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Con apellido de roble

Con una inversión de US$ 3 millones, Federico Pulenta gestó el renacimiento de


una bodega con nombre propio y una tradición de más de un siglo.
>> por Manuel Parera

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Su destino estaba escrito. Desde chico mamó la cultura del vino, gracias a los constantes viajes
familiares que lo depositaban en los viñedos sanjuaninos. No era para menos: su padre era el
presidente de Peñaflor, grupo donde dio sus primeros pasos y conoció de manera integral el
funcionamiento de una bodega. Así arrancó Federico Pulenta, fundador de la bodega Augusto
Pulenta, que hoy factura $ 3 millones anuales.

Luego de la venta del grupo en 1997 y ya como licenciado en Administración de Empresas, carrera
que cursó en la UCA, trabajó en el banco de inversión Merrill Lynch por dos años, aunque tenía la
cabeza en su propio emprendimiento: “En el ´98 estábamos ya con obras de remodelación de una
bodega en San Juan. Importamos la tecnología de Francia e Italia y al año hicimos la primera
elaboración”, recuerda. La inversión inicial fue de US$ 3 millones, lo que dio inicio a Augusto
Pulenta, cuyos orígenes en la industria se remontan a principios del siglo pasado y al legado de Don
Augusto. “Teníamos viñedos, así que reciclamos una bodega dentro de unas propiedades que
poseíamos y la equipamos con la tecnología para producir vinos finos de alta calidad”, revela el
emprendedor.

Al principio, la empresa comenzó produciendo para terceros, sin embotellar. A partir de 2002,
pasado el momento más crítico post devaluación, comercializaron etiquetas propias: Valbona,
Valbona Reserva y su producto insignia, Augusto P, enfocándose en los canales especializados. Hoy
la capacidad vinaria anual es de 2 millones de litros y explotan el 75 por ciento de las 200 hectáreas
de viñas ubicadas en el Valle de Tulum, en San Juan. La segunda etapa del proceso es entrar en las
grandes cadenas de supermercados.

El crecimiento de la bodega fue a un ritmo anual del 25 por ciento, producto de la consideración
que, por trayectoria y tradición, le fijaron al mercado local. “La Argentina es el sexto consumidor
del mundo y, como mercado interno, no lo podemos desaprovechar”, afirma Pulenta, que para 2008
proyecta aumentar un 35 por ciento las ventas, ayudado por la ampliación de la cobertura y la red de
distribución.

Por el momento, sólo el 20 por ciento de la facturación total proviene de exportaciones, siendo
Brasil y Estados Unidos los principales destinos, mientras que prevé incorporar en breve a
Colombia, Paraguay y Uruguay. “La idea es no crecer mucho más, porque cada mercado te lleva
tiempo y preferimos focalizarnos en los que estamos ahora”, adelanta este fanático del deporte y la
pesca con mosca.

Haber vivido la cultura del vino desde chico le dio mucho, pero no se cree un experto: “Yendo todos
los meses a la bodega es donde realmente aprendo. No hay otra forma de hacerlo que probando”,
concluye