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CRISTOLOGÍA

CONTEMPLANDO LA GLORIA DE DIOS

LECCIÓN 4
LO GLORIOSO DE SU CARACTER

La palabra carácter proviene del griego khárakther, que significa grabar, es decir,
era una marca o sello que se imprimía o esculpía en algún objeto; lo cual vino a
designar un signo de la escritura, con el tiempo fue evolucionando para significar
imagen o representación de algo. En nuestros tiempos denota el modo de ser de
un pueblo o una persona.

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E carácter es un conjunto de cualidades o circunstancias propias de una
cosa, de una persona o una colectividad, que las distingue, por su modo
de ser u obrar, de los demás.

Lo más importante de un hombre o mujer, es su integridad moral, su afabilidad, su


lealtad, su amor desinteresado al prójimo, esto es lo que realmente los
engrandece, y los cimenta para un futuro.

Si la grandeza de un hombre ha de medirse por los valores arriba mencionados,


nadie como Cristo merece el máximo encumbramiento. Él trasciende toda
comparación, pues viviendo en perfección absoluta, mientras que todos los
hombres han sido imperfectos. Y si la grandeza en el carácter es sinónimo de
gloria, el carácter de Jesús hace aún más brillante todas las restantes facetas de su
persona y obra.

Las fuentes de información

Para llegar a conocer el retrato moral de Cristo recurrimos a los evangelios


sinópticos, ya que no disponemos de mayor información que esta. Jesús tuvo
escaso relieve en el mundo de su tiempo, pues solo con la expansión del
cristianismo alcanzó cierta prominencia y empezó atraer la atención, y esto es
normal, ya que ni Jesús ni la iglesia se inmiscuyeron en asuntos de política.

Bastaron los testimonios de Mateo (convivió con él durante su ministerio público),


Marcos (Perteneció al grupo de los primeros discípulos), Lucas (Médico acreditado
como historiador, y Juan) de los primeros discípulos y distinguido apóstol). En
ningún momento los autores de dichos evangelios se propusieron elaborar un
retrato moral de Jesús, sino que al narrar la vida de Jesús, se van descubriendo
rasgos admirables, y estos salen tan naturales como sobrios, sin ninguna concesión
a la fantasía creador de los personajes legendarios. (Prueba de la honestidad de los
narradores).

Los evangelistas tampoco se detuvieron para dar una explicación teológica para
exponer los rasgos del carácter de Jesús. Únicamente nos muestran lo que se
ofrecía a los ojos del observador en el tiempo de su estancia en la tierra. Lo que de
Cristo se ve y se oye a través de los evangelios es suficiente para percibir la gloria
de su persona en cuanto dijo o hizo.

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Influencia modeladoras del carácter de Jesús

La diferencia entre temperamento y carácter es que el primero se obtiene


genéticamente, mientras que en el carácter influyen elementos biológicos,
ambientales, culturales y espirituales. Y Jesús desde el punto de vista humano no
fue la excepción.

El hogar. Su hogar era típico de una familia judía eminentemente piadosa,


como lo demuestra el cántico de María (Lc 1:46-55), la probidad de José
(Mt 1:18-25) y la diligencia de ambos de cumplir con la ley mosaica (Lc 2:22-
24, 41). Su familia fue sin duda una influencia positiva en la atmósfera
espiritual que durante su infancia y adolescencia Jesús respiro en la casa de
Nazaret.

La fe sólida de sus padres y la obediencia de ellos sin reservas a Dios, a


pesar de las turbaciones que experimentaron, fueron decisivas para que en
el Hijo amado se cumplieran los gloriosos propósitos de Dios para con él. Sus
padres mostraron obediencia, observancia, y participación a los
mandamientos y actos de culto de la ley mosaica (Lc 2:41), la oración y
cánticos, con acción de gracias a Dios y expresiones de alabanza a su
nombre, con esto creció Jesús y fueron sus normas de conducta; y a medida
que se desarrollaba, también crecía “en sabiduría y en gracia para con Dios
y los hombres” (Lc 2:52).

Las Sagradas Escrituras. Todo hace pensar que Jesús desde su infancia se
nutrió espiritualmente de su contenido. La ley de moisés, los escritos de los
profetas y los Salmos engrandecían su mente y corazón. Así lo demuestran
sus dichos:

Mt 26:31 Mt 4:4,7,10
Jn 7:38 Mr 12:10
Lc 10:25 Lc 4:16-21

Los textos sagrados se transformaron en una versión incomparable de los


mismos en las palabras, actitudes, reacciones y comportamiento de Jesús.

La quietud de los años de aislamiento. Jesús pasó un periodo de 30 años en


Nazaret, un lugar tranquilo por su carácter rural, era propicio para que sus
habitantes vivieran experiencias espirituales hondamente enriquecedoras.
Jesús seguramente se dedicaría largas horas a la meditación y a estar en
estrecha comunión con Dios el Padre, guiado por el Espíritu Santo e instruido
por la Escrituras, e iría obteniendo una conciencia mesiánica clara, una
visión cada vez más nítida de su identidad y misión. El “Yo Soy” que
posteriormente se manifestaría en público se iría llenando de contenido, y al
concluir su estancia en Nazaret, podría comenzar el su ministerio
plenamente conciente de que era el Enviado del Padre, el Mensajero de su
Verdad, el Siervo obediente, el Amigo de los pecadores, el Redentor.
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La elevada conciencia que tenía de sí mismo y de su vocación lógicamente


había de ser decisiva en la modelación de su carácter. Su mensaje, con su
llamado a la justicia y al amor, habría carecido de credibilidad si no hubiese
estado acompañado de un modo de ser y de una conducta ejemplar.

