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M.Arte

Amunet

Traductores

 

MariaBros

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M.Arte

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Elisa

Dustie

Ana09

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Guidaí

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katherin.puentes

LeyaahDonn

Leon

 

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M.Arte

Elisa

MariaBros

Guidaí

LeyaahDonn

aleja_o

DariiB

ivettelaflaca

Carola

Lisa EQS

Sager

Meli Eli

 

Lectura final y edición

MariaBros

Meli Eli

M.Arte

Diseño

Anne

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Sinopsis

Marcus Borden siempre ha sido utilizado por su fuerza y control. Después de una crianza llena de crimen en un barrio muy duro, Borden deja su ciudad natal y regresa cuatro años más tarde misteriosamente rico e irreconocible, con una mujer en su mente.

Una mujer a la que nunca tendrá.

Dolido por su devastadora derrota y lleno de rabia y culpa, el mundo de Borden se vuelve oscuro.

Como una mujer ferozmente independiente, Emma Warne sabe todo acerca de vivir duramente. Habiendo cuidado de sí misma la mayor parte de su vida, lo último que espera es adentrarse en el mundo del infame criminal Marcus Borden, el peligroso hombre que toda la ciudad teme y detesta. Pero cuanto más lo aleja, más regresa, asumiendo el control sobre su vida y despojándola del control al que ella tan desesperadamente se aferra.

Una vez que Borden tiene su mirada puesta en ella, Emma no irá a ninguna parte en un

futuro cercano, y lo que no se esperaba de todo esto

...

es que ella tampoco querrá alejarse.

Borden #1

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Contenido

Portada Staff Sinopsis Contenido Capítulos Primera parte: Marcus & Kate

  • 1. Kate

  • 2. Marcus

  • 3. Marcus

  • 4. Kate

  • 5. Kate & Marcus

Segunda Parte: Borden & Emma

  • 6. Emma

  • 7. Borden

  • 8. Emma

  • 9. Emma

    • 10. Borden

    • 11. Emma

    • 12. Emma

    • 13. Emma

    • 14. Borden

    • 15. Emma

    • 16. Emma

    • 17. Emma

    • 18. Borden & Emma

    • 19. Emma & Borden

    • 20. Emma & Borden

    • 21. Emma

    • 22. Borden

    • 23. Emma

    • 24. Borden

Sobre el autor Borden #2 Nosotros

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Primera parte Marcus & Kate

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Kate

E s curioso lo que sucede cuando sabes que vas a morir.

Tu vida de repente se siente como a un millón de kilómetros de distancia, en una realidad distinta. No recordaba nombres o lugares. No recordaba ni una maldita cosa más que el miedo que había invadido cada átomo de mi ser, obligándome en su lugar.

Mis manos estaban atadas fuertemente a mis espaldas y respiraba con vacilación dentro de las húmedas paredes de la bodega en la que había sido arrojada hace apenas un día. Todo era negro. Había deambulado por el diminuto espacio por horas y horas, buscando una salida pero no había nada más que revestimientos y silencio.

Dios, el silencio era un asesinato por sí solo.

Dejé de luchar por una salida desde hace horas, cuando la esperanza a la que me había aferrado se desvaneció hacia el vacío. Comencé a aceptar mi destino. Iban a matarme. No sabía cómo, pero en este momento no importaba.

También dejé de llorar.

Ahora solo estaba mirando hacia el suelo, viendo nada más que negro. Oscuridad por todas partes. Me sentía resignada a este negro. Quería que me tomara, me consumiera, para así dejar de orar por la luz.

Dejé de pensar en mi padre y el cómo iba a afrontar la pérdida de su única hija. Dejé de pensar en mi madre y el cómo su sueño de verme caminando hacia el altar vestida de blanco moría en la distancia. Dejé de pensar en mis amigos, en los falsos y en los verdaderos, sabía que llorarían mi perdida pero seguirían adelante. Dejé de pensar en mis alumnos y el cómo sus mentes jóvenes podrían tener dificultades por comprender la ausencia de su maestro.

Dejé de pensar en todos ellos y pensé en una persona. Un hombre. El hombre que había regresado por mí, misteriosamente rico, misteriosamente diferente y nada como el desastre que había sido antes. Él fue el único hombre al que alguna vez realmente amé, quien me destrozó de una manera que nunca podré arreglar.

¿Siguió con su vida después de mí?

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Eso esperaba. Esperaba que me dejara ir y que encontrara a una mujer que pudiera sanar su dolor. De repente, más lágrimas se formaron y contuve la respiración, un dolor sin medida me invade ante la vida que dejamos enterrada.

Dormito a lapsos, la tristeza acumulándose

en

mi

pecho. Mis manos

están más

entumecidas y mi boca se secó, y me pregunté si me habían dejado aquí para morir.

Y entonces lo escuché, el sonido de pasos acercándose hacia la puerta, rompiendo el silencio. Me tensé mientras la persona abría la puerta de par en par. Esperaba que una luz brillante inundara mi visión, pero fue débil y sombría en su lugar. Un gran cuerpo se quedó en el umbral y una inquietud se agitó dentro de mi vientre. ¿Era este mi secuestrador? Había dos de ellos esperando en mi apartamento, saltaron sobre mí cuando entre a la ducha, desnuda y vulnerable, me drogaron y me arrojaron a este lugar por lo que pareció una eternidad.

Retrocedí a una esquina de la bodega mientras caminaba lentamente, dando pasos calculados hacia mí. No podía ver sus rasgos, no con el pasamontañas que llevaba puesto. Nada en él me hablaba de su identidad, pero podía sentir un frío escalofrío en el aire, podía sentir su locura, y fue confirmada aún más cuando sacó una navaja de su bolsillo. Perdí todo el aire en mis pulmones.

No te haré

daño...

todavía me dijo en voz baja y dura. No sonaba monstruoso como

parecía. En realidad, sonaba joven.

Sentí escalofríos correr por mi espina dorsal cuando invadió mi espacio, aferrándose a mis manos. Me sacudí con fuerza, reprimiendo un sollozo antes de sentir que mis manos se liberaban.

Si haces algo estúpido te ataré de nuevo me advirtió.

Mis hombros y brazos dolían. Me froté en mis muñecas, estirando los dedos, viendo su alta figura moverse al otro lado de la pequeña bodega. Se deslizó hacia abajo y se apoyó contra la pared, la navaja todavía en su mano y me miró de nuevo.

Allí estaba otra vez ese silencio, y cuando tus días suelen estar rodeados de charlatanes durante ocho años, el silencio toma un rango en la lista de especies en peligro de extinción, apenas existe y solo en pequeñas cantidades.

¿Qué

qué quieren? Me estremecí finalmente. ¿Es acerca de mi padre?

... Él se rio entre dientes y sonó artificial.

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¿El juez? No, no es sobre tu padre, pero ya lo sabes. Sabes de qué se trata. Dilo. Me miré las manos, temblando. Marcus. Mm… Buena chica —dijo con aprobación. Por una fracción de segundo mi mirada saltó hacia la puerta abierta de la bodega.

No le oí decir. No hay forma de salir de esto. No te engañes con la idea de que puedes escapar. Nadie escuchará tus gritos, estamos aislados y mi hermano te perseguirá solo por deporte si piensas huir. Él es cazador, sabes, y es muy bueno.

Mis hombros se desplomaron. Las lágrimas cayeron de mis ojos, esa sensación desesperada tirando en mi interior, dividiendo mi espíritu. Nunca me había sentido tan vulnerable en mi vida.

¿Es un rescate entonces? Temblé, sabiendo que no lo era incluso antes de que preguntara. Porque si es así, Marcus te dará lo que quieras. Sé que lo hará.

Estoy seguro de que me daría el puto universo por ti respondió. Pero no. Esto no es un rescate.

Tragué saliva. Entonces, ¿qué quieres?

Estoy aquí para matar el tiempo, para descubrir un poco más sobre el misterioso Marcus Borden y el privilegiado profesor en el que regresó.

Si es sobre dónde ha estado los últimos cuatro años, no sé nada al respecto. No sé de dónde obtuvo el dinero. No sé nada.

No, estoy seguro de que no respondió secamente. Él sabía que estaba mintiendo. Pero no se trata de eso. Nos importa una mierda eso.

Aparté la vista de su mirada penetrante.

Me pregunto por qué una hermosa mujer rica como tú se involucró con un pedazo de mierda como él en primer lugar.

Me sequé los ojos. Él no es un pedazo de mierda.

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Bueno, ahora no, ya no, pero lo fue una vez, ¿cierto? Antes de que enderezara su camino, antes de que regresara por ti, no era más que otro matón. ¿Caíste ante sus palabras? ¿Te prometió el mundo?

No. Entonces dime. Ayúdame a entender. Entrecerré los ojos hacia él.

No podrías entenderlo. No se puede explicar nuestra relación con palabras. Fue todo sentimientos desde el comienzo.

Se encogió de hombros. Eso está bien. Empieza desde el principio. ¿Dónde lo conociste?

Empecé a mover la cabeza, sin querer compartir esa historia personal con un hombre

que iba a matarme, pero luego

el mero pensamiento de Marcus me convenció. Él siempre

... me había proporcionado comodidad. Había evolucionado tan drásticamente y me preocupé de lo que sería de él después de que me marchara. No sería tan malo recordar el pasado, solo era eso de todos modos. ¿Cierto?

Vamos. Mi asesino presionó con condescendencia. ¿Fue mágico? ¿Lo miraste y supiste que él era para ti?

No murmuré. Ciertamente no lo hice. No por un largo tiempo. No hasta que él se había ido. ¿Qué edad tenías?

Tenía diecinueve años

malos...

empecé, y de repente todos los momentos con él, los

... todos esos momentos comenzaron a destellar ante mis ojos.

buenos, los

***

La primera vez que conocí oficialmente a Marcus Borden fue en una fiesta en la casa de uno de mis amigos de la universidad hace cinco años. Estaba muy lejos de donde yo vivía, en un barrio en el que no encajaba y rodeada de gente más dura que yo.

Él estaba solo, apartado completamente del grupo en la parte trasera del patio. Llevaba unos holgados vaqueros que colgaban bajo sus caderas y estaba sin camisa, su abdomen cubierto de tatuajes. En realidad, toda la parte superior de su cuerpo estaba plagada de ellos, esos sexys diseños intrincados que otros maleantes como él le habían hecho.

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Lo vi encender un cigarrillo y elevar la mirada hacia el oscuro cielo. Recuerdo que me sentí intrigada por él. Me preguntaba que pasaba por su mente en ese momento, qué tipo de pensamientos se escondían en lo más recóndito de su alma, haciéndolo lucir tan melancólico. Imaginé la fortaleza que residía en él, o tal vez eso solo fue la parte artística de romántica empedernida en mí.

Sabía todo sobre Marcus Borden. Sabía que no era más que un matón. Un hombre indomable, que había estado con varias chicas de mi escuela, quienes no temían en hacerte saber al respecto, cantando sus alabanzas sobre el hombre con la boca mágica capaz de hacer las cosas más malvadas. Era el hombre que a menudo había admirado desde lejos y que nunca admitiría en voz

alta.

Donde quiera que fuera, parecía que siempre estaba allí. Conocía a todo el mundo y todo el mundo lo conocía.

Y ahí estaba yo, una privilegiada mujer ingenua que provenía de una familia acomodada, acercándome hacia él mientras mi cuerpo tenía sus propias intenciones ocultas y mi cerebro era silenciado por las dos o más cervezas que había bebido presurosamente. Tal vez quería vengarme de mi padre con esto, tal vez solo estaba intentando salir de mi zona de confort o tal vez tenía una gran debilidad por los chicos malos disfuncionales después de todos los cientos de libros de romance que había devorado entre las sesiones de estudio.

No sabía lo que era.

Solo

sabía que quería liberarme de la monotonía. Dejar de ser

la agradable Kate

Davenoth, hija del juez Douglas Davenoth tercero, la primera en todas sus clases, una estudiante con una trayectoria de A´s durante toda su vida.

Me detuve unos metros detrás de él y le eché un vistazo al patio. Había parloteos en todas partes. Gente riendo, gritando, pidiendo más tragos sobre la música estruendosa. Miré a mi amiga Sophie charlando con un tipo ardiente al lado de la piscina, estaba segura de que se iría a casa con él y recordé sus palabras antes de que llegáramos aquí.

Relájate, había dicho. ¡Haz algo loco por una vez! Aprende a divertirte. ¡Encuentra a un ardiente chico en este lugar y echa un polvo! Vi la confianza irradiando de ella y también desee esa confianza. Quería ser seductora y sexy. Quería poner mis manos en ese sexy malhechor y ponerlo de rodillas.

Pero no lo hice.

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No, no podía.

De repente estaba demasiado acobardada. Permanecí completamente inmóvil detrás de él, preguntándome qué diablos intentaba hacer. Papá me mataría si supiera que estaba aquí y no digamos de hablar con un chico como él, un chico que probablemente había visto los barrotes de la prisión demasiadas veces.

Mierda. Me di la vuelta.

¡Esto era una locura! No era de esas chicas despreocupadas que se metían a la cama sin tener las normales quince o veinte citas. No me mezclaba con chicos como él. ¡Maldición! Era de la clase alta. Y aburrida. Tan malditamente aburrida. No podía dar rienda suelta. Ni siquiera podía cambiar mi rutina diaria sin tener un ataque de ansiedad.

No te vayas.

Su voz firme y delicada rompió a través de mis pensamientos beligerantes, alejándolos como las olas al retirarse de la orilla. Me di la vuelta, rígida, con la cobardía y las emociones fuera de mí todavía y me encontré con su mirada. Su cabeza viendo en mi dirección, su boca se elevó en una exquisita sonrisa mientras sus ojos danzaban a lo largo de mi rostro y cuerpo.

Haz hecho todo el camino hasta aquí agregó, su voz mezclada con confianza. No tiene sentido que regreses ahora.

Luego hizo un gesto hacia la silla de plástico junto a él, invitándome a sentarme con él, y que no debería haberlo hecho, pero no puede evitarlo. Después de todo, estaba en ese lado del patio por él. Había hecho el épico viaje de veinticuatro pasos. No daría marcha atrás ahora solo porque estaba asustada.

Ningún punto de retorno solo porque ahora estaba jodidamente asustada.

Consciente de su mirada, le lancé una sonrisa vacilante, caminé hasta la silla y me senté. Mi cuerpo estaba recto como una flecha, mis manos acurrucadas en mi regazo, mi rostro tímidamente se volvió en su dirección. Me miró de nuevo y esta vez su sonrisa se convirtió en una sonrisa completa y plena. Wow, tenía una sonrisa agradable. Era un poco aniñada con hoyuelos en los extremos y labios carnosos. Mientras me desmayaba solo un poco, también me sentí como el blanco de alguna broma, y en retrospectiva, comprendí el por qué. Yo era del tipo quisquillosa, toda vestida para impresionar en mi ropa de chica rosa y estaba sentada junto a un chico semidesnudo con tatuajes por todas partes. Estaba fumando un cigarrillo y luché para no arrugar mi nariz.

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Relájate me dijo suavemente, mirando entre mi espalda recta y el espacio libre en la silla de plástico.

Estoy relajada le aseguré Te ves un poco tensa. No lo estoy. Mentira. Estaba completamente tensa y estaba segura que no sonaba creíble.

Nos sentamos en silencio por varios minutos. Estaba totalmente a gusto, terminando el resto de su cigarrillo mientras me miraba con curiosidad y yo en su lugar estaba a punto de perder la razón. ¿Cómo una chica se puede relajar ante un hombre con él? Él no era nada como los chicos estirados con los que crecí. Los completos adefesios que conducían los Lamborghinis de papá por la ciudad con sus cuellos desabotonados y relojes de diez mil dólares.

Era posible que su atractivo fuera el ser fuerte y yo solo una idiota ingenua en busca de emoción. Solo probando algo prohibido. Por una noche, nada más.

Entonces, ¿qué tenías en mente cuando hiciste tu camino hasta aquí, hermosa?

preguntó

repentinamente, sus brillantes ojos azules en los míos. ¿Buscando un poco de

cosas buenas? Hice una pausa. ¿Cosas buenas? Se encogió de hombros con indiferencia.

Sí, ¿quieres algo de hierba? ¿Buscas una forma de drogarte con tus amigos fresas? ¿Cuál es tu veneno, nena?

Mi mandíbula cayó y de inmediato negué la cabeza. V-Veneno. Yo no fumo hierba. ¿Inhalas alguna mierda? No. ¿Haces algo? No, nada como eso. Entonces, ¿por qué estás aquí?

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—Vi… vine para hablar contigo. No para usarte y conseguir algunas drogas.

Se me quedó mirando durante un rato, y no pude leer su expresión. Mi incomodidad crecía a cada segundo que pasaba, preguntándome si él estaba punto de rechazarme. Dios, ¿parecía desesperada?

¿Cuál es tú nombre? preguntó. Kate respondí Él asintió despacio, mirándome pensativamente.

Kate repitió, como si estuviera saboreándolo en su lengua. Te he visto por ahí, sabes.

Mis mejillas se calentaron y lo miré boquiabierta con sorpresa. ¿De verdad? Sus labios temblaron. ¿Sorprendida? Sí.

No puedes hablar en serio. Las cabezas se giran ante ti, pero apuesto a que eso ya lo sabías.

Negué con la cabeza, luchando por mantener mis ojos en los suyos. No me he dado cuenta. Se río irónicamente.

Bueno, yo sí. Tienes mi cabeza girando desde el segundo en el que llegaste, y todas las veces que te he visto caminando por el campus en tus diminutas faldas y largo cabello rubio, no ese platinado de mierda que las chicas usan, sino un maldito rubio natural.

No respondí durante un momento. De repente me encontraba sin aliento, sintiendo el inexplicable placer de saber que no era tan invisible como yo pensaba. Soy Marcus dijo en voz baja, sus ojos moviéndose a lo largo de mi rostro. Asentí. Lo sé. Sus cejas se alzaron. ¿Lo sabes?

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Sí. Lucía un poco complacido por eso, quizás tanto como yo lo estaba. ¿Cuántos años tienes? Diecinueve. Tampoco eres de este lado de la ciudad, ¿verdad? No, soy del extremo norte. No parecía sorprendido. ¿Cerca de New Raven Square? Sí. Lindo. ¿Vives aún con tus padres? Negué con la cabeza. No, tengo mi propio lugar. Saliste de sus ataduras entonces. Me reí ligeramente.

Más o menos, pero aún están alrededor. Específicamente mi padre, quien hizo un magnífico trabajo espantando a cada maldito muchacho en el que estuve interesada.

Significa que se preocupan por ti dijo Marcus suavemente. Asentí con cuidado. Sí. Se lamió el labio inferior pensativamente y miró hacia la casa.

Entonces, ¿qué estás haciendo aquí, Kate? Obviamente estas fuera de tu elemento y puedo detectar a tus amigas un kilómetro de distancia. ¿Tus amigas buscan algún tipo de emoción?

No respondí de inmediato. Mis mejillas se calentaron aún más. Miré hacia la casa, capturando un vistazo de Sophie otra vez. Solo había venido con ella, pero entendí porque especuló sobre las otras chicas. Estaban vestidas de manera similar a mí, eran probablemente

un poco mayores, pero a juzgar por la forma en la que se colgaban de los chicos rudos, estaba

claro lo que estaban buscando

lo que todas estábamos buscando.

... admití, mirando hacia él. Es verdad.

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Sus labios se levantaron en una sonrisa perezosa, pero sus hermosos ojos estaban consumiéndome, tenían un efecto vertiginoso en mí.

¿Y viniste a por esa emoción, Kate?

Cada parte de mi estaba en llamas. Sentía como si estuviera tambaleándome en el borde de un acantilado, teniendo que enfrentar el miedo de abrirme como nunca antes he hecho.

casi susurré, tragándome mis nervios. El ser confiada era una causa perdida. Nunca lo lograría. En su lugar, deje a mi vulnerabilidad salir. Era como si él tuviera un poder sobre mí.

Su respiración se aligeró un poco y bajó la mirada hacia mi boca por un momento. ¿Por qué precisamente yo?

Porque

me interesas.

... Inclinó la cabeza hacia un lado, pensativo. ¿Por qué te intereso? Negué, insegura de mi respuesta.

No lo sé. Supongo

que me gustó

mirarte desde allá atrás, y

creo que estoy

... realmente atraída hacia ti, si vamos a ser honestos. Me sentí como una idiota, y mi excusa se sintió débil. La verdad era que no tenía sentido lo que estaba haciendo. Vine, lo vi, recordé todo por lo que él era conocido, pero por alguna razón me molesto qué podría tener si no estuviese aquí y alguien estuviera hablando de él. No, en persona las cosas son diferentes, la realidad era extraña y me sentía atraída hacia él.

...

Me miró aún más serio después de mis estúpidas palabras. Tranquilamente, me preguntó: ¿Y qué clase de emoción estas buscando exactamente?

Oh, Dios. ¿En serio quiere que lo diga? Tú sabes cuál le respondí, igual de tranquila. ¿Quieres que te folle?

Me quedé inmóvil por completo. Mi corazón se detuvo por un segundo. Mis ojos se agrandaron mientas lo miraba.

Se rio levemente. ¿Por qué eres tan nerviosa? Nadie nunca antes había sido tan atrevido conmigo.

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Me estudió por un momento y negó ligeramente con la cabeza.

A este paso, estoy convencido que tampoco nunca nadie te llevo a casa en la primera cita y te folló hasta el olvido.

No respondí. Era obvio. Mi experiencia era limitada, seguro. Nunca antes había conectado sin ninguna atadura.

¿Eso te molesta? pregunté, agarrando mis manos nerviosamente. Él bajo la mirada hacia ellas y sus ojos se suavizaron.

No respondió gentilmente. No, en absoluto. Solo quiero que sepas lo que estas pidiendo.

¿Necesito pedirlo? Parecía divertido, pasando el dedo por su labio inferior mientras me miraba.

Por una chica como tú, comería cuchillas de afeitar solo por un toque. Pero eso no significa que debería. Estas claramente fuera de tu zona de confort aquí. ¿Qué pasará cuando te lleve a mi casa y te des cuenta de lo que estamos a punto de hacer y las consecuencias que tendría?

¿Qué consecuencias?

Tú eres del tipo rico, Kate. Puedo verlo en cada parte de ti. Puedo verlo en tu ropa, en la joyería que llevas, incluso en el champú que ocupas para ese maldito cabello sexy. Probablemente vienes de una familia respetable con un papá virtuoso y una súper mamá. ¿Qué pensarían ellos de ti? ¿Qué pensaría de ti cualquier persona en ese círculo si te fueras esta noche a casa conmigo?

