Filosofía de la Educación

GUIA BASICA - EDU 105

LUIS HEINECKE SCOTT

UNIVERSIDAD DE LAS AMERICAS

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TERCERA PARTE PERSONA, SOCIEDAD Y ESTADO

A.- Ser Humano A.1. Concepciones de Ser Humano A lo largo de su devenir histórico, el ser humano ha desarrollado diversos maneras de conceptualizar la entidad del ser humano. Derivado de las hipótesis históricas fundamentales, las doctrinas sobre el ser humano reconocen una primera gran división entre aquellas que aceptan la existencia de una naturaleza en el ser humano y entre aquellas que no aceptan la existencia de una naturaleza en el ser humano. En el marco de las doctrinas que aceptan la existencia de una naturaleza en el ser humano se distinguen aquellas que consideran que esa naturaleza está compuesta por un elemento (doctrina monista) o por dos elementos (doctrina dualista). Ahora bien, la doctrina monista se subdivide entre aquellos que creen que aquel único elemento que constituye al ser es la materia (monismo materialista), o bien que ese único elemento es el espíritu (monismo espiritualista). En el caso de la doctrina dualista se reconoce que son cuerpo y espíritu lo que constituye al ser humano, pero se distinguen por el modo de relación entre los referidos elementos constituyentes. Por una parte surge la doctrina de unión accidental que sostiene que ambos elementos sólo están juntos. Por otra, surge la doctrina de unión sustancial, la cual implica que la integración de ambos elementos constituyen una entidad distinta y superior a los elementos considerados independientemente. Materia (monismo materialista) Monismo Espíritu (monismo espiritualista) Acepta existencia de una naturaleza humana Unidad Accidental Dualismo Unidad Sustancial No acepta existencia de una naturaleza humana

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A.2. El Hombre como Unidad Sustancial A.2.1. Concepto El ser humano es una “unidad sustancial de cuerpo y espíritu”. El ser humano constituye una unidad sustancial, en tanto ésta es entendida como conjunción simultánea de cuerpo y espíritu que informa la categoría de ser humano. Cuerpo y espíritu son esenciales al hombre; sin ellos el hombre no existe como tal. Si bien el alma dota de vida al cuerpo, cuerpo y alma son coprincipios equivalente, distinguibles pero no separables, que requieren ser tratados con igual importancia y urgencia. La referida unidad sustancial no es una realidad completa, sino imperfecta, adoleciendo de incompletitud. Si el hombre fuese perfecto, ningún sentido tendrían las nociones de tiempo y espacio. El desarrollo y perfeccionamiento del ser humano requiere de accidentes perfectivos. La unidad sustancial no ha surgido de modo espontáneo; ha sido creada. El sentido de semejante creación es un misterio y, por ello, de difícil comprensión. La trascendencia del creador está en las características del ser creado. De este modo, cada unidad sustancial tiene su propia y particular perfección. Se establece la obligación de tender a la perfección personal. Con todo, dado su estado de incompletitud, en el ser humano se manifiestan necesidades materiales y espirituales. Entonces, por su naturaleza, la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales se le presentan al hombre tanto como un derecho como un deber. Tiene así el derecho y el deber de superar su incompletitud con bienes para la más plena realización de su naturaleza humana. En la satisfacción integral de dichas necesidades se juega precisamente la moralidad del acto humano. B. Persona y Sociedad B.1. Natural Sociabilidad Humana El hombre nace en sociedad; nace de una sociedad fundamental. Esta misma es fruto de

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la natural sociabilidad humana. Hasta para ser engendrado el hombre necesita de otros dos seres humanos. El sentido de la sociedad radica en que es un medio natural para la perfección humana. La perfección personal depende en mucho de lo que la sociedad pueda entregar. Ningún individuo humano ha podido vivir totalmente privado de vínculos con otros hombres. El individuo humano tiene una naturaleza perfectamente definida: la humana (el ser humano nace, no se hace), aunque no es un ser completo. Vive en sociedad pues requiere de los demás para vivir y desarrollarse. La misma generación del hombre es un hecho social; hay una sociedad de dos, que engendra un tercero, quién no sólo depende de sus progenitores, sino también de quienes aportan a su formación progresiva. La vinculación social comprendida en la generación de cada persona, subsiste en el tiempo pues el individuo actualiza su potencia, configurando su personalidad en relación con los demás. Significa que goza de un modo de ser propio. Es persona en razón de su naturaleza, la cual no es definida por la sociedad ni está sometida a ésta. Existe una dependencia entre los hombres. En las relaciones entre hombres hay un uso de unos por otros; uso absolutamente necesario para su supervivencia y perfección. Lo propio del hombre no es ser usado, pasivamente, sino ponerse activamente en disposición de serlo, de servir. Cada uno, al cumplir con sus obligaciones naturales, necesariamente sirve a otros, tomados en común o individualmente. Si se concibe al individuo humano como absoluto, como fin y no como medio, como libre o independiente de toda necesidad moral, es inevitable la consecuencia de considerar cualquier relación con otro como un servirse de él, como un usar que es conveniente sólo en razón de fines o intereses privados del primero. En esta perspectiva, no hay otra comunicación posible que la que se produce entre un sujeto y un instrumento útil. Si no hay más que esos intereses privados, toda relación en función de ellos conlleva el que los hombres no pasan de ser instrumentos contingentes y prescindibles. Es un hecho comprobado que una sociedad se corrompe cuando en ella los hombres piensan más en servirse de los otros que en servirlos.

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B.2. Relación entre Persona y Sociedad Al considerar la relación entre persona y sociedad se plantea el dilema ¿Qué es primero: el hombre o la sociedad? Se afirma que en el orden óntico o entitativo (desde el punto de vista del ser), el hombre es primero, anterior y superior a la sociedad, pues éste es una unidad sustancial y no una unidad accidental. Con todo, en el orden moral, la sociedad es más perfecta que el hombre considerado aisladamente pues es la sociedad quien provee al hombre de los medios necesarios para alcanzar en la mayor medida posible su desarrollo integral. El hombre constituye sociedad al buscar una perfección que por naturaleza es común a todos los hombres. Todos participan de la perfección, mediante la comunicación con otros. La sociedad es pues un converger ordenado de las personas a su perfección común, complementándose en la comunicación mutua de las múltiples participaciones particulares de esa perfección. En este sentido, la sociedad prima sobre la persona, subordinándose ésta de modo natural a aquella por estar ahí su perfección.

C.- Sociedad C.1. Concepto Considerada en relación a sus componentes, la sociedad es un todo que integra partes diferentes; de allí que sea un todo integral. Pero la sociedad no es sólo un "todo integral". La sociedad no se reduce a la suma de las partes que la componen. La sociedad no se limita a ser una agregación de individuos existentes. La sociedad es y opera como un "todo potestativo" en el que sus múltiples partes realizan de diversas formas la perfección que radica en la naturaleza humana. Donde se prescinde de ella no existe verdadera sociedad pues no habrá nada que obligue a las partes respecto del bien del todo. La sociedad es, por tanto, un todo potestativo moral, constituido por la operación de las partes en orden al fin común: el bien común. Será así la sociedad quien proporciona a cada persona los elementos del bien común. Así, el bien de cada persona y el bien común se encuentran en una natural relación complementaria y armónica, no siendo contradictorios ni excluyentes. La persona tiende a su perfección. Tal tendencia es el fundamento del orden social, es el

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principio de convergencia de muchos hacia un fin: la unión de personas y su participación de la misma perfección. La sociedad no es una abstracción. No existe la sociedad única y uniforme. Existen diversas sociedades, formalmente diferentes según los aspectos de la perfección a los cuales se ordenan. También están diversificadas por las modalidades concretas que asumen según idiosincracia, costumbres, tradiciones, etc. C.2. Personas, virtudes y sociedad

Tal como se ha dicho, la sociabilidad es características esencial del ser humano. Esta deviene de su condición espiritual, sin perjuicio de su necesaria dimensión corpórea. Por tanto, en el hombre se distingue básicamente lo corpóreo o biológico, lo psíquico o mental y la dimensión espiritual. Lo espiritual es aquello que define de modo integral al ser humano. El hombre no se reduce a ser mera expresión psico-corpórea. La espiritualidad es lo fundamental ya que actúa como base y guía del ser. La sociedad consistirá por lo tanto en el pleno desarrollo del hombre a partir de la dimensión espiritual. Es lo espiritual la fuente de la dignidad humana. El hombre es un ser complejo ya que en su ser internacional simultáneamente las dimensiones corpóreas, mentales y espirituales. De allí deriva lo intrincado de las relaciones sociales pues éstas importan su operación conjunta por parte de todos los seres que integran el cuerpo social. En definitiva, es la integración de las tres dimensiones humanas consignadas lo que configura la complejidad humana y la difícil relación social. Sin embargo, es convicción que el desarrollo armónico de las mismas no es una utopía. Esto por cuanto el hombre nace en familia, núcleo central de la sociedad. Al efectuar la familia como primer principio educador del ser, es en su seno donde el hombre es puesto en contacto con la moralidad que emana de la propia naturaleza humana. Por extensión, la sociedad ha de constituirse de acuerdo al grado de comprensión que desarrolle de su conformidad con la naturaleza humana y su orden moral natural. En este sentido, esencial será la educación que recibe el ser desde que nace en el seno familiar y la formación que entrega la sociedad. De este modo, la responsabilidad educativa y formativa se proyecta desde los padres hasta el Estado. La virtud, señalada como recta razón, es requerida para la vida social normal. Expuestas como elementos orientadores de la acción humana, las virtudes cognoscitivas (sensibles o intelectuales) y las virtudes morales (teologales -fe, esperanza, caridad- y cardinales - prudencia, justicia, templanza y fortaleza) son fundamentales, decisivas.

C.3. Bien Común

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C.3.1. Noción de bien común. Se entiende por bien lo que, bajo cualquier respecto, sea o pueda ser objeto de apetencia. Algo es apetecible en la medida en que sea perfección o complemento real de un sujeto. Todo bien es conveniente, es decir, corresponde con la realidad del sujeto, a la cual añade positivamente algo. Bien común es el bien del todo, pues es un bien que no es de una parte con exclusión de otras, sino de todas las partes. Es bien y fin del todo pues es la perfección de éste en cuanto todo. Es un bien de suyo comunicable o participable; el bien del todo depende materialmente de las partes, pues es la integración física de ésta lo que lo constituye. El bien común del todo potestativo, es el fin al cual se ordenan sus partes mediante su actividad u operación, cada una de ellas de diversa manera. El fin trasciende a las partes, pues no es proporcionado en particular a ninguna de ellas, pero al mismo tiempo es un bien de las partes, a las cuales se comunica, a cada una de diferente modo, formalmente en cuanto bien del todo común. Cada parte a su modo respecto del fin del todo, cumple dentro de éste una función. Mediante el complemento de las funciones cumplidas por las partes se alcanza el bien del todo, siendo éste, así, la perfección de cada una de ellas. La sociedad humana, en cualquiera de sus formas, es un todo moral potestativo. De esta forma, el bien común del todo social es el bien mayor de cada una de sus partes, mayor que cualquier bien particular; a éste compete de suyo subordinarse al bien común, pues sólo así posee la condición plena de bien. Aún cuando desde una perspectiva material pueda considerarse a la sociedad humana como un todo integral, sería falsear su naturaleza asumir esta perspectiva como principal. La sociedad no es el conjunto de sus partes; su bien común no es la suma de los bienes particulares, ni consiste en al simple unidad solidaria de las partes, ni es una mera condición favorable pare que éstas satisfagan sus intereses. En términos de todo potestativo, y no sólo de todo integral, el todo social es cualitativamente diverso de sus partes, no sólo es diverso por su magnitud cuantitativa. Es diverso de ellas, sea que se las tome individualmente, sea en conjunto. Es un todo operativo y el fin de ese todo es, el bien mayor al cual se ordenan naturalmente las partes; es el bien que tiene siempre supremacía, bajo cualquier respecto, sobre los bienes particulares. En cualquier sociedad existe esta primacía de su bien común sobre los bienes particulares. Lo contrario implicaría la disolución de la sociedad. El bien personal es un bien de la persona. Entonces, el bien personal puede entenderse como bien exclusivo de cada persona, en cuyo caso puede ser llamado bien privado, puede entenderse como el bien más propio de la persona por ser tal: éste no puede ser otro que el bien común más perfecto.

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Es evidente que no existe contraposición, en consecuencia, entre bien común y bien personal, ni tampoco una subordinación de aquél a éste, bajo ningún aspecto. El bien personal, considerado como bien más propio e íntimo de la persona, es de suyo comunicable a toda persona singular. Si se cerrase esta comunicabilidad, entendiéndolo como un bien privado, ello implicaría que cada individuo, en la práctica, estaría negado su condición de personas. C.3.2. Elementos del bien común. Los elementos del bien común son tales en cuanto el medio es integrante del fin. De esta forma, se identifica como claves del bien común: a) El respeto al derecho natural. No es posible realizar el bien común contraviniendo o violando los principios del derecho natural. El hombre es anterior y superior al Estado y, por tanto, posee una supremacía ontológica que no puede ser negada o impedida su realización. b) El respeto al derecho positivo. En principio, el derecho positivo debe ser siempre congruente con el bien común. Por ende, donde se transgreda el derecho positivo se afecta el derecho natural y se hace difícil o imposible el bien común. Aún más, el derecho positivo obliga por igual a todos. En particular, los órganos del Estado deben sujetarse al marco de sus atribuciones propias siguiendo el principio clásico según el cual en el derecho público sólo está permitido realizar aquello que está expresamente autorizado. Con todo, cabría considera como legítimo, en caso excepcional y muy calificado, el apartamiento de la autoridad respecto del derecho positivo, siempre que ello se haga para tender al bien común y ante la evidencia de que el derecho positivo vigente resulta insuficiente e inadecuado para ello. Aún más, cualquier autoridad -y por cierto más una autoridad gubernativa- puede quebrantar el derecho positivo a través de tres circunstancias concretas: b.1. exceso o abuso de poder, consistente en arrogarse funciones o atribuciones de las que carece. b.2. vacío de poder, figura jurídica que se produce cuando la autoridad abdica en el hecho de su obligación de gobernar, es decir, de dictar y aplicar normas y medidas necesarias para tender al bien común. Se entiende que el vacío de poder se produce en caso que la inacción en que se incurre genere un claro perjuicio al bien común. De hecho, históricamente, el vacío de poder se convierte en preludio de la anarquía. b.3. desviación de poder o fraude a la ley, figuras que consisten en el ejercicio torcido que hace la autoridad de la aplicación de una norma en términos de contrariar el sentido de justicia que ésta conlleva y que es el fundamento de su legitimidad. c) Paz social. La existencia de un estado de paz social es indispensable para una convivencia civilizada. Se trata de una paz social mínima, que no aspira a la eliminación de los conflictos pues los hombres tienen intereses distintos que aparecen como opuestos.

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d) Unidad e integración nacional. Este factor de bien común se traduce en la existencia de un consenso mínimo y básico de ideas y objetivos sociales comunes. e) Integridad física o territorial y la identidad moral o histórico cultural. f) Razonable grado de progreso espiritual y material. g) Aceptación básica o suficiente del pueblo o comunidad hacia quien ejerce la autoridad.

