carismática de aquel –los observadores decían del
PRC (A) que este no era otra cosa que Grau, como la fuerza del Partido
del Pueblo Cubano (Ortodoxos) radicaba en su líder, según demostró la
progresiva debacle de su partido tras su muerte en 1951–.40 Con ello, el
líder populista servía de interfase entre las demandas de las clases tra-
bajadoras y las demandas de las clases capitalistas, desviaba las exigen-
cias radicales hacia cursos reformistas de resolución de los conflictos;
integraba «desde arriba» las clases populares al sistema político, hecho
que las hacía dependientes del líder populista y del Estado asistencial;
les imponía una visión del éxito a corto plazo –obtenían más de las
reuniones con el ministro del Trabajo que a través de las luchas en cada
empresa, con lo que despolitizaban las luchas obreras a favor de la ad-
ministración de los conflictos, renunciaban a su identidad clasista, al
perfil específico de la organización obrera y a la posibilidad de cambios
estructurales.
Esa prédica combinatoria de democracia, desarrollo económico na-
cional y justicia social caló, como corresponde, muy hondo en la socie-
dad cubana. Cuando Chibás presentó, apenas unos años más tarde, a
39
Diario de sesiones de la Convención Constituyente de 1940, vol. I, no. 34, La Habana, 1940, p. 26.
40
Raúl Roa comprendía así la historia del partido de Chibás: «No es posible llamarse a engaño
respecto a las similitudes aludidas entre el PRC (A) y el PPC (Ortodoxos). Basta recordar
simplemente que este viene de la misma cuenca. El movimiento ortodoxo surgió de las
entrañas desgarradas del autenticismo bajo el signo del adecentamiento administrativo, con
una perspectiva, una estrategia y una táctica puramente electorales. Es cierto que el PPC no
ha pasado todavía por la prueba de fuego del poder y continúa siendo una esperanza para
muchos; es cierto también que el autenticismo tiene tras de sí jornadas heroicas y logros
fundamentales que le garantizan la supervivencia, a despecho de los errores, frustraciones y
máculas imputables a sus gobiernos. No es ya, desde luego, un partido revolucionario; lo fue
en superior proporción que otro alguno; pero pudiera tornar a serlo si el afán de lucha que ya
anima a sus huestes –otrora aguerrida como pocas– adquiere cuerpo y espíritu en su más alta
jerarquía. En eso sí se diferencia radicalmente del PPC, que nunca lo fue, ni lo es aún, ni parece
estar en camino de serlo»; Raúl Roa: «En torno al frente único», Viento Sur, ob.cit. (en n. 3),
p. 238 (reproducido en Raúl Roa: Homenaje en sus textos de fuego, vol. II, Edel José Fresneda
Camacho [comp.], Imagen Contemporánea, La Habana, 2007, p. 633).

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través del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) la lucha contra la
corrupción como el antídoto a los males de la puesta en práctica del
liberalismo democrático, definía al mismo tiempo el horizonte a alcan-
zar, sus desviaciones ciertas y, según él, todos sus remedios: el paquete
político más atractivo de toda la República burguesa hasta entonces.
En ese contexto es preciso entender la posibilidad de un Estado de
Bienestar en la versión cubana del capitalismo dependiente.
Cuando Chibás defendía la legitimidad del aparato estatal como agen-
cia técnica al servicio de la industrialización burguesa y de los intereses
sociales, el uso políticamente correcto de la institucionalidad represen-
tativa, y medidas como la reforma agraria, al tiempo que repudiaba tan-
to el autoritarismo como la corrupción, se convertía en el estadista de
un capitalismo de Estado sedicente: sus calificativos de nacional, social
y democrático pretendían nombrar lo que en realidad solo podía ser el
Estado deformado propio de un capitalismo deformado.
Chibás fue, a diferencia de Arango y Parreño, no un estadista sin Es-
tado, sino el estadista de un Estado inviable. El golpe de Estado de
Batista del 10 de marzo de 1952 es la prueba del agotamiento de un
modelo que dudó de sí mismo desde su propio origen: en la Convención
ni siquiera sus propios proponentes se creen del todo cuando legislan de
esa manera en materia social: la acusación de que existían «preceptos
musicales» en la Constitución que aprobarán, es la sombra de un escep-
ticismo que duda, desde el principio mismo, de su efectividad y posibi-
lidad de concreción.41
El ideal auténtico reeditó en Cuba lo que Trotski apuntaba de los
socialrevolucionarios rusos, quienes «se imaginaban que la futura revo-
lución no sería ni burguesa ni socialista, sino “democrática”», cuyo par-
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

tido «se trazaba una senda, que pasaba entre la burguesía y el proletariado
y se asignaba el papel de árbitro entre las dos clases». La práctica del

41
«La crisis de la competencia populista llegó de este modo a la crisis de la función reguladora del
Estado. Con la dictadura de Batista este fue definitivamente privatizado por el capital finan-
ciero […]». «La crisis del Estado cubano fue precoz en el contexto latinoamericano, porque
precoz fue el desarrollo del capitalismo, y porque aquel se identificó con el ciclo del azúcar en
la fase de su agotamiento. La experiencia populista se basó esencialmente en un crecimiento
interno de mediano plazo, la “cubanización”, sin la ayuda del capital norteamericano. Cuando
este decidió reorientar su estrategia, no pudo contar más con el aliado cubano. El desfase en
el tiempo entre el comportamiento del capital cubano y el del capital norteamericano llevó al
giro autoritario de Batista, el cual, deslegitimando la experiencia anterior, eliminó toda alter-
nativa moderada»; A. Annino: Ob. cit. (en n. 4), pp. 456-457.

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PRC (A) corroboró, como recuerda Löwy,42 la conclusión del autor de
La revolución traicionada: bajo una dirección burguesa, las conquistas de-
mocráticas, agrarias, nacionales, son limitadas, parciales y efímeras.
El Estado de Bienestar supone un estadio específico del desarrollo
capitalista. Desde los años 60 del siglo XX, los trabajos de André Gunder
Frank, entre otros, demostraron que el subdesarrollo era el tipo de desa-
rrollo que podía tener, en el caso de su objeto de estudio, América Lati-
na –aunque la idea es válida para todo el mundo subdesarrollado–, que
el subdesarrollo no era una etapa, sino una condición del mantenimien-
to de la condición de desarrollados para los países que conquistaron ese
estatus.43 El Estado de Bienestar –sea cual sea la estatura que alcance–
es, por así decirlo, una estación de cierto tipo de desarrollo capitalista,
al que corresponden específicas configuraciones sociales, desarrollos
socioeconómicos, posibilidades de crecimiento en la acumulación y de
redistribución a través de políticas sociales y determinados empodera-
mientos y articulaciones entre las clases trabajadoras.
Por todo ello, el Estado de Bienestar se presentó como inviable para
los países subdesarrollados bajo las condiciones estructurales del capi-
talismo dependiente. En este contexto no pueden darse las circunstan-
cias que condicionan el Estado resultante de un «pacto» entre capital y
trabajo, pues «ni el proceso de acumulación, como asegura Carlos del
Cabo, se configura de forma que demande aquellas intervenciones es-
pecíficas del Estado, ni la clase trabajadora se constituye de forma que
pueda imponer sus exigencias».44

42
Michael Löwy: «Transformación del populismo en América Latina», en <http://
www.scribd.com/doc/6805471/Michael-Lowy-Tranformacion-Del-Populismo-en-America-
Latina> (2 de febrero de 2009).
43
La idea esencial de este planteamiento es «la unidad mundial del sistema de explotación
capitalista», que explica las relaciones centro-periferia o metrópoli-satélite, pero también, por
ejemplo, las de ciudad-campo, capital-región, economía capitalista industrial-economía de
subsistencia indígena, como eslabones de una sola cadena de explotación mundial. Por ello, «la
causa del “subdesarrollo” ha sido la integración de América Latina al sistema capitalista
mundial, empezando con la conquista»; André Gunder Frank: Capitalismo y subdesarrollo en
América Latina, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1970. Ver la continuidad de estos
enfoques, entre otros, en Immanuel Wallerstein: Sistema mundo y mundo sistémico, Instituto de
Estudios Nacionales, Panamá, 2002.
44
Carlos del Cabo Martín: «Configuración constitucional del capitalismo avanzado: estado social
y estado de derecho», en <http://www.bibliojuridica.org/libros/libro.htm?l=144> (25 de enero
de 2009).

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Michael Löwy argumenta sobre las consecuencias del modelo:
Ninguno de estos regímenes bonapartistas logró cumplir con las
tareas de una verdadera revolución democrático-burguesa: no re-
solvieron la cuestión agraria –sea porque no tuvo lugar reforma
agraria alguna (Brasil, Argentina), sea porque no tuvo ascendiente
sobre los campesinos (Bolivia)–; no rompieron con el imperialismo
ni obtuvieron una verdadera independencia nacional; sus planes
de industrialización independiente fracasaron y la «burguesía na-
cional» eligió la vía de la asociación con el capital extranjero; final-
mente, en ninguno de estos países se estableció una democracia
estable.45
La crisis del populismo –acaso el maximun al que puede llegar un
capitalismo dependiente con vocación de justicia social–, como la crisis
del neopopulismo, hacen comprender que entre el populismo y el socia-
lismo revolucionario no existe continuidad sino ruptura: o las trans-
formaciones de orden político arrastran, y son arrastradas por las
transformaciones de la estructura económica y de la base social del
nuevo poder o son continuidad del populismo, con la persistencia con-
siguiente de sus límites.
La posibilidad de generar la ruptura es el tema clásico del marxismo:
denunciar el principio general de dominación implícito en la fetichiza-
ción del Estado que suponen el populismo y cualquier otra ideología de
la dependencia personal. Ello lleva a reivindicar el contenido del socia-
lismo a partir del complejo de la autonomía de la persona, del control
social del aparato estatal y de la ciudadanización de la política. Para
este propósito, es imprescindible vincular la democracia con el socialis-
JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

mo desde una doble base: articular las reglas de procedimiento demo-


cráticas, la ingeniería política de la democracia, con la sustanciación del
universo representado: la ciudadanía, y eludir, de ese modo, las falsas
distinciones entre democracia formal y democracia material, para lograr
su efectiva radicalización.46 Asimismo, es perentorio conectar ese ideal
democrático radical con la discusión sobre qué es el desarrollo, cómo
lograrlo y a quiénes ha de servir.
45
Michael Löwy: «Transformación del populismo en América Latina», ob. cit. (en n. 42).
46
Ver aportes interesantes a esta comprensión en Cornelius Castoriadis: «La democracia como
procedimiento y como régimen», en <http://www.inisoc.org/Castor.htm> (29 de enero de
2009), y Umberto Cerroni: «La democracia como Estado de Cultura», en Las incertidumbres de
la democracia, Pedro Santana (comp.), Ediciones Foro Nacional por Colombia [s. l.], 1995.

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El significado político de la «vergüenza»

La «verdad» de una teoría ha de medirse también por la historia cons-


truida en su nombre. Cuando se listan los límites de la Constitución de
1940 se ha subrayado la ausencia de la legislación accesoria que debía
hacer cumplir la Carta Magna, pero el proceso mismo de descomposi-
ción del PRC (A), que Prío vino a sepultar como alternativa política, y
la profundización de las tendencias al electoralismo, la demagogia, el
clientelismo y la corrupción en la política cubana, hasta llegar a su vir-
tual descomposición, han de ser considerados como la expresión mate-
rial de los límites del modelo político instaurado por aquella Carta Magna.
Ha gozado de gran persistencia la idea de que la causa del populismo
se encuentra en la irracionalidad, ignorancia, emotividad y bastedad de
la cultura política de las masas, que por esa razón siguen con fanatismo
a un líder. Una continuidad de ese enfoque se encuentra en considerar
la corrupción como un fenómeno de propensión psicológica, cuya clave
está en el arbitrio del individuo, que puede elegir ser honesto. Pero lo
que es cierto para una persona no lo es para un régimen social. De este
enfoque no escapa buena parte de la historiografía revolucionaria que
acusa a los gobiernos auténticos como si todos los ladrones de Cuba se
hubiesen puesto de acuerdo para militar en él. La corrupción no era ni
un rasgo personológico ni una deformación del sistema, sino su necesi-
dad. En los hechos, resultaba el mecanismo de equilibrio del sistema: la
condición de posibilidad de una política burguesa. La frase que asegura-
ba que la política era la «segunda zafra del país» lo explica bien: la co-
rrupción mantendría abiertas las fuentes de la riqueza que no habían
conseguido abrir por vías «económicas» los proyectos populistas.
La prédica de Chibás se ha tomado por algunos como un discurso
«ingenuo» según el cual el remedio a todos los males cubanos se encon-
traba en la honradez. Este enfoque es incapaz de comprender la capaci-
dad de contagio de la doctrina de la ortodoxia en la sociedad cubana y
su seguimiento por los sectores más radicalizados de ella. La verdad
está en otro lugar, su discurso se dirigía contra un elemento esencial
del sistema de dominación burgués en Cuba: la corrupción sostenía el
sistema.
Por ello, Chibás contribuyó como nadie a desmontar la legitimidad
del modelo que él mismo había defendido con ejemplar tesón en 1940.
La gran masa cubana que siguió el lema de «Vergüenza contra dinero»
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no seguía con obsecuencia a un orate, o a una personalidad valiente.
Seguía la certeza de que la «honradez» era el nombre de un programa
mayor: cambiar el estado de cosas en el país, aunque no imaginasen
hasta dónde los llevaría esa intuición. Chibás se encargó, como ningún
otro político republicano, de llevar hasta el límite la convivencia del
compañero y el señor. Llevada al límite, mostró su sólida fragilidad.

La Habana, en días de enero y febrero de 2009

JULIO CÉSAR GUANCHE / El compañero señor Chibás

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RUTH No. 3/2009, pp. 170-199

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY*

Rafael García Bárcena: La condición humana


en el proyecto de la Gran Nación

El pensamiento de Rafael García Bárcena se concreta sobre un trípode ideológico definido en:
«Nacionalismo, Democracia, Socialismo», consecuencia de la aspiración de que Cuba viviera la
creación de una nueva República,que superara el deficiente orden económico, político y social
existente y creara nuevas formas de vida con la definitiva consolidación de su integración
nacional. El análisis diacrónico de sus ideas deja ver la arraigada defensa del humanismo en
consonancia con la justicia socialista y las razones que le hacen comprender que ello constituiría
la única alternativa posible para sus esperanzas sobre Cuba, siempre animadas con las ban-
deras de la legalidad y la aceptación ciudadana.

Ya es pleno siglo XX en Cuba y se vive políticamente bajo los designios


del primer gobierno inaugurado por la República, en 1902. Los resulta-
dos de su gestión se dejan ver entre el sometimiento y la dependencia a
los intereses estadounidenses, que en esta etapa perfecciona sus meca-
nismos de dominación sobre la Isla mediante la injerencia económica,
fundamentalmente.
En este contexto histórico, el 7 de junio de 1907, en el barrio de San
Pedro, de la Villa de Güines, nace José Rafael, tercer hijo concebido de
matrimonio entre español y cubana.
No obstante no significar un representante genuino de pensamiento e
ideas abiertas hacia el Caribe, José Rafael García Bárcena se integra a la
vanguardia del pensamiento filosófico de mediados de siglo cubano, y

* (Cuba, 1981). Profesor de Fundamentos Históricos en la Facultad de Derecho de la Univer-


sidad de Oriente, Santiago de Cuba. Recibió el Premio Nacional de la Crítica Histórica
Fernando Rodríguez Portela 2009, que, por primera, vez se entregara a investigadores jóve-
nes, por su obra Rafael García Bárcena. El sueño de la Gran Nación.

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con claridad asume el componente latinoamericano en su obra intelec-
tual y política.
Ya desde la adolescencia habrá creado los espacios necesarios a su
propia formación e incursionado con éxito en la poesía y la filosofía,
que jamás abandonará.
Muchos serán los cambios que a partir de la segunda década de la
República van a provocar el nacimiento y la expansión de una vanguar-
dia cultural aupada en la libertad de búsqueda de derroteros, fenómeno
que se ubica en un proceso de transición entre un siglo y otro, y en los
linderos que como lógica rectora va a proponer el ámbito político e
histórico en que se mueve la sociedad cubana. Una vanguardia que, en
su producción más amplia, se propone, no solo la búsqueda de una in-
dependencia de pensamiento a toda costa, con la intrínseca apertura

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
teórica que ello supone, sino ser –aunque intente un reencuentro cultu-
ral con el referente nutricio de la vieja España en un esfuerzo más de
rechazar las múltiples seducciones, la asfixiante provocación que desde
Estados Unidos intenta pervertir lo criollo e insular– una teleología,
una sustancia que, cósmica y mestiza, escape a lo meramente cultural
para dar cuerpo al añejo sueño de la República. Es imposible explicar a
la nación sin esta vanguardia, que además, y partiendo del complejo de
situaciones que se dan, logra una coincidencia en algunos casos valiosa
entre vanguardia cultural y vanguardia política, para suerte de lo que
creo identificar como la misma génesis de la Revolución.
Por otro lado, el elemento capitalizador del pensamiento en estos pri-
meros años es José Martí. Porque cuando se intente resolver lo nacional
será en Martí en quien se encuentre el contenido del destino de ser.
Desconocido, edulcorado, muy temprano apropiado por los políticos
independentistas, terminará siendo, y sobre todo gracias a esta vanguar-
dia, rescatado y finalmente apuntado hacia la sociedad cubana como un
verdadero y magnífico instrumental crítico. Un instrumental que per-
mitirá examinar con aspereza nuestros vicios tanto como nuestras vir-
tudes, pero ante todo aportará las claves para salir del dédalo de los
primeros 20 años de vida republicana, en que por ejemplo la produc-
ción filosófica se vio marcada por la impronta del denominado Plan
Varona, que provocó, entre otros males, el desesperado chovinismo in-
dicado a una elaboración teórica netamente cubana, en un período his-
tórico que, en lo objetivo, no ofreció camino para que se lograra tal
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alternativa. Ya el destacado filósofo cubano Medardo Vitier1 lo había
advertido, al decir del descenso filosófico cubano «en las tres primeras
décadas, no obstante el docto magisterio de Varona».2
Sin un análisis del contexto en que se desenvuelven resultados como
la pertenencia a esta vanguardia de la producción filosófica republicana
en general, y particularmente la de Rafael García Bárcena, será estéril
todo esfuerzo encaminado a demostrar cualquier tesis en este sentido.
En la dimensión del análisis que proponíamos con anterioridad, García
Bárcena apunta que: «El disolvente complejo de inferioridad que sufre
el cubano desde los inicios de la República, por la mediatización de la
independencia por la cual estuviera dando sangre a través de todo un
siglo, es el principal obstáculo, no sólo a la aceptación de la posibilidad
de una filosofía peculiarmente cubana, sino también a su realización».
Una de las causas esenciales la concibe entonces en la falta de fe, fenó-
meno que considera como «el lastre más pesado que puede oponerse a
toda creación de grande aliento en el orden de la vida cultural o en
cualquier orden de la vida».3
Lógicamente, aquella producción filosófica tendría que ser reflejo
mismo del desarrollo de los diferentes factores integrantes de la na-
cionalidad, origen de su cosmovisión y su alcance en sentido teórico-
práctico, a partir del encuentro definitivo de derroteros autóctonos
generadores de obra y pensamiento.
No será entonces hasta después de recogidos los frutos de la reforma
de la enseñanza propiciada a finales de la década de los años 30, en que
Cuba va a comenzar a experimentar un alza en la generación de ideas y
concepciones que la situarán en un plano obviamente superior en el
camino hacia la verdadera formulación de un cuerpo de pensamiento
1
Medardo Vitier (1886-1960), uno de los más singulares e importantes exponentes de la
cultura y en especial de la filosofía cubana del siglo xx. Graduado de Pedagogía en la Univer-
sidad de La Habana, cursa estudios superiores también en Nueva York. Fue profesor en
Matanzas y en la Universidad Central de Las Villas. Su obra recoge, entre otros, La ruta del
sembrador (1921), Las ideas en Cuba (1938), La Filosofía en Cuba (1948) y Martí, un estudio
integral (1954).
2
Medardo Vitier: «Cincuenta años de la Filosofía en la República», Bohemia, La Habana, no. 19,
10 de mayo de 1953, p. 33.
3
Rafael García Bárcena: ¿Es posible una filosofía cubana?, conferencia impartida en el Aula Magna
de la Universidad de La Habana, 18 de febrero de 1946 (publicada por el Diario de la Marina
el 26 de febrero del mismo año; folleto original bajo custodia familiar), invitado por el grupo
de graduados de Filosofía y Letras del curso 1944-1945, en homenaje a Félix Varela. Hacia
entonces, Rafael García Bárcena representa al Grupo de Estudios Filosóficos de La Habana.

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filosófico más cercano a lo propio, en contacto permanente con la in-
fluencia del mundo occidental y las nacientes de América Latina y el
Caribe, las cuales van a ser reflejadas en la creación literaria, la narrati-
va, la poesía y en los más diversos órdenes de la cultura en general, por
los principales responsables de esa vanguardia, y que sin lugar a dudas,
van a constituir el origen del «renacer cultural» que valora García Bárcena
en su estudio de la época. En este plantea que: «Cuba, como pueblo
libre, nace en condiciones críticas y vive en crisis. Los estallidos políti-
cos del 23, del 27 y del 30 no son más que grados sucesivos en el plan-
teamiento de la crisis ante la conciencia de todo un pueblo».4

II

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
En esta órbita se encuentra, por fin, el alzamiento que la conciencia y
la cultura general cubanas van a lograr a partir de los primeros años de
la década del 40. Según García Bárcena, se abría para la generación de
cubanos que había luchado por la realización de conquistas como estas
«un nuevo sentido de responsabilidad».5
Él mismo, sin dudas, se siente inserto en la nueva etapa del intelec-
tual cubano, tras su temprana incursión en la filosofía y en las letras,
con su poesía. En ambos terrenos se volverá un trabajador incansable, y
también en lo polítco, con sus escritos, donde comienza a estudiar la
relación entre nación y socialismo.6
Resulta interesante acercarse a la conexión histórica de aquellas ideas.
García Bárcena recoge los frutos permanentes que en la cultura cuba-
na, y en especial en la creación filosófica, han dejado como impronta
José de la Luz y Caballero y Félix Varela, quienes se desenvolvieron en
etapas muy distintas a la que se desarrolla entonces, es evidente, pero
con un instrumental que sirve de base, sobre todo a una raíz de expre-
sión profundamente cristiana. Un repaso a los ejemplares atesorados en
su biblioteca personal, de permanente consulta y estudio, nos coloca en
perfectas condiciones de demostrar lo anterior. En esta dimensión, anota-
ba García Bárcena sobre Luz y Caballero: «La característica más señalada
4
R. García Bárcena: Sobre la filosofía cubana, Parte III (documentos originales bajo custodia
familiar).
5
Ídem.
6
R. García Bárcena: «Nacionalismo y socialismo», Polémica, La Habana, no. 5, julio de 1936.

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en el pensamiento y la actitud de Luz y Caballero lo constituye su ínti-
ma y esencial religiosidad. En él puede afirmarse con justicia que todo
sale de Dios y todo vuelve a Dios».7
A Luz y Caballero le acompañó siempre la necesidad de la fe y su
vida fue leal a su necesidad de creer sin ver. Con todo lo cierto de tales
afirmaciones, no nos atrevemos, empero, a señalar a García Bárcena
como seguidor de la línea de pensamiento, aunque sí cultural, de estos
dos grandes pensadores cubanos, sino como intérprete y revitalizador
de algunas de aquellas ideas, con lo que nos acercó a definirlas en la
línea de una modernización del cristianismo, dentro de la rama idealista
y trascendentalista de la filosofía.
Provocador y polémico, su obra tendrá varias publicaciones naciona-
les y en el exterior. En su criterio firme de valoración, supo guiarla
–amplia, a la vez que desconocida de los círculos nacionales de nues-
tros días– por los rumbos complejos que proponen los análisis alrededor
de temas como la ética (el problema de la objetividad de los valores),
que en su teorización logra describir a partir de las dimensiones de cate-
gorías como la atención, la imaginación, la inteligencia, la memoria y la percep-
ción.8 De manera similar transcurre su estudio sobre la estética a través
de la comprensión de tres complejos de categorías, interpretadas como
atributos, que lleva también a sus versos: Verdad, Belleza y Bien, que
analiza por los caminos inaugurados por el pensamiento ético martiano.9
De forma análoga hay un esfuerzo latente en sus estudios sobre el valor
científico de la filosofía por él propugnada,10 que propondrá agudos
enfrentamientos con la teoría marxista y en voces de marxistas inqui-
sidores.

7
«Prólogo» de Rafael García Bárcena al libro de José de la Luz y Caballero: Aforismos y apunta-
ciones, Roberto Agramonte (ordenación y anotación), Universidad de La Habana, Col. Biblio-
teca de Autores Cubanos, La Habana, 1945.
8
Rafael García Bárcena abordaba tales temáticas en «Individualización de la ética», Revista
Universidad de La Habana, La Habana, no. 19, 1938.
9
En este sentido, apunta: «El pensamiento de José Martí, que se mantiene vivo en la copiosa
producción literaria que nos dejara como legado el gran Maestro, es una cantera inagotable de
valores que señalan, como si fueran el índice orientador de nuestro excelso compatriota, hacia
los supremos ideales encarnados en la Verdad, la Belleza y en el Bien. Estas tres ideas univer-
sales se fundan en él en un consorcio tan indisoluble, que tanto lo verdadero como lo bello
resultan incorporados a la superior categoría de lo bueno»; en «El ideario político de José
Martí. El sentido de su doctrina», Cívica, no. 7, La Habana, 1942, p. 155.
10
En el año 1944 deja listo su trabajo La filosofía y las ciencias filosóficas (inédito), donde aborda
estos temas.

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Lo que evidentemente se observa en García Bárcena es la preemi-
nencia de la condición humana por encima incluso de factores objeti-
vos, que logra describir a partir de la experiencia de otras teorías.
Es lógico el sentido de pertenencia de aquel pensar a la situación
contextual, no podemos violentar los principios básicos que sirven de
fuente nutricia al pensamiento barcenista; el condicionamiento históri-
co, las fuentes teóricas, cómo responde a las corrientes ideológicas en
boga, las propias contradicciones epocales y la integración de ese pen-
samiento son, en esencia, algunas de las perspectivas necesarias para
juzgarle con justicia. Y es que en sentido general el pensamiento histó-
rico cubano se ha comprometido con su época, en función de no pocos
intereses radicales y fecundos.
Con la misma intención, García Bárcena propone en sus estudios

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
sobre la filosofía, que como hemos visto, se encuentra cundida de un
fuerte sentimiento cristiano, un análisis del comportamiento humano
a partir de las características que se describen en la sociedad, con
elementos como el psicológico como prioridad y guía de su accionar
en comunidad, en relación estrecha con otros no menos interesantes
como el biológico. Todos en armonía y organizados jerárquicamente
desde el punto de vista axiológico, según sus interpretaciones, permi-
tirían en cada individuo una evaluación de su calidad humana. En
esta dimensión, describe la presencia en los hombres de valores reli-
giosos (cultivo de la fe), éticos, estéticos y lógicos. Sobresale en sus
estudios la permanente aclaración de que estos no constituyen con-
clusiones absolutas y que siempre serán proclives a rectificaciones y
discusiones. Tal elevación la logra enunciar en su Esquema de un correlato
antropológico en la jerarquía de los valores, considerada como una de sus
obras medulares, en la que mezcla objetivamente contenidos corres-
pondientes a las esferas del conocimiento ontológico, axiológico y an-
tropológico, indicando un estudio que revela los nexos entre la
estructura psicofísica del hombre y sus valores humanos.11 «Muchas y
muy variadas excelencias he encontrado en este estudio. Su rigurosa
terminología técnica [...], la claridad, la precisión de diversos puntos,

11
R. García Bárcena: Esquema de un correlato antropológico en la jerarquía de los valores (folleto),
Imprenta Virtudes, La Habana, 1943.