Tomé un largo momento antes de responder.

Bueno dije finalmente, la mayoría de las chicas me llamarían puta. Y si nuestras privilegiadas familias se enteraran, sería la vergüenza de nuestro círculo social, pero, ¿quieres saber la mejor parte?

Dime. Esta noche no me importa.

Su rostro cambio con eso. Ya no me miraba como una distracción pasajera que se asustaría cuando llegara el momento. No, el me miraba como si estuviera hambriento por una probada y la tensión que surgió de eso fue increíblemente satisfactoria.

Ven aquí exigió en voz baja, haciendo un gesto para que me acercara.

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Agarré la silla y la hice moverse cuando el sacudió la cabeza y dijo: No, nena. No estoy hablando de acercarte con la silla, estoy hablando de que a ese cuerpo lo traigas aquí encima.

Luché por mantener mi compostura, pero por dentro mi corazón retumbaba en mi pecho y sentía hormigueos en todas partes. Me moví hacia él y colocó una mano en mi cintura, sentándome encima de sus piernas para que estuviera a horcajadas. A penas podía respirar, enfrentándolo me devolvió la mirada con sus dos manos tocando ligeramente mis muslos. Él se mantuvo controlado, pero la posición era todo menos controlada. En realidad, era la cosa más íntima que había hecho con un chico, sentarme en su regazo, de cara a él como si nos tomáramos el uno al otro, ignorando por completo el ruido y la multitud de personas. Me pregunté cómo era eso posible. Había tenido sexo con dos chicos, había hecho lo de recostarse y abrazarse, pero por alguna razón, esto le ganaba a todo eso.

Pero eso era Marcus Borden para ti. Pronto aprendería que nunca sentiría el mismo calor con otro hombre.

¿Esta esto bien para ti? preguntó con curiosidad, estudiando mi reacción. respondí, sintiéndome atraída hacia su boca. ¿Te gusta? Mi segunda afirmación fue más silenciosa.

Me senté así por un momento, no hablamos mucho. Solo pregunto cosas pequeñas, sobre música y películas, cualquier cosa para llenar el silencio, pero incluso el silencio no me molestaba. Estábamos en nuestra propia burbuja y no me tomo mucho tiempo sentirme cómoda en su abrazo, era como si perteneciera ahí.

¿Aún estas bien con esto? me preguntó cuando sus manos recorrían un poco mis muslos. ¿No estoy empujando mis límites?

No contesté. Me gusta esto.

Era increíblemente dulce y atento. Me atrajo más cerca hasta que estuvo a centímetros de mi boca, pero nunca hacia todo el camino. Nunca besándome, nunca subiendo sus manos lo suficiente para tocar mi trasero. Era dulce y doloroso al mismo tiempo.

Eres realmente hermosa, ¿lo sabías? murmuró, más para sí mismo que para mí. Tampoco sonó como si quisiera halagarme. Lucía genuinamente asombrado por mi belleza, y justo allí, me derretí en su agarre, sonriendo brillantemente hacia él mientras me sonreía de manera pensativa.

Sentí todo sentada en él de esa forma. Sentí el profundo dolor entre mis piernas, sentí mi lujuria hacia la parte expuesta de su cuerpo, sentí a momentos el endurecimiento debajo de mí mientras sus ojos viajaban por mi cuerpo, tomándome, al igual que yo a él.

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Luego, después de un rato, se puso de pie lentamente y comenzó a bajarme. Mantuvo contacto mientras lo hacía y sentí mi centro rosar contra su estómago e ingle y el placer se extendió en mi mientras lo hacía. Me tuvo de pie por mí misma y estaba mareada cuando lo vi agarrar su camiseta blanca que colgaba en respaldo de la silla.

¿Has bebido mucho, Kate? me preguntó, colocándosela Un par de cervezas contesté ¿No estas borracha? No. Asintió con la cabeza, satisfecho. Bien.

Extendió su mano hacia mí. Mi corazón martilleaba dentro de mi pecho mientras lo miraba y luego a los furtivos tatuajes en su brazo. Oh, Dios, ¿esto estaba realmente pasando? Dejé de pensar y tomé su mano, su calor se sentía deliciosamente bien contra mi piel. Me empujó más cerca de él y apartó los mechones rubios de mi cara hacia detrás de mi oreja.

Te daré emoción susurró. Y será buena. Voy a ser cuidadoso contigo, te lo aseguro. Su voz sonaba tan segura, y esa confianza en un hombre era sexy como el infierno. Instantáneamente, le creí.

Página 20

2

Marcus

S i alguien le hubiera dicho que tendría sexo esta noche, habría intentado no

parecer un jodido vagabundo, especialmente con una chica con los estándares de Kate. Habría lucido lo mejor posible, o por lo menos, lo mejor que pudiera darse el lujo con lo poco que tenía.

El por qué la chica lo quería a él en primer lugar le era desconcertante, pero no estaba para cuestionar a los dioses por ello. Iba a aventurarse a este agujero de conejo con los brazos abiertos.

Con una mano envuelta en la de ella, abrió la puerta de su pequeño apartamento con la otra y la guio hacia la oscuridad. Golpeó el interruptor de la luz de su sala pero la bombilla parpadeaba.

Mierda maldijo en voz baja. ¿Qué? preguntó ella a sus espaldas.

No hay luz. Por supuesto que era así. Demonios, tal vez era algo bueno. Ella no vería el sofá raído en todo su raído esplendor, o las cajas con sobras de pizza de ayer en su astillada mesa de centro.

¿Dónde está tu cuarto? preguntó. Me acabo de mudar. No he puesto esa habitación en forma aún. Mentiroso de mierda.

Se había mudado a ese lugar hace seis meses y su habitación era muy pequeña. Gracias, pobreza, pequeña bastarda.

Entonces nos tendremos que conformar dijo, su voz temblando un poco al final.

Él se giró y envolvió el brazo alrededor de su cintura, acercándola a su frente, hasta que sus pechos estaban presionados contra él. La sintió temblar mientras movía delicadamente los mechones de su hermoso cabello rubio fuera de su cara. Parecía que quería esto. No le importaba una mierda el lugar y eso lo excitó un poco. Se inclinó y la besó con delicadeza por la línea de la mandíbula justo debajo de la oreja. Joder, olía bien, como jazmín y rosas.

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No te voy a presionar a nada murmuró, sintiendo lo tensos que estaban sus nervios. Haz lo que te haga sentir cómoda.

Su respiración se aceleró. Quiero esto.

Reanudó sus besos, ligeros como plumas antes de alcanzar su boca. Tenía unos hermosos labios delgados, suaves y rojos por su lápiz labial. Nunca volvería a ver otros labios rojos del mismo modo sin pensar en ella.

La besó lenta y suavemente, y su cuerpo entero se congeló con el contacto. Separó la boca y le devolvió el beso. Hizo ligeros sonidos pequeños en la parte trasera de su garganta. Pasó sus manos por sus suaves brazos, cubiertos de piel de gallina. Estaba ansiosa, presionando su boca más fuerte contra la suya. Sus labios eran suaves, flexibles, pero esa maldita lengua lo desató en el momento en que se deslizó contra la suya. La condujo hasta el sofá, dejándola caer lentamente con un brazo envuelto a su alrededor.

Se retorció debajo de él, sus manos moviéndose por todos lados, arriba y abajo por su espalda, apretando sus gruesos tríceps. Él se resistió a recorrer su cuerpo con las manos. Necesitaba mantener el control, no ir del modo que su cuerpo quería desesperadamente que lo hiciera. El sexo siempre había sido así para él. Quería coger duro, quería sentir ese cóctel de dolor y placer fusionarse. Pero no podía hacer eso. Eran meras fantasías que nunca se realizarían y eso no importaba mucho ahora. No cuando estaba besando a la mujer más jodidamente sexy que había conocido, una que lo había pervertido con su extraño deseo por él.

Por favor, tócame rogó ella, levantando sus caderas para poder frotar su sexo contra la dureza en sus pantalones. Por favor, Marcus. Él gruñó. Dios, amaba escuchar su nombre en su lengua. Amaba escucharla decirlo.

Separó sus piernas y ahora estaba agradecido por su sofá. Podría ser una mierda, pero era un jodido mamut. Con los codos apoyados a lo largo de cada lado de ella, solo usaba su boca para tocarla. La besó tan profundamente que estaban sin respiración cuando por fin se apartó. Empujó su cuerpo hacia abajo, besando su cuello y lamiendo sobre sus pezones a través de la fina blusa. Parecía más sensible ahí, así que lamió y mordió suavemente, causando que se sacudiera debajo de él. Estaba respirando rápido, podía escuchar sus latidos mientras descendía, besando sobre su ropa, volviéndola cada vez más loca.

Esto era anticipación y le encantaba dársela a las mujeres lentamente, enrollándolas antes de que explotaran. Bajó por sus caderas, alzando su falda para exponer su ropa interior de encaje negro. Mordisqueó la parte interna de sus muslos, dejando rastros fríos y húmedos detrás. Podía oler su excitación y eso provocaba aún más a su pene. Estaba muy excitada. Lamió su vagina, manteniendo la ropa interior como una barrera y ella se sacudió debajo de él, gimiendo ruidosamente en el aire tranquilo.

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Por favor continuó rogando.

Deslizó su ropa interior por sus largas piernas y, joder, se extendían por kilómetros. Las arrojó al suelo y regresó a la suave piel entre sus piernas. Estaba duro, muy jodidamente duro mientras movía ligeramente su lengua por su vagina húmeda. Ella resistió debajo de él, sus manos volando directamente a su cabello corto y él deseó justo en ese momento que ella clavara sus uñas francesas en su cuero cabelludo y que le probara cuán loca estaba. Lastímame, joder. Suplicó él internamente. Lo rasguñó con necesidad en su lugar y él forzó sus caderas hacia abajo y succionó su clítoris.

Oh, Dios mío gimió ella.

La sintió tensarse a su alrededor, intentando levantar las caderas mientras su placer aumentaba. Él la devoró usando su fuerza para mantenerla quieta mientras intensificaba y prolongaba sus movimientos, lamiendo rápido y después lento, hasta que ella ya no pudo contenerse. Tembló, viniéndose en su boca, gritando cuando sus uñas finalmente se hundieron en su nuca. Él movió la cabeza junto con las uñas de ella, disfrutando ese dolor, porque ese dolor hacia que su pene latiera.

Joder, había pasado tiempo desde que estuvo con una mujer. Estaba preocupado de que se viniera justo en ese momento en sus pantalones y ¿cómo demonios iba a superar eso?

Ella estaba jadeando para el momento en que el salió. De rodillas, se quitó el cinturón a toda prisa no podía esperar otro minutoy sacó un condón de su bolsillo. Ella miró ansiosa sus movimientos, observando con la boca abierta mientras se sacaba los pantalones y calzoncillos antes de volver con ella.

Solo para que sepas, estoy perforado, nena dijo, haciendo un gesto hacia su pene. Ella se quedó quieta y miró hacia abajo con los ojos desorbitados. ¿Dónde?

Él le mostró la perforación de frenillo un par de centímetros debajo de la cabeza de su pene. Ella se quedó con la boca abierta. Para su sorpresa, parecía completamente horrorizada.

¿Puedes quitártelo? preguntó con nerviosismo.

Si eso es lo que quieres respondió, peleando contra la pequeña decepción que sentía por su respuesta. Usualmente pasaba lo contrario. Tiene el propósito de aumentar el placer para ti.

¿Qué hay del condón? ¿No se rompe? Nunca me ha pasado.

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Ella miró vacilante a su longitud, debatiéndose por un momento antes de susurrar:

¿Puedes quitarlo? Es queno lo sé. Me da un poco de miedo cortarme o algo.

El mordió su lengua y asintió. Me lo quitaré por ti, nena.

Se bajó del sillón y caminó hacia la ventana donde la luz de la luna le ofrecía una mejor visión y removió cuidadosamente su perforación. Era una maldita lástima, también. Las chicas usualmente explotaban debajo de él al sentirlo y hubiera amado ver esa misma reacción en Kate.

Se puso el condón y regresó, y para entonces, ella tenía las piernas cerradas y lo estaba mirando con preocupación. Él se detuvo y miró su rostro, sus cejas se juntaron.

¿Estás bien? dijo, preguntándose si la maldita perforación la había enfriado por completo. No te he molestado, ¿o sí? preguntó. Acerca de quitártelo, quiero decir. Él le sonrió y negó con la cabeza. De ninguna manera, hermosa. Solo tendré que trabajar un poco más para hacerte

gritar.

No necesitaba la luz para saber que estaba sonrojada. Ella le dedicó una sonrisa tímida y sus piernas se separaron. Regresó encima de ella y besó suavemente esos labios rojos, dejando que sus manos recorrieran su cuerpo, ahuecando sus pechos, hasta que ella se arqueó bajo su agarre, gimiendo.

Eres jodidamente sexy, ¿lo sabes? murmuró contra su boca, mirándola fijamente. Es como si hubieras salido de mis sueños, con tus jodidos labiecitos rojos y grandes pechos. ¿Qué voy a hacer si tu vagina está apretada también? Me voy a morir, de verdad.

Ella le sonrió de nuevo, sus ojos lujuriosos pidiendo que la tomara y él separó sus piernas para hacer exactamente eso. Frotó su vagina lentamente, estudiando su reacción antes de acomodarse en su interior.

Si, estaba estrecha. Más jodidamente apretada que un guante, Dios santo.

Se quedó inmóvil, tomando esa ola de placer, respirando con dificultad, pensando con dificultad, solo sintiendo. Sí, solo la sensación mientras retrocedía y entraba en ella de nuevo, causó que ella brincara y gimiera ruidosamente. Colocando sus codos en cada lado de su cabeza, se movió dentro y fuera con embestidas lentas y deliberadas. Era difícil. Joder, era difícil no dejarse llevar y tomarla tontamente.

Corre esas uñas sexys por mi espalda, bebé le dijo en medio de cada embestida.

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Tan envuelta en dicha, ella envolvió sus brazos a su alrededor y arrastró sus uñas por su espalda. No fue lo suficientemente fuerte, no dolía lo suficiente, pero los gemidos de la bella eran suficiente para calentarlo hasta terminar.

La cogió, tragándose cada gemido con su lengua y boca hasta que ella se sacudió debajo de él, explotando con su segundo orgasmo. Sus paredes se apretaron a su alrededor y él embistió una, dos veces, gruñendo ruidosamente antes de venirse con fuerza dentro de ella.

Y se sintió como… un dulce jodido éxtasis.

Mejor que cualquier droga que hubiera probado. ***

Ella se quedó ahí, su cálido cuerpo desnudo presionado contra el suyo. Su cabeza descansaba en su pecho y trazaba los tatuajes sobre su abdomen, suspirando suavemente de vez en cuando. Él se sentía tranquilo y eufórico, seguía en la gloria de su liberación sexual y seguía en compañía de una mujer que se parecía mucho a la mujer de sus sueños.

¿Traes a muchas chicas a casa así? le preguntó de repente. Marcus abrió los ojos, sonriendo. ¿Esa es tu manera indirecta de llamarme un hombre fácil? Ella se tensó. —Oh, Dios mío, no. Lo siento. Supongo que… no hago esto a menudo. De hecho, nunca

lo he hecho y sé que no es de mi incumbencia, pero solo tenía curiosidad de si soy… ya sabes,

si solo soy una de esas chicas para ti.

No, no lo eres respondió simplemente y por primera vez eso era increíblemente cierto.

No quería extenderse, sobre todo porque nunca revisaba sus acostones pasados. Lo hecho, hecho está, después de todo. Pero las mujeres eran diferentes, suponía. Tal vez no era tan fácil para ellas enterrar sus encuentros sexuales del modo que lo hacían muchos hombres. Eran criaturas sentimentales. No querían saber que serían olvidadas. Querían un lugar en el alma de un hombre del modo en que las estrellas tenían un lugar en el cielo.

Kate no presionó con más preguntas y cuando

los minutos pasaron, él la apretó

gentilmente y dijo: Háblame de ti. Él la sintió sonreír contra su pecho. ¿Qué quieres saber? ¿Cuáles son tus pasatiempos? ¿Qué estás estudiando? ¿Cómo es tu vida? Soy de esos artistas raros a los que les pondrías los ojos en blanco.

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Dudo que tengas un solo hueso pretencioso en tu cuerpo, nena. Ella se rio un poco.

Bueno, la gente piensa eso cuando hablo y hablo sobre arte. Verás, el problema es que creo que veo belleza en todo e intento recrear eso.

¿Pintas o dibujas?

Un poco, hago un montón de bocetos, en su mayoría. Solo en un estúpido cuaderno que cargo. No es la gran cosa.

Marcus frunció el ceño por el modo en que le restó importancia. Tengo curiosidad por saber por qué menosprecias directamente tu trabajo.

Ella

suspiraba.

dio unos golpecitos con sus dedos a lo largo de su pecho mientras pensaba y

Me educaron para permanecer alejada de las artes creativas. Mi padre las llama una pérdida de tiempo y solía enojarse cuando le decía que quería dedicarme al arte después de la preparatoria.

Suena como un idiota. Se rio de nuevo.

Es un controlador y tiene buenas intenciones, lo sé. Pero también es juez y le da mucho miedo a la mayoría de la gente. De cualquier modo, estoy divagando justo ahora. Realmente no sé qué estoy haciendo. He tomado un montón de clases en ciencias biológicas, pero no es nada que me emocione.

Si no es tu pasión, nunca te va a emocionar.

susurró con desaliento. Tienes razón. La vida es dura. Quiero decir, sé que tengo más que la mayoría, pero sigue siendo difícil intentar hacer a otra persona feliz y perderte en el proceso. De cualquier modo, no me pondré filosófica contigo ni nada.

Quieres decir de artista rara conmigo. Sí. se rio. Eso. Me gusta.

Eso solo hizo que ella se acurrucara más en él y él podía verse a sí mismo escuchándola hablar así todo el tiempo, a pesar de que fuera tonto solo pensar en eso.

Déjame saber algo de ti dijo ella. Quiero saber. Siempre he querido saber.

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Él sostuvo algunos de sus suaves mechones sedosos, dejándolos correr entre sus dedos mientras pensaba qué decir. ¿Había alguna manera positiva de responder a eso?

Nada que saber realmente dijo tranquilamente. Solo soy un tipo normal del otro lado de las vías.

Ella no necesitaba escuchar acerca de padre abusivo o su madre indiferente. O el hecho de que había sido echado de su casa a los quince años sin nada más que una mochila y una bolsa de M&Ms. O que la pobreza lo había orillado al crimen callejero solo para tener algunos centavos para comida caliente. Ahora su vida había sido dura, pero no le importaba mucho externarlo a una chica que probablemente nunca lo entendería y esperaba que nunca tuviera que hacerlo.

Ella no rogó para obtener una mejor respuesta y él lo apreció. Kate parecía respetar los límites y, joder, él quería que los rompiera en su lugar. Ella cambio el tema y él escuchó su dulce voz ofreciendo respuestas solo para oírla hablar. Hablaron por lo que parecieron horas y luego sus palabras se desvanecieron y se quedó dormida en sus brazos.

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3

Marcus

U n empujoncito en su hombro lo despertó de golpe. Abrió los ojos lentamente y

contempló

a

Kate

en

la

oscuridad.

Estaba

parada

a

un

lado

del

sofá,

completamente vestida y sosteniendo su bolso con una mano.

―Lamento despertarte, pero no tengo manera de irme a casa ―dijo―. Esperaba que

pudieras llevarme.

Él inhaló bruscamente y miró a su alrededor en busca de un reloj. ¿Qué hora es? ―Casi las cinco.

Demonios, era demasiado temprano.

Te llevaré en un momento, nena. ¿Qué te parece si te acuestas a mi lado un momento primero y vamos a desayunar una vez que salgamos?

Sus manos tiraron nerviosamente la correa de su bolso.

Me encantaría desayunar contigo y todo pero… no me puedo quedar. Mi padre pasa a las siete para nuestro tradicional domingo de desayuno, y si se entera de que no estoy allí… ―Hizo una pausa y suspiró.

¿Qué

pasó

con

eso

de

no

preocuparse

por

nada esta noche? ―respondió

alegremente. Ella no le devolvió la sonrisa. En su lugar, se puso más nerviosa.

Puedo tomar el autobús entonces, o algo. No haré que levantes, no es justo de mi parte y es muy temprano…

―Mierda, no ―interrumpió él, sentándose y restregando sus cansados ojos―. Solo bromeaba. No voy a hacer que una chica como tú se suba al transporte público en este lado de la ciudad. Traeré mis llaves y nos vamos.

Los hombros de ella se relajaron de alivio. ―Gracias Marcus. Te lo agradezco.

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Él la miró por un momento, contemplando su aspecto de recién follada que todavía llevaba y se sintió sonreír. ¿Pensaste que me comportaría como un idiota? ¿Qué te iba a echar o algo así? Ella se encogió de hombros mordiéndose el labio inferior. No sabía que esperar, para ser honesta. Nunca había hecho esto antes. ―No lo hagas de nuevo ―se encontró diciendo inmediatamente. Tampoco sabía por

qué lo había dicho. La chica podía hacer lo que deseara, pero mierda, él sabía que ella valía mucho más que un polvo de una sola noche.

Ella lo miró extrañada, él se aclaró la garganta y rápidamente añadió―: Ya sabes, hay gente loca por aquí afuera. No sabes la clase de persona con la que acabarás en la cama.

―Supongo que tuve suerte.

Su boca se extendió en una amplia sonrisa mientras lo decía y él sintió esa sonrisa quemar en su interior. Su pecho se agitó ante se belleza natural. Él se levantó y trató de dispersar su intensa atracción hacia ella. Ella lo quería para una sola noche y él extrañamente se sintió usado por una vez, y no era un sentimiento muy bueno.

Evitando su

mirada, tomó

las

llaves de

la

mesa y dijo:

Llevemos tu

hermoso y

pequeño trasero a casa.

 
 

***

Kate no apartó la vista de él durante el viaje de cuarenta minutos a su edificio. Esos ojos verdes eran penetrantes y a él le encantó el ardor que sintió cuando lo miraba.

―Es este edificio de aquí ―le dijo ella, señalando el lugar.

Él detuvo el coche delante de un edificio alto y moderno de apartamentos. La observó lentamente recoger su bolso y apretar las correas de sus tacones. Parecía que estaba haciendo tiempo por todo lo que tardó, y vio los nervios familiares corriendo a través de su sistema antes de que finalmente abriera su bolso y sacara una hoja de papel y un bolígrafo.