C.4. La libertad. La libertad es un aspecto fundamental para la sociedad. De hecho, para ser miembro en plenitud de la sociedad humana perfecta, hay que ser libre. Ahora bien, es corriente que se piense que la libertad se contrapone con toda forma de obediencia impuesta, es decir, con toda forma de autoridad cuya razón de ser no tenga origen en esa misma libertad del individuo. En el caso de ser verdadera esta contraposición, tendríamos que la libertad, siendo el requisito esencial para ser miembro de la sociedad, es al mismo tiempo lo que impide al hombre someterse al orden propio de esa sociedad. Este contrasentido hace necesario examinar algunas características esenciales de la libertad en el hombre. Los animales actúan según son determinados por los estímulos son los instintos. Por tanto, la conducta del animal, al estar siempre determinada por causas externas, no es libre. Si se llegaran a dominar estas causas, sería posible determinar de modo completo, y por tanto prever, todas sus reacciones. En el hombre esto es imposible. Por cierto, posee instintos y sentidos, y los estímulos externos ejercen su fuerza sobre él. Sin embargo, si el hombre se encuentra en estado normal, cualesquiera sean las circunstancias en que esos estímulos se le presenten, no es determinado necesariamente por ellos en su conducta, no siendo, por consiguiente, ésta previsible con absoluta certeza. Puede haber probabilidad mayor o menor, pero nunca necesidad en la relación estímulo - conducta humana. Son muchas las posibilidades de conducta en el hombre, incluida la de no actuar, lo cual demuestra que si actúa de una manera determinada, no es a causa de estímulos ni se sitúa en contraposición con ellos, es capaz de asumirlos y de dominarlos. Hay pues en el hombre facultades distintas al sentido y al instinto, aunque en cierta correspondencia con éstas. Es capaz de actuar conforme a lo que puede ser algo, lo cual no está presentado por los sentidos. Esta facultad, por la que se hace presente al sujeto lo que es o puede ser una cosa, es lo que se llama inteligencia (según una etimología citada, intelligere vendría de intus-legere, leer dentro, que podemos entender como “conocer lo que hay tras la apariencia”, lo cual ilustra esta facultad humana ). Y es también capaz de apetecer lo que se le hace presente por la inteligencia, de actuar por motivos que no guardan ninguna proporción con los instintos. A esta facultad se le llama voluntad. El hombre no es determinado en su conducta por los estímulos externos, como los demás animales, sino que se determina en su actuar, no siendo los objetos hacia los cuales se mueve causa suficiente de este movimiento. La causa, por consiguiente, está 9

en el interior del hombre, y es lo que se denomina voluntad. La voluntad se haya radicalmente indeterminada respecto del actuar o no actuar, de elegir esto o aquello, y de actuar bien o mal ( el mal consiste en un bien desordenado, escogido en oposición al bien completo). Todas las alternativas están constituidas por bienes particulares, por lo cual no determinan al sujeto. La libertad es en primer lugar, por consiguiente, indeterminación o indiferencia de la voluntad respecto de los diversos bienes particulares que se le ofrecen como opciones reales. Si alguien se encuentra ya condicionado respecto de ciertas opciones, no puede elegir libremente, es decir, no es libre. Por esto, la libertad es, un segundo lugar, carencia de coacción en el sujeto, entendiendo por coacción lo que de manera extrínseca inhiba o impida la voluntariedad en la conducta de sujeto. Todo lo cual señala que, en definitiva, la libertad es la propiedad del acto voluntario por el cual el sujeto se determina en su conducta. La facultad de la voluntad para determinarse es llamada libre albedrío. Así, indiferencia radical frente a las opciones de conducta, carencia de coacción y voluntariedad del acto son los tres aspectos de la libertad. La voluntad, para salir de la determinación en que se halle respecto de cualquier conjunto de opciones, depende de un juicio de la inteligencia. Este juicio naturalmente no basta por sí solo para que se produzca el acto, pues este movimiento hacia el objeto, y el motor, es la voluntad, no la inteligencia. Pero depende del juicio en cuanto a su dirección o especificación. Juzgar, en este orden, significa sopesar debidamente la conveniencia o bondad de una acción. Es decir, que un acto voluntario no es bueno porque sea libre, sino porque es bueno aquello a lo cual libremente elegida, sino que, por el contrario, es la elección la que califica positivamente por haber tenido como objeto una buena opción. Por esto, la libertad no es el primer bien del hombre. Si tal fuera, todo lo que cada hombre hiciere u omitiere, por proceder de su libre voluntad, sería por lo mismo irreprochable. La libertad es el modo de dirigirse el hombre a su bien primero. Entonces, para elegir, es necesario que exista un punto de referencia fijo, una intención, una adhesión a un fin desde el cual se ilumina el sentido de la misma elección. Se puede ver así que la libertad que el hombre ejerce en toda elección es, en verdad, una aproximación a ese fin. Debe considerarse entonces la relación entre libertad y autoridad, entre obediencia y libertad de la persona. La capacidad para elegir bien no es innata: hay que formarla, como todas las otras aptitudes humanas. Aún más, la libertad no es la misma en todos los hombres, ni en los distintos momentos de la vida de un mismo hombre. El hombre puede elevarse o corromperse usando de su libertad, pero con ello es también su libertad la que se eleva o se corrompe. Para elegir bien o disponer de la preparación necesaria para elegir bien, es menester que la persona haya adquirido el hábito correspondiente, la virtud, y esto no es posible sin un proceso gradual ni sin la dirección de aquel que ya es virtuoso. Este es el sentido que tiene la obediencia en la formación del hombre. La obediencia es la prudencia del que no la tiene, o por lo menos del que no la tiene en forma perfecta. Entender esto es comprender el peor qué de la necesaria subordinación de unos hombres a otros, sin la cual es imposible su formación de hombres. La civilización, el vivir en sociedad obedeciendo leyes justas, es lo que extiende y perfecciona la libertad del hombre. El bien común es el punto de referencia inmutable, y 10

la obediencia es lo que asegura la ordenación eficaz de ese bien. Esta obediencia es, además, en su forma más perfecta, libre. Es, en efecto, elegida. C.5. Las Sociedades C.5.1. Clasificación En su generalidad, las sociedades se clasifican en: a) sociedades completas e incompletas Las sociedades completas son aquellas que involucran a toda la persona y miran a su fin último. Sólo existen tres sociedades completas: familia, Estado y la Iglesia. Las sociedades incompletas son todas aquellas que no abarcan a toda la persona y persiguen una finalidad que no es directamente el fin último. b) sociedades perfectas e imperfectas Las sociedades perfectas son aquellas que, siendo completas, cuentan con todos los medios morales y jurídicos para alcanzar el fin de los individuos que las forman. Existen sólo dos sociedades perfectas: Estado e Iglesia. Las sociedades imperfectas son todas aquellas que no poseen la plenitud de los medios para alcanzar su fin. c) sociedades naturales y voluntarias Las sociedades naturales son aquellas exigidas por la naturaleza del hombre. Son dos: familia y Estado. Las sociedades voluntarias son las que no son exigidas por la naturaleza, pero no por ello menos necesarias ni obligatorias (gremios, municipios, etc.) d) sociedades superiores e intermedias Las sociedades superiores son el Estado en el orden temporal y la Iglesia en el orden sobrenatural. Las sociedades intermedias son las que están entre los individuos y las sociedades superiores. C.5.2. La familia: sociedad primaria Entre las sociedades diferenciadas formal y específicamente, la primera es la familia. La familia es la raíz de todas las otras sociedades, en el sentido de que éstas proceden

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como: a) su derivación (sociedades de tipo gremial o profesional) b) su complemento (sociedades locales como el ayuntamiento) c) su perfección (sociedad política) La familia es la sociedad primaria que se desarrolló a través de clanes, tribus, pueblos y naciones. En la familia se conocen, adquieren y forjan los valores, las virtudes y costumbres. Desde la familia se proyecta el carácter moral. La familia es el primer principio educador del ser. El ser medio perfectivo para el ser humano que busca su bien real es la clave de la vitalidad de las sociedades. C.6. Autoridad, Legitimidad y Legalidad C.6.1. Autoridad Al considerarse la sociedad, naturalmente surge así la cuestión de la autoridad. Sin gobierno es imposible que exista sociedad. Lo que da unidad a una multitud de personas no pude ser el criterio o la iniciativa individual de cada una. Si hay unidad, ésta es la de la dirección a su fin, es decir, la de una intención, que no puede ser sino la de quien gobierna. Gobernar no es imponer, simplemente, la propia voluntad sobre los gobernados. Si esto fuera, el efecto resultante no sería una sociedad. Al gobierno corresponde como contraparte a la obediencia del gobernado, el saber gobernar y el saber obedecer. Son éstas las virtudes básicas sobre las cuales se conforma la unidad del organismo social, cualquiera que éste sea. Lo que indica que la razón de gobierno no es la fuerza o el poder que posee el que gobierna, sino aquello en nombre de lo cual puede ejercerse el poder con justicia. Esto es lo que se denomina autoridad. La palabra viene del latín -auctor, auctoritas-, siendo el sustantivo abstracto correspondiente al concreto autor. Autoridad, por tanto, es aquello por lo cual alguien es autor. El término latino auctor viene del verbo augeo -aumentar, hacer, crecer-, significado originalmente el que aumenta o el que hace crecer, es decir, el que da de sí algo. Ahora bien, nadie puede dar lo que no tiene. Ser autor o tener autoridad implica, por consiguiente, tener dominio sobre aquello que se da, siendo tal dominio lo que permite darlo. La autoridad, en el sentido descrito, se entendió primero que el orden exclusivamente intelectual, en el del saber y la ciencia. Luego el término ha ampliado su significación, comprendiendo la sabiduría práctica, es decir, el dominio -no sólo teórico sino 12

fundamentalmente prudencial, propio del saber actuar- de lo pertinente al fin de la conducta humana y a los medios aptos para alcanzarlo. En consecuencia, debemos distinguir ahora dos sentidos de la palabra autoridad, o más bien dos ámbitos distintos a los cuales se refiere: hay la autoridad intelectual, la que se extiende sólo a lo propio de un saber, de una ciencia o arte, y hay la autoridad moral, que es en sentido propio la potestad para dirigir la conducta de otros. Cabe destacar este sentido propio pues suele distorsionarse la autoridad moral, limitándolo a la conformidad exigida entre la potestad que se ejerce y la conducta privada de quien la ejerce. Si bien es deseable tal conformidad, no es esto lo que significa en propiedad el término, y entenderlo así puede incluir a creer equivocadamente que la potestad se pierde si no existe acuerdo entre el mandato y la conducta personal del que manda. Esto no es así, porque la fuente de la autoridad no es la conducta de quien la ejerce. La relación entre autoridad y gobierno es análoga a la que hay entre el arte de la navegación y la acción de dirigir el barco. El piloto es el que tiene la capacidad para gobernar el navío -de ahí viene específicamente el término gobierno-; tiene autoridad, pues en él reside el conocimiento y la potestad para determinar el rumbo; es auctor en cuanto sujeto de la facultad para definir la dirección de la navegación, pues conociendo el fin y poseyendo la capacidad para elegir los medios adecuados, puede gobernar hacia allí, aquel a quien ha de reconocerle públicamente como sujeto de esta potestad, de la cual es responsable. El piloto se forma como tal según el arte de la navegación. No es su poder, su dominio sobre otros, lo que lo constituye en el cargo, sino su capacidad, su saber, su oficio. Por cierto, para ejercer el cargo requiere que se subordinen a él, entrando bajo su dominio los demás tripulantes, pero este poder es efecto y no causa, de su autoridad. Tampoco surge ésta de la libre voluntad de los tripulantes, porque hay por lo menos algo que no puede depender de esa voluntad, por ser anterior a ella y es la condición exigida por el arte de la navegación para ser buen piloto. Es siempre en la naturaleza de la sociedad, definida por el fin o bien común al cual se ordena, donde están fijadas las condiciones de la autoridad. Nadie tiene autoridad porque haya sido designado de tal o cual manera o porque haya tenido el poder para imponer su voluntad a la de otros. La tiene sólo en la medida en que recibe, haciéndola suya, la intención del bien del todo, en virtud de la cual la sociedad existe y es una. La forma de la designación no es causa de la autoridad, sino solamente condición para su ejercicio. Tradicionalmente se ha afirmado que toda potestad viene de Dios. Es frecuente que no se entienda el significado de esta afirmación. Si una sociedad humana es natural, es decir, si su finalidad y su forma básica brotan de la misma naturaleza de quienes la integran, como lo son los casos de la familia o la sociedad política, el origen de la autoridad es el mismo que el de esa naturaleza, pues la autoridad es la naturaleza constituida en principio según el cual el todo social se ordena a su fin. Ningún hombre ha inventado, ciertamente, esto que es ser hombre, ni ha elegido serlo. Que Dios sea el origen de toda autoridad no significa, en consecuencia, que él sea quien designa nominativamente al que ha de ejercer la autoridad, sino únicamente que aquel que la

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ejerce, debe responder a Dios de su ejercicio, por actuar en razón de algo que no es suyo, sino recibido -como el ser hombre o el mismo existir- de la divinidad. La autoridad es aquello en que se funda la obediencia. Esta es la virtud moral que consiste en hacer propia la voluntad de otro, para ordenarse a un bien que el mismo sujeto no puede alcanzar individualmente. La virtud moral es una disposición interior del hombre a actuar con rectitud. Mientras más profundamente afincada se encuentra esta disposición a obedecer, a hacer propia la intención común, mayor identificación habrá entre la persona y el bien común al cual de esta manera se ordena. Sin obediencia no puede subsistir la sociedad, por la misma razón por la cual no puede permanecer sin gobierno. Ahora bien, es distinto el tipo de obediencia exigible en las distintas sociedades. Aquella a la que están obligados los miembros de una sociedad natural es siempre una virtud moral, por ordenarse al bien humano en cuanto tal. Las obediencias referidas a otras sociedades, es sólo la condición de hacer bien algo en particular, no del orden moral. La autoridad es, pues, la razón tanto del gobierno como de la obediencia. Un gobierno sin autoridad es ilegítimo, no tiene ningún título para exigir el acto moral de la obediencia. Y la obediencia que no está fundada en autoridad no es tal, sino sometiendo servil. Saber mandar y saber obedecer son las virtudes sin las cuales la sociedad no puede subsistir. Son dos caras de la misma virtud fundamental, la prudencia -el saber actuar en conformidad con bien común-, la cual puede alcanzar su forma más perfecta, la gubernativa, solamente si antes ha pasado por la menos perfecta, la del que sabe obedecer. C.6.1. Concepciones de legalidad y legitimidad En la sociedad existe la autoridad o poder político legítimo. La legitimación de la autoridad y su acción de gobierno, es la justificación del derecho a mandar, en virtud de la justicia y encaminado al bien común. Existen escuelas de interpretación de la legitimidad política: a) la escuela ius naturalista identifica lo legal con la legitimidad, en la medida que lo legal corresponda con el derecho natural. b) la escuela positivista identifica lo legal con lo legítimo, pero por una razón diferente. Afirma que toda ley positiva es legítima por el solo hecho de expresar la voluntad soberana del legislador. Se presume la correspondencia entre la ley dictada y la autoridad legítima; lo contrario sería el caos.

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La legitimidad de un gobierno se da: a) en su origen b) en su ejercicio La legitimidad de origen consiste en el título válido que la autoridad invoca para ejercer sus funciones de tal. Este criterio de legitimidad dice relación con la forma de acceder al poder. La legitimidad de origen puede invocar: a) un título normal: aquél que la comunidad se ha dado expresa o tácitamente como tal b) un título excepcional: aquél que nace del ejercicio legítimo del derecho a la justa rebelión contra un gobierno ilegítimo La legitimidad de ejercicio dice relación con el modo de que una autoridad cumple con su finalidad propia, esto es, procurar el bien común. Derecho a la Justa Rebelión Cuando en los hechos no se está en presencia de una autoridad legítima, sin más se está en presencia de una autoridad ilegítima, sea de origen o ejercicio. De esta forma, la rebelión es un derecho de la sociedad frente a un gobernante ilegítimo. En esta misma perspectiva, la rebelión constituye asimismo un deber para la sociedad. La justa rebelión procede cuando concurren las siguientes condiciones: a) la existencia de una grave o reiterada ilegitimidad de ejercicio, importando la vigencia de una autoridad cuya ilegitimidad sea radical y manifiesta; no es necesario que tal situación de ilegitimidad sea reconocida por muchos, dado el frecuente estado de embotamiento colectivo existente como consecuencia de un estado de corrupción. b) que se hayan agotado todos los medios pacíficos para procurar que se enmiende la ilegitimidad. c) que de la rebelión no se generen males mayores que los que se trata de evitar; que de la rebelión misma no surjan males mayores que los que se trata de evitar. d) que exista razonable seguridad de que el gobierno que surgirá de la rebelión podrá corregir las situaciones negativas que han configurado la ilegitimidad del gobierno en función; esto hace exigible que los que dirigen y llevan a cabo la rebelión, tengan la intención real y eficaz de recuperar para su gobierno la legitimidad original.

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e) que exista una razonable probabilidad de éxito para la rebelión. Del ejercicio del derecho a la justa rebelión surge un estadio dictatorial legítimo que, para ser tal, requiere el cumplimiento de las siguientes condiciones: a) que su establecimiento y vigencia aparezca como muy necesaria, en razón de la situación gravemente alejada del bien común que existe en una sociedad. b) que en el ejercicio de su autoridad, ésta respete y satisfaga todos los elementos que constituyen su fin específico, que es la prosecución del bien común. c) que sea transitoria, esto es, que tienda a restablecer en el menor plazo posible, un ordenamiento jurídico conveniente y capaz de sujetar a la autoridad al cumplimiento de su función.