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no faltan», escribía Elías Entralgo12 a García Bárcena en el mismo año
de su publicación.13
Recorre también su obra un interés marcado por lograr un equilibrio
entre los diferentes componentes de la realidad, la naturaleza y el pen-
samiento. Tesis creacionistas que se encuentran en equilibrio con la ra-
zón y la propia evolución de los componentes biológicos y psíquicos, en
su diversidad, y que además van a irse integrando a las formas de pensar
la política revolucionaria.
Aunque resulta objeto de otro de nuestros trabajos la profundización
del tema que proponemos apenas en este, sí nos parece oportuno apun-
tar que en el camino del cristianismo, en García Bárcena existe un nexo
–en opinión de entendidos– que sugiere puntos de coincidencia con la
doctrina futura de la teología de la liberación, nacida en América Latina
en la década de los años 60, al plantearse que la acción liberadora de
Dios se logra a través de la mediación del hombre. No podríamos agotar
en tan reducidas páginas un estudio que requiere tan profundo razona-
miento.
Como diría Luz y Caballero del verdadero filósofo, su existencia le
hará llevar la filosofía en el corazón más que en los labios, y con la brújula de
una profunda religiosidad sembrada en la fe.
Precisamente será esta la lógica más alta a través de la cual se define
su pensamiento: el imperativo de la religiosidad. En la fe estará pues la
sustancia más importante en la creación del espíritu y el valor más con-
creto de las acciones humanas. En esta dimensión reconoció siempre en
la fe «nuestra primera necesidad nacional».14
Aquella integración orgánica por la que transita su pensamiento, re-
corre en primera instancia la vinculación primigenia de la filosofía con
la política, los elementos estéticos, los métodos del conocimiento o la
epistemología, los valores culturales, la axiología y el criterio jurídico
que asume el factor de la justicia a escala social.
12
Elías Entralgo (1903-1966), destacado filósofo cubano de la segunda mitad del siglo XX,
ubicado dentro de la línea del escepticismo crítico. Profesor de Sociología de la Universidad
de La Habana y miembro de varias instituciones culturales nacionales y foráneas. Escribió El
ideario de Varona en la filosofía social (1937) y La paradoja de Luz y Caballero (1945).
13
La cita de referencia fue tomada de una carta que escribe Elías Entralgo a García Bárcena el
10 de septiembre de 1943, en la que comenta el ensayo aludido.
14
R. García Bárcena: Discurso pronunciado en conmemoración de la muerte de Ramiro Valdés Daussá,
17 de agosto de 1941, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana (manuscrito bajo
custodia familiar).

176

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III

Aquella época propuso sin lugar a dudas espacios de interés para la


recreación de contenidos y ciencias dentro de las cuales podrían emer-
ger aristas del saber filosófico, que en buena medida podría coronarse
como auténtico.
En el anhelo de lograr una producción nacional propia y a la vez
promover el acercamiento cultural del cubano al mundo de la filosofía
como reflejo mismo de su realidad, un grupo de intelectuales, entre los
que se destacan Humberto Piñera Llera y Rafael García Bárcena,15 to-
man la vanguardia en el afán de situar un medio que respondiera a di-
chas esperanzas. En este sentir, nace la Revista Cubana de Filosofía, que
él mismo dirigirá; espacio vital previo a la creación del Instituto Cubano

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
de Filosofía, donde García Bárcena recreará su perspectiva de pensa-
miento. Marcaban ambos acontecimientos hitos en el desarrollo y ex-
pansión de la cultura filosófica nacional.
A la luz y por medio de esta publicación, saldrán varios de sus traba-
jos, el primero de los cuales se inserta en el primer número, con el título
«Coyuntura histórica para una filosofía latinoamericana»,16 donde eva-
lúa el ritmo de la producción filosófica en la región y sus derivaciones
en los campos de la cultura en general, la política, la moral y la religión,
asumiéndolos como integrantes exactamente de una filosofía propia,
bajo influjo de la cultura occidental.
En la misma dirección, las palabras del editorial publicado en el se-
gundo número entrañarían las esperanzas de García Bárcena en la crea-
ción de una producción filosófica autóctona y firme en nuestra raíz. En
esta edición, salida a la luz en la fecha abril-mayo de 1947, es publicado
su ensayo Estructura de la estructura (esquema para una Filosofía de la Estruc-
tura), donde aborda y recrea los antecedentes del estructuralismo.
En lo adelante, serán conocidas en Cuba obras como la serie que
inicia en la década del 40 y que la revista reproduce: Estampa espiritual

15
En el grupo promotor de la idea de fundar un instrumento de debate filosófico también se
encuentran Máximo Castro Turbiano, Jorge Mañach, Gustavo Torroella, Roberto Agramonte,
Inés Segura de Bustamante, Mercedes García Tudurí y Medardo Vitier, todos ilustres pensado-
res cubanos de la época.
16
En Revista Cubana de Filosofía, La Habana, 1946; 1: bimestre junio-julio.

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de Federico Nietzsche,1844-1944 (Exégesis de centenario) (1944),17 ¿A dónde
va el universo físico? (1948), ¿A dónde va el mundo orgánico? (enero-junio de
1949), para concluir con un ensayo más completo: Estructura del mundo
biofísico, conocido también con el título de ¿A dónde va el mundo biofísico?,
merecedor del Premio Nacional de Filosofía otorgado por la Dirección
de Cultura del Ministerio de Educación, el 15 de septiembre de 1950,
que sin duda significó un sincero reconocimiento a la obra y el esfuerzo
permanente de García Bárcena en el terreno de la filosofía.
«Siempre he tenido un gran interés en la filosofía de los valores y la
filosofía de la estructura. Creo que ello ha contribuido, en gran parte, a
proporcionarnos la perspectiva que ha hecho posible lo que podríamos
llamar un redescubrimiento de Dios».18
Sus palabras, causa fiel de su producción filosófica, determinan la
culminación, con la salida de Redescubrimiento de Dios, una filosofía de la
religión, de un período de máxima maduración de sus ideas, inaugurado
con la serie de trabajos que antes apenas mencionamos, en los que se
cultivan las dos formas de expresión principales de su pensamiento.
Tras 10 años aferrado a su pluma, su obra cumbre es publicada en La
Habana, en el año 1956. Sus borradores le habrían acompañado hacia
entonces por la dura cárcel y el exilio, para al fin llegar a la desemboca-
dura de un sueño. Aquel título escogido adelantaba «el hecho de un
nuevo tipo de fe y de una nueva especie de experiencia dentro de la vida
del hombre».19 Sin dudas, representa un volver a la cultura cristiana en
el pensamiento cubano de un siglo atrás.
En esta dimensión, García Bárcena no representa una idea de retro-
ceso. No es normal una vuelta tan significativa a una época ya superada
históricamente, pero que va a conformar el caudal esencial de su pensa-
miento. Aquellas ideas del siglo XIX cubano van a nutrir las raíces del
pensar barcenista. No cabe ninguna duda de la similitud que deja ver su
propuesta con las partes del sistema filosófico que antes tuvo en la inte-
gración de la filosofía con la política, la promoción de la lógica por

17
Filósofo, poeta y filólogo alemán, con destacados pronunciamientos en el campo filosófico de
los siglos XIX y XX, cuya obra se basa en el sistema moral y la ética humana, y que fuera
estudiado con detenimiento y admiración por Rafael García Bárcena, en ocasión de este libro.
18
Rafael García Bárcena a Ángel del Cerro: «El ateísmo, una actitud contra la vida». Entrevista
realizada en colaboración para Prensa Libre (23 de enero de 1957, pp. 1-11), reproducida en
Vida Universitaria, Sección de Libros, marzo-abril, 1957, pp. 4, 27.
19
R. García Bárcena: Redescubrimiento de Dios, Editorial Lex, La Habana, 1956, p. 1.

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medio del conocimiento, la ontología y los valores éticos, la causa de
toda generación del pensamiento.
García Bárcena no representa una filosofía de élites ni de academia
de forma exclusiva, sino de constante reflexión, no obstante los mo-
mentos de retroceso que la República enfrentó: quizás su primer peca-
do a lo largo de todo el siglo XX se encuentra en lo reducido de sus
espacios; y por otra parte que en sí misma no alcanzó a constituirse
como el elemento más importante del pensamiento teórico. Lo que sal-
va en esta dirección a García Bárcena es precisamente la relación estre-
cha de su obra con el tema político, elemento que sí alcanza la cúspide
de este pensar.
Será en su Redescubrimiento de Dios… donde se va a producir, en lo
filosófico, la conquista más alta en la que lo humano va a convertirse en
el centro de las ideas que animan la obra. El cultivo de la fe, ante la

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
vista del lector, denota una sintonía profunda con el pensamiento cuba-
no del siglo anterior, de la misma manera que ocurre, consustancialmente,
con el resto de la reflexión filosófica en América Latina.
Es en este camino donde se produce la dicotomía con el pasado, que
plantea –en esencia a partir de Varela– la separación de la fe de la cien-
cia, vías que García Bárcena asume sin paralelismos.
Y era una fe depurada aquella que encuentra la razón. Un análisis
ubicado en el interior del desarrollo de las ciencias y la religión en el
hombre, una tendencia natural de su existencia, un ejercicio de la fe
como parte de vivir.

IV

Amén de toda discusión generada alrededor de su obra filosófica, García


Bárcena, no caben dudas, logra en el contexto histórico en que se desen-
vuelve plena autonomía al asumir su desempeño, en la incorporación
además exitosa de los elementos componentes de la cubanía y la libera-
ción de la nación. Algo análogo sucede en su producción en el campo
de la poesía, que asume como sendero para llevar un mensaje no des-
provisto de las ideas que antes valoramos, y mucho menos, de los influ-
jos políticos de la época. Solo observada de esta manera, su obra en
general se podrá juzgar como coherente, además de revolucionaria. Ya
con anterioridad enunciábamos el carácter de sus valoraciones a través
179

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de categorías que a todas luces irán siempre unidas al intento de descri-
bir al hombre como individuo en sociedad, su actividad, sus valores, su
universalidad. Aquí se encuentran las tesis palpitando tras cada poema, la
huella del cristiano, del filósofo, del patriota y revolucionario cubano.20
Su poesía logró crearse espacios en talleres literarios, aulas universi-
tarias, fechas conmemorativas, actos oficiales, revistas, periódicos, com-
pendios, y sirvió de homenaje, de recordación, de búsqueda de una
identidad, y en esa misma dimensión, fue agradecida.
Desde muy joven había comenzado a inspirarse y a convertir sus ideas
en versos, y hasta en canciones.21 Su empeño le ocuparía bastante tiem-
po de la adolescencia y muy pronto comenzaría a ser reconocido, en
tránsito a su formación como profesional.
El punto culminante de esta etapa lo tendrá la publicación de su
poemario Proa, en el año 1927, texto de 141 páginas que recoge, hasta
este momento, lo mejor de sus escritos: 56 poemas organizados en cua-
tro capítulos, con prólogo de Agustín Acosta.
La luz de una rica conjugación de contenidos en la significación de
un solo término, encontramos al leer versos como estos:
Amor en el augurio de Isaías,
que predice en el bíblico sendero
el sacro advenimiento del mesías
[…].
Amor patrio… delirio en que se encierra
el sueño más hermoso de la tierra:
por él marcha el guerrero a la victoria,
dejando sus amores tras de sí
amor que abre las puertas de la gloria
a Morelos, Bolívar y Martí.22
De manera que no veremos en su obra poética desligados los conteni-
dos que buscan el nexo necesario con su pensamiento práctico, que tam-
bién guía su filosofía. No hay simple inspiración poética en sus versos,
20
El énfasis es de Emilio Ichikawa Morín: «Filosofía y República», en: <http//
www.eichicawa.com/ensayos/filosofiarepublica.html>.
21
Mi primer beso. Canción criolla, lleva por título la canción que compone Rafael García Bárcena,
que saldría publicada en Mundo Social, La Habana, 1931; XI: 26- 27, mayo.
22
R. García Bárcena: «Himno», Proa: poemario, Taller Tipográfico Pérez, Sierra y Cía., La Habana,
1927.

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recorridos por una vibrante concepción humana. Su americanismo dis-
curre por sus textos y el hombre constituye el centro de cada idea.
No será hasta pasados ocho años que su obra poética vería coronado
el resultado de un arduo trabajo, al ser galardonado su libro Sed, con el
Premio de Poesía del Concurso Literario Nacional, convocado en febre-
ro de 1935 por el director de Cultura de la Secretaría de Educación, y
del cual fungirían como jueces Dulce María Loynaz, Regino Eladio Boti
y Andrés Núñez-Olano; dicho premio es otorgado entonces en calidad
de compartido, con la obra Eros, de Silverio Díaz de la Rionda.
Ya el destacado intelectual Raúl Roa se encargará de advertirlo: «Ra-
fael García Bárcena es, no obstante su juventud, un poeta en plena
madurez. No sólo hay en él un dominio fácil del verso y una lealtad
inquebrantable consigo mismo, sino también, y sobre todo, el acusado
vigor de una personalidad bien definida».23

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
Es en esta, su obra más trascendente de poesía (compilatoria del pe-
ríodo de 1929 a 1936, antes de que saliera publicada en 1937), en que
García Bárcena va a definir cuáles serán los valores estéticos que mati-
cen su pensamiento en versos. En la propia introducción al texto, en el
cual trata de ubicar su poesía entre la fusión de los conceptos del hom-
bre y el mundo, estará advirtiendo un camino entre los propios valores
propuestos en su estudio en filosofía, en la misma escala axiológica que
instrumentará en sus futuros ensayos filosóficos, que parten necesaria-
mente de la realidad objetiva, de la cual se convierte como poeta en
vigilante estudioso. Estará ubicada en este razonamiento su propia sed,
la meta de desenmascarar la individualidad del hombre a través de sus
ambiciones, sus esperanzas y su mundo circundante, al que llama univer-
so, cuando escribe: «universo que sabes a mí mismo, / ¿Dónde no estaré
yo en ti?»24
En lo adelante, su pensamiento revolucionario se vería más com-
prometido en sus versos, a medida que maduran sus ideas. El hombre,
en su ascenso en la vida, alcanzaría mayor estatura en la misma medida
de su aportación patriótica. Así, en el año 1943, la Comisión Pro Monu-
mento a los mártires universitarios, constituida para honrar la memoria
de los mártires de la Colina del período histórico comprendido entre el

23
Raúl Roa: «Opiniones sobre Sed», Índice, La Habana, marzo de 1937.
24
R. García Bárcena: Sed, poesía (1929- 1936), Empresa Editora de Publicaciones, La Habana,
1937.

181

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30 de septiembre de 1930 y el 3 de octubre de 1934, le otorgaba el
premio del concurso literario, por el poema Responso heroico a los mártires
universitarios de la Revolución:
Mártires,hijos de acero
del alma universitaria:
¿qué centella milenaria
caldeó vuestro pecho entero?
¿qué éxtasis hondo y cimero
os embriagó de tal suerte
que con la mirada fuerte,
como una espada escondida,
fuisteis a buscar la vida
en los ojos de la muerte?
[…]
¡La revolución!... fue ella
vuestra novia rutilante
que se ocultara un instante
para resurgir más bella.
[…]
Tal vez a vuestro sitial
llegue un día, con la mañana
la música soberana
de la esfera universal
y en el espacio abismal
cuando la noche se cierna
veáis una mano superna
con estrellas escribir:
Porque supisteis morir,
vuestra vida será eterna.25
De los mismos versos su arraigo patriótico, y su sentencia sin doble-
ces a todo injerencismo, cuando dice:

25
R. García Bárcena: «Responso heroico a los mártires universitarios de la Revolución». Esta
obra será reproducida por el boletín informativo Mis Libros, no. 67, Biblioteca Popular
Mariano Moreno, Buenos Aires, 1947.

182

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y que en su patria el cubano
sea del extranjero hermano
mas nunca su esclavo indigno.26

La fecha del 15 de mayo de 1947 marca el nacimiento del Partido Orto-


doxo. Fundador ahora también de esta nueva esperanza nacional apare-
ce García Bárcena, como antes lo habría sido del Directorio Estudiantil
Universitario (DEU) de 1930, desde las aulas de la Universidad de La
Habana.
Es la tarea de la revolución urgente que se identifica, «el vehículo de
las fuerzas nuevas de Cuba que propugnan la realización integral de la

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
revolución».27
Significa en su concepción el momento culminante de un período
histórico en que la política le vería integrado con fuerza, y por única
vez, alcanzando la oportunidad de ocupar cargos en la dirección nacional.
Primero desde Marianao es electo al cargo de delegado provincial, y
más tarde nombrado como candidato a gobernador de La Habana, estímu-
los que recibe con modestia y esperanzado por promover sus ideas de
convertir a la capital en un organismo vivo que impulsara a la nación
sobre mayores conquistas sociales.
Pero muy pronto el surgimiento de una tendencia negativa dentro de
las filas del partido comenzará a alejar a García Bárcena de su militancia:
el nacimiento del denominado Tercer Frente y sus gestiones pactistas con
agrupaciones de los Partidos Auténtico y Demócrata,28 a la vez que obli-
gó a la reforma de algunos de los artículos de los estatutos fundacionales
del partido, delimitó la actitud que de manera muy rápida y sin trance
asumiría García Bárcena quien, como muchos militantes en todo el país,
decidió rechazar las posturas contrarias a la línea de independencia políti-
ca. En tal sentido, decide abandonar su filiación partidista.29

26
R. García Bárcena: Responso heroico a los mártires universitarios de la Revolución, ob. cit. (en n. 25).
27
R. García Bárcena: Apuntes a la fundación del PPC (O), documento inédito.
28
Así lo demuestran los acuerdos tomados por el Bloque Pactista del Partido, dirigidos a la
Asamblea Nacional, con fecha 13 de marzo de 1948. Ver Archivo Nacional de Cuba: Fondo
Eduardo Chibás: PPC (O)- legajo 8, no. 258, folio 2.
29
En la fecha del 19 de marzo, Rafael García Bárcena dirige una carta al presidente de la Junta
Municipal de Marianao, con el objeto de solicitar la baja del Partido del Pueblo Cubano
(Ortodoxos) (PPC [O]).

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Sus enfoques con respecto a la crisis institucional y política que inunda
la Isla con anterioridad al 10 de marzo de 1952 demuestran un hondo
sentir antimperialista de raíz martiana. Mientras ocurre en el ciudadano
cubano el proceso gradual de interpretación de este sentimiento, la revo-
lución «esa luminosa concreción de las aspiraciones sociales»,30 se abre
paso. No habrá concesión en Rafael García Bárcena entonces: todo régi-
men anterior al 10 de marzo de 1952 también será contrarrevolucionario.
Escribe incansablemente sobre el problema nacional. El balance le
causa indignación. «Cuba ha quedado convertida en una tierra de explo-
tación y de miseria en donde los poderosos esquilman a los que traba-
jan».31 Para García Bárcena la República significa el sueño de los cubanos
hipotecado desde que la Constitución de 1901 inaugurara su rumbo
torcido con la espuria Enmienda Platt. En aquel pensamiento aparece
la combinación de que con la República se fundase la nación, idea que
además constituye la médula de sus más notables esfuerzos, y que a la
postre identificará la raíz del fracaso de los primeros 50 años de la vida
cubana del siglo XX. Su proyecto demarca efectivamente la idea de
refundar a Cuba como nación, con todos sus elementos integrantes, a
partir de las potencialidades éticas, morales y patrióticas en pos de
una voluntad colectiva de construir una sociedad superior, lo que de-
nota a todas luces la concepción de la revolución como un proceso
cultural, y no simplemente como un mero hecho.
En coherencia con el anterior pensamiento, García Bárcena había se-
ñalado otras aristas del problema cubano, con el hombre como centro:
El problema a que hace frente el cubano de la época no es un
problema de estrellitas solitarias, sino un problema de hondas
implicaciones sociales, un problema de verdadera libertad política,
de verdadera independencia económica, de verdadera justicia so-
cial, ¡un problema de dignidad y de hambre! El problema de Cuba
es,fundamentalmente,un problema de hombres y un problema de educación y
de cultura.32

30
R. García Bárcena: «La revolución y los gobiernos revolucionarios», Kayuko, La Habana, 23 de
febrero de 1934, p. 1.
31
R. García Bárcena: «El principio del fin», Kayuko, 23 de marzo de 1934, p. 1.
32
R. García Bárcena: «Concentración y contrarrevolución», Kayuko, Sección Kayukazos, 2 de
marzo de 1934, p. 1. El subrayado pertenece a un fragmento de Discurso pronunciado en la
Universidad de La Habana en la velada del 30 de septiembre para conmemorar la muerte del estudiante
Rafael Trejo, Imprenta de la Universidad de La Habana, La Habana, 1945.

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Y de aquella frustración el ánimo de redimirse, la voluntad de ser
convocados otra vez por la palabra de Martí, a quien consideró «refe-
rente obligado». De ahí la necesidad de la revolución nacional, que está
orientada «en sus líneas fundamentales, a rescatar nuestra nacionalidad
de las garras del imperialismo norteamericano, con su secuela inevitable de
injerencismo político y de esclavización económica: reivindicar en sus
derechos inalienables a la vida y a la cultura de las clases trabajadoras,
renovar la política criolla para que pueda dar frutos sanos de responsa-
bilidad ciudadana y de decoro colectivo».33
Estaba claro que el hondo problema de la autoidentificación del ciu-
dadano –y no de su reconocimiento legal– venía estrechamente vincu-
lado al tema de la cultura y la educación, que encuentran en la política
nacional su matriz.
Su antimperialismo fue abierto, sincero, la verdadera independencia

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
sería conquistada para Cuba en la medida en que la revolución fuera
capaz de sustraerse de «toda enajenación o tutelaje por parte del extran-
jero».34 En su trabajo ¿Qué necesita Cuba para ser una gran Nación?, aborda
la penetración nefasta del imperialismo en los pueblos latinoamerica-
nos. En el caso cubano, la llega a calificar como «una crónica enferme-
dad», curable únicamente en la total movilización de los recursos
nacionales.35
Esa revolución volvería a ser necesaria en la medida en que estuviera
presente el pensamiento del Apóstol y el caudal de su sabiduría ética.
De Martí, entonces, García Bárcena refiere: «Su pensamiento, valioso
para todos los instantes de la vida nacional, adquiere una significación
particular en los momentos actuales».36
Su convocatoria se escuchó clara:
[…] Frente al derrumbe moral de los que en vez de hacer historia,
consagraron sus energías a hacer fortuna, se alza erguida la fe de
una juventud que no ha desertado de la probidad pública, que no

33
R. García Bárcena: «La Revolución y los gobiernos revolucionarios», Kayuko, Sección
Kayukazos, 23 de febrero de 1934, p. 1.
34
R. García Bárcena: Discurso pronunciado en la Universidad de La Habana en la velada del 30 de
septiembre para conmemorar la muerte del estudiante Rafael Trejo, ob. cit. (en n. 32).
35
Ya en su lección de Sociedad Política sobre «La intervención americana en Cuba y el Tratado
de París», abordaba estos temas, durante su magisterio en el Instituto No. 1 de La Habana.
36
R. García Bárcena: «El ideario político de José Martí. El sentido de su doctrina», Cívica, ob. cit.
(en n. 9), p. 155.

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ha vuelto las espaldas al amor a su patria. Cuba llama otra vez, con
clarín de combate, a aquellos que no están manchados por el cie-
no, por el oro o por la sangre, a la guerra santa por la redención
nacional.37

VI

Inaugurando una nueva época revolucionaria, irrumpen en la historia


de Cuba el 10 de Marzo y Batista. Tras el derrumbe del Estado de De-
recho sustentado en las conquistas jurídicas pactadas en la Constitu-
ción de 1940, la sociedad civil cubana se moviliza en torno al sostén de
la esperanza de un retorno a la legalidad, no obstante la pálida respuesta
de los partidos políticos, incluido el Ortodoxo, virtual triunfador en las
elecciones saboteadas.
García Bárcena se presenta en la mañana del propio 10 de Marzo en
la Colina universitaria a repudiar la acción golpista, mientras eleva su
renuncia como profesor de la Escuela Superior de Guerra, en claro men-
saje de protesta. Se integra de inmediato a la parte del claustro universi-
tario que condena el golpe decididamente; mientras la Dirección Nacional
de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) lo propone como candi-
dato a la presidencia de la República por un período provisional de
18 meses, lo cual es muestra significativa de la alta moral que le acom-
paña y que constituye además el mérito ganado por la generación de
profesores revolucionarios provenientes del 30.
Al fundar bajo su liderazgo el 20 de mayo el Movimiento Nacional
Revolucionario (MNR), acompañado por una treintena de jóvenes es-
tudiantes y obreros en una de las aulas de la Universidad de La Habana,
conserva esperanzas en la nueva era del insurreccionalismo cubano, que
ahora tenía como adversario al régimen golpista de Fulgencio Batista.
Se convertía este en un instrumento a su parecer necesario de relevo del
pensamiento revolucionario cubano precedente y, al mismo tiempo, con-
tinuidad de su proceso. Nacía el primer proyecto insurreccional que a
escala nacional se concebía contra Batista.

37
R. García Bárcena: Discurso pronunciado en conmemoración de la muerte de Ramiro Valdés Daussá,
Aula Magna de la Universidad de La Habana, 15 de agosto de 1949 (archivo del autor bajo
custodia familiar).

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El régimen del 10 de marzo no pudo, por medio de un decreto,
convertir en fiesta lo que estaba destinado a ser, si no un día de
duelo, al menos un día de trabajo responsable por la emancipación
nacional.
No podemos considerarlo día de duelo, porque ese día, citados en
el recinto universitario, la escalinata se cubrió de gloria, y se plan-
teó formalmente un nuevo movimiento de la Revolución Nacio-
nal. Ese nuevo Movimiento Nacional Revolucionario, nacido en el
seno del Alma Mater, pero gestado en la entraña de nuestra nacio-
nalidad, tiene como fuerza motriz una nueva generación revolu-
cionaria [...].
Cada generación y cada momento histórico reclaman un instru-
mento político distinto; y el más adecuado instrumento en esta

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
fase de la Revolución Nacional que va desde el diez de marzo has-
ta la toma de posesión del gobierno que resulte electo bajo los
auspicios de la Constitución de 1940, sólo puede constituirlo el
Movimiento Nacional Revolucionario [...].
Pero la Revolución Cubana, en puridad a la verdad, no es más que
un proceso vital indivisible que ha presentado diversos brotes y
que aún en nuestros días no ha alcanzado totalmente su consuma-
ción. Cada uno de esos brotes ha constituido un nuevo movimien-
to nacional revolucionario, un nuevo período de lucha por la
realización, en mayor o menor grado, de la nacionalidad, de la de-
mocracia y la justicia social.
[...] Nada podrá detener la Revolución, porque ella obedece a cau-
sas que actúan desde el fondo mismo de la historia. Esas causas
estaban presentes desde antes, pero la generación del treinta, des-
pués de 1935, no pudo continuar la lucha con la misma combativi-
dad e intransigencia.
[...] la del año 30 y la del Cincuentenario, han tenido que enfrentar-
se a un mismo enemigo: Batista y las fuerzas antinacionales,
antidemocráticas y antisociales que él representa. La historia se ha
repetido en el proceso. También se repetirá en los resultados: la
victoria la consumará la última generación.38
38
R. García Bárcena: «Una nueva generación y un nuevo Movimiento Nacional Revoluciona-
rio», Bohemia, La Habana, 25 de mayo de 1952, pp. 56-93, 96.

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Lógicamente, se anuncia la apertura de un nuevo ciclo histórico –el
quinto del proceso revolucionario, en opinión de García Bárcena–, el naci-
miento de una nueva conciencia estimulada por la agresión golpista.
En su tesis sociológico-generacional en función del ideal de emanci-
pación y de refundación de la República, refiriéndose a la juventud,
atina a expresar que:
de las fuerzas cósmicas que se pueden considerar representantes
en la vida humana, la juventud es el índice del movimiento frente el
reposo que tiene el pasado inerte; cifra de transformación frente a la
conservación que está encarnada en los viejos. Frente a los que
querrían eternizar el régimen caduco porque lo usufructúan con-
cienzudamente, frente a los que tratan de apuntalar lo que se está
viniendo abajo, la juventud se fabrica una conciencia incontaminada,
y llega un instante en que esa conciencia, por el propio esfuerzo de
los jóvenes, cobra una validez objetiva. Después de echados los
cimientos para una nueva realidad, la juventud defiende su obra
sólo con el ansia de mejorarla.
En la misma idea de confiar en la juventud como fuerza motora de este
proyecto revolucionario, señala que «en el fondo de todos los antagonis-
mos, de todas las luchas libradas en el seno de la sociedad, late siempre
ese ideal de la juventud que aspira a un mundo mejor». Y redefiniéndola
en su ánimo redentor históricamente demostrado, terminante, expresa:
A las armas todos los jóvenes de Cuba; a las armas otra vez los que
ya hemos dado el pecho a los machetes insultantes y a los revólveres
homicidas; a las armas, para demostrar a este régimen sangriento
que no nos hará retroceder porque no tenemos miedo; que nadie
volverá la espalda aunque caigamos uno a uno con el pecho conste-
lado de balazos. ¡A las armas todos los jóvenes de la República, que
es fecunda nuestra sangre, y cada víctima que hace el dictador es
más temible que un ejército, porque inflama las iras populares! ¡A las
armas todos los jóvenes de Cuba, que si nos quitan de las filas en
que combatimos, engrosaremos la de los muertos, que son los que
mandan, con Julio Antonio Mella y Rafael Trejo a la cabeza!39
39
En todos los casos, acerca de la valoración del papel de los jóvenes en la Revolución, han sido
citadas conferencias ofrecidas en el Instituto No. 1 de La Habana, entre ellas «La juventud y
su misión social», así como otros escritos; en: René Llinas: «La estilla en la carne», Bohemia, La
Habana, 25 de junio de 1961, pp. 46-47, 89, 95.

