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Apunte sobre poesía mínima japonesa: El jaikú
Jaime Coello Manuell

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Sobre el origen y adopción del poema
No busco el camino de los antiguos; busco lo que ellos buscaron. BASHO

Después de la primera mitad del siglo XVII cobra forma en Japón un poema harto breve conocido como jaikú (yo prefiero castellanizar el nombre, como jaikú, pero se respeta la forma haikú, en las citas y fuentes); forma mínima de la poesía nipona que ha cautivado a grandes de las letras como Pound, Kerouac, Borges, García Lorca, Paz, Maples Arce o Tablada. Mediante la persona de un exsamurai vertido a la vida de privación del budismo zen: Matsuo Munefusa, mejor conocido como Basho (1649-1694), a decir por Ángel Lipizamo en su texto Los grandes maestros del haikú (inédito), “sus haikús reflejan la sencillez y naturalidad que denota el budismo, infundió cualidad mística a la mayoría de sus versos e intentó expresar temas universales a través de imágenes simples, desde la luna llena a las pulgas de su cabaña; para el antiguo haikú, que estaba considerado como una estrofa cómica, sin duda la presencia de Matsuo representa un avance considerable.” Si seguimos a Lipizamo nos podemos dar cuenta de algunos rasgos contextuales característicos del jaikú clásico como la cosmovisión zen, la
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ÍNDICE
Sobre el origen y adopción del poema ... 2 Alrededor de una definición de jaikú, o su esencia ... 6 De la forma y la preceptiva ... 9 Apéndice sobre un par de jaikai ... 11 Bibliografía sobre el jaikú ... 13

BUSON A todo esto, el nombre de jaikú también es un poco artificioso puesto que aunque Basho se dedicó a cultivar el género y encumbrarlo, es hasta el siglo XIX cuando un reformador y haijin revolucionario, de este breve suspiro poético y de algunas otras formas relacionadas como la tanka y renga. Alrededor del jaikú hay un sinfín de etiquetas y nombres de géneros más o menos relacionados unos con otros, como el jaikú en el purismo tradicional es únicamente sobre la naturaleza, se nombró senryu al que se centra en la existencia del hombre y zzapai a lo que básicamente no entra en las clasificaciones anteriores. En el uso diario, durante un taller, digamos, se usa el genérico jaikú, al menos en mi experiencia; sin meternos demasiado por el momento con la cuestión acerca de ¿qué es un jaikú? Algunas otras formas poéticas japonesas se derivan del jaikú o se relacionan mucho con él como kataukas (5-7-7), tanka (5-7-5/7-7), sedoka (5-7-7/5-7-7), shoka (serie ilimitada de versos 5-7-5-7), dokujín (8 jaikús, ver apéndice), renga (canción con estructura 5-7-5/7-7...5-7-5/7-7); y las combinaciones del jaikú con otras disciplinas como la prosa (haibún) y pintura (haiga). En fin una lista larga y con variantes muy ligeras y que en ocasiones recuerdan otras formas españolas; por ejemplo la similitud de tanka, katauka y sedoka con la seguidilla y sus variantes. El conjunto de todas éstos y, probablemente, algunas otras formas era conocido
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Bibliografía sobre el jaikú
Rodríguez-Izquierdo y Gavala, Fernando El haikú japonés. Editorial Hiperión Paz, Octavio Tres momentos de la literatura japonesa.

Alrededor de una definición de jaikú, o su esencia
Muchos han intentado de una o de otra manera hacer una definición certera de lo que hace a un jaikú un verdadero jaikú; Kenneth Yasuda: “Haikú es una forma poética de expresión que utiliza predominantemente sustantivos y se centra sobre grupos de palabras que suelen ocupar diecisiete sílabas en total”; Chamberlain: “Tragaluz abierto un instante sobre un pequeño hecho natural, resplandor súbito, sonrisa formada a medias, suspiro interrumpido antes de ser oído”. O la siguiente de Fernando Rodríguez-Izquierdo: “Haikú es la sensación desnuda: el resultado del deseo de no oscurecer una cosa con palabras, pensamientos o sentimientos”; autor que en otro lugar de su libro El haikú japonés, puntualiza: “El haikú no persigue la belleza, si no la significación, y no excluye nada de su campo”. Es algo con esta forma breve “nipónica” cada vez que tenemos una idea clara de lo que es e intentamos poner en palabras se trastocan y sólo se consiguen ligeros esbozos, acercamientos. Al revisar el breve ensayo de Manuel Maples Arce se lee: “...para que el poema conmueva al lector y logre producir emoción se requiere la presencia de dos elementos disímbolos, de los cuales uno puede ser las circunstancias generales y el otro la percepción momentánea.” Por otro lado el titán de la beat generation, Jack Kerouac, en un lugar y tiempo diferente parece coincidir con el estridentista mayor: “El haikú debe llegar a ser un poema
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Maples Arce, Manuel Ensayos japoneses

