Microchip, Nuevo Orden Mundial y Fin de los

tiempos: paranoia y escepticismo – Augusto
TorchSon

Sabemos que el mundo asiste a inmensa crisis tanto en lo
político como en lo social y económico, mientras se cierne
sobre la humanidad el peligro de una devastadora guerra
mundial debido a las continuas amenazas mutuas que se
realizan las principales potencias del mundo.

A esto podemos sumarle la insatisfacción generalizada que
existe en la gente para con sus gobernantes, y esto provocado
artificialmente como caldo de cultivo de la transformación de
los regímenes políticos actuales por un nuevo sistema que
brinde aparentemente la transparencia y seguridad de las
cuales hoy tanto se carece. Y así, podemos observar en
Europa el peligro de la virtual invasión musulmana permitida y
auspiciada por la misma Comunidad Económica Europea,
reconocida hasta por Bergoglio (que la considera “benéfica”),
lo que implica un cambio radical en la forma de vida
occidental europea; en Hispano América una inmensa pobreza
e inseguridad, lo que genera un creciente malestar popular
por la corrupción gubernamental cada vez más descarada; y
en Asia tenemos el Medio Oriente incendiado ya desde hace
muchos años por las guerras promovidas por EEUU y sus jefes
israelíes, mientras que Rusia y China siguen amenazando con

su creciente poderío armamentístico al mundo entero con el
pretexto de ser el equilibrio al imperio yanqui.

Podríamos suponer que ésta crisis se debe a la impericia de
los gobernantes del mundo entero para dar soluciones a los
problemas de ésta era posmoderna, sin embargo hoy más que
nunca convendría repasar los tan vapuleados “Protocolos de
los Sabios de Sion” para darnos cuenta que todo responde a
un plan diseñando con diabólica inteligencia y ejecutado con
toda paciencia hasta llegar hasta la situación actual.

Podemos mencionar, a modo de ejemplo, la reciente noticia
sobre la exguerrillera presidente de Brasil Rousseff siendo
suspendida de su cargo por el senado de su nación para ser
investigada por corrupción; y al respecto leímos un par de
días antes un artículo de la publicación online de la Banca
judaica líder de la alta (y masónica) finanza mundial, Edmond
de Roschild, adelantando la destitución de Rousseff y
sosteniendo que la situación económica y política de Brasil
resulta prácticamente insoluble con o sin esta presidente; lo
que pretende a nuestro entender generar una situación de
desesperanza que los lleve a aceptar cualquier opción
“razonable” de estabilización, aunque para eso tengan que
ceder a cuestiones esenciales como lo es a su nacionalidad en
pos de un internacionalismo encarnado por un gobierno
mundial central manejado por tecnócratas. Y no deja de
resultar por lo menos sospechoso que el acusador de la
exguerrilera, sea su vicepresidente que, además de también
estar investigado por corrupción, es un masón del más alto
grado en Brasil.

Podríamos sumar a esto la cuestión de los “Panamá Papers”,
investigación periodística que destapó la evasión impositiva a
gran escala en paraísos fiscales que llevó a renunciar al
presidente de Islandia salpicado por dicho escándalo, y que
incluye al círculo íntimo de Putín, al Rey de Arabia Saudita, al
presidente de Ucrania, y a nuestro presidente Macri, entre
otros importantes personajes de la escena mundial. Pero lo
llamativo a nuestro entender, es que detrás del conglomerado
de periodistas que destaparon este descomunal escándalo,
está nada menos que el globalista banquero judío George
Soros; y no podemos dejar de concluir que lo que se busca,
haciendo caer (no sin razón) a importantes políticos de
izquierda y derecha, oficialistas y opositores en ésta cuestión;
tiene como objetivo una vez más llevar a las masas
desilusionadas, a desconfiar absolutamente del actual
sistema.

Y así, por ejemplo en nuestro país, la anterior presidente con
sus empleados está siendo investigada por enterrar toneladas
de dinero en bóvedas subterráneas y el opositor actual
presidente, con una estrategia más refinada, era directivo de
las empresas de su padre colocando su dinero en esos
paraísos fiscales antes mencionados.

De esta manera, este desvelamiento de la corrupción
generalizada, resulta indispensable para proponer un sistema
diferente, un Nuevo Orden Mundial; y así el judío masónico y
todopoderoso globalista Henry Kissinger saca ahora su nuevo
libro “Nuevo Orden”proponiendo el cambio de paradigma
mundial superador del actual, incluso, alentando a terminar
con la actual hegemonía mundial de su país, yanquilandia.

Una de las propuestas que podrían resultar viables para
terminar con tanta corrupción sería, la muerte del dinero físico
para reemplazarlo por dinero electrónico; y surge una vez más
la propuesta del microchip como medio para identificar a las
personas con cuentas bancarias. Sabemos que de esa
manera, los grandes banqueros que hoy de hecho son los que
controlan el mundo entero, pasarían a ser prácticamente

dioses terrenos, controlando no sólo las actividades
financieras de la humanidad entera sino muchísimos otros
aspectos. Por ejemplo, podría superarse también la
inseguridad, y hasta acabar con el terrorismo internacional.
Sin embargo se promueve el microchip más que como el
dispositivo de control absoluto e invasivo de la privacidad,
como un dispositivo de acceso; de acceso a cuentas
bancarias, a nuestros smartphones, a aeropuertos, a edificios
y hasta a nuestras casas, lo que significa que si desde este
poder supraestatal que pretende “brindarnos” todos estos
accesos se decide limitarnos en ejercicio de su poder de
policía mundial, no podríamos entrar ni a nuestras casas, ni a
ningún lugar en el mundo donde ellos no quieran que lo
hagamos, y por supuesto, ni comprar ni vender.

