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6/6/2016

EL LIBRO Y LA IMPRENTA EN LA CULTURA COLOMBIANA | banrepcultural.org

 

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EL LIBRO Y LA IMPRENTA EN LA CULTURA COLOMBIANA
Por GABRIEL GIRALDO JARAMILLO
Ha gozado tradicionalmente Colombia de una sólida reputación letrada que encuentra su fundamento en los orígenes mismos del país cuyo descubrimiento, conquista y
organización civil se deben a un hombre de letras, el Licenciado Don Gonzalo Jiménez de Quesada. Correspondió a este abogado granadino, representante selecto del espíritu
renacentista, la fundación de Santafé de Bogotá y la colonización del Nuevo Reino que él, en homenaje a su patria chica, denominó de Granada. Jiménez de Quesada, aparte de
sus conocimientos jurídicos a los que dio cumplida aplicación en sus tareas de magistrado, fue a愍썝cionado a las bellas letras, de lo que nos da agudo testimonio el cronista
poeta don Juan de Castellanos:
...Esta di愍썝cultad hallaba siempre
Jiménez de Quesada, Licenciado,
que es el Adelantado de este Reino,
de quien puedo decir no ser ayuno
del poético gusto y ejercicio:
y él por愍썝ó conmigo muchas veces
ser los metros antiguos castellanos
los propios adaptados a su lengua,
por ser hijos nacidos de su vientre,
y éstos (los italianos) advenedizos adoptivos,
de diferente madre y extranjera...
Escribió también el Licenciado la crónica de sus descubrimientos y aventuras en Indias, en obras como Los Ratos de Suesca y El Gran Cuaderno, infortunadamente perdidas casi
en su totalidad; y refutó con energía, solidez y patriotismo al historiador italiano Paulo Jovio en un libro extraordinario, El Antijovio que presenta a su autor como uno de los
precursores de la 愍썝losofía de la historia, como uno de los más aprovechados discípulos del movimiento barroco de la Contrarreforma y muestra la categoría de su talento y
cultura humanística.
Esta noble tradición letrada continúa a través de la época colonial, en ciudades como Santafé de Bogotá, Cartagena, Tunja y Popayán y se ilustró en múltiples 愍썝guras de la
cultura nacional, en historiadores como Juan de Castellanos, Fray Pedro Simón, Fray Pedro de Aguado y el Arzobispo don Lucas Fernández de Piedrahita, en poetas de la 愍썝na
inspiración de Hernando Domínguez Camargo y en prosistas como Juan Rodríguez Freyle y la monja Francisca del Castillo, digna émula de Sor Juana Inés de la Cruz.
No es pues de extrañar que en aquel ambiente de cultura ocupara el libro lugar destacado y comenzara desde los albores mismos de la era colonial a cumplir su fecunda tarea
de guía, orientador y heraldo de la ciencia.
Tradicionalmente se ha señalado el hecho de que España impidió la difusión del libro en sus colonias ultramarinas y que esta política restrictiva fue causa de su atraso
intelectual. El primer historiador de nuestra literatura, don José María Vergara y Vergara dejó este radical concepto: "A las colonias tan celosamente guardadas, no venían nunca
libros sino de cierta especie: quisieron hacer de nosotros un pueblo de ermitaños y sólo hicieron un pueblo de revolucionarios".
Es cierto que algunas disposiciones legales hacen presumir un escaso comercio de libros. En instrucción que desde Ocaña y a 4 de abril de 1531 da la Reina a la Casa de
Contratación de Sevilla, se lee: "Yo he seydo ynformada que se pasan a las Indias muchos libros de romance, de ystorias vanas y de profanidad como son el Amadís y otros
desta calidad, y porque este es un mal exercicio para los indios e cosa en que no es bien que se ocupen ni lean, por ende yo vos mando que de aquí en adelante no consintáis ni
deis lugar a persona alguna pasar a las Indias libros ningunos de ystorias y cosas profanas, salvo tocante a la Religión cristiana e de virtud en que se exersiten y ocupen los
dichos indios e los otros pobladores de las dichas Indias porque a otra cosa no se ha de dar lugar".
Las Leyes de Indias contienen varias disposiciones sobre limitación de la libre circulación de los libros, pero incluyen también algunas muy favorables como esta de 1548, que
愍썝gura en el Cedulario Indiano, de don Diego de Encina (I, fol. 233), y que no ha perdido por completo su aleccionadora vigencia: "Considerando los Reyes de gloriosa memoria
cuánto era provechoso y honroso que a estos sus Reinos se trajesen libros de otras partes, para que con ellos se hiciesen los hombres letrados, quisieron y ordenaron que de los
libros no se pagase alcabala ; y porque de pocos días a esta parte algunos mercaderes nuestros, naturales y extranjeros, han traído y de cada día traen libros muchos y buenos,
lo cual parece que redunda en provecho universal de todos y ennoblecimiento de nuestros Reinos; por ende ordenamos y mandamos, que allende de la dicha franqueza, que de
aquí adelante que todos los libros que se trajeren a estos nuestros Reynos, ansí por mar como por tierra, no se pague ni lleve almojarifazgo, ni diezmo, ni portazgo, ni otros
derechos algunos. . .". Debemos agregar que el título de la citada disposición manda "se guarde en las Indias la ley".
La actividad del comercio literario en los días coloniales se encuentra plenamente comprobada en la huella dejada por la literatura europea, la española especialmente, en los
escritores de todas las colonias a través de los siglos XVI, XVII y XVIII. ¿Cómo podría explicarse sin la presencia de libros la formación humanística de muchos de nuestros
ingenios que nunca viajaron a la península o de aquellos escritores españoles que se formaron en América, aquí escribieron sus obras y aquí adquirieron todos los elementos
culturales que les sirvieron de base para sus tareas literarias? ¿Cómo era posible que un Juan de Castellanos, un Pedro de Cieza, un Pedro Simón, un Rodríguez Freyle, una
Francisca del Castillo pudieran inspirarse en los más insignes escritores de su tiempo, citarlos frecuentemente y aún plagiarlos, sin que sus obras hubiesen llegado a América?
En la Tunja de comienzos del siglo XVI escribió Castellanos sus Elegías, y en ellas es patente la presencia de los clásicos griegos y latinos, de muchos ingenios españoles e
italianos, como lo ha demostrado en erudito estudio María Rosa Lida. Hernando Domínguez Camargo sigue muy de cerca la enseñanza de Góngora, para quien tampoco sería
desconocido el Nuevo Reino, ya que en su romance de Píramo y Tisbe recuerda las esmeraldas de Muzo. La lectura de la Biblia y de los místicos españoles, Teresa de Avila con
preferencia, inspiran las bellas páginas de la monja del Castillo en su Vida y en sus Sentimientos Espirituales. Las crónicas están llenas de citas que muestran lecturas
constantes y eruditas consultas. Fray Pedro Simón menciona como autores familiares a Aristóteles, Plinio y Cicerón, entre otros muchos, y lo mismo hacen Fray Pedro de
Aguado, Vásquez de Espinosa y en general todos los escritores "americanos". No debe olvidarse que nuestro Juan Rodríguez Freyle en su encantadora y escandalosa crónica
santafereña -El Carnero- copia descaradamente párrafos enteros de La Celestina que convenían a sus acres sentimientos misóginos.
Pero para qué buscar pruebas indirectas si los libros mismos están hablando elocuentemente de su paso a las Indias! Desde los trabajos de Rodríguez Marín sobre El Quijote en