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A partir de la propuesta barcenista, la única lucha planteada al MNR
no era contra Batista, sino también contra todo aquello que aqueja la
historia del cubano en fecha anterior al 10 de Marzo:
Si las cosas vuelven al nivel en que estaban situadas el pasado
nueve de marzo, ciertamente se habrá dado un paso de avance en
cuanto a la realidad presente, pero volveremos a la República Me-
diatizada que hemos tenido siempre [...]. Si a algo debemos aspirar
en este 1952, año del Cincuentenario de la República, es que en
1953, año del Centenario de José Martí, nuestra República esté
avanzando sobre rieles más firmes [...]. Cuando Batista y su vieja
guardia abandonen el poder, debemos poder decir que la noche
quedó atrás, pero no sólo porque nos hayamos librado del 10 de
marzo, sino también porque habremos rebasado el 9 de marzo.40

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
Esto es superar «definitivamente al régimen blando, incapaz y co-
rrompido que cayó el día 9, y al régimen tiránico, pero igualmente inca-
paz y corrompido, que madrugó el día 10».41 Se trataba de la fundación
de dos raíces que confluyen en el interés ideológico del Movimiento:
«una, el propósito de rescatar la libertad del pueblo; la otra, la decisión
de transformar sustancialmente a Cuba».42
El contenido de esa visión está arraigado con mucha fuerza en la
razón de ser del Movimiento que funda: esa ideología presente en un
contexto histórico en que la nación ve perder el rumbo de planteamientos
claros y precisos acerca del grave problema nacional instaurado con el
10 de Marzo. Es en este momento en que la sociología humana –en
opinión de García Bárcena– «debía asumir la responsabilidad filosófica
de colocar en el centro de la ciencia social del hombre de carne y hueso,
con todos los valores absolutos y relativos que se adhieren a la persona
humana»43 y en tal sentido actuar en virtud de reivindicar sus propias
esperanzas perdidas y su propia dignidad.

40
R. García Bárcena: «La fórmula nacional de la FEU», Bohemia, La Habana, no. 25, 22 de junio
de 1952, p. 60.
41
En documento a mimeógrafo A dos años de la fundación del Movimiento Nacional Revolucionario
(original), Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, La Habana, p. 1.
42
Ibíd., p. 2.
43
Tomado de escritos y borradores sobre cuestiones filosóficas y sociológicas de Rafael García
Bárcena.

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A partir de la doctrina filosófica con la que cuenta su máximo líder, el
MNR como línea de pensamiento44 se propone un reordenamiento es-
tructural y funcional de manera radical en la nación, apartado de toda
práctica politiquera falta de compromiso verdadero con la obra de la «Re-
volución Nacional»,45 y en esta dimensión se inserta con claridad la es-
peranza de que «el día que se embarque definitivamente en el carro de
la violencia, puede considerarse que ha dado la orden para el inicio de la
guerra civil. La fórmula de la violencia es, por tanto, la fórmula idónea
para apurar y precipitar la crisis inexorable del régimen del 10 de
marzo».46
El derecho a la revolución que invoca el MNR en su fundación, como
actor político e histórico, es fiel intérprete de la doctrina y del pensa-
miento jus-filosófico de la época, que planteaba como condición sine
qua non para la supervivencia de un Estado de Derecho la presencia de
una Constitución. Eran necesarios además otros elementos, como la
vigencia plena de la soberanía popular, la facultad exclusiva emanada de
esta en relación con el poder suficiente constituyente y la capacidad para
modificar o reformar el sistema de Derecho por las vías establecidas.
En esta órbita, «el MNR existe por la nación y para la nación»47 y su
concepto revolucionario radica en la definición de que estar «por la crea-
ción de una nueva República, es ser revolucionario» pero no bastaría
para integrar el concepto el elemento anterior; para la doctrina del MNR,

44
Tomado desde este punto de vista, en la acción pública, el Movimiento Nacional Revolucio-
nario estaría integrado en el marco de lo lícito, legitimidad que se ofrecía desde las propias
leyes que ahora eran vejadas por el tirano Batista en lógico detrimento del Estado de Derecho,
inexistente de facto.
45
En tanto concepto, el término «Revolución Nacional» es abordado «[...] para llevar a término
la labor que iniciaron en los albores del pasado siglo los conspiradores independentistas
cubanos, continuaron los patriotas de 1868, mantuvieron los libertadores del 95 y trataron de
completar los revolucionarios del año 30; realizar la definitiva integración de nuestra naciona-
lidad; desarrollar todas las posibilidades económicas del país y colocar a Cuba en el puesto
destacado que corresponde por su ubicación geográfica y la superior cultura de sus hijos. El
planteamiento y desarrollo de esta obra constituyen la Revolución Nacional»; tomado de
Vanguardia, órgano de prensa oficial del MNR, no. 1, diciembre de 1953. Se aclara que los
artículos publicados en este medio de prensa no presentan autoría individual, sino que propo-
nen el criterio del grupo radical que ostenta la dirección independiente del Movimiento, tras
el encarcelamiento de su principal jefe, en abril de 1953.
46
R. García Bárcena: «La fórmula nacional de la FEU», Bohemia, La Habana, 22 de junio de
1952, p. 59.
47
Las citas comentadas en este epígrafe pertenecen a: A dos años de la fundación del Movimiento
Nacional Revolucionario, ob. cit. (en n. 41).

190

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que en su momento someteremos a crítica, el verdadero revolucionario
«tiene que aspirar sinceramente a derribar el orden de cosas existente
actualmente en nuestra patria, pero tiene que estar idénticamente deci-
dido y preparado para levantar un orden superior».
No habrá muestras más claras en las que se interprete el sentir que
regresa una vez más al siglo anterior: el concepto de República asume
los elementos fundacionales de la nación, lo cual trasciende su defini-
ción como mera forma de gobierno. No habría otro camino,
Cuba sufre bajo una tiranía, y ningún cubano puede permanecer
indiferente a este presente trágico. Cuba tiene que integrarse defi-
nitivamente en gran nación, porque en sus hijos, en su historia y en
su geografía, tiene todos los factores necesarios [...]. Cuba espera
que se culmine la obra comenzada en el siglo anterior, el proceso

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
inconcluso de la Revolución Nacional [...]. En pie, en el centena-
rio de Martí y de Varela. ¡En pie, que la historia aguarda por no-
sotros!48
Estas palabras anunciaban la marcha de la Revolución Cubana, de la
cual el MNR se convierte en instrumento. Y es que nunca dejará García
Bárcena de pensar en el pasado, presente y futuro de la patria.

VII

Para la consecución de los objetivos de la Revolución Nacional, el paso


previo y obligatorio lo constituiría el derrocamiento de Batista, de ahí la
vía insurreccional proyectada. Dos direcciones en lo esencial caracteri-
zan tal programa: «una, el propósito de rescatar la libertad del pueblo; la
otra, la decisión de transformar sustancialmente a Cuba».49
García Bárcena siempre insistía en el tema de las libertades. Decía
él que aun cuando una revolución fuera inicialmente defectuosa en
lo que se refiere a la justicia social o nacionalismo, lo único en lo
que no se podía fallar era en la democracia; pues teniendo garanti-
zadas las libertades democráticas, siempre le sería posible a un
48
Tomado de escrito editorial «Diana Mambisa» publicado en la portada del primer número de
Vanguardia, en diciembre de 1953.
49
Tomado de A dos años de la fundación del Movimiento Nacional Revolucionario,ob. cit. (en n. 41),
p. 2.

191

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pueblo erigir después los otros dos pilares de la justicia social y el
nacionalismo y hacerse plenamente libre.50
Claramente identificados quedan entonces los propósitos más ambi-
ciosos del MNR:
1. Culminar el proceso histórico de la Revolución Nacional.
2. Elevar a los puestos de mando del Estado un equipo honrado y
apto.
3. Impulsar a la nación hacia el cumplimiento de un destino histó-
rico.
4. Realizar un reordenamiento jurídico, político, económico y so-
cial de Cuba.
5. Eliminar los obstáculos que se oponen en nuestra patria para el
logro de una justicia social humana, en una democracia integral
y, en suma, de una gran nación.51
Su pensamiento doctrinal se concreta sobre la base de un trípode
ideológico definido en: «Nacionalismo, Democracia, Socialismo», con-
secuencia de la egregia aspiración de que Cuba viviera la creación de
una nueva República que superara el deficiente orden económico, polí-
tico y social existente, creadora de nuevas formas de vida sobre la base
de esas ruinas que combate, con la definitiva consolidación de su inte-
gración nacional. De la práctica internacional, los influjos llegaban des-
de los sistemas políticos escandinavos.
El primer elemento deriva del lema fundamental de la campaña del
Movimiento Nacional Revolucionario: «El MNR hará de Cuba una gran
nación», que ya hemos visto con anterioridad, y se interpreta a partir de
las raíces históricas del proceso de liberación cubano.
El elemento nacionalista en el pensamiento de García Bárcena, en
tanto pilar sano integrado al MNR, se expresa pues en
la amistad genuina con los gobiernos democráticos y pueblos del
mundo, entre ellos Estados Unidos, pero martianamente prestan-
do celosa atención a nuestra soberanía, como rezara en su pensamiento
hecho poesía en el año 1943,a decir en su Responso Heroico a los mártires

50
Correspondencia de Rafael García Bárcena (hijo) a redacción de la revista Cuba Nuestra,
Estocolmo, 2004; 50: febrero (el énfasis es nuestro).
51
Tomado de: A dos años de la fundación del Movimiento Nacional Revolucionario, ob. cit. (en n. 41),
p. 5.

192

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del 30: [...] con la justicia por signo,/ [...] y que en su patria el cuba-
no/ sea del extranjero hermano,/ mas nunca su esclavo indigno.52
Puede verse cuán arraigado se encuentra en el MNR el sentimiento
nacionalista que le da nombre y razón de ser, en la defensa más encarni-
zada por la salvaguarda del espíritu patriótico, por encima de cualquier
otro, apartado de toda injerencia y explotación extranjera, cimiento ade-
más de un arraigado antimperialismo en el pensamiento de Rafael García
Bárcena, que cobra vitalidad suprema por sus influjos directos sobre
cada momento de vida e inspiración de los hombres del MNR. Encuén-
trese en estas palabras el sentido más elocuente: «El derecho al himno y
a la bandera tienen que vitalizarse con el mantenimiento y defensa de
una cultura nacional y de una autosuficiencia económica».53
La democracia integral, como concepto compuesto, es considerada como

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
el segundo elemento del trípode ideológico sobre el cual se levanta el
pensamiento del MNR. Democracia capaz de alcanzar su identificación
a partir de la independencia de la tutela externa y la instrumentación
efectiva de la participación ciudadana.
Es en esta identificación que se inserta el adjetivo integral como ele-
mento además diferenciador que se define en la que
se extiende a todos los órdenes de la convivencia: la democracia
política, misión y ejercicio de los ciudadanos, por la cual todos
participen activamente en la elección y en la obra del gobierno; la
democracia social, donde exista una igualdad civil, no teórica sino
práctica; y la democracia económica, en la cual una equitativa dis-
tribución, al servicio del bien común, de la propiedad, el trabajo y
las cargas impositivas, debe proporcionar a todos los ciudadanos la
base material necesaria para que sean reales su libertad política y
su igualdad civil. El MNR cree que así como una nación, para ser
verdaderamente libre dentro de la comunidad internacional, tiene
que ser económicamente dueña de su destino, así cada hombre
tiene que ser económicamente dueño de su destino para poder pro-
clamarse realmente libre.

52
Correspondencia de Rafael García Bárcena (hijo) a redacción de la revista Cuba Nuestra, ob.
cit. (en n. 50); el énfasis es nuestro.
53
Ídem.

193

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Más adelante la democracia queda definida para el MNR como «el
régimen de igualdad de oportunidades para todos»54 con un convencido
rechazo al racismo y al clasismo.
Con tal responsabilidad también es definida la conducta hacia la po-
lítica internacional, bajo elementales conceptos éticos y de respeto al
derecho.
El socialismo humanista en su carácter revolucionario en la transforma-
ción de la estructura de la sociedad, es considerado el tercer y último
elemento del basamento ideológico definido desde el MNR, y a nuestro
entender, el más avanzado en su teoría política revolucionaria al decla-
rarse por vez primera por una organización de este tipo, tras la inspira-
ción de la nueva etapa nacida desde 1940 y alterada por el 10 de marzo
de 1952, la necesidad de superación del sistema capitalista en Cuba,
elemento este que de manera lógica reúne en su interior a los dos ante-
riormente analizados, y que se expresa como una conclusión radical,
por cuanto se plantea como única y necesaria vía de solución de todos
los conflictos que desde su estructura se dan en la sociedad cubana bajo
las banderas del capitalismo.
Es evidente que en la praxis de la superación del sistema capitalista
por la vía revolucionaria como doctrina que auspiciaba el MNR, la fuente
del conocimiento de las ideas materialistas en la concepción de la histo-
ria ofrece una guía irrenunciable, por cuanto científicamente había sido,
y es, la única que plantea un estudio científico de la evolución de la
humanidad, y con ello, del hombre y las sociedades. No obstante, y esto
debido a la radicalización del llamado modelo estalinista en la Unión
Soviética, el MNR rechaza sus deformaciones y por tanto al comunis-
mo como sistema estático, con hincapié en lo económico; contra el libe-
ralismo que promueve la esfera de la vida individual; y a favor de lo
social, a decir de la frase que sintetiza la aspiración económico-social
en la construcción de la nueva sociedad: «todos propietarios, ninguno
proletario», con afirmación de la existencia de la propiedad privada, ya
antes consagrada en la Carta de 1940, pero sin que esta significase solo
la conquista del texto constitucional, sino que fuese llevada a la prácti-
ca con una función social definida en beneficio de todos y no fundada
en el privilegio de los menos, germen de la definición de la propiedad
social donde, en ese ámbito de relaciones,

54
Correspondencia de Rafael García Bárcena (hijo) a redacción de la revista Cuba Nuestra, ob.
cit. (en n. 50); el énfasis es nuestro.

194

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el trabajo honrado constituya la fuente primordial de toda ganan-
cia y toda propiedad; que la explotación del hombre por otros hom-
bres, o por el Estado, cese definitivamente; que los obreros lleguen
a tener participación en el beneficio de las empresas; que cada ha-
bitante del país tenga un mínimun vital que comprenda alimenta-
ción, habitación, vestido, educación, asistencia médica, recreación
y seguro contra la invalidez y ancianidad; que haya, en fin –según
se expresó al hablar sobre la democracia económica– una justa dis-
tribución de la propiedad, el trabajo y las cargas impositivas entre
todos los sectores nacionales.55
Lógicamente en el seno de la sociedad capitalista cubana de los años 50,
estas eran las realidades, y las demandas justas no encontraban espacio,
y mucho menos seguidores dentro de la política corrupta que incluso

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
precede al 10 de marzo de 1952. El hombre –como se define en la
propia adjetivación que sucede al socialismo para el MNR– es quien se
coloca en el centro de los cambios no solo en el marco social, sino en la
restructuración institucional y económica que requiere Cuba para con-
vertirse en nación, como aspiración primigenia.
El carácter absoluto de pensar el hombre incluso dentro de sus pro-
pias aspiraciones, se resume en el pensamiento de un socialismo que «se
opone a que los seres humanos sean considerados solamente como pie-
zas necesarias para el soporte de la producción o del Estado, pues ad-
vierte en cada hombre la dignidad y la libertad inherentes a su condición
de persona humana» de ahí la conclusión de que el «Socialismo Hu-
manista lleva a la exaltación del hombre y a su justo equilibrio con el
Estado»,56 con la claridad en el sentido de afirmar que su pensamiento
filosófico encarna en primer lugar los valores del espíritu, rechazando
las concepciones materialistas y económicas del comunismo, pero diri-
gido a superar revolucionaria y necesariamente el capitalismo, elimi-
nando su forma base de distribución de las cargas sociales, así como su
modo de producción en sentido general, que atentan contra la expan-
sión de las potencialidades del ser humano.
Estas generales reglas doctrinales que rigen el fundamento ideológi-
co del MNR, bajo los influjos indirectos de Rafael García Bárcena, es-
tán marcadamente insertas en un período histórico llamado a reverdecer

55
A dos años de la fundación del Movimiento Nacional Revolucionario, ob. cit. (en n. 41), p. 7.
56
Ídem.

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estas teorías devenidas del humanismo socialista de la Ilustración que
ya desde mitad del siglo XIX y primeros años del XX aparecían en el
pensamiento latinoamericano (influenciados por acontecimientos vio-
lentos, de pobreza social y puntos elevados como la Comuna de París,
en Europa) comprendido en no muy amplios espacios de la intelectuali-
dad (en Cuba Diego Vicente Tejera como máximo exponente, y Martí
como referente anterior obligado en la idea del humanismo), y que ha-
bían tenido destaque en circunstancias históricas que lo requerían; mues-
tra de ello es el caso que nos ocupa, que contradice expresamente el
sentido marxista del desarrollo de los acontecimientos, empero, deja
bien clara una articulación de ideas conducentes irremediablemente al
socialismo.
En este mismo plano, cuestión que ya hemos mencionado antes, Ra-
fael García Bárcena se une a la línea del pensamiento latinoamericano
de su época que duda del éxito de las propuestas del liberalismo (llama-
do a salvar la vigencia capitalista). El arraigado sentimiento emancipa-
torio humanista no solo en lo político, lo conduce por la senda de la
construcción del socialismo como sociedad posible y sustituta del capi-
talismo que hasta este momento había cortado las alas a las aspiracio-
nes de sociedades enteras; pensamiento este también influenciado por
su hondo cristianismo. De ahí que las opciones sobre un cambio que
propiciara una transformación de la sociedad se buscaran en la idea del
socialismo.
Una conclusión sí quedaba clara para esta etapa en las ideas de Ra-
fael García Bárcena, las cuales encontraban ciertos contrastes con las
del resto de los pensadores en esa línea en América Latina, a quienes no
podríamos calificar ni como marxistas ni como socialistas:57 está rela-
cionada con la arraigada defensa del humanismo en consonancia con la
justicia socialista y las razones que le hacen comprender, en el estudio

57
Opinión esta derivada del estudio del filósofo cubano Pablo Guadarrama González, quien
señala que entre las principales ideas en la interpretación deformada del marxismo en estos
pensadores se encuentran algunas que también guardan relación, a nuestro parecer, con las
expuestas, nacidas en la ideología del MNR, entre las cuales menciona: «reducción de todo el
materialismo filosófico a su expresión vulgar presuponiendo que este no tomaba en conside-
ración adecuadamente el papel de los factores espirituales en el desarrollo social; hiperbolización
de su determinismo al atribuirle subestimación del papel de la libertad humana; crítica al
estatismo y al colectivismo que atentaba contra el desarrollo de la individualidad; rechazo de
la concepción de la dictadura del proletariado por contravenirse con los principios de la
democracia [...]».

196

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mismo de su sociedad y su historia, que esta constituiría la única alter-
nativa posible para sus esperanzas sobre Cuba, siempre animadas bajo
las banderas de la legalidad y la aceptación ciudadana.58
En defensa de una de las demandas más urgentes de la República
resulta en lo sumo interesante cómo se trata el tema de la tierra como
un problema fundamental de Cuba a ser resuelto en la única alternativa
revolucionaria, una reforma agraria «que rescate la agricultura del atra-
so colonial en que se halla sumida y levante al campesino de la postra-
ción económica y social en que vive» por medio de la implementación
de medidas urgentes y radicales dirigidas a la redistribución de la tierra
«mediante el desarrollo de una adecuada política agraria dirigida por el
Estado». Esta tendría éxito en la medida en que los campesinos alcan-
zasen a ser «propietarios independientes de su tierra», además del estí-
mulo que debe encauzarse a favor del fomento del cooperativismo

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
agrícola.
En lo adelante, los acontecimientos desencadenados en la fecha del
5 de abril de 1953 llevan a García Bárcena a la cárcel, acompañado de
un grupo de compañeros, donde recibe brutal tortura. Escribirá incan-
sablemente sobre política, filosofía y religión, y alimenta su esperanza
revolucionaria. Mientras, el sueño de la Gran Nación sigue conceptual-
mente animando los esfuerzos del grupo radical de jóvenes que conti-
núa confiando en el MNR, que en lo adelante será más extendido a todo el
país. Al calor de esos esfuerzos, desde diciembre de 1953 ya ha salido a
la luz un pequeño periódico clandestino, Vanguardia, bajo el concepto
de que el MNR es «la vanguardia de la Revolución y teniendo a Rafael
García Bárcena como la figura más gallarda de la hora nacional, presu-
puesto justipreciador de su inteligencia, su moral y su coraje».59
Su lectura evidencia que sus redactores estaban profundamente
impactados por la personalidad del profesor:
Todas las horas históricas tienen sus hombres. Esta hora de Cuba
tiene un hombre entre muchos, un hombre que asumió desde el

58
En esta consecución de ideas que definimos, y a partir de la guía ideológica modernizadora del
cristianismo que propone García Bárcena, unido a los aportes de la dirección radical, el
programa del MNR va a estar orientado en tesis similares a las propuestas por la socialdemo-
cracia, de tipo burguesa, obviamente, no más allá de un carácter reformista, en sentido
general.
59
«Rafael García Bárcena, la figura más gallarda de la hora nacional», Vanguardia, no. 1, diciem-
bre de 1953, p. 4.

197

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instante mismo del 10 de Marzo la actitud más intransigente ante
el «hecho consumado», negándose de plano a toda transacción o
componenda con el régimen antinacional de Fulgencio Batista.
Este hombre, el primero en denunciar públicamente a los cubanos
la rebelión (siete meses antes, en artículo de Bohemia); el primero
en negarse a pactar con las fuerzas corruptas o negativas que perviven
en el seno de la nación, fue el inspirador de la línea de independen-
cia política de la Ortodoxia, y el sostenedor actual de la línea de
independencia revolucionaria del MNR; el primero en actuar con-
tra Batista; el primer secuestrado, perseguido, encarcelado y tortu-
rado; el primero en hablar cuando había que hablar y callar cuando
hubo que callar, es también el primer revolucionario de la nación.
Su pasado nos revela un intelectual de valía: profesor genuino, poeta
inspirado, filósofo excelente, periodista profundo. Nos revela tam-
bién un revolucionario de fuste: luchador juvenil, firmante de la
proclama del 4 de Septiembre, perenne inconforme con la corrup-
ción política, a través de 20 años, desafiador a plena luz del régi-
men de oprobio de Batista. Nos revela, además, un hombre de alta
calidad moral: pobre, digno, honesto a toda prueba, resistente, desde
su hogar ejemplar, a la presión demagógica, los halagos del poder,
la amenaza, el anzuelo dorado, la persecución y la tortura.
[…] su pensamiento político es el más claro en este momento de
enorme confusión ciudadana. Su actitud ha sido y es la más valien-
te en este instante de tantas vacilaciones y simulaciones.60
Aquellos esfuerzos tuvieron como saldo más interesante la suma de
miles de jóvenes a la causa del Movimiento a lo largo de la geografía
nacional, desde Pinar del Río hasta Guantánamo. La figura de García
Bárcena se constituía en ejemplo y causa.
El acumulado de acontecimientos en los años por venir, colocaría al
MNR en coyuntura de crisis. Para esa fecha, ya en libertad, García
Bárcena insistía en la revolución sin odios que desde el MNR se había
convertido en lema, y que al mismo tiempo era sinónimo de ahorrar
sangre a la nación. Su plan insistía en el apoyo castrense. Muy lejos de
esta percepción, ya Fidel ha propuesto otro planteamiento. Su convoca-
toria sería la integración de las masas al proceso revolucionario.
60
«Rafael García Bárcena, la figura más gallarda de la hora nacional», ob. cit. (en n. 59).

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Es junio de 1955 y la reunión celebrada en la calle Factoría conocería
de la liquidación del MNR. Al nacer el Movimiento 26 de Julio, Fidel
sumaba a su causa los más valiosos cuadros, y con ellos las estructuras
creadas en todo el país por el MNR. Obedecía a ello, entre otras razo-
nes, su rápida generalización. De esta forma, pudiera calificarse como
clave aquel masivo alistamiento.
Con aquel nacimiento, al mismo tiempo, se crea un dilema en el
concepto de dirección. La vieja escuela del MNR provoca esta tem-
prana ruptura precisamente entre sus más valiosos militantes suma-
dos ahora a Fidel. Lo interesante también es que, en lo adelante, ambos
grupos ya no podrán separarse. Ha desaparecido el MNR. Sus represen-
taciones mentales, sin embargo, seguirán vigentes.
Luego de un exilio forzado que lo mantiene alejado de la patria du-
rante los últimos años de la guerra de liberación nacional, García Bárcena

LUIS ALBERTO PÉREZ LLODY / Rafael García Bárcena: La condición humana en el proyecto de la Gran Nación
regresa con el triunfo de Enero de 1959, incorporándose de inmediato a
las tareas encomendadas por Fidel. La revolución sin odios que tanto
predicó le hizo decir que todos los que daño hicieron quedaban perdo-
nados, mientras apunta con su mano segura por un porvenir luminoso,
al fin, para la Gran Nación. Lo anterior denotaba un mensaje ético cla-
ro, sin dudas, coherente con su forma de pensar y actuar.
Filósofo que abandona la academia para ir tras la idea de la revolu-
ción, cuya cosmovisión de lo humano lo coloca en el camino de lo ético.
No perteneció a élites, ni se comprometió con ellas. Se suma a las ansias
de preñar a la patria de saberes, y asiste a los resultados arrojados de
una filosofía nacional que en su conjunto contribuye a la fermentación
ideológica de sus procesos y a la misma génesis revolucionaria, aún hoy
necesitada de más profundos e incluyentes estudios.

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RUTH No. 3/2009, pp. 200-224

RICARDO QUIZA MORENO*

Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)**


Al gobierno instaurado tras el golpe de Estado de Marzo de 1952 le era imprescindible el
establecimiento de programas inclinados a la búsqueda de resultados en el orden social, proyec-
tos que contribuyesen a mantener, desde el orbe económico y espiritual, la supremacía alcanzada
por la fuerza. Dentro de las iniciativas encaminadas a sustentar la legitimidad del régimen
estaba el despliegue de una constante y calculada política cultural. De esta, la Revolución
heredó edificaciones, pero también ciertos hábitos de control y planificación de dicha gestión.

El período comprendido entre 1952 y 1958 constituyó uno de los más


complejos y cruciales de la historia cubana. La dictadura de Fulgencio
Batista significó el destierro de toda alternativa que –ceñida al sistema
democrático burgués– intentara solucionar los problemas de la nación.
Por añadidura, el golpe del 10 de marzo de 1952 puso en evidencia la
fragilidad de las instituciones políticas tradicionales y allanaba el camino
para que floreciesen métodos de gobierno excesivamente autoritarios.
Pero con independencia del cariz personalista que asumiera la ges-
tión pública durante la década del 50, al gobierno del marzato le era
imprescindible el establecimiento de programas inclinados a la búsque-
da de resultados en el orden social, proyectos de variada índole que
contribuyesen a mantener –desde el orbe económico y espiritual– la
supremacía alcanzada por la fuerza.
Dentro de las iniciativas encaminadas a sustentar la legitimidad
del régimen, estaba el despliegue de una constante y calculada política

* (Cuba, 1964). Historiador y ensayista. Investigador del Instituto de Historia de Cuba. Autor
de El ojo que te ve: discurso clínico y cirugía social en la escuela cubana (1902-1930) y de Nuevas voces,
viejos asuntos, y coautor de El cuento al revés: historia, nacionalismo y poder en Cuba. Próximamente
Ediciones Unión publicará su libro Imaginarios al ruedo: Cuba y los Estados Umidos en las
exposiciones internacionales (1876-1904).
** Versión revisada de «Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)», publicado en Cuadernos Cubanos
de Historia, Editora Política, La Habana, 2007, pp. 183-199.

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cultural que contribuyera –desde otro ángulo– a la búsqueda del nece-
sario apoyo a tan espuria hegemonía.
Mi interés en tal sentido es describir y caracterizar las formas que
adopta la dominación cultural por parte de la maquinaria del Estado en
las circunstancias previas al triunfo de la Revolución, así como analizar
el despliegue de dicha política en relación con el resto de la gestión de
gobierno desplegada por Batista. Asimismo intentaré evaluar hasta dón-
de el intervencionismo estatal en materia de cultura sirvió de anteceden-
te a la obra iniciada por el Gobierno Revolucionario.
En esa dirección pudiera atribuírsele al batistato una específica capa-
cidad de gestión inserta en un complicado panorama de situaciones que
abarcan, desde la personalidad del dictador, hasta el entramado de rela-
ciones internacionales de la época.

