Roque Dalton: el muerto indócil

Dossier conmemorativo del 35 aniversario de su asesinato Selección y presentación por Aquiles Julián

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Roque Dalton: el muerto indócil
Aquiles Julián, Rep. Dominicana
Edición Digital Gratuita distribuida por Internet
MEXICO Fernando Ruiz Granados José Solórzano José Eugenio Sánchez ARGENTINA Mario Alberto Manuel Vásquez Francisco A. Chiroleu Patricia del Carmen Oroño Ángel Balzarino Fernando Sorrentino Claudia Martín Trazar ESTADOS UNIDOS José Acosta Aníbal Rosario José Alejandro Peña César Sánchez Beras ESPAÑA Henriette Wiese Giulia De Sarlo María Caballero Elena Guichot Teresa Sánchez Carmona Losu Moracho Rocío Parada EL SALVADOR Manuel Sigarán

Editor: Aquiles Julián, República Dominicana.
Email: aquiles.julian@gmail.com

Coeditores:
HONDURAS Dardo Justino Rodríguez VENEZUELA Milagros Hernández Chiliberti Tony Rivera Chávez REPÚBLICA DOMINICANA Ernesto Franco Gómez Eduardo Gautreau de Windt Félix Villalona Ángela Yanet Ferreira Cándida Figuereo Enrique Eusebio Julio Enrique Ledenborg Vaugn González Efraím Castillo Oscar Holguín-Veras Tabar Edgar Omar Ramírez Carmen Rosa Estrada Roberto Adames Valentín Amaro Alexis Méndez Juan Freddy Armando Sélvido Candelaria

NICARAGUA Radhamés Reyes-Vásquez CHILE Claudio Vidal Eliana Segura Vega Astrid Fugellie Geza URUGUAY Marta de Arévalo APLA Uruguay PERU Luis Daniel Gutiérrez Nicolás Hidrogo Navarro Juan C. Paredes Azañero COLOMBIA Ernesto Franco Gómez Julio Cuervo Escobar SUIZA Ulises Varsovia HOLANDA Pablo Garrido Bravo PUERTO RICO Mairym Cruz-Bernal ECUADOR Anace Blum COSTA RICA Ramón Mena Moya

Primera edición digital: Mayo 2010 Santo Domingo, República Dominicana
LIBROS PARA PENSAR es una colección digital gratuita que se difunde por la Internet y se dedica a promocionar ideas y enfoques que estimulan la mente, amplificándola. Los derechos de autor de cada libro pertenecen a quienes han escrito los textos publicados o sus herederos, así como a los traductores y quienes calzan con su firma los artículos. Agradecemos la benevolencia de permitirnos reproducir estos textos.

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Contenido
Un muerto cada vez más indócil / Aquiles Julián Posición de la familia Dalton / Documento Roque Dalton, Mauricio Funes y el tartufismo de la izquierda / A. Julián Una historia prohibida de Roque Dalton / Miguel Huezo Mixco Entrevista a Joaquín Villalobos por Juan José Dalton Entrevista a Manlio Argueta sobre Roque Daltón, por Cristinia Amaya Entrevista a Jorge Dalton, hijo menor, por Magdalena Flores Unas historias prohibidas de Roque Dalton / Juan José Dalton ¿Quién mató a Roque Dalton? / Hermann Bellinghausen Los mayos de Roque Dalton / Mario Benedetti El viacrucis de Roque / Claribel Alegría El asesinato de Roque Dalton / Beatriz Cortez Autoincriminación y silencio / Rafael Lara-Martínez Recordando a Roque Dalton / Miguel Ángel Azucena Los poetas no se mueren / Eliseo Alberto Roque Dalton: unos días después de la fuga / Juan José Dalton La noche que supe que mi padre había muerto / Juan José Dalton Mi amistad con Roque Dalton / Santiago Ruiz Granadino Carta de Roque a Salarrué Una hora con Roque Dalton / Mario Benedetti Entrevista a Jorge Meléndez / Tomás André Opinión de personalidades sobre Roque Dalton / Mario Castrillo La metamorfosis de Joaquín Villalobos / Roberto Bardini Roque Dalton: un modelo para armar / David Hernández Roque Dalton vs. la verdad / Francisco Figueroa La muerte de un poeta / Geovani Galeas Comunicado del ERP del 1975 informando el asesinato de R. Dalton 4 6 11 19 32 46 52 56 59 61 65 66 68 80 83 85 86 89 92 94 105 113 118 126 131 135 149

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Un muerto cada vez más indócil
Por Aquiles

Julián
“Los muertos están cada día más indóciles. Antes era fácil con ellos: les dábamos un cuello duro una flor loábamos sus nombres en una larga lista: que los recintos de la patria que las sombras notables que el mármol monstruoso.” Roque Dalton

Cómo será de indócil Roque Dalton que 35 años después su sombra se yergue y señala, asusta a sus asesinos, irrumpe en los discursos y los hace sonar huecos, acartonados, y hace que se escuche de nuevo tras cada fementida honra oficial el disparo aleve y cruel que le arrancó la vida. Y es que este muerto se niega a someterse. Sus asesinos, escondidos como Alejandro Rivas Mira, en el gobierno salvadoreño como Jorge Meléndez o viajando en su nuevo rol de consultor como Joaquín Villalobos, inventan piruetas verbales y ensayan falsas justificaciones. Pero el cadáver, impávido, los acusa una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez y así por los siglos de los siglos. Ese será su infierno. La familia Dalton quiere algo menos que homenajes, discursos, declaraciones de que su deudo “pertenece a todos los salvadoreños” (¿También a los que lo asesinaron? ¿Qué tanto es propiedad de Jorge Meléndez, de Alejandro Rivas Mira, de Joaquín Villalobos y de esos otros asesinos que todavía se cobijan bajo el conveniente “nombre de guerra”?): la familia Dalton reclama esclarecimiento, tardía justicia pero justicia al fin, noticias sobre el destino del cadáver. El problema es que el presidente Mauricio Funes debe su puesto a los funestos asesinos de Dalton y no al poeta. Roque Dalton es bueno, por su nombradía, para hacer piruetas oratorias, pero es incómodo que sus hijos y su viuda clamen porque no se honre a uno de sus asesinos con un puesto público, mientras se declama sobre su víctima. Ahora bien, Mauricio Funes es un periodista, no un político. Se le usó con su consentimiento para darle potabilidad a una propuesta del FMLN, dado el cruento historial de sus “comandantes”: secuestros, asesinatos, atracos, carros bombas,

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vendettas políticas internas, etc. Funes, periodista de CNN aportaba la imagen mediática y telegénica necesaria, pero carece de fuerza política, es simplemente un figurón. El poder verdadero descansa en los “comandantes”, sobre todo en su vicepresidente, el letal Salvador Sánchez Cerén, alias “comandante Leonel González”. Y de quien se pide la cabeza, como uno de los autores del asesinato de Roque Dalton es nada menos que otro “comandante”, Jorge Meléndez, alias “comandante Jonás”. La historia de Dalton es modélica porque expresa la criminalidad y vesanía de quienes se autoarrogan el papel de redentores y predestinados a dirigir la sociedad y buscan imponer su rol a tiro limpio. Amparados en una ideología mostrenca y fracasada, el marxismo, y en un modelo local igualmente fracasado y ejemplo de incompetencia y mediocridad: la Cuba castrista, los “comandantes” buscaron y siguen buscando imponer por cualquier vía una dictadura totalitaria en El Salvador a contrapelo de lo que la sociedad salvadoreña anhela. Y para lograrlo están dispuestos a arrancarle la cabeza a quien sea y a cuántos sea. Esa es la realidad bajo tanto marketing político, maquillaje mediático y maniobra. Dalton, aceptemos, era por igual partidario de un régimen totalitario; estaba cien por ciento convencido de la conveniencia de una dictadura policial en El Salvador. Una diferencia de criterio procedimental con los mandamases de la secta política en que se insertó, el ERP, originó que fuera inculpado y satanizado al grado de que se decidió ganarle la lucha ideológica al mejor modo leninista: un tiro en la nuca. La gravedad no radica en que se asesine a un conmilitón, sino en que se asesine a cualquier ser humano en nombre de una ideología, un propósito de poder, un fin de imponerse a la fuerza sobre los demás. No menos graves fueron los asesinatos de alcaldes y de empresarios. Las víctimas inocentes de actos terroristas como la detonación de coches-bombas; el llevar a una sociedad a vivir el desangramiento de dos reductos extremistas matándose entre sí, con la población en el medio. El crimen de Dalton es tan grave como el de Roberto Poma; el de monseñor Romero y el de los jesuitas; el de los alcaldes y el de tantos asesinados por uno y otro bando. Y ese crimen al igual que los otros señala a los violentos de uno u otro extremismo que transformaron a El Salvador en un infierno inmisericorde de vesanía sin límites. Más información disponible en las siguientes direcciones electrónicas: http://daltonicos.tripod.com/; http://roque75dalton.contrapunto.com.sv/; http://www.rdarchivo.contrapunto.com.sv/

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Posición de la familia Dalton ante la permanencia en el actual gobierno salvadoreño de Jorge Meléndez, uno de los involucrados directos en el asesinato del poeta Roque Dalton García.
A María García Medrano (Abuela) y Roquito (hijo) in memoriam Aída Cañas, viuda de Roque Dalton y sus hijos Juan José y Jorge Dalton, sobrevivientes al conflicto armado, han decidido comunicar a los amigos, familiares, admiradores de la obra de Roque, al pueblo y la sociedad salvadoreña en su conjunto, los gobiernos democráticos, así como al resto de intelectuales de América Latina y la comunidad internacional, nuestra posición respecto a la actual situación de injusticia perpetrada por el actual gobierno de El Salvador. Roque Dalton García fue un intelectual revolucionario íntegro, que desde muy joven se convirtió en líder estudiantil y en un luchador social de genuino arraigo popular. Por su

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lucha, al igual que muchos compatriotas, sufrió privacidades, persecuciones, cárceles, torturas, amenazas, sentencias de muerte y exilios por parte de las dictaduras militares que oprimieron a El Salvador. Dalton supo, quizás como ningún otro intelectual salvadoreño, combinar obra, vida, aspiraciones y luchas de los más desamparados. Fue un poeta genuino, consecuente y entregado, pese a cualquier costo de la lucha anti dictatorial y dejó claro su vehemente deseo de un verdadero cambio de justicia y derechos para los salvadoreños. Su quehacer en el mundo de las letras le permitió heredar al pueblo salvadoreño una obra literaria y política que hoy constituye un pilar fundamental de la cultura y la historia nacional y lo ha llevado a ostentar el título de Poeta Meritísimo, reconocimiento póstumo otorgado al poeta por la Asamblea Legislativa gracias al decreto 186, fechado el 11 de diciembre de 1997 en San Salvador. La trascendencia de su obra sobrepasa las fronteras de El Salvador y la propia Centroamérica para convertirse en uno de los intelectuales de la región cuya obra ha sido de las más traducidas y motivo de estudios en no pocos centros académicos de gran prestigio a nivel mundial como Duke University, Princeton University, Universidad de Nuevo México; en la región se destacan Universidad José Simeón Cañas, la Casa de Las Américas de La Habana, Cuba, por citar algunas. Dalton formó parte de ese intenso y renovado quehacer literario que fue conocido como el boom de escritores e intelectuales de la década de los 60´s junto a Julio Cortázar, Mario Benedetti, Eduardo Galiano, Juan Gelman, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Heberto Padilla, Efraín Huerta y Thiago de Mello, entre otros. Y es sin duda, una de las voces más influyentes de la Generación Comprometida en El Salvador, que con su accionar y su obra diera vida a la frase del escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias “El poeta es una conducta moral”. Con la responsabilidad que hemos salvaguardado la obra de nuestro padre y la modestia que nos asiste en este compromiso no podemos dejar de reconocer que la pasión por su Patria y el indiscutible talento literario nos ha permitido contar hoy en día con un imperecedero legado cultural del cual hoy gozamos no sólo nosotros como hijos legítimos y orgullosos, sino también todos y cada uno de los salvadoreños que con ese auténtico sentido de pueblo describiera en ese, ya segundo himno de nación, nombrado Poema de amor . Hace 35 años, siendo aún adolescentes, perdimos a Roque, nuestro padre, sin intuir que El Salvador perdía también a uno de sus más leales hijos, amante de la poesía y la libertad, a uno de los fundamentos de su cultura, de su historia, dejando una herida que no se ha cerrado después de todos estos años. Roque Dalton García fue asesinado cruel e injustamente el 10 de mayo de 1975 por decisión de la entonces dirección del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), de la cual sobreviven Edgar Alejando Rivas Mira, Joaquín Villalobos Huezo y Jorge Meléndez. Junto a Roque Dalton García fue asesinado otro salvadoreño de nombre Armando Arteaga, conocido como Pancho. Testimonios recabados por nuestra familia indican que estos tres dirigentes estuvieron de acuerdo con la ejecución de Roque y Armando. Y fue Rivas Mira, jefe máximo del ERP en ese entonces, quien ordenó a sus inmediatos subalternos, también al frente de

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la organización, Joaquín Villalobos y Jorge Meléndez, ejecutarlos sumariamente. Poco más de un año después del crimen, Villalobos pasó a ocupar la dirección del ERP. Y al constituirse el FMLN, esta naciente organización acoge en sus filas a Villalobos y a Meléndez, como miembros de su Comandancia General –de 10 miembros- pasando por alto, la vinculación directa de estos dos dirigentes, en los asesinatos. Esta es quizá, una de las más tristes paradojas de la historia de la nación salvadoreña. Pese a estos 35 años transcurridos de aquel horrendo hecho que dejó nuestras vidas marcadas para siempre con el dolor infinito de una pérdida irreparable; pese a no saber nunca las condiciones en que fue vilmente asesinado nuestro padre; pese a no saber nunca qué sucedió con sus restos; pese a las solicitudes y gestiones realizadas por nuestra familia ante organismos internacionales como ONUSAL, el FMLN nunca ha asumido su responsabilidad, así tampoco nunca hemos recibido de los victimarios directos declaración alguna de perdón ni a título personal ni como organización que fuera el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). El pacto de silencio y la impunidad no ha permitido develar la verdad sobre el crimen, lo cual por ética, honestidad y moral política debe reparar la actual izquierda salvadoreña.

La familia de Roque Dalton García, junto a los miles de salvadoreños que tienen a sus familiares desaparecidos o que fueron asesinados de manera cruel e injusta en los

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pasados años, se siente ahora doblemente agraviada porque la impunidad sigue prevaleciendo en El Salvador, y se nos continúa negando el derecho a la justicia y al esclarecimiento de los hechos. Por ello consideramos el nombramiento de Jorge Meléndez, para un puesto de gran relevancia en el actual gobierno, la ofensa más grande en contra de la memoria de Roque Dalton, así como contra su familia, desde su asesinato. A unos pocos días de conmemorarse el XXXV aniversario de su muerte, este hecho por el cual hemos venido reclamando desde su nombramiento en junio pasado, constituye un agravio a las aspiraciones de justicia y verdad del pueblo salvadoreño. Sobre Jorge Meléndez conocido en la guerra como “Comandante Jonás” pesan los siguientes hechos: 1. Se ha negado a reconocer su participación intelectual y material en el asesinato de Roque Dalton y de Armando Artiaga, poniendo en duda su carácter de civilidad, idoneidad, justicia, valentía para asumir la verdad. 2. Fue parte de quienes torturaron física y psicológicamente a las víctimas ya indefensas y en cautiverio. 3. Es responsable también junto a Villalobos de secuestrar y desaparecer los cadáveres de las víctimas y oculta a la familia, y al pueblo salvadoreño la verdad de los hechos. 4. Es responsable, junto a Villalobos, de haber lanzado una campaña de difamación, especialmente contra la figura y la dignidad de Roque Dalton, que esconde la naturaleza vil y alevosa del premeditado crimen. Estos acontecimientos harto conocidos y públicamente divulgados en El Salvador y el resto del mundo, que ha seguido de cerca el horrendo crimen del poeta, no fueron tomados en cuenta por quienes decidieron que Jorge Meléndez fuese el Director de Protección Civil, cargo bajo la responsabilidad del Ministerio de Gobernación. El historial como jefe guerrillero de Meléndez, deja mucho que desear; basta mencionar sólo dos hechos: el secuestro, asesinato, extorsión y desaparecimiento del cadáver del empresario Roberto Poma, así como las ejecuciones arbitrarias y sumarias de varios alcaldes del Partido Demócrata Cristiano (PDC), hecho este contenido en el Informe de la Verdad, y que constituyen crímenes de lesa humanidad. La familia Dalton repudia y condena el nombramiento de Jorge Meléndez como alto funcionario del actual gobierno que, basando su campaña en el lema del cambio, parece desconocer las verdades históricas o pesan sobre él demasiados compromisos de índole político o deudas de tipo electoreras al punto de dar la espalda al espíritu de justicia hasta llegar a mancillar la memoria del poeta. Paradójicamente, nunca antes hemos visto alejarse más la esperanza de rescatar la verdad y la memoria histórica, que en estos tiempos del triunfo de la izquierda en el poder. Por todo lo anteriormente expuesto la familia Dalton decide: No participar, apoyar o avalar acto oficial alguno que, dentro o fuera del territorio nacional, realice el actual gobierno relacionado con la conmemoración del XXXV Aniversario del asesinato de Roque Dalton, o de otra naturaleza ligado a su figura y su obra.

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Como herederos legítimos y custodios de la obra literaria y política de Roque Dalton anunciamos que no suscribiremos ni un solo contrato para la publicación o reedición de obras de Roque Dalton por cualquiera de las instancias del actual gobierno. No daremos nuestra anuencia para el uso de la imagen de Roque Dalton, en cualquiera de sus formatos, por parte del gobierno y sus medios de comunicación. No daremos nuestro aval para que la Sala de Prensa de la Presidencia lleve el nombre de “Roque Dalton”, tal como había manifestado interés el Presidente de la República. Solicitamos a las más altas autoridades de gobierno no pronunciar el nombre de Roque Dalton ni hacer alusión a su obra en sus discursos públicos. De igual manera, la familia Dalton demanda de las actuales autoridades de gobierno: 1. Una explicación por parte de los involucrados en este nombramiento tanto a la familia como a la sociedad civil salvadoreña. 2. El despido inmediato de Jorge Meléndez como jefe de Protección Civil. 3. Y que le sea exigido a Jorge Meléndez el esclarecimiento de los hechos que ayuden en la búsqueda de la verdad sobre el asesinato de Roque Dalton. 4. Se dé una disculpa pública a la familia y al pueblo salvadoreño por esta designación, que no ha hecho otra cosa que profundizar una herida que ha tardado ya demasiado en sanar. Los crímenes emblemáticos de la sociedad salvadoreña antes y durante el pasado conflicto: Roque Dalton, Monseñor Oscar Arnulfo Romero y los Mártires de la UCA deben ser esclarecidos de una vez y para siempre si se quiere construir una sociedad que descanse sobre la verdadera democracia, con pleno Estado de Derechos y una verdadera conciencia histórica. Exigimos el respeto absoluto hacia las víctimas en su derecho de conocer la verdad y reclamar justicia por sus familiares asesinados, torturados y desaparecidos. De lo contrario, seguiremos vanamente empeñados en buscar nuestra identidad de espalda al pasado, y ¿qué es la historia de una nación sin el reconocimiento de su pasado? Una vez tuvimos la esperanza que este nuevo gobierno abriría la puerta a la justicia y la verdad, al calor de los acontecimientos recientes que han tenido lugar en Chile y Argentina para juzgar los crímenes cometidos durante la dictadura; y de otros ejemplos como el de la sociedad española que ha dado una muestra de valiente reconciliación con su pasado al poner en marcha la Ley de la Memoria Histórica aprobada por el Congreso de Diputados en octubre de 2007. Sin embargo, el gobierno de El Salvador, no ha reconocido que resulta imposible establecer el verdadero Estado de Derecho mientras las heridas del pasado permanezcan sin bálsamo y sutura. A pesar de ello, estamos seguros que la sociedad salvadoreña no admitirá ni se rendirá en su largo y difícil camino en busca de la verdad y la justicia.

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Estamos convencidos que las nuevas y futuras generaciones estarán orgullosas de haber heredado ese ideario de justicia que acabe para siempre el prolongado dolor que emana de su suelo -de este suelo salvadoreño-, como halo de cadáver justiciero. Roque Dalton nos previno: “Esos jóvenes… sin más edad que la esperanza,…preguntarán qué fuimos, quiénes con llamas puras les antecedieron, a quiénes maldecir con el recuerdo. Bien. Eso hacemos: custodiamos para ellos el tiempo que nos toca.” San Salvador, 05 de mayo de 2010. Juan José Dalton Cañas Jorge Dalton Cañas

Roque Dalton, Mauricio Funes y el tartufismo de la izquierda.
Por Aquiles

Julián
“Ciertamente, no sólo los fachas cometieron horrores en América Latina”. Roberto Bolaño

Si algo caracteriza a ese segmento político que se autocalifica como izquierda es la doble moral. Por un lado clama por lo que por el otro lado niega. Tiene verdugos favoritos, crímenes favoritos, tiranías favoritas. Y sobre todo, amnesia a conveniencia. De ahí proviene que carezcan de credibilidad: la incoherencia es patente. En países que fueron gobernados por feroces dictaduras militares tipificadas como “de derechas”, y en los que se cometieron crímenes imperdonables: torturas, desapariciones, asesinatos, palizas, etc., los “izquierdistas” claman por procesar y condenar a los implicados en aquellos abusos y desmanes. Y yo apoyo eso. La reciente condena en Argentina del terrorista Reynaldo Bignone, mandante de tropelías y crímenes incalificables es, al igual que cuando se somete a un octagenario o

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nonagenario verdugo nazi, un mensaje de que la sociedad, recobrada de la tiranía y el terrorismo de Estado, no será permisiva con quienes violentaron normas éticas y derechos ciudadanos fundamentales y universalmente aceptados y se involucraron en crímenes de lesa humanidad. Ahora, ¿qué sucedería si también se someten a los secuestradores, atracadores, terroristas de izquierdas que asesinaban, ponían bombas y cometían los mismos desafueros que los terroristas de derechas? Ahí ponen el grito en el cielo. Y es que hay muertos a los que vale la pena hacer justicia y otros que lo único que merecen es olvido. Hay hechos que penalizar y otros a los que echar tierra. Y con esa doble moral ¿cómo quieren ser tomados en serio? Un muerto incómodo es este poeta Roque Dalton, que tras 35 años de ser asesinado por sus propios “compas” se resiste a ser sepultado en el olvido. De hecho, emerge como un fantasma y acusa al actual gobierno salvadoreño del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, FMNL, formación política proveniente de la alianza guerrillera que intentó por las armas conquistar un poder que obtuvieron electoralmente por los votos en las pasadas elecciones, de garantizar impunidad y premiar a sus asesinos, algunos de ellos como Jorge Meléndez, director de Protección Civil, alto funcionario del gobierno que preside Mauricio Funes.

¿Qué significa “debate ideológico” según la izquierda?
El gusto por el eufemismo y el disimulo, por la mentira y el cinismo no es sólo típico de los bergantes de la “derecha”, también lo es de los no menos bergantes de la “izquierda”. Así, usted, yo, cualquiera caería en una trampa si a la expresión “debate ideológico” le suponemos discusión y contraste de ideas, posiciones y líneas de acción. No, en el lenguaje izquierdista significa simplemente eliminar físicamente al oponente. Y es que para los comunistas el argumento más contundente es un tiro en la nuca. Usted mata al que discrepa y luego explica que su posición fue derrotada en el debate ideológico. Veamos un poco qué podemos hilvanar del proceso en que un grupo de sus propios compas decidieron asesinar al poeta Roque Dalton y a un infeliz obrero que secundó sus ideas. Roque Dalton, poeta, narrador, ensayista, hijo del norteamericano Winnall Dalton y la enfermera María Josefa García, había sido encarcelado por sus actividades políticas en 1960 y, tras el derrocamiento del presidente José María Lemus, liberado en octubre de ese mismo año. Salió del país y vivió largas temporadas en México, Checoslovaquia y Cuba. Visitó la Unión Soviética y Corea del Norte. Y llegó un momento en que decidió regresar a El Salvador e integrarse a la lucha clandestina por imponer un gobierno

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totalitario en su país (sí, no democrático, no plural; una dictadura totalitaria, aunque moleste que se diga; el que haya sido víctima de sus propios conmilitones no lo exculpa del tipo de régimen que quería imponer a tiro limpio en El Salvador). Retorna a El Salvador el 24 de diciembre de 1973 por el aeropuerto de Ilopango con un pasaporte falso con el nombre de Julio Dreyfus, proporcionado probablemente por la Seguridad Cubana, ducha en esos menesteres, y se incorpora a una organización ultraizquierdista salvadoreña: el denominado Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP. La fama ganada por Dalton como escritor y sus relaciones con la intelectualidad de izquierdas: amigo de Julio Cortázar, Eduardo Galeano, Ernesto Cardenal, Mario Benedetti, Regis Debray, entre otros, generó celos dentro de los dirigentes de las bandas extremistas que en El Salvador se disputaban la dirección política de la izquierda, en muchas ocasiones a tiros. Uno de esos personajes, el “Comandante Marcial”, Salvador Cayetano Carpio, se dedicó a levantarle un chisme para desacreditar al recién llegado. Cayetano Carpio era celoso de su posición de primacía dentro de los grupos que formaban la “izquierda” salvadoreña. Según el “Comandante Marcial”, Roque Dalton tenía una historia oscura porque se había escapado del penal de Cojutepeque escarbando hoyos con una cucharita. Y agregó a sus insinuaciones que su organización, las llamadas “Fuerzas Populares de Liberación”, FPL, tenía seria desconfianza de Dalton. Otra acusación de Carpio a Dalton fue que se había entrevistado “con un agente de la CIA estadounidense”, según informó Eduardo Sancho, alias “comandante Fermán Cienfuegos”, uno de los implicados en el crimen de poeta salvadoreño. Roberto Bolaño, el novelista y ensayista chileno ya fallecido, vivió en El Salvador y conoció a los ejecutores de Dalton, quienes le proporcionaron información sobre el caso. En una entrevista aportó lo siguiente: “Discutieron durante todo el día, porque Roque Dalton se oponía al levantamiento armado y los comandantes decían que ya era la hora y que había que empezar la revolución. No llegaron a ningún acuerdo; Roque Dalton se fue a dormir, los comandantes siguieron discutiendo y dijeron: hay que matarlo.” Como el mismo implicado Joaquín Villalobos, uno de los participantes en el crimen, admitió: “indiscutiblemente no hubo juicio, aunque nosotros hayamos dicho que eso fue un juicio”. Fue un acuerdo para matar a mansalva a uno de los suyos. Y a eso llama el propio Joaquín Villalobos, que hace honor al lobo que hay en su apellido, caer “en circunstancias del debate ideológico en el seno del movimiento revolucionario”. ¿Hay alguna duda de qué significa para esos señores el “debate ideológico”? Un tiro es el mejor argumento para ganar una discusión, evidentemente.

14 Lo que se conoce del crimen en sí
Roque Dalton fue detenido por sus propios camaradas en abril del 1975, hace ya 35 años, junto al militante Armando Arteaga, alias “Pancho”, jefe del taller de explosivos del ERP, que apoyó la posición que sostuvo Dalton en su imprudente “debate ideológico” que costó a ambos la vida. Originalmente, la acusación hecha a Dalton y a Arteaga por dirigente del ERP Alejandro Rivas Mira, alias “Sebastián Urquilla”, fue incurrir en “faltas en la disciplina militar”. De ahí, Rivas Mira pasó a la “insubordinación” para luego derivar en la de “perturbar la insurrección”. Para agravar la situación de Dalton y Arteaga, añadió que Dalton era un “agente cubano” y simultáneamente un “agente de la CIA”, maravillas de la ubicuidad política que no sabemos cómo las justificó. Rivas Mira y Vladimir Rogel Umaña, alias “Carlos” o “El Vaquerito” proponen el fusilamiento de Roque Dalton y Armando Arteaga, un eufemismo por balazo en la nuca, pero ¿qué utilidad tiene para estos señores de la guerra la precisión semántica? Joaquín Villalobos se suma a la recomendación y vota por asesinar a Dalton. Hacen entonces, una simulación de juicio sumarísimo, en que Villalobos asume el papel de acusador y Eduardo Sancho de abogado defensor, un gusto por las formalidades para guardar las apariencias, datos que cuenta el mismo Eduardo Sancho en su libro testimonial “Crónicas entre los espejos”. Joaquín Villalobos aceptó que participó en la decisión y la comisión del asesinato de Dalton junto a Alejandro Rivas Mira, Jorge Meléndez, alias “comandante Jonás”, Vladimir Rogel Umaña as “El Vaquerito”, Alberto Sandoval, alias “Lito” y otro del que sólo se conoce su seudónimo: “Mateo”. Jorge Dalton, hijo del poeta, que junto a su hermano han ido reuniendo información sobre el asesinato de su padre, cuenta que Dalton “fue golpeado salvajemente durante los días previos a su asesinato. Sus verdugos entre ellos Villalobos sabían de antemano a quien asesinarían. Se jactaban diciéndole en cada golpiza que pronto acabarían con la vida de un “intelectual de mierda y pequeño burgués”, “en las filas de los revolucionarios no había cabida para semejantes traidores”. El 10 de mayo de 1975, fecha en que en El Salvador celebran el Día de las Madres, Vladimir Rogel Umaña, “El Vaquerito”, ejecuta la orden de asesinar a Dalton, detenido con Arteaga en una casa del barrio Santa Anita, en la capital San Salvador, y lo coloca de espaldas, frente a una pared, volándole la tapa de los sesos. “La sangre del poeta se esparció por todo el cuarto, la que hubo que limpiar por varios días seguidos, según me contó un testigo de los hechos.” Igual suerte corrió Armando Arteaga, alias “Pancho”.

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En su libro “En silencio tenía que ser. Testimonio del conflicto armado en El Salvador (1967-2000)”, su autor Carlos Eduardo Rico recrea los últimos instantes del poeta Roque Dalton antes de ser ejecutado por “El Vaquerito” Umaña: “… El día en que iban a ‘ajusticiarlos’, se dirigieron a la habitación donde estaba Roque y le dijeron: ‘Es hora que salgas al patio a tomar el sol’. ‘Sí, dicen que el sol cura el jiote’, se puso a reír y salió. Por la espalda lo asesinaron, le pegaron un sólo tiro entre la nuca y el occipital. Roque se derrumbó sin decir palabra.” En eso consistió el “fusilamiento”, una simple ejecución sumaria, típica de los gangsters y de los estalinistas de la KGB. Acto siguiente, empezó la acción descalificadora, el esfuerzo por justificar el crimen y presentarlo como un éxito frente al estupor de la misma izquierda latinoamericana. Un comunicado del autodenominado Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP informó del asesinato en los siguientes términos: “El Ejército Revolucionario del Pueblo fue objeto de infiltración enemiga por medio del salvadoreño Roque Dalton, quien militó durante algún tiempo en nuestra organización revolucionaria y quien estaba colaborando con los aparatos secretos del enemigo. La labor traidora que realizó Roque Dalton en el seno de nuestra organización costó a nuestra organización y a nuestro pueblo la vida de dos de sus mejores combatientes Armando y Mauricio y el fracaso de algunas acciones militares revolucionarias. Roque Dalton fue detectado, capturado y fusilado por las fuerzas del E.R.P. Existen innumerables pruebas de su labor traidora en el seno de nuestra organización.” Una versión distinta sobre el lugar del asesinato fue hecha pública por el escritor David Escobar Galindo, quien amplifica una versión que el chileno Jorge Salazar, miembro de la Misión de las Naciones Unidas para El Salvador, ONUSAL, en 1993, le brindó en torno a la suerte corrida por el poeta. Salazar indicó que según sus indagaciones Dalton fue asesinado en el lugar conocido como El Playón, a pocos metros de la carretera que une el peaje de Santa Ana con Quezaltepeque. “Los restos de ambos habrían sido semienterrados allí, atrayendo, en pocas horas, a los animales de la zona. Sus cadáveres fueron prácticamente devorados.” Aunque discrepan del lugar en que se verificó el crimen, los hijos de Dalton coinciden en que su investigación arroja que los restos de Dalton y Arteaga fueron semienterrados en El Playón.

La suerte posterior de los implicados en el asesinato de Roque Dalton.
Tras el asesinato de Dalton, el ERP se sumergió en una espiral de ajusticiamientos y condenas a muerte. Eduardo Sancho, el “defensor” de Roque Dalton en el mamotreto de juicio, junto a Lil Milagro Ramírez y otros se separaron del ERP y se ocultaron,

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fundando la organización Resistencia Nacional, RN, para evitar la orden de muerte que pesaba sobre ellos. En noviembre de 1976, Lil Milagro Ramírez fue detenida por agentes de la Guardia Nacional salvadoreña y asesinada en la cárcel en octubre del 1979, figurando oficialmente como “desaparecida”. El líder del ERP, Alejandro Rivas Mira, quien tenía un grueso prontuario de delitos entre secuestros, atracos y crímenes “para la revolución salvadoreña”, en 1977, tras cobrar el rescate del secuestro del empresario Roberto Poma, que murió en cautiverio, se alzó con buena parte de los fondos millonarios del ERP y hasta el sol de hoy. Como vemos, Alejandro Rivas Mira hizo su propia “revolución” y desde entonces no hay quien le vea la cara. Vladimir Rogel Umaña, “El Vaquerito”, ejecutor de Dalton, fue “ajusticiado” luego por sus propios conmilitones por las controversias que provocó la fuga de Rivas Mira con los millones acumulados por secuestros y atracos. En 1980, el ERP se alió con las Fuerzas Populares de Liberación, FPL, de Salvador Cayetano Carpio, la Resistencia Nacional, RN, de Eduardo Sancho, y el Partido Comunista Salvadoreño, PCS, dirigido por Schafik Jorge Handal, y formaron el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, FMNL, intensificando la guerra de guerrillas contra el gobierno salvadoreño. Salvador Cayetano Carpio, el “comandante Marcial”, quien fue el que lanzó las acusaciones que emplearon luego sus propios compañeros de causa para asesinar a Roque Dalton, llegó al extremo, según Schafik Jorge Handal, en su afán de mantener la hegemonía en el FMNL , de imponer incluso choques armados con otras fuerzas del mismo FMNL. Según Handal, Cayetano Carpio “tenía un plan mucho más ambicioso, también iba a suprimir a una serie de dirigentes del FMLN y de su propia organización.” Diferencias con otra dirigente de su misma secta política, la ex-dirigente de los maestros salvadoreños, Mélida Anaya Montes, alias “comandante Ana María” mostraron una vez más la cruenta faz de esa “izquierda”. Anaya Montes se había trasladado a Nicaragua en 1980, junto con otros miembros del Comando Central de las FPL. En 1983 las diferencias entre las posiciones de Anaya Montes y Salvador Cayetano Carpio se agudizaron. Carpio se sintió desafiado en su propia organización. Decidió hacer un viaje a Libia y luego llegar clandestinamente a El Salvador a promover sus puntos de vista políticos entre los dirigentes del FPL, a fin de revertir la tendencia en su secta de apoyar la posición de negociación promovida por Anaya Montes como salida al conflicto militar salvadoreño. Antes de irse de viaje, sostuvo en Managua, Nicaragua,

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varios encuentros con Rogelio Antonio Bazzaglia Recinos, alias “comandante Marcelo”. Según líderes del FPL en esos encuentros Cayetano Carpio ordenó a Bazzaglia el asesinato de Mélida Anaya Montes, otra muestra más de lo que significa “discusión ideológica” para la izquierda. Bazzaglia, que para entonces tenía 29 años de edad, reunió a un grupo de conmilitones de su confianza, entre ellos Julio Armando Sosa Orellana, alias “Efrén”; Santos Andrés Vásquez Molina, alias “Jacinto” y Walter Ernesto Elías, alias “Francisco” y les informó que “Ana María ya no es compa, ella planea desprestigiar la personalidad revolucionaria del comandante marcial y llevar al plano público las divergencias políticas internas”, ordenándoles asesinarla. Igualmente les informó que el personal de seguridad de Anaya Montes estaba al tanto y facilitarían la misión criminal y les ordenó evitar a toda costa hacer disparos. El 6 de abril del 1983 los asesinos llegaron a la vivienda en que residía Anaya Montes. La mujer, de 54 años de edad, dormía. Los tres sujetos sacaron de los pequeños bolsos que cargaban navajas y picahielos. Uno se abalanzó sobre la mujer, le sujetó la cabeza mientras le tapaba la boca. Otro le inmovilizó las piernas. El tercero le infirió 81 punzonazos con el picahielos. Luego la degollaron. Eran las dos y treinta de la madrugada. De inmediato, la comandancia general del FMLN y el gobierno sandinista acusaron a la Agencia Central de Inteligencia, la CIA, de haber cometido el crimen. A Cayetano Carpio le informaron telefónicamente del asesinato de la “comandante Ana María” y voló a Managua. En el sepelio de Mélida Anaya Montes aparecía el rostro sombrío del “comandante Marcial” junto a los comandantes sandinistas Tomás Borge y Daniel Ortega. Agentes del Ministerio del Interior sandinista apresaron el mismo día de los funerales a Rogelio Antonio Bazzaglia y ya el 12 de abril habían apresado a todos los participantes en el asesinato. Bazzaglia declaró que “su acción le había sido orientada por Salvador Cayetano Carpio”. El “comandante” de las FPL, “Leonel González”, nombre de guerra del actual vicepresidente de El Salvador, el señor Salvador Sánchez Cerén, recuerda que “El día que se suicidó, Marcial llegó y me planteó que (los sandinistas) le habían mostrado declaraciones de Marcelo (Bazzaglia) que lo comprometían (con el asesinato de Ana María). Le planteé que mejor se fuera hacia Cuba porque podía ser capturado. Marcial aceptó y pidió que le arregláramos el viaje…” Al irse González, Cayetano Carpio le pidió a su esposa que le preparara un par de huevos fritos. Mientras ella cocinaba, se encerró en su estudio, escribió dos cartas, una dirigida a las jefaturas del FPL y del FMNL y otra

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al “pueblo salvadoreño”. Luego cogió una pistola de cuatro bocas, regalo que le hizo el ex–dictador panameño Omar Torrijos, y se disparó en el corazón.

Funes, el desmemoriado
Jorge Luis Borges escribió una fábula de un hombre que nada olvidaba, que todo lo recordaba: Funes, el memorioso, un hombre que padece de hipermnesia. Pero el presidente Carlos Mauricio Funes Cartagena, de El Salvador, periodista, está en los antípodas: es Funes, el desmemoriado, el que no quiere darse cuenta, el que elude hacer justicia. Candidato electo por ese caldo de siglas que es el FMNL en las elecciones del 15 de marzo del 2009, Mauricio Funes asumió la presidencia de El Salvador el 1ro. de junio del 2009 y una de sus primera medidas fue nombrar a uno de los asesinos de Roque Dalton, al llamado “comandante Jonás”, Jorge Meléndez, como director de Protección Civil. A Dalton, 23 años después, le levantaron acta de defunción. Pero sus hijos desconocen el lugar donde descansan sus restos. Y no han recibido una palabra de arrepentimiento de quienes asesinaron a su padre. Los dos hijos que sobreviven de Roque Dalton, Juan José y Jorge Dalton, han demandado al presidente Mauricio Funes que cancele el nombramiento de Jorge Meléndez, pero el presidente Funes ni ha querido recibir a los hijos de Dalton ni tampoco ha obtemperado la petición, declarando que Meléndez se beneficia de la “presunción de inocencia” y que: “Cuando tenga que destituir a un funcionario lo haré o porque no es idóneo o porque (...) le he perdido la confianza”. Por otro lado Funes se dedicó a enaltecer la figura de Roque Dalton, aprovechando el 35 aniversario de su asesinato, acción que fue rechazada por los hijos de Dalton que desautorizaron al gobierno de Funes a hacer “uso absoluto de la imagen, el nombre, ni de la obra de Roque Dalton hasta que no repare esta incongruencia ética de tener a uno de sus asesinos en su Gobierno”. A la demanda de los hijos de Dalton, Funes ripostó que Dalton "es patrimonio del pueblo salvadoreño, no patrimonio de particulares". Por su parte, Jorge Meléndez hace cabriolas verbales para eludir su responsabilidad. Así observa que lo de Dalton no fue un asesinato, sino “un proceso político”. El retorcimiento y el eufemismo alcanzan en Meléndez niveles de delirio: “Bueno, en todo lo que usted llama asesinato está implicando un punto de vista, que al menos yo no lo

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comparto con usted. Estamos hablando de una situación de una guerrilla, donde se dio un proceso político y donde Roque Dalton fue muerto. Por asesino yo entiendo que una persona comete un acto contra otro, no sé por qué motivo y ahí estamos hablando de un proceso político. Yo no soy asesino de Roque Dalton, eso lo quiero dejar claro.” Jorge Meléndez, además, confiesa: “mi pensamiento y mis convicciones son de socialismo democrático”. Y para clarificarlo más, declara: “Yo soy miembro del Partido Social Demócrata”. ¡Imagínese usted el resto! Joaquín Villalobos, otro de los que decidieron el crimen y que confesó públicamente su responsabilidad, es actualmente consultor internacional en resolución de conflictos y asesora a los gobiernos de México y Colombia. Dalton escribió un poema: “Buscándome líos” cuyo tema es su primera reunión de célula comunista. Él creyó que el lío que se buscaba era con la derecha salvadoreña, pero el lío verdadero que se buscó fue con sus propios camaradas, los que clausuraron su obra poética con un certero tiro en la nuca. Y de paso también dieron fin a su divergencia ideológica.

Una historia prohibida de Roque Dalton
Parte I Por Miguel

Huezo Mixco

¿Qué hacer si sus peores enemigos son infinitamente mejores que usted? Eso no sería nada. El problema surge cuando los mejores amigos son peores que usted. Lo peor es tener sólo enemigos. No. Lo peor es tener sólo amigos. Pero, ¿quién es El Enemigo?

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¿Usted o sus enemigos? Hasta la vista, amigo. --- Roque Dalton. "Conversación tensa". Un libro levemente odioso. A Roque Dalton lo mataron a quemarropa. La leyenda dice que sus matadores, sin valor para mirarlo a los ojos, le inyectaron un somnífero antes de dispararle. También se dice que lo liquidaron de sorpresa: llegaron a su lado y de súbito le descargaron los tiros. Pasara lo que pasara en esa hora siniestra, aquella fue la última de las celadas que le tendió la vida. El sacrificio de Dalton estuvo en el génesis del nuevo poder que emergió entre combates guerrilleros y protestas sociales. Sus asesinos eran un pequeño grupo de conspiradores que con los años llegaría a ser una poderosa organización armada. Dos de los sobrevivientes de aquella célula estamparon su firma en el documento que puso fin a la más cruenta de las guerras libradas hasta ahora en El Salvador. La "muerte horrenda" de Dalton, como la llamó Julio Cortázar, levantó una exclamación de repudio en todo el mundo y le dio paso a su leyenda. Una leyenda que Dalton mismo, en vida, ayudó a alentar. Nació en 1935, único hijo de la enfermera María García y de Winnal Dalton, un tejano criado en la frontera con México, que hablaba el español como segunda lengua. Casi nadie sabe que aquella improbable relación entre dos personas provenientes de mundos sociales tan dispares tuvo como origen un altercado entre Winnal Dalton y el filántropo Benjamín Bloom. María García se encargó de curar de sus heridas a Mr. Dalton, y este le hizo la corte . El niño fue inscrito con el nombre de Roque Antonio García. Roque fue calzado con el apellido que su padre no quiso darle, y más tarde con las botas de una leyenda, la de los hermanos Dalton, forajidos y fabricantes de mal whisky, que en el último cuarto del siglo XIX sembraron el terror en Arizona. No existen pruebas de parentela alguna entre el poeta y aquellos malhechores, pero con ellos Dalton se construyó una aureola de pendenciero que lo seguiría hasta el fin de sus días. Aquel hombre que por periodos fue devastado por el alcohol, lector voraz, proverbial mujeriego e iconoclasta capaz de imprudencias relevantes ha llegado a ser un icono incuestionable. Algunos no sólo tienen el justo interés en lavar su memoria sino también el menos recto propósito de entronizarlo como una figura moral que le otorgaría infalibilidad a sus propios juicios políticos y estéticos. La poesía de Dalton es inseparable de su vida, y su vida de sus opciones políticas. Sin embargo, una de esas partes --la política-- ha predominado por encima de las demás. Uno de sus resultados ha sido, como ya lo señaló Rafael Lara Martínez, una "invención

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editorial" que privilegia la imagen de Dalton-guerrillero. Cabe preguntarnos por la sinceridad con que han actuado los constructores de su prestigio como guerrillero. Cuando lo mataron tenía cuarenta años de edad. Aunque sus declaraciones de apoyo a la lucha armada comenzaron a conocerse a finales de los años 60, Dalton efectivamente tomó las armas en los dos últimos años de su vida. En varios momentos recibió instrucción militar, como muchos de los escritores de su generación, cuando en la década de los sesenta el PC salvadoreño contempló la veleidad de organizar un frente armado. Dalton se reía repetidamente de la voluntad combativa de la nomenclatura comunista de aquellos años. En uno de sus poemas, desdoblado en un burócrata, afirma: "Estamos por la lucha armada/ pero en contra de comenzarla". En efecto, después de recibir una ducha de rigores en algún campamento de Cuba, los conjurados regresaban a San Salvador a hacer "una vida entre militante y bohemia" , a la espera del llamado al combate. Algunos fueron adiestrados hasta en el manejo de tanques, lo que le otorgaría a la instrucción ribetes cómicos. Una noche en La Habana Julio Cortázar presenció una discusión de Dalton con Fidel Castro sobre un problema de utilización eficaz de quién sabe qué arma. Una metralleta invisible pasaba de las manos del uno a las del otro. "Las diferencias entre el corpachón de Fidel y la figura esmirriada y flexible de Roque nos causaba un regocijo infinito", recuerda Cortázar. Dalton no tendría ocasión de poner en práctica sus supuestas habilidades. Es poco probable que alguna vez haya entrado en combate. No estoy poniendo en duda su coraje y determinación, pero Dalton no fue exactamente el prototipo de un soldado, aunque, después de todo, fue el que llegó más lejos entre todos los poetas de su generación, que le cantaron a la revolución con la metralleta invisible bien guardada en sus armarios. La imagen que tenemos de él ha sido en parte construida en el fértil terreno de la fantasía y en el más fangoso de los intereses políticos. He aquí una historia para probarlo: la ruptura de Dalton con Casa de las Américas, en Cuba, y la manera en que se ha relacionado este hecho con su propia decisión de incorporarse a la guerrilla salvadoreña, es una muestra de la imaginación y el lodo que se ha vertido sobre su nombre. Abandonar la casa De todos los libros de Dalton, el más celebrado y el que tiene un olor más provinciano es Las historias prohibidas del pulgarcito (México, 1974). Es la quintaesencia de su estilo lúdico y experimental. Como su título lo proclama, el libro sacó a la luz episodios que la historia oficial salvadoreña había ocultado. El "caso Dalton" podría engrosar ahora el volumen como una "nueva historia prohibida". Al final del libro, a guisa de colofón, uno se encuentra con un poema que dice: "Yo volveré yo volveré no a llevarte la paz sino el ojo del lince

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el olfato del podenco amor mío con himno nacional". Cuando este poema comenzó a circular en su país, Dalton había cumplido su promesa. Unos meses antes había ingresado "a la soleada caverna" de la vida en la capital salvadoreña para incorporarse al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Con papeles falsos y una nueva apariencia, ingresó por la terminal aérea de Ilopango exactamente el día de Navidad de 1973. Uno de los periódicos del día informaba de la exitosa producción de granos básicos de ese año. Para su actividad clandestina Dalton escogió un nuevo nombre: Julio Dreyfus, tomando el apellido del célebre oficial acusado de traición --y luego rehabilitado por la justicia francesa. Pasó la Nochebuena en los alrededores del centro de San Salvador, en la casa de seguridad de la mujer que se convertiría en la compañera de sus últimos meses de vida, la guerrillera Lil Milagro Ramírez. De alguna manera, el rumor sobre su regreso se esparció entre algunos de sus conocidos. La leyenda, pues, había vuelto. Ahora sí, el empuje revolucionario sería inevitable. Como diría más tarde un poema de Alfonso Quijada Urías, era "el retorno de Gulliver" al país de los enanos. Era el de mayor edad dentro del grupo. Se le conocía como "el tío Julio". No existen muchos testimonios directos sobre la actividad que desplegó, pero todo indica que el agua salada de la vida clandestina no era exactamente el ambiente para un pez como Dalton. Eduardo Sancho, quien fue jefe político del poeta y el único del grupo de dirección del ERP que se opuso a su asesinato, lo recuerda como un activista incansable. Realizó trabajos organizativos, participó en acciones de propaganda (como realizar pintadas con aerosol en las paredes) y redactó folletos de análisis político. Al mismo tiempo escribía los borradores de sus Poemas clandestinos. No es posible saber cuáles eran sus planes, pero el libro estaba destinado a la propaganda inmediata. Aunque en sus composiciones usó cuatro nombres falsos, el tono, el estilo y la voz eran los suyos. Casi nadie que hubiera leído sus poemas se habría tragado la paja de que los autores eran una obrera textil, un joven dirigente católico y tres estudiantes universitarios. Nicolás Guillen ha comparado al Dalton de este libro con Fernando Pessoa, pero me atrevo a pensar que los desdoblamientos del portugués sólo le sirvieron como coartada al novato luchador clandestino que a ratos se veía dominado por su ego poético. Si hemos de creer en la fatalidad --y a veces no hay remedio--, su partida de Cuba estuvo marcada con una cruz de ceniza. Antes de volver a El Salvador el poeta se sometió a una operación estética facial que estuvo a cargo del mismo equipo que preparó el ingreso del Che Guevara a Bolivia. La coincidencia no deja de ser estremecedora, pero no hay nada de extraño en que un mismo equipo se encargara de misiones tan confidenciales. Seguramente, habrán mandado a muchos al sacrificio. El detalle revela, sin embargo, que Dalton todavía gozaba del apoyo de un sector del Partido cubano, porque en realidad su situación en la isla había atravesado por un momento muy difícil. Tres años antes había renunciado a sus cargos en Casa de las Américas mediante una carta dirigida a Roberto Fernández Retamar.

