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NOTAS BIOGRÁFICAS

Gibran Kahlil Gibran
(Becharre, Líbano, 1883 – Nueva York, EE.UU, 1931)
Hijo de Kahlil Saad Gibran y de Kamileh Rahmé, hermano de Boutros, de Marianna y de
Sultana, el niño creció en el seno cristiano maronita libanés.
Hacia 1891 su padre fue arrestado por una mala administración de los fondos que recaudaba.
Luego de su liberación y de las crisis económicas que sobrevinieron para la familia, Kamileh
decidirá exiliarse con sus hijos en América.
En 1895 la familia Gibran llegó a Nueva York para luego tomar camino hacia Boston. Kamileh
y sus hijos se sostienen gracias a una tienda de abarrotes.
La maestra de Gibran, Florence Pierce, lo dejó bajo la protección del fotógrafo sibarita Fred
Holland Day, quien sería un entrañable amigo y una de las influencias más grandes en la vida
del futuro artista. Éste lo introdujo en los círculos intelectuales y el mundo bohemio
bostonianos. Gracias a Day también conoció la obra plástica de William Blake (1757-1827) y
de Eugène Carrière (1849-1906), quienes impactaron en la obra simbolista de Gibran. Hacia
1898 regresó a Líbano para quedar bajo la instrucción de Youssef Haddad, su más importante
preceptor. Volvió a Boston debido a la muerte de Sultana, y a la enfermedad y posterior
fallecimiento de Boutros y Kamileh.
Por mediación de Holland Day, en el año de 1904 expuso sus primeros cuadros en Harcourt
Studios de Boston, donde conoció a Mary Haskell, gran amiga, mecenas y compañera durante
toda su vida. El año siguiente publicó en árabe su primer libro: La música.
Entre 1908 y 1910 vivió en París para formarse como artista plástico. En la Academia Julian
fue discípulo de Pierre Marcel-Béronneau –alumno a su vez de Gustave Moreau–, quien le
transmitió el gusto por los valores de la pintura simbolista.
Por aquellos años se formó el Primer Congreso Árabe con miembros sirios y libaneses que
buscaron la liberación del dominio turco en Cercano Oriente. De regreso a Boston, Gibran
fundó con algunos de ellos La liga de la pluma o Al-Arrabitah, comunidad artística que
mediante el ejercicio literario promovería la independencia de su país.
Luego de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y el posterior colapso del Imperio Turco, fue
creado el Gran Líbano (1920), el cual quedaría bajo la protección de Francia hasta su
independencia definitiva en 1943. En 1912, la publicación de Alas rotas, su obra de mayor
contenido romántico, marcaría el renacimiento de la literatura árabe.
Gibran publicó en 1923, después de 20 años de trabajo, El Profeta, su obra más difundida.
Barbara Young –pseudónimo de Henrietta Boughton– era crítica literaria del New York Times y
fue con quien compartió sus últimos años. A ella debemos una sobresaliente biografía de
Gibran.
Problemas de pulmón y cirrosis hepática llevaron a Gibran al último de sus exilios el 10 de
abril de 1931 en Nueva York. Hoy sus restos descansan en el antiguo monasterio carmelita de
Mar Sarkis (San Sergio), en Becharre, su ciudad natal. En palabras del gran pensador y
artista: No habléis de mi partida con lágrimas en la voz; cerrad más bien los ojos y me veréis
entre vosotros, hoy y mañana.
FRASES
Patria quimérica
Uno de los sueños más amados de mi corazón es que, en algún lugar, en algún momento, una
parte de mi trabajo […] se exhiba junta en algún museo o en alguna institución, en una gran
ciudad, en donde la gente la pueda ver y quizá amar […].
Soy extranjero en este mundo. Soy forastero, y en el inmigrante la soledad es pavorosa y
atroz la nostalgia. El exilio muéveme siempre a soñar en una encantadora tierra, llenándome
la fantasía con dulces imágenes de una patria quimérica y remota que mis ojos jamás vieron.
No volveré a escuchar los cantos del Líbano, si no es en sueños.
Ustedes tienen su Líbano con su dilema. Yo tengo mi Líbano con su belleza.
Soy un extraño en este mundo, y hay en mi exilio una severa soledad y una dolorosa tristeza.
El alma humana es tan sólo una parte de la ardiente antorcha que Dios separó de sí mismo
en el momento de la Creación.
El arte debe ser una comunicación directa entre la imaginación del artista y la del observador.
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Líbano, para los poetas de Occidente, es un lugar legendario cuya existencia desapareció con
la muerte de David, de Salomón y de los profetas […].
Si el Líbano no fuera mi país, yo lo habría escogido como tal.
Líbano es un vocablo poético y no el nombre de una montaña; vocablo que simboliza un
sentimiento, y más allá de la imaginación, la imagen de los bosques de cedros que exhalan
su aroma e incienso, la de torres de bronce y de mármol que se elevan majestuosas, la de
multitud de gacelas que se recrean entre ruinas y valles. Vi a Líbano aquella noche como un
pensamiento poético, como un sueño entre dos auroras.
[…] La primavera es el espíritu de un dios desconocido, viajero por la tierra a paso veloz, que
al llegar a Líbano marcha lentamente, miando hacia el ayer, regocijándose con los espíritus
de los reyes y de los profetas que vagan en el espacio, cantando con los arroyos de Judea las
inmortales melodías de Salomón, repitiendo con los cedros de Líbano los recuerdos de glorias
pasadas.
Si mi pueblo se hubiera opuesto a los tiranos y muerto en rebeldía, yo diría que la muerte por
la libertad es más honrosa que la vida en servidumbre.
Creo en ustedes y su destino […] Deben tener orgullo en ser americanos, mas también deben
enorgullecerse de que sus padres y sus madres llegaran de una tierra en la que Dios colocó
sus manos bondadosas e hizo surgir sus mensajeros. Jóvenes americanos de origen libanés y
sirio, yo creo en ustedes.
Hay en Oriente Medio un despertar que desafía la somnolencia. Ese despertar triunfará
porque el sol es su líder y la aurora su ejército.
Cuando estés en un lugar maravilloso, entre personas cultas, al lado de viejas ruinas, y en lo
alto de una montaña, murmura mi nombre para que mi alma vaya hasta Líbano y flote sobre
ti, comulgando juntos el placer de la vida, todos sus significados y secretos. Recuérdame al
ver levantarse el sol detrás de la montaña Sunnin o Fam El Mizab. Piensa en mí cuando veas
al sol descendiendo hacia el poniente, esparciendo sus vestimentas rojas sobre las montañas
y los valles, a medida que se va despidiendo de Líbano […].
[…] Encuéntrate con los admiradores del Almuhager en Egipto, Siria y Líbano, y háblales de
los hechos de sus hermanos inmigrantes: descríbeles todo aquello que la larga separación
acumuló entre nuestros corazones y los corazones de ellos; y estrecha los lazos que ligan
nuestras almas a sus almas.
[…] Los norteamericanos son gente vigorosa que nunca desiste, nunca se cansa, nunca
duerme o sueña […] Mi anhelo por la patria está casi disolviendo mi corazón. Si no fuese por
esta jaula que entretejí con mis propias manos, podría haber tomado el primer navío para el
Oriente.
[…] Las cosas más extrañas son las que están más próximas de la verdad. En la voluntad del
hombre hay tal poder de ansiedad, que transforma en sol la neblina que hay en nosotros.
[…] Quiero volver a Líbano, sí, y permanecer allá para siempre. Para siempre…
Siempre hemos sido nuestro propio precursor, y lo seremos eternamente. Y todo lo que
hayamos juntado y todo lo que recojamos serán semillas.
Mis afectos
La melodía que reposa en silencio en el fondo del corazón de la madre será cantada por los
labios de su hijo.
Estoy pintando o aprendiendo a pintar. Me llevará mucho tiempo hacerlo como yo quisiera,
pero es hermoso sentir el crecimiento de la visión que uno tiene sobre las cosas.
Hay días en que dejo el trabajo con la sensación de un niño al que se acuesta demasiado
pronto.
El trabajo de Carrière es el más cercano a mi corazón. Sus figuras, sentadas o de pie detrás
de la niebla, me dicen más que cualquier otra cosa excepto por las obras de Leonardo da
Vinci […] La vida de Carrière no es menos hermosa que su trabajo. Él sufrió mucho, pero
comprendió la miseria del dolor: él supo que las lágrimas hacen que las cosas brillen.
[…] No me es posible ver otra cosa que las sombras tristes de los días pasados, cuando mi
padre, mi madre, Boutros y mi hermana Sultana vivían y sonreían bajo la luz del sol. ¿En
dónde están ahora? ¿Estarán juntos? ¿Se acordarán del pasado como nos acordamos
nosotros?
Pueden erguirse juntos, mas no muy próximos: las columnas del templo se plantan firmes y
separadas, y el encino y el ciprés no crecen uno a la sombra del otro.
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Sus hijos no son suyos, son hijos del anhelo de la vida.
Su alegría es su tristeza sin máscara. Y el mismo pozo del cual brota su risa, fue a menudo
alimentado con sus lágrimas.
Ningún hombre podrá revelarles nada que no yace aletargado en la aurora de su
conocimiento.
Sus amigos son las respuestas a sus verdaderas necesidades.
El placer es una canción de libertad, pero no es la libertad.
En la tristeza se tejen lazos más sólidos que en la felicidad y en la alegría.
Porque el amor se basta en el amor.
Ámense, pero no hagan del amor una cadena.
Del sensitivo corazón de una mujer, surge la felicidad de la humanidad, y de la bondad de su
noble espíritu emerge la ternura del hombre.
Aquel que no prefiere el exilio a la esclavitud, no es libre de acuerdo con cualquier medida de
libertad, verdad y deber.
La verdad es como las estrellas: sólo aparece detrás de la oscuridad de la noche.
Breves fueron mis palabras
“He aquí otro sueño que vuelve a la niebla”
Ven a mí con tus sueños cuando más despierto estés y te diré su significado.
[…] mi paz no es sino un torbellino y mi encantamiento una ilusión.
[…] Siento que las llamas que calientan mis afectos se alimentarían mejor con tinta y
papel[…].
Permitan que la ignorancia se cultive a sí misma hasta hartar a sus descendientes. Permitan
que los ciegos lleven a los enceguecidos a la fosa. Permitan que los muertos sepulten a los
cadáveres hasta que se ahogue la tierra bajo el perfume de esos amargos capullos. Mi reino
no es de este mundo, no.
[Sobre Jesús en palabras de María Magdalena] Todas sus líneas se habían uniformado
armoniosamente, tanto que me parecieron estar enamoradas unas de otras […] ¿Era mi
soledad la que me llevó hasta él o fue el perfume de su cuerpo?
[…] Maestro, queremos ser hilos entre tus manos y en tu telar, para que hagas de nosotros
cuando quieras, un lienzo que usarás en tu divino manto.
Nació Jesús el Nazareno y creció como nosotros. Sus padres eran como los nuestros y él era
como uno de nosotros; pero el Mesías, el Verbo, que desde el comienzo era el Espíritu que
quería para nosotros una vida perfecta, se ha fundido con todas esas esencias en la persona
de Jesús, y se unió con él y se hicieron una sola […] el Hijo del Hombre.
A mí me pusieron en libertad; en cambio a Él lo eligieron para la cruz; pero Él se levantó y yo
caí (Barrabás).
El silencio que guarda la tumba no revela el secreto de Dios en la oscuridad del féretro, y el
susurro de las ramas cuyas raíces se alimentan de las esencias de su cuerpo, no descifran los
misterios de la tumba, pero los atormentados suspiros de mi corazón anuncian a quienes
viven, el drama que conjugaron el amor, la belleza y la muerte.
Yo corro por las calles de esta gigantesca ciudad, y las sombras lo hacen detrás de mí. Yo
miro con mil ojos y escucho con mil oídos todo a lo largo del día: y cuando regreso a casa
tarde por la noche encuentro más cosas que mirar y más voces que escuchar.
Derrota, mi Derrota, mi soledad y mi aislamiento:
Me eres más querida que mil triunfos,
Y más dulce al corazón que toda la gloria del mundo.
Breves fueron mis días entre ustedes, y más breves aún las palabras que les dije.
¡Apiádate de mi corazón, alma mía! […]
Nada tengo sino palabras humanas
para interpretar tus sueños,
tus deseos, y tus dictados.
Lo indefinido es el camino hacia lo infinito.
El océano ríe siempre con el inocente.
El fin del arte es revelar la conciencia del mar y no pintar olas espumosas o aguas azuladas.
Cuando el amor los llame, síganlo.
La verdad necesita de dos hombres para ser descubierta: uno para decirla y otro para
entenderla.
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Una mujer puede encubrir su rostro con una sonrisa.
Dos son los que violan las leyes humanas: el loco y el genio, ambos son los más cercanos al
corazón de Dios.
La piedad no es sino la mitad de la justicia.
Me creen loco porque no vendo mis días por oro;
Y los creo locos porque piensan que mis días tienen precio.
El silencio del envidioso está lleno de ruidos.
Cuando llegues al término de lo que deseas saber, estarás en el comienzo de lo que deseas
sufrir.
Una exageración es una verdad que ha perdido su medida.
El que más anhela es el que más vive.
Cuando tu alegría o tu tristeza se vuelven grandes, el mundo se vuelve pequeño.
Dios reposa en la razón y se agita en la pasión.
¿Qué es el mal, sino el bien, torturado por su propia hambre y sed?
Cuando estuve en Egipto, iba dos veces por semana a pasarme largas horas sentado bajo las
pirámides y bajo la Esfinge. En esa época tenía dieciocho años; mi alma temblaba ante esos
fenómenos artísticos como se estremece la hierba ante la tempestad […].
La verdadera importancia del hombre no estriba en lo que logra, sino en lo que aún ansía
lograr.
Algunos hombres somos como tinta oscura, y otros somos como papel.
Si me dan un oído, les daré una voz.
Por tanto si deseas comprender la otra realidad de esa persona, no escuches lo que habla,
sino lo que calla.
La verdad hay que conocerla siempre, pero sólo algunas veces hay que decirla.
Las palabras no tienen edad.
El poeta más destacado es el que canta nuestros silencios.
Me dicen: si ves a un esclavo durmiendo no lo despiertes, no sea que esté soñando con la
libertad.
Y yo les respondo: si ves a un esclavo durmiendo, despiértalo y explícale qué es la libertad.
La sabiduría no está en las palabras; la sabiduría es el significado dentro de las palabras.
El paraíso no está en el arrepentimiento; el paraíso está en el corazón puro.
La religión es un campo bien sembrado, plantado y regado por el deseo de uno que aspiró al
Paraíso, o que temió al Infierno y al Fuego.
La felicidad es un mito que perseguimos, y que al concretarse nos irrita; como el río que fluye
correntoso a la llanura, y que a su llegada se enturbia y debilita.
La vida no es más que un letargo perturbado por los sueños que sugiere la voluntad; el alma
triste con tristeza oculta sus secretos, y la alegre, con ansiedad.
[…] hasta que llegó el amor abrió las puertas del corazón y alumbró sus resquicios.
Los afectos del corazón están divididos al igual que las ramas del cedro; si el árbol pierde una
de sus ramas más resistentes, sufrirá, pero no muere. Vertirá toda su vitalidad en la siguiente
rama para que crezca y ocupe el lugar vacío.
La apariencia de las cosas cambia de acuerdo con las emociones, y así vemos magia y
belleza en ellas, pero en realidad la magia y la belleza están en nosotros mismos.
El primer beso es el principio del canto de la vida.
El amor es un conocimiento divino que permite a los hombres ver tanto como a los dioses.
Las horas pasaban como los espectros de la noche, como una procesión entonando el fúnebre
canto de su pena, y la doncella se sentía segura derramando sus lágrimas en angustiosa
soledad.
¿Qué puede hacer un hijo exiliado por su hambriento pueblo, y de qué vale para su pueblo el
lamento de un poeta ausente?
El hombre es la comida directa de los dioses.
La Gloria del hombre empieza cuando las bocas
Divinas devoran sus hálitos errabundos.
Todo lo que sea humano
Es absolutamente sin valor,
Si humano sigue siendo.
Las lágrimas que me unen a los desdichados,
La risa que simboliza la dicha de mi propio ser.
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¡Apiádate de mi corazón, alma mía!
¿Por qué lloras, Alma mía?
¿Acaso desconoces mis flaquezas?
Tus lágrimas me asaetean con sus puntas,
pues no sé cuál es mi error.
¿Hasta cuándo he de gemir?
Nada tengo sino palabras humanas
para interpretar tus sueños,
tus deseos, y tus dictados.
Contémplame, Alma mía; he
consumido días enteros observando
tus enseñanzas. ¡Piensa en todo
lo que sufro! Siguiéndote mi
vida se ha disipado.
Mi corazón se ha glorificado en el
trono, pero ahora no es más que un esclavo;
La paciencia era mi compañera, mas
ahora se ha vuelto en mi contra;
La juventud era mi esperanza, mas
ahora desaprueba mi abandono.
¿Por qué eres tan acuciante, Alma mía?
He rehusado el placer
y he abandonado la dicha de la vida
en pos del camino que tú
me has obligado a recorrer.
Sé justa conmigo, o llama a la Muerte
para que se desencadene,
pues la justicia es tu virtud.
Apiádate de mi corazón, Alma mía.
tanto Amor has vertido sobre mí que
ya no puedo con mi carga. Tú y el
Amor son un poder inseparable; la Materia
y yo somos una debilidad inseparable.
¿Cesará alguna vez el combate
entre el débil y el poderoso?
Apiádate de mí, Alma mía.
Me has mostrado la Fortuna
Inalcanzable. Tú y la Fortuna moran
en la cumbre de las montañas; la Desdicha y yo
estamos juntos y abandonados en lo profundo
del valle. ¿Se unirán alguna vez
el valle y la montaña?
Apiádate de mí, Alma mía.
Me has mostrado la Belleza y luego
la has ocultado. Tú y la Belleza moran
en la luz, la ignorancia y yo
somos uno en la oscuridad. ¿Invadirá
la luz alguna vez las tinieblas?
Tu deleite llega con el Fin,
y ahora te revelas anticipadamente;
mas este cuerpo sufre por la vida
mientras vive.
Esto es, Alma mía, el desconcierto.
Presurosa huyes hacia la Eternidad,
mas este cuerpo fluye lento hacia
el Fin. Tú no lo esperas,
y él no puede apresurarse.
Esto es, Alma mía, la tristeza.
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Te elevas raudamente, por el mandato
de los cielos, mas este cuerpo se desploma
por la ley de gravedad. No lo consuelas
y él no te quiere.
Esto es, Alma mía, la desdicha.
Eres rica en sabiduría, mas este
cuerpo es pobre en comprensión.
Tú no te arriesgas
y él no puede obedecer.
Esto es, Alma mía, el límite de la desesperación.
En el silencio de la noche visitas
al enamorado y gozas con la dulzura
de su presencia. Este cuerpo será por siempre
la amarga víctima de la esperanza y la separación.
Esto es, Alma mía, la tortura despiadada.
¡Apiádate de mí, Alma mía!
Ven amada mía; caminemos entre las cumbres,
Que la nieve es agua, y la vida ha despertado
De su letargo y vaga por montes y valles.
La sólida playa es mi amada
Y yo su amante.
Nos une el amor, pero la luna me aparta celosa de ella.
Mi alma es un amigo que me consuela en la desdicha y en el dolor.
Aquel que no trata a su alma como a un amigo es un enemigo de la humanidad, y aquel que
no encuentra alivio humano en sí mismo, perecerá en la desesperación. La vida emerge de lo
interior y no de lo exterior.
Las esencias de su cuerpo
Porque la vida es desnuda. Un cuerpo desnudo es el más verdadero y noble símbolo de la
vida. Si pinto una montaña como una muchedumbre de formas humanas o pinto una catarata
de agua en forma de cuerpos dando tumbos, es porque veo en la montaña una
muchedumbre de cosas vivientes, y en la catarata una corriente de vida que se precipita.
Los amantes abrazan lo que está entre ellos, más que estrecharse el uno al otro.
Si comentas tus secretos al viento, no puedes culparlo por contarlos a los árboles.
Debe existir algo sagrado en la sal. Está en nuestras lágrimas, y en el mar.
Eres ciego y yo sordomudo; por lo tanto, estrechemos nuestras manos y entendámonos.
La verdad de la otra persona no está en lo que te revela, sino en lo que no puede revelarte.
Por eso, si deseas entenderla, no escuches lo que dice, sino lo que calla.
Cada semilla es un anhelo.
Fueron las mujeres quienes abrieron las ventanas de mis ojos y las puertas de mi espíritu. De
no haber sido por la mujer madre, la mujer hermana y la mujer amiga, estaría aún durmiendo
entre aquellos que buscan la tranquilidad del mundo.
Mi alma me enseñó a estar despierto mientras otros duermen y a entregarme al sueño
cuando otros están en movimiento.
Subid conmigo a los montes, pues el invierno ha terminado y la nieve del Líbano está
cayendo hacia los valles, agregando su preludio a las sinfonías de los arroyos. Las llanuras y
las viñas han alejado todo sueño, y han despertado para recibir al Sol con lujuriosos higos y
frescas uvas […].
El secreto de la muerte
Porque la verdad de la vida es la misma vida […].
Sólo podrán ser libres, en cuanto el afán de buscar la libertad llegue a ser un estorbo.
La belleza es vida, cuando la vida rasga el velo y descubre su inmaculado rostro.
Perdónalos porque desconocen que tú has prevalecido sobre la muerte.
La verdadera luz es la que brilla en el interior; ella revela al hombre los secretos de su alma y
la ventura de una vida que exalta la espiritualidad… Dios les ha dotado de alas para que
vuelen hacia el amor y la libertad, ¿por qué se las han cortado y se arrastran por la tierra
como insectos?
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¿Qué es el morir, sino entregarse desnudo al viento y fundirse con el sol?
Tengo necesidad de un viento violento que pueda hacer caer mis frutos y mis hojas.
Soy sólo una gota de este mar inmenso.
Dejadme dormir, mi alma está ebria de amor.
La vida canta en nuestros silencios, y sueña cuando dormitamos […].
Porque la vida y la muerte son una misma cosa.
Quieren conocer el secreto de la muerte, ¿pero cómo conocerlo si no lo buscan en el corazón
de la vida?
¿Por qué estoy aquí, oh Dios de las almas perdidas, tú que estás extraviado entre los dioses?
Siempre camino en estas playas, entre arena y espuma. La alta marea borrará mis rastros, y
el viento, la espuma. Pero el mar y la playa serán por siempre.
Por siempre deambulo en esta playa, entre arena y espuma, indudablemente que la marea ha
de borrar mis huellas y el viento sin duda esparcirá la espuma, pero por siempre mar y playa
ahí estarán.
Hace un instante me sentía una partícula que sin ritmo y vacilante espera la vida, hoy sé que
soy la espera y que en rítmicos fragmentos palpita la vida en mí.
Tuve un segundo nacimiento cuando mi alma y mi cuerpo se amaron uno al otro y fueron
desposados.
No es posible llegar al alba, sin recorrer el sendero de la noche.
Mi hogar me dice: No te vayas porque aquí también vive tu pasado.
El recuerdo es una forma de encuentro.
El olvido es una forma de libertad.
El deseo es la mitad de la vida; la indiferencia es la mitad de la muerte.
Es en verdad triste si extiendo mi mano vacía a los hombres y nada recibo; pero es aún más
triste si extiendo una mano llena y nadie toma de ella.
El hombre es como la espuma del mar que flota sobre la superficie del agua. Cuando el viento
sopla, se desvanece como si nunca hubiese existido […].