Los rasgos característicos de Jesús

Ausencia de pecado. Ro 3:10-12 “no hay justo ni uno”, Jesús es la


excepción. Él nunca fue conciente de haber pecado nunca. Nunca conoció
haber transgredido alguno de los mandamientos de la ley mosaica. Jamás
actúo de un modo contrario a la ética de sus propias enseñazas. Hasta
cuestionó a sus opositores (Jn 8:46) y nadie lo pudo refutar.

Versículos que constatan la falta de pecado en él: 1 P 2:22; 1 Jn 3:5; Mt


17:19; Lc 23:4; Mt 27:4.

Espiritualidad genuina. Se ha mal interpretado la espiritualidad como la


práctica de una serie de ritos religiosos como los que caracterizó a los
fariseos contemporáneos de Jesús, quienes habían convertido la
espiritualidad en aparatosidad, en parodia sacrílega.

Jesús oraba en la soledad (Mt 15:23), siempre después de un milagro el se


retiraba solo al monte, (Jn 6:15). Para él la espiritualidad surge de una
relación correcta con Dios, quien ve y oye en la esfera secreta del
creyente (Mt 6:6), cuando se vive en esa esfera se “adora a Dios en
espíritu y verdad” y en todo momento se generan “buenas obras
que glorifican a Dios”.

La espiritualidad de Jesús no hubo ni sombra de ascetismo (nunca fue


esenio), como hemos visto el buscaba la soledad para tener comunión con
Dios su Padre celestial y orar, y es aquí donde brotaron todos los
sentimientos nobles y acciones loables que distinguieron su vida.

Fidelidad. He 2:5 leemos que Jesús es Fiel, del griego pistós, que quiere
decir digno de confianza. La fidelidad de Cristo encierra una fuente de
consolación y estímulo para sus seguidores. Aquel que fue fiel al Padre
celestial es también fiel a sus seguidores. Asimismo la fidelidad de Cristo es
un reto y acicate para el pueblo cristiano, pues ese rasgo del Señor ha de
manifestarse también en sus siervos. Sólo quien fue fiel hasta la muerte le
es prometida la corona de la vida (Ap 2:10).

Humildad. La humildad de Jesús se gestaba en lo más profundo de su


personalidad, en el corazón, y decía de si mismo: “Aprended de mí, que soy
manso y humilde de corazón” (Mt 11:29). Esa humildad era una manera de
ajustarse al carácter de Dios, quien también se humilla (Salmo 113:6) y Jesús
la encarnó en su carácter y sus actos. La frase “Aprende de mí” significa que
la humildad del corazón es una lección importante para el cristiano, en el
cual no debe de caber el orgullo ni la arrogancia.

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Valor. El arrojo de Jesús un en las acciones más peligrosas es un rasgo de


su carácter que ha estimulado a miles de seguidores para mantenerse fieles,
sin claudicar, en su vida de fe y testimonio.

Serenidad y dominio propio. Los evangelios siempre nos muestran a un


Jesús tranquilo, dueño de sí mismo, y la causa de su calma es la certidumbre
de que su vida estaba en la manos del Padre celestial. Esta serenidad en el
momento culminante de su vida permitió a Jesús ser paciente ante el odio de
sus enemigos la incomprensión del pueblo o la torpeza de sus propios
discípulos. Nada altero su espíritu.

Sensibilidad. Nadie como él ha sentido las emociones humanas frente a


todo lo que en este mundo es causa de dolor. Pero también fue sensible a
los aspectos bellos de la existencia en el mundo creado por Dios. No
obstante lo que más afecto su sensibilidad fue el sufrimiento humano.

Compasión. A Jesús le gustaba convivir con la gente que le rodeaba,


siempre con un sentimiento de amor, con un vivo deseo de ayudar y hacer el
bien a cuantos necesitaban. Gozo con los que gozaban; y sufría con los que
sufrían, este sentimiento de Cristo tuvo con frecuencia una gran intensidad,
y lo demuestra el significado de la palabra compasión del griego
Splagkhnizomai, que se refiere literalmente a remover las entrañas. (Mt
9:36, 14:4, 15:32; Lc 7:13).

Abnegación. Ro 15:3; Fil2:6-8; 2 Co 8:9; Mr 10:45; Jn 10:11; Jn 10:18, 18:4-


18, son ejemplo de que Cristo vivió sin buscar un bien propio, sino para
nuestra salvación.

Solo en Jesús puede hallarse tanta belleza moral y puede aplicarse el elogio
expresado en el Salmo 45: 2 “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres,
la gracia se derramo en tus labios. Por tanto, Dios te ha bendecido para
siempre”.