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Esta carta, publicada por primera vez en el número 200 de Casa, ha sido rodeada con un halo romántico. Se ha querido presentarla como la despedida de un amigo que deja la máxima institución cultural cubana para abrazar la causa guerrillera. Luis Alvarenga, biógrafo de Dalton, anota: "Dalton está decidido a integrarse a la lucha armada en El Salvador. Decide renunciar al Comité de Colaboración de Casa de las Américas y así se lo comunica a Roberto Fernández Retamar en carta fechada el 20 de julio de 1970" . La primera biografía del poeta, publicada veintisiete años después de su asesinato, todavía se mueve a merced del oleaje de la leyenda. El trasfondo de esa carta ahora está iluminado por la existencia de otra carta de Dalton , que ha permanecido inédita, dirigida a la Dirección del Partido Comunista de Cuba un mes después de la primera, el 7 de agosto de ese mismo año. Dicha carta de diecisiete folios, sin numeración, expone de manera precisa los motivos que llevaron a Dalton a renunciar como trabajador de Casa de las Américas y miembro del Comité de Colaboración de la revista. La escribió cuando los rumores sobre su "traición" a Cuba lo obligaron a romper el silencio. Una cosa es clara: la renuncia no tuvo relación directa con la decisión de Dalton de regresar a El Salvador, aunque posiblemente sí precipitó la manera en que lo hizo. Nadie puede dudar que la idea de regresar a su país, no de vacaciones sino a luchar, estuvo intermitentemente en la cabeza del poeta. Lo anunció, lo proclamó, lo repitió cuanta vez pudo. Pero para un internacionalista, como Dalton se consideraba a sí mismo, la decisión de luchar no tenía por qué tener a El Salvador como único destino. En la carta de agosto, en ningún momento habla de volver a su país. Cuando se describe como "un militante revolucionario que sólo temporalmente reside en Cuba y que debe preparar diversas condiciones para su participación futura en la actividad concreta en América Latina" , confirma lo que sabemos por diversas fuentes: que Dalton intentó sin éxito incorporarse también a "la actividad concreta" en otros dos países centroamericanos, Guatemala y Nicaragua. Dalton había llegado a ser uno de los mimados de Casa. Su relación venía desde el año 1962, cuando su libro El turno del ofendido obtuvo una mención en el Premio de ese año y posteriormente fue publicado. Dalton volvió en 1963 a El Salvador. En el año 1964 fue capturado e internado en el centro de detención de Cojutepeque, ubicado al oriente de la capital. Su salida de este penal ha estado bañada con la luz de la leyenda. Dalton siempre dijo que se había fugado del penal. Aquella espectacular escapada está contada en su novela Pobrecito poeta que era yo. En la obra, Dalton cuenta de su encuentro con un agente de la CIA en la casa de un alto funcionario del gobierno militar. Al año siguiente, el Partido lo envió a Checoslovaquia como su representante en la Revista Internacional. Dalton ya había tenido algunas desavenencias con la dirección del PC, por el carácter de sus críticas a la política del partido y también por sus repetidas crisis alcohólicas. Algunos se han empeñado en desmentir sus borracheras, pero Dalton mismo, casi con fascinación, se encargó de retratarse bajo los efectos del alcohol, reconociéndose en un texto de Raymond Chandler, como "Horrible. Brillante, duro y cruel". Alguna vez el propio Secretario General, el obrero Salvador Cayetano Carpio, se encargó

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personalmente de reconvenirlo para que asumiera sus responsabilidades, a lo que Dalton habría respondido con una autocrítica. Existe el rumor de que en el partido se rieron de la ingenuidad de Carpio. Praga fue, según algunos, una especie de exilio dorado. Pudo dedicarse a escribir, crear y armar la estructura de poemas que dio origen al libro mayor de su obra literaria: Taberna y otros lugares. El poemario tiene como marco el mundo cosmopolita de la capital checa y en especial la taberna U Flekú, una maltería y fábrica de cerveza oscura que parroquianos provenientes de todos los rincones del mundo consumen en medio de música de polkas. Un buen día, Dalton recibió una carta de Roberto Fernández Retamar, quien le invitaba a formar parte del Comité de Colaboración de la revista Casa. Por el prestigio de la publicación y la composición de su plantilla de colaboradores, la invitación consolidaba su reputación como escritor y revolucionario. La colaboración se intensificó; cuando Dalton regresó a Cuba, en 1968, tuvo una espléndida acogida. Los cubanos le dieron condiciones para que se volcara de lleno a sus actividades literarias; trabajó en al menos siete libros suyos, al tiempo que participaba en paneles, recitales, coloquios y escribía para las principales revistas cubanas del momento. Pero en medio de aquella vigorosa actividad Casa de las Américas vivía una hora difícil. Las conocidas críticas y las diferencias por parte de algunos escritores e intelectuales latinoamericanos respecto del gobierno de Castro, habían comenzado a hacerse públicas. "De los catorce miembros del Comité original", detalla Dalton, "hay que decir que seis... [habían] variado en sus posiciones o presentado puntos de vista conflictivos" frente a la visión sobre arte y literatura que sostenía la plana mayor de la institución cultural. En estos conflictos participaron también autores cubanos, lo que provocó numerosas asperezas entre el régimen y los artistas. Estaba iniciando lo que Ambrosio Fornet llamaría "el quinquenio gris" de la cultura cubana. En medio de ese caldo, Casa de las Américas convocó al Premio correspondiente al año 1970, invitando como jurados a un grupo de escritores, sociólogos y académicos extranjeros. La convocatoria, como cuenta Dalton, fue acompañada de una intensa jornada de preparación política. Los cubanos veían con sospecha a la representación peruana (encabezada por el Rector de la Universidad de San Marcos) y a un grupo "potencialmente conflictivo" que tenía a la cabeza al poeta Ernesto Cardenal, integrante del jurado de poesía. Una de las principales misiones de Dalton fue ganarse la confianza del nicaragüense. Como se lee en la carta, Fernández Retamar le habría dicho que contaba con él como un "hombre de confianza" de la Revolución. Fue el Caballo de Troya de aquel jurado. Las cosas comenzaron a complicarse muy pronto. Algunos de los jurados plantearon la necesidad de que se les dejara tomar contacto directo, sin mediaciones, con la realidad

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del país. Los jefes de Casa no parecían dispuestos. Dalton, que se encontraba mezclado con los jurados y les servía como una especie de enlace con la institución, observó que una parte de las quejas y dudas confluían sobre él. "Yo me sentía entre varios fuegos", se lamenta. "Las cosas no eran explicadas ni tampoco cambiaban", dando lugar a tensiones y, en su caso personal, dice, "a un verdadero desconcierto". Cuando terminó su actividad como jurado, Dalton se quedó en La Habana y no participó en las giras por el interior del país que les habían preparado a los visitantes. Días más tarde, no sin desasosiego, pudo constatar que los jurados volvían con los ánimos caldeados, especialmente Cardenal, a quien miraban con recelo. Si un heterodoxo como Dalton fue capaz de considerar "anormal" la petición de Cardenal de conversar con seminaristas católicos, "negativas" sus preocupaciones por la suerte de los homosexuales, y hasta de contemplar la posibilidad de que el cura fuera un agente de la CIA "navegando con bandera de bobo", ¿qué podía esperarse de los duros? Los hechos en torno a Cardenal son interesantes de seguir porque, como veremos, si bien no fue el único que estuvo en la mira en aquel año 1970 en La Habana, su conducta se convertiría en el principal detonante de la renuncia de Dalton. Cardenal se reunió también con el poeta Heberto Padilla, que ya había causado una primera conmoción internacional en contra del gobierno cubano. Por si fuera poco, recibió también un telegrama del arzobispo nicaragüense Miguel Obando y Bravo. El obispo le pedía que interviniera a favor del preso político Chester Lacayo. Cardenal accedió, pero a cambió le pidió al obispo que intercediera ante Somoza por los presos políticos del FSLN. La inquietud de Dalton es característica: "Detrás del Arzobispo de Nicaragua está la CIA. ¿Cuál es el papel de Cardenal en esto?". La mecha se encendió durante un almuerzo donde estuvieron presentes tres poetas que han llegado a ser emblemas de rebeldía: Mario Benedetti, Ernesto Cardenal y Roque Dalton. En la comida, Cardenal lanzó fuego graneado sobre Benedetti pidiéndole explicaciones, formulando críticas y reclamando que por fin se le dejara hablar con campesinos. En ese momento, Dalton apoyó a Cardenal. El ataque en dos flancos alteró al uruguayo. Los tres se levantaron de la mesa con el estómago revuelto. Más tarde, Benedetti sostuvo que Dalton se había portado con él de manera insolente. En su carta, Dalton le replicó con una bufonada: "...no somos señoritas de un colegio de monjas". Pero aquel fue solamente el primer round. Horas, o a lo sumo días más tarde, en un cóctel ofrecido a Cardenal, Dalton volvió con el tema de su desacuerdo por la manera en que se estaban manejando las cosas con los invitados internacionales. Esta vez tuvo que enfrentar la ira del propio Director. En medio de una conversación tensa, Fernández Retamar le advirtió que ya sabía que andaba "hablando basura", y remató diciéndole: "Roque, en último caso somos nosotros quienes invitamos a los jurados extranjeros y somos nosotros los que sabemos qué hacer con ellos". Aquella frase, proveniente de su "mejor amigo cubano", dice, "no me dejaba otra alternativa [que la de] retirarme del trabajo de Casa". Las cosas no terminaron allí. Entre dos rones, Dalton insultó a Fernández Retamar. Dalton tuvo tiempo de lamentar aquel error, pero su destino en la más respetada institución cultural cubana estaba sellado. El ambiente en su derredor se hizo frío. En

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vista de los hechos, Dalton presentó dos cartas de renuncia, una de ellas, la del 20 de julio, dirigida a Retamar, y otra a Haydée Santamaría, sin dar explicaciones de sus motivaciones, pensando que le iban a ser pedidas expresamente. Pero esto no ocurrió. "... Retamar hizo retirar mi nombre de la lista del Comité antes de dos horas después de leer mi nota". En medio del crispado clima político de ese momento, Dalton temió que su renuncia fuera tomada como una maniobra "destinada a causar daño a Casa ". Comenzaron a circular rumores en su contra, algunos graves. Genoveva Daniel, una funcionaria de la institución, habría dicho públicamente de Dalton que ya "no se sabía si todavía era revolucionario o no". Entonces se decidió a escribir una nueva carta, esta vez al todopoderoso Comité Central del partido, en la cual insistió: "Yo renuncié de Casa, repito, porque se me dijo en otras palabras que no siguiera metiéndome en asuntos que no eran de mi incumbencia". Las cosas ya no volvieron a ser como antes. De Casa de las Américas pasó a la agencia Prensa Latina, alternando sus viajes con la redacción de sus libros. Dalton siguió escribiendo para la revista, pero para entonces ya era un preso de su futuro. En sus poemas, frecuentemente pringados de sentencias, hay una que dice: "La política se hace jugándose la vida o no se habla de ella". Dalton no parecía dispuesto a que el recuerdo de ese verso se convirtiera en una voz burlona. Su nariz apuntaba fuera de Cuba. Ese mismo año se habían fundado en su país natal las FPL. Carpio había renunciado a la Secretaría General del PC salvadoreño y entrado a la clandestinidad, donde sería conocido como "Marcial". En algún momento, Dalton y Carpio se encontraron en París, cerca de Pigalle, en el pequeño apartamento del poeta Roberto Armijo. En esa ocasión Dalton le pidió a su ex jefe que le hiciera sitio dentro de su organización. Según Claribel Alegría, le habría respondido que su lugar era como "poeta y escritor marxista y no como un combatiente". Detrás de ese lenguaje diplomático es fácil adivinar que Marcial no quería volver a pasar por las sesiones de "autocrítica" de Dalton. No está claro si buscó incorporarse al guatemalteco EGP y al FSLN, antes o después de aquella reunión. Lo cierto es que no tuvo éxito. Luego, La Habana le facilitó un encuentro con un tipo que tenía toda la "pinta de un revolucionario de almanaque" (según lo recuerda Sancho). Era Alejandro Rivas Mira, el primero en la jefatura del ERP, un grupo armado que recién debutaba en la escena salvadoreña. "Sebastián", como se le conoció en la clandestinidad, a pesar de su juventud ya tenía una aureola. Era un estudioso del marxismo y había estado en París en 1968. Quienes lo conocieron aseguran que tenía una personalidad de gran magnetismo y un humor corrosivo. Con este comandante subió a bordo. "Otra jugarreta de la locura y perdería mi puesto de centinela formidable

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cayendo como la lengua de un ahorcado hasta una jaula de lobos frágiles" Parte II De vuelta a Casa La historia que sigue es más conocida: su regreso y asesinato. Y lo que no se sabe, o se sabe a medias sobre el crimen, ha hecho más espeso el humo de la leyenda. Ahora sabemos que su retorno a El Salvador también está ligado a sus conflictos en Cuba. Ahora, también, podemos imaginar los apremios personales de Dalton en ese proceso que lo llevó directamente a las manos de sus homicidas. Por alguna razón, los veloces acontecimientos que terminaron con su asesinato son llamados con frecuencia como "el juicio de Dalton". Sancho mismo, en sus notas autobiográficas, habla de la existencia de un "juicio sumario". "El juicio" es otra de esas construcciones de fantasía y lodo. Como si se tratara de un episodio de Perry Mason, se dice que el poeta estuvo "bajo arresto", en custodia de una "unidad militar". También se habla de la presentación de "cargos", tales como fotografías en las que aparecía al lado de un agente doble de la CIA, e inclusive de que un capítulo de su novela Pobrecito poeta que era yo, probaba su culpabilidad. Se habla también de la existencia de un "defensor", Eduardo Sancho, que habría tratado de salvar a "Dreyfus". Y se habla de una "condena" y una "ejecución". Todo este tribunal imaginario ha sido construido por sus asesinos y, paradójicamente, por sus mismos admiradores. Es terrible pensar que aquel defensor de sindicalistas en sus años juveniles, terminara en medio de semejante "tribunal". En realidad, la manera en que las cosas ocurrieron está muy lejos de un juicio y más cerca del tipo de intrigas retratadas en Historia de Mayta de Vargas Llosa. ¿Conoceremos algún día la verdad? Quién sabe. Lo que sí podemos establecer ahora es que las decisiones fueron fruto de deliberaciones apegadas a códigos trastornados, cualesquiera que estos fueran. Como ya hemos referido, Dalton entró a El Salvador a finales de 1973. Diversos testimonios coinciden en señalar que su incorporación al grupo guerrillero fue producto de un acuerdo patrocinado por Cuba. El "tío Julio" fue nombrado asesor de la dirección guerrillera. De acuerdo con Sancho, la fatalidad se cebó sobre Dalton por una falta de disciplina. Dalton con otro de sus compañeros habían ido a impartir entrenamiento a un grupo de obreros. Las normas establecían que una vez cumplida la misión las armas debían volver a un local de seguridad; pero Dalton no apareció. La excusa de Dalton parece creíble: el ejercicio terminó más tarde de lo que se esperaba ya que tuvo lugar en una zona boscosa al oriente de San Salvador. El jefe de Operaciones, que respondía al nombre de Vladimir Rogel , ordenó que se le detuviera por dos días. El hecho puso en marcha un plan urdido por el mismo personaje que se encargó de traerlo a El Salvador. Sancho asegura que Rivas Mira se resistía al debate sobre concepciones y estrategias, y que veía en Dalton una sombra para su estilo caudillista de dirigir y manipular al grupo de conjurados. Otra versión, que ya ha motivado una narración de Horacio Castellanos Moya, asegura que en el asesinato hubo motivos pasionales (Dalton le habría quitado la

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mujer al número uno de la célula clandestina). La versión oficial del ERP asegura que darle muerte a Dalton fue "un error político-ideológico" de la jefatura de ese momento. La triste historia de su muerte, todavía llena de vacíos e inexactitudes, ahora tiene elementos nuevos; algunos provienen del texto del ex comandante Eduardo Sancho. Según esta versión, la jefatura guerrillera veía inminente un levantamiento popular en el que tendría destacada participación un sector de militares del ejército gubernamental. En ese clima delirante, la "falta leve" de Dalton se convirtió en una falta grave: insubordinación. Luego, se añadieron dos acusaciones. La primera, que era un agente cubano. Roque, dice Sancho, había "dicho en broma, en sus conversaciones... que [había] trabajado para la seguridad cubana... [y] eso fue tomado como prueba". Dalton, entre tanto, permanecía en la casa de su novia, Lil Milagro Ramírez. Cuando Sancho le contó sobre la acusación de que era un agente cubano, Roque "sólo se pone a reír". Y añade: "Es posible que él no viera con amplitud lo que se movía en cada acontecimiento". La segunda consistió en acusarlo de ser un agente de la CIA. El testimonio de Sancho añade un hecho nuevo: En 1973, cuando las organizaciones armadas FPL y ERP iniciaron un proceso de acercamiento, Rivas Mira habría llevado a uno de sus encuentros el informe de que Dalton estaba por ingresar al país. En respuesta al informe, Cayetano Carpio, en presencia de Sancho y otros, expresó reservas sobre Dalton. "Sus reservas consisten en la información [de] que disponía el Partido Comunista que afirmaba sin pruebas que Roque después de estar preso y salir de la cárcel de Cojutepeque [en 1964], tuvo un contacto en un hotel con la CIA, con la embajada [de Estados Unidos]", y que Dalton nunca pudo explicar ese contacto. Aunque aceptemos que Carpio no tenía interés en contar con Dalton en las entrañas del recién formado aparato clandestino, no deja de ser sorprendente que lo lanzara por el tubo con una acusación tan grave y peligrosa --pero que tampoco era infrecuente. El mote de ser "agente de la CIA" fue, y sigue siendo, usado de manera muy liberal en el lenguaje de izquierdas. En aquel fatídico mes de abril de 1975, cuando la expresión se trajo a cuentas, Sancho pensó en buscarlo pero Carpio "se encontraba en ese momento fuera del país por lo que no se le [pudo] ver como testigo principal", asegura. Existe todavía otro elemento más del que poco se habla. A principios de 1975, Dalton viajó a México enviado por la organización. Como narran diversos testimonios, sin dar explicaciones se desapareció de la vista de sus propios compañeros por espacio de varios días, quizás una semana. Aunque se ha especulado sobre la posibilidad de que haya ido a la casa del exiliado salvadoreño Abel Cuenca, que era un sitio de peregrinaje para muchos revolucionarios, Dalton no paró allí. Desenchufado de la organización, se hospedó en una casa de la Colonia del Valle, en la calle Miguel Laurent. Esta desaparición también fue abonada a la cuenta de la desconfianza. En este punto es necesario subrayar que el "proceso" contra Dalton se produjo en medio de una división, que ya era un hecho, dentro del ERP. A principios de 1975, un sector de dicha organización (que luego sería conocido como la Resistencia Nacional, RN) tenía montada una estructura clandestina paralela, la cual, en definitiva, les salvó la vida a

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Sancho y a Lil Milagro Ramírez (posteriormente, ella fue asesinada en cautiverio por la Guardia Nacional). Un ex combatiente, al que llamaremos "T", que vivió de cerca los hechos y que ha preferido mantener su testimonio en el anonimato, asegura que en ese momento en la organización guerrillera menudearon los trinquetes y las zancadillas recíprocas. En ese clima peligroso, dice, Dalton "jugó con las circunstancias" como "una mariposa revoloteando alrededor de una vela", tomando partido al lado de una de las tendencias y escalando posiciones dentro del aparato clandestino. De ser así, las acusaciones contra Dalton no estaban dirigidas sólo contra su persona; también tenían la intención de aleccionar a la tendencia con la cual se había identificado. Se convirtió, pues, en una víctima propicia dentro de la pugna. No en la única, por cierto. Los eventos relacionados con Dalton sin duda precipitaron la inevitable división del ERP. Cuando el asesinato era inminente, Sancho toma la decisión de consumar la separación y salvar su propia vida. En los últimos días de abril, Sancho y Lil Milagro hablan con Dalton y le proponen la fuga. Entonces ocurre un hecho trascendental: "Roque no acepta... dice que confía en los compañeros". Sancho recuerda: "Desde ese momento perdimos su voz, su semblante de preocupación, cierta sonrisa de aflicción, de incredulidad de lo que ocurre". No volverían a verlo. El 1 de mayo, Sancho y Lil Milagro se desenchufan del ERP y se refugian en su retaguardia secreta. La historia de ese periodo de venganzas está todavía por contarse. En lo que respecta a Dalton, según Sancho, en una fecha no precisada fue sacado por sus captores de la casa de la colonia Málaga, próxima al barrio Santa Anita, y llevado hacia otro lugar donde, el 10 de mayo, lo mata "de sorpresa" una "unidad militar". ¿Quiénes decidieron sobre la suerte de Dalton? Según Sancho, la decisión estuvo entre cuatro personas. Tres de ellas --Alejandro Rivas Mira, Vladimir Rogel y Joaquín Villalobos-- se decidieron por darle muerte. Sancho, como se ha dicho, se opuso. La versión de Villalobos, reproducida en una entrevista con Juan José Dalton, el segundo de los tres hijos del poeta, publicada en Excélsior en 1992, es ligeramente distinta: asegura que fueron seis hombres, incluido él mismo, los que decidieron matarlo: Rivas Mira, Jorge Meléndez, Vladimir Rogel, Jorge Alberto Sandoval y Mateo (aunque Villalobos no lo recordó en la entrevista, su nombre era Mario Vigil, un estudiante de Artes)Lo que sigue, es parte de la historia conocida: Su cuerpo fue llevado hasta la zona de lava del volcán, en Quezaltepeque, al norte de la capital, un botadero de cadáveres de opositores a los militares salvadoreños. Los restos de Dalton nunca aparecieron. Aparentemente, fue devorado por perros y aves de rapiña[ii]. Para "T", esa historia es otro embuste: Le parece ridículo que un grupo de "aspirantes a guerrilleros urbanos, más asustados que valientes", atravesara la ciudad con un cadáver. "T" escuchó que Dalton fue llevado a una casa rodeada de fincas en los alrededores de Montserrat, bastante cerca de Santa Anita, donde fue muerto y sepultado. Esos son los hechos en trazos gruesos, pero el conjunto de la historia sigue en secreto y probablemente seguirá así por largo tiempo. Con todo, nada hay que contradiga que el "juicio" contra Dalton

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fue una decisión tomada con los procedimientos imperantes en la carnicería de Tony Soprano. ¿Quién asesinó a Dalton? Los testigos directos de aquel crimen siguen fieles a un pacto de silencio. En los últimos años, la familia de Dalton ha señalado repetidamente a Villalobos como autor material del crimen. La acusación se basa en una conversación sostenida en La Habana, en 1979, entre la familia del poeta y disidentes del ERP, entre ellos Eduardo Sancho. De acuerdo con el testimonio de Juan José Dalton, en aquella oportunidad se les reveló que "Villalobos había sido el encargado de disparar contra mi padre"[iii]. Años más tarde, Sancho exoneró públicamente a Villalobos y cargó con la responsabilidad única a Rivas Mira.< Contra lo que muchos profetizaron en el ya remoto año 1975, el ERP, con el cadáver de Dalton a cuestas, llegó a convertirse en una poderosa organización. A lo largo de la guerra civil salvadoreña, los reproches contra su dirigencia provinieron casi exclusivamente de escritores y artistas. El ERP tuvo ocasión de revisar su conducta en el caso Dalton. Como resultado, emitió un documento que, entre otras cosas, decía: "Convirtiendo a Dalton en un 'revolucionario' de 'grandes cualidades', faltando a la verdad sobre su papel en el proceso revolucionario salvadoreño y sublimando su efímera militancia; [los escritores y artistas] piensan colocarse ellos como sector a través de la bandera de Dalton, poeta y escritor, ya que es esto lo que vuelve importante su muerte y lo convierte en el héroe cuando la verdad es que fue víctima y hechor de su propia muerte". Aunque las paradojas no terminan allí: El ERP contó entre su militancia al distinguido poeta Roberto Armijo, miembro de la generación de Dalton; en París, durante la guerra, Armijo tuvo ascendencia entre políticos, escritores e intelectuales latinoamericanos y europeos; su dirigencia también gozó de simpatía en las oficinas del Ministerio del Interior cubano, que, junto con el aparato cultural, constituían "el vínculo más importante entre la Revolución Cubana y la izquierda latinoamericana"[iv]. Era un secreto a voces que los cubanos "favorecieron casi sistemáticamente al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en buena parte por el encandilamiara el prestigio del icono como para el de sus patrocinadores. "Lo peor es tener sólo enemigos. No. Lo peor es tener sólo amigos..." Mirando en retrospectiva sus desavenencias con su propio partido, los acontecimientos de 1970 en La Habana, y su encuentro fatal con el ERP, la construcción romántica obligaría a la conclusión de que esos incidentes fueron resultados de su espíritu crítico y anti solemne. Ese Dalton es verdadero, pero no es completo. No creo faltar a la verdad si subrayo que Dalton también fue capaz de actitudes solemnes y hasta reprobables. Tenía habilidad no sólo para el sarcasmo. Una parte de su poemario Los testimonios, de 1964, está dedicada "A mi Partido", un homenaje que parece más cerca de la zalamería que del fervor revolucionario. En ese mismo libro, al lado de los héroes históricos sacrificados, aparece Cayetano Carpio, a la sazón Casi diez años después del asesinato de Dalton, Carpio resultó señalado como parte intelectual del repugnante crimen en Managua de Mélida Anaya Montes, la segunda al mando de su organización. Las FPL y la dirigencia del FSLN culparon del

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asesinato... a la CIA. Muy pronto, las pesquisas del aparato de seguridad cubanonicaragüense develaron que más bien era resultado de una lucha intestina. En aquella ocasión, los cubanos prácticamente sacaron de un cajón una pistola que le había regalado Omar Torrijos y se la dieron a Carpio para que se suicidara[vii]. Pocos años después, en otra de esas nuevas historias prohibidas, la paranoica dirección La posibilidad de que un buen día un matón se convierta en un miembro prominente de la sociedad, es sólo concebible en el terreno de lo político. Algo como esto hemos presenciado, atónitos, en la realidad salvadoreña de posguerra. Es posible, entonces, que la fuerza del mito de Dalton esté asociada a la necesidad de contar con una elite moral que se enfrente al relativismo predicado por la política cotidiana. Siendo Dalton parte de esa elite, los albañiles de su prestigio, desde quienes lo presentan como un guerrillero ejemplar hasta quienes lo retratan como un ser pintoresco, hemos banalizado sus zonas oscuras y exaltando las virtudes que demandó un momento: el de la lucha revolucionaria. Se trata, sin embargo, de un esfuerzo que pone a Dalton a pelear en desventaja: No tiene ni la astucia ni el pragmatismo del político, como tampoco el ardor y la disciplina. Una lectura del siglo XXI de la obra de Dalton exige un abrelatas y no sólo las candorosas interpretaciones construidas bajo el impacto de su martirio. Para desentrañar la historia de su muerte se requiere de una máscara antigás, como la que él mismo propuso para ingresar en los palacios de la Iglesia; antes de lo cual había escrito: "La única organización pura que va quedando en el mundo de los hombres es la guerrilla", algo que dicho por él ahora suena como una macabra tomadura de pelo. Pocas literaturas pueden darse el lujo de tener un mito como éste. Dalton es el tipo de personajes que trastornan la idea misma que un país y una cultura tienen de sí mismas, y ayuda a construir otra, que engrasa los tránsitos de la imaginación y la conciencia hacia nuevos momentos. Por su actitud sacrificial y su peso simbólico, por la condensación de estupidez y de fatalidades que se arremolinaron en torno a él, Dalton es un Orfeo del siglo veinte que bajó (para no regresar) a los infiernos de una ética trastornada. Es, para usar una expresión de Brodsky, exponente de una poesía de "alta velocidad y nervios expuestos"[viii]. De una velo [i] Testimonio de "T". [ii] A esa conclusión llegó un informe de la Misión de las Naciones Unidas encargada de la verificación de los Acuerdos de paz. [iii] Conversación por correo electrónico con J.J. Dalton. [iv] Castañeda, Jorge G.: La utopía desarmada, Ariel, Barcelona, 1995. [v] Citado en el mismo libro. [vi] Se trata de Evocación de Horacio, y en especial del poema "Ilustre familia". [vii] Castañeda, en el mismo libro. [viii] La expresión la usa Brodsky con relación a Ossip Mandelstam.

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En esta foto, aparece la comandancia general del FMLN (Frente Militar para la Liberación Nacional Farabundo Martí), que fuera la guerrilla salvadoreña, ya sin sus trajes de camuflaje y fusiles, siendo estos: Eduardo Sancho, Joaquín Villalobos, Francisco Jovel, Salvador Sánchez Cerén (actual vicepresidente de El Salvador) y Schafik Handal .

Muerte de Roque Dalton, el error más grande de mi vida, dice Joaquín Villalobos
Por Juan

José Dalton*

San Salvador – El polémico líder de la ex-guerrilla salvadoreña, Joaquín Villalobos, reconoció en exclusivo a Excélsior, que el asesinato del destacado escritor Roque Dalton, es el error más grande que haya cometido en su carrera política como integrante del «colectivo» que decidió tal acción. Roque Dalton García, de 39 años de edad, murió «fusilado» a manos de quienes consideró sus compañeros de causa, el 10 de mayo de 1975, hace 18 años, cuando la guerrilla salvadoreña comenzaba a dar sus primeros pasos. Un «tribunal», del cual Villalobos «no quisiera hablar», lo condenó a muerte bajo cargos de «sedición», de «ser agente del enemigo y de la Agencia Central de Inteligencia (ClA)». Pruebas fehacientes de los cargos que se le imputaron no se presentaron entonces, y en la actualidad las acusaciones son «totalmente devaluadas»; por lo que todo parece indicar, y confirma las denuncias de importantes sectores nacionales e internacionales, que se trató de un asesinato político sin justificación de ninguna

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índole. Un manto oscuro se tendió sobre las verdaderas causas que llevaron al crimen de Dalton, quien además de ser un destacado poeta, era un teórico de la lucha armada latinoamericana, con antecedentes de persecución, cárcel y exilio sufrido por las dictaduras de turno en su país. Al interior de la izquierda salvadoreña «caso Dalton» ha sido un tabú del cual no se habla para «no provocar asperezas ni dividir a la ex guerrilla». Algunos, como el ex comandante Eduardo Sancho (a) «Fermán Cienfuegos», jefe de la organización Resistencia Nacional (RN), que se desprendió del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) -en el que militaba Dalton- a raíz del crimen, han pretendido maquillar el asesinato, al expresar que se trató de «un fusilamiento en circunstancias jurídicas concretas». Sin embargo, la complicidad del silencio y del velo la comenzó a romper el propio Villalobos, tal como él lo explica en la presente entrevista brindada a este corresponsal, quien además es uno de los hijos de Dalton. Lo que Villalobos explica constituye el inicio de un debate que conllevará definitivamente a la verdad de los hechos tal como sucedieron y, entre otras cosas, al aparecimiento del cadáver de Dalton y la entrega a su familia, tal como recientemente fue exigida por ésta. La llegada de la paz a El Salvador y el conocimiento de la verdad sobre los graves hechos de violencia política cometidos durante el conflicto por los protagonistas de la guerra, permitieron que la verdad sobre «el caso Dalton» comience a ser ventilada. El caso no fue llevado a la Comisión de la Verdad, que investigó los asesinatos que conmovieron a la sociedad, pues esta entidad sólo indagó sobre lo ocurrido a partir de 1980 hasta 1991, según lo suscrito en el Acuerdo de Paz firmado entre la guerrilla y el Gobierno de Alfredo Cristiani en enero de 1992. Reconocido por su numerosa obra literaria, especialmente en la rama de la poesía, Dalton se había integrado clandestinamente a El Salvador, luego de un largo exilio que lo llevó hasta la ex Checoslovaquia y Cuba. En plena madurez creativa, con más de quince títulos publicados, acreedor de numerosos premios nacionales e internacionales; experimentado polemista y brillante periodista, Dalton decidió ser consecuente con su pensamiento y optó por la militancia guerrillera, donde encontró su temprana muerte, víctima de la intriga, la ignorancia y el dogmatismo de quienes lo juzgaron y asesinaron, tal como lo reconoció Villalobos.

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El ex comandante expresó que en el seno de su organización, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), hay un proceso de reivindicación de sí misma; «tenemos un conjunto de reflexiones; lo que hemos estado esperando es un momento propicio para profundizar en el tema y digo no para reivindicar a Roque, sino reivindicarnos nosotros frente a una falta». El ex comandante rebelde, con 40 años de edad en la actualidad (los que Roque Dalton no llegó a alcanzar ya que su asesinato se consumó a cuatro días de su cumpleaños), conversó sereno con este corresponsal sobre el difícil tema, que ha dejado profundas huellas en su ser, según reconoció en esta entrevista. - En el marco del conocimiento de la VERDAD sobre graves hechos de violencia política en El Salvador, quisiera preguntarle cómo queda lo acontecido con Roque Dalton, aunque es un caso que no fue investigado por la Comisión de la Verdad? -En este caso hay dos implicaciones en este momento; hay una que diría, tiene algo de responsabilidad de lo que nos ocurre ahora con relación al caso de Roque Dalton. Para nosotros en el contexto en el cual se da la muerte de Roque por una disposición totalmente errada, es la que nos lleva a adoptar un principio que es manejarnos por la verdad, porque los costos que nos trajo esa inmadurez -dado desde la inmadurez personal, emocional, el nivel de radicalización ideológica y dogmatismo que tenían las organizaciones en su etapa de surgimiento-, nos dejó con una gran cantidad de lecciones. Y esas lecciones nos llevaron a la conclusión de que había que reconocer lo bueno y lo malo, aún sabiendo los costos. Esa misma tesis es la que nos lleva a plantear, hace un año cuando nos insertamos, el hecho de pedir perdón a la nación, sabiendo que íbamos a obtener un resultado a la larga, o sea, consideramos que tiene que construirse una nueva forma de hacer política y no se puede hacer política teniendo una cuenta pendiente con la historia, con la sociedad. El caso de Roque es ése, está en eso. Hemos venido en un proceso no de reivindicar a Roque, yo creo que él está reivindicado, nunca hizo nada que ameritara semejante destino, sino cómo nos reivindicamos nosotros de cara a la falta que cometimos y que nos llevó a pagar costos hasta esta fecha y nos enseñó a tener cierta valentía que en general no tienen las izquierdas, que es reconocer errores y errores de esta profundidad. Siempre existía la idea de no hay que decir esto porque está el enemigo enfrente, porque afecta a la unidad, siempre hubo una justificación y creemos que no, que

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de la misma manera que en determinados momentos hubo fuertes debates al interior del FMLN cuando, por ejemplo, el accionar de los «coches bombas» causaban víctimas civiles, se planteaba hay que reconocerlo, pues a la larga era evidente que había sido el FMLN; hay reconocerlo, hay que decirle a la población, hay que decirle que fue un error, hay que pedir disculpas, hay que resolver ese problema y hay que corregirlo de inmediato. Eso llevó a que se pararan los «coches bombas». A nosotros el caso de Roque también nos llevó a distinguir la diferencia entre problemas de seguridad y disidencia, porque con el dogmatismo estas cosas se confunden y en mi opinión, para los movimientos armados, fue una de sus problemáticas, más dramáticas. Creo que el problema es que nadie tuvo en sus manos un caso como el de Roque, tan aleccionador; pero dentro de los movimientos insurgentes esa confusión de que a un disidente y su diferencia de opinión, se le trata como problema de seguridad, se le acusa de que es potencialmente un delator, es de lo más común y así sobre esa base no sólo en El Salvador, sino también en América Latina hay muchos revolucionarios muertos y revolucionarios muchos de ellos que han tenido más razón que los que quedaban vivos; a veces disidencias que ni siquiera existían y ni se sabía por qué era el debate, eran discusiones más emocionales que otra cosa. Para nosotros el caso de Roque fue un caso ejemplarizante que nos ayudó mucho a tomar una determinada posición. En 1977 hicimos la primera autocrítica pública, claro en el 77 la capacidad de que nosotros dijéramos algo y se conociera era limitada, tardaba años. Ni El Salvador, ni la guerrilla salvadoreña tenían la connotación que tiene ahora. Todavía moviéndonos dentro de cierto marco crítico con respecto a la coyuntura internacional y todavía con cierta pelea con los intelectuales que con justificada razón nos habían condenado y habían reaccionado contra nosotros –yo les doy total razón-, pero hay tener en cuenta el periodo político y emocional que vivíamos como organización. Éramos en realidad un grupo de jóvenes que habíamos tomado las armas y que no entendíamos ni conocíamos quién era Roque, lo venimos entendiendo después... Incluso, si estuviera en este momento vivo, el aporte que hubiera hecho al proceso sería descomunal, o sea, su falta es evidente ahora, evidente en una izquierda que yo diría que había sido muy creativa en lo político, pero que le faltaba imaginación en la comunicación con el pueblo y ahora en esta etapa de comunicación con la gente, el legado de Roque es de lo poco de gran calidad que queda porque no pudo hacer más...

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- En el caso de la Comisión de la Verdad, usted aparece como el principal responsable de hechos violentos pero según se dice, el asesinato de Roque Dalton fue una decisión colectiva, ¿cuál es la verdad? - Fue una decisión de la dirección de esa época de 1975 que son, tendría que hacer una precisión, pero por ahorita me recuerdo de Alejandro Rivas Mira, Jorge Meléndez, Vladimir Rogel, Alberto Sandoval (Lito) y otro compañero de seudónimo Mateo y yo. Probablemente se me ha quedado un par de nombres más. Alejandro Rivas Mira, ¿qué papel jugó; él tiene antecedentes oscuros en todo el proceso? - Ésta es una cosa bastante complicada porque Rivas Mira era en ese momento el cuadro con más antigüedad en la organización, con más experiencia política, con un nivel mayor de madurez, diría yo; pero hay algo que nosotros con respecto a este caso reconocemos: igual que en relación al caso de los alcaldes (asesinados durante la guerra civil), nosotros nunca hemos descargado la responsabilidad en una sola gente, siempre asumimos que ésta era una responsabilidad de todos porque además de lo que nosotros podamos pensar hoy con un mayor nivel de madurez, los siete en aquel momento actuamos creyendo que lo que estábamos haciendo estaba bien, lo que hacemos ahora es que reflexionamos y nos damos cuenta de que ese fue un tremendo error y sería una grave falta venir ahora y decir: no, ahí la culpa fue de Fulano. Es que realmente el problema es .... veamos el contexto, la edad, el nivel de dogmatismo, esa relación entre seguridad y negar lo político y hacer el afincamiento en la cuestión de seguridad, o sea, son cosas que a mí no me gusta decirlas, pero las tengo que decir porque eran parte de la época. El hecho de decir que Roque era agente de la CIA, cosa totalmente falsa, pero poniéndose a pensar y creyendo aquello entonces, se llegó a la conclusión -que posteriormente se reflexiona- y se llega al resultado de que no, que eso era totalmente falso, que en el momento de determinada pasión aquello funcionó casi como el mecanismo para consumar el error, la falta. Incluso cuando Rivas Mira se separa del ERP, recuerdo que fue la primera vez -y esto resulta un tanto contradictorio porque lo tradicional hasta antes de la separación de Rivas Mira, era que toda disidencia iba siempre mezclada con un cuota de interpretación negativa en términos de seguridad y la medida era inmediata, igual que en los casos anteriores; era la pena de muerte-, y recuerdo que discutimos mucho por primera vez, muy a pesar, digamos que podíamos tener un cierto lastre del pasado, en ese caso nosotros aceptamos que no íbamos a

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cometer otra vez el mismo error y llegamos a la deducción de que debíamos aceptar eso como una disidencia política, a pesar de que se fue solo. ¿Y por qué la aceptamos como una disidencia política?, porque realmente habían serias diferencias con él en ese momento y las diferencias estriban todas en el plano orgánico-disciplinario. Por ejemplo, alguien que hace un rumor o genera un descontento era considerada como una actitud de insubordinación y la insubordinación entonces significaba pena de muerte; una conclusión bastante común entre las izquierdas armadas que lleva incluso a fenómenos en algunos casos hasta patológicos, diría yo. Para nosotros fue tan duro el golpe de los primeros años; el efecto que generó el caso de Roque fue tan grande que nos lleva a transformarnos realmente porque es un golpe dado en una edad muy temprana; a tal grado que eso transciende en nosotros. Ya cuando estábamos en la etapa de la guerra abierta, cuando existía el uso de la pena de muerte contra espías, era lo que más pensábamos antes de hacer una cosa de ese tipo y teníamos una política y era de reconocer todo lo que hacíamos. Incluso, de eso tiene un registro bastante claro la Cruz Roja y el Arzobispado, que toda la vida le reconocimos cada cosa así supiéramos que nos traía una consecuencia política. Por ejemplo, en el caso de Roque hay quienes en el año 77 decían que era una ingenuidad hacer una autocrítica; sin embargo, la vida nos fue dando la razón porque fuimos siendo reivindicados, asegurándonos de nuevo un espacio entre los revolucionarios... Había derecho a que la gente se sintiera molesta. - Se habla de un juicio, de que Dalton murió por fusilamiento, ¿cuál es la realidad? - Sí, hay un juicio... un juicio, te voy dar incluso una incidencia de ese juicio que nunca se la he dicho a nadie; creo que fueron dos momentos del juicio. En uno de esos dos momentos llegó Felipe Peña, uno de los fundadores de las Fuerzas Populares Liberación (FPL)- con un pensamiento renovador totalmente distinto al que tenía Cayetano Carpio (Marcial)-, una de las gentes que admiré y quiero mucho, era casi un hermano para mí, igual que Rafael Arce, y él me hizo una reflexión que te digo no se me olvida nunca porque tenía razón y me dijo: «Mira, están cometiendo un gravísimo error»; simultáneamente habían otros, no voy a profundizar más, que nos recomendaban que lo hiciéramos; pero Felipe me dijo, «esto que están haciendo ustedes aquí, está totalmente amañado». ¿Qué capacidad, en el contexto de clandestinidad, con gente muy joven, sin ninguna formación profesional puede tener valor un juicio? Evidentemente, que

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aquello más parecía un juego, no había ninguna posibilidad de acumular pruebas, la posibilidad de defensa era incipiente; en ese sentido, yo me atrevería ahora a llamar juicio a aquello; no fue nada más que crear las bases para poder terminar de acometer la falta grave. Si hay una parte de la historia del proceso nuestro como organización que yo quisiera borrar, sería esa, rectificar y tener a Roque entre nosotros. Indiscutiblemente no hubo juicio, aunque nosotros hayamos dicho que eso fue un juicio. Entonces se llega a esa conclusión y se toma la medida de pena de muerte por fusilamiento por llamar a la insubordinación y se le pone la carga de que era agente enemigo, etc, etc. A estas alturas no me gusta ni decirlo, porque no tenía ninguna correspondencia con la realidad y es que esto tiene que ver con el nivel de fanatismo y romanticismo con el que se nace. - ¿Cuáles fueron los cargos en concreto que le formularon? - Básicamente fueron dos, el cargo más importante que se le imputaba era el de promover la insubordinación y la deserción; el segundo fue un cargo adicional que en realidad nunca llegó a documentarse sino que fue un cargo bajo sospecha. El cargo insubordinación para aquel entonces se podría considerar como real, pero de lo que se estaba tratando era de un problema político, o sea, parte de los problemas de la etapa fundamentalista de una organización en desarrollo. Lo que él estaba haciendo era tomando contactos con gente para convencerlas políticamente de su posición y eso a la luz de nosotros -en la otra posición- era considerado divisionismo. Había hablado con un compañero que era muy importante, que fue el primer explosivista, Pancho, y lo había incitado a que no obedeciera, que se insubordinara, a que se fueran juntos porque estaba planteado claramente un problema político. El segundo cargo en realidad fue formulado bajo sospecha a raíz de una historia que la conocían muchos en el país y es en relación a su fuga de la cárcel de Cojutepeque (1964); hecho en el que quedó como un chisme, de que se produjo su fuga porque había colaborado la CIA. A esto, ya no a la luz de nuestra posición de aquel momento, no a la luz de aquel debate que teníamos entre nosotros, sino explicándome este fenómeno con la misma lógica que explicó la parte nuestra, el problema es que Roque estuvo con un conflicto dentro del Partido Comunista y en éste también era tradición que los

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que disentían se les cargaba con motes de este tipo y cualquier cosa era considerada inmediatamente peligro de agente enemigo. Todavía recuerdo, incluso, que en los años 70 a los que comenzamos a formar los primeros grupos armado se nos tachó de ser de la CIA; era parte de la lógica de la época. Pero, de ninguna manera aquello tenía ni la más mínima seriedad. A partir de ahí se consideró que era un peligro si se le dejaba en libertad ya que eso podía afectar a la seguridad del resto; estas son las argumentaciones más fuertes que en una etapa de clandestinidad se arguyen para no atender los problemas que a veces constituyen disidencias políticas; incluso, hasta en algunos casos se llega a entender que son disidencias políticas pero por el temor a que se deriven en problemas de seguridad, entonces se incurren en faltas tan graves como el ajusticiamiento y los fusilamientos y la tendencia de eliminar a un opositor, a un adversario político. - Cuando habla de incitación a la insubordinación y de un problema político, ¿a qué problema se refiere? -Veámoslo con dos ópticas; cuál era nuestra óptica en aquel momento de inmadurez, de esta etapa fundamentalista de la organización y cuál sería la óptica hoy. En aquel momento una cosa así era considerada una falta gravísima porque atentaba contra la cohesión interna, la seguridad, la disciplina, pero el problema es que eso coartaba la libertad en el plano político. Pero esa es nuestra óptica hoy. Cuando en 1976 se produce la separación que podría ser calificada de deserción de Alejandro Rivas Mira, nuestra organización a raíz de todas las consecuencias que había tenido la cuestión de Dalton, no la consideró exactamente una deserción, o sea, muy a pesar de todos los problemas que esto implicaba para nosotros fue considerado una disidencia. ¿Por qué?, porque evidentemente había una diferencia política con respecto a los conceptos de disciplina y a la práctica política que comenzábamos a desarrollar en la organización para fortalecerla internamente y eso es lo que lleva a disentir e irse, osea, él estaba pensando en otro tipo de organización; pero nosotros llegamos a esa conclusión basados en la experiencia dramática que implicó lo de Roque. - Cuando dice que Roque estaba incitando a que otra gente tomara una posición política ustedes lo interpretaron...