LÍBANO: LA PATRIA DE GIBRÁN
Patria quimérica
Líbano, país de origen de Gibran Kahlil Gibran, está situado al extremo oriente del Mar
Mediterráneo. Su nombre árabe es Djibel Lubnan, que viene del arameo y quiere decir “La
Montaña Blanca”. Su nombre oficial es “Al Yumhuriya Al-Lubnaniya”; es decir, La República
Libanesa. Coloquialmente se le llama “Lubnán” o “Lebnán”, que se traduce a la palabra
“Líbano”, que significa “blanco”. Es el país de los cedros, donde en invierno se puede esquiar
en la nieve montañosa, o bien nadar en sus playas. Su capital es Beirut.
Al norte y al este limita con la República Árabe de Siria y al sur con Israel. Desde el siglo XVII
su lengua oficial es el árabe, aunque actualmente el ochenta por ciento de la población
domina además el francés y un alto porcentaje también el inglés. Hoy día su sistema político
es el de una república demócrata, presidencialista y unicameral. El pueblo elige a sus
diputados, éstos al Presidente y éste a su vez nombra al Primer Ministro. Según la
Constitución, el Jefe de Estado debe ser maronita, el presidente de la Cámara legislativa tiene
que ser chiíta y el Primer Ministro, sunita; el Parlamento está compuesto por 128 bancas
divididas igualmente entre musulmanes y cristianos.
Aún cuando su superficie es pequeña (apenas 10,452 kilómetros cuadrados, un poco menor
que la del Estado de Querétaro), la tierra de Gibran Kahlil Gibran es cuna de un pueblo con
seis mil años de historia; es un museo viviente de culturas con vestigios de civilizaciones
antiguas, como la fenicia. Es un pueblo que en la actualidad apenas rebasa los cuatro
millones de habitantes, mientras que fuera del país habitan más de diez millones de
descendientes de libaneses. A principios del siglo XX, la población total del país no llegaba al
medio millón, cuando la de México ya superaba los 13 millones.
Líbano está poblado por gente religiosa, perteneciente a alguna de las confesiones nacidas
ahí o a alguna de sus diversas ramificaciones, que difieren por liturgia y rito. Estos credos,
como el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, tienen en común ser religiones monoteístas
7

y algunos de sus ritos datan de tiempos bíblicos que hablan sobre su riqueza histórica y
cultural. Líbano es un país multiconfesional, donde hasta hace unas pocas décadas por lo
menos la mitad de la población pertenecía al culto cristiano, principalmente al maronita; hoy
día la proporción confesional ha cambiado debido en buena medida a la emigración cristiana,
y la mayoría está formada por musulmanes. Los minaretes de las mezquitas y los
campanarios de las iglesias cristianas pueden admirarse en una misma ciudad.
Libaneses
Los libaneses son descendientes de culturas milenarias establecidas en el país de Canaán
siglos antes de la era cristiana como la hitita y la fenicia, entre otras que florecieron en el
Levante, lugar siempre apreciado como “la puerta de entrada al Oriente”. Debido a su
posición geográfica aquellos pueblos miraron con curiosidad la llegada de gentes de culturas
ajenas a las suyas que tenían que cruzar su tierra, paso forzoso entre Oriente y Occidente.
Desde los tiempos en que los fenicios cortaban los cedros para construir sus embarcaciones y
hacer las columnas de templos como el del rey Salomón, gente independiente y de distintas
religiones, que viajaba en mulas, caballos o camellos, también buscó refugio en las montañas
libanesas. Muchos pueblos ocuparon Líbano a través de los siglos, desde los babilonios, los
asirios, los persas, los griegos, los romanos, los bizantinos, los árabes, los cruzados, los
turcos, los franceses y recientemente los sirios. Se forjó así un crisol de culturas que es hoy la
nación libanesa.
Un poco de historia: de los fenicios a los otomanos
La historia de la región se remonta a varios milenios atrás; por ejemplo, se han encontrado en
una cueva los restos humanos de un hombre que datan de hace cuarenta y cuatro mil años.
Las ruinas arqueológicas indican que la costa libanesa del Mar Mediterráneo estuvo habitada
desde el paleolítico. Miles de años antes de Cristo, los fenicios habían desarrollado la
navegación y una industria maderera importante, así como el vidrio transparente y la
cerámica. Como mercaderes navegantes fueron intermediarios entre Oriente y Occidente,
crearon el alfabeto e inventaron el sistema fonético de escritura en lugar de los signos que se
usaban para definir las cosas o los conceptos; fueron dueños del monopolio del textil teñido
con el rojo púrpura del murex. La industria de la armería en cobre, bronce y más tarde en
hierro, y la manufactura de oro y plata, el labrado del marfil y de las pieles, divulgaron su
fama.
Hacia 2500 a.C., casi un milenio antes de que en México floreciera la cultura olmeca, la costa
mediterránea fue colonizada por los fenicios. Sus ciudades-estado comerciaban con el antiguo
Egipto y se convirtieron en florecientes centros culturales. El Estado de Tiro, que incluía el
Líbano de hoy, se convirtió en la región principal de la Fenicia independiente. La exploración
permitió el establecimiento de colonias a lo largo de todo el Mediterráneo, desde Útica y
Cartago en el norte de África, hasta Córcega y el sur de la Península Ibérica (como Gades, la
actual Cádiz), así como la difusión del alfabeto semítico, que los fenicios habían simplificado
hasta hacerlo de veintiséis letras, por lo que fue posteriormente adoptado por los griegos. Los
fenicios circunnavegaron África e incluso se cree que algunos llegaron a las Islas Británicas.
Cuando Alejandro Magno conquistó la región trescientos años antes de Cristo, el comercio
fenicio quedó disminuido por el auge marítimo de Alejandría. Además, la lengua aramea
empezó a reemplazar al fenicio y así integró al territorio con sus vecinos. Poco a poco la
identidad fenicia fue arrollada por la influencia helenística; un siglo y medio después serán los
romanos quienes administrarán la zona que cientos de años más tarde fue invadida por los
persas, liberada por los bizantinos y después conquistada por los árabes. Luego, durante más
de cien años, dominada por gobernantes cristianos traídos por los cruzados hasta ser
reconquistada por los egipcios, que la pierden ante la invasión turca. Lentamente el arameo
(o siríaco) es sustituido por el idioma árabe, que los turcos aceptaron y que es la lengua que
hablaban los emigrantes libaneses cuando llegaron a América.
La dominación turca
Dado que hace cien años la mayoría de la población libanesa era cristiana, no fue raro que
bajo el Imperio Otomano (1516-1919) de religión islámica, los cristianos fueran perseguidos y
algunos de sus derechos les fueran negados. En Memoria de Líbano, el historiador Carlos
Martínez
Assad
relata:
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Durante más de cuatro siglos Líbano vivió bajo el dominio del Imperio Otomano, llamado de la
Sublime Puerta o Gran Puerta, en su traducción literal del árabe, metáfora equívoca que
indicaba la entrada pero nunca la salida. Este largo periodo explica las dificultades de Líbano
para estructurarse como nación y crear un estado moderno [...]. La tiranía y el desgobierno
fueron una constante para la vida de los libaneses.
Los otomanos organizaron su imperio no según el principio territorial, sino por el poblacional.
De esta manera, el imperio fue repartido entre musulmanes, cristianos tanto maronitas como
ortodoxos, judíos y otros. Dice Martínez Assad:
Ya en el siglo XIX, los países de la Europa occidental comenzaron a hablar del Imperio
Otomano como el “Hombre enfermo”. Para 1842 el Líbano geográfico se había dividido en
dos territorios para deslindar las dos confesiones religiosas en conflicto: los cristianos
permanecerían en el norte y los drusos en el sur, ignorando que había comunidades mixtas
en ambas partes [...] Cada uno tendría a su cargo la administración de justicia y la
recaudación de impuestos. Pero esta aparente autonomía tenía la limitación de que las dos
autoridades más importantes serían nombradas por los turcos. La división no mejoró las
condiciones de los campesinos agobiados por los impuestos, y las revueltas continuaron.
Los levantamientos de los cristianos nacionalistas fueron aplastados a mediados del siglo XIX
por el gobierno otomano, que concentró a esta población en Monte Líbano, zona de tierras de
difícil cultivo, y reservó los puertos y las zonas fértiles para los musulmanes, además de que
implantó la incorporación de los jóvenes libaneses a su ejército. En 1858 las tensiones
políticas, religiosas, sociales y económicas entre drusos, cristianos y musulmanes, más las
hostilidades e invasiones de parte de los turcos y los movimientos armados de la milicia
cristiana, llevaron a una guerra civil que se prolongó por un par de años, al cabo de los cuales
se estableció para el Líbano una nueva administración que perduró hasta la Primera Guerra
Mundial. Por otro lado, los intereses coloniales de las potencias extranjeras estaban puestos
también
en
esos
territorios.
Los gobiernos europeos habían tolerado la represión otomana y la incorporación forzosa de
jóvenes cristianos a la milicia turca, sin lograr abolir este mandato o reemplazarlo por un
impuesto obligatorio, pero al ver masacrados a los cristianos se vieron obligados a actuar
como policía del Cercano Oriente.
Así describe los sucesos el diplomático (especializado en Medio Oriente) León Rodríguez
Zahar en su libro Líbano, espejo del Medio Oriente:
En agosto de 1860 llegó a Beirut una flota de treinta barcos europeos, incluidos tres
otomanos. Los británicos tenían la esperanza de persuadir a los franceses de que su
intervención era innecesaria. No obstante, Napoleón III (el mismo que envió a México al
ejército francés) no estaba dispuesto a ceder. En su discurso dirigido a los soldados franceses
el Emperador dijo: “Ustedes que parten a la Siria sepan que el propósito de Francia es uno
solo: hacer que los principios de justicia y humanidad triunfen. No van con el propósito de
hacer la guerra sino de ayudar al Sultán a hacer obedecer a sus súbditos (musulmanes y
drusos) cegados por el fanatismo. Serán ustedes dignos descendientes de los cruzados que
llevaron la bandera de Cristo a esa tierra.”
Cuando las fuerzas europeas intervinieron, Francia ocupó el norte del país acordando con los
otomanos la “autonomía” de la zona siempre y cuando Turquía mantuviera el derecho de
vigilancia. Mientras en México Benito Juárez había restablecido los poderes de la república y
se daba por terminada la Guerra de Reforma, en el Líbano se llevó a cabo la reforma
administrativa más importante de su historia, luego de veinte años de luchas entre drusos y
maronitas, sumadas a las presiones de las potencias europeas. Así, el 1 de junio de 1861 Gran
Bretaña, Francia, Rusia, Prusia y Austria (Italia se uniría más tarde) firmaron el protocolo
respecto del “reglamento orgánico” propuesto por los franceses, que vigilaría a Estambul
sobre la nueva administración del Líbano.
El reglamento estipulaba que el gobernante del país, aconsejado por notables locales, fuera
directamente responsable ante Estambul. El acuerdo al que llegaron transformaría al Monte
Líbano, por vez primera y de manera formal, en una provincia otomana con un régimen
específico y autónomo –llamado el Mutasarrifato, que significa “entidad autónoma” o
Gobierno Supervisor del Monte Líbano–, bajo protección internacional, principalmente de
Francia. El Líbano, de esta manera, era protectorado europeo pero con soberanía otomana. El
Consejo Administrativo, donde estaban representadas las diferentes comunidades religiosas,
gobernaba el territorio, lo que sentó la base del régimen que caracterizaría al Líbano a lo
9