Kerouac, Jack Book of haikus Edit. Penguin Books Castruita Morán, Julián Notas occidentales para el haikú japonés Ensayo inédito Lipizano, Ángel El haikú en su contexto lírico. Los grandes maestros del haikú. La poesía nipona, influencia del haikú en español. Qué es haikú, o la forma de meter el universo en una canica.
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Apéndice sobre un par de jaikai
El dokujín El dokujín se ha definido como un conjunto de, generalmente, ocho jaikús encadenados con la característica siguiente, los ocho poemas dan una idea de secuencia pero al extraerlos no pierden sentido ni autonomía. Si abordamos el dokujín como un conjunto de ocho jaikús que exploran cada uno, una cualidad o un concepto diferente de un objeto, concepto o campo semántico determinado, con la cualidad de que el tema no se agota debido a la limitación de la cantidad de jaikús. El jaibún Cuando, en el hoy lejano siglo XVII, Basho comienza a viajar por todo el territorio japonés y escribe su obra cumbre, Los senderos de Oku, mezcla las técnicas de una prosa refinada y sensible para escribir un cuaderno de viajes mezclado con jaikús, inspirados en los paisajes de aquellos lares. Pero la narración de la travesía no explica el sentido vital del jaibún, ni siquiera la chispa en la sensibilidad del lector desprendida del choque de las imágenes del jaikú lo hace. Es la combinación de una prosa con aspiraciones poéticas, jaikú(s) y quizá algún epígrafe; en un texto cuyo mensaje es la combinación de los puntos de vista de cada uno de sus
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lector como un rayo y conmoverlo y cimbrarlo de una manera tal que al intentar describirlo se escape porque el significado es completado por el lector de forma personal...

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1a Edición (08/10/2009) 2a Edición (09/10/2009) Jaime Coello Manuell (cc) http://tortilleria.vientos.info/?jaime (cc) Creative Commons

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Este libro se generó el 09/10/2009 en tortilleria.vientos.info

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simplicidad de vida y la contemplación de la naturaleza. En cuanto a la estructura, la nación del sol naciente tiene una tradición lírica cuyo comienzo se remonta al Manyosu, en cuanto la utilización de lo que equivaldría en español a dos versos blancos básicos, el heptasílabo y el pentasílabo en combinaciones varias. Hay quién sostiene el origen de la preferencia en alguna característica de la lengua japonesa, podría ser pero no será exclusiva y lo veremos adelante. Ahora bien no soy japonés (por tanto uso sílabas y no onjis), ni budista zen, ni vivo en el XVII y sí en el norte de la ciudad de México la naturaleza está recluida en los camellones, la alameda y ya de plano bien puestos de ecologistas: el bosque de Chapultepec. O sea pues que aunque aún se conservan áreas verdes, incluso zonas grandes como Tláhuac, Xochimilco o Milpa Alta, aún se consideran rurales, también es cierto que la ciudad de México es una de las más contaminadas del mundo; en una urbe con más de veinte millones de personas viviendo a ritmos cada vez mas veloces, no es una opción sencilla, ya no digamos interesante, la contemplación. Esto es, pues que no se puede ser Basho hoy en la cuenca del antiguo lago de Texcoco, en medio de tanta “civilización”. En otras palabras: no concibo al jaikú como camino, antes como un género poético. Habiendo pasado Basho, Todavía el año No ha atardecido tras él.
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con el nombre genérico de haikai. Perfecta manera de lidiar con un manojo de géneros que no han arraigado aún en el español, o al menos no en su totalidad. En la justa medida del interés de los creadores de cada una de las variantes de haikai se deberá ir desprendiendo del córpus amplio. La idea siempre es experimentar y apropiarse de formas poéticas nuevas, adaptándolas al español para conseguir nuevos resultados de expresión. Por lo demás no sería la primera vez, aquí cedo la palabra al maestro Julián Castruita Morán, en la primera parte de sus Notas de Occidente para el Haikú Japonés (inédito) : “Recuérdese que esto pasó con la octava italiana y con el soneto, entre otras formas fijas, este último nació en Italia en el siglo XII...” y el que nos ocupa nación en Japón, en el siglo XVII...