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Nosotros lo interpretamos como que estaba dividiendo a la organización, por eso lo importante es aclarar que hay dos posiciones, que las mezclo en el análisis. Se me hace difícil argumentar en un sentido sólo lo que pensábamos en aquella época porque fue una posición absurda: era una etapa gravísima. Evidentemente había mecanismos como una separación política que era totalmente lógica; se pudo haber optado por esa vía y no se dio ese chance. Prácticamente con lo de Roque estuvimos al borde de una guerra con los compañeros de la Resistencia Nacional, cosa que era un absurdo y que no habría sido el único ocurrido en América Latina, ya han habido hechos similares en Colombia, Argentina y en otros países. - Se consideró durante algún tiempo que había un enfrentamiento en el ERP entre una tendencia militarista y otra política la que trataba de incorporar las masas a la lucha armada. - Yo pienso que no; que se trató de un problema básicamente de inmadurez. El problema es que lo que constituía el aparato militar en la organización estaba más del lado del ERP. Pero la prueba del nivel de coincidencias políticas no de hoy, sino a lo largo de casi todo el proceso de la guerra con la Resistencia Nacional, prueba que en realidad no había una gran diferencia política. Incluso, ¿cuál era el punto de división más fuerte con la izquierda tradicional en aquel momento? Era el problema de la lucha armada y Roque era un antidogmático y toda su obra va en ese sentido. era un crítico de los partidos comunistas, pero esto llegó a tener incidencias. Cosas que hoy parecen ridículas, como por ejemplo, los debates entre las corrientes marxistas-leninistas pro chinas con las corrientes revolucionarias más pro cubanas el hecho de las divergencias de las relaciones entre Cuba y la Unión Soviética, cosas que en mi opinión ahora me parecen ridículas pero que fueron parte de esa infancia dogmática de la formación de nuestras organizaciones. Con relación a los compañeros de la Resistencia Nacional, ellos tenían la parte más importante del aparato político de la organización que básicamente era el Frente de Acción Popular Unificado (FAPU). Hablar de militarismo ... si apenas éramos un puñado de gente; estamos hablando de 1975 y básicamente aquel fue un problema de inmadurez. - ¿Cuál fue la actitud de Dalton en el juicio y a la hora de su ejecución? La actitud de Roque, en las partes que pude darme cuenta, fue de estar

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constantemente señalando que eso era un error, que debía de investigarse más. La actitud durante la ejecución fue de oponerse a ella en el sentido de señalar que no, que eso iba a ser un gravísimo error, que era una injusticia. Pero quiero señalar una cosa que es importante. Cuando se hace este tipo de preguntas hay como una búsqueda de conferir que en esa etapa existía la posibilidad de procesos muy ordenados y serios. Yo me voy a remitir a la etapa actual, por ejemplo, una de las cosas que los organismos internacionales de derechos humanos imputaron al FMLN fue precisamente lo de los juicios sumarios y el FMLN hizo muchas defensas de formalizar esto. Lo cierto es que si en la etapa de guerra de mayor desarrollo con territorios bajo control, el FMLN no fue capaz de tener una política ordenada, un marco jurídico, digamos informal, de funcionamiento para este tipo de cosas, sino que tenían una alta cuota de un trabajo de inteligencia y una alta cuota también de arbitrariedad y por eso considero que en esto se cometieron muchos errores en unas zonas más que en otra y que en una zonas se cometieron errores gravísimos en ese sentido. Entonces en aquella etapa muchísimo más, actuaba el sentido más emocional, la pasión de las ideas, de las posiciones que se tenían. No era algo ordenado, de pruebas, documentos y evidentemente aquello no podría llegar a tener la calidad de un juicio serio, por eso no se puede hablar de que haya habido un proceso. - ¿Se le dio a conocer a Dalton de qué se le acusaba? - Sí, se le hizo saber; hubo reuniones en las que participó, se discutieron las cosas y todo, pero evidentemente no había una oportunidad real de defensa, pero lo importante a señalar es que en esas condiciones era muy difícil, los códigos que se aplicaron fueron más bien basados en elementos subjetivos, porque las condiciones hace imposible que se pueda acumular pruebas, documentos, no se puede prolongar mucho el tiempo de una cosa de esa. Entonces, lógicamente la tendencia es siempre a que la conclusión sea siempre la de condenar al que está en una situación de este tipo. Ya después cuando estábamos en una etapa más avanzada de la guerra; recuerdo que cuando ya teníamos condiciones para retenciones prolongadas pudimos resolver muchos casos sobre la base de la retención prolongada, investigación y en algunos casos descubrimos que no había problemas. Por ejemplo, el caso de un compañero que pasó retenido casi un año por un cargo

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de ser parte de una infiltración que intentaba destruir la Radio Venceremos y que descubrimos que efectivamente no tenía nada que ver. Pero el problema fue porque lo había señalado una persona a la que sí habíamos efectivamente comprobado pruebas. ¿Pero cómo se podíamos hacer eso 15 años atrás?, imposibles. Recuerdo que en una ocasión se discutió la posibilidad de sacar a Dalton del país, pero cómo se sacaba, no se podía; o sea, de una manera muy informal, como una alternativa y frente al cúmulo de problemas de seguridad se llegó a la conclusión de que no había otra alternativa y que había que hacer la ejecución. - Recuerdo que en un momento el ERP publicó un comunicado en el que diferenciaban la actitud que había tenido Pancho a la hora de la ejecución y la que había tenido Roque Dalton; decían algo así como que Pancho había tenido una actitud «proletaria» y Dalton, «pequeñoburguesa». - El problema era que Pancho era una gente sin la formación política que tenía Roque, entonces ésa era la actitud lógica, consecuente en esa posición. Mientras que Roque era una gente con argumentos, con lógica, con posición, descubría que lo que se estaba haciendo se tenía que evitar. Yo diría que si le hubiéramos hecho caso..., Pancho no nos dijo ustedes están cometiendo un error, Roque sí nos dijo que estábamos cometiendo un error. Yo devalúo totalmente lo que dijimos en aquella época, lo que dijimos en ese entonces sería un argumento de tipo fundamentalista, o sea, lo que pesaba más, lo que impactaba más era la aceptación simple de los cosas, pero evidentemente cuando vimos cuáles fueron los costos de este terror, el llamado que nos hizo Roque de manera persistente al decir que nos estábamos equivocando, tenemos que darle la razón. - ¿Vale la posibilidad de considerar que pudo haber sido el enemigo de la guerrilla, en el fondo, el culpable de la muerte de Dalton? - Esto es bien importante tenerlo en cuenta, y creo que lo remitiría a cosas que ya dije. Aquí no hubo ardid de nadie, fue un error nuestro. Nosotros en medio de la pasión de este error, de este mal tratamiento fruto de la etapa fundamentalista sale este argumento y luego los que están fuera viendo la situación en el fondo con el mismo esquema vienen y sacan que «no fue Roque el de la CIA», sino que fue una manipulación de la CIA desde afuera, lo que condujo a su muerte.

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Cuando se dice que si no fueron los ejecutores «tontos útiles» de alguna conjura contra el propio movimiento insurgente, yo creo que no tenía la CIA la capacidad de llegar a este nivel, si lo hubiera tenido nos acaba. - ¿Qué pasa ahora con Roque?, ¿dónde está su cadáver? En algún momento se dijo que se iba a entregar a la familia. - Correcto, hemos estado trabajando en eso con un equipo de los compañeros que tenían la información con el propósito de buscar un momento que era de lo que te hablaba hace un rato, que nos permitiera reivindicarnos y enmendar en parte la falta. Hasta ahora desgraciadamente no hemos tenido resultados porque es mucho tiempo, hay que tomar en cuenta que hablamos de 18 años. Esperamos que al poder crear un equipo un poco más amplio podamos tener resultados, pero también está el riesgo de que no los tengamos. De cualquier forma con eso o sin eso, nosotros vamos a buscar el momento propicio para ese proceso de explicación de mayor profundidad en el caso, para adoptar una posición más en forma y darla a conocer como organización. En la coyuntura de la Comisión de la Verdad no quisimos; nos preguntaron si queríamos tocar el caso, pero esto era poner el asunto de Roque en medio de todo esto, era como desnaturalizar lo que en realidad fue; no sólo estaba fuera del tiempo sino también fuera del contexto político; era una falta de otro tipo, dada en otra situación y más bien lo hubiera diluido. Queremos que se sepa que efectivamente reconocemos el error y cambiamos. - ¿Cree que éste ha sido su más grande error? -Mira, yo creo que sí, y tiene elementos que te pueden marcar en sentido positivo y te pueden marcar en sentido negativo. En sentido positivo qué te marca: que es de tal dimensión y que faltaba tanto por vivir que nos ayudó a no equivocarnos en ese sentido. De ahí cometimos otro tipo de errores pero ese tipo de errores no volvimos a cometer nunca, jamás. La prueba está en que nuestra organización no se volvió nunca más a dividir, nunca tuvimos un problema político interno y ahora que tenemos discusiones y debates internos ahí está entera, entera; jamás volvimos a resolver una diferencia interna con una medida de ese tipo. Nos marcó tanto como que fue el error más grave, más difícil, porque es el que nos pudo haber destruido o sea más adelante podías cometer un error pero difícilmente retrocedías, o sea, otros podían seguir el camino, incluso, hace poco

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cuando salió esta resolución de la Comisión de la Verdad, yo le decía a un compañero que cuando me enteré de la resolución que en el plano subjetivo me parece que es injusta independiente de que la acepte, es injusta; sólo me recordó los momentos más difíciles que he vivido en todo el proceso y uno de ellos, el primer momento más difícil, fue el período de Roque Dalton. Incluso, implicó la separación de compañeros a los que uno quería mucho, o sea, por un lado, está lo de Roque, por otro lado está el desaparecimiento de Lil Milagro, quien más formó en el plano ideológico-orgánico para el trabajo revolucionario y el caso de Pancho que también muere con Roque en el mismo fusilamiento, que era el primer constructor de armas populares y explosivista de nuestra organización. Entonces tiene una cantidad de implicaciones subjetivas bien grandes y te digo eso nos marcó, pero menos mal en sentido positivo. - ¿Qué siente cuando oye hablar de Roque Dalton? Un sentimiento de responsabilidad, siempre me recuerda la falta y por otro lado, el hecho de pensar lo que hubiera significado si hubiera estado vivo en esta etapa ... eso nunca lo dejo de pensar. Roque era una gente con una imaginación increíble, incluso, era la gente más amena que teníamos, con una capacidad de comunicación y de interpretación de los hechos, con sentido de comunicación hacia abajo que yo no lo he vuelto a ver en la organización ni en El Salvador, ni dentro del FMLN, ni dentro de la izquierda. Era un arma poderosa de comunicación que perdimos en virtud de una falta de la más desgraciada que pudimos haber cometido. - ¿Cree que esto que está diciendo puede concluir con ese tabú que prácticamente ha existido en el caso Dalton? - Yo creo que es difícil: creo que se puede ir reduciendo su peso. Hay quienes pensarán que es cinismo, que es pragmatismo, lo he oído, me ha tocado en algunas ocasiones escuchar que otros piensan que es eso, pero no, yo lo hago con toda sinceridad y no lo hago con el sentido de limpiarnos, pienso queno, que limpiar totalmente esa carga es bien difícil. Sólo de imaginarse lo que la derecha piensa y maneja sobre este caso: lo que incluso dentro del seno de la misma izquierda, en medio de las pasiones políticas piensa usar ... pero ni modo así es, hay páginas en la historia de uno que quisiera borrar y repetirla y rehacerla pero eso no se puede. Tener el valor de reconocer los

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errores es algo que a la larga fortalece tus opiniones. - ¿Están dispuestos ustedes a hacer un reconocimiento público de este error, que quede recogido en un documento? - Creo que en parte he respondido a esto: creo que no se trata de reparar la imagen pública de Roque. Prácticamente el problema acá es cómo medianamente poder señalar un error que volvió a repetirse en nuestra organización. Yo creo que Roque está reivindicado, no es cuenta de éste, el problema es la pérdida física de Roque, pero su pérdida en términos de imagen creo que no existe, más bien el problema acá es que el reconocimiento nuestro es para poder reivindicarnos nosotros, ese es el punto, no se trata de que él haya quedado manchado. Por eso otra de las lecciones que nos dejó Roque es que la verdad es una arma revolucionaria. Tarde o temprano, las cosas se saben y por ello reconocer los errores es un elemento sumamente importante, a veces puede tener que esperarse condiciones, etc, etc, pero a la verdad es algo que hay que dar un espacio. Y en relación a la posibilidad de publicar un documento, sería quizá esta la primera vez que doy una declaración a nombre de la organización sobre este caso en la que he dado más elementos de información que en ningún otro momento y evidentemente es parte de una decisión que teníamos y bajo determinadas condiciones de tal manera que se pudiera destacar el hecho, que no quedara perdido. Nosotros estábamos por dar pasos como éste. *Entrevista publicada en el Excélsior de México, mayo de 1993.

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"Roque era un líder nato por naturaleza"
Por Cristina

Amaya*

Entrevista al escritor salvadoreño Manlio Argueta, amigo de Roque Dalton SAN SALVADOR - El pluridisciplinario Roque Dalton es recordado como un hombre muy sencillo, humanista e inclaudicable en sus convicciones e intereses. Dalton que desde muy joven se inició en su formación académica y profesional es considerado uno de los poetas más grandes e influyentes de El Salvador. ContraPunto conversó con uno de sus amigos y compañeros de estudios y de tertulias, Manlio Argueta, novelista y actual director de la Biblioteca Nacional, quien alberga en su memoria un sin fin de experiencias agradables y momentos vividos junto al inolvidable Roque Dalton. ¿Cómo se formó el Círculo Literario Universitario, al que Roque y usted pertenecieron? La iniciativa fue de Roque, él formó el Círculo junto con Otto René Castillo, un poeta guatemalteco. Estaba bien jovencito en ese momento, tenía menos de 20 años, allá por el año 1956. Éramos estudiantes de la Universidad de El Salvador y la fuerza del Círculo estaba en la Facultad de Derecho, todos estudiábamos Derecho, aunque después unos siguieron y otros estudiaron otra cosa. Yo era un desconocido en San Salvador, pero gané dos premios de poesía y eso me permitió conocer a Roque. Él junto a Roberto Armijo, otro poeta que integraba el Círculo, me buscó en mi casa para conocerme y entonces ahí me integré. ¿Qué les motivo para crear el grupo literario? La motivación es la que se trae desde los colegios, iniciamos el grupo en el segundo año de Derecho y la idea era promover la estética literaria de que el escritor es una conducta social, una estética que promovió mucho MiguelÁngel Asturias a quién Roque y Otto conocían, Otto por ser guatemalteco y Roque porque Asturias era embajador en El Salvador en 1954. Así se fue perfilando el Círculo con la idea de promover que el escritor responde a una conducta social.

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Y así se fue integrando el Círculo con otros poetas y se saltó a decir que era la Generación Comprometida. Teníamos un compromiso con la sociedad, que nuestra conducta social tenía que ser a favor del pueblo. Éramos la Generación Comprometida por 1950 y 1956 promovida por Ítalo López Vallecillos y junto a Roque Dalton con su Círculo Literario, que era sólo un grupito sin muchas pretensiones. Éramos unos 25 compañeros a los que Roque convenció de hacer actividad cultural dentro de la Universidad, fuimos organizadores de foros, mesas redondas de premios, lideramos la Organización de Premios Literarios Centroamericanos Universitarios, ganábamos premios nacionales. Roque era un líder nato por naturaleza y con amplia formación académica, había conocido otros contextos, cuando formó el Círculo ya había estado en Chile y México. Tuvimos un crecimiento rápido pero luego dejamos de hacerlo, ya en 1959 y 1960 muchos se van al exilio. A Roque lo capturan y entonces ya ahí empieza “Cristo a padecer” como dice la gente, comenzamos a sufrir persecuciones, no nos aguantaron ni cinco años. ¿Cómo era Roque como compañero? Era muy bromista, manejaba mucho una cultura literaria más allá de lo nacional, era un líder intelectual bastante destacado y estamos hablando de cuando tenía apenas 21 años de edad, él ya comenzaba a destacar un pensamiento crítico y propuestas hacia el Estado. Me recuerdo que había hecho una propuesta sobre la educación en El Salvador, él a muy temprana edad ya estaba promoviendo cómo se debía mejorar la educación en el país. Yo lo admiraba desde ese punto de vista. Roque tenía una sistematización más profunda y eso le permitía tener ese liderazgo de tipo intelectual. ¡Ah! y bueno, hacíamos bohemia, nos echábamos unos tragos. Había un bar que se llamaba Chalos Bar, que era lo más distinguido en la época y ahí nos reuníamos los poetas. Ahí pasaba Roque, porque cerca trabajaba en el radio periódico. En esa época todo estaba ubicado en San Salvador y todo quedaba cerca. Roque tenía una gran vitalidad, se casó muy joven, siempre estudiaba y trabajaba y departía con nosotros. Yo recuerdo que le decía: ¿Roque, cómo es posible que estudias, trabajas, escribes, lees, eres de fiesta y bohemia? ¿A qué horas lees?, porque era muy notable el bagaje cultural y literario que tenía, a mí me sorprendía y lo admiraba mucho por ello. ¿Cuénteme alguna de las anécdotas que vivió con Roque? La que siempre me recuerdo es cuando un día fuimos a un bar que se llamaba “El Paraíso de Adán y Eva” y que Armijo nos había dicho que él nos iba a invitar. Él era el poeta más pobre, tenía muchas limitaciones de tipo económico, pero esa vez dijo: ¡Yo invito! Y nosotros dijimos: ¡ah, vaya!, al fin Roberto nos vas a invitar.

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Empezamos a tomar, pero de pronto Armijo ya se había dormido y nosotros quisimos irnos, pero no andábamos dinero para pagar y comenzamos a registrar a Roberto, pero para sorpresa él no andaba nada de dinero, pero ni un centavo. ¡Este baboso entonces nos enganchó!, decíamos nosotros, y recuerdo que Roque algo enojado, pero no era que se enojara en serio porque siempre se enojaba así con humor, tuvo que dejar un reloj de oro que andaba, luego ya veníamos en la calle y a Roque no le pasaba. Mirá Armijo tuve que dejar mi reloj, ¡nos enganchaste!, le decía Roque, ¡perdónenme yo pensé que andaba!, nos decía Armijo. Entonces Roque le dijo: Mirá de castigo te vas a parar en la esquina de la calle, debajo de un semáforo y ahí te vas a estar hasta que pase un carro y que te arrastre. Pero a esa hora no pasaban tantos carros ya eran como las dos de la madrugada. Armijo estaba bien preocupado porque Roque lo había dejado ahí y nosotros seguíamos caminando y Armijo nos decía: No, no me dejen, perdónenme, no me hagan esto y Roque le decía: No, es que nos has fallado, nos has traicionado, has sido desleal con nosotros y ahí te vas a quedar. ¡Éramos muy amigos los tres! Otra anécdota es cuando yo vengo de San Miguel a estudiar a la Universidad. Después de ganar dos premios de poesía nadie me conocía todos pensaban que era un seudónimo Manlio Argueta. Yo vivía aquí por la Avenida Independencia y ahí me ocurrió una cosa muy bonita en esta amistad que nosotros teníamos y que nos llamábamos hermanos. Cuando se dieron cuenta que yo existía de verdad, que no era un invento, Roque y Armijo me fueron a buscar. Me recuerdo que era un domingo y estaba yo solito y tocaron la puerta y eran ellos y como yo ya los conocía, verdad, me quedé sorprendido de que llegaran a buscarme. ¡Ah, entonces tu eres Manlio! nosotros pensábamos que era un seudónimo, me decían. Ellos me acogieron muy bien, eso fue allá por el año 1956. A partir de esa visita que ellos me hacen comienza una gran amistad que no se rompió nunca. ¿Cuáles eran los temas que más le interesaban a Roque? Con Roque nos interesábamos por la literatura, hablábamos de Vallejo, de la poesía clásica, española discutíamos sí era importante conocerla o no. Armijo era defensor de la poesía clásica un gran admirador de Quevedo, Góngora, Sor Juana Inés de la cruz. Roque a veces se burlaba de él porque la tendencia de Armijo era clasicista. Roque era vanguardista, andaba en la búsqueda de la nueva poesía francesa, alemana, norteamericana y de pronto Roque comienza a desarrollarse con más rapidez, y Roque da un salto al Roque que había venido con nosotros, con el cual no estábamos de acuerdo como poeta, porque lo sentíamos muy panfletario, nosotros éramos más líricos; yo estaba más dentro de la poesía social pero dentro de cierto lirismo y eso lo discutíamos, él no estaba de acuerdo con algunas cosas. Decía que en la poesía se debían de decir cosas, plantear ideas, pensamientos, nosotros decíamos que la poesía se tenía que decir de forma bonita y eso lo conversábamos así de manera informal, alrededor de una mesa de café o de tragos

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en el bar “Lucrecia”. Éramos jodedores, contestadores de poesía y lectores, grandes lectores. Roque brillaba en cualquier escenario y estaba más abierto al mundo. Yo comencé a ver en Roque un espíritu más internacionalista en cuanto al manejo de ideas y veía que él podía figurar en cualquier foro de igual a igual con los grandes; entonces, yo decía nosotros también podemos perfilarnos hacía el exterior, el hecho de ser de un paisito dominado por militares y antidemocrático que hecha presos a sus poetas no nos lo debe impedir, tenemos una preparación, entonces Roque como qué nos abrió camino. Roque podía alternar con cualquiera de los grandes como Octavio Paz, por eso se hizo fama de contestatario, porque sus ideas chocaban un poco con las ideas de los “grandes”, pero él planteaba sus ideas con mucha seguridad. Yo le decía a Roque ¿cómo haces, de dónde sacas el tiempo?, porque él escribía bastante y leía bastante y trabajaba al mismo tiempo. Roque trabajaba en una radio, pero hacíamos trampa, porque a veces no asistíamos a las fuentes nos inventábamos las noticias. A veces estábamos tomando y le decíamos Roque ya viene el noticiero ¿cómo vas a hacer?, mira no te vayas, empecemos a inventar noticias, ¿pero qué decimos? ¡Ah! digamos que Tirso Canales se va a casar el próximo sábado o Roque pirateaba las noticias porque en la mañana leía el diario y de ahí sacaba las cosas, pero lo descubrieron. Pero eso ocurrió porque andaba departiendo, andaba en foros de literatura. ¿Cuál fue la última vez que vio a Roque? Fue después de que estuvo secuestrado, que no aparecía y que incluso decían que ya estaba muerto. Estaba yo ahí por la parada del Mercado Cuartel esperando el bus para ir a mis clases de Derecho y me subí en uno y ahí venía un “chero” y me llamó y me dijo: Mirá Manlio acabó de ver a Roque en este bus pero se bajó porque había un reten, entonces yo lo reconocí, andaba todo roto, todo sucio, me pidió dinero para el bus y se fue. A mi me parecía algo raro eso, pero también me parecía verdad porque me lo habían descrito bien y más el hecho de que se hubiera tirado del bus. Para ese entonces Roque ya tenía como tres o cuatro meses de haber desaparecido. A los diez o quince días después él me mandó a llamar, entonces sí era cierto que se había escapado ahí lo confirmé. Pero desde que apareció en el bus ya nadie lo había vuelto a ver. Roque estaba escondido en una casa de la Colonia Dolores cerca del Zoológico por la Colonia Tanques de Holanda. Él ya había localizado a su familia. Yo lo fui a ver y me dijo: “Fíjate que te llamo porque he decidió irme del país, me han amenazado de muerte a mí y a mí familia, y yo considero que ya no podría vivir aquí, me han aconsejado que me vaya y la gente de afuera

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me dice que me apoya. Pero yo también te aconsejó que vos te vayas, también te andan buscando, me han preguntado por vos” Pero yo le dije: “Mirá Roque sí te han dicho que te apoyan andate y yo como no tengo para donde irme”. Él tenía una figura legendaria, había estado secuestrado, habían dicho que estaba muerto, salía en los diarios que titulaban que la Madre de Roque iba a reconocer cadáveres para ver si era su hijo. En esa casa fue la última vez que lo vi, creo que fue en el año 1964 y siento mucho que ya nunca lo volví a ver. No obstante que él pasó por Costa Rica cuando venía de regresó a El Salvador. En diciembre de 1972 el pasó por Costa Rica, pero yo no lo vi, sentí mucho no haberlo visto, pero no lo pude ver porque él no quiso, además él ya venía con la misión de integrarse a la guerrilla, eso lo supe después porque mientras estuvo en Costa Rica no me di cuenta, Ítalo López me lo cuenta después. ¿Cómo se entera de la muerte de Roque, cuál fue su reacción? Esas es otra anécdota. En1965 yo ya estoy en Costa Rica, porque estoy un poco como retrocediendo, han pasado 10 años de que yo me inicié como poeta ganador, entonces siento que la poesía me ha traído exilio, persecución, estoy hastiado de ser escritor y ser poeta. Entonces, había pensado dejar eso y decidido volver a ser profesor de matemáticas, porque a mí me gustaba mucho eso, pero tenía un problema yo ya estaba desfasado en las matemáticas y comencé a comprar libros para refrescarme y ponerme al día. En eso estaba cuando me llegó la noticia de la muerte de Roque, por eso no se me olvida, entonces inmediatamente regalé todos los libros de matemática que había comprado. Antes de irme a Costa Rica había empezado a escribir una novela que sería la “Caperucita en la zona roja”, pero yo ya había dicho que pensaba romper todo esos papeles para olvidarme de todo y dejar atrás la poesía, pero cuando recibí la noticia de la muerte de Roque me quedé pensando y me dije: ¡Cómo es posible que matan a Roque y yo este pensando en abandonar la carrera de la literatura por la que él ha dado su vida! ¡Si lo hago sería una traición a Roque hoy que está muerto! Entonces esos papeles de la novela los había dejado aquí en San Salvador y pregunté si ya los habían quemado y me dijeron que no, y los mande a pedir porque había decidido continuar con la literatura. Pasado el tiempo con esa novela gané un premio Latinoamericano, y eso lo agradezco a Roque primero por haber tenido el apoyo de él y de Armijo en 1955 e integrarme en el grupo literario y luego diez años después, empujarme a continuar en la literatura. En esa novela escribí un capítulo en el libro dedicado a Roque, ese capítulo sentía que le daba vida al material porque lo hice pensando en él y él es el personaje. Yo siento que el decidirme a seguir escribiendo fue una iluminación de Roque, porque con esa novela gané y empecé a abrirme camino en Costa Rica. Roque me había estimulado bastante, él era bien especializado en la literatura y metía mucha

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mística. ¿Por qué cree que en El Salvador, Roque no ha sido tan estudiado y es más conocido y valorado a nivel internacional? Los programas de estudio de la literatura en el país son recientes, apenas tienen unos diez años. Pero a partir de 1994 -1995 han existido reformas educativas y aplicación en la educación, han existido buenas Ministras, todas han sido las mejores en cada una de las administraciones. Entonces eso de que aquí no interesa la literatura eso es un mito, lo que sucede es que venimos de cero, ni de cero, venimos del pozo, de la nada de un pozo oscuro y profundo y hemos empezado a superar. Las nuevas generaciones si leen a Roque, lo que pasa es que comenzaron sólo a admirarlo a convertirlo en un mito y eso está bien pero no basta a Roque hay que leerlo y no sólo hablar bien de él, todos lo admiran, quieren ser como él pero para eso hay que leerlo, aprender de él porque Roque es muy profundo y variado. Para un novelista esta la obra Pobrecito poeta que era yo, para un escritor de vanguardia está “Historias prohibidas del Pulgarcito”, “Taberna y otros lugares”, “Poemas clandestinos”. Yo le puse ese nombre “Poemas clandestinos”, porque cuando Roque muere yo era director de una editorial en Costa Rica, entonces descubrí ese libro que Roque le había puesto algo así como “Poemas e historia de una lucha de clase”, yo decidí cambiarle el nombre y hacerle personalmente la carátula para luego publicárselo. La portada de la versión original es la silueta de un soldado con un fusil. La portada de las primeras ediciones de “Pobrecito poeta que era yo”, también yo busqué quién me la hiciera. Primero le dije a un chileno experto en ediciones, yo le decía que tenía que ser una portada a la altura de Roque y le di las ideas y le describía como era Roque pero no agarraba las ideas. Después le dije a José Luís Valle, “mira vos si conoces a Roque quiero que me hagas una portada para un libro de él” y salió una portada muy linda, es un rostro con un candado en la boca, una imagen así con el pelo liso de lado tipo Roque que toda la gente pensaba que era él y yo me recuerdo que le agregué en la frente una palomita hecha de un cielo con nubes. ¿Usted cree que se deba a aspectos políticos e ideológicos que no se impulse la obra de roque? No, al contrario, si se está promoviendo de parte de CONCULTURA la obra completa hoy se regala y es texto en todos los centros escolares, la perspectiva está muy buena, no podemos dar el salto de un solo, de pronto vamos a dar el salto a la luz. Se coloca al público “Poemas clandestinos”, hemos logrado romper ciertos prejuicios ideológicos con la literatura, pero tenemos las bases endebles y los resultados van en camino.

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“Duele que los salvadoreños desconozcan quién fue Roque Dalton”
Por Magdalena

Flores*
Entrevista al cineasta cubano-salvadoreño Jorge Dalton, hijo menor del poeta Roque Dalton

Jorge Dalton, el hijo menor del reconocido y destacado poeta salvadoreño, Roque Dalton, habló conContraPunto sobre el asesinato de su padre a manos de la guerrilla salvadoreña que combatió durante la guerra civil en este país centroamericano (1980 – 1992). Asimismo expresó su esperanza de que algún día se aclare su asesinato. El destacado cineasta, quien después de pasar muchos años en el exilio reside nuevamente en El Salvador, indicó también que espera que su padre sea reconocido en su propio país como lo que fue un gran “generador de pensamientos”. Además, afirmó que Roque era muy admirado por su humor especial, nivel cultural y sus conocimientos. Al mismo tiempo señaló que él tuvo etapas muy creativas gracias a las mujeres y las bebidas. Entrevista a continuación. Dicen que su padre tomaba mucho y era bien mujeriego, ¿cómo era su padre en realidad? Mi padre era un ser humano común y corriente, a él como a todos los hombres por supuesto le gustaban las mujeres, así como también a las mujeres les gustan los hombres, entonces, eso humanamente es lo más común que puede pasar. Mi padre amaba profundamente a las mujeres y él de por sí tenía buena suerte para eso, tenía un don que también a la vez era amado por ellas, en ese sentido creo que dentro de su poesía hay algo de eso. Yo no te puedo hablar de cómo era mi padre aquí, sino de cómo era mi padre en Cuba [Jorge vivió gran parte de su vida en Cuba]. Mi padre en Cuba caía muy bien por su personalidad, por su nivel cultural, por todos los conocimientos que él tenía, a parte de eso era una persona con un humor muy especial, por lo que fue muy admirado. En cuanto a la bebida, mi padre sí tomaba…tomaba muchas veces para divertirse y era parte de su personalidad. Estar lejos de su patria también lo motivó a recurrir a la bebida, pero también le proporcionó etapas muy creativas. Yo pienso

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que estas cosas le aportaban a toda su vida creativa. La bebida en algunas personas las destruye, pero en el caso de mi papá no le pasó nada de eso. ¿Cómo era Roque como padre? Yo tuve la oportunidad de siendo muy niño relacionarme con él, porque yo cuando estaba en Europa, no tenía la edad de ir a la escuela, y entonces me tocó viajar con él a varios países de Europa. Mi padre siempre nos hacía hincapié que lo más importante en la vida era el conocimiento, en ese aspecto si pienso que mi padre fue estricto para que fuéramos hombres íntegros. ¿Cómo se siente ser hijo del poeta salvadoreño más reconocidos a nivel internacional? Talvez esto suene algo banal pero me siento orgulloso de que eso sea así, pero más orgulloso me sentiría que los salvadoreños se sintieran orgullosos de la misma manera, porque la obra de mi padre no sólo me pertenece a mí o a mi hermano, sino que a todos los salvadoreños; y si algo me duele es que a veces los salvadoreños como que tienen una lejanía, un desconocimiento de lo que fue verdaderamente Roque Dalton, que no era solamente un político, un hombre que escogió el camino de las armas, sino que también era todo un generador de pensamientos y eso se desconoce bastante en este país todavía. Creo que últimamente es que se ha empezado a tener un mayor conocimiento por la figura. ¿Qué otras cosas desconocen los salvadoreños sobre su padre? Creo que también desconocen mucho toda la proyección internacional que mi padre llegó a tener, de pronto oficialmente se trata como de obviar eso, sin embargo, mi padre es, no porque yo lo diga, el escritor de mayor trascendencia a nivel internacional. Estuvo al lado de grandes escritores del “Boom” de los años 60 como Eduardo Galeano, Julio Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez, entre otros. Entonces eso yo no sé si los salvadoreños en su totalidad lo llegan a valorar. Los cubanos sí lo valoran muchísimo, mi padre incluso está en los libros del Ministerio de Educación de Cuba, los niños o los jóvenes en Cuba llegan antes de entrar a la universidad sabiendo quién es Benedetti (poeta uruguayo), pero saben también quién es Roque Dalton, entonces es doloroso que aquí en El Salvador no saben quién es Benedetti y saben poco de quién es Roque Dalton, entonces eso para mí es un poco doloroso… penoso más bien. ¿Qué piensa sobre el homicidio de su padre? Tanto mi hermano como yo seguimos diciendo que el crimen de mi padre sigue en la impunidad, debido a que el país se ha acostumbrado a vivir así bajo impunidad. Además el asesinato de él está dentro de los crímenes que han marcado a está sociedad y que siguen impunes bajo un telón de oscuridad, como es el caso de monseñor Romero [asesinado en 1980 por los escuadrones de la muerte]. Algunos de los que saben y participaron directamente en el crimen están vivos, incluso unos viven aquí en el país y ellos son los que saben. No han tenido la dignidad de decir verdaderamente qué fue lo que sucedió, algo más oscuro de lo

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que nos imaginamos tiene que haber sucedido cuando los asesinos de mi padre tienen un pacto de silencio y el Gobierno mismo tampoco hizo mucho por aclarar nada, ni porque se investigara, así como ha hecho con otros casos. ¿Quiénes son los que tienen que aclarar el asesinato de su padre? En el caso de mi padre la izquierda es la que tiene que aclararlo. Alguna vez tengo la esperanza de que eso se haga. En ellos está la posibilidad de aclarar qué fue lo que verdaderamente sucedió. Nosotros como familia estamos en esa espera igual que el resto de los salvadoreños. También los cubanos quieren saber qué fue lo que sucedió, porque en Cuba el asesinato de mi padre es como una cosa muy familiar. ¿Entonces ustedes como familiares piden su esclarecimiento? Nosotros como familia lo que más quisiéramos es justicia, por supuesto, pero más que todo pedimos que El Salvador reconozca más a mi padre como un escritor como debe de ser, un hombre íntegro, un intelectual que se merece tener un reconocimiento mayor en su propio país, eso es lo que más desearíamos como familia y por supuesto, el esclarecimiento del crimen también es una cuestión prioritaria. ¿Cómo se sintió cuando se enteró del asesinato de su padre? En aquel tiempo yo era muy jovencito…fue una cosa muy dolorosa por supuesto y en la manera que sucedió, y aún a estas alturas que no se ha aclarado su homicidio lo sigue siendo. Nosotros como familia no podemos llevarle flores a la tumba, ni hacer nada alrededor de eso, porque como no se ha esclarecido ni siquiera donde está el cadáver. Joaquín Villalobos [uno de los asesinos de Roque Dalton] llegó a decir descaradamente que nos iba entregar el cadáver. Yo incluso hice un viaje desde México, estando mi hermano y mi mamá aquí, porque estaba toda la posibilidad de que nos estregarán el cadáver y cuando yo vine a ver todo fue falso, fue una gran mentira. Joaquín Villalobos es el que sabe donde está el cadáver de mi padre, es tan cobarde que no lo quiere decir, y hay gente que siempre ha estado alrededor de Villalobos que saben perfectamente donde está enterrado. Porque lo del Playón – lugar donde probablemente fue sepultado– y eso que pasó, que dijeron dónde estaba –el cadáver de mi padre– no es cierto, porque mi hermano y yo fuimos a ver con los peritos de la ONU –Organización de las Naciones Unidas –, y ahí no era posible que pudiese haber un cadáver. Joaquín Villalobos y todos los que tienen que ver se han desentendido de este asunto. ¿Qué le pediría a Joaquín V illalobos? Sigo exigiendo a Joaquín Villalobos una cuestión de justicia, que termine por lo menos de cumplir con lo que prometió y no se lo prometió solamente a nuestra familia, sino que durante los días posteriores a la firma de los Acuerdos de Paz (enero de 1992), lo dejó dicho en un discurso, es decir, lo prometió ante la opinión pública, también lo reconoció en entrevistas.

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¿En Cuba recibieron algún tipo de apoyo por el homicidio de su padre? Los que estuvieron cerca de nosotros fue la institución Casa de las Américas, allá donde trabajaba mi padre y ellos dieron la noticia en Cuba de lo que por lo menos nos había llegado en aquel momento. En ese tiempo se decía que la CIA lo había asesinado y que no sé qué y esa versión de que la CIA lo había asesinado favoreció mucho a la versión que Joaquín Villalobos sostuvo durante algún tiempo. Eso fue una gran mentira que favoreció a los asesinos, incluso en Cuba hay mucha gente que piensa que la CIA lo asesinó. ¿Cuál es el último recuerdo que tiene de su papá? Difícil no te puedo decir… o sea no sé en qué momento mi padre desapareció de nuestras vidas…de pronto desapareció y ya. Pero esa posibilidad siempre estuvo como latente porque él siempre vivió como anunciando que algún día iba a desaparecer, que se iba ir, nos estuvo preparando durante un tiempo para eso. Él nos sentaba, era de las pocas veces que era mero solemne, nos decía “miren, a mí algún día me puede pasar algo, yo estoy en una camino un poco difícil, ustedes tienen que ayudar a su madre cuando yo ya no esté”. Nosotros desde pequeños comenzamos a oír eso en nuestra casa, que esa posibilidad podía ser una realidad y desgraciadamente eso fue lo que pasó. Pero no te puedo decir en qué momento desapareció de nuestras vidas. ¿Lo que sucedió con su padre lo ha hecho cambiar de su forma de pensar? Ojalá que la izquierda salvadoreña nunca vuelva a cometer, no esos errores, sino ese tipo de crimen, porque la verdad la izquierda cometió un gran crimen al matar a mi padre. Y eso es lo que yo les reprocho, pero eso no me hace abandonar el camino de la izquierda, sigo teniendo un pensamiento de izquierda, a pesar de que no soy militante, pero por supuesto espero que algún día la izquierda sepa reconocer todos esos crímenes. Espero que un futuro no muy lejano las cosas cambien en este país, tengo esa esperanza.

* Entrevista publicada en el Suplemento Cultural del Periódico Digital ContraPunto, mayo 2008.

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Unas historias prohibidas de Roque Dalton
Por Juan

José Dalton*

Anécdotas sobre Roque Dalton SAN SALVADOR - La vida y la obra de Roque Dalton están íntimamente relacionadas, llenas de historias. Historias cargadas de un intenso humor y de un tremendo desenfado. Es un caro sueño, un anhelo codiciado por muchos, trabajar en la recopilación de datos, de pasajes para ordenar la biografía de un hombre que constituye una sólida base de referencia acerca de la identidad de los salvadoreños en el presente siglo. Los familiares y amigos de Roque estamos comprometidos en recopilar los datos dispersos; deseamos también incentivar a otras muchas personas que conocieron a Roque para que hagan públicos sus recuerdos, alegres unos, tristes otros, para ir dándole a lo que en un futuro será, seguramente, una obra biográfica más acabada de la personalidad de nuestro poeta. Y estos son retazos de ese collage... Las locuras juveniles "Era un día antes del Día de la Madre. Estábamos estudiando en el Externado, si mal no recuerdo, creo que era un sábado. Nos aburrimos de estudiar y me dice Roque: "Mirá vamos a echarnos una cerveza a La Praviana". Nosotros no tomábamos mucho, pero bueno, nos fuimos a La Praviana... Comenzamos a tomar y tomar y nos fuimos poniendo medio bolos. Entonces me dijo Roque: "Mirá, mañana es el Día de las Madres y yo tengo un chero en la YSR" -- que quedaba por la Avenida Independencia y era una estación pequeñita y daba espacios para el público--. "Vamos a recitar unos poemas, mi chero nos deja", insistía el Roque. Yo me sabía algunos poemas y Roque, por supuesto, también. Ya bolos, me convenció. Le habló al chero de la radio, que era el mismo dueño de la emisora. Al regresar a la mesa me dijo todo estaba arreglado y que nos fuéramos dentro de una media hora. Teníamos el espacio reservado... Nosotros seguimos tomando y se nos olvidó la media hora, pero de todos modos nos fuimos... Cuando llegamos, el jefe de la radio ya le había dado el espacio a un trío de ciegos. “Llegaron tarde, pero si quieren, se esperan”, nos dijo aquel hombre que no me acuerdo cómo se llamaba. Nosotros aceptamos, pero con la espera se nos fueron bajando los tragos y a mí ya me faltó el valor y le digo al Roque:

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--Púchica Roque, fijate que yo ya no voy a poder recitar. --No hombre, no te preocupés. – “Es que se me van a olvidar las poesías”. --No te preocupés, yo te las soplo. --Vaya, pues... Entonces el Roque le habló por teléfono al cura del Externado que nos daba clases de literatura, el Padre Landareche, y le dice que íbamos a estar recitando en la radio. Ya cuando llegó la hora de recitar, como a mí me tocaba primero, recité una poesía de Amado Nervo, El Beso, y comienzo... El beso, ¿qué es el beso?... y a medio camino se me olvida... y el Roque me sopló lo que venía; yo sigo, pero se me vuelve a olvidar y el baboso soplándeme suavecisto para que no se oyera en la radio, y al fin terminé..., sudando la gota gorda. A Roque le tocó después y recitó como tres poesías. Al terminar yo decía: Vaya, gracias a Dios que al fin salimos de esto. El lunes siguiente cuando llegamos al Colegio, el Padre Landareche dijo: "Roque, muy bien con los poemas que se recitó y tú Currlin, las pausas que hacías eran demasiado largas, cuando sabe que la poesía es fluida, la poesía es fluida..." Las fiestas colegiales "Nosotros hacíamos reuniones y grandes fiestas en una casa de la familia de Roberto Matheis Regalado en el Lago Coatepeque. Las fiestas eran terribles. Nos embolábamos y hacíamos cosas casi sádicas, como amarrar a la gente y apagarles cigarros en el cuerpo a los que se les pasaba el trago. Recuerdo que a uno, de tanto que había tomado, se fondió. Lo desnudaron, le dieron vuelta, boca abajo y la echaron clara de huevo en las nalgas... Cuando se despertó al día siguiente, gritaba: "No, hijeputas, ahora si que los mato, los matos todos hijeputas..." (Relatos de William Currlin, compañero de Roque Dalton en el Externado "San José", ambos se graduaron en la promoción de 1952, entre otros, junto a Roberto Matheis Regalado, Luis Domínguez Parada). Vivencias de Praga "Dicen que una vez en Praga hubo una reunión de los partidos comunistas y a cada representante radicado en aquella ciudad europea, donde vivimos tres años, le tocaba ir a recibir a su delegación que viajaba para tal evento. Muchos salían de sus países, como los salvadoreños, en la más absoluta clandestinidad. Durante varios días mi padre fue, pese al crudo invierno, con otros de sus compañeros latinoamericanos a recibir a los invitados al aeropuerto. La mayoría llegó a tiempo y con la formalidad debida. El invitado de El Salvador no llegaba y mi padre se impacientaba y se impacientaba pero no se vencía. "No te preocupés Roque, no sabemos que le habrá pasado al compañero de tu

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partido, quizás tuvo dificultades, pero vos podés integrarte a cualquiera de las delegaciones centroamericanas...", le decía un anfitrión para consolarlo. "No hombre, tiene que venir...", decía con convicción de que el salvadoreño llegaría. Unas horas antes de que se inaugurara el evento aterrizó el que se suponía que era el último avión que iban a esperar. Los pasajeros fueron saliendo poco a poco y el último en salir fue un hombrecito con una toalla amarrada al cuello y sus manos frotándose el cuerpo... "¡Ese es, ese baboso es el salvadoreño!", gritaba mi padre con gran júbilo. Y efectivamente, era el salvadoreño..." (Relato de Jorge Dalton, hijo menor de Roque) El gran viajado "En La Habana había una recepción. Se conmemoraba una fecha latinoamericana o se inauguraba un evento cultural de gran envergadura. Un funcionario cubano presentó a Roque Dalton con Gustavo Porras (ex guerrillero guatemalteco). "Roque, te quiero presentar a "Jorge", él es guatemalteco y te conoce por tu obra", le dijo el cubano. "Si, compañero, he leído tus poesías... Además he estado en su país, El Salvador", le dijo Porras, quien entonces por el clandestinaje usaba el seudónimo de "Jorge". "Ah!, de veras conocés El Salvador?, entonces sos un gran viajado, muchá...", le respondió Roque. Y todos alrededor dispararon grandes carcajadas. (A "Jorge", Roque Dalton dedicó su poemario Taberna y Otros Lugares, Premio Casa de las Américas, 1969). La dedicatoria dice así: Querido Jorge: Yo llegué a la revolución por la vía de la poesía. Tú podrás llegar (si lo deseas, si sientes que lo necesitas) a la poesía por la vía de la revolución. Tienes por tanto una ventaja. Pero recuerda, si es que alguna vez hubiera un motivo especial para que te alegre mi compañía en la lucha, que en algo hay que agradecérselo también a la poesía. Hermanos de leche "Una vez en un acto en memoria a Roque Dalton, en México, el poeta Eraclio Zepeda, quien fue amigo de Dalton, narró la siguiente pasada: Les voy a contar cómo era Roque. Un día íbamos caminado por La Habana y él se encontró a un amigo cubano y le dice: Te presento a mi hermano mexicano Eraclio Zepeda. Ah? - dijo el amigo- son compañeros.