largo de muchos años. A pesar del establecimiento del Mutasarrifato, la situación se mantuvo
relativamente precaria para los cristianos maronitas, que quedaron confinados a un territorio
reducido, mientras los turcos otomanos, los drusos y los musulmanes siguieron ocupando las
mejores tierras tanto en la costa y el Valle de la Bekaa, como en el sur del país.
Hasta entonces, el territorio libanés había sido siempre parte de imperios continentales en
expansión. Aunque muy raras veces habían formado una entidad política independiente, los
maronitas habían logrado que la Montaña fuera un país con historia y carácter propios.
A principios del siglo pasado, cuando en México se vivía lo que conocemos como la Decena
Trágica, se habían unido por primera vez en el Líbano cristianos tanto maronitas como
ortodoxos, más musulmanes, judíos y drusos en contra del Imperio otomano, y el Congreso
árabe reunido en París en 1913 había decretado respetar la autonomía libanesa con
personalidad nacional. A pesar de esto, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, los turcos,
con la ayuda de sus aliados alemanes, invadieron militarmente el país y terminaron con la
autonomía del Mutasarrifato. Al terminar la guerra y ser derrotado el ejército turco, el Líbano
quedó ocupado en el litoral por los franceses y en el interior por los ingleses; la región
montañosa estaba en poder de los cristianos nacionalistas. Al cabo de dos años de ocupación
militar europea, Francia e Inglaterra firmaron los tratados de Sèvres, mediante los cuales los
turcos renunciaban para siempre a sus derechos sobre Siria y el Líbano, que se convirtieron
así en mandatos franceses. Líbano no lograría su independencia sino hasta el 22 de
noviembre de 1943.
En octubre de 1918, el editorial del semanario francés “La Guerra Europea”, que entonces se
publicaba en México, habla del derrumbe del odioso yugo mahometano. Al celebrarse la
llegada de las tropas aliadas a Beirut, un número posterior reproduce el discurso pronunciado
en Veracruz por Domingo Kuri, empresario libanés que emigró a este puerto en 1903 y ayudó
a establecerse en el país a cientos de sus connacionales que, como él, dejaban su tierra en
busca de la libertad. En sus palabras:
Durante cinco siglos, el turco opresor imperó en la región sirio libanesa. Cinco siglos de
sufrimientos, de humillaciones, de cruel amargura para nuestros antecesores, los habitantes
de ese rincón de la tierra, cuya historia se remonta hasta los albores de la civilización. Las
lágrimas vertidas a causa de la horda otomana y la sangre derramada por los salvajes que la
integran, dejaron para siempre estampada una mancha de infamia en los anales del imperio
que fundaron.
El periodista José Manuel Gutiérrez Zamora escribe también sobre los turcos en el mismo
semanario y los llama aves de rapiña que rivalizaron con los antiguos bárbaros ... y los
compara con sus aliados alemanes sanguinarios emperadores teutónicos secundados por los
semisalvajes turcos que sembraron el terror en los mártires países que invadieron.
Emigración y exilio de los libaneses
Hace más de cien años que miles de libaneses emigraron a América. Escapaban de la
represión de los turcos otomanos que habían conquistado Siria y Líbano en 1516 y que fueron
finalmente derrotados por los aliados europeos en 1918 al concluir la Primera Guerra Mundial,
cuando Líbano pasó a ser un protectorado francés hasta su independencia.
Durante los cuatro siglos que duró el Imperio Otomano coexistían en Líbano dos importantes
corrientes: la cristiana occidental desde el siglo IV y la árabe musulmana desde el siglo VII; los
cristianos que emigraron escapaban del yugo turco que favorecía a la comunidad musulmana,
a pesar de que ésta, a diferencia de hoy día, era entonces minoritaria. La población cristiana
sufrió sucesivas hambrunas que provocaron la emigración. Su salida se vio facilitada gracias a
que desde 1840 el puerto de Beirut quedó conectado a las rutas navieras por medio de barcos
de vapor europeos. Otro factor fue el alto nivel educativo de la población cristiana, promovido
por la labor constante de la Iglesia maronita y de los misioneros católicos y protestantes de
Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Se formó así una clase de profesionistas que fue bien
acogida en países europeos y en América donde se quedaron a residir y atrajeron a sus
familias. En la emigración masiva maronita hacia América, motivada por la saturación
demográfica y los conflictos comunitarios, los emigrantes llevaron consigo sus valores
morales y su solidaridad comunitaria al lugar donde se asentaron.
Aculturación
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La inmigración es la migración considerada desde el punto de vista del lugar de destino de los
individuos desplazados. El proceso de adaptación de los inmigrantes libaneses a las culturas
del continente americano fue difícil, si bien, decidido y entusiasta. Zarpar del Mediterráneo,
atravesar el Atlántico, en circunstancias en que el viaje por mar se prolongaba un par de
meses, y en que la mayoría de los pasajeros no contaban con recursos económicos para
hacerlo en primera clase; las enfermedades, el hambre, y las innumerables incomodidades
que debieron sufrir por perseguir lo que, después de todo, no era otra cosa que una ilusión,
son factores que hay que tomar en cuenta para valorar con justicia el esfuerzo que implicó
para los libaneses llegar a América e integrarse a la nueva cultura. Por más que entre
aquellos primeros inmigrantes no faltaran algunos profesionistas, la mayoría eran
adolescentes, de origen campesino, o en todo caso, no contaban con experiencia laboral.
Puede comprenderse que al desembarcar en su destino se encontraran no sólo abatidos sino
profundamente confundidos.
Sin duda, la nueva comida y las nuevas costumbres que, por fuerza, los inmigrantes debieron
enfrentar de inmediato, fueron un desafío menor al que les presentó el de la comunicación.
Las dificultades idiomáticas empezaban con un alfabeto radicalmente diferente del suyo. Y,
¿cómo adaptarse a la vida social y económica de la nueva nación sin el instrumento esencial
del idioma? Casi ninguno de los inmigrantes entendía ni hablaba inglés, pero lo aprendieron.
Eso sí, conservando siempre su peculiar acento, mismo que de forma natural fue objeto de
burla inocente. Habla en su favor que el libanés pusiera más énfasis y empeño en que sus
hijos hablaran bien el inglés, que en que aprendieran y no olvidaran el árabe. Por lo que hace
a las diferencias religiosas, fue un alivio para los maronitas y otros cristianos poderse acercar
a la iglesia católica, con la que coincidían básicamente.
Tanius Bechelani fue el primer inmigrante libanés que llegó a Estados Unidos hacia 1854.
Antes de partir fue maestro de escuela; en América le esperaba una brillante carrera docente.
Fue sepultado en el Cementerio Brooklyn en Nueva York. Quienes lo siguieron, esos primeros
inmigrantes, como Kamileh Rahme y sus hijos, Boutros, Gibran, Marianna y Sultana, que
desembarcaron en 1895, deben ser considerados intrépidos, por más que la nostalgia por su
tierra y la familia que dejaron atrás, y que probablemente no volverían a ver, hubiera ido
ganando terreno a su espíritu emprendedor.
La religión maronita
Líbano es y ha sido durante siglos un país multiconfesional donde el Parlamento reconoce 16
credos diferentes; la Iglesia maronita, a la cual por ley pertenecen quienes llegan a ser
presidentes libaneses, es una de las 72 iglesias católicas autónomas. Su origen procede del
siglo IV, cuando un grupo monástico, formado en la escuela ascética de san Marón, defendió
el dogma católico de las Dos Naturalezas de Cristo. En el siglo VII, debido a las persecuciones
musulmanas, los maronitas se refugiaron en las montañas de Líbano. Su mística profesa la fe
de san Pedro y reconoce la autoridad suprema del Papa, aunque tiene su propia liturgia que
se celebra en arameo, el idioma que hablaba Jesucristo.
A lo largo de la historia del Líbano cristiano, la Iglesia maronita representó un papel de
liderazgo político, como guardiana de la identidad, de la seguridad y de la supervivencia de la
comunidad. La Iglesia maronita negoció hábilmente su alianza con los cruzados en el siglo
XIII, y con los sultanes mamelucos de quienes obtuvo una condición de autonomía relativa
para la montaña. Los emires drusos también dependieron de su alianza con la Iglesia
maronita para garantizar la prosperidad económica de la Montaña y para hacer frente al
poderío otomano, y garantizar el apoyo de las potencias europeas, especialmente el Ducado
de Toscana y el reino de Francia. Tras las guerras confesionales druso-maronitas de 1840 y
1860, la iglesia desempeñó un papel fundamental para garantizar la intervención europea,
que estableció un régimen autónomo “católico” para la Montaña, el llamado Mutasarrifato o
“el pequeño Líbano”, el antecedente directo del Líbano moderno. Finalmente, la Iglesia
maronita terminó guiando las negociaciones con Francia y con la Liga de Naciones para
obtener la creación del Gran Líbano en 1920.
La diócesis maronita de México es una de las siete erigidas por la Santa Sede, después del
Concilio Vaticano II. Se estableció en 1910 en el Centro Histórico, siendo su primer templo la
Iglesia de la Candelaria, en la calle de Manzanares en La Merced, hasta que en los años veinte
se le concedió la Iglesia de Balvanera, en Correo Mayor y Uruguay, edificio construido en 1573
que originalmente fue una casa de recogimiento para mujeres y más tarde se convirtió en el
11

Convento de Nuestra Señora de Balvanera. En 1922, a instancias del Padre Boulos Landy, y
con el financiamiento de la comunidad libanesa, la iglesia del Convento, que al paso de los
años había sufrido gran deterioro, fue reconstruida y donada por el entonces presidente de
México, el general Álvaro Obregón, a dicha comunidad. Esta iglesia pasa a convertirse en
parroquia maronita. Su patriarca, el Cardenal Nasrallah Pedro Sfeir, visitó México en 1997. San
Charbel es el santo maronita libanés que se ha hecho muy popular en México, nació en Bekaa
Kafra, Líbano, el 8 de mayo de 1828. Esta población se ubica en el norte del país, a solamente
cinco kilómetros de Becharre, la cuna de Gibran Kahlil Gibran.
Lengua árabe
La lengua árabe tiene dos expresiones inseparables: la coloquial y la culta que se emplea en
los libros sagrados, en documentos de importancia y en literatura. La lengua coloquial es la
que se habla y, aunque es la misma que la literaria, al hablarla o escribirla no se está sujeto a
muchas de las reglas gramaticales. La escritura árabe, por el contrario de las lenguas
indoeuropeas, comienza por escribirse y leerse de derecha a izquierda. Los libros en árabe
inician su primera página donde los libros en español terminan. El abugayed es el alfabeto
árabe, derivado del alfabeto fenicio, y se compone de veintiocho consonantes.
Vestimenta en Líbano
Los libaneses que llegaron a América a finales del siglo XIX vestían indumentaria de corte
europeo. Como en otras culturas, para los pueblos semitas la vestimenta representó un
elemento de identidad que permitía distinguir el lugar de origen, la religión, el estrato social e
incluso el oficio de quien la portara. En tiempos de Mahoma el vestido para ambos sexos era
sencillo, cómodo y amplio en lugar de ajustado, además de práctico; incluso, muchas prendas
eran de uso común para mujeres y hombres. La tradición de cubrirse la cabeza era
escrupulosamente respetada por todos; la diferencia radicaba en la forma del drapeado y en
el uso de accesorios. La seda y algunos textiles de lujo llegaron a estar prohibidos. Fue bajo la
dominación omeya que aparecieron los bordados, con hilos de oro y plata, para uso de la
realeza y de las cortes, convirtiéndose en un símbolo de estatus social que se transmitía de
generación en generación. Fue en esa época que se exigió oficialmente a los no musulmanes
el uso de elementos distintivos, como por ejemplo ciertas fajas o cinturones. Bajo el dominio
de los abasidas apareció una burguesía, sensible a la moda, y las clases cultas y adineradas
se ocuparon más de su apariencia externa.
Durante el Imperio Otomano surgieron decretos que reglamentaron el uso de ropa diferente
para cada categoría social y aunque no desaparecieron totalmente las particularidades de los
estilos regionales de los diferentes distritos jurídicos, el uso de ellos decayó desde las
primeras décadas del siglo XIX. En 1830 los mercados de la región ya ofrecían mercancía
importada de países industriales europeos, a precios competitivos. Desde 1828 la
reorganización administrativa otomana había impuesto cambios en las costumbres
indumentarias; el traje europeo debió ser adoptado por los burócratas y administradores, y
muy pronto por los súbditos cristianos y judíos que se adaptaron fácilmente a esta evolución.
Así empezó el rompimiento con la tradición. La aristocracia y la burocracia musulmanas, en
contacto frecuente con Occidente, se adhirieron rápidamente a este movimiento. Por otro
lado, el comercio con el Lejano Oriente inundaba el mercado con sus textiles, condenando a la
desaparición a los tejidos tradicionales al relegarlos al rango de producción artesanal. Sin
embargo, algunos elementos del atuendo habitual, como el uso del tarbouche masculino,
resistieron largo tiempo al cambio. Así, en los países que nacían al desmembrarse el Imperio
Turco, la vestimenta pasó a ser un factor del folclor regional. Algunos trajes aldeanos se
salvaron de este destino y pueden todavía apreciarse en las poblaciones de las montañas y
en la gente de los mercados en las ciudades.
OBRA BIBILIOGRÁFICA
Breves fueron mis palabras
1. La Música (1905) – Primer texto en árabe de Gibran. Un tratado sobre la presencia de la
música en la vida de los hombres.
2. Espíritus rebeldes (1908) – Prohibido y quemado en la plaza pública de Beirut por
disposición de los turcos al considerarlo “peligroso, revolucionario y venenoso para la
juventud”. Son dos cuentos: el primero induce al hombre a romper las cadenas como hijo libre
12

