Delito especial y específico de «riesgo o peligro» en materia de seguridad y salud laboral, previsto en los arts.

316 y 317 CP, cuya aplicación se produce en el marco de la relación laboral de trabajo asalariado. El delito de riesgo tipificado en los arts. 316 y 317 del Código Penal consisten en:

el incumplimiento por parte del empresario de la obligación que tiene hacia los trabajadores a su servicio de “facilitar los medios necesarios para que los trabajadores desempeñen su actividad con las medidas de seguridad y salud adecuadas, de forma que pongan así en peligro grave su vida, salud o integridad física”, cuando ello se realice infringiendo “las normas de prevención de riesgos laborales”.
El tipo se define, en consecuencia, por tres elementos básicos:

1) La obligación empresarial de “facilitar los medios necesarios” para evitar el riesgo, y su incumplimiento omisivo. Es un requisito de carácter «descriptivo» de la conducta infractora: no facilitar dichos medios. La STS, Sala Penal, de 26.9.2001 (recurso 4513/1999) entiende que el arquitecto técnico de una obra de construcción, pese a no ser el “empresario”, es responsable del delito ex art. 316 CP porque debía verificar el cumplimiento (“estaba legalmente obligado a facilitar...”) de los requisitos de seguridad y protección de los riesgos generados en la obra, constituyendo su omisión una cooperación necesaria en la comisión del delito, y por ello se le considera también autor del mismo, dado que concurren los demás elementos del tipo (infracción de normas preventivas, puesta en peligro grave de la vida y salud de los trabajadores –uno de los cuales falleció-). En parecidos términos se expresa la sentencia de la Audiencia Provincial de Albacete de 15.9.2000 (rollo
1

1136/2000), al señalar como autores del delito de riesgo ex art. 316 CP (por falta de barandilla y red de protección contra caídas en malas condiciones) al contratista y subcontratista de una obra, por no facilitar los medios de prevención, y al técnico facultativo (aparejador), por incumplir su deber de vigilancia de la seguridad en la obra. En cambio, la STS, Sala Penal, de 5.9.2001 (recurso 3875/1999) declara responsables por homicidio imprudente grave (art. 142 CP, no aplicando el art. 316 CP) tanto al empresario como al arquitecto técnico (no así a la dirección facultativa de la obra) que realizó un estudio de seguridad omitiendo medidas de seguridad para evitar la caída de trabajadores por el hueco de las escaleras (en el caso, había fallecido un trabajador como consecuencia de dicha caída). 2) La puesta en peligro grave de la vida, salud o integridad física de “los trabajadores” (incluidos los funcionarios y asimilados), a consecuencia, en relación causa-efecto, de la anterior omisión. Un ejemplo de dicho peligro grave se recoge en la sentencia de la Audiencia Provincial de Cádiz de 10.11.2000 (rollo 106/2000). En ella, se aplica el art. 348 bis CP de 1983 (precedente del actual art. 316 CP) condenando al administrador y al encargado general de una empresa (dedicada al cultivo de flores de invernadero), en un caso en el que el peligro grave consiste en que, a consecuencia del incumplimiento múltiple de normas preventivas en el centro de trabajo (no se facilita ropa de trabajo, ni guantes, ni botas, carencia de agua caliente en las duchas, ausencia de reconocimientos médicos y de información y formación preventiva), una trabajadora sufre una grave enfermedad (aplasia medular), fruto de la inhalación y contacto cutáneo con plaguicidas, insecticidas y disolventes órgano fosforados derivados del benceno (xileno).
2

Otro ejemplo, más complejo, es el recogido en la sentencia de la Audiencia Provincial de Sevilla de 19.5.2000 (rollo 1282/2000): en ella, el tribunal aplica el delito de riesgo del art. 316 CP (al existir infracciones a la normativa laboral), pero no el de homicidio por imprudencia grave, pues el trabajador fallecido (caída desde 3 metros con traumatismo cráneo encefálico) realizó, durante el desarrollo de sus funciones (quitar la escarcha del evaporador de una cámara frigorífica) una maniobra (subir a una estructura metálica sin fijar una escala móvil al evaporador) reiteradamente prohibida por el empresario (desobediencia del trabajador, pues, a las instrucciones del empresario). 3) Que sean infringidas las normas de prevención de riesgos laborales. La responsabilidad penal es exigible, en primer lugar, «de oficio». Es decir, previa recepción por el Ministerio Fiscal del Acta de la Inspección de Trabajo con propuesta de infracción muy grave, que juega aquí como denuncia y que, en su caso, dará lugar a la apertura de diligencias previas, la Fiscalía toma cartas en el asunto. Igual sucede en el caso de las denuncias o atestados instruidos por hechos de esta naturaleza, cuya copia ha de remitir la Policía Judicial a la Fiscalía. En segundo lugar, el trabajador (o sus herederos) puede-n dirigirse directamente a los órganos judiciales, mediante la interposición de la correspondiente denuncia (verbal o escrita) o querella (en este segundo caso, representado por Procurador y con firma preceptiva de Letrado). Interpuesta una u otra, los trámites subsiguientes se sustanciarán de acuerdo con el procedimiento abreviado previsto en la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