II

La frecuente comparecencia de Fulgencio Batista en el escenario políti-


co cubano obliga a retroceder en el tiempo para desentrañar los oríge-
nes de su quehacer. Nacido en 1901, en la antigua provincia de Oriente,
Batista hubo de soportar una vida azarosa y llena de privaciones que le
obligaron a ejercer los más variados oficios; de este modo su personali-
dad se va entretejiendo entre el afán de superación y la búsqueda de la

RICARDO QUIZA MORENO / Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)


prosperidad, asistida por una mezcla de astucia nata, versatilidad y
autosuperación que le confieren a su psicología rasgos peculiares.
Durante la década del 20 y luego de reiteradas incursiones en la vida
militar, el futuro coronel optaría por integrarse de forma permanente a
la institución armada donde desempeñó cargos de perfil burocrático
como los de escribiente y taquígrafo.
En poco tiempo Batista consigue mejorar su estatus. Su obsesión por
evadir la miseria le convierten en un ser ambicioso presto a subordinar
su sagacidad y concienzuda preparación al ascenso en la pirámide
socioclasista.
En este contexto ingresa al Sexto Distrito Militar de Columbia donde
parece sellarse su destino. Al respecto, el investigador Servando Valdés
Sánchez afirma:
Desde entonces quedó a las órdenes del fiscal de dicho distrito, y
en el ejercicio de sus funciones participó en los consejos de guerra
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que se celebraron contra los conspiradores antimachadistas. De
ese modo, pudo conocer de cerca las actividades de la alta oficiali-
dad, así como establecer contacto con abogados y otras personali-
dades. En consecuencia, le resultó fácil percibir el deterioro del
régimen de Machado.1
El arribismo y la habilidad inherentes al joven sargento tuvieron po-
sibilidad de desplegarse en el convulso contexto de la lucha contra Ma-
chado. Con el propósito de hacerse de nuevos méritos Batista se
incorporaba en 1933 al Movimiento de los Sargentos una vez que este
se iniciara; el 4 de Septiembre del mismo año el oscuro oficial subalter-
no sobresaldría como cabeza visible del golpe castrense que derrocara
al llamado «machadismo sin Machado». Este acontecimiento lo catapultó
en breve a la jefatura del ejército y a la obtención de los grados de
coronel, lo que supuso un hito en su corta pero meteórica carrera.
Como consecuencia del golpe militar de septiembre se creó un go-
bierno que agrupó a los principales partidos de derecha. Esta suerte de
concertación contó con la anuencia de Estados Unidos y con el respaldo
del coronel Batista quien se ratificó como el sujeto más importante del
ejército, y probablemente de Cuba, pues en sus manos estaba el poder
real de la República.
A partir de ese instante y con la promulgación de la Ley Constitucio-
nal de febrero de 1934, las riendas de la nación estuvieron en manos de
Fulgencio Batista. Los proyectos, directivas u ordenanzas que nacieron
en la segunda mitad de la década del 30 estuvieron signados por el mi-
litarismo y, en especial, por las intenciones del miembro más notable de
la nueva casta de soldados.
Fue en ese lapso que asomaron las primeras inquietudes de Batista
referidas a la cultura. Dichas preocupaciones aparecieron anexas a un
proyecto más abarcador que sugería la modificación de diversos aspec-
tos de la realidad cubana. El proyecto comenzó a ejecutarse a partir de
1934 y culminó a fines de la década con el denominado Plan Trienal.
El programa reformista de Batista se circunscribía al marco de una
compleja red de circunstancias internas e internacionales que hacían
atractiva e impostergable su viabilización. Amén de la represión desatada, a
la cúpula gobernante le interesaba sobremanera la aplicación de medi-
das alternativas que tendieran a la neutralización de las fuerzas de iz-

1
Servando Valdés Sánchez: El proyecto reformista batistiano, inédito, 1994.

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quierda y crearan al unísono un relativo clima de estabilidad así como
cierta base de apoyo popular. El populismo y la conciliación marchaban
a tono a su vez con el rediseño de la política interna y externa de los
Estados Unidos en tiempos de Franklin Delano Roosevelt; es por ello
que bajo los auspicios del jefe del ejército se tomaron importantes me-
didas en la esfera educacional y cultural.
El 27 de febrero de 1936 se dictó el decreto-ley 620 que autorizaba a
designar miembros del ejército para que fungiesen como maestros de
enseñanza primaria en aquellas zonas en que no existieran escuelas ni
probabilidades de crearlas con prontitud. El decreto limitaba las facul-
tades del secretario de Educación quien debía circunscribirse a inspec-
cionar las aulas desde el punto de vista técnico.
Para garantizar que existiese una masa de educadores aptos para aco-
meter tal empeño, el Cuartel General del Ejército hizo un llamado a los
graduados de escuelas normales, bachilleres en ciencias y letras, univer-
sitarios y en general a todos los individuos con instrucción para que
engrosaran las filas de la reserva militar con el grado de sargento. La
misión de este personal consistiría en servir como maestros en las
nuevas aulas que fundasen los institutos armados. De esta manera
ingresaron a la reserva una gruesa cantidad de maestros y técnicos
desempleados.2
Para su financiamiento las también conocidas como escuelas cívicas
rurales o misiones educativas rurales contaron con la aprobación de un
RICARDO QUIZA MORENO / Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)
impuesto de nueve centavos por cada saco de azúcar elaborado. El gra-
vamen fiscal lesionaba los intereses del poder ejecutivo en la medida en
que quedaba fuera del control presidencial una cuantiosa suma de dine-
ro. Esta situación desató una crisis en las altas esferas del gobierno que
trajo consigo la destitución del entonces presidente Miguel Mariano
Gómez.
En poco tiempo los militares articularon un sistema de educación
rural que abarcaba las seis provincias del país. Las misiones estaban
compuestas a su vez por una «zona» a la cual se subordinaban de 25 a
2
El sistema de escuelas rurales fue regido por la sección de Cultura de la Ayudantía General del
Ejército. Participaron además en la dirección del proyecto educacional la Sección de Contabi-
lidad del cuartel Maestre General, el Consejo Directivo Superior y los Consejos Directivos
Provinciales. Debiera añadirse que los maestros recibieron una preparación especial en la
escuela José Martí, habilitada para tales fines en Santiago de las Vegas, provincia La Habana.
Un sistema similar pero sin la participación del ejército fue ensayado por el presidente Mario
García Menocal durante su largo mandato (1912-1920).

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30 escuelas. Las escuelas, por su parte, contaron con doctores en Peda-
gogía, Cirugía Dental y Medicina Veterinaria así como con un maestro
agrícola, otro en oficios, un higienista y una maestra hogarista.
De forma simultánea las misiones educativas le concedían al alumno
la posibilidad de recibir los rudimentos de la enseñanza elemental y de
capacitarse en los oficios relativos a la agronomía, la higiene, la cultura
física y las labores domésticas.
Aunque no resolvía definitivamente el problema educacional del país,
la escuela rural significó un paliativo a la profunda crisis de la escuela
cubana. Nótese que en 1937 existían diseminadas por toda la Isla 40 zo-
nas con 1 000 escuelas de un aula y 120 de dos o más aulas que se
beneficiaron además de los laboratorios enclavados en cada zona así
como de las informaciones culturales y la música que recibían a través
de la radio.3
La experiencia de la escuela rural se extendió también al primer pe-
ríodo del mandato presidencial de Batista: en 1944 había 2 110 escue-
las con una matrícula estimada de 110 725 alumnos.4
Las misiones educativas patentizaron la presencia de cierto espíritu
solidario por parte de Batista para con aquella masa que sufría a la sa-
zón las mismas privaciones que en algún momento le afectaran. No
obstante, la puesta en práctica del referido plan desbordaba los límites
de la filantropía pues estimulaba la formación de un rebaño adoctrinado
e incondicional y contribuía de igual manera a incrementar el influjo de
los militares en todos los órdenes de la vida cubana.
De este modo van tomando cuerpo dos facetas en la ejecutoria de
Batista que le acompañarán de por vida: una siniestra, que se complace
en diseñar un ambiente de perpetuidad política; y otra constructiva,
asociadas a las contingencias que rodean su actividad.
Con ese espíritu se produjeron otros hitos en la política cultural pro-
movida por el gobierno durante los años 30. De ellos han de distinguir-
se los que emergieran como iniciativas directas de los militares; del
conjunto de maniobras que en el terreno cultural desplegaran las insti-
tuciones armadas, se destacó la fundación del Instituto Cívico Militar,
sancionado por ley no. 707 de 30 de marzo de 1936. Bajo ese rótulo se
aprovecharon tres instalaciones enclavadas en diferentes partes de la
3
S. Valdés Sánchez: Ob. cit. (en n. 1), p. 15. Ver también: El Plan Trienal o Plan de Reconstrucción
Económico Social, Cultural S. A., La Habana, 1938, pp. 82-86.
4
Fulgencio Batista: Piedras y leyes, Ediciones Botas, México, 1961, p. 96.

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Isla para brindar un tipo de enseñanza primaria especializada. El Insti-
tuto alojó a huérfanos de campesinos, obreros, periodistas, universita-
rios y miembros del ejército «caídos prematuramente en el desempeño
de sus labores, servicios o profesiones».5
El primer curso comenzó en 1938 en la localidad habanera de Ceiba
del Agua y asistieron en calidad de albergados permanentes 1 200 niños
y niñas.
Asimismo, a la cúspide militar le correspondió instituir el teatro-biblio-
teca del pueblo e instaurar las Escuelas Provinciales de Agricultura.6
Otras iniciativas fueron aceptadas de buen grado por el jefe de la
institución armada; ellas constituían esfuerzos adicionales que en este
caso emergieron de los poderes civiles de la nación. El mayor logro fue
sin dudas la creación de la Dirección de Cultura del Ministerio de Edu-
cación.7
Por primera vez en Cuba aparecía una entidad con facultades legales
y operativas suficientes como para tratar los problemas culturales del
país. A su gestión se debe el florecimiento de algunas instituciones como
la Junta Nacional de Arqueología (1937), el Instituto de Altos Estudios
(1938) y el Instituto Nacional de Artes Plásticas (1938), todos adscritos
al nuevo organismo. Paralelamente la Dirección de Cultura editó la Re-
vista Cubana que se hizo eco de las mejores producciones literarias y de
las ciencias sociales, tanto de Cuba como del extranjero.8
Pero con el decursar de los años la situación política empezó a variar.
RICARDO QUIZA MORENO / Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)
El reagrupamiento y la revitalización respectivas de las fuerzas de iz-
quierda y de derecha, la creciente oposición de ambas al prolongado predo-
minio militar unido a los cambios operados en la arena internacional,

5
Ibíd., p. 97.
6
Dirección General de Relaciones Culturales: Anuario Cultural de Cuba, 1943, Úcar, García y
Cía., La Habana, 1944, pp. 312-313. Ver además: F. Batista: Ob. cit. (en n. 4), p. 108; José
María Chacón y Calvo: «El Plan Trienal y la cultura», Revista Cubana (Publicaciones de la
Secretaría de Educación, Dirección de Cultura), La Habana, 1927; IX (25): 109-110, julio.
7
Anuario Cultural de Cuba, 1943, ob. cit. (en n. 6), pp. 305, 312-313.
8
La Revista Cubana continuó existiendo como el órgano oficial de la Dirección de Cultura del
Ministerio de Educación hasta 1952. Entre 1953 y parte de 1956 cesa en sus funciones hasta
que reaparece en ese último año bajo la égida del Instituto Nacional de Cultura. Aún en la
década del 50 la revista contó con las colaboraciones de reconocidos intelectuales cubanos y
extranjeros como Dulce María Loynaz, José Lezama Lima, Emilio Ballagas, Francisco Ichazo,
Francisco Pérez de la Riva, Enrique Labrador Ruiz, Salvador Bueno, Emeterio Santovenia,
Humberto Piñera Llera, Juan J. Remos, José María Chacón y Calvo, Max Henríquez Ureña,
Herminio Almendros y Roger Callois.

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condujeron al planteamiento de un nuevo proyecto de reformas cuya
finalidad era la de postergar indefinidamente la convocatoria a una Asam-
blea Constituyente.
El nuevo plan contemplaba la solución de algunos problemas que
aquejaban a los estratos más humildes y apuntaba igualmente hacia el
logro de un apoyo mayoritario que asegurara el mantenimiento de la auto-
ridad castrense o que sirviera de cantera en caso de futuras elecciones.
El Plan Trienal o Plan de Reconstrucción Económica y Social estuvo
conformado por un conjunto de medidas, sugerencias e ideas relativas a
la coordinación y reorganización de la economía y la sociedad cubanas.
El mentado proyecto hacía hincapié en el rediseño de algunos aspectos
de la agricultura, en la estatización de algunos renglones productivos y
en la conciliación de los intereses del capital y el trabajo.9
En su contenido el «Plan Batista» recordaba la filosofía del Estado
corporativo fascista e insinuaba a su vez la presencia de cierto ideario na-
cionalista del corte de algunos gobiernos latinoamericanos, así como el
influjo relativo a las doctrinas socialistas.
El proyecto contenía 190 puntos agrupados en más de 20 temáticas.
En lo referente a la educación y la cultura se pronunciaba:
• A favor de la lucha contra el analfabetismo.
• A favor de la erradicación de la enseñanza memorística.
• A favor de la ley de enseñanza obligatoria.
• Por la regulación de la enseñanza del retrasado mental.
• Por la reorganización de la enseñanza vocacional.
• Por la creación de escuelas provinciales de Bellas Artes y de la
Escuela Nacional de Música.
• Por la instrucción gratuita para el pobre.
• Por la regulación de la enseñanza privada.
• Por el intercambio internacional de educación y cultura.10
No obstante, el consabido proyecto no pudo rebasar un entorno que
tornábase progresivamente adverso al sostenimiento de la «dictadura».
Las nuevas condiciones generadas en el plano interno y externo propi-
ciaron un cambio de actitud en Batista y sus acólitos. A partir de 1938
se inició un camino de flexibilidad en la esfera de lo político que condu-
9
Sobre este aspecto el lector podrá remitirse a El Plan Trienal o Plan de Reconstrucción Económico
Social, ob. cit. (en n. 3).
10
Ibíd., pp. 91-92.

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jo a la aplicación de medidas de corte democrático como la amnistía a
los presos políticos, la legalización del Partido Comunista y el llama-
miento a una nueva Asamblea Constituyente. Ese mismo año quedaba
abandonado oficialmente el Plan Trienal y con él los incisos dedicados
a la cultura.11
Tras la proclamación de la Carta Magna de 1940, la Isla se vio en-
vuelta en un proceso de elecciones mediante el cual resultó electo como
presidente Fulgencio Batista quien, como candidato de la Coalición
Socialista Democrática, gobernaría bajo condiciones diferentes. A par-
tir de ese momento Batista dejaría de ser el individuo uniformado que
manipulaba a su antojo los hilos de la política doméstica para convertir-
se en un funcionario estatal que habría de realizar su actividad guberna-
tiva en compañía de un Congreso y una nueva Constitución, ambos con
un peso específico estimable.
En cuanto al circuito de la cultura los objetivos del gobierno estarían
centrados en la construcción de una infraestructura y en el esbozo de
una estrategia que permitiera a esta proyectarse internacionalmente.
La ejecución de obras con un destino cultural se conectaba de cierta
manera con una inusual manía de grandeza, con el deseo desmesurado
de trascender e inmortalizarse a través de las construcciones. Machado
y Batista fueron quizás los mayores constructores que tuvo la Cuba
prerrevolucionaria y ello no fue obra de la casualidad.
En lo concreto la edificación de instalaciones culturales coincidía con
la erección de una imagen de mecenas para el ex coronel, pero, contradic-
RICARDO QUIZA MORENO / Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)
toriamente, develaba la coexistencia de algún estado de preocupación
por la problemática cultural de quien, a grandes zancadas, tuvo que suplir
muchas carencias en ese orden. Hombre receptivo, Batista hubo de ro-
dearse de mentores que asiduamente le aconsejaban.12
11
La proclamación del Plan Trienal estuvo inscrita en un ambiente desfavorable a los designios
de Batista. Los grupos de derecha, por ejemplo, consideraban que la puesta en práctica del
Plan restringía su participación en la órbita del poder político y lesionaba sus intereses econó-
micos. De este modo tildaron al mencionado proyecto de «socializante». Los distintos segmen-
tos de la izquierda, por el contrario, calificaban al Plan Trienal de maniobra demagógica y
divisionista propensa a apuntalar la preeminencia de los militares. Por otra parte, el plan
suscitó la alarma de las compañías azucareras estadounidenses, que no veían de buen grado
una posible reestructuración de la agricultura cubana. A estos estados de opinión sumábase la
crisis económica de 1938 que limitaba los recursos financieros con los que podía contar
Batista, así como el cambio de la coyuntura foránea que reclamaba el alineamiento de una
Cuba democrática junto a Estados Unidos en la lucha contra las dictaduras totalitarias fascistas.
12
Según refieren Eulalio Martínez Freyre, ex director del Archivo del Ministerio de Cultura,
lamentablemente fallecido, y el historiador José A. Tabares del Real, amplios conocedores de

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Durante el período en que Batista fue presidente se concibieron di-
versos inmuebles con una finalidad cultural, mientras que otro número
de ellos era reparado o aumentado. De esta época data la construcción
del edificio del Archivo Nacional y del nuevo local de la Sociedad Eco-
nómica Amigos del País así como la construcción de escuelas rurales y
la ampliación de la Academia de Ciencias.13
De modo paralelo se gestaron planes para articular una red de edifi-
cios y monumentos que agruparía al Instituto del Mar, al Acuario, el
Zoológico Nacional y el Museo de Bellas Artes, así como a una serie de
escuelas especializadas. De esas construcciones solo el Zoológico y el
Museo se llevaron a cabo, pero no de momento, sino mucho después.
No menos importante resultó la gestión del gobierno para extender a
otros ámbitos la cultura nacional. A inicios de la década del 40 se creó
en el Ministerio de Estado, la Dirección de Relaciones Culturales, que
se elevó en 1943 al rango de Dirección General con el ánimo de concre-
tar sus objetivos y aumentar sus recursos. Por esa fecha se nombraron
agregados culturales en las misiones diplomáticas cubanas y se editó un
Anuario Cultural con el fin de difundir en el extranjero las experiencias y
logros de la cultura cubana.
El gobierno de Batista se ocupó de brindarle atención y apoyo a las
organizaciones culturales que desde Cuba se proyectaban al exterior
como la Comisión Nacional de Cooperación Intelectual, la Sociedad
Colombista Panamericana y la Unión Interamericana y del Caribe.
La Comisión Nacional de Cooperación Intelectual fue creada en 1925
y formó parte instantáneamente del Instituto Nacional de Cooperación
Intelectual, organización mundial con sede en París. El Instituto fue
una suerte de entidad que aglutinaba a diversos organismos culturales
en todo el orbe.
En la década del 40 la citada institución se vio imposibilitada en sus
funciones por la presencia en suelo francés de las tropas nazis. Ante esa
coyuntura el gobierno cubano extendió créditos por un monto de 30 000
pesos para trasladar a La Habana el Instituto Nacional de Cooperación.

estos asuntos, Batista se hizo acompañar de un séquito en el que figuraban el historiador


Emeterio Santovenia, el conocido estudioso de la literatura cubana Juan J. Remos, el periodis-
ta Juan Luis Martín y el director del influyente Diario de la Marina, José Pepín Rivero; en
entrevista concedida al autor por Eulalio Martínez Freyre, el 15 de julio de 1994 y entrevista
concedida por José A. Tabares del Real, el 25 de enero de 1995.
13
Anuario Cultural de Cuba, 1943, ob. cit. (en n. 6), p. 29.

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En 1941, tres años antes de que se tomara esta medida, la capital
cubana hubo de convertirse en obligado punto de referencia cuando se
celebró en sus predios la Conferencia Internacional de Comisiones Inte-
lectuales regida por la consigna de defender a la cultura universal de los
embates del fascismo.
La Sociedad Colombista Panamericana se encargaba, por su parte, de
fomentar las producciones culturales del continente americano. Subor-
dinada al Ministerio de Educación por el decreto-ley no. 344 de 1935,
la Sociedad se distinguió en la organización de importantes reuniones,
como el Primer Congreso Histórico Municipal Interamericano (1941) y
el Primer Congreso Interamericano de Archivos, Bibliotecarios y Con-
servadores de Museos del Caribe.
A este número de actividades se adjuntaron otras tantas que tuvieron
una connotación en el plano interno. En ese sentido sobresalieron las
relacionadas con la conmemoración del Archivo Nacional y con la cele-
bración de las ferias del libro cubano. A ellas se añadirían las reiteradas
convocatorias para otorgar anualmente el Premio Nacional de Literatura
y la promulgación de la ley sobre el patrimonio documental de la nación.
El año 1944 marcaba el fin del ciclo presidencial de Batista; de esta
manera expiraba un decenio dominado por el protagonismo del hombre
de Columbia. Esos 10 años en comunión con el poder colaboraron en el
diseño de una gestión gubernamental poseedora de dos aristas paradóji-
cas que cohabitaron y se mezclaron indistintamente.
RICARDO QUIZA MORENO / Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)
Durante ocho años Batista estuvo apartado de la escena pública cu-
bana, aunque sin desistir, desde su confortable «exilio» en Daytona
Beach, de volver a ejercer su dominio en la palestra política nacional.
En marzo de 1952, con el supuesto fin de acabar con la anarquía y la
corrupción desatadas por los gobiernos del Partido Auténtico, el enton-
ces general Batista estableció un régimen autocrático. El golpe de Esta-
do perpetrado por el caudillo lo consagraría nuevamente como actor
principal de la escena pública cubana.
Sin embargo, pese a haber nacido a contrapelo del orden jurídico es-
tablecido, el nuevo gobierno deberá acudir a una especial interpretación
de la democracia para legitimar su abrupta presencia, lo cual complica
el estudio del momento histórico que antecediera a la revolución del
1ro. de Enero.
El nuevo poder sancionado por los militares seguidores de Batista
emergía en un ambiente poco propicio para enajenarse absolutamente

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de las tradiciones del sistema democrático burgués. De alguna manera
Batista había sido el artífice de la modernización político-jurídica de
Cuba, y bajo esas condiciones hubo incluso de gobernar. Por otra parte,
la Constitución de 1940 continuaba siendo el paradigma que, a fuerza
de incumplirse, resumía las expectativas del pueblo. Estos motivos ex-
plican de alguna forma las especificidades de la política desarrollada
por la tiranía.
En un universo marcado por la coexistencia entre autoritarismo y
rejuego democrático saldría a la luz una actividad concreta de gobierno
que comprendería también los asuntos relativos a la cultura.
En primer orden, la política cultural de Batista se caracterizó por su
correspondencia respecto al resto del programa de gobierno que elabo-
rara la dictadura. A tal extremo llegaba la relación entre una y otro que
la ejecutoria del Estado en materia cultural marchó siempre a tono con
los cambios estructurales del régimen.
Entre 1952 y 1954 la política cultural del batistato estuvo matizada
por la provisionalidad, o sea, por su grado de extrañamiento respecto al
sistema institucional usual, como mismo ocurriera con toda la ejecuto-
ria del gobierno. Sin embargo tras la «elección» de Batista como presi-
dente (1954) se aprecia un proceso de institucionalización que afecta
también al área de la cultura.
Otro elemento que demuestra la conexión entre política y política
cultural en la era de Batista es la reciprocidad existente entre los planes
económicos del régimen y el fomento de obras con fines culturales. La
construcción de edificaciones públicas encajaba resueltamente en los
proyectos elaborados por el dictador para eliminar el desempleo y esti-
mular el crecimiento económico del país como fueron el Plan de Gastos
Compensatorios y el Plan de Desarrollo Económico y Social.
En este aspecto resulta destacable también la filiación que se esta-
bleciera entre la proyección internacional del régimen y el ensalzamien-
to de la ideología anticomunista en los campos de la educación y la
cultura.14
14
Especialmente encarnizadas fueron las presiones ejercidas contra intelectuales e instituciones
culturales de orientación izquierdista o comunista. En estos casos el régimen acudió a diversos
métodos, desde el espionaje, hasta el chantaje económico y la represión policiaca, como
veremos más adelante. En cuanto a la educación, ocurriría algo similar; así por ejemplo Jorge
García Montes, uno de los ministros prominentes del dictador, enarboló el eslogan de la
defensa de la cultura cubana y universal de los embates del comunismo luego de reunirse con
importantes autoridades estadounidenses en ese país. De hecho se tomaban al pie de la letra las

210

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Colateralmente se vislumbraban otros elementos que le eran consus-
tanciales a la política cultural del régimen. El principio de la selectivi-
dad fue sin dudas de los más importantes.
La capacidad para privilegiar u omitir determinados aspectos de la cul-
tura expresaba el nivel de compromiso ideológico asumido por la dicta-
dura y sugería igualmente la existencia de vínculos estrechos entre la
cultura y la hegemonía.
Muestra del cariz selectivo de la política oficial fue la promoción de
un número de creaciones artístico-literarias cuyos temas no tenían una
connotación política evidente. Dichas creaciones se trasmitieron a tra-
vés de los espacios culturales que poseía el régimen, como la Revista
Cubana, la emisora oficial CMZ, la Revista del Instituto Nacional de Cultura
y el Museo de Bellas Artes.
Ensayos y poemas de tono intimista, conciertos de clásicos de la
música, obras de teatro de autores extranjeros y colecciones de arte
antiguo fueron beneficiadas por la propaganda gubernamental. Bajo este
criterio quedaban fuera obras de gran valor en su tiempo como el Ma-
nual de Historia de Cuba de Fernando Portuondo, la Geografía de Cuba de
Antonio Núñez Jiménez e incluso el documental El Mégano de los reali-
zadores Tomás Gutiérrez Alea y Julio García Espinosa, convertido en
clásico de nuestra cinematografía. El peso de la censura recayó también
sobre el Ballet de Alicia Alonso, no ya por la repercusión «ideológica»
de tal manifestación artística sino por los consabidos criterios de la
Alonso respecto al régimen.
No obstante, el principio de aparente neutralidad cultural que enar- RICARDO QUIZA MORENO / Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)
bolaran los funcionarios del gobierno fue puesto en duda con la divul-
gación, en esos mismos espacios culturales consagrados por este, de
trabajos como «La penetración soviética en los medios de la cultura»15
de Jorge García Montes, así como «Lo que significa el Museo Nacional
y cómo aprovecharlo»,16 del director del Instituto Nacional de Cultura
creado por Batista, el señor Guillermo de Zéndegui.

recomendaciones del Informe Truslow referentes a la educación, al contratarse profesores


estadounidenses, aumentar el número de becas para estudiantes y maestros cubanos en Esta-
dos Unidos y aceptar la intromisión de la embajada de esa nación mediante propaganda
cultural y pedagógica. El caso más notorio fue el experimento realizado en la Universidad de
Las Villas donde se impusieron planes, programas y tipos de enseñanza acordes con el sistema
pedagógico estadounidense, sin distinguir entre la necesaria modernización y el adoctrinamiento.
15
Revista Cubana, La Habana, 1956; vol. XXX: oct.-dic.
16
Revista Cubana, La Habana, 1957; vol. XXXI: jul.-dic.