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No, somos hermanos de leche, dijo Roque. Chico, tu dirás hermanos de parte de madre, dijo el cubano. No, el problema es que hemos mamado de la misma teta..." (Relato que me contó Roberto Quezada, quién asistió al homenaje en México, a principios de 1980) * Estas anécdotas fueron publicadas en la desaparecida revista “Tendencias”, y publicadas posteriormente en el periódico digital ContraPunto, el 04 de abril 2009.

¿Quién mató a Roque Dalton?
Por Hermann

Bellinghausen*

A 35 años de su asesinato, Roque Dalton (1935-1975) está más vivo de lo que jamás pensaron sus detractores literarios, y pervive también, intensamente, en términos políticos y de experiencia revolucionaria. Es uno de los muchos caídos en las esperanzadoras insurrecciones en los años 70 del siglo pasado que terminaron enlutando Centroamérica y el Cono Sur, y que, con excepción de Nicaragua, fueron derrotadas. Lo particularmente doloroso en el caso de Dalton es que fue asesinado por sus propios compañeros de lucha en El Salvador. La noche del 10 de mayo de 1975, mientras dormía, recibió un tiro en la cabeza por decisión de tres de los cuatro miembros de la Comisión Militar del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP): Joaquín Villalobos, Alejandro Rivas Mira y Vladimir Rogel Umaña. Ellos mismos se encargaron de la ejecución. Para entonces, Dalton llevaba un mes preso por los mandos del ERP, al cual pertenecía; lo acusaban de agente, primero de la CIA, y después castrista. El propio Fidel Castro reviró, y acusó de agentes de la CIA a Villalobos y a sus socios del tribunal guerrillero. Al parecer, el gran delito del poeta fue insistir en que antes de la insurrección era necesario crear un frente de masas, o sea, tener bases en la sociedad descontenta. Eso acabaron haciendo los guerrilleros que confluyeron en el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) después de la muerte de Dalton. Joaquín Villalobos llegó a ser uno de los comandantes del FMLN, y tras los

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acuerdos de paz del Castillo de Chapultepec, que dieron fin a la guerra de El Salvador en 1992, regaló su arma al presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari; arma que a su vez había entregado a Villalobos el comandante Fidel Castro. El gesto le ganó un boleto de primera clase a la Universidad de Oxford, donde sufrió una metamorfosis, como ha ironizado Roberto Bardini. Los estudios de posgrado hicieron de Villalobos especialista en problemas de seguridad y le permitieron asesorar al gobierno fascista de sus antiguos enemigos de ARENA, y más recientemente al presidente colombiano Álvaro Uribe. Su deuda con Salinas era grande, y no dudó en trasladarse a México en enero de 1994 para sobrevolar la selva Lacandona junto con mandos del Ejército federal, para orientarlos en la ofensiva que preparaban contra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, a raíz del levantamiento indígena de Chiapas. El asesino de Roque Dalton vuelve a México en 2010 para hablar en Los Pinos ante el cuerpo diplomático y el gabinete del presidente Felipe Calderón, evaluar positivamente su guerra contra el crimen organizado y delatar los mitos que la intentan desprestigiar (La Jornada, 9/01/10). Coincide la visita con la nueva publicación (¡en Australia!) del libro más emblemático y polémico de su víctima,Historias y poemas de una lucha de clases (editorial Oceansur, Melbourne, 2010), que Dalton escribió hacia 1975, póstumamente conocido como Poemas clandestinos (1981). Una franja de sus ideas y convicciones hoy resultan obsoletas pero fueron comunes en la izquierda latinoamericana de los años 60 y 70 del siglo XX, como el sovietismo devoto o el rechazo intransigente a la homosexualidad (aunque debe reconocerse que ya había asumido la igualdad de las mujeres, pues aprendió las primeras lecciones del feminismo sesentero, lo que en esa tradición de izquierda tenía su mérito). Toda generación de poetas es en parte obsoleta. Para ilustrarlo con el caso mexicano e independientemente de los logros artísticos, esto aplica a los modernistas porfirianos, los estridentistas, los Contemporáneos, las revistas Taller eHijo pródigo o el valemadrismo infrarrealista. Pero lo que va quedando es la poesía, donde la hay. Y las verdades que la alimentaron. Revolucionario de corazón, militante íntegro y comprometido hasta el final, en Historias y poemas,Roque Dalton se desdobla en cinco heterónimos, poetas de su invención: la joven activista Vilma Flores, el líder estudiantil Timoteo Lúe, el también narrador Juan Zapata, el ensayista literario Luis Luna y el de mayor edad, Jorge Cruz, asesor jurídico del movimiento obrero católico, especialista en Paulo Freire y presunto autor de una Oda solidaria a Camilo Torres; su alter ego Dalton transcribe la serie Poemas para salvar a Cristo, incluyendo el memorable Credo del Che. Víctima de un error estalinista del hoy oxfordiano asesor bélico de gobiernos neoliberales y represivos, Dalton tiene asegurado su lugar como autor fundamental (y siempre incómodo) en las letras salvadoreñas y el conjunto de la literatura en lengua castellana. Tan sólo su libro más conocido, Las historias

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prohibidas de Pulgarcito (1974), en deuda con las misceláneas de Julio Cortázar, pertenece a la estirpe cuasi nerudiana de Guatemala: las líneas de su mano, de Luis Cardoza y Aragón, y Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. ¿Quién dijo que la poesía no muerde?

Los mayos de Roque Dalton
Por Mario

Benedetti*

El poeta salvadoreño Roque Dalton nació un 14 de mayo (de 1935) y murió un 10 de mayo (de 1975), sólo cuatro días antes de cumplir 40 años. Educado en un colegio jesuita, estudió luego jurisprudencia, ciencias sociales y antropología. Militante de izquierda y fervoroso antiimperialista, fue varias veces galardonado como poeta y otras tantas encarcelado como activista. Incluso fue condenado a muerte en 1960, pero la sentencia no se cumplió gracias a que el dictador José María Lemus cayó pocos días antes de la fecha fijada para la ejecución. Más de una vez logró escapar de otras prisiones, en alguna ocasión con la complicidad de un terremoto. En distintas épocas, vivió como exiliado político en Guatemala, México, Checoslovaquia y Cuba. Paradójicamente, quien tantas veces había estado a punto de morir a manos de la derecha ultraconservadora fue sin embargo asesinado en su país, el 10 de mayo de 1975, por una fracción ultraizquierdista de la organización a la que pertenecía. (El principal responsable del grupo que decidió su eliminación, Joaquín Villalobos, actual dirigente del FMLN, reconoció tardíamente que la misma había sido un trágico error).Cuando un poeta llega a dar su vida en las luchas políticas, la inmediata posteridad suele dramatizar el holocausto, poniendo el acento en la zona más riesgosa de su compromiso. Sin

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embargo, ese justo rescate de una actitud coherente y valerosa, puede a veces opacar otros rasgos primordiales. En el caso de Roque Dalton, uno de esos rasgos es el humor. Desde su primer libro La ventana en el rostro, habla de "los pobres locos que hasta la risa confundimos / y a quienes la alegría se nos llena de lágrimas". Este poeta, que en el trato personal era un fabuloso narrador de chistes (los coleccionaba, casi como un filatélico), nunca llevó a su poesía la broma en bruto, sino la metáfora humorística. Por cierto, ésta no siempre era sencilla o fácilmente asimilable, ya que por lo común estaba rodeada de resonancias culturales. Cuando Roque menciona, por ejemplo, que "las hojas se secaron entre las obras de Kipling", o cuando, en el brevísimo Después de la bomba atómica, llega a preguntarse: "Polvo serán, mas ¿polvo enamorado?", el humor se da en un ámbito de cultura, sin el cual perdería su efecto. En más de una ocasión (incluso en un largo reportaje que le hice en 1969) Roque reconoció sus lazos con el fútbol, el tango, el lunfardo y el humor rioplatenses. El sesgo irónico de Taberna y otros lugares, y los libros subsiguientes, no es por cierto demasiado centroamericano y más bien entronca con Macedonio Fernández y hasta con Bustos Domecq; también, a través de ellos, con el sutil humor inglés, una de las pocas cosas buenas que nos dejó en la región el colonialismo británico. Cuando lo incorpora a una referencia política, el poeta salvadoreño usa el humor de un modo oblicuo, indirecto, y sí le otorga un valor fundamental, ya que le sirve de fijador ideológico: "Mi verdadero conflicto / hondureño-salvadoreño / fue con una muchacha". En Guatemala feliz se refiere, sin decirlo, a su ex admirado Miguel Ángel Asturias: "Cada país tiene el Premio Nobel que se merece En El general Martínez, otro poema brevísimo, sabe retomar un emblema de la propaganda del dictador, para desenmascarar un rasgo aparentemente positivo: "Dicen que fue un buen presidente / porque repartió casas baratas / a los sobrevivientes". A veces el humor de Roque no apela a la ironía, sino a la mera alegría de vivir: "La rosa ciega a los campeones de tiro". O se conduele: "Los poetas comen mucho ángel en mal estado". O simplemente comenta: "Es que los escrúpulos son ahora aburridísimos". Ahí la gracia no reside en el recién descubierto tedio, como en la sorpresa que aportan las entrelíneas: que el poeta sienta nostalgia de los divertidos escrúpulos de antaño. Quizá por eso pueda escribir: "Pienso seguir siendo un muchacho por 30 años más". Y si bien el crimen cercenó esa cifra, lo cierto es que murió siendo un muchacho, probablemente fiel a uno de sus versos más antiguos: Bajo las sábanas me río. Ahora bien, si sólo nos detenemos en el humor poético de Roque, corremos el riesgo de dar una imagen superficial de su actitud ante la vida. El humor es en su obra un estupendo fijador de ideas, ya no jocosas, sino rigurosas e inquebrantables, profundas y arraigadas en su conciencia. Cintio Vitier vio, con nitidez, que la risa era en Roque "su tercer lenguaje, en el que mejor decía su ira y su tristeza". El humor es simplemente un instrumento literario que realza y afiligrana sus temas cardinales, que son, por orden de prioridades: la compleja

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relación con su país, su laberíntica educación sentimental, y por último, su ejercicio del riesgo y la osadía. Ante su país pequeñísimo, que Gabriela Mistral bautizó para siempre como el Pulgarcito de América, Roque tiene una actitud de amor / odio que impregna su poesía de una inagotable movilidad dialéctica. La idea básica de Roque es que en El Salvador existe una injusticia consolidada, y en sus versos va dejando incuestionables signos del estado de ánimo a que lo lleva esa comprobación: "Patria dispersa: caes / como una pastillita de veneno en mis horas. / ¿Quién eres tú, poblada de amos, / como la perra que se rasca junto a los mismos árboles / que mea? ¿Quién soportó tus símbolos, / tus gestos de doncella con olor a caoba, / sabiéndote arrasada por la baba del crápula? / ¿A quién no tienes harto con tu diminutez?". En el fondo de ese sarcasmo hay, sin embargo, un imborrable trazo de amor. El poeta ridiculiza al falso país en que se ha convertido su país verdadero, pero a éste lo sigue amando y añorando: "País mío vení / papaíto país a solas con tu sol / todo el frío del mundo me ha tocado a mí / y tú sudando amor amor amor". En este aspecto, como en tantos otros, es obvio que Roque se encuentra más cómodo en la cercanía de Vallejo que en la de Neruda. En aquel reportaje de 1960, me había confesado con franqueza: "Mira, yo quisiera ser uno de los nietos de Vallejo. Con la familia Neruda no tengo nada que ver. Hemos roto nuestras relaciones hace tiempo". Pero está el otro amor, el más corriente y humano, henchido de erotismo, soplos de ternura y perentorias melancolías, que también suele estar vinculado a sus intermitentes visiones de El Salvador y la revolución latinoamericana. Por ejemplo, Poema jubiloso comienza con cierta unción patriótico-amorosa: "En mi patria hecha para probar catapultas y trampas / vive esa suerte de mujer que amo"; continúa con una moderada tasación política ("Ah cómo sirve mi mujer guerrera y acechada poblada de húmedas culebras que alivian a las grandes bestias polvorientas") y termina con un alegre desparpajo sexual, que de alguna manera barre con la retórica anterior: "Su cuerpo es todas las cosas. / Mi mujer se llama Ximena o conejito celeste o simplemente muchacha / y la conocí hace cinco minutos". No obstante, cuando Roque logra sus mejores poemas eróticos es cuando los desvincula de la política, la revolución o la lucha de clases, y se concentra en la mujer, casi diría en el cuerpo de la mujer, y mejor aún, en su incanjeable desnudez. Es cuando escribe: "Amo tu desnudez / porque desnuda me bebes con los poros, / como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo. / Cuando te me desnudas con los ojos cerrados / cabes en una copa vecina de mi lengua, / cabes entre mis manos como el pan necesario, / cabes bajo mi cuerpo más cabal que tu sombra. ( ... ) El día en que te mueras te enterraré desnuda, / como cuando naciste de nuevo entre mis piernas". La desnudez es en cierto modo su demanda de lo femenino; su comunicación con la mujer necesita como el pan el cuerpo a cuerpo, pero el poeta no se queda en una relación meramente camal. Sólo a través del cuerpo al natural, puede tocar la desnudez del alma, también al natural. En los poemas amorosos de Roque tienen

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su parte la seducción sexual, el embeleso del tacto, pero también hay gracia, goce espiritual, sensibilidad correspondida. Por último la muerte. Así como el amor tiende un cabo a las nociones de patria y revolución, también la muerte, en poemas muy puntuales, se vincula a su país y, al amor. Un hombre como Roque, que había hecho de la alegría una de sus fructíferas reservas de vida, no podía aterrorizarse ante la inevitabilidad de la muerte. Pero tampoco podía obviarla, fingir que no existía. Por el contrario la asume: "Los muertos están cada día más indóciles. ( ... ) Hoy se ponen irónicos, / preguntan. / Me parece que caen en la cuenta / de ser cada vez más la mayoría". O deja instrucciones a alguien, seguramente a un ser amado, para cuando la inexorable finalmente le dé alcance. Es un poema austero, sin retórica, uno de los puntos más altos de su obra: "Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre / porque se detendrían la muerte y el reposo. / Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos, / sería el tenue faro buscado por mi niebla. / Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas. / Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta. / No dejes que tus labios hallen mis once letras. / Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio. / No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto: / desde la oscura tierra vendría por tu voz. / No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre. / Cuando sepas que he muerto, no pronuncies mí nombre". En este mayo, Roque cumpliría 59 años, pero hace 19 que en otro mayo acabaron con él y su lumbre de muchacho. Hace 19 que sabemos que ha muerto y sin embargo pronunciamos su nombre. Y no es que sólo lo haga el receptor o la destinataria del poema. Contrariando sus expresas, ingenuas, diáfanas instrucciones, todos pronunciamos su nombre, no sólo porque su obra es de las más originales, removedoras y comunicativas que ha producido en América Latina la poesía conversacional, sino también porque Roque fue un ser humano tan espléndido, tan dedicado a consolidar la alegría del prójimo, que pronunciar su nombre es una forma más de perpetuar ese temple vital que él mismo dio en llamar su júbilo matutino y palpable".

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El vía crucis de Roque
Por Claribel

Alegría

MANAGUA - A ese muchacho se le ve la muerte en la cara -le dijo Aurora a Luisa, refiriéndose a Roque Dalton. -Qué va -exclamó Luisa-, es como los gatos. Siempre se escapa de la muerte en alitas de cucaracha. La primera vez lo salvó un temblor. Estaba en la cárcel de Cojutepeque, el temblor botó la pared y él pudo escaparse. La segunda vez sólo le faltaban dos días para ser fusilado y en eso vino el golpe que derrocó a Lemus, el dictador de turno. Roque y Luisa nunca se conocieron personalmente, pero se escribían cartas desde Praga y París, donde ambos se deleitaban hablando de las pupusas salvadoreñas, del gallo en chicha, de los panes con chumpe y de todos esos sabores y olores exquisitos que en Europa les estaban vedados. Una vez que Luisa viajó a Cuba, Roque la estaba esperando en el aeropuerto con un ramo de flores, pero el avión de Luisa se retrasó dos días y él tuvo que viaja al interior. Desde allí le enviaba papelitos que invariablemente le entregaban a la hora del almuerzo. Nunca llegaron a darse un abrazo, pero un amigo común aseguraba que según Roque, Luisa le había enseñado a bailar la rumba. Años más tarde, ese mismo amigo llamó a Luisa para anunciarle la muerte de Roque. Las informaciones eran confusas, imprecisas, todavía no se sabía quién lo había asesinado. A Luisa le impresionó profundamente la noticia y esa misma tarde, para sentirse un poquito más cerca de él quiso leer en voz alta algunos de sus poemas. Abrió el libro al azar y sus ojos tropezaron con los versos: "Cuando sepas que he muerto, no pronuncies mi nombre”. Del libro: "Luisa en el país de la realidad “, de la novelista Salvadoreña Claribel Alegría. Ediciones UCA Editores, julio, 1997. (Este texto fue publicado en el Suplemento Cultural ContraPunto Mayo/09)

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El asesinato de Roque Dalton
Por Beatriz

Cortez

Como sabemos, los asesinatos no concluyen con la desaparición física de las víctimas. Siguen con la difamación de su carácter, con la apropiación de los despojos de la víctima, con la manipulación de su memoria. Al leer las declaraciones de Jorge Meléndez, también conocido como Jonás (“yo estuve allí y yo sé lo que pasó”), me doy cuenta de que el asesinato de Roque Dalton no ha concluido, que sigue. En el comunicado emitido por quienes asesinaron a Dalton pocos días después del crimen, se leía que “el Ejército Revolucionario del Pueblo, E.R.P. acaba de salir victorioso de uno de los ataques más peligrosos que lanza la tiranía del imperialismo”. En la actualidad, Jorge Meléndez todavía declara: “En ese proceso del ERP con mucho orgullo yo soy partícipe”. Y en un esfuerzo por diluir su responsabilidad en el asesinato de Dalton, argumenta que “entre uno de los episodios del ERP está un episodio que, entre otras cosas, [culmina] con la muerte de Roque Dalton, de eso, somos actores todos los miembros de aquel entonces del ERP y yo fui un miembro del ERP con mucho orgullo. Todo lo bueno, lo malo, todo que se hizo somos responsables”. El intento de Jorge Meléndez de culpar a todo el ERP por el asesinato de Dalton es una verdadera ofensa porque el ERP de entonces estaba también formado por muchos combatientes comprometidos que jamás fueron informados de lo que había transpirado, ni antes ni después, y estos combatientes incluían a Dalton y a otras futuras víctimas, como Lil Milagro Ramírez. Sin embargo, del actual proceso de búsqueda de la verdad que ha iniciado la familia Dalton el ERP sí saldrá victorioso, pues como lo señala Juan José Dalton, “nuestro esfuerzo ayudará a lavar la mancha ingrata que los asesinos de Roque incrustaron en el alma del heróico ERP”. El Presidente Mauricio Funes, por su parte, es partícipe del proceso de apropiación de la memoria de Roque Dalton. Lo dice abiertamente: “cuantas veces yo deba utilizar fragmentos del poeta Roque Dalton en mi discurso lo voy a hacer porque es patrimonio de mi país y es una manera de reivindicar su nombre”. Más allá de la arrogancia que representa que alguien considere el simple acto de utilizar el nombre de otra persona para sus propios propósitos como una forma de reivindicarlo, me parece importante considerar esa propuesta de que “Roque Dalton ya no es de los hijos ni de la viuda” como dice el Presidente Funes, que el poeta ha pasado a ser “Patrimonio Nacional”. Patria idéntica a vos misma pasan los años y no rejuvenecés deberían dar premios de resistencia por ser salvadoreño

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Se trata de un delicado problema de ética. No podemos “nacionalizar” a Roque Dalton cuando Roque Dalton, a nivel personal, le pertenece y le va a pertenecer siempre a su familia y Roque Dalton, como poeta, y su legado, le pertenecen al pueblo salvadoreño por el que él luchó, al que él escribió su poesía. Pero no le pertenece al Estado, no está bajo decreto del Estado, no es propiedad del Estado. Hay una diferencia enorme entre ser patrimonio nacional y ser parte de la conciencia cultural de un pueblo, como es el caso de Monseñor Romero y de Roque Dalton. Yo volveré yo volveré no a llevarte la paz sino el ojo del lince el olfato del podenco amor mío con himno nacional voraz ya le comiste el cadáver de don Francisco Morazán a Honduras y hoy te querés comer a Honduras Dalton escribió en uno de sus más conocidos versos: “Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre / porque se detendría la muerte y el reposo”. Pero no lo escucharon, porque su nombre sigue siendo utilizado por quienes no deberían pronunciarlo. “Cada vez que se habla de Roque Dalton, siento mucho orgullo de Roque Dalton” dijo Jorge Meléndez a la prensa recientemente. Y cada vez que pronuncia su nombre se detiene la muerte y el reposo del poeta. La memoria de Roque Dalton sigue siendo utilizada por quienes lo han matado, tanto físicamente como por quienes han secuestrado nuestro derecho a la verdad. “No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto: / desde la oscura tierra vendría por tu voz”. Y aquí está. En la demanda de una familia que ha sufrido la pérdida en privado por 35 años, pero también en el pueblo salvadoreño que acuerpa a la familia y que es también legítimo heredero de Roque Dalton. En efecto, Roque Dalton sigue luchando desde más allá de la tumba que aún no tiene. Y por no tener esa tumba, tiene altares y flores y versos que proliferan por todos lados, en el corazón, en las casas, en la vida cotidiana del pueblo al que él le dejó en herencia un mapa de certezas escritas en versos. Nos dijo, por ejemplo, por qué escribir. Porque vivimos en una realidad dura, porque la vida es breve, porque somos parte de un proceso donde se fija nuestra historia, porque el futuro es inmenso: “vendrán nuevos hombres/ pidiendo panoramas.//Preguntarán qué fuimos,/ quiénes con llamas puras les antecedieron,/ a quiénes maldecir con el recuerdo.// Bien./ Eso hacemos:/ custodiamos para ellos el tiempo que nos toca”. Nos dijo, por ejemplo, cómo construir la paz. La paz no se construye dejando las armas en manos enemigas, es decir, siendo víctimas perennes. Todo lo contrario, la paz se construye sólo ante la certeza de que el tiempo de ser víctimas de la violencia ha terminado. El poeta lo dijo claramente: “Nos robaremos todos los fusiles, apresuradamente”, “Tendremos todos los fusiles, alborozadamente”, “caminaremos hasta los sembradíos/ y enterraremos esperanzadamente/ a todos los fusiles,/ para que una raíz de pólvora haga estallar en mariposas/ sus tallos minerales/ en una primavera

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futural y altiva/ repleta de palomas”. Bien. Eso es lo que hacemos. Luchar con la palabra para ya no ser víctimas de la impunidad y para construir la paz y el futuro que soñamos. Feliz cumpleaños Roque Dalton.

Beatriz Cortez es catedrática y columnista de ContraPunto.

Auto-incriminación y silencio. Roque Dalton y el Ejército Revolucionario del Pueblo
Por Rafael

Lara-Martínez

Desde Comala siempre…Entre los múltiples documentos empolvados que ocultos se conservan en la Biblioteca de Aztlán en Comala, se halla una serie de recortes periodísticos y dos comunicados en letra a máquina. No están fichados en el catálogo general de la Biblioteca y los encontré al azar mientras merodeaba sin rumbo por los innumerables pisos y estantes desordenados. Los recortes están pegados con cinta adhesiva a páginas en blanco, a veces superpuestos lo que dificulta su lectura y desciframiento. A veces hay un escrito a mano que especifica su fuente de origen; en otros casos, no se menciona el lugar de publicación. Brevemente, destaco lo más relevante de cada una de esas notas pasando de los recortes periodísticos a los dos “Comunicados” oficiales. Los recortes detallan noticias de la confusión sobre el asesinato del poeta salvadoreño Roque Dalton (1935-1975), el apoyo del mundo intelectual a su legado y revelación del grupo partidario que lo ejecuta el cual denigra su obra por superficial, carente de “significación” y de arraigo en la realidad nacional. Los comunicados son netamente auto-acusatorios del asesinato que se comete contra un “pequeño-burgués” sin mayor valor intelectual más allá de su “promoción individual” y aventura. Hay un volante de una página que reproduzco al final del escrito, al igual que un largo ensayo que legitima su asesinato. El primero lo firma el “Estado Mayor del Ejército Revolucionario del Pueblo” (ERP). El segundo comunicado lo avala el mismo “ERP” y la

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“Comisión Política del Comité Central del Partido de la Revolución Salvadoreña Marxista-Leninista” (PRSML) que aparentemente son la misma institución. Aun si la documentación no anota nombres propios de los individuos implicados en el crimen, testigos sobrevivientes de ese evento trágico podrían testimoniar al respecto. Este quehacer rebasa mis facultades jurídicas de investigador lo cual sería competencia de un abogado o fiscal. I. Recortes periodísticos Los tres recortes de la primera página se intitulan “No Saben Nada de Roque (Una antigua doméstica [reseña angustia de] María García Medrano)”, “Si está muerto quiero el cadáver de mi hijo. Dice Madre del Poeta Dalton (la madre del conocido intelectual y revolucionario se aferra a una lejana esperanza –de que su hijo está vivo y fundamenta esa ilusión en el hecho concreto de una conversación telefónica con la esposa de Roque, Aída de Dalton García, quien reside en La Habana, Cuba y quien le dijo que estuviera tranquila, lo mismo que una carta que recibió de su hijo procedente de Corea del Norte, cuando la señora María García Medrano viajó a Cuba a principios de este año. Creo que mi hijo no ha muerto)” y “Publicación Clandestina Condena Muerte de Dalton García (reseña pugna entre Resistencia Nacional que acusa al Ejército Revolucionario del Pueblo por el asesinato debido a lucha ideológica que venía dándose en el seno del ERP [que] gestó una desviación militarista)” (La Crónica, 30 de mayo de 1976). La segunda reza “Maoístas Asesinaron al Poeta Roque Dalton en El Salvador” (fecha ilegible), la cual anuncia el «panegírico [que] hizo Casa de las Américas el 14 de septiembre”. “Radio Habana [declara] que [a] Dalton lo encontraron muy moderado, “revisionista”, “vendido al imperialismo”, “al servicio de la CIA”, etc. Los habaneros elogiaron la labor de indoctrinamiento comunista de Dalton, su adhesión incondicional al gobierno castrista, su vida entregada por completo a aquel régimen, cosa que le valió el cargo que desempeñó en La Casa de las Américas» (DdeH, 18/9/75). Al lado hay una reseña de Luis Mejía Vides sobre “Un poema de Roque Dalton” la cual señala recepciones bastante distintas de su obra —la de un “borracho en Taberna” que “ha perdido los valores más sagrados”— que la aceptación generalizada que le depara la actualidad (Latino, 6-IX-71). Ambas fechas y nombres de periódicos están semi-cortados y los restituyo por intuición. La tercera página se lee “Aseguran Roque Dalton está en Viet Nam Norte (Familiares y amigos de Roque Dalton, se niegan a creer que éste fue “fusilado” por el llamado Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). El presunto fusilamiento del escritor y poeta Dalton García se conoció anteayer mediante un volante mimeografiado que circuló en la Universidad Nacional, lanzado —según el texto— por la Organización Clandestina del ERP)” (Latino, mayo 30/75). Esta noticia se superpone a la leyenda que acompaña una

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foto de la madre de Dalton, “muerte sin confirmación” (El Diario de Hoy, 30 de mayo de 1975). La cuarta página expresa la incertidumbre: “Familiares Dudan de Muerte del Poeta Roque Dalton G. (Dudas sobre la muerte del poeta izquierdista Roque Dalton García externaron ayer familiares suyos que fueron entrevistados por El Diario de Hoy. La noticia sobre la muerte del extremista se difundió por medio de hojas sueltas en la Universidad Nacional […] en el panfleto se habló de “traición” de Dalton García al grupo que pertenecía. Sin embargo, sus familiares estiman que podría haber confusión con su muerte dado que Dalton García si acaso decidió regresar a su Patria pudo haber dado un aviso a su familia “de cualquier modo”)” (D. de H., mayo/30/75. Véase foto adjunta de Dalton). La quinta página declara «“Ejército Revolucionario” Elimina a Otro Izquierdista (Otro elemento de izquierda ha sido eliminado además de Roque Dalton García, por el autodenominado Estado Mayor del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). La información ha circulado en una hoja clandestina por la “Resistencia Nacional (R. N.)”, organización clandestina que identifica a la persona muerta únicamente con el seudónimo de “Pancho”. Dice el mensaje: “La clase obrera y las filas revolucionarias salvadoreñas han sido de nuevo víctimas de los desmanes de la camarilla militarista del ERP, la cual en un criminal y repudiable acto ha consumado otro asesinato en la persona del compañero revolucionario Pancho… un obrero industrial con larga trayectoria combativa)” (D de H, junio 4/75). La sexta hoja anuncia el encuentro con “Manlio Argueta y sobre Roque Dalton (Los escritores salvadoreños son tema principal; sin embargo, Roque Dalton, más salvadoreño que todos juntos, ocupa lugar primordial. Y aquí surgen las palabras más encendidas y la conversación ocupa el lugar común. Manlio me cuenta que la editorial Maspero, de Francia, editorial de Régis Debray, acaba de publicar una antología dedicada a Roque [esta edición no existe en ninguna biblioteca actual]; también la editorial Ocnos [Los pequeños infiernos, 1970], de Barcelona ha hecho lo mismo; la Editorial Universitaria Centroamericana, Educa, que dirige Sergio Ramírez, también publicará dentro de poco una antología preparada por Roberto Armijo [Poesía escogida, San José: Educa, 1983. Prólogo de Manlio Argueta]; lo mismo que el Ministerio de Cultura de Costa Rica, editará otra antología con introducción, notas y recolección de Manlio Argueta [acaso se trate de la misma antología anterior]. Es decir que universalmente la obra del máximo poeta salvadoreña es reconocida y apreciada”. “Sobre ello Manlio dice: “El Roque, es universal, su creatividad era ilimitada, siempre presente. Antes se decía

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que su poesía era extraña, que no iba con la época y es que Roque se había adelantado a todos los convencionalismos. Su poesía seguirá leyéndose siempre; la palabra “clásico” cabe dentro de este enfoque, pues bien llegada… Manlio promete entregarme al día siguiente copia de los comentarios que Julio Cortázar, Ángel Rama y Fernández Retamar escribieran a la muerte de Roque Dalton García)” (ElMundo, nov. 13/75). A todos ellos el grupo guerrillero que comete el crimen los tilda de “pequeño-burgueses” y “turistas revolucionarios”, sin praxis directa en el frente armado salvadoreño. Verticalmente, en la misma página, se lee otra noticia sin encabezado ni fuente bibliográfica. «“Tengo seis años de no ver a Roque”, dijo hoy la señora María García de Medrano, madre del intelectual salvadoreño Roque Dalton García, de cuya muerte se informa hoy en un matutino local, con base en un supuesto comunicado atribuido al Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP, y señalando el hecho como proveniente del mismo grupo armado”, por haber colaborado con fuerzas enemigas”. Por último, a la pregunta “Está Ud. De Acuerdo en el Fallo Calificador de los Juegos Florales Recientes al Declarar Desierta la Rama de Poesía?, sin fecha y sin fuente bibliográfica, “Roque Dalton García [declara que] si me presenté a los juegos con un trabajo conjunto en unión de Otto René Castillo”. Es obvio que esta última nota se refiere al poemario temprano “Dos puños por la tierra (1955)”, muy anterior al asesinato. De este recuento, hay que retener la incredulidad de la familia y de los amigos cercanos sobre el asesinato del poeta, las diversas noticias sobre su paradero (Corea del Norte, Vietnam…, según la madre sin noticias recientes del poeta) y la vindicación inmediata de su obra que llevan a cabo varios intelectuales en oposición a otros que la rebajan por ser desacralizadora y carecer de enlace con la realidad social. Igualmente, el balance explicita la división interna y fratricida de la izquierda salvadoreña hacia 1975. Mientras un grupo justifica el asesinato del poeta, el ERP, otro frente de izquierda, la RN, acusa la existencia de purgas internas que, por principios militaristas elimina a sus propios miembros. La confusión reinante sobre su paradero real la confirma el artículo “La izquierda asesina de la izquierda. El caso Dalton. Por Luis Suárez” (Revista Siempre, 21 de enero de 1976) el cual fecha de septiembre de 1975 en Cuba el anuncio oficial de su asesinato, es decir, con cuatro meses de retraso. “Después del tiempo de angustia sobre la suerte de Roque Dalton, la Casa de las Américas comunicó el 5 de septiembre la terrible confirmación de que el poeta fue asesinado por quienes se decían sus camaradas. Los rumores parecían confirmarse plenamente. Una fracción del Ejército Revolucionario del Pueblo […] el odio y la saña entre las propias filas de la izquierda […] en la redacción de Siempre hemos recibido, después de lo hecho a Dalton, un comunicado de la guerrilla llamada Fuerzas Populares de Liberación (FPL), de El Salvador, atribuyéndose la liquidación de Rafael Aguiñada Carranza, miembro de la dirección del Partido Comunista Salvadoreño […] la razón: “el revisionismo oportunista en nuestro país está representado por el Partido Comunista Salvadoreño (PCS) e irradia su influencia a sectores pequeño-burgueses”. Este escrito aclara aún más la fragmentación fratricida de la izquierda salvadoreña hacia 1975, escindida entre grupos guerrilleros en pugna mortal. Asimismo, señala el

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desarraigo guerrillero del PCS durante el despegue de la lucha armada, su apoyo a la vía electoral y con participación directa en el gobierno como es el caso de Aguiñada Carranza “diputado a la Asamblea Legislativa”. Al igual que el ERP, las FPL destituyen el quehacer de los “círculos intelectuales pseudo-revolucionarios” por “vacilantes” y carentes de praxis guerrillera, esto es, “revisionistas” del verdadero marxismo que lucha por la liberación nacional. La cuestión central no consiste en identificar a personas particulares por el asesinato del poeta. Carezco de fuentes primarias para hacerlo. Las noticias —y los comunicados a comentar en seguida— no apuntan nombres propios. El meollo del asunto indica que el Comité Central o la cúpula directiva de la ERP ordena la ejecución de Roque Dalton. Lejana a mi responsabilidad intelectual y documentación existente en la Biblioteca de Aztlán, cedo aclarar la identidad, y responsabilidad de esas personas a un Fiscal con plena autorización jurídica. La interrogativa legal demandaría a la dirigencia del ERP por el crimen cometido. Reviso en seguida los comunicados auto-acusatorios del “Estado mayor” del ERP. II. Los comunicados auto-acusatorios El primer volante lo reproduzco al final del artículo para que el lector juzgue por sí mismo la manera en que el grupo se auto-incrimina sobre el asesinato. El ERP acepta plena responsabilidad del crimen que justifica en términos de “infiltración enemiga”. Subrayo el cuarto párrafo el cual menciona al poeta “colaborando con los aparatos secretos del enemigo”. Se le acusa de “labor traidora” la cual “costó a nuestra organización y a nuestro pueblo la vida de dos de sus mejores combatientes Armando y Mauricio y el fracaso de algunas acciones militares revolucionarias”. El corto documento no justifica la acusación con pruebas patentes, salvo por un llamado a la fe y a la confianza de un lector pasivo quien debe aceptar el veredicto sin crítica alguna. De otra manera traicionaría la “Revolución Salvadoreña” y le haría el juego al “enemigo” oligarca y capitalista. El mismo volante establece la identidad entre el ERP y el PRSML. El segundo documento se intitula “Comunicado Número 1 del Ejército Revolucionario del Pueblo —ERP—” (véase: ilustración siguiente que establece una correlación directa entre lucha armada o militarismo, “toma del poder” y “libertad”, pese a que el expediente reniegue de mantener una posición tal. Destaco también el uso de un nombre indígena, “Feliciano Ama”, sin arraigo alguno en un trasfondo o causa indigenista explícita). El Comunicado consta de setenta (70) páginas, numeradas al centro en la parte superior y dividido en diez (X) capítulos en números romanos, salvo por una petición de principios que le antecede, la ilustración reproducida (pág. 1), por una reseña histórica de “nuestra organización”, a manera de prólogo (págs. 1-9), y “1. Introducción” (págs. 9-13).

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El preámbulo histórico sin numerar no menciona el asesinato de Dalton en mayo de 1975, sino realiza una apología del “camarada Pancho” muerto “dentro del marco de un proceso de lucha fratricida” en esa misma fecha (pág. 6). De esta muerte se acusa al poeta por desatar pugnas intestinas en el grupo. En la sección VII. IV., esta inclusión de Pancho y silencio sobre Dalton, el Comunicado los justifica al redimir al primero por su “ejemplar actitud de militante proletario” y al condenar al poeta por “pequeño-burgués pragmático [quien] no fue nunca un revolucionario”. Existiría un “abismo ideológico” entre el verdadero mártir, Pancho, y el “aventurero […] perjudicial y dañino” al proceso revolucionario salvadoreño, Dalton. Igualmente, el prólogo histórico descarta toda mención al legado intelectual de Dalton —el cual denigrará en breve— para ensalzar la obra analítica de Rafael Antonio Arce Zablah “Amílcar”, quien inicia la aplicación de “la teoría revolucionaria [y] científica del marxismo al estudio de la sociedad salvadoreña”. La obra de “Amílcar” —“El Combatiente #5”, “El grano de oro”, “Fascismo y revolución salvadoreña”, “Prensa comunista”, Folleto el poder nace del fusil”, “Programa de Gobierno Revolucionario Provisional”, etc.—constituirían las lecturas que un buen revolucionario consultaría para no recaer en posiciones “pequeño-burguesas, esquemáticas, hegemonistas y sin fundamento marxista” como la poesía roqueana. Al presente este conflicto teórico-ideológico señalaría quizás memorias históricas divergentes, ya que a Arce Zablah lo recuerdan en Morazán, aun si sus escritos se hallan ausentes del debate actual sobre el legado roqueano. La contradicción entre juicio pasado y presente no podría ser más amplia. A la vasta difusión de la obra roqueana se opone el olvido editorial del legado de “Amílcar”. Acaso el siglo XXI marcaría las antípodas de 1975, tal cual lo propone el Comunicado. Por exigencias historiográficas, la actualidad debería releer a Dalton en contraste con Arce Zablah si acaso desea entender

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y reconstruir el imaginario político contradictorio y complejo de los setenta, más allá de su reinvención en nuestra era pos-guerrillera. De este largo documento interesa describir las secciones VI-VIII (págs. 29-54) que atañen al asesinato de Roque Dalton y la justificación que hace el escrito de perpetrar tal crimen. La sección “VI.- La primera lucha ideológica y los intentos por superar el pragmatismo y el burocratismo a finales del 73 y principios del 74” utiliza dos términos claves del ERP para acusar a sus oponentes y legitimar cualquier asesinato. Los enemigos del partido son pragmáticos y burócratas. Luego de desechar toda acusación de “militarismo como corriente” política, hace un llamado a “la incesante búsqueda del camino revolucionario”. “El camino de los métodos correctos” lo señala “la derrota del pragmatismo y el burocratismo”. El nombre de Sebastián Urquilla aparece ligado a una falta de “apertura” del grupo. Esta sección VI reproduce el “Boletín General No. 1”, fechado de “febrero 2 de 1974”, el cual ilustra las discusiones internas que recortan a la agrupación en bandos enemigos. Las críticas las dirige contra “las tendencias militaristas y liberales de Roque Dalton “Julio” que recién se incorporaba a la organización. Asimismo se cuestionó el porqué había entrado a la organización vinculado directamente a la Dirección y con el cargo de asesor de la Dirección Nacional sin haber pasado por un proceso de prueba ya que eran conocidas su trayectoria (liberal y oscura) (no de escritor y poeta) en el movimiento revolucionario”. El primer ataque directo contra Dalton lo descalifica de sus dotes literarias y revolucionarias. Le atribuye valores políticos negativos que menoscaban la unidad del grupo y sus ideales revolucionarios más profundos, a saber: “la democracia interna” del grupo. Además, el comunicado le reclama ingresar al ERP con privilegios de miembro consultivo de la Dirección violando la fuerte jerarquía de afiliación, las “pruebas”, que todo neófito común cumpliría a su llegada. La erosión del ERP la provoca “una dura y cruenta lucha por la hegemonía” en la cual se enfrascan “Sebastián Urquilla y Dalton [por] un proceso de discusiones liberales y pequeño-burguesas”. Según el documento, el debate feroz desemboca en “una lucha fratricida y un enorme retroceso” debido a la confrontación “entre dos tendencias pragmáticas”. Es obvio que Dalton representa un pragmatismo belicoso y divisivo según el ERP. La siguiente sección “VII.- La División Resistencia Nacional R. N., Ejército Revolucionario del Pueblo” describe con mayor detalle las acusaciones contra Dalton. Este largo apartado se divide en las sub-secciones siguientes: Introducción (sin título ni número), “1.- El carácter pragmático y hegemónico de las posiciones de Dalton y Sebastián Urquilla”, “II.- Críticas que se hacían por parte del actual Ejército Revolucionario del Pueblo E.R.P., a la hoy Resistencia Nacional, R.N.”, “III.Profundización de los enfrentamientos (mayo de 1975)”, “IV.- La ejecución del camarada Pancho”, “V.- El caso Dalton”, “VI.- Acerca del cargo de Dalton como posible agente de la CIA”, “VII.- Datos generales sobre el proceso de incorporación y militancia de Roque Dalton”.

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Al principio de la sección, la “posición pragmática” se vuelve sinónima de “lograr la hegemonía interna” entre quienes destacan “Sebastián Urquilla, Roque Dalton y las aventureras de Carlos Humberto Portillo”. Sus anhelos personales de poder causan una “separación más profunda entre las bases y la Dirección”, tanto que la “lucha ideológica” desacertada “a las bases se les ocultó”. Los representantes del pueblo carecen de arraigo popular y le esconden sus rencillas privadas por convertirse en guías ilustrados hacia la liberación final. Se descarta la oposición “simplista” entre “militaristas y “línea de masas” para enjuiciar a Dalton como responsable directo de las confrontaciones internas del ERP y de las luchas fratricidas. “Dalton que fue el que inició y conformó el proceso de lucha hegemonista y pragmática del sector que ahora constituye la Resistencia Nacional R.N. defendió e inició trabajo para la formación de columnas guerrilleras de clara tendencia foquista”, acaso sin arraigo popular ni democrático. Esta denuncia revertiría el carácter militarista del ERP hacia el propio Dalton quien sería el verdadero proponente de la opción guerrera, mientras sus oponentes plantearían la democracia y la acción de masas como acción política inmediata. El argumento resulta bastante paradójico. Si se niega la “guerra revolucionaria” y se apoya la “vía electoral” se es “revisionista”, tal cual se acusa al propio Partido Comunista Salvadoreño. Pero quien declare esa guerra no califica necesariamente de “militarista”. A la incriminación guerrera contra Dalton se añade la denuncia de “penetración e infiltración” como falta de entendimiento entre las partes en conflicto. “La aplicación de métodos conspirativos” se impone a toda discusión razonada. Junto al “revisionismo” de derecha [que] se caracteriza por su política electorera, el del PCS, y su negativa a la guerra revolucionaria, Sebastián Urquilla y Dalton encarnan los máximos exponentes de la línea pragmática. Ambos bandos opuestos están “empujados por el [mismo] principio de que tenían razón”. Esta convicción fundamentalista de poseer la Verdad desemboca en “una lucha fratricida”. Cada quien intenta minar las influencias nefastas del contrincante. La táctica de Dalton consiste en la “promoción interna de su persona”, utilizando “su prestigio de poeta o escritor” para “crear desconfianza” interna entre los miembros fieles al ERP. No cultiva la unidad de grupo sino “el desorden” y “el desprestigio” de su oponente por “ataques personales”. Estas “maniobras” oportunistas, el Comunicado las juzga de “posición pragmática” y “de mera promoción caudillista”, para quien el arribismo personal cuenta más que lo colectivo. “La llegada de Dalton al país fue de una maniobra del revisionismo internacional para intervenir e influir decisivamente la organización […] a través de la infiltración casi policíaca […] no es un secreto ya que el estado cubano (sin menospreciar sus avances) resuelva muchas contradicciones políticas e ideológicas con posiciones pragmáticas [como la de Dalton]. Es el caso de los muchos compañeros revolucionarios latinoamericanos que guardan virtual prisión en Cuba”. Existe una diferencia radical entre el ERP y Cuba.