Divertido, la vio garabateando lo que sabía que iba a ser su número.

―Sé que probablemente escuches esto muy a menudo dijo ella en voz baja, evitando

su mirada y de repente impaciente por irse de allí―, pero

todo, y

si alguna vez quieres llamar o cualquier cosa, o ...

... mejillas mientras le tendía la hoja de papel.

ya sabes, tuve una gran noche y ―se detuvo y se enrojecieron sus

...

Él tomó el papel de su mano.

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Por supuesto. Ella le lanzó una rápida sonrisa.

—De acuerdo, bien, buenas noches o… buenos días en realidad, nos vemos pronto, o hablamos pronto, o eso depende de ti…

―Sabrás de mí ―le dijo―. Lo prometo.

Ella se detuvo y lo observó, esa mirada esperanzada cortando en su interior como una cuchilla afilada. Nunca le habían dedicado esa mirada. Le habían dado números de celular en el pasado, pero eran de paso y sin mucho cuidado. Kate lo había hecho como si estuviera ansiando más de él. Quizá no era algo de solo una noche, entonces. Quizás estuviera seriamente interesada. Y, joder, él también estaba interesado. Le gustaba demasiado esa mirada. Le gustaba la sensación cálida que le daba a sus adentros vacíos.

Sin pensarlo, se inclinó y tomó su rostro gentilmente entre su mano y presionó su boca contra sus labios. Inmediatamente, la mano de ella se trasladó hasta su pecho y alrededor de su cuello. Lo besó de vuelta con una intensidad que no esperaba, adentrándose al ella abrirle su boca. Ella gimió ligeramente mientras él giraba su lengua contra la de ella, y dios, se la follaría de nuevo, justo aquí y ahora, si pudiera.

En su lugar, se apartó, con la sangre en llamas y sus ojos abiertos de par en par. Joder, amaba su sabor. Ella le devolvió la mirada, con aparente deseo.

Ahora entra le dijo, luchando por mantener firme su voz. Ella asintió y se apartó.

La observó abrir la puerta y salir del auto. Estaba un poco tambaleante y él sonrió ante el efecto evidente que tenía sobre ella. Continuó observándola hasta que su alto y delgado cuerpo desapareció dentro del edificio, deteniéndose una vez para verlo de nuevo, con esa mirada de encanto aún adornando su rostro.

Marcus tuvo que ordenar sus pensamientos cuando estuvo fuera de su vista. Su corazón estaba latiendo con fuerza en su pecho. Le gustaba la chica. Le había gustado desde la primera vez que había estado vendiendo producto discretamente en su campus. La había visto corriendo de un edificio a otro con sus libros de texto presionados contra su pecho, y él había sonreído incluso entonces ante su belleza sonrojada. Solo sabía que era una jodida chica dulce, y estabas en lo correcto. Lo era.

Nunca había hablado por tanto tiempo con una chica antes. Ella quería acurrucarse, quería ser tocada y cuidada, como si hubiera sido privada de ello como él lo había sido durante toda su vida. Pero él sabía que no había sido así. Una chica como ella debió de haber recibido el cuidado apropiado y el amor que merecía, mientras que niños como él lo había sido alguna vez, eran abandonados y obligados a valerse por sí mismos.

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Toda la tarde había sido increíble y eso en realidad lo deprimió en su camino a casa. Vivía en otro mundo, nunca tendría los medios para darle a una mujer de su clase el tipo de estilo de vida que su padre evidentemente le dio. Y aunque se había follado a chicas que venían de los mismos lugares que ella, no eran tan genuinas o dulces como ella. Simplemente conseguían lo que querían y seguían adelante, con su hambre de una aventura con el hombre más rudo del otro lado de las vías saciado.

Miró con asombro a los altos apartamentos mientras conducía. Había mucho dinero a su alrededor. Más de lo que podía soñar en hacer. Nunca sería capaz de vivir aquí, incluso aunque ahorrara hasta que tuviera setenta. Era un perdedor, un maldito don nadie con cero probabilidades y un millón de putos problemas. Estaba destinado a desvanecerse en la oscuridad, de vuelta a su lado de las vías, cualquier día sería capturado por sus crímenes y esas esposas se envolverían alrededor de sus muñecas donde pertenecían y se lo llevarían. Casi esperaba que eso pasara solo para que dejara de intentar tan arduamente sobrevivir en este mundo por más tiempo.

Se desvanecería de los pensamientos de Kate en un par de días cuando reflexionara sobre su asqueroso sillón en su asqueroso departamento. Se daría cuenta que podría tener más que eso y él sería un recuerdo olvidado, tal vez tocado con vergüenza con el paso de los años. Asintió para sí mismo ante el pensamiento, imaginando que ella probablemente terminaría con algún abogado que su padre aprobaría. Se convertiría en una mujer profesional en una relación poderosa, luego compraría una casa y tendría un par de niños y nunca se preguntaría por él de nuevo.

Marcus continuó viendo por la ventana, absorbiendo el cambio de escenario mientras conducía. De paisajes urbanos y negocios prósperos a escaparates de mierda y casas desmoronándose. Esta era su realidad, dura y fría, vacía e incompleta. Normalmente no le molestaba. Empinaba el alcohol y la coca para adormecer su entorno. Pero estaba jodidamente sobrio como una monja justo ahora, y la mierda se sentía horrible. La realidad se sentía como un puñetazo en el rostro. Claro, podía follar fácilmente, pero no podía hacer que una chica se quedara si su vida dependiera de ello.

Aún estaba oscuro, y solo estaba a unas cuadras de su departamento ante una luz roja cuando vio una figura. Era una joven de cabello oscuro de no más de quince años, y parecía tener prisa, caminando rápidamente por la acera vacía frente a él, sosteniendo la correa de su mochila con una mano y viendo sobre su hombro cada pocos segundos. Siguió su línea visual y le tomó unos momentos entender por qué. Un tipo con una sudadera con capucha a media cuadra seguía sus pasos, moviéndose igual de rápido en su esfuerzo por alcanzarla.

Marcus esperó impacientemente a que la luz cambiara a verde. Su rodilla se mecía mientras su vista permanecía en la chica. Cuando rodeó una esquina y salió de su vista, sintió una sensación fría correr por su columna. El tipo de la sudadera comenzó a doblar la esquina también, apurando el paso antes de desaparecer de la vista.

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Mierda.

Puta mierda.

Las calles seguían desiertas. No eran ni siquiera las 6 de la mañana. Típico de este vecindario el seguir durmiendo. Montón de bastardos drogados intencionalmente desempleados, como él.

Solo cámbiate a verde de una vez gruñó Marcus a la luz.

En el segundo en que lo hizo, pisó el acelerador y su sedan aceleró por la calle, dando vuelta en la misma esquina en la que la chica lo hizo. Asió el volante con fuerza, inseguro de lo que encontraría al llegar.

La escena lo golpeó como si un balde de hielo se hubiera instalado en la boca de su estómago. La mochila de la chica estaba en el suelo y ella estaba a unos metros, con su espalda contra el pecho del hombre. Ella no hizo ningún sonido, y él lo encontró extraño hasta que el hombre se volvió ligeramente en su dirección, y Marcus vio la mano sobre su boca mientras comenzaba a arrastrarla hacia un callejón cercano.

Sin pensar, abrió la guantera y sacó su navaja de bolsillo. Normalmente la llevaba consigo en caso de que algún idiota tratara de robarle el auto, pero con Kate cerca anoche, no quería cargar ningún arma en caso de que ella lo notara y se asustara. Dejó el auto encendido mientras salía y se apresuró hacia el callejón donde ellos estaban. Disminuyó la velocidad a medida que se aproximaba y echó un vistazo hacia la oscuridad.

Solo deja de moverte siseó la voz del hombre mientras la empujaba contra la pared.

Jódete espetó ella contra su mano. Esto no tiene que ser una pelea. Solo deja de moverte y acabaremos.

Pero la chica no dejaba de moverse. Su cuerpo se agitó y entonces de repente el hombre aulló de dolor. Su mano se apartó de su boca, agitándola con dolor por la mordida que le había dado.

¡Jodida perra! gruñó, golpeando su rostro contra la pared de ladrillo. Ella chilló, pero siguió luchando. ¡Jodida perra!

La ira inundó a Marcus mientras se adentraba al callejón, abriendo su navaja. Todo fue una rápida mancha borrosa de acontecimientos. Tomó al hombre por la capucha y lo jaló, apartando su peso de la chica. El hombre seguía sosteniendo su cabello y mientras él jalaba al tipo, ella cayó con él, aterrizando sobre su cuerpo. Ella luchó por liberase, y para entonces, Marcus se había arrodillado y puesto la navaja en la garganta del hombre, causando que se quedara completamente quieto contra el suelo.

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Déjala ir le exigió al pedazo de mierda.

El hombre inmediatamente lo hizo y la chica desorientada gateó hacia la pared para recuperar el aliento.

Ya la solté dijo el hombre, levantando los brazos en señal de rendición. Fin de la historia. Me iré.

No lo pienso, carajo replicó Marcus.

No era más que un hombre insignificante comparado con Marcus, pero habría sometido fácilmente a la pequeña niña, y ejercer ese control sobre una mujer indefensa hizo explotar a Marcus. Puso al hombre sobre sus pies fácilmente y tomó su cabello desarreglado. El hombre luchó, pero era dominado mientras Marcus lo llevaba al mismo punto donde había estrellado el rostro de la chica.

¿Te gusta lastimar a chicas? preguntó Marcus. Bueno, a mí me gusta lastimar a pedazos de mierda como tú.

El hombre dejó salir un grito antes de que su rostro fuera estrellado contra la pared, pintando el ladrillo con rojo sangre y piel. En lugar de detenerse allí, Marcus lo hizo de nuevo, más fuerte que antes, y era siempre en estos momentos, cuando se enfrentaba a otro hombre que sentía un zumbido tan diferente a cualquier otra cosa. Era una mezcla de rabia y adrenalina fusionadas en una, y se sentía imparable. Nada podía distraerlo. Necesitaba ese zumbido como su próximo aliento, y era embriagadora la manera en que fluía a través de su torrente sanguíneo, dejándolo confuso de esa manera soñada al drogarse.

Después de ese segundo golpe, el cuerpo del hombre se volvió lánguido y Marcus lo soltó. Inconsciente, se colapsó en el suelo. El zumbido rápidamente se desvaneció de Marcus poco después. Pasó sobre él y vio a la chica de pie, mirando hacia el cuerpo destrozado con ojos vacíos. Él se detuvo en ese momento mientras la observaba. Era una joven deslumbrante. Bastante pequeña con cabello negro azabache y ojos oscuros. Cuando él vio la sangre en su rostro, se acercó a ella lentamente.

¿Estás bien? preguntó. Ella apartó la mirada del cuerpo y lo miró.

Por supuesto que estoy bien replicó con rabia. Qué estúpida pregunta. Su mandíbula casi se cayó de la sorpresa. ¿Qué carajo? No me vengas con esa actitud, chica. Acabo de salvarte. No necesitaba tu ayuda. ¿Pero qué carajo?

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¿Pero qué carajo? Apartando el cabello de

su

rostro, se

volvió y

se apresuró

a

irse.

Él

la siguió

inmediatamente, apenas creyendo lo que estaba oyendo. Ahí estaba pensando que ella estaría petrificada por el trauma del ataque, y sin embargo, ¡se estaba alejando sin trabas por ello!

¿Estás teniendo algún tipo de reacción post trauma que se está yendo por el lado equivocado en su lugar o alguna mierda? le preguntó. ¿Estás en negación de que estuviste a punto de ser violada?

Ella lo ignoró mientras tomaba su mochila del piso. La recogió del lado equivocado y su contenido cayó del compartimento abierto, aterrizando en un montón disperso en el suelo. Maldijo y se agachó, recogiendo sus cosas a toda prisa.

Marcus se arrodilló también, tomando unas cuantas cosas las cuales ella le arrebató enfadada.

No necesito tu ayuda le escupió prácticamente. Te agradecería si simplemente te largaras.

Solo otra pequeña adolescente arrogante, ¿eh? le respondió, indiferente ante su exigencia. Él tomó sus mierdas y las metió en la mochila de la chica. Un puto gracias no te mataría, princesa.

Ella se detuvo y le frunció el ceño. Él se tensó ante la sangre que estaba literalmente

cubriendo la mitad de su rostro. Lucía casi siniestra y hermosa… muy jodidamente hermosa. —No soy una princesa dijo con amargura. Soy una rata de barrio. Igual que tú.

Él estaba demasiado mudo para responder, sus labios se crisparon hacia arriba involuntariamente, disfrutando de su actitud. Se obligó a apartar la mirada de sus hechizantes ojos mientras tomaba su cartera abierta. Vio su identificación de estudiante, vio la escuela a la que iba y cuyo nombre olvidaría rápidamente, y luego su nombre.

Emma Warne murmuró. Catorce años. ¿Qué has estado haciendo toda la noche, gata callejera?

No es de tu incumbencia. Fue su respuesta mientras arrebataba la cartera de su mano y la metía en su mochila.

¿Tienes familia? Sin respuesta. Marcus refunfuñó con exasperación, acercándose a ella. ¿Dónde vives? Joder, déjame ayudarte, Emma.

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Justo cuando se inclinó para tocar su brazo, ella sacó una navaja automática de su bolsillo y rápidamente retrocedió, sosteniéndola firmemente, advirtiéndole con la oscura mirada amenazadora en sus ojos que no se acercara.

Como dije exclamó entre dientes, no necesitaba tu ayuda.

Nunca habiendo sospechado que la chica estaba armada, Marcus la observó con asombro.

Aún con esa navaja, habrías necesitado ayuda le dijo gentilmente, examinando su rostro, preguntándose quién carajos era esa chica.

Ella sacudió la cabeza ligeramente, sin dejar de retroceder. La ayuda es para los débiles.

Ni siquiera lo volteó a ver de nuevo antes de irse, lanzó su mochila sobre su hombro, con la navaja aún en su mano. La observó voltearse y apresurarse por la acera, prácticamente corriendo, su cabello como una ola negra a la luz del amanecer temprano.

Emma Warne se susurró a sí mismo por una razón que no entendía. Ella sería la primera y única persona por la que Marcus Borden se asombraría. ***

Sacó el número de Kate media docena de veces por día a lo largo de la semana. Se debatió largo y tendido acerca de si llamarla o no. Podría ganarse otro polvo, e incluso podría ser mejor que la primera vez, pero, ¿cuál era el punto de todo eso?

Ella era el tipo de chica al que podría apegarse peligrosamente y la última cosa que necesitaba era apegarse a alguien. Especialmente cuando estaba involucrado con algunos tipos umbríos. Si la cagaba, ellos podrían encontrar su debilidad y herirlo, y si tenía una chica que le importara, ella sería esa debilidad y sería lastimada también.

Después de la centésima vez de quedarse observando el número, Marcus destruyó el papel, arrojándolo en el más cercano basurero en su camino a casa desde el restaurante donde había comido.

No había ninguna puta manera. Era demasiado buena para él. Ella pertenecía a otro mundo, así como él pertenecía al suyo.

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4

N

Kate

o me llamó. Habían pasado nueve días y no había tenido noticias sobre él. Ni siquiera

lo he visto por ahí.

Pensé que el sexo de una noche era solo muescas en el poste de la cama, un momento en el tiempo que superas y nunca recuerdas de nuevo. Pero estaba haciendo justamente lo contrario. Había estado obsesionada y lamiendo las heridas del rechazo. ¿Por qué había prometido que llamaría para luego no hacerlo?

Había hecho todo lo de la hervidora de conejos 1 . Cada día pensaba en nuestra conversación, lo genuino que sonaba, lo bien que se veía, lo bien que me había cuidado. Entre más me obsesionaba, más me enojaba. Y entonces, para mi vergüenza, me encontré tomando el largo camino a su apartamento una tarde. Había perdido la cabeza por completo, e incluso pensarlo en el presente, encerrada en esta bodega, me siento mortificada por esa decisión. No sé lo que se había apoderado de mí, pero estaba desesperada por Marcus Borden. Les hacía cosas a las mujeres que no puedes explicar realmente sin sonar como una tonta aturdida.

Estacioné mi Corvette azul a un lado de la calle frente al edificio, y entonces salí y caminé hacia el intercomunicador. Busqué su nombre, sintiendo frustración al no poder encontrarlo. Era como si no existiera. Me quede allí durante unos minutos, debatiendo si podía molestar a algún residente para que me dejara entrar, cuando escuché: ¿Kate?

Di un brinco y giré. Marcus estaba parado en la banqueta, vistiendo vaqueros y una camiseta negra lisa y sin mangas, mostrando sus brazos bronceados y todos los tatuajes negros con sombras grises. Había una cadena plateada alrededor de su cuello con una gran cruz. ¿Siempre había sido así de grande? No lo recordaba tan ancho o tan intimidante. Si mi

padre estuviera aquí, lo hubiera llamado un vándalo y no por su ropa o aspecto, sino por el

modo en que Marcus se comportaba. Esa actitud de “que se joda la autoridad” estaba

presente en él como siempre y por un momento me pregunté por qué demonios había venido aquí para verlo en primer lugar. Era diferente en un modo que nunca entendería.

1 Hace referencia a la película “Atracción fatal” donde la chica obsesionada hierve la mascota de su amante.

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Dudé. ¿Qué demonios estás haciendo aquí, Kate? Esto estaba mal. Era solo un extraño y había tenido un mal juicio pensando que este tipo mantendría sus promesas o siquiera que había sido genuino esa noche. Dios, solo fui una tonta. Me sentía tan ingenua y estúpida.

¿Qué estás haciendo aquí? preguntó, reflejando mis pensamientos internos, con aspecto desconcertado mientras me miraba de arriba abajo, asimilando mi vestido de verano floreado. Me sentí más fuera de lugar de lo que ya estaba.

Negué con la cabeza. Por ninguna razón. Solo pasaba. Se acercó unos pasos hacia mí, sus ojos azules cortando los míos. No entiendo. Viniste aquí por mí, ¿cierto? Negué con la cabeza firmemente. No. ¿Entonces por qué estás aquí? Ya estaba por irme. Hice un movimiento cuando él estiró su mano hacia mí. No me dijo, su duro rostro se suavizó. Háblame, Kate. No huyas.

Tomé unas cuantas respiraciones, preguntándome cómo demonios se lo explicaría sin sonar como una loca. Realmente no había modo de llevarlo a cabo y mi humillación se sentía pesada y sucia. No podrías quitártela, no por varias vidas.

Resignada, desvié la mirada y murmuré: No llamaste.

No se movió o respondió por varios minutos y estaba segura que estaba toda roja. Probablemente pensó que estaba loca.

Mírame dijo de repente, su voz era baja y solemne. Cuando me negué, se me

acercó, bloqueando mi visión con su cuerpo. Mírame, Kate.

repitió.

Lentamente, lo miré, y en

la brillante

luz

exactamente por qué estaba aquí en primer lugar.

del sol,

su hermoso

rostro me recordó

No te llamé por tu propio bien explicó cuidadosamente. Eres el sol nena, y yo la jodida oscuridad. Venimos de dos realidades completamente diferentes y tú te mereces jodidamente más que yo.

Mi pecho se tensó mientras contesté: Pero eso no es tu decisión.

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Me estudió por un instante, absorbiendo cada parte de mí. Mis uñas arregladas, mi fino cabello rubio alaciado, mi vestido caro y maquillaje perfectamente aplicado. De repente sentí que debí arreglarme menos. La verdad era que había ido así para impresionarlo y ahora sentía que estaba haciendo lo opuesto.

Miró a nuestro alrededor y cuando vio mi auto estacionado al lado del camino, frunció el ceño.

No es un buen lugar para estacionar un auto así murmuró. No estaba pensando contesté, estúpidamente. Sé que debí hacerlo. Supongo que he sido un poco impulsiva. Y estúpida. Déjame mostrarte algo dijo, volviéndose hacia mí. Está bien.

Tomó mi

mano,

lo

que

era

una buena

señal en

mis libros

y

me

llevó

hasta su

apartamento. Todo el tiempo pareció en conflicto, con el ceño fruncido, su rostro serio. Cuando llegamos, soltó mi mano y abrió la puerta. Entra me dijo y lo seguí dentro del apartamento. Estaba confundida cuando comenzó a ganar distancia. Mira a tu alrededor dijo. He estado aquí por seis meses y esto es lo que soy.

Hice lo que me pidió y miré alrededor de su apartamento. Mis tacones eran ruidosos contra las tablas del piso mientras pasaba por la sala y el sillón donde me había dado la mejor experiencia sexual. Sin duda había tenido días mejores. De hecho, el cuarto entero estaba lleno de muebles horribles y una caja por televisión que personalmente no había visto en una década.

Ve a mi habitación continuó, notando mi vacilación. Ve, hermosa. Da un buen vistazo.

Lo hice.

Su cuarto tenía una cama matrimonial, sin hacer y un pequeño escritorio marrón claro lleno de basura. La cocina tenía platos apilados en el fregadero e incluso los armarios estaban teñidos de amarillo por el tiempo. Comencé a entender lo que quería hacer.

Así que estás quebrado murmuré, volviéndome hacia él, y agregué ligeramente: y eres un poco desordenado.

Tenía los brazos cruzados y estaba apoyado en la puerta, mirándome intensamente. Estaba esperando por más y suspiré.

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¿También consumes drogas? ¿Es a dónde va el dinero? Pensé que los traficantes estaban llenos de dinero o algo así.

No gano mucho dinero respondió. Trabajo para algunas personas peligrosas y toman gran parte de él.

¿Te gusta hacerlo? No. Lo odio. Me encogí de hombros. Entonces renuncia.

¿Renunciar? Se rio ligeramente. No conoces mi mundo, hermosa. No crecí con las mismas oportunidades que tú. Crecí alrededor de este veneno y tuve que arreglármelas con lo que tenía. Este trabajo, está jodido y es malo, pero me da más dinero del que podría conseguir allá afuera, trabajando de nueve a cinco ganando centavos. Así es como es el mundo en este extremo. Apenas sobrevives, así que tienes que trabajar. Peleas, y peleas duro hasta el día de tu muerte. No hay una manera fácil de salir. No hay ayuda a la vuelta de la esquina, no hay padres para recoger los pedazos de tus errores y simplemente es como es. A nadie le importas una mierda por aquí. Eres tú contra el mundo y así es mi vida, Kate. Es jodidamente fea y no voy a colorear tu mundo perfecto con esa fealdad.