D.- Orden Político D.1. Causas del Orden Político La sociedad política es la unidad ordenada de todas las sociedades particulares en que transcurre la vida normal del hombre, en cuanto convergen hacia el bien común más alto. Es por lo mismo, un orden, unidad de una multitud diversa que responde a un principio común. Causas del orden político: 1. - La causa final es el bien común político. El bien común es el fin de la sociedad política; es el bien humano completo que comprende todos los modos de perfección asequibles. 2. - La causa eficiente del orden político es el gobierno. El gobierno es la operación de dirigir la sociedad al fin común. Se denomina igual al sujeto -en cuanto agente- que realiza esta operación. 3.- La causa ejemplar del orden político es la autoridad política. El poder es una medalla de dos caras: auctoritas y potestas. La auctoritas es el título para ejercer el poder. La potestas es la capacidad efectiva para hacerse obedecer. 4.- La causa formal del orden político es la ley. La ley es el principio ordenar que rige la conducta social. 5. - La causa material del orden político es el pueblo o nación. El orden político es la

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forma concreta de vida civilizada que tiene un pueblo. D.2. Sociedad Política La sociedad política es la sociedad de sociedades. La vida en sociedades como la familia, el gremio y el municipio se proyectan hacia un ámbito más amplio que cada una de ellas. Esta red de sociedades constituye, en su unidad y en la ordenación particular de cada una al bien común, esa sociedad superior que se ha denominado polis o civitas. Se es parte de la sociedad política, por pertenecer a una familia, un gremio o municipio; nunca en forma directa. Las personas, al ser partes de las sociedades intermedias, participan de la sociedad superior. Patria y Nación no se refieren directamente a la unidad formal de la sociedad política, sino a lo que es el sustrato material de dicha unidad. Patria significa en latín, "terra patrum", tierra de los padres. Nación viene de "natus", nacimiento. Es la tierra carnal que interrelaciona las generaciones, al linaje de la progenie. La tierra paterna sirve de base nutricia a los hijos allí nacidos (nación). Esto crea un vínculo ontológico entre el hombre y la tierra en que nace. Es una herencia natural que no se puede repudiar ni desprenderse. Es lo que se le ha traído del pasado hacia el presente. Esta es la "tradición" de un patrimonio de bienes heredados, y son acrecentados mancomunadamente. Este es un deber: el patriotismo. Es una virtud social que nos dispone al amor de predilección del lugar donde hemos nacido, respecto del patrimonio que recibimos y donde yacen nuestros padres. La patria es una coordenada vital; es la luz del círculo mayor que encierra y sustenta el fuego de los círculos menores. D.3. Principio de las Autonomías Sociales La sociedad política es una sociedad de sociedades. Las partes de la sociedad política son las sociedades menores que comprende. Cada sociedad particular o intermedia tiene un fin particular, subordinado al fin político pero formalmente diverso de él. Tiene la autoridad directa respecto de lo pertinente a ese fin A la autoridad política compete gobernar a las potestades inferiores; debe procurar su

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fortalecimiento, exigiéndole que se ordenen al bien común político. El ejercicio armónico de todas las potestades sociales, en su subordinación a la potestad superior, se rige por dos principios. Ambos se afirman sobre un presupuesto básico: dicha subordinación no es despótica sino, justamente, política.

D.3.1. Principio de Subsidiariedad. Toda sociedad intermedia posee un fin legítimo fin propio específico. Cada sociedad intermedia es por tanto apta por definición para alcanzar por sí sola ese fin propio específico. Este fin propio específico es precisamente aquél para el cual es apta por definición, y puede alcanzarlo por sí sola. Si esta sociedad no es apta para ello, desaparecerá o degenerará en otra distinta. Del hecho de tener toda sociedad intermedia un fin propio específico y ser por definición apta para alcanzarlo, nace un derecho fundamental: el derecho de la autonomía. Al ser apta por definición, tiene derecho a auto-gobernarse, a conducirse a su propio fin específico, sin interferencia de ninguna sociedad mayor. Esta autonomía crea un ámbito y también constituye un límite. Esta autonomía es un derecho, pero también es un deber el ejercerla en la mejor y mayor medida posible. Como consecuencia de la existencia de este límite, surge el principio de subsidiariedad. El principio de subsidiariedad importa el que ninguna sociedad mayor puede invadir el campo propio del fin específico de la sociedad menor. La soberanía es una cualidad de la que las sociedades intermedias carecen, ya que están insertas en una sociedad superior y derivan la validez de sus normas internas de un ordenamiento jurídico superior, al cual están subordinadas. Ninguna sociedad mayor puede asumir o absorber lo que es propio de una sociedad menor. El fundamento de este criterio es que la sociedad mayor no ha nacido para hacer lo que las menores pueden hacer, sino, por el contrario, surgen para hacer lo que las menores no pueden hacer. El campo de la sociedad mayor empieza donde termina el campo de posibilidades de las menores.

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En definitiva, el Estado no debe absorber las actividades que pueden ser adecuadamente desarrolladas por particulares, sea que éstos se encuentren solos o agrupados. Esta es la base de una sociedad libre. El principio de subsidiariedad tiene una profunda fundamentación filosófica, pues arranca de la primacía de la persona sobre la sociedad. Subsidiariedad viene de subsidium, de apoyo que se da a otro. El principio de subsidiariedad no sólo señala una limitación entre poderes, sino también entre potestades, en el sentido que cada sociedad corresponde a una autoridad específica y ésta no puede ser sustituida por otra, aún cuando sea superior. La sociedad superior, en cuanto tal, dirige a la inferior por ser ésta parte de un todo. Le debe suplir en todo aquello que asegure el cumplimiento de su finalidad particular, respetando su autonomía y sirviendo el bien común. El Estado es la sociedad mayor en el orden temporal y es eminentemente subsidiario. La tarea del Estado es realizar aquellas funciones que los particulares no pueden emprender satisfactoriamente. Se distinguen dos grandes grupos de funciones del Estado: a) funciones connaturales del Estado: aquellas que por su naturaleza, jamás podrían ser asumidas adecuadamente por grupos de particulares. Estas funciones connaturales son de dos tipos: a.1. las que representan a la comunidad toda: - defensa nacional - relaciones exteriores a.2. las que se refieren a la regulación normativa de las sociedades intermedias y las sociedades entre sí: - dictación de normas legales de carácter general - dictación y aplicación a través de la administración y la judicatura b) funciones subsidiarias del Estado El Estado es eminentemente subsidiario. El Estado es por definición, el único subsidiario de cualquier materia que competa a los particulares y que éstos no puedan cumplir.

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La subsidiariedad también se aplica a las relaciones de sociedades intermedias y personas. Las sociedades intermedias pueden asumir en subsidiariedad las funciones de otras menores, pero se requiere que efectivamente la sociedad menor no pueda cumplir su labor y que la sociedad mayor no se vea afectada en sus fines por suplir funciones de la sociedad menor, desnaturalizándose. D.3.2. Principio de Totalidad El principio de subsidiariedad encuentra su correlato en el principio de totalidad, en la relación entre gobierno y sociedades intermedias. El principio de subsidiariedad representa la fuerza centrífuga de la sociedad política y el principio de totalidad, la fuerza centrípeta. Si se tergiversa el principio de totalidad, desaparece la razón de la unidad, la cual queda reducida a conglomerado de individuos. El principio de totalidad enuncia que la parte se debe al todo, siendo el bien de éste siempre mayor y perfecto que el bien particular.

E.- Estado E.1. Elementos del Estado

E.1.1. Elemento humano: Población La población es la causa material del Estado. La población es por tanto un elemento constitutivo del Estado. No hay Estado sin población. El fin del Estado es el bien común o adecuado orden de relación para que todos y cada uno de los miembros de la población alcancen su bien particular en la mayor medida posible. Por esta razón, el Estado no puede discriminar entre sectores de la población; todos tienen derecho a su bien particular. La población está conformada por todos aquellos que están integrados al Estado. Las poblaciones de los Estados tienen características propias que le van dando una identidad, una idiosincrasia propia (cultural, social, histórica, etc.). Hay Estados donde esta idiosincrasia es común y homogéneas y esto es muy importante para la identidad y unidad nacional. Sin embargo, existen Estados compuestos por idiosincrasias complejas, fuente de grandes problemas sociales y políticos.

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Con todo, no es legítimo que el Estado intente producir una homogeneidad por la fuerza o arbitrariedad. El proceso de homogeneidad debe darse de una forma espontánea, natural y fluida. El Estado debe respetar las minorías existentes en su territorio. E.1.2. Elemento geográfico: Territorio El territorio es el espacio físico vital en el cual el Estado va a desarrollar su poder político. El territorio está conformado por: a) suelo geográfico: comprende la tierra firme y el subsuelo de esa tierra comprendida entre los límites para la explotación minera además de las aguas dentro de los límites. b) mar: comprende tres tipos: b.1. mar territorial: tiene una extensión de tres millas, medidas desde la línea de las mareas más bajas. b.2. mar jurisdiccional (zona contigua): se extiende hasta las doce millas, medidas desde la línea de las mareas más bajas, y se fija para que el Estado pueda ejercer el derecho de policía relativo a la seguridad del país y las leyes territoriales. b.3. mar patrimonial (zona económica exclusiva): tesis que surgió en Chile en conjunto con Ecuador y Perú, en que se consideran doscientas millas marítimas, en las cuales nadie más que el país ribereño tiene derecho a explorar ese mar y el subsuelo que eso comprende. Aquí no hay soberanía política. La tesis de las doscientas millas fue proclamada en 1947 por el presidente Gabriel González Videla y fue ratificada en 1952 en la Declaración Tripartida de Santiago. En el país, después se ha desarrollado la doctrina del mar presencial. Corresponde a aquel espacio oceánico comprendido más allá del límite exterior de la zona económica exclusiva y el meridiano que señala el borde occidental de la plataforma continental e Isla de Pascua y que se proyecta desde Arica hasta el Polo Sur. c) espacio aéreo: es el espacio que se encuentra sobre el suelo y el mar territorial, y hasta donde termina la atmósfera. E.1.3. Elemento jurídico: Soberanía E.1.3.1. Concepto y realidad de la soberanía El poder soberano es la cualidad del poder estatal en virtud de la cual las normas que éste dicta no derivan su validez de ningún ordenamiento jurídico superior al cual haya de estarle subordinadas.

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En el Estado, por su esencia de sociedad superior, está virtualmente incorporada, adherida, la soberanía. Por ello, la soberanía es un atributo del Estado. La soberanía radica en la nación pero es ejercida por le Estado en cuanto expresión máxima de su organización jurídica. La soberanía o poder supremo en virtud del cual existe y actúa el Estado es una, limitada, indelegable e imprescriptible. No obstante, conceptualmente se distingue una dimensión interna y otra externa de la soberanía. La soberanía interna es la que permite al Estado darse la estructura política o jurídica que estime conveniente en forma autónoma. La expresión fundamental de la soberanía interna es el poder en virtud del cual el Estado se plantea frente a los demás Estados en un plano de igualdad jurídica. La soberanía tiene íntima relación con el robustecimiento del poder del Estado tanto hacia su parte interna como hacia las relaciones exteriores. Como factor social interno, confiere al Estado la capacidad necesaria para adoptar la modalidad política que estime más conveniente para la dirección y organización de la masa humana integrante del respectivo espacio territorial, sin perjuicio de influir sobre el sentimiento, pensamiento y voluntad de la población. La política del poder en la esfera internacional está compuesta por el poder interno, el poder económico y el poder militar y tiende a la consolidación del ser nacional para mantener una condición de supremacía o, al menos, de equilibrio de poder. E.1.3.2. Características de la Soberanía a) una porque su característica fundamental es su unidad ya que no puede existir sino un poder supremo y los miembros de un Estado no pueden estar sometidos más que a una soberanía b) absoluta porque no tiene sobre si ningún otro poder c) indivisible porque no se puede parcelar d) indelegable porque el depositario exclusivo de ella es la nación, aunque puede ser puede ser delegado temporalmente su ejercicio en los representantes que establece la ley e) inalienable porque no se puede vender, ceder o enajenar f) imprescriptible porque no se pierde por el no uso ni otro país puede adquirirla por la sola realización de actos de soberanía sobre un determinado territorio o pueblo. E.1.3.3. Limitaciones a la soberanía Con todo, la soberanía en tanto cualidad del poder estatal, posee limitaciones tanto jurídicas como prácticas. a) Las limitaciones jurídicas a la soberanía provienen de: a.1. Bien común. La soberanía es una cualidad del poder del estado y toda cualidad debe estar subordinada a la finalidad del ser al cual pertenece. a.2. Territorio de otros Estados que ejercen sobre él su propia soberanía.

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a.3. Derecho y Tratados internacionales; éstos constituyen una especie de autolimitación de la soberanía por cesión de capacidad soberana al someterse al derecho internacional u obligarse en tratados internacionales bilaterales o multilaterales. b) Las limitaciones prácticas a la soberanía provienen de: b.1. Poder Nacional. El Poder Nacional es la capacidad total de un Estado e indica la capacidad que cada sociedad posee para satisfacer la necesidades de la sociedad que lo constituye. Los elementos del poder nacional son: Sistema Poblacional + Sistema Territorial + Sistema Económico + Sistema Político + Sistema Cultural + Sistema Militar + Sistema Científico – Tecnológico + Sistema Diplomático interaccionado (x) con Inteligencia Nacional + Voluntad Nacional + Estrategia Nacional. b.2. Imperialismos. Se trata de conductas sistemáticas que los Estados de gran poder nacional ejercen sobre los de menor poder nacional, a fin de condicionarlos o forzarlos a la renuncia práctica de su soberanía en cualquier campo de poder. b.3. Interdependencia. Se refiere al fenómeno de incremento de la dependencia recíproca entre las sociedades y Estados gestado en virtud de la dinámica del proceso de interacción recíproca integral, y que compromete de manera especial a los Estados con menor poder nacional. La soberanía es la expresión suprema de la politicidad. El sujeto de la soberanía es el Estado o poder estatal. El Estado es soberano y sólo es soberano el Estado. La soberanía es una y única. En tanto los Estados tienen derecho a darse la organización jurídica interna que prefieran, se constituye la soberanía en su dimensión interna. En tanto los Estados tienen derecho a representarse ante los demás Estados en un plano de independencia e igualdad, se formaliza la soberanía en su dimensión externa. E.2. Funciones del Estado

El poder, que es uno, se expresa por la función. Son funciones del Estado las actividades a través de las cuales éste tiende a la obtención de su fin último, que ese el bien común. Las funciones del Estado tienen un carácter permanente. Así, las funciones del Estado son las diversas acciones que el poder estatal debe realizar a fin de dar cumplimiento a su tarea en relación con el bien común de la sociedad. Las diversas funciones del Estado son la función legislativa, ejecutiva y judicial. A través de estas tres funciones, el Estado ejerce su poder. E.2.1. Función Ejecutiva

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Debiendo estar permanentemente subordinada a la norma constitucional (reglamentos y decretos), la función ejecutiva (administración) consiste esencialmente en: a) reglamentar la ley para su debida aplicación, ya sea por mandato expreso de ésta, ya sea por una necesidad que para ello se derive aún cuando no exista el referido mandato b) aplicar directamente la ley a casos particulares en la esfera de lo administrativo E.2.2. Función Legislativa. Nacida de la función constituyente, consiste en dictar normas jurídicas que por su contenido tenga por principio un carácter general y que sean fundamentales creadoras de derecho. Dentro del moderno Estado de derecho, la función legislativa se ejerce ya sea para cumplir con el mandato constitucional que así lo exige, o por necesidades del bien común que lo aconsejen sin que exista el referido mandato. En todo caso, el producto de la función legislativa (ley), siempre debe estar subordinado a la norma constitucional y no puede vulnerarla. E.2.3. Función Judicial. La función judicial consiste en aplicar la ley ya sea para sancionar penalmente a quienes la transgreden (cometiendo falta o delito), o bien para reconocer un derecho controvertido, o resolver una contienda entre particulares o entre un particular y la administración (jurisdicción contencioso administrativo). De esta forma, la función legislativa posee la facultad de imperio que se manifiesta en el conocer, resolver o juzgar, y hacer ejecutar lo juzgado. E.2.4. Función Contralora. A las anteriores funciones anteriores, producto de la complejidad del Estado moderno, se agrega con un carácter accesorio la función contralora. Es aquella que tiene por finalidad finalizar los actos de la autoridad política y especialmente de quienes ejercen la función ejecutiva. Esta fiscalización puede ser jurídica (Contraloría) o política (Cámara de Diputados). La función contralora presupone la existencia de las tres funciones estatales antes citadas. E.3. Órganos del Estado Los órganos del Estado son aquellas estructuras de las que éste se vale para cumplir con sus distintas funciones, razón por la que éstos se constituyen como organismos de autoridad. Cada función es ejecutada por su correspondiente organismo. La función ejecutiva es realizada por el órgano ejecutivo. La función legislativa es realizada por el órgano legislativo. La función judicial es realizada por el órgano judicial. La función judicial es realizada por el órgano contralor.