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Más que expresar una infiltración del enemigo capitalista, imperialista y de su servicio secreto, la CIA, Dalton expondría el conflicto interno entre los nacientes movimientos guerrilleros salvadoreños y los países socialistas. Para el ERP, hasta el Partido Comunista Cubano es “revisionista”. Hacia el exterior, el “enemigo” de la guerrilla salvadoreña lo representan los países socialista, burocratizados, tanto como los EEUU, y al interior, la oligarquía y su ejército. En efecto, al aceptar una “prostituyente política de ofertas materiales [en Cuba, Checoslovaquia, etc.], Dalton era un férreo defensor de estas políticas del revisionismo” internacional, infiltrándose en una organización depurada como el ERP. Más que de poeta, el Comunicado lo califica de espía. “Había realizado trabajos especiales con la KGB […] y la policía de seguridad del Estado Cubano”. Urquilla sería el responsable de la llegada de Dalton al país, pese a sus diferencias políticas con Cuba y la URSS. “Empantanados” en “concepciones no marxistas”, en su conflicto personal, ambos urdirían la “vinculación al movimiento” revisionista internacional, con el cual discrepa la pureza guerrillera del ERP. Si bien se juzga que “el cargo de que Dalton fuera agente de la CIA es parte del proceso de desviaciones pragmáticas”, este error no lo exime de su “responsabilidad” de “haber empujado a la organización a esa lucha fratricida que acabó con su vida”. Al escritor se le culpa de crear una escalada de violencia en cuyo laberinto cae como víctima de su propio quehacer. El compromiso con un incremento interno de violencia en el ERP no lo entiende “la “intelectualidad pequeño-burguesa que poco a poco […] iba convirtiendo [a] Dalton en una bandera política, tras la cual se colocaron las más rastreras y oscuras posiciones [= la crítica roqueana actual en su conjunto, incluida la mía]”. El comunicado acusa a dichas “posiciones pequeño-burguesas de la intelectualidad” por abstraer el análisis de la obra roqueana de “la comodidad de sus exilios parásitos [y] de la banalidad de su vida existencialista”. En breve, convierten a Dalton en «un “revolucionario” de “grandes cualidades” [y] subliman su efímera militancia”. La larga “práctica guerrillera” jamás la suplantan el “turismo revolucionario” y el academicismo de sus críticos. Contra todo juicio en boga, el ERP tajante afirma que “a estos señores [intelectuales o académicos] no les importan” muchos “humildes hombres y mujeres” caídos luego de “largos años de trabajo”, quienes “valen 100 veces más de lo que valía Dalton”. «A estos señores no les importa que haya sido el responsable de una lucha fratricida y lo convierten en el poeta y escritor héroe […] “revolucionario de revolucionarios”». Ante esta mezquindad intelectual, el ERP reconoce que la ejecución de Dalton “fue un error político-ideológico”. Su muerte hace posible que un “pequeño-burgués aventurero” se vuelva “héroe”. Ante esta influencia nefasta de “intelectuales pequeño-burgueses”, “damos alguna información objetiva y nuestros juicios sobre lo que fue el proceso de Dalton”. En síntesis, el argumento sobre su militancia guerrillera se desglosa así: 1) “Dalton llegó al país en diciembre de 1973 luego de permanecer años en el extranjero, donde se dedicó a hacer vida de poeta y escritor […] moviéndose entre

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las burocracias revisionistas y círculos de la inconsecuente y parasitaria intelectualidad pequeño-burguesa izquierdizante”. Se trata del contraste entre el intelectual extrajerizante y el combatiente practicante. “Dalton no llegó por voluntad propia, llega por compromisos […] hechos entre Sebastián Urquilla y el Partido Comunista Cubano. La intención era al parecer asegurar el respaldo internacional cubano […] en competencia con el de otras organizaciones de izquierda del país”. Anoto la paradoja de calificar a Urquilla de encierro ideológico pese a su alianza estratégica con los países socialistas, al igual que la discrepancia tajante entre el ERP y el gobierno cubano, anotada con anterioridad. “Dalton no fue jefe militar de la organización y participó solamente en una operación militar como combatiente”. De esta aseveración el ERP deduce la exageración de considerarlo “poeta-guerrillero”. Se trata de disminuir su participación en la lucha armada —no más de año y medio como lo asegura el primer apartado (diciembre de 1973 a mayo de 1975)— y contrarrestar todo argumento que lo aprecie por sus dotes guerrilleras. “La participación política de Dalton en este período no tiene mucha significación, sus aportes son pocos […] algunos trabajos que tienen algún valor político […] ligados a su capacidad como escritor o historicista, por ejemplo: Realidad Nacional Dictadura Fascista, El Combate No. 6 “Ejército Nacional y contrarrevolución en El Salvador” […] que olvida las contradicciones económicas políticas de la sociedad salvadoreña […] la publicación sobre ORDEN, es un traslado mecanicista de los esquemas del socialismo cubano a la realidad salvadoreña”. En suma, “el trabajo intelectual de Dalton no constituye aportes a la interpretación marxista de la sociedad, sino más bien, trabajos de carácter historicista con interpretaciones funcionalistas y esquemáticas de la realidad [no trascienden] el intelectualismo pequeño-burgués”. Esta rechazo de su obra contrasta con la mayoría de los estudios críticos actuales, que deja de lado esta nociva recepción inmediata de sus ensayos como si este marco guerrillero inmediato nunca existiera. “La trayectoria de Dalton […] fue la de un cuadro con problemas de mucho liberalismo o indisciplina, producto de su baja calidad ideológica y de sus tendencias pragmáticas burguesas [durante su condena] se sostuvo en el vaivén de aceptar lo conveniente, evadiendo la discusión y manteniendo una actitud conspirativa […] no podemos tampoco decir que se trataba de un militante de firmes convicciones ideológicas y de una gran solidez y moral revolucionaria. Más bien, Dalton era un intelectual aventurero que le interesaba mucho su promoción individual”. Se trata de descalificar al poeta por su comportamiento rebelde y conducta de militante. “Dalton era también depositario de tendencias burocráticas e intelectualistas que lo mantenían alejado de las bases y del quehacer concreto”. El juicio revierte un título clásico “el intelectual y la sociedad” en “el intelectual o la sociedad”, ya que carece de praxis guerrillera constante.

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A Dalton el ERP lo considera “un intelectual aventurero” que utiliza sus “poemas y escritos personales [¿Poemas clandestinos (1977) que ahora se juzgaría como parte del corpus “brechtiano” y “vanguardista”?]” para su arribismo y escalar posiciones

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hegemónicas de “caudillo” dentro de las líneas guerrilleras. Ambos documentos aceptan plena responsabilidad por el crimen del poeta, se arrepienten de su cometido ya que asienta precedente para su heroización, a la vez que lo justifican por una posición roqueana poco revolucionaria y carente de solidez intelectual. El “aporte” del poeta a la revolución salvadoreña lo juzgan casi nulo debido a su escasa experiencia de combatiente. Se trata de un invento de “intelectuales pequeñoburgueses” como él, o de “turistas revolucionarios”, academicistas, que carecen de una larga praxis guerrillera. Faltos de compromiso directo, justifican su análisis concreto sin vivencias directas de la realidad social (obviamente, me incluyo en la denuncia, al igual que el juicio se aplicaría a todo pensador de “izquierda”, nacional o extranjero, sin una práctica guerrillera permanente en el territorio que desean liberar). El silencio que por años recubre estos documentos empolvados anuncia la pérdida de memoria que afecta la historia nacional, temerosa de recobrar los eventos bochornosos, pero reales, de un pasado no siempre muy halagador. “Lo único puro que va quedando en el mundo”, una guerrilla, asume su asesinato, pero se exime de todo castigo legal (En la humedad, 1994: 431). III. Conclusión A treinta y cinco años del asesinato de Roque Dalton, des-encubro luchas intestinas de una izquierda sumamente fracturada en posiciones tan antagónicas que mortalmente se combaten entre sí, a la vez que confrontan militarmente al “enemigo de clase”. Quizás por dolorosa esta experiencia fratricida de las izquierdas salvadoreñas queda en el olvido. El fusilamiento injusto del poeta representa un capítulo destacado de ese largo conflicto criminal que se despliega, de manera oculta y paralela, a una lucha revolucionaria por la liberación nacional. El presente ensayo delinea una documentación limitada, pero esencial, la cual describe la incertidumbre reinante hacia 1975 sobre el asesinato de Dalton. Asimismo, desglosa el contenido de dos documentos que aceptan plena responsabilidad sobre el crimen y lo justifican en términos de herida mortal que recorta el organismo unitario de un presunto instituto político sin fisuras: la izquierda o el marxismo salvadoreños al inicio de la guerra civil. Se enjuicie o no a los responsables del crimen —a la dirigencia del ERP que escribe y firma los Comunicados— ese “pecado original” quedará por siempre como mancha indeleble del despegue revolucionario salvadoreño (el término es del “materialista” Karl Marx para designar la “acumulación originaria del capitalismo”. En paradoja mordaz, nombraría la “acumulación [armada] originaria” de una revolución que perpetra un crimen primordial, aún impune). El olvido de la recepción que el ERP le depara a Dalton y a su obra debería medirse con la antítesis de su aceptación actual. Una obra no se halla aislada de sus condiciones concretas de producción y, por tanto, recabar los diálogos conflictivos del corpus roqueano con sus contemporáneos, Arce Zablah por ejemplo, sería un quehacer

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historiográfico que el presente todavía no encara. Pese a mi discrepancia radical con el ERP y mi exigencia de rebasar la impunidad de su dirigencia, ese encuadre político hostil circunscribe la escritura tardía de Dalton. Más cercano que toda teoría neomarxista en boga, el marco de su situación concreta —vivida en el frente guerrillero del ERP— señalaría “la puerta de fuego” que da cabida al rigor de su ensayo y a la factura estética de su poesía. Si el reclamo jurídico enjuiciaría a los asesinos del poeta, la exigencia teórica fundaría todo pensamiento de la historia en un rigor historiográfico. A la apelación legal, esfera de la jurisprudencia, agrego el requisito de pensar el legado roqueano dentro de un archivo documental de su época, lo más amplio posible sin exclusiones selectivas. Asimismo, debe pensarse al interior de un conflicto de memorias históricas en las filas mismas del FMLN y sus disidentes. “Dibújeseme la tormenta entre las manos para saciar esta diaria sed de estruendos”…
Rafael Lara-Martínez es salvadoreño, investigador y docente del Tecnológico de Nuevo México. Estudioso de la obra de Roque Dalton.

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Recordando a Roque Dalton
Por Miguel

Ángel Azucena

Quiero expresar un breve testimonio acerca de la persona de Roque Dalton, cuando él solamente contaba con quince años de edad. Conocí a Roque allá por 1950, esto fue en el Barrio San Miguelito. Su casa estaba ubicada entre la 5 de noviembre y la 2ª. Av. Norte, es decir la tienda Royal. Roque nació en mayo de 1935 y yo en enero de 1932, ambos vimos la luz casi al fragor de las balas asesinas de del general Hernández Martínez, fue un periodo que marca la página más negra de nuestra historia, pues alrededor de 30 mil obreros y campesinos murieron bajo las botas de un ejército servil, que no escuchó el clamor de la gente pobre que solo reclamaba sus derechos y su deseo de vivir en condiciones más humanas. Roque escribió mucho sobre este tema y fue enemigo acérrimo de las dictaduras. A la tienda Royal llegábamos muchos vecinos a comprar; yo entraba con frecuencia y recuerdo que en una de las veces que yo llegué ahí, eran como las nueve de la noche y estaba cayendo una gran tormenta con rayos y centellas. En la tienda había un teléfono y cualquier cliente podía solicitarlo en alquiler; pero en lo mejor de la tormenta eléctrica, Roque estaba hablando en ese teléfono. La niña Mary, su mamá, le dijo: “Roquito: no esté hablando por teléfono, es muy peligroso con esta gran tormenta”. El muchacho muy obediente colgó el teléfono… a mí me gustó mucho esa demostración de respeto, pero nunca imaginé que Roquito se iba a convertir con el tiempo en uno de los más renombrados escritores de Latinoamérica. Diez años después, obtuve una plaza de impresor en la Editorial Universitaria, su director era Ítalo López Vallecillos. Lo importante es que fue ahí donde volví a ver a Roque Dalton; él ya era miembro de la “generación Comprometida” y por su talento literario se le consideraba un magnífico poeta y gran defensor de las causas liberadoras. Por ese tiempo yo estudiaba la carrera de licenciatura en Letras y esto me permitió conocer a reconocidos escritores salvadoreños empezando por Roque Dalton, Ítalo López Vallecillos, Roberto Armijo, Salarrué, Trigueros de León, Quijada Urías, el “Pichón” Cea, Manlio Argueta, Tirso Canales, entre otros. Todos hacían de la Editorial Universitaria un sitio de encuentro. Fueron los mejores tiempos de la UES. El estilo caustico de Roque Dalton El intelectual está obligado a responder con los hechos a su pensamiento de vanguardia, so pena de negarse a sí mismo, en un continente donde la superioridad moral es una de las pocas tarjetas de presentación que exige el pueblo, para escuchar a quienes solicitan sus adhesiones.

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Con estas palabras, Roque Dalton resume su pensamiento político-literario. Y es que él, desde sus inicios, se ubica en el lugar que le corresponde. Estaba consciente que al igual que su compañero de lucha, Otto René Castillo (guatemalteco), de su compromiso con las causas que siempre consideró justas, abrazándolas hasta las últimas consecuencias. Fue un 10 de mayo de 1975 que su muerte física conmovió las conciencias de los intelectuales del mundo. En efecto, Roque Dalton cae asesinado para nacer más vigoroso, más humano, más poeta, dejando para las nuevas generaciones su constante reclamo por una sociedad en donde el soporte de la armonía venga de una paz generada por la justicia. Su estilo caustico En su viaje poético cambiante, “la realidad queda aprisionada en múltiples formas”. Su sensibilidad convierte la palabra en eficaz y plena comunicación. Tanto la prosa como la poesía de Roque se caracterizan por el lenguaje irónico o sarcástico, por su humor agudo penetrante, por su lenguaje caustico, vitriólico. A eso se debe que muchos que lo leen se sienten fácilmente aludidos. Así, el corrupto, el demagogo, el falso líder, el traidor, el poeta mediocre que compromete su pinche pluma por una pinche paga, o el poeta dandi acostumbrado a la buena vía, no lee y si lo hace no acepta sus mensajes, sus ideas, su visión de mundo, porque Roque desviste al más engreído de los intelectuales y lo deja nuevo para ver si así reflexiona de su inconsciencia, de su evasión de la realidad o de su ignorancia. En el contexto salvadoreño y en la época que le tocó vivir y que perfectamente pueda ser la época actual, Roque dirige la crítica hacia los “profesionales” entregados a la cultura oficial y los ubica como “pequeños burgueses”. Así, desde su obra Pobrecito poeta que era yo, la emprende contra la profesión de las leyes, cuando quienes la profesan no cumplen con los verdaderos objetivos de una profesión sana, al margen de toda corrupción y en beneficio de las mayorías necesitadas. La carrera de Derecho fue la que estudió Roque en la Universidad de El Salvador y a pesar de ello, él no vaciló en combatir a los abogados mafiosos, a los que sin ningún escrúpulo dejan en la calle al pobre cliente. Sobre ello decía al respecto: “En El Salvador, al contrario, mientras uno es más juez, o es más fiscal, más estúpido es, en el sentido social del término, es decir, más hijo de puta, más vil, más valeverguista, con el inválido, más panzaclara, más criminal, más ya la caga”, señaló Roque en su obra Pobrecito poeta que era yo, de la editorial Universitaria Centroamericana. Con este estilo tan peculiar en Roque, asesta golpes a los malos profesionales, a los falsos profesionales, a los aprovechados médicos, ingenieros, arquitectos, etc. Y agrega: “Cuando yo asomé las narices en la universidad, supe de inmediato que sólo soportaría las aulas de la Facultad de Filosofía o de Antropología, las ciencias más decentitas de

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hoy”. Leer a Roque en su poesía, testimonio o narrativa, es tomar conciencia de clase o hacerse el loco, cosa que a muchos no les cuesta. Qué tal la siguiente receta que el mismo Dalton hacía:

Cartita Queridos filósofos queridos sociólogos progresistas, queridos psicólogos sociales: No jodan tanto con enajenación aquí donde lo más jodido en la nación ajena

O este otro mensaje: Taberna (fragmento) ¿Por qué no hablamos de los poetas Cósmicos, de la ecuación que Marco Polo representa, del orden alfabético en Shangai? Lo único que sí puedo decirte es que la única organización en el mundo de los hombres es la guerrilla. Todo lo demás muestra manchas de pudrición. La iglesia católica comenzó a heder cuando las catacumbas se abrieron a los turistas y a las más pobres putas hace más de diez siglos: Si Cristo entrara hoy al Vaticano pediría de inmediato una máscara contra gases.

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En el ejemplo anterior además del exteriorismo, encontramos ese estilo caustico que tratamos de hacer notar como algo propio del poeta y que le permitió crear una obra de mucha trascendencia y de lo intemporal contenido, en contraposición con la poesía vana, inocua, de poetas que escriben por entretenimiento o que lo hacen para mantener un estatus que no beneficia a las mayorías y que por consiguiente no tiene aplicaciones prácticas en el proceso de liberación cultural tan necesario para nuestros pueblos en Latinoamérica.

Miguel Ángel Azucena es escritor salvadoreño.

Los poetas no se mueren
Por Eliseo

Alberto

Los poetas no se mueren nunca —y menos, si los matan: es ley de la vida y también de la muerte. En todo caso se convierten en fantasmas muy tenaces. Los verdugos lo saben en carne propia porque cada letra del poeta, cada palabra suya, cada verso limpio, les pega como una bofetada. La única eternidad posible será la que conceda la poesía. La poesía es don del hombre. “País mío no existes/ sólo eres una mala silueta mía/ una palabra que le creí al enemigo”, dijo mi querido Roque Dalton meses antes de que sus jefes guerrilleros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) le metieran un balazo a traición, el Día de las Madres de 1975, a cuatro tardes de cumplir 40 años —hace ya treinta y cinco. Cuando conocí a Roque, en la colmena habanera de los setenta, él era el poeta más simpático del mundo. Lo recuerdo vestido con una camisa blanca de mangas cortas, pantalón cualquiera y unas botas altas, mal acordonadas. Más delgado que su malicia, tenía buena fama de polemista. No soportaba los caprichos del poder ni el poder de los caprichosos, y se peleaba de palabras con sus superiores o subordinados, de igual a igual. Había logrado una pronta consagración con su libro El turno del ofendido e iba dejando a su paso por la ciudad un rastro de anécdotas (casi siempre inverosímiles) más un reguero de amores que se sumaban, en centroamericana fugacidad, al libro de las leyendas urbanas. Para acreditar sus hazañas con pruebas de rigor, El Flaco Roque hubiera necesitado ser El Gato Dalton y consumir más de siete vidas; así y todo, creo que tendría que robarse otras tantas en alguna barata de mercado. Cómo explicar, sin creer en Dios, sus mil quinientas páginas de poemas, sus dos escapes de la cárcel minutos antes de ser llevado ante un pelotón de fusilamiento, sus andanzas por todas las

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callejuelas de Praga (persiguiendo la escurridiza sombra de Franz Kafka), sus travesuras en la Corea sin humor de Kim II Sung y, por último, la confianza que tuvo en sus camaradas de guerrilla aún sabiendo que ellos envidiaban rabiosamente su inteligencia, su carisma y sus cojones. “¡Qué cosa tan jodida es descansar en paz!”, dijo el autor de Taberna y otros lugares sin saber que él nunca tendría el privilegio del reposo pues sus matadores siguen sin atreverse a decirnos por qué lo acusaron de ser agente de la CIA si sabían bien que era una calumnia —ni dónde rayos lo enterraron horas después, aquella noche de primavera. Muy cerca de la casa donde le dispararon en la nuca, las mujeres más lindas del continente desfilaban por la pasarela de un concurso de belleza. No me extrañaría que lo primero que haya hecho el espíritu de Roque fuera irse volando a verlas modelar: ni cadáver, un hombre como él se perdería esos bikinis. El presidente salvadoreño Mauricio Funes acaba de nombrar en un alto cargo de su gobierno a Jorge Meléndez, el valiente comandante Jonás, un hombre que lleva en el cuerpo varias heridas de guerra y, en el alma, la inconfesada pena de haber sido uno de los ejecutores del poeta y su compañero en la muerte, el obrero Armando Arteaga, alias Pancho. Los otros comandantes implicados, aún vivos, son Alejandro Rivas Mira y Joaquín Villalobos —según confesión pública del propio Villalobos. “Fue un tremendo error”, reconoció entonces. En entrevista reciente, un Jorge Meléndez acorralado dijo al periodista Tomás Andréu: “Yo no recuerdo el asesinato de Roque Dalton, recuerdo un proceso político en el cual salieron muertos varios compañeros (…) No soy asesino de Roque Dalton. En ese proceso del ERP con mucho orgullo yo soy partícipe. (…) Las guerras son situaciones excepcionales de mucho dolor, de muchos muertos, de faltas de ley, de decisiones siempre arbitrarias (…) Yo estuve ahí y sé lo que pasó”. Han corrido treinta y cinco mayos y Jonás no la ha aclarado nada. La familia Dalton, de la cual me siento parte por razones largas de contar, sólo pide que se sepa la verdad. Juan José y Jorge, hijos de Roque, quieren rescatar el cuerpo del poeta: esta semana, encabezan una cruzada a favor de la justicia. “No sabemos a dónde fue a parar su cadáver, no hemos tenido esa oportunidad de ponerle una flor (…) Los responsables de las torturas sicológicas y físicas que mi padre y Armando Arteaga sufrieron durante su cautiverio, tienen nombre y apellido. El gobierno (del presidente Funes) tiene dos caminos: rectificar y despedir a Jorge Meléndez o ser cómplice de uno de los involucrados en el crimen. Mayo seguirá siendo un mes sumamente triste e injusto. Muy injusto”, ha dicho Jorge. Roque escribió: “No temáis por mí y perdonad que me retire por un momento. Voy a reírme de vosotros”. Vosotros son ellos Eliseo Alberto de Diego, de nombre completo Eliseo Alberto de Diego y García Marruz (Lichi para sus amigos), (1951, Arroyo Naranjo, Cuba) es periodista, novelista, poeta y guionista que vive en México desde 1990, se nacionalizó ciudadano mexicano en el año 2000

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Roque Dalton: unos días después de la fuga
Por Juan

José Dalton*

Los recuerdos retenidos en la memoria son algo borrosos, pero impactantes con el transcurso del tiempo. Nosotros: mis hermanos, mi mamá y yo, vivíamos en la casita contigua a la Tienda “La Royal”, que era de mi abuela paterna y donde también ella vivía. Allí pasábamos toda la semana, de lunes a viernes porque Roque y yo íbamos al Colegio Centroamérica. Los fines de semana o nos íbamos a Sonsonate o a la casa de mi tía Cholita, en la Escalón. Tía Cholita (Soledad Morales) era hermana de mi abuela materna y una de las grandes costureras de entonces. Bueno, el caso es que por aquellos días de 1964, yo tendría unos 7 años, mi “mamá María”, que así le decíamos a nuestra abuela, se mostraba nerviosa; a mi mamá no lo recuerdo en la casa, hasta momentos después. A cada rato mi abuela nos ponía a rezar frente a un altar de la Virgen que ella tenía en una esquina; en otra esquina tenía a otro santo, que quizás era San Antonio. Mi abuela era muy, muy discreta… Pero la vimos llorar. Quizás la consolamos y nos dijo que teníamos que rezar mucho por mi papá; que los policías lo habían capturado, pero que no podíamos decir nada porque más daño podríamos causar. Así que prometimos no decir nada a nadie. Todas las tardes después de llegar del colegio, que dirigían unas “señoritas Eyegoyén”, nos salíamos a jugar a la calle, a un costado de la “5 de Noviembre”. Una tarde de esa pasó un camión cargado de policías y yo agarré un puñado de tierra y se los tiré, haciendo con boca un sonido de explosión. Mi hermano, al darse cuenta, me regañó y yo en mi inocencia decía: “Si no les dije nada…”. Mi abuela también me regañó y nos hincó a rezar. Después de aquello recuerdo la presencia de mi mamá. Ella nos dijo que nos preparáramos, que nos vistiéramos porque íbamos ir a visitar a la tía Orbe, que también era hermana de mi abuela materna y que vivía a pocas cuadras de nosotros. Su casa estaba a una cuadra de donde hoy está el teatro municipal Roque Dalton, en San Miguelito. El caso es que llegamos a donde mi tía Orbe, a dónde íbamos también con frecuencia, y todo normal…

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Mi tía Orbe cerró la puerta y nos hizo pasar al corredor, que en medio tenía un pequeño jardincito y unas grandes macetas de cemento. De pronto, de un cuarto sale mi padre… Nos quedamos mudos. Tenía bigote y pelos en la barba, poquitos porque era medio lampiño. Pero la cara y los brazos los tenía con decenas de pequeñas cicatrices. Nos abrazamos todos, mi mamá, mi papá y nosotros, sus hijos… Nos contó que había estado corriendo por entre los montes y que por ello tenía tantas cortadas. Recuerdo también que mi papá nos enseñó un pedazo de lámina de acero. Era como una pequeña reglita de unos pocos centímetros que había logrado arrancar al catre donde dormía en la celda, en la cárcel de Cojutepeque. En aquella cárcel estaba como desaparecido, es decir, el gobierno de entonces había negado tenerlo preso. Mi padre aprovechó que las paredes de la cárcel estaban rajadas y ayudado por aquella laminita de acero (que nunca más supe de ella, aunque recuerdo haberla visto después en Praga), logró separar los ladrillos de adobe y por ahí fugarse. Fue aquella una de las veces que mi padre evadió la muerte y la traición.

La noche que supe que mi padre había muerto
Por Juan

José Dalton

Era el año 1975. Había terminado el segundo año de secundaria en la Escuela “Manuel Bisbé”, de Miramar, en La Habana. Estábamos de fiesta porque todo mi grupo había pasado de grado y con buenas notas. Mi grupo era un poco “discriminado”: nosotros éramos “los blanquitos cochinos”, es decir, los “hippys”, a los que les gustaba la música en inglés, por entonces prohibida en las radios cubanas. Nos habíamos reunido en casa de Smyrna, mi fiel y eterna amiga venezolana. Bailábamos, tomábamos las primeras cervezas y los primeros tragos de ron, más bien, de “Coronilla”, que era el aguardiente que por entonces se vendía en Cuba, así como un vino Vermut y un coñac búlgaro. Estábamos los de siempre: Moré, el novio de Smyrna, así como sus hermanas

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Sneyma y Yurinzska. Luisa, la mamá de Smyrna, y un grupo de amigos de ella que eran periodistas de diversos medios cubanos. Luisa trabajaba en Prensa Latina, la agencia internacional y oficial de Cuba, un lugar privilegiado donde llegaban noticias de todo el mundo. Yo hacía chistes y me burlaba de medio mundo. En fin, estábamos en gran jodedera, celebrando el fin de curso. Era finales del mes de junio de aquel 1975. La fiesta fue terminando y nos quedamos un reducido grupo, casi la pura familia venezolana y yo. En eso, sin ninguna precaución, Luisa me pregunta: “Oíme Juan José, ¿en qué paró por fin esa noticia que llegó hace como un mes de El Salvador, en la que se decía que a Roque lo habían matado?”. Yo sentí como un escalofrío que me atravesó el cuerpo. “No” –respondí inmediatamente y agregué lo que teníamos indicado decir para cualquier caso“Mi padre está en Viet Nam, hace poco recibimos carta de él y está bien”. Lo cierto que sí sabíamos que estaba en El Salvador y que estaba integrado a la guerrilla. Luisa quiso cambiar de conversación pero alguien le preguntó más. “No recuerdo muy bien”, explicó ella, “pero la noticia era rara, algo así como que lo había matado la propia guerrilla”. “Creo además que no era cierto porque de haber sido cierto, ya habría un gran escándalo”, finalizó Luisa. La inquietud y la incertidumbre se apoderaron de mí; la alegría de la fiesta desapareció más de mi alma que de mi rostro; miré la hora y era de madrugada. Tenía que caminar yo solo como más de 10 cuadras: desde Paseo hasta la Calle J. Iba desesperado por llegar a casa. Teníamos instrucciones de mi madre de contarle todo lo referido a mi padre, cualquier comentario. Así que llegué a la casa, la desperté y le conté todo lo que Luisa me había dicho. Yo le vi el rostro a mi madre. Ella trataba de ser fuerte pero su mirada la delató. “Andá a acostarte, tranquilo. Mañana hablamos”. Me fui a llorar a mi cuarto, quién sabe cuánto tiempo. Desde entonces no aguanto la tristeza sin que se me salgan las lágrimas como cuando era un adolescente romántico y soñador. Muy temprano mi madre y mi hermano mayor Roque, nos reunieron a Jorge y a mí en la mesa del comedor. Nos explicaron que había una enorme confusión y que se estaba investigando todo lo referido a mi padre porque las noticias eran que lo habían asesinado, pero que no había ninguna certeza.

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Mi mamá y Roque tenían un mes de saber todo lo que estaba pasando pero no quisieron decirnos nada hasta que termináramos el curso. Los asesinos de mi padre, es decir, la dirección de entonces del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) –encabezada por Edgar Alejandro Rivas Mira y Joaquín Villalobos-, ordenó el asesinato de mi padre el 10 de mayo de 1975, pero no lo dieron a conocer hasta finales de ese mismo mes en un pequeño comunicado lanzado en la Universidad de El Salvador (UES). Alguien después me contó que no tenían el valor de dar la noticia ni menos justificar el crimen, hasta que tuvieron la "gran idea" de decir que mi padre era “agente de la CIA”. Ese mismo día que se supo de la noticia mi abuela paterna llamó por teléfono a mi mamá desde San Salvador a La Habana. La sufrida señora fue entrevistada por diarios y medios radiales; ella pedía evidencias, pero los criminales nunca quisieron entregar el cadáver y según una versión, sus restos fueron abandonados en un lugar conocido como “El Playón”; el mismo utilizado por los escuadrones de la muerte de ultraderecha para lanzar a sus víctimas. Este mes de mayo, como todos los mayos desde 1975, en El Salvador y en varias partes del mundo se conmemora el asesinato de aquel gran intelectual revolucionario que fue Roque Dalton. Su vida fue azarosa: el odio, la envidia, la cárcel y el exilio lo victimizaron, pero su obra es un monumento a la inteligencia. Su muerte dejó en nosotros una herida que no se cierra pero vivimos orgullosos de nuestro padre, a quien esta sociedad (la salvadoreña) y el mundo ha comenzado a reconocer y a apreciar como un talento incomparable y un pilar fundamental de lo mejor de la cultura latinoamericana. En contraste, sus asesinos sobrevivientes: Rivas Mira, Villalobos y Jorge Meléndez, podrán vivir en Londres o en Oxford o San Salvador o en cualquier otro lado del mundo, pero cada vez más la historia los coloca como lo que fueron: los miserables asesinos de Roque Dalton, matones impunes y traicioneros.

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Mi amistad con Roque Dalton
Por Santiago

Ruiz Granadino

Roque Dalton para mi era una persona especial, cuando lo conocí yo no comulgaba con sus ideas revolucionarias, debido a que yo era una persona de pensamiento de derecha, católico conservador, de familia terrateniente, criado en un hogar de un militar y mi principal aspiración cuando era adolescente era ser sacerdote. Con Roque me unían otros lazos: el era de Sonsonate igual que yo; su esposa era muy amiga de mi hermana, el era muy amigo de mi primo José Napoleón Rodríguez Ruiz (Pepe), a mi me gustaba escribir ensayos sobre la sociedad y la naturaleza y ambos éramos libre pensantes (el de izquierda y yo de derecha). Yo lo conocí en el local de la Sociedad de Estudiantes de Humanidades, que estaba en el edificio que compartía la Rectoría con las Facultades de Humanidades y Economía, este había sido utilizado por un colegio de señoritas y una de las entradas del edificio estaba frente al Correo Nacional. Yo era ordenanza de la Rectoría y como era el último que habían contratado me correspondía limpiar los inodoros de la Rectoría, todo el corredor de la misma, el Paraninfo Universitario y la oficina de la Sociedad de Estudiantes de Humanidades (al final del corredor, antes de llegar al Paraninfo), yo tenía que andar rogando a los estudiantes que llegaban a joder o a reunirse en ese pequeño local (unos 12 metros cuadrados) para poder entrar a barrer y trapear, en realidad sólo me lo permitieron unas cinco veces en aproximadamente seis meses, ellos decían que todos los papeles que estaban tirados en el suelo eran confidenciales y que ellos ordenarían para que yo limpiara el piso; por lo general allí trabajaba el Pichón Cea y otros estudiantes que se encargaban de manejar un mimeógrafo que tenían en esa oficina, ese local lo utilizaban generalmente en la noche y algunos de ellos dormían allí. En esa época, mi tío el Dr. Napoleón Rodríguez Ruiz (Pistolita) era el Rector de la Universidad y mi primo “Pepe” Rodríguez Ruiz era el decano de la Facultad de Humanidades, donde se reunían muchos de los escritores y artistas de la época. Yo tenía trabajando como ordenanza como seis meses, ya me habían entregado un uniforme de color caqui de mi medida, cuando una tarde me di cuenta que estaba abierto el local de la Sociedad de Estudiantes de Humanidades y rápidamente fui a ver si me dejaban hacer el aseo. Mi Jefa la Oficial Mayor de la Rectoría era muy estricta y ya me había llamado la atención varias veces de que

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ese local apestaba y estaba a la par del Paraninfo Universitario, en donde daban conferencias magistrales profesionales nacionales y extranjeros, se hacían los exámenes públicos de todos aquellos que habían culminado sus estudios universitarios y se entregaban los títulos a los graduados, toda la gente que ingresaba al Paraninfo vestía elegantemente y eran personas muy refinadas en sus gustos. Cuando entré en el local de los estudiantes me encontré con Roque, quien estaba leyendo un libro de poesía, sentado en una silla que estaba sobre una alfombra de basura de aproximadamente cinco centímetros (papeles, restos de fruta y de comida, stenciles, etc.), el se voltió hacia mí y me preguntó ¿Que es lo que desea jovencito?, yo le explique que tenía que hacer aseo al local y el en forma muy clara me explicó que allí sólo podían hacer el aseo los responsables del mismo, ya que esos papeles que estaban tirados en el suelo eran manifiestos contra el gobierno y los militares, que estos papeles no se podían botar en cualquier parte si no que debían ser quemados; yo le expliqué las regañadas que me había dado la Oficial Mayor y el me dijo que no me preocupara, que el le diría al Chino (no se cual) o al Rudy (un muchacho chele) que recogieran los papeles para quemarlos y que luego que me avisaran para barrer y trapear. Desde ese momento, cuando nos encontrábamos en los pasillos del edificio nos saludábamos con cordialidad. Eran días difíciles, los estudiantes universitarios estábamos luchando contra el gobierno del Coronel José María Lemus, quien ante las protestas populares por la falta de empleo y otros efectos de la crisis económica que había azotado el país en los últimos años de los cincuenta, había respondido con más represión. Una tarde, cuando ya había completado mi jornada de trabajo en la Rectoría, me dirigía hacia mi cuarto como a tres cuadras de distancia, para cambiarme de ropa y luego regresar para recibir mis clases en la Facultad de Economía, en la esquina a una cuadra al poniente del Correo Nacional y a media cuadra al norte de la Rectoría, había varias centenas de personas reunidas escuchando a mi primo Pepe Ruiz, el cual explicaba los desmanes de la Policía y la Guardia Nacional, la cual no había permitido que se realizara esa tarde un mitin en la Plaza Libertad. Yo tenía como dos minutos de haber llegado al lugar, cuando la Guardia Nacional atacó por el lado del Correo Nacional, por el norte y por el poniente, ante los disparos de los atacantes, todos corrimos en dirección del Mercado Central, muchos buscaron refugio en la Rectoría, pero yo continué corriendo dos cuadras mas adelante; toda la zona fue acordonada por la Policía y la Guardia, como a las siete de la noche se empezaron a escuchar nuevamente disparos en dirección de la Rectoría, los cuales finalizaron como dos horas después. Al día siguiente, a las cinco y media de la mañana, me presenté a la Rectoría para realizar mi trabajo de ordenanza, la puerta principal estaba custodiada por la

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Guardia Nacional, yo pedí hablar con el jefe de ese destacamento, llamaron a un cabo que estaba por allí cerca, le expliqué que yo era ordenanza y que me responsabilidad era hacer aseo antes que se abriera el edificio al público, el cabo me explicó que todo el edificio estaba ocupado por la Policía y la Guardia, que esperara por allí cerca porque no sabía a qué hora ellos se tenían que retirar del lugar; así lo hice, me senté en una grada de un local comercial que estaba en frente de la Rectoría, en donde vendían maquinas de escribir, contómetros y otras cosas para oficina, sólo me levantaba para ir a comer por allí cerca. No me recuerdo si ese día o al día siguiente, el cabo me llamó para decirme que en ese momento todos los policías y guardias tenían orden de retirarse del lugar, yo entré a la oficina de la Oficial Mayor para comunicarme con ella para recibir órdenes al respecto; esta señora llegó como media hora después, cuando ya se habían ido los policías y guardias, entramos a inspeccionar los destrozos y a ella se le caían las lágrimas, allí me contó que el Rector (ella era la que me había contratado especialmente por el hecho que yo era bachiller, no sabía que el rector era mi tío) y el Secretario General estaban hospitalizados, que el interventor de la Corte de Cuentas también estaba muy grave porque lo habían lanzado desde el segundo piso del edificio; esa noche cuidamos el edificio (para evitar que llegaran a recoger las evidencias de la violencia con que habían actuado las supuestas fuerzas de seguridad) el Jefe de Ordenanzas y otro compañero de trabajo; al siguiente día llegaron los periodistas a tomar fotografías y entrevistar a los pocos funcionarios universitarios que habían llegado a trabajar. Ese acontecimiento me hizo muy popular en el edificio, yo salí ganando por que la Oficial Mayor le pidió a mi tío que me trasladara a la oficina de contabilidad de la Universidad como auxiliar contable (por supuesto que con el mismo salario de ordenanza), en la Facultad de Economía los miembros del Partido Comunista empezaron a acercarse para conversar y motivarme para que aceptara la postulación como candidato para representante de los Estudiantes de Economía ante la AGEUS. Pasaron los meses y un día de tantos, el responsable de los estudiantes comunistas de la Facultad me pidió que yo y la Bibliotecaria de la Facultad, visitáramos a Roque Dalton, quien se encontraba guardando prisión en la Penitenciaría, allí frente al Parque Bolívar, en esa tarea de solidaridad estudiantil me hice amigo del poeta, por supuesto que eso significó que se sintiera con el derecho de putearme, por ejemplo cuando metimos a la Penitenciaría dos libros marxistas, encuadernados como códigos de leyes; ese día solo llegamos a dejarle las cosas (medicinas, periódico, golosinas, cigarros y los dos códigos), el las recibió muy contento y nosotros nos retiramos inmediatamente, pero en la siguiente ocasión no quiso salir al área de visitas por que dijo sentirse mal de

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salud, nosotros dijimos que lo esperaríamos una media hora por si sentía mejor, al cuarto de hora apareció bien emputado, nos dio los dos “códigos” y nos dijo “Llévense estas mierdas, esta basura, esta porquería, como se imaginan que yo voy a leerlas”, se trataba del “Manual de Economía Política” y “Materialismo Histórico”, ambos publicados por la Academia de Ciencias de la Unión Soviética.. Varios meses después, cuando triunfó el golpe de estado contra el Coronel Lemus, que llevó al Dr. Fabio Castillo a la Junta de Gobierno, me sentí muy importante cuando cargábamos en hombros a Roque Dalton, por encima de la multitud que había llegado para exigir la liberación de este estudiante universitario revolucionario. En esta época Roque estaba de acuerdo con los planteamientos estratégicos del Partido Comunista de El Salvador, en cuya cúpula se encontraba Shafick Handal y Cayetano Carpio, fue un militante disciplinado no obstante su espíritu libertino y su boca sin autocensura, incluso durante varios años estuvo comunicando los planteamientos del Partido Comunista de la Unión Soviética en la Revista Internacional, en cuya redacción trabajó desde Praga, Checoslovaquia. A fines de la década de los sesenta, se produjo una división en el Partido Comunista de El Salvador, Shafick encabezó el mantenimiento del Partido dentro de la lucha electoral y Cayetano Carpio apoyado por la mayoría de la Juventud del Partido planteó que se debería de utilizar todas las formas de lucha revolucionaria. A este sector, que posteriormente conformó las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), junto con otros grupos revolucionarios que habían surgido de la veta socialcristiana, el Partido Comunista Salvadoreño los tildó de ultraizquierdistas. Uno o dos años después Roque Dalton escribió un poema poco conocido que se titula "Los Ultraizquierdistas".

Carta de Roque a Salarrué
Praga, 27 de Octubre de 1967. Estimado Salarrué: Me dio mucha alegría recibir su amable respuesta. Inmediatamente me puse en contacto con la gente de Casa de las Américas para hacerles saber su opinión al respecto. Por mi parte me he puesto a trabajar ya y ya seleccioné el material en lo que corresponde a Cuentos de Barro. Ahora selecciono los Cuentos de Cipotes. Le

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ruego me envíe, por paquete postal aéreo (supongo que costara por ahí por los tres colones) Trasmallo y La Espada y otras narraciones, que no tengo conmigo. En la Biblioteca de la Casa de las Américas en La Habana si están pero yo no podré ir allá hasta Enero, para el Congreso Cultural. Asimismo me urge una ficha biobibliográfica suya, lo más completa posible. Y si desea mandar material nuevo, inédito, o no, hágalo por favor. Por lo del respeto a la letra de sus textos no pase Ud. ningún cuidado, tampoco por lo que hace a la calidad de las ediciones. Precisamente la Casa de las Américas acaba de ganar el gran premio Internacional Tipográfico de Moscú, por la calidad de sus publicaciones. Desgraciadamente las fronteras políticas impiden que sus libros lleguen a El Salvador. Se trata de ediciones de primera calidad, manejadas por compañeros de sólida formación literaria. Le envío hoy por aparte algunos ejemplares de libros de la Casa. Por otra parte, ellos se dirigirán a Ud. para lo que tiene que ver con derechos, etc. En principio, después de que Fidel declaró abolida la propiedad intelectual Cuba no paga derechos de autor a nadie ni cobra por las publicaciones de sus escritores, pero en el caso de los autores latinoamericanos se hace una excepción. Me gusta mucho trabajar con su material: aquí el otoño comienza a mostrar sus canas y hay que encerrarse en casa. Se imaginará la nostalgia que soporto, yo que no conozco mejor concepto del paraíso que una playa guanaca donde se puedan comer ostras y curiles, camarones de río y huevos de tortuga. Estas semanas próximas tendré calor del país en el escritorio, a través de sus páginas. Hay en perspectiva la celebración del Congreso Cultural de La Habana (en enero próximo, como le digo). Va a ser un acontecimiento de carácter mundial al cual concurrirán hombres de letras y artistas de todos los países y todos los credos estéticos y políticos. Graham Greene, Peter Weiss, Sartre, Chaplin, Robbe-Grille, Cortázar, Antonioni, Nemeyer, el padre Arpa, Alberti, son algunos de los nombres que han aceptado concurrir. Se trata de una confrontación informal de posiciones de creación artística sin ningún compromiso político, ideológico, etc. Yo trabajo con el Comité Organizador Internacional y me gustaría proponer su nombre, junto al de otros escritores salvadoreños jóvenes, para que pudiesen asistir por nuestro país. Se viajaría a Cuba vía México y luego se regresaría por Europa. Hágame saber su opinión al respecto. Estaré contento de recibir más letras suyas. Esté Ud. seguro de mi afecto y admiración: Roque Dalton

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Una hora con Roque Dalton
Por Mario

Benedetti (*)

Entrevista concedida por Roque Dalton al escritor Mario Benedetti en 1969, en ocasión del gane del Premio Casa de las Américas, con su libro “Taberna y otros lugares”.

La Habana - El jurado de poesía del Premio Casa de las Américas (integrado por Efraín Huerta, de México; José Agustín Goytisolo, de España; Antonio Cisneros, de Perú: René Depestre, de Haití: y Roberto Fernández Retamar, de Cuba) tuvo que elegir entre 221 participantes. La decisión fue sin embargo unánime, y premió, no sólo a uno de los poetas más vitales y renovadores de América Latina, sino también a uno de los que mejor han sabido conjugar el compromiso político con el rigor artístico. Roque Dalton (autor de La taberna y otros poemas) nació en San Salvador, El Salvador, el 14 de mayo de 1935. Estudió antropología y derecho. Es miembro del PC salvadoreño desde los 22 años; fue dirigente estudiantil y periodista, participando activamente en la política de su país. En varias oportunidades ha estado preso por su actividad revolucionaria, y en 1961 fue expulsado de El Salvador por el gobierno militar. Posteriormente ingresó varias veces en forma clandestina. En 1964 fue nuevamente apresado, pero esta vez con siguió fugarse. En los últimos años ha residido en Checoslovaquia y Cuba. Su obra poética y ensayística ha sido traducida a doce idiomas. Ha publicado tres libros de poemas: La ventana en el rostro, 1961; El turno del ofendido, 1963; Los testimonios, 1964. MARIO BENEDETTI: ¿Cómo caracterizarías la trayectoria de tu poesía? ROQUE DALTON: Al igual que un gran número de poetas latinoamericanos de mi edad, partí del mundo nerudiano, o sea de un tipo de poesía que se dedicaba a cantar, a hacer la loa, a construir el himno, con respecto a las cosas, el hombre, las sociedades. Era la poesía-canto. Si en alguna medida logré salvarme de esa actitud, fue debido a la insistencia en lo nacional. El problema nacional en El Salvador es tan complejo que me obligó a plantearme los términos de su expresión poética con cierto grado de complejidad, a partir por ejemplo de su mitología. Y luego, cierta visión del problema político, para la cual no era suficiente la expresión admirativa o condenatoria, sino que precisaba un análisis más profundo. Esto me obligó a ir cargando mi poesía de anécdotas, de personajes cada vez más individualizados. De ahí provienen ciertos aspectos narrativos de mi poesía, aunque, llegado a

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determinada altura, tampoco resultaron suficientes y debieron ser sustituidos por una suerte de racionalización de los acontecimientos. Viene entonces mi poesía más ideológica, más cargada de ideas.

