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LA FELICIDAD PARADÓJICA

Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo
Gilles Lipovetsky
Anagrama

Barcelona 2007.

PRESENTACIÓN
Ha nacido una nueva modernidad: coincide con la «civilización del deseo» que
se construyó durante la segunda mitad del siglo xx.
Esta revolución es inseparable de las últimas orientaciones del capitalismo
dedicado a la estimulación perpetua de la demanda, a la comercialización y la
multiplicación infinita de las necesidades: el capitalismo de consumo ha ocupado el
lugar de las economías de producción. En el curso de unos decenios, la sociedad
opulenta ha trastocado los estilos de vida y las costumbres, ha puesto en marcha una
nueva jerarquía de objetivos y una nueva forma de relacionarse con las cosas y con el
tiempo, con uno mismo y con los demás. La vida en presente ha reemplazado a las
expectativas del futuro histórico y el hedonismo a las militancias políticas; la fiebre del
confort ha sustituido a las pasiones nacionalistas y las diversiones a la revolución.
Apoyado en la nueva religión de la incesante mejora de las condiciones de vida,
el vivir mejor se ha convertido en una pasión de masas, en el objetivo supremo de las
sociedades democráticas, en un ideal proclamado a los cuatro vientos. Pocos fenómenos
han conseguido modificar tan profundamente los estilos de vida y los gustos, las
aspiraciones y las conductas de tantas personas en tan poco tiempo. Nunca se
reconocerá lo suficiente lo mucho que «debe» el hombre nuevo de las sociedades
liberales a la invención de la sociedad de consumo de masas. En apariencia, nada o casi
nada ha cambiado: nos movemos todavía en la sociedad del supermercado y de la
publicidad, del coche y de la televisión. Sin embargo, en los dos últimos decenios se ha
producido un nuevo «seísmo» que ha puesto fin a la buena y vieja sociedad de consumo,
transformando tanto la organización de la oferta como las prácticas cotidianas y el
universo mental del consumismo moderno: la propia revolución del consumo ha sido
revolucionada. Se ha puesto en marcha una nueva fase del capitalismo de consumo y es
la sociedad de hiperconsumo. Su funcionamiento y su impacto en la vida son el tema de
este libro.
El sistema fordiano que fabricaba productos estandarizados ha cedido el paso a
una economía de la variedad y la reactividad en la que no ya sólo la calidad, sino
también el tiempo, la innovación y la renovación de los productos han acabado por ser
los criterios de competitividad de las empresas. Al mismo tiempo, la distribución, la
mercadotecnia y la comunicación han inventado nuevos instrumentos para la conquista
de mercados. Mientras el mercado desarrolla una estrategia más cualitativa que tiene en
cuenta las necesidades y la satisfacción del cliente, hemos pasado de una economía
orientada hacia la oferta a una economía orientada hacia la demanda. Política de marca,
«creación de valor para el cliente», sistemas de fidelización, presión de la segmentación
y la comunicación: hay en marcha una revolución copernicana que reemplaza la
empresa «orientada al producto» por la empresa orientada al mercado y al consumidor.

