Predicación por el pastor Alejandro Bullon, durante la campaña del Madison Square Garden, New York, USA

Hubo un matrimonio en Galilea y Jesús fue invitado a ese matrimonio.

Dicen las estadísticas que de cada cien matrimonios hoy en día en términos generales, en términos redondos, de cada cien matrimonios sesenta se separan, acaban en el divorcio, en la separación. Se salvan cuarenta. De esos cuarenta. Las estadísticas dicen en términos mundiales que treinta y cinco no se separan porque no tienen el valor de separarse, porque no tienen valor para hacerlo; se quedan juntos por las presiones económicas, sociales, religiosas, familiares. No se separan porque no tienen el valor para hacerlo, viven debajo del mismo techo, pero no tienen nada en común. Se salvan cinco. De esos cinco, las estadísticas dicen que tres son mas o menos felices y solamente dos son verdaderamente felices de cada cien matrimonios.

Jóvenes, hermanos, amigos, estos humeros son alarmantes. Yo pregunto esta noche, nadie precise responder. ¿Tu estas entre los sesenta que ya se separaron? ¿Estas entre los treinta y cinco que no se separan porque no tienen la valentía para hacerlo? .....¿La relación familiar no existe, esta todo acabado, todo quebrado? ¿Se martirizan, se ofenden, se hieren, pero están juntos por los

hijos, por la sociedad, por la familia?...o estas entre los tres que son mas o menos felices, o estas entre los dos que son realmente felices. Hay una cosa interesante que debes pensar. Cuando estas cien parejas llegan al matrimonio las cien parejas quieren ser felices, las cien quieren desesperadamente ser felices. Lo que prueba que para ser feliz en el matrimonio no basta querer ser feliz, porque si para ser feliz bastase querer ser feliz, entonces las cien parejas serian felices. Pero no basta querer ser feliz. Hay otra cosa mas, de esas cien parejas casi las cien, puede ser que una o dos no, pero la mayoría de ellas llega al matrimonio, la novia queriendo mucho al novio y el novio queriendo mucho a la novia. Lo que prueba que para que un matrimonio sea realmente feliz y dure toda la vida, no basta que la mujer ame mucho al hombre, ni que el hombre ame mucho a la mujer. Porque si bastase, la mayoría de los matrimonios serian felices. Para que un matrimonio sea realmente feliz no basta que el hombre ame mucho a la mujer, ni que la mujer ame mucho al hombre. Es necesario que el hombre y la mujer amen mucho mas a una tercera persona. Un matrimonio realmente feliz no necesita realmente de dos personas, necesita de tres personas y esa tercera persona es Jesús. Y cuando los matrimonios no invitan a Jesús a su matrimonio están condenados al fracaso. Solo en la medida en que el hombre ame a Jesús y viva una vida de comunión con Jesús, solo en la medida en que la mujer ame mucho a Jesús y viva una vida de comunión con Jesús, entonces ambos tendrán condiciones de amarse, de comprenderse, de perdonarse, de adaptarse, de entenderse, de soportarse.

Pero las parejas llegan al matrimonio amándose mucho, pero ambos no aman a la tercera persona que es Jesús. Jesús es el único capaz de dar equilibrio, de hacer que los sentimientos sean duraderos, que no sean sentimientos de paja, que no sean sentimientos humanos, mezquinos; que sean sentimientos construidos en la roca que es Jesús y no en la arena de nuestros propios sentimientos, de nuestra propia personalidad. Es posible que esta noche yo este predicando para una pareja que hace mucho tiempo no tiene nada en común, pero esta aquí. Yo pregunto, ¿dónde esta el sueño con que un día desfilaste vestida de blanco por un corredor así hacia el

altar? ¿Te acuerdas de las flores? ¿Te acuerdas de la música? ¿Te acuerdas de las damas y los pajes?. Tu novio te estaba esperando vestido de negro allá al frente. ¿Dónde esta toda la ilusión y el sueño que trajiste aquella noche cuando mirabas a tu novio y decías voy a ser feliz al lado de él? ¿Dónde esta tu chica maravillosa con que te casaste un día? ¿ Cuanto tiempo ha pasado, cinco años, diez, quince, veinte, treinta años?. ¿Serias capaz de decirle a aquella "chica", mira, si tuviera que casarme, andaría por el mundo entero buscándote a ti nuevamente?. ¿Tú eres la mejor cosa que sucedió en mi vida? ¿Serias capaz de decirle eso a tu marido ¿Por qué los matrimonios fracasan? ¿Por que se hacen pedazos? ¿ Por que vivimos juntos, pero no hay nada en común? Porque el único que es capaz de darle equilibrio a las cosas es Cristo. El único que es capaz de darle equilibrio a nuestros sentimientos es Cristo. Ese matrimonio en Cana de Galilea hizo muy bien en invitar, en convidar a Jesús a la fiesta. Jesús estaba ahí.

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