de Dios. El segundo narra la opresión del débil por el fuerte. Es una crítica abierta al Imperio
Otomano.
3. Alas rotas (1912) – Está inspirado en acontecimientos reales de la vida de Gibran. El
amor y la imposibilidad de su consumación a través del personaje de Hala Dhaler, una joven
aldeana. Este libro marcó el renacimiento de la literatura árabe.
4. Lágrimas y sonrisas (1914) – Texto basado en la filosofía de Nietzsche: amor y dualidad
como tesis principales del destino del hombre. Grandes aforismos sobre la existencia humana.
5. El Loco (1918) – Inspirado en Así hablaba Zaratustra de Nietzsche. Es la relación del
hombre con Dios y con el mundo. Misticismo apostólico y punto clave de su literatura
sapiencial.
6. La procesión (1919) – Una imagen bucólica ideal y diálogo entre dos personas sobre el
bien y el mal (El sabio y el joven).
7. La tempestad (1920) – Retoma a los poetas malditos del siglo XIX. Ideas nietzscheanas
del “Superhombre” que fortalece a los débiles.
8. El precursor (1920) – Parábolas místicas inspiradas en el Cercano Oriente.
9. El Profeta (1923) – Su antecedente fue Para que el universo sea bueno de 1903. Le
tomaría 20 años escribir el texto. Sus grandes máximas: la relación del hombre con el hombre
mismo, proverbios sapienciales sobre la vida y el espíritu. Reconciliación del pensamiento
oriental
y
occidental.
10. Arena y espuma(1926) – Paz y resignación. El destino de un hombre transita por los
laberintos del ser más insondable.
11. Jesús, el Hijo del Hombre (1928) – Retrato humano y sapiencial de Jesús. Crítica a la
iglesia como institución humana. Está presente la voz de 77 personajes que opinan sobre
Jesús.
12. Los dioses de la tierra (1931) – Compendio de toda su doctrina. Unión entre el hombre
y la divinidad. Diálogo entre 3 dioses sobre las cosas del mundo.
13. Obras póstumas: El vagabundo (1932), El jardín del profeta (1933), Ninfas del
valle(1948), La voz del maestro (1959), Pensamientos y meditaciones (1961),
Dichos espirituales (1963), Autorretrato (1960) y Espejos del alma (textos críticos
compilados luego de su muerte por Barbara Young y Mary Haskell).
Las esencias de su cuerpo
1.INFANCIA Y PRIMERA ETAPA CREATIVA
Empleo del carboncillo y lápices de color, que más tarde serán ilustraciones para Copeland
and Day publicadas en Boston y en la primera exhibición de Gibran en Harcourt Studios en
1904. Presencia del desnudo en la creación de personajes etéreos.
2.1908-1914
La mayor parte de sus óleos –si no todos– corresponden a este periodo. Además del
carboncillo experimenta con otros materiales. Influencias de William Blake y de Eugène
Carrière en sus composiciones: personajes evanescentes, dualidad entre el bien y el mal,
construcciones netamente vinculadas con el Simbolismo.
3.1914-1918
Abandona el óleo y vuelve al carboncillo hasta el final de su vida. Es la etapa en la que
privilegia el retrato y el autorretrato. Utiliza el movimiento en espiral para la representación
de sus personajes.
4.1918-1923
Ilustraciones de sus obras icónicas: El Loco y El Profeta. Su objetivo más importante es la
proyección espiritual a partir de lo corpóreo. Para Gibran, todo proviene del interior del
hombre en el ejercicio de creación de la vida.
5.1923-1931
Última etapa creativa. Colores intensos en los que prevalece el gusto por las tonalidades
oscuras. Dramatismo y complejidad como cierre de su ciclo plástico.
El secreto de la muerte
Gibran murió en Nueva York el 10 de abril de 1931, a la edad de 48 años. Su cuerpo fue
embalsamado y sepultado en el cementerio de Mount Benedict de Nuestra Señora de los
Cedros, la primera iglesia maronita de Boston, Estados Unidos. Ahí también reposan los
demás miembros de su familia. Un cortejo acompañó a Marianna Gibran al puerto de
13

Providence la mañana del 23 de julio de 1931 mientras el féretro hacía una nueva travesía
rumbo a Líbano, su tierra natal. El 21 de agosto de aquel año era recibido por sus
compatriotas en Beirut quienes lo llevarían a pie hasta el sitio elegido para su descanso final:
el antiguo monasterio carmelita de Mar Sarkis en su natal Becharre. Escribió Gibran en El
Profeta:
¿Qué es el morir, sino entregarse desnudo al viento y fundirse con el sol?
EXPOSICIÓN: REVISIÓN TEÓRICA
Presentación
Soumaya Slim de Romero
Maestro quisiéramos ser hebras en tus manos divinas. Téjenos en el manto de Tu voluntad,
porque anhelamos formar parte del Todopoderoso.
Gibran, Jesús, el Hijo del Hombre, 1928
El poeta y artista universal Gibran Kahlil Gibran nos ha conducido con su pensamiento a lo
que nos es esencial, a formas literarias en las profundidades del ser y a los a veces
insondables misterios del amor.
De la más fina sensibilidad, el escritor libanés es icono de sabiduría del Medio Oriente. Padre
del renacimiento de las letras árabes, es poeta, ensayista, novelista, pintor, dibujante y cantor
universal de la vida.
En su voz resuenan ecos del país de culturas y cedros milenarios que se proyectan –a Francia
especialmente–, a América y a todas las naciones que han recibido como tierra fértil a sus
emigrantes. El suelo fecundo de las nuevas tierras vio florecer a los libaneses como crecen los
frutos en el bled: generosos, espléndidos, grandes, en abundancia… Las familias, los amigos,
su trabajo, las raíces en las culturas que los acogieron; los amores han tejido lazos
permanentes y hondos que tocarían a los hijos y a los hijos de sus hijos. Kahlil Gibran, sobrino
y ahijado del poeta, durante cuatro décadas coleccionó, investigó y enriqueció el fondo con
nuevas piezas dentro y fuera de los Estados Unidos.
En una carta a Nakhili Gibran del 15 de marzo de 1908, el poeta apuntó: […] Siento que las
llamas que calientan mis afectos se alimentarían mejor con tinta y papel. Literatura que toca
a la pintura en la intimidad del acto generoso de la creación. Dibujos y bocetos de influencia
leonardesca; ilustraciones para El Loco y El Profeta; óleos simbolistas influidos por Blake y
Carrière, muchos de ellos hasta hoy inéditos, conforman este acervo que abrazó el propio
artista. Nunca se separó de su cuaderno de dibujo con sorprendentes trazos para un niño de
apenas once años.
La relación epistolar fue fecunda con su querida hermana Marianna y con sus grandes afectos
entre musas, familiares y amigos. De ella escribió: Tú eres quien da de beber al sediento y de
comer al hambriento. Los primeros manuscritos de obras capitales con enmendaduras, la
mayoría de las veces en su árabe natal; transcripciones mecanografiadas y primeras
ediciones; fotografías; libros y objetos queridos que nos arrojan a la dimensión humana del
pensador.
Gibran. El Profeta
Héctor Palhares Meza
…Y el Dios de los dioses separó de sí mismo
un alma y le infundió belleza.
Gibran Kahlil Gibran, El Alma en Lágrimas y sonrisas, 1914
En una carta de Gibran Kahlil Gibran dirigida a Mary Haskell, su musa y mecenas, fechada el
18 de febrero de 1913, el pensador libanés escribió:
Uno de los sueños más amados de mi corazón es que, en algún lugar, en algún momento, una
parte de mi trabajo […] se exhiba junta en algún museo o en alguna institución, en una gran
ciudad, en donde la gente la pueda ver y quizá amar […].
El acervo más completo de Gibran Kahlil Gibran está en México. Entre sus documentos
sobresalen uno de los primeros manuscritos de El Profeta y uno de El Loco, amén de Arena y
espuma y Jesús, el Hijo del Hombre, que recorrieron diferentes latitudes para llegar a la
colección mexicana.
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De la más fina sensibilidad literaria, Gibran se convertiría en el mayor representante de la
cultura de Medio Oriente en Occidente. Ensayista, dibujante, novelista, pintor, poeta y cantor
universal de las emociones humanas: la pena, la dicha, el amor, el dolor, la búsqueda, la
soledad y la nada, aspectos todos esenciales de la vida. Nuevas lecturas de su obra tienden
puentes entre la sabiduría contenida en sus escritos y las premisas que siguen motivando a
las nuevas generaciones.
Las máximas de El Profeta se encuentran presentes en un inconsciente colectivo que apuntala
la universalidad del pensamiento de Gibran. El mayor fondo de su obra plástica y literaria –
custodiado durante varias décadas por Kahlil Gibran, su sobrino– se encuentra ahora en
resguardo dela Fundación Carlos Slim.
La familia Gibran desembarcó el 17 de junio de 1895 frente a la bahía de Nueva York en la Isla
Ellis. Kamileh, de 40 años, y sus cuatro hijos: Boutros de 20, Marianna de 9, Sultana de 7 y
Gibran Kahlil de 12, salían de Beirut como resultado del endurecimiento del Imperio Otomano
en Líbano –quien dominaba en términos políticos, económicos y sociales al Cercano Oriente–
para comenzar una nueva vida en los Estados Unidos.
Importantes personalidades de la cultura en Boston –como el fotógrafo y editor Fred Holland
Day o la escritora Josephine Preston Peabody– marcaron la carrera artística del joven Gibran.
Su obra también da cuenta de la pena y la nostalgia por Líbano y una nueva existencia en
América; también la felicidad en el ámbito familiar y la protección de Holland Day; los grandes
amores de Gibran: su amiga y mecenas Mary Haskell, la bellísima escritora Josephine Preston
Peabody, la pianista Gertrude Barrie, la sensual Micheline, la creativa Adele Watson y la
siempre devota Barbara Young, quien compartió con él sus últimos años.
La angustia por la patria invadida desembocó en la creación de la Liga de la pluma (AlArrabitah) con otros contemporáneos libaneses en el exilio, al lado de quienes promovió el
renacimiento de las letras árabes y la creación del Gran Líbano en 1920.
La búsqueda filosófica en los grandes asuntos del hombre dieron lugar a sus obras
capitales: La música (1905), El Loco (1918) y El Profeta (1923), además de Espíritus
rebeldes(1908), Alas rotas (1912), Lágrimas y sonrisas (1914), La procesión (1918), El
precursor y las tempestades (1920), Arena y espuma (1926), Jesús, el Hijo del
Hombre (1928), y la última obra que apareció el año de su muerte: Los dioses de la
tierra (1931), amén de otras publicaciones póstumas entre las que destacan: El
vagabundo (1932), El jardín del Profeta(1933), Ninfas del valle (1948) y La voz del
maestro (1959). La emoción y la razón comulgan con palabras que ofrecen mensajes nuevos
a través de sus múltiples lecturas.
Gibran exploró en el mundo de la pintura y el dibujo; desde las primeras obras expuestas en
Boston en 1904 hasta los óleos en los que el hombre y la mujer ocuparon su atención,
realizados durante su estancia en París (1908-1910).
La colección en Museo Soumaya.Fundación Carlos Slim incluye óleos, dibujos, autorretratos,
fotografías, bocetos, manuscritos, primeras ediciones, textos mecanografiados de la casa
editora Alfred Knopf, y objetos personales, que refieren todos a su pensamiento filosófico y
literario; mismos que además dan cuenta de la enfermedad y las muertes de sus padres, de
sus hermanos Boutros y Sultana y de sus amigos. Finalmente la suya en Nueva York para
regresar a Mar Sarkis en Becharre, Líbano, donde se encuentra el museo que lleva su nombre.
La obra de Gibran es plena en sabiduría y misticisimo. El Profeta, traducido a más de cuarenta
idiomas, ha sido libro de cabecera para muchos lectores. Con el corazón enraizado en
Líbano… su voz abraza al mundo.

Gibran de óleo y papel
Alfonso Miranda Márquez
Estoy pintando o aprendiendo a pintar. Me llevará mucho tiempo hacerlo como yo quisiera,
pero es hermoso sentir el crecimiento de la visión que uno tiene sobre las cosas.
Carta de Gibran a Mary Haskell desde París, 2 de octubre de 1908

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Renovación. Vida. Transformación. Orden. Ternura y fragilidad tocadas por el Creador. Gibran
Kahlil Gibran resignifica las letras y lleva su filosofía a los derroteros de la pintura. Con
sinceridad, el poeta y artista libanés revela –en un acto místico– las profundidades y esencias
del ser.
El trazo de su escritura es pensado detenidamente, como si del árabe al inglés se recorrieran
senderos por primera vez surcados en Occidente. Gibran tacha, corrige, apunta, reescribe…
En contraste, el ágil grafito recorre el papel sin titubeos, mientras que el óleo es el medio para
llegar a la intimidad. Supera las fragmentaciones y así el maestro logra dibujos o lienzos del
universo, en un espacio que contiene eternidad e instante, presente y pasado, lo concreto y lo
abstracto. Donde el hombre y divinidad son vistos como unidad indivisible, armónica y vital.
Desde la primera infancia, Gibran eternizó a los cedros milenarios que emergen del bled, la
tierra, en lo más sagrado del valle de la Qadicha, en un bosque de columnas que sostienen al
cosmos. Su cuaderno de dibujos realizado hacia los once años ha llegado hasta nosotros. Un
Napoleón imperial, un pastor con su oveja, cuerpos y rostros hoy anónimos, pero que
constituyen la identidad de un pueblo y que el joven artista atesoró y logró llevar a su exilio.
Un exilio que mira hacia adentro, a la Matria más que a la patria. El cuaderno sobrevivió al
peregrinaje desde Medio Oriente hasta la Isla Ellis frente a la bahía de Nueva York, en la
puerta de los Estados Unidos. De Manhattan a Boston y a Maine, para regresar a la Gran
manzana, donde Gibran falleció el 10 de abril de 1931.
En una carta de Gibran a su amigo Félix Farris un año antes de morir, el artista reconoce como
sus grandes influencias a tres titanes: William Blake (1757-1827), Eugène Anatole Carrière
(1849-1906) y a Henri-Jean Guillaume Martin (1860-1943). Al alongamiento de figuras y la
mística de Blake, suma la cromática y arquitectura corporal de Carrière. De Guillaume Martin
abraza el dejo melancólico de sus pinturas y las figuras recortadas. Gibran mezcla, sintetiza,
aporta.
Primero copista e ilustrador, será gracias al fotógrafo Fred Holland Day que Kahlil conociera
las formas del arte, los círculos intelectuales y el mundo bohemio norteamericano. Gibran
siente fascinación por el universo mitológico y profético de Blake y Carrière, y se queda
deslumbrado por la riqueza de las fuentes que enriquecen su vocabulario poético y visual ,
apunta su biógrafo Alexandre Najjar.
Tras regresar a Líbano para estudiar el
bachillerato, dejó la Montaña y volvió a Boston, Etapas plásticas
donde a los 21 años expuso sus primeros cuadros
1893-1907: Empleo de carboncillo y
en Harcourt Studios. Allí conoció a Mary Haskell,
lápices de color. Más tarde estos dibujos
su musa, mecenas y amiga. Fue ella quien cuatro
ilustraron textos de la editorial Copeland
años más tarde sostuvo a Gibran en París. La
& Day. Presencia de desnudos.
Academia Julian le heredó al maestro su veta
simbolista. Alumno del célebre Gustave Moreau,
1908-1914: La mayor parte de sus óleos
Pierre
Marcel-Béronneau,
le
enseñó
las
–si no todos– corresponden a su estancia
atmósferas nebulosas, la creación de cuerpos
en París (1908-1910). Influencia de la
evanescentes y el camino hacia mundos extraños
pintura simbolista. Personajes etéreos.
y desconocidos.
Si pinto una montaña como una muchedumbre 1914-1918: Abandono
del
óleo
y
de formas humanas o pinto una catarata de agua recuperación del carboncillo. Privilegio del
en forma de cuerpos dando tumbos, es porque retrato y del autorretrato. Influencia de
veo en la montaña una muchedumbre de cosas Leonardo da Vinci. A través de la espiral
vivientes, y en la catarata una corriente de vida construye sus personajes. Ilustrador de
que se precipita.Eso retrató Gibran.
su obra literaria.
Si Blake influyó en el dibujo, Carrière lo hizo en el
óleo. Mujer inclinada sobre la mesa(1893) guarda 1923-1931: Última
etapa
creativa.
semejanza con un boceto de Gibran. Figuras Colores intensos en los que prevalece el
presentes que parecieran escapar del lienzo. gusto por las tonalidades oscuras. Obras
Retratos de almas masculinas y femeninas. En de mayor dramatismo.
sus rostros a lápiz también se reconoce la
influencia de Leonardo da Vinci. De contornos
difuminados y excelente trazo, muestran el
dominio de la técnica y la precisión para resaltar ojos, a veces tranquilos o absortos,
pletóricos de deseo.
16

