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Política matrimonial.

Daniel Toro
Universidad Nacional de Colombia
La aprobación del matrimonio para parejas del mismo sexo ha desatado un debate acerca
de la naturaleza y los requerimientos necesarios para el reconocimiento entre las personas
y de sus prácticas generalizadas. El problema puede esbozarse, según creo, preguntando
qué tipo de requerimientos son necesarios para reconocer una práctica social. Quisiera
hablar en esta ocasión de la unión entre personas, la unión mediada por sentimientos, y en
especial, por el amor. La pregunta, en este caso, es la siguiente ¿Qué tipo de
requerimientos son necesarios para reconocer esta unión? El problema surge, según se ve
en este caso, por el peso institucional que hay sobre dicha práctica. En términos
institucionales, se llama matrimonio a la unión por libre acuerdo de dos personas que
deciden conformar una familia. Pero esta idea de matrimonio está inundada de supuestos
que, al menos en las sociedades de los siglos anteriores a este, nunca habían sido
cuestionados. Dado que a nadie se le ocurría que dos personas del mismo sexo pudiesen
tener algún tipo de relación amorosa, mediada por lo erótico y por la pasión sexual, era
menos probable que alguien en estas circunstancias se le ocurriese casarse; desde este
supuesto, parecía darse por entendido que el matrimonio correspondía a la unión de dos
personas del sexo opuesto. Solo hombres y mujeres podían casarse, y esto parecía lógico,
porque hasta ahora solo hombres y mujeres se han casado. Las prácticas sociales contemporáneas
hacen surgir la dificultad ¿Qué hacer cuando una pareja del mismo sexo quiere unirse
libremente en virtud de sus sentimientos y conformar un hogar que pueda ser plenamente
reconocido?
Ante la cuestión esbozada, surgen tres vías para enfrentar el asunto. La primera, ya
conocida, consiste en reafirmar los detalles apenas habituales de la práctica. Dado que el
matrimonio solo ha sido entre un hombre y una mujer, así debe ser siempre. La estrategia
para defender este punto de vista consiste en institucionalizar la cuestión habitual de la
unión. Otra estrategia es apoyar el punto desde la perspectiva religiosa, y sugerir que los
dictados de la fe cristiana niegan y rechazan la unión entre personas del mismo sexo. Otra
estrategia, que se suma a las anteriores, consiste en fundar la idea del matrimonio y la
familia en función de la potencial capacidad reproductiva de los que se casan. Digo
“potencial” porque basta la presuposición teórica de la reproducción entre miembros de
distinto sexo (un matrimonio no se anula socialmente porque la mujer o el hombre sean
estériles). Esta primera vía es desde todo punto negativa ante la posibilidad de dar
reconocimiento social a la unión entre parejas homosexuales.