remodelar su apariencia. elaborar su estilo de vida. Porque. La nueva economía-mundo no se define solamente por la soberanía de la lógica financiera: es además inseparable del despegue de una «economía del comprador». Por otra parte se dice que los gastos del consumo doméstico son ahora el primer motor del crecimiento. No son ya los productores quienes están en el origen de la reciente subida del precio del petróleo. Nace un Homo consumericus de tercer tipo. El consumo privatizado ha tomado el relevo del consumo honorífico en un sistema en que el comprador está cada vez más informado y es cada vez más infiel. el imperativo es comercializar todas las experiencias en todo lugar. el Estado pasan a segundo plano. reducir los ciclos de vida de los productos mediante la aceleración de las innovaciones. con gustos y adquisiciones imprevisibles. El rey bolsista y el cliente rey: esta nueva configuración de poderes está en la base de la mutación de la economía mundializada. Por lo que se refiere al primer polo. sino el fuerte tirón de la demanda. el tema del «consumo duradero» encuentra una amplia acogida y el hiperconsumidor aparece como un agente al que hay que responsabilizar con carácter de urgencia cuando sus excesos desequilibran la ecosfera. desincronizado e hiperindividualista en el que ninguna edad escapa ya a las estrategias mercadotécnicas de segmentación. en todo momento y para todas las edades. fomentar el crédito para el consumo. Mientras triunfa el capitalismo globalizado. de inmediatez y de comunicación. reflexivo y «estético». a una escala mayor. eclipsados ya por la pujanza de los mercados financieros y los mercados del consumo. de aquí que sea imperativo instaurar un clima general de confianza entre los compradores. fidelizar al cliente mediante prácticas comerciales diferenciadas. diversificar la oferta adaptándola a las expectativas de los compradores. que representa algo menos del 70 % del PIB de Estados Unidos y cerca del 20 % de la actividad mundial. Con este orden económico en que el consumidor se alza como señor de los relojes se corresponde una profunda revolución de los comportamientos y del imaginario consumista. porque ahorrando menos y llevándose más contribuyen a la consolidación de una economía fuerte. que se considera esencial. Poco a poco se van desvaneciendo los antiguos límites de tiempo y espacio que encuadraban el universo del consumo: y ahora nos vemos en un continuo consumista cósmico. La sociedad de hiperconsumo coincide con un estado de la economía caracterizado por el papel central del consumidor. los sindicatos. una especie de turboconsumidor desatado. liberado en buena medida de las antiguas culturas de clase. es la hora de buscar sistemáticamente una creación de valor más elevada para los señores del capital. móvil y flexible. En relación con el segundo. la nueva era del capitalismo se construye estructuralmente alrededor de dos agentes fundamentales: el accionista por un lado y el consumidor por el otro. sino también por el funcionamiento global de nuestras economías. Del consumidor sometido a las coerciones sociales del standing se ha pasado al hiperconsumidor al acecho de experiencias emocionales y de mayor bienestar (mieux-étre).El nuevo predominio de los mercados de consumo se explica no sólo por las estrategias de las empresas. En cuanto al crecimiento de la economía mundial. de calidad de vida y de salud. en particular la norteamericana y la china. pero donde cada cual puede emplear su tiempo a la carta. de marcas y de autenticidad. segmentar los mercados. Precisamente cuando se intensifica el peligro de sufrir catástrofes ecológicas. Es la hora del consumo-mundo en el que se han eliminado los antagonismos culturales y en el que el . el asalariado. vemos que se basa en gran parte en el consumo estadounidense.

en que se han agotado los grandes sistemas referenciales de la historia y la tradición. que ve ampliarse su abanico de opciones. los placeres. la cuestión de la felicidad interior vuelve a estar «sobre el tapete». el espíritu de consumo ha conseguido infiltrarse hasta las relaciones con la familia y la religión. El hiperconsumidor ya no está sólo deseoso de bienestar material: aparece como demandante exponencial de confort psíquico. el consumo funcionara como un imperio sin tiempos muertos y de contornos infinitos. del equilibrio y la autoestima. se preocupa por optimizar la relación calidad-precio. Prosiguiendo una tendencia secular. la esperanza de vida no cesa de crecer: actualmente es de 76. No faltan indicios que permiten pensar que. ¿Las subidas salariales son insuficientes? ¿El poder adquisitivo está amenazado? Esto no impide que nueve de cada diez franceses se declaren felices. Por un lado se afirma como «consumactor». la sociedad de hiperconsumo posee cierta cantidad de triunfos en la mano. Por el otro. aprovecha las ocasiones de comprar barato. de armonía interior y plenitud subjetiva y de ello dan fe el florecimiento de las técnicas derivadas del Desarrollo Personal y el éxito de las doctrinas orientales. se eligen los nacimientos. en mejor forma y gozando de mejores condiciones materiales. incluidas las que no dependen del intercambio comercial. Las fiestas. más adentrado que sus predecesores en la vía de la felicidad? La civilización consumista se distingue por el lugar central que ocupan los deseos de bienestar y la búsqueda de una vida mejor para uno mismo y los suyos. por el hecho de recuperar la dimensión del «ser» o la espiritualidad. Cada cual es dueño y señor de su comportamiento. No es ya la época en que Freud podía decir que «la felicidad no es un valor cultural»: la felicidad triunfa en el presente. sin esfuerzo. en el reino de los ideales superiores. más extiende el mercado su