Sus óleos abrevan todos de la tradición simbolista. Por un lado, colores fuertes que resaltan el
sentido onírico de lo sobrenatural, por otro, también echó mano de colores pastel que
buscaban recrear esas atmósferas nebulosas donde centauros cabalgan hasta perderse en
lontananza, y donde el cielo y la tierra juegan a tocarse en un horizonte ondulante.
Lo subjetivo e irracional del Romanticismo llegó a nuevos derroteros con los simbolistas.
Gibran no se queda en la mera apariencia física del objeto, a través de él llega a lo
sobrenatural. Desdeña el mundo exterior y alude al símbolo para expresar sus sueños y
fantasías. A través de signos o arquetipos, el arte es el medio para expresar el estado de
ánimo, las emociones y las ideas del hombre.
Hay un deseo de crear una pintura no supeditada a la realidad, y donde cada símbolo tiene
una concreción. No hay una lectura única; pueden desencadenarse analogías distintas. Aquí
más que nunca, en términos de Umberto Eco, la obra es abierta, y su originalidad, no estriba
en la técnica, sino en el contenido.
La presencia femenina domina el universo plástico de Gibran. Desde mujeres bíblicas como la
Salomé que entrega la cabeza de Juan, el Bautista, hasta rostros anónimos de miradas
evocadoras y nostálgicas. Las edades de la mujer eternizan el tiempo y en veladuras
blanquecinas muestran el sueño de Eva. Seis figuras entrelazadas y suspendidas en verdes
remolinos atestiguan, cual vanitas, más que el memento mori, la estela en el firmamento: la
memoria. Perdurar, refirmarse, ser en la otredad, en sí y para sí, en una dialéctica ad
infinitum.
Nunca podré terminar un cuadro, hasta que para mí mismo no lo considere acabado,
sentenció Gibran. Por ello, la mayoría de sus lienzos parisinos son inconclusos. Da más
importancia a la apariencia de las formas que a las formas mismas. El contorno de las figuras
no es nítido sino huidizo, ellas casi se esfuman. Así como Auguste Rodin, a quien Gibran
admiró, ambos aprenden de Miguel Ángel el tratamiento de superficies, que más que
acabadas parecen casi abocetadas, como si estuvieran sin terminar. Los tres utilizan la
técnica del non finito, del inacabado. Esta factura propiamente impresionista proporciona
acusados efectos de claroscuro que sugieren un movimiento permanente. La luz crea y recrea
en la retina del espectador la forma definitiva.
El célebre estudioso de la cultura árabe Phillip Khuri Hitti, apuntó:
Gibran es artista y poeta. Su ideal es estético, su método es el subjetivo y su estilo místico,
simbólico y poético… Sus escritos y sus creaciones han arrojado luz, calor y alegría a miles de
corazones y a miles de almas. Y después de todo, la discrepancia entre los dos ideales de
belleza y de verdad, es más aparente que real. Los dos son caras de la misma moneda…
De la más fina sensibilidad, el artista libanés se ha convertido en emblemática figura de la
sabiduría de Medio Oriente en Occidente. Decía el cantor universal de la vida: No somos
exiliados en esta tierra, sino inocentes criaturas de Dios, prestas a aprender cómo adorar al
espíritu eterno y sagrado, y descubrir en la belleza de la vida los secretos ocultos en nosotros
mismos.
Gibran en México
Patricia Jacobs Barquet †
Para Kahlil Gibran
Gibran Kahlil Gibran, escritor y pintor libanés, autor universal, llamado “el poeta del exilio”
nació el 6 de enero de 1883, en Becharre, una población típica de las montañas libanesas
cercana a los famosos cedros milenarios. A la edad de doce años, junto a su madre Kamileh,
su medio hermano Boutros y sus dos hermanitas, Marianna y Sultana, emigró a Boston,
Massachusetts en los Estados Unidos; huían del yugo otomano que imperaba entonces en
Líbano, y que favorecía a las comunidades musulmanas y reprimía a los cristianos. A los
veintiocho años de edad se mudó a la ciudad de Nueva York, donde murió el 10 de abril de
1931; conforme lo había expresado en vida, sus restos fueron trasladados a su tierra natal.
Como inmigrante cosmopolita, supo colocarse en los más altos círculos intelectuales de su
tiempo. En su calidad de artista plástico, el adolescente precoz se inició como retratista e
ilustrador de libros para la prestigiosa editorial Copeland and Day donde pronto creció su
reputación de pintor simbolista; sus dibujos de desnudos escandalizaron a la sociedad
conservadora de la época; en tanto que autor, cautivó con su pluma a miles de lectores, ya
17

fuera en árabe, su lengua materna, o en su inglés de adopción, idioma en el que también
sobresalió.
La colección de Gibran consiste tanto en los manuscritos de todas sus obras, como en
correspondencia familiar y amorosa, en árabe y en inglés, además de dibujos al carbón y
óleos; contiene también decenas de fotografías, diversas ediciones de sus obras, su biblioteca
personal y muchos interesantes objetos que Gibran conservaba en su estudio. La colección es
el resultado de la perseverancia de su ahijado, sobrino y tocayo, el escultor Kahlil Gibran, que
la formó y quien en agosto de 2007 se acercó a la Fundación Carlos Slim en busca de una
institución apropiada y segura para el resguardo, investigación y difusión del material que con
alma de coleccionista reunió durante décadas.
Kahlil nació en Boston, Massachusetts, en 1922. Su padre, Nicholas, N’oula, Gibran, originario
de Becharre, Líbano, primo de Gibran Kahlil Gibran, había emigrado a Boston en 1905 y
conoció ahí a Rose, también inmigrante libanesa con quien se casó; Kahlil fue el tercero de
sus cinco hijos. Cuando Gibran lo bautizó con su nombre, quizá sin saberlo, endosó en su
ahijado una gran responsabilidad que éste cumplió con creces. Desde pequeño Kahlil
demostró una clara inclinación al arte, y cuando era un artista en ciernes y visitaba a su
padrino cada vez que éste viajaba de Nueva York a Boston, no era raro que familiares y
amigos le hicieran ver las expectativas que Gibran tenía en él. Kahlil se inició como pintor
antes de dedicarse a la escultura, pues según bromeaba, esta última lo ayudaba a dormir
mejor por la noche…Su increíble energía e incansable actividad, lo llevaron a desarrollar otras
habilidades creativas como la herrería, la joyería y la carpintería; incluso reparaba y construía
instrumentos musicales. Ganó reputación como un respetado escultor en su ciudad natal
donde residió casi toda su vida; muchos bronces suyos se encuentran en parques públicos de
Boston, como la placa conmemorativa, en altorrelieve, de Gibran Kahlil Gibran en Copley
Square, develada por el Alcalde en 1977. Con fundamento en los documentos del archivo
personal de Gibran, más una extensa investigación, en 1974, junto con su esposa Jean English
Gibran, escribió una biografía del poeta.
Al morir Gibran y dejar a Marianna –única de sus hermanos que le sobrevivió– los derechos de
publicación de sus inéditos y todo lo que permanecía en su estudio de la Calle 10 en Nueva
York, ésta, junto con Mary Haskell, entrañable amiga de Gibran que cedió a Marianna las
pinturas que el artista le legaba, y con Barbara Young, su última secretaria y confidente,
cumplió los deseos de su hermano y envió a Becharre las obras que él había dispuesto en su
testamento y confió en su familia inmediata para que la ayudara a conservar el resto.
Al paso de los años, el joven Kahlil se convirtió en su sobrino favorito y en su asistente
personal; contaba que cuando era joven, encontró un día una caja con los manuscritos de su
padrino en la casa de su tía, y ella le dijo que se los llevara y los guardara. Nació así su
determinación por seguir la huella artística del poeta y todo lo que tuviera que ver con él. Ser
el custodio de estos manuscritos, y más tarde del resto del acervo que Marianna conservaba,
convirtió a Kahlil en un ser privilegiado que tomó su papel con gran responsabilidad.
Marianna, al igual que Gibran, nunca se casó ni tuvo hijos, y su muerte en 1972, hizo a Kahlil
el depositario de lo que le había pertenecido.
Kahlil no sólo supo resguardar lo que el destino le había confiado, sino que dedicó tiempo y
dinero a incrementar el acervo: buscó en subastas y contactó a particulares para adquirir más
dibujos y óleos, incluso correspondencia de su padrino, hasta formar la colección que guardó
en varias cajas de seguridad en la bóveda de un banco en el centro de Boston, con la ilusión
de abrir un día un museo dedicado a Gibran en el que pudiera mostrar su tesoro. Al cumplir
ochenta y cuatro años, Kahlil reconoció que le faltaría tiempo para realizar su sueño, de modo
que buscó entregar su patrimonio a quien se comprometiera a su cuidado y divulgación, y
encontró el lugar idóneo en la Fundación Carlos Slim. Una vez que aseguró el futuro del
valioso acervo, Kahlil Gibran, el escultor, ahijado del poeta, pudo descansar tranquilo; falleció
en abril de 2008, seguro de haber cumplido su misión.
En agosto de 2007 tuve el honor de viajar a Boston para hacer el inventario del archivo, y dos
meses después, de recibir en México la colección completa. Quienes tuvimos el privilegio de
conocer a Kahlil Gibran, el escultor, agradecemos su loable acción como coleccionista;
recordamos y admiramos su vitalidad, su genio artístico, su sentido del humor y su calidez
humana. Kahlil fue el vínculo directo del humanismo de su legendarioTío Gibran.
El universo pictorialista de Gibran
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Eva Ayala Canseco
Cuando comencé mi carrera
la fotografía era raramente
considerada arte, o un fotógrafo artista.
Alvin Langdon Coburn (1882-1966)
EL CLUB BOHEMIO DE BOSTON
Cuando Gibran Kahlil Gibran y su familia llegaron a América desde Líbano, encontraron una
nación en pleno auge industrial. La ciudad que habitarían fue Boston, cuna de grandes
acontecimientos históricos en Estados Unidos. Florence Pierce, maestra del joven Gibran, al
advertir su talento precoz y excepcional, buscó apoyar su formación. Fue entonces cuando
conoció al filántropo, editor y líder del movimiento pictorialista norteamericano Fred Holland
Day (1864-1933), quien lo recibió como su protegido y lo introdujo a un mundo que Gibran
conquistaría con carisma e inteligencia: el de la opulenta intelectualidad bostoniana.
En la Atenas de América, profesor y alumno enriquecieron en reciprocidad sus vertientes
creativas. Holland Day ayudó económicamente al artista y también lo instruyó con lecturas
que influirían en su obra. Pronto el joven libanés se convirtió en modelo para múltiples
retratos y sus dibujos ilustraron algunas publicaciones de la afamada editorial de Day.
En el acervo de Gibran en Fundación Carlos Slim se encuentra una muestra de fotografías de
grandes artistas como Day, Evans, Steichen, Harting…Realizadas en la más noble de las
técnicas pictorialistas, la platinotipia, son evidencia de un mundo donde coexistieron los
adelantos tecnológicos y científicos más revolucionarios, con corrientes de pensamiento
oriental y clásico e incluso con el espiritismo.
LOS AMANTES DE LA NIEBLA
Hoy nos deleitamos en las sutiles gradaciones, en medios y cuartos de tonos, la pérdida de
las formas en sombras místicas, […] El gris es el color de la vida moderna.
Sadakichi Hartmann, El libro de Whistler
En 1880 salió a la venta la primera cámara fotográfica comercial que, debido a lo caro de sus
materiales se popularizó entre la población adinerada. En ambos lados del Atlántico surgieron
clubes de aficionados que buscaron el reconocimiento a su valor artístico.
Para los pictorialistas, la obra era arreglo y estudio. El fotomontaje, el estudio prolongado de
los modelos, la búsqueda de la representación simbólica y un exhaustivo trabajo en el cuarto
oscuro experimentando con técnicas y soportes.
Así surgió un primer estilo de corte academicista que llegaba a ser escenográfico y rígido.
Entre algunos artistas, en especial franceses y británicos, se suscitó una actitud adversa a
esta corriente que los llevó a evocar la poética impresionista. En lugar de acercarse al
referente contemporáneo francés, los estadounidenses se volcaron hacia la tradición pictórica
y sumaron al lenguaje formal del Tonalismo elementos del Simbolismo, como la búsqueda
interior y los aspectos ornamentales y alegóricos.
El Tonalismo fue un movimiento pictórico estadounidense (1880-1915) que se
caracterizó por una atmósfera de bruma y el uso de una gama donde los
colores neutros dominaron la composición: gris, café, azul. Los críticos de arte
comenzaron a utilizar la palabra «tonal» para describir estas pinturas. Los
líderes James McNeill Whisthler (1834-1903) y George Inness (1824-1894),
buscaron representar la naturaleza y las emociones contenidas en ella.
El Pictorialismo surgió en franca lucha contra la publicidad de Eastman Kodak que había
llevado a los amateurs a comprar sus equipos: Usted aprieta el botón, nosotros hacemos el
resto. Fue el primer movimiento para diferenciar la fotografía artística.
Dos publicaciones fueron substanciales: Efecto pictorial en la fotografía, Consejos en la
composición y claroscuro para fotógrafos (1869) y Naturalistic Photography (1889). El
segundo texto se basó en los estudios de óptica más recientes para aconsejar el fuera de
foco. Para conseguirlo, el especialista Emerson recomendaba utilizar lentes especiales aunque
advertía: […] el efecto no se debe llevar al extremo de destruir la estructura del objeto […] de
otra forma se vuelve perceptible y entonces es tan dañino como el exceso de nitidez.
El reino de la platinotipia
19