F.- Proceso Político

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La permanente conjunción del hacer estatal y el sistema social generan la dinámica del sistema político. Entonces, en el marco de la sociedad se produce el proceso político. La dinámica del proceso político implica el desarrollo de procesos y funciones sociales y políticos fundamentales: a) Proceso de orientación política (orientado y orientador) b) Proceso de integración política c) Proceso de institucionalización política b) Proceso de desarrollo político

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CUARTA PARTE ACTO HUMANO

A.- Acto Humano A. 1. Saber humano. A. 1. 1. Objeto del Proceso de Intelección: Realidad Dada la condición espiritual, racional y libre del ser humano, por naturaleza es un ser curioso. Siendo un ser finito, no perfecto y que adolece de incompletitud, razón por la que no sabe ni puede saber todo, constantemente expresa su deseo de saber acerca de la realidad. El hombre desea saber. Por lo tanto, correspondiendo a un deseo innato y universal, el ser humano permanentemente interroga la realidad pues sólo así logra conocerla, entenderla y explicarla racionalmente. Es en este proceso de saber acerca de la realidad, que el hombre se va sorprendiendo y admirando de las cosas que conoce. Esta admiración no es sino la natural expresión del hombre en cuanto anhela la verdad. Sin embargo, siendo la verdad lo sustantivo de la admiración humana, ésta no es posible de ser alcanzada mediante un saber ordinario y común. Por tanto, la pretensión de verdad necesariamente impele al ser humano a razonar de modo principal para acceder al saber fundamental. A la filosofía corresponde pues a ese razonar de modo principal para conocer y entender las causas primeras de todas las cosas. La filosofía es pues ese conocimiento sustantivo principal que se ocupa del conocimiento racional de los principios internos de los seres en cuanto realidad. El ser humano concurre así con todas sus facultades al proceso de constitución del saber verdadero, el cual se realiza en una efectiva posesión de la verdad de la realidad, única

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instancia que al ser humano permite estructurar, realizar y dar sentido a su vida en tiempo y espacio determinados. A.1.2. Proceso Cognocitivo. Encontrar las causas primeras supone desarrollar el proceso cognocitivo que nos permitirá acceder al conocimiento anhelado. El conocimiento no se reduce a una percepción sensible ni a la mera emoción. En tanto el ser humano posee un carácter integral y complejo, el orden sensorial y el emotivo no constituyen instancias separadas del acto de conocer. La actividad cognoscitiva importa entonces tanto una constatación empírica sensorial emotiva como la afirmación de un determinado supuesto necesario. Es sobre estas bases que el hombre configura: a) un sistema lógico b) un orden intelectual c) normas de vida d) pautas de conducta

A.1.3. Problemática del Ser El objeto de la filosofía es encontrar las causas primeras de todas las cosas. Pero el ser humano adolece de incompletitud; no puede conocerlo todo pues es imperfecto. No obstante, admite la existencia de un todo trascendental; reconoce la existencia de una totalidad fruto de lo común de todas las cosas. Entiende pues el hombre que las cosas "son". Afirma el ser humano que cada cosa “es"; se capta la realidad como "siendo". Entonces, lo común a todas las cosas, es que éstas, "son"; lo activo y lo pasivo; ambas cosas "son". El hombre advierte pues la existencia del "ser”. Esta reflexión nos enfrenta a la problemática de la dinamicidad del ser, pues hay cosas que dejan de ser y otras que comienzan a ser. Frente a esta cuestión surgen dos hipótesis históricas fundamentales: a) Doctrina de la emanación: aquella que considera la existencia de un ser infinito que, producto de una ley de necesidad absoluta, se reproduce a sí mismo para constituir toda la realidad. La actividad del ser infinito concebido no es libre, ya que sus

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efectos emanan de su sustancia conforme a la ineludible ley de su naturaleza y existiría por tanto un vínculo de necesidad absoluta, donde no opera la condición de libertad. b) Doctrina de la creación: aquella que considera la existencia de un ser infinito que crea seres finitos, cuya actividad es libre y no afecta la fuente creadora pues ésta es independiente, anterior y superior a los seres creados. Por una parte está la realidad creadora y, por otra, la creación que se comporta libremente. De esta forma, a partir de cada supuesto necesario primero definido respecto del ser, se deriva su correspondiente sistema lógico, orden intelectual, normas de vida y pautas de conducta. De allí que así se configuran los campos culturales fundamentales de Oriente y Occidente, cada uno con su propio sistema lógico, orden intelectual, normas de vida y pautas de conducta. En cada campo cultural se establece una relación de predominio y subordinación dinámica entre las dos hipótesis históricas fundamentales. A.1.4. Problemática de los Valores Del saber humano surge la problemática del proceso cognoscitivo. De éste deriva la problemática del ser y, a su vez, la problemática de los valores. Naturalmente se admite que no a todas las cosas se les atribuye igual valor. Fundamental es pues definir la norma que rige el orden de los valores o jerarquía valórica. Imprescindible resulta definir los criterios que rigen la calificación del valor. Como parámetros adecuados se establecen: a) el estudio del ser humano b) la observación del mundo material c) el estudio de la sociedad d) el desenvolvimiento espiritual A.1.5. Problemática Etica La cuestión valórica nos enfrenta a la relación central del hombre con la ética. En cuanto ciencia, la ética estudia el acto humano, esto es, al proceso en que el ser humano ejercita lo que por naturaleza le es propio: razón, inteligencia, voluntad, y

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libertad. En consecuencia, la perspectiva base para estudiar el acto humano, es el de la moralidad. La moralidad es el objeto formal de la ética. Así, la moralidad es la cualidad distinguida en cada acto humano. La eticidad de la conducta humana se califica de acuerdo al criterio de moralidad de la misma. De esta forma, la eticidad de la conducta humana corresponderá al criterio de moralidad, es decir, la bondad o maldad de un acto humano, según cuál sea el principio de moralidad que libremente aplica cada ser humano. Para la realización de sus actos, el hombre puede aplicar distintos criterios de moralidad o principio de bien o mal. El criterio de moralidad puede ser regido por: a) Principio de moralidad subjetiva: afirma el principio de mera utilidad. Las cosas son buenas o malas dependiendo sólo de la utilidad que para cada sujeto representa cada acción. Las cosas serán moralmente buenas si son útiles y adquirirán el carácter negativo en tanto dejen de ser útiles. La utilidad está sólo referida al sujeto en particular. Es la base del relativismo. b) Principio de moralidad objetiva: afirma el principio del grado de correspondencia entre el acto humano y la naturaleza humana. La calificación de bondad o maldad de un acto humano dependerá del grado de conformidad del acto humano respecto de la naturaleza humana, es decir, el acto será bueno en tanto sirva o perfeccione la naturaleza del ser, y será malo en tanto no sirva o desperfeccione la naturaleza del ser. Siendo la naturaleza humana común a todos, objetivamente se debe aplicar el principio a todos por igual, independientemente de la utilidad inmediata del acto. Todo acto bueno es siempre útil, pero no siempre todo acto útil es bueno. El acto humano es ético en la medida que tiene presente la finalidad del mismo. Por principio, la finalidad del acto humano es el bien. El acto humano tiende al bien pues el bien lo que conviene a la naturaleza humana. De esta forma, se entiende que el fin y el bien han de corresponder. Además, siendo la naturaleza humana siempre la misma en cada ser humano, el fin para todos es idéntico. El fin corresponderá a la perfección que es su mejor bien. El bien para ser querido, debe ser conocido. Desde que el ser humano reconoce el bien, tiende a él. Sin embargo, posee la libertad de optar por otro camino. Lo natural es que opte por el bien; lo contrario índica la

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existencia de un problema de inteligencia humana, pues concientemente se estaría apartando del bien, aquello que más conviene a su naturaleza. El acto humano no se reduce a una especulación sobre el bien; su consecución implica una realización concreta. La acción debe tener al bien como referente. De esta tendencia natural emergen los preceptos éticos universales que se expresan en la máxima especulativa: hacer el bien, evitar el mal. A.1.6. Persona e Inteligencia La vida del ser humano se produce en razón de la posesión de una esencia real que se realiza en existencia efectiva, vale decir, de una potencia que se realiza en acto, en virtud de la intervención de una fuerza superior creadora. No existiría pues vida propiamente humana si el hombre no tuviera una naturaleza determinada y estuviera dotada de las potencias o facultades aptas para su plena realización. El hombre posee entonces potencias, dadas en calidad de medios para ejecutar las operaciones que le son connaturales, teniendo todas y cada una de ellas tendencia a una determinada especie de actos, de manera que cada cual posee una propensión a realizar los actos propios de su naturaleza. En tanto el objeto propio de cada facultad es lo que la determina y distingue, el acto es el medio por el cual la facultad se ejercita, constituyendo el objeto y acto aquello que permite conocer y entender la facultad. De esta forma, el saber humano es posible en tanto el hombre posee una naturaleza que implica una potencia o facultad que constituye una actividad que permite su realización particular, a saber, la inteligencia humana. De ese modo, si bien el ser humano tiene en común la condición de animalidad con los animales y posee como ellos facultades sensitivas, de hecho se diferencia de éstos en que además posee la racionalidad y, por consiguiente, facultades intelectivas propias de su ser específico. La inteligencia (intellectus) es la facultad intelectiva que al ser humano permite tener inteligencia de algo (intelligere) y hacer inteligible la realidad, esto es, conocerla y entenderla para explicarla racionalmente. Si el ser humano careciera de esta facultad intelectiva, le sería imposible conocer, entender y explicar racionalmente la realidad, no pudiendo experimentar la vida de modo conciente, libre y estable. La operación de la inteligencia o proceso de intelección de la realidad constituye pues una función humana esencial. Siendo trascendental para la vida humana, la aplicación de la facultad intelectiva siempre debiera ser profunda, estricta, rigurosa y completa. Esta es una cuestión fundamental porque fundamenta y explica la relación entre el la condición corpóreo – espiritual del ser humano, proyectándose el espíritu en la racionalidad y, ésta, en la inteligencia – entendimiento.

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Cuerpo + Espíritu Razón Inteligencia / Entendimiento + Voluntad

A.17. Proceso de Intelección La operación intelectiva de suyo implica el ejercicio de una facultad abstractiva, que corresponde a la acción de abstraer la esencia de las cosas o ponerla ante la facultad aprensiva del entendimiento segregada de sus condiciones materiales, ya que el modo de ser de la esencia, en el orden real es concreto pero, en el ideal, es abstracto. La operación de intelección, es decir, el modo con que la facultad procede a dar existencia al acto de entender la realidad, consiste en hacer inteligible o entendible la realidad mediante el desarrollo de un proceso efectivo, complejo, riguroso, permanente, completo, sistemático y metódico, compuesto por las etapas de aprehensión, concepción, indagación, análisis, interpretación, evaluación y deliberación, el cual culmina en la decisión y se proyecta en la ejecución. Esta operación de intelección de la realidad se realiza para decidir y ejecutar racionalmente una acción intencional. En definitiva, es mediante este complejo proceso de intelección o fases sucesivas de la operación intelectiva que se procura determinar el contenido, significado, valor y sentido de lo real y existente en los distintos órdenes de la realidad, a objeto de pensar y actuar a su respecto para llevar a cabo el proceso de la vida humana. Aprehensión. En primer término el ser humano procede a desarrollar una operación de aprehensión de la realidad o proceso de conocimiento todavía indeterminado de ésta, consistente en captarla sin que se haga juicio, vale decir, sin afirmar o negar nada a su respecto. Concepción. En segundo término el ser humano procede a realizar la operación de concepción o proceso de conceptualización de la realidad aprehendida consistente en formar idea o término de ella sin que se haga juicio, vale decir, sin afirmar o negar nada a su respecto. Indagación. En tercer término se da curso a una operación de indagación o proceso de escrutinio de la realidad aprehendida y concebida, consistente en examinar y averiguar de modo exacto y diligente acerca de ella para saber lo que es y así poder discurrir a su respecto con razón o fundamento.

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Análisis. En cuarto término el ser humano procede a realizar la operación de análisis consistente en el proceso de examen exhaustivo de los factores constituyentes de la realidad para, mediante la identificación, distinción y separación de sus parte, proceder a definir sus principios y elementos constitutivos y determinar la naturaleza de las cosas, las cualidades de éstas y las relaciones existentes entre ellas para establecer un entendimiento capaz de fundamentar una explicación racional de la realidad. El proceso de análisis (del griego “lyo” o desatar) procura determinar el contenido de lo que constituye la realidad, precisamente, en su naturaleza, atributos y relaciones. Interpretación. En quinto término el ser humano procede a realizar la operación de interpretación o proceso consistente en una penetración abstractiva de la realidad destinada a establecer la relación de causa, objeto y fin de determinados acontecimientos o circunstancias para desentrañar su razón de ser infiriendo su significado, explicando su sentido vital y conjeturando sobre su efecto o efectos. El proceso de interpretación procura determinar el significado, valor y sentido de la acción. Evaluación. En sexto término el ser humano procede a realizar la operación de evaluación o proceso consistente en apreciar el mérito, razón, significado y sentido de una determinada realidad, confiriéndole valor a cada término de ésta en relación a la conveniencia, entidad, importancia, urgencia, alcance y aptitud fundada de la realidad estimada, para alcanzar los objetivos y fines propuestos en tiempo y espacio determinado. La evaluación corresponde a una operación de valoración de la relación existente entre un contenido, acción o situación, y su objeto y fin, dados en tiempo y espacio. Deliberación. En séptimo término el ser humano procede a realizar la operación de deliberación o proceso consistente en el examen exhaustivo, atento y detenido de la realidad bajo todos sus diversos aspectos para emitir juicio, razonar y concluir, a objeto de decidir y actuar distinguiendo el bien del mal y lo verdadero de lo falso. Decisión. En octavo término el ser humano procede a realizar la operación de decisión o proceso consistente en el acto positivo y reflexivo de autodeterminación (ejercicio de libertad psicológica, libertad interior o libre albedrío) que implica formar juicio definitivo acerca de la realidad, el cual una vez establecido, cierra o pone fin a la deliberación por medio de la elección de uno de los términos de las alternativas establecidas por el proceso deliberativo, implicando el descarte o eliminación de las otras. Establecida la posibilidad y conveniencia o razón de correspondencia, utilidad y provecho de la acción o realidad considerada, la inteligencia procede a tomar una decisión, implicando disponerse a realizar la ejecución o puesta en obra de un hacer determinado, esto es, a la realización de la elección, poniendo en movimiento a las facultades ejecutoras y manteniéndolas en actividad. Precisamente la decisión tiene como función la de permitir obrar al actor. La decisión es un resultado y, por tanto, un medio; no un fin en sí.

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En esta perspectiva, ejecutada la acción decidida y causados sus efectos, procede ejercer el control y evaluación de la decisión y la acción para continuar el proceso de intelección, ya que cabe aprehender la nueva realidad gestada. La deliberación implica pasar de la formación de juicios o afirmación que une o separa conceptos, a establecer las relaciones existentes entre objetos para comparar los juicios entre sí y llegar a conclusiones. Entonces, específicamente, el razonar corresponde a la aplicación del proceso de raciocinio u operación por la que a partir de dos o más relaciones conocidas, se concluye a otra relación que de ella se deriva lógicamente. La operación consiste entonces en deducir de dos o más juicios, otro juicio contenido lógicamente en los primeros. Todo raciocinio se compone de juicios y todo juicio de ideas. Por lo tanto, si la idea es un término, el juicio es una proposición y el raciocinio es un argumento. Luego, el encadenamiento de las proposiciones que componen el argumento son las que conducen a la consecuencia del mismo. A su vez, la proposición a la que conduce el argumento es la conclusión. Las proposiciones de las que se deduce la conclusión son los antecedentes. Como se aprecia, la posibilidad de un razonamiento real y efectivo depende de la severidad o rigor, exactitud, puntualidad y oportunidad con que las fases anteriores del proceso intelectivo sean ejecutadas. La calidad del proceso de intelección determina la calidad del razonamiento. Como manifestación del entendimiento, es el proceso del raciocinio aquello que en realidad permite el paso de lo conocido a lo desconocido; es lo que, partiendo de un conocimiento preexistente, permite lograr establecer nuevas relaciones. En definitiva, es el raciocinio lo que faculta para crear y producir un saber nuevo y superior respecto de la realidad. En tanto la aprehensión capta lo que se conoce y la concepción la formaliza como idea, la indagación, el análisis, la interpretación, la evaluación y el juicio se refieren a lo ya conocido, y sólo la operación del razonamiento parte de lo conocido para forjar algo nuevo y distinto. Es pues la operación del razonamiento aquello que permite trascender lo conocido para alcanzar lo desconocido, que es lo que efectivamente se necesita saber. El razonamiento no está destinado sólo a reproducir lo conocido sino que además a producir o engendrar algo nuevo. En consecuencia, el producir inteligencia es obra del entendimiento y corresponde al proceso de engendrar un saber calificado que es consecuencia directa del seguimiento sistemático y metódico del proceso de intelección. Producir inteligencia consiste en generar intelectualmente un producto que es un saber, distinto y superior de lo conocido, ordenado y procesado. Lo producido es una idea o concepto que implica y expresa un conocimiento y entendimiento mayor y mejor de la realidad.