Lo consideré por varios momentos. Mientras continuaba mirando alrededor de su apartamento, lo entendí perfectamente, pero no me importaba realmente. Me gustaba Marcus, y el resto era ruido de fondo.

No colorearás mi mundo con fealdad dije, mirándolo de vuelta. Tenemos una buena conexión. Me hiciste sentir cosas que nunca había sentido y quiero divertirme contigo. Quiero que me toques del modo en que lo hiciste esa noche. Es todo lo que quiero. Es todo lo que quería cuando te di mi número. No tiene que ser serio. No busco involucrarme en nada de lo que hagas, en esa fealdad.

Él apartó la mirada, una mirada fugaz de decepción en su rostro. Así que me quieres para propósitos sexuales. Hasta que puedas darme más, sí respondí, esperanzada.

Con toda honestidad, quería más desde el principio, pero también sabía ya que él era un desastre. No podía aceptar todo lo malo de él solo porque sí. No funcionaría de ese modo. No duraría. Quería las partes buenas de él y ahora sabía que esa era otra razón por la que no era la indicada para él. Necesitaba una mujer que lo aceptara con lo bueno y lo malo. Una mujer que luchara por él para cambiar, para ser un hombre mejor, incluso si eso significaba trabajar en un trabajo de mierda, mientras estuviera limpio y viviera una vida legal, eso era lo que importaba. Estaba demasiado asustada para hacer todo eso. Estaba siendo egoísta y

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lo justifiqué después debido a que era una joven tratando de prolongar la emoción. Pero para ser honesta, solo era una persona egoísta cuando se trataba de él.

Me di cuenta que se estaba quebrando, especialmente cuando sus ojos me recorrieron. Pronto, esta adicción sería en ambos sentidos. Él estaría hambriento por mí todo el tiempo, intentando darme más y yo lo alejaría, sin estar lista a aceptar todos sus lados.

Bajando mi bolsa, me moví hacia él. Me miró con cautela mientras caminaba, con esa mirada vulnerable en sus ojos. Me detuve frente a él y mis manos recorrieron su duro pecho. Sus brazos cayeron a sus costados mientras lo hacía y cerró sus ojos un momento, como si estuviera saboreando mis caricias. Quería ser cuidado, podía sentirlo con tanta intensidad en él. Cualquier trauma que lo endureció de niño lo dejó secretamente necesitado, suplicando ser amado mientras cargaba su dura fachada. Tal vez dentro del alma de un rudo hombre joven, había un bolsillo olvidado de afecto esperando a ser expuesto. Era un poco trágico pensar cuánta gente se cerraba del mundo a causa de una crianza de mierda sobre la que no tenían control.

Eso me hizo desear más a Marcus.

Di que sí le susurré, dejando de lado el tímido temblor en mí. Quería ser segura con él. Tenía que serlo para hacer que esto funcionara.

Abrió los ojos y me miro, dándome mariposas con esa mirada.

murmuró de vuelta. Mierda, te deseo. Te he deseado desde el momento en que te vi, pero tampoco soy un fantasioso. Solo quiero asegurarme de que sabes lo que estás haciendo. Eso es todo.

Mi pecho se tensó. Le sonreí y le acaricié el lado de la cara. Estoy segura le dije.

No había pasado ni un segundo cuando chocó su boca contra la mía. Sus labios estaban hechos para mí, lo juro. Me sentía en llamas, anhelando más de su contacto.

Me levantó con sus fuertes brazos y me llevó de vuelta a su sófa. Con esa mirada de desesperación, quitó cada prenda de mi cuerpo, tratándome con delicadeza. Me besó en todas partes, saboreando cada pulgada de mi piel y me vine contra su dulce lengua antes de que me tomara de nuevo.

Estaba hecha para eso. Sin esfuerzo, le tomó poco tiempo robar mi corazón.

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Kate

―¿Q

ué pasó después? ―me preguntó el hombre. Lo miré y al cuchillo que colgaba perezosamente en sus

manos. ―¿Con qué exactamente? ―respondí aturdida.

―Con ustedes dos, obviamente. ¿De qué coño más podría estar hablando? ―Me estremecí ante su ira.

¿Por qué quieres saber?

―Como he dicho, estoy matando el tiempo antes de que debas morir. Solo dime. Podría ser bueno para contar, sobre todo porque estas yendo a tu muerte y todo. Diablos, si te humanizas lo suficiente, voy a tener que dejarte ir en forma pacífica.

Me estremecí y llevé las rodillas a mi pecho, conteniendo los sollozos que estaban burbujeando a la superficie.

¿Por qué quieres matarme? El hombre se inclinó hacia delante, con los ojos oscuros y siniestros.

―Digamos que mi hermano está restableciendo el equilibrio. Ojo por ojo y ese tipo de

cosas. El chico de tus sueños le arrancó lo bueno y no puede salirse con la suya. Él no se

puede aparecer de la nada y robar nuestro territorio. Tiene que temernos, ¿y qué mejor manera de hacerlo que hacerte daño?

―Marcus te encontrará.

―No, no lo hará. Cuando tu cuerpo se esté pudriendo en el fondo del río New Raven, va a estar tan devastado por tu muerte que nunca va a pensar en encontrarnos.

No respondí a eso.

El hombre estaba loco, estaba segura de eso, más de lo que nunca lo había estado sobre cualquier otra cosa, de verdad iba a morir. No había palabras para describir el horror de eso,

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pero también había algo extrañamente tranquilo al respecto. Estaba haciendo las paces conmigo misma, perdonando todos los errores que había cometido, dejando de lado los problemas que ahora parecían tan drásticamente insignificantes.

¿La vida era realmente corta y tenía que saborear cada minuto de ella? Mi alma me consoló que lo había intentado. Había intentado tan briosa de vivir por mí misma. ―Habla ―exigió. Háblame de su relación.

―Yo no les voy a dar más momentos ―repliqué, luchando con fuerza para mantener mi voz firme. No me vas a robar otro. Ya te contesté. Te dije cómo nos conocimos y te di un poco más también, pero eso es todo. No más.

Él me miró durante un minuto y los segundos me arrastraron con inquietud.

¿Quieres ir al grano, entonces? ―preguntó de repente. ¿Quieres que te corté el corazón ahora en lugar de más tarde?

Me quedé mirando el cuchillo, temblando como una hoja ante la idea de él clavándolo en mi pecho.

―No entiendo por qué estás haciendo esto ―lloré de frustración, mis dientes castañeando. ¡Soy una buena persona! No he hecho daño a nadie. Yo no he hecho nada para merecer esto.

¿Cuánto tiempo estuviste con él? continuó, ignorando por completo mis palabras.

―Si él se fue hace cuatro años, eso significa que pasó uno contigo. ¿No es así?

Yo solo lo miré boquiabierta, sin palabras. Un año contigo no debería haberlo impactado tanto, ¿o sí? Al cabo de algunos meses, comenzamos a pasar todos los días juntos. ¿Eran amantes? ¿Lo sabía el mundo?

―No ―dije en voz baja, con aire ausente mirando más allá de él mientras evocaba esos momentos de mi vida que nunca volverían. Estuvimos juntos en secreto. Creamos nuestro propio mundo. No importó que Marcus no tuviera dinero. No importó de qué parte de la ciudad era. Dejamos nuestros problemas y nuestras vidas atrás cuando nos encontramos.

¿Era solo sexo?

―No y sí. Era

todo. A veces yo estaba en su casa, otras veces él en la mía.

... ―¿Te complacía cada vez?

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Pasé por alto su desesperación por saber y asentí.

―Sí.

Marcus había explorado cada pulgada de mí, siempre me complacía mientras él

reservaba su placer hasta el final. Pero

aún así, sentía que tenía algún otro lado sexual. No

... sabía lo que era y él nunca habló al respecto, pero se contenía cada vez que me tomaba.

―¿Y nadie sabía? ―presionó mi asesino.

―Eventualmente lo hicieron. Comencé a alejarme de todo el mundo y me descuidé en ocultar mi rastro. Después de que descuidé a mis amigos, pasaba poco tiempo hablando con mis padres y mis calificaciones sufrieron, la gente empezó realmente sospechar.

―Así que él se convirtió en tu mundo. ―Sí.

Nada me emocionaba más excepto la sensación de él y lo que podía hacer con mi cuerpo. O que podía abrirme a él y decirle cada pequeña cosa y nunca me juzgaría de la manera en que otros lo harían.

¿Quién lo descubrió? Suspiré, reviviendo ese recuerdo horrible.

―Mi padre.

Y fue entonces cuando todo cambió.

***

Marcus me había dejado a las seis de la mañana, estábamos muy conscientes de que mi padre vendría a recogerme para desayunar a las siete. Habíamos estado juntos durante casi un año para ese entonces, y era tan magnífico y adictivo como el primer día. En nuestro pequeño mundo, vivimos y nos respiramos el uno al otro, siempre era catártico ponerle fin a los días en sus brazos. Me equilibraba, me hacía sentir que tal vez podría hacer frente a su fea vida después de todo. Lo recordaba a menudo. En mi mente, me veía abandonar mis estudios, renunciando a las expectativas de mis padres, mudándome con Marcus, los dos consiguiendo un trabajo y haciéndolo funcionar. Podría funcionar, ¿no? No me importaba si eso significaba ser pobre o quedar sin nada. No me importaba siempre y cuando tuviera esos labios carnosos contra los míos.

―Llámame ―le dije, besándolo. No me dejes esperando otra vez, Marcus. Tómalo siempre.

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―Te llamaré esta noche ―prometió, pasando sus dedos por mi pelo con esa mirada de adoración. No voy a hacerte esperar, hermosa.

Le di otro beso, fusionando nuestros corazones antes de terminarlo y corrí hacia mi edificio. Lucía como la mierda, y los espejos del ascensor confirmaron mis sospechas. Mi falda no estaba en su lugar, mi cabello estaba rizado y mi maquillaje estaba en todas partes, la máscara de pestañas en particular se había esparcido completamente bajo mis ojos, haciéndome lucir como un mapache. Sí, si alguien me viera, sabría exactamente lo que había estado haciendo toda la noche.

Mis mejillas se sonrojaron ante el recuerdo. Dios mío, las cosas que el hombre hacía con su lengua. Sentí de nuevo el anhelo de solo pensar en ello, pero no tenía tiempo para eso. Necesitaba darme prisa y ducharme, lucir presentable, tener mi cabello en su lugar y prepararme mentalmente para un largo interrogatorio de una hora acerca de por qué no era perfecta para mi padre.

Abrí la puerta y entré a toda prisa. Acababa de cerrar la puerta y dar la vuelta cuando me detuve en seco, saltando de sorpresa. Mi padre se quedó allí, en medio de la sala de estar, alejándose de las ventanas donde probablemente me había visto llegar. Estaba vestido con sus pantalones de golf y camisa de cuello. Era día de golf, por supuesto, y por lo general estaba feliz los días que iba a jugar al golf con sus arrogantes amigos, pero hoy se encontraba muy lejos de estarlo. Mientras que todavía parecía impecable, para ustedes ese era mi padre, su rostro no era para nada sonriente, sobre todo cuando vio el estado en el que estaba. Él estaba enojado. Realmente enojado y me estremecí cuando se acercó a mí.

¡Así que esto es lo que has estado haciendo! ―gritó, deteniéndose delante de mí para mirarme de pies a cabeza. ¿Crees que tu madre estará orgullosa cuando le diga que te estabas metiendo en la cama al otro de lado de la ciudad con un matón sin educación que vende drogas por ahí?

Oh Dios mío, sentía como si mi vida se hubiera terminando.

No sabía cómo reaccionar. Mis emociones estaban por todos lados. Sobre todo, me sorprendió que lo hubiera descubierto porque no le había dicho a nadie de Marcus, ni siquiera a mis amigos más cercanos.

¿Me seguiste? susurré en shock.

―Por supuesto que te seguí ―replicó airadamente. Eres mi única hija, mi niñita. ¿Creías que me iba a quedar sentado mientras sufrías en clase y nos evitabas? Tu madre va a estar devastada, Kate. Me has puesto en una situación terrible. ¿Me has hecho esto a propósito?

―No.

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¿Estás tratando de rebelarte? ―cuestionó, su rostro dolido. ¿Te hemos sofocado? ¿Te he fallado como padre?

―No, papá, no. ―¿Entonces por qué? ―No tiene nada que ver contigo. ―¡Todo lo que es parte de ti tiene que ver conmigo! Mis ojos se humedecieron. ―Esto no fue con mala intención y entiendo tu enojo, papá.

―No ―interrumpió con un movimiento de cabeza. Estoy decepcionado más que enfadado. Realmente pensé que eras diferente del resto. Nunca pensé que te atraparía haciendo algo como esto. Lanzando todo por la borda por un chico, un criminal que no es nada, ¡que siempre será nada!

Él es bueno, papá, yo no pasaría tiempo con alguien si no fuera una buena persona.

―Lo he investigado, Kate. No es una buena persona. Ha estado en problemas desde los quince años. Mira donde vive, mira lo que hace, piensa lo que dices antes de decirme que es una buena persona.

No era justo. Cualquiera podía mirar a través de su vida y pintarlo como una terrible persona, pero había mucho más de Marcus que eso. Simplemente no era justo.

No respondí. Estaba tan aturdida para hablar. Me habían atrapado, con las manos en la masa, no había manera de ocultarlo o tratar de endulzar la situación. Me sentí como si hubiera hecho la caminata de la vergüenza en frente de mi maldito padre, estaba mortificada y avergonzada, pero, más importante aún, estaba decepcionada de mí misma. No era debido a mi falta de honradez, sino por no ser más cuidadosa, lo cual consolidaba lo apegada que estaba a Marcus.

―Ahora continuó, esto es lo que va a ocurrir a continuación

Un golpe lo interrumpió y me congelé ante el sonido. Solo había una persona que podría estar en la puerta ahora mismo. Mierda.

Los ojos de papá se agrandaron al darse cuenta. ¿Le diste una llave?―susurró en shock. Dudé y su rostro se ensombreció. Salió disparado junto mí y lo seguí frenéticamente. ¡Papá, detente! ―lo llamé―. No, por favor, no hagas nada.

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Me empujó a un lado y abrió la puerta. Se quedó inmóvil al ver a Marcus sosteniendo mi cartera, luciendo los mismos vaqueros holgados de siempre y una camisa negra. Mi padre pasó cinco tonos diferentes de rojo y me agarró del brazo con rapidez apañándoselas para moverme hacia él. ¡Tú hijo de puta! le gritó, señalando con el dedo a Marcus―. ¡Aléjate de mi hija! ¿Me escuchas? Marcus dio un paso atrás, con el rostro pálido y alternando su mirada entre mi padre y

yo.

¡Eres un maldito don nadie! continuó mi padre, hice una mueca y le rogué que se detuviera. ¡Sé todo acerca de ti! Sé que eres un agujero negro y no eres bueno para mi hija. ¿Escuchaste? ¡Déjala en paz!

Marcus me miró con su rostro vacío de emoción.

―Dejaste tu cartera ―dijo en voz baja y antes de que pudiera continuar, papá se la arrebató de su mano.

―Vete exigió. Si la buscas una vez más estás acabado. Voy a tener a la policía sobre ti y te encarcelaran por todo lo que has hecho. ¿Me escuchaste?

Marcus no le respondió. Era bueno en mantener sus emociones ocultas y yo hubiera preferido verlo enojado en lugar de mirar al espacio vacío delante de nosotros.

―Marcus ―le susurré, derramando el dolor en mi voz.

Él simplemente se metió las manos en los bolsillos, me lanzó una última mirada y se fue por el pasillo. Yo estaba temblando mientras mi padre cerraba la puerta y llamaba por teléfono a mi madre. Me sentí perdida y atrapada, y mientras mi padre seguía hablando de cómo iba a enderezar mi camino, la misma pregunta zumbó por mi mente, una y otra vez.

¿Cómo diablos iba a verlo ahora?

***

Todo el día fue un infierno. Mi madre actuó como si hubiera cometido un asesinato, sollozando en mi apartamento, amenazando con llevarme a casa para que pudiera "mostrarme el camino de nuevo". Papá no fue a jugar golf hasta la tarde, después de haber pasado tres horas dándome un sermón de cómo íbamos a arreglar esto antes que la gente en nuestro círculo social descubriera que estaba con un "criminal".

Fue desastroso.

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Estoy resentida con ellos, y nunca había tenido una mala idea de mis padres antes de ese día. Pero los odiaba por juzgar, por no dejar que les explicara lo que sentía por él.

Y entonces, para empeorar las cosas, Marcus no me llamó como prometió que lo haría. Había mantenido mi teléfono en vibrador en el bolsillo todo el tiempo, mis padres estaban tan desilusionados que no habían pensado en quitármelo.

La acumulación de ira en mi interior era explosiva. Esa noche, estaba tan furiosa por lo que a mi padre le dijo a Marcus que decidí que no me importaba que él no lo aceptara. Quería que mis pensamientos se volvieran reales y me convencí de que valía la pena dejar todo atrás por Marcus.

Fui a su apartamento después de que mis padres se fueron a dormir. No estaba del todo en el estado de ánimo adecuado, lo sabía, pero necesitaba verlo. Fue solo cuando estaba bajando por la calle que entré en razón y me di cuenta que era un mal momento para estar fuera. Había gente por todas partes en las calles y sus cabezas se volvieron a mi Corvette azul avanzando poco a poco hacia un lugar para estacionarme. Era un terreno peligroso y estaba a punto de irme, pero luego lo vi con un grupo de chicos a las afueras de su edificio. Estaba apoyado contra la pared de ladrillo, bebiendo una botella de cerveza, luciendo particularmente infeliz cuando su mirada se dirigió hacia mi dirección.

Ya era demasiado tarde para dar marcha atrás.

Salí en mis sandalias. No lucía impresionante como de costumbre. Llevaba medias negras y un top de gran tamaño. Mi cabello estaba recogido, con mechones cayendo en mi rostro sin maquillaje. Me di cuenta de que fue bueno vestirme de forma casual, ya que poco a poco me abrí paso hacia él, ignorando las profundas miradas de los demás, escrutándome.

Con los brazos cruzados, Marcus no se movió a mí ni una vez. Se quedó allí, esperando, con ese rostro impasible mirando atrás a mi única preocupación. Los chicos a su alrededor se movieron justo lo suficiente para que me moviera dentro de su círculo y me detuviera frente a él. Marcus los miró y con esa sola mirada se separaron por completo, dándonos espacio para hablar. Yo era un manojo de nervios, preguntándome cómo podía siquiera empezar a disculparme por el comportamiento horrendo de mi padre y de alguna manera arreglar las cosas al mismo tiempo.

―Hey ―dije vacilante, tratando de sonreírle.

Se inclinó hacia delante y en voz baja dijo: ¿Qué haces aquí, Kate? Son las diez de la noche.

―Quería hablar contigo sobre lo de esta mañana ―le contesté. Dijiste que llamarías y después de todo el incidente con mi padre, no lo hiciste.

―Pensé que tu padre estaría monitoreando tu teléfono y no quería meterte en más problemas de los que ya estabas.

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―Él no estaba monitoreando mi teléfono y no me importa estar en problemas si eso significa estar contigo.

Marcus suspiró lentamente.

―Kate ―susurró, su voz sonaba dolida. No quiero que sigas estando a escondidas conmigo.

―Lo sé y no lo haremos. ―Pero tu padre tenía razón. Me quedé inmóvil, mirándolo con sorpresa. ―¿Él tenía razón sobre que, Marcus?

―No soy bueno para ti. Soy una puta metida de pata y aunque quisiera no tenerte a escondidas, tendría que hacerlo. Con mi trabajo y la cantidad de problemas en los que me estoy metiendo, no es seguro que estés cerca, especialmente ahora. Por el amor de Dios, es tarde y esta gente que nos rodea aquí no son tan tolerantes como yo con las personas con dinero. Tienes suerte de que me encontraras aquí.

―No vendré tan tarde por aquí otra vez. ―Eso no es suficiente, Kate.

Lo agarré del brazo y lo apreté con desesperación.

―No puedo estar sin ti. Hemos estado juntos todos los días. ¿Qué tal si solo sigues viniendo a mí en su lugar? No estoy lista para dejarte ir, Marcus. No puedo. Me haría pedazos. Ya me está haciendo pedazos.

Se había vuelto en una gran parte de mí y estaba dispuesta a admitirlo. Lo quería. Lo tenía en la punta de la lengua, queriendo salir.

―Te amo ―exhalé, tragando una bocanada de aire ante la admisión. ¿Ok? Esa es la verdad. Te amo y no puedo estar sin ti

Me interrumpió en ese momento con un fuerte beso. Me agarró del cabello con fuerza mientras se apoderaba de mi boca, y sentí como si necesitara que dijera eso. Necesitaba saber que era amado. Dios mío, en ese momento, me pregunté qué horrores tuvo que atravesar para sentirse de esa manera. Cuando su boca se separó de la mía, mantuvo su frente contra la mía, mirándome con ojos tristes.

―Marcus ―dije en voz baja y cerró los ojos, inhalando bruscamente, como si estuviera respirándome dentro de su ser. Voy a tirar todo por la borda. Voy a dejar todo atrás por ti. Quiero todo lo feo.

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Su mano se cayó al instante y dio un paso lejos de mí, desgarrado y miserable. No podía entender por qué lo estaba. Debería querer esto también.

―No sé qué hacer ―dijo entonces, sacudiendo la cabeza. Te mereces más, y estaría robando todo de ti si lo dejas atrás.

Negué con la cabeza.

―No estarías robándome nada.

―No puedo confiar en que así es como te sentirás a largo plazo, nena. Lo he visto antes. Empezaras a estar resentida conmigo

―No es justo decir eso. Solo estas especulando. Podría ser todo lo contrario. Me podría encantar más el estar contigo, ¿no vale la pena el riesgo?

Exhaló, pasándose una mano por el cabello.

―Me gustaría que fuera así de fácil. Estoy en un montón de mierda en este momento.

Has estado ciega donde te he tenido. Hay muchas cosas que no sabes y estar aquí en este

momento no es una buena idea. Necesitas irte. Tienes que salir de aquí antes de que alguien decida decirte algo.

―Entonces ven conmigo. ―Tengo negocios que cuidar.

¿Qué? ¿Las drogas? ―le susurré, sintiéndome enojada porque las eligiera en vez de venir a casa conmigo. ¿No me había escuchado hace dos segundos? Le había dicho que lo amaba, y no era fácil de hacerlo tampoco.

