Bratosevich

Si, adoptando el lenguaje propio del conjunto de experiencias llamado Posmodernidad (concepto lábil, discutido desde
diversos ángulos pero vigente en los debates actuales sobre teoría literaria y cultural, sobre todo en lo que hace a los rasgos
ideológicos que hacen a aspectos éticos-económicos-políticos), “ya todo está dicho” y nuestra época se define como la era del
“fin de lo grandes relatos”, cabe preguntarse qué le queda a la literatura aparte de constituirse en corroboración de discursos
repetidos. Dicho en otros términos, lo que apremia es el interrogante sobre la pertinencia y factibilidad de atribuirle a la
producción literaria un valor específico concerniente a la elaboración de significación, que sin embargo no resida en la mera
posibilidad de ser expresión de una conciencia individual o de un sujeto social. En este sentido, muchas posturas teóricas han
optado por entender ese proceso específico de significación en tanto aventura entre discursos que se encuentran y se
desencuentran, derivan hacia, recontextualizándose indefinidamente.
¿Es posible organizar el espectro de géneros literarios en torno a un eje mimético?
Como exponente extremo de la escritura mimética: el discurso realista cuya convención retórica consiste en crear la ilusión
de una no-retórica, de un lenguaje transparente que genera el recurso (solapado) de volver sobre sus propias referencias para
consolidar el efecto de ‘bloques de realidad’ en que se apoya, las referencias provenientes del discurso histórico (remisiones
geográficas, de acontecimientos extraficcionales, etc.)
Dado que el eje mímesis-antimímesis se define por la confrontación entre mundo literario-textual y la experiencia de mundo
(del lector contemporáneo a ese discurso), la categoría de ‘lo extraño’ caería también en lo mimético como su límite extremo:
si lo realista trabaja con lo posible y muy probable, la literatura de lo extraño incide en lo no esperable, pero posible todavía.
Lo alegórico puro o lo simbólico puro, sólo en su superficie se revisten de apariencia antimimética, ya que se trata de
procedimientos trópicos para remitir a otra cosa.
Literatura fantástica: al insertar contradictoriamente lo ‘no natural’ en lo natural, practica una antimímesis problematizadora
de las coordenadas del mundo lector; su conmoción proviene de no ofrecer explicación alguna.
Ciencia Ficción: su propuesta inédita de ‘mundo distinto’ se justifica a partir de sistemas, de modelos específicos vigentes en
el extratexto (políticos, científicos, etc.)
Lo Maravilloso y el Realismo Mágico: no problematizan el mundo, más bien suspenden la contradicción instaurando el
ámbito del deseo. Pero la literatura de lo maravilloso tiende a lo a-histórico y en cambio lo mágico realista se apropia de
creencias, de pensamientos míticos, propios de un sector cultural circunscripto y detectable históricamente. Sólo que desde el
circuito pragmático autor-destinatario, éstos no participan de la creencia de sus personajes, no hay coincidencia cultural entre
interior y exterior ficcional, de otro modo, el realismo mágico no podría diferir de lo mítico puro, de una cosmogonía a la
manera bíblica.
Género Utopía: contrarréplica desde lo racional, de un ámbito social que insatisface; también existe su polarización, la anti
utopía o su fusión con la ciencia ficción.
Texto que se autoabastece: borde extremo de lo antimimético  relatos donde los procesos de representación se transforman
en la postración de sus propios códigos como signos (palabras, personajes, acciones y / o partícipes de la enunciación autorlector invadiendo la ficción)
Barrenechea, Ana María, “La crisis del contrato mimético en los textos contemporáneos”, en Revista Iberoamericana ,
Pittsburg, XLVIII, 118-119, 1982
Helbo, A. y otros, Semiología de la representación: Teatro, televisión y comic. Barcelona, Gili, 1978
Foster, H., Habermas, J., y otros, La posmodernidad, Barcelona, Kayrós, 1985
Lyotard, J. F., La condición posmoderna, Madrid, Cátedra, 1984