Recomendamos al respecto un interesante artículo
de Tradcatknight “Mark of the Beast/Cashless Society”.

De ésta manera se solucionarían los problemas de
inseguridad ya que los ladrones no tendrían donde escapar
porque serían rastreados por satélite y no podrían ingresar a
ningún edificio sin ser detectados, o, en un ejemplo más
burdo pero real, si quisieran robar teléfonos celulares
(situación que lleva en nuestro país a muchos asesinatos) no
podrían usarlos al carecer de la identificación que los activa y
que está contenida en el microchip.

Resultando para muchos este panorama como ciencia ficción
de conspiranoicos, sin embargo, estos proyectos se están
llevando a cabo desde hace un tiempo y el microchip se utiliza
en muchos lugares del mundo con diversos propósitos,
habiendo sido vinculado incluso con el programa de salud del
masónico presidente yanqui , “Obama Care”, y hasta
propuesto por un pequeño club de fútbol argentino para
acceso al estadio de sus socios.

Todo esto agita nuevamente el tan temido rumor de la
identificación del microchip con la “marca de la bestia”
advertida en el libro del Apocalipsis. Y si bien no podemos
considerar que sea una apreciación exagerada dicha
identificación, tampoco podemos caer en actitudes paranoicas
ante tal situación. Hemos leído en muchas publicaciones como
se incita a mucha gente a prepararse ante la proximidad del
período final de la historia de persecución de cristianos, a
construir bunkers guardando alimentos enlatados, y hasta
acopiando armamentos para luchar contra las huestes del
“hombre de la iniquidad”, y esto muchas veces siguiendo
actuales “profetas” de dudosa procedencia y probada
heterodoxia religiosa. Incluso, sabemos que la sola
implantación de un dispositivo de éste tipo no implica una
aceptación formal de la apostasía requerida para caer en la
condena prevista bíblicamente; todo esto sin dejar de
considerar el inmenso peligro que éste dispositivo puede
implicar; ya que, implantado el chip y probado que traería los
supuestos beneficios prometidos, podrían quienes lo manejan,
obligar a la humanidad a un acto de apostasía generalizada
con el pretexto de superar las divisiones, odios y hasta
guerras que las religiones supuestamente provocan, y ante la
negativa a realizar dicha acción, sobrevendría la desconección
del sistema con la prevista imposibilidad de comprar y vender.

Tenemos entonces por un lado la errónea y exagerada
actitud de quienes desconfiando de la providencia divina, se

preparan mundanamente para los momentos finales de la
historia; y por otro lado, la inmensa mayoría de las masas que
cansadas de tanta anarquía que trajo la democracia en la que
tanto confiaron, van a aceptar sin reparos éstas propuestas
globalistas cambiando confiados y tranquilos su libertad por
seguridad, sin importarles considerar cualquier peligro que
éstas medidas puedan conllevar. Y en esa situación se podrían
encontrar en el día de la Segunda Venida del Hijo del hombre,
en el cual según prevee el Evangelio la gente, al igual que en
tiempos de Noé como de Lot, comían y bebían y casábanse,
compraban y vendían; hasta que llegó el diluvio en un caso y
llovió fuego en el otro, y en nuestro tiempo, no estarán
debidamente preparados para el día de la Parusía.

Las Sagradas Escrituras señalan con claridad los signos de
los tiempos finales. Entre éstos Nuestro Señor Jesucristo nos
habló de rumores de guerra, de naciones levantándose unas
contra otras, de pestes y de terremotos en todo el mundo,
situaciones que hoy se dan como nunca antes en la historia.
Pero como señales más importantes se nos previno sobre la
falta de fe generalizada, la gran apostasía; y quien puede hoy
razonablemente dudar que hasta el mismísimo Vaticano
promueve esa impostura religiosa.

Lo cierto es que ni el día ni la hora nos corresponde saber, y
si Dios hizo llover maná sobre millones de israelitas en su
peregrinar por el desierto, también nos dará las herramientas
en el momento en que se den las condiciones para que los
hombres “huyan a los montes” como señala el Evangelio
(Mt.24). Consideramos sin embargo, que en vez de seguir
intentando conquistar el poder para derrotar al sistema con
las mismas herramientas que éste nos provee, o tomar
extremas medidas de supervivencia “antiapocalípticas”;
deberíamos estar preparados para predicar la Verdad a
tiempo y a destiempo y ésa va a ser la más difícil pero
gloriosa actividad de los cristianos de los últimos tiempos, ya
que el mismo Evangelio nos advierte que“os darán muerte y

seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de Mi
Nombre” y de ser así, habremos alcanzado de la mejor
manera posible nuestra recompensa; pero si no nos toca
coronar nuestra existencia terrena con el martirio, Cristo nos
anuncia que si bien “abundará la maldad” y “se enfriará la
caridad de muchos”, “el que persevere hasta el fin, ese se
salvará”; y esto es, tanto para nuestros tiempos como para los
del reinado del Anticristo. Más que confiar en falsos profetas
con mundanas previsiones, en posibles acciones
contrarrevolucionarias realizadas según las reglas impuestas
por la revolución, y confiar en partidos políticos, personas,
sistemas o hasta en nosotros mismos; debemos poner toda
nuestra confianza en Dios, lo demás vendrá por añadidura.

Augusto

Nacionalismo Católico San
Juan Bautista