Su rostro se oscureció mientras echaba un vistazo a nuestro alrededor, y entonces me agarró por el brazo y comenzó a arrastrarme de vuelta al coche.

―Es más que eso ―masculló entre dientes en mi oído―. Es que eres mi puta debilidad y que estés aquí delante de todo el mundo lo ha revelado. Tienes que entrar en tu auto y no volver a este lugar de nuevo.

―¿Y que hay sobre nosotros? ―grité mientras abría la puerta de mi coche. Se detuvo frente a mí y se quedó mirándome fijamente a la cara.

―Tienes que concentrarte en lo que es importante en este momento… ―¡Tú eres importante! ―Estoy hablando de tus clases, tus amigos, tu familia, todo lo que existía antes de mí. ―Pero te necesito.

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Suspiró profundamente.

―Tal vez algún día seré lo suficientemente bueno para ti. Joder, haría lo que fuera para que eso ocurriera, pero eso no está en mis cartas, Kate. No puede suceder ahora. Te tienes que irte y dejar de tener un perdedor como yo que solo te arrastra hacia abajo. Tu padre te quiere. Él está haciendo esto para protegerte.

¡Él te está pintando en blanco y negro!

―Lo sé y tal vez me lo merezco por mis malas decisiones. El punto es que no está siendo malicioso. Está siendo cuidadoso, y mierda Kate, si hay algo en la vida que tienes que atesorar es el amor de tu familia. Yo no lo tuve y tú lo necesitas.

―No. ―Sí, lo necesitas.

Él estaba en lo correcto. Y odiaba eso.

―Así que vete ―me dijo―. Tienes que hacerlo.

Me resistí al principio pero se me quedó mirando, dispuesto a no aceptar un no por respuesta. No lloré. Estaba más enojada que triste.

―Estás cometiendo un error ―le dije.

Lo miré y me subí de nuevo a mi coche. Con mis manos apretando el volante tan fuerte como pude, maneje fuera de allí, observando su silueta en el espejo retrovisor haciéndose cada vez más pequeña a medida que me alejaba.

Él me quería dejar ir. Pero yo no lo haría. Nunca. Lo contacté durante semanas, lo llamé sin descanso, sin recibir nada en respuesta. Fue hasta después de la tercera semana que escuché que se iba de la ciudad. No regresó durante cuatro años.

***

―Deberías haber seguido adelante ―dijo el hombre, divertido―. Ese podría haber sido el final de ustedes. Podrías haber vivido tu vida y toda la cosa, tú y yo, aquí y ahora, no hubiera sucedido.

―No podía seguir adelante ―le contesté honestamente, mirando a la figura oscura. Mi corazón no me dejó seguir adelante.

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Los corazones deseaban lo que deseaban, con o sin tu opinión.

¿Crees que te quería? ―preguntó―. Has vaciado tu corazón y él nunca te dijo que correspondía a tus sentimientos.

Suspiré.

―A Marcus le gustaba más la idea de mí más de lo que me quería.

¿Qué quieres decir?

―Es decir, en su cabeza, yo era la inalcanzable perfección. Nunca podría sentirse digno de mí si se quedaba así.

El hombre murmuró con aire pensativo―: ¿Crees que por eso se fue de la ciudad?

―No puedo estar segura, pero

siempre me lo he preguntado.

... preguntado lo que le pasaba por la cabeza la noche en que se fue.

Siempre me he

Y en esta bodega, con el reloj avanzando, yo sabía que nunca conseguiría la respuesta a esa pregunta.

―Desafiaste a tu padre, ¿no es así? ―indagó―. ¿Es por eso que te convertiste en profesora?

―Sí.

¿Cuándo supiste que Marcus había regresado? Sonreí suavemente.

―Yo estaba en el supermercado a punto de pagar, cuando miré en el puesto de revistas y vi el periódico local. Recuerdo que todo se quedó inmóvil. Mi corazón se estrujó dolorosamente. Cogí el periódico con una mano temblorosa y leí el artículo debajo de la foto de él estrechándole la mano al alcalde de la ciudad. Había donado medio millón de dólares para renovar el edificio histórico New Raven´s previamente programado para su demolición y le estaban dando las gracias por mantener la historia viva, ayudando con la financiación. Él salvó el edificio, fue un héroe por un tiempo.

La noticia había sido la mejor del mundo para mí. Me sentía como si alguien se cerniera sobre mi cuerpo, tratando de captar una realidad que no parecía posible. Sin embargo, era cierto. Marcus se había vuelto rico más allá de toda creencia, sin responder a nadie, todo el tiempo luciendo como un Adonis. Debió haber ganado unos veinticinco kilos de músculo.

¿Cuánto tiempo pasó hasta que lo viste?

Salí de mis pensamientos y sacudí la cabeza lentamente, mirando fijamente al hombre.

―Nunca más.

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No le conté cuán íntimo era Marcus para mí. Que tan duro luchó por mi cuando regresó. Lo diferente que era en todos los sentidos, y sin embargo, me seguía dando partes de su antiguo yo que sabía que se escondían en su interior.

Me recordé tomando mi paseo matutino por el parque fuera de mi apartamento pocos días después de haber leído el periódico. Recordé la manera en que el aire cambió cuando me detuve en los jardines. Lo sabía, antes incluso de darme vuelta, que él estaba allí. Y ahí estaba, vestido con un traje, luciendo notablemente irreconocible. Me contempló con el corazón en la mano, hipnotizado por la visión que tenía de mí.

Volviste susurré. Volví por ti me susurró. Dejé escapar un débil suspiro y sentí mi cuerpo poco a poco apagándose. No le daría a ese hombre más momentos. Eran míos y ya no podía tenerlos. ―Así que estás cortando por lo sano ―afirmó lentamente. Forcé una inclinación con la cabeza. ―Sí ―exhalé, más valiente de lo que jamás había estado en mi vida. Lo hago. Pensé en Marcus cuando el hombre se puso de pie. Pensé en el amor a primera vista que tuve por él mientras el hombre se acercaba a mí. Sentí el amor en cada pulgada de mi alma mientras el hombre oscurecía mi mundo con sus manos alrededor de mi cuello. Luché para mantenerme con vida, con todas mis fuerzas, pero fue inútil. Me estaba muriendo y su rostro apareció ante mis ojos mientras tomaba mi último aliento. Por una fracción de segundo, Marcus estaba encima de mí, sosteniéndome, diciéndome que iba a estar bien. Y entonces la oscuridad finalmente me consumió.

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Marcus

Ella está en el río, Sr. Borden. La dejé de una sola pieza, lo cual es mucho más de lo que se merece. Considérelo la próxima vez que traiga cerca a una mujer. Lárguese de nuestro territorio. Éstas son nuestras calles, no suyas.

Su alma se había hecho añicos con el mensaje. Había llegado demasiado tarde.

Marcus se sumergió en las tranquilas aguas, escuchando vagamente las sirenas de la ambulancia y de la policía en la distancia.

La figura flotaba, boca arriba, un destello de cabello rubio meciéndose en todas direcciones bajo el cielo nublado. Nadó, sin importarle lo frío que estaban las aguas, sin importarle nada más que ella. Con los ojos enrojecidos, se movió frenéticamente hacia ella, su boca temblaba mientras se acercaba.

No susurró conmovido. No. No. No. No. No. No. No era real. No podía serlo.

Su visión nadó y se oscureció. Casi perdió la consciencia de la conmoción mientras la alcanzaba. Su piel pálida estaba helada al tacto. Envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo y la atrajo hacia él.

¿Kate? susurró con miedo.

Volteó su cabeza hacia él y su corazón colapsó en su pecho. Sus ojos estaban abiertos, pero había nada allí. Sacudió su cabeza en negación y le acarició la mejilla.

Despierta suplicó—. Despierta. No me hagas esto. No… ¡Maldita sea, no me hagas esto! No, no, no.

Dejó salir un grito gutural, aspirando el aire en sus pulmones mientras intentaba aceptar lo que había ocurrido, lo que estaba viendo, y lo que estaba tocando.

Te amo soltó, sintiendo un dolor como si un cuchillo estuviera cortando en su pecho. Te amo, joder, y nunca te lo dije. Nunca te lo dije, mierda. Nunca…

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Su pulgar recorrió el rostro sin vida, sobre sus finos labios, seguían jodidamente rojos, incluso en la muerte. Sus dedos flotaron a través de los largos mechones de su largo y rubio cabello, agarró un puñado, aspirando por más aire como si su retorcido mundo se alejara de él.

No. No.

Temblando, nadó devuelta a la orilla con ella y la llevó al suelo arenoso. Su cuerpo era un terremoto, su rostro había palidecido al ver a la mujer por la que había vuelto. La mujer que le había dado un propósito cuando había estado perdido y acabado. Abrió su boca pero su voz estaba atrapada dentro de sus pulmones. Su visión daba vueltas pero no caían lágrimas.

Colapsó sobre ella, enterrando su rostro en la suave curva de su hombro. Ese fue el momento en el que los colores de su mundo se disminuyeron. Se obligó a apartarse para mirarle el rostro y no ver más que negro y gris por todas partes. Clavando sus dedos entre la tierra arenosa, el agudo dolor en su pecho estaba acompañado por una ira que le heló la sangre como la muerte.

Esta ira, era exquisita.

Esta ira, le dio un propósito.

Lo cambió.

Cualquier rastro que quedara de Marcus ese día, murió en la orilla del río junto con Kate Davenoth.

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Segunda parte Borden & Emma

"La tragedia de la vida no es la muerte sino lo que dejamos morir dentro de nosotros mientras vivimos." Norman Cousins

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6

Emma

  • L e apodaron el Tanque, y pude ver por qué ahora que estaba de pie delante de él. El hombre era inmenso. Tan jodidamente enorme como Ayáx el Grande. Tuve que estirar la cabeza para poder ver sus casi dos metros de altura.

Pero Marcus Borden era mucho más joven de lo que esperaba. Parecía estar en el comienzo de sus treinta. Su cabello castaño era más largo que en las fotos que había visto anteriormente, rizándose ligeramente en la base de su cuello y sobre su frente. Tenía el rostro en forma de corazón, labios carnosos, una fuerte nariz recta y pómulos altos. Habría pensado que esas bellas facciones gritaban que era un chico lindo, pero eso era lo último que él era. Con esa calculada forma de andar y esos ojos fríos, él gritaba depredador en su lugar.

Y

solo

una

palabra

estaba

Mieeeeeeeeeeeeerda.

pasando

por

mi mente en ese momento:

Fui inmediatamente abrumada por el miedo. Sentía como si alguien me hubiese golpeado dejándome sin aliento. Su seria expresión me puso nerviosa al instante y cuando sus intensos ojos azules destellaron sobre los míos, incluso el medio segundo en que lo hicieron, mi corazón se encogió y pude sentir mi acelerado pulso golpear en mis oídos.

¿Por qué mierda estoy aquí? La única noche en la que estoy de acuerdo para salir y esto es lo que pasa ...

Había tres de sus hombres a su alrededor y una alta y delgada pelirroja en un diminuto vestido rojo colgando a su lado. Ella me miraba, en sus rasgos suaves mostraban diversión ante mi situación. Al instante odié a esa perra.

Borden vestía un grueso jersey negro y jeans oscuros, estaba de pie delante de una gran mesa de acero, ordenando un maletín abierto cuando entramos. No podía ver el contenido de su maletín desde donde yo estaba, tampoco es que quisiera. Lo que quería desesperadamente era estar lejos de todos ellos. Esto era como una mala escena en una película de la mafia clasificación B, y en cualquier segundo alguien iba a poner una bala en la parte posterior de mi cabeza. Miré detrás de mí, solo para estar segura.

Sí, estaba perdiendo la cabeza. Una vez más: Mieeeeeeeeeerda.

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Había sido arrastrada aquí a la fuerza por un hombre al que llamaban Hawke, su mano todavía estaba envuelta con fuerza alrededor de mi brazo desnudo. Cuando bajé la mirada a su brazo, sentí mi estómago revolverse. Le faltaba el dedo medio y la piel alrededor de su antebrazo tenía gruesas cicatrices.

Bruscamente me situó frente a la mesa de Borden. Vi como otro hombre se acercaba hacia donde él estaba y se inclinaba a su oído.

La encontré en el callejón cuando estábamos cuidando de los negocios. Pienso que vio todo ...

Las paredes vibraban por la música rugiendo afuera de la habitación detrás del club, ahogando el resto de sus palabras. O tal vez la causa era mi corazón subiendo hacia mis canales auditivos, castigando mi audición en una escandalosa sordera. Lo que fuera. No importaba, ¿o sí? El hecho era que no podía oír ni una mierda sin esforzarme.

Aún mirando hacia lo que sea que había en el maletín delante de él, dijo: ¿Qué vio

en el callejón, señorita

?

Su voz era baja y suave, pero tenía una columna de autoridad en

... ella. Parecía casi aburrido, como si esto fuera solo otro inconveniente.

No vi nada respondí rápidamente.

Pidió tu puto nombre, perra gruñó Hawke, clavando sus uñas más profundo en mi brazo.

Bueno, realmente no sabía eso, ¿verdad? No pude evitar protestar. Sinceramente, no lo habría hecho si estuviera en el estado de ánimo adecuado.

Mi

corazón se

encogió por

la

manera en que

Hawke

me

miró. Tragué saliva y

pronuncie: Emma Warne. Ese es mi nombre. Borden instantáneamente me miró. ¿Emma Warne? repitió con una nota de sorpresa en su voz.

Mi frente se arrugó ante su extraña reacción antes de que las garras de Hawke apretaran una vez más en advertencia.

se

S-sí dije rápidamente.

Borden se me quedó mirando durante un buen rato y el silencio era incómodo como la mierda. En cierto modo quería perderme en la inexistencia de la expresión en sus ojos, todos frívolos y curiosos. Entonces, antes de que pudiera cuestionar esa mirada, su rostro se suavizó y volvió a la normalidad.

¿La has registrado? le preguntó a Hawke. Hawke asintió.

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Realmente no hay nada que comprobar. El vestido es muy ajustado a su piel.

Borden me miró detenidamente, recorriendo mi cuerpo de arriba a abajo. No de una manera caliente. Solo clínica.

¿Has comprobado su sujetador, ver si está ocultando

...

navajas de cualquier tipo?

Me tensé de repente. ¿Cómo diablos podía saber eso? No he registrado su sujetador. Voy a hacerlo ahora. La segunda mano mutilada de Hawke se disparó a mi pecho, di un salto hacia atrás.

¡No! siseé. Tengo una navaja en mi sujetador. Lo buscaré yo misma.

Miró a Borden para ver si estaba bien y Borden asintió. Todos los ojos estaban en mí mientras metía la mano bajo mi top, en busca de la hoja oculta bajo mi pecho. La saqué y mis pechos quedaron prácticamente expuestos antes de que los acomodara de nuevo en su sitio. Mi rostro estaba en llamas mientras le entregaba de mala gana mi navaja a Hawke. No es como que quisiera llorar ni nada. Tenía una docena de esas en mi apartamento. La tomó y la puso sobre la mesa antes de volver junto a mí.

Silencio de nuevo. Borden parecía como si estuviera deliberando, lanzando una mirada rápida al arma cada poco tiempo. ¿Tiene usted el hábito de usar esta navaja, Señorita Warne? Es para protección respondí simplemente, mi cuerpo comenzó a sudar ante la severa forma en que me miraba. ¿Se pone en peligro a menudo? No. Entonces, ¿qué estaba haciendo por su cuenta en un callejón a esta hora de la noche? Es extraño como preguntas simples que podías contestar tan fácilmente antes resulten ser difíciles e imposibles de responder con claridad cuando el miedo se apodera de ti. Tartamudeé, parpadeando varias veces, tratando de armar una frase antes de que Hawke maldiga ruidosamente. Al diablo con esto, va a mentir, Borden dijo. No puede ni poner dos palabras juntas… —Quería un poco de aire fresco lo interrumpí. Estaba bastante turbio en el club y

no estoy acostumbrada a estar en lugares con mucha gente Eso es todo. No hice ni vi nada…

...

quería un poco de aire fresco.

Está mintiendo interrumpió Hawke bruscamente.

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¡No estoy mintiendo! No quise levantar mi voz pero este tipo Hawke realmente me estaba irritando. Era como odio a primera vista con este idiota y él me miró como si fuera una mosca que necesitaba ser aplastada/quemada/ mutilada.

La

boca

de

Borden

formó un

ceño

ante mi arrebato.

Mierda. Cerró el maletín

ruidosamente y lo colocó boca abajo sobre la mesa, inclinándose un poco hacia adelante para estudiarme.

Mirarlo fijamente a la cara era difícil, pero me sentía como si no tuviera otra opción. Me estaba sometiendo con esos ojos hipnóticos, no había manera de que pudiera escapar de ellos. Luego miró por encima de mi hombro y solo la simple acción provocó que Hawke me empujara más cerca de Borden, hasta que mis piernas tocaron la mesa de acero, quedando a centímetros de él.

Más cerca de él que nunca, mis ojos bailaron alrededor de su rostro. Podía sentir cada parte de mí tensarse, desconcertada por un momento ante la belleza austera del hombre encarnado y luego envuelta en una ola de inquietud cuando recordé que estaba realmente mirándolo fijamente.

Un mal hombre. Un hombre peligroso.

Independientemente de la forma en que miraba, era frío y malvado, y yo era solo un cordero llevado al matadero.

Se está sosteniendo a sí misma bastante bien, señorita Warne observó, repasando cada pulgada de mi rostro y cuerpo como si eso le dijera algo. No ha estado bebiendo.

Aún tensa, sacudí la cabeza. No. Es extraño que alguien venga a mi club y evite tomar. No bebo. Qué montón de mierda dijo Hawke entre dientes.

Yo no bebo repetí con rapidez antes de que todos comenzaran a dudar de mí. No-no lo hago hace años.

Está mintiendo lanzó en voz alta la pelirroja. Mirarla. Está tartamudeando y temblando…

Si quisiera tu opinión, la habría pedido. La voz de Borden no había cambiado pero su rostro brilló con rabia mientras la miraba fijamente. Mierda, esa mirada no se parecía a nada que hubiera visto antes. Ella inmediatamente enmudeció y retrocedió. La poca

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confianza que había tenido antes se disipó completamente, lo cual estaba bien en mis libros después de que me había sonreído como una perra hace tan solo unos minutos.

Parecía que nadie se sentía seguro alrededor de este hombre, sin importar quiénes fueran.

¿Cuánto tiempo has estado aquí? preguntó entonces, volviendo a mirarme. Dos horas tal vez contesté vacilante. ¿Has venido con un hombre? No. ¿Con quién has venido? Con una amiga. ¿Tu amiga todavía está aquí? Sí.

Con brusquedad dijo: Le recomiendo que la próxima vez que salga tan tarde en la noche y ande por los callejones, señorita Warne, venga con un hombre en el brazo. Estar sola así la hace vulnerable y fácilmente se pueden aprovechar de usted. Lo último que necesito es un rastro que conduzca hasta mi club porque es tan tonta como para meterse en problemas, con una miserable navaja no habría encontrado tiempo para cavar entre sus pechos y protegerse.

Yo estaba más allá del rojo.

Te dije que estaba con una amiga. Y también me acaba de decir que su amiga no tiene un par de pelotas, ¿no es cierto? —Bueno, sí, pero…

Es el punto. No vuelva a hacerlo otra puta vez, dentro o alrededor de cualquiera de mis establecimientos.

Cerré la boca, luchando contra el impulso de decirle que era una mujer adulta y que podía hacer lo que me viniera en gana, pero, sí, eso no estaba sucediendo. No cuando estaba de pie en medio de la guarida del dragón, lista para ser devorada si parpadeaba por el camino equivocado.

Y la próxima vez añadió, con una pequeña sonrisa acompañando sus labios, intente evitar callejones como lugar para tomar un respiro. Esa es la lógica simple de la calle.

Me mordí el labio inferior, conteniendo las malas palabras ansiosas por salir. Estaba bastante segura de que era el miedo el que les impedía hacerse cargo.

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Entonces, ¿hacia dónde te diriges ahora? preguntó con dureza. ¿Con mi amiga? No tenía idea de si esa era la respuesta que esperaba.

Incorrecto. Te vas a casa. ¿No es así? Su rostro se ensombreció mientras él me miraba.

El calor aumentó en mis mejillas. Asentí con la cabeza rápidamente. Miró mis brazos desnudos.

¿No tiene abrigo, señorita Warne?

Si

...

no sé

...

yo no

...

Comencé a tartamudear, mirando mi vestido negro y brazos

desnudos, preguntándome dónde diablos lo puse antes de recordar que ni siquiera traía. Durante unos momentos me vio tambalear antes de volverse hacia el imbécil a mi lado.

Hawke dijo con irritación. La señorita Warne está un poco confundida. Tal vez no nos dimos cuenta de su lenta mente. Llévala a su casa antes de que siga hablando porquerías. Su sombría mirada aterrizó de nuevo en mí. No quiero verte en mi club nunca más. ¿Escuchaste?

Asentí con la cabeza de nuevo. Bien. Lárgate.

Hawke bruscamente me condujo fuera de la habitación. La cabeza me daba vueltas y casi no podía mantener mis piernas. Mis rodillas flaquearon, pero Hawke me mantuvo de pie. A pesar de que nos estábamos dirigiendo lejos del peligro, sabía que estaba teniendo un ataque de pánico. Mi visión era borrosa e irregular. Me quedé mirando mis pies en movimiento de manera desigual en el suelo. Prácticamente estaba siendo arrastrada por este tipo. Oí voces y música de fondo antes de que el frío aire otoñal golpeara mi cuerpo. Antes de que pudiera procesar nada, estaba en la parte trasera de un coche en movimiento.

¿Cuál es tu maldita dirección? me preguntó Hawke toscamente. 2514 Maple Street contesté con los labios entumecidos.

Tuve los brazos alrededor de mi revuelto estómago todo el camino. Cuando llegamos al gran edificio de apartamentos, Hawke me llevó por delante del grupo de hombres que por lo general estaban alrededor del complejo durante la noche. No dijo una palabra. Se quedó detrás de mí, mirándome desbloquear con cuidado la puerta de vidrio con la llave colgando de mi collar.

Cuando la abrí, continuó observándome caminar vacilante hacia el ascensor. Lo miré varias veces; su pelo largo y barba espesa se destacaron más en mi memoria. Cuando el ascensor se cerró y no pude verlo más, de inmediato me encorvé y vomité en la esquina del ascensor. Nada salió ya que apenas había comido ese día, pero no podía dejar de tener

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arcadas. El ácido quemó mi garganta, las lágrimas y el cabello negro nublaban mi visión y apreté mi estómago dolorosamente hasta que la sensación pasó.