y anular con ella las fronteras o límites que permiten la práctica libre del amor. y muestra escandalosamente la igualdad común a todos. tendría lugar en un escenario carente de necesidad institucional de reconocimiento. Lo cual. en el marco de la institucionalidad vigente. Sin embargo. Así. pero la gran tradición de la filosofía política apoya este punto. la posibilidad de que las parejas homosexuales sean reconocidas. como dice el filósofo francés Jacques Rancière. y la razón es que considero que. pues es una estructura que viola profundamente la igualdad fundamental. Fuera ya de todo límite para el reconocimiento. cabe también preguntarse acerca de la naturaleza del reconocimiento cuando no hay institucionalidad1. merecía ser pensado con premura. Existe una tercera posibilidad. es claro que la lucha de la comunidad LGTBI por su derecho al matrimonio hace saltar sobre el escenario público la voz de una comunidad que no era escuchada. Si la política es. dado ese síntoma. No puedo extenderme en este punto. salieron al ruedo toda clase de ideas y discursos alrededor del asunto.Una segunda vía consiste en promover. la acción que hace aparecer la voz que no tenía eco. y no encuentro aún elementos para concebir la estructura social sin institucionalidad. es un buen síntoma acerca de la posibilidad discursiva que implica el tema y que. y pone de presente en la exigencia misma de reconocimiento el daño que supone para ellos la estructura actual del matrimonio. sobreviva como efecto de su larga historia social. aquella acción que permite la manifestación del daño que encarna un orden específico. e incluir en el escenario común lo que antes no tenía lugar allí. se elimina el supuesto moral negativo que existe en las personas que conforman la sociedad. Es posible que aunque la institución desaparezca. Por esta vía se apuesta a que la sociedad reconozca. en contra de la anterior. modificar el discurso que determina su práctica. Desde que el asunto del matrimonio homosexual hizo parte de la agenda pública del país. Con todo. puede haber lugar para la práctica libre del amor en pareja. el escenario de la discusión es a la vez un mal síntoma acerca del estado en que se encontraba la comunidad 1 Doy por supuesto en este lugar que toda comunidad social se funda alrededor de instituciones. al tiempo que se elimina la institución normativa que rige la práctica del matrimonio. la existencia de nuevas prácticas que escapan a un concepto cuya institucionalización rara vez es pensada. El problema que tiene esta posibilidad es que supone que. en términos políticos. . la supresión de la institución matrimonial. la igualdad vacía de todos con todos. que consiste en ampliar las fronteras de la institución. Quiero defender esta última vía. un rechazo a la unión homosexual. es la que mayor alcance político tiene. de todas.

a cuestionarse y tener en cuenta a los que ha ido excluyendo. Pero la postulación del tema para la agenda pública fue la primera piedra que ayudaría a construir toda una conciencia acerca de la necesidad de cuestionar el ordenamiento de la institución matrimonial. sino un cambio profundo en la concepción naturalista de la institución. nuestra capacidad de razonar sobre estos asuntos nos ha conducido a ampliar los horizontes de sentido de una institución que parecía tener inscrito un fundamento que regía su despliegue de una vez y para siempre. y una institución que se niega al cambio es una institución que echa anclas sobre una estructura social que inevitablemente va a desaparecer. y repensar así el escenario discursivo donde opera y donde le es permitido operar. Pero en cualquier caso. el logro obtenido ahora con la aprobación del matrimonio igualitario puede leerse en clave filosófica: es la muestra de que sobre la conciencia institucional del país se está operando un movimiento que permite pensar la naturaleza de la institución y los alcances y retos que la institución puede afrontar. allí hay política. y la expansión de sentido que adopta la idea del amor y la familia ¿podría resistir la estructura institucional? El cambio propuesto en la estructura del matrimonio. ¿Puede una institución como el matrimonio en su versión heterosexual afrontar los desafíos morales que plantea la vida social actual? Con la progresiva conciencia que se forma alrededor de la sexualidad. En el cambio está la vida. siempre que haya un orden establecido. Pues bien. del otro. Aunque lo haya parecido. a repensarse. habrá la posibilidad de poner en discusión el orden. y donde se opera ese movimiento. No hay nada en el matrimonio que le impide modificarse. . antes bien. supone no solo un cambio en la legislación y en los códigos. que permite la inclusión de nuevos conceptos de vida familiar.LGTBI. lo que ocurre ahora en el país es una muestra de lo insulsa que resulta tal concepción. el declive constante de los mitos y prejuicios morales acerca del cuerpo. el movimiento mismo y el cambio que subyace a las relaciones entre los seres humanos es el principio del movimiento que obliga a la institución a modificarse. como institución. Por fortuna. la institución matrimonial no constituye un molde moral en el cual puede hacerse encajar la sociedad. Para quienes pensaban que el matrimonio se erigía como una institución que perseguía un telos definido. Ahora bien ¿Garantiza este cambio operado en la institución que no habrá en el futuro grupos excluidos que reclamen una voz para ser escuchados? Esto no puede afirmarse sin más. las posibilidades desbordan ahora lo considerable.