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A.1.8. Objeto específico de la intelección Si bien el conjunto de la realidad es objeto de la intelección humana, ésta necesariamente se particulariza respecto del acto humano, es decir, en orden al ser humano como causa. Teniendo presente que en la acción humana se distinguen los llamados: a) Hechos del hombre o actos involuntarios que corresponden a las operaciones humanas reflejas, donde no median ni entendimiento ni voluntad. b) Actos del hombre o actos voluntarios que corresponden a las operaciones humanas, donde sí median entendimiento y voluntad. La acción de intelección se dirige especialmente a estos últimos, pues en ellos intervienen principalmente las facultades del entendimiento y la voluntad, vale decir, entran en juego trascendental la razón y la libertad, categorías que hacen al acto propiamente humano. El entendimiento es la facultad o potencia cognoscitiva racional del alma humana en virtud de la cual el ser humano conoce y entiende las cosas, a cuya realización se agrega la aplicación de la voluntad. La voluntad es la facultad o potencia de querer que mueve a hacer o no hacer una cosa en razón de apetecer el bien presentado por el entendimiento. Se afirma que “el hombre no obra sino después de haber querido y no quiere sino después de haber pensado”. Del acto humano racional y libre nacen la imputabilidad y la responsabilidad. La imputabilidad corresponde a atribuir la acción a su agente. La responsabilidad corresponde a la obligación de responder por la acción cometida.

A.1.9. Acto Humano y Fuentes de la Moralidad Moralidad. La moralidad es un accidente propio del acto humano. Se trata de una propiedad que consiste en su ordenación natural al fin último del hombre. La moralidad es la relación intrínseca entre la conducta libre de las criaturas inteligentes y el fin último de ellas. El acto humano se califica moralmente positivo o negativo según se ordene o no a él.

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Fuentes de la Moralidad. Las fuentes de la moralidad son: a) Objeto b) Fin c) Circunstancias Objeto es aquello a que tiende el acto por su propia naturaleza; es aquello que obramos. Fin es el objetivo que se propone el agente; es aquello por lo que obramos. Circunstancias son aquellas condiciones accidentales que rodean el acto humano y que modifican la moralidad sustancial que sin ellas ya tenía. Estas se refieren a las categorías de quien, qué, dónde, con qué, por qué, cómo y cuándo se realiza un determinado acto humano. a) b) c) d) e) Quién se refiere a la cualidad o condición de la persona que realiza la acción Qué se refiere a la cantidad o cualidad del objeto Dónde se refiere al lugar donde se realiza la acción Cuándo designa la cualidad de tiempo o la duración de la acción Cómo se refiere al modo moral con que se realiza el acto humano, situación que determina con qué grado de advertencia o deliberación actúa la persona f) Por qué se refiere al fin intentado en la acción g) Con qué se refiere a los medios utilizados para ejecutar la acción, sean éstos lícitos o ilícitos Se requiere la bondad de de todos los elementos constitutivos del acto humano para que éste sea bueno moralmente. El bien procede de la integridad de todos los elementos; el mal de cualquier defecto. Un acto malo por su objeto nunca hace nada bueno por el fin o las circunstancias que se añadan. Un acto bueno por su objeto, puede corromperse por el fin o las circunstancias.

Objeto bueno Objeto bueno Objeto malo

+ + +

Fin bueno Fin malo Fin bueno

Acción buena y mejor Acción mala Acción mala, siempre mala

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Objeto malo Objeto indiferente Objeto indiferente

+ + +

Fin malo Fin bueno Fin malo

Acción mala y peor Acción buena Acción mala

A.1.10. Operación del Acto Humano El ser humano es un sujeto contingente y no perfecto. Requiere por tanto desarrollar y perfeccionar su ser en la medida que satisface sus necesidades y supera su incompletitud. El proceso de desarrollo del ser se realiza y expresa en la operación de las capacidades humanas. Considerando su naturaleza imperfecta, y la posibilidad de que el ser humano ejerza bien o mal su razón y su libertad, la operación humana puede perfeccionar o corromper su ser. La operación humana que perfecciona al ser es la práctica de las virtudes. La operación humana que desperfecciona al ser es la práctica de los vicios. Siendo el hábito la costumbre adquirida por la repetición de actos de la misma especie: a) las virtudes son el hábito operativo de hacer el bien b) los vicios son el hábito operativo de hacer el mal. El bien, para ser querido, primero ha de ser conocido.

A.1.10.1. Virtudes Consideraciones generales. La palabra virtud, del latín virtus, igual que su equivalente griego, areté, significa "cualidad excelente", "disposición habitual a obrar bien en sentido moral". Puesto que se trata de una disposición o capacidad adquirida, por el ejercicio y el aprendizaje, de hacer lo que es moralmente bueno, la virtud es una cualidad de la voluntad que supone un bien para uno mismo o para los demás.

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La repetición de actos conforma en el sujeto una determinada propensión a ese tipo de actos, una inclinación o facilidad hacia ellos. Es bueno hacer un acto bueno, pero no por eso se es una persona virtuosa: para adquirir la virtud se precisa el esfuerzo continuado de la perseverancia en la realización de obras buenas. Ese empeño persistente en orientar la propia conducta hacia actos buenos proporciona al hombre una íntima inclinación, libre, hacia el bien. Y esa buena inclinación es la virtud. De la misma manera, el empeño personal por no caer en actos que son malos, de injusticia, de egoísmo, de mal carácter, impide que la repetición de acciones malas termine convirtiéndose en vicio. Quien no practica las virtudes es incapaz de hacer cabalmente lo que quiere. Decide, pero no cumple; no consigue llevar a cabo lo que se propone pues no llega a trabajar lo previsto o a ejecutar lo decidido. Sólo quien tiene virtudes puede guiar su vida de acuerdo con sus principios, sin estar cediendo, a cada instante, ante la más pequeña dificultad o ante las solicitaciones contrarias. La misma palabra "virtud" que es latina, está relacionada con la palabra "hombre" (vir) y con la palabra "fuerza" (vis). La gran fuerza de un hombre son sus virtudes, aunque quizá su constitución física sea débil. Los hábitos buenos -las virtudes- consiguen que se vaya estableciendo el predominio de la inteligencia en la vida del espíritu. La práctica de las virtudes confiere al ser humano el dominio de sí mismo. La práctica habitual de las virtudes éticas hace al hombre moral y lo dispone a la felicidad. Aristóteles enseña: “El hombre ha recibido de la naturaleza las armas de la sabiduría y de la virtud, que debe emplear sobre todo para combatir las malas pasiones. Sin la virtud es el ser más perverso y más feroz, porque sólo tiene los arrebatos brutales del amor y del hambre” (Política, Aristóteles, Editorial Centro Gráfico, 2006, pág. 9). Clasificación. Siguiendo una clasificación clásica, se distinguen las virtudes intelectuales y las virtudes morales. A su vez, las virtudes morales se subdividen en virtudes teologales y virtudes cardinales. Virtudes teologales Las virtudes teologales son: a) Fe. La virtud de la fe corresponde a la confianza que se tiene de una realidad, alcanzando incluso la luz y el conocimiento sobrenatural.

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b) Esperanza. La esperanza es la virtud consistente en un estado del ánimo en el cual se presenta como posible lo que se desea. En el orden sobrenatural se espera que Dios con firmeza dará los bienes prometidos. c) Caridad. La virtud de la caridad consiste en la consideración y ayuda plena al otro. En el orden sobrenatural implica amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo La caridad busca el bien del otro, no el propio. La caridad ayuda a corregir al que yerra; enseñar al que no sabe; dar buen consejo al que lo necesita; consolar al triste; sufrir con paciencia los defectos del prójimo; perdonar las injurias; rogar por vivos y muertos. Virtudes cardinales Las virtudes cardinales son: a) Prudencia. La prudencia es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia el verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. La prudencia implica discernir y distinguir de modo reflexivo y profundo lo que es bueno o malo, para seguir lo primero y huir de lo segundo. Es la prudencia quien guía directamente el juicio de conciencia. El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar. "El hombre cauto medita sus pasos" (Prov. 14,15). La prudencia es la "regla recta de la acción", escribe S. Tomás, siguiendo a Aristóteles. Es llamada la "auriga virtutum": Conduce las otras virtudes indicándoles regla y medida. Ser prudente es ser cauteloso y desarrollar el buen juicio. No se confunde ni con la timidez o el temor, ni con la doblez o la simulación. Tampoco con ser timorato, el que teme actuar por sí mismo. b) Justicia. La justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a cada uno lo que les es debido. Correspondiendo la justicia al principio de a cada cual lo suyo, ella dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad respecto a las personas y al bien común. Especies de justicia:

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Justicia conmutativa: es la que debe informar las relaciones interpersonales, vale decir, las relaciones entre personas naturales o jurídicas que se relacionan en una situación social de igualdad. Es una relación de igualdad, de equilibrio; cuando el valor de lo recíprocamente debido es rectamente el mismo. Justicia distributiva: es la que rige las relaciones entre la autoridad en representación de la sociedad y los asociados. La autoridad debe distribuir los cargos y cargas en proporción a la situación real de las personas, debiéndolos exigir en proporción a la capacidad de cada uno para sostenerlos. Justicia legal: es la que debe regir las obligaciones de las personas para con la sociedad, representada por la autoridad. Justicia social: es la que tiene por objeto el bien común. Todos deben contribuir al bien de la comunidad. La justicia social implica el orden social que va a consistir y se va a concretar en el bien común. c) Fortaleza. La fortaleza es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las debilidades y de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. d) Templanza. La templanza es la virtud moral que regula y modera la atracción y satisfacción de instintos y sentidos, procurando el equilibrio en el uso de los bienes. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos, modera los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar para seguir la pasión de su corazón. A.1.10.2. Vicios Los vicios son aquellas operaciones humanas que desperfeccionan al ser en tanto lo corrompen y degradan. Los vicios dispersan las fuerzas del hombre, mientras que las virtudes las concentran y las ponen al servicio del espíritu. Los vicios fundamentales son:

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a) Soberbia. La soberbia es el apetito desordenado de ser preferido a otros con menosprecio de los demás. La virtud contraria es la humildad. Relación con egoísmo en tanto inmoderado y excesivo amor a sí mismo que hace atender desmedidamente el propio interés, sin cuidar de los demás. b) Avaricia. La avaricia es el afán desordenado de adquirir y poseer riquezas para atesorarlas. Se asocia a la codicia en tanto desea con ansias las riquezas u otras cosas. La virtud contraria es la generosidad o propensión del ánimo o inclinación a ser dadivoso y anteponer el decoro (recato, respeto, estimación, honestidad) al interés y utilidad. c) Gula y lujuria. Ambas se refieren a exceso o demasía en algunas cosas. La gula es el exceso en la comida o bebida. La lujuria es el apetito desenfrenado o desordenado de los deleites carnales. Las virtudes contrarias son la templanza y la castidad respectivamente. d) Miedo. El miedo es el vicio de la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o amenaza real o imaginado. Si el miedo es extremo resulta insuperable. El temor hace huir o rehusar las cosas que se consideran dañosas, arriesgadas o peligrosas. La virtud que se opone es la valentía o mostrarse animoso, fuerte y eficaz en su línea. e) Ira. La ira es el vicio de la impaciencia que, ante un daño o dificultad, mueve a indignación y enojo incluso con violencia y deseo de venganza, pudiendo arrasar el ser humano por su causa principios, valores y personas. La virtud contraria es la paciencia, que permite sufrir con aceptación y serenidad todas las adversidades. f) Envidia. La envidia es el vicio de sentir tristeza o pesar del bien ajeno. La virtud contraria caridad o amor fraterno que conduce a desear y hacer siempre el bien para los demás. g) Pereza. La pereza es el vicio consistente en la desidia, negligencia y tardanza en las cosas a que se está obligado. La persona que es perezosa puede fijarse, quizá, propósitos estupendos, pero es incapaz de cumplirlos: su espíritu resulta derrotado por la pereza, por la resistencia del cuerpo a moverse. La virtud contraria es la diligencia, conducente a actuar con prontitud de ánimo para obrar el bien.

Situación real. Las palabras virtud y vicio han dejado de ser empleadas. Ya no están en los libros leídos y apreciados. Se ha llegado tal extremo, que las palabras virtud y virtuoso, vicio y vicioso, sólo pueden encontrarse en el catecismo, en la farsa, en la opereta o en la Academia. Leonardo da Vinci enseña: “Desea siempre poder lo que tú debes”.

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Observación: Tolerancia: Respeto y consideración hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque repugnen las propias. Se tolera lo malo; lo bueno no se tolera, se anhela. Solidaridad: Adhesión circunstancial a la causa o empresa de otro.

A.1.11. Sanción del Acto Humano La sanción del acto humano corresponde a la operación de determinar su mérito o demérito. El mérito es la cualidad de las acciones que realiza el ser humano y que lo hacen digno de aprecio y premio. El demérito es la cualidad de las acciones que realiza el ser humano y que lo hacen indigno de aprecio y merecedor de castigo.

A.1.12. Fin del Acto Humano Los sistemas doctrinarios generales declaran que el fin del ser humano es ser feliz. En la determinación de lo que es la felicidad se plantea el problema de la relación medio a fin. La determinación de la condición de medio o fin constituye el dilema de la vida. Se discute entonces: Posesión: Acto de tener una cosa con ánimo de conservarla parta sí u otro ¿La posesión es un medio o fin? ¿Vivo para poseer o poseo para vivir? Poder: Capacidad de ejercer dominio ¿El poder es un medio o fin? ¿Vivo para tener poder o tengo poder para vivir? Placer : Contento del ánimo y cuerpo ¿El placer es un medio o fin? ¿Vivo para sentir placer o siento placer para vivir?

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Ataraxia: Estado de imperturbabilidad ¿La ataraxia es un medio o fin? ¿Vivo para estar en estado de ataraxia o puedo estar un momento en ataraxia para vivir?

Felicidad Ante semejante problemática, sin más surge el por qué ante la pregunta “¿Qué es la felicidad?”, se responde con un algo que no es un concepto de felicidad. ¿No se sabe lo que es la felicidad, en circunstancia que todos la buscan? Y si no se sabe lo que es la felicidad en sí, ¿Cómo se alcanza? Sin embargo, existe un concepto determinado de felicidad. La felicidad es el estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. Amor Por tanto, el principio del amor alcanza toda su significación. El amor es el afecto por el cual el ánimo busca el bien verdadero o imaginado y apetece gozarlo. Cabe pues educar con felicidad y enseñar a ser feliz. Cabe educar con amor y enseñar a amar. Hay que aprender a ser felices, esto es, a disponer el ánimo a complacerse en la posesión de un bien. Hay que aprender a amar, esto es, a disponer el ánimo para buscar el bien verdadero. Un texto bíblico enseña: “Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me faltara el amor sería como bronce que resuena o campaña que retiñe. Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios y la ciencia entera, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta el amor nada soy. Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero gloriarme, si no tengo amor, de nada me sirve” (1ª Corintios 13: 1 – 3). Agrega el texto: “El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo. El amor nunca pasará. Las profecías perderán su razón de ser, callarán las lenguas y ya no servirá el

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saber más elevado. Porque este saber queda muy imperfecto, y nuestras profecías también son algo muy limitado; y cuando llegue lo perfecto, lo que es limitado desaparecerá. Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba y razonaba como niño. Pero cuando me hice hombre, dejé de lado las cosas de niño…. Ahora pues, son válidas la fe, la esperanza y el amor; las tres, pero la mayor de estas tres es el amor. Busquen el amor y aspiren a los dones espirituales” (1ª Corintios 13: 4 – 13, Corintios 14: 1). En definitiva, el amor se expresa entonces en la paciencia, la comprensión y el servicio. El amor realiza el bien mayor del espíritu humano. A.1.13. Máximas especulativas universales: Hacer el bien, evitar el mal. El fin no justifica los medios. No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti. Nota: No se pre - ocupe… ocúpese. Preocúpese menos, ocúpese más.