Las imágenes duraderas, misteriosas y de ensueño de los pictorialistas
norteamericanos se conseguían en gran parte gracias a la platinotipia. Los
artistas estimaban la variedad de tonos que se conseguían; la consistencia
excelente del negro; y la superficie mate con un alto contenido de fibras
textiles, lo que hacía que la obra pareciera un lienzo. Surgió en 1873,
patentada por William Willis en el Reino Unido. Una década más tarde, se
comercializó un soporte embebido en platino. A principios de la Primera Guerra
Mundial se descubrió que este metal era un excelente catalizador para
explosivos, por lo que se volvió inaccesible. Cuando en 1917 se dejó de fabricar
el papel, muchos artistas dejaron de realizar fotografías, entre ellos, Fred
Holland Day y Frederick H. Evans (1853-1943).
ENTRE LENTES Y CÁMARAS
En la colección mexicana se cuentan al menos una decena de magníficas platinotipias.
Una de las obras más apreciadas por Gibran fue el retrato de la poeta y dramaturga Josephine
Preston Peabody (1874-1922), de quien el joven se enamoró por su belleza y afinidad
intelectual. La obra está cargada del misterio y erotismo que caracterizó la obra de su autor,
F.H. Day. Los medios tonos en la ropa se van mezclando mediante sfumatosque le dan la
apariencia de una obra de Leonardo da Vinci. En atmósfera nocturna, la dama cruza las
manos, frente a ella y entre los grises destaca su rostro y ojo derecho. El izquierdo se adivina
en la oscuridad. Especie de mirada profética recurrente en la obra pictorialista, como la que
aparece en la obra Soledad. Retrato de Fred Holland Day, que hizo Edward Steichen (18791973) en 1901 para exhibirse en el Salón del Campo Marte, en París.
En 1902 Gibran y Day se reencontraron en Boston. El joven volvía de Líbano debido a la
enfermedad y muerte de su hermana Sultana y el fotógrafo regresaba de Europa después de
exponer su obra. Entre lo que el filántropo trajo consigo venía una fotografía emblemática: F.
H. Day en traje argelino. El retrato había sido tomado por Evans, el más prominente artista
inglés entusiasta de la fotografía directa y miembro de la asociación británica más destacada:
la Fraternidad del Anillo Unido.
El fotógrafo Alvin Langdon Coburn describió las circunstancias en que se llevó a cabo la
sesión:
Day había estado en Argelia para hacer unas fotografías […] y regresó con un número de
trajes árabes, así pues una tarde nos vestimos con algunos de ellos y fuimos a buscar a
Evans. Había entonces, […] muchos extranjeros con sus trajes nativos caminando en las
calles de Londres, por lo que nadie puso la menor atención en nosotros, pero el ama de llaves
de Evans casi se desmaya cuando abrió la puerta y nos contempló. Evans, sin embargo,
aprovechó la ocasión e hizo justo lo obvio y correcto –¡nos fotografió!
La narración hace referencia al contexto escénico en torno a Holland Day. El filántropo,
anhelante de universalidad, gozaba recreando distintos paraísos: a veces Medio Oriente, otras
la Edad Media, África o la utópica Arcadia. A pesar del ambiente fantástico del que se rodeaba
Day, cuando el escritor libanés regresó de una estancia de dos años en París hacia 1910,
Boston le pareció una ciudad demasiado lenta y llena de silencios. Decidió entonces mudarse
a Nueva York, donde conoció a George W. Harting (1877-1958) quien desde su fundación en
1917, se unió a los fotógrafos pictorialistas de América.
El escritor libanés posó en distintas ocasiones para Harting. Las tomas lo revelan complacido:
en bata de pintor, con vestimenta árabe, fumando un cigarrillo, tocando el violín…Gibran
habitó con fascinación el mundo místico y espiritual del Pictorialismo y sus lienzos recrearon
sus motivos: desnudos etéreos, rostros nebulosos, formas que en su indefinición revelan
verdades simbólicas y subjetivas. En la obra de Gibran, y a través de Holland Day se tendió un
puente poco usual en el cual el Simbolismo desfiló desde la fotografía hacia la pintura. El
filántropo bostoniano llamaba a evitar los peligros tecnológicos y a mantenerse fuera de los
bastiones del materialismo. Su alumno compartió con él la fe en la universalidad del hombre y
aunque construyó su propio destino creativo le dijo con afecto a su mentor: Tú has sido,
querido hermano, el primero en abrir los ojos de mi juventud a la luz […].
Las mujeres de Gibran
Mónica López Velarde Estrada
20

Fueron las mujeres quienes abrieron
las ventanas de mis ojos y las puertas de mi espíritu.
Gibran Kahlil Gibran
En su mansión creativa personal, Gibran Kahlil Gibran tiene una historia de mujeres: Kamileh
Rahme, su madre; Marianna y Sultana, sus hermanas; Mary Haskell, su amiga y mecenas;
Josephine Preston Peabody, Posy, su musa; Gertrude Barrie, Charlotte Teller y Emilie R.
Michel, Micheline, sus amantes; May Ziadeh, Isis Copia, Alice Raphael Eckstein y Adele
Watson, sus colegas; y Henrietta Breckenridge Boughton, mejor conocida como Barbara
Young, asistente y compañera hasta el final de sus días, quienes dieron al escritor de El
Profeta buena parte de aquella sustancia de vida y expresión.
KAMILEH, COLUMNA DE BAALBEK
Kamileh, que significa «la perfecta», fue la madre de Gibran. Había enviudado en Brasil, de
donde regresó a Becharre, el pueblo natal, con un hijo: Boutros. Se casó con Kahlil Saad
Gibran con el que tendría tres hijos: Gibran, Marianna y Sultana. Cuentan que Kamileh era
bella y talentosa, tocaba el laúd; inteligente y sensible, fue de la mano de esta mujer de la
que el joven Gibran, de 12 años, parte a la primera de sus estaciones existenciales cuando la
familia emigra a los Estados Unidos para residir en Boston.
Fueron años difíciles en los que Kamileh se conformó como sustento único (el padre se había
quedado en Líbano) de una familia que se enfrentaba a un nuevo mundo, desconocido en
costumbres e idioma. Como columna de Baalbek, enorme, maciza, entera -que parte el
horizonte con su presencia-, la madre de Gibran le dio al poeta del exilio, aquella fortaleza
anímica que perdurará por siempre.
MARIANNA, ZURCIDORA DE SENTIMIENTOS
Con la ausencia de la madre, con un padre ausente, y las dos muertes prematuras de los
hermanos, Gibran y Marianna conforman un binomio anímico especial en varios sentidos. No
se casó nunca. No se sabe nada de su vida sentimental y amorosa más que la que vertió en
hiladas y correspondencia para su hermano. La costura y la caligrafía, dos formas de
escrituras íntimas y entrañables. Muy joven Marianna había aprendido el oficio de costurera y
durante toda su vida le confeccionó las prendas a su adorado Gibran. Artesanales y
sugerentes, se conservan aún algunas que vistieron al autor de El Profeta. De telas de colores
crudos y claros, de líneas sencillas, por dentro están las puntadas esmeradas y tiernas de una
compañera que le dedicó, durante toda su vida, una gran devoción.
Por su parte, Gibran tuvo una enorme gratitud por su hermana mayor. En El Profeta, un
tejedor pide: Háblanos del vestir. Y el protagonista le dice: Vuestra ropa cubre mucho de
vuestra belleza y, sin embargo, no cubre lo que no es bello.
POSY. CANCIONES PARA UN PROFETA
Josephine Preston Peabody, conocida también como Posy, poeta y dramaturga, establecerá
con Gibran una profunda relación intelectual. Fotografías de ella forman parte del menaje más
íntimo de Gibran. Un cuello alongado sostiene un óvalo de facciones sutiles, rostro enmarcado
por molotes de cabello, que por ser tres, dirigen la mirada del espectador -como para
completar un rombo perfecto- hacia una boca delicada. Mira, a la vez, con decisión y ternura.
Crítica literaria de gran calado, se dice que la máxima obra del libanés, El Profeta, se debe al
ingenio y profundidad inventiva de la autora de Canciones (1923), cuando advirtió, tras
conocer el manuscrito en 1903, que se trataba, efectivamente, de un texto profético. Ella le
llamó mi joven profeta. Él dedicará el emblemático libro a su memoria
MARY HASKELL, BELLO HUERTO
En Boston, lleno de otoño verdadero, crujiente de hojas e historias, la nostalgia tiene su mejor
paisaje. Mary Haskell, que había nacido en Carolina del Sur, se hizo propietaria de un
reconocido colegio de señoritas en esa ciudad. Ya plena y con una dimensión intelectual
vasta, conoce a Gibran durante la inauguración de su primera muestra de dibujos al carbón.
Se inicia la relación intelectual y amorosa más trascendente de Gibran.
Como mecenas, Mary insiste que el poeta árabe escriba en inglés, el idioma que le dará fama
mundial. Es ella la que le paga las estancias en París para estudiar pintura. Es ella quien
21

después de la muerte de Gibran, junto con Marianna y Barbara Young, conserva y difunde el
patrimonio del autor.
Perdurabilidad, trascendencia, la unión sin papeles de por medio, pero con una vasta
producción de cartas plenas de intensidad y amor. Queda para ellos y nosotros la edición de
un epistolario, The love letters of Kahlil Gibran and Mary Haskell and her private journal. En él
encontramos estas líneas de Gibran:
Cuando estoy triste, querida Mary, leo tus cartas. Cuando la bruma vence a mi yo, saco dos o
tres cartas de su pequeña caja y las releo. Ellas me recuerdan la verdad de mí mismo. Me
hacen dejar de lado todo aquello que no es ni alto ni hermoso en la vida. Cada uno de
nosotros, querida Mary, debe tener un lugar de descanso en algún sitio. El lugar de descanso
de mi alma es un bello huerto donde vive mi conocimiento de ti.
BARBARA YOUNG, AL FINAL DEL CAMINO
Barbara Young, cuyo verdadero nombre era Henrietta Breckenridge Boughton, fue crítica
literaria en la década de los veinte. La admiración por el autor de El Loco la llevó a conocerlo
en Nueva York en 1926. A partir de ese año se convierte en su secretaria y compañera hasta
el final de su vida.
Gibran establecerá con ella una relación amorosa y perdurable en tiempo y obra. Ella,
finalmente desempeñará un papel fundamental en la administración y difusión del archivo
personal y los manuscritos del artista.
Bárbara Young escribió el libro This man from Lebanon, un ensayo sobre la vida y obra de
Gibran Kahlil Gibran. Al hacerlo, Henrietta Breckenridge Boughton, debió decir de él lo que
Decroix de Chaplin: al artista cuya alma seguramente rebasa al oficio.
Gibran, el hijo de los cedros
Carlos Martínez Assad
«El soñador o consolador de almas» es el significado del nombre de la familia Gibran, y Kahlil
«el escogido o el amigo amado», dice Leonardo S. Kaím. Los sentidos nombres podrían ser
guía para la biografía o datos imprescindibles porque la obra de Gibran ha estado dedicada a
consolar el alma, privilegio que sólo poseen los escogidos.
Infancia es destino. La frase podría ampliarse diciendo que la biografía con datos agregados
de la adolescencia y la juventud conforma ese destino. Agrega Alexander Najjar que en la
autobiografía no resulta molesto inventar las cosas que la memoria ha transformado. Algo
semejante sucede con la biografía porque finalmente siempre se trata de la representación de
quien escribe sobre la persona cuya vida reconstruye.
Otros autores se acercan de manera diferente, de la más académica como Suheil Bushrui y
Joe Jenkins, Kahlil Gibran, poeta iluminado (Grijalbo, México, 1998), a la más sentimental
como Barbara Young, Este hombre de Líbano (Editorial Orion, México, 1960); quien enfatiza lo
literario como Robin Waterfield, El profeta. Vida y época de Kahlil Gibran(Editorial
Complutense, Madrid, 2000), y quien acentúa la reivindicación familiar como Jean Gibran y
Kahlil Gibran, His Life and World (Interlink Books, Nueva York, 1991). Todas parten de los
testimonios reunidos por el mismo Gibran, como lo son sus cartas, esa posibilidad de
reconstruir las vidas a través del género epistolar.
Sabemos que luego de su llegada a Boston, Jessie Freemont Beale recomendó al fotógrafo
Fred Holland Day al joven prometedor que apenas había llegado de Siria. En los Estados
Unidos nadie ubicaba el territorio del Maxrek profundo, preferentemente formado por Siria y
Líbano. Si el famoso fotógrafo lo tomó bajo su protección fue por los rasgos árabes del
adolescente que apenas había cumplido 13 años en 1896, cuando estaba por culminar el siglo
del descubrimiento y atracción por el Cercano Oriente luego de las invasiones napoleónicas
que confrontaron a Europa con su propia imagen. El Orientalismo es la moda de los salones
europeos. Es el siglo de los grandes pintores y músicos que representan ese mundo que
vuelven a descubrir. La ópera Aida de Giuseppe Verdi es quizás el ejemplo más claro, cuyo
origen se basa en la Description de l’Egypte.
Por eso las primeras fotografías de Holland Day muestran a un joven con ropaje árabe y
tocado con el kefieh o el turbante árabe o el tarbush turco en la insinuación del efebo con el
que se despiertan las pasiones de ese mundo imaginado desde Occidente.
22

En Espíritus rebeldes Gibran dejó constancia de algo que estaba en la memoria colectiva de
los libaneses, en uno de sus más fuertes relatos:
¿Cuánto tiempo el hermano peleará contra su
hermano por el pecho de la madre?
¿Cuánto tiempo el vecino amenazará al vecino
junto a la tumba de los bienamados?
¿Cuánto tiempo la Cruz y la Media Luna estarán
separadas ante los ojos de Dios?
En todo caso esas fueron las circunstancias que obligaron a miles de montañeses a buscar en
la emigración un destino más alentador. El norte quedó convertido en un territorio
esencialmente cristiano, de donde ya había salido la mayor emigración cuando las tensiones
llegaron a su punto más álgido. Primero los libaneses partieron hacia países cercanos como
Egipto, a los del Mediterráneo occidental o de Asia Menor. Luego se atrevieron a ir más lejos
hasta cruzar el mar.
1895 fue el año de la decisión de Kamileh –que significa «la perfecta»– para dejar el
imponente paisaje de Qadicha, el Valle Santo, en cuyo borde se encontraba el místico pueblo
de Becharre. El 17 de junio llegó a la Isla Ellis –el lugar para el desembarco de los emigrantes
pobres mientras los de estatus más alto lo hacían en el Puerto de Nueva York–, en compañía
de sus cuatro hijos: Boutros, Gibran, Sultana y Marianna.
La madre que tomó sola ese riesgo llevando a sus hijos recibió la solidaridad de los otros
libaneses inmigrantes que se le adelantaron. Fue decisiva su experiencia de haber viajado a
Brasil donde murió su primer marido y de donde regresó acompañada por el mayor de sus
hijos.
Apenas la familia se está ambientando al medio en Boston, la madre proveedora ha logrado
su manutención gracias al oficio milenario de los libaneses de venta en abonos con un cajón
de mercancía a cuestas con los implementos para los últimos detalles del vestido o de la
camisa. Boutros le ayuda con su ingreso de empleado y Marianna con su trabajo de costurera.
Mientras el hijo menor es introducido al ambiente intelectual luego de haber entrado por la
puerta grande, con las recomendaciones de destacados personajes.
No ha pasado el tiempo y Gibran regresa al país natal en febrero de 1897, donde estudió
cuatro años, entre 1898 y 1902, en el Colegio de la Sagesse para dominar el árabe y el
francés. De vuelta en Boston, en enero de 1903 debe enfrentarse al vacío de la muerte de su
hermana Sultana (14 de abril de 1902) y sufrirá la de su hermano (12 de marzo de 1903),
seguida por la de la madre luego de penosa enfermedad. Escribe para Al Mouhahiry realiza
dibujos de carácter místico apoyado por su relación amistosa con Holland Day y con Mary
Haskell, propietaria del Cambridge School, quien le impulsará para realizar una estancia en
París. Ya ha escrito La música (1905) con esa maravillosa primera frase: Me senté junto a la
amada de mi alma para escucharla y es que se trata de un tema universal si se dice de la
misma manera en árabe que en su original griego. En Ninfas del valle hay un reclamo por la
vida en los pueblos y aldeas de Líbano y su señalamiento de que la civilización moderna
olvida la filosofía de una vida hermosa y sencilla, llena de pureza y claridad espiritual. Luego
de escribir esas ideas, se encuentra en la capital cultural de Occidente donde se instala entre
julio de 1908 y octubre de 1910.
En 1910 Ameen al Rihani llega a París y entablará con él una gran amistad porque ambos
creen en el mundo árabe y sueñan con su independencia y desarrollo. Arte y compromiso
social quedan ya sólidamente engarzados, inseparables, cuenta Rosa-Isabel Martínez Lillo
en Cuatro autores de la Liga Literaria (Cantarabia, Madrid, 1994). Además de la enseñanza
estética que adquiere durante esa estancia, su personalidad se ha impregnado de una suerte
de internacionalismo en la coyuntura política e intelectual que le toca vivir en Europa. Tal se
desprende de la actividad de las nuevas generaciones que, siguiendo de cerca al movimiento
de los «Jóvenes turcos» en Macedonia, se unificaron contra el Imperio Otomano. Por primera
vez cristianos y musulmanes, drusos y maronitas, judíos y ortodoxos se unieron en Líbano con
propósitos libertarios en julio de 1908.
A su regreso a Boston fundó en 1911 Al-Halqa al-dahabiyya, agrupación político-social para
luchar en contra de la opresión en Oriente. En 1912, en medio del descontento general, los
nacionalistas organizaron una gran protesta. Ese año Gibran publica Alas rotas, una novela
corta sobre el amor, la muerte y la búsqueda de la verdad en el tono nostálgico que lo
marcará en toda su obra. Al año siguiente el Congreso Árabe reunido en París declaró que
23