MB: En esta etapa precisa ¿usas también la poesía de personajes? RD: Sí, la sigo usando. Por ejemplo, el libro premiado está cargado de personajes. A veces se da el caso de que los personajes opinen en contra de lo que yo pienso. Eso lo hago para establecer una contradicción dialéctica, en el seno de la expresión poética. El lector es quien puede resolverla. MB: ¿Y la zona subjetiva? RD: También existe, por supuesto. Incluso para enfrentar la historia hay expresiones de ese tipo: simplemente opiniones que surgen de una apreciación sub jetiva de la realidad. MB: ¿Cómo calificarías La taberna y otros poemas con respecto a tu obra anterior? ¿Continuidad o ruptura? RD: Yo diría que ambas cosas. Desde el punto de vista del desarrollo de la expresión, es continuidad. Ahí están presentes la poesía de personajes, la índole narrativa, la utilización de la anécdota, etc. Pero es también ruptura en la medida en que plantea, y acentúa de una manera nueva, la expresión política, llevando así el conflicto a lo ideológico, y rompiendo con una serie de estructuras caducas del movimiento revolucionario en el que de algún modo estoy inmerso. MB: Tengo entendido que el primer título fue “Poemas problemas”. RD: Exactamente. Ese título tenía para mí dos significados: por una parte, yo estaba entonces influido por el movimiento de poesía concreta y quería jugar un poco con la tipografía (ahora la poesía concreta ha dejado de interesarme como juego tipográfico): fíjate que la palabra problemas sólo tiene tres letras más que la palabra poemas. Aparte de eso, reflejaba, desde el punto de vista del contenido, la esencia de lo que yo quería expresar en este libro, es decir: poemas que, al sumergirse en la lucha ideológica, se convertían ellos mismos en problemas. MB: ¿Y por qué le cambiaste el título? RD: La situación planteada en el libro es verdaderamente problemática: acentuarla más aún desde el título, hubiera sido repetitivo, tautológico. MB: Creo que el gran poema del libro es el titulado “Taberna”. También fue el que más impresionó a los jurados, a pesar de su inusual extensión. ¿Cuál fue su génesis? RD: “Taberna” es virtualmente una crónica de los esquemas mentales de un sector importante de la juventud checa, en los años 1966 y 1967. El método de trabajo fue el siguiente: hay en Praga una taberna muy famosa, una cervecería que data del siglo XIII, llamada Ufleku, donde se reúne la juventud checa a beber cerveza y a conversar; también concurren muchos extranjeros residentes en Praga. En varias oportunidades, es cuché allí trozos de conversaciones; eran de tal interés (sobre todo si se considera

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el marco en que se daban: un país socialista, a veinte años de revolución) que me impulsaron a tomar apuntes. De pronto me di cuenta de que eso era un material sociológico y que yo estaba efectuando una suerte de furtiva encuesta acerca de to da una ideología. Confieso que empecé sin propósitos demasiado definidos, simplemente ordenando lo que recogía; luego pensé que el posible mérito era la propia existencia de ese material, y que el trato más adecuado debía ser una rigurosa objetividad. Me decidí entonces a construir un poema, debido a que las expresiones re cogidas tenían suficiente calidad literaria; un poema en el que fuera posible introducir aquellas expresiones, dejando que por sí mismas construyeran sus posibilidades de conflicto. Las yuxtapuse y les di algún tipo de montaje, pero sin intención de jerarquizarlas entre sí. Algo así como un poema-objeto; sin embargo, la carga política era tal, que dejó de ser un poema-objeto para convertirse en algo eminentemente político. MB: Desde un punto de vista formal ¿qué diferencia hay entre el procedimiento que utilizaste y el corrientemente usado por etnólogos o antropólogos? Pienso en Oscar Lewis, o, para mencionar un ejemplo cubano, en Miguel Barnet. RD: En el caso de Barnet, había un propósito original. No hay que olvidar que Miguel tiene formación científica y trabajó con la intención de reconstruir un período de la historia cubana. En cambio, mi punto de partida fue mucho más ingenuo. Yo partí del asombro político que, como comunista extranjero en Praga, experimenté al enfrentarme con un panorama ideológico que no esperaba encontrar en un país que llevaba veinte años de socialismo. Además, la experiencia del socialismo que yo tenía era la cubana, donde el sentido de lo heroico, el fervor de la revolución, el orgullo de ser comunista y revolucionario, eran desde luego el pan de cada día para la juventud; en cambio, la problemática planteada por los jóvenes praguenses, era una mes colanza de misticismo, religiosidad, anticomunismo, esnobismo, nihilismo; o sea una cantidad de formas ideo lógicas que el imperialismo exporta para el consumo de los pueblos que él mismo se encarga de oprimir. MB: Ya sé que hay inevitables distorsiones de la memoria, y no me refiero a ellas cuando te hago la pregunta: ¿nunca pusiste en boca de los jóvenes alguna expresión inventada? RD: Prácticamente no inventé nada. Claro que en la labor de montaje hubo algunos giros complementarios. Y eso daba la continuidad de un pensamiento a otro. A veces, ante la perspectiva de que un pensamiento pudiera ser mejor entendido con el agregado de una metáfora, hice anotaciones en ese sentido. Por ejemplo, hay un momento en que hablan de África en una forma un poco despectiva. Entonces construyo una metáfora con gala de ese contenido de menosprecio, y pongo en boca de uno de los muchachos estas palabras: “África, ese mercado negro”. Nadie las dijo nunca en la taberna, pero son un afinamiento de lo que querían decir. MB: La sección checa del libro ¿fue escrita antes o después de los acontecimientos de agosto de 1968? RD: Fue escrita en los años 1966 y 1967, o sea cuando viví en Praga.

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MB: Me parece importante destacarlo, porque los sucesos de 1968 pueden cargar tus poemas de un sentido muy particular. RD: Desde luego. Mis poemas representan la visión de un latinoamericano, en esos aros, o sea cuando se estaban gestando muchos de los conflictos de hoy. La parte checa es la sección final del libro. La parte intermedia es una visión de mi país, a partir de una mirada extranjera. Otra vez una poesía de personajes. Pongo a hablar a los integrantes de una familia inglesa, muy decadente y aristocrática, que llega a El Salvador con el objeto de rehacer su fortuna, perdida en Inglaterra, y que se enfrenta a las condiciones de un país subdesarrollado, con la actitud de la aristocracia inglesa venida a menos. Tuve noticias de esa familia por expresiones que le oí a mi padre (quien, como sabes, era norteamericano), refiriéndose a la total incomprensión con que esos ingleses miraban el país. Esbocé esos personajes melancólicos, y construí una serie de poemas que son una manera de reírnos los latinoamericanos de la visión que de nosotros tienen los europeos. Por último, y ya que seguimos un orden inverso, la parte introductoria del libro está compuesta por una colección de poemas sin mayor unidad, acerca de temas varios. MB: Y la línea amorosa, que ha sido bastante importante en tu poesía, ¿prosigue en este libro? RD: Sí. Prosigue en todos los niveles; tanto en los poemas sueltos, donde hay problemas amorosos personales, como en los referentes a la familia inglesa, donde se tiene en cuenta el conflicto amoroso decadente. Por último, están presentes algunos aspectos del amor en el seno de una sociedad socialista, cuando el amor y la sociedad se enfrentan desde el punto de vista de una conciencia deformada. Es el caso de la decantación del amor sobre la base de una vida común, cimentada en falsos valores. Hay un poema que se titula “Historia de un amor” y que está integrado por una serie de documentos sobre el destino trágico de una pareja, forma da por un extranjero y una muchacha checa que se ca san en Praga y empiezan a vivir falsamente el socialismo; finalmente, el matrimonio se destruye de la manera más burguesa posible. MB: Por los fragmentos que conozco de tu libro, y por lo que ahora me cuentas, veo que podría ser considerado como poesía comprometida. Ahora bien, ¿qué sentido le das al compromiso? RD: Me parece que para nosotros latinoamericanos ha llegado el momento de estructurar lo mejor posible el problema del compromiso. En mi caso particular, considero que todo lo que escribo está comprometido con una manera de ver la literatura y la vida a partir de nuestra más importante labor como hombres: la lucha por la liberación de nuestros pueblos. Sin embargo, no debemos dejar que este concepto se convierta en algo abstracto. Yo creo que está ligado con una vía concreta de la revolución, y que esa vía es la lucha arma da. A este nivel, entiendo que nuestro compromiso es irreductible, y que todos los otros niveles del compro miso teórico y metodológico de la literatura con el marxismo, con el humanismo, con el futuro, con la dignidad del hombre, etc., deben discutirse y ampliarse, a fin de aclararlos para quienes van a realizar prácticamente ese compromiso en su obra y en su vida; pero en nosotros, escritores latinoamericanos que pretendemos ser revolucionarios, el problema del compromiso de nuestra literatura debe concretarse hacia una

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determinada forma de lucha. MB: Dentro de esa acepción ¿qué lugar dejas a aquellos autores que escriben cuentos fantásticos, o cuentos realistas no referidos a una concreta realidad política, y que en su actitud personal tienen en cambio una militancia? RD: No creo que este problema se resuelva a nivel de géneros. Un combatiente revolucionario puede hacer magnífica literatura inmediatista, e incluso panfletaria si le viene en gana o si las necesidades de la lucha cotidiana así se lo exigen; pero también sirve a la revolución si es un excelente escritor de ciencia-ficción, ya que la literatura, entre otras funciones, cumple la de ampliar los horizontes del hombre. En la medida en que el pueblo puede captar los significados, últimos o inmediatos, de una gran literatura de ficción, estará más cerca de nuestra lucha, y más todavía si es capaz de analizar la enajenación que el enemigo le impone. Por eso no vemos razones para plantear la obligación de que el escritor militante se reduzca genérica o temáticamente a una línea muy estrecha. Partamos mejor del otro extremo, o sea de su actitud ante la lucha revolucionaria. Una vez que este problema está resuelto, el asunto de los géneros y del rumbo literario servirán para enriquecer la línea revolucionaria que ha escogido en su vida. Por otra parte, y tal como lo cita la última declaración del comité de colaboración de la revista Casa de las Américas, en la lucha de clases se cumple también el papel de arrebatarle a la burguesía el privilegio de la belleza, como lo sostiene Regis Debray. En el terreno literario, las relaciones entre la militancia y la literatura como resultado de la creación de un revolucionario, sólo pueden ser positivas. Hay otro terreno en el que sí podría haber conflicto, y es a nivel ideológico. En la medida en que, a través de la literatura, se plantearan ideológicamente posiciones que estuvieran en con tradición con la militancia revolucionaria, se originaría un conflicto, del cual no tiene culpa la literatura corno tal; se trataría más bien de un problema ideológico del escritor. Ahí es donde cabe situar el problema de las famosas “desgarraduras” entre el poeta y el militante político, cuando ambos son la misma persona. “Desgarra dura” es un término que se ha acuitado para ocultar que se trata de un problema ideológico; si se le quiere seguir llamando así, habrá que decir que se trata de una desgarradura ideológica, y que por tanto debe solucionarse a nivel ideológico. MB: En tu caso personal, ¿ha habida conflicto entre tu militancia política y tu calidad de escritor? RD: En alguna ocasión me han preguntado eso, y muy a la ligera he dicho que no. Lo que he querido decir es que para mí ha sido posible estructurar mi obra poética en el seno de una vida de militancia política, o sea que me acostumbré a escribir en la clandestinidad, en condiciones difíciles. Pero evidentemente existe otro nivel. He tenido conflicto cuando he tenido problemas ideológicos. Cada vez que he experimentado una desgarradura, ha sido porque se me planteaba una con tradición entre una posición política y una posición ideológica expresada en mi literatura. En la medida en que pude superar mis debilidades en este terreno, di pasos hacia adelante; en la medida en que no los pude superar, tengo aún conflictos. Hay una serie de aspectos de la revolución, muchos de ellos planteados a es cala mundial, frente a los cuales yo posiblemente no tengo conceptos muy claros, y por lo tanto siento que me

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afectan; pero, como te decía antes, son cuestiones absolutamente resolubles en el plano ideológico. MB: Como sabes, hace tiempo que me vienen preocupando los problemas derivados de las relaciones entre el intelectual y el socialismo, entre el escritor y la revolución. Muchas veces juzgamos esa relación en base a prejuicios pequeñoburgueses y a un concepto liberal de ciertas palabras claves; también en otras épocas fueron propuestos como soluciones ciertos métodos relacionados con el stalinismo. Personalmente creo que la verdadera solución no está en ninguno de esos planteos. Quizá debamos crear una nueva relación entre el escritor y la revolución. O acaso inventarla. Me gustaría conocer tu opinión sobre esto. RD: Bueno, tú partes de realidades concretas que nos ahorran definiciones. Por un lado, prejuicios pequeñoburgueses que se interponen entre el escritor y las instituciones del socialismo, entre el artista y la revolución en el poder; y por otra parte las metodologías, des tinadas a resolver este tipo de relaciones, que otorgara el stalinismo en el pasado. Creo también que usaste una palabra justa para hacer la proposición: hablaste de in ventar nuevos métodos y nuevos contenidos en la relación del escritor con el socialismo institucionalizado. Desde luego, se trata de una labor muy amplia, que debe ser de invención común, en la cual participen los creadores, los hombres de cultura, el Estado, las instituciones del socialismo, pero todos en relación con el pueblo, que en definitiva es el destinatario último y el productor primario de toda la materia cultural, en cuya elaboración no somos sino intermediarios. En las gran des perspectivas de esta invención no deben por lo tanto interponerse proposiciones según las cuales los crea dores seamos simples dictadores de viejas opiniones, ni tampoco que se introduzcan por algún resquicio los métodos stalinistas que sentaron jurisprudencia para resol ver determinados problemas en este terreno. La cuestión es verdaderamente profunda y tiene que ver con los fines últimos de la revolución. En la actualidad hay que darle particular importancia a este problema; todos estamos obligados a participar en su solución, así como a iniciar la discusión con un nuevo estilo, dispuestos a llamar a los problemas por su nombre y a no perder jamás la objetividad. Debemos hacerlo con un criterio revolucionario, marxista, científico, apegado a la experiencia histórica y a las perspectivas concretas del fu turo, tal como se trabaja cuando se planifica una zafra, la apertura de una nueva rama industrial o las relaciones internacionales de un Estado. Entiendo que podemos ver estas posibilidades con optimismo. En nuestros países, sobre todo en el lugar donde el socialismo se ha encarnado realmente en nuestro hemisferio (me refiero a Cuba), se abren reales posibilidades de una instau ración de nuevas relaciones y de inventarlas con audacia (precisamente la audacia ha sido una característica de esta revolución), con la mirada puesta en América Latina, ya que Cuba es el inicio de la revolución latinoamericana. MB: Mencionaste la dimensión histórica, y también la audacia de la experiencia cubana. Me parece que si a esa audacia agregamos una modestia verdadera por parte del creador, tal vez encontremos los elementos para resistir a dos de las más riesgosas tentaciones que padece hoy el intelectual: ser fiscal de la historia, o ser víctima de ella.

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RD: Tocas un problema importante. Los intelectuales tendríamos que concurrir a la elaboración del nuevo tipo de relaciones entre el artista y la revolución, con absoluta conciencia de ese tipo de peligros. La última experiencia histórica nos demuestra que, precisa mente por nuestras debilidades ideológicas, por nuestros prejuicios pequeñoburgueses, por el tipo de sociedad en la que hemos estado inmersos y que tanto nos ha de formado, tratamos de preservar nuestra individualidad hasta territorios que contradicen las raíces mismas de nuestros ideales humanistas. ¿Qué les ha pasado a los grandes poetas que han tratado de convertirse en fisca les intocables de la vida pública, o a los escritores que, en nombre de una supuesta libertad intocable, tratan de convertirse en víctimas de la historia? A pesar de lo conmovedores que puedan parecernos sus avatares, debemos reconocer que uno a uno han ido cayendo y han terminado por incorporarse, muchas veces a pesar suyo, a la gran industria del espectáculo editorial, del gran show editorial que, detrás de su apariencia luminosa, tiene intereses concretos que pueden responder al ene migo. Cuando una personalidad que maneja los problemas de la conciencia, de la historia, de la cultura, y que muchas veces ha sido portavoz de grandes inquietudes de nuestras masas, cuando un poeta a quien el pueblo le ha dado su calor, cae n la industria del espectáculo a que aludo, se convierte de inmediato en un elemento más de la enajenación de nuestras masas populares y por lo tanto pasa a cumplir una labor histórica franca mente negativa, reaccionaria. Ninguno de nosotros esta libre de caer en ese riesgo, y por eso la vigilancia sobre nosotros mismos y sobre nuestros compañeros debe mantenerse, en un sentido revolucionario, a pesar de que los evidentes errores cometidos en el pasado por parte de instituciones de estados socialistas, nos pongan mu chas veces en guardia contra ciertas palabras. Estamos entre revolucionarios y dejaríamos de serlo en el momento en quo entregásemos las armas de la crítica; pero no simplemente corno escritores, sino también como ciudadanos de un país, como revolucionarios de fila. Además, como escritores, tenemos derecho a la crítica, y a plantear los problemas en el nivel que sea, y con la profundidad que nos imponga nuestra conciencia. Sin embargo, debemos estar vigilantes con respecto a la otra situación: seamos responsables ante nosotros mismos de esos peligros que tú has señalado, en la medida en que estemos dispuestos a no ofendernos por llamar nos servidores de nuestros pueblos. Si hay escritores a quienes les parece denigrante servir al pueblo, franca mente no vale la pena que hablemos de ellos. MB: Así como decíamos que conviene estudiar la relación entre el escritor y el socialismo, dentro de un estado socialista, creo que también deberíamos estudiar los problemas derivados de la presencia de un escritor revolucionario dentro de una sociedad de impronta capitalista, o sea dentro de un mercado de consumo. RD: Cuando apuntábamos que un escritor inserto en un país socialista puede caer en la tentación de la industria mundial del espectáculo editorial, o sea la industria que persigue la enajenación de las masas populares, estábamos señalando un peligro real pero también excepcional. En cambio el escritor que trabaja en el mundo capitalista, vive inmerso en una situación presidida por un gran aparato que por lo general está al servicio de la ideología del enemigo, y por lo tanto corre el riesgo de convertirse en su víctima inmediata. Aún el escritor que se rebela, aún el escritor que es digno de su

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papel y lucha contra la enajenación, puede ser una víctima de ese aparataje y ser aludido desde diferentes niveles. MB: Algo así como una “operación seducción”. RD: O una “operación soborno”, que incluye maniobras destinadas a dotarlo de, una buena conciencia a pesar de las concesiones que poco a poco se le puedan arrancar. Todo está destinado a un fin último: asimilarlo al gran aparato de enajenación, montado en contra de nuestras masas populares. MB: El mero hecho de neutralizarlo, ¿no es acaso un buen dividendo para el enemigo? RD: Desde luego, en este aspecto el enemigo ejerce una acción cotidiana, costosísima, que se manifiesta en todos los órdenes de la vida cultural: ediciones lujosas, excelente promoción del libro, gloria efímera, la posibilidad de convertirse en una suerte de prostituta intelectual, muy bien pagada, o un payaso simpático, al servicio de los intereses más inconfesables, aunque a veces, en los mejores y más inocentes de los casos, no se tenga conciencia de ello. Lo que me produce preocupación es que tales maniobras de seducción alcancen a muchos de nuestros compañeros y que éstos no ad viertan que al caer en la falta de seriedad, en la payasada, o en, las concesiones directas al enemigo, están contribuyendo a crear en los pueblos la imagen de que al intelectual promedio sólo le interesa la frivolidad, la publicidad, la tontería. MB: Por eso mencionaba la modestia. Dentro de la operación-seducción, uno de los elementos que mejor maneja el enemigo es un fino tratamiento de la vanidad. Frente a la modestia verdadera, una modestia que es también orgullo, el imperialismo se siente desarmado. Ahora, volviendo a tu poesía, ¿cómo crees que este libro que acaba de ser premiado, y tu poesía en general, se insertan en la literatura salvadoreña? RD: Los orígenes culturales de mi producción, y el hecho de tratar, por medio de la literatura, de volver a mi país, con una visión tal vez enriquecida por la experiencia del exilio, son en realidad contribuciones de mi país a lo que yo hago. Hay además ciertos esquemas mentales, ciertas estructuras de lenguaje, que desde luego son absolutamente salvadoreñas. Pero en lo que se refiere a mi obra poética, no creo que sea continuación, o que haya recibido influencia decisiva, de quienes han escrito poesía en El Salvador. Por el contrario, en un porcentaje bastante alto he partido de un rechazo con respecto a la poesía que anteriormente se había escrito en mi país, poesía muchas veces inofensiva, que rara vez ha ido al fondo. Y esto no es sólo una apreciación personal, sino que es también lo que dice la crítica salvadoreña respecto de lo que allí se conoce de mi poesía. Precisamente se ha señalado su carácter de ruptura. MB: ¿De cuál de los nuevos poetas salvadoreños te sientes más cerca? RD: Fundamentalmente, de Manlio Argueta. Es un poeta de mi edad, que por cierto se ha convertido últimamente en un novelista muy valioso. La poesía de Argueta está dentro de una línea muy renovadora: es desenfadada, de gran amplitud temática. Hay

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también un muchacho nuevo, muy joven: Alfonso Quijada. No ha publicado ningún libro, pero conozco poemas sueltos que revelan un auténtico talento. También un poeta católico, David Escobar Galindo, muy joven también pero con grandes posibilidades de desarrollo. Y desde luego, Roberto Armijo, de mi promoción: no sólo como poeta, también como ensayista nos ha ayudado mucho a todos en el planteo de problemas sobre nuestra cultura nacional. MB: Está asimismo tu inserción en la poesía latinoamericana actual. Alguna vez escribí que había dos familias de poetas latinoamericanos, la familia. Neruda y la familia Vallejo. ¿A cuál de ellas sientes que perteneces? RD: Mira, yo quisiera ser uno de los nietos de Vallejo. Con la familia Neruda no tengo nada que ver. Hemos roto nuestras relaciones hace tiempo. De todos aquellos que surgimos impulsados por el clima de Vallejo (aunque a esta altura no sé si quedará algún rastro en nuestra expresión formal), descarnado y humano, me siento cerca de poetas latinoamericanos como Juan Gelman, Enrique Lihn, Fernández Retamar, Ernesto Cardenal. MB: Y aparte de los latinoamericanos, ¿cuáles son tus poetas mayores? RD: Tal vez un grupo de poetas franceses, muy disímiles entre sí. De cada uno he tomado algo. Pienso en Henri Michaux, Jacques Prevert, y (a pesar de que nadie me crea) Saint John Perse. Los leí casi simultáneamente y ejercieron una notable influencia sobre mí. También algunos poetas de lengua inglesa, como Eliot o Pound. Sin embargo, creo que mi poesía, sobre todo a partir de El turno del ofendido, se nutrió de otros géneros en mayor grado que de la poesía. Por ejemplo: la novela, el cuento, y hasta el cine. Conscientemente traté de propiciarme climas generadores de una actividad poética. MB: ¿Y cuáles serían esos novelistas? RD: En el caso de El turno del ofendido, hay conexión (testimoniada a veces por epígrafes) con la novelística de Faulkner, e incluso con la de Hemingway, a pesar de que por su sequedad no parece el más indica do para darle a uno aliento poético. Quizá ello se haya debido a que ya por ese entonces me estaba orientando hacia una poesía de ideas, y lo que encontraba en los novelistas eran precisamente ideas. Creo que ésa fue la mecánica de la influencia. Y luego la novela latinoamericana, con la que me he sentido especialmente a gusto en los últimos tiempos. Aquellos escritores que hicieron novela en tanto poetas, como es el caso de mi ex-amigo Miguel Angel Asturias, nunca ejercieron influencia so bre mí. Yo leía las novelas de Asturias como grandes poemas surrealistas. Distinta es la relación con los novelistas actuales. Para mí ha sido muy estimulante la novelística de Julio Cortázar, con la cual siempre me entendí muy bien. Sobre todo porque Cortázar tiene una literatura de infancia, que de algún modo se unía con mis vivencias. A pesar de haber nacido en El Salvador, yo crecí en la órbita del fútbol, de El Gráfico, Borocotó, Rico Tipo, César Bruto, etc.; así que pude comprender muy bien esa zona del mundo Cortázar. MB: ¿Qué importancia han tenido, para tu vida y para tu obra, tus prolongadas residencias en Cuba?

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RD: La experiencia cubana ha sido para mí decisiva en muchos aspectos. Creo que ha sido la experiencia más importante de mi vida. Al principio, porque fue la primera ocasión que tuve de vivir la construcción del socialismo. En las temporadas inolvidables de 1962 y 1963, tuve el privilegio de compartir con el pueblo cubano el dramatismo y la grandeza de aquel momento, y aprendí alborozado que nuestros pueblos pequeños pueden ser capaces de un destino mundial extraordinario. Como poeta, fue en Cuba donde adquirí conciencia de lo que significa escribir en serio, de ser (para emplear una palabra ya vieja) un escritor profesional, alguien que escoge la literatura como oficio. No sé si ello aconteció porque era simplemente un nivel de desarrollo o porque aquí se dieron las condiciones de libertad (material y espiritual) imprescindibles para poder expresar toda una gama de problemas que nunca hubiera podido encarar en mi país. Cuba sigue siendo una experiencia definitiva y definitoria para mí, ya que luego me fue posible vivir en otros sectores del socialismo, y por consiguiente comparar, sacar mis conclusiones, y en ese sentido Cuba ha servido para que yo organizara mejor mis propósitos acerca de la revolución en América La tina y concretamente en mi país. Ha sido la vivencia cubana la que me ha dado los elementos fundamentales para tomar una perspectiva, un distanciamiento (para decirlo a la manera brechtiana) por cierto muy útil para apreciar el problema concreto de la revolución en mi país. MB: El premio Casa ha tenido este año un colorido especial que lo diferencia de años anteriores. Por otra parte, fue mucho mayor la concurrencia de obras precedentes de América Latina ¿Crees que tales detalles tienen algo que ver con una nueva actitud del escritor latinoamericano, o con nuevos aspectos de la realidad continental? RD: En primer lugar, este nuevo colorido, este nuevo nivel de calidad revolucionaria del premio Casa, está espléndidamente sintetizado en el premio de ensayo que le fuera otorgado a Héctor Béjar, preso en las cárceles peruanas. Quiero decirte también que yo aso cié muy curiosamente el premio a dos nombres: el de Regis Debray (fue en la Casa de las Américas donde nos encontramos varias veces) y el de mi querido e inolvidable hermano, Otto René Castillo, guerrillero guatemalteco, asesinado por el gobierno de su país después de haber sido capturado herido en la montaña. Los poemas de Castillo me llegaron precisamente el día siguiente a la otorgación de los premios. Por eso uno al nombre de Béjar, al de Regis Debray y al recuerdo de Otto René Castillo, el significado del premio Casa. Cuan do me dices que en este año han participado más obras latinoamericanas que en años anteriores, interpreto ese hecho como una señalable radicalización de los escrito res revolucionarios de América Latina, que subrayan su adhesión a Cuba debido a que ven en ella la encarnación de sus esperanzas y del futuro de sus pueblos. También es un modo indirecto de apoyar una línea política de la revolución latinoamericana: la lucha armada. Por eso me parece importante el significado del ensayo de Béjar. Según los extractos de su libro, aparecidos des pués del premio, Béjar (no se trata de una cita textual sirio de su sentido esencial) desde la cárcel trata de ex presar que nos encontramos en un momento crucial del proceso revolucionario, y al enviar su ensayo a la Casa de las Américas, intenta subrayar la posibilidad, la urgencia, la importancia definitiva y la verdadera necesidad histórica, de impulsar y desarrollar la línea de lucha guerrillera en América Latina.

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MB: ¿Y qué estás preparando ahora? RD: Trabajo en un largo poema, “Los hongos”, que de alguna manera enfoca la pugna que existió en mi juventud entre la conciencia revolucionaria y la con ciencia cristiana, resuelta (con una manera hasta un poco joyceana) en el centro de un colegio jesuita. Trata de ser tina larga carta a mi profesor de filosofía en ese colegio. En otro terreno, he terminado un ensayo sobre las tesis enunciadas por Regis Debray en ¿Revolución en la revolución? Ese ensayo pretende en gran parte ser una defensa y una actualización de tales tesis frente a las posiciones de ciertas organizaciones de izquierda latinoamericanas, como por ejemplo los PC argentino y venezolano. Luego hago un balance objetivo de lo que ha significado el libro de Debray para la teoría revolucionaria en América Latina, y también algunas apreciaciones críticas sobre ciertos aspectos del texto de De bray. MB: No sé si conoces el reciente libro de Jorge Abelardo Ramos, que concluye con un largo ataque a la teoría del foco y otros planteos de Debray. RD: Sí, lo conozco. Me parece un libro interesan te, brillante y muy ágil. Es claro que estoy en completo desacuerdo en cuanto a sus conclusiones sobre la lucha revolucionaria y sobre la metodología de la actividad revolucionaria, no sólo porque parece evidente que el autor desconoce las realidades actuales de esa lucha a nivel continental, sino también porque hace demasiadas concesiones a su propia brillantez y a su propia ironía, olvidándose del análisis concreto de las posibilidades y de la relación entre las teorías propuestas y las realidades de nuestros países. Muchas veces se limita a dejar constancia de sus chistes. Con esa actitud no me parece que lleguemos a ninguna parte. Atacar por ejemplo el foco guerrillero, reduciéndolo a un grupo de atletas que aprenden a sobrevivir en la selva a la manera de Tarzán, me parece una reducción al absurdo de las posibilidades de una polémica seria sobre materia tan compleja. En mi libro sobre Debray tomo una posición contraria a las conclusiones de Ramos. Es curioso anotar cómo, en los hechos, hay una coincidencia casi absoluta entre las posiciones de Jorge Abelardo Ramos y las que, frente al libro de Debray, ha expresado el PC argentino. También sobre éstas me permito discrepar. Por otra parte, la enajenación de Ramos al problema del anti-stalinismo, le impide alcanzar conclusiones valederas con respecto a la polémica sobre la lucha armada. Uno de los exabruptos más típicos de los planteamientos de Ramos, es su conclusión de que el foco guerrillero vendría a ser la revitalización del stalinismo en América Latina. MB: Una última pregunta. Es frecuente que en entrevistas como ésta, se concluya por preguntarle al entrevistado qué consejos daría a los escritores jóvenes. Pero yo quiero salir de esa rutina, y más bien me gus taría saber qué consejos les darías a los escritores viejos. RD: No soy amigo de dar consejos. Pero ya que me lo preguntas, me permitiría aconsejar a los escritores viejos sólo dos cosas. A los que puedan, que rejuvenezcan lo antes posible; a los que sean honestos, que sigan siéndolo, ya que de ese modo nos seguirán enseñando. Pienso en un escritor a quien conocí cuando era relativamente honesto, aunque ya bastante viejo: Miguel Angel Asturias. Ya que a esta altura no

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podría conseguir ni la juventud ni la absoluta honestidad, quisiera aconsejarle que renuncie a la embajada de Guatemala en París. Quizá así podría conservar por lo menos un po quito del decoro que Sartre otorgó al premio más municipal de la tierra.

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Jorge Meléndez: “No recuerdo el asesinato de Roque Dalton, recuerdo un proceso político”

Jorge Meléndez, actual director de Protección Civil, afirma que “yo estuve ahí y yo sé lo que pasó” con el asesinato del poeta Roque Dalton. Dice además estar orgulloso se haber sido parte del “proceso”

Por Tomás

André

Un sábado 10 de mayo de 1975, el poeta Roque Dalton fue asesinado por sus propios compañeros de armas y de organización a la que pertenecía: el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). ¿La razón? Fue acusado de insubordinación y de incitar a la rebeldía a su compañero el guatemalteco Armando Arteaga, alias Pancho. Posteriormente a Dalton

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se le agregó, entre otras cosas, la acusación de ser agente de la CIA, acusación mortal que le pondría fin a los días del poeta. Entrevistado en 1993 por el periódico mexicano Excélsior, Joaquín Villalobos, miembro de la cúpula del ERP, dijo que el asesinato del poeta Dalton “fue un tremendo error”. En dicha entrevista dio un listado de los que participaron en la decisión colectiva de desaparecer al poeta: Alejandro Rivas Mira, Jorge Meléndez, Vladimir Rogel, Alberto Sandoval (Lito), otro de seudónimo Mateo y el mismo Joaquín Villalobos. ContraPunto conversó con una de esas personas que mencionó Joaquín Villalobos: Jorge Meléndez, alias Jonás durante la guerra. Él trabaja actualmente en La Dirección General de Protección Civil, cargo que ocupa gracias a la invitación que le hiciera el presidente Mauricio Funes, mismo que ha mencionado al poeta Dalton en sus discursos, llamándolo “nuestro más grande poeta”. Los homenajes oficiales, no obstante, que se preparaban para este año 2010, no fueron apoyados por la familia Dalton y han sido calificados por el cineasta Jorge Dalton como “la ofensa más grande que se le haya hecho al poeta Roque Dalton y a la familia después de 35 años de su asesinato”. Jorge Meléndez responde escuetamente. Dice tener una verdad de los hechos, su propia verdad la cual dirá “cuando tenga tiempo” y añade algo valioso: “Yo estuve ahí y yo sé lo que pasó”, pero que “no tiene prisa” para hacerlo público. También entra en contradicción con Joaquín Villalobos, pues este último fue claro al afirmar que en el asesinato de Roque Dalton “indiscutiblemente no hubo juicio, aunque nosotros hayamos dicho que eso fue un juicio”. ¿Cómo conoció “Jonás” a Roque Dalton? En un informe que dio Sebastián Urquilla, Alejandra Rivas Mira, el cual decía que estaba incorporado Roque Dalton y que tenía por seudónimo Julio. Ahí me enteré de él. No lo conocí, simplemente informaron, posteriormente en una reunión, en una especie de encuentro, no recuerdo, pude saber quién era Julio. Cuando se conocen y él forma parte del ERP ¿cómo es la relación? Yo soy fundador del ERP. Él vino, si no me equivoco, en 1974 o… no, en 1975… Ajá ¿compartían, debatían? No. Seré directo: ¿Dónde se encontraba Jorge Meléndez, fundador del ERP, alias “Jonás” cuando asesinaron a Roque Dalton? ¿Cuándo asesinaron a Roque Dalton? ¿Me podría decir usted cuándo asesinaron a Roque Dalton y en qué fecha exacta y a qué hora? 10 de mayo de 1975…

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Hay una entrevista con Joaquín Villalobos publicada en el periódico Excélsior de México, en la cual habla de los que tomaron la decisión colectiva de asesinar a Roque Dalton, usted es mencionado ahí por Joaquín Villalobos… Umjú… Falso, falso. Esa decisión fue un proceso largo y participó, es cierto, la anterior dirección, yo no era de la anterior dirección… eh… participó la anterior dirección y… participó… ¿cómo le llamaban a este…? El estado mayor, era una parte de esa dirección. La dirección de ese entonces estaba conformada por Lil Milagro, Alejandro Rivas Mira, Joaquín Villalobos, Fermán Cienfuegos… no recuerdo los otros y entonces, esta decisión de la que habla Joaquín fue cuando ya hubo un fracturamiento (sic), recuerdo que hubo dos grandes asambleas y hubo todo un proceso en el cual la declaración más fulminante fue la de Salvador Cayetano Carpio que dijo que Roque Dalton tenía una historia bastante oscura, que se escapó del penal de Cojutepeque escarbando hoyos con una cucharita, entonces por eso le tenían serias desconfianzas. Salvador Cayetano Carpio, quien era el dirigente de las FPL (Fuerzas Populares de Liberación), esto fue la base de la acusación de Rivas Mira para decir que Roque Dalton podría ser agente de la CÍA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos). ¿Por qué lo menciona a usted Joaquín Villalobos, quien afirma que pactaron además, no descargar la culpa en una sola persona, pues la decisión es colectiva, “una responsabilidad de todos”? Eso es cierto, por eso digo, es falso que fuera un pequeño grupo, fue todo un proceso, incluso hubo dos asambleas, por eso le digo… era un grupo que le llamaban el estado mayor y luego en esa decisión, hubo una reunión donde nos llamaron y nos dijeron estas son las alternativas… Entonces le hago una pregunta directa ¿cuál fue su participación en el asesinato, vigilancia o juzgamiento en el caso Roque Dalton? Bueno, en todo lo que usted llama asesinato está implicando un punto de vista, que al menos yo no lo comparto con usted. Estamos hablando de una situación de una guerrilla, donde se dio un proceso político y donde Roque Dalton fue muerto. Por asesino yo entiendo que una persona comete un acto contra otro, no sé por qué motivo y ahí estamos hablando de un proceso político. Yo no soy asesino de Roque Dalton, eso lo quiero dejar claro. En ese proceso del ERP con mucho orgullo yo soy partícipe. En el momento que yo considere, porque es mi derecho y es mi atribución cómo interpreto, analizo y fueron las cosas, pues yo lo voy a hacer. Usted tiene todo el derecho de preguntar, entiendo que está haciendo un reportaje, tiene derecho de tener opinión, incluso de decir asesinato, incluso me está diciendo asesino, yo le quiero decir que yo no lo… yo no le acepto ese insulto y no lo comparto. Le pregunto esto porque existe una entrevista con Joaquin Villalobos en la que lo menciona a usted en la participación, en la decisión colectiva. Hay

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también un texto de Geovani Galeas en la que dice lo siguiente, se lo leo literalmente: “Una madrugada de abril de 1975, Jonás y cuatro combatientes bajo su mando llegaron a una casa clandestina de Santa Anita. La misión consistía en relevar a la unidad que vigilaba a dos prisioneros confinados en cuartos separados, pero libres de manos y pies: Armando Arteaga y Roque Dalton, compañeros acusados de insubordinación. Colocó el dispositivo de defensa y ordenó a su segundo que verificara la situación de Dalton. Él fue al otro cuarto. “¿Serías capaz de usar eso contra mí?”, le preguntó Arteaga, refiriéndose a la pistola. “Si me das el menor motivo no lo dudaría”, respondió Jonás. (Jonás, en realidad Jorge Meléndez, según muchos el mejor jefe militar guerrillero en el terreno durante la guerra, me lo confirma 28 años después: “Ni en ese momento ni nunca me tembló la mano. Para un combatiente del ERP el cumplimiento de la misión era cosa sagrada. Por eso Arteaga entendió mi respuesta. Esa fue nuestra escuela”.) En eso escuchó un grito desde el cuarto donde estaba Dalton, y corrió, “¡Este hijuepueta está armado!”, le dijo su segundo. Jonás apuntó a la frente de Dalton. “No disparés”, gritó el poeta, asustado, “yo mismo avisé que tenía el arma”. Jonás le quitó la pistola y mandó que lo sacaran al patio, con la orden de disparar al menor movimiento”. Ajá, pero eso dice usted que dice Geovani Galeas Sí, pero aquí Geovani Galeas confirma lo escrito porque habló 28 años después con usted y cita sus palabras. Sí, pero usted me está hablando del asesinato de Roque Dalton Por eso le pregunto su participación en estos los hechos… [interrumpe] No, usted no dijo participación en estos hechos, usted dijo participación en el asesinato, son cosas diferentes. Insisto, Joaquín Villalobos lo involucra a usted… Sí, es una decisión del ERP exactamente. Lo que usted dijo y yo no sé si eso dijo Joaquín y yo le dije que eso es falso. Fue un proceso político y yo he decidido, porque se dicen cosas a medias, que cuando haya que decir la verdad, la voy a decir yo, tengo ese derecho. Yo estuve ahí y yo sé lo que pasó, yo tengo mi interpretación y yo tengo que decir la verdad que a mí me corresponde y no como ahora, que viene siempre un periodista, pregunta muchas cosas y después dice lo que le da la gana o lo que él entiende. Quiero dejar en claro uno: no soy el asesino de Roque Dalton, dos, creo que cuando alguien dice el asesinato de Roque Dalton, está equivocado, debería investigar más. Esa es mi respuesta. Recuerdo que dijo que escribiría un libro al respecto… [interrumpe]

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Sí porque hubo un periodista que insistía, insistía y entonces yo le dije “algún día voy a escribir una novela o un libro y para que se venda, ahí voy a contar” que es una estupidez verdad, porque en realidad es una falta de respeto, pero también el periodista tenía una total falta de respeto, porque yo le dije, “mire, prefiero no hablar del caso” porque creo que es un caso en el cual es bastante importante dilucidar la verdad y decirla, pero la debe decir uno, la debe plantear uno, tal como la analiza y de manera completa, porque aquí se dicen muchas cosas y cualquiera afirma, dice. Ninguno de los que hablan ni saben ni dicen la verdad, ni explica. Yo ya estoy cansado de escuchar… y entonces yo digo… Bueno cuál es el… porque creo que la gente pregunta básicamente, con esas palabras porque así lo han dicho “quién asesinó a Roque Dalton”. Una cosa dejo clara: yo no asesiné a Roque Dalton. ¿Entonces ese libro no existe? Yo no he escrito ningún libro ¿Y entonces lo escribirá? Si algún día decido decir la verdad, pues no sé si será un libro o será simplemente un documento, pero créame que cuando eso suceda, lo haré con mucha seriedad y porque hay demasiadas cosas importantes, la historia de una organización, de muchos líderes, la historia del mismo Roque Dalton, la historia de Arteaga [Armando Arteaga alias “Pancho” quien fue ejecutado junto al poeta], hay muchas cosas importantes que decir, el involucramiento de otras organizaciones, personajes. Si después de 35 años de los hechos dice estar cansado de esto, ¿por qué no habla de ello, qué se lo impide? Yo no creo que sean 35 años, creo que es más Fue asesinado el 10 de mayo de 1975. Hasta la fecha son 35 años. Exacto. Bueno, a mí no me lo impide nada. Ahí es simplemente mi decisión. Pero su decisión involucra terceros, familia. El mismo presidente Funes lo ha llamado “nuestro más grande poeta”, hablamos de una lesión cultural para el país. Es una obligación histórica reconstruir la historia y cada uno de nosotros pone su aporte. Usted ya me leyó una serie de cosas y entonces digo que lo escriben de una manera que cada quién considera cómo es que debe escribir. Yo lo debo decir y lo debo escribir como yo pienso que es responsable y cuando yo crea que es el momento de sentarse y de ponerse a hacerlo. Yo creo que eso es una obligación importante para el país, pero no creo yo, porque usted sea un periodista, tenga yo que hablarle a usted, ahora, en este momento que es lo que ha pasado en cada situación. Yo he tratado de colaborar para que las cosas se entiendan bien y el resultado para mí al final no es claro. He visto a los hijos de Roque Dalton dando declaraciones horribles sobre mi persona que no tienen nada que ver con la realidad. Entonces yo digo que esta gente ha

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interpretado esas cosas que se dicen. Ya no más. El día que hable lo voy a hacer yo, tal como yo quiero que se diga y que sea responsable y que sea la verdad dentro de lo que mi honestidad pueda. Así son las cosas y las voy a decir por escrito porque creo que es la mejor manera. ¿Cuál fue su participación en los hechos? Yo fui miembro fundador del ERP y el ERP dentro de ese proceso es parte de su historia, un miembro del ERP también fue Roque Dalton, el también es parte de esa historia. Todos somos responsables de esa historia. Disculpe la insistencia, seré más directo ¿Usted no tuvo ninguna participación en los hechos que llevaron a la desaparición física del poeta Roque Dalton? Se lo repito. El ERP fue fundado desde los años 70 y entre uno de los episodios del ERP está un episodio que, entre otras cosas, con la muerte de Roque Dalton, de eso, somos actores todos los miembros de aquel entonces del ERP y yo fui un miembro del ERP con mucho orgullo. Todo lo bueno, lo malo, todo que se hizo somos responsables. ¿Qué pensó cuando supo en aquel momento del asesinato de Roque Dalton? Yo no recuerdo el asesinato de Roque Dalton, recuerdo un proceso político en el cual salieron muertos varios compañeros, uno de ellos, Roque Dalton. ¿Entonces la muerte de Roque Dalton debe quedar ahí, en eso, en un proceso? Fíjese que el ERP es la única organización, creo que en el mundo entero y en la historia de las fuerzas de izquierda que publicó un balance y una versión de los sucesos de 1975. Se pudo haber dicho cualquier cosa, el ERP se hace responsable y es porque el ERP lo publicó con un criterio: esto pasa por el seno de la izquierda, de toda la izquierda armada y darlo a conocer para que no suceda nunca más, es nuestra obligación y se dio a conocer, desgraciadamente pasó muchas veces más, no en el ERP pero sí en otros. Soy parte de esa historia [ERP] creo que tengo derecho también… porque me lo he ganado con sangre, sacrificio, me lo he ganado con olor a polvo, muertos, sangre propia, de familia, compañeros y a mucha pólvora. Tengo derecho entonces a tener mi versión y mi decisión. ¿Cómo llega a ser parte usted de las estructura del gobierno, fue impulsado por el FMLN o invitado por el presidente Funes? Yo soy miembro del Partidos Social Demócrata que está en proceso de organización en su estatus legal porque el Tribunal Supremo Electoral (TSE) nos impidió la inscripción, pero hacemos lucha política. Parte de los esfuerzos que hacemos y entre otros es la alianza por llevar a la victoria del presidente Funes que fue candidato del Frente, porque si dejamos decena de miles de muertos en el camino, entre ellos el mismo compañero Roque Dalton, esa sangre y todo ese esfuerzo tiene que traducirse en la posibilidad de

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enrumbar el país en sentido de justicia social y democracia. Tengo una alianza con el FMLN y tengo una alianza con el presidente Funes, con ambos, pero eso, alianza. Pero mi pensamiento y mis convicciones son de socialismo democrático y desde ese punto de vista participé en política. Hablando del gobierno, me propuso el presidente Funes si deseaba participar en distinta áreas, me propuso varias y entre ellas propuso el tema de Protección Civil, para mí esto es importante por lo que significa para la gente y acepté esto. ¿Qué significa para usted mayo, que resonancia tiene en usted el nombre de Roque Dalton, cuando aparecen periodistas y le preguntan por él? Antes de la muerte de Roque Dalton, era un personaje mítico que yo admiraba a través de mis padres que me hablaban de Roque Dalton, no fue contemporáneo mío y después de la muerte de Roque Dalton, yo sigo admirando la obra de Roque Dalton como poeta y yo sigo viendo con mucho respeto la participación de él en el proceso político, que es muy complejo. Por eso digo, usted dice asesinato y yo digo no, mire, momento, porque es hasta un irrespeto a la figura de Roque Dalton porque lo ponen en una situación de alguien que asesinaron. No, hay un proceso político, él es parte de las bajas y de los personajes históricos más importante de nuestro país. Y cada vez que llega mayo, yo no tengo la conciencia negra. Cada vez que se habla de Roque Dalton siento mucho orgullo de Roque Dalton y también me doy cuenta que hay mucha gente que no entiende ni sabe lo que pasó y entonces dice cualquier cosa y quizás mucha de esa gente no ha hecho nada por este país y tienen interpretaciones muy simplistas, pero eso es responsabilidad de los que escriben, unos escriben en forma novelada, otros porque se sienten agredidos y otros porque hablan con total ignorancia. Me llama la atención cuando usted dice que tiene su propia versión de los hechos y que tiene derecho a no contarla y a decirla cuando crea conveniente [interrumpe] Cuando yo crea que tengo el tiempo y que lo puedo contar y lo puedo decir con claridad y que sea un aporte a la historia de nuestro país, que se reconozca, se conozca, sea una fuente para los historiadores y que sea una fuente de investigación. Porque miré, usted está escribiendo un artículo, un reportaje, usted tiene su tesis y tiene su derecho, cualquier cosa que diga usted lo va a poner en ese contexto y obviamente pondrá una parte, no todo lo que diga, entonces ya no quiero prestarme a eso, tengo mi derecho. Tengo cosas que decir que son importantes porque yo soy un actor, a mí no me contaron, a mi no me dicen, conozco el contexto y conozco mucho más, la verdad es aislada. Hay muchos que hablan de la muerte del compañero Dalton como una cosa mágica, aislada, eso no es correcto, pero en fin, ese es mi punto de vista. ¿En ese trozo de verdad que usted tiene, sabe cómo sucedieron los hechos, como fue su muerte?