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El método selectivo se extendió al fomento o no de las instituciones
culturales: varias veces el gobierno utilizó el presupuesto destinado a la
cultura para defender a ciertos organismos culturales e ignorar a otros.
Con la justificación de la falta de fondos se eliminaban las subvencio-
nes al Ballet de Alicia Alonso y a la revista manzanillera Orto, y sin
embargo se ofrecían dádivas exageradas a la Orquesta Filarmónica de
La Habana. Estos hechos eran tan escandalosos que pusieron en entre-
dicho una vez más el principio de neutralidad de la cultura que enarbo-
lara la tiranía.17
Asimismo el carácter discriminatorio de la gestión cultural del go-
bierno se hizo notar en la localización de nuevas instalaciones; estas se
ubicaron casi exclusivamente en La Habana, convertida de hecho en
una especie de vitrina donde se exhibían las relativas conquistas del
país.
Este tipo de política afectó por igual a la escuela cubana. El 23 de abril
de 1952, apenas transcurrido mes y medio del establecimiento de la
dictadura, se proclamó el decreto 1573 mediante el cual se reglamenta-
ba lo dispuesto por la ley no. 15 de 1950 sobre el funcionamiento de la
escuela privada.
Con el referido dictamen se le daba continuidad a la política iniciada
por Carlos Prío. El objetivo de la disposición legal era alentar la supera-
ción de las élites.
Por este concepto se inauguraron algunos colegios y universidades
privadas de fuerte influencia estadounidense o católica que competían
con la tradicional escuela laica y pública.
Claro que la escuela privada no contemplaba exclusivamente en su
matrícula a los hijos de los sectores sociales más conspicuos sino que
a ella ingresaron niños procedentes de las capas medias y en menor

17
El artículo 4 de la ley no. 6 de 27 de octubre de 1955 le concedía a la Orquesta Sinfónica de
La Habana la suma de 50 000 pesos. Este decreto surgió a instancias del propio Batista quien
se interesó en subordinar la Orquesta al Instituto Nacional de Cultura. Un año después de
haber salido esta ley se celebraba un almuerzo en el Palacio Presidencial para discutir el
aumento del presupuesto de la Sinfónica. En este sentido resulta ilustrativo el estudio de las
Actas de la Junta de Asesores del Instituto Nacional de Cultura porque muestran la infinidad
de sesiones que se dedicaron al análisis del desenvolvimiento de la Orquesta. El tomo tercero
de dichas actas está dedicado en su mayor parte a este asunto. Ver Actas del Consejo Asesor del
Instituto Nacional de Cultura (3 ts.), t. I, 26 de marzo de 1956, Archivo del Ministerio de
Cultura, Fondo Instituto Nacional de Cultura, folio 85, y 2 de octubre de 1956, folio 185.
Véase además el tercer tomo de las referidas Actas.

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cuantía, algunos procedentes de sectores menos privilegiados de la so-
ciedad. Pero la desproporción entre unos y otros era evidente, así como
también lo era el peligro de desnacionalización de la escuela, tal como
lo denunciaran Fernando Ortiz y Juan Marinello entre muchos intelectua-
les que fomentaron la campaña «Por una escuela cubana en Cuba libre».
Por supuesto, la escuela pública continuó ocupando un papel impor-
tante, pues ella permitía materializar cierto reconocimiento popular, al
tiempo que servía de fuente para el enriquecimiento de la burocracia.
En 1958 Cuba era el país que más tomaba de su presupuesto para la
educación.
Otro rasgo de la gestión cultural del batistato fue el populismo. La
manipulación política de los sucesos culturales llegó a ser un imperati-
vo para un régimen cuyos ribetes de ilegitimidad eran ostensibles. Di-
cho simulacro transcurrió en dos sentidos, uno vertical, que pretendía
estructurar una imagen benévola del gobierno –especialmente de Batis-
ta–, y otro horizontal, que se ocupaba de hacer unánime el respaldo a la
dictadura.
Para estos fines se apeló al usufructo de la historia concediéndosele
importancia a la capitalización del homenaje a José Martí en ocasión del
centenario de su natalicio.
La celebración del centenario sirvió de pretexto para desatar una cam-
paña nacional auspiciada por el gobierno. La organización de los actos
conmemorativos recayó en el entonces ministro de Educación Andrés
RICARDO QUIZA MORENO / Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)
Rivero Agüero, nombrado presidente de la Comisión de Actos y Edicio-
nes del Centenario así como de la Comisión Promonumento a Martí.
En torno a la fecha histórica el gobierno desarrolló un sinnúmero de
actividades en las que no podían faltar los discursos de la oficialidad.
Durante las celebraciones se organizaron eventos internacionales, se
develaron monumentos, se inauguraron obras públicas y además se edi-
taron libros al tiempo que se estrenaba una película alegórica.18

18
Para festejar el centenario de Martí el gobierno encomendó al destacado director mexicano
Emilio Fernández, El Indio, la realización de una película sobre el Apóstol; para ello desembol-
só la suma de 250 000 pesos. El hecho de que participara en su rodaje un numeroso personal
extranjero, así como que se eligieran los Estudios Churubusco (México) para filmarla provocó
la protesta por parte de los trabajadores del cine cubano y de un segmento importante de la
opinión pública. La polémica alcanzó dimensiones profundas puesto que los involucrados en
ella denunciaron el desvío de recursos que hizo el régimen en detrimento del desarrollo cinema-
tográfico nacional y mostraron su inconformidad ante el hecho de que se le otorgara a extranje-
ros la responsabilidad de hacer una película de esta naturaleza. Luego de su exhibición, el

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Bajo vigilancia policial se celebraron las Conversaciones Filosóficas
Interamericanas con la asistencia de Leopoldo Zea y José Vasconcelos;
al Congreso Internacional de Historia vinieron Lewis Hanke y Mariano
Picón Salas.
Como cierre de la campaña por el homenaje a Martí se efectuó una
velada oficial en las inmediaciones del Capitolio en la que hicieron uso
de la palabra Fernando Ortiz, la poetisa chilena Gabriela Mistral y el
propio Fulgencio Batista.
En el acto participó como invitada María Mantilla, quien fuera con-
vidada por Emeterio Santovenia, a la sazón, jefe de la Comisión Orga-
nizadora del Centenario. La sección «En Cuba» de la revista Bohemia
recogía como un hecho irónico el momento en que María Mantilla puso
en manos de Batista el grillete que atenazara la carne de Martí en sus
días de preso político.19
Más allá del despliegue propagandístico, una parte de la prensa de la
época develaba las incongruencias del régimen.
Mientras ocurrían los festejos por el natalicio de Martí los órganos
represivos del marzato asaltaban la casa del escultor José M. Fidalgo
con el objeto de destruir su obra artística. De esa forma quedaron mu-
tiladas algunas estatuillas de Martí con la inscripción «A Cuba que su-
fre», así como bustos de Bolívar, Chibás y Rómulo Gallegos. Por otro
lado, una gran parte del dinero utilizado en el homenaje provino de los
bolsillos del propio pueblo al que se le obligó a pagar un impuesto adi-
cional para sufragar los festejos.20
La construcción de escuelas rurales se convirtió también en una ma-
niobra enfilada a recabar el apoyo popular. En esta oportunidad Batista
acude nuevamente a una política ensayada en otros tiempos, solo que
esta diferirá en sus resultados.

11 de agosto de 1954, las opiniones alrededor del filme se hicieron más críticas, pues este, a
juicio de muchos, había resultado ser una historia banal que distorsionaba la imagen de Martí.
A la premier de La rosa blanca asistió la esposa del dictador [Marta Fernández Miranda],
persona clave en la campaña populista del régimen, conocida por sus actos de caridad. Para
más detalles el lector podrá acudir a Arturo Agramonte: Cronología del cine cubano, Ediciones
ICAIC, La Habana, 1966, p. 98; sección «En Cuba», Bohemia, La Habana, año 45, no. 12, 22 de
marzo de 1953, pp. 60-61; Alexei Pacheco: Tratamiento de la historia patria en el cine de ficción
producido en Cuba entre 1897 y 1958, material inédito, 1988.
19
Sección «En Cuba», Bohemia, La Habana, año 45, no. 6, 8 de febrero de 1953, p. 60.
20
César García Pons: «Las honras que el Apóstol hubiera rechazado», Bohemia, La Habana, año 45,
no. 4, 25 de enero de 1953, p. 68; Fidel Castro Ruz: «Asaltado y destruido el estudio del
escultor Fidalgo», Bohemia, La Habana, año 45, no. 6, La Habana, 8 de febrero de 1953, p. 66.

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En entrevista concedida a la revista Bohemia el ministro de Educa-
ción Andrés Rivero Agüero afirmaba: «[...] allí queremos [en el campo]
continuar, mejorándola, la obra anterior de Batista, que ha sido el único
gobernante cubano que volvió la mirada al lugar de origen y trató, hasta
donde fue posible de acuerdo con los recursos de la época, de sembrar
el campo de escuelitas, de misiones cívico rurales, de hogares infantiles
campesinos».21
Pero aún las estadísticas del régimen no podían ocultar las diferen-
cias con el pasado; de 40 misiones que se construyeron a solo un año de
puesto en práctica el plan original (1937) la cifra se redujo en 1952 a 12.
A su vez la búsqueda de reconocimiento no podía circunscribirse
únicamente al sector civil de la sociedad. Las circunstancias en las que
Batista se apropia del poder convirtieron a los cuerpos armados en pie-
dra angular de su sostén, a ellos les correspondían una serie de privile-
gios en consonancia con las garantías que proporcionaban.
Como en los viejos tiempos, el general intentaba socorrer a sus anti-
guos compañeros de armas. Amén de los privilegios concedidos a la
cúspide militar, los oficiales subalternos y soldados se beneficiaban con
algunas migajas.22
Entre los favores otorgados a la masa militar estuvo la promulgación
de la ley 472 de 16 de octubre de 1952 que estipulaba la conversión del
campamento militar de Managua en Instituto Militar Juvenil Tecnológi-
co con capacidad para 1 000 alumnos de ambos sexos que fuesen hijos
21
Bohemia, La Habana, año 44, no. 15, 13 de abril de 1952, p. 61. RICARDO QUIZA MORENO / Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)
22
Sobre este asunto valdría la pena citar un fragmento de La historia me absolverá: «Para cumplir
la promesa de aumento de salarios a los militares que anunciara al asumir el poder, Batista
dictó con ese fin las Leyes-Decretos Números 2 y 4, de 31 de marzo de ese propio año, la
primera relativa al Ejército y la Marina de Guerra y la segunda a la Policía Nacional. // Sin
embargo la medida chocó muy pronto con la crisis económica por la que atravesaba la nación,
ahora agravada por el golpe. La ineficiencia económica del gobierno de facto y los fraudulen-
tos manejos de la hacienda pública del país, precipitaron un reajuste en el anteproyecto de
Presupuesto Nacional para el período fiscal 1953-1954, como resultado del cual se decidió,
entre otras medidas, rebajar los salarios de los empleados públicos y el personal de las fuerzas
armadas. Con este objetivo, Batista dictó primero la Ley-Decreto Número 942 de 30 de junio
de 1953, por la cual se rebajaban los sueldos de los militares, y pocas semanas después,
coincidiendo con la promulgación de una nueva Ley Orgánica del Ejército, dicta la Ley-
Decreto Número 975 de 22 de julio de 1953, mediante la cual se reducían los salarios de las
fuerzas armadas al mismo nivel que tenían en enero de 1942». Según el texto, el salario de un
soldado de primera era de 30 pesos, el de un guardia rural de 27.75 pesos y el de un soldado
raso de 25.25 pesos; en Fidel Castro: La historia me absolverá, Oficina de Publicaciones del
Consejo de Estado, La Habana, 1993, edición anotada, pp. 158-159.

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de individuos pertenecientes a las fuerzas armadas. El objetivo de esta
escuela era el de enseñar mecánica automotriz y electrónica a mucha-
chos de 14 a 16 años de edad. El curso se inició con una matrícula de
750 alumnos, 300 de ellos mujeres.
Al margen de la maniobra populista se entronizaba en la praxis cultu-
ral del Estado una vocación por el control que coincidía con la sustan-
cia autoritaria del régimen. Dicha inclinación, acompañada comúnmente
de cierto espíritu beligerante, tenía como propósitos crear un sustrato
cultural coherente y monolítico que contribuyera al sostenimiento de la
dictadura y destruir las expresiones culturales que comprometiesen su
existencia.
En ese empeño obraron simultáneamente dos tendencias, poseedo-
ras ambas de grandes dosis de inflexibilidad.
La propensión a reprimir y el hábito de institucionalizar permanecie-
ron como constantes de la absorbente política cultural de la época. Por
encima de las tácticas coyunturales, el despliegue de la coerción y de la
fiscalización extremas reflejaba el comportamiento tradicional de los
regímenes dictatoriales. Tales fenómenos constituían la expresión de un
mismo interés.
En esa órbita la década del 50 conoció numerosos atentados a la
expresión libre del pensamiento. La incautación de ediciones enteras de
libros, la censura, el asalto a instituciones culturales, el espionaje poli-
cial, el secuestro de filmes, la agresión física a miembros de la prensa, el
requisamiento de bibliotecas conformaron un triste expediente.
Harto conocidos fueron los niveles de brutalidad que exhibiera la
tiranía en su faceta de policía de la cultura; algunos de los hechos que
recalcaron la naturaleza punitiva del régimen fueron, entre otros, la agre-
sión física al periodista Mario Kuchilán (1952), el asalto al programa
radial Universidad del Aire (1952), la suspensión del noticiero radial La
Palabra, conducido por el periodista José Pardo Llada (1952), la clausu-
ra el periódico Hoy, órgano del Partido Socialista Popular (1953); por
esa época se impone también la censura a los noticieros cinematográfi-
cos y es suspendido el periodista Luis Conte Agüero por sus comenta-
rios difundidos en la Cadena Oriental de Santiago de Cuba; al mismo
tiempo, por resolución del ministro de Comunicaciones, Pablo Carrera
Jústiz, se notifica el cierre del espacio informativo de la emisora COCO.
Luego de los sucesos del 26 de Julio el gobierno manda a quitar la
sección «En Cuba» de la revista Bohemia. La prohibición se mantuvo
216

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hasta 1959. En 1954 el gobierno incauta más de 3 500 títulos de la
biblioteca de Carlos Rafael Rodríguez, intelectual y dirigente comunista
y en 1955, como ya se dijo, confisca la Geografía de Cuba, de Antonio
Núñez Jiménez y prohíbe su circulación en las escuelas; además, el régi-
men presiona para que se expulsen a determinados profesores de la
Universidad de Oriente cuya conducta no es de su agrado. Por causas
similares fueron expulsados de la Universidad de La Habana los docto-
res Rafael García Bárcenas y Juan Marinello.
Hacia 1956 el régimen secuestra la película El Mégano que reflejaba
las vicisitudes de los carboneros en la Ciénaga de Zapata.
A esta lista han de sumársele otros actos coercitivos como fueron los
constantes cierres de la Universidad de La Habana, la sostenida vigilan-
cia a la que fuera sometida la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo y la
prohibición permanente de las expresiones culturales procedentes de
los países socialistas.
En este tipo de actividades participaban el Servicio de Inteligencia
Militar (SIM) y el Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC),
así como la Central de Inteligencia de Estados Unidos a través del de-
partamento de Cultura de la embajada.
El uso ordinario de la fuerza no impidió la germinación de tácticas
alternativas dirigidas por igual a garantizar el monopolio del Estado
sobre el medio cultural criollo.
Para alcanzar tales fines el gobierno apeló a una serie de mecanismos
RICARDO QUIZA MORENO / Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)
encaminados, en primer término, a subordinar a instituciones y perso-
nalidades de reconocida trayectoria, y en segundo, a fundar nuevos or-
ganismos culturales.
Así surgió a instancias de Batista el Instituto Nacional de Cultura
(INC) como entidad dependiente de la Secretaría de Cultura del Minis-
terio de Educación.
Bajo el lema de la neutralidad de la cultura el INC se propuso some-
ter a las diversas agrupaciones culturales cubanas y a los intelectuales a
los intereses políticos de la dictadura. Su poderío radicaba en la pose-
sión de la parte del presupuesto nacional reservada al fomento de la
cultura, así como en la posibilidad que tenía de contar con el espacioso
local del Palacio de Bellas Artes.
La concesión o no de recursos materiales y financieros llegó a ser el
arma preferida del gobierno para subyugar a los componentes del movi-
miento cultural cubano. Atraídos por el proselitismo del Instituto pero,
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sobre todo, por el apoyo material que este brindara, muchas institucio-
nes e intelectuales decidieron colaborar con el nuevo órgano de direc-
ción cultural.
La Sociedad Cubana de Ingenieros, el Club Fotográfico de Cuba, la
Sociedad Cubana de Ciencias Físicas y Matemáticas, la Sociedad
Espeleológica de Cuba y la Sociedad Cubana de Filosofía fueron algu-
nas de las que pidieron incorporarse al INC; a cambio, las mencionadas
entidades debían identificarse con el régimen o mantener al menos una
actitud acrítica.23
A su vez el Instituto tenía la posibilidad de obstaculizar el trabajo de
diversos organismos a través del manejo de las subvenciones. Por este
concepto se vieron afectados el Patronato del teatro, y como se ha di-
cho, la compañía de Alicia Alonso y la revista Orto. Sin dudas, en las
decisiones del INC influyeron las posturas políticas de algunas figuras
involucradas en esos proyectos culturales.
Curiosamente, el contenido de las manifestaciones culturales que
impulsaban esas entidades reprimidas no afectó de modo directo a la
dictadura, aun así, los máximos dirigentes del INC proclamaban su im-
parcialidad. El Instituto de Cultura –según su director Guillermo de
Zéndegui– «se impuso el deber de mantenerse al margen de las polémi-
cas partidaristas y de los intereses de grupos o banderías».24
Quizás por constituir un vehículo eficaz para la dominación ideológi-
ca es que Batista prioriza la fundación del INC. Es precisamente el
tirano quien caloriza la idea de crear un Instituto de Cultura; en su ánimo
pudieron incidir las preocupaciones de antaño, pero indudablemente la
sed de poder y legitimación discurría como elemento determinante.
El nuevo engendro contó con la firma, por parte del presidente, del
decreto no. 2057 de 18 de julio de 1955. Al cumplirse un año de creado
el propio mandatario se dirige al Congreso para insistir en la necesidad de
sostener un organismo de esa índole y reclamar el ensanchamiento de su
radio de acción.

23
Prueba de la actitud del INC hacia aquellas instituciones que mantuvieran una conducta
irreverente fue la represalia tomada contra la Sociedad Espeleológica, a la que le retuvieron las
mensualidades que se le asignaban; ver Acta de la Junta Consultiva de Asesores del Instituto
Nacional de Cultura, t. II, Acta no. 62, 18 de diciembre de 1956, Archivo del Ministerio de
Cultura, Fondo Instituto Nacional de Cultura, folios 29, 30.
24
Guillermo de Zéndegui: «Dedican los rotarios una sesión al INC», Boletín Informativo, órgano
del INC (Ministerio de Educación), La Habana, no. 1, noviembre de 1955, p. 2.

218

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[…] este Instituto Nacional de Cultura no puede desarrollar a ple-
nitud sus funciones ni asegurar la permanencia que demanden tan
esenciales servicios del Estado en el orden de la cultura en tanto
que no se apruebe la Ley que lo estructure definitivamente y fije
sus facultades institucionales y sus relaciones administrativas con
el Ministerio de Educación al que queda adscripto. Legislación cuya
necesidad no debo dejar de soslayar.25
Ahora bien, con independencia de las oscuras intenciones que se atis-
ban en la actividad cultural del batistato, a esta última pudiera adjudi-
cársele cierto éxito. En ese alcance intervinieron un grupo de elementos
propios de la época que delinearon el perfil positivo de dicha gestión.
La dictadura de Batista, según lo expresado aquí, no pudo prescindir
del sistema democrático usual. Este comprometimiento supuso la existen-
cia de un relativo espacio cívico ceñido al esquema de la democracia.
De este modo la deuda contraída por el nuevo gobierno precipitó un
tipo de conducta que albergaba la conciliación del autoritarismo con
ciertas tradiciones liberales.
La conjunción entre «absolutismo» y tolerancia insinuaba el consen-
timiento del tirano hacia las instituciones civiles de la nación, pero por
sobre todas las cosas enunciaba el deseo de proclamar la purificación
jurídica del gobierno de facto. No era la primera vez que el dictador
manejaba los hilos de la democracia, solo que ahora la manipulación era
más cuestionada.
En el orden general esta dicotomía traslucía una suerte de respeto RICARDO QUIZA MORENO / Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)
hacia la libertad de expresión, siempre y cuando no se transgredieran los
límites permisibles.
A despecho de las posiciones de fuerza asumidas por el régimen, los
distintos estamentos de la sociedad civil mostraron su desacuerdo. El
fantasma de la censura y la represión no coartaba del todo la oportuni-
dad de denunciar la imposición del régimen.
La avalancha de criterios opuestos se extendió también al escenario
de la cultura, sin embargo, en ocasiones, las instituciones gubernamen-
tales se hicieron eco de la labor de sus propios críticos.
Con motivo de celebrarse los 10 años de la revista Orígenes (1954)
algunos representantes de la cultura oficial intentaron subvencionar la
publicación; el gesto fue rechazado por Lezama Lima quien ripostó: «Si

25
Boletín Informativo, La Habana, número por el aniversario, julio de 1956, p. 2.

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andamos 10 años con vuestra indiferencia, no nos regalen ahora, el fru-
to fétido de su admiración».26
Pese al fiasco, el Instituto Nacional de Cultura editó su libro La expre-
sión americana.
Otro tanto ocurrió con la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo. La re-
ferida Sociedad fue la que probablemente mostró de manera más radi-
cal su oposición al gobierno; no obstante, sus miembros fueron invitados
a ofrecer conferencias en la sede del Instituto de Cultura, y aun más, sus
actividades aparecían reseñadas en el órgano oficial del INC.27
Por otra parte la estructura político-económica de la Isla determinó
la frecuente aparición de proyectos culturales a modo de iniciativas pri-
vadas, lo que les confería un alto grado de libertad de criterios en rela-
ción con la cultura oficial. Las concesiones hechas por Batista incluían
la posibilidad de permitir el desenvolvimiento de muchas de ellas, sin
que significara que la tiranía depusiera sus deseos de utilizarlas.
No menos valiosos fueron los resultados tangibles que en tal ambien-
te lograra el régimen, ellos simbolizaban el proceso mediante el cual se
sustentaba la imagen de credibilidad, operatividad y resolución que tan-
to necesitaba el nuevo poder; dicho proceso trajo aparejado el desplie-
gue de muchas actividades culturales así como la erección de sitios
específicos para la difusión cultural como el Palacio de Bellas Artes, el
Teatro Nacional y el nuevo edificio de la Biblioteca Nacional.
De alguna manera la problemática que aquí se trata aparece sintetiza-
da en la fundación y ulterior itinerario del INC, razón por la cual reviste
importancia el examen de sus lineamientos y estructura interna así como
del cúmulo de realizaciones que se le atribuyen.
El INC surgió como entidad yuxtapuesta a las existentes institucio-
nes de su tipo, lo que permite comprender el carácter contradictorio de
la política cultural del batistato. Su creación no produjo rupturas pro-
fundas en el diseño de la política oficial salvo en lo concerniente al
grado de autonomía que tuviera en relación con su instancia superior
(Ministerio de Educación) y en el nivel de beligerancia que mostrara
hacia aquellas asociaciones, individualidades o expresiones culturales
que se mostrasen contrarias a la perdurabilidad del régimen.

26
Tomado de Pamela Smorkaloff: Literatura y edición de libros. La cultura literaria y el proceso social
en Cuba, Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1987, p. 79.
27
Boletín Informativo, La Habana, no. 1, noviembre de 1955, p. 5; no. 3, marzo de 1956, p. 4.

220

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De esta manera sobrevivieron a los cambios las instituciones repre-
sentativas de la cultura oficial, que ya existían, pero además continua-
ron un buen número de asociaciones y proyectos culturales que se habían
forjado al margen de la labor auspiciada por los gobiernos republicanos.
Según declaraciones del órgano oficial del INC, la cultura cubana
precisaba de un instrumento que coordinase los esfuerzos e iniciativas
oficiales y privados.28
La institución rectora de la cultura cubana estuvo constituida por
especialistas en la materia, lo que aseguraba un nivel de dignidad en su
funcionamiento. Alrededor de la Junta Consultiva de Asesores del INC
se nuclearon un segmento de intelectuales a quienes por encima de su
filiación política, o a pesar de ella, les interesaba promover y difundir la
cultura en Cuba.
En la lista de miembros de la Junta aparecían entre otros, Mario Sánchez
Roig, Aurelio de la Vega, Juan José Sicre, Francisco Ichazo, Rafael Suárez
Solís, René Herrera Fritot, Lydia Cabrera, Gastón Baquero, Mario
Carreño, Francisco Pérez de la Riva, Arturo Alfonso Roselló, Rafael
Marquina y Pedro Sánchez Pessino, sin dudas una legión de profesiona-
les conocedores del asunto que sesionó desde 1955 hasta diciembre de
1958.
El número y la variedad de actividades auspiciadas por el INC fueron
relativamente considerables. La organización de charlas o ciclos de con-
ferencias, la fundación de instituciones y sociedades culturales, la habi-
RICARDO QUIZA MORENO / Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)
litación de los medios de comunicación para difundir conocimientos, la
gestión editorial y la inauguración de exposiciones mostraban la poli-
cromía que tuviera la política de animación cultural del INC.29
Grosso modo, algunas de las iniciativas propulsadas por el INC fueron
las siguientes:

28
Boletín Informativo, La Habana, no. 3, marzo de 1956, p. 1.
29
Al escoger al INC discriminamos otras tareas que ejecutara el gobierno entre 1952 y 1955,
fecha previa a la fundación de esta entidad. Entre ellas se destaca la fundación de la Organi-
zación (Nacional) de Bibliotecas Ambulantes y Populares (ONBAP) y la publicación de la
revista Isla. Según estimados, existieron alrededor de 1 000 bibliotecas ambulantes por las que
desfilaron unos 105 163 usuarios, mientras la revista Isla tuvo 22 números.
Por otra parte y en aras de la síntesis, obviamos otras actividades impulsadas por el INC y
simplificamos la información referente a instituciones como el Grupo de Amigos de la Cultura
y la emisora CMZ.

221

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1955
• Se adscribe al INC la emisora oficial CMZ. A partir de entonces la
emisora tuvo la obligación de ofrecer cobertura a todo tipo de es-
pectáculos de interés para la cultura, además de proseguir con sus
habituales programas de música sinfónica.
• La Junta de Asesores del INC aprueba la celebración de un evento
en homenaje al filósofo español José Ortega y Gasset.
• El INC acuerda contribuir en los actos nacionales en homenaje a
Fernando Ortiz.
• Sale a la luz el Boletín Informativo del INC con una periodicidad
mensual.
• Aparece la revista del INC.
1956
• Se inaugura la Orquesta de Cámara del INC.
• Se celebra la convención de los Grupos de Amigos de la Cultura.
• Se inaugura el Alto Centro de Estudios.
• Cuba asiste al festival del libro de Caracas, Venezuela.
• Comienzan en Bellas Artes ciclos de películas clásicas a precios
populares.
1957
• Se lanza convocatoria nacional a todos los artesanos del país para
organizar una muestra de arte popular que inauguraría la sala per-
manente de arte popular en el Palacio de Bellas Artes.
• Asisten a los espectáculos teatrales programados por el INC en su
sede de Bellas Artes un total de 24 568 espectadores.
• Asisten en calidad de miembros del INC, Francisco Pérez de la
Riva y Pedro Sánchez Pessino al II Congreso Hispanoamericano
de Historia con sede en Ciudad Trujillo (hoy Santo Domingo, Re-
pública Dominicana).
• Se publica La expresión americana, de José Lezama Lima.
1958
• Se edita Antología del teatro cubano.
• A instancias del INC, Batista concede 25 000 pesos para celebrar
el Segundo Festival Panamericano de Teatro.
Una lectura detallada de la agenda de trabajo del INC permite adver-
tir la preeminencia de una concepción estrecha de la promoción cultu-
ral que admitía la concentración de estas tareas en enclaves urbanos,
222

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especialmente habaneros. En honor a la verdad esta filosofía fue común
a todos los gobiernos republicanos lo que de algún modo demerita la
labor que en estos órdenes se acometiera.

III

En el período que nos ocupa la actividad oficial en la esfera de la cultu-


ra estuvo concatenada a una serie de circunstancias –coyunturales o
esenciales– que la matizaron.
La implantación de un régimen tiránico en el contorno político del
país propició la subversión del orden tradicional y allanó el camino al
surgimiento de condiciones sui generis en las que se mezclaron ciertos
hábitos de la democracia con actitudes de gobierno marcadamente per-
sonales.
Esta especie de híbrido, cuyos antecedentes han de encontrase en la
biografía política del dictador, afectó en alguna proporción a la política
cultural instrumentada por el marzato. Pudiera afirmarse que el gobier-
no de Batista se propuso darle un ordenamiento rígido y apologético a
la vida espiritual de la nación pero sin dejar de aceptar la faena cultural
de instituciones y personalidades.
El sentido de la coherencia, el principio selectivo, el fundamento
populista y beligerante así como la faceta constructiva resultaron los
RICARDO QUIZA MORENO / Cuba: cultura y dictadura (1952-1958)
pilares sobre los que descansó el esquema cultural del gobierno de Ba-
tista.
Sin duda alguna el régimen contó con un proyecto económico, políti-
co pero también social y cultural consistente en el establecimiento de
ciertos programas interconectados que estuvieron dirigidos a sancionar
intereses exclusivos y a lograr cierto progreso en las condiciones del
neocolonialismo. Contradictoriamente, y sin rebasar los márgenes de
una concepción que veía a la cultura como de enclaves y élites, dicho
proyecto debió contemplar un relativo número de exigencias provenientes
de amplios sectores de la sociedad cubana en aras de fomentar el reco-
nocimiento popular.
La Revolución heredó en materia de política cultural no solo un con-
junto de edificaciones sobre las que se asentaron nuevos proyectos cultu-
rales o sobre los que continuaron otros tantos, sino también, cierto
hábito de control y planificación de dicha gestión que había venido
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desarrollándose desde los tiempos de la caída de Machado, pero que
adoptaría nuevos bríos al conjuro de la necesidad de justificación que
clamaba el régimen del 10 de Marzo. Por supuesto, estos hábitos de
dirección y de participación estatal en el entramado de la cultura adop-
tarían formas novedosas en virtud de los legítimos intereses que empe-
zarían a defenderse.