respetaría la autonomía de Líbano y reconocería su personalidad nacional. En 1914, con el
inicio de la Primera Guerra Mundial, luego de la invasión del Imperio Austrohúngaro a Serbia,
los turcos aliados con los alemanes pusieron fin al régimen del Pequeño Líbano. En 1915
Turquía lo invadió militarmente y anunció el fin de la autonomía del Moutassarifieh. La
represión se abatió sobre los que se conocieron con el nombre de patriotas libaneses
cristianos por sus aspiraciones a la independencia y por su colaboración con Francia.
Gibran continuará y afianzará sus escritos en árabe. Esa fase culminará con la formación
de Al-Rabita al qalamiyya (La Liga Literaria) producto de una reunión en su domicilio en el
número 51 de la calle 10 Oeste en Greenwich Village, en Nueva York, la tarde del 20 de abril
de 1920. A sus integrantes se les considerará la avanzada de la literatura árabe moderna:
Gibran Kahlil Gibran, Mikhail Naimy, Naseeb Arida, Raschid Ayoub, Elia D. Madey, Wadi
Bahout, Nudra Haddad, William Catzeflis, Abdul Massih Haddad y Ameen al Rihani. Su aspecto
crítico es la esencia, surge un tono amargo y la nostalgia por Líbano se acrecienta. Naimy se
expresará en árabe, ruso e inglés, lo que hizo al arabista italiano Francesco Gabrielli llamarle
el árabe de las tres almas. En Nueva York coincide con Arida en su revista Al-Funun donde
publicará un primer artículo de crítica literaria que se manifestará en su importante obra AlGurbal (La Criba), con tal repercusión que en México es el título que lleva la revista literaria
política con más de siete décadas de duración, escrita en árabe y luego bilingüe en español.
Los tres tienen fuertes coincidencias con Gibran, los tres forman parte de familias de
emigrantes que finalmente se establecieron en los Estados Unidos, los tres son cristianos y
reúnen información de cuatro continentes: Europa, Asia, África y América, y forman la Liga
Literaria que tendrá un rol decisivo en los cambios de la poesía y del pensamiento árabe de la
primera mitad del siglo xx. Gibran Kahlil Gibran contribuyó para formar en Boston un Comité
de Voluntarios Siria-Monte Líbano inspirado en la idea de que el nacionalismo era un paso
necesario para la conciencia universal.
Ya combina el árabe con el inglés desde la publicación de El Loco (1918). Está ya en la línea
de la que se convertirá en su obra más difundida, El Profeta (1923), publicada en la madurez
de sus cuarenta años y concebida como parte de una trilogía que incluía El jardín del
Profeta (1933) y La voz del Maestro (1959) que se publicaron de manera póstuma.
Gibran murió el 10 de abril de 1931 en el Hospital de San Vicente en Nueva York, acompañado
por su entrañable amiga, la pintora Adele Watson. Sus palabras se escuchan aún para la
eternidad: Y en verdad, hallará que las raíces del bien y del mal, lo fructuoso y lo infructuoso,
están juntamente entrelazados en el sosegado corazón de la tierra.
El poeta como símbolo
Ernesto de la Peña
La historia del Cercano Oriente, cuna de la civilización occidental, ha padecido todas las
convulsiones y accidentes de cualquier asunto humano a lo largo de los siglos. El Líbano,
situado en la costa oriental del Mar Mediterráneo, no escapó a invasiones, guerras intestinas,
renacimientos y dominaciones extranjeras. País singularmente dotado por la prodigalidad de
la naturaleza, en el terreno humano ha experimentado una convergencia de influjos culturales
tanto del propio Oriente como de Occidente. Un solo hecho podría servir de historia sucinta de
la experiencia milenaria de los libaneses: la segunda lengua del país, después de la árabe, es
la francesa, debido a que, tras el dominio otomano que se derrumbó al terminar la Primera
Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones confió a Francia el mandato de ese país. A partir de
entonces, las clases cultas libanesas son bilingües. Es decir que la unión de los extremos
culturales y geográficos de la cuenca mediterránea afecta por igual a la máxima interioridad
del hombre, el lenguaje con que se expresa, y a algo aparentemente tan externo como las
formas de la cortesía que, en el caso de los libaneses, denota el influjo de la cortesanía
francesa y la finura espontánea del pueblo oriental.
Territorio geográficamente ubicado en un sitio de entrecruzamiento de gente, el país
costanero ha sufrido con demasiada frecuencia abusos y excesos de otros pueblos, tanto
orientales como occidentales. De manera sorprendente ha podido superar todas las
contrariedades y, en el terreno cultural, la ciudad capital, Beirut, ha recibido con justicia el
título de la Atenas del Cercano Oriente. El espíritu ha salvado a los libaneses de las agresiones
múltiples que han padecido y se diría que es el mejor escudo protector contra la adversidad.
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La lengua árabe, idioma del pueblo y por consiguiente espejo fiel de la mentalidad de los
libaneses, adquiere modulaciones particularmente suaves en este lugar. Es un hecho palmario
y admirable que este lenguaje, rico y matizado, ha sido desde tiempo inmemorial vehículo
extraordinariamente dúctil para la expresión lírica. El propio libro sagrado de los musulmanes,
el Corán, es, aparte de su valor religioso, un notable conjunto de poemas escritos en una
lengua particularmente plástica, sonora y profunda.
Desde fechas tempranas, en concreto en el siglo V, el Líbano vio el asentamiento del grupo
cristiano de los maronitas, originalmente siriacos de lengua y rituales religiosos, que han
contribuido de manera definitiva al desarrollo espiritual y cultural del pueblo. Poco tiempo
más tarde, en el curso del siglo VII, el territorio quedó en poder de los musulmanes y, a partir
de ese momento, el Líbano ha compartido las dos concepciones del mundo representadas por
cristianos y seguidores del profeta árabe.
Esta dicotomía religiosa y cultural puede advertirse palmariamente en dos poetas de muy
diversa contextura: por una parte, la exaltación pro-fenicia de Saíd Aql, que llega a extremos
pasionales y comprometedores y que, en diferentes arrebatos, expresa el deseo de apartarse
lo más posible de lo que significa la lengua árabe y los indudables valores que nos ha
trasmitido.
Por otra parte, de signo muy diverso y postura no sólo amable, sino ocasionalmente paternal,
el poeta Gibran Kahlil Gibran en cuya obra se entrecruzan la vetusta sabiduría semita, de
aliento a menudo bíblico, y el experimentador de las artes que tiene una muy viva conciencia
del compromiso del creador con la comunidad. En este artista conviven la tradición y la
innovación. A pesar del antagonismo que puede suscitar interiormente esta circunstancia
cultural, en Gibran predomina el espíritu de la concordia y el deseo de la comprensión
amorosa entre todos los hombres, cualesquiera que sean su ideología, su raza o su religión.
Por su ímpetu civilizador y la mansedumbre lírica con que se expresa este poeta se ha
convertido en símbolo de la nación libanesa y, específicamente, de la comunidad maronita,
que ve en él un emblema muy significativo. Su obra, vasta y compleja, ha sido rescatada casi
en su totalidad por la diligencia y la habilidad de diferentes investigadores que, en una labor
verdaderamente detectivesca, pero amorosa, han logrado reunir un acervo gigantesco y
absolutamente indispensable para quienes se interesen en las creaciones de este artista
plural que, sin lugar a dudas, tenía dotes proféticas y un tono lírico que lo acerca a la vetusta
tradición de la literatura sapiencial.
En Gibran confluyen la vida bohemia, las aptitudes artísticas múltiples, un temple creador
continuo, aunque no siempre sometido a un régimen determinado y, más que nada, nos hace
comprender el vínculo profundo que une a este poeta emblemático del Líbano con la poesía
escrita originalmente en árabe, el aliento bíblico y las premoniciones que explican y justifican
el título de su obra más conocida: El Profeta. Pero es indispensable también añadir que una
buena parte de las obras literarias de este artista, como la que acabo de mencionar, están
escritas originalmente en inglés, que llegó a ser su segunda lengua debido a su temprana
emigración de su país natal a los Estados Unidos.
La extraordinaria fecundidad de este creador, siempre inquieto en busca de nuevas fórmulas
de expresión, queda de manifiesto en libros, dibujos, cartas, pinturas y composiciones
diversas. Para nosotros, los mexicanos empeñados en ampliar el horizonte cultural del país, es
una verdadera fortuna que México posea parte de la obra de Gibran. Sería tema de una
plática fascinante conocer los detalles y pormenores de esta búsqueda del verdadero perfil
humano y creador del representante más entrañable de la gran cultura libanesa.
Gibran en el camino de los renacimientos
Gabriela Huerta Tamayo
La generación de Gibran es resultado de una historia literaria que dio cuenta de los
acontecimientos políticos de la creación del Líbano. A principios del siglo XX, este joven grupo
fue protagonista del llamado Renacimiento de las letras árabes, cuyas grandes aspiraciones
anudaron la tarea de liberarse de los cánones poéticos tradicionales, de cultivar la unidad
árabe partiendo de su diversidad, de llevar adelante el nacionalismo como forma de liberación
del Imperio Otomano y las intervenciones extranjeras, y de subrayar al mismo tiempo la
dignidad de su pasado y su cultura.
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Kahlil Gibran, Ameen Rihani y Mikhail Naimy, los principales representantes de Al-Rabita al
qalamiyya (La Liga Literaria o La Pluma Literaria) y promotores de la renovación de las letras,
están en el camino de otros poetas, sobre todo, egipcios, que apenas los preceden en abrirle
brecha a un Renacimiento o Nahda, por el que se adentraron con mayor libertad a fuentes
diversas y universales. No se vieron constreñidos a las enseñanzas literarias sobre el libro
sagrado del Corán, ni a las métricas y asuntos que, por ejemplo, ya se compendiaban desde
el siglo XIV en Al-Muqaddima (Introducción a la historia universal, más conocido como
los Prolegómenos) de Ibn Jaldún (o Khaldoun); como señala el crítico Abdul Kader El Janabi, en
la antología Le poème arabe moderne, realizaron su trabajo literario y ensayístico poniendo
en cuestión los fundamentos de la sociedad árabe. Y añade:Mientras se enfrentaron a los
partidarios de la separación entre el poder temporal y el espiritual, y a los que situaban la
sociedad entera bajo la autoridad del Libro revelado, Hafiz Ibrahim (1871-1932), Mohamad
Sami al Barudi (1839-1904) y el príncipe de los poetas Ahmad Chawqi (1868-1932), volvieron
a dar espesor a la poesía árabe inaugurando el «Neo-clasicismo».
Esta novedad venía anunciada por «nuevos medios de comunicación», según observa El
Janabi, al referirse a una nueva geopolítica que empujaban sobre todo los países extranjeros.
Esta etapa se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX, imbricada en el giro que daría la
literatura y de la mano de la historia colonial de la región. Egipcios y libaneses,
principalmente de los medios cristianos, generarían a partir de sus propias circunstancias un
rico abanico de reflexiones y letras.
A mediados del siglo XIX, Líbano era la región más occidentalizada y moderna en el mundo
árabe, entendiendo éste desde el extremo noroccidental de África hasta Medio Oriente. El
gobierno del emir Bashir II en la Montaña libanesa (de 1788 a 1804), había establecido
alianzas entre diferentes grupos religiosos. Se subraya la convivencia pacífica de este periodo
entre las cuatro principales comunidades del Monte Líbano: los ortodoxos, los chiitas, los
drusos y los maronitas. El emirato, por su parte, había procurado la infraestructura para la
nueva industria y tendió vías para el comercio entre el litoral y las poblaciones del territorio
sirio-libanés. La paz entre los grupos religiosos dejó a los literatos y políticos árabes una
fuerte e importante influencia por la que luego recrearían demandas de pacifismo, como
principio de toda política y forma de vida.
Pocas décadas antes del nacimiento de Gibran, los maronitas habían abierto paso a los
misioneros católicos franceses, quienes llevaron adelante la educación cristiana y
establecieron hospitales que imprimieron un sello europeo en la región. Por su parte, los
drusos y comunidades no cristianas que se oponían al Estado otomano extenderían sus lazos
hacia Gran Bretaña, mientras los ortodoxos griegos lo harían hacia Rusia, y los melkitas hacia
Austria, de acuerdo con La historia del Líbano de Ana María García Campello. Y así la historia
libanesa se ligó profunda y particularmente a las acciones colonialistas de Occidente. Se
establecieron los protectorados por los que los extranjeros enviaban misiones, introducían
capital, establecían autoridades y ofrecían seguridad mediante reclutamiento obligatorio.
Desde el siglo XIX la expansión hacia nuevos territorios llevó a Inglaterra y a las naciones del
continente europeo a un conocimiento práctico y hondo no sólo de recursos económicos, sino
también de la lengua y las costumbres locales. Pero estas exploraciones se harían con el
rasero que ha privilegiado la cultura occidental: En aquellas geografías como la china, la india
o la árabe donde se habían erigido grandes civilizaciones, la catalogación de «pueblos
salvajes» no era posible y frente a ellos se levantó el discurso de su decadencia e incapacidad
para salir del oscurantismo que vivían frente al avance civilizacional europeo. De esta manera
en el mundo musulmán, y, por supuesto árabe, se llevaba a cabo un proceso de denigración
de su legado cultural, histórico y civilizacional, presentado como incapaz de progresar y
modernizarse, apunta la arabista Gema Martín Muñoz. Los poetas árabes se orientaron a
dignificar su cultura, al tiempo de romper las ataduras de sus letras. En el camino de historias
sangrientas, sus esfuerzos por reducir la opresión de los pueblos se articularon con los medios
intelectuales y artísticos del Romanticismo europeo.
El Imperio Otomano mantenía entonces su dominio sobre el territorio de Siria y de Líbano. Sin
conceder más paso a los intereses extranjeros, procuró convertirse en una nación, pero las
potencias lo detuvieron. Entre 1858 y 1860 estalló una guerra perpetrándose el genocidio de
tres mil cristianos, suceso que dejaría profundas huellas en las generaciones siguientes.
Muchos pobladores maronitas huyeron a la Montaña libanesa donde se asentaron y otros
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empezaron a emigrar. La opresión siguió a través de duras medidas, como el cobro de
gravámenes y de penalizaciones arbitrarias que los dejaban sin posibilidades de sustento.
Los nuevos poetas árabes trataban de interrogar lo trágico de la existencia bajo la influencia
del Romanticismo inglés, añade El Janabi. Y el empeño por recrear las formas de escritura
agitó sopores y academicismos que les valió críticas y exclusiones. Entre los primeros en
liberar la poesía del sistema de rima árabe, está el grupo egipcio al-Diwan, de Abbas Mahmud
al-Aqqad (1889-1964), quien legó también ensayos sobre filosofía y religión; Ibrahim al-Mazini
(1890-1949), gran estilista y humorista; y el vate Abdul Rahman Shokry (o Choukry) (18861958). Sin embargo –subraya El Janabi– el aporte más innovador vino sin duda de los poetas
de al-Mahjar, a partir de su exilio neoyorkino, donde están Gibran y los miembros del
movimiento literario americano-libanés de Liga de la Pluma:
Sus ensayos marcaron un progreso de la crítica poética y fueron publicados en dos volúmenes
bajo el título el Diván. Sin embargo, el aporte más innovador vino sin duda de los poetas de
al-Mahjar, a partir de su exilio neoyorkino. Evolucionaron entre el registro de la modernidad
americana y el de la nostalgia bucólica y pastoral, y sintieron la necesidad de variar los temas
y encontrar nuevas orientaciones líricas. Una vena romántica desató así la lengua árabe que
produjo una poética simple, dotada de una transparencia casi bíblica. La prosa de Gibran
Khalil Gribran (1883-1931) marcado por «nuevas expresiones y un nuevo uso de elementos
de la lengua», y el ensayo crítico de Mikhail Naimy (1889-1988), Le Tamis, abrieron la vía, con
otros, a una nueva poética.
Gibran aportaría con magistral pluma imágenes nacionales perdurables; como ningún otro
poeta, encontró en las montañas, los bosques de la Qadicha de antiquísimos cedros, los cielos
tempestuosos, los valles nevados, en sus vitales colores y animada naturaleza, la fuerza y
clave de las artes que cultivó: literaria, pictórica, musical. La crítica tradicional lo etiquetó
de sentimentalismo excesivo…y estilo débil –según cita Salma Mcharek del crítico Badawi-.
Esto movió al autor a escribir el poema en prosa Ustedes tienen su lenguaje y yo tengo el
mío –en alusión a su escrito político Ustedes tienen su Líbano y yo tengo el mío–, donde
replica: Ustedes han conservado su rígido cadáver / y yo tendré su alma. Salma Khadra
Jayyusi, en uno de los libros referenciales en lengua inglesa sobre la literatura
árabe, Tendencias y movimientos en la poesía árabe moderna (1977) traducido por
Christopher Tingley, apunta a la maduración de un pensamiento literario libanés, que inició en
las revistas Al-Funun y luego Al-Arrabitah. Siendo muy crítico de la lengua, las costumbres y
las instituciones, como el clero, el Estado y el matrimonio tradicional, los papeles sociales de
la mujer, Gibran pasó a expresar actitudes generales hacia el hombre y la vida, y sus escritos
comenzaron a tomar un aspecto más universal. Salma Mcharek señala una división de
temas: Rihani desarrolló su interés en el Pan-arabismo y la situación de Palestina, mientras
Gibran y Naimy continuaron su curso trascendental, enfocado sobre lo imaginativo y lírico, y
fueron más allá del mundo real.
Es a la luz de la historia sobre la literatura y la lengua, de sus temas, formas, resoluciones –
que llevan los modos de vida y de ver la vida de los árabes– que se valoran los renacimientos.
Esta cultura profusa en literatura oral amparó los renacimientos de las letras reconociendo la
gran influencia de Gibran y sus compañeros. Pero no serían estos últimos quienes marcaron el
final del cambio, sino la generación siguiente, y en particular el grupo Apolo, donde destaca
Khalil Mutran (1870-1940), quien, rompiendo las cadenas del conformismo, volvió la poesía
árabe permeable a la imaginación extranjera, desarrollando así un proyecto con espíritu
gibraniano por la unidad y comprensión universal.
Es la herencia del poeta libanés que supo expresar, exaltando la belleza de su tierra,
inquietudes del alma moderna, opuesta a la guerra y a los estados opresores, mirando hacia
la hermandad entre Oriente y Occidente: El nombre de Gibran –dice el crítico Bushrui–, quizá
más que el de ningún otro escritor moderno, es sinónimo de paz, valores espirituales y
comprensión internacional.
Gibran. El soñador. Consolador de almas
Mónica López Velarde Estrada
Mi alma se ha empleado
a todo mi caudal en su servicio.
Ya no guardo ganado
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ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio.
San Juan de la Cruz, Cántico espiritual.
Gibran Kahlil Gibran se encuentra sepultado en Mar Sarkis, convento carmelita desde el siglo
XVI; sitio que solía visitar durante su infancia el que será el más famoso poeta libanés. Haifa,
al sur de Beirut, es el lugar carayores poetas místicos: Santa Teresa y San Juan de la Cruz.
Gibran nació el 6 de enero de 1883 en Bcherri, Bcharre o Becharre (en árabe Bisharri), ciudad
libanesa: Su nombre significa «templo donde mora Astarté» y fue para los fenicios un
importante centro religioso. Se eleva a buena altura sobre el nivel del Mediterráneo, y es, un
paraje ideal de frescura.1
Kahlil es nieto de un sacerdote maronita e hijo de Kahlil Gibran, un pequeño propietario de
ganado. Su madre Kamileh Rahme ya tenía un hijo: Boutros. Kamileh, bella y talentosa tocaba
el laúd; Gibran, empleado del gobierno municipal, se decía que tenía dos ocupaciones: cuidar
de su rebaño y no descuidar el café, el tabaco y la bebida de Líbano, el arak. Fueron tres los
hijos que nacieron de este matrimonio: Gibran, Marianna y Sultana.
A Gibran le pusieron el nombre de la familia y después el del padre. Gibran significa «el
soñador o consolador de almas»; Kahlil, «el escogido o el amigo amado». Después el mundo
lo reconocerá como: El Profeta o El Loco, mientras llevó por el mundo un mensaje poético que
hizo ejemplar punto de encuentro entre Oriente y Occidente.
KAHLIL, EL ESCOGIDO
Cuando el amor os llame, seguidlo.
Aunque su camino sea duro y penoso.
Y entregaos a sus alas que los envuelve.
Aunque el ala escondida entre ella os hiera.
Y creed en él cuando os hable.
Aunque su voz aplaste vuestros sueños, como hace
el viento del Norte, el viento que arrasa los jardines.
Gibran Kahlil Gibran, El Profeta
A fines del siglo XIX, entre la opresión turca y el renovado ambiente que llegaba de las
principales capitales culturales de Europa, con doce años de edad, Gibran Kahlil Gibran
emigra con su madre y hermanos a los Estados Unidos. Es Boston la ciudad que eligen para
probar suerte. Aprende el inglés y en cuanto puede regresa a Beirut donde se inscribe en la
escuela Maronita. Ahí estudia árabe y francés.
Los escritos arábigos inician su vida artística, de escogido: Las ninfas del valle, Espíritus
rebeldes, La procesión, Las tempestades y Alas rotas, su única novela.
Por el contenido de algunos de estos textos, Gibran fue rechazado por la Iglesia católica
maronita y exiliado por el gobierno otomano. Con todo, Gibran Kahlil Gibran trascendió:
[…] debido a su esmerada educación oriental-occidental, a sus convicciones religiosas, a su
libertad de pensamiento, apartada de dogmas y fanatismos, a su pureza moral, a su
conciencia del momento histórico que le tocó vivir, a su ferviente deseo de nutrir el espíritu
en las fuentes eternas del pueblo, a ser un libanés enamorado, cual ninguno de las bellezas
patrias, a su innato amor por toda la humanidad, en fin a su genio, tuvo la dicha de ser un
artista en el mundo árabe.2
Sus libros dan la vuelta al mundo en innumerables traducciones: El Profeta, Jesús, el Hijo del
Hombre y El Loco, el primer libro que publicara en inglés. En América el poeta crea una obra
artística que el mundo occidental conocerá a través de millares de ejemplares.
[...] El Loco había sido precisamente su primer libro en esta lengua. Gibran ponía en boca de
un demente una serie de lúcidos discursos que recuerdan los de Zaratustra nietzscheano. 3
GIBRAN, EL LOCO
–¡Oh loco! ¿Eres en verdad, como yo?
¿Eres como yo?
¿Puedes tomar la tempestad por montura
y empuñar el relámpago como espada?
Gibran Khalil Gibran, La noche y el loco
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En 1904 en Boston, el poeta tiene su primera exhibición plástica. Conoce a Mary Haskell, la
mujer que lo apoyará y acompañará durante toda su vida. Ella es quien lo impulsa a ir a París
a estudiar en la Academia Julian y en la Escuelas de Bellas Artes. Durante este periodo sabe
de los artistas más importantes de su tiempo. A algunos los dibujará: Rodin, Debussy, Anatole
France y Rostand, entre otros. Dice Leonardo S. Kaím:
A quién más admiraba era a Rodin. Se ingenió una y cien veces para visitarlo solo o en
compañía de sus condiscípulos. Nunca había visto un genio en acción; le veía en su taller,
creando de la materia bruta formas imponderables, lo miraba como a un dios dando vida a
muchos seres…Escuchó a Rodin disertar sobre problemas del arte y de cultura en general,
poniendo énfasis en sus tres postulados básicos para lograr una obra de arte: carácter,
expresión y movimiento.4
Al parecer Rodin observó la obra de Gibran y apostó a que sería el William Blake del siglo XX
cuando como el inglés necesitaría tanto de la poesía como del arte para expresarse
plenamente.
Si bien Blake en su plástica es de intensos motivos y colores –que no tiene Gibran–, hay en la
pintura del libanés un contenido semejante cuando explora asuntos oníricos que resultan
misteriosos e inquietantes.
Gibran murió en 1931 y deseó que su cuerpo fuera sepultado en Líbano. En la actualidad, la
ciudad de Becharre tiene un museo que exhibe una parcela de la obra del poeta. Otra parte
de su legado, integrada por óleos, dibujos, libros ilustrados y primeras ediciones, además de
un nutrido acervo de manuscritos originales, de ejemplares de su biblioteca y objetos
personales, forma parte desde el 2008 del acervo de Museo Soumaya•Fundación Carlos Slim.
1. Leonardo S. Kaím, Gibran Kahlil Gibran. El Loco, México, Debolsillo, 2008, p. 17.
2. Ibidem, p. 86.
3. Amalia Navarro Mateo. Prólogo. En: Gibran Khalil Gibran. El Profeta. España: Edimat
libros, 2003, p. 8.
4. Leonardo Kaím, Ibidem, p. 101.
Gibran y Blake
Mónica López Velarde Estrada
Todas las noches, mi espíritu vuelve a París y vaga entre sus casas. Y todas las mañanas me
despierto pensando en aquellos días que pasamos en el corazón de los templos del arte y del
mundo de los sueños.
Gibran. Carta a Youssef Hoayek
GIBRAN Y RODIN
A principios del siglo XX París era una fiesta. El movimiento de vanguardia avanza como un
animal abriendo sus fauces de experimentación y protesta. La epopeya del Modernismo tiene
su sede en la capital francesa. La ciudad luz no lo había hecho sola. Desde Viena, vasos
comunicantes llenos de sangre innovadora la insuflan de originalidad y creación con las
visiones de sus héroes: Gustav Klimt, Oskar Kokoschka, Egon Schiele, Sigmund Freud, Otto
Wagner, Adolf Loos, todos ellos permeados por la Ver Sacrum, laNuda veritas de la Secession,
y el descubrimiento del inconsciente.
En París el ambiente artístico está convulsionado por el Cubismo. La primera década del siglo
pasado estrenará con Picasso una nueva visión de la realidad con el gran cuadro Las señoritas
de Avignon (1907). Los bohemios, supervivientes sentimentales de la crisis de fin de siglo,
rondan bares y cafés discutiendo la “Nueva objetividad”. El mundo del arte venera al último
gran heredero del romanticismo decimonónico y el que, a la vez, con su obra había
proyectado la escultura moderna: Auguste Rodin.
En Boston, hacia el año 1908, Mary Elisabeth Haskell mantiene una relación de amistad con el
libanés Gibran Kahlil Gibran. Es en una de esas veladas que le propone al joven artista
costearle una estancia en París para que se consolide como creador. La que sería su “ángel de
Boston”, le dará a Gibran los medios materiales para hacer un viaje a la meca del mundo
artístico de Occidente.
29

