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Brecha

20 de junio de 2014

Con el profesor Alejandro Sánchez

“Hemos confundido identidad
con historia”
“Dejate de embromar con Artigas” es una expresión de presunta saturación que Sánchez ha oído de muchos estudiantes. Sin embargo tiene
buenas razones para sostener que buena parte de ellos termina el bachillerato sabiendo muy poco del artiguismo real.
Gabriel Quirici
—Uno tiene la sensación de que existe
una distancia entre el artiguismo investigado y el artiguismo enseñado.
—Creo que sí, es sobre todo una forja de la cultura escolar. Entendida en el
sentido amplio de primaria y secundaria.
La escuela primaria se mueve a partir de
los ritos, están todas las fechas patrias encadenadas para que ella haga lo que muy
bien hizo a lo largo del siglo xx: forjar la
identidad. Pero nosotros hemos confundido a lo largo del tiempo dos cosas: identidad e historia. Son dos cosas completamente distintas.
Esto no es responsabilidad de Primaria, ni se arregla llamando al Codicen. Se
debe entender a la cultura escolar como
algo más que un recorte erudito de saberes para ser difundido y vulgarizado entre
las nuevas generaciones. No es que ahora aparezcan nuevos historiadores y todos
en las aulas se pongan a enseñar eso. La
escuela tiene un sentido de construir identidad, propio del país del siglo xx, pero
común a todos los estados nacionales. El
relato sobre el pasado en los procesos de
escolarización no fue necesariamente histórico.
—¿Y qué pasa a nivel de Secundaria?
—Es un tema que tiene poca repercusión, la mayoría de los gurises te dicen
“dejate de embromar con Artigas”. Pero
¿dónde está Artigas en Secundaria? Al
final del programa de segundo año, que
muchos no llegan a darlo y la mayoría,
creo, hace lo posible por no darlo y se lo
“pasan” al profe de tercero, por las dudas,
si puede. Eventualmente se vuelve a ver
en los programas de quinto año si se hace Humanístico. Por lo cual se puede decir
que dos terceras partes de los estudiantes
que hacen el liceo en nuestro país no ven a
Artigas, históricamente hablando. A mí no
me puede decir alguien que estamos educando en el artiguismo, ¿cuándo?, ¿en qué
momento?
De la escuela voy llegando a la responsabilidad de los docentes. Los hay con una
actitud de desapego hacia al tema, que se
presenta como cierto signo de distinción:
“De Artigas no hay que dar mucho, un poquito de las Instrucciones, un poquito del
reglamento del 15, y sigo de largo”.
—Distinción en el sentido de mostrarse
como superados por dar por arriba el tema del héroe de la patria…
—Como si descubrieran una genialidad. Esto lo vivo escuchando en las salas
de profesores: “No, no, yo Artigas lo paso volando”. Y en realidad el estudiante
no puede meterse en un abordaje crítico
de los documentos que algunos dan por
arribita, si no se hace con las herramientas de la historia regional, de la historia
religiosa.
—Tengo la sensación de que para trabajar el Artigas regional, religioso, no sólo
hay que tener y dedicar tiempo para actualizarse, sino que también hay que dis-

Foto Alejandro Arigón

ponerse a ir contra el sentido dominante
de los estudiantes y de otros colegas.
—Pero no sólo con los estudiantes.
Sanguinetti en su artículo más reciente
descarta la tesis del componente católico
en las Instrucciones diciendo “nadie ha
probado nada”, sin chequear mínimamente. Y a Sanguinetti no tengo que explicarle nada, es un gran lector y gran escritor
de historia. Lo que ocurre es que no tolera ver trastocado su sentido identitario del
artiguismo con su visión laica del Estado.
—Pero volviendo al sentido común general, debe de ser muy interesante para los
estudiantes que uno les cuestione el mito
de Artigas…
—Lo que pasa es que cuando uno se
mete y le agrega un vuelo y una cosa diferente, la respuesta de los alumnos es “usted me cambió la forma de ver las cosas”,
“usted me cambió la vida”, te dicen frases
de las que luego tenés que aterrizar con humildad (risas). Últimamente me ha pasado en clases de extraedad, donde hay gente
grande que siente que le movés cuestiones
vitales, que mejor no le toquemos al héroe.
Y muchas veces la historia y la identidad están marcadas por una lógica de piquete, antiporteña, en donde mostrar que
durante un buen tiempo Buenos Aires era
la capital y que Artigas contaba con su ayuda hace saltar ciertos reflejos del Estado
nacional uruguayo
Creo que los programas no lo impiden,
pero tampoco lo alientan.
Los docentes, o están un poco superados por esa misma cultura escolar, o muchos de ellos creen saber realmente lo que
es el artiguismo, “pero para qué me voy a
meter”. O si no se dan casos que se presentan como cuestionadores pero terminan repitiendo lo mismo, dicen “vamos a sacarlo
del mármol” y cuentan que tuvo muchas
mujeres, que fue contrabandista… Y eso
no es nuevo, se supo siempre. Quizás no es
parte del discurso patrio, simplemente explica a cualquier habitante de la campaña
de aquel tiempo. Creen que lo desmitifican
con eso cuando reconstruyen a un Artigas

