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vida & artes 33

EL PAÍS, martes 2 de septiembre de 2008

cultura

65ª Mostra de Venecia
bolso, su pistola Colt Cobra 38 y
un trozo de papel donde se leía
“Victoria o muerte. ELN”. Así se
convirtió en la mujer más buscada de Latinoamérica.
“Mi padre la botó de la estancia porque quería convertirla en
campo de entrenamiento para
guerrilleros. Nunca más la vimos.
Escribía una vez al año a toda la
familia diciendo que no nos preocupásemos, que estaba bien”, recuerda Beatriz. Cuatro años después la mataron los militares en
un tiroteo en las calles de La Paz.
“Más de 34 años después de su
muerte todavía no nos han devuelto su cadáver”.
Para entonces, Ertl hacía años
que había dejado de filmar, desilusionado por una mala experiencia. Mientras transportaba en su
tractor los rollos de su última película, el puente que cruzaba se derrumbó y perdió todo. Por si fuera poco, fue demandado por la
productora alemana que le contrató. Regaló todas sus cámaras y
se dedicó a mantener su ganado.
Hasta comienzos de los años
noventa, cuando recibió durante
una recepción con la reina Sofía
una cámara. “Mi padre estaba
muy contento con el regalo, pero
se lo dio a mi hija Saskia”. Ertl
pasó los últimos años de su vida
prácticamente solo, aislado del
mundo. Falleció en 2000, a la
edad de 92 años, en su granja de
La Dolorida, convertida ahora en
pequeño museo. Nunca quiso volver a Alemania pero pidió a su
otra hija, Heidi, que le enviara
una bolsa con tierra alemana para esparcirla sobre su tumba. Fue
lo último que le rogó antes de que
la relación entre ambos se rompiera, sólo 10 días antes de su
muerte. Hoy yace enterrado en
un pequeño montículo en una esquina de su antigua estancia. Vestido con el viejo uniforme militar
alemán color verde oliva que llevó puesto hasta sus últimos días.

+

.com

E

Fotogalería
Imágenes de la vida de Hans
Ertl, fotógrafo del nazismo.

Autenticidad, carencias y levedad
El festival proyecta tres muestras irregulares del cine más independiente
CARLOS BOYERO
Palpando la angustia del cronista ante la nada, observando la
desbandada o la resignación de
los que están aquí con la inútil
misión de conseguir entrevistas con directores, actores y actrices famosos o relevantes que
interesen mínimamente a los
periódicos, radios y televisiones
para los que trabajan, viendo la
frustración de los que tienen la
misión de hablar del ambiente
y las anécdotas de un festival de
cine y que aquí se rompen los
nervios al constatar que no hay
nada que merezca la pena de
ser contado, me resulta demasiado sarcástico el ampuloso lema que encabeza las proyecciones. Se autodefine como Muestra Internacional del Arte Cinematográfico. Ya resulta mosqueante que el hecho de filmar
con una cámara tenga siempre
la enfática pretensión o la arrogante certidumbre de que está
creando arte. Pero en cualquier
caso, ante lo que estoy viendo y
escuchando en la sala oscura,
me pregunto que dónde diablos
está ese supuesto arte. O que la
idea de estos autores y los organizadores que han seleccionado sus películas sobre las esencias del arte cinematográfico
no tiene nada que ver con la
mía. Me conformaría con que
me donaran un poco de entretenimiento, pero no hay manera.
La jornada de ayer no ha sido de las peores pero tampoco
ha ofrecido nada perturbador o
memorable, aunque hayan aparecido algunos bieneducados o
piadosos aplausos al final de las
proyecciones.
El director iraní Amir Nadei
utiliza los recursos del cine independiente en Las Vegas: basada en una historia verdadera para contar el desarrollo de una

DESPIERTA Y LEE

A favor
de la filosofía
FERNANDO
SAVATER
Sin duda hoy la filosofía no es la chica más
guapa de la clase ni tampoco la más popular. Pierde horas en los planes de estudio y
para colmo se la empareja en algunos cursos con Ciudadanía, lo cual es el mejor
modo de fastidiar por igual ambas materias. Yo creo que uno de los problemas
principales del estudio de la filosofía es
lograr entender de qué va o, mejor, cogerle la gracia: como los chistes. No es tan
fácil. Isaiah Berlin empezó su vida académica como filósofo (era uno de los discípulos predilectos de Wittgenstein) pero luego dejó este primer amor para dedicarse a
la historia de las ideas; cuando se le preguntó por las razones de tal cambio, repuso: “Es que quiero estudiar algo de lo que
al final pueda saber más que al principio”.
En efecto, la filosofía trata de cuestiones