Me limpié

la

boca

con

el

dorso de

mi mano

y

casi

me

arrastré a mi pequeño

apartamento de un dormitorio, usando las paredes como apoyo. Había tres puertas luego del ascensor en el cuarto piso y se sintió como el paseo de mi vida. Pude oír el ruido normal de la televisión en la puerta de al lado y los gritos de la pareja frente a mí. Por lo general, estaría molesta por eso, pero por primer vez les daba la bienvenida. Me trajo de vuelta a la familiaridad de mi mundo en lugar del que acababa salir.

No me cambié o lave las manos o incluso fui a la puerta de mi habitación. Me desplomé en mi sofá de tres plazas y se sacudió violentamente. Debían ser justo después de medianoche cuando entré porque vi cada hora del reloj desde la una hasta seis haciendo tic tac.

No estoy segura de en qué pensaba más: si en Marcus Borden o en el hombre que estaba siendo estrangulado en el callejón.

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7

Borden

  • C on su frente contra el vidrio, Borden miraba por la ventana de piso a techo de su pent-house, con vista al río New Raven. Golpeó ligeramente su arma contra el cristal mientras veía el agua correr. Si la miraba lo suficiente, comenzaría a sentir

el movimiento también. El dolor se disparó a través de él mientras intentaba imaginarse un cuerpo en la oscuridad de las aguas, flotando con la corriente, balanceándose justo como él lo hacía.

Se sometía a esa tortura a menudo. Era la única cosa que realmente le daba algo de sensibilidad en lo absoluto. Su mundo se había convertido en negro y gris, pero el dolor era como un tono de rojo de vez en cuando. Eso le daba el dolor, y con el dolor se encontraba el sentimiento de ser humano.

Y eso era lo último que se sentía más. Humano. Su vida ahora se movía entorno al poder, el control y los negocios que habían perdido su atractivo hace mucho tiempo. La adrenalina que antes lo había energizado ahora era inexistente. Él era un vacío, actuando un papel que ya no estaba interesado en hacer. Estaba sufriendo de la forma en la que un hombre no puede sentir nada sufriría. El vacío era una maldición. El karma lo había atacado cinco años atrás y la perra no se había ido desde entonces. Y debido a que Borden no tenía nada que perder, le importaba un carajo si la perra ganaba al final.

Se alejó de la ventana y volvió a colocar el arma encima de la mesa de centro en la sala. Estaba al lado del maletín abierto, Borden sin afectarse miró su contenido, a los cientos de dólares que ocupaban todo su interior.

El dinero no hacía nada por él. Insensible. Insensible. Insensible. Eso era todo lo que él era. Y a pesar de eso, su mente volvió hacia una cosa. Emma Warne.

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¿Cómo era posible que esa fuera la misma chica que él rescató en aquel callejón hace nueve años? Se veía exactamente como ella. No, era ella. La pequeña gata callejera con la navaja automática. Recordaba a esa chica como una fotografía en su mente y de vez en cuando repasaba ese recuerdo, pensando en su cabello negro azabache y sus ojos atormentados.

Ella no lo reconoció, ¿y por qué lo haría? Había estado oscuro y él estaba diferente como el día y la noche, tanto física como mentalmente. Aunque la muerte hizo eso, cuando ataca, cambia partes de ti para siempre.

Emma Warne susurró en voz alta, saboreando el nombre en su lengua.

Hawke le había dado su dirección, así que sabía que la pobre chica no tenía nada que hacer en ese lado de la ciudad. Apenas y parecía de esa parte, de todas formas.

¿Desde cuándo nos aseguramos de que esas personas lleguen a casa a salvo? le había preguntado Hawke después que había vuelto. Esa perra pudo haber regresado por si sola.

Apenas podía caminar Borden había respondido a cambio. No habría llegado tan lejos. Cualquiera se habría podido propasar con ella si hubiera ido sola, especialmente después que la despojamos de su navaja.

¿A quién mierda le importa? En realidad nos habría servido para bien si alguien se hubiera hecho cargo de ella antes que nosotros. No hay forma de que se vaya a quedar callada sobre esto, Borden. Tenemos suficiente tensión así como están las cosas con los putos moteros en nuestro caso del maldito puerto. Alguien abriendo la boca y la policía va a joder nuestro lugar otra vez. Demonios, quizás debería volver y hacerme cargo de ella...

No interrumpió Borden, sintiendo una irracional punzada de ira corriendo a través de sus venas. No la toques. Hawke solo lo miró dudoso. No lo entiendo. Sin preguntas. Hawke exhaló y después de eso se marchó, sin duda confundido como el infierno.

Y ahora Borden estaba aquí, casi sonriendo mientras recordaba la mirada en su rostro cuando la había interrogado. Había astucia bajo la superficie, una dureza en sus ojos, y él sabía que ella había luchado con cada fibra de su ser para suprimirlo.

Chica lista.

Alguien golpeó la puerta, alejándolo de sus pensamientos. Cerró el maletín y deambuló hacia la puerta principal. Al abrirla, se encontró cara a cara con una hermosa morena usando

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un mini vestido blanco. La miró de arriba abajo con un desagrado claro como el agua en su rostro. Otra acompañante.

¿Qué mierda quieres? le ladró, aunque él ya lo sabía.

Los chicos dijeron que necesitabas algo de alivio respondió el juguete, batiendo sus pestañas hacia él lo que él asumió que era su mejor intento de ser seductora.

Joder, la chica era escuálida. Inclinó su cabeza hacia sus inexistentes caderas, preguntándose cómo alguien podría considerar que era adecuado regalarle un palito de helado. Estaba acostumbrado a que acompañantes como esta aparecieran así. Los chicos eran implacables en sus esfuerzos por tenerlo enterrando sus bolas en una chica. Pero Borden estaba aburrido de ellas. Aburrido de la falsa mirada de necesidad en sus ojos, de la manera en la que gritaban de éxtasis cuando él las follaba o tratándolo tiempo atrássabiendo con certeza que todo era una maldita fachada para que sus necesidades de droga fueran satisfechas después de que terminaran.

Simplemente falso. Todo sobre ello era falso.

Falso, jodidamente falso, falso, falso.

Déjame darte un buen momento continuó ella, intentando convencerlo con otra batida de pestañas. Él puso los ojos en blanco y pateo la puerta para abrirla. Puedes intentarlo respondió mientras ella caminaba a través de la puerta. Ella podía intentarlo pero él ya sabía que fallaría. Como todas las otras.

***

Siempre se soñaba sumergiéndose en las aguas de ese río, pero en sus pesadillas, el agua era roja y con sabor a sangre.

Kate siempre estaba flotando a la distancia, su cabello rubio moviéndose en todas las direcciones.

Y siempre, sin importar lo fuerte y rápido que nadara, nunca lograba alcanzarla. Seguía hundiéndose en las aguas rojas, en un río que parecía nunca terminar, él solía agotarse, nadando hasta que no se podía mover en absoluto, hasta que sus extremidades dolían y su visión se nublaba.

Y siempre sentía ese dolor como un cuchillo, una tristeza que se liaba alrededor de su corazón y lo apretaba hasta que no quedaba nada allí. Era debilitante esa tristeza y lo consumía por completo.

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Despertarse era usualmente la parte más difícil, porque se despertaba sintiendo absolutamente nada.

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8

Emma

  • L a mayor parte del día siguiente me quedé en el sofá durmiendo. Normalmente los domingos eran para ir de compras y ponerse al día en la casa de mi abuela. Hoy

no. En retrospectiva, debo de haberme visto patética meciéndome en una esquina del sofá, con los ojos bien abiertos, preguntándome si estaba en un sueño o si también había sido estrangulada camino a casa.

¿Por qué dejarme ir? Me preguntaba. Claro, no vi nada, pero él nunca me preguntó qué había escuchado. Y si hubiera preguntado, ¿le habría contestado? No estoy segura de lo que me habría pasado si le hubiera dicho esa pequeña información

Eran criminales, criminales muy peligrosos. No la clase que deseas molestar o incluso sentarte junto a ellos en un evento de caridad. No podías sonreírles. No podías mirarlos. No podías hacer una maldita cosa sin arriesgarte a ser su objetivo, y sin embargo, de algún modo había conseguido escapar de ellos. Y no solamente porque ellos lo dijeron, sino porque su rey lo dijo.

Marcus Borden, alias el rey sangriento de New Raven, también conocido por ser el único del que no puedes escapar de oír, estaba en todas partes, en cada rincón de la ciudad, en los labios de cada residente, ocupando espacio de alguna forma u otra. Poseía múltiples negocios exitosos, incluyendo el club en el que acababa de estar. Solo que nunca esperé que él o alguno de sus hombres estuvieran realmente allí cuando yo lo estaba.

Sin embargo, a pesar de la larga lista de negocios que poseía, ese era el puerto donde controlaba los embarques que llegaban y que salían de New Raven, ese era su mayor logro. El jefe Borden era el pan de cada día, el único con las conexiones, el único con la última palabra. Después de sospechar que era traficante de drogas, los policías trataron con él muchas veces en los últimos años siempre escuchabas hablar de ello en los periódicospero era considerado intocable. Nunca hubo una pizca de evidencia en su contra. Sin importar cuantas órdenes de cateo con argumentos razonables, nuca encontraron nada.

He visto su cara en el periódico de vez en cuando, pero nunca había estado tan cerca de él como lo estuve anoche. Una chica pobre como yo no tiene cabida en su parte de la ciudad. Me he sentido extremadamente fuera de lugar en Owls también. Lara, una amiga mía de hace mucho tiempo, se había casado con un hombre rico y se había trasladado a un penthouse en el corazón de las propiedades más ricas de la ciudad. Ella fue la que me arrastró

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allí. Fue la que me convenció de que necesitaba un descanso por todas las horas que estaba trabajando en el restaurante, de que necesitaba aclarar mi cabeza y disfrutar de un poco de música fuerte y buena compañía.

Mi supuesta “buena compañía” me abandonó en medio del club para bailar con algún gilipollas que no era su esposo, dejándome a mi suerte contra al menos una docena de hombres con manos escurridizas. La gran proximidad de muchas personas que no conocía me hizo sentir la ansiedad normal que tenía en situaciones sociales en las que me sentía incómoda. Escapé por salida más cercana que terminó siendo la del callejón que llevaba al estacionamiento al otro lado de la calle. Solo quería unos minutos conmigo misma para refrescarme. Era sofocante allí dentro. Me las arreglé para pasar desapercibida e intacta. De cualquier modo, no era algo particularmente impresionante a la vista, no entre las chicas ricas con sus rostros plásticos y sus tetas falsas.

Recuerdo la vigorizante brisa que sentí cuando salí al aire libre, amando la sensación de espacio y tranquilidad. Había caminado tal vez solo cuatro pasos justo cuando la puerta se abrió otra vez y oí los gritos de un hombre y otro amenazándolo con dispararle. Asustada, me escondí detrás del último de los cuatro contenedores fijos junto a la pared. Estaba negro como el carbón y no había forma de que pudiera pedir ayuda sin ser notada. No intenté mirar lo que estaba ocurriendo, estaba muy asustada de ser atrapada. Al crecer en un barrio peligroso sabía que hay cosas en las que una mujer no debe involucrarse, y un hombre siendo atacado por un par de hombres mientras estás desarmada, era una de esas cosas.

Fue arrastrado cerca de donde me escondí.

Por favor lo escuché suplicar. Denme otra oportunidad. Tengo el dinero, les pagaré. ¡Juro que les pagaré! repitió esto histéricamente, pero no estaba siendo escuchado.

Hubo un pequeño intercambio de palabras de un hombre a otro.

Acaben con él dijo una voz profunda. Luego estalló un gran grito y escuché el sonido de un hombre siendo asfixiado violentamente.

Cerré los ojos y puse las manos sobre mis oídos. Me sentí como una niña escondida en la esquina creyendo que todo estaba bien si así lo pretendía. Apreté los labios, asustada incluso de respirar. Esperé por lo que parecieron minutos cuando una mano agarró mi brazo y bruscamente me puso en pie.

¿Quién demonios eres?

Antes de que incluso pudiera responder, fui lanzada contra la pared de ladrillo y el dolor estalló desde la parte de atrás de mis hombros mientras arañaban la áspera superficie. El dolor me sorprendió dejándome sin palabras, como si mi cerebro se hubiera apagado. No podía ver mucho del hombre frente a mí excepto que tenía el pelo largo.

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Hawke, llévala a Borden dijo otra voz de alguien cerca. Ella lo ha visto todo.

Sacudí mi cabeza ante el recuerdo, intentando sacarlo de mis pensamientos. Estaba viva. Estaba bien. ¿Por qué pensar más en eso? Había sobrevivido a cosas malas en mi corta vida, ésta era solo una de esas veces.

Sí, ahora cálmate con un demonio.

Para distraerme, agarré el control remoto de la mesa de centro y prendí la televisión. Me senté y descansé ambos pies sobre la alfombra, froté mi mano sobre mi estómago adolorido. Distraídamente miré las noticias y el pronóstico del tiempo, poco a poco me deje llevar por un sueño ligero.

Un fuerte golpe rompió la calma, salté, abriendo estremeció y mi ritmo cardíaco se aceleró en mi pecho.

los ojos de golpe. Mi cuerpo se

¿Quién tocaría mi puerta? Nunca nadie tocaba mi puerta.

Permanecí clavada en mi lugar durante un instante, conteniendo la respiración. Tal vez

la persona se iría si no respondía. Tal vez…

¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!

Mierda.

Sintiendo como si el peso del mundo estuviera en mis hombros, lentamente me levanté y caminé hacia la puerta. Aterrada, me pregunté si eran ellos de nuevo, me pregunté si estaban aquí para llevarme.

Sin una mirilla, no tenía forma de saber quién era. Tomé unas cuantas respiraciones profundas intentando deshacerme de los nervios y abrí la puerta. El alivio me acompañó al ver a un oficial de policía alto parado frente a la entrada. Era joven, de cabello castaño y con ojos de preocupación. El alivio se convirtió inmediatamente en confusión. ¿Qué es esto?

¿Emma Warne? preguntó. dije ansiosamente.

El Departamento de Policía recibió una llamada de un residente de este complejo de apartamentos diciendo que estaban preocupados por su seguridad. Un hombre la escoltó hasta su casa anoche, ¿es eso correcto?

Asentí con vacilación nuevamente.

Nos dijeron correcto?

que el hombre

está

ligado con Marcus Borden. ¿También es eso

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Estaba en uno de sus clubes respondí en su lugar. No tenía forma de llegar a

casa.

Entiendo, pero también sé que es muy inusual que el Sr. Borden envié a alguien a casa a menos que algo haya pasado. Hemos tenido algunas quejas serias en el pasado y sabemos que seguros es la última cosa que ellos pueden ser. El residente dijo que no estaban seguros de si el hombre la siguió o no, y que el apartamento había estado silencioso desde entonces.

¡Sí, algo sucedió!

Ahora

podía ver

a

mi

yo

interno, arrancándose el

cabello de

frustración debido a mi silencio. Sentí como si una parte de mí estuviera empujando la verdad a la superficie, pero la suprimí.

No ocurrió nada le dije firmemente. Lo conocí anoche y decidió mandarme a casa después de saber que no tenía un medio de transporte en el que regresar. En todo caso, estaba siendo… amable.

Sí, tan amable como lo era un maldito asesino.

¿Amable?

repitió

el

oficial,

mirándome

con

escepticismo

por

largo

rato,

estudiando mi rostro. Quizá amable era un término muy exagerado.

Su mirada profunda solo añadió más nervios a los que ya sentía. Lo último que quería eran problemas. Si alguno de esos hombres estuviera afuera y viera a un oficial de policía entrar al complejo después de anoche, ¿qué pensarían?

¿Así

que

estás

completamente

bien?

¿Nada

ocurrió?

preguntó, y fue

prácticamente doloroso escuchar el nivel de preocupación en su voz. Estoy completamente bien mentí. Tuve una larga noche y necesito descansar un

poco.

Emma, eres una cobarde. Agradezco la preocupación, Oficial añadí como una manera de terminar la conversación. Asintió lentamente, pareciendo no estar completamente convencido. Incluso lo encontré mirando encima de mí hacia mi apartamento. Señorita Warne, ¿le importaría si entro a echar un vistazo? Fruncí el ceño y respondí firmemente: La verdad sí me importa. Volvió su mirada a mí. Solo quiero asegurarme que todo esté bien.

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Estoy perfectamente bien. Suspiró en derrota.

Está bien, entonces que tenga un buen día. Si recuerda algo o sabe algo, no dude en contactarnos inmediatamente.

Está bien. Gracias.

Cerré la puerta rápidamente, aguantando la respiración por un momento. Justo cuando escuché sus pisadas desaparecer en el elevador, colapsé en el suelo aliviada. Oh, gracias a Dios. Luego me pregunté quién demonios me vio anoche y decidió llamar a la policía para comprobar mi bienestar. Si esa persona estaba tan preocupada podría haber venido a verme por sí mismo. Aunque no podía pensar en una solo persona. Sabía que no era nadie del edificio ya que ninguno había hecho el esfuerzo de conocerme en los dos años que he vivido aquí.

Esto no tiene sentido.

Aparte de ese misterio, el resto del día transcurrió sin incidentes. Saqué de mi refrigerador vacío tres aceitunas y las obligué a bajar por mi garganta e hice un asqueroso sándwich de queso, del cual solo me comí la mitad. Temblé varias veces y pasé demasiado tiempo mirando por la ventana de mi habitación, casi esperando ver a uno de los hombres de Borden de pie, mirándome. Nunca los hubo y me convencí de que estaba siendo demasiado paranoica.

Pero cuando se trata de Marcus jodido Borden, ¿existía tal cosa como la paranoia? ***

En la tarde recibí una llamada de mi preocupada Abuela, a la cual tenía pensado visitar ese día en la mañana.

¿Está todo bien, entonces? preguntó. Su voz sonaba nasal y estaba olisqueando repetidamente.

Sip, todo está genial mentí. Aunque tú suenas horrible.

Solo es una gripe. Debo de haberla cogido cuando fui al doctor el viernes, ¿qué te parece, eh? No he estado en otro lugar. La próxima vez llámame por favor y hazme saber que no vas a venir. Sabes, hice un montón de comida para que llevaras. Pensé que ibas a estar aquí.

Lo siento Abuela. Puedo pasar mañana si quieres. Termino de trabajar a las seis. Sí, mañana a cualquier hora está bien. No quiero desperdiciar la comida, Emma. Te hice rollos de salchicha y una cacerola de pollo que puede dividir y congelar.

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No puedo esperar para tenerlo. ¿Por qué suenas tan decaída? Normalmente estás alegre, querida. Es solo que… tuve un día duro, ya sabes. —Bien, cuídate. No dejes que nadie te pisotee. Especialmente un hombre. Tú eres tú.

Parpadeé ante la sorpresa. ¿Acababa de asumir que tenía un problema con un hombre? Supongo que no creyó que había estado en serio soltera todos estos meses, y era bastante triste que tu abuela pensara que estás viendo a alguien cuando en realidad no es así.

No lo haré comiendo.

le prometí. No te preocupes por mí. Dime qué más voy a estar

Continuó haciéndome saber de toda la comida que había hecho o que iba a hacerme. No podía soportar la idea de que pasara hambre. Sabía muy bien que mi trabajo no me estaba pagando lo suficiente para mantenerme con el estómago completamente lleno todos los días. A pesar de que tuviera poco dinero para ella misma, me servía cualquier cosa que pudiera. Siempre lo aprecié y no sé qué haría sin ella. Sabía que pasando por allá, mañana iba a ser un día incluso más largo. Tarda más de una hora y tomar dos buses desde el trabajo para ir, pero la extrañaba y me sentía culpable por haberla dejada plantada.

Luego de

la llamada tomé

un

largo baño, intentando suprimir nuevamente los

recuerdos del día anterior. También estaba muy enojada con Lara, la perra, quien no se había molestado en llamarme para saber cómo había llegado a casa.

que airadamente ante su rostro sonriente.

vez

Es

la última

te hablo murmuré entre dientes, moviendo la cabeza

Recibí algunos unos textos ansiosos de mi mejor amiga Blythe mientras me preparaba para ir a dormir.

Blythe: Lamento no haber vuelto por ti. Me enrolleeeeeeee con alguien anoche. El hombre era un Adonis. Tenía six pack. Era bastante aterrador, del tipo mafioso aterrador, pero OMG la sequía se acabó y valió la pena. ¿Cómo estuvo tu noche fuera? Cuéntame el chisme y porfaaaaaaaa dime que tuviste suerte con XX.

Yo: Felicitaciones por echar un polvo. =D ¡¡¡Al menos la fortuna le sonrió a una de nosotras anoche!!!

Blythe: No suenas como lo haces normalmente. ¿Estás bien? Yo: Espléndida. Blythe: ¿¿?? Yo: Lara me dejó plantada. Me usó como una forma de salir de la casa.

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Blythe: Perra. Yo: Definitivamente Blythe: Deberíamos lanzar huevos a su lujoso Ferrari. Yo: En realidad es un Lamborghini. Blythe: Súper perra. Yo: Dímelo a mí.

Blythe: Pues yo nunca te usaría, bebé. Si veo su cara, le clavo un tenedor en el ojo por ti, ¿está bien?

Yo: Cariño. Asegúrate de que sea en ambos ojos,

en

caso de que

sea una perrita

resistente. Me voy a dormir. Te veo en el paraíso mañana <3

Me envolví en mis cobijas y esperé a que el sueño me llevara. Aunque estaba muerta del cansancio, di vueltas en la cama hasta la medianoche pensando en el callejón y la cara de Borden. En un punto, salí de la cama y fui a la ventana. Me asomé a través de las persianas, escaneando las calles, buscando el carro oscuro de Hawke estacionado en algún lugar cercano. Cuando no hubo nada volví a la cama y finalmente me sumergí en un largo sueño sobre un hombre peligroso.

  • Vi sus labios.

  • Vi sus ojos.

  • Vi la expresión sombría en su rostro.

  • Mi mente me atormentó con recuerdos de él, de cuán siniestro y hermoso era, hasta

que mi cuerpo fue una mezcla de miedo y excitación.

Y luego desperté, mortificada de que había estado soñando con un hombre enfermo que podría fácilmente romper mi cuello en dos.