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QUINTA PARTE EDUCACION Y ENSEÑANZA

A.- Educación A.1. Concepto de la educación

A.2. Fin de la educación El fin de la educación es la formación del ser humano. La educación es un proceso más amplio y profundo que la enseñanza. La enseñanza sólo es una parte de la educación. La educación comienza tras el nacimiento ya que, poco a poco, desde ese momento la persona va adquiriendo hábitos que actualizan sus capacidades y configuran su personalidad. El hombre no se educa sólo por lo que se le enseña, sino fundamentalmente por lo que vive. La educación transcurre en el orden de vínculos particulares y concretos que corresponden a los mismos ámbitos en que crece y naturalmente transcurre la vida del hombre. La educación es primeramente familiar, instancia fundamental donde se definen las líneas esenciales del ser. El ser humano se forma al ir perfilándose las facultades del entendimiento (inteligencia) y voluntad en relación con la realidad determinada por bien y verdad. A.3. Objeto de la educación El objeto de la educación consiste en “educere” o guiar al ser humano en el proceso de desarrollo y perfeccionamiento de su naturaleza mediante el ejercicio reiterado de sus actos. El “educere” corresponde a conducir al mayor y mejor desarrollo y perfeccionamiento posible de la naturaleza humana. Este conducir es un “conducere” (de cum, con, y ducere, llevar) que implica guiar o dirigir hacia su mayor y mejor realización posible. Este guiar o dirigir implica ir delante mostrando el camino.

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El ser humano no aprende a caminar sino caminando; no aprende a razonar sino razonando; no aprende a amar sino amando. La reiteración de una acción o el volver a ejecutarla sistemática y metódicamente es lo que permite realizar y adquirir la experiencia del acto. La reiteración del acto permite una ejecución con facilidad y dominio. La reiteración forma y desarrolla la competencia o idoneidad del sujeto en la realización del acto determinado. Mover a este ejercicio reiterado es el objeto propio de la educación. Se trata de que el ser humano actúe por sí mismo con facilidad y dominio. La educación no puede existir sin una dedicación continua tanto del maestro como del alumno. Sin esfuerzo y disciplina no es posible gozar de los frutos. Pensar que la etapa forzada y tediosa de la educación puede ser evitada, es una falsedad. No se puede cosechar sin sembrar. Se debe educar en las virtudes intelectuales y morales. La educación de las virtudes intelectuales es distinta de las virtudes morales pero no pueden ser separadas; no pueden ser tratadas independientemente, como si una u otra no existieran. El sociólogo Tarde señala: “Educar es hacer que el niño entre a formar parte de la sociedad” (Antología, C. Finlayson, Editorial Andrés Bello, 1969, pág. 256). La educación es un derecho y un deber. B.- Enseñanza La enseñanza es aquella parte de la educación ordenada a mostrar sistemática y metódicamente los objetos que especifican hábitos fundamentales, en particular la inteligencia. B.1. Fin general El fin general de la enseñanza es el saber. El saber es conocer y entender cabalmente una realidad, siendo capaz de explicarla racionalmente. Enseñar es, considerado de manera estricta, mostrar o exponer un objeto.

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El saber es un acto íntimo y perfectivo de la persona. El saber es un acto por el cual se hace presente un objeto. Existiendo elementos comunes a todo saber, la enseñanza ha de ser diversificada en razón de los saberes múltiples que perfeccionan al ser humano. La clave del poder es el saber. El fundamento de la democracia es el saber. En tanto somos esencialmente iguales y existencialmente diferentes, el saber aquello que se comparte y debe ser común a todos. El saber es lo que confiere la capacidad y la posibilidad de ser plenamente. El saber es el medio para la nivelación social base; nunca será un instrumento de igualación porque los talentos y las capacidades individuales son por naturaleza distintas. La enseñanza es un derecho y un deber. Aristóteles, en su obra “Metafísica o Filosofía Primera”, sentencia el principio: “Todos los hombres por naturaleza desean saber”. Goethe precisa: “No hay espectáculo más terrible que la ignorancia en acción”. Arturo Graf indica: “El saber y la razón hablan; la ignorancia y el error gritan”. Si el poeta Friedrich Hebbel (1813 – 1863) afirma que “todo el mundo se duele de su memoria y nadie de su juicio”, bien puede agregarse que además nadie suele dolerse de su saber. El escritor español Baltasar Gracián (1601 – 1658) indica: “Hay mucho que saber, es poco el vivir, y no se vive si no se sabe… No vive vida de hombre sino el que sabe”. Oscar Wilde reflexiona: “La fuerza bruta aún puede tolerarse, pero la razón bruta en modo alguno”. B.2. Fines particulares Los fines particulares de la enseñanza son saber pensar, saber expresarse, saber leer y saber comportarse. B.2.1. Saber pensar. El fin específico de la enseñanza fundamental (hoy definida como básica y media) es el saber pensar, vale decir, saber usar el propio entendimiento. Lo fundamental de la enseñanza es lograr saber pensar, esto, saber usar el propio entendimiento.

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Quien no logra saber pensar queda: a) sometido a la impresión subjetiva de la imagen b) incapacitado para juzgar con objetividad c) limitado para relacionar conceptos, emitir juicios y razonar. El hábito del juicio y del razonamiento se adquiere y desarrolla en el ejercicio.. La diversificación de la enseñanza ha de estar justificada por la diferenciación entre los distintos saberes que perfeccionan al hombre. Pensar es “la cosa más fuerte y más continuamente ejercida en todos los grados de la vida”. B.2.2. Saber expresarse Saber expresarse es saber manifestar de manera verbal y no verbal lo que se quiere dar a entender. La expresión verbal supone el uso adecuado de la de la lengua materna. Implica el lenguaje verbal, junto con la caligrafía o la ortografía. El rigor expresivo obliga a la dicción justa o conjunto de sonidos articulados que expresan una idea. La dicción implica tanto el hablar o escribir considerando el acertado o desacertado empleo de las palabras y construcciones, como la exigencia de una buena pronunciación o emisión y articulación de sonidos para hablar. El rigor expresivo también lleva al descubrimiento de las posibilidades de éste. Se debe tener presente la importancia del ejemplo en el uso del idioma. Problemas: “Cachai” (to catch) Número de palabras empleadas

B.2.3. Saber leer Leer es pasar la vista por lo escrito o impreso, haciéndose cargo de la significación y valor de los caracteres empleados, pronunciándose o no las palabras representadas por estos caracteres. El saber leer implica un saber disponerse a saber.

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Esto supone una docilidad o disposición a ser enseñado. De suyo implica supone una actitud abierta a reconocer lo real e implica disponerse a entender cada objeto según su naturaleza y sus condiciones propias. La humildad es la raíz de toda virtud del intelecto. La lectura permite conocer la realidad humana en todo tiempo para proyectarlo en la práctica al presente, convirtiéndose los contenidos de la lectura en medios de transformación de la realidad. La lectura debe ser un hábito y es parte de la disciplina general.

B.2.4. Saber comportarse Se trata del saber referido al modo o manera de comportarse en el proceso de realización del ser, abarcando toda la realidad del mismo. Es un saber acerca de aquello que conforma nuestro ser y un saber que permite ajustar el comportamiento a su plena realización, tanto en lo individual como en lo social. El comportamiento o conducta da cuenta del modo en que está ordenado el sujeto respecto de su naturaleza, sus objetivos y sus fines. El comportamiento expresa el modo de conducirse o guiarse en la vida, implicando el hacerlo de buena o mala manera. El comportamiento dice relación con la estima y respeto que se tiene por los demás. El comportamiento implica los modales. El comportamiento y los modales son una exteriorización de la disposición interior de los sujetos. El comportamiento es indicativo del modo de concebir y valorar la realidad. El comportamiento da cuenta de una relación fundamental de conceptualización, valoración y trato. Así te concibo, así te valoro, así te trato. En juego entran los factores de respeto humano fundamental, de reconocimiento de la dignidad, identidad e integridad de todos los seres de la realidad. El ser se expresa en el modo y, en este sentido, la conducta habla del ser. En la perspectiva del comportamiento, valor y sentido fundamental alcanzan: a) la función del ejemplo

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b) el empleo del lenguaje verbal y del lenguaje no verbal

C.- Objeto de la Enseñanza C.1. Objeto general El objeto de la enseñanza es aprender. Aprender o realizar el aprendizaje es adquirir el conocimiento y entendimiento de algo por medio del estudio o la experiencia. C.2. Objetos particulares Los objetos particulares de la enseñanza son aprender a pensar, aprender a expresarse, aprender a leer y aprender a comportarse. C.2.1. Aprender a saber pensar C.2.2. Aprender a saber expresarse C.2.3. Aprender a saber leer C.2.4. Aprender a saber comportarse El proceso del aprendizaje queda pues referido al aprender a pensar, aprender a expresarse, aprender a leer y aprender a comportarse. Con todo, equivocarse o tener o tomar una cosa por otra, juzgando u obrando desacertadamente, es parte del proceso de aprender.

D.- Educación, Enseñanza y Escuela D.1. Escuela y creación La escuela latina comienza en el mundo romano, pero realiza su potencial en el Medioevo. La etimología del término establece su sentido. Escuela proviene del latín “schola”, que a su vez proviene del término griego “sjolé” que significa ocio. No es en realidad una paradoja la relación del término griego “sjolé” con el ocio.

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La Escuela no es la instancia de conocimiento rudimentario con la que hoy se identifica el término, ni tiene el sentido peyorativo que se le asigna. El ocio es la recreación, esto es, el volver a crear en el intelecto. Asistir a la escuela es un derecho y un deber. D. 2. Escuela y cultivo del saber La Escuela como concepto está pues referida a la formación, ya que corresponde a una instancia de vocación por el conocimiento. La Escuela es parte de la vida intelectual de la persona. Es en la Escuela donde se cultiva el saber. En principio, la Escuela es aquel lugar tranquilo en que: a) la persona se entrega al conocimiento b) la persona se consagra al estudio La Escuela es donde se desarrolla el hábito del estudio, aunque éste ha de ser formado en el hogar familiar. D.3. Escuela, ignorancia y error Más allá del hogar, es en la Escuela donde se aprende a enfrentar y superar la ignorancia y el error. La ignorancia es la falta de conocimiento debido de la realidad. El error es la falsa percepción de la realidad o no conformidad del juicio con las cosas. Si la ignorancia consiste propiamente en no saber nada ni afirmar cosa alguna, el error consiste en no saber y afirmar creyendo que se sabe; es una ignorancia que se ignora. Superar la ignorancia y vencer el error es tanto un derecho como un deber. Es en la Escuela donde se vence y supera tanto la ignorancia como el error. Es en la escuela donde se comienza a tener el conocimiento debido y se logra una correcta percepción de la realidad. La Escuela es el tiempo y espacio donde se siembra el saber para cosechar vida. Sin embargo, para sembrar la semilla y lograr que fructifique, antes hay que despejar, arar y abonar bien la tierra.

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E.- Estudio Estudiar. Para aprender, esto es, para adquirir el conocimiento y entendimiento cabal de la realidad, es necesario estudiar. El estudio es el esfuerzo y ejercicio que hace el entendimiento aplicándose a alcanzar y comprender cabalmente una realidad o bien aprender y cultivar una ciencia o arte. El estudio implica el esfuerzo o empleo enérgico del ánimo para conseguir una cosa venciendo las dificultades. El estudio supone el ejercicio o acción de ejercitar el entendimiento. El ejercitar implica una dedicación y una práctica. El estudiar es un derecho y una obligación. Estudiante. El que realiza la tarea de estudiar es, precisamente, el estudiante. La tarea del estudiante es ejercer su condición de sujeto en estado de ejercicio de aplicación del entendimiento. La misión del estudiante es la de desempeñar el cometido de estudiar. El estudiar constituye un derecho y una obligación para el estudiante. En razón del proceso de perfeccionamiento del ser, esto es, de su mejor y mayor desarrollo posible, de suyo el estudiar constituye un derecho y, por correlato necesario, un deber. Al ser un derecho y una obligación, es una imposición o exigencia moral regida por el entendimiento conciente y la voluntad libre. Estudio y Aplicación. El estudiante ha de ser aplicado, vale decir, ha de aplicarse sistemática y metódicamente al proceso de estudiar. Aplicarse significa dedicarse con asiduidad al estudio, esto es, emplearse con frecuencia y puntualidad al proceso a este proceso esfuerzo y ejercicio del entendimiento para alcanzar objetos y fines determinados. La frecuencia es indicativa de la repetición a menudo del acto de estudiar. La puntualidad es indicativa del cuidado y diligencia con que se estudia a su debido tiempo.

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El cuidado y la diligencia dice relación con procesar de manera exacta y rigurosa la materia sometida a estudio y siempre en correspondencia con los plazos establecidos. Estudio y Motivo. Cuestión fundamental para el proceso de educación y enseñanza es el motivo o razón para realizar el esfuerzo y ejercicio del entendimiento que permite aprender y saber. El motivo o razón es lo que mueve; lo que tiene la virtud de mover a estudiar, esto es, a aquello que permite aprender y conduce al saber. El motivar es dar causa o motivo para realizar el esfuerzo y ejercicio del entendimiento. Sin estudio no hay aprendizaje ni saber. El saber es expresión del anhelo de verdad. Estudio e Interés. El estudio supone el interés por la materia que ocupa al entendimiento. El interés corresponde a la inclinación más o menos vehemente del ánimo hacia un objeto, persona o narración que atrae o conmueve. Estudio, Atención y Concentración. Estudiar implica poner atención o aplicar voluntariamente el entendimiento respecto de una realidad espiritual o sensible determinada que se tiene en consideración. Estudiar implica asimismo concentrarse o internarse en el centro de la materia estudiada. Estudio y Condiciones. El buen proceso del estudio implica que éste sea realizado en y con las condiciones objetivas y subjetivas adecuadas. La persona debe contar con los elementos necesarios para hacer fructificar su disposición al estudio. Estudio y Memoria. Memorizar no es estudiar. Dicho de otro modo, estudiar no consiste sólo en memorizar. La memoria es la potencia del alma, por medio de la cual se retiene y recuerda lo pasado. Memorizar es fijar en la memoria alguna cosa. Estudiar implica aplicar la memoria pero no se reduce a ésta. El estudio implica aplicar la memoria como fundamento de las relaciones intelectuales que dan lugar al juicio y al razonamiento. Estudiar supone retener y recordar lo pasado, pero siempre como fundamento para establecer siempre nuevas, mejores y mayores relaciones que cada vez permiten conocer y entender más cabalmente la realidad.

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Estudio y Descanso. La acción de estudiar requiere el descanso periódico. La persona que realiza el esfuerzo y ejercicio de aplicar el entendimiento necesita cesar en su trabajo, reposar y reparar las fuerzas con quietud. El descanso implica distraerse o apartar la atención de aquello a que se aplicaba el entendimiento. Esta distracción implica el entretenerse (entre – tenerse; tenerse entre; detenido y en espera), esto es, divertir y recrear el ánimo para adquirir nuevas fuerzas y así continuar de buen modo la tarea que se realizaba. Si bien hay que saber trabajar, ciertamente también hay que saber descansar. Estudio y silencio. Pitágoras indica en su tiempo: “El comienzo de la sabiduría es el silencio”. Un refrán árabe confirma: “El silencio es el muro que rodea a la sabiduría”. Michel Sciacca, con claridad expresa la razón y el sentido del silencio: “El silencio es la soledad del pensamiento… Estar en silencio es escuchar una palabra interior… El silencio es el apoyo del alma, el vino generoso de la meditación: nos embriaga y da fuerzas para sufrir y aceptar. De este vino mana, milagrosamente, el agua viva de la palabra animosa y resuelta. El silencio es la desnudez de toda conversación; es el discurso desarmado. El silencio no argumenta, no prueba, no demuestra. El silencio testimonia… El silencio es… el inmutable movimiento del alma contempladora… El alma escucha… El pensamiento en silencio no es el silencio del pensamiento… El silencio, padre de la palabra…”. A su vez, Friedrich Hegel recuerda en el prefacio de su “Filosofía del Derecho”: “El búho de Minerva emprende el vuelo tardíamente cuando se adensan las sombras de la noche”.

F.-. Profesor Profesor es la persona que enseña una ciencia, arte u oficio. Profesor es la persona que profesa o ejerce la función de educar y enseñar a otros seres humanos. Profesor es quien está consagrado o dedicado a guiar a los seres humanos en el proceso del aprender para saber y formarse como seres humanos. Profesor es quien ejerce la profesión de guiar a los seres humanos en el proceso del aprender para saber y formarse como seres humanos. El Profesor es un educador que actúa a través de la enseñanza. El profesor es el que ejerce la pedagogía, es decir, quien realiza el arte de educar y enseñar a los niños por medio de la doctrina y el ejemplo.