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RUTH No. 3/2009, pp. 225-247

CARIDAD MASSÓN SENA*

Proyectos y accionar del Partido Socialista


Popular entre 1952 y 1958

El Partido Socialista Popular, entre 1952 y 1958, logró desarrollar una amplia propagan-
da a favor de las transformaciones urgentes que necesitaba la sociedad cubana a fin de lograr
su liberación nacional y social; denunció y alertó sobre las maniobras del imperialismo, decidió
apoyar la lucha guerrillera durante su última etapa; cientos de sus militantes y simpatizantes
comunistas fueron reprimidos, encarcelados, torturados y asesinados por la tiranía y, finalmen-
te, contribuyó de modo esencial a cohesionar a las masas para lograr la unidad que consolidó el
triunfo definitivo de la Revolución.

La dialéctica de los acontecimientos históricos pudiéramos asemejarla


a una infinita cadena que, en ausencia de un eslabón, pierde la lógica de
la continuidad. Cómo explicarnos entonces las trayectorias si no cono-
cemos a fondo los engarces antecedentes. Al pretender examinar los
proyectos y el accionar del Partido Socialista Popular (PSP) entre 1952
y 1958, es preciso avanzar en la historia y, al mismo tiempo, volver la
mirada hacia el ayer un poco más lejano.
De modo muy general y simplificado, pudiéramos decir que el Parti-
do Comunista de Cuba, en su primera etapa, comprendida desde la cons-
titución en 1925 hasta el desenlace final del proceso revolucionario de
los años 30, proyectó su meta estratégica en dos fases, una agraria y
antimperialista, y otra de carácter socialista, ambas a desarrollar por
medio de la táctica de la insurrección armada y la creación de los so-
viets de obreros, campesinos, soldados y marinos. Dichas proyeccio-
nes comportaban en sí mismas un sentido izquierdista y sectario que

* (Cuba, 1958). Investigadora titular del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan
Marinello, Doctora en Ciencias Históricas. Ha publicado, El Curita, Tras la estela cubana de
Gabriela Mistral, Lorca y Maroto en Caimito (en coautoría con Midalys Blanco), Rubén: desde el
recuerdo y la esperanza y La Revolución Cubana en la vida de pastores y creyentes evangélicos.

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influyó en el surgimiento de numerosos desencuentros con otras fuer-
zas de la oposición nacionalista de esa época.
Sin embargo, a partir de 1936 y con el cambio de las circunstancias, el
programa partidista comenzó a valorar la viabilidad de tácticas de lucha
legal y propuso un cambio de perspectiva a favor de la convocatoria a
una Asamblea Constituyente libre y soberana en unidad con los comba-
tes por las reivindicaciones populares más perentorias. Realizó numero-
sos esfuerzos por crear un frente democrático con otras corrientes
nacionalistas, los cuales resultaron infructuosos. En sus propósitos elec-
torales se transformó en el Partido Unión Revolucionaria Comunista
(PURC) en 1939. Ya la organización había adquirido un carácter legal y
trabajó por incluir en el texto constitucional de 1940 la mayor cantidad
de reivindicaciones populares posibles. Con ese objetivo estableció una
coalición política con Fulgencio Batista, cuando este –«disfrazado» de
demócrata– buscaba apoyo para llegar a la presidencia. Dicha alianza
tuvo costos negativos importantes para sus intentos de lograr la unidad
con otros sectores en las luchas que ocurrieron posteriormente.
Por más de una década, el partido, que en 1944 pasó a llamarse Socia-
lista Popular, trató de navegar sin mancharse en el mar de corrupción y
desconcierto que imponía la legalidad burguesa. En ese medio logró de
los gobiernos de turno algunas leyes significativas de beneficio para las
masas. Llegó incluso a proponer una candidatura de gobierno indepen-
diente en las elecciones de 1948, pero con la derrota se dio cuenta de
que el partido no estaba en condiciones de lograr un triunfo electoral
de tal envergadura. Por eso decidió cambiar su proceder.

Reacción ante el golpe del 10 de Marzo

El 1ro. de junio de 1952 se debían realizar elecciones generales en Cuba.


Entre las tres propuestas para presidente (Carlos Hevia, Fulgencio Ba-
tista y Roberto Agramonte) la de mayores simpatías era la última, el
representante de la ortodoxia.
Batista había regresado y no conforme con su status, aspiraba a
hacerse de nuevo del poder [recuerda Edith García Buchaca]. En
esos intentos, le pidió una entrevista a los dirigentes del Partido
Socialista Popular a la que asistieron Blas Roca y Joaquín Ordoqui.1
1
Secretario general y organizador del Comité Nacional del PSP, respectivamente.

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Quería saber si el partido estaba dispuesto a apoyarlo en sus aspi-
raciones presidenciales.
La respuesta de Blas fue contundente: «Nosotros consideramos
que usted no tiene ninguna oportunidad, lo más provechoso es que
se quede como senador. Su tiempo en ese sentido pasó. Eso si
piensa llegar por vías legales, si está pensando por otras vías, le
advertimos que usted y el pueblo de Cuba van a salir tintos en
sangre».2
Para evitar el triunfo del autenticismo, el PSP dirigió una carta el 8 de
diciembre de 1951 a la mayoría de las organizaciones de oposición para
proponerles la formación de un frente unido para los comicios. En ese
mismo sentido se proyectó en su VII Asamblea Nacional, celebrada en
febrero de 1952. Ante la indiferencia de la dirección de dichos partidos
se dirigió a sus bases y decidió no presentar candidatos independientes
para apoyar las preferencias por la ortodoxia. Pero sobrevino el golpe de
Estado del 10 de Marzo y se frustró la posibilidad de la victoria popular

CARIDAD MASSÓN SENA / Proyectos y accionar del Partido Socialista Popular entre 1952 y 1958
en las urnas. En unas horas cambió totalmente el panorama político
nacional.
La reacción del PSP ante el zarpazo se concretó en la realización de
declaraciones condenatorias inmediatas. En su mensaje al pueblo pre-
sentó un programa de lucha por el restablecimiento de la legalidad, la
convocatoria a elecciones generales y la formación de un Frente Demo-
crático Nacional. Por su parte, el ejército ocupó sus oficinas centrales y
algunas de las provinciales y municipales.
El partido se desenvolvía en un entorno político de aislamiento. Las
organizaciones burguesas y nacionalistas evitaban cualquier tipo de coa-
lición con los comunistas; la Confederación de Trabajadores de Cuba
había pasado a ser controlada por Eusebio Mujal y sus seguidores; la
represión, la cárcel y el asesinato hostigaban constantemente a sus mili-
tantes; existían dudas sobre la potencialidad y viabilidad de un poder
comunista a solo unas millas del imperialismo estadounidense; y se
manifestaba cierto repudio e incomprensión en una parte de la ciudada-
nía con respecto a la alianza política que había establecido con Batista.
En tales condiciones, la posibilidad objetiva de que pudiera dirigir ac-
ciones masivas para enfrentar al golpe era muy limitada.
2
Caridad Massón Sena: En los límites de la memoria. Conversando con Edith García Buchaca, inédito,
La Habana, 2004.

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Luego de dirigir algunas huelgas y sufrir nuevamente el asalto a su
local de trabajo, en noviembre la Mesa Ejecutiva del PSP propuso a las
masas que apoyaran su programa de lucha a favor de la reforma agraria, la
nacionalización de las empresas de servicios públicos, la defensa de la
industria cubana, la anulación de la invasión de las inversiones yanquis
en sectores de la comunicación, el turismo y las finanzas, la rebaja de
los precios a los productos de primera necesidad, el aumento de los
salarios, la satisfacción de las demandas campesinas, la implantación de
la democracia sindical, etcétera, proyecto que requería de un gobierno
de Frente Democrático Nacional.3
Simultáneamente criticaba, tanto a los grupos políticos que preten-
dían establecer componendas con el régimen, como a aquellos favora-
bles a nuevos golpes de Estado, maniobras putchistas o movimientos
insurreccionales.4 Esa misma actitud mantuvo ante el Pacto de Montreal
firmado en el mes de junio.

El Partido y los sucesos del 26 de Julio

Las acciones armadas ocurridas el 26 de julio de 1953 desconcertaron a


la dirección del PSP. Aunque eran ajenos a los sucesos, los comunistas
estuvieron entre los primeros acusados por el gobierno de ser «autores
intelectuales» de los hechos. Por ese motivo fueron arrestados Lázaro
Peña y Joaquín Ordoqui.
Sin embargo, también fueron detenidos en Santa Clara, cuando regre-
saban de una reunión que se había realizado en la capital oriental, los
dirigentes de base José A. Cabrera, Antonio Pérez Mujica y Bernardo
Hernández, quienes fueron llevados al cuartel y remitidos a Santiago.
En su tránsito por Camagüey, fueron ametrallados indiscriminadamente
por un soldado y luego serían presentados a juicio como heridos en el
Moncada.5 A ese grupo se unieron otros militantes que fueron involu-
crados en el mismo proceso: Rolando Hevia, Armando Díaz y Juan M.
Llosa Perera.

3
«Llamamiento de la Mesa Ejecutiva», Fundamentos [revista del PSP], 1952; 129: 104, no-
viembre.
4
Blas Roca: «La situación cubana y la solución verdadera», Fundamentos, 1953; XIII (133):
abril.
5
«¿Cómo detuvieron a los compañeros Cabrera, Antonio Pérez y otros?», Carta Semanal, no. 2,
15 de agosto de 1953, p. 2.

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A partir de esa fecha, la dirección del Partido pasó definitivamente a
la clandestinidad y comenzó a funcionar un nuevo Buró Político. El
periódico Noticias de Hoy fue clausurado y tuvo que ser sustituido por
Carta Semanal, que comenzó a publicarse de forma ilegal.
El PSP no tuvo noticias de los preparativos de las acciones del 26 de
Julio. Tampoco estaba enterado de la composición del grupo de los
asaltantes y creyó que tenía proyecciones similares a las restantes agrupa-
ciones oposicionistas. En esa coyuntura, realizó un análisis incorrecto de
lo ocurrido al considerar que había sido un proceder equivocado, que
solo sirvió para que el régimen justificara la eliminación de las pocas
libertades democráticas que existían. Luego de valorar con más profun-
didad las características y resultados de las acciones, reconoció que eran
jóvenes que actuaban al margen de la politiquería al uso, que por una
vía independiente trataban de alcanzar objetivos justos y que desarro-
llaron un gran heroísmo en sus propósitos.6
[...] Todo el mundo sabe [dice un artículo de Carta Semanal del 3 de
septiembre] que el Partido Socialista Popular ha sido el más resuel-

CARIDAD MASSÓN SENA / Proyectos y accionar del Partido Socialista Popular entre 1952 y 1958
to oponente de las aventuras, el que más empeño ha tomado en
mostrar a las masas que ese es un camino falso. Todo el mundo
sabe que el Partido Socialista Popular es el único que ha señalado
el camino justo para resolver la crisis cubana: el camino de recha-
zar resueltamente las aventuras, el terrorismo y las «expediciones»,
el camino de rechazar las «componendas» y el aislacionismo [...].7
Unos días después, el 19 de septiembre, proponía las bases para un
«arreglo limpio» de la situación nacional:
1) Modificar la convocatoria a elecciones anunciadas para junio de
1954 a fin de que tuvieran carácter general e inmediato. 2) Corregir
el código electoral para que todos los partidos y sectores tuvieran
las mismas facilidades de organización. 3) Asegurar la imparciali-
dad en los comicios. 4) Dar facilidades para la integración de un
Frente Democrático Nacional o una coalición de Partidos que
acordara programas y candidaturas comunes y, al mismo tiempo,
mantuviera su independencia orgánica, ideológica y política. 5)
Restituir las garantías, dar la libertad a los presos políticos, cesar

6
«El juicio de Santiago», Carta Semanal, no. 7, 26 de septiembre de 1953.
7
«El camino», Carta Semanal, no. 4, 3 de septiembre de 1953.

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las detenciones arbitrarias, respetar los derechos de los trabajado-
res y sindicatos.8
Para tratar de cumplir su proyecto, el Buró Municipal del Comité de
Frente Único de La Habana por orientación de los comunistas tomó el
acuerdo de organizar un Partido de Frente Unido y se dirigió al Tribunal
Superior Electoral para tratar de inscribirlo.
El juicio por los sucesos del Moncada comenzó el 21 de septiembre.
La defensa de los comunistas involucrados estuvo a cargo de José Mi-
guel Pérez Lamy, Rafael Cisneros Ponteau y Luis Pérez Rey. Ellos de-
bían esforzarse por demostrar que el Partido estaba ajeno totalmente a
los hechos. Con la encomienda de hacer cumplir esa orientación se tras-
ladó Carlos Rafael Rodríguez a la capital de Oriente.
El 6 de octubre fueron liberados, de manera provisional, algunos de
los llamados autores intelectuales, entre ellos Ordoqui y Peña. Enton-
ces, la dirección del PSP le dio la tarea a Edith García Buchaca de
reunirse con esos compañeros a fin de prevenir alguna provocación por
parte de las autoridades.
La primera noche de mi llegada [recuerda Edith] apenas dormimos
escuchando los relatos que Joaquín me hizo sobre el desarrollo del
juicio y la actitud de valentía y grandeza de los jóvenes del 26,
cuestión que los había impresionado y conmovido profundamente.
Recuerdo con cuánta emoción me habló de ellos, de su firmeza y
su actitud de reto ante el tribunal, de lo profundo de sus conviccio-
nes y la decisión de defenderlas con absoluto desprecio para sus
vidas. Me dijo entonces: «El Partido está equivocado, estas gentes
no son como los estudiantes del año 30, saben lo que quieren y han
demostrado una gran calidad. Es necesario que te entrevistes con
Carlos Rafael, para que le digas que Lázaro y yo no estamos de
acuerdo con la actuación de nuestros abogados. A ellos solo les
interesa sacarnos absueltos y que con ello se confirme que no tuvi-
mos participación en los hechos».9
Diez días después comenzaba el juicio contra Fidel Castro, quien exo-
neró de toda responsabilidad a los acusados de otros partidos, que fue-
ron finalmente liberados.
8
«Bases para un arreglo limpio de la situación cubana», Carta Semanal, no. 6, 19 de septiembre
de 1953.
9
Caridad Massón Sena: Ob. cit. (en n. 2).

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Los meses siguientes en el seno de la dirección partidista se expresa-
ron divergencias acerca de la actitud asumida con respecto a los acusa-
dos comunistas juzgados en el Moncada.

Propuestas para las elecciones generales de 1954

El 6 de abril de 1954 se efectuó la primera reunión del Comité Nacional


del PSP posterior al paso a la ilegalidad. Los dos asuntos más debatidos
fueron la postura a asumir para las elecciones y los criterios acerca de
las decisiones tomadas en el juicio del Moncada.
En cuanto al primer aspecto, el análisis trató sobre los infructuosos
esfuerzos realizados para inscribir el Partido de Frente Unido, la lucha
por la amnistía, los derechos democráticos y las demandas de los traba-
jadores. Al tiempo que se orientaba la consigna del voto negativo, o sea,
votar a favor de Grau, único contendiente de Batista, para así demos-
trar el rechazo al tirano.

CARIDAD MASSÓN SENA / Proyectos y accionar del Partido Socialista Popular entre 1952 y 1958
Sobre el segundo tema, el informe central señalaba:
El camino escogido por Fidel Castro y sus compañeros es falso.
Nosotros, que apreciamos su limpieza moral y que estamos con-
vencidos de su honradez, tenemos que decir que el putch, que la
acción armada desesperada y con categoría de aventura, no condu-
cen a otra cosa que al fracaso, al desperdicio de fuerzas, a la muerte
de su objetivo. Tenemos que decir eso, y convencer a esos jóvenes,
y a todos los jóvenes que piensan como ellos, que el camino es el
de la lucha de masas y la acción de masas.10
Sin embargo, hubo criterios divergentes, sobre todo, en lo concer-
niente a las instrucciones que se dieron durante el juicio, donde se des-
tacó en la controversia el dirigente manzanillero César Vilar.
Además de dejar bien esclarecida la total desvinculación de los co-
munistas con los sucesos, al compañero de la dirección que estaba guian-
do el proceder de los abogados se le había dado la instrucción de
aprovechar la oportunidad para denunciar la agresión de sus camaradas
en Camagüey. Dicha acusación fue hecha por escrito al tribunal a través
del periódico Carta Semanal, pero no en el juicio oral, cuestión por la
10
Carta Semanal, no. 16, 20 de octubre de 1953, citado por Oleg Darushenkov: Cuba, el camino
de la Revolución, Editorial Progreso, Moscú, 1978, p. 85.

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que fue criticado fuertemente. No conforme con esta aclaración, Vilar
planteó que, de hecho, el juicio había constituido una derrota para el
partido y que la verdadera responsable de ese error era toda la dirección
de este.
Luego de varias reuniones se le pidió que hiciera una rectificación
autocrítica de su postura, a lo cual se negó y realizó declaraciones a la
prensa. Por esa actitud, el 25 de julio se tomó el acuerdo de separar de
sus cargos a Vilar y expulsarlo definitivamente del partido, argumentán-
dose además otros problemas de su actuación personal. Este asunto
tomó ribetes inusitados porque durante algún tiempo se dieron cons-
tantes acusaciones de un lado y del otro que solo beneficiaron a la reac-
ción y el asunto fue utilizado por intereses anticomunistas.11
Junto a la campaña a favor del voto negativo, el PSP rechazó la ley-
decreto que autorizaba la construcción del canal Vía-Cuba, proyecto
que laceraba la soberanía y enajenaba una parte del territorio nacional.
Tal fue el repudio generado por esta medida que, finalmente, no pudo
ser puesta en práctica.
Ante las presiones y la falta de garantías para las elecciones del 1ro. de
noviembre, Grau decidió retirar su candidatura y se invalidó entonces
la posibilidad del voto negativo. En tales circunstancias, el PSP orientó
a sus militantes aceptar la consigna del abstencionismo asumida por la
mayor parte de los opositores.
En un estudio de los resultados de las elecciones, en la primera quin-
cena de diciembre el Comité Nacional planteó que la consigna del voto
negativo hubiera podido neutralizar los propósitos de dar legalidad al
régimen y constituir una victoria al canalizar las demandas crecientes
de las masas. Sin embargo, la huida de Grau, con la que abandonó el
terreno al enemigo, facilitó la farsa electoral.
En resumen, se consideró que la lucha por la solución democrática de la
crisis exigía una férrea unidad popular, para demandar la anulación de los
comicios, el establecimiento de libertades democráticas y la convocato-
ria a nuevas elecciones.12
Como hemos visto, en 1954 el partido trató de ubicarse en el centro
de las luchas por las transformaciones que necesitaba el país. Sin em-
11
«Fragmento de la resolución de expulsión de César Vilar», Carta Semanal, época II, no. 52, 11 de
agosto de 1954, p. 2.
12
A. Díaz: Informe sobre «La brava del 1ro. de noviembre», la situación actual y la lucha por la solución
democrática de la crisis, 1954.

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bargo, en su seno se produjeron errores tácticos importantes como la
subestimación del trabajo de otras organizaciones opositoras, la crítica
indiscriminada a lo que consideraban «métodos terroristas» y el mante-
nimiento de la vía electoral pacífica que no se avenía con sus propósitos
de cambios radicales.

Por un Frente Democrático Nacional

Después de la salida de prisión de los moncadistas, Fidel Castro comen-


zó a reorganizar a sus seguidores en medio de una fuerte persecusión.
El PSP denunció las constantes provocaciones de funcionarios guber-
namentales que pretendían llevar de nuevo a la cárcel o asesinar al líder
revolucionario.
Dirigidos por el Comité de Defensa de las Demandas Obreras, unos
400 000 trabajadores azucareros se lanzaron a la huelga en el mes de
diciembre de 1955. Su objetivo fundamental era protestar por la negati-

CARIDAD MASSÓN SENA / Proyectos y accionar del Partido Socialista Popular entre 1952 y 1958
va de las empresas a pagarles el diferencial que correspondía de acuerdo
con los precios del azúcar. Ese movimiento contó con la solidaridad de
numerosos sectores y ello decidió al gobierno a decretar el pago del
diferencial en 4.02 %. Aunque no se logró el 7.5 % a que se aspiraba, la
huelga resultó en un gran triunfo.
En mayo de 1954, un pequeño grupo de intelectuales hizo declara-
ciones públicas donde alertaron al país ante lo que ellos consideraban
un dilema del momento: la posibilidad de una guerra pavorosa con la
intervención de las más modernas armas nucleares o la sumisión al do-
minio soviético. Carta Semanal condenó esa postura y calificó de anexio-
nista el llamamiento.13
Unos meses después, a principios de 1955, Juan Marinello, Carlos
Rafael Rodríguez y Salvador García Agüero escribieron un folleto en
respuesta a aquel pronunciamiento. Para los comunistas el problema de
Cuba estaba muy bien definido en dos términos: independencia nacio-
nal o sumisión al imperialismo.14
Del 14 al 24 de febrero de 1956 se efectuó el XX Congreso del Parti-
do Comunista de la Unión Soviética. Blas Roca y César Escalante
13
«Frente a un llamado a la traición nacional», Carta Semanal, época II, no. 39 [s. f.], pp. 1-2.
14
Juan Marinello, Carlos Rafael Rodríguez y Salvador García Agüero: Independencia nacional o
sumisión al imperialismo [s. e.], La Habana, 1955.

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–quienes asistieron como delegados fraternales– estuvieron ajenos al
análisis de los problemas sobre Stalin, que allí fueron tratados en secre-
to. Conocieron de estos cuando la prensa capitalista publicó su versión
del asunto.
Las primeras discusiones en el Buró Ejecutivo del PSP sobre ese tema
se realizaron los días 30 y 31 de marzo bajo la dirección de Aníbal
Escalante, pues Blas no había regresado aún. Se elaboró un comunica-
do para saludar los avances y las victorias de la Unión Soviética y mani-
festar su acuerdo con las críticas realizadas a Stalin. Además se valoró
la política de coexistencia pacífica de la Unión Soviética, la cual tenía
implicaciones para otros partidos comunistas del mundo que se desem-
peñaban en contextos diferentes. Se afirmaba que el paso del poder de
la burguesía al pueblo, podía revestir una forma perfectamente pacífica,
siempre que las masas populares se hubiesen agrupado en torno a la
clase obrera, obligando a los burgueses a someterse a la voluntad de los
trabajadores.15
Blas Roca y Edith García Buchaca se encontraban en esos momentos
asistiendo a un ciclo de conferencias impartidas por el Partido Comu-
nista chino.
Por aquella época [recuerda Edith] imperaba el criterio de que las
revoluciones armadas victoriosas solo podían darse en países que
reunieran determinadas características, entre ellas un amplio terri-
torio y posibilidades de autoabastecimiento en momentos críticos,
atribuyéndose gran importancia a las zonas montañosas para la
guerra de guerrillas. De acuerdo con ello, se excluía a Cuba de toda
posibilidad de una victoria por vía insurreccional.
[…]
Cuando comenzaron las conferencias sobre las guerras de guerri-
llas y la lucha armada, donde se explicaba de forma minuciosa la
táctica seguida en diferentes territorios y sus experiencias durante
actividades militares prolongadas, yo le pregunté a Blas si debía
tomar en detalle aquellas ideas. Su respuesta fue que las tomara,
pues «a pesar de todas las teorías, nadie sabía lo que podría suceder
y si nos serían útiles en cualquier momento».16

15
A. Sobolev: «Algunas forma de transición del capitalismo al socialismo», Estudios y Documentos
Teóricos, no. 12, abril de 1957, pp. 4-5.
16
Caridad Massón Sena: Ob. cit. (en n. 2).

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La línea de agosto

El 24 de mayo de 1956, el PSP realizó un pleno en el cual anunció la


posibilidad de un reajuste táctico en Cuba al valorar que la consigna de
elecciones generales inmediatas había perdido actualidad, pues estaban
agotadas sus posibilidades revolucionarias al ponerse en concordancia
con los planes de la camarilla gubernamental.
Sin embargo, no fue hasta el 20 de junio que se dio a conocer oficial-
mente la denominada «línea de agosto», cuyos objetivos eran derrocar
el régimen por vía violenta mediante un movimiento de masas podero-
so y escalonado, similar al que derribó a Machado y que podía desembo-
car en un movimiento armado (en este sentido se acercaba a la táctica
del Movimiento 26 de Julio [M-26-7]).
No somos adoradores de la violencia por sí misma [planteaba un
manifiesto del 26 de septiembre] […]. Por eso formulamos y enar-
bolamos a su tiempo –nosotros antes que nadie– la consigna de las

CARIDAD MASSÓN SENA / Proyectos y accionar del Partido Socialista Popular entre 1952 y 1958
elecciones generales democráticas e inmediatas, con garantías para
todos los partidos y zonas de opinión, que franqueaba la posibili-
dad de dar salida por vía electoral, sin graves convulsiones, a cier-
tas de las graves cuestiones que afectan el momento nacional. Pero
cuando el gobierno despótico que padecemos –con el apoyo de sus
amos imperialistas yanquis– bloquea la vía electoral y pretende man-
tenerse en el poder por la fuerza, no hay más remedio que apelar a la
acción extraparlamentaria, es decir, a la lucha directa de las masas,
elevándola a la altura que fuera menester –incluso la insurrección
popular– para liberar a nuestra Patria de la opresión y abrir paso a
las soluciones que necesita el pueblo […].17
Con la aprobación de la línea de agosto se abrieron nuevas posibilida-
des para gestiones unitarias entre el PSP y el M-26-7. Antes, Frank País
y Léster Rodríguez se habían reunido con Francisco Rosales y Luis
Mariano Ávalos, dirigentes comunistas de Oriente, para convocarlos a
acciones conjuntas. Ellos habían respondido que no podían participar
porque no tenían autorización para hacerlo. En noviembre, el partido
orientó que se iniciaran coordinaciones con Fidel Castro a través de

17
«El camino del pueblo: agosto de 1933. Manifiesto del PSP (26 de septiembre de 1956)»,
Carta Semanal, época II, no. 165, 10 de octubre de 1956, p. 1.

235

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Ñico López; para ello Flavio Bravo viajó a México. Luego de expresar la
disposición de trabajar unidos por la revolución, le pidió al líder veinti-
seísta un poco más de calma en los preparativos de la insurrección, que
demoraran por un tiempo la expedición a fin de coordinar mejores con-
diciones para su llegada y hacerla coincidir con una huelga azucarera.
El PSP manifestó su desacuerdo con tácticas a plazo fijo, como había
propuesto Fidel al declarar el 30 de octubre que en 1956 serían «libres o
mártires».
Santiago Rey, ministro de Gobernación, acusó a los comunistas de par-
ticipar en el levantamiento producido en Santiago de Cuba el 30 de no-
viembre en apoyo a la llegada de los expedicionarios del Granma, que
arribaron a la Isla el 2 de diciembre. El PSP declaró que aunque tam-
bién pretendía derribar al gobierno, estaba opuesto a ese tipo de acciones
aisladas de las masas. No obstante, ayudó modestamente a los rebeldes y
denunció los crímenes que contra ellos cometió la tiranía.
Sin embargo, los resultados del levantamiento y la persecución desa-
tada contra los rebeldes tuvieron un efecto regresivo en las posiciones
del partido. El 16 de diciembre se reunió su dirección para realizar un
reajuste de sus posiciones estratégico-tácticas y allí se manifestaron al-
gunos desacuerdos con la línea de agosto.
Uno de los discrepantes estimó correcta la consigna para el momento
en que había surgido, pero se cuestionaba si se había exagerado la posi-
bilidad de un nuevo agosto. Pensaba que, en la práctica, se habían des-
lizado un poco de la línea, tal y como se había planteado originalmente;
que al existir criterios diferentes y algunas concepciones izquierdistas
sobre el Frente Democrático Nacional se debían corregir esos errores,
pues salvo en algunas zonas azucareras no existía en el país una región
o una ciudad donde la situación fuera «peor» que en el período entre
1946 y 1952. Tampoco había comparación posible con los años 1932 y
1933, cuando estalló la revolución contra Machado.18
Otro militante señalaba sus dudas sobre la justeza de la línea, a partir
de que los últimos acontecimientos parecían probar que el fermento
revolucionario y la disposición de las masas eran menores de lo que se
suponía. En todo caso, no tan elevado como para pasar al camino del

18
«Sobre la táctica del camino de Agosto», 16 de diciembre de 1956, Archivo del Instituto de
Historia de Cuba, Fondo Primeros Partidos, sección PSP.