3

Están excluidas de responsabilidad penal todas aquellas obligaciones que, relacionadas con la prevención de riesgos en la empresa, no se dirigen directamente a evitar el riesgo, teniendo sólo un carácter accesorio, como es el caso de las obligaciones documentales o de información hacia la Administración, sin perjuicio de que su incumplimiento constituya infracción administrativa grave, en los términos del TRLISOS y sancionable como tal. - El tipo doloso (art. 316 CP): para que exista omisión punible es preciso, pues, que resulte exigible la obligación de evitar el peligro y que ésta no se plasme en acción efectiva alguna. Y para ello han de concurrir tres factores en el sujeto obligado: a) capacidad para impedir el peligro; b) conocimiento de la existencia del riesgo y de los medios para evitarlo y c) decisión voluntaria de no evitar el peligro. - El tipo culposo (art. 317 CP): sólo resulta punible la imprudencia grave. Así, no bastaría con el mero incumplimiento de la norma, sino que es preciso que éste se produzca por imprudencia grave o desprecio absoluto de las consecuencias a las que puede conducir tal infracción (o sea, de la potencial situación de peligro), no queriendo el resultado pero no evitándolo tampoco, aun siendo previsible y evitable (se trataría de una suerte de culpa in vigilando). La imprudencia ha de ser grave, no surgiendo responsabilidad penal en caso de imprudencia leve o del simple descuido; de otro, que la imprudencia profesional no genera responsabilidad penal si obedece meramente “a una actuación confiada por el conocimiento del medio y la reiteración constante de actos o decisiones, pero sí la genera en caso de que derive del desconocimiento de normas preventivas que, en razón del oficio, se deberían conocer, o del descuido en su aplicación”. Ese desconocimiento o
4

descuido en que se traduce la imprudencia profesional, presenta, en fin, muy diversas manifestaciones prácticas: así, “actuación torpe por ignorancia o por negligencia, falta de análisis de riesgos concurrentes, negligente subvaloración de los riesgos concurrentes, (o) exquisita negligencia identificable con el atolondramiento” son algunos ejemplos de aquélla

Concreción legal de las penas. En lo que atañe a la sanción penal, el art. 316 CP establece, para la modalidad dolosa, una pena de prisión de 6 meses a 3 años, además de multa de 6 a 12 meses. El importe de la multa-día, según el art. 50.4 CP, desde el 1.1.2002, oscila entre un mínimo de 1,21 euros y un máximo de 300,50 euros (cfr. Circular de la Fiscalía General del Estado núm. 5/2001, de 13 de diciembre, sobre los efectos de la introducción del euro en el ámbito penal, conclusión 7ª). Como quiera que se computan los meses por 30 días, y los años por 360 días, y aplicando además el principio de redenominación automática (tipo legal español de conversión y, en su caso, redondeo) para la conversión de ptas. a euros, el montante mínimo de la multa ex art. 316 CP asciende a 36.000 ptas. (216,36 euros), y el máximo a 18 millones ptas. (108.182,18 euros). Cantidad esta última que, comparada con la multa máxima que puede imponerse como sanción administrativa (hasta 100 millones de ptas. o lo que es lo mismo, 601.012,10 euros –Resolución de 16 de octubre de 2001 de la Subsecretaría Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales-), no hace sino perpetuar el gran error axiológico que esa dispar proporción económica entre sanciones administrativas y penales viene presentando desde hace tiempo, pero a la que el legislador sigue sin dar solución.
5

De otro lado, el art. 317 CP dispone que, para la modalidad imprudente, se aplicará la «pena inferior en grado». En consecuencia, por aplicación del art. 70 CP, dicha pena es la de 3 a 6 meses de prisión, además de 3 a 6 meses de multa, de donde resulta que, en principio, el importe de la multa mínima es de 18.000 ptas. (108,18 euros), siendo la máxima de 9 millones ptas. (54.091,09 euros). Ahora bien, al tipo imprudente aquí contemplado, le resultan de aplicación dos posibilidades adicionales y disyuntivas: (a) que se sustituya la pena de prisión privativa de libertad por la de arresto de fin de semana (de 26 a 52 fines de semana). (b) que se sustituya la pena de prisión privativa de libertad por una multa de seis a doce meses, que se añadiría a la prevista en el art. 317 CP. En este supuesto, el importe de la multa ascendería a un total de 9 a 18 meses, lo que, traducido en importe económico, supone que la multa oscile entre las 54.000 ptas. (324,55 euros) y los 27 millones ptas. (162.273,27 euros).

6