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El profesor actúa como pedagogo en tanto educa e instruye a los niños. Se entiende que el profesor es pedagogo en cuanto es perito en la pedagogía, esto es, sabio, experimentado, hábil y práctico en la ciencia y arte de la pedagogía. Ser Profesor es más que tener la profesión formal de enseñar una determinada ciencia, arte u oficio. F.1. Relación Maestro – Discípulo Lo natural es que el ser humano aprenda siempre de otra persona, pues un saber o ciencia no es únicamente el registro de información, sino una actividad vital. La única manera de que esta actividad sea verdaderamente suya, es mediante la comunicación con otro ser humano que domina en mayor y mejor medida ese determinado saber o ciencia. Lo que hay que adquirir no es exclusivamente ‘lo sabido’, el objeto, sino también el modo de saberlo. Es indispensable el contacto, la relación vital entre maestro y discípulo. Para calentarse es necesario acercarse físicamente al fuego que calienta e ilumina. No basta que quien sea sólo profesor de su materia o especialidad. El profesor ha de ser maestro de su discípulo. Maestro es quien enseña una ciencia, arte u oficio, siendo práctico en una materia respecto de la cual tiene dominio pleno, esto es, de efectivo, libre y expedito. Su tarea ha de ser, precisamente, magistral, vale decir, hecho con maestría. La dependencia del que aprende respecto del que enseña es siempre real. Lo importante es que esa dependencia se funde en la razón de ser de la misma enseñanza, vale decir, en la verdad por conocer o la virtud por adquirir, que es lo que da al maestro su autoridad sobre el discípulo. Lo que se enseña ha de encarnarse en la vida del discípulo. Alumno se refiere a cualquier discípulo, respecto de su maestro, de la materia que está aprendiendo. Alumno es indicativo de a– lumen, sin luz. Por tanto, corresponde al maestro iluminar al alumno, esto es, iluminar para mostrar o enseñar el camino de su formación como condición de su experiencia de vida.

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La misión del maestro es que el alumno llegue a poseer un mayor y mejor saber. Friedrich Nietzsche señala: “Poca gratitud se tiene por un maestro cuando se continúa siendo siempre discípulo” (Grandes Aforismos, Emecé Editores, 1944, pág. 195).

F.2. Proceso de formación de los profesores El problema de la educación queda referido específicamente al proceso de formación de los profesores. El profesor es aquél en quien confluye todo en la enseñanza. Un buen profesor es capaz de corregir por su misma acción y en el orden práctico, todos los errores de un plan o programa, e incluso, de los principios generales. Un mal profesor, en cambio, puede corromper todas las buenas intenciones de una educación que en principio está bien planteada. El proceso de la formación de los profesores es, pues, el problema clave de la enseñanza. Si la formación de los profesores es errónea por principio, deficiente y limitada, esta situación repercute directamente en la enseñanza.

F.3. Criterios para la formación del profesor F.3.1. Vocación. La vocación es la convocación o llamamiento que interiormente siente el ser humano respecto de una realidad, la cual lo inclina hacia una determinada profesión. La carencia de vocación se evidencia en la falta de disposición a ejercitar del mejor y mayor modo posible una determinada profesión. Es imposible que sea un buen profesor quien realmente carece de vocación. Es imposible que sea un buen profesor aquel que no desea serlo, es decir, el que no ama verdaderamente su tarea. La de la enseñanza es una de las profesiones, junto con la vida religiosa y la milicia, que requieren el fuego interior de la vocación. No basta la mera aptitud, el gusto, es necesario el amor hondo por lo que se hace. La vocación es el fundamento no sólo para dar sino, en lo principal, para darse.

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Por esto, tal como en el servicio religioso y militar, es menester saber seleccionar a los que han de formarse como profesores. Debiera existir un guía que acompañe la decisión de quien pretenda convertirse en profesor, debiendo tener quien guía una particular aptitud para discernir respecto de los postulantes a formarse como profesores. Clarence Finlayson señala: “La vocación es el grito del destino que nos ordena caminar; es el estremecimiento que se traduce en el mensaje del alma” (Antología, Clarence Finlayson, Editorial Andrés Bello, 1969, pág. 259).

F.3.2. Saber. La enseñanza es principalmente –no exclusivamente- una tarea intelectual. Su parte medular está constituida por la comunicación del saber, que es un acto íntimo y perfectivo de la persona. El que enseña no puede tener sólo noticia clara y distinta de los objetos que debe enseñar. Debe amarlos en su condición de verdaderos. Debe ser una persona que busque el saber como perfección, y que esto quiera comunicarlo. Esta cualidad es el objetivo fundamental de todo el proceso de estudios por el cual se prepara el que va a enseñar. Pensar que porque se va a ser profesor de enseñanza básica o media sólo es preciso alcanzar un nivel mínimo de dominio de la materia que se va a comunicar, es uno de los errores más graves en que pueden caer aquellos que dirigen la formación de los profesores. Es evidente que no se puede pretender enseñarlo todo, pero también es cierto que no puede enseñar bien aquel que no desee, desde el fondo de su alma, conocerlo todo y adelantar permanentemente en esta dirección. Para enseñar bien hay que saber bien. F.3.3. Criterio moral. Además de la moralidad personal, es absolutamente necesario para enseñar, poseer el conocimiento moral que es preciso para juzgar acertadamente todas las situaciones singulares que se han de presentar. El criterio es la norma para conocer la verdad. La falta de criterio en este orden, aunque se tenga vocación y saber, puede destruir todo lo que se edifique en otros ámbitos. La formación moral que se dé en las instituciones que forman profesores no puede ser una visión somera y esquemática de los principales temas de la ética.

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Tiene que ser una formación orientada precisamente a que se sepan encarar bien los casos concretos que van a exigir un juicio y una conducta consecuente. Se requiere una formación moral eminentemente práctica.

F.4. Tendencias en la formación de profesores Se presentan tendencias negativas en el proceso de formación del profesorado. Profesor funcionario. Se establece así la tendencia a convertir al profesor en mero funcionario. Se pretende incorporar toda su tarea a cuadros y organigramas perfectamente trazados, se les exige cumplir con rigurosas y complejas obligaciones de planificación previa a la lección docente propiamente tal, de modo que ésta queda reducida a una aplicación fiel de instrucciones, técnicas y planes ya decididos, sin intervención efectiva del profesor. El profesor que se adapta a este modo de concebir su tarea deja de tener problemas funcionarios, pero pierde lo personal que pueda comunicar a sus alumnos. Por esta causa se crea el ambiente propicio para la esterilización de la obra del profesor, perdiendo éste el interés por comunicar algo. Se seca así esa capacidad vital que tiende el puente hacia el que aprende, por el cual habría de pasar todo lo que en verdad vale que sea aprendido. El conocimiento se angosta, se transforma en un conjunto de información que acaba por significar nada real para el que lo enseña. Se pierde así la sabiduría, el amor por la verdad conocida, el deseo de que otros la conozcan como el mismo que la enseña. En este estado, es la simple repetición de lo que ya sabe y sobre lo que ha sido instruido. Profesor desplazado. La incapacidad para establecer la comunicación vital característica de la relación entre maestro y discípulo, trae consigo otro defecto grave. Es la carencia de criterio para conocer en forma certera la realidad personal del alumno. La tendencia general es a reemplazar el criterio de verdadero conocimiento del profesor de sus alumnos, por un sucedáneo, aportado por la psicología experimental. La psicología experimental no puede sustituir al conocimiento moral. Para tener capacidad de discernimiento sobre lo que sucede en el interior de una persona, es imprescindible tener clara noción de los fines morales de toda persona, pues no existe otro punto de referencia real para juzgar sobre esta materia. Para poder aconsejar a un ser humano en forma recta, es necesario tener presente cuál es el bien real de ese hombre, y al mismo tiempo poseer la disposición para saber reconocer, en relación a este bien, lo que verdaderamente sucede en la singularidad de un alma. Una rectificación sólo puede provenir de un reconocimiento del mal.

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Mito de la caverna de Platón. La narración del libro séptimo de “República” de Platón presenta a unos prisioneros situados en el interior de una caverna. Se hallan allí desde la infancia y atados de tal formas que únicamente pueden dirigir la vista al frente. Tras ellos, a una cierta distancia, se sitúa un gran fuego y en el espacio intermedio entre los prisioneros y la hoguera transcurre un camino flanqueado por un muro de escasa altura. Numerosas personas transitan por el camino portando sobre sus cabezas o las espaldas objetos variados, así como diversas estatuas con forma de seres humanos y animales, de modo que dichos objetos y figuras asoman por encima del muro. La luz del fuego, al incidir en ellos, proyecta sus sombras justo hacia la pared a la que miran los prisioneros. Como algunos de los porteadores hablan entre sí, los prisioneros perciben las palabras – ya que la pared posee una excelente resonancia- y las atribuyen a las sombras que observan entre ellos, como si de un espectáculo de teatro se tratara. Como los prisioneros nunca han visto más que la caverna y el mundo de sombras creen que solo este mundo y esas sombras constituyen la realidad. Toman las sombras por lo ente, por lo descubierto. De pronto, uno de los presos es liberado y obligado a que mire alrededor de la caverna, vea a los portadores y a los objetos; pero, además, es conducido afuera, hacia la luz del sol. Al principio, se resiste molesto contra tal aprendizaje, que le produce dolor, pues cuesta readaptar la vista a eso que ahora se le revela como “más ente” que aquello que él suponía anteriormente como lo ente. Sin embargo, después se acostumbra a vivir al sol y, poco a poco, también aprende a reconocer el mundo verdadero como verdadero en comparación con el mundo de penumbra y sombras parlantes de la caverna. Pronto se percatará de que el sol de fuera es la fuente de la vida de todo lo demás, tal como el fuego de la caverna lo es de las sombras del interior. Como lo pregunta Sócrates, el hombre liberado de la caverna ¿Se atrevería a retornar al interior de la caverna para mostrarles a sus compañeros lo equivocados que estaban al tomar por verdadero un mundo de apariencias? ¿Estaría dispuesto, en suma, a volver abajo y arriesgarse a que lo humillaran sus compañeros? Pues, mientras vuelve a acostumbrarse de nuevo a la oscuridad, habría de parecerles a estos como enceguecido o ebrio, incapaz ya de participar como antes en la vida cotidiana frente a las sombras. ¿Acaso no acabarían incluso matando a aquel que quería liberarlos de sus cadenas?. Bien puede decirse entonces que la educación y la enseñanza corresponden al proceso de sacar al hombre de la caverna. Sin embargo, para educar y enseñar, esto es, para guiar a sus alumnos en el proceso de la vida, el profesor debe haber salido primero de la caverna.

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G.- Educación y Sociedad Intervención y Modificación de la Realidad. El proceso de educación y enseñanza constituye una herramienta o medio para intervenir y modificar la realidad en términos de lograr: la transformación individual y social el desarrollo individual y social el progreso individual y social

La educación y la enseñanza son un medio de transformación del ser humano individual y, en la misma medida, un medio de transformación de la sociedad. La educación y la enseñanza transforman a la persona y sociedad al modificar su actual estado de saber cuantitativo y cualitativo, incidiendo así concretamente en el mejoramiento de la calidad de vida. Por extensión, la educación y la enseñanza son un medio de desarrollo del ser humano individual y, por tanto, un medio de desarrollo de la sociedad. La educación y la enseñanza permiten mejorar e incrementar el saber que permite la superación de las actuales condiciones de vida a escala individual y colectiva en el orden físico, intelectual y moral de las personas. Además, la educación y la enseñanza son un medio de progreso del ser humano individual y, por ende, un medio de progreso de la sociedad. La educación y la enseñanza hacen posible a las personas y sociedad avanzar y perfeccionar el saber que los faculta para alcanzar y establecer nuevas y superiores condiciones físicas, intelectuales y morales de vida. Estado, Educación y Enseñanza. Dado que la educación y enseñanza son una herramienta para lograr la transformación, el desarrollo y el progreso de las personas y la sociedad, ambas son a su vez un medio vital e insustituible para enriquecer la nación y potenciar el Estado en términos de dotarlo de la capacidad de efectivamente satisfacer las necesidades y superar las incompletitudes de todas y cada una de las personas que constituyen el sistema social nacional. La educación y la enseñanza son una función esencial e irrenunciable del Estado en tanto éste tiene el deber y derecho de procurar el bien común y, por ende, el bien individual de todos y cada uno de los que constituyen la sociedad. Globalización, Educación y Enseñanza. En el marco del proceso de globalización, la educación y la enseñanza son un recurso de integración y, a la vez, de cultivo y resguardo de la identidad e integridad social y cultural de la nación. En el marco de la sociedad del conocimiento, la educación y la enseñanza son un recurso de poder. En este contexto, la educación y la enseñanza son un medio para disminuir la brecha existente entre la realidad del Mundo Norte y la realidad del Mundo Sur.

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La proyección del actual estado de cosas en el campo de la educación y enseñanza, y peor aún su eventual deterioro, sólo conducirán a la degradación de la libertad y la calidad de vida de los pueblos subdesarrollados. Educación, Paz y Felicidad. La educación y la enseñanza son pues un instrumento de paz social y estabilidad política nacional. La educación y enseñanza son medio y condición de la felicidad de los pueblos. El proceso de educación y enseñanza conduce al respeto de sí mismo y de los demás. La educación y enseñanza conducen a actuar con consideración, atención y causa a todos los seres constituyentes de la realidad. El estado de paz alcanza así a las personas en particular y se proyecta a toda la sociedad. La paz es la virtud que en el ánimo pone tranquilidad y sosiego, características opuestas a la turbación y a las pasiones no ordenadas. En el campo social se proyecta la buena correspondencia de unos con otros, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas y pleitos.

H.- Orden, Disciplina y Sistema H.1. Orden Disposición de las partes. El orden es la disposición de las partes de un todo en el lugar que les corresponde, implicando concierto y buena disposición de éstas entre sí para alcanzar un objeto y realizar un fin. El orden implica una regla o modo que se observa para hacer las cosas, implicando tanto una relación de una cosa respecto de otra como una determinada sucesión de las cosas. Precepto y Mandato. Orden es también un precepto y mandato que se debe obedecer para alcanzar un objeto y fin. Un orden y una orden son necesarios, válidos y legítimos en tanto procuran el bien del ser, esto es, su mejor y mayor realización posible. El orden y una orden no han de ser arbitrarios; lo son en tanto desperfeccionan al ser y lo alejan de su bien. Ordenar corresponde a mandar.

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Una orden o mandato es la ordenanza que da el superior para que se observe una cosa en función de dirigir a un objeto y fin. Se ordena para poner en concierto y buena disposición las cosas y así poder alcanzar los objetivos y fines perseguidos. Precepto y Prohibición. El ordenar o mandar implica establecer un precepto que el superior intima o hace observar y guardar. El precepto corresponde a cada una de las instrucciones o reglas que son dadas para el conocimiento o manejo de una facultad, ciencia o arte. El precepto es precisamente determinado por el preceptor, esto es, por el que enseña. Este normar la actividad también implica prohibir. La prohibición corresponde a vedar o impedir el uso de una cosa o la ejecución de una acción. La prohibición tiene por objeto procurar el bien de la persona e impedir todo aquello que la afecte negativamente. Derecho y obligación. El orden es dispuesto por la autoridad que ejerce como ordenador necesario, válido y legítimo de la actividad humana que se ejecuta, conforme a su naturaleza y los objetivos y fines que se persiguen. Siendo el orden una condición para que las partes de un todo alcancen su bien y al mismo tiempo se realice el bien común, quien ejerce la autoridad no solo tiene el derecho sino, además, el correspondiente deber de ordenar en función y razón del bien debido y procurado. Si la autoridad incumple su deber de procurar y asegurar el orden, ésta incumple su obligación y puede devenir en ilegítima. Si la autoridad incumple su deber de ordenar, ésta incumple su obligación y puede devenir en ilegítima. No cabe concebir el orden desde el prejuicio ideológico o a partir de la ignorancia de su concepto, objeto y finalidad. Ordenado. En virtud de lo expuesto, ordenado es aquella persona que guarda orden, método, sistematización y proporción en sus acciones. El estudiante ha de ser ordenado en su estudio para lograr aprender y saber. El profesor ha de ser ordenado en su enseñanza para lograr que los alumnos aprendan bien y sepan bien.