influencia tentacular. convirtiéndose en un segmento comercial. las regiones ricas son felices. Cuanto más obtiene el hiperconsumidor un poder que no conocía hasta entonces. informado y «libre». en un objeto de marketing que el hiperconsumidor quiere tener a mano.8 años para las francesas. las guías de la felicidad y la sabiduría. los placeres y los gustos se muestran cada vez más dependientes del sistema comercial. A vista de pájaro al menos. Poco a poco. De ahí la condición profundamente paradójica del hiperconsumidor. ¿Está el hiperconsumidor. Es como si.espíritu consumista tiende a reorganizar el conjunto de las conductas. más auto administrado está el comprador y más extrodeterminación hay vinculada al orden comercial. los estilos de vida. Se vive más tiempo. mientras proliferan las farmacopeas de la felicidad. Son voces que contradicen a los profetas de la desdicha. En una época en que el sufrimiento carece totalmente de sentido. con la política y el sindicalismo. La parte del tiempo no trabajado representa en los países más desarrollados entre el 82 % Y el 89 % del tiempo total que pasa despierto el individuo. La creencia moderna de que la abundancia es condición necesaria y suficiente para la felicidad humana ha dejado de dar frutos: falta saber si la reivindicación de la sabiduría no comportará a su vez una ilusión de otro género. . las nuevas espiritualidades. enseguida y por todos los medios. que consulta portales y comparadores de costes. los juegos. en este dominio. El materialismo de la primera sociedad de consumo ha pasado de moda: actualmente asistimos a la expansión del mercado del alma y su transformación. una niña nacida en 2001 tiene el 50 % de posibilidades de vivir al menos cien años. desde este momento. El tiempo y el dinero que se dedican al ocio están en alza continua. la conducta sexual se deja a la libre elección de hombres y mujeres. con la cultura y el tiempo disponible.7 años para los franceses y de 83. las incitaciones al placer invaden el espacio de la vida cotidiana.

¿Habrá pues que dar la razón al poeta y a las actuales interpretaciones paranoicas del consumo que nos descubren el abismo que hay detrás del radiante espectáculo de la abundancia y la comunicación? Me he esforzado por evitar esta tendencia a la demonización. a pesar de lo cual la tristeza y la tensión. el gusto por lo evasivo y lo lúdico. pero eso no impide que el individuo se esté convirtiendo en una especie de hipocondríaco crónico. que son consustanciales al deseo humano. jamás ha habido tantas conductas problemáticas (entre el 5 % y el 9 % de los jóvenes de quince años) ni tantas enfermedades mentales entre éstos: según el Inserm. pero ¿es negativo en todas sus facetas? Si no es el paraíso. .¿La novia es tan guapa como sugiere ese basto plano fotográfico? La inmensa mayoría se declara feliz. la infelicidad sexual persiste. las depresiones y la ansiedad forman un río que crece de manera inquietante. pero un número creciente de personas vive en la precariedad y debe economizar en todas las partidas del presupuesto. Ya lo señalaba sensatamente Aristóteles: el hombre feliz necesita gozar sin dificultad de diferentes bienes exteriores. Si el PIB se ha multiplicado por dos desde 1975. suelen ser motivo de satisfacciones reales. Nos curan cada vez mejor. ¿Se ha progresado en el camino de la felicidad? Afirmado seria confundir ilegítimamente el bienestar material con la dicha. La sociedad de hiperconsumo funciona como una sociedad de desorganización psicológica que precipita numerosos procesos de «relanzamiento» o redinamización subjetiva. Son estos aspectos los que hacen de la sociedad de hiperconsumo la civilización de la felicidad paradójica. ya que la falta de dinero se ha vuelto un problema cada vez más acuciante. Contra la postura hipócrita de gran parte de la critica del consumo. Está claro que el saldo humano y social de la sociedad hipercomercial no es precisamente halagüeño. En cualquier caso. Los excesos nocivos del consumismo no bastan para condenar globalmente un fenómeno que guarda vínculos muy íntimos con la búsqueda de lo agradable y la distracción. Jamás se han dedicado tanto los padres a satisfacer los deseos de los hijos. las inseguridades sociales y personales aumentan. uno de cada ocho niños padece algún trastorno mental. Si bien estos consumos no son sinónimos de felicidad. ¿Por qué hemos de creer que el consumo es un dominio incapaz de aportar satisfacciones auténticas? Se nos induce a que atribuyamos a necesidades «inferiores» el gusto por lo fácil y lo ligero. el hiperconsumidor puede acceder a placeres cada vez más numerosos y frecuentes. Es indudable que cabe poner más esperanza en esta aceleración de los datos de la existencia que en las promesas de los nuevos gurús de la sabiduría. Nuestras sociedades son cada vez más ricas. gustar los innumerables goces de las libertades. Las incitaciones al hedonismo están por todas partes: las inquietudes. las decepciones. se inscribe la espiral del hiperconsumo. La gente se declara mayoritariamente feliz pensando que los demás no lo son. «Quien habla de felicidad suele tener los ojos tristes». tampoco parece ya el infierno de carestía y frustración que describieron sus detractores oficiales. Añadamos que si las manifestaciones de «vivir mal» se multiplican. es preciso reconocer los elementos positivos que trae la superficialidad consumista. entre otras. los individuos también tienen más ocasiones de «recuperarse» más aprisa. La sucesión de los altibajos de la vida se acelera como nunca: movimientos de vaivén que autorizan tanto el pesimismo como cierto optimismo. decía Aragon. Los cuerpos son libres. En estas inclinaciones. el número de parados se ha multiplicado por cuatro. las evasiones y los cambios.