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12 de agosto. Por ello recomendaba situar la lucha por las elecciones en
un lugar preponderante.19
Como vemos, la dirección del partido, integrada en su mayoría por
veteranos luchadores, muchos de ellos testigos o protagonistas del pro-
ceso revolucionario de los años 30, hacía constantes comparaciones
entre la situación, las fuerzas actuantes y sus tácticas del momento con
lo ocurrido varias décadas antes, paralelos que no siempre fueron acer-
tados.

La táctica de las alternativas

Luego del fracaso del asalto al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de


1957, el PSP reafirmó su cambio de táctica. En los meses siguientes se
produjeron importantes discusiones y, ante los reveses del movimiento
revolucionario y la reanimación económica que se venía produciendo,
se declaró definitivamente que la línea de agosto era incorrecta y unila-

CARIDAD MASSÓN SENA / Proyectos y accionar del Partido Socialista Popular entre 1952 y 1958
teral.20
En mayo se efectuó el Pleno del Comité Nacional del PSP. El infor-
me de Aníbal Escalante analiza que la lucha guerrillera ciertamente era
importante, pero constituía un fenómeno aislado en el país y le daba
mucho realce a las tácticas de sabotaje y la acción individual. En cuan-
to al Directorio Revolucionario, reconoce en él los métodos de lucha
del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) de la década del 30 y lo
valora como un retroceso con respecto al accionar de la Federación
Estudiantil Universitaria (FEU) en 1955.21
Puntualiza que el objetivo estratégico del partido era la eliminación
de la agresión imperialista y los rezagos feudales de la economía, el
cumplimiento de un programa patriótico y revolucionario que diera solu-
ciones de fondo a la crisis, para lo cual necesitan de la unidad de todos los
sectores que contribuyan a expulsar al gobierno del poder y sustituirlo por
otro que restaure la Constitución del 40, asegure la democracia, la inde-
pendencia, el progreso y la paz, un gobierno de Frente Democrático de
Liberación Nacional. Las posibilidades tácticas convenidas fueron: la

19
«Algunas consideraciones en torno a la línea del 12 de agosto», Archivo del Instituto de
Historia de Cuba, Fondo Primeros Partidos, sección PSP.
20
A. Díaz: Informe del Pleno del Comité Nacional del PSP, mayo de 1957.
21
A. Díaz: Sobre la situación actual y la táctica del partido, 1957, pp. 8-9.

237

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unión y la movilización para la consulta pública con elecciones verda-
deramente democráticas y garantías impuestas por el pueblo, o si el go-
bierno bloqueaba la línea electoral ir a un levantamiento en base a una
huelga general política como la de 1933 e incluso, una insurrección. De
ellas el PSP estaría a favor preferiblemente de la primera opción. Esta
postura se conoce como táctica de las alternativas.
En el caso de que se lograra derrotar a la dictadura y no se alcanzara
la constitución del gobierno de Frente Democrático, los comunistas es-
tarían de acuerdo con apoyar un gabinete de amplia coalición.
El 5 de junio, Carta Semanal destaca el grado de división existente
entre los grupos opositores: haciendo el juego al plan continuista del
gobierno estaban Grau, Pardo Llada, Ochoa y sus seguidores; los orto-
doxos históricos, auténticos abstencionistas y demócratas esperaban que
las soluciones les cayeran del cielo; los del 26, los priístas y los jóvenes
del Directorio confiaban su destino al uso de las armas, a la violencia
anárquica, al estéril petardismo; mientras que los comunistas desde po-
siciones de base obrera y popular iban a la lucha por las demandas in-
mediatas, el derrocamiento de Batista y la constitución de un gobierno
de Frente Democrático de Liberación Nacional. El periódico afirma
que esa desunión era la culpable de que la tiranía hubiera subsistido.22
Por eso, más adelante, el PSP aceptó como positiva la creación del Frente
Cívico Revolucionario (FCR) y del Frente Unido de la Oposición (FUO).
El 16 de julio de 1957, los presos del Castillo del Príncipe se declara-
ron en huelga de hambre en protesta por la situación humillante que
padecían sus compañeros en la cárcel de Isla de Pinos. Uno de los huel-
guistas, Arístides Viera, le escribió una carta a Juan Marinello para que
apoyara la acción con un paro general. Algo tardíamente se recibió el
mensaje; no obstante, se intensificaron las acciones de solidaridad con
los ayunantes a través de protestas en los talleres y fábricas, por la pren-
sa y la radio, etcétera.
La noticia del asesinato de Frank País y de Raúl Pujol provocó una
huelga espontánea en Santiago de Cuba y otras ciudades. El PSP par-
ticipó en la misma y envió una misiva a Fidel Castro dándole el pésa-
me por la pérdida. A escasas cinco semanas, Carta Semanal revelaba
los desmanes de la dictadura a raíz del levantamiento ocurrido el 5 de
22
«Lo que no hace, pero debiera hacer la oposición», Carta Semanal, época II, no. 199, 5 de junio
de 1957.

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Septiembre en Cienfuegos.23 También se solidarizó con las críticas de
Fidel al Pacto de Miami y agregó a las mismas, la ausencia de programas
de lucha claros y adecuados para las circunstancias por parte de las
organizaciones signatarias.24
El 10 de noviembre, el Movimiento hizo un llamado a crear un frente
unitario, cuyo objetivo era organizar una huelga general revolucionaria.
El PSP expresó su satisfacción ante este hecho y colaboró para que en
diciembre se creara el Frente Obrero Nacional (FON).
El reajuste táctico comenzado en el pleno del Comité Nacional de mayo
de 1957 se fortaleció en la reunión nacional de diciembre, en la cual se
volvió a valorar la vía pacífica como la preponderante, sin desestimar
totalmente los procedimientos armados. De hecho, la táctica de las alter-
nativas significaba un retroceso con respecto a las posiciones de 1956.
El partido estaba tratando de crear condiciones para celebrar un con-
greso, pero la situación compleja del país lo impidió. Es por eso que se
convocó a una asamblea del Comité Nacional para mediados de di-
ciembre. Algunos miembros de la dirección partidista han atestiguado

CARIDAD MASSÓN SENA / Proyectos y accionar del Partido Socialista Popular entre 1952 y 1958
que para esos momentos se había comenzado a valorar la realización de
un respaldo activo a la lucha guerrillera; sin embargo, en esa reunión no
aparece reflejada esa posibilidad en ninguno de sus documentos. Inclu-
so, el nuevo programa del PSP aprobado en la reunión ratificaba la línea
estratégica dirigida a obtener la liberación nacional en primera instan-
cia, para luego avanzar hacia el socialismo, materializada a través de la
táctica de las alternativas. La opción de la vía armada estaba latente, no
obstante, no se tomaron medidas concretas para preparar a sus cuadros
en ese sentido. Sus potencialidades se autolimitaban ante la convicción
de que un movimiento público de tal naturaleza provocaría la interven-
ción de Estados Unidos en Cuba, haría fracasar el frente unido y aparta-
ría de la lucha a la burguesía nacional y a otras capas anticomunistas.
Sobre todo, discrepaban de los métodos de actuación de las guerrillas
urbanas: el sabotaje, el ajusticiamiento de esbirros, las acciones de
diversionismo, calificadas todas como terroristas. Tampoco se dieron
cuenta de las diferencias de concepciones entre los líderes «del llano» y
«de la Sierra».
23
«Declaraciones del PSP. Sobre los sucesos de Cienfuegos y la salvaje represión desatada por el
gobierno», Carta Semanal, época II, no. 214, 18 de septiembre de 1957, pp. 1-3.
24
«La denuncia de Fidel Castro contra el Pacto de Miami y el pacto necesario», Carta Semanal,
época II, no. 231, [s. f.], p. 3.

239

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Ernesto Guevara en su trabajo «Un año de lucha armada»25 referido
al acontecer en 1957, explicó que el PSP se unió al M-26-7 en algunas
labores concretas, pero que existían recelos mutuos que obstaculizaron
el desempeño común. El partido no había visto con suficiente claridad el
papel de la guerrilla, ni de Fidel en la lucha. Los comunistas habían sido
capaces de crear cuadros firmes que se dejaban despedazar en la oscu-
ridad de un calabozo, sin decir una palabra; pero no formaron a militan-
tes entrenados para el asalto a un nido de ametralladoras. Aunque tenían
definida una estrategia revolucionaria que abarcaba la decisión de lu-
char contra el imperialismo y los desmanes de las clases explotadoras, a
los comunistas les faltaba la confianza de que existiera una posibilidad
real de tomar y sostener el poder político.26
La línea de las alternativas representaba una mezcla de criterios tác-
ticos contradictorios, una visión errónea del panorama nacional y de la
necesidad de pasar a una fase superior.
El 14 de diciembre, Fidel Castro llamó a la oposición a discutir una
plataforma de unidad en los campos de batalla. A finales de 1957, el
PSP asignaba a Carlos Rafael Rodríguez y Jorge Risquet para hacer un
periplo por América Latina para informar a los partidos comunistas del
continente la decisión de incorporarse a la lucha armada, determina-
ción que no se hizo pública hasta el 12 de marzo de 1958.

Cambios a favor de la lucha armada

A partir de febrero de 1958, el PSP comenzó a concretar las variaciones


tácticas con respecto a la lucha guerrillera y encomendó a Ramón Nicolau
la creación de una comisión para lograr un acercamiento con los líderes
de la Sierra Maestra y reclutar hombres que se incorporaran a los distin-
tos frentes. Los primeros contactos se realizaron a través de Osvaldo
Sánchez y Ursinio Rojas.
En esa etapa también se gestó la fundación de una columna en el
norte de la antigua provincia de las Las Villas, en la región de Yaguajay.
Según varios testimonios, los militantes comunistas Miguel Galán,

25
E. Che Guevara: «Un año de lucha armada», Pasajes de la guerra revolucionaria. Cuba 1956-1959,
edición anotada, Editora Política, La Habana, 2001, pp. 187-217.
26
Tomado de William Gálvez: Camilo, señor de la vanguardia, Editorial de Ciencias Sociales, La
Habana, 1979, p. 173.

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Alberto Torres, Tomás Cortés, José González Castro y otros estaban sien-
do brutalmente hostigados por el ejército. Ante esa situación, la dirección
provincial citó a Alberto Torres a Santa Clara y le propuso que organizara
una guerrilla con los perseguidos. Ya existía entonces otro destacamento
armado del M-26-7 en la zona dirigido por Víctor Paneque. Los comunis-
tas alzados se reunieron con los dirigentes de ese grupo para discutir si
debían fusionarse o no. Dadas las divergencias de criterios llegaron a la
conclusión de que lo mejor era continuar independientes.
A mediados de año, el partido le ordenó a Félix Torres (del Buró
Provincial) que se alzara definitivamente y tomara el mando de aquel
grupo guerrillero, cuyo nombre sería Columna Máximo Gómez.
Con escasa experiencia militar, con pocas armas y municiones, se
organizaron en tres pelotones. Sus principales operaciones al inicio fue-
ron acciones diversionistas, el sabotaje a la planta eléctrica de Iguará, la
recolección de armas, la organización de los campesinos en apoyo a los
alzados, la creación de un pequeño hospital y la fundación del periódico
Unidad.27
El 12 de marzo, el partido decidió explicar al pueblo las razones de su

CARIDAD MASSÓN SENA / Proyectos y accionar del Partido Socialista Popular entre 1952 y 1958
apoyo a la Sierra Maestra. En un artículo publicado en Carta Semanal,
analiza que aunque abogaba por una solución pacífica, sus tácticas tam-
bién comprendían la lucha armada, la insurrección y la guerrilla, si el
enemigo se resistía a las salidas de otro tipo. Además de que las tropas
de Fidel se habían engrosado por campesinos deseosos de pan y libertad
y, de ese modo, se enlazaban con la lucha de masas, como se había
aconsejado.28 Ya la columna comandada por Raúl Castro se había trasla-
dado al norte de Oriente para crear el II Frente y allí buscó el respaldo
de los comunistas y dirigentes populares de la zona.
Ese propio día 12, en un «Manifiesto al pueblo de Cuba» firmado por
Fidel Castro y Faustino Pérez se planteó la proximidad de una huelga
general y un movimiento definitorio con respecto a la tiranía a partir de
los primeros días de abril. Luego de leer el documento, el PSP hizo decla-
raciones en las cuales criticaba algunos de sus enfoques porque limitaban
una mayor participación de todos los sectores sociales en la lucha.29
27
«Carta de Félix Torres González a Aldo Isidrón del Valle», Noticias de Hoy, 1965; XXVII (169):
2, 20 de julio; y testimonios de Arnaldo Milián y Alberto Torres para el libro de William
Gálvez: Ob. cit. (en n. 26), p. 340.
28
«¿Por qué nuestro Partido apoya a la Sierra Maestra?», Carta Semanal, época II, no. 239, 12 de
marzo de 1958, p. 1.
29
«Sobre el último manifiesto de Fidel Castro», Archivo del Instituto de Historia de Cuba,
Fondo Primeros Partidos, sección PSP.

241

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No obstante, se acordó el envío de un «Memorándum urgente» a Fidel
en el cual señalaban que a pesar de existir entre ambas organizaciones
diferencias en cuanto a programa e ideología, coincidían en la necesi-
dad de derrocar a la tiranía, por lo cual asumía como decisiva la coordi-
nación entre ambas.30
Con poco tiempo de antelación, Faustino Pérez se reunió con diri-
gentes del PSP y del Directorio Revolucionario en la capital para con-
certar la colaboración con vistas a la huelga del 9 de Abril. Entre ellos
existían diferencias de criterios que no fueron solucionadas, lo cual in-
fluyó en el fracaso.
El 23 de abril, el PSP hizo un análisis de las causas de la frustración
del paro. La clase obrera y el pueblo no tuvieron la culpa de los errores
–decía en Carta Semanal–. La forma anárquica, extemporánea y unila-
teral de la convocatoria, la utilización de métodos de comando y el
desprecio a los elementos organizativos provocaron ese resultado. No
obstante el revés sufrido, se exhortó a las masas a no desesperarse ni
abatirse, a continuar los esfuerzos por obtener sus demandas inmedia-
tas y aprovechar para ello la fecha del 1ro. de Mayo.31
Luego de la reunión de Altos de Mompié, después de que el M-26-7
acordara establecer un mando unificado con Fidel Castro a la cabeza, la
dirección del PSP decidió enviar a Carlos Rafael Rodríguez (uno de sus
miembros) a la Comandancia de la Plata, en el mes de julio, en medio de
la ofensiva del ejército de la tiranía. Una vez detenida esta por los rebel-
des, el dirigente comunista bajó a reunirse con el Buró Ejecutivo y se
tomaron decisiones acordes con las circunstancias. En tres semanas,
Rodríguez estuvo de regreso en las montañas en calidad de representante
de su partido, acudiendo al llamado hecho por Fidel a todos los sectores
oposicionistas a congregarse en la Sierra para iniciar la contraofensiva.
Durante todo el período de la guerra, Carta Semanal se convirtió en
órgano de denuncia de los atropellos del gobierno y en propagandista de
las acciones guerrilleras en la región oriental así como de otros hechos
significativos. El 16 de julio publicó documentos fotostáticos que proba-
ban la ayuda del gobierno estadounidense al régimen y la Orden no. 30

30
«Memorándum urgente al Comandante doctor Fidel Castro, jefe de las fuerzas rebeldes y toda
la dirección del M-26-7», Archivo del Instituto de Historia de Cuba, Fondo Primeros Parti-
dos, sección PSP.
31
«Los acontecimientos de la semana pasada y lo que debemos hacer ahora», Carta Semanal,
época II, no. 245, 23 de abril de 1958.

242

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de Raúl Castro, conocida como Operación Antiaérea, que planteaba la
detención de los ciudadanos estadounidenses que vivían en la provin-
cia oriental para que pudieran percatarse del crimen que estaba come-
tiendo su gobierno al apoyar a Batista. Estos documentos y el mensaje
a las juventudes del mundo redactado por Raúl Castro fueron traslada-
dos a La Habana por José Ramírez Cruz, campesino comunista unido al
II Frente Oriental, y fueron llevados a México para ser publicados.32
El Buró Ejecutivo orientó a todos sus Comités Provinciales intensificar
las denuncias contra el terror, el estado de emergencia, la represión, las
campañas de exterminio a los rebeldes, la farsa electoral, la injerencia
externa; todo ello sin subestimar las demandas inmediatas y evitando
las tácticas terroristas.33 Una vez firmado el Pacto de Caracas, no obs-
tante no haber sido invitado y considerarlo insuficiente, el Buró Ejecu-
tivo elaboró una declaración de apoyo a este.
En esos momentos, se acordó también enviar a la zona guerrillera
bajo el mando del M-26-7 a varios dirigentes comunistas. A la Sierra
Maestra fue Armando Acosta Cordero, quien se mantuvo en la Colum-

CARIDAD MASSÓN SENA / Proyectos y accionar del Partido Socialista Popular entre 1952 y 1958
na 8 dirigida por el Che y participó en la invasión, y el militante de la
Juventud Socialista Luis Mas Martín a la Comandancia General. Por su
parte, Antonio Pérez y Jorge Risquet fueron encomendados al II Frente
Oriental. En el comité organizador del Congreso Campesino en Armas,
efectuado el 21 de septiembre, estuvieron presentes Romárico Cordero
y José Ramírez Cruz.
El partido dio la orientación a su Buró de Camagüey, que esperaran
dos columnas invasoras que pasarían por ese territorio y una tercera que
se quedaría allí para operar. Sin saber exactamente cómo se producirían
esos desplazamientos, organizaron una unidad guerrillera en la zona de
Cubitas.34 Paralelamente, se trabajó por entorpecer el desenvolvimiento
de la farsa electoral convocada para el mes de noviembre.
Cuando los hombres dirigidos por Ernesto Guevara llegaron a Ciego
de Ávila, inmediatamente localizaron a Saturnino Aneiro, secretario
general del PSP en la región, quien les ayudó a conseguir prácticos para

32
Arquímedes Poveda Godínez: Un hombre de leyenda, Editorial Oriente, Santiago de Cuba,
1991.
33
«A todos los CCPP», 2 de julio de 1958, Archivo del Instituto de Historia de Cuba, Fondo
Primeros Partidos, sección PSP.
34
Testimonio de Felipe Torres, dirigente del PSP en Camagüey para el libro de William Gálvez:
Ob. cit. (en n. 26), pp. 239-240.

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que los guiaran, así como alimentos, ropas, calzado y medicinas.35 Entre
los paquetes de medicinas entregados al Che, le hicieron llegar un plano
de la zona elaborado por Felipe Torres y Osvaldo Sánchez, una brújula y
dos pequeños mapas que los auxiliaron a orientarse en el terreno.
También la Columna Antonio Maceo al arribar al norte de Las Villas
se puso en contacto con los guerrilleros del PSP en su campamento de
Jobo Rosado. En ese lugar se reunieron Camilo Cienfuegos y Wilfredo
Velázquez, de la dirección provincial partidista, quien le informó de la
situación existente en la provincia. Además, el secretario general del
partido, Arnaldo Milián, le ofreció ayuda en cuanto a las comunicacio-
nes, la construcción de algunos lanzallamas y el traslado de su tropa
hasta Pinar del Río. En octubre, Camilo se reunió con las dos guerrillas
de la zona (la del PSP y la del M-26-7) para explicarles la necesidad de
unidad y decidió organizar una columna mixta con guerrilleros pertene-
cientes a ambas organizaciones.
Osvaldo Sánchez se entrevistó con el Che en octubre, estuvo varios
días con su columna y causó muy buena impresión en el guerrillero ar-
g e n t i n o.
El 17 de noviembre fueron sorprendidos, torturados y asesinados el
dirigente del PSP y organizador del Frente Obrero Nacional Unido
(FONU), Carlos Rodríguez Careaga, y el secretario general del PSP en
Ciego de Ávila, Saturnino Aneiro, cuando se encontraban coordinando
acciones para la huelga general en preparación.
En un informe a Fidel del 19 de noviembre, Camilo le comentaba
que los hombres «de la unidad Máximo Gómez habían tenido una ver-
dadera conducta revolucionaria, apartándose de todo regionalismo, fa-
cilitando una verdadera unidad, y siguiendo en todo momento» sus
orientaciones.36
Por esos días había ingresado a la columna el dirigente comunista
Gerardo Nogueras, quien fue nombrado por Camilo responsable de una
comisión para organizar a los obreros azucareros y agrícolas de las cer-
canías. Mientras tanto, en las provincias occidentales el PSP orientó a
sus organizaciones de base la creación y adiestramiento de grupos ar-
mados para darle todo el respaldo necesario a la tropa de Camilo una
vez que llegara a La Habana y luego a Pinar del Río. Además, con el
35
Joel Iglesias Leyva: De la Sierra Maestra al Escambray, Editorial Letras Cubanas, La Habana,
1979, p. 333.
36
William Gálvez: Ob. cit. (en n. 26), p. 380.

244

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propósito de mantener informados a los revolucionarios de los movi-
mientos de las fuerzas represivas, se instaló una planta de radioescu-
chas en una azotea en Nuevo Vedado, a través de la cual lograron
interceptar y descifrar mensajes del Estado Mayor de las Fuerzas Arma-
das. Asimismo, los obreros de los talleres del ferrocarril de Ciénaga y del
Cerro, conocieron del envío del tren blindado hacia Santa Clara y lo
informaron al Che.
Otra de las tareas importantes encargadas a la comisión militar que
dirigía Ramón Nicolau fue la de construir una estación radiotransmisora
que debía llevarse al Escambray para entregársela al Che. La planta se
confeccionó por secciones que fueron luego embaladas en cajas de tele-
visores, se enviaron por ferrocarril al centro de la Isla y fueron subidas a
lomo de mulas hasta el campamento rebelde.37
El comandante en jefe orientó la realización de una Conferencia Na-
cional de Trabajadores Azucareros en el Escambray. Para que no inter-
firiera con las acciones que dirigía el Che, esta se trasladó al norte de
Las Villas y fue organizada la comisión obrera antes mencionada, que

CARIDAD MASSÓN SENA / Proyectos y accionar del Partido Socialista Popular entre 1952 y 1958
logró llevarla a efecto los días 20 y 21 de diciembre. Su inauguración se
efectuó en el poblado General Carrillo con una gran concentración po-
pular ante la cual habló Camilo.
Durante los combates finales contra la tiranía, la guerrilla del PSP en
Las Villas participó en el asalto a los poblados de Iguará y Zulueta y en
la toma del batey del central Narcisa, donde se situó la jefatura que
dirigió el cerco a la ciudad de Yaguajay.
Después de conocer la huida de Batista, Fidel Castro convocó a la
huelga general y ordenó a las fuerzas invasoras que continuaran su avance
hacia La Habana. El PSP apoyó la decisión e hizo un llamamiento en el
cual explicaba que aunque había caído la tiranía, eso no era suficiente. El
poder debía ir a manos de los rebeldes y de las fuerzas revolucionarias,
por eso las masas debían lanzarse a la calle para asegurar la victoria. De
esa forma, se lograba evitar que la revolución «se fuera a bolina» como
en los años 30.

37
Arquímedes Poveda Godínez: Ob. cit. (en n. 32).

245

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Consideraciones finales

Como hemos podido analizar con anterioridad, el programa del Partido


Socialista Popular entre 1952 y 1958 pretendía, en el plano teórico, con-
tribuir al desarrollo de un movimiento de liberación nacional que, en una
fase posterior, se encaminara hacia el socialismo. Sin embargo, en su
accionar diario no pudo dirigir la última etapa del proceso revoluciona-
rio que culminó con el triunfo del 1ro. de enero de 1959.
¿Cuáles fueron las razones?
Primero: A consecuencia del aislamiento político en que se desenvol-
vía debido a la política anticomunista del imperialismo y las clases do-
minantes de Cuba; por sus propias posiciones sectarias y la desconfianza
que habían mantenido hacia todos los sectores de la oposición naciona-
lista, especialmente hacia aquellos provenientes de la pequeña burgue-
sía; porque una parte de esos sectores tampoco confiaba en los
comunistas por haber concertado una alianza política con Batista, la
cual lo ayudó a llegar a la presidencia; y porque el partido cifraba todas
su esperanzas en el sector proletario, esencialmente urbano, cuando este
no constituía la mayoría de la población económicamente activa y ele-
mentos anticomunistas habían logrado apoderarse de sus organizacio-
nes sindicales.
Segundo: Porque si bien tenía un programa revolucionario de lucha,
este era incongruente con los métodos reformistas desplegados y las
tácticas basadas en los esquemas y orientaciones tácitas que regían den-
tro del movimiento comunista internacional a favor de la coexistencia
pacífica y las vías parlamentarias. La aplicación de los principios marxis-
tas que hizo el PSP estuvo limitada por ópticas preconcebidas que no
tuvieron en cuenta suficientemente las condiciones particulares de Cuba.
Tercero: Le faltó dinamismo para desprenderse de las tácticas legales
por las que había transitado durante un largo período y asumir los méto-
dos insurreccionales.
Cuarto: La cercanía geográfica con Estados Unidos le hizo postergar
el momento de una batalla efectiva por alcanzar el poder político, pues
consideraba que si podía alcanzar el triunfo, el imperialismo no permiti-
ría un gobierno dirigido por los comunistas y lo aplastaría.
Quinto: Los «fantasmas» derivados de la experiencia de la Revolu-
ción del 30 influyeron en sus análisis estereotipados sobre la situación
económica (aparentemente más favorable en los 50), las fuerzas nacio-
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nalistas (con métodos de lucha similares y sin distinciones fundamenta-
les entre ellas) y la correlación entre los factores objetivos y subjetivos
(no existían suficientes elementos objetivos para desarrollar los aspec-
tos subjetivos que condujeran al triunfo de la Revolución). Ello le impi-
dió ver las peculiaridades del MR-26-7, el rol de Fidel Castro y la
importancia de la lucha guerrillera.
No obstante todos los factores mencionados, el Partido Socialista
Popular logró desarrollar una amplia propaganda a favor de las transfor-
maciones urgentes que necesitaba la sociedad cubana a fin de lograr su
liberación nacional y social, denunció y alertó sobre las maniobras del
imperialismo, decidió apoyar la lucha guerrillera durante su última eta-
pa; cientos de sus militantes y simpatizantes comunistas –como Paquito
Rosales, José María Pérez y Saturnino Aneiro– fueron reprimidos, en-
carcelados, torturados y asesinados por la tiranía y, finalmente, contri-
buyó de modo esencial a cohesionar a las masas para lograr la unidad
que consolidó el triunfo definitivo de la Revolución.

CARIDAD MASSÓN SENA / Proyectos y accionar del Partido Socialista Popular entre 1952 y 1958
Caimito, 13 de noviembre de 2008

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RUTH No. 3/2009, pp. 248-274

JORGE RENATO IBARRA GUITART*

Enero-marzo de 1958: Un trimestre


de definiciones en la historia de Cuba

Desde fines de 1957, durante el período de suspensión de las garantías constitucionales, el


régimen del 10 de Marzo se había dado a la tarea de preparar condiciones para la farsa
electoral prevista para junio del siguiente año. Batista, presionado por el Departamento de
Estado estadounidense, se propuso preparar un simulacro de consulta popular para que la
casta político-militar que lo apoyaba pudiese conjurar tanto los peligros de la Revolución en
marcha, como los de una apertura democrática burguesa. Para ello ya tenía todo un camino
recorrido desde el fracaso de la Comisión Interparlamentaria.

El proceso de reorganización de partidos

La dictadura que instaló Fulgencio Batista con el golpe de Estado del


10 de Marzo atravesó por distintos momentos en la conformación de
un esquema de dominación política que se valió de no pocas argucias
legalistas para procurar una legitimidad de la que siempre estuvo huér-
fana. El fallo del Tribunal Supremo que otorgó constitucionalidad al
golpe de Estado, las elecciones de 1954, la convocatoria a elecciones
parciales, el llamado a una nueva asamblea constituyente y, finalmente,
las elecciones generales de 1958, fueron eslabones en la cadena de falacias
con que el régimen castrense pretendió legitimarse.
Desde fines de 1957, durante el período de suspensión de las garan-
tías constitucionales, el régimen del 10 de Marzo se había dado a la
tarea de preparar condiciones para la farsa electoral prevista para junio

* (Cuba, 1959). Doctor en Historia, trabaja en el Instituto de Historia de Cuba. Ha publicado,


entre otros, Sociedad de Amigos de la República. Historia de una mediación (1952-1958) y El fracaso
de los moderados de Cuba: las alternativas reformistas de 1957 a 1958. Recibió en 2007 el Premio
Anual de la Crítica Científico-Técnica de la Academia de Ciencias de Cuba por su estudio El
proceso de negociación del tratado anglo-cubano (1905-1906).