NATALIE PORTMAN, DIRECTORA. La actriz asistió ayer a la proyección, en la
sección oficial de cortometrajes, de su estreno como directora, Eye, una comedia
romántica sobre dos viudos que protagonizan Ben Gazzara y Lauren Bacall. / afp

obsesión y sus trágicos resultados. Rodada en vídeo, con actores no profesionales, con morosidad, estirando algo que se podía haber contado en la mitad
de tiempo. Habla de una familia
que ha conseguido montar una
casa con jardín en un desértico
suburbio de Las Vegas, antiguos jugadores que han logrado controlar su ludopatía y

no instrumentales —como las que se plantea la ciencia— y que por tanto nunca pueden ser definitivamente solventadas: sus
respuestas ayudan a convivir con las preguntas, pero nunca las cancelan. De ahí
que quienes aconsejan con impaciencia a
los filósofos acogerse a la psicología evolutiva o a las neurociencias sencillamente no
entienden el chiste ni ven la gracia al asunto. Como bien indica Giacomo Marramao
en Kairós (editorial Gedisa), “las interrogaciones filosóficas se sirven de la experiencia y no del experimento, y por ello sólo
pueden utilizarse en los símbolos, metáforas, palabras clave con las cuales intentamos conocer la realidad en que vivimos”.
Quizá la mejor caracterización de la
inquietud filosófica es señalar que se ocupa de “las interrogaciones que a todos nos
conciernen”, no en cuanto preocupados
por tal o cual sector del conocimiento,
sino en lo que toca a nuestro común oficio
de vivir como humanos. Éste es el planteamiento básico sustentado por Víctor Gómez Pin en su Filosofía (Gran Austral, editorial Espasa Calpe), una introducción general a la materia que puede resultar ardua para quien apetezca simplificaciones
de manual pero que resulta provechosa a
cuantos crean que lo importante siempre
resulta también exigente. Gómez Pin no
rehúye partir de los avances de la matemática y otras ciencias, pero busca sin

mantener una existencia tranquila. Se volverán locos con la
idea que les ha vendido un
cruel buscavidas de que debajo
de esa casa está enterrado el
botín de un millón de dólares
de un atraco al banco. La codicia y la desesperación que engendrará harán que la familia
feliz acabe levantando el suelo
y destruyendo esa casa en la

cesar establecer ese nivel común a la inquietud humana general que es propiamente filosófico. Porque no debe olvidarse —como bien dice Odo Marquard— que
el filósofo no es un experto, sino quien
dobla al experto: el especialista para escenas de peligro.

Representa la autonomía
del individuo frente a
veneraciones establecidas
Otro camino de acercarse al chiste filosófico pasa a través de la vida y obra de
algunos grandes pensadores. Las ediciones Marbot, que han iniciado recientemente con acierto y buen gusto su andadura, proponen dos libros excelentes a tal
propósito. Cada uno de ellos está centrado en un filósofo, desde enfoques muy
distintos aunque ambos bien logrados. El
Séneca, de Paul Veyne, historiador del
mundo clásico que estuvo muy vinculado
intelectualmente a Michel Foucault, es
un estudio magistral de la vida, obra y
época del pensador nacido en la Córdoba
primitiva. Nos narra la trayectoria humanísima y por tanto a veces contradictoria
de un indagador preocupado con esa gran
molestia intelectual y práctica: la dificul-

que habían depositado su estabilidad para buscar un tesoro
inexistente, que pierdan el techo que les daba cobijo y que su
existencia se rompa. La historia
es original pero yo acabo un poco harto de ver cómo se acumulan los escombros y del extenuante enloquecimiento de
esos desgraciados personajes.
No está claro si el director
turco Semit Kaplanoglu pretende en Sut hacer un canto a la
vida pastoril o un tratado psicológico sobre las relaciones materno-filiales, retratando la plácida vida de una madre lechera
y su adolescente y lírico hijo
hasta que la primera se echa un
novio y el segundo se siente
abandonado. La sufro a las nueve de la mañana, pero aunque
me acabe de levantar de la cama no puedo impedir la aparición de los bostezos ante esta
nadería con ínfulas poéticas.
El tema de La tierra de los
hombres rojos, dirigida por el
chileno Marco Bechis, retrata la
rebelión de una tribu de indios
amazónicos que son explotados
como atracción turística y mano de obra barata en la reserva
en la que han sido confinados,
decidiendo regresar a las selvas
de sus antepasados y sobrevivir
practicando los ancestrales rituales y costumbres de su raza.
Pero el cabrón del hombre blanco, como siempre tampoco les
permitirá morir en paz. Es cine
bienintencionado y militante,
protagonizado por auténticos
indígenas que no interpretan sino que son ellos mismos, presumible ganador de premios en esta desértica Mostra, pero que
tampoco invita a lanzar cohetes. Que esté realizado con medios ínfimos, voluntad reivindicativa y honradez puede despertar simpatía pero no garantiza
fuerza expresiva ni gran cine.

tad de habitar el mundo sabiéndose mortal. En los días de Séneca, ser filósofo no
era escribir tratados de filosofía ni mucho
menos dar cursos de esa materia, sino
vivir de un modo determinado: con deliberación y conciencia, luchando contra la
rutina mimética que todo lo arrastra y
nada se pregunta. Por otra parte, el Spinoza, de Alain, prescinde de la parafernalia
historicista y de la mirada externa de comentador: resume en un inigualable prontuario lo esencial del pensamiento del valiente sabio judío como si fuera él mismo
quien hablase sin intermediarios ni distancia académica. Durante muchos años,
el libro de Alain ha constituido la base de
gran parte de mis cursos y también —ayer
como hoy— del pensamiento que me ayuda a vivir. Por suerte, la filosofía es una
tradición de la que no debemos renunciar
a nada: pero si debo quedarme con un
solo compañero filosófico, que me dejen
con Spinoza.
La filosofía nace con la democracia y
representa en el terreno intelectual lo
mismo que ella en el político: la autonomía del individuo pensante frente a las
veneraciones inapelables establecidas.
Quienes por razones espuriamente funcionales tratan de disminuir hoy su peso en
la enseñanza, pretenden sin duda también la sumisión al poder incuestionado y
no la mera eficacia laboral.