El tiempo de las revoluciones políticas ha concluido. la sociedad de hiperconsumo exalta los referentes del mayor bienestar. si se queda en el simple fetichismo del crecimiento de las necesidades comercializadas. saborear experiencias nuevas. un orden bulímico que lleva al extremo y al caos y que ve que la opulencia convive con el aumento de las desigualdades y el subconsumo. Contemporáneo de un comprador concienciado y «profesionalizado». Está claro que necesitamos menos consumo. de comportamientos desbocados y excesivos. Los ideales del amor. las aspiraciones trascendentes. ningún «último hombre». Se imponen cambios que permitan asegurar no sólo un desarrollo económico duradero. Si no hay que poner en la picota el nuevo régimen comercial. No habrá salvación sin avance del consumo. como derroche de energía y como excrecencia incontrolada de las conductas individuales. la armonía y el equilibrio. por el otro se presenta como un sistema hipertrofiado e incontrolado. menos atraídas por las satisfacciones consumistas. Es evidente que ellas han modificado su fisonomía actual. Pero por otro lado también necesitamos más consumo: para que retroceda la pobreza. abrirse al mundo. Por este motivo la era de la felicidad paradójica reclama soluciones igualmente paradójicas. renovados hasta el infinito. ante nosotros tenemos el de la reestabilización de la cultura consumista y el de la reinvención permanente del consumo y los estilos de vida. entendido éste como imaginario multiplicador de la satisfacción. de potenciar motivaciones menos dependientes de los bienes comerciales. la verdad. ya que la previsión más probable es que se amplíe a escala planetaria en una época que no dispone de ningún sistema de recambio creíble: muy pronto habrá centenares de millones de chinos e indios que entrarán en la espiral de la abundancia de bienes y servicios de pago. es asimismo productor de un «mal infinito». reflexivas y críticas de los sujetos no han quedado decapitadas en absoluto. la justicia y el altruismo no están en bancarrota: en el horizonte de los tiempos hipermodernos no se perfila ningún nihilismo total. ¿Está entonces la postsociedad de hiperconsumo a la orden del día? A mi entender no lo está en absoluto. Y sean cuales fueren las amenazas que pesan sobre la educación y la cultura.Nada confirma las opiniones de los más pesimistas que juzgan la sociedad de la satisfacción total e inmediata como el camino que prepara la aparición de un «fascismo voluntario». para utilizar mejor el tiempo y los servicios. Es el momento de la regulación y la moderación. Las razones para tener esperanza no han caducado: a pesar de la inflación de necesidades comercializadas. el individuo sigue viviendo para algo más que para los bienes materiales pasajeros. pero también para ayudar a la tercera edad. para hacer descarrilar el . para mejorar las condiciones de la salud pública. La sociedad de hiperconsumo arranca a fines de los años setenta y no han faltado críticas a su andadura. Los perjuicios son dobles: afectan tanto al orden subjetivo de las existencias como al ideal de justicia social. Por un lado. redefinido según nuevos criterios. La verdad es que la sociedad de hiperconsumo impulsa menos el retorno del bastón autoritario que lo que nos protege de él. de una multitud de desórdenes subjetivos y de fracasos educacionales. sino también existencias menos desestabilizadas. Que nadie se llame a engaño: ni las protestas ecologistas ni las nuevas modalidades de consumo más sobrio bastarán para destronar la creciente hegemonía de la esfera comercial. no habrá esperanza de una vida mejor si no se somete a crítica el imaginario de la satisfacción total e inmediata. tampoco hay que ponerlo por las nubes.