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del siguiente año. Batista, presionado por el Departamento de Estado
estadounidense, se propuso organizar un simulacro de consulta popular
para que la casta político-militar que lo apoyaba pudiese conjurar, tanto
los peligros de la Revolución en marcha, como los de una apertura de-
mocrática burguesa. Para ello ya tenía todo un camino recorrido desde
el fracaso de la Comisión Interparlamentaria; ante sus pupilas tenía a
los partidos que podían prestarse a su maniobra aunque respondiendo
también a intereses propios de su conducta oportunista.
La primera gestión del régimen encaminada a burlar la opinión públi-
ca nacional fue dentro del Sistema de las Instituciones Jurídicas para
que estas diesen su aprobación al proceso de reorganización de parti-
dos. ¿Qué se podía esperar de un proceso reorganizativo con las garan-
tías constitucionales en suspenso? Andrés Domingo Morales, secretario
de la Presidencia, fue el hombre designado para mover las fichas. De

JORGE RENATO IBARRA GUITART / Enero-marzo de 1958: Un trimestre de definiciones en la historia de Cuba
inmediato se dirigió a los miembros del Tribunal Supremo y de la Au-
diencia para que ratificasen a jueces incondicionales al gobierno: Eloy
Merino y Alberto Córdova. Como el régimen contaba con el respaldo de
los restantes magistrados, fue fácil dominar esas instancias jurídicas.
Entretanto, en el Tribunal Superior Electoral la resistencia a las preten-
siones del régimen quedó reducida al magistrado Antonio Barreras quien
afirmó: «Considero que la marcha del proceso electoral es absoluta-
mente incompatible con el estado de suspensión de garantías que vive
el país desde el primero de agosto pasado. Por tanto, estimo que debe
suspenderse hasta que sean restaurados los derechos ciudadanos».1
Se dio paso así al proceso de reorganización de los partidos políticos
con el visto bueno de las altas instancias jurídicas dominadas por la
dictadura. Salvo los partidos abstencionistas que se habían involucrado
en el «Manifiesto de la Sierra» o en el Pacto de Miami, los demás ofre-
cían una perspectiva plácida al gobierno: el Partido Revolucionario
Cubano (Auténtico) (PRC [A]) dirigido por Ramón Grau San Martín; el
Partido del Pueblo Libre (PPL) de Carlos Márquez Sterling; el Movi-
miento de Liberación Radical (MLR) de Amalio Fiallo y el Partido Na-
cionalista Revolucionario (PNR) de José Pardo Llada. Millo Ochoa había
ya declinado continuar actuando en la política. La materia prima para
orquestar una gran maniobra electoral estaba al alcance de la mano, pero
la dictadura, para asegurarse aún más, confió a Alberto Salas Amaro la

1
Sección «En Cuba», Bohemia, La Habana, 2 de febrero de 1958, p. 36.

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misión de conformar un nuevo partido político, el Partido Nacional
Cubano (PNC) (independiente).
La situación de este conjunto de partidos puede resumirse muy su-
cintamente del modo siguiente: todos le hicieron el juego al proceso
electoral en marcha. Grau, que se había retraído de la política después
de exigir cambios en la fecha de toma de posesión, finalmente se acogió
a la tesis de que convenía mantener vigente el mecanismo político.
Márquez Sterling asumió de lleno la tarea de la postulación electoral
ganando adeptos de partidos en proceso de disolución; en ese caso
Amalio Fiallo, del MLR, cedió sus parciales a la dirección del PPL y
Luis Conte Agüero aceptó la candidatura a senador que Márquez Sterling
le propuso y renunció a la facción «millista». Mientras, el PNR ofrecía
un cuadro desolador, era un partido al garete: Pardo Llada salió a España
y su sucesor reglamentario, Enrique Huertas, también abandonó el país
rumbo a Nueva York, otro tanto hicieron algunos líderes políticos de
esa agrupación. En Cuba Juan Amador procuró insertar al PNR en el
proceso reorganizativo pero encontró la firme resistencia de Conrado
Rodríguez y Conrado Bécquer. Este último declaró: «Ir a la reorganiza-
ción no tiene sentido. Lo más probable es que no se llegue a las eleccio-
nes; y de llegar, no creo que la situación tenga permanencia. Esto se cae
en cualquier momento».2
Según la Bohemia de la época, las más diversas expresiones del fraude
político caracterizaron el proceso reorganizativo en marcha: retención y
apoderamiento de las cédulas por los jefes y sargentos políticos, afilia-
ciones falsas, copo de posiciones, vaciado del censo en las inscripcio-
nes, entre otras. Mientras, la prensa publicaba una cifra inaudita de
afiliaciones: 1 500 000 de cubanos deseaban acudir a las urnas. Sin
embargo, todo ese rejuego sucio no era suficiente y para encubrir tantas
arbitrariedades el Consejo de Ministros aprobó un nuevo decreto-ley
«remache» que permitía que todos los políticos pudieran participar en el
proceso electoral.
Por su parte, entre las filas del gobierno se producía el traslado de
alguna que otra figura connotada de un partido a otro en búsqueda de
mejores posiciones políticas. Gastón Godoy y Rafael Díaz Balart aban-
donaban el Partido Acción Progresista y pasaban al Partido Demócrata
porque otras figuras le cerraban el paso a sus pretensiones electoreras,

2
Sección «En Cuba», Bohemia, La Habana, 2 de febrero de 1958, p. 36.

250

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en este caso se trataba de Justo Luis del Pozo y Anselmo Alliegro, res-
pectivamente. Entre los sustitutos de Batista aunque hubo alguna dispu-
ta entre Jorge García Montes, Gastón Godoy, Anselmo Alliegro, Rafael
Guás Inclán y Andrés Rivero Agüero, a fines de 1957 este último se
reveló como el candidato victorioso. En realidad no caben dudas de
que, con independencia de los resultados de la lidia política entre los
postulados a la presidencia, Batista fue quien decidió en torno a su su-
cesor.
El régimen de turno, con la vista puesta en su meta de perpetuarse en
el poder, procuró que las elecciones tal y como estaban previstas fueran
atractivas a los apetitos de encumbramiento de los políticos que desde
la oposición todavía mantenían posiciones electoralistas. Fue así que el
gobierno ofreció la segunda minoría senatorial. En realidad esa oferta
se venía estudiando desde mediados de 1957 cuando se produjeron los

JORGE RENATO IBARRA GUITART / Enero-marzo de 1958: Un trimestre de definiciones en la historia de Cuba
debates de la Comisión Interparlamentaria. Ahora los partidos electora-
listas habían agotado sus recursos para la discusión activa con el régi-
men y la desmoralización que los abatía, unida a sus nunca olvidadas
ambiciones de poder, los hacía converger con la dictadura en el proyec-
to gubernamental de elecciones. En ese momento, las migajas que ofre-
cía el gobierno eran codiciadas por los partidos tradicionales que todavía
se mantenían actuando en la política. Por medio de esta fórmula los
senadores ascendían de 9 a 12 por provincia distribuidos de la siguiente
forma: siete para la mayoría, tres para la primera minoría y dos para la
segunda.
El gobierno, teniendo el dominio de la componenda que se fraguó en
medio de la supresión de las libertades públicas y ante las presiones del
Departamento de Estado estadounidense, decidió restaurar las garan-
tías constitucionales el 25 de enero de 1958 con excepción de la provin-
cia de Oriente. La dictadura confió en que la jugada le saldría bien,
creía que de esa manera podría neutralizar al foco guerrillero que se
mantenía en la Sierra Maestra y monopolizar los resultados de una con-
sulta electoral amañada. Las elecciones se habían diseñado para demos-
trarle a las altas instancias de Washington que la alternativa de una
apertura democrática burguesa era posible. Por eso Andrés Rivero Agüero
en entrevista con la periodista Marta Rojas, de Bohemia, a la pregunta de
si el gobierno contaba con algún nuevo plan para sofocar al movimiento
guerrillero instalado en la Sierra Maestra, respondió: «Qué plan es mejor
que el proceso electoral, la normalidad pública, la marcha ascendente
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de los negocios, la presencia de los consumidores en todos los merca-
dos, la concurrencia del público a todos los sitios y eventos. La Sierra
Maestra perecerá por asfixia, la va a asfixiar la indiferencia del pueblo».3
El objetivo de satisfacer las exigencias de Washington construyendo
un modelo de consulta electoral favorable a los intereses de la dictadu-
ra, fue muy tenido en cuenta por la cúpula batistiana. Por esos días el
embajador Earl Smith hacía comentarios elogiosos del proyecto de elec-
ciones en marcha de lo que se congratuló el posible sucesor del dictador
cuando el periodista de Bohemia le preguntó sobre la trascendencia de
las declaraciones de Smith: «La trascendencia que implica que el emba-
jador de un gran país vecino y especialmente amigo, considere que el
camino electoral, y no otro, es el correcto para resolver cuantas diferen-
cias existan entre los cubanos [...]. En ese sentido, el embajador Smith
ha venido a coincidir plenamente con el presidente Batista».4
Después de haberse negado continuamente a propiciar una consulta
popular transparente en distintos momentos de su mandato, ahora Batis-
ta pretendía demostrar que era posible un arreglo con la oposición. Pero
esa oposición que iba a converger con Batista en un mismo proyecto
electoral la conformaban los remanentes de los partidos tradicionales,
raquíticos y desprestigiados, que aún actuaban en la política. Era el
principio del fin de los partidos tradicionales en la Cuba neocolonial, la
alternativa reformista a la dictadura estaba atrapada en la red de las
maniobras del gobierno que le cerraba los espacios. Por eso la variante
reformista tuvo que buscar cauce en el proyecto revolucionario, solo
los incautos partidos electoralistas podían esperar de las elecciones que
convocaba el régimen la solución a la crisis política. La polarización del
proceso político cubano conducía a los reformistas a ser atraídos hacia
los dos polos activos: la dictadura y la Revolución. Ahora la Revolución
procuraba actuar cerca de los sectores que en otros momentos habían
alentado soluciones negociadas al conflicto interno, por ello en circular
del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) de 29 de enero dirigida a estable-
cer un plan para socavar la maniobra política de la tiranía, se planteaba:
1) Organizar los comités de paro en los colegios profesionales y
sectores de comercio e industria, que conjuntamente, con los
comités de la FON [Federación Obrera Nacional] en los centros

3
Sección «En Cuba», Bohemia, 2 de febrero de 1958, p. 45.
4
Ídem.

252

12 Jorge Renato.pmd 252 15/06/2009, 20:06


de trabajo, integrarán en un futuro próximo los comités de Huel-
ga General en todos los municipios y provincias.
[...]
7) Aprovechar la coyuntura del levantamiento de la censura de pren-
sa para realizar labor de agitación pública en estos sentidos [...].
c) Denuncia del actual proceso electoral, por el Conjunto de Insti-
tuciones Cubanas por la falta de garantías.5
La dictadura aparentaba que podía devolver el país a la normalidad
para así aislar al movimiento revolucionario pero la maniobra era muy
riesgosa para sus intereses: el levantamiento de la censura de prensa y el
restablecimiento de las garantías serían aprovechados por las organiza-
ciones revolucionarias para arreciar en sus preparativos de una huelga
general que derribase a la tiranía. Pero vale decir que esas medidas del
25 de enero no impidieron a los cuerpos represivos de la dictadura con-

JORGE RENATO IBARRA GUITART / Enero-marzo de 1958: Un trimestre de definiciones en la historia de Cuba
tinuar una guerra criminal contra todo el pueblo de Cuba; por ello un
periodista muy aguzado, Sergio Carbó, describió en términos claros la
realidad de esos meses:
Si no hay confianza, si está difunta la fe, si el estruendo permanen-
te de los aviones militares [...] no nos deja dormir, si no se habla
más que de mortíferos combates, de desaparecidos o de gentes que
aparecen ahorcados, de cañaverales ardiendo [...], de alijos de ar-
mas encontrados por doquier, de bombas, de atentados. ¿Cómo ir a
un torneo de convicciones decisivas en este ciclón de venganza y
de muerte?6
El análisis de Carbó, un defensor honesto de alternativas reformistas,
estaba dirigido a establecer una salida negociada amplia:
Es tiempo aún para establecer la paz. Pero la paz, ahora, no son las
elecciones. Urge que los que puedan dar el paso al frente –los go-
bernantes, claro– ofrezcan a la nacionalidad íntegra, sin más diálo-
gos inútiles, con líderes y lidercillos, un planteamiento generoso y
rectificador aceptable para los descontentos, porque para todos se
gobierna, no para un grupo de favoritos.7

5
José M. Cuesta Braniella: La resistencia cívica en la guerra de liberación de Cuba, Editorial de
Ciencias Sociales, La Habana, 1997, pp. 216-217.
6
Sección «En Cuba», La Habana, Bohemia, 9 de febrero de 1958, p. 8.
7
Ídem.

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Por supuesto, el llamado de Carbó no encontró eco en las esferas del
gobierno. Ni el cese de la represión y mucho menos una consulta popu-
lar amplia estaban en la agenda de los máximos personeros de la dicta-
dura, la maniobra quedaría al desnudo. Sin embargo su parecer fue
considerado por las instituciones cívicas por esos meses. Una alternativa
reformista constructiva tendría que plantearse la problemática cubana
concediendo un espacio importante a las organizaciones revoluciona-
rias para poder lograr consenso dentro de la sociedad. Pero Batista no
podría admitir una solución bajo esos supuestos, pues el régimen de
facto solo se mantenía a base de la fuerza: la menor consulta abierta a
las masas populares lo pondría en desventaja.
Por otro lado, los partidos electoralistas entraron sin muchos mira-
mientos en el circo convocado por Batista. Unos, como Grau, preten-
dían capitalizar las críticas del pueblo a la dictadura y otros, como
Márquez Sterling, le hacían el juego al gobierno pretendiendo neutrali-
zar al movimiento guerrillero. Según el ex presidente auténtico la situa-
ción cubana debía acomodarse a lo siguiente:
El régimen anuncia el cese de la censura de prensa y el restableci-
miento de las garantías constitucionales. ¡Es una burla decir que se
han restablecido las garantías! ¿Cuándo ha habido garantías des-
pués del madrugonazo traidor? [...] Se ha caído en un profundo
desprecio por la dignidad ciudadana. Este es un pueblo triste que
padece una incurable enfermedad. Hay que extirparla de raíz. La
cirugía se la haremos el día primero de junio en las urnas.8
Por su parte, «el biógrafo de Estrada Palma», como solía llamar la
prensa de la época a Márquez Sterling, pretendía que los revoluciona-
rios alzados en armas reconsideraran su actitud:
Llamamos al Movimiento 26 de Julio, el que debe hacer un alto en
sus intentos insurreccionales, porque la persistencia de esos em-
peños puede perjudicar grandemente la movilización cívica del pue-
blo y ofrecerle al régimen el pretexto de la conservación del orden
público para imponer al socaire de una situación provocada, a su
candidato, que carece virtualmente de todo apoyo popular.9

8
Sección «En Cuba», La Habana, Bohemia, 2 de febrero de 1958, p. 42.
9
Sección «En Cuba», La Habana, Bohemia, 9 de febrero de 1958, p. 9.

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¿Es que acaso no debió considerar Márquez Sterling que la revolu-
ción era una respuesta al régimen ilegítimo de Batista al menos? Por
supuesto que también la revolución era una respuesta a los males de la
República, no es difícil reconocer que a Márquez Sterling le asustaba
más la perspectiva de una revolución que cuestionarse los fundamentos
del orden neocolonial o que un mero rejuego electoral más o menos. La
movilización cívica del pueblo había sido cancelada por la dictadura el
10 de marzo de 1952 y constituía un sinsentido imputarle al movimien-
to revolucionario el hecho de que se encontrara perjudicándola. Más
bien lo que temía Márquez Sterling era que la movilización popular to-
mase caracteres radicales en apoyo a la acción de las organizaciones
revolucionarias. Pero la respuesta de los revolucionarios no se hizo es-
perar y en el propio acto donde emitió estos criterios, en los salones de
la Artística Gallega, un grupo de jóvenes irrumpió a los gritos de: «¡Viva

JORGE RENATO IBARRA GUITART / Enero-marzo de 1958: Un trimestre de definiciones en la historia de Cuba
el 26 de Julio! ¡Fuera los politiqueros! ¡Abajo Batista!». El mitin se sus-
pendió, hubo un revuelo de sillas rotas.
Aunque la coyuntura histórica de abierta polarización del conflicto
cubano no daba margen para imponer una alternativa reformista con-
servadora como la que defendía Márquez Sterling, este confiaba en que
Batista tendría que adoptar una posición imparcial respecto al resultado
de la consulta electoral. El líder del PPL entendía que Batista no podía
continuar sosteniendo la guerra y que apostar al fraude significaba agra-
var el conflicto interno. Por tanto, aunque la propia selección de los
candidatos formaba parte de un proceso viciado desde sus orígenes y
que no incorporaba a amplios sectores de la opinión pública nacional,
Márquez Sterling consideraba a los opositores electoralistas como los
únicos que tenían capacidad de tender un puente entre la dictadura y la
revolución. En entrevista a Bohemia declaró:
Los insurreccionales no pueden ver en el civilismo un enemigo de
la idea de la revolución. En todas las épocas de Cuba corrieron
parejas ambas ideas y cuando se unieron triunfaron [...]. Perturbar
el proceso político sería perturbar las soluciones. Si la urna funcio-
na nadie salva al candidato gubernamental y de ello debieran darse
cuenta todos los sectores de la oposición y de la revolución. Nada
favorecería más a la insurrección que unas elecciones fraudulentas.
La llenaría de razones. Y nadie podría negarle luego el concurso a
una revolución democrática.10
10
Sección «En Cuba», Bohemia, La Habana, 9 de febrero de 1958, p. 115.

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En cuanto al dilema de ese momento histórico en torno a qué debería
ocurrir primero, si la paz o las elecciones, Márquez Sterling planteó su
tesis: «No podemos encerrarnos en el círculo vicioso de esperar a la
normalidad para celebrar elecciones. Por el contrario, hay que celebrar
elecciones para alcanzar la normalidad».11
Claro que de esta manera los privilegiados que podían acceder al
poder, si Batista lo entendía, eran tan solo los que participaban en la
contienda electoral. ¿Qué normalidad se podría establecer sobre tales
bases? Por otro lado la coyuntura histórica tenía ya sus protagonistas
sociales, la disputa estaba centrada entre la dictadura y la revolución
envueltas en un duelo a muerte. ¿Podía ser previsible que una tercera
alternativa lograse una transformación de las realidades nacionales?
¿Cuáles podrían ser sus recursos para imponer un camino nuevo? A
nuestro parecer pocas eran sus posibilidades de éxito. Dadas las condi-
ciones existentes, cualquier fuerza que pretendiera actuar en el escena-
rio político terminaba apoyando, directa o indirectamente, a las fuerzas
que habían polarizado el conflicto cubano: la dictadura y la revolución.
Pero por encima de ello, aquellos que pretendían defender los funda-
mentos de la República neocolonial ante un presumible estado de caos
social, no podían implementar nuevas soluciones sin atender al comba-
te que se había entronizado entre el régimen del 10 de Marzo y las orga-
nizaciones revolucionarias emergentes. Estaban atrapados en un
laberinto sin salida donde corrían peligro, entre otros, los intereses esta-
dounidenses. Por esa razón Márquez Sterling advirtió:
No hay que olvidar que los Estados Unidos tienen grandes intere-
ses en Cuba; que esos intereses necesitan, además, ser protegidos
por el pueblo y por todos aquellos que aspiren a tomar parte desta-
cada en la gobernación del país [...]. En los últimos meses, al anun-
ciarse la zafra, ciertos sectores han atacado las riquezas del país,
creyendo con ello dañar al gobierno. Equivocados han comparado
la época de España con la actual. El caso es totalmente distinto.12
Pensamos que la única posibilidad que tenía una alternativa refor-
mista para imponerse era mediante una situación en que las dos fuerzas
en disputa frontal, el gobierno y las organizaciones revolucionarias, no

11
Sección «En Cuba», Bohemia, La Habana, 9 de febrero de 1958, p. 36.
12
Ibíd., p. 38.

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tuviesen empuje suficiente para dominar una sobre otra. Tendría que
producirse una guerra de desgaste a largo plazo que condujera a los dos
sectores hegemónicos a una transacción política apoyados por una ter-
cera fuerza. Solo cuando ambos bandos, dictadura y revolución, llega-
sen a manifestar su impotencia para dominar al otro se hubiese podido
crear una situación favorable a otra propuesta política alternativa. Pero
la situación de la Cuba de fines de los años 50 no era esa: el volcán de la
revolución se propagaba con fuerza exorbitante actuando desde mu-
chos frentes (el llano, la Sierra, la emigración) y en diversas clases socia-
les, desde los sectores burgueses hasta el proletariado y campesinado
cubanos.
Además, la revolución supo con astucia sortear los obstáculos que
podían detener su fuerza arrolladora ganándose la opinión pública na-
cional e internacional. Y más importante aún, captando para sus propó-

JORGE RENATO IBARRA GUITART / Enero-marzo de 1958: Un trimestre de definiciones en la historia de Cuba
sitos el apoyo indirecto de la alternativa reformista que fue objeto de la
represión de la dictadura.

El Cuarto Frente y una gestión insólita

Algunos políticos, no directamente involucrados en la farsa electoral ni


tampoco sumados al carro de la revolución, lanzaron una propuesta
dirigida a neutralizar al régimen en sus propósitos continuistas. Estaban
conscientes de que en el país reinaba un estado de terror y represión
generalizado pero pensaban que ello solo se podía superar asegurando
la derrota de Batista en las urnas. Entendían que si se conformaba una
candidatura de toda la oposición unida, se conquistaría la victoria. Sur-
gió así lo que en la época se conoció como el Cuarto Frente, cuyos
arquitectos fueron José Pardo Llada, presidente del PNR, y Miguel Suárez
Fernández, senador auténtico que hasta ese momento no se había pro-
nunciado contra la dictadura. Lo primero que intentaron fue convencer
de sus planes a los políticos abstencionistas, luego tenían previsto diri-
girse a los electoralistas. Al parecer esta estrategia la trazaron después
de un fuerte encontronazo con Grau en su casa de la Quinta Avenida.
El ex presidente tan solo aprobó el propósito de lograr una supuesta
«unidad doctrinaria o programática» pero nada de candidatura única.
Grau se sabía superior al resto de los partidos en la posesión de cédulas
electorales y no quiso arriesgar su posición ventajosa en ese terreno.
257

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Suárez Fernández y Pardo Llada se dirigieron a proponerle la fórmula
a José Miró Cardona, el lugarteniente de Cosme de la Torriente en la
Sociedad de Amigos de la República (SAR) y ahora cerebro político de
las instituciones cívicas. Veamos el diálogo:
MIGUEL SUÁREZ FERNÁNDEZ: Esta fórmula es la única que puede
devolvernos el sosiego. Con todos unidos, el gobierno no podrá
burlar la voluntad popular y vencerá la oposición. Así llegaremos a
la paz.
MIRÓ CARDONA: Yo opino lo mismo, pero exactamente al revés.
Primero paz y garantías. Después elecciones. ¿La juventud, fac-
tor beligerante y decisivo, iba a deponer las armas para confiar
cándidamente en un plan tan problemático? ¿Qué garantías exis-
tían de que el marcismo [de Marzo] modificara su postura usual de
arrogancia y desprecio por la opinión pública? ¿No estaba el proce-
so electoral viciado de origen por un código amañado y una reorga-
nización fraudulenta?13
Miró Cardona estaba convencido de que todo nuevo proyecto refor-
mista alternativo no podía desconocer la importancia del movimiento
revolucionario que alentaba la juventud rebelde cubana. Aun cuando lo
que se pretendiese fuera desviar de su cauce revolucionario a la juven-
tud e insertarla en las prácticas de los partidos tradicionales, las condi-
ciones políticas para mantener el rejuego de la democracia representativa
debían ser lo suficientemente atractivas y transparentes. El manteni-
miento del sistema de gobierno republicano bajo las condiciones del
capitalismo dependiente cubano exigía un régimen de consenso político
que la dictadura era incapaz de ofrecer. Por eso Miró Cardona dijo: «Me
parece que ustedes están padeciendo de un espejismo político».
Posteriormente los arquitectos del Cuarto Frente se dirigieron a
Guillermo Alonso Pujols, Tony Varona y Carlos Prío. Estos respondie-
ron negativamente a la oferta:
GUILLERMO ALONSO PUJOLS: Salvo que traigan el milagro de la paz a
través de condiciones tan esenciales como la suspensión de las
elecciones y el inicio de verdaderas garantías, la conversación ca-
recerá de importancia [...]. No creo en la virtud recuperadora de los
comicios convocados, dado su naturaleza unilateral y porque se
13
Sección «En Cuba», Bohemia, La Habana, 23 de febrero de 1958, p. 6.

258

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pretende consumarlos en un medio convulso, donde no imperan la
paz y la concordia.
[…]
TONY VARONA: ¿Qué gestiones puede hacer Pardo Llada después
de seis meses de paseo por Europa?
[…]
CARLOS PRÍO: Es muy grave lo que está ocurriendo. La tragedia es
tan honda que no pueden repararse los daños con gestiones electo-
rales. Seis años de mentiras, de violencias y crímenes requieren
para ser superados algo más que un trámite electoral.14
Fue otro intento baldío de recomponer un frente unitario de partidos
tradicionales como en otro momento lo logró Cosme de la Torriente.

JORGE RENATO IBARRA GUITART / Enero-marzo de 1958: Un trimestre de definiciones en la historia de Cuba
Pero eran otros los propugnadores de la iniciativa y eran otras las condi-
ciones históricas. Si bien entre 1955 y 1956 la revolución no había to-
mado visos de una insurrección general, entre 1957 y 1958 la realidad
de una contienda bélica estaba perfectamente definida. Quienes pre-
tendieran restarle importancia a esos hechos podían estar construyendo
castillos de arena. Por eso la Bohemia de la época comentó: «En ninguna
de las declaraciones de los tetrafrentistas, se aludió directamente a los
combatientes de la montaña y la clandestinidad. Se ignoraba cómo iban
a hacer la paz sin contar con los factores que habían tomado la línea de
la guerra».15
La iniciativa también fue rechazada por el sector ortodoxo que dirigía
Millo Ochoa. En medio de estas consultas, cuando los creadores del
Cuarto Frente intentaban infundir esperanzas de mejoramiento de la
situación nacional entre los políticos tradicionales, se confirmaron las
previsiones negativas en declaraciones de Andrés Rivero a un periodis-
ta estadounidense acerca de una posible amnistía: «Faltando pocos meses
para la celebración de elecciones generales en Cuba, ya en franco proce-
so electoral y existiendo ese núcleo subversivo que no se acogerá a la
amnistía para incorporarse a la lucha política, sino para seguir su propia
ruta, no puede hablarse de perdón legal».16

14
Sección «En Cuba», Bohemia, La Habana, 16 de febrero de 1958, pp. 8-9.
15
Ibíd., p. 9.
16
Ibíd., p. 3.

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12 Jorge Renato.pmd 259 15/06/2009, 20:06


Ante esa situación el PNR tuvo que enfrentar un cisma interno. Fa-
vorecidos por el decreto remache, encontrándose Pardo Llada ausente,
habían participado en el proceso de reorganización con vistas a tormar
parte en las elecciones. Algunos jefes provinciales del PNR se dirigieron
a su líder para solicitar la retirada del proceso comicial.
Y mientras tenía lugar la iniciativa del Cuarto Frente impulsada por
algunos partidos tradicionales, una insospechada y poco común gestión
se comenzó a emprender. En este caso aparentemente no se precisaba
de la mediación de un tercero; sectores del gobierno y de las huestes
revolucionarias mantuvieron contactos secretos para estudiar posibles
fórmulas de solución al conflicto cubano. Como se trataba de tenden-
cias bien distantes, la adopción de una solución resultó imposible. Sin
embargo tuvo bastante divulgación por la prensa estadounidense la
fórmula que el comandante Fidel Castro le propuso al representante
liberal Manuel de J. León Ramírez. La propuesta, oculta por un tiempo,
fue develada por el periodista de The New York Times, Homer Bigart, y
establecía los siguientes puntos:
Retirada de todas las tropas del gobierno del territorio oriental,
dejando s