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H.2. Disciplina Enseñanza e Instrucción. La disciplina es la doctrina de una práctica, esto es, la enseñanza que se da para la instrucción de una persona en orden realizar una determinada acción. En este sentido, disciplinar es pues instruir o enseñar una profesión dando lecciones. Ordenación del Comportamiento. La disciplina implica asimismo el ordenamiento del comportamiento a la consecución de un objetivo. Corregir. La disciplina implica disciplinar o corregir, vale decir, enmendar lo errado. En este sentido, disciplinar supone una gradualidad que da cuenta de la naturaleza humana y se expresa en la operación de advertir, amonestar, reprender y castigar. Advertir es observar o llamar la atención sobre algo. Ejemplo: “La línea está corrida... La idea está incompleta…”. Amonestar es hacer presente una cosa para que sea considerada, vale decir, procurada o evitada. Ejemplo: “No lo vuelvas a hacer porque no lo podrás lograr...”. Reprender es desaprobar lo obrado, esto es, lo dicho o hecho. Ejemplo: “No voy a aceptar esta actitud o acción porque…”. Castigar es imponer una pena al que ha cometido una falta. En la eventualidad de la comisión de un acto impropio o la realización de un acto semejante tras recibir sucesivas advertencias, amonestaciones o reprensiones, sin más procede corregir con rigor al que ha errado, imponiéndole una pena. La pena impuesta ha de ser racional, esto es, proporcional a la falta cometida. Atendiendo las fuentes del acto humano y guardando conformidad con la falta cometida, la pena misma puede ser levísima, leve, grave o gravísima. No ha de olvidarse que el castigo corresponde a una acción correctiva cuya validez y legitimidad se funda en el principio de justicia y en el bien individual y colectivo que se procura.

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En este sentido, el castigo corresponde a una acción correctiva que procura formar conciencia activa acerca de la realidad y acerca de las reales consecuencias que tienen los actos humanos sobre sí mismo y los demás. Ante una falta merecedora de castigo no cabe la impunidad, vale decir, la ausencia de castigo. Si no se corrige debidamente se falta a la justicia y daña tanto al bien individual como al colectivo o social procurado. Si eventualmente la acción cometida constituyese delito, ésta ha de ser denunciada a los tribunales de justicia. Derecho y obligación. Siendo la aplicación de la disciplina una condición para que las partes de un todo alcancen su bien y al mismo tiempo se realice el bien común, quien ejerce la autoridad no solo tiene el derecho sino, además, el correspondiente deber de disciplinar en función y razón del bien debido y procurado. Si la autoridad incumple su deber de procurar y asegurar la disciplina, ésta falta a su obligación y puede devenir en ilegítima. No cabe concebir la disciplina desde el prejuicio ideológico o a partir de la ignorancia de su concepto, objeto y finalidad. El texto bíblico precisa: “Corrige a tu hijo mientras haya esperanza, sino tú serás responsable de su muerte” (Proverbios 19: 18). Agrega el texto bíblico: “El que acepta que lo corrijan ama el saber; el que aborrece la reprensión es un tonto” (Proverbios 12: 1). H.3. Sistema Concepto. Un sistema es un conjunto de factores que, ordenadamente relacionados entre sí y fundados en un conjunto de reglas o principios enlazados entre sí y versados sobre una determinada materia, contribuyen a determinado objeto y fin. El proceso educativo supone tanto el orden del sistema educacional como del sistema de enseñanza. Al efecto, la correcta disposición de las partes de aquel todo que constituye la comunidad educativa es una condición fundamental para que los procesos de educación y enseñanza puedan alcanzar de modo cabal los objetos y fines que le son propios. Orden de Relación. Efectivamente, en el proceso de educación y enseñanza interviene toda la comunidad escolar. Sin embargo, el eje central de éste radica en el constante proceso de interacción entre el educador y el educando. En esta perspectiva, debe entenderse que el educador y el educando tienen dos condiciones generales comunes.

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Tanto el educador como el educando son seres humanos, vale decir, ambos son personas o seres con igual naturaleza, ambos poseen y expresan la naturaleza humana. En este sentido, ambos son seres esencialmente iguales. Al ser esencialmente iguales, aunque existencialmente distintos, ambos poseen los mismos derechos y deberes. Además, tanto el educador como el educando son ciudadanos de la República y, por tanto, ambos tienen la misma calidad jurídica básica. Sin embargo, si bien educadores y educandos son seres humanos y ciudadanos que actúan en calidad de partícipes y protagonistas del mismo proceso de educación y enseñanza, debe tenerse presente que en él ambos poseen determinadas y concretas condiciones, posiciones y funciones particulares o específicas que los distinguen sustantivamente, situación que no admite entre ellos una equivalencia plena. Es así como educador y educando poseen una distinta condición. Si bien tanto el educador como el educando son seres humanos y ciudadanos, el educador es un adulto y, el educando, un niño o joven menor de edad. En este sentido, por principio se entiende que no poseen igual grado conciencia respecto de sus actos y por ello se distingue su grado de responsabilidad. Además, tanto el educador como el educando se encuentran en una distinta posición. El educador se encuentra en la posición de educador y el educando en la de tal. Son posiciones complementarias pero ciertamente no equivalentes. Por último, como es evidente, en razón del objeto y fin del proceso de educación y enseñanza, el educador y el educando difieren en su función. La función del educador es educar y enseñar y, la del educando, es educarse, aprender y saber. Aunque en términos de relación humana ambos se sirven activamente y perfeccionan recíprocamente, el educador es el que educa y enseña mientras que el educando es aquel que recibe la educación y la enseñanza. La condición, posición y función de educador y educando son correspondientes y complementarias pero no son equivalentes El educador es quien entrega el saber que posee y, el educando, es quien recibe y adquiere el saber que no posee. Toda alteración de las correspondientes funciones quebranta el orden del proceso y sistema educativo. Toda pretensión de intervenir y modificar el orden natural del sistema de relaciones entre el educador y el educando, sin más ha de dificultar o incluso impedir el desarrollo adecuado de las funciones propias de cada cual, afectando con ello el objeto y fin del proceso de educación y enseñanza. Si se altera el orden propio de la relación educador – educando, se limita el que en particular el educando alcance el mejor y mayor grado de saber y formación posible.

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De afectarse el orden de la relación educador – educando, este último verá complicado su derecho y deber de alcanzar su bien y realizar su ser. Por extensión, limitada su posibilidad de bien individual, por extensión se afecta el bien común social. Sala de clases. La sala de clases constituye el dominio del profesor. La sala de clases es la instancia donde el profesor ejerce su superioridad legítima basada en el dominio del saber, a la luz de la doctrina nacional e institucional. La sala de clases constituye el tiempo y el espacio donde el profesor ejerce su autoridad, establecida para que toda su realidad se ordene al bien de los educandos, las familias, la institución educativa y por extensión al conjunto de la sociedad. Si bien la realidad social suele ser percibida como un mundo que constituye una verdadera selva, la sala de clases es el ámbito de libertad donde el profesor deja fuera la selva de la realidad y contiene la selva que cada uno porta en su interior, para que esa realidad constituida por todos los que participan en la sala de clases se ordene y sea posible realizar un efectivo proceso de educación y enseñanza. Más allá de todo condicionamiento material de la realidad educativa, del profesor depende finalmente permitir o no que la selva con sus animales ingrese al aula e imponga su ley. Ese ejercicio de autoridad y establecimiento de orden es la condición esencial para que cada una de de las partes del todo escolar pueda realizar sus derechos y cumplir con sus deberes. Sólo mediando la aplicación de esa autoridad justa y de la imposición propia del orden será posible que los educandos realmente alcancen realizar su bien en tanto se forman como verdaderos seres humanos.

I.- Crisis y Conflicto I.1. Crisis Concepto de Crisis. Etimológicamente la palabra crisis viene del griego “krinein”, que significa discriminación o decisión, implicando el diferenciar y decidir. La crisis es un estado que corresponde a una fase de ruptura a lo largo de una tendencia que importa un proceso de adaptación a nuevas realidades objetivas. Abarcando las dimensiones de lo objetivo y subjetivo, las claves de la crisis son la ruptura, la tendencia y la adaptación consecuente. Categorización de las crisis

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a) Dimensión b) Nivel c) Duración d) Intensidad e) Extensión f) Profundidad En cada dimensión y nivel la crisis es regida por un principio de equilibrio relativo con duración, intensidad, extensión y profundidad variable. Caracterización de la crisis a) La crisis es un estado evolutivo y transitorio. b) La crisis es un proceso de resolución, con fenómenos de ruptura y reorganización de la vida, lo que, de no conducir al colapso, produce un efecto regenerador fundamental. El concepto chino de crisis corresponde a: Wei (peligro) Yi (oportunidad). c) Las crisis no se reducen a una manifestación morfológica evidente. Las crisis pueden tener manifestaciones morfológicas o estar latentes y disimuladas. Causas de las crisis Las crisis tienen causas de carácter interno o externo. Causa externa. La crisis por causa externa sobreviene en el sujeto por carencia de objeto; el entorno le representa una situación conflictiva al ofrecerle al sujeto una pluralidad de objetos entre los cuales tiene que elegir. Causa interna. Las crisis por causa interna se presentan cual desorden de losa mecanismos de regulación interna del sujeto. Se manifiesta una progresiva pérdida de eficacia del mecanismo regulador hasta entonces suficiente. Las crisis siempre están relacionadas con una debilidad en los mecanismos de regulación. Soluciones de las crisis Existen soluciones y pseudo - soluciones de las crisis. Soluciones. Cuando hay crisis por causa externa pérdida de objeto; ésta se soluciona normalmente cual el sujeto recupera al objeto. Pseudo Soluciones. Ante la ausencia de soluciones, los sujetos suelen forjar un objeto de carácter sustitutivo respecto del cual actuar. Las pseudosoluciones tienen una gran eficacia local, pero toda vez que se enfrente a la causa del problema, puede no tardar en

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engendrar una situación análoga a la de la crisis original. Cambio y crisis Crisis y cambio. La noción de crisis está asociada al concepto de ruptura que puede provocar cambio. Es un proceso ligado a la vida misma donde la preservación depende de una constante actividad creativa, con efectos continuos o discontinuos. Etapas del proceso de cambio. El proceso de cambio consiste en cuatro etapas de desarrollo: Etapa de ruptura Etapa de desalineamiento Etapa de realineamiento Etapa de alineamiento

Estas etapas pueden desarrollarse de modo rápido o bien de manera gradual y progresiva, pero siempre estas etapas se verifican y en el orden indicado. Es necesario comprender y valorizar el sentido del cambio. Cambio no crisógeno. No todo cambio es fuente de crisis. Aún produciéndose ruptura de la tendencia y adaptación, el cambio no importa crisis sensible y significativa si se desarrolla de manera gradual y progresiva, esto es, de manera regular y casi imperceptible. Si la novedad es sólo una renovación que actualiza los comportamientos habituales, difícilmente tiene lugar una crisis. Cambio crisógeno. La crisis sensible y significativa se produce en caso de una innovación que provoca una modificación súbita e inesperada del desarrollo normal de la realidad, importando un estado de desorden y desorganización que desequilibra y desestabiliza, generando un estado de incertidumbre que es fuente de inseguridad. Se estructura así una ecuación fundamental. El cambio crisógeno = Innovación súbita e inesperada + desordenadora y desorganizadora + desequilibradora y desestabilizadora + estado de incertidumbre e inseguridad. En este sentido, la alteración crisógena puede ser el resultado tanto de factor exógeno o externo al proceso de desarrollo como el resultado de factor endógeno o interno en el proceso de desarrollo

I.2. Conflicto Concepto de conflicto. Por conflicto se entiende el proceso de enfrentamiento de dos o más factores con entendimiento y voluntad que, organizados como entidades individuales o colectivas, al procurar la realización simultánea de principios, valores,

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intereses, objetivos y fines distintos, contradictorios y excluyentes, desarrollan un recíproco ánimo hostil y aplican la fuerza total en su intento de prevalecer. Hostilidad. La crisis deviene en conflicto sólo cuando surge el factor subjetivo del ánimo hostil. El conflicto sólo se produce en tanto se genera el ánimo hostil. La hostilidad implica considerar contrario, opuesto o enemigo a la contraparte. La hostilidad es indicativa de la mala voluntad que uno tiene a otro y le desea o hace mal. La hostilidad se manifiesta en el ataque o agresión física, sicológica o moral que se realiza para hacer daño a la contraparte. La hostilidad se manifiesta en el herir u ofender o agraviar. También en el zaherir o mortificar al otro con reprensión maligna y acerba, esto es, en el censurar con humillación o mal trato. Las crisis no evolucionan por sí mismas hacia el conflicto; es necesario que el paso a un estado conflictual sea imputado específicamente a la intervención de la voluntad. La simple disposición agresiva no es en sí misma un conflicto. Puede haber agresividad pero no conflicto, como en el caso de las competencias deportivas. Cuando la agresividad se torna malévola degenera en conflicto. Se produce la “deshumanización” del otro que es el oponente que ataca; se convierte en cosa. El conflicto implica quebrantar la resistencia del otro mediante el recurso de la violencia física, sicológica y moral. Al referirse a la teoría de la neurosis, Sigmund Freud establece que no hay neurosis sin conflicto. El conflicto nace de la frustración, vale decir, de deseos opuestos y contradictorios. Cuando surge la frustración, la libido se ve impulsada a hallar otros caminos y objetos; hay un conflicto entre el ego y loa sexualidad. En la etiología de la neurosis son necesaria tres condiciones: privación, fijación y una susceptibilidad al conflicto que produce el ego. Aristóteles: “El odio es el camino para aprender”. Nicolás Maquiavelo: “El odio produce temor; del temor se pasa a la ofensa”. Alphonse Daudet: “El odio es la cólera de los débiles”. Winston Churchill: “El odio desempeña el mismo papel… que los ácidos en la química”. Friedrich Hebbel (1813 – 1863): “¿Tienes un enemigo? Eso quiere decir que tienes ante ti un hombre del que debes hacer o tu amigo o tu esclavo”.

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I. Estructura de Crisis y Conflicto Crisis: Estructura ternaria y principio de tercero incluid. El tercero cumple funciones irenógenas (del griego irené, paz, pacificadora) y no polemógenas. La crisis deviene rápidamente en conflicto en tanto se produce la disolución del tercero. El tercero es el soporte de las contradicciones, del pluralismo de los antagonismos. La presencia del tercero significa que las contradicciones no son necesariamente incompatibles; él es la razón de los compromisos. La disolución del tercero transforma el pluralismo en dualismo, esto es, la crisis en conflicto. Conflicto: Estructura binaria o bipolar y principio de tercero excluido. Se produce la bipolarización cuando se forma la relación amigo - enemigo. Desaparecen las incertidumbres y la sensación de inestabilidad pues la intención hostil da fundamento de certeza y seguridad. La intención hostil introduce la voluntad de combatir. Una vez que cristalizan las contradicciones se genera conflicto; una crisis no degenera en conflicto si no cristalizan las contradicciones. La bipolarización puede ser obra conciente y deliberada de grupos que, por táctica y estrategia, suscite artificialmente crisis que harán evolucionar hacia conflictos, a fin de obtener sus objetivos.

Categorización de los Conflictos a) Dimensión b) Nivel c) Duración d) Intensidad e) Extensión f) Profundidad

I.3. Resolución de Conflictos Control de hostilidad. La causa del conflicto está en la contradicción y exclusión de principios, valores, intereses, objetivos y fines que se procuran imponer simultáneamente. La contradicción y exclusión de principios, valores, intereses, objetivos y fines

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constituye la fuente la hostilidad. Por tanto, la resolución del conflicto depende del proceso de manejo de la hostilidad. Del control de la hostilidad depende la capacidad de rearticular y reajustar los principios, valores, intereses, objetivos y fines de las partes contendientes. Resolución. Resolver es hallar la solución de un problema, implicando el identificar y desatar la dificultad. Conciliación. La resolución de un conflicto pasa por conciliar a las partes contendientes. Conciliación del ánimo. El proceso de resolución de conflictos implica un proceso de conciliación de los ánimos de los opuestos entre sí. El proceso de conciliación supone ganar los ánimos y la benevolencia de quienes sentían odio y aborrecían a su contraparte. Conciliación de intereses. Esta conciliación corresponde al proceso de componer, esto es, hacer concordar o poner en paz a los enemistados para ajustar y conformar las proposiciones contradictorias y excluyentes. El ajustar corresponde a hacer que los criterios se moderen, acomoden, calcen y vengan justo entre sí, de suerte que no haya discrepancia sustancial entre ellos y permitan concordar alguna cosa que devenga en acuerdo, pacto o convenio que obligue. El conformar corresponde a la aceptación voluntaria de la buena correspondencia o proporción convenida entre las partes. El proceso de conciliación es un proceso conducente a restablecer un concierto básico, esto es, un mínimo de buen orden y correcta disposición de las cosas. La conciliación procura alcanzar la unión, concordia y buena correspondencia entre personas y grupos, implicando la adhesión real, íntima y total entre las personas.

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