consultas con el «médico espiritual». En un futuro lejano aparecerá una nueva jerarquía de bienes y valores. A diferencia de lo que ocurría en el pasado.TGV consumista. ni siquiera desacelerar la huida hacia delante de la comercialización de la experiencia y los estilos de vida. Mientras las ideas de placer y deseo se desvinculan del «pecado». En este feudo se multiplican las librerías especializadas y salas de exposición. antes o después se superará y será un momento que inventará formas nuevas de producir. ¿Para alcanzar un equilibrio mejor? ¿Para aumentar la felicidad de la humanidad? La espiritualidad consumista Ni siquiera la religión representa ya una fuerza de oposición al avance del consumo-mundo. incluso la espiritualidad se compra y se vende. plenitud de los individuos. La sociedad de hiperconsumo habrá vivido su vida. Sin embargo. que se ha adaptado a los ideales de felicidad. hedonismo. cursos de astrología y numerología. cursillos de zen y yoga. etc. sino el instrumento de su adaptación a la civilización moderna de la felicidad en la tierra. Mientras las obras de religión y las novelas espirituales se convierten en éxitos de ventas. lo mismo que los antiguos temas del sufrimiento y la mortificación. toda una oferta comercial hecha de talleres con gurú. ya que los individuos necesitan encontrar «en el exterior» medios para consolidar los universos de sentido que la religión instituciona1 no alcanzaba ya a construir. centros de desarrollo personal y espiritual. la realización total de la persona. Si es verdad que la reactivación posmoderna de lo religioso expresa cierto desencanto del materialismo de la vida cotidiana. Por donde se ve que somos menos testigos de un «retorno» de lo religioso que de una reinterpretación global del cristianismo. para contener el alud de nuevos productos con un ciclo de vida cada vez más breve. sector que organizar y promover. pero también de evaluar el consumo y de pensar en la felicidad. también lo es que el fenómeno es cada vez menos ajeno a la lógica comercial. Sólo estamos en el comienzo de la sociedad de hiperconsumo y por el momento no hay nada que permita detener. que no han conseguido mantener sus promesas de aportar la dimensión espiritual necesaria para la plenitud de la persona. a un nuevo imaginario de la vida en sociedad y del vivir bien. No se trata ya tanto de inculcar la aceptación de las adversidades sino de responder a las decepciones de las mitologías seculares. cediendo el paso a otras prioridades. la necesidad de cargar con la propia cruz ha desaparecido. producto para comercializar. en la armonía. no exalta ya el sacrificio ni la renuncia. difundidos por el capitalismo de consumo: el universo hiperbólico del consumo no ha sido la tumba de la religión. El rigorismo y la culpabilización se han atenuado mucho. Lo que constituía un cortafuegos para el desenfreno de la mercancía se ha metamorfoseado en palanca de su propagación. el cristianismo ha pasado a ser una religión al servicio de la felicidad mundana que pone el acento en los valores de la solidaridad y el amor. En ninguna parte es tan manifiesto el fenómeno como en la «nebulosa místico-esotérica» y los medios que asumen la «New Age». la paz interior. De ser una religión centrada en la salvación de ultratumba. Cuando domina una concepción mundana y subjetiva de la salvación. aparece al mismo tiempo la comercialización de las actividades religiosas y pararreligiosas. La . Es la espiritualidad convertida en mercado de masas. de intercambiar. muchos editores invierten en este nuevo segmento del mercado en expansión. En la sociedad de hiperconsumo. la Iglesia no pone ya por delante las ideas de pecado mortal. talleres sobre las «chakras».