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9

Emma

  • L a cafetería estuvo inusualmente llena toda la mañana del lunes. Igual que las otras dos meseras, Blythe y Tessa, tuve que saltarme mi primer descanso. Ninguna

estaba contenta. Como de costumbre, Denny el Imbécil, nuestro idiota y bipolar jefe y dueño de la

cafetería, se había encerrado en su oficina todo el día. Se sentó frente a su computadora y

pretendió estar ocupado con “trabajo”, pero la última vez que revisé, masturbarse con orgías

en su oficina no era algo por lo que te pagaran. El perezoso imbécil simplemente nos dejó defendernos solas y la cocina tampoco estaba muy contenta por ello.

Y en ese caso, ¿qué tan difícil es borrar tu historial web? ¿O incluso limpiar tu maldito teclado cuando termines? Había cosas allí tan viejas que estaba segura que podrían competir con la era de los dinosaurios. Puto asco.

Fue hasta después del almuerzo cuando nos dimos cuenta que había vacaciones escolares y era por eso que habíamos visto tantos niños y padres entrando. Regularmente lo hacíamos bien con los regulares, eran extra pacientes con nosotros cuando el lugar aumentaba el ritmo. La comida era normal, nada especial y el ambiente era lo suficientemente acogedor. Era un buen lugar de trabajo por el momento, especialmente teniendo buen personal con el cual trabajar.

Luces excepcionalmente hermosa hoy dijo un regular, John, con una amplia sonrisa en su arrugado rostro después de pararme a tomar su orden.

Gracias, John dije, ofreciéndole la sonrisa más brillante que podía esbozar. Todavía estaba un poco desconcertada, especialmente después de mis sueños inquietantes, pero la normalidad del día estaba ayudando.

¿Ya te ha levantado de tus pies algún hombre afortunado, cariño?

Suspiré, tratando de ser paciente con la ronda de preguntas de hoy. Regularmente preguntaba lo mismo una y otra y otra vez, y me preguntaba si siquiera se percata de ello.

No últimamente me fuerzo a decir. Entonces, ¿quieres lo usual? ¿Sándwich de jamón y un café?

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Seguro respondió, sus ojos observando mi cuerpo de arriba abajo.

John era un

sórdido viejo bastardo, y no puedes pasar la vida como mesera sin encontrarte a uno al menos una vez. Era con gran suerte que el mío fuera un regular. Lástima. Es una lástima. Ya sabes, si alguna vez necesitas un buen engrasado… — guiñó, estoy aquí para ti. Mantuve mi boca cerrada firmemente por un momento, luchando con las náuseas nadando por mi garganta y esbocé una sonrisa rígida. Definitivamente consideraré eso, John, gracias. Me alejé de él y mi sonrisa instantáneamente se desvaneció. ¿Qué puta mierda? ¿Acaso un tipo de sesenta y tantos años acaba de ofrecer engrasarme? ¿Estás bien? preguntó Blythe, descubriendo mi mirada desconcertada. No debí detenerme en la mesa de John respondí simplemente. Se encogió. ¿Se ofreció a untar mantequilla en tus bollos como me dijo a mí la semana pasada? No, se ofreció a engrasarme y eso fue después de un guiño perturbador. Oh, sí, los guiños siempre son los más desagradables. Tomaré mi descanso interrumpió Tessa, abanicando su rostro. Le asentimos con la cabeza. Esto era lo normal. Tessa tomaba el primer descanso entre nosotras. Estaba a mediados de los cuarenta, y era sorprendentemente más rápida que Blythe y yo combinadas. Fuera del trabajo, tenía una reserva interminable de drama en su vida siendo una mamá soltera con una carrera de novios mierda. Sin embargo, a pesar de eso, era aún una romántica y la envidiaba por ello. Blythe, por otro lado, era la conversadora. Solo un año mayor que yo con veinticuatro, lucía como de veinte y tenía un cuerpo increíblemente atlético para morirse y un hermoso rostro saludable. Solo tomó unos cuantos chistes sucios de su parte para que nos uniéramos rápidamente y nos convirtiéramos en las mejores de las amigas. Tendrás que ponerme al tanto sobre la perra de Lara me dijo Blythe al pasar junto

a mí.

Definitivamente lo haré. Quiero cada detalle de esa noche.

Asentí nuevamente. Definitivamente no. Le contaba todo, claro, pero había ciertas cosas que debían ser omitidas. No quería que supiera sobre Borden. Mientras menos supiera

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sobre un peligro en particular, era mejor. No es que él supusiera algún peligro para mí o algo. Pasó y estaba bastante segura que era todo.

La dejé tener el segundo descanso cuando Tessa regresó, pero para este punto el restaurante ya se había calmado inmensamente y las mesas ya no estaban llenas.

¿Necesitas que te lleve? preguntó Tessa después de que hubiéramos servido a todos sus comidas. Iré a la casa de la abuela respondí. Tendré que tomar el autobús. Eso está muy lejos, ¿no? Sí.

Bueno, si tu agenda cambia, estaré más que feliz de ir a dejarte. Iré otra vez en esa dirección más seguido ahora. He vuelto con Dan.

Fingí una expresión sorprendida porque su relación intermitente ya no asombraba a ninguno de nosotros.

Sí, lo sé, ¿cierto? Sonrió alegremente, su rostro tornándose de un color rosa pálido. Su cabello rojo falso me recordó a la mujer pelirroja de la otra noche y un destello de pánico recorrió mi columna. Me ha estado rogando por otra oportunidad y admito que también lo echo mucho de menos.

Habló de ello por unos buenos cinco minutos antes de que Blythe finalmente regresara. Me dirigí a la cocina donde Pat, el cocinero, me había dejado un muffin de arándano recién horneado en una de las mesas.

Gracias, Pat dije con una sonrisa agradecida. Me estaba muriendo de hambre.

Pat me contestó con una sonrisa tímida: Por supuesto, Emma. Lo que sea para ti. Solo, eh, hazme saber si Blythe quiere algo también, ¿está bien?

Asentí, luchando contra el impulso de ponerle los ojos en blanco. Otro hombre más derrumbándose por Blythe. No era una sorpresa ya que la chica tenía a hombres alrededor de su meñique en un santiamén.

Tomé asiento en la silla que estaba contra la puerta de la parte trasera abierta. Tessa solía sentarse aquí a fumar cigarros y Blythe se sentaba aquí para hacer llamadas. Yo, por otro lado, me sentaba aquí para disfrutar mi panecillo y escapar del ruido por unos buenos quince minutos.

No había nada que ver excepto por la vista de la pared de la tienda de ropa de al lado donde un grafiti acababa de ser pintado. Noté una leyenda que no estaba antes, escrita con

terrible caligrafía, que decía: “Solo los peces muertos nadan con la corriente”.

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¡Bastante profundo, del tipo inesperado!

Mi piel ruborizada le dio la bienvenida al aire otoñal. Me recargué y quité los arándanos en mi panecillo, mascándolos con avidez mientras soñaba despierta con los deliciosos rollos de salchicha de la abuela. Sería lindo tener una buena comida. Habían pasado tres días desde que tuve el estómago lleno. No ayudaba el hecho de que no podía comer nada grande por el miedo de lo que había pasado. Y todavía todaaavíaese sueño me atormentaba. Me preguntaba por qué mi mente saltaba directo a Borden de esa manera. No ayudaba que el hombre luciera de la manera que lucía. Llámalo curiosidad enfermiza, o el hecho de que siempre había admirado su apariencia en los periódicos y estaba contrariada de que en realidad lucía mejor en carne y hueso, pero había algo sobre él… Una especie de impulso perverso por comprenderlo y llegar al fondo de la verdad que encerraban los rumores. Era material hecho para fantasías, el misterio resonando en tu rostro y aun así permaneciendo inalcanzable.

Como todos los demás, nunca lo averiguaría.

De repente una mano se posó en mi hombro. A punto de saltar, levanté la vista solo para encontrar a una Blythe confundida.

Emma, hola dijo dubitativamente. ¿Qué pasa? Alguien pregunta por ti. ¿Quién? Blythe lucía bastante inquieta. —Es… ese tipo Borden. Ya sabes, el Borden. Todos están bastante agitados justo ahora. Me quedé inmóvil, con los ojos muy abiertos y terriblemente asustada.

El lugar es como una tumba. Puedes oír un maldito alfiler caer. Traté de atenderlo, solo dijo que te quería a ti y que te esperaría, pero que debería hacerte saber de inmediato. Blythe lucía confundida. ¡No sabía que lo conocías! Es decir, eso es una locura. ¡Debiste haberme dicho! ¿Cómo es? Tenía una mirada terriblemente aterradora…

Mierda maldije.

Me puse de pie y deposité mi muffin en sus manos, limpiando las mías con mi uniforme, preguntándome por qué demonios estaba aquí este hombre preguntando por mí. Es decir, claro que mi mente pensaba en él todo el tiempo, pero en realidad no quería verlo de nuevo. A menos que quisiera morir, y sí, probablemente iba a morir. Jodida mierda.

Él no te cree. Sabe que oíste algo. Estás acabada.

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Puedo decirle que no estás aquí, Emma dijo Blythe detrás de mí, percatándose de

  • mi inquietud. ¿Le debes algo de dinero o algo? ¿Debería llamar a la policía? Esos chicos son

peligrosos. Él es peligroso.

No. Está bien. Me haré cargo. Está bien. Estoy bien… Es… —Dejé de hablar y traté de calmarme.

¿Qué está pasando? exigió repentinamente, tomando mi brazo. Su voz se tornó seria mientras decía: Por favor dime que no jodiste algo. Por favor. Tienes que decírmelo, Emma. Tienes que confiar en mí.

Está bien repetí, deshaciéndome de su agarre. —No parece estar bien. Voy a sacar a Denny…

¡No! ¡No empieces ningún problema, Blythe! Tengo esto bajo control y, además, ¿qué demonios haría Denny? Se cagaría encima si supiera que Borden está aquí.

Me frunció el ceño, con sospecha en los ojos. Bueno, ¿qué demonios has hecho, Emma? Nada malo.

Nada bueno tampoco por cómo luce esto. ¿Qué está pasando? Luces como si estuvieras a punto de ir a tu funeral y con alguien como Borden esperando allá afuera, estoy inclinada a creer que esa es en realidad una posibilidad.

Me puse rígida ante su mirada y me encogí de hombros. Honestamente, Blythe, mientras menos sepas, mejor. Su semblante se entristeció. ¿Qué se supone que significa eso?

No respondí. En cambio, la dejé allí como estaba en toda su confusión. No quería mantener a Borden esperando. Entré y di pequeños pasos, esperando a que apareciera ante

  • mi vista. Mientras salía de la cocina, tomé mi libreta y la pluma por acto reflejo, como si tal

vez en algún universo alterno del país de los dulces él estuviera aquí solo para ordenar algo,

como un café, un sándwich, una malteada o…

Joder, ningún universo alterno dejaría que eso pasara.

Lo encontré sentado solo en uno de los reservados contra la ventana de la entrada. Estaba con pose despreocupada, usando vaqueros oscuros y una playera de manga larga negra que enfatizaba su anchura. Borden era jodidamente enorme.

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Estaba viendo por la ventana, girando un encendedor plateado entre sus manos mientras me acercaba a la mesa. Podía sentir los ojos de muchos otros en el restaurante mirando en nuestra dirección. Como si me sintiera porque definitivamente no me podía oír por lo callada que estabavolvió su mirada hacia mí. Esperó pacientemente a que me acercara. Me detuve a pocos pasos de él, incapaz de esconder mi sorpresa. ¿Qué demonios hacía aquí?

Vacilante, abrí mi boca para decir algo, pero él se adelantó. Toma asiento ordenó, señalando el asiento frente a él mientras guardaba su encendedor. Bueno, está bien. Me iba a sentar aún si me decía que lo hiciera o no. Hice lo que me pidió y observé la mesa para evitar sus ojos penetrantes.

¿Estás teniendo un buen día? Su voz estaba tan vacía de emoción, que era casi robótica.

No tienes que tomar la ruta cordial respondí sencillamente. Sé que te importa un carajo.

Se quedó quieto por un momento, como si estuviera sorprendido por mi comentario. Entonces asintió lentamente, murmurando: Cierto. Vayamos al grano entonces. Sabes por qué estoy aquí, ¿no?

—Tiene… que ver con esa noche.

Bien. Claramente eres más inteligente en las mañanas. Luché por no mirarlo enojada. El idiota.

Ahora pienso que es importante que comencemos una discusión abierta y honesta con respecto a esa noche, y podemos empezar contigo mirándome.

Hice lo que me pedía, solo porque sabía de lo que era capaz y me hacía cagarme de miedo. Con la luz de sol entrando por la ventana y enmarcándolo de la manera en que lo hacía, era irresistible a los ojos, y comprendí en ese momento por qué las mujeres acudían en masa hacia él, a pesar de todo lo que era. Aspectos como el suyo tenían el poder de disfrazar los lados más oscuros en las personas.

Así está mejor dijo, con un simple gesto de aprobación. Así que, le he estado dando vueltas a tus palabras de la otra noche últimamente y tengo unas cuantas discrepancias de las cuales quisiera llegar al fondo. Te haré unas cuantas preguntas, Emma, y las responderás con la verdad.

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Era mi turno de asentir con la cabeza. Bien.

Guardó su encendedor y se enderezó de manera de que estuviera encarándome completamente. Luego entrelazó sus grandes manos sobre la mesa. Yo tenía algo por las manos. No podía soportar a un hombre con unas manos suaves y bien cuidadas. Mi mirada se posó involuntariamente en sus largos dedos, encontrándolos callosos como sabía que los tenía. No había anillos o relojes en él. Era increíblemente sencillo, y una pequeña parte de mí se sentía particularmente intrigada por ello.

¿Qué viste la otra noche? preguntó, enfocando mi atención de vuelta a él. Sus ojos vagaron por todo mi rostro. Sigue mirándome mientras respondes, Emma.

Eso era una tarea difícil de hacer considerando que normalmente mis ojos divagaban cuando mentía. Sin embargo, los mantuve fijos en los suyos y decidí que este no era el momento para dejar que mi miedo controlara mis palabras.

No vi nada contesté, y esa era la verdad. Estaba oscuro. ¿Qué escuchaste, entonces?

Ahora, esta era la pregunta a la que más le tenía pavor. Abrí mi boca para responder, pero después la cerré cuando descubrí que mis ojos estaban divagando. Lo miré nuevamente y supe que lo había notado. Sus astutos ojos estudiaron mi rostro, distrayéndome por un momento cuando su lengua recorrió de manera ausente su grueso labio inferior. Wow, tenía unos labios especialmente agradables.

Nada dije finalmente, apartando la mirada de esa boca que parecía estar exigiendo atención. No podía decirle la verdad, no cuando sabía lo que podía significar si lo hacía.

Era un hombre imposible de leer. Me miró de manera cada vez más severa con cada segundo que pasaba, como dándome una oportunidad más para corregirme a mí misma, y después asintió.

Bien dijo, pero su voz no era tan severa como antes. Espero que le hayas dicho eso al oficial cuando fue a tu departamento a la mañana siguiente.

Y así sin más, sentí que la pared que había estado levantando se rompía. Mis hombros se desplomaron con incredulidad. Estaba siendo vigilada

Necesitas respirar. Lo escuché decir. Estaba teniendo otro ataque de ansiedad y respirar era lo último que tenía en la mente. Cálmate.

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Sus ojos viajaron a mis manos temblorosas. Las escondí inmediatamente debajo de la mesa para que no las pudiera ver. Jesús, ¿qué demonios pasaba conmigo? Nunca permití que nadie viera mi debilidad. Esto era obviamente diferente, lo sé, pero aun así, siempre me había enorgullecido de ser fuerte, de ser capaz de mantener el control ante la adversidad. Y siempre lo había hecho.

Mantén el control, Emma. Haz enfrentado cosas peores antes.

No le dije nada dije rápidamente. Nada. Dijo que alguien había llamado para preguntar por mi bienestar. Dijo que vio a tu hombre…

Baja la voz.

Cerré la boca de golpe y eché un vistazo a nuestro alrededor. Podía ver a Blythe parada a media habitación de distancia con una mirada de preocupación. Todos los demás estaban observando también. Cuando Borden siguió mi mirada, rápidamente apartaron la mirada y reanudaron sus conversaciones, pero no eran ni de cerca tan ruidosas como antes, y sabía que aún estaban tratando de escuchar.

No dije nada logré susurrar, mirándolo directo a los ojos. Necesitaba saber que esta era la verdad absoluta.

Barrió el restaurante una vez más, asegurándose de que nadie nos estuviera viendo. Me percaté de lo fuera de lugar que nos veíamos. Yo era una mesera luchando por ganar una miseria por hora y él era posiblemente el hombre más rico en New Raven.

Ah, ¡y era un maldito criminal! Sí, no olvidemos ese detalle importante de información, ¿les parece?

¿Dónde hay una oficina? preguntó de repente. ¿Hay una en este lugar de mierda

o no?

Mis cejas se juntaron con confusión.

—Um… sí, a un lado de la cocina.

Luciendo pensativo, se puso de pie abruptamente y me tomó por el brazo. Jadeé cuando me jaló para que me parara y me exigió: Guíame hacia allá ahora.

Me moví, pero mi cerebro iba a toda velocidad. Rostros se volvieron hacia nosotros y Borden estalló: Vean a su jodida comida.

Lo hicieron.

Por supuesto que lo hicieron.

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Blythe me lanzó una expresión dolida y yo simplemente le sacudí la cabeza. No necesitaba que llamara su atención. Tessa la volteó con firmeza, susurrando en su oído. Lo que sea que le haya dicho hizo que Blythe asintiera a regañadientes. Nos detuve frente a la puerta de la oficina y dije débilmente: Mi jefe está ahí dentro…

Borden me interrumpió mientras me soltaba y giraba la perilla. Cuando descubrió que estaba cerrada con llave, dio un paso atrás y la pateó con fuerza. Le tomó una patada para que se rompiera el cerrojo y para que la puerta se abriera. Denny el Imbécil brincó de su silla, subiéndose rápidamente el cierre de sus pantalones mientras miraba a Borden con sorpresa.

—¿Qué esta pasan…? —Lárgate interrumpió Borden, observando al hombre.

Denny vaciló por un momento, mirándonos, pero hizo lo que se le pedía. Observé a Borden justo en ese momento, preguntándome qué tan lejos ese poder suyo se extendía. Cuando Denny salió resuelto a no encontrarse con los ojos de Borden, este último cerró la puerta de golpe y se volvió hacia mí. Para entonces, yo estaba retrocediendo, moviéndome hacia el escritorio, deteniéndome cuando tocó la parte posterior de mis piernas.

El silencio llenó la habitación durante unos instantes. El silencio y…

Gemidos. Sonidos leves de gemidos, el sonido de carne contra carne y una chica gritando.

Hice una mueca y Borden frunció el ceño. ¿Pero qué mierda? ladró. Hice un gesto hacia la computadora detrás de mí. —Él… Él ve cosas.

Se detuvo y miró a su alrededor, como si de repente fuera necesario contemplar nuestro entorno. Sus fosas nasales se dilataron con disgusto, y sí, estaba asqueroso aquí dentro. Podías decir que era el pequeño santuario de Denny con sus posters colgados de mujeres desnudas y fotos de la secundaria de hace un millón de años cuando era parte del equipo de fútbol.

Mientras continuaban los gemidos, suspiró y sacudió la cabeza. Esto está tan por debajo de mí. —Puedo apagarlo, si quieres… —Sí, apágalo, muñeca. Apágalo, carajo.

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Demasiado temblorosa para caminar, me agaché y tiré del enchufe en la pared mientras él murmuraba unas cuantas maldiciones pintorescas. Entonces un silencio real se hizo, me incorporé, inclinando mi peso contra el escritorio para algo de apoyo. Este hombre era una bomba de tiempo y necesitaba acabar con esta mierda tan pronto como fuera posible.

Repetí lo que dije antes: No dije nada, Sr. Borden. Al oficial de policía, quiero decir. No dije ni una palabra.

Sé que no dijo nada me dijo, moviéndose lentamente hacia mí mientras me inspeccionaba con una mirada profunda. Lo que me preocupa, señorita Warne, es que abra la boca cuando lo que pasó toque eventualmente algún botón moral dentro de usted y sienta que tiene la responsabilidad de decir algo.

Me burlé. Si supieras algo de mí, sabrías que eso no va a pasar. ¿Por qué lo dices? Porque pienso por mí misma, y sé la diferencia entre ser estúpida y ser inteligente. Entonces sabes por qué estoy haciendo esto. Sí, y pienso que estás siendo paranoico. Sus cejas se levantaron, como si acabara de insultarlo, y probablemente lo había hecho. Tal vez no era tan inteligente después de todo.

He estado en esta situación más de una vez, muñeca explicó. Tengo motivos para ser paranoico. Sé cómo acabará esto. Vas a la policía, les dices lo que piensas haber visto u oído y entonces tengo un caso a mis espaldas. La policía procede a destrozar mis negocios, joder cada parte de mi vida, todo por una simple abertura de boca. Nadie ha salido exitoso, pero eso no los detiene de tratar. No soy nuevo en eso de que la ley me sorprenda…

Y está aquí para intimidarme interrumpí. Me sorprendió mi arrebato, pero no podía creer lo que estaba oyendo. Todo lo que podía pensar en ese momento eran las palabras de la abuela haciendo eco dentro de mi mente.

No dejes que nadie te pisotee.

Me pregunté si diría lo mismo si supiera que era Borden quien me pisoteaba. Probablemente no.

¿No es eso cierto? Presioné, tragando con dificultad. Inclinó su cabeza hacia un lado y sus labios se crisparon.

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Estoy aquí para decirle que puedo hacer más que solo intimidar, señorita Warne. Puedo hacer prácticamente lo que sea que quiera. Ahí estaba, demostrando su poder sobre mí, y sentí una ola de ira ante su arrogancia.

Lo que sea continuó diciendo, sus ojos vagando por cada parte de mí, aumentando mi ritmo cardiaco y al mismo tiempo haciendo que mi piel se sonrojarse por la intensidad de su mirada.