Así Gibran Kahlil Gibran llega a París el 13 de julio de 1908. Se instala en Montparnasse, barrio
de artistas e intelectuales, en el número 14 de la calle Maine. Se inscribe en la popular
academia de Rodolfo Julian, por donde habían pasado Matisse, Bonnard y Léger, entre otros.
Ansioso, también se propone de oyente en la Escuela de Bellas Artes en la calle de Bonaparte.
Toma clases con Pierre Marcel-Béronneau, pintor reconocido y discípulo de Gustave Moreau, y
frecuenta la Academia Colarossi, en la calle Grande-Chaumière, escuela que se hará famosa
por haber acogido entre sus muros a la joven temperamental Camille Claudel.
Una de las noticias con las que contamos sobre el encuentro de Gibran con Rodin lo tenemos
en este tiempo. Se cuenta que el que sería el autor de El Profeta, realizaba una serie de
retratos consagrados a las grandes personalidades de su tiempo: Paul Bartlett, Claude
Debussy, Auguste Rodin y Henri Rochefort, entre otros.
Ya casi por terminar su estancia en París, Gibran consiguió ser invitado a una de las más
importantes exposiciones anuales: al Salón de Otoño. Participó con la pintura El otoño,visión
melancólica que se interpone entre la alegría del verano y la tristeza del invierno, según la
interpretación de su mismo creador, hoy sita en el Museo Gibran de Becharre, Líbano. Había
presentado ante el comité Las edades de la mujer.
Un Rodin de casi 70 años, ya hecho semblante del artista universal, de barba larga y blanca
de sabio, aclamado y seguido por una cauda de fama, visita la exposición donde el joven
Gibran muestra una pintura. Más le habría valido representar a una de las virtudes, la
Esperanza. La versión que consigna Alexandre Najjar, refiere que el escultor miró el cuadro un
segundo y se pasó de largo sin decir una sola palabra.
La frase “Gibran es el Blake del siglo XX”, atribuida a Auguste Rodin, ha sido repetida sin
tener una constancia histórica que la compruebe. Sin embargo, el parangón entre el poeta
inglés del siglo XVIII y el poeta libanés, coetáneo nuestro, ha dispuesto las plumas de algunos
y ha hecho vibrar la emoción de otros que han reflexionado sobre aquellas semejanzas que
pudieran dar dos bardos que hicieron de su obra un hecho artístico relevante.
BLAKE Y GIBRAN
Quien no imagine con rasgos más fuertes y mejores, con luz más fuerte y mejor de lo que
puede ver con sus ojos mortales y perecederos, no imagina nada.
William Blake
Podría decirse que el afán de trascender es un común denominador entre Blake y Gibran.
Ambos poetas-pintores, sus piezas dan cuenta de ello. Profetas de una tierra llamada
creación, expresarán sus visiones a través de una literatura y plástica perdurables.
William Blake nació el 28 de noviembre de 1757 en Londres y murió en 1827. Desde joven
mostró interés por el dibujo. A los 14 años ingresó al taller del grabador James Basire quien le
solicitó dibujos de las tumbas de la Abadía de Westminster. A los 21 años ingresó a la Real
Academia de Londres. En 1782 muere su hermano Robert, quien durante una revelación, le
habría enseñado el método de grabar y colorear al mismo tiempo texto e ilustración; a
elaborar una sola obra donde dibujo y poesía se iluminan mutuamente.
La trayectoria artística y literaria de Blake se desenvuelve a partir de los llamadosPrimeros
libros poéticos escritos en 1783. Le siguieron Canciones de una isla en la luna(1784), Cantos
de inocencia (1789), El libro de Thel y el más famoso de todos, El matrimonio del Cielo y el
Infierno (1790).
Su obra, como la de Gibran, es una constante reflexión sobre el hombre y la naturaleza.
Admirador del arte griego, egipcio y medieval, la vida del artista británico se ubica dentro de
la primera generación de poetas visionarios del Romanticismo inglés. Sus lemas:Atrévete a
sentir y Ten el valor de seguir tu propia intuición.
Al igual que en la obra del libanés, para los llamados poetas visionarios, la fe tenía
fundamento en algo más allá de lo razonable, sino emotivo, no de argumentación, sino de
experiencia; su posición religiosa y metafísica descansaba en la intuición y en la delicia
espiritual, no en la lógica y la razón analítica.
De William Blake a Gibran Kahlil Gibran se puede construir ese puente donde la creación
literaria trasmite una poesía con gran paroxismo. Autores enfrentados a un mundo
materializado cuyo destino poético se define en trascender el asunto material.
“Pulsaciones arteriales” –define el poeta inglés a las visiones–; Blake y Gibran las tendrán y
darán cuenta de ellas en su obra. Temperamento es lo que mana en sus libros.
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Radwa Ashour, en su libro Gibran and Blake, un estudio comparativo, considera que uno de
los rasgos que habría que retomar como relativos fundamentales entre los dos artistas es que
se trata de seres notablemente religiosos que plantean su expresión a partir de esta condición
de preceptos místicos de trascendentalidad. La Biblia será importante fuente para ambos
autores. Los dos admiran la vida de Jesús y estará siempre presente en sus obras. Blake
mezcla diferentes tradiciones culturales para hacer algo propio. Gibran, entre otras cosas, usa
el estilo de la Biblia cuando escribe sus parábolas y aforismos.
Blake y Gibran se parecen asimismo en aquellas filiaciones al Platonismo y Neoplatonismo. El
libanés lo muestra muy pronto en Al- Music (1905), uno de los ejemplares que hoy resguarda
Museo Soumaya. Más adelante, en su obra escrita en inglés dará amplia cuenta de sus
conocimientos sobre Platón y la corriente Idealista.
Gibran sintió siempre el impulso del artista. Su destierro de Líbano, país pródigo de riquezas
naturales, culturales y lingüísticas, alimentaron el fuego de aquel Prometeo que tránsfugo de
su destino, encontró en tierras lejanas su puerta al arte. París, Rodin y Blake –entre otros
encuentros– le abrirán un horizonte creativo del que nunca se exilió.
Tomado de http://gibrankgibran.org/esp/

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