creer no es consumir: por inscribirse en la continuidad de una tradición. Cada vez hay más consumidores que afirman ser sensibles a los productos del comercio justo. Otra época. de los hambrientos. El hiperconsumidor atrapado por la ética La ética constituye otro «sector» en alza del consumo-mundo. la tendencia general es a la individualización del creer y el obrar. en diversidad de productos y en notoriedad. no se trata de la disolución de lo religioso en el consumo: simplemente asistimos a la ampliación de la fórmula del supermercado hasta los territorios del sentido. Al mismo tiempo. lo divino y el sentido de la vida. a la penetración de los principios del hiperconsumo en el interior mismo del alma religiosa. comportamientos a la carta. primacía del mayor bienestar subjetivo y de la experiencia emocional.fase III es la que ve difuminarse el espacio que hay entre el Homo religiosus y el Homo consuméricus. películas o viajes. según el Instituto Mori. incluso la espiritualidad funciona en régimen de autoservicio. por buscar lo «esencial». del medio ambiente. muchos consumidores europeos declaran estar dispuestos a comprar más caro si el producto respeta las normas ecológicas o éticas. a una vida subjetiva mejor y más auténtica? Naturalmente -conviene subrayarlo-. También es verdad que la reafirmación actual de lo religioso se caracteriza por tener los mismos rasgos que definen al turboconsumidor experiencial: participación provisional. del gasto con conciencia cívica. a la afectivización y relativización de las creencias. El 18 % de los británicos y el 14 % de los holandeses han boicoteado productos por criterios «cívicos». de acuerdo con la lógica experiencia1 de la fase III. desde 2001 el comercio justo registra un importante aumento en volumen. de las víctimas de todas clases. se compran «productos éticos» y ecológicos. la mercancía «responsable» se complementa con un consumo de acciones humanitarias. sino la virtud que se le atribuye de propiciar el acceso a un estado ontológico superior. La fase III se organiza bajo los auspicios del consumo «correcto». sólo la cuarta parte de los consumidores confiesa ser indiferente a estos criterios. Lo que se encuentra cada vez más en el centro tanto de los creyentes propiamente dichos como de las nuevas «religiones sin Dios» es la búsqueda de la plenitud psicológica del sujeto. con el debilitamiento de la capacidad organizadora de las instituciones religiosas como telón de fondo. catadores de etiquetas éticas y de productos con sentido asociados á la defensa de los niños. de los animales. En nuestras sociedades no se consumen ya únicamente «cosas». según el país. . No hay duda de que el mercado de los productos verdes y de comercio justo está todavía en pañales: entre el 1 % y el 5 % del consumo total. el auge de las galas mediatizadas de beneficencia de masas. incorporación comunitaria libre. Al mismo tiempo. Sin embargo. Como es lógico. el espíritu de la fe no puede confundirse con el espíritu pragmático del consumismo. en la expresión de las emociones y los sentimientos. otras motivaciones: tras los militantes políticos han llegado los nuevos consumidores «comprometidos». Actualmente. En este sentido. el Homo religiosus parece mucho más la continuación del Homo consumericus por otros conductos que su negación. Lo que da valor a la religión no es ya su posición de verdad abso1uta. en las búsquedas originadas por la preocupación por el mayor bienestar personal. ecológica y socialmente responsable.

Tras el consumo demostrativo de las clases ricas. nuestra época ha mezclado estos antiguos límites a mayor felicidad del hiperconsumidor sentimentalmediático. juegos. diluvios de llamadas y donativos. el rock caritativo. El hiperconsumidor experiencial vota por los megaespectáculos de la bondad. los testimonios desgarradores. del donativo consumido y massmediatizado. pp. 123-127 . las grandes estrellas al servicio de la solidaridad. Al festival del objeto se superpone ahora el consumo de responsabilidad cívica y la fiesta de los buenos sentimientos. Finiquitadas las rivalidades simbólicas del intercambio-donativo salvaje. El estadio terminal del consumo se realiza con la consagración del valor ético. Barcelona 2007. Ya no hay antagonismo entre hedonismo y desinterés. consensuado y compasivo. es el potlatch de la bondad total. idealismo y espectacularismo. Gilles Lipovetsky La felicidad paradójica. todo inmerso en un ambiente festivo e interactivo. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo Anagrama. expedido y zapeado. prometido. la subasta del Bien catódico. . instrumento de afirmación identitaria de los neoconsumidores y generador de emociones-minuto para los espectadores de los maratones filantrópicos. paso al caritativismo de la felicidad dada y recibida en directo y en primer plano. entre individualismo y altruismo. lágrimas. consumismo y generosidad.con estrellas. nuestro potlatch es mágico. risas. Se van las «aguas heladas del cálculo egoísta». movilizado episódicamente y a distancia. 7-16.