Historia del haikú. El ritmo y la cadencia. Ensayos inéditos “Gotas entre la caña” Temario y textos introductorios y conversaciones, dentro de las actividades del Taller de Jaikú realizado del 4 de marzo al 11 de noviembre de 2005 en las instalaciones del Museo de Virreinato, en el Centro Histórico de la ciudad de México.

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completo en diecisiete sílabas dónde se empaca una visión completa de la vida en tres cortas líneas. Es dos ideas puestas una junto a otra para crear un flash en la mente”. Octavio Paz, lo repite después: “Desde un punto de vista formal el haikú se divide en dos partes. Una da la condición general y la ubicación temporal y espacial de un poema (otoño o primavera, mediodía o atardecer, un árbol o una roca, la luna, un ruiseñor); la otra, relampagueante, debe contener un elemento activo. Una descriptiva y casi enunciativa; la otra, inesperada. La percepción poética surge del choque entre ambas. La índole misma del jaikú es favorable a un humor seco, nada sentimental, y a los juegos de palabras, onomatopeyas y aliteraciones, recursos constantes en Basho, Buzón e Issa. Arte no intelectual, siempre concreto y antiliterario, el jaikú es una pequeña cápsula cargada de poesía capaz de hacer saltar la realidad aparente”. Cabe señalar aquí el concepto del jaikú tradicional del kire, una referencia al aquí y ahora, que se logra mediante sílabas que en japonés indican pausas dentro de las notas fonéticas u onji; en español su equivalente son las cesuras y las pausas versales. En esta tónica se delinea mi propuesta: el jaikú es un poema de estructura fija en cuyo interior se encuentran dos o tres imágenes separadas por una cesura pero unidas por un nexo de esencia, esto es un lazo que se crea de la simple pero inusual disposición de las imágenes donde lo que se calla es mucho más significativo que lo escrito. Dos o tres imágenes entre las cuales se genera una tensión capaz de penetrar en el
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componentes (prosa, jaikús y epígrafe, diálogos, incluso podrían incluirse citas) para acercar al lector a una definición del significado del haibún. Con la posibilidad de generar un texto multívoco y polisémico, que no necesariamente se tendría que aferrar a conceptos convencionales como los géneros cortos occidentales y sí nutrirse de ellos; donde también podrían caer en desuso las nociones de historia, principio, final y cuestionarse otras como el mensaje textual.

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De la forma y la preceptiva
Las discusiones al respecto de la preponderancia del fondo sobre la forma y viceversa siempre me han parecido bizantinas debido a la convicción de que tanto el uno como la otra se influyen de forma recíproca. Con mayor razón, tratándose de un texto tan breve y tan lleno de significación como es un jaikú. El maestro Castruita (op. cit.) nos ilustra sobre la estructura con amplio conocimiento de la preceptiva: “...un haikú es un poema de 17 notas fonéticas divididas de la siguiente manera: 5-7-5, sílabas para nosotros, bajo una intención regulada en forma coherente y simétrica, aunque también determinados por su circunstancia acentual, pues será necesario en principio tener en cuenta para los versos de cinco sílabas un acento en la primera y otro más en la cuarta [pentasílabo adónico]; y para los de siete sílabas, un acento en la segunda, y otro más en la sexta sílaba. Todo lo anterior como uno de los factores rítmicos del jaikú. Sin embargo, en la ruta que ampara a la poética clásica española, en el jaikú se omite la rima.” ¿Cuántos sustantivos, verbos, adjetivos, artículos, adverbios, conjunciones, preposiciones, pronombres o cualquier otro tipo de palabras pueden caber en un pentasílabo adónico?, ¿y en un heptasílabo? Ahora, si a esta limitación fundamental le sumamos las posibles combinaciones para colocar los acentos (siempre priorizando la significación del jaikú) y la o las cesuras para generar la tensión fundamental que establece al
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interior del jaikú el nexo de esencia que funde las imágenes en ese destello de poética donde el lector termina el significado del texto... si con toda la dificultad formal del jaikú se puede lograr el propósito de la tercia de versos blancos con algún encabalgamiento o figura de la tradición literaria como la metáfora o la sinécdoque (con todo y las discusiones provocadas por su utilización y su ser mismo); una vez inserto el jaikú en la tradición occidental, específicamente en la de habla española no se vislumbra como imposible.

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