Perfil
Alejandro Sánchez es profesor de
historia, diplomado en didáctica de
la historia (ipes/Udelar). Director del
ciclo básico del Colegio Santa María
(Hermanos Maristas), en Montevideo,
y profesor de didáctica de la historia
en el ipa
Publicó como coautor La búsqueda de lo maravilloso. San Cono
y otras devociones populares (Cal
y Canto-Obsur); Los uruguayos del
Centenario (Taurus); Las religiones
en el Uruguay (La Gotera); El “Uruguay laico”. Matrices y revisiones
(Taurus); Las Instrucciones del Año
XIII. 200 años después; y es autor de
Artiguismo, educación y evangelización en las escuelas de la patria
(Audec); Libres como pájaros entre los pinos. Historia de los 50 años
del colegio Jesús María de Carrasco (Cipes); y los fascículos 9 y 10 de
Comprender el Bicentenario. El proyecto artiguista (Santillana-El País),
entre otros artículos y libros sobre didáctica e historia. n
“más pillo” pero que sigue siendo la figura predominante del relato de la nación. Y
de repente agregan “conductor y conducido” porque esa frase queda bien y es políticamente correcta. Sigue siendo el líder
hacedor de la revolución, pero “más pillo”,
y dos semanas después ese mismo docente plantea (sintiéndose él como un docente
pillo) que a Uruguay lo crea Inglaterra, pasando de un mito a otro. Se construye, con
tónica de transgresión, lo más retrógrado
en materia de estudios históricos.
Los mitos sólo caen cuando comenzás
a complejizar la historia, no haciéndola
más difícil sino anunciando la existencia
de mitos y comenzando a revisar la forma
en que los contamos
—¿Y eso cómo se hace?
—Cambiando la forma de hablar, revisando los tópicos, evitando el “nosotros”,

que ya predispone a un bando. Dejando de
dar como configurado que fue un enfrentamiento entre españoles y orientales solamente. Analizando los mapas en su evolución histórica y no tirándole al pasado las
fronteras del presente. Cuestionando la
idea de que el río Uruguay dividía, pues no
dividía nada; en todo caso era más bravo
de cruzar en invierno el Río Negro, y a nivel regional la frontera era el Paraná. Una
investigación excelente como la de (Lucía)
Sala, (Julio) Rodríguez y Nelson de la Torre trae un mapa con todos los padrones de
las estancias, que es riquísimo como fuente, pero ¿hasta dónde llega? Hasta los límites del Uruguay actual.
No habría que separar la revolución
oriental de la rioplatense como si fueran
dos cosas diferentes. Habría que incorporar la presencia del catolicismo como parte
del hacer político de la época. Utilizar bibliografía regional. Todos los documentos
de Artigas y Barreiro cuando dan cuenta
de las acciones arrancan el conteo desde el
año 10, y se instaura la celebración de las
Fiestas Mayas para celebrar la revolución
iniciada en Buenos Aires.
Analizar cuándo surge lo argentino, lo
oriental. Ver que cuando empieza la revolución las gentes se definían por sus pagos
y que la idea de oriental va surgiendo con
la guerra, pero no existía como algo predeterminado.
Cuestionar la idea de “masas” rurales,
cuando estamos ante poblaciones que no
llegan al medio centenar de miles. Evitar la
confusión, que veo en muchos, de asociar
soberanía particular de los pueblos con soberanía popular. A veces me parece que algunos se imaginan este concepto como algo parecido a “el pueblo unido jamás será
vencido”, ¡y es otra cosa!
Estudiar la influencia de la Constitución de Cádiz de 1812 jurada en Montevideo. Esto de Los muy fieles de Ana Ribeiro es notable,1 porque te obliga a repensar.
Cuánto heroísmo hay ahí, y no son los
“buenos” del cuento tradicional.
Describir los escenarios de manera modélica sin preanunciar los actores, para que
los estudiantes se pongan en situación. A
veces a propósito les planteo las situaciones en abstracto, como el reparto de tierras
o el Pacto del Pilar, y pasa que los alumnos
no quieren que les saquen tierras, o que la
mayoría prefiere pactar con Buenos Aires,
o no quieren seguir la guerra. Y cuando vemos lo que hizo Artigas me dicen: “Ah no,
pero yo no soy antiartiguista”, y les contesto: “Viste, esos que vos decías que eran
unos dementes, esos eran los artiguistas”
(risas). Es que nos cuesta verle debilidades, errores.
Tenemos que cambiar el chip, ponernos en otra lógica para leer los manuales y
los documentos más allá del formateo que
todos tenemos en nuestros relatos identitarios. n
1. La obra historia la revolución desde el lugar de
los leales a la corona. Editorial Planeta, Montevideo, 2013.