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Eso es lo que yo voy a contar y ahí se van a dar cuenta todo lo que sé y lo que no sé, obviamente lo que no sé no lo voy a poder decir, pero lo que sé sí lo voy a decir. ¿Su silencio sobre lo que sucedió con Roque Dalton lo considera un derecho? Es un derecho que yo tengo, el decirla o escribirla. ¿Cómo se debatió en el seno de la izquierda el asesinato de Roque Dalton aún después de los Acuerdos de Paz o este nuevo gobierno? En el seno de la izquierda nunca se ha hablado de los muertos indebidos, porque no estamos hablando de Roque Dalton, porque estamos hablando de Ana María, la ex dirigente de ANDES 21 de julio, estamos hablando de muchos ajusticiados que no aparecen en la historia. Hay incluso un libro, publicaron una historia en San Vicente, porque todos los que estuvimos en la izquierda armada, porque hoy lo que llaman izquierda, no sé, es otra cosa, mire ahí hay cientos de muertos, todos hay que reivindicarlos. Y no solo en El Salvador, si pasó en Guatemala, Nicaragua, Colombia… Es importante porque desmitifica a los grupos armados, la guerra, la gente lo ve como algo heroico, puro. Las guerras son situaciones excepcionales de mucho dolor, de muchos muertos, de faltas de ley, de decisiones siempre arbitrarias. En la Comisión de la Verdad, los compañeros de todas las organizaciones, no dijeron las verdades. A mucha honra, en el ERP siempre hemos tenido una actitud de “esto hay que decirlo” porque esto ayuda en la historia y lo de Dalton hay que decirlo, lo que no voy a decir en este momento o no se lo voy a decir a usted en este momento, pero que lo voy a decir, claro que sí. Pero su silencio ha contribuido a que las cosas queden en el limbo con respecto a Roque Dalton Nosotros lo dijimos por escrito como organización, o sea, se llamó balance de los sucesos de 1975 y se discutió en toda la organización y se hizo público y dimos esa razón por escrito… Entonces cuando dice que “dimos esa razón por escrito” tiene razón Joaquín Villalobos de mencionar su nombre [en la decisión de ejecutar al poeta Dalton] Yo nunca he negado que he sido miembro del ERP. Lo que le he dicho es que no puedo hablar de asesinato como lo hace usted, hablo de procesos políticos, hablo de las responsabilidades del ERP y hay organizaciones y hay miembros de otras organizaciones que participaron. Joaquín Villalobos me menciona a mí porque yo era miembro de ERP y todos los miembros del ERP nos hacemos responsables. Yo no era miembro de la dirección del ERP en ese momento, pero no quiere decir que yo no fui miembro del ERP, fui partícipe de todo el proceso político del ERP.

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He visto en usted que hay cierta incomodidad cuando menciono la palabra asesinato ¿por qué? No incomodidad. Lo que ha habido es una clarísima discrepancia con usted. Usted lo llama asesinato y yo no. ¿Cómo lo calificaría entonces? Creo que es una persona que murió fruto de un proceso político, proceso político dentro de una guerrilla. ¿Y cuándo tendremos su versión del caso? Hoy por hoy mi preocupación es salvador vidas, no tengo tiempo para ponerme a escribir. Las causas por las cuales murieron decenas de miles de compañeros, las causas… porque yo tengo varios balazos en el cuerpo, porque yo perdí hermanos, primos, tíos y tías siguen vigentes. Yo sigo pensando en el futuro, no puedo estar pensando en el pasado. El que pretende avanzar poniendo la cabeza hacia atrás no va a avanzar. Ya habrá momento en que uno podrá reposar y decir “hoy es el momento de dar mi aporte en otro tema”. Yo no tengo prisa.

Opiniones de personalidades televisadas en Campus TV
Estas opiniones son parte de un documental que Campus TV, programa televisivo de la Secretaría de Comunicaciones de la Universidad de El Salvador transmitirá el domingo 9 de mayo en Canal 10. Hora: 4.00 p.m.

Entrevistador Mario

Castrillo

- Juan José, ¿quiénes fueron los que asesinaron a tu padre? - Juan José Dalton: Todos sabemos que Joaquín Villalobos fue uno de los máximos dirigentes del FMLN en El Salvador y, al mismo tiempo, comandante en jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo. El, en una entrevista que me brindó y que fue publicada hace algunos años, hace aproximadamente 16 años en México, él confiesa haber participado intelectualmente en la decisión de haber asesinado a Roque Dalton. De los sobrevivientes de esta decisión está Alejandro Rivas Mira, que entonces era el jefe del ERP, y está otro de los sobrevivientes que se llama Jorge Meléndez, conocido en la guerra como Comandante Jonás, que terminó en la guerra como el segundo jefe del

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ERP. Esos son los sobrevivientes del asesinato de Roque Dalton, intelectual y materialmente, porque hemos indagado y hemos sabido que Joaquín Villalobos y Jorge Meléndez fueron del comando ejecutor, o sea, fueron además de tomar la decisión de haber estado presente y levantar la mano para tomar la decisión de asesinar a Roque Dalton, fueron de los que llegaron al lugar donde lo tenían recluido y ellos actuaron, dispararon, fueron de los que dispararon y mataron no solamente a Roque Dalton, sino también a Artiga, Armando Artiga, alias Pancho. Los dos fueron asesinados ese día 10 de mayo de 1975. Ing. Rufino Quezada se ha hecho justicia en el caso del asesinato de Roque Dalton? - Ingeniero Rufino Quezada: El 10 de mayo de 1975 fue ejecutado el poeta y revolucionario Roque Dalton y hasta este momento tampoco se conoce la verdad sobre dicho asesinato. Algunas cosas se han mencionado, se han conocido, pero todos sabemos que los responsables de este asesinato andan libres y nunca han querido decir los pormenores de la ejecución de Roque Dalton. Yo creo que ahora que estamos en una realidad diferente, donde todos estamos involucrados en potenciar mayores niveles de democracia y justicia en este país, deberían los responsables, los entonces dirigentes del Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP, decir cómo fue y quiénes son los responsables de ejecutar material e intelectualmente a Roque Dalton. Jorge, estamos realizando un documental sobre Roque Dalton, y conversando con Juan José, el hijo de Roque, él afirma que Joaquín Villalobos y usted fueron los autores intelectuales y materiales de la muerte de Roque, queremos saber su opinión al respecto. - Jorge Meléndez: Primero, aclarar de una vez por todas, yo no soy asesino de Roque Dalton. Conozco los hechos porque soy partícipe histórico de este país. He escuchado a Juan José diciendo esto muchas veces, entiendo yo que es por el dolor de que es su padre. Yo nunca he querido hablar de Roque Dalton humano ni de la historia, es mi discreción, mi derecho y siempre lo he dicho y el día que yo lo desee hacer y lo considere conveniente lo voy a hacer, y termino diciendo, no soy el asesino de Roque Dalton ¿Cuáles fueron las causas de la muerte de Dalton? - Jorge Meléndez: Creo que las causales de la muerte de Dalton es que él se involucró en medio de la construcción de la guerrilla, y en las guerrillas desgraciadamente a lo largo de la historia ha habido muchas historias trágicas: en Guatemala, en Nicaragua, en El Salvador… Dalton no es el único muerto. … cuando hay armas de por medio y no hay leyes sino que se inventan los procesos siempre habrá arbitrariedades o siempre habrán muertos, algunos justificados otros no justificados. … Dalton fue parte de esa historia trágica, negra que hay en todas las guerrillas, también las hay en la de El Salvador, no en el ERP, eso es sólo un incidente grave, las hay en

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todas las organizaciones. Juan José, ¿Cuáles son las motivaciones que llevaron al asesinato de Dalton? - Juan José Dalton: Nosotros hemos averiguado que en el seno del ERP había una alta conflictividad entre el grupo militarista que encabezaban precisamente Alejandro Rivas Mira, Joaquín Villalobos y Jorge Meléndez. Este grupo era un grupo extremista, militarista en grado extremos, entonces mi padre junto a otros compañeros que se separaron del ERP y formaron la Resistencia Nacional, ellos tenía un criterio de lucha revolucionara más amplia, donde contemplaban diversas formas de lucha, donde contemplaban la participación activa de las masas, la lucha política, la lucha social, entonces la confrontación entre estos dos grupos son los que dieron lugar al asesinato de Roque Dalton y de Pancho. …y yo creo que Villalobos en su confesión prácticamente también da a entender eso, él me decía a mí en la entrevista que le hicimos entonces que el crimen había sido totalmente injustificado y que no tenía ninguna razón de ser. No hubo ningún juicio como se ha argumentado después, fue un asesinato vil después de haberlo tenido retenido, después de haberlos incluso torturado y golpeado cuando estaban indefensos. - Eliseo, ¿cuál es la definición de impunidad? - Eliseo Ortiz: La impunidad hay que entenderla como ausencia de justicia, porque la gente normalmente lo entiende como que no lo castigaron. No, la impunidad es que no se haya definido, no se haya dado una sentencia, un fallo, que el Estado haya dicho este es inocente o este es culpable, y si es culpable, por supuesto que proceda la parte punitiva. En el caso de Roque hay dos responsabilidades. En primer lugar está la responsabilidad de los autores o partícipes directos en el homicidio, en el asesinato, esa es la primera responsabilidad, pero la otra responsabilidad es la responsabilidad del Estado de haber investigado y de haber administrado justicia Por lo tanto, en el caso de Roque, yo creo que el principal responsable es el Estado por no haber esclarecido los hechos. - Luís, ¿por qué consideras que el caso de Roque Dalton continúa impune? - Luís Melgar Brizuela: El clandestinaje del ERP favorecía que pudiera cometerse un crimen tan monstruoso y al mismo tiempo que ese crimen quedara impune, porque es muchísimos años después que se investiga la muerte, con resultados fallidos porque prácticamente no se encontró el cadáver, lo cual es una monstruosidad para nuestra memoria histórica y cultural. - José Luis, ¿cuál es la valoración que haces sobre la impunidad en el caso de Roque Dalton?

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-José Luís Escamilla: El poder que aplasta a Dalton o que pretende aplastar a Dalton es el poder dentro de la izquierda misma. Este planteamiento también tiene sus elementos claves para descifrar al Dalton desde el presente, es decir, asesinan el cuerpo de Dalton pero las ideas de Dalton continúan vigentes hasta nuestros días, siendo que desde la lectura de esos textos o desde sus planteamientos estéticos nosotros podemos seguir explicando la problemática social del país, política del país y esto que se ha invisibilizado, que es la invisibilización de los poderes fácticos. - José Roberto ¿Por qué consideras que el asesinato de Roque Dalton ha quedado impune? - José Roberto Cea: Porque Roque fue asesinado, no es un error de juventud, sino que fue un asesinato. Yo creo que ha quedado impune para no tocar precisamente lo que él planteaba, porque si se saca a flote eso se va a ver cuáles eran verdaderamente las reales posturas de los que lo asesinaron y lo que él planteaba; no nos podemos refugiar en que eran errores juveniles, como suele decirse. Yo creo que hay que plantear eso para discutir, y eso es sano para todos nosotros, sano para la memoria histórica de este país. Otro caso que tenemos que asociarlo es el caso de monseñor Romero. Monseñor Romero lo están ocupando hoy para que sea una especie de olorcito bueno para la ciudadanía enajenada por la televisión; pero tocar a los que han matado a monseñor Romero…, ahí están dirigiendo la economía de este país, dirigiendo lo social de este país, pretendiendo ocultar esas cosas; es el mismo caso de Roque, con Roque hay que plantearlo eso con honradez, con honestidad. Que nos puede costar… ¡pues que nos cueste lo que sea! - La obra literaria de Roque Dalton comprende testimonio, poesía, prosa, ensayo y breves incursiones en el teatro, mereciendo galardones a nivel nacional e internacional, siendo su obra traducida a múltiples idiomas y objeto de estudio de escritores e intelectuales. - Luis, ¿Cuál consideras el mayor aporte de Dalton a la literatura de El Salvador? - Luís Melgar Brizuela: En primer lugar, Roque Dalton como líder de la revolución cultural en el siglo XX en nuestro país innovó la poesía de un modo radical. Su primer aporte a la cultura salvadoreña es su innovación literaria, pero no podemos quedarnos ahí porque él es un caso único de concurrencia de lo literario cultural con lo político … fue tan consecuente que prefirió morir, prefirió entregar su vida antes que fallarle al compromiso que él había asumido con este país. - José Roberto, para ti ¿Cuál es el aporte más importante de Roque Dalton a

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la literatura salvadoreña? - José Roberto Cea: La importancia de Roque es como autor, como hacedor de hechos estéticos, testimoniales, sus libros de testimonios ahí están. Además fue de los iniciadores de la modernización de las expresiones literarias. - Nos podrías decir ¿cuál consideras que es el aporte más importante de Roque Dalton en la literatura salvadoreña? - Carlos Paz Manzano: Roque Dalton destaca principalmente como poeta, pero incursionó en su etapa de madurez en la narrativa. ¿Por qué es un aporte importante? Su obra poética trasciende porque él incursiona en la vanguardia latinoamericana y uno de los temas principales es la poesía coloquial, luego vamos viendo una diversidad de estilos. El poeta por ser vanguardista incursiona en el surrealismo, pero es un surrealismo que también absorbe otras tendencias, por ejemplo el romanticismo nocturno, también incluye el realismo social, el realismo testimonial y eso le permite a él presentar una variedad de temas que tienen que ver con el país y así es como proyecta el país con una visión de cambio. - A tu juicio ¿Cuál es el aporte de Roque Dalton a la literatura salvadoreña? - José Luís Escamilla: Yo identifico dos elementos fundamentales en la propuesta de Dalton: Lo primero sería problematizar toda una situación que determina o marca el desarrollo de la cultura en El Salvador a lo largo del S XX, ese sería el primer gran aporte de Dalton. ¿En qué sentido?, en el sentido de que logra alcances interesantes en el sentido del realismo, que está muy de moda en ese momento, él lo lleva a su máxima expresión haciendo una serie de valoraciones o provocaciones que altera o subvierten el orden de la historia de la estética en este país, y en alguna medida subvierten el estatus quo de la clase política o el poder oligárquico en el país. Es el primer gran aporte que hace desde la literatura. Tener conciencia de su función como escritor y como intelectual, lleva implícito este planteamiento. - El gobierno de El Salvador ha dedicado el mes de mayo del 2010 a la lectura de la obra de
Roque Dalton como un homenaje a este escritor, sin embargo, importantes sectores de la población salvadoreña opinan que si verdaderamente se quiere honrar la memoria y el aporte de Roque Dalton, se debería investigar su muerte y llevar ante la justicia a quienes lo asesinaron.

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1988

1992

2000 en adelante

La metamorfosis de Joaquín Villalobos
Por Roberto

Bardini

El ex comandante guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos, quien pasó por la universidad inglesa de Oxford para metamorfosearse en politólogo, se ha convertido impúdicamente en "asesor de conflictos" del presidente colombiano Alvaro Uribe. Sin embargo, Villalobos carga con una mancha aún peor: fue él quien en 1975 dio la orden de asesinar a Roque Dalton, uno de los más brillantes intelectuales centroamericanos. En diciembre de 1977 cobró fuerza la insurrección sandinista contra el dictador Anastasio Somoza y el 16 de enero de 1992 se firmaron los Acuerdos de Paz entre el gobierno y los rebeldes salvadoreños en el castillo de Chapultepec, de la ciudad de México. Entre esas dos fechas fui corresponsal en América Central. Vivía en Honduras pero me desplazaba a través de Nicaragua, El Salvador y Guatemala por cuenta del diario mexicano El Día, la desaparecida revista de circulación latinoamericana Cuadernos del Tercer Mundo y la Agencia Nueva Nicaragua (ANN). Fueron los 14 años más intensos y privilegiados en mi oficio de reportero. Hago esta alusión personal porque creo que puedo decir con cierta autoridad profesional que Joaquín Villalobos ha tenido a partir de 1992 una trayectoria lamentable. Convertido en dirigente del nuevo Partido Democrático (PD), antes de su colaboración con Uribe ya era -y sigue siendo- 'apagaincendios' del actual presidente de su país,

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Francisco Flores, de la conservadora Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). El egresado de Oxford dispone de una columna en El Diario de Hoy y de un espacio matutino en la oficialista Telecorporación Salvadoreña (TCS). Además, cada vez que el gobierno enfrenta conflictos sociales, el analista viaja desde Gran Bretaña para opinar en vivo y en directo acerca de huelgas, movimientos sociales, partidos políticos, campesinos, trabajadores y estudiantes. Y con un pragmatismo sorprendente no pierde una sola oportunidad para criticar a sus antiguos compañeros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Un "error de juventud" El 10 mayo pasado se cumplieron 28 años del asesinato de Roque Dalton, periodista, ensayista, poeta, novelista y combatiente revolucionario. La bala que penetró en su cabeza no salió de un arma policial o militar. Fue disparada por alguien que se suponía un compañero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). La orden de ejecución fue dada por Alejandro Rivas Mira y Joaquín Villalobos, quienes también mandaron 'arrestar' a Dalton el 13 de abril de 1975. La acusación -falsa, desde luego- fue que era 'agente de la CIA'. La fecha escogida fue cuando en El Salvador se celebra el Día de las Madres. Cuatro días más tarde, el escritor hubiera cumplido 40 años. El cuerpo ni siquiera fue enterrado: los ejecutores lo abandonaron en un paraje denominado El Playón. El cadáver terminó devorado por perros y aves de rapiña. Y un detalle aún más tenebroso: en ese lugar, los escuadrones de la muerte salvadoreños dejaban los restos acribillados a tiros de políticos, sindicalistas y estudiantes sospechosos de colaborar con los guerrilleros. El asesinato fue 'injusto, un error de juventud, el más grave que cometí', le dijo el propio Villalobos casi 18 años después al periodista Juan José Dalton, hijo de la víctima, quien lo entrevistó serenamente durante tres encuentros. El muchacho no admitió la explicación: 'Ello sería aceptar que esa etapa de la vida -la juventud- es potencialmente criminal, lo cual no es posible', escribió. "Como si supiera que me van a matar al día siguiente" Roque Dalton nació el 14 de mayo de 1935, en San Salvador. Su padre, Winnal Dalton, era un millonario texano criado en la frontera con México. Su madre, María García, fue una modesta enfermera salvadoreña. Realizó sus primeros estudios en un colegio jesuita. Después ingresó a las carreras de Derecho en Chile y Antropología, por poco

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tiempo, en México. En 1953 entrevistó al muralista mexicano Diego Rivera para la revista literaria de la Universidad de Chile. El mismo Dalton relatará mas tarde su encuentro con el pintor: 'Me preguntó, con aquella manera exuberante que tenía, que cuántos años tenía yo. Yo le dije que 18 años. Entonces me preguntó que si yo había leído marxismo. Yo le dije que no. Entonces me dijo que tenía yo 18 años de ser un imbécil. Y entonces me echó'. En 1956, Roque fundó con un grupo de poetas salvadoreños y centroamericanos el Centro Literario Universitario (CLU). Ese mismo año ganó el Premio Centroamericano de Poesía otorgado por la Universidad de El Salvador. A los 22 años de edad, se afilió al Partido Comunista, al que abandonó años después. Por su militancia estuvo preso y desterrado. Condenado a muerte dos veces, logró escapar casi milagrosamente. La primera vez, cayó el dictador de turno cuatro días antes de su ejecución. La segunda -el día de Cristo Rey, en 1964- un terremoto sacudió San Salvador y derrumbó una de las paredes de su celda, situación que el escritor aprovechó para huir a toda velocidad. Dalton vivió exiliado en Guatemala, Cuba, la Unión Soviética y Checoslovaquia. En ese tiempo, conoció Vietnam del Norte y Corea. En 1967 escribió una frase premonitoria: 'Desde hace algunos años siempre me propuse escribir de prisa, como si supiera que me van a matar al día siguiente'. Con el seudónimo de 'Farabundo', en 1969 ganó el Premio Casa de las Américas de poesía con su óperarock 'Taberna y otros lugares', escrita durante sus dos años de residencia en Praga. La obra poética de Dalton incluye: 'Mía junto a los pájaros', San Salvador (1957) 'La ventana en el rostro', México (1961) 'El mar', La Habana (1962) 'El turno del ofendido', La Habana (1962) 'Los testimonios', La Habana (1964) 'Poemas', Antología, San Salvador, (1968) 'Los pequeños infiernos', Barcelona (1970) Entre sus ensayos y narraciones se cuentan:

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'César Vallejo', La Habana (1963) 'El intelectual y la sociedad' (1969) '¿Revolución en la revolución? y la crítica de la derecha', La Habana (1970) 'Miguel Mármol y los sucesos de 1932 en El Salvador' (1972) 'Las historias prohibidas del Pulgarcito', México (1974) Luego de su muerte se publicaron los siguientes libros: 'Pobrecito poeta que era yo' (novela), 'El libro rojo de Lenin' (ensayo) y 'Los hongos', 'Un libro levemente odioso' y 'Contra ataque' (poesía). "Cuando sepas que he muerto..." En diciembre de 1973, Roque ingresó a El Salvador con un pasaporte falso a nombre de 'Julio Dreyfus'. Dentro del ERP utilizó el nombre de 'Julio Delfos Marín'. Antes de su retorno final al país, se había sometido a una cirugía facial realizada por el mismo equipo que preparó la entrada clandestina del 'Che' Guevara a Bolivia. 'Es la inteligencia y clarividencia de Roque la que disgustó a ciertas personas dentro de una organización política, que tenía mucha autoridad pero poca inteligencia y poco acierto en sus posiciones', dijo su compatriota Fabio Castillo, médico y dirigente político, dos veces rector de la Universidad de El Salvador. 'Era difícil para esas personas entender la inteligencia de Roque. Eso no le gusta a las personas que no tienen igual nivel de capacidad y de comprensión'. El escritor Eduardo Galeano recuerda así al poeta asesinado: 'Roque Dalton, alumno de Miguel Mármol en las artes de la resurrección, se salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque cayó el gobierno y otra vez se salvó porque cayó la pared, gracias a un oportuno terremoto. También se salvó de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías que lo corrieron a balazos. 'Y se salvó de los hinchas de fútbol que lo corrieron a pedradas, y se salvó de las furias de una chancha recién parida y de numerosos maridos sedientos de venganza. Poeta hondo y jodón, Roque prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana. No se salva de sus compañeros. Son sus propios compañeros quienes condenan a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta bala, la única capaz de encontrarlo'. El hombre que murió por orden de Joaquín Villalobos, dejó un poema premonitorio: 'Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre porque se detendría la muerte y el reposo.

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(...) Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas. Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta. No dejes que tus labios hallen mis once letras. Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio'. El politólogo graduado en Oxford y 'especialista en resolución de conflictos', no cabe la más mínima duda, es incapaz de redactar una sola línea de este calibre. Joaquin Villalobos Líder del ERP salvadoreño, extremadamente frío e inteligente, eso se lo reconocen quienes lo conocen o conocieron: presunto cómplice gestor y ejecutor de Roque Dalton, autor de múltiples secuestros y asesinatos a sangre fría, Responsable de la "Radio Venceremos", elemento clave de la guerra Civil Salvadoreña, creador y ejecutor de acciones militares espectaculares, que hoy son objeto de estudio en las academias militares del mundo, renegado de su pasado guerrillero y maoísta, "convertido" a la social democracia de la que afirma nunca salió, en una acción denominada la Traición de San Andrés, firma con el gobierno luego del conflicto un pacto en el que se entrega a la derecha, forma el partido democrático de efímera vida (al pueblo no le gustan los judas) se retira de la política activa y se va a Oxford a Estudiar (¿Con que dinero?), actualmente escribe artículos políticos, "asesora" a Uribe en Colombia, Ocasionalmente lo traen a El Salvador a que hable contra el FMLN, especialmente en época eleccionaria, vive con su esposa y tres hijos como un reconocido intelectual y político. Apologizado en su momento por sus compañeros que hoy dicen las peores pestes de su persona, la historia inicia mucho antes pero comenzamos en los inicios de la década de los 70..... Década de los 70 Alejandro Rivas Mira miembro de la democracia cristiana junto con Cayetano Carpio, un viejo líder obrero que era secretario general del Partido Comunista y que había sido prácticamente expulsado del mismo por querer llevarlo a las armas, mientras en su seno, dirigido por otro "Histórico" dirigente Shafìck Handal (Actual líder del FMLN) querían llegar al poder mediante alianzas electorales con la Democracia Cristiana, ambos Rivas Mira y Carpio, habían "salido" de sus respectivas organizaciones y captado cada uno por su lado a sus respectivos inconformes: Carpio a los comunistas en las FPL

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y Rivas Mira a los Demócratas Cristianos ya radicalizados en el ERP. Joaquín Villalobos hijo de un Tipógrafo que tenía una imprenta, Bachiller del Liceo Salvadoreño un colegio católico Marista de alta categoría bajo sacerdotes del Opus Dei, entra a la universidad a estudiar economía, en fin todo un "pequeño burgués" como lo llamaría posteriormente "Cayetano Carpio", que inicia en los movimientos estudiantiles de la universidad bajo la consigna demócrata cristiana y luego es parte de los radicalizados que se incorporan al ERP encontrándose ahí con Rafael Arce Zablah, Humberto Rogel. Liderado por Rivas Mira el ERP por sus líneas y consignas se "autocataloga" de tipo Maoísta ("el poder nace del fusil") su movimiento no es visto con buenos ojos por los "comunistas" de Carpio ni por la gente de Castro en Cuba, Alejando Rivas es la cabeza visible del grupo, un caudillo con aires protagónicos, brillante y pragmático, que se movía de acuerdo a la necesidad política del momento. En el seno del ERP también existe un grupo más intelectual formado por gente como Fermán Cienfuegos, Lil Milagro Ramírez, Alonso Hernández y otros que eran escritores, poetas e intelectuales y podían poner lado crítico a la linea de dirección, también se encuentra otro grupo de estudiantes militarizados que se representaban con Joaquín Villalobos y Rafael Arce Zablah, y un tercer grupo de combatientes duros y mas proletarizados como Jorge Meléndez y Vladimir Rogel, sin embargo bajo su dirección se conformaban ya en un buen núcleo de lucha, que se dedicó inicialmente al secuestro, extorsión, asaltos y pequeñas acciones de terrorismo, divergiendo en la forma de toma del poder con el Grupo de las FPL de Cayetano Carpio, que hablaban de una Guerra Popular Prolongada y el establecimiento de la dictadura del proletariado (Siguiendo el modelo Cubano y Soviético), mientras Rivas Mira y el ERP planificaban una toma del poder por asalto, involucrando incluso a sectores del ejercito y manteniendo las estructuras constitucionales una vez tomado el poder, ambas formas eran antagónicas y parecían irreconciliables. En este entorno entra Roque Dalton como Asesor político de Rivas Mira, cambiado de personalidad y de físico mediante una operación de cirugía plástica hecha en Cuba por el mismo grupo que hizo la del Che Guevara cuando ingresó a Bolivia, (esto siempre es tema de un debate: ambos mueren traicionados) entra al país con la identidad de "Julio Dreyfus".

Roque Dalton García Existe aun la discusión de las razones de meter a Roque en el seno de una organización

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que no lo quería, lo lógico hubiera sido ingresarlo al FPL pero Cayetano Carpio se oponía, dado los antecedentes de indisciplina y bohemia de Roque, aparte de que todos lo veían como un rival para su caudillismo dado el nivel de brillantez ideológica y mental del Poeta. Se arma una trama de intrigas y contra intrigas, Roque se "mete" con la "compañera" de Alejandro Rivas Mira, Joaquín Villalobos por ese entonces totalmente en la clandestinidad y con su consiguiente paranoización, ve peligro para el grupo en el indisciplinado, bolo, discutidor Roque, que no disimula sus posiciones ideológicas que chocan con las de él y Rivas Mira y que comienzan a cuajar en Cienfuegos y su grupo de poetas-revolucionarios.

Coronel Arturo Armando Molina Se estaba gestando un alzamiento armado en el que participarían militares salvadoreños que secretamente estaban estableciendo contactos para derrocar al Coronel Arturo Armando Molina, presidente por entonces del El Salvador. Los "comunistas" de FPL con Cayetano Carpio a la cabeza tildaban esa alianza como traición, el Partido Comunista liderado por Shafick Handal, no quiere saber nada de guerrillas, por directriz de los cubanos y rusos. Paradójicamente Roque está de acuerdo con un alzamiento y había empezado a disentir con los soviéticos, sin embargo es en este momento que Roque es detenido "por faltas de disciplina militar" al no entregar unas armas luego de un ejercicio militar entre San Martín e Ilopango, que Según Eduardo Sancho (Fernán Cienfuegos) estaban siendo transportadas aún lo que hacían ridícula la acusación. Sin embargo la cosa se le complica a Roque y al final se le hacen cuatro acusaciones: 1. Roque Dalton era Agente de la CIA. A raíz de comentarios de Cayetano Carpio en el que decía que Roque mientras estuvo preso en Cojutepeque fue entrevistado en los planes de renderos por miembros de la CIA. Un encuentro del que "nunca pudo dar explicación", (en realidad lo cuenta en el libro Pobrecito, poeta que era yo). 2. Que estaba promoviendo el fraccionamiento del ERP, separando ideológicamente a sus miembros. 3. Roque era agente de la inteligencia cubana que no era de buenas migas con el ERP y quería infiltrar a la organización para "llevarla por el buen camino" 4. Roque era un peligro para organización con su irresponsable bohemia y ponía en peligro la clandestinidad a la que habían entrado.

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El grupo de Fermán, trata de sacar a Roque y separarse junto a él del ERP, Roque no acepta ya que piensa que no ha hecho nada malo y que por un mal entendido es que lo tienen prisionero sus propios compañeros. En un hecho confuso que Fermán Cienfuegos en sus "Crónicas frente a los espejos", pretende despejar en el que se autonombra como el "abogado" de Roque, en el supuesto Juicio Sumario, sin embargo se decide su ejecución que es asignada a Joaquín Villalobos y a Vladimir Rogel. Aquí divergen los testimonios, Joaquín afirma que fue Rogel quien disparó, otros le endosan al propio Villalobos el hecho, luego existe el mito que su cuerpo fué abandonado en "El Playón" que es una zona donde aún ahora se mantiene una capa de lava solidificada producto de una erupción del volcán de San Salvador en 1917, sin embargo hay quien afirma que Roque debió quedar enterrado en la capital ya que no era factible sacar un cadáver tan fácilmente durante la noche o durante ninguna hora, exponiéndose a los cateos y retenes policiales que habían en todas las calles que entraban o salían de San Salvador. Poco después el Dios de los Poetas le pasó la factura al ERP, el núcleo de juventud militar decide mandarlos a la mierda y se viene abajo el intento de golpe de estado, el grupo de intelectuales representado por Fermán (Eduardo Sancho) y Lil Milagro se separa de ellos, se le infiltra la policía descubriendo una gran cantidad de "casas de seguridad" y capturando muchos "cuadros" y miembros, se gana el repudio mundial por la muerte de Roque Dalton, estigma que hasta la fecha lo persigue como una maldición y no se lo quitará nunca..... Para colmo de males Rivas Mira se "esfuma" con varios millones producto de años de secuestros, asaltos y diversas acciones delictivas, dejando al ERP con menos de cincuenta miembros activos, sin dinero, perseguidos y totalmente desmoralizados; en este estado decide la ejecución de Vladimir Rogel por querer seguir con los métodos de Rivas Mira que actualmente se supone que vive en el anonimato "gozando" del fruto de años de crimen. Este escenario es el que tiene Joaquín Villalobos a inicios de 1977, cuando asume la dirección de un diezmado y satanizado ERP. Entre los capturados se encuentra Ana Guadalupe Martínez y el ERP prepara la Operación Roma para secuestrar a un conocido e influyente empresario con el objeto de canjearlo por compañeros capturados....

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Roque Dalton: Un modelo para armar
“Roque Dalton murió por no haber comprendido que su papel de guía, de nervio histórico de su pueblo debía realizarlo el poeta y no el combatiente. Su participación en la Historia se basó en un equívoco. Lo que de él solicitaban aquellos que lo forzaron a incorporarse a la guerra, no eran sus dotes de militar seguramente insuficientes, sino su renombre de poeta. Sacrificó su ser poeta en aras de la actualidad. El tributo a la historia ha debido ser su poesía y no su vida. Fue hacia la muerte no por haberla elegido sino inducido por un espejismo. Pero como creador lo supo desde siempre. Por ello como creador sí se anticipó y presintió su fin. Prueba de ello: ironías de la historia, su novela ‘Pobrecito poeta que era yo...”. Elizabeth Burgos

Por David

Hernández

En 1975, luego de ingresar a El Salvador el 24 de diciembre de 1973 por el aeropuerto de Ilopango como Julio Dreyfus, Roque Dalton es acusado de ser agente de la CIA por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y hallado culpable en un remedo de “juicio sumarísimo” por Alejandro Rivas Mira (alias Sebastián Urquilla), Vladimir Rogel Umaña (alias Carlos o “El Vaquerito”) y Joaquín Villalobos (alias René Cruz) integrantes de la Comisión Militar que lo juzgó y cuyo cuarto miembro, Eduardo Sancho (alias Fermán Cienfuegos) votó en contra, según escribe éste en su libro de testimonio “Crónicas entre los espejos”. De ellos sólo ha muerto Vladimir Umaña. Carlos Eduardo Rico Mira en su obra “En silencio tenía que ser. Testimonio del conflicto armado en El Salvador (1967-2000)”, reconstruye los últimos momentos de Dalton, antes de ser ejecutado por El Vaquerito, el 10 de mayo de 1975: “... El día en que iban a ‘ajusticiarlos’, se dirigieron a la habitación donde estaba Roque y le dijeron: ‘Es hora que salgas al patio a tomar el sol’. ‘Sí, dicen que el sol cura el jiote’, se puso a reír y salió. Por la espalda lo asesinaron, le pegaron un sólo tiro entre la nuca y el occipital. Roque se derrumbó sin decir palabra.” La acusación se basó en su fuga de la cárcel de Cojutepeque, descrita en “Pobrecito poeta que era yo...”, de la cual desconfiaba el extinto Partido Comunista de El Salvador (PCS), comenzando por su Secretario General, Salvador Cayetano Carpio, futuro “Marcial” del FMLN. ¿Qué es lo anormal en esta fuga de la cárcel? A principios de los sesenta Dalton y otros militantes salvadoreños se entrenaron en Cuba. Uno de los instructores cubanos, Aníbal Martínez (*), deserta con los “dossiers” de los salvadoreños a Miami.

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Aparentemente jubilado, Aníbal vive ahora en Washington. El grupo, que debía formar parte del brazo armado del PCS, al llegar al país se encuentra con un PCS dividido entre la lucha armada o parlamentaria. La CIA envía a uno de sus agentes para neutralizar, mediante dinero o la muerte, al grupo. Según un sobreviviente, Pedro Rafael de la Cantera (*), quien vive en México como hombre de negocios, el “Míster” de la CIA que menciona Dalton en su novela estuvo efectivamente en el país desactivando al grupo de salvadoreños entrenados en Cuba; se hospedaba en un Hotel de San Salvador, y tenía apoyo de cubanos anticastristas, entre ellos Aníbal. El “Míster” contactó por lo menos a uno de los que formaban parte de ese grupo, Tomás Paz (*), exilado en Costa Rica luego de participar en el Golpe de Estado del 24 de marzo de 1972, a quien, aparentemente, logró neutralizar. Tomás Paz conversó con Pedro Rafael de la Cantera para que colaborara con el “Míster”, ya que del grupo que había venido de Cuba al PCS, que andaba a la desbandada, le dio la espalda. Era el sálvese quién pueda. A diferencia de Tomás Paz, Rafael de la Cantera contactó al “Míster” pero al mismo tiempo informó al PCS, por ello Pedro de la Cantera se vuelve hombre de confianza de Marcial y los cubanos. En estas circunstancias, el PCS ordena a Dalton que se oculte, pero éste, luego de días de clandestinidad, sale a la calle; esa misma mañana se va a beber con un personaje tan misterioso como esperpéntico, Ricardo A., alias Ricardo H., al Bar “El Paraíso”, de la Praviana. Es septiembre de 1964. Según narró Dalton a Roberto Armijo en La Habana años después, tiene la certeza que Ricardo A. lo delató, pues antes de su captura ese septiembre de 1964, Ricardo A. se ausentó de “El Paraíso” y no lo vió más. Dalton es interrogado por el “Míster”; Aníbal muestra fotos del entrenamiento militar en Cuba donde están juntos. Este detalle es obviado en “Pobrecito Poeta...”. Supuestamente Dalton no tiene más alternativa que colaborar. Cayetano Carpio recuerda esto en 1973 antes del ingreso de Roque al país, en una reunión FPL-ERP entre Felipe Peña, Alejandro Rivas Mira, Lil Milagro Ramírez y Eduardo Sancho, cerca del Parque Centenario: “En esa oportunidad, Cayetano Carpio, en respuesta al informe del ingreso de Roque Dalton, expresa sus reservas que consisten en la información que disponía el PCS que afirma sin pruebas que Roque después de estar preso y salir de la cárcel de Cojutepeque, tuvo un contacto en un hotel con la CIA, con la Embajada, eso hizo sospechar dicho en boca de su ex secretario general aduciendo que nunca pudo explicar su contacto.”, dice Eduardo Sancho en su libro “Crónicas entre los espejos”. Pedro Rafael de la Cantera respecto al supuesto que los cubanos, transmitiendo el odio anti-poeta, anti-Dalton que tenían, instrumentalizaron a Rivas Mira para deshacerse de Roque: “Sé algo de esa historia, lo que pasa es que los cubanos ya no lo aguantaban, era odioso para ellos. Me lo dijeron y por eso rompí con ellos años después, por ver cómo trataban el caso Roque. La dueña del odio era Haydeé Santamaría y su acólito Roberto Fernández Retamar. El único que aceptaba a Roque era Fidel Castro, pero los intermedios lo odiaban, según me relató Arqueles Morales (poeta guatemalteco compañero de Roque en La Habana) y que yo comprobé. Marcial no aceptó a Roque en las FPL, pues lo detestaba por las mismas razones que lo detestaba el Chafo (Schafik Jorge Handal) –creo que lo sigue odiando después de muerto-, y es por razones

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ideológicas al igual que los cubanos, lo consideraban un desleal, un degenerado, un cabrón, por aquello de la doble moral de ellos”. El gran capitán Rivas Mira fue un destacado dirigente de la izquierda salvadoreña de los sesenta. Había sido el primer bachiller de la República, graduado del Liceo Salvadoreño, y estudió en la Universidad de Tubinga, Alemania. Su primo, Carlos Eduardo Rico Mira, da una valoración de él: “Cuando Sebastián Urquilla (Alejandro Rivas Mira) estudiaba bachillerato era fascista, admirador de Alemania, su Biblia era La Derrota Mundial, y Mi Lucha de Adolfo Hitler.”

Roque en La Habana El poeta tuvo muchos amigos y admiradores en la isla caribeña.

A imitación del “Gran Timonel” Mao, el “choco” Mira era conocido como “el Gran Capitán”. Él y Lil Milagro eran los jefes del ERP; además, convivía con ella, relación que es rota por el noviazgo entre Lil y Dalton. Por otro lado, la mujer de Rivas Mira, Ana Angélica Meardi, también trama y urde difamaciones contra Roque. Estos elementos subjetivos, dentro de la situación de paranoia y tensión que vivían, sumados al militarismo y desprecio anti-intelectual del ERP y “El Vaquerito”, jugaron un papel en el desenlace trágico de los acontecimientos. Hay otro detalle no tan subjetivo: cuando estudió en el Plan Básico de Soyapango, “El Vaquerito” fue alumno nada menos que de Ana Angelica Meardi; de nuevo surge ella como instigadora desde la sombra, de toda una campaña que culminará con la muerte de Dalton, por la influencia con su ex-alumno. Según diversos testimonios Vladimir Rogel Umaña, “El Vaquerito”, era uno de los más jóvenes, cuando no el más joven de todos y el de mejores condiciones físicas, al grado que en los entrenamientos era capaz de desenfundar la pistola y disparar mientras daba una voltereta en el aire, y esto varias veces. “El Vaquerito”, que terminó “agarrando paja” de ser “jefecito” por la protección del “Gran Capitán”, le da a Roque Dalton durante su captura una paliza, él sabe que goza del visto bueno del “choco” Mira y de Angélica Meardi, que veía en Roque alguien que opacaba a su marido. Al respecto Carlos Eduardo Rico Mira escribe: “(El Vaquerito) era jefe militar y era capaz de todo. Levántate culero, respóndeme como hombre sino quieres que te haga mierda a vergazos... Roque guardaba silencio en el suelo. Repentinamente lo agredió a patadas como a un perro, lo agarramos para evitar que la golpiza continuara. Y como loco vociferaba, suéltenme que tengo ganas de matar a pura verga a este intelectual de mierda.”, señala (En silencio tenía que ser, Pág. 110) Cuando Rivas Mira huye del ERP robándose varios millones de

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dólares, Ana Angélica Meardi hubiera sido la clave para descubrirlo, de habérselo propuesto en serio la organización estafada. Con una cirugía plástica, Rivas Mira sólo podía ser detectado por su mujer, la “chele patanga de hombros caídos” y su inconfundible manera de caminar. Desde entonces Rivas Mira ha desaparecido, lo hacen en México, Guatemala, Alemania, Inglaterra y hasta en China. Esto es lo de menos pues él, al igual que sus secuaces, siguen siendo lo que siempre fueron, un cero a la izquierda. Donde quiera que esté carga con la maldición eterna de haber sido el autor intelectual del asesinato del más grande poeta que ha dado El Salvador, Roque Dalton García. Pedro Rafael de la Cantera evalúa al “Gran Capitán”: “Marcial no estaba en el país cuando asesinan a Roque... Por razones pragmáticas creo que Marcial se habría opuesto al ajusticiamiento. Ahora Eduardo Sancho escribe que esa afirmación de Marcial fue determinante. No sé si Sancho se hace el tonto o siempre lo ha sido, es probable que así sea. Pero yo no creo su argumento, más bien está tratando de echar el muerto a Cayetano, quien tenía intuición política, mientras que los otros eran grandes locos... En el caso teorético de que Roque haya sido reclutado por la CIA, eso no se sostiene... Roque se va a Checoslovaquia... ¿Y ahí qué podía hacer? Sólo beber mucho más... No te olvides que la compañía no recluta pendejos, ni bajeros, ni inefectivos. ¿Qué podía hacer alguien como él que ni siquiera sabía hablar inglés? Considerar a Roque como agente de la CIA es una gran patraña del PCS y de todos los políticos de izquierda anti-poetas. No creo que los cubanos acepten esta acusación, no obstante el rencor que le tenían...

Una postal familiar Roque junto a su hermana Margarita, tambien escritora, en El origen de esta tragedia fue la pequeñez, la México en 1964. mezquindad –cuyos brotes, aún desde México, siento

que todavía existen, y ahora quizás más malignos-, el temor a que Roque le quitara luz y protagonismo al ‘Gran Capitán’ y sus adláteres; y se la estaba quitando, explicable por su brillantez, su experiencia, incluso por su edad, pues los otros no pasaban de los 25 años; y algo más, eran ‘niños bien’, socialcristeros, virgas, y virgos que ni siquiera habían ido donde las putas, provincianos, cuyo mundo no pasaba del Camino Real, de la Escalón, de la Universidad Nacional, etc... Con todo y su problema de alcohol, Roque era una de las personas más brillantes que he conocido; además, un bolo no tiene por qué dejar de ser brillante. La borrachera se quita al día siguiente pero la estupidez no, y esto es lo que pasó con el ‘Gran Capitán’ de mierda & su Cía. de lobos.” Revivir al poeta Roque Dalton es el referente de la moderna literatura salvadoreña. Sobre sus desencuentros con los poetas sargentones de La Habana, reflexiona Pedro Rafael de la

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Cantera, testigo de ese tiempo: “El odio a Roque Dalton, según Arqueles Morales, provenía de la ‘loca, lesbiana e hija de puta Haydeé Santamaría’, directora de Casa de las Américas, quien lo llamaba despectivamente ‘el ciudadano Roque Dalton’; me sorprendió cuando Arqueles dijo esto, supongo que él fue afectado por esta tendencia, ya que él también bebía, y en una sociedad de doble moral como la cubana, los extranjeros críticos con algunos puntos de la revolución, sin temores reverenciales por venir de sociedades irreverentes como las guanacas y chapinas, eran algo que no cuajaba en el ‘buen gusto’ revolucionario. Los cubanos no entendieron nunca que nosotros veníamos de ejercer la libertad de expresión, de crítica y autocrítica aún a costa de todo riesgo, la irreverencia era algo generacional en la sociedad guatemalteca y salvadoreña, anarcoides, algo que para acabar de joder, se incrementa más con el alcohol.” Elizabeth Burgos, quien junto con Regis Debray conoció en 1966 a Roque Dalton en Praga, Checoslovaquia, tiene su propio punto de vista sobre los hechos. Burgos, diplomática francesa de origen venezolano, ex-esposa de Debray, ex agente secreta del G-2 cubano, y amiga entrañable de Roque Dalton en Praga, París y La Habana sintetiza su figura: “... Al poeta tal vez le hicieron un servicio asesinándole -lo que no exime a los culpables. Su muerte hará resurgir al poeta: su obra es el mayor tributo que habrá legado a su país... A los asesinos, la historia los ha puesto en su sitio: ayer fueron actualidad, hoy son apenas una actualidad pasada. Aparecen con su verdadero rostro al descubierto: el de la ambición y el simple afán de poder.”
Un acuerdo entre Rodolfo Parker y René Aguiluz calmó aparentemente el agua de los pescados. Hoy se vuelve a revolver.

(*)Aníbal Martínez, Pedro Rafael de la Cantera y Tomás Paz aún viven y son citados con un nombre ficticio, por comprensibles motivos de seguridad
David Hernández, es PhD en Filología, escritor y periodista salvadoreño-alemán, reside en Alemania. Recién obtuvo el Premio Nacional de Novela Embajada de España Alfaguara, por su novela "Berlín años guanacos

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Roque Dalton vs. la verdad
(Entrevista con Juan José Dalton)
Por Francisco

Figueroa

Qué ocurrió en realidad la noche del diez de mayo de 1975, hace 28 años; qué calles, puertas, miradas y pensamientos se cruzaron antes de realizar uno de los crímenes más aborrecibles de nuestra historia, el del poeta Roque Dalton. Hay quienes lo saben, pero lo callan. He llegado ante la mirada de Juan José Dalton, transcurre un lunes de Semana Santa de 2003. Le pregunto muchas cosas y él contesta con la claridad de quien ha sufrido la muerte y desaparecimiento de su padre, al mejor estilo de los abominables escuadrones de la muerte de nuestra Historia reciente. FF.- ¿Cuál es tu opinión sobre el libro de Eduardo Sancho, Crónica frente a los espejos, en lo que se refiere a la muerte de tu padre? JJD.- Mi opinión respecto al testimonio de Fermán Cienfuegos o Eduardo Sancho no es ninguna opinión académica, ni siquiera una crítica literaria o periodística, sino la opinión de un lector normal de nuestro país. Es un libro difícil de leer porque es un poco enredado. Yo he hablado varias veces con Fermán y tal como él habla así ha escrito el libro; es un sancocho, como una sopa de Colombia, es un revoltijo de cosas... no hay coherencia en sus escritos ni en su pensamiento, lo siento raro. Según él, ese es el valor del libro porque trata de diferenciarse a sí mismo cuando dice que uno es Fermán y otro es Eduardo. Para mí eso es inconcebible si se trata de una personalidad de reconocimiento público. Cuando él trata de diferenciar al humano con el comandante que fue, es como que él está diciendo: "aquel realmente no soy yo, aquel fue el papel que me tocó representar". Esa es una evasión histórica del papel que le tocó jugar en aquel momento. FF. ¿Es sincero o no Eduardo? ¿Es el comandante o el ciudadano quien habla en el libro?