http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/todaslasartes/incu/incu0a.htm

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como era natural. de uno de esos clisés tradicionales tan abundantes como funestos de la historia americana. y en documento publicado por Leonard en su estudio Romances of Chivalry in the Spanish Indies (1933) se acredita que de la obra cervantina fueron enviados a Cartagena nada menos que 100 ejemplares. de Fray Manuel Rodríguez. la Historia del Duque Carlos de Borgoña. pasó a las Indias. de Juan Pérez de Moya.org/blaavirtual/todaslasartes/incu/incu0a.banrepcultural. Ya lo han hecho los autores citados. numerosos tratados religiosos. Comentarios (0) (/comentarios/27857) | Comente (/formulario/27857) | Comparta (https://www. Por eso mismo es necesario contribuir a destruirlo volviendo por los fueros de la verdad.org%2Fnode%2F27857&title=EL%20LIBRO%20Y%20LA%20IMPRENTA%20EN%20LA%20CULTURA%20COLOMBIANA&description=) http://www. Rodríguez Marín demostró que la casi totalidad de la primera edición del Quijote. aparte de comedias de Lope de Vega y escritos del Padre Vitoria. el último con especial e愍썝cacia en su excelente obra Los Libros del Conquistador.htm 2/2 . de José Torres Revello y sobre todo de Irving A.org América.banrepcultural. Leonard nadie puede a愍썝rmar honestamente que fue modesto y esporádico el comercio literario entre España y América. El Tratado de Cirugía de Antonio Pérez. Pero se trata de un concepto hondamente arraigado en la conciencia popular.addtoany. seis ejemplares de El Tahúr Andaluz y.6/6/2016 EL LIBRO Y LA IMPRENTA EN LA CULTURA COLOMBIANA | banrepcultural.com/share#url=http%3A%2F%2Fwww.