Y sabe a lo que me refiero con lo que sea, ¿o no, señorita Warne? Agarré fuertemente el borde del escritorio detrás de mí con ambas manos mientras replicaba: Sé que me está amenazando. Lamió sus labios de nuevo, esos jodidos labios de perdición que hacían que los míos hormiguearan. Simplemente estoy señalando los hechos, muñeca. Cada acción tiene una reacción igual y opuesta. Pestañeé. ¿Acaso el idiota acababa de citarme una de las tres leyes del movimiento de Newton? Continuó moviéndose hacia mí, y de repente estaba muy consciente de ello. Completamente congelada en mi lugar, lo observé cortar la distancia, una parte de mí se preguntaba qué haría cuando me alcanzara… y por qué estaba tan interesada en averiguarlo. —¿Estoy siendo claro, Emma? preguntó, deteniéndose frente a mí, inclinándose hacia delante de manera que estaba parado sobre mí. Sus brazos estaban extendidos a ambos lados de mí, agarrando el escritorio detrás de mí, sus dedos callosos tocando ligeramente los míos. Incliné mi cabeza hacia él y sentí mi cuerpo temblar bajo el peso de su mirada. ¿Ceder o no ceder? Ésa era la pregunta. Y lo jodí un poco. No, Borden ataqué sin pensar. Solo estás siendo un matón, y es ridículo porque fuiste quien la cagó. Nunca pedí escuchar lo que escuché cuando salí de tu club; simplemente pasó. Si algo como eso pone en riesgo tu negocio, tu reputación, o tus intereses, entonces tal vez deberías comenzar a estrangular a las personas de tus instalaciones. Silencio.

Santo Cielo, ¿qué acababa de decir? La verdad era que sus palabras habían tocado un punto sensible. No había nada que odiara más que alguien insertando su autoridad sobre mí. Alguien que me hiciera sentir atrapada y rebajada, como escoria a la que se le pudiera

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mangonear todo el tiempo que quisiera, ¿y sabes qué? Ya había pasado por suficiente los últimos dos años trabajando en este basurero de lugar, siendo mangoneada por un imbécil que pensaba que yo no era nada. Pero ser pasiva en el trabajo era una necesidad. Necesitaba ingresos y necesitaba un trabajo, no importaba cuál fuera.

Pero esto no era el trabajo. Este era un hombre que quería controlarme asustándome, y desde luego que no iba a aceptar este tipo de abuso. Fuera Marcus Borden o no, era inaceptable y estaba claro que estaba matando el poco de orgullo que me quedaba.

Cuando sus fascinantes ojos se ensancharon aunque fuera solo un poco ante lo que había dicho, supe que podría arrinconarlo. Sabía que estaba tratando de intimidarme y de hacerme sentir como si no tuviera opción, pero la tenía. Este nuevo descubrimiento me endureció justo lo suficiente para inclinarme hacia adelante, hasta que estuvimos a unos centímetros de distancia, le devolví la mirada severa que él me estaba dedicando.

¿Crees que habría salido por esa puerta si hubiera sabido lo que iba a pasar? le pregunté. ¿Sabes lo ilusa que debería ser para hablar sobre ello también? Estoy plenamente consciente de lo que eres capaz, pero estás colocando tu culpa en un lugar equivocado, y sería sabio si ambos simplemente nos detuviéramos y olvidáramos lo que sea que pasó, o lo que sea que pensamos pasó la otra noche.

Si hubiera elegido hablar justo en ese momento, no estoy segura de que lo hubiera oído a través de los sonidos de mis propios latidos silbando en mis oídos. Mis uñas se enterraron dolorosamente en la madera del escritorio mientras mi corazón casi se salía de mi pecho.

Su expresión permaneció igual, estaba comenzando a preguntarme si siquiera había escuchado algo de lo que había dicho, hasta que asintió ligeramente. Entonces, sin previo aviso, extendió su mano, capturando mi barbilla de manera posesiva, forzándome a mirarlo mientras veía mis ojos. No había ira allí, pero había una curiosidad que iba muy profundo. Jadeé, sorprendida por la calidez en su tacto, por la asombrosa calidez en su mirada, por lo cerca que estaba de mi rostro mientras susurraba: Eres feroz, ¿no es así, gata callejera?

Pestañeé con sorpresa, completamente sin habla.

Eres una pequeña gatita. Piensas que eres cruel, pero en su lugar eres jodidamente adorable.

Lo fulminé con la mirada y él se acercó aún más, hasta que sentí su cuerpo presionado contra la parte delantera del mío. Traté de no reaccionar ante la sensación de algo duro y largo contra mi estómago. Honestamente, fue tan inesperado que mi cerebro simplemente no pudo procesarlo, pero mi cuerpo… bueno, mi piel se sonrojó y mi corazón se aceleró aún más, y él aun así se acercó más.

Déjame ir le susurré, luchando con fuerza contra el extraño aleteo en mi vientre.

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¿Por qué? preguntó en voz baja, esos ojos azules clavándose en los míos. Estás excitada, ¿no es así? Puedo verlo en tu rostro. Estás toda roja y jadeante.

Déjame ir repetí.

Estaba delirando. No estaba excitada. Al menos… mi parte lógica no lo estaba. Pero mi cuerpo… bueno, mi jodido cuerpo estaba reaccionando como un animal lo haría, todo instinto

y sin pensamientos racionales. No significaba nada.

Tal vez podamos resolver esto de otra manera murmuró, con su aliento caliente en mi boca y su otra mano vagando lentamente desde mi cadera hacia mi cintura. Traté de no pensar en lo cálida y agradable que se sentía su mano, o en lo débil que quería ser una parte de mí para aceptar esto. Justo cuando sus dedos acariciaron mi pecho, algo dentro de mí explotó. Enojada, alcé mi mano y lo abofeteé en el rostro.

Fuerte. Lo abofeteé muy, muy fuerte.

El sonido fue alto, como un latigazo, e hizo que mis malditos oídos estallaran. Fue como las secuelas de una bomba explotando. Ese zumbido en el aire, la sorpresa de lo que había pasado, el sentimiento desconcertante de estar fuera de tu cuerpo en vez de dentro.

Y entonces, terror puro.

Oh, mierda. Mierda, mierda, puta mierda. ¿Qué mierda he hecho?

Sus manos cayeron al instante, dio un paso hacia atrás, sus ojos abiertos de par en par, su boca abierta. Su mejilla se tornó de color rojo carmesí, y su rostro era una mezcla de ira total y… algo más. Algo… delicioso y… primitivo y…

Sin previo aviso, envolvió de repente su mano alrededor de mi cuello y me jaló hacia adelante con dureza, chocando su boca contra la mía. Me quede inmóvil ante la sensación de sus labios sorprendentemente suaves, forzándome a apartar los míos, su cuerpo cálido y grande envolviendo en mío, de manera que mi corazón golpeaba con excitación en mi pecho. Se presionó contra mí, esa furiosa erección más gruesa que antes, mandando más aleteos a mi estómago, viajando más y más abajo, excitando lugares prohibidos. Se sentía como carbones ardiendo lentamente en mi interior, y era tan extrañamente erótico. Me hundí en su abrazo y separé mis labios, dando la bienvenida a su lengua mientras acariciaba la mía. Temblé, respirando con dificultad contra su boca. Sabía bien. Inusualmente bien para un monstruo.

Sin reserva, su otra mano se deslizó por mi espalda, apretando mi trasero y manteniéndome firmemente en mi lugar contra él. Sin buscar mi permiso, actuó como si estuviera autorizado para tocarme de cualquier manera que quisiera. Era un arrogante hijo

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de puta, sabiendo que agradecería después de reducirme a un charco de chispas, lista para detonar ante su orden.

Mis piernas se estremecieron y mis muslos cosquillearon. Mi sexo latía de repente, el dolor dentro de mí creciendo con cada segundo que él prolongaba el beso, su mano firme aun envolviendo mi nuca. Mi mente disparó mil pensamientos diferentes. Lo imaginé levantándome y extendiéndome en el escritorio. Pensando en lo bien que el vacío dentro de mí se sentiría cuando se sumergiera en mi interior, llenándome un centímetro a la vez. Estaba sorprendentemente de acuerdo con la visión, y solo era porque estaba tan malditamente encendida.

Estaba vergonzosamente encantada, tan ferozmente fuera de control, rogando con mis labios para que siguiera. ¡Dios, continúa! Estaba gimiendo contra él realmente jodidamente gimiendocomo si estuviera dándome placer hasta el orgasmo. Entonces, con la misma brusquedad, se apartó de mi boca y casi gimo de nuevo por

consternación esta vez. Mis ojos se abrieron de golpe y lo observé mirarme con una mirada desconcertada. Su pecho estaba subiendo y bajando. Apartó sus manos de mí y dio un paso

atrás, sus ojos aún enfocados en los míos con esa expresión de “¿qué mierda acaba de pasar?” Estaba segura de que yo se la devolvía.

No dije nada.

Es decir, ¿qué se podía decir? Como, oye, ¿por qué me besaste después de que te abofeteé? ¿Por qué lo disfruté demasiado? Espera, una pregunta más importante: ¿por qué lo disfrutaste ? Por favor, ilumíname y tal vez podamos regresar a hacer lo que estábamos haciendo, ¡bofetadas y toqueteos y lenguas y todo!

Sí, no. Emma Calenturienta necesitaba permanecer callada y encerrada en su jaula. La pequeña ramera. Debería darle vergüenza. Aclaró su garganta, componiéndose. Considéranos a mano ahora dijo, su voz peligrosamente baja. Era su voz de sexo, me percaté. Y por Dios, eso era excitante.

Pero de ahora en adelante continuó bruscamente, sus ojos fijos en los míos, no quiero que nada me persiga porque abriste esa linda boquita que tienes. O sino tendré que regresar y hacer uso de esa linda boquita de nuevo. ¿Entendiste?

No esperó mi respuesta. Se volvió abruptamente y salió, sin molestarse en decir adiós, porque ¿qué tipo de hombre como él dice adiós, de todos modos?

Solo un hombre de tipo bésalas y déjalas, Emma.

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Mis piernas eran como gelatina cuando lo seguí lentamente. Prácticamente jadeando, salí de la oficina y lo observé irse. Era un hombre estable, alto y confiado en sí mismo, pero incluso yo pude ver que no había estado preparado completamente para lo que había pasado. Lo había sorprendido, y no sabía cómo me hacía sentir eso.

Porque también me había sorprendido a mí misma.

Cuando estuvo fuera de mi visión, pasé mis dedos por mis labios, y se sintieron más llenos que antes. Dejé salir un gran suspiro y la tensión dejó lentamente mi cuerpo. Aún sentía que me estaba tocando por todas partes, traté fuertemente de ignorar el extraño jalón en la boca de mi estómago. Joder, su boca había estado en la mía. Esos labios de jodida perdición le hacían honor a ese nombre y se había excitado por esa bofetada, pero… pero ¿por qué exactamente?

Sintiendo los ojos curiosos de prácticamente cada cliente allí, me di la vuelta y me apresuré a alejarme. Salí por la puerta trasera y me quedé parada en el callejón, mirando vagamente el grafiti en la pared, escuchando a los pájaros que cantaban sobre mi cabeza, esperando que mi piel sonrojada se refrescara y que mi respiración se alentara.

Solo los peces muertos nadan con la corriente, leí una y otra vez mientras mi corazón tronaba dentro de mi pecho.

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10

Borden

¿Q

ué en la santa mierda acaba de pasar?

No, de verdad, él necesitaba saber. Él solo tenía la intención de llegar al fondo de por qué ella no había abierto la boca con la policía, algo que le había dado una nueva emoción al enterarse.

Era una sensación de asombro. Amable, ella le dijo al oficial que había estado con él. Amable.

Sí, tan malditamente amable como lo es un león con una gacela después capturarla y hundir sus dientes en su garganta.

Borden había tenido problemas similares en el pasado y esos bastardos siempre habían abierto sus bocas al oficial de policía que él les enviaba. ¿Por qué ella no? Cuando se le dijo esto, se vio obligado a venir a esta parte de mierda de la cuidad para entenderlo. Pero ahora estaba más confundido que nunca.

Después de que salió de la cafetería, se detuvo abruptamente varios locales abajo.

¿Él acaba de… él acaba de permitirle a alguien hablarle de esa manera? ¿Y él acaba de…

él acaba de jodidamente besar a esa persona después de haberlo abofeteado?

¿Qué mierda?

El asombro se intensificó.

Volvió a mirar el vago contorno del terrible negocio que ni siquiera entendía cómo podía generar dinero. El aroma de este había revuelto sus entrañas en carne picada.

Frunció el ceño.

¡Nadie le hablaba de esa forma! Sin importar quienes fueran incluso si eran del doble de su puto tamaño y más llenos de músculos que élnadie le había hablado así en cuatro años. Y si lo hacían lo cual nunca se atrevieron a hacernunca se habrían salido con la suya.

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Se lamió los labios y aun podía saborearla. La chica lo insulta y él la besa por ello. Y no solo la besó, sino que causó estragos en ella también. ¿Cómo carajos eso tenía sentido? ¿Y por qué en la santa mierda eso lo puso más caliente?

Una mujer acaba de hacerte caer de rodillas, Marcus. Así como así.

Su sangre hirvió.

Era como si hubieran inyectado ira en sus venas. Corría desenfrenadamente por su cuerpo. Siempre la ira, siempre incapaz de luchar contra ella, sabiendo que la única salida era atravesándola. La ira le hacía querer irrumpir allí, tomarla de su pequeño brazo y demandar una disculpa.

No.

No.

Él quería irrumpir allí, tomarla del maldito cabello e inclinarla sobre ese asqueroso pedazo de escritorio de mierda y follarla duro y profundo, solo para llamarlo un empate.

¡Ella estaba aterrada de él! Vio la forma en la que ella se estremeció, la forma en la que sus ojos marrón claro desviaron la mirada de él, y sin embargo… y sin embargo ella le habló sin impedimentos. Y ese beso había sido devuelto con tantas ganas, con tal fuerza, que sabía que ella había sido despojada de todos sus sentidos al igual que él. Y solo el recuerdo de lo transcurrido hace algunos minutos borró la ira y la reemplazó con… una extraña ráfaga. ¡Como una especie de descarga por algún tipo de maldita droga!

Ese sentimiento era tan extraño para él, que lo dejó temporalmente congelado en el concreto. Prácticamente podía saborear los colores; estaban allí, flotando alrededor de los bordes, intentando abrirse camino. Sentía una gran conmoción en su interior y algo… emocionante emergió.

¿Qué mierda estás viendo? gritó Borden a un transeúnte que se había disminuido su marcha para mirarlo.

Sus ojos se ensancharon y salió corriendo. Si, esa era la reacción a la que Borden estaba acostumbrado. No a ser regañado por una chica de no más de la mitad de su tamaño con los ojos más tristes, con piel cremosa y una pequeña boca enérgica ...

Su polla de repente se sacudió. Maldito traidor.

Ella era tan jodidamente

difícil ahora como lo era cuando tenía catorce años

intrigaba terriblemente como para ignorarlo.

y

lo

Pequeña gata callejera.

Sacó su teléfono y marcó un número.

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Hawke dijo. Tengo un encargo para ti. Emma Warne. Quiero saber cada maldita cosa sobre ella. A qué escuela fue, quienes son sus amigos, a quien se está cogiendo, demonios, a todos los que se ha cogido alguna vez. Todo.

Sin esperar una respuesta, colgó y colocó su teléfono de vuelta en su bolsillo. Sabía que estaba siendo impulsivo pero era una emoción acogedora. Rompió el aburrido vacío de su día. No se había cruzado con alguien tan fuerte en un milenio e incluso esos doscientos kilos de colesterol andante eran una decepción.

Emma era diferente. Él simplemente lo sabía. ¿Qué mierda estás viendo? gritó Borden a otro par de ojos horrorizados. Seguido de otra huida.

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Emma

T odavía aturdida, logré llegar a casa de la Abuelita alrededor de las siete de la noche. Las luces del porche estaban encendidas para mí, algo que ella solía hacer

cada noche que llegaba tarde a casa mientras vivía con ella. Era una casa de un piso y dos habitaciones, ajustada para nosotras dos pero lo suficientemente buena para ella. La casa tenía más de sesenta años y mi Abuelita se había mudado a ella luego de tomar mi custodia cuando tenía siete años. Eso fue hace dieciséis años y lo recuerdo tan claro como el día: la confusión, el entusiasmo, las preguntas que me había contestado con delicadeza a raíz de los acontecimientos ocurridos luego del encarcelamiento de mi madre.

Una cosa que amaba de la casa, era que mi Abuelita nunca le hizo cambios. Cada vez que entraba por la puerta era como volver a mi infancia, y ella intentó arduamente darme una buena.

Siempre llevaba conmigo una llave de repuesto. Cuando entré, todo estaba en silencio y oscuro. La llamé y oí un ronquido sordo desde la sala. Estaba durmiendo en el sillón con un álbum de fotos abierto en su regazo. Su largo cabello blanco caía sobre partes de su envejecido rostro. Estuve de pie por un momento, admirándola y amándola más con la agridulce realización de que solo se volvería más vieja. Se encontraba en sus comienzos de los setenta y realmente estaba comenzando a lucirlos hoy en día.

La tabla de madera debajo de mí crujió y ella se agitó de inmediato. Sus ojos se abrieron lentamente y sonrió ampliamente cuando me vio.

¡Oh, sí viniste! exclamó, dejando el álbum de fotos para darme un abrazo. Por supuesto que vine, te extrañé dije, devolviéndole el abrazo con fuerza.

Más tarde, me sirvió un pastel de lodo con un gran vaso de limonada, otro favorito de la infancia. Nos sentamos en la mesa de la cocina y hablamos de su salud, sobre mis condiciones de vida y mi trabajo. No me tomó mucho tiempo acabar la mayoría de mi plato.

Creo que deberías seguir buscando otro trabajo dijo. Debe haber algo más que pague mejor, Emma.

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Lo sé. Me mostré de acuerdo. Es solo que es tan difícil. No hay muchos trabajos, Abue. Muchas personas vienen a vivir aquí ahora. He aplicado para muchos pero la competencia es feroz. La cafetería me está sacando adelante lo suficiente por ahora.

Solo sigue aplicando. Quizás abrirán más negocios con la inundación de personas y podrás encontrar un puesto en contabilidad. No importa cuán imposible se pueda sentir, solo puedes estar en ello para ganarlo. ¿No es así?

Asentí, pero tampoco era así de fácil. Sabía que me estaba empezando a sentir muy cómoda en la cafetería y estaba tomándome mi tiempo para buscar otra cosa, pero habían cuentas que necesitaban ser pagadas y estaba siempre al borde del punto crítico. 2 Tenía que comenzar a trabajar más duro para encontrar otra cosa.

Por supuesto que siempre puedes casarte con alguien rico añadió, riéndose de mí.

¿Con los cientos de solteros ricos allí afuera? Jadeé sarcásticamente. Dios, ¿por qué no pensé en eso? Simplemente iré y elegiré uno. Estoy segura que uno de ellos estará interesado en una camarera pobre como yo.

Bueno, el reloj no se detiene, querida. Te vas a quedar sin tiempo.

¡Tengo veintitrés años, Abue! ¡Las personas se casan a sus cuarenta todo el tiempo! Estamos en el siglo veintiuno, ¿no sabías? Ya no todos tenemos que casarnos a los quince.

Es cierto. Mi Abue se casó a los quince. Estuvo casada con mi abuelo por treinta y cinco años cuando tuvo un repentino ataque al corazón y fue alejado de ella. Tristemente, nunca lo conocí. Ella nunca se volvió a casar, ni buscó otra pareja desde entonces.

Bueno, hablando de esas cosas comenzó, evitando mi mirada, no estás viendo a nadie, ¿verdad? No, Abuelita le contesté, volviendo a mi postre infestado de carbohidratos y terminando los últimos bocados. Te lo diría. Levantó una ceja escéptica. ¿En serio lo harías? No te he ocultado nada. Si estuviese viendo a algún tipo, te contaría todo sobre ello. Se animó un poco antes de responder casualmente: Solo creo que es importante que sepas que yo podré estar vieja y marchita, pero también soy mujer aún. Lo sé, Abue, lo sé.

2 N. del T: Punto crítico (Break even): En finanzas el término refiere a que las ganancias cubren los costos o gastos.

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Así que, no intento husmear, pero no estoy segura de que estés viendo a un doctor y haciéndote cargo de tus partes femeninas. Me refiero a las píldoras anticonceptivas y todo eso. No es que te esté forzando a confesar alguna de esas cosas si no te sientes cómoda.

Contuve la risa. No estoy incómoda, pero sí, estoy con un método anticonceptivo, no te preocupes. Sus hombros se relajaron un poco. Bien, porque es importante, ¿cierto? Cierto. ¿Qué tipo de método anticonceptivo, si me permites preguntar? Sé cuán olvidadiza puedes ser con tus pastillas. Contuve un suspiro. Tengo el implante en mi brazo. El implante, correcto. Asintió, sus pensamientos todavía en llamas. Pero eso no impide enfermedades, ¿verdad? No. ¿Te estás asegurando de que tus parejas están cubiertos o que estén limpios? Me encogí y contuve otro suspiro.

—No te preocupes, no he… tú sabes, no he estado con alguien en un muy largo tiempo, Abuelita. Así que, relájate, ¿está bien? Lo tengo bajo control.

Bien, bien. Y ten en cuenta que estoy ahí para ti, sin importar qué. Entonces me dedicó su dulce sonrisa que fue directo a mi corazón.

Lo sé dije casi en un susurro, mirándola mientras me tragaba el nudo en mi garganta. Esta mujer me amaba con todo lo que había en su interior y me preguntaba cómo podía merecerlo.

De todas maneras, estoy contenta porque tengo un hombre a la vista para ti.

A pesar del par de días de mierda que tuve, me reí por primera vez. Dejándole a mi Abuelita tratar de emparejarme. De nuevo.

Oh, Dios murmuré. ¿Quién es esta vez?

Es un doctor contestó, claramente orgullosa de sí misma. Desde que el Doctor Brahim se trasladó, he estado yendo con él.

Me reí incluso más fuerte.

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Oh, ¿entonces él es tu doctor? ¿Es lo suficientemente mayor para ser mi padre?

De hecho, es muy joven. Desearía que lo tomaras más en serio me dedicó mirada de sé sabia chica, con la que ya estaba más que familiarizada.

Entonces, ¿qué te hace creer que un doctor va estar interesado en una pobre meserita como yo? ¿Es esa atracción de damisela en peligro? ¿Eso le acelera sus motores? Espero que no porque se llevará una sorpresa conmigo.

Ahora ella estaba entrando al lado serio. Apretó los labios y levantó las cejas dejando que la mirada de sé sabia chica fuera más prominente ahora.

A él no le importa eso replicó—. Le he mostrado algunas de tus fotos…

¿Tú qué? Mi mandíbula cayó. Siempre trataba su cosa de emparejamiento, pero nunca antes había llegado tan lejos. ¿A qué te refieres con que le mostraste mis fotografías?

Llevo fotos tuyas en mi cartera, lo sabes.