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Cuando él escribe no se quién está hablando, es el papel interpretado de Fermán Cienfuegos o la sinceridad de Eduardo Sancho, no sé quién es. Él ha dado varias interpretaciones sobre la muerte de mi padre y dijo en un programa de televisión que en los próximos años van a surgir miles de interpretaciones. Me parece que esta falseando la realidad porque no estamos hablando de un hecho por venir, sino de un hecho que pasó, y pasó como pasó. Fermán, cuando llegó como parte de una delegación de la Resistencia Nacional (RN) a la Habana en 1978 o 79, no recuerdo, estando ahí mi hermano mayor Roque, mi mamá y yo, nos dio un informe de por qué habían asesinado a Roque. Dijeron, dijo, que habían cometido un crimen imperdonable, inaudito, y que producto de ese crimen el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) se había dividido en dos, los asesinos de Dalton, y por otra parte se había creado la RN, que eran los seguidores de Roque Dalton, y que ellos eran como los herederos y seguidores no solamente de Roque, sino de su ideal y que él había logrado fundar la RN. Estoy hablando de cuatro años después. Nunca jamás Fermán nos habló que hubiera algún juicio, ni que él fuera el defensor; nunca jamás nos contaron que lo habían detenido y que luego lo acusaron de indisciplina, lo que coincide con el libro, y después de agente cubano. Y como ninguna de las acusaciones cuajaron, lo acusaron de agente de la CIA y enemigo, y de que un día se dieron cuenta que lo habían asesinado. Fermán nos contó que él mismo había sido perseguido y lo habían intentado matar en varias ocasiones. Fermán fue protegido por las FPL (Fuerzas Populares de Liberación), por Cayetano Carpio. Las FPL protegían, no sólo a Fermán, sino al resto de las RN que estaban siendo buscados por el ERP para asesinarlos. Eso fue lo que nos contó Fermán Cienfuegos, Ernesto Jovel y otros que no recuerdo. Fue en 1979. Pero Fermán y Joaquín Villalobos han intentado culpar de la muerte de mi papá a los comunistas, y sobre todo a Cayetano Carpio. Pero fueron ellos, las FPL, Cayetano Carpio, quienes intercedieron para que no hubieran más muertes después de la muerte de mi papá. Eso es algo que hay que aclarar, porque hoy, acusaciones de esa naturaleza se están lanzando como transportando discordias de aquellos tiempos a los hechos actuales. FF.- Hay varias versiones, ¿pero lo que Fermán dice en el libro es la versión oficial o hay otra? JJD.- Fermán dice verdades a medias, o al menos es lo que he escuchado. Él le quita toda responsabilidad a Joaquín Villalobos, cuando el propio Joaquín ha aceptado haber participado en la decisión

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de matar a mi papá. Antes, el papel que las RN le otorgaban a Joaquín, era algo más que un simple autor intelectual del crimen. Por eso Fermán está diciendo medias verdades y medias mentiras. FF.- ¿Qué es lo que le interesa saber a la familia Dalton sobre este hecho? ¿Responsables directos, autores materiales e intelectuales, nombres? JJD.- Lo único que reivindicamos es que se nos asesinó a nuestro familiar y no hemos recibido ni las disculpas, ni un reconocimiento de que fue un crimen injusto. Cuando yo entrevisté a Joaquín en varias etapas y luego publicamos la entrevista, Joaquín reconocía que él había participado. Y parece que ese reconocimiento lo puso en tela de juicio en su acción política y pronto comienza a deslindarse de las responsabilidades, y actualmente dice que él no tiene nada que ver ni material, ni intelectualmente con ese crimen, que él no era el jefe del ERP. Yo tengo esa confesión grabada, la tengo escrita, revisada por él con su letra, donde él dice: los que participamos en la decisión fuimos tales y tales y yo. En esa entrevista Joaquín dice que no hubo ningún juicio, que ahí hubo una patraña para tratar ocultar el crimen que estaban cometiendo, así lo dice. Pero de pronto ahora sale diciendo que no tuvo nada que ver en eso, que el crimen fue por contradicciones entre antiguos comunistas, deslindándose completamente de las responsabilidades; ni siquiera en un incipiente intento de llegar a la verdad hay sinceridad. Eso es lo que más le duele a la familia. Toda la exigencia que estamos haciendo es para ayudar y aportar a la sociedad salvadoreña a resolver un crimen que fue nefasto y que tuvo -y todavía tiene por estar en la impunidad- una repercusión tremenda en nuestra realidad, porque cuando uno habla con intelectuales de afuera, con gente joven que no conoce mucho la realidad salvadoreña, le parece inaudito que la misma gente, los mismos compañeros y hermanos, sus compañeros de lucha, lo hayan asesinado. La gente se pregunta ¿qué clase de gente es esa?, ¿qué les ha pasado?, ¿qué ética se mueve en El Salvador? Y al ver nuestra historia se dan cuenta que aquí se hace homenaje al que mandó a matar a Monseñor Romero, se le rinde tributo a quienes asesinaron a los jesuitas y se mantienen en la impunidad los que mataron al poeta más destacado de este país. FF.- ¿Hay algo nuevo sobre este caso? JJD.- Creo que la muerte de mi padre necesita una investigación más profunda y es un deber de esta sociedad. Nosotros hemos sufrido lo

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impensable, la desaparición física de la cabeza de nuestra familia. Mi padre es difamado, los documentos del ERP lo difaman, lo menosprecian, no reconocen su calidad de luchador social. Fermán nos dijo que los restos de mi padre habían sido resguardados y que cuando triunfara la revolución o acabara la guerra los restos de mi papá serían entregados a la familia y que se le haría un homenaje, y eso no era cierto... El cadáver no fue encontrado porque fue abandonado junto a Pancho... lo tiraron en El playón y el cadáver desapareció... y sus asesinos siguen en la impunidad y la gente como Fermán, quien fue considerado hermano de mi padre hasta después de la muerte, está tratando de justificar un crimen... La obra de mi padre es un pilar sobre el que se sustenta la cultura, la identidad y la historia de este país... Él fue una persona integral, en su obra refleja sus contradicciones, temores, se ensalzan sus amores, sus visiones, sus defectos, errores... No lo veo apartándose de las responsabilidades que le tocó asumir, no veo la diferencia entre Roque Dalton y Julio Dreyfus (su pseudónimo), fue una sola persona. FF.- ¿No crees que el fantasma de tu padre terminó matando políticamente a sus asesinos? JJD.- (Se queda pensando) No sé. Creo que la mancha de haberlo asesinado es indeleble. Donde quiera que Joaquín se pare, todo mundo sabrá que fue uno de los ejecutores de Roque Dalton. Así va a quedar registrado en la historia. Como político él no quisiera tener esa mancha, pero debería ser humilde en reconocer ese crimen. Todos hemos cometido errores y tenemos debilidades y si alguien cometió un crimen, que lo acepte y pida perdón a la familia y a la sociedad, y eso lo haría digno. Luego de la entrevista hablamos un poco de poesía y de su participación en el nuevo periódico virtual "Desde El Salvador". No pude evitar sentir ese sentimiento de mi juventud en la guerra, la Semana Santa, el recuerdo de Monseñor Romero y un Roque Dalton señalando con su pluma un abecedario de justicia aún incompleto. Que lo complete nuestra sociedad, nuestra historia lo merece. Dalton, acostumbrado a tratar con las estrellas políticas e intelectuales de la insurgencia latinoamericana, no estaba para esos juegos de caudillismos de opereta provinciana, y comenzó por libre su propio juego, pero desatendiendo las más elementales reglas de la conspiración. Ese pecado, en el argot de las sectas dogmáticas y fanatizadas, se denomina pomposamente “labor de socavamiento de la confianza en la dirección”, y suele ser la antesala

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del juicio por traición. Dalton se ganó la simpatía de los poetas tan rápido como el rechazo de los políticos y los militares. Estaba dispuesto a probar que la capacidad de conducción de Rivas Mira estaba sobre dimensionada. El duelo de poder entre ambos había comenzado. Había que decidirse entre el poeta o el comandante. El ERP era demasiado pequeño para los dos: uno de ellos debía abandonar la jugada o morir en el intento

La muerte de un poeta
Por Geovani

Galeas

En 1964, Roque Dalton, hijo de un millonario norteamericano y de una humilde enfermera salvadoreña, precoz enemigo de la dictadura, militante comunista, abogado infieri y poeta laureado, sale otra vez de la cárcel y va otra vez al exilio, a Cuba. Allá conferencias, recitales, ron, instrucción militar, mulaticas preciosas, roce con la crema de la intelectualidad latinoamericana y piano y boleros en casa del famoso chansonnier internacional Bola de Nieve, ya su amigo del alma. Pero en medio de tanta maravilla no deja de pensar en el paisito, donde el régimen militar amaga una apertura democrática. Y regresa en clandestinidad, cruzando de noche la frontera por un punto ciego. Pero el partido comunista ha tomado en serio la apertura y ha desmantelado su aparato clandestino. Al poeta se le ordena ganar la legalidad. Pero él –“siempre pensando en encontrar un bar,/ en donde si quitáramos las mesas,/ quepan la madrugada y tú junto a mis ojos”–, sucumbe a la tentación de un trago ahí por la Praviana. Total, sin clandestinidad ni anhelados combates heroicos en el horizonte, qué más da un pecadillo disciplinario. Y a media cerveza viene a pescarlo de nuevo la policía. El frío de octubre, la gripe que no cesa, la falta de cloropramicina y la soledad de la cárcel es lo de menos. El problema es qué dirán los dirigentes obreros cuando sepan que lo capturaron en un bar. Ellos, que entre cárcel y huelga se esfuerzan por deletrear los manuales del camarada Nikitín, y a él lo miran de reojo porque va de Althusser a Michaux y de Gramsci a SaintJohn Perse. “Comunistas sulfurados de mi país, ingenuos, duros tipos”, se queja Dalton. Un agente de la CIA se presenta en su celda. Luego de varios interrogatorios estériles el norteamericano advierte: “Diremos que antes de morir trataste de salvar el pellejo y

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delataste a tus camaradas. No vas a quedar como un héroe para la historia, sino como un traidor”. Y agrega: “Bien sabes que para los dirigentes obreros no eres más que un hijo de puta pequeño burgués, un intelectual rémora, un mierda”. Te tocaron la vanidad, y eso duele, poeta. Con el alma temblorosa piensas, sin embargo: “Por mí que me descabecen. Al fin y al cabo he caído en manos de esta gente por indisciplinado y bebedor de cerveza”. Justo entonces un sismo derrumba las paredes de la cárcel, y el poeta famosamente escapa al alba entre los escombros y las garras del enemigo imperialista. De nuevo el exilio. Se instala en Praga, en calidad de burócrata del comunismo internacional, en una suntuosa oficina a las orillas del Moldava. Allá, hacia 1965-67, todo parece una eterna primavera con poemas y melocotones, cerveza a cántaros, caviar, elevada hermenéutica marxista y suculentas muchachas rubias que nunca dicen que no. Ha engordado quince libras y, según anota, “tengo una flotilla de autos y choferes al alcance del teléfono; viajes continuos a Francia, Austria, Cuba y Suecia; una amiga estable y algunas aventurillas de vez en cuando con las estudiantes que cantan a coro en las cervecerías”. Cárcel y exilio, alcohol y mujeres, poesía y revolución lo marcaban para el brillo y para la tragedia. Hacia 1967, Dalton se encuentra en Praga con su entrañable amigo, el poeta guatemalteco Otto René Castillo; y deslumbra con su erudición marxista al joven filósofo francés Regis Debray. Pero Otto René parte a la guerrilla de su país y Debray marcha con el Che Guevara a la selva boliviana. El salvadoreño, en cambio, sin heroísmo alguno, recibe una tremenda golpiza en un lío de faldas entre borrachos, y es retratado de una manera poco edificante por el escritor español José Agustín Goytisolo: “Dalton es un poeta disparatado, medio niño burlón y medio guerrillero, un extraordinario conversador y, a decir de las mujeres, gran hombre para la cama (...) y con una gran capacidad de imponerse al alcohol a base de ingerirlo en grandes cantidades”. Aunque, tragos y faldas aparte, trabajaba simultáneamente en cinco libros de poemas, una novela, una biografía de Miguel Mármol y un extenso ensayo sobre la lucha armada en América Latina, ya no podía más con su imagen de palabrero genial y eterno evadido de la cárcel. Muchos de sus amigos se sumaban a las guerrillas que comenzaban a proliferar en América Latina, y aunque él se dice a sí mismo que allí también cumple una tarea importante, una pregunta le incendiaba las noches: “¿De qué me escapé yo? ¿De la cárcel del enemigo tan sólo?” Y apunta: “País mío vení/ papaíto país a solas con tu sol/ todo el frío del mundo me ha tocado a mí/ y tú sudando amor amor amor”.

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Rompe con los comunistas salvadoreños, que se negaban a tomar las armas, y viaja a La Habana, donde en 1968 declara: “Ya no se trata de fabricarnos coartadas con nuestras cárceles, sudores, cicatrices –y este era el miedo que Regis Debray tenía cuando me miraba beber tanta cerveza en Praga– sino de dar todos un paso hacia adelante”. El proyecto de incendiar América Latina (“Un, dos, tres Vietnam”), concebido por Fidel Castro y por el Che Guevara, había ya entrado en crisis con la caída del argentino. Decidido a insuflarle nueva vida a ese proyecto, Dalton se convirtió en uno de sus principales operadores y escribió uno de los documentos capitales del debate político, ideológico y militar de la izquierda latinoamericana en ese momento: ¿Revolución en la Revolución? Y la crítica de derecha, escrito, advierte, “pensando en la ‘operación Che’, inicio proyectado de los Vietanms latinoamericanos”. Para entonces, Dalton ya no sólo era una de las estrellas de la literatura comprometida de América Latina, sino también un reconocido especialista, teórico al menos, en las experiencias guerrilleras de Vietnam, Corea y los movimientos africanos de liberación nacional. Pero sobre todo, uno de los más respetados ideólogos del proyecto insurgente latinoamericano en su conjunto. Había sido un poeta que cantaba a la revolución, ahora era un intelectual que la pensaba. Pero aspiraba a más: convertirse en el combatiente que la realizaría. La pluma cedía el lugar al fusil. En efecto, su “paso adelante” consistió en incorporarse a la guerrilla salvadoreña, concretamente al Ejército Revolucionario del Pueblo: no a la luz fraterna y liberadora que tanto había anhelado, sino a la catacumba en que su asesino lo esperaba emboscado entre las sombras turbias del sectarismo y la traición. Joaquín Villalobos vivió veinte años al margen de la ley. El ejército nacional puso precio a su cabeza, la CIA conformó un equipo especial para cazarlo, y no es improbable que también la inteligencia cubana haya intentado su aniquilación. Fue el estratega militar de la guerrilla que en la penúltima década del siglo XX causó más de diez mil bajas a las Fuerzas Armadas salvadoreñas. Pero a lo largo de la batalla nunca lo hirió una bala ni pisó una cárcel. A finales de 1977, estaba a punto de coronar una carambola genial. Con un solo golpe obtendría tres millones de dólares, el rescate de dos guerrilleros presos y algo del prestigio que su grupo, el Ejército Revolucionario del Pueblo, había perdido por completo. La debacle había comenzado en 1975. Hasta entonces el ERP había matado o secuestrado a militares, políticos derechistas, industriales y banqueros, pero ese año también el poeta Roque Dalton pasó a la lista de sus víctimas.

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Repudiado universalmente por ese asesinato, el ERP se escindió. La fracción de Villalobos sufrió además infiltración policial: diecisiete de sus casas de seguridad fueron descubiertas y varios de sus miembros cayeron asesinados o capturados. Para rematar, el jefe del ERP en ese momento, Alejandro Rivas Mira, se esfumó con el dinero del grupo. Villalobos asumió entonces la jefatura de esa guerrilla en harapos, reducida a unos cincuenta combatientes sobreviviendo a salto de mata. Su primera decisión consistió en arriesgarlo todo en una operación espectacular: el secuestro de un líder de las finanzas nacionales. El golpe resultó impecable, salvo por un detalle: en el cruce de fuego con los guardaespaldas del magnate, éste sufrió una herida. El gobierno cumplió las exigencias guerrilleras a cambio de la vida del secuestrado. Pero lo que Villalobos entregó fue un cadáver. Luego diría que la libertad de dos revolucionarios valía más que la vida de un oligarca. En 1984 dirige un ejército insurgente en Morazán. Pero ha perdido el sueño y quizá pronto pierda la guerra y la vida: el coronel Domingo Monterrosa se ha propuesto cazarlo. Asedia, persigue, cerca y no da tregua con la aviación y la artillería. Es fama que a esas alturas, en el ardiente tablero de la guerra salvadoreña, Monterrosa es el rey y Villalobos la dama. El coronel ha tomado el asunto en términos personales. Sabe que las fuerzas de su adversario están exhaustas, acorraladas. Y aprieta el cerco. Los guerrilleros huyen en desbandada, dejando en abandono una mochila ensangrentada de Villalobos y el transmisor de la legendaria Radio Venceremos. El coronel sabe que no es la victoria definitiva. Pero casi. Y quiere que también el mundo lo sepa. Ordena que suban el transmisor y la mochila a su helicóptero, y con los jefes de sus seis batallones alza el vuelo hacia su cuartel, donde mostrará a la prensa sus trofeos de guerra. Desde una altura no muy lejana, Villalobos observa con sus binoculares la maniobra. No está herido. Todo ha sido una simulación perfectamente planificada: en el transmisor hay ocho tacos de dinamita. Cuando el helicóptero pasa frente a su punto de observación, ordena el disparo de la señal teledirigida. La nave estalla en una gran bola de fuego, humo y cenizas de un Estado Mayor en pleno. Managua, 1990. El comandante Humberto Ortega, jefe de las Fuerzas Armadas de Nicaragua, comparece ante los medios de prensa ordenando a viva voz la captura de Joaquín Villalobos, a quien acusa de traidor, desleal y ladrón. Ocho años atrás, en 1982, una sigilosa madrugada, Ortega había acompañado a Villalobos hasta una solitaria playa del pacífico nicaragüense. Desde allí zarparía el

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salvadoreño en una lancha furtiva hacia el frente de guerra, en el norte de Morazán, luego de una gira en búsqueda de armas por varios países socialistas. Más allá de los imperativos del internacionalismo proletario, ambos comandantes, políticamente pragmáticos y estrategas militares natos, habían trabado una fuerte amistad. Al despedirlo, Ortega le regaló a Villalobos un Rolex y una pistola labrada en plata. Y ahora Villalobos le ha robado un lote de misiles soviéticos tierra-aire. Con ello lo ha puesto en un grave predicamento personal y a la vez ha comprometido seriamente la seguridad nacional nicaragüense. “Un hombre en guerra es un desesperado. Y un hombre desesperado es capaz de cualquier cosa”, me explicaría después Villalobos en una entrevista. En ese momento el FMLN estaba a punto de colapsar por desgaste, luego de catorce días de una impresionante pero infructuosa ofensiva sobre San Salvador. Pero también por la caída del muro de Berlín, la invasión norteamericana a Panamá, la crisis soviética y la derrota electoral de los sandinistas. A esas alturas, el puesto de mando estratégico de los insurgentes salvadoreños se había desplazado a Managua, lo que había entrado en caos al perder los sandinistas el poder. Villalobos concibió entonces un plan desesperado. Según su análisis, la ventaja táctica del ejército salvadoreño radicaba en la aviación, que impedía la estabilidad en los frentes guerrilleros y obligaba la permanente dispersión de fuerzas. La única posibilidad de sobrevivir era la tenacidad… y los misiles. Pero estos formaban parte de las armas estratégicas que garantizaban el equilibrio geopolítico en la guerra fría. Ni rusos ni norteamericanos podían ponerlos en manos de fuerzas irregulares. Humberto Ortega, único sandinista que después de la derrota electoral continuaba en el poder, en calidad de ministro de Defensa, los tenía. Y Villalobos, en una operación digna de Hollywood o de la pluma de Le Carré, alargó subrepticiamente la mano. A los pocos días una aeronave del ejército salvadoreño fue abatida en pleno vuelo por un misil soviético, cuyo número de serie correspondía al arsenal nicaragüense. Los teléfonos del búnquer del general Ortega comenzaron a timbrar incesantemente. Lo mismo sucedía en la oficina de Fidel Castro, en la Casa Blanca y en el Kremlin. En una casa clandestina situada en la periferia de Managua, Villalobos escuchó por la radio la orden de captura. Minutos más tarde recibió a un lacónico intermediario de Ortega: “Humberto dice que te entregués y que en la cárcel van a negociar”, dijo el hombre.

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–Si me quiere capturar ya sabe donde estoy. Pero advertile que voy a combatir. A mí nadie me agarra vivo -respondió Villalobos, mientras se quitaba las botas militares y se calzaba un par de tenis, como en sus viejos tiempos de guerrillero urbano, cuando ignoraba quién era Roque Dalton y tampoco sabía que matar poetas no es precisamente un buen negocio. Cayetano Carpio y Alejandro Rivas Mira organizaron las primeras guerrillas salvadoreñas en 1970. Carpio, un viejo líder obrero, era secretario general del Partido Comunista, del cual fue virtualmente expulsado en 1969 por intentar volcarlo a las armas. Empeñados en la legalidad, los comunistas construían alianzas electorales con la Democracia Cristiana. Fueron disidentes de ambos partidos los primeros guerrilleros. Carpio nucleó a los comunistas en las FPL, Rivas Mira a los cristianos radicalizados en el ERP. Ambos grupos reclamaban para sí el papel exclusivo de vanguardia revolucionaria. Carpio, formado a la vieja usanza en el activismo sindical, más un curso político en la URSS en los años cincuenta, desconfiaba de los jóvenes cristianos, a quienes consideraba pequeños burgueses aventureros. Rivas Mira, era un dirigente estudiantil con aura de genialidad,que propugnaba un marxismo heterodoxo, asimilado en universidades europeas en tiempos de las audaces renovaciones conceptuales que culminaron con las revueltas parisinas de 1968. Para él la línea soviética resultaba anacrónica. En suma, las FPL planteaban una larga guerra sobre la base de la alianza obrerocampesina, en tanto que el ERP proponía resolver el problema nacional, a cortísimo plazo, mediante un golpe de Estado en colaboración con oficiales del Ejército Nacional. Táctica proceso contra táctica plan. Los comunistas, por su parte, alegaban que los guerrilleros eran provocadores al servicio de la CIA, y éstos denunciaban que aquellos los delataban a la policía. La acusación de ser “agente del enemigo” era entonces lo más común y corriente. Lo grave es que esa “lucha ideológica” se daba en la clandestinidad militarizada y con la policía pisando los talones de todos. La fanatización sectaria y la desconfianza, la sobrevaloración de la capacidad militar y el desprecio al debate intelectual fueron las consecuencias naturales. Dalton, en Cuba, había roto con los comunistas y desesperaba por tomar las armas. Por trayectoria y afinidad ideológica, lo lógico era que se sumara a las FPL. Pero Carpio le negó el acceso, no sólo por la ya legendaria bohemia del poeta. Tenía, como ya veremos, motivos mucho más graves. Rivas Mira viajó a La Habana en 1972 y pactó con la dirigencia cubana el ingreso de Dalton al ERP. Ahí comienza la cadena de absurdos. ¿Por qué los cubanos estaban tan

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interesados en situarlo en una organización no afín ni a ellos ni al poeta mismo? ¿Por qué lo aceptó Dalton, sabiendo que entre él y Rivas Mira había un abismo ideológico? ¿Qué ganaba Rivas Mira al introducir a un adversario en su propia casa? La ingenuidad o la mala fe han fabricado la imagen de Dalton como un venadito perseguido o un conejillo asustado al que todos maltratan. No. Él era a la vez un poeta irónico hasta la crueldad, un bohemio contumaz y un ideólogo beligerante que había asumido ya el riesgo de morir, sí, pero también el de matar, con todas sus consecuencias. Era, en viva y permanente contradicción, un artista rebelde y un cuadro político que había jurado reiteradamente sometimiento a la jerarquía y lealtad a la jefatura... pero, ¿quién era su jefe? De sus ensayos teóricos sobre la revolución latinoamericana no se desprende que pudiera serlo Rivas Mira ni Fermán Cienfuegos, y mucho menos Joaquín Villalobos... De nuevo, entonces, ¿qué hacía Dalton en el ERP? A finales de 1982 en Quinta Caldera, una casa de seguridad ubicada en el kilómetro 14 de la carretera sur de Managua, Cayetano Carpio me dijo lo siguiente: “Los del ERP no son ni nunca fueron auténticos revolucionarios, son la social democracia más el fusil... y terminarán traicionando la revolución”. A principios de los setentas, Roque Dalton, como la mayoría de los insurgentes de su generación, estaba convencido de que la revolución latinoamericana necesitaba de un sólo plan estratégico y de un mando único y centralizado cuya encarnación indiscutible correspondía a Fidel Castro. Fidel pensaba exactamente lo mismo. Pero algunos comandantillos locales no lo creían: Douglas Bravo en Venezuela, por ejemplo, o Jaime Bateman en Colombia o Rodrigo Asturias en Guatemala.. En Cuba se hacían esfuerzos para meterlos en cintura, alineándolos por las buenas o anulándolos por las malas. Dalton trabajó arduamente en la primera opción vía debate ideológico. Y en el momento en que el comandante en jefe se decantaba por el Kremlin en la famosa polémica internacional chino-soviética, Alejandro Rivas Mira, fundador y jefe del ERP salvadoreño, firmaba sus primeras acciones guerrilleras con la consigna maoísta “El poder nace del fusil”, en claro desacato a “nuestro señor que está en la Habana”. Rivas Mira, formado políticamente en Europa al calor de la rebeldía de 1968, condenaba la invasión rusa a Praga mientras Castro la aplaudía y Dalton guardaba un ominoso silencio. Además, si Castro y Dalton recetaban para el sub continente largas guerras de liberación, Rivas Mira se planteaba resolver el problema a muy corto plazo mediante un golpe de Estado. Si aquellos tenían como meta la dictadura del proletariado, éste sólo se planteaba la plena vigencia constitucional en un marco democrático. Pero Rivas Mira no era un jefe de principios sino de intereses, un pragmático que hizo escuela (¿no, Villalobos?). Necesitaba reconocimiento internacional, entrenamiento y armas para su grupo, y si los chinos se los daban él era maoísta. Pero si se los daban

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los cubanos él, sin declararse fidelista, al menos podía aceptar que un hombre de confianza de Castro, Roque Dalton, lo asesorara políticamente, pero sólo eso: cero mando militar para el flamante asesor. Fue en esas turbias condiciones que Dalton ingresó al ERP. Pero el poeta no era un hombre de prudentes silencios tácticos tan propios de la clandestinidad. El era un inveterado discutidor, curtido en innumerables maratones retóricos madrugueros, alcohólicos y humeantes de cafetín y taberna. Era, en suma, un poeta brillante, un ideólogo lúcido, no un clásico conspirador de puñal bajo el poncho. Sólo que el ERP no era precisamente un cafetín ni mucho menos una taberna. A su juicio, el plan putchista de Rivas Mira era un disparate, una aberración superable en el debate ideológico. Pero ese plan no era exclusivamente de Rivas Mira sino también de sus más osados lugartenientes: Rafael Arce Zablah, Humberto Rogel y Joaquín Villalobos, jóvenes endurecidos en el combate y cuyo argumento principal era la pistola. Pero he aquí que el poeta no estaba solo. En el núcleo inicial del ERP también había un grupo de versificadores más que dispuestos a escucharlo: Fermán Cienfuegos, Lil Milagro Ramírez y Alfonso Hernández entre otros. Había que separar el trigo de la paja. Esa era la misión de Dalton. Una tarde de 1974, en una casa cercana al parque Centenario, dos hombres discutían a gritos sobre la ominosa cancelación de la primavera de Praga por parte de los tanques soviéticos. Ambos citaban y contra citaban a Althusser, Gramsci, Poulantzas, Rosa Luxemburgo y otros teóricos marxistas. Las posturas eran irreconciliables. Este consideraba la invasión como una infamia; el otro blandía complicados malabares argumentales para justificarla. Estaban armados y borrachos, y no eran simples polemistas de cantina. Este había sido declarado enemigo público número uno por las autoridades, y las paredes de San Salvador estaban plagadas de afiches con su retrato ofreciendo dinero por su cabeza: era el comandante en jefe del ERP. El otro era su asesor político: Alejandro Rivas Mira y Roque Dalton. Cuando Joaquín Villalobos, cuarto en la jerarquía de la jefatura guerrillera, entró a esa casa, quedó choqueado. Ahí se había violado, en términos de gravedad máxima, toda la normatividad que regía implacable la vida clandestina hasta el extremo del cianuro obligatorio en caso de captura. Villalobos había pasado de las protestas universitarias a la clandestinidad insurgente en 1972, a los 21 años de edad. Era el caudillo de un pequeño grupo de jóvenes radicalizados en la experiencia de trabajo social en comunidades marginales. Había estudiado el bachillerato en matemáticas en el Liceo Salvadoreño, bajo la tutela de sacerdotes del Opus Dei, y luego había ingresado a la facultad de economía. En suma, no tenía gran aprecio ni por el comunismo ni por la literatura.

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Por eso había integrado su grupo al ERP, cuyo jefe era abiertamente pragmático y anticomunista. Hay que recordar que por esas fechas el partido comunista salvadoreño, bajo la dirección de Schafik Handal, se empeñaba en esfuerzos electorales y fustigaba a los que habían optado por la lucha armada, etiquetándolos bajo la viñeta de ultra izquierdistas. En la Universidad Nacional circulaba un panfleto en que el mismísimo Schafik acusaba al Che Guevara de ser un simple aventurero. Roque Dalton, comunista y literato que había vivido los últimos diez años fuera del país, entre Europa y Cuba, era un nombre que a Villalobos apenas le sonaba. Aquella tarde sólo era un señor algo panzoncito, bolo y lenguaraz, que se hacía llamar Julio Dreyfus. En adelante, ni Rivas Mira ni el tal Julio gozarían de la confianza y el respeto de él ni de los combatientes bajo su mando. No es improbable que Nureyev fuera el mejor baletista de todos los tiempos. Pero es seguro que las cualidades que lo afirmaban como tal no le sirvieran en absoluto para sumarse a un equipo de rugby, donde en una tacleada no sólo podría sufrir el deterioro de sus largas, preciosas y esmaltadas uñas. Y aquel ERP de los setenta era, sin duda, mucho más rudo que un equipo de rugby. La suerte de Dalton estaba echada desde el momento mismo de su ingreso. Cuatro fueron los argumentos, al menos los principales, que el ERP adujo para justificar la ejecución de Dalton: que era agente de la CIA; que había promovido el fraccionamiento del ERP; que era agente de la inteligencia cubana; que era un bohemio irresponsable en el contexto de la lucha clandestina. De las cuatro acusaciones sólo la primera era infundada. Alejandro Rivas Mira acaso presintió la desgracia aquella Navidad de 1973, cuando Roque Dalton, llegado ese mismo día desde La Habana bajo el nombre de Julio Dreyfus, en lugar de mirarlo con temor y respeto y cuadrarse militarmente en su presencia, lo saludó con un desenfadado “¿qué pasó, maricón?” Rivas Mira era el indiscutido caudillo del ERP, el mítico sobreviviente de “El grupo”, núcleo inicial de la guerrilla. Casi todos los otros fundadores habían desertado o muerto en acción. Él había resistido la oleada represiva. Eso, y una vaga leyenda de revolucionario forjado al calor de combates lo mismo en Guatemala que en El Salvador, en Alemania que en Venezuela, deslumbraban a sus jóvenes lugartenientes, que no cesaban de asaltar bancos, realizar secuestros, matar guardias y dinamitar instalaciones enemigas. Pero Dalton, que era de su misma generación, lo conocía muy bien y no se tragaba el cuento. De leyenda a leyenda ahí se iban los dos: el uno con su saga de combates imaginaros o no; el otro, con un tambache de poemas y polémicas ideológicas que brillaban en toda América Latina. Con todo, Rivas Mira estaba contento aquella noche. Luego de la primera gran debacle de muertes y deserciones, había logrado hacer crecer al ERP, al integrar a tres grupos que, aunque distintos entre sí, se unificaban bajo su mando: el de los poetas-

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combatientes (representados por Fermán Cienfuegos y Lil Milagro Ramírez); el de los políticos-combatientes (Joaquín Villalobos y Rafael Arce Zablah), el de los combatientes puros y duros (Jorge Meléndez y Vladimir Rogel). Muy pocos de esos muchachos pasaban de los 22 años, y todos creían que Rivas Mira era el mismísimo Che Guevara redivivo. Además, había conseguido el apoyo cubano en armas y entrenamiento militar especializado para sus cuadros. Pero no el respaldo político. Sus devaneos maoístas no lo hacían confiable. Había tenido que negociar ese respaldo a cambio de aceptar a su lado, en calidad de asesor y garantía, a un viejo e irreverente conocido que sí gozaba de la confianza habanera: Roque Dalton. Pero Rivas Mira desconfiaba hasta de su sombra. A fuerza de una jefatura estrictamente militar y verticalista, exigía el absoluto sometimiento a sus dictados. No discutía: simplemente daba órdenes. Y todos sabían y aceptaban que, en aquellas circunstancias, el incumplimiento de una orden equivalía al fusilamiento sin apelación posible. Dalton, acostumbrado a tratar con las estrellas políticas e intelectuales de la insurgencia latinoamericana, no estaba para esos juegos de caudillismos de opereta provinciana, y comenzó por libre su propio juego, pero desatendiendo las más elementales reglas de la conspiración. Ese pecado, en el argot de las sectas dogmáticas y fanatizadas, se denomina pomposamente “labor de socavamiento de la confianza en la dirección”, y suele ser la antesala del juicio por traición. Dalton se ganó la simpatía de los poetas tan rápido como el rechazo de los políticos y los militares. Estaba dispuesto a probar que la capacidad de conducción de Rivas Mira estaba sobre dimensionada. El duelo de poder entre ambos había comenzado. Había que decidirse entre el poeta o el comandante. El ERP era demasiado pequeño para los dos: uno de ellos debía abandonar la jugada o morir en el intento. Esa bellísima morena de 22 años, que hasta hace un par de meses estudiaba matemáticas en la Universidad Nacional, ni es una chica frágil ni se llama Mariana. En su cartera siempre hay una pistola y, si es el caso, también puede habérselas con explosivos o con una pieza de artillería. Pero aunque conoce a perfección las técnicas del combate irregular, su verdadera especialidad son los métodos conspirativos: chequeo, contra chequeo, embute, pase y ciframiento. Es una artista del silencio, una virtuosa del secreto. En el ERP la compartimentación (callar al precio de tu vida lo que sabes y sólo saber lo estrictamente necesario) era una regla cuya ruptura era inconcebible. Por eso ninguno de sus compañeros tenía que saber que su nombre real era Ana Sonia Medina, ni que se había especializado en La Habana, ni que allá se había alojado en casa del famoso poeta Roque Dalton que, según decían, se encontraba en viaje por Vietnam. Nadie podía saber que allá se había encariñado con la mascota de los Dalton, un perrito llamado Ringo.

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La otra regla inviolable era la lealtad y el respeto a la jefatura. Y esa jefatura tenía un nombre: Alejandro Rivas Mira. Por eso se desconcertó cuando “Julio”, un compañero cuarentón recién enrolado en la guerrilla, comenzó a preguntarle por los Dalton, por la casa habanera y hasta por las gracias de Ringo. Y más todavía cuando lo escuchó despotricar abiertamente contra Rivas Mira y le dijo, sin que ella se lo pidiera, que él era Roque, el poeta. Pero “Julio” era el hombre más culto, alegre y simpático que había conocido, un tipo querible a más no poder. Además, era el compañero sentimental de Lil Milagro, una dirigente por quien ella sentía un cariño especial. Preocupada por la situación, Mariana habló con su responsable, que en ese tiempo se hacía llamar “Chon”, y que no era otro que Joaquín Villalobos. “Esto es grave”, dijo Mariana, “aquí se puede armar un gran problema”. Villalobos no lo dudaba. Sabía también que “Julio” se echaba sus tragos y que había descompartimentado su identidad con otros compañeros a los que, entre otras cosas, les había comentado que él había realizado trabajos especiales para los organismos cubanos de seguridad. Rivas Mira no tardó mucho en saberlo y comenzó a amarrar navajas. Sabía que contaba con la lealtad del grupo comandado por Villalobos y Rafael Arce Zablah (los políticos combatientes), y del grupo de Vladimir Rogel y Jorge Meléndez (los combatientes puros y duros), pero también sabía que Dalton había ganado ascendiente entre los poetas combatientes liderados por Lil Milagro, Fermán Cienfuegos y Alfonso Hernández. En ese momento el ERP estaba envuelto en una doble y compleja discusión que implicaba la vía hacia el poder y la relación entre masas, partido y ejército revolucionario. Para complicar más el cuadro, la posibilidad de asociarse a un sector del ejército nacional, con el objeto de perpetrar un golpe de Estado, puso a las fuerzas guerrilleras en estado de máxima alerta, lo que obligó a la militarización de todas las estructuras. Ese sería el escenario en que se libraría la disputa final entre el poeta y el comandante, y que daría lugar al más trágico de los desenlaces. Una madrugada de abril de 1975, Jonás y cuatro combatientes bajo su mando llegaron a una casa clandestina de Santa Anita. La misión consistía en relevar a la unidad que vigilaba a dos prisioneros confinados en cuartos separados, pero libres de manos y pies: Armando Arteaga y Roque Dalton, compañeros acusados de insubordinación. Colocó el dispositivo de defensa y ordenó a su segundo que verificara la situación de Dalton. Él fue al otro cuarto. “¿Serías capaz de usar eso contra mí”, le preguntó Arteaga,

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refiriéndose a la pistola. “Si me das el menor motivo no lo dudaría”, respondió Jonás. (Jonás, en realidad Jorge Meléndez, según muchos el mejor jefe militar guerrillero en el terreno durante la guerra, me lo confirma 28 años después: “Ni en ese momento ni nunca me tembló la mano. Para un combatiente del ERP el cumplimiento de la misión era cosa sagrada. Por eso Arteaga entendió mi respuesta. Esa fue nuestra escuela”.) En eso escuchó un grito desde el cuarto donde estaba Dalton, y corrió, “¡Este hijuepueta está armado!”, le dijo su segundo. Jonás apuntó a la frente de Dalton. “No disparés”, gritó el poeta, asustado, “yo mismo avisé que tenía el arma”. Jonás le quitó la pistola y mandó que lo sacaran al patio, con la orden de disparar al menor movimiento. Veintiocho años después, Jonás no sabe explicar cómo es que Dalton estaba armado. Yo tengo una hipótesis: horas antes, Dalton había recibido la visita de Fermán Cienfuegos, hasta entonces segundo jefe político-militar del ERP. Fue a proponerle al poeta un plan de fuga. El mismo y su grupo ya habían decidido desligarse del ERP. Además, esa casa era la de Lil Milagro, miembro de la Dirección Nacional de la guerrilla, y la unidad a la que Jonás relevó estaba precisamente bajo el control de ella, que era la compañera sentimental de Dalton. Pero hay otro detalle que Jonás ignoraba: el poeta ya no sólo estaba acusado de insubordinación sino, también, de ser un agente de la CIA. En otro punto de San Salvador, Rivas Mira informaba a su Estado Mayor que Fermán, Lil y otros compañeros habían desertado. Eso, a su juicio, probaba que Dalton había logrado escindir la organización, en cumplimiento de una maniobra de la CIA. La seguridad de la organización estaba en jaque. Era un imperativo ejecutar a todos los “traidores”. Después de todo, argumentó Rivas Mira, el que Dalton sirviera a la CIA era una afirmación que Cayetano Carpio había hecho ante el mismo Cienfuegos. Cosa de la que éste había dado fe ante el Estado Mayor guerrillero. Mariana recibió la orden de matar a Lil. Fue a su casa y no la encontró. A los pocos días, se toparon por casualidad en un bus urbano. Habían sido como madre e hija, pero ambas sacaron disimuladamente sus pistolas y midieron las posibilidades del combate. Inexplicablemente ambas lo dejaron por la paz. Rivas Mira ordenó el fusilamiento de Dalton y de Arteaga. Para ejecutar la orden eligió a dos hombres: Vladimir Rogel y Joaquín Villalobos. Según Villalobos quien disparó fue

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Rogel. Pero Rogel fue ejecutado por el ERP cuando ya Rivas Mira había desertado y Villalobos había tomado el mando de la organización insurgente. En octubre de 1981, en París, el poeta Roberto Armijo estaba devastado por el dolor. Seis años antes lo había sacudido la noticia del asesinato de Roque Dalton, su hermano del alma. Ahora venían a decirle que el menor de sus hijos, Manlio, había muerto en combate. En realidad, se había suicidado cuando, herido y cercado por un equipo contrainsurgente de élite, protegía en solitario la fuga de otros compañeros. Pero eso no era todo, su otro hijo, el mayor, Claudio, que había sido secuestrado y dado por desaparecido, estaba siendo atrozmente torturado en una cárcel hondureña. Cuando lo de Dalton, Roberto había denunciado públicamente a sus asesinos, la jefatura del ERP, a quienes llamó traidores y chacales. En esa denuncia lo había acompañado, con adjetivos igualmente furibundos, el filósofo francés Regis Debray, compañero del Che Guevara en la selva Boliviana y también hermano de Dalton en las letras y los afanes revolucionarios. La contradicción de Roberto consistía en que sus dos hijos eran comandantes guerrilleros, precisamente en las filas del ERP. Sin embargo, tomó el teléfono y habló con Debray, por entonces número tres en el gobierno de Francia. Poniendo en movimiento la poderosa maquinaria internacional de sus contactos políticos, Debray logró la liberación de Claudio. Cuando por fin, después de un intensivo tratamiento clínico de recuperación, Claudio logró encontrarse en París con su padre y con Debray, entre otras muchas cosas hablaron del caso Dalton. En síntesis, el comandante explicó lo siguiente: Dalton, en efecto, no era agente de la CIA, pero se había embarcado en una pugna de poder contra Rivas Mira. Este último había ordenado su ejecución, misma que había sido consumada por Vladimir Rogel. Pero Rivas Mira había desertado del ERP en 1976. Luego, la nueva jefatura guerrillera, encabezada entre otros por Joaquín Villalobos y el mismo Claudio, después de una profunda autocrítica respecto de una marcada desviación militarista en la organización, había decido ejecutar a Rogel, quien pugnaba por perpetuar los métodos de Rivas Mira. “Mi padre y Debray lo entendieron perfectamente”, me dice Claudio, que siguió combatiendo hasta el final de la guerra, “hasta el punto en que ambos siguieron colaborando con nosotros en tareas del frente internacional, y fueron claves en el diseño y la negociación del pacto franco-mexicano, que nos reconoció como fuerza representativa”. (Pausa)

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Las 11 entregas que hasta ahora he publicado en este espacio sobre la muerte de Roque Dalton han sido escritas en el curso de una investigación que aún no concluye. Dicha investigación ha tenido por base una búsqueda bibliográfica y una serie de entrevistas personales con los protagonistas directos de aquel oscuro incidente. Sin embargo, y aunque las gestiones están muy avanzadas y existen suficientes signos alentadores, todavía no he conseguido el testimonio vivo de tres de los principales protagonistas, incluyendo entre ellos al de mayor relevancia: Alejandro Rivas Mira, que en algún lugar del mundo, en estricto anonimato, guarda en su memoria la información que, por fin, podría aclarar definitivamente la muerte del poeta. Durante la pausa, continuaré publicando en este espacio trabajos relacionados con nuestra vida cultural. Pero no quiero cerrar este capítulo sin agradecer a los lectores que me alentaron con sus muestras de afecto en numerosas comunicaciones.

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Comunicado del ERP del 1975 informando el asesinato de Jorge Dalton
COMUNICADO DEL EJERCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO E.R.P. El Ejército Revolucionario del Pueblo E.R.P. acaba de salir victorioso de una de los ataques más peligrosos que lanza la tiranía y el imperialismo. Los aparatos de policía secreta del país dirigidos por la C.I.A. (Agencia de Inteligencia del imperialismo Norteamericano) hicieron el intento de infiltrarse en nuestra organización revolucionaria con el propósito de destruirla y hacer caer a las masas populares en la frustración al ver una de sus organizaciones de vanguardia aniquilada por el enemigo. No obstante, los revolucionarios salvadoreños ya dejamos atrás el tiempo en el que la policía secreta y la C.I.A. actuaban sin ser detectadas, asesinado a revolucionarios en crímenes que nunca fueron esclarecidos, y capturando a gente trabajadora y revolucionaria. El Ejecito revolucionario del Pueblo logro detectar y contrarrestar la infiltración enemiga y por eso el enemigo ha reaccionado con los rastrillos, las capturas, los bloqueos de carreteras con el objetivo de destruir a las organizaciones revolucionarias con los métodos convencionales, ya que sus métodos de infiltración fracasaron rotundamente. El Ejército Revolucionario del Pueblo fue objeto de infiltración enemiga por medio del salvadoreño Roque Dalton, quien militó durante algún tiempo en nuestra organización revolucionaria y quien estaba colaborando con los aparatos secretos del enemigo. La labor traidoras que realizo Roque Dalton en el seno de nuestra organización costó a nuestra organización y a nuestro pueblo la vida de dos de sus mejores combatientes Armando y Mauricio y el fracaso de algunas acciones militares revolucionarias. Roque Dalton fue detectado, capturado y fusilado por las fuerzas del E.R.P. Existen innumerables pruebas de su labor traidora en el seno de nuestra organización. Ante este éxito del E.R.P. contra la infiltración, el enemigo ha reaccionado rabiosamente con los rastrillos, los cercos, los bloqueos de carreteras y mas refinadamente tratando de confundir a los sectores populares, publicando volante sy difundiendo rumores a nombre del E.R.P. Hacemos un llamado a todos los sectores revolucionarios y progresistas a no dejarse confundir con estas medidas del enemigo. El Ejercito Revolucionario del Pueblo E.R.P. siempre reconocerá públicamente las acciones militares que realice y sus comunicados tiene que ser suscritos por el Estado Mayor del E.R.P. o bien por el Partido de la Revolución Salvadoreña marxista-leninista (actualmente en formación). La prueba por la que ha pasado nuestra organización ha sido dura, pero también ha consolidado y compactado a nuestras filas. La decisión inquebrantable de Vencer o Morir, que ya se ha manifestado en múltiples combates con el enemigo, se mantendrá hasta el triunfo de la Revolución Salvadoreña. VENCER O MORIR ESTADO MAYOR DEL EJERCITO REVOLUCIONARIO DEL PUEBLO E.R.P.

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1. Vacas, cerdos, guerras y brujas / Marvin Harris 2. El fin y los medios / Aldous Huxley 3. Jefes, cabecillas y abusadores / Marvin Harris 4. A la luz de la sabiduría / Reinaldo Rodríguez Arzola 5. Homenaje a Carlos Franqui / Aquiles Julián, selección 6. Roque Dalton: el muerto indócil / Aquiles Julián, recopilación

Colección

Libros para pensar
2010

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